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Katherine Pancol


El vals lento de las tortugas


Traducci&#243;n Juan Carlos Dur&#225;n

T&#237;tulo original: La valse lente des tortues


A Roman


Es terrible vivir en una &#233;poca en que la palabra sentimiento se asocia con sentimentalismo. Sin embargo, deber&#225; llegar un d&#237;a en que se reconocer&#225; la afectividad como el sentimiento m&#225;s grande y se rechazar&#225; el dominio del intelecto

Romain Gary







PRIMERA PARTE

Vengo a buscar un paquete -declar&#243; Jos&#233;phine Cort&#232;s acerc&#225;ndose a la ventanilla de la oficina de correos, en la calle Longchamp del distrito diecis&#233;is de Par&#237;s.

&#191;Francia o extranjero?

No lo s&#233;.

&#191;A nombre de qui&#233;n?

Jos&#233;phine Cort&#232;s C.O.R.T.&#200;.S

&#191;Tiene usted el aviso de llegada?

Jos&#233;phine Cort&#232;s le tendi&#243; el impreso amarillo de entrega.

&#191;Documento de identidad? -pregunt&#243; con tono cansino la empleada, una rubia te&#241;ida con un cutis cenizo que parpadeaba en el vac&#237;o.

Jos&#233;phine sac&#243; su carn&#233; de identidad y lo coloc&#243; bajo la mirada de la encargada, que hab&#237;a entablado una conversaci&#243;n sobre un nuevo r&#233;gimen a base de col lombarda y r&#225;bano negro con una compa&#241;era. La empleada cogi&#243; el carn&#233;, levant&#243; una nalga y despu&#233;s la otra y baj&#243; del taburete masaje&#225;ndose los ri&#241;ones.

Fue balance&#225;ndose hacia un pasillo y desapareci&#243;. La minutera negra avanzaba sobre el cuadrante blanco del reloj de pared. Jos&#233;phine sonri&#243; abochornada a la cola que se formaba tras ella.

No es culpa m&#237;a si han enviado mi paquete a un sitio donde no lo encuentran, parec&#237;a excusarse ella encorvando la espalda. No es culpa m&#237;a si ha pasado por Courbevoie antes de llegar aqu&#237;. Y sobre todo, &#191;de d&#243;nde puede venir? &#191;De Shirley quiz&#225;s, desde Inglaterra? Pero ella conoce mi nueva direcci&#243;n. No ser&#237;a extra&#241;o que fuese cosa de Shirley, que le enviara ese famoso t&#233; que compra en Fortnum & Mas&#243;n, un pud&#237;n y calcetines gruesos, para poder trabajar sin tener fr&#237;o en los pies. Shirley dice siempre que no existe el amor sino los detalles de amor. El amor sin los detalles, a&#241;ade, es el mar sin la sal, los caracoles de mar sin mayonesa, una flor sin p&#233;talos. Echaba de menos a Shirley. Se hab&#237;a ido a vivir a Londres con su hijo, Gary.

La empleada volvi&#243; sosteniendo un paquete del tama&#241;o de una caja de zapatos.

&#191;Colecciona usted sellos? -pregunt&#243; a Jos&#233;phine encaram&#225;ndose al taburete que chirri&#243; bajo su peso.

No

Yo s&#237;. &#161;Y puedo decirle que &#233;stos son magn&#237;ficos!

Los contempl&#243; parpadeando, despu&#233;s le tendi&#243; el paquete a Jos&#233;phine, que descifr&#243; su nombre y su antigua direcci&#243;n en Courbevoie en el papel rudimentario que serv&#237;a de embalaje. El lazo, igual de tosco, ten&#237;a las puntas deshilachadas formando una guirnalda de pompones sucios, a fuerza de haber pasado mucho tiempo en los estantes de correos.

Como usted se ha mudado, no lo localizaba. Viene de lejos. De Kenya. &#161;Ha hecho un largo viaje! Y usted tambi&#233;n

Lo hab&#237;a dicho en tono sarc&#225;stico y Jos&#233;phine se ruboriz&#243;. Balbuce&#243; una excusa inaudible. Si se hab&#237;a mudado, no era porque ya no apreciara su extrarradio, oh, no, le gustaba Courbevoie, su antiguo barrio, su piso, el balc&#243;n con el pasamanos oxidado y, para ser sincera, no le gustaba nada su nueva direcci&#243;n, all&#237; se sent&#237;a extranjera, desplazada. No, si se hab&#237;a mudado, era por culpa de su hija mayor, Hortense, que ya no soportaba vivir en las afueras. Y cuando a Hortense se le met&#237;a una idea en la cabeza, no te quedaba otro remedio que llevarla a cabo, porque si no te fulminaba con su desprecio. Gracias al dinero que Jos&#233;phine hab&#237;a ganado con los derechos de autor de su novela, Una reina tan humilde, y a un importante pr&#233;stamo bancario, hab&#237;a podido comprar un hermoso piso en un buen barrio. Avenida Rapha&#235;l, cerca de la Muette. Al final de la calle de Passy y de sus tiendas de lujo, junto al Bois de Boulogne. Mitad ciudad, mitad campo, hab&#237;a subrayado, con &#233;nfasis, el hombre de la agencia inmobiliaria. Hortense se hab&#237;a lanzado al cuello de Jos&#233;phine, &#161;gracias, mama&#237;ta, gracias a ti, voy a revivir, me voy a convertir en una aut&#233;ntica parisina!.

Si fuera por m&#237;, me habr&#237;a quedado en Courbevoie -murmur&#243; Jos&#233;phine confusa, notando c&#243;mo le ard&#237;an las puntas de las orejas enrojecidas.

Esto es nuevo, antes no me ruborizaba por cualquier tonter&#237;a. Antes estaba en mi sitio. Aunque no siempre me sintiera c&#243;moda, era mi sitio.

En fin, &#191;se queda con los sellos?

Es que tengo miedo de estropear el paquete si los corto

No importa, &#161;d&#233;jelo correr!

Se los traer&#233;, si quiere.

&#161;Ya le digo que no tiene importancia! Lo dec&#237;a por decir, porque me han parecido bonitos a simple vista, &#161;pero ya me he olvidado de ellos!

Mir&#243; a la siguiente persona de la cola e ignor&#243; ostensiblemente a Jos&#233;phine que volvi&#243; a guardar el carn&#233; de identidad en el bolso, antes de ceder el sitio y dejar la oficina.

Jos&#233;phine Cort&#232;s era t&#237;mida, a diferencia de su madre y de su hermana, que se hac&#237;an querer o impon&#237;an su autoridad con una mirada, con una sonrisa. Ella ten&#237;a una forma de pasar desapercibida, de pedir perd&#243;n por estar ah&#237;, que la llevaba al extremo de tartamudear o enrojecer. Por un momento hab&#237;a cre&#237;do que el &#233;xito iba a ayudarle a tener confianza en s&#237; misma. Su novela, Una reina tan humilde, segu&#237;a encabezando las listas de ventas m&#225;s de un a&#241;o despu&#233;s de su publicaci&#243;n. El dinero no le hab&#237;a aportado ninguna confianza. Incluso hab&#237;a terminado odi&#225;ndolo. Hab&#237;a cambiado su vida, sus relaciones con los dem&#225;s. La &#250;nica cosa que no ha cambiado es la relaci&#243;n conmigo misma, suspir&#243;, buscando con la mirada una cafeter&#237;a donde poder sentarse y abrir el misterioso paquete.

Tiene que existir alg&#250;n medio de ignorar ese dinero. El dinero elimina la angustia ante la amenaza del d&#237;a de ma&#241;ana, pero en cuanto se amontona, se convierte en un incordio agobiante. &#191;D&#243;nde invertirlo? &#191;A qu&#233; tipo de inter&#233;s? &#191;Qui&#233;n va a administrarlo? Yo seguro que no, admiti&#243; Jos&#233;phine mientras cruzaba por el paso de cebra y esquivaba una moto por los pelos. Le hab&#237;a pedido a su banquero, el se&#241;or Faugeron, que lo guardase en su cuenta y le entregase una suma cada mes, una suma que ella juzgaba suficiente para vivir, pagar los impuestos, comprarse un coche nuevo y cubrir los gastos de escolarizaci&#243;n y del d&#237;a a d&#237;a de Hortense en Londres. Hortense sab&#237;a utilizar el dinero. A ella con toda seguridad no le producir&#237;a v&#233;rtigo recibir los extractos bancarios. Jos&#233;phine se hab&#237;a resignado: su hija mayor, a los diecisiete a&#241;os y medio, se desenvolv&#237;a mejor que ella, a los cuarenta y tres.

Estaban a finales de noviembre y la noche ca&#237;a sobre la ciudad. Soplaba un viento recio, que despojaba a los &#225;rboles de sus &#250;ltimas hojas rojizas que bailaban un vals antes de llegar al suelo. Los peatones avanzaban mir&#225;ndose los pies, temiendo recibir el azote de una borrasca. Jos&#233;phine se levant&#243; el cuello del abrigo y consult&#243; el reloj. Se hab&#237;a citado a las siete con Luca en la cafeter&#237;a Le Coq, de la plaza del Trocadero.

Mir&#243; el paquete. No llevaba remite. &#191;Un env&#237;o de Myl&#232;ne? &#191;O quiz&#225;s del se&#241;or Wei?

Subi&#243; por la avenida Poincar&#233;, lleg&#243; a la plaza del Trocadero y entr&#243; en la cafeter&#237;a. Ten&#237;a m&#225;s de una hora por delante antes de que Luca llegara. Desde que se hab&#237;a mudado, se citaban siempre en esa cafeter&#237;a. Jos&#233;phine lo hab&#237;a querido as&#237;. Para ella era una forma de acostumbrarse a su nuevo barrio. Le gustaba crearse h&#225;bitos. Este sitio me parece demasiado burgu&#233;s o demasiado tur&#237;stico, dec&#237;a Luca con voz sorda, no tiene alma, pero si a usted le apetece. Para saber si las personas son felices o desgraciadas hay que mirarlas siempre a los ojos. La mirada no se puede maquillar. Luca ten&#237;a los ojos tristes. Incluso cuando sonre&#237;a.

Abri&#243; la puerta acristalada y busc&#243; una mesa libre. Localiz&#243; una y se sent&#243;. Nadie la miraba y se sinti&#243; aliviada. &#191;Se estar&#237;a convirtiendo quiz&#225;s en una aut&#233;ntica parisina? Se llev&#243; la mano al sombrero de punto verde almendra que hab&#237;a comprado la semana anterior, pens&#243; durante un instante en quit&#225;rselo y despu&#233;s decidi&#243; dej&#225;rselo puesto. Si se lo quitaba, se despeinar&#237;a y no se atrever&#237;a a volver a peinarse. Una no se peinaba en p&#250;blico. Era uno de los principios de su madre. Sonri&#243;. Por mucho que ya no viese a su madre, la llevaba siempre consigo. Era un sombrero verde almendra con unos fruncidos de punto que parec&#237;an tres michelines y una galleta plana de pana encima, rematada por un rabito de franela como el que corona la cl&#225;sica boina. Hab&#237;a visto ese tocado en el escaparate de una tienda, en la calle Francs-Bourgeois en el Marais. Hab&#237;a entrado, hab&#237;a preguntado el precio y se lo hab&#237;a probado. Le daba un aire picaro, de mujer desenvuelta con la nariz respingona. Daba a sus ojos marrones un resplandor dorado, le estilizaba los p&#243;mulos y le afinaba la silueta. Con ese sombrero, parec&#237;a todo un personaje. El d&#237;a antes, hab&#237;a ido a visitar a la tutora de Zo&#233;, la se&#241;ora Berthier, para hablar de los progresos de su hija peque&#241;a, del cambio de colegio, de su capacidad de adaptaci&#243;n. Al final de la entrevista, la se&#241;ora Berthier se hab&#237;a puesto el abrigo y el sombrero verde almendra con los tres fruncidos en la cabeza.

Yo tengo uno igual -hab&#237;a dicho Jos&#233;phine-. No me lo he puesto porque no me he atrevido.

&#161;Deber&#237;a usted pon&#233;rselo! Adem&#225;s, abriga y se sale de lo corriente. &#161;Se ve venir desde lejos!

&#191;Lo ha comprado usted en la calle Francs-Bourgeois?

S&#237;. En una tienda peque&#241;ita.

Yo tambi&#233;n. &#161;Qu&#233; casualidad!

El hecho de compartir el mismo tocado las hab&#237;a acercado m&#225;s que su larga conversaci&#243;n referente a Zo&#233;. Hab&#237;an salido juntas del colegio y hab&#237;an caminado en la misma direcci&#243;n, mientras segu&#237;an hablando.

Me ha dicho Zo&#233; que vienen ustedes de Courbevoie.

He vivido all&#237; casi quince a&#241;os. Me gustaba. Aunque hab&#237;a problemas

Aqu&#237; no son los ni&#241;os los que plantean problemas, &#161;son los padres!

Jos&#233;phine la hab&#237;a mirado, extra&#241;ada.

Todos creen haber concebido a un genio y nos reprochan que no descubramos al Pit&#225;goras o al Chateaubriand que duerme en su interior. Les atiborran de clases particulares, cursos de piano, de tenis, vacaciones en colegios caros en el extranjero y los ni&#241;os, agotados, se duermen en clase o te contestan como si fueras un criado

&#191;En serio?

Y cuando intentas recordarles a los padres que de momento s&#243;lo son ni&#241;os, te miran por encima del hombro y te dicen que los otros quiz&#225;s, pero que el suyo &#161;por supuesto que no! &#161;Mozart ten&#237;a siete a&#241;os cuando escribi&#243; su Peque&#241;a serenata nocturna -una cantinela sopor&#237;fera, entre nosotras- y que su progenie no va a ser menos! Ayer mismo tuve un altercado con un padre, un banquero cargado de diplomas y condecoraciones, que se quejaba de que su hijo s&#243;lo ten&#237;a un siete de media. Precisamente est&#225; en el mismo grupo que Zo&#233; Le hice notar que un siete estaba bastante bien, y me mir&#243; como si le hubiese insultado. &#161;Su hijo! &#161;La carne de su carne! &#161;S&#243;lo un siete de media! Sent&#237; olor a napalm en su aliento. &#191;Sabe?, hoy en d&#237;a es peligroso ser profesor, y no son los alumnos los que me asustan, sino los padres.

Se hab&#237;a echado a re&#237;r y se agarr&#243; el sombrero de un manotazo para que el viento no se lo llevase.

Al llegar frente al portal de Jos&#233;phine tuvieron que separarse.

Yo vivo un poco m&#225;s lejos -hab&#237;a dicho la se&#241;ora Berthier, se&#241;alando una calle a la izquierda-. Velar&#233; por Zo&#233;, &#161;se lo prometo!

Camin&#243; algunos pasos, y despu&#233;s se volvi&#243;.

Y ma&#241;ana &#161;p&#243;ngase el sombrero! As&#237; nos reconoceremos, incluso de lejos. &#161;Es imposible no verlo!

Eso sin duda, pens&#243; Jos&#233;phine: se elevaba como una cobra saliendo de la cesta; s&#243;lo le faltaba empezar a contonearse con el sonido de una flauta. Se hab&#237;a re&#237;do y se lo hab&#237;a prometido con una se&#241;a: se pondr&#237;a su boina de michelines a partir de ma&#241;ana. A ver qu&#233; pensar&#237;a Luca de &#233;l.

Se ve&#237;an regularmente desde hac&#237;a un a&#241;o y todav&#237;a se trataban de usted. Dos meses antes, en septiembre, a la vuelta de las vacaciones, hab&#237;an intentado tutearse, pero era demasiado tarde. Era como si hubiesen incorporado a dos desconocidos a su intimidad. Dos personas que se trataban de t&#250; y que no conoc&#237;an. Hab&#237;an vuelto, pues, al usted que, aunque resultara sorprendente, les conven&#237;a a la perfecci&#243;n. Su forma de vivir separados tambi&#233;n les conven&#237;a: cada uno en su casa, con una independencia estricta. Luca escrib&#237;a una obra erudita para un editor universitario: una historia sobre las l&#225;grimas, desde la Edad Media a nuestros d&#237;as. Se pasaba la mayor parte del tiempo en la biblioteca. A los treinta y nueve a&#241;os viv&#237;a como un estudiante, se alojaba en un estudio en Asni&#232;res, en su frigor&#237;fico se mor&#237;an de soledad una botella de Coca Cola y un trozo de pat&#233;, no ten&#237;a coche ni televisi&#243;n y llevaba, hiciese el tiempo que hiciese, una parka azul marino que le serv&#237;a de segunda residencia. Transportaba en sus grandes bolsillos todo lo que necesitaba para la jornada. Ten&#237;a un hermano gemelo, Vittorio, que le atormentaba. Jos&#233;phine s&#243;lo necesitaba fijarse en la arruga que ten&#237;a entre los ojos, para saber si las noticias de su hermano eran buenas o malas. Cuando la hendidura se hac&#237;a m&#225;s profunda, era se&#241;al de tormenta. Ella no preguntaba nada. Esos d&#237;as, Luca permanec&#237;a mudo, sombr&#237;o. Le cog&#237;a la mano, la met&#237;a en el bolsillo de su parka junto a las llaves, los bol&#237;grafos, los cuadernos, los caramelos para la garganta, los billetes de metro, el m&#243;vil, los paquetes de kleenex y la vieja cartera roja de piel. Ella hab&#237;a aprendido a reconocer cada objeto con las yemas de los dedos. Consegu&#237;a incluso identificar la marca de las bolsitas de caramelos. Se ve&#237;an por la noche, cuando Zo&#233; se quedaba a dormir en casa de una amiga, o los fines de semana, cuando iba a visitar a su primo Alexandre a Londres.

Un viernes s&#237; y otro no, Jos&#233;phine llevaba a Zo&#233; a la estaci&#243;n del Norte. Philippe y Alexandre, su hijo, iban a recogerla a Saint Paneras. Philippe le hab&#237;a regalado a Zo&#233; un abono del Eurostar y Zo&#233; se marchaba, impaciente por volver a su habitaci&#243;n en el piso de su t&#237;o en Notting Hill.

&#191; Es que all&#237; tienes tu propio dormitorio? -hab&#237;a exclamado Jos&#233;phine.

&#161;Tengo incluso un vestidor lleno de ropa para no cargar con maletas! Philippe piensa en todo, es el t&#237;o m&#225;s genial que hay.

Jos&#233;phine reconoc&#237;a, en ese tipo de atenciones, la delicadeza y la generosidad de su cu&#241;ado. Cada vez que ella ten&#237;a un problema, cuando dudaba sobre una decisi&#243;n que tomar, llamaba a Philippe.

Y &#233;l respond&#237;a siempre aqu&#237; estoy, Jo, puedes pedirme lo que quieras, ya lo sabes. En cuanto o&#237;a ese tono ben&#233;volo se sent&#237;a m&#225;s tranquila. Se hubiese dejado mecer gustosamente por el calor de esa voz, por la ternura que adivinaba detr&#225;s del ligero cambio de entonaci&#243;n que segu&#237;a a su: Hola, Philippe, soy Jo, pero inmediatamente se impon&#237;a una advertencia: &#161;cuidado, peligro! &#161;Es el marido de tu hermana! &#161;Mant&#233;n las distancias, Jos&#233;phine!

Antoine, su marido, el padre de sus dos hijas, hab&#237;a muerto seis meses antes. En Kenya. Dirig&#237;a un criadero de cocodrilos por cuenta de un hombre de negocios chino, el se&#241;or Wei, con el que estaba asociado. Los negocios comenzaron a torcerse, &#233;l empez&#243; a beber, y a mantener una extra&#241;a relaci&#243;n con los cocodrilos, que se burlaban de &#233;l, neg&#225;ndose a reproducirse, destrozando las alambradas de protecci&#243;n y devorando a sus empleados. Pasaba noches enteras intentando descifrar los ojos amarillos de los cocodrilos, que flotaban en los estanques. Quer&#237;a hablarles, convertirse en su amigo. Una noche se hab&#237;a sumergido en el agua y uno de ellos lo hab&#237;a devorado. Fue Myl&#232;ne quien le relat&#243; el tr&#225;gico final de Antoine. Myl&#232;ne, la amante de Antoine, la que hab&#237;a elegido para acompa&#241;arle en su aventura a Kenya. La mujer por la que la hab&#237;a abandonado. &#161;No! No me dej&#243; por ella, me dej&#243; porque ya no aguantaba estar en paro, no hacer nada durante todo el d&#237;a, depender de mi sueldo para vivir. Myl&#232;ne hab&#237;a sido un pretexto. Un andamio para volver a construirse.

Jos&#233;phine no hab&#237;a tenido el valor de decirle a Zo&#233; que su padre hab&#237;a muerto. Le hab&#237;a contado que se hab&#237;a marchado a explorar otros parques de cocodrilos en plena jungla, sin tel&#233;fono m&#243;vil, y que no tardar&#237;a en tener noticias suyas. Zo&#233; mov&#237;a la cabeza y respond&#237;a: Pues ahora ya s&#243;lo te tengo a ti, mam&#225;, esperemos que no te pase nada, y tocaba madera para alejar esa posibilidad. No te preocupes, no me pasar&#225; nada, soy invencible, como la reina Leonor de Aquitania, que vivi&#243; hasta los setenta y ocho a&#241;os &#161;sin quejarse ni desfallecer!. Zo&#233; reflexionaba un instante e insist&#237;a en el aspecto pr&#225;ctico: Pero si te pasara algo, mam&#225;, &#191;qu&#233; har&#237;a yo? &#161;Nunca podr&#237;a encontrar a pap&#225; yo sola!. A Jos&#233;phine se le hab&#237;a pasado por la cabeza enviarle postales firmadas: Pap&#225;, pero le repugnaba la idea de convertirse en una impostora. Un d&#237;a u otro tendr&#237;a que contarle la verdad. Nunca era un buen momento. Pero es que &#191;acaso hab&#237;a un momento ideal para anunciar a una adolescente de trece a&#241;os y medio que su padre hab&#237;a muerto entre las fauces de un cocodrilo? Hortense lo sab&#237;a. Hab&#237;a llorado, culp&#243; a Jos&#233;phine, y despu&#233;s hab&#237;a decidido que era mejor as&#237;, que su padre sufr&#237;a demasiado por no haber triunfado en la vida. A Hortense no le gustaban las emociones, pensaba que eran una p&#233;rdida de tiempo, de energ&#237;a, una debilidad sospechosa que no provocaba sino piedad. Ella s&#243;lo ten&#237;a una meta en la vida: triunfar; y nadie, nadie se interpondr&#237;a en su camino. Quer&#237;a a su padre, cierto, pero ya no pod&#237;a hacer nada por &#233;l. Cada uno es responsable de su destino; &#233;l hab&#237;a perdido la partida, y hab&#237;a pagado el precio.

Derramar l&#225;grimas por &#233;l no le iba a resucitar.

Eso hab&#237;a sido el junio anterior.

A Jos&#233;phine le parec&#237;a que hab&#237;a pasado una eternidad.

Con una matr&#237;cula de honor en selectividad en el bolsillo, Hortense se hab&#237;a ido a estudiar a Inglaterra. A veces se reun&#237;a con Zo&#233; en casa de Philippe y pasaba el s&#225;bado con ellos, pero la mayor parte del tiempo llegaba como una exhalaci&#243;n, besaba a su hermanita y se volv&#237;a a marchar. Se hab&#237;a inscrito en el Saint Martins College de Londres y trabajaba sin parar. Es la mejor escuela de dise&#241;o del mundo, aseguraba a su madre. Lo s&#233;, es cara, pero ahora podemos permit&#237;rnoslo, &#191;verdad? Ya ver&#225;s, no te arrepentir&#225;s de tu inversi&#243;n. Voy a convertirme en una dise&#241;adora mundialmente conocida. Hortense no ten&#237;a dudas. Jos&#233;phine tampoco. Siempre confiaba en su hija mayor.

&#161;Cu&#225;ntos acontecimientos en apenas un a&#241;o! En pocos meses mi vida se ha transformado completamente. Estaba sola, abandonada por mi marido, maltratada por mi madre, perseguida por mi banquero, asediada por las deudas, hab&#237;a terminado de escribir una novela para mi hermana, para que mi querida hermana, Iris Dupin, la firmara y pudiese brillar en sociedad.

Y ahora

Ahora Scorsese ha comprado los derechos de mi novela y se habla de Nicole Kidman para encarnar a Florine, mi hero&#237;na. Las traducciones extranjeras son incontables y acabo de recibir mi primer contrato en chino.

Ahora Philippe vive en Londres con Alexandre. E Iris est&#225; internada en una cl&#237;nica de la regi&#243;n parisina, cur&#225;ndose de una depresi&#243;n.

Ahora estoy buscando un tema para mi segunda novela, porque el editor me ha convencido para que escriba otra. Busco, busco, pero no encuentro.

Ahora soy viuda. La polic&#237;a local ha confirmado la muerte de Antoine, se la ha comunicado a la embajada de Francia en Nairobi y ha informado al Ministerio de Asuntos Exteriores en Francia. Soy Jos&#233;phine Plissonnier, viuda de Cort&#232;s. Soy capaz de pensar en Antoine, en su horrible muerte, sin llorar.

Ahora he rehecho mi vida: espero a Luca para ir al cine. Luca habr&#225; comprado el Pariscope y elegiremos juntos la pel&#237;cula. Siempre la eleg&#237;a &#233;l, pero ella fing&#237;a dejarle la iniciativa. Apoyar&#237;a la cabeza en su hombro, meter&#237;a la mano en su bolsillo y dir&#237;a: Elija usted. Y &#233;l dir&#237;a: De acuerdo, elegir&#233; yo, &#161;pero luego no se queje!.

Jos&#233;phine no se quejaba nunca. Se sorprend&#237;a siempre de que a &#233;l le gustase estar con ella. Cuando dorm&#237;a en su casa, cuando notaba que se hab&#237;a dormido apoyado en ella, jugaba a cerrar los ojos un buen rato y a abrirlos despu&#233;s para descubrir, como si no lo hubiese visto nunca, el decorado austero de su estudio, la luz blanca que se filtraba a trav&#233;s de las lamas de los estores, las pilas de libros amontonados en el suelo. Encima de cada pila, una mano distra&#237;da hab&#237;a dejado un plato, un vaso, la tapa de una cacerola o un peri&#243;dico a punto de caerse. El apartamento de un solter&#243;n. Ella saboreaba su estatus de due&#241;a del lugar. &#201;sta es su casa, y soy yo la que duerme en su cama. Se apretaba contra &#233;l, y le besaba furtivamente la mano, una mano seca como un sarmiento de vi&#241;a negra, que le enlazaba la cintura. Tengo un amante. Yo, Jos&#233;phine Plissonnier, viuda de Cort&#232;s, tengo un amante. Se le enrojecieron las orejas y recorri&#243; con la mirada el interior del caf&#233; para verificar que nadie la observaba. &#161;Espero que le guste mi sombrero! Si arruga la nariz, lo aplasto y me hago una boina. O lo enrollo, me lo meto en el bolsillo y no me lo vuelvo a poner.

Su mirada volvi&#243; al paquete. Deshizo el cordel y reley&#243; la direcci&#243;n. Se&#241;ora Jos&#233;phine Cort&#232;s. No hab&#237;an tenido tiempo de divorciarse. &#191;Hubiesen tenido el valor? Marido y mujer. Uno no se casa s&#243;lo para lo mejor, uno se casa tambi&#233;n para los errores, las debilidades, las mentiras, los subterfugios. Ya no estaba enamorada de Antoine, pero segu&#237;a siendo su marido, el padre de Hortense y de Zo&#233;.

Apart&#243; con cuidado el envoltorio, mir&#243; una vez m&#225;s los sellos-&#191;volver&#237;a para d&#225;rselos a la empleada de correos?-, entreabri&#243; la caja de zapatos. Dentro hab&#237;a una carta.

Se&#241;ora:

Estas son las pertenencias de Antoine Cort&#232;s, su marido, que hemos encontrado tras el desgraciado accidente que le cost&#243; la vida. Tenga por seguro que todos la acompa&#241;amos en el sentimiento y que recordamos con afecto a nuestro compa&#241;ero y amigo, siempre dispuesto a hacer un favor y a pagar una ronda. La vida no ser&#225; ya la misma sin &#233;l, y su silla en el bar permanecer&#225; vac&#237;a como muestra de fidelidad.

Sus amigos y colegas del Crocodile Caf&#233; en Mombasa.

Le segu&#237;an las firmas, todas ilegibles, de los antiguos conocidos de Antoine. Aunque hubiera podido descifrarlas, no le habr&#237;an aportado nada: no conoc&#237;a a ninguno.

Jos&#233;phine volvi&#243; a doblar la carta y retir&#243; el papel de peri&#243;dico que envolv&#237;a los efectos de Antoine. Sac&#243; un reloj sumergible, un hermoso reloj con un gran cuadrante negro, rodeado por una roseta de cifras romanas y &#225;rabes; una zapatilla deportiva naranja de la talla 39 -sufr&#237;a por tener los pies peque&#241;os-; una medalla de bautismo que representaba un &#225;ngel de perfil, con el ment&#243;n apoyado en el dorso de la mano, y en el reverso de la medalla, su nombre grabado y la fecha de nacimiento, 26 de mayo de 1963. Finalmente, pegado con celo a un trozo de cart&#243;n amarillento, un mech&#243;n de pelo largo y casta&#241;o acompa&#241;ado de una frase garabateada a mano: Cabello de Antoine Cort&#232;s, hombre de negocios franc&#233;s. Fue el mech&#243;n lo que conmocion&#243; a Jos&#233;phine. El contraste entre esos cabellos finos, sedosos, y el aspecto que quer&#237;a mostrar Antoine. No le gustaba su nombre, prefer&#237;a Tonio. Tonio Cort&#232;s. Eso ten&#237;a estilo. Estilo de perdonavidas, de gran cazador de fieras, de hombre que no teme a nada, cuando en realidad se mor&#237;a de miedo de no triunfar, de no estar a la altura.

Acarici&#243; el mech&#243;n con los dedos. Mi pobre Antoine, no estabas hecho para este mundo, sino para un mundo de terciopelo, fr&#237;volo, un mundo de opereta en el que uno puede sacar pecho con toda impunidad, un mundo en el que tus fanfarronadas habr&#237;an atemorizado a los cocodrilos. Para ellos s&#243;lo has sido un bocado m&#225;s. Y no s&#243;lo para esos reptiles sumergidos en los estanques. Para todos los cocodrilos de la vida, que abr&#237;an sus fauces para devorarnos. El mundo est&#225; lleno de esas bestias asquerosas.

Eso era todo lo que quedaba de Antoine Cort&#232;s: una caja de cart&#243;n que ella sosten&#237;a sobre las rodillas. De hecho, siempre hab&#237;a tenido a su marido sobre las rodillas. Le hab&#237;a concedido la ilusi&#243;n de ser el jefe, pero la responsable siempre hab&#237;a sido ella.

&#191;Qu&#233; va a ser, mi querida se&#241;ora?

El camarero, plantado ante ella, esperaba.

Una Coca Cola light, por favor.

El camarero se alej&#243; con paso ligero. Ten&#237;a que ponerse a hacer ejercicio. Estaba volviendo a engordar. Hab&#237;a elegido ese piso para ir a correr por las avenidas del Bois de Boulogne. Se irgui&#243;, meti&#243; la barriga y se comprometi&#243; a mantenerse recta para trabajar sus m&#250;sculos.

Los transe&#250;ntes vagaban por la acera. Otros los adelantaban a empujones. Sin excusarse. Una pareja joven caminaba abrazada. El chico hab&#237;a pasado el brazo sobre el hombro de la chica, que sosten&#237;a unos libros contra el pecho. &#201;l le murmuraba algo al o&#237;do y ella escuchaba.

&#191;Cu&#225;l ser&#225; el tema de mi pr&#243;xima novela? &#191;La sit&#250;o en el presente o en mi querido siglo XII? Aquello, al menos, lo conozco. Conozco la sensibilidad de aquella &#233;poca, los usos amorosos, las reglas de la vida en sociedad. &#191;Qu&#233; s&#233; yo de la vida de hoy? No demasiado. En este momento estoy aprendiendo. Aprendo las relaciones con los dem&#225;s, las relaciones con el dinero, lo aprendo todo. Hortense sabe m&#225;s que yo de eso. Zo&#233; todav&#237;a es una ni&#241;a, aunque est&#225; creciendo a ojos vista. Sue&#241;a con parecerse a su hermana. Yo tambi&#233;n, cuando era ni&#241;a, ten&#237;a a mi hermana como modelo.

Idolatraba a Iris. Era mi due&#241;a y se&#241;ora. Hoy delira en la penumbra de la habitaci&#243;n de una cl&#237;nica. Sus grandes ojos azules abrigan una mirada que se ha convertido en un desierto. Me mira, roz&#225;ndome con un ojo, mientras el otro se evade en un vago aburrimiento. Apenas me escucha. Una vez, mientras la animaba a hacer un esfuerzo con el personal, muy atento con ella, me respondi&#243;: &#191;C&#243;mo quieres que sea capaz de vivir con los dem&#225;s, si ni siquiera soy capaz de vivir conmigo misma?, y hab&#237;a dejado caer la mano, inerte, sobre la manta.

Philippe iba a verla. Pagaba las facturas de los m&#233;dicos, pagaba la factura de la cl&#237;nica, pagaba el alquiler de su piso en Par&#237;s, pagaba el sueldo de Carmen. Cada d&#237;a, Carmen, sirvienta fiel y testaruda, confeccionaba ramos de flores que llevaba a Iris, tras hora y media de viaje en un tren de cercan&#237;as y dos transbordos de autob&#250;s. Iris, incomodada por el olor de las flores, las rechazaba y se marchitaban ante su puerta. Carmen compraba pastas de t&#233; en Mariage Fr&#232;res, colocaba la manta de cachemir rosa sobre la cama blanca, le pon&#237;a un libro al alcance de la mano, daba un toque de perfume al ambiente con un vaporizador y esperaba. Iris dorm&#237;a. Carmen se marchaba de puntillas hacia las seis de la tarde. Volv&#237;a al d&#237;a siguiente, cargada con nuevas ofrendas. Jos&#233;phine sufr&#237;a con la abnegaci&#243;n silenciosa de Carmen y el silencio de Iris.

Hazle un gesto, dile algo Viene todos los d&#237;as y ni siquiera la miras. No eres demasiado amable.

No tengo por qu&#233; ser amable, Jos&#233;phine, estoy enferma. Y adem&#225;s me aburre con su amor. &#161;D&#233;jame tranquila!

Cuando no se sent&#237;a desenga&#241;ada, cuando recobraba un poco de vida y de color pod&#237;a ser muy desagradable. La &#250;ltima vez que Jos&#233;phine hab&#237;a ido a visitarla, el tono, al principio neutro, anodino, hab&#237;a subido r&#225;pidamente.

Yo s&#243;lo he tenido un talento -hab&#237;a declarado Iris contempl&#225;ndose en un espejito de bolsillo que estaba siempre sobre la mesilla de noche-: He sido guapa. Muy guapa. &#161;E incluso eso se me est&#225; escapando! &#191;Has visto esta arruga? Ayer por la tarde no estaba. Y ma&#241;ana aparecer&#225; otra, y otra y otra

Hab&#237;a dejado el espejo de golpe sobre la mesa de f&#243;rmica y se hab&#237;a alisado el pelo negro peinado en una media melena recta. Un corte que la rejuvenec&#237;a diez a&#241;os.

Tengo cuarenta y siete a&#241;os y he fallado en todo en la vida. Como mujer, como madre, y en la vida sin m&#225;s &#191;Y quieres que tenga ganas de levantarme? &#191;Para hacer qu&#233;? Prefiero dormir.

Pero &#191;y Alexandre? -hab&#237;a suspirado Jos&#233;phine, sin creer demasiado en que ese argumento fuese a cambiar algo.

No pretendas ser m&#225;s tonta de lo que eres, Jo, sabes muy bien que nunca he sido una madre para &#233;l. He sido una aparici&#243;n, una conocida, ni siquiera podr&#237;a decir una amiga: me aburr&#237;a estar con &#233;l y sospecho que &#233;l tambi&#233;n se aburr&#237;a conmigo. Se entiende mejor contigo, su t&#237;a, que conmigo, su madre, as&#237; que

La pregunta, que carcom&#237;a a Jos&#233;phine y que no se atrev&#237;a a plantear, se refer&#237;a a Philippe. &#191;No tienes miedo de que rehaga su vida con otra? &#191;No tienes miedo de encontrarte sola? Hubiera sido demasiado brutal.

Pues intenta convertirte en un ser humano de bien -hab&#237;a concluido-. Nunca es demasiado tarde para convertirse en una buena persona.

&#161;Qu&#233; co&#241;azo puedes llegar a ser, Jos&#233;phine! &#161;Pareces una monjita perdida en un burdel, que intenta salvar almas perdidas! Vienes hasta aqu&#237; a darme lecciones. La pr&#243;xima vez ah&#243;rrate el desplazamiento y qu&#233;date en casa. Parece ser que te has mudado. A un piso bonito, en un buen barrio. Me lo ha dicho nuestra querida madre. Entre nosotras, se muere de ganas de ir a visitarte, pero no quiere ser la primera en llamar.

Hab&#237;a esbozado una d&#233;bil sonrisa, una sonrisa de desprecio. Sus grandes ojos azules, que desde que estaba enferma ocupaban todo su rostro, se hab&#237;an ensombrecido con una melancol&#237;a celosa, malvada.

Ahora tienes dinero. Mucho dinero. Gracias a m&#237;. Fui yo quien provoc&#243; el &#233;xito de tu libro, no lo olvides nunca. Sin m&#237; hubieses sido incapaz de encontrar un editor, incapaz de responder a un periodista, de entrar en escena, &#161;de dejarte despellejar en directo para llamar la atenci&#243;n! As&#237; que ah&#243;rrame los sermones y aprovecha ese dinero. &#161;Que al menos sirva para una de las dos!

Eres injusta, Iris.

Se hab&#237;a incorporado. Una mecha de pelo negro se hab&#237;a escapado del corte perfecto y le ca&#237;a sobre los ojos. Hab&#237;a gritado, apuntando a Jos&#233;phine con el dedo:

&#161;Hab&#237;amos hecho un pacto! &#161;Yo te daba todo el dinero y t&#250; me dejabas la gloria! Yo respet&#233; nuestro acuerdo. &#161;T&#250; no! T&#250; quisiste las dos cosas: &#161;el dinero y la gloria!

Sabes muy bien que no es verdad. Yo no quer&#237;a nada de nada, Iris, nada de nada. Yo no quer&#237;a escribir el libro, no quer&#237;a el dinero del libro, s&#243;lo quer&#237;a poder dar una educaci&#243;n decente a Hortense y a Zo&#233;.

&#161;Atr&#233;vete a decirme que no enviaste a esa asquerosa de Hortense a denunciarme en directo en la televisi&#243;n! No ha sido mi t&#237;a quien escribi&#243; el libro, ha sido mi madre. &#161;Atr&#233;vete a decirlo! &#161;Ah! &#161;Te vino bien que fuera a soltarlo todo! Te escondiste detr&#225;s de tu dignidad y lo recuperaste todo, incluso acabaste conmigo. Si ahora estoy aqu&#237;, en esta cama, consumi&#233;ndome a fuego lento, es por tu culpa, Jos&#233;phine, &#161;por tu culpa!

Iris Te lo ruego

&#191;Y eso no te basta? &#161;Vienes a burlarte de m&#237;! &#191;Qu&#233; m&#225;s quieres? &#191;A mi marido? &#191;A mi hijo? &#161;Pues qu&#233;datelos, Jos&#233;phine, qu&#233;datelos!

No piensas lo que dices. Es imposible. Nos quer&#237;amos mucho las dos. En todo caso, yo, yo te quer&#237;a y te quiero todav&#237;a.

Me das asco, Jo. He sido tu aliada m&#225;s fiel. Siempre he estado all&#237;, siempre he pagado por ti, siempre he velado por ti. La &#250;nica vez que te pido que hagas algo por m&#237;, me traicionas. &#161;Porque te has vengado bien! &#161;Me has deshonrado! &#191;Por qu&#233; te crees que me quedo aqu&#237; encerrada en esta cl&#237;nica, dormitando, atiborrada de somn&#237;feros? &#161;Porque no tengo elecci&#243;n! Si salgo, todo el mundo me se&#241;alar&#225; con el dedo. Prefiero morirme aqu&#237;. Y ese d&#237;a, tendr&#225;s mi muerte sobre la conciencia y ya veremos c&#243;mo har&#225;s para vivir. &#161;Porque no te soltar&#233;! Vendr&#233; a tirarte de los pies por la noche, tus peque&#241;os y c&#225;lidos pies enlazados con los pies grandes y fr&#237;os de mi marido, a quien deseas en secreto. &#191;Crees que no lo s&#233;? &#191;Crees que no oigo c&#243;mo le tiembla la voz cuando habla de ti? No me he vuelto completamente idiota. Oigo que le atraes. Te impedir&#233; dormir, impedir&#233; que te mojes los labios en las copas de champ&#225;n que &#233;l te ofrecer&#225; y, cuando pose su boca sobre tu hombro, &#161;te morder&#233;, Jos&#233;phine!

Sus brazos cadav&#233;ricos sobresal&#237;an del camis&#243;n, bajo la piel de sus mand&#237;bulas crispadas vibraban dos bolitas duras, sus ojos ard&#237;an con el odio m&#225;s feroz que jam&#225;s mujer celosa alguna lanz&#243; sobre su rival. Fueron esos celos, ese odio feroz lo que dej&#243; helada a Jos&#233;phine, que murmur&#243;, como si se confesase a s&#237; misma:

Pero si me odias, Iris

&#161;Por fin lo entiendes! &#161;Por fin vamos a dejar de interpretar la comedia de las hermanas que se quieren!

Grit&#243;, sacudiendo violentamente la cabeza. Despu&#233;s baj&#243; la voz, clav&#243; sus ojos ardientes en los de su hermana, y le hizo un gesto para que se fuera.

&#161;Vete!

Pero Iris

No quiero volver a verte. &#161;No merece la pena que vuelvas! &#161;Adi&#243;s muy buenas!

Puls&#243; el timbre para llamar a la enfermera, se dej&#243; caer sobre las almohadas y se tap&#243; los o&#237;dos con las manos, sorda a todo intento de Jos&#233;phine por volver al di&#225;logo y hacer las paces.

De eso hac&#237;a tres semanas.

No se lo hab&#237;a contado a nadie. Ni a Luca, ni a Zo&#233;, ni a Hortense, ni siquiera a Shirley, a quien nunca le hab&#237;a gustado Iris. Jos&#233;phine no necesitaba que juzgasen a su hermana, cuyas cualidades y defectos conoc&#237;a.

Est&#225; llena de rencor, est&#225; llena de rencor hacia m&#237; por haberle quitado el papel protagonista que pose&#237;a por derecho. No fui yo quien empuj&#243; a Hortense a airearlo todo, no fui yo quien rompi&#243; el contrato. Pero &#191;c&#243;mo conseguir que Iris aceptara la verdad? Se sent&#237;a demasiado herida para escucharla. Acusaba a Jos&#233;phine de haberle destruido la vida. Es m&#225;s f&#225;cil acusar a los dem&#225;s que hacer autocr&#237;tica. Fue a Iris a quien se le ocurri&#243; la idea de hacer que Jos&#233;phine escribiera una novela para firmarla ella, ella quien la hab&#237;a seducido, d&#225;ndole todo el dinero del libro; fue ella quien lo maquin&#243; todo, y Jos&#233;phine se dej&#243; manipular. Jos&#233;phine era d&#233;bil ante su hermana. Pero &#191;d&#243;nde reside el l&#237;mite preciso entre la debilidad y la cobard&#237;a? &#191;Entre la debilidad y la duplicidad? &#191;No se hab&#237;a sentido feliz cuando Hortense hab&#237;a declarado en la televisi&#243;n que la verdadera autora de Una reina tan humilde era su madre y no su t&#237;a? Me sent&#237; confusa, ciertamente, pero m&#225;s por la conducta de Hortense -quien, a su manera, me dec&#237;a que me amaba, que me apreciaba- que por el hecho de haber sido rehabilitada como escritora. Me da igual esa novela. Me da igual ese dinero. Me da igual ese &#233;xito. Lo que yo querr&#237;a es que todo volviese a ser como antes. Que Iris me quisiera, que nos fu&#233;semos de vacaciones las dos, que ella fuera la m&#225;s guapa, la m&#225;s brillante, la m&#225;s elegante; me gustar&#237;a que grit&#225;semos a coro: Cric y Croe se comieron al gran Cruc, como cuando &#233;ramos peque&#241;as. Me gustar&#237;a ser de nuevo la hermana que no cuenta para nada. No me siento a gusto dentro de mi nueva indumentaria de mujer que triunfa.

Fue entonces cuando vio su propio reflejo en el espejo del caf&#233;.

Al principio, no se reconoci&#243;.

&#191;Esa mujer era Jos&#233;phine Cort&#232;s?

&#191;Esa mujer elegante, con ese bonito abrigo beige con grandes solapas de terciopelo marr&#243;n? Esa mujer de brillantes cabellos casta&#241;os, boca bien perfilada, y ojos llenos de una luz asombrosa &#191;era ella? El sombrero de fruncidos abultados coronaba y rubricaba a la nueva Jos&#233;phine. Mir&#243; a esa perfecta extra&#241;a. Encantada de conocerla. &#161;Qu&#233; guapa est&#225;! &#161;Qu&#233; hermosa y libre parece! Me gustar&#237;a tener su aspecto, quiero decir, ser interiormente tan bella y luminosa como el reflejo que anida en el espejo. As&#237;, mir&#225;ndola, tengo la extra&#241;a impresi&#243;n de ser doble: usted y yo. Y, sin embargo, s&#243;lo somos una.

Mir&#243; el vaso de Coca Cola que ten&#237;a delante. No lo hab&#237;a tocado. Los cubitos se hab&#237;an fundido empa&#241;ando las paredes del vaso. Dud&#243; en imprimir sobre &#233;l la marca de sus dedos. &#191;Por qu&#233; he pedido una Coca Cola? Odio la Coca Cola. Odio las burbujas que suben hasta la nariz como mil hormigas rojas. No s&#233; nunca qu&#233; pedir en un caf&#233;, as&#237; que digo Coca Cola como todo el mundo, o caf&#233;. Coca Cola, caf&#233;, Coca Cola, caf&#233;.

Levant&#243; la cabeza hacia el reloj de la cafeter&#237;a: &#161;las siete y media! Luca no hab&#237;a venido. Sac&#243; el m&#243;vil del bolso, marc&#243; su n&#250;mero, escuch&#243; su contestador, que dec&#237;a Giambelli pronunciando todas las s&#237;labas y dej&#243; un mensaje. No se ver&#237;an esta tarde.

Quiz&#225;s era mejor. Cada vez que recordaba aquella terrible escena con su hermana, sent&#237;a que la invad&#237;a la desesperanza y las fuerzas la abandonaban. Ya no ten&#237;a ganas de nada. Ganas de sentarse en la acera y ver a los desconocidos, a los perfectos extra&#241;os de la calle. Cuando quieres a alguien, &#191;hay que sufrir obligatoriamente? &#191;Es el precio que hay que pagar? Ella s&#243;lo sab&#237;a querer. No sab&#237;a hacerse querer. Eran dos cosas muy diferentes.

&#191;No se bebe usted la Coca Cola, mi querida se&#241;ora?-pregunt&#243; el camarero mientras tamborileaba la bandeja con los muslos-. &#191;No tiene buen sabor? &#191;No es una buena cosecha? &#191;Quiere que se la cambie?

Jos&#233;phine sonri&#243; t&#237;midamente y neg&#243; con la cabeza.

Decidi&#243; no esperarle m&#225;s. Volver&#237;a a casa y cenar&#237;a con Zo&#233;. Al salir le hab&#237;a dejado una cena fr&#237;a en la mesa de la cocina, una pechuga de pollo y una ensalada de jud&#237;as verdes, un petit-suisse de frutas y una nota: Estoy en el cine con Luca, volver&#233; sobre las diez. Ir&#233; a darte un beso antes de que te duermas, te quiero, mi ni&#241;a, mi amor. Mam&#225;. No le gustaba dejarla sola por la noche, pero Luca hab&#237;a insistido en verla. Tengo que hablar con usted, Jos&#233;phine, es importante. Jos&#233;phine frunci&#243; el ce&#241;o. &#201;l hab&#237;a pronunciado esas palabras, y ella lo hab&#237;a olvidado.

Marc&#243; el n&#250;mero de casa. Anunci&#243; a Zo&#233; que, al final, volv&#237;a para cenar, y le hizo una se&#241;a al camarero para que le trajese la cuenta.

Est&#225; debajo del posavasos, mi querida se&#241;ora. &#161;Definitivamente, tiene usted la cabeza en otra parte!

Dej&#243; una generosa propina y sali&#243;.

&#161;Eh! &#161;Olvida su paquete!

Se volvi&#243;, le vio mostr&#225;ndole el env&#237;o de Antoine. Se lo hab&#237;a dejado sobre la silla. &#191;Y si no tuviese coraz&#243;n? Me olvido de los restos de Antoine, traiciono a mi hermana, abandono a mi hija para irme al cine con mi amante, y &#191;qu&#233; m&#225;s?

Cogi&#243; el paquete y lo estrech&#243; contra su coraz&#243;n, bajo el abrigo.

Quer&#237;a decirle que &#161;me gusta mucho su tocado! -exclam&#243; el camarero.

Sinti&#243; c&#243;mo sus orejas enrojec&#237;an bajo el sombrero.



* * *


Jos&#233;phine busc&#243; un taxi, pero no vio ninguno. Era una hora mala. La hora en la que la gente vuelve a su casa o va al restaurante, al cine o al teatro. Decidi&#243; volver a casa andando. Ca&#237;a una lluvia fina y helada. Abraz&#243; el paquete que segu&#237;a sosteniendo bajo el abrigo. &#191;Qu&#233; voy a hacer? No puedo dejarlo en casa. Si Zo&#233; lo encontrara Ir&#233; a guardarlo al trastero.

Era una noche oscura. La avenida Paul-Doumer estaba desierta. Borde&#243; el muro del cementerio con paso ligero. Divis&#243; la gasolinera. S&#243;lo los escaparates de las tiendas estaban iluminados. Descifr&#243; los nombres de las calles que atravesaban la avenida, intentando memorizarlos. Calle Schl&#339;sing, calle P&#233;trarque, calle Scheffer, calle de la Tour Una vez le contaron que Brigitte Bardot hab&#237;a tenido a su hijo en ese hermoso edificio, en la esquina de la calle de la Tour. Hab&#237;a pasado todo el embarazo encerrada en su casa, con las cortinas cerradas: hab&#237;a fot&#243;grafos en cada rama de &#225;rbol, en cada balc&#243;n. Hab&#237;an alquilado los pisos vecinos a precio de oro. Estaba prisionera en su casa. Y si se aventuraba a salir, una maruja la persegu&#237;a hasta el ascensor, la amenazaba con clavarle un tenedor en los ojos y la llamaba puta. Pobre mujer, pens&#243; Jos&#233;phine, si &#233;se es el precio de la fama, es mejor seguir siendo una desconocida. Tras el esc&#225;ndalo provocado por Hortense en la televisi&#243;n, algunos periodistas hab&#237;an intentado acercarse a Jos&#233;phine para fotografiarla. Ella se hab&#237;a marchado a Londres con Shirley y, desde all&#237;, hab&#237;an huido a Moustique, a la gran casa blanca de Shirley. Al volver, se hab&#237;a mudado y hab&#237;a conseguido conservar el anonimato. A veces, cuando dec&#237;a Jos&#233;phine Cort&#232;s, C.O.R.T.&#200;.S., alguien levantaba la cabeza y le agradec&#237;a que hubiera escrito Una reina tan humilde. S&#243;lo recib&#237;a muestras de satisfacci&#243;n y afecto. Nadie la hab&#237;a amenazado todav&#237;a con un tenedor.

Al final de la avenida Paul-Doumer empezaba el bulevar &#201;mile-Augier. Ella viv&#237;a un poco m&#225;s lejos, en los jardines del Ranelagh. Atisbo a un hombre que hac&#237;a flexiones, colgado de un &#225;rbol. Un hombre elegante, con un impermeable blanco. Resultaba c&#243;mico verle as&#237;, tan elegante, agarrado a una rama, subiendo y bajando, estirando los brazos. No le ve&#237;a la cara: le daba la espalda.

Podr&#237;a ser el principio de una novela. Un hombre colgado de una rama. Estar&#237;a oscuro, como esta noche. Vestir&#237;a ese mismo impermeable y contar&#237;a las flexiones que hac&#237;a para levantarse. Las mujeres se volver&#237;an a mirarle, mientras se apresuraban por llegar a sus casas. &#191;Estar&#237;a pensando en ahorcarse, o en lanzarse al ataque de un paseante? &#191;Era un hombre desesperado o un asesino? All&#237; comenzar&#237;a la historia. Ella confiaba en la vida para que le proporcionara pistas, ideas, detalles, que convertir&#237;a en historias. As&#237; es como hab&#237;a escrito su primer libro. Abriendo bien los ojos al mundo. Escuchando, observando, olfateando. As&#237; es tambi&#233;n como no se envejece. Envejecemos cuando nos encerramos, cuando nos negamos a ver, a o&#237;r o a respirar. A menudo, la vida y la escritura viajan juntas.

Avanz&#243; a trav&#233;s del parque. Era una noche sin luna, una noche sin luz alguna. Se sent&#237;a perdida en un bosque hostil. La lluvia emborronaba las luces traseras de los coches, d&#233;biles resplandores que lanzaban un brillo incierto sobre el parque. Una rama empujada por una r&#225;faga de viento le roz&#243; la mano. Jos&#233;phine se sobresalt&#243;. Se le aceler&#243; el coraz&#243;n y empez&#243; a latir con fuerza. Se encogi&#243; de hombros y apret&#243; el paso. En estos barrios no puede pasar nada. Todos est&#225;n ocupados en sus casas, comiendo una buena sopa de verduras frescas o viendo la televisi&#243;n en familia. Los ni&#241;os se han ba&#241;ado, se han puesto el pijama y cortan la carne mientras sus padres comentan la jornada. No hay locos deambulando en busca de pelea y empu&#241;ando cuchillos. Se oblig&#243; a pensar en otra cosa.

No haber avisado no era el estilo de Luca. Algo le hab&#237;a pasado a su hermano. Algo grave para que &#233;l olvidara su cita. Tengo que hablar con usted, Jos&#233;phine, es importante. A estas horas deb&#237;a de estar en alguna comisar&#237;a, intentando sacar a Vittorio de alg&#250;n l&#237;o. Siempre lo dejaba todo para ayudarle. Vittorio se negaba a conocerla, no me gusta esa chica, te acapara, me parece que es torpe, adem&#225;s. Est&#225; celoso, hab&#237;a comentado Luca, divertido. &#191;No me defendi&#243; usted cuando dijo que era torpe? El hab&#237;a sonre&#237;do y hab&#237;a dicho estoy acostumbrado, le gustar&#237;a que s&#243;lo me ocupase de &#233;l, ya no es como antes, cada vez se est&#225; volviendo m&#225;s fr&#225;gil, cada vez m&#225;s irritable, por eso no quiero que le vea, podr&#237;a ser muy desagradable y yo la aprecio, mucho. Ella no hab&#237;a retenido m&#225;s que el final de la frase y hab&#237;a metido la mano en su bolsillo.

As&#237; que a mi querida madre le gustar&#237;a inspeccionar mi nuevo piso, pero se niega a confesarlo. Henriette Plissonnier nunca telefoneaba la primera. Se le deb&#237;a respeto y obediencia. La noche en la que me enfrent&#233; a ella fue mi primera noche de libertad, mi primer acto de independencia. &#191;Y si todo hubiese empezado aquella noche? La estatua de la Gran Mandona hab&#237;a sido derribada y Henriette Grobz hab&#237;a ca&#237;do de cabeza. Aqu&#233;l hab&#237;a sido el principio de las desgracias de Henriette. Ahora viv&#237;a sola en el gran apartamento que, generosamente, le hab&#237;a cedido Marcel Grobz, su marido. El hab&#237;a huido al encuentro de una compa&#241;era m&#225;s clemente, que le hab&#237;a dado un hijo: Marcel Grobz J&#250;nior. Tengo que llamar a Marcel, pens&#243; Jos&#233;phine, que sent&#237;a m&#225;s ternura por su padrastro que por su progenitora.

Las ramas de los &#225;rboles se balanceaban, formando una coreograf&#237;a amenazante. Parec&#237;a la danza de la muerte: largas ramas negras como los harapos de las brujas. Se estremeci&#243;. Una r&#225;faga de lluvia helada le golpe&#243; en los ojos, como peque&#241;as agujas que le pincharan el rostro. Ya no ve&#237;a nada. De las tres farolas que bordeaban la avenida s&#243;lo funcionaba una. Era una pincelada de luz blanca estriada por la lluvia, que ascend&#237;a hacia el cielo. El agua sub&#237;a, desbordaba y volv&#237;a a caer como una fina bruma. Aparec&#237;a, se arremolinaba, se escond&#237;a, se deshac&#237;a antes de volver a aparecer. Jos&#233;phine procuraba seguir el rastro luminoso hasta que se perd&#237;a en la oscuridad, y volv&#237;a a buscar otro haz tembloroso, pendiente de la trayectoria de la lluvia.

No vio la silueta que se le acerc&#243; sigilosamente por detr&#225;s.

No oy&#243; los pasos precipitados del hombre que se acercaba.

Sinti&#243; que la tiraban hacia atr&#225;s; la aplastaron con un brazo, la silenciaron con una mano, y con la otra, un hombre la golpe&#243; en el coraz&#243;n varias veces. En un primer momento pens&#243; que quer&#237;an robarle el paquete. Consigui&#243; sujetar la caja de Antoine con el brazo izquierdo, se debati&#243;, resisti&#243; con todas sus fuerzas, pero sucumbi&#243;. Se ahogaba, sent&#237;a n&#225;useas, y termin&#243; rindi&#233;ndose y se dej&#243; caer al suelo. S&#243;lo tuvo tiempo de percibir las suelas lisas de unos zapatos limpios, de ciudad, que cubr&#237;an su cuerpo de patadas. Se protegi&#243; con los brazos, se hizo una bola. Solt&#243; el paquete. El hombre escup&#237;a insultos, puta, puta, maldita zorra, gilipollas de mierda, ya no te har&#225;s m&#225;s la lista, ya no te dar&#225;s esos aires de hija de puta, te vas a callar, gilipollas, &#161;te vas a callar! Soltaba obscenidades mientras redoblaba sus golpes. Jos&#233;phine cerr&#243; los ojos. Permaneci&#243; inerte, de su boca flu&#237;a un hilo de sangre, las suelas se alejaron y ella sigui&#243; tirada en el suelo.

Esper&#243; un buen rato, despu&#233;s se incorpor&#243;, se apoy&#243; sobre las manos y las rodillas, se puso de pie. Cogi&#243; aire. Inspir&#243; profundamente. Constat&#243; que le sangraba la boca, y la mano izquierda. Tropez&#243; con el paquete en el suelo. Lo recogi&#243;. La parte superior estaba cosida a cortes. Su primer pensamiento fue: Antoine me ha salvado. Si no hubiese llevado ese paquete sobre el coraz&#243;n, el paquete que contiene lo que queda de mi marido, su zapatilla de deporte de suela gruesa, estar&#237;a muerta. Pens&#243; en el papel protector de las reliquias en la Edad Media. La gente llevaba encima, guardado en un medall&#243;n o en una bolsita de cuero, un trozo del vestido de santa In&#233;s o un pedazo de suela de san Benito y estaba protegida. Dio un beso al papel de embalaje y dio las gracias a san Antoine.

Se palp&#243; el vientre, el pecho, el cuello. No estaba herida. De pronto, sinti&#243; un dolor agudo en la mano izquierda: ten&#237;a un corte en el dorso que sangraba mucho.

Ten&#237;a tanto miedo que le temblaban las piernas. Fue a refugiarse tras un gran &#225;rbol que la ocultaba y, apoyada sobre la corteza h&#250;meda y &#225;spera, intent&#243; recuperar el aliento. Su primer pensamiento fue para Zo&#233;. Sobre todo no hay que decirle nada, nada. No soportar&#237;a la idea de saber que su madre est&#225; en peligro. Ha sido una casualidad, no ven&#237;a a por m&#237;, era un loco, no era a m&#237; a quien quer&#237;a matar, no era yo, era un loco, qui&#233;n podr&#237;a odiarme hasta el punto de matarme, no era yo, era un loco. Esas palabras le invad&#237;an la cabeza. Se apoy&#243; en las rodillas, verific&#243; que se aguantaba de pie y se dirigi&#243; hacia la gran puerta de madera barnizada que daba entrada a su edificio.

Sobre la mesa del recibidor, Zo&#233; hab&#237;a dejado una nota: Mama&#237;ta, estoy en el trastero con Paul, un vecino. Creo que ya tengo un amigo.

Jos&#233;phine entr&#243; en su habitaci&#243;n y cerr&#243; la puerta. Le faltaba el aliento. Se quit&#243; el abrigo y lo tir&#243; sobre la cama, se quit&#243; el jersey, la falda, descubri&#243; un resto de sangre en la manga del abrigo y dos desgarrones verticales sobre el fald&#243;n izquierdo; hizo una bola con &#233;l, fue a buscar una bolsa de basura grande, meti&#243; en ella toda la ropa y la tir&#243; en el fondo del armario empotrado. Ya se desembarazar&#237;a de ella m&#225;s tarde. Se examin&#243; los brazos, las piernas, los muslos. Ni rastro de heridas. Fue a ducharse. Al pasar ante el gran espejo colgado sobre el lavabo, se llev&#243; la mano a la frente y observ&#243; su imagen. L&#237;vida. Sudando. Los ojos desorbitados. Se toc&#243; el pelo, busc&#243; su sombrero. Lo hab&#237;a perdido. Hab&#237;a debido de caerse al suelo. Se le llenaron los ojos de l&#225;grimas. &#191;Deber&#237;a ir a buscarlo para hacer desaparecer cualquier pista que pudiera identificarla? No se sinti&#243; con el suficiente valor para hacerlo.

La hab&#237;a golpeado. En pleno pecho. Con un cuchillo. Una hoja fina. Hubiera podido morir. Hab&#237;a le&#237;do en un peri&#243;dico que en Europa hab&#237;a unos cuarenta asesinos en serie en libertad. Se hab&#237;a preguntado cu&#225;ntos habr&#237;a en Francia. Sin embargo, las palabras obscenas que hab&#237;a pronunciado parec&#237;an demostrar que ten&#237;a cuentas pendientes. Ya no te har&#225;s m&#225;s la lista, ya no te dar&#225;s esos aires de hija de puta, te vas a callar, gilipollas, &#161;te vas a callar!. Resonaban en su cabeza, punzantes. Ha debido de confundirme con otra. He pagado por otra persona. Tengo que convencerme sin falta de eso, si no, la vida se volver&#237;a imposible. Tendr&#237;a que desconfiar de todo el mundo. Tendr&#237;a miedo a todas horas.

Se duch&#243;, se lav&#243; el pelo, se sec&#243;, se puso una camiseta, unos vaqueros, se maquill&#243; para disimular eventuales marcas, se dio un ligero toque de carm&#237;n y se examin&#243; en el espejo forzando una sonrisa. No ha pasado nada, Zo&#233; no debe enterarse, adopta una actitud alegre, haz como si no hubiese pasado nada. No podr&#237;a cont&#225;rselo a nadie. Estar&#237;a obligada a vivir con ese secreto. O dec&#237;rselo a Shirley. A Shirley puedo cont&#225;rselo todo. Ese pensamiento la tranquiliz&#243;. Expir&#243; ruidosamente, expuls&#243; la tensi&#243;n, la angustia que le oprim&#237;a el pecho. Toma una dosis de &#225;rnica para que no te salgan cardenales. Sac&#243; un tubito del botiqu&#237;n, lo abri&#243;, verti&#243; la dosis bajo la lengua y dej&#243; que se deshiciera. &#191;Deber&#237;a llamar a la polic&#237;a? &#191;Prevenirles de que hay un asesino suelto? S&#237; pero Zo&#233; se enterar&#237;a. No le digas nada a Zo&#233;. Abri&#243; el armarito situado bajo la ba&#241;era y escondi&#243; el paquete de Antoine.

All&#237; no lo encontrar&#237;a nadie.

Fue al sal&#243;n, se sirvi&#243; un gran vaso de whisky y baj&#243; a ver a Zo&#233; al trastero.



* * *


Mam&#225;, te presento a Paul

Un chico de la edad de Zo&#233;, delgado como un palillo, mechones de pelo rubio encrespado y el torso embutido en una camiseta negra se inclin&#243; ante Jos&#233;phine. Zo&#233; escrutaba la mirada aprobadora de su madre.

Encantada, Paul. &#191;Vives en este edificio? -pregunt&#243; Jos&#233;phine en un tono neutro.

En el tercero. Me llamo Merson. Paul Merson. Tengo un a&#241;o m&#225;s que Zo&#233;.

Parec&#237;a importante, desde su punto de vista, precisar que era mayor que esa chiquilla que le contemplaba con los ojos colmados de emoci&#243;n.

&#191;Y c&#243;mo os hab&#233;is conocido?

Se esforzaba en hablar como si no oyera los golpes secos y entrecortados de su coraz&#243;n.

He o&#237;do ruido en el trastero, una especie de bum-bum, he bajado y he visto a Paul, que tocaba la bater&#237;a. Mira, mam&#225;, ha convertido su trastero en un estudio de m&#250;sica.

Zo&#233; invit&#243; a su madre a echar un vistazo al local de Paul. Hab&#237;a instalado una bater&#237;a ac&#250;stica, un bombo, una caja clara, tres toms, un hi hat y dos platillos. Un taburete giratorio negro y las baquetas que descansaban sobre la caja clara completaban el conjunto. Las partituras reposaban sobre una silla. En el techo se balanceaba una bombilla que emit&#237;a una luz precaria.

Muy bien -coment&#243; Jos&#233;phine, reprimi&#233;ndose para no estornudar a causa del polvo que le hac&#237;a cosquillas en la nariz-. Un material estupendo. De aut&#233;ntico profesional.

Lo dec&#237;a por decir. No ten&#237;a ni idea.

Normal. Es una Tama Swingstar. Me la regalaron estas Navidades y las pr&#243;ximas tendr&#233; una Ride Giantbeat marca Paiste.

Ella le escuchaba, impresionada por la precisi&#243;n de sus respuestas.

&#191;Y has insonorizado el trastero?

Pues s&#237; Hab&#237;a que hacerlo, porque armo mucho esc&#225;ndalo con la bater&#237;a. Ensayo aqu&#237; y voy a tocar con un amigo, que tiene una casa en Colombes. En su casa podemos hacerlo sin molestar a nadie. Aqu&#237; la gente protesta Sobre todo el t&#237;o de al lado.

Se&#241;al&#243; con el ment&#243;n el trastero colindante al suyo.

Quiz&#225;s no est&#233; bastante insonorizado-sugiri&#243; Zo&#233; mirando las paredes cubiertas con un grueso aislante blanco.

&#161;Tampoco hay que pasarse! Es un trastero. No es para vivir. Pap&#225; dice que ha hecho todo lo que ha podido, pero es que ese t&#237;o es un protest&#243;n profesional. Nunca est&#225; contento. De hecho, en cada reuni&#243;n de la comunidad le echa la bronca a alguien.

Quiz&#225;s tenga buenas razones

Pap&#225; dice que no. Que es un borde. Se enfada por cualquier tonter&#237;a. Si alguien aparca un coche en un paso de peatones &#161;se pone hist&#233;rico! Nosotros le conocemos bien, hace diez a&#241;os que vivimos aqu&#237;, as&#237; que

Balance&#243; la cabeza como un adulto a quien no pueden enga&#241;ar. Ser&#237;a mayor que Zo&#233;, pero su cara conservaba rasgos infantiles y sus hombros estrechos no ten&#237;an a&#250;n la envergadura de los de un hombre.

&#161;Mierda! &#161;Ah&#237; est&#225;! &#161;Al refugio!-murmur&#243; Paul.

Cerr&#243; la puerta del trastero con Zo&#233; y &#233;l dentro. Jos&#233;phine vio llegar a un hombre alto, muy bien vestido, y con aspecto de propietario que avanzaba desafiante, como si los pasillos de los trasteros le pertenecieran.

Buenas noches -consigui&#243; balbucear Jos&#233;phine apart&#225;ndose contra la pared.

Buenas noches -dijo el hombre, que pas&#243; a su lado sin mirarla.

Vest&#237;a un traje gris oscuro y una camisa blanca. El traje enfatizaba todos los m&#250;sculos de un torso poderoso, el nudo de la corbata, ancho, brillaba, y las mangas inmaculadas de la camisa se abrochaban con dos perlas grises. Sac&#243; las llaves del bolsillo, abri&#243; la puerta de su trastero, entr&#243; y cerr&#243;.

Paul reapareci&#243; cuando estuvo seguro de que el hombre ya no estaba all&#237;.

&#191;No ha dicho nada?

No -respondi&#243; Jos&#233;phine-. Creo que ni siquiera me ha visto.

No es lo que se dice un t&#237;o simp&#225;tico. No pierde el tiempo en ch&#225;charas.

&#191;Eso lo ha dicho tu padre? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, divertida por la seriedad del chico.

No. Mam&#225;. Ella conoce a todo el mundo en el edificio. Parece ser que tiene un trastero muy bien montado. &#161;Con un taller y todo tipo de herramientas! Y en su casa hay un acuario. Muy grande, con grutas, plantas, adornos fluorescentes, islas artificiales, &#161;pero sin un solo pez!

&#161;S&#237; que sabe cosas tu mam&#225;! -declar&#243; Jos&#233;phine, comprendiendo que se enterar&#237;a de muchas cosas sobre los habitantes del edificio hablando con Paul.

&#161;Y eso que nunca la han invitado a su casa! Entr&#243; una vez, cuando no hab&#237;a nadie, con la portera, porque la alarma hab&#237;a empezado a sonar y hab&#237;a que pararla. El se puso hecho una fiera cuando se enter&#243;. Nadie va a su casa. Yo conozco a sus hijos. Pues bien, nunca me invitan. Sus padres no quieren. Nunca bajan a jugar al patio. Salen cuando sus padres no est&#225;n, si no &#161;se quedan encerrados en su casa! En cambio, en el segundo, en casa de los Van den Brock, siempre estamos invitados y tienen un televisor enorme que ocupa toda la pared del sal&#243;n, con dos altavoces y sonido Dolby est&#233;reo. La se&#241;ora Van den Brock, cuando hay un cumplea&#241;os, hace pasteles e invita a todo el mundo. Yo soy amigo de Fleur y de S&#233;bastien, podr&#237;a present&#225;rselos a Zo&#233; si quiere.

&#191;Son simp&#225;ticos? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

S&#237;, supersimp&#225;ticos. &#201;l es m&#233;dico. Y su mujer canta en el coro de la &#211;pera. Tiene una voz preciosa. A menudo practica escalas y se la oye en la escalera. Siempre me pregunta qu&#233; tal lo llevo con la m&#250;sica. Me ha propuesto ir a tocar su piano si quiero. Fleur toca el viol&#237;n, y S&#233;bastien el saxo

A m&#237; tambi&#233;n me gustar&#237;a aprender a tocar algo -intervino Zo&#233;, que deb&#237;a de sentirse marginada.

Adoptaba frente a Paul la expresi&#243;n sumisa de una ni&#241;ita temerosa ante la idea de que &#233;l no la mirara, y bajo su mata de pelo caoba, sus ojos dorados lanzaban llamadas de socorro.

&#191;Nunca has tocado un instrumento? -pregunt&#243; Paul, sorprendido.

Pues no -respondi&#243; Zo&#233;, inc&#243;moda.

Yo empec&#233; con el piano, el solfeo y todo el rollo ese, despu&#233;s me hart&#233; y me pas&#233; a la bater&#237;a. Es m&#225;s divertido para formar un grupo

&#191;Tienes un grupo? &#191;C&#243;mo se llama?

Los Vagabundos. El nombre se lo puse yo Est&#225; bien, &#191;no?

Jos&#233;phine asist&#237;a a la conversaci&#243;n entre los dos chiquillos y notaba que recuperaba la calma. Paul, tan seguro de s&#237; mismo, con una opini&#243;n sobre todo, y Zo&#233;, al borde de la desesperaci&#243;n, porque no consegu&#237;a atraer su atenci&#243;n. Su rostro estaba en tensi&#243;n, frunc&#237;a el ce&#241;o y apretaba los labios con una mueca de angustia. Jos&#233;phine pod&#237;a sentir c&#243;mo rebuscaba en la mente, igual que se reba&#241;a el fondo del molde del pastel, detalles jugosos que la hiciesen interesante a los ojos del chico. Hab&#237;a crecido mucho durante el verano, pero su cuerpo conservaba a&#250;n las curvas suaves y mullidas de la infancia.

&#191;Quieres ense&#241;arnos un poquito c&#243;mo tocas? -pregunt&#243; Zo&#233; sin m&#225;s argumentos para seducirle.

Quiz&#225;s no sea el mejor momento -intervino Jos&#233;phine. Se&#241;al&#243; con la mirada el trastero del vecino-. En otra ocasi&#243;n

&#161;Ah! -solt&#243; Zo&#233;, decepcionada.

Hab&#237;a renunciado y dibujaba grandes c&#237;rculos con la punta de su zapato.

Ya es hora de cenar -continu&#243; Jos&#233;phine- y estoy segura de que Paul tambi&#233;n va a subir pronto

Yo ya he cenado. -Se remang&#243;, cogi&#243; las baquetas, se pas&#243; la mano por el pelo y empez&#243; a recoger-. &#191;Pod&#233;is cerrar la puerta cuando salg&#225;is, por favor?

&#161;Adi&#243;s, Paul!-exclam&#243; Zo&#233;-. &#161;Hasta pronto!

Le hizo una peque&#241;a se&#241;a con la mano, t&#237;mida y audaz a la vez, que significaba me gustar&#237;a que volvi&#233;semos a vernos si est&#225;s de acuerdo, claro.

El no se molest&#243; en responder. S&#243;lo ten&#237;a quince a&#241;os y se negaba a dejarse deslumbrar por una chica de brillo impreciso. Estaba en esa edad delicada en la que se vive dentro de un cuerpo que no se conoce bien, y en la que, para adoptar cierta compostura, uno puede mostrarse cruel sin quererlo. La negligencia con la que trataba a Zo&#233; demostraba que esperaba ser el m&#225;s fuerte y que, si ten&#237;a que haber una v&#237;ctima, ser&#237;a ella.

El hombre elegante del traje gris esperaba delante del ascensor. Se apart&#243; para dejarles entrar primero. Les pregunt&#243; a qu&#233; piso iban y puls&#243; el bot&#243;n del quinto. Despu&#233;s el del cuarto.

As&#237; que son ustedes las reci&#233;n llegadas

Jos&#233;phine asinti&#243;.

Bienvenidas al edificio. Me presento: Herv&#233; Lefloc-Pignel. Vivo en el cuarto.

Jos&#233;phine Cort&#232;s y Zo&#233;, mi hija. Vivimos en el quinto. Tengo otra hija, Hortense, que vive en Londres.

Yo quer&#237;a vivir en el quinto, pero el piso no estaba libre cuando nos instalamos. Viv&#237;a una pareja de ancianos, el se&#241;or y la se&#241;ora Legrattier. Murieron los dos en un accidente de coche. Es un piso bonito. Tiene usted suerte.

Si usted lo dice, pens&#243; Jos&#233;phine, molesta por el tono expeditivo que us&#243; el hombre para hablar de la muerte de los antiguos propietarios.

Lo visit&#233; cuando lo pusieron a la venta -prosigui&#243;-, pero dudamos en mudarnos. Ahora me arrepiento.

Esboz&#243; una sonrisa r&#225;pida y se recompuso. Era muy alto, austero. El rostro tallado con un cincel, muy anguloso, agreste. Pelo negro, liso, peinado con una pronunciada raya al lado y un mech&#243;n ca&#237;do sobre la frente, los ojos casta&#241;os muy separados, unas cejas que dibujaban dos largos trazos negros, y una nariz, un poco chata, abollada en la parte superior. Sus dientes blanqu&#237;simos revelaban un esmalte impecable y los cuidados de un excelente dentista. Es realmente inmenso, se dijo Jos&#233;phine, intentando analizarle discretamente, debe de medir por lo menos un metro noventa. Ancho de hombros, erguido, el vientre liso. Se lo imagin&#243; recogiendo un trofeo con una raqueta en la mano. Un hombre muy guapo. Llevaba una bolsa de tela blanca que sosten&#237;a horizontalmente sobre las palmas de las manos abiertas.

Nos hemos mudado en septiembre, justo cuando volv&#237;an a empezar las clases. Ha sido un poco precipitado, pero ahora ya estamos mejor.

Ya ver&#225;, el edificio es muy agradable, la gente bastante acogedora y un barrio sin problemas.

Jos&#233;phine esboz&#243; una ligera mueca.

&#191;No le parece a usted?

S&#237;, s&#237; -se apresur&#243; a responder ella-. Pero las avenidas no est&#225;n muy iluminadas por la noche.

De pronto sinti&#243; que se le humedec&#237;an las sienes y que le empezaban a temblar las rodillas.

Es un detalle. El barrio es bonito, tranquilo, y no estamos invadidos ni por bandas de j&#243;venes desagradables, ni por esos grafitis que afean los edificios. Me gusta tanto la piedra amarillenta de los edificios de Par&#237;s que no soporto ver c&#243;mo se degrada.

Su voz se hab&#237;a te&#241;ido de c&#243;lera.

Y adem&#225;s est&#225;n los &#225;rboles, las flores, el c&#233;sped, oyes cantar a los p&#225;jaros por la ma&#241;ana temprano, a veces vislumbras una ardilla que huye, es importante para los ni&#241;os estar en contacto con la naturaleza. &#191;Te gustan los animales? -pregunt&#243; a Zo&#233;.

Zo&#233; conservaba los ojos fijos en el suelo. Deb&#237;a de recordar lo que hab&#237;a dicho Paul sobre su vecino de trastero y guardaba las distancias, queriendo mantener la solidaridad con su nuevo amigo.

&#191;Te ha comido la lengua el gato? -pregunt&#243; el hombre inclin&#225;ndose hacia ella con una gran sonrisa.

Zo&#233; neg&#243; con la cabeza.

Es t&#237;mida -se disculp&#243; Jos&#233;phine.

No soy t&#237;mida -protest&#243; Zo&#233;-. Soy reservada.

&#161;Oh! -exclam&#243;-. &#161;Su hija tiene un buen vocabulario y sentido del matiz!

Normal, estoy en tercero.

Como mi hijo Ga&#233;tan &#191;Y a qu&#233; colegio vas?

Al de la calle de la Pompe.

Igual que mis hijos.

&#191;Est&#225;n ustedes contentos? -pregunt&#243; Jos&#233;phine temiendo que el educado mutismo de Zo&#233; resultara embarazoso.

Algunos profesores son excelentes, otros unos in&#250;tiles, por lo que los padres deben completar las carencias de los ense&#241;antes. Yo voy a todas las reuniones de la asociaci&#243;n de padres. Seguramente nos veremos all&#237;.

El ascensor hab&#237;a llegado al cuarto y &#233;l sali&#243;, sosteniendo su bolsa blanca con cuidado, con los brazos extendidos hacia delante. Se volvi&#243;, se inclin&#243; y esboz&#243; una amplia sonrisa.

&#191;Has visto?-dijo Zo&#233;-. &#161;En la bolsa hab&#237;a algo que se mov&#237;a!

&#161;No, mujer! Ser&#237;a un confit o una pata de cabrito. Debe de tener un congelador en el trastero. Seguramente es cazador. &#191;Has o&#237;do c&#243;mo hablaba de la naturaleza?

Zo&#233; no parec&#237;a muy convencida.

&#161;Te digo que se mov&#237;a!

&#161;Zo&#233;, deja de inventarte historias a todas horas!

Me gusta contarme historias. Me hace la vida m&#225;s alegre. Cuando sea mayor, ser&#233; escritora, escribir&#233; Los miserables

Cenaron r&#225;pidamente. Jos&#233;phine consigui&#243; disimular los ara&#241;azos de su mano izquierda. Zo&#233; bostez&#243; varias veces mientras terminaba su petit-suisse.

Tienes sue&#241;o, cari&#241;ito Ve a acostarte enseguida.

Zo&#233; sali&#243; dando tumbos hacia su habitaci&#243;n. Cuando Jos&#233;phine fue a darle un beso, ya estaba medio dormida. Sobre la almohada, deste&#241;ido por los numerosos lavados a m&#225;quina, reposaba su peluche. Zo&#233; todav&#237;a dorm&#237;a con &#233;l. Incluso le preguntaba a su madre con fervor &#191;verdad que N&#233;stor es guapo, mam&#225;? &#161;Hortense dice que es m&#225;s feo que un piojo cojo! A Jos&#233;phine le costaba no estar de acuerdo con Hortense, pero ment&#237;a heroicamente, intentando encontrar un resto de belleza en ese trapo informe, tuerto y desgastado. A su edad deber&#237;a poder pasarse sin &#233;l, se dijo Jos&#233;phine, si no nunca madurar&#225; Sus rizos caoba se mezclaban sobre la s&#225;bana blanca de la cama, apoyaba una mano completamente relajada y, con el me&#241;ique, acariciaba lo que una vez fue la pierna de N&#233;stor y que ahora parec&#237;a un gran higo reblandecido. Un coj&#243;n, afirmaba Hortense, lo cual provocaba los gritos de asco en Zo&#233;. &#161;Mam&#225;, mam&#225;, dice que N&#233;stor tiene dos cojones en vez de piernas!

Jos&#233;phine levant&#243; la mano de Zo&#233; y jug&#243; con sus dedos, bes&#225;ndolos de uno en uno. Besito pap&#225;, besito mam&#225;, besito Hortense, besito Zo&#233;, pero &#191;qui&#233;n es este peque&#241;ito? Era el ritual a la hora de acostarse. &#191;Cu&#225;nto tiempo seguir&#237;a su hija extendiendo la mano para que ella recitara esa cantinela m&#225;gica que hac&#237;a sus noches m&#225;s dulces y felices? Al abrazarla sinti&#243; una triste ternura. Zo&#233; todav&#237;a parec&#237;a un beb&#233;: las mejillas redondas y sonrosadas, su peque&#241;a nariz, los ojos achinados como los de una gata feliz, hoyuelos y pliegues en las mu&#241;ecas. La edad que llaman del pavo no le hab&#237;a deformado a&#250;n el cuerpo. Jos&#233;phine se lo hab&#237;a comentado a la pediatra, que la hab&#237;a tranquilizado, aparecer&#225; de golpe, su hija es de las lentas. Se toma su tiempo. Una ma&#241;ana se despertar&#225; y no la reconocer&#225;. Tendr&#225; pechos, se enamorar&#225; y dejar&#225; de hablarle. &#161;Aprov&#233;chese en lugar de preocuparse! Y adem&#225;s, quiz&#225;s ella no tiene ganas de crecer. Cada vez veo m&#225;s ni&#241;os que se aferran a la infancia como a un barre&#241;o lleno de confitura.

Hortense, aguda y cruel, hab&#237;a despreciado durante mucho tiempo a su hermana peque&#241;a, tan fr&#225;gil. La una sumisa, mendigando afecto y reconocimiento; la otra intratable, abri&#233;ndose camino a machetazos. Zo&#233;, l&#237;mpida, tierna. Hortense, oscura, inflexible, dura. Con mis dos hijas har&#237;a una ostra perfecta. Hortense para la concha y Zo&#233; para el interior.

&#191;Est&#225;s a gusto en tu nuevo dormitorio, hija?

Me gusta mucho el piso, pero no me gusta la gente de aqu&#237;. Me gustar&#237;a volver a Courbevoie. La gente de este edificio es rara

No son raros, cari&#241;o, son diferentes.

&#191;Por qu&#233; son diferentes?

En Courbevoie conoc&#237;as a todo el mundo, ten&#237;as amigos en cada piso, era f&#225;cil charlar, verse. &#205;bamos de un piso a otro. Sin ceremonias. Aqu&#237; son m&#225;s

Busc&#243; las palabras. El cansancio le cerraba los p&#225;rpados y la aletargaba.

M&#225;s altivos, m&#225;s elegantes Menos familiares.

&#191;Quieres decir que son fr&#237;os y estirados? Como cad&#225;veres.

Yo no hubiese empleado esas palabras, pero no te equivocas, cari&#241;o.

El se&#241;or que hemos visto en el ascensor parece que est&#233; completamente fr&#237;o por dentro. Parece que tenga escamas por todo el cuerpo, para que nadie se le acerque, y que vive siempre ensimismado

&#191;Y Paul? &#191;Tambi&#233;n piensas que es fr&#237;o y estirado?

&#161;Oh, no! Paul

Se detuvo y despu&#233;s murmur&#243; en un suspiro:

Paul es guay, mam&#225;. Me gustar&#237;a mucho ser su amiga.

Claro que ser&#225;s su amiga, cari&#241;o

&#191;T&#250; crees que &#233;l piensa que soy guay?

En todo caso, ha hablado contigo, te ha propuesto presentarte a los Van den Brock. Eso quiere decir que quiere volver a verte y que piensa que eres m&#225;s bien guapa.

&#191;Est&#225;s segura? Yo creo que no parec&#237;a demasiado interesado. Hortense, ella s&#237; que es guay.

Hortense tiene cuatro a&#241;os m&#225;s que t&#250;. &#161;Espera a tener su edad y ya ver&#225;s!

Zo&#233;, pensativa, observ&#243; a su madre como si tuviese ganas de creerla, pero para ella era demasiado dif&#237;cil imaginar que un d&#237;a podr&#237;a igualar a su hermana en seducci&#243;n y belleza. Prefiri&#243; renunciar y suspir&#243;. Cerr&#243; los ojos y encaj&#243; su rostro en la almohada, acariciando la pierna de su peluche con los dedos.

Mam&#225;, no quiero ser mayor. A veces tengo mucho miedo, &#191;sabes?

&#191;De qu&#233;?

No lo s&#233;. Y eso me da m&#225;s miedo a&#250;n.

Su reflexi&#243;n era tan exacta que asust&#243; a Jos&#233;phine.

Mam&#225;, &#191;c&#243;mo se sabe cuando una es adulta?

Cuando se es capaz de tomar una decisi&#243;n muy importante completamente sola, sin preguntar nada a nadie.

T&#250; eres adulta &#161;Eres incluso muy, muy adulta!

A Jos&#233;phine le hubiese gustado decirle que ella dudaba a menudo, que dejaba actuar a la suerte, al azar, al futuro. Que decid&#237;a de acuerdo con su instinto, intentando corregir el tiro si se hab&#237;a equivocado, o respirando de alivio si hab&#237;a hecho lo correcto. Pero siempre atribu&#237;a sus &#233;xitos al azar. &#191;Y si uno no consegu&#237;a crecer del todo?, se dijo, mientras acariciaba la nariz, las mejillas, la frente y el pelo de Zo&#233;, mientras escuchaba c&#243;mo su respiraci&#243;n se hac&#237;a m&#225;s regular. Permaneci&#243; a su lado hasta que se durmi&#243;, sacando de la vivificante presencia de su hija las fuerzas para dejar de pensar en lo que hab&#237;a pasado, y despu&#233;s volvi&#243; a su habitaci&#243;n.

Cerr&#243; los ojos e intent&#243; dormir; cada vez que iba a quedarse dormida, volv&#237;a a o&#237;r los insultos del hombre y sent&#237;a las patadas cebarse contra su cuerpo. Le dol&#237;a todo. Se levant&#243; y rebusc&#243; en una bolsa de pl&#225;stico que le hab&#237;a dado Philippe. Son los somn&#237;feros que encontr&#233; en la mesita de noche de Iris. No quiero que los tenga a su alcance. Nunca se sabe. T&#243;malos, Jo, gu&#225;rdalos en tu casa.

Cogi&#243; un Stilnox, observ&#243; la gragea blanca, se pregunt&#243; cu&#225;l ser&#237;a la dosis recomendada. Decidi&#243; tomar la mitad. Lo trag&#243; con un vaso de agua. No quer&#237;a pensar en nada m&#225;s. Dormir, dormir, dormir.

Ma&#241;ana, s&#225;bado, llamar&#237;a a Shirley.

Hablar con Shirley la tranquilizar&#237;a. Shirley lo pondr&#237;a todo en su sitio.

&#191;Era delito no avisar a la polic&#237;a? Deber&#237;a quiz&#225;s ir a verles y solicitar permanecer en el anonimato. &#191;Podr&#237;an acusarme m&#225;s tarde de complicidad, si el sujeto atacara de nuevo? Dud&#243;, quiso levantarse, pero cay&#243; dormida.

Al d&#237;a siguiente la despert&#243; Zo&#233; que saltaba sobre su cama sosteniendo el correo. Levant&#243; los brazos para protegerse de la luz.

Pero, cari&#241;o, &#191;qu&#233; hora es?

&#161;Las once y media, mam&#225;, las once y media!

Dios m&#237;o &#161;y he dormido hasta ahora! &#191;Llevas mucho tiempo levantada?

&#161;Lalalalala! Acabo de despertarme, he ido a mirar el felpudo por si hab&#237;a correo y &#161;adivina lo que he encontrado!

Jos&#233;phine se incorpor&#243;, se llev&#243; la mano a la cabeza. Zo&#233; bland&#237;a un paquete de sobres.

&#191;Un cat&#225;logo de Navidad? &#191;Ideas para regalos?

&#161;Nada de eso, mam&#225;, nada de eso! Algo mucho mejor

&#161;Qu&#233; pesadez sent&#237;a! Parec&#237;a que ten&#237;a un regimiento desfilando con botas de clavos sobre su cabeza. Cuando se mov&#237;a le dol&#237;an todos los miembros.

&#191;Una carta de Hortense?

Hortense no escrib&#237;a nunca. Llamaba por tel&#233;fono. Zo&#233; mene&#243; la cabeza.

&#161;Fr&#237;o, mam&#225;, muy fr&#237;o! &#161;Est&#225;s muy lejos!

Me rindo.

&#161;Algo de lo m&#225;s sensacional! &#161;Una s&#250;per-h&#237;per-ultra-terrible-locura! &#161;Una noticia donde te montas, y llegas a la luna y a todas las galaxias!Kisses and love and peace all around the world! Que la fuerza te acompa&#241;e, hermana.Yo! Brother!

Acompa&#241;aba cada grito con un vigoroso impulso, que la hac&#237;a rebotar sobre el colch&#243;n, como un sioux en trance celebrando su victoria y haciendo girar una cabellera.

Deja de saltar, cari&#241;o. &#161;Me va a estallar la cabeza!

Zo&#233; levant&#243; los pies y dej&#243; caer todo su peso sobre la cama. Desmelenada, triunfante, y con una sonrisa de ganadora de la loter&#237;a impresa en la cara, proclam&#243;:

&#161;Una postal de pap&#225;! &#161;Una postal de mi papuchi! Se encuentra bien, todav&#237;a est&#225; en Kenya, dice que no ha podido mandarnos noticias porque estaba perdido en la selva rodeado por un mont&#243;n de cocodrilos, pero que ni un minuto, mam&#225;, &#191;me oyes?, ni un minuto, ha dejado de pensar en nosotras. &#161;Y me env&#237;a un beso con todas sus fuerzas de papa&#237;to querido! &#161;Lalalalala! &#161;He encontrado a mi papa&#237;to!

Con una &#250;ltima pirueta de alegr&#237;a, se lanz&#243; contra su madre que hizo una mueca de dolor: Zo&#233; le hab&#237;a aplastado la mano.

&#161;Qu&#233; feliz soy, mam&#225;, qu&#233; feliz, no te puedes hacer idea! Ahora puedo dec&#237;rtelo, cre&#237;a que estaba muerto. Que se lo hab&#237;a comido un cocodrilo. &#191;Te acuerdas del miedo que sent&#237; cuando estuve all&#237;, con todos aquellos bichejos alrededor? Pues bien, estaba segura de que un d&#237;a u otro &#161;se lo comer&#237;an crudo!

Abri&#243; mucho la boca y mordi&#243; el aire haciendo groaorrr, groaorrr, queriendo imitar el ruido de las fauces de un cocodrilo devorando a su presa.

&#161;Est&#225; vivo, mam&#225;, est&#225; vivo! Pronto vendr&#225; a llamar a nuestra puerta

Se incorpor&#243;, alarmada.

&#161;Socorro! &#161;No tiene nuestra nueva direcci&#243;n! &#161;No nos encontrar&#225; nunca!

Jos&#233;phine alarg&#243; la mano para atrapar la postal. Proced&#237;a efectivamente de Kenya. El matasellos indicaba que la hab&#237;an enviado, un mes antes, desde Mombasa, y la direcci&#243;n era, por supuesto, la de Courbevoie. Reconoci&#243; la letra de Antoine y su estilo fanfarr&#243;n.

Mis queridas ni&#241;as:

Unas pocas palabras para deciros que estoy bien, y que he vuelto a la civilizaci&#243;n tras permanecer mucho tiempo en la selva hostil.

He luchado contra todo: bestias feroces, fiebres, ci&#233;nagas, mosquitos

y, por encima de todo, nunca, nunca he dejado de pensar en vosotras.

Os quiero con todas mis fuerzas. Hasta muy pronto.

Pap&#225;.



* * *


A los sesenta y siete a&#241;os, Marcel Grobz era, por fin, un hombre feliz, y no se cansaba de ello. Recitaba oraciones, plegarias, agradecimientos y novenas desde el amanecer, con el fin de que perdurara su felicidad. Gracias, Dios m&#237;o, gracias por colmarme con tus favores, por cubrirme de felicidad, por espolvorearme de delicias, por atiborrarme de voluptuosidad, por acribillarme el trasero a base de encantos, por saturarme de bienestar, por hincharme de beatitud, por tsunamizarme de euforia. &#161;Gracias, gracias, gracias!

Lo rezaba por las ma&#241;anas en cuanto se levantaba. Lo repet&#237;a ante el espejo mientras se afeitaba. Lo salmodiaba al ponerse los pantalones. Invocaba a Dios y a todos los santos haci&#233;ndose el nudo de la corbata, promet&#237;a dar diez euros al primer mendigo que se encontrase, se rociaba de Eau de Cologne Imp&#233;riale, de Guerlain, aumentaba el &#243;bolo cuando se ajustaba el cintur&#243;n, despu&#233;s se llamaba rata inmunda y, arrepentido, a&#241;ad&#237;a otros dos mendigos a los que agasajar. Porque el menda podr&#237;a haber terminado tambi&#233;n en la calle, si Bomboncito no le hubiera rescatado de las garras de Henriette y le hubiera acogido en su generoso seno. &#191;Cu&#225;ntos pobres diablos ca&#237;an porque no les hab&#237;an tendido a tiempo una mano salvadora en el momento en el que tropezaban?

Por fin, duchado, afeitado, acicalado, oliendo a lavanda y a artemisia, entraba en la cocina para rendir homenaje a la causa de tanta alegr&#237;a, al pastelito de crema de la feminidad, al Everest de la sensualidad: Josiane Lambert, su compa&#241;era, debidamente rebautizada Bomboncito.

Bomboncito estaba atareada delante de la cocina Aga de hierro fundido, pintado con tres capas de esmalte vitrificado. Preparaba huevos al plato para su hombre. Vestida con un salto de cama rosa, que la cubr&#237;a de velos vaporosos, vigilaba, con el ce&#241;o fruncido y la expresi&#243;n grave, la excelencia de sus gestos. Sab&#237;a mejor que nadie poner el huevo en la sart&#233;n caliente, cuajar la alb&#250;mina viscosa, dorar la yema para despu&#233;s romperla, voltear el conjunto, volverlo a cuajar para por fin, en el &#250;ltimo minuto, con un delicado movimiento de mu&#241;eca, verter un chorrito de vinagre bals&#225;mico y servir desliz&#225;ndolo sobre el plato previamente calentado. Entre tanto, grandes rebanadas de pan integral con semillas de lino se doraban en la tostadora Magimix con cuatro rejillas cromadas. Una buena mantequilla salada de Normand&#237;a esperaba en una mantequera antigua, mientras las lonchas de jam&#243;n cocido y las huevas de salm&#243;n reposaban en una bandeja blanca con cenefa dorada.

Todo esto demandaba una extrema concentraci&#243;n que a Marcel Grobz le costaba respetar. Separado de Bomboncito hac&#237;a apenas veinte minutos, la buscaba como un perro que sigue la pista de un ciervo, con el hocico hundido entre las hojas muertas y marcando el lugar en cuanto huele al animal al alcance de sus fauces. La marca de Marcel consist&#237;a en pasar un brazo sobre el hombro de Bomboncito, pellizcarle el talle y darle un sonoro beso sobre el trozo de carne satinada que dejaba al descubierto el neglig&#233;.

D&#233;jame, Marcel -murmur&#243; Josiane, con la mirada fija en la &#250;ltima fase de cocci&#243;n de los huevos.

Marcel retrocedi&#243; a rega&#241;adientes y fue a sentarse ante su cubierto preparado sobre un mantelete de lino blanco. Completaba el conjunto un vaso de zumo de naranja reci&#233;n exprimido, un frasco de vitaminas 60 a&#241;os y m&#225;s y un cuenco de laca china que conten&#237;a una cucharada de polen de casta&#241;o. Se le humedecieron los ojos.

&#161;Cu&#225;ntos cuidados, cu&#225;ntas atenciones, cu&#225;nto refinamiento! &#191;Sabes?, Bomboncito, lo mejor de todo es el amor que me das. Sin &#233;l no ser&#237;a m&#225;s que un caparaz&#243;n vac&#237;o. El mundo entero no significar&#237;a nada sin el amor. Es una fuerza insensata que la mayor&#237;a de los humanos descuidan. &#161;Prefieren dedicarse a la pasta, los imb&#233;ciles! Mientras que cultivando el amor, el humilde amor de cada d&#237;a, el amor que distribuyes a todo el mundo con creces, te enriqueces, te engrandeces, resplandeces &#161;y te favoreces!

&#191;Ahora hablas en verso?-pregunt&#243; Josiane colocando un gran plato sobre el mantelete de lino blanco-. &#191;De d&#243;nde salen esas rimas, Racine?

Es la felicidad, Bomboncito. Me vuelve l&#237;rico, dichoso, incluso guapo. &#191;No crees que estoy m&#225;s guapo? Las mujeres se vuelven en la calle y me miran con el rabillo del ojo. Yo hago como que me r&#237;o, no digo nada, pero me pongo como un pimpollo

&#161;Te miran porque hablas solo!

&#161;No, Bomboncito, no! Es todo el amor que recibo, que me transforma en el astro solar. Quieren ponerse a mi lado porque les atrae mi calor. M&#237;rame: desde que vivimos juntos embellezco, rejuvenezco, reluzco, &#161;y hasta me musculo!

Se golpe&#243; el vientre que hab&#237;a contra&#237;do, y se mantuvo apoyado contra el respaldo de la silla con una mueca.

&#161;Menos ch&#225;chara, Marcel Grobz! No te vayas a volver un tonto sentimental, &#161;y t&#243;mate el zumo de naranja, que si no se van a evaporar las vitaminas y vas a tener que cazarlas al vuelo!

&#161;Bomboncito! Hablo en serio. Y soy feliz, tan feliz &#161;Podr&#237;a echarme a volar si no me agarrases!

Anud&#225;ndose la gran servilleta alrededor del cuello para proteger la camisa blanca, prosigui&#243;, con la boca llena:

&#191;Qu&#233; tal est&#225; el heredero? &#191;Ha dormido bien?

Se despert&#243; sobre las ocho, lo cambi&#233;, le di de comer y &#161;hala! A la cama. Todav&#237;a duerme y &#161;ni se te ocurra ir a despertarlo!

S&#243;lo un ligero besito en la punta del pie derecho -suplic&#243; Marcel.

Te conozco. &#161;Vas a abrir tu bocaza y devorarlo!

Le encanta. Se estremece de placer sobre el cambiador. Ayer le cambi&#233; tres veces. Le embadurn&#233; de Mytosil. &#161;Menudo par de huevos! &#161;Gigantes! &#161;Mi hijo ser&#225; un lobo hambriento, la lanza de un bengal&#237;, un dardo de afilada punta que se clavar&#225; en el coraz&#243;n de las chicas y seguir&#225; su camino!

Se ech&#243; a re&#237;r, se frot&#243; las manos ante la idea de tanta truculencia futura.

Por ahora est&#225; durmiendo, y t&#250; tienes una cita en el despacho.

&#161;Un s&#225;bado, te das cuenta! &#161;Citarme un s&#225;bado por la ma&#241;ana al amanecer!

&#191;De qu&#233; amanecer hablas? &#161;Son las doce!

&#191;Hemos dormido hasta ahora?

&#161;T&#250; has dormido hasta ahora!

Eso no quita que nos corri&#233;ramos una buena juerga ayer, con Ren&#233; y Ginette. &#161;Lo que bebimos! Y J&#250;nior durmiendo como un tronco de Navidad. Venga Bomboncito, d&#233;jame com&#233;rmelo a besos antes de irme

El rostro de Marcel Grobz se encogi&#243; en una temblorosa s&#250;plica, junt&#243; las manos, se convirti&#243; en comulgante ferviente, pero Josiane Lambert permaneci&#243; inflexible.

Un beb&#233; tiene que dormir. &#161;Sobre todo con siete meses!

&#161;Pero si parece que tiene doce m&#225;s! M&#237;ralo: ya le han salido cuatro dientes y, cuando le hablo, lo entiende todo. Mira, el otro d&#237;a estaba dudando si deb&#237;a instalar una nueva f&#225;brica en China, hablaba en voz alta, creyendo que &#233;l estaba ocupado jugando con sus pies-&#191;has visto c&#243;mo se tritura los pies?, &#161;estoy seguro de que est&#225; aprendiendo a contar!-, pues bien, levant&#243; su peque&#241;a boquita adorable y dijo s&#237;. &#161;Dos veces seguidas! Te lo juro, Bomboncito, me dijo s&#237;, &#161;venga, adelante! Cre&#237; que sufr&#237;a alucinaciones.

Es que sufres alucinaciones, Marcel Grobz. Te est&#225;s volviendo completamente majara.

Incluso creo que me ha dicho go, daddy, go! Porque tambi&#233;n habla ingl&#233;s. &#191;Lo sab&#237;as?

&#161;Con siete meses!

&#161; Efectivamente!

&#191;Porque lo duermes con El ingl&#233;s sin esfuerzo? &#161;No creer&#225;s que eso funciona! Me preocupas, Marcel, me preocupas.

Cada noche, al acostar a su hijo, Marcel Grobz le pon&#237;a un CD para aprender ingl&#233;s. Lo hab&#237;a comprado en la secci&#243;n ni&#241;os de WH Smith, en la calle Rivoli. Se acostaba sobre la moqueta, cerca de la cuna, se quitaba los zapatos, se pon&#237;a una almohada bajo la nuca y repet&#237;a en la oscuridad las frases de la lecci&#243;n n&#250;mero 1. My name is Marcel, what's your name? I live in Paris, where do you live? I have a wife En fin, a nearly wife, rectificaba en la oscuridad. La voz inglesa, femenina y suave, lo arrullaba. Se dorm&#237;a y nunca hab&#237;a pasado de la primera lecci&#243;n.

No lo habla de forma fluida, de acuerdo, pero balbucea algunas palabras. Yo le escuch&#233; decir go-daddy-go, en todo caso. &#161;Pondr&#237;a la mano en el fuego!

Pues bien, &#161;ret&#237;rala o te quedar&#225;s manco! Marcel, contr&#243;late. Tu hijo es normal, simplemente normal, eso no impide que sea un beb&#233; muy guapo, muy vivo, muy espabilado &#161;Pero no vayas a hac&#233;rmelo emperador de China pol&#237;glota y hombre de negocios! &#191;Cu&#225;nto falta para que lo pongas en tu consejo de administraci&#243;n?

Yo te digo simplemente lo que veo y lo que oigo. No me invento nada. No me crees, est&#225;s en tu derecho, pero el d&#237;a que te diga helio mummy, how are you? o lo mismo pero en chino, porque pienso ense&#241;arle chino, en cuanto haya acabado con el ingl&#233;s, &#161;no te vayas a caer de espaldas! Te prevengo, eso es todo.

Hundi&#243; un trocito de pan con mantequilla en los huevos fritos y lo desliz&#243; sobre el plato hasta limpiar los bordes.

Josiane le daba la espalda, pero lo vigilaba en el reflejo del cristal. Com&#237;a el buen hombre tragando sus trocitos de pan, girando los brazos como un Tarz&#225;n de opereta. Sonre&#237;a a la nada, paraba de masticar para aguzar el o&#237;do y acechar los balbuceos de su hijo. Despu&#233;s, decepcionado, volv&#237;a a su masticaci&#243;n. No pudo evitar sonre&#237;r. Marcel S&#233;nior y Marcel J&#250;nior, menudo par de ladinos compadres. Es cierto, reconoci&#243;, que J&#250;nior ten&#237;a la cabeza repleta de materia gris y la comprensi&#243;n r&#225;pida. Con siete meses se manten&#237;a derecho en su silla de beb&#233; y tend&#237;a un dedo imperativo hacia el objeto de sus deseos. Si ella se negaba a obedecer, frunc&#237;a los ojos y le lanzaba una mirada como un misil. Cuando hablaba por tel&#233;fono, la escuchaba con la cabeza inclinada y asent&#237;a. A veces parec&#237;a querer decir algo, pero se enfadaba como si no encontrase las palabras. &#161;Un d&#237;a hab&#237;a incluso chascado los dedos! No era un comportamiento muy com&#250;n en un beb&#233;, pero deb&#237;a constatar a la fuerza que J&#250;nior estaba muy avanzado. De ah&#237; a darle competencias en el negocio de su padre hab&#237;a un trecho que ella se negaba a cubrir. J&#250;nior crecer&#225; a la velocidad normal. Me niego a que se convierta en un premio a la excelencia, un sabelotodo pretencioso. Yo lo quiero cubierto de papilla, enfundado en su pelele, con el culete al aire, para que pueda mimarlo hasta hartarme. He esperado demasiado tiempo como para soltarle en Dodotis en el mundo de los mayores.

La vida hab&#237;a dado dos hombres a Josiane, uno grande y otro peque&#241;o, dos hombres que tej&#237;an su felicidad con un bordado fino. Para nada quer&#237;a que se los quitasen. La vida nunca hab&#237;a sido generosa con ella. Para una vez que le daba buenas cartas, no dejar&#237;a que nadie le robara la menor brizna de felicidad, moler&#237;a hasta el &#250;ltimo grano para extraerle el jugo. Tengo unos cuantos vales de felicidad que cobrar. &#161;Ahora me toca a m&#237; tener el culo cosido a medallas! Es hora de reembolsarme, vamos, y que no intenten torearme. &#161;Se acabaron los tiempos en los que me ahogaba la desdicha!

Se acabaron los tiempos en los que, simple secretaria fam&#233;lica, serv&#237;a de odalisca a Marcel, mi jefe, propietario de la cadena de muebles Casamia, multimillonario en mobiliario diverso, accesorios para la casa, alfombras, alumbrado y baratijas variadas. Marcel la hab&#237;a ascendido al rango de mujer con la que compart&#237;a su vida, y hab&#237;a repudiado a su arisca esposa, &#161;Henriette la de la nariz larga! Fin de la historia, principio de mi felicidad.

Hab&#237;a descubierto a Henriette rondando en torno al edificio, escondi&#233;ndose en una esquina de la calle para pasar desapercibida. Con su sombrero en forma de crepe sobre la cabeza, s&#243;lo se la ve&#237;a a ella. Para jugar a los detectives, hay que arriesgarse a despeinarse, si no, te pillan enseguida. Y no val&#237;a la pena fingir que iba a H&#233;diard a llenarse el est&#243;mago de delicatessen. Una vez, quiz&#225;s, tres no. Le daba mala espina ese largo esp&#225;rrago agazapado, espiando su felicidad. Sinti&#243; un escalofr&#237;o. Merodea, merodea buscando algo. Busca una ocasi&#243;n. Obstruye el divorcio con sus pretensiones. Se niega a ceder una sola pizca de terreno. Amenaza por all&#237;, amenaza por all&#225;. Peligro, peligro, bandera roja, rumi&#243; Josiane. Siempre hab&#237;a ca&#237;do en los brazos de quien no le tra&#237;a m&#225;s que desgracias, y ahora que hab&#237;a llegado a buen puerto, no iba a dejarse ni despojar ni liar. Desconf&#237;a, cant&#243; una vocecita que conoc&#237;a demasiado bien. Desconf&#237;a y abre bien los ojos ante todo lo que se mueva y huela a podrido.

El timbre del tel&#233;fono la sac&#243; de sus pensamientos. Extendi&#243; el brazo para descolgar.

Buenos d&#237;as -dijo, todav&#237;a envuelta en el flujo sombr&#237;o de sus pensamientos.

Era Jos&#233;phine, la hija menor de Henriette Grobz.

&#191;Quiere usted hablar con Marcel? -contest&#243; con sequedad.

Tendi&#243; el aparato a su compa&#241;ero.

Cuando una se casa con un hombre de esa edad, hay que aceptarlo con todo el equipaje. Y Marcel ten&#237;a un ajuar completo: desde el frasco de pastillas hasta la saca de correos. Henriette, Iris, Jos&#233;phine, Hortense y Zo&#233; le hab&#237;an servido de familia tanto tiempo que no pod&#237;a borrarlas de un plumazo. Y eso que no le faltaban ganas.

Marcel se limpi&#243; la boca y se levant&#243; para coger el tel&#233;fono. Josiane prefiri&#243; salir de la habitaci&#243;n. Fue al cuarto de la lavadora a buscar la cesta de la ropa. Se puso a separar la blanca de la de color. Concentrarse en esa tarea dom&#233;stica le sentaba bien. Henriette, Jos&#233;phine. &#191;Qui&#233;n ser&#237;a la pr&#243;xima? &#191;La peque&#241;a Hortense? &#191;Esa que ten&#237;a a todos los hombres en la palma de la mano?

Era Jo -dijo Marcel en el umbral de la puerta-. Le ha pasado algo de lo m&#225;s raro: su marido, Antoine

&#191;Ese que lo trag&#243; un cocodrilo?

El mismo Fig&#250;rate que Zo&#233;, su hija, ha recibido una postal suya, enviada desde Kenya hace un mes. &#161;Est&#225; vivo!

&#191;Y t&#250; qu&#233; tienes que ver en eso?

Yo recib&#237; a la amante de Antoine, una tal Myl&#232;ne, en junio para darle alg&#250;n consejillo sobre el mundo de los negocios en China. Quer&#237;a dedicarse a la cosm&#233;tica, conoc&#237;a a un financiero chino y quer&#237;a informaci&#243;n pr&#225;ctica. Hablamos una hora y no la he vuelto a ver.

&#191;Est&#225;s seguro de eso?

La mirada de Marcel se ilumin&#243;. Le gustaba despertar los celos de Josiane. Eso devolv&#237;a juventud y brillo a sus encantos.

Completamente seguro

Y lo que quiere Jos&#233;phine es que le des la direcci&#243;n de esa chica

Exacto. La tengo en alguna parte, en el despacho.

Marc&#243; una pausa rascando el marco de la puerta.

Podr&#237;amos invitarla a cenar uno de estos d&#237;as, siempre me ha gustado esa chiquilla

&#161;Pero si es mayor que yo!

&#161;Vamos! &#161;No exageres! Uno o dos a&#241;os m&#225;s.

Uno o dos a&#241;os m&#225;s &#161;es ser mayor! A menos que cuentes al rev&#233;s -replic&#243; Josiane, irritada.

Pero yo la conoc&#237; de ni&#241;a, Bomboncito. &#161;A&#250;n llevaba coletas y jugaba al di&#225;bolo! He visto crecer a esa chavalilla.

&#161;Tienes raz&#243;n! Hoy estoy de los nervios. No s&#233; por qu&#233; Estamos demasiado bien, Marcel, demasiado bien, nos vamos a encontrar con alg&#250;n cuervo, uno muy oscuro, lleno de infelicidad, de esos que apestan y graznan.

&#161;Que no, mujer! Esta felicidad nos la merecemos. Nos toca festejarla.

&#191;Y desde cu&#225;ndo la vida ha de ser equilibrada? &#191;Desde cu&#225;ndo es justa? &#191;D&#243;nde has visto t&#250; eso?

Apoy&#243; la mano sobre la cabeza de Marcel y le masaje&#243; el cr&#225;neo. El se dej&#243; hacer resoplando, mientras ella le acariciaba.

M&#225;s amor, Bomboncito, m&#225;s Te quiero tanto, dar&#237;a mi test&#237;culo izquierdo por ti.

&#191;Y el derecho?

El izquierdo por ti, el derecho por J&#250;nior



* * *


Iris extendi&#243; el brazo para coger su espejo. Tante&#243; en la mesita de noche y no lo encontr&#243;. Se incorpor&#243;, enfurecida. Se lo hab&#237;an robado. Hab&#237;an temido que lo rompiese y se abriese las venas. Pero &#191;por qui&#233;n me toman? Por una loca de atar completamente desequilibrada. &#191;Y por qu&#233; no tendr&#237;a yo derecho a acabar con todo? &#191;Por qu&#233; me niegan esa &#250;ltima libertad? &#161;Para lo que me espera en la vida! A los cuarenta y siete a&#241;os y medio, ya se acab&#243;. Las arrugas se acent&#250;an, la elastina se evapora, los cuerpos adiposos se acumulan en las esquinas. Al principio se ocultan para llevar a cabo sus ultrajes. Despu&#233;s, cuando te han carcomido bien, cuando ya no eres m&#225;s que una masa blanda e informe, toman el mando y prosiguen su obra de demolici&#243;n sin obst&#225;culos. Yo lo constato d&#237;a tras d&#237;a. Con mi espejito inspecciono la piel que hay detr&#225;s de la rodilla, esp&#237;o la acumulaci&#243;n de grasa que engorda como un glot&#243;n. Y si me paso el d&#237;a tumbada no conseguir&#233; impedirlo. En esta cama me estoy marchitando. Mi tez palidece como el goter&#243;n de un cirio de sacrist&#237;a. Lo leo en los ojos de los m&#233;dicos. No me miran. Me hablan como a una probeta graduada que llenan de medicamentos. He dejado de ser una mujer, me he convertido en un recipiente de laboratorio.

Cogi&#243; un vaso y lo estrell&#243; contra la pared.

&#161;Quiero verme! -grit&#243;-. &#161;Quiero verme! &#161;Quiero que me devuelvan mi espejo!

Era su mejor amigo y su peor enemigo. Reflejaba el brillo l&#237;quido, profundo y cambiante de sus ojos azules o se&#241;alaba la arruga. A veces, si lo orientaba hacia la ventana, la iluminaba y la rejuvenec&#237;a. Al girarlo contra la pared, le a&#241;ad&#237;a diez a&#241;os.

&#161;Mi espejo!-rugi&#243; golpeando la s&#225;bana con los pu&#241;os-. Mi espejo o me abro la garganta. No estoy enferma, no estoy loca, he sido traicionada por mi hermana. &#201;sta es una enfermedad que no pueden curar.

Atrap&#243; una cuchara sopera con la que tomaba el jarabe, la limpi&#243; con la esquina de la s&#225;bana y la gir&#243; para percibir su reflejo. S&#243;lo vio un rostro deformado, como si hubiese sido atacado por un enjambre de abejas. La tir&#243; contra la pared.

Pero &#191;qu&#233; ha podido pasarme para que me encuentre sola, sin amigos, sin marido, sin hijo, aislada del resto del mundo?

De hecho, &#191;acaso existo todav&#237;a?

No eres nadie cuando est&#225;s sola. El recuerdo de Carmen vino a contradecirla, pero lo rechaz&#243; pensando que ella no contaba, ella siempre me ha querido y siempre me querr&#225;. De hecho, Carmen me aburre. La fidelidad me aburre, la virtud me pesa, el silencio me da&#241;a los o&#237;dos. Quiero ruido, carcajadas, champ&#225;n, tulipas rosas, miradas de hombres que me deseen, amigas que me calumnien. B&#233;reng&#232;re no ha venido a verme. Tiene mala conciencia, as&#237; que cuando hablan mal de m&#237; en las cenas de Par&#237;s calla, calla hasta que ya no puede aguantar m&#225;s y se une a la jaur&#237;a exclamando: Qu&#233; malas sois, la pobre Iris no merece estar pudri&#233;ndose en una cl&#237;nica por haber sido un poco imprudente, y las dem&#225;s contestan en staccato agudo: &#191;Imprudente? &#161;Eres demasiado buena! &#161;Querr&#225;s decir deshonesta! &#161;Francamente deshonesta!. De ese modo, liberada de su fidelidad de amiga, contesta, golosa, degustando cada palabra, dej&#225;ndose arrastrar por la ci&#233;naga del cotilleo: Es cierto que no est&#225; nada bien lo que hizo. &#161;Pero nada en absoluto!, y se une, r&#225;pidamente, al coro de lenguas viperinas que, cada una a su manera, a&#241;ade un defecto a la ausente. Le est&#225; bien empleado, concluye la m&#225;s dura, ya no podr&#225; aplastarnos con su desprecio, ya no es nadie. Fin de la oraci&#243;n f&#250;nebre y b&#250;squeda de nueva presa.

No se equivocan, reconoci&#243; Iris, contemplando la habitaci&#243;n blanca, las s&#225;banas blancas, las cortinas blancas. &#191;Qui&#233;n soy en realidad? Nadie. No tengo ninguna consistencia. He fracasado en todo, puedo servir de definici&#243;n a la palabra fracaso del diccionario. Fracaso, nombre com&#250;n, masculino singular, v&#233;ase Iris Dupin. Har&#237;a mejor volviendo a adoptar mi apellido de soltera, no voy a seguir mucho tiempo casada. Jos&#233;phine me lo arrebatar&#225; todo. Mi libro, mi marido, mi hijo y mi dinero.

&#191;Puedo vivir alejada de mi familia, mis amigos, mi marido y mi hijo? Tambi&#233;n alejada de m&#237;. Me voy a convertir en puro esp&#237;ritu. Al fundirme en la nada, me dar&#233; cuenta de que nunca he tenido ninguna consistencia. Que siempre he sido tan s&#243;lo una apariencia.

Antes exist&#237;a porque los dem&#225;s me miraban, me prestaban ideas, talentos, un estilo, una elegancia. Antes exist&#237;a porque era la mujer de Philippe Dupin, porque ten&#237;a la tarjeta de cr&#233;dito de Philippe Dupin, la agenda de Philippe Dupin. Me tem&#237;an, me respetaban, me cubr&#237;an de fingidas alabanzas. Pod&#237;a dar una lecci&#243;n a B&#233;reng&#232;re o impresionar a mi madre. Hab&#237;a llegado a la cima.

Ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s y solt&#243; una carcajada furiosa. &#161;Qu&#233; cima tan insustancial la que no te pertenece, la que no se forja, la que no se construye piedra a piedra! Cuando la pierdes, ya puedes sentarte en la acera y extender la mano.

No hace tanto tiempo, cuando Iris no estaba enferma, una tarde que volv&#237;a de compras con los brazos cargados de paquetes, corriendo para coger un taxi, se hab&#237;a cruzado con un mendigo abrazado a sus rodillas, con la mirada baja y la nuca encorvada. Dec&#237;a gracias, se&#241;or, gracias, se&#241;ora, a media voz por cada moneda que ca&#237;a en su plato. No era el primero que ve&#237;a pero &#233;ste, a saber por qu&#233;, le hab&#237;a impresionado. Hab&#237;a acelerado el paso, apartado la mirada. No hab&#237;a tiempo para caridad, el taxi se alejaba, y esa noche sal&#237;an, hab&#237;a que acicalarse, tomar un ba&#241;o, elegir el vestido entre las decenas que colgaban de las perchas, peinarse, maquillarse. Al volver le hab&#237;a dicho a Carmen, no voy a parecerme a ese mendigo, &#191;verdad? No quiero ser pobre. Carmen le hab&#237;a prometido que ella nunca permitir&#237;a que pasara eso, que se dejar&#237;a los dedos limpiando casas para que Iris continuase brillando. Ella la hab&#237;a cre&#237;do. Se hab&#237;a aplicado la mascarilla de belleza a la cera de abeja, se hab&#237;a deslizado en el agua caliente del ba&#241;o y hab&#237;a cerrado los ojos.

Y sin embargo, no estoy lejos de parecer una mendiga, pens&#243;, levantando las s&#225;banas para buscar el espejo. Puede que se haya escurrido. Puedo haberme olvidado de ponerlo en su sitio y se esconde en alg&#250;n pliegue.

Mi espejo, devu&#233;lvanme mi espejo, quiero verme, asegurarme de que existo, de que no me he evaporado. De que todav&#237;a puedo gustar.

Los medicamentos que le daban por la noche empezaban a hacer efecto, delir&#243; todav&#237;a un momento, vio a su padre leyendo el peri&#243;dico al pie de su cama, a su madre comprobando que los alfileres de su sombrero estuviesen bien clavados, a Philippe conduci&#233;ndola vestida de blanco por el pasillo central de la iglesia. Nunca lo quise. Nunca quise a nadie y me gustar&#237;a que me quisieran. &#161;Pobre mujer! Das l&#225;stima. Un d&#237;a vendr&#225; mi pr&#237;ncipe azul, un d&#237;a vendr&#225; mi pr&#237;ncipe Gabor. &#201;l era mi pr&#237;ncipe azul. Gabor Minar. El director de cine a quien todo el mundo adula, cuyo nombre irradia tanta luz que uno desea acurrucarse bajo su proyector. Estaba dispuesta a dejarlo todo por &#233;l: marido, hijo, Par&#237;s. Gabor Minar. Escupi&#243; su nombre como un reproche. No lo am&#233; cuando era pobre, desconocido, y me ech&#233; a sus brazos cuando se hizo famoso. Siempre necesito el refrendo de los dem&#225;s. Incluso para amar. &#161;Qu&#233; despreciable amante soy!

Iris conservaba la lucidez, lo cual aumentaba su infelicidad. Pod&#237;a ser injusta durante un acceso de c&#243;lera, pero recuperaba pronto la raz&#243;n y se maldec&#237;a. Maldec&#237;a su cobard&#237;a, su frivolidad. La vida me lo dio todo al nacer y no he hecho nada con ello. Me he dejado llevar sobre la espuma de la comodidad.

Si hubiese sentido un poco de estima por s&#237; misma, entonces habr&#237;a podido, gracias a esa lucidez cruel que, a veces, la hac&#237;a m&#225;s p&#233;rfida de lo que era, corregirse y empezar a amarse. La estima por uno mismo no se obtiene por decreto. Es necesario esfuerzo, trabajo; e Iris, con s&#243;lo pensarlo, hizo una mueca de disgusto. Y adem&#225;s, ya no tengo tiempo, constat&#243;, pr&#225;ctica. Uno no rehace su vida a los cuarenta y siete a&#241;os y medio. La remienda, la tapona, pero no construye nada nuevo.

No, se dijo, sinti&#233;ndose invadida por el sue&#241;o y luchando para encontrar una soluci&#243;n, necesito pronto, pronto, un nuevo marido. M&#225;s rico, m&#225;s fuerte, m&#225;s importante que Philippe. Un marido inmenso. Que me maraville, me subyugue, ante el que me arrodille como una ni&#241;a. Que tome mi vida de la mano, que me devuelva mi lugar en el mundo. Con dinero, relaciones, cenas en la ciudad. Todav&#237;a soy guapa. En cuanto salga de aqu&#237;, volver&#233; a ser la hermosa y magn&#237;fica Iris.

Mi primer pensamiento positivo desde que estoy aqu&#237; encerrada, murmur&#243; tap&#225;ndose con la s&#225;bana hasta el ment&#243;n, &#191;estar&#233; empezando a curarme?



* * *


El domingo por la ma&#241;ana, llam&#243; Luca. La v&#237;spera, Jos&#233;phine le hab&#237;a dejado tres mensajes en el m&#243;vil. Sin respuesta. No es buena se&#241;al, se dijo d&#225;ndose golpecitos en el esmalte de los dientes. Tambi&#233;n la v&#237;spera hab&#237;a llamado a Marcel Grobz para obtener la direcci&#243;n de Myl&#232;ne. Ten&#237;a que hablar con ella. Saber si hab&#237;a recibido, ella tambi&#233;n, una carta de Antoine. Si sab&#237;a d&#243;nde se encontraba, lo que hac&#237;a y, en resumen, si estaba vivo de verdad. No puedo creerlo, no puedo creerlo, repet&#237;a Jos&#233;phine. La carta del paquete hablaba de su horrible muerte. Era claramente una carta de p&#233;same, no el anuncio de un nacimiento.

Aquella noticia la perturbaba. Casi hab&#237;a olvidado la agresi&#243;n de la que hab&#237;a sido v&#237;ctima. De hecho, los dos incidentes colisionaban en su mente y la dejaban temblorosa y perpleja a la vez. Le costaba mucho responder a Zo&#233; que, euf&#243;rica ante la idea de que su padre iba a reaparecer pronto, formulaba mil preguntas, ideaba proyectos, reencuentros y besos, y no paraba. Parec&#237;a una fren&#233;tica bailarina de canc&#225;n, coronada de rizos infantiles.

Estaban desayunando cuando son&#243; el tel&#233;fono.

Jos&#233;phine, soy Luca.

&#161;Luca! Pero &#191;d&#243;nde se ha metido? Ayer me pas&#233; el d&#237;a llam&#225;ndole.

No pod&#237;a hablar. &#191;Est&#225; libre esta tarde? Podr&#237;amos dar un paseo al borde del lago.

Jos&#233;phine reflexion&#243; con rapidez. Zo&#233; iba al cine con una chica de su clase, ten&#237;a tres horas libres.

&#191;A las tres de la tarde cerca de las barcas? -propuso Jos&#233;phine.

All&#237; estar&#233;.

Colg&#243; sin decir palabra. Jos&#233;phine sostuvo el tel&#233;fono en el aire y le sorprendi&#243; sentirse triste. El hab&#237;a estado lapidario. Ni un gramo de ternura en su voz. Brotaron las l&#225;grimas y entorn&#243; los ojos para bloquearlas.

&#191;Pasa algo, mam&#225;?

Zo&#233; la miraba con expresi&#243;n inquieta.

Es Luca. Me temo que pueda haberle pasado algo a su hermano, ya sabes, Vittorio.

Ah -dijo Zo&#233;, tranquila por que el aspecto preocupado de su madre concerniese a un extra&#241;o.

&#191;Quieres m&#225;s tostadas?

&#161;Oh, s&#237;! Por favor, mam&#225;.

Jos&#233;phine se levant&#243;, fue a cortar el pan y a tostarlo.

&#191;Con miel? -pregunt&#243;.

Se concentr&#243; en hablar animadamente, para que Zo&#233; no descubriera la tristeza en su voz. Sent&#237;a un vac&#237;o en el coraz&#243;n. Con Luca soy feliz a ratos. Le robo mi felicidad, la rebusco. Entro en &#233;l subrepticiamente. El cierra los ojos, finge que no me ve, y deja que le desvalije. Le quiero a su pesar.

&#191;La miel buena de Hortense?

Jos&#233;phine asinti&#243;.

No se va a poner muy contenta si se entera de que nos la comemos cuando no est&#225;.

&#161;No te ir&#225;s a terminar el tarro!

Nunca se sabe -dijo Zo&#233; con sonrisa glotona-. Es nuevo. &#191;D&#243;nde lo has comprado?

En el mercado. El vendedor me ha dicho que antes de abrirlo hab&#237;a que calentarlo al ba&#241;o Mar&#237;a a fuego lento, para que est&#233; bien l&#237;quida y no se solidifique al enfriarse.

Ante la idea de realizar esa ceremonia de la miel para complacer a Zo&#233;, el recuerdo de Luca se borr&#243; y se relaj&#243;.

Qu&#233; guapa eres -sonri&#243; Jos&#233;phine revolviendo el pelo de Zo&#233;-. Deber&#237;as cepillarte el pelo, se te va a enredar.

Me gustar&#237;a ser un koala As&#237; no tendr&#237;a que peinarme.

&#161;Ponte recta!

&#161;La vida es dura cuando no se es un koala! -suspir&#243; Zo&#233; incorpor&#225;ndose-. &#191;Y cu&#225;ndo vuelve Hortense, mam&#225;?

No lo s&#233;

Y Gary, &#191;cu&#225;ndo viene?

No tengo ni idea, cari&#241;o.

&#191;Y Shirley? &#191;Tienes noticias suyas?

Intent&#233; hablar con ella ayer, pero no contest&#243;. Ha debido de salir el fin de semana.

Les echo de menos Oye, mam&#225;, nosotras no tenemos mucha familia, &#191;verdad?

Es cierto. Somos bastante pobres en familia -respondi&#243; Jo en tono bromista.

&#191;Y Henriette? &#191;No te podr&#237;as reconciliar con ella? As&#237; tendr&#237;amos al menos una abuela. &#161;Aunque ella no quiera que la llamen as&#237;!

Todo el mundo llamaba a Henriette por su nombre de pila, se negaba a que la llamasen abuelita o abuela.

Zo&#233; hab&#237;a subrayado lo de una. Antoine tampoco ten&#237;a familia. Era hijo &#250;nico, sus padres hab&#237;an muerto mucho tiempo atr&#225;s y se hab&#237;a peleado con sus t&#237;os, t&#237;as y primos y no los hab&#237;a vuelto a ver.

Tienes un t&#237;o y un primo, algo es algo.

Es poco. Las chicas de mi clase tienen familias de verdad

&#191;De verdad echas de menos a Henriette?

Hay veces de que s&#237;.

No se dice de que s&#237; sino que s&#237;, cari&#241;o

Zo&#233; asinti&#243; con la cabeza, pero no se corrigi&#243;. En qu&#233; estar&#225; pensando, se dijo Jos&#233;phine contemplando a su hija. Ten&#237;a la expresi&#243;n sombr&#237;a. Reflexionaba. Todo su rostro se hab&#237;a detenido en una idea que rumiaba en silencio, con el ment&#243;n apoyado en las manos y la frente arrugada. Jos&#233;phine le&#237;a en la cara de su hija la progresi&#243;n de su reflexi&#243;n, respetando ese di&#225;logo consigo misma.

Su mirada oscura se aclar&#243; y su ce&#241;o fruncido se relaj&#243;. Por fin, Zo&#233; clav&#243; los ojos en los de su madre y, con expresi&#243;n ansiosa, pregunt&#243;:

Oye, mam&#225;, &#191;t&#250; crees que me parezco a un hombre?

&#161;Nada de eso! &#191;Por qu&#233; lo dices?

&#191;No soy cuadrada de hombros?

&#161;Para nada! &#161;Qu&#233; idea m&#225;s tonta!

Es que me compr&#233; la revista Elle. Todas las chicas de mi clase la leen

&#191;Y bien?

Nadie deber&#237;a leer Elle. Las chicas de esa revista son demasiado guapas Nunca ser&#233; como ellas.

Ten&#237;a la boca llena y devoraba su cuarta rebanada.

A m&#237;, en todo caso, me pareces guapa y sin los hombros cuadrados.

Pero eso es lo normal, eres mi madre. Las madres siempre creen que sus hijas son guapas. &#191;No te dec&#237;a eso Henriette?

&#161;La verdad es que no! Me dec&#237;a que no era guapa, pero que concentr&#225;ndose mucho quiz&#225;s me encontrar&#237;an interesante.

&#191;C&#243;mo eras cuando eras peque&#241;a?

&#161;Fea como un piojo bizco!

&#191;Eras guay?

No mucho.

Entonces, &#191;c&#243;mo hiciste para gustar a pap&#225;?

Digamos que vio mi belleza interesante.

Tiene buen ojo, pap&#225;, &#191;eh, mam&#225;? &#191;Cu&#225;ndo crees que va a volver?

No tengo ni idea, amor m&#237;o &#191;Tienes deberes para el lunes?

Zo&#233; asinti&#243; con la cabeza.

Hazlos antes de irte al cine porque despu&#233;s no vas a tener ganas de trabajar.

&#191;Y podremos ver una pel&#237;cula las dos juntas esta noche?

&#191;Dos pel&#237;culas en el mismo d&#237;a?

S&#237;, pero si vemos una obra maestra, no es lo mismo, es cultura general. Cuando sea mayor ser&#233; directora de cine. Har&#233; una versi&#243;n de Los miserables

Pero &#191;qu&#233; te pasa con Los miserables de un tiempo a esta parte, Zo&#233;?

Me parece una maravilla, mam&#225;. Cosette me hace llorar con su cubo y su mu&#241;eca y despu&#233;s, vive una hermosa historia de amor con Marius y todo termina bien. Ya no tiene nunca m&#225;s agujeros en el coraz&#243;n.

&#191;Y qu&#233; se hace cuando el amor cava un agujero en el coraz&#243;n, un agujero tan grande que parece de ob&#250;s, tan grande que se podr&#237;a ver el cielo a trav&#233;s?, se preguntaba Jos&#233;phine de camino a su cita con Luca. &#191;Qui&#233;n podr&#225; decirme lo que siente por m&#237;? No me atrevo a decirle le quiero, tengo miedo de que sea una palabra demasiado importante. S&#233; muy bien que en mis le quiero hay un &#191;me quiere usted? que no me atrevo a pronunciar, por miedo a que se aleje con las manos en los bolsillos de su parka. &#191;Una mujer enamorada es forzosamente una mujer inquieta, dolorida?

El la estaba esperando cerca de las barcas. Sentado en un banco, las manos en los bolsillos, las piernas estiradas, su gran nariz apuntando al suelo, una mecha de pelo moreno barriendo su rostro. Ella se detuvo y le mir&#243; antes de abordarle. Por desgracia no s&#233; tomarme el amor a la ligera. Me gustar&#237;a echarme al cuello de aquel a quien amo, pero tengo tanto miedo de asustarle que ofrezco la cara humildemente para recibir su beso. Le amo a hurtadillas. Cuando levanta sus ojos hacia m&#237;, cuando atrapa mi mirada, me adapto a su estado de &#225;nimo. Me convierto en la enamorada que &#233;l quiere que sea. Me enciendo a distancia, me controlo en cuanto se acerca. Usted no sabe nada de eso, Luca Giambelli, usted se cree que soy un ratoncito temeroso, pero si apoyara su mano sobre el amor que hierve dentro de m&#237;, le producir&#237;a quemaduras de tercer grado. Me gusta ese papel: hacerle sonre&#237;r, calmarle, agradarle, me disfrazo de dulce y paciente enfermera, y recojo las migas que quiera usted darme para transformarlas en gruesas rebanadas. Hace un a&#241;o que salimos y no s&#233; m&#225;s sobre usted que lo que me murmur&#243; durante la primera cita. En amor se parece usted a un hombre sin apetito.

&#201;l la vio. Se levant&#243;. La bes&#243; en la mejilla con una levedad casi fraternal. Jos&#233;phine se retrajo, sintiendo ya el impreciso dolor que produc&#237;a ese beso. Voy a hablar con &#233;l, hoy, decidi&#243; con la audacia de los grandes t&#237;midos. Voy a contarle mis desgracias. &#191;Para qu&#233; sirve un novio si hay que esconderle todas las penas y las angustias?

&#191;Qu&#233; tal est&#225;, Jos&#233;phine?

Podr&#237;a estar mejor.

Vamos, se dijo, s&#233; t&#250; misma, h&#225;blale, cu&#233;ntale la agresi&#243;n, h&#225;blale de la postal.

He pasado dos d&#237;as horribles -sigui&#243; &#233;l-. Mi hermano desapareci&#243; el viernes por la tarde, el d&#237;a en el que hab&#237;amos quedado en aquella cafeter&#237;a que no me gusta y que usted aprecia tanto.

Se gir&#243; hacia ella y esboz&#243; una sonrisa burlona.

Vittorio ten&#237;a cita con el m&#233;dico que le trata sus brotes de violencia, y no se present&#243;. Le buscamos por todas partes, reapareci&#243; esta ma&#241;ana. Se encontraba en un estado lamentable. Me temo lo peor. Siento haberle dado plant&#243;n.

Hab&#237;a tomado la mano de Jos&#233;phine y el contacto de la suya, larga, c&#225;lida y seca, la turb&#243;. Apoy&#243; la mejilla sobre la manga de su parka. Se frot&#243; en ella como diciendo no importa, le perdono.

Le estuve esperando y luego me fui a cenar con Zo&#233;. Me dije que habr&#237;a tenido alg&#250;n problema con, hum, con Vittorio.

Le resultaba extra&#241;o llamar por su nombre de pila a un hombre al que no conoc&#237;a y que la detestaba. Le produc&#237;a un sentimiento de falsa intimidad. &#191;Por qu&#233; me detesta? No le he hecho nada.

Ha vuelto a su casa, esta ma&#241;ana, y yo le estaba esperando. Me pas&#233; todo el d&#237;a y toda la noche de ayer esper&#225;ndole, sentado en su sof&#225;. Me mir&#243; como si no me conociera. Estaba azorado. Se meti&#243; r&#225;pidamente en la ducha y no abri&#243; la boca. Le convenc&#237; para que tomase un somn&#237;fero y se durmiera, no se sosten&#237;a en pie.

Su mano estrech&#243; la de Jos&#233;phine como para transmitirle la angustia de esos dos d&#237;as esperando, temiendo lo peor.

Me preocupa Vittorio, ya no s&#233; qu&#233; m&#225;s hacer.

Dos mujeres j&#243;venes, delgadas, que practicaban footing, se detuvieron a su altura. Sin aliento, se agarraban las costillas y consultaban su reloj para calcular el tiempo que les quedaba por correr. Una de ellas exclam&#243; con voz entrecortada:

Entonces le dije: pero &#191;qu&#233; quieres exactamente? Y &#233;l me contest&#243;, &#191;sabes lo que se atrevi&#243; a decirme?, &#161;que dejes de acosarme! &#191;Acosarle yo? Te voy a decir una cosa, creo que le voy a dejar. Ya no lo soporto. &#191;Y despu&#233;s qu&#233; m&#225;s? &#191;Hacerle de geisha? &#191;Echarme a sus pies? &#191;Hacerle comiditas y abrirme de piernas cuando me lo ordene? Mejor vivir sola. &#161;Por lo menos estar&#233; en paz y tendr&#233; menos trabajo!

La joven estrech&#243; los brazos sobre el pecho en se&#241;al de resoluci&#243;n firme, en sus almendrados ojos marrones brillaban la exasperaci&#243;n y la c&#243;lera. Su compa&#241;era asinti&#243; resoplando. Despu&#233;s dio la se&#241;al para seguir la carrera.

Luca las mir&#243; alejarse.

&#161;No soy el &#250;nico que tiene problemas!

Es el momento de contarle tus infortunios, venga, se exhort&#243; Jos&#233;phine.

Yo tambi&#233;n Tengo problemas.

Luca levant&#243; una ceja, extra&#241;ado.

Me ha pasado algo muy desagradable y algo sorprendente -declar&#243; Jo con tono pretendidamente jocoso-. &#191;Por cu&#225;l empiezo?

Un labrador negro se precipit&#243; delante de ellos y se lanz&#243; al lago. Luca desvi&#243; su atenci&#243;n para ver c&#243;mo se introduc&#237;a en el estanque verdoso; el agua estaba tan turbia que se dibujaron unos c&#237;rculos irisados en la superficie. El perro jadeaba, nadando con la boca abierta. Su amo le hab&#237;a tirado una pelota y pataleaba para atraparla. Su pelaje negro y brillante se cubr&#237;a de perlas l&#237;quidas e hilillos de agua; los patos se apartaban bruscamente y se deten&#237;an un poco m&#225;s lejos, desconfiados.

&#161;Esos perros son incre&#237;bles!-exclam&#243; Luca-. &#161;Mire!

El animal volv&#237;a. Emergi&#243; salpicando agua y fue a depositar la pelota a los pies de su amo. Agit&#243; la cola y ladr&#243; para proseguir el juego. &#191;Y ahora c&#243;mo contin&#250;o?, se pregunt&#243; Jos&#233;phine, siguiendo con la mirada la bola que volaba y al perro que se tiraba al agua.

&#191;Qu&#233; me dec&#237;a, Jos&#233;phine?

Le dec&#237;a que me han pasado dos cosas, una violenta y otra extra&#241;a.

Se esforzaba en sonre&#237;r para aligerar su relato.

He recibido una carta de Antoine, esto, ya sabe, mi marido

Pero yo cre&#237;a que estaba

No se atrev&#237;a a pronunciar la palabra y Jos&#233;phine le ayud&#243;:

&#191;Muerto?

S&#237;. Me hab&#237;a dicho usted que

Yo tambi&#233;n lo cre&#237;a.

Es extra&#241;o, en efecto.

Jos&#233;phine esperaba que hiciese alguna pregunta, emitiese alguna hip&#243;tesis, proclamara su asombro, algo que permitiese comentar esa noticia, pero &#233;l se content&#243; con fruncir el ce&#241;o y proseguir:

&#191;Y la otra noticia, la violenta?

&#191;C&#243;mo?, se asombr&#243; Jos&#233;phine, &#191;le cuento que un muerto redacta postales, compra un sello, lo pega, la mete en un buz&#243;n y me contesta: Qu&#233; m&#225;s? Considera normal que los muertos se levanten por la noche para escribir su correspondencia. De hecho, los muertos no est&#225;n muertos y hacen cola en la oficina, por eso siempre hay que esperar. Trag&#243; y lo solt&#243; todo de golpe:

&#161;He estado a punto de ser asesinada!

&#191;Asesinada? &#191;Usted? &#191;Jos&#233;phine? &#161;Eso es imposible!

&#191;Y por qu&#233; no? &#191;No ser&#237;a un bonito cad&#225;ver, quiz&#225;s? &#191;No tengo el perfil adecuado?

El viernes por la noche, volviendo de la cita a la que no se present&#243;, me apu&#241;alaron en el coraz&#243;n. &#161;Aqu&#237;!

Se golpe&#243; el pecho para acentuar el sentido tr&#225;gico de la frase y se sinti&#243; rid&#237;cula. Su papel, como v&#237;ctima de un suceso, no resultaba cre&#237;ble. El cree que me hago la interesante para rivalizar con su hermano.

&#161;Pero su historia no se sostiene! Si la hubieran apu&#241;alado, estar&#237;a muerta

Me salv&#243; un zapato. El zapato de Antoine

Le explic&#243; con calma lo que hab&#237;a pasado. &#201;l la escuch&#243; mientras segu&#237;a el vuelo de unas palomas.

&#191;Se lo ha contado a la polic&#237;a?

No. No quer&#237;a que Zo&#233; se enterase.

La mir&#243;, dubitativo.

&#161;Pero bueno, Jos&#233;phine! Si la han atacado &#161;debe ir a poner una denuncia!

&#161;&#191;C&#243;mo que si?! &#161;Me han atacado!

Imag&#237;nese que ese hombre ataque a otro. &#161;La responsable ser&#237;a usted! Tendr&#237;a una muerte sobre su conciencia.

No s&#243;lo no la estrechaba entre sus brazos para consolarla, no s&#243;lo no le dec&#237;a aqu&#237; estoy, voy a protegerla, sino que encima le hac&#237;a sentirse culpable y pensaba en la pr&#243;xima v&#237;ctima. Ella se le qued&#243; mirando, desarmada. Pero &#191;qu&#233; hab&#237;a que hacer para conmover a este hombre?

&#191;No me cree?

Claro que s&#237; La creo. Simplemente le aconsejo que presente una denuncia contra un agresor desconocido.

&#161;Parece usted muy bien informado!

Mi hermano me tiene acostumbrado a las comisar&#237;as. Me conozco casi todas las de Par&#237;s.

Le mir&#243; fijamente, estupefacta. Hab&#237;a vuelto a su propia historia. Se hab&#237;a desviado un poco para escucharla y despu&#233;s hab&#237;a dado la vuelta hacia su propia desgracia. &#191;Este es mi enamorado, mi hombre magn&#237;fico? &#191;El hombre que escribe un libro sobre las l&#225;grimas, que cita a Jules Michelet: L&#225;grimas preciosas han fluido en l&#237;mpidas leyendas, en maravillosos poemas y, amonton&#225;ndose en el cielo, han cristalizado en gigantescas catedrales que se alzan hacia el Se&#241;or? Un coraz&#243;n seco, m&#225;s bien. Una pasa de Corinto. &#201;l le rode&#243; los hombros, la atrajo hacia s&#237; y, con voz dulce y cansada, murmur&#243;:

Jos&#233;phine, no puedo ocuparme de los problemas de todo el mundo. No perdamos el buen humor, &#191;quiere? Con usted estoy bien. Es mi &#250;nico espacio de alegr&#237;a, de risa, de ternura. No lo destrocemos, por favor

Jos&#233;phine hizo un gesto de resignado asentimiento.

Prosiguieron su paseo alrededor del lago, cruz&#225;ndose con otros deportistas, otros perros nadadores, ni&#241;os en bicicleta, padres que los segu&#237;an, con la espalda doblada para mantenerlos sobre la silla, un gigante negro de torso majestuoso y cubierto de sudor que corr&#237;a medio desnudo. Jos&#233;phine pens&#243; preguntarle: &#191;Y de qu&#233; quer&#237;a hablarme la otra tarde cuando nos citamos en la cafeter&#237;a? Parec&#237;a importante, pero renunci&#243;.

La mano de Luca, sobre su hombro, la acariciaba, y a ella le dio la impresi&#243;n de que ten&#237;a ganas de escaparse.

Ese d&#237;a, un trocito de su coraz&#243;n se despeg&#243; de Luca.



* * *


Esa noche, Jos&#233;phine fue a refugiarse al balc&#243;n.

Cuando empez&#243; a buscar un nuevo piso, lo primero que le preguntaba al agente inmobiliario era, antes de conocer el precio, la luz, la planta, el barrio, la estaci&#243;n de metro, el estado del techo y las goteras, siempre era: &#191;Hay balc&#243;n? Un balc&#243;n de verdad donde pueda sentarme, estirar las piernas y mirar las estrellas.

Su nuevo piso ten&#237;a balc&#243;n. Un balc&#243;n grande y hermoso, con una balaustrada negra, abombada, se&#241;orial, que dibujaba motivos de hierro forjado encadenados, como letras de maestra de escuela en la pizarra.

Jos&#233;phine quer&#237;a un balc&#243;n para hablar con las estrellas.

Hablar con su padre, Lucien Plissonnier, muerto un 13 de julio cuando ella ten&#237;a diez a&#241;os, cuando estallaban los petardos y la gente bailaba en la pista, cuando los fuegos artificiales iluminaban el cielo y hac&#237;an aullar a los perros. Su madre se hab&#237;a vuelto a casar con Marcel Grobz, que hab&#237;a demostrado ser un padrastro bueno, generoso, pero que no sab&#237;a muy bien d&#243;nde situarse entre su arisca mujer y las dos chiquillas. As&#237; que no se situaba. Las quer&#237;a de lejos, como un turista con el billete de vuelta en el bolsillo.

Era una costumbre que hab&#237;a adoptado cuando sent&#237;a alguna pena en el alma. Esperaba a que se hiciese de noche, se envolv&#237;a en un edred&#243;n, se instalaba en el balc&#243;n y hablaba con las estrellas.

Todo lo que no se hab&#237;an dicho cuando estaba vivo, se lo dec&#237;an ahora por medio de la V&#237;a L&#225;ctea. Por supuesto, reconoc&#237;a Jos&#233;phine, no es algo racional, por supuesto podr&#225;n decir que estoy loca, encerrarme, colocarme unas pinzas en la cabeza y darme descargas el&#233;ctricas, pero me da igual. S&#233; que est&#225; ah&#237;, que me escucha y, de hecho, me manda se&#241;ales. Nos ponemos de acuerdo en una estrella, la m&#225;s peque&#241;a al final de la Osa Mayor, y &#233;l la hace brillar con m&#225;s intensidad. O la apaga. No funciona siempre, ser&#237;a demasiado f&#225;cil. A veces no me responde. Pero, cuando siento que naufrago, me lanza un flotador. Tambi&#233;n a veces hace que parpadee una bombilla del cuarto de ba&#241;o, la luz de una bicicleta en la calle o una farola. Le gustan las luces.

Siempre segu&#237;a el mismo ritual. Se sentaba en una esquina del balc&#243;n, doblaba las piernas, apoyaba los codos sobre las rodillas y levantaba la cabeza hacia el cielo. Primero localizaba la Osa Mayor, despu&#233;s la peque&#241;a estrella al final y empezaba a hablar. Cada vez que pronunciaba esa palabrita, pap&#225;, los ojos le escoc&#237;an, y cuando dec&#237;a: &#161;Pap&#225;! Papa&#237;to querido se pon&#237;a a llorar sin remedio.

Esa noche se instal&#243; en el balc&#243;n, escrut&#243; el cielo, localiz&#243; la Osa Mayor y le envi&#243; un beso, susurr&#243; pap&#225;, pap&#225;, me siento triste, tan triste que no puedo respirar. Primero la agresi&#243;n del parque, m&#225;s tarde la postal de Antoine y despu&#233;s, hace un rato, la reacci&#243;n de Luca, su frialdad, su educada indiferencia. &#191;Qu&#233; hacer cuando los sentimientos te desbordan? Si lo expresas mal, lo hacemos todo al rev&#233;s. Cuando uno tiene flores que ofrecer, no las entrega cabeza abajo y mostrando los tallos, si no el otro s&#243;lo ve espinas y se pincha. Es lo que yo hago con los sentimientos, los ofrezco invertidos.

Mir&#243; fijamente la estrellita. Le pareci&#243; que se iluminaba, se apagaba y se encend&#237;a una vez m&#225;s como diciendo, vamos, cari&#241;o, te escucho, habla.

Pap&#225;, mi vida se ha convertido en un remolino. Y me ahogo.

&#191;Recuerdas que cuando era peque&#241;a estuve a punto de ahogarme, que t&#250; me mirabas desde la orilla sin poder hacer nada, porque el mar estaba enfurecido y no sab&#237;as nadar? &#191;Recuerdas?

El mar estaba en calma cuando nos fuimos, mam&#225;, Iris y yo. Mam&#225; nadaba delante con su potente crawl, Iris la segu&#237;a y yo, m&#225;s retrasada, intentaba no quedarme atr&#225;s. Deb&#237;a de tener unos siete a&#241;os. Y luego, de pronto, se levant&#243; el viento, el oleaje creci&#243;, la corriente nos arrastraba, est&#225;bamos a la deriva y t&#250; no eras m&#225;s que un puntito sobre la playa que agitaba los brazos con inquietud. &#205;bamos a morir. Entonces mam&#225; eligi&#243; salvar a Iris. No pod&#237;a salvarnos a las dos, quiz&#225;s, pero eligi&#243; a Iris. La agarr&#243; bajo el brazo y la remolc&#243; hasta la playa, dej&#225;ndome sola, tragando litros de agua salada, golpe&#225;ndome contra las olas, rebotando como un pelele. Cuando comprend&#237; que me hab&#237;a abandonado, intent&#233; nadar hasta ella, sujetarla, y se volvi&#243; gritando d&#233;jame, d&#233;jame y me rechaz&#243;. Me empuj&#243; con el hombro. No s&#233; c&#243;mo hice para volver, para llegar hasta la orilla, no lo s&#233;, tuve la impresi&#243;n de que una mano me agarraba, me cog&#237;a del pelo y me arrastraba a tierra firme.

S&#233; que estuve a punto de ahogarme.

Hoy es lo mismo. Las corrientes son demasiado fuertes, me llevan demasiado lejos. Demasiado lejos, demasiado deprisa. Demasiado sola. Estoy triste, pap&#225;. Triste por sufrir la c&#243;lera de Iris, la violencia de un desconocido, el improbable regreso de mi marido, la indiferencia de Luca. Es demasiado. No soy lo suficientemente fuerte.

La estrellita se hab&#237;a apagado.

&#191;Quieres decir que me quejo por nada, que no importa? Eso no es justo, y lo sabes.

Y entonces, como si su padre reconociese la verdad de la acusaci&#243;n y recordara el antiguo crimen olvidado, la estrellita volvi&#243; a brillar.

&#161; Ah!, lo recuerdas. No lo has olvidado. Sobreviv&#237; una vez, &#191;sobrevivir&#233; &#233;sta?

As&#237; es la vida.

Tiene buen aguante, la vida. Nunca te concede un largo periodo de descanso, enseguida te pone a trabajar.

No estamos en la tierra para mirar a las musara&#241;as.

Pero yo no paro. Forcejeo como una loca. Todo carga sobre mis hombros.

&#191;La vida tambi&#233;n me ha dado mucho? Tienes raz&#243;n.

&#191;La vida me seguir&#225; dando? Sabes bien que no me importa el dinero, que no me importa el &#233;xito, que preferir&#237;a un romance, un hombre a quien venerase, a quien amase, lo sabes. Sola no puedo hacer nada.

Llegar&#225;, est&#225; all&#237;, no muy lejos.

&#191;Cu&#225;ndo? &#191;Cu&#225;ndo? Pap&#225;, &#161;d&#237;melo!

La estrellita ya no respond&#237;a.

Jos&#233;phine hundi&#243; la cabeza entre las rodillas. Escuch&#243; el viento, escuch&#243; la noche. La envolvi&#243; un silencio monacal y se refugi&#243; en &#233;l. Imagin&#243; el largo pasillo de un convento, losas desiguales, pilares redondos de piedra blanca, un jard&#237;n cercado como una mancha verde, una b&#243;veda de crucer&#237;a a la que sigue otra, y otra. Escuchaba un leve sonido de campanas a lo lejos, emitiendo notas claras a intervalos regulares. Desgran&#243; un rosario entre sus manos, c&#225;nticos de agradecimiento y oraciones que no conoc&#237;a. Las completas, las v&#237;speras y los maitines, una liturgia que se inventaba y que reemplazaba al breviario. Solt&#243; el miedo, las preguntas y dej&#243; de pensar. Se abandon&#243; al viento, escuch&#243; la canci&#243;n que le susurraba el murmullo de las ramas, compuso algunas notas, canturre&#243; en sordina.

Un pensamiento atraves&#243; su mente: si a Luca no le pareci&#243; importante, ser&#225; porque, quiz&#225;s, a m&#237; tampoco me lo parezca.

Si Luca no me presta m&#225;s atenci&#243;n, es porque yo misma no me presto atenci&#243;n.

Luca me trata como yo me trato a m&#237; misma.

No ha advertido el peligro en mis palabras, ni el miedo en mi voz, no ha sentido las pu&#241;aladas porque yo no las he sentido.

S&#233; que pas&#243; de verdad, pero no siento nada. Me apu&#241;alan pero no corro a poner una denuncia, a reclamar protecci&#243;n, venganza o ayuda. Me apu&#241;alan y no digo nada.

Me tiene sin cuidado.

Es un hecho, las palabras est&#225;n ah&#237;, las articulo en voz alta, pero les falta el color de la emoci&#243;n. Mis palabras son mudas.

El no las oye. No puede o&#237;rlas. Son palabras de una muerta, desaparecida desde hace mucho tiempo.

Soy esa muerta que decolora las palabras. Que decolora su propia vida.

Desde el d&#237;a en que mi madre escogi&#243; salvar a Iris.

Ese d&#237;a me borr&#243; de su vida, me borr&#243; de la vida. Era como si me dijese, no vale la pena que existas, as&#237; que no existes.

Y yo, una ni&#241;a de siete a&#241;os, aterida en el agua helada, me quedo at&#243;nita. Paralizada de estupor por ese gesto, el codo que se levanta y me empuja hacia la ola.

Ese d&#237;a fallec&#237;. Me convert&#237; en una muerta que lleva la m&#225;scara de una viva. Act&#250;o sin establecer nunca un v&#237;nculo entre lo que hago y yo. Ya no soy real. Me vuelvo virtual.

Todo resbala.

Cuando consigo salir del agua, cuando pap&#225; me coge entre sus brazos y trata a mi madre de criminal, me digo que ella no pod&#237;a hacer otra cosa, no pod&#237;a salvarnos a las dos, eligi&#243; a Iris. No me rebelo. Lo considero normal.

Todo me resbala. No reivindico nada. No me apropio de nada.

Consigo un doctorado en letras, pues bueno

Me contratan en el CNRS, tres elegidos de ciento veintitr&#233;s candidatos, pues vale

Me caso, me convierto en una mujer aplicada, dulce, sobre la que se evapora el amor distra&#237;do de mi marido.

&#191;Me enga&#241;a? Normal, &#233;l est&#225; mal. Myl&#232;ne le calma, le reconforta.

No tengo ning&#250;n derecho, nada me pertenece porque no existo.

Pero contin&#250;o haciendo como si estuviera viva. Un, dos, un, dos. Escribo art&#237;culos, doy conferencias, publico, preparo una tesis, pronto acabar&#233; siendo directora de investigaci&#243;n, entonces habr&#233; llegado a la cima de mi carrera. Pues vale

Todo eso no resuena dentro de m&#237;, no me aporta ninguna alegr&#237;a.

Me convierto en madre. Doy a luz a una hija, luego a otra.

Entonces me animo. Reconozco a la ni&#241;a que hay dentro de m&#237;. La ni&#241;ita aterida sobre la playa. La tomo en mis brazos, la acuno, le beso las yemas de los dedos, le cuento cuentos para dormirla, le caliento su miel, le doy todo mi tiempo, todo mi amor, todos mis ahorros. La amo. Nada es lo bastante bueno para la ni&#241;ita muerta con siete a&#241;os, a la que reanimo con mis cuidados, con vendajes, con besos.

Mi hermana me pide que escriba un libro que firmar&#225; ella. Acepto.

El libro se convierte en un &#233;xito inmenso. Pues bueno

Sufro por haber sido despose&#237;da, pero no protesto.

Cuando mi hija Hortense se presenta en la televisi&#243;n a contar la verdad, cuando dirige el foco hacia m&#237;, desaparezco, no quiero que me vean, no quiero que me conozcan. No hay nada que ver, nada que conocer: estoy muerta.

Nada puede afectarme porque ese d&#237;a, en el mar furioso de las Landas, dej&#233; de existir.

Desde ese d&#237;a, las cosas me ocurren, pero no quedan impresas en m&#237;.

Estoy muerta. Soy una figurante en mi propia vida.

Levant&#243; la cabeza hacia las estrellas. Le pareci&#243; que la V&#237;a L&#225;ctea se hab&#237;a iluminado, brillaba con miles de luces nacaradas.

Se propuso ir a comprar camelias blancas. Le gustaban mucho las camelias blancas.



* * *


&#191;Shirley?

&#161;Jos&#233;phine!

En boca de Shirley, su nombre sonaba como el toque de un clar&#237;n. Se apoyaba en la primera s&#237;laba, se elevaba en el aire y dibujaba arabescos de sonidos: &#161;Jooos&#233;phiiine! Entonces hab&#237;a que sintonizar por miedo a sufrir un interrogatorio en regla: &#191;Qu&#233; te pasa? &#191;No est&#225;s bien? &#191;Est&#225;s desanimada? &#161;T&#250; me est&#225;s ocultando algo!.

&#161;Shiiiirley! &#161;Te echo de menos! Vuelve a vivir a Par&#237;s, te lo suplico. Ahora tengo una casa grande, puedo acogerte, a ti y a lo que venga contigo.

No me acompa&#241;a ning&#250;n paje enamorado en este momento. He cerrado mi cintur&#243;n de castidad. &#161;La abstinencia es mi voluptuosidad!

Entonces ven

No es imposible, en efecto, que desembarque uno de estos d&#237;as y me d&#233; una vueltecita por el pa&#237;s de las ranas arrogantes.

Una vuelta no, una ocupaci&#243;n, &#161;una aut&#233;ntica guerra de los Cien A&#241;os!

Shirley se ech&#243; a re&#237;r. &#161;La risa de Shirley! Empapelaba las paredes, colgaba las cortinas, los cuadros, llenaba toda la habitaci&#243;n.

&#191;Cu&#225;ndo vienes? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

En Navidad Con Hortense y Gary.

Pero &#191;te quedar&#225;s unos d&#237;as? La vida no es igual sin ti.

Pero bueno, eso es una declaraci&#243;n de amor.

Las declaraciones de amor y de amistad se parecen.

Y bien, &#191;qu&#233; tal te va en tu nueva casa?

Tengo la impresi&#243;n de ser una invitada. Me siento en el borde del sof&#225;, llamo antes de entrar en el sal&#243;n y me quedo en la cocina, es el espacio donde estoy m&#225;s a gusto.

&#161;No me sorprende nada en absoluto!

He elegido este piso para complacer a Hortense y ella se ha ido a vivir a Londres

Lanz&#243; un gran suspiro que significaba: con Hortense siempre pasa igual. Uno deposita su ofrenda ante una puerta cerrada.

A Zo&#233; le pasa lo mismo que a m&#237;. Nos sentimos extranjeras aqu&#237;. Es como si hubi&#233;ramos cambiado de pa&#237;s. La gente es fr&#237;a, distante, pretenciosa. Llevan trajes cruzados y tienen nombres compuestos. S&#243;lo la portera parece estar viva. Se llama Iphig&#233;nie, se cambia el color del pelo todos los meses, pasa del rojo chill&#243;n al azul glacial, nunca la reconozco, pero cuando me entrega el correo, su sonrisa es aut&#233;ntica.

&#161;Iphig&#233;nie! &#161;&#201;sa va a terminar mal! Inmolada por su padre o su marido

Vive en la porter&#237;a con sus dos hijos, un ni&#241;o de cinco a&#241;os y una ni&#241;a de siete. Saca la basura todas las ma&#241;anas a las seis y media.

D&#233;jame adivinar: vais a haceros amigas Te conozco.

No es imposible, se dijo Jos&#233;phine. Canta mientras limpia la escalera, baila con el tubo de la aspiradora, explota globos gigantes de chicle que le cubren la cara. La &#250;nica vez que Jos&#233;phine hab&#237;a llamado a la porter&#237;a, Iphig&#233;nie le hab&#237;a abierto disfrazada de vaquero.

Intent&#233; hablar contigo el s&#225;bado y el domingo, pero no contest&#243; nadie.

Me fui al campo, a Sussex, a casa de unos amigos. De todas formas iba a llamarte. &#191;C&#243;mo te va la vida?

Jos&#233;phine murmur&#243; podr&#237;a ir mejor y despu&#233;s le cont&#243; todo detalladamente. Shirley solt&#243; varios oh!, shit!, &#161;Jooos&#233;phiiine! para indicar su estupor, su horror, pidi&#243; detalles, reflexion&#243; y despu&#233;s decidi&#243; afrontar los problemas uno por uno.

Empecemos por el misterioso asesino. Luca tiene raz&#243;n, debes ir a cont&#225;rselo a la poli. &#161;Es cierto que puede volver a atacar! Imag&#237;nate que mata a una mujer bajo tu ventana

Jos&#233;phine asinti&#243;.

Intenta recordarlo todo cuando pongas la denuncia. A veces un simple detalle les pone sobre la pista.

Ten&#237;a suelas nuevas.

&#191;Las suelas de los zapatos? &#191;Las viste?

S&#237;. Suelas nuevas y limpias, como si los zapatos acabaran de salir de la caja. Zapatos buenos, estilo Weston o Church.

Ah -dijo Shirley-. No es un mat&#243;n de barrio, si se pasea con unos Church. Y eso tampoco es bueno para la investigaci&#243;n.

&#191;Por qu&#233;?

Porque unas suelas nuevas no dicen nada. Ni del peso ni de la talla de la persona. Ni de sus &#250;ltimos trayectos. En cambio, una buena suela usada ofrece una informaci&#243;n valiosa. &#191;Tienes alguna idea de su edad?

No. Era fuerte, eso seguro. &#161;Ah, s&#237;! Ten&#237;a una voz nasal cuando soltaba las obscenidades. Una voz que sal&#237;a de la nariz. Lo recuerdo muy bien. Hablaba as&#237;

Se tap&#243; la nariz y repiti&#243; lo que hab&#237;a dicho el hombre.

Y adem&#225;s ol&#237;a bien. Quiero decir que no ol&#237;a a sudor ni a pies.

Lo que indica que ataca a sangre fr&#237;a, sin perder la calma. Planific&#243; su acci&#243;n, la pens&#243;. La escenific&#243;. Debe de albergar un sentimiento de revancha, de venganza. Repara un mal que le han hecho. Aprend&#237; eso en el servicio de informaci&#243;n. &#191;Dices que no hubo descarga de humor acuoso?

El t&#233;rmino, si bien extra&#241;&#243; a Jos&#233;phine, no le sorprendi&#243;. El pasado de Shirley, su conocimiento de un universo de violencia, volv&#237;a con esas simples palabras descarga de humor acuoso. Shirley, para guardar el secreto de su nacimiento, estuvo contratada durante un tiempo en los servicios secretos de Su Graciosa Majestad. Hab&#237;a recibido formaci&#243;n como guardaespaldas, hab&#237;a aprendido a luchar, a defenderse, a leer en los rostros las intenciones m&#225;s ocultas, las pulsiones m&#225;s remotas. Se hab&#237;a codeado con hombres dispuestos a todo, desvel&#243; complots, aprendi&#243; a penetrar en la mente de los criminales. Jos&#233;phine admiraba su sangre fr&#237;a. Todos podemos convertirnos en criminales, lo raro no es que suceda, sino que no suceda m&#225;s a menudo, sol&#237;a responder cuando Jos&#233;phine la interrogaba.

As&#237; que no ha podido ser Antoine -concluy&#243; Jo.

&#191;Pensaste en &#233;l?

Despu&#233;s despu&#233;s de haber recibido la postal. Dorm&#237;a poco y me dije que quiz&#225;s podr&#237;a haber sido &#233;l Me averg&#252;enzo, pero s&#237;

Antoine sudaba much&#237;simo, si no me falla la memoria, &#191;verdad?

S&#237;. Chorreaba de miedo ante cualquier dificultad. Parec&#237;a que le hab&#237;an mojado con una manguera.

As&#237; que no ha sido &#233;l. A menos que haya cambiado Pero pensaste en &#233;l, de todos modos.

&#161;Ay! Me averg&#252;enzo

Te entiendo, su reaparici&#243;n, en efecto, resulta extra&#241;a. O bien escribi&#243; esa carta y pidi&#243; que la enviaran despu&#233;s de su muerte, o bien est&#225; vivo y ronda cerca de tu casa. Conociendo a tu marido y su sentido de la puesta en escena, podemos pensar cualquier cosa. Se montaba tantas historias &#161;Quer&#237;a ser tan grande, tan importante! Quiz&#225;s quiso prolongar su muerte, como esos comicuchos que tardan horas en morir sobre el escenario, alargando su perorata para quitarle el protagonismo a los dem&#225;s.

Eres mala, Shirley.

Para las personas como &#233;l morirse es humillante, en un instante la palmas, te olvidan, te meten en un agujero y ya no eres nadie.

Estaba lanzada y Jos&#233;phine no pod&#237;a pararla.

Al enviarte esa postal, Antoine se regala un retazo de vida suplementario, os impide olvidarle y consigue que se hable de &#233;l.

Eso seguro, me caus&#243; una impresi&#243;n tremenda pero resulta cruel para Zo&#233;. Ella se lo cree a pies juntillas.

&#161;A &#233;l eso le importa un bledo! Es demasiado ego&#237;sta. Nunca he sentido demasiada estima por tu marido.

&#161;D&#233;jalo! &#161;Est&#225; muerto!

Eso espero. &#161;S&#243;lo faltar&#237;a que se plantase delante de vuestra puerta!

Jos&#233;phine oy&#243; el sonido de un hervidor que silbaba. Shirley debi&#243; de cerrar el gas porque el pitido se desvaneci&#243; con un suspiro agudo. Tea time. Jos&#233;phine se imagin&#243; a Shirley, en su cocina, aguantando el tel&#233;fono con el hombro, vertiendo el agua a punto de hervir sobre las arom&#225;ticas hojas. Pose&#237;a un surtido de t&#233;s guardados en unas latas met&#225;licas de colores que, cuando levantabas la tapa, te embriagaban con su aroma. T&#233; verde, t&#233; rojo, t&#233; negro, t&#233; blanco, Pr&#237;ncipe Igor, Zar Alejandro, Marco Polo. Tres minutos y medio de infusi&#243;n y despu&#233;s Shirley retiraba las hojas de la tetera. Controlaba escrupulosamente el tiempo de reposo.

En cuanto a la indiferencia de Luca, &#191;qu&#233; quieres que te diga? -prosigui&#243; Shirley pasando de un tema al otro sin dejarse distraer-. Es as&#237; desde el principio y t&#250; le apoyas con esa distancia afectuosa. Lo has colocado en un pedestal, le ofreces incienso y mirra y te postras a sus pies. Siempre has hecho eso con los hombres, pides perd&#243;n por respirar, les agradeces que bajen la mirada hacia ti.

Creo que no me gusta que me quieran

&#191; y sin embargo? Vamos, Jo, vamos

 y sin embargo tengo la impresi&#243;n de ser una boca abierta de par en par, permanentemente, hambrienta de amor.

&#161;Tendr&#237;as que curarte de eso!

Precisamente He decidido curarme.

Jos&#233;phine cont&#243; lo que acababa de comprender mirando a las estrellas y hablando con la Osa Mayor.

&#161;As&#237; que sigues hablando con las estrellas!

S&#237;.

Bueno, es igual que una terapia y es gratis.

Estoy segura de que, desde all&#237; arriba, &#233;l me escucha y me responde.

Si lo crees Yo no necesito elevarme hasta las estrellas para decirte que tu madre es una criminal y t&#250; una pobre tonta que se deja pisotear desde que naci&#243;.

Lo s&#233;, acabo de entenderlo. Con cuarenta y tres a&#241;os Voy a ir a la comisar&#237;a. Tienes raz&#243;n. Me sienta tan bien hablar contigo, Shirley Todo est&#225; m&#225;s claro cuando te lo cuento.

Siempre es m&#225;s sencillo ver las cosas desde fuera, cuando no nos conciernen. Y la escritura &#191;avanza?

No mucho. No hago m&#225;s que darle vueltas. Busco un tema para una novela y no lo encuentro. Empiezo mil historias por la ma&#241;ana y todas se desvanecen por la noche. Tuve la idea para Una reina tan humilde hablando contigo, &#191;recuerdas? Est&#225;bamos en mi cocina en Courbevoie. Tendr&#237;as que volver a echarme una mano

Conf&#237;a en ti misma.

No es mi fuerte, la confianza en m&#237; misma.

No tienes prisa.

No me gusta pasar los d&#237;as sin hacer nada.

Vete al cine, pasea, observa a la gente en las terrazas de los caf&#233;s. Deja vagar la imaginaci&#243;n y, un d&#237;a, sin saber por qu&#233;, tendr&#225;s la idea para una historia.

La historia de un hombre que apu&#241;ala a mujeres solas en los parques, por la noche, &#161;y de un marido a quien se cre&#237;a muerto y que env&#237;a postales!

&#191;Por qu&#233; no?

&#161;No! Tengo ganas de olvidar todo eso. Voy a volver a prepararme el HDI.

&#191;El qu&#233;?

HDI, Habilitaci&#243;n para Dirigir Investigaciones.

Y &#191;en qu&#233; consiste esa cosa?

Es un conjunto de publicaciones que incluye una tesis, y todos los trabajos realizados en forma de art&#237;culos y conferencias, que presentas ante un jurado. Eso supone un buen mont&#243;n de papeles. &#161;El m&#237;o ya pesa casi diecisiete kilos!

&#191;Y eso para qu&#233; sirve?

Sirve para ingresar en la escuela doctoral de una universidad. Tener una c&#225;tedra

&#161;Y ganar un mont&#243;n de pasta!

&#161;No! A los universitarios no les atrae el dinero. Lo desprecian. Supone la culminaci&#243;n de una carrera. Te conviertes en una eminencia, te hablan con respeto, vienen a consultarte del mundo entero. Todo lo que necesito para rehacer mi imagen.

Jos&#233;phine, &#161;eres asombrosa!

&#161;Espera, todav&#237;a no he llegado a eso! Tengo por delante dos o tres a&#241;os de trabajo duro antes de poder presentarme al examen.

Y eso es harina de otro costal. Se trata de defender el trabajo propio delante de un jurado, formado en su mayor&#237;a por hombres gru&#241;ones y machistas. Examinan el informe detalladamente y, al primer error, te rechazan. Ese d&#237;a es recomendable presentarse con una falda arrugada, sandalias, las piernas cubiertas de vello y un par de matas de pelo en las axilas.

Como si hubiese le&#237;do el curso secreto de sus pensamientos, Shirley exclam&#243;:

Jo, &#161;t&#250; eres masoca!

Lo s&#233;, tambi&#233;n he decidido trabajar eso y aprender a defenderme. &#161;He llegado a un mont&#243;n de buenas resoluciones hablando con las estrellas!

&#161;La V&#237;a L&#225;ctea te ha sorbido el cerebro! &#191;Y d&#243;nde metes tu vida amorosa entre todo ese tumulto de materia gris?

Jos&#233;phine enrojeci&#243;.

Despu&#233;s de compulsar el &#250;ltimo de mis incunables y de acostar a Zo&#233;.

&#161;O sea que es delgada como el papel de fumar, tal como me imaginaba!

&#161;No todo el mundo puede echar una cana al aire con un hombre vestido de negro!

&#161;Ah&#237; me has dado!

&#191;Qu&#233; ha pasado con el hombre de negro?

No consigo olvidarle. Es terrible. He decidido no volver a verle, mi coraz&#243;n no puede m&#225;s, mi cabeza lo rechaza, pero todos los poros de mi piel gritan de abstinencia. Jo, &#191;sabes qu&#233;? El amor nace en el coraz&#243;n pero vive bajo la piel. Y &#233;l est&#225; pegado bajo mi piel. Emboscado ah&#237; dentro. &#161;Ay, Jo! Si supieras c&#243;mo le echo de menos

A veces, record&#243; Shirley, me pellizcaba el interior del muslo, lo cual me produc&#237;a un morado, me gustaba ese dolor, me gustaba ese color y lo conservaba como un rastro suyo, una prueba de esos instantes en los que hubiese aceptado morir, porque sab&#237;a que lo que ven&#237;a despu&#233;s no podr&#237;a ser otra cosa que algo plano, nada de nada, respiraci&#243;n artificial. Pensaba en &#233;l mirando el cardenal, lo acariciaba, lo adoraba, no deber&#237;a contarte esto, Jo

&#191;Y qu&#233; haces para dejar de pensar? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

Aprieto los dientes Y he fundado una asociaci&#243;n para luchar contra la obesidad. Voy a los colegios y ense&#241;o a nutrirse a los ni&#241;os. Estamos creando una sociedad de obesos.

Ninguna de mis dos hijas tiene ese problema.

A la fuerza Les preparas unas comiditas buen&#237;simas y equilibradas desde que son beb&#233;s. A prop&#243;sito, tu hija y mi hijo no se separan ni un momento.

&#191;Hortense y Gary? &#191;Quieres decir que est&#225;n enamorados?

No lo s&#233;, pero se ven mucho.

Ya les interrogaremos cuando vengan a Par&#237;s.

Tambi&#233;n he visto a Philippe. El otro d&#237;a, en la Tate. Estaba parado delante de un cuadro rojo y negro de Rothko.

&#191;Solo? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, extra&#241;ada al sentir c&#243;mo se le aceleraba el coraz&#243;n.

Esto No. Estaba con una rubia. Me la present&#243; como una experta en pintura que le ayuda a comprar obras de arte. Est&#225; haciendo una colecci&#243;n. Tiene mucho tiempo libre desde que se alej&#243; del mundo de los negocios

&#191;Y qu&#233; aspecto tiene la experta?

No est&#225; mal.

Si no fueras mi amiga, podr&#237;as incluso decir que ella

No est&#225; nada mal. Deber&#237;as venir a Londres, Jo. Philippe es seductor, rico, guapo y alegre. De momento vive solo con su hijo, pero es una presa perfecta para las lobas hambrientas.

No puedo, ya lo sabes.

&#191;Iris?

Jos&#233;phine se mordi&#243; los labios sin responder.

&#191;Sabes?, el hombre de negro Cuando nos encontr&#225;bamos en el hotel, cuando me esperaba en la habitaci&#243;n del sexto piso, tumbado en la cama Yo era incapaz de esperar al ascensor. Sub&#237;a las escaleras de cuatro en cuatro, daba un empuj&#243;n a la puerta, me lanzaba sobre &#233;l.

En cambio yo realizo mis desplazamientos m&#225;s bien tipo tortuga.

Shirley suspir&#243; ruidosamente.

Quiz&#225;s deber&#237;as cambiar, Jo.

&#191;Transformarme en amazona? &#161;Me caer&#237;a del caballo al primer trote!

Te caer&#237;as una vez y despu&#233;s montar&#237;as con silla.

&#191;Crees que nunca he estado enamorada, realmente enamorada?

Creo que todav&#237;a tienes muchas cosas que descubrir y tanto mejor para ti. &#161;La vida a&#250;n tiene que sorprenderte!

Jos&#233;phine pens&#243;, si pusiera tanto empe&#241;o en aprender a vivir como el que pongo en trabajar sobre mi tesis, ser&#237;a quiz&#225;s m&#225;s extrovertida.

Ech&#243; un vistazo a la cocina. Se dir&#237;a un laboratorio de lo limpia y blanca que estaba. Voy a ir al mercado a comprar ristras de ajos y de cebollas, pimientos verdes y rojos, manzanas amarillas, cestas, utensilios de madera, trapos, servilletas, voy a colgar fotos y calendarios, a inundar las paredes de vida. Hablar con Shirley la relajaba, le daba ganas de colgar l&#225;mparas por doquier. Shirley era m&#225;s que su mejor amiga. Era aquella a quien se lo pod&#237;a decir todo, sin provocar consecuencias ni dependencias.

Ven pronto -suspir&#243; al aparato antes de colgar-. Te necesito.



* * *


Al d&#237;a siguiente, Jos&#233;phine se present&#243; en la comisar&#237;a del barrio. Tras una larga espera en un pasillo que ol&#237;a a detergente con aroma de cereza, la metieron en un despacho estrecho, sin ventana, alumbrado por un aplique en el techo amarillento, que daba aspecto de acuario a la habitaci&#243;n.

Expuso los hechos a la oficial de polic&#237;a. Era una mujer joven, el pelo casta&#241;o peinado hacia atr&#225;s, los labios finos, la nariz aguile&#241;a. Llevaba una camisa azul p&#225;lido, un uniforme azul marino, un peque&#241;o arete dorado en la oreja izquierda. En una placa sobre su mesa estaba escrito su apellido: Gallois. Le pregunt&#243; su nombre completo, direcci&#243;n. La raz&#243;n de su presencia en la comisar&#237;a. La escuch&#243; sin mover un solo m&#250;sculo de la cara. Se extra&#241;&#243; de que Jos&#233;phine hubiera tardado tanto en declarar la agresi&#243;n. Se dir&#237;a que todo aquello le parec&#237;a sospechoso. Le propuso a Jos&#233;phine que fuera al m&#233;dico. Jos&#233;phine lo rechaz&#243;. Le pidi&#243; una descripci&#243;n del individuo, si hab&#237;a notado alg&#250;n detalle que pudiese ayudar en la investigaci&#243;n. Jos&#233;phine mencion&#243; las suelas nuevas y limpias, la voz nasal, la ausencia de sudoraci&#243;n. La agente de polic&#237;a levant&#243; una ceja, sorprendida por ese detalle, y despu&#233;s continu&#243; mecanografiando la denuncia. Le pidi&#243; que precisara si alguien ten&#237;a alguna raz&#243;n para tener algo contra ella, si hab&#237;a habido robo o violaci&#243;n. Hablaba con una voz mec&#225;nica, sin ninguna emoci&#243;n. Enunciaba los hechos.

Jos&#233;phine ten&#237;a ganas de llorar.

&#191;Qu&#233; mundo es &#233;ste, en el que la violencia se ha convertido en algo tan banal, que ya no levantamos la cabeza del teclado para conmovernos, para compartir?, se pregunt&#243; al reencontrarse con los ruidos de la calle y la luz del d&#237;a.

Permaneci&#243; inm&#243;vil observando los coches que formaban una caravana larga e impaciente. Un cami&#243;n bloqueaba la calle. El conductor se tomaba su tiempo para descargar el contenido, transportaba las cajas una por una, sin prisa, contemplando la calle embotellada con expresi&#243;n satisfecha. Una mujer con un carm&#237;n rojo chill&#243;n sac&#243; la cabeza por la ventanilla de su coche y estall&#243;: &#191;Qu&#233; co&#241;o pasa? &#161;Joder! &#191;Va a durar mucho tiempo esto?. Escupi&#243; el cigarrillo y apret&#243; la bocina con las palmas de las dos manos.

Jos&#233;phine sonri&#243; con tristeza y se fue, tap&#225;ndose los o&#237;dos para

no o&#237;r el concierto de protestas.



* * *


Hortense dio una patada a la pila de ropa tirada en el suelo del sal&#243;n del piso que compart&#237;a con su compa&#241;era, una francesa an&#233;mica y p&#225;lida que apagaba los cigarrillos aplast&#225;ndolos al azar, multiplicando los agujeros por todos lados sin el menor cuidado. Vaqueros, tanga, medias, camiseta, jersey de cuello alto, chaqueta. Se hab&#237;a desnudado all&#237; mismo y lo hab&#237;a dejado todo tirado.

Se llamaba Agathe, iba a clase en la misma escuela que Hortense, pero no mostraba el mismo entusiasmo ni para estudiar ni para ordenar el piso. Se levantaba si o&#237;a el despertador, y si no, segu&#237;a en la cama y asist&#237;a a la clase siguiente. La vajilla se amontonaba en la pila de la peque&#241;a cocina, la ropa sucia cubr&#237;a lo que, anta&#241;o, hab&#237;a debido de parecerse a un sof&#225;, la tele estaba encendida permanentemente y los cad&#225;veres de botellas vac&#237;as llenaban la mesa baja de cristal entre revistas recortadas, cortezas de pizzas resecas y viejas colillas de porros ennegrecidos que desbordaban los ceniceros.

&#161;Agathe! -grit&#243; Hortense.

Y como Agathe segu&#237;a hundida bajo las s&#225;banas, en su habitaci&#243;n, Hortense empez&#243; una violenta sarta de reproches contra la dejadez de su compa&#241;era de piso, puntu&#225;ndola con patadas en la puerta de su habitaci&#243;n.

&#161;Esto no puede seguir as&#237;! &#161;Eres asquerosa! &#161;Puedes tener tu habitaci&#243;n hecha una mierda, pero las zonas comunes no! Acabo de pasarme una hora limpiando el cuarto de ba&#241;o, hay pelos por todos lados, todo est&#225; atascado, los tubos de dent&#237;frico abiertos, un Tampax usado en el lavabo, pero &#191;d&#243;nde has aprendido educaci&#243;n? &#161;No est&#225;s viviendo sola! Te lo advierto, me voy a buscar otro piso. &#161;Ya no puedo m&#225;s!

Lo peor, pens&#243; Hortense, es que no puedo marcharme. La fianza de dos meses de alquiler est&#225; a nombre de las dos y, adem&#225;s, &#191;ad&#243;nde ir&#237;a? Eso lo sabe muy bien esa asquerosa, que no sirve m&#225;s que para pasar hambre con tal de poder entrar en los vaqueros, y mover el culo delante de viejos que babean viendo c&#243;mo baila su trasero.

Contempl&#243; el cristal de la mesa baja, asqueada, fue a buscar una bolsa de basura y meti&#243; en ella todo lo que hab&#237;a encima y debajo de la mesa. Se tap&#243; la nariz, cerr&#243; la bolsa y la dej&#243; en el descansillo para bajarla despu&#233;s. Quiz&#225;s la haga reaccionar tener que recuperar sus vaqueros de la basura. Ni siquiera eso era seguro, gru&#241;&#243;, se comprar&#225; otros con el dinero de uno de esos viejos babosos con cara de ma&#241;osos, que fuman puros en el sal&#243;n, mientras la an&#233;mica se pega las pesta&#241;as postizas en el cuarto de ba&#241;o. Pero &#191;de d&#243;nde los saca? Con s&#243;lo verles enfundarse sus abrigos de piel de camello y cuello levantado, te dan ganas de echar a correr y refugiarte en una madriguera. Qu&#233; angustia me dan todos esos t&#237;os que desfilan por aqu&#237; por las noches. Esta va a terminar en un burdel de El Cairo, si contin&#250;a as&#237;.

&#191;Me oyes, zorra?

Aguz&#243; el o&#237;do. Agathe segu&#237;a sin rechistar.

Se puso los guantes de goma, cogi&#243; una esponja, el Domestos, un producto que presum&#237;a de matar todos los g&#233;rmenes y borrar todas las manchas, y se puso a desinfectar el piso. Gary pasar&#237;a a buscarla dentro de una hora, ni hablar de obligarle a poner un pie en esta pocilga.

Los pelos largos, enredados en la moqueta, reten&#237;an trozos de patatas fritas, bolis Bic, pinzas para el pelo, kleenex usados, Smarties El aspirador solt&#243; un hipo, pero se trag&#243; un peine sin asfixiarse. Hortense hizo una mueca de satisfacci&#243;n: al menos hab&#237;a algo que funcionaba. Cuando tenga dinero, alquilar&#233; un piso para m&#237; sola, murmur&#243;, intentando despegar un chicle usado atrapado entre los pelos de la moqueta. Cuando tenga dinero, tendr&#233; una mujer de la limpieza, cuando tenga dinero

No tienes dinero, de modo que cierra el pico y limpia, gru&#241;&#243; en voz baja.

Era su madre quien pagaba el piso, la escuela, el gas, la electricidad, la council tax, la ropa, el tel&#233;fono y el bocadillo del mediod&#237;a en el parque. De hecho, su madre lo pagaba todo. Y en Londres nada era gratis. Dos libras el Tropicana de la ma&#241;ana, diez libras el bocadillo de la comida, mil doscientas libras un piso de dos habitaciones con sal&#243;n. En un buen barrio, es verdad. Notting Hill, Royal Borough of Chelsea & Kensington. Los padres de Agathe deb&#237;an de tener dinero, o a lo mejor eran los viejos de pelo de camello los que la manten&#237;an. No consegu&#237;a averiguarlo. Aspir&#243; el olor del producto e hizo una mueca. Voy a apestar a Domestos. Esta cosa penetra hasta los guantes.

Se volvi&#243; hacia la habitaci&#243;n de Agathe y dio otra patada a la puerta.

&#161;No soy tu chacha! &#161;Vas a tener que meterte eso en la cabeza!

Too bad! -respondi&#243; la otra-. Y demasiado tarde. Me he criado entre chachas, ten&#237;a dos en casa, &#161;as&#237; que cierra el pico, pobretona!

Pero &#191;c&#243;mo pude elegirla a ella entre todas las dem&#225;s? Ese d&#237;a ten&#237;a lega&#241;as en los ojos. Fue por los aires que se daba. Ten&#237;a pinta de darse aires. Altiva, segura de s&#237; misma, impaciente, ataviada con Prada-Vuitton-Herm&#232;s. Atra&#237;da por el buen barrio y el piso grande. Dispon&#237;a de los medios y la seguridad de una chica espabilada. S&#243;lo le hab&#237;a hecho una pregunta: &#191;D&#243;nde vives en Par&#237;s?, para saber si ella era de su ambiente. Hortense le hab&#237;a respondido: En la Muette, y la otra hab&#237;a soltado: OK, servir&#225;s. Como si soltara una limosna. Bingo, &#161;ha mordido el anzuelo!, hab&#237;a pensado Hortense. Se hab&#237;a dicho que, introduci&#233;ndose en su c&#237;rculo, se aprovechar&#237;a de su dinero y de sus relaciones. Lo &#250;nico que me ha aportado es poder entrar en el Cuckoo Club sin hacer cola. &#161;Menuda ventaja! &#161;Qu&#233; lerda fui! Me dej&#233; timar como una provinciana reci&#233;n llegada a la capital, con dos trenzas a la espalda y un delantal de cuadros.

Gary viv&#237;a en un piso enorme, en Green Park, justo detr&#225;s de Buckingham Palace, pero lo hab&#237;a dejado muy claro: no quer&#237;a compartirlo. Ciento cincuenta metros cuadrados s&#243;lo para ti, es injusto, rabiaba Hortense. Quiz&#225;s, pero as&#237; est&#225;n las cosas. Necesito silencio, espacio, necesito leer, escuchar m&#250;sica, pensar, caminar a lo largo, a lo ancho y en paz, no quiero que me tengas controlado y, lo quieras o no, Hortense, t&#250; ocupas espacio. No te molestar&#233; nada, &#161;me quedar&#233; en mi habitaci&#243;n!. No, hab&#237;a concluido Gary. No insistas o vas a terminar pareci&#233;ndote a esas chicas que odio, esas que gimotean y acosan.

Hortense se detuvo de golpe. En ning&#250;n caso quer&#237;a parecerse a nadie, ella era &#250;nica, y trabajaba muy duro para seguir si&#233;ndolo. Tampoco quer&#237;a en ning&#250;n caso perder la amistad con Gary. Ese chico era seguramente el soltero de su edad m&#225;s cotizado de Londres. Por sus venas corr&#237;a sangre real, nadie pod&#237;a saberlo, pero ella, ella lo sab&#237;a. Hab&#237;a o&#237;do a su madre hablar con Shirley. Y patat&#237;n y patat&#225;n, to make a long story short, Gary era el nieto de la reina. Su abuelita viv&#237;a en Buckingham. Entraba all&#237; con las manos en los bolsillos y no se perd&#237;a nunca. Recib&#237;a invitaciones a veladas, inauguraciones de locales, exposiciones, brunches, lunches, cenas. Las tarjetas se apilaban sobre la mesa de la entrada, Gary las barajaba, distra&#237;do. Llevaba siempre el mismo jersey negro de cuello vuelto, la misma chaqueta informe, el mismo pantal&#243;n arrugado sobre unas playeras infames. Su aspecto le importaba un bledo. Le importaban un bledo su pelo negro, sus grandes ojos verdes, todos los detalles que ella subrayaba para revalorizarle. Odiaba salir para exhibirse. Hortense deb&#237;a suplicarle para que aceptase y la llevara con &#233;l.

Es para relacionarme, Gary, sin relaciones no eres nadie y t&#250; conoces a todo el mundo en Londres.

&#161;Te equivocas de cabo a rabo! Es mi madre la que conoce a todo el mundo, no yo. Yo todav&#237;a tengo que hacer m&#233;ritos y, mira, no tengo ningunas ganas de hacer m&#233;ritos. Tengo diecinueve a&#241;os, soy el que soy, intento mejorar, y eso supone mucho trabajo. Vivo como creo y me gusta. &#161;Y no vas a ser t&#250; quien me haga cambiar, sorry!

&#161;Pero si t&#250; s&#243;lo con aparecer ya has hecho m&#233;ritos! -pataleaba Hortense, a quien la falta de frivolidad de Gary pon&#237;a de los nervios-. No te cuesta nada y a m&#237; puede servirme de mucho. No seas ego&#237;sta. &#161;Piensa en m&#237;!

No way.

El no ced&#237;a. Ya pod&#237;a Hortense amonestarle o acosarle, &#233;l la ignoraba y volv&#237;a a ponerse los cascos en las orejas. Quer&#237;a ser m&#250;sico, poeta o fil&#243;sofo. Iba a clases de piano, de filosof&#237;a, de teatro, de literatura. Ve&#237;a viejas pel&#237;culas mientras com&#237;a patatas fritas ecol&#243;gicas, escrib&#237;a sus pensamientos en cuadernos cuadriculados, y se entrenaba para imitar el paso saltar&#237;n de las ardillas en Hyde Park. A veces se pon&#237;a a saltar en el gran sal&#243;n, los brazos como garras y ense&#241;ando los dientes.

&#161;Gary! &#161;Est&#225;s rid&#237;culo!

&#161;Soy una ardilla magn&#237;fica! &#161;El rey de las ardillas de brillante pelaje!

Imitaba a la ardilla, recitaba mon&#243;logos de Oscar Wilde o de Chateaubriand, di&#225;logos de Scarface o de Los ni&#241;os del para&#237;so. Si los ricos desearan todos ser amados, &#191;qu&#233; les quedar&#237;a a los pobres?. Se tumbaba en un sof&#225; que hab&#237;a pertenecido a Jorge V y meditaba sobre la belleza de la frase frot&#225;ndose el ment&#243;n.

Era, Hortense deb&#237;a reconocerlo, encantador, brillante, original.

Rechazaba la sociedad de consumo. Toleraba el m&#243;vil, pero ignoraba los artilugios de moda. Cuando se compraba ropa, lo hac&#237;a pieza por pieza. Incluso si las camisas estaban de oferta, dos por el precio de una.

Pero coge la segunda, &#161;es gratis! -insist&#237;a Hortense.

&#161;No tengo m&#225;s que un torso, Hortense!

Y encima, rumiaba ella enfund&#225;ndose los guantes, es guapo. Alto, guapo, rico, de sangre real, y todo en sus ciento cincuenta metros cuadrados en Green Park. Sin esfuerzo. Es injusto.

Pas&#243; el aspirador sobre los brazos de un viejo sill&#243;n club de piel y pens&#243;, claro, hay otros que van detr&#225;s de m&#237;, pero son feos. O bajitos. Odio a los hombres bajitos. Es la raza m&#225;s malvada, m&#225;s agria y m&#225;s rencorosa que existe. Un hombre bajito es un hombre malo. No perdona al mundo su peque&#241;a talla. Gary puede ser flem&#225;tico o despreocupado: es magn&#237;fico. Y no tiene por qu&#233; preocuparse de la triste realidad. Est&#225; dispensado de ello. De hecho eso es lo que me gusta del dinero: te dispensa de la realidad.

Cuando tenga dinero, estar&#233; dispensada de la realidad.

Se inclin&#243; por encima del aspirador y no dio cr&#233;dito a lo que vio. Hab&#237;a bichos entre los pelos de la moqueta. Una bulliciosa colonia de cucarachas. Separ&#243; los pelos, aplic&#243; el tubo del aspirador sobre los insectos e imagin&#243; su horrible muerte. &#161;As&#237; aprender&#225;n! Y despu&#233;s echar&#233; la bolsa al fuego para asegurarme de que mueren. Los imagin&#243; crepitando entre las llamas, sus patas retorcidas, su caparaz&#243;n fundido, sus pulmones asfixiados. Esa imagen le provoc&#243; una sonrisa y prosigui&#243; la limpieza con delectaci&#243;n. Ya le gustar&#237;a aspirar tambi&#233;n a Agathe junto con las cucarachas. O estrangularla lentamente con las medias que se dejaba tiradas por ah&#237;. Le faltar&#237;a el aire, sacar&#237;a la lengua, grotesca y desmesurada, se pondr&#237;a violeta, se retorcer&#237;a, suplicar&#237;a

Mi querida Hortense -le hab&#237;a dicho Gary un d&#237;a que bajaban Oxford Street-, deber&#237;as ir a psicoanalizarte, eres un monstruo.

&#191;Porque digo lo que pienso?

&#161;Porque te atreves a pensar lo que piensas!

Ni hablar, perder&#237;a mi creatividad. No puedo convertirme en un ser normal, &#161;quiero ser una neur&#243;tica genial como mademoiselle Chanel! &#191;Acaso crees que ella fue a psicoanalizarse?

No lo s&#233;, pero me voy a informar.

Tengo mis defectos, los conozco, los comprendo y me los perdono. Punto final. Cuando no haces trampas contigo mismo, tienes respuestas para todo. Es la gente que se monta pel&#237;culas la que va a tumbarse ante un psic&#243;logo. Yo me asumo. Me quiero. Creo que soy una chica formidable, guapa, inteligente, dotada. No vale la pena que me esfuerce para gustar a los dem&#225;s.

Lo que yo dec&#237;a: eres un monstruo.

&#191;Puedo decirte algo, Gary? He visto tantas veces c&#243;mo embaucaban a mi madre, que me he jurado embaucar al mundo entero antes de que me toquen un solo pelo.

Tu madre es una santa y no merece tener una hija como t&#250;.

&#161;Una santa que ha hecho que me horroricen la bondad y la caridad! Me ha servido de psic&#243;logo inverso: me ha instalado en todas mis neurosis. Y de hecho se lo agradezco, s&#243;lo afirm&#225;ndose diferente, resueltamente diferente y liberada de todo sentimiento, se tiene &#233;xito.

&#191;&#201;xito en qu&#233;, Hortense?

Avanzas, no pierdes el tiempo, te liberas, reinas y ganas mucho dinero haciendo lo que quieres. Como mademoiselle Chanel, te digo. Cuando haya tenido &#233;xito, me convertir&#233; en humana. Ser&#225; mi hobby, una ocupaci&#243;n deliciosa.

Ser&#225; demasiado tarde. Estar&#225;s sola, sin amigos.

Eso es f&#225;cil de decir para ti. Has nacido con un juego de cucharitas de oro en la boca. A m&#237; me toca remar, remar y remar

&#161;No tienes muchos callos en las manos para ser una remera!

Los callos los tengo en el alma.

&#191;Tienes alma? Es bueno saberlo.

Ella hab&#237;a callado, mortificada. Por supuesto que tengo alma. No la exhibo, eso es todo. Cuando Zo&#233; la hab&#237;a llamado para anunciarle que su padre hab&#237;a enviado una postal, hab&#237;a sentido una punzada en el coraz&#243;n. Y cuando Zo&#233; hab&#237;a preguntado con voz t&#237;mida y temblorosa la pr&#243;xima vez que vaya a Londres, di, &#191;podr&#237;a quedarme a dormir en tu casa? hab&#237;a contestado s&#237;, Zo&#233;tounette. &#191;Acaso no era eso una se&#241;al de que ten&#237;a alma?

Las emociones son una p&#233;rdida de tiempo. No se aprende nada llorando. Hoy todo el mundo llora en la tele por cualquier chorrada. Es asqueroso. Produce generaciones de asistidos, de parados, de amargados. Produce un pa&#237;s como Francia, donde todo el mundo gime y juega a hacerse la v&#237;ctima. Hab&#237;a v&#237;ctimas a paletadas. Con Gary pod&#237;a hablar. No necesitaba simular que era una sucursal de la Cruz Roja. A menudo no estaba de acuerdo con ella, pero la escuchaba y le respond&#237;a.

Su mirada barri&#243; todo el sal&#243;n. Orden perfecto, buen olor a limpieza, Gary podr&#237;a entrar sin tropezarse con un tanga o un resto de guacamole.

Se mir&#243; en el espejo: tambi&#233;n perfecta.

Su mirada recorri&#243; sus largas piernas, las contempl&#243;, satisfecha, cogi&#243; el &#250;ltimo n&#250;mero de Harper's Bazaar. 100 trucos de belleza robados a las estrellas, a los profesionales, a las amigas. Lo hoje&#243;, dedujo que no hab&#237;a nada que aprender, pas&#243; al art&#237;culo siguiente: vaqueros, pero &#191;cu&#225;les? Bostez&#243;. Hab&#237;a le&#237;do al menos trescientos sobre el mismo tema. Habr&#237;a que desatascar el cerebro de las redactoras de moda. Un d&#237;a ser&#237;a a ella a quien entrevistar&#237;an. Un d&#237;a crear&#233; mi marca. El pasado domingo, en los puestos de Camden Market, hab&#237;a comprado unos vaqueros Karl Lagerfeld. Una ocasi&#243;n que el vendedor le hab&#237;a asegurado aut&#233;ntica. Casi nuevos, hab&#237;a presumido, es el modelo preferido de Linda Evangelista. &#161;A partir de ahora ser&#225; el m&#237;o!, hab&#237;a proclamado dividiendo por dos el precio. &#161;Gu&#225;rdate tus baratijas para impresionar a las mediocres, que conmigo eso no funciona! Habr&#225; que personalizarlo, por supuesto, transformarlo en un acontecimiento: a&#241;adir&#237;a unos calentadores, una chaqueta entallada, una bufanda gruesa que caiga

En ese momento Agathe emergi&#243; de su habitaci&#243;n blandiendo una botella de Marie Brizard de cuyo gollete chupaba directamente. Avanz&#243; somnolienta, eruct&#243;, se dej&#243; caer sobre el sof&#225;, busc&#243; su ropa, se frot&#243; los ojos, y envi&#243; un nuevo trago de licor a su est&#243;mago para despertarse. No se hab&#237;a tomado la molestia de desmaquillarse y ten&#237;a sus p&#225;lidas mejillas cubiertas de r&#237;mel.

&#161;Guau! &#161;Qu&#233; limpio! &#191;Has limpiado el piso con agua a presi&#243;n?

Prefiero no abordar ese tema o te voy a triturar.

&#191;Y puede saberse d&#243;nde has puesto mis cosas?

&#191;Hablas de tus montones de trapos por el suelo?

La rubia fam&#233;lica asinti&#243; con la cabeza.

En la basura. En el descansillo. Junto con las colillas, los pelos de la moqueta y los restos de pizza.

La fam&#233;lica chill&#243;:

&#191;Eso has hecho?

Y volver&#233; a hacerlo si contin&#250;as sin ordenar.

&#161;Eran mis vaqueros preferidos! Unos vaqueros de marca, &#161;doscientas treinta y cinco pounds!

&#191;Y d&#243;nde has conseguido ese dinero, cardo an&#233;mico?

&#161;Te proh&#237;bo que me hables as&#237;!

Digo lo que pienso, y todav&#237;a me contengo. Me inspiras adjetivos mucho m&#225;s violentos que evito por buena educaci&#243;n.

&#161;Me las vas a pagar! &#161;Voy a decirle a Carlos que te patee el culo, ya ver&#225;s!

&#191;Tu camarero moreno? Perdona, pero me llega al ment&#243;n &#161;y eso subi&#233;ndose a una silla!

T&#250; r&#237;ete &#161;Ya no reir&#225;s tanto cuando te arranque las tetas con una tenaza!

&#161;Ay, Dios, qu&#233; miedo me da! Estoy temblando.

Agathe se fue titubeando hasta la puerta, botella en mano, para recuperar sus pertenencias. Gary estaba en el umbral y se dispon&#237;a a llamar. Entr&#243;, dio unos pasos, atrap&#243; el Harper's Bazaar y se lo meti&#243; en el bolsillo.

&#191;Ahora te dedicas a leer revistas de chicas? -exclam&#243; Hortense.

Estoy cultivando mi lado femenino

Hortense lanz&#243; una mirada a su compa&#241;era de piso, que sacaba sus vaqueros de la bolsa de basura a cuatro patas, lanzando gru&#241;idos de cerdito asustado.

Vamos, largu&#233;monos -solt&#243; cogiendo el bolso.

En la escalera, se cruzaron con el famoso Carlos, un metro cincuenta y ocho, setenta kilos, el pelo te&#241;ido de negro cuervo, la piel picada por un viejo acn&#233; rebelde. Los mir&#243; fijamente.

&#191;Qu&#233; le pasa a &#233;se? &#191;Quiere mi foto? -pregunt&#243; Gary volvi&#233;ndose.

Los dos hombres se enfrentaron con la mirada.

Hortense agarr&#243; a Gary del brazo y se lo llev&#243;.

&#161;Olv&#237;dale! Es uno de esos babosos que merodean a su alrededor.

&#191;Os hab&#233;is peleado otra vez?

Ella se detuvo, se volvi&#243; hacia &#233;l, dibuj&#243; la mueca m&#225;s suplicante, la m&#225;s emotiva que ten&#237;a en su repertorio y pidi&#243;, mimosa:

Di, no querr&#237;as que me fuese a

&#161;No, Hortense! &#161;Ni hablar! T&#250; te las arreglas con tu compi, y yo me quedo en mi casa &#161;tranquilo y solo!

&#161;Me ha amenazado con arrancarme las tetas con una tenaza!

Parece que has topado con una a&#250;n m&#225;s tenaz que t&#250;. &#161;Va a ser un partido interesante! &#191;Me guardar&#225;s sitio en primera fila?

&#191;Con o sin palomitas?

Gary rio para sus adentros. Esa chica ten&#237;a respuesta para todo. Todav&#237;a no hab&#237;a nacido aqu&#233;l capaz de taparle la boca y hacerle bajar la vista. Estuvo a punto de decir venga, de acuerdo, vente a vivir conmigo, pero se contuvo.

&#161;Con palomitas, pero dulces! &#161;Y con mucho az&#250;car!



* * *


Alrededor de la cama yac&#237;a la ropa de la que se hab&#237;an despojado apresuradamente, antes de lanzarse sobre el enorme lecho que ocupaba la mitad de la habitaci&#243;n. Las cortinas ten&#237;an corazones rojos estampados, el suelo estaba cubierto por una moqueta rosa acr&#237;lico y sobre la cama ca&#237;a una gasa transparente, dibujando una especie de dosel medieval.

&#191;D&#243;nde estoy?, se pregunt&#243; Philippe Dupin examinando la habitaci&#243;n. Un oso pardo de peluche al que le faltaba un ojo de cristal, lo que le daba un aspecto realmente desolador, un revoltijo de peque&#241;os cojines tapizados y uno de ellos proclamando Won'tyou be my sweetheart? I'm so lonely, postales que representaban gatitos en posiciones acrob&#225;ticas, un p&#243;ster de Robbie William haciendo de chico malo sacando la lengua, un abanico de fotos de chicas ri&#233;ndose y lanzando besos

&#161;Dios m&#237;o! &#191;Qu&#233; edad tiene? La v&#237;spera, en el pub, hab&#237;a calculado entre veintiocho y treinta a&#241;os. Contemplando las paredes, ya no estaba tan seguro. No recordaba muy bien c&#243;mo la hab&#237;a abordado. A la memoria le ven&#237;an retazos de di&#225;logo. Siempre los mismos. S&#243;lo el pub o la chica cambiaban.

Can I buy you a beer?

Sure. [[1]: #_ftnref1 &#191;Puedo invitarte a una cerveza?. Claro.]

Hab&#237;an bebido una, dos, tres, primero en el bar, empinando el codo mientras miraban con el rabillo del ojo la pantalla de la tele, que retransmit&#237;a un partido de f&#250;tbol. Manchester-Liverpool. Los hinchas gritaban y golpeaban la barra con el culo de los vasos. Llevaban camisetas de su equipo, y se golpeaban las costillas cada vez que hab&#237;a una acci&#243;n interesante. Tras la barra, un camarero en camisa blanca no paraba, y gritaba los pedidos a otro, cuyo brazo parec&#237;a soldado al grifo de cerveza.

Ten&#237;a el pelo rubio muy fino, la piel p&#225;lida, un carm&#237;n oscuro que dejaba marcas en su vaso. Parec&#237;a una guirnalda de besos rojo sangre. Beb&#237;a una cerveza tras otra. Encadenaba los cigarrillos. En el peri&#243;dico hab&#237;a le&#237;do un art&#237;culo que se alarmaba del creciente n&#250;mero de embarazadas que fumaban para tener un beb&#233; peque&#241;ito, que no les doliese durante el parto. Hab&#237;a contemplado su vientre: hundido, muy hundido. No estaba embarazada.

Despu&#233;s le hab&#237;a susurrado:

Fancy a shag?

Sure. My place or your place? [[2]: #_ftnref2 &#191;Echamos un polvo?. Claro. &#191;En tu casa o en la m&#237;a?.]

Prefer&#237;a ir a casa de ella. En la suya estaban Alexandre y Annie, la ni&#241;era.

En este momento me paso la vida despert&#225;ndome en habitaciones que no conozco, junto a cuerpos desconocidos. Tengo la impresi&#243;n de ser un piloto de avi&#243;n, que cambia de hotel y de compa&#241;era cada noche. Siendo m&#225;s severo, se podr&#237;a decir que he vuelto a caer en plena pubertad. Pronto empezar&#233; a ver Bob Esponja con Alexandre, y nos aprenderemos de memoria los di&#225;logos de Calamardo Tent&#225;culos.

Sinti&#243; ganas de volver a su casa para ver dormir a su hijo. Alexandre estaba cambiando, reafirm&#225;ndose. Se hab&#237;a adaptado muy pronto al sistema ingl&#233;s. Beb&#237;a leche, com&#237;a muffins, hab&#237;a aprendido a cruzar la calle sin que le atropellaran, cog&#237;a el metro o el autob&#250;s solo Estudiaba en el liceo franc&#233;s, pero se hab&#237;a convertido en un aut&#233;ntico ni&#241;o brit&#225;nico. En pocos meses. Philippe hab&#237;a tenido que imponer el uso del franc&#233;s en casa, para que Alexandre no olvidase su lengua materna. Hab&#237;a contratado a una ni&#241;era francesa. Annie era bretona. De Brest. Maciza, rondando los cincuenta. Alexandre parec&#237;a entenderse bien con ella. Su hijo le acompa&#241;aba a los museos, hac&#237;a preguntas cuando no entend&#237;a, preguntaba &#191;c&#243;mo sabes antes que todo el mundo si algo es bonito o feo? Porque a Picasso, cuando empez&#243; a pintar todo de trav&#233;s, mucha gente lo encontraba feo. Ahora todo el mundo lo encuentra bonito &#191;Entonces? A veces sus preguntas eran m&#225;s filos&#243;ficas: &#191;hay que amar para vivir o vivir para amar? U ornitol&#243;gicas: &#191;los ping&#252;inos, pap&#225;, pueden coger el sida o no?

El &#250;nico tema que no abordaba nunca era el de su madre. Cuando iban a verla a su habitaci&#243;n de la cl&#237;nica permanec&#237;a sentado en una silla, las manos sobre las rodillas, los ojos en el vac&#237;o. Philippe los hab&#237;a dejado solos una sola vez, pensando que era su presencia la que les imped&#237;a hablar.

En el coche, de regreso, Alexandre le advirti&#243;: Nunca m&#225;s me dejes solo con mam&#225;, pap&#225;. Me da miedo. Miedo de verdad. Esta all&#237;, pero sin estar, sus ojos est&#225;n vac&#237;os. Despu&#233;s, con tono de entendido en medicina, a&#241;adi&#243;: Ha adelgazado mucho, &#191;no crees?.

Dispon&#237;a de todo su tiempo para ocuparse de su hijo y no se privaba de ello. Hab&#237;a conservado la presidencia de su bufete de abogados en Par&#237;s, pero su funci&#243;n se limitaba a un papel de control. Se embolsaba los dividendos, que no eran despreciables en ning&#250;n caso, pero ni mucho menos estaba sometido a las obligaciones que, hac&#237;a apenas un a&#241;o, le forzaban a estar cotidiana y agotadoramente presente. A veces trabajaba en casos dif&#237;ciles cuando le ped&#237;an opini&#243;n. A veces se citaba con clientes, un trabajo de ojeador que no le disgustaba, y segu&#237;a el principio de los casos. Despu&#233;s, pasaba el testigo. Un d&#237;a volver&#237;a a tener ganas de luchar, de trabajar.

Por el momento, no ten&#237;a ning&#250;n deseo en particular. Era como una resaca que no remit&#237;a. La ruptura con Iris hab&#237;a sido violenta y progresiva a la vez. Se hab&#237;a despegado de ella poco a poco, se hab&#237;a ido alejando, haci&#233;ndose a la idea de no volver a vivir con ella, y, cuando tuvo lugar el enfrentamiento entre Iris y Gabor Minar en el Waldorf Astoria, en Nueva York, aquello hab&#237;a sido como un esparadrapo que se arranca de un tir&#243;n. Doloroso, pero reconfortante. Hab&#237;a visto a su mujer ech&#225;ndose en brazos de otro, ante sus ojos, como si &#233;l no existiera. Eso le hab&#237;a dolido. Y, al mismo tiempo, se hab&#237;a sentido liberado. Otro sentimiento, una mezcla de desprecio y de piedad, hab&#237;a reemplazado al amor que hab&#237;a sentido por Iris durante muchos a&#241;os. Hab&#237;a amado una imagen, una imagen muy hermosa, pero &#233;l tambi&#233;n hab&#237;a sido un dibujo. El dibujo del &#233;xito. Un hombre lleno de seguridad, de altivez, de certidumbres. Un hombre orgulloso de caminar deprisa, orgulloso de su &#233;xito. Un hombre que se apoyaba en el vac&#237;o.

Bajo el esparadrapo hab&#237;a crecido otro hombre, libre de apariencias, de lo mundano. Un hombre que estaba aprendiendo a conocer, que a veces le desconcertaba. &#191;Qu&#233; papel hab&#237;a tenido Jos&#233;phine en el surgimiento de ese hombre?, se preguntaba. Hab&#237;a representado un papel, de eso estaba seguro. A su manera, discreta y apagada. Jos&#233;phine es como una bruma benefactora que te envuelve y te da ganas de respirar profundamente. Recordaba su primer beso robado en su despacho de Par&#237;s. &#201;l la hab&#237;a cogido de la mu&#241;eca, la hab&#237;a atra&#237;do hacia &#233;l y

Hab&#237;a elegido instalarse en Londres. Dejar sus h&#225;bitos parisinos para volver a empezar en una ciudad extra&#241;a. Ten&#237;a amigos, o m&#225;s bien relaciones, y pertenec&#237;a a un club. Sus padres viv&#237;an cerca. Par&#237;s s&#243;lo estaba a tres horas. Viajaba a menudo. Llevaba a Alexandre a ver a Iris. Nunca llamaba a Jos&#233;phine. Todav&#237;a no era el momento. Estoy atravesando un periodo extra&#241;o. Estoy en espera. En punto muerto. Ya no s&#233; nada. Tengo que aprenderlo todo de nuevo.

Sac&#243; un brazo y se incorpor&#243;. Busc&#243; su reloj que hab&#237;a dejado sobre la moqueta. Las siete y media. Ten&#237;a que volver a casa.

&#191;C&#243;mo se llamaba &#233;sta? &#191;Debbie, Dottie, Dolly, Daisy?

Se puso los calzoncillos, la camisa, estaba a punto de ponerse los pantalones cuando la chica se volvi&#243;, gui&#241;&#243; los ojos y levant&#243; el brazo para protegerse de la luz.

&#191;Qu&#233; hora es?

Las seis.

&#161;Pero si todav&#237;a es de noche!

Oli&#243; el tufo a cerveza en su aliento y se separ&#243;.

Tengo que volver a casa, tengo, esto, tengo un hijo que me espera y

&#191;Y una mujer?

Esto, s&#237;.

Ella se gir&#243; de golpe y estrech&#243; la almohada entre sus brazos.

Debbie

Dottie.

Dottie No te pongas triste.

No estoy triste.

S&#237;. Leo en tu espalda que est&#225;s triste.

Para nada

De verdad que me tengo que ir.

&#191;Tratas a todas las mujeres de la misma forma, Eddy?

Philippe.

&#161;Las invitas a cinco cervezas, te las follas y despu&#233;s adi&#243;s y gracias!

Digamos que, en este momento, no soy muy elegante, tienes raz&#243;n. Pero sobre todo no quiero apenarte.

Has fracasado.

Debbie, sabes

&#161;Dottie!

Est&#225;bamos de acuerdo los dos, no te he violado.

Eso no significa que te vayas como un ladr&#243;n tras haber conseguido el bot&#237;n. Resulta molesto para el que se queda.

De verdad que me tengo que ir.

&#191;C&#243;mo quieres que tenga una buena imagen de m&#237; misma despu&#233;s de esto? &#191;Eh? &#161;Voy a estar jodida todo el d&#237;a! Y, con un poco de suerte, &#161;tambi&#233;n estar&#233; triste ma&#241;ana!

Ella le daba la espalda y hablaba mordiendo la almohada.

&#191;Puedo hacer algo por ti? &#191;Necesitas dinero, consejos, alguien que te escuche?

&#161;Que te jodan, gilipollas! &#161;No soy ni una puta ni una tarada! Soy contable en Harvey & Fridley.

De acuerdo. Al menos lo he intentado.

&#191;Intentado qu&#233;?-chill&#243; la chica de la que no consegu&#237;a recordar el nombre-. &#191;Intentar comportarte como un ser humano durante dos minutos y medio? No lo has conseguido.

Esc&#250;chame, esto

Dottie.

Hemos compartido un taxi y una cama, una noche, no hagamos un drama de ello. No es la primera vez que conoces a un hombre en un pub

&#161;PERO HOY ES MI CUMPLEA&#209;OS! &#161;Y LO VOY A PASAR SOLA COMO DE COSTUMBRE!

El la tom&#243; en sus brazos. Ella le rechaz&#243;. El la abraz&#243;. Ella se resisti&#243; con todas sus fuerzas.

Feliz cumplea&#241;os -susurr&#243;.

Dottie. Feliz cumplea&#241;os, Dottie.

Feliz cumplea&#241;os, Dottie.

Dud&#243; si preguntarle la edad, pero tuvo miedo de la respuesta. La acun&#243; un instante sin decir nada. Ella se abandon&#243; contra &#233;l.

Lo siento -dijo-, &#191;vale? Lo siento de verdad.

Ella se dio la vuelta, dudando. Parec&#237;a sincero. Y triste. Se encogi&#243; de hombros y se solt&#243;. &#201;l le acarici&#243; el pelo.

Tengo sed -dijo-. &#191;T&#250; no? Ayer bebimos demasiado

Ella no respondi&#243;. Miraba fijamente los corazones rojos de las cortinas. &#201;l desapareci&#243; en la cocina. Volvi&#243; con una rebanada de pan de molde untada con mermelada sobre la que hab&#237;a plantado cinco cerillas. Las encendi&#243; una por una y enton&#243;: Happy birthday.

Dottie -murmur&#243; ella, los ojos brillantes de l&#225;grimas mirando fijamente las cerillas.

Happy birthday, happy birthday sweet Dottie, happy birthday to you

Ella sopl&#243;, &#233;l se quit&#243; el reloj Cartier que Iris le hab&#237;a comprado por Navidad y lo ajust&#243; a la mu&#241;eca de Dottie que le dej&#243; hacer, maravillada.

Eres diferente, eso seguro

No le pidas su tel&#233;fono. No le digas te llamar&#233;, quedamos otro d&#237;a. Ser&#237;a cobarde. No la volver&#237;a a ver. Ella ten&#237;a raz&#243;n: la esperanza es un veneno violento. Sab&#237;a algo de eso, &#233;l, que no dejaba de esperar.

Cogi&#243; su chaqueta, su bufanda. Ella mir&#243; c&#243;mo se marchaba sin decir nada.

Cerr&#243; la puerta y se encontr&#243; en la calle. Mir&#243; al cielo con los ojos entornados. &#191;Acaso este mismo cielo gris llega hasta Par&#237;s? Ella debe de estar durmiendo a estas horas. &#191;Habr&#225; recibido mi camelia blanca? &#191;La habr&#225; puesto en el balc&#243;n?

No iba a ser as&#237; como la olvidar&#237;a. Dejaba de pensar en ella durante unos d&#237;as, despu&#233;s volv&#237;a a acosarle su ausencia. Bastaba con un detalle diminuto. Una nube gris, una camelia blanca.

Un cami&#243;n se detuvo a su altura. Empezaba a lloviznar. Una bruma ligera que no mojaba. Se levant&#243; el cuello y decidi&#243; volver a pie.



* * *


Blaise Pascal escribi&#243; un d&#237;a: Existen pasiones que apresan el alma Y la vuelven inm&#243;vil, las hay que la engrandecen y hacen que se expanda hacia fuera. Henriette Grobz, desde que Marcel Grobz la hab&#237;a abandonado para irse a vivir con su secretaria, Josiane Lambert, hab&#237;a descubierto una pasi&#243;n que le asfixiaba el alma: la venganza. S&#243;lo pensaba en una cosa: devolver a Marcel, multiplicado por cien, el precio de la humillaci&#243;n que le hab&#237;a infligido. Quer&#237;a poder decirle un d&#237;a, has acabado con mi posici&#243;n, me has robado mi comodidad, has saqueado mi santuario, p&#225;galo, Marcel, te arrastro por el barro, a ti y a tu fulana. No os quedar&#225;n m&#225;s que los ojos arrasados de dolor para llorar y ver a vuestro hijo crecer envuelto en harapos, privado de toda la esperanza con la que le atavi&#225;is, mientras yo me ba&#241;ar&#233; en una monta&#241;a de oro y os aplastar&#233; con mi desprecio.

Sent&#237;a la necesidad de herir a Marcel Grobz, de marcarle con un hierro al rojo vivo, como una mercanc&#237;a que anta&#241;o le hab&#237;a pertenecido y que le hab&#237;an quitado. &#161;Ha tenido el atrevimiento! Le faltaba el aire &#161;Se ha atrevido! La hab&#237;a despojado de sus derechos, de sus privilegios, de esa renta vitalicia que se hab&#237;a asegurado cas&#225;ndose con &#233;l, con ese cerdo repugnante cuyo &#250;nico atractivo consist&#237;a en una fortuna importante y estable. La hab&#237;a expoliado mediante una h&#225;bil operaci&#243;n administrativa, a ella, que cre&#237;a haberse resguardado con un contrato de hormig&#243;n armado, que la pon&#237;a al abrigo de cualquier necesidad durante el resto de sus d&#237;as. Le hab&#237;a robado su oro. Su buen mont&#243;n de oro que ella cuidaba con ojos de madre devota.

Ella hab&#237;a olvidado su bondad, su generosidad, el infierno que ella le hab&#237;a hecho vivir, trat&#225;ndole como a un pobre intruso que respiraba su aire, que com&#237;a a su mesa. Olvidaba que, para humillarlo, le obligaba a usar tres tenedores en las comidas, a llevar pantalones ajustados, a respetar escrupulosamente una sintaxis imposible. Olvidaba que ella le hab&#237;a proscrito del lecho conyugal y confinado en un cuartucho apenas suficiente para albergar una cama y una mesita de noche, s&#243;lo recordaba una cosa: ese miserable hab&#237;a tenido la insolencia de rebelarse y de fugarse con su dinero.

Venganza, &#161;venganza!, gritaba todo su ser en cuanto se despertaba. Y en cuanto recorr&#237;a su piso desolado, privado de los enormes ramos de flores que mandaba anta&#241;o el florista Veyrat, en cuanto constataba que ya no hab&#237;a cocinero que organizara los men&#250;s, ni camarera que cuidara de su guardarropa, ni criada que le trajera el desayuno a la cama, ni chofer que la paseara por Par&#237;s. Se acabaron las citas cotidianas con el modisto, la pedicura, el masajista, el peluquero, la manicura. Arruinada. La v&#237;spera, en la plaza Vend&#244;me, en el momento de pagar una correa nueva para su reloj Cartier, hab&#237;a tenido que sentarse al ver el montante de la factura. Ya no compraba sus productos de belleza en la perfumer&#237;a, sino en la farmacia, se vest&#237;a en Zara, hab&#237;a renunciado a la agenda Herm&#233;s y al champ&#225;n Blanc de blancs de Ruinart. Cada d&#237;a llegaba acompa&#241;ado de un nuevo sacrificio.

Marcel Grobz pagaba el alquiler del piso y le pasaba una pensi&#243;n, pero eso no bastaba a la voracidad de Henriette, que hab&#237;a conocido d&#237;as de magnificencia, en los que le bastaba con abrir su che- quera para obtener lo que quer&#237;a. El hermoso brillo de la punta de su pluma de oro sobre el cheque en blanco El &#250;ltimo bolso Vuitton, chales de cachemira a montones, como si le llovieran encima, las suaves acuarelas para sus ojos cansados, las trufas blancas de H&#233;diard o dos butacas de primera fila en la sala Pleyel, una para su bolso y otra para ella. No soportaba la promiscuidad. El dinero de Marcel Grobz era un b&#225;lsamo del que hab&#237;a abusado y que se le hab&#237;a retirado de golpe, como quien le quita el chupete a un beb&#233; que chupa feliz.

Ya no ten&#237;a dinero, ya no ten&#237;a nada. La otra lo ten&#237;a todo.

La otra. Ella aparec&#237;a en sus pesadillas todas las noches, se despertaba con el camis&#243;n empapado. La c&#243;lera la sofocaba. Ten&#237;a que beber un vaso de agua para deshacer el nudo de rabia que le aplastaba el pecho. Sus noches terminaban con las temblorosas luces del alba, rumiando una revancha que no acababa de alumbrar. Josiane Lambert, acabar&#233; contigo y con tu hijo, silbaba, hundida en su mullida almohada. &#161;Y a&#250;n he tenido suerte de que no se llevara la ropa de cama! Me habr&#237;a visto obligada a dormir sobre almohadas del Carrefour.

Ten&#237;a que acabar con esta infamia. Y eso no vendr&#237;a de un nuevo enlace, a los sesenta y ocho a&#241;os no encandilas a ning&#250;n hombre con lo que queda de tu encanto, s&#243;lo podr&#237;a proceder de una acci&#243;n que deber&#237;a emprender para recuperar sus derechos. Una venganza madura, premeditada.

&#191;Cu&#225;l? Todav&#237;a no lo sab&#237;a.

Para calmar los nervios, rondaba por los alrededores del domicilio de su rival, la segu&#237;a cuando paseaba al heredero, dentro de un land&#243; ingl&#233;s cubierto de bordados y mantas de lana peinada, seguida por el coche a cuyo volante iba Gil&#237;es, el chofer, por si la usurpadora se cansaba. Se ahogaba de rabia, pero segu&#237;a tras los pasos de la madre y del hijo, dando zancadas con sus piernas largas y delgadas, protegida, cre&#237;a, por el amplio sombrero que nunca la abandonaba.

Hab&#237;a pensado en el vitriolo. Rociar a la madre y al ni&#241;o, desfigurarlos, cegarlos, grabar su rostro con una lepra imborrable. Ese proyecto la transfiguraba, una gran sonrisa iluminaba su rostro reseco, encalado con polvo blanco. Disfrutaba pensando en ello. Se inform&#243; sobre la forma de procurarse ese concentrado de &#225;cido sulf&#250;rico, investig&#243;, estudi&#243; los efectos; esa idea la rond&#243; durante alg&#250;n tiempo, hasta que la abandon&#243;. Marcel Grobz la denunciar&#237;a y su furia ser&#237;a terrible.

Su venganza deb&#237;a ser secreta, an&#243;nima, silenciosa.

Decidi&#243; entonces estudiar el territorio de su rival. Intent&#243; sobornar a la asistenta que trabajaba en casa de Marcel, hacerla hablar de sus amigos, de sus relaciones, de la familia de su jefa. Sab&#237;a dirigirse a los subalternos, ponerse a su nivel, adoptar sus puntos de vista, incidir en sus miedos imaginarios, cargar las tintas, halagarlos, acariciaba sus sue&#241;os, se mostraba buena amiga, buena se&#241;ora para sacarles la informaci&#243;n que necesitaba: esa Josiane, &#191;no tendr&#225; un amante?

Oh, no La se&#241;ora nunca har&#237;a eso -enrojec&#237;a la criada-. Es demasiado buena. Y demasiado franca tambi&#233;n. Cuando tiene algo en el coraz&#243;n, lo dice. No es de las que disimulan.

&#191;Una hermana, un hermano indigno que viniese a sacarle dinero cuando el gordo seboso le volv&#237;a la espalda? La criada, tras haber colocado los billetes doblados en cuatro en el bolsillo de su chaqueta, dec&#237;a, no lo creo, la se&#241;ora Josiane parece muy enamorada y el se&#241;or tambi&#233;n, se comen a besos y, si no estuviese J&#250;nior vigil&#225;ndoles, se pasar&#237;an el d&#237;a retozando en la cocina, en la entrada, en el sal&#243;n, y es que amarse, se aman. Son como dos piruletas pegadas.

Henriette golpeaba el suelo con el pie encolerizada.

Pero &#191;todav&#237;a se frotan el uno contra el otro? &#161;Es repugnante!

Oh, no, se&#241;ora, &#161;resulta encantador! Si los viese Ofrecen esperanza, aumenta la fe en el amor cuando se trabaja para ellos.

Henriette se alejaba tap&#225;ndose la nariz.

Entonces intent&#243; ablandar a la portera del inmueble para obtener datos que, juiciosamente utilizados, podr&#237;an servir a sus prop&#243;sitos, pero renunci&#243;. No se ve&#237;a haci&#233;ndose cargo del ni&#241;o, ni pagando a un sicario para suprimir a la madre.

Ella y Marcel no estaban divorciados todav&#237;a, ella pon&#237;a mil dificultades, inventaba mil obst&#225;culos, alejaba la fecha fat&#237;dica en la que &#233;l recobrar&#237;a su libertad y podr&#237;a casarse de nuevo. Era su &#250;nica ventaja: todav&#237;a estaba casada y muy lejos de divorciarse. La ley la proteg&#237;a.

Tendr&#237;a que planearlo todo de forma segura y sutil. Marcel no era tonto. Pod&#237;a mostrarse implacable. Lo hab&#237;a visto en acci&#243;n. Aplastaba a enemigos temibles con su sonrisa de monaguillo. Hund&#237;a a su adversario con tres pelotazos.

Encontrar&#233; algo, lo encontrar&#233;, se dec&#237;a todos los d&#237;as dando zancadas por la avenida Ternes, la avenida Niel, la avenida Wagram, la avenida Foch, siguiendo el carrito de ese ni&#241;o al que odiaba. Esas caminatas la agotaban. Su rival, m&#225;s joven y vivaz, empujaba el land&#243; con decisi&#243;n. Volv&#237;a a su casa, los pies ensangrentados, y meditaba, los dedos estirados en un barre&#241;o de agua salada. Siempre me las he arreglado, no ha llegado el d&#237;a en que ese viejo asqueroso y derrochador me reduzca a la nada.

A veces, primera hora de la ma&#241;ana, cuando el d&#237;a apuntaba a trav&#233;s de las cortinas, pod&#237;a darse un lujo del que disfrutaba mucho porque era muy poco frecuente: las l&#225;grimas. Derramaba escasas l&#225;grimas fr&#237;as pensando en su vida que habr&#237;a debido ser luminosa, dulce, si el infortunio no se hubiese cebado con ella. Cebado, repet&#237;a, lanzando un sollozo de rabia. No hab&#237;a tenido suerte, la vida es una loter&#237;a y a m&#237; no me ha tocado un buen n&#250;mero. Eso por no hablar de mis hijas, rabiaba, erguida en su cama. La una, ingrata y vulgar, no quiere volver a verme, la otra, fr&#237;vola y mimada, dej&#243; pasar la oportunidad de su vida queri&#233;ndose convertir en madame de S&#233;vign&#233;. &#161;Qu&#233; idea m&#225;s absurda! &#191;Necesitaba acaso travestirse en autora de &#233;xito? Lo ten&#237;a todo. Un marido rico, un piso magn&#237;fico, una casa en Deauville, dinero a raudales Y le puedo asegurar, a&#241;ad&#237;a como si se dirigiese a una amiga imaginaria sentada al pie de su cama, &#161;que no cerraba nunca el grifo! Tuvo que creerse otra, abandonarse a sue&#241;os est&#233;riles, presumir de ser una escritora. Hoy languidece en una cl&#237;nica. No voy a verla: me deprime. Y adem&#225;s, est&#225; tan lejos y el transporte p&#250;blico &#161;Dios! &#191;C&#243;mo har&#225; la gente para amontonarse todos los d&#237;as en esos vagones de ganado humano? &#161;No, gracias!

Un d&#237;a en que interrogaba a la criada sobre las relaciones de Marcel y su puta -as&#237; es como llamaba a Josiane en sus soliloquios-, se enter&#243; de que iban a invitar a cenar a Jos&#233;phine pr&#243;ximamente. Hablaban de hacerlo. &#161;Jos&#233;phine en casa del enemigo! Podr&#237;a ser su caballo de Troya. Ten&#237;a que reconciliarse con ella, sin falta. Era tan tonta, tan ingenua, que no ver&#237;a m&#225;s que humo.

Su determinaci&#243;n se vio reforzada cuando, un d&#237;a en el que esperaba que el sem&#225;foro se pusiese verde para poder continuar su persecuci&#243;n, tuvo la sorpresa de ver el coche de Marcel detenerse a su altura.

Y bien, abuela -salud&#243; Gil&#237;es, el chofer-, &#191;dando un pase&#237;to para airearse? &#191;Redescubriendo el placer de caminar?

Ella le hab&#237;a vuelto la cabeza, mirando la copa de los &#225;rboles, concentr&#225;ndose en las casta&#241;as que estallaban dentro de su c&#225;scara marr&#243;n. Las casta&#241;as las prefer&#237;a en marrons glac&#233;s. Los compraba en Fauchon. Hab&#237;a olvidado que crec&#237;an en los &#225;rboles.

&#201;l hab&#237;a tocado la bocina para que le atendiese y hab&#237;a seguido:

&#191;No estaremos m&#225;s bien busc&#225;ndole problemas al patr&#243;n, peg&#225;ndose al culo de su chica y de su hijo? &#191;Cree que no me he dado cuenta del tiempo que lleva correteando tras ellos?

Por suerte no hab&#237;a nadie que pudiese extra&#241;arse de ese inapropiado di&#225;logo. Baj&#243; los ojos hacia &#233;l y le fusil&#243; con la mirada. &#201;l aprovech&#243; para dar la estocada final:

Le aconsejo que lo deje y pronto, porque si no se lo cuento al jefe. &#161;Y su cheque de final de mes podr&#237;a desvanecerse!

Ese d&#237;a Henriette abandon&#243; el seguimiento. Ten&#237;a que encontrar sin falta un medio para atacar, un medio invisible, an&#243;nimo. Una venganza a distancia, en la que ella no apareciese.

No iba a dejarse morir de pena, iba a matar su pena.



* * *


Jos&#233;phine comprob&#243; que llevaba efectivamente el medall&#243;n, cerr&#243; la puerta y sali&#243;. Se hab&#237;a acordado de las reglas de prudencia dictadas por Hildegarda de Bingen para alejar el peligro: llevar en un saquito bajo el cuello las reliquias de un santo protector o los fragmentos de pelo, de u&#241;as o de piel del cabeza de familia fallecido. Hab&#237;a colocado el mech&#243;n de pelo de Antoine en un medall&#243;n y lo llevaba alrededor del cuello. Estaba convencida de que Antoine la hab&#237;a salvado interponi&#233;ndose, en forma de paquete postal, entre ella y el asesino; pod&#237;a, pues, protegerla de un nuevo asalto si el asesino volv&#237;a a la carga. &#161;Qu&#233; importaba que la tomaran por una tarada!

Al fin y al cabo, la creencia en las reliquias protectoras hab&#237;a perdurado el tiempo suficiente en la historia de Francia como para concederle un poco de cr&#233;dito. No por vivir en una &#233;poca que presume de cient&#237;fica y racional, dejo de tener derecho a creer en lo sobrenatural. Los milagros, los santos, las manifestaciones del m&#225;s all&#225; formaban parte de la vida cotidiana en la Edad Media. Se hab&#237;a llegado hasta creer en los dones curativos de un perro. En el siglo XII, en la parroquia de Ch&#226;tillon-sur-Chalaronne. Se llamaba Guignefort. Su amo lo hab&#237;a martirizado y lo hab&#237;a enterrado con prisas una campesina, que hab&#237;a tomado por costumbre depositar unas flores sobre la tumba del pobre lebrel cada vez que pasaba por el claro. Un d&#237;a en el que paseaba con su hijo de quince meses, que ten&#237;a una fiebre muy alta y p&#250;stulas en el rostro, hab&#237;a colocado al ni&#241;o sobre la tumba para ir a recoger, como hac&#237;a siempre, flores en el campo. Cuando volvi&#243;, el ni&#241;o, con el rostro liso como el terciopelo, balbuceaba y daba palmas para celebrar la desaparici&#243;n del mal que le atormentaba. La campesina narr&#243; a todos esa aventura, que fue declarada milagro. Las mujeres del pueblo adoptaron la costumbre de peregrinar a la tumba del perro en cuanto un ni&#241;o enfermaba. Volv&#237;an cantando, alabando al perro y sus poderes sobrenaturales. Pronto llegaron de todas partes para colocar a los ni&#241;os enfermos sobre la tumba de Guignefort. Hicieron de &#233;l un santo. San Guignefort, ladra por nosotros. Le rezaban oraciones, le edificaron un altar, depositaban ofrendas. Se arm&#243; tanto jaleo que en 1250 un dominico, Esteban de Borb&#243;n, prohibi&#243; estas pr&#225;cticas supersticiosas, pero los peregrinajes continuaron hasta el siglo XX.

Ten&#237;a previsto trabajar en la biblioteca y luego, a las seis y media, presentarse en el colegio de Zo&#233; para la tradicional reuni&#243;n entre padres y profesores. No lo olvides, &#191;eh, mam&#225;? No te quedar&#225;s encerrada en una mazmorra oliendo una flor de lis Ella hab&#237;a sonre&#237;do y hab&#237;a prometido ser puntual.

Estaba sentada, pues, en el metro, en el sentido de la marcha, la nariz pegada al cristal. Reflexionaba sobre la organizaci&#243;n de su trabajo, los libros que deber&#237;a estudiar, las fichas que rellenar, el bocadillo y el caf&#233; que se tomar&#237;a en la barra. Deb&#237;a hacer un estudio sobre la higiene de las jovencitas. La vestimenta cambiaba seg&#250;n las regiones y se pod&#237;a adivinar de d&#243;nde ven&#237;a una mujer por su ropa. La jovencita del pueblo llevaba una falda y una caperuza con un cintur&#243;n y peque&#241;as bolsas colgadas de la cintura pues, en la Edad Media, no exist&#237;an los bolsillos. Por encima del vestido se pon&#237;a un surcot, una especie de abrigo forrado de vientre de ardilla llamado el vero. &#161;Hoy en d&#237;a si una se vistiese con piel de vientre de ardilla le arrancar&#237;an los ojos y las orejas!

Gir&#243; la cabeza y ech&#243; un vistazo a su vecino, que estudiaba un curso de electricidad. Una exposici&#243;n sobre el trif&#225;sico. Intent&#243; leer sus notas. Eran un encadenamiento de flechas rojas y c&#237;rculos azules, de ra&#237;ces cuadradas y divisiones. Un t&#237;tulo subrayado en rojo dec&#237;a: &#191;C&#243;mo es un transformador perfecto?. Jos&#233;phine sonri&#243;. Hab&#237;a le&#237;do: &#191;C&#243;mo es un hombre perfecto?. Su relaci&#243;n con Luca languidec&#237;a. Ya no iba a dormir a su casa: estaba viviendo con su hermano. Vittorio estaba cada vez m&#225;s inquieto. Luca se inquietaba por su estado mental. Dudo en dejarle solo y no quiero que lo encierren. Tiene una verdadera fijaci&#243;n con usted. Debo probarle que s&#243;lo me importa &#233;l. Adem&#225;s, el editor hab&#237;a adelantado la fecha de aparici&#243;n de su libro sobre las l&#225;grimas, y deb&#237;a corregir sus pruebas. La llamaba, hablaba de pel&#237;culas, de exposiciones a las que ir&#237;an juntos, pero no se citaba con ella. Huye de m&#237;. La carcom&#237;a una pregunta: &#191;qu&#233; habr&#237;a querido decirle la noche que no se hab&#237;a presentado a la cita? Tengo que hablar con usted, Jos&#233;phine, es importante. &#191;Se tratar&#237;a de la violencia de su hermano? &#191;Vittorio le hab&#237;a amenazado con atacarla? &#191;O hab&#237;a atacado quiz&#225;s a Luca?

Desde que ella le hab&#237;a contado la agresi&#243;n de la que hab&#237;a sido v&#237;ctima, entre ellos se hab&#237;a instalado cierto distanciamiento. Pensaba por un momento que habr&#237;a hecho mejor call&#225;ndose. No importunarle con sus problemas. Despu&#233;s recobraba el dominio de s&#237; misma y se reprochaba diciendo &#161;no!, pero bueno, Jo, &#161;deja de creerte algo despreciable! &#161;Eres una persona formidable! Tengo que entrenarme pens&#225;ndolo. Soy una persona formidable, merezco vivir. No soy una mota de polvo.

Luca resultaba tan misterioso como el cap&#237;tulo sobre la corriente trif&#225;sica del vecino. Necesitar&#237;a un circuito de flechas para entenderle y llegar hasta su coraz&#243;n.

Frente a ella, dos estudiantes examinaban los anuncios por palabras en busca de piso y protestaban por el precio de los alquileres.

Ten&#237;an aspecto de buenos chicos. Jos&#233;phine sinti&#243; ganas de invitarles a instalarse en su casa, hab&#237;a una habitaci&#243;n de servicio en el sexto piso, pero se contuvo. La &#250;ltima vez que hab&#237;a cedido a un impulso de generosidad, hab&#237;a tenido que soportar la presencia de la se&#241;ora Barthillet y de su hijo Max en su casa: no consegu&#237;a echarlos. Ya no ten&#237;a noticias de los Barthillet. En la estaci&#243;n de Passy, el metro sal&#237;a al aire libre. Era su tramo preferido, cuando la v&#237;a sal&#237;a de las entra&#241;as de la tierra y se lanzaba hacia el cielo. Se volvi&#243; hacia la ventana, buscando la luz. De golpe aparecieron los andenes, iluminados por el sol. Cerr&#243; los ojos. Siempre se sorprend&#237;a.

Un metro que ven&#237;a en sentido contrar&#237;o se detuvo al lado del suyo. Se fij&#243; en la gente sentada en el vag&#243;n. Los observaba, inventaba vidas, amores, penas. Intentaba adivinar los que ten&#237;an pareja, intentaba atrapar retazos de di&#225;logo en sus labios. Su mirada acarici&#243; primero a una dama, fuerte, envuelta en un abrigo de cuadros enormes, que frunc&#237;a el ce&#241;o. No es muy buena idea lo de los cuadros cuando se est&#225; gordo, &#161;y esas cejas! Declaro que es desabrida y solterona. Su prometido huy&#243;, un d&#237;a, y le est&#225; esperando para decirle lo que piensa, con un rodillo de pasteler&#237;a escondido en la espalda. Despu&#233;s otra mujer, muy delgada, con un trazo de contorno de ojos verde pistacho en cada p&#225;rpado. Deb&#237;a de estar haciendo crucigramas porque chupaba un l&#225;piz, inclinada sobre un peri&#243;dico. No llevaba alianza, llevaba las u&#241;as rojas, Jos&#233;phine decidi&#243; que era inform&#225;tica, soltera, que no ten&#237;a hijos y que nunca lavaba la vajilla. El s&#225;bado por la noche iba a una discoteca, bailaba hasta las tres de la ma&#241;ana y volv&#237;a sola. A su lado, un hombre, los hombros ca&#237;dos, un jersey rojo de cuello vuelto, una chaqueta gris, demasiado grande, un poco ajada, le daba la espalda. Una mujer quiso sentarse y se desplaz&#243; para dejarla pasar. Vio su rostro y se qued&#243; de piedra. &#161;Antoine! Era Antoine. No estaba mirando en su direcci&#243;n, sus ojos flotaban en el vac&#237;o, pero era &#233;l. Golpe&#243; con todas sus fuerzas contra la ventanilla, grit&#243; &#161;Antoine! &#161;Antoine! Se levant&#243;, martille&#243; el cristal, el hombre gir&#243; la cabeza, la mir&#243;, extra&#241;ado, y le hizo una peque&#241;a se&#241;al con la mano. Como si se sintiese desconcertado y le pidiese que se calmase.

&#161;Antoine!

Ten&#237;a una larga cicatriz en la mejilla derecha y el ojo derecho cerrado.

&#191;Antoine?

Ya no estaba segura del todo.

&#191;Antoine?

No parec&#237;a haberla reconocido.

Las puertas se cerraron. El metro se puso en marcha. Jos&#233;phine se dej&#243; caer en el asiento, la cabeza vuelta hacia atr&#225;s para intentar percibir una &#250;ltima vez al hombre que se parec&#237;a a Antoine.

No es posible. Si estaba vivo, habr&#237;a venido a vernos. No tiene nuestra direcci&#243;n, susurr&#243; la vocecita de Zo&#233;. &#161;Pero una direcci&#243;n se encuentra! &#161;Yo he recibido su paquete! &#161;Puede ped&#237;rsela a Henriette!

Pero ella no pod&#237;a ver a Antoine ni en pintura, replic&#243; la vocecita de Zo&#233;.

El chico pas&#243; la p&#225;gina de su curso de electricidad trif&#225;sica. Los estudiantes rodeaban con rotulador rojo un piso en la calle Glaci&#233;re. Dos habitaciones, setecientos cincuenta euros. Un hombre, que hab&#237;a subido en la estaci&#243;n de Passy, hojeaba una revista sobre segundas residencias. Financiaci&#243;n y fiscalidad. Llevaba una camisa blanca, un traje gris con rayas azul cielo y una corbata roja de lunares. El hombre al que hab&#237;a tomado por Antoine llevaba un jersey rojo de cuello vuelto. Antoine detestaba el rojo. Es un color para camioneros, afirmaba.

Pas&#243; la tarde en la biblioteca, pero le cost&#243; mucho trabajar. No consegu&#237;a concentrarse. Volv&#237;a a ver aquel vag&#243;n y a sus ocupantes, la mujer gorda a cuadros, la menuda con dos trazos de contorno de ojos verde y Antoine con jersey rojo de cuello vuelto. Sacud&#237;a la cabeza y volv&#237;a al estudio de sus textos. Santa Hildegarda de Bingen, prot&#233;geme, dime que no estoy loca. &#191;Por qu&#233; viene a torturarme?

A las seis menos cuarto, recogi&#243; sus papeles, sus libros y volvi&#243; a coger el metro en sentido inverso. En la estaci&#243;n de Passy, busc&#243; con la mirada a un hombre con jersey rojo de cuello vuelto. Quiz&#225;s se haya convertido en un mendigo. Vive en una estaci&#243;n de metro. Ha elegido la l&#237;nea 6 porque va por la superficie, porque se ve Par&#237;s como en una postal, para poder admirar la torre Eiffel que brilla. Por la noche duerme cubierto con un abrigo viejo bajo un arco del metro elevado. Son muchos los que se refugian bajo el metropolitano. No sabe d&#243;nde vivo. Yerra como un ermita&#241;o. Ha perdido la memoria.

A las seis y media, entr&#243; en el colegio de Zo&#233;. Cada profesor recib&#237;a en una sala de estudio. Los padres hac&#237;an cola en el pasillo, esperando su turno para hablar de los problemas o los &#233;xitos de sus hijos.

Anot&#243; en una hoja los nombres de los profesores, el n&#250;mero de su sala y la hora a la que la esperaban. Se puso en la cola para su primera cita, la profesora de ingl&#233;s, miss Pentell.

La puerta estaba abierta y miss Pentell sentada detr&#225;s de su mesa. Ten&#237;a ante ella las notas del alumno y los comentarios sobre su conducta en clase. Cada entrevista deb&#237;a durar cinco minutos, pero era frecuente que los padres angustiados prolongaran la conversaci&#243;n, con la esperanza de aumentar la nota de su prole. Los dem&#225;s padres, que esperaban en el umbral del aula, suspiraban mirando el reloj. A menudo se produc&#237;an intercambios desagradables, incluso altercados. Jos&#233;phine ya hab&#237;a asistido a discusiones memorables, en las que padres solemnes se transformaban en vociferantes violentos.

Algunos le&#237;an el peri&#243;dico durante la espera, las madres charlaban, intercambiaban direcciones de clases particulares, de campos de vacaciones, tel&#233;fonos de chicas au pair. Otras ten&#237;an la oreja pegada al m&#243;vil, otras intentaban colarse pasando delante de todo el mundo, provocando un concierto de protestas.

Vio de pasada a su vecino, el se&#241;or Lefloc-Pignel, que sal&#237;a de una clase. Le hizo una se&#241;al amistosa con la mano. Ella le sonri&#243;. Estaba solo, sin su mujer. Despu&#233;s le lleg&#243; el turno para su entrevista con la profesora de ingl&#233;s. Miss Pentell le asegur&#243; que todo iba bien, Zo&#233; ten&#237;a un nivel muy bueno, un acento perfecto, una seguridad remarcable en la lengua de Shakespeare, un excelente comportamiento en clase. No hab&#237;a nada de particular que se&#241;alar. Jos&#233;phine enrojeci&#243; ante tantos cumplidos y tir&#243; la silla al levantarse.

Lo mismo sucedi&#243; con los profesores de matem&#225;ticas, espa&#241;ol, ciencias naturales, historia, geograf&#237;a, pasaba de clase en clase recibiendo alabanzas y laureles. Todos la felicitaban por tener una hija brillante, alegre, concienzuda. Tambi&#233;n muy buena compa&#241;era. La hab&#237;an nombrado tutora de un alumno con dificultades. Jos&#233;phine recib&#237;a esos cumplidos como si estuviesen dirigidos a ella, tambi&#233;n le gustaba el esfuerzo, la perfecci&#243;n, la precisi&#243;n. Se sent&#237;a muy feliz y caminaba alegremente hacia su &#250;ltima cita, la se&#241;ora Berthier.

El se&#241;or Lefloc-Pignel esperaba ante la puerta de la clase. Su saludo fue menos caluroso que antes. Estaba apoyado en el marco de la puerta abierta, golpeando el cartel con el &#237;ndice, haciendo un ruido irregular e irritante que debi&#243; de importunar a la se&#241;ora Berthier, porque levant&#243; la cabeza y pidi&#243; con tono exasperado: &#191;Puede usted dejar de hacer ese ruido, por favor?.

Sobre una silla, a su lado, colocado bien liso y siempre mofletudo, descansaba su sombrero verde de fruncidos.

No ganar&#225; tiempo y me impide concentrarme -subray&#243; la se&#241;ora Berthier.

El se&#241;or Lefloc-Pignel golpe&#243; la esfera de su reloj para indicarle que llevaba retraso. Ella asinti&#243; con la cabeza, separ&#243; las manos en se&#241;al de impotencia y se inclin&#243; hacia una madre con aspecto desesperado, los hombros encogidos, los pies hacia dentro, las largas mangas de su abrigo cubri&#233;ndole los dedos. El se&#241;or Lefloc-Pignel se contuvo un momento, despu&#233;s continu&#243; con su martilleo, con el &#237;ndice doblado, como si golpeara la puerta.

Se&#241;or Lefloc-Pignel -dijo la se&#241;ora Berthier leyendo su nombre en la lista de padres-, le agradecer&#237;a mucho que esperase su turno pacientemente.

Yo le agradecer&#237;a que respetase los horarios. Lleva usted ya treinta y cinco minutos de retraso. Es inadmisible.

Me tomar&#233; el tiempo que haga falta.

&#191;Qu&#233; tipo de profesora es usted si no sabe que la exactitud es una cortes&#237;a que conviene ense&#241;ar a los alumnos?

&#191;Y qu&#233; tipo de padre es usted si es incapaz de escuchar a los dem&#225;s y adaptarse?-replic&#243; la se&#241;ora Berthier-. Aqu&#237; no estamos en un banco, nos ocupamos de ni&#241;os.

&#161;Usted no es quien para darme lecciones!

Es una l&#225;stima -sonri&#243; la se&#241;ora Berthier-. &#161;Si le hubiera tenido como alumno le habr&#237;a ense&#241;ado a obedecer!

&#201;l se encabrit&#243; como si le hubieran clavado una pica.

Siempre es as&#237;-dijo, dirigi&#233;ndose a Jos&#233;phine-. Las primeras citas van bien, y despu&#233;s, se acumulan los retrasos. &#161;Sin la menor disciplina! &#161;Y ella siempre me hace esperar adrede! Cree que no me doy cuenta, &#161;pero a m&#237; no me enga&#241;a!

Hab&#237;a levantado la voz para que la se&#241;ora Berthier le oyera.

&#191;Sabe usted que arrastr&#243; a los ni&#241;os a la Com&#233;die-Fran&#1195;aise, por la noche, un d&#237;a de diario? Est&#225; usted al corriente, &#191;verdad?

La se&#241;ora Berthier hab&#237;a llevado a su clase a ver El Cid. Zo&#233; hab&#237;a vuelto encantada. Hab&#237;a cambiado Los miserables por los mon&#243;logos de El Cid y deambulaba, tr&#225;gica, por el pasillo, recitando: &#161;Oh, rabia! &#161;Oh, desesperanza! &#161;Oh, vejez enemiga! &#191;Acaso tanto he vivido que para esta infamia?.

A Jos&#233;phine le hab&#237;a costado no echarse a re&#237;r ante ese don Diego imberbe en pijama rosa.

Se acostaron a las doce. Es un esc&#225;ndalo. Un ni&#241;o necesita dormir. Su equilibrio y el desarrollo de su cerebro dependen de ello.

Hablaba cada vez m&#225;s alto. Se le hab&#237;a unido una madre que alimentaba su c&#243;lera a&#241;adiendo datos.

&#161;Encima nos pidi&#243; ocho euros por ni&#241;o! -se quej&#243;.

&#161;Cuando pienso en la de dinero que aportamos con nuestros impuestos!

Es un teatro subvencionado -gru&#241;&#243; la madre-. Podr&#237;an regalar entradas a los ni&#241;os de los colegios e institutos.

&#161;Completamente de acuerdo!-a&#241;adi&#243; otra que engros&#243; el grupo de los descontentos-. &#161;Hay que ser pobre para que alguien se preocupe por ti en este pa&#237;s!

&#191;No dice usted nada? -solt&#243; Lefloc-Pignel, molesto porque Jos&#233;phine permanec&#237;a callada.

Sus mejillas enrojecieron, se coloc&#243; el pelo para que no le vieran las puntas de las orejas, que se volv&#237;an p&#250;rpura. La se&#241;ora Berthier se levant&#243; y se acerc&#243; para cerrar la puerta con un golpe seco. Los padres se quedaron at&#243;nitos.

&#161;Me la ha cerrado en las narices! -exclam&#243; Lefloc-Pignel.

Miraba fijamente la puerta, l&#237;vido.

&#161;Ya les dije que, ahora, contratan a los profesores en los suburbios! -dijo una madre apretando los labios.

&#161;Cuando las &#233;lites se desmoronan, ya nadie se hace responsable de nada!-gru&#241;&#243; un padre-. &#161;Pobre Francia!

Jos&#233;phine hubiera dado cualquier cosa por estar en otro sitio. Decidi&#243; organizar su fuga.

Creo que, mientras espero, voy a ir a ver, esto, &#161;al profesor de educaci&#243;n f&#237;sica!

Una madre la mir&#243; de arriba abajo y, en sus ojos, Jos&#233;phine percibi&#243; el desprecio de un general ante un soldado que deserta. Se alej&#243;. Ante cada clase hab&#237;a un padre o una madre pataleando, invocando a Jules Ferry. Hab&#237;a uno que amenazaba con hablar con el ministro, al que conoc&#237;a bien. Sinti&#243; un impulso de solidaridad hacia los profesores y decidi&#243; aligerar su tarea salt&#225;ndose sus dos &#250;ltimas citas.

Hizo un resumen a Zo&#233;. Subray&#243; la buena opini&#243;n que los profesores ten&#237;an de ella, le cont&#243; las escenas de mot&#237;n a las que hab&#237;a estado a punto de asistir.

T&#250; no perdiste la calma porque estabas contenta -le hizo notar Zo&#233;-. Quiz&#225;s los otros padres tienen un mont&#243;n de problemas con sus hijos y se enfadan

Lo mezclan todo. No es culpa de los profesores.

Empez&#243; a recoger la mesa. Zo&#233; se levant&#243; para abrazarse a su cintura.

Estoy muy orgullosa de ti, mi amor -murmur&#243; Jos&#233;phine.

Zo&#233; le devolvi&#243; el beso y sigui&#243; pegada a ella.

&#191;Cu&#225;ndo crees que volver&#225; pap&#225;? -suspir&#243; al cabo de un momento.

Jos&#233;phine se sobresalt&#243;. Hab&#237;a olvidado al hombre del metro.

La abraz&#243; m&#225;s fuerte. Volvi&#243; a ver el jersey rojo de cuello vuelto. El corte en la mejilla, el ojo cerrado. Murmur&#243;, no s&#233;, no s&#233;.

Al d&#237;a siguiente, cuando Iphig&#233;nie le trajo el correo, le inform&#243; de que la v&#237;spera hab&#237;an apu&#241;alado a una mujer, en la arboleda de Passy. Al lado de su cuerpo hab&#237;an encontrado un sombrero, un curioso sombrero con fruncidos verde almendra &#161;Exactamente igual que el suyo, se&#241;ora Cort&#232;s!



SEGUNDA PARTE

La receta dec&#237;a: F&#225;cil, precio razonable, tiempo de preparaci&#243;n y cocci&#243;n: tres horas. Era Nochebuena. Jos&#233;phine preparaba un pavo. Un pavo relleno de aut&#233;nticas casta&#241;as, y no uno de esos pur&#233;s congelados ins&#237;pidos que se pegan al paladar. La casta&#241;a fresca es esponjosa, perfumada; si la congelas queda blanduzca y pastosa. Tambi&#233;n estaba preparando pur&#233;s de apio, zanahoria y nabos para acompa&#241;ar el pavo. Unos entrantes, una ensalada, una tabla de quesos que hab&#237;a ido a comprar a Barth&#233;lemy, en la calle Grenelle, y un tronco de Navidad con enanos y setas de merengue.

&#191;Qu&#233; me pasa? Todo me pesa y me aburre. Normalmente me gusta preparar el pavo de Navidad; cada ingrediente me aporta su lote de recuerdos, me remonto a mi infancia; de pie sobre un taburete, mirando oficiar a mi padre con su gran delantal blanco, bordado con letras azules: Soy el chef y hay que obedecerme. Conservo ese delantal, me lo ci&#241;o a la cintura, paso los dedos sobre las letras en relieve y releo mi pasado en braille.

Su mirada cay&#243; sobre el pavo p&#225;lido y fl&#225;cido que reposaba sobre el papel de estraza del carnicero. Desplumado, las alas desplegadas, el vientre hinchado, la carne sonrosada y salpicada de puntos negros, mostraba cruelmente su miseria de pavo atado de pies y manos. A su lado reposaba un largo cuchillo de brillante filo.

La se&#241;ora Berthier hab&#237;a sido apu&#241;alada. Cuarenta y seis pu&#241;aladas en pleno coraz&#243;n. La hab&#237;an encontrado inerte, con las piernas abiertas y boca arriba. Hab&#237;an citado a Jos&#233;phine en la comisaria. La agente de polic&#237;a hab&#237;a relacionado las dos agresiones. Las mismas circunstancias, el mismo modus operandi. Hab&#237;a tenido que explicar de nuevo c&#243;mo el zapato de Antoine, colocado a la altura de su coraz&#243;n, la hab&#237;a salvado. La capit&#225;n Gallois, que la hab&#237;a recibido la primera vez, la escuchaba con los labios prietos. Jos&#233;phine pod&#237;a leer su pensamiento: La ha salvado un zapato.

Es usted un milagro viviente -hab&#237;a dicho la mujer polic&#237;a mientras sacud&#237;a la cabeza como si no pudiese creerlo-. La se&#241;ora Berthier ha recibido pu&#241;aladas extremadamente violentas. Las heridas tienen una profundidad de unos diez o doce cent&#237;metros. Es un hombre fuerte; y sabe manejar un arma blanca, no es un aficionado.

Al o&#237;r esas cifras macabras, Jos&#233;phine hab&#237;a escondido las manos entre los muslos para reprimir el temblor que la sacud&#237;a.

La suela del zapato deb&#237;a de ser extraordinariamente gruesa -se&#241;al&#243; la capit&#225;n como si intentara convencerse-. La ha golpeado a la altura del coraz&#243;n. Como a usted.

Le hab&#237;a pedido que trajese el paquete de Antoine para poder analizarlo.

&#191;Conoc&#237;a usted a la se&#241;ora Berthier?

Era la tutora de mi hija. Hab&#237;amos vuelto juntas una tarde del colegio. Hab&#237;a ido a visitarla para hablar de Zo&#233;.

&#191;No hablaron de nada que le parezca importante?

Jos&#233;phine sonri&#243;. Iba a contar un detalle c&#243;mico. La capit&#225;n creer&#237;a que lo hac&#237;a adrede o que no se lo tomaba en serio.

S&#237;. Ten&#237;amos el mismo sombrero. Un extra&#241;o sombrero de tres pisos, un poco extravagante, que yo no me atrev&#237;a a llevar y que ella me anim&#243; a ponerme Ten&#237;a miedo de dar la nota.

La mujer se hab&#237;a inclinado y le hab&#237;a mostrado una foto.

&#191;&#201;ste?

S&#237;. Lo llevaba la noche que me agredieron -hab&#237;a murmurado Jos&#233;phine mirando la foto del tocado-. Lo perd&#237; en el parque No tuve el valor de volver a buscarlo.

&#191;No hab&#237;a nada m&#225;s que la intrigara?

Jos&#233;phine hab&#237;a dudado, otro detalle c&#243;mico Despu&#233;s hab&#237;a a&#241;adido:

No le gustaba la Peque&#241;a serenata nocturna de Mozart, le parec&#237;a que era una cantinela sopor&#237;fera. Hay poca gente que se atreva a decir eso. Es cierto que es una melod&#237;a bastante repetitiva.

La oficial de polic&#237;a la hab&#237;a mirado con un aire entre irritado y desde&#241;oso.

Bien -hab&#237;a concluido-. Permanezca localizable, la llamaremos si es necesario.

Tirar de los hilos, esbozar hip&#243;tesis, trazar fronteras entre lo posible y lo imposible, el trabajo de b&#250;squeda se hab&#237;a puesto en marcha. Jos&#233;phine ya no pod&#237;a ayudarles. Era un trabajo para los hombres y mujeres de la brigada criminal. Un detalle: un sombrero verde de tres pisos, denominador com&#250;n de las dos agresiones. El asesino no hab&#237;a dejado ning&#250;n rastro, ninguna huella.

Tirar de los hilos, establecer un l&#237;mite a no sobrepasar, no pensar m&#225;s en la se&#241;ora Berthier, en el asesino. &#191;Es posible que viva en el barrio? &#191;Quer&#237;a quiz&#225;s apu&#241;alarme a m&#237; y se encarniz&#243; contra la se&#241;ora Berthier? Hab&#237;a fracasado, quiso volver a intentarlo y se equivoc&#243; de blanco. Vio el sombrero, crey&#243; que era yo, la misma talla, el mismo aspecto &#161;Para!, grit&#243; Jos&#233;phine. &#161;Para! Vas a fastidiar la velada. Shirley, Gary y Hortense hab&#237;an llegado la v&#237;spera de Londres y esta noche Philippe y Alexandre se les unir&#237;an para cenar.

Crearme una burbuja. Como hac&#237;a cuando daba conferencias. El trabajo me calma. Fija mi mente, le impide vagabundear en pensamientos morbosos. La cocina tambi&#233;n la llevaba a pensar en sus amadas investigaciones. No existe nada nuevo, reflexionaba Jos&#233;phine hundiendo los dedos en las casta&#241;as. Los fast-food ya exist&#237;an en la Edad Media. No todo el mundo pose&#237;a su propia cocina, las viviendas en las ciudades eran demasiado peque&#241;as. Los solteros y los viudos com&#237;an fuera. Exist&#237;an comerciantes de comidas preparadas, profesionales de la alimentaci&#243;n o chair cuitiers, que instalaban puestos al aire libre y vend&#237;an salchichas, pat&#233;s o tortas para llevar. El ancestro de los perritos calientes o de las hamburgueser&#237;as. La cocina representaba un sector muy importante de la vida cotidiana. Los mercados estaban bien provistos: aceite de oliva de Mallorca, cangrejos y carpas del Marne, pan de Corbeil, mantequilla de Normand&#237;a, tocino del Ventoux, todo llegaba a los mercados de Par&#237;s. En las casas importantes exist&#237;a un ma&#238;tre queux, quien, desde lo alto de su trona, agitaba un cazo para indicar el trabajo de cada uno. Vigilaba a los happe-lopins o galopines, los pinches de cocina que arrancaban trozos de comida para com&#233;rselos a escondidas. Los cocineros se llamaban Pera blanda, Trag&#243;n, Limpiapotes, Cortavientos. Las recetas se escrib&#237;an en unidades de medida religiosas. Se hac&#237;a cocer desde v&#237;speras hasta el anochecer, hervir los raviolis de carne el tiempo de dos patern&#243;ster y las nueces durante tres avemar&#237;as. En las cocinas, los marmitones recitaban oraciones, vigilaban la cocci&#243;n, probaban, oraban de nuevo cogiendo el rosario. La alta nobleza decoraba los platos con hojas de oro. Las comidas se convert&#237;an en una aut&#233;ntica ceremonia. Los cocineros se esforzaban en preparar platos llenos de color, el conejo encebollado rosa, la tarta blanca, la salsa camelina para acompa&#241;ar el pescado frito. El color despertaba el apetito, los alimentos blancos estaban reservados a los enfermos a los que no conven&#237;a excitar. Cada plato cambiaba de color seg&#250;n la estaci&#243;n: el potaje de tripas era marr&#243;n en oto&#241;o, amarillo en verano. El colmo del refinamiento era la salsa italiana azul celeste. Y, para complacer a los invitados, el cocinero pintaba sus escudos sobre los platos con gelatina, colocando granos de granada o flores de violeta. Inventaba manjares disfrazados, dignos de aparecer en una pel&#237;cula de horror. Fabricaba animales fant&#225;sticos o escenas humor&#237;sticas uniendo mitades de animales diferentes. El gallo con yelmo representaba a un caballero montado sobre un lech&#243;n. Tambi&#233;n estaban los entremeses sorpresa: se colocaban p&#225;jaros dentro de una torta de pan, se levantaba la tapa en el momento de servir y los p&#225;jaros sal&#237;an volando, ante la sorpresa de los asistentes. Deber&#237;a intentarlo un d&#237;a, se dijo Jo, volviendo a sonre&#237;r.

Sus tribulaciones se alejaban cuando volv&#237;a al siglo XII. A los tiempos de Hildegarda de Bingen. Era dif&#237;cil evitarla, Hildegarda se interesaba por todo: por las plantas, los alimentos, la m&#250;sica, la medicina, los estados del alma que afectaban al cuerpo, que lo debilitan o fortalecen, ya sea riendo o refunfu&#241;ando. Si el hombre que act&#250;a sigue el deseo del alma, sus obras son buenas, malas si act&#250;a seg&#250;n la carne.

Carne de salchicha. Mezclar las casta&#241;as con la carne de salchicha, el h&#237;gado y el coraz&#243;n picados, hojas de tomillo, sal y pimienta. Volver a mi HDI. No tengo ninguna idea para escribir una nueva novela. Ni ideas ni ganas. Debo tener confianza: un d&#237;a se impondr&#225; el principio de una historia, me coger&#225; de la mano y me har&#225; escribir.

Tengo tiempo, se dijo, empezando a quitar la dura piel de las casta&#241;as, atenta a no cortarse los dedos. &#191;Por qu&#233; se dice pavo con marrons cuando se rellena de casta&#241;as? [[3]: #_ftnref3 En franc&#233;s, ch&#226;taigne y marr&#243;n son dos tipos distintos de casta&#241;a comestible (N. del T.).] El detalle es importante. El detalle inculca, encarna, desprende un olor, un color, una atm&#243;sfera. A&#241;adiendo detalles, se reconstruye una historia, o la Historia. Se han descubierto facetas completas de la vida cotidiana en la Edad Media rebuscando en las humildes casas de los campesinos. Se ha aprendido m&#225;s que analizando los castillos. Pens&#243; en esos viejos cacharros de barro en cuyo fondo se han encontrado restos de caramelo. En el monasterio de Cluny hab&#237;an instalado sistemas de acometida de agua, letrinas, habitaciones para lavarse semejantes a nuestros cuartos de ba&#241;o.

El se&#241;or y la se&#241;ora Van den Brock hab&#237;an venido a visitarla tras haberse enterado de la muerte de la se&#241;ora Berthier. Hab&#237;an llamado a su puerta, solemnes como candelabros. Ella, fantasiosa, redonda, espont&#225;nea; &#233;l, serio y delgado. Los ojos de ella daban vueltas en todos los sentidos intentando fijarse en un punto con obstinaci&#243;n; &#233;l frunc&#237;a el ce&#241;o y agitaba sus largos dedos de monje boticario como tijeras gigantescas. La pareja se parec&#237;a a la uni&#243;n entre Dr&#225;cula y Blancanieves. Era una pareja incorp&#243;rea. Jos&#233;phine se pregunt&#243; c&#243;mo hab&#237;an conseguido tener hijos. Un descuido moment&#225;neo y &#233;l se hab&#237;a posado sobre ella, encogiendo sus largos dedos afilados para no ara&#241;arla. Dos lib&#233;lulas torpes acopl&#225;ndose en el aire. Debemos proteger a nuestros hijos, afirmaba ella, si ataca a las mujeres, puede tambi&#233;n atacar a los m&#225;s peque&#241;os. S&#237;, pero &#191;qu&#233; hacer? &#191;Qu&#233; hacer? Agitaba su cabeza redonda y su mo&#241;o ralo atravesado por dos alfileres finos. Hab&#237;an propuesto que los padres de familia hicieran una ronda en cuanto cayera la noche. Jos&#233;phine hab&#237;a sonre&#237;do, ese art&#237;culo no lo ten&#237;a disponible; y, como parec&#237;an no haber comprendido, hab&#237;a a&#241;adido: quiero decir padre de familia, no tengo marido. Hab&#237;an invertido una peque&#241;a pausa en digerir su agudeza y hab&#237;an continuado: de la polic&#237;a no se puede esperar nada, para ellos no ser&#225; prioritario, la periferia est&#225; ardiendo, as&#237; que los barrios buenos El final de la frase estaba te&#241;ido de cierta acrimonia, que romp&#237;a el tono hasta entonces responsable y grave.

Jos&#233;phine se hab&#237;a excusado por no poder participar en el esfuerzo de guerra, pero hab&#237;a a&#241;adido que se negaba a dejarse llevar por el miedo. A partir de ahora ser&#237;a m&#225;s prudente, ir&#237;a a buscar a Zo&#233; a la salida de clase, por la tarde, pero no sucumbir&#237;a al p&#225;nico. Hab&#237;a propuesto la idea de organizar turnos para recoger a los ni&#241;os del colegio: todos, los Van den Brock, Lefloc-Pignel y Zo&#233;, iban a la misma escuela. Hab&#237;an decidido volver a hablar de todo despu&#233;s de las fiestas.

Voy a decirle a Herv&#233; Lefloc-Pignel que pase a verla, est&#225; muy inquieto -asegur&#243; el se&#241;or Van den Brock con voz masculina-. Su mujer ya no se atreve a salir. Ni siquiera abre la puerta a la portera.

Diga, &#191;no le parece a usted extra&#241;o una portera que cambia de color de pelo cada tres semanas? &#191;No tendr&#237;a alg&#250;n amiguito que? -se hab&#237;a inquietado la se&#241;ora Van den Brock.

&#191;Que acabara de salir de la c&#225;rcel y escondiese un gran cuchillo en la espalda? -hab&#237;a preguntado Jos&#233;phine-. No, &#161;no creo que est&#233; involucrada en esto!

He o&#237;do decir que su pareja hab&#237;a tenido problemas con la justicia

Se hab&#237;an marchado prometiendo enviarle a Herv&#233; Lefloc-Pignel en cuanto le vieran.

Voy a terminar reconfortando a todo el edificio, hab&#237;a suspirado Jo cuando cerraba la puerta esa tarde. Resulta ir&#243;nico, &#161;me atacan a m&#237; y soy yo quien les tranquiliza! He hecho bien en no hablar de eso con nadie, me hubiese convertido en una curiosidad, vendr&#237;an a lanzarme cacahuetes al felpudo.

En el primer piso de su edificio viv&#237;an un hijo y su madre, los Pinarelli. &#201;l deb&#237;a de tener unos cincuenta a&#241;os, ella ochenta. &#201;l era alto, delgado, el pelo te&#241;ido de negro. Se parec&#237;a, en m&#225;s mayor, a Anthony Perkins en Psicosis. Sonre&#237;a de forma extra&#241;a cuando se cruzaba con alguien, una sonrisa con un lado de la boca torcido, como si desconfiara del otro y le pidiese que se apartase. No trabajaba, deb&#237;a servir de dama de compa&#241;&#237;a a su madre. Sal&#237;an todas las ma&#241;anas a hacer la compra. Avanzaban despacio de la mano. &#201;l arrastraba el carrito como si tirara de la correa de un lebrel, ella sosten&#237;a entre los dedos la lista de la compra. La vieja era una sargento. No reprim&#237;a sus palabras y lanzaba comentarios mordaces, como esos ancianos que se creen dispensados de todo civismo por su avanzada edad. Jos&#233;phine les abr&#237;a el portal. Nunca se lo agradec&#237;an, pasaban sin saludarla, sal&#237;an como dos altezas reales, con la guardia formada presentando armas.

No conoc&#237;a a los otros vecinos, los del portal B al fondo del patio. Eran m&#225;s numerosos que los del portal A, que s&#243;lo contaba con un piso por planta. El portal B ten&#237;a tres. Iphig&#233;nie le hab&#237;a comentado que, como los propietarios del portal A eran m&#225;s ricos, los del B les detestaban y en las reuniones de vecinos se produc&#237;an a menudo violentos ajustes de cuentas. Se peleaban, se lanzaban todo tipo de insultos. Los A ganaban siempre, para mayor consternaci&#243;n de los B, que ve&#237;an c&#243;mo les inflig&#237;an nuevas cargas, nuevas obras, y pagaban entre protestas.

Sus ojos se fijaron en el gran reloj de Ikea: &#161;las seis y media! Hortense, Gary y Shirley estaban a punto de volver. Hab&#237;an salido a hacer las &#250;ltimas compras. Zo&#233; estaba encerrada en su habitaci&#243;n, preparando los regalos. Desde la llegada de los ingleses, la casa se hab&#237;a llenado de ruidos y risas. El tel&#233;fono no dejaba de sonar. Hab&#237;an llegado la v&#237;spera. Jos&#233;phine les hab&#237;a ense&#241;ado el piso, orgullosa del espacio que pon&#237;a a su disposici&#243;n. Hortense hab&#237;a abierto la puerta de su habitaci&#243;n y se hab&#237;a tirado sobre la cama, los brazos en cruz, home sweet home! Jos&#233;phine no hab&#237;a podido impedir sentirse emocionada por su exclamaci&#243;n. Shirley hab&#237;a reclamado un whisky mientras Gary, sentado en el sof&#225;, los cascos en las orejas, Preguntaba: &#191;Qu&#233; vamos a comer esta noche, Jo?, &#191;qu&#233; manjares nos tienes preparados?. Las puertas se abr&#237;an y se cerraban, estallaban voces, sal&#237;a m&#250;sica de cada habitaci&#243;n. Jos&#233;phine comprendi&#243; lo que no le gustaba de ese piso, era demasiado grande para Zo&#233; y para ella. Al llenarse de risas, de gritos, de maletas abiertas, se hac&#237;a c&#225;lido.

La gran cacerola de agua salada esperaba sobre el fuego a que ella echara las casta&#241;as peladas. Estar ocupada en la cocina le daba siempre ideas. Como cuando corr&#237;a alrededor del lago. Las manos se agitan, las piernas se mueven, la cabeza, libre de las preocupaciones con las que solemos llenarla, ofrece miles de ideas.

Cada ma&#241;ana se pon&#237;a un ch&#225;ndal, se calzaba unas deportivas y se iba a correr alrededor del lago del Bois de Boulogne. Antes de llegar al estanque, trotaba observando a los jugadores de petanca, a los ciclistas, a los otros corredores, mientras evitaba los excrementos caninos y saltaba sobre los charcos de agua. Por encima de todo le gustaba pasar por los senderos llenos de agua de lluvia. Lo hac&#237;a cuando estaba sola, cuando nadie pod&#237;a lanzarle una mirada de reproche. Le gustaba el ruido que hac&#237;an sus zapatillas al golpear el agua, las gotas que saltaban. En cuanto llegaba a lo que ella llamaba pomposamente su circuito, aceleraba. Daba una vuelta al lago en veinticinco minutos. Despu&#233;s se deten&#237;a, sin aliento, y hac&#237;a estiramientos para no tener agujetas al d&#237;a siguiente. Sal&#237;a de su casa cada ma&#241;ana, a las diez y veinte, se cruzaba con un hombre que, tambi&#233;n, daba la vuelta al estanque. Caminando. Las manos en los bolsillos, la nariz enfundada en un chaquet&#243;n azul marino, con un gorro de lana hundido hasta las cejas, gafas negras y una bufanda que le tapaba completamente. Parec&#237;a cubierto de vendajes el&#225;sticos. Le hab&#237;a bautizado el hombre invisible. Caminaba aplicadamente, con paso mec&#225;nico. Como si siguiese las prescripciones de un m&#233;dico: una o dos vueltas al lago al d&#237;a, preferentemente por la ma&#241;ana, la espalda recta, respirando profundamente. Pod&#237;an cruzarse dos veces, si &#233;l hab&#237;a acelerado el paso o si ella a&#241;ad&#237;a una vuelta al lago a la que ya hab&#237;a realizado. Debe de hacer por lo menos quince d&#237;as que me lo cruzo, quince d&#237;as que le veo y que me ignora. Ni siquiera hace una se&#241;a con la cabeza que signifique que se ha dado cuenta de mi presencia. Es p&#225;lido, delgado. Debe de salir de una cura de desintoxicaci&#243;n. O de una pena de amor. Ha sufrido un accidente de coche y tiene quemaduras de tercer grado. Es un peligroso delincuente que se ha fugado de la justicia. Se inventaba mil historias. &#191;Por qu&#233; un hombre, solo y obstinado, camina al borde de un lago todos los d&#237;as entre las diez y las once? Hab&#237;a en su caminar una determinaci&#243;n casi feroz, como si, vend&#225;ndose los m&#250;sculos, se agarrase a la vida o ajustase alguna cuenta pendiente.

Una gota de agua salpic&#243; fuera de la cacerola. Ella solt&#243; un grito y redujo el fuego. Verti&#243; la primera tanda de casta&#241;as y continu&#243; pelando las otras.

Dejar hervir treinta minutos y retirar la segunda piel en el horno y a medida que se sacan del agua.

Pap&#225; hac&#237;a una cruz en las casta&#241;as para que fuera m&#225;s f&#225;cil pelarlas. Siempre era &#233;l el que hac&#237;a el pavo de Navidad. Poco antes de morir hab&#237;a copiado su receta en una hoja en blanco. Hab&#237;a firmado al pie de la hoja: El hombre que ama a su hija y la cocina. Hab&#237;a escrito su hija. Y no sus hijas. Era la primera vez que ese detalle le saltaba a la vista. Y sin embargo, cada a&#241;o, el d&#237;a de Nochebuena, sacaba la hoja manuscrita. Yo era su hija preferida. Iris deb&#237;a de intimidarle. Era a m&#237; a quien sentaba sobre sus rodillas para escuchar sus discos. L&#233;o Ferr&#233;, Jacques Brel, Georges Brassens. Iris nos miraba avanzando por el pasillo y se encog&#237;a de hombros.

&#191;Sabr&#225; Philippe cocinar? Busc&#243; un pa&#241;uelo de papel con la mirada y se rasc&#243; la punta de la nariz con el cuchillo pelador. Philippe. Su coraz&#243;n se aceleraba cada vez que pensaba en &#233;l. Forget me not [[4]: #_ftnref4 No me olvides.]Fueron sus &#250;ltimas palabras, sobre el and&#233;n de una estaci&#243;n, en junio. Desde entonces no se hab&#237;an vuelto a ver. Cuando se enter&#243; de que pasar&#237;a la Nochebuena solo con Alexandre, se apresur&#243; a invitarles.

Dibujar los l&#237;mites, trazar la frontera entre lo posible y lo imposible, crear una distancia que se prohibir&#237;a sobrepasar. Ser&#225; m&#225;s sencillo si establezco reglas. Me gustan las reglas, soy una mujer que se inclina ante la ley. Igual que uno se detiene ante un sem&#225;foro en rojo. En la vida hay que fijarse l&#237;mites. Distancias entre uno mismo y los dem&#225;s. Para sobrevivir. Para aprender a conocerse. A conocer el sentimiento confuso que me atrae hacia &#233;l y a dominarlo. Cuando no est&#225; presente, no pienso en &#233;l. Cuando se acerca todo se enturbia. Todo se inflama.

Encender la parte baja del horno. Precalentarlo a termostato 7 durante veinte minutos. Nuestra relaci&#243;n ha evolucionado sin que me diese cuenta. De ser invisible, he pasado a ser amable, diferente, especial, valiosa, codiciada, prohibida. En cuanto a m&#237;, ese hombre que me dejaba fr&#237;a ha pasado a ser accesible, familiar, atento, atractivo, peligroso. Esa admirable graduaci&#243;n de sentimientos nos ha conducido, sin darnos cuenta, al borde de un precipicio. La camelia blanca, en el balc&#243;n, es el &#250;ltimo escal&#243;n. Cuando la riego, pienso en &#233;l. Le lanzo un beso. El no lo sabe, y nunca se lo dir&#233;.

Creer&#237;a que soy una lela.

Debo de ser una lela, eso seguro. Vittorio se lo repite sin cesar a Luca. &#191;Vas a ver hoy a tu lela? &#191;Qu&#233; va a hacer la torpona en Navidad? &#191;Va a ir a besarle los pies al Papa en el Vaticano? &#191;Bendice el pan antes de com&#233;rselo? &#191;Se riega de agua bendita antes de follar? Luca no deber&#237;a repetirme esos comentarios. Me hacen da&#241;o. Dice que Vittorio es cada vez m&#225;s incoherente, que el paso del tiempo acent&#250;a su angustia. Habla de hacerse un lifting, pero no tiene dinero. P&#237;deselo a tu lela, est&#225; forrada por los cuatro costados gracias a su novelucha de quiosco. Las lelas tienen un gran coraz&#243;n. &#191;Y t&#250; llamas a eso una escritora? Luca suspiraba, si la veo menos, no es culpa m&#237;a, &#233;l me necesita.

En tres cacerolas de cobre se coc&#237;an las zanahorias, los nabos y el apio que iba a reducir a pur&#233;. Pronto estar&#237;an cocidas y peladas las casta&#241;as. Hab&#237;a previsto foie gras como entrada. Y lonchas de salm&#243;n salvaje. A Zo&#233; le volv&#237;a loca el salm&#243;n salvaje. Ten&#237;a un gusto muy desarrollado y pod&#237;a decir si el salm&#243;n estaba suculento, bueno o malo, estudiando simplemente la palidez o el brillo de la carne. Arrugaba la nariz ante el mostrador del pescadero. Era la se&#241;al que advert&#237;a: &#201;se no es bueno, mam&#225;. Salm&#243;n de criadero: hacinados como sardinas y trag&#225;ndose los excrementos de los dem&#225;s. Zo&#233; adoraba los sabores, los olores, se encallaba buscando un color preciso, o imitando un sonido determinado, cerraba los ojos y creaba paletas de sabores chascando la lengua. Le gustaba cuando llegaba el invierno, con su cortejo de fr&#237;os que ella clasificaba. Fr&#237;o cortante, fr&#237;o h&#250;medo, fr&#237;o gris y bajo que anuncia la nieve, fr&#237;o sordo que te empuja a refugiarte ante la chimenea. Me gusta el fr&#237;o, mam&#225;, me calienta el coraz&#243;n. Hab&#237;a confeccionado sus regalos con cart&#243;n, trozos de lana, tela, grapas, pegamento, clips, lentejuelas. Fabricaba mu&#241;ecas magn&#237;ficas, cuadros, m&#243;viles. No le gustaba comprar, al contrario que a Hortense. Es una adolescente de anta&#241;o, mi hija. No le gustan los cambios, le gusta que cada a&#241;o se repita el mismo men&#250; de fiesta, que se decore el &#225;rbol con las mismas bolas, las mismas guirnaldas, que se escuchen los mismos villancicos. Es por ella por lo que respeto la etiqueta. A los ni&#241;os no les gusta que se cambien sus costumbres. Por sentimentalismo, por deseo de sentirse c&#243;modos. En el tronco de Navidad, que prueba con la lengua antes de morderlo, Zo&#233; busca el sabor de todos los dem&#225;s troncos, y puede que tambi&#233;n el de los que hab&#237;a probado junto a su padre. &#191;D&#243;nde pasar&#225; esta Nochebuena el hombre que descubr&#237; en el metro &#191;Es posible que se trate de Antoine? Ten&#237;a una cuchillada y el ojo medio cerrado. Si est&#225; vivo y nos busca, debe de rondar el edificio de Courbevoie. La portera ha cambiado. La nueva no nos conoce. Mi nombre no figura en la gu&#237;a.

Zo&#233; hab&#237;a pedido que hubiera un sitio libre en la mesa durante la cena de Nochebuena.

Ya ver&#225;s, mam&#225;, ser&#225; una sorpresa, una sorpresa de Navidad.

&#161;Nos va a traer a un mendigo! -hab&#237;a pronosticado Hortense-. &#161;Si lo hace, yo me largo!

Los ojos de Shirley re&#237;an en silencio.

Si Zo&#233; no lo hace &#161;lo har&#225; tu madre! -hab&#237;a replicado.

Me pone enferma tanto festejo cuando fuera hay muchos

&#161;Para, mam&#225;, para! -hab&#237;a gritado Hortense-. &#161;Me hab&#237;a olvidado de que iba a volver con la Madre Teresa! &#191;Por qu&#233; no montas un orfanato de negritos ya que estamos?

A&#241;adir el queso fresco y las ciruelas al relleno. Mezclar. Rellenar el interior del pavo. Era lo que prefer&#237;a cuando era peque&#241;a. Atiborraba el pavo de espeso y oloroso relleno. El vientre del pavo se inflaba, y preguntaba a pap&#225; &#191;crees que va a estallar? Iris y mam&#225; hac&#237;an una mueca de disgusto, pap&#225; se re&#237;a a carcajadas. Iris no estar&#225; esta noche. Ni Henriette. No tendr&#233; el sabor de las Nochebuenas pasadas, la rama de acebo colgada en la puerta, el collar de perlas de tres vueltas de Henriette sobre su vestido negro, la cinta de terciopelo violeta que Iris llevaba en el pelo y que provocaba siempre la misma exclamaci&#243;n por parte de Henriette: &#161;No deber&#237;a decirlo delante de esta peque&#241;a pero nunca he visto unos ojos tan azules! &#161;Y los dientes! &#161;Y la piel!. Se extasiaba como si descubriese un collar de zafiros sobre papel de seda. &#191;Y yo? Yo me sent&#237;a fea, con la certidumbre de que nadie, nunca, me mirar&#237;a. Esa es la herida que nunca se ha cerrado.

Coser la abertura con hilo grueso. Untar el ave de mantequilla o margarina. Sazonar. Disponer el ave sobre la placa del horno bien caliente. Al cabo de cuarenta y cinco minutos aproximadamente, moderar el calor del horno. Dejar cocer una hora. Salsear a menudo durante la cocci&#243;n.

Tras la muerte de Lucien Plissonnier hab&#237;an pasado Nochebuenas tristes en las que el lugar del jefe de familia hab&#237;a permanecido vac&#237;o, y despu&#233;s hab&#237;a llegado Marcel, con sus chaquetas escocesas y sus corbatas Lurex. En sus platos hab&#237;a montones de regalos. Iris los recib&#237;a con condescendencia, como si se dignara a perdonarle por estar sentado en el lugar de su padre, Jos&#233;phine dudaba si correr a abrazarle ante la expresi&#243;n de reproche de su madre y su hermana. Esta noche, Marcel Grobz iba a festejar su primera Nochebuena con Josiane y su hijo. Ir&#237;a a visitarlos pronto. Tendr&#237;a la impresi&#243;n de traicionar a su madre, de pasarse al enemigo, pero le daba igual.

Llamaron a la puerta. Un toque breve y preciso. Jos&#233;phine mir&#243; el reloj, las siete. Han debido de olvidar las llaves.

Era el se&#241;or Lefloc-Pignel. Ven&#237;a a excusarse por el ruido que podr&#237;an hacer durante la velada: &#233;l y su mujer recib&#237;an a la familia. Llevaba un esmoquin, pajarita, camisa blanca con pliegues y un faj&#237;n de sat&#233;n negro. Llevaba el pelo liso y repeinado como los setos de un jard&#237;n franc&#233;s.

&#161;No se disculpe usted!-sonri&#243; Jos&#233;phine elaborando mentalmente la met&#225;fora y concluyendo que prefer&#237;a el singular encanto de los jardines ingleses-, nosotros seguramente tambi&#233;n haremos ruido.

Se dijo que quiz&#225;s deber&#237;a ofrecerle una copa de champ&#225;n. Dud&#243;, y despu&#233;s, como no parec&#237;a querer marcharse, le invit&#243; a entrar.

No quisiera abusar de su tiempo -se excus&#243; &#233;l, franqueando con descaro el umbral.

Ella se sec&#243; con el trapo y le tendi&#243; una mano algo grasienta.

&#191;Le molestar&#237;a seguirme a la cocina? Debo vigilar la cocci&#243;n del pavo.

El hizo gesto de dejarla pasar y a&#241;adi&#243; con tono alegre:

&#161;As&#237; que voy a penetrar en su santuario! Es un gran honor

Pareci&#243; que iba a decir algo, pero se call&#243;. Ella sac&#243; una botella de champ&#225;n del frigor&#237;fico y se la tendi&#243; para que la abriese. Se desearon feliz Navidad y pr&#243;spero A&#241;o Nuevo. Tiene algo de muy seductor a pesar de esos mechones como setos, pens&#243;. &#191;C&#243;mo es su mujer? No la he visto nunca.

Me gustar&#237;a preguntarle -empez&#243; con voz sorda-, su hija, esto &#191;C&#243;mo ha reaccionado ante lo que le ha pasado a la se&#241;ora Berthier?

Se qued&#243; muy impresionada. Hemos hablado mucho.

Es que Ga&#233;tan, en cambio, no habla de ello.

Se le ve&#237;a preocupado.

&#191;Y sus otros hijos? -se interes&#243; Jos&#233;phine.

Charles-Henri, el mayor, no la conoc&#237;a, est&#225; en el liceo, Domitille no la hab&#237;a tenido como profesora El que me preocupa es Ga&#233;tan. Y como est&#225; en la misma clase que su hija Pens&#233; que pod&#237;an haber hablado.

No me ha dicho nada.

He o&#237;do decir que hab&#237;a sido usted citada por la polic&#237;a.

S&#237;. No hace mucho me atacaron.

&#191; De la misma forma?

&#161;Oh, no! No fue nada comparado con la pobre se&#241;ora Berthier

No fue eso lo que me dijo el comisario. Ped&#237; una cita con &#233;l y me recibi&#243;.

Ya sabe, en las comisar&#237;as se exagera mucho.

No lo creo.

Hab&#237;a pronunciado esas palabras con tono severo, como si quisiera decir: Creo que me est&#225; mintiendo.

De todas formas, no tiene importancia, &#161;no estoy muerta! Estoy aqu&#237;, bebiendo champ&#225;n con usted.

No me gustar&#237;a que atacase a nuestros hijos -prosigui&#243; el se&#241;or Lefloc-Pignel-. Habr&#237;a que pedir protecci&#243;n para el inmueble, un polic&#237;a de guardia.

&#191; D&#237;a y noche?

No s&#233;. Por eso he subido a hablar con usted.

&#191;Y por qu&#233; iban a hacerlo s&#243;lo en nuestro edificio?

Porque ha sido usted agredida. &#191;Para qu&#233; negarlo?

No estoy segura de que haya sido la misma persona. No me gusta que se mezclen las cosas, precipitarse

Pero bueno, se&#241;ora Cort&#232;s

Puede usted llamarme Jos&#233;phine.

Esto, no, prefiero se&#241;ora Cort&#232;s.

Como quiera

Les interrumpi&#243; la llegada de Shirley, seguida de Gary y Hortense, los brazos cargados de paquetes, la nariz y los p&#243;mulos enrojecidos por el fr&#237;o. Daban palmas en sus gruesos guantes, se soplaban las manos, reclamaban bulliciosos una copa de champ&#225;n. Jos&#233;phine hizo las presentaciones. Herv&#233; Lefloc-Pignel se inclin&#243; ante Shirley y Hortense. Encantado de conocerla, dijo a Hortense. Su madre me ha hablado mucho de usted. Primera noticia, pens&#243; Jos&#233;phine, nunca hemos nombrado a Hortense. Hortense le dedic&#243; la mayor de las sonrisas. Jos&#233;phine supo entonces que Herv&#233; Lefloc-Pignel hab&#237;a captado la verdadera naturaleza de su hija: Hortense se sent&#237;a adulada y ve&#237;a en &#233;l todo tipo de cualidades.

Tengo entendido que estudia usted moda.

&#191;C&#243;mo lo sabe?, se pregunt&#243; Jos&#233;phine.

S&#237;. En Londres.

Si alguna vez necesita ayuda, d&#237;gamelo, conozco a mucha gente en ese sector. En Par&#237;s, en Londres, en Nueva York.

Muchas gracias. No lo olvidar&#233;. &#161;Cuente con ello! Precisamente, dentro de poco tengo que realizar unas pr&#225;cticas. &#191;Tiene usted un n&#250;mero donde pueda localizarle?

Jos&#233;phine, pasmada, asist&#237;a a la danza de la ara&#241;a de Hortense, que tej&#237;a su tela en torno a Lefloc-Pignel, balbuceaba, asent&#237;a, anotaba el n&#250;mero de m&#243;vil y agradec&#237;a ya la ayuda que podr&#237;a aportarle. Hablaron algo m&#225;s sobre la vida en Londres, la ense&#241;anza, la ventaja de ser biling&#252;e. Hortense explic&#243; su trabajo, fue a buscar el gran cuaderno donde grapaba las muestras de tejidos que le gustaban, mostr&#243; los esbozos que dibujaba a partir de colores, materiales y siluetas que se cruzaba por la calle. Todo lo que se dibuja ha de poder hacerse despu&#233;s, es la regla n&#250;mero uno de la escuela. Herv&#233; Lefloc-Pignel hac&#237;a preguntas a las que Hortense respond&#237;a tom&#225;ndose su tiempo. Shirley y Jos&#233;phine hab&#237;an sido relegadas al papel de figurantes. Apenas se march&#243;, Hortense exclam&#243;: &#161;Ese es un hombre para ti, mam&#225;!.

&#161;Est&#225; casado y es padre de tres hijos!

&#191;Y? Puedes tir&#225;rtelo sin que su mujer lo sepa, &#191;no? Y sin tener que cont&#225;rselo a tu director espiritual, &#191;verdad?

&#161;Hortense! -gru&#241;&#243; Jos&#233;phine.

&#161;Delicioso este champ&#225;n! &#191;De qu&#233; cosecha es? -pregunt&#243; Shirley, intentando cambiar de tema.

&#161;No lo s&#233;! Debe de ponerlo en la etiqueta.

Jos&#233;phine hab&#237;a respondido distra&#237;damente. Las opiniones de Hortense respecto a su vecino no le gustaban. No debo dejarlas pasar, tiene que comprender que el compromiso amoroso es algo importante, que una no se deja llevar por el primer tipo atractivo que se cruza.

&#191;Y t&#250;, querida -pregunt&#243;-, est&#225;s enamorada en este momento?

Hortense bebi&#243; un trago de champ&#225;n y suspir&#243;:

&#161;Ya estamos! Back home! &#161;Volvemos a las palabras grandilocuentes! &#191;Quieres saber si he conocido a un hombre guapo, rico e inteligente del que me he quedado absolutamente prendada?

Jos&#233;phine asinti&#243; con la cabeza, llena de esperanzas.

No -solt&#243; Hortense, dejando algo de tiempo para el suspense antes de responder-. Sin embargo

Tendi&#243; su vaso para que su madre lo rellenara y a&#241;adi&#243;:

Sin embargo He conocido a un t&#237;o. Guapo &#161;Pero guapo de verdad!

&#161;Ah! -dijo Jos&#233;phine en voz baja.

Shirley segu&#237;a la conversaci&#243;n entre madre e hija y se lamentaba por lo bajo: No sue&#241;es, Jo, &#161;vas directa contra el muro con tu hija!. Gary sonre&#237;a y esperaba la ca&#237;da, que sab&#237;a ineluctablemente terrible, conociendo lo sentimental que era Jos&#233;phine como madre.

&#191;Cu&#225;nto tiempo dur&#243;?

Dos semanas. Los dos, inmersos en una pasi&#243;n ardorosa

&#191;Y despu&#233;s? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

Despu&#233;s &#161;se acab&#243; lo guay! &#161;Nada de nada! Negro total. Un d&#237;a, imag&#237;nate, se levant&#243; los bajos del pantal&#243;n y atisb&#233; un calcet&#237;n blanco. Un calcet&#237;n blanco sobre un tobillo peludo &#161;Para vomitar!

&#161;Por Dios! &#161;Qu&#233; idea tienes t&#250; del amor! -suspir&#243; Jos&#233;phine.

&#161;Pero es que eso no es amor, mam&#225;!

Actualmente -explic&#243; Shirley-, folian primero y se enamoran despu&#233;s.

Hortense bostez&#243;.

&#161;Los hombres enamorados son tan aburridos!

Pues yo no vivir&#233; ninguna pasi&#243;n ardorosa con Herv&#233; Lefloc-Pignel -murmur&#243; Jos&#233;phine, que ten&#237;a la impresi&#243;n de que se re&#237;an de ella.

Yo no pondr&#237;a la mano en el fuego -respondi&#243; Hortense-. Es exactamente tu tipo y te miraba con mucha atenci&#243;n. Le brillaban los ojos. Ten&#237;a una manera de palparte sin tocarte, ha sido &#161;fascinante!

Shirley capt&#243; la incomodidad de Jos&#233;phine. Decidi&#243; dejar de bromear sobre un tema que su amiga, evidentemente, se tomaba muy en serio. &#191;Qu&#233; pasa para que haya perdido todo el sentido del humor de esa forma? Quiz&#225;s se sienta realmente atra&#237;da por ese hombre, que, my God, is really good looking.[[5]: #_ftnref5 Dios, es realmente atractivo.]

No s&#233; c&#243;mo se las arregla mam&#225;, pero siempre est&#225; rodeada de hombres seductores -concluy&#243; Hortense, intentando calmar las cosas con un cumplido.

Gracias, cari&#241;o -dijo Jos&#233;phine, esforz&#225;ndose para sonre&#237;r ante ese armisticio improvisado-. &#191;Y t&#250;, Gary? &#191;Eres un sentimental, o un mero consumidor, como Hortense?

Te voy a decepcionar, Jo, pero, en este momento, voy a la caza de la m&#225;s guarra. Profundizo mis conocimientos como el m&#225;s guarro de todos, pues

Comprendo. Entonces yo debo de ser la &#250;nica y la m&#225;s &#241;o&#241;a, eso no es nuevo.

&#161;No, mujer! &#161;No eres la &#250;nica! -gru&#241;&#243; Hortense-. Tambi&#233;n est&#225; el bello Luca, &#191;no? De hecho, &#191;por qu&#233; no est&#225; aqu&#237; esta noche? &#191;Lo has invitado?

Pasa la Nochebuena con su hermano.

&#161;Hab&#237;a que haberlo invitado tambi&#233;n! He visto su foto en Internet. Agencia Saphir, pasaje Vivienne. &#161;Es muy guapo, ese Vittorio Giambelli! Moreno, venenoso, misterioso. &#161;Me lo comer&#237;a de un bocado!

Un nuevo timbrazo interrumpi&#243; la conversaci&#243;n. Philippe, con una caja de botellas de champ&#225;n entre los brazos, entr&#243; en compa&#241;&#237;a de Alexandre, sombr&#237;o, mudo, la mirada perdida.

&#161;Champ&#225;n para todos! -grit&#243; Philippe.

Hortense salt&#243; de alegr&#237;a. Roederer rosado, &#161;mi champ&#225;n preferido! Philippe hizo una se&#241;a a Jos&#233;phine y la atrajo hacia la entrada con el pretexto de guardar su abrigo y el de Alexandre.

&#161;Hay que proceder ya con los regalos, r&#225;pido! &#161;Acabamos de volver de la cl&#237;nica, y ha sido siniestro!

La mesa est&#225; puesta. El pavo est&#225; casi listo, pasamos a la mesa en veinte minutos. Y despu&#233;s, abrimos los regalos.

&#161;No! Los regalos primero. Eso le har&#225; pensar en otra cosa. Cenaremos despu&#233;s.

De acuerdo -dijo ella, sorprendida por su tono autoritario.

&#191;Zo&#233; no est&#225;?

Est&#225; en su habitaci&#243;n, voy a buscarla

&#191;Y t&#250;, est&#225;s bien?

La hab&#237;a agarrado del brazo, la hab&#237;a atra&#237;do hacia s&#237;.

Sinti&#243; el calor de su cuerpo bajo la lana h&#250;meda de la chaqueta, la punta de sus orejas enrojeci&#243;. Respondi&#243; precipitadamente s&#237;, s&#237;, &#191;te importar&#237;a ocuparte del fuego de la chimenea mientras me pongo un vestido y me peino? Hablaba a toda velocidad para olvidar su confusi&#243;n. &#201;l pos&#243; un dedo sobre sus labios, la contempl&#243; un momento que le pareci&#243; infinito y la solt&#243; con gran pesar



* * *


El fuego crepitaba en la chimenea. Los regalos de Navidad brillaban, amontonados sobre el parqu&#233; punta Hungr&#237;a. Se formaron dos clanes: el de los mayores, que no esperaba m&#225;s que la alegr&#237;a de dar; y la joven generaci&#243;n, que esperaba la realizaci&#243;n de sus sue&#241;os esbozados en el secreto de sus votos nocturnos. A la leve ansiedad de unos respond&#237;a la espera crispada de los otros, que se preguntaban si deber&#237;an disimular su decepci&#243;n, o si podr&#237;an dejar v&#237;a libre a su alegr&#237;a sin tener que forzarla.

A Jos&#233;phine no le gustaba ese ritual de los regalos. Sent&#237;a, cada vez, una desesperanza inexplicable, como si le hubiesen demostrado la imposibilidad de amar bien y en su justa medida, y la certeza de que su forma de expresar el amor siempre la dejar&#237;a insatisfecha. Ella hubiese querido algo espectacular y casi siempre se quedaba en agua de borrajas. Estoy segura de que Gary comprende lo que siento, se dijo Jos&#233;phine cruzando su mirada atenta que dec&#237;a sonriendo: Come on, Jo, sonr&#237;e, es Navidad, est&#225;s gaf&#225;ndonos la velada con tu cara de m&#225;rtir. &#191;Hasta ese punto?, pregunt&#243; Jos&#233;phine, que subray&#243; su extra&#241;eza alzando las cejas. Gary asinti&#243; con la cabeza, afirmativo. De acuerdo, har&#233; un esfuerzo, respondi&#243; ella con un gesto de cabeza.

Se volvi&#243; hacia Shirley, que explicaba a Philippe en qu&#233; consist&#237;a su actividad para combatir la obesidad en las escuelas inglesas.

&#161;Ocho mil setecientos muertos al d&#237;a en el mundo por culpa de los mercaderes de az&#250;car! &#161;Y cuatrocientos mil ni&#241;os obesos m&#225;s cada a&#241;o s&#243;lo en Europa! Despu&#233;s de haber explotado hasta la muerte a los esclavos para cultivar la ca&#241;a de az&#250;car, &#161;ahora se dedican a espolvorear a nuestros hijos con ella!

Philippe la detuvo con la mano.

&#191;No est&#225;s exagerando un poco?

&#161;La ponen por todos lados! Instalan expendedores de bebidas gaseosas y de chocolatinas en los colegios, les pudren los dientes, &#161;los atiborran de grasa! Y todo eso simplemente por inter&#233;s econ&#243;mico, por supuesto. &#191;No te parece escandaloso? Deber&#237;as apoyar esa causa. Despu&#233;s de todo, tienes un hijo a quien le afecta ese problema.

&#191;Lo crees de verdad? -pregunt&#243; Philippe, dirigiendo su mirada hacia Alexandre.

Mi hijo corre m&#225;s peligro de dejarse devorar por la angustia que por el az&#250;car, pens&#243;.

Era la primera Nochebuena de Alexandre sin su madre.

Era su primera Nochebuena de casado sin Iris.

Su primera Nochebuena de solteros.

Dos hombres privados de la imagen de la mujer que hab&#237;a reinado sobre ellos tanto tiempo. Hab&#237;an salido de la cl&#237;nica en silencio. Hab&#237;an recorrido el caminito de grava, las manos en los bolsillos, los dos mirando la huella de sus pies sobre la arena blanca. Dos hu&#233;rfanos en las filas de un pensionado. Hab&#237;a faltado un pelo para que se cogieran de la mano, pero se hab&#237;an contenido. Erguidos y dignos bajo su manto de tristeza.

&#161;Seis muertes por minuto, Philippe! &#191;Y &#233;sa es tu forma de reaccionar? -La mirada de Shirley cay&#243; sobre la silueta desgarbada de Alexandre-.Tienes raz&#243;n: &#161;tenemos margen! &#161;Bueno, voy a calmarme! &#191;No hab&#237;amos dicho que &#237;bamos a abrir los regalos?

Alexandre parec&#237;a ignorar el resplandeciente mont&#243;n de paquetes a sus pies. Su mirada permanec&#237;a suspendida en el vac&#237;o, en otra habitaci&#243;n, l&#250;gubre y desolada, donde habitaba una madre muda, descarnada, los brazos apretados contra el pecho, brazos que no hab&#237;a levantado en el momento de decirles adi&#243;s. Divert&#237;os, hab&#237;a silbado entre sus labios cerrados. Pensad en m&#237; si os dejan tiempo y ocasi&#243;n. Alexandre se hab&#237;a marchado llev&#225;ndose con &#233;l el beso que ella no le hab&#237;a reclamado. Intentaba comprender, mirando c&#243;mo bailaban las llamas, la raz&#243;n de la frialdad de su madre. &#191;Quiz&#225;s no me ha amado nunca? &#191;Quiz&#225;s no es obligatorio querer a un hijo? Ese pensamiento abri&#243; un abismo en su interior que le produjo v&#233;rtigo.

&#161;Jos&#233;phine!-grit&#243; Shirley-, &#191;a qu&#233; esperamos para abrir los regalos?

Jos&#233;phine dio una palmada y declar&#243; que, excepcionalmente, iban a abrir los regalos antes de medianoche. Zo&#233; y Alexandre har&#237;an de Pap&#225; Noel turn&#225;ndose para meter una mano inocente en el gran mont&#243;n de paquetes adornados con lazos. Son&#243; un villancico, que cubri&#243; con un velo sagrado la tristeza maquillada de la velada. Oh, noche santa de estrellas refulgentes, &#233;sta es la noche en que el Salvador naci&#243;. Zo&#233; cerr&#243; los ojos y tendi&#243; la mano al azar.

Para Hortense, de parte de mam&#225; -anunci&#243; extrayendo un sobre alargado. Ley&#243; las palabras escritas encima: Feliz Navidad, mi hija querida a la que tanto amo.

Hortense se precipit&#243; a coger el sobre que abri&#243; con aprensi&#243;n. &#191;Una tarjeta de felicitaci&#243;n? &#191;Una cartita moralista que explicaba que la vida en Londres y sus estudios eran caros, que ya supon&#237;an un gran esfuerzo por parte de una madre y que el regalo de Navidad s&#243;lo pod&#237;a ser simb&#243;lico? El rostro crispado de Hortense se relaj&#243; como hinchado por un soplo de placer: Vale por un d&#237;a de compras las dos, mi ni&#241;a querida. Se ech&#243; al cuello de su madre.

&#161;Oh! &#161;Gracias, mam&#225;! &#191;C&#243;mo lo has adivinado?

Te conozco tan bien, tuvo ganas de decir Jos&#233;phine. S&#233; que la &#250;nica cosa que puede reunimos sin heridas ni malicia es una carrera alocada hacia una avalancha de gastos. No dijo nada y recibi&#243;, emocionada, el beso de su hija.

&#191;Iremos adonde yo quiera? &#191;Todo el d&#237;a? -pregunt&#243; Hortense, asombrada.

Jos&#233;phine asinti&#243; con la cabeza. Hab&#237;a acertado, aunque esa constataci&#243;n la pusiera un poco triste. &#191;C&#243;mo transmitir de otra forma el amor por su hija? &#191;Qui&#233;n la hab&#237;a hecho tan &#225;vida, tan aburrida, para que s&#243;lo la esperanza de un d&#237;a gastando dinero pudiera arrancarle un impulso de ternura? &#191;La existencia que le he impuesto, o los desapacibles tiempos que vivimos? No hay que echar siempre la culpa a la &#233;poca o a los dem&#225;s. Yo tambi&#233;n soy responsable. Mi culpabilidad data de mi primera negligencia, de mi primera impotencia para consolarla, comprenderla, impotencia que he ocultado detr&#225;s de la promesa de un regalo, con ir de compras las dos; yo maravillada ante la elegante ca&#237;da de un vestido sobre su esbelta figura, el exquisito ajuste de un top, c&#243;mo se adaptan los vaqueros a sus largas piernas, ella, feliz de recibir lo que yo deposito a sus pies. Mi admiraci&#243;n ante su belleza, que deseo celebrar para esconder las heridas de la vida. Es m&#225;s f&#225;cil crear ese espejismo que darle consejo, mi presencia, esa ayuda al alma que no s&#233; ofrecerle, enredada en mis torpezas. Pagamos, pues, las dos mi negligencia, mi ni&#241;a preciosa, mi amor, a la que quiero con locura.

La retuvo un instante entre sus brazos y le repiti&#243; al o&#237;do sus &#250;ltimas palabras:

Mi ni&#241;a preciosa, mi amor, a la que quiero con locura.

Yo tambi&#233;n te quiero, mam&#225; -balbuce&#243; Hortense en un suspiro.

Jos&#233;phine no estaba segura de que mintiera. Experiment&#243; una ola de aut&#233;ntica alegr&#237;a que la anim&#243;, le aclar&#243; la mente y el apetito. La vida se volv&#237;a hermosa si Hortense la amaba, y hubiese rellenado veinte mil cheques con tal de recibir una declaraci&#243;n de amor de su hija, susurrada en su o&#237;do.

La distribuci&#243;n de regalos continuaba, animada por los anuncios de Zo&#233; y Alexandre. El papel de envolver revoloteaba por el sal&#243;n antes de morir en el fuego, los lazos cubr&#237;an el suelo, las etiquetas rotas se pegaban al azar en el papel abandonado. Gary echaba troncos a la chimenea, Hortense desgarraba los lazos de los paquetes con los dientes, Zo&#233; abr&#237;a sobres sorpresa temblando. Shirley recibi&#243; un par de botas y las obras completas de Oscar Wilde en ingl&#233;s, Philippe una bufanda larga de cachemira azul y una caja de puros, Jos&#233;phine la colecci&#243;n completa de discos de Glenn Gould y un iPod, oh, pero si no s&#233; c&#243;mo funcionan esos trastos. Yo te ensenar&#233;, prometi&#243; Philippe pas&#225;ndole el brazo alrededor de los hombros. Zo&#233; ya no ten&#237;a sitio en los brazos para llev&#225;rselo todo a su habitaci&#243;n, Alexandre sonre&#237;a, maravillado, ante sus regalos y, recuperando su puntilloso sentido de la observaci&#243;n, pregunt&#243; a la asistencia: &#191;Por qu&#233; los p&#225;jaros carpinteros no tienen nunca dolor de cabeza?.

Todo el mundo se ech&#243; a re&#237;r y Zo&#233;, que no quer&#237;a permanecer muda, exclam&#243;:

&#191;Cre&#233;is que si alguien habla mucho tiempo, mucho tiempo con otra persona, al final se olvida de que tienes una narizota?

&#191;Por qu&#233; preguntas eso? -quiso saber Jos&#233;phine.

Porque le di tanto la lata a Paul Merson ayer por la tarde en el trastero que &#161;me ha invitado a ir a escuchar a su grupo este domingo en Colombes!

Hizo una pirueta y se inclin&#243; haciendo una profunda reverencia para recoger los aplausos.

La melancol&#237;a de la tarde se hab&#237;a desvanecido por completo. Philippe descorch&#243; una botella de champ&#225;n y pregunt&#243; d&#243;nde estaba el pavo.

&#161;Ay, Dios! &#161;El pavo! -se sobresalt&#243; Jos&#233;phine apartando su mirada de las enrojecidas mejillas regordetas de su hija la bailarina.

&#161;Zo&#233; parec&#237;a tan feliz! Jos&#233;phine sab&#237;a hasta qu&#233; punto quer&#237;a gustar a Paul Merson. Hab&#237;a descubierto una foto suya en la agenda de Zo&#233;. Era la primera vez que Zo&#233; escond&#237;a la foto de un chico. Corri&#243; a la cocina, abri&#243; el horno y comprob&#243; el grado de cocci&#243;n del ave. Concluy&#243; que estaba todav&#237;a muy rosado. Decidi&#243; subir el termostato.

Estaba delante del horno, el gran delantal blanco ce&#241;ido, los ojos fruncidos por el esfuerzo de salsear el pavo sin derramar una gota sobre la placa caliente, cuando sinti&#243; una presencia tras ella. Se volvi&#243;, cuchara en mano, y se encontr&#243; en brazos de Philippe.

Qu&#233; alegr&#237;a verte, Jo. Hace tanto tiempo

Ella levant&#243; la cabeza hacia &#233;l y enrojeci&#243;. &#201;l la abraz&#243;.

La &#250;ltima vez -record&#243;-, t&#250; acompa&#241;abas a Zo&#233; y yo me la llevaba con Alexandre hasta &#201;vian

Los hab&#237;as inscrito en un curso de equitaci&#243;n

Nos encontramos, los dos, en el and&#233;n

Era un d&#237;a de junio, soplaba una ligera brisa bajo la gran marquesina de la estaci&#243;n.

Eran los primeros viajes de vacaciones. Yo pensaba: otro a&#241;o escolar que se acabaY me dec&#237;a &#191;y si pidiese a Jos&#233;phine que se viniese con nosotros?

Los ni&#241;os se fueron a comprar bebidas

Llevabas una chaqueta de ante, una camiseta blanca, un fular de cuadros, pendientes dorados y ojos almendrados.

T&#250; me dijiste: Qu&#233; tal, y yo contest&#233;: &#161;Bien!.

Y tuve muchas ganas de besarte.

Ella levant&#243; la cabeza y le mir&#243; a los ojos.

Pero no nos -empez&#243; &#233;l.

No.

Nos dijimos que no pod&#237;amos.

Que estaba prohibido.

Ella afirm&#243; con la cabeza.

Y ten&#237;amos raz&#243;n.

S&#237;-susurr&#243; ella intentando separarse.

Est&#225; prohibido.

Completamente prohibido.

La volvi&#243; a atraer hacia s&#237; y, acarici&#225;ndole el pelo, murmur&#243;:

Gracias, Jo, por esta fiesta en familia.

Le roz&#243; la boca con los labios. Ella vacil&#243;, volvi&#243; la cabeza.

Philippe, &#191;sabes?, creo que no deber&#237;amos

&#201;l se irgui&#243;, la mir&#243; como si no comprendiera lo que le dec&#237;a, arrug&#243; la nariz y exclam&#243;:

&#191;Hueles lo que yo huelo, Jos&#233;phine? &#191;No se estar&#225; saliendo el relleno y quem&#225;ndose en la bandeja? &#161;Ser&#237;a un fastidio comer entra&#241;as resecas y vac&#237;as!

Jos&#233;phine se volvi&#243; y abri&#243; el horno. Ten&#237;a raz&#243;n: el pavo se estaba vaciando lentamente. Se estaba formando una avalancha marr&#243;n que se caramelizaba en los bordes. Se preguntaba c&#243;mo detener la hemorragia, cuando la mano de Philippe se pos&#243; sobre la suya y los dos, manejando la cuchara con precauci&#243;n, devolvieron a su lugar el exceso de relleno que brotaba del vientre del pavo.

&#191;Est&#225; bueno? &#191;Lo has probado? -pregunt&#243; Philippe en el cuello de Jos&#233;phine

Ella neg&#243; con la cabeza.

Y las ciruelas, &#191;las has puesto en remojo?

S&#237;.

&#191;En agua con un poco de armagnac?

S&#237;.

Est&#225; bien.

Susurraba junto a su cuello, ella sent&#237;a sus palabras imprimirse en su piel. Con la mano todav&#237;a posada sobre la suya, la guiaba hacia el oloroso relleno. Retir&#243; un poco de carne de salchicha, casta&#241;a, ciruela, queso fresco y, despacio, despacio, subi&#243; la cuchara llena y humeante hasta los labios de ambos, que se juntaron. Probaron cerrando los ojos el delicado relleno de ciruelas reblandecidas que se fund&#237;a en sus bocas. Dejaron escapar un suspiro y sus labios se mezclaron en un tierno, largo y sabroso beso.

Quiz&#225;s le falte sal -coment&#243; Philippe.

Philippe -suplic&#243; Jos&#233;phine, rechaz&#225;ndole-. No deber&#237;amos

El la estrech&#243; contra su cuerpo y sonri&#243;. Un poco de salsa grasienta brotaba de la comisura de sus labios, ella sinti&#243; ganas de probarla.

&#161;Me haces re&#237;r!

&#191;Por qu&#233;?

&#161;Eres la mujer m&#225;s divertida que he conocido nunca!

&#191;Yo?

S&#237;, tan incre&#237;blemente seria que te dan ganas de re&#237;r y de hacer re&#237;r

Y siempre esas palabras que se depositaban en sus labios como una bruma.

&#161;Philippe!

De hecho, est&#225; muy bueno este relleno, Jos&#233;phine

Y fue a buscar m&#225;s con la cuchara, llev&#243; el contenido a los labios de Jos&#233;phine, y se inclin&#243; como diciendo: &#191;Puedo probar?. Sus labios se mezclaron con los de ella, los rozaron, sus labios suaves, llenos, perfumados a la salsa de ciruelas con un toque de armagnac, y ella comprendi&#243;, presa de un fulminante sentimiento de felicidad, que ya no decid&#237;a nada, que hab&#237;a traspasado los l&#237;mites que ella misma se hab&#237;a prometido no rebasar nunca. Llega un momento, se dijo, en que debemos comprender que los l&#237;mites no mantienen a los dem&#225;s a distancia, que no nos protegen de los problemas, de las tentaciones, que s&#243;lo provocan que te encierres en ti mismo, apart&#225;ndote de la vida. Entonces, o decides marchitarte y permanecer dentro de los l&#237;mites, o abandonarte a mil placeres franqueando esos propios l&#237;mites.

Te oigo pensar, Jo. &#161;Deja de hacer examen de conciencia!

Pero

Para, si no voy a tener la impresi&#243;n de estar besando a una monja.

Pero existen ciertos l&#237;mites que son demasiado peligrosos de atravesar, ciertos l&#237;mites que no hay que franquear y eso es precisamente lo que estoy haciendo y, ay, Dios m&#237;o, Dios m&#237;o, &#161;qu&#233; bien se est&#225; con los brazos de ese hombre rode&#225;ndome!

&#161;Jos&#233;phine! &#161;B&#233;same!

El la estrech&#243; con fuerza, silenci&#225;ndole la boca como si quisiera morderla. Su beso se hizo brutal, imperioso, la empuj&#243; contra la barra ardiente del horno, ella hizo un movimiento para soltarse, &#233;l la sostuvo con fuerza, forz&#243; su boca, la recorri&#243; como si buscara todav&#237;a un poco de relleno, un poco de ese relleno que ella hab&#237;a amasado con sus manos, como si lamiera las yemas de sus dedos amasando la pasta, el sabor de las ciruelas llenaba sus bocas, &#233;l salivaba, Philippe, gem&#237;a ella, &#161;oh, Philippe! Se ech&#243; contra &#233;l, hundi&#243; su boca en su boca. Cu&#225;nto tiempo, Jo, cu&#225;nto tiempo y se apoyaba en el delantal blanco, lo frotaba, lo retorc&#237;a, la empujaba contra la puerta acristalada del horno, entraba en su boca, entraba en su cuello, apartaba la blusa blanca, acariciaba su c&#225;lida piel, bajaba sus dedos sobre sus senos, pasaba su boca por el m&#225;s m&#237;nimo resquicio de piel que la blusa dejaba a la vista, por el delantal, pon&#237;a fin a d&#237;as y d&#237;as de espera atormentada.

Una carcajada procedente del sal&#243;n les sobresalt&#243;.

&#161;Espera! -susurr&#243; Jos&#233;phine solt&#225;ndose-. Philippe, ellos no deben

&#161;No me importa, si supieses lo poco que me importa!

No debemos volver a caer

&#191;Volver a caer? -grit&#243; &#233;l.

Quiero decir

&#161;Jos&#233;phine! Vuelve a abrazarme, no he dicho que hayamos terminado

Era otra voz, otro hombre. A &#233;se no le conoc&#237;a. Se abandon&#243;, dej&#225;ndose llevar por una despreocupaci&#243;n nueva. Ten&#237;a raz&#243;n. Le daba igual. S&#243;lo ten&#237;a ganas de continuar. &#191;As&#237; que eso era un beso? Era como en los libros, cuando la tierra se parte en dos, las monta&#241;as se derrumban, cuando se desea morir con la flor en los labios, esa fuerza que la elevar&#237;a del suelo haci&#233;ndole olvidar a su hermana, a sus dos hijas en el sal&#243;n, al vagabundo de la cicatriz en el metro, la mirada triste de Luca, para echarla en brazos de un hombre. &#161;Y qu&#233; hombre! &#161;El marido de Iris! Se ech&#243; hacia atr&#225;s, &#233;l la volvi&#243; a atraer, la estrech&#243; contra &#233;l, la abraz&#243;, desde la punta de los pies hasta la altura del cuello como si se agarrara a un punto de apoyo firme y definitivo, un apoyo para la eternidad, y susurr&#243;: Y ahora, &#161;o dejamos de hablar o nos callamos!.

En el umbral de la cocina, con los brazos cargados de paquetes que hab&#237;a decidido guardar en su habitaci&#243;n, Zo&#233; les observaba. Permaneci&#243; all&#237;, contemplando a su madre en brazos de su t&#237;o, y despu&#233;s baj&#243; la cabeza y se march&#243; sigilosamente hacia su habitaci&#243;n.



* * *


&#191;Y ahora a qu&#233; esperamos?-pregunt&#243; Shirley-. &#161;Esto es una fiesta de magos, y cada uno desaparece cuando le toca el turno!

Philippe y Jos&#233;phine hab&#237;an vuelto de la cocina explicando que hab&#237;an evitado que el pavo quedara reseco. Su excitaci&#243;n contrastaba con la reserva del principio de la velada y Shirley les lanz&#243; una mirada intrigada.

&#161;Esperamos a Zo&#233; y a su misterioso visitante! -suspir&#243; Hortense-. Todav&#237;a no sabemos qui&#233;n es.

Verific&#243; su imagen en el espejo sobre la c&#243;moda, retir&#243; una mecha de pelo para colocarla detr&#225;s de la oreja, hizo un moh&#237;n, la volvi&#243; a colocar delante. Hab&#237;a hecho bien en no cort&#225;rselo. Su cabello denso, brillante, emit&#237;a reflejos cobrizos que subrayaban el verde de sus ojos. &#161;Otra idea de esa inmadura de Agathe que segu&#237;a al pie de la letra los consejillos de las revistas! &#191;D&#243;nde pasar&#237;a las Navidades, esa mentecata? &#191;En Val-d'Is&#233;re con sus padres o en Londres, en una discoteca junto a sus amigos de aspecto carcelario? Voy a prohibirles que pongan los pies en el piso. Ya no soporto sus miradas s&#243;rdidas. Se quedan mirando hasta a Gary.

&#191;Ser&#225; quiz&#225;s alguien del edificio?-aventur&#243; Shirley-. Se ha dado cuenta de que hab&#237;a una mujer o un hombre solo, esta noche, y le ha invitado.

No veo qui&#233;n puede ser -reflexion&#243; Jos&#233;phine-. Los Van den Brock est&#225;n en familia, los Lefloc-Pignel tambi&#233;n, los Merson

&#191;Lefloc-Pignel?-repiti&#243; Philippe-. Conozco a un Lefloc-Pignel, un banquero. Herv&#233;, creo que se llama.

Un hombre muy guapo -subray&#243; Hortense-, se come a mam&#225; con la mirada.

&#191;Ah, s&#237;? -inquiri&#243; Philippe, mirando fijamente a Jos&#233;phine, que enrojeci&#243; bruscamente-. &#191;Te ha hecho alguna insinuaci&#243;n?

&#161;No! &#161;Hortense no dice m&#225;s que tonter&#237;as!

&#161;Pues ese hombre demostrar&#237;a tener muy buen gusto! -asegur&#243; Philippe sonriendo-. Pero si es el que yo conozco, no es de los que se andan con jueguecitos.

Me trata de usted, se niega a llamarme por mi nombre de pila, &#161;me llama se&#241;ora Cort&#232;s! &#161;Estamos muy lejos de la intimidad y los juegos de seducci&#243;n!

Debe de ser el mismo -dijo Philippe-. Banquero, atractivo, austero, casado con una joven de excelente familia cuyo padre posee una banca de negocios donde ha colocado a su yerno como director

A ella no la he visto nunca -explic&#243; Jos&#233;phine.

Es rubia, siempre en segundo plano, discreta, apenas habla, se apaga delante de &#233;l. Tienen tres hijos, creo. Si recuerdo bien, perdieron uno, el primero, que muri&#243; atropellado. Ten&#237;a nueve meses. Su madre lo hab&#237;a dejado en su silla de beb&#233;, en el suelo de un aparcamiento, mientras buscaba las llaves y lo aplast&#243; otro coche.

&#161;Dios m&#237;o!-grit&#243; Jos&#233;phine-. No me extra&#241;a que est&#233; completamente destrozada. &#161;Pobre mujer!

Fue terrible. De la gente que trabajaba con &#233;l, nadie osaba hablar de ello, les fulminaba con la mirada en cuanto intentaban darle el p&#233;same.

Podr&#237;ais haberos cruzado, vino a verme antes de que t&#250; llegaras.

Hice negocios con &#233;l en otro tiempo. Un hombre susceptible, nada f&#225;cil, y al mismo tiempo con mucho encanto, don de gentes, cultura. Entre nosotros le llam&#225;bamos Doble Cara.

&#191;C&#243;mo el celo? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, divertida.

Es todo un cerebro, &#191;sabes? Escuela Nacional de Administraci&#243;n, Polit&#233;cnico, Escuela de Minas. Creo que tiene todos los diplomas. Dio clases en Harvard durante cuatro a&#241;os. Recibi&#243; propuestas para entrar en el MIT. Cuando hablaba se inclinaban con respeto

&#161;Pues bien! &#161;Es nuestro vecino y le ha echado el ojo a mam&#225;! Un nuevo culebr&#243;n a seguir -proclam&#243; Hortense.

Pero &#191;qu&#233; est&#225; haciendo Zo&#233;? Tengo hambre -se quej&#243; Gary-. &#161;Qu&#233; bien huele, Jo!

Ha ido a guardar sus regalos a su habitaci&#243;n -dijo Shirley.

Voy a preparar el salm&#243;n y el foie gras, eso la har&#225; venir -decidi&#243; Jos&#233;phine-. Pod&#233;is instalaros en la mesa, he puesto vuestros nombres en una tarjetita en cada sitio.

&#161;Yo voy contigo, me toca a m&#237; desaparecer! -dijo Shirley.

Se encontraron en la cocina. Shirley cerr&#243; la puerta y, apuntando a Jos&#233;phine con el dedo, orden&#243;:

&#161;Y ahora, vas a cont&#225;rmelo todo! &#161;Porque eso del pavo es una excusa penosa!

Jos&#233;phine enrojeci&#243; y cogi&#243; un plato para colocar el foie gras fresco.

&#161;Me ha besado!

&#161;Ah, por fin! &#161;Ya me estaba preguntando a qu&#233; esperaba!

&#161;Pero es mi cu&#241;ado! &#191;Lo has olvidado?

&#191;Y ha estado bien? En todo caso, os hab&#233;is tomado tiempo. Nos pregunt&#225;bamos qu&#233; estabais haciendo.

&#161;Ha estado bien, Shirley, muy bien! &#161;C&#243;mo podr&#237;a imaginarlo! &#161;As&#237; que eso es un beso! He sentido escalofr&#237;os. &#161;De la cabeza a los pies! &#161;Y con la barra del horno quem&#225;ndome la espalda!

Ya era hora, &#191;no?

&#161;T&#250; r&#237;ete!

&#161;Nada de eso! Siento el m&#225;ximo respeto por un beso t&#243;rrido, uno aut&#233;ntico.

Jos&#233;phine sac&#243; el foie gras del molde con la punta de un cuchillo sumergido en agua hirviendo, lo dispuso sobre un plato, lo rode&#243; de gelatina, de hojas de lechuga y a&#241;adi&#243;:

Y ahora &#191;qu&#233; hago?

S&#237;rvelo con tostadas

&#161;No, idiota! &#161;Con Philippe!

&#161;Te has metido en un buen marr&#243;n! Deep, deep shit! Welcome al club de los amores imposibles.

Preferir&#237;a pertenecer a otro club. Shirley, en serio, &#191;qu&#233; voy a hacer?

Poner el salm&#243;n en una bandeja, calentar las tostadas, abrir una buena botella de vino, colocar la mantequilla en una bonita mantequera, cortar rodajas de lim&#243;n para el salm&#243;n &#161;Tus problemas no han hecho m&#225;s que empezar!

Muchas gracias, &#161;eres de gran ayuda! Tengo la cabeza a punto de estallar, mis dos hemisferios est&#225;n luchando entre s&#237;, el de la derecha me dice bravo, te has dejado llevar, has conocido la voluptuosidad, el de la izquierda me grita &#161;atenci&#243;n, peligro!, &#161;comp&#243;rtate!

Eso me lo s&#233; de memoria.

Las mejillas de Jos&#233;phine se sonrojaron.

Me gusta cuando me besa, tengo ganas de que lo vuelva a hacer. &#161;Ay, Shirley! &#161;Me gusta tanto! No tengo ganas de que pare.

&#161;Ay! El peligro se concreta.

&#191;Crees que voy a sufrir?

La voluptuosidad intensa viene a menudo acompa&#241;ada de un gran sufrimiento.

Y t&#250; eres una especialista

Y yo soy una especialista.

Jos&#233;phine reflexion&#243; un buen rato, baj&#243; la vista hacia la barra del horno, la acarici&#243; con los ojos, suspir&#243;.

Soy tan feliz, Shirley, &#161;tan feliz! Aunque esta enorme felicidad no pueda durar m&#225;s de diez minutos y medio. Hay gente, estoy segura, que no tiene ni diez minutos y medio de felicidad en la vida.

&#161;Vaya pandilla de afortunados! &#161;Dime qui&#233;nes son para que los evite!

En cambio, &#161;yo soy rica en diez minutos y medio de gran, gran felicidad! Me pasar&#233; la pel&#237;cula de ese beso una y otra vez y eso me bastar&#225;. Pulsar&#233; lectura, pausa, rebobinado, beso al ralent&#237;, pausa, rebobinado, beso al ralent&#237;

&#161;Tus veladas van a ser apasionantes! -se burl&#243; Shirley.

Jos&#233;phine se hab&#237;a apoyado en el horno y fantaseaba, los brazos alrededor de su cuerpo, como si acunase un sue&#241;o. Shirley la hizo reaccionar:

&#191;Y si volvi&#233;semos a la fiesta? Se van a preguntar de verdad lo que estamos haciendo.



* * *


En el sal&#243;n, esperaban a Zo&#233;.

Hortense hojeaba las obras completas de Oscar Wilde y le&#237;a pasajes en voz alta, Gary accionaba el fuelle sobre los troncos de la chimenea. Alexandre ol&#237;a los puros de su padre, con aire reprobador.

La belleza est&#225; en los ojos del que mira -declam&#243; Hortense.

-Very thoughtful indeed [[6]: #_ftnref6 Muy agudo, en verdad.]-coment&#243; Gary.

Las mujeres se dividen en dos categor&#237;as: las feas y las maquilladas, &#161;madres aparte!.

&#161;Se olvid&#243; de las guarronas! -rugi&#243; Gary.

Cuando era joven cre&#237;a que, en la vida, lo m&#225;s importante era el dinero. Ahora que soy viejo, estoy seguro.

Gary se burl&#243; de Hortense:

Eso no est&#225; mal &#161;para ti!

Ella hizo como si no le hubiese o&#237;do y prosigui&#243;:

S&#243;lo hay dos tragedias en la vida: una es no tener lo que se desea, la otra es obtenerlo.

&#161;Falso! -exclam&#243; Philippe.

&#161;Archiverdadero!-respondi&#243; Shirley-. El deseo s&#243;lo permanece vivo mientras se corre tras &#233;l. Se alimenta de distancia.

Yo s&#237; que s&#233; lo que nutre mi deseo -susurr&#243; Philippe.

Jos&#233;phine y Philippe estaban sentados en el sof&#225;, cerca del fuego. El se apropi&#243; de la mano que Jo apoyaba junto a su espalda. El rostro de ella se volvi&#243; carmes&#237; y le suplic&#243; con la mirada que le soltara la mano. &#201;l no hizo nada y la acarici&#243; suavemente, abriendo la palma, gir&#225;ndola, pasando y repasando por el espacio entre cada dedo. Jos&#233;phine no pod&#237;a soltarse sin hacer un gesto brusco y atraer las miradas de los dem&#225;s, as&#237; que se qued&#243; all&#237;, sin moverse, su mano ardiendo en la de &#233;l, oyendo las citas de Oscar Wilde sin escucharlas, intentando re&#237;r cuando los dem&#225;s re&#237;an, pero siempre con un ligero retraso, que acab&#243; por llamar la atenci&#243;n.

Pero mam&#225;, &#191;has bebido o qu&#233;? -exclam&#243; Hortense.

Fue ese momento el que eligi&#243; Zo&#233; para irrumpir en la habitaci&#243;n y decretar, solemne:

&#161;Todo el mundo a su sitio! Voy a apagar las luces

Se dirigieron hacia la mesa, buscando su nombre en el plato. Se sentaron. Desplegaron sus servilletas. Se volvieron hacia Zo&#233; que les vigilaba, los brazos a la espalda.

Y ahora, todo el mundo cierra los ojos y nadie hace trampas.

Hicieron lo que les dec&#237;a. Hortense intent&#243; percibir lo que tramaba, pero Zo&#233; hab&#237;a apagado las luces, y s&#243;lo distingui&#243; una forma r&#237;gida, cuadrada, que se dirig&#237;a a la mesa, sostenida por Zo&#233;. &#191;Qu&#233; ser&#225; eso? Debe de ser un viejo chocho que no se tiene en pie. Nos ha tra&#237;do un senil como invitado misterioso. &#161;Menuda sorpresa! Nos va a vomitar encima o le va a estallar una vena al primer eructo. Tendremos que llamar al Samur y a los bomberos. &#161;Feliz Navidad a todos!

&#161;Hortense! &#161;Est&#225;s haciendo trampas! &#161;Cierra los ojos!

Obedeci&#243;, aguzando el o&#237;do. El hombre, al desplazarse, hac&#237;a un ruido de papel de envolver. Quiz&#225;s no ten&#237;a zapatos y llevaba los Pies envueltos en peri&#243;dicos. &#161;Un pordiosero! &#161;Nos ha tra&#237;do a un Pordiosero! Se tap&#243; la nariz con los dedos. Los pobres huelen mal. Rebaj&#243; la presi&#243;n para detectar el olor a podrido. No olisque&#243; nada sospechoso. Zo&#233; ha debido de obligarle a ducharse; por eso ha tardado tanto rato. Despu&#233;s, un ligero olor a cola fresca le cosquille&#243; la nariz. Y otra vez ese ruidito de frotamiento en la oscuridad. Como el que hace un gato cuando se restriega contra los muebles. Solt&#243; un bufido y esper&#243;.

Se ha tra&#237;do a un mendigo, pens&#243; Philippe, uno de esos pobres viejos que pasan la Navidad bajo un cart&#243;n en la calle. No me molestar&#237;a. Puede pasarnos a todos. Ayer mismo, mientras esperaba el taxi frente a la estaci&#243;n del Norte, se hab&#237;a cruzado con un antiguo compa&#241;ero de trabajo que caminaba apoyado en un bast&#243;n. Ten&#237;a el cart&#237;lago de la rodilla derecha hecho trizas y las piernas ya no le aguantaban. Se negaba a operarse. Ya sabes lo que es, Philippe, paras un mes, dos meses, y te echan de la carrera, pues yo, hace seis meses que ya no hago nada, le hab&#237;a respondido Philippe, y me da completamente igual. Le saco partido a la vida y me gusta, hab&#237;a pensado vi&#233;ndole marcharse tambale&#225;ndose. Compro obras de arte y soy feliz. Y beso a la &#250;nica mujer del mundo a la que no tengo derecho a besar. Descubri&#243; entre sus labios el sabor del beso, que se prolongaba, se expand&#237;a. Busc&#243; con la punta de la lengua un trozo de ciruela, lami&#243; un poco de armagnac. Sonre&#237;a beat&#237;ficamente en la penumbra. La pr&#243;xima vez que vaya a Nueva York, me la llevar&#233;. Viviremos felices, escondidos, llen&#225;ndonos los ojos de belleza, asistiremos juntos a las subastas. El volumen de negocio de las dos &#250;ltimas semanas de ventas en Nueva York hab&#237;a alcanzado los mil millones trescientos mil d&#243;lares, es decir, m&#225;s o menos el equivalente a doscientos cincuenta a&#241;os del presupuesto de adquisiciones del Centro Pompidou. Me veo perfectamente dirigiendo un museo privado en el que pueda exponer mis adquisiciones. Ense&#241;ar&#233; a Alexandre a comprar pintura. En Christie's, el otro d&#237;a, el afortunado comprador del Cape Codder Troll, una escultura de Jeff Koons, era un chaval&#237;n de diez a&#241;os, sentado entre su padre, un magnate de la construcci&#243;n, y su madre, una famosa psiquiatra. El capricho del ni&#241;o les hab&#237;a costado trescientos cincuenta y dos mil d&#243;lares &#161;pero parec&#237;an muy orgullosos! Alexandre, Jos&#233;phine, Nueva York, obras de arte a montones, la felicidad emerg&#237;a como algo peque&#241;o, que no exist&#237;a justo antes del beso con sabor a pavo, y a hora ocupaba todo el espacio.

Cuando encienda las luces podr&#233;is abrir los ojos -anunci&#243; Zo&#233;.

Lanzaron un grito de sorpresa. En el lugar de la silla vac&#237;a estaba instalado Antoine. Una foto de Antoine de tama&#241;o natural pegada sobre un panel de poliestireno.

Os presento a pap&#225; -declar&#243; Zo&#233;, con los ojos brillantes.

Ellos contemplaron, con embarazo, la silueta de Antoine, y sus miradas se volvieron hacia Zo&#233;. Para volver despu&#233;s a fijarse en Antoine, como si fuese a cobrar vida.

Cre&#237;a que estar&#237;a aqu&#237; por Nochebuena, pero no ha podido. As&#237; que he pensado que estar&#237;a bien que estuviese con nosotros esta noche, porque una Nochebuena sin pap&#225; no es una Nochebuena. Nadie puede reemplazar a pap&#225;. Nadie. As&#237; que me gustar&#237;a que levant&#225;semos todos nuestras copas a su salud, que le digamos que le esperamos y que estamos deseando que est&#233; con nosotros.

Deb&#237;a de haberse aprendido su discursito de memoria, porque lo hab&#237;a recitado de un tir&#243;n. Los ojos fijos en la efigie de su padre en traje de cazador.

&#161; Se me olvidaba! No va muy elegante para una cena de Nochebuena, pero me ha dicho que lo comprender&#237;ais, que despu&#233;s de todo lo que hab&#237;a vivido, la elegancia era la menor de sus preocupaciones. &#161;Porque ha vivido muchas aventuras!

Antoine vest&#237;a una camisa sport beige, un fular blanco y un pantal&#243;n de caza caqui. La camisa remangada dejaba al descubierto sus antebrazos rubios, bronceados. Sonre&#237;a. El pelo casta&#241;o claro, cortado muy corto, el tono tostado y un aire de orgullo le daban la audacia de un cazador de grandes fieras. Ten&#237;a el pie derecho sobre un ant&#237;lope, pero no se ve&#237;a, el pie y el ant&#237;lope estaban escondidos bajo el mantel. Jos&#233;phine reconoci&#243; la foto: la hab&#237;an hecho justo antes de que le despidiesen de Gunman, cuando el futuro todav&#237;a le sonre&#237;a, cuando no se hablaba de fusi&#243;n ni de despidos. El efecto era sobrecogedor; todos ten&#237;an la impresi&#243;n de que Antoine estaba con ellos.

Alexandre hizo un movimiento instintivo de sorpresa y desplaz&#243; su silla hacia atr&#225;s, lo que provoc&#243; que Antoine se desequilibrara y cayera.

&#191;No le das un beso, mam&#225;? -pidi&#243; Zo&#233; recogiendo la efigie de su padre, que volvi&#243; a colocar ante su plato.

Jos&#233;phine sacudi&#243; la cabeza, petrificada. No es posible. &#191;Estar&#225; vivo de verdad? &#191;Habr&#225; vuelto a ver a Zo&#233; sin que yo lo sepa? &#191;Fue &#233;l quien tuvo la idea de esta grotesca puesta en escena o lo ha hecho ella sola? Permaneci&#243; inm&#243;vil, frente al Antoine de cart&#243;n piedra, intentando comprender.

Philippe y Shirley se miraban, con unas terribles ganas de echarse a re&#237;r que intentaban reprimir mordi&#233;ndose el interior de las mejillas. Muy del estilo de ese cazador de opereta venir a aguarnos la fiesta, rumiaba Shirley en su cabeza, &#161;&#233;l, que sudaba a chorros de miedo cuando ten&#237;a que hablar en p&#250;blico!

No eres nada hospitalaria, mam&#225;. A un marido hay que darle un beso en Nochebuena. Al fin y al cabo, todav&#237;a est&#225;is casados.

Zo&#233;, te lo ruego -balbuce&#243; Jos&#233;phine.

Hortense contemplaba el retrato de su padre tir&#225;ndose de un mech&#243;n de pelo.

&#191;A qu&#233; est&#225;s jugando, Zo&#233;? &#191;Nos est&#225;s ofreciendo una secuela de los Invasores o de Papuchi, el regreso?

Pap&#225; no puede reunirse todav&#237;a con nosotros, as&#237; que se me ha ocurrido hacerle un sitio en la mesa y me gustar&#237;a que bebi&#233;semos todos a su salud.

&#161;Papatabla, querr&#225;s decir! -solt&#243; Hortense-. De este modo llaman a este tipo de collage en Estados Unidos &#161;y lo sabes muy bien, Zo&#233;!

Zo&#233; no se inmut&#243;.

Eso no se le ha ocurrido a ella s&#243;lita, lo ha le&#237;do en los peri&#243;dicos ingleses -continu&#243; Hortense-. Fiat Daddy! Viene de Norteam&#233;rica. Empez&#243; cuando la mujer de un militar destinado en Iraq se dio cuenta de que su hija de cuatro a&#241;os ya no reconoc&#237;a a su padre durante un permiso, despu&#233;s las familias de la Guardia Nacional la imitaron y se extendi&#243;. Ahora todas las familias de militares americanos destinados en el extranjero reciben su Fiat Daddy por correo si lo piden. &#161;Zo&#233; no ha inventado nada! Simplemente ha decidido aguarnos la fiesta.

&#161;Nada de eso! Ten&#237;a ganas de que estuviese aqu&#237;, con nosotros.

Hortense salt&#243; como un muelle liberado de su caja.

&#191;Qu&#233; quieres, que nos sintamos culpables? &#191;Demostrarnos que eres la &#250;nica que no le olvida? &#191;Que le quieres de verdad? Pues has perdido. Porque pap&#225; est&#225; muerto. &#161;Hace seis meses! &#161;Se lo comi&#243; un cocodrilo! No te lo han dicho para protegerte &#161;pero es la verdad!

&#161;Es mentira!-chill&#243; Zo&#233; tap&#225;ndose los o&#237;dos con las manos-. &#161;No se lo ha comido un cocodrilo porque nos ha enviado una postal!

&#161;Pero si no era m&#225;s que una vieja postal enmohecida, olvidada en correos!

&#161;Mentira! &#161;Supermentira! &#161;Era pap&#225;, vivo, que nos enviaba noticias suyas! &#161;Y t&#250; no eres m&#225;s que una garrapata asquerosa que apesta y a quien le gustar&#237;a que todo el mundo estuviese muerto para que no hubiese nadie m&#225;s que t&#250; en la tierra! &#161;Sucia garrapata! &#161;Sucia garrapata! -Zo&#233; empez&#243; a insultarla a voz en grito entre sollozos.

Hortense se dej&#243; caer sobre la silla haciendo un gesto con la mano que significaba: Esto es demasiado para m&#237;. Abandono. Jos&#233;phine se deshizo en l&#225;grimas, tir&#243; la servilleta y abandon&#243; la mesa.

&#161;Genial, Zo&#233;! -grit&#243; Hortense-. &#191;Tienes alguna otra sor- presita reservada para que nos sigamos divirtiendo? &#161;Porque estamos muertos de risa!

Gary, Shirley y Philippe esperaban, inc&#243;modos. La mirada de Alexandre iba de una prima a otra, intentando comprender. &#191;Estaba muerto, Antoine? &#191;Devorado por un cocodrilo? &#191;Como en el cine? El foie gras palidec&#237;a en el plato, las tostadas se acartonaban, el salm&#243;n transpiraba. Un olor a quemado se extendi&#243;, procedente de la cocina.

&#161;El pavo!-grit&#243; Philippe-. &#161;Nos hemos olvidado de apagar el horno!

En ese mismo momento, reapareci&#243; Jos&#233;phine, cubierta con el gran delantal blanco.

El pavo se ha quemado -anunci&#243; con gesto de disgusto.

Gary lanz&#243; un suspiro de desesperaci&#243;n.

Son las once y no hemos cenado todav&#237;a. &#161;No hac&#233;is m&#225;s que joder con vuestros melodramas, los Cort&#232;s! &#161;Es la &#250;ltima Nochebuena que paso con vosotros!

Pero &#191;qu&#233; pasa? &#191;Es la guerra? -exclam&#243; Shirley.

&#161; Respuesta correcta!-chill&#243; Zo&#233;, apropi&#225;ndose del Papatabla y volviendo a su habitaci&#243;n con paso militar.

Gary cogi&#243; el plato de salm&#243;n, se sirvi&#243; dos lonchas e hizo lo mismo con el foie gras.

Lo siento -coment&#243; con la boca llena-, yo empiezo antes de que se monte un nuevo numerito. &#161;Lo apreciar&#233; mejor con la tripa llena!

Alexandre le imit&#243;, metiendo las manos en las bandejas. Philippe volvi&#243; la cabeza. No era el momento de dar una lecci&#243;n de modales a su hijo. Jos&#233;phine, derrotada en la silla, contemplaba la mesa con la mirada perdida y acariciaba las letras bordadas del delantal. Soy el chef y hay que obedecerme.

Philippe propuso olvidar el pavo calcinado y pasar directamente a los quesos y al tronco de Navidad.

Empezad sin m&#237;. Voy a ver a Zo&#233; -anunci&#243; Jos&#233;phine, levant&#225;ndose.

&#161;Ya empezamos! &#161;Volvemos al juego de la gente que desaparece!-dijo Shirley-. &#161;Me gustar&#237;a probar el foie gras antes de convertirme en un fantasma!



* * *


Myl&#232;ne Corbier tir&#243; su bolso Herm&#232;s -aut&#233;ntico, comprado en Par&#237;s, no una imitaci&#243;n como las que se encontraban en cualquier esquina- sobre el gran sill&#243;n de cuero rojo de la entrada y contempl&#243; su hogar con satisfacci&#243;n. Murmur&#243; &#161;qu&#233; bonita! &#161;Pero qu&#233; bonita es! &#161;Y es mi casa! &#161;La he pagado con MI dinero!

En los seis meses que hab&#237;a pasado en Shanghai no hab&#237;a perdido el tiempo. El piso que ten&#237;a lo atestiguaba. Amplio, con grandes ventanales, grandes cortinas de tela cruda y carpinter&#237;a en las paredes que le recordaban la casa de su infancia, cuando era aprendiz de peluquera y viv&#237;a en casa de su abuela en Lons-le-Saunier. Lons-le-Saunier, cuyo orgullo era ser la ciudad natal de Rouget de Lisie. Lons-le-Saunier, dos minutos de parada, Lons-le-Saunier, una eternidad de aburrimiento.

El piso se extend&#237;a como un largo loft, dividido por separaciones altas equipadas con persianas. En las paredes, una p&#225;tina color c&#225;scara de huevo. &#161;El colmo de lo chic!, pronunci&#243; en voz alta chascando la lengua contra el paladar. Era inevitable que hablara sola, no ten&#237;a a nadie con quien compartir su satisfacci&#243;n. Ya era suficientemente penoso vivir sola, &#161;as&#237; que sola y muda! Sobre todo en esta &#233;poca de fiestas. Nochebuena y Nochevieja, iba a celebrarlas en la intimidad, junto a su abeto de pl&#225;stico encargado en Internet. Y un peque&#241;o bel&#233;n al pie del abeto. Su abuela se lo hab&#237;a dado antes de partir a China: &#161;Y no te olvides de rezar al Ni&#241;o Jes&#250;s cada noche! &#201;l te proteger&#225;.

De momento, el Ni&#241;o Jes&#250;s hab&#237;a cumplido su contrato a pies juntillas. No ten&#237;a nada que reprocharle. Le hubiese gustado un poco de compa&#241;&#237;a, un abrazo de vez en cuando, pero aquello no parec&#237;a ser su prioridad. Suspir&#243;, no se puede tenerlo todo, lo s&#233;. Hab&#237;a elegido vivir en Shanghai y tener &#233;xito, las alegres celebraciones las dejar&#237;a para m&#225;s adelante. Cuando fuera rica. Muy rica. Por el momento, era pasablemente rica. Ten&#237;a un hermoso piso, un chofer a tiempo completo (&#161;cincuenta euros al mes!), pero todav&#237;a dudaba si comprarse un animal de compa&#241;&#237;a. Cinco mil euros al a&#241;o de impuestos si sobrepasaba el tama&#241;o de un chihuahua. Quer&#237;a un perro de verdad, lleno de pelo y babeante, no un modelo reducido que pudiera meterse en el bolso, junto a la polvera. En este pa&#237;s, en cuanto se a&#241;ad&#237;a un habitante al metro cuadrado, hab&#237;a que pagar. &#161;Cinco a&#241;os de salario si quer&#237;as un segundo hijo! Por el momento, se contentaba con hablar sola o ver la tele. Si la soledad me pesa demasiado, me comprar&#233; un pez rojo. Eso est&#225; permitido. Incluso traen buena suerte. Empiezo por el pez rojo, me hago rica y despu&#233;s O me compro una tortuga. Las tortugas tambi&#233;n traen buena suerte. Una bonita tortuga y su pareja. Me mirar&#225;n con sus ojos esf&#233;ricos y su espol&#243;n sobre la nariz. Parece que son muy afectuosas S&#237; pero, cuando tienen miedo, &#161;sueltan gases nauseabundos!

En el bel&#233;n estaban el buey y la mu&#237;a, las ovejas, los pastores, los campesinos acarreando gavillas de paja sobre los hombros. Jes&#250;s y sus padres no hab&#237;an llegado todav&#237;a. Esa noche, a las doce en punto, depositar&#237;a al peque&#241;o Jes&#250;s en pa&#241;ales en su lecho de paja, rezar&#237;a sus oraciones, coger&#237;a una peque&#241;a botella de champ&#225;n e ir&#237;a a acostarse delante de la tele.

Desde la entrada se ve&#237;a su habitaci&#243;n, la gran cama con dosel de hierro forjado cubierta de colchas blancas, el parqu&#233; de largas lamas claras, los muebles bien encerados, las l&#225;mparas de laca de China. Hab&#237;a aprendido el gusto, el buen gusto de los que nacen con el sentido de los materiales, de los colores, de las proporciones. Hab&#237;a estudiado las revistas de decoraci&#243;n. Para el resto, bastaba con pagar las facturas. Todo era posible. Y cuando digo todo, quiero decir TODO. Se les pone delante la cosa m&#225;s complicada, y la copian hasta el m&#225;s m&#237;nimo detalle. &#161;Ya est&#225;! Te reproducen incluso las marcas de la carcoma en la madera de los muebles, para imitar el paso del tiempo.

Hab&#237;a recorrido un largo camino desde que hab&#237;a dejado su asqueroso estudio de Courbevoie. &#161;Asqueroso, s&#237;, cari&#241;o! &#161;No tengamos miedo a decir las cosas por su nombre! exclam&#243; lanzando los zapatos de tac&#243;n alto que le curvaban la espalda como un torero frente al astado. Muebles reciclados, una cocinilla estrecha, mal ventilada, que daba a la &#250;nica habitaci&#243;n que serv&#237;a de sal&#243;n-comedor-habitaci&#243;n-armario. Una colcha de piqu&#233; blanco, cojines desperdigados, migas de pan que se incrustaban en los pliegues y que le pinchaban en los ri&#241;ones cuando se acostaba. Y por la noche, cuando desplegaba la tabla de planchar, pod&#237;a tocar la nariz del presentador del telediario con la punta de la plancha.&#161;Hola, Patrick!, exclamaba mientras alisaba el cuello blanco. Lo hab&#237;a convertido en un chiste: &#161;Al presentador le conozco bien, le plancho la nuez del cuello todas las noches!. Segu&#237;a siendo coqueta y planchaba cuidadosamente la ropa que iba a ponerse al d&#237;a siguiente. No por el hecho de no tener nada hay que comportarse como una cualquiera, confiaba al periodista que relataba con voz anodina toda la infelicidad del planeta.

&#161;Qu&#233; asco de &#233;poca! Cuidando las propinas para terminar el mes y reanimar su miserable salario. Salt&#225;ndose la cena para conservar su l&#237;nea y la de su cartera. No descolgaba el tel&#233;fono cuando aparec&#237;a el n&#250;mero del banquero y se desmayaba cuando recib&#237;a un sobre impreso. &#161;Menuda existencia! Se hab&#237;a planteado seriamente dedicarse a las citas, una o dos por semana, con tal de subsistir. Ten&#237;a algunas amigas que ligaban por Internet. Se hab&#237;a preparado para ello, al menos eres t&#250; la que decides, eliges el cliente, las posturas, la duraci&#243;n de la entrevista, la tarifa. Eres tu propio jefe. Tienes tu peque&#241;a empresa. Nadie que te acose. Aqu&#237; te pillo aqu&#237; te mato. &#191;Ten&#237;a acaso alternativa? &#191;C&#243;mo pago el alquiler, los impuestos, las tasas locales, los seguros, la licencia, el gas, la electricidad, el tel&#233;fono, con los tres duros y medio que gano? Sent&#237;a la mirada de los hombres sobre su escote. Babeaban. Ella los llamaba los Rantanpl&#225;n. Estaba a punto de ceder ante los ardores de un Rantanpl&#225;n con pasta cuando lleg&#243; Antoine Cort&#232;s.

Un salvador. Antoine Cort&#232;s, el caballero sin miedo ni reproche que le hablaba de &#193;frica, de las grandes fieras, de los vivaques, de los disparos de fusil en la noche, de los beneficios, del &#233;xito, mientras daba mordiscos a la quiche congelada que ella le calentaba en el microondas, antes de reunirse con &#233;l bajo la colcha de piqu&#233; blanco.

Despu&#233;s hab&#237;a llegado &#193;frica. El Croco Park en Kilifi. Entre Mombasa y Malindi. Estremecedor. Las playas de arena blanca. Los cocoteros. Los cocodrilos. Los proyectos grandiosos. La casa con criados. &#161;Nada que hacer salvo estirar los pies bajo la mesa! Las hijas de Antoine iban a visitarle. Eran majas. Sobre todo Zo&#233;, la peque&#241;a. Ella se dedicaba a confeccionarle un guardarropa, la vest&#237;a como a una mu&#241;eca, le rizaba el pelo. La mayor la hab&#237;a despreciado al principio, pero hab&#237;a terminado por met&#233;rsela en el bolsillo. Cuando ellas estaban, todo marchaba bien. Incluso marchaba muy bien. Quer&#237;a mucho a esas ni&#241;as. Ten&#237;a que contenerse para no com&#233;rselas a besos. Sobre todo a Hortense, a la que no le gustaba nada que la sobaran. Se las llevaba a la playa con una cesta de picnic llena de sus bocadillos preferidos, zumos de fruta fresca, mangos y pinas. Jugaban a las cartas y cocinaban cantando a voz en grito. Recordaba un wapiti con patatas dulces que hab&#237;a acabado carameliz&#225;ndose en el fondo de la olla, imposible despegarlo, &#161;un bloque de hormig&#243;n! Hortense lo hab&#237;a bautizado What a pity. &#191;Cu&#225;ndo volvemos a comer What a pity?, canturreaba por la casa. Sobre todo no se lo digas a tu padre, piensa que soy una p&#233;sima cocinera, hab&#237;a suplicado Myl&#232;ne, ser&#225; nuestro secreto, nuestro secretito, &#191;de acuerdo? De acuerdo, pero &#191;qu&#233; me das a cambio?, hab&#237;a respondido Hortense. Te ense&#241;ar&#233; a pintarte el contorno de ojos y a ponerte pesta&#241;as postizas, y te har&#233; una manicura francesa. Hortense le hab&#237;a tendido las manos.

Pero en cambio Los d&#237;as sin hacer nada salvo leer revistas y cuidarse las u&#241;as. Esperar a Antoine, tumbada en la hamaca. Antoine trabajando, Antoine desanim&#225;ndose, Antoine desencant&#225;ndose. Las dificultades por culpa de esos bichos asquerosos que se negaban a reproducirse y se com&#237;an a los empleados. El se&#241;or Wei que amenazaba a Antoine. Antoine que ya no trabajaba. Antoine que hab&#237;a empezado a beber. Se aburr&#237;a en su hamaca. &#161;Los dedos se me van a quedar como mu&#241;ones a fuerza de limarme las u&#241;as! &#161;Yo no estoy acostumbrada a la ociosidad! Ganas de trabajar, de ganar dinero. &#201;l se re&#237;a sarc&#225;sticamente, y beb&#237;a. Ella hab&#237;a cogido la sart&#233;n por el mango. Se hab&#237;a sentado a su mesa, hab&#237;a llevado la contabilidad, anot&#243; las cifras en el gran libro, estudi&#243; los ingresos, las amortizaciones, los beneficios, hab&#237;a aprendido c&#243;mo funcionaba el negocio. Imitaba la letra de Antoine, las patas de las emes estrechas y delgadas, y sus oes agarrotadas, el brusco pico de sus eses aplastado al final de la palabra. Imitaba su firma. &#161;Y ya est&#225;! El se&#241;or Wei no se dio cuenta de nada. Hasta el d&#237;a tr&#225;gico en que

Apart&#243; con un gesto de la mano el horrible recuerdo. Atroz, atroz, tengo que olvidarlo, pobrecito m&#237;o. Sinti&#243; un escalofr&#237;o, sacudi&#243; la cabeza. Su mano tante&#243; la mesa baja, cogi&#243; un cigarrillo. Lo encendi&#243;. Le dio una calada. Aquello era nuevo. Malo para el cutis. Hab&#237;a bautizado su l&#237;nea de maquillaje Belle de Paris y su fondo de maquillaje Lys de France, con un bonito dibujo en relieve de un lis blanco en la caja.

&#161;Mi best seller! El producto que aclara, alisa, unifica y maquilla al mismo tiempo. Cuando estaba en el Croco Park, se estrujaba la cabeza para buscar algo en que ocuparse, y hab&#237;a pensado en los productos de belleza. La belleza era su especialidad. Era coqueta y apreciaba la pintura. Sobre todo Renoir y sus mujeres gruesas, sonrosadas. Vaya impresi&#243;n que causaban esas mujeres, no hab&#237;an dado paso al impresionismo por casualidad, y todav&#237;a se habla de ello. Se lo hab&#237;a contado a Antoine, que se hab&#237;a encogido de hombros. Hab&#237;a hablado con el se&#241;or Wei y &#233;l le hab&#237;a pedido un proyecto de explotaci&#243;n. &#161;Caramba! &#191;Qu&#233; quiere decir eso?

Hab&#237;a empezado haciendo una encuesta hablando con las chinas que viv&#237;an en Croco Park. Hab&#237;a le&#237;do, en Internet, que era as&#237; como proced&#237;an muchas empresas extranjeras antes de lanzar un producto en China. Pasar tiempo con el cliente para comprender sus h&#225;bitos de consumo. Los dise&#241;adores de la General Motors hab&#237;an recorrido la provincia de Guangxi y visitaron a los compradores de camionetas en sus casas, en sus granjas. Se hab&#237;an sentado en la acera hablando sobre lo que les gustaba o no de sus veh&#237;culos. Ella hab&#237;a hecho como la General Motors. Hab&#237;a charlado con las chinas en un ingl&#233;s macarr&#243;nico, y hab&#237;a comprendido que el &#250;nico producto de belleza con el que so&#241;aban era el que les hac&#237;a la piel m&#225;s blanca. White, white, repet&#237;an toc&#225;ndole las mejillas. Estaban dispuestas a dejarse el sueldo por un bote de blanco. Ella hab&#237;a tenido una idea genial: hab&#237;a concebido un producto que hac&#237;a a la vez de maquillaje y de blanqueador. Con un poco de amoniaco dentro. S&#243;lo un poco. No estaba segura de que fuese muy bueno para la piel, pero funcionaba. Y el se&#241;or Wei hab&#237;a aceptado ser su socio.

Aqu&#237; todo era tan f&#225;cil Se pod&#237;a producir lo que se quisiera, bastaba con explicar bien lo que se deseaba y &#161;ya est&#225;! La cadena de fabricaci&#243;n se pon&#237;a en marcha. Precio de coste, precio de venta, beneficio, cu&#225;nto, how much, el c&#225;lculo se hac&#237;a r&#225;pido. No se necesitaba contrato. No hac&#237;an pruebas, no se preocupaban por saber si era bueno o no para la piel. Un ensayo y, si funcionaba, pon&#237;an en marcha la producci&#243;n.

El se&#241;or Wei hab&#237;a probado el producto con las obreras de una f&#225;brica. El stock hab&#237;a sido desvalijado en pocos minutos. Hab&#237;a decidido venderlo en zonas rurales y, despu&#233;s, por Internet. Le hab&#237;a explicado, entornando los ojos como ranuras de hucha, que setecientos cincuenta millones de chinos viv&#237;an en el campo, que sus ingresos por habitante no dejaban de aumentar, que &#233;se era su objetivo. Despu&#233;s hab&#237;a citado el ejemplo de Wahaha, el mayor fabricante de bebidas del pa&#237;s, que se hab&#237;a expandido empezando por el campo. La publicidad de Wahaha consist&#237;a en cubrir con su logo las paredes de los pueblos. Myl&#232;ne hab&#237;a cerrado los ojos, imagin&#225;ndose paredes de casas de adobe completamente cubiertas de flores de lis reales, y hab&#237;a recordado con emoci&#243;n a Luis XVI. Como si volviese a restaurarlo en su trono.

Las multinacionales hacen frente a un desaf&#237;o inmenso en t&#233;rminos de distribuci&#243;n en la China rural -hab&#237;a insistido el se&#241;or Wei-. No debemos hacer como los occidentales que piensan s&#243;lo en las ciudades.

Ella confiaba en &#233;l. El se ocupaba de la producci&#243;n, ella de la creaci&#243;n. Treinta y cinco por ciento para cada uno y el resto para los intermediarios. Para que pusiesen nuestro producto en primer plano. Hab&#237;a que untarles. As&#237; es como funcionan las cosas aqu&#237;, dec&#237;a con su voz nasal. A veces, ella ca&#237;a en la tentaci&#243;n de preguntar algo. Entonces &#233;l tos&#237;a, con fuerza, con reprobaci&#243;n, como si le prohibiese penetrar en sus dominios. Tengo que desconfiar m&#225;s, no poner todos los huevos en el mismo cesto. Marcel Grobz la hab&#237;a ayudado. Volver&#233; a hablar con &#233;l, nunca se es lo bastante prudente. Al mismo tiempo, no debo enfadarme con Wei, me ha conseguido productos financieros jugosos. Me aconsej&#243; comprar acciones de la aseguradora China Life y han subido m&#225;s del doble de su valor el primer d&#237;a de cotizaci&#243;n. Nunca se me habr&#237;a ocurrido a m&#237; sola.

Y sin embargo, ideas, las ten&#237;a a montones. Esa ma&#241;ana, al levantarse, &#161;ya est&#225;! Hab&#237;a tenido un flash: un tel&#233;fono m&#243;vil con polvera y l&#225;piz de labios. Por un lado, el teclado del tel&#233;fono, por el otro, una cajita de maquillaje. &#191;Acaso no es una idea genial? Tengo que registrarla. Tengo que llamar al abogado de Grobz. Buenos d&#237;as, soy yo, &#161;la hija de Einstein y de Est&#233;e Lauder! Despu&#233;s bastar&#237;a con susurrar tres palabras al Mandar&#237;n Avispado.

&#201;l part&#237;a al d&#237;a siguiente a Kilifi. Se lo contar&#237;a cuando volviera. Hab&#237;a encontrado un nuevo responsable para dirigir el Croco

Park. Un holand&#233;s brutal al que le daba igual que los cocodrilos se comiesen a los empleados. Los cocodrilos se hab&#237;an puesto a copular. Les hab&#237;a hecho pasar hambre para que la naturaleza siguiese su curso y se lanzaran unos contra otros. Hab&#237;a habido un ba&#241;o de sangre y despu&#233;s los m&#225;s fuertes hab&#237;an ganado y hab&#237;an establecido su supremac&#237;a en la colonia. Las hembras se dejaban montar sin rechistar. Sienten qui&#233;n es el amo y se inclinan ante &#233;l, se jactaba por tel&#233;fono al se&#241;or Wei que se acariciaba los cojones con las piernas abiertas. El tambi&#233;n quiere mostrarme qui&#233;n es el amo, hab&#237;a pensado Myl&#232;ne mientras le dedicaba una sonrisa algo forzada.

Tengo que darle una carta para que la env&#237;e. Se levant&#243;, fue a sentarse ante su secreter de madera natural sobre el que destacaban las fotos de Hortense y Zo&#233;, abri&#243; un caj&#243;n y sac&#243; su carpeta. Hac&#237;a una copia de cada carta, para no repetirse. Suspir&#243;. Mordisque&#243; el tap&#243;n del bol&#237;grafo. Hab&#237;a que evitar las faltas de ortograf&#237;a. Por esa raz&#243;n no escrib&#237;a textos demasiado largos.



* * *


&#191;A qu&#233; hora vienen? -pregunt&#243; Josiane, que sal&#237;a del cuarto de ba&#241;o masaje&#225;ndose los ri&#241;ones.

Hac&#237;a dos semanas que dorm&#237;a mal. Ten&#237;a la nuca como escayolada y la espalda le dol&#237;a como si tuviese clavados peque&#241;os cuchillos, como los que se lanzan en los circos a dianas vivientes.

&#161;A las doce y media! Tambi&#233;n vendr&#225; Philippe. Con Alexandre. Y una tal Shirley y su hijo, Gary. &#161;Vienen todos! Siento un cosquilleo de felicidad. Voy a poder presentarte, mi reina. &#161;Hoy, 1 de enero, es un gran d&#237;a!

&#191;Est&#225;s seguro de que es una buena idea?

&#161;Deja de refunfu&#241;ar! Ha sido Jos&#233;phine quien ha propuesto esta comida. Nos hab&#237;a invitado a su casa, pero pens&#233; que te sentir&#237;as mejor si los recib&#237;amos en la nuestra. Piensa en J&#250;nior. Necesita una familia.

&#161;No son su familia!

Pero ya que nosotros no tenemos &#161;que nos presten la de los dem&#225;s!

Josiane daba vueltas alrededor del lecho, vestida con su salto de cama y estirando el cuello como una jirafa con artrosis.

Ya no est&#225;n de moda las familias, ya nadie tiene -murmur&#243;.

El no la escuchaba, estaba reconstruyendo el mundo, su Nuevo Mundo.

Me conocieron despreciado, rebajado, humillado por la Escoba. Ahora har&#233; de Rey Sol &#161;en su Palacio de Cristal! Buenos d&#237;as, s&#250;bditos, aqu&#237; est&#225; mi palacio, mis lacayos, &#161;mi Principito! Mujer, &#161;tr&#225;eme la peluca empolvada y mis mocasines con hebillas!

Se dio la vuelta sobre la cama, los brazos en cruz, sus muslos de gigante pelirrojo cubiertos apenas por los faldones de su camisa blanca. Marcel Grobz. Una gruesa pelota de pelo rubio, de michelines blanduzcos, de carne rosa manchada, iluminada por dos ojos nomeolvides, vivos como hojas de espada.

Josiane se dej&#243; caer sobre la cama a su lado. &#201;l iba reci&#233;n afeitado y perfumado. Sobre una silla estaban dispuestos un traje de alpaca gris, una corbata azul y gemelos a juego.

Qu&#233; guapo te pones

Me siento guapo, Bomboncito. &#161;Es distinto!

Ella apoy&#243; la cabeza sobre su hombro y sonri&#243;.

Antes &#191;no te sent&#237;as guapo?

Antes era un sapito feo. &#161;Anda! Incluso me pregunto c&#243;mo pudiste fijarte en m&#237;.

Es verdad que no era un dios griego, el tal Marcel. Al principio, deb&#237;a reconocerlo, se hab&#237;a sentido m&#225;s atra&#237;da por su cartera que por su encanto pero, muy pronto, su vitalidad, su generosidad la hab&#237;an conmovido, y hab&#237;a terminado por convertirse en su amante titular, antes de verse consagrada como &#250;nica mujer de su vida y madre de su peque&#241;o.

No me fij&#233; en los detalles, &#161;me qued&#233; con el conjunto!

&#161; Es lo que se dice de los feos! &#161;El famoso encanto de los adefesios! Pero me da igual, ahora soy el gran Mamamouchi

A&#250;n m&#225;s sexy que el gran Mamamouchi

&#161;Para, Bomboncito, que me est&#225;s excitando! &#161;Atenta a mi slip! &#161;Recto como el m&#225;stil de un barco en la tempestad! Si nos volvemos a acostar &#161;tardaremos en levantarnos!

Segu&#237;a teniendo el mismo apetito en la cama. Ese hombre estaba hecho para comer, beber, re&#237;r, gozar, escalar monta&#241;as, plantar baobabs, acallar truenos, apagar rayos. &#161;Y pensar que esa v&#237;bora de Henriette hab&#237;a querido hacer de &#233;l un caniche empolvado! Otra vez hab&#237;a so&#241;ado con ella. &#191;Qu&#233; co&#241;o hace rondando mis noches, esa vieja?

&#191;Tienes noticias de la Escoba? -pregunt&#243;, prudente.

Sigue sin querer divorciarse. Sus condiciones son exorbitantes &#161;y no ceder&#233;! &#191;Me hablas de ella para que se me desinfle?

&#161;Te hablo de ella porque se me aparece por las noches!

&#161;Ah! Por eso te falta &#225;nimo estos &#250;ltimos tiempos

Me siento triste como una media sec&#225;ndose sola. Ya no tengo ganas de nada

&#191;Ni siquiera de m&#237;?

&#161;Ni siquiera de ti, &#161;mi osito!

El barco perdi&#243; el m&#225;stil de golpe.

&#191;Hablas en serio?

No hago nada, no tengo hambre, ya no como

&#161;Debe de ser grave!

Me duele la espalda. Como si me acuchillaran.

Tienes ci&#225;tica. Ha sido el embarazo, que te ha arruinado la osamenta.

S&#243;lo tengo ganas de sentarme y llorar. Incluso J&#250;nior me deja fr&#237;a.

Por eso pone mala cara. Le veo hura&#241;o &#250;ltimamente.

Debe de aburrirse. Antes le entreten&#237;a constantemente. Le daba vueltas por el aire, le deslizaba de un lado a otro, bailaba el canc&#225;n vestida con muselinas

&#161;Y ahora est&#225;s desinflada como un globo en un bosque de cactus! &#191;Has visitado a un matasanos?

No.

&#191;Y a madame Suzanne?

&#161;Tampoco!

Marcel Grobz se incorpor&#243;, inquieto. La situaci&#243;n era grave si ni siquiera se planteaba visitar a madame Suzanne. Madame Suzanne hab&#237;a predicho la firma del contrato con los chinos, la mudanza al gran piso, el nacimiento de J&#250;nior, la ca&#237;da de Henriette, e incluso la muerte de un familiar entre las afiladas fauces de un monstruo. Madame Suzanne cerraba los ojos y ve&#237;a. El ojo miente, afirmaba, se ve mejor con los ojos cerrados, la verdadera visi&#243;n es interior. Nunca se equivocaba y cuando no ve&#237;a nada, lo dec&#237;a. Y para asegurarse de conservar su don intacto, no ped&#237;a nunca dinero.

Para ganarse la vida, trabajaba como pedicura. Pelaba los dedos de los pies, retiraba las pieles muertas, limaba las durezas, auscultaba los &#243;rganos presionando puntos precisos y, mientras sus dedos recorr&#237;an, &#225;giles, el largo de los metatarsos y de las falanges, se introduc&#237;a en el alma y descifraba el Destino. Con una simple presi&#243;n sobre la b&#243;veda plantar, se remontaba hasta los &#243;rganos vitales, descubr&#237;a la bondad o la maldad de aquel cuyo pie sosten&#237;a. Pon&#237;a al descubierto el fluido blanco de aquel con un gran coraz&#243;n, el sucio carb&#243;n del conspirador, la &#225;cida bilis del malvado, el humor amarillento del celoso, el c&#225;lculo azul del avaricioso, el co&#225;gulo rojo del libidinoso. Inclinada sobre los tres cuneiformes, penetraba en el alma y le&#237;a el porvenir. Sus dedos iban y ven&#237;an, murmuraba frases deslavazadas. Hab&#237;a que aguzar el o&#237;do para recibir el or&#225;culo. Cuando el mensaje era importante, se balanceaba de derecha a izquierda y repet&#237;a in crescendo los mandatos de una voz llegada de lo alto que le susurraba al o&#237;do. As&#237; fue como Josiane supo que tendr&#237;a un hijo, un hermoso var&#243;n bien dotado, con cabeza de fuego, palabras de plata, cerebro de platino, el oro fluir&#225; de su boca y sus brazos poderosos har&#225;n vacilar las columnas del templo. No habr&#225; que contrariarle, pues pronto surgir&#225; el hombre de los pa&#241;ales del ni&#241;o.

Tambi&#233;n pod&#237;a ocurrir que, tras haber guardado sus afiladas pinzas, sus limas, sus pulidores, sus ung&#252;entos y sus aceites, se levantara y dijera: No creo que vuelva, su alma es demasiado malvada, apesta a azufre y a algo podrido, no servir&#237;a ni para fiambre. El cliente, debilitado de placer sobre la camilla, defend&#237;a su blancura inmaculada. No insista, a&#241;ad&#237;a madame Suzanne, arrepi&#233;ntase, enmi&#233;ndese y quiz&#225;s vuelva a ocuparme de las plantas de sus pies.

Una vez al mes, madame Suzanne desembarcaba con su malet&#237;n y su expresi&#243;n aguda de zahor&#237; de almas. A veces, Marcel, tras haber cometido alguna indelicadeza financiera o un golpe bajo, escond&#237;a su b&#243;veda plantar a la vidente, pues lo que m&#225;s deseaba era conservar su estima. Madame Suzanne le explicaba entonces que, a veces, en el mundo sin piedad en el que viv&#237;amos, hab&#237;a que emplear las mismas armas que los rivales, entonces, en ese caso, y a condici&#243;n de no da&#241;ar al m&#225;s d&#233;bil, la maldad le ser&#237;a perdonada.

Es como si me hubiesen vaciado por dentro -prosegu&#237;a Josiane-. Como si no hubiese nadie en mi interior. Estoy como desdoblada. Me ves, pero no estoy aqu&#237;.

Marcel Grobz escuchaba, incr&#233;dulo. Nunca Bomboncito hab&#237;a mencionado algo parecido.

&#191;No estar&#225;s sufriendo una depresi&#243;n nerviosa?

Es posible. No s&#233; nada de esa enfermedad. En mi familia no ha habido nunca nada de eso.

El estaba perplejo. Pos&#243; la mano sobre la frente de Josiane y sacudi&#243; la cabeza. No ten&#237;a fiebre.

&#191;Quiz&#225;s un poco de anemia? &#191;Te has hecho unos an&#225;lisis?

Josiane hizo una mueca negativa.

Bueno, habr&#225; que empezar por ah&#237;.

Josiane sonri&#243;. Estaba inquieto, su gordito. Su expresi&#243;n preocupada le recordaba que ella era sus nieves eternas. Le bastaba con observarla para tranquilizarse.

Dime, Marcel, &#191;me quieres todav&#237;a como a la Virgen Santa con la que te acostar&#237;as?

&#191;Acaso lo dudas, Bomboncito? &#191;Todav&#237;a lo dudas?

No. Pero me gusta o&#237;rtelo decir A fuerza de frotarnos la piel, nos olvidamos de pulirla.

Te voy a decir una cosa, Bomboncito, no me he levantado ni un solo d&#237;a, &#243;yeme, ni un solo d&#237;a, sin agradecer a los de arriba la felicidad inmensa que me ha sido concedida al encontrarte.

Estaban sentados sobre la cama, apoyados uno contra otro. Meditando sobre ese extra&#241;o mal que atacaba a Josiane, esa languidez que la envolv&#237;a y le quitaba las ganas, el apetito, el deseo, todas esas virtudes que la manten&#237;an viva desde que era una ni&#241;a.

La comida fue un &#233;xito. J&#250;nior, sentado presidiendo la mesa en su trona de beb&#233;, reinaba como el se&#241;or del castillo. Sosten&#237;a su biber&#243;n con la mano y lo golpeaba contra el armaz&#243;n de su silla para imponer su voluntad. Le gustaba que la mesa estuviese bien puesta, que vasos, cuchillos y tenedores estuviesen en su sitio y si, por casualidad, alg&#250;n comensal se equivocaba de lugar, golpeaba su silla con el biber&#243;n, hasta que el culpable hubiese rectificado su error. Se notaba, por c&#243;mo frunc&#237;a el ce&#241;o, que intentaba seguir la conversaci&#243;n. Se concentraba tanto que parec&#237;a congestionado.

Creo que est&#225; haciendo caca -susurr&#243; Zo&#233; a Hortense.

Marcel hab&#237;a colocado un regalo en cada plato. Un billete de doscientos euros para cada ni&#241;o. Hortense, Gary y Zo&#233; se sobresaltaron al descubrir el gran billete amarillo doblado en dos dentro de un sobre. Zo&#233; estuvo a punto de preguntar: &#191;Es aut&#233;ntico?, Hortense trag&#243; saliva y se levant&#243; para besar a Marcel y a Josiane. Gary, inc&#243;modo, miraba a su madre, pregunt&#225;ndose si hab&#237;a que protestar. Shirley le hizo una se&#241;a para que no dijera nada, se arriesgaba a ofender a Marcel.

Philippe recibi&#243; una botella de Ch&#226;teau-cheval-blanc, premier grand cru, clase A, Saint-Emilion 1947. Giraba suavemente la botella entre sus manos, mientras Marcel recitaba la palabrer&#237;a del bodeguero que le prove&#237;a de vino: Rojo intenso, la grava que capta el sol durante el d&#237;a y abriga el vi&#241;edo durante la noche. Philippe, divertido, hizo una reverencia, y le prometi&#243; que se lo beber&#237;an juntos en el d&#233;cimo cumplea&#241;os de J&#250;nior.

J&#250;nior dio su aprobaci&#243;n con un sonoro eructo.

En el plato de Jos&#233;phine y Shirley, Marcel hab&#237;a colocado un brazalete de oro blanco, decorado con treinta diamantes tallados, y en el de Josiane un par de pendientes, coronados por una gruesa perla gris de cultivo de Tahit&#237; salpicada de diamantes. Shirley protest&#243;, no pod&#237;a aceptarlo. De ninguna manera. Marcel la previno que dejar&#237;a la mesa si rechazaba su regalo. Se considerar&#237;a ofendido. Ella insisti&#243;, &#233;l se enroc&#243;, ella se obstin&#243;, &#233;l sigui&#243; en sus trece, ella se empe&#241;&#243;, &#233;l no quiso ceder.

Me encanta jugar a Pap&#225; Noel, &#161;tengo un saco desbordante de regalos que hay que vaciar de vez en cuando!

Josiane, pensativa, acariciaba sus pendientes.

&#161;Es demasiado, mi osito! &#161;Voy a parecer un pedrusco!

Jos&#233;phine murmur&#243;:

Marcel, &#161;est&#225;s loco!

Loco de felicidad, Jo. No sabes el regalo que me hac&#233;is viniendo a comer a mi casa. Nunca pude imaginar que Mira, mi querida Jo, &#161;me est&#225;n entrando ganas de llorar!

Le temblaba la voz, parpadeaba, torc&#237;a la nariz para borrar la emoci&#243;n que le invad&#237;a. Jos&#233;phine sinti&#243; a su vez un nudo en la garganta y Josiane se sorbi&#243; los mocos, vuelta de espaldas para que nadie la viera.

Fue &#233;se el momento que eligi&#243; J&#250;nior para alejar la melancol&#237;a dando un gran golpe de biber&#243;n en su silla que significaba: basta de melindres, me estoy aburriendo, &#161;acci&#243;n!

Se volvieron hacia &#233;l, sorprendidos. El les dedic&#243; una gran sonrisa, echando la cabeza hacia delante como para animarles a conversar con &#233;l.

Se dir&#237;a que tiene ganas de hablar -dijo Gary, extra&#241;ado.

&#191;Has visto c&#243;mo extiende el cuello? -remarc&#243; Hortense, pensando para s&#237; que era realmente feo cuando tiraba la cabeza hacia delante, ese cuello largo y flexible, la boca agrietada, los ojos desorbitados.

Hay que hablarle continuamente, si no, se aburre -suspir&#243; Josiane.

Debe de ser agotador -coment&#243; Shirley

Adem&#225;s, no se le puede decir cualquier tonter&#237;a, &#161;si no, se enfada! Hay que hacerle re&#237;r, asombrarle o ense&#241;arle algo.

&#191;Est&#225; usted segura?-pregunt&#243; Gary-. Es demasiado peque&#241;o para comprender.

Es lo que decimos siempre, pero siempre nos sorprende.

Comprendo que est&#233; cansada -se compadeci&#243; Jos&#233;phine.

Esperad -dijo Gary-, voy a decirle algo que no podr&#225; comprender. Es imposible.

Vamos -le provoc&#243; Marcel, seguro de la ciencia infusa de su reto&#241;o.

Gary se concentr&#243; un buen rato, intentando que se le ocurriera algo espiritual para probar al diablillo. &#161;Vaya cara que pone!, pens&#243; sin poder evitarlo, al constatar que J&#250;nior no dejaba de mirarle y soltaba gritos que se&#241;alaban su impaciencia.

&#161;Ya lo tengo! -exclam&#243;, triunfante-. Y ah&#237;, amiguito, ya puedes esforzarte &#161;que no entender&#225;s nada de nada!

J&#250;nior levant&#243; el ment&#243;n como un gladiador ultrajado y tendi&#243; su biber&#243;n como un escudo para tomarle la medida a su adversario.

El cojo decapitado cuenta historias sin pies ni cabeza -enunci&#243; Gary, articulando cada palabra como si se las dictara a un analfabeto.

J&#250;nior escuch&#243;, la cabeza y los hombros echados hacia delante, balanceando el cuello, el cuerpo estirado y con los brazos colgando a ambos lados. Permaneci&#243; un instante en esa posici&#243;n, su ce&#241;o se frunci&#243;, dibujando peque&#241;os festones, sus mejillas se ti&#241;eron de manchas escarlata, gru&#241;&#243;, se enfad&#243;, y despu&#233;s su cuerpo se relaj&#243;, ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s y estall&#243; en una carcajada atronadora, bati&#243; las manos y los pies para mostrar que comprend&#237;a, e hizo el gesto de cortarse la cabeza y los pies con la palma de la mano.

&#191;Ha entendido de verdad lo que he dicho? -pregunt&#243; Gary.

Aparentemente s&#237;-dijo Marcel Grobz desplegando su servilleta con aire satisfecho-. Y tiene motivos para re&#237;rse, &#161;es muy gracioso!

Gary observaba, at&#243;nito, al beb&#233; pelirrojo y sonrosado enfundado en su body azul, que le observaba ri&#233;ndose y cuya mirada dec&#237;a m&#225;s, m&#225;s historias, hazme re&#237;r, las cosas de beb&#233; me aburren, me aburren mucho.

&#161;Qu&#233; locura! -dijo Gary-. This baby is crazy! [[7]: #_ftnref7 &#161;Este beb&#233; est&#225; loco!]

&#161;Creizzzzy! -repiti&#243; J&#250;nior babeando sobre su body.

&#161;Es genial el enano! -grit&#243; Hortense.

Al o&#237;r la palabra genial, J&#250;nior gorgoje&#243; y, para demostrar hasta qu&#233; punto ten&#237;a raz&#243;n, se&#241;al&#243; con su biber&#243;n hacia una l&#225;mpara del techo y dijo claramente:

Luz

Ante sus rostros estupefactos, solt&#243; una risa que ven&#237;a de la garganta y a&#241;adi&#243;, con un resplandor travieso en la mirada:

Light!

Pero esto es

&#161;Incre&#237;ble! Es lo que os dec&#237;a -dijo Marcel-, &#161;y nadie me cre&#237;a!

Luce -continu&#243; j&#250;nior, con el dedo se&#241;alando todav&#237;a la luz de la l&#225;mpara.

&#161;Tambi&#233;n en italiano! Este ni&#241;o me

Deng!

Ah, eso no tiene sentido -dijo Shirley, m&#225;s tranquila.

No -rectific&#243; Marcel-, &#161;es sol en chino!

&#161;Socorro!-grit&#243; Hortense-, &#161;el enano es pol&#237;glota!

J&#250;nior acarici&#243; a Hortense con la mirada. Le agradec&#237;a que reconociese sus m&#233;ritos.

No es un enano, &#161;es un gigante! &#191;Has visto el tama&#241;o de sus manos? &#191;Y el de sus pies?

Gary silb&#243;, impresionado.

Chouchou -chill&#243; J&#250;nior escupiendo el agua de su biber&#243;n en direcci&#243;n a Gary.

&#191;Eso qu&#233; quiere decir? -pregunt&#243; este &#250;ltimo.

T&#237;o. En chino. &#161;Te ha elegido como t&#237;o!

&#191;Puedo cogerle en brazos?-pidi&#243; Jos&#233;phine levant&#225;ndose-, hace mucho tiempo que no he cogido a un beb&#233; y un beb&#233; como &#233;ste &#161;quiero verlo desde m&#225;s cerca!

&#161;Mientras eso no te d&#233; ideas! -mascull&#243; Zo&#233;.

&#191;No te gustar&#237;a tener un hermanito? -pregunt&#243; Marcel, guas&#243;n.

&#191;Y qui&#233;n ser&#237;a el padre, si puedo hacer una pregunta indiscreta? -respondi&#243; Zo&#233;, mientras fulminaba a su madre con la mirada.

Zo&#233; -balbuce&#243; Jos&#233;phine, desconcertada por la vehemencia de su hija.

Jos&#233;phine se hab&#237;a acercado a Josiane, que hab&#237;a cogido a J&#250;nior en sus brazos y se inclinaba sobre &#233;l, dispuesta a dar un beso a sus rizos rojizos. J&#250;nior la mir&#243; fijamente, su rostro se arrug&#243; y emiti&#243; un eructo lleno de pur&#233; de zanahoria, que fue a parar a la camisa de Jo y a la blusa de seda de Josiane.

&#161;J&#250;nior!-gru&#241;&#243; Josiane d&#225;ndole golpecitos en la espalda-. Lo siento.

No importa -dijo Jos&#233;phine, sec&#225;ndose la camisa-. Eso s&#243;lo quiere decir que ha digerido bien.

&#161;Bomboncito, t&#250; tambi&#233;n te has puesto perdida! -dijo Marcel, ocup&#225;ndose de J&#250;nior.

&#161;Es como si hubiese apuntado hacia vosotras dos! -dijo Zo&#233; ri&#233;ndose-. Ya lo entiendo, debe de estar harto de toda la gente que quiere besarle y tocarle. Deber&#237;a respetarse m&#225;s a los beb&#233;s, pedirles permiso antes de hacerles cari&#241;itos.

&#191;No quiere venir a limpiarse al cuarto de ba&#241;o? -propuso Josiane a Jos&#233;phine.

&#161;Sobre todo porque esto empieza a apestar!-dijo Hortense tap&#225;ndose la nariz-. Nunca tendr&#233; hijos, huelen demasiado mal.

J&#250;nior le dedic&#243; una mirada de desolaci&#243;n, que parec&#237;a decir: &#161; Y yo que cre&#237;a que eras mi amiga!.

En la habitaci&#243;n, Josiane propuso a Jos&#233;phine prestarle una blusa limpia. Jos&#233;phine acept&#243; y empez&#243; a desvestirse. Jos&#233;phine se rio:

No ha sido un eructo, sino una erupci&#243;n. &#161;Deber&#237;a llamarse Stromboli, su peque&#241;o!

Josiane abri&#243; la puerta de su armario y sac&#243; dos blusas blancas con pechera bordada. Tendi&#243; una a Jos&#233;phine que le dio las gracias.

&#191;Quiere ducharse? -propuso Josiane, inc&#243;moda.

Acababa de comprender que la pechera blanca no era del gusto de Jos&#233;phine.

No, gracias, &#161;su hijo es asombroso!

A veces me pregunto si es normal &#161;Est&#225; demasiado avanzado para su edad!

Eso me recuerda una historia Un beb&#233; que defendi&#243; a su madre durante un juicio en la Edad Media. La madre hab&#237;a sido acusada de haber concebido a su hijo en pecado, entregando su cuerpo a un hombre que no era su marido. Iban a quemarla viva cuando apareci&#243; ante el juez, con su beb&#233; en brazos.

&#191;Qu&#233; edad ten&#237;a?

La misma edad que J&#250;nior Entonces la madre se dirigi&#243; al ni&#241;o, le levant&#243; en el aire y le dijo: Hermoso hijo, voy a recibir la muerte por vuestra causa y, sin embargo, no la he merecido, pero &#191;qui&#233;n querr&#237;a creer la verdad?.

&#191;Y entonces?

No morir&#225;s por mi culpa, exclam&#243; el ni&#241;o. Yo s&#233; qui&#233;n es mi padre y s&#233; que no has pecado. Con estas palabras, las comadres que asist&#237;an al proceso quedaron maravilladas, y el juez, temiendo haber comprendido mal, pidi&#243; al ni&#241;o que se explicara. &#161;No est&#225; cercano el momento en el que ser&#225; quemada!, enton&#243;, pues si se condenara a la hoguera a aquellos y aquellas que se entregaron a otros que sus mujeres y sus maridos, &#161;no habr&#237;a gente aqu&#237; que no la mereciera!.

&#191;Tan bien hablaba?

As&#237; es como lo cuenta el libro Y termin&#243; a&#241;adiendo: &#161;Y conozco mejor a mi padre que vos al vuestro!, lo que cerr&#243; el pico del juez, que absolvi&#243; a la madre.

&#191;Se ha inventado esa historia para tranquilizarme?

&#161;No! Est&#225; en los libros de La tabla redonda.

Est&#225; bien ser una intelectual. Yo dej&#233; los estudios muy pronto.

Pero ha aprendido a vivir. Y eso es m&#225;s &#250;til que cualquier diploma.

Es usted muy amable. A veces echo de menos el no tener cultura. &#161;Pero eso no se puede recuperar!

&#161;Claro que s&#237;! &#161;Tan cierto como que dos y dos son cuatro!

Eso s&#237; lo s&#233;

Y Josiane, aliviada, le dio un empuj&#243;n en los ri&#241;ones a Jos&#233;phine que, sorprendida, se qued&#243; quieta un momento y despu&#233;s se lo devolvi&#243;.

Y as&#237; fue como se hicieron amigas.

Sentadas sobre la cama, aboton&#225;ndose sus camisas con pechera, se pusieron a hablar. De ni&#241;os peque&#241;os y de ni&#241;os grandes, de hombres que creemos grandes y que resultan ser peque&#241;os, y de lo contrario tambi&#233;n. De esas cosas que se dicen para no decir nada, y con las que tanto aprende uno del otro, en las que se busca la frase que favorezca la confidencia o la interrumpa en el acto, en las que se esp&#237;a con el ojo tras el mech&#243;n de pelo, la sonrisa que se contrae o se expande. Josiane recoloc&#243; la pechera de la camisa de Jos&#233;phine, que se dej&#243; hacer. Reinaba una atm&#243;sfera amigable y tierna en la habitaci&#243;n.

Se siente una a gusto en su casa

Gracias -dijo Josiane-. &#191;Sabe?, cuando supe que ven&#237;a, no sab&#237;a si ten&#237;a ganas de conocerla. No me la imaginaba as&#237;

&#191;Me imaginaba m&#225;s bien como mi madre? -pregunt&#243; Jos&#233;phine con una sonrisa.

No me gusta mucho su madre.

Jos&#233;phine suspir&#243;. No quer&#237;a hablar mal de Henriette, pero comprend&#237;a lo que pod&#237;a sentir Josiane.

&#161;Me trataba como a una chacha!

Usted quiere a Marcel, &#191;verdad? -pregunt&#243; Jos&#233;phine en voz baja.

&#161;Ay, s&#237;! Al principio, me cost&#243;. Era demasiado dulce, yo estaba acostumbrada a los granujas, a los duros. La amabilidad me parec&#237;a sospechosa. Y despu&#233;s tiene un coraz&#243;n tan puro, cuando me mira, me siento limpia. Ha lavado mis miserias. El amor me ha vuelto mejor.

Jos&#233;phine pens&#243; en Philippe. Cuando me mira, me siento gigante, hermosa, intr&#233;pida. Ya no tengo miedo. Diez minutos y medio de felicidad pura. No dejaba de volver a pasarse la pel&#237;cula del beso con sabor a pavo. Enrojeci&#243; y su pensamiento volvi&#243; a Marcel.

Durante mucho tiempo ha sido infeliz con mi madre. Le trataba mal. Yo sufr&#237;a por &#233;l. Desde que ya no la veo, me siento mucho mejor.

&#191;Hace mucho tiempo?

Tres a&#241;os, aproximadamente. Desde que se fue Antoine

Jos&#233;phine record&#243; la escena en casa de Iris, en la que su madre la hab&#237;a aplastado con su desd&#233;n. Mi pobre hija, incapaz de conservar incluso al hombre m&#225;s despreciable, incapaz de ganar dinero, incapaz de triunfar, &#191;c&#243;mo te las vas a arreglar sola, con dos hijas? Ese d&#237;a, ella se hab&#237;a rebelado. Hab&#237;a escupido todo lo que ten&#237;a en su coraz&#243;n. Desde entonces no se hab&#237;an vuelto a ver.

Mi madre muri&#243;. Si puede llam&#225;rsele a eso una madre Ni una caricia, ni un beso, &#161;s&#243;lo golpes y broncas! Cuando la enterraron, llor&#233;. La pena es como el amor, no son cosas que puedan controlarse. Ante la fosa en el cementerio, me dec&#237;a que era mi madre, que un hombre la hab&#237;a amado, le hab&#237;a dado hijos, que hab&#237;a re&#237;do, cantado, llorado, esperado De pronto se volv&#237;a un ser humano.

Lo s&#233;, a veces me digo lo mismo. Que deber&#237;amos reconciliarnos antes de que fuese demasiado tarde.

&#161;Hay que tener cuidado con ella! No sea usted demasiado buena, &#161;y ser buena no es ser idiota!

Yo soy las dos cosas: &#161;buena e idiota!

&#161;Oh, no!-protest&#243; Josiane-. Idiota no He le&#237;do su libro &#161;y no est&#225; escrito por una idiota!

Jos&#233;phine sonri&#243;.

Gracias. &#191;Por qu&#233; una nunca est&#225; segura de s&#237; misma? Es una enfermedad femenina, &#191;verdad?

Conozco pocos hombres que duden, y si no, &#161;se cuidan mucho de que los dem&#225;s se den cuenta!

&#191;Puedo hacerle una pregunta indiscreta? -pregunt&#243; Jos&#233;phine mirando a Josiane a los ojos.

Josiane asinti&#243; con la cabeza.

&#191;Va usted a casarse con Marcel?

Josiane puso cara de sorpresa, despu&#233;s sacudi&#243; la cabeza vigorosamente.

&#191; Por qu&#233; ponerse un anillo en el dedo? &#161;No somos palomas!

Jos&#233;phine se ech&#243; a re&#237;r.

&#161;Me toca a m&#237; hacerle una pregunta indiscreta!-declar&#243; Josiane dando golpecitos en la colcha-. Si se asusta, no responda.

Vamos -dijo Jos&#233;phine.

Josiane respir&#243; profundamente y dijo:

&#191;Ama usted a Philippe? Y &#233;l la quiere tambi&#233;n, eso salta a la vista.

Jos&#233;phine se sobresalt&#243;.

&#191;Se nota?

En primer lugar, se ha puesto usted muy guapa Y eso es que hay un hombre detr&#225;s. &#161;Mujer acicalada, hombre conquistado!

Jos&#233;phine enrojeci&#243;.

Despu&#233;s Se preocupan tanto de no mirarse, se empe&#241;an tanto en no dirigirse el uno al otro &#161;que se convierte en una verdad a gritos! Intente ser natural, se notar&#225; menos. Lo digo por sus hijas, porque a m&#237;, a m&#237; me gusta, huelo que se puede confiar en &#233;l. Y adem&#225;s &#161;qu&#233; guapo es! &#161;Pura confitura, ese hombre!

Es el marido de mi hermana -balbuce&#243; Jos&#233;phine.

No dejo de repetirme esas palabras cuando hablo de &#233;l. &#161;Ya podr&#237;a inventarme otra cosa! Voy a acabar por reducirlo a esa sola definici&#243;n, el marido de mi hermana.

&#161;Contra eso no puede luchar! &#161;El amor no llama al timbre antes de entrar! Se presenta, se impone, provoca peleas y adem&#225;s, si la conozco a usted bien, &#161;no se habr&#225; lanzado a sus brazos!

&#161;Oh, eso no!

&#161;Incluso habr&#225; pedaleado marcha atr&#225;s con todas sus fuerzas!

&#161;Y sigo pedaleando!

Tenga cuidado de todas formas. Porque cuando eso se desintegra, &#161;no se puede recuperar con un recogedor!

La que va a quedar desintegrada voy a ser yo si esto contin&#250;a.

&#161;Vamos! Este tipo de asuntos son m&#225;s bien un regalo, &#161;no lo transforme en un drama! Preguntar&#233; por usted a madame Suzanne. D&#233;jeme un mech&#243;n de su cabello y, con s&#243;lo palparlo, ella le dir&#225; si lo suyo va a funcionar.

Y entonces Josiane le explic&#243; el don y las virtudes de madame Suzanne. Jos&#233;phine arrug&#243; la nariz, no, no, no me gusta demasiado ese tema de los videntes.

&#161;Oh! &#161;Ella se sentir&#237;a muy molesta si la llamasen vidente! Es una lectora de almas.

Y adem&#225;s, no tengo ganas de saberlo. Prefiero la belleza de lo impreciso

&#161;No vive usted en este planeta! Bueno, lo entiendo. &#161;Pero tenga cuidado con sus hijas! Sobre todo con la peque&#241;a, &#161;no parece dispuesta a morder el anzuelo!

Est&#225; en lo que se llama la edad del pavo. Metida de lleno. Lo &#250;nico que puedo hacer es tom&#225;rmelo con mucha paciencia. Ya he pasado por ello con Hortense. Una noche se acuestan siendo unos angelitos mofletudos y se despiertan al d&#237;a siguiente convertidos en demonios con cuernos.

&#161;Si usted lo dice!

Josiane parec&#237;a pensar de modo distinto.

Es una pena que no quiera usted ver a madame Suzanne. Ella predijo la muerte de su marido. Un animal de afiladas fauces. &#191;Es cierto que lo devor&#243; un cocodrilo?

Eso pensaba, pero el otro d&#237;a, en el metro

Y Jos&#233;phine le cont&#243; la historia. El hombre del cuello vuelto rojo, el ojo cerrado, la cicatriz, la postal de Kenya. Lo solt&#243; todo sin reticencias. Sent&#237;a que Josiane la escuchaba con aire condescendiente, y la contemplaba con su mirada c&#225;lida y atenta, fija en su pechera blanca.

&#191;Cree que tengo alucinaciones?

No pero madame Suzanne lo vio en las fauces de un cocodrilo y raramente se equivoca. &#161;No me negar&#225; que es una muerte muy poco com&#250;n!

&#161;No! Es incluso la &#250;nica cosa original que le ocurri&#243;.

Jos&#233;phine solt&#243; una risa extra&#241;a, una risa nerviosa, y despu&#233;s se detuvo, inc&#243;moda.

Quiz&#225;s le haya visto, en efecto, en las fauces de un cocodrilo, pero quiz&#225;s no haya muerto -sugiri&#243; Josiane.

&#191;Cree que habr&#237;a podido salvarse?

Eso explicar&#237;a el ojo cerrado y la cicatriz.

Josiane reflexion&#243; un instante y despu&#233;s, como si acabara de comprender algo, exclam&#243;:

Por esa raz&#243;n quer&#237;a usted la direcci&#243;n de esa mujer, Myl&#232;ne &#161;Para saber si ella tambi&#233;n hab&#237;a recibido noticias!

Fue la amante de mi marido. Si nos ha escrito, seguramente le ha escrito a ella tambi&#233;n. O la ha llamado por tel&#233;fono

S&#233; que llam&#243; a Marcel hace poco. Habla mucho de sus hijas. Pregunta por ellas. Le pidi&#243; su direcci&#243;n para enviarle una felicitaci&#243;n de Navidad.

Tiene sentido de la tradici&#243;n. Me he dado cuenta de que uno presta m&#225;s atenci&#243;n a esas cosas cuando vive en el extranjero. En Francia tenemos tendencia a olvidarlo. Marcel tiene su direcci&#243;n

La anot&#243; en un papel que me ense&#241;&#243; esta ma&#241;ana. No quer&#237;a olvidarse de d&#225;rsela.

Se levant&#243;, busc&#243; en una mesita de noche, vio una hoja de papel all&#237; encima, la ley&#243; y se la tendi&#243;.

Es &#233;sta, creo En todo caso, &#233;sta es la &#250;ltima que tuvo de ella. A veces se pone en contacto con &#233;l, cuando tiene problemas

&#191;Y a usted no le gusta?

Josiane sonri&#243; encogi&#233;ndose de hombros.

Esa chica es lista. As&#237; que no me f&#237;o Ya sabe usted que la pasta &#161;vuelve a la gente miope! Mi osito se convierte en un Apolo, rodeado de todos esos billetes que le borran los michelines.



* * *


En el camino de vuelta, mientras Philippe conduc&#237;a el coche, Jos&#233;phine se dijo que le gustaba mucho Josiane. Las raras veces que hab&#237;a visitado el almac&#233;n de Marcel, en la avenida Niel, s&#243;lo hab&#237;a obtenido una imagen parcial de ella: la de una secretaria detr&#225;s de su mesa mascando chicle. Las palabras de su madre hab&#237;an completado el retrato, esa secretaria asquerosa, dec&#237;a Henriette escupiendo cada s&#237;laba. Sobre la imagen de ese busto femenino se hab&#237;a superpuesto otra, la de una mujer de poca virtud, com&#250;n, venal, maquillada como una m&#225;scara de carnaval. Es todo lo contrario, suspir&#243;. Es buena, dulce, atenta. Esponjosa.

Shirley y Gary hab&#237;an ido a pasear por el Marais. Jos&#233;phine volv&#237;a a su casa con Philippe, las ni&#241;as y Alexandre. Philippe conduc&#237;a la gran berlina en silencio. En la radio sonaba un concierto de Bach. Alexandre y Zo&#233; charlaban detr&#225;s. Hortense acariciaba con las yemas de los dedos el sobre que conten&#237;a los doscientos euros. La lluvia mezclada con nieve blanda dibujaba sobre el cristal c&#237;rculos vacilantes, que los limpiaparabrisas borraban con un ballet regular.

Fuera, sobre los &#225;rboles helados vestidos de bombillas luminosas, ve&#237;a la decoraci&#243;n navide&#241;a de los Campos El&#237;seos y la avenida Montaigne. &#161;Navidad! &#161;Nochevieja! &#161;A&#241;o Nuevo! &#161;Cu&#225;ntos rituales para justificar vestir de guirnaldas los &#225;rboles helados! Seremos una familia que vuelve a casa, es domingo por la tarde, los ni&#241;os jugar&#225;n mientras se prepara la cena. Acabamos de comer, no tenemos hambre, pero vamos a forzarnos a cenar. Jos&#233;phine cerr&#243; los ojos y sonri&#243;. Siempre sue&#241;o en conyugal, nunca sue&#241;o canalla. Soy una mujer aburrida. No tengo ninguna fantas&#237;a. Pronto Philippe volver&#225; a Londres. Ma&#241;ana o pasado ir&#225; a ver a Iris a la cl&#237;nica. &#191;De qu&#233; deb&#237;an de hablar durante esas visitas? &#191;Se mostrar&#237;a tierno? &#191;La coger&#237;a en sus brazos? &#191;Y ella? &#191;C&#243;mo se comportar&#237;a ella? &#191;Alexandre estar&#237;a siempre presente?

La mano c&#225;lida y suave de Philippe cubri&#243; la suya y la acarici&#243;. Ella se la apret&#243; tambi&#233;n, pero tuvo miedo de que los ni&#241;os se diesen cuenta y se solt&#243;.

En el vest&#237;bulo del edificio se dieron de bruces con Herv&#233; Lefloc-Pignel, que corr&#237;a detr&#225;s de su hijo Ga&#233;tan gritando: Vuelve, vuelve, in-me-dia-ta-men-te, he dicho inmediatamente. Se los cruz&#243; sin detenerse, abri&#243; la puerta y se precipit&#243; por la avenida.

Atravesaron el vest&#237;bulo y se dirigieron hacia el ascensor.

&#191;Has visto? &#161;Estaba completamente despeinado!-cuchiche&#243; Zo&#233;-. &#161;El, normalmente tan impecable!

Parec&#237;a fuera de s&#237;, &#161;no me gustar&#237;a estar en el lugar de su hijo! -murmur&#243; Alexandre.

&#161;Callaos, ah&#237; vuelven! -susurr&#243; Hortense.

Herv&#233; Lefloc-Pignel atravesaba el amplio vest&#237;bulo del edificio sosteniendo a su hijo por el cuello de su chaqueta. Se detuvo frente al gran espejo y grit&#243;:

&#191;Te has visto, ni&#241;ato est&#250;pido? &#161;Te hab&#237;a prohibido tocarla!

&#161;Pero si yo s&#243;lo quer&#237;a que tomase el aire! &#161;Tambi&#233;n ella se aburre! &#161;Nos aburrimos todos en casa! &#161;No podemos hacer nada! &#161;Estoy harto de colores obligatorios, yo quiero cuadros escoceses! &#161;Escoceses!

Hab&#237;a pronunciado esas &#250;ltimas palabras gritando. Su padre le sacudi&#243; violentamente para hacerle callar. El ni&#241;o tuvo miedo y, levantando los brazos para protegerse, dej&#243; caer un objeto redondo y marr&#243;n que rebot&#243; en el suelo. Herv&#233; Lefloc-Pignel solt&#243; un chillido.

&#161;Mira lo que has hecho! &#161;Rec&#243;gela, rec&#243;gela!

Ga&#233;tan se agach&#243;, cogi&#243; la cosa entre sus dedos y, manteni&#233;ndose a distancia por miedo de recibir un golpe, se la tendi&#243; a su padre. Herv&#233; Lefloc-Pignel la cogi&#243;, la pos&#243; delicadamente en la palma de su mano y la acarici&#243;.

&#161;No se mueve! &#161;La has matado! &#161;La has matado!

Se inclin&#243; con suavidad sobre la cosa habl&#225;ndole con dulzura.

Gracias al efecto de los espejos, ellos asist&#237;an a la escena sin mostrarse y no perd&#237;an comba. Philippe les hizo una se&#241;a para que no hiciesen ruido. Se metieron en el ascensor.

En todo caso, es efectivamente el Lefloc-Pignel que conoc&#237;a No ha cambiado. &#161;En qu&#233; estado pueden ponerse a veces las personas! -dijo Philippe cerrando la puerta.

Ahora mismo la gente est&#225; a punto de estallar-suspir&#243; Jos&#233;phine-. Hay violencia por todas partes. La noto cada d&#237;a en la calle, en el metro, es como si la gente ya no se soportase. Como si la vida les pasara por encima y estuviesen dispuestos a aplastar al pr&#243;jimo para evitarlo. Se pelean por cualquier cosa, dispuestos a saltar al cuello. Me da miedo. Antes, no ten&#237;a tanto miedo

&#161;No me atrevo a pensar lo que debe de sufrir ese pobre chico! -dijo Philippe.

Estaban en la cocina, las ni&#241;as y Alexandre, en el sal&#243;n, encendieron la televisi&#243;n.

Qu&#233; odio hab&#237;a en su voz Cre&#237; que iba a destrozarlo.

&#161;No exageres tampoco!

S&#237;, te lo aseguro. Siento el odio, lo siento en el aire. Se infiltra en todos lados.

&#161;Venga! Vamos a abrir una buena botella, hacer un buen plato de pasta y a olvidarlo -propuso Philippe abraz&#225;ndola.

No s&#233; si bastar&#225; -suspir&#243; Jos&#233;phine, poni&#233;ndose r&#237;gida.

El malestar se expand&#237;a, la invad&#237;a, la cubr&#237;a con un pesado manto negro. Perd&#237;a el equilibrio. Ya no estaba segura de nada. Ya no ten&#237;a ganas de abandonarse a &#233;l.

&#161;No exageres! Simplemente ha perdido los nervios. No te llevar&#233; nunca a un partido de f&#250;tbol. &#161;Quedar&#237;as aterrada!

&#161;Lloro al ver un anuncio del amigo Ricor&#233; en la tele! Me gustar&#237;a formar parte de la familia Ricor&#233;

Se volvi&#243; hacia &#233;l, esboz&#243; una sonrisa temblorosa, que le ofreci&#243; en un esfuerzo por compartir la angustia que la paralizaba.

Estoy aqu&#237;, te defender&#233;, conmigo no tienes nada que temer -dijo, tom&#225;ndola en sus brazos.

Jos&#233;phine sonri&#243; distra&#237;damente. Estaba pendiente de otra cosa. Hab&#237;a notado algo familiar en la escena a la que acababa de asistir. Una violencia, el estallido de una voz, un gesto que se arrastraba como una larga bufanda. Rebusc&#243; en su memoria para recordar. No lo encontraba, pero se sent&#237;a amenazada. &#191;Otro misterio de su infancia que empezaba a revelarse? &#191;A conducirla hacia otro drama? &#191;Cu&#225;ntos dramas se ocultan, de ni&#241;o, para no sufrir? Hab&#237;a olvidado durante treinta a&#241;os que su madre hab&#237;a estado a punto de ahogarla. Esa noche, en el recibidor del inmueble, ante el espejo y las plantas, se hab&#237;a colado otro peligro. Una sombra amenazante, huidiza, sostenida por una sola nota que la hab&#237;a dejado helada. Una sola nota. Sinti&#243; un escalofr&#237;o. Nadie puede comprender la muda violencia que me amenaza. &#191;C&#243;mo explicar ese miedo fantasma que no tiene nombre, pero que se desliza y me envuelve? Estoy sola. Nadie puede ayudarme. Nadie puede comprenderme. Siempre estamos solos. Tengo que dejar de hacerme ilusiones rom&#225;nticas para consolarme, tengo que dejar de refugiarme en brazos de hombres encantadores. Esa no es la soluci&#243;n.

Jos&#233;phine, &#191;qu&#233; te pasa? -pregunt&#243; Philippe, con un halo de inquietud en la mirada.

No lo s&#233;

Puedes dec&#237;rmelo todo, ya lo sabes.

Ella sacudi&#243; la cabeza. Recib&#237;a, como una pu&#241;alada, la doble certeza de que estaba sola y en peligro. No sab&#237;a de d&#243;nde ven&#237;a ese convencimiento. Le mir&#243; y sinti&#243; rencor contra &#233;l. &#191;C&#243;mo pod&#237;a estar tan seguro de s&#237; mismo? &#191;Tan seguro de m&#237;? &#191;Tan seguro de bastar para mi felicidad? &#161;Como si la vida fuera tan sencilla! Sinti&#243; su necesidad de protecci&#243;n como una intrusi&#243;n, su declaraci&#243;n de protecci&#243;n como una intolerable arrogancia.

Te equivocas, Philippe. No eres una soluci&#243;n. T&#250; eres un problema para m&#237;.

El la mir&#243;, estupefacto.

&#191;Qu&#233; te pasa?

Ella hablaba mirando al vac&#237;o, los ojos muy abiertos como si estuviese leyendo un gran libro, el gran libro de las verdades.

Est&#225;s casado. Con mi hermana. Pronto te marchar&#225;s a Londres; antes de eso, ir&#225;s a ver a Iris, es tu mujer, es normal, pero tambi&#233;n es mi hermana, y eso, eso no es normal.

&#161;Jos&#233;phine! &#161;Para!

Ella le hizo una se&#241;al para que callara y continu&#243;:

Nada ser&#225; nunca posible entre nosotros. Est&#225;bamos so&#241;ando. Hemos vivido un cuento, un cuento de Navidad, pero Acabo de bajar de nuevo a la realidad. No me preguntes c&#243;mo porque no lo s&#233;.

Pero estos &#250;ltimos d&#237;as parec&#237;as

Estos &#250;ltimos d&#237;as estaba so&#241;ando Acabo de comprenderlo ahora.

&#191;As&#237; que eso era, esa infelicidad que hab&#237;a sentido abatirse sobre ella con un negro tijeretazo? Deb&#237;a renunciar a &#233;l y cada palabra que cortaba su relaci&#243;n era una cuchillada en pleno coraz&#243;n. Ella dio un paso atr&#225;s, luego otro y declar&#243;:

&#161;Atr&#233;vete a contradecirme! Ni siquiera t&#250; puedes cambiar eso. Iris estar&#225; siempre entre nosotros.

El la miraba como si la viese por primera vez, como si nunca hubiese visto a esa Jos&#233;phine, dura y decidida.

No s&#233; qu&#233; decir. Quiz&#225;s tengas raz&#243;n Quiz&#225;s est&#233;s equivocada

Mucho me temo que tengo raz&#243;n.

Se hab&#237;a alejado de &#233;l y le contemplaba, los brazos cruzados sobre el pecho.

Prefiero sufrir ahora mismo. De golpe en vez de perecer a fuego lento.

Si eso es lo que quieres

Ella asinti&#243; con la cabeza en silencio, se abraz&#243; el pecho con fuerza, para evitar que sus brazos se tendiesen hacia &#233;l. Dio otro paso atr&#225;s, y otro. Al mismo tiempo suplicaba, va a protestar, a hacerme callar, a taparme la boca, a decir que estoy loca, mi loca querida, mi loca que quiero, mi loca que vuela, mi loca por qu&#233; dices eso, mi loca recuerda. El la miraba, inm&#243;vil, con la mirada sombr&#237;a, y en esa mirada se reflejaban sus &#250;ltimos d&#237;as juntos, los dedos que se rozaban bajo una mesa, las manos que se entrelazaban en la penumbra de un pasillo, las caricias robadas al coger un abrigo, al sostener una puerta, al recoger las llaves, besos murmurados con la punta de los labios y el largo, largo beso contra la barra del horno, el sabor a ciruela negra, a relleno, a armagnac Las im&#225;genes pasaban como una pel&#237;cula muda en blanco y negro por su mirada y ella pod&#237;a leer su historia en sus ojos. Despu&#233;s &#233;l parpade&#243;, la pel&#237;cula se detuvo, se pas&#243; la mano por el pelo como para prohibirse posarla sobre ella y, sin decir nada, sonri&#243;. Se detuvo un instante en el umbral, dispuesto a a&#241;adir algo, pero cambi&#243; de opini&#243;n y cerr&#243; la puerta al salir.

Le oy&#243; llamar a su hijo:

Alex, cambio de planes, volvemos a casa.

&#161;Pero no han terminado Los Simpson, pap&#225;! &#161;S&#243;lo faltan diez minutos!

&#161;No! &#161;Ahora! Coge tu abrigo

&#161;Diez minutos, pap&#225;!

Alexandre

&#161;Jo, qu&#233; fastidio!

&#161;Alexandre!

Su voz hab&#237;a subido de tono. Imperiosa, ruda. Jos&#233;phine sinti&#243; un escalofr&#237;o. No conoc&#237;a esa voz. No conoc&#237;a a ese hombre que daba &#243;rdenes y esperaba que le obedecieran. Escuch&#243; el silencio que sigui&#243;, aguz&#243; el o&#237;do, esper&#243; que la puerta se abriese, que volviera, que dijera, Jos&#233;phine

La puerta de la cocina se entreabri&#243;. Jos&#233;phine se ech&#243; hacia delante.

Alexandre asom&#243; la cabeza.

&#161;Adi&#243;s, Jo! -solt&#243; sin mirarla.

Adi&#243;s, cari&#241;o.

Oy&#243; cerrarse la puerta de la entrada. Y la voz de Zo&#233; gritar: Pero &#191;por qu&#233; se van? No han terminado Los Simpson.

Jos&#233;phine se mordi&#243; el pu&#241;o para no gritar su pena.



* * *


Al d&#237;a siguiente, en el buz&#243;n, hab&#237;a una postal de Antoine. Sellada en Mombasa. Escrita con rotulador negro de punta gruesa.

Feliz Navidad, mis amorcitos. Pienso mucho en vosotras, tanto como os quiero. Estoy mejor, pero todav&#237;a es demasiado pronto para que pueda viajar y reunirme con vosotras. Os deseo un a&#241;o nuevo lleno de sorpresas, de amor y de &#233;xito. Besad a mam&#225; por m&#237;. Hasta muy pronto.

Vuestro pap&#225; querido.

Jos&#233;phine analiz&#243; la letra: era la de Antoine. Siempre dibujaba la letra jota s&#243;lo hasta la mitad, en lugar de escribirla hasta el final, como si fuese demasiado cansado alargar la l&#237;nea hasta arriba, y retorc&#237;a las eses como mu&#241;ones de chinas con los pies vendados.

Despu&#233;s ech&#243; un vistazo al matasellos: 26 de diciembre. Esta vez no pod&#237;a pensar que era una vieja postal escrita antes de morir. La reley&#243; varias veces. Sola frente a la letra de Antoine. Shirley y Gary hab&#237;an vuelto tarde el d&#237;a anterior, las ni&#241;as todav&#237;a dorm&#237;an. Deposit&#243; la postal sobre la mesa de la entrada, bien a la vista, y fue a hacerse una taza de t&#233;. Mientras esperaba a que el agua hirviese, acodada cerca del hervidor el&#233;ctrico verde almendra, esperando las primeras burbujas, le vino una pregunta a la mente: &#191;por qu&#233; Antoine no daba nunca ni direcci&#243;n ni tel&#233;fono para localizarle?

Era su segundo env&#237;o sin indicar la m&#225;s m&#237;nima se&#241;a. Cualquier cosa: una direcci&#243;n e-mail, un apartado de correos, un n&#250;mero de tel&#233;fono, un hotel &#191;Ten&#237;a miedo de que le encontraran y le pidiesen explicaciones? &#191;Estaba tan desfigurado que tem&#237;a provocar aversi&#243;n? &#191;Viv&#237;a en el metro de Par&#237;s? Y si viv&#237;a en Par&#237;s, &#191;dirig&#237;a sus cartas a sus amigos del Crocodile Caf&#233; de Mombasa para que las enviasen, y sus hijas creyeran que estaba todav&#237;a all&#237;? &#191;O todo eso no era m&#225;s que una supercher&#237;a y estaba muerto, bien muerto? Pero entonces &#191;a qui&#233;n le interesaba hacer creer que estaba vivo? &#191;Y por qu&#233; raz&#243;n?

&#191;Para asustarla? &#191;Para extorsionarla? Ahora era rica. Es lo que subrayaban los peri&#243;dicos que, cuando evocaban el &#233;xito del libro, no se privaban nunca de hablar de los millones que hab&#237;a ganado la escritora.

&#191;Se habr&#237;a enterado de que ella era la aut&#233;ntica autora de Una reina tan humilde? Si no estaba muerto, le&#237;a los peri&#243;dicos. O los hab&#237;a le&#237;do en el momento del esc&#225;ndalo provocado por Hortense en la televisi&#243;n. Y, en ese caso, &#191;exist&#237;a una relaci&#243;n entre la agresi&#243;n de la que hab&#237;a sido v&#237;ctima y la reaparici&#243;n de Antoine? Porque, si a ella le pasaba cualquier cosa, ser&#237;an las ni&#241;as las que heredar&#237;an.- Las ni&#241;as y Antoine.

Estoy delirando, se dijo, mirando c&#243;mo el nivel de agua del hervidor se alborotaba por las burbujas. &#161;Antoine era incapaz de disparar contra un conejo de feria! S&#237;, pero el dulce, el sensible, siempre sue&#241;a con la rudeza, la virilidad, como un medio para escapar de la realidad, de la presi&#243;n que sufre, de la ineluctable constataci&#243;n de su impotencia. La sociedad actual empuja a la gente a la violencia como &#250;nica afirmaci&#243;n de s&#237; misma. Si se ha enterado de mi &#233;xito, &#191;c&#243;mo no pensar que no lo haya vivido como un insulto personal? Yo, Jos&#233;phine, la tonta de la Edad Media, a quien siempre hab&#237;a mantenido bajo tutela, consigo el &#233;xito y me convierto en una provocaci&#243;n viviente, que compara con sus repetidos fracasos. Eso desarrolla en &#233;l un sentimiento de inferioridad y de frustraci&#243;n, que s&#243;lo puede suprimir suprimi&#233;ndome a m&#237;. R&#225;pida ecuaci&#243;n en la mente de un hombre en fuga.

Antoine cre&#237;a en el &#233;xito, en el &#233;xito f&#225;cil. No cre&#237;a ni en Dios ni en el Hombre, cre&#237;a en &#233;l. Tonio Cort&#232;s, el deslumbrante. Un fusil en la cadera, una bota sobre la fiera sacrificada, la luz de un flash que le inmortaliza. &#191;Cu&#225;ntas veces le he dicho que deb&#237;a edificarse pacientemente, que no deb&#237;a quemar etapas? El &#233;xito se construye desde el interior. No llega por arte de magia. Han sido mis a&#241;os de estudios e investigaci&#243;n los que han hecho que mi novela estuviese viva, llena de mil detalles que resonaron en la mente de los lectores. El alma tiene su papel. El alma de la investigadora humilde, erudita, paciente. La sociedad, hoy, ha dejado de creer en el alma. Ya no cree en Dios. Ya no cree en el Hombre. Ha abolido las may&#250;sculas, lo escribe todo en min&#250;scula, engendra la desesperaci&#243;n y la amargura en los d&#233;biles, las ganas de desertar de los dem&#225;s. Impotentes e inquietos, los sabios se alejan, dejando campo libre a los &#225;vidos locos.

S&#237; pero &#191;por qu&#233; habr&#237;a asesinado a la se&#241;ora Berthier? &#191;Porque llevaba el mismo sombrero y crey&#243; que era yo en la oscuridad? Eso no es posible si lleva en Francia alg&#250;n tiempo. Si me esp&#237;a, si me sigue, si conoce mis costumbres.

Oy&#243; el canto de las burbujas en el hervidor, el lento crescendo del agua que ruge hasta llegar al clic. Verti&#243; el agua hirviendo sobre las hojas de t&#233; negro. Tres minutos y medio de infusi&#243;n, insist&#237;a Shirley. M&#225;s de tres minutos y medio, queda agrio, menos, queda ins&#237;pido. El detalle tiene su importancia, todos los detalles tienen siempre su importancia, recu&#233;rdalo, Jo.

Hay un detalle que no encaja, un detallito de nada. Un detalle que he visto sin verlo. Recapitul&#243;. Antoine. Mi marido. Muerto a los cuarenta y tres a&#241;os, cabello casta&#241;o, talla media, franc&#233;s medio, calza un treinta y nueve, v&#237;ctima de sudores abundantes en p&#250;blico, fan de Julien Lepers y de Cuestiones para un campe&#243;n, de las manicuras rubias, de los vivaques africanos y de las fieras convertidas en alfombra. Mi marido, que vend&#237;a fusiles con la condici&#243;n de no meter cartuchos en ellos. En Gunman le apreciaban por su dulzura, por sus buenas maneras, por su conversaci&#243;n. Estoy divagando. Desde ayer por la noche no pienso m&#225;s que tonter&#237;as.

Permaneci&#243; un momento pensativa, rodeando la tetera ardiente con las manos, pensando en Antoine, y despu&#233;s en el hombre del cuello vuelto rojo, el ojo cerrado, la cicatriz

Antoine no es un asesino. Antoine es d&#233;bil, eso seguro, pero no me desea ning&#250;n mal. No estoy dentro de una novela polic&#237;aca, estoy dentro de mi vida. Tengo que calmarme. Est&#225; en Par&#237;s, quiz&#225;s, me sigue, es posible, quiere acercarse a m&#237;, pero no se atreve. No quiere llamar a la puerta y decir: Hola, soy yo. Quiere que sea yo la que vaya hacia &#233;l, le aborde, le proponga alojamiento, comida, ayuda. Como he hecho siempre.

En un and&#233;n de metro

Dos l&#237;neas que se cruzan.

&#191;Por qu&#233; en ese trayecto, la l&#237;nea 6, que siempre cog&#237;a ella? Le gustaba esa l&#237;nea que atravesaba Par&#237;s sobrevolando los tejados. Que se elevaba sobre las lucernas, robando trozos de vida. Un beso por aqu&#237;, un ment&#243;n de barba blanca por all&#225;, una mujer que se cepilla el pelo, un ni&#241;o que moja su tostada en el caf&#233; con leche. Una l&#237;nea que juega al potro, un salto por encima de los edificios, un salto por debajo, un salto y ahora te veo, otro salto y ahora no te veo, gran serpiente de tierra, el monstruo del lago Ness parisino. Le gustaba entrar en las estaciones de Trocad&#233;ro, Passy o, cuando hac&#237;a buen tiempo, caminar hasta Bir-Hakeim pasando por el puente. Por la placita donde se besaban los enamorados, donde el Sena refleja sus besos en el espejo de sus felinas aguas.

Corri&#243; a buscar la postal que hab&#237;a dejado en la entrada y ley&#243; la direcci&#243;n. Era la direcci&#243;n correcta. Su direcci&#243;n actual. Escrita de su pu&#241;o y letra. No corregida por una simp&#225;tica se&#241;ora de correos.

Sab&#237;a d&#243;nde viv&#237;an.

El hombre del jersey rojo de cuello vuelto del metro no estaba en la l&#237;nea 6 por casualidad. La hab&#237;a elegido porque estaba seguro de cruz&#225;rsela, un d&#237;a.

Ten&#237;a todo el tiempo del mundo.

Moj&#243; los labios en la taza e hizo una mueca. Agrio, &#161;demasiado agrio! Hab&#237;a dejado el t&#233; en infusi&#243;n demasiado tiempo.

Son&#243; el tel&#233;fono de la cocina. Dud&#243; en contestar. &#191;Y si era Antoine? Si sab&#237;a su direcci&#243;n, deb&#237;a tambi&#233;n de conocer su n&#250;mero de tel&#233;fono. Pero no. &#161;No aparezco en el list&#237;n! Descolg&#243;, tranquila.

&#191;Se acuerda de m&#237;, Jos&#233;phine, o me ha olvidado?

&#161;Luca! Adopt&#243; una voz jovial.

&#161;Buenos d&#237;as, Luca! &#191;Est&#225; usted bien?

&#161;Qu&#233; educada es usted!

&#191;Ha pasado unas buenas fiestas?

Detesto esta &#233;poca del a&#241;o en la que la gente se cree obligada a besarse, a cocinar pavos infectos

El sabor del pavo volvi&#243; a su boca, cerr&#243; los ojos. Diez minutos y medio de tierra que se abre en dos, de felicidad fugaz.

Pas&#233; la Nochebuena con una mandarina y una lata de sardinas.

&#191;Solo?

S&#237;. Es una costumbre que tengo. Odio la Navidad.

A veces, las costumbres cambian Cuando se es feliz.

&#161;Qu&#233; palabra tan vulgar!

Si usted lo dice

Y usted, Jos&#233;phine, pas&#243; una alegre Nochebuena, por lo que parece

Hablaba con una voz siniestra.

&#191;Por qu&#233; dice eso cuando no lo piensa ni por un segundo?

Claro que lo pienso, Jos&#233;phine, la conozco. Se contenta con cualquier cosa. Y le gustan las tradiciones.

Capt&#243; un tono de condescendencia en esa &#250;ltima frase, pero lo ignor&#243;. No quer&#237;a hacer la guerra, quer&#237;a comprender lo que estaba pasando en su interior. Algo que se estaba deshaciendo a sus espaldas. Se despegaba. Un viejo trozo de coraz&#243;n reseco. Ella habl&#243; del fuego en la chimenea, de los ojos brillantes de los ni&#241;os, de los regalos, del pavo quemado, lleg&#243; incluso a evocar el relleno de queso fresco y ciruelas, como un sabroso peligro que osaba afrontar, y no sinti&#243; sino una deliciosa duplicidad, una nueva libertad que crec&#237;a dentro de ella. Comprendi&#243; entonces que ya no sent&#237;a nada por &#233;l. Cuanto m&#225;s hablaba ella, m&#225;s se borraba &#233;l. El hermoso Luca que la hac&#237;a temblar cuando se cog&#237;a de su mano, cuando la met&#237;a en el bolsillo de su parka, desaparec&#237;a como una silueta en la bruma. Nos enamoramos y, un d&#237;a, nos levantamos y ya no estamos enamorados. &#191;Cu&#225;ndo hab&#237;a empezado ese desamor? Lo recordaba muy bien: el paseo alrededor del lago, la conversaci&#243;n de las chicas que corr&#237;an, el labrador sacudi&#233;ndose el agua, Luca que no la escuchaba. Su amor se hab&#237;a gastado ese d&#237;a. El beso de Philippe contra la barra del horno hab&#237;a hecho el resto. Sin que ella se diese cuenta, se hab&#237;a deslizado de un hombre a otro. Hab&#237;a desnudado a Luca de sus hermosos atav&#237;os para vestir con ellos a Philippe. El amor se hab&#237;a evaporado. Hortense ten&#237;a raz&#243;n: nos damos la vuelta un momento, percibimos un detalle y lo guay desaparece. Entonces &#191;no es m&#225;s que una ilusi&#243;n?

&#191;Quiere que vayamos al cine? &#191;Est&#225; libre, esta noche?

Esto, la verdad es que Hortense est&#225; aqu&#237; y me gustar&#237;a aprovechar mientras

Hubo un silencio. Ella le hab&#237;a ofendido.

Bueno. Ya me llamar&#225; cuando est&#233; libre, cuando no tenga nada mejor que hacer.

Luca, por favor, lo siento, pero no viene a menudo y

Lo he comprendido: &#161;el tierno coraz&#243;n de una madre!

Su tono de burla enfad&#243; a Jos&#233;phine.

&#191;Su hermano est&#225; mejor?

En estado estacionario

Ah

No se sienta obligada a preguntar por &#233;l. Es usted demasiado amable, Jos&#233;phine. Demasiado amable para ser sincera

Sinti&#243; c&#243;mo aumentaba la c&#243;lera en su interior. &#201;l se convert&#237;a en un intruso con quien ya no ten&#237;a ganas de hablar. Observaba ese sentimiento nuevo con extra&#241;eza y una cierta seguridad. Le bastaba presionar sobre esa c&#243;lera para hacer palanca y tirarle por la borda. Un hombre al agua de su indiferencia. Dud&#243;.

&#191;Jos&#233;phine? &#191;Sigue ah&#237;?

El tono era burl&#243;n, despreocupado. Reuni&#243; todo su coraje y empuj&#243; la palanca.

Tiene usted raz&#243;n, Luca, me da completamente igual su hermano, que se pasa el tiempo trat&#225;ndome de alcornoque sin que usted vea mal en ello.

Est&#225; enfermo, no consigue adaptarse a la vida.

&#161;Eso no le proh&#237;be a usted defenderme! Me da pena que no me defienda. Y que adem&#225;s me lo cuente. Como si estuviese orgulloso de humillarme. No me gusta su actitud, Luca, quiero dejarlo claro.

Las palabras se precipitaban como si las hubiese reprimido demasiado tiempo. Notaba c&#243;mo su coraz&#243;n lat&#237;a con fuerza y la emoci&#243;n le quemaba las orejas.

&#161;Ay, ay, ay! &#161;La monjita se rebela!

&#161;Y ahora se pon&#237;a a hablar como su hermano!

Adi&#243;s, Luca -dijo ella casi sin palabras.

&#191;La he molestado?

Luca, creo que no merece la pena que me vuelva a llamar.

Sinti&#243; que cog&#237;a altura. Despu&#233;s repiti&#243;, con una especie de indiferencia estudiada y una lentitud calculada que la embriag&#243;:

Adi&#243;s.

Colg&#243;. Mir&#243; el tel&#233;fono como si fuese el arma de un crimen, extra&#241;ada por su temeridad, invadida por una ola de respeto hacia esa nueva Jos&#233;phine, que colgaba en las narices a un hombre. &#191;Soy yo? &#191;Soy yo la que ha hecho eso? Se ech&#243; a re&#237;r. &#161;He roto! &#161;Por primara vez en mi vida, he roto con un hombre! Me he atrevido. Yo, la zoquete, la que lleva la nariz como una tonta en medio de la cara, la que se se&#241;ala como ahogada de oficio, la que se abandona por una manicura, la que cubr&#237;an de deudas, de acusaciones, la que se manipula. Lo he hecho.

Levant&#243; la cabeza. Era demasiado pronto para hablar con las estrellas pero, esta noche, se lo contar&#237;a. Contar&#237;a c&#243;mo ella hab&#237;a mantenido su promesa: ya nunca nadie la tratar&#237;a como a una cantidad despreciable, ya nadie la aplastar&#237;a con su desd&#233;n, ya nadie la ofender&#237;a sin que ella se defendiese. Hab&#237;a mantenido su palabra.

Corri&#243; a despertar a Shirley para contarle la buena noticia.



* * *


Henriette Grobz sali&#243; del taxi recoloc&#225;ndose el vestido de seda cruda e, inclin&#225;ndose hasta la ventanilla, pidi&#243; al taxista que la esperase. El hombre mascull&#243; que ten&#237;a cosas mejores que hacer. Henriette le prometi&#243; con tono seco una buena propina; &#233;l asinti&#243; mientras ajustaba la frecuencia de la radio. Le ofrezco dinero para que se quede sentado detr&#225;s del volante sin moverse, &#161;y protesta!, gru&#241;&#243; Henriette aplastando bajo sus tacones cuadrados la grava del paseo. &#161;Qu&#233; asco de vagos!.

Ven&#237;a a buscar a su hija. Ya basta, ya has descansado bastante, no te vas a pudrir en la habitaci&#243;n de una cl&#237;nica, eso ya no es m&#225;s que autocomplacencia; haz las maletas y prep&#225;rate para marcharte, la hab&#237;a prevenido por tel&#233;fono.

Los m&#233;dicos hab&#237;an dado su conformidad, Philippe hab&#237;a pagado la factura, Carmen la esperaba en casa.

&#191;Qu&#233; voy a hacer ahora?-pregunt&#243; Iris, ya sentada en el taxi, las manos apoyadas en las rodillas-. Aparte de una buena manicura

Escondi&#243; las manos bajo el bolso para disimular sus u&#241;as estropeadas.

Estaba bien en mi peque&#241;a habitaci&#243;n. Nadie ven&#237;a a molestarme.

Vas a luchar. A recuperar a tu marido, a reconquistar tu posici&#243;n y tu belleza, que tienes tendencia a desatender. &#161;Un mont&#243;n de espinas! &#161;En eso te has convertido! Se corta una al darte un beso. Una mujer que se abandona es una mujer sin porvenir. Eres demasiado joven para enclaustrarte.

Estoy acabada -dijo Iris con voz calmada, como si constatara un hecho.

&#161;Tonter&#237;as! Haces un poco de gimnasia, engordas un poco, te maquillas y recuperas a tu marido. A cualquier hombre se le atrapa con una buena danza del vientre. &#161;Aprende a mover las caderas!

Philippe -suspir&#243; Iris-. Viene a verme por caridad.

Le molesto, se dijo. No sabe qu&#233; hacer conmigo. No se debe molestar cuando el amor ha terminado. Hay que conseguir que te olviden, hacerse muy peque&#241;a para no precipitar la ca&#237;da. Esperar a que el otro te olvide, que no recuerde lo que tiene que reprocharte. Esperar que vuelva a ti, una vez pasada la tormenta.

&#161;Haz un esfuerzo!

No tengo ganas

Las ganas tendr&#225;s que recuperarlas, si no, acabar&#225;s como yo: vestida con ch&#225;ndales que pican y comiendo at&#250;n en aceite de coche usado, y guisantes del D&#237;a.

Iris se incorpor&#243; con una chispa de iron&#237;a en los ojos.

&#191;As&#237; que es por eso por lo que me sacas de all&#237;? &#191;Porque ya no tienes dinero y cuentas con Philippe para recuperarte econ&#243;micamente?

&#161;Ah! Ya veo que est&#225;s mejor &#161;est&#225;s recuperando fuerzas!

No te he visto muy a menudo durante estas semanas en la cl&#237;nica. Tu ausencia era notable.

Me deprim&#237;a.

Y, de pronto, vienes porque me necesitas, o m&#225;s bien necesitas el dinero de Philippe. &#161;Es desesperante!

Lo desesperante es que t&#250; renuncies mientras Jos&#233;phine, en cambio, se pavonea. Ha ido a comer a casa de ese cerdo de Marcel. &#161;Del brazo de tu marido!

Lo s&#233;, me lo ha dicho &#233;l No se esconde, &#191;sabes? Ni siquiera hace ese esfuerzo Preferir&#237;a que me mintiese, eso me dejar&#237;a algo de esperanza. Podr&#237;a decirme que me preserva, que todav&#237;a le importo.

&#191;Y t&#250; te dejas hacer?

&#191;Qu&#233; quieres que haga? &#191;Que me eche a llorar? &#191;Que me arrastre a sus pies? Eso estaba muy bien en tus tiempos. Hoy en d&#237;a la piedad ya no funciona. Ahora hay que competir en todo, incluso en amor. Se necesita nervio, siempre m&#225;s nervio, seguridad, aplomo y yo carezco absolutamente de todo eso.

No importa. Lo recuperar&#225;s

Adem&#225;s, ni siquiera estoy segura de quererle. No quiero a nadie. Hasta mi hijo me deja indiferente. No le di un beso en Nochebuena. &#161;No ten&#237;a ganas de agacharme para besarle! Soy un monstruo. As&#237; que mi marido

Hab&#237;a pronunciado las &#250;ltimas palabras con un tono despreocupado, como si esa observaci&#243;n la divirtiese en vez de afligirla.

&#191;Qui&#233;n te pide que le ames? &#161;Eres t&#250; la pasada de moda, querida!

Iris se volvi&#243; hacia su madre y decidi&#243; que la conversaci&#243;n se volv&#237;a interesante.

&#191;T&#250; quisiste a pap&#225;?

&#161;Qu&#233; pregunta m&#225;s est&#250;pida! Era un marido, no me planteaba esas cuestiones. Nos cas&#225;bamos, viv&#237;amos juntos, a veces re&#237;amos, otras no, pero no sufr&#237;amos por ello.

Iris no recordaba haber o&#237;do a sus padres re&#237;r juntos. &#201;l se re&#237;a solo de los juegos de palabras que inventaba. &#161;Qu&#233; hombre m&#225;s curioso! No se hac&#237;a notar, hablaba poco, muri&#243; como vivi&#243;: sin hacer ruido.

De todas formas -prosigui&#243; Henriette-, el amor es un enga&#241;abobos que se invent&#243; para vender libros, peri&#243;dicos, cremas de belleza y entradas de cine. En realidad, lo es todo salvo rom&#225;ntico.

Iris bostez&#243;.

Quiz&#225;s deber&#237;as haber pensado en todo eso antes de tener hijos Ahora es un poco tarde, &#191;no?

En cuanto al sexo al que tanta importancia dais hoy en d&#237;a, prefiero no hablar Es un aspecto repugnante que hay que esforzarse en cumplir para satisfacer al hombre que se menea encima de una.

Cada vez peor. Si quer&#237;as darme ganas de volver a mi habitaci&#243;n de enferma &#161;no podr&#237;as hacerlo mejor!

&#161;Pero si no has salido de all&#237; para enamorarte! Has salido para recuperar tu posici&#243;n, tu piso, tu marido, tu hijo

&#161;Mi cuenta en el banco y compartirla contigo! Lo he entendido. Pero tengo miedo de decepcionarte.

No dejar&#233; que caigas por la pendiente de la desesperaci&#243;n. &#161;Es demasiado f&#225;cil! Voy a cogerte de la mano, hija. &#161;Cuenta conmigo!

Iris sonri&#243; con una especie de desencanto tranquilo, y volvi&#243; su rostro melanc&#243;lico a la ventanilla. &#191;Qu&#233; les pasaba a todos que estaban empe&#241;ados en que pasara a la acci&#243;n? El m&#233;dico que la trataba le hab&#237;a encontrado un profesor de gimnasia, que iba a ir a su casa a reconectarla a su cuerpo. &#161;Qu&#233; espantosa jerga! Como si yo fuese un cable que se conecta a un enchufe. Era un m&#233;dico joven. Alto, dulce, el pelo casta&#241;o, los ojos marrones, redondos como canicas, una barba de bardo melanc&#243;lico. Un hombre preciso y sin misterio, con el que una est&#225; segura de no sufrir nunca. Un hombre que deb&#237;a de llegar siempre puntual. &#201;l la llamaba se&#241;ora Dupin, ella le llamaba doctor Dupuy. Ella pod&#237;a leer, en sus ojos, el diagn&#243;stico preciso que estaba estableciendo. Pod&#237;a casi descifrar en ellos el nombre de los medicamentos que iba a prescribirle. Ella no provocaba ninguna reacci&#243;n en &#233;l. Antes de entrar en esa aterciopelada cl&#237;nica, todav&#237;a gustaba. Las miradas de los hombres no resbalaban sobre m&#237; como la del doctor Dupuy. Mi madre tiene raz&#243;n, debo recuperarme. No tengo m&#225;s que mentir, pretender que tengo cinco a&#241;os menos y rellenar mi mentira de Botox.

Busc&#243; a tientas la polvera dentro del bolso, y la abri&#243; con el fin de contemplarse en el espejo. Percibi&#243; dos manchas azules inmensas y graves, que la miraban. &#161;Mis ojos! &#161;Me quedan mis ojos! &#161;Mientras tenga mis ojos, estoy salvada! Los ojos no envejecen nunca.

&#161;Qu&#233; bien se est&#225; fuera! -dijo Iris, apaciguada por haberse reencontrado con su belleza.

Despu&#233;s, volviendo al espect&#225;culo de la calle bajo la lluvia, exclam&#243;:

&#161;Qu&#233; feo es! &#191;C&#243;mo hace la gente para vivir en esas jaulas? Entiendo que les prendan fuego. Amontonan a la gente en conejeras y luego les asombra que se rebelen

Pi&#233;nsalo bien. Si no quieres terminar en una de esas torres, te interesa arreglarte y recuperar a tu marido. Si no, te ver&#225;s obligada a descubrir el encanto escondido de los barrios pobres

Iris esboz&#243; una sonrisa cansada. No volvi&#243; a pronunciar palabra y se apoy&#243; en la ventanilla.

No ha apreciado mucho mi comentario, pens&#243; Henriette, observando con el rabillo del ojo el perfil terco de su hija mayor. Cada vez que Iris se ve ante una realidad desagradable, intenta evitarla. Nunca se enfrenta a ella. Siempre sue&#241;a en otra cosa. Transportada a un mundo ideal con un golpe de varita m&#225;gica, que borra todos los problemas y resuelve todas las dificultades. Un mundo aterciopelado, dulce, en el que ella s&#243;lo debe aparecer. Estar&#237;a dispuesta a escuchar a cualquier charlat&#225;n que viniese a venderle la felicidad m&#225;s blanca que blanca y sin el menor esfuerzo. Dispuesta a ofrecerse al se&#241;or que la colme: Botox o Dios. Podr&#237;a convertirse en monja, encerrarse en un convento, simplemente para no tener que luchar. Ella, a quien todos creen tan fuerte, no se sostiene m&#225;s que sobre un sue&#241;o de pacotilla. Cualquier cosa antes que hundir sus manos en el pringue de la realidad. Sin embargo, va a tener que esforzarse mucho, Philippe no se dejar&#225; volver a atrapar f&#225;cilmente. Qu&#233; hija m&#225;s extra&#241;a. Te barre con su sonrisa luminosa, te roza con su mirada de azul intenso, sin verte. Ni la sonrisa ni la mirada transmiten una pizca de calor, ni el menor inter&#233;s. Al contrario, las despliega como dos biombos que la protegen. Y sin embargo, todos sucumben a ella: es tan hermosa &#161;Y decir que estoy hablando de mi hija! Podr&#237;a decirse que estoy enamorada de ella. Como esa Carmen que la espera en casa. En todo caso, no pagar&#233; el taxi. &#161;Esta carrera es una ruina!

&#191;Qu&#233; va a ser de mi vida?, se preguntaba Iris limpiando con la yema del dedo el vaho de la ventanilla. Tendr&#233; que salir, enfrentarme a los dem&#225;s. A esas bocas sedientas de calumnias que se han atiborrado evocando mi caso, estos &#250;ltimos meses. Escuchaba sus cuchicheos malintencionados, sus silbidos de comadres: la bella Iris Dupin agoniza en una cl&#237;nica a las afueras de Par&#237;s. Lanz&#243; un suspiro. Tengo que encontrar una defensa. Un caballo de Troya que me reintegre a esa alta sociedad cruel y f&#233;tida. &#191;B&#233;reng&#232;re? Demasiado fr&#237;vola. No da la talla. &#191;Un hombre? Un hombre rico y poderoso. Un hombre eminente que se fije en m&#237;. Solt&#243; una risita. &#161;En mi estado! Me he hecho invisible. No me queda nada m&#225;s que seducir a mi marido. Mi madre tiene raz&#243;n. Esa mujer tiene raz&#243;n a menudo. Es prudente, tenaz. No me queda m&#225;s que Philippe. No tengo elecci&#243;n. Es mi &#250;nica carta. Est&#225; colado por ese pavo de Jos&#233;phine. Un elefante en una cacharrer&#237;a. Volcar&#237;a las mesas a su paso si la invitara a comer, y ser&#237;a capaz de agradecer efusivamente a la chica del guardarropa que hubiera colocado bien su abrigo. De pronto se incorpor&#243; y golpe&#243; el bolso con las palmas de sus manos.

&#191;Por qu&#233; no se me hab&#237;a ocurrido antes?

&#161;Ser&#237;a Jos&#233;phine, su caballo de Troya! &#161;Pero, claro! Ser&#237;a con ella con quien se mostrar&#237;a. &#191;Qui&#233;n mejor que ella podr&#237;a hacer ver al mundo parisino que la historia del libro no era m&#225;s que un asunto injusto y exagerado? Uno de esos chismes inflados hasta la desmesura, que la punta de una aguja hace estallar. Hacerles creer a esas bocas de alcantarilla que esa historia no era m&#225;s que un terrible malentendido, un pacto entre las dos hermanas. La una quer&#237;a escribir, pero se negaba a firmar, a aparecer en p&#250;blico; la otra, a quien le hizo gracia la broma, consinti&#243; interpretar un papel. S&#243;lo quer&#237;an divertirse. Como cuando eran peque&#241;as e inventaban juegos de rol.

Lo que deb&#237;a haber sido una diversi&#243;n, se hab&#237;a convertido en un esc&#225;ndalo. Y si ellas ten&#237;an culpa de algo, era de no haber previsto el &#233;xito.

&#191;C&#243;mo no se le hab&#237;a ocurrido antes? Por culpa de estar rumiando en aquella cl&#237;nica. Estaba perdiendo toda mi creatividad, embrutecida por pildoritas de todos los colores. No es a mi marido a quien debo conquistar primero, es a Jos&#233;phine. Ser&#225; mi &#225;brete s&#233;samo, la llave para mi regreso al mundo. No debe de soportar estar enfadada conmigo, y debe de sonrojarse de verg&#252;enza ante la idea de haber seducido a mi marido. Las llamas del Infierno le acarician los dedos de los pies y ponen al rojo vivo su conciencia. La invitar&#233; a comer en un restaurante conocido. Habr&#233; reservado una mesa bien a la vista. Mostrarme al lado de quien pretenden mi v&#237;ctima bastar&#225; para acallar las lenguas de v&#237;bora. Ya se imaginaba los di&#225;logos en las mesas vecinas: &#191;no son &#233;sas las hermanas enemigas, esas sentadas all&#237;? &#161;S&#237;! Cre&#237;a que se hab&#237;an peleado. No era tan terrible, entonces, ya que est&#225;n comiendo juntas. El olvido descender&#237;a sobre este mundo de memoria agujereada como un colador. Hay demasiadas villan&#237;as que memorizar para permitirse el lujo de recordarlas todas. Y as&#237;, sin rebajarme, sin explicarme, sin pedir perd&#243;n, retomar&#233; mi lugar y borrar&#233; la baba de los chismes. Luminoso. F&#225;cil. Eficaz. Sinti&#243; ganas de aplaudirse. Y despu&#233;s, decidi&#243;, tamborileando sobre su bolso Chanel, encantada y ligera, despu&#233;s s&#243;lo tendr&#233; que recuperar a mi marido.

Sac&#243; una barra de labios y retoc&#243; su sonrisa.

Tendr&#233; que comprar otra barra de este color.

Poner mi guardarropa al d&#237;a.

Pedir cita en la peluquer&#237;a.

Ponerme extensiones para recuperar mi pelo largo.

Cuidado de manos, cuidado de pies.

Botox.

Vitaminas buen aspecto.

Braga brasile&#241;a.

Y despu&#233;s, danza del vientre &#161;ya que es necesario!

El paisaje hab&#237;a cambiado. Percib&#237;a las torres de La D&#233;fense y, m&#225;s lejos, los &#225;rboles del Bois de Boulogne. Los edificios de piedra tallada reemplazaron pronto a los bloques de hormig&#243;n, y las farolas se volvieron m&#225;s estilizadas. Siempre hab&#237;a sabido salir de las peores situaciones con un golpe maestro. Hab&#237;a que reconocerle esa cualidad. Quiz&#225;s no sepa hacer gran cosa, pero camuflo mis cr&#237;menes con maestr&#237;a.

Se estir&#243; y extendi&#243; los brazos.

Parece que te encuentras mejor -remarc&#243; Henriette-. &#191;Acaso reconocer el camino a tu casa es lo que fustiga tu humor?

Hay que desconfiar del agua que duerme, madre querida. Los peores planes fermentan bajo la aparente quietud. Pero t&#250; eso ya lo sabes, &#191;verdad? Nunca se es exactamente quien los dem&#225;s creen.

Se inclin&#243; hacia el taxista y le pidi&#243; que se detuviese.

Creo que voy a hacer el resto del camino andando. &#161;Me sentar&#225; bien y acabar&#225; d&#225;ndome ese latigazo del que hablas!

Henriette lanz&#243; una mirada horrorizada al tax&#237;metro. Iris sorprendi&#243; su mirada.

Te dejo pagar No llevo dinero encima. Lo siento.

Si lo hubiese sabido &#161;habr&#237;amos vuelto en autob&#250;s! -gru&#241;&#243; Henriette.

No presumas de lo que no eres Odias el transporte p&#250;blico.

&#161;Huele a cebolla verde y a pies!

Iris le dedic&#243; su famosa sonrisa. Esa que ignoraba los tax&#237;metros y los tropiezos de la vida. Una risa maliciosa atraves&#243; sus ojos. Henriette se sinti&#243; aliviada. Pagar&#237;a la carrera, pero pronto se lo devolver&#237;an multiplicado por cien. Hab&#237;a tenido gastos importantes estos &#250;ltimos tiempos, gastos imprevistos. Pero si todo funcionaba como ten&#237;a pensado, esa secretaria asquerosa no se saldr&#237;a con la suya. De hecho, a esas horas, ya no deb&#237;a de estar haci&#233;ndose tanto la interesante.

A esas horas, incluso deb&#237;a de haber dejado de ser interesante del todo.



* * *


De vuelta a su casa, de pie en el cuarto de ba&#241;o, vestida con su camis&#243;n largo, Henriette Grobz reflexionaba. Si el plan A no resultaba satisfactorio, el plan B, con Iris, estaba en marcha. Su jornada hab&#237;a sido, a pesar del tax&#237;metro-&#161;noventa y cinco euros sin la propina!-, positiva.

Ya no se la volver&#237;an a jugar m&#225;s. Con Marcel hab&#237;a pecado de negligencia. Se hab&#237;a dejado llevar, hab&#237;a cre&#237;do que su vida estaba bien trazada. Gran error. Pero hab&#237;a aprendido una lecci&#243;n: no fiarse nunca de la aparente seguridad, prever, anticipar. La vida de un ama de casa se gestiona como una empresa. La competencia est&#225; al acecho, &#161;dispuesta a desalojarte! Lo hab&#237;a olvidado, y el despertar hab&#237;a sido brutal.

Plan A, plan B. Todo estaba en marcha.

Contempl&#243; con ternura la antigua marca de una quemadura en su muslo. Un p&#225;lido rect&#225;ngulo rosa, liso y suave.

&#161;Y pensar que todo empez&#243; ah&#237;! &#161;Un simple accidente dom&#233;stico y se hab&#237;a vuelto a poner en marcha! &#161;Qu&#233; buena idea hab&#237;a tenido, ese d&#237;a de primeros de diciembre, al decidir hacerse el mo&#241;o sola! Se felicit&#243; por ello calurosamente, acariciando el rect&#225;ngulo.

Ese d&#237;a, lo recordaba bien, hab&#237;a ido a buscar el alisador del pelo al armario del cuarto de ba&#241;o. &#161;Hac&#237;a siglos que no lo utilizaba! Lo hab&#237;a enchufado. Se hab&#237;a desenredado los mechones largos que se agarraban al peine como paja seca, los hab&#237;a separado en bloques iguales y esperaba pacientemente a que la plancha se calentara para alisarlos uno por uno, y levantarlos despu&#233;s para hacerse un mo&#241;o en lo alto del cr&#225;neo. Deb&#237;a aprender a peinarse sin ayuda de Campanilla, su peluquera. Antes, en los benditos tiempos en los que Marcel Grobz le llenaba la cartera, Campanilla ven&#237;a a peinarla cada ma&#241;ana, antes de marcharse a su sal&#243;n parisino. La hab&#237;a bautizado Campanilla porque realizaba maravillas con sus dedos de hada. Y porque siempre se olvidaba de su nombre. Y adem&#225;s eso ten&#237;a un toque afectuoso que revalorizaba a aquella pobre chica que segu&#237;a siendo bastante fea, y disminu&#237;a el monto de las propinas.

Ya no ten&#237;a los medios para regalarse los servicios de Campanilla. Ahora, deb&#237;a tener cuidado para ahorrar, un euro es un euro. Por la noche, cuando se levantaba para ir al servicio, se iluminaba con una linterna y s&#243;lo tiraba de la cadena una de cada tres veces. Al principio, esa caza a los gastos superfluos la hab&#237;a irritado, humillado. Pero hab&#237;a empezado a cogerle el gustillo y deb&#237;a reconocer que aquello a&#241;ad&#237;a sal a su vida cotidiana. Por ejemplo, por las ma&#241;anas, se fijaba una suma de gastos que no deb&#237;a rebasar en todo el d&#237;a. Hoy &#161;no m&#225;s de ocho euros! A veces necesitaba grandes dosis de imaginaci&#243;n para cumplir su prop&#243;sito, pero la necesidad agudiza el ingenio. Una ma&#241;ana, invadida por una audacia repentina, hab&#237;a decidido: &#161;cero euros! Hab&#237;a tenido un peque&#241;o sobresalto de sorpresa. &#161;Cero euros! &#191;Hab&#237;a dicho eso? Le quedaban algunas galletas, jam&#243;n, zumo de naranja, pan de molde, pero para la baguette tierna de la ma&#241;ana y el l&#225;piz de labios Bourjois de Monoprix habr&#237;a que encontrar una estratagema. Hab&#237;a permanecido en su cama hasta que dieron las doce. Se revolv&#237;a, cavilaba, imaginaba todo tipo de trampas para recuperar una moneda descuidada, un l&#225;piz de labios que cae del mostrador y que empujar&#237;a con el pie hasta la salida, ante las narices del vigilante; se retorc&#237;a de satisfacci&#243;n, arrugaba una nariz que volv&#237;a a ser femenina, exquisitos hoyuelos de placer horadaban sus mejillas &#225;speras y arrugadas, cloqueaba, &#161;ayayay, qu&#233; aventura! Y despu&#233;s, sin poder aguantar m&#225;s, se hab&#237;a levantado, hab&#237;a escondido sus mechones bajo el sombrero, se puso una blusa, una falda, un abrigo y pis&#243;, con pie de conquistadora, la calle. Valor, se hab&#237;a dicho, mientras el viento se estrellaba en sus ojos y la hac&#237;a lagrimear. El fr&#237;o le atenazaba los dedos, las dos manos no le bastaban para mantener quieto el gran tocado que amenazaba con volar de su cabeza. Le lleg&#243; un dulce olor a baguette caliente procedente de la panader&#237;a cercana. Mir&#243; a su alrededor, buscando un medio para obtener sus fines, y de pronto se arrepinti&#243; de haberse dejado llevar hasta tal extremo: &#161;cero euros! Hab&#237;a apretado los dientes y hab&#237;a levantado el ment&#243;n. Hab&#237;a permanecido un buen rato inm&#243;vil, buscando con la mirada una soluci&#243;n que no encontraba. &#191;Irse sin pagar? &#191;Dejarlo a deber? Ser&#237;a hacer trampa. L&#225;grimas de fr&#237;o le quemaban las mejillas, sacud&#237;a la cabeza, descorazonada, cuando, de pronto, baj&#243; la mirada al suelo y vio un mendigo. Un pobre diablo con bast&#243;n blanco que hab&#237;a colocado su platillo al alcance de la mano. Un platillo, adem&#225;s, bien repleto. &#161;Salvada! En el paroxismo de su codicia, hab&#237;a buscado en las alturas lo que ten&#237;a a sus pies. Un suspiro de felicidad se hab&#237;a escapado de sus labios. Se hab&#237;a estremecido de alegr&#237;a, pero enseguida volvi&#243; a serenarse. Se hab&#237;a secado el sudor de la frente y estudi&#243; con calma la situaci&#243;n, los peatones en la avenida, su posici&#243;n. El ciego hab&#237;a estirado sus delgadas piernas sobre la acera, y golpeaba con la punta de su bast&#243;n blanco con el fin de atraer la atenci&#243;n. Ella hab&#237;a mirado a la derecha, a la izquierda, y hab&#237;a vaciado el platillo con un r&#225;pido gesto de la mano. &#161;Nueve monedas de un euro, seis de cincuenta c&#233;ntimos, tres de veinte y ocho de diez! Era rica. Hab&#237;a estado a punto de besar al ciego y hab&#237;a subido corriendo a su casa. La risa contenida llenaba sus grandes arrugas y, cuando cerr&#243; la puerta, dej&#243; estallar su alegr&#237;a. &#161;Ojala est&#233; all&#237; ma&#241;ana! Si vuelve, si no se da cuenta de nada, &#161;doblo mi apuesta de cero euros diarios!

La aventura le cosquilleaba el vientre, ya no ten&#237;a hambre.

El ciego hab&#237;a vuelto. Sentado sobre la acera, un gorro en los ojos, gafas oscuras, un trozo de bufanda alrededor del cuello y las manos atrozmente mutiladas. Ella pon&#237;a mucho cuidado en no mirarle para no sentir, en lugar del delicioso escalofr&#237;o por el peligro que hab&#237;a corrido, los tormentos de una conciencia poco acostumbrada a cometer hurtos.

Esa caza del gasto cero convert&#237;a en apasionantes sus jornadas. Olvidamos a menudo mencionar esa voluptuosidad fuera de la ley de los necesitados obligados a sisar, pensaba Henriette. Ese placer prohibido que transforma cada instante de la vida en una aventura. Porque si, por desgracia, el mendigo cambiaba de lugar, tendr&#237;a que encontrar otra v&#237;ctima. Por esa raz&#243;n hab&#237;a decidido no robarle m&#225;s que unas monedas cada vez, dej&#225;ndole algo para subsistir. Y para que no pensara que le estaba desvalijando, hac&#237;a tintinear las monedas sustra&#237;das para que creyese que las depositaba en lugar de llev&#225;rselas.

Ese famoso d&#237;a, pues, esa ma&#241;ana en la que esperaba que la plancha se calentara, se hab&#237;a preguntado de pronto si el ciego estar&#237;a en su lugar y, llena de angustia, queriendo verificar en el acto si su pitanza estaba asegurada, se hab&#237;a levantado bruscamente y hab&#237;a tirado la plancha al rojo vivo que hab&#237;a ca&#237;do sobre su muslo, produci&#233;ndole una quemadura horrible. Jirones enteros de piel saltaron cuando retir&#243; el metal candente. La sangre flu&#237;a entre la piel arrasada. Lanz&#243; un grito de horror y corri&#243; a ver a la portera, suplic&#225;ndole que fuese a buscar una pomada, o pidiese consejo a la farmac&#233;utica de la esquina. Fue entonces cuando la buena mujer, a la que anta&#241;o hab&#237;a encumbrado con regalos que ella ya no quer&#237;a, la hizo entrar en su porter&#237;a, descolg&#243; el tel&#233;fono y marc&#243;, con aire misterioso, un n&#250;mero.

En unos minutos, no sentir&#225; calor y en una semana, &#161;la piel estar&#225; sonrosada y hermosa! -le asegur&#243;, golpeando el aparato con expresi&#243;n de conspiradora.

Despu&#233;s le hab&#237;a pasado a su interlocutora.

Y as&#237; fue. El calor desapareci&#243; y despu&#233;s la carne abotargada se alis&#243; como por encanto. Cada ma&#241;ana, Henriette, at&#243;nita, constataba la r&#225;pida curaci&#243;n.

A pesar de todo, le hab&#237;a costado cincuenta euros y ya pod&#237;a gru&#241;ir, la curandera al otro lado de la l&#237;nea no ced&#237;a. Era su precio. Si no, soplaba por el tel&#233;fono y el dolor volver&#237;a. Henriette hab&#237;a prometido pagar. M&#225;s tarde, en posesi&#243;n del precioso n&#250;mero, hab&#237;a llamado a la que ya hab&#237;a bautizado como la bruja. Le hab&#237;a dado las gracias, hab&#237;a preguntado a qu&#233; direcci&#243;n deb&#237;a enviar el cheque y despu&#233;s, cuando estaba a punto de colgar, la otra propuso:

Si necesita usted otros servicios

&#191;Qu&#233; hace usted adem&#225;s de curar quemaduras?

Esguinces, picaduras de insectos, venenos, herpes

Enumeraba con tono mec&#225;nico un cat&#225;logo de servicios a la carta.

Inflamaciones diversas, p&#233;rdidas blancas, eccemas, asma

Henriette la hab&#237;a interrumpido. Le hab&#237;a venido, de forma fulgurante, una idea a la cabeza:

&#191;Y las almas? &#191;Trabaja usted las almas?

S&#237;, pero es m&#225;s caro Retorno de afecto, depresi&#243;n, caza de esp&#237;ritus, desencantamientos

&#191;Tambi&#233;n realiza encantamientos?

S&#237;, y es a&#250;n m&#225;s caro. Porque tengo que protegerme si no quiero que me rebote

Henriette hab&#237;a reflexionado, y concert&#243; una cita.

Un buen d&#237;a, pues, justo antes de las fiestas de Navidad que iban a consagrar su soledad y su pobreza, se hab&#237;a presentado en casa de Ch&#233;rubine. En un viejo edificio del distrito veinte. Calle Vignoles. Sin ascensor, una moqueta verde tachonada de manchas y agujeros, un olor a col rancia, una vivienda en el tercer piso en la que, sobre el timbre, un cartel dec&#237;a: Llame aqu&#237; si est&#225; perdido. Le abri&#243; una mujer gruesa. Entr&#243; en un apartamento min&#250;sculo donde cab&#237;a con dificultad el di&#225;metro de la cintura de su propietaria.

Todo era rosa en casa de Ch&#233;rubine. Rosa y en forma de coraz&#243;n. Los cojines, las sillas, los cuadros de las paredes, los platos, los espejos y las flores de papel mach&#233;. Hasta la frente abombada y reluciente de Ch&#233;rubine estaba adornada con tirabuzones lacados. Sus brazos, grasos y blanduzcos como el queso blanco, sal&#237;an de una chilaba de fular rosa. A Henriette le pareci&#243; que hab&#237;a entrado en la caravana de una gitana obesa.

&#191;Me ha tra&#237;do ella una foto? -pregunt&#243; Ch&#233;rubine encendiendo velas rosas sobre una mesa de bridge cubierta con un mantel rosa.

Henriette sac&#243; de su bolso una foto de cuerpo entero de Josiane, y la coloc&#243; ante la gruesa mujer cuyo pecho se levantaba emitiendo un silbido. Ten&#237;a la tez p&#225;lida, el pelo extra&#241;o. Le deb&#237;a de faltar clorofila. Henriette se pregunt&#243; si saldr&#237;a alguna vez de casa. Quiz&#225;s haya entrado un d&#237;a y ya no pudo volver a salir, vista su envergadura y la estrechez de la estancia.

Levantando la mirada, mientras Ch&#233;rubine sacaba una caja de labor de debajo de la mesa, Henriette percibi&#243;, colocada sobre la esquina de una c&#243;moda, una gran estatua de la Virgen Mar&#237;a que, las manos juntas y una corona dorada sobre su velo blanco, se inclinaba hacia ellas. Se sinti&#243; aliviada.

&#191;Y qu&#233; desea ella exactamente? -pregunt&#243; entonces Ch&#233;rubine, adoptando el mismo aire devoto e inclinado que la Virgen.

Henriette dud&#243; durante un instante, pregunt&#225;ndose si Ch&#233;rubine se dirig&#237;a a ella o a la Virgen. Despu&#233;s se reh&#237;zo.

En realidad no quiero recuperar un afecto -explic&#243; Henriette-, quiero que mi rival, la mujer de la foto, caiga en una profunda depresi&#243;n, que todo lo que toque se agrie y que mi marido vuelva.

Ya veo, ya veo -dijo Ch&#233;rubine cerrando los ojos y cruzando los dedos sobre su abundante pecho-. Es una petici&#243;n muy cristiana. El marido debe permanecer junto a la mujer que ha elegido como compa&#241;era el resto de su vida. &#201;sos son los lazos sagrados del matrimonio. El que los deshace provoca la furia divina. Vamos a pedir, pues, un encantamiento de primer grado. &#191;Desea ella su muerte?

Henriette dud&#243;. El uso del pronombre personal de tercera persona del singular la turbaba. Le costaba entender a qui&#233;n se dirig&#237;a Ch&#233;rubine.

No quiero su muerte f&#237;sica, s&#243;lo quiero que desaparezca de mi vida.

Ya veo, ya veo -salmodi&#243; Ch&#233;rubine, los ojos todav&#237;a cerrados, pasando y repasando sus manos sobre su pecho como si lo amasara.

Esto -pregunt&#243; Henriette-, &#191;qu&#233; es exactamente un encantamiento de primer grado?

Pues bien, esa mujer se sentir&#225; muy cansada, perder&#225; el gusto por todo, el gusto por el acto sexual, por las tartaletas de fresas, por la conversaci&#243;n, por jugar con sus hijos. Ir&#225; marchit&#225;ndose como una flor cortada. Perder&#225; su belleza, su risa, su fuerza. En una palabra: perecer&#225; lentamente, tendr&#225; pensamientos sombr&#237;os e incluso suicidas. Una flor cortada, no puede decirse mejor

Henriette se pregunt&#243; si era por esa raz&#243;n que el apartamento estaba lleno de flores de papel mach&#233;. Una flor por v&#237;ctima.

&#191;Y mi marido volver&#225;?

El aburrimiento y el asco se extender&#225;n a todo lo que toque esa mujer y, a menos que &#233;l est&#233; movido por un amor extraordinario, m&#225;s fuerte que el sortilegio, se alejar&#225; de ella.

Perfecto -dijo Henriette, hinch&#225;ndose de satisfacci&#243;n bajo su sombrero-. Necesito que &#233;l siga en forma para mantener su negocio y ganar dinero.

Entonces le protegeremos Ella deber&#225; traerme una foto suya.

&#161;Ah! &#161;Tendr&#225; que volver! La boca de Henriette se arrug&#243; con una mueca de asco.

&#191;Tiene hijos con esa mujer?

S&#237;. Un hijo.

&#191;Quiere ella que se le trabaje tambi&#233;n?

Henriette dud&#243;. Al fin y al cabo, era un beb&#233;

No. Primero quiero desembarazarme de ella

Perfecto. Ahora ella puede marcharse, voy a concentrarme en la foto. Los efectos ser&#225;n inmediatos. El sujeto va a sumergirse en una languidez y un malestar perpetuos, en una tristeza existencial, y perder&#225; el gusto por todo.

&#191;Est&#225; usted segura? &#191;Completamente segura?

Ella podr&#225; verificarlo, si est&#225; en sus manos Ch&#233;rubine no fracasa nunca.

Se volvi&#243; hacia la estatua de escayola y junt&#243; las manos en signo de sumisi&#243;n a la Virgen.

El hombre casado no debe abandonar a su esposa. El sacramento del matrimonio es sagrado. Ya lo ver&#225; -a&#241;adi&#243; volvi&#233;ndose hacia Henriette-. Ella sabr&#225; dec&#237;rmelo &#191;Tiene ella un medio para verificar la eficacia del sortilegio?

Henriette pens&#243; en la criada que encontraba en el parque cuando &#233;sta paseaba al ni&#241;o, y a la que sobornaba desde hac&#237;a varios meses para conseguir noticias de la repudiada pareja.

S&#237;. Podr&#233;, en efecto, seguir los progresos de su

Quiso pronunciar la palabra trabajo, pero no lo consigui&#243;. Se sent&#237;a oprimida en esa atm&#243;sfera de calor sofocante, en la que los muebles parec&#237;an acercarse a ella poco a poco y rodearla.

Ser&#225;n seiscientos euros. En efectivo. Acepto cheques para las peque&#241;as sumas, para las grandes quiero efectivo. &#191;Ella lo ha comprendido?

Henriette se atragant&#243;. Hab&#237;a calculado que la bruja le pedir&#237;a doscientos, trescientos euros como mucho.

Es que s&#243;lo tengo trescientos euros aqu&#237;

No hay problema, ella me los da y volver&#225; con el resto cuando traiga la foto del marido. Pero hay que volver pronto -a&#241;adi&#243; con cierto tono de amenaza en la voz-. Porque si empiezo el trabajo

Se acentu&#243; el silbido de su respiraci&#243;n. Apoy&#243; la mano en el pecho, lanz&#243; un largo suspiro que termin&#243; en un mugido. Henriette tembl&#243;. Se preguntaba si no hab&#237;a cometido un gran error recurriendo a esa mujer. Pero la imagen de Marcel y Josiane cubiertos de amor, beat&#237;ficos en su gran piso, barri&#243; sus escr&#250;pulos.

Hab&#237;a sacado los billetes escondidos en el sujetador y los hab&#237;a dejado sobre la mesa.

Ese d&#237;a hab&#237;a salido a la calle, aturdida. Sin un c&#233;ntimo. Hab&#237;a tenido que hacer un esfuerzo para entrar en una boca de metro y hab&#237;a vuelto a su casa, preocupada. Deber&#237;a multiplicar sus d&#237;as a cero euros para pagar a Ch&#233;rubine.

Tres semanas m&#225;s tarde, se hab&#237;a desplazado hasta el parque Monceau en busca de la sirvienta, a la que encontr&#243; sentada en un banco leyendo una revista, mientras el reto&#241;o en su sillita estaba inmerso en la contemplaci&#243;n de un pegajoso envoltorio de caramelo.

Buenos d&#237;as -hab&#237;a dicho sent&#225;ndose al lado de la chica.

Buenas -hab&#237;a respondido la chica levantando los ojos de la revista.

&#191;Ha pasado buenas fiestas?

As&#237;, as&#237;

Feliz A&#241;o Nuevo -a&#241;adi&#243; Henriette, que pensaba que la muchacha no hac&#237;a muchos esfuerzos para animar la conversaci&#243;n.

Gracias. Igualmente

&#191;Qu&#233; est&#225; haciendo? -hab&#237;a preguntado Henriette se&#241;alando al ni&#241;o con la punta de su escarp&#237;n.

Es el papel de su piruleta -hab&#237;a contestado la chica, inclin&#225;ndose para limpiar las mejillas maculadas de caramelo-. Le encantan las piruletas. Las mordisquea

&#161;Parece que los devore!-exclam&#243; Henriette-. &#161;El caramelo y el papel!

Est&#225; intentando leer el chiste que hay escrito.

&#191;Es que lee?

&#161;Uf! &#161;Hace maravillas este ni&#241;o! No me lo puedo creer. No s&#233; en qu&#233; estaban pensando cuando lo fabricaron, &#161;pero no deb&#237;an de estar cont&#225;ndose tonter&#237;as!

Dej&#243; a la criada hablar del ni&#241;o, de los asombrosos progresos que hac&#237;a cada d&#237;a, de sus expresiones joviales o enojadas, del estado de sus dientes, de sus pies, de sus excrementos bien compactos.

&#161;S&#243;lo le falta hablar! Y si quiere usted mi opini&#243;n &#161;no va a tardar mucho!

Henriette intent&#243; aparentar inter&#233;s, escuch&#243; todav&#237;a algunas an&#233;cdotas sorprendentes viniendo de un ni&#241;o de esa edad, y despu&#233;s la cort&#243;.

No iba a empezar a enternecerse ante un reto&#241;o que babeaba con el papel de una piruleta.

&#191;Y la madre? &#191;Se encuentra bien? Ya no la veo por el parque

&#161;No me hable! Est&#225; completamente deprimida.

Pero &#191;qu&#233; le pasa?

Tiene una languidez terrible.

&#191;Ah, s&#237;? &#191;Con toda la felicidad que acaba de entrar en su vida?

&#161;Resulta completamente incomprensible!-dijo la chica sacudiendo la cabeza-. Se pasa los d&#237;as en la cama. Llorando a todas horas. Empez&#243; una ma&#241;ana, me dijo creo que tengo la gripe, me siento d&#233;bil, todo me da vueltas y se volvi&#243; a acostar y desde entonces, no ha levantado cabeza. &#161;El pobre se&#241;or no sabe ya qu&#233; hacer! Le van a salir costras en el cr&#225;neo de tanto rascarse la cabeza. Incluso el peque&#241;o ha dejado de balbucear. Se dedica a sus lecturas, atrapa todo lo que cae en sus manos y, como le digo, &#161;pronto leer&#225; solo! A la fuerza, no tiene a nadie que le divierta, se aburre &#161;y entonces lee!

Henriette escuchaba, maravillada. Habr&#237;a besado el aire que respiraba. &#161;As&#237; que funcionaba! Era como la quemadura: Josiane iba a desaparecer como por encanto.

&#161;Dios m&#237;o! &#161;Eso es terrible!-dijo con un tono que pretend&#237;a ser de compasi&#243;n, pero que relinchaba de felicidad-. &#161;Pobre se&#241;or!

La chica asinti&#243; y prosigui&#243;:

Da vueltas como una peonza. Ella est&#225; acostada todo el d&#237;a, no quiere ver a nadie, ni siquiera quiere que le abran las cortinas, la luz le hace da&#241;o en los ojos. Hasta Navidad, todo iba bien. En Navidad, se levant&#243;, incluso tuvo invitados, pero despu&#233;s &#161;terrible!

Henriette le&#237;a en los labios de la muchacha el bolet&#237;n de su victoria.

Tengo que hacerlo todo yo. &#161;La casa, la cocina, la ropa y el ni&#241;o! &#161;No tengo ni un minuto libre! Salvo cuando salgo a pasearle Entonces, respiro un poco, puedo leer un libro.

A veces ocurren, &#191;sabe?, esas depresiones. Se llaman depresiones posparto. En fin, en mis tiempos dec&#237;amos eso.

Ella se niega a ir al m&#233;dico. &#161;Se niega a todo! Dice que hay mariposas negras revoloteando en su cabeza. Se lo juro, son sus propias palabras. &#161;Mariposas negras!

&#161;Dios m&#237;o!-suspir&#243; Henriette-. &#161;Tan grave es!

&#161;Ya se lo estoy diciendo! A m&#237; eso no me viene bien. &#161;Y es imposible hacerla entrar en raz&#243;n! Dice que se le pasar&#225;. Y lo que va a pasar &#161;es que vamos a acabar march&#225;ndonos todos!

&#161;Oh! &#161;&#201;l no har&#225; eso! &#161;Est&#225; enamorado de Josiane!-hab&#237;a protestado Henriette, a quien le costaba contener su alegr&#237;a.

&#191;Conoce usted a muchos hombres que aguanten la enfermedad? Quince d&#237;as bueno, &#161;pero no m&#225;s! Y esto &#161;hace semanas que dura! No le auguro mucho futuro a esa pareja. Y lo siento por el ni&#241;o. Siempre son ellos los que pagan en esos casos

Hab&#237;a dirigido su mirada hacia el beb&#233;, que las observaba fijamente, como si intentara comprender lo que se dec&#237;a por encima de su cabeza.

Pobre peque&#241;&#237;n -hab&#237;a susurrado Henriette-. &#161;Es tan rico! Con sus ricitos rojos y sus enc&#237;as en carne viva.

Se hab&#237;a inclinado hacia el reto&#241;o, hab&#237;a querido posar su mano sobre su cabeza. &#201;l hab&#237;a lanzado un grito estridente, se hab&#237;a puesto tenso y hab&#237;a retrocedido hasta el fondo de la sillita para evitar su caricia. Peor a&#250;n: hab&#237;a unido los pulgares y los dos &#237;ndices y blandi&#243; hacia ella una especie de rombo amenazante, gritando para que se alejase.

&#161;Pero bueno! &#161;Se dir&#237;a que es usted el mism&#237;simo diablo! &#161;As&#237; es como alejan al Maligno en El exorcista!

&#161;No, mujer, es mi sombrero! Le da miedo. Me pasa mucho con los ni&#241;os.

Es cierto que es extra&#241;o. Parece un platillo volante. &#161;No debe de ser muy pr&#225;ctico en el metro!

Henriette se contuvo para no mandarla a paseo. &#191;Acaso tengo pinta de coger el metro? Su boca se torci&#243; para impedir que se le escapara una r&#233;plica hiriente. Necesitaba a esa chiquilla.

Bueno -hab&#237;a dicho levant&#225;ndose-, la dejo a usted con su lectura

Hab&#237;a deslizado un billete en el bolso entreabierto de la chica.

&#161;Oh! No es necesario. Me quejo, pero son buenos conmigo

Henriette se hab&#237;a marchado con una sonrisa en los labios. Ch&#233;rubine hab&#237;a trabajado bien.

Todo eso costaba dinero, seguro, calculaba Henriette en camis&#243;n, acarici&#225;ndose la quemadura rosa y lisa del muslo, pero tambi&#233;n era una inversi&#243;n. Pronto Josiane no ser&#237;a m&#225;s que un despojo. Con un poco de suerte, se volver&#237;a amargada, agresiva. Rechazar&#237;a a pap&#225; Grobz, le echar&#237;a de su cama. Marcel, desamparado, volver&#237;a con ella. &#201;l pod&#237;a llegar a ser as&#237; de p&#225;nfilo. Siempre le hab&#237;a extra&#241;ado que un hombre tan temible en los negocios pudiese ser tan ingenuo en el amor. Y adem&#225;s, la criada ten&#237;a raz&#243;n, a los hombres no les gustan las enfermas. Las soportan durante un rato, luego se desentienden.

Ahora quiz&#225;s, se dijo meti&#233;ndose en su cama, ser&#237;a el momento de pasar a la etapa siguiente de mi plan: acercarme a Grobz, fingir que quiero discutir los t&#233;rminos del divorcio, mostrarme dulce, comprensiva, dar muestras de arrepentimiento. Entonar el mea culpa. Adormecerle y atraparle. Y, esta vez, ya no se volver&#237;a a escapar.

Y si eso no funcionaba, siempre estar&#237;a el plan B. Iris hab&#237;a vuelto a la vida, por lo que parec&#237;a. Hab&#237;a esbozado una gran sonrisa triunfante cuando se hab&#237;a bajado del taxi. Plan A, plan B &#161;Estar&#237;a salvada!



* * *


Gary y Hortense, en un Starbucks caf&#233;, saboreaban un capuchino. Gary se hab&#237;a citado con Hortense durante su pausa para comer; miraban a trav&#233;s del escaparate pasar a la gente por la acera, hundiendo los labios en la espuma blanca y espesa. Era uno de esos d&#237;as de invierno que los ingleses llamaban gloriosos. What a glorious day!, dec&#237;an, por la ma&#241;ana, salud&#225;ndose con una gran sonrisa satisfecha, como si fueran personalmente responsables. Cielo azul, fr&#237;o intenso, luz brillante.

Hortense se fij&#243; en un hombre que caminaba mientras terminaba de vestirse con una mano y com&#237;a un donut con la otra. &#161;Qu&#233; tarde! &#161;Qu&#233; tarde!, canturre&#243; estudiando su caminar de ping&#252;ino retrasado. Estaba tan ocupado que no vio la pared transparente de una marquesina de autob&#250;s y se golpe&#243; de frente; por efecto del golpe, se dobl&#243; y solt&#243; todo lo que llevaba. Hortense se ech&#243; a re&#237;r y dej&#243; la taza que sorb&#237;a lentamente.

Bueno Se dir&#237;a que est&#225;s en forma -declar&#243; Gary con tono siniestro.

&#191;Por qu&#233;? &#191;T&#250; no lo est&#225;s? -respondi&#243; Hortense sin dejar de mirar al hombre.

Ahora &#233;l estaba a cuatro patas, intentando recuperar el contenido de su malet&#237;n derramado sobre la acera, la marea de peatones se abr&#237;a para evitarle y se cerraba una vez franqueado el obst&#225;culo.

Ayer por la tarde fui convocado por mi abuela

&#191;En Palacio?

Gary asinti&#243;. El capuchino hab&#237;a dibujado un fino bigote blanco encima de sus labios. Hortense lo borr&#243; con el dedo.

&#191;Por alg&#250;n motivo en particular? -pregunt&#243; mientras segu&#237;a mirando con el rabillo del ojo al hombre arrodillado que respond&#237;a al tel&#233;fono e intentaba cerrar el malet&#237;n a la vez.

S&#237;, dijo que ya he holgazaneado bastante, que debo decidir lo que voy a hacer el a&#241;o que viene. Estamos en enero Es ahora cuando tengo que inscribirme en la universidad

&#191;Y qu&#233; le has respondido?

El hombre hab&#237;a colgado, se preparaba para volver a ponerse de pie, cuando se puso a golpearse los muslos y el pecho con todas sus fuerzas, con expresi&#243;n de p&#225;nico, los ojos mirando a todos lados.

Pues &#233;se es el problema, nada. &#191;Sabes?, &#161;impresiona mucho! Tienes que obedecerla en todo

Hortense contuvo la risa. &#191;Y ahora qu&#233; le pasaba?

Me dio a elegir entre una academia militar o una facultad de derecho, algo as&#237;. Me precis&#243; que todos los hombres de la familia hab&#237;an pasado por el ej&#233;rcito, &#161;incluso ese viejo pacifista de Carlos!

&#161;Te van a afeitar la cabeza!-exclam&#243; Hortense, sin dejar de ver el espect&#225;culo en la calle-. &#161;Y vas a llevar un uniforme!

El hombre parec&#237;a haber perdido su tel&#233;fono y volvi&#243; a ponerse a cuatro patas entre el gent&#237;o para buscarlo.

&#161;No ir&#233; a una academia militar, no entrar&#233; en el ej&#233;rcito ni estudiar&#233; derecho, negocios o cualquier otra cosa!

Bueno, al menos est&#225; claro Entonces &#191;cu&#225;l es el problema?

&#161;El problema es la presi&#243;n a la que va a someterme ella! No te suelta as&#237; como as&#237;, &#191;sabes?

&#161;Eres t&#250; quien decide, es tu vida! Tienes que decirle lo que t&#250; tienes ganas de hacer.

Quiero hacer m&#250;sica Pero no s&#233; todav&#237;a de qu&#233; modo. Pianista. &#191;Es una profesi&#243;n, pianista?

Si est&#225;s dotado y trabajas como un loco.

Mi profe dice que tengo un o&#237;do absoluto, que debo continuar pero No s&#233;, Hortense. No s&#233;. S&#243;lo hace ocho meses que estudio piano. Es angustioso decidir a mi edad lo que voy a hacer durante toda la vida

El hombre hab&#237;a encontrado el m&#243;vil y, todav&#237;a agachado, intentaba recolocar la tapa, mientras manten&#237;a su malet&#237;n agarrado bajo el brazo, lo que no facilitaba la tarea.

Vuelve a acostarte, chaval -suspir&#243; Hortense-, &#161;hoy no es tu d&#237;a!

&#161;Muchas gracias!-exclam&#243; Gary-. &#161;La verdad es que a ti se te ocurren f&#225;cilmente las soluciones!

&#161;No te lo dec&#237;a a ti! Hablaba del hombre que se acaba de caer en la calle. &#191;No has visto nada?

&#161;Cre&#237;a que me estabas escuchando! &#161;Eres realmente incre&#237;ble, Hortense! &#161;Los dem&#225;s te importan un comino!

No es eso Es que empec&#233; a ver el culebr&#243;n del t&#237;o ese en la calle antes de que empezases a hablar. Bueno, ya no le miro m&#225;s, te lo prometo

S&#243;lo un &#250;ltimo vistazo: el hombre se hab&#237;a incorporado y buscaba algo por el suelo. &#161;No ir&#225; a recoger su donut! Levant&#243; ligeramente las nalgas para seguirle. El hombre escrutaba la acera, localiz&#243; el bollo un poco m&#225;s lejos, al lado del pie de la marquesina, se agach&#243;, lo recogi&#243;, le quit&#243; el polvo y se lo llev&#243; a la boca.

&#161;Agg, qu&#233; t&#237;o m&#225;s asqueroso!

Muchas gracias -dijo Gary, levant&#225;ndose-. &#161;Vete a la mierda, Hortense!

Abri&#243; la puerta del caf&#233; y sali&#243; cerr&#225;ndola de golpe.

&#161;Gary!-grit&#243; Hortense-, vuelve

No se hab&#237;a terminado el capuchino y dudaba si dejarlo en la mesa. Era su comida.

Se precipit&#243; a la calle y busc&#243; con la mirada en qu&#233; direcci&#243;n se hab&#237;a marchado Gary. Percibi&#243; sus espaldas anchas, su gran estatura que giraba en la esquina de Oxford Street con una pirueta furiosa. Le alcanz&#243; y le cogi&#243; del brazo.

&#161;Gary! Please! &#161;No estaba hablando de ti cuando he dicho t&#237;o asqueroso!

Gary no respondi&#243;. Avanzaba con grandes zancadas y a ella le costaba seguirle.

Teniendo en cuenta que mides dieciocho cent&#237;metros m&#225;s que yo, tus zancadas son, pues, un dieciocho por ciento m&#225;s grandes que las m&#237;as. Si contin&#250;as a ese ritmo, pronto me dejar&#225;s atr&#225;s y ya no podremos hablar

&#191;Qui&#233;n te ha dicho que tengo ganas de hablar? -mascull&#243; &#233;l.

T&#250;, hace un momento.

El permaneci&#243; mudo y continu&#243; a paso ligero, arrastr&#225;ndola del brazo derecho.

&#191;Es que voy a tener que tirarme al suelo? -pregunt&#243; ella, sin aliento.

Vete a la mierda.

&#161;Qu&#233; argumento tan poco consistente! Tu abuela tiene raz&#243;n, deber&#237;as continuar tus estudios, est&#225;s perdiendo vocabulario.

&#161;Que te jodan!

&#161;No est&#225;s mejorando!

Continuaron caminando.What a glorious day! What a glorious day!, canturreaba mentalmente Hortense. Esa ma&#241;ana, hab&#237;a sacado la mejor nota en clase de estilo y hab&#237;a dibujado un ojal muy elegante para la clase de la tarde. Los otros alumnos la detestar&#237;an. Si apreciaba el estilo, no dejaba de lado la t&#233;cnica y recordaba una frase que ley&#243; en una revista: Un dise&#241;ador que no conoce la t&#233;cnica no es m&#225;s que un ilustrador.

Te doy hasta la esquina de la calle para cambiar de humor, porque en la esquina nuestros caminos se separan. Mi tiempo es valioso.

&#201;l se detuvo con tanta brusquedad que ella choc&#243; contra &#233;l.

Quiero hacer m&#250;sica, es la &#250;nica cosa de la que estoy seguro. No fumo, no bebo, no me drogo, no siso en las tiendas para conseguir un determinado look, no me dedico a escuchar c&#243;mo me crece el pelo esperando a Dios, no tengo gustos caros, pero quiero hacer m&#250;sica

Pues entonces, dile todo eso

Gary se encogi&#243; de hombros y la mir&#243; desde su gran altura. Sus ojos se detuvieron por encima de ella y dibujaron un techo de c&#243;lera.

&#191;Saco el pararrayos o me fulminas ahora mismo? -pregunt&#243; ella.

&#161;Como si fuese tan sencillo! -dijo &#233;l levantando los ojos al cielo.

Y tu madre, &#191;qu&#233; dice?

Que haga lo que quiera, que todav&#237;a tengo tiempo

&#161;Y tiene mucha raz&#243;n!

&#201;l se hab&#237;a sentado sobre un murete y se hab&#237;a levantado el cuello del chaquet&#243;n. Estaba enternecedor, refugiado dentro de las grandes solapas, con unos rizos de pelo negro cayendo sobre sus ojos perdidos. Ella fue a sentarse a su lado.

Escucha, Gary, te puedes permitir el lujo de poder hacer lo que quieras. No tienes problemas de dinero. Si t&#250; no intentas hacer lo que te apasiona en la vida, &#191;qui&#233;n podr&#237;a hacerlo?

Ella no lo entender&#225;.

&#191;Desde cu&#225;ndo dejas que otro decida tu vida?

T&#250; no la conoces. No cede f&#225;cilmente. Presionar&#225; a mam&#225;, que se sentir&#225; culpable por no ocuparse de m&#237; seriamente -dibuj&#243; unas comillas en el aire- e intervendr&#225;.

P&#237;dele que conf&#237;e en ti durante un a&#241;o

&#161;Pero un a&#241;o no bastar&#225;! Necesitar&#233; mucho m&#225;s tiempo para hacer m&#250;sica de verdad &#161;No voy a hacer un curso de cocina!

Inscr&#237;bete en una escuela de m&#250;sica. Una buena escuela de m&#250;sica. Una que imponga.

No querr&#225; o&#237;r hablar de eso

&#161;Pasa de ella!

Es m&#225;s f&#225;cil decirlo que hacerlo.

Es extra&#241;o, hasta hoy, &#161;no te hab&#237;a imaginado como un perdedor!

&#161;Ja, ja, ja! &#161;Muy graciosa!

Inclin&#243; la cabeza como para decir venga, pisotea al hombre ca&#237;do en el suelo, apl&#225;stame con tu desprecio, eres muy buena jugando a eso.

Renuncias incluso antes de haberlo intentado. Ya que dices que es tu pasi&#243;n, demu&#233;strale que es algo serio y ella confiar&#225; en ti. Si no ser&#225; como si tiraras la toalla incluso antes de haber subido al ring.

Sus miradas se cruzaron y se interrogaron en silencio.

&#191;As&#237; es como lo haces t&#250;? -pregunt&#243; sin dejar de mirarla a los ojos, como si su respuesta pudiese cambiarle la vida. -S&#237;.

&#191;Y funciona?

Ella ten&#237;a la carne de gallina de tan fijamente como la miraba.

Para todo. Pero hay que trabajar. Yo quer&#237;a mi selectividad con matr&#237;cula, la saqu&#233;, quer&#237;a venir a Londres, he venido a Londres, quer&#237;a estudiar en esa escuela, me admitieron y voy a convertirme en una gran dise&#241;adora, quiz&#225;s incluso en una gran modista. Nadie ha conseguido desviarme de mi camino ni un cent&#237;metro, porque yo he decidido que nadie lo har&#237;a. Me fij&#233; un objetivo, es muy sencillo, &#191;sabes? Cuando decides hacer algo de verdad, lo consigues siempre. Basta con estar convencido de ello y convencer a los dem&#225;s. &#161;Incluso a una reina!

&#191;Y existe alguna otra cosa que te hayas jurado tener? -pregunt&#243; sintiendo que aquel momento era precioso, que ella hab&#237;a bajado la guardia.

S&#237;-respondi&#243; ella, sin temblar, sabiendo exactamente a qu&#233; se refer&#237;a &#233;l, pero rechazando responderle.

No dejaban de mirarse fijamente.

&#191;Como qu&#233;?

Not your business!

S&#237;. D&#237;melo

Ella sacudi&#243; la cabeza.

&#161;Te lo dir&#233; cuando haya conseguido mi objetivo!

Porque lo conseguir&#225;s, por supuesto.

Por supuesto

&#201;l esboz&#243; una sonrisita enigm&#225;tica, como si reconociera que ella podr&#237;a tener raz&#243;n, pero que el asunto no estaba todav&#237;a resuelto. Ni mucho menos. Quedaban todav&#237;a algunas formalidades pendientes. Sigui&#243; despu&#233;s un minuto de gran solemnidad que les llev&#243; a un terreno en el que todav&#237;a no hab&#237;an entrado nunca: el del abandono. Se analizaban el interior del alma, el terciopelo del coraz&#243;n y pod&#237;an decirse, aunque sin pronunciar palabra, lo que pensaban exactamente. Se lo dijeron con los ojos. Como si aquello no existiera o no debiera existir todav&#237;a. Bailaron dos pasos de tango con ese terciopelo del coraz&#243;n, se besaron dulcemente en la boca del alma, y despu&#233;s volvieron al ruido de los coches en la calle y a los peatones que perd&#237;an su donut al correr.

Bueno, recapitulemos -dijo Hortense, aturdida por esas confidencias mudas-. Primero vas a encontrar una buena escuela de m&#250;sica. Har&#225;s lo necesario para que te acepten. Vas a trabajar, a trabajar

&#201;l la segu&#237;a con la mirada y escuchaba su futuro.

Despu&#233;s, te enfrentas a tu abuela y consigues lo que quieres Tendr&#225;s argumentos, habr&#225;s movido el culo lo suficiente como para demostrarle que se trata de una pasi&#243;n. No de un pasatiempo. Eso la impresionar&#225;, te escuchar&#225;. Eres demasiado indolente, Gary.

&#161;Forma parte de mi encanto! -brome&#243; &#233;l, abriendo sus largos brazos, haci&#233;ndolos planear por encima de ella para proseguir su tango mudo.

Ella se apart&#243; y volvi&#243; a su expresi&#243;n seria.

A los diecinueve a&#241;os s&#237;. Pero dentro de diez a&#241;os ser&#225;s un viejo seductor in&#250;til y desenga&#241;ado. As&#237; que ponte manos a la obra y demuestra a los dem&#225;s que no se equivocan si conf&#237;an en ti

Hay veces en que no tengo ganas de nada. S&#243;lo de ser una ardilla que salta por Hyde Park

Se hab&#237;a levantado una brisa de viento fr&#237;o y la nariz de &#233;l enrojec&#237;a. Hundi&#243; sus manos en los bolsillos como si quisiese que estallaran, golpe&#243; el suelo con la punta de sus zapatos, mantuvo por un momento lo que parec&#237;a ser un mon&#243;logo interior. Ella lo observaba, divertida. Se conoc&#237;an desde hac&#237;a tanto tiempo; no hab&#237;a nadie de quien se sintiera tan pr&#243;xima. Se acerc&#243;, le pas&#243; una mano bajo el brazo y apoy&#243; la cabeza en su hombro.

&#161;No te rindes nunca! -gru&#241;&#243; &#233;l.

Ella levant&#243; la cabeza hacia &#233;l y sonri&#243;.

&#161;Nunca! &#191;Y sabes por qu&#233;?



Porque no tengo miedo. T&#250;, en cambio, est&#225;s acojonado. Te dices que en la m&#250;sica son muchos los llamados y pocos los elegidos, y tienes miedo de no ser elegido

No te falta raz&#243;n

Tu miedo te impide pasar a la acci&#243;n. Y te impedir&#225; que tu sue&#241;o se transforme en realidad.

&#201;l la escuchaba, emocionado, casi aterrado por la exactitud de lo que dec&#237;a.

&#191;Quieres que vayamos al cine esta tarde? -pregunt&#243;, para recuperar la atm&#243;sfera distendida.

No. Tengo que trabajar. Tengo que entregar un trabajo ma&#241;ana.

&#191;Vas a trabajar hasta tarde?

S&#237;. Pero el fin de semana, si quieres, estar&#233; m&#225;s libre.

&#191;Cu&#225;nto te debo por la consulta?

Me pagar&#225;s la entrada del cine.

De acuerdo.

Hortense mir&#243; su reloj y lanz&#243; un chillido.

&#161;Jo! &#161;Voy a llegar tarde!

Eres como tu madre, &#161;nunca dices joder!

&#161;Gracias por el cumplido!

Pero si es un buen cumplido. &#161;Quiero mucho a tu madre!

Ella no respondi&#243;. Cada vez que le hablaban de su madre, se cerraba en banda. &#201;l la acompa&#241;&#243; hasta la entrada de la escuela.

&#191;Sabes otra cosa que dijo mi abuela?

&#191;Te dijo qu&#233; puesto ocupabas en la l&#237;nea de sucesi&#243;n?

No way. Quiero ser m&#250;sico, &#161;ya te lo he dicho!

Hortense esboz&#243; una peque&#241;a sonrisa que parec&#237;a decir buena respuesta y aceler&#243; el paso.

Me habl&#243; de mis conquistas sentimentales, as&#237; es como ella llama a las guarras que me tiro, y me dijo con su aire de real delicadeza Mi querido Gary, cuando uno da su cuerpo, da tambi&#233;n su alma.

&#161;Impresionante!

&#161;G&#233;lido, s&#237;! &#161;Despu&#233;s de una r&#233;plica as&#237;, dejas de follar para toda la vida!

&#161;Deja de quejarte! Eres un privilegiado. No lo olvides nunca. &#161;No hay muchos t&#237;os que sean el nieto de la reina! Adem&#225;s, tienes todas las ventajas: eres de sangre real y nadie lo sabe. As&#237; que shut up!

&#161;Afortunadamente nadie lo sabe! &#191;Te imaginas mi vida, perseguido por los paparazzi?

A m&#237; eso me ir&#237;a muy bien. &#161;Saldr&#237;a en todas las fotos y ser&#237;a famosa! &#161;Lanzar&#237;a mi marca en un abrir y cerrar de ojos!

&#161;No cuentes con ello! &#161;Yo me ir&#237;a a una isla desierta y no me ver&#237;as nunca m&#225;s!

Hab&#237;an llegado frente a la escuela de Hortense en Piccadilly Circus. Ella le plant&#243; un r&#225;pido beso en la mejilla y se fue.

Gary la vio desaparecer entre el tumulto de estudiantes que entraba en el edificio. Esa chica ten&#237;a el don de arreglar los problemas. No perd&#237;a el tiempo con los estados de &#225;nimo. &#161;Hechos y nada m&#225;s que hechos! Ten&#237;a raz&#243;n. Iba a ponerse a buscar una escuela. Aprender&#237;a solfeo y practicar&#237;a escalas. Hortense le hab&#237;a dado una patada en el trasero y una patada en el trasero siempre te hace avanzar. Y borra los pensamientos sombr&#237;os. Ya no ten&#237;a la impresi&#243;n de cargar con su vida como un fardo, sino que la hab&#237;a colocado sobre la acera y la contemplaba con mirada distante. Como algo que deb&#237;a orientar, norte, sur, este, oeste. S&#243;lo ten&#237;a que elegir. Le invadi&#243; una ola de alegr&#237;a y quiso volar tras Hortense para besarla. Grit&#243;: Hortense, Hortense, pero ella hab&#237;a desaparecido.

Se volvi&#243; hacia la calle, los peatones, los sem&#225;foros, los coches, las motos y las bicicletas y sinti&#243; ganas de lanzarse contra ellos.

What a glorious day!, dijo al ver un autob&#250;s rojo de dos pisos, que destacaba majestuoso sobre el cielo azul. Pronto ser&#237;a reemplazado por un autob&#250;s de un solo piso, pero no ten&#237;a importancia, la vida continuar&#237;a porque la vida era hermosa, porque iba a cogerla de la mano y librarse de esa coraza negra que a veces cargaba sobre la espalda.



* * *


A primera hora, ten&#237;a clase de historia del arte.

El profesor, un hombre completamente gris, con cutis de marfil, hablaba con lentitud, arrastrando las palabras, y ten&#237;a una barriguita redonda que sobresal&#237;a de un chaleco burdeos. El cuello de su camisa era un cuello r&#225;cano. Habr&#237;a que darle amplitud al cuello, a las mangas, a los faldones, observaba Hortense mientras dibujaba croquis sobre su hoja en blanco. Insuflarle el viento de alta mar. &#201;l explicaba c&#243;mo el arte y la pol&#237;tica caminan a veces de la mano, y a veces iban cada uno por su lado. Pregunt&#243; a la adormecida clase cu&#225;ndo hab&#237;an nacido los primeros partidos pol&#237;ticos.

&#191;En el mundo? -pregunt&#243; Hortense levantando la cabeza de su cuaderno.

S&#237;, se&#241;orita Cort&#232;s. Pero m&#225;s concretamente en Inglaterra, pues los primeros partidos, mal que le pese, nacieron en Inglaterra. No tienen ustedes la exclusividad de la democracia, a pesar de su Revoluci&#243;n francesa.

Hortense no ten&#237;a ni idea.

En Inglaterra -prosigui&#243; tirando de las puntas de su chaleco-. En el siglo XVII. Existieron primero lo que llamaban agitadores, que arengaban a los hombres en los ej&#233;rcitos, despu&#233;s, en 1679, una querella enfrent&#243; a los parlamentarios con las personalidades del reino. Los debates se hicieron m&#225;s intensos, se insultaban trat&#225;ndose de tories, ladrones de ganado, y de whigs, asaltantes de caminos. Estos insultos permanecieron y as&#237; nacieron los nombres de las dos grandes formaciones pol&#237;ticas inglesas. M&#225;s tarde, en 1830, se fund&#243; el primer partido pol&#237;tico, se trataba del partido conservador, el primer partido europeo y podemos decir tambi&#233;n del mundo

Se detuvo, satisfecho. Su mano tamborile&#243; sobre su vientre redondo. Hortense cogi&#243; un l&#225;piz y se dedic&#243; a vestirle con brillantez. Un hombre tan cultivado deber&#237;a ser elegante. Se puso a dibujar una camisa de caballero: el cuello, las mangas, los botones, la ca&#237;da, la forma larga, con faldones regulares, irregulares.

Pens&#243; en el torso de Gary y garabate&#243; un torso juvenil dentro de un cuello de chaquet&#243;n. Su Alteza Real Gary. Gary perseguido por los paparazzi. Dibuj&#243; camisas de golfo cubiertas de cazadoras estrechas, y a&#241;adi&#243; sonriendo unas gafas negras. Gary en Buckingham, en una recepci&#243;n, &#191;frente a la reina? Esboz&#243; una camisa rom&#225;ntica de esmoquin con m&#250;ltiples pliegues. No demasiado anchos, los pliegues. Se le rompi&#243; la punta de su l&#225;piz, y cay&#243; un mont&#243;n de mina sobre la hoja en blanco. &#161;Jolines!, dej&#243; escapar. Eres como tu madre, &#161;nunca dices joder!. Se sent&#237;a inc&#243;moda con su madre. Su amor pesaba toneladas. El deseo de querer dar todo al hijo que se ama envenena el amor. Encierra al ni&#241;o en una gratitud obligada, en un reconocimiento pueril. No era culpa de su madre, pero era pesado soportarlo.

La emoci&#243;n era un lujo que no pod&#237;a permitirse. Cada vez que estaba a punto de sucumbir a ella, la bloqueaba. Clic, clac, cerraba escotillas. Y as&#237; continuaba siendo un buen ejemplo para s&#237; misma. Segu&#237;a siendo su mejor amiga. Es el problema de las emociones, te torpedean. Te destrozan en mil pedazos. Te enamoras y, de pronto, te ves demasiado gorda, demasiado delgada, senos demasiado peque&#241;os, senos demasiado grandes, demasiado baja, demasiado alta, nariz demasiado grande, boca demasiado peque&#241;a, dientes amarillos, cabello graso, est&#250;pida, sarc&#225;stica, pegajosa, ignorante, parlan- china, muda. Dejas de ser tu mejor amiga.

Al volver de ir de compras con su madre, mientras levantaban el brazo para parar un taxi, hab&#237;an visto a un caracol refugiado en el borde de la avenida, metido en su concha, intentando pasar desapercibido bajo una hoja seca. Su madre se hab&#237;a agachado, lo hab&#237;a recogido y le hab&#237;a hecho cruzar la avenida. Hortense se hab&#237;a encerrado inmediatamente en un reproche mudo.

Pero &#191;qu&#233; te pasa?-hab&#237;a preguntado Jos&#233;phine, al acecho del menor cambio de humor que apareciese en el rostro de su hija-. &#191;No est&#225;s contenta? Cre&#237;a que lo pasar&#237;as bien si te regalaba un d&#237;a de compras

Hortense hab&#237;a sacudido la cabeza, exasperada.

&#191;Te sientes obligada a ocuparte de todos los caracoles que encuentras?

&#161;Pero es que iban a aplastarle si cruzaba!

&#191;Y t&#250; qu&#233; sabes? Quiz&#225;s le ha costado tres semanas cruzar la calzada, y estaba descansando, aliviado, antes de ir al encuentro de su pareja y t&#250;, en diez segundos, &#161;le devuelves a su punto de partida!

Su madre la hab&#237;a mirado, pasmada. Sus ojos asustados se hab&#237;an llenado de l&#225;grimas. Hab&#237;a corrido a buscar el caracol y hab&#237;an estado a punto de atropellada. Hortense la hab&#237;a cogido por la manga y la hab&#237;a empujado dentro de un taxi. &#201;se era el problema de su madre. La emoci&#243;n le enturbiaba la vista. Y a su padre tambi&#233;n. Lo ten&#237;a todo para triunfar, pero se licuaba en cuanto se enfrentaba a una sombra de adversidad, a una nube de hostilidad. Sudaba la gota gorda. Ella, de peque&#241;a, sufr&#237;a durante las comidas en casa de Iris o de Henriette, cuando ve&#237;a aparecer los primeros signos de angustia. Juntaba las manos bajo la mesa, rezando para que la inundaci&#243;n se detuviese, y sonre&#237;a, inerte. Los ojos hacia dentro para no ver.

As&#237; que ella lo hab&#237;a aprendido todo. A bloquear su transpiraci&#243;n, a bloquear sus l&#225;grimas, a bloquear la onza de chocolate que la engordar&#237;a, a bloquear la gl&#225;ndula seb&#225;cea que se transformar&#237;a en espinilla, el az&#250;car del caramelo que se convertir&#237;a en caries. Bloqueaba todas las entradas de la emoci&#243;n. La chica que quer&#237;a convertirse en su mejor amiga, el chico que la acompa&#241;aba e intentaba besarla. No quer&#237;a correr ning&#250;n peligro. Cada vez que corr&#237;a el riesgo de dejarse llevar, pensaba en la frente humedecida de su padre y la emoci&#243;n se paraba de golpe.

&#161;As&#237; que nadie le dijera sobre todo que se parec&#237;a a su madre! Era el trabajo de toda una vida el que se pon&#237;a en entredicho.

No se controlaba &#250;nicamente porque le desagradaran las emociones, lo hac&#237;a tambi&#233;n por una cuesti&#243;n de honor. El honor perdido de su padre. Quer&#237;a creer en el honor. Y el honor, estaba segura, no ten&#237;a nada que ver con las emociones. En el colegio, cuando hab&#237;a estudiado El Cid, se hab&#237;a implicado hasta el fondo en los tormentos de Rodrigo y Jimena. El la ama, ella le ama, eso es la emoci&#243;n, eso les convierte en d&#233;biles y cobardes. Pero &#233;l hab&#237;a matado a su padre, ella deb&#237;a vengarse, su honor estaba en juego y ah&#237; se alzaban. Corneille lo hab&#237;a dejado bien claro: el honor engrandece al hombre. La emoci&#243;n lo doblega. Al contrario que Racine. No aguantaba a Racine. Berenice la pon&#237;a nerviosa.

El honor era una mercanc&#237;a escasa. La compasi&#243;n hab&#237;a reemplazado al honor. Los duelos se hab&#237;an prohibido. A ella le hubiese encantado batirse en duelo. Provocar a quien le faltase al respeto. Despedazar de un sablazo al ofensor. &#191;Con qui&#233;n, de esta adormecida clase, me gustar&#237;a cruzar la espada?, se pregunt&#243; sobrevolando con la mirada a la asistencia.

Percibi&#243;, a su izquierda, el perfil de su compa&#241;era de piso. Agathe hab&#237;a hundido la cabeza bajo el brazo como si estuviese tomando apuntes, pero dormitaba. De frente pod&#237;an creerla absorta por el discurso del profesor, pero de lado se ve&#237;a perfectamente que estaba dormida. Hab&#237;a vuelto a casa a las cuatro de la ma&#241;ana. Hortense la hab&#237;a o&#237;do vomitar en el cuarto de ba&#241;o. Esa nunca luchaba. Reptaba. Dejaba que esos enanos de mal gusto dictaran su ley. Iban a buscarla casi todas las noches. Ni siquiera llamaban para avisarla. Llegaban, gritaban: &#161;Venga! &#161;V&#237;stete que salimos!, y ella los segu&#237;a. No puedo creerme que est&#233; enamorada de uno de ellos. Son gnomos vulgares, brutales, vanidosos. Tienen una voz extra&#241;a como de brasas ardientes, una voz que se te agarra a la garganta, que te quema el rostro, que te provoca temblores en todo el cuerpo. Ella les evitaba, pero tambi&#233;n se entrenaba para no dejarse dominar por el miedo cuando se los cruzaba. Los manten&#237;a a distancia, imaginaba que hab&#237;a un kil&#243;metro entre ellos. Era un ejercicio dif&#237;cil, porque eran terror&#237;ficos, a pesar de sus sonrisas forzadas.

Y sin embargo esa chica ten&#237;a talento. Era una dise&#241;adora bastante inspirada, una estilista que no dibujaba, sino que encontraba instintivamente la l&#237;nea del vestido, los cortes. A&#241;ad&#237;a el peque&#241;o detalle que afinar&#237;a el talle y estilizar&#237;a la silueta. Sab&#237;a trabajar una tela. No conoc&#237;a el gusto por el esfuerzo y el trabajo. Las hab&#237;an elegido a las dos, entre ciento cincuenta candidatos, para un periodo de pr&#225;cticas en Vivienne Westwood. S&#243;lo contratar&#237;an a una. Hortense esperaba ser la elegida. Todav&#237;a hab&#237;a que pasar una entrevista. Se hab&#237;a documentado sobre la historia de la marca, con el fin de salpicar la entrevista de esos peque&#241;os detalles que le dar&#237;an ventaja. Seguramente Agathe ni siquiera hab&#237;a pensado en eso. Estaba demasiado ocupada en salir, bailar, beber, fumar, mover las caderas. Y vomitar.

Story of her Ufe [[8]: #_ftnref8 La historia de su vida.]pens&#243; Hortense dibujando el &#250;ltimo bot&#243;n de la camisa blanca de esmoquin de Gary, cenando en Buckingham Palace.



* * *


&#191;No quieres ir a Londres?

Zo&#233; sacudi&#243; la cabeza, bajando la mirada.

&#191;Ya no quieres ir nunca m&#225;s a Londres?

Zo&#233; emiti&#243; un largo suspiro que quer&#237;a decir no.

&#191;Te has peleado con Alexandre?

La mirada de Zo&#233; se desliz&#243; hacia un lado. Nada en su rostro le permit&#237;a saber si estaba enfadada, infeliz o amenazada por alg&#250;n peligro.

&#161;Pero di algo, Zo&#233;! &#191;C&#243;mo quieres que lo adivine?-se enfad&#243; Jos&#233;phine-. Antes dabas saltos de alegr&#237;a cuando te ibas a Londres, &#161;y ahora ya no quieres volver! &#191;Qu&#233; te pasa?

Zo&#233; lanz&#243; una mirada furiosa a su madre.

Son las ocho menos cinco. Voy a llegar tarde al colegio.

Cogi&#243; su cartera, se la ech&#243; a la espalda, ajust&#243; las correas y abri&#243; la puerta de entrada. Antes de salir, se volvi&#243; y la amenaz&#243;.

&#161;Y no entres en mi habitaci&#243;n! &#161;Prohibido!

&#161;Zo&#233;! &#161;Ni siquiera me has dado un beso! -continu&#243; Jos&#233;phine viendo desaparecer la espalda de su hija.

Corri&#243; por la escalera, baj&#243; los escalones de cuatro en cuatro y alcanz&#243; a Zo&#233; en el vest&#237;bulo del inmueble. Se vio en el espejo, en pijama con una camiseta que le hab&#237;a regalado Shirley que dec&#237;a: Muerte a los gl&#250;cidos. Sinti&#243; verg&#252;enza cuando cruz&#243; su mirada con la de Ga&#233;tan Lefloc-Pignel, que se hab&#237;a reunido con Zo&#233;. Gir&#243; sobre s&#237; misma y se meti&#243; en el ascensor. All&#237; se encontr&#243; frente a una joven rubia que no ten&#237;a mejor aspecto que ella.

&#191;Es usted la mam&#225; de Ga&#233;tan? -pregunt&#243;, feliz de conocer a la se&#241;ora Lefloc-Pignel.

Hab&#237;a olvidado su pl&#225;tano para el recreo. A veces tiene bajadas de tensi&#243;n, necesita az&#250;car. As&#237; que he corrido para alcanzarle y No he tenido tiempo de vestirme, he salido tal cual.

Llevaba puesto un impermeable sobre el camis&#243;n y estaba descalza.

Se frotaba los brazos, evitando la mirada de Jos&#233;phine.

Me alegra mucho conocerla. No la hab&#237;a visto nunca

&#161;Oh! Es mi marido, no le gusta que yo

Se detuvo como si pudiesen o&#237;rla.

&#161;Se pondr&#237;a furioso si me viera sin vestir en el ascensor!

Yo no estoy en mejor situaci&#243;n que usted -exclam&#243; Jos&#233;phine-. He corrido detr&#225;s de Zo&#233;. Se ha marchado sin darme un beso; no me gusta empezar el d&#237;a sin un beso de mi hija

&#161;A m&#237; tampoco! -suspir&#243; la se&#241;ora Lefloc-Pignel-. Qu&#233; suaves son los besos de los ni&#241;os.

Parec&#237;a una ni&#241;a. Enclenque, p&#225;lida, dos grandes ojos pardos asustadizos. Bajaba la mirada y temblaba ajust&#225;ndose los faldones del impermeable. El ascensor se detuvo y sali&#243; del ascensor diciendo varias veces adi&#243;s, aguantando la pesada puerta. Jos&#233;phine se pregunt&#243; si querr&#237;a confiarle algo. De sus cabellos recogidos en dos trenzas finas se escapaban algunos mechones rubios. Lanzaba miradas inquietas a derecha e izquierda.

&#191;Quiere usted tomar un caf&#233; en mi casa? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

&#161;Oh, no! No ser&#237;a

Podr&#237;amos conocernos mejor, hablar de los ni&#241;os Vivimos en el mismo edificio y no nos conocemos.

La se&#241;ora Lefloc-Pignel se frotaba los brazos de nuevo.

Tengo una lista de cosas que hacer. No debo retrasarme

Hablaba como si se sintiese aterrada de olvidar algo.

Es usted muy amable. En otra ocasi&#243;n, quiz&#225;s

Segu&#237;a reteniendo la puerta del ascensor con su brazo enjuto.

Si ve usted a mi marido, no le diga que me ha visto usted as&#237;, desali&#241;ada Es demasiado &#161;Le da mucha importancia a la etiqueta!

Lanz&#243; una risita inc&#243;moda, se frot&#243; la nariz con el codo, escondiendo su rostro en la manga del impermeable.

Ga&#233;tan es encantador. A veces llama a casa -tante&#243; Jos&#233;phine.

La se&#241;ora Lefloc-Pignel la mir&#243;, aterrada.

&#191; No lo sab&#237;a?

A veces me echo la siesta por la tarde

No conozco bien a sus otros dos hijos, Domitille y

La se&#241;ora Lefloc-Pignel alz&#243; las cejas, dud&#243; como si tambi&#233;n ella tratara de recordar el nombre de su hijo mayor. Jos&#233;phine repiti&#243;:

Pero Ga&#233;tan es encantador.

Ya no sab&#237;a qu&#233; m&#225;s decir. Le hubiese gustado que ella soltara la puerta del ascensor. Hac&#237;a fr&#237;o y la camiseta Muerte a los gl&#250;cidos no era muy gruesa.

Finalmente, como con l&#225;stima, la se&#241;ora Lefloc-Pignel dej&#243; que la puerta se cerrase. Jos&#233;phine le hizo un gesto amistoso con la mano. Debe de tomar tranquilizantes. Tiembla como una hoja, se sobresalta al menor ruido. No debe de ser una compa&#241;&#237;a muy agradable, ni una madre muy presente. Nunca la hab&#237;a visto en el colegio, ni en el supermercado del barrio. &#191;D&#243;nde ir&#237;a a hacer la compra?

Despu&#233;s cambi&#243; de opini&#243;n. Quiz&#225;s hace como yo, que vuelvo al Intermarch&#233; de Courbevoie. Una costumbre que conservo de mi vida anterior. Todav&#237;a ten&#237;a la tarjeta de cliente. Antoine ten&#237;a tambi&#233;n una. Dos tarjetas para una sola cuenta. Era todav&#237;a un v&#237;nculo que conservaba con &#233;l.

Entr&#243; en casa y decidi&#243; ir a correr. Pas&#243; delante del cuarto de Zo&#233; y empuj&#243; la puerta. No entr&#243;. Una promesa es una promesa. Hab&#237;a llegado otra postal. Con la letra de Antoine. Se la hab&#237;a entregado a Zo&#233;, que se hab&#237;a encerrado en su habitaci&#243;n para leerla. Hab&#237;a o&#237;do la doble vuelta de llave que significaba que no hab&#237;a que molestarla. Jos&#233;phine no hab&#237;a preguntado nada.

Zo&#233; permaneci&#243; encerrada en su habitaci&#243;n con Papatabla. Jos&#233;phine pegaba la oreja en la puerta, y escuchaba a Zo&#233; pedirle su opini&#243;n sobre una regla gramatical o un problema de matem&#225;ticas, una falda o un pantal&#243;n. Hac&#237;a las preguntas y daba las respuestas. Dec&#237;a: Claro, qu&#233; tonta soy, tienes raz&#243;n y se echaba a re&#237;r. Con una risa forzada, que inquietaba a Jos&#233;phine.

Por la noche, Zo&#233; cenaba en silencio, evitando su mirada, sus preguntas.

Pero &#191;qu&#233; puedo hacer?, se preguntaba Jos&#233;phine corriendo alrededor del lago esa ma&#241;ana. Hab&#237;a hablado con los profesores de Zo&#233; pero no, le hab&#237;an contestado, todo va bien, participa, juega en el patio, entrega los deberes limpios y bien hechos, aprende las lecciones. Echaba de menos a la se&#241;ora Berthier. Le hubiera gustado confiarse a ella.

La investigaci&#243;n sobre su muerte no avanzaba. Jos&#233;phine hab&#237;a vuelto a ver a la capit&#225;n Gallois. Amable como una circular administrativa.

Tenemos muy pocos elementos. Le mentir&#237;a si le dijera lo contrario

Esa mujer ten&#237;a una manera muy desagradable de dirigirse a ella.

Concluy&#243; una primera vuelta al lago y comenz&#243; una segunda. Percibi&#243; al desconocido que iba a su encuentro, las manos en los bolsillos, el gorro hundido hasta las cejas. Se la cruz&#243; sin mirarla.

Ten&#237;a que recordar exactamente cu&#225;ndo hab&#237;a empezado la metamorfosis de Zo&#233;. La noche de Nochebuena. Durante los regalos, todav&#237;a estaba alegre, haciendo el payaso. Fue la entrada en escena de la efigie de su padre la que lo hab&#237;a desencadenado todo. A partir de ese momento, a partir del momento en el que Antoine se sent&#243; con nosotros, Zo&#233; empez&#243; a alejarse. Como si tomara partido por su padre en contra m&#237;a Pero &#191;por qu&#233;? &#161;Jolines!, exclam&#243; Jos&#233;phine, &#161;pero si fue &#233;l el que se march&#243; con su manicura! Deber&#237;a llamar a Myl&#232;ne. No hab&#237;a tenido tiempo. &#191;Falta de tiempo o de ganas? Dudaba en confiarse a Myl&#232;ne. No sab&#237;a por qu&#233;. No soy de esas mujeres que dan una palmadita en los muslos de su rival y se convierten en su mejor amiga. Se detuvo. Hab&#237;a forzado demasiado en la cuestecita antes del embarcadero frente a la isla.

Se estir&#243;, levant&#243; los brazos al aire, hundi&#243; la cabeza hacia abajo, estir&#243; los brazos, las piernas. Le echaba de menos. Le echaba de menos. Pensaba en &#233;l todo el tiempo. Se introduc&#237;a en su cabeza, ocupaba todo el espacio. Vuelve, suplic&#243; en voz baja, vuelve, viviremos clandestinamente, nos esconderemos, robaremos instantes de felicidad esperando a que pase el tiempo, a que Iris se cure, a que las ni&#241;as crezcan. &#161;Las ni&#241;as! Quiz&#225;s Zo&#233; lo sab&#237;a. Los ni&#241;os saben de nosotros cosas que nosotros mismos ignoramos. No se les puede mentir. &#191;Sabr&#225; Zo&#233; que he besado a Philippe? Ella siente el gusto de sus besos cuando me inclino hacia ella.

Se incorpor&#243;. Se masaje&#243; las piernas, las pantorrillas. Se estir&#243; una vez m&#225;s. Tengo que hablar con ella. Hacerle confesar.

Dio algunos pasos. Reflexion&#243; mientras trotaba. Avanzaba, absorta en sus reflexiones, cuando oy&#243; gritar su nombre:

&#161;Jos&#233;phine! &#161;Jos&#233;phine!

Se volvi&#243;. Luca ven&#237;a hacia ella. Los brazos abiertos, una gran sonrisa en el rostro.

&#161;Luca! -grit&#243;.

Sab&#237;a que la encontrar&#237;a aqu&#237;. &#161;Conozco sus costumbres!

Ella le mir&#243; fijamente para asegurarse de que en verdad era &#233;l.

&#191;Est&#225; usted bien, Jos&#233;phine?

S&#237;. &#191;Y usted, est&#225; mejor?

&#201;l la mir&#243; sonriendo.

&#161;Jos&#233;phine! Tengo que hablar con usted. No podemos prolongar este malentendido.

Luca

Siento lo del otro d&#237;a. He debido de herirla, pero no quer&#237;a hacerle da&#241;o, ni re&#237;rme de usted.

Ella sacud&#237;a la cabeza, sec&#225;ndose el sudor que corr&#237;a por su frente y separando el pelo pegado a su rostro.

&#191;Me permite invitarla a un caf&#233;?

Ella enrojeci&#243; y rechaz&#243; su brazo.

Es que estoy toda pegajosa, he estado corriendo y

Jos&#233;phine no pod&#237;a cre&#233;rselo: Luca, el hombre m&#225;s indiferente del mundo, &#161;corriendo detr&#225;s de ella! Not&#243; que le flaqueaban las rodillas. No estaba acostumbrada a suscitar pasiones. No sab&#237;a c&#243;mo comportarse. Por un lado, le estaba reconocida. Se sent&#237;a importante, seductora. Por otro, le miraba y se dec&#237;a que era tan guapo como un trozo de madera reseca. Se dirigieron hacia el quiosco cercano al lago. Luca pidi&#243; dos caf&#233;s y los coloc&#243; ante ella. Ella cerr&#243; las rodillas, meti&#243; los pies bajo la silla y se prepar&#243;.

&#191;Est&#225; usted bien, Jos&#233;phine?

Bien, s&#237;

No estaba muy dotada para mantener a los hombres a distancia. No estaba acostumbrada. Prefer&#237;a dejarle hablar.

Jos&#233;phine, he sido injusto con usted

Ella hizo un gesto con la mano para excusarle.

Me he comportado mal.

Ella le mir&#243; pensando que mucha gente se comporta mal con los que les quieren. No era el &#250;nico.

Me gustar&#237;a que olvid&#225;ramos todo eso

Levant&#243; hacia ella una mirada sincera.

Es que -balbuce&#243; ella.

No sab&#237;a qu&#233; decir. Es que es demasiado tarde, es que se acab&#243;, es que desde entonces hay otro que

No estoy muy acostumbrada a las cosas del amor. Soy un poco tonta

Y a&#241;adi&#243;, en voz baja:

Eso lo sabe usted bien, de hecho

La echo de menos, Jos&#233;phine. Estaba acostumbrado a usted, a su presencia, a su atenci&#243;n delicada, generosa

&#161;Oh! -exclam&#243; ella, sorprendida.

&#191;Por qu&#233; no le hab&#237;a dicho antes esas palabras? Cuando todav&#237;a estaba a tiempo. Cuando ella se mor&#237;a por o&#237;rlas. Le mir&#243;, desamparada. &#201;l ley&#243; la desolaci&#243;n en su mirada.

Ya no siente usted nada por m&#237;, &#191;verdad?

Es que he esperado tanto una se&#241;al suya que creo que me he

&#191;Que se ha cansado?

S&#237;, de alguna manera

&#161;No me diga que es demasiado tarde! -declar&#243;, jovial-. Estoy dispuesto a todo &#161;para que me perdone!

Jos&#233;phine estaba sufriendo una tortura. Intent&#243; atrapar un pedazo de amor, un hilo del que poder tirar, enhebrar, fruncir, bordar, zurcir, hasta hacer un gran pomp&#243;n. Se hundi&#243; en la mirada de Luca, hundi&#243; sus grandes ojos abiertos, busc&#243;, busc&#243;. &#161;No pod&#237;a desvanecerse as&#237; como as&#237;! Busc&#243; un trozo de hilo en sus ojos, en su boca, en el escote de su manga, me gustaba acurrucarme all&#237; cuando dorm&#237;amos juntos, percib&#237;a su brazo reteni&#233;ndome, se sent&#237;a emocionada, cerraba los ojos para retener esa imagen. Busc&#243;, busc&#243;, pero no encontr&#243; el extremo del hilo. Emergi&#243; a la superficie con las manos vac&#237;as.

Tiene usted raz&#243;n, Jos&#233;phine. No es casualidad que est&#233; solo a mi edad. &#161;Nunca he sido capaz de conservar a nadie! Usted, al menos, tiene a sus hijas

Jos&#233;phine volvi&#243; a pensar en Zo&#233;. Har&#237;a como Luca. Se desnudar&#237;a delante de ella y le dir&#237;a h&#225;blame, soy una in&#250;til expresando amor, pero te quiero tanto que si ya no me besas por las ma&#241;anas, ya no puedo respirar, ya no recuerdo mi nombre, pierdo el gusto por la primera tostada, el gusto por mis estudios, el gusto por todo.

Pero tiene usted a su hermano. &#201;l le necesita

La mir&#243; como si no entendiese. Frunci&#243; el ce&#241;o. Intent&#243; saber a qui&#233;n se refer&#237;a ella, despu&#233;s se repuso y dijo sarc&#225;sticamente:

&#161; Vittorio!

S&#237;, Vittorio Es usted su hermano, y tambi&#233;n la &#250;nica persona en la que puede confiar.

&#161;Olv&#237;dese de Vittorio!

Luca, no puedo olvidarme de Vittorio. Siempre ha estado entre nosotros.

&#161;Olv&#237;dese de &#233;l, le digo!

Su voz estaba llena de autoridad y de c&#243;lera. Se ech&#243; hacia atr&#225;s, sorprendida por el cambio de tono.

Forma parte de nuestra historia. No puedo olvidarlo. He vivido con &#233;l porque yo le he

Porque usted me ha amado &#191;Es eso, Jos&#233;phine? Antes. Hace mucho tiempo

Ella baj&#243; la cabeza, inc&#243;moda. No se trataba de amor, si se hab&#237;a acabado tan pronto.

Jos&#233;phine Se lo ruego

Se volvi&#243;. No pensaba suplicarle. Ser&#237;a embarazoso.

Permanecieron un buen rato en silencio. &#201;l jugaba con la bolsita de az&#250;car, la apretaba entre sus largos dedos, la presionaba, la enrollaba, la aplastaba.

Tiene usted raz&#243;n, Jos&#233;phine. Soy una carga. Arrastro a los dem&#225;s hacia el fondo.

No, Luca. No es eso.

S&#237;, es exactamente eso.

Los caf&#233;s se hab&#237;an enfriado. Jos&#233;phine hizo una mueca.

&#191;Quiere usted otro? &#191;U otra cosa? &#191;Un zumo de naranja? &#191;Un vaso de agua?

Ella lo rechaz&#243; con un gesto de la mano. D&#233;jelo, Luca, suplic&#243; en silencio, d&#233;jelo. No quiero que se convierta usted en un hombre suplicante, servil.

&#201;l volvi&#243; la mirada hacia el lago. Vio un perro que se lanzaba al agua y sonri&#243;.

Fue ese d&#237;a cuando empez&#243; todo &#191;Verdad? Aquel d&#237;a en que yo no la escuch&#233;

Ella no respondi&#243; y sigui&#243; al perro con los ojos. Su amo hab&#237;a vuelto a tirar la pelota al lago y se tir&#243; a &#233;l para buscarla. El amo esperaba, orgulloso de sus cualidades como adiestrador, orgulloso de chascar los dedos y que el animal le obedeciese. Buscaba en la mirada de la gente que le rodeaba el reconocimiento de ese poder.

&#191;Sabe qu&#233; vamos a hacer, Jos&#233;phine?

Se hab&#237;a incorporado, con expresi&#243;n decidida.

Voy a darle una llave de mi casa y

&#161;No! -protest&#243; Jos&#233;phine, aterrada por la responsabilidad con la que le iba a cargar.

Voy a darle una llave de mi casa y cuando haya perdonado mi indiferencia, mi groser&#237;a, vendr&#225; y yo la esperar&#233;

Luca, no debe

S&#237;. Nunca he hecho algo as&#237;. Es una prueba de a

Ella escuch&#243; la palabra que &#233;l estuvo a punto de decir. Pero no la pronunci&#243;.

Una prueba de afecto

Se levant&#243;, busc&#243; una llave en el bolsillo. La dej&#243; sobre la mesa al lado del caf&#233; fr&#237;o. Bes&#243; a Jos&#233;phine en el pelo y repiti&#243;:

Hasta pronto, Jos&#233;phine.

Ella le vio partir, cogi&#243; la llave. Todav&#237;a estaba caliente. La encerr&#243; en su mano como la prueba in&#250;til de un amor difunto.



* * *


Zo&#233; no quiso hablar.

Jos&#233;phine la esper&#243; a la vuelta del colegio. Dijo a su hija, cari&#241;o, tenemos que hablar. Estoy dispuesta a escucharlo todo. Si has hecho algo de lo que te arrepientes o que te averg&#252;enza, d&#237;melo, hablaremos y no me enfadar&#233;, porque te quiero por encima de todo.

Zo&#233; dej&#243; su cartera en la entrada. Se quit&#243; el abrigo. Fue a la cocina. Se lav&#243; las manos. Cogi&#243; un trapo. Se sec&#243; las manos. Cort&#243; tres rebanadas de pan. Las unt&#243; con mantequilla. Guard&#243; la mantequilla en el frigor&#237;fico. El cuchillo en el lavavajillas. Tom&#243; dos barras de chocolate negro con almendras. Lo coloc&#243; todo en un plato. Volvi&#243; a buscar su cartera a la entrada y, sin escuchar a Jos&#233;phine que insist&#237;a: Tenemos que hablar, no podemos seguir as&#237;, cerr&#243; la puerta de su habitaci&#243;n y se encerr&#243; hasta la hora de cenar.

Jos&#233;phine recalent&#243; el pollo a la vasca que hab&#237;a preparado, a Zo&#233; le gustaba el pollo a la vasca.

Cenaron una frente a la otra. Jos&#233;phine se tragaba las l&#225;grimas. Zo&#233; mojaba el pan en la salsa del pollo sin mirar a su madre. La lluvia golpeaba los cristales de la cocina y quedaba pegada en forma de gruesas gotas. Cuando las gotas son espesas, pesadas, se pegan al cristal y puedes contarlas.

Pero &#191;qu&#233; te he hecho yo? -grit&#243; Jos&#233;phine, que se hab&#237;a quedado sin palabras, que hab&#237;a perdido los nervios, que se hab&#237;a quedado sin argumentos.

Lo sabes muy bien -solt&#243; Zo&#233;, imperturbable.

Retir&#243; su plato, su vaso y sus cubiertos. Los coloc&#243; en el lavavajillas. Pas&#243; la esponja sobre la mesa, delimitando precisamente su sitio, teniendo buen cuidado de no recoger las migas de su madre, dobl&#243; su servilleta, se lav&#243; las manos y se retir&#243;.

Jos&#233;phine salt&#243; de la silla, corri&#243; tras ella. Zo&#233; cerr&#243; la puerta de su habitaci&#243;n. Oy&#243; dos vueltas de llave.

&#161;No soy tu chacha!-grit&#243; Jos&#233;phine-. Agradece la cena.

Zo&#233; abri&#243; la puerta y dijo:

Gracias. El pollo estaba delicioso.

Despu&#233;s cerr&#243;, dejando a Jos&#233;phine sin voz.

Volvi&#243; a la cocina. Se sent&#243; delante del plato que no hab&#237;a tocado. Mir&#243; el pollo fr&#237;o cubierto de salsa. Los tomates arrugados, los pimientos acartonados. Esper&#243; un buen rato, echada sobre la mesa, la cabeza entre sus brazos.

Una canci&#243;n de los Beatles estall&#243; en la habitaci&#243;n de Zo&#233;. Don'tpass me by, don't make me cry, don'tmake me blue, cause you know, darling, I love only you [[9]: #_ftnref9 No pases de m&#237;, no me hagas llorar, no me dejes triste porque, &#191;sabes, cari&#241;o?, te quiero.]Es in&#250;til. No servir&#225; de nada forzar las confidencias. No se puede luchar contra un muerto. Y menos a&#250;n contra un muerto viviente. Solt&#243; una risa amarga. Nunca hab&#237;a o&#237;do esa risa en su boca. No le gustaba. Tengo que ponerme a trabajar. Tengo que encontrar un director de tesis. Tengo que defender mi trabajo. Estudiar me ha salvado siempre de las peores situaciones. Cada vez que la vida me la juega, la Edad Media viene a salvarme. Recitaba el simbolismo de los colores a las ni&#241;as, para disimular la angustia del ma&#241;ana o la tristeza de la v&#237;spera. Azul, color de duelo, violeta asociado a la muerte, verde, la esperanza y la savia que asciende, amarillo, la enfermedad, el pecado, rojo, a la vez fuego y sangre, rojo como la cruz del cruzado sobre su pecho o la ropa del verdugo, negro, el color de los Infiernos y de las tinieblas. Ellas escuchaban con la boca abierta, aterradas, y yo olvidaba mis problemas.

El tel&#233;fono interrumpi&#243; sus pensamientos. Lo dej&#243; sonar y sonar, y despu&#233;s se levant&#243;.

&#191;Jos&#233;phine?

La voz era jovial. El timbre despreocupado y alegre.

S&#237; -articul&#243; Jos&#233;phine, las manos crispadas en el auricular.

&#191;Te has quedado muda?

Jos&#233;phine solt&#243; una risita inc&#243;moda.

Es que no me esperaba para nada

&#161;Pues s&#237;! Soy yo. De vuelta a la vida activa y preciso, sin rencor alguno. Hac&#237;a mucho tiempo, &#191;verdad, Jo?



&#191;Est&#225;s bien, Jo? Porque se dir&#237;a que no est&#225;s bien en absoluto

S&#237;, s&#237;. Estoy bien. &#191;Y t&#250;?

En plena forma.

&#191;D&#243;nde est&#225;s? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, buscando un punto por donde agarrar el vestido de ese fantasma.

&#191;Por qu&#233;?

Por nada

S&#237;, Jos&#233;phine. Te conozco, tienes algo metido en la cabeza.

No, te lo aseguro Es s&#243;lo que

La &#250;ltima vez que estuvimos juntas, es verdad, fue un poco violento. Y te pido perd&#243;n. Lo siento de verdad Y te lo voy a demostrar: te invito a comer.

Me gustar&#237;a que dej&#225;ramos de pelearnos.

Coge un l&#225;piz y escribe la direcci&#243;n del restaurante.

Apunt&#243; la direcci&#243;n. Hotel Costes, calle Saint-Honor&#233;, 239.

&#191;Est&#225;s libre pasado ma&#241;ana, jueves? -pregunt&#243; Iris.

S&#237;.

Entonces, el jueves a la una Cuento contigo, Jo, es muy importante para m&#237; que nos veamos.

Para m&#237; tambi&#233;n, lo sabes.

Y despu&#233;s, a&#241;adi&#243; en voz baja:

Te he echado de menos

&#191;Qu&#233; has dicho?-pregunt&#243; Iris-. Ya no te oigo

Nada. Hasta el jueves.

Cogi&#243; su edred&#243;n y fue a instalarse en el balc&#243;n. Levant&#243; la cabeza hacia el cielo y dirigi&#243; la mirada hacia las estrellas. Un hermoso cielo estrellado iluminado por una luna llena y brillante como un sol fr&#237;o. Busc&#243; su estrellita al final de la Osa Mayor. Torci&#243; la cabeza para localizarla. La localiz&#243;. Al final de la estela. Junt&#243; las manos. Gracias por haberme devuelto a Iris. Gracias. Es como si volviese a casa. Haced que Zo&#233; vuelva. No quiero la guerra, sab&#233;is, soy una p&#233;sima guerrera. Haced que nos volvamos a hablar. Esta noche, me comprometo ante vosotras Si me devolv&#233;is el amor de mi hija, os prometo, &#191;me o&#237;s?, os prometo que renunciar&#233; a Philippe.

&#191;Estrellas? &#191;Me o&#237;s?

S&#233; que me o&#237;s. No siempre me respond&#233;is enseguida, pero tom&#225;is nota.

Mir&#243; la peque&#241;a estrella. Hab&#237;a planteado su problema all&#237; arriba, arriba del todo, a millones de kil&#243;metros. Hay que plantear los problemas lejos, muy lejos, porque as&#237; se ven de forma diferente. Vemos lo que hay detr&#225;s. Cuando los tenemos ante las narices, ya no vemos nada. Ya no vemos la belleza, la felicidad que permanece, a pesar de todo, a nuestro alrededor. Detr&#225;s del silencio obstinado de Zo&#233;, estaba el amor de su hija peque&#241;a por ella. Estaba segura de ello. Pero ya no lo ve&#237;a. Ni Zo&#233; tampoco. La belleza y la felicidad volver&#237;an

Bastaba con esperar, con ser paciente

Se hab&#237;a convertido en un hombre ocioso. Un hombre que pasaba el tiempo en los bares de hotel con libros y cat&#225;logos de arte. Le gustaban los bares de los grandes hoteles. Le gustaba la iluminaci&#243;n, el ambiente aterciopelado, la m&#250;sica de jazz de fondo, las lenguas extranjeras que se o&#237;an, los camareros que pasaban con sus bandejas y su caminar fluido. Pod&#237;a imaginarse en Par&#237;s, en Nueva York, en Tokio, en Singapur, en Shanghai. No estaba en ninguna parte, estaba en todos lados. Eso le iba muy bien. Estaba convaleciente de amor. No era muy viril como estado de &#225;nimo, se dec&#237;a.

Adoptaba una expresi&#243;n poco atractiva, un aire de hombre de negocios ocupado en leer obras serias. De hecho, le&#237;a a Auden, le&#237;a a Shakespeare, le&#237;a a Pushkin, le&#237;a a Sacha Guitry. Todos esos tipos que nunca hab&#237;a le&#237;do en su vida anterior. Quer&#237;a comprender la emoci&#243;n, los sentimientos. Los grandes negocios del mundo se los dejaba a los dem&#225;s. A los dem&#225;s como &#233;l, antes. Cuando era serio, ten&#237;a prisa, se peinaba con la raya al lado, el cuello de la camisa bien cerrado, una corbata de rayas y dos tel&#233;fonos m&#243;viles. Un hombre atiborrado de cifras y certidumbres.

Ya no ten&#237;a ninguna certidumbre. Avanzaba a tientas. &#161;Y tanto mejor! Las certidumbres te nublan la vista. Estaba leyendo Eugenio Oneguin, de Pushkin. La historia de un joven ocioso que se retira al campo, cansado de vivir, directo hacia la apat&#237;a. Eugenio le gustaba much&#237;simo.

Por las ma&#241;anas, pasaba por su despacho de Regent Street y segu&#237;a algunos asuntos en curso. Telefoneaba a Par&#237;s. Al que le hab&#237;a reemplazado. Si al principio todo hab&#237;a ido bien, ahora sent&#237;a en este &#250;ltimo una invitaci&#243;n apenas disimulada. Ya no soporta mi ociosidad. Ya no soporta que contin&#250;e embols&#225;ndome dividendos sin sudar la gota gorda. Despu&#233;s llamaba a Magda, su antigua secretaria reconvertida en la secretaria del Sapo. &#201;se era el nombre clave de su sustituto: el Sapo. Ella hablaba en voz baja, temiendo que el Sapo la oyese, y le contaba los &#250;ltimos chismes del despacho. El Sapo era un obseso sexual.

El otro d&#237;a -dijo Magda con una risita- estuve a punto de tirarlo por la ventana por sob&#243;n.

El Sapo permanec&#237;a en el despacho hasta las once de la noche, era de una fealdad perfecta, hip&#243;crita, odioso, pretencioso.

&#161;En los negocios es un hombre notable! Ha doblado los beneficios desde que est&#225; al mando -dec&#237;a Philippe.

S&#237;, pero &#161;puede explotar en cualquier momento! En todo caso, tenga cuidado, &#161;le odia! Despu&#233;s de hablar con usted parece que los botones del chaleco le fueran a estallar.

Philippe hab&#237;a aumentado la n&#243;mina de sus dos abogados para guardarse bien las espaldas. &#161;Hay que ser prevenido en este mundo de tiburones martillo! El Sapo era martillo, tibur&#243;n, pero brillante.

Asist&#237;a a menudo a comidas de prospecci&#243;n. Con clientes que escog&#237;a ricos, agradables y cultos. Para no perder el tiempo. Esbozaba las primeras negociaciones y luego los dirig&#237;a hacia el Sapo, en Par&#237;s. Por la tarde, eleg&#237;a el bar de un hotel de lujo, un buen libro, y le&#237;a. Sobre las diecisiete treinta, iba a buscar a Alexandre al liceo y volv&#237;an juntos charlando. A menudo se deten&#237;an en un museo o en una galer&#237;a. O iban al cine. Eso depend&#237;a de los deberes de Alexandre.

A veces, mientras estaba ocupado leyendo, se sentaba una chica a su lado. Una profesional disfrazada de turista, que ligaba con un hombre de negocios abandonado. El la ve&#237;a acercarse. Contonearse. Simular que le&#237;a una revista. El no se mov&#237;a, continuaba leyendo. Al cabo de un momento, ella se cansaba. A veces suced&#237;a que una chica m&#225;s emprendedora le ped&#237;a alguna informaci&#243;n o una direcci&#243;n. Siempre respond&#237;a con la misma frase:

&#161;Lo siento, se&#241;orita, estoy esperando a mi mujer!

Durante su &#250;ltimo viaje a Par&#237;s, B&#233;reng&#232;re, la mejor amiga de Iris, le hab&#237;a llamado para invitarle a una copa. Con el pretexto de obtener informaci&#243;n sobre las escuelas inglesas para su hijo mayor. Hab&#237;a empezado, maternal y preocupada, y despu&#233;s se hab&#237;a acercado, el pecho en tensi&#243;n bajo la blusa entreabierta, una mano que pasaba y repasaba por detr&#225;s del cuello, levant&#225;ndose la melena, doblando la nuca en una postura de sumisi&#243;n lasciva, la sonrisa porfiada.

B&#233;reng&#232;re, no me digas que esperas que nos convirtamos en &#191;c&#243;mo decirlo?, &#191;&#237;ntimos?

&#191;Y por qu&#233; no? Nos conocemos desde hace mucho tiempo. T&#250; ya no sientes nada por Iris, supongo, despu&#233;s de lo que te hizo, y yo me aburro soberanamente con mi marido

Pero B&#233;reng&#232;re, &#161;Iris es tu mejor amiga!

Lo era, Philippe, lo era. Ya no la veo. He cortado toda relaci&#243;n. &#161;No me gust&#243; en absoluto la forma en la que se comport&#243; contigo! &#161;Fue asqueroso!

&#201;l hab&#237;a esbozado una sonrisa.

Lo siento. Si quieres, t&#250; y yo seguiremos

No encontraba la palabra.

Seguiremos as&#237;.

Hab&#237;a pedido la cuenta y se hab&#237;a marchado.

Ya no quer&#237;a perder el tiempo. Hab&#237;a decidido trabajar menos para ganar tiempo. Reflexionar, aprender. No iba a dilapidar ese tiempo con B&#233;reng&#232;re o alguien parecido. Hab&#237;a dejado a su asesora en el mercado del arte. Un d&#237;a que estaban los dos en una galer&#237;a, cuyo propietario les ense&#241;aba obras de un pintor joven y prometedor, &#233;l vio un clavo. Un clavo plantado en una pared blanca, esperando a que colgaran un cuadro all&#237;. &#201;l le hab&#237;a hecho remarcar lo rid&#237;culo que le parec&#237;a ese clavo. Ella le hab&#237;a escuchado con expresi&#243;n de reproche, y hab&#237;a contestado: no se equivoque, Philippe, ese clavo es en s&#237; mismo el principio de una obra de arte, ese clavo participa en la belleza de la obra que va a recibir, ese clavo &#201;l la hab&#237;a interrumpido: ese clavo es un pobre clavo, sin inter&#233;s, ese clavo simplemente va a soportar el peso de un cuadro. &#161;Ah, no, Philippe! No estoy de acuerdo con usted, ese clavo es, ese clavo existe, ese clavo le interpela. Se hab&#237;a quedado un rato en silencio y hab&#237;a dicho, mi querida Elizabeth, a partir de ahora, prescindir&#233; de sus servicios. Estoy dispuesto a inclinarme, a cuestionarme delante de Damien Hirst, David Hammons, Raymond Pettibon, de la bailarina de Mike Kelley, de los autorretratos de Sarah Lucas, &#161;pero no delante de un clavo!

Hac&#237;a el vac&#237;o a su alrededor. Soltaba lastre. Quiz&#225;s por eso Jos&#233;phine se hab&#237;a alejado. Me ve&#237;a demasiado pesado, demasiado cargado. Ella tiene ventaja sobre m&#237;, ella ha aprendido a despojarse. Aprender&#233;. Tengo todo el tiempo del mundo.

Echaba de menos a Zo&#233;. Los fines de semana con Zo&#233;. Los largos concili&#225;bulos entre Zo&#233; y Alexandre, cuando &#233;l les vigilaba con el rabillo del ojo. Alexandre no preguntaba por su prima, pero pod&#237;a ver en su mirada triste del viernes por la tarde que la echaba de menos. Volver&#237;a. Estaba seguro. Hab&#237;an ido demasiado lejos bes&#225;ndose la noche de Nochebuena. Todav&#237;a quedaban demasiadas cosas sin resolver entre ellos. Y estaba Iris Pens&#243; en su &#250;ltima velada en Par&#237;s. Iris hab&#237;a salido de la cl&#237;nica. Hab&#237;an cenado en casa. &#191;Podr&#237;amos hacer una cenita, los tres juntos? &#161;Ir al restaurante era una pesadez! Ella hab&#237;a cocinado. No hab&#237;a quedado muy bien, pero hab&#237;a hecho un esfuerzo.

Dej&#243; el libro. Cogi&#243; otro. El teatro de Sacha Guitry. Cerr&#243; los ojos y se dijo, lo abro al azar y medito la frase que me encuentre. Se concentr&#243;, abri&#243; el libro, y sus ojos cayeron sobre esta afirmaci&#243;n: Es posible lograr que la gente que os ama baje los ojos, pero no se puede obligar a bajar los ojos a la gente que os desea.

No bajar&#233; los ojos. Esperar&#233;, pero no renunciar&#233;.

La &#250;nica mujer cuya presencia soportaba era Dottie. Se hab&#237;an vuelto a ver, por azar, una noche en una recepci&#243;n en la New Tate.

&#191;Qu&#233; hace usted aqu&#237;? -hab&#237;a preguntado al verla.

Ya no recordaba su nombre.

Dottie. &#191;Lo recuerda? Me regal&#243; usted un reloj, un hermoso reloj que todav&#237;a llevo, por cierto

Hab&#237;a levantado la mu&#241;eca y le hab&#237;a ense&#241;ado el reloj Cartier.

Vale una pasta, &#191;no? Siempre tengo miedo de perderlo. No le quito ojo

Eso est&#225; muy bien: es un reloj, &#161;sirve para eso!

Ella se hab&#237;a echado a re&#237;r, abriendo mucho la boca, dejando a la vista tres empastes en mal estado.

&#191;Qu&#233; hace usted aqu&#237;, Dottie? -hab&#237;a repetido &#233;l con cierto aire de superioridad, como si ella no estuviese en su lugar.

Enseguida se arrepinti&#243; de su tono arrogante y se mordi&#243; la lengua.

Ella hab&#237;a respondido, dolida:

&#191;Por qu&#233;? &#191;Acaso no tengo derecho a que me interese el arte? &#191;No soy lo bastante inteligente, lo bastante chic, lo bastante?

&#161;Tocado!-hab&#237;a reconocido Philippe-. Soy un imb&#233;cil, un pretencioso y

Un esnob. Idiota. Arrogante. Fr&#237;o.

&#161;No siga! Voy a sonrojarme

Lo he entendido. Soy una pobre contable tonta del culo, que no PUEDE interesarse por el arte. Simplemente una chica con la que se folla y a la que no se vuelve a ver.

El hab&#237;a adoptado una expresi&#243;n tan contrita que ella se hab&#237;a echado a re&#237;r de nuevo.

De hecho, tiene usted raz&#243;n. Todo esto me parece tonto y absurdo, pero me ha tra&#237;do una amiga Me estoy aburriendo, &#161;no se puede imaginar cu&#225;nto! No entiendo nada de arte moderno. &#161;Me qued&#233; en Turner y ni eso! &#191;Vamos a tomar una cerveza?

&#201;l la hab&#237;a invitado a cenar en un peque&#241;o restaurante.

&#161;Aj&#225;! Estoy subiendo posiciones. Tengo derecho al restaurante, al mantel blanco

Es s&#243;lo por esta noche. Y porque tengo hambre.

Me olvidaba de que el se&#241;or estaba casado y no quer&#237;a comprometerse.

Y sigo en las mismas

Ella hab&#237;a bajado la mirada. Estaba absorta en la lectura de la carta.

&#191;Y bien? &#191;Qu&#233; hay de nuevo desde su cumplea&#241;os fracasado? -hab&#237;a preguntado Philippe intentando no parecer demasiado ir&#243;nico.

Un encuentro y una ruptura

&#161;Oh!

Por SMS, la ruptura. &#191;Y usted?

M&#225;s o menos lo mismo. Un encuentro y una ruptura. Pero no por SMS. En silencio. Sin una palabra de explicaci&#243;n. No es mucho mejor.

Ella no hab&#237;a hecho ninguna pregunta acerca del papel de su supuesta mujer en esa malograda historia de amor. &#201;l se lo hab&#237;a agradecido.

Hab&#237;an acabado en casa de ella. Sin saber demasiado c&#243;mo.

Ella hab&#237;a abierto una botella de Chardonnay. El osito de peluche marr&#243;n, al que le faltaba un ojo de cristal, segu&#237;a all&#237;, al igual que los peque&#241;os cojines bordados reclamando amor y el p&#243;ster de Robbie William sacando la lengua.

Hab&#237;an acabado pasando la noche juntos. El no hab&#237;a estado muy brillante. Ella no hab&#237;a hecho comentarios.

Al d&#237;a siguiente, &#233;l se hab&#237;a levantado pronto. No quer&#237;a despertarla, pero ella hab&#237;a abierto los ojos y hab&#237;a posado la mano en su espalda.

&#191;Te vas a dar inmediatamente a la fuga o tienes tiempo para un caf&#233;?

Creo que me dar&#233; a la fuga

Ella se hab&#237;a apoyado en el codo y le hab&#237;a observado, como quien contempla a una gaviota cubierta de petr&#243;leo.

Est&#225;s enamorado, &#191;verdad? Lo veo. No estabas realmente conmigo esta noche

Lo siento.

&#161;No! Soy yo la que lo siente por ti. As&#237; que

Hab&#237;a cogido un coj&#237;n y se lo hab&#237;a encajado sobre los pechos.

&#191;C&#243;mo es ella?

As&#237; que de verdad quieres hacerme hablar.

No est&#225;s obligado, pero ser&#237;a mejor. &#161;Como no estamos destinados a vivir una gran pasi&#243;n f&#237;sica, mejor dedicarnos a la amistad! As&#237; que &#191;c&#243;mo es?

Cada vez m&#225;s guapa

&#191;Eso es importante?

No Con ella descubro una forma de ver la vida y eso me hace feliz. Vive entre libros y salta sobre los charcos con los pies juntos

&#191;Qu&#233; edad tiene? &#191;Doce a&#241;os y medio?

Tiene doce a&#241;os y medio y todo el mundo se aprovecha de ella. Su ex marido, su hermana, sus hijas. Nadie la trata como merece y a m&#237; me gustar&#237;a protegerla, hacerla re&#237;r, hacerla volar

Est&#225;s seriamente afectado

&#161;Pero no me aporta nada! &#191;Me haces un caf&#233;?

Dottie se hab&#237;a levantado y preparaba el caf&#233;.

&#191;Vive en Londres?

No. En Par&#237;s.

&#191;Y qu&#233; es lo que os impide vivir vuestra hermosa historia de amor?

&#201;l se incorpor&#243; y cogi&#243; su camisa.

Se acabaron las confidencias. &#161;Y gracias por esta noche en la que he estado particularmente lamentable!

A veces pasa, &#191;sabes? &#161;No vamos a hacer un drama de eso!

Beb&#237;a el caf&#233; y a&#241;ad&#237;a terrones de az&#250;car a medida que el nivel de la taza bajaba. &#201;l hizo una mueca.

&#161;Me gusta as&#237;!-dijo viendo su expresi&#243;n de disgusto-. &#161;Me puedo comer una tableta de chocolate sin engordar un gramo!

&#191;Sabes qu&#233;? Me parece que vamos a volver a vernos &#191;Te apetece?

&#191;Aunque no seas Tarz&#225;n, el rey del estremecimiento?

&#161;Eso lo decides t&#250;!

Ella puso cara de pens&#225;rselo y dej&#243; la taza.

De acuerdo -dijo-. Pero con una condici&#243;n Que me ense&#241;es pintura moderna, me lleves al teatro, al cine, en fin, que me instruyas Ya que ella est&#225; en Par&#237;s, no ser&#225; un problema.

Tengo un hijo, Alexandre. &#201;l est&#225; por encima de todo.

&#191;Sales con &#233;l por la noche?

No.

-It's a deal?[[10]: #_ftnref10 &#191;Trato hecho?.]

It's a deal.

Se hab&#237;an estrechado la mano como amigos.

&#201;l la llamaba. La llevaba a la &#243;pera. Le explicaba el arte moderno. Ella escuchaba, calladita como una ni&#241;a buena. Apuntaba los nombres, las fechas. Con una seriedad sin tacha. &#201;l la acompa&#241;aba a su casa. A veces, sub&#237;a y se dorm&#237;a en sus brazos. A veces, emocionado por su abandono, su inocencia, su simplicidad, la besaba y ca&#237;an sobre la cama king size que ocupaba toda la habitaci&#243;n.

&#201;l no la hac&#237;a infeliz. Actuaba con mucho cuidado. Vigilaba el temblor del labio que reprime un sollozo o la arruga de una ceja que bloquea un dolor. Aprend&#237;a sobre las emociones con ella. Ella no sab&#237;a mentir, simular. &#201;l le dec&#237;a &#161;est&#225;s loca! Aprende a disimular, se lee en tu cara como en un libro abierto.

Ella se encog&#237;a de hombros.

&#201;l se preguntaba si aquello pod&#237;a durar mucho tiempo.

Ella hab&#237;a dejado de buscar hombres por Internet.

&#201;l le hab&#237;a dicho que no deb&#237;a interrumpir esa b&#250;squeda por su culpa. Que no era ese hombre. El hombre que la llevar&#237;a en brazos. Ella suspiraba lo s&#233;, lo s&#233;. E imaginaba la tristeza futura. Porque eso siempre termina con tristeza, ella lo sab&#237;a bien.

&#201;l hab&#237;a terminado pregunt&#225;ndole la edad. Veintinueve a&#241;os.

&#191;Ves? &#161;Ya no soy un beb&#233;!

Como si diera a entender, puedo defenderme y tambi&#233;n saco provecho de nuestra extra&#241;a relaci&#243;n.

&#201;l le estaba infinitamente agradecido.



* * *


Desde que estaban esperando la respuesta de Vivienne Westwood para saber cu&#225;l de las dos candidaturas ser&#237;a elegida para el periodo de pr&#225;cticas, la atm&#243;sfera entre Agathe y Hortense era muy tensa. Casi no se hablaban. Escond&#237;an sus apuntes, sus cuadernos. Agathe se levantaba pronto, asist&#237;a a clase, ya no sal&#237;a. Chocaban una con la otra en el piso. Se hab&#237;a puesto a trabajar y reinaba una calma extra&#241;a en el piso. Hortense se felicitaba por ello. Pod&#237;a trabajar sin tapones en los o&#237;dos, aquello era un gran progreso.

Una noche, Agathe volvi&#243; con un plato preparado de un chino, y le propuso a Hortense compartir la cena. Hortense desconfi&#243;.

Si pruebas la comida t&#250; primero -declar&#243;.

Agathe lanz&#243; una risa infantil y cay&#243; sobre el sof&#225; agarr&#225;ndose el vientre.

&#191;Crees realmente que voy a envenenarte?

&#161;De ti me lo espero todo! -gru&#241;&#243; Hortense, que se encontraba un poco rid&#237;cula, pero segu&#237;a desconfiando a pesar de todo.

Escucha. Si eso te tranquiliza, comer&#233; primero y te pasar&#233; el plato despu&#233;s &#191;De verdad no conf&#237;as en m&#237;?

No conf&#237;o en absoluto, si quieres saberlo.

Hab&#237;an cenado sentadas sobre la alfombra de pelo largo. Agathe no hab&#237;a volcado nada. No hab&#237;a bebido desmesuradamente. Hab&#237;a recogido y guardado las cosas. Hab&#237;a vuelto a sentarse con las piernas cruzadas sobre la alfombra.

Yo estoy tan nerviosa como t&#250;, &#191;sabes?

Yo no estoy nerviosa -hab&#237;a replicado Hortense-. Estoy muy tranquila. Yo ser&#233; quien lo consiga. &#161;Espero que seas buena perdedora!

Ma&#241;ana por la noche hay una fiesta en Cuckoo's. Una fiesta a la que asistir&#225; toda la escuela francesa, ya sabes, Esmod

No s&#243;lo estaban Saint Martins o la Parsons School de Nueva York, tambi&#233;n estaba Esmod, en Par&#237;s. Si Hortense no hab&#237;a elegido ir all&#237;, era porque quer&#237;a dejar Par&#237;s y a su madre. Vanina Vesperini, Fifi Chachnil, Franck Sorbier y tambi&#233;n Catherine Malandrino hab&#237;an salido de esa escuela. Si hac&#237;a cinco a&#241;os s&#243;lo se hablaba de Londres, ahora Par&#237;s hab&#237;a vuelto al centro del planeta moda. Con una especialidad francesa: el modelismo. En Esmod se aprend&#237;a a dominar las t&#233;cnicas del moldeado de la tela, el trabajo del corte, del patr&#243;n. Un saber hacer valioso que Hortense ten&#237;a muchas ganas de aprender. Dud&#243;.

&#191;Estar&#225;n tus amigos?

Agathe hizo una mueca que significaba qu&#233; remedio.

No son precisamente un regalo, esos t&#237;os. Son una pandilla de cerdos.

Pero tambi&#233;n son buenos, &#191;sabes?

&#191;Buenos?

Hortense se ech&#243; a re&#237;r.

A veces, me ayudan, me animan, me dan alas

&#161;Si los cerdos tuviesen alas se sabr&#237;a! &#161;No se restregar&#237;an el culo en la mierda, sino que volar&#237;an! &#161;Y ellos no parecen listos para despegar!

Hab&#237;a terminado aceptando ir a la fiesta con Agathe.

Hab&#237;an cogido un taxi. Agathe hab&#237;a dado una direcci&#243;n que no era la de la discoteca.

&#191;Te molesta si pasamos antes por su casa?

&#161;A casa de ellos! -hab&#237;a gritado Hortense-. Yo no subo a casa de esos t&#237;os.

Por favor -hab&#237;a suplicado Agathe-. Contigo tendr&#233; menos miedo Me acojonan un poco cuando estoy sola.

Parec&#237;a realmente asustada.

Hortense hab&#237;a subido a su pesar.

Estaban sentados en el sal&#243;n. Un decorado que brillaba por su mal gusto. Lleno de m&#225;rmol, oro, candelabros, cortinas con bordados dorados, poltronas de lentejuelas, sillones obesos. Cinco hombres de negro. Sentados sobre sus gordos culos de cerdo. No le hab&#237;a gustado que se levantaran todos a la vez y se acercasen a ella. No le hab&#237;a gustado nada que Agathe se hubiese alejado con el pretexto de ir al ba&#241;o.

Bueno Parece que se te ha cerrado el pico de repente. &#191;Son cosas m&#237;as, Carlos, o la chiquilla se lo ha hecho encima? -hab&#237;a preguntado un fortach&#243;n bajito.

Hortense no hab&#237;a respondido, esperando a que Agathe saliese del ba&#241;o.

Oye, chavala, &#191;sabes por qu&#233; te hemos tra&#237;do aqu&#237;?

Hab&#237;a ca&#237;do en una trampa. Como una novata. La fiesta del Cuckoo's era tan inexistente como el buen gusto de ese sal&#243;n.

Ni idea. Pero seguramente me lo vais a contar.

Quer&#237;amos hablarte de algo Despu&#233;s, te dejamos tranquila.

Me van a pedir que me prostituya. Que me venda para esas jetas de cerdo que no vuela. Que les llene los bolsillos mientras las chicas curran. As&#237; que de ah&#237; viene la pasta de Agathe, sus vaqueros de trescientos euros y sus chaquetas Dolce & Gabbana.

Creo que me hago una idea y pod&#233;is esperar ah&#237; sentados

Pues yo creo que no tienes ni la menor idea -dijo el que deb&#237;a de ser el jefe, porque med&#237;a por lo menos un metro setenta y cinco y los dem&#225;s le llegaban al hombro.

Me extra&#241;ar&#237;a. No me he ca&#237;do de un guindo, &#191;sab&#233;is?

Muchas estudiantes se dedicaban a la prostituci&#243;n. Para pagar sus estudios o ir a esquiar a Val-d'Is&#232;re. Exist&#237;an agencias especializadas que las contrataban los fines de semana. Viajaban a pa&#237;ses del Este a pasar una noche con un gordo y volv&#237;an con los bolsillos llenos.

Vamos a pedirte un favorcito algo especial Que te interesa aceptar. Porque si no, nos vamos a enfadar. Y mucho. &#191;Ves all&#237;, la puerta del cuarto de ba&#241;o?

Hortense se oblig&#243; a no volver la vista y mir&#243; fijamente al que deb&#237;a de pasar por un gigante comparado con los enanos que le rodeaban. Tiene el vello recio y el ment&#243;n azul, se dijo rechaz&#225;ndole con la mirada, y una manchita en el ojo, como una salpicadura de mayonesa.

Detr&#225;s de la puerta del cuarto de ba&#241;o, te arriesgas a que te den una paliza. Una paliza de las buenas

&#191;Ah, s&#237;? -dijo Hortense intentando evadirse mentalmente, pero sent&#237;a c&#243;mo el miedo de un blanco algodonado la invad&#237;a y le hac&#237;a temblar las piernas.

As&#237; que esto es lo que vas a hacer, vas a retirarte amablemente de la competici&#243;n con Agathe. Vas a dejarle la plaza en Vivienne Westwood.

&#161;Jam&#225;s! -grit&#243; Hortense, que ahora entend&#237;a la comida china, la repentina limpieza de su compa&#241;era de piso, el ambiente estudioso en la casa.

Pi&#233;nsatelo. Me duele pensar en lo que vas a sufrir detr&#225;s de la puerta del cuarto de ba&#241;o

Ya est&#225; pensado, y la respuesta es no.

Agathe no reaparec&#237;a. Zorra, pens&#243; Hortense. &#161;Y yo que pensaba que estaba enmend&#225;ndose! Ten&#237;a raz&#243;n en desconfiar de sus buenos sentimientos.

Sobre todo no deb&#237;a derrumbarse frente a esos chulos de mal gusto. Todos vestidos de negro, con zapatos puntiagudos. &#191;Estamos en un campamento de verano o qu&#233;?

Tienes dos minutos para pens&#225;rtelo. &#161;Ser&#237;a est&#250;pido por tu parte que salieses malparada de aqu&#237;!

Y ser&#237;a idiota privaros de una entrada gratuita en ese mundo, se dijo Hortense, que pensaba con rapidez. Utiliz&#225;is a esa idiota de Agathe para entrar en un abrir y cerrar de ojos en el templo de la moda. No cont&#233;is conmigo, t&#237;os. No cont&#233;is conmigo.

Pasaron cinco minutos. Hortense inspeccion&#243; el lugar con la aplicaci&#243;n de una turista en Versalles: los dorados de las c&#243;modas, los cajones abultados, el servicio de plata sobre el mantelete -&#191;para hacer creer que tomaban el t&#233;, quiz&#225;s?-, el p&#233;ndulo del reloj que bat&#237;a el aire en silencio, los espejos biselados, el parqu&#233; bien encerado. Estaba atrapada.

Ha pasado el tiempo -dijo ella consultando su reloj-. Os voy a dejar, encantada de conoceros y espero que no nos volvamos a ver

Gir&#243; sobre sus talones y se dirigi&#243; hacia la puerta.

Uno de los chulos se levant&#243; y fue a bloquear la salida y la devolvi&#243; al punto de partida. Otro eligi&#243; un CD, la obertura de La urraca ladrona, de Rossini, y subi&#243; el volumen a tope. Iban a pegarle, eso seguro. No gritar&#233;. No les dar&#233; ese gusto. No iban a carg&#225;rsela. &#161;Menudo l&#237;o con un cad&#225;ver bajo el brazo!

Enc&#225;rgate t&#250;, Carlos -dijo el m&#225;s alto con su tono de jefe.

OK -respondi&#243; el interpelado.

La empuj&#243; hasta el cuarto de ba&#241;o, la tir&#243; al suelo. Volvi&#243; a salir. Ella se levant&#243;, esper&#243; un momento, de pie, con los brazos cruzados. Me ha dejado aqu&#237; para que me lo piense. Est&#225; decidido. No voy a echar ra&#237;ces aqu&#237;.

Volvi&#243; a salir del cuarto de ba&#241;o, se enfrent&#243; a ellos en el sal&#243;n y pregunt&#243;:

&#191;Y bien? &#191;Nos hemos desinflado?

El alto que se tomaba por el jefe enrojeci&#243;. Se fue hacia ella, la arrastr&#243; hasta el cuarto de ba&#241;o y la lanz&#243; contra el suelo gritando &#161;puta! Cerr&#243; la puerta. Le he ofendido, se dijo Hortense. Punto para m&#237;. Eso no va a suavizar los golpes pero, al menos, est&#225;n prevenidos. No me voy a dejar hacer.

Se ajust&#243; la chaqueta y se frot&#243; los hombros. Permanecer digna y erguida. Era lo &#250;nico que le quedaba. La atm&#243;sfera segu&#237;a igual de blanca, algodonosa, y ten&#237;a ganas de vomitar.

Sobre todo no deb&#237;a dejarse dominar por el miedo. Tendr&#237;a que mantenerlo a distancia. Poner detalles entre el miedo y ella. A lo pr&#225;ctico. Nada del abstracto que aterra y nubla el pensamiento. Nada de grandes ideas del estilo no es justo, no est&#225; bien lo que est&#225;is haciendo, me quejar&#233; a quien haga falta Eso ser&#237;a arrodillarme ante ellos.

Escuch&#243; al llamado Carlos. Siempre ten&#237;a que hacer ruido, gritar para anunciarse. All&#237; estaba. En el cuarto de ba&#241;o. Todo blanco. Ni un detalle de color al que agarrarse, del que obtener un poco de resistencia. Ese hombre era un cubo. Un metro cincuenta y cinco por un metro cincuenta y cinco. Un cubo calvo y graso. Un aut&#233;ntico gnomo. S&#243;lo le faltaban los pelos en la nariz, la glotis como una gota de aceite y las orejas puntiagudas. Aunque los pelos en la nariz, mir&#225;ndole de cerca, los ten&#237;a.

Su ancha silueta ocult&#243; la luz del aplique de cristal opaco. Todo estaba oscuro. Ante la violencia que ten&#237;a delante, lo olvid&#243; todo. Ni siquiera pod&#237;a mirar sus ojos de tanto que brillaban de c&#243;lera. Si quer&#237;a conservar algo de sangre fr&#237;a, ser&#237;a mejor que se fijase en la cortina de la ducha. Blanca, todo blanco, como el blanco algodonado que la invad&#237;a y la ahogaba. Las paredes tambi&#233;n eran blancas. El espejo, la ventanita, el mueble sobre el lavabo. Blanco el lavabo. La ba&#241;era, blanca. La alfombrilla de ba&#241;o, tambi&#233;n blanca.

Alarg&#243; el brazo, se quit&#243; el cintur&#243;n y le pidi&#243; que se bajase los vaqueros.

&#161;Ni lo sue&#241;es! -exclam&#243; Hortense, los dientes apretados para rechazar todo el blanco que la ahogaba.

B&#225;jate los vaqueros, o saco la navaja de afeitar

Ella pens&#243; con rapidez. Si se bajaba los pantalones, sacar&#237;a la navaja despu&#233;s. No quedar&#237;a nada de ella.

Ni lo sue&#241;es -repiti&#243;, buscando un detalle de color en el cuarto de ba&#241;o.

El dej&#243; el cintur&#243;n sobre el borde de la ba&#241;era, abri&#243; el botiqu&#237;n y cogi&#243; una navaja de afeitar. Una navaja negra de cuchilla larga, plegable. La navaja de abuelete mafioso que usa Marlon Brando en El Padrino. Se agarr&#243; a esa escena, la reprodujo mentalmente. &#201;l tiene el ment&#243;n completamente blanco y desliza la cuchilla haciendo una mueca, una mueca ap&#225;tica y cruel. No pod&#237;a agarrarse a Marlon Brando para salir de aquello. No era fiable.

No me das miedo -dijo localizando una toalla amarilla enrollada en la ba&#241;era.

Desde el rojo hasta el verde, todo el amarillo muere. Apollinaire. Fue su madre quien se lo hab&#237;a ense&#241;ado cuando eran peque&#241;as. Su madre que les contaba la historia de los colores. Azul, verde, amarillo, rojo, negro, violeta Ella lo hab&#237;a utilizado en un trabajo sobre el tema Armon&#237;a y color no hac&#237;a mucho tiempo. Hab&#237;a sacado la mejor nota. Muy buena cultura, hab&#237;a dicho el profesor, referencias interesantes que profundizan en la idea. Se lo hab&#237;a agradecido mentalmente a su madre, al siglo XII, a Apollinaire, y hab&#237;a hecho prop&#243;sito de enmienda por haberse burlado tanto de todo aquello.

El miedo retrocedi&#243; m&#225;s de diez cent&#237;metros. Si encontraba otro detalle de color, estar&#237;a salvada.

Agathe, ven a ver aqu&#237; -vocifer&#243; el cubo.

Agathe entr&#243;, los hombros encogidos, la mirada pegada al suelo. Muerta de miedo. Hortense busc&#243; su mirada, pero la otra se escap&#243; como una anguila.

&#161;Ens&#233;&#241;ale el dedo del pie! -ladr&#243; el cubo.

Agathe se apoy&#243; en la pared blanca del cuarto de ba&#241;o, deshizo el lazo de su escarp&#237;n y exhibi&#243; el mu&#241;&#243;n de un dedo me&#241;ique de pie. Una cosa min&#250;scula, arrugada, que hab&#237;a debido de ser seccionada de ra&#237;z. Era una visi&#243;n asquerosa: un trozo de carne completamente violeta con algo de rojo. Ninguna u&#241;a, s&#243;lo rojo. Rojo vino, rojo estropeado, &#161;pero rojo!

&#161; Puedes guard&#225;rtelo! &#161;L&#225;rgate!

Agathe sali&#243; como hab&#237;a entrado: arrastr&#225;ndose apoyada en la pared.

Hortense la oy&#243; gemir al otro lado de la puerta.

&#191;Has comprendido c&#243;mo se hace obedecer a las chicas?

Yo no soy una chica. Soy Hortense. Hortense Cort&#232;s. &#161;Y a ti que te jodan!

&#191;Lo has comprendido o tengo que dibuj&#225;rtelo?

Venga. Os denunciar&#233;. Ir&#233; a ver a la poli. &#161;No ten&#233;is ni idea del marr&#243;n en el que os hab&#233;is metido!

Yo tambi&#233;n conozco gente, peque&#241;a. Quiz&#225;s no muy recomendable &#161;pero tambi&#233;n bien situada!

Hab&#237;a dejado la navaja y vuelto a coger el cintur&#243;n.

Recibi&#243; el primer golpe. En plena cara. No lo hab&#237;a visto venir. No se movi&#243;. No deb&#237;a mostrarle que le dol&#237;a o que sent&#237;a miedo. El segundo golpe lo dej&#243; llegar, no se agach&#243; y apret&#243; los dientes para no gritar. Eran como descargas de fuego por todo el cuerpo. Punzadas que part&#237;an desde lo alto y bajaban hasta el vientre.

Vamos, me da igual, no cambiar&#233; de idea. Est&#225;is perdiendo el tiempo.

Otro golpe en el pecho. Despu&#233;s otro m&#225;s en la cara. La golpeaba con todas sus fuerzas. Ella pod&#237;a ver c&#243;mo tomaba impulso y se lanzaba. Ten&#237;a expresi&#243;n seria, aplicada. Estaba rid&#237;culo.

He avisado a mi amigo -jade&#243; Hortense, la boca llena de saliva-, si no he vuelto a medianoche, llamar&#225; a la poli. He dado tu nombre, el de Agathe, el de la discoteca. Os encontrar&#225;n

Ya no sent&#237;a los golpes. S&#243;lo pensaba en la palabra que deb&#237;a a&#241;adir a la ya pronunciada. Usaba la excusa de hablar para colocarse de lado y no recibir todo de frente.

T&#250; le conoces -escupi&#243; entre dos golpes-. Es el moreno alto que est&#225; a todas horas en mi casa. Su madre trabaja para el servicio secreto. Puedes comprobarlo. Forma parte de la polic&#237;a secreta de la reina. No son gente amable. No os divertir&#233;is con ellos

El deb&#237;a de estar escuchando porque golpeaba con menos fuerza. Hab&#237;a una ligera vacilaci&#243;n en su brazo. Ella intentaba no gritar porque, si se pon&#237;a a gritar, &#233;l se dir&#237;a que estaba a punto de rendirse y redoblar&#237;a los golpes. Ten&#237;a la impresi&#243;n de que la piel le saltaba a jirones, que perd&#237;a sangre, que le iban a saltar los dientes. O&#237;a resonar los golpes en la mand&#237;bula, en las mejillas, en el cuello. Le saltaban las l&#225;grimas, pero &#233;l no deb&#237;a verlas. Estaba demasiado oscuro y adem&#225;s &#233;l bloqueaba toda la luz con su torso de bruto, sus brazos de bruto, sus jadeos de bruto.

Al cabo de un momento, ya no sinti&#243; m&#225;s que un gran torbellino en el que s&#243;lo las palabras, que intentaba pronunciar de forma que se acercaran en lo posible a su pensamiento, conserv&#225;ndolo de la forma m&#225;s precisa, y m&#225;s determinada posible, le imped&#237;an rendirse y dejarse caer al suelo. Mientras se mantuviese en pie, podr&#237;a discutir. De igual a igual. Y m&#225;s a&#250;n con el gnomo, al que sacaba dos buenas cabezas. &#161;Deb&#237;a de ponerle de los nervios tener que ponerse de puntillas para golpearla!

&#191;Acaso no me crees? &#191;No crees que si no estuviese tan segura ya me habr&#237;a echado a tus pies?

Ve&#237;a su barrig&#243;n subir y bajar cada vez que respiraba. Hab&#237;a puesto un pie hacia delante, como si quisiera conservar el equilibrio. Recuperar fuerzas. No est&#225; en buena forma, tuvo tiempo de pensar antes de que &#233;l volviese a estabilizarse. Eso la hizo re&#237;r, le imagin&#243; derrumb&#225;ndose, v&#237;ctima de un infarto porque hab&#237;a pegado demasiado fuerte.

&#161;Das pena, t&#237;o! Deber&#237;as hacer un poco de deporte, est&#225;s en un estado lamentable.

Y le escupi&#243; en la cara.

El golpe le alcanz&#243; de lleno, desgarr&#225;ndole el labio superior. Hizo un movimiento de sorpresa y le saltaron las l&#225;grimas sin que pudiese retenerlas. El cuero la alcanz&#243; por segunda vez. Estaba como loco.

Se llama Weston. Paul Weston. Puedes comprobarlo. Y su madre es Harriet Weston, guardaespaldas de la reina. A su &#250;ltimo amante le enviaron a Australia porque la otra opci&#243;n era desaparecer con un peso atado a los pies

Su voz estaba llena de sangre y de l&#225;grimas, pero no se rend&#237;a.

Y el jefe Su jefe es Zachary Gorjiack Tiene una hija, Nicole, que est&#225; inv&#225;lida y eso le pone hecho una fiera con los tipos de tu clase. Porque si Nicole se encuentra en ese estado, es por culpa de un tipo como t&#250;. As&#237; que no puede tragar a los tipos como t&#250;. Los aplasta con el pulgar, y escucha el ruido que hacen. Parece ser que es un ruido de papilla crujiente. &#191;Conoces ese ruido? Deber&#237;a interesarte, puede que lo escuches muy pronto

Era la verdad. Shirley les hab&#237;a contado c&#243;mo ese Zachary era un cuchillo afilado, c&#243;mo acababa con los que intentaban intimidarle o estafarle. Los degollaba fr&#237;amente. Y los hombres ca&#237;an inertes. Tambi&#233;n les hab&#237;a contado, a Gary y a ella, c&#243;mo uno de esos hombres se hab&#237;a vengado atrepellando a su hija y pas&#225;ndole con el coche por encima. La chica hab&#237;a acabado en una silla de ruedas. Zachary se hab&#237;a vuelto m&#225;s loco a&#250;n, a&#250;n m&#225;s violento, m&#225;s encarnizada su caza de hombres a quienes acuchillar.

El cubo flaqueaba. Sus golpes eran menos precisos. Ahora pod&#237;a soportarlos.

&#191;Y Diana, te suena de algo, Diana? &#191;El t&#250;nel del puente del Alma? Acabar&#225;s as&#237;. Porque me s&#233; todos vuestros nombres. Se los he dado a mi amigo por si acaso Hace ya tiempo que no puedo tragarte. De acuerdo, soy una chica, pero no gilipollas. Porque las hay, &#191;sabes? &#161;Tenaces y no gilipollas! Te toc&#243; el n&#250;mero equivocado. &#161;Mala suerte! Y siempre os podr&#225;n encontrar por medio de Agathe Os han filmado en las discotecas junto a ella. Me lo ha dicho mi colega. Me hab&#237;a dicho tambi&#233;n que no me fiara de vosotros. Ten&#237;a raz&#243;n. &#161;Mucha raz&#243;n! Y esta noche, cuanto m&#225;s tiempo pasa, m&#225;s se pregunta d&#243;nde estoy, por qu&#233; no llamo. No me gustar&#237;a estar en tu lugar

Ya no pod&#237;a dejar de hablar. Eso la manten&#237;a en pie. Miraba fijamente la toalla amarilla, se agarraba a ella para borrar el blanco. Ya no ten&#237;a miedo. Lo bueno que tiene el dolor es que al cabo de un momento ya no lo sientes. Es un eco ajeno, un peque&#241;o eco, y despu&#233;s se disuelve en la masa. Una gruesa masa que se levanta a cada golpe, pero que ya no se siente.

Se ech&#243; a re&#237;r y volvi&#243; a escupirle.

&#201;l dej&#243; el cintur&#243;n y sali&#243;.

Ella mir&#243; a su alrededor. Ten&#237;a un ojo tan hinchado que no ve&#237;a nada con &#233;l, no pod&#237;a cerrarlo sin estremecerse, pero el otro estaba todav&#237;a en buen estado. Tuvo la impresi&#243;n de estar encerrada en una caja. Una caja blanca y h&#250;meda. Se qued&#243; de pie. Por si acaso volv&#237;a. Se toc&#243; la cara cubierta de sangre, de l&#225;grimas, de sudor. Se lami&#243; con la lengua, la sinti&#243; espesa y viscosa. Trag&#243; el agua salada de su garganta. Deb&#237;an de estar discutiendo en la habitaci&#243;n de al lado. El cubo les repet&#237;a todo lo que le hab&#237;a soltado. &#191;Los servicios secretos de Su Majestad? Zachary Gorjiack, deb&#237;an de conocer su nombre.

Le daba igual que le hubiesen pegado. Pod&#237;an incluso cortarle el dedo del pie si quer&#237;an. &#191;Eso no vuelve a crecer? Hab&#237;a le&#237;do que el h&#237;gado volv&#237;a a crecer, as&#237; que el dedo del pie tambi&#233;n deb&#237;a de volver a crecer.

Se desplaz&#243; hasta el lavabo. Abri&#243; los grifos. Cambi&#243; de idea. Podr&#237;an volver a entrar y eso les dar&#237;a ideas. Del estilo la cabeza bajo el agua y te ahogo. Ah&#237; estaba menos segura de aguantar. Mir&#243; a su alrededor. Vio un cerrojo en la puerta. Lo cerr&#243;. Se inclin&#243; sobre el lavabo y se enjuag&#243; la cara. El agua estaba helada. Le hac&#237;a tanto da&#241;o que estuvo a punto de gritar.

Despu&#233;s, vio la ventana encima de la ba&#241;era. Un peque&#241;o tragaluz blanco. Lo abri&#243; muy despacio. Daba a una terraza. Esos cerdos viv&#237;an en un buen barrio, con terrazas floridas.

Se encaram&#243; hasta la ventana, pas&#243; una pierna, la otra, la atraves&#243; y aterriz&#243; suavemente, se desliz&#243; en la noche hasta la terraza vecina, despu&#233;s a otra, y a otra, y se encontr&#243; en la calle.

Se volvi&#243;, anot&#243; la direcci&#243;n.

Levant&#243; la mano para parar a un taxi. Se cubri&#243; la cara para que el taxista no se asustase al verla. Deb&#237;a de parecer un aut&#233;ntico Picasso, periodo escacharrado.

El taxi se detuvo. Le dio la direcci&#243;n de Gary con una mueca de dolor: ten&#237;a un corte muy profundo en el labio superior. Casi pod&#237;a pasar un dedo entre las dos mitades partidas.

&#161;Jolines!, gimi&#243;, &#191;y si me quedo con un labio b&#237;fido?

Se hundi&#243; en el asiento del taxi y estall&#243; en sollozos.



TERCERA PARTE

Paul Merson no s&#243;lo tocaba la bater&#237;a. Paul Merson ten&#237;a un grupo y a Paul Merson le gustaban las fiestas con baile, los s&#225;bados por la noche.

Paul Merson ten&#237;a una madre de silueta ondulante, que hac&#237;a perder la cabeza a m&#225;s de uno. Trabajaba como relaciones p&#250;blicas en una empresa de licores. No siendo el se&#241;or Merson un ac&#233;rrimo defensor de la fidelidad conyugal, la se&#241;ora Merson se contoneaba en libertad y hac&#237;a que sus clientes se aprovecharan de sus contoneos, primero verticales, luego horizontales. Despu&#233;s obten&#237;a ventajas, algunas contantes y sonantes, otras m&#225;s sutiles, que le permit&#237;an mantenerse en un puesto envidiado por muchos de sus compa&#241;eros.

Paul Merson se hab&#237;a dado cuenta muy pronto de los beneficios que pod&#237;a sacar de los contoneos de su madre. Cuando un fulano ven&#237;a a buscarla, por la noche, y se acercaba demasiado a ella, Paul Merson se interpon&#237;a y preguntaba inocentemente al sujeto si no estar&#237;a pensando en hacer una fiestecita, en la que &#233;l y su orquesta pudiesen poner el ambiente previo pago. Somos buenos, muy buenos incluso, podemos tocar a petici&#243;n, canciones antiguas o actuales, no pedimos mucho, no grandes galas, sino reuniones con baile, un poco de m&#250;sica de fondo, eso nos va muy bien. Teloneros, fines de fiesta, lo aceptamos todo. La vida del colegial es dura, suspiraba, no tenemos edad para conseguir trabajos de verdad, pero s&#237; unas ganas terribles de cambiar de material o de salir a beber una cerveza. Con todas sus relaciones, debe usted de tener alg&#250;n contacto El cliente, cuyos ojos h&#250;medos segu&#237;an los contoneos de la se&#241;ora Merson, dec&#237;a: S&#237;, s&#237;, &#191;por qu&#233; no?, y se encontraba comprometido por su asentimiento distra&#237;do.

Si no, los contoneos cesaban.

As&#237; fue como Paul Merson y Los Vagabundos empezaron a animar fiestas promocionales para los tractores VDirix, las patatas fritas Gui&#241;o o las salchichas Roches Claires. Gracias a sus primeros contratos, Paul Merson se hab&#237;a convertido en un chico audaz, insolente, con prisas, que descubr&#237;a el mundo y esperaba aprovecharse de &#233;l. Una tarde en la que Jos&#233;phine asist&#237;a a un grupo de trabajo y volv&#237;a tarde, Paul fue a llamar a la puerta de Zo&#233;.

&#191;Quieres bajar al trastero? Estar&#225;n Domitille y Ga&#233;tan. Sus padres han salido. A la &#243;pera. Vestido largo y todo eso. No vuelven hasta dentro de un mont&#243;n de rato Fleur y Seb no pueden venir: sus padres reciben a la familia.

Tengo trabajo

&#161;Deja de hacerte la empollona! &#161;Vas a terminar meti&#233;ndote en l&#237;os!

No se equivocaba: empezaban a mirarla de reojo en el colegio. Ya le hab&#237;an robado dos veces el estuche, la empujaban en las escaleras, y nadie quer&#237;a volver a casa con ella por la tarde.

Bueno. De acuerdo.

Genial. Te esperamos.

Se hab&#237;a girado contone&#225;ndose, reproduciendo los pasos de un movimiento cuidadosamente estudiado ante el espejo. Se detuvo en seco, volvi&#243; marcha atr&#225;s, los pulgares en los bolsillos, la cadera hacia delante.

&#191;No tendr&#225;s cerveza en el frigo?

No. &#191;Por qu&#233;?

No importa Trae hielo.

Zo&#233; no estaba demasiado tranquila. Si Ga&#233;tan le gustaba, Paul Merson le impresionaba y Domitille Lefloc-Pignel le hac&#237;a sentirse inc&#243;moda. En realidad no pod&#237;a explicar por qu&#233;, pero esa chica oscilaba. No se sab&#237;a nunca de qu&#233; iba. De jovencita impecable, perfectamente arreglada, falda planchada y blusa blanca; o de una que, a veces, ten&#237;a un brillo mal&#233;volo en la mirada. Los chicos hablaban de ella entre risitas y cuando Zo&#233; preguntaba por qu&#233;, se re&#237;an a&#250;n m&#225;s humedeci&#233;ndose los labios.

Baj&#243; sobre las nueve y media. Se sent&#243; en la oscuridad del s&#243;tano alumbrado con una vela y enseguida dijo:

No voy a poder quedarme mucho tiempo

&#191;Has tra&#237;do el hielo? -pregunt&#243; Paul Merson.

No he encontrado m&#225;s -dijo abriendo un recipiente de pl&#225;stico-. He de acordarme de subir el bote

&#161;Ay, la amita de casa! -se burl&#243; Domitille chup&#225;ndose el &#237;ndice.

Paul Merson sac&#243; una botella de whisky y cuatro vasitos, y los llen&#243; hasta la mitad.

Lo siento, no tengo agua mineral -dijo volviendo a cerrar la botella, que escondi&#243; detr&#225;s de una gruesa tuber&#237;a cubierta de espesa cinta adhesiva negra.

Zo&#233; cogi&#243; su vaso y contempl&#243; el l&#237;quido &#225;mbar con aprensi&#243;n. Una noche, para festejar el &#233;xito del libro, su madre hab&#237;a abierto una botella de champ&#225;n, ella lo hab&#237;a probado y hab&#237;a salido corriendo al cuarto de ba&#241;o para escupirlo todo.

&#161;No me digas que no has bebido nunca! -se mof&#243; Paul Merson.

D&#233;jala -protest&#243; Ga&#233;tan-, &#161;no es un defecto no beber!

Simplemente es delicioso -dijo Domitille estirando las piernas sobre el suelo de hormig&#243;n-, &#161;Yo no podr&#237;a vivir sin alcohol!

&#161;Menuda cre&#237;da!, pens&#243; Zo&#233;. Se hace la fatal y la voluptuosa y tiene un a&#241;o menos que yo.

&#161;Eh! &#191;Sab&#233;is para qu&#233; sirve la mitad de un perro? -exclam&#243; Ga&#233;tan.

Esperaron la respuesta chupeteando los cubitos. Zo&#233; estaba muy tensa. Si no beb&#237;a, quedar&#237;a como una lela. Pens&#243; en verter discretamente el contenido del vaso a su espalda. Estaba oscuro. Se acerc&#243; a la tuber&#237;a, se peg&#243; a ella, separ&#243; el brazo, lo hizo deslizar por el suelo y derram&#243; lentamente el vaso.

&#161;Para guiar a un tuerto!

Zo&#233; rio de buena gana y se sinti&#243; m&#225;s tranquila al o&#237;rse re&#237;r.

&#191;Y t&#250; sabes cual es la diferencia entre un Pastis 51 y un sesenta y nueve? -pregunt&#243; Paul Merson, irritado de ver que Ga&#233;tan le robaba el protagonismo.

De nuevo, hundieron la nariz en sus vasos, buscando la respuesta. Paul Merson estaba encantado.

Debe de ser algo asqueroso -dijo Ga&#233;tan.

&#161;No te voy a decepcionar! &#191;No lo adivin&#225;is?

Los tres negaron con la cabeza.

Uno huele a an&#237;s y el otro huele a ano.

Lanzaron una sonora carcajada. Zo&#233; escondi&#243; su rostro detr&#225;s del codo y simul&#243; que conten&#237;a un ataque de risa. Paul Merson volvi&#243; a coger la botella y pregunt&#243; a la ronda:

&#191;Otro traguito?

Domitille le tendi&#243; el vaso. Ga&#233;tan dijo no, gracias, no por ahora y Zo&#233; repiti&#243; la misma f&#243;rmula.

Esto &#191;No hay Coca Cola? -pregunt&#243;, prudente.

No

Qu&#233; pena

La pr&#243;xima vez &#161;la traes! La pr&#243;xima vez tra&#233;is todos algo y hacemos una fiesta de verdad. Podemos incluso traer una minicadena y enchufarla en el contador del s&#243;tano Yo me ocupo de la m&#250;sica, Zo&#233;, de la comida, y Ga&#233;tan y Domitille, del alcohol.

&#161;No podremos! &#161;No tenemos paga! -exclam&#243; Ga&#233;tan.

Bueno, entonces, Zo&#233;, t&#250; te ocupas de la comida y la bebida y yo te echar&#233; una mano con el alcohol

Pero es que yo

&#161;Pero si est&#225;is forradas! Me lo ha dicho mi madre, &#161;el libro de tu madre ha sido un bombazo!

S&#237;, pero eso no es verdad.

Tienes que saber lo que quieres. &#191;Quieres formar parte de la banda o no?

Zo&#233; no estaba segura de tener ganas de formar parte de la banda. El s&#243;tano apestaba a moho. Hac&#237;a fr&#237;o. La arena le picaba el trasero. Estar sentada ri&#233;ndose de chistes de dudoso gusto y bebiendo un l&#237;quido amargo le parec&#237;a est&#250;pido. Escuchaba ruidos extra&#241;os, se imaginaba ratas, murci&#233;lagos, serpientes pit&#243;n abandonadas. Ten&#237;a sue&#241;o, no sab&#237;a de qu&#233; hablar. Nunca hab&#237;a besado a un chico. Pero si dec&#237;a que no, se quedar&#237;a completamente aislada. Acab&#243; haciendo una mueca que quer&#237;a decir s&#237;.

&#161;Venga, ch&#243;cala!

Paul Merson le tendi&#243; la palma de la mano y ella la golpe&#243; sin convicci&#243;n. &#191;Y de d&#243;nde sacar&#237;a el dinero para hacer las compras?

&#191;Y ellos, qu&#233; hacen? -pregunt&#243; se&#241;alando a Ga&#233;tan y Domitille.

Nosotros no podemos hacer nada, &#161;estamos secos!-gru&#241;&#243; Ga&#233;tan-. Con nuestro padre no hay diversi&#243;n posible. Si supiese que estamos aqu&#237; &#161;nos matar&#237;a!

Por lo menos hay noches que salen -suspir&#243; Domitille chupeteando el borde de su vaso-. Podemos arregl&#225;rnoslas para saberlo con antelaci&#243;n

&#191;Y vuestro hermano, no se va a chivar? -pregunt&#243; Paul Merson.

&#191;Charles-Henri? No. Est&#225; con nosotros.

&#191;Y por qu&#233; no ha bajado?

Tiene trabajo, y nos cubre si vuelven antes Dir&#225; que hemos bajado al patio porque hab&#237;amos o&#237;do ruido y vendr&#225; a buscarnos. Mejor que est&#233; atento porque si nos pillan, lo pasaremos mal, &#161;muy mal!

Pues yo, con mi madre, estoy superguay -dijo Paul Merson, que no soportaba la idea de no ser el centro de la conversaci&#243;n-. Me lo cuenta todo, soy su confidente

Est&#225; realmente buena tu madre -dijo Ga&#233;tan-. &#191;C&#243;mo ser&#225; que hay t&#237;as superbi&#233;n hechas y otras que son como vacas?

Porque cuando se folla correctamente, bien tumbado, bien concentrado, se dibujan hermosas l&#237;neas fluidas que forman bonitos cuerpos de mujer. Y cuando se folla con los huevos encima de la cabeza, retorci&#233;ndose de placer, se dibuja un garabato y salen callos horribles y deformes

Se echaron a re&#237;r. Salvo Zo&#233;, que pens&#243; en su padre y su madre. Hab&#237;an debido de follar bien rectito para Hortense y completamente retorcido para ella.

Si follas agit&#225;ndote sobre un saco de nueces, por ejemplo, &#161;seguro que haces un callo lleno de celulitis!-continu&#243; Paul Merson, orgulloso de su demostraci&#243;n y esperando explotar su capital c&#243;mico.

Yo no puedo imaginarme a los m&#237;os follando -gru&#241;&#243; Ga&#233;tan-, &#161;a no ser bajo amenaza! Mi padre debi&#243; de ponerle una pistola en la cabeza No aguanto a mi padre. Nos tiene aterrorizados.

&#161;Deja de cabrearte! Es f&#225;cil de engatusar -respondi&#243; Domitille-. Bajas los ojos y caminas recto &#161;y no se entera de nada! Puedes hacer todo lo que quieras a sus espaldas. T&#250;, en cambio, &#161;siempre tienes que enfrentarte a &#233;l!

A mi madre la pill&#233; una vez follando -cont&#243; Paul-. &#161;Qu&#233; locura! No para. &#161;Menudo esfuerzo que hace! No lo vi todo porque, en un momento dado, se encerraron en el cuarto de ba&#241;o, pero luego me cont&#243; que el menda &#161;le hab&#237;a meado encima!

&#161;Puag!, &#161;qu&#233; asco! -exclamaron Ga&#233;tan, Domitille y Zo&#233; al un&#237;sono.

&#191;De verdad se dej&#243; mear encima? -insisti&#243; Domitille.

S&#237;. &#161;Y le solt&#243; cien euros!

&#191;Te lo dijo ella? -interrog&#243; Zo&#233; con los ojos como platos.

Ya te he dicho que me cuenta todo

&#191;Y se bebi&#243; el pis? -pregunt&#243; Domitille, todav&#237;a interesada.

&#161;Ah, no! A &#233;l le bastaba con mearle encima para gozar.

&#191;Y lo volvi&#243; a ver?

S&#237;. &#161;Pero le subi&#243; el precio! &#161;No es gilipollas!

Zo&#233; estaba a punto de vomitar. Apretaba los dientes para retener la bilis que sub&#237;a. Su est&#243;mago se retorci&#243; como un guante, del derecho, del rev&#233;s, del derecho, del rev&#233;s. Ya no podr&#237;a volverse a cruzar con la se&#241;ora Merson sin taparse la nariz.

Y tu padre, &#191;d&#243;nde se mete cuando se mean encima de ella? -dijo Domitille, intrigada por la vida de esa extra&#241;a pareja.

Mi padre va a los clubes de org&#237;as. Prefiere ir solo. Dice que no tiene ganas de salir en plan marujeo Pero se llevan bien. No se pelean nunca, &#161;siempre se est&#225;n riendo!

Pero entonces &#191;nadie se ocupa de ti? -dijo Zo&#233;, que no estaba segura de haberlo entendido.

Me cuido solo. Venga, bebe, Zo&#233;, no bebes nada

Zo&#233;, con el coraz&#243;n en la garganta, ense&#241;&#243; su vaso vac&#237;o.

Pero bueno, &#161;s&#237; que bebes deprisa!-dijo Paul llenando de nuevo su vaso-. &#191;Eres capaz de dejar el culo seco?

Zo&#233; le mir&#243;, aterrorizada. &#191;Era un juego nuevo, eso del culo seco?

Eso no es cosa de chicas -respondi&#243;, para recuperar un poco de aplomo.

&#161;Depende de cu&#225;les! -dijo Paul.

&#161;Yo si quieres te dejo el culo seco! -fanfarrone&#243; Domitille.

&#161;El culo seco y el matojo h&#250;medo!

Domitille se retorci&#243; lanzando una risita idiota.

Pero &#191;de qu&#233; est&#225;n hablando?, se pregunt&#243; Zo&#233;. Todos parec&#237;an estar al corriente de algo que ella ignoraba completamente. Era como si hubiese estado enferma y hubiera faltado a clase. No volver&#233; nunca a este trastero. Prefiero quedarme sola en casa. Con Papatabla. Sinti&#243; ganas de subir a su casa. Busc&#243; en la oscuridad el bote del hielo, tante&#243; hasta encontrarlo y prepar&#243; una excusa para explicar su partida. No quer&#237;a pasar por una idiota o por una cortada.

Fue &#233;se el momento que eligi&#243; Ga&#233;tan para pasar su brazo sobre los hombros de Zo&#233; y atraerla hacia s&#237;. Le dio un beso en el pelo, y frot&#243; la nariz contra su frente.

Ella se sinti&#243; blanda, d&#233;bil, sus senos se hincharon, sus piernas se alargaron, solt&#243; una risita ahogada de mujer feliz, y apoy&#243; la cabeza sobre el hombro del chico.



* * *


Hortense se lo cont&#243; todo a Gary.

Hab&#237;a llamado a su casa, a las dos de la ma&#241;ana, cubierta de sangre. &#201;l hab&#237;a exclamado, muy sobrio, un Oh! My God! y la hab&#237;a hecho entrar.

Mientras &#233;l le desinfectaba la cara con agua oxigenada y un trapo -lo siento, cari&#241;o, no tengo ni kleenex ni algod&#243;n, s&#243;lo soy un chico-, ella le cont&#243; la trampa en la que hab&#237;a ca&#237;do.

 Y no me digas te lo hab&#237;a dicho, porque es demasiado tarde &#161;y eso me har&#237;a gritar de rabia y me doler&#237;a m&#225;s!

&#201;l la curaba con gestos precisos y suaves, mil&#237;metro a mil&#237;metro, ella le contemplaba, tranquila y emocionada.

Cada d&#237;a eres m&#225;s guapo, Gary.

&#161;No te muevas!

Ella lanz&#243; un largo suspiro y ahog&#243; un grito de dolor. &#201;l le hab&#237;a tocado el labio superior.

&#191;Crees que voy a quedar desfigurada?

No. Es superficial. Se ver&#225; unos d&#237;as, despu&#233;s bajar&#225; la hinchaz&#243;n y cicatrizar&#225; Las heridas no son profundas.

&#191;Desde cu&#225;ndo eres m&#233;dico?

Hice varios cursos de socorrismo en Francia. Acu&#233;rdate y mi madre insisti&#243; para que siguiese haci&#233;ndolos aqu&#237;.

Yo me salt&#233; esos cursos.

Lo olvidaba: &#161;tu destino no es ocuparte de los dem&#225;s!

&#161;Exacto! Me concentro en m&#237; misma y tengo trabajo: &#161;&#233;sta es la prueba!

Se&#241;al&#243; su rostro con el dedo y se puso seria. Le dol&#237;a sonre&#237;r.

&#201;l la hab&#237;a instalado sobre una silla en el gran sal&#243;n. Ella ve&#237;a el piano, las partituras abiertas, un metr&#243;nomo, un l&#225;piz, un cuaderno de solfeo. Hab&#237;a libros por todos lados, colocados del rev&#233;s, abiertos, sobre una mesa, en el borde de una ventana, en un sof&#225;.

Tengo que hablar con tu madre para que me ayude. Si no hay represalias, volver&#225;n a hacerlo. En todo caso &#161;no vuelvo a poner los pies en mi casa!

Ella le lanz&#243; una mirada de s&#250;plica que le imploraba por favor que la alojara y &#233;l asinti&#243;, impotente.

Puedes quedarte aqu&#237;, y ma&#241;ana hablamos con mi madre

&#191;Puedo dormir contigo esta noche?

&#161;Hortense! No te pases

No. Si no, voy a tener pesadillas

Bueno, pero s&#243;lo por esta noche &#161;y te quedas en tu esquina de la cama!

&#161;Prometido! &#161;No te violar&#233;!

Sabes bien que no es eso

De acuerdo, de acuerdo.

&#201;l se incorpor&#243;. Consider&#243; su rostro seriamente. Dio unos cuantos retoques m&#225;s a su trabajo. Ella hizo una mueca.

Los pechos no los toco. Puedes hacerlo sola

Le tendi&#243; el frasco y el trapo. Ella se levant&#243;, fue a colocarse delante del espejo sobre la chimenea y se desinfect&#243; las heridas, una por una.

Ma&#241;ana me pondr&#233; gafas negras y un jersey de cuello vuelto.

No tienes m&#225;s que decir que te han pegado en el metro.

Y pillar&#233; por banda a esa zorra para decirle dos palabras.

En mi opini&#243;n, no volver&#225; a la escuela

&#191;T&#250; crees?

Fueron a acostarse. Hortense se instal&#243; en una esquina de la cama. Gary, en la opuesta. Ella se qued&#243; con los ojos abiertos y esper&#243; a que la invadiese el sue&#241;o. Si los cerraba, revivir&#237;a toda la escena y no le hac&#237;a mucha gracia. Escuchaba la respiraci&#243;n irregular de Gary. Permanecieron un buen rato espi&#225;ndose, despu&#233;s Hortense sinti&#243; un largo brazo posarse sobre ella y escuch&#243; a Gary decirle:

No te preocupes. Estoy aqu&#237;.

Ella cerr&#243; los ojos y se durmi&#243; inmediatamente.



* * *


Al d&#237;a siguiente, Shirley fue a verles. Lanz&#243; un grito al ver la cara hinchada de Hortense.

Es impresionante Deber&#237;as ir a denunciarlo.

No servir&#237;a de nada. Hay que meterles miedo.

Cu&#233;ntamelo todo -dijo Shirley cogiendo a Hortense de la mano.

Es la primera vez que tengo un gesto de ternura hacia Hortense, se dijo.

No he dado tu nombre, Shirley. Me invent&#233; un nombre para ti y otro para Gary, pero di el nombre de tu jefe: Zachary Gorjiack &#161;y eso le calm&#243;! En todo caso, lo suficiente como para que saliese del cuarto de ba&#241;o y fuese a hablar con los otros enanos.

&#191; Est&#225;s segura de que no hiciste alusi&#243;n a Gary? -se inquiet&#243; Shirley

Estaba pensando en el hombre de negro. Se preguntaba si ten&#237;a algo que ver en la agresi&#243;n a Hortense. Si no era un medio indirecto para acercarse a Gary. Todav&#237;a temblaba por su hijo.

Absolutamente segura. Simplemente pronunci&#233; el nombre de Zachary Gorjiack, eso es todo. &#161;Ah, s&#237;! Les cont&#233; el accidente que tuvo su hija, Nicole

Bueno -consider&#243; Shirley-. Voy a contarle esto a Zachary. En mi opini&#243;n, despu&#233;s no volver&#225;n a mover un dedo Mientras tanto, ten cuidado. &#191;Piensas volver a tu escuela?

&#161;No voy a dejarle v&#237;a libre, encima, a esa zorra! Volver&#233; esta misma tarde &#161;Y tendremos una conversaci&#243;n!

Y &#191;d&#243;nde vas a vivir, mientras tanto?

Hortense se volvi&#243; hacia Gary.

Conmigo -dijo Gary-, pero tiene que buscarse otro piso

&#191;No quieres que se quede aqu&#237;? Esto es muy grande.

Necesito estar solo, mam&#225;.

Gary -insisti&#243; Shirley-. &#161;No es el momento de ser ego&#237;sta!

&#161;No es eso! Es s&#243;lo que tengo que decidir un mont&#243;n de cosas y necesito estar solo.

Hortense no dec&#237;a nada. Parec&#237;a darle la raz&#243;n. Es asombrosa la complicidad que existe entre estos dos, se dijo Shirley.

O si no, le dejo el piso y me voy a vivir a otro lado Me da igual.

Eso ni hablar -dijo Hortense-. Encontrar&#233; un piso. S&#243;lo d&#233;jame tiempo para organizarme.

De acuerdo.

Gracias -dijo Hortense-. Eres majo de verdad. Y t&#250; tambi&#233;n, Shirley.

Shirley no pod&#237;a impedir sentirse impresionada ante esa chica que se enfrentaba a cinco maleantes, escapaba por una ventana en plena noche, se encontraba con la cara y los senos lacerados, y no se quejaba. Quiz&#225;s la juzgu&#233; mal

&#161;Ah! Una &#250;ltima cosa, Shirley -a&#241;adi&#243; Hortense-. En ning&#250;n caso, esc&#250;chame bien, en ning&#250;n caso, quiero que se le diga algo de esto a mi madre

Pero &#191;por qu&#233;?-se extra&#241;&#243; Shirley-. Tiene que saberlo

No -la cort&#243; Hortense-. Se morir&#225; si se entera. Se preocupar&#225; por todo, no dormir&#225;, temblar&#225; como una hoja y, por otro lado, me tocar&#225; las narices &#161;Y eso siendo educada!

Con una condici&#243;n, entonces -concedi&#243; Shirley-. Me lo cuentas todo a m&#237;. &#161;Pero absolutamente todo! &#191;Me lo prometes?

Te lo prometo -respondi&#243; Hortense.

Gary no se hab&#237;a equivocado: Agathe no estaba en la escuela. Hortense provoc&#243; que la gente se arremolinara a su alrededor, y estallaron preguntas y exclamaciones horrorizadas. Tuvo que responder a cada alumno que la miraba fijamente, adoptando una expresi&#243;n de horror o de compasi&#243;n. Le pidieron que se quitara las gafas para comprobar el alcance de sus heridas. Ella se neg&#243; decretando que no era un fen&#243;meno de feria, que el incidente estaba cerrado.

Fue a colgar un peque&#241;o anuncio en el tabl&#243;n de la escuela.

Precis&#243; que buscaba una compa&#241;era de piso que no fumara ni bebiera; y a ser posible virgen, pens&#243; mientras pon&#237;a una chinche- ta al anuncio.

Cuando volvi&#243; a casa de Gary, &#233;l estaba al piano. Atraves&#243; la entrada de puntillas y se meti&#243; en su habitaci&#243;n. Era una pieza que conoc&#237;a que interpretaba Bill Evans, Time Remembered. Se ech&#243; sobre la cama y se quit&#243; los zapatos. La melod&#237;a era tan triste que no se extra&#241;&#243; cuando not&#243; las l&#225;grimas sobre sus mejillas. No soy de acero templado, soy una persona con emociones, sentimientos, se dijo seriamente extra&#241;ada, como los que se han cre&#237;do invencibles y perciben de pronto una grieta en su armadura. Me doy diez minutos de reposo y retomo las armas. Siempre estaba de acuerdo consigo misma cuando afirmaba que las emociones afectan gravemente a la salud.



* * *


Pas&#243; una semana antes de que recibiese la llamada de una chica que buscaba una compa&#241;era de piso. Se llamaba Li May, era china de Hong Kong y parec&#237;a muy firme en sus principios: hab&#237;a expulsado a su &#250;ltima compa&#241;era porque se hab&#237;a fumado un cigarrillo en el balc&#243;n de su habitaci&#243;n. El piso estaba bien situado, justo detr&#225;s de Piccadilly Circus. El alquiler razonable, en una planta alta. Hortense acept&#243;.

Invit&#243; a Gary a un restaurante. &#201;l estudi&#243; el men&#250; con la seriedad de un contable ante un balance de fin de a&#241;o. Dud&#243; entre una melba de vieiras y un perdig&#243;n con verduras del tiempo y especias. Opt&#243; por el perdig&#243;n y esper&#243; su plato, silencioso, detr&#225;s de su mech&#243;n de pelo negro. Degust&#243; cada bocado como si comiese un trozo de hostia sagrada.

Me gustaba nuestra vida en com&#250;n. Te voy a echar de menos -suspir&#243; Hortense durante el postre.

&#201;l no respondi&#243;.

Podr&#237;as ser amable y decir yo tambi&#233;n te voy a echar de menos -remarc&#243; ella.

Necesito estar solo

Lo s&#233;, lo s&#233;

No se puede cuidar de DOS personas, es decir: uno mismo y el otro. Ya cuesta un trabajo terrible saber lo que uno quiere de s&#237; mismo

&#161;Oh! &#161;Gary!-suspir&#243; ella.

T&#250; eres el mejor ejemplo de ello, Hortense.

Ella levant&#243; la mirada al cielo y cambi&#243; bruscamente de tema.

&#191;Te has fijado en que me he quitado las gafas negras? &#161;Me he maquillado con brocha gorda para disimular mis cardenales!

Me fijo en todo lo tuyo &#161;Siempre! -dijo con voz neutra.

Ella se turb&#243; y baj&#243; los ojos ante su mirada firme. Ella juguete&#243; con el tenedor, trazando l&#237;neas paralelas sobre el mantel.

&#191;Y Agathe?, &#191;has tenido noticias suyas?

&#191;No te lo he dicho? &#161;Ha dejado la escuela! &#161;En pleno curso! Nos lo anunci&#243; un profe al principio de clase: Agathe Nathier nos ha dejado. Por razones de salud. Ha vuelto a Par&#237;s.

&#201;l cerr&#243; los ojos para degustar un bocado de su manzana confitada a la miel, acompa&#241;ada de un sorbete de Calvados.

He llamado a su casa y su madre me ha contestado que estaba enferma, que no sab&#237;an lo que ten&#237;a He dicho que quer&#237;a hablar con ella, me ha preguntado mi nombre, ha ido a ver si su hija estaba despierta, parece ser que duerme a todas horas. Cuando ha vuelto, me ha dicho que Agathe no pod&#237;a hablar conmigo. Demasiado cansada. &#161;Ja! &#161;Cagada de miedo, m&#225;s bien! No pierdo la esperanza. Un d&#237;a ir&#233; a esperarla al portal de su casa con un paraguas. &#191;Dejan buenas marcas los paraguas?

&#161;No tanto como un cintur&#243;n!

Ah, &#191;y el &#225;cido sulf&#250;rico?

&#161;Perfecto!

Y eso &#191;d&#243;nde se encuentra?

&#161;Ni idea!

&#191;No te terminas el postre? &#191;No te gusta? &#191;No est&#225; bueno?

&#161;Que s&#237;! Lo saboreo Est&#225; delicioso, Hortense. Muchas gracias.

Parece que est&#233;s en otra parte

Estaba pensando en mi madre y ese Zachary.

Hortense no hab&#237;a vuelto a hablar con Shirley, pero esta &#250;ltima le hab&#237;a asegurado que Zachary Gorjiack hab&#237;a hecho lo necesario. A lo mejor ya est&#225;n yaciendo los cinco, con un lastre de piedras, en el fondo del T&#225;mesis. Cinco enanos morenos con camisa negra y pies de plomo. A lo mejor tambi&#233;n, justo antes de que les mandaran al fondo, tuvieron tiempo de preguntarle a Zachary por qu&#233; raz&#243;n les trataban con tanta dureza, y espero que entonces haya mencionado mi nombre.

Sac&#243; un fajo de billetes y enton&#243; un tach&#225;n triunfante coloc&#225;ndolo sobre la cuenta que acababa de traer el camarero.

&#161;La primera vez que invito a un chico a cenar! &#161;Oh, Dios m&#237;o! &#161;Qu&#233; bajo estoy cayendo!

Volvieron, cogidos del brazo, hablando de la biograf&#237;a de Glenn Gould que Gary acababa de comprarse. Atravesaron el parque. Gary busc&#243; con la mirada una ardilla o dos, pero deb&#237;an de estar durmiendo. La noche era hermosa, el cielo estaba repleto de estrellas. Si me pregunta si conozco el nombre de las estrellas, es que no es un chico para m&#237;, pens&#243; Hortense. Odio a la gente que quiere ense&#241;arte el nombre de las estrellas, de las capitales, de las monedas extranjeras, de las cumbres nevadas, toda esa cultura de mercadillo que hay en el dorso de los paquetes de cereales.

Hay gente al&#233;rgica a Glenn Gould -explicaba Gary-. Gente que dice que siempre toca igual, y tambi&#233;n hay otros que se vuelven locos con &#233;l y veneran hasta su silla desvencijada.

No es bueno venerar Todo ser humano tiene sus defectos.

Fue su padre el que le hizo esa silla en 1953. Nunca se separ&#243; de ella, incluso cuando se ca&#237;a a cachos. Era como un osito de pe- luche para &#233;l

Hab&#237;a pronunciado esas &#250;ltimas palabras con una voz insegura. Retuvo su mirada y &#233;l pregunt&#243; bruscamente:

&#191;Por qu&#233; me miras as&#237;?

No lo s&#233;. De pronto me ha parecido que estabas inc&#243;modo

&#191;Yo? &#191;Y por qu&#233;?

Hortense no habr&#237;a sabido decir por qu&#233;. Continuaron caminando en silencio. &#191;Hace cu&#225;nto tiempo que lo conozco?, se pregunt&#243; Hortense. &#191;Ocho a&#241;os?, &#191;nueve? Hemos crecido juntos y, sin embargo, no lo considero como a un hermano. Ser&#237;a m&#225;s pr&#225;ctico, no tendr&#237;a miedo de que se enamorara, de que se enamorara de verdad, de otra. Y es que tengo tanto que hacer antes de dejarme llevar

&#191;T&#250; sabes los nombres de las estrellas? -pregunt&#243; Gary, levantando la nariz hacia el cielo.

Hortense se detuvo en seco y se tap&#243; los o&#237;dos.

&#191;Qu&#233; te pasa? -pregunt&#243; &#233;l, inquieto.

&#201;l le auscultaba la mirada.

Nada. Estoy bien. No importa -dijo ella.

Hab&#237;a tanta inquietud en sus ojos, tanta ternura en su voz, que ella se qued&#243; confusa. Ya era hora de mudarse. Se estaba volviendo terriblemente sentimental.



* * *


Ecos de conversaciones, estallidos de voces sobreexcitadas surg&#237;an de varios saloncitos adyacentes, y Jos&#233;phine se detuvo un momento a la entrada del restaurante. El decorado parec&#237;a sacado de Las mil y una noches: sof&#225;s hondos, cojines mullidos, estatuas de mujeres con el pecho desnudo, plantas perfectas, orqu&#237;deas salvajes blancas como la nieve aterciopelada, alfombras recargadas, sillones con las patas muy separadas, un mont&#243;n de muebles irregulares. Las camareras parec&#237;an salidas de un cat&#225;logo de modelos, contratadas por horas como figurantes, y si tra&#237;an un men&#250;, un cuaderno o un bol&#237;grafo, eran, sin duda, accesorios de moda. Esbeltas, indiferentes, soltaban su sonrisa como quien tiende una tarjeta de visita, rozaban a Jos&#233;phine con sus caderas estrechas, con aspecto de decir: &#191;Qu&#233; hace usted aqu&#237;, mujer de poco brillo?.

Jos&#233;phine estaba nerviosa. Iris hab&#237;a retrasado varias veces la fecha de su comida. Cada vez que Iris anulaba la cita, pretextando una depilaci&#243;n a la cera, una sesi&#243;n en la peluquer&#237;a, una limpieza dental, Jos&#233;phine se sent&#237;a rebajada. Todo el placer que hab&#237;a experimentado la primera vez que Iris la hab&#237;a llamado hab&#237;a desaparecido. No sent&#237;a m&#225;s que una sorda angustia ante la idea de volver a ver a su hermana.

Tengo cita con la se&#241;ora Dupin -balbuce&#243; Jos&#233;phine a la chica que distribu&#237;a a la gente en la entrada.

S&#237;game -dijo la criatura de ensue&#241;o estirando sus piernas de ensue&#241;o-. Es usted la primera

Jos&#233;phine sigui&#243; sus pasos, cuidando de no derribar nada a su paso. Segu&#237;a la carrera de la minifalda a trav&#233;s de las mesas y se sent&#237;a pesada, torpe. Hab&#237;a pasado dos horas interrogando a su vestidor, perdida en medio de perchas hostiles, y hab&#237;a elegido su ropa m&#225;s bonita, pero pens&#243; que habr&#237;a hecho mejor poni&#233;ndose unos vaqueros viejos.

&#191;No ha dejado su abrigo en el guardarropa? -pregunt&#243; la criatura, extra&#241;ada, como si Jos&#233;phine acabase de cometer una falta de protocolo.

Es que

Yo les aviso -concluy&#243; la chica volviendo la mirada, con prisas para pasar a una actualidad m&#225;s brillante.

Un actor de cine acababa de hacer su entrada. No estaba dispuesta a dedicar m&#225;s tiempo a una asocial.

Jos&#233;phine se dej&#243; caer sobre un silloncito tapizado en rojo tan bajo, que estuvo a punto de caerse. Se agarr&#243; a la mesa redonda, el mantel se desliz&#243;, amenazando con arrastrar en su ca&#237;da platos, vasos y cubiertos. Recuper&#243; el equilibrio y entreg&#243; su abrigo a la chica del guardarropa, que hab&#237;a seguido la ca&#237;da, impasible. Suspir&#243;, aterrada. Estaba empapada de sudor. Ya no se mover&#237;a m&#225;s, ni siquiera para ir al ba&#241;o. Era demasiado arriesgado. Esperar&#237;a tranquilamente en su sitio a que Iris hiciese su aparici&#243;n. Sus sentidos estaban tan tensos que la menor mirada sobre ella, la menor entonaci&#243;n burlona, podr&#237;a herirla.

Permaneci&#243; sentada, rogando que la gente la olvidara. Las parejas, a su alrededor, beb&#237;an champ&#225;n y re&#237;an. Todo en ellos era gracia y ligereza. &#191;D&#243;nde hab&#237;an aprendido a sentirse tan a gusto? Y sin embargo, se dijo Jos&#233;phine, no es tan sencillo, tras esas hermosas fachadas se esconden mentiras, faltas de delicadeza, traiciones, secretos. Algunos, que se sonr&#237;en, sostienen la daga preparada y oculta en su manga. Pero poseen esa ciencia que ella ignoraba completamente: la de las apariencias.

Meti&#243; los pies bajo la mesa -no deb&#237;a haberse puesto esos zapatos-, escondi&#243; las manos bajo la servilleta blanca -sus u&#241;as ped&#237;an a gritos una manicura- y esper&#243; a Iris. No podr&#237;a dejar de verla. Su mesa estaba en el mismo centro del restaurante.

As&#237; que iba a volver a ver a su hermana

Viv&#237;a, desde hac&#237;a alg&#250;n tiempo, rodeada de pensamientos borrascosos. Iris. Philippe. Iris, Philippe, Philippe Exhalaba de su nombre una felicidad tranquila, un placer turbio que saboreaba como un caramelo, para escupirlo inmediatamente al borde del empalago. Imposible, silbaba la borrasca en su cabeza, olv&#237;dalo, olv&#237;dalo. Por supuesto que tengo que olvidarlo. Y lo olvidar&#233;. No deber&#237;a ser tan dif&#237;cil. No se forma un v&#237;nculo de amor en diez minutos y medio, de pie contra la barra de un horno. Es rid&#237;culo. Anticuado. Lastimoso. Era una especie de juego en el que se entrenaba a decir cosas que no pensaba, para convencerse de ellas. Funcionaba un momento, levantaba la cabeza, sonre&#237;a, encontraba un bonito par de zapatos en un escaparate, canturreaba la m&#250;sica de una pel&#237;cula, y despu&#233;s la tormenta azotaba de nuevo, silbando siempre la misma palabra: Philippe, Philippe. Se agarraba a esa palabra. La recuperaba, testaruda, emocionada, Philippe, Philippe. &#191;Qu&#233; hace? &#191;En qu&#233; piensa? &#191;Qu&#233; siente? Giraba como una cabra atada a una estaca alrededor de esos signos de interrogaci&#243;n. A&#241;ad&#237;a otras estacas: &#191;me detesta?, &#191;no quiere volver a verme?, &#191;me ha olvidado? &#191;Con Iris? Ya no era un simple pensamiento, era una cantinela, una estrofa que la aturd&#237;a definitivamente.

Fue entonces cuando Iris hizo su entrada.

Jos&#233;phine asisti&#243;, maravillada, a la llegada de su hermana. La tempestad amain&#243;, una vocecita se elev&#243;: &#161; Qu&#233; guapa es! &#161;Pero qu&#233; guapa es!.

Entr&#243; sin prisas, con paso despreocupado, cortando el aire como si avanzara en territorio conquistado. Un largo abrigo de cachemir beige, botas altas de ante, largo chaleco color berenjena que hac&#237;a las veces de vestido, cintur&#243;n ancho ca&#237;do sobre las caderas. Collares, brazaletes, largo y espeso pelo negro, y ojos azules que cortaban el espacio con sus espinas heladas. Tendi&#243; su abrigo a la chica del guardarropa que la envolvi&#243; con una mirada aduladora, barri&#243; las mesas vecinas con una sonrisa ausente, y despu&#233;s, tras haber recogido todas las miradas en un ramo de ofrendas, se dirigi&#243; hasta la mesa donde yac&#237;a, derrumbada, Jos&#233;phine.

Segura de s&#237; misma y divertida de ver a su hermana en un sill&#243;n tan bajo, le lanz&#243; una mirada radiante.

&#191;Te he hecho esperar? -pregunt&#243;, haciendo como si se diese cuenta entonces de que llegaba con veinte minutos de retraso.

&#161;Oh, no! &#161;Es que yo he llegado antes!

Iris volvi&#243; a sonre&#237;r, inmensa, misteriosa, magn&#225;nimamente. Extendi&#243; su sonrisa como quien desenrolla una tela sobre un mostrador chino. Se volvi&#243; hacia las mesas vecinas para asegurarse de que la hab&#237;an visto bien, que hab&#237;an identificado a la mujer con la que iba a comer, agit&#243; la mano, sonri&#243; a uno, hizo una se&#241;a a otra. Jos&#233;phine la ve&#237;a como a un retrato: una mujer seductora, elegante, de facciones regulares, de ojos llenos de belleza, dotada, en la l&#237;nea del cuello y en los hombros, de algo de orgullo, de obstinaci&#243;n, incluso de crueldad y, en el instante siguiente, cuando esa mujer posaba sus ojos sobre ella, la descubr&#237;a atenta, emocionada, casi tierna. Con los ojos levantados hacia Iris, ve&#237;a pasar por el rostro de su hermana todos los matices del afecto.

Estoy tan contenta de verte -dijo Iris, sent&#225;ndose delicadamente sobre el mismo asiento bajo, dejando su bolso sin que se volcara-. Si supieses

Le hab&#237;a cogido la mano y la estrechaba. Despu&#233;s se acerc&#243; y bes&#243; la mejilla de Jos&#233;phine.

Yo tambi&#233;n -murmur&#243; Jos&#233;phine, con la voz ahogada por la emoci&#243;n.

No te habr&#225;s enfadado por posponer tanto nuestra cita &#161;Ten&#237;a tantas cosas que hacer! &#191;Has visto? Ahora llevo el pelo largo. Extensiones. Son bonitas, &#191;no?

La aprisionaba con su mirada azul profundo.

Lo siento. Me comport&#233; de forma incalificable en la cl&#237;nica. Eran las medicinas que me daban las que me volv&#237;an miserable

Suspir&#243;, levant&#243; su masa de pelo negro. La &#250;ltima vez que la vi, hace tres meses, ten&#237;a el pelo corto, muy corto. Y el rostro afilado como la hoja de un cuchillo.

Detestaba a todo el mundo. Estaba odiosa. Ese d&#237;a te detest&#233; a ti tambi&#233;n. Te dir&#237;a cosas horribles Pero, &#191;sabes?, me comportaba as&#237; con todo el mundo. Tengo mucho que hacerme perdonar.

Su boca dibuj&#243; una mueca horrorizada, sus cejas se alzaron como dos trazos rectos y paralelos, subrayando el horror que le inspiraba su conducta, y sus ojos, de un azul parpadeante, se fundieron con los de Jos&#233;phine para conseguir su perd&#243;n.

Te lo ruego, no hablemos m&#225;s de eso -murmur&#243; Jos&#233;phine, inc&#243;moda.

Insisto absolutamente en excusarme -subray&#243; Iris ech&#225;ndose hacia atr&#225;s en el asiento.

La mir&#243; con una ingenuidad grave, como si su suerte dependiese de la mansedumbre de Jos&#233;phine, y esper&#243; un gesto de su hermana que significara que la hab&#237;a perdonado.

Jos&#233;phine tendi&#243; el brazo hacia Iris, se incorpor&#243; y la estrech&#243; contra s&#237;. Deb&#237;a de tener un aspecto grotesco en esa posici&#243;n, el trasero hacia atr&#225;s, en equilibrio sobre las piernas flexionadas, pero se dej&#243; llevar por la emoci&#243;n y abraz&#243; a Iris, buscando el reposo, la absoluci&#243;n en la fuerza con la que se enlazaban sus brazos.

&#191;Lo olvidamos todo? &#191;Pasamos p&#225;gina? &#191;No hablaremos nunca m&#225;s del pasado?-sugiri&#243; Iris-. &#191;De nuevo Cric y Croe? &#191;Cric y Croe para siempre?

Jos&#233;phine asinti&#243;.

Entonces cu&#233;ntame c&#243;mo te va -orden&#243; Iris cogiendo el men&#250; que le tend&#237;a una belleza, que se hab&#237;a vuelto repentinamente transparente para ella.

&#161;No! T&#250; primero -insisti&#243; Jos&#233;phine-. Yo no tengo muchas novedades que contarte. He retomado mi HDI, Hortense est&#225; en Londres, Zo&#233;

S&#233; todo eso por Philippe -la interrumpi&#243; Iris, espet&#225;ndole a la camarera-: Tomar&#233; lo de siempre.

Yo tambi&#233;n, como mi hermana -se apresur&#243; a decir Jos&#233;phine, a la que aterraba la idea de tener que leer el men&#250; y elegir un plato-. &#191;C&#243;mo est&#225;s?

Bien, bien. Poco a poco estoy volviendo a cogerle gusto a la vida. Comprend&#237; muchas cosas cuando estaba en la cl&#237;nica, y voy a intentar ponerlas en pr&#225;ctica. He sido est&#250;pida, inconsistente, incre&#237;blemente superficial y ego&#237;sta. S&#243;lo he pensado en m&#237;, me he dejado llevar por un remolino de vanidad. Lo he destruido todo, no estoy muy orgullosa de ello, &#191;sabes? Me da incluso verg&#252;enza. He sido una esposa asquerosa, una madre asquerosa, una hermana asquerosa

Continu&#243; haciendo acto de contrici&#243;n. Enumerando sus faltas, sus traiciones, sus sue&#241;os de falsa gloria. Colocaron en la mesa una ensalada de jud&#237;as verdes, y despu&#233;s una pechuga de pollo. Iris mordisque&#243; algunas jud&#237;as y desgarr&#243; la pechuga. Jos&#233;phine no se atrev&#237;a a comer por miedo a parecer grosera, insensible al flujo de confidencias que se escapaba de la boca de su hermana. Cada vez que se encontraba en compa&#241;&#237;a de Iris, recuperaba su rango de sirvienta. Recogi&#243; la servilleta que Iris hab&#237;a tirado, le sirvi&#243; un vaso de vino tinto y despu&#233;s un poco de agua mineral, cogi&#243; un min&#250;sculo trozo de pan, pero sobre todo, sobre todo la escuch&#243; hablar mientras dec&#237;a: S&#237;, claro, tienes raz&#243;n, &#161;oh, no!, &#161;no! En el fondo no eres as&#237;. Iris recog&#237;a los cumplidos y los puntuaba con un qu&#233; buena eres, Jos&#233;phine que &#233;sta recib&#237;a con reconocimiento. Ya no estaban peleadas.

Evocaron a su madre, su vida, m&#225;s dif&#237;cil por la marcha de Marcel, sus dificultades econ&#243;micas.

&#191;Sabes?-suspir&#243; Iris-, cuando se est&#225; acostumbrada al lujo, es duro perderlo. Si comparas la vida de nuestra madre con la de millones de personas, no tiene de qu&#233; quejarse, por supuesto, pero para ella, a su edad, es dif&#237;cil

Esboz&#243; una sonrisa compasiva y prosigui&#243;:

Yo tambi&#233;n he estado a punto de perder a mi marido, y s&#233; lo que ella siente.

Jos&#233;phine se incorpor&#243;, sin aliento. Esper&#243; a que Iris prosiguiese su relato, pero &#233;sta hizo una pausa y pregunt&#243;:

&#191;Podemos hablar de Philippe, no te molesta?

Jos&#233;phine balbuce&#243;:

&#161;Oh, no! &#191;Por qu&#233;?

Porque, no lo vas a creer &#161;pero estaba celosa de ti! S&#237;, s&#237; Por un momento cre&#237; que estaba enamorado de ti. &#161;Ya ves hasta qu&#233; punto han podido embrutecerme las medicinas! Hablaba todo el tiempo de ti, es normal, te ve&#237;a mucho por Zo&#233; y Alexandre, pero yo lo mezcl&#233; todo y mont&#233; un drama con ello Qu&#233; estupidez, &#191;no?

Jos&#233;phine sinti&#243; c&#243;mo la sangre le sub&#237;a a las orejas y lat&#237;a como un yunque. Hac&#237;a un ruido de locos. Golpeaba por todos lados. S&#243;lo o&#237;a la mitad de lo que le dec&#237;a. Se ve&#237;a obligada a acercar la oreja, a alargar el cuello hasta la boca de Iris para comprender sus palabras, el sentido de sus palabras.

Estaba loca. &#161;Loca de atar! Pero durante su &#250;ltima estancia en Par&#237;s

Hizo una pausa, de suspense, como para anunciar una gran noticia. Sus labios formaron un c&#237;rculo en una mueca golosa, la noticia promet&#237;a ser suculenta. La reten&#237;a en la boca antes de enunciarla.

&#191;Ha estado en Par&#237;s? -pronunci&#243; Jos&#233;phine con voz aterrada.

S&#237;, y nos hemos vuelto a ver. Y todo ha sido como anta&#241;o. Me siento feliz, Jo, &#161;tan feliz!

Daba palmas para aplaudir la inmensidad de su alegr&#237;a. Se contuvo, supersticiosa:

Voy muy despacio, no quiero forzarle, tengo mucho que hacerme perdonar, pero creo que vamos por el buen camino. Es la ventaja de ser una vieja pareja Nos comprendemos con medias palabras, nos perdonamos con una mirada, un abrazo y ya est&#225; todo dicho.

&#191;&#201;l est&#225; bien? -consigui&#243; articular Jos&#233;phine, que hab&#237;a recibido las palabras vieja pareja y abrazo como trozos de hierro que quedaban atrapados en el fondo de su garganta.

S&#237; y no, estoy preocupada por &#233;l

Preocupada -murmur&#243; Jos&#233;phine- pero &#191;por qu&#233;?

Te lo voy a contar, pero no se lo digas a nadie, &#191;me lo prometes?

Iris adopt&#243; una expresi&#243;n inquieta. Levant&#243; una jud&#237;a que mordisque&#243;, pensativa, ordenando sus pensamientos para no decir cualquier tonter&#237;a.

La &#250;ltima vez que vino a Par&#237;s, y nos, c&#243;mo decirlo, nos reconciliamos, en fin, ya sabes

Esboz&#243; una sonrisita inc&#243;moda, enrojeci&#243; ligeramente.

Percib&#237; una mancha bastante fea en su ingle. En el interior del muslo derecho, arriba del todo

Separ&#243; las piernas, apunt&#243; con el dedo sobre el interior de su muslo. Jos&#233;phine mir&#243; ese dedo que se&#241;alaba la intimidad recuperada entre marido y mujer, entre amantes. Ese dedo la llamaba al orden, dec&#237;a eres una intrusa, &#191;qu&#233; te crees?

Le dije que fuese a ver a un dermat&#243;logo, insist&#237; pero no quiso escucharme. Pretende haberla tenido siempre, que se la han analizado y que no es nada

Jos&#233;phine ya no escuchaba nada. Luchaba para permanecer erguida, muda, cuando en realidad ten&#237;a ganas de retorcerse y gritar. Se hab&#237;an acostado juntos. Philippe e Iris, uno en brazos del otro. Su boca tocando su boca, su boca dentro de su boca, sus cuerpos mezclados, la ropa de cama revuelta, las palabras murmuradas, aturdidas de placer, el espeso pelo negro sobre la almohada, Iris gimiendo, Philippe Las im&#225;genes desfilaban. Se llev&#243; la mano a la boca para detener un quejido.

&#191;Te encuentras bien, Jo?

No. Es que me hablas de una forma como

&#191;Como qu&#233;, Jo?

Como si de verdad &#233;l

&#161;Oh, no! Me preocupo, eso es todo. A lo mejor tiene raz&#243;n y no tiene absolutamente nada. No deber&#237;a haberte contado eso, &#161;olvidaba lo sensible que eres! Cari&#241;o m&#237;o

Sobre todo no debe echarse a llorar, se exasper&#243; Iris. &#161;Todo mi plan quedar&#237;a arruinado! He necesitado tres intentos para conseguir la mesa ideal, insistir, suplicar, realizar una larga investigaci&#243;n para asegurarme de que B&#233;reng&#232;re y Nadia estuviesen aqu&#237;, hoy, justo detr&#225;s de aquella planta, el o&#237;do alerta, los sentidos aguzados para no perderse nada de nuestra conversaci&#243;n, y poder as&#237; repetirla, como un tamtan en una selva atronadora. &#161;D&#237;as de meticulosos esfuerzos para ordenarlo todo y ella va a sabotear mi plan llorando!

Desplaz&#243; el sill&#243;n, cogi&#243; a su hermana entre sus brazos y la acurruc&#243;.

Ya est&#225; Ya est&#225; -susurr&#243;-. Vamos, Jo, vamos. Seguramente me estoy preocupando por nada

As&#237; que ten&#237;a raz&#243;n, hay algo entre ellos. Un sentimiento que nace, una turbaci&#243;n, una atracci&#243;n. Nada carnal, porque en ese caso no hubiese venido a comer. Demasiado honesta, no sabe mentir, hacer trampas. No hubiese podido sostenerme la mirada. Pero est&#225; enamorada, estoy segura. Ahora tengo la prueba. Pero &#191;y &#233;l? &#191;La quiere &#233;l? Tiene encanto, eso es indudable. Se ha vuelto incluso guapa. Ha aprendido a vestirse, a peinarse, a maquillarse. Ha adelgazado. Tiene un atractivo airecillo pasado de moda. Voy a tener que andarme con cuidado. Mi hermanita &#161;tan torpe, tan lerda! Las hermanas peque&#241;as no deber&#237;an crecer nunca.

Jos&#233;phine se recuper&#243;, se solt&#243; del abrazo de Iris y se excus&#243;:

Lo siento Perd&#243;name.

Ya no sab&#237;a qu&#233; decir. Perd&#243;name por haberme enamorado de tu marido. Perd&#243;name por haberle besado. Perd&#243;name por seguir teniendo pobres sue&#241;os de adolescente. La frivolidad en m&#237; es una mala hierba de ra&#237;ces profundas.

&#191;Perdonarte? Pero &#191;qu&#233;, cari&#241;o?

&#161;Oh, Iris! -empez&#243; Jos&#233;phine retorci&#233;ndose las manos.

Iba a cont&#225;rselo todo.

Iris -dijo respirando profundamente-. Tengo que decirte

&#161;Jos&#233;phine! Cre&#237;a que hab&#237;amos pasado p&#225;gina.

S&#237;, pero

Las dos hermanas se miraron largamente la una a la otra, la una dispuesta a revelar su secreto, la otra neg&#225;ndose a recibirlo, cada una de ellas segura del peligro que esconden las palabras. Se cerrar&#237;a una pesada puerta. Una puerta blindada. Esperaban, dudosas, una se&#241;al que hiciese la confidencia posible o imposible, &#250;til o superficial. Si hablo, se dec&#237;a Jos&#233;phine, no la volver&#233; a ver. Le elijo a &#233;l. &#201;l, que se ha vuelto hacia ella Si hablo, les pierdo a los dos. Pierdo a un amor, a un amigo, pierdo a mi hermana, pierdo mi familia, pierdo mis recuerdos, pierdo mi infancia, pierdo incluso el recuerdo del beso contra la barra del horno.

Iris segu&#237;a la duda en los ojos de Jos&#233;phine. Si me cuenta su secreto, estar&#233; obligada a parecer ofendida, a tratarla de enemiga, a alejarme de ella. Ser&#225; la ruptura. Nos separamos. Le dejo v&#237;a libre. Ella ser&#225; libre de volver a verlo. No debe hablar, &#161;no debe!

Rompi&#243; bruscamente el silencio.

Voy a contarte un secreto, Jo: me siento tan feliz de haber vuelto a la vida que nada, esc&#250;chame bien, nada podr&#237;a estropearme ese placer. As&#237; que pasemos p&#225;gina, &#191;quieres?, pero pas&#233;mosla de verdad

S&#237;, se dijo Jos&#233;phine. &#191;Qu&#233; hacer si no? Aparte de eso &#191;qu&#233; hab&#237;a sucedido? Presiones en la mano, miradas que se mezclan, una voz que se atraganta, una sonrisa que se prolonga en la del otro, un trozo de piel que se acaricia bajo la manga de un abrigo. Tristes indicios de una pasi&#243;n evaporada.

&#191;Y t&#250;, has vuelto a tu tesis? &#191;Qu&#233; tema has elegido para tu HDI? Quiero saberlo todo Es cierto, hablo, hablo y t&#250; &#161;no me cuentas nada! Todo eso va a cambiar, todo eso, Jo, va a cambiar. Porque he tomado ciertas resoluciones, &#191;sabes?, y una de ellas es interesarme realmente por los dem&#225;s, dejar de mirarme el ombligo Dime, &#191;me encuentras m&#225;s vieja?

Jos&#233;phine hab&#237;a dejado de escuchar. Miraba c&#243;mo hu&#237;a su amor, remontando el vuelo entre los senos de las estatuas y las palmeras como abanicos. Esboz&#243; una sonrisa de vencida. No hablar&#237;a. No volver&#237;a a ver a Philippe.

No volver&#237;a a probar el beso al armagnac.

Y, de hecho, &#191;no se lo hab&#237;a prometido a las estrellas?



* * *


Jos&#233;phine decidi&#243; volver andando. Subi&#243; la calle Saint-Honor&#233;, suspir&#243; de felicidad ante la belleza perfecta de la plaza Vend&#244;me, recorri&#243; la calle Rivoli y sus p&#243;rticos, borde&#243; los muelles del Sena, y dio la espalda a los carros alados del puente Alexandre III para llegar a Trocad&#233;ro.

Necesitaba recuperar consistencia. La presencia de Iris la hab&#237;a sofocado. Como si su hermana hubiese absorbido todo el aire del restaurante. Frente a Iris, se asfixiaba. &#161;Basta!, gru&#241;&#243; golpeando con el pie la esquina de un adoqu&#237;n. Me comparo con ella y desaparezco. Me aventuro en su territorio, el de la belleza, el del saber estar, el del &#250;ltimo chismorreo parisino, el del abrigo elegante, la extensi&#243;n de pelo, la desaparici&#243;n de la arruga, y no puedo luchar. Pero si la atrajese al m&#237;o, si le hablase de lo &#237;ntimo, de lo invisible, de la mirada en el otro, del amor que se entrega, de las emociones que embargan, de la vanidad de las apariencias, de la fuerza que hay que desplegar para saber qui&#233;n es uno mismo, quiz&#225;s llegue entonces a engrandecerme un poco en lugar de arrugarme como un calcet&#237;n.

Mir&#243; al cielo, percibi&#243; el dibujo de un ojo en el pliegue de una nube. Le encontr&#243; cierto parecido con la mirada de Philippe. Qu&#233; pronto me has olvidado, lanz&#243; a la nube, que se descompuso y se volvi&#243; a componer, borrando el ojo. El amor, un poco de miel que se recoge entre las zarzas, cantaban los trovadores en la corte de Leonor. Ahora me trago las zarzas. A bocados. Es culpa m&#237;a: le alej&#233; de mi lado y se volvi&#243;, d&#243;cil, hacia Iris. No habr&#225; esperado mucho tiempo. Le inund&#243; la c&#243;lera. Se hinch&#243; de esperanza: &#161;se estaba rebelando!

Atraves&#243; el parque encorvada instintivamente. No pod&#237;a evitarlo. Hab&#237;an encontrado a la se&#241;ora Berthier un poco m&#225;s lejos

Abri&#243; el portal del inmueble y escuch&#243; gritos en el chisc&#243;n de Iphig&#233;nie.

&#161;Es un esc&#225;ndalo!-gritaba una voz de hombre-. &#161;Es usted la responsable! &#161;Es una asquerosidad! &#161;Debe limpiar ese local todos los d&#237;as! Hay botellines de cerveza, botellas vac&#237;as, &#161;pa&#241;uelos de papel por el suelo! &#161;Andamos entre inmundicias!

El hombre sali&#243; de la porter&#237;a vociferando. Jos&#233;phine reconoci&#243; a Pinarelli hijo. Iphig&#233;nie, detr&#225;s de la puerta acristalada tapada con una cortina, estaba l&#237;vida. El cartel que indicaba su horario de trabajo se balanceaba colgado de la cadena. &#201;l se volvi&#243; hacia ella, levant&#243; el brazo para golpearla, ella gir&#243; el picaporte. Jos&#233;phine se precipit&#243; hacia &#233;l y le atrap&#243; el brazo. El hombre se solt&#243; y la lanz&#243; al suelo con sorprendente fuerza. Jos&#233;phine se golpe&#243; la cabeza violentamente contra la pared.

&#161;Est&#225; usted loco! -grit&#243;, asustada.

&#161;Le proh&#237;bo que la defienda! &#161;La pagan para eso! &#161;Debe limpiar! &#161;Gilipollas!

Un hilillo de saliva flu&#237;a sobre su ment&#243;n, que temblaba, su piel estaba marcada de manchas rojas, y su nuez se agitaba como un tap&#243;n enloquecido.

Gir&#243; sobre s&#237; mismo y subi&#243; las escaleras de tres en tres.

&#191;Est&#225; usted bien, se&#241;ora Cort&#232;s?

Jos&#233;phine temblaba y se frotaba la frente para borrar el dolor. Iphig&#233;nie le hizo una se&#241;a para que entrase en la porter&#237;a.

&#191;Quiere beber algo? Parece conmocionada

Le tendi&#243; un vaso de Coca Cola y la hizo sentar.

&#191;Qu&#233; ha hecho para que se pusiese en ese estado? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, recuper&#225;ndose.

Yo limpio el local de la basura. Se lo aseguro. Lo hago lo mejor posible. &#161;Pero hay gente que constantemente deja all&#237; guarradas que no me atrevo a nombrar! As&#237; que si olvido pasarme por all&#237; un d&#237;a o dos, se ensucia enseguida. Pero el edificio es grande y no puedo estar en todos lados

&#191;Sabe usted qui&#233;n hace eso?

&#161;No, claro! Yo, por la noche, duermo. Estoy cansada. Da mucho trabajo este edificio. Y cuando mi jornada termina &#161;tengo que ocuparme de los ni&#241;os!

Jos&#233;phine recorri&#243; la porter&#237;a con la mirada. Una mesa, cuatro sillas, un sof&#225; desgastado, un viejo aparador, una televisi&#243;n, un mueble de cocina de f&#243;rmica desvencijado, un viejo lin&#243;leo amarillo en el suelo y, al fondo, separada por una cortina color burdeos, una habitaci&#243;n oscura.

&#191;Es la habitaci&#243;n de los ni&#241;os? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

S&#237;, y yo duermo en el sof&#225;. Es como si durmiese en el vest&#237;bulo. Oigo abrir y cerrar el portal toda la noche cuando la gente vuelve tarde. Me llevo unos sobresaltos en la cama

Habr&#237;a que pintar esto y comprar muebles Est&#225; un poco triste.

&#161;Por eso me ti&#241;o el pelo de todos los colores! -dijo Iphig&#233;nie sonriendo-. Da un poco de luz a la casa

&#191;Sabe usted qu&#233; vamos a hacer, Iphig&#233;nie? Vamos a ir ma&#241;ana a Ikea a la hora de su descanso y vamos a comprar de todo: camas para los ni&#241;os, una mesa, sillas, cortinas, c&#243;modas, un sof&#225;, un aparador, alfombras, una cocina, cojines, y despu&#233;s iremos a Bricorama, elegiremos unas pinturas bonitas &#161;y lo pintaremos todo! Ya no necesitar&#225; te&#241;irse el pelo.

&#191;Y con qu&#233; dinero, se&#241;ora Cort&#232;s? &#191;Quiere usted que le ense&#241;e mi n&#243;mina? &#161;Se va a echar a llorar!

Yo lo pagar&#233; todo.

Pues se lo digo desde ahora mismo: &#161;ni hablar!

Y yo le digo, &#161;claro que s&#237;! El dinero no se lo puede llevar uno a la tumba. Yo tengo todo lo necesario, usted, no tiene nada. Para eso sirve el dinero: para tapar agujeros.

&#161;Que no, se&#241;ora Cort&#232;s!

Me da igual, ir&#233; sola y har&#233; que se lo dejen delante de la puerta. Usted no me conoce, soy bastante testaruda.

Las dos mujeres se enfrentaron en silencio.

Lo &#250;nico bueno, si viene conmigo, es que ser&#225; usted quien podr&#225; elegir, no tenemos necesariamente los mismos gustos.

Iphig&#233;nie hab&#237;a cruzado los brazos y frunc&#237;a el ce&#241;o. Ese d&#237;a, su cabello ten&#237;a un color mandarina que viraba al amarillo en algunos sitios. Bajo la luz de la l&#225;mpara de pie, se dir&#237;an llamas surgiendo de su cabeza.

Realmente estar&#237;a bien que pusiese usted los colores en las paredes, y no en la cabeza -dijo Jos&#233;phine haciendo una mueca.

Iphig&#233;nie se pas&#243; la mano por el pelo.

Lo s&#233;, esta vez no he acertado con el color pero no es muy pr&#225;ctico, la ducha est&#225; en el patio, no hay luz y no puedo respetar siempre el tiempo de aplicaci&#243;n recomendado. Adem&#225;s, en invierno, lo hago deprisa porque, si no, &#161;me resfr&#237;o!

&#161;La ducha est&#225; en el patio! -exclam&#243; Jos&#233;phine.

Pues s&#237; Al lado del cuarto de la basura

&#161;No es posible!

Pues s&#237;, se&#241;ora Cort&#232;s, pues s&#237;

Bueno-decidi&#243; Jos&#233;phine-. &#161;Iremos ma&#241;ana!

&#161;No insista, se&#241;ora Cort&#232;s!

Jos&#233;phine vio a la peque&#241;a Clara apoyada en el marco de la habitaci&#243;n. Era una chiquilla extra&#241;amente seria, de ojos ca&#237;dos, tristes y resignados. Su hermano L&#233;o se hab&#237;a unido a ella; cada vez que Jos&#233;phine sonre&#237;a, se escond&#237;a detr&#225;s de su hermana.

La encuentro a usted un poco ego&#237;sta, Iphig&#233;nie. Me parece que a sus hijos les gustar&#237;a vivir en un arco iris

Iphig&#233;nie pos&#243; su mirada en sus hijos y se encogi&#243; de hombros.

Est&#225;n acostumbrados a esto.

A m&#237; me gustar&#237;a que pint&#225;ramos la habitaci&#243;n de rosa y tener un edred&#243;n verde manzana -dijo Clara, mordisque&#225;ndose un mech&#243;n del pelo.

&#161;Oh, no! El rosa es para chicas -exclam&#243; L&#233;o-. &#161;Yo quiero amarillo chill&#243;n y un edred&#243;n rojo con vampiros!

&#191;No est&#225;n en el colegio? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, que quer&#237;a cantar victoria y prefer&#237;a dejar tiempo a Iphig&#233;nie para rendirse sin perder la cara.

Es mi&#233;rcoles. Los mi&#233;rcoles &#161;no hay colegio! -respondi&#243; L&#233;o.

Tienes raz&#243;n, &#161;lo hab&#237;a olvidado!

Parece que has perdido la cabeza

La hab&#237;a perdido, pero desde que estoy con vosotros estoy mucho mejor -dijo Jos&#233;phine sent&#225;ndoselos en las rodillas.

Y adem&#225;s, mam&#225;, &#191;podr&#237;amos tener las camas una encima de otra?-continu&#243; Clara-. As&#237; yo podr&#237;a dormir en el primer piso y pensar&#237;a que estoy en el cielo &#191;Y una mesa tambi&#233;n?

&#161;Y yo un caballo de madera! &#191;Eres Pap&#225; Noel? -pregunt&#243; L&#233;o a Jos&#233;phine.

&#161;Qu&#233; tonto eres! &#161;No tengo barba!

Solt&#243; una risita que le aclar&#243; la garganta.

Me parece que ha perdido usted, Iphig&#233;nie. Quedamos ma&#241;ana a mediod&#237;a. Le interesa ser puntual porque si no s&#243;lo tendremos tiempo de ir y venir

Los dos ni&#241;os rodearon a su madre y gritaron de alegr&#237;a.

Di que s&#237;, mam&#225;, di que s&#237;

Iphig&#233;nie dio un manotazo sobre la mesa y pidi&#243; silencio.

Entonces, a cambio, le limpio la casa. Dos horas al d&#237;a. Lo toma o lo deja.

Una hora ser&#225; suficiente. S&#243;lo somos dos. No tendr&#225; mucho trabajo y le pagar&#233;.

&#161;Lo har&#233; gratis o no voy a Ikea!



* * *


Al d&#237;a siguiente, Jos&#233;phine esper&#243; en el portal a las doce. Subieron a su coche. Iphig&#233;nie ten&#237;a un capazo sobre las rodillas y se hab&#237;a anudado un fular al pelo.

&#191;Es usted musulmana, Iphig&#233;nie?

No, pero cojo fr&#237;o en los o&#237;dos. Despu&#233;s tengo otitis y me queman las orejas por dentro y por fuera

Como a m&#237;. A la menor emoci&#243;n, se inflaman.

Atravesaron el Bois de Boulogne y se dirigieron a La D&#233;fense. Aparcaron frente a Ikea. Cogieron un metro de papel, un cuadernito y un l&#225;piz y accedieron al interior de la tienda. Jos&#233;phine apuntaba, Iphig&#233;nie protestaba. Jos&#233;phine llenaba el cuaderno de pedidos, Iphig&#233;nie se escandalizaba:

&#161;Pero esto es demasiado, se&#241;ora Cort&#232;s! &#161;Demasiado!

&#191;No ser&#237;a mejor que me llamase Jos&#233;phine? &#161;Yo la llamo Iphig&#233;nie!

No, para m&#237;, usted es la se&#241;ora Cort&#232;s. No hay que mezclar los trapos con las servilletas.

En Bricorama, eligieron una pintura amarillo canario para la habitaci&#243;n de los ni&#241;os, rosa frambuesa para la habitaci&#243;n principal, y azul chill&#243;n para el lado de la cocina. Jos&#233;phine vio c&#243;mo Iphig&#233;nie contemplaba las lamas de parqu&#233; con la boca abierta de placer. Encarg&#243; parqu&#233;. Y una ducha. Y alicatado.

&#191;Y qui&#233;n va a instalar todo eso?

Ya encontraremos un alba&#241;il y un fontanero.

Jos&#233;phine dio la direcci&#243;n de la porter&#237;a para que lo enviasen todo all&#237;. Volvieron al coche y se sentaron aliviadas.

&#161;Est&#225; usted como un cencerro, se&#241;ora Cort&#232;s! Ya le digo desde ahora que le voy a dejar el piso como una patena, &#161;va a poder comer usted en el suelo!

Jos&#233;phine le sonri&#243; y sali&#243; del aparcamiento girando el volante con un dedo.

&#161;Y adem&#225;s conduce usted divinamente!

Gracias, Iphig&#233;nie. Me siento valorada a su lado. &#161;Deber&#237;a verla m&#225;s a menudo!

&#161;Oh, no, se&#241;ora Cort&#232;s! Tiene usted otras cosas que hacer.

Apoy&#243; la cabeza en el reposacabezas y murmur&#243;, feliz:

Es la primera vez que alguien es bueno conmigo. Quiero decir bueno sin otras intenciones. Porque los hay pretendidamente buenos, pero todos buscan quitarme algo En cambio usted

Hizo un ruido de petardo mojado con la boca para expresar su sorpresa. El fular enmarcaba un rostro de madonna juvenil, que se maquilla deprisa y corriendo en una esquina de la pila. Ol&#237;a a jab&#243;n de Marsella que se frota bajo la ducha fr&#237;a, y que no se tiene tiempo de enjuagar. Larga y fina nariz, ojos negros, tez bronceada, dientes brillantes, una profunda arruga entre las cejas que probaba, por si Jos&#233;phine todav&#237;a lo dudaba, que ten&#237;a car&#225;cter. Un cuerpo algo pesado, un pecho de vampiresa italiana y en conjunto, como tel&#243;n de fondo, la seriedad infantil de quien lucha por llegar a fin de mes y se maravilla de conseguirlo.

Lo peor fue mi marido En fin, le llamo mi marido, pero nunca firmamos nada. Pegaba a cualquier cosa que se le resistiera. A m&#237; la primera. Perd&#237; dos dientes con &#233;l. Me dej&#233; la piel trabajando para reemplazarlos. Estaba todo el tiempo en erupci&#243;n. Un d&#237;a peg&#243; a un polic&#237;a que le hab&#237;a pedido la documentaci&#243;n. Seis a&#241;os de c&#225;rcel. Yo estaba embarazada de L&#233;o. Me alegr&#233; mucho de que le enviaran a prisi&#243;n. Va a salir pronto, nunca se le ocurrir&#225; venir a buscarme aqu&#237;. Le intimidan los buenos barrios. Dice que rebosan de pasma

&#191;Los ni&#241;os no preguntan por &#233;l?

Repiti&#243; su peque&#241;o petardeo de trompeta que, esta vez, indicaba su desprecio.

No le han conocido y mejor para ellos. Cuando me preguntan d&#243;nde est&#225;, lo que hace, yo les digo explorador, les digo el polo Sur, el polo Norte, la cordillera de los Andes, me invento viajes con &#225;guilas, osos y ping&#252;inos. El d&#237;a que se lo encuentren, si llega ese d&#237;a maldito, &#161;tendr&#225; que llevar un salacot y una barba por la cuenta que le trae!

Hab&#237;a empezado a llover y Jos&#233;phine accion&#243; los limpiaparabrisas y limpi&#243; el vaho con el dorso de la mano.

Oiga, se&#241;ora Cort&#232;s, me gustar&#237;a darle las gracias. Gracias de verdad. Me llega muy dentro lo que est&#225; haciendo usted por m&#237;. Me llega muy hondo.

Se coloc&#243; un mech&#243;n de pelo que se hab&#237;a escapado del fular.

No le dir&#225; a la gente del edificio que ha sido usted la que ha pagado todo eso, &#191;eh?

No, pero de todas formas &#161;no tiene usted que justificarse!

En la pr&#243;xima reuni&#243;n de vecinos, no tiene m&#225;s que soltar que me ha tocado la loter&#237;a. No les extra&#241;ar&#225;. A la loter&#237;a s&#243;lo ganan los pobres, los ricos &#161;no tienen derecho!

Pasaron delante del Intermarch&#233; donde Jos&#233;phine hac&#237;a la compra cuando viv&#237;a en Courbevoie. Iphig&#233;nie le pregunt&#243; si pod&#237;an detenerse: necesitaba Pato WC y un cepillo para el suelo. Se presentaron en la caja con dos carritos llenos. La cajera les pregunt&#243; si ten&#237;an tarjeta de cliente. Jos&#233;phine sac&#243; la suya y aprovech&#243; para pagar la compra de Iphig&#233;nie. Esta se enfad&#243;.

&#161;Ah, no! &#161;Ya basta, se&#241;ora Cort&#232;s! &#161;Vamos a perder la amistad!

&#161;As&#237; tendr&#233; muchos m&#225;s puntos!

&#161;Me juego algo a que usted nunca utiliza sus puntos!

Nunca -confes&#243; Jos&#233;phine.

La pr&#243;xima vez &#161;yo la acompa&#241;ar&#233; y los usar&#225;! As&#237; ahorrar&#225; algo.

&#161;Ah!-dijo Jos&#233;phine, maliciosa-. As&#237; que habr&#225; una pr&#243;xima vez. No est&#225; enfadada del todo

S&#237;. Estoy enfadada &#161;pero soy d&#233;bil!

Se marcharon corriendo bajo una tromba de agua, cuidando de no tirar nada.

Jos&#233;phine dej&#243; a Iphig&#233;nie ante el edificio y fue a aparcar el coche al aparcamiento, rogando al cielo no toparse con nadie. Desde que la agredieron, ten&#237;a miedo en el aparcamiento.



* * *


Ginette estaba preparando el caf&#233; de la ma&#241;ana cuando llamaron a la puerta. Dud&#243;, pregunt&#225;ndose si suspend&#237;a la operaci&#243;n, permaneci&#243; un momento con el codo en el aire, y decidi&#243; que el caf&#233; pasar&#237;a delante del misterioso visitante. Ren&#233; estar&#237;a de mal humor todo el d&#237;a si el caf&#233; era malo. No hablaba con nadie antes de haberse bebido dos boles y haber engullido tres tostadas de la baguette fresca que el hijo de la panadera depositaba en el portal antes de ir al colegio. A cambio, Ginette le daba una moneda.

&#191;Sabes -gru&#241;&#243; Ren&#233;- cu&#225;nto costaba la baguette cuando nos vinimos a vivir aqu&#237; en 1970? Un franco. Y ahora &#161;un euro diez! M&#225;s la comisi&#243;n del chico, &#161;debemos de comer el pan m&#225;s caro del mundo!

Los d&#237;as en los que el chico no ten&#237;a colegio, ella se pon&#237;a un abrigo sobre el camis&#243;n y bajaba a hacer cola a la panader&#237;a. Ren&#233; era su hombre. Su hombre de carne y de codicia. Lo hab&#237;a conocido con veinte a&#241;os: ella era corista de Patricia Carli, &#233;l montaba y desmontaba el escenario. Esculpido en uve may&#250;scula, calvo como una pista de patinaje para piojos, hablaba poco, pero sus ojos recitaban la Il&#237;ada y la Odisea. Tan presto para gritar como para sonre&#237;r, dotado de la serenidad de esas gentes que saben lo que quieren y qui&#233;nes son desde que nacen, la hab&#237;a atrapado una noche por la cintura y no la hab&#237;a vuelto a soltar. Treinta a&#241;os de comuni&#243;n y todav&#237;a temblaba cuando le pon&#237;a las manos encima. &#161;Nada m&#225;s que placer, su Ren&#233;! En horizontal trabajaba la voluptuosidad, en vertical, el respeto. Tierno, previsor, hura&#241;o, todo lo que ella amaba. Hac&#237;a casi treinta a&#241;os que viv&#237;an en la peque&#241;a vivienda encima del almac&#233;n que les hab&#237;a cedido gratuitamente Marcel, el d&#237;a en el que hab&#237;a contratado a Ren&#233; en calidad de ya hablaremos del puesto despu&#233;s. Visto y no visto: no hab&#237;an vuelto a hablar de ello, pero Marcel aumentaba su sueldo al mismo ritmo que sus responsabilidades y el precio de la baguette. All&#237; fue donde hab&#237;an crecido sus hijos: Johnny, Eddy y Sylvie. En cuanto los ni&#241;os supieron valerse por s&#237; mismos, Marcel contrat&#243; a Ginette en el almac&#233;n. Responsable de las entradas y salidas de mercanc&#237;a. Y los a&#241;os hab&#237;an ido pasando sin que Ginette tuviese tiempo de contarlos.

Volvieron a llamar a la puerta.

&#161;Un momento! -grit&#243; vigilando el agua hirviendo sobre el polvo negro.

&#161;T&#243;mate el tiempo que necesites! &#161;S&#243;lo soy yo! -respondi&#243; una voz, que era la de Marcel.

&#191;Marcel? &#191;Qu&#233; hac&#237;a aqu&#237; al alba?

&#191;Tienes alg&#250;n problema? &#191;Has olvidado las llaves del despacho?

&#161;Tengo que hablar contigo!

Ya voy -repiti&#243; Ginette-, s&#243;lo un minuto.

Termin&#243; de verter el agua, dej&#243; el hervidor, cogi&#243; un trapo y se sec&#243; las manos.

&#161;Te lo advierto, todav&#237;a estoy en camis&#243;n! -anunci&#243; antes de abrir.

&#161;Me da igual! &#161;No me enterar&#237;a de nada aunque estuvieses en tanga!

Ginette abri&#243; y entr&#243; Marcel, llevando a J&#250;nior sobre el vientre.

&#161;Pero bueno, menuda visita! &#161;Dos Grobz en el umbral! -exclam&#243; Ginette haciendo una se&#241;a a Marcel para que entrase.

&#161;Ay, mi pobre Ginette!-murmur&#243; Marcel-. Es terrible lo que nos est&#225; pasando &#161;Nos ha ca&#237;do de golpe! &#161;No lo hemos visto venir en absoluto!

&#191;Y si empezases por el principio? &#161;Si no, no voy a entender nada!

Marcel se sent&#243;, sac&#243; a J&#250;nior del portabeb&#233;s, lo sent&#243; sobre las rodillas y cogi&#243; un trozo de pan que coloc&#243; en la boca del ni&#241;o.

Vamos, mi chico, ejercita los dientes mientras charlo con Ginette

&#191;En qu&#233; edad anda este amorcito?

&#161;Ya va por su primer aniversario!

&#161;Pero bueno, si parece mucho m&#225;s viejo! &#161;Qu&#233; fuerte est&#225;! Pero &#191;c&#243;mo es que te lo traes al trabajo?

&#161;Ay! &#161;No me hables! &#161;No me hables!

Balanceaba la cabeza, desesperado. No se hab&#237;a afeitado y ten&#237;a una mancha de grasa en el reverso de la chaqueta.

S&#237;, precisamente, h&#225;blame.

El comenz&#243;, la mirada baja:

&#191;Recuerdas el estado de felicidad en el que estaba la &#250;ltima vez que cenamos aqu&#237; con Josiane?

&#191;Justo antes de Navidad? Nos dejaste mareados. &#161;Ya no aguant&#225;bamos m&#225;s!

Exultaba, estaba henchido de alegr&#237;a, &#161;estallaba de j&#250;bilo! Cuando llegaba al despacho por la ma&#241;ana, le ped&#237;a a Ren&#233; que me mordiese la oreja, s&#243;lo para comprobar que todo eso era verdad.

&#161;Quer&#237;as instalar una sillita de beb&#233; en tu despacho para iniciar al chico!

Eran los buenos tiempos, &#233;ramos felices. Ahora

Ahora ya no se os ve. Os hab&#233;is disfrazado de fantasmas.

&#201;l abri&#243; los brazos en se&#241;al de impotencia. Cerr&#243; los ojos. Suspir&#243;. El beb&#233; bascul&#243;, &#233;l lo atrap&#243; y, con sus dos manos fuertes de vello rojo, se puso a masajearlo. Hund&#237;a sus falanges en la barriguita redonda de J&#250;nior, que se dejaba manosear con un rictus de dolor.

&#161;Basta, Marcel, que el chaval&#237;n no es de plastilina!

Marcel relaj&#243; la presi&#243;n. J&#250;nior respir&#243; aliviado y tendi&#243; la mano a Ginette para agradecerle su intervenci&#243;n.

&#191;Has visto? -exclam&#243; Ginette, anonadada.

Lo s&#233;, &#161;es un genio! Pero, pronto, no ser&#225; m&#225;s que un pobre hu&#233;rfano.

&#191;Se trata de Josiane? &#191;Est&#225; enferma?

La peor de las enfermedades: lo ve todo negro. Y eso, preciosa, &#161;no tiene remedio!

&#161;Vamos! &#161;Vamos!-le anim&#243; Ginette-. Es la depre posparto. &#161;Les pasa a todas las mujeres! Eso termina cur&#225;ndose.

&#161;Es peor! &#161;Mucho peor!

&#201;l se inclin&#243; y susurr&#243;:

&#191;D&#243;nde est&#225; Ren&#233;?

Est&#225; visti&#233;ndose. &#191;Por qu&#233;?

Porque lo que te voy a decir es algo totalmente secreto. Ni hablar de cont&#225;rselo.

&#191;Ocultarle algo a Ren&#233;?-se ofusc&#243; Ginette-. &#161;No podr&#237;a hacerlo en la vida! &#161;Qu&#233;date con tu secreto, que yo me quedo con mi marido!

La expresi&#243;n de Marcel volvi&#243; a oscurecerse. Volvi&#243; a estrechar a J&#250;nior contra s&#237; y a masajearlo. Ginette arranc&#243; al ni&#241;o de las manos de su padre.

&#161;D&#225;melo, vas a terminar sac&#225;ndole las v&#237;sceras!

Marcel se hundi&#243;, los dos codos sobre la mesa.

&#161;Estoy al l&#237;mite! &#161;No puedo m&#225;s! &#161;&#201;ramos tan felices! &#161;Tan felices!

Se meneaba, se pasaba la mano por el cr&#225;neo, se mord&#237;a el pu&#241;o. Su peso hac&#237;a gemir la silla. Ginette iba de un lado a otro de la habitaci&#243;n, con J&#250;nior apoyado en el hombro. Hac&#237;a mucho tiempo que no hab&#237;a sostenido a un beb&#233; en brazos y estaba emocionada. La ternura que sent&#237;a por J&#250;nior rebot&#243; sobre Marcel, ese buen Marcel que se com&#237;a las u&#241;as y sudaba la gota gorda.

&#161;Pero t&#250; est&#225;s enfermo, hombre! -dijo Ginette al verle de color carmes&#237;.

&#161;Ay! Lo m&#237;o es s&#243;lo angustia, pero Josiane &#161;Si la vieras! &#161;Un velo blanco! &#161;Una aparici&#243;n! Va a acabar ascendiendo a los cielos.

Se hundi&#243; sobre s&#237; mismo y dej&#243; de retener las l&#225;grimas.

No puedo m&#225;s, no me funcionan los circuitos. Vago por la casa como un viejo ciervo al que le han limado las astas. Ya no bramo, estoy hecho una bayeta empapada y arrugada. Ya no s&#233; lo que firmo, no me acuerdo de mi nombre, ya no duermo, ya no como, se me abren las carnes y las entra&#241;as. Apesto a desgracia. &#161;PORQUE LA DESGRACIA HA ENTRADO EN LA CASA!

Se hab&#237;a apoyado sobre los codos y rug&#237;a. Ren&#233; entr&#243; en la cocina y solt&#243; una blasfemia.

&#161;Hostia! &#191;Qu&#233; le pasa al pobre mohicano este? &#161;Menudo jaleo est&#225; armando!

Ginette comprendi&#243; que deb&#237;a coger la sart&#233;n por el mango. Instal&#243; a J&#250;nior en el sof&#225;, le rode&#243; de cojines para que no se cayera, dej&#243; ante Marcel y Ren&#233; la jarra de caf&#233; arom&#225;tico, cort&#243; las rebanadas, las unt&#243; con mantequilla y les tendi&#243; el azucarero.

Primero desayun&#225;is, despu&#233;s me quedo con Marcel y le confieso.

&#191;No quieres cont&#225;rmelo a m&#237;? -pregunt&#243; Ren&#233;, desconfiado.

Es algo especial -explic&#243; Marcel, inc&#243;modo-, s&#243;lo se lo puedo contar a tu mujer.

&#191;Y yo no puedo saberlo?-se extra&#241;&#243; Ren&#233;-. He dejado de ser tu viejo colega, tu hombre de confianza, tu brazo derecho, tu brazo izquierdo &#161;y hasta a veces tu cerebro!

Marcel agach&#243; la cabeza, confuso.

Es algo &#237;ntimo -dijo roy&#233;ndose las u&#241;as.

Ren&#233; se acarici&#243; el ment&#243;n y despu&#233;s solt&#243;:

&#161;Venga! &#161;Confi&#233;sale! Si no se va a ahogar

Come primero. Hablaremos despu&#233;s

Desayunaron los tres juntos. En silencio. Ren&#233; agarr&#243; su gorra y sali&#243;.

&#191;Va a estar cabreado?

Se siente herido, eso seguro. Pero prefer&#237;a que me diese su conformidad. No soy muy buena para los secretitos

Ech&#243; una mirada a J&#250;nior, que segu&#237;a sentado en medio de los cojines y escuchaba.

Habr&#237;a que entretenerle con algo

Dale algo para leer. Eso le encanta.

&#161;Pero si yo no tengo libros para beb&#233;s!

&#161;Cualquier cosa! Lo lee todo. Incluido el list&#237;n.

Ginette fue a buscar la gu&#237;a telef&#243;nica y se la tendi&#243; a J&#250;nior.

S&#243;lo tengo las p&#225;ginas amarillas

Marcel levant&#243; la mano, sin argumentos. J&#250;nior cogi&#243; la gu&#237;a, la abri&#243;, puso un dedo sobre una p&#225;gina y empez&#243; a babear encima.

De todos modos &#161;es bastante rarito tu chiquillo! &#191;Se lo has ense&#241;ado al m&#233;dico?

Si s&#243;lo hubiese eso de extra&#241;o en mi vida, ser&#237;a el m&#225;s feliz de los hombres

Habla y deja de llorar &#161;que vas a coger fr&#237;o en los ojos!

El se sorbi&#243; los mocos y se son&#243; con la servilleta de papel que le tend&#237;a Ginette. La mir&#243; con aire temeroso y solt&#243;:

Es Bomboncito. Le han echado un sortilegio.

&#161;Un sortilegio! &#161;Pero si esas cosas no existen!

S&#237;, s&#237;, de verdad: la han estado embrujando con un mu&#241;eco vud&#250;.

&#161;Mi pobre Marcel! &#161;Has perdido la cabeza!

Escucha Al principio, pensaba como t&#250;, no quer&#237;a creerlo. Y despu&#233;s me he visto obligado a constatar

&#191;El qu&#233;? &#191;Le han salido cuernos?

&#161;No seas tonta! &#161;Es algo m&#225;s sutil!

Tan sutil que no consigo cre&#233;rmelo.

&#161;Esc&#250;chame, te digo!

&#161;Ya te escucho, hombre!

Le ha perdido el gusto a todo, se siente vac&#237;a como una ba&#241;era, se queda en la cama todo el d&#237;a y ya no juega con el peque&#241;o. Por eso est&#225; creciendo tan r&#225;pido Quiere quitarse los pa&#241;ales y ayudarla.

&#161;Est&#225;is todos zumbados!

Habla con monos&#237;labos. Levantarla es una lucha, dice que tiene pu&#241;ales clavados en la espalda, que tiene doscientos a&#241;os, que est&#225; completamente oxidada &#161;Y hace tres meses que dura!

Es cierto que &#233;se no es su estilo

He acabado llamando a madame Suzanne, ya sabes, nuestra

&#191;Esa que t&#250; llamas la curadora de almas y yo, la curandera?

S&#237;. Lo ha dejado muy claro: Bomboncito est&#225; embrujada. Desean que muera, a fuego lento. Desde entonces ella intenta deshacer el hechizo, pero cada vez que mejora, que tiene dos d&#237;as buenos, come un poco, sonr&#237;e, apoya la cabeza sobre mi hombro, yo contengo el aliento y vuelve a recaer. Dice que siente como si la desenchufaran. Como si le arrebataran la vida. Madame Suzanne ya no sabe qu&#233; hacer. Asegura que es un hechizo muy poderoso. Que va para largo. Mientras tanto, nosotros, nos vamos muriendo lentamente. La chica que se ocupaba del beb&#233; tiene por misi&#243;n no dejar a Bomboncito ni un instante. Tengo miedo de que haga alguna tonter&#237;a. Y yo me ocupo de J&#250;nior

Los dos est&#225;is agotados, eso es todo. &#161;Tampoco son edades para tener un beb&#233;!

Marcel la mir&#243; como si le retirara su raz&#243;n para vivir. Todo el azul de su mirada desapareci&#243; y en un segundo sus ojos parecieron completamente apagados.

&#161;No debes decir esas cosas, Ginette! Me decepcionas mucho.

Perd&#243;name. Tienes raz&#243;n. Los dos sois fuertes como robles. &#161;Dos robles con un pajarito en la copa!

Se acerc&#243; a Marcel, pas&#243; la mano sobre su cuello de toro. Le acarici&#243; dulcemente. &#201;l se contrajo entre sus brazos plegados y gimi&#243;:

Ay&#250;danos, Ginette, ay&#250;danos Ya no s&#233; qu&#233; hacer.

Ella continu&#243; masaje&#225;ndole el cuello y los hombros. Le habl&#243; suavemente de su fuerza, de su poder en los negocios, de su tenacidad, de su astucia, del imperio industrial que hab&#237;a creado, solo, escuchando s&#243;lo a su instinto. Ella s&#243;lo pronunciaba, a prop&#243;sito, palabras contundentes que pudiesen tonificarle el alma.

&#191;Se lo has contado a alguien m&#225;s?

&#201;l le lanz&#243; una mirada perdida.

&#191;A qui&#233;n quieres que se lo cuente? &#161;Van a pensar que me he vuelto loco!

Eso seguro.

Reaccion&#233; como t&#250; cuando madame Suzanne me lo cont&#243;. La envi&#233; a hacer g&#225;rgaras. Y despu&#233;s estuve inform&#225;ndome. Hice una verdadera investigaci&#243;n. Esas cosas existen, Ginette. No se habla de ellas porque tenemos ra&#237;ces cuadriculadas en la cabeza, pero existen.

En los pa&#237;ses del vud&#250;, &#161;en Hait&#237; o en Uagadug&#250;!

No. Por todas partes. Lanzan un sortilegio, un mal sortilegio, y la v&#237;ctima se queda atada a la infelicidad. Atrapada en una tela de ara&#241;a. Ya no puede moverse, no puede hacer nada sin provocar adversidades. El otro d&#237;a, Bomboncito quiso sacar al peque&#241;o al parque y &#191;sabes qu&#233;? &#161;Se torci&#243; el tobillo y le robaron el bolso! Cuando intent&#243; planchar una de mis camisas, se le quem&#243; la plancha y, hace dos d&#237;as, cogi&#243; un taxi para ir a la peluquer&#237;a, y tuvo un accidente en el primer cruce

Pero &#191;qui&#233;n podr&#237;a odiarla hasta el punto de desear la muerte, la muerte de los dos?

No lo s&#233;. Ni siquiera sab&#237;a que ese tipo de cosas exist&#237;an. As&#237; que

Levant&#243; los brazos y los dej&#243; caer pesadamente.

Eso es lo que hay que encontrar &#191;Has sido algo duro en los negocios &#250;ltimamente?

Marcel sacudi&#243; la cabeza.

No m&#225;s que de costumbre. Nunca hago malas jugadas, ya lo sabes.

&#191;Te has peleado con alguien?

No. Incluso estoy m&#225;s bien afable. Soy tan feliz que tengo ganas de que todo el mundo sea feliz a mi alrededor. Mi personal es el mejor pagado del mundo, las primas enternecer&#237;an al m&#225;s r&#237;gido de los sindicalistas, reparto escrupulosamente todos los beneficios y, ya lo has visto, he instalado una guarder&#237;a para los hijos de los empleados, una pista de petanca en el patio para el descanso de la comida S&#243;lo falta el chiringuito y la playa &#161;y convierto mi negocio en el Club Med! &#191;Verdad?

Ginette se sent&#243; a su lado y permaneci&#243; pensativa.

Por eso ella ya nunca viene a vernos -dijo ella en voz alta.

&#191;C&#243;mo quieres que te lo cuente? Siente verg&#252;enza, adem&#225;s. Hemos visitado a todos los especialistas, toneladas de esc&#225;neres, de radios, de informes. No encuentran nada. &#161;Nada!

Sobre el sof&#225;, J&#250;nior se dejaba los ojos intentando descifrar su gu&#237;a. Ginette permaneci&#243; un momento observ&#225;ndole. Es un ni&#241;o algo extra&#241;o, de todas formas. A su edad, un beb&#233; juega con las manos, los dedos de los pies, un peluche &#161;pero no hojea las gu&#237;as telef&#243;nicas!

&#201;l levant&#243; los ojos y la mir&#243; fijamente. Ten&#237;a los ojos azules de su padre.

&#161;Bu-jo!-balbuce&#243;, cubierto de baba-. Bu-jo.

&#191;Qu&#233; dice? -pregunt&#243; Ginette.

Marcel se incorpor&#243;, alelado. J&#250;nior repiti&#243;. Ten&#237;a las cuerdas vocales tan tensas que parec&#237;a que se iban a romper, y eso le provocaba l&#237;neas rojas en el cuello. Un tri&#225;ngulo de venas violeta se hab&#237;a encendido en su entrecejo. Pon&#237;a toda su energ&#237;a de beb&#233; para intentar hacerse entender.

Brujo -tradujo Marcel.

&#161;Es lo que yo pensaba! Pero c&#243;mo

Compru&#233;balo. &#161;Ha debido de ver un anuncio publicitario de uno de esos hechiceros de pacotilla!

&#161;Dios m&#237;o!, pens&#243; Ginette. &#161;Soy yo la que voy a volverme loca!



* * *


Myl&#232;ne no pod&#237;a creerlo: los azulejos del cuarto de ba&#241;o se despegaban y se le hab&#237;a quedado en la mano el pomo de la puerta. &#161;Joder!, exclam&#243;, &#161;hace nueve meses que vivo en este piso y ya empieza a escacharrarse!. Eso sin hablar de la estanter&#237;a sobre la cama que se le hab&#237;a ca&#237;do encima, de los plomos que provocaban cortocircuitos, llenando la noche de fuegos artificiales, y del frigor&#237;fico que funcionaba al rev&#233;s y produc&#237;a aire caliente.

Cuando llamaba a alguien para arreglarlo, apenas se hab&#237;a marchado el hombre ya se desbarataba todo de nuevo. Ya no puedo vivir m&#225;s aqu&#237;. Estoy harta de hablar con mis manos o de farfullar un mal ingl&#233;s, de pasarme las noches viendo karaokes estridentes en la televisi&#243;n, de ver gente escupir, eructar, tirarse pedos en la calle, de pisar comida tirada en el suelo. De acuerdo, se pasan el tiempo riendo y desbordan energ&#237;a, de acuerdo, s&#243;lo con agacharte ya recoges beneficios, pero estoy cansada. Tengo ganas de las orillas del Loira, de un marido que vuelva por la noche, de unos ni&#241;os a los que ayudar&#237;a a hacer los deberes y de la jeta del presentador del telediario franc&#233;s en mi televisi&#243;n. &#161;No ser&#225; aqu&#237; donde encuentre eso! &#161;El Loira no se da una vuelta por Shanghai, que yo sepa! Una casita en Blois con un marido que trabaje en Gas de Francia, unos ni&#241;os a los que pasear&#237;a por los jardines del Obispado, para quienes cocinar&#237;a pasteles y recitar&#237;a la historia de los Plantagen&#234;ts. Hab&#237;a colgado un plano de la ciudad en la pared de la cocina y hac&#237;a vaticinios frente a &#233;l, estudi&#225;ndolo con detalle. Sus crisis de Blois eran cada vez m&#225;s frecuentes. So&#241;aba con los tejados de arcilla, riberas arenosas, viejos puentes de piedra, formularios de la Seguridad Social que rellenar, y baguettes tiernas no demasiado cocidas reci&#233;n sacadas del horno de la panadera. Pero sobre todo, sobre todo, quer&#237;a hijos. Durante mucho tiempo hab&#237;a optado por ignorar sus inclinaciones maternales, dejando para m&#225;s tarde una tarea que sellar&#237;a el final de su carrera, pero ya no pod&#237;a enga&#241;arse, su vientre reclamaba habitantes.

Adem&#225;s, como hecho adrede, Shanghai rebosaba de ni&#241;os. Saltando, jugando y bailando por las tardes en la calle. Cuando paseaba por las callejuelas del centro, casi pod&#237;a pasar la mano sobre los redondos cr&#225;neos de beb&#233;s magn&#237;ficos que le sonre&#237;an, record&#225;ndole que el reloj biol&#243;gico avanzaba inexorablemente. &#161;Pronto treinta y cinco a&#241;os, mi vieja amiga! Si no quieres parir una pasa de Corinto, vas a tener que encontrar un semental. No quer&#237;a un novio de ojos rasgados. Desconoc&#237;a el modo de empleo de los chinos. No comprend&#237;a por qu&#233; se re&#237;an, callaban, parec&#237;an enfadados o hac&#237;an muecas. Un aut&#233;ntico misterio. El otro d&#237;a le hab&#237;a dicho a Elvis, el secretario de Wei, al que todos llamaban as&#237; por sus patillas, que ten&#237;a aspecto cansado, &#191;hab&#237;a dormido bien? &#191;Ten&#237;a la gripe? El otro hab&#237;a soltado una carcajada que parec&#237;a que nadie podr&#237;a parar. Ya no se le ve&#237;an los ojos, hipaba, lloraba, se retorc&#237;a. Su soledad le hab&#237;a parecido entonces definitiva y tr&#225;gica.

Fue justo despu&#233;s de las fiestas cuando la nostalgia de su pa&#237;s natal y de una vida hogare&#241;a la hab&#237;a invadido. Sospechaba que el abeto de pl&#225;stico que hab&#237;a comprado por Internet le hab&#237;a sobresaltado las hormonas. Hasta Navidad, trotaba ligera, calculando sus beneficios, inventando nuevas f&#243;rmulas, nuevos artilugios. Hab&#237;a lanzado el tel&#233;fono m&#243;vil polvera: &#161;un &#233;xito! El dinero se amontonaba en el banco, Wei aceptaba cualquier idea nueva, los contratos se suced&#237;an, las cadenas de fabricaci&#243;n se pon&#237;an en marcha y lanzaban un producto nuevo que invad&#237;a los campos y transformaba a todas las chinas en preciosas Barbies Rasgadas. Todo iba muy deprisa.

Demasiado deprisa Apenas ten&#237;a tiempo de respirar y ya estaba todo empaquetado, listo para vender y con los m&#225;rgenes de beneficio calculados. Ten&#237;a que inventar a todas horas. Que las calculadoras humeasen. Ella necesitaba la lentitud, el reposo, la espera, la dulzura, la tranquilidad de Anjou, del sufl&#233; que se hincha en el horno.

Intentaba explicar su estado de &#225;nimo a la directora comercial de Wei y la chica larga como una liana, de pelo negro, la miraba con un inter&#233;s mezclado de inquietud. &#191;Por qu&#233; piensas en todo eso?, le dec&#237;a. Yo no pienso, no leo nunca el peri&#243;dico y cuando salgo con mis amigos, no hablamos nunca de pol&#237;tica. Creo que nunca hemos pronunciado el nombre de Hu Jintao cuando estamos juntos. Era el presidente de la rep&#250;blica. Myl&#232;ne la contemplaba con los ojos abiertos como platos. Nosotros, en Francia, s&#243;lo hacemos eso: &#161;hablar de pol&#237;tica!. La larga liana de pelo negro se encog&#237;a de hombros y dec&#237;a: Durante los acontecimientos de Tiananmen, en 1989, sal&#237; a la calle, estaba apasionada por todo lo que pasaba y despu&#233;s lleg&#243; la tragedia, la represi&#243;n Hoy me digo que todo va demasiado deprisa en China. Me siento excitada y, al mismo tiempo, asustada: &#191;nuestro pa&#237;s dar&#225; a luz a un monstruo? &#191;Acaso nuestros hijos se convertir&#225;n en monstruos?. Permanec&#237;a pensativa un momento y volv&#237;a a sumergirse en sus informes.

Myl&#232;ne ten&#237;a escalofr&#237;os. Y ella, &#191;acaso estaba convirti&#233;ndose en un monstruo? Ya ni siquiera ten&#237;a tiempo para gastarse el dinero. Encaramada a sus zapatos de tac&#243;n alto, enfundada en sus trajes sastre de mujer de negocios, trabajaba de sol a sol. &#191;Para qu&#233; sirve tanto dinero? &#191;Y con qui&#233;n gastarlo? &#191;Con mi reflejo en el espejo? Se sent&#237;a saciada, ah&#237;ta, y esperaba, con angustia, el momento en el que llegara el asco.

No estaba acostumbrada a la abundancia. Desde su ni&#241;ez en Lons-le-Saunier, hab&#237;a retenido el ritmo lento de las estaciones, la nieve que se funde y gotea en los canalones, el p&#225;jaro sorprendido que lanza su primer canto de primavera, la flor que se abre, la cerda revolvi&#233;ndose en el barro, la mariposa que emerge, pegajosa, de su cris&#225;lida, la casta&#241;a que estalla en la sart&#233;n agujereada. Una vocecita gritaba dentro de ella: demasiado r&#225;pido, demasiado vac&#237;o, demasiado cualquier cosa. Y deb&#237;a confes&#225;rselo: le pesaba la soledad.

Era demasiado mayor para interesar a los j&#243;venes millonarios chinos y los extranjeros que conoc&#237;a todos llevaban alianza. Tuvo fe en Louis Montbazier, fabricante de material el&#233;ctrico. Hab&#237;a salido tres veces seguidas con &#233;l, tres noches intercambiando risas, apretoncitos de manos, ya se ve&#237;a organizando la mudanza a Blois, pagando juntos el impuesto televisivo, pero, la cuarta noche, le hab&#237;a puesto delante de sus narices un cuaderno desplegable con fotos de su mujer y sus hijos. Vale, lo he entendido, se dijo. Se hab&#237;a negado a darle un beso cuando la acompa&#241;&#243; a su casa.

La alarma salt&#243; de verdad el d&#237;a en el que el se&#241;or Wei se neg&#243; a que se desplazara a Kilifi. Ella ten&#237;a ganas de volver sobre sus pasos y los de la joven Myl&#232;ne huida de Courbevoie, de aspirar el aire perezoso de &#193;frica, de pisar la arena blanca de las playas, de volver a ver los ojos amarillos de los cocodrilos.

Ni hablar -hab&#237;a chillado &#233;l-. Usted se queda aqu&#237; y usted trabaja.

Pero si es s&#243;lo para cambiar de aires

No bueno -hab&#237;a respondido &#233;l-. Nada bueno. Usted no mover. Usted inestable. Usted peligrosa para usted. Yo vigilar por su bien. Yo tener su pasaporte en mi caja fuerte.

Y hab&#237;a tosido con fuerza para dejar claro que la discusi&#243;n estaba cerrada. &#201;sa era su forma de cerrarle la puerta en las narices. Estaba prisionera de ese viejo &#225;vido chino, que contaba su dinero con su &#225;baco y se rascaba los huevos con las piernas separadas.

What a pity! -hab&#237;a respondido ella.

&#161; Wapiti! &#161;Wapiti!, hab&#237;an entonado dos chiquillas adorables blandiendo una cacerola de wapiti chamuscado. Hortense y Zo&#233; hab&#237;an saltado como dos diablillos al abrir una caja sorpresa. &#161;C&#243;mo las echaba de menos! A veces, hablaba con ellas al dormirse. Jugaba a las mam&#225;s. Cos&#237;a un dobladillo, planchaba un pantal&#243;n, peinaba un rizo sobre la frente. Han debido de cambiar. Ya no las reconocer&#237;a. Me mirar&#237;an de lejos como quien desde&#241;a a un extra&#241;o. Me he convertido en una emigrada, en una desarraigada

En un peri&#243;dico franc&#233;s de varias semanas atr&#225;s, hab&#237;a le&#237;do un reportaje sobre los levantamientos en la campi&#241;a china. El ej&#233;rcito hab&#237;a contenido las protestas, pero &#233;stas volver&#237;an a surgir. Los agricultores se negaban a que les confiscaran las tierras para construir f&#225;bricas. Arrancar&#237;an los hermosos carteles de flores de lys que cubr&#237;an los muros de adobe. Aquello ser&#237;a el principio del fin.

A la ma&#241;ana siguiente, al levantarse, Myl&#232;ne Corbier decidi&#243; pasar a la fase siguiente de su existencia: el regreso a Francia.

Para ello, iba a necesitar a Marcel Grobz.



*  * *


Henriette estaba exultante: acababa de cruzarse en el parque Monceau con la criada y Josiane. &#161;Y en qu&#233; estado, Josiane! Un espectro. S&#243;lo le faltaban telara&#241;as en los huesos. Avanzaba, encorvada, apoyada sobre gruesas sandalias. Se inclinaba a la derecha, se inclinaba a la izquierda, flotaba en una gabardina azul marino, y su pelo ca&#237;a en mechones l&#225;nguidos y tristes. La criada la vigilaba constantemente y la guiaba. Se paraban a descansar en cada uno de los bancos del parque.

&#161;Funcionaba! Los sortilegios de Ch&#233;rubine eran una maravilla. &#161;Y pensar que hab&#237;a ignorado tanto tiempo esos poderes m&#225;gicos! &#161;La cantidad de complots que hubiese podido urdir! &#161;De cu&#225;ntos enemigos hubiese podido desembarazarme! &#161;Y qu&#233; fortuna hubiese amasado! Sent&#237;a v&#233;rtigo. Si lo hubiese sabido, si lo hubiese sabido, se dijo quit&#225;ndose su gran sombrero. Se dio golpecitos con la mano en el pelo para borrar el pliegue que el peso de su horrible tocado hab&#237;a impreso en &#233;l y se dedic&#243;, en el espejo, una sonrisa radiante. Acababa de descubrir una nueva dimensi&#243;n: el poder absoluto. Desde ahora, las leyes que reg&#237;an al com&#250;n de los mortales dejar&#237;an de aplicarse a ella. Desde ahora, ir&#237;a derecha al grano, con Ch&#233;rubine en la manga para el trabajo sucio, y recuperar&#237;a el lustre de anta&#241;o. M&#237;a la agenda Herm&#233;s, las pastillas de jab&#243;n Guerlain, los jers&#233;is de cachemir de doce hilos, mi agua de colonia para la ropa a la lavanda, las tarjetas de visita Cassegrain, mis sesiones termales en el hotel Royal y la cuenta en el banco rebosante.

A punto estaba de ponerse a bailar bajo el artesonado del sal&#243;n. Dud&#243;, se recoloc&#243; el bajo de la falda, se lanz&#243; y se puso a girar, y girar, invadida por una alegr&#237;a fren&#233;tica. El mundo le pertenec&#237;a. Iba a reinar como soberana despiadada. Y cuando tenga muchos millones, me comprar&#233; amigos. Estar&#225;n siempre de acuerdo conmigo, me llevar&#225;n al cine, pagar&#225;n mi entrada, pagar&#225;n el taxi, pagar&#225;n el restaurante. Bastar&#225; con que les tiente con algunos favores, una cl&#225;usula en un testamento, un plan de ahorro vivienda, y mi recibidor se llenar&#225; de amigos. Los valses de Strauss revoloteaban en su cabeza, y se puso a canturrear. Fue el sonido de su voz rota lo que rompi&#243; el sue&#241;o. Se detuvo en seco y se conjur&#243;: no debo aturdir me con vanas enso&#241;aciones, debo permanecer tranquila, proseguir mi plan de batalla. Todav&#237;a no hab&#237;a activado la fase pap&#225; Grobz, pero se acercaba la hora en la que descolgar&#237;a el tel&#233;fono y susurrar&#237;a: Hola, Marcel, soy Henriette, &#191;y si habl&#225;semos t&#250; y yo, sin abogados, ni intermediarios?. El ya no estar&#237;a en situaci&#243;n de resist&#237;rsele, y ella obtendr&#237;a lo que quisiera. Ya no necesitar&#237;a desvalijar al ciego al pie de su edificio.

Aunque

De eso no estaba tan segura.

Expoliar cada d&#237;a a ese pobre hombre sin que la pillasen, recolectar algunas monedas calientes con la palma de la mano, daba cierto picante a su vida. Era un placer que nunca habr&#237;a sospechado. Pues, hay que confesarlo, con el paso de los a&#241;os los placeres disminu&#237;an. &#191;Qu&#233; peque&#241;os goces quedaban? Los dulces, los cotilleos y la tele. No le gustaban ni el az&#250;car ni la caja tonta. Los cotilleos le gustaban, pero es una distracci&#243;n que exige compa&#241;&#237;a y ella no ten&#237;a amigas. En cambio, la avidez es una actividad solitaria. Exige incluso estar solo, concentrado, adusto, intratable. Esa misma ma&#241;ana, se hab&#237;a despertado murmurando: &#161;Menos diez euros!. Hab&#237;a dado un salto en la cama. No s&#243;lo tendr&#237;a que pasar el d&#237;a sin gastar nada, sino que deber&#237;a, adem&#225;s, conseguir algunas monedas por aqu&#237; y por all&#225; para respetar el compromiso. &#191;C&#243;mo iba a hacerlo? No ten&#237;a la menor idea. El ingenio aparecer&#237;a con el hurto. Empezaba a adquirir habilidad. El otro d&#237;a, por ejemplo, se hab&#237;a dicho, al amanecer -era el momento en el que se lanzaba desaf&#237;os-: &#161;Hoy, una botella de champ&#225;n gratis!. Su cuerpo se hab&#237;a tensado inmediatamente, invadido por un placer doloroso. Hab&#237;a estudiado la situaci&#243;n y puso a punto un astuto plan.

Vestida modestamente, sin sombrero ni signo exterior de riqueza, la expresi&#243;n humilde, y un viejo par de alpargatas planas en los pies, hab&#237;a entrado en una tienda Nicol&#225;s Feuillatte, hab&#237;a juntado las manos y preguntado, con ojos lagrimosos: &#191;No tendr&#225; usted una botellita de champ&#225;n, barata, para dos viejecitos que festejan sus cincuenta a&#241;os de matrimonio? Con nuestra pensi&#243;n, vamos un poco justos, &#191;sabe?. Se hab&#237;a mantenido digna, con un falso aire de chiquilla pillada cometiendo un acto de mendicidad. El vendedor hab&#237;a sacudido la cabeza, inc&#243;modo.

Es que no tenemos muestras, querida se&#241;ora Tenemos botellas de cuarto, a cinco euros, pero las vendemos

Ella hab&#237;a bajado los ojos hasta la punta de las alpargatas, la cadera encastrada en el mostrador de madera, y hab&#237;a esperado a que cediera. Pero no ced&#237;a. Se hab&#237;a vuelto hacia un cliente que ped&#237;a una caja de reputadas a&#241;adas. Henriette, entonces, hab&#237;a adoptado su aire, un aspecto sufrido y cansado. Gozaba interpretando ese papel. Lo enriquec&#237;a con nuevos suspiros, con nuevas expresiones. Inclinaba la cabeza, bajaba los hombros, gem&#237;a d&#233;bilmente. Ese d&#237;a, en Nicol&#225;s Feuillatte, el vendedor no ced&#237;a. Se dispon&#237;a a marcharse, cuando una dama extremadamente bien vestida se le hab&#237;a acercado.

Se&#241;ora, perd&#243;neme, pero no he podido evitar o&#237;r su conversaci&#243;n con el vendedor. Ser&#237;a un honor y un placer para m&#237; ofrecerle una botella de este maravilloso champ&#225;n para que lo beba con su marido.

Henriette se hab&#237;a deshecho en agradecimientos, l&#225;grimas de gratitud surg&#237;an en el rabillo de sus ojos. Hab&#237;a aprendido a llorar sin arruinarse el maquillaje. Y se hab&#237;a ido, con la botella bien encajada debajo del brazo. No sab&#237;an lo que se perd&#237;an los que gastan sin contar. La vida se convert&#237;a en palpitante. Cada d&#237;a tra&#237;a su lote de azares, aventuras, miedos deliciosos. Cada d&#237;a, triunfaba. Ni siquiera estaba ya segura de querer recuperar a Marcel. Su dinero s&#237;, pero, una vez solo y arruinado, lo meter&#237;a en un asilo de ancianos. No lo dejar&#237;a en casa.

No echaba de menos a sus hijas. A sus nietos, tampoco. La &#250;nica que le faltaba, quiz&#225;s, era Hortense. Se reconoc&#237;a en esa chiquilla que caminaba hacia delante sin sentimientos. Era la &#250;nica.

Se mor&#237;a de ganas de llamar a Ch&#233;rubine. No para felicitarla ni agradecerle, la muy tonta se podr&#237;a creer que era un halago y engordar&#237;a de autocomplacencia, sino para asegurarse su fidelidad. Esa mujer podr&#237;a convertirse en una preciosa aliada. Marc&#243; su n&#250;mero y reconoci&#243; la voz lenta y cansina de Ch&#233;rubine.

Ch&#233;rubine, soy la se&#241;ora Grobz, Henriette Grobz. &#191;C&#243;mo est&#225;, querida Ch&#233;rubine?

Henriette no esper&#243; a que Ch&#233;rubine respondiese y prosigui&#243;:

No adivinar&#237;a hasta qu&#233; punto estoy satisfecha. Acabo de cruzarme con mi rival en la calle, ya sabe, esa mujer inmunda que me rob&#243; a mi marido

&#191;Se&#241;ora Grobz?

Henriette, sorprendida de no haber sido identificada inmediatamente, se present&#243; de nuevo y continu&#243;:

&#161;Se encuentra en un estado lamentable! &#161;Lamentable! &#161;Tanto, que he estado a punto de no reconocerla! En su opini&#243;n, &#191;cu&#225;l es el pr&#243;ximo estadio de su decrepitud? &#191;Va ella a poner fin a?

Me parece que ella me debe dinero

Pero, Ch&#233;rubine, &#161;ya le pagu&#233; mi deuda! -protest&#243; Henriette.

Hab&#237;a llevado, ella misma, la suma reclamada. En billetes peque&#241;os. Hab&#237;a sufrido un martirio en el metro, aplastada entre cuerpos sudorosos e informes, el bolso y el sombrero agarrados del brazo.

Ella me debe dinero Si quiere que contin&#250;e, deber&#225; pagarme. Me parece que ella est&#225; contenta con mis oficios

Pero, en fin, yo cre&#237; que era, que est&#225;bamos Que yo la hab&#237;a

Seiscientos euros Antes del s&#225;bado.

Un ruido seco son&#243; en el o&#237;do de Henriette.

Ch&#233;rubine hab&#237;a colgado.



* * *


Por la ma&#241;ana, cuando Zo&#233; se iba a clase, Jos&#233;phine penetraba en el cubil de su hija y se sentaba sobre la cama. En una esquina, para no dejar marca. No le gustaba entrar as&#237; en los dominios de Zo&#233;, como una intrusa. Nunca se le hubiese ocurrido abrir una carta, descifrar una nota escrita en un cuaderno, habr&#237;a tenido la impresi&#243;n de robarle. Simplemente quer&#237;a acercarse un poco a su intimidad.

Estudiaba el desorden, se fijaba en una camiseta tirada, una falda manchada, calcetines desparejados, pero no los tocaba. Prohibido limpiar. Solo Iphig&#233;nie estaba autorizada a entrar en la habitaci&#243;n de Zo&#233;.

Aspiraba el olor de su crema Nivea, el aroma a madera de su agua de colonia, la tibia transpiraci&#243;n que se escapaba de las s&#225;banas, le&#237;a, en las paredes, las p&#225;ginas de peri&#243;dico que Zo&#233; cortaba y colgaba. Titulares de sucesos: Tras cometer un doble parricidio, hereda de sus v&#237;ctimas, El profesor se apu&#241;ala en medio de una clase, fotocopias de correos de lectores subrayados con rotulador fluorescente: Me preocupa el futuro del mundo, Voy a repetir tercero, Demasiado joven para darse un morreo.

Y, solemne, en una esquina de la habitaci&#243;n, erguido en sus pantalones cortos color beige, el pie apoyado sobre el animal abatido, Papatabla sonre&#237;a. Jos&#233;phine sinti&#243; ganas de tirarlo. Le apostrofaba: &#161;un poco de coraje! &#161;Sal de la sombra y ven a enfrentarte a m&#237;, en vez de estropearme la vida de lejos! Es f&#225;cil inflamar la imaginaci&#243;n de una adolescente envi&#225;ndole mensajes misteriosos. Y despu&#233;s se imaginaba un cad&#225;ver destrozado y sent&#237;a verg&#252;enza.

Ya no ten&#237;a noticias suyas.

Ma&#241;ana entrar&#237;a la primavera. El primer d&#237;a de primavera. Quiz&#225;s ha encontrado alojamiento Y se est&#225; instalando.

Reflexionaba, todav&#237;a sentada sobre la cama. Estaba triste, vac&#237;a, como cada vez que se sent&#237;a impotente. Impotente para derribar el muro construido por Zo&#233;, que no dejaba ninguna grieta por la que pasar. Zo&#233; volv&#237;a del colegio y se encerraba en su habitaci&#243;n, Zo&#233; se levantaba de la mesa y se marchaba al trastero para escuchar la bater&#237;a de Paul Merson. Zo&#233; soltaba un: Buenas noches, mam&#225; y volv&#237;a a su habitaci&#243;n. Hab&#237;a crecido de golpe, bajo su jersey brotaban unos peque&#241;os senos, sus nalgas se redondeaban. Se pon&#237;a brillo en los labios, negro en las pesta&#241;as. Pronto cumplir&#237;a catorce a&#241;os, pronto ser&#237;a tan guapa como Hortense.

Jos&#233;phine se esforzaba en conservar la esperanza. Se puede perder todo, los dos brazos, las dos piernas, los dos ojos, las dos orejas, si se conserva la esperanza, una est&#225; salvada. Cada ma&#241;ana se despertaba y se dec&#237;a: hoy va a hablarme. La esperanza es m&#225;s fuerte que todo. Impide a la gente matarse cuando llegan a la tierra y ven que les ha tocado un suburbio o un desierto. La esperanza les da fuerzas para pensar: caer&#225; la lluvia, crecer&#225; un bananero, me tocar&#225; la loter&#237;a, un hombre magn&#237;fico me dir&#225; que me ama con locura. Es algo que no cuesta caro y que puede cambiar la vida. Se puede esperar hasta el final. Hay gente que, dos minutos antes de morir, sigue haciendo proyectos.

Cuando sent&#237;a que le abandonaba la esperanza, que hab&#237;a trabajado sin poder descifrar una sola palabra, apagaba su ordenador y se refugiaba en la porter&#237;a de Iphig&#233;nie para ver al se&#241;or Sandoz. Los muebles de Ikea hab&#237;an sido entregados, s&#243;lo hab&#237;a que esperar a que la pintura se secara y colocar el parqu&#233;. El se&#241;or Sandoz era pintor. Le hab&#237;a enviado la oficina de empleo de Nanterre. Jos&#233;phine le hab&#237;a explicado la obra, &#233;l hab&#237;a respondido: No hay problema, puedo hacerlo todo: &#161;pintura, electricidad, fontaner&#237;a y carpinter&#237;a!.

A veces ella le echaba una mano. Clara y L&#233;o se un&#237;an a ellos al salir del colegio. El se&#241;or Sandoz les prestaba un pincel y sonre&#237;a tristemente, repitiendo: El pasado, el presente, el futuro, el presente y el pasado, el futuro y el presente, el futuro y el pasado. Sacud&#237;a la cabeza como si las palabras le enviasen al fondo de una charca. Llegaba cada ma&#241;ana a la porter&#237;a vestido con traje y corbata, se enfundaba su mono de pintor y, a la hora de la comida, volv&#237;a a ponerse el traje, la corbata, se limpiaba las manos y se iba a un bar. Daba mucha importancia a su dignidad. Hab&#237;a estado a punto de perderla, unos a&#241;os antes, la hab&#237;a encontrado in extremis y cuidaba escrupulosamente de no perderla. No explicaba c&#243;mo hab&#237;a estado a punto de perderla. Jos&#233;phine no hac&#237;a preguntas. Sent&#237;a el dolor, la infelicidad dispuestos a saltar. No quer&#237;a remover el agua de la charca para satisfacer su curiosidad.

Ten&#237;a unos hermosos ojos azules, muy tristes, pero muy azules. Era preciso, trabajador y estaba sujeto a crisis de melancol&#237;a. Dejaba su pincel y esperaba, mudo, a que la melancol&#237;a se alejase. Parec&#237;a entonces un Buster Keaton perdido en la marea de novias. Ten&#237;an largas conversaciones que a menudo part&#237;an de un detalle.

&#191;Qu&#233; edad tiene usted, se&#241;or Sandoz?

La edad en la que nadie quiere ya nada de uno.

Sea m&#225;s preciso.

Cincuenta y nueve a&#241;os y medio &#161;Para tirar al vertedero!

&#191;Por qu&#233; dice eso?

Porque, hasta ahora, no hab&#237;a comprendido que se puede ser viejo y tener veinte a&#241;os.

&#161;Eso es formidable!

&#161;No, nada de eso! Cuando conozco a una mujer que me gusta, tengo veinte a&#241;os, silbo, me roc&#237;o con agua de colonia, me pongo un pa&#241;uelo alrededor del cuello y cuando quiero besarla, y me rechaza, &#161;tengo sesenta a&#241;os! Me miro en el espejo, veo las arrugas, los pelos dentro de la nariz, el pelo blanco, los dientes amarillentos, saco la lengua, est&#225; blanca, huelo mal, veinte a&#241;os y sesenta no encajan.

Y se siente usted con el alma de un viejo

Me siento con el alma de un marginado. Tengo un hijo de veinticinco a&#241;os y yo quiero tener veinticinco a&#241;os. Me enamoro de sus novias, corro en pantal&#243;n corto, me atiborro de vitaminas, hago pesas. Doy pena. Pero no veo la soluci&#243;n porque, hoy en d&#237;a, ser joven no es s&#243;lo un momento de la vida, es una condici&#243;n para sobrevivir. &#161;Y eso no era as&#237; antes!

Se equivoca -afirmaba Jos&#233;phine-. En el siglo XII, a los viejos se les echaba a la calle.

El dejaba de pintar, esperando una explicaci&#243;n. Jos&#233;phine se lanzaba:

Conozco una f&#225;bula en verso que cuenta la historia de un hijo que echa a su padre: acaba de casarse y quiere vivir solo con su joven esposa. Se llama La Housse partie o, para entendernos, la manta compartida. Es el hijo que habla al viejo padre que le suplica que no le eche a la calle:

Ir&#225; usted a la ciudad

Todav&#237;a hay diez mil

Que encuentran su sustento

Ya ser&#237;a mala suerte

Que no encuentre usted alimento

&#161;Cada cual que se busque su suerte!

Ya ve, &#161;tampoco era el para&#237;so ser viejo en aquella &#233;poca! Viv&#237;an en bandas, rechazados por todos, obligados a mendigar o a robar.

Pero &#191;c&#243;mo sabe usted eso?

Estudio la Edad Media. Me gusta encontrar similitudes entre el pasado y el presente. &#161;Y hay muchas m&#225;s de las que se piensa! La violencia de los j&#243;venes, su desesperaci&#243;n ante un futuro incierto, las noches de borrachera, las bandas que violan chicas, el piercing, los tatuajes, las f&#225;bulas tratan todos esos temas.

Entonces, ha existido siempre la misma infelicidad

 y el mismo miedo. El miedo ante un mundo que cambia y que no se reconoce. El mundo nunca ha sufrido tantos cambios como durante la Edad Media. Caos y renovaci&#243;n. Siempre hay que pasar por ah&#237;.

&#201;l cog&#237;a un cigarrillo, lo encend&#237;a y se manchaba la nariz con pintura rosa. Sonre&#237;a, con la expresi&#243;n de alguien al que pillan en falta.

&#191;Y c&#243;mo se sabe que ten&#237;an miedo?

Por los textos y la arqueolog&#237;a, los objetos que se encuentran en los yacimientos. Estaban obsesionados con su seguridad. Constru&#237;an muros para protegerse del vecino, castillos y torres para desanimar a eventuales asaltantes. Se trataba de dar miedo a cualquier precio. Muchas fosas, fortificaciones y aspilleras no eran m&#225;s que protecciones simb&#243;licas y no se utilizaban nunca. Cerrojos, candados y llaves son objetos que se encuentran muy a menudo en las excavaciones. Todo estaba cerrado con cerrojo: cofres, puertas, ventanas y hasta la puerta del jard&#237;n. Era la mujer la que guardaba las llaves. Era la due&#241;a de la casa.

&#161;El poder estaba ya en manos de las mujeres!

Se aterraban ante los cambios clim&#225;ticos, las inundaciones, el recalentamiento del planeta. Salvo que no se hablaba del planeta

Se hablaba del pueblo en el valle del Ubaye o de la Durance

Exacto. En el a&#241;o mil hubo grandes fluctuaciones de temperatura y un recalentamiento que hizo subir el nivel de los lagos alpinos &#161;dos metros! Numerosos pueblos acabaron bajo el agua. Los habitantes hu&#237;an; el cronista Raoul Glaber, monje de Cluny, escribi&#243; que llovi&#243; tanto durante tres a&#241;os, que no se pudo abrir el surco capaz de recibir la simiente. Sigui&#243; una hambruna; un hambre rabiosa que empuj&#243; a los hombres a devorar carne humana.

Ella hablaba y hablaba. Qu&#233; curioso, hablando con &#233;l elaboro mi tesis, expongo mis argumentos, los pongo a prueba, los desarrollo.

Se acostumbr&#243; a ir a la porter&#237;a con un cuadernillo donde garabateaba la concatenaci&#243;n de ideas. Los pensamientos llegaban mientras manejaba el pincel, el rodillo, el rascador, la escofina, el cepillo, dej&#225;ndose la piel de los dedos mientras pegaba un trozo de parqu&#233;. Mucho m&#225;s que qued&#225;ndose sentada delante de su ordenador. De tanto pensar sentada, acaba una por reblandecerse. El cerebro reposa sobre el cuerpo y el cuerpo da energ&#237;a al cerebro al agitarse. Como cuando corr&#237;a por la ma&#241;ana. Quiz&#225;s por esa misma raz&#243;n da vueltas el desconocido del lago. &#191;Busca acaso palabras para una novela, una canci&#243;n o una tragedia moderna?

El se&#241;or Sandoz acababa siempre diciendo:

Es usted una mujer extra&#241;a. Me pregunto lo que piensan de usted los hombres cuando la conocen.

Ella sent&#237;a ganas de preguntar: &#191;Y usted?, &#191;qu&#233; piensa de m&#237;?, pero no se atrev&#237;a. &#201;l hubiese podido pensar que esperaba un cumplido. O que deseaba que la llevase a comer durante su pausa, que la cogiese de la mano, que le hablase al o&#237;do y la besara. Ella s&#243;lo quer&#237;a besar a un hombre. Un hombre al que ten&#237;a prohibido besar.

Volv&#237;an al trabajo. Lijaban, cardaban, enluc&#237;an, retiraban escombros, enyesados, estucos, enlucidos y barnices.

Iphig&#233;nie ven&#237;a a interrumpirles a menudo:

&#191;Sabe qu&#233; podr&#237;amos hacer, se&#241;ora Cort&#232;s, cuando todo est&#233; acabado? Podr&#237;amos invitar a los vecinos del edificio. Ser&#237;a simp&#225;tico, [[11]: #_ftnref11 En espa&#241;ol en el original (N. del T.).]&#191;no?

S&#237;, Iphig&#233;nie, muy simp&#225;tico

Iphig&#233;nie esperaba sus muebles con impaciencia. Dorm&#237;a entre los vapores de la pintura, las ventanas abiertas al patio. Vigilaba la evoluci&#243;n de la ducha, que el se&#241;or Sandoz estaba transformando en cuarto de ba&#241;o. Hab&#237;a recuperado una vieja ba&#241;era y hab&#237;a conseguido encastrarla. Le pasaba cat&#225;logos para que eligiese los grifos. Ella dudaba entre un grifo con termostato de rodamiento hueco u otro con monomando.

Va a sentirse celosa, la gente del edificio, &#161;van a echarme un serm&#243;n! -se inquietaba.

&#191;Porque ha convertido un cuchitril en un palacete? Al contrario, &#161;deber&#237;an devolverle los gastos! -rug&#237;a el se&#241;or Sandoz.

No soy yo la que lo paga, es ella -susurraba Iphig&#233;nie se&#241;alando a Jos&#233;phine, que arrancaba un z&#243;calo deshecho por el uso.

&#161;Le toc&#243; a usted la loter&#237;a el d&#237;a que se instal&#243; aqu&#237;!

No se puede ser infeliz a todas horas, porque es agotador -dec&#237;a Iphig&#233;nie que volv&#237;a a marcharse haciendo su ruido de trompeta.

Una ma&#241;ana, Iphig&#233;nie llam&#243; a la puerta de Jos&#233;phine para entregarle el correo. Hab&#237;a cartas, impresos y un peque&#241;o paquete.

&#191;Todav&#237;a no han llegado los muebles? -pregunt&#243; Jos&#233;phine echando un vistazo distra&#237;do al correo.

No. Diga, se&#241;ora Cort&#232;s, la semana pr&#243;xima es la reuni&#243;n de copropietarios, no lo habr&#225; olvidado, &#191;verdad?

Jos&#233;phine neg&#243; con la cabeza.

Me contar&#225; lo que dicen, &#191;eh? Sobre la fiesta Ser&#237;a bueno para todo el edificio. Hay gente que vive aqu&#237; desde hace diez a&#241;os y no se habla. Podr&#237;a invitar a su familia, si quiere.

Le dir&#233; a mi hermana que venga. As&#237; ver&#225; mi piso al mismo tiempo.

Y para la fiesta &#191;iremos a comprar todo al Intermarch&#233;?

De acuerdo.

Feliz lectura, se&#241;ora Cort&#232;s, &#161;creo que es un libro! -a&#241;adi&#243; Iphig&#233;nie se&#241;alando el paquete.

Ven&#237;a de Londres. No reconoc&#237;a la letra.

&#191;De Hortense? Se hab&#237;a mudado. Ya no soportaba a su compa&#241;era de piso. Llamaba de vez en cuando. Todo va bien. Estoy haciendo las pr&#225;cticas en Vivienne Westwood, he trabajado tres d&#237;as en el taller y ha sido de lo m&#225;s guay. He seguido los inicios de la pr&#243;xima colecci&#243;n, pero no me dejan hablar de ello. Estoy aprendiendo a curvar armazones, a montar cors&#233;s de gasa fina, sombreros gigantescos, fajas de encaje. Me sangran los dedos. Ya estoy pensando en las pr&#243;ximas pr&#225;cticas. &#191;Puedes preguntar a Lefloc-Pignel si tiene alguna idea o prefieres que lo llame yo?

Jos&#233;phine abri&#243; el paquete con precauci&#243;n. &#191;El patr&#243;n de un vestido dise&#241;ado por Hortense? &#191;Un librito sobre los estragos del az&#250;car en los colegios ingleses, prologado por Shirley? &#191;Fotos de ardillas saltando tomadas por Gary?

Era un libro. Los nueve solteros de Sacha Guitry. Una edici&#243;n rara, encuadernada en piel color cereza. Lo abri&#243; por la guarda. Una caligraf&#237;a alta, escrita con tinta negra, destacaba en la hoja en blanco: "Es posible lograr que la gente que os ama baje los ojos, pero no se puede obligar a bajar los ojos a la gente que os desea". Te quiero y te deseo. Philippe.

Estrech&#243; el libro contra su pecho y recogi&#243; un rayo de felicidad. &#161;La amaba! &#161;La amaba!

Bes&#243; la portada. Cerr&#243; los ojos. Hab&#237;a hecho una promesa a las estrellas Se har&#237;a carmelita y desaparecer&#237;a tras las rejas en un silencio eterno.



* * *


La camarera llevaba zapatillas blancas de tenis, una minifalda negra, una camiseta blanca y un peque&#241;o delantal anudado a la cintura. Revoloteaba por el caf&#233;, su pelo rubio atado a la nuca, dibujando c&#237;rculos en torno a las mesas, se deslizaba contorneando las caderas entre dos clientes y parec&#237;a tener dos pares de orejas para escuchar los pedidos que le llegaban desde las mesas, y cuatro brazos para llevar las bandejas sin volcarlas. Era la hora de la comida y todo el mundo ten&#237;a prisa. En el bolsillo trasero de su minifalda reposaba un cuaderno del que colgaba un boli Bic. Una larga sonrisa erraba en sus labios, como si sirviese a los clientes pensando en otra cosa. &#191;En qu&#233; podr&#237;a estar pensando que la hac&#237;a tan feliz?, se pregunt&#243; el se&#241;or Sandoz consultando el men&#250;. Pedir&#237;a el plato del d&#237;a, salchichas con pur&#233;. No son muy frecuentes las personas que sonr&#237;en en silencio. Como si guardasen un secreto. &#191;Acaso todos los individuos tienen un secreto que les hace felices o infelices? &#191;Acaso me gustar&#237;a conocer el secreto de esa chica? Seguramente s&#237;

&#191;Y usted, qu&#233; va a ser? -pregunt&#243; la chica bajando su mirada gris p&#225;lido hacia &#233;l.

Un plato del d&#237;a. Y agua del grifo.

&#191;Sin vino?

Neg&#243; con la cabeza. Nada de vino. El alcohol le hab&#237;a enviado al fondo de la charca. Le hab&#237;a hecho perder su trabajo de ingeniero, a su mujer y a su hijo. Acababa de recuperar a su hijo. No volver&#237;a a beber una gota m&#225;s de alcohol. Cada ma&#241;ana se levantaba dici&#233;ndose aguantar&#233; hasta la noche, y cada noche se acostaba repiti&#233;ndose un d&#237;a m&#225;s ganado. Hac&#237;a diez a&#241;os que hab&#237;a dejado de beber, pero sab&#237;a que las ganas de alargar el brazo hacia un vaso estaban siempre presentes. Pod&#237;a casi sentirlas como una mano mec&#225;nica.

&#161;Val&#233;rie!-grit&#243; una voz detr&#225;s de la barra-. &#161;Dos caf&#233;s y la cuenta para la seis!

La chica rubia se hab&#237;a ido gritando &#161;una salchicha, una!

As&#237; que se llamaba Val&#233;rie. Val&#233;rie que sonr&#237;e, Val&#233;rie que tiene una palabra amable para todos, Val&#233;rie que no parece tener m&#225;s de veinte a&#241;os. Val&#233;rie que se inclina sobre dos hombres que terminan de comer. Si el uno ten&#237;a buen aspecto y parec&#237;a salido de una p&#225;gina del F&#237;garo &#201;conomie, el otro parec&#237;a una lib&#233;lula enloquecida. Se mov&#237;a, se sobresaltaba, parpadeaba como un ciego. Sosten&#237;a los cubiertos entre sus dedos largos y afilados como hojas de cuchillo y doblaba un torso r&#237;gido y flaco sobre su plato. La piel parec&#237;a haberse posado sobre su cara como una pel&#237;cula transparente, dejando ver las venas y las arterias y, cuando doblaba el codo, uno ten&#237;a miedo de que se rompiera.

Qu&#233; extra&#241;o personaje, pens&#243; el se&#241;or Sandoz. Un aut&#233;ntico cole&#243;ptero. Tiene aspecto sombr&#237;o, casi siniestro. Hablaba en voz baja al hombre elegante y guapo y parec&#237;a descontento. &#191;Acaso tienen esos hombres, ellos tambi&#233;n, un secreto? &#191;Acaso comparten el mismo? Ten&#237;an un aspecto de connivencia y parec&#237;an comprenderse sin necesidad de hablarse.

&#161;Ha olvidado usted mi caf&#233;! -exclam&#243; el hombre elegante a Val&#233;rie, que volv&#237;a con la salchicha con pur&#233; y un caf&#233; colocado en el mismo brazo.

&#161;Un minuto! &#161;Ya voy! -respondi&#243; ella, dejando el plato delante del se&#241;or Sandoz y atrapando en el &#250;ltimo segundo el caf&#233;, que amenazaba con caerse.

El se&#241;or Sandoz sonri&#243;, deslumbrado por su habilidad.

&#161;Se le da a usted bien! -dijo.

A eso se le llama tener experiencia -replic&#243; la chica, volviendo la cabeza hacia el hombre que se impacientaba y reclamaba su caf&#233;.

En todo caso, yo, &#161;estoy con la boca abierta!

&#161;Ay! &#161;Si pudiesen ser todos como usted! &#161;Los hay que son aut&#233;nticos tocapelotas! &#161;Ya lo ver&#225;! -respondi&#243; descubriendo una fila de dientes blancos que re&#237;an.

&#191;Est&#225; usted siempre tan alegre? -sigui&#243; el se&#241;or Sandoz sin dejar de mirarla.

Ella sonri&#243; con una amabilidad casi maternal. Un mech&#243;n de pelo cay&#243; sobre sus ojos claros y sacudi&#243; la cabeza para devolverlo a su lugar.

Voy a contarle un secreto: &#161;estoy enamorada!

&#161;Pero bueno! &#161;Se&#241;orita! &#161;Esto es inadmisible! -grit&#243; el hombre elegante agitando el brazo.

&#161;Vale, vale! &#161;Ya voy!-dijo la camarera incorpor&#225;ndose, el caf&#233; en equilibrio sobre su mano-. Y cuando se est&#225; enamorada, se ve la vida de color de rosa, &#191;verdad?

Eso seguro -respondi&#243; el se&#241;or Sandoz-. Pero para eso hay que ser dos

Iphig&#233;nie no parec&#237;a sensible a las miradas ardientes que le lanzaba. Cuando ten&#237;a ganas de hablarle de &#233;l, de ella, le respond&#237;a clavos y tornillos, cola para madera y pincel. Si sent&#237;a la tentaci&#243;n de poner un &#237;ndice sobre la arruga de la frente de Iphig&#233;nie para alisarla, ella giraba sobre s&#237; misma y se iba a guardar los cubos de basura o a limpiar los cristales. Hac&#237;a t&#237;midos acercamientos que ella no notaba. Extendi&#243; la servilleta de papel sobre su camisa blanca, cort&#243; un trozo de salchicha, se llev&#243; el tenedor a la boca y sigui&#243; con la mirada a Val&#233;rie, que se acercaba a la mesa del hombre elegante y de la lib&#233;lula, caf&#233; en mano.

En ese mismo instante, una mujer empuj&#243; su silla y golpe&#243; a la camarera que, desequilibrada, tropez&#243;. El caf&#233; se volc&#243;, salpicando el impermeable blanco del hombre elegante que dio un salto en su silla.

Lo siento -dijo Val&#233;rie, cogiendo el trapo que llevaba sobre su hombro-, no he visto levantarse a la se&#241;ora y

Intentaba borrar los restos de caf&#233; sobre la manga del impermeable. Frotaba y frotaba con la cabeza agachada.

&#161;Pero si me ha escaldado! -grit&#243; el hombre incorpor&#225;ndose, furioso.

&#161;Bueno, no exagere! Ya le he dicho que lo siento

&#161;Y encima me insulta!

&#161;No le estoy insultando! Le he dicho que lo siento

&#161;Vaya forma de sentirlo!

&#161;No va usted a montar un drama! &#161;Ya le he dicho que no he visto a la se&#241;ora!

&#161;Y yo le digo que me ha insultado usted!

&#161;Pero bueno! &#161;Qu&#233; t&#237;o! &#161;No merece la pena ponerse en ese estado! &#191;Tiene usted otros problemas en la vida? Lleve al tinte el impermeable que no le costar&#225; un c&#233;ntimo, &#161;para eso est&#225;n los seguros!

El hombre elegante balbuceaba de indignaci&#243;n. Intentaba que la lib&#233;lula tomase partido por &#233;l, y la lib&#233;lula miraba a Val&#233;rie, con lo que parec&#237;a un brillo de apetito en su rostro de pergamino. Debe de encontrarla guapa como mujer indignada. Ella se hab&#237;a enfurecido y sus mejillas p&#225;lidas hab&#237;an enrojecido. Es cierto que est&#225; a&#250;n m&#225;s guapa cuando se anima. Con veinte a&#241;os &#191;qu&#233; pod&#237;a saber de la vida? Sab&#237;a defenderse, estaba claro, pero con la impetuosidad de la juventud. Y el hombre elegante parec&#237;a ofuscado.

Se hab&#237;a levantado, hab&#237;a cogido su impermeable bajo el brazo y se dispon&#237;a a abandonar la cafeter&#237;a, dejando a la lib&#233;lula para que se ocupase de la cuenta.

Pero &#161;es usted un cretino! &#161;Ya le he dicho que estamos asegurados! -repiti&#243; Val&#233;rie al verle marchar-. &#161;Ese t&#237;o es un idiota!

El se&#241;or Sandoz crey&#243; entonces que el hombre elegante iba a pegarle. Esboz&#243; el gesto pero se contuvo y sali&#243; escupiendo su c&#243;lera.

La lib&#233;lula se hab&#237;a quedado en la mesa y esperaba a que la camarera le trajera la cuenta. Tendi&#243; la mano hacia ella cuando la pos&#243; sobre el mantel, y la acarici&#243; con sus largos dedos esquel&#233;ticos.

&#161;Pero bueno, viejo Dr&#225;cula perverso! &#161;No vas a empezar t&#250; tambi&#233;n ahora! -exclam&#243; ella fulmin&#225;ndolo con la mirada.

&#201;l baj&#243; la nariz, falsamente arrepentido, y se retir&#243; como una corriente de aire.

&#161;Vaya! &#161;Todos iguales! &#161;Siempre intentando propasarse! Ni siquiera te piden opini&#243;n

El se&#241;or Sandoz la mir&#243;, divertido. Deb&#237;an de ser numerosos los que intentaban propasarse con ella.

La observ&#243; un momento. Llevaba anillos plateados en todos los dedos y eso los convert&#237;a en un pu&#241;o americano. &#191;Para defenderse? &#191;Para rechazar clientes atrevidos? Dos hombres acodados a la barra la segu&#237;an con los ojos y, cuando se dirigi&#243; hacia ellos, la felicitaron. El se&#241;or Sandoz prob&#243; el pur&#233;, estaba casi fr&#237;o, y se apresur&#243; a terminarlo antes de que lo estuviese del todo. Era pur&#233; qu&#237;mico, pur&#233; en copos instant&#225;neo y sab&#237;a, por experiencia, que ese pur&#233; se convert&#237;a pronto en escayola.

Cuando levant&#243; la mano a su vez para pedir un caf&#233; y la cuenta, la sala estaba casi vac&#237;a y la camarera volvi&#243; procurando no volcar nada.

&#191;Ocurren a menudo este tipo de incidentes? -pregunt&#243; buscando en su bolsillo algo de suelto.

No s&#233; qu&#233; le pasa a la gente de Par&#237;s &#161;pero tiene los nervios a flor de piel!

&#191;No es usted de aqu&#237;?

&#161;No! -exclam&#243;, volviendo a sonre&#237;r-. Yo soy de provincias y, en provincias, &#161;le puedo decir que no nos indignamos as&#237;! Vamos m&#225;s despacio.

&#191;Y qu&#233; ha venido a hacer a la tierra de los indignados?

Quiero ser actriz, trabajo para pagarme las clases de teatro A esos dos los tengo ya fichados desde hace mucho tiempo, siempre con prisas, siempre desagradables &#161;y ni un c&#233;ntimo de propina! &#161;Como si fuera su chacha!

La recorri&#243; un escalofr&#237;o y su sonrisa feliz se desvaneci&#243; de nuevo.

&#161;Vamos! No tiene importancia -dijo el se&#241;or Sandoz.

&#161;Tiene usted raz&#243;n! -dijo ella-. Sigue siendo una hermosa ciudad, Par&#237;s, &#161;si nos olvidamos de la gente!

El se&#241;or Sandoz se levant&#243;. Hab&#237;a dejado un billete de cinco euros sobre la mesa.

Ella se lo agradeci&#243; con una gran sonrisa.

Pues usted &#161;Me reconcilia con los hombres! Porque si quiere que le diga un secreto, a m&#237; no me gustan los hombres



* * *


&#191;Y entonces? &#191;Te ha respondido? -pregunt&#243; Dottie. Esa noche iban a la &#243;pera.

Antes de encontrarse con Dottie, hab&#237;a cenado con Alexandre. Mam&#225; ha llamado, quiere venir el viernes, me ha dicho que si puedes llamarla, hab&#237;a dicho su hijo con los ojos puestos en su filete bien hecho, separando las patatas fritas, que guardaba para m&#225;s tarde. Se com&#237;a el filete por obligaci&#243;n, y las patatas por glotoner&#237;a.

Ah -hab&#237;a contestado Philippe, pillado por sorpresa-. &#191;Ten&#237;amos planes para este fin de semana?

No, que yo sepa -hab&#237;a respondido Alexandre masticando la carne.

Porque si t&#250; quieres verla, puede venir. No estamos enfadados, ya lo sabes.

Simplemente no est&#225;is de acuerdo sobre la forma de ver la vida

Eso es. Lo has entendido muy bien.

&#191;Puede traerse a Zo&#233;? Me gustar&#237;a ver a Zo&#233;. La echo de menos

Hab&#237;a pronunciado intensamente el la como si no retuviese la proposici&#243;n de su madre.

Lo pensar&#233; -hab&#237;a dicho Philippe pensando que la vida se estaba volviendo muy complicada.

En clase de franc&#233;s nos han pedido que contemos una historia con un m&#225;ximo de diez palabras &#191;Quieres saber c&#243;mo lo he hecho?

Por supuesto

Sus padres eran carteros, &#233;l acab&#243; matado como un sello.

&#161;Genial!

He sacado la mejor nota. &#191;Sales esta noche? -Voy a la &#243;pera con una amiga. Dottie Doolittle. -Ah Cuando sea mayor &#191;me llevar&#225;s?

Te lo prometo.

Hab&#237;a besado a su hijo, hab&#237;a caminado hasta el apartamento de Dottie, esperando que durante el paseo se impusiera una soluci&#243;n. No ten&#237;a ganas de ver a Iris, pero tampoco quer&#237;a impedirle que viese a su hijo, ni hablarle demasiado pronto de separaci&#243;n o de divorcio. En cuanto est&#233; mejor, sacar&#233; el tema, se hab&#237;a dicho antes de llamar a la puerta de Dottie Doolittle. Siempre lo dejaba para m&#225;s tarde.

Estaba sentado en el borde de la ba&#241;era, con un vaso de whisky en la mano, y mirando c&#243;mo Dottie se maquillaba. Cada vez que levantaba el vaso, el codo golpeaba la cortina de pl&#225;stico de la ducha, donde una exuberante Marilyn se dislocaba enviando besos. Ante &#233;l, vestida con medias y sujetador negros, Dottie se agitaba en un desorden coloreado de polvos, pinceles y coloretes. Cuando fallaba un trazo o una pincelada, juraba como un camionero y repet&#237;a:

&#191;Y bien? &#191;Te ha contestado o no?

No.

&#191;Nada de nada? &#191;Ni siquiera una pesta&#241;a metida en un sobre?

Nada

Pues yo, cuando est&#233; enamorada de un chico, le enviar&#233; una pesta&#241;a por correo. Es una prueba de amor, &#191;sabes?, porque las pesta&#241;as no vuelven a crecer. Nacemos con un capital que no hay que dilapidar

Se hab&#237;a echado el pelo hacia atr&#225;s, lo hab&#237;a aplastado con dos largas pinzas; parec&#237;a una adolescente maquill&#225;ndose a escondidas. Sac&#243; una cajita de barro negro, un pincelito de pelo duro, escupi&#243; y frot&#243; el pincel sobre el barro negro. Philippe hizo una mueca. Ella, con los ojos fijos en el espejo, depositaba sobre sus pesta&#241;as un espeso escupitajo negro. Escup&#237;a, frotaba, apuntaba, colocaba y volv&#237;a a empezar. Una cadencia de cuatro tiempos que describ&#237;an la costumbre, la habilidad, lo que arrastra la feminidad.

Ser&#225; por una frase como &#233;sa que un d&#237;a un chico se enamorar&#225; de ti -dijo &#233;l, para recordarle que, precisamente, &#233;l no era ese chico.

Los chicos guapos enamorados de las palabras ya no existen. Crecen hablando con su game-boy.

Una gota de agua cay&#243; de la alcachofa de la ducha sobre su cuello y se cambi&#243; de sitio.

Tu ducha tiene goteras

No tiene goteras. He debido de cerrar mal el grifo.

La boca completamente abierta, la mirada al cielo, el codo en escuadra, se untaba las cejas cuidando mucho de que la pasta negra no se corriese. Dio un paso atr&#225;s, se examin&#243; en el espejo, hizo una mueca y volvi&#243; al trabajo.

No ha sucumbido al esp&#237;ritu de Sacha Guitry -retom&#243; Philippe, pensativo-. Y sin embargo la frase era bonita

Ya encontrar&#225;s otra cosa. Te ayudar&#233;. &#161;Nada mejor que una mujer para seducir a otra! &#161;Vosotros hab&#233;is perdido la pr&#225;ctica!

Se mordisque&#243; los labios, apreci&#243; su reflejo en el espejo. Introdujo el &#237;ndice en un kleenex para borrar la min&#250;scula arruga que se llenaba de negro. Levant&#243; un p&#225;rpado con un gesto seco de cirujano para introducir en &#233;l un bastoncito de r&#237;mel gris, cerr&#243; el ojo, dej&#243; caer el bastoncito y volvi&#243; a abrir un ojo de Nefertiti deslumbrada. Se volvi&#243; hacia &#233;l con un r&#225;pido movimiento de cadera que buscaba el cumplido.

&#161;Muy bonito! -dijo &#233;l con una sonrisa r&#225;pida.

Es interesante -respondi&#243; ella, repitiendo la operaci&#243;n en el otro ojo-, &#191;no crees? &#161;Nos vamos a poner los dos manos a la obra para seducir a una mujer!

El la miraba fijamente, fascinado por el ballet de manos, bastoncitos y frascos de r&#237;mel, que manejaba como una experta sin derramar el polvo.

T&#250;, Christian, y yo, Cyrano. En aquella &#233;poca, un hombre contrataba a otro para hablar en su lugar.

Es que los hombres ya no saben hablar a las mujeres Yo, en todo caso, fracaso. Creo que nunca supe.

Una nueva gota cay&#243; sobre su mano y decidi&#243; ir a sentarse sobre la tapa del retrete.

&#191;Has terminado el Cyrano? -pregunt&#243; sec&#225;ndose el dorso de la mano con la primera toalla que encontr&#243;.

&#201;l le hab&#237;a regalado una edici&#243;n inglesa de Cyrano de Bergerac.

Me ha encantado So french! [[12]: #_ftnref12 &#161;Es tan franc&#233;s!.]

Blandi&#243; su brocha de r&#237;mel, y la agit&#243; recitando los versos en ingl&#233;s:


Philosopher and scientist, 

Poet, musician, duellist 

He flew high, and fell back again! 

A pretty wit  whose like we lack  

A lover not like other men[[13]: #_ftnref13 Philosophe, physicien, / Rimeur, bretteur, musicien, / Et voyageur a&#233;rien, / Grand risposteur du tac au tac, / Amant aussi -pas pour son bien!- (Fil&#243;sofo, f&#237;sico, poeta, m&#250;sico, espadach&#237;n, viaja por los cielos, gran polemista, amante, pero no por su bien.)]


&#161;Es tan hermoso que cre&#237; que me mor&#237;a! Gracias a ti, palpito. Me duermo con la sonata de Scarlatti, leo obras de teatro. Antes palpitaba so&#241;ando que me regalaban abrigos de vis&#243;n, coches, joyas, hoy espero un libro, &#161;una &#243;pera! &#161;No soy una amante muy cara!

La palabra amante son&#243; como un gallo soltado por una diva mientras cae al foso de la orquesta. La hab&#237;a pronunciado adrede, para ver si &#233;l reaccionaba, si dejar&#237;a pasar aquella palabrota, invisible, consolidando el lugar que ella ocupaba cada d&#237;a en su vida; &#233;l lo escuch&#243; como una primera vuelta de llave que lo encerraba. Ella esper&#243;, suspendida ante la imagen tramposa del espejo, rezando para que dejase pasar la palabra, para poder repetirla m&#225;s tarde, y para que m&#225;s tarde a&#250;n pudiese clavarla mejor. &#201;l se pregunt&#243; c&#243;mo tirarla por la borda sin herirla. No dejar que se incruste, despegarla suavemente, tirarla a la papelera rebosante de cajas de cart&#243;n y de algodones. Se instal&#243; un silencio tembloroso de espera y reticencia. &#201;l reflexion&#243;, y se dijo que no hab&#237;a m&#225;s que una forma de retirar esa palabra convertida en obst&#225;culo.

&#161;Dottie! T&#250; no eres mi amante, eres mi amiga.

Una amiga con la que uno se acuesta es una amante -asegur&#243; ella, reforzada por su entrega de la noche anterior. &#201;l no hab&#237;a hablado, sino que grit&#243; su nombre como si descubriese un nuevo mundo. &#161;Dottie! &#161;Dottie! No era un grito de amigo, era un grito de amante que se somete al yugo del placer. Ella conoc&#237;a ese grito, y pod&#237;a sacar conclusiones de &#233;l. Esa noche, se dijo, en su cama, &#233;l se hab&#237;a rendido.

&#161;Dottie!

S&#237; -murmur&#243; ella, rectificando una ceja que se curvaba al rev&#233;s.

Dottie, &#191;me escuchas?

De acuerdo -suspir&#243; Dottie, que no quer&#237;a escuchar-. &#191;Ad&#243;nde me llevas esta noche?

A ver La Gioconda.

De

Ponchielli.

&#161;Qu&#233; bien! Pronto estar&#233; lista para Wagner. &#161;Unas cuantas salidas m&#225;s y escuchar&#233; la Tetralog&#237;a sin rechistar!

Dottie

Ella baj&#243; los brazos, ante el espejo, y vio a la vencida, de frente, que hac&#237;a una mueca. Ya no ten&#237;a un aspecto tan jovial, y un rastro de r&#237;mel bajaba por su mejilla formando una pista negra.

&#201;l la cogi&#243; de la mano y la atrajo hacia s&#237;.

&#191;Quieres que dejemos de vernos? Lo comprender&#237;a, ya sabes.

Ella se estir&#243; y volvi&#243; la mirada. &#191;Acaso le dar&#237;a igual que no nos vi&#233;semos m&#225;s? Soy superflua. Vamos, t&#237;o, vamos, m&#225;tame, hunde m&#225;s el cuchillo en la herida, todav&#237;a respiro. Odio a los hombres, me odio por necesitarlos, odio los sentimientos, me gustar&#237;a ser una mujer bi&#243;nica que d&#233; patadas cuando quieran besarla y no deje que nadie se le acerque.

Se sorbi&#243; los mocos, la mirada esquiva, el cuerpo como una marioneta.

No quiero hacerte infeliz -dijo &#233;l-. Pero tampoco quiero que creas que

&#161;Basta!-grit&#243; ella tap&#225;ndose las orejas con las manos-. &#161;Sois todos iguales! Ya estoy harta de ser la amiguita. &#161;Quiero que me quieran!

Dottie

&#161;Estoy harta de estar sola! Quiero frases de Sacha Guitry, &#161;yo me arrancar&#237;a las pesta&#241;as una por una y las enviar&#237;a envueltas en papel de seda! &#161;No me har&#237;a la dif&#237;cil!

Lo comprendo muy bien Lo siento.

&#161;D&#233;jalo, Philippe, d&#233;jalo o te voy a matar!

Dicen que un hombre se siente impotente ante las l&#225;grimas de una mujer. Philippe ve&#237;a llorar a Dottie, extra&#241;ado. Ten&#237;amos un contrato, pensaba como el Cort&#232;s hombre de negocios que era, no hago m&#225;s que recordarle los t&#233;rminos.

Su&#233;nate -dijo cogiendo un kleenex.

&#161;Eso! &#161;Para arruinar mi maquillaje de Yves Saint Laurent que cuesta un ojo de la cara!

El hizo una bola con el pa&#241;uelo y lo tir&#243;.

Estallaba la anunciada tormenta, el r&#237;mel chorreaba sobre las mejillas marcadas de negro y beige. &#201;l mir&#243; el reloj. Iban con retraso.

&#161;Sois todos iguales! &#161;Unos cobardes! &#161;Unos cabrones cobardes! &#161;Eso es lo que sois! &#161;No os libr&#225;is ninguno!

Rug&#237;a como si se enfrentase a todos los hombres que hab&#237;an abusado de ella, se hab&#237;an echado encima de ella una noche y se hab&#237;an despedido con un SMS.

&#191;Por qu&#233;, si tienes una idea tan p&#233;sima de los hombres, pareces extra&#241;ada?, pens&#243; Philippe. &#191;Por qu&#233; sigues teniendo esperanzas? Deber&#237;a ser lo contrario: yo que les conozco bien, s&#233; que no se debe esperar nada de ellos. Los uso y los tiro. Ya que no alcanzan el espesor de un kleenex.

Permanecieron silenciosos, cada uno emboscado en sus preguntas, su soledad, su c&#243;lera. Quiero una piel contra la que frotarme, pero una piel que me hable y que me ame, rumiaba Dottie. Me gustar&#237;a que Jos&#233;phine saltara a un tren y viniese conmigo, que me concediese una noche. Philippe, please! Love me!, imploraba Dottie. &#161;Mierda! &#161;Jos&#233;phine, una noche, una sola noche!, ordenaba Philippe.

Los fantasmas a los que se dirig&#237;an no respond&#237;an y se encontraron frente a frente, inc&#243;modos, cada uno, por un amor que no se pod&#237;an intercambiar.

Philippe no sab&#237;a qu&#233; hacer con sus brazos. Los peg&#243; a lo largo de su cuerpo, cogi&#243; su abrigo, su bufanda y sali&#243;. Ir&#237;a a ver La Gioconda sin chica colgada del brazo.

Dottie lanz&#243; una &#250;ltima queja antes de tirarse en la cama, en medio de sus peque&#241;os cojines Won't you be my sweetheart? I'm so lonely que ella lanz&#243; por toda la habitaci&#243;n como una violenta borrasca. Ya no ser&#237;a nunca m&#225;s la querida de un hombre. Hab&#237;a terminado con ellos. Ser&#237;a como Marilyn: I'm through with love.

&#161;Vete! &#161;Mejor para m&#237;! -grit&#243; una &#250;ltima vez volvi&#233;ndose hacia la puerta.

Se levant&#243; titubeando, introdujo el DVD de Con faldas y a lo loco en el lector y se enroll&#243; entre las mantas. Al menos, esa historia acababa bien. En el &#250;ltimo minuto, cuando todo parec&#237;a perdido, cuando Marilyn, envuelta en una fina muselina, lloraba su canci&#243;n sobre el escenario, Tony Curt&#237;s se lanzaba sobre ella, la besaba y se la llevaba.

&#191;En el &#250;ltimo minuto?

Un brillo de esperanza la ilumin&#243;.

Se precipit&#243; hacia la ventana, levant&#243; la persiana, escrut&#243; la calle.

Y se insult&#243;.



* * *


La vida es bella. La vida es bella, canturreaba Zo&#233; al salir de la panader&#237;a. Ten&#237;a ganas de bailar en la calle, de decir a los peatones: &#161;Eh! &#191;Sab&#233;is qu&#233;? &#161;Estoy enamorada! &#161;De verdad! &#191;Que c&#243;mo lo s&#233;? Porque me r&#237;o sola y tengo la impresi&#243;n de que mi coraz&#243;n va a explotar cuando nos besamos.

&#191;Cu&#225;ndo nos besamos?

Justo despu&#233;s de salir de clase, vamos a un bar, nos sentamos en el fondo de la sala, all&#237; donde estamos seguros de que nadie nos va a ver, y nos besamos. Al principio, no sab&#237;a c&#243;mo se hac&#237;a, era la primera vez, pero &#233;l tampoco lo sab&#237;a. Era su primera vez, tambi&#233;n. Yo abr&#237;a mucho la boca y &#233;l dec&#237;a, no est&#225;s en el dentista. As&#237; que lo hicimos como en las pel&#237;culas.

&#161;Eh! &#191;Sab&#233;is qu&#233;? Se llama Ga&#233;tan. Es el nombre m&#225;s bonito del mundo. Primero, tiene dos aes, y a m&#237; me gustan las aes, despu&#233;s hay una G. Me gustan las ges. Y, por encima de todo, cuando hacen Ga.

&#191;C&#243;mo es &#233;l?

M&#225;s alto que yo, rubio, ojos no muy grandes y muy serios. Le gustan el sol y los gatos. Odia las tortugas. No est&#225; muy cachas, pero cuando me estrecha entre sus brazos, es como si tuviese tres millones de m&#250;sculos. Tiene un olor, no a perfume, huele bien, me encanta. Prefiere caminar a coger el metro y su chica se llama ZO&#201; CORT&#200;S.

No sab&#237;a que me producir&#237;a este efecto, &#161;tengo ganas de gritar al mundo entero en la calle! De hecho no, tengo ganas de susurr&#225;rselo a todo el mundo como un secreto que no puedo impedirme contar. Me estoy liando. Bueno, tiene algo de secreto. Un secreto superimportante que no deber&#237;a contar, pero que tengo much&#237;simas ganas de gritar. De todas formas, aparentemente, se desvela &#233;l solito, mi secreto. Lo cuento sin hablar. En mi cabeza empieza a haber un cacao de cuidado. Y adem&#225;s siento una cosa rara, porque tengo la impresi&#243;n de brillar. Es como si fuese m&#225;s grande, m&#225;s alta y adem&#225;s, de golpe, me he vuelto guapa. &#161;Ya no tengo miedo de nadie! Hasta las chicas del Elle me dan igual.

Al salir del colegio, esta tarde, hemos decidido ir al cine. El ha encontrado una excusa para sus padres. Yo no la necesito. A mi madre ya no le hablo en este momento. Me ha decepcionado demasiado. Cuando estoy frente a ella, veo a la que besa a Philippe en la boca, y no me gusta. No me gusta nada.

Pero, al final, no importa porque Soy feliz, feliz.

Ya no soy la misma. Y sin embargo, soy la misma. Parece como si tuviese un gran globo en la garganta, como si tragara mucho aire. Parece como si el coraz&#243;n se echase a volar, latiendo como una cacerola, justo antes de verlo, de tanto miedo que tengo a no ser lo bastante guapa, a que ya no me quiera y tal. Tengo miedo todo el tiempo. Voy a las citas de puntillas, por miedo a que cambie de opini&#243;n.

Cuando nos besamos, tengo ganas de re&#237;r y siento una sonrisa en sus labios. No cierro los ojos, s&#243;lo para ver sus p&#225;rpados cerrados.

Cuando paseamos por la calle, me coge por los hombros y nos apretamos tan fuerte, que nuestros amigos se quejan porque no vamos lo bastante deprisa.

S&#237; porque ahora, gracias a &#233;l, &#161;tengo muchos amigos!

Ayer yo llevaba un jersey sobre los hombros, &#233;l me estrech&#243; en sus brazos y me di cuenta de que el jersey se hab&#237;a ca&#237;do cuando era demasiado tarde Era un jersey de Hortense, &#161;se va a poner furiosa! Me da igual.

Ayer, &#233;l dijo: Zo&#233; Cort&#232;s es mi chica, con mirada muy seria, y despu&#233;s me estrech&#243; con fuerza, y cre&#237; morir y subir al cielo.

Cuando nos besamos caminando, perdemos el equilibrio continuamente, podr&#237;amos componer una canci&#243;n sobre eso. &#201;l se burla de m&#237; porque me pongo roja. Dice: Eres la &#250;nica chica que se sonroja y camina al mismo tiempo.

Ayer sent&#237; ganas de besarle, as&#237;, de golpe, en medio de una frase, como si me hubiese picado una abeja. &#201;l se rio cuando le bes&#233;, y despu&#233;s, como yo pon&#237;a mala cara, me dijo excus&#225;ndose es porque estoy contento y sent&#237; a&#250;n m&#225;s ganas de besarle.

Siempre tengo ganas de que me estreche en sus brazos. No tengo ganas de hacer el amor con &#233;l, s&#243;lo de estar con &#233;l. De hecho, no hemos hecho el amor. No hablamos de eso. Nos abrazamos muy fuerte. Y volamos.

A m&#237; me basta con estar entre sus brazos. Podr&#237;a quedarme as&#237; horas. Cerramos los ojos y despegamos. Nos decimos: Ma&#241;ana nos vamos a Roma, el domingo a N&#225;poles. Tiene debilidad por Italia. Se burla de m&#237; porque le digo que mi &#250;ltimo amor era Marius, de Los miserables. &#201;l prefiere a las actrices, a las rubias. Dice que yo soy casi rubia. Tengo reflejos en el pelo y, bajo cierta luz, se dir&#237;a que soy rubia. Lo mejor, qu&#233; tonter&#237;a, es cuando nos separamos. Tengo la impresi&#243;n de que hay algo que va a salir de mi pecho y de mi vientre, de lo feliz que me siento. Algo va a explotar y sacar mis entra&#241;as a la vista de todos.

En este momento, tengo una sonrisa que se pega ella sola a mis labios, y escucho una m&#250;sica guay en mi cabeza. Y al mismo tiempo tengo como una impresi&#243;n de algo irreal, como si todo no fuese verdad. He formulado un deseo, el deseo de que me quiera todav&#237;a ma&#241;ana por la ma&#241;ana y pasado ma&#241;ana, porque siempre tengo miedo de que esto se acabe.

No le he dicho nada a mi madre. Y me fastidia cuando lo pienso. Me pregunto si a ella, tambi&#233;n, le explotan las entra&#241;as cuando piensa en Philippe. Me pregunto si el amor es igual a todas las edades



* * *


Jos&#233;phine abri&#243; la puerta de la sala donde ten&#237;a lugar la reuni&#243;n de copropietarios, en el mismo momento en el que se votaba para designar qui&#233;n presidir&#237;a la sesi&#243;n. Llegaba tarde. Shirley hab&#237;a llamado cuando iba a salir. Despu&#233;s, hab&#237;a esperado al autob&#250;s maldiciendo, &#161;con todo el dinero que he ganado podr&#237;a coger un taxi! El dinero hay que aprender a gastarlo. Se aprende a ganar y se aprende a gastar. Siempre sent&#237;a mala conciencia cuando lo dilapidaba en peque&#241;as comodidades, dulces y golosinas de la vida. Segu&#237;a concibiendo los gastos para cosas importantes: el piso, el coche, los estudios de Hortense, las tasas, los impuestos. Para lo f&#250;til, sent&#237;a repugnancia en gastar. Miraba tres veces el precio de un abrigo y rechazaba los perfumes a noventa y nueve euros.

Parec&#237;a un aula de examen. Unas cuarenta personas estaban sentadas delante de papeles colocados sobre la mesita de sus asientos. Fue a sentarse al fondo de la sala, al lado de un hombre de rostro redondo, pelo mal peinado y echado sobre su silla como si fuera una tumbona. S&#243;lo le faltaba la crema solar y la sombrilla. Tamborileaba al comp&#225;s con las piernas cruzadas, mir&#225;ndose la punta de los zapatos. Se hab&#237;a debido de perder un acorde, porque se interrumpi&#243; y murmur&#243;: &#161;Mierda!, &#161;mierda!, antes de proseguir el tamborileo.

Buenas tardes -dijo Jos&#233;phine dej&#225;ndose caer sobre la silla vecina-. Soy la se&#241;ora Cort&#232;s, del quinto

Y yo, el se&#241;or Merson, el padre de Paul y marido de la se&#241;ora Merson -respondi&#243; &#233;l, y todas sus arrugas se elevaron en forma de una alegre sonrisa.

Encantada -dijo Jos&#233;phine, ruboriz&#225;ndose.

Ten&#237;a una mirada penetrante que intentaba ver a trav&#233;s de la ropa. Como si quisiese leer la marca de su sujetador.

&#191;Hay un se&#241;or Cort&#232;s? -pregunt&#243; haciendo inclinar el peso de su cuerpo hacia ella.

Jos&#233;phine, turbada, hizo como si no lo hubiese o&#237;do.

Pinarelli hijo levant&#243; la mano a fin de proponerse para presidir la sesi&#243;n.

&#161;Anda! &#161;Ha venido sin su mam&#225;! &#161;Qu&#233; audacia! -solt&#243; el se&#241;or Merson.

Una se&#241;ora de unos cincuenta a&#241;os de rostro severo, sentada delante de &#233;l, se volvi&#243; y le fulmin&#243; con la mirada. Delgada, casi esquel&#233;tica, el pelo como un casco negro, las cejas de carb&#243;n unidas en una maleza espesa, se parec&#237;a a uno de esos espantap&#225;jaros que plantan en el campo para asustar a las aves.

&#161;Un poco de decencia, se lo ruego! -grazn&#243;.

Bromeaba, se&#241;ora de Bassonni&#232;re, bromeaba -respondi&#243; &#233;l con una amplia sonrisa.

Ella se encogi&#243; de hombros y se gir&#243;, haciendo un ruido de hoja de cuchillo rasgando el aire. El se&#241;or Merson hizo una mueca infantil.

Tienen muy poco sentido del humor, &#161;se va a dar usted cuenta enseguida!

&#191;Me he perdido algo importante?

&#161;Me temo que no! Las pu&#241;aladas empezar&#225;n m&#225;s tarde. Por el momento, estamos en los entremeses. Las lanzas est&#225;n guardadas todav&#237;a &#191;Es su primera vez?

S&#237;. Me mud&#233; en septiembre.

Entonces, bienvenida a La matanza de Texas No le va a decepcionar. &#161;Va a correr la sangre!

La mirada de Jos&#233;phine pein&#243; la sala. En primera fila reconoci&#243; a Herv&#233; Lefloc-Pignel, sentado al lado del se&#241;or Van den Brock.

Los dos hombres intercambiaban impresos. Un poco m&#225;s lejos, en la misma fila, el se&#241;or Pinarelli. Se hab&#237;an cuidado de dejar tres sillas vac&#237;as entre ellos.

El administrador, un hombre con traje gris, mirada perdida y sonrisa suave y conciliadora, decret&#243; que el se&#241;or Pinarelli presidir&#237;a la sesi&#243;n. Faltaba elegir un secretario y dos vocales. Se alzaron manos, &#225;vidas de ser elegidas.

&#161;Es su momento de gloria!-susurr&#243; el se&#241;or Merson-. Va usted a comprender la embriaguez del poder.

El orden del d&#237;a se compon&#237;a de veintis&#233;is art&#237;culos y Jos&#233;phine se pregunt&#243; cu&#225;nto tiempo durar&#237;a la asamblea general. Cada punto tratado estaba sometido a votaci&#243;n. El primer tema de discordia fue el abeto de Navidad que Iphig&#233;nie hab&#237;a colocado en el vest&#237;bulo del edificio durante las fiestas.

Ochenta y cinco euros un abeto -chill&#243; el se&#241;or Pinarelli-. Esos gastos deber&#237;an ser sufragados por la portera, teniendo en cuenta que ese abeto se instala, evidentemente, para forzar los aguinaldos. Y sin embargo, no me parece que nos corresponda, en calidad de copropietarios, ni un c&#233;ntimo de ese dinero recolectado. As&#237; pues, propongo que, de ahora en adelante, sea ella la que pague el abeto y las decoraciones de Navidad. Y que reembolse los gastos ocasionados este a&#241;o.

Estoy de acuerdo con el se&#241;or Pinarelli. -La se&#241;orita de Bassonni&#232;re se pavone&#243; elevando su pecho hueco-. Y expreso reservas respecto a esa portera que se nos ha impuesto una vez m&#225;s.

Pero bueno -exclam&#243; Herv&#233; Lefloc-Pignel-, &#161;no son m&#225;s que ochenta y cinco euros a repartir entre cuarenta!

&#161;Resulta f&#225;cil mostrarse generoso con el dinero de otros! -silb&#243; la se&#241;orita de Bassonni&#232;re con voz aguda.

&#161;Ja! &#161;Ja!-coment&#243; en un aparte el se&#241;or Merson-, &#161;la primera estocada! Esta noche est&#225;n en forma. Normalmente tardan m&#225;s en calentarse.

&#191;Qu&#233; insin&#250;a usted con esa frase? -pregunt&#243; Herv&#233; Lefloc-Pignel enfrent&#225;ndose a su adversaria.

&#161;Digo que se gasta m&#225;s f&#225;cilmente el dinero cuando no hay que ganarlo con el sudor de su frente!

Jos&#233;phine pens&#243; que Lefloc-Pignel iba a desmayarse. Tuvo un sobresalto y se puso l&#237;vido.

&#161;Se&#241;ora! &#161;La insto a que retire sus insinuaciones! -exclam&#243;, ahogado en el cuello de su camisa.

&#161;Pero bueno, se&#241;or Yerno! -rio la se&#241;orita de Bassonni&#232;re, bajando el rostro para saborear su &#233;xito.

Jos&#233;phine se inclin&#243; hacia el se&#241;or Merson y pregunt&#243;:

Pero &#191;de qu&#233; est&#225;n hablando?

Ella le reprocha ser el yerno de su suegro, que es el due&#241;o del banco donde ostenta el cargo de director general. Un banco privado de negocios. Pero es la primera vez que es tan expl&#237;cita. Debe de ser en honor a usted. Es una especie de iniciaci&#243;n y una advertencia para evitar roces con ella, si no ir&#225; a remover en su pasado. Tiene un t&#237;o en el Archivo General y posee fichas de todos los habitantes del edificio.

&#161;No continuar&#233; esta reuni&#243;n si la se&#241;orita de Bassonni&#232;re no se disculpa p&#250;blicamente! -rugi&#243; Lefloc-Pignel dirigi&#233;ndose al administrador, cuya mirada inc&#243;moda flotaba sobre la asamblea.

Ni hablar -gru&#241;&#243; la enemiga, erguida y estremeci&#233;ndose.

Es la rutina. Se pinchan, miden las distancias -coment&#243; el se&#241;or Merson-. &#191;Sabe que tiene usted unas piernas preciosas?

Jos&#233;phine enrojeci&#243; y cubri&#243; sus rodillas con el impermeable.

Se&#241;ora, caballero, les pido que entren en raz&#243;n -intervino el administrador, sec&#225;ndose la frente, estremecido por esa primera justa verbal.

&#161;Espero sus disculpas! -insisti&#243; Herv&#233; Lefloc-Pignel.

&#161;No se las dar&#233;!

Se&#241;orita, no me retirar&#233; porque el decimoctavo punto requiere mi presencia, pero sepa que si no fuese usted una mujer &#161;ir&#237;amos a discutir a la calle!

&#161;Oh! &#161;No me da miedo! &#161;Cuando se sabe de d&#243;nde viene ese se&#241;or! Un paleto Ay, &#161;inconvenientes de la copropiedad!

Herv&#233; Lefloc-Pignel temblaba. Las venas de su frente se hinchaban, a punto de estallar. Se balanceaba sobre sus largas piernas, dispuesto a masacrar a la grosera que, encantada, prosegu&#237;a, vomitando su bilis:

Su mujer divaga por los pasillos y su hija se pasea moviendo las caderas. &#161;Bravo!

Lefloc-Pignel dio un paso hacia la mujer. Jos&#233;phine crey&#243; por un instante que iba a pegarle, pero el se&#241;or Van den Brock intervino. Se levant&#243;, le dijo algo al o&#237;do y Lefloc-Pignel termin&#243; sent&#225;ndose, no sin haber lanzado una mirada asesina a la v&#237;bora. De esa escena brotaba una violencia extra&#241;a. Como si fuera la repetici&#243;n de una obra en la que todos los actores saben el final, pero en la que cada uno quiere interpretar su papel sin falta.

Oh, pero &#161;qu&#233; violencia! -exclam&#243; Jos&#233;phine, horrorizada. Nunca hubiese cre&#237;do que

Siempre es as&#237;-suspir&#243; el se&#241;or Merson-. Lefloc-Pignel obliga a la copropiedad a gastos que revientan a la taca&#241;a Bassonni&#232;re. Espera as&#237; mantener su rango y que el edificio brille. Ella suelta la pasta con la artrosis del usurero. Adem&#225;s, ser&#237;a posible que ella pudiese conocer cosas sobre su origen que a &#233;l le gustar&#237;a mejor callar. &#161;Ja, ja! Ya lo ha notado usted: cuando estoy rodeado de esta clase de personas, &#161;hablo en condicional! En otras circunstancias, hablo como un camionero

La mir&#243; apreciativamente con una gran sonrisa d&#225;ndose golpecitos en el pecho.

&#161;Eso no impide que tenga usted unos tobillos y unas mu&#241;ecas muy finos! Fin&#237;simos, muy bonitos, una invitaci&#243;n a la caricia

&#161;Se&#241;or Merson!

Me gustan las mujeres bonitas. Creo incluso que me gustan todas las mujeres. Las venero. Particularmente cuando se entregan. Entonces &#161;La belleza femenina consigue una perfecci&#243;n casi m&#237;stica! Es, a mis ojos, una prueba de que Dios existe. Una mujer gozando siempre es hermosa.

Silb&#243; de excitaci&#243;n, cruz&#243; y volvi&#243; a separar las piernas y lanz&#243; una mirada carn&#237;vora sobre Jos&#233;phine, que no pudo impedirse ahogar una risita.

&#201;l hizo una pausa y prosigui&#243;:

&#191;C&#243;mo cree usted que ser&#225;, cuando goza, la Bassonni&#232;re? &#191;Entregada cerrada o entregada abierta y blanda? &#161;Apostar&#237;a a que entregada cerrada con dos candados! &#161;Y seca como una pasa! Ni carnal ni voluptuosa. &#161;L&#225;stima!

Y como Jos&#233;phine no respond&#237;a, se puso a contarle los d&#237;as de gloria de la familia Bassonni&#232;re, susurrando escondido tras la palma de su mano, lo que daba una impresi&#243;n de intimidad que no pasaba desapercibida.

La se&#241;orita de Bassonni&#232;re proced&#237;a de una familia noble y arruinada que, originalmente, pose&#237;a todo el edificio, adem&#225;s de dos o tres m&#225;s en el barrio. No ten&#237;a m&#225;s que nueve a&#241;os cuando sorprendi&#243;, con la oreja pegada a la puerta del despacho de su padre, los sombr&#237;os gemidos de un hombre abocado a la ruina. Anunciaba a su mujer el lamentable estado de sus finanzas y c&#243;mo habr&#237;a que resignarse a vender, uno por uno, sus bienes inmobiliarios. &#161;Podremos estar contentos si conseguimos conservar uno, de buena calidad, en la parte noble!, hab&#237;a dicho, hundido ante la idea de verse despojado de ese patrimonio, que le permit&#237;a mantener caballos de polo, amantes y apostar al p&#243;quer los mi&#233;rcoles por la tarde. La familia viv&#237;a entonces en el cuarto piso del inmueble A, en la vivienda ocupada por los Lefloc-Pignel.

&#201;se fue el primer golpe que recibi&#243; Sybille de Bassonni&#232;re. Las deudas de su padre fueron creciendo; ten&#237;a dieciocho a&#241;os cuando tuvieron que dejar el edificio A para refugiarse en el sombr&#237;o piso de dos dormitorios en el patio del inmueble B, donde antes se alojaba su vieja sirvienta, M&#233;lanie Biffoit, y su esposo, el chofer del se&#241;or de Bassonni&#232;re. Anta&#241;o hab&#237;a escuchado lanzar puyas a la pobre M&#233;lanie, que se contentaba con tan poco. As&#237; son los pobres, dec&#237;a su madre, les das un mendrugo de pan, y te besan la mano. &#161;Colmarles no es hacerles ning&#250;n bien! Sacia a un pobre, y se convierte en un rabioso.

Sin dinero, la se&#241;orita de Bassonni&#232;re hab&#237;a elegido convertir su miseria en sacerdocio. Se jactaba de no haber cedido nunca al canto de las sirenas del dinero, de la gloria o del poder, olvidando simplemente que no ten&#237;a medios para satisfacer ninguna de esas tres tentaciones. Se hab&#237;a convertido, pues, en una amarga solterona. Como reprochaba a su padre el haberlos arruinado, reproch&#243; a todos los hombres el ser criaturas d&#233;biles, cobardes y manirrotas.

Se hab&#237;a jubilado tras una larga carrera de mecan&#243;grafa en el Ministerio de Marina. En cada reuni&#243;n de copropietarios escup&#237;a su veneno. Era su &#250;nica v&#225;lvula de escape. El resto del a&#241;o ahorraba para pagar los alocados gastos impuestos por los A.

Tras haber provocado a Lefloc-Pignel, pas&#243; al se&#241;or Merson reproch&#225;ndole algo sobre una moto mal aparcada, hizo una alusi&#243;n a su sexualidad desenfrenada, con lo que consigui&#243; que ronroneara de satisfacci&#243;n, y, viendo que sus prop&#243;sitos, m&#225;s que ofenderle, le divert&#237;an, se volvi&#243; contra el se&#241;or Van den Brock y el piano de su mujer.

&#161;Y me gustar&#237;a que cesara ese estr&#233;pito que sale a todas horas de su casa!

No es estr&#233;pito, se&#241;ora, &#161;es Mozart! -replic&#243; el se&#241;or Van den Brock.

&#161;No veo la diferencia, cuando es su mujer la que toca! -silb&#243; la v&#237;bora.

&#161;C&#225;mbiese el sonotone! &#161;Est&#225; saturado!

&#161;Vu&#233;lvase a su pa&#237;s! &#161;Aqu&#237; s&#237; que estamos saturados!

Pero si yo soy franc&#233;s, se&#241;ora, y orgulloso de serlo

&#191;Van den Brock? &#191;Eso es franc&#233;s?

S&#237;, se&#241;ora.

&#161;Un mestizo rubio y ambicioso, que siembra de bastardos el vientre de sus pacientes violadas!

&#161;Se&#241;ora! -grit&#243; el se&#241;or Van den Brock, que se hab&#237;a quedado sin aliento por la enormidad de la acusaci&#243;n.

El administrador, agotado, hab&#237;a tirado la toalla. Dibujaba c&#237;rculos y cuadrados con el bol&#237;grafo sobre la primera p&#225;gina del orden del d&#237;a, y su codo parec&#237;a que ya no podr&#237;a sostener mucho m&#225;s tiempo el peso de su cabeza. Quedaban todav&#237;a trece puntos que tratar y eran las siete de la tarde. En cada reuni&#243;n asist&#237;a a las mismas escenas y se preguntaba c&#243;mo esa gente consegu&#237;a cohabitar el resto del a&#241;o.

Todos hicieron su aportaci&#243;n sobre el racismo, la intolerancia y lo exagerado del comentario, pero la se&#241;orita de Bassonni&#232;re no dio su brazo a torcer, apoyada en sus lanzamientos de bilis por el se&#241;or Pinarelli, que puntuaba todas sus intervenciones con un &#161;muy bien dicho! que la animaba si, por ventura, sent&#237;a la tentaci&#243;n de calmarse.

Los Bassonni&#232;re y los Pinarelli viven en el edificio desde siempre y es como si hubiesen invadido sus dominios. &#161;Somos sus inmigrantes! -explic&#243; el se&#241;or Merson.

Esa mujer es peligrosa -coment&#243; Jos&#233;phine-. &#161;Transpira odio!

Ya le han partido la cara dos veces. La primera un &#225;rabe al que hab&#237;a llamado par&#225;sito social en correos, la otra un polaco al que hab&#237;a acusado de ser nazi. Le hab&#237;a tomado por un alem&#225;n. En lugar de calmarse, esas agresiones refuerzan su amargura; se considera una v&#237;ctima, y clama injusticia y complot mundial. Cambiamos de conserje cada dos a&#241;os por culpa de ella. Las martiriza, las acosa y el administrador cede. Pero Pinarelli tampoco est&#225; mal. &#191;Sab&#237;a usted que no soporta a Iphig&#233;nie, a la que acusa de tener hijos en pecado? &#161;Hijos en pecado!. &#161;Eso es una expresi&#243;n del siglo pasado!

&#161;Pero si tiene marido! El problema es que est&#225; en la c&#225;rcel -se rio Jos&#233;phine.

&#191;Y usted c&#243;mo lo sabe?

Me lo dijo ella

&#191;Se lleva usted bien con ella?

S&#237;. La quiero mucho. Y s&#233; que quiere organizar una fiestecita en la porter&#237;a cuando terminen las obras &#161;Va a ser dif&#237;cil! -suspir&#243; Jos&#233;phine considerando a la asamblea.

El se&#241;or Merson se ech&#243; a re&#237;r, lo que son&#243; como un trueno en la sala. Todo el mundo se volvi&#243; hacia &#233;l.

Han sido los nervios -se disculp&#243; con una gran sonrisa-. Pero, al menos, servir&#225; para calmarnos. Se&#241;orita de Bassonni&#232;re, no es usted digna de pertenecer a nuestra comunidad.

Al escuchar la palabra comunidad, Bassonni&#232;re estuvo a punto de atragantarse balbuceando que, de todas formas, era demasiado tarde, que Francia agonizaba, el mal estaba hecho, el vicio y el extranjero reinaban en el pa&#237;s.

Se oy&#243; un murmullo reprobador en la sala y el administrador, aprovechando la relativa calma, retom&#243; el orden del d&#237;a. A cada propuesta, los B votaban no, los A, s&#237; y en la atm&#243;sfera aumentaba la tensi&#243;n. &#191;Renovaci&#243;n de puertas de las partes comunes situadas en el patio? S&#237;. &#191;Obras de renovaci&#243;n de los cerramientos de zinc? S&#237;. &#191;Obras de saneamiento del local de la basura y creaci&#243;n de recipientes apropiados? S&#237;.

Jos&#233;phine decidi&#243; desconectar y volar hacia un oc&#233;ano azul, con palmeras y una playa de arena blanca. Se imagin&#243; peque&#241;as olas lami&#233;ndole los tobillos, el sol a su espalda, la arena pegada a su vientre, y se relaj&#243;. Escuch&#243;, cada vez m&#225;s lejanos, trozos de frases, de t&#233;rminos b&#225;rbaros, constituci&#243;n de provisiones especiales, modalidades de consulta, cobertura y carpinter&#237;a que turbaban su para&#237;so, pero prosigui&#243; con su enso&#241;aci&#243;n. Hab&#237;a contado a Shirley la frase escrita por Philippe en la guarda del libro.

Y bien, &#191;para cuando consumas, Jo?

&#161;Qu&#233; tonta eres!

M&#233;tete en el Eurostar y ven a verle. Nadie lo sabr&#225;. Te presto mi piso, si quieres. Ni siquiera tendr&#233;is necesidad de salir.

Te lo repito, Shirley, &#161;es imposible! No puedo.

&#191;Por culpa de tu hermana?

Por culpa de una cosa llamada conciencia. &#191;La conoces?

&#191;Es eso del miedo al castigo divino?

Si quieres

&#161;Oh! By the way, tengo algo muy bueno que contarte

&#191;No demasiado crudo? Ya sabes que sigue incomod&#225;ndome.

S&#237;, precisamente Escucha. El otro d&#237;a, en un c&#243;ctel, conozco a un hombre muy majo, muy guapo, encantador. Nos miramos, me gusta, le gusto, nos interrogamos, nos decimos s&#237;, nos escapamos, vamos a cenar, todav&#237;a nos gustamos, nos devoramos con los ojos, nos probamos, nos sopesamos y acabamos en la cama En su casa. Siempre voy a casa del adversario para poder largarme cuando quiera. Es m&#225;s pr&#225;ctico.

Shirley -gimi&#243; Jos&#233;phine, que ve&#237;a venir la confidencia abrupta.

As&#237; que nos tumbamos, nos enlazamos y, mientras empiezo a hacerle un mont&#243;n de cositas que no te detallar&#233; visto tu penoso nivel de voluptuosidad, el hombre empieza a gemir y murmura: Oh! My God! Oh! My God![[14]: #_ftnref14 &#161;Oh, Dios m&#237;o! &#161;Oh, Dios m&#237;o!.] golpeando la cabeza contra la almohada. Entonces, indignada, me interrumpo, me apoyo sobre el codo y rectifico: It's not God! It's Shirley!.[[15]: #_ftnref14 &#161;No soy Dios! &#161;Soy Shirley!.]

Jos&#233;phine hab&#237;a suspirado, desmoralizada:

Me temo que soy bastante torpe en la cama

&#191;Es por eso que evitas la noche de amor con Philippe?

&#161;No! &#161;Nada de eso!

Claro que s&#237;, claro que s&#237;

Es cierto que, a veces, me digo que ha debido de conocer mujeres m&#225;s desvergonzadas que yo

&#161;De ah&#237; tanta virtud! Siempre he pensado que las personas eran virtuosas por pereza o por miedo. Gracias, Jo, acabas de confirm&#225;rmelo

Jos&#233;phine hab&#237;a tenido que explicarle que ten&#237;a que colgar, iba a llegar tarde a la reuni&#243;n.

&#191;Estar&#225; el vecino guapo de ojos ardientes? -hab&#237;a preguntado Shirley.

S&#237;, seguramente

Y volver&#233;is cogidos de la mano y charlando

&#161;Eres una aut&#233;ntica obsesa!

Shirley no lo neg&#243;. Estamos muy poco tiempo en este mundo, Jo, hay que aprovecharlo. Yo, se dec&#237;a Jos&#233;phine escuchando las &#250;ltimas palabras de la reuni&#243;n y viendo levantarse a los primeros asistentes, necesito mirarme en el espejo, por la noche, y decirle, mirando fijamente a la chica del reflejo: Hoy ha estado bien, estoy orgullosa de ti.

&#191;Se va a quedar a dormir aqu&#237;?-pregunt&#243; el se&#241;or Merson-. Porque los dem&#225;s nos vamos

&#161;Perd&#243;neme! Estaba distra&#237;da

Me he dado cuenta, &#161;no ha dicho ni una palabra!

&#161;Ay! -dijo Jos&#233;phine, inc&#243;moda.

No importa. &#161;No eran los presupuestos del Fara&#243;n!

Son&#243; su m&#243;vil, respondi&#243; y Jos&#233;phine le escuch&#243; decir: Dime, guapa.

Ella se gir&#243; y fue hasta la salida.



* * *


Herv&#233; Lefloc-Pignel la alcanz&#243; y le propuso acompa&#241;arla.

&#191;Le importa si volvemos andando? Me gusta Par&#237;s, por la noche. Yo paseo a menudo. Es mi forma particular de hacer ejercicio.

Jos&#233;phine pens&#243; en el hombre que hac&#237;a flexiones, colgado de la rama de un &#225;rbol, la noche de la agresi&#243;n. Ella sinti&#243; un escalofr&#237;o y se separ&#243; de &#233;l.

&#191;Tiene usted fr&#237;o? -pregunt&#243;, con un tono lleno de amabilidad.

Ella sonri&#243; y no dijo nada. El recuerdo de la agresi&#243;n volv&#237;a a menudo a trav&#233;s de peque&#241;os recuerdos dolorosos. Pensaba en ello sin pensarlo. Mientras no le detuvieran, el hombre de las suelas lisas permanecer&#237;a emboscado en su mente como un peligro.

Enfilaron el bulevar &#201;mile-Augier, atravesaron la antigua v&#237;a f&#233;rrea y se dirigieron hacia el parque de la Muette. Hac&#237;a un tiempo primaveral, fresco, cortante y Jos&#233;phine se subi&#243; el cuello del impermeable.

Y bien -pregunt&#243; &#233;l-, &#191;qu&#233; le ha parecido su primera reuni&#243;n?

&#161;Horrible! No pensaba que pudiese ser tan violenta

La se&#241;orita de Bassonni&#232;re se pasa a menudo de la raya -concedi&#243; &#233;l con tono moderado.

Es usted demasiado amable, &#161;insulta francamente a la gente!

Deber&#237;a aprender a controlarme. Cada vez muerdo el anzuelo. Y sin embargo &#161;la conozco! Pero caigo en la trampa

Parec&#237;a furioso contra s&#237; mismo y sacud&#237;a la cabeza como un caballo estrangulado por su arn&#233;s.

El se&#241;or Van den Brock tambi&#233;n ha quedado bien servido -dijo Jos&#233;phine-. &#161;Y el se&#241;or Merson! &#161;Esas alusiones a su sexualidad!

Nadie se le escapa. &#161;Ha golpeado fuerte esta vez! Seguramente para impresionarla a usted.

&#161;Eso es lo que me ha dicho el se&#241;or Merson! Me ha explicado que tiene a todo el mundo fichado

He visto que estaba usted sentada a su lado, parec&#237;an divertirse mucho.

Hab&#237;a pronunciado esas palabras con un tonillo reprobador.

Le encuentro divertido y m&#225;s bien simp&#225;tico -dijo Jos&#233;phine para justificarse.

Empezaba a hacerse tarde y el cielo se cubr&#237;a de sombras malva y oscuras. Los casta&#241;os, &#225;vidos de los primeros calores de primavera, tend&#237;an sus ramas de tierno verde como llamadas a la dulzura. Jos&#233;phine los imaginaba como gigantes con botas desperez&#225;ndose tras el invierno. De las ventanas de las casas se escapaban ruidos de conversaci&#243;n y la animaci&#243;n tras los cristales entreabiertos contrastaba con las calles desiertas donde resonaba el eco de sus pasos.

Un gran perro negro atraves&#243; y se detuvo bajo una farola. Les observ&#243; un instante, pregunt&#225;ndose si deb&#237;a acercarse o evitarlos. Jos&#233;phine pos&#243; una mano sobre el brazo de Herv&#233; Lefloc-Pignel.

&#191;Ha visto usted c&#243;mo nos mira?

&#161;Qu&#233; feo es! -exclam&#243; Lefloc-Pignel.

Era un gran dogo negro, de pelo corto, alto de cruz, de mirada amarilla, torva. Su oreja izquierda, rota, colgaba, y la otra, mal cortada, estaba reducida a un mu&#241;&#243;n. Mostraba, sobre su flanco derecho, un largo corte que dejaba ver la piel, rosa y llena de ampollas. Emiti&#243; un gru&#241;ido sordo como para avisarles de que no se moviesen.

&#191;Cree usted que le han abandonado?-dijo Jos&#233;phine-. No lleva collar.

Lo miraba con ternura. Le parec&#237;a que se dirig&#237;a a ella, que su mirada la aislaba de Herv&#233; Lefloc-Pignel, como si lamentara que fuese acompa&#241;ada.

El dogo negro de Broc&#233;liande. Era el sobrenombre de Du Guesclin. Era tan feo que su padre no quer&#237;a verle. Se veng&#243; convirti&#233;ndose en el m&#225;s belicoso de su generaci&#243;n. A los quince a&#241;os ganaba torneos y combat&#237;a enmascarado, para esconder su fealdad

Tendi&#243; la mano hacia el perro que recul&#243; sus ancas para despu&#233;s darse la vuelta y huir trotando hacia el parque de la Muette. Su alta silueta negra se fundi&#243; con la noche.

Quiz&#225;s tenga un due&#241;o que le espere bajo los &#225;rboles -dijo Herv&#233; Lefloc-Pignel-. Un vagabundo. A menudo est&#225;n acompa&#241;ados por perros grandes, &#191;se ha dado usted cuenta?

Deber&#237;an dejarlo sobre el felpudo de la se&#241;orita de Bassonni&#232;re -sugiri&#243; Jos&#233;phine-. &#161;Le sentar&#237;a bastante mal!

&#161;Ir&#237;a a entregarlo a la polic&#237;a!

&#161;Eso seguro! No es suficientemente chic para ella.

El esboz&#243; una sonrisa triste, despu&#233;s prosigui&#243; como si no hubiese dejado de pensar en los comentarios de la Bassonni&#232;re:

&#191;No le molesta caminar en compa&#241;&#237;a de un paleto?

Jos&#233;phine sonri&#243;.

&#191;Sabe?, yo tampoco procedo de familia noble &#161;Hemos nacido en cunas parecidas!

Es usted muy amable

Y adem&#225;s, &#161;no es una tara no haber salido del muslo de J&#250;piter!

El baj&#243; la voz y adopt&#243; un tono confidencial.

Ella tiene raz&#243;n, &#191;sabe?: soy un chaval de pueblo. Abandonado por sus padres y recogido por un impresor en una aldea de Normand&#237;a. Ella tiene a todo el mundo fichado gracias a su t&#237;o. Pronto lo sabr&#225; todo de usted, &#161;si no lo sabe ya!

Me da completamente igual. No tengo nada que esconder.

Todos tenemos alg&#250;n peque&#241;o secreto. Pi&#233;nselo bien

&#161;Ya lo he pensado!

Despu&#233;s record&#243; a Philippe y se sonroj&#243; en la oscuridad.

Si su secreto es haber crecido en un pueblecito perdido en el campo, haber sido abandonado y recogido por un hombre generoso, &#161;eso no es ninguna verg&#252;enza! Podr&#237;a ser incluso el principio de una novela al estilo de Dickens Me gusta Dickens. Ya no se le lee mucho.

A usted le gusta contar historias, escribirlas

S&#237;. En este momento, tengo la inspiraci&#243;n seca, &#161;pero cualquier insignificancia podr&#237;a ponerme en marcha! Veo principios de historias por todas partes. Es una man&#237;a.

Me han dicho que ha escrito usted un libro que ha tenido mucho &#233;xito

Fue una idea de mi hermana, Iris. Es todo lo contrario que yo: guapa, vivaz, elegante, &#161;c&#243;moda en todas partes!

&#191;Se sent&#237;a usted celosa cuando eran peque&#241;as?

No. La adoraba.

&#161;Ah! &#161;Lo ha dicho usted en pasado!

Todav&#237;a la quiero, pero ya no la venero como antes. A veces incluso hasta me rebelo.

Sonri&#243; modestamente y a&#241;adi&#243;:

&#161;Hago progresos a diario!

&#191;Por qu&#233;? &#191;Ella la tiranizaba?

A ella no le gustar&#237;a que dijera esto, pero s&#237; Impon&#237;a sus leyes. Ahora estoy mejor, intento liberarme. Aunque no siempre lo consigo &#161;Es muy dif&#237;cil planchar una vieja arruga!

Solt&#243; una risita para ocultar su incomodidad. Ese hombre la intimidaba. Ten&#237;a buena presencia, buen porte, era alto, y ten&#237;a una deferencia que la conmov&#237;a. Se sent&#237;a halagada de caminar a su lado y se reprochaba, al mismo tiempo, su necesidad de destacar. Ten&#237;a la molesta costumbre de precipitarse contando confidencias, con el fin de acaparar la atenci&#243;n de los que le impresionaban. Como si ella no se considerase lo suficientemente interesante para permanecer en silencio, como si necesitase venderse, entregar un kilo de carne fresca para deslumbrar al otro. Empez&#243; a balbucear. Era m&#225;s fuerte que ella.

Cuando vamos a casa de mi hermana, tiene una casa en Deauville, cogemos la autopista y observo los pueblos a lo lejos, en el campo. Veo peque&#241;as granjas rodeadas por bosquecillos, techos de paja, caser&#237;os y escucho historias de Flaubert y de Maupassant

Yo vengo de uno de esos pueblecitos &#161;y mi vida podr&#237;a contarse en una novela!

&#161;Cu&#233;ntemela!

No es muy interesante, &#191;sabe usted?

&#161;S&#237;! Me encantan las historias.

Caminaban al mismo paso. Ni demasiado lento ni demasiado r&#225;pido. Ella sinti&#243; ganas de cogerle del brazo, pero se retuvo. No era un hombre que se soltase con facilidad.

En aquella &#233;poca, mi pueblo estaba vivo, animado. Ten&#237;a una calle mayor con tiendas a los dos lados. Un bazar, una tienda de ultramarinos, una peluquer&#237;a, una oficina de correos, una panader&#237;a, dos carniceros, una florister&#237;a, un caf&#233;. Nunca he vuelto all&#237;, pero no debe de quedar gran cosa del mundo que conoc&#237;. Aquello fue hace

Rebusc&#243; en sus recuerdos.

Hace m&#225;s de cuarenta a&#241;os, yo era un ni&#241;o.

&#191;Qu&#233; edad ten&#237;a usted cuando le?

Ella dud&#243; en decir abandonaron y no termin&#243; su frase.

Yo deb&#237;a de tener No lo recuerdo, &#191;sabe? Recuerdo ciertas cosas, muy precisas, pero no la edad que ten&#237;a.

&#191;Permaneci&#243; mucho tiempo en su casa?

Crec&#237; con &#233;l. Su peque&#241;a empresa se llamaba Imprenta Moderna. Las letras estaban pintadas de verde sobre una tabla de madera blanca. Se llamaba Graphin. Benoit Graphin Dec&#237;a que ten&#237;a un apellido predestinado. Graphin, graf&#237;a, gr&#225;fico. Trabajaba d&#237;a y noche. No estaba casado, no ten&#237;a hijos. Lo aprend&#237; todo de &#233;l. El sentido del trabajo bien hecho, la puntualidad, la dedicaci&#243;n a la obra

Parec&#237;a haber viajado a otro mundo. Incluso sus palabras eran desusadas. Palabras que se escamaban sobre la tabla pintada de blanco. Se frotaba el interior del dedo medio como para borrar unos imaginarios restos de tinta.

Crec&#237; en medio de las m&#225;quinas. En aquella &#233;poca, la imprenta era artesanal. El compon&#237;a los textos a mano. Con caracteres de plomo que alineaba en un compositor. Los m&#225;s frecuentes eran los Didot y los Bodoni. Despu&#233;s, imprim&#237;a una prueba y correg&#237;a los errores. Pon&#237;a los caracteres en un chasis y los imprim&#237;a. Ten&#237;a una m&#225;quina OFMI que tiraba dos mil ejemplares a la hora. Vigilaba la tinta y durante todo ese tiempo, todo el tiempo que trabajaba, me explicaba lo que hac&#237;a. Me recitaba los t&#233;rminos t&#233;cnicos como se recita a un ni&#241;o la tabla de multiplicar. Yo deb&#237;a de conocer doscientas clases de tipos de letra, as&#237; como todas las medidas tipogr&#225;ficas, el punto y el c&#237;cero. Lo recuerdo todo. Todos los t&#233;rminos t&#233;cnicos, sus gestos, los olores, las resmas de papel que guillotinaba, que mojaba, que dejaba secar Ten&#237;a una enorme m&#225;quina al fondo del taller, una Marinoni que hac&#237;a un ruido infernal. Se quedaba all&#237;, vigil&#225;ndola, y me cog&#237;a de la mano Son recuerdos maravillosos. &#161;Los recuerdos de un paleto!

Hab&#237;a pronunciado esas &#250;ltimas palabras con un tono malvado.

Es una mala mujer -dijo Jos&#233;phine-. &#161;No hay que tener en cuenta lo que dice!

Lo s&#233;, pero es mi pasado. No debe tocarse. Est&#225; prohibido. Tambi&#233;n ten&#237;a una amiga. Se llamaba Sophie. Bailaba con ella, un dos tres, un dos tres Ella inclinaba su cabecita hacia m&#237;, un dos tres, un dos tres, y me sent&#237;a alto, protector, importante. Fueron momentos de gran felicidad. Yo quer&#237;a a ese hombre. Con diez a&#241;os, al pasar a secundaria, me llev&#243; interno a Rouen. Dec&#237;a que deb&#237;a estudiar en buenas condiciones. Volv&#237;a a verle los fines de semana y durante las vacaciones. Yo crec&#237;a. Me aburr&#237;a en el taller. Era joven. Lo que me ense&#241;aba ya no me interesaba. Me hac&#237;a el listo con mis nuevos conocimientos, y &#233;l me miraba acarici&#225;ndose el ment&#243;n con aspecto a la vez melanc&#243;lico y dolorido. Creo que le despreciaba por haber seguido siendo un artesano. &#161;Qu&#233; idiota era! Cre&#237; conseguir el poder afirm&#225;ndome en mi saber. Quer&#237;a impresionarle

Deber&#237;a usted escuchar c&#243;mo me hablan mis hijas cuando intentan ense&#241;arme a navegar por Internet: &#161;como a una est&#250;pida!

Cuando los hijos saben m&#225;s que los padres, se plantea un problema de autoridad.

&#161;Oh! A m&#237;, me da igual, me trae sin cuidado que piensen que soy una retrasada mental.

No debe. Debe ser respetada, como madre y como educadora. &#191;Sabe?, en el futuro, los problemas de autoridad ser&#225;n fundamentales. La carencia del padre en la sociedad actual plantea un enorme problema para la educaci&#243;n de los ni&#241;os. Yo quiero restaurar la imagen del pater familias.

De un padre tambi&#233;n puede aprenderse la dulzura, la ternura -sugiri&#243; Jos&#233;phine, que levant&#243; la mirada al cielo.

&#201;se es el papel de la madre -rectific&#243; Herv&#233; Lefloc-Pignel.

En mi casa &#161;suced&#237;a al rev&#233;s! -dijo Jos&#233;phine sonriendo.

&#201;l le lanz&#243; una mirada brusca, que borr&#243; inmediatamente. Hab&#237;a en &#233;l algo de arisco, de secreto. Ten&#237;a la impresi&#243;n de que dudaba en dejarse llevar, pero que, cuando lo hac&#237;a, era capaz de grandes confidencias.

A Iphig&#233;nie, la portera, le gustar&#237;a dar una fiestecita en su porter&#237;a cuando terminen las obras Con toda la gente del edificio.

Entraron en la plaza ajardinada y Jos&#233;phine se estremeci&#243; de nuevo. Se acerc&#243; a &#233;l como si el asesino pudiese surgir a su espalda.

No es buena idea. Nadie se habla en el edificio.

Pero vendr&#225; mi hermana Iris

Hab&#237;a dicho eso para convencerle de que viniese. Iris segu&#237;a siendo su alegr&#237;a, su llave m&#225;gica. La que abr&#237;a todas las puertas. Recordaba, de peque&#241;a, que cuando deseaba invitar a amigos a su casa y se mostraban reticentes, a&#241;ad&#237;a, avergonzada por no suscitar adhesiones: Estar&#225; mi hermana. Y ven&#237;an. Y ella se sent&#237;a a&#250;n m&#225;s desgraciada.

Me pasar&#233; entonces. Para complacerla a usted.

No pudo evitar pensar que &#233;l se sentir&#237;a atra&#237;do por Iris. Y que Iris se sorprender&#237;a de que ella conociese a un hombre tan seductor. &#161;Deja de compararte con ella, pobre mujer, d&#233;jalo! O ser&#225;s infeliz toda la eternidad. Siempre se pierde en la comparaci&#243;n.

Se separaron en el ascensor con un peque&#241;o saludo con la cabeza. &#201;l hab&#237;a vuelto a tomar distancias y ella se pregunt&#243; si aqu&#233;l era el hombre que acababa de abrir su coraz&#243;n.

Zo&#233; no estaba en su habitaci&#243;n: hab&#237;a debido de marcharse al trastero de Paul Merson. Ya no le ped&#237;a permiso.

Ya basta -declar&#243; a las estrellas, los codos apoyados en la barandilla del balc&#243;n-. &#161;Ayudadme! Haced que vuelva a hablarme. Este silencio es insoportable.

Permaneci&#243; largo tiempo mirando a la noche sombr&#237;a y malva. El cuello empezaba a dolerle a fuerza de estirarlo hacia el cielo.

Esperaba a que las estrellas le respondieran y tuviera que quedarse all&#237; pudri&#233;ndose, no importaba, &#161;se pudrir&#237;a!

Esper&#243;, firme, la cabeza recta. Hab&#237;a prometido reparaci&#243;n si hab&#237;a herido a Zo&#233;, hab&#237;a prometido entenderla, prometi&#243; cuestionarse, no huir cobardemente, si hab&#237;a un problema que afrontar. Hizo el vac&#237;o dentro de s&#237; y permaneci&#243; erguida hacia el cielo. Los grandes &#225;rboles del parque ondeaban suavemente como si acompa&#241;asen su espera. Se desliz&#243; por las ramas para hacer su petici&#243;n y para que subiese hasta el cielo y fuera atendida.

Pronto percibi&#243; el brillo de la estrellita al final de la Osa Mayor. Le envi&#243; uno, dos y tres rayos como si le transmitiese un mensaje en Morse. Lanz&#243; un grito.

Volvi&#243; a cerrar la ventana y, llena de una felicidad que cantaba a voz en grito, fue a acostarse, impaciente de que llegase el d&#237;a siguiente. O el siguiente. O el siguiente Ya no ten&#237;a prisa.



* * *


Sibylle de Bassonni&#232;re abri&#243; la tapa del cubo de la basura e hizo una mueca. Un olor rancio de pescado graso ascendi&#243; de los detritus. Decidi&#243; bajarla sin esperar. Hab&#237;a comido salm&#243;n esa noche, y la basura apestaba. Se acab&#243;, no lo tomar&#233; nunca m&#225;s. Primero cuesta caro, despu&#233;s se chamusca y se pega, y al final apesta. Apesta en la sart&#233;n, apesta en la basura, apesta hasta en mis dobles cortinas. Durante varios d&#237;as sigue oliendo a la grasa quemada del salm&#243;n. Cada vez me dejo enga&#241;ar por ese pescadero, por su discursito sobre el omega 3, el colesterol bueno y el malo. Desde ahora comprar&#233; flet&#225;n. Es m&#225;s barato y no apesta. Mam&#225; hac&#237;a siempre flet&#225;n los viernes.

Se puso la bata comprada por correspondencia en Damart, se calz&#243; las zapatillas, se puso un par de guantes de goma y cogi&#243; la basura. Sacaba la basura cada noche, a las diez y media, era un rito, pero esa noche se hab&#237;a dicho que esperar&#237;a al d&#237;a siguiente.

No esperar&#237;a. Un rito era un rito, y conven&#237;a respetarlo para conservar la estima por uno mismo.

Hizo una peque&#241;a mueca de mujer glotona y se dijo que, a fin de cuentas, no se arrepent&#237;a del salm&#243;n. Era su lujo semanal. &#161;Se lo merec&#237;a! Les hab&#237;a apretado bien las tuercas esa tarde. Hab&#237;a ensartado la brocheta al completo: Lefloc-Pignel, Van den Brock y Merson. Tres impudentes que viv&#237;an en sus propiedades. El primero hab&#237;a conseguido borrar sus or&#237;genes gracias a su matrimonio, el segundo era un peligroso impostor y el tercero un desvergonzado y orgulloso de serlo. Sab&#237;a de ellos cosas que nadie m&#225;s conoc&#237;a. Gracias a su t&#237;o, el hermano de su madre. Hab&#237;a trabajado en la polic&#237;a. En el Ministerio del Interior. Ten&#237;a fichas de todo el mundo. Cuando era peque&#241;a, cog&#237;a un peri&#243;dico, se sentaba sobre sus rodillas, se&#241;alaba un suceso con el dedo y dec&#237;a cu&#233;ntame c&#243;mo han detenido a &#233;ste. &#201;l le susurraba al o&#237;do no se lo dir&#225;s a nadie, &#191;eh?, es un secreto. Ella asent&#237;a con la cabeza y &#233;l le contaba los seguimientos, las emboscadas, los soplones, las largas horas de espera antes de que el hombre cayera en las redes de la polic&#237;a. Vivo o muerto. Hab&#237;a traiciones, imprudencias, advertencias, tiroteos y siempre, siempre, drama y sangre. Era mucho m&#225;s interesante que los libros de la biblioteca verde o rosa que su madre le obligaba a leer.

Ella le hab&#237;a cogido el gusto a los secretos.

&#201;l le hab&#237;a cogido el gusto a las fichas e incluso despu&#233;s de retirarse conservaba todav&#237;a sus dossiers. Puestos al d&#237;a. Porque &#233;l hac&#237;a favores. Porque era mudo como una tumba, flexible en sus alianzas, tolerante ante los excesos de autoridad de unos o las debilidades de otros.

De esa forma se hab&#237;a enterado del origen de Lefloc-Pignel, de su largo ir y venir durante su infancia de ni&#241;o adoptado y rechazado por todos, de los hogares de acogida a cual m&#225;s s&#243;rdido, de su matrimonio inesperado con la joven Mangeain-Dupuy y de su ascenso a la alta sociedad. Ella sab&#237;a por qu&#233; Van den Brock hab&#237;a dejado Amberes y hab&#237;a venido a ejercer a Francia, &#191;error m&#233;dico?, m&#225;s bien crimen perfecto, se divert&#237;a ella murmur&#225;ndoselo a la salida de sus reuniones anuales en las que se enfrentaba a sus tres v&#237;ctimas. &#191;Y el libidinoso Merson? &#191;Acaso no iba a ligar a los clubes de org&#237;as? &#191;No abandonaba su cuerpo a uniones infames? Tendr&#237;a mal efecto que se supiese Su t&#237;o ten&#237;a fotos. Merson parec&#237;a re&#237;rse de ello, pero reir&#237;a menos si acabasen sobre la mesa de su jefe, el muy austero se&#241;or Lampalle, de Construcciones Lampalle, las casas para la felicidad y la familia. Adi&#243;s suculento salario y expectativas de ascenso. S&#243;lo depend&#237;a de ella que ese prometedor futuro se desvaneciera.

Los ten&#237;a cogidos. Una vez al a&#241;o, les lanzaba advertencias. Era su gran momento. Se preparaba con semanas de antelaci&#243;n. Esta vez, Van den Brock hab&#237;a estado a punto de desmayarse. Ella ten&#237;a el informe completo de su error m&#233;dico. Se rio para sus adentros y se imagin&#243; la apertura de un nuevo juicio. Con todas sus amantes, presentes y pasadas. &#161;Menudo mont&#243;n de trapos sucios! Todo aquello la hac&#237;a muy poderosa. No bastaba para que le devolviesen el edificio y su hermoso piso de la fachada, pero eran deliciosas inyecciones de recuerdos del tiempo en el que ella era alguien, en el que los inquilinos le sonre&#237;an, le preguntaban c&#243;mo estaba. Hoy le cerraban la puerta en las narices. Era una vieja solterona in&#250;til.

Entr&#243; en el ascensor, manteniendo a distancia la bolsa de basura que apestaba a salm&#243;n. Puls&#243; el bot&#243;n del bajo. La nueva, con su mirada de cervatillo perdido, le hab&#237;a devuelto las fuerzas. Su dossier estaba vac&#237;o. &#191;El libro escrito para su hermana? Un secreto desvelado. Pero su marido, en cambio Aquel hombre no era trigo limpio. La santurrona no lo sab&#237;a todo. O prefer&#237;a ignorarlo. No hab&#237;a renunciado a enterarse de algo sobre ella. Era la divisa de su t&#237;o: toda persona tiene su secreto, su peque&#241;a maldad que, bien explotada, har&#225; de &#233;l un servidor o un aliado.

Atraves&#243; el patio y se dirigi&#243; al cuarto de la basura.

Abri&#243; la puerta. Un olor a moho h&#250;medo y a desechos podridos se agarr&#243; a su garganta. Se llev&#243; la mano a la boca y se tap&#243; la nariz. &#161;Qu&#233; pocilga! &#161;Y la conserje sin hacer nada! &#161;Est&#225; demasiado ocupada pintando su porter&#237;a! Pero aquello iba a cambiar, hablar&#237;a con el administrador. Ella sab&#237;a c&#243;mo hablarle.

Se congratul&#243; de haberse puesto guantes de goma y levant&#243; la pesada tapa del primer contenedor de basura, ech&#225;ndose atr&#225;s para no recibir en la nariz los gases nauseabundos. &#161;Qu&#233; asco! En tiempos de mis padres no se habr&#237;a soportado tanta mugre. Ma&#241;ana mando una carta al administrador y reclamo el despido de esa chica. El, ahora, ya conoce el procedimiento de memoria, no necesito insistir, ni siquiera tendr&#233; que mencionar el nombre de su amante encarcelado. &#161;Cuando pienso que ha contratado a esa chica sin preocuparse por sus relaciones! &#161;El padre de sus hijos, un criminal! &#161;Qu&#233; negligencia! Le pondr&#233; el dossier delante de sus narices.

No oy&#243; que la puerta del cuarto se abr&#237;a tras ella.

Inclinada sobre el gran contenedor gris, echando pestes de Iphig&#233;nie, la bata Damart abierta sobre su camis&#243;n rosa, sinti&#243; c&#243;mo la arrastraban violentamente hacia atr&#225;s. Recibi&#243; un primer golpe, y otro, y otro. No tuvo tiempo de gritar, de pedir ayuda; cay&#243; hacia delante, sobre la basura. Su largo cuerpo de virgen seca se desplom&#243; sobre la tapa, y despu&#233;s se golpe&#243; contra otro contenedor antes de derrumbarse en el suelo. Gir&#243; sobre s&#237; misma, se dej&#243; caer como un trapo inerte. Pens&#243; que todav&#237;a no hab&#237;a dicho su &#250;ltima palabra, que todav&#237;a hab&#237;a mucha gente cuyos vergonzosos secretos conoc&#237;a, mucha gente que la podr&#237;a detestar, y que ella adoraba que la detestaran, porque no se detesta a los d&#233;biles, verdad, s&#243;lo se odia a los poderosos.

Tumbada en el suelo, percibi&#243; los zapatos del hombre que se ensa&#241;aba con ella, buenos zapatos de hombre rico, zapatos ingleses, de punta redonda, zapatos nuevos, de suelas lisas que lanzaban brillos blancos en la noche. Se hab&#237;a agachado y la apu&#241;alaba r&#237;tmicamente, ella pod&#237;a contar los golpes, era una especie de danza, los contaba mientras se abat&#237;an sobre ella, se mezclaban en su mente junto a la sangre de su boca, la sangre en sus dedos, en sus brazos, por todos lados. &#191;Una venganza? Podr&#237;a ser que hubiese acertado: &#191;encerrados en secretos demasiado pesados para ellos?

Se derramaba lentamente sobre el suelo, los ojos cerrados, dici&#233;ndose, s&#237;, s&#237;, lo sab&#237;a, todos tienen algo que esconder, incluso ese hombre tan guapo que posa en slip en los carteles publicitarios. Un hombre guapo y moreno, con un rom&#225;ntico mech&#243;n. &#161;C&#243;mo le gustaba! Fuerte y fr&#225;gil, pr&#243;ximo y distante, magn&#237;fico y ausente. Con una debilidad que lo pon&#237;a a su merced. Su t&#237;o le hab&#237;a contado la debilidad. &#201;l conoc&#237;a todos los medios para dominar a la gente. Todo el mundo tiene un precio, dec&#237;a, todo el mundo tiene un punto d&#233;bil. Por supuesto, era m&#225;s joven que ella, por supuesto que ni siquiera la miraba, pero eso no le imped&#237;a dormirse so&#241;ando que se convert&#237;a en su servidor, que ella se convert&#237;a en su confidente, que &#233;l la escuchaba y que, poco a poco, se estrechaban los lazos entre ellos, la solterona y el modelo. Su t&#237;o pose&#237;a fichas sobre &#233;l: varios arrestos por embriaguez o consumo de estupefacientes. Insultos a la autoridad, disturbios en la v&#237;a p&#250;blica. Tiene cara de &#225;ngel, pero se comporta como un delincuente, tu amigo. &#161;Ay, si s&#243;lo pudiese ser mi amigo!, se hab&#237;a dicho ella, con la confidencia en la punta de sus labios.

Se hab&#237;a enterado de su nombre, de su direcci&#243;n, de la agencia, galer&#237;a Vivienne, para la que trabajaba. Pero sobre todo, se hab&#237;a enterado de su secreto. Del secreto de su vida, de su doble vida. Quiz&#225;s no deber&#237;a haberle mandado aquella carta an&#243;nima. Hab&#237;a sido imprudente. Hab&#237;a salido de su universo. Su t&#237;o le dec&#237;a siempre que eligiese el blanco con inteligencia, que se cuidase del peligro.

Saber cuidarse. Lo hab&#237;a olvidado.

Se abandon&#243; al dolor, y despu&#233;s a una dulce inconsciencia, un charco de sangre caliente, pegajosa. Le hubiese gustado volverse para verle la cara al agresor, pero no tuvo fuerzas. Movi&#243; un dedo de la mano izquierda, sinti&#243; la sangre viscosa, espesa, su propia sangre. Se pregunt&#243; &#191;puede ser que me haya localizado tras haber recibido la carta? &#191;Qu&#233; error he podido cometer para que me encuentre? Se hab&#237;a preocupado de no dejar rastro, de enviarla desde el otro lado de Par&#237;s, hab&#237;a comprado peri&#243;dicos que nunca leo para recortar las palabras. Nunca m&#225;s posar&#237;a mis labios sobre sus fotos. Deber&#237;a haber confesado ese fervor a mi t&#237;o. Me hubiese puesto en guardia: Sibylle, conserva la calma, &#233;se es tu problema, no sabes dominarte. Las amenazas se destilan poco a poco. Cuanto m&#225;s moderada permanezcas, m&#225;s fuerte ser&#225; el impacto. Si te dejas llevar, ya no dar&#225;s miedo a nadie, revelar&#225;s tu debilidad. Era otro de sus lemas. Deber&#237;a haber escuchado a su t&#237;o. Hablaba como la Biblia.

Entonces, se extra&#241;&#243;, &#191;se puede continuar pensando despu&#233;s de morir? El cerebro todav&#237;a funciona mientras el cuerpo se vac&#237;a, el coraz&#243;n empieza a pararse, el aliento se agota

Sinti&#243; c&#243;mo el agresor la empujaba con el pie, hac&#237;a rodar su cuerpo inerte, la arrastraba hasta el gran contenedor, el del fondo, que s&#243;lo se sacaba una vez a la semana. La empujaba y la comprim&#237;a contra el fondo del cuarto para esconderla, la cubr&#237;a con un trozo de moqueta sucia para que no la descubriesen enseguida. Ella se pregunt&#243; qui&#233;n habr&#237;a dejado all&#237; esa moqueta, por qu&#233; estaba tirada. &#161;Otra negligencia de esa portera! La gente ya no trabaja como deber&#237;a, quieren primas y vacaciones, pero ya no quieren mancharse las manos. Se pregunt&#243; cu&#225;nto tardar&#237;an en encontrarla. &#191;Podr&#237;an determinar la hora exacta de su muerte? Su t&#237;o le hab&#237;a explicado c&#243;mo se hac&#237;a. La mancha negra sobre el vientre. Tendr&#237;a una mancha negra sobre el vientre. Golpe&#243; una lata que rod&#243; hasta su brazo, respir&#243; una bolsa de cacahuetes vac&#237;a, se extra&#241;&#243; otra vez de seguir consciente incluso si toda su fuerza se vaciaba junto a su sangre. Ya no ten&#237;a el valor de resistir.

Extra&#241;ada, extra&#241;ada y tan d&#233;bil.

Oy&#243; c&#243;mo se cerraba la puerta del cuarto de la basura. Produjo un chirrido de hierro oxidado en el silencio de la noche. Ella cont&#243; a&#250;n tres latidos de coraz&#243;n antes de lanzar un peque&#241;o suspiro y morir.



CUARTA PARTE

Ilis sac&#243; su polvera Shisheido de su bolso Birkin. Se acercaba a Saint Paneras, quer&#237;a ser la m&#225;s guapa que bajase al and&#233;n.

Se hab&#237;a recogido la melena negra, se hab&#237;a puesto sombra de ojos violeta sobre los p&#225;rpados, una capa de r&#237;mel sobre las pesta&#241;as, &#161;ay!, &#161;sus ojos! Nunca se cansaba de contemplarlos, es incre&#237;ble c&#243;mo pueden cambiar de color, se vuelven de color tinta cuando estoy triste, se iluminan con un brillo dorado cuando estoy contenta, &#191;qui&#233;n sabr&#237;a describir mis ojos? Se levant&#243; el cuello de su blusa Jean-Paul Gaultier, se felicit&#243; por haber elegido ese pantal&#243;n sastre de color violeta claro que realzaba su silueta. La finalidad de su viaje era sencilla: reconquistar a Philippe, volver a ocupar su sitio en la familia.

Sinti&#243; un impulso de ternura hacia Alexandre, al que no hab&#237;a visto desde hac&#237;a seis semanas. Hab&#237;a estado muy ocupada en Par&#237;s. B&#233;reng&#232;re hab&#237;a sido la primera en llamar.

Estabas resplandeciente antes de ayer en el Costes. No quise molestarte, estabas comiendo con tu hermana

Hab&#237;an charlado como si no hubiese pasado nada. El tiempo lo borra todo, pens&#243; Iris retoc&#225;ndose con la polvera. El tiempo y la indiferencia. B&#233;reng&#232;re hab&#237;a olvidado porque B&#233;reng&#232;re nunca hab&#237;a prestado atenci&#243;n. Hab&#237;a recibido la espuma de los cotilleos parisinos, se la hab&#237;a tragado, la espuma se hab&#237;a volatilizado, y ya no se acordaba de nada. Mortal ligereza, &#161;qu&#233; bien me sirves!, pens&#243; Iris. Percibi&#243; una arruga sobre la mejilla izquierda, se acerc&#243; al espejo, se exasper&#243; y prometi&#243; pedir a B&#233;reng&#232;re la direcci&#243;n de su dermat&#243;logo.

El hombre sentado frente a ella no dejaba de mirarla. Deb&#237;a de tener unos cuarenta y cinco a&#241;os, un rostro resuelto, amplios hombros. Philippe volver&#237;a. &#161;O seducir&#237;a a otro! Hab&#237;a que ser realista, estaba usando sus &#250;ltimos cartuchos, y un general debe permanecer l&#250;cido ante la batalla final. Utiliza todos sus medios para ganarla, pero tambi&#233;n prepara una soluci&#243;n para la retirada.

Guard&#243; su polvera y meti&#243; la barriga. Hab&#237;a contratado a un coach, el se&#241;or Kowalski, que la manipulaba como si fuera plastilina. La enrollaba, la desenrollaba, la doblaba, la estiraba, la encog&#237;a, la hac&#237;a saltar, la aplastaba. Desgranaba el n&#250;mero de abdominales sin parpadear, sin ning&#250;n tipo de piedad, y cuando ella le suplicaba que moderase sus exigencias, &#233;l contaba uno, dos, tres, cuatro, debe usted saber lo que quiere, se&#241;ora Dupin, a su edad deber&#237;a usted hacer el doble. Le odiaba, pero era eficaz. Ven&#237;a a su casa tres veces a la semana. Llegaba silbando, con un bast&#243;n del que se serv&#237;a para los ejercicios de hombros. El pelo cortado a cepillo, ojitos marrones hundidos, una naricita min&#250;scula como un bot&#243;n y un torso de marinero. Siempre llevaba el mismo ch&#225;ndal azul cielo con rayas naranja y violeta, y una peque&#241;a bolsa de deporte en bandolera. Entrenaba a mujeres de negocios, abogadas, actrices, periodistas, ociosas. Desgranaba sus nombres y sus haza&#241;as mientras sudaba. Le hab&#237;a conocido en casa de B&#233;reng&#232;re, qui&#233;n hab&#237;a renunciado al cabo de seis sesiones.

Se dej&#243; caer contra el asiento. Hab&#237;a hecho bien en anunciar su llegada a Alexandre antes de hablar con Philippe. No hab&#237;a podido negarse a recibirla. Todo iba a decidirse en ese viaje. Un escalofr&#237;o recorri&#243; su espinazo.

&#191;Y si fracasaba?

Su mirada se pos&#243; en los barrios tristes de Londres, las casitas encastradas una en la otra, los escasos jardines, la ropa puesta a secar, las sillas de jard&#237;n rotas, las paredes llenas de grafitis. Record&#243; los barrios del extrarradio de Par&#237;s.

&#191;Y si fracasaba?

Hizo girar sus sortijas entre sus dedos, acarici&#243; su bolso Herm&#233;s, su larga estola de cachemir.

&#191;Y si fracasaba?

No quer&#237;a pensar en ello.

Inclin&#243; la cabeza cuando el hombre frente a ella se ofreci&#243; a bajar su bolso de viaje. Se lo agradeci&#243; con una sonrisa educada. El olor a agua de colonia barata que liber&#243; cuando alz&#243; los brazos para coger el equipaje lo dijo todo: no val&#237;a la pena perder el tiempo.

Philippe y Alexandre la esperaban en el and&#233;n. &#161;Qu&#233; guapos eran! Se sinti&#243; orgullosa de ellos, y no se volvi&#243; hacia el hombre que le segu&#237;a los pasos y que despu&#233;s desaceler&#243; cuando vio que la esperaban.

Cenaron en un pub en la esquina de Holland y Clarendon Street. Alexandre cont&#243; c&#243;mo hab&#237;a conseguido la mejor nota en historia, Philippe aplaudi&#243;, Iris le imit&#243;. Se pregunt&#243; si iban a compartir la misma habitaci&#243;n o si hab&#237;a tomado medidas para que durmiese en otro lado. Record&#243; lo enamorado que hab&#237;a estado de ella y se convenci&#243; de que aquello no pod&#237;a acabar as&#237;. Despu&#233;s de todo, un peque&#241;o contratiempo en una larga vida conyugal pod&#237;a pasarle a todo el mundo, lo principal es lo que hemos construido juntos Pero &#191;qu&#233; he construido yo con &#233;l?, se pregunt&#243; inmediatamente, maldiciendo la lucidez que le imped&#237;a mostrarse complaciente. &#201;l intent&#243; construir, pero &#191;y yo?

Escuch&#243; a Alexandre detallar todos los proyectos para el fin de semana.

&#191;Vamos a poder hacer todo eso? -pregunt&#243; ella, divertida.

Si te levantas pronto, s&#237;. Pero habr&#225; que darse prisa.

&#161;Qu&#233; serio parec&#237;a! Hizo un esfuerzo para recordar su edad. Pronto catorce a&#241;os. Hablaba un ingl&#233;s sin acento cuando se dirig&#237;a al camarero o citaba el t&#237;tulo de una pel&#237;cula. Philippe se dirig&#237;a a &#233;l para evitar hablar con ella. Dec&#237;a: &#191;Crees que mam&#225; estar&#225; interesada en ir a ver la retrospectiva de Matisse, o preferir&#237;a ir a ver la exposici&#243;n de Mir&#243;?. Y Alexandre respond&#237;a que en su opini&#243;n mam&#225; querr&#237;a ver las dos. Soy una pluma de b&#225;dminton que se reenv&#237;an alegremente, a golpe de preguntas a las cuales no debo responder. Esa ligereza no le inspir&#243; confianza.

El piso de Philippe se parec&#237;a al de Par&#237;s. No se sorprendi&#243;: &#233;l hab&#237;a amueblado los dos. Ella le hab&#237;a visto hacer. La decoraci&#243;n no le interesaba. Apreciaba los buenos decorados, pero no le gustaba recorrer anticuarios, ir a subastas. Todo lo que supone un esfuerzo prolongado me disgusta, me gusta pasear, so&#241;ar, leer largas horas tumbada. Soy contemplativa. Como Juliette R&#233;camier. &#161;Una perezosa m&#225;s bien!, murmur&#243; una vocecita a la que hizo callar.

Philippe hab&#237;a dejado su bolsa de viaje en la entrada. Alexandre fue a acostarse tras haber reclamado educadamente un beso y se encontraron solos, en el gran sal&#243;n. Hab&#237;a hecho instalar una moqueta blanca, no deb&#237;a de recibir a menudo. Se sent&#243; cuidando de recostarse sobre un gran sof&#225;. Le mir&#243; encender una cadena y elegir un CD. Parec&#237;a tan herm&#233;tico que se pregunt&#243; si no hab&#237;a cometido un error viniendo. Ya no estaba segura de tener los ojos azules, el talle fino, los hombros redondeados. Se tritur&#243; las puntas del pelo, repleg&#243; sus largas piernas tras haberse librado de sus zapatos, en una postura de defensa y espera. Se sent&#237;a una extra&#241;a en ese piso. Ni por un instante hab&#237;a percibido abandono en Philippe. Era afectuoso, educado, pero la manten&#237;a a distancia. &#191;C&#243;mo hab&#237;an llegado a eso? Decidi&#243; dejar de pensar. No pod&#237;a imaginarse la vida sin &#233;l. Volvi&#243; a su memoria el agua de colonia del hombre del tren e hizo una mueca de disgusto.

Parece que a Alexandre le va bien

Philippe sonri&#243; y asinti&#243; con la cabeza como si hablase consigo mismo.

Me siento muy feliz con &#233;l. No sab&#237;a lo feliz que pod&#237;a hacerme.

Ha cambiado mucho. Casi no lo reconozco.

El pens&#243; &#161;nunca lo has conocido! Pero no dijo nada. No quer&#237;a iniciar las hostilidades hablando de Alexandre. El problema no era Alexandre, el problema era ese matrimonio que no acababa de morir, que parec&#237;a agonizar sin fin. El la miraba, sentada frente a &#233;l. La m&#225;s guapa de todas, sus dedos toqueteaban el collar de perlas finas que le hab&#237;a regalado por sus diez a&#241;os de matrimonio, la mirada azul malva fija en el vac&#237;o, interrog&#225;ndose sobre el futuro de su relaci&#243;n, sobre el futuro de ella, contando los a&#241;os que le quedaban para seguir siendo seductora, evaluando los medios que deb&#237;a utilizar para seguir siendo su mujer o convertirse en la mujer de otro, cansada por anticipado ante la dificultad de tener que volver a empezar con un extra&#241;o, estando &#233;l ah&#237;, al alcance de la mano, una presa tan f&#225;cil y dominada durante tanto tiempo.

&#201;l se fij&#243; en el brazo delicado, el cuello esbelto, los labios carnosos, la cort&#243; en trocitos y cada uno de ellos se llev&#243; el premio a la excelencia del trocito m&#225;s hermoso. La imagin&#243; con sus amigas, hablando de su fin de semana en Londres, o bien sin hablar, no debe de tener ya muchas amigas. Se la imagin&#243; en el tren, calculando sus posibilidades, escrutando su rostro en el espejo Hab&#237;a perdido tanto tiempo en el espejismo de su amor All&#237; donde yo ve&#237;a un oasis, palmeras, una fuente de agua viva, no hab&#237;a m&#225;s que aridez y c&#225;lculo. &#191;Hab&#237;a sentido placer conmigo? No s&#233; nada de esa mujer que he tenido en mis brazos. Ya no es mi problema. Mi problema, esta noche, es poner fin a sus ilusiones. Ha buscado con la mirada d&#243;nde he puesto su bolsa de viaje. Se pregunta d&#243;nde va a dormir. No dormiremos juntos, Iris.

&#201;l abri&#243; la boca para enunciar en voz alta sus pensamientos, pero ella se inclin&#243; hacia delante y su mano parti&#243; en busca de un pendiente que hab&#237;a ca&#237;do. Anda, se dijo Philippe, &#161;&#233;sos no los conoc&#237;a! &#191;Es posible que haya otro adem&#225;s de m&#237; que le regale joyas? &#191;O es un pendiente de pacotilla que ha visto en un escaparate?

Iris hab&#237;a encontrado el pendiente y lo hab&#237;a devuelto a su lugar. Le lanz&#243; una sonrisa radiante. Su coraz&#243;n es un cactus erizado de sonrisas. &#191;D&#243;nde hab&#237;a le&#237;do esa frase? Debi&#243; de anotarla pensando en ella. Esboz&#243; una r&#225;pida sonrisa. Te conozco, sobrevivir&#225;s a nuestra separaci&#243;n. Porque t&#250; no me quieres. Porque t&#250; no quieres a nadie. Porque no tienes emociones. Las nubes sobrevuelan tu coraz&#243;n, pero no lo impregnan. Como un ni&#241;o mimado al que se le regala un juguete. Da palmadas, juega un rato y despu&#233;s lo abandona. Para pasar a otro. A&#250;n m&#225;s grande, a&#250;n m&#225;s bonito, a&#250;n m&#225;s decepcionante. Nada puede colmar el vac&#237;o de tu coraz&#243;n. Ya no sabes qu&#233; buscar que te haga estremecer Necesitas tormentas, huracanes para sentir una ligera, una liger&#237;sima emoci&#243;n. Est&#225;s haci&#233;ndote peligrosa, Iris, peligrosa para ti misma. Ten cuidado, te vas a estrellar. Deber&#237;a protegerte, pero ya no siento deseos, ya no tengo ganas. Te he protegido mucho tiempo, mucho, pero ese tiempo ha terminado.

Te he tra&#237;do regalos -acab&#243; diciendo Iris para romper el silencio.

Qu&#233; amable

&#191;D&#243;nde has puesto mi bolsa? -pregunt&#243; ella con tono casual.

Lo sabes muy bien, estuvo a punto de decir.

En la entrada

&#191;En la entrada? -repiti&#243; ella, extra&#241;ada.

S&#237;.

Ah

Se levant&#243;, fue a buscar su bolsa. Sac&#243; un jersey de cachemir azul y una caja de pastelitos de almendra. Se lo tendi&#243; con la sonrisa de un explorador yanqui negociando con un astuto sioux.

&#191;Pastelitos? -se extra&#241;&#243; Philippe, recibiendo la caja blanca en forma de rombo.

&#191;Recuerdas? Nuestro fin de semana en Aix-en-Provence Hab&#237;as comprado diez cajas para tenerlos siempre a mano: en el coche, en el despacho, en casa A m&#237; me parec&#237;an demasiado dulces

Su voz canturreaba, feliz; &#233;l escuch&#243; el estribillo que ella no osaba entonar. &#161;&#201;ramos tan felices!, entonces &#161;t&#250; me amabas tanto!

Eso fue hace mucho tiempo -dijo Philippe, haciendo un esfuerzo de memoria.

Dej&#243; la cajita sobre la mesa baja, como si rechazara volver atr&#225;s, hacia una felicidad inventada.

&#161;Oh! &#161;Philippe! &#161;Aquellos tiempos no est&#225;n tan lejos!

Ella se hab&#237;a sentado a sus pies y le estrechaba las rodillas. Estaba tan guapa que la compadeci&#243;. Librada a s&#237; misma, sin la protecci&#243;n de un hombre que la ame, sus debilidades har&#237;an de ella una presa tan f&#225;cil &#191;Qui&#233;n la proteger&#225; cuando yo no est&#233;?

Se dir&#237;a que has olvidado que nos quisimos

&#161;Yo te quise! -corrigi&#243; &#233;l con voz dulce.

&#191;Qu&#233; quieres decir?

Que fue en una sola direcci&#243;n y que se acab&#243;.

Ella se hab&#237;a incorporado y le miraba fijamente, incr&#233;dula.

&#191;Se acab&#243;? &#161;Pero eso es imposible!

S&#237;, nos vamos a separar, a divorciar

&#161;Oh, no! Te quiero, Philippe, te quiero. He pensado en ti, en nosotros, todo este tiempo en el tren, me dec&#237;a, vamos a empezar de cero, vamos a recomenzar todo. Cari&#241;o

Le hab&#237;a cogido de la mano y la estrechaba con fuerza.

Te lo ruego, Iris, no hagas las cosas m&#225;s dif&#237;ciles, &#161;sabes muy bien lo que pasa!

He cometido errores. Lo s&#233; Pero tambi&#233;n he comprendido que te amaba. Que te amaba de verdad Me he comportado como una ni&#241;a mimada, pero ahora lo s&#233;, lo s&#233;

&#191;Sabes qu&#233;? -pregunt&#243; &#233;l, aburrido por adelantado de sus explicaciones.

S&#233; que te quiero, que no te merezco, pero te quiero

Como quer&#237;as a Gabor Minar

&#161;Nunca lo quise!

En todo caso, lo disimulabas muy bien.

&#161;Me dej&#233; enga&#241;ar!

&#161;T&#250; me enga&#241;aste! No es lo mismo. Y adem&#225;s &#191;qu&#233; m&#225;s da? Eso es cosa del pasado. He pasado p&#225;gina. He cambiado, ya no soy el mismo hombre, y este hombre nuevo no tiene nada en com&#250;n contigo

&#161;No digas eso! Tambi&#233;n cambiar&#233;. Eso no me da miedo, &#161;nada puede darme miedo contigo!

&#201;l la mir&#243;, ir&#243;nico.

Te crees que porque me digas que vas a cambiar, cambiar&#225;s, y porque me digas que lo sientes &#161;yo me olvidar&#233; de todo y seguiremos igual! &#161;La vida no es tan sencilla, querida!

Ella recobr&#243; esperanzas al escuchar esa palabra afectiva. Pos&#243; su cabeza sobre sus rodillas y acarici&#243; su pierna.

Te pido perd&#243;n por todo.

&#161;Iris! &#161;Te lo ruego! Me incomodas

Sacudi&#243; la pierna como si se librara de un perro molesto.

&#161;Pero no podr&#237;a vivir sin ti! &#191;Que voy a hacer?

&#201;se no es problema m&#237;o, pero que sepas que, en lo material, no te abandonar&#233;

&#191;Y t&#250;?, &#191;qu&#233; vas a hacer?

Todav&#237;a no lo s&#233;. Tengo ganas de paz, de ternura, de compartir Tengo ganas de cambiar de vida. Durante mucho tiempo t&#250; has sido la raz&#243;n de mi vida, despu&#233;s me apasion&#243; mi trabajo, mi hijo al que he descubierto no hace tanto tiempo. Me he cansado de mi trabajo, t&#250; has hecho todo lo posible para que me canse de ti, me queda Alexandre y las ganas de vivir de forma distinta. Tengo cincuenta y un a&#241;os, Iris. Me he divertido mucho, he ganado mucho dinero, pero tambi&#233;n he derrochado mucho. Ya no quiero refinamiento, ni frivolidades, ni falsas declaraciones de amor y de amistad, ni concursos de egos viriles. Tu amiga B&#233;reng&#232;re se me insinu&#243; la &#250;ltima vez que la vi

&#161;B&#233;reng&#232;re!

Puso cara extra&#241;ada y divertida.

Ahora s&#233; c&#243;mo quiero ser feliz y esa nueva felicidad no tiene nada que ver contigo. Incluso t&#250; eres lo opuesto a ella. As&#237; que te miro, te reconozco, pero ya no te quiero. Me ha hecho falta tiempo, el tiempo de un reloj de arena de dieciocho a&#241;os, el tiempo para que los min&#250;sculos granos de arena caigan de un lado al otro del reloj. T&#250; has agotado tus reservas de arena y yo he pasado al mont&#243;n de al lado. Es muy sencillo, en el fondo

Ella levant&#243; hacia &#233;l un rostro adorable y crispado donde se le&#237;a la incredulidad.

&#161;Pero eso no es posible! -grit&#243; ella de nuevo leyendo la determinaci&#243;n en su mirada.

Se ha hecho posible, Iris, lo sabes muy bien, no sentimos nada el uno por el otro. &#191;Para qu&#233; seguir disimulando?

&#161;Pero yo te amo!

&#161;Por favor! &#161;No te vuelvas indecente!

&#201;l esboz&#243; una sonrisa indulgente. Le acarici&#243; el pelo como quien acaricia la cabeza de un ni&#241;o para calmarle.

D&#233;jame aqu&#237; contigo. Estar&#233; en mi lugar.

No, Iris, no He esperado mucho tiempo, pero se acab&#243;. Te quiero mucho, pero ya no te amo. Y ante eso, querida, no puedo hacer nada.

Ella se estremeci&#243; como picada por una serpiente.

&#191;Hay otra mujer en tu vida?

Eso no te interesa.

&#161;Hay otra mujer en tu vida! &#191;Qui&#233;n es? &#191;Vive en Londres? &#161;Por eso has venido a vivir aqu&#237;! &#191;Me enga&#241;as desde hace mucho?

Esto es rid&#237;culo. Vamos a ahorr&#225;rnoslo.

Quieres a otra. Lo he sentido desde que llegu&#233;. Una mujer sabe cuando ya no la desean porque se ha vuelto transparente. Me he vuelto transparente. &#161;Es insoportable!

Me parece que est&#225;s en mala posici&#243;n para montarme una escena, &#191;verdad?

&#201;l dirigi&#243; hacia ella una expresi&#243;n de burla y ella estall&#243; en gritos de c&#243;lera.

&#161;Nunca te he enga&#241;ado con &#233;l! &#161;No pas&#243; nada entre nosotros! &#161;Nada de nada!

Es posible, pero eso no cambia nada. Se acab&#243; y no merece la pena preguntarse c&#243;mo ni por qu&#233;. O m&#225;s bien eres t&#250; la que deber&#237;as preguntarte c&#243;mo y por qu&#233; &#161;Para no cometer los mismos errores con otro!

&#191;Y qu&#233; dices del amor que siento por ti?

Eso no es amor, es amor propio; te curar&#225;s pronto. Encontrar&#225;s otro hombre, &#161;conf&#237;o en ti!

Entonces &#161;no hac&#237;a falta hacerme venir!

&#161;Como si me hubieses pedido mi opini&#243;n! Te has impuesto, yo no he dicho nada para no herir a Alexandre, pero no te he invitado.

&#161;Hablemos de Alexandre! Me lo llevo conmigo porque s&#237;. No lo dejar&#233; aqu&#237; con tu &#161;amante!

Ella hab&#237;a escupido esa palabra como si le ensuciase la boca.

El la agarr&#243; del pelo, tir&#243; de &#233;l hasta hacerle da&#241;o, peg&#243; su boca a su o&#237;do y murmur&#243;:

&#161;Alexandre se quedar&#225; aqu&#237; conmigo y eso ni siquiera se discute!

&#161;Su&#233;ltame!

&#191;Me oyes? Lucharemos si hace falta, pero no le tocar&#225;s ni un pelo. T&#250; me dir&#225;s cu&#225;nto te debo para saldar cuentas, yo te dar&#233; dinero, pero no tendr&#225;s la custodia de Alexandre.

&#161;Eso ya lo veremos! &#161;Es mi hijo!

T&#250; nunca te has ocupado de &#233;l, nunca te has preocupado y me niego a que te sirvas de &#233;l como un instrumento para hacerme bailar a tu son. &#191;Lo has entendido?

Ella baj&#243; la cabeza y no respondi&#243;.

En cuanto a esta noche, ir&#225;s a dormir al hotel. Hay un hotel muy bueno, justo al lado. Pasar&#225;s all&#237; la noche y ma&#241;ana volver&#225;s sin montar el n&#250;mero. Yo explicar&#233; a Alexandre que te has puesto enferma, que has vuelto a Par&#237;s y que, a partir de ahora, vendr&#225;s a verle aqu&#237;. Decidiremos juntos las fechas, la planificaci&#243;n y, mientras te comportes convenientemente, podr&#225;s verlo siempre que quieras. Con una condici&#243;n, que quede bien claro entre nosotros, que le dejes fuera de todo esto.

Ella se solt&#243; y se levant&#243;. Se arregl&#243;. Y, sin mirarle, a&#241;adi&#243;:

Entendido. Voy a pensarlo y volveremos a hablar. O mejor contratar&#233; a un abogado para que hable contigo. Quieres la guerra, pues bien, &#161;tendr&#225;s guerra!

&#201;l solt&#243; una carcajada.

&#191;Y c&#243;mo vas a hacer la guerra, Iris?

&#161;Como todas las madres que luchan para conservar a su hijo! &#161;Nunca se retira la custodia de un hijo a su madre! &#161;A menos que sea una perdida, una alcoh&#243;lica o una drogada!

Quienes, te recuerdo, pueden ser muy buenas madres. En todo caso &#161;mejores madres que t&#250;! No midas tus fuerzas contra m&#237;, Iris, podr&#237;as perderlo todo

&#161;Eso ya lo veremos!

Tengo fotos de ti en un peri&#243;dico besando a un adolescente, tengo testigos de tu reprochable conducta en Nueva York, incluso hab&#237;a contratado a un detective privado para saber los detalles de tu historia con Gabor Minar, he pagado tu larga estancia en una cl&#237;nica, pago las facturas de tu peluquero, de tu masajista, de tu sastre, de los restaurantes, pago los miles de euros que gastas sin contar, &#161;sin ser capaz siquiera de sumarlos! Tu papel de madre afligida no ser&#237;a muy cre&#237;ble. El juez se reir&#225; de ti. &#161;Sobre todo si es una mujer y se gana la vida! T&#250; no sabes lo que es la vida, Iris. No tienes ni la menor idea. Ser&#237;as el hazmerre&#237;r de un tribunal.

Ella estaba p&#225;lida, deshecha, el azul de sus ojos hab&#237;a perdido todo su brillo, ten&#237;a las comisuras de los labios ca&#237;das, dibujando la mueca de una vieja jugadora de casino arruinada, sus largas mechas de pelo colgaban como cortinas negras, hab&#237;a dejado de ser la espl&#233;ndida, la magn&#237;fica Iris Dupin; ahora era una mujer derrotada, que ve&#237;a c&#243;mo se escapaba su poder, su belleza, su cuenta corriente.

&#191;He sido lo bastante claro? -pregunt&#243; Philippe.

Ella no respondi&#243;. Pareci&#243; buscar una r&#233;plica hiriente, pero no la encontr&#243;. Cogi&#243; su chal, su bolso Birkin y su bolsa de viaje. Y huy&#243; dando un portazo.

No ten&#237;a ganas de llorar. Por el momento, se sent&#237;a estupefacta. Avanzaba por un largo corredor blanco y, al fondo del pasillo, lo sab&#237;a, el cielo caer&#237;a sobre su cabeza. Entonces, sufrir&#237;a, y su vida no ser&#237;a m&#225;s que un mont&#243;n de escombros. Ignoraba cu&#225;ndo llegar&#237;a ese momento, s&#243;lo quer&#237;a retrasar el mayor tiempo posible el llegar al final del pasillo. Le detestaba. No soportaba que se le escapase. &#161;Es m&#237;o! Nadie tiene derecho a quit&#225;rmelo. Me pertenece.

Hab&#237;a visto el hotel cuando volvieron a pie del restaurante.

Ir&#237;a sola. No necesitaba que reservasen una habitaci&#243;n. S&#243;lo necesitaba su tarjeta de cr&#233;dito. Y, hasta nueva orden, todav&#237;a la ten&#237;a. Y no pensaba dejar que se la quitaran.

Eso no impide, se dijo, caminando con paso furioso, que &#233;l nunca haya estado tan seductor como esta noche y que yo nunca haya estado tan cerca de echarme a sus brazos. &#191;Por qu&#233; se quiere siempre a los hombres que te rechazan, que te tratan mal? &#191;Por qu&#233; no nos conmueven los hombres que se echan a nuestros pies?

Pensar&#233; en ello ma&#241;ana.

Abri&#243; la puerta del hotel, tendi&#243; su tarjeta de cr&#233;dito y pidi&#243; la suite m&#225;s cara.



* * *


Al d&#237;a siguiente de la reuni&#243;n de copropietarios, Jos&#233;phine decidi&#243; ponerse las zapatillas y salir a correr. Y dar&#233; dos vueltas al lago para librarme de las miasmas de esa reuni&#243;n f&#233;tida.

Sobre la mesa de la cocina, dej&#243; una nota para Zo&#233;, que todav&#237;a dorm&#237;a. Era s&#225;bado, no ten&#237;a clase. Pronto volver&#237;an a hablarse, las estrellas se lo hab&#237;an prometido.

En el ascensor se cruz&#243; con el se&#241;or Merson que iba a dar un paseo en bicicleta. Llevaba un calz&#243;n corto ajustado, un bolso de cintura y un casco.

&#191;Un poco de footing, se&#241;ora Cort&#232;s?

&#191;Un poco de pedaling, se&#241;or Merson?

&#161;Es usted muy espiritual, se&#241;ora Cort&#232;s!

&#161;Muchas gracias, se&#241;or Merson!

Ayer noche hubo otra fiestecita en el trastero, me parece

No s&#233; lo que hacen &#161;pero parece que lo pasan bien!

Los j&#243;venes deben divertirse Todos hemos pasado por el trastero, &#191;no es cierto, se&#241;ora Cort&#232;s?

&#161;Hable por usted, se&#241;or Merson!

&#161;Ya est&#225; usted otra vez jugando a las v&#237;rgenes asustadas, se&#241;ora Cort&#232;s!

&#191;Vendr&#225; usted a la fiesta de Iphig&#233;nie, esta noche, se&#241;or Merson?

&#191;Es esta noche? &#161;Va a correr la sangre! Me temo lo peor.

No. Los que vengan sabr&#225;n comportarse.

&#161;Si usted lo dice! Entonces me pasar&#233;, se&#241;ora Cort&#232;s. &#161;S&#243;lo para contemplar sus hermosos ojos!

Venga con su mujer. As&#237; la conocer&#233;.

&#161;Tocado, se&#241;ora Cort&#232;s!

Y adem&#225;s ser&#225; un placer para Iphig&#233;nie, se&#241;or Merson.

Pero si es a usted a quien quiero dar placer, se&#241;ora Cort&#232;s. Tengo unas ganas locas de besarla. Podr&#237;a bloquear el ascensor, &#191;sabe?, y hacerle sufrir los peores ultrajes. &#161;Soy excelente para los peores ultrajes!

&#161;Usted no se rinde nunca, se&#241;or Merson!

&#161;Forma parte de mi encanto! Tengo un aspecto liviano, pero soy muy tenaz &#161;Que tenga usted un buen d&#237;a, se&#241;ora Cort&#232;s!

&#161;Lo mismo digo, se&#241;or Merson! Y no lo olvide, esta tarde, a las siete, en la porter&#237;a. &#161;Con su mujer!

Se separaron y Jos&#233;phine se alej&#243; trotando, con la sonrisa en los labios. Ese hombre hab&#237;a nacido para bromear. Una burbuja de champ&#225;n. Parec&#237;a m&#225;s juvenil, m&#225;s fr&#237;volo que su hijo. &#191;Qu&#233; hac&#237;a Zo&#233; en el trastero? Se detuvo en el cruce, esperando a que se abriese el sem&#225;foro, y continu&#243; corriendo en el sitio. No desacelerar el ritmo, si no el metabolismo dejaba de quemar grasa.

Estaba saltando cuando vio sobre un gran cartel frente a ella un anuncio en el que reconoci&#243; a Vittorio Giambelli, el hermano gemelo de Luca. Posaba en slip, los brazos cruzados sobre el pecho, el ce&#241;o fruncido. Ten&#237;a aspecto hura&#241;o. Viril, pero hura&#241;o. El eslogan se desplegaba sobre su cabeza como un friso de color: Sea masculino, v&#237;stase con Excelencia. &#161;No me extra&#241;a que est&#233; deprimido! Verse en slip ajustado sobre las paredes de Par&#237;s no debe de llevar a sentir gran estima por uno mismo.

El sem&#225;foro se puso en verde. Cruz&#243; pensando que deber&#237;a devolverle la llave a Luca. Pasar&#237;a luego por su casa cuando fuese a hacer la compra con Iphig&#233;nie. Y si me lo encuentro, le digo que no puedo quedarme, que Iphig&#233;nie me espera en el coche. Salt&#243; por encima de un peque&#241;o parapeto. Lleg&#243; a la gran avenida que llevaba al lago, reconoci&#243; a los jugadores de petanca de los s&#225;bados por la ma&#241;ana. Los s&#225;bados jugaban por parejas. Las mujeres llevaban el picnic. La botella de rosado, los huevos duros, el pollo fr&#237;o y la mayonesa en la nevera.

Empez&#243; a dar su primera vuelta al lago. Iba a su ritmo. Ten&#237;a sus puntos de referencia: la caba&#241;a roja y ocre del alquiler de barcas, los bancos p&#250;blicos que jalonaban el recorrido, el seto de bamb&#250; que invad&#237;a el camino y obligaba a ce&#241;irse a la izquierda, y el &#225;rbol seco y recto al que hab&#237;a bautizado el Indio y que se&#241;alaba la mitad del trayecto. Se cruzaba con los habituales del s&#225;bado: el viejo se&#241;or que corr&#237;a curvado soplando con fuerza, un gran labrador negro, que hac&#237;a pis bajando el trasero y olvidando que era un macho, un boyero berlin&#233;s que se lanzaba siempre al agua por el mismo sitio y que sal&#237;a inmediatamente, como si hubiese cumplido una tarea, hombres que corr&#237;an de dos en dos hablando de su trabajo, chicas que se quejaban de que los hombres s&#243;lo hablaban de su trabajo. Todav&#237;a era un poco pronto para cruzarse con el caminante misterioso. Los s&#225;bados aparec&#237;a sobre el mediod&#237;a. Hac&#237;a buen tiempo, se pregunt&#243; si no se habr&#237;a quitado una bufanda o el gorro. As&#237; podr&#237;a percibir sus rasgos, decidir si era amable o arisco. Quiz&#225;s sea alguien famoso que no quiere que le importunen. Una ma&#241;ana se hab&#237;a cruzado con Alberto de M&#243;naco, otra vez con Am&#233;lie Mauresmo. Ella se hab&#237;a apartado para dejarla pasar y la hab&#237;a aplaudido.

A lo lejos, sobre la isla, escuch&#243; el grito estridente de los pavos reales meu-meu. Vio, divertida, c&#243;mo un pato hund&#237;a la cabeza en el agua para buscar su pitanza, y ofrec&#237;a el espect&#225;culo de su trasero flotando en la superficie, como el flotador de una ca&#241;a de pescar. A su lado, una pata esperaba con aspecto satisfecho de mujer endomingada. Algunos corredores ol&#237;an a jab&#243;n, otros a sudor. Los unos miraban fijamente a las mujeres, los otros las ignoraban. Era un baile de habituales que giraban, sudaban, sufr&#237;an y volv&#237;an a girar. A ella le gustaba formar parte de ese mundo de derviches giradores. Su cabeza se vaciaba poco a poco, se sent&#237;a flotar. Los problemas se despegaban como trozos de piel muerta.

La m&#250;sica de su m&#243;vil la llam&#243; al orden. Ley&#243; el nombre de Iris y descolg&#243;.

&#191;Jo?

S&#237;-dijo Jos&#233;phine par&#225;ndose, sin aliento.

&#191;Te molesto?

Estaba corriendo.

&#191;Podemos vernos esta tarde?

&#161;Pero si vamos a vernos esta tarde! &#191;Lo has olvidado? &#191;La copa en casa de mi portera? Y despu&#233;s, hab&#237;amos dicho que cen&#225;bamos juntas No me digas que lo hab&#237;as olvidado.

&#161;Ah, s&#237;! Es verdad.

Lo hab&#237;as olvidado -constat&#243; Jos&#233;phine, herida.

No, no es eso pero &#161;Tengo que hablar contigo inmediatamente! De hecho, estoy en Londres y es terrible, Jo, es terrible

Su voz estaba rota y Jos&#233;phine se alarm&#243;.

&#191;Ha pasado algo?

&#161;Quiere divorciarse! Me ha dicho que se hab&#237;a acabado, que ya no me quer&#237;a. Jo, creo que me voy a morir. &#191;Me oyes?

S&#237;, s&#237; -murmur&#243; Jos&#233;phine.

Hay otra mujer en su vida.

&#191;Est&#225;s segura?

S&#237;. Primero, lo sospech&#233; por la forma en la que me hablaba. Ya no me ve, Jo, me he vuelto transparente. &#161;Es horrible!

Que no &#161;Son impresiones tuyas!

Te aseguro que no. Me ha dicho que hab&#237;amos terminado, que &#237;bamos a divorciarnos. Me ha enviado a dormir al hotel. &#161;Oh, Jo, te das cuenta! Y esta ma&#241;ana, cuando volv&#237; para verle, hab&#237;a salido a tomar un caf&#233;, ya sabes lo que le gusta leer el peri&#243;dico, solo, por la ma&#241;ana, en la terraza de un caf&#233;, &#161;entonces habl&#233; con Alexandre y me lo dijo todo!

&#191;Te dijo qu&#233;? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, con el coraz&#243;n en un pu&#241;o.

Me dijo que su padre se ve&#237;a con una mujer, que iba con ella al teatro y a la &#243;pera, que dorm&#237;a en su casa a menudo, que se las arreglaba para volver por la ma&#241;ana temprano para que Alexandre no se diese cuenta de nada, que se pon&#237;a el pijama y fing&#237;a que se levantaba, bostezaba, se frotaba el pelo, que &#233;l no dec&#237;a nada para tranquilizar a su padre porque, espera, ah&#237; cre&#237; que me mor&#237;a, me dijo que desde que ve&#237;a a esa mujer parece menos apesadumbrado, que ha cambiado. &#161;Te digo que lo sabe todo! Sabe incluso su nombre Dottie Doolittle. &#161;Ay, Jo! Creo que me voy a morir

Yo tambi&#233;n me voy a morir, se dijo Jos&#233;phine, apoy&#225;ndose en el tronco de un &#225;rbol.

&#161;Qu&#233; desgraciada soy, Jo! &#191;Qu&#233; voy a hacer ahora?

&#191;Y no puede ser que Alexandre se lo haya inventado todo? -sugiri&#243; Jos&#233;phine agarr&#225;ndose a esa esperanza.

Parec&#237;a muy convencido. Me lo cont&#243; todo con tonillo pedag&#243;gico, tranquilo, indiferente. Como si quisiera decirme, no importa, mam&#225;, no montes un drama Incluso emple&#243; una palabra extra&#241;a, me dijo que esa chica era sin duda transitoria. Qu&#233; amable es, &#191;no? Me dice eso para consolarme &#161;Ay, Jo!

&#191;D&#243;nde est&#225;s?

En la estaci&#243;n de Saint Paneras. Estar&#233; en Par&#237;s dentro de tres horas. Puedo ir a tu casa, &#191;verdad?

Tengo que ir de compras con Iphig&#233;nie

&#191;Y &#233;sa qui&#233;n es?

Mi portera. Le promet&#237; llevarla de compras para su fiesta

Voy de todas formas. No quiero quedarme sola.

Quer&#237;a echarle una mano para preparar la reuni&#243;n -dud&#243; Jos&#233;phine, que hab&#237;a prometido ayudar a Iphig&#233;nie.

Nunca est&#225;s cuando te necesito, &#161;te ocupas de todos menos de m&#237;!

Su voz temblaba, estaba a punto de llorar.

Estoy acabada, nula, ya no valgo para nada. &#161;Soy vieja!

&#161;Que no! &#161;Para!

&#191;Puedo ir a tu casa directamente? Llevo mi bolsa. No quiero quedarme sola. Me voy a volver loca

De acuerdo. Nos vemos en casa.

De verdad que no me merezco esto, &#191;sabes? Ay, si supieses c&#243;mo me miraba. Sus ojos no me ve&#237;an, &#161;era horrible!

Jos&#233;phine colg&#243;, aturdida. Es posible lograr que la gente que os ama baje los ojos, pero no se puede obligar a bajar los ojos a la gente que os desea. Te quiero y te deseo. Le hab&#237;a cre&#237;do. Hab&#237;a cogido esas palabras de amor, hab&#237;a hecho de ellas un estandarte con el que se hab&#237;a envuelto. No s&#233; nada de los meandros del amor. Soy tan ingenua Tan torpe Las piernas ya no la sosten&#237;an, se dej&#243; caer sobre un banco p&#250;blico.

Cerr&#243; los ojos y pronunci&#243; las palabras: Dottie Doolittle. Es joven, es bonita, lleva pendientes peque&#241;os, tiene los dientes separados, le hace re&#237;r a carcajadas, no es la hermana de nadie, baila rock y canta La Traviata, conoce los Sonnets de Shakespeare y el Kamasutra. Me ha apartado como quien barre una hoja seca. Me voy a acurrucar en el suelo como una hoja muerta. Voy a retomar mi vida de mujer sola. Voy a vivir sola. O m&#225;s bien, s&#233; sobrevivir. La almohada de al lado que permanece fr&#237;a y lisa, la cama en la que una se acuesta abri&#233;ndola por un solo lado, dejando el sitio para el otro que no llega, al que a veces se espera con la frente gacha y terca, y los brazos familiares y fr&#237;os de la tristeza, que se cierran sobre esa espera que se adivina infinita. Sola, sola, sola. Ni siquiera un trozo de sue&#241;o que acariciar, un trozo de pel&#237;cula que ver. Y sin embargo &#161;con qu&#233; impulso me lanc&#233; contra &#233;l en Nochebuena! Mi inocencia de ni&#241;a peque&#241;a cuando me bes&#243;, y mis sue&#241;os de primer amor que le ofrec&#237;a. Por &#233;l volv&#237;a a mi infancia. Estaba dispuesta a todo. A esperarle, a respirarle de lejos, a no beber de su amor m&#225;s que las palabras garabateadas sobre una guarda. Eso hubiera bastado para hacerme esperar meses y a&#241;os.

Sinti&#243; un aliento sobre su brazo y abri&#243; los ojos, asustada.

Un perro negro la estaba mirando, con la cabeza inclinada a un lado.

&#161;Du Guesclin!-articul&#243; reconociendo al perro negro vagabundo de la v&#237;spera-. &#191;Qu&#233; haces aqu&#237;?

Un hilillo de saliva colgaba de su morro. Ten&#237;a aspecto desolado por verla tan apenada.

Estoy triste, Du Guesclin. Estoy muy triste

&#201;l inclin&#243; la cabeza como para se&#241;alar que la escuchaba.

Estoy enamorada de un hombre, cre&#237;a que &#233;l me amaba y me he equivocado. &#201;se es mi problema, &#191;sabes?, siempre conf&#237;o en la gente

Parec&#237;a comprender y esperar el final de la historia.

Nos besamos una noche, un aut&#233;ntico beso de amor, y vivimos Una semana de amor loco. No nos dec&#237;amos nada, apenas nos roz&#225;bamos, pero nos com&#237;amos con los ojos. Qu&#233; hermoso, Du Guesclin, qu&#233; fuerte, qu&#233; violento, qu&#233; dulce Y despu&#233;s, no s&#233; qu&#233; me ocurri&#243;, le ped&#237; que se marchara, y se fue.

Ella sonri&#243;, le acarici&#243; el hocico.

Y ahora estoy llorando en un banco porque acabo de enterarme de que se ve con otra chica y eso duele, Du Guesclin, eso duele mucho.

&#201;l sacudi&#243; la cabeza y el hilillo de saliva fue a pegarse en el pelo del morro. Era un filamento pegajoso que brillaba a la luz del sol.

Eres un perro muy extra&#241;o, t&#250; &#191;Sigues sin tener amo?

&#201;l inclin&#243; la cabeza como para decir eso es, no tengo amo. Y permaneci&#243; as&#237;, la cabeza colocada en una posici&#243;n extra&#241;a con u hilillo de baba pegajoso a modo de collar.

&#191;Qu&#233; esperas de m&#237;? No puedo llevarte conmigo.

Le acarici&#243; con la mano la larga y abultada cicatriz en el flanco derecho. Su &#225;spero pelo presentaba costras en algunos lugares.

Es verdad que eres feo. Tiene raz&#243;n Lefloc-Pignel. Tienes eczemas No tienes cola. Te la han cortado de cuajo. Tienes una oreja colgando, la otra no es m&#225;s que un mu&#241;&#243;n. No eres un premio de belleza, &#191;sabes?

Elev&#243; hacia ella una mirada amarilla y vidriosa y se dio cuenta de que ten&#237;a el ojo derecho prominente y lechoso.

&#161;Te han dejado tuerto! &#161;Mi pobre viejo!

Ella le hablaba mientras le acariciaba, &#233;l se dejaba hacer. Ni gru&#241;&#237;a ni se echaba hacia atr&#225;s. Doblaba el cuello bajo la caricia y entrecerraba los ojos.

&#191;Te gusta que te acaricien? &#161;Apuesto a que est&#225;s m&#225;s acostumbrado a las patadas!

Gimi&#243; suavemente como para asentir, y ella sonri&#243; de nuevo.

Busc&#243; los restos de un tatuaje en la oreja, inspeccion&#243; el interior de sus muslos. No encontr&#243; ninguno. &#201;l se acost&#243; a sus pies y esper&#243; jadeando. Ella comprendi&#243; que ten&#237;a sed. Le mostr&#243; con el dedo el agua del lago, despu&#233;s sinti&#243; verg&#252;enza. Lo que &#233;l quer&#237;a era una buena escudilla de agua clara. Mir&#243; la hora. Iba a llegar tarde. Se levant&#243; bruscamente y &#233;l la sigui&#243;. Trotaba a su lado. Alto y negro. A su memoria vinieron los versos de Cuvelier:

Creo que no hubo nadie tan feo desde Rennes hasta Dinan

Era negro y achatado, macizo y contrahecho

El padre y la madre le detestaban tanto

Que a menudo en su coraz&#243;n deseaban

Que fuese muerto o ahogado en el agua corriente.

La gente se apartaba para dejarles pasar. Jos&#233;phine sinti&#243; ganas de re&#237;r.

&#191;Has visto, Du Guesclin? &#161;Das miedo a la gente!

Se detuvo, le mir&#243; y gimi&#243;:

&#191;Qu&#233; voy a hacer contigo?

&#201;l se balanceaba sobre sus ancas como para decirle venga, deja de pens&#225;rtelo, ll&#233;vame. Le suplicaba con su ojo bueno del color del ron viejo, y parec&#237;a esperar su asentimiento. Ojo con ojo, se analizaban. El esperaba, confiado, ella calculaba, dubitativa.

&#191;Qui&#233;n te cuidar&#225; cuando yo vaya a trabajar a la biblioteca? &#191;Y si ladras o empiezas a aullar? &#191;Qu&#233; dir&#225; la se&#241;orita de Bassonni&#232;re?

Su h&#225;bil morro vino a hundirse en su mano.

&#161;Du Guesclin!-gimi&#243; Jos&#233;phine-. No es razonable.

Se hab&#237;a puesto a correr de nuevo, &#233;l la segu&#237;a, el hocico pegado a sus suelas. Se deten&#237;a cuando ella se deten&#237;a. Trotaba cuando volv&#237;a a empezar. Se qued&#243; quieto en el primer sem&#225;foro, reanud&#243; su marcha junto a ella, respetando su velocidad, sin echarse a sus pies. La sigui&#243; hasta el portal. Se desliz&#243; tras ella cuando abri&#243; la puerta. Esper&#243; a que llegase el ascensor. Se meti&#243; en &#233;l con la agilidad de un contrabandista orgulloso de enga&#241;ar al enemigo.

&#191;Acaso crees que no te veo? -dijo Jos&#233;phine pulsando el bot&#243;n de su piso.

Y siempre esa misma mirada que pon&#237;a su suerte en sus manos.

Escucha, vamos a hacer un trato. Te cuido una semana y si te portas bien, lo prolongo otra semana, y as&#237; Si no, te llevo a la Sociedad Protectora.

Emiti&#243; un largo bostezo, que seguramente significaba que estaba de acuerdo.

Entraron en la cocina. Zo&#233; estaba desayunando. Levant&#243; la cabeza y exclam&#243;:

&#161;Guau, mam&#225;! &#161;Eso s&#237; que es un perro, y no un rat&#243;n!

Me lo encontr&#233; en el lago y no me ha dejado.

Seguramente lo han abandonado. &#191;Has visto c&#243;mo nos mira? &#191;Podemos qued&#225;rnoslo, mam&#225;? &#161;Di que s&#237;! &#161;Di que s&#237;!

Hab&#237;a recuperado el habla y sus gruesas mejillas de ni&#241;a coloreadas por la excitaci&#243;n. Jos&#233;phine puso cara de duda. Zo&#233; suplic&#243;:

Siempre he so&#241;ado con tener un perro grande. Ya lo sabes.

La mirada de Du Guesclin iba de la una a la otra. De la ansiedad suplicante de Zo&#233; a la calma aparente de Jos&#233;phine, que se reencontraba con la complicidad de su hija y la saboreaba en silencio.

Me recuerda a Perro Azul, ya sabes, el cuento que nos le&#237;as por la noche para dormirnos y nos daba tanto miedo que ten&#237;amos pesadillas

Jos&#233;phine adoptaba una voz ronca y amenazante, cuando Perro Azul era atacado por el Esp&#237;ritu del Bosque, y Zo&#233; desaparec&#237;a bajo las s&#225;banas.

Ella abri&#243; los brazos. Zo&#233; se abraz&#243; a ella.

&#191;De verdad quieres que nos lo quedemos?

&#161;Oh, s&#237;! Si no nos lo quedamos, nadie le querr&#225;. Se quedar&#225; solo.

&#191;Te ocupar&#225;s de &#233;l? &#191;Lo sacar&#225;s a pasear?

&#161;Te lo prometo! &#161;Te lo prometo! &#161;Vamos, di que s&#237;!

Jos&#233;phine recibi&#243; la mirada suplicante de su hija. Una pregunta le quemaba en los labios, pero se la call&#243;. Esperar&#237;a a que Zo&#233; quisiese hablar de ello. Estrech&#243; a su hija contra su pecho y suspir&#243;, s&#237;.

&#161;Oh, mam&#225;! &#161;Estoy tan contenta! &#191;C&#243;mo lo vamos a llamar?

Du Guesclin. El dogo negro de Broc&#233;liande.

Du Guesclin -repiti&#243; Zo&#233;, acariciando al perro-. Creo que necesita un buen ba&#241;o. Y una buena comida

Du Guesclin movi&#243; su grupa sin cola y sigui&#243; a Zo&#233; hasta el cuarto de ba&#241;o.

Va a venir Iris. &#191;Abrir&#225;s t&#250;?-grit&#243; Jos&#233;phine en el pasillo-. Me voy de compras con Iphig&#233;nie.

Escuch&#243; la voz de Zo&#233; que respond&#237;a: S&#237;, mam&#225;, mientras hablaba al perro, y sali&#243; a buscar a Iphig&#233;nie, feliz.

Tendr&#237;a que comprar comida para Du Guesclin.



* * *


&#161;Y ahora, tengo un perro! -anunci&#243; Jos&#233;phine a Iphig&#233;nie.

&#161;Pues s&#237; que la ha hecho buena, se&#241;ora Cort&#232;s! &#161;Habr&#225; que sacarlo por la noche y no tener miedo a la oscuridad!

El me defender&#225;. Junto a &#233;l nadie se atrever&#225; a atacarme.

&#191;Lo ha adoptado usted por eso?

Ni siquiera he pensado en ello. Estaba sentada en un banco y

&#161;Lleg&#243; y empez&#243; a lamerla! &#161;Menuda es usted! &#161;Recoger&#237;a a cualquiera! Bueno, tengo mi lista, mis bolsas, porque ahora ya no dan bolsas gratuitas, &#161;hay que pagarlo todo! &#161;En marcha! Nos vamos

Jos&#233;phine verific&#243; que hab&#237;a cogido la llave de Luca.

Tengo que pasar dos minutos por casa de un amigo para dejar una llave.

La esperar&#233; en el coche.

Puso la mano en el bolsillo y pens&#243; que, no hac&#237;a mucho tiempo, se hubiese vuelto loca de alegr&#237;a por poseer esa llave.

Aparc&#243; delante del portal de Luca, levant&#243; la cabeza hacia su apartamento. Las persianas estaban cerradas. No estaba all&#237;. Respir&#243;, aliviada. Busc&#243; un sobre en la guantera. Encontr&#243; uno viejo. Arranc&#243; la hoja de un cuaderno y escribi&#243; deprisa: Luca, le devuelvo su llave. No era una buena idea. Buena suerte en todo. Jos&#233;phine. La reley&#243;, mientras Iphig&#233;nie miraba deliberadamente a otro lado. Tach&#243; no era una buena idea. Pas&#243; el mensaje a limpio en otra hoja y la introdujo en el sobre. No tendr&#237;a m&#225;s que dej&#225;rselo a la portera.

Estaba pasando el aspirador en su porter&#237;a. Fue a abrirla con el tubo del aspirador enrollado alrededor del hombro como una boa met&#225;lica. Jos&#233;phine se present&#243;. Pregunt&#243; si pod&#237;a dejar un sobre para el se&#241;or Luca Giambelli.

Querr&#225; usted decir Vittorio Giambelli.

No. Luca, su hermano.

&#161;S&#243;lo faltar&#237;a que Vittorio encontrase una nota de la lerda!

&#161;Aqu&#237; no vive ning&#250;n Luca Giambelli!

&#161; Claro que s&#237;!-sonri&#243; Jos&#233;phine-. Un hombre alto y moreno, con un mech&#243;n de pelo en los ojos y que lleva siempre una parka.

Vittorio -repiti&#243; la mujer, apoy&#225;ndose en el tubo del aspirador.

&#161;No! Luca. Su hermano gemelo.

La portera sacudi&#243; la cabeza, soltando el nudo de la boa.

Ni idea.

Vive en el quinto.

Vittorio Giambelli. Pero no Luca

&#161;Pero bueno!-se enfad&#243; Jos&#233;phine-. Ya he estado en su casa. Puedo describirle su estudio. Y tambi&#233;n s&#233; que tiene un hermano gemelo llamado Vittorio, que trabaja como modelo, pero que no vive aqu&#237;.

Pues justamente es &#233;l el que vive aqu&#237;. &#161;Al otro no lo he visto nunca! Y de hecho, ni siquiera sab&#237;a que ten&#237;a un hermano gemelo. &#161;Nunca me ha hablado de &#233;l! &#161;Ni tampoco me he vuelto loca!

Se hab&#237;a molestado y amenazaba con cerrar la puerta.

&#191; Puedo hablar con usted un minuto? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

Es que tengo otras cosas que hacer.

Le hizo una se&#241;al para que entrase a su pesar. Dej&#243; el aspirador en el suelo y pos&#243; encima el nudo de la boa.

El que yo conozco se llama Luca -recapitul&#243; Jos&#233;phine estrechando el sobre entre sus manos-. Escribe una tesis sobre la historia de las l&#225;grimas para un editor italiano. Pasa mucho tiempo en la biblioteca, tiene aspecto de estudiante envejecido. Es sombr&#237;o, melanc&#243;lico, no se r&#237;e a menudo

&#161;Eso seguro! &#161;No tiene buen car&#225;cter! Se enfada por cualquier tonter&#237;a. Es porque tiene ardores de est&#243;mago. Se alimenta mal. Claro, un hombre solo &#161;no se cocina platitos buenos!

&#161;Ah! &#191;Ve usted?, estamos hablando del mismo hombre.

S&#237;, s&#237;. La gente que digiere mal es imprevisible, est&#225; sometida a sus jugos g&#225;stricos. Y &#233;l es as&#237;, un d&#237;a te sonr&#237;e, el otro te pone cara de perro. Vittorio, le digo. Un hombre muy guapo. Modelo de revista

&#161;No, su hermano Luca!

Ya le he dicho que aqu&#237; no vive ning&#250;n Luca. &#161;Vive un Vittorio que no digiere bien! Creo que s&#233; de qu&#233; hablo, &#161;yo soy la que le sube el correo! Y en los sobres no est&#225; escrito Luca, sino Vittorio. Y las multas, Vittorio. Y las reclamaciones de facturas, &#161;Vittorio! Hay tantos Luca por aqu&#237; como fuentes de oro en la esquina de la calle. &#191;No me cree? &#191;Tiene usted la llave? Suba a comprobarlo usted misma

Pero si ya he estado aqu&#237; y s&#233; que es la casa de Luca Giambelli.

Y yo le digo que no hay m&#225;s que uno, y que es Vittorio Giambelli, modelo de profesi&#243;n, hombre dif&#237;cil de intestinos fr&#225;giles. Que pierde los papeles, pierde las llaves, pierde la cabeza y pasa la noche en comisar&#237;a. As&#237; que no venga a contarme historias y a hacerme creer que son dos cuando s&#243;lo hay uno. Y mejor as&#237; porque, con dos como &#233;l, &#161;me volver&#237;a loca!

Eso no es posible -murmur&#243; Jos&#233;phine-. Es Luca.

Vittorio. Vittorio Giambelli. Conozco a su madre. He hablado con ella. Lo ha pasado muy mal por su culpa Es su &#250;nico hijo y no se merec&#237;a eso. La he visto como la veo a usted. Sentada en esa silla

Se&#241;al&#243; una silla donde dorm&#237;a un gran gato gris.

Lloraba y me contaba todas las cosas horribles que le hac&#237;a. No vive muy lejos. En Gennevilliers. Puedo darle su direcci&#243;n si usted quiere.

Eso no es posible -dijo Jos&#233;phine sacudiendo la cabeza-. No he estado so&#241;ando

Me temo que le ha contado a usted un mont&#243;n de embustes, mi querida se&#241;ora. Es una pena que no est&#233;. Se ha marchado a Italia. A Mil&#225;n. Por un desfile. Vuelve pasado ma&#241;ana. Vittorio Giambelli. Apariencia la tiene, sin duda. Con &#233;l solito se monta todo el decorado y las mandolinas

La portera rumiaba como si saliese de una decepci&#243;n amorosa.

Lo de Luca ha debido de invent&#225;rselo para hacerse el interesante. Odia que le digan que posa para las revistas. &#161;Eso le pone furioso! Eso no le impide vivir de ello. &#191;Cree que me divierte a m&#237; limpiar la porquer&#237;a de los dem&#225;s? &#161;Pero es de lo que vivo! &#161;Y a esa edad! Ya ser&#237;a hora de que se volviese razonable.

&#161;Pero esto es una locura!

Miente como respira, pero un d&#237;a va a acabar mal &#161;se lo digo yo! Porque en cuanto alguien le lleva la contraria, se pone como loco Incluso hay gente en el edificio que quiere echarle, para que vea. Se enfad&#243; con una pobre se&#241;ora que quer&#237;a que le dedicase una de sus fotos, la amenaz&#243; &#161;y hay que ver de qu&#233; forma! Le lanz&#243; un caj&#243;n a la cabeza. Hay gente en libertad que estar&#237;a mejor encerrada.

Nunca lo hubiese cre&#237;do -balbuce&#243; Jos&#233;phine.

&#161;No es usted la primera a la que le pasa! &#161;Ni la &#250;ltima, desgraciadamente!

No le diga usted que he venido, &#191;quiere?-dijo Jos&#233;phine-. No quiero que sepa que lo s&#233;. Por favor, es importante

Como usted quiera. No me supondr&#225; ning&#250;n esfuerzo, no voy buscando su compa&#241;&#237;a. &#191;Y qu&#233; va a hacer con la llave? &#191;Se la queda?

Jos&#233;phine cogi&#243; el sobre. Ya se la enviar&#237;a por correo.

Hizo como que se alejaba, esper&#243; a que la portera hubiese cerrado la puerta y volvi&#243; a sentarse al pie de la escalera. Oy&#243; el aspirador bramar en la porter&#237;a. Necesitaba respirar antes de volver con Iphig&#233;nie. Luca era el hombre en slip que frunc&#237;a el ce&#241;o en los carteles. Record&#243; que, al principio de su relaci&#243;n, se pasaba el tiempo desapareciendo. Despu&#233;s reaparec&#237;a. Ella no se atrev&#237;a a hacer preguntas.

&#191;Qui&#233;n era? &#191;Vittorio y Luca? &#191;Vittorio que so&#241;aba con ser Luca? &#191;O Luca encerrado en Vittorio? Cuanto m&#225;s lo pensaba, m&#225;s la mentira creaba un abismo profundo y misterioso, que se abr&#237;a sobre otro abismo en el que se precipitaba.

Tiene una doble vida. La de modelo, que desprecia, y la de investigador erudito, que respeta Eso explicaba por qu&#233; era tan distante, por qu&#233; la llamaba de usted. No pod&#237;a acercarse por miedo a ser desenmascarado. No pod&#237;a abandonarse por miedo a confesarlo todo.

Y cuando le hab&#237;a dicho, en noviembre, justo antes de su agresi&#243;n: Tengo que hablar con usted, Jos&#233;phine, es importante, ten&#237;a quiz&#225;s ganas de confesarse, de librarse de esa mentira. Y, en el &#250;ltimo minuto, no hab&#237;a tenido el valor. No hab&#237;a venido. &#161;No era extra&#241;o que no me prestase atenci&#243;n! Estaba ocupado en otra parte. Como un malabarista concentrado en sus pelotas, estaba vigilando cada mentira. Mentir es un trabajo duro, exige una tremenda organizaci&#243;n. Una atenci&#243;n constante. Y mucha energ&#237;a.

Se dirigi&#243; hacia el coche en el que esperaba Iphig&#233;nie. Se dej&#243; caer pesadamente sobre su asiento. Puso el contacto, los ojos perdidos en el vac&#237;o.

&#191;Algo va mal, se&#241;ora Cort&#232;s? Parece usted trastornada.

Ya se me pasar&#225;, Iphig&#233;nie.

&#161;Est&#225; completamente p&#225;lida! &#191;Ha tenido usted una revelaci&#243;n?

Podemos llamarlo as&#237;.

Pero &#191;no hay nada roto?

Algo s&#237; -suspir&#243; Jos&#233;phine, intentando encontrar el camino al Intermarch&#233;.

As&#237; es la vida, se&#241;ora Cort&#232;s, &#161;as&#237; es la vida!

Se coloc&#243; una mecha que hab&#237;a escapado de su fular, como si pusiese orden en su vida, precisamente.

&#191;Sabe, Iphig&#233;nie? -explic&#243; Jos&#233;phine, un poco molesta por haber sido inmediatamente archivada en la categor&#237;a accidentes de la vida-, mi vida hab&#237;a sido durante mucho tiempo aburrida y mon&#243;tona. No estoy acostumbrada.

Pues va a tener que acostumbrarse, se&#241;ora Cort&#232;s. La vida es a menudo un camino de heridas y chichones. Pocas veces es un camino de rosas. O puede que se quede dormida y, cuando se despierta, &#161;empieza a golpearte sin cesar!

En mi caso, precisamente, me gustar&#237;a que se parase un poco.

No es usted la que decide

Lo s&#233;, pero al menos puedo formular un deseo, &#191;no?

Iphig&#233;nie solt&#243; su ruidito de flauta atascada con los labios cerrados, con aspecto de decir no cuente usted con ello, y Jos&#233;phine reconoci&#243; al final de la calle la gran avenida que llevaba al Intermarch&#233;.

Llenaron dos carritos de comida y bebida. Iphig&#233;nie lo carg&#243; hasta los topes. Jos&#233;phine la fren&#243;. No estaba segura de que los vecinos acudiesen en procesi&#243;n. El se&#241;or y la se&#241;ora Merson, el se&#241;or y la se&#241;ora Van den Brock y el se&#241;or Lefloc-Pignel hab&#237;an prometido pasarse; dos parejas del edificio B y una se&#241;ora que viv&#237;a sola con su caniche blanco hab&#237;an dicho s&#237; tambi&#233;n. Iris. Zo&#233;. Pero &#191;y los dem&#225;s? Iphig&#233;nie hab&#237;a colocado su invitaci&#243;n en el recibidor y pretend&#237;a que los del edificio B acudir&#237;an en tropel. &#201;sos no se andan con exquisiteces, no como los del edificio A, que dicen s&#237; para halagarla a usted, no a m&#237;.

Diga, Iphig&#233;nie, no estar&#225; reconstruyendo la lucha de clases

Digo lo que pienso. Los ricos s&#243;lo se juntan con los ricos. Los pobres se mezclan. O en todo caso, les gustar&#237;a mezclarse, &#161;pero no siempre les dejan!

Jos&#233;phine estuvo a punto de decir que, desde el principio, pensaba que no era muy juicioso reunir a gente que se ignoraba durante el resto del a&#241;o. Pero despu&#233;s pens&#243; &#191;para qu&#233;? Seamos positivos y optimistas. Le costaba ser positiva y optimista: la traici&#243;n de Philippe, la mentira de Luca y, ahora, &#161;la lucha de clases!

Iphig&#233;nie enumeraba los canap&#233;s y los bocadillos, los vasos para refresco y para vino, las servilletas de papel, los vasos de pl&#225;stico, las aceitunas, los cacahuetes, las lonchas de rosbif y las salchichas c&#243;ctel. Consultaba su lista. A&#241;ad&#237;a una botella de Coca Cola para los ni&#241;os, una botella de whisky para los hombres. Jos&#233;phine cogi&#243; croquetas para perros. Un gran saco para perro s&#233;nior. &#191;Qu&#233; edad podr&#237;a tener Du Guesclin?

En la caja, Iphig&#233;nie sac&#243; orgullosa su dinero. Jos&#233;phine la dej&#243; hacer. La cajera les pregunt&#243; si ten&#237;an tarjeta de cliente e Iphig&#233;nie se volvi&#243; hacia Jos&#233;phine.

&#161;Es el momento de sacar su tarjeta y que yo se la llene!

Saltaba de alegr&#237;a ante la idea de engordar el cr&#233;dito de Jos&#233;phine, se balanceaba abanicando el aire con sus billetes. Jos&#233;phine tendi&#243; su tarjeta.

&#191;Cu&#225;ntos puntos hay? -pregunt&#243; Iphig&#233;nie, impaciente.

La cajera levant&#243; una ceja y dej&#243; caer su mirada sobre la pantalla de la caja.

Cero.

&#161;Eso no es posible!-exclam&#243; Jos&#233;phine-. &#161;No la he utilizado nunca!

Quiz&#225;s, pero el saldo es cero

&#161;Pero bueno, se&#241;ora Cort&#232;s!

Iphig&#233;nie la contemplaba con la boca abierta.

No entiendo nada -murmur&#243; Jos&#233;phine, inc&#243;moda-. &#161;Nunca la he utilizado!

E inmediatamente pens&#243; que nunca hab&#237;a cre&#237;do en esa tarjeta de cliente. Ol&#237;a a timo, a descuentos en pat&#233;s caducados o en queso enmohecido, a stock de medias defectuosas del que librarse, o a dent&#237;frico que produc&#237;a caries.

Debe de haber un error. Vaya a buscar a la responsable de la caja central -exigi&#243; Iphig&#233;nie, haciendo frente a la adversidad.

D&#233;jelo, Iphig&#233;nie, estamos perdiendo el tiempo

No, se&#241;ora Cort&#232;s. Usted ha cotizado, tiene usted derecho. A lo mejor es un error de la m&#225;quina.

La cajera, cansada de tener veinte a&#241;os y de estar detr&#225;s de una caja registradora, encontr&#243; la fuerza para pulsar un timbre. Se present&#243; una se&#241;ora entrecana y apuesta: era contable y supervisaba las cajas. Las escuch&#243; desplegando una gran sonrisa comercial. Les pidi&#243; que esperaran un poco, que iba a realizar una verificaci&#243;n.

Se echaron a un lado y esperaron. Iphig&#233;nie refunfu&#241;aba. Jos&#233;phine pensaba que le daba igual que le birlaran sus puntos de cliente Aqu&#233;l era un d&#237;a fantasma, un d&#237;a en el que todo desaparec&#237;a: los puntos de la tarjeta y los hombres.

La contable volvi&#243; balance&#225;ndose. Caminaba como si fuese aplastando colillas de cigarrillos con la punta de los pies. Eso le daba aspecto de jaca torpe.

Todo es completamente normal, se&#241;ora Cort&#232;s. Hay registrada una serie de compras efectuadas con su tarjeta estos tres &#250;ltimos meses en diversos Intermarch&#233;

Pero &#161;eso no es posible!

&#161;S&#237;, se&#241;ora Cort&#232;s! Lo he verificado y

Pero ya le digo que

&#191;Est&#225; usted segura de tener la &#250;nica tarjeta de la cuenta?

&#161;Antoine! &#161;Antoine ten&#237;a una tarjeta!

Mi marido -consigui&#243; articular Jos&#233;phine-. &#201;l

Ha debido de utilizarla y se olvid&#243; de avisarla. Porque lo he verificado, las compras han sido realizadas, podr&#237;a darle el detalle y las fechas precisas, si lo desea

No. No merece la pena -dijo Jos&#233;phine-. Muchas gracias.

La contable esboz&#243; una &#250;ltima sonrisa comercial y, satisfecha de haber resuelto un problema, se alej&#243; con su paso de jaca apagando incendios.

&#161;Vaya cara que tiene su marido, se&#241;ora Cort&#232;s! &#161;Ya no vive con usted y le manga sus puntos! &#161;No me extra&#241;a! Son todos iguales, aprovech&#225;ndose de nosotras. &#161;Espero que le haga usted un repaso completo la pr&#243;xima vez que lo vea!

Iphig&#233;nie segu&#237;a enfadada y lanzaba chorros de bilis contra el g&#233;nero masculino. Dio un portazo al entrar en el coche, y continu&#243; mascullando mucho tiempo despu&#233;s de que Jos&#233;phine pusiera el coche en marcha.

No s&#233; c&#243;mo lo hace para seguir tranquila, se&#241;ora Cort&#232;s.

&#161;Hay d&#237;as en los que una no deber&#237;a levantarse, ni poner un pie en el suelo!

&#191;Se ha dado usted cuenta de que las malas noticias llegan siempre a rachas? &#161;A lo mejor esto s&#243;lo acaba de empezar!

&#191;Dice usted eso para animarme?

Deber&#237;a usted consultar el hor&#243;scopo de hoy.

&#161;No tengo muchas ganas! Y adem&#225;s creo que ya he tenido suficiente por hoy. &#161;No s&#233; qu&#233; m&#225;s podr&#237;a pasarme!

&#161;El d&#237;a no ha terminado! -se rio amargamente Iphig&#233;nie, haciendo su ruido de trompeta desafinada.



* * *


La fiesta en la porter&#237;a estaba en su apogeo. Hasta el &#250;ltimo minuto Jos&#233;phine e Iphig&#233;nie hab&#237;an colocado sillas, untaron pat&#233; de anchoas en pan de molde, descorcharon botellas de vino, de Coca Cola, de champ&#225;n. El champ&#225;n era una gentileza del edificio B.

Iphig&#233;nie hab&#237;a acertado: el edificio B se hab&#237;a presentado casi al completo, y del edificio A s&#243;lo estaban, por el momento, el se&#241;or y la se&#241;ora Merson y su hijo, Paul, Jos&#233;phine, Iris y Zo&#233;.

&#161;Est&#225; zamp&#225;ndose todos los canap&#233;s, mam&#225;! -remarc&#243; la peque&#241;a Clara se&#241;alando a Paul Merson, que se atiborraba sin verg&#252;enza.

Oiga, se&#241;ora Merson, &#191;da usted de comer a su hijo? -exclam&#243; Iphig&#233;nie golpeando los dedos de Paul Merson.

&#161;Paul! &#161;Comp&#243;rtate! -canturre&#243; la se&#241;ora Merson con voz cansina.

&#161;Tienen hijos y despu&#233;s ni se molestan en educarles! -protest&#243; Iphig&#233;nie, fulminando a Paul Merson con la mirada.

&#201;ste hizo una mueca, se limpi&#243; las manos en los vaqueros y se lanz&#243; sobre un bol de pollo en gelatina.

La dama del caniche blanco parec&#237;a muy interesada por la conversaci&#243;n de Zo&#233;, que contaba el ba&#241;o de Du Guesclin y su primera escudilla de croquetas.

Se lanz&#243; sobre ella como si hiciese a&#241;os que no comiera y despu&#233;s vino a tumbarse a mis pies en se&#241;al de reconocimiento.

La dama felicit&#243; a Zo&#233; por su vocabulario y le aconsej&#243; el nombre de su veterinario.

Pero &#191;por qu&#233;? No est&#225; enfermo. S&#243;lo ten&#237;a hambre.

Pero habr&#225; que vacunarle Todos los a&#241;os.

Ah -respondi&#243; Zo&#233;, que miraba hacia la puerta-. &#191;Todos los a&#241;os?

De la rabia, es obligatorio -afirm&#243; la se&#241;ora estrechando al caniche en sus brazos-. &#161;Arthur est&#225; al d&#237;a! Y tendr&#225;s que limpiarlo regularmente, porque si no tendr&#225; pulgas y se rascar&#225;

&#161;Buff!-dijo Zo&#233;-. Du Guesclin viene de la calle, &#161;no de un sal&#243;n de belleza!

Una pareja, &#233;l con los dientes podridos, ella embutida en un traje barato, hablaba del incre&#237;ble aumento de los precios inmobiliarios en el barrio a una anciana empolvada de blanco, mientras que otra felicitaba a Iphig&#233;nie, y daba gracias al cielo por haberla recompensado haci&#233;ndole ganar la loter&#237;a.

No siempre son justos, esos juegos de azar, pero en su caso puede decirse que se lo merece. &#161;Con todo lo que trabaja para limpiar este edificio!

&#161;D&#237;gaselo a la se&#241;orita de Bassonni&#232;re!-respondi&#243; Iphig&#233;nie-. &#161;No para de criticarme y hace lo que puede para que me despidan! &#161;Pero no dejar&#233; mi porter&#237;a ahora que es un palacio!

El se&#241;or Sandoz sac&#243; pecho. La palabra palacio se le hab&#237;a clavado directamente en el coraz&#243;n. Sinti&#243; una atracci&#243;n irresistible hacia Iphig&#233;nie. Ella se hab&#237;a lavado el pelo con un champ&#250; colorante rosa chicle con puntas azul marino, y llevaba un vestido rojo de cuadros. &#161;Qu&#233; pedazo de mujer! El d&#237;a antes, en el momento de colocar el &#250;ltimo mueble, &#233;l hab&#237;a murmurado: Iphig&#233;nie, es usted hermosa como una valkiria, ella hab&#237;a entendido vaca que r&#237;e y hab&#237;a hecho su ruido de trompeta. La acarici&#243; con la mirada, suspir&#243; y decidi&#243; eclipsarse. Nadie se dar&#237;a cuenta de su ausencia. Nadie se daba nunca cuenta de su presencia o de su ausencia.

&#161;Vamos! &#161;No es tan terrible, la se&#241;orita de Bassonni&#232;re! Defiende como puede nuestros intereses -dijo un se&#241;or que llevaba una boina y el lazo de la Legi&#243;n de Honor.

&#161;Es una vieja bruja!-exclam&#243; el se&#241;or Merson-. Usted no estaba all&#237;, anoche, en la reuni&#243;n. Not&#233; mucho su ausencia, de hecho

Hab&#237;a cedido mis poderes -dijo el hombre d&#225;ndole la espalda.

&#161; Peor para m&#237;!-concluy&#243; el se&#241;or Merson-. En todo caso, lo que es seguro es que no la veremos esta noche.

&#191;Y el se&#241;or Pinarelli, ha venido? -pregunt&#243; la dama del caniche.

&#161;Su madre no le ha dado permiso para salir! Le ata en corto. Se cree que todav&#237;a tiene doce a&#241;os. &#201;l intenta hacer trastadas a sus espaldas &#161;pero ella le castiga! Me lo ha dicho &#233;l. &#191;Sab&#237;a que tiene prohibido salir por la noche? &#161;Estoy seguro de que es virgen!

En una esquina, sentada en una silla Ikea, Iris contemplaba la escena y se lamentaba de lo bajo que hab&#237;a ca&#237;do. A estas horas tendr&#237;a que estar en Londres, en el hermoso piso de Philippe, cambiando de sitio un jarr&#243;n para marcar su presencia o guardando sus cachemires, y en cambio se encontraba en la vivienda de una portera, escuchando charlas sin inter&#233;s o rechazando canap&#233;s ins&#237;pidos y champ&#225;n barato. Ni un solo hombre interesante, aparte de ese se&#241;or Merson que se la com&#237;a con la mirada. Era muy del estilo de Jos&#233;phine tratarse con gente tan ordinaria. &#161;Dios m&#237;o! &#191;Qu&#233; va a ser de mi vida? Todav&#237;a ten&#237;a la sensaci&#243;n de caminar por el largo pasillo blanco. Buscaba una salida.

Su hermana es deslumbrante -suspir&#243; el se&#241;or Merson al o&#237;do de Jos&#233;phine-. Un poco fr&#237;a, quiz&#225;s, &#161;pero yo la descongelar&#237;a con gusto!

Se&#241;or Merson, &#161;refrene sus ardores!

Me gustan los casos dif&#237;ciles, las circunstancias imposibles que dan un giro y se funden en la voluptuosidad &#191;Qu&#233; le parecer&#237;a un m&#233;nage &#225; trois, se&#241;ora Cort&#232;s?

Jos&#233;phine perdi&#243; su templanza y enrojeci&#243; completamente.

&#161;Ah! Se dir&#237;a que he tocado un punto sensible. &#191;Ya lo ha probado usted?

&#161;Se&#241;or Merson!

Deber&#237;a. El amor sin sentimientos, sin posesi&#243;n, es delicioso Uno se entrega sin encadenarse. El alma y el coraz&#243;n descansan mientras el cuerpo se agita &#161;Es usted demasiado seria!

&#161;Y usted, no lo suficiente! -replic&#243; Jos&#233;phine, precipit&#225;ndose hacia Zo&#233;, que miraba hacia la puerta de la porter&#237;a con desespero.

&#191;Te est&#225;s aburriendo, cari&#241;o? &#191;Quieres subir? &#191;Quieres ver a Du Guesclin?

No, no

Zo&#233; le sonri&#243; con tierna indulgencia.

&#191;Est&#225;s esperando a alguien?

No. &#191;Por qu&#233;?

Espera a alguien, pens&#243; Jos&#233;phine, leyendo una madurez nueva en el rostro de su hija. Esta ma&#241;ana, en el desayuno, era mi beb&#233;, esta tarde, es casi una mujer. &#191;Ser&#225; que est&#225; enamorada? Su primer amor. Cre&#237;a que se sent&#237;a atra&#237;da por Paul Merson, pero ni siquiera lo mira. &#161;Mi hija peque&#241;a, enamorada! Se le encogi&#243; el coraz&#243;n. Se pregunt&#243; si ser&#237;a como Hortense o como ella. &#191;Coraz&#243;n de caramelo blando o de turr&#243;n duro? No sab&#237;a qu&#233; desearle.

Iphig&#233;nie abr&#237;a sus armarios, ense&#241;aba las diferentes disposiciones, se&#241;alaba los colores, los carteles enmarcados y puntuaba cada frase arqueando las cejas, atenta a la menor cr&#237;tica, al menor comentario. L&#233;o y Clara circulaban, llevando las bandejas, distribuyendo las servilletas de papel. Se oy&#243; una m&#250;sica. Era Paul Merson, que buscaba una emisora de radio.

&#191;Bailamos?-pregunt&#243; la se&#241;ora Merson desperez&#225;ndose, los senos apuntando hacia delante-. &#161;Un guateque sin m&#250;sica es como un champ&#225;n sin burbujas!

Fue el momento que eligieron Herv&#233; Lefloc-Pignel, Ga&#233;tan y Domitille para hacer su entrada. Seguidos de los Van den Brock y de sus dos hijos. Herv&#233; Lefloc-Pignel, alto, sonriente. Los Van den Brock tan disparejos como siempre, el uno p&#225;lido, agitando sus largas pinzas de cole&#243;ptero, la otra sonriente y valerosa, haciendo girar sus ojos como canicas enloquecidas. La atm&#243;sfera cambi&#243; sutilmente. Todos parecieron ponerse firmes, salvo la se&#241;ora Merson, que continuaba contone&#225;ndose.

Jos&#233;phine sorprendi&#243; la mirada ansiosa de Zo&#233; sobre Ga&#233;tan. As&#237; que era &#233;l. El se acerc&#243; a ella, le murmur&#243; algo al o&#237;do que la hizo enrojecer y bajar la mirada. Coraz&#243;n de mel&#243;n, concluy&#243; Jos&#233;phine, emocionada.

La llegada de refuerzos del edificio A fue como un jarro de agua fr&#237;a. Iphig&#233;nie lo not&#243; y se apresur&#243; a ofrecer champ&#225;n a los reci&#233;n llegados. Era toda sonrisas y Jos&#233;phine comprendi&#243; que tambi&#233;n ella se sent&#237;a inc&#243;moda. Ya pod&#237;a levantar el pu&#241;o y entonar La Internacional en los pasillos del Intermarch&#233;, ahora estaba intimidada.

La se&#241;ora Lefloc-Pignel no hab&#237;a bajado. Herv&#233; Lefloc-Pignel felicit&#243; a Iphig&#233;nie, los Van den Brock tambi&#233;n. Inmediatamente, la gente se arremolin&#243; a su alrededor como si fuesen altezas reales. Jos&#233;phine observ&#243; extra&#241;ada. El poder del dinero, el prestigio de la hermosa casa, la ropa de buena calidad impon&#237;an respeto, a pesar de todas las burlas. Ironizaban de lejos, se inclinaban de cerca.

El se&#241;or Van den Brock transpiraba abundantemente y no dejaba de tirar del cuello de su camisa. Iphig&#233;nie abri&#243; la ventana que daba al patio. El la cerr&#243; con un gesto brusco.

Tiene miedo de los microbios, &#161;es el colmo en un m&#233;dico!-dijo una vivaracha se&#241;ora del edificio B-. Cuando te examina, &#161;se pone guantes! Resulta extra&#241;o sentir manos de pl&#225;stico pase&#225;ndose por una &#191;Ha estado usted en su consulta? Todo est&#225; limpio e impecable &#161;Se dir&#237;a que no quiere ni tocarte!

Yo fui s&#243;lo una vez y no he vuelto a ir. Me pareci&#243; un poco, &#191;c&#243;mo decir?, apresurado -dijo otra, engullendo un canap&#233; de salm&#243;n-. &#161;Tiene una forma de agitar los dedos mir&#225;ndote fijamente! Como si fuese a ensartarte y a pegarte en una colecci&#243;n de mariposas. Es una l&#225;stima. Resulta pr&#225;ctico, un ginec&#243;logo en el edificio.

A m&#237; hay dos cosas que no me gusta hacer en el m&#233;dico: &#161;abrir la boca y abrirme de piernas! &#161;Huyo de los dentistas y de los ginec&#243;logos!

Se echaron a re&#237;r y cogieron una copa de champ&#225;n. Vieron que la se&#241;ora Van den Brock las observaba, con el ojo giratorio, y se preguntaron si las hab&#237;a o&#237;do.

&#161;Esa tiene un ojo mirando a Valpara&#237;so y el otro a Toronto! -dijo una.

&#191;La han o&#237;do cantar? &#161;Est&#225;n todos chiflados en el edificio A! &#191;Qu&#233; piensan de la reci&#233;n llegada? Siempre metida en la porter&#237;a Eso no es normal.

Iris esperaba, en una esquina, a que Jos&#233;phine hiciese las presentaciones. Como su hermana no hac&#237;a el menor gesto, avanz&#243; hacia Lefloc-Pignel.

Iris Dupin. Soy la hermana de Jos&#233;phine -declar&#243;, deslumbrante de timidez y elegancia.

Herv&#233; Lefloc-Pignel se inclin&#243; en un besamanos Cort&#232;s. Iris observ&#243; el traje de alpaca gris oscuro, la camisa a rayas, azul y blanca, la corbata de nudo grueso, de colores, el discreto pa&#241;uelo, el torso de atleta, la elegancia sutil, el saber estar del hombre atractivo acostumbrado a los salones. Respir&#243; el agua de colonia Armani, un ligero olor a Aramis sobre el repeinado pelo negro. Y cuando levant&#243; la mirada hacia ella, se sinti&#243; transportada por una ola de felicidad. El sonre&#237;a y esa sonrisa era como una invitaci&#243;n a un baile. Jos&#233;phine les observaba, asombrada. &#201;l se inclinaba sobre ella como quien respira una flor rara, ella se abandonaba con una calculada reserva. No pronunciaron palabra, pero tanto el uno como el otro parec&#237;an imantados. Silenciosos, asombrados, sonrientes. No dejaban de mirarse, a pesar de las conversaciones que les empujaban de un lado a otro. Se inclinaban hacia los unos, hacia los otros y volv&#237;an a rozarse, temblorosos.

Cuando Jos&#233;phine hab&#237;a vuelto de hacer la compra, Iris le hab&#237;a preguntado si asistir&#237;a a la fiesta de Iphig&#233;nie y si ella estaba realmente obligada a ir.

Haz lo que quieras.

&#161;No! D&#237;melo t&#250;

Es una fiesta entre vecinos. &#161;No asistir&#225;n ni Putin ni Bush! -hab&#237;a contestado para cortar de ra&#237;z las preguntas de su hermana.

Iris hab&#237;a empezado a refunfu&#241;ar.

&#161;Te da igual lo que estoy sufriendo! &#161;Te da igual que Philippe me haya tratado como un trapo viejo! &#161;Al final resulta que, bajo esa m&#225;scara de dama benefactora, no eres m&#225;s que una ego&#237;sta!

Jos&#233;phine se hab&#237;a quedado mir&#225;ndola fijamente, estupefacta.

&#191;Soy una ego&#237;sta porque no me intereso exclusivamente por ti? &#191;Es eso?

Me siento desgraciada. Estoy a punto de morir y t&#250; te vas de compras con una

&#191;Acaso t&#250; me has preguntado c&#243;mo estaba yo? No. &#191;Qu&#233; tal estaba Zo&#233;? &#191;Hortense? No. &#191;Has comentado algo sobre mi nuevo piso? &#191;Sobre mi nueva vida? No. &#161;Lo &#250;nico que te preocupa eres t&#250;, t&#250; y t&#250;! Tu pelo, tus manos, tus pies, tu ropa, tus arrugas, tu estado de &#225;nimo, tu humor, tu

Se ahogaba. Ya no dominaba sus palabras. Las escup&#237;a como un volc&#225;n escupe la lava que le obstru&#237;a el cr&#225;ter y lo manten&#237;a dormido.

La &#250;ltima vez que comimos juntas, despu&#233;s de haber anulado nuestra cita tres veces, por razones tan f&#250;tiles que me dan ganas de llorar, no hablaste m&#225;s que de ti. Todo se reduce a ti. Constantemente. Y yo estoy ah&#237; para escucharte, para servirte. Lo siento, Iris, estoy cansada de servirte. Te hab&#237;a avisado de que habr&#237;a esa fiesta para Iphig&#233;nie Hab&#237;a previsto que cenar&#237;amos juntas despu&#233;s, &#161;yo estaba tan contenta y t&#250; te vas a Londres! Olvidando que yo estaba aqu&#237;, esper&#225;ndote, &#161;que me alegraba de poder ense&#241;arte mi nuevo piso! Y ahora te quejas de injusticia porque tu marido, del que te preocupabas como de un mueble mal encerado, se ha hartado y se ha largado con otra Qu&#233; quieres que te diga: &#161;que lleva mucha raz&#243;n y que espero que te sirva de lecci&#243;n! Y que, a partir de ahora, prestar&#225;s un poco m&#225;s de atenci&#243;n a los dem&#225;s. Porque a fuerza de no dar nada, de acapararlo todo, te vas a quedar sola y tus magn&#237;ficos ojos s&#243;lo te servir&#225;n para llorar.

Iris la hab&#237;a escuchado, at&#243;nita.

&#161;Pero si t&#250; nunca me hab&#237;as hablado as&#237;!

Estoy cansada Harta de tu necesidad irritante de ser siempre el centro de atenci&#243;n. Deja un poco de espacio a los dem&#225;s, &#161;esc&#250;chales respirar y ser&#225;s menos infeliz!

Hab&#237;an bajado a la porter&#237;a sin hablarse. Zo&#233; charlaba por las tres. Contaba los asombrosos progresos de Du Guesclin, que hab&#237;a recibido su primer ba&#241;o sin protestar y ni siquiera hab&#237;a llorado cuando se hab&#237;an ido. Hab&#237;an preparado la fiesta, con Iris rumiando en una esquina, ayudando de mala gana, hostil y silenciosa. Ignorando a los primeros invitados, ignorando a los siguientes.

Hasta que apareci&#243; Herv&#233; Lefloc-Pignel.

Jos&#233;phine se puso a la altura de Iphig&#233;nie y le susurr&#243; al o&#237;do:

D&#237;game, &#191;acaso no sale nunca la se&#241;ora Lefloc-Pignel?

&#161;Ya sabe usted que no la veo nunca! &#161;Ni siquiera me abre cuando le llevo el correo! Lo dejo sobre el felpudo.

&#191;Est&#225; enferma?

Iphig&#233;nie se llev&#243; el dedo a la sien y solt&#243;:

Enferma de la cabeza &#161;Pobre hombre! Es &#233;l quien se ocupa de los ni&#241;os. Parece ser que ella se pasa el d&#237;a en camis&#243;n. La encontraron un d&#237;a en la calle. Deliraba, ped&#237;a ayuda, dec&#237;a que la persegu&#237;an Hay mujeres que no saben lo que tienen. Si yo tuviera un marido tan guapo como &#233;l, un piso tan grande como el suyo y tres rubitos, &#161;le aseguro que no me pasear&#237;a por ah&#237; en camis&#243;n! &#161;Disfrutar&#237;a en Don Disfrute!

Me he enterado de que hab&#237;a perdido un hijo peque&#241;o en un horrible accidente. Quiz&#225;s no se haya recuperado de aquello

Iphig&#233;nie suspir&#243;, llena de compasi&#243;n. Una desgracia tan grande explicaba seguramente lo del camis&#243;n.

&#161;Menudo &#233;xito su fiesta! &#191;Est&#225; contenta?

Iphig&#233;nie le tendi&#243; una copa de champ&#225;n y levant&#243; su vaso.

&#161;A la salud de mi hada madrina!

Bebieron en silencio, observando el baile de gente a su alrededor.

El se&#241;or Sandoz se ha marchado muy pronto Creo que su coraz&#243;n late por usted, Iphig&#233;nie

&#161;No sue&#241;e! Ayer mismo &#161;me llam&#243; Vaca que r&#237;e! &#161;He o&#237;do declaraciones de amor mejores! Todo esto no va a impedir que ma&#241;ana &#161;tenga que limpiarlo todo y llenar los cubos de basura!

Le echar&#233; una mano, si quiere

De eso nada. Ma&#241;ana es domingo y usted a dormir

&#161;Tendremos que recogerlo todo bien, para que esa Bassonni&#232;re no se queje!

&#161;Oh, &#233;sa, que se quede donde est&#225;! &#161;Es demasiado malvada! &#161;La verdad es que hay gente que uno se pregunta por qu&#233; Dios la deja vivir!

&#161;Iphig&#233;nie! &#161;No diga usted eso! &#161;Va a traerle mala suerte!

&#161;No creo! Es robusta como una cucaracha

El se&#241;or Merson, que pasaba detr&#225;s de ella, levant&#243; el vaso y murmur&#243;:

Entonces, se&#241;oras &#161;A la salud de la cucaracha!



* * *


Zo&#233; no baj&#243; al trastero esa noche. Se qued&#243; con su madre y su t&#237;a. Ten&#237;a ganas de cantar, de gritar. Esa tarde, durante la fiesta en casa de Iphig&#233;nie, Ga&#233;tan le hab&#237;a susurrado: Zo&#233; Cort&#232;s, estoy enamorado de ti. Ella se hab&#237;a transformado en una zarza ardiente. &#201;l hab&#237;a continuado habl&#225;ndole al o&#237;do, mientras simulaba que beb&#237;a del vaso. Hab&#237;a dicho locuras como: &#161;Estoy tan enamorado de ti que tengo celos de tus almohadas!. Y despu&#233;s, se hab&#237;a separado para no hacerse notar y a ella le hab&#237;a parecido alto, muy alto. &#191;Ser&#237;a posible que hubiese crecido desde el d&#237;a anterior? Y despu&#233;s hab&#237;a vuelto y hab&#237;a dicho: Esta noche no podr&#233; bajar al trastero, as&#237; que dejar&#233; mi jersey bajo tu felpudo y as&#237; te dormir&#225;s pensando en m&#237;. Y entonces, el tap&#243;n de su garganta hab&#237;a saltado y le hab&#237;a contestado: Yo tambi&#233;n estoy enamorada de ti, y &#233;l la hab&#237;a mirado con tanta seriedad, que ella hab&#237;a estado a punto de echarse a llorar. Antes de acostarse, ir&#237;a a coger su jersey bajo el felpudo y dormir&#237;a con &#233;l.

&#191;En que est&#225;s pensando, hija? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

En Du Guesclin. &#191;Puede dormir en mi habitaci&#243;n?

Iris termin&#243; la botella de Burdeos y levant&#243; la mirada al cielo.

&#161;Un perro es una carga, hay que ocuparse de &#233;l! &#191;Qui&#233;n le va a sacar a pasear esta noche, por ejemplo?

&#161;Yo! -grit&#243; Zo&#233;.

&#161;No!-respondi&#243; Jos&#233;phine-. No vas a salir a estas horas. Ir&#233; yo

&#191;Ves? Ya empezamos -suspir&#243; Iris.

Zo&#233; bostez&#243;, declar&#243; que estaba cansada. Dio un beso a su madre y a su t&#237;a y fue a acostarse.

&#191;Y c&#243;mo se llamaba tu atractivo vecino?

Herv&#233; Lefloc-Pignel.

Iris se llev&#243; el vaso a los labios y murmur&#243;:

&#161;Un hombre guapo! &#161;Muy guapo!

Est&#225; casado, Iris.

Eso no impide que sea atractivo &#191;Conoces a su mujer? &#191;C&#243;mo es?

Rubia, fr&#225;gil, un poco perturbada

&#161;Ah! No debe de ser una pareja muy unida. Esta noche ha venido sin ella.

Jos&#233;phine empez&#243; a recoger. Iris pregunt&#243; si quedaba un poco m&#225;s de vino. Jos&#233;phine le propuso abrir una botella.

Me gusta beber un poco por la noche Me calma.

No deber&#237;as beber con todas estas pastillas que sigues tomando

Iris solt&#243; un largo suspiro.

Dime, Jo, &#191;podr&#237;a quedarme en tu casa? No tengo ganas de volver a la m&#237;a Carmen me deprime.

Jos&#233;phine, inclinada sobre la basura, vaciaba los platos antes de meterlos en el lavavajillas. Pens&#243;: Si Iris se queda, se acab&#243; mi intimidad con Zo&#233;. Apenas acabo de recuperarla.

&#161;No te pongas tan contenta! -dijo Iris sarc&#225;sticamente.

No No es eso, pero

&#191;Preferir&#237;as que no?

Jos&#233;phine reflexion&#243;. Iris la hab&#237;a acogido tantas veces en su casa Se volvi&#243; hacia su hermana y minti&#243;:

Tenemos una vida tan tranquila Tengo miedo de que te aburras.

&#161;No te preocupes! Buscar&#233; alguna ocupaci&#243;n. A menos que de verdad no quieras saber nada de m&#237;.

Jos&#233;phine protest&#243;, no es eso, no es eso. Con tan poca convicci&#243;n que Iris se molest&#243;.

Cuando pienso en todas las veces que os he recogido, a ti y a las ni&#241;as Y t&#250;, al primer favor que te pido, dudas

Se hab&#237;a servido otro vaso de vino y divagaba. Aturdida por el alcohol, no sorprendi&#243; la mirada furiosa pero herida de Jos&#233;phine. T&#250; no nos has recogido, Iris, nos has acogido, que es distinto.

&#161;Toda mi vida he estado a tu lado! Te he ayudado econ&#243;micamente, te he ayudado moralmente. &#161;Mira, incluso el libro, no lo habr&#237;as escrito sin m&#237;! He sido tu impulso, tu ambici&#243;n.

Lanz&#243; una risita ir&#243;nica que la sacudi&#243;.

&#161;Tu musa, podemos decir! Temblabas ante la idea de existir. Yo te obligu&#233; a sacar lo que hab&#237;a de bueno en ti, yo constru&#237; tu &#233;xito &#161;y mira c&#243;mo me lo agradeces!

Iris, deber&#237;as dejar de beber -sugiri&#243; Jos&#233;phine, las manos crispadas sobre un plato-. Est&#225;s diciendo tonter&#237;as.

&#191;Acaso no es la verdad?

Te ven&#237;a bien que estuviese all&#237;. Las ni&#241;as hac&#237;an compa&#241;&#237;a a Alexandre y yo &#161;serv&#237;a de filtro entre Philippe y t&#250;!

&#161;Hablemos de &#233;se! &#161;A estas horas, debe de estar tir&#225;ndose a la tal miss Doolittle! &#161;Dottie Doolittle! &#161;Vaya nombre! &#161;Debe de vestirse de rosa chicle y llevar tirabuzones!

&#191;Ser&#225; rubia o morena, miss Doolittle?, se pregunt&#243; Jos&#233;phine vertiendo el detergente del lavavajillas. Transitoria, hab&#237;a dicho Alexandre. Eso quer&#237;a decir que no estaba enamorado. Que se estaba divirtiendo. Que despu&#233;s encontrar&#237;a otra y otra y otra. Jos&#233;phine formaba parte de la retah&#237;la. Una guirnalda para Nochebuena.

Me pregunto si me enga&#241;&#243; cuando viv&#237;amos juntos -continuaba Iris vaciando el vaso-. No lo creo. Me quer&#237;a demasiado. &#161;Hay que ver lo que me quer&#237;a! &#191;Te acuerdas?

Sonre&#237;a en el vac&#237;o.

Y despu&#233;s, un d&#237;a, se acaba y no sabes por qu&#233;. Un gran amor deber&#237;a ser eterno, &#191;no?

Jos&#233;phine inclin&#243; bruscamente la cabeza. Iris se ech&#243; a re&#237;r.

Te lo tomas todo por el lado tr&#225;gico, Jo. Son los vaivenes de la vida. Pero t&#250; no puedes saberlo, no has vivido nada

Mir&#243; su vaso vac&#237;o y se volvi&#243; a servir.

Sin embargo, &#191;de qu&#233; sirve haber vivido tanto? &#191;Para que luego los sentimientos se erosionen?

Suspir&#243;.

Pero el dolor, &#233;se no se erosiona. De hecho es extra&#241;o: el amor se gasta, pero el dolor permanece intacto. Cambia de m&#225;scara, pero permanece. Nunca se deja de sufrir mientras que, un d&#237;a, se deja de amar. &#161;La vida est&#225; mal hecha!

No estoy tan segura, se dijo Jos&#233;phine, la vida precipita acontecimientos que la imaginaci&#243;n no osar&#237;a relacionar. Recordar&#237;a durante mucho tiempo ese d&#237;a. &#191;Qu&#233; hab&#237;a querido decirle la vida? Despierta, Jos&#233;phine, que te duermes. &#191;Despierta o reb&#233;late?

Ya no tengo nada. Ya no soy nada. Mi vida ha terminado, Jo. Destruida. Hecha una bola. A la basura.

Jos&#233;phine ley&#243; el p&#225;nico en los ojos de su hermana y su c&#243;lera se borr&#243;. Iris temblaba y sus brazos abrazaban su torso en un gesto desesperado.

Tengo miedo, Jo. Si supieses el miedo que tengo Me ha dicho que me dar&#237;a dinero, pero el dinero no lo reemplaza todo. El dinero nunca me ha hecho feliz. Es extra&#241;o cuando lo piensas. Todo el mundo lucha por tener siempre m&#225;s dinero y &#191;acaso el mundo es mejor? &#191;Acaso la gente est&#225; mejor? &#191;Acaso van silbando por la calle? No. Con el dinero nunca se est&#225; satisfecho. Siempre encuentras a alguien que tiene m&#225;s que t&#250;. Quiz&#225;s tienes raz&#243;n y s&#243;lo el amor te llena de verdad. Pero &#191;c&#243;mo aprender a amar? &#191;Lo sabes t&#250;? Todo el mundo habla de ello, pero nadie sabe lo que es. T&#250; repites continuamente que hay que amar, amar, pero &#191;eso se aprende? Dime.

Olvid&#225;ndose de uno mismo -murmur&#243; Jos&#233;phine, aterrorizada por el estado de su hermana, que divagaba vaciando y volviendo a llenar su vaso.

Iris solt&#243; una risa sarc&#225;stica.

&#161;Otra respuesta que no entiendo! Se dir&#237;a que lo haces adrede. &#191;Podr&#237;as hablar m&#225;s claramente?

Balanceaba la cabeza, jugaba con el pelo, manoseaba un mech&#243;n, lo enrollaba, lo desenrollaba, se tapaba el rostro con &#233;l.

De todas formas, es demasiado tarde para aprender. &#161;Es demasiado tarde para todo! Estoy acabada. No s&#233; hacer nada. Y voy a terminar sola Una vieja como las que se ven en la calle. &#191;Te cont&#233; lo del mendigo con el que me hab&#237;a cruzado hace unos a&#241;os? Por aquel entonces yo era joven y no me hab&#237;a parado porque ten&#237;a los brazos llenos de paquetes. Se qued&#243; all&#237;, sobre la acera, bajo la lluvia. La gente le pisaba y &#233;l se apartaba para no molestar

Se golpe&#243; la frente con el pu&#241;o.

&#191;Por qu&#233; no dejo de pensar en aquel mendigo? Vuelve y vuelve a m&#237; y tomo su lugar en la calle, tiendo la mano a los transe&#250;ntes que no me miran. &#191;Crees que voy a acabar as&#237;?

Jos&#233;phine la mir&#243; largamente, intentando percibir lo que hab&#237;a de sincero en ese terror. Du Guesclin, a sus pies, bostez&#243; como si quisiera desencajar su mand&#237;bula. Se aburr&#237;a. Iris le parec&#237;a lamentable. Jos&#233;phine pens&#243; en la divisa del aut&#233;ntico Du Guesclin: El valor da lo que la belleza niega. En realidad, se dijo Jos&#233;phine, simplemente le falta valor. Sue&#241;a con una soluci&#243;n lista para llevar. Sue&#241;a con una felicidad que no tenga m&#225;s que pon&#233;rsela, como un vestido de fiesta. Se imagina princesa y espera a su pr&#237;ncipe. &#201;l tomar&#225; su vida de la mano y ella no tendr&#225; que hacer ning&#250;n esfuerzo. Es cobarde y perezosa.

Vamos, venga, necesitas descansar

&#191;Estar&#225;s ah&#237;, Jo, no me abandonar&#225;s? Envejeceremos juntas como dos manzanitas arrugadas Di que s&#237;, Jo. Di que s&#237;.

No te abandonar&#233;, Iris.

Qu&#233; buena eres. Siempre has sido buena. Era tu carta de presentaci&#243;n, la bondad. Y tambi&#233;n la seriedad. Se dec&#237;a siempre: Jo es una trabajadora, una chica seria y yo ten&#237;a lo dem&#225;s, todo lo dem&#225;s. Pero si no se pone atenci&#243;n en lo dem&#225;s, se volatiliza Ya ves, la vida, en el fondo, es un capital. Un capital que haces fructificar o no Yo no he hecho fructificar nada. &#161;Lo he dilapidado todo!

Ten&#237;a la voz pastosa. Se hund&#237;a sobre la mesa de la cocina y su mano amorfa y dubitativa buscaba el vaso a tientas.

Jos&#233;phine la cogi&#243; por el brazo, la levant&#243; y la dirigi&#243; suavemente hasta la habitaci&#243;n de Hortense. La ech&#243; sobre la cama, la desvisti&#243;, le quit&#243; los zapatos y la meti&#243; entre las s&#225;banas.

&#191;Dejar&#225;s encendida la luz del pasillo?

Dejar&#233; la luz del pasillo

&#191;Sabes lo que me gustar&#237;a? Me gustar&#237;a algo inmenso. Un inmenso amor, un hombre como los de tu Edad Media, un valeroso caballero que me llevara, que me protegiera La vida es demasiado dura, demasiado dura. Me da miedo

Delir&#243; un momento m&#225;s, se volvi&#243; sobre un lado y se durmi&#243; inmediatamente con un sue&#241;o profundo. En poco tiempo, Jos&#233;phine la oy&#243; roncar.

Fue a refugiarse en el sal&#243;n. Se tumb&#243; en un sof&#225;. Se cal&#243; un coj&#237;n en la espalda. Los acontecimientos se apelotonaban en su cabeza. Deber&#237;a afrontarlos uno por uno. Philippe, Luca, Antoine. Esboz&#243; una sonrisa. Tres hombres, tres mentiras. Tres fantasmas que la acosaban bajo sus s&#225;banas blancas. Acurrucada, cerr&#243; los ojos y vio a los tres hombres bailar bajo sus p&#225;rpados. La ronda se detuvo y emergi&#243; la silueta de Philippe. Sus ojos negros brillaban en su sue&#241;o, percibi&#243; la punta enrojecida de su cigarro, respir&#243; el humo, cont&#243; una voluta, dos volutas que &#233;l dejaba escapar redondeando la boca. Lo vio en brazos de Dottie Doolittle, la atra&#237;a por las solapas del abrigo, la empujaba contra la puerta de un horno en su cocina y la besaba posando sus labios c&#225;lidos y suaves sobre los labios de ella. Aquello le produc&#237;a un nudo en el est&#243;mago, un nudo de dolor fr&#237;o que crec&#237;a, y crec&#237;a. Puso las manos contra el cuerpo para impedir que el nudo creciera.

Se sinti&#243; muy sola, muy infeliz, pos&#243; su cabeza sobre el brazo del sof&#225; y llor&#243; suavemente, con peque&#241;os sollozos medidos, con el cuidado y la parsimonia de la contable que no quiere perder ni un c&#233;ntimo. Era su manera de negarse a dejarse llevar por la corriente de la pena. Llor&#243;, la nariz hundida en la manga, hasta que oy&#243; el eco de otros sollozos. Largos gemidos, una lenta cantinela en respuesta a su queja.

Levant&#243; la cabeza y vio a Du Guesclin. Las patas juntas, el cuello estirado, lanzaba su queja contra el techo, la modulaba como una sierra musical, la amplificaba, la atenuaba, la repet&#237;a, los ojos cerrados en un canto de sirena desesperado. Ella se ech&#243; sobre &#233;l. Le abraz&#243;, le cubri&#243; de besos, repiti&#243; hasta la saciedad: &#161;Du Guesclin!

&#161;Du Guesclin!, hasta que se calm&#243;, hasta que &#233;l call&#243; y se miraron los dos, extra&#241;ados por ese derroche de l&#225;grimas.

Pero &#191;t&#250; qui&#233;n eres? &#191;Qui&#233;n eres? &#161;T&#250; no eres un perro! &#161;Eres humano!

Le acariciaba, era c&#225;lido al tacto de sus dedos y m&#225;s duro que un muro de hormig&#243;n. Se apoyaba sobre sus patas fuertes y musculosas y la contemplaba con la atenci&#243;n de un ni&#241;o que aprende a hablar. Tuvo la impresi&#243;n de que &#233;l la imitaba para comprenderla mejor, para amarla mejor. No dejaba de mirarla. No le interesaba nada m&#225;s que ella. Ella recibi&#243; su amor como una bola caliente, y sonri&#243; a trav&#233;s de sus l&#225;grimas. El parec&#237;a decir: Pero &#191;por qu&#233; lloras? &#191;No ves que estoy aqu&#237;? &#191;No ves todo el amor que siento por ti?.

&#161;Y no has salido a&#250;n! &#161;Eres realmente un perro incre&#237;ble! &#191;Vamos?

&#201;l movi&#243; la grupa. Ella sonri&#243; pensando que nunca podr&#237;a mover la cola, que nunca se ver&#237;a si estaba contento o no. Pens&#243; que habr&#237;a que comprarle una correa y despu&#233;s pens&#243; que no servir&#237;a de nada. No la dejar&#237;a nunca. Estaba escrito en su mirada.

T&#250; no me traicionar&#225;s, &#191;eh?

&#201;l esperaba moviendo el trasero a que ella se decidiese a salir.

Cuando volvi&#243; a subir, entreabri&#243; la puerta de la habitaci&#243;n de Zo&#233; y Du Guesclin fue a acostarse al pie de la cama. Dio una vuelta sobre el coj&#237;n y lo olfate&#243; antes de dejarse caer pesadamente con un profundo suspiro.

Zo&#233; dorm&#237;a enrollada en una prenda de lana. Jos&#233;phine se acerc&#243;, reconoci&#243; un jersey, lo toc&#243; con los dedos. Vio el rostro feliz de su hija, la sonrisa en sus labios, y comprendi&#243; que era el jersey de Ga&#233;tan.

No hagas como yo -murmur&#243; a Zo&#233;-. No pases al lado del amor con el pretexto de que est&#225;s tan poco acostumbrada que no lo reconoces.

Sopl&#243; sobre la c&#225;lida frente de Zo&#233;, sopl&#243; sobre sus mejillas, sobre sus mechones de pelo pegados a su cuello.

Aqu&#237; estar&#233;, velar&#233; para que no te pierdas ni una migaja, har&#233; que tengas todos los triunfos en la mano

Zo&#233; suspir&#243; en su sue&#241;o y murmur&#243;: &#191;Mam&#225;?. Jos&#233;phine le cogi&#243; la yema de los dedos y los bes&#243;.

Duerme, hermosura, mi amor. Est&#225; aqu&#237; tu mam&#225; que te quiere y te protege

Mam&#225; -balbuce&#243; Zo&#233;-. Soy tan feliz Me ha dicho que estaba enamorado de m&#237;, mam&#225;, enamorado de m&#237;

Jos&#233;phine se inclin&#243; para recoger sus palabras turbadas por el sue&#241;o.

Me ha dado su jersey Creo que finalmente soy guay.

Tuvo un peque&#241;o estremecimiento y cay&#243; en un sue&#241;o profundo. Jos&#233;phine subi&#243; la s&#225;bana, coloc&#243; el jersey y dej&#243; la habitaci&#243;n cerrando suavemente la puerta. Se apoy&#243; en la pared y pens&#243;, eso es la felicidad, reencontrar el amor de mi hija peque&#241;a, mezclar mis dedos, mi aliento con sus dedos, con su aliento, inmovilizar ese momento, hacerlo durar, huir, degustarlo, lentamente, lentamente, si no la felicidad se alejar&#225; antes de que haya podido probarla.



* * *


J&#250;nior ten&#237;a un a&#241;o. Hab&#237;a decidido que ya era hora de independizarse. Se acab&#243;. Ya he jugado lo suficiente a los beb&#233;s para divertirles. Me toca tomar el mando porque, en este momento, el mundo se ha vuelto loco.

Se hab&#237;a incorporado, hab&#237;a dado algunos pasos torpes y se hab&#237;a ca&#237;do sobre sus pa&#241;ales -&#233;stos no los llevar&#233; mucho tiempo, habr&#225; que deshacerse de ellos r&#225;pidamente, menuda idea la de dejar un paquete de caca entre las piernas de un angelito-, se hab&#237;a levantado y hab&#237;a vuelto a empezar. Hasta atravesar la habitaci&#243;n sin dificultad. No era tan dif&#237;cil eso de poner un pie delante del otro y facilitaba mucho la vida. Empezaba a tener irritaciones en los codos y en las rodillas a fuerza de gatear.

Despu&#233;s hab&#237;a levantado los ojos hacia el pomo de la puerta de su habitaci&#243;n. &#161;Menuda idea haberle encerrado! No le pon&#237;an las cosas f&#225;ciles. Deb&#237;a de ser una man&#237;a de esa chiquilla tan poco espabilada que le hab&#237;an impuesto como ni&#241;era. Una boba hip&#243;crita que se pasaba el tiempo leyendo revistas est&#250;pidas, y cobrando los billetes que le daba el Platillo Volante para comprar sus confidencias. Todo estaba patas arriba en la casa. Su madre yac&#237;a postrada en la cama. Su padre lloraba desesperadamente rasc&#225;ndose el cr&#225;neo y ten&#237;a eczemas por todas partes: en el cuello, en los codos, en las cejas, en los brazos, en las piernas, en el torso, e incluso en el test&#237;culo izquierdo, el del coraz&#243;n. Se o&#237;a el vuelo de una mosca, y ya ni una sola risa. Ni visitas, ni comidas bien regadas, ni el olor de esos puros que le picaban en la nariz, ni manos desatadas de pap&#225; toqueteando a mam&#225; que se dejaba hacer con esa risa gutural que a &#233;l tanto le gustaba. &#161;Oh, Marceeel! &#161;Marceeel! Bailaba en su pecho como una g&#225;rgara c&#225;lida y entonaba la melod&#237;a de la felicidad. Nada. Un gran silencio, caras largas y llantos enterrados en el fondo de gargantas ahogadas. Mi pobre mam&#225;, te han echado un sortilegio, lo s&#233; muy bien. Y los m&#233;dicos hablando de depresi&#243;n. &#161;Imb&#233;ciles! Han olvidado de d&#243;nde vienen, han olvidado que estamos ligados al Cielo y que somos turistas en la Tierra. &#161;Como la mayor&#237;a de la gente, de hecho! Se creen muy importantes y piensan que lo dominan todo: el cielo y la tierra, el fuego y el viento, el mar y las estrellas. Se las dan de listos. Oy&#233;ndoles hablar &#161;se dir&#237;a que han creado el mundo! Se han olvidado tanto de d&#243;nde vienen que presumen de ser m&#225;s fuertes que el Bien y el Mal, que los &#225;ngeles y los diablos, que Dios y Sat&#225;n. Lanzan sus peroratas desde lo alto de su cerebrito de humanos. Invocan la Raz&#243;n, el Uno m&#225;s Uno, el si no lo veo no lo creo y cruzan las manos sobre la barriga, ri&#233;ndose del ingenuo que tiene fe en esas pamplinas. Yo que, no hace mucho, estaba sentado al lado de los &#225;ngeles y lo pasaba de f&#225;bula, lo s&#233;. S&#233; que venimos de all&#237; arriba y que volveremos all&#237;. S&#233; que hay que elegir campo, s&#233; que hay que luchar contra el otro campo y s&#233; que los malvados de enfrente han raptado a Josiane y que quieren su pellejo. Para que Henriette recupere su pasta. Lo s&#233;. Ya puedo dar mis primeros pasos pero no he olvidado de d&#243;nde vengo.

Cuando me pidieron, All&#237; Arriba, si quer&#237;a volver a trabajar en la Tierra, con una parejita encantadora que se lamentaba de no poder tener hijos y que hac&#237;an todo lo que pod&#237;an para obtener uno guapo, calentito, dorado, los analic&#233; a conciencia, a esa Josiane y ese Marcel, y me parecieron enternecedores. Generosos, meritorios, cremosos, nada tontos. Entonces me dije, s&#237;, vale. Pero es mi &#250;ltima misi&#243;n. Porque se est&#225; la mar de bien All&#237; Arriba, porque tengo un mont&#243;n de cosas que hacer all&#237;, libros que leer, pel&#237;culas que ver, cosas que inventar, f&#243;rmulas que descubrir y, todo el mundo lo sabe, a la Tierra no se viene a jugar. Es casi el Infierno. Se pasan el d&#237;a poni&#233;ndote zancadillas. Llaman a eso los celos, la maldad, la hipocres&#237;a, el af&#225;n de lucro, tiene un mont&#243;n de nombres como los Siete Pecados capitales y eso te retrasa. Si consigues llevar a buen puerto una o dos ideas, puedes darte por satisfecho. Pongamos por ejemplo a Mozart. Le conozco bien. Era mi vecino All&#237; Arriba. Mira c&#243;mo termin&#243; en la Tierra: acosado por los celos, plagiado, ridiculizado, en la miseria. &#161;Y sin embargo no hay nadie m&#225;s encantador y divertido que &#233;l! &#161;Una aut&#233;ntica delicia! &#161;Una sinfon&#237;a!

Pero bueno

Hab&#237;a hablado de su partida con Mozart que le hab&#237;a dicho, por qu&#233; no, son buena gente Yo, si no tuviese que rehacer mi Marcha Turca porque me dej&#233; llevar por algunos caminos f&#225;ciles, por una serie de arpegios un poco jactanciosos, tambi&#233;n bajar&#237;a a tocarles una melod&#237;a al piano, una peque&#241;a Sonata para Dos viejos felices en si mayor. Pod&#237;a confiar en Mozart. Era un t&#237;o legal. Modesto y jovial. Ven&#237;an todos a visitarle, Bach, Beethoven, Schumann y Schubert, Mendelssohn, Satie y muchos otros m&#225;s, y hablaba con ellos sin pavonearse. Hablaban sobre todo de trabajo, corchea y doble corchea, todo un galimat&#237;as del que no entend&#237;a nada. &#201;l era m&#225;s bien ecuaciones, tiza, pizarra. Hab&#237;a terminado diciendo s&#237;, y hab&#237;a bajado con Josiane y Marcel. Una buena madre, un buen padre. Dos humanos maravillosos encerrados durante mucho tiempo en la infelicidad, pero el Cielo hab&#237;a decidido recompensarles al final de su vida por los servicios prestados a la humanidad.

&#161;Qu&#233; alegr&#237;a la de los dos viejecitos cuando lleg&#243;! Gritaban milagro. Encend&#237;an cirios. Rezaban alabanzas, rebosaban felicidad. Sobre todo &#233;l. &#161;No se pod&#237;a estar quieto! Bland&#237;a a su hijo como a un trofeo, lo exhib&#237;a, lo instalaba al lado de su mesa y le explicaba sus negocios. Apasionante de hecho. El viejo era realmente espabilado. Listo como nadie. Vend&#237;a su mercanc&#237;a en el mundo entero. &#161;Hab&#237;a que o&#237;rle negociar! Lo que disfrutaba cuando Marcel le llevaba al despacho. No pod&#237;a participar de verdad, porque estaba prisionero en ese cuerpo de beb&#233; balbuceante y titubeante, pero se las arreglaba como pod&#237;a desde su sillita para enviarle se&#241;ales. A veces, Marcel las comprend&#237;a. Gui&#241;aba los ojos, se preguntaba si no estaba viendo visiones, pero le escuchaba. Le hablaba en chino, en ingl&#233;s, le hac&#237;a leer balances, an&#225;lisis financieros, informes de estudios. No ten&#237;a de qu&#233; quejarse: con el Viejo le hab&#237;a tocado el premio gordo, ten&#237;a intuici&#243;n celestial. Lo duro eran los dem&#225;s: los que le babeaban encima y le hac&#237;an muecas idiotas. Sobre su cuna, las bocas se convert&#237;an en g&#225;rgolas terror&#237;ficas. Le regalaban juguetes para tontos. Peluches mudos, libros de tela con una letra por p&#225;gina, m&#243;viles que le imped&#237;an dormir. La pr&#243;xima vez que bajase-&#161;si ten&#237;a que haber una pr&#243;xima vez!- se encarnar&#237;a directamente en Matusal&#233;n. Se saltar&#237;a la infancia y sus sinsabores. Mozart dice que eso no es posible. &#161;Que hay que pasar por los baberos! Ese s&#237; que sabe, Mozart, de las vidas anteriores: las acumulaba. Si no &#191;c&#243;mo crees que hubiese escrito la Peque&#241;a serenata nocturna con seis a&#241;os y medio? &#191;Eh? Porque ten&#237;a mucha vida detr&#225;s. &#161;Vidas y vidas de compositores ignorados, a quienes vengu&#233; de un plumazo! De hecho, si lo pienso un poco, &#233;sa tambi&#233;n deber&#237;a reescribirla, tiene algo de cantinela, &#191;no? &#191;T&#250; qu&#233; piensas, Albert?

Pero no tuvo tiempo de responder, le hab&#237;an mandado a la Tierra, a una deslumbrante cl&#237;nica del distrito diecis&#233;is, en Par&#237;s, Francia. All&#237; Arriba hab&#237;a empujones para bajar a esa cl&#237;nica. Cuatro estrellas. Personal cualificado. Atenci&#243;n puntillosa. Un ba&#241;o caliente y caricias desde que llegas. Su vida hab&#237;a empezado bien. Felicidad, comodidad, culito caliente y dos gorditos amorosos inclinados sobre el monito azul. S&#243;lo cuando apareci&#243; el Platillo Volante las cosas empezaron a torcerse. La primera vez que la vio, hizo un gesto reflejo: hizo el signo de defensa que se ense&#241;a All&#237; Arriba para defenderse del Maligno, los pulgares y los &#237;ndices en un rombo tendido hacia el adversario, y los tobillos cruzados. Le hab&#237;a cerrado la entrada. Ella no hab&#237;a podido atacarle. Pero hab&#237;a fallado en proteger a su madre. Era ella la que se lo hab&#237;a tragado todo.

Ya era hora de coger la sart&#233;n por el mango.

Hora de neutralizar al Platillo Volante. De ella proced&#237;an todos sus problemas. Seg&#250;n el viejo refr&#225;n policial: &#191;a qui&#233;n aprovecha el crimen? Le&#237;do en un envoltorio de piruleta. No est&#225;n mal los dichos de las piruletas. Te permit&#237;an ponerte al d&#237;a cuando ca&#237;as en la Tierra. Y adem&#225;s eran una de las pocas cosas que se pod&#237;an leer, de beb&#233;, aparte de los libros de tela con una vocal por p&#225;gina. &#161;Menuda lectura! &#161;Hab&#237;a que tragarse las cortinas para tener una frase entera!

Hab&#237;a estado reflexionando mientras mordisqueaba su piruleta, y hab&#237;a deducido que el Platillo Volante les hab&#237;a lanzado una maldici&#243;n. Hab&#237;a hecho un pacto con las fuerzas del Mal y, en un abrir y cerrar de ojos, &#161;Abracadabra te meto en un l&#237;o! M&#225;s tarde, un d&#237;a en el que la Boba lo hab&#237;a dejado delante de la tele -se pasaba todo el tiempo delante de la tele, mirando espect&#225;culos est&#250;pidos que ablandan el cerebro-, hab&#237;a visto algo que le hab&#237;a recordado una cosa. Una bruja que lanzaba sortilegios arrugando la nariz. De hecho resulta extra&#241;o, porque ese programa hab&#237;a tenido mucho &#233;xito. Todo el mundo lo ve&#237;a, encantado, pero nadie cre&#237;a en &#233;l. Llamaban a eso entretenimiento. &#161;Pobres! Si supieran El entretenimiento pod&#237;a tener dos alas en la espalda o dos cuernos en la frente &#161;y aquello ser&#237;a harina de otro costal! Otra vez, viendo una pel&#237;cula, sentado sobre su mont&#243;n de caca que la Boba Hip&#243;crita cambiaba cuando le ven&#237;a en gana, llamada Ghost. Dec&#237;an que hab&#237;a sido un blockbuster. Eso quer&#237;a decir que hab&#237;a tenido un &#233;xito tremendo. Y en lugar de escuchar las ense&#241;anzas de la pel&#237;cula, que explicaba exactamente c&#243;mo era lo de All&#237; Arriba, &#161;no se hab&#237;an quedado m&#225;s que con la historia de amor! La bella Demi Moore que lloraba manipulando arcilla. Ese d&#237;a hab&#237;a golpeado como un loco su Lego para hacer un llamamiento a la poblaci&#243;n y hacerles comprender qu&#233; era eso. &#161;Exactamente eso! El Bien y el Mal. La Luz y la Oscuridad. Los demonios que se deslizan por doquier y la Luz que lucha contra el Diablo. &#161;Nada! No hab&#237;an visto nada. Ya pod&#237;a volverse loco golpeando todo lo que encontraba. Se hab&#237;a mordido el pu&#241;o hasta hacerse sangre con su &#250;nico diente, y se hab&#237;an enfadado con &#233;l. Pues s&#237; que es violento, dec&#237;a Josiane abriendo los ojos como platos. &#161;Violento no!, babeaba &#233;l eructando: &#161;clarividente!

No lleg&#243; a ver el final de la pel&#237;cula. Le hab&#237;an acostado. Esa noche, en su cuna, se hab&#237;a puesto furioso. Hab&#237;a mordido los barrotes. Te dan las instrucciones, te lo dan todo mascado &#161;y sigues ciego!

&#161;Ay, si pudiese hablar!

&#161;Si pudiese contaros! &#161;Vivir&#237;ais de otro modo! &#161;Os ganar&#237;ais el para&#237;so en la tierra, en lugar de coceros al fuego lento en el Infierno, libr&#225;ndoos a vuestros apetitos m&#225;s viles! El Platillo Volante va a acabar chamuscada, en cueros, desfigurada, si contin&#250;a jugando con el Diablo.

Ese d&#237;a era domingo. Domingo 24 de mayo. Hac&#237;a quince d&#237;as que caminaba y ten&#237;a unas ganas locas de salir de su habitaci&#243;n. Y sin embargo, ya pod&#237;a intentar descubrir alg&#250;n ruido en la casa, no o&#237;a nada y ese silencio no le dec&#237;a nada bueno. &#191;D&#243;nde estaba su padre? &#191;Qu&#233; hac&#237;a su madre? &#191;La Hip&#243;crita se hab&#237;a tomado el d&#237;a libre? &#191;Por qu&#233; no ven&#237;an a buscarle? Su est&#243;mago rug&#237;a de hambre y la idea de un buen desayuno le hac&#237;a la boca agua.

Ese d&#237;a, pues, en su habitaci&#243;n, tras haber arrastrado una silla para alcanzar el pomo de la puerta y poder huir, hab&#237;a decidido pasar a la acci&#243;n. Combatir la desgracia. Sab&#237;a que ten&#237;a una aliada: la famosa madame Suzanne que no era una de esas descre&#237;das. Ya no ven&#237;a, le hab&#237;a perdido el gusto al asunto, pero nunca se sabe, el Cielo podr&#237;a ponerse de su lado y empujar su amabilidad hasta hacerla volver. Hab&#237;a pedido a los de All&#237; Arriba que le echaran una mano, al despertar, a la hora en que el Cielo y la Tierra se mezclan, en la que uno sue&#241;a, despierto, con los &#225;ngeles.

Abri&#243; la puerta, enfil&#243; el pasillo, ech&#243; un vistazo al sal&#243;n, al cuarto de la lavadora, no vio a nadie, aceler&#243;, sin caerse, hasta la habitaci&#243;n de su madre y ah&#237;, lo que vio le hizo gritar. Un largo grito estridente surgi&#243; de su pecho y rebot&#243; hasta la interesada, que pareci&#243; emerger de un sue&#241;o.

Josiane hab&#237;a colocado una silla sobre el balc&#243;n de su habitaci&#243;n -viv&#237;an en el sexto- y, vestida con un largo camis&#243;n blanco que cubr&#237;a sus pies, vacilaba, atra&#237;da irresistiblemente por el vac&#237;o. Estrechaba contra su coraz&#243;n una foto de su hombre y de su hijo y oscilaba, con los ojos cerrados y los labios blancos.

Como arrancada bruscamente de su letargo, hab&#237;a abierto los ojos y vio, a sus pies, a su hijo que la miraba gritando y tend&#237;a su manita hacia ella.

&#161;Arrgg! -grit&#243; &#233;l coloc&#225;ndose entre ella y el vac&#237;o.

J&#250;nior -balbuce&#243; ella reconoci&#233;ndole-. &#191;Ya andas? Y yo no lo sab&#237;a.

Grumfgrumf -articul&#243; &#233;l, maldiciendo su envoltorio de beb&#233;.

Pero &#191;qu&#233; pasa?-se pregunt&#243; pas&#225;ndose la mano sobre la frente-. &#191;Qu&#233; hago aqu&#237;?

Mir&#243; la silla, sus pies, el vac&#237;o ante s&#237;. Estuvo a punto de caerse. Se balance&#243; de pie, los brazos tendidos hacia el vac&#237;o. J&#250;nior se incorpor&#243;, le ofreci&#243; el apoyo de sus brazos para amortiguar el choque y recibi&#243; a su madre en pleno pecho.

Rodaron sobre el parqu&#233;, se derrumbaron haciendo un ruido sordo, el ruido terrible de dos cuerpos que caen, que sobresalt&#243; a la criada ocupada en rellenar los crucigramas del Tele 7 juegos en la cocina. Se oyeron pasos precipitados, gritos, &#161;Dios m&#237;o! &#161;No es posible!. La Boba les levant&#243;, se asegur&#243; de que no se hab&#237;an roto nada, repiti&#243; hasta la saciedad que no hab&#237;a o&#237;do nada, que estaba en la cocina preparando el desayuno Enseguida lleg&#243; Marcel, rojo y descompuesto. &#161;Su mujer, su ni&#241;o! &#161;Completamente contusionados, completamente l&#237;vidos! Se retorc&#237;a las manos. La bolsa de cruasanes calientes que hab&#237;a ido a buscar para obsequiarles cay&#243; al suelo.

J&#250;nior atrap&#243; uno y se lo meti&#243; en la boca. Ten&#237;a hambre. Con la barriga llena pensaba mejor. Hab&#237;a que actuar deprisa. Esta noche ir&#237;a a dar una vuelta por All&#237; Arriba, hablar&#237;a con Mozart, &#233;l le dir&#237;a lo que tendr&#237;a que hacer.

M&#225;s tranquilo, agarr&#243; un segundo cruas&#225;n.



* * *


Ese mismo domingo, Hortense tomaba un brunch en Fortnum & Mas&#243;n en compa&#241;&#237;a de Nicholas Bergson, director art&#237;stico de Liberty. Le gustaba Liberty, esa gran tienda de moda a la vez retro y vanguardista, cuya entrada en Regent Street parec&#237;a la de una vieja casa alsaciana. Merodeaba mucho por all&#237;. Hab&#237;a conocido a Nicholas Bergson mientras vagaba por entre la ropa expuesta, tomando notas y fotos de detalles interesantes. Era un hombre seductor, a condici&#243;n de olvidarse de su reducida estatura. Nunca le hab&#237;an gustado los enanos, pero sentado, no se ve&#237;a. Era gracioso, se le ocurr&#237;a una idea por minuto, y ten&#237;a esa deliciosa actitud inglesa que consiste en guardar siempre las distancias entre uno mismo y los dem&#225;s.

Estaban hablando de su trabajo de fin de curso. Un portafolio que deb&#237;a presentar y que decidir&#237;a su paso al curso superior. De mil estudiantes, s&#243;lo quedar&#237;an setenta. Ella hab&#237;a elegido como tema Sex is about to be slow[[16]: #_ftnref16 Sexo es lentitud.]Era original, pero no f&#225;cil. Estaba segura de que nadie tendr&#237;a la misma idea, pero no tanto de conseguir ilustrarla. Adem&#225;s de presentar un libro de bocetos, deb&#237;a organizar un desfile con seis modelos. Seis modelos que dibujar, realizar, y un cuarto de hora para convencer. As&#237; que iba en busca del detalle. El detalle que infiltrar&#237;a la seducci&#243;n en una minucia, la puesta en escena de la lenta expansi&#243;n del deseo sexual. Un vestido completamente negro, cerrado con un nudo elaborado, una espalda al aire abierta en trampantojo, una sombra dibujada sobre una mejilla, un velito transparente que esconde un ojo negro, la hebilla de un zapato sobre un tobillo arqueado Nicholas pod&#237;a echarle una mano. Y adem&#225;s, no era tan peque&#241;o, decidi&#243;, ten&#237;a simplemente un torso largo. Un torso muy largo.

La hab&#237;a invitado al cuarto piso de Fortnum & Mas&#243;n, a su sal&#243;n de t&#233; preferido. Ya iban tres veces seguidas que Gary declinaba sus propuestas dominicales de brunch. No era tanto el rechazo lo que la preocupaba, era el tono educado que hab&#237;a empleado. Quien dice educaci&#243;n dice reserva, incomodidad, secreto oculto. El brunch del domingo se hab&#237;a convertido en un rito para ellos. Ten&#237;a que pasar algo realmente importante para abandonarlo. Algo o alguien. Y era esa segunda propuesta la que no le gustaba nada.

Frunci&#243; la nariz y Nicholas crey&#243; que no estaba de acuerdo con &#233;l.

Que s&#237;, te puedo asegurar que el negro y el deseo van tan bien juntos, que debes hacer un modelo completamente negro de la cabeza a los pies. Y hablo tambi&#233;n del modelo. La chica deber&#225; ser m&#225;s negra que el carb&#243;n y s&#243;lo su blanca sonrisa sugerir&#225; la hendidura, la hendidura abierta al deseo, el abismo del tiempo en la grieta del deseo, el abismo del deseo masculino en la hendidura del deseo femenino

Quiz&#225;s tengas raz&#243;n -dijo Hortense retomando un trozo de scone y un sorbo de t&#233; lapsang-souchong, deliciosamente aromatizado por la madera del cedro sobre la que se hab&#237;a secado. S&#237;, el cedro estaba bien, aunque hab&#237;a cierto toque a cipr&#233;s que se descubr&#237;a al final de la degustaci&#243;n.

Por supuesto que tengo raz&#243;n y por cierto

Y por cierto, &#191;desde cu&#225;ndo no se hab&#237;an visto los dos, solos? Desde la famosa cena en el restaurante donde ella le hab&#237;a invitado, desde ese paseo nocturno por Londres, desde que viv&#237;a con Li May. Hab&#237;a estado muy ocupada con la mudanza, las clases, el pr&#243;ximo fin de curso, organizar el desfile, se hab&#237;a saltado un domingo, dos, tres, quiz&#225;s cuatro, y cuando ella le hab&#237;a llamado, con un gesto seductor en la boca, dispuesta a recuperar el tiempo perdido, &#233;l hab&#237;a contestado con ese tono educado. Ese horrible tono educado. &#191;Desde cu&#225;ndo &#233;ramos educados, nosotros dos? Era lo que le gustaba de estar con &#233;l: poder decir en alto lo que pensaba en voz baja sin sentir verg&#252;enza, sin enrojecer, &#161;y ahora se volv&#237;a educado! Turbio, huidizo. Sinuoso. S&#237;, sinuoso. Cada nuevo adjetivo era una nueva pu&#241;alada en el coraz&#243;n, y ella segu&#237;a apu&#241;al&#225;ndose alegremente. Mordi&#243; el borde de su taza de t&#233;. Nicholas, inmerso en su perorata, no se dio cuenta. Ah&#237; hay una chica, se dijo dejando su taza de lapsang-souchong, y cipr&#233;s en el t&#233;, estoy segura. Estoy segura. De acuerdo, lo que me gusta de Gary, entre otras muchas cosas, es su independencia, y el hecho de que camina tranquilo hacia su destino, pero no me gusta cuando se me escapa. No me gusta cuando los hombres se me escapan. Y no me gusta cuando se me pegan. &#161;Uffff! &#161;Demasiado complicado! &#161;Demasiado complicado!

Y en cuanto a las modelos, no te preocupes, te encontrar&#233; seis deliciosamente lentas y turbadoras. Ya tengo tres nombres en la cabeza.

No tengo presupuesto para pagarlas -replic&#243; Hortense, aliviada de que interrumpieran sus est&#233;riles enso&#241;aciones con una oferta generosa.

&#191;Y qui&#233;n habla de pagarlas? Lo har&#225;n gratis. Saint Martins es una escuela prestigiosa, ese d&#237;a estar&#225;n todos los que tienen algo que decir en el mundo de la moda, los medios de comunicaci&#243;n. Todos quieren acudir, querida, y ellas vendr&#225;n corriendo.

Ten&#237;a que pasar. Es guapo como un pr&#237;ncipe de Las mil y una noches, inteligente, divertido, rico, culto. Tiene aspecto de pura sangre, cualquier mujer so&#241;ar&#237;a con atraparlo &#161;Y se me ha escapado! Y no se atreve a dec&#237;rmelo. &#191;C&#243;mo se hace para estar enamorado?, se pregunt&#243;. &#191;Podr&#237;a enamorarme de Nicholas esforz&#225;ndome un poco? No est&#225; mal, Nicholas. Y podr&#237;a servirle. Frunci&#243; la nariz. No pegaba lo de estar enamorado con servir. NO QUIERO QUE GARY EST&#201; ENAMORADO DE OTRA. S&#237;, pero quiz&#225;s haya ca&#237;do de cuatro patas sin propon&#233;rselo. Por eso se muestra Cort&#232;s y huidizo. No sabe c&#243;mo dec&#237;rselo.

Sinti&#243; c&#243;mo toda la infelicidad del mundo -o lo que ella imaginaba como toda la infelicidad del mundo- ca&#237;a sobre sus hombros. No, se dijo, Gary no. Estar&#237;a tras la pista de una aut&#233;ntica guarra que ocupaba todo su tiempo, o hab&#237;a decidido releer de un tir&#243;n Guerra y Paz. Lo le&#237;a una vez al a&#241;o y se retiraba a su habitaci&#243;n.Sex is about to be slow but nobody is slow today because if you want to survive you have to be quick.[[17]: #_ftnref17 Sexo es lentitud pero nadie es lento hoy en d&#237;a porque si quieres sobrevivir tienes que ser r&#225;pido.] Era su argumento final. Podr&#237;a terminar su desfile con una chica que se derrumba, fingiendo morir, y las otras cinco empiezan a andar a toda prisa, remitiendo el deseo lento a la categor&#237;a de accesorio de novela barata. No era mala idea.

Ser&#237;a como una pel&#237;cula que se acelerara para terminar en un remolino deslumbrante -explic&#243; a Nicholas, que pareci&#243; encantado.

Querida, tienes tantas ideas que me gustar&#237;a contratarte para Liberty

&#191;De verdad? -pregunt&#243; Hortense, seducida.

Cuando hayas terminado tus tres a&#241;os de estudios.

Ah -dijo ella, decepcionada.

Pero recuerda, lo que es lento es exquisito Lo has dicho t&#250;.

Ella sonri&#243;. Sus grandes ojos verdes se ti&#241;eron de un inter&#233;s que no dej&#243; indiferente al hombre. &#201;l levant&#243; la mano para pedir la cuenta, pag&#243; sin mirar la nota y a&#241;adi&#243;: &#191;Levamos anclas, compa&#241;era?. Ella cogi&#243; el bolso Miu Miu que &#233;l le hab&#237;a regalado antes de pedir el t&#233; y los scones y le sigui&#243;.

Fue al dejar el cuarto piso, mientras esperaban el ascensor, cuando sucedi&#243; la cosa horrible.

Ella esperaba a un lado balanceando su nuevo bolso, calculando su precio entre seiscientas y setecientas libras como m&#237;nimo -se lo hab&#237;a regalado con tanta desenvoltura, que se pregunt&#243; si no lo habr&#237;a cogido de un contenedor para pon&#233;rselo bajo el brazo antes de dejar la tienda-, Nicholas hablaba por tel&#233;fono, dec&#237;a que no, que no con tono impaciente, ella se entreten&#237;a pas&#225;ndose el bolso de una mano a otra, coloc&#225;ndoselo bajo el brazo derecho, bajo el brazo izquierdo, examinaba su reflejo en la puerta del ascensor, giraba, revoloteaba, cuando la puerta se abri&#243; dando paso a una mujer magn&#237;fica. Una de esas criaturas tan elegantes, que una se detiene a estudiarlas en la calle, para intentar comprender c&#243;mo han conseguido ese milagro: ser &#250;nica y deslumbrante sin un miligramo de banalidad. Llevaba un vestido negro ce&#241;ido, un collar de perro con diamantes falsos gruesos como onzas de chocolate, manoletinas, guantes negros largos, y un enorme par de gafas negras que subrayaban una deliciosa naricita respingona y una boca roja delicada como una cereza que se acaba de morder. Un enigma de la belleza. Una emanaci&#243;n de feminidad embriagadora. S&#243;lo negro, un negro que brillaba con mil colores de tan negro que era. A Hortense se le desencaj&#243; la mand&#237;bula. Estaba dispuesta a seguir a la deslumbrante criatura hasta el fin del mundo para descubrir sus secretos. Gir&#243; sobre s&#237; misma para seguir a la aparici&#243;n, y cuando volvi&#243; a las puertas abiertas del ascensor, divis&#243; a un hombre ocupado en recoger el contenido de un bolso que se hab&#237;a volcado. Nicholas imped&#237;a que la puerta del ascensor se cerrase y escuch&#243; al hombre decir: Perd&#243;nenme Muchas gracias. &#191;Qu&#233; aspecto tendr&#237;a el hombre que acompa&#241;aba a esa mujer magn&#237;fica?, se pregunt&#243; Hortense, conteniendo el aliento, esperando a que el hombre agachado se incorporara.

Ten&#237;a el aspecto de Gary.

Vio a Hortense y se ech&#243; hacia atr&#225;s como si se hubiese quemado con aceite hirviendo.

&#191;Gary?-llam&#243; la criatura magn&#237;fica-.&#191;Vienes, love?

Hortense cerr&#243; los ojos para no ver nada m&#225;s.

Ya voy -dijo Gary, besando a Hortense en la mejilla-. &#191;Nos llamamos?

Ella abri&#243; los ojos y los volvi&#243; a cerrar. Aquello era una pesadilla.

Humm Humm -hizo Nicholas, que hab&#237;a terminado su conversaci&#243;n-. &#191;Nos vamos?

La deslumbrante criatura se hab&#237;a instalado en una mesa y hac&#237;a una se&#241;al a Gary para que se reuniese con ella, levantando la gruesa montura de sus gafas, descubriendo dos almendrados ojos negros de cierva al acecho, extra&#241;ados de no ver a la horda de paparazzi pis&#225;ndole los talones.

&#191;Vamos? -repiti&#243; Nicholas manteniendo la puerta del ascensor abierta-. No tengo la intenci&#243;n de hacerme ascensorista.

Hortense asinti&#243; con la cabeza, salud&#243; a Gary como si no lo reconociese.

Entr&#243; en el ascensor y se apoy&#243; contra la pared. Me voy a estrellar contra el s&#243;tano. Descenso a los infiernos garantizado.

&#191;Damos una vuelta por Camden?-pregunt&#243; Nicholas-. La &#250;ltima vez encontr&#233; dos cardigan Dior por diez pounds! A real bargain![[18]: #_ftnref18 &#161;Una aut&#233;ntica ganga!.]

Ella le mir&#243;. El torso demasiado largo de verdad, pens&#243; ella acerc&#225;ndose, pero ojos bonitos, una hermosa boca, un aire de corsario Quiz&#225;s, si me concentro en el corsario

Te quiero -dijo inclin&#225;ndose hacia &#233;l. El se sobresalt&#243;, sorprendido, y la bes&#243; dulcemente. Besa bien. Se toma su tiempo.

&#191;Lo piensas de verdad?

No. S&#243;lo quer&#237;a saber qu&#233; sensaci&#243;n produc&#237;a el decirlo. Nunca se lo he dicho a nadie.

Ah -dijo &#233;l, decepcionado-. Ya me imaginaba que era

Un poco precipitado Tienes raz&#243;n.

Ella le cogi&#243; del brazo y caminaron hacia Regent Street.

De pronto, Hortense se qued&#243; inm&#243;vil.

&#161;Pero si es una vieja!

&#191;Qui&#233;n?

&#161;La criatura del ascensor, es una vieja!

Exageras Charlotte Bradsburry, hija de lord Bradsburry, confiesa veintis&#233;is a&#241;os, &#161;para no reconocer veintinueve!

&#161;Una vieja!

Un icono, querida, &#161;un icono de la sociedad londinense! Diplomada en Cambridge, con criterio literario y erudita, atenta a todo lo que se hace en arte, en m&#250;sica, a veces mecenas, y generosa adem&#225;s: &#161;tiene fama de descubridora de talentos! Dedica su tiempo y sus relaciones al servicio de j&#243;venes desconocidos que, muy pronto, se convierten en famosos.

&#161;Veintinueve a&#241;os! &#161;Ya ser&#237;a hora de que se muriese!

Deslumbrante y redactora en jefe de The Nerve, ya sabes, la revista que

The Nerve! -gimi&#243; Hortense-. &#191;Es ella? &#161;Estoy acabada!

Pero &#191;por qu&#233;, querida, por qu&#233;?

Hab&#237;a hecho una se&#241;al a un taxi que se detuvo ante ellos.

&#161;Porque tengo la firme intenci&#243;n de ocupar su puesto!



* * *


En ese domingo 24 de mayo, Myl&#232;ne Corbier estaba en su puesto. Hab&#237;a reemplazado la televisi&#243;n por un enorme par de prism&#225;ticos y espiaba a sus vecinos. Estaba deseando volver del trabajo para inmiscuirse en la vida de los dem&#225;s. Sacaba la lengua, mojaba los labios, lanzaba grititos o condenaba haciendo chascar la lengua. Cuando se los cruzaba, se re&#237;a ahogadamente al verlos. Lo s&#233; todo de vosotros, pensaba, podr&#237;a denunciaros si quisiera

Esa ma&#241;ana, hubo una redada de la polic&#237;a en el quinto, y hab&#237;an arrestado a una pareja. Dos pobres diablos que hab&#237;an partido rodeados por un escuadr&#243;n de hombres, que golpeaban el suelo con el tac&#243;n de sus botas para advertir a los vecinos de que no violasen la ley. El se&#241;or y la se&#241;ora Wang no pagaban el impuesto por el hijo suplementario. Se hab&#237;a descubierto que ten&#237;an dos hijos, y escond&#237;an a uno cuando ten&#237;an visita. No sal&#237;a nunca o lo hac&#237;a a hurtadillas, a escondidas de sus padres, vestido con la ropa de su hermana mayor. Eso era lo que le hab&#237;a traicionado. &#201;l era muy menudo mientras que su hermana era fuerte. Flotaba en su ropa como un abejorro en la ropa de Espinete. Myl&#232;ne hab&#237;a visto a los dos ni&#241;os desde hac&#237;a mucho tiempo. Rezaba para que el peque&#241;o no fuese descubierto. Ten&#237;a grandes ojos negros asustados y la cabeza llena de remolinos. No paraba de rezar. Ten&#237;a miedo. El se&#241;or Wei la hac&#237;a seguir, estaba segura. Hab&#237;a intentado localizar a Marcel Grobz, pero &#233;l no respond&#237;a a sus llamadas.

Quer&#237;a volver a Francia. Ya estoy harta de estar sola, ya estoy harta de pasarme el d&#237;a trabajando, ya estoy harta de que me toquen la nariz porque soy extranjera, &#161;ya estoy harta de sus karaokes televisados! Quiero la tranquilidad de Anjou.

Los domingos eran terribles. Se quedaba en la cama el mayor tiempo posible. Alargaba la hora del desayuno, tomaba un ba&#241;o, le&#237;a los peri&#243;dicos, subrayaba una direcci&#243;n, estudiaba un maquillaje, un peinado, buscaba ideas que copiar. Despu&#233;s hac&#237;a un poco de gimnasia. Se hab&#237;a comprado el programa de fitness de Cindy Crawford. Ella no se habr&#237;a podrido en China. Ella se habr&#237;a marchado enseguida.

S&#237; pero &#191;qu&#233; hacer? &#191;Me voy dejando mi dinero?

Ni hablar.

&#191;Voy a refugiarme al consulado de Francia? &#191;Lo cuento todo y pido un nuevo pasaporte? Wei se enterar&#237;a y me castigar&#237;a. Puedo acabar encerrada en un ata&#250;d. Y no tengo familia en Francia que vaya a alarmarse.

Puedo intentar mitigar la desconfianza de Wei Que me devuelva el pasaporte. Lo ideal ser&#237;a compartir mi tiempo entre Francia y China.

Eso no resolver&#237;a nada. No podr&#237;a vivir dividida entre Blois y Shanghai. Wei lo sabe muy bien, por eso no quiere que me marche.

No dejaba de decirle que era fr&#225;gil, desequilibrada. Lo que seguro la desequilibraba era que &#233;l repitiese eso cien veces al cabo del d&#237;a. Acabar&#237;a por creerle. Y ese d&#237;a, estar&#237;a perdida. Definitivamente perdida.

&#201;l conclu&#237;a diciendo que deb&#237;a confiar en &#233;l, encomendarse a &#233;l, que la hab&#237;a hecho rica, sin quien ella no ser&#237;a nada. Trabaje, trabaje, es bueno para la salud, si deja de trabajar, usted Y se pon&#237;a las dos manos sobre la espalda imitando una camisa de fuerza. Dos bofetadas que le perforaban los t&#237;mpanos. Myl&#232;ne se estremec&#237;a y callaba.

Sobre las siete de la tarde se ahogaba en la tristeza. Era la hora terrible. El sol se acostaba en medio de los rascacielos de vidrio y acero, temblando en una capa de contaminaci&#243;n rosa y gris. &#161;Hac&#237;a diez meses que no hab&#237;a visto el cielo azul! Recordaba muy bien la &#250;ltima vez que hab&#237;a visto azul en el cielo: hab&#237;an anunciado la llegada de un tif&#243;n y el viento hab&#237;a soplado alejando la nube gris. Se asfixiaba, ya no pod&#237;a m&#225;s.

Ese domingo 24 era como todos los dem&#225;s domingos.

Uno m&#225;s, suspir&#243;.

Iba a escribir una carta. Ya no le divert&#237;a. Antes, jugaba a las mam&#225;s, se montaba toda una historia, se hab&#237;a exiliado para pagar los estudios de sus hijos, ropa bonita. Ahora ya no estaba segura. &#191;Para qu&#233; serv&#237;a eso si deb&#237;a permanecer prisionera aqu&#237;?

El lunes por la noche ir&#237;a a cenar con un franc&#233;s que fabricaba juguetes en China, que despu&#233;s vend&#237;a en las grandes superficies de Francia. El jueves viajaba a Par&#237;s. Ella quer&#237;a noticias frescas, no noticias pescadas en Internet. Le preguntar&#237;a c&#243;mo estaban las calles, cu&#225;l era la canci&#243;n que m&#225;s se o&#237;a, &#191;y Operaci&#243;n Triunfo? &#191;Qui&#233;n era el favorito esta temporada?, &#191;y el &#250;ltimo disco de Raphael?, &#191;y los vaqueros, todav&#237;a pitillos o pata de elefante? &#191;Y la baguette, hab&#237;a aumentado de precio? Era su vida, sus trozos de vida que le ofrec&#237;an entre dos platos en un restaurante. Una vida por poderes. A los hombres los encontraba en Internet. S&#243;lo ten&#237;a que preocuparse de escoger. Estaban impresionados por su &#233;xito, por su piso. No esperaba nada de ellos, m&#225;s que un alivio inmediato, y que despu&#233;s se marcharan, &#191;qu&#233; era lo que cantaba ya su madre? &#191;Tres vueltecitas y se van?

Tres vueltecitas y se iban.

Y yo me quedo.

Cuando ca&#237;a la noche, volv&#237;a a coger sus prism&#225;ticos y espiaba la vida de sus vecinos. Eso la manten&#237;a ocupada hasta que llegara la hora de irse a la cama. Se acostaba pensando ma&#241;ana ir&#225; mejor, ma&#241;ana volver&#233; a llamar a Marcel Grobz, terminar&#225; contestando, encontrar&#225; una soluci&#243;n para sacar mi dinero.

Marcel Grobz Era su &#250;ltimo y &#250;nico recurso.



* * *


Ese domingo, a &#250;ltima hora de la tarde, Jos&#233;phine, que hab&#237;a trabajado todo el d&#237;a en su HDI sobre la historia de las rayas de los hermanos carmelitas, decidi&#243; hacer una pausa y sacar a pasear a Du Guesclin.

Iris se hab&#237;a pasado la tarde tumbada en el sof&#225; del sal&#243;n. Ve&#237;a la televisi&#243;n y charlaba por tel&#233;fono, mientras se masajeaba los pies y las manos con una crema, aguantando el auricular entre el hombro y el ment&#243;n. Me va a llenar el sof&#225; de grasa, hab&#237;a murmurado Jos&#233;phine al pasar una primera vez delante de su hermana para ir a prepararse una taza de t&#233; a la cocina. Cuando pas&#243; por segunda vez, Iris segu&#237;a al tel&#233;fono y segu&#237;a ante la televisi&#243;n. Michel Drucker entrevistaba a C&#233;line Dion. Iris se masajeaba los antebrazos. La &#250;ltima vez que pas&#243;, hab&#237;a cambiado de posici&#243;n y hac&#237;a tres cosas a la vez: ver la tele, hablar por tel&#233;fono y arquear el cuerpo, reafirmar sus muslos.

No No est&#225; nada mal la casa de mi hermana. El mobiliario no es nada del otro mundo, pero bueno Prefiero estar aqu&#237; que en casa, con Carmen, que se pregunta c&#243;mo subirse a la Cruz y clavarse los clavos &#161;para salvarme! Ya no la soporto, qu&#233; pegajosa es, qu&#233; pegajosa.

Jos&#233;phine hab&#237;a aplastado el t&#233; con rabia en el filtro, y derram&#243; la mitad del agua del hervidor al lado de la tetera.

Zo&#233; hab&#237;a pedido permiso para ir al cine, estar&#233; aqu&#237; para la hora de cenar, te lo prometo, he hecho todos los deberes, todo lo del lunes, el martes y el mi&#233;rcoles. &#191;Y cu&#225;ndo tendr&#225;s tiempo para explicarme por qu&#233; te has enfadado, por qu&#233; me has odiado todo este tiempo?, pens&#243; Jos&#233;phine. Zo&#233; se hab&#237;a cambiado seis veces de ropa, irrumpiendo en la habitaci&#243;n de su madre y preguntando: &#191;Est&#225; bien as&#237;? &#191;No me hace el culo gordo?. &#191;Y as&#237;, los muslos no parecen m&#225;s gordos?. Y di, mam&#225;, &#191;es mejor botas o man&#243;letinas?. &#191;Y el pelo, me lo recojo o no?. Entraba y sal&#237;a, empezaba la pregunta en el pasillo, la terminaba plant&#225;ndose delante de su madre, volviendo con ropa nueva y una nueva pregunta, a Jos&#233;phine le costaba concentrarse en su trabajo. La discriminaci&#243;n por las rayas. Una hermosa historia para ilustrar su cap&#237;tulo sobre los colores.

A finales del verano de 1250, los hermanos carmelitas, de la orden del Carmelo, desembarcan en Par&#237;s con un h&#225;bito casta&#241;o, y un abrigo de rayas blancas y marrones o blancas y negras encima. &#161;Esc&#225;ndalo! Las rayas est&#225;n muy mal vistas en la Edad Media. Est&#225;n reservadas a la gente malvada, Ca&#237;n, Judas, a los felones, a los condenados, a los bastardos. As&#237; que, cuando los pobres monjes se paseaban por Par&#237;s, se re&#237;an de ellos. Les llamaban los hermanos rayados, eran v&#237;ctimas de agresiones verbales y f&#237;sicas. Les asociaron al diablo. Les pon&#237;an cuernos, se tapaban la cara cuando pasaban. Ellos se alojaron cerca del convento de las Beguinas, pidieron refugio a las monjas, pero ellas se negaron a abrirles la puerta.

El conflicto durar&#225; treinta y siete a&#241;os. En 1287, el d&#237;a de la fiesta de Mar&#237;a Magdalena, renuncian por fin al abrigo rayado y adoptan una capa blanca.

Ponte una camiseta blanca -hab&#237;a aconsejado Jos&#233;phine, luchando entre el siglo XIII y el XXI-. Destaca la tez y vale para todo.

Ah -hab&#237;a respondido Zo&#233;, no muy convencida.

Du Guesclin, acurrucado a sus pies, dormitaba. Jos&#233;phine hab&#237;a cerrado sus libros, se hab&#237;a frotado la punta de la nariz, s&#237;ntoma de enorme fatiga, y hab&#237;a decidido que un poco de aire fresco no le vendr&#237;a mal. No hab&#237;a ido a correr esa ma&#241;ana. Iris no hab&#237;a dejado de quejarse, de repetir las mismas preguntas sobre su futuro incierto.

Se levant&#243;, se puso una chaqueta, pas&#243; por el sal&#243;n haciendo una se&#241;al a Iris de que se iba. Iris respondi&#243; apartando el tel&#233;fono y retom&#243; su conversaci&#243;n.

Jos&#233;phine cerr&#243; la puerta de golpe y baj&#243; los escalones de cuatro en cuatro.

La c&#243;lera crec&#237;a en su interior, m&#225;s negra que el humo del carb&#243;n. Estaba al borde de la asfixia. &#191;Voy a tener que encerrarme en mi habitaci&#243;n para estar en paz? &#191;Ir a hacerme el t&#233; de puntillas sobre el parqu&#233; para no molestar su ch&#225;chara? La c&#243;lera aumentaba y el humo negro le oscurec&#237;a el cerebro. Iris no hab&#237;a levantado un dedo para poner o quitar la mesa del desayuno. Hab&#237;a pedido que le tostaran el pan, dorado, no calcinado, por favor, y hab&#237;a a&#241;adido &#191;no tendr&#233;is miel de la casa H&#233;diard, por casualidad?

Cruz&#243; el bulevar y lleg&#243; al Bois. &#161;Anda!, pens&#243;, no he visto el cartel de Luca. Le parec&#237;a extra&#241;o decir Luca y no Vittorio. He debido de pasar al lado sin darme cuenta Aceler&#243; el paso, dio una patada a una vieja pelota de tenis. Du Guesclin le lanz&#243; una mirada extra&#241;ado. Para calmarse, volvi&#243; a pensar en su trabajo sobre los colores. En el simbolismo de los colores. Ser&#237;a su primer cap&#237;tulo, una exposici&#243;n antes de profundizar en el tema. Impresionar al profesor gru&#241;&#243;n para suscitar su inter&#233;s. Hacerle tragar las cinco mil p&#225;ginas que seguir&#237;an El azul era, en la Edad Media, la expresi&#243;n de la melancol&#237;a. As&#237; pod&#237;a ser un color de duelo. Las madres que hab&#237;an perdido un hijo portaban la cerula vest&#237;s, un vestido azul, durante dieciocho meses. En la iconograf&#237;a, la Virgen, vestida de azul, lleva luto por su hijo. El amarillo era el color de la enfermedad y del pecado. De la palabra latina galbinus proced&#237;a la francesa jaune, amarillo, palabra construida sobre una ra&#237;z germ&#225;nica referida al h&#237;gado y la bilis. Se detuvo y se llev&#243; la mano a la cadera: ten&#237;a flato. Estaba generando bilis, &#161;estaba fabricando amarillo! El amarillo, color de los envidiosos, de los avaros, de los hip&#243;critas, de los mentirosos y de los traidores. La enfermedad del cuerpo y la enfermedad del alma se a&#250;nan en ese color. Judas aparece siempre vestido de amarillo. Transmiti&#243; su color simb&#243;lico al conjunto de comunidades jud&#237;as en la sociedad medieval. Los jud&#237;os fueron perseguidos, relegados a barrios aislados, el ghetto, en Roma. Los concilios se pronunciaron contra el matrimonio entre cristianos y jud&#237;os, y se exigi&#243; que los jud&#237;os llevaran un signo distintivo, una estrella que se convertir&#237;a en la siniestra estrella amarilla impuesta por los nazis, que adoptaron esa idea de los s&#237;mbolos medievales.

Mientras que el verde, piensa en el verde, se exhort&#243; Jos&#233;phine mirando a los &#225;rboles, el c&#233;sped, los bancos p&#250;blicos. Aspira los vapores de la clorofila que emiten las hojas tiernas. Llena tus ojos de hierba verde, del ala del pato que se confunde con el verde del agua, del color del cubo del ni&#241;o que siembra su pasta de c&#233;sped cortado. El verde se asocia a la vida, a la esperanza, simboliza a menudo el para&#237;so, pero si est&#225; un poco ennegrecido, evoca el mal y hay que desconfiar. Desconfiar del negro que invade mi cabeza. No sofocarme bajo la lluvia de la c&#243;lera. Es mi hermana, es mi hermana. Sufre. Debo ayudarla. Cubrirla con un manto blanco. De luz. &#191;Qu&#233; me est&#225; pasando? Antes no me enfadaba cuando me manejaba a su antojo. No lo ve&#237;a todo amarillo o negro. Obedec&#237;a. Bajaba los ojos. Enrojec&#237;a. Rojo, color de la muerte y de la pasi&#243;n, los verdugos iban vestidos de rojo, los cruzados llevaban una cruz roja en el pecho. Roja tambi&#233;n la ropa de las putas, de las mujeres ad&#250;lteras. Roja la sangre de la mujer que se libera y se pone furiosa Estoy cambiando. Estoy creciendo como una adolescente furiosa, rebel&#225;ndome contra la autoridad. Empez&#243; a re&#237;r. Estoy echando cuentas, hago inventario de mis nuevos sentimientos, los eval&#250;o, los sopeso, los pruebo en fr&#237;o, en caliente y me despego de Iris, me alejo rabiando como una ni&#241;a, pero me alejo.

Du Guesclin iba y ven&#237;a a su alrededor. Trotaba echando el morro hacia delante, a ras de suelo, llen&#225;ndose de olores. El hocico pegado a las huellas de otros cuadr&#250;pedos que hab&#237;an pasado antes que &#233;l. Avanzaba dibujando c&#237;rculos m&#225;s o menos amplios. Pero siempre volv&#237;a hacia ella. Ella era el centro de su vida. A la luz del d&#237;a se distingu&#237;an sobre sus flancos rayas de carne rosada, de ese rosa enfermizo que se&#241;ala la piel de las quemaduras graves, y sobre su cara, dos trazos negros que parec&#237;an la m&#225;scara del Zorro. Se alejaba, vagabundeaba, iba a olisquear a otro perro, regaba un arbusto, una rama en el suelo, volv&#237;a a echarse a sus pies, celebrando el encuentro tras una larga separaci&#243;n.

&#161;Para, Du Guesclin, me vas a hacer caer!

La miraba con devoci&#243;n, ella le frot&#243; el morro subiendo desde el hocico hasta las orejas. &#201;l dio tres pasos pegado a ella, sus patas en sus piernas, sus anchos omoplatos pegados a sus muslos, y volvi&#243; a marcharse a olisquear, atrapando al vuelo una hoja que ca&#237;a. Arrancaba con una rapidez, con una brutalidad que asustaba, y despu&#233;s se deten&#237;a en seco, localizando una presa para obligarla a salir.

A lo lejos vio a Herv&#233; Lefloc-Pignel y al se&#241;or Van den Brock, que caminaban a lo largo del lago. As&#237; que son amigos. Pasean juntos los domingos. Dejan a sus mujeres y a sus hijos en casa para hablar entre hombres. Antoine no hablaba nunca entre hombres. No ten&#237;a amigos. Era un solitario. Le hubiera gustado saber de qu&#233; estaban hablando. Ambos llevaban un jersey rojo echado sobre los hombros. Parec&#237;an dos hermanos vestidos por su madre. Sacud&#237;an la cabeza, preocupados. No parec&#237;an estar de acuerdo. &#191;Bolsa? &#191;Inversiones? Antoine nunca hab&#237;a tenido suerte en la Bolsa. Cada vez que le echaba el ojo a un valor que le aseguraba ganancias r&#225;pidas y c&#243;modas, el valor se desinflaba. &#201;se era el t&#233;rmino que empleaba. Hab&#237;a invertido todos sus ahorros en el Eurot&#250;nel y esa vez, s&#243;lo hab&#237;a dicho: Se ha desinflado enormemente. Y ahora, &#161;le sisaba los puntos del Intermarch&#233;! &#161;Pobre Tonio! Un vagabundo que vive en el metro, entre bolsas de pl&#225;stico que llena de vituallas robadas. Un d&#237;a volver&#225; y llamar&#225; a mi puerta. Me pedir&#225; techo y comida y yo le acoger&#233;. Evocaba esa posibilidad con serenidad. Se hab&#237;a acostumbrado a su regreso. Ya no ten&#237;a miedo de su fantasma. Casi estaba deseando que volviese. Deseando que terminaran sus dudas. No hay nada peor que no saber.

&#191;Acaso existe realmente la tal Dottie Doolittle, o se la ha inventado Iris para justificar su separaci&#243;n de Philippe? La duda crec&#237;a en su interior. A veces Iris pod&#237;a contar cualquier bobada. Es terrible confesar que su marido la ha dejado por su culpa. Es mucho m&#225;s f&#225;cil decir que te ha dejado por otra. Tendr&#237;a que ir a ver. No necesitar&#237;a hacer preguntas, me sentar&#237;a frente a &#233;l y hundir&#237;a mi mirada en sus ojos.

Ir a Londres

Mi editor ingl&#233;s me ha pedido que vaya a verle. Podr&#237;a utilizar ese pretexto. Era una idea. Caminar o correr le daba siempre ideas. Mir&#243; la hora y decidi&#243; volver a casa.

Iphig&#233;nie estaba a punto de vaciar la basura, Jos&#233;phine se propuso ayudarla.

Lo &#250;nico que hemos de hacer es dejarlo todo en la entrada del local -propuso Iphig&#233;nie.

Si quiere &#161;Du Guesclin, ven aqu&#237;! &#161;Enseguida!

El perro hab&#237;a entrado en el patio como una flecha.

&#161;Ay, Dios! &#161;Si se hace pis en el patio y le ven, ya me puedo preparar para llevarlo a la Sociedad Protectora! -dijo Jos&#233;phine ahogando una risita con la mano.

Se hab&#237;a pegado contra la puerta del cuarto de la basura y olisqueaba con furia.

Pero &#191;qu&#233; le pasa? -dijo Jos&#233;phine, extra&#241;ada.

Rascaba la puerta con la pata e intentaba abrirla empuj&#225;ndola con el morro.

Quiere echarnos una mano -conjetur&#243; Iphig&#233;nie.

Qu&#233; raro, se dir&#237;a que sigue una pista. &#191;Esconde usted droga, Iphig&#233;nie?

No bromee, se&#241;ora Cort&#232;s, &#161;mi ex ser&#237;a perfectamente capaz de hacerlo! Le pillaron una vez por tr&#225;fico de drogas.

Jos&#233;phine agarr&#243; una bolsa llena de platos de cart&#243;n y vasos de pl&#225;stico, y se dirigi&#243; hacia el local. Iphig&#233;nie iba detr&#225;s arrastrando por el suelo las dos enormes bolsas de basura.

Separar&#233; el vidrio del papel ma&#241;ana, se&#241;ora Cort&#232;s.

Abrieron la puerta del local y Du Guesclin salt&#243; al interior, el hocico pegado al suelo, rascando el hormig&#243;n con sus garras. El aire era irrespirable, caliente, f&#233;tido. Jos&#233;phine not&#243; c&#243;mo el olor amargo y repugnante de la carne pasada le asfixiaba la garganta.

Pero &#191;qu&#233; est&#225; buscando?-se pregunt&#243; tap&#225;ndose la nariz- &#161;Esto apesta! &#161;Voy a terminar creyendo que esa Bassonni&#232;re ten&#237;a raz&#243;n!

Se llev&#243; la mano a la boca, invadida por unas repentinas ganas de vomitar

Du Guesclin -murmur&#243;, presa del asco.

&#161;Ha debido de oler una salchicha podrida!

El olor era insistente, penetrante. Du Guesclin hab&#237;a ido a buscar un trozo de moqueta vieja enrollada contra la pared, y se dedic&#243; a acercarlo a la puerta. Lo hab&#237;a agarrado entre las fauces y tiraba, apoyado en las patas traseras.

Quiere ense&#241;arnos algo -dijo Iphig&#233;nie.

Creo que voy a vomitar

S&#237;, s&#237;. &#161;Mire! Ah&#237; detr&#225;s

Se acercaron, apartaron tres cubos grandes, miraron al suelo y lo que vieron las horroriz&#243;: un brazo de mujer, blanquecino, sobresal&#237;a de la moqueta sucia.

&#161;Iphiiiig&#233;nie! -grit&#243; Jos&#233;phine.

Se&#241;ora Cort&#232;s &#161;No se mueva! &#161;Quiz&#225;s sea una aparici&#243;n!

&#161;Que no, Iphig&#233;nie! Es un &#161;cad&#225;ver!

Miraban fijamente el brazo que sobresal&#237;a y parec&#237;a pedir ayuda.

&#161;Deber&#237;amos avisar a la polic&#237;a! Usted qu&#233;dese aqu&#237;, yo voy a la porter&#237;a

&#161;No! -dijo Jos&#233;phine tiritando-. Yo voy con usted

Du Guesclin continuaba tirando de la moqueta y, con las fauces llenas de espuma y de baba, termin&#243; descubriendo un rostro p&#225;lido, amoratado, oculto bajo un pelo apelmazado, casi pegajoso.

&#161;La Bassonni&#232;re! -exclam&#243; Iphig&#233;nie mientras Jos&#233;phine se apoyaba en la pared para no caerse-. La han

Se miraron, espantadas, incapaces de moverse, como si la muerta les ordenase permanecer a su lado.

&#191;Asesinado? -dijo Jos&#233;phine.

Tiene toda la pinta.

Permanecieron inm&#243;viles, mirando fijamente el rostro descompuesto y desencajado del cad&#225;ver. Iphig&#233;nie se recuper&#243; la primera y solt&#243; su trompeteo.

En todo caso, &#161;sigue teniendo esa expresi&#243;n tan poco amable! No se puede decir que est&#233; sonriendo a los &#225;ngeles



* * *


La polic&#237;a se present&#243; r&#225;pidamente. Dos agentes uniformados y la capit&#225;n Gallois. Estableci&#243; un per&#237;metro de seguridad, coloc&#243; cinta amarilla alrededor del cuarto de la basura. Se acerc&#243; al cuerpo, se agach&#243;, lo observ&#243; con detalle y coment&#243; en voz alta, articulando cada s&#237;laba con la precisi&#243;n de una alumna que recita la lecci&#243;n. Se constata que ha comenzado el proceso de putrefacci&#243;n, el asesinato debe de haber ocurrido hace unas cuarenta y ocho horas, hab&#237;a levantado el camis&#243;n de la se&#241;orita de Bassonni&#232;re y sus dedos rozaron una mancha negra sobre el vientre. Mancha abdominal provocada por los gases liberados bajo la dermis. La piel se ennegrece, pero permanece blanda, ligeramente hinchada, el cuerpo amarillea. Ha debido de morir a &#250;ltima hora del viernes o durante la madrugada del s&#225;bado, concluy&#243; volviendo a bajar el camis&#243;n. Despu&#233;s vio moscas alrededor del cuerpo y las alej&#243; con un gesto suave. Llam&#243; al fiscal y al m&#233;dico forense.

Permanec&#237;a imperturbable, los labios cerrados, considerando el cuerpo que yac&#237;a a sus pies. Ni un m&#250;sculo de su rostro revelaba el horror, el asco o la sorpresa. Despu&#233;s se volvi&#243; hacia Jos&#233;phine e Iphig&#233;nie y les interrog&#243;.

Ellas relataron c&#243;mo hab&#237;an descubierto el cuerpo. La fiesta en la porter&#237;a, la ausencia de la se&#241;orita de Bassonni&#232;re que no ten&#237;a nada de extra&#241;o, todo el mundo la detestaba en el edificio, Iphig&#233;nie no pudo evitar hablar de la basura, del papel de Du Guesclin.

&#191;Tiene usted ese perro desde hace mucho tiempo? -pregunt&#243; la capit&#225;n.

Lo recog&#237; en la calle ayer por la ma&#241;ana.

Se arrepinti&#243; de haber dicho recog&#237;, quiso corregir la palabra, balbuce&#243; y se sinti&#243; culpable. No le gustaba la forma en la que la capit&#225;n se dirig&#237;a a ella. Adivinaba por su parte una sorda animosidad que no entend&#237;a. Dirigi&#243; la mirada hacia un broche oculto bajo el cuello de su blusa, que representaba un coraz&#243;n atravesado por una flecha.

&#191;Tiene usted alguna observaci&#243;n que hacer? -pregunt&#243; la capit&#225;n con rudeza.

No. Estaba mirando su broche y

No haga comentarios personales.

Jos&#233;phine se dijo que a esa mujer le gustar&#237;a ponerle unas esposas en las mu&#241;ecas.

Lleg&#243; el m&#233;dico forense, seguido de un fot&#243;grafo del juzgado. Tom&#243; la temperatura corporal, 31. declar&#243;, constat&#243; heridas externas, midi&#243; los cortes de las pu&#241;aladas y pidi&#243; una autopsia. Despu&#233;s habl&#243; con la capit&#225;n. Jos&#233;phine sorprendi&#243; fragmentos de la conversaci&#243;n, &#191;ara&#241;azos en los zapatos? &#191;Resistencia? &#191;Sorprendida por el agresor? &#191;El cuerpo ha sido trasladado o ha sido asesinada aqu&#237;?. El fot&#243;grafo judicial, arrodillado a los pies de la v&#237;ctima, tomaba fotos desde todos los &#225;ngulos.

Habr&#225; que interrogar al vecindario -murmur&#243; la capit&#225;n.

El crimen, porque probablemente se trata de una agresi&#243;n, ha tenido lugar la noche del viernes al s&#225;bado a la hora en la que la gente de bien duerme.

El edificio tiene portero autom&#225;tico con c&#243;digo. No se puede entrar como Pedro por su casa -se&#241;al&#243; la capit&#225;n.

Ya sabe usted que los c&#243;digos -Hizo un gesto evasivo-. &#161;Son para tranquilizar a los ingenuos! &#161;Desgraciadamente cualquiera puede entrar!

Evidentemente ser&#237;a m&#225;s simple sospechar que el culpable vive en el edificio.

El m&#233;dico forense solt&#243; un largo suspiro de impotencia, y declar&#243; que lo ideal ser&#237;a que el asesino se paseara con un cartel en la espalda. El capit&#225;n no pareci&#243; apreciar su comentario y volvi&#243; al cuarto de la basura.

Despu&#233;s se produjo la llegada del fiscal. Un hombre seco, con el cabello rubio cortado a cepillo. Se present&#243;. Estrech&#243; la mano de sus colegas, escuch&#243; las conclusiones de unos y otros. Se inclin&#243; sobre el cuerpo. Convers&#243; con el m&#233;dico forense y pidi&#243; una autopsia.

Tama&#241;o de la hoja, fuerza de los golpes, profundidad de los cortes, marcas de hematomas, estrangulamiento

Enumeraba los diversos puntos a estudiar sin vehemencia ni precipitaci&#243;n, con la minuciosidad del hombre acostumbrado a ese tipo de escenarios

&#191;Se ha fijado usted en si la goma de la moqueta era blanda o dura? &#191;Si hab&#237;a dejado marcas en el cuerpo o conten&#237;a huellas digitales?

El forense respondi&#243; que la goma era blanda y ligera.

&#191;Huellas dactilares?

En la goma no. En cuanto al cuerpo, es demasiado pronto

&#191;Huellas de pisadas en el cuarto?

El agresor deb&#237;a de llevar suelas lisas, o se hab&#237;a envuelto los pies en bolsas de pl&#225;stico. Ninguna marca, ninguna huella

&#191;Ninguna huella dactilar, est&#225; usted seguro?

No &#191;Quiz&#225;s llevaba guantes de goma?

Env&#237;eme las fotos en cuanto las tenga -concluy&#243; el fiscal-. Vamos a empezar a interrogar al vecindario y a realizar una investigaci&#243;n completa sobre la v&#237;ctima. Si ten&#237;a enemigos, problemas sentimentales

&#191;Le has visto la jeta?-brome&#243; uno de los dos polic&#237;as de uniforme al o&#237;do de su compa&#241;ero-. &#161;Se te quitan las ganas de golpe!

Si hab&#237;a sido agredida anteriormente, si estaba fichada En fin, &#161;la rutina!

Hizo una se&#241;al a la capit&#225;n para que se acercara, y se retiraron a un rinc&#243;n del patio. La mirada del fiscal fue a posarse sobre Jos&#233;phine. La capit&#225;n deb&#237;a de estar dici&#233;ndole que hab&#237;a sido agredida seis meses antes, y que hab&#237;a esperado casi una semana antes de presentarse en la comisar&#237;a a denunciarlo.

La brigada criminal ser&#225; la que se encargue del caso -dijo el fiscal-. Pero proceda con la investigaci&#243;n, realice los primeros interrogatorios, la Criminal tomar&#225; el caso despu&#233;s Voy a hablar con el juez de instrucci&#243;n.

La capit&#225;n asinti&#243; con expresi&#243;n severa.

Seguramente habr&#225; que interrogarla de nuevo -a&#241;adi&#243; el fiscal manteniendo los ojos fijos en Jos&#233;phine.

&#191;Por qu&#233; me miran as&#237;? &#161;No pensar&#225;n que he sido yo o que soy c&#243;mplice! Se sinti&#243; invadida de nuevo por un terrible sentimiento de culpabilidad. &#161;Pero si no he hecho nada! Sinti&#243; ganas de gritar ante los ojos fijos del fiscal.

La presencia de coches de la polic&#237;a ante el edificio hab&#237;a atra&#237;do a los vecinos, que intentaban ver el cuerpo d&#225;ndose codazos y repitiendo: &#161;Es incre&#237;ble!, &#161;es incre&#237;ble! &#161;No somos nada, en realidad!. Un anciano, con la cara empolvada de blanco, aseguraba que la hab&#237;a conocido cuando era una ni&#241;a, una mujer acribillada a Botox gru&#241;&#243; que no la echar&#237;a de menos, &#161;vieja pelleja!, y una tercera preguntaba: &#191;Est&#225; usted seguro de que est&#225; muerta?. Como lo estoy de que est&#225; usted viva, contest&#243; Pinarelli hijo. Jos&#233;phine pens&#243; en Zo&#233; y pregunt&#243; si pod&#237;a subir a su casa.

&#161;Antes de que la haya interrogado, no! -le advirti&#243; la capit&#225;n.

Empezaron por Iphig&#233;nie, despu&#233;s le toc&#243; a ella. Describi&#243; la reuni&#243;n de copropietarios del viernes, las escaramuzas con los se&#241;ores Merson, Lefloc-Pignel y Van den Brock. La capit&#225;n tomaba notas. Jos&#233;phine a&#241;adi&#243; lo que le hab&#237;a dicho el se&#241;or Merson, sobre las dos agresiones de las que la se&#241;orita de Bassonni&#232;re hab&#237;a sido v&#237;ctima. Precis&#243; que ella no hab&#237;a asistido a esas escenas. Vio a la capit&#225;n anotar preguntar al se&#241;or Merson en su cuaderno.

&#191;Puedo subir? Mi hija me espera en casa

La capit&#225;n la dej&#243; marchar, no sin antes haberle preguntado en qu&#233; parte del edificio y en qu&#233; piso viv&#237;a, y ordenarle pasar por la comisar&#237;a para firmar su declaraci&#243;n.

&#161;Ah! Se me olvidaba -dijo la capit&#225;n alzando la voz-: &#191;d&#243;nde estaba usted el viernes por la noche?

En mi casa &#191;Por qu&#233;?

Soy yo la que hace las preguntas.

Volv&#237; de la reuni&#243;n de copropietarios con el se&#241;or Lefloc-Pignel sobre las nueve y me qued&#233; en casa.

&#191;Su hija estaba con usted?

No. Estaba en el trastero, con otros j&#243;venes del edificio. En el trastero de Paul Merson. Debi&#243; de subir sobre las doce.

Sobre las doce, dice usted &#191;No est&#225; usted segura?

No mir&#233; la hora.

&#191;No recuerda usted una pel&#237;cula que hubiese visto en la tele o un programa de radio? -dijo la capit&#225;n.

No &#191;Eso es todo? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

&#161;Por el momento!

Decididamente hay algo en m&#237; que no soporta, se dijo Jos&#233;phine mientras esperaba el ascensor.

Zo&#233; no hab&#237;a vuelto e Iris yac&#237;a tumbada sobre el sof&#225;, delante de la tele, el tel&#233;fono agarrado entre la oreja y el hombro. En la pantalla, C&#233;line Dion, con voz nasal, abr&#237;a su coraz&#243;n a Michel Drucker.



* * *


Ese domingo 24 de mayo, al volver del cine, Ga&#233;tan y Zo&#233; se separaron en la esquina de la manzana, ante el edificio. &#161;Mi padre me matar&#237;a si nos viese juntos! Entra t&#250; por delante, yo por detr&#225;s. Se besaron una &#250;ltima vez, se apartaron de mala gana y se alejaron caminando hacia atr&#225;s, para seguir vi&#233;ndose el mayor tiempo posible.

Soy feliz, &#161;tan feliz!, se asombraba Zo&#233; caminando de lado sobre el c&#233;sped del parterre, aspirando, contenta, la tierra blanda y olorosa. Todo es hermoso, todo huele bien. No hay nada mejor que el amor.

Me ha pasado algo muy extra&#241;o, hace un rato, delante del cine

Estaba esperando a Ga&#233;tan, llevaba su jersey en mi bolso y lo saqu&#233;, lo cog&#237; con las dos manos y el olor me vino de golpe. Su olor. Todos tenemos un olor. No se sabe de d&#243;nde viene, no se sabe c&#243;mo definirlo, pero lo reconocemos. El suyo todav&#237;a no sab&#237;a c&#243;mo era, no lo hab&#237;a pensado hasta entonces. Y cuando respir&#233; el olor de su jersey, me sent&#237; invadida de felicidad. Lo volv&#237; a meter r&#225;pidamente en el bolso, para que el aroma no se evaporase. Parece tonto, pero me dije que el amor es sentir c&#243;mo se infla el coraz&#243;n al respirar un jersey viejo. Y eso da ganas de saltar y de besar a todo el mundo. Las cosas bonitas se hacen m&#225;s bonitas &#161;y las cosas feas te dan igual! &#161;Me da completamente igual que mam&#225; haya besado a Philippe! Al fin y al cabo, quiz&#225;s est&#233; enamorada, quiz&#225;s tenga, tambi&#233;n, el coraz&#243;n inflado como un globo.

Ya no estoy enfadada porque &#161;ESTOY ENAMORADA! Tengo la impresi&#243;n de que la vida va a ser un largo camino luminoso de risas y besos, oliendo jers&#233;is y haciendo proyectos. Tendremos un mont&#243;n de hijos y les dejaremos hacer todo lo que quieran. No como el padre de Ga&#233;tan. Es raro. Les proh&#237;be invitar a amigos a su casa. Les proh&#237;be hablar en la mesa: deben levantar la mano y esperar a que se les conceda la palabra. Les proh&#237;be ver la televisi&#243;n. Escuchar la radio. A veces, por la noche, quiere que todo sea blanco: la ropa, la comida, el mantel y las servilletas, el pijama de los ni&#241;os. Otras, que todo sea verde. Comen espinacas y br&#233;col, lasa&#241;a verde y kiwis. Su madre se rasca los brazos de desesperaci&#243;n. Se pasan el tiempo temiendo que su madre haga alguna tonter&#237;a, que se abra las venas con un cuchillo o que salte por la ventana. Y no me lo ha contado todo Hay palabras que est&#225;n a punto de salir de su boca y se las traga. Ga&#233;tan ha llegado a un acuerdo con Domitille: ella no dice nada sobre nosotros y &#233;l se calla lo otro, no me ha explicado del todo qu&#233; es lo otro, pero seguro que debe de ser algo sucio, porque Domitille es una chica realmente malsana. &#161;Y ese tr&#225;fico que se monta con los chicos del colegio! &#161;Habr&#237;a que verla! Se mete con ellos en los lavabos y sale con las mejillas rojas y el cabello revuelto. Debe de dar besos con lengua o algo as&#237;. Ella y su amiga In&#233;s se las dan de rompedoras y sexys. Se pasan notitas dobladas en cuatro, billetes de cinco euros, hacen cruces en el margen de sus cuadernos y juegan a ver qui&#233;n tiene m&#225;s cruces. Y m&#225;s pasta.

&#161;Menuda familia extra&#241;a! Todas las familias son extra&#241;as. Incluso la m&#237;a. Un pap&#225; que no se sabe d&#243;nde est&#225; y una mam&#225; que besa a su cu&#241;ado en la cocina en Nochebuena. Incluso los que parecen superserios derrapan. A la se&#241;ora Merson le hacen pis encima y al se&#241;or Merson le hace gracia. El se&#241;or Van den Brock se me pega cuando se cruza conmigo, nunca cojo el ascensor con &#233;l, y la se&#241;ora Van den Brock es tan bizca que parece que tiene un solo ojo en la frente.

Hab&#237;a tres coches de polic&#237;a aparcados delante del edificio y Zo&#233; crey&#243; que se iba a morir. Le ha pasado algo a mam&#225;. Se puso a correr y a correr y lleg&#243; hasta el portal. Lo abri&#243; y se precipit&#243; por la escalera, sin tiempo para coger el ascensor, mam&#225; se est&#225; muriendo y yo no le he confesado nada de lo que pensaba, &#161;se va a marchar sin aclarar el malentendido, sin saber que la quiero por encima de todo!

Se par&#243; en seco. La gente se agrupaba en el patio. Y crey&#243; morir por segunda vez: se ha tirado por la ventana. Estaba demasiado apenada porque no se lo contaba todo, con detalle. Es adicta a los detalles, mam&#225;. Una palabra mal dicha y los ojos se le llenan de l&#225;grimas. &#161;Ay! No le esconder&#233; nunca nada m&#225;s, nunca volver&#233; a intentar darle pena, prometo explic&#225;rselo todo si aparece en el patio y no est&#225; muerta.

Vio, de espaldas, al se&#241;or Lefloc-Pignel que estaba hablando con un se&#241;or rubio, con el pelo cortado a cepillo. Tambi&#233;n estaba el se&#241;or Van den Brock, que hablaba con una se&#241;ora de la polic&#237;a, una morena bajita de rostro severo, y el se&#241;or Merson, inclinado sobre la oreja de Iphig&#233;nie.

&#191;Y cu&#225;ndo la han encontrado? -preguntaba el se&#241;or Merson.

&#161;Pero si ya se lo he dicho dos veces! &#161;No me est&#225; escuchando! &#161;Fuimos la se&#241;ora Cort&#232;s y yo las que la encontramos completamente enrollada en la moqueta! Bueno, fue m&#225;s bien el perro Empez&#243; a gru&#241;ir

&#191;Y tienen alguna idea de qui&#233;n ha podido hacerlo?

&#161;Yo no trabajo en la polic&#237;a! &#161;No tiene m&#225;s que pregunt&#225;rselo a ellos!

Zo&#233; respir&#243; aliviada. Mam&#225; no estaba muerta. Busc&#243; a Ga&#233;tan con la mirada. No lo vio. Ha debido de escabullirse y subir a su casa.

Subi&#243; las escaleras de cuatro en cuatro, abri&#243; de golpe la puerta de entrada, pas&#243; delante del sal&#243;n donde Iris estaba al tel&#233;fono y corri&#243; hasta la habitaci&#243;n de su madre.

&#161;Mam&#225;! &#161;Est&#225;s viva!

Se precipit&#243; contra su madre, frot&#225;ndose la nariz contra su pecho, en busca de su olor.

&#161;He pasado tanto miedo! &#161;Cre&#237; que la polic&#237;a estaba aqu&#237; por ti!

&#191;Por m&#237;? -susurr&#243; Jos&#233;phine acun&#225;ndola contra su pecho.

Y el dulce refugio de los brazos de su madre rompi&#243; los &#250;ltimos diques de Zo&#233;. Se lo cont&#243; todo. El beso de Philippe, las cartas de su padre, Hortense afirmando que su padre hab&#237;a muerto entre las fauces de un cocodrilo, el sufrimiento que le invad&#237;a y la c&#243;lera que se mezclaba con su pena.

&#161;Estaba completamente sola para defenderle! &#161;Sigue siendo mi pap&#225;!

Jos&#233;phine, el ment&#243;n apoyado en el pelo de su hija, la escuchaba cerrando los ojos de felicidad.

Y yo &#161;no puedo pasar p&#225;gina! &#161;Y ya no sab&#237;a qu&#233; hacer contra vosotras dos que hab&#237;ais pasado p&#225;gina! Entonces me enfad&#233; contigo y dej&#233; de hablarte. Y esta noche, al ver los coches de polic&#237;a, cre&#237; que ya no aguantabas m&#225;s que no te hablase. Me daba perfecta cuenta de que esperabas que yo te diese explicaciones pero no pod&#237;a, no pod&#237;a, no consegu&#237;a sacarlo, estaba como bloqueada

Lo s&#233;, lo s&#233; -dec&#237;a Jos&#233;phine acarici&#225;ndole el pelo.

Entonces pens&#233; que

&#191;Que estaba muerta?

S&#237; &#161;Ay, mam&#225;! &#161;Mam&#225;!

Y lloraron las dos, abrazadas, estrech&#225;ndose hasta ahogarse.

La vida, a veces, es tan complicada y, a veces, es tan sencilla Es duro encontrar el camino -suspir&#243; Zo&#233; frotando la nariz contra el hombro de su madre.

Por eso es por lo que hay que hablar. Siempre. Si no, se acumulan los malentendidos y nos volvemos sordos. Dejamos de escucharnos. &#191;Quieres que te explique lo de Philippe?

Creo que lo s&#233;

&#191;A causa de Ga&#233;tan?

Zo&#233; se puso roja escarlata.

No se elije, &#191;sabes? El amor, a veces, nos cae encima y nos deja atontados. He hecho todo lo que pod&#237;a para evitar a Philippe.

Zo&#233; cogi&#243; un mech&#243;n del pelo de su madre y lo enroll&#243; entre sus dedos.

En la cocina, esa noche, yo no me esperaba que Era la primera vez, Zo&#233;, te lo prometo. Y de hecho, fue la &#250;ltima

&#191;Tienes miedo de hacerle da&#241;o a Iris?

Jos&#233;phine asinti&#243; con la cabeza en silencio.

&#191;Y le has vuelto a ver?

No.

&#191;Y eso te duele?

Jos&#233;phine suspir&#243;.

S&#237;, todav&#237;a duele.

&#191;E Iris lo sabe?

Creo que se lo imagina, pero no sabe nada. Piensa que estoy enamorada de &#233;l en secreto, pero que &#233;l me ignora. Es incapaz de imaginar que &#233;l pueda fijarse en m&#237;

De todas formas, &#161;Iris no piensa m&#225;s que en s&#237; misma!

&#161;Chiss, cari&#241;o! Es tu t&#237;a y est&#225; pasando un mal momento.

Para, mam&#225;, &#161;deja de perdonarle siempre todo! Eres demasiado buena &#191;Y pap&#225;? &#191;Es cierta la historia del cocodrilo?

Ya no lo s&#233;. No entiendo nada

Lo quiero saber, mam&#225;. Aunque sea muy duro

Se la qued&#243; mirando, muy seria. Hab&#237;a franqueado el abismo que separa la ni&#241;a peque&#241;a de la mujer. Reclamaba la verdad para madurar. Jos&#233;phine no pod&#237;a mentirle. Pod&#237;a amortiguar la atroz realidad, pero no ocult&#225;rsela.

Le cont&#243; que Myl&#232;ne le hab&#237;a comunicado la muerte de Antoine un a&#241;o antes, la investigaci&#243;n de la embajada de Francia, la declaraci&#243;n oficial del fallecimiento de Antoine, su estatus de viuda, el paquete, la carta de los amigos del Crocodile Caf&#233;, todo lo que llevaba a creer que estaba muerto. Evit&#243; decir en las fauces de un cocodrilo, la imagen quedar&#237;a grabada en la memoria de Zo&#233; y aparecer&#237;a de noche para atormentarla Habl&#243; de las cartas. Pas&#243; por alto el hombre que se cruz&#243; en el metro -no estaba segura de que fuese &#233;l- y los puntos del carn&#233; de cliente sisados en el Intermarch&#233;; no quer&#237;a herirla acusando a su padre de ser un ladr&#243;n.

Es por eso que ya no s&#233;

Volv&#237;a a estar angustiada, y miraba fijamente al suelo con el empecinamiento de quien quiere saber, pero no obtiene respuestas.

&#191;Sabes, cari&#241;o?, si llamase a la puerta, le acoger&#237;a, no le dejar&#237;a en la calle. Yo le quise, es vuestro padre.

A veces volv&#237;a a pensar en el abandono de Antoine. Se hab&#237;a Preguntado c&#243;mo iba a hacer para vivir sin &#233;l. &#191;Qui&#233;n elegir&#237;a d&#243;nde ir en vacaciones, qu&#233; vino beber, qu&#233; operador de Internet? Sent&#237;a a menudo nostalgia de tener un marido. Un hombre en quien descansar. Y entonces pensaba que un marido no deber&#237;a dejar a su mujer

Zo&#233; la cogi&#243; de la mano y se sent&#243; a su lado. Deb&#237;an de parecer dos esposas de soldados que esperan el regreso de sus hombres que se han ido al frente, y no saben si volver&#225;n.

Habr&#225; que leer muy atentamente la pr&#243;xima carta -declar&#243; Zo&#233;-. Si es uno de sus amigos del Crocodile Caf&#233; que hace eso para divertirse, podremos verlo en la letra

Es la letra de tu padre. La he comparado &#161;O una imitaci&#243;n muy buena! &#191;Y por qu&#233; alguien se divertir&#237;a haciendo eso? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, invadida de pronto por todas la dudas que llenaban su mente.

La gente cada vez est&#225; m&#225;s loca, mam&#225;, &#191;sabes?

Una sombra vel&#243; los ojos casta&#241;os de Zo&#233;. Jos&#233;phine se estremeci&#243;. &#191;Es la desaparici&#243;n de su padre, el lento fruto de la ausencia lo que la ha hecho madurar y rechazar con un despectivo encogimiento de hombros la inocencia de la infancia? &#191;O las primeras penas de amor?

&#191;Y por qu&#233; estaban todas esas personas en el patio? -pregunt&#243; Zo&#233;, como si volviese a la realidad.

Por la se&#241;orita de Bassonni&#232;re. Hemos encontrado su cuerpo en el cuarto de la basura.

&#161;Ah!-dijo Zo&#233;-. &#191;Ha tenido un ataque?

No. Pensamos que ha sido asesinada

&#161;Guauuu! &#161;Un crimen en el edificio! &#161;Vamos a salir en los peri&#243;dicos!

&#161;Pues s&#237; que te impresiona poco!

No me ca&#237;a bien, no pienso disimular. &#161;Me miraba siempre como si yo fuera una aut&#233;ntica cateta!



* * *


Al d&#237;a siguiente, Jos&#233;phine tuvo que ir a la comisar&#237;a para firmar su declaraci&#243;n. Hab&#237;an convocado a todos los residentes del edificio uno tras otro. Todos deb&#237;an declarar con precisi&#243;n lo que hab&#237;an hecho la noche del crimen. La capit&#225;n le tendi&#243; su declaraci&#243;n de la v&#237;spera. Jos&#233;phine la ley&#243; y la firm&#243;. Mientras le&#237;a, la nariz hundida en su copia, la capit&#225;n recibi&#243; una llamada de tel&#233;fono. El hombre, que deb&#237;a de ser un superior, hablaba en voz alta. Jos&#233;phine no pudo evitar o&#237;r lo que dec&#237;a:

Estoy metido de lleno en el 77. Le env&#237;o un equipo que se har&#225; cargo del caso. &#191;Ha terminado con las declaraciones de los testigos?

La capit&#225;n respondi&#243; frunciendo el entrecejo.

Hay novedades: la v&#237;ctima era sobrina de un antiguo comisario de polic&#237;a de Par&#237;s. &#161;Mala cosa! No cometa ning&#250;n error, sobre todo ning&#250;n error. Respete el procedimiento al pie de la letra y yo me encargar&#233; de todo en cuanto pueda

Gallois colg&#243;, preocupada.

&#191;No sac&#243; usted al perro el viernes por la noche? -pregunt&#243; tras un largo silencio en el que estuvo torciendo y retorciendo clips.

Jos&#233;phine se azor&#243;. Es verdad: deb&#237;a de haber sacado a Du Guesclin, pas&#243; cerca del cuarto de la basura, se cruz&#243; con el asesino, quiz&#225;s. Permaneci&#243; unos segundos con la boca abierta, tejiendo un trozo de lana imaginario con los dedos, intentando recordar. La mirada oscura de la oficial de polic&#237;a no le daba tregua. Jos&#233;phine dudaba. Se concentr&#243; y pos&#243; las manos sobre las rodillas, para que dejaran de tener aspecto culpable.

Haga un esfuerzo, se&#241;ora Cort&#232;s, es importante. El asesinato se cometi&#243; durante la noche del viernes. Tuvo que sacar al perro la noche del crimen. &#191;No oy&#243; usted nada, no se fij&#243; en nada en particular?

Ella inmoviliz&#243; las manos, que hab&#237;an recomenzado a tejer febrilmente y se concentr&#243; en la noche del viernes. Hab&#237;a salido de la reuni&#243;n, hab&#237;a vuelto andando con Lefloc-Pignel. Hab&#237;an charlado mientras caminaban, &#233;l le hab&#237;a contado su infancia, el abandono en una calle de Normand&#237;a, la imprenta y se relaj&#243; y sonri&#243;.

&#161;Claro que no! &#161;Adopt&#233; a Du Guesclin el s&#225;bado por la ma&#241;ana! &#161;Qu&#233; tonta soy! -dijo, aliviada por haber escapado a un peligro en forma de barrotes de prisi&#243;n.

La capit&#225;n parec&#237;a decepcionada. Ley&#243; por &#250;ltima vez la declaraci&#243;n firmada de Jos&#233;phine, y le dijo que pod&#237;a marcharse. La convocar&#237;an de nuevo si fuera necesario.

En el pasillo esperaban el se&#241;or y la se&#241;ora Van den Brock.

Suerte -murmur&#243; Jos&#233;phine-, &#161;no es nada f&#225;cil!

Lo s&#233; -suspir&#243; el se&#241;or Van den Brock-, &#161;ya nos interrog&#243; esta ma&#241;ana y nos ha dicho que volvi&#233;ramos!

Me pregunto por qu&#233; nos ha hecho volver -dijo la se&#241;ora Van den Brock-. &#161;Y sobre todo esa polic&#237;a! Nos tiene enfilados.

Jos&#233;phine sali&#243; a la calle, preocupada. No soy culpable de nada y sin embargo esa polic&#237;a sospecha de m&#237;. La irrito. Desde el principio. &#191;Por que me agredieron y no lo denunci&#233;? Piensa que soy su c&#243;mplice: que atraje a la se&#241;orita de Bassonni&#232;re hasta el cuarto de basura, cerr&#233; la puerta y la dej&#233; a merced del asesino. Me qued&#233; vigilando mientras la apu&#241;alaba, y volv&#237; dos d&#237;as despu&#233;s al lugar del crimen simulando descubrir el cuerpo enrollado en la moqueta. &#191;Y por qu&#233;? Porque esa Bassonni&#232;re me ten&#237;a fichada. O a Antoine. Eso es: he ayudado a Antoine a librarse de esa mujer que le amenazaba Se enter&#243; por su t&#237;o de que Antoine no estaba muerto, hab&#237;a descubierto que se dedicaba a alg&#250;n tr&#225;fico ilegal, que le interesaba hacer creer que estaba muerto y que No est&#225; muerto porque me roba mis puntos del supermercado. No est&#225; muerto porque me env&#237;a cartas y postales. No est&#225; muerto porque lleva jers&#233;is rojos de cuello vuelto en el metro. No est&#225; muerto, sino que ha simulado su desaparici&#243;n. El sol de &#193;frica le ha vuelto loco. Se ha convertido en un asesino y esa Bassonni&#232;re lo hab&#237;a adivinado.

Eso no se sostiene, estoy delirando, se dijo dej&#225;ndose caer sobre una silla de la terraza de un caf&#233;. El coraz&#243;n le lat&#237;a con fuerza en el pecho, contra las costillas, se hinchaba y golpeaba, golpeaba repetidamente. Not&#243; las manos h&#250;medas y se las sec&#243; sobre los muslos. Tres mesas m&#225;s all&#225;, Lefloc-Pignel, inclinado sobre un cuaderno, tomaba notas. Le hizo una se&#241;al para que se reuniera con &#233;l. Llevaba una bonita chaqueta de lino verde oscuro, y el nudo de su corbata verde con rayas negras destacaba por su perfecci&#243;n. La mir&#243; divertido y dijo:

&#191;Y bien? &#191;Ya ha pasado usted por el interrogatorio?

Es horrible -dijo Jos&#233;phine- &#161;voy a terminar pensando que fui yo la que la mat&#243;!

&#161;Ah! Usted tambi&#233;n.

&#161;Esa mujer tiene una forma de interrogarte que te deja helada!

No es muy amable, en efecto -dijo Herv&#233; Lefloc-Pignel-, Me ha hablado de una forma digamos abrupta. Es inadmisible.

Debe de sospechar de todos nosotros -suspir&#243; Jos&#233;phine, aliviada al saber que no era la &#250;nica maltratada.

&#161;No porque la hayan asesinado en el edificio, el culpable debe ser forzosamente uno de nosotros! El se&#241;or y la se&#241;ora Merson, que han entrado justo antes que yo, han salido indignados. Y estoy esperando la reacci&#243;n de los Van den Brock Ahora est&#225;n dentro y he prometido esperarles. Tenemos que unirnos. No debemos permitir que nos traten de esa manera. &#161;Es un esc&#225;ndalo!

Ten&#237;a las mand&#237;bulas p&#225;lidas y fijas en una mueca de odio. Se sent&#237;a herido y no lo pod&#237;a ocultar. Jos&#233;phine le contempl&#243; conmovida y, sin saber por qu&#233;, el miedo que la mortificaba como un fardo pesado y doloroso desapareci&#243; de golpe. Se relaj&#243; y tuvo ganas de cogerle del brazo, de agradec&#233;rselo.

El camarero se acerc&#243; y les pregunt&#243; qu&#233; quer&#237;an beber.

Agua mineral con menta -respondi&#243; Herv&#233; Lefloc-Pignel.

Para m&#237; tambi&#233;n -dijo Jos&#233;phine.

&#161;Dos aguas con menta, dos! -declar&#243; el camarero mientras se alejaba.

&#191;Tiene usted una coartada?-pregunt&#243; Jos&#233;phine-. Porque yo no. Estaba sola en casa. Eso no me sirve para nada

Cuando nos separamos el viernes por la noche, pas&#233; por casa de los Van den Brock. La conducta de la se&#241;orita de Bassonni&#232;re me hab&#237;a sacado de quicio. Estuvimos discutiendo hasta la medianoche de esa &#161;miserable! De esa forma irreverente de agredirnos en cada reuni&#243;n. Es cada vez peor o m&#225;s bien era cada vez peor porque, gracias a Dios, &#161;se acab&#243;! Pero esa noche recuerdo que Herv&#233; se pregunt&#243; si no deber&#237;a denunciarla

&#191;Herv&#233; es el se&#241;or Van den Brock? &#191;Los dos se llaman igual?

S&#237;-dijo Herv&#233; Lefloc-Pignel enrojeciendo, como cogido en un flagrante delito de intimidad.

Jos&#233;phine pens&#243;, es un nombre original, no es corriente. Antes no conoc&#237;a a ning&#250;n Herv&#233; &#161;y ahora puedo nombrar a dos! Despu&#233;s dijo:

Reconozcamos que hab&#237;a estado especialmente odiosa esa tarde.

&#191;Sabe usted?, a menudo los antiguos se&#241;ores se comportan as&#237;. Usted debe de saberlo, siendo especialista en la Edad Media Para ella no &#233;ramos m&#225;s que unos pobres campesinos que ocupaban el castillo de sus ancestros. No pod&#237;a expulsarnos fuera de los muros, as&#237; que nos insultaba. &#161;Pero, de todas formas, todo tiene un l&#237;mite!

No deb&#237;amos de ser los &#250;nicos en sufrir sus iras. El se&#241;or Merson me cont&#243; que ya la hab&#237;an agredido dos veces

&#161;Sin contar otras que ignoramos! Si registran su casa, seguramente encontrar&#225;n cartas an&#243;nimas, en eso invert&#237;a el tiempo, en mi opini&#243;n En sembrar el odio, la calumnia.

El camarero puso las dos aguas con menta ante ellos y Herv&#233; Lefloc-Pignel pag&#243; las consumiciones. Jos&#233;phine se lo agradeci&#243;. Se sent&#237;a mejor desde que hab&#237;a hablado con &#233;l. Hab&#237;a tomado las riendas. La defender&#237;a. Formaba parte de una nueva familia y, por primera vez, le gustaba su barrio, su edificio, los habitantes del edificio.

Gracias -murmur&#243;-. Sienta bien hablar con usted.

Y despu&#233;s, como arrastrada por la pendiente de las confidencias, a&#241;adi&#243;:

Para una mujer es duro vivir sola. Hay que ser firme, en&#233;rgica, decidida y &#233;se no es exactamente mi caso. Yo soy m&#225;s bien lenta, muy lenta

&#191;Una tortuguita? -sugiri&#243; &#233;l, dedic&#225;ndole una mirada de complicidad.

&#161;Una tortuguita que avanza a dos por hora y que se muere de miedo!

A m&#237; me gustan mucho las tortugas -prosigui&#243; &#233;l con voz suave-, son animales muy afectuosos, &#191;sabe?, muy fieles Que merecen realmente nuestros cuidados.

Gracias -sonri&#243; Jos&#233;phine-, &#161;lo tomar&#233; como un cumplido!

Cuando era ni&#241;o un d&#237;a me dieron una tortuga, era mi mejor amiga, mi confidente. La llevaba conmigo a todas partes. Viven mucho tiempo, a menos que ocurra un accidente

Se hab&#237;a atragantado con la palabra accidente. Jos&#233;phine pens&#243; en los erizos aplastados al borde de las carreteras. Cada vez que ve&#237;a un peque&#241;o cad&#225;ver ensangrentado, cerraba los ojos de impotencia y de tristeza.

Inquieta, se pas&#243; la lengua por los labios y suspir&#243;.

Me muero de sed.

El la mir&#243; beber, con delicadeza, levantando el vaso con un gesto gr&#225;cil. Degustaba con peque&#241;os sorbos, borrando imaginarios bigotes verdes de la comisura de sus labios.

Es usted enternecedora -dijo &#233;l en voz baja-. Siente uno ganas de protegerla.

Hab&#237;a hablado sin fanfarroner&#237;a. Con ternura, con un tono afectuoso en el que ella no vio ni una sombra de seducci&#243;n.

Levant&#243; la cabeza y le sonri&#243;, confiada.

Entonces &#191;podr&#237;amos llamarnos por nuestros nombres, ahora?

&#201;l hizo un ligero movimiento hacia atr&#225;s y palideci&#243;. Balbuce&#243;:

No creo, no creo.

Volvi&#243; la cabeza. Busc&#243; con la mirada un interlocutor que no encontr&#243;. Coloc&#243; las dos manos sobre la mesa y despu&#233;s las retir&#243; bruscamente para posarlas sobre sus piernas. Ella se incorpor&#243;, extra&#241;ada. &#191;Qu&#233; hab&#237;a dicho para que cambiara tan repentinamente de actitud? Se excus&#243;:

No quer&#237;a No quer&#237;a forzarle a Era s&#243;lo para que nos hici&#233;semos, en fin, para que nos hici&#233;semos amigos.

&#191;Desea usted beber otra cosa? -pregunt&#243; &#233;l sacudiendo ligeramente la cabeza, como lo har&#237;a un caballo que se encabrita delante de un obst&#225;culo.

No. Muchas gracias. Lo siento si le he ofendido, pero

Sus ojos huidizos iban de izquierda a derecha, y se manten&#237;a de lado para evitar que ella se acercara, que posase la mano sobre su brazo.

Soy tan torpe a veces -se excus&#243; de nuevo Jos&#233;phine-, pero, de verdad, no ten&#237;a la intenci&#243;n de herirle

Se agit&#243; en la silla, buscando otras palabras para arreglar lo que &#233;l hab&#237;a tomado por una intrusi&#243;n insoportable y, sin saber qu&#233; m&#225;s decir, le dio las gracias y le dej&#243;.

Cuando se volvi&#243; en la esquina de la calle, vio a los Van den Brock que se reun&#237;an con &#233;l en la terraza del caf&#233;. Van den Brock puso una mano sobre el hombro de Lefloc-Pignel como para tranquilizarle. Quiz&#225;s se conocen desde hace muchos a&#241;os Har&#225; falta tiempo para ser amigo de ese hombre, parece bastante asocial.

La puerta de la porter&#237;a de Iphig&#233;nie estaba entreabierta. Jos&#233;phine llam&#243; al cristal y entr&#243;. Iphig&#233;nie beb&#237;a un caf&#233; en compa&#241;&#237;a de la dama del caniche, del anciano empolvado de blanco y de una chica con un vestido de muselina, que viv&#237;a con su abuela en el tercer piso del edificio B. Cada uno describ&#237;a su interrogatorio con muchos detalles y exclamaciones, mientras Iphig&#233;nie repart&#237;a galletas.

&#191;Est&#225; usted al corriente, se&#241;ora Cort&#232;s?-dijo Iphig&#233;nie, haciendo una se&#241;al a Jos&#233;phine para que viniese a sentarse a la mesa-. Parece ser que hace tres semanas encontraron el cuerpo de la camarera de un caf&#233;, &#161;apu&#241;alada como esa Bassonni&#232;re!

&#191;No se lo han dicho? -pregunt&#243; la chica levantando unos grandes ojos extra&#241;ados.

Jos&#233;phine neg&#243; con la cabeza, apesadumbrada.

Eso hacen uno, dos, tres asesinatos en el barrio -dijo la dama del caniche contando con los dedos-. &#161;En seis meses!

&#161;A eso se le llama un asesino en serie! -concluy&#243; doctamente Iphig&#233;nie.

&#161;Y las tres, igual! &#161;Zas! Por detr&#225;s, con un cuchillo fino, tan fino que parece ser que no se le siente entrar. Como si fuera mantequilla. Precisi&#243;n quir&#250;rgica. &#161;Tris, tras!

&#191;Y usted c&#243;mo sabe eso, se&#241;or &#201;douard? -pregunt&#243; la dama del caniche-. &#161;Se lo est&#225; inventando!

&#161;Yo no invento, reconstruyo!-rectific&#243; el se&#241;or &#201;douard, molesto-. Ha sido el comisario el que me lo ha explicado. &#161;Porque se ha tomado la molestia de hablar conmigo!

Se cepill&#243; el torso con la palma de la mano para subrayar su categor&#237;a.

&#161; Eso es porque es usted realmente importante, se&#241;or &#201;douard!

&#161;B&#250;rlese! Yo me limito a constatarlo, eso es todo

Si han pasado tiempo con usted, es porque quiz&#225;s es sospechoso -sugiri&#243; Iphig&#233;nie-. Hacen que te conf&#237;es, lo confiesas todo y &#161;hala! Te encierran.

&#161;No es nada de eso! Es porque yo la conoc&#237;a bien. &#161;Ya ven, crecimos juntos! Jug&#225;bamos en el patio de ni&#241;os. Ya era una viciosa, una hip&#243;crita. &#161;Me acusaba de hacer pis en el mont&#243;n de arena, y obligarla a hacer moldes con la tierra h&#250;meda! &#161;Menudos guantazos me daba mi madre por su culpa!

Usted tambi&#233;n tiene razones para odiarla -record&#243; la dama del caniche-. A ella no le gustaba y por eso dej&#243; usted de ir a las reuniones de copropietarios.

Yo no era el &#250;nico -protest&#243; el anciano-, &#161;Todo el mundo le ten&#237;a miedo!

Hab&#237;a que tener valor para ir -profiri&#243; la dama del caniche-. Esa mujer lo sab&#237;a todo. &#161;Todo sobre todo el mundo! A veces me contaba unas cosas

Hab&#237;a adoptado un tono misterioso.

&#161;Sobre ciertas personas del edificio! -susurr&#243;, esperando a que le suplicaran que continuase y diese detalles.

&#191;Acaso era usted amiga suya? -pregunt&#243; la jovencita, muy interesada.

Digamos que se llevaba bien conmigo. &#191;Saben?, una no puede vivir sola todo el tiempo. &#161;A veces hay que soltarse! As&#237; que beb&#237;amos un dedito de Noilly Prat, muy de vez en cuando, por la tarde en su casa. Ella se beb&#237;a dos vasitos y ya estaba achispada. Y entonces &#161;me contaba cosas incre&#237;bles! &#161;Una tarde me hab&#237;a ense&#241;ado la foto de un hombre muy guapo en el peri&#243;dico y me confi&#243; que le hab&#237;a escrito!

&#191;Un hombre? &#191;La Bassonni&#232;re? -resopl&#243; Iphig&#233;nie.

Le voy a decir una cosa, creo que le hab&#237;a hecho til&#237;n

&#161;Pero bueno! &#161;A ver si va a empezar a caerme simp&#225;tica! -exclam&#243; el anciano.

&#191;Qu&#233; piensa usted de todo eso, se&#241;ora Cort&#232;s? -pregunt&#243; Iphig&#233;nie levant&#225;ndose para volver a hacer caf&#233;.

Escucho, y me pregunto qui&#233;n pod&#237;a odiarla hasta el punto de matarla.

Eso depende del tama&#241;o del dossier que ella tuviera de su asesino -dijo el anciano-. Uno est&#225; dispuesto a todo para salvar su cabeza o su carrera. Y ella no escond&#237;a su poder para perjudicar, &#161;incluso presum&#237;a de &#233;l!

En eso s&#237; que no hay discusi&#243;n, viv&#237;a peligrosamente, &#161;incluso es asombroso que haya vivido tanto tiempo!-suspir&#243; Iphig&#233;nie-. Eso no impide que estemos todos preocupados. S&#243;lo el se&#241;or Pinarelli est&#225; feliz. &#161;Esta historia le ha dado nuevas fuerzas! Va de aqu&#237; para all&#225;, fisgoneando, se pasa el tiempo en comisar&#237;a para sacarle informaci&#243;n a la polic&#237;a. La otra tarde le encontr&#233; rondando cerca del cuarto de la basura. &#161;Hay que ver, los hay raros!

Toda la gente de este edificio es rara, se dijo Jos&#233;phine. &#161;Incluso la dama del caniche! &#191;Y yo? &#191;Acaso no soy rara? Si supiera esta gente sentada en torno a esta mesa, mojando galletas en el caf&#233;, que estuvieron a punto de apu&#241;alarme hace seis meses, que mi ex marido, dado por muerto entre las fauces de un cocodrilo, vaga por el metro, que mi antiguo amante es esquizofr&#233;nico y que mi hermana est&#225; dispuesta a tirarse a los pies de Herv&#233; Lefloc-Pignel, se atragantar&#237;an por la sorpresa



* * *


Hundida en los mullidos cojines del sof&#225;, con los pies nervudos y finos apoyados en el brazo como sobre el mostrador de una joyer&#237;a, Iris le&#237;a una revista cuando Jos&#233;phine entr&#243; en el sal&#243;n y se dej&#243; caer gimiendo en una butaca.

&#161;Vaya d&#237;a! &#161;Menudo d&#237;a! &#161;No he visto nada m&#225;s siniestro que una comisar&#237;a! &#161;Y todas esas preguntas! &#161;Y la capit&#225;n Gallois!

Se masajeaba las sienes mientras hablaba, con la cabeza inclinada hacia delante. El cansancio le pesaba en todos sus miembros, en cada una de sus articulaciones. Iris baj&#243; un instante la revista para observar a su hermana, y retom&#243; la lectura farfullando:

Pues s&#237;, no pareces muy en forma.

Picada, Jos&#233;phine contest&#243;:

He tomado un agua con menta con Herv&#233; Lefloc-Pignel

Iris se dio un golpe en las rodillas con la revista.

&#191;Te ha hablado de m&#237;?

Ni una palabra.

No se habr&#225; atrevido.

Ese hombre es extra&#241;o. Nunca sabes por d&#243;nde cogerle. Pasa de la amabilidad a la dureza, del dulce al salado

&#191;Al salado?-repiti&#243; Iris arqueando una ceja-. &#191;Se te ha insinuado?

No. &#161;Pero es una aut&#233;ntica ducha escocesa! Te suelta un halago y al minuto siguiente se convierte en un trozo de hielo

Has debido de ofrecerte como v&#237;ctima

Jos&#233;phine no se esperaba esa afirmaci&#243;n perentoria. Respondi&#243;:

&#191;C&#243;mo que ofrecerme como v&#237;ctima?

S&#237;, t&#250; no te das cuenta, pero juegas a la cosita fr&#225;gil para dar a los hombres ganas de protegerte. Puede llegar a ser muy irritante. Te lo he visto hacer con Philippe.

Jos&#233;phine escuchaba, anonadada. Era como si le hablaran de alguien que no conoc&#237;a.

&#191;T&#250; me has visto hacer qu&#233; con Philippe?

Jugar a la nenita que no sabe, que no sabe nada. Debe de ser tu forma de seducir

Se desperez&#243;, bostez&#243; y dej&#243; caer la revista. Despu&#233;s, volvi&#233;ndose hacia Jos&#233;phine, anunci&#243; con tono anodino:

Oye, por cierto Nuestra querida madre ha llamado y no tardar&#225; en llegar.

&#191;Aqu&#237;? -rugi&#243; Jos&#233;phine.

&#161;Se muere de ganas de ver d&#243;nde vives!

&#161;Pero al menos podr&#237;as haberme preguntado!

Escucha Jo, &#161;ya ser&#237;a hora de que os reconciliarais! Es muy mayor, vive sola. Ya no tiene a nadie de quien ocuparse

&#161;Nunca se ha ocupado m&#225;s que de ella!

&#161;Y hace demasiado tiempo que ya no os veis!

&#161;Tres a&#241;os, y lo llevo muy bien!

Es la abuela de tus hijas

&#191;Y qu&#233;?

Yo quiero que haya paz en la familia

&#191;Por qu&#233; la has invitado? Dime.

No lo s&#233;. Me ha dado pena. Parec&#237;a deprimida, triste.

Iris, &#233;sta es mi casa. &#161;Soy yo quien decide a qui&#233;n invitar!

Es tu madre, &#191;no? &#161;No es una extra&#241;a!

Iris se qued&#243; callada y a&#241;adi&#243; posando una mirada sinuosa en los ojos de Jos&#233;phine:

&#191;De qu&#233; tienes miedo, Jo?

No tengo miedo. No quiero verla. &#161;Y deja de mirarme as&#237;! &#161;Ya no funciona! Ya no me hipnotizas.

Tienes miedo, te mueres de miedo

&#161;No la he visto desde hace tres a&#241;os, y no esperaba su visita esta noche! Eso es todo. Ha sido un d&#237;a duro, y s&#243;lo me faltaba eso.

Iris se incorpor&#243;, alis&#243; la falda recta que le estrangulaba la cintura como un cors&#233;, y anunci&#243;:

Cena con nosotras esta noche.

Jos&#233;phine repiti&#243;, at&#243;nita:

&#161;Cena con nosotras!

De hecho, es hora de que me vaya a hacer la compra. Tienes la nevera vac&#237;a

Suspir&#243;, despleg&#243; sus largas piernas, mir&#243; por &#250;ltima vez sus lindos piececitos con las u&#241;as pintadas de rojo carm&#237;n, y se dirigi&#243; a su habitaci&#243;n a coger su bolso. Jos&#233;phine la sigui&#243; con la mirada, dividida entre la c&#243;lera y las ganas de anular la cita con su madre.

Llegar&#225; de un momento a otro, estate atenta a la puerta -dijo Iris.

&#191;Y Zo&#233;, d&#243;nde est&#225;? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, desesperada, buscando una tabla de salvaci&#243;n.

Ha llegado y se ha vuelto a ir, sin decir nada. Pero vuelve para cenar En fin, si he comprendido bien

Cerr&#243; la puerta. Jos&#233;phine se qued&#243; sola, aturdida.

No entiendo en absoluto a las mujeres -murmur&#243; Gary suspendiendo en el aire el cuchillo que le serv&#237;a para picar el perejil, el ajo, la albahaca, la salvia y el jam&#243;n, que colocar&#237;a despu&#233;s sobre los tomates cortados en dos antes de meterlos en el horno. Era el rey del tomate a la provenzal.

Hab&#237;a invitado a su madre a cenar, la hab&#237;a sentado a la fuerza en el gran sill&#243;n que le serv&#237;a de observatorio cuando miraba a las ardillas del parque. Celebraban el cumplea&#241;os de Shirley: cuarenta a&#241;os justos y solemnes. &#161; Yo cocino, t&#250; soplas las velas!, hab&#237;a dicho a su madre por tel&#233;fono.

Cuanto m&#225;s tiempo pasa, menos las entiendo

&#191;Me lo preguntas como mujer o como madre? -pregunt&#243; Shirley.

&#161;Se lo pregunto a las dos!

&#191;Y qu&#233; es lo que no entiendes?

Las mujeres son tan &#161;pragm&#225;ticas! Pens&#225;is en los detalles, avanz&#225;is movidas por una l&#243;gica implacable, &#161;or-ga-ni-z&#225;is vuestra vida! &#191;Por qu&#233; s&#243;lo encuentro chicas que saben exactamente adonde quieren llegar, lo que quieren hacer, c&#243;mo van a hacerlo? &#161;Hacer, hacer, hacer! &#161;Siempre tienen esa palabra en la boca!

Quiz&#225;s porque siempre estamos en contacto con lo material. Amasamos, lavamos, planchamos, cosemos, cocinamos, &#161;limpiamos o nos defendemos de las manos largas de los hombres! &#161;No so&#241;amos, hacemos!

Nosotros tambi&#233;n hacemos

&#161;No es lo mismo! A los catorce a&#241;os, nos baja la regla y no tenemos elecci&#243;n. Nos hacemos a ello. A los dieciocho, comprendemos que vamos a tener que luchar el doble que un hombre, hacer el doble de cosas si queremos existir. Despu&#233;s, hacemos ni&#241;os, los llevamos durante nueve meses, nos producen mareos, nos dan patadas, nos desgarran al llegar al mundo, &#161;m&#225;s detalles pr&#225;cticos! Despu&#233;s hay que lavarlos, alimentarlos, vestirlos, pesarlos, untarles el trasero de crema. Lo hacemos sin preguntarnos, y adem&#225;s hacemos el resto. El horario de trabajo y por la noche, la danza del vientre para el Hombre. No dejamos nunca de hacer, &#161;raras son las chicas que viven en la luna, mirando al cielo! Vosotros hac&#233;is una sola cosa: &#161;hac&#233;is el hombre! Las instrucciones est&#225;n inscritas desde hace siglos en vuestros genes, lo hac&#233;is sin esfuerzo. Nosotras tenemos que luchar todo el tiempo, acabamos siendo pragm&#225;ticas, como t&#250; dices.

Me gustar&#237;a conocer a una chica que no supiese hacer, que no tuviese un plan de ruta, que no supiese contar, ni conducir, ni siquiera coger el metro. Una chica que viva entre libros, bebiendo litros de t&#233;, acariciando a su viejo gato enrollado sobre su vientre.

Shirley estaba al corriente de la relaci&#243;n de su hijo con Charlotte Bradsburry. Gary no le hab&#237;a dicho nada, pero la rumorolog&#237;a londinense se hac&#237;a eco de mil detalles. Se hab&#237;an conocido en una fiesta en casa de Malvina Edwards, la gran sacerdotisa de la moda. Charlotte acababa de poner fin a una relaci&#243;n de dos a&#241;os con un hombre casado, que hab&#237;a roto con ella por tel&#233;fono, con su mujer dict&#225;ndole las fatales palabras a su o&#237;do. Todo el mundo hab&#237;a hablado de ello. Honor y reparaci&#243;n, gritaba la boca sonriente de Charlotte Bradsburry, que desment&#237;a la an&#233;cdota con un moh&#237;n aburrido, buscando alguien con quien dejarse ver, para acallar las malas lenguas encantadas de atacar a la redactora jefe de The Nerve, esa revista que pescaba a sus presas con refinada crueldad. Y hab&#237;a encontrado a Gary. Cierto que era m&#225;s joven que ella, pero sobre todo era seductor, misterioso, desconocido en el mundillo de Charlotte Bradsburry. Con &#233;l, generaba misterio, preguntas, conjeturas. Hac&#237;a algo nuevo. Era guapo, pero lo ignoraba. Parec&#237;a tener dinero, pero tambi&#233;n lo ignoraba. No trabajaba, tocaba el piano, paseaba por el parque, le&#237;a hasta el aturdimiento. Se le calculaba entre diecinueve y veintiocho a&#241;os, dependiendo del tema de conversaci&#243;n. Si le hablaban de la vida cotidiana, del mal estado del metro, del precio de los pisos, mostraba la expresi&#243;n at&#243;nita de un adolescente. Si se evocaba a Goethe, a Tennessee Williams, a Nietzsche, a Bach, a Cole Porter o a Satie, envejec&#237;a de golpe y pon&#237;a cara de experto. Parec&#237;a un &#225;ngel, un &#225;ngel que produc&#237;a unas ganas furiosas de fornicar, se hab&#237;a dicho Charlotte Bradsburry al verle acodado al piano, si no le pongo la mano encima la primera, enseguida llegar&#225; otra que me lo quite. Le hab&#237;a conquistado dej&#225;ndole hacerse la ilusi&#243;n de que se la arrebataba a todos esos pretendientes palurdos que hac&#237;an rugir sus cilindros al pie de su casa. &#161;Qu&#233; aburrimiento! &#161;Qu&#233; vulgaridad! &#161;Y yo que estoy tan bien en mi casa, leyendo las Enso&#241;aciones del paseante solitario con mi viejo gato y mi taza de t&#233;! Estoy preparando un n&#250;mero inspirado en Rousseau, &#191;le gustar&#237;a participar?. Gary hab&#237;a ca&#237;do hechizado. Ella no ment&#237;a: hab&#237;a estudiado a Rousseau y a todos los enciclopedistas franceses en Cambridge. Desde entonces, no se hab&#237;an separado. Ella dorm&#237;a en casa de &#233;l, &#233;l dorm&#237;a en la de ella, ella llevaba la batuta en cuanto a la educaci&#243;n del hombre de mundo, y no tardar&#237;a en hacer del ni&#241;o, un esbozo todav&#237;a, un ser exquisito. Le llevaba al teatro, a conciertos, a las salas de jazz que apestaban a humo, a las encorsetadas veladas de caridad. Le hab&#237;a regalado una chaqueta, dos chaquetas, una corbata, dos corbatas, un jersey, una bufanda, un esmoquin. Hab&#237;a dejado de ser el grandull&#243;n que estudiaba m&#250;sica encerrado en su casa, o que observaba a las ardillas en el parque. &#191;Sab&#237;as que las ardillas mueren de la enfermedad de Alzheimer?, hab&#237;a murmurado un d&#237;a Gary al o&#237;do de Charlotte, abordando con ganas uno de sus temas predilectos. Se vuelven gag&#225;s y olvidan d&#243;nde han enterrado su provisi&#243;n de avellanas para el invierno. Se dejan morir de hambre, tiritando al pie mismo del &#225;rbol donde est&#225; escondido su bot&#237;n. Ah, hab&#237;a soltado Charlotte levantando sus gafas negras y dejando aparecer dos enormes ojos, desprovistos de la menor compasi&#243;n por las ardillas seniles. Gary se hab&#237;a sentido atrozmente ingenuo y solo.

&#191;Y Hortense? &#191;Qu&#233; dice? -pregunt&#243; Shirley.

&#191;De qu&#233;?

De Sabes muy bien de lo que hablo O m&#225;s bien de qui&#233;n hablo

&#201;l hab&#237;a vuelto a picar minuciosamente el perejil y el jam&#243;n, a&#241;adiendo pimienta y sal gorda. Prob&#243; el relleno con el dedo y a&#241;adi&#243; un diente de ajo y pan rallado.

Est&#225; cabreada. Espera que yo la llame. Y yo no la llamo. &#191;Para decirle qu&#233;?

Reparti&#243; el relleno sobre los tomates, abri&#243; el horno que hab&#237;a precalentado, y frunci&#243; el ce&#241;o mientras regulaba el tiempo de cocci&#243;n.

&#191;Que estoy maravillado por una mujer que me trata como un hombre y no como un amigo? Eso la pondr&#237;a triste

Y, sin embargo, es la verdad

No tengo ganas de contar esa verdad. Se la contar&#237;a mal, y despu&#233;s

&#161;Ah!-sonri&#243; Shirley-, el hombre que huye ante la explicaci&#243;n: &#161;un gran cl&#225;sico!

Escucha, si se lo cuento a Hortense, voy a sentirme culpable Peor a&#250;n, voy a sentirme obligado a denigrar a Charlotte, o a minimizar el papel que ocupa en mi vida

&#191;Culpable de qu&#233;?

Hicimos un juramento mudo Hortense y yo: no enamorarse de nadie m&#225;s hasta que seamos lo suficientemente mayores los dos para amarnos, quiero decir para amarnos de verdad

&#191;No era eso un poco temerario?

Yo no conoc&#237;a a Charlotte, as&#237; que Eso fue antes.

&#161;Le parec&#237;a que hab&#237;a ocurrido hac&#237;a un siglo! Su vida se hab&#237;a convertido en un remolino. La caza de las grandes guarras hab&#237;a terminado. Era la hora de la encantadora de cuello largo, de hombros delgados y musculosos, de brazos m&#225;s nacarados que un collar de perlas.

Y ahora

Ahora estoy muy fastidiado. Hortense no me llama. Yo no la llamo. No nos llamamos. Y tambi&#233;n puedo conjugarlo en futuro, si quieres

Hab&#237;a abierto una botella de Burdeos y olisqueaba el corcho.

Shirley no se sent&#237;a a gusto cuando se trataba de la vida sentimental de su hijo. Cuando era ni&#241;o, hablaban de todo. De las chicas, de los Tampax, del deseo, del amor, de la barba que crece, de los libros-obras-maestras y de los libros-garabatos, de las pel&#237;culas que se ven a c&#225;mara lenta y de las pel&#237;culas-hamburguesa, de los discos para bailar y de los discos para recogerse, de recetas de cocina, de la edad del vino, de la vida despu&#233;s de la muerte y del papel del padre en la vida de un chico que no ha conocido el suyo. Hab&#237;an crecido juntos, mano a mano, hab&#237;an compartido un pesado secreto, afrontaron peligros y amenazas sin separarse nunca. Pero ahora Era un hombre, cubierto de vello, con los brazos grandes, los pies grandes y la voz grave. Ella se sent&#237;a casi intimidada. Ya no se atrev&#237;a a hacer preguntas. Prefer&#237;a cuando &#233;l hablaba de s&#237; mismo, sin que ella le hubiese preguntado nada.

&#191;Te sientes unido a Charlotte? -termin&#243; diciendo, tosiendo un poco para ocultar su incomodidad.

Me maravilla

Shirley pens&#243; que la palabra era amplia, muy amplia, que en ella pod&#237;an caber muchas cosas, &#191;pod&#237;a precisar su pensamiento? Gary sonri&#243;, reconociendo esa m&#237;mica maternal en los ojos de Shirley, que se abr&#237;an en pregunta muda, y se extendi&#243;:

Es guapa, inteligente, curiosa, culta, divertida Me gusta dormir con ella, me gusta su forma serpenteante de deslizarse entre mis brazos, de abandonarse, de convertirme en su amante magn&#237;fico. Es una mujer. &#161;Y es una aparici&#243;n! &#161;No una gran guarra!

Shirley suspir&#243; con tristeza. &#191;Y si ella no hubiese sido m&#225;s que una gran guarra para Jack, el hombre de negro que le hab&#237;a dejado marcas en el coraz&#243;n y en la piel?

Con ella aprendo Se interesa por todo, de hecho me pregunto qu&#233; ve ella en m&#237;.

Ve en ti lo que no encuentra en otros hombres, demasiado ocupados corriendo detr&#225;s de su sombra y de su carrera: un amante y un c&#243;mplice. Ha tenido &#233;xito, no necesita un mentor. Tiene dinero, relaciones, es guapa, es libre, se exhibe contigo porque encuentra placer en ello.

Gary murmur&#243; algo referente al vino y termin&#243; diciendo:

De hecho, es s&#243;lo Hortense la que me preocupa.

Pues no te preocupes, Hortense sobrevivir&#225;. Hortense sobrevive a todo, &#161;incluso podr&#237;a ser su lema!

Gary hab&#237;a vertido el vino en dos hermosas copas de cristal Lalique, adornadas con un fest&#243;n de perlas en la base, debe de ser un regalo de Charlotte, se dijo Shirley haciendo girar la copa en su mano.

&#191;Y este Burdeos viejo? &#191;Ha sido Charlotte?

No. Lo encontr&#233; hace un rato buscando el cuchillo para picar. Antes de marcharse, Hortense ha escondido un mont&#243;n de regalos por todas partes para que no la olvide. Abro un armario y cae un jersey, aparto una pila de platos y aparece un paquete de mis galletas favoritas, cojo mis vitaminas del botiqu&#237;n y encuentro una nota: Ya me echas de menos, supongo. Es divertida, &#191;verdad?

Divertida o enamorada, pens&#243; Shirley, por primera vez la diablilla encontraba un obst&#225;culo en su camino. Un obst&#225;culo llamado

Charlotte Bradsburry &#161;y no ten&#237;a intenci&#243;n de rendirse!



* * *


Hortense despert&#243; empapada en sudor. Quer&#237;a gritar, pero no sal&#237;a ning&#250;n sonido de su boca. &#161;Otra vez hab&#237;a tenido esa horrible pesadilla! Estaba en una sala alicatada, h&#250;meda, llena de vapor blanco, y ante ella un hombre alto como un tonel de cerveza tostada, cubierto de cicatrices, con un torso de vello negro, blandiendo un largo l&#225;tigo con clavos en las puntas. Hac&#237;a girar el l&#225;tigo ri&#233;ndose, descubriendo una dentadura negra, que se cerraba sobre ella y la mord&#237;a por todo el cuerpo. Ella se acurrucaba en una esquina, gritaba, luchaba, el hombre lanzaba el l&#225;tigo, ella se levantaba, hu&#237;a hacia una puerta que atravesaba no sab&#237;a c&#243;mo, y se encontraba corriendo en una calle estrecha, sucia. Ten&#237;a fr&#237;o, estallaba en sollozos, pero segu&#237;a corriendo, destroz&#225;ndose los pies sobre la calzada. Ya no ten&#237;a a nadie que le ofreciera refugio, nadie que la protegiese, o&#237;a los insultos de los hombres persigui&#233;ndola, ella ca&#237;a al suelo, una enorme mano la cog&#237;a por el cuello Y entonces se despertaba, empapada, en su cama.

&#161;Las tres de la ma&#241;ana!

Permaneci&#243; inm&#243;vil un buen rato, tiritando de miedo. &#191;Y si no estaban muertos con los pies lastrados en el fondo del T&#225;mesis? &#191;Y si sab&#237;an d&#243;nde viv&#237;a? Estaba sola. Li May se hab&#237;a ido dos semanas a Hong Kong, a cuidar de su madre enferma.

Nunca podr&#237;a volver a dormirse. Y ya no pod&#237;a ir a llamar a la puerta de Gary. O llamarle en plena noche para decir tengo miedo. Gary dorm&#237;a con Charlotte Bradsburry. Gary ya no llamaba, ya no le hablaba de libros ni de m&#250;sica, ya no ten&#237;a noticias de las ardillas de Hyde Park, y no hab&#237;a tenido tiempo para aprenderse el nombre de las estrellas en el cielo.

Cogi&#243; una almohada, la estrech&#243; contra s&#237;, para ahogar los sollozos que anudaban su garganta. Quer&#237;a los largos brazos de Gary. No hab&#237;a nada como los largos brazos de Gary para borrar sus terrores.

&#161;Y era imposible!

Por culpa de una mujer.

Es terrible tener miedo por la noche. Por la noche todo se vuelve amenazador. Por la noche todo se vuelve definitivo. Por la noche, ellos la atrapaban y mor&#237;a.

Se levant&#243;, fue a la cocina, cogi&#243; un vaso de agua, un trozo de queso del frigor&#237;fico, dos rebanadas de pan de molde, un poco de mostaza, mayonesa y se hizo un s&#225;ndwich que mordisque&#243; recorriendo la cocina inmaculada. &#161;Podr&#237;a comer en el suelo! He pasado de una puerca ca&#243;tica a una puntillosa de la limpieza y el orden. En todo caso, &#161;no ser&#233; yo quien le llame! Aunque me tenga que morir de pie, paralizada por terrores nocturnos. Afortunadamente para m&#237;, &#161;todav&#237;a tengo principios! Una chica sin principios est&#225; perdida. Es en estos casos cuando hay que reafirmarse en los principios de una. No llamar nunca la primera, no llamar nunca enseguida -esperar tres d&#237;as-, no dar nunca l&#225;stima, no llorar nunca por un chico, no esperar nunca a un chico, no depender nunca de un chico, no perder el tiempo con un paleto que ignora a Jean-Paul Gaultier, Bill Evans o Ernst Lubitsch, tachar de la lista al que repase la cuenta o deje el precio en un regalo, lleve calcetines blancos, env&#237;e rosas rojas o claveles rosa, al que llame a su madre el domingo por la ma&#241;ana o hable de la fortuna de su pap&#225;, no acostarse nunca la primera noche, &#161;nunca besarse siquiera la primera noche! No comer nunca coles de Bruselas, no llevar nunca ropa naranja, o podr&#237;a creerse que una trabaja en la autopista Enumeraba sus diez mandamientos y mordisqueaba el pan de molde. Suspir&#243;, tengo un mont&#243;n de principios, pero ninguna gana de aplicarlos. Yo quiero tener a Gary. Es m&#237;o. Tengo una opci&#243;n sobre &#233;l. &#201;l estaba de acuerdo. Hasta que lleg&#243; esa chica. Pero &#191;qui&#233;n se cree que es?

Fue a la p&#225;gina de Google, tecle&#243; Charlotte Bradsburry y palideci&#243; leyendo el n&#250;mero de resultados: &#161;132.457! Ocupaba todas las r&#250;bricas: la familia Bradsburry, las propiedades Bradsburry, los Bradsburry en la C&#225;mara de los Lores, los Bradsburry y la familia real, la revista de Charlotte Bradsburry, sus parties, sus dictados sobre moda, sus r&#233;plicas. &#161;Incluso segu&#237;an cit&#225;ndola cuando no dec&#237;a nada!

En esa chica todo parec&#237;a palpitante. C&#243;mo se viste Charlotte Bradsburry, c&#243;mo vive Charlotte Bradsburry, se levanta todas las ma&#241;anas a las seis, va a correr al parque, se ducha con agua helada, come tres avellanas y un pl&#225;tano con una taza de t&#233;, y se va a trabajar andando. Lee los peri&#243;dicos del mundo entero, recibe a dise&#241;adores, a autores, a creadores, decide el sumario, escribe su editorial, se come una manzana y un anacardo a mediod&#237;a y, por la noche, cuando sale, no se queda m&#225;s de media hora en una fiesta y vuelve a acostarse a las diez de la noche. Porque a Charlotte Bradsburry le gusta leer, escuchar m&#250;sica y so&#241;ar en la cama. Es muy importante so&#241;ar en la cama, aseguraba Charlotte Bradsburry, as&#237; es como me vienen las ideas. Bullshit!, fulmin&#243; Hortense Cort&#232;s royendo la corteza del s&#225;ndwich. T&#250; no tienes ideas, Charlotte Bradsburry, &#161;t&#250; te cebas con las de los dem&#225;s!

Am&#233;rica estaba a los pies de Charlotte Bradsburry, Vanity Fair, el New Yorker, Harper's Bazaar la reclamaban, pero Charlotte Bradsburry permanec&#237;a deliciosamente inglesa. &#191;D&#243;nde iba a vivir si no?, &#161; los dem&#225;s pa&#237;ses eran salvajes!. Hab&#237;a un v&#237;deo que la mostraba de frente, de perfil, en tres cuartos, vestida de largo, vestida de c&#243;ctel, en vaqueros, corriendo en pantal&#243;n corto Hortense estuvo a punto de atragantarse al descubrir una r&#250;brica: la &#250;ltima conquista de Charlotte Bradsburry. Una fotograf&#237;a mostraba a Charlotte y a Gary, en una exposici&#243;n de los &#250;ltimos dibujos de Francis Bacon. &#201;l, sonriente, elegante, con chaqueta de rayas verdes y azules; ella menuda, colgada de su brazo, enarbolando una amplia sonrisa detr&#225;s de sus gafas negras. La leyenda dec&#237;a: Charlotte Bradsburry sonr&#237;e. Hubiese vendido mi alma por ir, maldijo Hortense. Estuve a punto de que me aplastaran en la entrada. &#161;Imposible conseguir una tarjeta de invitaci&#243;n! &#161;Y se quedaron diez minutos, prometiendo volver para una visita privada!

&#161;No hab&#237;a ni una sola foto en la que Charlotte Bradsburry apareciera fea! Busc&#243; r&#233;gimen de Charlotte Bradsburry y no encontr&#243; ninguna menci&#243;n a michelines o a celulitis. Ninguna foto robada descubriendo alguna tara f&#237;sica. Tecle&#243; opiniones negativas sobre Charlotte Bradsburry y s&#243;lo encontr&#243; tres pobres notas de ineptas celosas, que afirmaban que Charlotte Bradsburry se hab&#237;a operado la nariz, o se hab&#237;a hecho una liposucci&#243;n en las mejillas. Triste bot&#237;n, suspir&#243; Hortense, no voy a llegar muy lejos con esos argumentos rid&#237;culos.

Tecle&#243; Hortense Cort&#232;s. Cero resultados.

La vida era demasiado dura para las debutantes. Gary hab&#237;a puesto el list&#243;n muy alto, Charlotte Bradsburry se revelaba tenaz.

Recuper&#243; un &#250;ltimo trocito de queso del plato y lo mastic&#243; un buen rato. Despu&#233;s se dio cuenta y se insult&#243;: pero &#191;qu&#233; idea es esta de devorar un s&#225;ndwich en plena noche? &#161;Cientos de calor&#237;as que se amalgamar&#237;an en tejidos adiposos sobre su trasero y sus caderas durante el sue&#241;o! Charlotte Bradsburry iba a transformarla en un cardo.

Corri&#243; al ba&#241;o, puso dos dedos en la garganta y vomit&#243; su s&#225;ndwich. Odiaba hacer eso, no lo hac&#237;a nunca, pero era un caso de extrema urgencia. Si quer&#237;a enfrentarse a su rival Googeleada hasta la saciedad, deber&#237;a eliminar el menor gramo de grasa. Tir&#243; de la cadena y vio girar en la superficie los filamentos de queso. Tendr&#237;a que frotar la taza si no quer&#237;a que Li May la echara del apartamento, se&#241;alando con el dedo una mancha amarillenta sobre el esmalte blanco.

Vivo con una chinita mani&#225;tica en un peque&#241;o apartamento sin ascensor, rodeada de muebles de pl&#225;stico mientras que

Se prohibi&#243; ir m&#225;s all&#225;. Pensamientos negativos. Muy malos para la mente. Pensar en positivo: Charlotte Bradsburry es vieja, se marchitar&#225;. Charlotte Bradsburry es un icono, no se acuesta uno con un p&#243;ster. Charlotte Bradsburry tiene sangre vieja y azul en las venas, desarrollar&#225; una enfermedad hereditaria. Charlotte Bradsburry tiene un apellido est&#250;pido que suena a marca de chocolate malo. A Gary s&#243;lo le gusta el chocolate negro, con un 71% de cacao m&#237;nimo. Charlotte Bradsburry es vulgar: tiene 132.457 entradas en la red. Pronto surgir&#225; una nueva estrella, y Charlotte Bradsburry caer&#225; en el olvido.

Y adem&#225;s &#191;qui&#233;n era esa Charlotte Bradsburry?

Se tumb&#243; en el suelo e hizo una serie de abdominales. Cont&#243; hasta cien. Se levant&#243; y se sec&#243; la frente. &#191;C&#243;mo ha podido enamorarse de una Google Girl, &#233;l, tan independiente, tan solitario, tan desde&#241;oso ante la pompa y el alboroto de la moda? &#191;Qu&#233; le est&#225; pasando? Est&#225; cambiando. Est&#225; busc&#225;ndose. Todav&#237;a es joven, suspir&#243; mientras se lavaba los dientes, olvidando que ten&#237;a un a&#241;o m&#225;s que ella.

Volvi&#243; a acostarse, furiosa y triste.

&#161;Es tan extra&#241;o estar triste! &#191;He estado triste alguna vez? Por mucho que busque, no recuerdo haber experimentado ese sentimiento, esa mezcla tibia, ligeramente empalagosa, de abandono, de impotencia, de melancol&#237;a. Ni furor ni tormenta. Tristeza, tristeza, &#161;hasta el sonido de la palabra es feo! Un charco de agua tibia. Adem&#225;s, no sirve para nada. S&#243;lo para la autocomplacencia. Como mi madre. &#161;No quiero parecerme a mi madre!

Apag&#243; la lamparita de noche con pantalla rosa barata, que hab&#237;a cubierto con un fular rojo tulip&#225;n para iluminar su habitaci&#243;n, y se oblig&#243; a pensar en la buena marcha de su desfile. Ten&#237;a que ser un &#233;xito: eligen a 70 entre 1000. Tengo que formar parte del lote. No perder de vista la meta. I'm the best, I'm the best, I'm a fashion queen.[[19]: #_ftnref19 Soy la mejor, soy la mejor, soy una reina de la moda.]En quince d&#237;as estar&#233;, yo, Hortense Cort&#232;s, sobre el podio con mis creaciones, porque esa chica, Charlotte Bradsburry, no crea, se alimenta de la nada. Volvi&#243; a abrir los ojos, encantada. &#161;Pero si es verdad! Un d&#237;a ya no se hablar&#225; de ella, &#161;y ese d&#237;a ser&#233; yo la que tenga 132.457 entradas en Google, y m&#225;s a&#250;n!

Se estremeci&#243; de alegr&#237;a, subi&#243; la s&#225;bana hasta el ment&#243;n, saboreando su revancha. Despu&#233;s lanz&#243; un peque&#241;o grito: &#161;Charlotte Bradsburry! &#161;Estar&#225; all&#237;, el d&#237;a del desfile! En primera fila, con su ropa perfecta, sus piernas perfectas, su expresi&#243;n perfecta, su mueca de desenga&#241;o, sus grandes gafas negras. El desfile de Saint Martins era el acontecimiento del a&#241;o.

Y &#233;l la acompa&#241;ar&#225;. Estar&#225; sentado a su lado en primera fila.

La pesadilla volv&#237;a a empezar.

Otra pesadilla



* * *


Jos&#233;phine meditaba en el Eurostar que la llevaba a Londres. Se hab&#237;a fugado, hab&#237;a dejado en Par&#237;s a su hermana y a su madre. Zo&#233; se hab&#237;a ido a estudiar para los ex&#225;menes a casa de una amiga, quiero sacar una matr&#237;cula; con Emma trabajo. La idea de quedarse con Iris en la gran casa la hab&#237;a empujado hasta una agencia del ferrocarril para comprar un billete hasta Londres. Hab&#237;a dejado a Du Guesclin con Iphig&#233;nie y se hab&#237;a hecho la bolsa, pretextando un coloquio en Lyon sobre el h&#225;bitat se&#241;orial en las campi&#241;as medievales, presidido por una especialista del siglo XII, Elisabeth Sirot.

Acaba de publicar un libro formidable, Casas nobles y fortificadas, en Picard. Una aut&#233;ntica obra de referencia.

&#161;Ah! -hab&#237;a murmurado Iris.

&#191;Quieres saber de qu&#233; trata?

Iris hab&#237;a sofocado un peque&#241;o bostezo.

Es realmente original, &#191;sabes?, porque antes s&#243;lo interesaban los castillos, y ella ha descrito la vida cotidiana partiendo de las casas ordinarias. Durante mucho tiempo no se les ha dado importancia, y ahora nos damos cuenta de su potencial arqueol&#243;gico. Han conservado estructuras de &#233;poca, sistemas de acometida de agua, letrinas, chimeneas. Resulta sorprendente porque, en una casa aparentemente vulgar, cuando levantan los falsos techos o tantean las paredes, encuentran todos los elementos medievales, la decoraci&#243;n, las molduras y la pintura de los techos, todo lo que formaba parte de la vida en la Edad Media. La casa se convierte en una especie de mu&#241;eca rusa que encierra las diferentes &#233;pocas y, en el centro, aparece el n&#250;cleo medieval, &#161;es genial!

Estaba dispuesta a resumirle el libro para que su mentira fuera cre&#237;ble.

Iris no hab&#237;a hecho m&#225;s preguntas.

Igual que no hab&#237;a dicho nada cuando le entreg&#243; el correo. Hab&#237;a una carta de Antoine. Enviada desde Lyon. Zo&#233; hab&#237;a ense&#241;ado la carta a su madre. Siempre el mismo discurso, estoy bien, me estoy recuperando, pienso en mis hijitas que amo y que pronto voy a volver a ver, trabajo duro para ellas. Se acerca, mam&#225;, est&#225; en Lyon, S&#237;, pero ni siquiera habla de ello en su carta, Debe de querer darnos una sorpresa. As&#237; que ha dejado Par&#237;s. &#191;Cu&#225;ndo? &#191;Por qu&#233;? Deber&#237;a vigilar mis puntos del Intermarch&#233;, e investigar la pr&#243;xima vez que los utilicen para comprar.

&#161;Cuatro d&#237;as sola! De inc&#243;gnito. Dentro de tres horas posar&#237;a el pie sobre el and&#233;n de Saint Paneras. &#161;Tres horas! En el siglo XII eran necesarios tres d&#237;as para atravesar La Mancha en barco. Tres d&#237;as para viajar desde Par&#237;s hasta Avi&#241;&#243;n, a galope tendido, sin parar, salvo para cambiar de montura. Si no, hab&#237;a que calcular diez d&#237;as. Todo va tan deprisa hoy en d&#237;a, me da vueltas la cabeza. A veces sent&#237;a ganas de detener el tiempo, de gritar renuncio, de refugiarse bajo su caparaz&#243;n. No hab&#237;a avisado a nadie de su llegada. Ni a Hortense, ni a Shirley, ni a Philippe. Siguiendo los consejos de su editor ingl&#233;s, hab&#237;a reservado una habitaci&#243;n en un hotel encantador cerca de Holland Park, en el barrio de Kensington. Part&#237;a a la aventura.

Sola, sola, sola, cantaban las sacudidas del tren. En paz, en paz, en paz, entonaba ella a modo de respuesta. Ingl&#233;s, ingl&#233;s, ingl&#233;s, segu&#237;an las ruedas del tren. Franc&#233;s, franc&#233;s, franc&#233;s, martilleaba Jos&#233;phine viendo desfilar los campos y los bosques, que tan a menudo hab&#237;an atravesado los ej&#233;rcitos ingleses durante la guerra de los Cien A&#241;os. Los ingleses no dudaban en hacer el viaje entre los dos pa&#237;ses. En Francia estaban en su casa. Eduardo III s&#243;lo hablaba franc&#233;s. Las patentes reales, la correspondencia de las reinas, de las casas religiosas, de la aristocracia, las actas jur&#237;dicas y los testamentos estaban redactados en franc&#233;s o en lat&#237;n. Henry Grosmont, duque de Lancaster e interlocutor ingl&#233;s de Du Guesclin, &#161;hab&#237;a escrito un libro religioso en franc&#233;s! Cuando trataba con &#233;l, Du Guesclin no necesitaba int&#233;rprete. La noci&#243;n de patria no exist&#237;a. Se pertenec&#237;a a un se&#241;or, a un dominio. Se luchaba para hacer respetar los derechos del se&#241;or, pero a nadie le importaba llevar los colores del rey de Francia o del de Inglaterra, y algunos guerreros pasaban de un lado a otro en funci&#243;n de la soldada. En cuanto a Du Guesclin, permaneci&#243; fiel toda su vida al rey de Francia, y ning&#250;n tonel repleto de escudos le hizo cambiar de opini&#243;n.

&#191;Por qu&#233; me odias, Jos&#233;phine? -hab&#237;a preguntado su madre aquella tarde, al llegar a su casa.

Henriette se hab&#237;a quitado su gran sombrero, y era como si se hubiese quitado la peluca. A Jos&#233;phine le costaba mirarla a la cara: parec&#237;a una pera pasada. Iris no hab&#237;a vuelto todav&#237;a de la compra.

&#161;Pero si no te odio!

S&#237;. Me odias

Que no -hab&#237;a balbuceado Jos&#233;phine.

Hace casi tres a&#241;os que no me ves. &#191;Te parece normal por parte de una hija?

Nosotras nunca hemos tenido relaciones normales

&#191;Y de qui&#233;n es la culpa? -hab&#237;a espetado Henriette, convirtiendo sus labios en unas l&#237;neas resecas y amargas.

Jos&#233;phine hab&#237;a sacudido la cabeza tristemente.

&#191;Se sobreentiende que es culpa m&#237;a? &#191;Es eso?

Me he sacrificado por Iris y por ti &#161;y &#233;sta es mi recompensa!

Eso es lo que he o&#237;do toda mi vida

&#161;Porque es la verdad!

Existe otra verdad de la que nunca hemos hablado

Ignorar es lo peor de todo, se hab&#237;a dicho Jos&#233;phine esa tarde, frente al rostro acusador de su madre. No se puede ignorar toda la vida, siempre hay un momento en el que la verdad nos atrapa y nos obliga a mirarla de frente. Siempre he eludido esta conversaci&#243;n con mi madre. La vida me ordena hablar, imponi&#233;ndome esta charla a solas con ella.

Hay un acontecimiento del que nunca hemos hablado Un recuerdo terrible que me ha vuelto a la memoria no hace mucho, y que aclara muchas cosas.

Henriette se hab&#237;a erguido de pronto con un peque&#241;o movimiento del torso.

&#191;Un arreglo de cuentas?

No te estoy hablando de una discusi&#243;n, sino de algo m&#225;s grave.

No entiendo de qu&#233; puedes estar hablando

Puedo refrescarte la memoria, si quieres

Henriette hab&#237;a adoptado un aire de desd&#233;n y hab&#237;a dicho:

Adelante, si te sientes m&#225;s a gusto haci&#233;ndome reproches

No te reprocho nada. Te cuento un hecho, un simple hecho, pero que explica perfectamente esa -buscaba la palabra justa-. Esa reticencia por mi parte Esa necesidad de mantenerme al margen. &#191;No adivinas de qu&#233; te hablo?

Henriette no lo recordaba. Lo hab&#237;a olvidado. Ese episodio hab&#237;a tenido tan poca importancia para ella, que lo hab&#237;a borrado de su memoria.

No veo c&#243;mo pude haberte hecho da&#241;o yo

&#191;No recuerdas ese d&#237;a en el que nos fuimos a ba&#241;ar en las Landas, Iris, t&#250; y yo? Pap&#225; se hab&#237;a quedado en la orilla

&#161;No sab&#237;a nadar, el pobre!

Nos hab&#237;amos alejado mucho, mucho. Se hab&#237;a levantado viento y la corriente, de pronto, se hizo muy violenta. No pod&#237;amos volver a la orilla. Iris y yo empez&#225;bamos a tragar agua, t&#250;, como de costumbre, desafiabas a las olas. Eras una nadadora muy buena

&#161;Una excelente nadadora! &#161;Campeona de nataci&#243;n sincronizada!

En un momento dado, cuando nos dimos cuenta de que est&#225;bamos en peligro y quisimos volver, me agarr&#233; a ti, para que me llevases a tu espalda, pero me rechazaste y elegiste salvar a Iris.

No lo recuerdo.

S&#237;, haz un esfuerzo Se hab&#237;a formado una rompiente que nos lanzaba lejos cada vez que intent&#225;bamos atravesarla, la corriente nos arrastraba, yo estaba agotada, gritaba socorro, tend&#237; la mano hacia ti y me rechazaste para sujetar a Iris. Quer&#237;as salvar a Iris, no a m&#237;

&#161;Te lo est&#225;s inventando todo, hija! &#161;Siempre has estado celosa de tu hermana!

Lo recuerdo muy bien. Pap&#225; estaba en la playa, lo hab&#237;a visto todo, te vio remolcar a Iris, te vio dejarme all&#237;, te vio atravesar la rompiente con Iris, dejarla en tierra firme, secarla, secarte &#161;y no volviste a buscarme! &#161;Tendr&#237;a que haber muerto!

&#161;Eso es falso!

&#161;Es la verdad! &#161;Y cuando consegu&#237; llegar a la orilla, cuando sal&#237; del agua, pap&#225; me cogi&#243; en sus brazos, me envolvi&#243; en una gran toalla y te trat&#243; de criminal! &#161;Ya partir de ese d&#237;a s&#233; que no volvisteis a compartir la misma habitaci&#243;n!

&#161;Embustes! &#161;Ya no sabes qu&#233; inventar para darte importancia!

Te trat&#243;, a ti, mi madre, de criminal porque me hab&#237;as abandonado. Me dejaste morir

&#161;No os pod&#237;a salvar a las dos! &#161;Estaba agotada!

&#161;Ah! &#191;Ves c&#243;mo lo recuerdas!

&#161;Pero conseguiste salir! Eras fuerte. Siempre fuiste m&#225;s fuerte que tu hermana. Despu&#233;s qued&#243; demostrado, eres independiente, te ganas la vida, tienes un hermoso piso

&#161;Me da igual mi piso! &#161;Me da igual la mujer en la que me he convertido, te hablo de la ni&#241;a!

Lo dramatizas todo, Jos&#233;phine. Siempre has arrastrado toneladas de complejos frente a los dem&#225;s y sobre todo frente a tu hermana &#161;De hecho, no s&#233; por qu&#233;!

&#161;Yo, en cambio, lo s&#233; muy bien, mam&#225;! -lanz&#243; Jos&#233;phine, con la voz inundada de l&#225;grimas.

Hab&#237;a llamado a Henriette mam&#225;. Hac&#237;a a&#241;os que no hab&#237;a dicho mam&#225; y las l&#225;grimas brotaban como un torrente. Sollozaba como una ni&#241;a apoy&#225;ndose en el borde de la mesa, de pie, con los ojos muy abiertos como si viese a su madre, la atroz indiferencia de su madre, por primera vez.

&#161;Todo el mundo ha estado alguna vez a punto de ahogarse o de hacerse da&#241;o al caer!-replic&#243; su madre encogi&#233;ndose de hombros-. &#161;Siempre tienes que sacar las cosas de quicio!

No te hablo de un rasgu&#241;o, mam&#225;, &#161;te hablo del d&#237;a que estuve a punto de morir por tu culpa! Y de todos estos a&#241;os en que me hice a la idea de que no val&#237;a nada, porque no te hab&#237;as molestado en salvarme, todos estos a&#241;os me he esforzado en no amar a la gente que pod&#237;a amarme, que podr&#237;a encontrarme formidable, porque pensaba que yo no merec&#237;a la pena, todos estos a&#241;os perdidos manteni&#233;ndome al margen de la vida &#161;te los debo a ti!

Mi pobre ni&#241;a, darle vueltas todav&#237;a a recuerdos de la infancia &#161;es lamentable!

Quiz&#225;s, pero es durante la infancia cuando nos construimos, cuando nos hacemos una imagen de nosotros mismos y de la vida que nos espera.

&#161;Ay, ay, ay! &#161;Menudo sentido de la tragedia! Conviertes un peque&#241;o acontecimiento en un drama. Siempre has sido as&#237;. Terca, hostil, adusta.

&#191;Adusta, yo?

S&#237;. No realizada. Con un maridito, un pisito en un barrio medio, un trabajito, una vida mediocre Tu hermana te sac&#243; de ah&#237; d&#225;ndote la ocasi&#243;n de escribir un libro, de conocer el &#233;xito, &#161;y t&#250; ni siquiera se lo agradeces!

&#191;Acaso deber&#237;a estar agradecida a Iris?

S&#237;. Eso creo. Te ha cambiado la vida

Soy yo la que he cambiado mi vida. No Iris. Con el libro s&#243;lo me devolvi&#243; lo que ella, lo que t&#250;, me hab&#237;ais quitado ese d&#237;a. No estoy muerta, en efecto, &#161;he sobrevivido a vosotras! Y lo que casi me destruy&#243; hace mucho tiempo es lo que hoy me da fuerzas. Me han hecho falta a&#241;os y a&#241;os para salir de las olas, a&#241;os y a&#241;os para recuperar el aliento, el uso de mis brazos, de mis piernas y volver a avanzar, y eso no se lo debo a nadie. &#191;Me oyes? &#161;A nadie m&#225;s que a m&#237;! No te debo nada, no le debo nada a Iris, y si estoy viva, si he podido comprarme este hermoso piso y la vida que llevo hoy, ha sido gracias a m&#237;. &#161;A m&#237; sola! Y por eso nosotras ya no nos vemos. Estamos en paz. No es odio, ya ves, el odio es un sentimiento. Y yo no experimento ning&#250;n sentimiento hacia ti.

&#161;Muy bien! &#161;Perfecto! Al menos, ahora las cosas est&#225;n claras. Has vaciado tu carga de calumnias, tu carga de horrores, has acusado de todos tus fracasos pasados a la misma que te dio la vida, que luch&#243; para que tuvieses una buena educaci&#243;n, para que no te faltara de nada &#191;Est&#225;s satisfecha?

Jos&#233;phine estaba agotada. Lloraba a moco tendido. Ten&#237;a ocho a&#241;os y el agua salada de su madre la devolv&#237;a al mar. Su madre la miraba llorar encogi&#233;ndose de hombros, retorciendo su larga nariz en una mueca de asco, por lo que ella llamaba seguramente una exposici&#243;n vergonzosa de sentimientos nauseabundos.

Hab&#237;a llorado mucho tiempo, mucho tiempo sin que su madre tendiese una mano hacia ella. Iris hab&#237;a vuelto, hab&#237;a dicho: Pero bueno, &#161;menudas caras que ten&#233;is!. Hab&#237;an cenado sobre la mesa de la cocina, hablando de la desidia general, de la criminalidad que no dejaba de aumentar, del clima que se deterioraba, de la calidad que se perd&#237;a y de los jers&#233;is de cachemir de Bompard que ya no eran los de antes.

Por la noche, al acostarse, Jos&#233;phine segu&#237;a con una sensaci&#243;n de ahogo. No consegu&#237;a respirar. Estaba sentada sobre la cama. Buscaba el aire, se asfixiaba, estaba rodeada de olas de angustia. Necesito que me pase algo en la vida. No puedo continuar as&#237;. Necesito luz, necesito esperanza. Hab&#237;a entrado en el cuarto de ba&#241;o, se hab&#237;a mojado los p&#225;rpados hinchados con agua fr&#237;a, y hab&#237;a mirado su rostro abotargado en el espejo. En el fondo de su mirada hab&#237;a un brillo de vida. No era la mirada de una v&#237;ctima. Ni de una muerta. Durante mucho tiempo hab&#237;a cre&#237;do que estaba muerta. No estaba muerta. Los hombres siempre creen que lo que les sucede es mortal. Olvidan simplemente que eso forma parte de la vida.

Se hab&#237;a fugado como quien salva la piel. Hab&#237;a llamado a su editor ingl&#233;s y se hab&#237;a marchado a Londres.

Oy&#243; el anuncio de que el tren iba a entrar en el t&#250;nel. Veinticinco minutos de traves&#237;a bajo La Mancha. Veinticinco minutos en la oscuridad. Algunos pasajeros se estremecieron e hicieron comentarios. Sonri&#243; pensando que ella estaba empezando a salir del t&#250;nel.



* * *


El hotel se llamaba Julie's y se encontraba en el 135 de Portland Road. Un hotelito nice andcosy, [[20]: #_ftnref20 Bonito y acogedor.]hab&#237;a subrayado Edward Thundleford, su editor. No ser&#225; muy caro, espero, hab&#237;a murmurado Jos&#233;phine, un poco inc&#243;moda de plantear esa pregunta. Pero se&#241;ora Cort&#232;s, es usted mi invitada, me siento muy feliz de conocerla, me ha gustado mucho su novela y estoy orgulloso de publicarla.

Ten&#237;a raz&#243;n. El Julie's se parec&#237;a a una caja de caramelos ingleses. En la planta baja hab&#237;a un restaurante acidulado, y en el piso de arriba una decena de habitaciones beige y rosa, con una gruesa moqueta de flores, y cortinas mullidas como edredones. El libro de hu&#233;spedes se&#241;alaba el paso de Gwyneth Paltrow, Robbie Williams, Naomi Campbell, U2, Colin Firth, Kate Moss, Val Kilmer, Sheryl Crow, Kylie Minogue y otros que Jos&#233;phine no conoc&#237;a. Se tumb&#243; sobre la colcha roja de la cama y se dijo que la vida era bella. Que iba a quedarse en esa lujosa habitaci&#243;n y no saldr&#237;a nunca m&#225;s. Pedir t&#233;, tostadas, mermelada, meterse en la ba&#241;era antigua de pies esculpidos en forma de delf&#237;n, y relajarse. Aprovechar. Contarse los dedos de los pies, meterse debajo de la colcha, inventar historias a partir de los ruidos que se filtran de las otras habitaciones, construir parejas, discusiones, abrazos.

&#191;Vivir&#225; Philippe lejos de aqu&#237;? Qu&#233; idiotez: tengo su tel&#233;fono, pero no su direcci&#243;n. Londres le hab&#237;a parecido siempre una ciudad tan extensa que se sent&#237;a perdida. Nunca hab&#237;a hecho el esfuerzo de aprender su geograf&#237;a. Podr&#237;a preguntarle a Shirley d&#243;nde vive e ir a rondar por su barrio. Ahog&#243; una risa. Menuda pinta tendr&#237;a. Ir&#233; primero a ver a Hortense. El se&#241;or Thundleford hab&#237;a precisado que hab&#237;a un autob&#250;s, el 94, que la llevar&#237;a directa a Piccadilly.

&#161;Pero si es donde est&#225; la escuela de mi hija!

Pues bien, no estar&#225; lejos y el trayecto es muy agradable, bordea el parque durante un buen rato

La primera noche permaneci&#243; en su habitaci&#243;n, cen&#243; frente a un jard&#237;n exuberante, lleno de voluminosas rosas que se inclinaban sobre el marco de las ventanas, camin&#243; descalza sobre el parqu&#233; oscuro del cuarto de ba&#241;o antes de hundirse en un agua perfumada. Prob&#243; todos los jabones, todos los champ&#250;s, acondicionadores, cremas para el cuerpo, peelings y b&#225;lsamos nutritivos y, con la piel suave y rosada, abri&#243; la gran cama, se meti&#243; bajo las s&#225;banas, y permaneci&#243; un largo instante contemplando el techo de madera tallada. He hecho bien viniendo aqu&#237;, me siento como nueva, reconstruida. He dejado a la vieja Jo en Par&#237;s. Ma&#241;ana ir&#233; a darle una sorpresa a Hortense y la esperar&#233; a la salida de clase. Me plantar&#233; en el hall y buscar&#233; su esbelta silueta. Mi coraz&#243;n dar&#225; un salto al ver una cabellera cobriza y la dejar&#233; pasar ante m&#237; sin abordarla si est&#225; acompa&#241;ada, para no incomodarla. Las clases son por la ma&#241;ana, estar&#233; all&#237; a mediod&#237;a.

El encuentro no ocurri&#243; exactamente as&#237;. Jos&#233;phine lleg&#243; en efecto puntual: a las doce y tres estaba en el enorme vest&#237;bulo de Saint Martin's. Sal&#237;an grupos de alumnos, cargados con pesadas carpetas, intercambiando frases a medias, d&#225;ndose golpes con el hombro para despedirse. Ni rastro de Hortense. Sobre la una, al no ver a su hija, Jos&#233;phine se acerc&#243; al mostrador de recepci&#243;n, y pregunt&#243; a una gruesa mujer negra si conoc&#237;a a Hortense Cort&#232;s y si sab&#237;a, por casualidad, a qu&#233; hora terminaba sus clases.

&#191;Es usted de la familia? -pregunt&#243; la mujer lanzando una mirada de sospecha.

Soy su madre -respondi&#243; Jos&#233;phine orgullosa.

Ah -dijo la mujer, sorprendida.

Y en su mirada, Jos&#233;phine reconoci&#243; la misma extra&#241;eza que le&#237;a anta&#241;o, cuando paseaba a Hortense por la plaza, en los ojos de otras madres que la tomaban por la ni&#241;era. Como si no pudiese existir un v&#237;nculo de parentesco entre ella y su hija.

Se ech&#243; hacia atr&#225;s, inc&#243;moda, y repiti&#243;:

Soy su madre, vengo de Par&#237;s para verla y me gustar&#237;a darle una sorpresa.

No deber&#237;a tardar, su clase termina a la una y cuarto -respondi&#243; la mujer consultando un registro.

Entonces voy a esperarla

Fue a sentarse sobre una silla de pl&#225;stico beige y se sinti&#243; beige. Ten&#237;a miedo. Quiz&#225;s no hab&#237;a sido buena idea querer sorprender a Hortense. La mirada de la mujer le hab&#237;a tra&#237;do antiguos recuerdos, miradas desaprobadoras de Hortense sobre su vestimenta cuando iba a buscarla al colegio, la ligera distancia que manten&#237;a entre ella y su madre cuando iban por la calle, los suspiros exasperados de su hija si Jos&#233;phine se entreten&#237;a con un comerciante: &#191;Cu&#225;ndo dejar&#225;s de ser amable con TODO el mundo? &#161;Es desesperante esa forma de ser! &#161;Se dir&#237;a que esa gente son amigos nuestros!.

Estaba a punto de marcharse cuando Hortense apareci&#243; en el hall. Sola. El pelo liso, peinado hacia atr&#225;s sujeto con una cinta negra. P&#225;lida. El ce&#241;o fruncido. Buscando manifiestamente respuesta a un problema que se planteaba. Ignorando a un chico que corr&#237;a detr&#225;s de ella, tendi&#233;ndole una hoja que hab&#237;a dejado caer.

Querida -susurr&#243; Jos&#233;phine interponi&#233;ndose en el camino de su hija.

&#161;Mam&#225;! &#161;Qu&#233; contenta estoy de verte!

Parec&#237;a contenta, en efecto, y Jos&#233;phine se sinti&#243; llena de alegr&#237;a. Se ofreci&#243; a llevar la pila de libros que Hortense rodeaba con sus brazos.

&#161;No! &#161;Deja! &#161;Ya no soy un beb&#233;!

&#161;Se te ha ca&#237;do esto! -grit&#243; el chico tendi&#233;ndole una fotocopia.

Gracias, Geoffrey.

Esperaba que Hortense le presentara. &#201;sta dej&#243; pasar unos segundos y despu&#233;s se resign&#243;:

Mam&#225;, te presento a Geoffrey Est&#225; en mi clase

Encantada, Geoffrey

Encantado, se&#241;ora Hortense y yo somos

Otro d&#237;a, Geoffrey, otro d&#237;a. No podemos quedarnos toda la vida, &#161;las clases empiezan dentro de una hora!

Le dio la espalda y se llev&#243; a su madre.

Parece encantador -dijo Jos&#233;phine, girando completamente la cabeza para decir adi&#243;s al chico.

&#161;Un aut&#233;ntico plasta! &#161;Sin ninguna creatividad! Lo soporto porque tiene un piso grande y me gustar&#237;a que me alquilase una habitaci&#243;n no muy cara, el a&#241;o pr&#243;ximo, pero primero tengo que domarle, no quiero que se haga falsas ilusiones

Fueron hasta un coffee-shop cercano a la escuela, y Jos&#233;phine se acod&#243; sobre la mesa para observar mejor a su hija. Ten&#237;a ojeras y el rostro cansado y marchito, pero su pelo segu&#237;a teniendo su hermoso color de anuncio de champ&#250;.

&#191;Va todo bien, querida?

&#161;Mejor ser&#237;a insoportable! &#191;Y t&#250;? &#191;Qu&#233; haces en Londres?

He venido a ver a mi editor ingl&#233;s Y a darte una sorpresa. &#191;No est&#225;s un poco cansada?

&#161;No paro! El desfile tendr&#225; lugar este fin de semana, y me falta mucho para estar lista. Trabajo d&#237;a y noche.

&#191;Quieres que me quede y que asista al desfile?

Preferir&#237;a que no. Me pondr&#237;a demasiado nerviosa.

Jos&#233;phine sinti&#243; una punzada en el coraz&#243;n. Y un pensamiento negativo. Soy su madre, le pago los estudios y no tengo derecho a estar all&#237; &#161;Menuda cara! Le asust&#243; la violencia de su reacci&#243;n, e hizo una pregunta cualquiera para disimular su turbaci&#243;n.

&#191;Y para qu&#233; sirve ese desfile?

&#161;Sirve para ganar el derecho a pertenecer, por fin, a esta prestigiosa escuela! Acu&#233;rdate, el primer a&#241;o es eliminatorio. Escogen a muy poca gente, &#191;sabes?, y quiero formar parte de los pocos elegidos

Se le hab&#237;a endurecido la mirada que penetraba el aire como si quisiera disolverlo. Hab&#237;a escondido los pulgares en la palma de las manos y apretaba los pu&#241;os. Jos&#233;phine la contempl&#243; con estupor: &#161;tanta determinaci&#243;n, tanta energ&#237;a! &#161;Y s&#243;lo ten&#237;a dieciocho a&#241;os! La fuerza irresistible del apego por su hija, de su amor por ella, borr&#243; su resentimiento.

Lo conseguir&#225;s -dijo Jos&#233;phine, arrop&#225;ndola con una mirada de admiraci&#243;n, que apag&#243; inmediatamente por miedo a crispar a Hortense.

En todo caso, har&#233; todo lo posible.

&#191;Y ves a Shirley y a Gary de vez en cuando?

No veo a nadie. Trabajo d&#237;a y noche. No tengo un minuto para m&#237;

&#191;Y podr&#237;amos ir a cenar una noche, a pesar de todo?

Si quieres pero no demasiado tarde. Tengo que dormir, estoy agotada. No has elegido el mejor momento para venir.

Hortense parec&#237;a distra&#237;da. Jos&#233;phine intent&#243; captar su atenci&#243;n cont&#225;ndole noticias de Zo&#233;, relatando la muerte de la se&#241;orita de Bassonni&#232;re, la llegada de Du Guesclin a casa. Hortense la escuchaba, pero su mirada traicionaba una ausencia educada, que indicaba claramente que estaba pensando en otra cosa.

Estoy contenta de verte -suspir&#243; Jos&#233;phine poniendo la mano sobre la de su hija.

Yo tambi&#233;n, mam&#225;. De verdad. Es s&#243;lo que estoy agotada y obsesionada con ese desfile &#161;Es aterrador tener que jugarte la vida en pocos minutos! Todo Londres estar&#225; all&#237;, &#161;no quiero parecer una paleta!

Se separaron prometiendo que cenar&#237;an juntas al d&#237;a siguiente. Hortense hab&#237;a quedado con un iluminador para su desfile, esa misma tarde, y deb&#237;a hacer algunos retoques en dos modelos.

Podr&#237;amos quedar en la Osteria Basilico, est&#225; justo detr&#225;s de tu hotel en Portobello. &#191;A las siete? No quiero acostarme tarde.

T&#250; no vales la pena, oy&#243; Jos&#233;phine recuper&#225;ndose inmediatamente. Pero &#191;qu&#233; me pasa? &#191;Ahora me rebelo contra todo el mundo? &#161;Ya no voy a soportar a nadie!

Perfecto -dijo atrapando al vuelo el beso de su hija-. &#161;Hasta ma&#241;ana!

Volvi&#243; al hotel andando y mirando los escaparates. Pens&#243; en un regalo para Hortense. De peque&#241;a era tan seria que a veces ten&#237;amos la impresi&#243;n, su padre y yo, de ser unos chiquillos a su lado. Dud&#243; ante un jersey, tiene tan buen gusto que no me gustar&#237;a equivocarme, me gustar&#237;a tanto que triunfara, su padre estar&#237;a orgulloso de ella. &#191;Qu&#233; hac&#237;a en Lyon? &#191;Se hab&#237;a ido antes o despu&#233;s del asesinado de la se&#241;orita de Bassonni&#232;re? No hab&#237;a tenido noticias de la capit&#225;n Gallois, el caso no avanzaba. Podr&#237;a cenar con Shirley, s&#237;, pero tendr&#237;a que hablar, y ten&#237;a ganas de calma, de silencio, de soledad, nunca estoy sola, aprovechar, aprovechar, observar la calle, la gente, vaciar la cabeza. Vio a una chica que limpiaba los zapatos de los transe&#250;ntes, ten&#237;a las manos delicadas y perfil de una ni&#241;a, una pancarta a sus pies indicaba: 3 &#163; 50 los zapatos, 5 &#163; las botas, re&#237;a frot&#225;ndose la punta de la nariz con su &#250;nico dedo limpio. Debe de ser una estudiante que trabaja para pagarse la habitaci&#243;n, es tan caro alojarse en esta ciudad, Hortense parece arregl&#225;rselas bien, vive en un buen barrio, &#191;y Philippe?

Subi&#243; por Regent Street, las aceras estaban llenas de gente, de hombres-s&#225;ndwich que llevaban pancartas publicitarias, de turistas que gritaban y hac&#237;an fotos. Por encima de los edificios vio decenas de gr&#250;as. La ciudad era una aut&#233;ntica obra que se preparaba para los Juegos Ol&#237;mpicos. Andamios met&#225;licos, vallas, hormigoneras y obreros con casco cubr&#237;an las calles. Gir&#243; a la izquierda por Oxford Street, ma&#241;ana ir&#233; al British Museum y a la National Gallery, ma&#241;ana llamar&#233; a Shirley

Aprovechar, aprovechar, escuchar los ruidos nuevos en mi cabeza. Ruidos de indignaci&#243;n, de c&#243;lera. &#191;Por qu&#233; Hortense me rechaza? &#191;Est&#225; nerviosa de verdad, o se averg&#252;enza de m&#237;? Todo Londres estar&#225; all&#237;.

Sacudi&#243; la cabeza y entr&#243; en una librer&#237;a.

Cen&#243; sola, con un libro. Los Cuentos de Saki, en edici&#243;n Penguin. Adoraba la escritura de Saki, su tono sarc&#225;stico y seco.Reginald closed his eyes with the elaborate weariness of one who has rather nice eyelashes and thinks it's useless to conceal the fact.[[21]: #_ftnref21 Reginald cerr&#243; los ojos con el elaborado des&#225;nimo de quien tiene una hermosa mirada y piensa que es in&#250;til ocultarlo.]En pocas palabras hab&#237;a delineado al personaje. Sin necesidad de detalles f&#237;sicos o de una larga descripci&#243;n.One of these days, he said, I shall write a really great drama. No one will understand the drift of it, but everyone will go back to their homes with a vague feeling of dissatisfaction with their lives and surroundings. Then they will put new wall-papers and forget.[[22]: #_ftnref21 Uno de estos d&#237;as, dijo, escribir&#233; un drama realmente bueno. Nadie entender&#225; lo que significa, pero todos volver&#225;n a sus casas con un vago sentimiento de satisfacci&#243;n con sus vidas y lo que les rodea. Entonces volver&#225;n a empapelar y a olvidar.]

Cerr&#243; los ojos y sabore&#243; la frase y su s&#225;ndwich club. Nadie se fijaba en ella. Habr&#237;a podido entrar con una sopera sobre la cabeza, que nadie la habr&#237;a mirado. Aqu&#237; no hubiese sentido verg&#252;enza de enarbolar mi boina de tres pisos, la boina de la se&#241;ora Berthier, &#161;pobre se&#241;ora Berthier! &#191;Y la camarera del caf&#233;? S&#243;lo ataca a mujeres, ese cobarde. &#191;Exist&#237;a un v&#237;nculo entre las dos v&#237;ctimas? Un secreto Estaba contenta de saber que Zo&#233; estaba en casa de su amiga, Emma. &#191;Cu&#225;ntas muertes necesitar&#225; la polic&#237;a para tener pistas suficientes? Saki hubiese escrito un relato alegre sobre la muerte de la malvada Bassonni&#232;re, habr&#237;a condecorado al asesino por servicios prestados al orden p&#250;blico.

Ley&#243; varios cuentos con verdadero placer, cerr&#243; el libro, pidi&#243; la cuenta y volvi&#243; al hotel. Hab&#237;a llovido y el aire arrastraba un vapor h&#250;medo a modo de bufanda. Contuvo un bostezo de cansancio, pidi&#243; su llave y subi&#243; a acostarse.

Era viernes, ten&#237;a permiso para vivir sola y libre hasta el martes. &#161;La vida es bella! &#161;Qu&#233; bella es la vida! &#191;Qu&#233; har&#225; Philippe a estas horas? &#191;Cenar&#225; con Dottie Doolittle, la acompa&#241;ar&#225; a su casa, subir&#225; la escalera? Ma&#241;ana o pasado ma&#241;ana ir&#233; a sentarme frente a &#233;l, leer&#233; en el fondo de sus ojos y sabr&#233; si es aut&#233;ntica o falsa esa historia de Dottie Doolittle. Ma&#241;ana me cepillar&#233; el pelo hasta que crepite, me pintar&#233; las pesta&#241;as de negro y las desplegar&#233; ante &#233;l para que las admire Ni siquiera necesitar&#233; hablarle. S&#243;lo con mirarle lo sabr&#233;, lo sabr&#233;, tuvo tiempo todav&#237;a de pensar, antes de sumirse en un sue&#241;o tranquilo, en el que imagin&#243; que cabalgaba sobre las nubes y volaba a encontrarse con Philippe.



* * *


&#191;T&#250; crees en los fantasmas? -pregunt&#243; Marcel a Ren&#233;, refugiado en su peque&#241;o despacho en la entrada del almac&#233;n.

No puedo decir que no crea -respondi&#243; Ren&#233;, ocupado en ordenar facturas en un archivo-, pero no son santo de mi devoci&#243;n.

&#191;Crees que se puede hechizar a alguien y hacerle perder la raz&#243;n?

Ren&#233; levant&#243; la mirada hacia su amigo y lo observ&#243;, perplejo.

Si puedo creer en los fantasmas, puedo creer tambi&#233;n en las fuerzas oscuras -replic&#243; Ren&#233; mordisqueando su palillo de dientes.

Marcel solt&#243; una risita inc&#243;moda y, apoy&#225;ndose contra el quicio de la puerta, anunci&#243; claramente:

Creo que han embrujado a Josiane

&#191;De eso era de lo que hablabas con Ginette el otro d&#237;a?

No me atrev&#237; a dec&#237;rtelo por miedo a que pensaras que estaba majareta, pero como Ginette no me ayuda a avanzar, te lo cuento a ti.

&#161;Segunda elecci&#243;n! &#161;Mercanc&#237;a de peor calidad! &#161;Muchas gracias!

Pens&#233; que, quiz&#225;s, hab&#237;as conocido cosas parecidas o habr&#237;as o&#237;do hablar de ello.

Aprecio que conf&#237;es en m&#237;, despu&#233;s de haber elegido a mi mujer como confesor &#191;Hace cu&#225;nto tiempo que somos amigos, Marcel?

Marcel extendi&#243; los brazos como si no pudiese abarcar todos esos a&#241;os.

Eso es, t&#250; lo has dicho: &#161;una eternidad! &#161;Y me tomas por burro!

&#161;Que no! S&#243;lo ten&#237;a miedo de parecer un idiota. Es un tema especial, recon&#243;celo &#161;No es cualquier tonter&#237;a! Las mujeres son m&#225;s intuitivas, m&#225;s tolerantes, t&#250; no eres de esos a quienes se le pueden contar ocurrencias extravagantes.

&#161;Lo que te dec&#237;a, soy un burro! &#161;Un asno gilipollas que va dando vueltas y no se entera de nada!

Escucha, Ren&#233;, tienes que ayudarme. No paran de pasarme desgracias El otro d&#237;a, sal&#237; a comprar cruasanes y cuando volv&#237;, &#161;se hab&#237;a ca&#237;do del taburete que hab&#237;a puesto junto a la ventana, porque quer&#237;a saltar!

&#191;Hacia d&#243;nde? &#191;Hacia dentro o hacia fuera? -pregunt&#243; Ren&#233;, guas&#243;n, quit&#225;ndose el palillo masticado para coger otro nuevo.

&#191;Te crees gracioso? &#161;Estoy al borde del abismo y t&#250; te cachondeas!

No me cachondeo, subrayo la afrenta. Me ha sentado mal, Marcel. &#161;Se me ha clavado aqu&#237;!

Hund&#237;a el dedo en su est&#243;mago y hac&#237;a una mueca de dolor.

&#161;Te pido que me perdones! &#191;Est&#225;s contento? Te tom&#233; por un poni y me equivoqu&#233;. &#191;Me absuelves ahora?

Marcel le suplicaba con la mirada angustiada y desolada. Ren&#233; guard&#243; su archivo en el estante y tard&#243; en contestar. Marcel daba patadas contra el bajo de la puerta repitiendo: &#191;Y bien? &#191;Y bien? &#191;Tengo que tirarme al suelo, ponerme de alfombra?. Resoplaba de impaciencia para que Ren&#233; le absolviese y Ren&#233; se tomaba su tiempo. &#191;Acaso no era su mejor amigo? Llevaban juntos treinta a&#241;os, haciendo funcionar la empresa los dos, enfrent&#225;ndose a los chinos y a los pieles rojas, y va Marcel y se va a llorar a otro sitio que no eran sus rodillas. Estaba amargado desde esa ma&#241;ana. No diger&#237;a ni el caf&#233;. &#161;Y Ginette! Ya no le hablaba, le ladraba. Estaba herido, celoso. Sombr&#237;o, como un viejo inconsolable encerrado en su torre. Se volvi&#243; y observ&#243; a su viejo camarada.

Todo se ha torcido en mi vida, Ren&#233;. Era tan feliz &#161;tan feliz! Estaba en la gloria, al fin tocaba la felicidad con el dedo, &#161;con un dedo tan tembloroso que ten&#237;a miedo de coger el Parkinson! Y ahora, cuando salgo a comprar el cruas&#225;n del domingo, el cruas&#225;n que une a la familia, que abre el apetito, que alimenta la emoci&#243;n, se sube a un taburete para hacer el salto del &#225;ngel. &#161;Ya no puedo m&#225;s!

Marcel dej&#243; caer todo su peso sobre la silla. Derrumbado como una pila de ropa sucia. Casi sin fuerzas. Respiraba con un sonido sordo que le atravesaba el pecho.

&#161;Para!-solt&#243; Ren&#233;-. &#161;Pareces un fuelle! Y esc&#250;chame bien porque lo que te voy a contar no se lo he dicho nunca a nadie, &#191;me oyes? Ni siquiera a Ginette. A nadie, &#161;y no quiero que me pongas los cuernos!

Marcel movi&#243; la cabeza y lo prometi&#243;.

&#161;No me basta! &#161;J&#250;ralo por la salud del peque&#241;o y de tu mujer, que ardan en las llamas del Infierno!

Marcel sinti&#243; un escalofr&#237;o en la espalda y se imagin&#243; a J&#250;nior y Josiane, empalados, girando sobre del fuego de una forja. Tendi&#243; una mano temblorosa y jur&#243;. Ren&#233; dej&#243; pasar un momento, sac&#243; un nuevo palillo y pos&#243; su trasero en el borde de la mesa.

&#161;Y no me interrumpas! &#161;Ya es bastante duro ordenar todas estas im&#225;genes! As&#237; que bueno Fue hace mucho tiempo, yo viv&#237;a con mi padre en el distrito veinte, era un chaval&#237;n, mi madre hab&#237;a muerto y estaba m&#225;s triste que un piano sin teclas. Delante de mi padre no lloraba, pero me pasaba el d&#237;a apretando los dientes. Apenas me quedaban enc&#237;as de tanto apret&#225;rmelos. Viv&#237;amos con poca cosa, &#233;l era deshollinador, ya s&#233; que no es un oficio muy limpio, pero as&#237; se ganaba la vida y debo decirte que no era el jefe, trabajaba a destajo. Muchas chimeneas ten&#237;a que deshollinar para conseguir un trozo de carne para el cocido de la cena. As&#237; que las caricias no eran lo suyo, siempre ten&#237;a miedo de ensuciarme o de ensuciar a una mujer. Siempre fingi&#243; que no se hab&#237;a vuelto a casar por eso, pero yo s&#233; que estaba negro de desesperaci&#243;n. As&#237; que all&#237; est&#225;bamos, los dos, como dos cachorros abandonados sollozando cada uno por su lado, cortando el pan en silencio y comiendo la sopa sin decir nada. Y es que menuda mujer era mi madre. Era como de seda, como un hada de las monta&#241;as azules y con un coraz&#243;n grande como tres coliflores. Irradiaba amor a todo el mundo, la gente la veneraba en el barrio. Un d&#237;a, al volver del colegio, me encontr&#233; un grajo. All&#237;, en el camino, parec&#237;a que me estaba esperando. Lo recog&#237; y lo aliment&#233;. No era muy bonito, un poco apolillado, pero ten&#237;a un largo pico muy amarillo, amarillo como si se lo hubiesen pintado. Y adem&#225;s, en la punta de las plumas, ten&#237;a manchas azules y verdes que parec&#237;an un abanico.

&#191;No ser&#237;a un pavo real?

Te he dicho que no me interrumpas que si no, no vuelvo a arrancar. Esto de las im&#225;genes es doloroso. Lo recog&#237; y le ense&#241;&#233; a decir Eva. Eva era el nombre de mi madre. A mi padre le parec&#237;a tan guapa que la llamaba Eva Gardner. Eva, Eva, Eva, le repet&#237;a en cuanto estaba a solas con &#233;l. Termin&#243; diciendo: Eva y me volv&#237; loco de alegr&#237;a. Te lo juro, era como si mi madre hubiese vuelto. Dorm&#237;a, agarrado al montante de la cama y por la noche, antes de que me durmiese, croaba: Eva, Eva y yo sonre&#237;a como los &#225;ngeles. Dorm&#237;a como un bendito. Dej&#233; de estar triste. &#201;l hab&#237;a acabado con la pena, me hab&#237;a deshollinado el coraz&#243;n. Mi padre no sab&#237;a nada de eso, pero &#233;l tambi&#233;n volvi&#243; a silbar. Part&#237;a por las ma&#241;anas con su p&#233;rtiga, su cubo, sus trapos y silbaba. Ya no beb&#237;a m&#225;s que agua. &#191;Sabes?, a los deshollinadores &#161;les pierde la sed! Se pasan el d&#237;a comiendo carb&#243;n, as&#237; que necesitan quitarse la sed. Y &#233;l, el p&#225;ter, &#161;se dedic&#243; al agua! Limpia y clara. Yo no rechistaba, miraba al grajo que no soltaba prenda delante de &#233;l y te lo juro, me devolv&#237;a la mirada con un aire, &#191;c&#243;mo dec&#237;rtelo?, un aire de decirme estoy aqu&#237;, velo por vosotros, todo va a ir muy bien. Aquello dur&#243; bastante tiempo, silb&#225;bamos, silb&#225;bamos y entonces Muri&#243; atropellado. Un borracho le pas&#243; por encima. Se qued&#243; plano como una tortilla, s&#243;lo qued&#243; intacto el pico amarillo. Llor&#233;, llor&#233;, el Amazonas a mi lado era un grifo que goteaba. Mi padre y yo lo metimos en una caja y fuimos a enterrarlo, a escondidas, en la placita al lado de nuestra casa. Pas&#243; un tiempo, y despu&#233;s, una noche negra, me despert&#243; un ruido en mi ventana. Como si golpearan con una llave. Fui a ver: era mi grajo que estaba all&#237;, con el mismo pico amarillo, las mismas plumas de puntas verdes y azules. Croaba: Eva, Eva y yo le miraba con los ojos abiertos como platos. Eva, Eva, repet&#237;a golpeando el cristal. Lo vi como te estoy viendo a ti. Mi grajo. Encend&#237; la luz para asegurarme de que no estaba so&#241;ando y lo hice entrar. Volvi&#243; todas las noches. Cuando oscurec&#237;a. Hasta que me hice mayor y conoc&#237; a una chica. Debi&#243; de pensar que ya no lo necesitaba y se fue. Te dir&#233; que me puse triste, &#161;no te puedes hacer a la idea! No volv&#237; a ver a la chica, y durante mucho tiempo no toqu&#233; a otra dici&#233;ndome que iba a volver. No volvi&#243; m&#225;s. Ya est&#225;, &#233;sa es mi historia de fantasmas. Todo eso para decirte que si los grajos pueden volver y ofrecerme la ternura de una madre, puede pasar lo mismo con el diablo y la maldad del Infierno

Marcel hab&#237;a escuchado con la boca abierta. El relato de Ren&#233; le hab&#237;a conmovido tanto que le costaba no echarse a llorar. Sent&#237;a ganas de coger a su viejo amigo entre sus brazos y estrecharle con fuerza. Tendi&#243; la mano y roz&#243; el rostro de Ren&#233;, sintiendo la aspereza de la barba bajo sus dedos.

&#161;Oh, Ren&#233;! &#161;Es tan bonito! -dijo con la voz entrecortada por los sollozos.

&#161;No te lo he contado para que lloriquees! S&#243;lo para decirte que hay cosas incomprensibles en la vida, cosas que no tienen la menor base y que, sin embargo, pasan. As&#237; que eso de que tu Josiane est&#233; enredada en un l&#237;o invisible me lo puedo creer, pero no quiero volver a hablar de ello

Pero &#191;por qu&#233;? &#191;No quieres ayudarme?

No es eso, mi pobre esquimal. Pero &#191;c&#243;mo voy a hacer para ayudarte? No tengo la menor idea. A menos que vuelva a llamar al grajo, o invoque el esp&#237;ritu de mi madre. Porque ella nunca volvi&#243;. Me envi&#243; al grajo y despu&#233;s me dej&#243; perdido. &#161;Y sin mapa de carreteras para encontrarla!

No lo s&#233; Quiz&#225;s te envi&#243; a Ginette &#161;Es mucho mejor que un viejo grajo!

&#161;No te r&#237;as de mi grajo!

Te envi&#243; a Ginette y a los ni&#241;os. &#161;Nada m&#225;s que felicidad! Y tambi&#233;n me envi&#243; a m&#237;.

Tienes raz&#243;n. No es poca cosa &#191;Sabes qu&#233;? &#161;Vamos a tener que callarnos porque si no tambi&#233;n me voy a echar a llorar! Se me va a quedar el coraz&#243;n como un trapo.

Y pareceremos dos gilipollas lloriqueando al un&#237;sono -dijo Marcel.

Su rostro entristecido se ilumin&#243;, por primera vez desde hac&#237;a mucho tiempo, con una aut&#233;ntica sonrisa.

Pero me ayudar&#225;s a encontrar una soluci&#243;n &#191;eh, Ren&#233;? No puedo quedarme as&#237;. Me va la empresa en ello, lo sabes. He perdido completamente el rumbo

Ya me he dado cuenta de que no estabas muy centrado, y eso me ofuscaba tambi&#233;n.

Cogi&#243; un nuevo palillo y tir&#243; el viejo a la papelera. Marcel se inclin&#243; y vio la base de la cesta tapizada de peque&#241;os bastoncitos de madera.

Levant&#243; la mirada hacia Ren&#233;, que suspir&#243;.

Es desde que he dejado de fumar. Antes iba a paquete de cigarrillos diario, ahora consumo una caja de palillos. &#161;Cada uno a lo suyo! Los hay que los palillos los usan de piercing

En la cara alelada de Marcel no apareci&#243; ni el menor rastro de una sonrisa.

&#161;Funcionas realmente al ralent&#237;, Esquimal! &#191;Ya no pillas las bromas? &#161;Oh, estamos mal, realmente mal! En piercing, como en acupuntura, las grandes agujas que te clavan en las plantas de los pies y

&#161;La planta de los pies!-rugi&#243; Marcel golpe&#225;ndose la frente-. Pero claro. &#161;Qu&#233; tonto soy! &#161;Pero qu&#233; tonto soy! Tendr&#237;a que haberla escuchado, a madame Suzanne &#161;Ella podr&#225; ayudarnos!

&#191;La masajista? &#191;La que nos retuerce los dedos de los pies?

En persona. Me dijo una vez que Josiane estaba trabajada. Dec&#237;a que hab&#237;a que identificar el origen del mal para neutralizarlo, dec&#237;a muchas cosas que yo no comprend&#237;a, mi pobre Ren&#233;. Yo s&#233; mucho de cifras de estudios de mercado, de impuestos, de beneficios y de fronteras, pero no de brujas

Entonces, esc&#250;chame bien Esto es lo que vamos a hacer

Y ese d&#237;a, en el peque&#241;o despacho del almac&#233;n, Marcel y Ren&#233; pusieron a punto un plan para librar del mal el alma de Josiane.



* * *


Jos&#233;phine daba vueltas, daba vueltas, daba vueltas. Incansablemente. Desde las ocho de la ma&#241;ana. Jugaba a la turista desenvuelta que se pasea cara al viento y descubre la ciudad, recorriendo asiduamente el mismo grupo de calles: Holland Park, Portland Road, Ladbroke Road, Clarendon Road, de vuelta a Holland Park y un nuevo paseo a pie.

Hab&#237;a llovido durante la noche, y la luz del d&#237;a temblaba en la humedad que sub&#237;a desde las aceras, antes de esfumarse con los rayos del sol matinal. Vigilaba la terraza del Ladbroke Arms. Era en ese pub, seg&#250;n Shirley, donde Philippe desayunaba cada ma&#241;ana. En fin, la &#250;ltima vez que nos vimos, lo encontr&#233; ah&#237;. Se hab&#237;a instalado con su caf&#233;, su zumo de naranja, los peri&#243;dicos. Ahora, decirte que est&#225; fielmente en su puesto cada ma&#241;ana, no lo s&#233; Pero venga. Pasea hasta que le veas y pres&#233;ntate.

Era eso lo que ten&#237;a intenci&#243;n de hacer. Leer en sus ojos. Cogerle por sorpresa antes de que tuviese tiempo de montar una mentira. Llevaba pens&#225;ndolo varias noches y pon&#237;a a punto una estratagema. Hab&#237;a retenido la m&#225;s simple: el encuentro por sorpresa. He venido a Londres, invitada por mi editor, mi hotel est&#225; justo al lado y, como hace buen tiempo, me he levantado pronto, he salido a pasear y &#161;qu&#233; sorpresa!, &#161;qu&#233; casualidad! &#161;Qu&#233; feliz coincidencia! Te encuentro a ti. &#191;C&#243;mo est&#225;s?

El asombro. &#201;sa era la parte m&#225;s dif&#237;cil de interpretar. Sobre todo cuando se ha ensayado el di&#225;logo hasta la saciedad. Es duro ser natural. Ser&#237;a una p&#233;sima actriz.

Daba vueltas y vueltas por el elegante barrio. Las casas blancas de altas ventanas, el c&#233;sped delante de cada escalinata de entrada, rosales, glicinas, flores que retorc&#237;an el tallo para salir de entre los setos y dejarse admirar. A veces, las fachadas estaban pintadas de azul cielo, verde &#225;cido, amarillo pinz&#243;n, rosa chill&#243;n como para diferenciarse de la vecina, demasiado sosa. La atm&#243;sfera era a la vez altiva y desenvuelta, a imagen de los ingleses. En la esquina de una calle hab&#237;a una tienda Nicol&#225;s. M&#225;s lejos, un vendedor de quesos y una panader&#237;a Chez Paul. Philippe no deb&#237;a de sentir nostalgia. Ten&#237;a su botella, su baguette, su camembert, &#161;s&#243;lo faltaba la boina!

Dos d&#237;as antes hab&#237;a cenado con su editor. Hab&#237;an hablado de la traducci&#243;n, de la portada, del t&#237;tulo en ingl&#233;s: A Humble Queen, de la presentaci&#243;n a la prensa, de la tirada. Los ingleses adoran las novelas hist&#243;ricas y el siglo XII no es un periodo muy conocido aqu&#237;. En la &#233;poca nuestro pa&#237;s estaba muy poco poblado. &#191;Sab&#237;a que hubiera podido alojarse a toda la poblaci&#243;n de Londres en dos rascacielos?. Edward Thundleford ten&#237;a la tez y la nariz colorada de los aficionados al buen vino, el pelo blanco pegado al cr&#225;neo y cayendo a un lado, una pajarita y u&#241;as abombadas. Refinado, educado, atento, le hab&#237;a hecho muchas preguntas a prop&#243;sito de su trabajo, sobre la forma en la que ella realizaba su investigaci&#243;n para su HDI y hab&#237;a elegido un excelente Burdeos que hab&#237;a probado como un aut&#233;ntico experto. La hab&#237;a acompa&#241;ado al hotel y le hab&#237;a propuesto que visitara sus oficinas en Peter Street la tarde del d&#237;a siguiente. Jos&#233;phine hab&#237;a aceptado, aunque no ten&#237;a ninguna gana. Hubiera preferido continuar haciendo el vago.

&#161;No me atrev&#237; a declinar su invitaci&#243;n! -hab&#237;a confesado m&#225;s tarde a Shirley, sentada con las piernas cruzadas sobre la alfombra frente a la inmensa chimenea de madera del sal&#243;n de su amiga.

Sabes que se puede uno fastidiar la vida siendo educado

Es encantador, se ha preocupado mucho por m&#237;.

Va a ganar un mont&#243;n de pasta gracias a ti. Olv&#237;date de &#233;l y vente a pasear conmigo. Yo te ense&#241;ar&#233; el Londres ins&#243;lito.

No puedo, ya me he comprometido.

&#161;Jos&#233;phine! &#161;Aprende a ser una bad girl![[23]: #_ftnref23 Chica mala.]

No te lo vas a creer, pero estoy cambiando poco a poco Ayer tuve malos pensamientos con mi hija.

&#161;Todav&#237;a te queda margen con Hortense!

En el gran sal&#243;n, hab&#237;an puesto a punto una estrategia para caer sobre Philippe por casualidad. Todo estaba pensado, cronometrado, preparado.

Veamos, &#233;l vive aqu&#237; -hab&#237;a dicho Shirley, se&#241;alando sobre un plano una calle cercana a Notting Hill.

&#161;Es la calle de mi hotel!

Y desayuna aqu&#237;

Hab&#237;a se&#241;alado en el mapa la situaci&#243;n del pub en torno al cual daba vueltas Jos&#233;phine.

As&#237; que te levantas pronto, te pones guapa, y comienzas la rotaci&#243;n sobre las ocho. A veces llega antes, otras despu&#233;s. A partir de las ocho empiezas a dar vueltas, como si nada.

Y cuando lo vea, &#191;qu&#233; hago?

Exclamas: &#161;Philippe, pero bueno!. Te acercas, le besas ligeramente en la mejilla, sobre todo que no se crea que est&#225;s disponible, dispuesta a embarcarte, te sientas negligentemente

&#191;Y c&#243;mo se sienta una negligentemente?

Quiero decir que no te das un tortazo en la cara como acostumbras y adoptas la expresi&#243;n de la chica que pasaba por all&#237;, que no tiene otra cosa que hacer, miras el reloj, escuchas tu m&#243;vil y

No lo conseguir&#233; nunca.

S&#237;. Vamos a ensayarlo.

Hab&#237;an ensayado. Shirley hac&#237;a de Philippe, la nariz hundida en el peri&#243;dico, sentado a la mesa. Jos&#233;phine balbuceaba. Cuanto m&#225;s ensayaba, m&#225;s titubeaba.

No voy a ir. Voy a parecer est&#250;pida.

Vas a ir y vas a parecer inteligente.

Jos&#233;phine hab&#237;a suspirado y levant&#243; la vista hacia una pared de madera adornada por un gran friso bordado de racimos de uva, de ramos de petunias, girasoles, espigas de trigo, &#225;guilas reales, ciervos en celo y ciervas enloquecidas.

&#191;No es un poco Tudor tu casa?

Sobre todo soy yo la que est&#225; atontada. &#161;Un solo t&#237;o en a&#241;o y medio! &#161;Voy a recuperar la virginidad!

Te har&#233; compa&#241;&#237;a.

De eso nada. &#161;T&#250; das vueltas y vueltas hasta que &#233;l te meta en su cama!

Daba vueltas, y vueltas. Las ocho y media y ni un hombre a la vista. Era una locura. No la creer&#237;a nunca. Se pondr&#237;a colorada, tirar&#237;a la silla, sudar&#237;a la gota gorda y se le engrasar&#237;a el pelo. &#201;l besaba tan bien Lenta, dulcemente, despu&#233;s no tan dulcemente &#161;Y el tono de su voz cuando hablaba besando! Era turbador, esas palabras mezcladas con los besos hac&#237;an que sintiese escalofr&#237;os desde la cabeza a los pies. Antoine no hablaba cuando besaba, Luca tampoco. No hab&#237;an dicho nunca: &#161;Jos&#233;phine! &#161;C&#225;llate!, d&#225;ndole una orden que la hab&#237;a dejado de piedra en un territorio desconocido. Se detuvo ante un escaparate para verificar su atuendo. Ten&#237;a el cuello de la blusa blanca aplastado. Lo recompuso. Se frot&#243; la nariz y se dio fuerzas. &#161;Vamos, Jo, vamos!

Sigui&#243; dando vueltas. &#191;Por qu&#233; estoy forzando al destino? Deber&#237;a dejar actuar al azar. Pap&#225;, dime, &#191;voy o no voy? Hazme una se&#241;al. Ahora es el mejor momento para manifestarse. Baja de tus estrellas y ven a echarme una mano.

Se detuvo delante de una perfumer&#237;a. &#191;Comprar un perfume? Eau des merveilles de Herm&#233;s. Le embriagar&#237;a. Lo vaporizar&#237;a sobre su cuello, sobre las bombillas de las l&#225;mparas, sobre sus mu&#241;ecas antes de dormirse. Ley&#243; el horario de apertura en la puerta de la tienda: no abr&#237;a hasta las diez.

Volvi&#243; a su paseo forzoso.

Fue entonces cuando oy&#243; una voz en su cabeza que dec&#237;a: D&#233;jame hacer, hija m&#237;a, yo me ocupo de todo. Se estremeci&#243;. Se estaba volviendo loca, seguro. Contin&#250;a avanzado &#161;como si no pasara nada!. Dio un paso, dos pasos, mir&#243; a su alrededor. Nadie le hablaba. &#161;Venga! &#161;Venga! Contin&#250;a trotando, yo lo arreglo, conf&#237;a en m&#237;. La vida es un ballet. No hay m&#225;s que tener un director de danza.

Como en El burgu&#233;s gentilhombre, &#191;Te gustaba esa obra, pap&#225;?, &#161;Me encantaba! &#161;La divertida cr&#237;tica de la burgues&#237;a que se pavonea! Me recuerda a tu madre. Era mi revancha ante su esp&#237;ritu tan estrecho, tan conformista. &#161;Yo no lo sab&#237;a!. No te lo contaba todo, hay cosas que no se dicen a los ni&#241;os. No s&#233; por qu&#233; me cas&#233; con tu madre. Siempre me lo he preguntado. Un momento de distracci&#243;n. Ella tampoco lo entendi&#243;, creo. Como mezclar churras con merinas. Debi&#243; de pensar que me har&#237;a rico. No le interesa nada aparte de eso. &#161;Avanza, te digo! Avanza. &#191;Crees que es una buena idea? Tengo miedo.&#161;Ya es hora de animarte, hija m&#237;a! Ese hombre est&#225; hecho para ti. &#191;T&#250; crees?. El tampoco eligi&#243; a la mujer adecuada. &#161;Es contigo con quien debi&#243; casarse!. &#161;Pap&#225;, no exageres!. &#161;En absoluto! Compra un peri&#243;dico, te dar&#225; empaque. Se detuvo en el quiosco cerca de la estaci&#243;n de metro, cogi&#243; un peri&#243;dico. Mantente recta, vas encorvada. Se puso recta y cogi&#243; el peri&#243;dico bajo el brazo. As&#237;, as&#237;, despacio. M&#225;s despacio. Prep&#225;rate, est&#225; all&#237;. &#161;Estoy muy nerviosa!. Que no, todo va a ir bien, pero cuando salgas, &#225;ngel m&#237;o, con el coraz&#243;n lleno de alegr&#237;a, cu&#237;date en la sombra de la p&#233;rfida naranja. &#191;Y eso qu&#233; es? &#191;Una cita?. No. &#161;Una advertencia! Con m&#250;ltiples utilidades.

Hab&#237;a llegado a la &#250;ltima esquina del cuadril&#225;tero. Los &#250;ltimos metros hasta la terraza.

Le vio. De espaldas. Sentado a una mesa. Desplegando los peri&#243;dicos, colocando su tel&#233;fono, llamando al camarero, haciendo su pedido, cruzando las piernas y poni&#233;ndose a leer. Era m&#225;gico contemplarle, sin que lo supiese, leer en su espalda el final de su noche, el principio de su jornada, la pausa bajo la ducha, el beso al hijo que se va al colegio, el apetito que crece ante los huevos con beicon, el caf&#233; solo y la esperanza de un nuevo d&#237;a. Se libraba a ella, desarmado. Ella descifraba su espalda. Le prestaba sus sue&#241;os, le abrigaba con besos, &#233;l se ofrec&#237;a. Tendi&#243; la mano hacia &#233;l y dibuj&#243; una caricia.

Ahora sab&#237;a que no pertenec&#237;a a otra. Pod&#237;a leerlo en el brazo que tend&#237;a para volver la p&#225;gina del peri&#243;dico, en la mano que cog&#237;a la taza y la acercaba a sus labios, en la despreocupaci&#243;n que se adivinaba en cada uno de sus movimientos.

No eran los gestos de un hombre prendado de otra. Ni los del marido de su hermana. Eran los gestos de un hombre libre Que la esperaba.



* * *


Era la &#250;ltima tarde. Ma&#241;ana volver&#237;a Jos&#233;phine. Ma&#241;ana ser&#237;a demasiado tarde.

Fue derecha al armario donde se encontraba el cuadro el&#233;ctrico, baj&#243; el disyuntor y las luces se apagaron. El frigor&#237;fico se detuvo en seco, la cadena hifi del sal&#243;n se cay&#243;. Silencio. Penumbra. Ya no hab&#237;a m&#225;s que actuar.

Baj&#243; a llamar a la puerta de los Lefloc-Pignel. Las nueve y cuarto. Los ni&#241;os hab&#237;an cenado. La se&#241;ora quitaba la mesa. El se&#241;or estaba libre.

Fue &#233;l quien abri&#243;. Apareci&#243; firme, macizo, en el umbral, con aspecto severo. Iris baj&#243; la mirada y adopt&#243; un aire de arrepentimiento.

Siento molestarle, pero no entiendo lo que ha pasado; de golpe, ya no hay luz y no s&#233; c&#243;mo hacer

&#201;l dud&#243;, despu&#233;s declar&#243; que subir&#237;a, el tiempo de terminar una tarea.

&#191;Tiene un cuadro el&#233;ctrico viejo o nuevo? -a&#241;adi&#243;.

No lo s&#233;. No estoy en mi casa, &#191;sabe? -respondi&#243; esbozando una sonrisa deslumbrante.

Subir&#233; dentro de diez minutos

Cerr&#243; la puerta. No hab&#237;a tenido tiempo de echar un vistazo al piso, pero le hab&#237;a parecido extra&#241;amente silencioso para acoger una familia con tres hijos.

&#191;Sus hijos est&#225;n acostados ya? -le pregunt&#243; m&#225;s tarde.

Los tres, a las nueve. Son las reglas.

&#191; Y obedecen?

Por supuesto. Han sido educados as&#237;. No se discute nunca.

Ah

&#191;Sabe usted d&#243;nde est&#225; el cuadro el&#233;ctrico?

S&#237;game. Est&#225; en la cocina

Abri&#243; el armario donde se encontraba el contador y sonri&#243; con indulgencia divertida.

No es nada. S&#243;lo el disyuntor que ha saltado.

Lo puso en su lugar y volvi&#243; la luz, el frigor&#237;fico se puso en marcha y una m&#250;sica lejana empez&#243; a escucharse en el sal&#243;n. Iris aplaudi&#243;.

Es usted formidable.

No era tan dif&#237;cil

Sin usted, estaba perdida Las mujeres no estamos hechas para vivir solas. Yo, en todo caso, me siento desarmada ante los peque&#241;os imprevistos de la vida. &#161;Y ante los grandes tambi&#233;n, debo confesar!

Tiene usted raz&#243;n. Hemos olvidado el reparto de papeles, hoy en d&#237;a. Las mujeres se comportan como hombres y los hombres se vuelven irresponsables. Yo estoy a favor del pater familias que se encarga de todo.

Estoy completamente de acuerdo con usted. &#191;Puedo invitarle a algo? &#191;Un whisky o una infusi&#243;n de hierbas frescas? He comprado menta en el mercado esta ma&#241;ana.

Sac&#243; un ramillete de menta de un papel de aluminio y se lo dio a oler. La infusi&#243;n estar&#237;a bien. El tiempo de prepararla podr&#237;amos conversar, &#233;l se relajar&#237;a, yo encontrar&#237;a la forma de acercarme a &#233;l, de encontrarle el punto d&#233;bil.

No me importar&#237;a una infusi&#243;n de menta

Iris puso el agua a calentar. Sent&#237;a su mirada clavada en ella, seguir todos sus gestos, y se preguntaba c&#243;mo aligerar la atm&#243;sfera cuando &#233;l tom&#243; la iniciativa:

&#191;Tiene usted hijos?

Un hijo. No vive conmigo. Vive con su padre, en Londres. Estamos divorci&#225;ndonos, por eso he venido a vivir a casa de Jos&#233;phine.

Le pido perd&#243;n, no quer&#237;a entrar en temas tan personales

Al contrario, me viene bien hablar. Me siento muy sola.

Prepar&#243; una bandeja con una tetera y dos tazas. Sac&#243; dos peque&#241;as servilletas blancas. &#201;l ser&#237;a sensible a ese detalle. Las dobl&#243; con cuidado como si hubiese asistido a clases de perfecta ama de casa. Sent&#237;a, a su espalda, que &#233;l espiaba todos sus gestos y su mirada la atravesaba como un destornillador afilado. Sinti&#243; un escalofr&#237;o.

Su padre ha pedido la custodia y

&#191;No ir&#225; usted a abandonarle? -pregunt&#243; &#233;l bruscamente.

&#161;Oh, no! Voy a hacer todo para recuperarle. He prevenido a su padre, luchar&#233;

La ayudar&#233;, si quiere. Le encontrar&#233; un buen abogado

Es usted muy amable

Es normal. No debe separarse a un hijo de su madre. &#161;Nunca!

No es as&#237; como piensa mi marido

Verti&#243; el agua sobre las hojas y llev&#243; la bandeja al sal&#243;n. Sirvi&#243; y le tendi&#243; una taza. El levant&#243; la cabeza hacia ella:

Tiene usted los ojos muy azules, muy grandes y separados

Cuando era peque&#241;a, detestaba tener los ojos tan separados.

Me imagino una ni&#241;ita muy bonita

&#161;Tan poco segura de s&#237; misma!

Debi&#243; de ganar seguridad muy pronto

Una mujer s&#243;lo se siente segura cuando es amada. Yo no soy una de esas mujeres emancipadas que puedan vivir sin la sombra de un hombre.

Iris ya no ten&#237;a ni amor propio, ni orgullo, ni sentido del rid&#237;culo, s&#243;lo ten&#237;a estrategia: necesitaba que Herv&#233; Lefloc-Pignel cayera en sus redes. Guapo, rico, brillante, era la presa perfecta. Ten&#237;a que seducirle. L&#250;cida y desesperada, jugaba sus &#250;ltimas cartas y lanzaba sus arpones apuntando al coraz&#243;n de Herv&#233; Lefloc-Pignel, engatus&#225;ndolo con una mueca, con una expresi&#243;n, con una mirada. Le daba igual que tuviese mujer y tres hijos. &#161;Menudo problema! Todo el mundo se divorcia hoy en d&#237;a, ser&#237;a el &#250;nico que querr&#237;a permanecer con una esposa que se pasa el d&#237;a en camis&#243;n. &#161;No ser&#237;a como romper una pareja unida! Estaba dispuesta a acoger a los ni&#241;os. Ella era la mujer que necesitaba. A punto estaba de decirse que le hac&#237;a un favor ofreci&#233;ndose a &#233;l.

El estaba frente a ella y la miraba con una devoci&#243;n infantil. &#161;Qu&#233; hombre m&#225;s extra&#241;o! &#161;Qu&#233; r&#225;pido cambia su mirada! De depredador se convierte en ni&#241;o tembloroso. Hab&#237;a en su actitud un abandono temeroso, como si no pudiese mirarla m&#225;s que de lejos y le estuviese prohibido acerc&#225;rsele. Bajo el traje gris del banquero, descubr&#237;a otro hombre mucho m&#225;s conmovedor.

No somos muy habladores -dijo ella, sonriendo.

Hablo durante todo el d&#237;a, no decir nada es un descanso. La miro y eso me basta

Iris suspir&#243; y grab&#243; esa frase en su memoria. Acababan de dar un paso juntos, el entreacto de una promesa de intimidad. Le pareci&#243; que todos los tormentos que hab&#237;a sufrido el &#250;ltimo a&#241;o iban a borrarse, reparados por ese hombre poderoso y sensible.

Subi&#243; el volumen de la radio y le propuso un poco m&#225;s de menta. &#201;l tendi&#243; la taza. Ella le sirvi&#243;. Ella dej&#243; rezagada su mano cerca de la suya, esperando que &#233;l la cogiera y roz&#243; la manga de su chaqueta imitando una caricia. &#201;l no hizo ni un solo gesto.

Hab&#237;a un no s&#233; qu&#233; de imperioso en su actitud, que revelaba la costumbre de ser obedecido. No era para disgustar a Iris. No necesito ni a un presumido ni a un seductor a la caza de su primera falda. Necesito un tipo serio y &#191;qui&#233;n mejor que &#233;l? Seguramente tiene ganas de dejar a su p&#225;lida esposa, pero su sentido del deber le obliga a quedarse. Es el tipo de hombre al que hay que dejar la iniciativa. No debo ser brusca con &#233;l, debo conducirle despacio a donde quiero llevarlo, las riendas largas, pero firmes.

Debo hacerle comprender tambi&#233;n que no puede permanecer con su mujer. Es malo para su imagen en sociedad, para su carrera. Debo hacer que recupere la confianza, ayudarle a volverse a colocar en primera fila.

Y fue as&#237; como, de mujer que roba maridos, Iris se convirti&#243; en musa e inspiradora. Lo daba ya por hecho y sonre&#237;a al futuro, confiada.

Escucharon la noticias de las once en la radio. Intercambiaron una mirada, extra&#241;&#225;ndose de que hubiese pasado el tiempo sin darse cuenta. No pronunciaron ni una palabra. Como si todo fuese normal. Qu&#233; felices eran ya. Parec&#237;an esperar a que pasase algo. No sab&#237;an qu&#233;. Finaliz&#243; una rapsodia h&#250;ngara de Liszt, debe de ser Georges Cziffra, dijo &#233;l, reconozco su estilo. Ella asinti&#243; con la cabeza.

No llevaba alianza, era un signo. Su coraz&#243;n estaba libre. A un hombre enamorado le gusta acariciar su alianza, hacerla girar entre sus dedos, la busca por todos lados, cuando la ha olvidado en el borde de un lavabo o sobre un estante. Tiene miedo de perderla. Ya no recordaba si llevaba alianza cuando lo vio en casa de la portera. &#191;O se la hab&#237;a quitado despu&#233;s? Despu&#233;s de haberla conocido

En Radio Cl&#225;sica, una voz anunci&#243; una serie de valses de Strauss. Herv&#233; Lefloc-Pignel pareci&#243; salir de su enso&#241;aci&#243;n. Sus p&#225;rpados se estremecieron.

&#191;Sabe usted bailar el vals? -pregunt&#243; en voz baja.

S&#237;. &#191;Por qu&#233;?

Un, dos, tres, un, dos tres. -Sus manos bat&#237;an el aire-. Se olvida uno de todo. Gira, gira. Me hubiese gustado ser bailar&#237;n en Viena.

No habr&#237;a podido fundar una familia.

S&#237;, es una l&#225;stima -dijo, triste-. A veces lo bailo en la mente

&#191;Quiere usted que bailemos? -murmur&#243; Iris.

&#191;Aqu&#237;? &#191;En el sal&#243;n?

Ella le animaba con la mirada. Sin moverse. Sin tender los brazos hacia &#233;l. Adoptando la actitud reservada de las jovencitas del siglo pasado, en las fiestas organizadas por sus madres con el fin de casarlas. Sus ojos dec&#237;an atr&#233;vase, atr&#233;vase, pero sus manos permanec&#237;an prudentemente posadas sobre sus rodillas.

El se levant&#243; torpemente, con el entumecimiento de un hombre oxidado, se coloc&#243; ante ella, se inclin&#243; quit&#225;ndose un mech&#243;n de pelo, le tendi&#243; un brazo y la condujo al centro del sal&#243;n. Esperaron el inicio de un nuevo vals, y despu&#233;s se lanzaron, mir&#225;ndose fijamente a los ojos.

Ser&#225; nuestro peque&#241;o secreto -susurr&#243; Iris-. No tenemos que dec&#237;rselo a nadie.



* * *


Philippe desplaz&#243; su brazo anquilosado y Jos&#233;phine protest&#243;:

No te muevas Estamos tan bien

El hizo un gesto de emoci&#243;n. La ternura que ascend&#237;a de sus cuerpos enlazados val&#237;a bien la invasi&#243;n de un ej&#233;rcito de hormigas.

La estrech&#243; contra s&#237;, oli&#243; su pelo y percibi&#243; un perfume que conoc&#237;a. Descendi&#243; al cuello para identificarlo, al hombro, al dorso de las mu&#241;ecas, ella se estremeci&#243; y se peg&#243; contra &#233;l, haciendo renacer el deseo adormecido durante un instante.

Otra vez -murmur&#243; ella.

Y de nuevo, se olvidaron de todo.

Hab&#237;a en ella un fervor religioso en su forma de abandonarse al amor. Como si luchara porque, en medio de los escombros del mundo, quedara esa luz entre dos cuerpos que hacen el amor am&#225;ndose de verdad, no repitiendo gestos y posiciones. Una llama que surge y transforma un simple roce de la piel en una brasero ardiente. Esa sed de absoluto hubiese podido asustarle, pero &#233;l no ped&#237;a m&#225;s que apagar esa sed a grandes tragos. El futuro tiene sabor de labios de mujer. Son ellas las conquistadoras, las que rompen fronteras. Nosotros somos efebos ef&#237;meros, que se deslizan en sus vidas para figurar, pero el papel principal es suyo. Y eso me va muy bien, se dijo respirando el perfume de Jos&#233;phine, quiero aprender a amar como ella. Anta&#241;o am&#233; un hermoso libro ilustrado. Ahora tengo hambre de otras lecturas. Amar como se parte a la aventura. Todo hombre que cree saber lo que pasa en la cabeza de una mujer es un loco o un ignorante. O un pretencioso. Nunca habr&#237;a cre&#237;do que ir&#237;a a buscarle a la terraza de un pub ingl&#233;s. Y sin embargo Se hab&#237;a plantado delante de &#233;l. Quer&#237;a saber. Las mujeres siempre quieren saber.

&#161;Jos&#233;phine! &#191;Qu&#233; haces t&#250; aqu&#237;?

He venido a ver a mi editor, van a publicar en ingl&#233;s Una reina tan humilde y hay que concretar muchos detalles. Detalles pr&#225;cticos como la cubierta, la contraportada, las relaciones con la prensa, cosas que no se pueden decidir por e-mail o por tel&#233;fono y

Parec&#237;a que recitaba una lecci&#243;n. &#201;l la hab&#237;a interrumpido:

Jos&#233;phine &#161;Si&#233;ntate y cu&#233;ntame la verdad!

Ella hab&#237;a rechazado la silla que le tend&#237;a. Hab&#237;a triturado un peri&#243;dico enrollado entre sus manos, bajado la mirada y soltado de un tir&#243;n:

Creo que quer&#237;a verte, quer&#237;a saber si

&#191;Si segu&#237;a pensando en ti o si te hab&#237;a olvidado completamente?

&#161;Eso es! -hab&#237;a dicho ella, aliviada, plantando su mirada en la suya para arrancarle una confesi&#243;n.

&#201;l la escuchaba, conmovido. Ella no sab&#237;a mentir. Mentir, aparentar, es un arte. Ella, en cambio, sab&#237;a enrojecer e ir directa al grano. No dar rodeos.

Ser&#237;as una diplom&#225;tica horrible, &#191;sabes?

Por esa raz&#243;n nunca lo he intentado y me he refugiado en mis viejos incunables

Amasaba el peri&#243;dico con las manos y sus dedos se te&#241;&#237;an de negro.

No me has respondido -insisti&#243; ella, permaneciendo de pie, erguida, frente a &#233;l.

Creo saber por qu&#233; me preguntas eso

Es importante. D&#237;melo.

Si le hac&#237;a esperar demasiado, el peri&#243;dico no ser&#237;a m&#225;s que un mont&#243;n de confeti. Lo estaba triturando met&#243;dicamente.

&#191;Quieres un caf&#233;? &#191;Has desayunado?

No tengo hambre.

Levant&#243; el brazo hacia el camarero, pidi&#243; un t&#233; y tostadas.

Estoy contento de verte

Ella intentaba leer en su mirada, pero no vio m&#225;s que un resplandor guas&#243;n. Ten&#237;a aspecto de divertirse mucho con su incomodidad.

Hubieras podido avisarme Te hubiese ido a buscar a la estaci&#243;n, te hubieses alojado en casa. &#191;Cu&#225;ndo has llegado?

Es verdad, &#191;sabes?, he venido a ver a mi editor.

Pero no era el &#250;nico objetivo de tu viaje

&#201;l hablaba despacio, como si le soplasen las respuestas.

Esto Digamos que necesitaba verle, pero que no estaba obligada a quedarme cuatro d&#237;as.

Hab&#237;a bajado los ojos con la expresi&#243;n del enemigo vencido que se rinde.

No s&#233; mentir. No merece la pena que siga fingiendo. Quer&#237;a verte. Quer&#237;a saber si hab&#237;as olvidado el beso al pavo, si me hab&#237;as perdonado por haberte digamos, mandado a paseo como lo hice la &#250;ltima noche, y quer&#237;a decirte que yo pienso en ti a todas horas, aunque siga siendo complicado, aunque siga estando Iris y yo siga siendo su hermana, pero es m&#225;s fuerte que yo, pienso en ti, pienso en ti, y quer&#237;a estar segura y saber si t&#250; tambi&#233;n o si me hab&#237;as olvidado completamente, porque entonces tendr&#237;as que dec&#237;rmelo para que hiciera todo lo posible por olvidarte, aunque eso me haga muy desgraciada, pero s&#233; muy bien que todo es culpa m&#237;a y

Ella le miraba fijamente, sin aliento.

&#191;Pretendes quedarte ah&#237; de pie frente a m&#237;? &#161;Parece que est&#233;s en un escenario y recites un papel! Adem&#225;s, no es nada pr&#225;ctico, me obligas a levantar la cabeza para hablarte.

Ella se hab&#237;a dejado caer en la silla y hab&#237;a murmurado:

&#161;No es esto lo que ten&#237;a que haber pasado!

Hab&#237;a mirado, contrariada, sus manos manchadas de la tinta del peri&#243;dico. &#201;l hab&#237;a cogido su servilleta, hab&#237;a hundido una punta en la jarra de agua caliente y se la hab&#237;a tendido para que se limpiase. &#201;l observaba en silencio y cuando ella dej&#243; caer sus manos a ambos lados del cuerpo, pensando que no hab&#237;a conseguido llevar a buen puerto el plan elaborado con Shirley, &#233;l le hab&#237;a cogido la mano y la hab&#237;a guardado en la suya.

&#191;De verdad ser&#237;as muy desgraciada si?

&#161;Oh, s&#237;!-hab&#237;a gritado Jos&#233;phine-. Pero lo comprender&#237;a, &#191;sabes? He sido, no s&#233; Aquella noche pas&#243; algo que no me gust&#243;, y todo se mezcl&#243; en mi cabeza, sent&#237; una especie de angustia y cre&#237; que era culpa tuya

&#191;Y ya no est&#225;s tan segura?

La verdad es que pienso en ti, mucho

&#201;l hab&#237;a acercado la mano de Jos&#233;phine a sus labios y hab&#237;a susurrado:

Yo tambi&#233;n pienso en ti mucho.

&#161;Oh, Philippe! &#191;De verdad?

&#201;l hab&#237;a asentido con la cabeza, la expresi&#243;n repentinamente grave.

&#191;Por qu&#233; es tan complicado? -hab&#237;a preguntado ella.

Quiz&#225;s lo complicamos todo

&#191;Acaso no debemos?

C&#225;llate -hab&#237;a ordenado &#233;l-, si no todo va a volver a empezar y no servir&#237;a de nada enredarlo a&#250;n m&#225;s.

Entonces ella hab&#237;a hecho ese gesto insensato. Se hab&#237;a echado contra &#233;l y le hab&#237;a besado, besado como si su vida dependiese de ello. El hab&#237;a tenido apenas tiempo de tirar el dinero sobre la mesa para pagar, ella le hab&#237;a cogido de la mano y le hab&#237;a arrastrado. Apenas hab&#237;a cerrado la puerta de la habitaci&#243;n del hotel, &#233;l hab&#237;a sentido sus u&#241;as en su nuca y ella le hab&#237;a vuelto a besar. &#201;l le hab&#237;a tirado del pelo hacia atr&#225;s para soltarse.

Tenemos todo el tiempo del mundo, Jos&#233;phine, no somos ladrones

S&#237;

T&#250; no eres una ladrona y yo no soy un ladr&#243;n &#161;Y lo que va a pasar no es en ning&#250;n caso una mala acci&#243;n!

B&#233;same, b&#233;same

Hab&#237;an remontado el tiempo atravesando la habitaci&#243;n. Hab&#237;an respirado el olor a relleno y a pavo, el olor a quemado del horno a su espalda, la palma de sus manos, oy&#243; el ruido de los ni&#241;os en el sal&#243;n y se hab&#237;an arrancado cada pieza de ropa como si apartaran los obst&#225;culos de su memoria, desnud&#225;ndose sin dejar de mirarse a los ojos, para no perder ni un precioso segundo, pues sab&#237;an que los minutos estaban contados, que se hundir&#237;an en un espacio- tiempo, un espacio-inocencia que les ser&#237;a muy dif&#237;cil volver a encontrar y del que no deb&#237;an perder nada. Hab&#237;an titubeado hasta la cama y s&#243;lo entonces, como si hubiesen alcanzado la meta de su viaje, se hab&#237;an mirado con una sonrisa temblorosa de vencedores at&#243;nitos.

Te he echado tanto de menos, Jos&#233;phine, tanto

&#161;Y yo a ti! Si supieses

No pod&#237;an dejar de repetir esas palabras, las &#250;nicas palabras permitidas. Y despu&#233;s cay&#243; la noche en pleno d&#237;a sobre la gran cama, y ya no hablaron m&#225;s.

El sol sub&#237;a a trav&#233;s de las cortinas rosas y dibujaba en la habitaci&#243;n una aurora boreal. &#191;Qu&#233; hora ser&#237;a? &#201;l escuchaba los ruidos del restaurante en el piso de abajo. &#191;Las doce y media? El decorado de la habitaci&#243;n le devolv&#237;a a la realidad, le aseguraba que no hab&#237;a so&#241;ado: estaba efectivamente en esa habitaci&#243;n de hotel, con Jos&#233;phine a su lado. Record&#243; su rostro inundado de placer. Era bella, de una belleza nueva, como si la hubiese dibujado ella misma. Una belleza a&#241;adida que se hab&#237;a posado sobre su rostro con la delicadeza de una invitada de &#250;ltimo minuto, que trae regalos para hacerse perdonar. Una boca que se abre, ojos que se agrandan, una tez cuya textura se afina y p&#243;mulos que se levantan, firmes, para no dejarse dominar nunca m&#225;s.

&#191;En qu&#233; piensas? -murmur&#243; Jos&#233;phine.

&#161;Eau des merveilles de Herm&#233;s! &#161;Ya est&#225;, he encontrado el nombre de tu perfume!

Ella se desperez&#243; rodando contra &#233;l y a&#241;adi&#243;:

Me muero de hambre.

&#191;Quieres que bajemos a desayunar?

Huevos revueltos, tostadas y un caf&#233;. Ummm Me gusta que ya tengamos costumbres.

Ritos y deseo, &#161;as&#237; se construye una pareja!

Se ducharon, se vistieron, dejaron tras ellos la habitaci&#243;n en desorden, la enorme cama abierta, las cortinas rosas, el austero reloj sobre la chimenea, las toallas de ba&#241;o tiradas sobre el parqu&#233; oscuro, salieron al pasillo y caminaron entre camareras que arreglaban las habitaciones. Una mujercita regordeta recog&#237;a las bandejas del desayuno puestas en el suelo, canturreando una canci&#243;n de Sinatra: Strangers in the night, exchanging glances, lovers at first sight, in love for ever. Ellos completaron la canci&#243;n mentalmente y se sonrieron. Dubidubid&#250; dududi. Jos&#233;phine cerr&#243; los ojos para pedir un deseo: Dios m&#237;o, haz que esta felicidad dure, dure dududi. No vio el canto de una bandeja, se golpe&#243; con ella, perdi&#243; el equilibrio, intent&#243; recuperarlo, pero resbal&#243; con una naranja que hab&#237;a rodado de la bandeja a la moqueta.

Lanz&#243; un grito y cay&#243;, de cabeza, por la escalera. Rod&#243;, rod&#243; y record&#243; la voz de su padre: Pero cuando salgas, &#225;ngel m&#237;o, con el coraz&#243;n lleno de alegr&#237;a, cu&#237;date en la sombra de la p&#233;rfida naranja. &#161;As&#237; que fue realmente &#233;l quien me habl&#243;! No lo so&#241;&#233;. Cerr&#243; los ojos para probar la extra&#241;a felicidad mezclada de paz, de alegr&#237;a, de infinito que la llenaba. Los volvi&#243; a abrir y percibi&#243; a Philippe, que la miraba loco de inquietud.

No tiene importancia -dijo ella-. Creo que simplemente estoy ebria de felicidad.



* * *


Al d&#237;a siguiente la llev&#243; hasta la estaci&#243;n. Hab&#237;an pasado la noche juntos. Hab&#237;an escrito sobre su piel las palabras de amor que no se atrev&#237;an a decirse todav&#237;a. El hab&#237;a vuelto a su casa al alba, para estar presente cuando se despertara Alexandre. Ella hab&#237;a sentido una extra&#241;a punzada en el coraz&#243;n, escuchando c&#243;mo se cerraba la puerta de la habitaci&#243;n. &#191;Hac&#237;a lo mismo cuando dorm&#237;a en casa de Dottie? Despu&#233;s se recobr&#243;. Dottie Doolittle le importaba un r&#225;bano.

Volv&#237;a a Par&#237;s. El se iba a Alemania, a la Documenta de Kassel, una de las ferias de arte contempor&#225;neo m&#225;s grandes del mundo.

&#201;l sosten&#237;a su mano y llevaba su bolsa de equipaje. Llevaba puesta una corbata amarilla con peque&#241;os Mickey en pantaloncito rojo y grandes zapatos negros. Ella sonri&#243; posando el dedo sobre la corbata.

De Alexandre. Me la compr&#243; el d&#237;a del Padre Exige que la lleve cuando cojo un avi&#243;n, dice que es un amuleto

Se separaron en la entrada de la aduana. Se besaron en medio de los pasajeros apresurados que tend&#237;an su pasaporte y su billete, empuj&#225;ndoles con sus maletas de ruedas. No se prometieron nada, pero leyeron cada uno en los ojos del otro el mismo juramento mudo, la misma gravedad.

Sentada en su plaza del vag&#243;n 18, asiento 35, lado ventana, Jos&#233;phine acarici&#243; lentamente los labios que &#233;l acababa de besar. Una frase giraba en su cabeza canturreando Philippe, Philippe. Tarare&#243;: Strangers in the night, in love for ever, escribiendo for ever con su &#237;ndice en el cristal.

Escuch&#243; el ruido del tren, las idas y venidas de los pasajeros, el ruido de los m&#243;viles, la se&#241;al de los ordenadores poni&#233;ndose en marcha. Ya no ten&#237;a miedo, ya no ten&#237;a ning&#250;n miedo. Se le encogi&#243; el coraz&#243;n pensando en el desfile de Hortense al que no hab&#237;a podido asistir, pero se recuper&#243;, se trata de Hortense, ella es as&#237;, no puedo cambiarla, eso no quiere decir que no me quiera

En la estaci&#243;n del Norte compr&#243; Le Parisi&#233;n. Se puso en la cola del taxi y abri&#243; el peri&#243;dico. Una mujer polic&#237;a asesinada en un aparcamiento. Tuvo un terrible presentimiento, ley&#243; el art&#237;culo, inm&#243;vil, en medio de la gente que la empujaba para que avanzase y ganase algunos metros. La capit&#225;n Gallois, la mujer de los labios prietos, hab&#237;a sido apu&#241;alada, delante de su Clio blanco, en el aparcamiento de la comisar&#237;a.

El cuerpo de la mujer fue descubierto ayer a las siete de la ma&#241;ana, en el suelo. Hab&#237;a terminado el servicio a altas horas de la noche. Las c&#225;maras de vigilancia han grabado im&#225;genes de un hombre con pasamonta&#241;as, y cubierto con un impermeable blanco abord&#225;ndola y agredi&#233;ndola despu&#233;s con un cuchillo. Es la cuarta agresi&#243;n de este tipo en pocos meses. Todas las hip&#243;tesis est&#225;n abiertas, han asegurado fuentes cercanas a la investigaci&#243;n, de la que se ha hecho cargo el Servicio departamental de la Polic&#237;a judicial. La PJ no excluye que este asesinato est&#233; relacionado con las otras agresiones. Los investigadores juzgan inquietante que la atacaran mientras investigaba uno de los cr&#237;menes cometidos recientemente. Eso ha suscitado una viva emoci&#243;n entre sus compa&#241;eros. Prudencia por parte del Sindicato General de la polic&#237;a: En un periodo de malestar policial, es lo peor que pod&#237;a pasar. Alianza y Sinergia, otros sindicatos de polic&#237;a, son m&#225;s cr&#237;ticos: Hay demasiados polic&#237;as heridos y agredidos, no podemos seguir sin reaccionar, se ha perdido el respeto por la polic&#237;a.



QUINTA PARTE

Hortense abri&#243; los ojos y reconoci&#243; su habitaci&#243;n: estaba en Par&#237;s. De vacaciones. Lanz&#243; un suspiro y se desperez&#243; bajo las s&#225;banas. El curso hab&#237;a terminado. &#161;Terminado gloriosamente! &#161;Ahora formaba parte de los setenta candidatos elegidos para entrar en el prestigioso Saint Martin's College! &#161;Ella! Hortense Cort&#232;s. Criada en Courbevoie por una madre que se vest&#237;a en el Monoprix, y que cre&#237;a que Repetto era una marca de espaguetis. &#161;Soy la mejor! &#161;Soy excepcional! &#161;Soy la esencia misma de la elegancia francesa! Su desfile hab&#237;a sido el m&#225;s refinado, el m&#225;s inventivo, el m&#225;s impecable de todos. Nada de farfolla, ni estructuras de pl&#225;stico, ni miri&#241;aques de cart&#243;n, ni m&#225;scaras alquitranadas, &#161;la perfecci&#243;n! Ella no cultivaba la falsa rebeld&#237;a, sino que se inscrib&#237;a en la tradici&#243;n de una tal se&#241;orita Chanel o de un tal se&#241;or Yves Saint Laurent. Cerr&#243; los ojos y revivi&#243; el desarrollo de su Sex is about to be slow, el movimiento sinuoso de las modelos, la fluidez de las telas, su ca&#237;da perfecta, la banda sonora preparada por Nicholas, los fot&#243;grafos a pie de podio y el lento vals de las seis modelos que arrancaban suspiros de &#233;xtasis a ese p&#250;blico tan hastiado, tan fatigado de llenarse los ojos de belleza. Voy a formar parte de la escuela que ha visto eclosionar a John Galliano, Alexander McQueen, Stella Mac Cartney, Luella Bartley, la &#250;ltima predilecta en Nueva York. Yo, &#161;Hortense Cort&#232;s! Pero &#191;de d&#243;nde me viene tanto genio?, se preguntaba acariciando el borde de la s&#225;bana.

Lo hab&#237;a conseguido. Noches en blanco y d&#237;as grises, carreras alocadas para obtener el bordado, el gal&#243;n, el fruncido que quer&#237;a y no otra cosa, hacer y deshacer y volver a empezar. Los ojos enrojecidos, la mano que tiembla, no lo conseguir&#233; nunca, nunca estar&#233; lista, no ha sido buena idea hacer este modelo, &#191;y &#233;ste? &#161;No tiene ni pies ni cabeza! Y d&#243;nde lo coloco, &#191;el segundo, el tercero? Y despu&#233;s todo se hab&#237;a animado y se hab&#237;a convertido en un sue&#241;o. Nicholas hab&#237;a conseguido que Kate Moss, la Kate Moss, desfilase, llevando el &#250;ltimo modelo rodeada por una niebla de luces blancas y negras, oculta bajo una peluca barroca y una m&#225;scara de sat&#233;n negro que se hab&#237;a arrancado, al final de la pista, contone&#225;ndose y murmurando: Sexxx izzz about to be slooow. &#161;Se hab&#237;a desencadenado la locura! Sex is about to be slow se hab&#237;a convertido en una frase de culto. Hab&#237;a recibido la propuesta de un fabricante de camisetas para imprimir inmediatamente mil ejemplares, que se hab&#237;an distribuido durante la fiesta de esa noche en la escuela y hab&#237;an arrasado.

Y ahora, all&#237; voy, Gucci, Yves Saint Laurent, Chanel, Dior, Ungaro. Hab&#237;an enviado representantes a Saint Martins, me hab&#237;an felicitado y prometieron contratarme cuando saliese de la escuela. Hab&#237;a escuchado las propuestas con expresi&#243;n aburrida y hab&#237;a declarado: Hablen con mi agente, se&#241;alando a Nicholas con el ment&#243;n. Y ma&#241;ana ma&#241;ana por la tarde tengo cita con Jean-Paul Gaultier en persona, grit&#243; meneando los pies bajo las s&#225;banas. Seguramente me propondr&#225; un periodo de pr&#225;cticas, este verano Y murmurar&#233;, s&#237;, quiz&#225;s, tengo que pens&#225;rmelo. Dos d&#237;as despu&#233;s, aceptar&#233; e ir&#233; a impregnarme de todas las maravillas que inventa este hombre, en cuyos ojos brillan llamas de genio.

&#161;Soy feliz, soy feliz, soy feliz!

Por supuesto, hab&#237;a habido un pero: esa zorrita de Charlotte Bradsburry, al pie del podio, tomaba notas para su revistucha, y arrugaba la cara cuando los dem&#225;s aplaud&#237;an. Irritada al ver la prisa de Gary por aplaudir y levantarse, llevado por el entusiasmo. Ella hab&#237;a recibido un pu&#241;etazo en el plexo cuando hab&#237;a visto a este &#250;ltimo, sentado en primera fila, al lado de la Bradsburry. El hab&#237;a dejado mensajes en su contestador. Ella no hab&#237;a respondido. Ignorarle. Sonre&#237;r educadamente sobre el podio cuando se hab&#237;a inclinado ante los asistentes, pero ning&#250;n gui&#241;o a Gary. &#161;Al contrario! Hab&#237;a hecho subir a Nicholas, le hab&#237;a enlazado y hab&#237;a murmurado: B&#233;same, b&#233;same. &#191;Aqu&#237;, delante de todos?. Aqu&#237;. Inmediatamente. Un beso de amor. &#191;Y t&#250; qu&#233; me das a cambio?. Lo que t&#250; quieras. Y as&#237; fue como le prometi&#243; irse con &#233;l de crucero por Croacia. Despu&#233;s de las pr&#225;cticas en Gaultier, si ten&#237;an lugar.

El la hab&#237;a besado. Gary hab&#237;a bajado los ojos. Tocado, hab&#237;a rugido, los labios disfrazados de una sonrisa ficticia. Ella se hab&#237;a acurrucado contra Nicholas, imitando el abandono de la novia feliz. No ten&#237;a ni un minuto que perder en supuraciones dolorosas: &#191;qu&#233; hace?, &#191;est&#225; enamorado?, &#191;y por qu&#233; no de m&#237;? &#161;Tonter&#237;as est&#233;riles! &#161;Viva yo! &#161;Setenta entre mil! I am the best.[[24]: #_ftnref24 Soy la mejor.] La cr&#232;me de la cr&#233;me. &#161;Y todo con dieciocho a&#241;os! Mientras la Bradsburry luchaba contra los estragos del tiempo. Estoy segura de que se inyecta Botox, &#161;no tiene ni una arruga! Eso es sospechoso, huele a lenta putrefacci&#243;n.

Se dio la vuelta sobre el vientre aplastando su almohada, y no oy&#243; a Zo&#233; entrar en la habitaci&#243;n. Mi pr&#243;ximo desfile se titular&#225; La gloria es la explosi&#243;n del luto por la felicidad y rendir&#233; homenaje a madame de Sta&#235;l. Dise&#241;ar&#233; vestidos de altivas reinas con el coraz&#243;n ensangrentado. Jugar&#233; con el rojo, el negro, el violeta, largos pliegues cayendo como l&#225;grimas secas, ser&#225; violento, majestuoso, doliente. Podr&#237;a incluso

&#191;Est&#225;s durmiendo? -susurr&#243; Zo&#233;.

No. Estoy reviviendo mi triunfo y estoy de un humor estupendo. Aprov&#233;chate.

&#161;Ha llegado otra carta de pap&#225;!

&#161;Zo&#233;, para! &#161;Ya te lo he dicho, ya no est&#225; en este mundo! Es infinitamente triste, pero es as&#237;. Vas a tener que hacerte a la idea.

Que s&#237;, l&#233;ela.

Hortense subi&#243; la s&#225;bana sobre el pecho, orden&#243; a Zo&#233; que le pasara una camiseta y se hizo con la carta que ley&#243; en voz alta:

Mis queridas adoradas:

Una peque&#241;a carta para deciros que cada vez estoy mejor y que sigo pensando en vosotras. Que recuerdo los d&#237;as felices pasados en Kifili y me permiten retomarle gusto a la vida

&#161;Qu&#233; estilo tan abominable! -silb&#243; Hortense.

&#161;Qu&#233; dices, es mono!

Precisamente. &#161;Pap&#225; no era mono! &#161;Un hombre no escribe as&#237;!

En los tormentos que sufro, son vuestras caritas las que me aportan la ternura y la fuerza para continuar Y volver a caminar en este mundo sin piedad.

&#161;Pero bueno! Es francamente bochornoso. &#161;Nuestras caritas! &#191;Se ha vuelto gag&#225; o qu&#233;?

Est&#225; cansado, no encuentra palabras

Tengo siempre presente un recuerdo, el del wapiti quemado en el fondo de la cacerola cuando hab&#237;ais cocinado, una noche, &#191;record&#225;is? &#161;Lo que nos re&#237;mos!

Hortense solt&#243; la carta y exclam&#243;:

&#161;Es Myl&#232;ne! Es ella la que escribe las cartas. El wapiti era un secreto entre Myl&#232;ne y nosotras. Le daba verg&#252;enza haber quemado la comida y nos hizo prometer que no dir&#237;amos nada. &#161;Acu&#233;rdate, Zo&#233;! Yo hab&#237;a vendido mi silencio por unas cejas postizas y una manicura francesa

Zo&#233; la miraba, desesperada, los ojos clavados en los suyos.

Wapiti, what a pity! &#191;Recuerdas? -insisti&#243; Hortense.

Zo&#233; trag&#243;, los ojos llenos de l&#225;grimas.

Entonces t&#250; crees realmente que

&#191;Tienes las otras cartas? Zo&#233; asinti&#243; con la cabeza.

&#161;Ve a buscarlas!

Zo&#233; corri&#243; a su habitaci&#243;n y Hortense termin&#243; su lectura.

Echo de menos esos momentos. Estoy tan sola Desesperada. Sin ning&#250;n hombro sobre el que apoyarme &#161;Oh, mis ni&#241;as queridas! Mis ni&#241;as bonitas. &#161;C&#243;mo me gustar&#237;a estar con vosotras y estrecharos en mis brazos! &#161;Qu&#233; dura es la vida sin vosotras! Nada vale tanto como la dulzura del abrazo de un hijo. El dinero y el &#233;xito no son nada sin eso. Un beso tan fuerte como lo que os quiero y os prometo que pronto, muy pronto, estaremos reunidas

Pap&#225;.

&#161;Qu&#233; horror! -exclam&#243; Hortense dejando la carta.

Examin&#243; el sello. La carta se hab&#237;a enviado desde Estrasburgo. Reley&#243; atentamente, escrutando cada palabra. Estoy segura de que tengo raz&#243;n y no es &#233;l. Es Myl&#232;ne. Quiere hacernos creer que est&#225; vivo. Se ha traicionado con lo del wapiti. Estoy tan sola. Desesperada. Reunidas. &#161;Es ella escribiendo en femenino! No son oes finales que parecen aes por culpa del rabito. Dec&#237;a que se pod&#237;a juzgar a un hombre por sus faltas y por su letra. &#161;Lo que nos pudo dar la lata con sus reglas gramaticales y con la caligraf&#237;a! No se dice por contra sino en cambio y si, un d&#237;a, un chico os anuncia que pilla el coche de su madre, dejadlo plantado, es un paleto. Grit&#243;: &#161;Zo&#233;! &#191;Qu&#233; est&#225;s haciendo?.

Zo&#233; volvi&#243;, sin aliento, y tendi&#243; a Hortense las otras cartas de su padre. Hortense observ&#243; los sobres. Las primeras proced&#237;an efectivamente de Mombasa, pero las otras de Par&#237;s, Burdeos, Lyon, Estrasburgo.

&#191;Y t&#250; no lo encuentras raro? Medio devorado por un cocodrilo y se pone a jugar a los trotamundos

Quiz&#225;s est&#233; cur&#225;ndose en distintos hospitales

Zo&#233; jugaba con los dedos de los pies, que separaba uno por uno para pensar en otra cosa y no llorar.

Yo no tengo ganas de que est&#233; muerto

&#161;Ni yo tampoco! S&#243;lo que estaba all&#237; cuando Myl&#232;ne anunci&#243; su muerte a mam&#225;, y la embajada de Francia hizo un informe que lleg&#243; a la &#250;nica conclusi&#243;n posible: est&#225; muerto. Punto final. Myl&#232;ne est&#225; en China. Da sus cartas a franceses que est&#225;n de paso, hombres de negocios que las meten en el buz&#243;n cuando llegan a su casa

&#191;Est&#225;s segura?

Lo que no entiendo es por qu&#233; hace eso Porque estoy segura de que es ella. Se ha delatado. Con lo del wapiti y el participio en femenino. Ven, vamos a hablar con mam&#225;.

Encontraron a Jos&#233;phine poniendo orden en el sal&#243;n. Du Guesclin a sus talones. &#161;Qu&#233; pegajoso es ese perro! No lo soportar&#237;a ni un segundo, pens&#243; Hortense. &#161;Y adem&#225;s es horrible! Sent&#237;a unas ganas continuas de darle patadas.

Ni&#241;as, &#161;os ruego que no dej&#233;is vuestras cosas por ah&#237;! &#161;Esto ya no es un sal&#243;n, es un vertedero! &#191;Y hab&#233;is visto a qu&#233; hora os levant&#225;is?

&#161;Eehh! &#161;Tranquila, mam&#225;! Olv&#237;date del orden, si&#233;ntate y esc&#250;chame -orden&#243; Hortense.

Jos&#233;phine se sent&#243;, los hombros ca&#237;dos, los ojos vac&#237;os.

&#191;Qu&#233; te pasa?-pregunt&#243; Hortense, impresionada por la falta de impulso de su madre-. Est&#225;s completamente marchita

Nada. Estoy cansada, eso es todo.

Bueno, escucha.

Hortense se lo cont&#243; todo. Las cartas, los sellos de correos, el wapiti, la caligraf&#237;a.

Es cierto, vuestro padre estaba obsesionado con la caligraf&#237;a De hecho, yo tambi&#233;n.

As&#237; pues, concluyo que no es &#233;l quien las ha escrito

Ah -dijo Jos&#233;phine, so&#241;adora.

&#191;Ese es todo el efecto que te produce?

Jos&#233;phine se irgui&#243;, cruz&#243; los brazos y mene&#243; la cabeza, como si intentara hacerse una opini&#243;n.

&#161;Mam&#225;, espabila! No te estoy hablando de la &#250;ltima mini-falda de Victoria Beckham, o del cr&#225;neo afeitado de Britney Spears, sino de tu marido

&#191;Y dices que no ha sido &#233;l quien ha escrito las cartas? -dijo Jos&#233;phine en lo que parec&#237;a un esfuerzo terrible por interesarse en la conversaci&#243;n.

Pero &#191;qu&#233; te pasa, mam&#225;? &#191;Est&#225;s enferma? -se inquiet&#243; Zo&#233;.

No. S&#243;lo cansada. Tan cansada

Bueno, entonces -continu&#243; Hortense-. No ha sido &#233;l quien escribi&#243; las cartas, sino ella. Ella imitaba su letra. Al final, &#233;l estaba tan destrozado que era ella la que iba al despacho, rellenaba los registros y firmaba las facturas para que el chinito no le pusiera en la calle. Lo s&#233; porque eso me inquietaba. Me dec&#237;a &#161;debe de estar realmente mal! Un d&#237;a, hasta le coment&#233; que lo hac&#237;a realmente bien, que imitaba su letra a la perfecci&#243;n y me respondi&#243; que el de manicura era un trabajo de precisi&#243;n, y as&#237; fue como hab&#237;a aprendido a imitar un mont&#243;n de letras diferentes, que le sirvi&#243; de ayuda varias veces en su vida Y ante eso, &#191;qu&#233; dices?

Digo que es complicado

Jos&#233;phine hizo una pausa y, tritur&#225;ndose los dedos, a&#241;adi&#243;, como en un lamento:

No os lo he contado todo. Existen otras se&#241;ales de vuestro padre.

Y evoc&#243; al hombre del jersey rojo de cuello alto del metro.

&#161;Pero si es lo mismo! &#161;Es simplemente imposible! &#201;l detestaba el rojo -se enfad&#243; Hortense-. Dec&#237;a que era vulgar. Nunca se hubiese puesto un jersey rojo, hubiera preferido ir desnudo. &#161;Y adem&#225;s de cuello alto! &#161;Se dir&#237;a que no viviste veinte a&#241;os con &#233;l! Era puntilloso para cosas sin importancia y se dejaba apabullar por el resto. Acu&#233;rdate, mam&#225;, despierta, &#161;haz un esfuerzo!

Hay otra cosa rara.

Jos&#233;phine cont&#243; lo de los puntos del Intermarch&#233;.

&#191;Y eso? &#191;No es una prueba de que est&#225; vivo? La tarjeta del Intermarch&#233; la ten&#237;amos los dos: &#233;l y yo.

Quiz&#225;s alguien la rob&#243; -sugiri&#243; Hortense.

Se miraron en silencio.

&#191;Y por qu&#233; no se habr&#237;a servido de ella enseguida? &#191;Qui&#233;n habr&#237;a esperado dos a&#241;os para utilizarla? No, eso no se sostiene.

Quiz&#225;s tengas raz&#243;n -concedi&#243; Hortense-. Eso no impide que no haya sido &#233;l quien ha escrito las cartas, estoy segura de ello.

Ha vuelto, no se atreve a mostrarse porque ha ca&#237;do muy bajo, entonces, esperando recuperarse como siempre ha so&#241;ado, escribe las cartas y vive de mis puntos Intermarch&#233; Siempre ha sido as&#237;, vuestro padre: un dulce so&#241;ador aplastado por la vida. A m&#237; no me extra&#241;a tanto

Du Guesclin se hab&#237;a acostado a los pies de Jos&#233;phine y su mirada iba de una a otra como si siguiera los argumentos de cada una.

Estoy de acuerdo con lo del hombre del metro -a&#241;adi&#243; Jos&#233;phine-. Yo pens&#233; lo mismo que t&#250;. Quiz&#225;s tengas raz&#243;n sobre las cartas, t&#250; conoces a Myl&#232;ne, pero est&#225;n los puntos robados, y eso no lo he so&#241;ado. Iphig&#233;nie estaba conmigo, podr&#225; cont&#225;rtelo

Entonces oyeron la vocecita temblorosa de Zo&#233; que murmur&#243;:

Los puntos del Intermarch&#233;, he sido yo. Cog&#237; la tarjeta de la cartera de pap&#225; cuando est&#225;bamos en Kilifi para jugar a las compras y me dijo que pod&#237;a qued&#225;rmela, que ya no iba a utilizarla. Y despu&#233;s, un d&#237;a, la utilic&#233; de verdad. Comenc&#233; hace unos seis meses aproximadamente

Pero &#191;para qu&#233;? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, emergiendo de su ensimismamiento.

Por culpa de Paul Merson. Cuando qued&#225;bamos en el trastero, dec&#237;a que todo el mundo deb&#237;a participar, y no me atrev&#237; a dec&#237;rtelo porque me habr&#237;as hecho un mont&#243;n de preguntas y

&#191;Qui&#233;n es Paul Merson? -pregunt&#243; Hortense, intrigada.

Es un chico del edificio. Zo&#233; se re&#250;ne a menudo con &#233;l y con otros, en su trastero -respondi&#243; Jos&#233;phine-. Contin&#250;a Zo&#233;

Zo&#233; recuper&#243; el aliento y prosigui&#243;:

Y adem&#225;s, Ga&#233;tan y Domitille no ten&#237;an dinero, porque su padre es muy severo, no tienen derecho a nada de nada, e incluso les obliga a llevar diferentes colores para cada d&#237;a

&#161;Pero qu&#233; est&#225;s contando! &#161;No entiendo nada! &#161;Ve derecha al grano! -dijo Hortense.

Entonces yo hac&#237;a las compras para todo el mundo, gracias a los puntos de la tarjeta de pap&#225;

&#161;Ah!-murmur&#243; Jos&#233;phine-, ahora lo entiendo

Y eso hace mi hip&#243;tesis a&#250;n m&#225;s cre&#237;ble -prosigui&#243; Hortense-, las cartas las escribi&#243; Myl&#232;ne, el hombre del metro se parec&#237;a a pap&#225;, pero no era &#233;l, y los puntos del Intermarch&#233; los gastaba Zo&#233;. Pues s&#237; que era hora de que viniese, &#161;sois muy peligrosas cuando os dejo solas! &#161;T&#250;, mam&#225;, ves fantasmas y Zo&#233; se monta juerguecitas en el trastero! &#191;No habl&#225;is nunca entre vosotras?

No me atrev&#237; a dec&#237;roslo para no daros falsas esperanzas -se excus&#243; Jos&#233;phine.

Resumiendo: &#161;un l&#237;o total! &#191;Y por eso se te ocurri&#243; lo del Papatabla, a ti?

Pues s&#237; Pensaba que volver&#237;a pronto y as&#237; la espera se har&#237;a menos larga.

Me has mentido, Zo&#233; -dijo Jos&#233;phine-. Has robado y has mentido

Zo&#233; enrojeci&#243; y balbuce&#243;:

Fue cuando no nos habl&#225;bamos No iba a contarte eso. T&#250; hac&#237;as tus tonter&#237;as y yo las m&#237;as.

Jos&#233;phine suspir&#243;: &#161;Qu&#233; desastre!. Hortense intentaba comprender, pero ante la expresi&#243;n de derrota de su madre y su hermana, renunci&#243; y retom&#243; el hilo de su argumentaci&#243;n:

Bueno, ahora debemos tener una peque&#241;a conversaci&#243;n con Myl&#232;ne. Que se deje de escribir cartas falsas. &#191;Sabes c&#243;mo hallarla?

Marcel lo sabe. Tiene su tel&#233;fono Me lo dio en Navidad, pero lo he perdido. Pens&#233; en llamarla cuando lleg&#243; la primera carta y despu&#233;s No ten&#237;a ganas de hablar con esa chica.

&#161;Y ten&#237;as raz&#243;n! En mi opini&#243;n est&#225; como una cabra Debe de aburrirse como una rata castrada en China, y juega a ser madame de S&#233;vign&#233;. Se monta historias. Se siente sola, el tiempo pasa, no tiene cr&#237;os y se imagina que somos sus hijas. Voy a llamar a Marcel.

Y entonces &#191;pap&#225; est&#225; realmente muerto? -pregunt&#243; Zo&#233;, que temblaba de pena.

No hay mil formas de estar muerto, Zo&#233;. O se est&#225; o no se est&#225; y, en mi opini&#243;n, &#161;lo est&#225; desde hace mucho tiempo! -respondi&#243; Hortense.

Zo&#233; mir&#243; a su hermana como si acabara de matar a su padre definitivamente, y estall&#243; en sollozos. Jos&#233;phine la estrech&#243; entre sus brazos. Du Guesclin se puso a gemir al un&#237;sono, balanceando la cabeza como las antiguas pla&#241;ideras bajo sus velos negros. Hortense le solt&#243; una patada.

Al final de la tarde, intent&#243; llamar a Marcel a su casa. Su tel&#233;fono sonaba constantemente ocupado.

Pero &#191;qu&#233; est&#225;n haciendo? &#161;Me apuesto a que se est&#225; tirando a Josiane, y han descolgado el tel&#233;fono! &#161;A su edad ya no se folla, se riegan los geranios y se juega a la brisca!



* * *


Hortense ten&#237;a raz&#243;n. Y se equivocaba. Marcel hab&#237;a descolgado efectivamente el tel&#233;fono, pero no se estaba tirando a Josiane. M&#225;s bien al contrario, estaba intentando que se pusiese de pie.

Hab&#237;a reunido en su sal&#243;n a madame Suzanne y a Ren&#233;. J&#250;nior, sentado en su Baby Relax, ro&#237;a una corteza de queso salivando abundantemente y exhibiendo sus grandes enc&#237;as rojas. Josiane yac&#237;a en un sill&#243;n, envuelta en un chal de lana. Tiritaba. &#191;Por qu&#233; la miraban todos as&#237;? &#191;Tengo monos en la cara? &#191;Y por qu&#233; estoy en bata a las siete de la tarde? Hac&#237;a alg&#250;n tiempo que no se cuidaba mucho, pero al menos podr&#237;a haberse arreglado. &#191;Y por qu&#233; tiemblo? Estamos en pleno mes de julio. Es cierto que no voy bien en este momento. Estoy como una gallina detr&#225;s de un fuera- borda.

Madame Suzanne se hab&#237;a colocado a sus pies y le masajeaba el tobillo derecho. Envolv&#237;a su pie con sus manos suaves, y presionaba sobre puntos precisos. Sus cejas se juntaban como las asas de una cesta, y su respiraci&#243;n se hac&#237;a m&#225;s intensa.

Siento con claridad que est&#225; agarrada, pero no veo nada -dijo al cabo de unos minutos.

Ren&#233; y Marcel se inclinaron hacia ella para servirle de apoyo. Josiane reconoci&#243; el olor que emanaba la camisa de su hombre. Eso le record&#243; noches salvajes de c&#243;pula, y suspir&#243; pensando que hac&#237;a una eternidad que no se hab&#237;an dado un revolc&#243;n. Le hab&#237;a perdido el gusto a todo.

Madame Suzanne empez&#243; hablando lentamente, suavemente para no asustar a su paciente:

Josiane, esc&#250;cheme bien, &#191;tiene usted enemigos?

Josiane neg&#243; d&#233;bilmente con la cabeza.

&#191;Ha da&#241;ado usted consciente o inconscientemente a alguien, que pudiese albergar ideas de venganza hasta el punto de desear su muerte?

Josiane reflexion&#243; y no encontr&#243; a nadie a quien hubiese podido ofender. En su familia, su uni&#243;n con Marcel hab&#237;a suscitado celos, hab&#237;a recibido peticiones de dinero que no hab&#237;a satisfecho, pero de ah&#237; a tirarla por la ventana &#161;no! Recordaba el d&#237;a en el que hab&#237;a querido saltar por el balc&#243;n, record&#243; la silla, la balaustrada, la llamada del vac&#237;o, las ganas de terminar con esa languidez mortal que envenenaba sus venas. Olvidar. Olvidarlo todo. Subirse a una silla y saltar.

He podido cometer indelicadezas, yo hablo con franqueza, pero nunca he hecho da&#241;o conscientemente &#191;Por qu&#233; me pregunta eso?

Lim&#237;tese a responder a mis preguntas

Madame Suzanne le palpaba el pie, la pierna, cerraba los ojos, los volv&#237;a a abrir. Marcel y Ren&#233; segu&#237;an todos sus gestos balanceando la cabeza de arriba abajo.

&#191;Est&#225;s seguro de que no est&#225; enferma? -pregunt&#243; Ren&#233;, al que le parec&#237;a que Josiane ten&#237;a el color de un lavabo.

Ese gran chal en pleno mes de julio y el temblor de todos sus miembros no le dec&#237;an nada bueno.

He mandado que le hiciesen todos los ex&#225;menes posibles. No tiene nada -respondi&#243; Marcel.

Me ayudar&#237;a mucho tener uno o dos nombres de personas susceptibles de desearle el mal. Eso me pondr&#237;a sobre el camino D&#237;game nombres al azar, Josiane.

Josiane se concentr&#243; y permaneci&#243; muda.

No intente pensar. Suelte nombres de personas tal como le vengan a la cabeza.

Marcel, J&#250;nior, Ren&#233;, Ginette

&#161;Eh, no! &#161;No puede venir de nosotros! -grit&#243; Marcel.

Quiz&#225;s venga de su lado -dijo madame Suzanne dirigi&#233;ndose a Marcel-. &#191;Un rival? &#191;Un empleado despedido?

Se miraron, perplejos. Marcel se secaba la frente, Ren&#233; mascaba un palillo de dientes. J&#250;nior se agitaba en su silla y lanzaba gritos furiosos.

&#161;Qu&#233;date tranquilo, J&#250;nior, es un momento importante! -gru&#241;&#243; Marcel.

No D&#233;jele -intervino madame Suzanne-. Intenta decirnos algo. Vamos, &#225;ngel m&#237;o. Habla

Fue entonces cuando J&#250;nior se puso a dar saltos en su Baby Relax, y a realizar gestos extra&#241;os: imitaba una h&#233;lice girando por encima de su cabeza y hac&#237;a pompas sonoras con su boca.

Le suenan las tripas porque tiene hambre, y est&#225; harto de que nadie se ocupe de &#233;l -traduc&#237;a Marcel-. Los ni&#241;os son ego&#237;stas, cuando les ruge el est&#243;mago &#161;no piensan en nada m&#225;s!

Madame Suzanne hizo una se&#241;a para que se callara y plant&#243; su mirada en la de J&#250;nior.

Este ni&#241;o quiere decirnos algo

Pero si no habla, &#161;tiene quince meses! -exclam&#243; Ren&#233;.

A su manera intenta comunicarnos algo.

J&#250;nior se calm&#243; inmediatamente y dibuj&#243; una amplia sonrisa. Levant&#243; el pulgar en el aire como diciendo: Muy bien, se&#241;ora, va usted por buen camino, y repiti&#243; su gesto de helic&#243;ptero que despega.

&#161;Se dir&#237;a que estamos jugando al Pictionnary! -dijo Ren&#233;, estupefacto-. &#161;Es cierto que quiere hablar, el chaval!

&#191;Ha tenido usted relaci&#243;n con un piloto? -pregunt&#243; madame Suzanne a Josiane sin dejar de mirar al ni&#241;o.

No -dijo Josiane-. Ni piloto, ni marinero, ni militar. No me gustan los uniformes. Me iban m&#225;s los tipos ordinarios.

&#161;Muy halagador para ti! -brome&#243; Ren&#233;.

&#161;Calla, vas a interferir las ondas! -solt&#243; Marcel mand&#225;ndole a paseo.

&#191;O alguien que llevara una aureola o un gran sombrero? -prob&#243; madame Suzanne siguiendo los gestos insistentes de J&#250;nior.

&#191;Un pastor? -sugiri&#243; Ren&#233;.

J&#250;nior neg&#243; con la cabeza.

&#191;Un cow-boy? -dijo Marcel.

J&#250;nior adopt&#243; un aire exasperado.

&#191;Un mariachi? -dijo Ren&#233;, haciendo el gesto de rascar una guitarra imaginaria.

J&#250;nior lo fulmin&#243; con la mirada.

&#191;Madame de Fontenay? -intent&#243; Marcel, que se concentraba pasando revista a todos los tocados famosos de la Historia.

J&#250;nior hizo una pausa, agit&#243; sus manos en se&#241;al de m&#225;s o menos. Y, como no adivinaban, el ni&#241;o hizo una se&#241;al de borrarlo todo e intentar otra cosa. Le miraban fijamente, Josiane se preguntaba si su hijo no tendr&#237;a convulsiones.

J&#250;nior imitaba ahora a un animal. Se puso a balar, imit&#243; dos cuernos y una perilla. Madame Suzanne enrojeci&#243; violentamente.

No va a ser una cabra

J&#250;nior insist&#237;a. Apuntaba con su dedo hacia ella para indicarle que iba por buen camino.

&#191;Un chivo? -dijo entonces madame Suzanne.

Bien, bien, no est&#225; mal, parec&#237;a decir J&#250;nior pedaleando con sus piececitos regordetes. Ahora se arrugaba el rostro con sus dos manos y hac&#237;a una mueca horrible.

Un chivo viejo

Aplaudi&#243; con fuerza. Y le anim&#243;, volviendo a realizar su se&#241;al de la h&#233;lice encima de su cabeza.

&#191;Un viejo chivo con una h&#233;lice o un gran sombrero en la cabeza?

J&#250;nior lanz&#243; un grito de alegr&#237;a, un grito de alivio, y se dej&#243; caer sobre su silla, agotado.

&#161;Henriette! -exclam&#243; Ren&#233;, inspirado-. &#161;Es Henriette! El viejo chivo con un sombrero en la cabeza como un platillo volante.

J&#250;nior aplaudi&#243; y estuvo a punto de tragarse su corteza de queso, pero Marcel estaba atento y se la retir&#243; a tiempo de la boca.

&#161;Henriette!-exclamaron Marcel y Ren&#233; al mismo tiempo-. &#161;Es ella la que ha embrujado a Bomboncito!

Madame Suzanne, arrodillada, hab&#237;a entrado por fin en el alma y el destino de Josiane. Exigi&#243; el mayor recogimiento y en el sal&#243;n se hizo un silencio de catedral. Los dos hombres esperaban codo con codo a o&#237;r el diagn&#243;stico de madame Suzanne. J&#250;nior tambi&#233;n. Sosten&#237;a sus pies con las dos manos y los sacud&#237;a para acelerar el tiempo, pareciendo decir hay que actuar deprisa, deprisa.

En efecto, es alguien llamado Henriette -murmur&#243; Suzanne, inclinada sobre el pie de Josiane.

&#191;C&#243;mo es posible? -dijo Marcel, p&#225;lido como quien ve una aparici&#243;n.

Los celos y el af&#225;n de dinero -prosigui&#243; madame Suzanne-. Va a visitar a una mujer, a una mujer muy gorda con corazones rosa por toda su casa, una mujer que tiene acceso al mal y que ha trabajado a Josiane Las veo juntas. La mujer gorda suda y reza a una Virgen de escayola. La mujer del gran sombrero le entrega dinero, mucho dinero. Entrega una foto de Josiane a la mujer gruesa que la coloca bajo influencia, la trabaja, la trabaja &#161;Veo los alfileres! &#161;Va a ser arduo, va a ser duro &#161; pero deber&#237;a conseguirlo!

Se concentr&#243; en los pies, en las pantorrillas de Josiane, la agarr&#243; de las manos y pronunci&#243; palabras incomprensibles, f&#243;rmulas que sonaban a latinajos. Marcel y Ren&#233; escuchaban, pasmados. J&#250;nior asent&#237;a con la cabeza, con aire de entendido. Distinguieron una frase que ped&#237;a a los demonios salir. Josiane hip&#243; y vomit&#243; un poco de bilis. Madame Suzanne la limpi&#243; sosteni&#233;ndole la nuca. Josiane balanceaba la cabeza, con los ojos en blanco, y baba en los labios. J&#250;nior sonre&#237;a. Despu&#233;s, madame Suzanne comenz&#243; un ritual de pases alrededor del cuerpo de Josiane. Aquello dur&#243; unos diez minutos. Se enfad&#243;, y orden&#243; a los malos esp&#237;ritus que se rindieran y abandonasen ese cuerpo.

Marcel y Ren&#233; se echaron hacia atr&#225;s, aterrados.

Prefer&#237;a tu historia del grajo Era m&#225;s po&#233;tica.

&#161;Yo tambi&#233;n! -murmur&#243; Ren&#233;, que no cre&#237;a lo que ve&#237;a.

J&#250;nior les hizo callar con la mirada. Bajaron los ojos, contritos.

Por fin, madame Suzanne se incorpor&#243;, se frot&#243; los ri&#241;ones y declar&#243;:

Se recuperar&#225;. Pero estar&#225; agotada.

&#161;Aleluya! -exclam&#243; J&#250;nior levantando los brazos al cielo.

&#161;Aleluya! -repitieron Ren&#233; y Marcel, que no sab&#237;an qu&#233; pensar.

Josiane, embutida en su chal de lana, se puso a temblar y se dej&#243; caer al suelo, inerte.

Ya est&#225; Est&#225; liberada -constat&#243; madame Suzanne-. Ahora va a dormir y, durante su sue&#241;o, la limpiar&#233; a conciencia Recen por m&#237;, el enemigo es tenaz, voy a necesitar todas mis fuerzas.

&#161;He olvidado las oraciones! -dijo Ren&#233;.

Di lo que te parezca y empiezas diciendo gracias -le aconsej&#243; Marcel-. Las palabras dan igual, es el coraz&#243;n el que habla.

Ren&#233; refunfu&#241;&#243;. &#161;No hab&#237;a venido a recitar beater&#237;as!

&#191;Cu&#225;nto le debo? -pregunt&#243; Marcel.

Nada. Es un don que he recibido y no debo ensuciarlo aceptando dinero. En otro caso me ser&#237;a retirado inmediatamente. Si quiere usted dar, h&#225;galo por su cuenta.

Guard&#243; sus aceites y sus cremas, sus bastoncitos de incienso y su gran cirio blanco y se retir&#243;, dejando a los dos hombres absortos, a J&#250;nior orgulloso y a Josiane dormida.

Y el tel&#233;fono descolgado.



* * *


Pero &#191;qu&#233; le pasa a mam&#225;?-exclam&#243; Hortense, que desayunaba en la cocina con Zo&#233;-. &#161;Est&#225; en la luna!

Eran las doce y media, y las dos chicas acababan de levantarse. Jos&#233;phine les hab&#237;a preparado el desayuno como un fantasma distra&#237;do. Hab&#237;a puesto caf&#233; en la tetera, miel en el microondas y hab&#237;a dejado quemar las tostadas en la tostadora.

Los asesinatos en serie, que le han aflojado un tornillo -aventur&#243; Zo&#233;-. La polic&#237;a la convoc&#243; otra vez tras la muerte de la mujer poli. Los han llamado a todos para interrogarlos, a toda la gente del edificio

Cuando la vi en Londres, estaba normal. Vivaracha, incluso.

&#191;Cu&#225;ndo la viste? -exclam&#243; Zo&#233;.

Hace quince d&#237;as. Ten&#237;a cita con su editor ingl&#233;s.

&#191;Estaba en Londres? Nos hab&#237;a dicho que iba a una conferencia en Lyon. &#161;Nos dio la lata con un mont&#243;n de explicaciones! Incluso me pareci&#243; que demasiadas. Pero bueno Siempre se pasa cuando habla de la Edad Media

&#161;No! Estaba en Londres y la vi como te veo a ti

&#191;Ves?, a fuerza de no tener noticias tuyas, &#161;yo no s&#233; nada!

&#161;Detesto dar noticias! Es una chorrada y adem&#225;s no siempre hay algo que decir. &#191;Por qu&#233; habr&#225; mentido? No es su estilo

Zo&#233; y Hortense se miraron, intrigadas.

Creo que lo s&#233; -dijo Zo&#233;, misteriosa.

Call&#243; un momento como para ordenar sus pensamientos.

&#161;Su&#233;ltalo! -orden&#243; Hortense.

Creo que ha ido a ver a Philippe y no ha dicho nada por culpa de Iris.

&#191;Philippe? &#191;Y por qu&#233; habr&#237;a mentido para verle?

Porque est&#225; enamorada

&#161;De Philippe! -exclam&#243; Hortense.

Los sorprend&#237; la noche de Nochebuena en la cocina d&#225;ndose un morreo.

&#191;Mam&#225; y Philippe? &#161;Est&#225;s completamente loca!

No, no estoy loca y eso lo explica todo Ha mentido a Iris, le ha dicho que iba a Lyon para un seminario y se ha marchado con &#233;l a Londres. Lo s&#233; porque intent&#233; llamarla, y sali&#243; un contestador en ingl&#233;s en su m&#243;vil. &#161;Ahora lo entiendo!

&#191;Y a ti no te lo ha dicho?

Debi&#243; de temer que metiera la pata y lo dijera delante de Iris. Simplemente me dijo que me llamar&#237;a ella. Y adem&#225;s sab&#237;a que yo estaba en casa de Emma. No ten&#237;a por qu&#233; preocuparse.

&#161;Pero bueno! &#161;La vida sentimental de mam&#225; no deja de fascinarme! Cre&#237;a que sal&#237;a con Luca, ya sabes, &#161;el t&#237;o bueno de la biblioteca!

Lo larg&#243;. De la noche a la ma&#241;ana. De hecho, tengo que decirle que le he visto rondar varias veces por el barrio, a Luca el guapo. No s&#233; qu&#233; ha pasado con esos dos

&#161;Ha largado a Luca! -dijo Hortense, estupefacta-. Pero &#191;por qu&#233; no me has dicho nada?

Yo no estaba, no ten&#237;a ganas de hablar de ello y, peor a&#250;n, estaba muy enfadada con mam&#225;.

&#191;Enfadada? &#161;Pero si Philippe est&#225; como un tren!

Estaba traicionando a pap&#225;.

&#161;Qu&#233; dices! &#161;Pero si fue &#233;l quien la dej&#243; plantada por Myl&#232;ne!

Eso no impide

&#161;No le estaba traicionando para nada! &#161;Tienes muy poca memoria, Zo&#233;!

&#161;Digamos que estaba enfadada con ella! &#161;Es bastante desagradable ver a tu madre enroll&#225;ndose con tu t&#237;o!

Hortense borr&#243; el argumento con la mano y pregunt&#243;:

&#191;E Iris? &#191;No sospecha nada?

Pues no Dijo que iba a un seminario en Lyon. Y adem&#225;s, Iris, desde hace alg&#250;n tiempo, est&#225; en otro planeta. Le ha echado el ojo a Lefloc-Pignel. Hoy com&#237;a con &#233;l

&#191;Qui&#233;n es Lefloc-Pignel?

Un t&#237;o del edificio A m&#237; no me gusta &#161;pero est&#225; de muerte!

&#191;El t&#237;o guapo que vi en Navidad y que quer&#237;a endorsarle a mam&#225;?

Exacto. No me gusta, &#161;no me gusta! Ga&#233;tan es su hijo

Ese con el que vas al trastero.

Zo&#233; ard&#237;a de ganas de decir a Hortense: Y yo estoy enamorada de Ga&#233;tan, pero se retuvo. Hortense no era una sentimental, tem&#237;a que barriese su amor de un manotazo, con una f&#243;rmula lapidaria. Si le cuento lo del globo que se hincha en mi coraz&#243;n, se va a morir de risa.

&#161;Pues s&#237; que est&#225; cambiando mam&#225;! &#161;Se da el lote con Philippe! &#161;Eso s&#237; que es interesante!

S&#237;, pero tambi&#233;n est&#225; triste

&#191;Crees que no ha funcionado lo de Philippe?

Si hubiese funcionado, &#161;no estar&#237;a triste!

Sinti&#243; otra vez ganas de a&#241;adir: Yo lo s&#233;, porque estoy enamorada y tengo ganas de bailar todo el rato. Pero se retuvo. A veces, me dice que soy su Nicole Kidman. Completamente idiota, pero me encanta. Empezando porque no soy rubia platino, y adem&#225;s no mido dos metros diecis&#233;is, tengo pecas y las orejas despegadas. Pero bueno, me gusta cuando me dice eso, me creo todav&#237;a m&#225;s guapa. Gracias a toda esa belleza que &#233;l ha inyectado en m&#237;, &#161;he sacado una matr&#237;cula en el examen! Se va un mes de vacaciones en agosto y tengo miedo de que me olvide. El me jura que no, pero me tiemblan las piernas.

Hortense frunc&#237;a el ce&#241;o y reflexionaba. Seguramente no era el buen momento para confiarse. El problema con Hortense es que rara vez es el buen momento.

&#191;Me das un abrazo? -susurr&#243; Zo&#233;.

Preferir&#237;a que no. No se me dan muy bien ese tipo de cosas, pero puedo darte un empuj&#243;n, si quieres.

Zo&#233; se ech&#243; a re&#237;r. No s&#243;lo Hortense era el colmo de la clase, sino que, adem&#225;s, era divertida.

&#191;No ten&#237;as una cita esta tarde?

&#191;En Jean-Paul Gaultier? No. Se ha aplazado a ma&#241;ana

Podr&#237;amos ver Thelma y Louise

&#161;Pero si ya la hemos visto cien veces!

&#161;Me encanta! &#161;Cuando Brad Pitt se desnuda y despu&#233;s, cuando explota el cami&#243;n! &#161;Y al final, cuando vuelan las dos juntas!

Hortense dudaba.

&#161;Di que s&#237;! &#161;Di que s&#237;! Hace much&#237;simo tiempo que no la vemos juntas.

De acuerdo, Zo&#233;tounette. &#161;Pero dos veces, no!

Zo&#233; lanz&#243; un grito de victoria, y fueron a acurrucarse la una contra la otra en el sof&#225; del sal&#243;n, frente a la televisi&#243;n.

&#191;Y d&#243;nde est&#225; mam&#225;? -pregunt&#243; Hortense antes de pulsar el Play.

En su habitaci&#243;n, trabajando. No para de trabajar. Seguramente para olvidarse de todo

Ning&#250;n hombre se merece que a una se le rompa el coraz&#243;n -decret&#243; Hortense-, &#161;Recuerda bien eso, Zo&#233;!

Vieron la pel&#237;cula dos veces. Pasaron y repasaron el momento en el que Brad Pitt se quita la camiseta. Hortense pens&#243; en Gary y se disgust&#243;, Zo&#233; ten&#237;a ganas de contar lo de Ga&#233;tan, pero se retuvo. Aplaudieron cuando explota el cami&#243;n y, al final, cuando las dos mujeres se lanzan al vac&#237;o, gritaron agarradas de la mano. Zo&#233; pensaba que hab&#237;a muchas formas de alcanzar la felicidad, con Ga&#233;tan y con su hermana. No era la misma felicidad, pero la sensaci&#243;n era igual. Ya no aguantaba m&#225;s guardarse el secreto para ella sola. Ten&#237;a que cont&#225;rselo a Hortense. Y peor para ella si se burlaba.

Voy a contarte un secreto -susurr&#243;-. A decirte la maravilla m&#225;s grande del mundo que

No tuvo tiempo de terminar su frase. Iris entraba en el sal&#243;n y se dejaba caer sobre un sill&#243;n, soltando bolsas llenas de ropa que se derramaron a sus pies.

&#191;No est&#225; aqu&#237; vuestra madre?

S&#237;, en su habitaci&#243;n -respondieron las dos chicas a coro.

Se pasa el d&#237;a en su habitaci&#243;n. Menudo tost&#243;n.

Est&#225; estudiando para su HDI -respondi&#243; Zo&#233;-. Es un trabajo monstruoso, &#191;sabes?

&#161;Siempre la he conocido estudiando! La cantidad de tiempo que habr&#225; pasado con sus libros

T&#250;, en cambio, prefieres pasarlo de tiendas -se burl&#243; Hortense.

Iris ignor&#243; la puya y blandi&#243; sus bolsas.

&#161;Creo que est&#225; loco por m&#237;!

&#191;Ha sido &#233;l quien te ha pagado todo eso? -se atragant&#243; Hortense.

Ya te lo he dicho: est&#225; loco por m&#237;

Pero si est&#225; casado -protest&#243; Zo&#233;-. &#161;Y tiene tres hijos!

Me ha invitado a comer, en un restaurante encantador en el hotel Lancaster, te desmayas de placer con cada bocado, y despu&#233;s hemos dado un paseo, Campos El&#237;seos, avenida Montaigne y, en cada tienda, &#161;me cubr&#237;a de regalos! &#161;Un aut&#233;ntico pr&#237;ncipe azul!

&#161;Los pr&#237;ncipes azules no existen! -declar&#243; Hortense.

&#161;&#201;l s&#237;! Me trata como a una princesa. Con cortes&#237;a, delicadeza, devor&#225;ndome con los ojos Y adem&#225;s es guapo, &#161;qu&#233; guapo es!

Est&#225; casado y tiene tres hijos -repiti&#243; Zo&#233;.

&#161;Conmigo se olvida de todo!

Bonita mentalidad -suspir&#243; Zo&#233;.

Voy a guardar todo esto en mi habitaci&#243;n

Es la m&#237;a -protest&#243; Zo&#233; una vez que Iris se hab&#237;a marchado-. &#161;Por culpa de ella estoy durmiendo en el despacho de mam&#225;, y ella trabaja en su habitaci&#243;n!

&#191;No te gusta Iris?

Me parece que no trata bien a mam&#225;. &#161;Se dir&#237;a que est&#225; aqu&#237; en su casa! Hace venir a su profe de gimnasia, invita a Henriette, habla horas y horas al tel&#233;fono con sus amigas Resumiendo, se cree que est&#225; en un hotel y mam&#225; no dice nada.

&#191;Mam&#225; ha vuelto a ver a Henriette?

Cenaron juntas las tres y desde entonces, no la hemos vuelto a ver.

Pero bueno, &#161;s&#237; que pasan cosas aqu&#237; cuando no estoy!



* * *


Iris sac&#243; sus compras de las bolsas y las coloc&#243; sobre la cama. Cada vez que sacaba un vestido, recordaba la mirada de Herv&#233;. Se rio acariciando la piel blanda y suave de un bolso Bottega Veneta. Un gran capazo acolchado en piel plateada. &#161;So&#241;aba con uno! Hab&#237;a elegido, adem&#225;s, un vestido de algod&#243;n color marfil y sandalias a juego. El vestido ten&#237;a un cuello chal escotado, la cintura estrecha, pliegues que ca&#237;an en corola fluida. Le quedaba perfecto. Podr&#237;a ser un vestido de novia

Hab&#237;an comido, mir&#225;ndose a los ojos. &#201;l le hab&#237;a hablado de negocios. Le hab&#237;a explicado c&#243;mo la empresa de pl&#225;sticos n&#250;mero cinco compraba a la n&#250;mero cuatro para convertirse, quiz&#225;s, en la n&#250;mero uno mundial. Despu&#233;s hab&#237;a farfullado: Debo de estar aburri&#233;ndola. &#161;No se deber&#237;a hablar nunca de negocios con una mujer hermosa! Vamos a ir de compras para recompensarla por haberme escuchado atentamente. Ella no se hab&#237;a negado. El colmo de la virilidad, seg&#250;n ella, era un hombre que la cubr&#237;a de regalos. &#201;l la hab&#237;a dejado en una parada de taxis, le hab&#237;a besado la mano. Desgraciadamente, tengo que volver a trabajar. &#161;Qu&#233; hombre tan exquisito!.

Sus primeros regalos. Ya se estaba animando. Pronto llegar&#237;a el primer beso, la primera noche juntos, &#161;un fin de semana, quiz&#225;s! &#161;Y para terminar la marcha nupcial y el anillo en el dedo! &#161;Lala lalala! No podr&#237;a casarse de blanco, por supuesto, pero el vestido color marfil servir&#237;a. Se casar&#237;an en verano Se tumb&#243; sobre la cama frotando el vestido contra su cuerpo.

Simplemente deb&#237;a tener paciencia. No era el tipo de hombre que te daba un revolc&#243;n en una esquina, ni te acosaba. Le telefoneaba por la ma&#241;ana, preguntaba si estaba libre para comer, se citaba con ella en un restaurante y se comportaba con tal galanter&#237;a, que nadie hubiese podido pensar que eran &#237;ntimos. &#161;Pero si no somos todav&#237;a &#237;ntimos! A&#250;n no me ha besado. &#201;l le hab&#237;a propuesto ir a comer al parque de Saint-Cloud. Es muy agradable en verano, podremos pasear por las alamedas. Ella hab&#237;a comprendido que ser&#237;a entonces cuando la besar&#237;a, y se hab&#237;a ruborizado. Con &#233;l volv&#237;a a sentir las emociones de la adolescencia.

A veces le costaba ocultar sus sentimientos hacia Jos&#233;phine. Su falta de seguridad, su torpeza la irritaban cada vez m&#225;s. Y adem&#225;s no consegu&#237;a perdonarle del todo el esc&#225;ndalo del libro. Si ten&#237;a una cuenta en el banco bien llena, &#161;era gracias a ella! Sent&#237;a hacia Jo una aversi&#243;n celosa. Llegaba incluso hasta verse obligada a marcharse bruscamente, cuando Jos&#233;phine se pon&#237;a a hablar de sus estudios para su tesis, su HDI, DIH o IHD, no recordaba nunca el orden de esas iniciales b&#225;rbaras e incordiantes. Sin embargo, dadas las circunstancias, la vida era m&#225;s agradable en casa de su hermana que sola, en la suya, con esa Carmen pegajosa como el papel matamoscas. Y adem&#225;s Herv&#233; no estaba lejos. Ella se hab&#237;a dado cuenta de que &#233;l eleg&#237;a siempre citarse en lugares donde no le conoc&#237;an. Nunca le ve&#237;a los fines de semana. Esperaba, el lunes por la ma&#241;ana, a que sonase su m&#243;vil. Hab&#237;a elegido una m&#250;sica especial para &#233;l. Colocaba el m&#243;vil sobre la almohada. Esperaba tres, cuatro timbrazos y despu&#233;s respond&#237;a. Deb&#237;a reconocer que pasaba el tiempo esper&#225;ndole. No tengo elecci&#243;n, reflexionaba, l&#250;cida. El mes de agosto se acercaba. Su mujer y sus hijos se ir&#237;an de vacaciones a la gran casa de Belle-&#206;le.

Despleg&#243; una gran blusa blanca de cuello alto. Para esconder las arrugas del cuello. Quit&#243; los alfileres, el cart&#243;n y la extendi&#243; sobre la cama. Se pinch&#243; el dedo con un alfiler y constat&#243;, abatida, que hab&#237;a ca&#237;do una gota de sangre sobre el hermoso vestido Bottega Veneta.

Solt&#243; un taco de rabia. &#191;C&#243;mo se quitaba la sangre de una tela de algod&#243;n marfil? Tendr&#237;a que llamar a Carmen.



* * *


Henriette sali&#243; de la estaci&#243;n de metro Buzenval, y gir&#243; a la derecha en la calle Vignoles. Se detuvo ante el edificio decr&#233;pito de Ch&#233;rubine y cogi&#243; aire. El dedo del pie derecho le dol&#237;a y el nervio ci&#225;tico le molestaba en la cadera. Ya no ten&#237;a edad para coger el metro, bajar y subir escaleras, encontrarse aplastada contra an&#243;nimos de axilas apestosas. Ya pod&#237;a haberse quitado el sombrero y vestirse con ropa barata, siempre ten&#237;a la impresi&#243;n de que la gente se quedaba mir&#225;ndola. De que sab&#237;an que escond&#237;a billetes en las copas del sujetador. Apretaba los brazos contra sus senos para prevenir el asalto de alg&#250;n grosero de piel oscura, y pon&#237;a una expresi&#243;n desagradable de vieja malcarada a la que no hay que acercarse. A veces, cuando percib&#237;a su reflejo en la ventanilla del metro, &#161;se asustaba! Se re&#237;a, la nariz hundida en su bufanda perfumada de Jicky de Guerlain. Se inundaba de Jicky cuando cog&#237;a el metro. Era la &#250;nica forma de no desmayarse. Nunca la hab&#237;an agredido y, cuanto m&#225;s cog&#237;a el metro, m&#225;s exageraba el gesto y m&#225;s adusta se volv&#237;a.

Emprendi&#243; la lenta subida de las escaleras del edificio de Ch&#233;rubine, sinti&#243; el est&#243;mago revuelto por el olor a col rancia, hizo una pausa en cada descansillo, y alcanz&#243; por fin el tercer piso. Palp&#243; su sujetador y suspir&#243;. &#161;C&#243;mo amaba a esos billetes! &#161;Que tiernos eran al tacto! Hac&#237;an un ruido suave, enternecedor, un ruido de pajarito coloc&#225;ndose las plumas. &#161;Seiscientos euros! Por plantar agujas. No era un regalo. Y los resultados, ya no los veo. Ya puedo pasarme el d&#237;a bajo las ventanas de Marcel, que no veo el menor cuerpo aplastado sobre la acera. Pregunto a la sirvienta, en vano. Ni accidente, ni suicidio. A este ritmo, mi cuenta en el banco se va a vaciar tan r&#225;pido como una ba&#241;era de agua sucia. Ya voy por el sexto pago. Seis veces seis, treinta y seis, es decir tres mil seiscientos euros dilapidados. &#161;Mucho! Demasiado.

Vio el cartel colocado sobre el timbre: Llame aqu&#237; si est&#225; perdido. &#191;Estoy perdida yo? &#191;Soy una de esas pobres mujeres perdidas, dispuestas a todo para volver con su hombre? Ni hablar. Disfruto de un celibato voluntario, y estoy a la cabeza de una floreciente empresa ahorrando hasta el &#250;ltimo c&#233;ntimo. Acumulo, acumulo y nunca me lo he pasado tan bien. Desvalijo mendigos, hurto, despojo, y consigo vivir sin desembolsar ni un c&#233;ntimo. Y, al mismo tiempo, &#161;me dejo una fortuna en manos de esa charlatana obesa! Hay algo aqu&#237; que no funciona, mi querida Henriette. &#161;Reflexiona! Contempl&#243; el cartel durante un largo instante, y declar&#243; en voz alta: &#161;Pues bien, no llamar&#233;!.

Y dio media vuelta.

Estaba perdiendo el rumbo, pens&#243; en el trayecto de vuelta de la l&#237;nea 9, palp&#225;ndose las copas, escuchando su dulce ruidito. &#191;Acaso me importa que Josiane y Marcel se soben? &#191;No soy m&#225;s feliz ahora? Me ha hecho un favor larg&#225;ndose. Ha dado un sentido a mi vida que antes no ten&#237;a, hay que reconocerlo. Hoy, como dicen los j&#243;venes cretinos, me lo paso pipa.

Ayer mismo, hab&#237;a robado en H&#233;diard. S&#237;, robado. Hab&#237;a entrado para hacer su numerito habitual de anciana llorona erosionada por la vida -se hab&#237;a calzado sus alpargatas rotas, y se hab&#237;a puesto su abrigo de pobreza pues, como es bien sabido, los pobres se visten igual en verano y en invierno- y estaba esperando para lanzar su largo lamento, cuando se dio cuenta de que estaba sola en la tienda. Las vendedoras estaban en el s&#243;tano, ocupadas chismorreando o simulando trabajar. Hab&#237;a abierto su gran capazo y lo hab&#237;a llenado: Sancerre tinto, vinagre bals&#225;mico (ochenta y un euros el frasquito de cincuenta centilitros), foie gras, fruta escarchada, bombones, crema de pepino, crema al pesto, anacardos, pistachos, pastelitos, nems, rollitos de primavera, lonchas de pierna de cordero, huevos en gelatina, quesos varios Hab&#237;a arramblado con todo lo que ten&#237;a a mano. El capazo pesaba mucho, much&#237;simo. Casi se hab&#237;a dislocado el hombro. &#161;Pero qu&#233; placer! Chorros de sudor c&#225;lido ca&#237;an a lo largo de sus brazos. No es m&#225;s que justicia: robaba a los pobres y, ahora, &#161;robo a los ricos! La vida es formidable.

Deb&#237;a de tener el cerebro al ralent&#237; cuando me puse en manos de la obesa. Hab&#237;a dejado mi raz&#243;n en el guardarropa. Podr&#237;a hasta denunciarla a la polic&#237;a, a esa Ch&#233;rubine. Estoy segura de que sus manejos son ilegales. &#161;Y no debe de declarar ni un solo c&#233;ntimo! Si me amenaza con sus agujitas, se lo advierto: la entrego a la polic&#237;a y al fisco. Se lo pensar&#225; dos veces.

&#161;En fin! Acabo de salvar seiscientos euros. Seis adorables billetes de cien euros que duermen felices, apoyados en mi seno. &#161;Mis peque&#241;os! &#161;Aqu&#237; est&#225; mam&#225; que os cuida, descansad tranquilos!

Y adem&#225;s, ya era hora de que cesase esos vaciados salvajes de la cuenta com&#250;n. Marcel habr&#237;a acabado sospechando algo. Estar&#237;a tentado de investigar esas salidas injustificadas de dinero.

Se hab&#237;a librado de una buena.

Bendec&#237;a ese d&#237;a de julio en el que recuperaba su sentido com&#250;n. &#161;Vaya cara que lleva la gente en esta l&#237;nea! No es culpa suya si no sonr&#237;en. Son pobre gente. Obligados a realizar un trabajo ingrato para subsistir, no se les puede pedir, adem&#225;s, que huelan bien y sonr&#237;an. Aunque el jab&#243;n no sea caro

Adem&#225;s, se dijo, arrastrada por una ola de felicidad, en la vida hay que saber perdonar y &#161;mira!, le perdono que se haya ido. Le perdono y voy a darle a mi abogado orden de iniciar el proceso de divorcio. Le exprimir&#233; hasta la &#250;ltima gota, pero le devolver&#233; su libertad. Me quedar&#233; con el piso, y doblar&#233; la pensi&#243;n que me propone. Con todo el dinero que gano quit&#225;ndoselo a los pobres y a los ricos, &#161;me voy a hacer millonaria!

Sali&#243; del metro, m&#225;s contenta que unas pascuas, trep&#243; por las escaleras a paso ligero, sosteniendo sus senos a dos manos, y dej&#243; caer una moneda de veinte c&#233;ntimos en el platillo de un mendigo, tumbado sobre los escalones del metropolitano.

Gracias, querida se&#241;ora -dijo el viejo levantando su gorra-. &#161;Dios se lo devolver&#225; multiplicado por cien! Dios reconoce siempre a los suyos.



* * *


Jos&#233;phine estaba deprimida.

Jos&#233;phine viv&#237;a enclaustrada en su habitaci&#243;n. Pilas de informes rodeaban su cama. Saltaba por encima de ellas para acostarse.

Ya no ten&#237;a ganas de bajar a la hermosa porter&#237;a de colores de Iphig&#233;nie. Se hab&#237;a convertido en el sal&#243;n de moda, donde se habla y se comenta sin descanso los recientes asesinatos. All&#237; corr&#237;an los rumores m&#225;s insensatos. Es un cura que, molesto por su voto de castidad, se rebela contra Roma. Es el carnicero, lo he visto en una pel&#237;cula, es el que tiene los cuchillos m&#225;s afilados. &#161;No! Es un adolescente harto de su madre demasiado r&#237;gida; cada vez que le castiga, elige una v&#237;ctima, una mujer sola, por la noche. Es un parado, un antiguo directivo, que no digiere su suerte y se venga. &#191;Y por qu&#233; las pesquisas de la polic&#237;a se concentran en el edificio A? Otra vez se quedan ellos con el protagonismo, suspiraba la dama del caniche.

Cada uno ten&#237;a su culpable ideal y destacaba los detalles sospechosos, los rostros carcelarios, los impermeables blancos. Cuando Iphig&#233;nie ve&#237;a a Jos&#233;phine, le hac&#237;a grandes gestos para que se uniese a ellos. Jos&#233;phine era una fuente interesante: hab&#237;a sido convocada varias veces por el inspector Garibaldi. Deb&#237;a de tener informaci&#243;n in&#233;dita. Jos&#233;phine se acercaba a su pesar. Escuchaba, asent&#237;a con la cabeza, respond&#237;a no s&#233; gran cosa, y acababan mir&#225;ndola con hostilidad, con aspecto de decirse, no somos lo suficientemente buenos para usted, &#191;verdad?

Solo en una esquina, refugiado en un mutismo doloroso, el se&#241;or Sandoz devoraba a Iphig&#233;nie con la mirada. Intentaba hacer o&#237;r su queja amorosa, pero Iphig&#233;nie ten&#237;a otras cosas de las que ocuparse, y le escuchaba distra&#237;da. El se confiaba a Jos&#233;phine en voz baja, escondiendo sus u&#241;as que nunca le parec&#237;an lo suficientemente limpias:

No se atreve a decirme que soy demasiado viejo. Y sin embargo, hago todo lo posible por agradarle

Est&#225; haciendo usted demasiado -respond&#237;a Jos&#233;phine, que escuchaba un eco de su propia pena en la melancol&#237;a del se&#241;or Sandoz-. Amor no rima con prisa, muy al contrario Es lo que me repite mi hija mayor, que es una experta en seducci&#243;n.

El cuello de la camisa del se&#241;or Sandoz terminaba en dos punt&#250;as blancas retorcidas, y llevaba una corbata negra de punto.

No consigo aparentar indiferencia. Se lee en mi cara como en un libro abierto

Tenemos el mismo problema, se dijo Jos&#233;phine, yo tambi&#233;n soy previsible y transparente. A &#233;l le han bastado veinticuatro horas para cansarse.

El se&#241;or Sandoz volv&#237;a a la porter&#237;a. Dejando flores y bombones sobre la peque&#241;a consola Ikea. Eternamente vestido con un traje gris, una camisa blanca y un impermeable blanco, que llevaba en cualquier &#233;poca del a&#241;o. Parec&#237;a un paseante endomingado.

Sin querer ofenderle, no es una cuesti&#243;n de edad, es que es usted demasiado gris para Iphig&#233;nie.

Se&#241;ora Cort&#232;s, yo, gris, tengo en todas partes. Tengo el coraz&#243;n lleno de holl&#237;n

Tambi&#233;n ella iba a cubrirse pronto de holl&#237;n.

Hac&#237;a diecis&#233;is d&#237;as que se hab&#237;an separado en el and&#233;n de Saint Paneras. Marcaba los d&#237;as dibujando rayitas en el margen de un cuaderno. Hab&#237;a empezado contando las horas, despu&#233;s hab&#237;a renunciado. Demasiadas rayitas que le ennegrec&#237;an la moral. Diecis&#233;is d&#237;as sin ninguna noticia de Philippe. Cada vez que sonaba el tel&#233;fono, su coraz&#243;n se embalaba, escalaba la monta&#241;a, y volv&#237;a a caer como la roca de S&#237;sifo a sus pies. Nunca era &#233;l. Pero &#191;por qu&#233; no llama? Se hab&#237;a hecho una lista de razones y argumentaba cada propuesta.

&#191;Ha perdido su m&#243;vil y mis n&#250;meros? Poco probable.

&#191;Ha tenido un accidente? Lo hubiese sabido.

&#191;Est&#225; desbordado de trabajo? No vale.

Ha vuelto a ver a Dottie Doolittle. Posible. Y garabateaba un par de manoletinas y de pendientes.

Todav&#237;a quiere a Iris. Posible. Y dibujaba dos grandes ojos azules y romp&#237;a la mina de su l&#225;piz.

Se siente inc&#243;modo ante Alexandre. O ante Zo&#233;. Probable. &#191;Acaso yo misma no he ocultado a las ni&#241;as que lo hab&#237;a visto en Londres?

O si no, y el l&#225;piz volv&#237;a a caer sobre la hoja.

Se hab&#237;a cansado despu&#233;s de haberla conquistado.

No le ha gustado el olor de mi cuerpo, la venita sobre mi cadera izquierda, el gusto de mi boca, el ligero pliegue de mi rodilla derecha, el borde de mi labio superior, la consistencia de mis enc&#237;as He roncado, me he entregado demasiado, no lo suficiente, he sido una pava, una boba, no beso bien, hago el amor como un adorno de jard&#237;n.

&#161;No se rompe con una mujer porque el espacio entre su nariz y su boca no es lo suficientemente grande, o sus enc&#237;as son blandas! &#191;Y por qu&#233; no? &#191;Y si, en ese espacio, se ha creado un ideal de belleza, de perfecci&#243;n? Recordaba haber cortado, al final del bachillerato, con Jean-Fran&#231;ois Coutelier, porque sosten&#237;a que el padre Goriot ten&#237;a dos hijos. &#161;No! Dos hijas, Anastasia de Restaud y Delphine de Nuncigen. &#191;Est&#225;s segura? Y sin embargo yo pensaba que eran dos hijos. Le hab&#237;a mirado y toda la belleza de Jean-Fran&#231;ois Coutelier se hab&#237;a evaporado.

El deseo. Ese perfume que nunca se puede guardar en un frasco. Ya se le puede rogar, suplicar, retorcerse las manos, ofrecerle una fortuna, segu&#237;a siendo vol&#225;til y voluble.

Apel&#243; a su padre. Te necesito, hazme una se&#241;al. Estoy hecha trizas.  pero cuando salgas, &#225;ngel m&#237;o, con el coraz&#243;n lleno de alegr&#237;a, cu&#237;date en la sombra de la p&#233;rfida naranja. &#191;Y eso qu&#233; es? &#191;Una cita?. No. &#161;Una advertencia! Con m&#250;ltiples utilidades.

Se hab&#237;a ca&#237;do por la escalera del hotel tras haber resbalado con una naranja.

&#191;Iba a perder a Philippe por culpa de una p&#233;rfida naranja?

Tecle&#243; naranja en Google. Orange, la compa&#241;&#237;a de tel&#233;fonos, naranja, la fruta, Orange, la ciudad, La naranja mec&#225;nica, los festejos de Orange, la genealog&#237;a de los Orange. Puls&#243; sobre Genealog&#237;a. Se remont&#243; a Philibert de Chal&#243;n, pr&#237;ncipe de Orange, nacido en Lons-le-Saunier, que traicion&#243; al rey de Francia, Francisco I, y se uni&#243; a las tropas de Carlos Quinto. Un traidor. Philippe me traiciona. Se ha echado en los brazos de la p&#233;rfida Albi&#243;n. Lons-le-Saunier, ley&#243; sobre la pantalla, la ciudad natal de Rouget de Lisie.

Se acurruc&#243; en su sill&#243;n preferido, el asiento estaba bien relleno, los brazos mullidos y el dorso le sosten&#237;a bien los ri&#241;ones. Mi amor se desgasta: un beso contra el horno, una cita de Sacha Guitry, una escapada a Londres y una larga espera que me deja sin aliento.

Volv&#237;a a sumergirse en su HDI y trabajaba. Hojeaba sus notas. &#191;D&#243;nde estaba? &#191;En el im&#225;n que se posa sobre el vientre para conservar el ni&#241;o deseado, o entre las piernas para abortar? &#191;En la carta de los artesanos que exig&#237;a que el trabajo s&#243;lo se efectuara a la luz del d&#237;a? Algunos maestros, para aumentar el rendimiento de sus obreros, les hac&#237;an trabajar a la luz del candil, una vez ca&#237;da la noche, lo cual estaba prohibido. De ah&#237; la expresi&#243;n trabajar en negro. Sus pensamientos vagabundeaban en desorden.

Hab&#237;a visto a Luca, de lejos, tras los setos de la plaza. Daba vueltas alrededor del edificio, las manos en los bolsillos de la parka. Ella se hab&#237;a refugiado con Du Guesclin detr&#225;s de un &#225;rbol, y hab&#237;a esperado a que se alejara. &#191;Qu&#233; quer&#237;a? &#191;Se hab&#237;a enterado por la portera de que hab&#237;a ido a su casa, y conoc&#237;a su doble identidad? No se atrev&#237;a a confes&#225;rselo, pero ten&#237;a miedo. &#191;Y si la tomaba con ella? Du Guesclin hab&#237;a gru&#241;ido al percibirlo. Y se le hab&#237;a erizado el pelo.

Los investigadores de la brigada criminal parec&#237;an creer que el asesino viv&#237;a en el edificio. Las pesquisas se ciernen sobre todos ustedes, hab&#237;a dicho el inspector Garibaldi. &#191;Por qu&#233; no denunci&#243; enseguida su agresi&#243;n en noviembre? &#191;Estaba protegiendo al culpable? &#191;Lo conoc&#237;a?. &#161;No!, balbuceaba Jos&#233;phine, cada vez que le hac&#237;a esa pregunta -deb&#237;a de ser una t&#233;cnica de interrogatorio eso de hacer cien veces la misma pregunta-, no quer&#237;a preocupar a mi hija, Zo&#233;. Su padre muri&#243; devorado por un cocodrilo, me dec&#237;a que no necesitaba otra tragedia. &#201;l la contemplaba sacudiendo la cabeza con aire dubitativo. &#191;Le plantan un cuchillo en el coraz&#243;n y la primera cosa en la que piensa es en proteger a su hija?. Por supuesto. Ah &#161;A eso se le llama masoquismo o no s&#233; nada del tema! &#191;Y c&#243;mo escap&#243; a todas esas pu&#241;aladas?. Jos&#233;phine le miraba, incr&#233;dula. &#161;Ya hab&#237;a respondido a esa pregunta! Gracias a un paquete enviado por los amigos de mi marido, que conten&#237;a una zapatilla de deporte. El inspector sonre&#237;a, con aspecto divertido. &#161;Una zapatilla de deporte! Anda &#161;Qu&#233; original! &#161;Deber&#237;amos siempre llevar una cuando salimos por la noche!. Y encadenaba con una cuesti&#243;n sobre Inglaterra. Y como por casualidad, estaba usted en Londres cuando la capit&#225;n Gallois fue asesinada &#191;Era para fabricarse una coartada?. Fui a ver a mi editor ingl&#233;s. Puedo probarlo. Estaba usted al corriente de que ella no la apreciaba. Lo hab&#237;a notado. Ella ten&#237;a una cita con usted al d&#237;a siguiente en que fue. Lo ignoraba. De hecho, dej&#243; una nota &#191;Quiere usted leerla?.

Le hab&#237;a tendido una hoja en blanco en la que la capit&#225;n hab&#237;a escrito en grueso, con rotulador negro: Profundizar RV. [[25]: #_ftnref25 Las siglas RV son utilizadas frecuentemente en franc&#233;s para abreviar la palabra rendez-vous, cita (N. del T.).]Profundizar RV. Profundizar RV. Deb&#237;a de querer hacerle otras preguntas durante esa cita. &#191;Exist&#237;a alguna disputa entre ustedes dos?. No. Su animosidad me extra&#241;aba. Me dec&#237;a que no le gustaba mi cara. &#161;Ah, se hab&#237;a re&#237;do &#233;l. &#161;As&#237; es como llama usted al hecho de ser interrogada! Va a tener que encontrar otra cosa O un buen abogado. Lo tiene usted muy mal. Ella hab&#237;a estallado en sollozos. &#161;Pero si le estoy diciendo que yo no he hecho nada!. &#161;Eso, se&#241;ora, es lo que dicen todos! Los peores criminales lo niegan todo, y juran por su madre que no han hecho nada. Hab&#237;a tamborileado sobre la mesa de su despacho con los &#237;ndices, imitando un solo de bater&#237;a. Hab&#237;a interrumpido su numerito cuando otro polic&#237;a hab&#237;a abierto la puerta del despacho. Oye Tenemos un nuevo testimonio &#161;Un bomb&#243;n! Una amiga de la camarera. Ha vuelto de un viaje de tres meses a M&#233;xico y acaba de enterarse de lo de su amiga. Deber&#237;as venir. Bueno, hab&#237;a concedido el inspector, ya voy, y en cuanto a usted, puede irse, pero lo suyo no est&#225; claro. Si fuera usted &#161;me lo pensar&#237;a!.

Se cruzaba con sus vecinos cada vez que sal&#237;a del despacho del inspector. Estaban esperando, sentados sobre bancos de madera, en el pasillo de paredes deslucidas. No osaban hablar. Se sent&#237;an ya culpables. El se&#241;or y la se&#241;ora Merson refunfu&#241;aban, Pinarelli hijo sonre&#237;a finamente, como si conociese secretos exclusivos y s&#243;lo estuviese all&#237; para hacer de figurante, y en cuanto a Lefloc-Pignel y los Van den Brock, estaban ofendidos.

&#161;No podemos hacer nada! Si nos negamos a presentarnos, nos encierran -se escandalizaba la se&#241;ora Van den Brock, cuyos ojos giraban fren&#233;ticamente en todos los sentidos.

&#161;No, mujer!-la temperaba su marido-. Es insoportable, cierto, pero debemos plegarnos al procedimiento. No sirve de nada enfadarse y debemos, por el contrario, responder con una gran calma.

La se&#241;ora Lefloc-Pignel hab&#237;a presentado un certificado m&#233;dico para evitar los interrogatorios.

&#191;Y por qu&#233; el asesino deber&#237;a ser uno de nosotros?-se interrogaba Jos&#233;phine-. &#191;Acaso el t&#237;o de esa Bassonni&#232;re, con su fichero, perpet&#250;a el esp&#237;ritu de venganza de la familia, furiosa por haberse visto relegada al fondo del patio? La se&#241;orita de la Bassonni&#232;re ten&#237;a fichas de todo el mundo. &#161;No s&#243;lo del edificio A! E incluso si yo conoc&#237;a a tres de las cuatro v&#237;ctimas, &#161;eso no me convierte en c&#243;mplice! Y la camarera ni siquiera s&#233; qui&#233;n es. Esta historia no se sostiene. Es la capit&#225;n quien les ha puesto sobre mi pista. La puse de los nervios desde nuestra primera entrevista. Produzco ese efecto en ciertas personas: me ven blandengue, inerte, l&#233;ase est&#250;pida. &#191;O acaso a ella no le hab&#237;a gustado mi libro? Hubiese querido ser escritora y le hab&#237;an rechazado tres manuscritos. Y se dec&#237;a &#191;por qu&#233; ella y no yo? Profundizar RV. Profundizar RV. Ni siquiera est&#225; bien escrito. No se profundiza una entrevista, se profundiza una idea.

Se levant&#243; y se fue a buscar el diccionario. Lo consult&#243; y murmur&#243;, ten&#237;a raz&#243;n, el verbo profundizar: Posee en s&#237; el sentido abstracto de ahondar, analizar a conciencia. No se profundiza una cita, se propone, se prepara, se planifica, se organiza, se cancela, se aplaza, se retrasa, se escalona cuando hay varias. Y sin embargo, la capit&#225;n hablaba sin cometer errores ling&#252;&#237;sticos, eso me hab&#237;a llamado la atenci&#243;n. Muy poca gente habla un lenguaje impecable.

Hab&#237;a escrito las dos letras en su cuaderno. RV, RV, RV Rendez-vous, s&#237;, pero tambi&#233;n: Rese&#241;a Vaga, Raz&#243;n Vacilante, Redoblar Vigilancia, Relacionar Variantes. Zo&#233; sac&#243; la cabeza por la puerta de la habitaci&#243;n, y lanz&#243; una mirada inquieta a su madre.

&#191;Qu&#233; haces, mam&#225;?

Estoy trabajando

&#191;Est&#225;s trabajando de verdad?

No, estoy haciendo dibujos -reconoci&#243; Jos&#233;phine, harta de dar vueltas a los mismos pensamientos.

&#191;Me los ense&#241;as? -pidi&#243; Zo&#233; con vocecita de intrusa.

No son nada del otro mundo, &#191;sabes?

Zo&#233; fue a sentarse sobre el brazo del sill&#243;n. Jos&#233;phine le tendi&#243; la hoja rellena de RV y prepar&#243; una respuesta a la curiosidad de su hija. No quer&#237;a hablar de la investigaci&#243;n.

Ah -dijo Zo&#233;, decepcionada, dejando caer la hoja-. &#191;Est&#225;s aprendiendo a escribir mensajes de texto?

No -dijo Jos&#233;phine, sorprendida-. Al contrario, cuando env&#237;o un mensaje, escribo conscientemente cada palabra completa &#161;y espero que t&#250; hagas lo mismo! Si no, vas a perder tu ortograf&#237;a.

&#161;Oh! Yo lo hago. Pero los dem&#225;s no. &#191;Sabes qu&#233; me envi&#243; Emma, el otro d&#237;a?

Zo&#233; cogi&#243; un l&#225;piz al lado de los RV de Jos&#233;phine:

Un mensaje de cinco letras, QBRNK

&#161;Eso no quiere decir nada! -exclam&#243; Jo intentando descifrar las siglas.

S&#237;, no es evidente. Pi&#233;nsatelo.

Jos&#233;phine reley&#243; las letras, al derecho, al rev&#233;s, pero no lo descubri&#243;. Zo&#233; esperaba, orgullosa de haber descifrado el enigma sola.

Me rindo -dijo Jos&#233;phine.

Pronunc&#237;alas en voz alta. Siempre hay que leerlo en voz alta para entenderlo.

&#191;Cuberrenk? Sigue sin querer decir nada

S&#237;. Pi&#233;nsatelo.

Jos&#233;phine retom&#243; las cinco letras, las articul&#243; lentamente y renunci&#243;.

No lo consigo

S&#237;, escucha: Que BrNKa. Y despu&#233;s s&#243;lo queda una vocal &#161;Qu&#233; bronca!

&#161;Nunca lo hubiese adivinado!

&#161;A m&#237; me llev&#243; mis buenos cinco minutos! &#161;Y eso que estoy acostumbrada!

Mientras que yo soy una vieja y no tengo costumbre

Yo no he dicho eso, mam&#225;.

Se peg&#243; a Jos&#233;phine, le rode&#243; el cuello con los brazos y acerc&#243; su barriguita redonda. Zo&#233; estaba en la edad en que se pasa de la mujer a la ni&#241;a en un instante, en que se reclama un beso a un chico y un abrazo a la madre. A Jos&#233;phine le costaba imagin&#225;rsela en brazos de Ga&#233;tan, aunque sus retozos ser&#237;an inocentes todav&#237;a. Meti&#243; las dos manos bajo la camiseta de Zo&#233; y la estrech&#243; contra s&#237;.

&#161;Eres la m&#225;s guapa de las mam&#225;s!

&#161;Y t&#250; siempre ser&#225;s mi beb&#233;!

&#161;Ya no soy un beb&#233;! Soy mayor

Lo s&#233;, pero para m&#237; ser&#225;s siempre mi beb&#233;

Hundi&#243; la cara en el pelo de su hija, cerr&#243; los ojos, aspir&#243; un olor a champ&#250; a la vainilla y a jab&#243;n de t&#233; verde.

Hueles bien. Dan ganas de comerte

Oye, mam&#225;, no s&#233; qu&#233; hacer

&#191;Y Hortense d&#243;nde est&#225;?

Ha ido a casa de Marcel. &#161;No quiso que fuese con ella! Dijo que ten&#237;a que hablar de Myl&#232;ne con &#233;l a solas

As&#237; que te aburres

Venga, mam&#225;, deja tu trabajo y vamos a pasear a Du Guesclin

Jos&#233;phine sinti&#243; el cuerpo de Zo&#233; languidecer pegado al suyo, y sinti&#243; unas terribles ganas de complacerla. Apart&#243; sus papeles y se levant&#243;.

De acuerdo, amor m&#237;o.

Pero s&#243;lo nosotras dos. &#161;No nos llevamos a Iris!

Jos&#233;phine sonri&#243;.

&#191;Crees realmente que tendr&#237;a ganas de caminar alrededor de un lago con un perro tullido?

&#161;Oh, no! Prefiere hacer melindres con el bello Herv&#233; &#191;Cree usted, Herv&#233;? &#191;Sabe usted, Herv&#233;? D&#237;game, Herv&#233;, usted que es un hermoso Herv&#233; &#161;Estoy deseando ir a la pr&#243;xima cita, Herv&#233;!

Jos&#233;phine se dej&#243; caer sobre el sill&#243;n, aturdida.

&#191;Qu&#233; has dicho?

Esto, nada.

S&#237;. &#161;Repite lo que acabas de decirme! -orden&#243; Jos&#233;phine con la voz temblorosa.

&#161;Ella prefiere pavonearse con el hermoso Herv&#233;! &#161;Lefloc-Pignel, si prefieres! Cree que se va a divorciar y a casarse con ella. Eso no est&#225; bien, &#191;sabes? Est&#225; casado y tiene tres hijos. No es que &#233;l me chifle, pero bueno Eso no est&#225; bien.

Zo&#233; continu&#243;, pero Jos&#233;phine ya no la escuchaba. RV. &#191;Y si la capit&#225;n Gallois se hab&#237;a referido a Herv&#233; Lefloc-Pignel y Herv&#233; Van den Brock?

Profundizar la pista de los dos Herv&#233;. Hab&#237;a descubierto algo, o estaba a punto, cuando fue apu&#241;alada. Record&#243; entonces la turbaci&#243;n de Lefloc-Pignel cuando ella hab&#237;a querido llamarle por su nombre de pila. En la terraza del caf&#233;, frente a la comisar&#237;a, justo despu&#233;s de su primer interrogatorio. Se hab&#237;a vuelto hostil y glacial.

&#161;Oh, Dios m&#237;o! &#161;Dios m&#237;o! -murmur&#243;, hundida en su asiento.

&#191;Qu&#233; te pasa, mam&#225;?

Ten&#237;a que hablar sin falta con el inspector Garibaldi.



* * *


Al d&#237;a siguiente, Jos&#233;phine se present&#243; en el 36 del quai des Orf&#233;vres.

Esper&#243; una hora en el largo pasillo, y vio pasar a hombres apresurados que se llamaban cerrando las puertas de golpe y hablando a gritos. Se escuchaban risas que sal&#237;an a r&#225;fagas cuando se abr&#237;an las puertas, conversaciones que cesaban cuando las puertas se cerraban. Exclamaciones, timbres de tel&#233;fonos, dos o tres que sal&#237;an a toda prisa, ajust&#225;ndose las pistoleras bajo el brazo. &#161;Venga, acelerando! &#161;En marcha, que los tenemos! &#161;Como siempre, colegas, tranquis!. Achaparrados, en vaqueros y cazadora de cuero, corr&#237;an precipitadamente. En medio de ese tumulto, ella esperaba, no tan convencida como la v&#237;spera, de la pertinencia de su visita. El tiempo pasaba, ella miraba el reloj, jugueteaba con la leng&#252;eta de la correa, rascaba con la u&#241;a una ranura del banco y fabricaba una bolita negra y la lanzaba.

Por fin el inspector Garibaldi la hizo entrar en su despacho y la invit&#243; a sentarse. Llevaba una bonita camisa roja y el pelo negro echado hacia atr&#225;s, como sujeto con una goma. La miraba de forma insistente y ella not&#243; que se le calentaban las orejas. Se las tap&#243; con el pelo, se lo alis&#243; y se lo cont&#243; todo: la escena del caf&#233; con Lefloc- Pignel, su cambio de actitud cuando ella hab&#237;a querido llamarle por su nombre de pila y c&#243;mo se hab&#237;a enterado, entonces, de que Van den Brock y &#233;l se llamaban los dos Herv&#233;.

&#191;Sabe?, cuando pensaba en ellos, dec&#237;a Lefloc-Pignel y Van den Brock. Se hab&#237;an convertido en sus nombres. Adem&#225;s, como son apellidos compuestos, son ya suficientemente largos y

Hizo una pausa y &#233;l le dijo con delicadeza:

La escucho, se&#241;ora Cort&#232;s, contin&#250;e

Y entonces, ayer, estaba intentando trabajar en mi HDI, es un diploma de fin de estudios universitarios, una larga tesis de miles de p&#225;ginas que se presenta ante un jurado de profesores de universidad, es muy arduo, al menor error, te suspenden. Adem&#225;s, soy muy joven para presentarme y no me pasar&#225;n ni una

Levant&#243; la cabeza. El no parec&#237;a exasperado por su lentitud. Manten&#237;a su mirada negra bajo un paraguas de cejas gruesas. Ella adquiri&#243; confianza y se relaj&#243;. Al final ese hombre no era tan terrible. Ya ni siquiera le parec&#237;a amenazante. Deb&#237;a de tener una mujer, hijos, volv&#237;a a casa por la tarde, ve&#237;a la televisi&#243;n haciendo comentarios sobre su jornada. Su esposa le escuchaba mientras planchaba, arropaba a sus hijos en la cama. En resumen, un hombre como los dem&#225;s.

Yo estaba all&#237;, pensando en lo que usted me hab&#237;a dicho, en vez de trabajar. No comprendo que sospechen de m&#237;. &#191;C&#243;mplice de qu&#233;? &#191;C&#243;mplice por qu&#233;? As&#237; que reflexionaba. Y volv&#237; a pensar en su historia de profundizar RV Escrib&#237; en un papel profundizar RV y aquello no encajaba. Soy muy sensible al estilo, a las palabras, eso procede seguramente de mi formaci&#243;n literaria, as&#237; que estaba dando vueltas a esas palabras cuando mi hija peque&#241;a entr&#243;

&#191;Zo&#233;? -dijo el inspector.

S&#237;. Zo&#233;.

Recordaba su nombre de pila. Era un punto positivo. Quiz&#225;s tuviese tambi&#233;n una peque&#241;a Zo&#233;. Cuando naci&#243;, hab&#237;an dudado entre Zo&#233; y Camille, pero a Jos&#233;phine le hab&#237;a parecido que Zo&#233; sonaba m&#225;s fuerte, que era como darle una ventaja suplementaria. Y adem&#225;s quer&#237;a decir vida en griego. Antoine hab&#237;a acabado pleg&#225;ndose a su opini&#243;n.

Zo&#233; entr&#243; en su habitaci&#243;n y -repiti&#243; el inspector, sac&#225;ndola de su enso&#241;aci&#243;n.

Ella continu&#243; intentando ser clara y precisa. Sent&#237;a que sus orejas recuperaban su temperatura normal. &#201;l escuchaba, hundido en su sill&#243;n. Le faltaba un bot&#243;n de la camisa. Cuando lleg&#243; al QBRNK y al RV que adivinaba Herv&#233;, exclam&#243;: &#161;Joder!, arrastrando la primera s&#237;laba y golpeando la mesa del despacho con la palma de la mano. Los objetos dispuestos sobre la mesa saltaron, y Jos&#233;phine se estremeci&#243;.

Disculpe mi lenguaje -dijo &#233;l, domin&#225;ndose- pero acaba usted de ayudarnos mucho, se&#241;ora Cort&#232;s. &#191;Podr&#237;a pedirle que no dijese ni una palabra a nadie de nuestra conversaci&#243;n? A nadie. &#191;Me comprende? Est&#225; en juego su seguridad.

&#191;Tan importante es? -murmur&#243; Jos&#233;phine con una vocecita inquieta.

Va usted a pasar al despacho de al lado y le tomar&#225;n declaraci&#243;n escrita.

&#191;Cree usted que es &#250;til que yo declare?

S&#237;. Esta usted mezclada en una extra&#241;a historia No tenemos a&#250;n todos los implicados y los m&#243;viles, pero puede ser que usted nos haya aportado un detalle determinante para proseguir con el caso.

&#191;Cree usted que eso tiene algo que ver con los diferentes cr&#237;menes?

&#161;Yo no he dicho eso, no! Y estamos lejos, muy lejos a&#250;n. Pero es un detalle y, en este tipo de casos, avanzamos gracias a los detalles Un detalle m&#225;s otro detalle conducen a menudo a la resoluci&#243;n de un asunto que parece muy enrevesado. Es como un rompecabezas

&#191;Puedo preguntarle por qu&#233; sospech&#243; usted de m&#237;? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, arm&#225;ndose de valor.

Nuestra profesi&#243;n es sospechar del entorno de las v&#237;ctimas. El asesino, &#191;sabe?, a menudo es alguien cercano. Lo que no encaja en usted es el silencio que mantuvo tras su primera agresi&#243;n. Cualquier otro, en su caso, hubiese corrido a refugiarse en la comisar&#237;a y lo hubiese contado todo. Enseguida. Usted no s&#243;lo evit&#243; venir a declarar la agresi&#243;n, sino que esper&#243; varios d&#237;as y se neg&#243; a denunciarla. Se limit&#243; a hacer una declaraci&#243;n Como si conociese al culpable y quisiese protegerlo.

Ahora puedo dec&#237;rselo Primero pens&#233; en Zo&#233;, pero creo tambi&#233;n que sospech&#233; de mi marido.

&#191;Antoine Cort&#232;s?

El inspector retir&#243; un informe de la pila y lo abri&#243;. Lo hoje&#243; y ley&#243; en voz alta.

Fallecido a los cuarenta y tres a&#241;os, entre las fauces de un cocodrilo en Kilifi, Kenya, tras haber dirigido durante dos a&#241;os un criadero por cuenta de un chino, el se&#241;or Wei, con domicilio en

Y enumer&#243; toda la vida de Antoine. Fecha y lugar de nacimiento, el nombre de sus padres, su encuentro con Myl&#232;ne Corbier, su trabajo en Gunman, sus relaciones, sus estudios, sus pr&#233;stamos bancarios, el n&#250;mero que calzaba. No olvid&#243; su sudoraci&#243;n extrema. Un resumen de la vida de Antoine Cort&#232;s, Jos&#233;phine le escuchaba, estupefacta.

Est&#225; muerto, se&#241;ora. Usted lo sabe. La embajada de Francia lo investig&#243; y lleg&#243; a la misma conclusi&#243;n. &#191;Qu&#233; le hace pensar que podr&#237;a estar vivo y que habr&#237;a simulado su desaparici&#243;n?

Cre&#237; verlo en el metro, un d&#237;a De hecho, estoy segura de haberlo visto. Pero hizo como si no me reconociera. Y adem&#225;s, mi hija, Zo&#233;, recibi&#243; cartas suyas. Escritas con su letra.

&#191;Tiene usted esas cartas?

Las conserva mi hija

&#191;Podr&#237;a tra&#233;rmelas?

Hablaba de su convalecencia, de c&#243;mo hab&#237;a escapado al cocodrilo, y pens&#233; que no estaba muerto, que hab&#237;a vuelto, que hab&#237;a querido asustarme

O eliminarla &#191;Y por qu&#233; raz&#243;n?

Estoy contando tonter&#237;as, tengo una imaginaci&#243;n galopante, &#191;sabe usted?

No. Resp&#243;ndame.

Jos&#233;phine se retorci&#243; las manos y sus orejas volvieron a incendiarse.

Fue en noviembre, creo. Estaba buscando un tema para una novela y arrancaba con cualquier cosa Me dije que podr&#237;a ser &#233;l porque era d&#233;bil, quer&#237;a tener &#233;xito a cualquier precio, y era capaz de odiar a quienes lo han conseguido. A m&#237; en primer lugar. S&#233; que es horrible lo que digo, pero lo pens&#233; En el mundo de hoy es terrible ser un perdedor. Te aplastan, te desprecian. Eso puede generar odios, c&#243;leras, una necesidad irreprimible de venganza

&#201;l tomaba notas mientras interrogaba.

&#191;En qu&#233; l&#237;nea de metro le vio por primera vez?

S&#243;lo lo vi una vez. En la l&#237;nea 6, pero sobre todo no me tome usted en serio. Fantaseaba. Quiz&#225;s no era &#233;l. A &#233;l le horrorizaba el rojo, y ese d&#237;a llevaba un jersey rojo de cuello vuelto y eso, conociendo a Antoine, es imposible.

&#191;En esto se basa? Detestaba el rojo as&#237; que no puede ser &#233;l &#161;Es usted desconcertante, se&#241;ora Cort&#232;s!

Es un detalle y como usted dice los detalles son importantes. Antoine era muy estricto con ciertos principios

No con todos -le interrumpi&#243; Garibaldi-. Tengo en este informe varias descripciones de ri&#241;as violentas que tuvo con sus colegas de all&#237;, en Mombasa. Peleas al final de la velada, una de ellas acab&#243; mal y su marido se vio implicado Muri&#243; un hombre.

Eso no es posible. &#161;Antoine, no! &#161;Era incapaz de matar un mosquito!

Ya no era el mismo hombre. Un hombre cuyos sue&#241;os se hunden puede volverse peligroso.

Pero no hasta el punto de

&#191;De intentar eliminarla? Pi&#233;nselo: usted ha tenido &#233;xito, &#233;l ha fracasado. Usted se ha quedado con sus hijas, ha ganado mucho dinero, ha alcanzado un puesto en la vida y &#233;l se ha sentido humillado, ultrajado. Le echa la culpa a usted, se obsesiona. La pr&#243;xima vez que busque una idea para una novela, venga a verme. &#161;Yo le contar&#233; historias!

No es posible

Todo es posible y la realidad, en este campo, sobrepasa a menudo a la ficci&#243;n.

Una mosca gruesa se paseaba sobre el informe de Antoine. Me he convertido en una chivata, se dijo Jos&#233;phine hundiendo las u&#241;as en la carne de sus brazos.

Vamos a emitir una orden de b&#250;squeda. Usted misma dec&#237;a que &#233;l pod&#237;a llegar a ser bastante amargado y resentido, como para atacar a las mujeres que le hab&#237;an rechazado, ofendido o amenazado como parece ser el caso de la se&#241;orita de Bassonni&#232;re, que enviaba cartas envenenadas a un mont&#243;n de gente

&#161;Oh, no! -exclam&#243; Jos&#233;phine, horrorizada-. &#161;Nunca he dicho eso!

Se&#241;ora Cort&#232;s, estamos ante un caso importante. Un asesino en serie que elimina a mujeres fr&#237;amente. Y siempre siguiendo el mismo m&#233;todo. Piense en la camarera Val&#233;rie Chignard, veinte a&#241;os, hab&#237;a venido a Par&#237;s para ser actriz y trabajaba para pagarse las clases de teatro. Ten&#237;a toda la vida por delante y un mont&#243;n de sue&#241;os. No hay que despreciar ninguna pista Tenemos un enorme dossier sobre &#233;l, que encontramos entre las notas de la se&#241;orita de Bassonni&#232;re. Adem&#225;s, parece ser que su marido ha cometido, digamos, algunas irregularidades financieras antes de desaparecer Ser&#237;a, pues, interesante saber si ha simulado su muerte o si est&#225; realmente muerto.

&#161;Pero si yo no he venido aqu&#237; por eso! -exclam&#243; Jos&#233;phine, a punto de llorar.

Se&#241;ora Cort&#232;s, c&#225;lmese. No he afirmado en ning&#250;n caso que su marido sea un criminal, s&#243;lo he dicho que vamos a investigar entre la gente que anda por el metro con el fin de eliminar o de confirmar una hip&#243;tesis. As&#237; podr&#225; usted librarse de esa horrible sospecha. Debe de ser terrible sospechar de su marido. Porque lo ha pensado usted, &#191;verdad?

Nunca lo pens&#233;, s&#243;lo me vino a la mente. &#161;Es muy distinto! &#161;Y no he venido aqu&#237; para acusar a Antoine, ni de hecho para acusar a nadie!

Nunca, nunca volver&#233; a meterme en lo que no me importa. Pero &#191;c&#243;mo se me habr&#225; ocurrido? Me he sentido confiada, cre&#237; que podr&#237;a hablar libremente, expresar esa idea que, es cierto, me atormenta, &#161;pero de ah&#237; a denunciar a Antoine!

&#191;Tiene usted otras sospechas, se&#241;ora Cort&#232;s? -pregunt&#243; el inspector con voz edulcorada.

Jos&#233;phine dud&#243;, pens&#243; en Luca, en su violencia, en el caj&#243;n que hab&#237;a lanzado a una vecina, murmur&#243;: Tengo y call&#243;. Nunca m&#225;s se confiar&#237;a a un inspector de polic&#237;a.

No. Nadie. &#161;Y lamento haber venido a verle!

Ha ayudado usted a la polic&#237;a de su pa&#237;s y, qui&#233;n sabe, quiz&#225;s tambi&#233;n a la justicia

No volver&#233; a decir nada. &#161;Incluso si el asesino me lo confesase todo y me diese todos los detalles!

El esboz&#243; una sonrisita y se levant&#243; cuan alto era.

Entonces me ver&#237;a obligado a detenerla por complicidad. Como sospechaba desde el inicio de la investigaci&#243;n.

Jos&#233;phine le mir&#243; con la boca abierta. &#161;No ir&#237;a a empezar de nuevo!

&#191;Puedo marcharme? -pregunt&#243;, desamparada.

S&#237;. Y recuerde: &#161;ni una palabra a nadie! Y si vuelve a ver a su marido, intente ser un poco m&#225;s precisa en su testimonio. Anote la fecha, la hora, el lugar, las circunstancias. Eso nos ayudar&#225;.

Jos&#233;phine asinti&#243; con la cabeza, temblorosa, y sali&#243; sin tenderle la mano ni decirle adi&#243;s.

En el viejo patio empedrado del 36 del quai des Orf&#233;vres, vio a Pinarelli hijo, ejecutando una serie de llaves marciales ante un joven inspector en vaqueros y polo Lacoste. Se mov&#237;a con agilidad y realizaba contundentes ataques, que el joven esquivaba con dificultad.

Se interrumpi&#243; al verla y se acerc&#243; a ella.

&#191;Y bien? &#191;Qu&#233; hay de nuevo? -pregunt&#243; con mirada ansiosa.

La rutina. Ni siquiera s&#233; por qu&#233; me convocan. &#161;Debe de ser una man&#237;a suya!

No se equivoque, saben muy bien lo que hacen. &#161;Son buenos, muy buenos! Est&#225;n desplegando una cortina de humo, interrogan a todo el mundo, nos sacan informaci&#243;n, simulan escucharnos, pero nos dirigen suavemente hasta donde quieren llegar.

Y yo he ca&#237;do en su trampa, se dijo Jos&#233;phine. De cabeza. Garibaldi ha escuchado mi peque&#241;a elucubraci&#243;n sobre los RV, ha simulado estar interesado y despu&#233;s ha seguido con Antoine. O m&#225;s bien he sido yo quien ha puesto a Antoine sobre la mesa. Sin que &#233;l me pidiese nada.

&#161;Un hombre atractivo, ese Garibaldi! Parece ser que hace estragos entre el g&#233;nero femenino. &#161;Un listillo! Empieza por incomodarte, te hace creer que sospecha de ti, te desestabiliza y &#161;hop! Te suelta la estocada. &#161;Como en el kravmag&#225;! &#191;Conoce usted el kravmag&#225;?

No creo

Estaba haciendo una demostraci&#243;n al joven inspector. Lo llev&#243; a la pr&#225;ctica el ej&#233;rcito israel&#237;. Para matar al enemigo. No es ni un deporte, ni una disciplina, es el arte de matar en un instante. Todos los golpes est&#225;n permitidos. Se pueden golpear las partes genitales e insultar al enemigo

En su mirada surgi&#243; un resplandor de placer.

Record&#243; la forma en la que hab&#237;a agredido a Iphig&#233;nie. La violencia del golpe que le hab&#237;a dado cuando ella quiso intervenir, y su agilidad subiendo las escaleras. Podr&#237;a cont&#225;rselo a Garibaldi. Le dar&#237;a una nueva pista. &#161;Ya es hora de salir de aqu&#237;! Estoy viendo asesinos por todos lados.

En la calle levant&#243; la vista y vio Notre-Dame de Par&#237;s. Permaneci&#243; un buen rato contemplando la fachada, hizo una mueca de disgusto al ver los autocares llenos de turistas que se dirig&#237;an a la catedral. Hab&#237;a dejado de ser un lugar de culto, se hab&#237;a convertido en el Lido o en el Moulin-Rouge.

Mir&#243; su reloj. Hab&#237;a pasado dos horas en las dependencias policiales. Durante dos horas, no hab&#237;a pensado en Philippe.



* * *


El Sapo estaba de paso por Londres y com&#237;a con Philippe. Hab&#237;a elegido el restaurante del Claridge, y ara&#241;aba el mantel blanco con sus u&#241;as cortas y cuadradas.

&#191;T&#250; sabes lo que quieren las t&#237;as de hoy? Pasta. Punto final. Yo, que no soy un canon de belleza, &#161;me las tiro a todas! Hace poco una que me hab&#237;a mandado a paseo durante un c&#243;ctel me volvi&#243; a llamar. &#161;S&#237;, s&#237;, t&#237;o! Se enterar&#237;a de lo que pesaba y vino a arrastrarse a mis pies. &#161;Lo pag&#243; caro! &#161;Lo que la humill&#233;! &#161;Ni te cuento!

Es in&#250;til -dijo Philippe con voz suave pero firme.

&#161;Le hice hacer las cosas m&#225;s asquerosas y ella trag&#243;! Y cuando digo trag&#243;

Philippe le hizo una se&#241;al para que no entrase en detalles, y el Sapo adopt&#243; una expresi&#243;n de decepci&#243;n. Sus deditos impacientes daban golpecitos sobre el mantel blanco.

Todas unas zorras, te lo digo yo. De hecho, te voy a hacer una confidencia, he llegado a un punto en el que les doy palizas.

&#191;No te da verg&#252;enza?

Ni la m&#225;s m&#237;nima: les pago con la misma moneda. &#191;Qu&#233; est&#225; haciendo el camarero ese? &#191;Se ha olvidado de nosotros?

El Sapo consult&#243; su reloj, un grueso Rolex de oro, que hizo girar ostentosamente.

&#161;Qu&#233; clase! -apunt&#243; Philippe.

La pasta resulta embriagadora. Ni siquiera necesitas levantar el dedo, se echan a tus pies. &#191;Y t&#250;, c&#243;mo va tu vida sexual?

Not your business.

&#161;Nunca he comprendido c&#243;mo funcionas! &#161;Podr&#237;as tenerlas a todas y nunca te has aprovechado! &#191;De qu&#233; te sirve buscarle tres pies al gato? &#191;Quieres explic&#225;rmelo?

El camarero coloc&#243; sus platos, explicando los ingredientes con aspecto de entendido, los ojos medio cerrados, los dedos juntos. El Sapo le hizo se&#241;al de abreviar. &#201;l se retir&#243;, ofuscado.

Digamos que es m&#225;s interesante que encontrarle siempre cuatro.

Es como en los negocios, &#161;nunca comprend&#237; que te retiraras! Con toda la pasta que ganabas.

Y que contin&#250;o ganando -le hizo notar Philippe contemplando su lenguado meuni&#233;re.

Y ahora, pens&#243;, va a anunciarme que reduce mi participaci&#243;n o que propondr&#225; en la pr&#243;xima reuni&#243;n del consejo que me retiren el cargo de presidente. &#201;sa es la raz&#243;n por la que me ha invitado a comer. No veo qu&#233; otra podr&#237;a ser. &#161;Mejor entonces facilitarle la tarea y terminar con esto!

&#161;Eres realmente incre&#237;ble! Ten&#237;as la mujer m&#225;s guapa de Par&#237;s y la largas. Hab&#237;as montado un negocio de oro puro y lo largas tambi&#233;n, &#191;qu&#233; est&#225;s buscando?

Como has dicho t&#250; mismo: &#161;tres pies al gato!

&#161;Pero si eso no existe, t&#237;o! Madura, madura un poco

&#191;Para ser como t&#250;? No tengo muchas ganas.

&#161;Eh! &#161;No empecemos! -escupi&#243; el Sapo, con la boca llena.

Entonces cambia de tema. Me das asco cuando hablas as&#237;. &#191;Sabes qu&#233;, Raoul? Tienes el don de borrar la belleza que hay a tu alrededor. Si te dejaran solo al lado de un Rembrandt, al cabo de cuatro horas s&#243;lo quedar&#237;an una tela blanca y clavos.

&#161;Cuidado! &#161;Me lo voy a tomar mal! -exclam&#243; el Sapo, apuntando su cuchillo hacia Philippe.

&#191;Y eso qu&#233; cambiar&#237;a? No me das miedo. No necesito tu dinero porque tu dinero soy yo quien lo ha ganado. Y fui yo quien te eligi&#243; para que continuaras haci&#233;ndolo fructificar. No sab&#237;a que eras tan obsceno, si no me lo hubiese pensado dos veces Conclusi&#243;n, el alma de la gente sabe travestirse y la tuya la has ocultado mucho tiempo.

&#161;Pues s&#237;, t&#237;o! &#161;He ganado en confianza! Ya no soy tu caniche Y, de hecho, quer&#237;a decirte

&#161;Ya est&#225;! Nos acercamos al meollo del asunto. Le hago sombra. Ya no me aguanta.

&#161;Tengo intenci&#243;n de tirarle los tejos a tu mujer!

&#191;Iris? -dijo Philippe atragant&#225;ndose.

&#191;Tienes otra?

Philippe sacudi&#243; la cabeza.

Est&#225; en el mercado, &#191;no?

Podemos llamarlo as&#237;.

Est&#225; en el mercado, y no se va a quedar mucho tiempo. As&#237; que lanzo una OPA sobre ella y me parece m&#225;s cabal prevenirte. &#191;No te molesta?

Haz lo que quieras. Estamos en proceso de divorcio.

El Sapo ten&#237;a de nuevo aspecto decepcionado. Como si una gran parte del encanto de Iris residiera en el hecho de que Philippe la quisiera a&#250;n.

La llam&#233; el otro d&#237;a. La invit&#233; a cenar y ha aceptado. Nos vemos la semana que viene. He hecho una reserva en el Ritz.

Debe de haber ca&#237;do muy bajo -solt&#243; Philippe, despegando delicadamente un trozo de su lenguado.

O necesita pasta. Ya no es una jovencita, &#191;sabes? Sus pretensiones han bajado. Tengo mi oportunidad. De todas formas, tengo que volver a casarme. Es bueno para los negocios, y para eso, nadie mejor que Iris.

&#191;Porque piensas casarte con ella?

Un anillo en el dedo, un contrato y todo eso Bueno, no tendremos ni&#241;os, pero me da igual, ya tengo dos. &#161;Y visto c&#243;mo te joden la vida!

Pos&#243; sus espesos labios en el borde de su copa de vino tinto, sorbi&#243; algunos tragos de Ch&#226;teau-P&#233;trus, trag&#243; e hizo una mueca de entendido.

No est&#225; mal, no est&#225; mal. Visto el precio, ya puede ser bueno Bueno, &#191;cuento con tu permiso? &#191;Tengo v&#237;a libre?

Tienes incluso una autopista. Pero no me extra&#241;ar&#237;a que ella desapareciese por la primera salida

El que no intenta nada no consigue nada. Y ella, debo decirlo, &#161;me aportar&#237;a! Cas&#225;ndome con la bella Iris, doy lustre a mi blas&#243;n.

Lanz&#243; una risa llena de flemas, escupi&#243; una, atascada en la garganta. Despu&#233;s desgarr&#243; un panecillo y lo unt&#243; con mantequilla. Ten&#237;a ya tres michelines y se preparaba un cuarto.

&#191;Puedo hacerte una pregunta, Raoul?

El Sapo sonri&#243; jactancioso y contest&#243;:

&#161;Su&#233;ltalo, t&#237;o, no te tengo miedo!

&#191;Has estado ya enamorado, pero enamorado de verdad?

Una vez -dijo el Sapo limpi&#225;ndose los dedos sobre el mantel blanco.

Un velo de tristeza oscureci&#243; su ojo derecho y el p&#225;rpado se agit&#243; con un tic nervioso. Philippe concibi&#243; esperanzas. Ese hombre odioso tiene coraz&#243;n, ese hombre odioso ha sufrido.

&#191;Y ya has tenido alguna gran pena de amor?

La misma vez. Estuve a punto de morirme de lo que sufr&#237;a. Te lo juro, no me reconoc&#237;a.

&#191;Y cu&#225;nto dur&#243; tu pena?

&#161;Una eternidad! &#161;Perd&#237; seis kilos! Fig&#250;rate Tirando por lo bajo: tres meses. Y despu&#233;s, una noche, unos amigos me llevaron a un club un poco especial, ya me entiendes, me tir&#233; a cuatro chavalas una detr&#225;s de otra, cuatro zorras que me la chuparon bien y &#161;hop!, &#161;se acab&#243;, como nuevo! Pero esos tres meses, t&#237;o, se quedaron grabados aqu&#237;

Pos&#243; su mano en el coraz&#243;n e hizo una mueca, como de payaso triste. Philippe tuvo ganas de echarse a re&#237;r.

&#161;Ten cuidado con Iris! &#161;Lo que tiene ella no es un coraz&#243;n, es una placa de hielo!

El Sapo levant&#243; los pies a la altura de la mesa, grandes pies embutidos en un par de Tod's.

&#161;No te preocupes! &#161;He aprendido a patinar! Entonces, estamos seguros, tengo tu bendici&#243;n, &#191;no? &#191;No ir&#225; a jodernos los negocios?

&#161;Es un asunto cerrado y bien cerrado!

Y no miento, se extra&#241;&#243; Philippe, que se hab&#237;a sorprendido hablando como el Sapo.



* * *


Terminada la comida, Philippe volvi&#243; a casa a pie. Caminaba mucho desde que viv&#237;a en Londres. Era la &#250;nica forma de conocer la ciudad. Entre Londres y Par&#237;s, la diferencia es que Par&#237;s est&#225; hecha para los extranjeros y Londres para los ingleses. Inglaterra ha construido Londres para su propio uso, Francia ha construido Par&#237;s para el mundo entero, hab&#237;a declarado Ralph Emerson. Para conocer la ciudad, hab&#237;a que gastar las suelas.

&#161;Y pensar que he trabajado con el Sapo! Yo le eleg&#237;, le contrat&#233;, me pas&#233; veladas enteras preparando sus casos, viaj&#233; en avi&#243;n, beb&#237;, com&#237;, sonre&#237; ante la falda demasiado corta de una azafata. Una noche, en R&#237;o, hab&#237;an compartido una habitaci&#243;n, el hotel estaba completo. Llevaba slips negros que adquir&#237;a por paquetes, en la gran superficie donde hac&#237;a sus compras de soltero cuando su mujer le dej&#243;. Una morena guapa, de pelo largo, espeso. &#161;Intentarlo con Iris! Vaya cara que tiene.

Se detuvo en un quiosco, compr&#243; Le Monde y The Independent. Subi&#243; por Brook Street, borde&#243; las hermosas casas blancas de Grosvenor Square, pens&#243; en los Forsythe, Arriba y Abajo, gir&#243; en Park La&#241;e y entr&#243; en Hyde Park. Las parejas dorm&#237;an, abrazadas, sobre la hierba. Los ni&#241;os jugaban al cricket. Las chicas, echadas sobre las tumbonas, se hab&#237;an remangado los vaqueros y se bronceaban. Un anciano, vestido completamente de blanco, le&#237;a el peri&#243;dico, de pie, inm&#243;vil sobre la hierba. Chiquillos subidos en sus monopatines adelantaban a los corredores roz&#225;ndoles. Ir&#237;a hasta la Serpentina y subir&#237;a por Bayswater. O se tumbar&#237;a en la hierba y acabar&#237;a su libro. Claro de mujer de Romain Gary. Tendr&#237;a que haberle le&#237;do las palabras de Gary al Sapo. Decirle que un hombre, uno de verdad, no es el que se tira m&#225;s mujeres o hace que se la chupen tragonas an&#243;nimas, sino el que escribe: No s&#233; lo que es la feminidad. Acaso sea s&#243;lo una forma de ser un hombre. Me horroriza porque el hombre que fui y que re&#237;a con &#233;l, me da asco. Y no conozco todav&#237;a al hombre en que me estoy convirtiendo. Cada d&#237;a me arranca una parte de mi antiguo yo. Y me dejo despojar, con la gracia tranquila de quien espera que los nuevos h&#225;bitos est&#233;n lo suficientemente usados como para que sienten bien.

Hac&#237;a dieciocho d&#237;as que ella se hab&#237;a marchado, dieciocho d&#237;as que &#233;l permanec&#237;a en silencio. &#191;Qu&#233; decir, al cabo de dieciocho d&#237;as, a una mujer que te coge de la mano y se ofrece sin calcular? &#191;Que tanta prodigalidad le hac&#237;a retroceder? &#191;Que estaba petrificado? Se dec&#237;a que nunca tendr&#237;a brazos suficientemente largos para recibir todo el amor que dispensaba Jos&#233;phine. Tendr&#237;a que inventar palabras, frases, juramentos, contenedores, trenes de mercanc&#237;as, estaciones de carga y descarga. Ella hab&#237;a entrado en &#233;l como en una habitaci&#243;n vac&#237;a.

No deber&#237;a haberse marchado. Habr&#237;a amueblado esa habitaci&#243;n con sus palabras, sus gestos, sus abandonos. Le habr&#237;a dicho en voz baja que no fuese tan deprisa, que yo era un debutante. Se puede improvisar un beso sobre el and&#233;n de una estaci&#243;n, repetirlo contra un horno sin pensarlo, pero cuando, de pronto, todo se vuelve posible, uno ya no sabe.

Hab&#237;a dejado pasar un d&#237;a, dos d&#237;as, tres d&#237;as, dieciocho d&#237;as.

Y quiz&#225;s diecinueve, veinte, veintiuno.

Un mes Tres meses, seis meses, un a&#241;o.

Ser&#225; demasiado tarde. Estaremos convertidos en estatuas de piedra, ella y yo. &#191;C&#243;mo explicarle que ya no s&#233; qui&#233;n soy? He cambiado de direcci&#243;n, de pa&#237;s, de mujer, de ocupaci&#243;n, quiz&#225;s tendr&#237;a que cambiar de nombre. Ya no s&#233; nada de m&#237;.

S&#233;, por el contrario, lo que ya no quiero ser, a d&#243;nde ya no quiero ir.

Volviendo de la Documenta, sentado en el avi&#243;n en primera clase, le&#237;a un cat&#225;logo de arte, repasaba sus compras, pensaba que tendr&#237;a que mudarse, no tendr&#237;a sitio suficiente para colocar todas las piezas de su colecci&#243;n. &#191;Mudarse? &#191;A Par&#237;s, a Londres? &#191;Con ella, sin ella? Una mujer se hab&#237;a sentado a su lado. Alta, hermosa, elegante, &#225;gil. Un trueno de mujer. Largos cabellos casta&#241;os, ojos de gata, una sonrisa de princesa certificada, dos pesados brazaletes de oro de tres colores en la mu&#241;eca derecha, el reloj Chanel en la mu&#241;eca izquierda, un bolso Dior. &#201;l hab&#237;a pensado &#161;Anda, as&#237; que existen copias de Iris! Ella hab&#237;a sonre&#237;do, s&#243;lo somos dos. No vamos a comer cada uno por su lado, ser&#237;a un tost&#243;n. &#161;Tost&#243;n! La palabra hab&#237;a resonado en su cabeza. Era una palabra de Iris. &#161;Menudo tost&#243;n! &#161;Ese hombre es un tost&#243;n! Ella hab&#237;a colocado sin preguntar su bandeja a su lado, y se preparaba para sentarse cuando &#233;l se oy&#243; responder: No, se&#241;ora, prefiero comer solo. Hab&#237;a a&#241;adido, interiormente, porque yo s&#233; c&#243;mo es usted: guapa, elegante, seguramente inteligente, seguramente divorciada, vive en un buen barrio, tiene dos o tres ni&#241;os estudiando en buenos colegios, lee sus boletines de notas distra&#237;damente, se pasa horas al tel&#233;fono o de tiendas, y busca usted un hombre con ingresos saneados, para reemplazar las tarjetas de cr&#233;dito de su ex marido. Ya no quiero ser una tarjeta de cr&#233;dito nunca m&#225;s. &#161;Quiero ser trovador, alquimista, guerrero, bandido, ferretero, jornalero! &#161;Quiero galopar, el cabello al viento, las botas llenas de barro, quiero lirismo, sue&#241;os, poes&#237;a! Y precisamente no lo parezco, pero estoy escribiendo un poema a la mujer que amo y que voy a perder si no me doy prisa. No es tan elegante como usted, salta con los pies juntos sobre los charcos, resbala con una naranja y se cae por las escaleras, pero ha abierto una puerta en m&#237; que no quiero cerrar nunca.

En ese instante, sinti&#243; ganas de saltar en paraca&#237;das a los pies de Jos&#233;phine. La princesa le hab&#237;a mirado como a un desecho nuclear, y hab&#237;a vuelto a sentarse en su sitio.

Cuando llegaron, ella llevaba grandes gafas negras y le hab&#237;a ignorado.

Cuando llegaron, &#233;l no hab&#237;a abierto su paraca&#237;das.

Un bal&#243;n de f&#250;tbol golpe&#243; sus pies. Lo devolvi&#243; con todas sus fuerzas hacia el chiquillo hirsuto que le hac&#237;a se&#241;as de chutar.  Well done![[26]: #_ftnref26 &#161;Bien hecho!.]dijo el ni&#241;o bloqueando la pelota.

Well done, viejo, se dijo Philippe abriendo Le Monde y dej&#225;ndose caer sobre la hierba. Se me va a quedar el culo verde, &#161;pero me da igual! Busc&#243; en las p&#225;ginas finales un art&#237;culo sobre la Documenta. Hablaba de la obra de un chino, Ai Weiwei, que hab&#237;a hecho venir a mil chinos de China para que fotografiasen el mundo occidental y as&#237; poder crear una obra a partir de esas fotos. Se&#241;or Wei. Era el nombre del jefe de Antoine Cort&#232;s en Kenya. Antes de desaparecer, Antoine Cort&#232;s le hab&#237;a enviado una carta. Deseaba expresarse de hombre a hombre. Acusaba a Myl&#232;ne. Dec&#237;a que hab&#237;a que desconfiar de ella, que no era trigo limpio. Todas las mujeres le hab&#237;an traicionado. Jos&#233;phine, Myl&#232;ne, e incluso su hija, Hortense. Nos reducen a papilla y nos callamos. Las mujeres eran demasiado fuertes para &#233;l. La vida demasiado dura.

Iba a volver a casa y a trabajar sobre el dossier de los calcetines Labonal. Le gustaban much&#237;simo esos calcetines. Envolv&#237;an el pie como zapatillas, suaves, el&#225;sticos, reconfortantes, no se deformaban al lavarlos, no picaban, no apretaban, deber&#237;a enviar algunos a Jos&#233;phine. Un bonito ramo de calcetines de primera calidad. Ser&#237;a un medio original de decirle pienso en ti, pero tropiezo con mis emociones. Sonri&#243;. &#191;Y por qu&#233; no? Eso la har&#237;a re&#237;r, quiz&#225;s. Se pondr&#237;a un par de calcetines azul cielo o rosa, y se pasear&#237;a por el piso dici&#233;ndose: No me ha olvidado, me quiere con los pies, &#161;pero me quiere!. El director general de calcetines Labonal se hab&#237;a convertido en un amigo. Uno de esos hombres que luchan por la calidad, por la excelencia. Philippe le echaba una mano para sobrevivir a la feroz competencia mundial. Dominique Malfait hab&#237;a realizado numerosos viajes a China. Pek&#237;n, Cant&#243;n, Shanghai Quiz&#225;s se hab&#237;a cruzado con Myl&#232;ne. Exportaba sus calcetines a China. Los nuevos ricos se volv&#237;an locos por ellos. En Francia hab&#237;a tenido la idea excelente, para vender sus calcetines sin pasar por las grandes superficies, de ir a buscar a la gente a su casa. Con tiendas ambulantes de color rojo chill&#243;n, con una pantera amarilla dispuesta a saltar. Los camiones cruzaban el pa&#237;s, se deten&#237;an en los mercados, en las plazas de los pueblos. Ese hombre sabe luchar. No gime como Antoine. Se remanga y establece estrategias. Deber&#237;a poner a punto un plan para reconquistar a Jos&#233;phine.

Cerr&#243; Le Monde y sac&#243; del bolsillo la novela de Romain Gary. La abri&#243; al azar y ley&#243; esta frase: Amar es la &#250;nica riqueza que crece con la prodigalidad. Cuanto m&#225;s se ofrece, m&#225;s queda.



* * *


Di, mam&#225;, &#191;qu&#233; vamos a hacer en vacaciones? -pregunt&#243; Zo&#233; lanzando un palo a Du Guesclin, que corri&#243; a buscarlo.

&#161;Es cierto que estamos de vacaciones! -exclam&#243; Jos&#233;phine, mientras observaba a Du Guesclin, que volv&#237;a hacia ellas con el palo en la boca.

Lo hab&#237;a olvidado completamente. No dejaba de pensar en su entrevista con Garibaldi. Ca&#237; en la trampa. He entregado a Antoine. Y puedo estar contenta de no haber hablado de Luca. Habr&#237;a completado el grupo: &#161;Antoine, Luca, Lefloc-Pignel, Van den Brock! Sent&#237;a verg&#252;enza.

&#161;Llevas un tiempo en las nubes!-respondi&#243; Zo&#233;, felicitando a Du Guesclin que depositaba el palo a sus pies-. &#191;Has visto c&#243;mo le he ense&#241;ado? &#161;La semana pasada no me hubiera tra&#237;do este palo!

&#191;Qu&#233; te gustar&#237;a hacer?

No s&#233;. Todas mis amigas se han ido

&#191;Y Ga&#233;tan tambi&#233;n?

Se va ma&#241;ana. A Belle-&#206;le. Con su familia

&#191;No te ha invitado a ir con &#233;l?

&#161;Su padre ni siquiera sabe que salimos!-exclam&#243; Zo&#233;-. &#161;Ga&#233;tan lo hace todo a escondidas! Sale, por la noche, por la cocina, directamente a la escalera de servicio hasta el trastero, dice que como le pillen, est&#225; dead, &#161;total dead!

&#191;Y su madre? No me hablas nunca de ella

Es una neur&#243;tica. Se rasca los brazos y se atiborra a pastillas. Ga&#233;tan dice que es por culpa del beb&#233; que perdi&#243;, &#191;sabes?, muri&#243; aplastado en un aparcamiento. Dice que aquello destroz&#243; la vida de su familia

&#191;Y c&#243;mo lo sabe? &#161;&#201;l no hab&#237;a nacido todav&#237;a!

Se lo cuenta su abuelita Dice que antes era la felicidad total. Que su padre y su madre re&#237;an, que iban de la mano y se daban besos y que despu&#233;s de la muerte del beb&#233;, su padre cambi&#243; de un d&#237;a para otro. Se volvi&#243; loco. &#191;Sabes?, yo lo entiendo. Yo, a veces, por la noche, abro los ojos y me dan ganas de gritar imagin&#225;ndome a pap&#225; con el cocodrilo. No me vuelvo loca, pero casi

Jos&#233;phine pas&#243; el brazo alrededor de los hombros de Zo&#233;.

No debes pensar en eso

Hortense dice que hay que mirar las cosas de frente para exorcizarlas.

Lo que es v&#225;lido para Hortense no es necesariamente v&#225;lido para ti.

&#191;Lo crees de veras? Porque me da miedo cuando exorcizo

En lugar de pensar en su muerte, piensa en &#233;l cuando estaba vivo y le env&#237;as mucho amor, le cuentas peque&#241;os secretos y, ya ver&#225;s, dejar&#225;s de tener miedo

Pero di, mam&#225;, y las vacaciones

Hortense se iba a Croacia, despu&#233;s de su semana de pr&#225;cticas en Jean-Paul Gaultier, Zo&#233; iba a quedarse sola. Reflexion&#243;.

&#191;Quieres que vayamos a Deauville, a casa de Iris? Podr&#237;amos pedirle que nos preste la casa. Ella se queda en Par&#237;s.

Zo&#233; hizo una mueca.

No me gusta Deauville. S&#243;lo hay ricos vacilando

&#161;Qu&#233; forma de hablar!

&#161;Pero si es verdad, mam&#225;! &#161;S&#243;lo hay aparcamientos, tiendas y gente forrada!

Du Guesclin trotaba a su lado, el palo en la boca, esperando a que Zo&#233; quisiese jugar con &#233;l.

Alexandre me ha enviado un correo. Se va a hacer un curso de equitaci&#243;n a Irlanda. Dice que quedan plazas. Eso me gustar&#237;a

&#161;Es buena idea! Le contestas y le dices que te vas con &#233;l. Pregunta cu&#225;nto cuesta, no quiero que Philippe pague tu parte

Zo&#233; hab&#237;a vuelto a jugar con Du Guesclin. Lanzaba el palo sin alegr&#237;a, casi mec&#225;nicamente, y arrastraba la punta de los zapatos por el suelo.

&#191;Qu&#233; te pasa Zo&#233;? &#191;He dicho algo que no te ha gustado?

Zo&#233; se mir&#243; los pies y murmur&#243;:

&#191;Y por qu&#233; no llamas a Philippe? S&#233; muy bien que estuviste en Londres y que le has visto

Jos&#233;phine la agarr&#243; por los hombros y le dijo:

Piensas que te estoy mintiendo, &#191;verdad?

S&#237; -dijo Zo&#233;, con los ojos bajos.

Entonces te voy a decir exactamente lo que pas&#243;, &#191;de acuerdo?

No me gusta cuando mientes

Quiz&#225;s, pero no se le puede contar todo a una hija. Soy tu madre, no tu amiga.

Zo&#233; se encogi&#243; de hombros.

S&#237;, es importante -insisti&#243; Jos&#233;phine-. Y, de hecho, t&#250; tampoco me dices todo lo que haces con Ga&#233;tan. Y yo no te lo pregunto. Conf&#237;o en ti

Bueno, y bien -dijo Zo&#233;, que empezaba a impacientarse.

En efecto, vi a Philippe en Londres. Cenamos juntos, hablamos mucho y

&#191;Eso es todo? -pregunt&#243; Zo&#233;, con una sonrisita.

Eso no te incumbe -balbuce&#243; Jos&#233;phine.

Porque si os vais a casar, &#161;yo no tengo nada en contra! Quer&#237;a dec&#237;rtelo. Me lo he pensado bien y creo que lo entiendo.

Adopt&#243; una expresi&#243;n seria y a&#241;adi&#243;:

Ahora, con Ga&#233;tan, entiendo un mont&#243;n de cosas

Jos&#233;phine sonri&#243; y se lanz&#243;:

Entonces comprender&#225;s que la situaci&#243;n es complicada, que Philippe sigue estando casado con Iris y que eso no podemos olvidarlo as&#237; como as&#237;

Chasc&#243; los dedos.

En cambio Iris, s&#237; que lo olvida -dijo Zo&#233;.

S&#237;, pero eso es su problema. As&#237; pues, volviendo a las vacaciones, ser&#237;a mejor que te enteraras de los detalles con Alexandre y as&#237; yo no me ocupar&#237;a m&#225;s que de los problemas pr&#225;cticos. Pago el curso de equitaci&#243;n y te meto en un tren a Londres.

&#191;Y ya no hablas con Philippe? &#191;Os hab&#233;is enfadado?

No. Pero prefiero no hablar con &#233;l en este momento. Dices que eres mayor, que ya no eres un beb&#233;, es el momento de demostrarlo.

De acuerdo -dijo Zo&#233;.

Jos&#233;phine le tendi&#243; la mano para sellar su acuerdo. Zo&#233; dud&#243; en estrecharla y Jos&#233;phine se extra&#241;&#243;.

&#191;No quieres darme la mano?

No es eso -dijo Zo&#233;, inc&#243;moda.

&#161;Zo&#233;! &#191;Qu&#233; te pasa? D&#237;melo. Puedes dec&#237;rmelo todo

Zo&#233; gir&#243; la cabeza y no respondi&#243;. Jos&#233;phine se imagin&#243; lo peor: estaba llena de cortes, hab&#237;a intentado abrirse las venas, quer&#237;a acabar con todo para olvidar que su padre hab&#237;a muerto en las fauces de un cocodrilo.

&#161;Zo&#233;! &#161;Ens&#233;&#241;ame las manos!

No tengo ganas. No es asunto tuyo.

Jos&#233;phine le arranc&#243; las manos de los bolsillos de sus vaqueros y las inspeccion&#243;. Se ech&#243; a re&#237;r, aliviada. Debajo del pulgar izquierdo de Zo&#233;, Ga&#233;tan hab&#237;a escrito en boli negro y letras may&#250;sculas: Ga&#233;tan ama a Zo&#233; y no la olvidar&#225; nunca.

&#161;Que encantador! &#191;Por qu&#233; lo escondes?

Porque no le importa a nadie

Al contrario, deber&#237;as mostrarlo, va a borrarse pronto.

No. He decidido no volver a lavarme en los sitios donde ha escrito.

&#191;Porque ha escrito en otros lados?

Pues s&#237;.

Le ense&#241;&#243; el dorso del brazo izquierdo, el tobillo derecho y la parte baja del vientre.

&#161;Qu&#233; ricos sois los dos! -dijo Jos&#233;phine, ri&#233;ndose.

&#161;Para, mam&#225;, esto es superserio! Cuando hablo de &#233;l, hay m&#250;sica en mi cabeza.

Lo s&#233;, cari&#241;o. No hay nada mejor que el amor, es como bailar un vals

Se arrepinti&#243; de haber pronunciado esas palabras. Volvi&#243; a ver a Philippe tom&#225;ndola en sus brazos en la habitaci&#243;n del hotel, la hac&#237;a girar, y girar, un, dos, tres, un, dos, tres, baila usted divinamente, se&#241;orita, &#191;vive usted con sus padres? La tumbaba sobre la cama, se echaba sobre ella, la besaba lentamente en el cuello, sub&#237;a hasta su boca, la probaba, permanec&#237;a all&#237; Besa usted divinamente, se&#241;orita Sinti&#243; un dolor fulgurante que la desgarraba. Sinti&#243; ganas de hundirse en &#233;l, de ahogarse en &#233;l, de morir, de renacer, de salir llena de &#233;l, sentir su olor sobre sus manos, su fuerza en la boca del vientre, est&#225; all&#237;, est&#225; all&#237;, voy a tocarle con los dedos Ahog&#243; una queja y se inclin&#243; hac&#237;a Du Guesclin, para que Zo&#233; no viese las l&#225;grimas en sus ojos.



* * *


Iris oy&#243; el tel&#233;fono y no reconoci&#243; la m&#250;sica de Herv&#233;. Abri&#243; un ojo e intent&#243; leer la hora de su reloj. Las diez de la ma&#241;ana. Se hab&#237;a tomado dos Stilnox antes de dormir. Ten&#237;a la boca reseca. Descolg&#243; y oy&#243; una voz de hombre autoritario, fuerte.

&#191;Iris? &#191;Iris Dupin? -ladr&#243; la voz.

Mmms&#237; -murmur&#243; ella, alejando el m&#243;vil de la oreja.

&#161;Soy yo, soy Raoul!

&#161; El Sapo! &#161;El Sapo a las diez de la ma&#241;ana! Record&#243; vagamente que &#233;l la hab&#237;a invitado a cenar la semana pasada y ella hab&#237;a dicho &#191;Qu&#233; era lo que hab&#237;a dicho? Fue una noche, ella hab&#237;a bebido un poco y s&#243;lo ten&#237;a un recuerdo confuso.

Era para confirmar nuestra cena en el Ritz &#191;La hab&#237;a olvidado?

&#161;Hab&#237;a dicho que s&#237;!

Nnnoo -balbuce&#243;.

Entonces el viernes, a las nueve y media. He reservado a mi nombre.

&#191;C&#243;mo se llamaba &#233;ste? Philippe le llamaba siempre el Sapo, pero seguramente tendr&#237;a un nombre de pila.

&#191;Le gusta o prefiere usted un lugar m&#225;s, c&#243;mo decirlo, m&#225;s &#237;ntimo?

No, no, &#233;se est&#225; bien.

Para una primera cita, pens&#233; que era perfecto Se come muy bien, el servicio es impecable y el marco muy agradable.

&#161;Habla como la gu&#237;a Michelin! Se tumb&#243; sobre la almohada. &#191;C&#243;mo he llegado a eso? Tengo que dejar las pastillas. Tengo que dejar de beber. La noche era la hora terrible. La hora del arrepentimiento est&#233;ril y de las angustias que se amontonan. No ten&#237;a ni un gramo de esperanza. Y el &#250;nico miedo de adormecer el miedo, de no escuchar m&#225;s esa vocecita interior que le golpeaba con la realidad, eres vieja, est&#225;s sola y el tiempo pasa a toda prisa, era beber una copa. O dos. O tres. Ve&#237;a c&#243;mo se alineaban las botellas vac&#237;as, como regimientos irrisorios cerca de la basura, en la cocina, las contaba, at&#243;nita. Ma&#241;ana lo dejo. Ma&#241;ana s&#243;lo bebo agua. O una copita s&#243;lo. Para darme valor &#161;pero s&#243;lo una!

Estoy encantado ante la idea de esta cena. El fin de semana estar&#233; m&#225;s relajado, no tendr&#233; que levantarme al alba, tendremos todo el tiempo para charlar.

&#161;Pero si no tengo nada que decirle!, se lament&#243; Iris. &#191;Por qu&#233; habr&#233; aceptado?

T&#250; me contar&#225;s tus penas y yo te prometo que voy a ayudarte.

Ella se incorpor&#243;, estupefacta: &#191;la hab&#237;a tuteado?

Una mujer hermosa no est&#225; hecha para quedarse sola. Ya ver&#225;s Pero &#191;quiz&#225;s te estoy molestando?

Estaba durmiendo -murmur&#243; Iris con voz somnolienta.

Entonces, duerme, guapa. &#161;Y hasta el viernes!

Iris colg&#243;. Asqueada. &#161;Dios m&#237;o!, pens&#243;, &#191;he ca&#237;do tan bajo que el Sapo cree que puede estrecharme entre sus brazos?

Se puso la s&#225;bana sobre la cabeza. &#161;El Sapo invit&#225;ndola a cenar! Era el colmo de la soledad y de la miseria. Sus ojos se llenaron de l&#225;grimas y se puso a sollozar de todo coraz&#243;n. Hubiese querido no parar nunca, agotarse llorando, y desaparecer en un oc&#233;ano de agua salada. La vida ha sido demasiado f&#225;cil para m&#237;. Nunca me quit&#243; nada y ahora, se toma la revancha y me humilla. Tengo un pie en el infierno. &#161;Ay! &#161;Si hubiese conocido la infelicidad, c&#243;mo hubiese apreciado mi felicidad!

La noche antes, desmaquill&#225;ndose, se hab&#237;a descubierto arrugas en el escote.

Redobl&#243; los sollozos. &#191;Qu&#233; hombre querr&#225; algo de m&#237;? Pronto no me quedar&#225; m&#225;s que el Sapo como tabla de salvaci&#243;n Es absolutamente necesario que Herv&#233; se decida. Que ella le empuje y &#233;l se declare.

Ten&#237;a una cita con &#233;l a las seis de la tarde, en un bar, plaza de la Madeleine. Al d&#237;a siguiente iba a llevar a su familia a Belle-&#206;le y despu&#233;s Despu&#233;s volver&#237;a y lo tendr&#237;a para ella, s&#243;lo para ella. Ni mujer, ni hijos, ni fines de semana en familia. Hab&#237;an ido juntos a comer al parque de Saint-Cloud, hab&#237;an paseado por las alamedas, se hab&#237;an refugiado bajo un &#225;rbol cuando hab&#237;a ca&#237;do una lluvia fina, ella se hab&#237;a re&#237;do, se hab&#237;a sacudido la larga cabellera, volvi&#243; la cabeza, ofreci&#243; sus labios El no la hab&#237;a besado. &#191;A qu&#233; estaba jugando? &#161;Hac&#237;a tres meses que se ve&#237;an casi a diario!

Lleg&#243; a su cita a la hora precisa. Herv&#233; no soportaba el menor retraso. Al principio, por coqueter&#237;a, le dejaba esperando diez, quince minutos, pero luego le costaba un esfuerzo terrible borrar su enfado. &#201;l mostraba su disgusto; ella se burlaba diciendo &#161;oh, Herv&#233;!, &#191;qu&#233; son diez minutos comparados con la eternidad? Ella se inclinaba hacia &#233;l, le frotaba la mejilla con su melena y &#233;l se echaba hacia atr&#225;s, agraviado. No soy un neur&#243;tico, soy preciso, ordenado. Cuando vuelvo a casa, me gusta que mi mujer me sirva un whisky con tres cubitos en el fondo del vaso, y mis hijos me cuenten su jornada. Es mi hora con ellos y espero aprovecharla. Despu&#233;s, cenamos y a las nueve, ya est&#225;n acostados. Si el mundo va tan mal hoy en d&#237;a, es porque ya no existe el orden. Yo quiero poner orden en el mundo. La primera vez que hab&#237;a declamado ese largo alegato, ella le hab&#237;a mirado, divertida, pero pronto se dio cuenta de que no bromeaba.

&#201;l la esperaba, sentado sobre un amplio sill&#243;n de cuero rojo, al fondo del bar. Los brazos cruzados. Ella se sent&#243; a su lado y le sonri&#243; tiernamente.

&#191;Ya est&#225;n hechas las maletas? -pregunt&#243; ella, jovial.

S&#237;. No queda m&#225;s que la m&#237;a, pero la har&#233; esta noche, cuando llegue a casa.

Le pregunt&#243; qu&#233; quer&#237;a beber, y ella respondi&#243;, distra&#237;da, una copita. &#191;Para qu&#233; quer&#237;a una maleta, si no iba m&#225;s que a llevarlos?

Pero -prosigui&#243; ella con una sonrisa un poco crispada- usted no necesita una maleta puesto que no se queda.

S&#237;, paso quince d&#237;as en familia

&#161;Quince d&#237;as! -exclam&#243; Iris-, pero me hab&#237;a dicho

Yo no le hab&#237;a dicho nada, querida. Es usted la que lo ha interpretado.

&#161;Es falso! &#161;Miente! Me hab&#237;a dicho que

Yo no miento. Le hab&#237;a dicho que volv&#237;a antes que ellos, pero no que iba y volv&#237;a

Ella se esforz&#243; en ocultar su decepci&#243;n, intent&#243; dominar el temblor de su voz, pero la decepci&#243;n era demasiado fuerte. Se bebi&#243; la copa de champ&#225;n de golpe y pidi&#243; otra.

Bebe usted demasiado, Iris

Hago lo que quiero -farfull&#243; ella, furiosa-. &#161;Me ha mentido usted!

&#161;Yo no he mentido, ha sido usted quien ha fabulado!

Apareci&#243; un destello de c&#243;lera en sus ojos, y la mir&#243; fijamente con furor. Ella se sinti&#243; como el ni&#241;o que ha hecho algo muy malo y es castigado.

&#161;S&#237;! &#161;Es usted un mentiroso! &#161;Un mentiroso! -grit&#243;, fuera de s&#237;.

El camarero que recog&#237;a la mesa vecina les lanz&#243; una mirada de sorpresa. Ella hab&#237;a roto la tranquilidad aterciopelada del lugar.

Me hab&#237;a prometido

Yo no le promet&#237; nada. Ahora bien, si quiere pensar as&#237;, es usted muy libre. No volver&#233; a entrar en esta est&#250;pida pol&#233;mica.

Su voz era cortante, dura. Como si ya se hubiese refugiado en su isla. Iris tom&#243; la copa que el camarero acababa de traer y hundi&#243; su nariz en el cristal.

&#191;Y yo qu&#233; voy a hacer, entonces?

Le preguntaba a &#233;l, pero, de hecho, se estaba hablando a s&#237; misma. Yo que he esperado este mes de agosto con tanta impaciencia, que hab&#237;a imaginado noches de amor, de besos, de cenas en terraza. Una luna de miel antes de la aut&#233;ntica, la oficial. Crey&#243; que estaba muy decidida esa luna de miel. Call&#243; y esper&#243; a que &#233;l hablara. El la miraba con una mueca de ligero desprecio.

Es usted una ni&#241;a, una ni&#241;a mimada

Ella estuvo a punto de responderle, tengo cuarenta y siete a&#241;os y medio, y arrugas en el escote. Pero se contuvo a tiempo.

Me esperar&#225; usted, &#191;verdad? -orden&#243; &#233;l.

Ella suspir&#243;, s&#237;, y vaci&#243; su copa. &#191;Acaso ten&#237;a elecci&#243;n?



* * *


Marcel se hab&#237;a llevado a Josiane lejos a pasar la convalecencia. Hab&#237;a elegido, en un rutilante cat&#225;logo, un hermoso hotel en una bonita estaci&#243;n balnearia de T&#250;nez y descansaba sobre la arena, bajo una sombrilla. Ten&#237;a miedo del sol y, mientras Josiane se expon&#237;a, &#233;l rumiaba a la sombra. A su lado, cubierto de protecci&#243;n total y de un sombrero amarillo lim&#243;n, J&#250;nior observaba el mar. Intentaba comprender el misterio de las olas y las mareas, de la atracci&#243;n de la luna y del sol. A &#233;l tampoco le gustaban los rayos ardientes, y prefer&#237;a quedarse al abrigo. En cuanto el sol bajaba, avanzaba hasta el borde del mar y se tiraba al agua a la velocidad de una bala de ca&#241;&#243;n. Giraba sobre s&#237; mismo y extend&#237;a los brazos, lanzando agua como las ruedas de un molino enloquecido, y despu&#233;s volv&#237;a a tumbarse sobre la toalla resoplando como una ballena.

Josiane le observaba, emocionada.

Me gusta verle en el agua Al menos cuando se ba&#241;a, parece un ni&#241;o de su edad. Porque si no no dejo de hacerme preguntas. Este ni&#241;o no es normal, Marcel, &#161;este ni&#241;o simplemente no es normal!

&#161;Es un genio!-murmuraba Marcel-. No estamos acostumbrados a vivir con genios. &#161;Vas a tener que hacerte a la idea! Yo, prefiero eso a un asno con arn&#233;s.

Rumiaba, rumiaba. Josiane le espiaba con el rabillo del ojo. Parec&#237;a ausente. Atormentado por pensamientos sombr&#237;os. Hablaba pero sin florituras, sin temblores en la voz, sin arrullos, sin las canciones de amor a las que estaba acostumbrada.

&#191;Qu&#233; es lo que te atormenta, mi lobo feroz?

No respondi&#243; y peg&#243; un manotazo en la arena, demostrando que, en efecto, estaba contrariado.

&#191;Tienes problemas en el trabajo? &#191;Te arrepientes de haberte marchado?

El entorn&#243; los ojos e hizo una mueca. Se le hab&#237;a quemado la nariz, que brillaba como una antorcha.

No es el arrepentimiento el que me ahoga, sino la c&#243;lera. Me gustar&#237;a poder desfogarme con alguien, aplastar alg&#250;n conejillo de indias, a falta de poder suprimir a la persona en la que estoy pensando. &#161;Si esto contin&#250;a voy a ir a dar pu&#241;etazos contra un cocotero, lo arrancar&#233; de ra&#237;z, har&#233; con &#233;l una catapulta y lanzar&#233; los cocos hasta Par&#237;s, para aplastar la cabeza de esa que no quiero nombrar, por miedo a que vuelva a mandarnos el maleficio!

Est&#225;s enfadado con

&#161;No pronuncies su nombre! &#161;No pronuncies su nombre, o el cielo caer&#225; sobre nosotros con pu&#241;ados de rayos!

Al contrario, hay que pronunciarlo para exorcizarlo, para mantenerla a distancia. Es teniendo miedo de ella cuando te arriesgas a hacerla volver T&#250; le das fuerza crey&#233;ndola tan poderosa.

Marcel refunfu&#241;&#243; y volvi&#243; a mostrar su jeta, capaz de dejar seco a un coche f&#250;nebre.

Ya no te reconozco, mi Lobito, se dir&#237;a que has perdido chispa

He estado a punto de perderte y todav&#237;a siento escalofr&#237;os

Josiane es mi farmacia particular. Si ella desaparece, me paro en seco. &#161;Y ella ha estado a punto de suprim&#237;rmela con sus tejemanejes y sus agujas!

Voy a decirte una cosa que va a hacerte saltar el tap&#243;n de golpe -dijo Josiane tumb&#225;ndose de lado-. Prom&#233;teme que no vas a entrar en erupci&#243;n

&#201;l la mir&#243;, con aire de decir venga, esc&#250;pelo ya, me las arreglar&#233;.

Esta historia me ha hecho madurar. Me ha hecho crecer No soy la misma desde entonces, me siento serena, ya no tengo miedo. Antes ten&#237;a miedo de que el cielo cayera sobre mi cabeza, y ahora me paseo en globo aerost&#225;tico por encima de las nubes.

&#161;Pero yo no quiero que te eches a volar! &#161;Quiero que te quedes tranquila en el suelo con J&#250;nior y conmigo!

Es una met&#225;fora, mi lobo feroz. Estoy aqu&#237;. Ya no te dejar&#233; nunca m&#225;s ni siquiera en pensamiento. Y nunca m&#225;s nadie podr&#225; separarme de ti.

Extendi&#243; el brazo hasta la sombra de la sombrilla y palme&#243; la mano de Marcel, que se agarr&#243; a ella como a un salvavidas.

Ya ves lo que te produce el miedo. Te aprisiona, te empeque&#241;ece.

Me vengar&#233;, me vengar&#233; -repet&#237;a Marcel, soltando por fin una rabia que le asfixiaba-. &#161;Odio a esa p&#250;stula! Le escupo en la cara, la cubro de patadas, le arranco los dientes uno por uno

Que no &#161;Vas a perdonar y a olvidar!

&#161;Nunca, nunca! &#161;La dejar&#233; con el culo al aire en la calle, y dormir&#225; debajo de un puente!

Haces exactamente lo que no hay que hacer. La dejas entrar en tu vida, le das fuerzas. &#161;Ign&#243;rala, te digo! Ignorar es la fuerza suprema.

No puedo. Me ahoga, me comprime, me crece la mala hierba en los pulmones

Repite conmigo, lobo feroz: no tengo miedo de Henriette y la aplasto con mi desprecio.

Marcel sacudi&#243; la cabeza con terquedad.

Marcel

&#161;Voy a dejar en la calle a la Escoba! Voy a quitarle el piso, a mandarla al hospicio

&#161;Que no! &#161;Eso la llenar&#225; de rabia y volver&#225; a rondarnos!

Y a m&#237;, &#191;qu&#233;?

Esc&#250;chame Marcel y repite conmigo: no tengo miedo de Henriette y la aplasto con mi desprecio &#161;Vamos, mi lobo feroz! Hazlo por m&#237;. Para subir conmigo al globo aerost&#225;tico

Marcel se negaba y cavaba en la arena con los pu&#241;os cerrados.

Josiane repiti&#243; con voz dulce:

No tengo miedo de Henriette y la aplasto con mi desprecio.

Marcel no separaba los dientes y miraba fijamente al mar con aspecto de querer partirlo en dos.

&#191;Lobito? &#191;Se te ha metido arena en las orejas?

Es in&#250;til insistir

No tengo miedo de Henriette y la aplasto con mi desprecio &#161;Venga! &#161;Ya ver&#225;s como te sentir&#225;s desahogado!

&#161;Nunca, nunca! &#161;Me niego a desahogarme!

Te vas a agriar como el vinagre

&#161;Y entonces la envenenar&#233;!

Fue entonces cuando se elev&#243; la d&#233;bil voz de J&#250;nior:

&#161;Note medo Hiette, plasto pecio!

Bajaron sus ojos sobre su reto&#241;o rojo langosta, y se quedaron con la boca abierta.

&#161;Ha hablado! &#161;Ha hablado! &#161;Ha hecho toda una frase con sujeto, verbo y complemento! -grit&#243; Josiane.

&#161;Note medo Hiette, plasto pecio! -repiti&#243; J&#250;nior, orgulloso de ver el efecto que produc&#237;an sus palabras sobre el rostro alegre y por fin risue&#241;o de sus progenitores.

&#161;Ay, mis amores! &#161;Mis dos amores!-grit&#243; Marcel ech&#225;ndose sobre su mujer y su hijo, y aplast&#225;ndoles bajo su peso-. &#191;Qu&#233; har&#237;a yo sin vosotros?



* * *


Comenz&#243; el mes de agosto. Hac&#237;a calor, los comercios estaban cerrados. Hab&#237;a que caminar un cuarto de hora para comprar el pan, veinte minutos para encontrar una carnicer&#237;a abierta, media hora para llegar a la secci&#243;n de frutas y verduras del Monoprix y volver con los brazos cargados, bajo la can&#237;cula, siguiendo la l&#237;nea de sombra de los &#225;rboles inm&#243;viles bajo el calor h&#250;medo de la ciudad. Jos&#233;phine permanec&#237;a encerrada en su cuarto y trabajaba. Hortense se hab&#237;a ido a Croacia, Zo&#233; a Irlanda, Iris, tumbada en el sof&#225;, frente a un ventilador, alternaba el mando a distancia y el m&#243;vil, en el que marcaba n&#250;meros que no respond&#237;an. Par&#237;s estaba desierto. S&#243;lo quedaba el Sapo, fiel y fogoso, que la llamaba todas las tardes y la invitaba a cenar a una terraza. Iris pretextaba una migra&#241;a y respond&#237;a, lasciva: Ma&#241;ana, quiz&#225;s, si me encuentro mejor, repet&#237;a, estoy cansada y a&#241;ad&#237;a: Raoul con un tono m&#225;s dulce, que dejaba seco al Sapo. &#201;l croaba: &#161;Entonces hasta ma&#241;ana, guapa!, y colgaba, feliz por haber o&#237;do su nombre de pila en boca de Iris Dupin. Estoy progresando, estoy progresando, pensaba, despegando con un dedo &#225;gil el fondo de su pantal&#243;n. La bella es astuta, se hace de rogar, es normal, es la elegancia suprema, se debate, se resiste, no se entrega as&#237; como as&#237;, no soy un primer premio de belleza y ella pone cara de despreciar mi dinero, pero reflexiona, calcula, el largo camino se reduce poco a poco, ella se acerca. Camina con cierta lentitud, que aumenta el premio de su captura. &#161;Acabar&#233; meti&#233;ndola en mi cama y pate&#225;ndole el culo hasta el juzgado!

Iris no ten&#237;a ningunas ganas de repetir la velada en el Ritz: le hab&#237;a observado comer esforz&#225;ndose por ignorar el ruido de sus mand&#237;bulas, los dedos que limpiaba en el mantel y el fondo del pantal&#243;n que despegaba discretamente levantando el trasero de la silla. Hablaba con la boca llena, lanzaba perdigones, juntaba sus labios brillantes para imitar un beso que hac&#237;a que ella se echase hacia atr&#225;s en su asiento, y le lanzaba gui&#241;os como si ya todo estuviese hecho. &#201;l no pronunciaba esas palabras, pero pod&#237;a leerlas en sus ojos brillantes y determinados.

&#191;No duda usted nunca, Raoul?

Nunca, guapa. La duda es para los d&#233;biles, y los d&#233;biles, en este mundo traidor

Y hab&#237;a aplastado de un pu&#241;etazo una miga de pan, hasta convertirla en una torta fina, despu&#233;s la hab&#237;a enrollado, hab&#237;a hecho un anillo con ella y lo hab&#237;a colocado ante su plato.

Es usted un rom&#225;ntico detr&#225;s de esa fachada, digamos, un poco &#225;spera

Eres t&#250;. Me inspiras &#191;No quieres tutearme? &#161;Tengo la impresi&#243;n de salir con mi abuela! Y, francamente, &#161;no es una edad que me entusiasme!

No sabes la raz&#243;n que tienes, hab&#237;a pensado Iris atragant&#225;ndose con su copa de champ&#225;n, pronto tendr&#233; edad para mi primera dentadura postiza, y entonces ser&#225; a m&#237; a quien aplastar&#225;s para tirarme a la basura y buscarte una m&#225;s joven.

Dudaba en mandarle a paseo. No ten&#237;a noticias de Herv&#233;. Le imaginaba aspirando aire fresco, por la noche, con un jersey anudado sobre los hombros, entre retamas y dunas, navegando durante el d&#237;a con sus hijos, jugando al b&#225;dminton con su hija, paseando con su mujer. Esbelto, elegante, el mech&#243;n pegajoso por la brisa del mar, la sonrisa enigm&#225;tica. Sabe seducir, ese hombre que se quiere austero. A fuerza de jugar a los intocables, se vuelve irresistible. El Sapo no daba la talla a su lado, s&#237; pero El Sapo se hab&#237;a arrimado a puerto, la bolsa atiborrada de oro y el anular estremeci&#233;ndose, reclamando una alianza. El anillo de miga de pan lo demostraba. As&#237; que no quiere levantarme simplemente como un trofeo, quiere casarse conmigo

Reflexionaba y pensaba que no hab&#237;a que decidir nada.

Volv&#237;a a coger el mando a distancia, y buscaba una pel&#237;cula en los canales de cine. A veces gritaba: &#161;Jos&#233;phine! &#161;Jos&#233;phine! &#191;Qu&#233; est&#225;s haciendo?, pero Jos&#233;phine no respond&#237;a, sumergida en sus estudios y sus notas. &#161;Menuda pedante! Nunca hablaban de Philippe. Ni siquiera mencionaban su nombre. Iris lo hab&#237;a intentado, una noche que compart&#237;an un plato de pasta en la cocina

&#191;Tienes noticias de mi marido? -hab&#237;a preguntado, divertida, levantando el tenedor.

Jos&#233;phine hab&#237;a enrojecido y respondi&#243;: No, ninguna.

&#161;No me extra&#241;a! &#161;Chicas como t&#250; las hay a miles! &#191;No est&#225;s triste?

No. &#191;Por qu&#233; iba a estar triste? Nos entend&#237;amos bien, eso es todo. Y t&#250; te montaste toda una historia

&#161;Que no! Simplemente veo con qu&#233; facilidad me dej&#243;, ni una palabra, ni una llamada, y deduzco de ello que el hombre es superficial y fr&#237;volo. Debe de ser la crisis de los cincuenta. Mariposea Pero aun as&#237;, os llevabais muy bien, &#191;no?

Sobre todo por los ni&#241;os

Jos&#233;phine hab&#237;a empujado su plato de pasta.

&#191;Ya no tienes hambre?

Hace demasiado calor.

Pero, en tu opini&#243;n, &#233;l me am&#243;, &#191;no?

S&#237;, Iris. Te am&#243;, estaba loco por ti y, en mi opini&#243;n, lo sigue estando

&#191;Lo crees de verdad? -hab&#237;a preguntado Iris abriendo mucho los ojos.

S&#237;. Creo que atraves&#225;is una crisis, pero que volver&#225;.

Qu&#233; buena eres, Jo. Me hace mucho bien o&#237;r eso, aunque no sea verdad. Perd&#243;name por lo de antes

&#191;Por qu&#233;?

Cuando dije que chicas como t&#250; las hab&#237;a a miles

&#161;Ni siquiera me he dado cuenta!

Yo me habr&#237;a sentido herida No conozco a nadie tan bueno como t&#250;.

Jos&#233;phine se hab&#237;a levantado, hab&#237;a puesto su plato en el lavavajillas y hab&#237;a dicho: Voy a trabajar una hora m&#225;s y despu&#233;s &#161;hala, a la cama!.

Hab&#237;an llamado a la puerta. Era Iphig&#233;nie.

&#161;Se&#241;ora Cort&#232;s! &#191;Quiere usted venir conmigo? Hay una fuga de agua en casa de los Lefloc-Pignel, tengo que ir a ver y no tengo ganas de ir sola. &#161;No vaya a ser que digan que me he llevado algo!

&#161;Ya voy, Iphig&#233;nie!

&#191;Puedo ir yo tambi&#233;n?-pregunt&#243; Iris.

No, se&#241;ora Dupin, a &#233;l no le gustar&#237;a nada que yo dejara pasar visitas.

&#161;No lo sabr&#225;! Me gustar&#237;a tanto ver d&#243;nde vive

&#161;Pues no lo ver&#225; usted! &#161;No quiero problemas!

Iris se hab&#237;a vuelto a sentar y hab&#237;a empujado su plato de espaguetis.

&#161;Estoy harta de esta vida, pero harta! &#161;Que os jodan a todos! &#161;Y a todas! &#161;Largaos!

Iphig&#233;nie se hab&#237;a dado la vuelta haciendo su ruido de trompeta, y Jos&#233;phine la hab&#237;a seguido.

&#161;Menuda es &#233;sa! &#161;Me pregunto c&#243;mo pueden ser hermanas!

Ya no la soporto, Iphig&#233;nie, &#161;es horrible! Ya no la oigo cuando habla. Se est&#225; convirtiendo en una caricatura de s&#237; misma. &#191;C&#243;mo se puede cambiar tan deprisa? Era la mujer m&#225;s elegante, la m&#225;s sofisticada, la m&#225;s distinguida del mundo y se ha convertido

En una zorra amargada. &#161;Eso es lo que es!

No. &#161;Ah&#237; se pasa usted! &#161;No hay que olvidar que es desgraciada!

&#161;Ya me tiene hasta el culo con su piedad, se&#241;ora Cort&#232;s! Es rica a m&#225;s no poder, tiene un marido que le paga todo, no necesita trabajar &#161;y encima lloriquea! Los ricos siempre son as&#237;, lo quieren todo. Como tienen dinero, se creen que lo pueden comprar todo, incluso la felicidad, &#161;y se ponen furiosos cuando son infelices!

El piso de los Lefloc-Pignel estaba inmerso en la penumbra y entraron de puntillas. Tengo la impresi&#243;n de ser una ladrona, susurr&#243; Jos&#233;phine. &#161;Y yo, un fontanero!, respondi&#243; Iphig&#233;nie, que fue a la cocina a cortar el agua. Jos&#233;phine recorri&#243; el piso. En el sal&#243;n, todos los muebles estaban cubiertos por s&#225;banas blancas. Se dir&#237;a una reuni&#243;n de fantasmas. Identific&#243; dos sillas bajas, una poltrona, un sof&#225;, un piano y, en medio de la habitaci&#243;n, un gran mueble rectangular que presid&#237;a como un ata&#250;d sobre un catafalco. Levant&#243; una esquina de la s&#225;bana y descubri&#243; un inmenso acuario, sin agua, lleno de guijarros, de piedras planas, de ramas de &#225;rboles, de cortezas, de ra&#237;ces, de restos de macetas de barro, de escudillas de agua y de brotes de c&#225;&#241;amo. &#191;Qu&#233; guardan ah&#237; dentro? &#191;Hurones, ara&#241;as, boas constrictor? &#191;Pero d&#243;nde los meten cuando se van de vacaciones?

Entr&#243; en una habitaci&#243;n que deb&#237;a de ser la de los padres. Las cortinas estaban echadas, las persianas bajadas. Encendi&#243; la luz, y una gran l&#225;mpara de l&#225;grimas de cristal alumbr&#243; el cuarto. Encima de la cama hab&#237;a un crucifijo con un trozo de boj seco y una imagen de santa Teresa de Lisieux. Jos&#233;phine se acerc&#243; a los cuadros colgados en las paredes para mirar las fotos de familia. Descubri&#243; al se&#241;or y la se&#241;ora el d&#237;a de su boda. Largo vestido blanco la novia, chaqu&#233; y sombrero de copa el novio. Sonre&#237;an. La se&#241;ora Lefloc- Pignel posaba con la cabeza descansando sobre el hombro de su marido. Parec&#237;a una ni&#241;a en su primera comuni&#243;n. En los otros cuadros se pod&#237;a seguir el bautizo de los tres hijos, las diferentes etapas de su educaci&#243;n religiosa, las Navidades en familia, los paseos a caballo, los partidos de tenis, las fiestas de cumplea&#241;os. Justo al lado de las fotos, en un cuadro dorado, Jos&#233;phine vio un documento escrito en letras may&#250;sculas y en negrita, se inclin&#243; y ley&#243;:


Extracto de un manual cat&#243;lico de econom&#237;a dom&#233;stica

para mujeres, publicado en 1960


Est&#225; usted casada ante Dios y los hombres. Debe estar usted a la altura de su misi&#243;n.


POR LA TARDE CUANDO &#201;L VUELVA


Prepare las cosas con antelaci&#243;n para que le espere una comida deliciosa. Es una forma de demostrarle que ha pensado usted en &#233;l y que se preocupa de sus necesidades.


EST&#201; DISPUESTA


Descanse quince minutos para estar relajada. Retoque su maquillaje, p&#243;ngase una cinta en el pelo y est&#233; fresca y afable. &#201;l pasa la jornada en compa&#241;&#237;a de gente sobrecargada de preocupaciones y de trabajo. Su dura jornada necesita distracci&#243;n, es uno de sus deberes el hacer que as&#237; sea. Su marido tendr&#225; la sensaci&#243;n de tener un remanso de paz y orden y eso har&#225; que usted sea igualmente feliz. En definitiva, velar por su comodidad le procurar&#225; una inmensa satisfacci&#243;n personal.

REDUZCA TODOS LOS RUIDOS AL M&#193;XIMO En el momento de su llegada, elimine todos los ruidos de la lavadora, la secadora o el aspirador. Exhorte a los ni&#241;os para que est&#233;n tranquilos. Ac&#243;jale con una calurosa sonrisa y muestre sinceridad en su deseo de complacerle.

ESC&#218;CHELE

Puede ser que tenga usted una docena de cosas importantes que decirle, pero su llegada a casa no es el momento oportuno. D&#233;jele hablar primero, recuerde que sus temas de conversaci&#243;n son m&#225;s importantes que los suyos.

NO SE QUEJE NUNCA SI VUELVE TARDE O sale para cenar o para ir a otros lugares de diversi&#243;n sin usted.

NO LE RECIBA CON SUS QUEJAS Y SUS PROBLEMAS Inst&#225;lele confortablemente. Prop&#243;ngale relajarse en una silla c&#243;moda o ir a tumbarse al dormitorio. Hable con una voz suave, tranquilizadora. No le haga preguntas y no ponga en duda su juicio o su integridad. Recuerde que &#233;l es el cabeza de familia y que como tal, ejercer&#225; siempre su voluntad con justicia y honestidad.

CUANDO HAYA TERMINADO DE CENAR RECOJA LA MESA Y LIMPIE R&#193;PIDAMENTE LA VAJILLA

Si su marido le propone ayudarla, decline su oferta pues podr&#237;a sentirse obligado a repetirla despu&#233;s y, tras una larga jornada de trabajo, no necesita ning&#250;n trabajo suplementario. An&#237;mele a que se dedique a sus pasatiempos favoritos y mu&#233;strese interesada sin dar la impresi&#243;n de invadir sus dominios. No le aburra habl&#225;ndole, pues los temas de inter&#233;s de las mujeres son a menudo bastante insignificantes comparados con los de los hombres. Una vez que se hayan retirado los dos al dormitorio, prep&#225;rese para meterse en la cama con prontitud.

ASEG&#218;RESE DE ESTAR ATRACTIVA ANTES DE ACOSTARSE

Intente tener una apariencia que sea agradable sin ser provocadora. Si debe usted aplicarse crema o ponerse bigud&#237;es, espere a que est&#233; dormido pues tal espect&#225;culo podr&#237;a afectar a su sue&#241;o.

EN LO QUE CONCIERNE A LAS RELACIONES &#205;NTIMAS CON SU MARIDO

Es importante recordar sus votos de matrimonio y en particular su obligaci&#243;n de obedecerle. Si estima que necesita dormir inmediatamente, que as&#237; sea. En todo caso, gu&#237;ese por sus deseos y no ejerza ninguna presi&#243;n sobre &#233;l para provocar o estimular una relaci&#243;n &#237;ntima.

SI SU MARIDO SUGIERE EL ACOPLAMIENTO Acepte entonces con humildad teniendo siempre en cuenta que el placer de un hombre es m&#225;s importante que el de una mujer. Cuando haya alcanzado el orgasmo, un peque&#241;o gemido por su parte le animar&#225; y ser&#225; perfectamente suficiente para indicar toda forma de placer que haya usted podido tener.

SI SU MARIDO SUGIERE ALGUNA OTRA PR&#193;CTICA MENOS CORRIENTE

Mu&#233;strese obediente y resignada, pero indique una eventual falta de entusiasmo guardando silencio. Es probable que su marido se duerma entonces r&#225;pidamente: aj&#250;stese la ropa, refr&#233;squese y aplique su crema de noche y sus productos de cuidado para el pelo.

PUEDE USTED ENTONCES PONER EL DESPERTADOR Con el fin de estar levantada un poco antes que &#233;l por la ma&#241;ana. Eso le permitir&#225; tener su taza de t&#233; a su disposici&#243;n cuando despierte.

Jos&#233;phine sinti&#243; c&#243;mo un estremecimiento de horror recorr&#237;a su cuerpo.

&#161;Iphig&#233;nie! &#161;Iphig&#233;nie!

&#191;Qu&#233; pasa, se&#241;ora Cort&#232;s!

&#161;Venga! &#161;Deprisa!

Iphig&#233;nie corri&#243; sec&#225;ndose los brazos con un trapo. Hab&#237;a encontrado la fuga y hab&#237;a cortado el agua. Se pas&#243; las manos por su pelo amarillo lim&#243;n y pregunt&#243;, divertida:

&#191;Ha visto usted un rat&#243;n?

Jos&#233;phine tendi&#243; el dedo hacia el texto enmarcado. Iphig&#233;nie se acerc&#243; y ley&#243; atentamente, la boca abierta de estupor.

&#161;La pobre! &#161;No es extra&#241;o que est&#233; agotada y que nunca saque la nariz fuera! &#191;No ser&#225; para re&#237;r? Es una broma

No lo creo, Iphig&#233;nie, no lo creo.

&#161;Es una pena que su hermana no vea esto! Ella que no da un palo al agua durante todo el d&#237;a, &#161;le dar&#237;a algunas ideas!

&#161;Ni una palabra a Iris! -dijo Jos&#233;phine colocando el dedo sobre la boca. Se lo contar&#237;a a &#233;l y ser&#237;a todo un drama. Ese hombre me da miedo.

&#161; Y a m&#237; me pone los pelos de punta esta casa! No hay ni una pizca de vida. &#161;Ella debe de pasarse el tiempo limpiando y los ni&#241;os tampoco deben de divertirse mucho! Debe de ser un aut&#233;ntico tirano dom&#233;stico.

Cerraron la puerta de la entrada con llave y volvieron, Iphig&#233;nie a su porter&#237;a de colores y Jos&#233;phine a su cuarto lleno de libros.



* * *


Sobre el puente del barco amarrado en el puerto de Korcula, Hortense so&#241;aba, mientras observaba un escarabajo que arrastraba un trozo de tomate marchito. Una semana m&#225;s y saldr&#237;a de esta jaula de oro. &#161;Qu&#233; aburrimiento, pero qu&#233; aburrimiento! Nicholas era encantador, &#161;pero los otros! Aburridos, esnobs, pretenciosos, comparando sus relojes Breitling y Boucheron, pesando los quilates de sus pendientes, leyendo Vogue en todas las lenguas, hablando de sus charity, de Sofia Coppola, del pendrive Dior, y del &#250;ltimo show de Cindy Sherman, poniendo cara de placer, los ojos en blanco y una mano en la garganta. Ya no la volver&#237;an a pillar meti&#233;ndose de cabeza en un crucero de lujo. &#191;Qu&#233; tal, daaarling?Era el saludo matinal, ante la mesa del desayuno suntuosamente preparado por una tripulaci&#243;n, que se levantaba al alba para ir a avituallarse al puerto. He bajado al puerto ayer, &#161;encantador! &#191;Hab&#233;is visto toda esa miseeeria en tieeerra? Es pintoreeesco, &#191;verdaaaaad? Dime, daaarling, &#191;no bebimos demasiado ayer? &#161;No lo recuerdo! &#191;Y Josh, d&#243;nde est&#225; Josh? &#161;Ya sabes que es el artiiiista m&#225;s grande viiiivo! Su don para la transformaci&#243;n del acto al segundo grado, esa forma de materia convertida en terreno de juego del inconsciente, le&#237;da por el yo consciente, es el tema de su vida; &#161;s&#243;lo &#233;l sabe pasar del trash a la elegancia infinita, definiendo una fealdad universal que acaba por sublimar inmortaliz&#225;ndola en sus obras!

&#161;Stoooop!, vociferaba Hortense, los ojos como metralletas.

&#161;No puedo m&#225;s! &#161;Los voy a degollar! -gritaba frente a Nicholas, una vez en la cabina-. &#161;Y no me toques o grito que me violan!

&#161;Pero bueno, Darling!

&#161;No vas a empezar t&#250; tambi&#233;n! Yo me llamo Hortense.

&#161;Es el mundo de las lentejuelas! Vas a tener que acostumbrarte si quieres progresar

&#161;No son TODOS as&#237;! Jean-Paul Gaultier es normal. No pone acentos circunflejos por todos lados, y no habla de conceptos sacados del mundo de los pasmarotes. &#161;Y esas toneladas de joyas que llevan a todas partes! &#191;No tienen miedo de irse a pique?

Nicholas baj&#243; la cabeza.

Lo siento. Nunca deb&#237; traerte, cre&#237;a que ibas a divertirte

Ella se dej&#243; caer a su lado y rasc&#243; el bot&#243;n de su blazer azul marino.

&#161;Incluso te han transformado en payaso! &#191;Por qu&#233; llevas un blazer? Son las once de la ma&#241;ana

No lo s&#233;. Tienes raz&#243;n, son idiotas, vanos, est&#233;riles.

&#161;Gracias! Me siento menos sola

&#191;Te puedo tocar ahora?

&#191;Era una estratagema?

&#201;l gui&#241;&#243; un ojo y ella se puso a gritar que me violan y se escap&#243; al puente.

Estaban todos a la mesa. Ella estaba en paz. Se tumb&#243; en un colch&#243;n y se oblig&#243; a encontrar aspectos positivos. Si no, saltar&#233; al agua y volver&#233; a Marsella a nado. Pens&#243; que mucha gente deb&#237;a de envidiarla, que, de lejos, podr&#237;a parecer que se estaba divirtiendo, que cada noche, su anfitriona, Mrs. Stefanie Neumann, depositaba un regalo en la servilleta blanca doblada en dos, y que todav&#237;a le quedaban ocho deliciosas sorpresas si se quedaba a bordo. Pero sobre todo, record&#243; que Charlotte Bradsburry so&#241;aba con unirse a esa tribu adulterada, &#161;pero que Mrs. Neumann no hab&#237;a querido invitarla nunca!

Se sinti&#243; inmediatamente de mejor humor.

Alguien hab&#237;a olvidado su m&#243;vil, una concha de oro con un enorme diamante engastado en la tapa. Lo cogi&#243; y lo sopes&#243;. &#161;Qu&#233; vulgaridad! Lo abri&#243; y apareci&#243; la hora en grande. Las doce y media en Korcula. Once y media en Londres. Gary tocaba el piano o fotografiaba las ardillas del parque. Rechaz&#243; la imagen de Gary entre s&#225;banas arrugadas, al lado de se&#241;orita-que-no-se-nombra. Seis y media de la ma&#241;ana en Nueva York. Dieciocho horas treinta en Pek&#237;n o en Shanghai &#161;Shanghai! Sac&#243; de su capazo Prada (un regalo de Mrs. Neumann) su cuadernito Hemingway, encontr&#243; el n&#250;mero de Myl&#232;ne y lo marc&#243;. Hab&#237;a intentado llamarla varias veces, Myl&#232;ne no respond&#237;a nunca. Marcel debi&#243; de cometer un error al copiarle su n&#250;mero. No le costar&#237;a nada intentarlo una &#250;ltima vez.

Un timbrazo, dos timbrazos, tres timbrazos, cuatro timbrazos Iba a colgar cuando escuch&#243; la voz de Myl&#232;ne, con su acentito de Lons-le-Saunier que intentaba corregir en vano.

&#191;Diga?

&#191;Myl&#232;ne Corbier?

S&#237;.

Hortense Cort&#232;s.

&#161;Hortense! Cari&#241;o, mi amor, mi conejito azul de las islas &#161;Qu&#233; feliz soy de o&#237;rte! &#161;Ay! &#161;Os echo tanto de menos, mis azucarillos

&#191;Myl&#232;ne Corbier, el cuervo?

Hortense escuch&#243; un peque&#241;o gemido ahogado, seguido de un largo silencio.

&#191;Myl&#232;ne Corbier, el cuervo, que env&#237;a cartas an&#243;nimas de lo m&#225;s cursi a dos hu&#233;rfanas, haci&#233;ndoles creer que su padre sigue vivo cuando est&#225; muerto y bien muerto?

El mismo peque&#241;o gemido, redoblado esta vez.

&#191;Myl&#232;ne Corbier, que est&#225; tan jodidamente aburrida en China, que ya no sabe qu&#233; juego perverso inventar? &#191;Myl&#232;ne Corbier, que se fabrica una familia por correspondencia?

El gemido se transform&#243; en hipo entrecortado.

Vas a dejar de enviar esas cartas asquerosas, o te denuncio a todas las polic&#237;as del mundo y revelo todos tus peque&#241;os chanchullos, las letras que imitas, los cheques que falsificas y las cuentas que maquillas. &#191;Me has entendido, Myl&#232;ne Corbier de Lons-le-Saunier?

Pero yo nunca -acab&#243; por eructar Myl&#232;ne Corbier, gritando como un asno.

Eres una mentirosa y una manipuladora. &#161;Y lo sabes! As&#237; que Dime s&#243;lo s&#237;, lo he comprendido y dejar&#233; de escribir esas cartas innobles y salvas tu sucio pellejo de arenque ahumado

Yo nunca

&#191;Quieres que concrete mis amenazas? &#191;Que pida a Marcel Grobz que te cierre el pico?

Myl&#232;ne Corbier dud&#243;, y despu&#233;s repiti&#243; d&#243;cilmente. Hortense aprob&#243; con un chasquido de lengua.

Un &#250;ltimo consejo, Myl&#232;ne Corbier: es in&#250;til llamar a Marcel Grobz para quejarte. &#161;Se lo he contado todo y se encargar&#225; personalmente de poner a toda la polic&#237;a del planeta a perseguirte!

Hubo un &#250;ltimo gemido entrecortado por sollozos reprimidos. La p&#233;rfida se atragant&#243; sin a&#241;adir una queja. Hortense esper&#243; a estar segura de que mord&#237;a el polvo y colg&#243;. Dej&#243; el m&#243;vil del diamante sobre el colch&#243;n, al lado del frasco de aceite solar y un par de gafas Fendi.



* * *


El calor del mes de agosto se filtraba a trav&#233;s de las persianas cerradas de la cocina. Un calor pesado, inm&#243;vil, que apenas se atenuaba unas horas, durante la noche, para volver a instalarse, aplastante, con las primeras luces del d&#237;a. No eran m&#225;s de las diez de la ma&#241;ana, pero el sol lanzaba ya sus ardientes rayos al asalto de los postigos met&#225;licos blancos, calent&#225;ndolos al lanzallamas.

Ya no entiendo nada del tiempo -suspir&#243; Iris, hundida en su silla-, hace dos d&#237;as habl&#225;bamos de volver a encender la calefacci&#243;n y esta ma&#241;ana, so&#241;amos con glaciares

Jos&#233;phine murmur&#243;: Ya no hay estaciones, consciente de que eran las palabras que conven&#237;a decir y demasiado perezosa para cambiar de r&#233;plica. El calor sofocante la alejaba de sus queridas palabras, del gran cuidado que de costumbre pon&#237;a al elegir su vocabulario, a expresar su pensamiento, y adoptaba las expresiones populares, ya no hay estaciones, ya no hay ni&#241;os, ya no hay hombres, ya no hay mujeres, ya no hay anchoas, ya no hay bogavantes rojos cuando levantas una roca La can&#237;cula las volv&#237;a tontas, embrutecidas y las confinaba como dos animalitos aplatanados en la habitaci&#243;n m&#225;s fresca de la casa, donde las dos hermanas compart&#237;an la h&#233;lice de un ventilador y las gotitas de un spray de agua Caudalie. Se vaporizaban para despu&#233;s volverse hacia las ruidosas palas sus febriles rostros de mujeres aleladas.

&#161;Luca ha llamado dos veces!-dijo Iris siguiendo el trayecto del ventilador con la cabeza-. Quiere hablar contigo sin falta. Le he dicho que le llamar&#237;as

&#161;Jolines! &#161;Olvid&#233; devolverle la llave! Voy a hacerlo inmediatamente

Se levant&#243; lentamente, fue a buscar un sobre timbrado, escribi&#243; la direcci&#243;n de Luca e introdujo la peque&#241;a llave en el interior.

&#191;No le escribes algo? Es un poco seco como adi&#243;s.

Pero &#191;d&#243;nde tengo la cabeza?-suspir&#243; Jos&#233;phine-. &#161;Voy a tener que volver a levantarme!

&#161;Valor! -sonri&#243; Iris.

Jos&#233;phine volvi&#243; con una hoja de papel blanco y se puso a pensar en qu&#233; podr&#237;a escribirle.

Dile que te vas de vacaciones conmigo, a Deauville. Te dejar&#225; tranquila.

Jos&#233;phine escribi&#243;. Luca, le devuelvo sus llaves. Me voy a Deauville a casa de mi hermana. Que pase un buen final de verano. Jos&#233;phine.

Ya est&#225; -dijo, pegando el sobre-. &#161;Y adi&#243;s muy buenas!

&#161;No te quejes! Era un hombre muy guapo, seg&#250;n tus hijas

Quiz&#225;s, pero ya no tengo ganas de verle

La punta de sus orejas enrojeci&#243;: acababa de pensar desde que quiero a Philippe. Porque todav&#237;a le quiero, incluso si no da ninguna se&#241;al de vida. Tengo esa seguridad en el fondo de mi coraz&#243;n. Meti&#243; la carta en su bolso y dijo adi&#243;s a Luca.

Muy bien -suspir&#243; Iris extendiendo sus piernas sobre la silla vecina.

Mmmm -ronrone&#243; Jos&#233;phine desplaz&#225;ndose algunos mil&#237;metros sobre su asiento para ocupar una superficie m&#225;s fresca.

&#191;Quieres que te lea tu hor&#243;scopo?

Mmmmss&#237;

Esto clima general: estar&#225; envuelta en una borrasca a partir del 15 de agosto.

Es hoy -apunt&#243; Jos&#233;phine volviendo la nuca para ofrecer su piel h&#250;meda y caliente al viento fresco del ventilador.

 y hasta el final de mes. Ag&#225;rrese, puede ser violenta y no saldr&#225; indemne de ella. Amor: una vieja llama volver&#225; a lucir y se ver&#225; arrastrada por ella. Salud: atenci&#243;n a las palpitaciones cardiacas.

Parece ser que va a haber movimiento -murmur&#243; Jos&#233;phine, agotada ante la idea de ser barrida por una borrasca-. &#191;Y t&#250;?

Iris cogi&#243; un cubito de la jarra de t&#233; helado preparado por Jos&#233;phine y, pase&#225;ndolo por sus sienes y sus mejillas ardientes, prosigui&#243;:

Veamos Clima general: se enfrentar&#225; a un gran obst&#225;culo. Utilice el encanto y la diplomacia. Si elige responder con la violencia, saldr&#225; perdiendo. Amor: tendr&#225; lugar un enfrentamiento, ganar o perder s&#243;lo depender&#225; de usted. Todo se decidir&#225; en el filo de la navaja. Ufff &#161;No es muy alentador!

&#191;Y la salud?

&#161;Nunca leo la salud! -dijo Iris cerrando la revista, que dobl&#243; para abanicarse con ella-. Me gustar&#237;a ser un ping&#252;ino y deslizarme por un tobog&#225;n de hielo.

Estar&#237;amos mejor chapoteando en Deauville.

&#161;Ni lo menciones! Hace un rato, en la radio, dec&#237;an que hab&#237;a habido all&#237; una terrible tormenta durante la noche

Extendi&#243; una mano inerte hacia la radio para escuchar el bolet&#237;n meteorol&#243;gico, subi&#243; el volumen, pero suspir&#243;, era una pausa publicitaria. Baj&#243; el sonido.

Al menos sentir&#237;amos algo de fresco Ya no puedo m&#225;s.

Ve t&#250; si quieres, te dejo las llaves. Yo no me muevo de aqu&#237;.

Ma&#241;ana estar&#225; aqu&#237;. Si cumple su promesa Todav&#237;a no ha dado ninguna se&#241;al. &#161;Le llam&#233; mentiroso! Tengo que aprender baj&#243; los ojos sobre su hor&#243;scopo a utilizar el encanto y la diplomacia. Me arrastrar&#233; como una culebra, tan t&#237;mida como la debutante de un har&#233;n. &#191;Y por qu&#233; no? Descubr&#237;a con estupor que aspiraba a obedecerle, a someterse. Ning&#250;n hombre hab&#237;a despertado ese sentimiento en m&#237;. &#191;Podr&#237;a ser la se&#241;al de un verdadero amor? No tener m&#225;s ganas de hacer comedia, sino ofrecer el alma desnuda a ese hombre murmur&#225;ndole: Le amo, haga lo que quiera conmigo. Resulta extra&#241;o c&#243;mo la ausencia puede amplificar los sentimientos. &#191;O es &#233;l, por su actitud, el que provoca esta rendici&#243;n? Ha dejado tras &#233;l una mujer enfadada, encontrar&#225; una enamorada sumisa. Tengo ganas de postrarme ante &#233;l, de poner mi vida en sus manos, no protestar&#233;, murmurar&#233; en voz baja: Es usted mi amo. Son las palabras que &#233;l hubiese querido o&#237;r la v&#237;spera de su partida. No supe pronunciarlas. Dos semanas de dolorosa ausencia han sabido hacerlas eclosionar en mis labios. Volver&#225; ma&#241;ana, volver&#225; ma&#241;ana Hab&#237;a dicho: Quince d&#237;as. Oy&#243;, en el patio, el murmullo familiar de los cubos de basura que se guardan y el ruido de una boca de riego poni&#233;ndose en marcha. Hac&#237;a clic-clic y la refrescaba. Hac&#237;a clic-clic y tra&#237;a promesas. La portera desplazaba las macetas de flores arrastr&#225;ndolas por el suelo y ella record&#243; las jardineras llenas de rosas de la casa de Deauville. Un recuerdo del para&#237;so perdido que borr&#243; inmediatamente. Herv&#233; hab&#237;a conseguido alejar a Philippe. Y al Sapo. Hab&#237;a puesto fin a las esperanzas de Raoul confes&#225;ndole que estaba enamorada de otro. &#201;l hab&#237;a hecho sonar su tarjeta Platino sobre la cuenta y afirmado: No importa, ya llegar&#225; mi hora. &#161;Usted no duda nunca, Raoul!. Siempre consigo lo que quiero. A veces me lleva m&#225;s tiempo del previsto porque no soy un mago, pero nunca, nunca, me cubro con el h&#225;bito del vencido. Se hab&#237;a incorporado, orgulloso y ardiente como un emperador romano envuelto en su toga de regreso de una campa&#241;a triunfal. A ella le hab&#237;a gustado su tono marcial. Le gustaban terriblemente los hombres fuertes, decididos, brutales. Hacen que nazca un estremecimiento dentro de m&#237;, mi cuerpo se inclina ante ellos, me siento dominada, pose&#237;da, prendida, llena. Me gusta la fuerza bruta en un hombre. Es una cualidad que una mujer evoca raramente, horrorizada ante la crudeza de la confesi&#243;n. Ella le hab&#237;a mirado de forma diferente, hab&#237;a esbozado una sonrisa errante. No es tan feo, finalmente. Y ese brillo en los ojos que luc&#237;a como un desaf&#237;o Pero estaba Herv&#233;. El intratable Herv&#233;. Ni una palabra, ni un mensaje en quince d&#237;as. Tembl&#243; sobre su silla y levant&#243; su pesada cabellera para disimular su turbaci&#243;n.

Vete a Deauville. &#161;La casa est&#225; vac&#237;a!

No s&#233; si Podr&#237;a molestar llegando de improviso.

Philippe no est&#225; all&#237;. He recibido una postal de Alexandre. Su padre ha viajado con ellos a Irlanda y se los lleva, a &#233;l y a Zo&#233;, al lago de Connemara.

&#191;Est&#225;s segura?, sinti&#243; ganas de decir Jos&#233;phine. A m&#237; Zo&#233; no me ha dicho nada. Pero no quiso atraer la atenci&#243;n de Iris.

As&#237; comprobar&#225;s si la tempestad no ha causado da&#241;os. El periodista en la radio hablaba de &#225;rboles derribados, de tejados arrancados Me har&#237;as un favor.

Y no te tendr&#237;a rondando por aqu&#237; cuando llegara Herv&#233;. Podr&#237;a estropearlo todo. Subi&#243; el volumen de la radio.

Me sentar&#237;a bien Crees de verdad que -dudaba Jos&#233;phine.

Jos&#233;phine, con el amor, aprend&#237;a la astucia. Levant&#243; hacia Iris sus ojos inocentes, esperando a que repitiese su invitaci&#243;n.

Son s&#243;lo dos horas de coche Abres la casa, revisas el techo, cuentas las tejas que faltan y llamas al techador, si hace falta, el se&#241;or Fauvet, el tel&#233;fono est&#225; en la puerta del frigo.

Es una idea -suspir&#243; Jos&#233;phine, que no quer&#237;a manifestar su alegr&#237;a.

Una buena idea, cr&#233;eme -repiti&#243; Iris agitando la revista como si fuera un junco.

Las dos hermanas intercambiaron una mirada, encantadas de su duplicidad. Y volvieron a sus fantas&#237;as, dejando secar las gotas de agua sobre su piel en surcos sinuosos, escuchando con o&#237;do ausente los comentarios de un locutor de radio, que contaba la vida de los grandes navegantes. &#161;Ma&#241;ana le ver&#233;!, pensaba la una, &#191;estar&#225; &#233;l all&#237;?, pensaba la otra. Y me postrar&#233; a sus pies, se dec&#237;a la una, y me lanzar&#233; contra &#233;l rode&#225;ndole el cuello con mis brazos, imaginaba la otra. Y mi silencio hablar&#225; y reparar&#225; las grietas pasadas, se tranquilizaba una, s&#237; pero &#191;y si ven&#237;a acompa&#241;ado de una tal Dottie Doolittle?, se estremeci&#243; la otra.

Jos&#233;phine se levant&#243;, incapaz de soportar esa idea. Recogi&#243; las tazas, la confitura y los restos del desayuno. &#161;Pero claro! &#161;No estar&#225; solo! &#191;C&#243;mo no se le hab&#237;a pasado por la cabeza? &#161;Como si en su vida s&#243;lo existiese yo! Intentaba ocupar sus manos, su mente, alejarla de esa hip&#243;tesis terrible cuando oy&#243;, primero en sordina y despu&#233;s cada vez m&#225;s fuerte hasta que la canci&#243;n estall&#243; a todo volumen en su cabeza Strangers in the night que sal&#237;a de la radio y pregonaba que s&#237;, que estaba all&#237;, que s&#237;, est&#225; solo, que s&#237;, &#233;l te espera Estrech&#243; la jarra de t&#233; helado contra s&#237;, dio dos pasos de baile escondiendo el movimiento de sus pies bajo la mesa, exchanging glances, lovers at first sight, in love for ever, dubidubid&#250; y encaden&#243;, bajando la cabeza:

&#191;Y si me fuese enseguida? &#191;No te importar&#237;a?

&#191;Ahora? -pregunt&#243; Iris, sorprendida.

Levant&#243; la cabeza hacia su hermana y la vio, resuelta, impaciente, abraz&#243; la taza de t&#233;, apretando hasta casi romperla.

Iris hizo como que dudaba y despu&#233;s asinti&#243;.

Si quieres Pero ten cuidado por el camino. &#161;Acu&#233;rdate de la borrasca del hor&#243;scopo!

Jos&#233;phine hizo la bolsa en diez minutos, la llen&#243; metiendo todo lo que ca&#237;a en sus manos, pensando &#191;estar&#225; all&#237;? Estar&#225; all&#237;, &#191;estar&#225; all&#237;? Sent&#225;ndose sobre la cama para calmar los latidos de su coraz&#243;n enloquecido, suspirando, volviendo a su tarea de arramplar ropa, rozando el ordenador, dudando en si llevarlo, que no, que no, estar&#225; all&#237;, estoy segura, dubidubid&#250; Entr&#243; en la cocina a dar un beso a Iris, se golpe&#243; el hombro contra la pared, lanz&#243; un grito, dijo con una mueca te llamo en cuanto llegue, cu&#237;date mucho, deber&#237;a llevar otros zapatos para caminar por la playa, &#161;mis llaves!, &#161;no tengo mis llaves! Llam&#243; al ascensor. &#191;Y el perro? Du Guesclin &#191;d&#243;nde est&#225; su escudilla, y su coj&#237;n? &#191;Lo llevo todo?, se dijo con la mano sobre la cabeza como si fuese a salir volando, patale&#243; para acelerar la lenta marcha del ascensor que se detuvo en el segundo piso. El peque&#241;o Van den Brock, &#191;c&#243;mo se llamaba, S&#233;bastien? S&#237;, S&#233;bastien, entr&#243;, tirando de una gran bolsa de viaje. Su pelo rubio se ergu&#237;a en manojos de paja corta y dorada, sus mejillas y sus brazos bronceados parec&#237;an rebanadas de bizcocho, y la punta de sus pesta&#241;as que abrigaba unos ojos serios estaba descolorida por el sol.

&#191;Te vas de vacaciones? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, dispuesta a verter sobre cualquier ser humano el amor que llenaba su coraz&#243;n y que amenazaba desbordar.

Vuelvo a irme -corrigi&#243; el chico con el tono puntilloso de un director gerente.

&#161;Ah, bueno! &#191;y de d&#243;nde vuelves?

De Belle-&#206;le.

&#191;Estabais con los Lefloc-Pignel?

S&#237;. Pasamos una semana con ellos.

&#191;Y te has divertido?

Hemos pescado camarones

&#191;Ga&#233;tan est&#225; bien?

&#201;l est&#225; bien, pero a Domitille la castigaron. Encerrada en su habitaci&#243;n durante una semana, sin poder salir, a pan y agua

&#161;Oh!-exclam&#243; Jos&#233;phine-. &#191;Qu&#233; hab&#237;a hecho tan terrible?

Su padre la sorprendi&#243; besando a un chico. No tiene ni trece a&#241;os, &#191;sabe?-explic&#243; con un tonillo reprobador, como para subrayar la audacia de Domitille-. Ella dice que es m&#225;s mayor, pero yo lo s&#233;.

Sali&#243; en el bajo expulsando la gran bolsa. Resoplaba, sudaba y se parec&#237;a, por fin, a un ni&#241;o.

El coche est&#225; aparcado delante. Mam&#225; est&#225; cerrando la casa y pap&#225; carga el equipaje. Buenas vacaciones, se&#241;ora.

Jos&#233;phine continu&#243; hasta el segundo s&#243;tano donde se encontraba el aparcamiento. Abri&#243; el maletero, lanz&#243; la bolsa, hizo subir a Du Guesclin y se sent&#243; al volante. Volvi&#243; el retrovisor hacia s&#237; y se mir&#243; en el espejo. &#191;Eres t&#250; la que por un presentimiento corre al encuentro de un amante silencioso en Deauville? &#161;Animada por una canci&#243;n de la radio! Ya no te reconozco, Jos&#233;phine.

A la altura de Rouen, percibi&#243; nubarrones negros en el cielo, tan densos que apagaban la luz del d&#237;a, y continu&#243; hasta Deauville bajo la amenaza de una terrible tormenta sobre su cabeza. &#161;Una borrasca! Aqu&#237; est&#225;, pues. Se oblig&#243; a sonre&#237;r. A fuerza de vivir con Iris, me estoy volviendo como ella y haciendo caso de esas tonter&#237;as. Pronto instalar&#225; a un gato sobre su hombro y se echar&#225; las cartas. Ella va a visitar a videntes, y todas le predicen un gran amor a vida o muerte. Y lo espera, sentada frente al ventilador, esperando o&#237;r ruido de llaves en el piso de Lefloc-Pignel. La hubiese estorbado si me hubiese quedado.

Lleg&#243; a primera hora de la tarde. Oy&#243; el grito de las gaviotas que revoloteaban alrededor de la casa en c&#237;rculos bajos. Aspir&#243; el olor h&#250;medo del viento salado. Observ&#243; la casa desde lo alto del camino que descend&#237;a hasta la entrada. Vio los postigos cerrados. Lanz&#243; un suspiro. &#201;l no estaba.

Una brusca r&#225;faga de viento empuj&#243; una teja y la tir&#243; a sus pies. Jos&#233;phine se protegi&#243; con la mano, despu&#233;s levant&#243; la cabeza y descubri&#243; que la mitad del techo hab&#237;a volado. En algunas partes no quedaban m&#225;s que los travesa&#241;os desnudos, y espesas capas de fibra de vidrio como milhojas bailando al viento. Se dir&#237;a que un enorme rastrillo hab&#237;a pasado sobre la casa, levantando filas de tejas, dejando otras. Se volvi&#243; hacia los &#225;rboles del parque. Algunos se manten&#237;an rectos, un poco temblorosos, pero otros estaban abiertos en dos como puerros pelados. Esperar&#237;a a hablar con el techador para informar a Iris de la extensi&#243;n de la cat&#225;strofe.

De hecho, pens&#243;, supongo que le importa un comino el estado de la casa. Debe de estar pint&#225;ndose los dedos de los pies, unt&#225;ndose de crema y poni&#233;ndose r&#237;mel negro sobre sus grandes ojos azules.

Le envi&#243; un mensaje de texto para decirle que hab&#237;a llegado bien.



* * *


Iris se despert&#243; oprimida por una ansiedad que hormigueaba por todo su cuerpo, y la manten&#237;a tumbada, aplastada. Era 16 de agosto. &#201;l hab&#237;a dicho quince d&#237;as. Instal&#243; el tel&#233;fono sobre la almohada y esper&#243;.

&#201;l no llamar&#237;a enseguida. Esa &#233;poca hab&#237;a terminado. Ella era consciente de que hab&#237;a franqueado un l&#237;mite imperdonable llam&#225;ndole mentiroso. &#161;En p&#250;blico, adem&#225;s! &#161;Ay! La mirada extra&#241;ada del camarero del bar cuando hab&#237;a gritado: &#161;Mentiroso!, &#161;es usted un mentiroso!. Herv&#233; no se lo perdonar&#237;a f&#225;cilmente. Ya hab&#237;a impuesto los quince d&#237;as de silencio. Y habr&#237;a otras correcciones.

&#191;Y qu&#233; me importa? Ese hombre me ense&#241;a a amar. Me doma de lejos, en silencio. Un estremecimiento de placer crepit&#243; entre sus piernas, y se acurruc&#243; para que continuara ardiendo en su bajo vientre. &#191;As&#237; que esto es el amor? Esa herida fulgurante que dan ganas de morir Esa espera deliciosa en el que una no sabe qui&#233;n es, en la que tiendes la nuca, d&#243;cil cuando te ponen lar riendas, te tapan los ojos, te conducen al poste de la abnegaci&#243;n. Ir&#233; hasta el final con &#233;l. Le pedir&#233; perd&#243;n por haberle insultado. &#201;l intentaba guiarme por el camino del amor, y yo pataleaba como una ni&#241;a mimada. Yo reclamaba un juramento, un beso, mientras que &#233;l me hac&#237;a entrar en un recinto sagrado. No hab&#237;a entendido nada.

Miraba fijamente el tel&#233;fono y suplicaba para que sonara. Dir&#233; Debo cuidar mis palabras para no ofenderle y que comprenda que me rindo. Dir&#233;, Herv&#233;, le he esperado y he comprendido. Haga de m&#237; lo que quiera. No pido nada, s&#243;lo el peso de sus manos sobre mi cuerpo, molde&#225;ndome como un mont&#243;n de arcilla. Y si pido demasiado, ord&#233;neme esperar y esperar&#233;. Permanecer&#233; enclaustrada y bajar&#233; los ojos cuando aparezca. Beber&#233; si lo ordena, comer&#233; si lo manda, me purificar&#233; de mis c&#243;leras in&#250;tiles, de mis caprichos de ni&#241;a peque&#241;a.

Suspir&#243; con una alegr&#237;a tan intensa que crey&#243; desfallecer.

El me ha ense&#241;ado el amor. Esa felicidad imborrable que yo buscaba acumulando, mientras que al contrario deb&#237;a entregarme, darme, dejarlo todo El me ha dado un lugar en la vida. Voy a levantarme, a ponerme mi vestido marfil, ese que &#233;l me compr&#243;, ponerme una cinta en el pelo, y a quedarme sentada, cerca de la puerta, esper&#225;ndole. No llamar&#225; por tel&#233;fono. Llamar&#225; a la puerta. Abrir&#233;, la mirada gacha, el rostro limpio de toda prisa, y le dir&#233;

Se acercaba la hora de la verdad.

Se pas&#243; todo el d&#237;a esperando o&#237;r sus pasos, levantando el tel&#233;fono, comprobando si funcionaba.

No vino esa noche.

Al d&#237;a siguiente, llam&#243; Iphig&#233;nie.

&#191;No est&#225; aqu&#237;, la se&#241;ora Cort&#232;s?

Se ha marchado a descansar.

&#161;Ah! -dijo Iphig&#233;nie, decepcionada.

El edificio debe de estar vac&#237;o -dijo Iris, intentando animar el di&#225;logo.

S&#243;lo est&#225;n usted y el se&#241;or Lefloc-Pignel que volvi&#243; ayer por la tarde.

El coraz&#243;n de Iris dio un salto. Hab&#237;a vuelto. Iba a llamar. Cerr&#243; la puerta y se apoy&#243; contra el quicio, agotada de alegr&#237;a. Prepararme, prepararme. No dejar que nadie se inmiscuya entre nosotros.

Llam&#243; a Iphig&#233;nie por la escalera, y le anunci&#243; que se marchaba unos d&#237;as a casa de una amiga, que guardase, pues, el correo en la porter&#237;a. Iphig&#233;nie se encogi&#243; de hombros y le dese&#243; felices vacaciones, le sentar&#225;n bien.

El frigor&#237;fico estaba lleno, no necesitar&#237;a salir.

Se duch&#243;, se puso el vestido marfil, se at&#243; el pelo, se quit&#243; el barniz de las u&#241;as y esper&#243;. Se pas&#243; el d&#237;a esper&#225;ndole. No os&#243; poner el sonido de la tele demasiado fuerte, por miedo a no escuchar el timbre del tel&#233;fono o los tres golpes sobre la puerta. Sabe que estoy aqu&#237;. Sabe que le espero. Me est&#225; haciendo esperar.

Al final de la tarde se abri&#243; una lata de raviolis. No ten&#237;a hambre. Bebi&#243; una copa, dos para darse valor. Crey&#243; escuchar m&#250;sica en el patio. Abri&#243; la ventana, oy&#243; el sonido de una &#243;pera. Y despu&#233;s su voz Hablaba de negocios por tel&#233;fono. Estoy estudiando el dossier de la fusi&#243;n Se estremeci&#243;, cerr&#243; los ojos. Va a venir. Va a venir.

Le esper&#243; toda la noche, sentada cerca de la ventana. La &#243;pera ces&#243;, la luz se apag&#243;.

No hab&#237;a venido.

Llor&#243;, sentada sobre la silla con su hermoso vestido marfil. No debo ensuciarlo. Mi hermoso vestido de novia.

Termin&#243; la botella de vino tinto y se tom&#243; dos Stilnox.

Fue a acostarse.

&#201;l le hab&#237;a hecho saber que hab&#237;a vuelto poniendo la m&#250;sica muy alta.

Ella le hab&#237;a hecho saber que se someter&#237;a no bajando a llamar a su puerta.



* * *


La primera noche, Jos&#233;phine durmi&#243; en uno de los sof&#225;s del sal&#243;n. La casa estaba devastada y los dormitorios no ten&#237;an techo. Tumbada desde la cama, se ve&#237;a el cielo negro y cargado, rayos como ca&#241;onazos y trazos de lluvia. Por la noche la despert&#243; un trueno y Du Guesclin empez&#243; a aullar.

Cont&#243; uno, dos, para ubicar la presencia de la tormenta, y tuvo tiempo de llegar hasta tres cuando un rayo ilumin&#243; el parque. Se oy&#243; un crujido terrible, el ruido de un &#225;rbol que se derrumba. Corri&#243; hasta la ventana y vio el gran roble ante la casa abatirse sobre su coche. El coche se dobl&#243; en dos con un ruido terrible de metal aplastado. &#161;Mi coche! Se precipit&#243; hasta el interruptor. No hab&#237;a luz. Otro rayo estall&#243; en el cielo negro y tuvo tiempo de verificar que su coche hab&#237;a quedado completamente aplastado.

Al d&#237;a siguiente, llam&#243; al se&#241;or Fauvet. La mujer del techador le contest&#243; que su marido estaba desbordado.

Todas las casas del pa&#237;s han sido afectadas. &#161;No s&#243;lo la de usted! Se pasar&#225; durante la ma&#241;ana.

Esperar&#237;a. Dispuso barre&#241;os para recoger el agua que ca&#237;a en algunas partes. Hortense llam&#243;. Mam&#225;, me voy a Saint-Tropez, me han invitado unos amigos. C&#243;mo me he aburrido en Korcula. Mam&#225;, &#161;ya no me gustan los ricos! No, bromeo. Me gustan los ricos inteligentes, brillantes, modestos, cultos Existen, &#191;t&#250; crees?

Llam&#243; Zo&#233;, la cobertura era tan mala que no entend&#237;a la mitad de las s&#237;labas. Escuch&#243; todo va bien, ya no me queda bater&#237;a, te quiero, me quedo una semana m&#225;s, Philippe est&#225; de ac

De acuerdo, murmur&#243; al silencio que sigui&#243; a la llamada.

Fue hasta la cocina, abri&#243; los armarios, sac&#243; un paquete de bis- cotes y confitura. Pens&#243; en el congelador y en todo lo que iba a echarse a perder. Deber&#237;a llamar a Iris, preguntarle lo que debo hacer.

Llam&#243; a Iris. Le hizo un resumen de la situaci&#243;n lo menos alarmante posible, pero se&#241;al&#243; la falta de electricidad y el problema del congelador.

Haz lo que quieras, Jo. Si supieses lo poco que me importa

&#161;Se va a echar todo a perder!

No es un drama -respondi&#243; Iris con voz cansina.

Tienes raz&#243;n. No te preocupes, me har&#233; cargo. &#191;Y t&#250;, est&#225;s bien?

S&#237;. Ha vuelto &#161;Soy tan feliz, Jo, tan feliz! Creo que descubro, por fin, lo que es el amor. Toda mi vida he esperado este momento y ya est&#225;, ya ha llegado. Gracias a &#233;l. Te quiero, Jo, te quiero.

Yo tambi&#233;n te quiero, Iris.

No siempre he sido buena contigo

&#161;Oh, Iris! No es tan grave, &#191;sabes?

No he sido buena con nadie, pero creo que esperaba algo grande, muy grande, y que por fin lo he encontrado. Estoy aprendiendo. Me despojo poco a poco. &#191;Sabes que ya no me maquillo? Un d&#237;a me dijo que no le gustaban los artificios, y me borr&#243; el carm&#237;n con el dedo. Me preparo para &#233;l

Me siento feliz de que est&#233;s feliz.

&#161;Ay, Jo, tan feliz!

Ten&#237;a la voz pastosa, arrastraba las s&#237;labas, se saltaba otras. Ha debido de estar bebiendo, ayer noche, se dijo Jos&#233;phine, desolada.

Te llamar&#233; ma&#241;ana para tenerte al corriente.

No vale la pena, Jo, oc&#250;pate de todo, conf&#237;o en ti. D&#233;jame vivir mi amor. Siento como si estuviese mudando una vieja piel Debo estar sola, &#191;lo entiendes? Tenemos muy poco tiempo para estar juntos. Quiero aprovecharlo plenamente. Quiz&#225;s vaya a instalarme a su casa

Lanz&#243; una risita de chiquilla. Jos&#233;phine pens&#243; en el dormitorio austero, en el crucifijo, en santa Teresa de Lisieux y en los mandamientos de la esposa perfecta. No la llevar&#237;a a su casa.

Te quiero, mi hermanita querida. Gracias por haber sido tan buena conmigo

&#161;Iris! &#161;Para, que me vas a hacer llorar!

&#161;Al contrario, al&#233;grate! Esto es nuevo para m&#237;, este sentimiento

Lo comprendo. S&#233; feliz. Me voy a quedar aqu&#237;. &#161;Tengo mucho trabajo por delante! Hortense y Zo&#233; no vuelven hasta dentro de diez d&#237;as. &#161;Aprovecha! &#161;Aprovecha!

Gracias. Y sobre todo no intentes llamarme No responder&#233;.



* * *


Al d&#237;a siguiente por la noche, Iris escuch&#243; una &#243;pera, y despu&#233;s su voz al tel&#233;fono. Reconoci&#243; El trovador y canturre&#243; un aria, sentada en su silla, con su hermoso vestido marfil. Marfil, torre de marfil. Los dos estamos en nuestra torre de marfil. Pero, pens&#243; dando un salto &#191;acaso cree que me he marchado? &#191;O que sigo enfadada? &#161;S&#237;, claro! Y adem&#225;s, no es &#233;l quien debe venir a m&#237;, soy yo la que debe ir hasta &#233;l. Con arrepentimiento. &#201;l no sabe que he cambiado. No puede imagin&#225;rselo.

Baj&#243;. Llam&#243; t&#237;midamente. &#201;l abri&#243;, fr&#237;o y majestuoso.

&#191;S&#237;? -pregunt&#243; como si no la viera.

Soy yo

&#191;Qui&#233;n es yo?

Iris

No basta.

Vengo a pedirle perd&#243;n.

Eso est&#225; mejor

Perd&#243;n por haberle llamado mentiroso

Avanz&#243; hacia el quicio de la puerta. &#201;l la rechaz&#243; con el dedo.

He sido fr&#237;vola, ego&#237;sta, col&#233;rica Durante estos quince d&#237;as a solas, &#161;he comprendido tantas cosas!, &#191;sabe usted?

Ella tendi&#243; los brazos hacia &#233;l en ofrenda. &#201;l se ech&#243; hacia atr&#225;s.

&#191;Me obedecer&#225; usted a partir de ahora, en todo y para todo?

S&#237;.

Le hizo una se&#241;al para que entrase. La detuvo inmediatamente cuando ella pretendi&#243; dirigirse hasta el sal&#243;n. Cerr&#243; la puerta.

He pasado unas vacaciones muy malas por culpa suya -dijo.

Le pido perd&#243;n &#161;He aprendido tantas cosas!

&#161;Y todav&#237;a tiene muchas que aprender! No es usted m&#225;s que una ni&#241;a ego&#237;sta y fr&#237;a. Sin coraz&#243;n.

Quiero aprenderlo todo de usted

&#161;No me interrumpa cuando hablo!

Ella se dej&#243; caer sobre una silla, azotada por su tono autoritario.

&#161;De pie! No he dicho que se siente.

Ella se levant&#243;.

Ahora me obedecer&#225; si desea usted seguir vi&#233;ndome

&#161;Lo deseo! &#161;Lo deseo! &#161;Tengo tantas ganas de usted!

&#201;l dio un salto hacia atr&#225;s, asustado.

&#161;No me toque! Soy yo quien decide, &#161;yo quien da la autorizaci&#243;n! &#191;Quiere usted pertenecerme?

&#161;Con todas mis fuerzas! No vivo m&#225;s que con esa esperanza. He comprendido tanto

&#161;C&#225;llese! Lo que haya usted comprendido en su peque&#241;o cerebro de mujer f&#250;til no me interesa. &#191;Lo entiende?

El peque&#241;o estremecimiento de placer volvi&#243; a crepitar entre sus piernas. Baj&#243; los ojos, avergonzada.

Escuche y repita conmigo

Ella asinti&#243; con la cabeza.

Va usted a aprender a esperarme

Voy a aprender a esperarle.

Va usted a obedecerme en todo y para todo.

Le obedecer&#233; en todo y para todo.

&#161;Sin hacer preguntas!

Sin hacer preguntas.

Sin interrumpirme nunca.

Sin interrumpirle nunca.

Yo soy el amo.

Es usted el amo.

Usted es mi criatura.

Yo soy su criatura.

No pondr&#225; usted ninguna objeci&#243;n.

No pondr&#233; ninguna objeci&#243;n.

&#191;Est&#225; usted sola o acompa&#241;ada?

Estoy sola. Sab&#237;a que iba usted a volver y he alejado a Jos&#233;phine. Y tambi&#233;n a las ni&#241;as.

Perfecto &#191;Est&#225; usted dispuesta a recibir mi ley?

Estoy dispuesta a recibir su ley.

Va usted a pasar un periodo de purificaci&#243;n con el fin de desembarazarse de sus demonios. Se quedar&#225; en casa respetando estrictamente las consignas. &#191;Est&#225; dispuesta a escucharlas? Haga una se&#241;al con la cabeza, y a partir de ahora baje la mirada cuando est&#233; en mi presencia, no la levantar&#225; hasta que yo se lo ordene

Es usted mi amo.

&#201;l la golpe&#243; con todas sus fuerzas. La cabeza de Iris rebot&#243; sobre su hombro. Se llev&#243; la mano a la mejilla, &#233;l la cogi&#243; del brazo y se lo torci&#243;.

No le he dicho que hable. &#161;C&#225;llese! &#161;Yo doy las &#243;rdenes!

Ella asinti&#243;. Sinti&#243; c&#243;mo se le hinchaba la mejilla y ard&#237;a. Sinti&#243; ganas de acariciarse la escocedura. El estremecimiento estall&#243; de nuevo entre sus piernas. Estuvo a punto de tambalearse de placer. Agach&#243; la cabeza y susurr&#243;:

S&#237;, amo.

&#201;l permaneci&#243; silencioso como si la examinara. Ella no se movi&#243;, permaneci&#243; con la mirada gacha.

Va usted a subir a su habitaci&#243;n y a vivir enclaustrada el tiempo que yo decida y siguiendo un horario que yo le dar&#233;. &#191;Acepta usted mi ley?

La acepto.

Se levantar&#225; cada ma&#241;ana a las ocho, ir&#225; a lavarse cuidadosamente, por todas partes, por todas partes, debe estar limpio hasta lo m&#225;s rec&#243;ndito, lo comprobar&#233;. Despu&#233;s se arrodillar&#225;, pasar&#225; revista a todos sus pecados, los escribir&#225; en un papel que yo recoger&#233;. Despu&#233;s, rezar&#225; sus oraciones. Si no tiene usted libro de oraciones, le prestar&#233; uno &#161;responda!

No tengo libro de oraciones -dijo ella con la mirada gacha.

Le prestar&#233; uno Despu&#233;s har&#225; la casa, lo limpiar&#225; todo perfectamente, lo har&#225; de rodillas, las manos en la lej&#237;a, el buen olor a lej&#237;a que elimina todos los g&#233;rmenes, frotar&#225; usted el suelo ofreciendo su trabajo a la misericordia de Dios, le pedir&#225; perd&#243;n por su antigua vida disoluta. Seguir&#225; ocup&#225;ndose de la casa hasta las doce. Si debo pasar, no quiero ni rastro de suciedad, ni rastro de polvo o ser&#225; castigada. A las doce, tendr&#225; usted derecho a comer una loncha de jam&#243;n y arroz blanco. Y beber&#225; agua. No quiero ning&#250;n alimento de color &#191;soy lo bastante claro? Diga s&#237; si lo ha comprendido -S&#237;.

Por las tardes, leer&#225; su libro de oraciones, de rodillas durante una hora, despu&#233;s lavar&#225; la ropa, planchar&#225;, limpiar&#225; los cristales, lavar&#225; las cortinas, los visillos. Quiero que todo est&#233; vestido de la forma m&#225;s sencilla posible. De blanco. &#191;Tiene usted un vestido blanco? -S&#237;.

Perfecto, lo llevar&#225; todo el tiempo. Por la noche lo lavar&#225; y lo dejar&#225; secar sobre una percha en la ba&#241;era para que est&#233; lista para pon&#233;rselo por la ma&#241;ana. No soporto los olores corporales. &#191;Est&#225; claro? Diga s&#237;.

S&#237;.

S&#237;, amo.

S&#237;, amo.

El pelo recogido hacia atr&#225;s, sin joyas, ni maquillaje, trabajar&#225; mirando al suelo, todo el tiempo Puedo llegar a cualquier hora del d&#237;a y si la sorprendo desobedeciendo, ser&#225; usted castigada. Le infligir&#233; un castigo que elegir&#233; cuidadosamente para curarla de sus vicios. Por la noche repetir&#225; la misma comida. No tolerar&#233; nada de alcohol. No beber&#225; m&#225;s que agua, agua del grifo. Voy a subir a hacer una inspecci&#243;n y a tirar todas las botellas porque usted bebe. Es usted una alcoh&#243;lica. &#191;Es usted consciente de ello? &#161;Responda!

S&#237;, amo.

Por la noche, esperar&#225; sentada sobre una silla, por si quiero subir a realizar una visita de inspecci&#243;n. En la oscuridad m&#225;s completa. No quiero ninguna luz artificial. Vivir&#225; a la luz del d&#237;a. No har&#225; ning&#250;n ruido. Ni m&#250;sica, ni televisi&#243;n, ni tararear canciones. Susurrar&#225; sus oraciones. Si no aparezco, no se quejar&#225;. Permanecer&#225; en silencio sobre su silla meditando. Tiene usted mucho que hacerse perdonar. Ha llevado usted una vida sin inter&#233;s, &#250;nicamente centrada en usted. Es usted muy hermosa, &#191;sabe? Ha jugado usted conmigo y yo he ca&#237;do en sus redes. Pero me he liberado. Ese tiempo ha terminado. Atr&#225;s. No he dado permiso para que se acerque

Ella dio un pasito hacia atr&#225;s y, de nuevo, una sacudida el&#233;ctrica recorri&#243; su bajo vientre. Agach&#243; la cabeza para que &#233;l no percibiera que sonre&#237;a de placer.

Al menor desv&#237;o, habr&#225; represalias. Estar&#233; obligado a pegarla, a castigarla y pensar&#233; en el castigo que le haga da&#241;o f&#237;sico, es necesario, es necesario, y moral Debe usted ser rebajada despu&#233;s de haberse pavoneado como una ni&#241;a orgullosa.

Ella cruz&#243; las manos a su espalda, permaneci&#243; con la cabeza gacha.

Est&#233; lista para mis visitas intempestivas. Olvid&#233; dec&#237;rselo, la encerrar&#233; para estar seguro de que no se escape. Me dar&#225; su juego de llaves jur&#225;ndome que no existe otro disponible. Todav&#237;a est&#225; usted a tiempo de retirarse de este programa de purificaci&#243;n. No le impongo nada, debe decidir libremente, reflexione y diga s&#237; o no

S&#237;, amo. Me doy a usted.

El la golpe&#243; con el dorso de la mano como si la barriera.

No ha reflexionado. Se ha precipitado en su respuesta. La velocidad es la forma moderna del demonio. He dicho: &#161;reflexione!

Ella baj&#243; los ojos y permaneci&#243; en silencio. Despu&#233;s murmur&#243;:

Estoy dispuesta a obedecerle en todo, amo.

Est&#225; bien. Es usted enmendable. Est&#225; en el camino de la rehabilitaci&#243;n. Ahora subiremos a su casa. Subir&#225; cada escal&#243;n con la cabeza agachada, las manos en la espalda, lentamente, como si trepase por la monta&#241;a del arrepentimiento

La hizo pasar delante, cogi&#243; una fusta colgada de la pared de la entrada y le azot&#243; las piernas para hacerla avanzar. Ella se estremeci&#243;. La azot&#243; de nuevo y le orden&#243; no manifestar ninguna pena, ning&#250;n dolor cuando la golpeaba. En el piso de Jos&#233;phine, vaci&#243; todas las botellas en la pila con una risa malvada. Hablaba consigo mismo con voz nasal y repet&#237;a el vicio, el vicio est&#225; por todas partes en el mundo moderno, ya no hay l&#237;mites al vicio, hay que limpiar el mundo, librarlo de todas las impurezas, esta mujer impura va a purificarse.

Repita conmigo, no volver&#233; a beber.

No volver&#233; a beber.

No he escondido botellas para beber&#237;as a escondidas.

No he escondido botellas para beber&#237;as a escondidas.

En todo, obedecer&#233; a mi amo.

En todo, obedecer&#233; a mi amo.

Es suficiente por esta noche. Puede ir a acostarse

Ella se ech&#243; hacia atr&#225;s para dejarle pasar, le tendi&#243; su juego de llaves que &#233;l se meti&#243; en el bolsillo.

Recuerde, puedo aparecer en cualquier momento y si el trabajo no est&#225; hecho

Ser&#233; castigada.

La golpe&#243; de nuevo y ella dej&#243; escapar una queja. Hab&#237;a golpeado tan fuerte que su o&#237;do resonaba.

&#161;No tiene derecho a hablar si yo no lo autorizo!

Ella llor&#243;. El la golpe&#243;.

Son l&#225;grimas falsas. Pronto derramar&#225; l&#225;grimas aut&#233;nticas, l&#225;grimas de alegr&#237;a Bese la mano que la castiga.

Ella se inclin&#243;, bes&#243; delicadamente la mano, osando apenas rozarla.

Est&#225; bien. Voy a poder hacer algo con usted, creo. Aprende pronto. Durante el tiempo de purificaci&#243;n se vestir&#225; de blanco. No quiero ver ni un resto de color. El color es derroche.

La agarr&#243; del pelo y lo ech&#243; hacia atr&#225;s.

Baje la mirada para que la inspeccione.

Pas&#243; un dedo sobre su rostro desmaquillado y se sinti&#243; satisfecho.

&#161;Se dir&#237;a que ha empezado usted a comprender!

Se rio.

Le gusta a usted la mano dura, &#191;verdad?

Se acerc&#243; a ella. Le cogi&#243; los labios para verificar la limpieza de los dientes. Quit&#243; un resto de comida con la u&#241;a. Ella percib&#237;a su olor a hombre fuerte, poderoso. Est&#225; bien, pens&#243;, que as&#237; sea. Pertenecerle. Pertenecerle.

Si me obedece usted en todo, si se vuelve pura como debe serlo cada mujer, nos uniremos

Iris ahog&#243; un peque&#241;o grito de placer.

Caminaremos juntos hacia el amor, el &#250;nico, el que debe ser sancionado por el matrimonio. En el momento en que yo lo decida Y ser&#225; m&#237;a. Diga, lo quiero, lo deseo y bese mi mano.

Lo quiero, lo deseo

Y le bes&#243; la mano. &#201;l la envi&#243; a acostarse.

Dormir&#225; con las piernas cerradas para que no penetre ning&#250;n pensamiento impuro. A veces, si se porta mal, la atar&#233;. &#161;Ah! Lo olvidaba, dejar&#233; a las ocho en punto, cada ma&#241;ana, las lonchas de jam&#243;n blanco y el arroz blanco que deber&#225; cocer. S&#243;lo comer&#225; eso. Es todo. Vaya a acostarse. &#191;Sus manos est&#225;n limpias? &#191;Se ha lavado usted los dientes? &#191;Su camis&#243;n est&#225; listo?

Ella sacudi&#243; la cabeza. &#201;l le pellizc&#243; violentamente la mejilla, ella ahog&#243; un grito.

Responda. No admitir&#233; ninguna excepci&#243;n a la regla o lo pagar&#225;.

&#161;No, amo!

Vaya a hacerlo. Esperar&#233;. Dese prisa

Lo hizo. El se volvi&#243; de espaldas para no verla desnudarse.

Ella se meti&#243; en la cama.

&#191;Tiene usted un camis&#243;n blanco?

S&#237;, amo.

&#201;l se acerc&#243; la cama y le acarici&#243; la cabeza.

&#161;Ahora duerma!

Iris cerr&#243; los ojos. Oy&#243; c&#243;mo cerraba la puerta y giraba la llave en la cerradura.

Estaba prisionera. Prisionera del amor.



* * *


Dos veces al d&#237;a, Jos&#233;phine llamaba al se&#241;or Fauvet y hablaba con la se&#241;ora Fauvet. Insist&#237;a, dec&#237;a que a cada borrasca volaban tejas nuevas, que era peligroso, que la casa se llenaba de agua, que pronto se agotar&#237;a la bater&#237;a de su m&#243;vil y no podr&#237;a llamarla. La se&#241;ora Fauvet dec&#237;a: S&#237;, s&#237;, mi marido va a pasar y colgaba.

Llov&#237;a sin parar. Incluso Du Guesclin se negaba a salir. Sub&#237;a a la terraza devastada, olisqueaba el viento, levantaba la pata contra las macetas de barro rotas, y bajaba suspirando. La verdad es que no hac&#237;a tiempo para dejar al perro fuera.

Jos&#233;phine dorm&#237;a en el sal&#243;n. Se duchaba con agua fr&#237;a, desvalijaba el congelador. Se com&#237;a todos los helados, los Ben & Jerry, los H&#228;agen-Dazs, los chocolate chocolate chips, los pralines and cream. Le daba igual engordar. &#201;l no vendr&#237;a. Miraba su cara en la cuchara, hinchaba las mejillas, se ve&#237;a parecida a un cuenco de nata, se atiborraba a chocolate. Du Guesclin lam&#237;a la tapa de los botes. La miraba con devoci&#243;n, mov&#237;a la cadera esperando que dejara una nueva tapa. &#191;Tienes novia, Du Guesclin? &#191;Hablas con ella o te basta con montar sobre ella? &#161;Qu&#233; cansados, &#191;sabes?, qu&#233; cansados son los sentimientos! Es m&#225;s simple comer, llenarse de grasa y de az&#250;car. Du Guesclin no ha tenido nunca esos problemas, nunca se hab&#237;a enamorado, penetraba a las mujeres y dejaba montones de peque&#241;os bastardos tras &#233;l que, apenas se quitaban los pa&#241;ales, part&#237;an a hacer la guerra al lado de su padre. No serv&#237;a m&#225;s que para eso. Para inventar estrategias y ganar batallas. &#161;Con cincuenta hombres harapientos aplastaba un ej&#233;rcito de quinientos ingleses con armadura y catapultas! Disfraz&#225;ndose de viejecita con un fardo a la espalda. &#161;Te das cuenta! La viejecita se introduc&#237;a en las callejuelas de la ciudad que quer&#237;a invadir y, una vez en el interior, Du Guesclin sacaba su espada y atravesaba filas enteras de ingleses. En tiempo de paz, se aburr&#237;a. Se hab&#237;a casado con una mujer culta y mayor que &#233;l, una experta en astrolog&#237;a. La v&#237;spera de cada batalla, ella hac&#237;a una predicci&#243;n &#161;y no se equivocaba nunca! Les han quitado la guerra a los hombres, y ya no saben qui&#233;nes son. En tiempos de paz, Du Guesclin daba vueltas y no hac&#237;a m&#225;s que tonter&#237;as. El &#250;nico problema de los helados, mi viejo Du Guesclin, es que despu&#233;s, te sientes ligeramente empalagada y tienes ganas de dormir, pero est&#225;s tan pesada que ni siquiera consigues conciliar el sue&#241;o, te agitas como una botella de leche y el sue&#241;o se va.

Son&#243; su m&#243;vil. Un mensaje de texto. Lo ley&#243;. &#161;Luca!

Lo sabe usted, Jos&#233;phine, lo sabe, &#191;verdad?

No respondi&#243;. Lo s&#233;, pero me da completamente igual. Estoy con Du Guesclin, bien abrigada bajo un techo hecho jirones, dentro de una bonita manta de lana rosa que me hace cosquillas en la nariz.

&#191;Sabes?, el &#250;nico problema del mundo actual es que hablamos con nuestros perros No es normal. Te quiero mucho, mucho, pero no reemplazas a Philippe

Du Guesclin gimi&#243; como si estuviese afligido.

Son&#243; el m&#243;vil, un nuevo mensaje de Luca.

&#191;No me responde?

No respond&#237;a. Pronto se quedar&#237;a sin bater&#237;a, no quer&#237;a gastar sus &#250;ltimas municiones con Luca Giambelli. O m&#225;s bien Vittorio.

Hab&#237;a encontrado en un estante una vieja edici&#243;n de La prima Bette de Balzac, lo hab&#237;a abierto y lo hab&#237;a olido. El libro ol&#237;a a sacrist&#237;a, a tela piadosa y a papel enmohecido. Leer&#237;a La prima Bette a la luz de una vela, por la noche. En voz alta. Se enroll&#243; en la manta, acerc&#243; la vela, una hermosa vela roja que se consum&#237;a sin gotear y comenz&#243;:

&#191;D&#243;nde anida la pasi&#243;n? A mediados de julio del a&#241;o 1838, uno de esos coches recientemente puestos en circulaci&#243;n en las plazas de Par&#237;s llamados milords marchaba, por la calle de la Universidad, llevando a un hombre grueso de talla mediana, con uniforme de la guardia nacional. Entre esos muchos parisinos acusados de ser tan espirituales, se encuentran los que se creen infinitamente mejor vestidos de uniforme que con sus h&#225;bitos ordinarios, y que suponen en las mujeres gustos bastante depravados, para imaginar que se sentir&#225;n favorablemente impresionadas por el aspecto de una boina con crin o por el arn&#233;s militar. Ya ves, Du Guesclin, ah&#237; reside el arte de Balzac, &#161;nos describe la ropa de un hombre y entramos en su alma! &#161;Detalles, m&#225;s detalles! Pero para recopilar detalles, hay que invertir tiempo, saber perderlo, dejar que pase para poder dar con una palabra, una imagen, una idea. Ya no se escribe como Balzac hoy en d&#237;a, porque ya no se pierde el tiempo. Se dice huele bien, hace bueno, hace fr&#237;o, va bien vestido, sin buscar las palabras que se adaptar&#237;an como guantes y que mostrar&#237;an indirectamente que hace bueno, que huele bien, y que un hombre es apuesto.

Dej&#243; el libro y reflexion&#243;. Quiz&#225;s deb&#237; hablar de Luca con Garibaldi. Lo hubiera a&#241;adido a su lista de sospechosos. Me equivoqu&#233;. &#161;Me puse en contra suya y evit&#233; informarle del m&#225;s amenazador de todos! Subi&#243; la manta, junt&#243; los largos pelos de mohair rosa en un mech&#243;n recto y retom&#243; el libro. La interrumpi&#243; una nueva llamada. Un tercer mensaje.

S&#233; d&#243;nde est&#225; usted, Jos&#233;phine. Resp&#243;ndame.

Su coraz&#243;n empez&#243; a latir con fuerza. &#191;Y si fuera verdad?

Intent&#243; llamar a Iris. En vano. Deb&#237;a de estar cenando con el hermoso Herv&#233;. Verific&#243; que todas las puertas estaban cerradas. Las ventanas, los grandes ventanales acristalados con vidrio grueso, y con certificados antichoque. Pero &#191;y si entraba por el tejado? Hay aberturas por todos lados. Basta con escalar la fachada y colarse por un balc&#243;n. Voy a apagar la vela. No sabr&#225; que estoy aqu&#237;. S&#237; pero ver&#225; el coche aplastado bajo el &#225;rbol.

Y despu&#233;s sigui&#243; un ametrallamiento de mensajes. Estoy de camino, ya llego, Responda, &#161;est&#225; usted volvi&#233;ndome loco!, Esto no terminar&#225; as&#237;, Me acerco y ya no se har&#225; la lista. &#161;Zorra! &#161;Zorra!, Estoy en Touques. &#161;En Touques! Lanz&#243; una mirada alarmada a Du Guesclin, que no se mov&#237;a. Con la cabeza apoyada en las patas, esperaba a que ella retomara su lectura o abriese un nuevo bote de helado. Corri&#243; hasta la ventana para escrutar el parque en la noche. Ha debido de enterarse por la portera de que estaba aqu&#237;, ella se lo ha contado, &#233;l tiene miedo de que manifieste a toda la universidad francesa que &#233;l es ese hombre rid&#237;culo que se muestra en slip en los carteles publicitarios. O sabe que he ido a ver a Garibaldi

Voy a llamar a Garibaldi

S&#243;lo tengo el n&#250;mero de su despacho

Intent&#243; llamar de nuevo a Iris. Escuch&#243; el contestador.

Una nueva se&#241;al, un nuevo mensaje.

El parque es hermoso, el mar tan cercano. Vaya hasta la ventana, me ver&#225; usted. Prep&#225;rese.

Se acerc&#243; a la ventana, se apoy&#243; temblando en el borde, ech&#243; un vistazo fuera. La noche era tan negra que s&#243;lo ve&#237;a sombras gigantes que se mov&#237;an, animadas por el viento. Arboles balanceando, ramas que se rompen, una borrasca que arrancaba las hojas que ca&#237;an en remolinos Todas hab&#237;an sido apu&#241;aladas. En el coraz&#243;n. Una mano que te rodea el cuello, aprieta, aprieta, te mantiene inmovilizada y la otra que hunde el cuchillo. La noche que fui agredida, &#233;l quer&#237;a hablarme, tengo que hablar con usted, Jos&#233;phine, es importante. Quer&#237;a confesarse, pero no tuvo el valor, prefiri&#243; eliminarme. Me dio por muerta. No volvi&#243; a llamarme durante dos d&#237;as. Yo le hab&#237;a dejado tres mensajes en el m&#243;vil. &#201;l no respond&#237;a.

Y su indiferencia cuando se encontraron al borde del lago. Su frialdad cuando le cont&#233; la agresi&#243;n. Se preguntaba simplemente c&#243;mo hab&#237;a podido escapar Es la &#250;nica cosa que le preocupaba. &#161;Eso no se sostiene! &#191;La se&#241;ora Berthier, esa Bassonni&#232;re, la camarera? Ellas no le conoc&#237;an. &#191;Y t&#250; qu&#233; sabes? &#191;Qu&#233; sabes de su vida? La Bassonni&#232;re sab&#237;a m&#225;s que t&#250;.

Temblaba tanto que no consegu&#237;a alejarse de la ventana. Va a entrar, va a matarme, Iris no responde, Garibaldi no sabe nada, Philippe r&#237;e en un pub con Dottie Doolittle, voy a morir sola. Mis ni&#241;as, mis ni&#241;as

Gruesas l&#225;grimas cayeron sobre sus mejillas. Se las sec&#243; con el dorso de la mano. Du Guesclin enderez&#243; la oreja. &#191;Hab&#237;a o&#237;do algo? Se puso a ladrar.

&#161;C&#225;llate, c&#225;llate! &#161;Va a saber que estamos aqu&#237;!

Ladraba cada vez m&#225;s fuerte, giraba en el sal&#243;n, se incorpor&#243; frente a la ventana y pos&#243; sus patas contra el cristal.

&#161;Para! Nos va a ver

Se arriesg&#243; a mirar fuera, percibi&#243; un coche que avanzaba por el camino, los faros encendidos. Eso produjo el efecto de un proyector de luz sobre la habitaci&#243;n y ella se agach&#243; en el suelo. &#161;Dios m&#237;o! &#161;Dios m&#237;o! Pap&#225;, prot&#233;geme, prot&#233;geme, no quiero sufrir, haz que me mate enseguida, haz que no me duela, tengo miedo, &#161;ay! Tengo miedo

Du Guesclin ladraba, resoplaba, se golpeaba en la oscuridad con los muebles del sal&#243;n. Jos&#233;phine encontr&#243; el valor para levantarse y busc&#243; un lugar donde esconderse. Pens&#243; en el lavadero. La puerta era gruesa, y ten&#237;a cerradura. &#161;Ojal&#225; me quede algo de bater&#237;a! Voy a llamar a Hortense. Ella sabr&#225; qu&#233; hacer. Nunca pierde la calma, ella me dir&#225;, mam&#225;, no te preocupes, yo me ocupo de todo, yo llamo a la polic&#237;a, lo principal, en estos casos, es sobre todo no demostrar que tienes miedo, intentar esconderte y si no lo consigues, hablarle, distraerle, h&#225;blale con calma, mantenle ocupado, mientras llega la polic&#237;a Iba a llamar a Hortense.

Se dirigi&#243;, siempre a cuatro patas, hacia el cuarto de lavar. Du Guesclin permanec&#237;a ante la puerta de entrada, la frente baja, con los cuartos hacia delante, como si fuera a cargar contra el adversario.

Ella susurr&#243;: Venga, nos batimos en retirada, pero &#233;l permaneci&#243; inm&#243;vil, amenazador, echando espuma por la boca, el pelo erizado.

Escuch&#243; pasos sobre la grava. Pasos firmes. El hombre avanzaba, seguro de s&#237; mismo, convencido de encontrarla all&#237;. El hombre se acercaba. Escuch&#243; una llave girar en la puerta. Un cerrojo, dos cerrojos, tres cerrojos

Son&#243; una voz fuerte:

&#191;Hay alguien?

Era Philippe.



* * *


Una ma&#241;ana, Iris se despert&#243; y le encontr&#243; de pie al lado de la cama. Se sobresalt&#243;. &#161;No hab&#237;a o&#237;do el despertador! No levant&#243; el brazo para protegerse del golpe de fusta que iba a sancionar su falta. Baj&#243; los ojos y esper&#243;.

&#201;l no le peg&#243;. No coment&#243; la menor falta a la regla. Dio una vuelta alrededor de la cama, levant&#243; la fusta, azot&#243; el aire y declar&#243;:

Hoy no comer&#225;. He colocado dos lonchas de jam&#243;n blanco y arroz sobre la mesa, pero no tiene usted derecho a tocarlo. Las lonchas son grandes. Es jam&#243;n blanco de buena calidad, dos buenas lonchas gruesas, arom&#225;ticas cuyo olor vendr&#225; a tentarla. Pasar&#225; el d&#237;a sobre su silla leyendo su libro de oraciones y vendr&#233; a comprobar, por la noche, que las lonchas est&#225;n intactas. Est&#225; usted sucia. El trabajo es m&#225;s importante de lo que pensaba. Hay que limpiar a fondo para que se convierta en una buena esposa.

Dio unos pasos. Levant&#243; con la punta de la fusta la colcha de la cama para verificar si el suelo estaba limpio. La dej&#243; caer, satisfecho.

Por supuesto, habr&#225; hecho la casa como cada ma&#241;ana, pero no comer&#225;. Tendr&#225; derecho a dos vasos de agua. Los he dejado sobre la mesa. Deber&#225; beberlos imagin&#225;ndose la fuente que fluye y la purifica. Despu&#233;s, cuando haya terminado la limpieza, ir&#225; a su silla, leer&#225; y me esperar&#225;. &#191;Est&#225; claro?

Ella gimi&#243;: S&#237;, amo, sintiendo el hambre que la atenazaba desde la v&#237;spera, despertarse como un animal en su vientre.

Para verificar que ha permanecido tranquilamente estudiando su libro de oraciones, voy a darle una que aprender&#225; de memoria, y deber&#225; recitarme SIN COMETER FALTAS, ya que el menor balbuceo ser&#225; castigado de forma que retenga la lecci&#243;n. &#191;Entendido?

Baj&#243; los ojos y suspir&#243;: S&#237;, amo.

La azot&#243; con un golpe de fusta.

&#161;No lo he o&#237;do!

S&#237;, amo -grit&#243;, las l&#225;grimas cayendo sobre su pecho.

Tom&#243; su libro de oraciones, lo hoje&#243;, encontr&#243; una que pareci&#243; satisfacerle, y comenz&#243; a leerla en voz alta.

Es un extracto de la Imitaci&#243;n de Cristo. Se titula De la resistencia que hay que ofrecer a las tentaciones. Usted no ha sabido nunca resistirse a las tentaciones. Este texto se lo va a ense&#241;ar.

Se aclar&#243; la voz y comenz&#243;:

No podemos estar sin aflicci&#243;n ni tentaciones mientras vivimos en este mundo. Eso es lo que hace decir a Job que la vida del hombre sobre la tierra es una tentaci&#243;n continua. Es por eso que cada uno deber&#237;a tomar precauciones contra las tentaciones a las que est&#225; sujeto, y velar en oraci&#243;n por temor al demonio, que no duerme nunca y que ronda a nuestro lado buscando a qui&#233;n devorar, no encuentre la ocasi&#243;n de sorprendernos. No hay hombre tan perfecto y tan santo que no haya tenido a veces tentaciones y no podemos sentirnos completamente exentos de ellas. Sin embargo, aunque esas tentaciones sean enojosas y rudas, son a menudo de una gran utilidad, porque sirven para humillarnos, purificarnos, instruirnos. Todos los santos han pasado por grandes tentaciones y duras pruebas y han encontrado en ellas sus ense&#241;anzas.

Ley&#243; mucho rato, con voz monocorde, y despu&#233;s dej&#243; el libro sobre la colcha de la cama y declar&#243;:

Quiero o&#237;rselo recitar de memoria, con toda la humildad y el cuidado por m&#237; exigidos, esta noche, cuando venga a visitarla.

S&#237;, amo.

&#161;Bese la mano del amo!

Ella bes&#243; su mano.

&#201;l se dio la vuelta y la dej&#243;, muerta de hambre, de dolor, inerte bajo las s&#225;banas blancas. Llor&#243; mucho tiempo, con los ojos muy abiertos, sin moverse, sin protestar, los brazos a lo largo del cuerpo, las manos abiertas bajo la manta. Ya no ten&#237;a m&#225;s fuerzas.



* * *


&#161;Jo! La puerta est&#225; bloqueada. &#161;No consigo abrirla!

Philippe &#191;Eres t&#250;?

Hab&#237;a dejado los faros del coche encendidos, pero ella no estaba segura de reconocerle en la negra noche.

&#191;Est&#225;s encerrada?

&#161;Oh, Philippe! &#161;Tengo tanto miedo! Cre&#237; que

&#161;Jo! Intenta abrirme

Dime que eres t&#250;

&#191;Por qu&#233;? &#191;Est&#225;s esperando a alguien m&#225;s? &#191;Molesto? Lanz&#243; una risita. Ella respir&#243;, aliviada. Era &#233;l. Se ech&#243; sobre la puerta e intent&#243; abrirla. Pero la puerta resist&#237;a.

&#161;Philippe! &#161;Ha llovido tanto que la madera se ha hinchado! Cuando llegu&#233; hac&#237;a tanto fr&#237;o que he encendido la calefacci&#243;n al m&#225;ximo, y eso ha debido de hacer que la madera se atrancase

&#161;Que no! No es por eso

S&#237;, te lo aseguro. Adem&#225;s &#161;no deja de llover!

Es porque hice cambiar todas las puertas y las ventanas. Pasaba aire por todas partes, &#161;estaba harto de que el calor acabara en el jard&#237;n! Est&#225;n nuevas y todav&#237;a encoladas Al principio hay que forzarlas.

&#161;Pero si yo consegu&#237; entrar!

&#161;Ha debido de volverse a pegar cuando encendiste la calefacci&#243;n al m&#225;ximo! Int&#233;ntalo otra vez

Jos&#233;phine hizo un nuevo intento. Verific&#243; que las cerraduras estaban abiertas e intent&#243; abrir la puerta.

&#161;No lo consigo!

Claro que las primeras veces, es dif&#237;cil Espera, voy a ver Deb&#237;a de haber retrocedido porque su voz se o&#237;a m&#225;s lejana.

&#161;Philippe! &#161;Tengo miedo! &#161;He recibido mensajes de Luca, viene hacia aqu&#237;, me va a matar!

Que no Estoy aqu&#237; &#161;no puede pasarte nada!

O&#237;a sus pasos sobre la grava, caminaba a lo largo de la casa, buscando alguna forma de entrar.

He mandado instalar ventanas y puertas antirrobo por todas partes, &#161;no hay ni una sola abertura! Esta casa es una aut&#233;ntica caja fuerte

&#161;Philippe! Viene hacia aqu&#237;-repet&#237;a Jos&#233;phine, enloquecida-. Es &#233;l quien apu&#241;ala a las mujeres, &#161;ahora lo s&#233;! &#161;Es &#233;l!

&#191;Luca? &#191;Tu antiguo novio? -pregunt&#243; Philippe con tono divertido.

S&#237;, te lo explicar&#233;, es complicado. Es como las mu&#241;ecas rusas, hay muchas historias unas dentro de otras, pero estoy segura de que es &#233;l

&#161;Que no! &#161;Te est&#225;s alarmando por nada! &#191;Por qu&#233; iba a venir aqu&#237;? Al&#233;jate de la puerta, voy a intentar abrirla de un empuj&#243;n.

S&#237; Est&#225; loco.

&#191;Te has apartado, Jo?

Jos&#233;phine dio dos pasos atr&#225;s y escuch&#243; el ruido de un cuerpo golpeando la puerta. La puerta tembl&#243;, pero no cedi&#243;.

&#161;Mierda!-grit&#243; Philippe-. &#161;No lo consigo! Voy a dar la vuelta por detr&#225;s

&#161;Philippe!-grit&#243; Jos&#233;phine-. &#161;Ten cuidado! &#161;Te digo que viene hacia aqu&#237;!

&#161;Jo, deja de tener miedo! &#161;Te est&#225;s montando una pel&#237;cula!

Escuchaba sus pasos en la grava. Se alejaba. Esper&#243; mordi&#233;ndose el &#237;ndice. Luca iba a llegar, iban a pelearse y ella no podr&#237;a hacer nada. Sac&#243; su m&#243;vil y pens&#243; en llamar a los bomberos. Estaba tan nerviosa que no consegu&#237;a recordar el n&#250;mero. Y entonces el m&#243;vil se apag&#243;. Sin bater&#237;a.

Los pasos volvieron. Se puso en la ventana y vio a Philippe a la luz de los faros. Le hizo una se&#241;al. El se acerc&#243;.

No hay nada que hacer. &#161;Todo est&#225; cerrado a cal y canto! C&#225;lmate Jo -dijo poniendo su mano sobre el cristal.

Ella coloc&#243; la mano sobre la suya, tras el vidrio.

&#161;Me da miedo! No te lo cont&#233; todo la &#250;ltima vez en Londres. No ten&#237;a tiempo, pero est&#225; loco, es violento

Ten&#237;a que hablar alto para que &#233;l la oyese.

&#161;No nos va a hacer nada! &#161;Deja de tener miedo!

Volvi&#243; hacia la puerta, dio unos golpes de hombro contra la madera que no cedi&#243;. Volvi&#243; a la ventana.

Ya ves, ni siquiera habr&#237;a podido entrar.

S&#237;. &#161;Pasando por el tejado!

&#191;En plena noche? &#161;Se habr&#237;a ca&#237;do! Habr&#237;a tenido que esperar a que se hiciese de d&#237;a, y t&#250; habr&#237;as tenido tiempo de llamar a la polic&#237;a.

&#161;No me queda bater&#237;a!

Ella escuch&#243; c&#243;mo se dejaba caer contra la puerta.

Voy a tener que pasar la noche fuera

&#161;Oh, no! -gimi&#243; Jos&#233;phine.

Se sent&#243;, ella tambi&#233;n, contra la pesada hoja de la puerta. Rasc&#243; con la punta de un dedo como si quisiera hacer un agujero. Rasc&#243;, rasc&#243;.

&#191;Philippe? &#191;Est&#225;s ah&#237;?

&#161;Me voy a oxidar si paso la noche fuera!

Las habitaciones est&#225;n inundadas y casi no hay techo. Duermo en el sal&#243;n sobre el sof&#225; grande, con Du Guesclin

&#191;Es una armadura?

Es mi guardi&#225;n.

&#161;Hola Du Guesclin!

Es un perro.

Ah

Debi&#243; de cambiar de posici&#243;n, porque oy&#243; c&#243;mo se remov&#237;a detr&#225;s de la puerta. Lo imagin&#243;, las piernas plegadas bajo el ment&#243;n, los brazos alrededor de las rodillas, el cuello levantado. La lluvia hab&#237;a cesado. Ya no escuchaba el viento que silbaba entre los &#225;rboles un c&#225;ntico imperioso y agudo con dos notas amenazantes.

&#191;Ves? No viene -dijo Philippe al cabo de un momento.

&#161;No me he inventado los mensajes! Te los mostrar&#233;

Hace eso para ponerte nerviosa. Est&#225; molesto o furioso porque le has abandonado, y se venga.

Est&#225; loco, te digo. Un loco peligroso &#161;Cuando pienso que no le dije nada a Garibaldi! &#161;Denunci&#233; a Antoine y a &#233;l, le proteg&#237;! &#161;Qu&#233; tonta soy, pero qu&#233; tonta soy!

Que no Te alarmas por nada. E incluso si viene, se encontrar&#225; conmigo y eso le calmar&#225;. Pero no vendr&#225;, estoy seguro

Ella le escuchaba y sent&#237;a c&#243;mo se llenaba de paz. Apoy&#243; su cabeza contra el batiente de la puerta y respir&#243; suavemente. &#201;l estaba all&#237;, justo detr&#225;s. Ella ya no ten&#237;a miedo de nada. Hab&#237;a venido, solo. Sin Dottie Doolittle.

&#191;Jo?

Hizo una pausa y a&#241;adi&#243;:

&#191;Est&#225;s enfadada conmigo?

&#191;Por qu&#233; no me llamabas? -dijo Jos&#233;phine, al borde de las l&#225;grimas.

Porque soy un idiota

&#191;Sabes?, me da igual que tengas otras chicas. No tienes m&#225;s que dec&#237;rmelo. Nadie es perfecto.

No tengo otras chicas. Me he enredado en mis emociones.

No hay nada peor que el silencio -murmur&#243; Jos&#233;phine-. Nos imaginamos de todo y todo se vuelve amenazador. No sabemos a qu&#233; agarrarnos, ni siquiera a un peque&#241;o fragmento de realidad para indignarnos. Odio el silencio.

A veces es tan pr&#225;ctico

Jos&#233;phine suspir&#243;.

Acabas de hablar &#191;Ves?, no es complicado.

&#161;Eso es porque est&#225;s detr&#225;s de la puerta!

Ella se ech&#243; a re&#237;r. Una risa que se llev&#243; el p&#225;nico. &#201;l estaba all&#237;, Luca no se acercar&#237;a. Ver&#237;a el coche de Philippe aparcado delante de la puerta. El suyo, aplastado debajo del &#225;rbol, y sabr&#237;a que no estaba sola.

Philippe &#161;Tengo ganas de besarte!

Vamos a tener que esperar. La puerta no parece estar de acuerdo. Y adem&#225;s No soy un hombre f&#225;cil. Me gusta hacerme desear.

Lo s&#233;.

&#191;Llevas aqu&#237; mucho tiempo?

Va a hacer tres d&#237;as creo. Ya no lo s&#233;

&#191;Y llueve as&#237; desde hace tres d&#237;as?

S&#237;. Sin parar. He intentado localizar a Fauvet, pero

Me ha llamado. Viene ma&#241;ana con sus obreros

&#191;Te ha llamado a Irlanda?

Hab&#237;a vuelto de Irlanda. Cuando llegu&#233; al campo para llevarme a Zo&#233; y a Alexandre, me dijeron que quer&#237;an prolongar la estancia. Volv&#237; a Londres

&#191;Solo? -pregunt&#243; Jos&#233;phine volviendo a rascar la puerta.

Solo.

Lo prefiero as&#237;. Digo que me da igual, pero no me da realmente igual Lo que no quiero es perderte.

Ya no me perder&#225;s

&#191;Puedes repetirlo?

Ya no me perder&#225;s, Jo.

Incluso llegu&#233; a creer que te hab&#237;as vuelto a enamorar de Iris

No -dijo Philippe tristemente-. Con Iris se acab&#243;, y se acab&#243; del todo. Com&#237; en Londres con su pretendiente. Me pidi&#243; su mano

&#191;Lefloc-Pignel? &#191;Estaba en Londres?

No. Mi socio. Quiere casarse con ella &#191;Por qu&#233; Lefloc-Pignel?

No deber&#237;a dec&#237;rtelo, pero me parece que est&#225; muy enamorada de &#233;l. En este momento, viven el amor perfecto en Par&#237;s.

&#161;Iris con Lefloc-Pignel! &#161;Pero si est&#225; extremadamente casado!

Lo s&#233; Y sin embargo, seg&#250;n Iris, se aman

Me sorprender&#225; siempre. Nada se le resiste

Lo dese&#243; desde que le vio.

Nunca hubiese cre&#237;do que dejar&#237;a a su mujer.

Eso a&#250;n no ha pasado

Quiso preguntarle si sent&#237;a pena, pero se call&#243;. No ten&#237;a ganas de hablar de su hermana. No ten&#237;a ganas de que viniese a inmiscuirse entre ellos. Esper&#243; a que &#233;l retomase el di&#225;logo.

Eres fuerte, Jo. Mucho m&#225;s fuerte que yo. Creo que por eso tuve miedo y permanec&#237; en silencio

&#161;Oh, Philippe! &#161;Soy todo menos fuerte!

S&#237; que lo eres. No lo sabes, pero lo eres Has pasado por muchas m&#225;s cosas que yo, y todas esas cosas te han fortalecido.

Jos&#233;phine protest&#243;. Philippe la interrumpi&#243;:

Jos&#233;phine, quer&#237;a decirte Quiz&#225;s llegue un d&#237;a en el que yo no estar&#233; a la altura, y ese d&#237;a tendr&#225;s que esperarme Esperar a que termine de crecer. &#161;Llevo tanto retraso!

Pasaron la noche hablando. Cada uno a un lado de la puerta.



* * *


Fauvet lleg&#243; por la ma&#241;ana y liber&#243; a Jos&#233;phine, que se contuvo para no saltar en los brazos de Philippe. Se acurruc&#243; contra la manga de su chaqueta y se frot&#243; la mejilla con ella.

Llam&#243; a Garibaldi. Le relat&#243; el acoso del que hab&#237;a sido v&#237;ctima, del contenido de los mensajes.

He sentido miedo de verdad, &#191;sabe?

Y debo decirle que con raz&#243;n -respondi&#243; Garibaldi con una cierta empat&#237;a en su voz-. Sola, en una gran casa aislada, con un hombre que la persigue

Voy a caer otra vez en la trampa, pens&#243; Jos&#233;phine, pero esta vez decidi&#243; hablar. Cont&#243; la indiferencia de Luca, su doble personalidad, sus crisis de violencia.

&#201;l no dijo nada. Iba a colgar cuando pens&#243; que quiz&#225;s deb&#237;a darle el nombre de su portera.

Ya la hemos visto y ya lo sabemos todo -respondi&#243; Garibaldi.

&#191;Ya hab&#237;a investigado sobre &#233;l? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

Fin de la conversaci&#243;n, se&#241;ora Cort&#232;s.

Quiere usted decir que sabe qui&#233;n es el asesino

Hab&#237;a colgado. Ella volvi&#243;, pensativa, hasta Philippe y el se&#241;or Fauvet que inspeccionaban el tejado y realizaban la lista de reparaciones a realizar.

Cuando Philippe volvi&#243; a su lado ella murmur&#243;:

Creo que han detenido al asesino

&#191;Por eso no vino? Le arrestaron a tiempo

Pas&#243; un brazo sobre sus hombros y le dijo que deber&#237;a olvidar. A&#241;adi&#243; que tendr&#237;a que avisar a su seguro por lo del coche.

&#191;Tienes un buen seguro?

S&#237;. Pero &#233;sa es la menor de mis preocupaciones. Percibo el peligro por todas partes &#191;y si no le detuvieron a tiempo? &#191;Y si nos persigue? Es peligroso, &#191;sabes?

Fueron hasta &#201;tretat. Se encerraron en un hotel. S&#243;lo salieron de la habitaci&#243;n para comer pasteles y beber t&#233;. A veces, en medio de una frase, Jos&#233;phine pensaba en Luca. En todos los misterios de su vida, en sus silencios, en la distancia que hab&#237;a mantenido siempre entre ambos. Ella hab&#237;a cre&#237;do que lo hac&#237;a por amor. Y no era m&#225;s que locura. &#161;No! Se corrigi&#243;, una noche, estuvo a punto de hablarme, de confes&#225;rmelo todo y yo hubiera podido ayudarle. Sinti&#243; un escalofr&#237;o. &#161;Me he acostado con un asesino! Se despertaba sudando, se incorporaba en la cama. Philippe la calmaba dici&#233;ndole con dulzura: Estoy aqu&#237;, estoy aqu&#237;. Ella volv&#237;a a dormirse entre l&#225;grimas.

Llov&#237;a sin cesar. Miraban desde el fondo de la cama c&#243;mo la lluvia dibujaba largos trazos transversales al golpear contra la ventana. Du Guesclin suspiraba, cambiaba de posici&#243;n y volv&#237;a a dormirse.

Decidieron volver a Par&#237;s sin prisas.

&#191;Quieres que vayamos por carreteras secundarias? -pregunt&#243; Philippe.

S&#237;.

&#191;Que nos perdamos por las carreteras secundarias?

S&#237;. &#161;As&#237; estaremos m&#225;s tiempo juntos!

Pero, Jo, &#161;ahora pasaremos todo nuestro tiempo juntos!

Soy tan feliz, me gustar&#237;a atrapar a una gaviota, murmurarle mi secreto al o&#237;do y que vuele por el cielo llev&#225;ndoselo

Llov&#237;a tanto que se perdieron. Jos&#233;phine daba vueltas al mapa de carreteras en todos los sentidos. Philippe se re&#237;a y le aseguraba que no la llevar&#237;a nunca de copiloto.

&#161;Pero si no se ve nada! Vamos a volver a una carretera importante &#161;Qu&#233; le vamos a hacer!

Encontraron la D313, atravesaron pueblecitos que apenas atisbaban bajo el baile atareado de los limpiaparabrisas, y llegaron a un lugar llamado Le Floc-Pignel. Philippe silb&#243;.

&#161;Vaya! Es un hombre importante. &#161;Tiene un pueblo con su nombre!

Avanzaban a cinco por hora. Jos&#233;phine, a trav&#233;s del cristal, vio una tiendecita con la fachada desconchada. En el front&#243;n, en letras verdes casi borradas sobre un fondo blanco, se pod&#237;a leer: Imprenta Moderna.

&#161;Philippe! &#161;Para!

Aparc&#243;. Jos&#233;phine sali&#243; del coche y fue a inspeccionar la casa. Vio luz en el interior y le hizo una se&#241;a a Philippe para que se acercase.

&#191;C&#243;mo se llamaba? -murmur&#243; intentando recordar las palabras de Lefloc-Pignel.

&#191;Qui&#233;n?

El impresor que hab&#237;a recogido a Lefloc-Pignel &#161;Lo tengo en la punta de la lengua!

Se llamaba Graphin. Benoit Graphin. Era un anciano a quien la edad hab&#237;a vuelto extremadamente lento. Les abri&#243;, asombrado. Les hizo entrar en una gran habitaci&#243;n llena de m&#225;quinas, de libros, de botes de cola, de planchas de imprenta.

Disculpen el desorden -dijo el anciano-. Ya no tengo fuerzas para ordenar

Jos&#233;phine se present&#243; y apenas pronunci&#243; el nombre de Herv&#233; Lefloc-Pignel, los ojos del hombre se iluminaron.

Tom -murmur&#243;-, el peque&#241;o Tom.

&#191;Quiere usted decir Herv&#233;?

Yo le llamaba Tom. Por lo de Tom Pouce

As&#237; que es verdad lo que &#233;l me cont&#243;, usted le recogi&#243; y le educ&#243;

Le recog&#237;, s&#237;. Educarle, no. Ella no me dio tiempo

Fue a buscar una cafetera que hab&#237;a sobre un antiguo mueble de cocina de madera y les propuso un caf&#233;. Caminaba, encorvado, arrastrando los pies. Llevaba un viejo chaleco de lana, un pantal&#243;n de pana gastado y zapatillas. Abri&#243; una caja llena de pastas y se las ofreci&#243;. Beb&#237;a el caf&#233; mojando las pastas y a&#241;ad&#237;a m&#225;s, hirviendo, a su taza cuando las pastas hab&#237;an absorbido todo el l&#237;quido. Actuaba mec&#225;nicamente, los ojos mirando al vac&#237;o, como si ellos no estuviesen sentados frente a &#233;l.

Disc&#250;lpenme -murmur&#243;-. No hablo muy a menudo. Antes hab&#237;a gente en el pueblo, animaci&#243;n, vecinos, ahora se han marchado casi todos

S&#237;, lo s&#233; -respondi&#243; Jos&#233;phine suavemente-. Me cont&#243; lo de la calle mayor, los comerciantes, su trabajo con usted

&#191;Lo recuerda?-dijo, emocionado-, &#191;no lo ha olvidado? Despu&#233;s de todo este tiempo

Lo recuerda todo. Lo recuerda a usted, &#233;l le quiso, sabe.

Ella hab&#237;a cogido la mano deformada de Benoit Graphin entre las suyas, y la apret&#243; sonriendo dulcemente.

&#201;l sac&#243; un pa&#241;uelo del bolsillo del pantal&#243;n y se sec&#243; los ojos. Intent&#243; volver a guardar el pa&#241;uelo, temblando.

Cuando lo conoc&#237;, no med&#237;a m&#225;s que

Tendi&#243; la mano e indic&#243; la talla de un chiquillo.

&#191;Fue hace mucho tiempo?

Levant&#243; el brazo para indicar que ni siquiera pod&#237;a contar la cantidad de a&#241;os.

Tom, el peque&#241;o Tom &#161;Si me hubiesen dicho esta ma&#241;ana que vendr&#237;an a hablarme de &#233;l!

&#201;l habla siempre de usted. Se ha convertido en un gran hombre, muy brillante.

&#161;Oh! De eso, estaba seguro. Ya era muy inteligente Fue el Cielo quien me lo envi&#243;, al peque&#241;o Tom.

&#191;Llam&#243; a su puerta? -dijo Jos&#233;phine sonriendo.

&#161;No fue as&#237;, no! Yo estaba trabajando

Se&#241;al&#243; las m&#225;quinas cubiertas de polvo tras &#233;l.

En aquella &#233;poca funcionaban. Hac&#237;an un ruido de mil demonios Cuando o&#237; un frenazo violento. Entonces levant&#233; la cabeza, me acerque al escaparate y lo vi &#161;Lo que vi!

Golpe&#243; con sus dos manos en el aire como si no pudiese creerlo.

Un coche enorme que se detuvo all&#237;, justo delante de m&#237; &#161;y una mano de mujer que lo tir&#243;! &#161;Como quien tira un perro para librarse de &#233;l! El chiquillo se qued&#243; all&#237;, plantado en la calle. Con una tortuga en los brazos. Deb&#237;a de tener tres o cuatro a&#241;os, nunca lo supe.

&#201;l tampoco lo recuerda

Lo hice entrar. No lloraba. Abrazaba su tortuga. Pens&#233; que ella iba a dar media vuelta y volver&#237;a a buscarle. Era una ricura. Bueno, dulce, atemorizado. No sab&#237;a decir su nombre. De hecho, al principio, no hablaba. As&#237; que le llam&#233; Tom. S&#243;lo sab&#237;a c&#243;mo se llamaba su tortuga: Sophie. De aquello hace sus buenos cuarenta a&#241;os, &#191;sabe? &#161;Es como decir en otra era! Avis&#233; a los gendarmes, me dijeron que me lo quedara mientras tanto

Se hab&#237;a roto una galleta en su taza de caf&#233;. Se levant&#243; para buscar una cuchara. Se dej&#243; caer sobre la silla y prosigui&#243;, empezando la pesca de la galleta:

No dec&#237;a ni mam&#225;, ni pap&#225;. No quer&#237;a decir nada. Un d&#237;a, dijo s&#243;lo, qu&#233;date conmigo Me dej&#243; conmovido. Yo no ten&#237;a hijos. Entonces empezamos a vivir los tres, &#233;l, yo y su tortuga. Adoraba a ese animal. Y, cosa extra&#241;a, ella estaba muy unida a &#233;l. Cuando le llamaba, ella acud&#237;a. No sab&#237;a que una tortuga pod&#237;a tener sentimientos. Levantaba su cabecita hacia &#233;l, &#233;l la cog&#237;a en sus brazos y avanzaba suavemente. Dorm&#237;a en su cuarto. Al pie de su cama, en una caja. Me acostumbr&#233; al chiquillo y a la tortuga. Me acompa&#241;aba a todas partes. No daba un paso sin m&#237;. Cuando trabajaba, estaba all&#237;, cuando estaba en el jard&#237;n, &#233;l me segu&#237;a. Yo le hab&#237;a inscrito en el colegio del pueblo, conoc&#237;a al maestro, no hizo comentarios. Los gendarmes pasaban de vez en cuando a tomar caf&#233;. Dec&#237;an que habr&#237;a que declararlo, que quiz&#225;s sus padres estaban busc&#225;ndolo. Yo no dec&#237;a nada, escuchaba, dec&#237;a que los padres, si quer&#237;an recogerlos No era muy dif&#237;cil volver y preguntar. &#191;Verdad?

Jos&#233;phine y Philippe respondieron: S&#237;, claro juntos, suspendidos a los ojos velados del anciano, a la pena que ven&#237;a a humedecer su mirada, a los viejos dedos mojando pastas.

Un buen d&#237;a, vimos llegar a una mujer. Una asistente social. &#201;velyne Lamarche. Seca, autoritaria, brusca. Ten&#237;a marcado RV Le Floc Pignel en la agenda, ese d&#237;a. Decidi&#243; que ten&#237;a que irse con ella. &#161;As&#237;! &#161;Sin preguntar nada, ni a &#233;l ni a m&#237;! Cuando protest&#233;, me dijo que era la ley. Y cuando hubo que encontrarle un nombre, declar&#243; que se llamar&#237;a Herv&#233; Lefloc-Pignel, y que lo iba a dejar en una familia de acogida. Protest&#233;, dije que yo era su familia de acogida, ella respondi&#243; que ten&#237;a que estar inscrito en una lista, que hab&#237;a un mont&#243;n de gente esperando ni&#241;os, que yo no me hab&#237;a inscrito. &#161;Pero bueno! &#161;Yo no esperaba ning&#250;n ni&#241;o!

Se sec&#243; los ojos de nuevo, dobl&#243; su pa&#241;uelo, lo guard&#243; en el bolsillo y limpi&#243; las migas del bollo de la mesa con la manga del jersey.

Se march&#243; en tres minutos. Hab&#237;a pasado seis a&#241;os conmigo. Grit&#243; cuando ella se lo llev&#243;, la ara&#241;&#243;, la mordi&#243;, le dio patadas. Ella lo tir&#243; dentro del coche y cerr&#243; con llave. &#201;l gritaba: &#161; Abuelito! &#161;Abuelito!. As&#237; era como me llamaba. Yo no era viejo en aquella &#233;poca, pero me llamaba as&#237; Cre&#237; morir. En una noche se me qued&#243; el pelo blanco.

Se pas&#243; la mano por el cabello, se alis&#243; las cejas.

No s&#233; lo que hicieron con &#233;l, pero all&#237; donde lo dejaban, se escapaba. Y volv&#237;a conmigo. En aquella &#233;poca a los ni&#241;os no se les hac&#237;a caso, ni que decir tiene que los ni&#241;os abandonados no ten&#237;an derecho a opinar. Yo le hab&#237;a dicho una cosa, le hab&#237;a dicho estudia en el colegio, es el &#250;nico medio de ser libre. Y me escuch&#243;. Siempre el primero de la clase Un d&#237;a, durante una de sus innumerables escapadas, volvi&#243; sin Sophie. En la familia donde le hab&#237;an dejado, el hombre estaba loco de atar, era un antiguo paracaidista. En su casa reinaba el terror, impon&#237;a una ley salvaje. Camas impecables, limpieza del v&#225;ter con cepillo de dientes, s&#237; jefe, no jefe &#161;a sus &#243;rdenes jefe! A la menor falta, le pegaba. Ten&#237;a marcas de quemaduras por todo el cuerpo. La mujer no dec&#237;a nada. Cuando lloraba, ella dec&#237;a: &#161;Haz lo que te dice el patr&#243;n! Es &#233;l quien tiene raz&#243;n. &#161;Hay que aprender a trabajar y a sufrir!. Hab&#237;an acogido a varios chiquillos para tener mano de obra gratis. Ella nunca se ocupaba de ellos. Nunca. Ten&#237;a una relaci&#243;n muy fuerte con su hombre. Deb&#237;a prepararse antes de que volviera del trabajo. Se colocaba un liguero, se pon&#237;a unas medias y ropa interior seductora. Se paseaba delante de los ni&#241;os en sujetador y bragas. &#201;l volv&#237;a, la acariciaba delante de los ni&#241;os &#161;y les obligaba a mirar para que aprendiesen las cosas de la vida! Me contaba que los peque&#241;os, a veces, vomitaban de lo asqueados que estaban, &#233;l dec&#237;a: Yo no. &#161;Yo miro a posta, para mostrarles que no me resbala!. El hombre le hab&#237;a impuesto ser el primero de la clase, si no ser&#237;a castigado. Un d&#237;a llev&#243; malas notas. El loco cogi&#243; a Sophie y la masacr&#243; sobre la mesa de la cocina. A golpes de martillo. Y despu&#233;s, hizo una cosa terrible, le oblig&#243; a tirar el cuerpo destrozado de Sophie a la basura. Deb&#237;a de tener trece a&#241;os. El se lanz&#243; contra el hombre, intent&#243; pegarle, el hombre no tuvo ni para empezar, lleg&#243; aqu&#237; cubierto de sangre Pues bien, &#191;saben qu&#233;?

La sangre le ard&#237;a en la cara y golpeaba la mesa con el pu&#241;o.

&#161;La asistente social volvi&#243; a buscarle! &#161;Con su carpetita, su faldita ajustada y su peque&#241;o mo&#241;o! &#161;Y se lo volvi&#243; a llevar! El odiaba a esa mujer. Cada vez que se escapaba, ven&#237;a a buscarle a mi casa, le buscaba otra familia de tarados que lo acog&#237;an para que cortase la le&#241;a, trabajara en el campo, segara el c&#233;sped, pintara, lijara o limpiara la fosa s&#233;ptica. Apenas le daban de comer, le pegaban, pero ella dec&#237;a que hab&#237;a que domarle. Una s&#225;dica, le digo. Me pon&#237;a enfermo. Le perd&#237; el gusto a todo. Abandon&#233; el taller En 1974, Giscard fij&#243; la mayor&#237;a de edad a los dieciocho a&#241;os. Dos a&#241;os m&#225;s tarde, Tom aprob&#243; el bachillerato con matr&#237;cula. Con diecis&#233;is a&#241;os justos. &#161;Ni siquiera s&#233; c&#243;mo lo hizo! Se dedic&#243; a sus estudios como un loco. Ya casi no ven&#237;a a verme La &#250;ltima vez que lo vi, lleg&#243; en plena noche, con un amigo. Estaban pasablemente achispados, dec&#237;an que le hab&#237;an dado una lecci&#243;n a la zorra Incluso me dijo: Me he vengado, he puesto el contador a cero. Yo le dije que no se pod&#237;a poner el contador a cero a base de venganza. El amigo se rio. &#161;Este es idiota! No ha entendido nada. Me enfad&#233;. Tom le pidi&#243; que se disculpara, porque yo continuaba llam&#225;ndole Tom. El amigo se dio cuenta, me dijo: No es Tom, es Herv&#233;. &#191;Por qu&#233; le llamas Tom? &#191;Tienes algo contra Herv&#233;?. Yo dije: No, no tengo nada contra Herv&#233; salvo que se llama Tom, y &#233;l dijo: Bueno, pues qu&#233; casualidad porque yo tambi&#233;n me llamo Herv&#233; y yo tambi&#233;n soy un ni&#241;o de la asistencia social y yo tambi&#233;n tuve a la zorra de &#201;velyne ocup&#225;ndose de mi y fastidi&#225;ndome la vida.

&#191;Se llamaba Herv&#233; qu&#233; m&#225;s? -pregunt&#243; Jos&#233;phine.

No me acuerdo. Un apellido raro. Un apellido belga Van no s&#233; qu&#233; Lo escrib&#237; en un cuaderno porque lo anot&#233; todo despu&#233;s, cuando se fueron. Hab&#237;a tanta violencia en esa escena que lo escrib&#237; todo. A veces, cuando las cosas son demasiado violentas, las borramos de nuestra memoria, uno no quiere acordarse. Puedo buscarlo si quiere

Es muy importante, se&#241;or Graphin -dijo Jos&#233;phine.

&#191;Le importa de verdad? -dijo alzando sus cejas blancas-. Se lo encontrar&#233;. Est&#225; en una caja Mi caja de los recuerdos. No todo son cosas raras, &#191;sabe usted?

Arrastr&#243; los pies hasta un estante, le pidi&#243; a Philippe que cogiese una caja llena de polvo.

Extrajo un cuaderno, lo abri&#243; cuidadosamente, lo hoje&#243;. El polvo se levantaba en ligeros copos y estornud&#243;. Sac&#243; de nuevo su pa&#241;uelo. Volvi&#243; al cuaderno sec&#225;ndose los ojos. Ley&#243; una fecha: 2 de agosto de 1983.

Van den Brock. Eso es, se llamaba Van den Brock. Hab&#237;a adoptado el apellido de su familia de acogida. Pero hab&#237;a permanecido dos a&#241;os en un orfanato antes de que le adoptaran. As&#237; fue como se conocieron, los dos Herv&#233;. Nunca perdieron el contacto. Cuando vinieron, esa noche, hab&#237;an decidido festejar el final de sus estudios. Deb&#237;an de tener veintitr&#233;s o veinticuatro a&#241;os. El alto maleducado hab&#237;a estudiado medicina; Tom se hab&#237;a licenciado en la Polit&#233;cnica &#161;y en muchas otras escuelas que ya no tengo fuerzas para recordar! Continuaron bebiendo toda la noche, al cabo de un momento le dije: Pero &#191;por qu&#233; has venido a verme?. Me contest&#243;, mire, le leo la respuesta: Es para terminar un ciclo, el ciclo de la infelicidad. T&#250; eres la &#250;nica persona buena que he encontrado en mi vida. El otro se hab&#237;a dormido sobre un banco y se quedaron los dos. &#201;l me cont&#243; lo que hab&#237;a sufrido en todas sus familias, &#161;hab&#237;a estado coleccionando locos! Se fueron por la ma&#241;ana temprano. Fueron hasta Par&#237;s. Nunca volv&#237; a tener noticias suyas. Un d&#237;a, abriendo el peri&#243;dico local, me enter&#233; de que se casaba con la hija de un banquero, Mangeain-Dupuy. La familia tiene un castillo, cerca de aqu&#237;. Iba por all&#237; a buscar setas cuando era peque&#241;o, siempre con miedo de que los perros de guardia le mordiesen el trasero, y nos hac&#237;amos tortillas suculentas. Pens&#233; que era una buena revancha

Esboz&#243; una p&#225;lida sonrisa y se frot&#243; la pechera.

No s&#233; si ellos le acogieron bien. Llevaba el nombre de un pueblucho, a pesar de todo. No proced&#237;a de su mundo Pero era brillante. En fin, eso era lo que dec&#237;a el peri&#243;dico. Hablaba tambi&#233;n de una universidad americana, de puestos importantes que le hab&#237;an ofrecido, as&#237; que ellos debieron de decidir entregarle a su hija. A m&#237; no me invitaron a la ceremonia. Poco tiempo despu&#233;s, por una persona que trabajaba en el castillo, me enter&#233; de la muerte de su primer hijo. &#161;Terrible! Aplastado en un aparcamiento. Como Sophie la tortuga. Pens&#233;, qu&#233; vida &#233;sta, se r&#237;e de nosotros. &#161;Hacerle pasar por eso! &#161;A &#233;l! Despu&#233;s he seguido su vida de lejos Por los comentarios de la gente de la zona que trabajaban en el castillo, y que lo ve&#237;an con su mujer y sus hijos. Se comenta que es raro, siempre muy brillante pero raro, que se enfada por nimiedades, que tiene obsesiones. Debe de ser desgraciado, ese hombre. No s&#233; c&#243;mo se cura uno de una infancia as&#237;. &#161;El peque&#241;o Tom! Era tan gracioso cuando bailaba el vals con Sophie en el taller Un vals muy lento para no aturdir a Sophie. Se la met&#237;a en la chaqueta, ella sacaba su cabecita y &#233;l le hablaba. Ya ven ustedes, yo nunca me he casado, nunca he tenido hijos, pero al menos no he sido infeliz.

As&#237; que se conocen desde la infancia -murmur&#243; Jos&#233;phine.

Me han hablado a menudo de &#233;l -dijo Philippe-, &#161;pero nunca me hubiese podido imaginar esa infancia! &#161;Nunca!

Benoit Graphin levant&#243; la cabeza y mir&#243; a Philippe directamente a los ojos. Su voz temblaba:

&#161;Porque eso no es una infancia, por eso!

Hab&#237;a guardado su cuaderno, cerr&#243; la caja y mene&#243; la cabeza en el vac&#237;o como si estuviera solo, como si ya se hubiesen marchado.

En el coche, Jos&#233;phine reflexionaba. As&#237; que ya se conoc&#237;an &#201;sa era la famosa pista sobre la que profundizaba la inspectora antes de morir.

&#191;Crees que tendr&#237;amos que prevenir a Iris?-dijo Jos&#233;phine-. Toda esta historia es bastante violenta

No te escuchar&#225;. Ella no escucha nunca. Persigue un sue&#241;o

Hac&#237;a ocho d&#237;as que se purificaba.

Ocho d&#237;as que viv&#237;a recluida en el piso. Levant&#225;ndose a la siete y media, cada ma&#241;ana, para estar limpia cuando &#233;l viniese a dejarle la comida.

Llamaba a las ocho en punto y preguntaba: &#191;Est&#225; usted levantada?, y si ella no respond&#237;a con voz alta y clara, la castigaba. Hab&#237;a pasado todo un d&#237;a atada a su silla, por no haber o&#237;do el despertador una ma&#241;ana. Hab&#237;a conservado su provisi&#243;n de Stilnox escondida bajo el colch&#243;n y tragaba comprimidos para olvidar que ya no pod&#237;a beber. Hab&#237;a perdido la noci&#243;n del tiempo. Sab&#237;a que hac&#237;a ocho d&#237;as porque &#233;l se lo recordaba. El d&#233;cimo d&#237;a, se casar&#237;an. &#201;l se lo hab&#237;a prometido. Ser&#237;a un compromiso. Un compromiso solemne.

&#191;Y habr&#225; un testigo? -hab&#237;a preguntado ella, los ojos bajos, las manos atadas a la espalda.

Tendremos un testigo para los dos. Que tomar&#225; nota de nuestro compromiso antes de que se haga oficial ante los hombres

Eso le iba bien. Esperar&#237;a. El tiempo necesario para que &#233;l tuviese todos los papeles para divorciarse. &#201;l no hablaba nunca de divorcio sino siempre de matrimonio. Ella no hac&#237;a preguntas.

Ahora ten&#237;an una rutina. Ella ya no desobedec&#237;a y &#233;l parec&#237;a satisfecho. A veces la desataba y peinaba sus largos cabellos dici&#233;ndole palabras de amor: Mi hermosura, mi perfecci&#243;n, eres s&#243;lo m&#237;a No dejar&#225;s que se te acerque ning&#250;n hombre, &#191;me lo prometes? Ese hombre con el que te vi una vez en el restaurante &#191;C&#243;mo lo hab&#237;a sabido? Estaba de vacaciones. &#191;Hab&#237;a vuelto por un d&#237;a? &#191;La hab&#237;a seguido? As&#237; que &#233;l la amaba, &#161;la amaba! A ese hombre, ya no le dejar&#225;s acercarse, &#191;verdad? Hab&#237;a aprendido a hablarle. No hac&#237;a nunca preguntas, no tomaba la palabra m&#225;s que cuando &#233;l la autorizaba. Se preguntaba c&#243;mo lo har&#237;an cuando su mujer y sus hijos volviesen.

Por la ma&#241;ana, &#233;l la despertaba. Depositaba &#233;l mismo el jam&#243;n blanco y el arroz sobre la mesa de la cocina. Ella deb&#237;a estar limpia, vestida de blanco. &#201;l pasaba un dedo por sus p&#225;rpados, por su cuello, entre sus piernas. No quer&#237;a olor entre sus piernas. Ella se dejaba la piel con jab&#243;n de Marsella. &#201;sa era la prueba m&#225;s terrible: no deb&#237;a traicionarse y apretaba los dientes para retener un largo gemido de placer. Pasaba un dedo sobre la pantalla de la televisi&#243;n para ver si no hab&#237;a polvo est&#225;tico, otro por el alicatado, el parqu&#233;, por el manto de la chimenea. Parec&#237;a satisfecho cuando todo estaba limpio. Entonces &#233;l se volv&#237;a hacia ella y le rozaba la mejilla, una caricia muy suave que la hac&#237;a llorar. &#191;Ves?, dec&#237;a entonces, y era uno de los raros momentos en los que la tuteaba, &#191;ves?, eso es el amor, cuando se da todo, cuando uno se entrega completamente, ciegamente, t&#250; no lo sab&#237;as, no pod&#237;as saberlo, viv&#237;as en un mundo tan falso Cuando todos hayan vuelto, te alquilar&#233; un apartamento y te instalar&#233; all&#237;. Estar&#225;s purificada y quiz&#225;s podremos, si tu conducta es ejemplar, suavizar un poco las reglas. Me esperar&#225;s, deber&#225;s esperarme y yo me ocupar&#233; de ti. Te lavar&#233; el pelo, te ba&#241;ar&#233;, te dar&#233; de comer, te cortar&#233; las u&#241;as, te curar&#233; cuando est&#233;s enferma y t&#250; permanecer&#225;s pura, pura, sin que ninguna mirada de hombre te ensucie Te dar&#233; libros para leer, libros que yo elegir&#233;. Te volver&#225;s culta. Conocedora de cosas hermosas. Por la noche, te tumbar&#225;s con las piernas abiertas en la cama y yo me tumbar&#233; sobre ti. T&#250; no deber&#225;s moverte, s&#243;lo soltar un peque&#241;o gemido para mostrarme que sientes placer. Yo har&#233; lo que quiera de ti y t&#250; no protestar&#225;s nunca.

No protestar&#233; nunca -repet&#237;a ella levantando la voz.

Cuando encontraba un tenedor sucio sobre la mesa o granos de arroz, se enfurec&#237;a, la tiraba del pelo y gritaba: &#191;Esto qu&#233; es, esto qu&#233; es? Est&#225; sucio, est&#225; usted sucia, y la golpeaba y ella se dejaba golpear. Le gustaba la angustia que preced&#237;a a los golpes, la tortura de la espera, &#191;lo he hecho todo bien, voy a ser castigada o recompensada? La espera y la ansiedad llenaban su vida, cada minuto era importante, cada segundo de espera la llenaba de una felicidad desconocida, incre&#237;ble. Esperaba el momento en el que le adivinar&#237;a feliz y satisfecho o, por el contrario, furioso y violento. Su coraz&#243;n lat&#237;a, lat&#237;a, su cabeza daba vueltas. No sab&#237;a nunca. Ella se dejaba golpear, se echaba a sus pies y promet&#237;a no volver a hacerlo. Entonces &#233;l la ataba sobre la silla. Todo el d&#237;a. Volv&#237;a a mediod&#237;a para hacerla comer. Ella abr&#237;a la boca cuando &#233;l lo ordenaba. Masticaba cuando &#233;l lo ordenaba, tragaba cuando &#233;l lo ordenaba. A veces, parec&#237;a tan feliz que bailaban un vals en el piso. En silencio. Sin hacer ning&#250;n ruido, y era a&#250;n m&#225;s hermoso. Ella apoyaba su cabeza contra &#233;l y &#233;l la acariciaba. Le daba incluso peque&#241;os besos en el pelo y ella desfallec&#237;a.

Un d&#237;a en el que ella hab&#237;a desobedecido, un d&#237;a en que &#233;l la hab&#237;a atado, son&#243; el tel&#233;fono. No pod&#237;a ser &#233;l. &#201;l sab&#237;a que estaba atada. Hab&#237;a descubierto, asombrada, que no le importaba saber qui&#233;n llamaba. Ya no pertenec&#237;a a este mundo. Ya no ten&#237;a ganas de hablar con los dem&#225;s. No comprender&#237;an lo feliz que era.

Por la noche, en su casa, &#233;l pon&#237;a una &#243;pera. Abr&#237;a de par en par la ventana del sal&#243;n y sub&#237;a mucho el volumen. Ella escuchaba sin decir nada, arrodillada cerca de la silla. A veces, &#233;l bajaba el volumen para hablar por tel&#233;fono. O con el dict&#225;fono. Se le o&#237;a en todo el patio. No importa, dec&#237;a &#233;l, est&#225;n todos de vacaciones.

Y despu&#233;s, apagaba la luz. Apagaba la m&#250;sica. Se iba a acostar.

O sub&#237;a silenciosamente para verificar si ella dorm&#237;a bien. Ella deb&#237;a acostarse con el sol. No ten&#237;a derecho a la luz. &#191;Que har&#237;a usted errando en un piso oscuro?

Ella deb&#237;a estar acostada, la melena extendida sobre la almohada. Las piernas cerradas, las manos en el borde de las s&#225;banas, y deb&#237;a dormir. &#201;l se inclinaba sobre ella, verificaba que estaba durmiendo, pasaba la mano por encima de su cuerpo y ella se sent&#237;a invadida por un placer inmenso, una ola inmensa de placer, que la dejaba mojada en su cama. Ella no se mov&#237;a, s&#243;lo sent&#237;a c&#243;mo el placer la inundaba. Ella no sab&#237;a, cuando &#233;l entraba en la habitaci&#243;n, si iba a pegarle, a despertarla, porque hab&#237;a dejado un papel tirado en la entrada, o si iba a decirle palabras dulces, inclinado sobre ella, susurrando. Ella ten&#237;a miedo y era tan delicioso ese miedo, que se transformaba en ola de placer.

Al d&#237;a siguiente, ella se lavaba a&#250;n con m&#225;s cuidado que de costumbre para que &#233;l no sintiese olor corporal, pero con s&#243;lo pensar en la v&#237;spera, volv&#237;a a mojarse. Qu&#233; extra&#241;o es, nunca hab&#237;a sido tan feliz y ya no tengo nada m&#237;o. Ya no tengo voluntad. Se lo he dado todo.

Sin embargo, le desobedec&#237;a: escrib&#237;a su felicidad en hojas en blanco que escond&#237;a detr&#225;s de la plancha de la chimenea. Lo contaba todo. Con detalle. Y eso le hac&#237;a revivir todo el placer y todo el miedo. Quiero escribir este amor tan hermoso, tan puro para poder leerlo y releerlo y llorar l&#225;grimas de alegr&#237;a.

He recorrido m&#225;s camino en ocho d&#237;as que en cuarenta y siete a&#241;os de vida.

Se hab&#237;a convertido exactamente en la que &#233;l quer&#237;a que fuera.

&#161;Por fin feliz!, murmuraba antes de dormirse. &#161;Por fin feliz!

Ya no ten&#237;a ganas de beber y ma&#241;ana, dejar&#237;a los comprimidos para dormir. No echaba de menos a su hijo. &#201;l pertenec&#237;a a otro mundo, el mundo que ella hab&#237;a dejado.

Y despu&#233;s lleg&#243; la noche en la que &#233;l vino a buscarla para esposarla.

Ella le esperaba, descalza, con su vestido marfil y el cabello suelto. &#201;l le hab&#237;a pedido que esperara en la entrada, como una hermosa novia que se prepara para avanzar por la nave de la iglesia. Ella estaba lista.



* * *


Esa noche, Roland Beaufrettot estaba furioso. Ro&#237;a la boquilla de la pipa, escupiendo un jugo amarillo y echando pestes contra esta sociedad de mierda, que ya no sabe contener su mierda, y deja que cada uno se ocupe de la mierda que le toca.

Le hab&#237;an avisado de una banda de raperos que buscaban un campo para hacer una refparti. &#161;Ya les dar&#237;a &#233;l algo para repartir! Van a dejarme el campo perdido, esos drogadictos de mierda. Tambi&#233;n le hab&#237;an dicho que iban buscando sitios por la noche. Pues bien, &#161;no iban a quedar decepcionados, esos degenerados! Van a encontrarse en un abrir y cerrar de ojos en el punto de mira de mi escopeta y, sin que se den cuenta, les voy a lanzar una andanada de perdigones a los bajos del pantal&#243;n, y esos ni&#241;atos van a salir corriendo con los calzones cagados de miedo.

Estos campos, estos bosques, estos claros se los conoc&#237;a de memoria. Sab&#237;a por d&#243;nde pasaban los ladrones de muguete, los ladrones de setas, los ladrones de casta&#241;as, los ladrones de conejos, los ladrones de aquello que era su jornada y le daba de comer. &#161;No iba a dejar adem&#225;s que un mont&#243;n de ni&#241;atos de mierda drogados, destrozaran sus tierras!

As&#237; que avanzaba prudentemente por la maleza que bordeaba su campo. Qu&#233; hermoso, su campo; hermoso y bien cuidado. &#161;Hab&#237;a que conocerlo para encontrarlo! Se pasaba el a&#241;o mim&#225;ndolo, quitando las piedras una por una, lo rastrillaba, lo araba, le daba de comer abono

Estaba, pues, bien al abrigo, esperando a los raperos como dicen en la tele, cuando oy&#243; el ruido de un coche, despu&#233;s de otro y vio pasar los dos autom&#243;viles frente a &#233;l. Anda, por fin voy a ver qu&#233; pinta tienen esos raperos. S&#243;lo un vistazo antes de volarles los cojones, &#161;suponiendo que tengan!

El primer coche se detuvo y aparc&#243; casi bajo sus narices. Se ech&#243; hacia atr&#225;s para que no le vieran. Era finales de agosto, la noche era clara, la luna llena, bien redonda, una luna de ensue&#241;o que parec&#237;a una farola de ciudad. Le gustaba todo de su campo, incluso la luna que lo iluminaba. El segundo coche aparc&#243; frente al primero, el cap&#243; de uno a una decena de metros del cap&#243; del otro.

Del primer coche sali&#243; un hombre. Alto, vestido con un impermeable blanco. Y del otro, otro hombre, muy delgado, casi esquel&#233;tico. Acordaron algo durante un momento, como en el caf&#233; con Raymond antes de jugar al tresillo, y despu&#233;s el hombre esquel&#233;tico subi&#243; a su coche, encendi&#243; las luces largas y puso m&#250;sica. Una m&#250;sica extra&#241;amente hermosa. No la m&#250;sica que ponen en la tele en los reportajes de las raves. Una m&#250;sica con graves, agudos, escalas y una voz de mujer bella como la luna, que se elev&#243; en el bosque y embelleci&#243; todos los &#225;rboles de alrededor, los robles centenarios, los tiemblos, los &#225;lamos y los chopos que su padre hab&#237;a plantado justo antes de morir, y sobre los que velaba celosamente.

El hombre del impermeable blanco encendi&#243; tambi&#233;n los faros largos y aquello form&#243; una especie de b&#243;veda luminosa. Las part&#237;culas flotaban en la luz de los faros y con la m&#250;sica que se alzaba como un manto, la escena era particularmente bonita. El del impermeable blanco hizo bajar de su coche a una hermosa mujer con largos cabellos negros, vestida con un vestido blanco, descalza. &#161;Una como &#233;sa no la tendr&#233; nunca en mi cama! Avanzaba con gracia y ligereza como si no tocara el suelo, como si los cardos no le picaran los pies. La pareja era hermosa, m&#225;gica, eso seguro. No parec&#237;an raperos, eso seguro tambi&#233;n. Parec&#237;a que no tuvieran edad. Unos cuarenta a&#241;os. Un aspecto elegante, un no s&#233; qu&#233; jactancioso, como la gente que tiene dinero, que est&#225; acostumbrada a que los dem&#225;s se hagan a un lado cuando cruzan &#161;Y la m&#250;sica! La m&#250;sica Nada m&#225;s que caaas, estaaas, diiiis y vaaaas lanzados a la noche como un homenaje a su bosque. &#161;Nunca hab&#237;a o&#237;do una m&#250;sica tan hermosa!

Roland Beaufrettot baj&#243; la escopeta. Sac&#243; su cuadernito y, mientras todav&#237;a hab&#237;a algo de luz, anot&#243; con la punta de su l&#225;piz bien afilada, el n&#250;mero de las matr&#237;culas, la marca de los coches y pens&#243; que quiz&#225;s eran los organizadores que ven&#237;an buscando un sitio. No los raperos, demasiado holgazanes para desplazarse, sino los productores porque que no me vengan a decir a m&#237; que no ganan pasta con las raves. &#161;Eso tambi&#233;n es un bisnes! A nosotros, los agricultores no nos aporta un c&#233;ntimo, &#161;pero seguro que se lo aporta a alguien!

Guard&#243; el cuadernito, sac&#243; sus prism&#225;ticos y mir&#243; a la mujer. &#161;Qu&#233; guapa era! Realmente guapa. Sobre todo ten&#237;a un aspecto imponente Pronto se har&#237;a completamente de noche y ya no ver&#237;a nada. Pero si dejaban los faros de los coches encendidos, ver&#237;a lo suficiente. No es posible, &#233;sos no son raperos. &#161;Ni siquiera los raperos jefes! &#191;Pero qu&#233; hacen &#233;stos aqu&#237;, entonces?

El hombre del impermeable blanco present&#243; al hombre esquel&#233;tico a la mujer tan guapa, tan elegante, y ella inclin&#243; la cabeza muy lentamente. Con mucha contenci&#243;n. Como si estuviese en su sal&#243;n y recibiese a un invitado de post&#237;n. Despu&#233;s el hombre esquel&#233;tico fue a bajar un poco la m&#250;sica. La hermosa pareja permaneci&#243; enlazada en medio del claro. Erguidos, guapos, rom&#225;nticos. El del impermeable blanco hab&#237;a pasado los brazos alrededor de la mujer y la enlazaba. Era una actitud muy casta. El esquel&#233;tico volvi&#243;, se situ&#243; entre los dos, uni&#243; las manos como un sacerdote que comienza su misa, dijo algunas palabras a la mujer que ella respondi&#243;, con la cabeza gacha, palabras que &#233;l no escuch&#243;. Despu&#233;s el esquel&#233;tico se volvi&#243; al del impermeable blanco y le hizo una pregunta y el del impermeable blanco respondi&#243; alto y fuerte S&#205;, QUIERO. Entonces el esquel&#233;tico tom&#243; la mano del hombre y la mano de la mujer, las junt&#243; y declar&#243; en voz muy alta, como si quisiera que todos los animales del claro estuviesen al corriente y acudieran para servirles de testigos: OS DECLARO UNIDOS POR EL V&#205;NCULO DEL MATRIMONIO.

&#161;As&#237; que era eso! &#161;Una boda rom&#225;ntica a la ca&#237;da de la noche en su campo! &#161;C&#243;rcholis! Se sent&#237;a honrado de que unos se&#241;ores tan elegantes y una se&#241;ora tan guapa vinieran a casarse en sus tierras. Estuvo a punto de salir de la maleza y aplaudir, pero no se atrevi&#243; a interrumpir la ceremonia. Todav&#237;a no hab&#237;an intercambiado los anillos.

No hubo intercambio de anillos.

La mujer se apoy&#243; contra el del impermeable blanco, sus largos cabellos flotando sobre los hombros, ligera en brazos del hombre y giraron, giraron en el claro. Bailaban el vals bajo la redonda luna llena, que sonre&#237;a como hace siempre la luna cuando est&#225; llena. &#161;Qu&#233; bonito, qu&#233; emotivo! Bailaban a la luz de los faros, la mujer apoyada contra el hombre, el hombre protector y muy casto rode&#225;ndola entre sus brazos, haci&#233;ndola retroceder incluso un poco, para bailar seg&#250;n la etiqueta, como se ve en la tele en los programas de Nochebuena. El hombre esquel&#233;tico hab&#237;a vuelto a subir el volumen de la m&#250;sica, mucho, incluso un poco demasiado, y esperaba apoyado en el cap&#243;, sin perder detalle.

La pareja bailaba lentamente, muy lentamente y Roland Beaufrettot pens&#243; que nunca hab&#237;a visto un espect&#225;culo tan hermoso. La mujer sonre&#237;a, la mirada baja, los pies descalzos en la hierba, y el hombre la sosten&#237;a con una especie de autoridad tranquila, de gracia de otro tiempo

Y entonces, el hombre esquel&#233;tico alz&#243; los brazos al cielo como un sem&#225;foro, dio una palmada y grit&#243; &#161;AHORA! &#161;AHORA! Y entonces el hombre del impermeable blanco sac&#243; algo de su bolsillo, algo que brill&#243; a la luz de los faros con un reflejo blanco, vivo, y lo hundi&#243; en el pecho de la mujer, firme, met&#243;dicamente, contando, un, dos, tres, un, dos, tres, mientras continuaba bailando y manteni&#233;ndola enlazada.

Estoy so&#241;ando, pens&#243; Roland Beaufrettot, &#161;Dios, no es posible! Bajo sus ojos un hombre apu&#241;alaba a una mujer mientras bailaba, y la mujer se desplomaba sobre la hierba y se convert&#237;a en una larga mancha blanca. Y entonces el bailar&#237;n, sin mirarla, se volvi&#243; hacia el hombre esquel&#233;tico y le ofreci&#243;, levant&#225;ndolo al cielo como una ofrenda de druida, lo que parec&#237;a ser un pu&#241;al corto, el mismo que utilizaban para la caza del ciervo. Se lo tendi&#243; al hombre esquel&#233;tico que lo recogi&#243; ceremoniosamente, lo sec&#243;, lo guard&#243; en una especie de estuche -no se ve&#237;a muy bien, no estaba seguro- y despu&#233;s volvi&#243; al coche, sac&#243; una especie de gran bolsa de basura, volvi&#243; al lado del hombre del impermeable blanco y lentamente, doblaron a la mujer en dos, la introdujeron en la bolsa, la cerraron y, llev&#225;ndola cada uno por un lado, fueron a tirarla al estanque, justo detr&#225;s.

Roland Beaufrettot se frotaba los ojos. Hab&#237;a dejado su escopeta, sus gemelos, y se hab&#237;a acurrucado sobre sus talones, bien al abrigo. Acababa de asistir a un asesinato en directo.

&#161;Ella no hab&#237;a hecho ni un gesto de protesta! No hab&#237;a lanzado un solo grito, hab&#237;a bailado hasta el final, y hab&#237;a muerto sin hacer ruido como un velo blanco arriado.

&#161;Dios, no es posible!

Los dos hombres volvieron al cabo de diez minutos. Volvieron al coche del hombre del impermeable blanco, sacaron una caja, la abrieron y derramaron una especie de piedrecitas por el campo, que dispusieron como si dibujaran un c&#237;rculo. Est&#225;n borrando las huellas, pens&#243; Roland Beaufrettot, borran la sangre Despu&#233;s se dieron la mano y se fueron cada uno por su lado. Los faros desaparecieron en la noche y el ruido de los motores se alej&#243;.

&#161;Pero bueno!, exclam&#243; Roland Beaufrettot, el culo en el suelo, pero bueno Esper&#243; a estar seguro de que lo dos coches no volv&#237;an, y sali&#243; del bosque. Quer&#237;a ver lo que hab&#237;an dejado en el suelo para borrar el rastro de su crimen. &#191;Piedras, serr&#237;n?

Dirigi&#243; la linterna hacia el suelo y vio una decena de piedras gruesas, redondas y planas, marrones y amarillas, dispuestas en un c&#237;rculo perfecto. Eran como si se dieran la mano, como si hiciesen un coro. Empuj&#243; una con la punta del zapato. La piedra se movi&#243;, le creci&#243; una patita, despu&#233;s otra, y una tercera Solt&#243;: &#161;Me cago en la hostia puta!, ech&#243; a correr como alma que lleva el diablo y huy&#243; de all&#237;.



* * *


Creo que voy a ir a ver a Garibaldi a contarle la historia del impresor -dijo Jos&#233;phine a Philippe-. Me gustar&#237;a saber tambi&#233;n si han detenido a Luca

&#191;Quieres que vaya contigo?

Creo que ser&#225; mejor que no

Te esperar&#233; aqu&#237;.

Hab&#237;an vuelto a Par&#237;s. Philippe hab&#237;a cogido una habitaci&#243;n en el hotel. Deseaban pasar todav&#237;a un poco m&#225;s de tiempo juntos. Clandestinamente. Zo&#233; y Alexandre llegaban dentro de dos d&#237;as. Dos d&#237;as los dos, solos, en un Par&#237;s desierto. Jos&#233;phine marc&#243; de nuevo el n&#250;mero de m&#243;vil de Iris. No respondi&#243;.

Es extra&#241;o, est&#225; siempre colgada a su m&#243;vil Me parece inquietante.

Lo habr&#225; apagado, no quiere que la molesten. D&#233;jala vivir su pasi&#243;n Han debido de marcharse algunos d&#237;as juntos.

&#191;De verdad no te produce ninguna impresi&#243;n saberla con otro?

&#191;Sabes, Jo?, no tengo m&#225;s que un deseo, y es que sea feliz y har&#233; todo para que lo sea. Con Lefloc-Pignel o con otro Pero tengo miedo de que se d&#233; contra un muro con &#233;l. &#191;Crees que se divorciar&#225;?

No lo s&#233;. No lo conozco suficiente Deber&#237;a ir a ver si est&#225; en casa

&#161;No! Qu&#233;date conmigo

La hab&#237;a cogido entre sus brazos y ella se dej&#243; llevar contra &#233;l, su boca contra su boca, inm&#243;vil, probando un beso que no acababa nunca. &#201;l la besaba, le acariciaba el cuello, su mano bajaba, atrapaba un seno, lo encerraba, ella se tend&#237;a contra &#233;l, hund&#237;a su boca en la suya, gem&#237;a. &#201;l la arrastr&#243; hasta la cama, la tumb&#243; y la mantuvo agarrada entre sus brazos, ella suspir&#243;, s&#237;, s&#237;, y percibi&#243; la hora en el reloj de caoba colocado sobre la chimenea.

Ella se liber&#243; de su abrazo.

&#161;Las diez! Tengo que ir a ver a Garibaldi Tengo demasiadas preguntas en la cabeza.

Philippe gru&#241;&#243;, descontento. Lanz&#243; un brazo para atraparla.

Pero vuelvo enseguida

Jos&#233;phine estaba explicando al guardia de la puerta del 36 del quai des Orf&#233;vres que ten&#237;a que ver inmediatamente al inspector Garibaldi, cuando &#233;ste apareci&#243; por la escalera.

&#161;Inspector! Tengo que hablar con usted, tengo novedades

El hizo una se&#241;al a dos compa&#241;eros para que le siguieran, y no se detuvo ante el rostro preocupado de Jos&#233;phine.

Yo tambi&#233;n tengo novedades, se&#241;ora Cort&#232;s, y ahora no tengo tiempo.

Ella corri&#243; a su lado.

Es referente a los RV

&#161;Ya le he dicho que no tengo tiempo! La espero esta tarde. En mi despacho

Empez&#243; a decir pero es importante. El ya se hab&#237;a ido y el coche arrancaba en el patio.

Volvi&#243; al hotel a encontrarse con Philippe.

Ten&#237;a prisa, iba a cumplir una misi&#243;n, pero le ver&#233; esta tarde

&#191;No te ha dicho nada?

NoTen&#237;a una expresi&#243;n, &#191;c&#243;mo decirte?, una expresi&#243;n que no me gusta.

Una expresi&#243;n febril, inquieta, sombr&#237;a. Aquello le recordaba algo. No sab&#237;a qu&#233;. Y siempre esa pregunta que daba vueltas en su cabeza, y que repiti&#243; a Philippe:

&#191;Por qu&#233; no contesta?

C&#225;lmate. La conozco. Se ha olvidado del resto del mundo. Pronto ser&#225; final de mes, su mujer y sus hijos van a volver, ya no ser&#225;n libres para verse, no quieren que se les moleste

Quiz&#225;s tengas raz&#243;n. Me estoy preocupando por nada Y sin embargo, hay algo que me turba en ese silencio

&#191; No ser&#225; m&#225;s bien el estar conmigo en el hotel lo que te incomoda?

Es cierto que resulta extra&#241;o -murmur&#243;-. Tengo la impresi&#243;n de ser una mujer ad&#250;ltera

&#191;Y eso no es delicioso?

No estoy acostumbrada a la clandestinidad

Estuvo a punto de preguntar: &#191;Y t&#250;?, pero se contuvo a tiempo.

Mir&#243; a Philippe a trav&#233;s de sus pesta&#241;as entornadas, y pens&#243; que amaba a ese hombre con locura. Y ya que Iris, tambi&#233;n, estaba enamorada Parecer&#225; extra&#241;o, al principio, eso seguro. Tendr&#225; que acostumbrarse, esperar a que Zo&#233; y Alexandre est&#233;n listos para saber la noticia. Hortense se alegrar&#225;. Siempre le gust&#243; Philippe. Echaba de menos a sus hijas. Estaba deseando que volviesen. Zo&#233; volver&#237;a pronto, &#191;con qui&#233;n se habr&#237;a ido Hortense a Saint-Tropez? Ni siquiera se lo he preguntado

Escuch&#243; el sonido del m&#243;vil que anunciaba la llegada de un mensaje. Philippe murmur&#243;: &#191;Qui&#233;n es?. Jos&#233;phine se levant&#243; y fue a comprobarlo.

Es Luca

&#191;Y qu&#233; dice?

&#161;As&#237; que se ha desembarazado usted de m&#237;!.

Tienes raz&#243;n, &#161;ese hombre est&#225; loco! Entonces, &#191;todav&#237;a no le han detenido?

Aparentemente no.

&#191;Y a qu&#233; esperan?

&#161;Ya lo entiendo!-exclam&#243; Jos&#233;phine-. &#161;Garibaldi corr&#237;a esta ma&#241;ana para buscarle a &#233;l! &#161;Iba a detenerle!



* * *


Cuando Jos&#233;phine lleg&#243; a la cita, Garibaldi la esperaba. Llevaba una bonita camisa negra y torc&#237;a la nariz y la boca como si fueran de goma. Orden&#243; que no le molestaran y le ofreci&#243; una silla a Jos&#233;phine. Se aclar&#243; varias veces la garganta antes de empezar a hablar. No paraba de rascarse las u&#241;as con los pulgares.

Se&#241;ora Cort&#232;s -comenz&#243;-, &#191;sabe usted si existe alg&#250;n medio de ponerse en contacto con el se&#241;or Dupin?

Jos&#233;phine enrojeci&#243;.

Est&#225; en Par&#237;s

Podemos contactarle, entonces.

Jos&#233;phine asinti&#243; con la cabeza.

&#191;Puede usted pedirle que venga?

&#191;Ha pasado algo grave?

Preferir&#237;a esperar a que &#233;l est&#233; aqu&#237; para

&#191;Es una de mis hijas?-exclam&#243; Jos&#233;phine-. &#161;Quiero saberlo!

No. No es ninguna de sus hijas, ni el hijo de &#233;l

Jos&#233;phine volvi&#243; a sentarse, aliviada.

&#191;Est&#225; usted seguro?

S&#237;, se&#241;ora Cort&#232;s. &#191;Puede usted llamarle?

Jos&#233;phine marc&#243; el n&#250;mero de Philippe y le pidi&#243; que viniese al despacho del inspector. Lleg&#243; enseguida.

Ha sido usted muy r&#225;pido -se sorprendi&#243; el inspector.

Estaba esperando a Jos&#233;phine en el caf&#233; de enfrente Yo quer&#237;a venir, pero ella prefiri&#243; verle a solas.

Lo que le voy a comunicar no es nada agradable Va a tener que ser fuerte y permanecer tranquilo.

No se trata de las ni&#241;as, ni de Alexandre -le tranquiliz&#243; Jos&#233;phine.

Se&#241;or Dupin Hemos encontrado el cuerpo de su mujer en un estanque en el bosque de Compi&#233;gne.

Philippe palideci&#243;, Jos&#233;phine grit&#243;: &#191;Qu&#233;?, pensando que hab&#237;a o&#237;do mal. No era posible. &#191;Qu&#233; podr&#237;a estar haciendo Iris en el bosque de Compi&#233;gne? Era un error, era una mujer que se le parec&#237;a.

No es posible.

Y sin embargo -suspir&#243; el inspector Garibaldi-, sabemos que es su cuerpo el que han encontrado Yo la hab&#237;a visto y la recuerdo muy bien, porque la interrogu&#233; durante la investigaci&#243;n. Se&#241;ora Cort&#232;s o usted, se&#241;or Dupin, &#191;cu&#225;ndo hablaron con ella por &#250;ltima vez?

Pero &#191;qui&#233;n ha sido? -le interrumpi&#243; Jos&#233;phine.

Philippe estaba l&#237;vido. Tendi&#243; la mano hacia Jos&#233;phine. Ella no lo vio. Ten&#237;a la boca deformada por un sollozo mudo.

Me gustar&#237;a saber qui&#233;n habl&#243; con ella por &#250;ltima vez

Yo -dijo Jos&#233;phine-. Por tel&#233;fono, hace, digamos, no estoy segura, ocho, diez d&#237;as.

&#191;Y qu&#233; le dijo?

Que viv&#237;a una gran historia de amor con Lefloc-Pignel, que nunca hab&#237;a sido tan feliz, que no deb&#237;a llamarla m&#225;s, que quer&#237;a vivir esa historia en paz., y que iban a casarse.

&#161;Pues s&#237;! Se la llev&#243; al bosque prometi&#233;ndole matrimonio, hizo un simulacro de ceremonia y la apu&#241;al&#243;. Un agricultor lo vio todo. Tuvo la suficiente presencia de &#225;nimo como para anotar los n&#250;meros de las matr&#237;culas. Y es as&#237; como los hemos podido identificar.

Cuando usted dice los -pregunt&#243; Philippe- &#191;a qui&#233;n se refiere usted?

Van den Brock y Lefloc-Pignel. Son c&#243;mplices. Se conocen desde hace mucho, mucho tiempo. Han actuado juntos.

&#161;Eso es exactamente lo que ven&#237;a a decirle esta ma&#241;ana! -exclam&#243; Jos&#233;phine.

He enviado hombres a casa de Lefloc-Pignel y otros a Sarthe, donde Van den Brock pasa las vacaciones, para detenerle.

Podr&#237;amos haberlo evitado si me hubiese escuchado

No, se&#241;ora, cuando nos cruzamos esta ma&#241;ana, su hermana ya estaba muerta. Yo corr&#237;a a escuchar el testimonio del hombre que asisti&#243; al

Tosi&#243; y puso su pu&#241;o delante de la boca.

Philippe tom&#243; la mano de Jos&#233;phine. Describi&#243; el viaje de vuelta en coche por las carreteras secundarias de Normand&#237;a, la parada en el lugar llamado Le Floc-Pignel, la confesi&#243;n del impresor. Jos&#233;phine le interrumpi&#243; para precisar c&#243;mo ella hab&#237;a o&#237;do hablar por primera vez del pueblo y del impresor, de la propia boca de Herv&#233; Lefloc-Pignel.

&#161;Se confi&#243; a usted! Es asombroso -dijo el inspector.

Dec&#237;a que me parec&#237;a a una tortuguita

Una tortuguita que nos ha ayudado mucho en esta historia de profundizar RV

Le lleg&#243; el turno de contarlo todo.

A partir de las notas de la se&#241;ora Bassonni&#232;re, se hab&#237;an enterado de la historia de Lefloc-Pignel, el abandono cuando era ni&#241;o, el origen de su nombre, sus diversas familias de acogida.

No hemos reaccionado enseguida, no es una tara ser un ni&#241;o abandonado y haber ascendido socialmente tras un matrimonio. El incidente del ni&#241;o aplastado en el aparcamiento suscitaba m&#225;s bien la compasi&#243;n. Fue la capit&#225;n Gallois quien relacion&#243; por primera vez a los dos Herv&#233;.

&#191;C&#243;mo pens&#243; en ello? No resulta evidente -pregunt&#243; Philippe, estrechando la mano de Jos&#233;phine en la suya.

Su madre era asistente social en Normand&#237;a. Trabajaba en la Ayuda Social y se ocupaba, ella tambi&#233;n, de asignar ni&#241;os abandonados. Ten&#237;a una compa&#241;era, mayor que ella, la se&#241;ora &#201;velyne Lamarche, una mujer dura, convencida de que todos esos ni&#241;os no eran m&#225;s que mala hierba, de hecho, tan convencida que ni siquiera se molestaba en buscarles un nombre que les fuera bien o les gustara. A los chicos, por ejemplo, les llamaba a todos sistem&#225;ticamente Herv&#233;. Cuando la capit&#225;n ley&#243; los dos nombres de pila sobre la misma declaraci&#243;n, en el momento de la muerte de la se&#241;orita de Bassonni&#232;re, record&#243; a esa mujer. Hab&#237;a crecido oyendo hablar de esa se&#241;ora Lamarche. Su madre la evocaba a menudo, criticando su forma de hacer. Va a convertir a esos ni&#241;os en bestias furiosas. Comprob&#243; la edad de los dos Herv&#233;, ech&#243; un vistazo a las fichas del t&#237;o, y concluy&#243; que podr&#237;an haber pasado por las manos de esa La- marche. Tuvo lo que se llama una intuici&#243;n. Pens&#243; que esos dos hab&#237;an compartido quiz&#225;s la misma historia, que se conoc&#237;an desde hac&#237;a mucho tiempo. Eso despert&#243; una sospecha en su fuero interno. &#191;Y si los dos hombres hab&#237;an formado una especie de alianza mal&#233;fica? &#191;Y si se hab&#237;an aliado para vengarse de todos los que les trataban mal? Ahond&#243; en esa pista. Llam&#243; a su madre para informarse sobre esa se&#241;ora Lamarche, saber si todav&#237;a viv&#237;a, qu&#233; hab&#237;a sido de ella. Estaba convencida de que se enfrentaba a un asesino en serie. Hab&#237;a estudiado muy seriamente el perfil de esos asesinos. Para saber c&#243;mo operaban, por qu&#233; Encontramos sus notas, hab&#237;a anotado el t&#237;tulo de un libro y copi&#243; numerosos pasajes. Los tengo aqu&#237;, en alguna parte de la mesa.

Busc&#243; entre los papeles que ten&#237;a delante, apart&#243; varios, y acab&#243; encontrando las notas de la capit&#225;n.

Aqu&#237; est&#225;, esto es En el origen de un crimen, existe casi siempre una humillaci&#243;n. Para repararla, el asesino en serie se apropia de la vida del otro, y ese crimen anula la humillaci&#243;n. Es un acto terap&#233;utico que le permite reconstruirse como individuo. Cuando un obst&#225;culo le contraria, incluso si se trata de un hecho tan f&#250;til como un empuj&#243;n en la calle o un caf&#233; que le sirven tibio, ese acontecimiento amenaza la fr&#225;gil imagen que tiene de s&#237; mismo. Eso provoca un desequilibrio psicol&#243;gico, que necesita restablecer sinti&#233;ndose de nuevo poderoso. Matar a alguien produce un sentimiento de potencia extrema. Se cree uno a la altura de Dios. Una vez que han matado, se sienten saciados, pero sufren un vac&#237;o que es necesario colmar y que les lleva a matar de nuevo. Ella hab&#237;a subrayado ese pasaje.

Se interrumpi&#243; y se hundi&#243; en su sill&#243;n.

&#161;Lo que hubiera dado por tener una mujer como &#233;sta en mi equipo! &#191;Se dan ustedes cuenta?, &#161;lo hab&#237;a entendido todo! En este trabajo, hay que saber asociar m&#233;todo e intuici&#243;n. Una investigaci&#243;n no son s&#243;lo los hechos objetivos, es tambi&#233;n invertir en ella todos los sentimientos, todo lo que uno ha vivido.

Era como si se hablara a s&#237; mismo. Se dirigi&#243; de nuevo a ellos.

As&#237; que llam&#243; a su madre para que le informase sobre la asistente social. Se enter&#243; de que a &#201;velyne Lamarche la hab&#237;an encontrado ahorcada, en su domicilio, cerca de Arras, en la noche del 1 al 2 de agosto de 1983.

&#161;Es la fecha que nos dio el impresor! &#161;La &#250;ltima vez que vio a Lefloc-Pignel, acompa&#241;ado de Van den Brock! -exclam&#243; Jos&#233;phine.

El inspector la mir&#243; y dijo: &#161;Todo concuerda!.

Les explico En aquel momento se investig&#243; el caso de la muerte de aquella mujer, que no ten&#237;a ning&#250;n antecedente depresivo. Hab&#237;a vuelto a su pueblo natal, cerca de Arras, viv&#237;a sola, sin amigos, sin hijos, pensaba presentarse a las elecciones municipales y se hab&#237;a convertido en una especie de personaje. Nadie crey&#243; en el suicidio y sin embargo apareci&#243; efectivamente ahorcada. Eso confirm&#243; las sospechas de la capit&#225;n Gallois: no era un suicidio, era un asesinato. &#191;La venganza de un antiguo RV? La frase de su madre va a convertir a esos ni&#241;os en bestias furiosas volv&#237;a una y otra vez a su mente. &#191;Y si &#201;velyne Lamarche hab&#237;a pagado con su vida las humillaciones que hab&#237;a hecho sufrir anta&#241;o? La sospecha se cerni&#243; en torno a los dos Herv&#233;. Debi&#243; de convocarles, interrogarles de nuevo y ciertamente cometer una imprudencia al hablarles. Sab&#237;a demasiado. Decidieron eliminarla.

&#191;No desconfi&#243;? -pregunt&#243; Philippe, extra&#241;ado.

No ten&#237;a suficiente experiencia. En cuanto a ellos, ten&#237;an mucha experiencia y nunca les hab&#237;an cogido. Se cre&#237;an todopoderosos. Si lee usted obras sobre asesinos en serie, ver&#225; que a medida que progresa su mort&#237;fera carrera, su vida fantasmag&#243;rica empieza a invadir el mundo real. Pierden el control de su existencia, viven en otro mundo, un mundo que han creado con reglas, leyes, ritos

Jos&#233;phine pens&#243; en las reglas de la vida conyugal colgadas en la pared del dormitorio de los Lefloc-Pignel. Al leerlas, hab&#237;a sentido miedo, como si estuviese en presencia de un cerebro enfermo. Ten&#237;a que haber prevenido a Iris, ponerla en guardia. Su hermana estaba muerta No pod&#237;a creerlo. No era posible. Eran s&#243;lo palabras que flotaban al salir de la boca del inspector, pero que iban a disolverse.

El mundo real ya no existe, ellos parten a su mundo imaginario. La &#250;nica cosa que segu&#237;a siendo real, a sus ojos, era su asociaci&#243;n: los dos Herv&#233;. Van den Brock no mataba, no ten&#237;a la fuerza, corromp&#237;a a las mujeres, las acosaba sexualmente, pero no creo que pasara a la acci&#243;n. Lefloc-Pignel, en cambio, mataba. Siempre por la misma raz&#243;n: para vengarse, para reparar una humillaci&#243;n, fuere la que fuese. Aunque a nosotros nos parec&#237;a un detalle nimio.

&#191;Fue despu&#233;s de la muerte de la se&#241;orita Gallois cuando empezaron a comprenderlo? -dijo Jos&#233;phine.

Est&#225;bamos sobre la pista, pero camin&#225;bamos a tientas. &#191;Por qu&#233; hab&#237;a pedido a su madre que le informara sobre la muerte de la asistente social? &#191;Por qu&#233; no nos dijo nada de sus pesquisas? &#191;Por qu&#233; hab&#237;a dejado las palabras profundizar RV? Y entonces apareci&#243; su pista, se&#241;ora Cort&#232;s. RV, Herv&#233;. Fue a partir de ese momento cuando comprendimos que lleg&#225;bamos al final. Poco tiempo despu&#233;s, la madre de la se&#241;orita Gallois nos relat&#243; la conversaci&#243;n que hab&#237;a tenido con su hija, y nos confi&#243; los resultados de su investigaci&#243;n. Seguimos varias pistas antes de concentrarnos en &#233;sa. Cre&#237;mos por un momento que su marido, Antoine Cort&#232;s, podr&#237;a ser el asesino. Lo que explicar&#237;a su negativa a declarar y a presentar denuncia. Pero hoy puedo confirmarle sin duda que est&#225; muerto

Inclin&#243; la cabeza hacia Jos&#233;phine como si presentara sus condolencias.

Examinamos tambi&#233;n el caso de Vittorio Giambelli. Ese hombre est&#225; enfermo, es un esquizofr&#233;nico, pero no es un criminal. De hecho, ha pedido &#233;l mismo seguir un tratamiento. Ha visto que enloquec&#237;a, despu&#233;s de haberle enviado a usted esa serie de mensajes y se ha entregado voluntariamente. Parec&#237;a aliviado por iniciar su cura

Me envi&#243; otro mensaje esta ma&#241;ana.

Deber&#237;a ser ingresado en los pr&#243;ximos d&#237;as.

As&#237; que no era &#233;l -murmur&#243; Jos&#233;phine.

As&#237; que volvimos a la pista de los dos Herv&#233;. Tras la muerte de la capit&#225;n y la historia de los RV, sab&#237;amos que &#237;bamos por buen camino pero, para no alertar a los dos principales sospechosos, deb&#237;amos interrogar y aparentar que las sospechas reca&#237;an sobre todo el mundo Est&#225;bamos cerrando puertas.

Entonces el se&#241;or Pinarelli ten&#237;a raz&#243;n cuando me dec&#237;a que estaban lanzando una cortina de humo -dijo Jos&#233;phine.

Era importante que en ning&#250;n caso sospecharan nada La madre de la capit&#225;n Gallois nos ayud&#243; mucho. Encontr&#243; los peri&#243;dicos de la &#233;poca, supongo que ediciones locales, que contaban la extra&#241;a muerte de esa mujer fuerte a quien nadie hab&#237;a imaginado suicid&#225;ndose. Aquello caus&#243; sensaci&#243;n hasta en Arras. &#161;Y adem&#225;s, ahorcada! Las mujeres no se suicidan as&#237;, ahorc&#225;ndose Nos envi&#243; fotocopias de los peri&#243;dicos de entonces y, al final de una p&#225;gina, encontramos una noticia breve, el relato de un suceso que hab&#237;a tenido lugar la noche misma en la que &#201;velyne Lamarche hab&#237;a muerto. Dos estudiantes hab&#237;an molestado a una recepcionista de hotel a la que hab&#237;an acusado de haberles hablado mal, ella se hab&#237;a enfrentado a ellos y uno de los dos hombres le hab&#237;a pegado. Ella hab&#237;a presentado denuncia al d&#237;a siguiente, y hab&#237;a dado los nombres de los dos agresores inscritos en el registro del hotel: Herv&#233; Lefloc-Pignel, y Herv&#233; Van den Brock. Los nombres no aparec&#237;an en el peri&#243;dico, nos los dieron los gendarmes. No ten&#237;an nada que hacer por esa zona, ven&#237;an los dos de Par&#237;s y hab&#237;an pasado la noche en la regi&#243;n. Finalmente no durmieron en el hotel y se fueron justo despu&#233;s del altercado, pagando la factura de la cena

&#191;Habr&#237;an matado juntos a la asistente social? -dijo Philippe.

Ella les hab&#237;a humillado cuando eran ni&#241;os. Le pagaban con la misma la moneda. Y en mi opini&#243;n ese primer crimen, al permanecer impune, les anim&#243; a repetir. Hab&#237;an terminado sus estudios con brillantez, iban a comenzar su vida activa y quisieron, imagino, lavar la afrenta de su infancia. Debieron sorprenderla en su casa por la noche, la humillaron, la aterrorizaron y despu&#233;s la ahorcaron No hab&#237;a ninguna marca de violencia en su cuerpo. Parec&#237;a un suicidio, pero no lo era. Encontramos a la recepcionista del hotel. Recuerda muy bien el incidente. Le ense&#241;amos la foto de los dos hombres entre otras muchas, les reconoci&#243; inmediatamente. Nuestra pista era cada vez m&#225;s s&#243;lida, pero no ten&#237;amos ninguna prueba. Y sin pruebas, no podemos hacer nada

Y sobre todo &#191;c&#243;mo relacionar todos los cr&#237;menes entre s&#237;?-dijo Philippe, reflexionando en voz alta-. &#191;Qu&#233; tienen en com&#250;n todas las v&#237;ctimas?

Les humillaron -dijo Jos&#233;phine-. La se&#241;ora Berthier en un altercado con Lefloc-Pignel, por los estudios de su hijo, yo estaba all&#237;, durante una reuni&#243;n entre padres y profesores, me fui corriendo Y la se&#241;orita de Bassonni&#232;re les hab&#237;a insultado en la reuni&#243;n de copropietarios. Tambi&#233;n estaba all&#237;. Esa tarde volv&#237; a pie con &#233;l. Me habl&#243; de su infancia Pero &#191;Iris? &#191;Qu&#233; pudo hacerles?

Por lo que yo imagino de ella -suspir&#243; Philippe-, debi&#243; de esperar tanto de &#233;l, fantasear tanto, que se sinti&#243; decepcionada al ver que &#233;l se iba de vacaciones y se calent&#243;. &#161;Debi&#243; de llamarle de todo! No se encontraba bien, estaba desesperada, ese hombre era su &#250;ltima esperanza

A partir de ese momento -continu&#243; el inspector-, vigilamos estrechamente a los dos hombres. Sab&#237;amos que hab&#237;an pasado una semana de vacaciones juntos en Belle-&#206;le, y despu&#233;s Van den Brock se fue a su casa en Sarthe y Lefloc-Pignel volvi&#243; a Par&#237;s. Sab&#237;amos tambi&#233;n que frecuentaba a su hermana y hab&#237;amos apostado a un hombre d&#237;a y noche para vigilar el edificio. No ten&#237;amos m&#225;s que esperar a que cometiese un nuevo crimen y cogerle en el acto. En fin, quiero decir, justo antes, por supuesto. No pens&#225;bamos que atacar&#237;a a su mujer

&#161;Entonces se sirvieron de ella como cebo! -exclam&#243; Philippe.

Vimos que la se&#241;ora Cort&#232;s se marchaba pero, a partir de ese momento, no volvimos a ver a su esposa. Cre&#237;mos que se hab&#237;a ido de Par&#237;s, ella tambi&#233;n. Preguntamos a la conserje que nos lo confirm&#243;. Su mujer le dijo que le guardara el correo, que se iba de vacaciones. El teniente encargado de vigilar el inmueble se concentr&#243; entonces en Lefloc-Pignel. Y para ser sinceros, no pensamos ni un momento que iba a tomarla con ella

&#191;Tambi&#233;n una intuici&#243;n? -pregunt&#243; Philippe, ir&#243;nico.

Hab&#237;amos notado que era manso como un corderito con ella. Parec&#237;a que la adoraba. La cubr&#237;a de regalos, la ve&#237;a casi todos los d&#237;as, la llevaba a comer. Parec&#237;a muy enamorado y ella parec&#237;a, siento dec&#237;rselo, muy prendada Flirteaban como si tuviesen veinte a&#241;os. &#201;l no tuvo ning&#250;n gesto fuera de lugar hacia ella. No desconfiamos

&#161;Y sin embargo estaba en el edificio! &#161;Debieron de ver la luz, o&#237;r ruidos! -se rebel&#243; Philippe.

Nada. En su planta no hab&#237;a ni luz, ni ruido. Ni el menor signo de vida. Las persianas estaban cerradas. Debi&#243; de vivir recluida. Ni siquiera sal&#237;a a hacer la compra. Por la noche, Lefloc-Pignel se quedaba en su casa. Todos los informes del hombre encargado de la vigilancia as&#237; lo dicen. Entraba, cenaba r&#225;pidamente, se instalaba en su despacho y ya no se mov&#237;a. Escuchaba &#243;pera, hablaba por tel&#233;fono, dictaba cartas. Las ventanas de su despacho estaban abiertas de par en par sobre el patio del inmueble. Eso hac&#237;a de caja de resonancia, se o&#237;a todo. No hubo ninguna llamada de Lefloc-Pignel a Van den Brock. Pens&#225;bamos que estar&#237;a pasando por un periodo de calma El d&#237;a mismo del crimen nos hizo creer que estaba en su casa. Fue la misma rutina que los otros d&#237;as: una &#243;pera, dos llamadas telef&#243;nicas, m&#225;s &#243;pera De hecho, debi&#243; de grabar una cinta y la dej&#243; puesta al salir a buscar a su mujer y llevarla hasta el claro. Hab&#237;a programado las luces para que pareciera que estaba en casa. En el mercado hay unos interruptores que pueden programarse, y que se encienden en distintas habitaciones a diferentes horas. La gente los utiliza para alejar a los ladrones cuando se ausentan. Ese hombre es temible. Fr&#237;o, organizado, muy inteligente Esa noche se oy&#243; una &#243;pera y despu&#233;s las luces se fueron apagando una tras otra, como cada noche. &#161;A nuestro hombre le relevaron a media noche sin imaginar que el p&#225;jaro hab&#237;a volado!

Pero &#191;c&#243;mo ha podido matar a Iris con tanta frialdad? -exclam&#243; Jos&#233;phine.

A los ojos de un asesino en serie, la v&#237;ctima no es nada. O como mucho, un objeto para realizar sus fantas&#237;as Antes de matar a menudo puede ocurrir que degrade a su v&#237;ctima. La humilla, adquiere control sobre ella, la aterroriza. Puede incluso organizar todo un ritual que llama ritual de amor, en el que le hace creer que la maltrata por amor y ella lo consiente. Basta con que su hermana hubiese estado un poco desequilibrada Ella entra entonces en su locura y todo es posible. Lo que nos ha contado el agricultor es muy revelador. Ella lleg&#243; voluntariamente, no estaba atada, ni se resisti&#243;, acept&#243; los votos nupciales, bail&#243; con &#233;l sin intentar huir. Sonre&#237;a. Muri&#243; feliz. Ya no se pertenec&#237;a. &#191;Sabe?, a menudo son hombres muy inteligentes y muy infelices, gente que sufre enormemente y que expresa ese inmenso dolor infligiendo terribles sufrimientos a sus v&#237;ctimas

&#161;Me disculpar&#225; usted, inspector, si no me solidarizo con los sufrimientos de Lefloc-Pignel! -se encresp&#243; Philippe.

Intento explicarles c&#243;mo ha podido pasar Nos gustar&#237;a registrar su piso para ver si ella ha dejado huellas de lo que fue su vida estos ocho &#250;ltimos d&#237;as &#191;Podr&#237;a usted darnos un juego de llaves?

Tendi&#243; las manos hacia Jos&#233;phine. Ella mir&#243; a Philippe que asinti&#243; con la cabeza, y le dio las llaves al inspector.

&#191;Tiene usted donde alojarse mientras tanto? -pregunt&#243; el inspector a Jos&#233;phine, que estaba perdida en sus pensamientos.

No puedo creerlo -dijo-, es una pesadilla. Me voy a despertar Pero &#191;por qu&#233; me agredi&#243; a m&#237;? Yo no le hab&#237;a hecho nada. Apenas le conoc&#237;a cuando pas&#243;.

Hab&#237;a un detalle que nos intrig&#243; y que hab&#237;a llamado ya la atenci&#243;n de la capit&#225;n Gallois. Nos indic&#243; inmediatamente, en cuanto nos hicimos cargo del caso, que usted llevaba el mismo sombrero que la se&#241;ora Berthier. Un peculiar sombrero de varios pisos. La noche que la atacaron, seguramente la confundi&#243; con la se&#241;ora Berthier en la oscuridad. Ya hab&#237;a discutido con ella Se fi&#243; del sombrero y ambas ten&#237;an una corpulencia similar.

Ella me hab&#237;a dicho que lo peor cuando eres profesor, no son los alumnos, sino los padres. Lo recuerdo muy bien

&#191;La mat&#243; simplemente porque le hab&#237;a puesto en su sitio? -pregunt&#243; Philippe.

Lefloc-Pignel es un hombre que no soporta ser ofendido. Ya nos dir&#225; m&#225;s cuando le interroguemos y sabremos m&#225;s cuando hayamos dragado el estanque, porque pensamos que existen otros cr&#237;menes. Pero f&#237;jese en la historia de la camarera Es ejemplar. Un d&#237;a sirvi&#243; a Lefloc-Pignel, derram&#243; caf&#233; sobre su impermeable blanco, y se excus&#243; de manera que &#233;l juzg&#243; impertinente. &#201;l la trat&#243; con desprecio, ella le llam&#243; &#161;pobre tipo!. Eso bast&#243; para desencadenar su rabia La elimin&#243;. Pero la elimin&#243; tambi&#233;n porque hab&#237;a llamado a Van den Brock viejo Dr&#225;cula perverso. Era muy guapa, y no lo ocultaba, Van den Brock la persegu&#237;a No pod&#237;a evitarlo. Eso le cost&#243; su carrera profesional. Ella se enfad&#243;, le envi&#243; a paseo, amenaz&#243; con denunciarle por acoso sexual. Fue la amiga de la camarera, al volver de su viaje a M&#233;xico, quien nos cont&#243; el episodio del caf&#233; derramado y las proposiciones de Van den Brock. Hab&#237;a firmado su sentencia de muerte.

&#191;Nunca tuvo miedo de que le cogieran? -dijo Jos&#233;phine.

Ten&#237;a una coartada preparada: Van den Brock afirmaba que estaba con &#233;l.

&#191;Tambi&#233;n en el caso de la se&#241;orita Bassonni&#232;re?

S&#237;. Los dos hombres estaban unidos por esos cr&#237;menes, compart&#237;an una exaltaci&#243;n com&#250;n. La rabia de uno alimentaba la rabia del otro. Renovaban en cada ocasi&#243;n la alianza creada en el momento de su primer asesinato

Y yo escap&#233; a esa carnicer&#237;a -murmur&#243; Jos&#233;phine.

A usted, de alguna manera, la proteg&#237;a. La llamaba tortuguita. Nunca le provoc&#243; ni f&#237;sica ni moralmente. Nunca intent&#243; seducirle, ni cuestion&#243; su autoridad Yo de ustedes proteger&#237;a a los ni&#241;os, y les alejar&#237;a de la prensa durante alg&#250;n tiempo. Este es el tipo de historias que vuelven locos a los periodistas en periodo estival. Ya me imagino los titulares: El &#250;ltimo vals, Vals f&#250;nebre en el bosque, Baile tr&#225;gico en el claro, Un crimen tan hermoso



* * *


Hortense fue la primera en enterarse. Estaba en Saint-Tropez, sentada en la terraza de S&#233;n&#233;quier, desayunando con Nicholas. Eran las ocho de la ma&#241;ana. A Hortense le gustaba levantarse temprano en Saint-Tropez. Dec&#237;a que la ciudad no estaba todav&#237;a estropeada. Hab&#237;a elaborado toda una teor&#237;a sobre la hora y la vida en el peque&#241;o puerto. Hab&#237;an comprado un mont&#243;n de peri&#243;dicos y le&#237;an observando el balanceo de los barcos, la marcha sosegada de los veraneantes, entre los que se encontraban los que surg&#237;an de la noche y tomaban un caf&#233; antes de ir a acostarse.

Hortense lanz&#243; un grito, dio un codazo a Nicholas que estuvo a punto de atragantarse con el cruas&#225;n, y llam&#243; inmediatamente a su madre.

&#161;Guau! &#161;Mam&#225;! &#191;Has le&#237;do el peri&#243;dico?

Lo s&#233;, cari&#241;o.

&#191;Es verdad lo que dice? -S&#237;.

&#161;Pero es horrible! &#161;Y yo que quer&#237;a echarte en sus brazos! &#201;l no est&#225; mal en la foto, pero Iris no sale precisamente favorecida &#191;Y Alexandre?

Llega ma&#241;ana, con Zo&#233;.

&#161;Har&#237;as mejor dej&#225;ndoles en Inglaterra! Va a ver a su madre por todas partes en los peri&#243;dicos. &#161;Va a flipar demasiado!

S&#237;, pero Philippe est&#225; aqu&#237;. Tiene muchas cosas que hacer y papeles que firmar. No se le puede esconder la verdad

&#191;Y c&#243;mo reaccionaron Alexandre y Zo&#233;?

Alexandre se qued&#243; muy serio. Dijo: &#161;Ah! Bueno, ha muerto bailando y nada m&#225;s. Zo&#233; llor&#243; mucho. Alexandre volvi&#243; a coger el tel&#233;fono y dijo: Yo me ocupo de ella. &#161;Este chico es asombroso!

A m&#237; me parece preocupante.

Lo mismo pienso yo

&#191;Quieres que vaya y me ocupe de los ni&#241;os? Yo sabr&#233; c&#243;mo hacerlo y a ti, te imagino hecha una mar de l&#225;grimas

No consigo llorar Tengo las l&#225;grimas atascadas en el fondo de la garganta. No consigo respirar

&#161;No te preocupes! &#161;Saldr&#225;n de golpe y ya no podr&#225;s parar!

Hortense reflexion&#243; un instante y dijo:

Les llevar&#233; a Deauville &#161;Desenchufar&#233; la tele, la radio y no habr&#225; peri&#243;dicos!

La casa est&#225; en obras. La tormenta arranc&#243; el tejado.

Shit!

Y adem&#225;s Alexandre querr&#225; seguramente ir al entierro. Y Zo&#233; tambi&#233;n

Bueno, voy para all&#225; y me ocupo de ellos en Par&#237;s

La casa est&#225; precintada. Buscan huellas de los &#250;ltimos d&#237;as de Iris.

Pues &#161;a casa de Philippe, entonces! Vamos todos all&#237;.

&#191;Con todas las cosas de Iris? No s&#233; si es una buena idea.

&#161;No iremos a dormir en un hotel!

Pues s&#237; En este momento, Philippe y yo estamos en un hotel.

Eso es una buena noticia. &#161;Por fin una!

&#191;T&#250; crees? -pregunt&#243; Jos&#233;phine, t&#237;midamente.

S&#237;, s&#237; -Hizo una pausa-. Bueno, para Iris, es genial morir as&#237;. Bailando en brazos de su pr&#237;ncipe azul. Ha muerto en un sue&#241;o. Iris habr&#225; vivido siempre en un sue&#241;o, nunca en la realidad. Me parece que es un tipo de muerte que le va muy bien. Y adem&#225;s, &#191;sabes?, me costaba verla envejecer. &#161;Hubiera sido terrible para ella!

Jos&#233;phine pens&#243; que, como paneg&#237;rico, era un poco radical.

&#191;Y a Lefloc-Pignel, le han detenido?

Ayer, cuando estaba con el inspector, la polic&#237;a fue a su casa para detenerle, pero desde entonces no tengo noticias. &#161;Hay tantas cosas que hacer! Philippe ha ido a reconocer el cuerpo, yo no he tenido valor.

En el peri&#243;dico hablan de otro hombre &#191;Qui&#233;n es?

Van den Brock. Viv&#237;a en el segundo piso.

&#191;Era un amigo de Lefloc-Pignel?

Podemos llamarlo as&#237;

Jos&#233;phine le oy&#243; decir algo en ingl&#233;s a Nicholas, pero no lo entendi&#243;.

&#191;Qu&#233; dec&#237;as, cari&#241;o? -atenta al menor s&#237;ntoma de tristeza de Hortense.

Le ped&#237;a a Nicholas que me diera otro cruas&#225;n &#161;Estoy muerta de hambre! &#161;Voy a coger el suyo!

Se oy&#243; un ruido de pelea al otro lado de la l&#237;nea. Nicholas se negaba a darle su cruas&#225;n y Hortense le arranc&#243; un trozo. Hortense prosigui&#243;, con la boca llena:

&#161;Bueno, mam&#225;! Dile a Philippe que reserve una gran habitaci&#243;n en el hotel para Zo&#233;, Alexandre y para m&#237;. No te preocupes. S&#233; que es duro pero saldr&#225;s de &#233;sta. Siempre lo haces. Eres fuerte, mam&#225;. No lo sabes, &#161;pero eres fuerte!

Qu&#233; buena eres. Eres realmente muy buena. Si supieras lo que yo

Todo ir&#225; bien, ya ver&#225;s

&#191;Sabes?, la &#250;ltima vez que estuvimos juntas, est&#225;bamos en la cocina y ella me ley&#243; el hor&#243;scopo y despu&#233;s, ley&#243; el suyo y no quiso leer el apartado Salud y yo le pregunt&#233; por qu&#233; y

Jos&#233;phine estall&#243; en sollozos, sollozos que se precipitaban y aparec&#237;an como lanzados con tirachinas.

&#191;Ves?-suspir&#243; Hortense-.Te dije que saldr&#237;a. &#161;Y ahora no podr&#225;s parar!

Jos&#233;phine pens&#243; que deber&#237;a llamar a su madre. Marc&#243; el n&#250;mero de Henriette. Gruesas l&#225;grimas rodaban por sus mejillas. Recordaba a Iris en su habitaci&#243;n, eligiendo la ropa para ir al colegio y pregunt&#225;ndole si era guapa, la m&#225;s guapa del edificio, la m&#225;s guapa del colegio, la m&#225;s guapa del barrio. La m&#225;s guapa del mundo, murmuraba Jos&#233;phine. Gracias, Jo, dec&#237;a Iris, desde ahora ser&#225;s mi primera dama de compa&#241;&#237;a. Y le daba un golpe con el cepillo sobre el hombro a modo de nombramiento.

Henriette descolg&#243; y rugi&#243;: &#191;Diga?

Mam&#225;, soy yo. Jos&#233;phine

Anda Jos&#233;phine. &#161;Una aparici&#243;n!

Mam&#225;, &#191;has le&#237;do el peri&#243;dico?

Que sepas, Jos&#233;phine, que leo el peri&#243;dico todas las ma&#241;anas.

Y no has le&#237;do nada que

Leo toda la prensa econ&#243;mica y despu&#233;s, realizo mis operaciones. Tengo valores que funcionan muy bien, otros que me preocupan, pero es la Bolsa y estoy aprendiendo.

Iris ha muerto -dijo Jos&#233;phine.

&#191;Iris ha muerto? &#191;Pero qu&#233; me est&#225;s contando?

Ha sido asesinada, en el bosque

Pero &#161;no dices m&#225;s que tonter&#237;as, hija m&#237;a!

No, est&#225; muerta

&#161;Mi hija! &#161;Asesinada! No es posible. Pero &#191;c&#243;mo ha sucedido?

Mam&#225;, no tengo fuerzas para cont&#225;rtelo, ahora. Llama a Philippe, te lo explicar&#225; mejor que yo.

Me has dicho que sal&#237;a en los peri&#243;dicos. &#161;Qu&#233; verg&#252;enza! Hay que impedirles que

Jos&#233;phine hab&#237;a colgado. Ya no pod&#237;a contener las l&#225;grimas.

Philippe sali&#243; del cuarto de ba&#241;o. Ella se refugi&#243; contra &#233;l y se frot&#243; en la manga de su albornoz blanco. &#201;l la sent&#243; sobre sus rodillas y la abraz&#243; contra s&#237;.

Ya pasar&#225;, ya pasar&#225; -murmur&#243; bes&#225;ndole el pelo-. No pod&#237;amos hacer nada por ella. Se ha perdido sola

&#161;S&#237;! Tendr&#237;a que haberme quedado, no dejarla

Nadie pod&#237;a imaginarse algo as&#237;. Ella siempre ha necesitado algo que la superara, y crey&#243; que por fin lo hab&#237;a encontrado. Pero ni mi amor ni tu amor hubieran podido colmarla o curarla. No tienes nada que reprocharte, Jo.

No puedo evitarlo

Es normal. Pero pi&#233;nsalo y lo comprender&#225;s. He vivido mucho tiempo con ella, le he dado todo. Era como un pozo sin fondo. Nunca ten&#237;a suficiente. Crey&#243; encontrar su para&#237;so con &#233;l

Hablaba como si razonara consigo mismo, para responder a los mismos remordimientos que Jos&#233;phine.

Hortense acaba de llamar, se va a ocupar de Alexandre y de Zo&#233;. He hablado con mi querida madre, le he dicho que si quer&#237;a detalles, deb&#237;a llamarte a ti. No me sent&#237;a con fuerzas para cont&#225;rselo

Yo he hablado con Carmen. Quiere venir al funeral.

Hizo una lista de gente a la que hab&#237;a que avisar. Jos&#233;phine se dijo que deb&#237;a hablar con Shirley. Y con Marcel y Josiane.

No vendr&#225;n si va tu madre -remarc&#243; Philippe.

No, pero hay que avisarles

Permanecieron largo rato abrazados. Pensaban en Iris. Philippe se dec&#237;a que hab&#237;a muerto sin desvelar sus secretos, que no sab&#237;a gran cosa de su mujer. Jos&#233;phine recordaba escenas de su vida junto a su hermana, todas procedentes de la infancia.

Se abrazaron m&#225;s fuerte.

No consigo cre&#233;rmelo -dijo Jos&#233;phine-. Toda mi vida ha estado all&#237;. Todo el tiempo Era una parte de m&#237;.

&#201;l no dijo nada y la estrech&#243; entre sus brazos.



* * *


Cuando Jos&#233;phine llam&#243; a Marcel, fue Josiane quien respondi&#243;, estaba haciendo una mayonesa y le pidi&#243; dos segundos para terminarla. J&#250;nior agarr&#243; el tel&#233;fono. Jos&#233;phine oy&#243; a Josiane gritar:&#161;J&#250;nior!, &#161;deja el tel&#233;fono!, pero J&#250;nior balbuce&#243;:

&#161;Jos&#233;phine! &#191;&#233; al?

Jos&#233;phine abri&#243; los ojos como platos.

&#191;Ya hablas, J&#250;nior?

iiii

&#161;Est&#225;s muy adelantado para tu edad!

&#161;Jo&#233;phine! &#161;not&#233; tiste! Yat&#225; nel ielo

&#161;J&#250;nior! -Josiane hab&#237;a vuelto a coger el aparato y se excus&#243;-, No quer&#237;a que se me cortara la mayonesa &#191;Qu&#233; me cuentas? &#161;Hace siglos que no sabemos nada de ti!

&#191;No has le&#237;do los peri&#243;dicos?

&#161;Como si tuviera tiempo! &#161;No tengo tiempo de nada en este momento! No paro ni un momento detr&#225;s del peque&#241;o. Me hace dar vueltas como un ventilador. &#161;Vamos de un museo a otro! &#161;Con dieciocho meses! Menudo pasatiempo. &#161;Tengo que contarle todo, explic&#225;rselo todo! &#161;Ma&#241;ana nos dedicamos al cubismo! &#161;Y Marcel se ha largado a China! &#191;Sabes que estuve enferma? Muy enferma. Qu&#233; enfermedad m&#225;s extra&#241;a. Como una pesadilla. Ya te contar&#233;. Tienes que venir sin falta a casa con las ni&#241;as

Josiane, quer&#237;a decirte que Iris

De &#233;sa nunca sabemos nada. No debemos tener la suficiente clase para ella.

Est&#225; muerta.

Josiane lanz&#243; un grito y Jos&#233;phine oy&#243; a J&#250;nior repetir: T&#225; nel ielo, t&#225; bien ah&#237;ba.

Pero &#191;c&#243;mo es posible? &#161;Cuando se lo diga a Marcel se va a caer de culo!

Jos&#233;phine le cont&#243; en voz baja, Josiane la interrumpi&#243;:

No te machaques, Jo. Ya es suficientemente penoso as&#237; Si quieres venir a llorar a casa, tienes las puertas abiertas. Te har&#233; un buen pastel. &#191;C&#243;mo te gustan los pasteles?

Jos&#233;phine solt&#243; un peque&#241;o sollozo.

No est&#225;s para comer nada, en este momento. Se entiende, &#161;pobrecilla!

Eres muy buena -hip&#243; Jos&#233;phine.

Oye, &#191;y los ni&#241;os? &#191;C&#243;mo han reaccionado? No, no me lo cuentes. Se te van a escapar otra vez las l&#225;grimas

Hortense, ella -comenz&#243; Jos&#233;phine.

&#191;Ves? Es in&#250;til, te vas a atragantar. A prop&#243;sito de Hortense, dile que Marcel ha ido a Shanghai a cantarle las cuarenta a esa Myl&#232;ne Corbier. Lo ha confesado todo: las cartas eran suyas, y Antoine, no s&#233; si esto te va a poner peor, pero es cierto que muri&#243; devorado por un cocodrilo. Fue ella quien le encontr&#243;, as&#237; que est&#225; completamente segura. Piensa que quiz&#225;s fue eso lo que le afloj&#243; un tornillo Le cont&#243; todo el pastel completo a Marcel, dici&#233;ndole que no ten&#237;a hijos y que quer&#237;a adoptar a tus hijas, y que por eso les escrib&#237;a, eso le aliviaba las penas y encima le permit&#237;a sentirse madre. Si quieres mi opini&#243;n &#161;se ha vuelto majara!

Hortense la hab&#237;a desenmascarado

Es eficaz tu hija. &#161;Ah, s&#237;! Esa Myl&#232;ne dijo que el paquete te lo envi&#243; ella, para que tuvieses un recuerdo de Antoine y que la otra zapatilla se la qued&#243;. No s&#233; si esto te aclara algo, pero para m&#237;, es como de Horace Vernet.

&#191;Horace Vernet?

S&#237;, el del claroscuro Y el hermoso Philippe, &#191;todav&#237;a enamorada?

Jos&#233;phine enrojeci&#243; y mir&#243; a Philippe, que estaba visti&#233;ndose.

Ese hombre es bueno como mi mayonesa, &#161;que no se te corte!

Cuando Jos&#233;phine colg&#243;, ella sonre&#237;a. Despu&#233;s pens&#243; en J&#250;nior y pens&#243; que ese ni&#241;o era realmente fuera de lo com&#250;n.

Ya no quedaba m&#225;s que Shirley, pero sab&#237;a que Shirley untar&#237;a pomada sobre sus heridas. Esper&#243; a que Philippe saliese para llamarla. Shirley decidi&#243; viajar en el primer avi&#243;n.

No s&#233; si ser&#225; necesario, &#191;sabes? No va a ser muy divertido.

Quiero estar contigo. A pesar de todo, se me hace muy extra&#241;o saber que est&#225; muerta

La palabra rebot&#243; en Jos&#233;phine y le provoc&#243; una mueca. Sinti&#243; que de nuevo brotaban las l&#225;grimas. Shirley suspir&#243; y repiti&#243; voy para all&#225;, voy para all&#225;, no llores, Jo, no llores.

No puedo evitarlo.

Recita palabras. Las palabras siempre te han calmado. &#191;Sabes qu&#233; dec&#237;a O. Henry?

No &#161;Y me da igual!

No son los caminos que emprendemos, es lo que llevamos en el interior lo que hace que nos convirtamos en lo que somos. Eso define bien a Iris, creo. Ten&#237;a un gran vac&#237;o interior y quiso llenarlo. T&#250; no pod&#237;as hacer nada, Jo, &#161;no pod&#237;as hacer nada!



* * *


Cuando los tres polic&#237;as llamaron a la puerta de Herv&#233; Lefloc-Pignel, eran las seis de la ma&#241;ana.

Les abri&#243;, fresco, afeitado. Llevaba una chaqueta de andar por casa verde botella, y un fular verde oscuro alrededor del cuello. Pregunt&#243; fr&#237;amente a los tres hombres qu&#233; era tan importante como para molestarle tan temprano. Los polic&#237;as le ordenaron que les siguiera, ten&#237;an una orden de detenci&#243;n contra &#233;l. &#201;l alz&#243; una ceja de desprecio y les conmin&#243; a no hablarle desde tan cerca, uno de ellos ol&#237;a a restos de tabaco.

&#191;Y por qu&#233; raz&#243;n vienen a molestarme a estas horas de la ma&#241;ana?

En raz&#243;n de un bailecito en el bosque -dijo un polic&#237;a- si sabes lo que quiero decir

Hay un paleto que os vio, a ti y a tu colega, trinchando a la bella se&#241;ora. Estamos dragando el estanque. Lo tienes m&#225;s bien mal, se&#241;orito, p&#233;inate un poco y s&#237;guenos.

Herv&#233; Lefloc-Pignel se estremeci&#243;. Dio algunos pasos atr&#225;s y pidi&#243; permiso para cambiarse. Los tres hombres se miraron y asintieron. &#201;l les hizo pasar al sal&#243;n y fue a su habitaci&#243;n, seguido por uno de los tres inspectores.

Los otros dos iban y ven&#237;an, y uno de ellos se&#241;al&#243; con el dedo a las tortugas, detr&#225;s de una pared de cristal, entre hojas de lechuga y trozos de manzana.

&#161;Bonito acuario! -dijo levantando el pulgar.

No es un acuario, es un terrario. En un acuario se meten agua y peces, en un terrario, tortugas o iguanas.

Pues s&#237; que sabes, oye

Mi cu&#241;ado es un loco de las tortugas. Les habla al o&#237;do, las mima, llama al veterinario si se resfr&#237;an. No se puede bailar ni escuchar m&#250;sica demasiado alta en el sal&#243;n, &#161;las vibraciones perturban a las tortugas! S&#243;lo le falta obligarnos a hablar en voz baja y cuando andas &#161;tienes que deslizarte lentamente!

&#161;Est&#225; tan zumbado como el t&#237;o este!

Yo no lo digo muy alto para que no se entere mi hermana, pero creo, en efecto, que no est&#225; bien de la azotea

&#161;&#201;ste debe de tener un criadero! &#161;Aqu&#237; hay un mont&#243;n sobando!

Es la &#233;poca de reproducci&#243;n. Deben de estar pre&#241;adas y se preparan para expulsar los huevos

Pens&#225;ndolo bien, quiz&#225;s por eso ha vuelto de vacaciones

Con los chalados uno nunca queda decepcionado

Pegaron la nariz al cristal del terrario, rascaron la pared con las u&#241;as, pero las tortugas no se movieron.

Se incorporaron, decepcionados.

Oye, s&#237; que le lleva tiempo vestirse a &#233;se

Esos t&#237;os se alicatan bien, &#161;no salen en camiseta!

&#191;Vamos a ver qu&#233; est&#225;n haciendo?

En ese mismo instante, su compa&#241;ero surgi&#243; en el sal&#243;n gritando: &#161;No he podido hacer nada, no he podido hacer nada, me pidi&#243; que me volviese cuando se cambiaba de gayumbos y ha saltado!.

Se precipitaron hasta la habitaci&#243;n. El suelo del cuarto estaba salpicado de peque&#241;as tortugas, de hojas de lechuga amarillas y verdes, de trozos de manzana, de guisantes, de pepinos, de peras, de higos frescos. La ventana estaba abierta de par en par.

Corrieron hasta el patio y vieron el cuerpo inerte de Herv&#233; Lefloc-Pignel y, en su mano crispada, roto por la ca&#237;da, el caparaz&#243;n de una tortuga.



* * *


Herv&#233; Van den Brock vio que se acercaba un Citro&#235;n C5 por el camino de grava de la entrada que llevaba a la casa de vacaciones, que su mujer hab&#237;a heredado a la muerte de sus padres. Levant&#243; la vista del libro que estaba leyendo, dobl&#243; la p&#225;gina, pos&#243; el libro sobre el mueble de jard&#237;n al lado de su tumbona. Dej&#243; el paquete de pistachos que estaba comiendo. No le gust&#243; el ruido que hizo la gravilla al caer sobre el c&#233;sped verde que un jardinero manten&#237;a con exquisito cuidado. Esta gente no tiene ninguna educaci&#243;n. Tampoco le gust&#243; el tono que emplearon para ordenarle que les siguiera.

&#191;Por qu&#233; motivo? -pregunt&#243;, reprobador.

Lo sabr&#225; enseguida -respondi&#243; uno de los dos hombres, aplastando su cigarrillo sobre la hierba verde y densa, mientras exhib&#237;a su placa de polic&#237;a.

Le ruego que recoja su colilla o llamo a mi amigo el prefecto No le gustar&#225; nada enterarse de su falta de civismo.

Estar&#225; a&#250;n m&#225;s disgustado cuando se entere de lo que hac&#237;a usted en el bosque de Compi&#232;ge la otra noche -respondi&#243; el m&#225;s bajo, agitando un par de esposas que balanceaba negligentemente.

Herv&#233; Van den Brock palideci&#243;.

Debe de ser un error -dijo con voz m&#225;s suave.

Eso nos lo va a explicar usted -respondi&#243; el bajito abriendo las esposas.

No vale la pena, les sigo.

Hizo un gesto con la mano a su mujer, que trasplantaba brotes de bamb&#250; en una jardinera.

Tengo un asuntillo que arreglar, estar&#233; de vuelta muy pronto

O nunca -rio el hombre, que hab&#237;a aplastado la colilla sobre el c&#233;sped verde.



* * *


La voz de Jos&#233;phine se elev&#243;, pura y melodiosa, en la oscura cripta del crematorio de P&#233;re-Lachaise.

Oh estrellas errantes, pensamientos inconstantes, os conjuro, alejaos de m&#237;, dejadme hablar al Bien Amado, &#161;dejadme el bienestar de su presencia! T&#250; eres mi alegr&#237;a, eres mi felicidad, eres mi j&#250;bilo, eres mi d&#237;a feliz. Eres m&#237;o, yo soy Tuyo, &#161;y ser&#225; as&#237; para siempre! Dime mi Bien Amado, &#191;por qu&#233; has dejado que mi alma te buscase tanto tiempo, con tanto ardor, sin poder encontrarte? Te he buscado a trav&#233;s de la voluptuosa noche de este mundo. He atravesado montes y campos, perdida como un caballo sin riendas, pero Te he encontrado al fin y reposo, feliz, en paz, ligera en Tu seno.

Su voz se hab&#237;a estrellado contra las &#250;ltimas palabras, y apenas tuvo fuerzas para balbucear: Henri Suso, 1295-1366, para rendir homenaje al poeta que hab&#237;a escrito esa oda que ofrec&#237;a a su hermana, tendida entre flores. Adi&#243;s, mi amor, mi compa&#241;era en la vida, mi deliciosa belleza. Dobl&#243; la hoja en blanco y volvi&#243; a su asiento en la cripta entre sus dos hijas.

La asistencia no era numerosa en el crematorio de P&#233;re-Lachaise. Se hab&#237;an reunido Henriette, Carmen, Jos&#233;phine, Hortense, Zo&#233;, Philippe, Alexandre, Shirley. Y Gary.

Hab&#237;a llegado de Londres esa misma ma&#241;ana con su madre. Hortense no hab&#237;a podido impedir un peque&#241;o gesto de sorpresa al verle en la suite del hotel Rapha&#235;l. Se hab&#237;a quedado quieta un momento, se hab&#237;a acercado a &#233;l, le hab&#237;a besado en la mejilla y hab&#237;a murmurado: Gracias por venir. La misma frase que hab&#237;a pronunciado con Carmen o Henriette. Philippe hab&#237;a intentado reunir a algunas amigas de Iris: B&#233;reng&#232;re, Agn&#233;s, Nadia. Hab&#237;a dejado un mensaje en sus m&#243;viles. Ninguna de ellas hab&#237;a respondido. Deb&#237;an de seguir de vacaciones.

El f&#233;retro estaba cubierto de rosas blancas y largos ramos de iris de un violeta ardiente, salpicado de puntos amarillos. Una gran foto de Iris reposaba sobre un atril, y un cuarteto de cuerda de Mozart desgranaba sus arpegios de paz.

Jos&#233;phine hab&#237;a elegido los textos que cada uno leer&#237;a por turnos.

Henriette se hab&#237;a negado, con el pretexto de que no necesitaba esos melindres para expresar su dolor. Estaba muy decepcionada con la sencillez de la ceremonia y la escasa asistencia. Se manten&#237;a erguida, bajo su gran sombrero, y ni una l&#225;grima mojaba el bonito pa&#241;uelo de batista con el que se taponaba los ojos, esperando soltar una l&#225;grima que ilustrara la intensidad de su dolor. Hab&#237;a tendido a Jos&#233;phine una mejilla reticente. Era una de esas mujeres que no perdonan y toda su actitud indicaba que en su opini&#243;n la Muerte se hab&#237;a equivocado de pasajera.

A Carmen le costaba mantenerse derecha y lloraba, hundida en su silla, sacudida por vehementes sollozos que le zarandeaban los hombros. Alexandre miraba fijamente el retrato de su madre, solemne, el ment&#243;n firme, las manos cruzadas sobre su blazer azul marino. Intentaba recopilar recuerdos. Y sus cejas pertinazmente fruncidas demostraban que no era tarea f&#225;cil. No ten&#237;a de su madre m&#225;s que instantes furtivos: besos apresurados, el rastro de un perfume, el ruido aterciopelado de paquetes llenos de compras, que ella soltaba en la entrada, gritando: &#161;Carmen! Ya estoy aqu&#237;, prep&#225;rame un t&#233; humeante con dos min&#250;sculas tostadas. &#161;Me muero de hambre!, su voz al tel&#233;fono, exclamaciones de sorpresa, de glotoner&#237;a, sus pies finos de u&#241;as pintadas, su melena suelta que le permit&#237;a cepillar cuando se sent&#237;a feliz. &#191;Feliz por qu&#233;? &#191;Infeliz por qu&#233;?, se preguntaba &#233;l, estudiando el retrato de su madre, cuyos grandes ojos azules le quemaban por su extra&#241;a fijeza. &#191;Acaso se construye una pena aut&#233;ntica con todo eso? Hab&#237;a aprendido en su compa&#241;&#237;a lo que es una mujer muy guapa que se quiere libre, pero que no puede soltar la mano del hombre que la mantiene. De peque&#241;o pensaba que ella interpretaba el papel de una hermosa cautiva, y &#233;l la ve&#237;a detr&#225;s de las rejas. Cuando su padre coloc&#243; un grueso cirio blanco al pie del retrato, le hab&#237;a pedido encenderlo &#233;l mismo. Como &#250;ltimo homenaje. Adi&#243;s, mam&#225;, hab&#237;a dicho encendiendo la vela. E incluso esas palabras le hab&#237;an parecido demasiado solemnes para la hermosa mujer que le sonre&#237;a. Intent&#243; enviarle un beso, pero se interrumpi&#243;. Ha muerto feliz, porque ha muerto bailando. Bailando y esa idea reforzaba todav&#237;a m&#225;s, si hubiese hecho falta, el sentimiento de que no hab&#237;a tenido madre, sino una hermosa extra&#241;a a su lado.

Zo&#233; y Hortense se manten&#237;an a ambos lados de su madre. Zo&#233; hab&#237;a puesto su mano en la de Jos&#233;phine, apret&#225;ndola hasta aplastarle los huesos, suplicando no llores, mam&#225;, no llores. Era la primera vez que ve&#237;a un ata&#250;d desde tan cerca. Se imagin&#243; el cuerpo fr&#237;o de su t&#237;a, tumbado sobre la alfombra de rosas blancas y de iris. Ya no se mueve, ya no nos oye, tiene los ojos cerrados, tiene fr&#237;o, &#191;acaso quiere salir? Se arrepiente de estar muerta. Y es demasiado tarde. Nunca podr&#225; volver. Y enseguida pens&#243;, pap&#225; no est&#225; muerto en una caja tan bonita, muri&#243; desnudo, descarnado, debati&#233;ndose entre filas de dientes afilados que lo destrozaron; aquello fue demasiado para ella y estall&#243; en sollozos contra su madre que la acogi&#243;, adivinando por qui&#233;n Zo&#233; se atrev&#237;a por fin a expresar su terrible pena.

Hortense mir&#243; el papel sobre el que su madre hab&#237;a impreso el texto que deb&#237;a leer y suspir&#243;, &#161;otra de las ideas de mam&#225;! Como si tuviera &#225;nimos para leer poes&#237;a. En fin Escuch&#243; hasta el final el cuarteto de cuerda de Mozart, y cuando lleg&#243; el momento en que deb&#237;a leer el poema de Cl&#233;ment Marot, comenz&#243; con voz temblorosa, cosa que detest&#243;:

Ya no soy el que fui

Tosi&#243;, cogi&#243; un poco de aplomo. Y continu&#243; valiente:

Ya no soy el que fui

Y ya no sabr&#233; jam&#225;s serlo

Mi hermosa primavera y mi verano

Dan el salto en la ventana.

Amor, siempre fuiste mi se&#241;or,

Te serv&#237; bajo todos los dioses.

Ay, si pudiera dos veces nacer.

&#161;C&#243;mo te servir&#237;a mejor!

Y entonces, la idea de que Iris podr&#237;a levantarse del f&#233;retro, ir a sentarse entre ellos, reclamar una copa de champ&#225;n, ponerse unas botas altas y completarlas con un peque&#241;o top rosa fucsia de Christian Lacroix, estall&#243; en sollozos. Llor&#243;, furiosa, de pie, los brazos tendidos hacia delante como si intentara rechazar los litros de l&#225;grimas que la devastaban. &#161;Es culpa suya todo esto! &#161;Esta puesta en escena macabra! Estamos aqu&#237; como imb&#233;ciles, lloriqueando en el fondo de una cripta siniestra, lament&#225;ndonos, recitando versos y escuchando a Mozart. &#161;Y el otro, que me mira con sujeta entristecida de gran memo! &#161;Ay! &#161;Lo va a empeorar! No va a hacer eso, va a venir hacia m&#237; y

Y se ech&#243; en los brazos de Gary, que la abraz&#243; como quien lleva un ramo de flores, pos&#243; su cabeza sobre la cima de su cr&#225;neo y la estrech&#243; con fuerza, con mucha fuerza diciendo, no llores, Hortense, no llores. Y cuanto m&#225;s la abrazaba, m&#225;s ganas de llorar ten&#237;a ella, pero era un llanto extra&#241;o, no se parec&#237;a para nada al llanto de Cl&#233;ment Marot, era un llanto por otra cosa que no conoc&#237;a muy bien, pero que era m&#225;s dulce, m&#225;s alegre, llanto como una especie de felicidad, de alivio, de gran alegr&#237;a que le retorc&#237;a el coraz&#243;n, que la hac&#237;a re&#237;r y llorar a la vez, como si fuera demasiado grande, demasiado borroso, demasiado evanescente, algo reconfortante que atrapaba entre los dedos. &#201;l estaba all&#237;, sin estar, le ten&#237;a y no le ten&#237;a, una especie de reconciliaci&#243;n antes de otra separaci&#243;n, quiz&#225;s, no lo sab&#237;a. Y no ten&#237;a ganas de dejar de llorar.

&#161;Y adem&#225;s, jolines! Ya lo analizar&#237;a m&#225;s tarde, cuando tuviese tiempo, cuando hubiese terminado con todos esos llantos, esa tristeza ahogada en los pa&#241;uelos, esas narices enrojecidas, esos pelos mal peinados. Se repuso, inspir&#243; y comprob&#243;, furiosa, que no hab&#237;a llorado en su vida, que era su primera vez y que justo ten&#237;a que hacerlo en brazos de Gary, &#161;ese traidor a sueldo de Charlotte Bradsburry! Se solt&#243; de golpe, fue a sentarse al lado de su madre y la agarr&#243; firmemente por el brazo, haciendo ver a Gary que el momento ternura hab&#237;a terminado.

Anunciaron que iba a tener lugar la incineraci&#243;n. Que pod&#237;an esperar fuera. Salieron disciplinadamente en fila. Jos&#233;phine de la mano de sus hijas, Philippe sosteniendo la de Alexandre. Henriette, sola, evitando cuidadosamente a Carmen, que permanec&#237;a detr&#225;s. Shirley y Gary cerraban la marcha.

Philippe hab&#237;a decidido dispersar las cenizas de Iris en el mar, delante de su casa en Deauville. Alexandre estaba de acuerdo. Jos&#233;phine tambi&#233;n. Hab&#237;a avisado a Henriette que declar&#243;: El alma de mi hija no reside en una urna, puede hacer lo que quiera con ella. En cuanto a m&#237;, me voy a casa Ya no tengo nada que hacer aqu&#237;. Carmen hizo lo mismo tras haberse derrumbado en brazos de Philippe, que le prometi&#243; que seguir&#237;a ocup&#225;ndose de ella. Bes&#243; a Jos&#233;phine y se retir&#243; como una sombra desolada por la avenida del cementerio.

Shirley y Gary fueron a visitar las tumbas. Gary quer&#237;a ver las de Oscar Wilde y Chopin. Fueron con Hortense, Zo&#233; y Alexandre.

Philippe y Jos&#233;phine se quedaron solos. Se sentaron en un banco, al sol. Philippe le hab&#237;a cogido la mano a Jos&#233;phine y la acariciaba suavemente en silencio.

Llora, mi amor, llora. Llora por la vida que llev&#243;, ya que hoy ha encontrado la paz.

Lo s&#233;. Pero no puedo evitarlo. Voy a necesitar tiempo para hacerme a la idea de que no la volver&#233; a ver. La busco por todas partes. Tengo la impresi&#243;n de que va a aparecer y se va a re&#237;r de nosotros y de nuestra cara triste.

Una mujer rubia, de cierta edad, caminaba hacia ellos. Llevaba sombrero, guantes y un traje sastre bien cortado.

&#191;La conoces? -pregunt&#243; Philippe entre sus labios.

No. &#191;Por qu&#233;?

Porque me parece que va a hablarnos

Se incorporaron y la mujer lleg&#243; ante ellos. Parec&#237;a muy digna. Su rostro arrugado revelaba noches en vela y las comisuras de su boca ca&#237;an como hilillos tristes.

&#191;Se&#241;ora Cort&#232;s? &#191;Se&#241;or Dupin? Soy la se&#241;ora Mangeain-Dupuy, la madre de Isabelle

Philippe y Jos&#233;phine se levantaron. Ella les hizo se&#241;a de que no era necesario.

He le&#237;do la esquela en Le Monde y quer&#237;a decirles, en fin, no s&#233; c&#243;mo Es un poco delicado Quer&#237;a decirles que la muerte de su hermana, se&#241;ora, la de su mujer, caballero, no ha sido in&#250;til. Ha liberado a una familia &#191;Puedo sentarme? Ya no soy una jovencita y estos acontecimientos me han agotado

Philippe y Jos&#233;phine se echaron a un lado. Ella se sent&#243; sobre el banco y ellos se colocaron a su lado. Ella pos&#243; sus manos enguantadas sobre su bolso. Levant&#243; el ment&#243;n y, mirando fijamente al recuadro de c&#233;sped que ten&#237;a delante, comenz&#243; lo que deb&#237;a ser una larga confesi&#243;n, que Jos&#233;phine y Philippe escucharon sin interrumpirla, pues el esfuerzo que hac&#237;a esa mujer para hablar les parec&#237;a inmenso.

Mi visita debe de parecerles descabellada, mi marido no quer&#237;a que viniese, cree que mi presencia est&#225; fuera de lugar, pero me parece que es mi deber de madre y abuela realizar este acto

Hab&#237;a abierto su bolso. Sac&#243; de &#233;l una foto, la misma que Jos&#233;phine hab&#237;a visto en la pared del dormitorio de los Lefloc-Pignel: la foto de la boda de Herv&#233; Lefloc-Pignel y de Isabelle Mangeain-Dupuy. La sec&#243; con el dorso de la mano enguantada y empez&#243; a hablar.

Mi hija, Isabelle, conoci&#243; a Herv&#233; Lefloc-Pignel en el baile de la X, en la &#211;pera. Ten&#237;a dieciocho a&#241;os, &#233;l veinticuatro. Ella era bonita, inocente, acababa de aprobar el bachillerato y no se cre&#237;a ni hermosa ni inteligente. Ten&#237;a un terrible complejo de inferioridad frente a sus dos hermanas mayores que hab&#237;an realizado brillantes estudios. Enseguida se enamor&#243; much&#237;simo de &#233;l y, tambi&#233;n enseguida, quiso casarse. Cuando nos lo cont&#243;, la pusimos en guardia. Voy a ser franca, no ve&#237;amos esa uni&#243;n con buenos ojos. No precisamente por culpa de los or&#237;genes de Herv&#233;, no se equivoquen, sino porque nos parec&#237;a oscuro, dif&#237;cil, extremadamente susceptible. Isabelle no quiso escucharnos y hubo que consentir esa uni&#243;n. La v&#237;spera de la boda, su padre le suplic&#243; por &#250;ltima vez que renunciara. Entonces ella le dijo a la cara que, aunque &#233;l ten&#237;a miedo de que hiciese un mal casamiento, a ella le importaba un bledo si &#233;l hubiera nacido en una chabola o en un palacio. Esas fueron sus palabras exactas No insistimos m&#225;s. Aprendimos a disimular nuestros sentimientos y le acogimos como nuestro yerno. El hombre era brillante, es verdad. Dif&#237;cil, pero brillante. En un momento dado supo sacar el banco familiar de un terrible aprieto y a partir de ese d&#237;a, lo tratamos como a un igual. Mi marido le ofreci&#243; la presidencia del banco y mucho dinero. Se relaj&#243;, parec&#237;a feliz, sus relaciones con nosotros fueron m&#225;s fluidas, Isabelle resplandec&#237;a. Estaba encinta de su primer hijo. Parec&#237;an muy enamorados. Fue una &#233;poca bendita. Nos arrepentimos de haber sido tan conservadores, tan desconfiados con &#233;l. Habl&#225;bamos a menudo cuando est&#225;bamos solos, mi marido y yo, de ese giro de la situaci&#243;n. Y despu&#233;s

Se interrumpi&#243;, emocionada, y su voz se puso a temblar.

 Naci&#243; el peque&#241;o Romain. Era un beb&#233; muy hermoso. Se parec&#237;a terriblemente a su padre, que estaba loco por &#233;l. Y ocurri&#243; el drama que ustedes seguramente conocen Isabelle hab&#237;a dejado la silla de beb&#233; de Romain sobre la calzada de un aparcamiento subterr&#225;neo, el tiempo justo para guardar unas compras Fue un drama horrible. Fue el padre el que recogi&#243; al peque&#241;o Romain y le llev&#243; al hospital. Era demasiado tarde. De la noche a la ma&#241;ana, cambi&#243;. Se encerr&#243; en s&#237; mismo. Ten&#237;a terribles ataques de c&#243;lera. Casi no ven&#237;a a vernos. Mi hija, a veces. Pero cada vez menos Nos dec&#237;a simplemente que &#233;l pensaba que estaba maldito, que la pesadilla volv&#237;a a empezar, pero la pesadilla, fue ella la que acab&#243; sufri&#233;ndola. Creo que se sinti&#243; terriblemente culpable, que se crey&#243; responsable de la muerte del peque&#241;o Romain, y que nunca se lo perdon&#243;. Hab&#237;a sido educada en la fe cristiana y pensaba que deb&#237;a expiar su falta. Vimos c&#243;mo se apagaba poco a poco. Sospecho que tomaba calmantes, que abusaba de ellos, viv&#237;a en una especie de terror permanente. El nacimiento de sus otros hijos no cambi&#243; nada. Un d&#237;a, ella pidi&#243; ver a su padre, le dijo que quer&#237;a marcharse, que su vida se hab&#237;a convertido en un calvario. Le cont&#243; la historia de los colores, lunes verde, martes blanco, mi&#233;rcoles rojo, jueves amarillo, la estricta observaci&#243;n de las consignas que &#233;l hab&#237;a dictado. A&#241;adi&#243; que pod&#237;a soportarlo todo, pero no quer&#237;a que aquella infelicidad cayera sobre sus hijos. Cuando Ga&#233;tan, para rebelarse, se puso un jersey escoc&#233;s -un jersey que debi&#243; de pedir prestado a un amigo-, fue atrozmente castigado y la familia entera con &#233;l. Isabelle estaba pr&#225;cticamente agotada. Tem&#237;a continuamente alg&#250;n incidente, viv&#237;a al borde del ataque de nervios, temblaba ante la menor peque&#241;ez. Mi marido, ese d&#237;a, le dio una respuesta de la que despu&#233;s se arrepinti&#243;. Le dijo: T&#250; lo quisiste y lo tuviste, te hab&#237;amos avisado, y peor a&#250;n, intent&#243; hablar con Herv&#233;: Isabelle quiere dejarle, &#161;ya no puede m&#225;s! &#161;Dom&#237;nese!. Creo que esas palabras fueron dinamita. Se sinti&#243; rechazado por su mujer, debi&#243; de pensar que iba a perder a sus hijos; creo que a partir de ese d&#237;a se volvi&#243; realmente loco. En el banco nadie se daba cuenta de nada. Segu&#237;a siendo igual de eficaz y mi marido no quer&#237;a pasarse sin &#233;l. Se hab&#237;a jubilado y estaba contento de tener a su yerno en su puesto. Eso contentaba a todo el mundo: a mi marido, a las hermanas de Isabelle y a los otros socios que se apoyaban en &#233;l y recog&#237;an los dividendos. Se comentaban sus man&#237;as inquietantes, pero &#191;qui&#233;n no tiene peque&#241;as man&#237;as, al fin y al cabo?

Hizo una pausa, levant&#243; un mech&#243;n del mo&#241;o que sobresal&#237;a y lo volvi&#243; a poner en su sitio, alis&#225;ndolo con los dedos.

Cuando nos enteramos de lo que hab&#237;a pasado, evidentemente, pens&#233; en ustedes, pero sobre todo, sobre todo me sent&#237; liberada de un gran peso &#161;E Isabelle! Entr&#243; en mi habitaci&#243;n, tuvo tiempo de decirme: &#161;Soy libre, mam&#225;, soy libre!, y se derrumb&#243;. Estaba agotada. Hoy est&#225; en manos de un psiquiatra Los dos chicos se sintieron tambi&#233;n aliviados. Detestaban a su padre al que sin embargo nunca denunciaron. Con Domitille va a ser m&#225;s complicado. Se ha convertido en una chiquilla problem&#225;tica, perturbada. Va a necesitar tiempo. Tiempo y mucho amor. Eso es lo que quer&#237;a decirles, lo que quer&#237;a que supiesen. Su mujer, se&#241;or, y su hermana, se&#241;ora, no ha partido en vano. Ha salvado una familia.

Se levant&#243; tan mec&#225;nicamente como se hab&#237;a sentado. Sac&#243; una carta del bolso, y se la dio a Jos&#233;phine:

Es de Ga&#233;tan, me ha encargado d&#225;rsela a usted

&#191;Qu&#233; va a hacer ahora? -murmur&#243; Jos&#233;phine, estremecida por la larga confesi&#243;n.

Los hemos inscrito a todos en un excelente colegio privado en Rouen. Con el apellido de su madre. La directora es amiga m&#237;a. Podr&#225;n tener una educaci&#243;n normal sin ser el blanco de todos los cotilleos. Mi hija va a recuperar su apellido de soltera. Desea que los ni&#241;os cambien tambi&#233;n de apellido. Mi marido tiene contactos, no deber&#237;a plantear problemas. Les agradezco haberme escuchado y les ruego perdonen la extra&#241;eza de mi cometido.

Les hizo una peque&#241;a se&#241;al con la cabeza y se alej&#243; como hab&#237;a venido, p&#225;lida silueta de otro tiempo, mujer fuerte y sumisa a la vez.

&#161;Que mujer tan extra&#241;a!-susurr&#243; Philippe-. R&#237;gida, fr&#237;a y, sin embargo, atenta. La Francia de las Grandes Familias de anta&#241;o. Todo va a volver a estar en orden. En qu&#233; orden, no lo s&#233;. Me gustar&#237;a saber en qu&#233; se convertir&#225;n sus hijos, para ellos va a ser m&#225;s complicado. El regreso al orden no bastar&#225;.

Philippe, no se lo digas a nadie, pero creo que vivimos en un mundo de locos

Fue entonces cuando ley&#243; el nombre en el sobre que le hab&#237;a entregado la madre de Isabelle Mangeain-Dupuy.

Era una carta de Ga&#233;tan para Zo&#233;.



* * *


Al d&#237;a siguiente, se reunieron todos en la suite del hotel Raph&#228;el. Philippe hab&#237;a hecho subir unos sandwiches club, Coca Cola y una botella de vino tinto.

Hortense y Gary se rozaban, se evitaban, se atra&#237;an, se rechazaban. Hortense espiaba el m&#243;vil de Gary. &#201;l le propon&#237;a salir, ir al cine, ella respond&#237;a: Por qu&#233; no, pero entonces, el tel&#233;fono sonaba, el respond&#237;a, era Charlotte Bradsburry. Su voz cambiaba, Hortense se deten&#237;a en el umbral de la puerta, le lanzaba una mirada furiosa y dec&#237;a que ya no quer&#237;a ir al cine.

&#161;Venga! &#161;Eres tonta! &#161;Vamos!-dec&#237;a &#233;l tras haber colgado.

&#161;Ya no tengo ganas! -dec&#237;a ella, hura&#241;a.

Yo s&#233; por qu&#233; -suger&#237;a &#233;l, sonriendo-. &#161;Est&#225;s celosa!

&#191;De ese vejestorio? &#161;Jam&#225;s en la vida!

Entonces vamos al cine &#161;Si no est&#225;s celosa!

Estoy esperando una llamada de Nicholas y despu&#233;s, ya ver&#233;.

&#191;De ese ping&#252;ino?

&#191;Est&#225;s celoso?

Jos&#233;phine y Shirley se re&#237;an a escondidas.

Philippe propuso a Alexandre y a Zo&#233; ir a ver la vidriera del Grand-Palais.

&#161;Yo voy! -dijo Hortense, ignorando a Gary, que atrap&#243; la invitaci&#243;n al vuelo y la sigui&#243;.

&#161;Por fin solas! -exclam&#243; Shirley cuando se marcharon-. &#191;Y si pidi&#233;ramos otra botella de este excelente vino?

&#161;Vamos a coger una trompa!

Shirley descolg&#243; el tel&#233;fono, pidi&#243; que le subiesen la misma botella y, volvi&#233;ndose hasta Jos&#233;phine, a&#241;adi&#243;:

&#161;Es la &#250;nica forma de hacerte hablar!

&#191;Hablar de qu&#233;?-dijo Jos&#233;phine lanzando al aire sus zapatos-. No dir&#233; nada. &#161;Incluso bajo la tortura de un buen vino!

Est&#225;s radiante &#191;Es Philippe?

Jos&#233;phine pos&#243; dos dedos sobre su boca para indicar que no dir&#237;a nada.

&#191;Vais a vivir juntos el a&#241;o que viene?

Ella mir&#243; a Shirley y sonri&#243;.

Entonces &#191;vais a vivir juntos?

A&#250;n es muy pronto Alexandre tiene que acostumbrarse.

Y Zo&#233;.

Zo&#233; tambi&#233;n. Es preferible que siga una temporada a solas con ella. Iremos a Londres los fines de semana o ellos vendr&#225;n a Par&#237;s. Ya veremos.

&#191;Ella volver&#225; a ver a Ga&#233;tan?

Le llam&#243; ayer. Le asegur&#243; que para ella segu&#237;a siendo Ga&#233;tan, quien hac&#237;a dar saltos a su coraz&#243;n, que Rouen no estaba tan lejos de Par&#237;s, &#161;y que yo era una madre m&#225;s bien enrollada!

No se equivoca. &#191;Y &#233;l?

Lo de &#233;l es menos color de rosa. Tiene mucho miedo de parecerse a su padre y volverse loco. No duerme, tiene pesadillas terribles. Su abuela le ha mandado al psic&#243;logo

Pues el psic&#243;logo va a tener que encargarse de toda la familia

Llamaron a la puerta y un camarero trajo la botella de vino. Shirley sirvi&#243; un vaso a Jos&#233;phine, brindaron.

Por nuestra amistad, my friend, dijo Shirley. &#161;Que siga siendo siempre bella y tierna y dulce y fuerte!

Jos&#233;phine iba responder cuando son&#243; el tel&#233;fono. Era el inspector Garibaldi, Le informaba de que pod&#237;a volver a su piso.

&#191;Ha encontrado usted algo?

S&#237;. Un diario que escrib&#237;a su hermana

&#191;Puedo leerlo? Me gustar&#237;a comprender.

Lo he mandado esta ma&#241;ana al hotel, le pertenece. Ella hab&#237;a pasado a otro mundo Lo comprender&#225; ley&#233;ndolo.

Jos&#233;phine llam&#243; a recepci&#243;n. Enseguida le subieron un sobre.

&#191;Te molesta si lo leo ahora?-dijo a Shirley-. No voy a poder esperar. Me gustar&#237;a tanto comprender

Shirley hizo la se&#241;a de que esperar&#237;a en la habitaci&#243;n vecina.

No. Qu&#233;date conmigo

Jos&#233;phine abri&#243; el sobre, sac&#243; una treintena de hojas y se hundi&#243; en ellas. A medida que le&#237;a, palidec&#237;a.

Tendi&#243; las hojas a Shirley, en silencio.

&#191;Puedo? -pregunt&#243; Shirley.

Jos&#233;phine asinti&#243; y corri&#243; al cuarto de ba&#241;o.

Cuando volvi&#243;, Shirley hab&#237;a terminado y miraba fijamente al vac&#237;o. Jos&#233;phine fue a sentarse a su lado y pos&#243; la cabeza sobre su hombro.

&#161;Es horrible! C&#243;mo ha podido

Yo s&#233; exactamente lo que ha sentido. Yo he conocido ese estado.

&#191;Con el hombre de negro?

Shirley asinti&#243;. Permanecieron silenciosas, pasando y repasando las hojas, estudiando la elegante letra de Iris que, al final no era m&#225;s que una serie de borrones sobre la hoja en blanco.

Parecen borrones de colegial -dijo Jos&#233;phine.

Es exactamente eso -dijo Shirley-. El la redujo a un borr&#243;n y la infantiliz&#243;. Hay que tener una fuerza terrible para escapar a esa locura

&#161;Pero hay que estar loco para entrar en ella!

Shirley dirigi&#243; hacia ella un rostro marcado por una nostalgia extra&#241;a.

Entonces yo tambi&#233;n estuve loca

&#161;Pero t&#250; has salido! &#161;No te quedaste con ese hombre!

&#161;A qu&#233; precio! &#161;Pero a qu&#233; precio! Y todav&#237;a lucho todos los d&#237;as para no volver a caer. &#161;Ya no puedo dormir con un hombre sin morirme de aburrimiento de lo soso que me parece! Es una adicci&#243;n, como la droga, el alcohol o el tabaco. No puedes prescindir de ello. Todav&#237;a sue&#241;o con ello. Sue&#241;o con esa dependencia total, con esa p&#233;rdida de conciencia de uno mismo, con esa voluptuosidad extra&#241;a hecha de espera, de dolor y de alegr&#237;a, la sensaci&#243;n de cruzar cada vez la frontera De llevar los l&#237;mites hasta un peligro mortal. Ella camin&#243; hacia su muerte, pero puedo asegurarte que camin&#243; feliz, &#161;feliz como ella no lo hab&#237;a sido antes!

&#161;Est&#225;s loca! -grit&#243; Jos&#233;phine separ&#225;ndose de su amiga.

Me salv&#243; Gary. El amor que sent&#237;a por Gary. Fue &#233;l quien me permiti&#243; salir del hoyo Iris no era una madre.

&#161;Pero t&#250; eres normal! &#161;Dime que eres normal! &#161;Dime que no estoy rodeada de locos! -grit&#243; Jos&#233;phine.

Shirley dej&#243; caer una mirada extra&#241;a en la mirada enloquecida de pronto de Jos&#233;phine y murmur&#243;:

&#191;Qui&#233;n es normal, Jo? &#191;Qui&#233;n no lo es? Who knows? &#191;Y qui&#233;n decide la norma?



* * *


Jos&#233;phine se puso sus zapatillas de jogging y llam&#243; a Du Guesclin. Estaba acostado delante de la radio y escuchaba TSF Jazz moviendo el trasero. Era su emisora de radio favorita. Se pasaba horas escuch&#225;ndola. En las pausas publicitarias, part&#237;a a olisquear su escudilla o a echarse a los pies de Jos&#233;phine, ofreci&#233;ndole su vientre para que se lo rascara. Despu&#233;s volv&#237;a. Cuando una trompeta desafinaba en los agudos, se pon&#237;a las patas sobre las orejas y balanceaba la cabeza dolorosamente.

&#161;Venga, Du Guesclin, nos vamos!

Ten&#237;a que moverse. Ten&#237;a que ir a correr. Presionarse, forzar su cuerpo, el rodillo de dolor que la aplastaba. No quer&#237;a arriesgarse a morir de nuevo. Pero &#191;c&#243;mo es posible? &#191;C&#243;mo me puede doler tanto cada vez? No me curar&#233; nunca, nunca.

&#161;Menos mal que est&#225;s aqu&#237;, t&#250;! Con tu cara de bandido herido, murmur&#243; a Du Guesclin. Cuando la gente se acercaba a ella y preguntaba con tono de sorpresa: &#191;Es su perro?, queriendo decir: &#191;Lo ha elegido usted tan negro, tan pesado, tan feo?, ella se rebelaba y dec&#237;a: &#161;Es MI perro y no quiero otro!. Aunque no tenga cola, tenga una oreja rota, un ojo seco, tenga calvas en algunos sitios, est&#233; cosido a cicatrices, tenga el cuello grueso y la cabeza hundida en los hombros. No conozco otro m&#225;s hermoso. Du Guesclin se pavoneaba, orgulloso de haber sido defendido con tanta determinaci&#243;n, y Jos&#233;phine dec&#237;a: Ven, Du Guesclin, esa gente no tiene ni idea.

Debe ser siempre as&#237; cuando se ama. Sin condiciones. Sin juzgar. Sin establecer criterios, preferencias.

Yo no era lo bastante buena, &#191;verdad? Nunca soy lo bastante buena. No lo bastante, no lo bastante, no lo bastante Esa cantinela me ha amargado mi infancia, me ha amargado mi vida de mujer y se prepara a sabotear mi amor.

Poco despu&#233;s de la muerte de Iris, hab&#237;a llamado a Henriette. Le hab&#237;a pedido si era posible encontrar fotos de Iris y ella cuando eran ni&#241;as. Quer&#237;a enmarcarlas. Henriette hab&#237;a respondido que sus fotos estaban en el trastero, que no ten&#237;a tiempo de ir a buscarlas y ordenarlas.

Y de hecho, Jos&#233;phine, creo que es preferible que no me llames m&#225;s. Ya no tengo hija. Ten&#237;a una y la he perdido.

Y la rompiente de olas la hab&#237;a aplastado, se la hab&#237;a llevado, la hab&#237;a lanzado a alta mar, hacia una muerte segura. Desde entonces, todo estaba borroso. Perd&#237;a pie. Nada ni nadie pod&#237;a salvarla. S&#243;lo pod&#237;a contar con ella, con sus fuerzas para poder salvarse.

Esa mujer, su madre, ten&#237;a la capacidad absoluta de matarla cada vez. Tener una madre que no te quiere no tiene cura. Te crea un agujero en el coraz&#243;n y hace falta much&#237;simo amor para llenarlo. Nunca est&#225;s satisfecho, siempre dudas de ti mismo, te dices que no eres agradable, que no vales un pimiento.

Quiz&#225;s Iris sufr&#237;a tambi&#233;n ese mal Quiz&#225;s fue por esa raz&#243;n por la que corri&#243; hacia esa locura de amor. Lo acept&#243; todo, lo sufri&#243; todo, &#233;l me quiere, dec&#237;a, &#161;me quiere! Cre&#237;a haber encontrado un amor que llenaba el pozo sin fondo.

yo, Du Guesclin, &#191;qu&#233; quiero yo? Ya no lo s&#233;. S&#233; del amor de mis hijas. El d&#237;a de la cremaci&#243;n est&#225;bamos unidas, con las manos entrelazadas, y es la primera vez que sent&#237; que las tres &#233;ramos una. Me gust&#243; esa operaci&#243;n aritm&#233;tica. Ahora, tengo que aprender a amar a un hombre.

Philippe se hab&#237;a marchado y ahora le tocaba ser la silenciosa. Al partir hab&#237;a dicho: Te esperar&#233;, Jos&#233;phine, &#161;tengo todo el tiempo del mundo!, y la hab&#237;a besado suavemente, apartando los mechones de su pelo, como si apartara los mechones de una ahogada.

Te esperar&#233;.

Ya no sab&#237;a si sab&#237;a nadar.

Du Guesclin vio sus zapatillas de jogging y ladr&#243;. Ella sonri&#243;. &#201;l se levant&#243; con la gracia de una foca tumbada en un banco de hielo.

&#161;Est&#225;s realmente gordo, eh! &#161;Tienes que moverte un poco!

Dos meses sin correr, no es extra&#241;o que empiece a acumular grasa, parec&#237;a decir estir&#225;ndose.

En la planta de los Van den Brock, se cruzaron con la se&#241;ora de una agencia que ense&#241;aba el piso. A m&#237; no me gustar&#237;a instalarme en el piso de un asesino, declar&#243; Jos&#233;phine a Du Guesclin, &#161;quiz&#225;s no les han dicho nada!. Al dragar el estanque del bosque de Compi&#233;gne, los hombres rana hab&#237;an encontrado tres cuerpos de mujer en bolsas de basura lastradas con piedras. El inspector Garibaldi le hab&#237;a informado de que hab&#237;a dos tipos de v&#237;ctimas: las que abandonaban en la v&#237;a p&#250;blica y las que ten&#237;an derecho a un tratamiento especial. Como Iris. Estas &#250;ltimas, en su mayor&#237;a, eran preparadas por Lefloc-Pignel que las ofrec&#237;a despu&#233;s a Van den Brock, seg&#250;n un ritual de purificaci&#243;n ideado por los dos hombres. Van den Brock esperaba en prisi&#243;n que le juzgaran. La instrucci&#243;n estaba abierta. Hab&#237;a tenido lugar la confrontaci&#243;n con el agricultor y la recepcionista del hotel quienes, ambos, le hab&#237;an reconocido. &#201;l continuaba neg&#225;ndolo, diciendo que s&#243;lo hab&#237;a sido un testigo y que no hab&#237;a podido impedir la locura asesina de su amigo. La noche del crimen hab&#237;a burlado la vigilancia del polic&#237;a encargado de seguirle, y hab&#237;a entrado en un coche de alquiler que hab&#237;a aparcado a quinientos metros de su casa. &#161;Si a eso no se le llama premeditaci&#243;n!, se indign&#243; Jos&#233;phine. Adem&#225;s, hab&#237;a dejado su propio coche, a la vista, delante de su casa. El polic&#237;a no hab&#237;a visto nada. El juicio tendr&#237;a lugar en dos o tres a&#241;os. Entonces habr&#237;a que revivir la pesadilla



* * *


Era oto&#241;o y las hojas adquir&#237;an un tono dorado. &#161;Un a&#241;o ya! Un a&#241;o que doy vueltas alrededor de este lago. Hace un a&#241;o, iba a ver a Iris a la cl&#237;nica y deliraba, acus&#225;ndome de haberle robado su libro, a su marido y a su hijo. Sacudi&#243; la cabeza para librarse de esa idea, af&#237;n con el color negro de los troncos de los &#225;rboles desnudos por los primeros fr&#237;os. Un a&#241;o tambi&#233;n desde que cre&#237; percibir a Antoine en el metro. Era un sosia. Y tambi&#233;n hace un a&#241;o, daba vueltas alrededor del lago temblando al lado de Luca, el indiferente. Empez&#243; a llover y Jos&#233;phine aceler&#243; el paso.

&#161;Ven, Du Guesclin! Vamos a jugar a pasar a trav&#233;s de las gotas

Hundi&#243; la cabeza entre los hombros, baj&#243; los ojos para estar pendiente de que los pies no derraparan sobre un pedazo de madera, y no se dio cuenta de que Du Guesclin ya no la segu&#237;a. Continu&#243; corriendo, los codos pegados, forzando el cuerpo, forzando los brazos y las piernas para luchar contra las olas, forzando su coraz&#243;n a tener m&#225;s m&#250;sculo y a ser m&#225;s fuerte.

Marcel le enviaba flores cada semana con una notita, aguanta, Jo, aguanta, estamos aqu&#237; y te queremos. Marcel, Josiane, J&#250;nior, &#191;una familia nueva que no da pu&#241;aladas en el coraz&#243;n?

Cuando se detuvo, busc&#243; a Du Guesclin con la mirada y lo vio muy lejos, detr&#225;s de ella, sentado, el hocico apuntando al horizonte.

&#161;Du Guesclin! &#161;Du Guesclin! &#161;Vamos! &#161;Ven! &#191;Qu&#233; haces?

Dio palmadas, silb&#243; El puente sobre el r&#237;o Kwai, su canci&#243;n favorita, golpe&#243; con el pie, repitiendo Du Guesclin, Du Guesclin, a cada golpe de tal&#243;n en el suelo. No se mov&#237;a. Volvi&#243; atr&#225;s, se arrodill&#243; cerca de &#233;l y le dijo al o&#237;do:

&#191;Est&#225;s enfermo? &#191;Est&#225;s enfadado?

&#201;l miraba a lo lejos y sus fosas nasales se mov&#237;an con ese ligero temblor que dec&#237;a no me gusta lo que veo, no me gusta lo que se anuncia en el horizonte. Ella estaba acostumbrada a sus estados de &#225;nimo. Era un perro delicado que rechazaba el salchich&#243;n si no le quitaban la piel. Intent&#243; razonar con &#233;l, le tir&#243; del collar, le empuj&#243;. &#201;l permanec&#237;a all&#237;, testarudo. Entonces ella se incorpor&#243;, escrut&#243; la orilla del lago tan lejos como llegaba su mirada y vio al hombre que caminaba con paso militar, envuelto en bufandas. &#191;Cu&#225;nto tiempo llevaba sin verle?

Du Guesclin gru&#241;&#243;. Sus ojos se entrecerraron en dos lanzas puntiagudas y Jos&#233;phine susurr&#243;: &#191;No te gusta &#233;se?. &#201;l gru&#241;&#243; a&#250;n m&#225;s fuerte.

No tuvo tiempo de interpretar la respuesta: el hombre estaba ante ellos. Ya no llevaba las bufandas alrededor del cuello y mostraba un rostro regordete, bastante afable. Hab&#237;a debido de abusar de un producto bronceador, porque ten&#237;a rayas naranja en el cuello. Mal repartido, mal repartido, se dijo Jos&#233;phine, pensando que estaban en noviembre y que aquello era una coqueter&#237;a in&#250;til.

&#191;Es su perro? -pregunt&#243; se&#241;alando con el dedo a Du Guesclin.

Es mi perro y es muy guapo.

El hombre sonri&#243; con expresi&#243;n divertida.

No es la palabra que utilizar&#237;a para describir a Tarz&#225;n.

&#191;Tarz&#225;n? &#161;Qu&#233; nombre m&#225;s rid&#237;culo para un perro de car&#225;cter noble! &#191;Tarz&#225;n, el hombre en calzoncillos que salta de rama en rama, soltando gritos y comiendo pl&#225;tanos? &#191;Ese prototipo de buen salvaje reinterpretado por Hollywood y por las ligas de la virtud?

No se llama Tarz&#225;n, se llama Du Guesclin.

No. Le conozco y se llama Tarz&#225;n.

Ven, Du Guesclin, nos largamos -orden&#243; Jos&#233;phine.

Du Guesclin no se movi&#243;.

Es mi perro, se&#241;ora

Nada de eso. Es mi perro.

Se escap&#243; hace unos seis meses.

Jos&#233;phine se sinti&#243; turbada. Fue en esa &#233;poca cuando adopt&#243; a Du Guesclin. No sabiendo qu&#233; m&#225;s decir, dijo:

&#161;No ten&#237;a que haberle abandonado!

No le abandon&#233;. &#161;Me lo traje del campo donde viv&#237;a la mayor parte del tiempo y huy&#243;!

&#161;Nada prueba que es suyo! No estaba tatuado, ni ten&#237;a medalla

Puedo presentar testigos y todos le dir&#225;n que ese perro me pertenece. Vivi&#243; dos a&#241;os en mi casa, en Montchauvet, calle del Petit-Moulin, 38 Era un buen perro guardi&#225;n. Unos ladrones lo maltrataron, pero se bati&#243; como un le&#243;n y no pudieron robar nada de la casa. &#161;A partir de entonces le bastaba con aparecer para hacer cambiar de opini&#243;n a los m&#225;s decididos!

Jos&#233;phine sinti&#243; c&#243;mo sus ojos se llenaban de l&#225;grimas.

&#161;A usted le da igual que le desfiguraran completamente!

Es su trabajo como perro guardi&#225;n. Lo eleg&#237; por eso.

&#191;Y por qu&#233; viene usted a pasear por aqu&#237;, si vive en el campo?

La encuentro a usted muy agresiva, se&#241;ora

Jos&#233;phine se calm&#243;. Ten&#237;a tanto miedo de que se llevara a Du Guesclin, que estaba dispuesta a morder.

Compr&#233;ndalo -dijo con un tono m&#225;s conciliador-, lo quiero tanto y estamos tan bien juntos Yo, por ejemplo, no lo ato nunca y me sigue a todos lados. Conmigo escucha jazz, se tumba de espaldas y yo le froto el vientre, le digo que es guapo y cierra los ojos de placer, y si dejo de acariciarle o de susurrarle cumplidos, roza mi mano dulcemente para que contin&#250;e. No puede usted llev&#225;rselo, es mi amigo. He pasado momentos muy duros y &#233;l ha estado a mi lado en todo momento. Cuando lloraba, &#233;l aullaba y me daba peque&#241;os leng&#252;etazos, as&#237; que compr&#233;ndalo, si usted se lo lleva, ser&#237;a terrible para m&#237; y no podr&#233;, no, no podr&#233;

Y entonces la ola habr&#237;a ganado

Du Guesclin gem&#237;a para subrayar la veracidad y la sinceridad de sus argumentos, y el hombre baj&#243; la guardia.

Para responder a su pregunta indiscreta, se&#241;ora, sepa que escribo. Letras de canciones, libretos para &#243;peras modernas. Trabajo con un m&#250;sico que tiene su estudio en la Muette y siempre que he de encontrarme con &#233;l, me concentro antes, caminando alrededor del lago. Es un ritual. No quiero que nadie me moleste. Tengo cierta notoriedad.

Le concedi&#243; un momento a Jos&#233;phine para que tuviese el placer de reconocerle. Pero como ella no manifestaba ninguna deferencia particular, prosigui&#243;, ligeramente molesto:

Me tapaba para no ser molestado. No tra&#237;a nunca a Tarz&#225;n conmigo porque tem&#237;a que me distrajera. Lo perd&#237; en Par&#237;s el d&#237;a que quise confi&#225;rselo a una amiga. Me iba a Nueva York para asistir a la grabaci&#243;n de una comedia musical en Broadway. Huy&#243; y no tuve tiempo para buscarle. Imag&#237;nese mi sorpresa al verlo esta ma&#241;ana

Si viaja usted mucho, est&#225; mejor conmigo

Du Guesclin emiti&#243; un ligero jadeo que significaba que estaba de acuerdo. El hombre le mir&#243; y declar&#243;:

&#191;Sabe lo que vamos a hacer? Yo le hablar&#233;, usted le hablar&#225; y despu&#233;s nos iremos cada uno en direcci&#243;n contraria y veremos a qui&#233;n sigue.

Jos&#233;phine reflexion&#243;, mir&#243; a Du Guesclin, pens&#243; en los seis meses que acababan de pasar juntos. Val&#237;an lo mismo que los dos a&#241;os que hab&#237;a sufrido junto al hombre abrigado, &#191;no? Y adem&#225;s ser&#225; una se&#241;al, si me elige a m&#237;. Una se&#241;al de que soy amable, de que vale la pena acostumbrarse a m&#237;, de que no he sido engullida por la ola.

Ella respondi&#243; que estaba de acuerdo.

El hombre se agach&#243; cerca de Du Guesclin, le habl&#243; a media voz. Jos&#233;phine se alej&#243; y les dio la espalda. Ella llam&#243; a su padre, le dijo &#191;est&#225;s ah&#237;?, &#191;velas por m&#237;? Entonces haz que Du Guesclin no se convierta en Tarz&#225;n, el del pl&#225;tano. Haz que otra vez atraviese la rompiente de olas, que vuelva a la orilla

Cuando se volvi&#243;, vio que el hombre sacaba de un paquete una galletita de naranja, se la daba a oler a Du Guesclin que saliv&#243;, dejando caer dos hilos de baba transparente, despu&#233;s el hombre hizo una se&#241;a a Jos&#233;phine, de que era su turno para hablar con Du Guesclin.

Jos&#233;phine lo tom&#243; en sus brazos y le dijo muy bajo: Te quiero, gordito, te quiero con locura y yo soy mucho mejor que una galleta de naranja. &#201;l te necesita para cuidar de su hermosa casa, de su hermosa tele, de sus hermosas obras de arte, de su hermoso c&#233;sped, de su hermosa piscina, yo te necesito para que me cuides a m&#237;. Pi&#233;nsatelo bien.

Du Guesclin segu&#237;a salivando, y continuaba mirando al hombre que agitaba el paquete en su mano para recordarle la galleta prometida.

No est&#225; bien lo que hace -dijo Jos&#233;phine.

&#161;Cada cual sus armas!

&#161;No me gustan las suyas!

No empiece de nuevo a insultarme, si no &#161;me llevo a mi perro!

Se volvieron los dos como dos duelistas y avanzaron en direcciones opuestas. Du Guesclin permaneci&#243; sentado un largo instante, olisqueando la galleta de naranja que se alejaba, se alejaba. Jos&#233;phine no se volvi&#243;.

Apret&#243; los pu&#241;os, rez&#243; a todas las estrellas del Cielo, a todos sus &#225;ngeles guardianes colgados del mango de la Gran Cacerola, para que empujasen a Du Guesclin hacia ella, para hacerle olvidar el delicado perfume de la galleta de naranja. Te las comprar&#233; mucho mejores yo, gruesas, planas, rellenas, crujientes, heladas, cubiertas, esponjosas, las inventar&#233; s&#243;lo para ti. Caminaba, el coraz&#243;n encogido. No debo volverme porque si no le ver&#233; partir, correr detr&#225;s de una galleta de naranja, y entonces estar&#233; a&#250;n m&#225;s triste, m&#225;s desesperada.

Se volvi&#243;. Vio a Du Guesclin, que se hab&#237;a reunido con el compositor de melod&#237;as para Broadway. Le segu&#237;a balance&#225;ndose, parec&#237;a feliz. La hab&#237;a olvidado. Le mir&#243; coger la galleta con la boca, trag&#225;rsela de un bocado, rascar el paquete para obtener otra.

Nunca ser&#233; una mujer amable. No puedo competir siquiera contra una galleta de naranja. Soy penosa, soy fea, soy tonta, no doy la talla, no doy la talla, no doy la talla

Encogi&#243; los hombros y se neg&#243; a asistir durante m&#225;s tiempo al fest&#237;n de Tarz&#225;n, el del pl&#225;tano. Retom&#243; la marcha a paso lento. Ya no ten&#237;a ganas de correr. De rodear, &#225;gil, el agua oscura y los plumeros de bamb&#250;. Es absolutamente necesario que descubra razones de peso por las que no me ha elegido, si no voy a ponerme demasiado triste. Si no, la ola me habr&#225; arrastrado para siempre Habr&#225; ganado.

Primero, no me pertenec&#237;a, ten&#237;a otras costumbres con ese amo, y la vida est&#225; hecha de costumbres m&#225;s que de libre elecci&#243;n. Adem&#225;s, seguramente ten&#237;a ganas de quedarse conmigo, pero ha ganado su sentido del deber. No lo llam&#233; Du Guesclin porque s&#237;. Naci&#243; para defender un territorio, es fiel a su rey. Nunca ha traicionado. Nunca se ha cambiado de chaqueta para unirse al rey de Inglaterra. Hace honor a la tradici&#243;n de su noble ancestro. No he depositado mi confianza en un traidor. En fin, no he respetado la naturaleza del guerrero. Le cre&#237; amable y dulce porque ten&#237;a la nariz rosa chicle, pero a &#233;l le hubiese gustado que le tratase como a un borrach&#237;n empedernido. Iba a hacer de &#233;l un alfe&#241;ique, &#161;se ha marchado a tiempo!

Luchaba contra las l&#225;grimas. No llorar, no llorar. Otra vez agua salada, otro naufragio. &#161;Basta! Piensa en Philippe, te espera, te lo ha dicho. Ese hombre no lanza mensajes al viento. Pero &#191;acaso es culpa m&#237;a si me invade la bruma, si todo se descompone antes de llegar hasta m&#237;, si estoy anestesiada? &#191;Es culpa m&#237;a que una no se cure de golpe, y que tenga que dedicarme a todas horas a curar heridas de la infancia? Du Guesclin me habr&#237;a ayudado, eso seguro, pero tengo que aprender a curarme sola. S&#243;lo a ese precio se hace una realmente fuerte

Llegaba al peque&#241;o muelle de alquiler de barcas, cuando escuch&#243; un galope furioso a su espalda. Se apart&#243; para dejar pasar al demente que la atropellar&#237;a si no ten&#237;a cuidado, levant&#243; la nariz para ver al intr&#233;pido y lanz&#243; un grito.

Era Du Guesclin. Corr&#237;a hacia ella avanzando con sus patas alocadas, desordenadas, como si se muriera de miedo de no poder alcanzarla.

En la boca llevaba el paquete de galletas de naranja.


Fin



A gradecimientos

&#161;De nuevo he recorrido kil&#243;metros y kil&#243;metros para escribir este libro! Kil&#243;metros por carretera, por aire, en tren, pero tambi&#233;n kil&#243;metros en mi cabeza inventando, reflexionando, dando saltos Una intenta atajos, tiende puentes, caminos, traza historias, se pierde, vuelve a encontrar el camino, busca la palabra justa, profundiza, descubre, acopla Y durante ese tiempo, el mundo contin&#250;a girando y yo, perdida en mis pensamientos, me olvidar&#237;a de su modo de empleo si, a mi alrededor, no hubiese seres tiernos y atentos que me ayudan a tomar tierra suavemente.

As&#237; que me gustar&#237;a dar muchas, infinitas GRACIAS a los que siempre han estado all&#237;, soport&#225;ndome y rode&#225;ndome cuando escribo (&#161;y cuando no escribo!):

A Charlotte y a Cl&#233;ment, mis dos peque&#241;os y grandes amores.

A R&#233;jane y su mano en la m&#237;a, &#161;siempre, siempre!

A Michel y su ojo atento, generoso, perspicaz

A Coco, que pone patas arriba la casa con gula y animaci&#243;n.

A Huguette, que escruta y me protege con firmeza y ternura.

A Sylvie, que ha seguido cada etapa del manuscrito y me ha animado

A Elisabeth &#161;por todo! El siglo XII, su sonrisa, su &#225;nimo, los paseos alrededor del lago de Annecy, las carcajadas y las plazas de aparcamiento

A Jean-Marie, Romain, Hildegarde, Rose, Charles, George, Pierre, Simone, que vel&#225;is por m&#237; all&#225;, entre las estrellas

A Fabrice, the king of the computen

A Jean-Christophe, valioso y preciso.

A Martin y sus detalles picantes y bien documentados sobre la vida en Londres.

A G&#233;rard por la vida londinense &#161;tanto de d&#237;a como de noche!

A Patricia Y a su padre, fuente de valiosas informaciones t&#233;cnicas.

A Michel, que me ha ayudado a construir la investigaci&#243;n policial.

A Lydie y su humor corrosivo

A Bruno y los CD de Glenn Gould, que han acunado mis largas horas de escritura.

A Genevi&#233;ve y el manual cat&#243;lico de la vida conyugal.

A Nathalie Garl&#243;n, que me abri&#243; las puertas de su taller y me permiti&#243; seguir la elaboraci&#243;n de sus colecciones.

A Sarah y a sus correos llenos de alegr&#237;a.

A Jean-Eric Riche y sus relatos sobre China.

A mis amigas y amigos siempre, &#161;siempre ah&#237;!

Y a todos los lectores y lectoras cuyos correos producen descargas de miles de voltios bajo mis pies.

Y por fin, d&#233;jame decirte, Laurent, que te echo de menos, que te echo cruelmente de menos.

Te fuiste el 19 de diciembre de 2006, una noche, y la vida no tiene el mismo sabor desde entonces

No hab&#237;as cumplido los cuarenta.

&#201;ramos amigos desde hac&#237;a diez a&#241;os. T&#250; eras quien pasaba por casa cada d&#237;a o casi, tarareando: &#161;La vida es bella!, &#161;la vida es bella!, cargado de libros, CD y dulces almendrados de la casa Ladur&#233;e, ayudabas a Charlotte y a Cl&#233;ment en sus estudios, sus proyectos, sus deseos, ibas a ver treinta veces la misma pel&#237;cula, rele&#237;as diez veces el mismo libro, elucubrabas sobre la siguiente novela, la futura obra, el proyecto grandioso que realizar&#237;amos juntos Respir&#225;bamos el mismo aire, solt&#225;bamos las mismas carcajadas, ten&#237;amos las mismas inquietudes, los mismos entusiasmos.

Eras mi amigo, formabas parte de mi vida y ya no est&#225;s aqu&#237;.

No pasa ni un d&#237;a sin que piense en ti.



Katherine Pancol



***




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notes

[1]: #_ftnref1 &#191;Puedo invitarte a una cerveza?. Claro.


[2]: #_ftnref2 &#191;Echamos un polvo?. Claro. &#191;En tu casa o en la m&#237;a?.


[3]: #_ftnref3 En franc&#233;s, ch&#226;taigne y marr&#243;n son dos tipos distintos de casta&#241;a comestible (N. del T.).


[4]: #_ftnref4 No me olvides.


[5]: #_ftnref5 Dios, es realmente atractivo.


[6]: #_ftnref6 Muy agudo, en verdad.


[7]: #_ftnref7 &#161;Este beb&#233; est&#225; loco!


[8]: #_ftnref8 La historia de su vida.


[9]: #_ftnref9 No pases de m&#237;, no me hagas llorar, no me dejes triste porque, &#191;sabes, cari&#241;o?, te quiero.


[10]: #_ftnref10 &#191;Trato hecho?.


[11]: #_ftnref11 En espa&#241;ol en el original (N. del T.).


[12]: #_ftnref12 &#161;Es tan franc&#233;s!.


[13]: #_ftnref13 Philosophe, physicien, / Rimeur, bretteur, musicien, / Et voyageur a&#233;rien, / Grand risposteur du tac au tac, / Amant aussi -pas pour son bien!- (Fil&#243;sofo, f&#237;sico, poeta, m&#250;sico, espadach&#237;n, viaja por los cielos, gran polemista, amante, pero no por su bien.)


[14]: #_ftnref14 &#161;Oh, Dios m&#237;o! &#161;Oh, Dios m&#237;o!.


[15]: #_ftnref14 &#161;No soy Dios! &#161;Soy Shirley!.


[16]: #_ftnref16 Sexo es lentitud.


[17]: #_ftnref17 Sexo es lentitud pero nadie es lento hoy en d&#237;a porque si quieres sobrevivir tienes que ser r&#225;pido.


[18]: #_ftnref18 &#161;Una aut&#233;ntica ganga!.


[19]: #_ftnref19 Soy la mejor, soy la mejor, soy una reina de la moda.


[20]: #_ftnref20 Bonito y acogedor.


[21]: #_ftnref21 Reginald cerr&#243; los ojos con el elaborado des&#225;nimo de quien tiene una hermosa mirada y piensa que es in&#250;til ocultarlo.


[22]: #_ftnref21 Uno de estos d&#237;as, dijo, escribir&#233; un drama realmente bueno. Nadie entender&#225; lo que significa, pero todos volver&#225;n a sus casas con un vago sentimiento de satisfacci&#243;n con sus vidas y lo que les rodea. Entonces volver&#225;n a empapelar y a olvidar.


[23]: #_ftnref23 Chica mala.


[24]: #_ftnref24 Soy la mejor.


[25]: #_ftnref25 Las siglas RV son utilizadas frecuentemente en franc&#233;s para abreviar la palabra rendez-vous, cita (N. del T.).


[26]: #_ftnref26 &#161;Bien hecho!.


[27]: #_ftnref27 La versi&#243;n inglesa de Pulgarcito (N. del T.).

