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 !




Craig Russell


Muerte en Hamburgo


A Wendy Jonathan, Sophie y Helen


La Edad Mediano fue en ninguna parte tan

tenebrosa como en las tierras de los vikingos.

Florecieron cultos poderosos: cultos cuyas

supersticiones y rituales sangrientos giraban

en torno a las creencias m&#225;s arcanas.

Uno de los rituales m&#225;s horrorosos

era el rito del &#193;guila Sangrienta.

Un rito de sacrificio humano.





PRIMERA PARTE

Mi&#233;rcoles, 4 de junio y jueves, 5 de junio


Mordkommission de la polic&#237;a de Hamburgo


DE: HIJO DE SVEN

PARA: ERSTER KRIMINALHAUPTKOMMISSAR JAN FABEL

ENVIADO: 3 de junio de 2003, 23:00 h

ASUNTO: EL TIEMPO

EL TIEMPO ES ALGO RARO, &#191;VERDAD? YO ESCRIBO Y USTED LEE, Y COMPARTIMOS EL MISMO MOMENTO. SIN EMBARGO, HERR HAUPTKOMMISSAR, MIENTRAS ESCRIBO ESTAS L&#205;NEAS, USTED DUERME Y MI PR&#211;XIMA V&#205;CTIMA A&#218;N VIVE; MIENTRAS USTED LEE ESTE MENSAJE, YA EST&#193; MUERTA. NUESTRO BAILE CONTIN&#218;A.


ME HE PASADO TODA LA VIDA EN LOS M&#193;RGENES DE LAS FOTOGRAF&#205;AS DE LOS DEM&#193;S. INADVERTIDO. PERO EN LO M&#193;S HONDO DE MI INTERIOR, IGNORADA POR M&#205; Y OCULTA AL MUNDO, DESCANSA LA SEMILLA DE ALGO GRANDE Y NOBLE.


AHORA ESA GRANDEZA RESPLANDECE EN MI INTERIOR. NO ES QUE REIVINDIQUE GRANDEZA PARA MI PERSONA: YO S&#211;LO SOY EL INSTRUMENTO, EL VEH&#205;CULO.


YA HA VISTO DE LO QUE SOY CAPAZ: MI ACTO SAGRADO. AHORA MI DEBER SAGRADO, MI MISI&#211;N, ES CONTINUAR, Y EL SUYO, DETENERME. LE LLEVAR&#193; TIEMPO ENCONTRARME, HERR FABEL. PERO ANTES DE QUE LO HAGA, EXTENDER&#201; LAS ALAS DEL &#193;GUILA. DEJAR&#201; MI MARCA, EN SANGRE, EN NUESTRA TIERRA SAGRADA.


PODR&#193; DETENERME, PERO NUNCA ME ATRAPAR&#193;.


DEJAR&#201; DE ESTAR EN LOS M&#193;RGENES DE LAS FOTOGRAF&#205;AS DE LOS DEM&#193;S. AHORA ME TOCA ESTAR EN EL CENTRO.

HIJO DE SVEN


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 4:30 h


P&#246;seldorf (Hamburgo)


Fabel estaba so&#241;ando.

El elemento de Hamburgo es el agua: hay m&#225;s canales en Hamburgo que en Amsterdam o Venecia; el Aussenalster es el mayor lago urbano de Europa. Tambi&#233;n llueve durante todo el a&#241;o. Aquella noche, despu&#233;s de un d&#237;a en el que el aire se hab&#237;a posado sobre la ciudad como una capa h&#250;meda y sofocante, los cielos descargaban con vehemencia.

Mientras la tormenta cruzaba el cielo de la ciudad llen&#225;ndola de luces y rugidos, la mente de Fabel reproduc&#237;a varias im&#225;genes. El tiempo implosionaba y se replegaba sobre s&#237; mismo. Personas y hechos separados por d&#233;cadas se encontraban en un lugar fuera del tiempo. Fabel siempre so&#241;aba las mismas cosas: el desorden de la vida real, los cabos sueltos, las piedras que se hab&#237;an dejado por remover. Los finales resueltos de una docena de investigaciones asomaban la cabeza en cada recoveco de su cerebro dormido. En este sue&#241;o, Fabel caminaba, igual que hab&#237;a hecho en tantos otros sue&#241;os anteriores, entre las v&#237;ctimas asesinadas a lo largo de quince a&#241;os. Los conoc&#237;a a todos, cada rostro palidecido por la muerte, del mismo modo en que la mayor&#237;a de personas recordar&#237;a las caras de sus familiares. La mayor&#237;a de muertos, aquellos a cuyos asesinos hab&#237;a atrapado, no lo reconoc&#237;an y pasaban de largo; pero los ojos muertos de aquellos cuyos casos no hab&#237;a resuelto lo miraban acusadoramente y le mostraban afligidos sus heridas.

La multitud se abri&#243; y Ursula Kastner apret&#243; el paso para ir al encuentro de Fabel. Llevaba la misma chaqueta gris y elegante de Chanel que la &#250;ltima vez, la &#250;nica vez, que Fabel la hab&#237;a visto. Fabel se lij&#243; en una min&#250;scula mancha de sangre que ten&#237;a en la chaqueta. La mancha fue creciendo. El rojo se hizo m&#225;s intenso. Sus labios grises, sin vida, se mov&#237;an y formaban palabras: &#191;Por qu&#233; no lo has atrapado?. Por un momento, Fabel se qued&#243; perplejo, de ese modo vago e indiferente que experimenta uno en los sue&#241;os; no entend&#237;a por qu&#233; no pod&#237;a escuchar su voz. &#191;Era porque nunca la hab&#237;a o&#237;do en vida? Entonces se dio cuenta: por supuesto, era porque le hab&#237;an arrancado los pulmones y, por lo tanto, no hab&#237;a aire que transportara sus palabras.

Un ruido lo despert&#243;. Oy&#243; el estruendo de un trueno m&#225;s all&#225; de los ventanales y el suave golpeteo de la lluvia contra los cristales, luego el timbre urgente del tel&#233;fono. Frot&#225;ndose los ojos, levant&#243; el auricular.

&#191;Diga?

Hola, Jan. Soy Werner. Ser&#225; mejor que vengas, jefe Ha habido otro.


La tormenta segu&#237;a rugiendo. Destellos el&#233;ctricos danzaban por el cielo de Hamburgo, destacando las siluetas negras de la torre de la televisi&#243;n y de la torre de Sankt Michaelis como si fueran el decorado plano de un teatro. Los limpiaparabrisas del BMW de Fabel, activados en la posici&#243;n m&#225;s r&#225;pida, se esforzaban por retirar del parabrisas la cortina de gotas gordas y densas que se precipitaban contra el cristal y que convert&#237;an las farolas y los faros de los coches que ven&#237;an en direcci&#243;n contraria en estrellas fracturadas. Fabel hab&#237;a recogido a Werner Meyer en el Polizeipr&#228;sidium, y ahora el cuerpo voluminoso de Werner se apretujaba en el asiento del copiloto, llenando el coche con el olor del tejido empapado de su abrigo.

&#191;Est&#225;s seguro de que se trata de nuestro hombre? -pregunt&#243; Fabel.

Por lo que dijo el tipo de la Kriminalpolizei de Davidwa-che, s&#237;, parece que es nuestro hombre.

Shit. -Fabel utiliz&#243; la palabra inglesa-. Entonces, no hay duda de que se trata de un asesino en serie. &#191;Has llamado al forense?

S&#237;. -Werner encogi&#243; sus anchos hombros-. Me temo que es ese capullo de M&#246;ller. Ya estar&#225; all&#237;. Maria tambi&#233;n est&#225; en la escena del crimen, y Paul y Anna nos esperan en Davidwache.

&#191;Qu&#233;hay del correo electr&#243;nico? &#191;Ya ha llegado algo?

A&#250;n no.

Fabel cogi&#243; la Ost-West Strasse que daba acceso a Sankt Pauli y dobl&#243; por Reeperbahn, la S&#252;ndige Meile de Hamburgo -la milla pecaminosa-, que a&#250;n brillaba l&#250;gubremente bajo la lluvia de las cinco de la madrugada. Mientras Fabel se adentraba con el coche en la Grosse Freiheit, el aguacero se convirti&#243; en una llovizna copiosa. La indecencia tradicional y la banalidad importada de nivel intelectual medio estaban en guerra, y aquella zona era la primera l&#237;nea de la batalla. Las tiendas de porno y los clubes de striptease resist&#237;an la invasi&#243;n de los bares de moda especializados en vino y los musicales importados de Broadway o del West End londinense: las promesas brillantes de Sexo en vivo, Peep Show y Pel&#237;culas de porno duro compet&#237;an con los carteles a&#250;n m&#225;s brillantes de Cats, El rey le&#243;n y Mamma Mia. Por alg&#250;n motivo, a Fabel la sordidez le result&#243; menos ofensiva.

&#191;Te han pasado el mensaje de que un tal profesor Dorn ha estado intentado ponerse en contacto contigo? -le pregunt&#243; Werner-. Dijo que ten&#237;a que hablar contigo sobre el caso Kastner.

&#191;Mathias Dorn? -pregunt&#243; Fabel con la vista fija en la carretera, como si el acto de seguir concentrado fuera a mantener a raya los fantasmas que se agitaban en alg&#250;n lugar profundo y oscuro de su memoria.

No lo s&#233;. S&#243;lo dijo que era el profesor Dorn y que lo conociste en la Universidad de Hamburgo. Tiene mucho inter&#233;s en hablar contigo.

&#191;Qu&#233; diablos tiene que ver Mathias Dorn con el caso Kastner? -se pregunt&#243; Fabel a s&#237; mismo. Dobl&#243; a Davidstrasse. Pasaron por delante de la estrecha entrada de Herbertstrasse, oculta tras las pantallas. Fabel hab&#237;a trabajado en aquel distrito hac&#237;a a&#241;os y sab&#237;a que, detr&#225;s de las mamparas, las prostitutas descansaban en sus aparadores bajo la luz sombr&#237;a, mientras las formas vagas de los clientes que las miraban flotaban de forma incorp&#243;rea en la llovizna iluminada por las farolas. El amor del siglo XXI. Fabel sigui&#243; conduciendo, atravesando el ritmo de la m&#250;sica de baile que se filtraba en la noche desde el Weisse Maus de Taubenstrasse, y se detuvo delante de la fachada delantera de ladrillo rojo de la comisar&#237;a de polic&#237;a de Davidwa-che. Una pareja se refugiaba en el portal: el hombre era alto y desgarbado y ten&#237;a el pelo rubio rojizo; la chica era menuda y guapa, llevaba el pelo negro de punta y los labios pintados de un rojo intenso. Llevaba una chaqueta de piel negra unas tallas demasiado grande. Al verlos en aquel contexto, Fabel no pudo evitar pensar en lo j&#243;venes que parec&#237;an los dos.

Hola, jefe.  La Kriminalkommissarin Anna Wolff se dej&#243; caer en el asiento trasero y se movi&#243; para que su compa&#241;ero, Paul Lindemann, pudiera subir al coche y cerrar la puerta-. En la Kriminalpolizei de Davidwache me han explicado c&#243;mo llegar. Te ir&#233; indicando por d&#243;nde ir.

Salieron de Davidstrasse. El falso glamour de Sankt Pauli pasaba ahora a ser pura sordidez. Las promesas libidinosas en ne&#243;n estridente ten&#237;an toda la noche para ellas y se reflejaban sombr&#237;amente en las aceras inundadas. El peat&#243;n ocasional caminaba arrastrando los pies, con los hombros encorvados bajo la lluvia, rechazando o aceptando las invitaciones que con un entusiasmo desabrido le ofrec&#237;an los porteros de los clubes de striptease. Doblaron otra esquina: la decadencia continuaba. Los portales estaban ahora ocupados por prostitutas delgaduchas y de aspecto triste, algunas terriblemente j&#243;venes, otras indudablemente viejas, o por vagabundos borrachos. Desde un portal, un grupillo animado de harapientos compart&#237;a una botella y gritaba obscenidades a los coches que pasaban, a las prostitutas, a todo el mundo y a nadie en particular. Y detr&#225;s de las puertas, detr&#225;s de aquellas ventanas opacas, se llevaba a cabo el negocio de la carne. Aqu&#233;lla era la eterna zona decadente de Hamburgo: un lugar donde pod&#237;a comprarse a seres humanos para cualquier prop&#243;sito y por cualquier precio; un lugar de oscura anarqu&#237;a sexual al que la gente acud&#237;a para explorar los recovecos m&#225;s sucios de su alma.

Como parte de una investigaci&#243;n, una vez Fabel tuvo que ver una pel&#237;cula snuff. Debido a la naturaleza de su trabajo, normalmente Fabel entraba en escena cuando el acto ya estaba terminado. Ve&#237;a el cad&#225;ver, las pruebas, a los testigos, y a partir de todo aquello ten&#237;a que formarse una imagen del asesinato: imaginar lentamente el momento de la muerte. En aquel caso, por primera vez, Fabel se convirti&#243; en testigo del crimen que estaba investigando. Hab&#237;a mirado fijamente la pantalla del televisor, con un torbellino de miedo y asco arremolin&#225;ndose en su est&#243;mago, mientras una actriz porno que no sospechaba nada de lo que iba a sucederle interpretaba su papel habitual fingiendo como de costumbre un &#233;xtasis ins&#237;pido. A lo largo de toda la penetraci&#243;n cruda y sin amor que realizaban tres hombres con caretas de P.V.C., la chica emit&#237;a gemidos de embeleso claramente fingidos, ignorante del desenlace de aquel drama. De repente, con un &#250;nico movimiento r&#225;pido y experto, uno de los hombres le at&#243; una correa de cuero al cuello. Fabel advirti&#243; la sorpresa y la vaga inquietud en el rostro de la chica: aquello no estaba en el gui&#243;n, si es que hab&#237;a un gui&#243;n para estas cosas; pero les sigui&#243; el juego, fingiendo una excitaci&#243;n sexual a&#250;n mayor. Entonces, a medida que apretaban la correa, el &#233;xtasis simulado se convirti&#243; en terror genuino. Su rostro se oscureci&#243;, y la chica se revolvi&#243; con fuerza mientras le arrebataban la vida.

No hab&#237;an atrapado a los asesinos, y la chica se hab&#237;a unido a la legi&#243;n acusadora de asesinados que circulaban por los sue&#241;os de Fabel. La cinta se hab&#237;a grabado por all&#237; cerca, detr&#225;s de una de aquellas ventanas tapadas. Quiz&#225; estuvieran grabando una escena similar en ese mismo momento, mientras pasaban por delante.

Tras doblar otra esquina, Fabel se encontr&#243; en una calle residencial flanqueada por edificios de cuatro pisos. Aquella normalidad repentina desorient&#243; a Fabel. Doblaron otra esquina: m&#225;s pisos, pero aqu&#237; se acababa la normalidad. Una peque&#241;a multitud se agolpaba alrededor del cord&#243;n policial, que a su vez rodeaba un pu&#241;ado de coches de polic&#237;a aparcados por fuera de un edificio achaparrado de los a&#241;os cincuenta.

Fabel toc&#243; la bocina y un Obermeister de uniforme se abri&#243; paso entre la multitud. Era la mezcla habitual de don nadies, de rostros inexpresivos y que mostraban una curiosidad triste, algunos con pijama y zapatillas porque hab&#237;an salido disparados de los apartamentos vecinos, otros de puntillas o moviendo la cabeza para ver m&#225;s all&#225; de sus compa&#241;eros de morbo. Quiz&#225; porque estaba acostumbrado a estas multitudes, Fabel se fij&#243; en el anciano. Lo vio al pasar lentamente con el coche por entre el grupo de gente: tendr&#237;a casi setenta a&#241;os -no medir&#237;a m&#225;s de metro sesenta y cinco-, pero era de constituci&#243;n fuerte. Su rostro parec&#237;a un plano acabado en &#225;ngulos marcados, sobre todo en los p&#243;mulos altos debajo de unos ojos verdes peque&#241;os y de mirada penetrante; unos ojos que, incluso a la luz d&#233;bil procedente de las farolas y los faros de los coches, parec&#237;an brillar con intensidad y frialdad. Era un rostro de la Europa del Este, de los pa&#237;ses b&#225;lticos o Polonia o m&#225;s all&#225;. A diferencia de las dem&#225;s, la expresi&#243;n del anciano reflejaba algo m&#225;s que un ligero inter&#233;s superficial y morboso. Y a diferencia de los dem&#225;s, no estaba vuelto hacia el ajetreo de la actividad que la polic&#237;a llevaba a cabo por fuera del edificio: miraba fijamente a Fabel a trav&#233;s de la ventanilla lateral del BMW. El agente de uniforme se interpuso entre el anciano y el coche de Fabel, se inclin&#243; hacia delante y mir&#243; dentro cuando Fabel mostr&#243; su placa de la Kriminalpolizei. El polic&#237;a salud&#243; e hizo se&#241;as a otro agente para que levantara la cinta y permitiera pasar a Fabel. Cuando el polic&#237;a se apart&#243;, Fabel intent&#243; encontrar al anciano de ojos luminosos, pero ya no estaba.

&#191;Has visto a ese viejo, Werner?

&#191;Qu&#233; viejo?

&#191;Y vosotros? -les pregunt&#243; Fabel a Anna y a Paul mirando hacia atr&#225;s.

Lo siento, jefe -contest&#243; Anna.

&#191;Qu&#233; pasa con &#233;l? -pregunt&#243; Paul.

Nada. -Fabel se encogi&#243; de hombros y condujo hacia donde los otros coches de polic&#237;a se api&#241;aban en torno a la entrada del edificio.


Hab&#237;a que subir tres tramos de escaleras para llegar al piso. El hueco de la escalera estaba iluminado por el resplandor l&#243;brego de los apliques en forma de semiglobo, uno en cada descansillo. Mientras sub&#237;an, Fabel y su equipo tuvieron que detenerse y pegarse a las paredes de las escaleras para dejar pasar a los agentes de uniforme y a los t&#233;cnicos forenses. En cada ocasi&#243;n, advirtieron la seriedad adusta de los rostros silenciosos, la palidez de algunos de los cuales era consecuencia de algo m&#225;s que la l&#250;gubre luz el&#233;ctrica. Fabel supo que algo bastante malo los esperaba al final de las escaleras.

El joven polic&#237;a de uniforme estaba medio inclinado hacia delante en una postura parecida a la de un atleta que acaba de finalizar un marat&#243;n: la rabadilla apoyada en el marco de la puerta, las piernas ligeramente dobladas, las manos sujet&#225;ndose las rodillas y la cabeza gacha. Respiraba despacio y pausadamente, mirando fijamente al suelo como si absorbiera cada ara&#241;azo y rozadura del hormig&#243;n. No advirti&#243; la presencia de Fabel hasta el &#250;ltimo momento. Fabel le mostr&#243; la placa oval de la Kriminalpolizei, y el joven polic&#237;a se irgui&#243; con rigidez. Cuando ech&#243; para atr&#225;s el pelo rubio rojizo e indisciplinado, revel&#243; un semblante p&#225;lido tras una constelaci&#243;n de pecas.

Lo siento, Herr Kriminalhauptkommissar, no lo hab&#237;a visto.

No pasa nada. &#191;Est&#225;s bien? -Fabel examin&#243; el rostro del joven y le puso la mano en el hombro. El joven polic&#237;a se relaj&#243; un poco y asinti&#243; con la cabeza. Fabel sonri&#243;-. &#191;Es tu primer asesinato?

El joven Polizeimeister mir&#243; a Fabel fijamente a los ojos.

No, Herr Hauptkommissar. No es el primero; es el peor. Nunca he visto nada igual.

Me temo que seguramente yo s&#237; -dijo Fabel.

Paul Lindemann y Anna Wolff ya hab&#237;an llegado al final de las escaleras, y se unieron a Fabel y Werner. Un polic&#237;a cient&#237;fico, que llevaba su tabardo del Tatort, les entreg&#243; a cada uno un par de chanclos azul claro y unos guantes blancos de l&#225;tex. Cuando se hubieron puesto los guantes y los chanclos, Fabel se&#241;al&#243; la puerta del piso con un movimiento de cabeza.

&#191;Vamos?

Lo primero que advirti&#243; Fabel fue lo reciente de la decoraci&#243;n. Era como si hubieran pintado hac&#237;a poco el corto pasillo. Era del color de la mantequilla clara: agradable pero soso, neutro, an&#243;nimo. En el pasillo hab&#237;a tres puertas. Justo a la izquierda de Fabel hab&#237;a un ba&#241;o. Un breve vistazo en su interior revel&#243; un espacio compacto y, como el pasillo, limpio y nuevo. No parec&#237;a que lo hubieran utilizado mucho. Fabel advirti&#243; que en las superficies y los estantes escasos no hab&#237;a los peque&#241;os adornos que tienden a personalizar un cuarto de ba&#241;o. La segunda puerta estaba abierta del todo y revelaba lo que sin duda era el cuarto principal del piso: el dormitorio y el sal&#243;n en un mismo espacio. Tambi&#233;n era peque&#241;o y a&#250;n parec&#237;a haber menos sitio por culpa del grupo de polic&#237;as y forenses que hab&#237;a dentro. Cada cual desempe&#241;aba su trabajo mientras manten&#237;a un extra&#241;o baile con los dem&#225;s, alzando los brazos, pasando los unos junto a los otros y creando una torpe coreograf&#237;a. Al entrar, Fabel advirti&#243; que todos los rostros reflejaban la solemnidad que cabr&#237;a esperar en una situaci&#243;n como aqu&#233;lla, pero que, en realidad, pocas veces se daba. Normalmente habr&#237;a un elemento de humor negro: la inadecuada frivolidad negra que, de alg&#250;n modo, permite que la muerte no afecte a quienes se enfrentan a ella. Sin embargo, no era el caso de estas personas. No en este piso. Aqu&#237; la muerte hab&#237;a tendido su mano y los hab&#237;a alcanzado, agarr&#225;ndoles el coraz&#243;n con dedos huesudos.

Cuando Fabel mir&#243; hacia la cama, supo el porqu&#233;.

Scheisse! -murmur&#243; Werner en alg&#250;n lugar detr&#225;s de &#233;l.

Hab&#237;a una explosi&#243;n de rojo. Una mancha de sangre te&#241;&#237;a la cama de color carmes&#237; y hab&#237;a salpicado la moqueta y la pared. La cama misma estaba empapada de sangre oscura y pegajosa, e incluso el aire parec&#237;a haberse impregnado de su olor intenso a cobre. En el coraz&#243;n de aquella erupci&#243;n sangrienta, Fabel vio el cuerpo de una mujer. Era dif&#237;cil calcular su edad, pero probablemente tendr&#237;a entre veinticinco y treinta a&#241;os. Estaba con los brazos y las piernas extendidos, las mu&#241;ecas y los tobillos atados a los postes, el abdomen deformado de modo grotesco. Le hab&#237;an abierto el pecho y separado hacia fuera las costillas hasta que parecieron la superestructura de un barco. La blancura de las costillas rotas reluc&#237;a a trav&#233;s del revoltijo de carne viva y v&#237;sceras oscuras y brillantes. Dos masas negras y sangrientas -los pulmones-, salpicadas de sangre espumosa y brillante, descansaban por encima de los hombros.

Era como si hubiera estallado por dentro.

A Fabel el coraz&#243;n le lat&#237;a con tanta fuerza que tuvo la sensaci&#243;n de que tambi&#233;n a &#233;l iba a estallarle el pecho. Sab&#237;a que se hab&#237;a quedado blanco, y cuando Werner se acerc&#243; a &#233;l, pasando con dificultades junto al fot&#243;grafo de la polic&#237;a, Fabel vio la misma palidez en su rostro.

Otra vez &#233;l. Pinta mal, jefe. Tenemos a la madre de todos los psic&#243;patas que andan sueltos.

Por un momento, Fabel se dio cuenta de que no pod&#237;a apartar la mirada del cad&#225;ver. Luego, cogiendo aire, se volvi&#243; hacia Paul.

&#191;Alg&#250;n testigo?

Ninguno. No me preguntes c&#243;mo pudo montar esta carnicer&#237;a sin que nadie lo oyera, pero la han encontrado as&#237;. S&#243;lo tenemos al tipo que la ha encontrado. Nadie vio ni oy&#243; nada.

&#191;Hay alguna se&#241;al de que forzaran la entrada?

Paul neg&#243; con la cabeza.

El tipo que la ha encontrado dice que la puerta estaba entreabierta, pero no, no hay ninguna se&#241;al de que forzaran la entrada.

Fabel se acerc&#243; al cuerpo. Parec&#237;a una crueldad que hubiera abandonado la vida de una forma tan violenta y terrible sin que nadie lo advirtiera. Su terror hab&#237;a sido un terror solitario. Su muerte -una muerte que Fabel no pod&#237;a imaginar, tanto daba lo gr&#225;fica que se presentara ante sus ojos- hab&#237;a sido sombr&#237;a, solitaria; se hab&#237;a producido en un universo que s&#243;lo hab&#237;a llenado la violencia fr&#237;a de su asesino. Mir&#243; m&#225;s all&#225; de la devastaci&#243;n de su cuerpo, hacia el rostro. Estaba salpicado de sangre; ten&#237;a los labios ligeramente separados y los ojos abiertos. Su mirada no era de horror, ni de miedo ni odio, ni siquiera de paz. Era una m&#225;scara inexpresiva que no daba idea alguna de la personalidad que en su momento hab&#237;a vivido detr&#225;s de &#233;l. M&#243;ller, el pat&#243;logo, con mascarilla y su uniforme de forense blanco, estaba examinando el abdomen abierto. Hizo un gesto impaciente con la mano para que Fabel se retirara.

Fabel desvi&#243; su atenci&#243;n del cuerpo. El cad&#225;ver no era s&#243;lo un objeto f&#237;sico; era una entidad temporal: un punto en el tiempo, un hecho. Representaba el momento en que se hab&#237;a cometido el asesinato y, en la escena sellada del crimen, todo lo que lo rodeaba pertenec&#237;a al tiempo anterior o al tiempo posterior a ese momento. Examin&#243; la habitaci&#243;n, intentando imagin&#225;rsela sin el remolino de polic&#237;as y t&#233;cnicos forenses. Era peque&#241;a, pero no estaba recargada. Faltaba algo de personalidad en ella, como si fuera un espacio funcional m&#225;s que un hogar. Una fotograf&#237;a peque&#241;a y descolorida descansaba en el tocador junto a la puerta, apoyada contra la l&#225;mpara; la fotograf&#237;a llamaba la atenci&#243;n porque era el &#250;nico efecto realmente personal del dormitorio. Hab&#237;a un grabado en la pared, un desnudo femenino reclinado, con los ojos medio cerrados en una actitud de &#233;xtasis er&#243;tico: no era algo que normalmente una mujer habr&#237;a escogido para su disfrute. La cama se reflejaba en un espejo ancho de cuerpo entero, fijado a la pared que separaba el dormitorio de la habitaci&#243;n que hab&#237;a m&#225;s all&#225;, la cual Fabel supuso que ser&#237;a la cocina. Advirti&#243; un peque&#241;o cesto de mimbre en la mesita de noche: estaba lleno de preservativos de varios colores. Se volvi&#243; hacia Anna Wolff.

&#191;Era puta?

Eso parece, aunque nadie nadie de antivicio de la comisar&#237;a de Davidwache la conoce. -El rostro de Anna estaba p&#225;lido bajo el pelo negro. Fabel advirti&#243; que hac&#237;a un gran esfuerzo por no mirar en la direcci&#243;n del cuerpo destrozado-. Pero s&#237; conocemos al tipo que llam&#243;.

&#191;Ah, s&#237;?

Un tal Klugmann. Es ex agente de la polic&#237;a de Hamburgo.

&#191;Un ex poli?

De hecho es ex agente del Mobiles Einsatz Kommando. Afirma que era amigo suyo Tiene alquilado el piso.

&#191;Afirma?

Los chicos de la polic&#237;a local creen que deb&#237;a de ser su chulo -contest&#243; Paul.

A ver, espera un -La expresi&#243;n impaciente de Fabel insinuaba que hac&#237;a responsable a Paul de su confusi&#243;n-. &#191;Dec&#237;s que este tipo es un antiguo miembro del Mobiles Einsatz Kommando y que ahora es un chulo?

Creemos que puede serlo perfectamente. Trabaj&#243; en la unidad de operaciones especiales MEK adscrita a la Sonder Kommission de drogas y crimen organizado, pero lo echaron.

&#191;Por qu&#233;?

Al parecer, le tom&#243; el gusto a las sustancias -contest&#243; Anna Wolff-. Lo pillaron con una peque&#241;a cantidad de coca&#237;na y lo largaron. Le acusaron y se libr&#243; con una suspensi&#243;n. El fiscal del estado se cuid&#243; mucho de mandar a un miembro del MEK a la c&#225;rcel y, de todas formas, s&#243;lo eran unos gramos de coca para consumo propio, seg&#250;n declar&#243;.

Parece que conoces bastante bien la historia.

Anna se ri&#243;.

Mientras Paul y yo te esper&#225;bamos en la comisar&#237;a de Davidwache, uno de los polis nos cont&#243; toda la historia. Klugmann intervino en un par de redadas en Sankt Pauli. Las t&#237;picas operaciones sorpresa en las f&#225;bricas de droga de la mafia turca que llevan a cabo las unidades especiales del MEK. En ambos casos encontraron los locales limpios como una patena Obviamente, les hab&#237;an dado el chivatazo. Como eran operaciones conjuntas con la Kriminalpolizei de Davidwache, el MEK intent&#243; echar la culpa a la polic&#237;a local por descuidar la seguridad. Cuando pillaron a Klugmann, todo encaj&#243;.

&#191;Compraba la droga con algo m&#225;s que dinero?

Es lo que creen. El MEK intent&#243; demostrar que hab&#237;a estado vendiendo informaci&#243;n a la organizaci&#243;n Ulugbay, pero no pudieron presentar ninguna prueba s&#243;lida.

As&#237; que Klugmann s&#243;lo se llev&#243; un tir&#243;n de orejas.

S&#237;. Y ahora trabaja en un club de striptease propiedad de Ulugbay.

Fabel sonri&#243;.

Y hace de chulo.

Bueno, eso es lo que sospecha la polic&#237;a local y m&#225;s.

Me lo imagino -dijo Fabel. Un ex polic&#237;a de las fuerzas especiales ser&#237;a muy valioso para Ulugbay: fuerza e informaci&#243;n sobre la polic&#237;a-. &#191;Deber&#237;amos considerarlo sospechoso de este asesinato?

Habr&#225; que hacer unas comprobaciones, pero lo dudo. Al parecer, estaba en un verdadero estado de choque cuando llegaron los polic&#237;as locales. Hemos hablado un poco con &#233;l en la comisar&#237;a Davidwache. El cabr&#243;n parece un tipo duro, pero se ve&#237;a claramente que no hab&#237;a elaborado una historia cre&#237;ble. Tan s&#243;lo repet&#237;a que era amigo suyo y que hab&#237;a pasado a verla.

&#191;Sabemos c&#243;mo se llamaba la chica?

Ese es el problema -contest&#243; Paul-. Me temo que tenemos entre manos a una mujer misteriosa. Klugmann dice que s&#243;lo la conoc&#237;a como Monique.

&#191;Es francesa?

Paul esboz&#243; una media sonrisa, mirando a Fabel para comprobar si hab&#237;a alg&#250;n rastro de iron&#237;a en su expresi&#243;n: hab&#237;a o&#237;do que der englische Kommissar ten&#237;a fama de recurrir al sentido del humor brit&#225;nico. Nada de iron&#237;a. Tan s&#243;lo impaciencia.

Seg&#250;n Klugmann, no lo era. Creo que se trataba del nombre que utilizaba para trabajar.

&#191;Qu&#233; hay de sus efectos personales? &#191;Tenemos un carn&#233;?

Nada.

Fabel advirti&#243; que ya hab&#237;an esparcido los polvos por la mesita de noche para tomar huellas. Abri&#243; uno de los cajones. Hab&#237;a un consolador enorme y cuatro revistas pornogr&#225;ficas, una de las cuales estaba especializada en bondage. Volvi&#243; a mirar el cuerpo: las mu&#241;ecas y los tobillos estaban atados con fuerza a los postes de la cama con lo que parec&#237;an unas medias negras. Era una elecci&#243;n m&#225;s pr&#225;ctica e improvisada que er&#243;tica y premeditada; tampoco hab&#237;a ning&#250;n otro rastro de la parafernalia habitual del bondage. En el siguiente caj&#243;n hab&#237;a m&#225;s preservativos, una caja grande de pa&#241;uelos de papel y un frasco de aceite de masajes. El tercer caj&#243;n estaba casi vac&#237;o, s&#243;lo hab&#237;a un bloc de notas y dos bol&#237;grafos. Fabel se volvi&#243; hacia el jefe del equipo forense.

&#191;D&#243;nde est&#225; Holger Brauner? -pregunt&#243;, refiri&#233;ndose al jefe del departamento forense.

No trabaja hasta el fin de semana.

Fabel dese&#243; que Brauner hubiera estado de servicio. Brauner interpretaba la escena de un crimen como un arque&#243;logo interpreta un paisaje: ve&#237;a los rastros, invisibles para todos los dem&#225;s, de quienes hab&#237;an pasado antes por all&#237;.

&#191;Puede alguno de tus chicos meter todo esto en bolsas?

Por supuesto, Herr Hauptkommissar.

&#191;En el caj&#243;n de abajo no hab&#237;a nada m&#225;s?

El jefe del equipo forense frunci&#243; el ce&#241;o.

No. Todo lo que hemos cogido para examinar y buscar huellas ha sido devuelto a su sitio. No hab&#237;a nada m&#225;s.

&#191;Hab&#233;is encontrado su agenda de citas? -De nuevo, el t&#233;cnico parec&#237;a at&#243;nito.

Era puta, pero no de la calle -le explic&#243; Fabel-. Dar&#237;a hora a sus clientes, probablemente quedaba con ellos por tel&#233;fono. Deb&#237;a de tener una agenda de citas.

Nosotros no hemos encontrado ninguna.

Yo dir&#237;a que, si ten&#237;a una agenda, estaba ah&#237; dentro -dijo Fabel se&#241;alando el tercer caj&#243;n todav&#237;a abierto-. Si no la encontramos en otro sitio, dir&#237;a que nuestro hombre se la ha llevado.

&#191;Para protegerse? &#191;Crees que se la ha cargado un cliente? -pregunt&#243; Paul.

Lo dudo. Nuestro hombre, porque se trata de &#233;l, no ser&#237;a tan est&#250;pido como para elegir a alguien que lo conociera de antes.

As&#237; que no hay duda de que se trata del mismo tipo que se carg&#243; a Kastner.

&#191;Qui&#233;n podr&#237;a ser si no? -respondi&#243; Werner, se&#241;alando el cad&#225;ver con la cabeza-. Es evidente que &#233;sta es su firma.

Se hizo un silencio mientras cada uno se sum&#237;a en sus pensamientos sobre las implicaciones que tendr&#237;a el hecho de que se tratara de un asesino en serie. Todos sab&#237;an que no acortar&#237;an la distancia entre ellos y aquel monstruo hasta que volviera a matar; y m&#225;s de una vez. Cada escena del crimen los acercar&#237;a un poquito m&#225;s: ser&#237;an peque&#241;os pasos en la investigaci&#243;n que pagar&#237;an con la sangre de v&#237;ctimas inocentes. Fue Fabel quien rompi&#243; el silencio.

En cualquier caso, si nuestro hombre no se llev&#243; la agenda, quiz&#225; fue Klugmann, que se la afan&#243; para proteger las identidades de sus clientes.

M&#243;ller, el pat&#243;logo, segu&#237;a inclinado sobre el cuerpo, examinando la grieta vac&#237;a del abdomen de la chica. Se puso derecho, se quit&#243; los guantes ensangrentados y se volvi&#243; hacia el Hauptkommissar.

Es obra del mismo hombre, Fabel -Con una dulzura sorprendente, M&#243;ller apart&#243; el pelo rubio de la cara de la chica-. Exactamente el mismo modus operandi que en la otra v&#237;ctima.

Eso ya puedo verlo yo mismo, M&#246;ller. &#191;Cu&#225;ndo muri&#243;?

Este tipo de despedazamiento tan brutal hace que las lecturas de la temperatura sean

Fabel le cort&#243;.

&#191;T&#250; cu&#225;ndo calculas?

M&#243;ller ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s. Era bastante m&#225;s alto que Fabel y lo miraba como si examinara algo que no merec&#237;a su atenci&#243;n.

Calculo que entre la una y las tres de la madrugada.

Una mujer alta y rubia, que llevaba un elegante traje pantal&#243;n gris, entr&#243; desde el pasillo. Daba la impresi&#243;n de que se sentir&#237;a m&#225;s c&#243;moda en la sala de juntas de un banco corporativo que en la escena de un crimen. Era la Kriminaloberkommissarin Maria Klee, la adquisici&#243;n m&#225;s reciente que Fabel hab&#237;a hecho para su equipo.

Jefe, ser&#225; mejor que veas esto.

Fabel la sigui&#243; por el pasillo hasta una cocina peque&#241;a y sumamente estrecha. Como el resto del piso, parec&#237;a que la cocina apenas hab&#237;a sido utilizada. Hab&#237;a una tetera y un paquete de bolsas de t&#233; sobre la encimera. Una sola taza limpia descansaba boca abajo en el escurreplatos. Aparte de eso, no hab&#237;a rastro alguno del arte de la cotidianidad: ni platos en la pila, ni cartas sobre la encimera o encima de la nevera; nada que sugiriera que aquel espacio conten&#237;a el ciclo de una vida humana. Maria Klee se&#241;al&#243; la puerta abierta de un armario empotrado. Cuando Fabel mir&#243; dentro, vio que hab&#237;an retirado el enlucido y que un cristal proporcionaba una vista di&#225;fana del dormitorio. Fabel se descubri&#243; mirando directamente a la cama empapada en sangre.

&#191;De una direcci&#243;n? -le pregunt&#243; Fabel a Maria.

S&#237;. En el otro lado est&#225; el espejo de cuerpo entero. Mira esto. -Maria se apret&#243; contra Fabel, meti&#243; la mano enguantada en el armario y sac&#243; un cable el&#233;ctrico-. Creo que aqu&#237; dentro hab&#237;a una c&#225;mara de v&#237;deo.

&#191;As&#237; que podr&#237;an haber grabado a nuestro hombre?

S&#243;lo que, ahora, aqu&#237; dentro no hay ninguna c&#225;mara -dijo Maria-. Quiz&#225; la ha encontrado y se la ha llevado.

De acuerdo. Pide a los chicos del equipo forense que lo examinen bien.

Fabel se dispuso a marcharse, pero Maria lo par&#243;.

Recuerdo que, cuando era peque&#241;a, fuimos de excursi&#243;n con el colegio a los estudios de la cadena de televisi&#243;n NDR. Nos ense&#241;aron el plat&#243; de una serie de televisi&#243;n, ya sabes, un culebr&#243;n del tipo Lindenstrasse o Gute Zeiten Schlechte Zeiten. Recuerdo lo real que parec&#237;a esa habitaci&#243;n, hasta que te acercabas. Entonces te dabas cuenta de que el cielo que ve&#237;as por las ventanas estaba pintado y de que las puertas del armario no pod&#237;an abrirse

&#191;Qu&#233; intentas decir, Maria?

Todo el mundo esperar&#237;a que el piso de una prostituta tuviera todo lo que hay aqu&#237;, pero es como si fuera la idea que tendr&#237;a un dise&#241;ador art&#237;stico de c&#243;mo debe ser el piso de una prostituta. Y es como si nadie hubiera vivido aqu&#237; en realidad.

Por lo que sabemos, aqu&#237; no viv&#237;a nadie. Simplemente podr&#237;a ser el local de negocios de un grupo de chicas

Ya lo s&#233;, pero aun as&#237; hay algo que no parece real. &#191;Sabes qu&#233; quiero decir?

Fabel respir&#243; hondo y aguant&#243; la respiraci&#243;n un instante antes de soltar el aire.

La verdad es que s&#233; exactamente qu&#233; quieres decir, Maria.

Fabel volvi&#243; a la habitaci&#243;n principal. El fot&#243;grafo de la escena del crimen estaba tomando instant&#225;neas detalladas del cuerpo. Hab&#237;a colocado una l&#225;mpara sobre un soporte; la luz blanqueadora enfocaba el cuerpo, lo cual provocaba que la sangre que salpicaba la habitaci&#243;n tuviera un color m&#225;s intenso y se sumara a la sensaci&#243;n de violencia explosiva. El joven polic&#237;a de uniforme segu&#237;a en la puerta, con la mirada fija en el cad&#225;ver. Fabel se coloc&#243; entre el joven agente y el cuerpo.

&#191;C&#243;mo te llamas, hijo?

Beller, se&#241;or. Uwe Beller.

Muy bien, Beller. &#191;Has hablado con alg&#250;n vecino?

Beller hab&#237;a empezado a desviar la mirada m&#225;s all&#225; del hombro de Fabel para fijarla de nuevo en el horror de la habitaci&#243;n. Reaccion&#243;.

&#191;Qu&#233;? Ah, s&#237;. Lo siento, se&#241;or, s&#237;. En la planta baja vive una pareja, y en el piso de abajo, una anciana. Nadie oy&#243; nada. Pero, bueno, la Orna de abajo est&#225; pr&#225;cticamente sorda.

&#191;Te han dado un nombre para la chica?

No. Tanto la anciana como la pareja dicen que apenas la hab&#237;an visto. Antes el piso pertenec&#237;a a otra anciana que muri&#243; har&#225; un a&#241;o. Estuvo vac&#237;o unos tres meses, y luego volvieron a alquilarlo.

&#191;Han visto entrar o salir a alguien esta noche?

No. S&#243;lo al tipo que lleg&#243; a las 2:30 El que nos llam&#243;. La pareja de la planta baja se despert&#243; por el golpe que da la puerta de la entrada al cerrarse; hay una bisagra que est&#225; floja y al cerrarse hace un ruido que retumba un poco en el vest&#237;bulo Pero antes de eso nadie oy&#243; nada. Adem&#225;s, la pareja de la planta baja estaba durmiendo y, como le he dicho, la anciana de abajo est&#225; un poco sorda. -Beller lade&#243; la cabeza para mirar por encima del hombro de Fabel hacia el cuerpo-. El que ha hecho esto es un verdadero psic&#243;pata. Claro que la chica se estaba buscando problemas al dedicarse a la prostituci&#243;n, trayendo aqu&#237; a toda clase de pervertidos que encontraba en la calle.

Fabel cogi&#243; la fotograf&#237;a con la esquina doblada que estaba apoyada en la l&#225;mpara del tocador. Un fragmento ra&#237;do de la vida de alguien, de una vida real. No pegaba nada en aquel apartamento sin alma. A Fabel le pareci&#243; que la fotograf&#237;a la hab&#237;an sacado en el parque Planten un Blomen de Hamburgo un d&#237;a soleado. Era una foto vieja, la calidad no era buena y la hab&#237;an tomado desde cierta distancia, pero pod&#237;a adivinar las facciones de una adolescente de unos catorce a&#241;os de pelo casta&#241;o. No era una cara ni bonita ni fea, simplemente un rostro que pasar&#237;a desapercibido por la calle. Con ella hab&#237;a un chico mayor, de unos diecinueve a&#241;os, y una pareja de unos cuarenta y cinco a&#241;os. Se percib&#237;a entre ellos esa familiaridad y esa paz que llevaba de inmediato a deducir que se trataba de una familia.

Aun as&#237; es una persona -contest&#243; Fabel sin mirar al joven Polizeimeister-, la hija de alguien. La cuesti&#243;n es de qui&#233;n. -Sac&#243; una bolsa del bolsillo de la chaqueta y meti&#243; la fotograf&#237;a dentro. Luego se volvi&#243; hacia M&#243;ller.

Entr&#233;game el informe lo antes posible.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 6:00 h


Sankt Pauli (Hamburgo)


Al salir, Fabel le dijo a Beller que lo acompa&#241;ara al piso de abajo. En la casa ya hab&#237;a un agente de uniforme, tomando el t&#233; con una anciana con aspecto de pajarillo y piel de papel. El apartamento era una copia exacta, al menos en cuanto a la distribuci&#243;n, del de encima; pero en &#233;ste, d&#233;cadas de asentamiento hab&#237;an impregnado las paredes, hasta convertirlo en una extensi&#243;n de la anciana que viv&#237;a en &#233;l. Por el contrario, era la muerte de alguien, no su vida, lo que hab&#237;a dejado la &#250;nica marca dram&#225;tica en el piso de arriba.

El agente se levant&#243; del sill&#243;n cuando Fabel entr&#243;, pero &#233;ste le indic&#243; que se relajara. Beller le present&#243; a la mujer, que se llamaba Frau Steiner. &#201;sta alz&#243; la vista hacia Fabel y lo mir&#243; con unos ojos grandes, redondos y llorosos. La combinaci&#243;n de su mirada y su fragilidad de pajarillo hizo que Fabel pensara en una lechuza. Contra una pared, hab&#237;a una mesa y unas sillas. Fabel cogi&#243; una de las sillas y se sent&#243; delante de la anciana.

&#191;Se encuentra bien, Frau Steiner? S&#233; que habr&#225; sido un golpe para usted. Es un asunto horrible. Y estoy seguro de que le molestar&#225; que andemos por aqu&#237; revolvi&#233;ndolo todo. Todo este ruido

Mientras Fabel hablaba, la anciana se inclin&#243; hacia delante y frunci&#243; el ce&#241;o por encima de sus ojos de lechuza, como si se esforzara por concentrarse en sus palabras.

No pasa nada, el ruido no me molesta Estoy un poco sorda, &#191;sabe?

Comprendo -dijo Fabel, alzando un poco la voz-. Entonces, &#191;anoche no oy&#243; nada?

De repente, Frau Steiner pareci&#243; muy triste.

&#201;sa es la cuesti&#243;n, seguramente o&#237; algo. Seguramente o&#237; algo, pero no me di cuenta.

No la entiendo -dijo Fabel.

El acufeno. Me temo que va con la sordera. Cuando me voy a dormir, me quito el aud&#237;fono Todas las noches oigo ruidos: golpes, aullidos agudos, incluso sonidos que parecen gritos. Pero s&#243;lo es el acufeno. Mejor dicho, nunca s&#233; si se trata del acufeno o no.

Comprendo, lo siento. Debe de ser desagradable.

No le hago caso. O me volver&#237;a loca. -Sacudi&#243; despacio la peque&#241;a cabeza, de pajarillo, como si un movimiento demasiado brusco fuera a da&#241;arla-. Lo tengo desde hace mucho, mucho tiempo, joven. Desde julio de 1943, para ser exactos.

&#191;Desde el bombardeo brit&#225;nico?

Me alegra que conozca su historia. Me temo que yo tengo que vivir con la m&#237;a. O al menos con los ecos de la misma.

La primera incursi&#243;n me sorprendi&#243; fuera. Me reventaron los dos t&#237;mpanos, &#191;sabe? Y esto -Se levant&#243; la manga de lana negra para dejar al descubierto un brazo incre&#237;blemente delgado. Ten&#237;a la piel arrugada y con manchas rosas y blancas-. Tuve quemaduras en una tercera parte del cuerpo. Pero lo que m&#225;s me ha marcado es el acufeno. -Se qued&#243; un momento callada; una gran tristeza pareci&#243; asomar a sus ojos de lechuza-. No soporto pensar que esa pobre chica estuvo gritando pidiendo ayuda y yo no la o&#237;. -Fabel mir&#243; detr&#225;s de la mujer y observ&#243; la colecci&#243;n de fotograf&#237;as en blanco y negro del aparador: la anciana de ni&#241;a y de joven, ya con ojos de lechuza; la anciana con un hombre de pelo negro; otra fotograf&#237;a del mismo hombre vestido con lo que al principio Fabel pens&#243; que era un uniforme de la Wehrmacht y que luego vio que era el del batall&#243;n de la reserva policial en tiempos de guerra. Ning&#250;n hijo. Ninguna fotograf&#237;a que tuviera menos de cincuenta a&#241;os.

&#191;La ve&#237;a mucho?

No. De hecho, s&#243;lo habl&#233; con ella una vez. Yo estaba barriendo el descansillo y ella subi&#243; para arriba.

&#191;Habl&#243; con ella?

En realidad, no. Me salud&#243;, me dijo algo sobre el tiempo y sigui&#243; subiendo. La habr&#237;a invitado a pasar a tomar el t&#233;, pero me pareci&#243; que ten&#237;a prisa. Parec&#237;a una mujer de negocios o algo as&#237;; iba muy elegante. Llevaba zapatos caros, me parece recordar. Unos zapatos preciosos. Extranjeros. Aparte de ese d&#237;a, s&#243;lo la o&#237;a de vez en cuando en las escaleras. Pens&#233; que seguramente pasaba mucho tiempo fuera en viajes de negocios o algo as&#237;.

&#191;Recib&#237;a muchas visitas? &#191;Hombres, en concreto?

Su rostro volvi&#243; a concentrarse.

No no, no puedo decir que viera mucho a nadie.

S&#233; que es un asunto muy desagradable, pero tengo que pregunt&#225;rselo, Frau Steiner. &#191;Hubo algo que le hiciera pensar que la chica pudiera ser prostituta?

Parecer&#237;a imposible, pero los ojos de lechuza de la anciana se abrieron a&#250;n m&#225;s.

No. Por supuesto que no. &#191;Lo era?

No lo sabemos. Si lo era, cabr&#237;a esperar que usted hubiera visto a m&#225;s hombres entrando y saliendo.

No, puedo decir con toda sinceridad que s&#243;lo vi que tuviera dos o tres visitas. Pero ahora que lo menciona, todos eran hombres. No vi nunca a ninguna mujer.

&#191;Puede describirlos?

No, la verdad es que no. -Volvi&#243; a negar con la cabeza, despacio-. Ni siquiera puedo estar segura de si fueron m&#225;s de dos los hombres que la visitaron Puede que viera a la misma persona m&#225;s de una vez. -Se&#241;al&#243; m&#225;s all&#225; de Fabel, por el pasillo, hacia el panel de cristal de bronce opaco de la puerta del piso-. S&#243;lo vi unas formas a trav&#233;s de la puerta, unas figuras m&#225;s bien.

Entonces, &#191;no podr&#237;a reconocer a ninguno de ellos?

S&#243;lo al joven que le realquilaba el piso.

Debe de referirse a Klugmann, se&#241;or -terci&#243; Beller-. Fue quien descubri&#243; el cuerpo y nos llam&#243;.

&#191;Ven&#237;a a menudo? -pregunt&#243; Fabel.

La anciana encogi&#243; sus hombros insignificantes.

S&#243;lo lo vi un par de veces. Como le he dicho, pudo ser una de las figuras que vi subir y bajar, o quiz&#225; s&#243;lo estuvo aqu&#237; el par de veces que lo vi. -Mir&#243; en direcci&#243;n al panel de cristal de la puerta que hab&#237;a al final del pasillo-. Eso es lo que significa hacerse viejo, joven. Tu mundo se encoge y se encoge hasta que queda reducido a unas sombras que pasan por delante de tu puerta.

&#191;Cu&#225;ndo fue la &#250;ltima visita de Herr Klugmann, que usted sepa?

La semana pasada o quiz&#225; la anterior. Lo siento, la verdad es que no prest&#233; mucha atenci&#243;n.

No pasa nada, Frau Steiner. Gracias por dedicarnos su tiempo. -Fabel se levant&#243; del sill&#243;n.

&#191;Herr Hauptkommissar? -Los ojos llorosos de lechuza parpadearon.

&#191;S&#237;, Frau Steiner?

&#191;Sufri&#243; mucho?

No ten&#237;a sentido mentir. Pronto saldr&#237;a todo en los peri&#243;dicos.

Me temo que s&#237;. Pero ahora descansa en paz. Adi&#243;s, Frau Steiner. Si necesita algo, por favor, p&#237;daselo a alguno de nuestros agentes.

Aquellas palabras no parecieron convencerla; la anciana simplemente se qued&#243; sentada sacudiendo la cabeza con incredulidad.

Qu&#233; tragedia.


Al salir del piso, Fabel se volvi&#243; hacia Beller.

&#191;Has dicho que has sido el primero en llegar a la escena?

S&#237;, se&#241;or.

&#191;Y no hab&#237;a nadie merodeando por aqu&#237;?

No, se&#241;or, s&#243;lo el tipo que nos llam&#243; y despu&#233;s la pareja de j&#243;venes del primer piso.

&#191;No has visto a un hombre mayor merodeando por aqu&#237;?

Pensativo, Beller neg&#243; con la cabeza.

&#191;Incluso despu&#233;s, cuando han empezado a llegar los curiosos? &#191;Un hombre bajito, corpulento, de setenta a&#241;os? De aspecto extranjero, eslavo, quiz&#225; ruso.

No, se&#241;or Lo siento. &#191;Es importante?

No lo s&#233; -dijo Fabel-. Seguramente no.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 7:30 h


Sankt Pauli (Hamburgo)


La sala de interrogatorios de la comisar&#237;a de polic&#237;a de Davidwache era todo un ejemplo de minimalismo. La austeridad de las paredes encaladas quedaba s&#243;lo rota por la puerta y una &#250;nica ventana que habr&#237;a tenido vistas de la Davidstrasse si el cristal no hubiera sido opaco, como una l&#225;mina de leche helada, contra el cual la luz del atardecer quedaba reducida a un tenue resplandor. Un lado de la mesa de interrogatorios estaba contra la pared, y hab&#237;a cuatro sillas de tubo de acero, dos a cada lado de la mesa. Un casete grabador negro descansaba al final de la mesa, contra la pared. Encima, en la pared, hab&#237;a un cartel que se&#241;alaba las salidas y el procedimiento que seguir en caso de incendio. Encima de &#233;ste, hab&#237;a un cartel de prohibido fumar.

Fabel y Werner se sentaron a un lado de la mesa. Delante de Fabel hab&#237;a un hombre de unos treinta y cinco a&#241;os, de pelo negro abundante y grasiento peinado hacia atr&#225;s en mechones relucientes que le ca&#237;an continuamente sobre la frente. Era alto y de constituci&#243;n fuerte; los hombros encajaban en la piel negra y barata de una chaqueta demasiado estrecha. Ten&#237;a el f&#237;sico de un ex atleta que se ha abandonado: una robustez incipiente se acumulaba en su cintura, los ojos cansados, la piel p&#225;lida frente al pelo negro, y barba de dos d&#237;as; ten&#237;a un rostro a&#250;n cuadrado y fuerte, pero que ya empezaba a mostrar s&#237;ntomas de envejecimiento.

&#191;Es usted Hans Klugmann? -pregunt&#243; Fabel sin levantar la vista del informe.

S&#237; -Klugmann se inclin&#243; hacia delante, encogi&#243; los hombros, apoy&#243; las mu&#241;ecas en el borde de la mesa y comenz&#243; a tocarse la piel del pulgar con la u&#241;a del otro. Si no fuera por la intensidad nerviosa de la postura, casi parecer&#237;a que estaba rezando.

Ha encontrado a la chica -Fabel pas&#243; unas cuantas p&#225;ginas del informe-. Monique.

S&#237;. -Se clav&#243; m&#225;s la u&#241;a del pulgar. Comenz&#243; a mover una pierna, que descansaba sobre la planta del pie, en un tic inconsciente. Aquella acci&#243;n hizo que las manos se movieran r&#237;tmicamente.

Debe de haber sido un golpe muy desagradable para usted.

Hab&#237;a aut&#233;ntico dolor en los ojos de Klugmann.

Pues s&#237;.

&#191;Monique era amiga suya?

S&#237;.

Aun as&#237;, &#191;afirma que no sabe c&#243;mo se apellidaba?

No lo s&#233;.

Mire, Herr Klugmann, tengo que admitir que necesito imperiosamente que me ayude en esto. Estoy muy confundido y conf&#237;o en que usted me ayudar&#225; a aclarar mi confusi&#243;n. Hasta este momento, tengo el cuerpo de una chica an&#243;nima despedazada en un piso en el que no hay rastro alguno de objetos personales, a excepci&#243;n de un conjunto que hemos encontrado en el armario Ni bolso, ni documentaci&#243;n En realidad, no hay m&#225;s comida que un litro de leche en la nevera. Tambi&#233;n hemos hallado algunos de los art&#237;culos que uno esperar&#237;a encontrar en un piso destinado al ejercicio de la prostituci&#243;n. Y el apartamento est&#225; situado bien cerca, pero no dentro, del barrio chino; sin embargo, no hay pruebas de que la chica recibiera demasiadas visitas masculinas. &#191;Entiende por qu&#233; estoy confundido?

Klugmann se encogi&#243; de hombros.

Y, para colmo, descubrimos que el piso est&#225; alquilado oficialmente a un ex agente de las fuerzas especiales que afirma no saber el nombre completo de la persona a quien realquila su piso. -Fabel esper&#243; a que sus palabras calaran. Klugmann estaba sentado impasible, mir&#225;ndose las manos-. As&#237; que &#191;por qu&#233; no deja de marear la perdiz, Herr Klugmann? Tanto usted como yo sabemos que ese piso se utilizaba para el ejercicio de la prostituci&#243;n, aunque una prostituci&#243;n muy selecta, y que esta chica, Monique, no viv&#237;a all&#237;. Oiga, no me interesa qu&#233; acuerdo ten&#237;a con la chica, excepto por la informaci&#243;n que pueda proporcionarme sobre ella. &#191;Me he expresado con claridad?

Klugmann asinti&#243; con la cabeza, pero no levant&#243; la vista de sus manos.

&#191;C&#243;mo se llamaba?

Ya se lo he dicho, no lo s&#233; Le juro que es la verdad. Siempre la llam&#233; Monique a secas, y ella a s&#237; misma, tambi&#233;n.

Pero &#191;era prostituta?

Vale, quiz&#225;, no lo s&#233;, puede que s&#237;, quiz&#225; a tiempo parcial. Nada que ver conmigo. Nunca me pareci&#243; que anduviera justa de dinero, o sea que igual s&#237;.

&#191;Cu&#225;nto hace que la conoc&#237;a?

S&#243;lo tres o cuatro meses.

Si usted no sabe su apellido -dijo Werner-, debe de haber otras personas que s&#237; lo sepan. &#191;Con qui&#233;n andaba?

No lo s&#233;.

&#191;No conoci&#243; nunca a ning&#250;n amigo suyo? -pregunt&#243; Fabel sin disimular su incredulidad.

No.

Fabel le acerc&#243; una fotograf&#237;a de la primera v&#237;ctima, Ursula Kastner.

&#191;Sabe qui&#233;n es?

No. Bueno, s&#237;, pero s&#243;lo por los peri&#243;dicos. &#191;No es la abogada a la que asesinaron? &#191;Se la cargaron igual?

Fabel hizo caso omiso a la pregunta y dej&#243; la fotograf&#237;a sobre la mesa. Klugmann no volvi&#243; a mirarla. Fabel tuvo la sensaci&#243;n de que evitaba deliberadamente mirar la cara de Kastner. Un instinto comenz&#243; a despertar en alg&#250;n lugar de su interior.

&#191;Qu&#233; hay de la direcci&#243;n de Monique antes de que se trasladara a vivir al piso?

Klugmann se encogi&#243; de hombros.

Esto es rid&#237;culo -dijo Werner inclin&#225;ndose hacia delante. Su corpulencia y la brutalidad de sus facciones daban a sus movimientos un aire amenazador que a menudo no era intencionado. Klugmann respondi&#243; irgui&#233;ndose en la silla y echando la cabeza hacia atr&#225;s con aire de desaf&#237;o-. &#191;Quiere que creamos que esta chica entr&#243; en su vida y en su apartamento sin que usted llegara nunca a saber su nombre completo o algo m&#225;s sobre ella?

Tiene que admitir, Herr Klugmann, como ex polic&#237;a, me refiero, que todo esto parece un poco extra&#241;o -dijo Fabel.

Klugmann relaj&#243; la postura.

S&#237;. Supongo que s&#237;. Pero les estoy diciendo la verdad. Escuchen, ah&#237; fuera el mundo es distinto. Monique tan s&#243;lo, bueno, una noche apareci&#243; donde trabajo y empezamos a hablar

&#191;Estaba sola?

S&#237;. Por eso me puse a hablar con ella. Arno, mi jefe, pens&#243; que era una puta cara que buscaba clientes en nuestro club y me dijo que la echara. Nos pusimos a hablar y me pareci&#243; buena chica. Me pregunt&#243; si sab&#237;a de alg&#250;n sitio donde pudiera alquilar una habitaci&#243;n o un piso, y le habl&#233; de mi casa.

&#191;Por qu&#233; le ofreci&#243; su piso? &#191;Por qu&#233; no vive usted en &#233;l?

Bueno, tengo una especie de l&#237;o con una de las chicas del Tanzbar Sonja. Me estaba quedando casi todas las noches en su casa porque est&#225; cerca del Tanzbar. Cuando alquil&#233; el piso, me fui a vivir con Sonja mientras lo pintaban. Entonces conoc&#237; a Monique, y ella me dijo que estaba dispuesta a pagar bien, y por adelantado, por un lugar decente donde quedarse. Tambi&#233;n me dijo que quiz&#225; s&#243;lo ser&#237;a de seis a nueve meses. As&#237; que pens&#233; que era una buena manera de ganar unos euros extra

&#191;Y usted ten&#237;a que mantenerse al margen? -pregunt&#243; Werner.

Ese era el trato.

Entonces, &#191;qu&#233; hac&#237;a all&#237; a esas horas de la noche?

Sub&#237; a verla. Lo hac&#237;a de vez en cuando para comprobar que todo marchaba bien. Nos llev&#225;bamos bien

&#191;Iba a hacerle una visita a las dos y media de la madrugada? -pregunt&#243; Fabel.

Ninguno de los dos ten&#237;a un horario normal.

&#191;En qu&#233; trabaja usted exactamente, Herr Klugmann?

Como ya les he dicho, trabajo en un club nocturno, un Tanzbar. Soy el subdirector.

Fabel volvi&#243; a consultar el informe.

Ah, s&#237;, el Paradies-Tanzbar que est&#225; por la Grosse Freiheit &#191;Es &#233;se?

S&#237;.

&#191;As&#237; que trabaja para?

Ya sabe para qui&#233;n trabajo. -Klugmann baj&#243; la vista a la u&#241;a del pulgar que ahora estaba clavando en la otra.

Fabel sac&#243; un segundo expediente de debajo del primero. Lo abri&#243; y examin&#243; la primera p&#225;gina. Klugmann vio su propia fotograf&#237;a en la esquina superior derecha. Sus hombros encorvados se desplomaron.

S&#237; -Fabel se recost&#243; en la silla y mir&#243; a Klugmann pensativo-. Actualmente trabaja para Ersin Ulugbay. No es precisamente el ciudadano del mes de Hamburgo, &#191;verdad?

Supongo que no.

Un cambio de profesi&#243;n extra&#241;o. -dijo Werner-. De estar en una unidad de &#233;lite de la polic&#237;a a trabajar para la mafia turca.

No me dieron muchas opciones para retirarme de la polic&#237;a. -Klugmann sonri&#243; con cinismo-. Como usted seguramente ya sabe. En cualquier caso, no trabajo para ninguna mafia. S&#233; en qu&#233; anda metido Ulugbay, pero yo no participo en sus asuntos. Puede que Ulugbay sea el propietario del bar, pero mi jefe es Arno Hoffknecht, el director. No es mucho; se supone que soy el subdirector, pero en realidad s&#243;lo soy un segurata con un poco m&#225;s de responsabilidad. Pero no meto las narices en nada.

&#191;En serio? -dijo Werner-. Ha elegido una expresi&#243;n interesante. No s&#233; si creerme eso de que no mete las narices en nada. Y no hablo metaf&#243;ricamente.

&#191;Qu&#233; quiere decir?

&#191;Cu&#225;ndo se ha metido la &#250;ltima raya?

Los tendones del cuello grueso de Klugmann se tensaron.

V&#225;yase a la mierda, Arschloch.

Werner ech&#243; fuego por los ojos y pareci&#243; que su enorme cuerpo iba a estallar con violencia. Fabel tom&#243; la iniciativa.

Espero que no se demuestre que no ha colaborado con nosotros, Herr Klugmann. Su situaci&#243;n podr&#237;a complicarse.

&#191;Qu&#233; quiere decir con que mi situaci&#243;n podr&#237;a complicarse? Yo no tengo que ver una mierda con todo esto. Y no tienen pruebas de lo contrario.

Nos est&#225; ocultando algo.

&#191;Por ejemplo?

Por ejemplo, &#191;d&#243;nde est&#225; la agenda de citas de Monique?

No s&#233; de qu&#233; me habla.

&#191;O la c&#225;mara de v&#237;deo que escondi&#243; detr&#225;s del espejo? &#191;De qu&#233; iba todo eso? &#191;Hac&#237;a chantajes, o simplemente se dedicaba a grabar pornograf&#237;a?

Por un segundo, Klugmann pareci&#243; sorprendido.

Mire, no tengo ni idea de qu&#233; est&#225; hablando. Ni puta idea.

Fabel se recost&#243;. Werner reconoci&#243; la se&#241;al e inclin&#243; su cabeza ovalada de pelo erizado hacia delante, sonriendo.

No me gusta usted, Klugmann

&#191;En serio? -Klugmann se fingi&#243; algo dolido por aquella sorpresa-. Y yo que pensaba que quiz&#225; ten&#237;amos un futuro juntos

No me gusta usted porque es un traidor y un sinverg&#252;enza. Ech&#243; mierda sobre la polic&#237;a cuando empez&#243; a venderse a Ulugbay. -Werner se recost&#243; e hizo una mueca de desprecio-. Apesta. Apesta a cloaca asquerosa. Vive con una puta

Klugmann se puso tenso e hizo un movimiento repentino hacia delante. Fabel levant&#243; la mano.

Tranquilo

Werner prosigui&#243;, imperturbable.

Vive con una puta, le alquil&#243; su piso a otra puta para que un puto man&#237;aco pudiera despedazarla, y trabaja en un antro para un padrino turco. &#191;C&#243;mo es, Klugmann? &#191;C&#243;mo es mirarse al espejo todas las ma&#241;anas? Por el amor de dios, era polic&#237;a, y por lo que hemos visto en su historial, era bueno. En su d&#237;a, debi&#243; de tener aspiraciones. Y ahora se ha convertido en -Werner hizo un gesto hacia Klugmann, estirando los brazos como si quisiera mantener a raya algo pernicioso- esto. -Acerc&#243; a&#250;n m&#225;s la cara a la de Klugmann-. Es una alima&#241;a, Klugmann. No tengo ninguna duda de que podr&#237;a ser usted quien ha dejado as&#237; a esta chica. Y no me creo toda esta mierda sobre que no sabe nada de ella excepto su nombre de pila.

Werner call&#243; bruscamente. La sala qued&#243; en silencio. Klugmann se dej&#243; caer hacia atr&#225;s en la silla, extendiendo una pierna mientras la otra segu&#237;a con su baile nervioso. Fabel examin&#243; el rostro de Klugmann. Vio la esperada m&#225;scara del desinter&#233;s: un aburrimiento estudiado que tant&#237;simos otros hab&#237;an adoptado con Fabel a lo largo de los a&#241;os sentados a la mesa de interrogatorios; una expresi&#243;n que pretend&#237;a transmitir falta de preocupaci&#243;n, pero que Fabel siempre pod&#237;a penetrar. Mientras observaba a Klugmann, se dio cuenta de que, en su caso, no pod&#237;a ver m&#225;s all&#225; de la m&#225;scara.

Werner continu&#243;.

No era amigo suyo, y no era cliente suyo No subi&#243; a echar un buen polvo de cuatrocientos euros, &#191;verdad? Por lo que sabemos, Monique jugaba en otra divisi&#243;n y estaba lejos de sus posibilidades econ&#243;micas. -Klugmann no respondi&#243; y se qued&#243; mirando el borde de la mesa-. Y no creo que s&#243;lo sea el casero desafortunado de una chica an&#243;nima que aparece destripada en el piso que le alquila. As&#237; que &#191;d&#243;nde nos deja eso? -Werner insisti&#243;-: No era amigo suyo. No era cliente suyo. Eso nos deja Bueno, o la mat&#243; usted, o es usted un empleado de Ulugbay el chulo de Monique, vaya. Creo que iba al piso a cobrar, y me refiero a algo m&#225;s que el alquiler. Y si la chica protestaba, le daba un bofet&#243;n. &#191;No es eso?

Silencio.

Quiz&#225; le guste su trabajo. Quiz&#225; se le ponga dura cuando les da a estas chicas su merecido. Quiz&#225; lo de esta noche lo hizo usted, para divertirse

Klugmann estall&#243;.

No sea est&#250;pido. Ya ha visto c&#243;mo estaba la habitaci&#243;n. Si hubiera sido yo, estar&#237;a todo manchado de sangre.

Quiz&#225; se quit&#243; la ropa antes de darse el gustazo Quiz&#225; tendr&#237;amos que pedirle al equipo forense que lo examinaran bien.

Hagan lo que les d&#233; la puta gana Muy bien, trabajo para Ulugbay. Eso no tiene nada que ver con lo que ha sucedido esta noche en el piso. No tiene nada que ver con &#233;l, y no lo voy a implicar. No me dan ustedes tanto miedo como los putos turcos. Ya saben c&#243;mo funciona esto Si creen que he hablado con ustedes, acabar&#233; en el bosque con la cara rajada.

Fabel sab&#237;a a qu&#233; costumbre se refer&#237;a Klugmann, una de las preferidas de la mafia turca: si alguien se la jugaba en un negocio de drogas, o daba informaci&#243;n a la polic&#237;a, aparecer&#237;a muerto en el bosque al norte de Hamburgo. Sin manos, con los dientes destrozados y el rostro cortado. Aquello dificultaba, y a veces hac&#237;a imposible, la identificaci&#243;n de la v&#237;ctima, y retrasaba las investigaciones hasta el punto de que a menudo el rastro se enfriaba tanto que imped&#237;a lograr una condena.

Vale, vale, c&#225;lmese -dijo Fabel-. Pero tiene que comprender que usted es la &#250;nica persona que podemos situar en el apartamento.

S&#237;, claro, durante treinta segundos, joder. En cuanto la he visto as&#237; he salido pitando a llamarlos.

&#191;No ha utilizado el tel&#233;fono de la casa?

No. He llamado desde el m&#243;vil. No he podido quedarme ah&#237; dentro. He tenido que salir.

&#191;Ha llegado sobre las 2:30? -pregunt&#243; Fabel.

S&#237;.

&#191;Y no ha tocado nada?

No. Tal como he entrado, he salido.

&#191;C&#243;mo ha entrado? &#191;Tiene llave?

No. Bueno, s&#237;, s&#237; tengo llave, pero no la he utilizado. La puerta no estaba cerrada, estaba entreabierta.

Su llamada a la Polizeidirektion est&#225; registrada a las 2:35. &#191;D&#243;nde se encontraba antes de ir al apartamento?

En el Paradies-Tanzbar, trabajando.

&#191;Hasta qu&#233; hora, exactamente?

Hasta la 1:45, m&#225;s o menos.

No se tardan tres cuartos de hora en ir de la Grosse Freiheit al piso.

Ten&#237;a unos asuntos pendientes

&#191;Qu&#233; asuntos?

Klugmann abri&#243; las manos, con las palmas hacia arriba, y lade&#243; la cabeza. Fabel cogi&#243; su bol&#237;grafo y lo movi&#243; entre los dientes.

Si no puede o no quiere dec&#237;rnoslo, eso le da la oportunidad de matar a la chica, limpiarse y afirmar que acababa de llegar cuando ha encontrado el cuerpo.

Vale, vale He ido a ver a un tipo que conozco en el Hafen, he comprado material

&#191;A qui&#233;n?

No hablar&#225; en serio

Fabel le lanz&#243; una fotograf&#237;a de la escena del crimen desliz&#225;ndola por la mesa. La escena hab&#237;a sido captada a pleno color, con tanta intensidad que parec&#237;a irreal.

Esto no es una broma.

Klugmann se qued&#243; helado, y su rostro, blanco. Era evidente que los recuerdos acud&#237;an en tropel a su mente.

Era una amiga. Eso es todo.

Werner solt&#243; un suspiro. Klugmann no le hizo caso y mir&#243; fijamente a Fabel.

Y usted sabe que no la he matado yo, Herr Fabel -La intensidad desapareci&#243; de sus ojos y de su pose-. De todas formas, he cogido un taxi para ir del club al Hafen. El taxista me ha esperado mientras me reun&#237;a con ese tipo y luego me ha llevado al apartamento. Me ha dejado all&#237; sobre las 2:30. Puede informarle de todos mis movimientos desde que he salido del club hasta que he llegado al piso. Hablen con la empresa de taxis.

Estamos en ello.

Fabel cerr&#243; la carpeta y se levant&#243;. Parec&#237;a claro que Klugmann no era el asesino; no ten&#237;an una base s&#243;lida para retenerlo, ni siquiera como testigo relevante. Sin embargo, el interrogatorio hab&#237;a inquietado a Fabel.

Klugmann parec&#237;a exactamente lo que se supon&#237;a que era, pero Fabel ten&#237;a la impresi&#243;n de estar mirando un mapa al rev&#233;s: todos los puntos de referencia estaban ah&#237;, pero desorientaban en vez de guiar. Con las dos carpetas debajo del brazo,

Fabel se dirigi&#243; hacia la puerta y habl&#243; sin volverse para mirar a Klugmann.

De todas formas, le pediremos al equipo forense que lo examine y analice su ropa.


Todo en Maria Klee era energ&#237;a y perspicacia, desde el acento cortado de Hamburgo hasta el pelo rubio corto y estiloso. Cuando Fabel sali&#243; de la sala de interrogatorios, ella estaba esper&#225;ndolo en el pasillo. Ten&#237;a un folio en la mano.

&#191;C&#243;mo ha ido? -le pregunt&#243; con br&#237;o.

Fabel estaba a punto de contestarle cuando un agente de uniforme de la Schutzpolizei lleg&#243; para escoltar a Klugmann hasta el departamento forense. Los ojos de Klugmann y de Maria se encontraron un instante; pareci&#243; que Klugmann ten&#237;a la mirada perdida, como si Maria no estuviera all&#237;, mientras que ella frunci&#243; el ce&#241;o, como si intentara descifrar algo.

&#191;Lo conoces? -le pregunt&#243; Fabel cuando Klugmann y su escolta ya no pod&#237;an o&#237;rlos.

No lo s&#233; Me parece que me suena, pero no sabr&#237;a decirte de qu&#233;

Bueno, es posible. Es ex agente de la polic&#237;a de Hamburgo.

Maria volvi&#243; a encogerse de hombros, esta vez como si se sacudiera de encima una incoherencia irritante.

Bueno, &#191;c&#243;mo ha ido la cosa?

Es evidente que no es nuestro hombre, pero no es trigo limpio. Tiene algo raro. Hay algo que no nos ha contado. De hecho, hay muchas cosas que no nos ha contado. &#191;C&#243;mo te ha ido a ti?

He hablado con el director del Tanzbar, Arno Hoffknecht. Ha confirmado que Klugmann estuvo all&#237; hasta la 1:30.

&#191;Es posible que Hoffknecht lo est&#233; encubriendo?

Bueno, si no lo ves no te lo crees. Qu&#233; tipo m&#225;s s&#243;rdido. Se me ha puesto la piel de gallina. -Maria hizo como si se estremeciera-. Pero no, no est&#225; encubriendo a Klugmann. Hay demasiada gente que lo vio durante su turno. La Kriminalpolizei de la comisar&#237;a de Davidwache ha comprobado tambi&#233;n la declaraci&#243;n de Klugmann de que fue a todas partes en el mismo taxi

Acaba de contarnos la misma historia.

En cualquier caso, el taxista confirma que recogi&#243; a Klugmann en el club a la 1:45, que lo llev&#243; a una Kneipe del Hafen (Klugmann le dijo que esperara) y luego lo dej&#243; en el piso a las 2:30.

Muy bien. &#191;Algo m&#225;s?

S&#237;, me temo que s&#237; -dijo Maria, y le dio a Fabel la copia impresa del mensaje de correo electr&#243;nico que ten&#237;a en la mano.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 10:00 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Fabel volvi&#243; a leerlo en voz alta, luego dej&#243; la p&#225;gina en la mesa y fue hacia la ventana. La sala de informaci&#243;n estaba en la tercera planta del Polizeipr&#228;sidium. El tr&#225;fico de la calle lat&#237;a con el cambio de los sem&#225;foros: el ritmo tranquilizador de la vida de Hamburgo.

&#191;Y el mensaje iba dirigido a ti personalmente? -pregunt&#243; Van Heiden.

S&#237;, igual que el &#250;ltimo. -Fabel bebi&#243; un poco de t&#233;. Estaba tan flojo que casi no sab&#237;a a nada: tal como les gusta a los frisones; tal como le gustaba a Fabel. Sigui&#243; de espaldas a los dem&#225;s, mirando a trav&#233;s de la lluvia, m&#225;s all&#225; del Winterhuder Stadtpark, a donde la ciudad se elevaba hacia el cielo plomizo.

&#191;No hay forma de rastrear el mensaje? -pregunt&#243; Van Heiden.

Por desgracia no, Herr Kriminaldirektor -contest&#243; Maria Klee-. Parece que nuestro amigo tiene un conocimiento muy sofisticado de la tecnolog&#237;a de la informaci&#243;n. A menos que lo pillemos cuando est&#233; conectado, no hay forma de localizarlo. Incluso en ese caso ser&#237;a improbable.

&#191;La secci&#243;n t&#233;cnica lo ha estudiado?

S&#237;, se&#241;or -dijo Maria Klee. Fabel segu&#237;a sin volverse; continuaba centrado en el tr&#225;fico denso de la calle-. Tambi&#233;n tenemos a un experto independiente examinando el mensaje. No hay forma de rastrearlo.

Es perfecto -dijo Fabel-. Una carta o una nota an&#243;nimas nos aportan pruebas f&#237;sicas; podemos buscar el ADN, realizar an&#225;lisis de la letra, identificar de d&#243;nde han salido el papel y la tinta; pero un mensaje de correo electr&#243;nico tiene una presencia electr&#243;nica. Desde el punto de vista forense, no existe.

Pero yo cre&#237;a que era imposible enviar un mensaje de correo electr&#243;nico an&#243;nimo -dijo Van Heiden-. Debemos de tener una direcci&#243;n IP.

A Fabel le sorprendieron los conocimientos que ten&#237;a Van Heiden de la tecnolog&#237;a de la informaci&#243;n.

As&#237; es. Tenemos dos mensajes de correo electr&#243;nico distintos, cada uno con una direcci&#243;n y una identidad de proveedor de acceso a internet distintas. Hemos rastreado las dos y hemos descubierto que nuestro hombre ha entrado en lo que deber&#237;a ser una red de seguridad impenetrable y ha abierto cuentas falsas Luego, ha enviado los mensajes desde estas cuentas.

Fabel se apart&#243; de la ventana. Hab&#237;a seis personas sentadas a la mesa de cerezo. Los cuatro miembros principales del equipo de la Mordkommission de Fabel -Werner Meyer, Maria Klee, Anna Wolff y Paul Lindemann- estaban sentados juntos a un lado. En el otro, estaba una mujer atractiva de pelo oscuro y de unos treinta y cinco a&#241;os, la doctora Susanne Eckhardt, la psic&#243;loga criminal. Presidiendo la mesa estaba Horst Van Heiden, Leitender Kriminaldirektor de la polic&#237;a de Hamburgo: el jefe de Fabel. Van Heiden se levant&#243; de la silla; parec&#237;a que su destino gen&#233;tico era ser polic&#237;a; incluso ahora, con su traje gris claro de Hugo Boss, lograba transmitir la impresi&#243;n de que llevaba uniforme. Anduvo los pocos pasos que hab&#237;a hasta la pared de la sala de informaci&#243;n, en la que grandes fotograf&#237;as en color, tomadas desde distintos &#225;ngulos, mostraban el cuerpo despedazado de la joven. Sangre por todas partes. Huesos blancos asomaban relucientes entre la sangre y la carne. Dos mujeres distintas, dos escenarios distintos, pero el horror que presid&#237;a las im&#225;genes era el mismo: los pulmones extra&#237;dos y colocados fuera del cuerpo. Los ojos de Van Heiden examinaron el honor, manteniendo el rostro impasible.

Supongo que ya sabes qui&#233;n me espera (nos espera) arriba, &#191;no, Fabel?

S&#237;, Herr Kriminaldirektor. Lo s&#233;.

Y ya sabes que me est&#225; haciendo la vida imposible para que acabemos con con esto.

Soy muy consciente de las presiones pol&#237;ticas que tiene, se&#241;or. Pero lo que a m&#237; me preocupa es evitar que otra pobre mujer acabe siendo v&#237;ctima de este animal.

Los peque&#241;os ojos azules de Van Heiden brillaron con cierta frialdad.

Mis prioridades, Herr Kriminalhauptkommissar, son exactamente las que deber&#237;an ser. -Volvi&#243; a mirar las im&#225;genes-. Tengo una hija que tiene m&#225;s o menos la edad de la segunda v&#237;ctima. -Se volvi&#243; hacia Fabel-. Pero no me hace ninguna falta tener al Erste B&#252;rgermeister de Hamburgo todo el d&#237;a encima.

Como le he dicho, se&#241;or, todos estamos intentando atrapar a este cabr&#243;n cuanto antes.

Otra cosa. Todo eso de extender las alas del &#225;guila y nuestra tierra sagrada No me gusta. Suena a algo pol&#237;tico. El &#225;guila &#191;El &#225;guila alemana?

Podr&#237;a ser -dijo Fabel, mirando a Susanne Eckhardt.

Podr&#237;a ser -confirm&#243; &#233;sta. Al hablar, en su voz se col&#243; un acento del sur; de M&#250;nich, le pareci&#243; a Fabel-. Pero el &#225;guila es una imagen psicol&#243;gica potente en cualquier cultura, un s&#237;mbolo de poder y depredaci&#243;n. El &#225;guila podr&#237;a ser su met&#225;fora: observa, vuela en c&#237;rculos, sus presas no la ven, y se abalanza silenciosa sobre su objetivo. Es m&#225;s probable que est&#233; motivado por un impulso sexual profundamente sublimado y abstra&#237;do que por una ideolog&#237;a pol&#237;tica extremista. Este hombre no es un fan&#225;tico: es un psic&#243;tico. Es distinto, aunque tengo que admitir que la religiosidad del mensaje de correo electr&#243;nico (la sensaci&#243;n de cruzada) y el m&#233;todo en forma de ritual de las muertes me preocupan.

&#191;Est&#225;is buscando a un neonazi loco, o no? -La voz de Van Heiden ten&#237;a un tono agresivo.

Lo dudo. Lo dudo mucho. Las v&#237;ctimas no tienen un origen &#233;tnico no alem&#225;n, no son el objetivo t&#237;pico de los ataques neonazis. Pero no puedo excluir esa posibilidad. Creo que es m&#225;s probable que se trate de una cruzada personal. -Susanne Eckhardt ten&#237;a la expresi&#243;n de alguien que intenta recordar d&#243;nde ha dejado las llaves del coche.

&#191;Qu&#233; pasa, Frau Doktor? -pregunt&#243; Fabel.

La doctora Eckhardt solt&#243; una risita casi pat&#233;tica.

No es nada o al menos nada que resistiera un examen profesional riguroso o incluso objetivo

Por favor, comp&#225;rtalo con nosotros de todas formas -dijo Van Heiden.

Bueno, tan s&#243;lo es que este mensaje de correo electr&#243;nico presenta al cl&#225;sico psic&#243;tico socialmente disfuncional. Est&#225; todo ah&#237;: sentimientos de desplazamiento y aislamiento social; una moralidad pervertida que tiene un objetivo; identificaci&#243;n con un s&#237;mbolo elevado de depredaci&#243;n

Fabel sinti&#243; que una corriente el&#233;ctrica recorr&#237;a el vello de su nuca. Otra cosa que era demasiado correcta.

No lo entiendo. -Estaba claro que Van Heiden no captaba el mensaje impl&#237;cito-. Ha dicho que no hab&#237;a duda de que el mensaje era aut&#233;ntico; que lo hab&#237;a escrito nuestro asesino.

No, bueno, s&#237; -Eckhardt se ri&#243; de nuevo, dejando ver unos dientes perfectos que reluc&#237;an como la porcelana-. En realidad, no s&#233; lo que estoy diciendo. S&#243;lo que si yo tuviera que sentarme a escribir la misiva de un asesino en serie, habr&#237;a incluido todos estos elementos.

&#191;Est&#225; diciendo que el mensaje es falso? &#191;O que es aut&#233;ntico? -La voz de Van Heiden adopt&#243; de nuevo un tono agresivo-. Estoy confuso

Seguramente es aut&#233;ntico. Dos asesinatos, dos mensajes recibidos. Si se trata de un impostor o de alguien que confiesa cr&#237;menes compulsivamente, el don que tiene de la oportunidad es incre&#237;ble. S&#243;lo establezco una proposici&#243;n. No una observaci&#243;n. -Examin&#243; la sala en busca de apoyo. Lo encontr&#243;: Fabel asent&#237;a pensativo con la cabeza.

Van Heiden no le hizo caso.

Eso es aventurarse &#191;Tenemos algo m&#225;s, Fabel?

Este asesinato me preocupa especialmente -dijo Fabel-. Hay varias anomal&#237;as. De hecho, hay varias cosas que no sabemos sobre la v&#237;ctima.

Como su identidad -dijo Van Heiden. Fabel no capt&#243; si era un comentario sarc&#225;stico o no.

Estamos trabajando en ello.

Van Heiden hoje&#243; las p&#225;ginas del informe.

&#191;Qu&#233; hay del ex agente este del Mobiles Einsatz Kommando que estaba relacionado con la v&#237;ctima? No me gusta la idea de que un ex agente de la polic&#237;a de Hamburgo fuera el chulo de una prostituta. A los medios de comunicaci&#243;n les encantan estas cosas.

Por desgracia, hemos tenido que soltarlo -dijo Fabel-. Pero lo estamos siguiendo. Lo vigilaremos las veinticuatro horas del d&#237;a. Estoy convencido de que oculta pruebas, pero no puedo demostrarlo.

&#191;Ha visto su hoja de servicios?

Acaba de llegarme -dijo Fabel, que se sent&#243; y apoy&#243; los codos en la mesa. Exager&#243; un poco la tranquilidad de su postura: sab&#237;a que aquella informalidad pon&#237;a nervioso a Van Heiden, y le divert&#237;a irritarlo-. A&#250;n no he tenido tiempo de mirarla, pero parece ser que Klugmann era un agente estrella que promet&#237;a mucho, hasta que lo acusaron de posesi&#243;n de drogas. Antes de ingresar en la polic&#237;a de Hamburgo, era Fallschirmj&#228;ger

&#191;Paracaidista del ej&#233;rcito?

S&#237;. La base perfecta para el Mobiles Einsatz Kommando. -Fabel solt&#243; una risita-. Te dan la formaci&#243;n necesaria para hacer todo lo que se te ocurra con un arma.

Van Heiden se enoj&#243;.

El MEK realiza una funci&#243;n muy valiosa. Y son agentes de polic&#237;a igual que nosotros. &#191;C&#243;mo era la hoja de servicios de Klugmann?

Por lo que he podido ver, casi ejemplar

Un buen hombre que se vuelve corrupto

O un mat&#243;n altamente profesional que cambia de bando Todo depende de c&#243;mo se mire, se&#241;or.

Esta vez Van Heiden no pic&#243;.

&#191;Cree que nos oculta algo?

No me creo en absoluto que no sepa el nombre completo de la v&#237;ctima. Pero su coartada es s&#243;lida. Tenemos que confirmar la hora exacta de la muerte, pero es casi seguro que Klugmann quedar&#225; fuera de la lista de sospechosos.

&#191;Y por qu&#233; le ponemos vigilancia? &#191;No podr&#237;amos emplear mejor nuestros recursos en otra cosa?

Fabel vio que los miembros de su equipo intercambiaban miradas de incredulidad.

Se&#241;or, porque tenemos un cuerpo sin nombre hallado en circunstancias extra&#241;&#237;simas, y me parece que Klugmann es la mejor baza que tenemos para establecer su identidad. Como he dicho, creo que oculta algo. Por lo que sabemos, ese algo podr&#237;a ser la identidad del asesino. Podr&#237;a ser que ese tal Hijo de Sven fuera uno de los clientes de la chica.

Fabel advirti&#243; la mirada de la doctora Eckhardt, pero no le hizo caso: ella sab&#237;a que Fabel estaba levantando una cortina de humo. Era evidente que se trataba de un ardid para sacarse a Van Heiden de encima. Funcion&#243;.

De acuerdo -dijo Van Heiden-. Pero me interesa m&#225;s la identidad de nuestro asesino que la de la v&#237;ctima. &#191;Qu&#233; m&#225;s tenemos?

A&#250;n estamos haciendo averiguaciones sobre la otra v&#237;ctima. -Maria Klee sac&#243; algunas notas de una carpeta-. Por los datos que tenemos, no existe conexi&#243;n alguna entre las dos. Una prostituta y una abogada muy prometedora. Da la impresi&#243;n de que elige a sus v&#237;ctimas al azar.

Puede que a nosotros nos parezca que las elige al azar -dijo la doctora Eckhardt-, pero para el asesino existe una conexi&#243;n que nosotros a&#250;n no podemos ver. Recuerden que nos enfrentamos a un individuo profundamente trastornado: su l&#243;gica no es la misma que la nuestra. Podr&#237;a haber una similitud en cuanto a estatura, forma de caminar, de la nariz Por muy abstracto que parezca, hay rasgos comunes que el asesino ve De hecho, quiz&#225; s&#243;lo los vea el asesino.

Hubo una pausa antes de que Werner interviniera.

&#191;Y eso qu&#233; significa?

Eso significa que cualquier mujer de Hamburgo, tenga la edad que tenga, sea de la clase social que sea, es un objetivo potencial.

Van Heiden se rasc&#243; el cabello gris.

&#191;Y por ahora s&#243;lo tenemos una conexi&#243;n potencial con el asesino, ese tal Klugmann, que puede que lo conociera o no si era cliente de esta &#250;ltima v&#237;ctima?

Hay otra conexi&#243;n potencial. -La doctora Eckhardt no levant&#243; la vista de la mesa. Ten&#237;a los brazos sobre la mesa a cada lado de las carpetas. Todo el mundo centr&#243; su atenci&#243;n en ella-. Y esa conexi&#243;n es el Kriminalhauptkommissar Fabel Del mismo modo que el asesino sigue un criterio abstracto a la hora de elegir a sus v&#237;ctimas, ha elegido a Herr Fabel como su, bueno, su &#225;lter ego, su adversario en este juego, por as&#237; decirlo. A sus ojos, Herr Fabel es un digno adversario. Lo ha elegido como su n&#233;mesis. De hecho, el Hauptkommissar Fabel se ha convertido en un elemento esencial de su fantas&#237;a, de su plan. Ha dejado claro que tiene intenci&#243;n de dise&#241;ar la conclusi&#243;n de esta caza -mir&#243; a Fabel-, quiz&#225; incluso provocando que usted lo mate. Dice: podr&#225; detenerme, pero nunca me atrapar&#225;; es una promesa de algo.

&#191;Que tendr&#233; que matarlo para detenerlo?

Quiz&#225;. Es evidente que cree que la parte psic&#243;tica de su personalidad est&#225; a salvo de usted. Quiz&#225; tiene la fantas&#237;a de que es inmortal y que usted no puede cambiar eso, ni siquiera mat&#225;ndolo. Es como si hubiera una especie de barrera entre los dos.

Soy polic&#237;a, no verdugo. -Fabel se qued&#243; callado, con el ce&#241;o fruncido-. Pero &#191;por qu&#233; me ha elegido a m&#237;?

Eso no lo s&#233;. Vuelvo a repetir que quiz&#225; s&#243;lo el Hijo de Sven sepa la raz&#243;n de haberlo elegido; pero

Pero &#191;qu&#233;? -pregunt&#243; Van Heiden.

La doctora Eckhardt continu&#243; dirigi&#233;ndose directamente a Fabel.

Bueno, siente que hay una conexi&#243;n entre ustedes. Existe la posibilidad de que sus caminos se hayan cruzado en el pasado. O quiz&#225; se trate de alguien que haya conocido ahora.

Pero eso no es seguro -Fabel pronunci&#243; aquella afirmaci&#243;n m&#225;s bien como una pregunta.

No, no es seguro. Tan s&#243;lo es una posibilidad. Esta sensaci&#243;n de que est&#225;n conectados puede basarse simplemente en lo que ha le&#237;do sobre usted, por ejemplo sobre usted o sobre alguno de sus casos, y que lo haya elegido bas&#225;ndose en eso.

Pero &#191;podr&#237;a tratarse de alguien cuyo camino se haya cruzado con el m&#237;o en el pasado, quiz&#225; de un modo significativo?

Creo que es una posibilidad, nada m&#225;s.

Fabel se volvi&#243; hacia Van Heiden con una mirada cargada de significado. Van Heiden neg&#243; con la cabeza.

No empieces con esa vieja historia, Fabel

Fabel se encogi&#243; de hombros.

Ya lo s&#233;. Es s&#243;lo que es inevitable pensar que encajar&#237;a: Svensson burl&#225;ndose de m&#237; con toda esa mierda del Hijo de Sven, dici&#233;ndome que est&#225; vivo y que todo esto es obra suya.

Van Heiden neg&#243; con la cabeza.

D&#233;jalo, Fabel. Svensson est&#225; muerto. Lleva casi veinte a&#241;os muerto.

&#191;Qui&#233;n es Svensson? -pregunt&#243; la doctora Eckhardt.

Es historia -respondi&#243; Van Heiden-. Historia antigua, y no tiene nada que ver con este caso. Es alguien que muri&#243; hace mucho.

Que presuntamente muri&#243; hace mucho -le corrigi&#243; Fabel-. En teor&#237;a, muri&#243; quemado. Pero no se hallaron pruebas suficientes que demostraran que era &#233;l. Se llamaba Hendrik Svensson y era un cabr&#243;n manipulador y perverso que dirig&#237;a una c&#233;lula de chicas terroristas. Era un antiguo miembro de la Rote Armee-Fraktion -Fracci&#243;n del Ej&#233;rcito Rojo- de Baader-Meinhof que mont&#243; su propio grupo. En aquellos tiempos hab&#237;a muchos grupos escindidos que no compart&#237;an la filosof&#237;a de la Baader-Meinhof de pasar completamente a la clandestinidad. Estaban el Movimiento 2 de junio y el SPK, que precedieron a la Rote Armee-Fraktion, y estaban las Revolution&#228;re Zellen -las c&#233;lulas revolucionarias-, que combinaban terroristas activos clandestinos con legales que trabajaban a plena luz del d&#237;a. Luego estaba el Rote Zora, que era exclusivamente femenino. Svensson se inspir&#243; en todos ellos. Llam&#243; a su unidad RAG: Radikale Aktionsgruppe. La mayor&#237;a de las chicas que dirig&#237;a no hab&#237;an cumplido los veinte a&#241;os. Las mandaba a colocar bombas en el Alsterarkaden y a atracar bancos.

Fabel y yo ya hemos hablado de esto. -Van Heiden se volvi&#243; hacia la doctora Eckhardt-. Como la identificaci&#243;n del cuerpo no fue concluyente, Fabel sospecha que, quiz&#225;, de alg&#250;n modo, Svensson ha vuelto de entre los muertos para llevar a cabo estos asesinatos.

&#191;Eso es lo que cree? -le pregunt&#243; la doctora a Fabel.

No, no necesariamente. En realidad, no. Tan s&#243;lo creo que no deber&#237;amos descartar ninguna posibilidad

Lo siento -dijo la doctora Eckhardt-. Pero no lo entiendo: &#191;por qu&#233; se le ocurre considerar a esta persona sospechoso potencial? No veo la conexi&#243;n entre un terrorista muerto y estos asesinatos en serie

Admito que es altamente improbable. Y acepto lo que dice Herr Kriminaldirektor Van Heiden: probablemente fue Svensson quien muri&#243; en la explosi&#243;n. Pero ha sido este elemento del Hijo de Sven lo que ha hecho que empiece a hacerme preguntas, as&#237; como las referencias continuas a las &#225;guilas. El nombre en clave de Svensson era &#193;guila. Adem&#225;s, tambi&#233;n est&#225; la extra&#241;a relaci&#243;n que ten&#237;a con las mujeres.

&#191;Extra&#241;a en qu&#233; sentido?

Parec&#237;a que necesitaba dominarlas completamente. Se dice que intimaba f&#237;sicamente con todas las chicas de su grupo. Los peri&#243;dicos las apodaron el har&#233;n de Svensson.

&#191;Y qu&#233; relaci&#243;n tiene Svensson con usted?

En 1983 intentaron atracar el principal Commerzbank, en Paul-Nevermann-Platz. Hab&#237;a tres mujeres, que eran miembros del grupo escindido de Svensson. Al salir, tropezaron con dos agentes de la Schutzpolizei que hac&#237;an su ronda a pie. Se produjo un tiroteo Dos de las chicas terroristas y un agente murieron, y el otro result&#243; gravemente herido. Yo llegu&#233; al lugar cuando la terrorista superviviente hu&#237;a. La persegu&#237; hasta el muelle, le grit&#233; que soltara el arma, pero se volvi&#243; y dispar&#243;. Me dio en el costado y yo respond&#237;: dos tiros, en la cara y en la cabeza. Muri&#243; en el acto. Se llamaba Gisela Frohm. Ten&#237;a diecisiete a&#241;os. Era una cr&#237;a.

Comprendo. -La doctora Eckhardt se quit&#243; las gafas y pareci&#243; evaluar a Fabel durante unos momentos-. Entiendo que establezca una relaci&#243;n, pero tengo que decir que aunque ese tal Svensson hubiera sobrevivido, no ser&#237;a un sospechoso natural en estos asesinatos.

&#191;Por qu&#233; no?

Pues porque no encaja en el perfil: por edad, psicolog&#237;a, y todo lo dem&#225;s. -La doctora Eckhardt se ech&#243; para atr&#225;s un mech&#243;n de pelo negro que hab&#237;a ca&#237;do sobre su frente ancha. Volvi&#243; a ponerse las gafas antes de leer un papel de su carpeta-. Tenemos dos indicadores a partir de los cuales podemos construir un perfil de nuestro asesino: las pruebas f&#237;sicas halladas en las escenas de los cr&#237;menes y el contenido de los mensajes de correo electr&#243;nico. El perfil amplio que tenemos en estos momentos nos dice que se trata de un hombre, de entre veinte y cuarenta a&#241;os, pero lo m&#225;s probable es que tenga menos de treinta. Es evidente que es inteligente, pero quiz&#225; no tanto como &#233;l cree. En cuanto a nivel de estudios, como m&#237;nimo se sac&#243; el Abitur. Puede que est&#233; licenciado y que tenga un trabajo con una responsabilidad razonable, aunque &#233;l creer&#225; que est&#225; por debajo de sus posibilidades. O puede que, por alg&#250;n motivo, no haya podido completar lo que &#233;l considera todo su potencial acad&#233;mico y tenga un trabajo t&#233;cnico de categor&#237;a inferior.

Como ya ha se&#241;alado Frau Klee, parece que tiene conocimientos avanzados de inform&#225;tica. Es probable, aunque no seguro, que viva solo. La referencia que hace en el mensaje al aislamiento y la marginaci&#243;n sociales concuerda con el perfil t&#237;pico. Es un solitario; alguien con poca autoestima. Cree que su inteligencia est&#225; infravalorada y que el mundo que lo rodea subestima su potencial, un mundo al que ahora le ha declarado la guerra. Tambi&#233;n puede ser que durante su infancia o adolescencia tuviera lugar un episodio -o una serie de episodios- en el que una mujer lo humillara o dominara. Otra posibilidad es que ocurriera algo y culpara a su madre por ser incapaz de protegerlo de un padre dominante o maltratador. Fuera lo que fuera, pudo coincidir con la pubertad, cuando las fantas&#237;as masturbatorias pueden girar en torno a sentimientos violentos de venganza hacia las mujeres. En este caso, el odio y el miedo que siente por las mujeres se han convertido en un v&#237;nculo indisoluble de su excitaci&#243;n sexual. Puede que tenga alg&#250;n tipo de disfunci&#243;n sexual y sea impotente, excepto cuando llega a la excitaci&#243;n y al orgasmo como consecuencia de ejercer la violencia extrema contra las mujeres.

Pero no hemos hallado semen en las escenas de los cr&#237;menes, ni siquiera se&#241;ales de penetraci&#243;n -coment&#243; Fabel. La hermosa Frau Doktor le devolvi&#243; la mirada ladeando la cabeza y mir&#225;ndolo por encima de las gafas.

No. Pero eso no significa que no haya llevado a cabo un acto sexual. Puede que se pusiera un preservativo para no dejar rastros de ADN. Seguramente, lo que esta persona hace para obtener la satisfacci&#243;n sexual est&#225; tan lejos de lo que es una funci&#243;n sexual normal que es imposible reconocerlo. Y como ya he dicho, puede que sea impotente. El crimen es de naturaleza sexual, pero puede que ni el propio autor vea o reconozca la motivaci&#243;n sexual del mismo. Y un elemento importante que se desprende del mensaje de correo electr&#243;nico, y de la naturaleza ritual de los asesinatos, es la religiosidad de este acto. Es una especie de ceremonia que lleva a cabo por razones m&#225;s abstractas que por una mera satisfacci&#243;n sexual inmediata.

Maria Klee intervino.

&#191;Podr&#237;a tratarse de m&#225;s de una persona? Por lo que dice, es como si fuera casi un ritual. Si no es un tema pol&#237;tico, &#191;podr&#237;amos estar enfrent&#225;ndonos a una especie de culto?

Werner Meyer solt&#243; una risa llena de sarcasmo. Las dos mujeres lo obviaron. Fabel le dirigi&#243; una mirada de advertencia.

Es posible, pero improbable -contest&#243; Susanne Eckhardt-. Si fueran acciones realizadas por m&#225;s de una persona, el perfil de nuestro autor principal, de la persona que comete los asesinatos, seguir&#237;a siendo el mismo. Cualquier otro participante ser&#237;a un manipulador, alguien cuyo papel llenar&#237;a el vac&#237;o dejado por el progenitor indiferente o maltratador. En estos casos (como en el de Leonard Lake y Charles Ng en Estados Unidos en los ochenta), un miembro de la pareja no tiene autoestima, mientras que el otro es patol&#243;gicamente ego&#237;sta. Pero en este caso, creo que es mucho m&#225;s probable que se trate de una cruzada en solitario. Lo ha explicado al detalle en su segundo mensaje. Es un lobo solitario. Y eso, por supuesto, es mucho m&#225;s habitual que los asesinatos en serie en equipo. -La doctora Eckhardt hizo una pausa y se quit&#243; las gafas-. Esta persona est&#225; compensando su falta de autoestima con estos actos. Por eso creo que es altamente improbable que el terrorista de Herr Fabel encaje en el perfil: no concuerda la edad, no concuerdan las motivaciones, no concuerda la psicolog&#237;a, no concuerdan las ideas pol&#237;ticas.

Van Heiden reaccion&#243; como si hubiera recibido una suave descarga el&#233;ctrica.

&#191;Qu&#233; quiere decir con que no concuerdan las ideas pol&#237;ticas?

Bueno, el perfil psicol&#243;gico b&#225;sico que he trazado, culpar a la sociedad de los fracasos personales, creer que se subestima el potencial personal en un mundo injusto; casi todo, de hecho, excluyendo el trauma psicosexual, encaja tambi&#233;n con el t&#237;pico neonazi.

&#191;No hab&#237;a dicho que este caso no ten&#237;a motivaciones pol&#237;ticas?

S&#237;. Es lo que creo. Las motivaciones de este hombre seguramente son psicosexuales, pero como el resto de la gente, tiene sus opiniones pol&#237;ticas. En su caso, estas opiniones pol&#237;ticas pueden o no haberse tergiversado de forma grotesca desde su perspectiva psic&#243;tica y puede incluso que sean una especie de justificaci&#243;n, una excusa, para tales actos. Al menos en parte. Lo que quiero decir es que un terrorista de izquierdas como Svensson no tendr&#237;a el mismo perfil.

Fabel asinti&#243; despacio con la cabeza.

Acepto lo que dice, pero &#191;qu&#233; pasa si resulta que el centro de todo esto soy yo? &#191;Qu&#233; pasa si resulta que me est&#225; haciendo participar en, bueno, en alguna especie de desaf&#237;o? Yo mat&#233; a una de sus mujeres, as&#237; que &#233;l mata a mujeres a las que yo, como polic&#237;a, se supone que debo proteger.

Susanne Eckhardt se ri&#243;.

Ahora nos hemos intercambiado los papeles, y tengo que decirle que eso es psicolog&#237;a barata. -Dej&#243; las gafas sobre la mesa, irgui&#243; los hombros y ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s, clavando los ojos oscuros en Fabel. &#201;ste se sinti&#243; inc&#243;modo bajo su mirada implacable y temi&#243; que se le notara la atracci&#243;n que sent&#237;a por ella-. Pero si va a jugar a los psic&#243;logos -prosigui&#243; sonriendo-, deje que yo juegue a los polic&#237;as. Usted mismo reconoce que estamos hablando de alguien que seguramente est&#225; muerto

S&#237;.

Y en su &#250;ltimo mensaje se ha descrito como alguien que ha pasado toda la vida en los m&#225;rgenes de las fotograf&#237;as de los dem&#225;s. No es que encaje precisamente con un terrorista con un har&#233;n de jovencitas ac&#243;litas que sale en las noticias

Van Heiden se ri&#243;.

Doctora Eckhardt, quiz&#225; deber&#237;a darle el puesto de Herr Fabel -Se volvi&#243; hacia Fabel mientras la sonrisa desaparec&#237;a-. Bien, Fabel, centr&#233;monos en los sospechosos que est&#225;n vivos.

Fabel segu&#237;a mirando a la doctora Eckhardt. Ella segu&#237;a sonriendo y le sostuvo la mirada; hab&#237;a intensidad en sus ojos.

Bueno, como he dicho, s&#243;lo lo consideraba una posibilidad remota.

La doctora Eckhardt volvi&#243; a ponerse las gafas y examin&#243; el informe.

Otra cosa que deber&#237;amos investigar son violaciones o intentos de violaci&#243;n previos que hayan quedado sin resolver. Puede ser que nuestro asesino haya cometido ataques sexuales en el pasado como preludio a la acci&#243;n principal.

&#191;Hemos investigado ataques recientes como los que ha descrito la doctora Eckhardt? -pregunt&#243; Van Heiden. Werner mir&#243; a Fabel; su expresi&#243;n dec&#237;a: &#191;Por qu&#233; no se nos ha ocurrido?. Otra mirada de advertencia.

S&#237;, Herr Kriminaldirektor -contest&#243; Fabel-. Hemos interrogado a todos los delincuentes sexuales que encajan con el perfil. Nada; aunque hubo diversos ataques a mujeres en el &#225;rea de Harburg y Altona el a&#241;o pasado que quedaron sin resolver. Estamos interrogando de nuevo a las v&#237;ctimas, por si acaso.

Muy bien, Kriminalhauptkommissar Fabel -dijo Van Heiden-, mant&#233;ngame informado. Mientras tanto, tenemos una cita. -Mir&#243; la hora-. &#191;Nos vemos arriba dentro de diez minutos?

De acuerdo.

Fabel se acerc&#243; a la pared que estaba cubierta con las fotos de las v&#237;ctimas tomadas en las escenas de los cr&#237;menes. El flash confer&#237;a a las im&#225;genes una intensidad artificial: colores nauseabundos que estallaban en el papel brillante. Parec&#237;an irreales, goyescas. Sin embargo, eran reales: hac&#237;a cuatro largos meses, un d&#237;a fr&#237;o y ventoso, Werner y Fabel fueron a L&#252;neburg Heath, con los cuellos de los abrigos subidos para protegerse de un viento cortante nacido en Siberia que hab&#237;a recorrido la llana planicie b&#225;ltica sin hallar ning&#250;n obst&#225;culo. Era como un paisaje lunar; el resplandor severo de las l&#225;mparas de arco port&#225;tiles iluminaba la noche; el aire fr&#237;o chisporroteaba con el parloteo sibilante de las radios de la polic&#237;a. Se quedaron mirando el cuerpo mutilado de la primera v&#237;ctima, Ursula Kastner, una abogada de veintinueve a&#241;os que hab&#237;a salido de su despacho y hab&#237;a entrado directamente en el infierno. Yac&#237;a delante de ellos en el brezal con un vac&#237;o negro en mitad del pecho. Al d&#237;a siguiente, hab&#237;a llegado el primer mensaje de correo electr&#243;nico para Fabel.

Se percat&#243; de la presencia de Maria Klee a su lado.

&#191;Por qu&#233; lo hacen? -Fabel habl&#243; tanto para s&#237; mismo como para ella. Pas&#243; la vista por las im&#225;genes.

&#191;Por qu&#233; hacen el qu&#233;?

&#191;Por qu&#233; acceden? Parece que la primera v&#237;ctima qued&#243; con el asesino. Encontramos su coche aparcado y cerrado en un &#225;rea de descanso de la autobahn, y no hab&#237;a se&#241;ales de forcejeo o de rapto con violencia. Y esta segunda v&#237;ctima es como si hubiera invitado a entrar al asesino; o &#233;ste tuviera llave. No hay se&#241;al de que forzaran la entrada, o de un forcejeo en la puerta o cerca de ella. Supongo, en cierto modo, que uno puede entender que una prostituta sea, bueno, acogedora. Pero Ursula Kastner era una joven inteligente que se preocupaba por su seguridad. &#191;Por qu&#233; ambas accedieron a ver a un completo desconocido?

Si es que era un desconocido -dijo Maria.

Si sigue el perfil t&#237;pico del asesino en serie, como sabes, no elige a v&#237;ctimas que ya lo conozcan -Susanne Eckhardt se uni&#243; a Fabel y Maria.

Entonces, &#191;por qu&#233; Kastner se fue con &#233;l y Monique lo dej&#243; entrar? -Fabel repiti&#243; su pregunta. Maria se encogi&#243; de hombros.

Quiz&#225; ten&#237;a algo que invitaba a confiar en &#233;l. -Susanne hizo una pausa, como si sopesara sus propias palabras-. &#191;Record&#225;is el caso de Albert DeSalvo?

Maria y Fabel se miraron sin comprender.

Albert DeSalvo. El estrangulador de Boston. Asesin&#243; a doce mujeres en Boston a principios de los sesenta

&#191;Qu&#233; pasa con &#233;l? -La confusi&#243;n de Fabel era aut&#233;ntica.

La polic&#237;a de Boston se hizo exactamente la misma pregunta: &#191;Por qu&#233; las v&#237;ctimas lo dejaban entrar en su casa?.

&#191;Por qu&#233;?

DeSalvo era fontanero de profesi&#243;n. Llamaba a la puerta y dec&#237;a que el administrador del edificio le hab&#237;a pedido que se pasara. Si la v&#237;ctima sospechaba o protestaba, DeSalvo simplemente dec&#237;a vale y se marchaba como si no le importara. Como las v&#237;ctimas no quer&#237;an buscarse problemas con los caseros, como DeSalvo obviamente llevaba las herramientas aut&#233;nticas de su profesi&#243;n con &#233;l, y como no insist&#237;a, volv&#237;an a llamarlo y abr&#237;an la puerta.

&#191;Qu&#233; quieres decir, entonces? -pregunt&#243; Maria-. &#191;Que deber&#237;amos buscar a un fontanero?

Susanne suspir&#243; con impaciencia.

No. No necesariamente. Pero es posible que se haga pasar por algo similar. Por alguien que invite a confiar en &#233;l, aunque para la v&#237;ctima sea un desconocido.

Maria se golpete&#243; los dientes con el bol&#237;grafo.

Sabemos que este tipo tiene, como &#233;l mismo ha admitido, un aspecto an&#243;nimo. Quiz&#225;, antes de asesinar, disfrute visti&#233;ndose como alguien que tiene autoridad

Vaya, Herr Fabel -Susanne Eckhardt dej&#243; ver sus dientes perfectos con una gran sonrisa-, la psicolog&#237;a amateur de Maria es mucho mejor que la suya.

Fabel pase&#243; la mirada por las im&#225;genes de la pared.

Supongamos que adorna su ritual visti&#233;ndose como una figura que tiene autoridad. &#191;Qu&#233; profesi&#243;n proporciona autoridad sobre las v&#237;ctimas adem&#225;s de ganarse su confianza absoluta?

Maria Klee se qued&#243; mirando a Fabel un momento. Cuando habl&#243;, lo hizo casi en un susurro.

Mierda.

&#191;Informo yo al Kriminaldirektor o lo haces t&#250;?


Antes de subir al despacho de Van Heiden, Fabel hizo una llamada al LKA7, la divisi&#243;n especial del Landeskriminalamt dedicada a la lucha contra el crimen organizado. Pidi&#243; una cita para ver al Hauptkommissar Buchholz, quien estaba al frente del equipo que investigaba a la organizaci&#243;n Ulugbay. Hab&#237;a algo en el tono de Buchholz que hizo que Fabel tuviera la sensaci&#243;n de que esperaba su llamada, pero que no la recib&#237;a de buen grado. Buchholz accedi&#243; a ver a Fabel a las dos y media de la tarde. Despu&#233;s de llamar a la divisi&#243;n, Fabel sac&#243; la carpeta azul de Klugmann, la que conten&#237;a su hoja de servicios en la polic&#237;a de Hamburgo. Ah&#237; estaba, tal como hab&#237;a esperado: Klugmann hab&#237;a trabajado seis meses -de hecho, los seis meses inmediatamente anteriores a su salida del cuerpo- a las &#243;rdenes directas de Buchholz como miembro de uno de los Mobile Einsatz Kommandos.

Fabel justo hab&#237;a acabado de recoger sus papeles para dirigirse al despacho de Van Heiden cuando Werner asom&#243; la cabeza ovalada y calva por la puerta del despacho.

Jan, el profesor Dorn ha dejado otro mensaje. Pide de nuevo si puede verte.

&#191;Tienes su n&#250;mero? -Fabel no levant&#243; la vista y sigui&#243; recogiendo sus carpetas.

S&#237;. Dice que puede ayudarnos con este caso. Se muestra muy insistente, Jan.

Fabel no levant&#243; la vista.

Vale. Concierta la cita.

Werner asinti&#243; con la cabeza y desapareci&#243;. Fabel se coloc&#243; las carpetas debajo del brazo y sali&#243; del despacho para dirigirse al ascensor. Mientras lo hac&#237;a, not&#243; que el est&#243;mago se le revolv&#237;a de un modo desagradable al recordar la cara de su viejo tutor. La vio con bastante nitidez. Luego, intent&#243; recordar otra cara, una cara que tambi&#233;n asociaba con el apellido Dorn, pero no pudo.

El despacho de Van Heiden estaba en la cuarta planta del Polizeipr&#228;sidium de la polic&#237;a de Hamburgo. Al salir del ascensor, Fabel se encontr&#243; de inmediato con una joven recepcionista atractiva y sonriente de paisano. Llevaba el pelo rubio claro peinado hacia atr&#225;s en una coleta y vest&#237;a una sobria blusa blanca y un traje de chaqueta y pantal&#243;n negro. Fabel podr&#237;a haber entrado en un banco, s&#243;lo que sab&#237;a que aquella joven recepcionista hermosa era una Polizistin y tendr&#237;a una SIG-Sauer PG autom&#225;tica de 9 mm en la cintura de la falda. Tras confirmar la cita, la recepcionista condujo a Fabel por un pasillo hasta una gran sala de reuniones: un rect&#225;ngulo largo con grandes ventanas a un lado que daban, como la sala de informaci&#243;n de abajo, a la Hindenburgstrasse. Una larga mesa de cerezo estaba flanqueada a cada lado por sillones de piel negros. Tres de las sillas, hacia el final de la mesa, estaban ocupadas: Van Heiden estaba sentado entre un hombre achaparrado de constituci&#243;n fuerte con el pelo negro y corto y entradas, a quien Fabel no reconoci&#243;, y un hombre obeso y rubio y de tez ligeramente rubicunda al que parec&#237;a como si le hubieran fregado la piel recientemente. Fabel vio que era el Innensenator Hugo Ganz, ministro del Interior de Hamburgo. Junto a la ventana hab&#237;a un cuarto hombre, de espaldas a Fabel, que miraba el tr&#225;fico de la calle. Era muy alto y llevaba un traje elegante que no era alem&#225;n, sino seguramente italiano. Los tres hombres de la mesa estaban enzarzados en una discusi&#243;n y hac&#237;an referencias continuas a las notas que hab&#237;a sobre la mesa.

Fabel mir&#243; directamente al hombre desconocido de la mesa. Van Heiden comprendi&#243; la mirada e hizo las presentaciones.

&#201;ste es el Oberst Gerd Volker del BND. Oberst Volker, el Kriminalhauptkommissar Fabel. Si&#233;ntese, por favor, Fabel.

All&#225; vamos, pens&#243; Fabel. El BND -el Bundesnachrichtendienst- era el servicio de inteligencia, encargado de proteger la Grundgesetz: la Ley Fundamental o Constituci&#243;n de la Rep&#250;blica Federal de Alemania. Era la labor del BND controlar a los grupos terroristas y extremistas, de derechas e izquierdas, activos o latentes, del paisaje pol&#237;tico alem&#225;n. Y desde 1996, el BND se hab&#237;a implicado en la lucha contra el crimen organizado. La desconfianza de Fabel hacia el BND era profunda. La polic&#237;a secreta es la polic&#237;a secreta, da igual las siglas que tengan.

Volker sonri&#243; y extendi&#243; la mano.

Encantado de conocerlo, Herr Fabel. Le&#237; mucho sobre su trabajo en el caso Markus St&#252;mbke el a&#241;o pasado -Los dos hombres se dieron la mano.

Y el Innensenator Ganz -continu&#243; Van Heiden.

Ganz extendi&#243; la mano; la cara rubicunda no esboz&#243; ninguna sonrisa.

Es un asunto terrible, Herr Kriminalkommissar -dijo Ganz, degradando el rango de Fabel varios grados-. Espero que est&#233; empleando todos los medios a su disposici&#243;n para ponerle fin.

Erster Kriminalhauptkommissar -le corrigi&#243; Fabel-. Y no hace falta que le diga, Senator, que estamos haciendo todo lo posible para atrapar a este asesino

Estoy seguro de que es consciente de que la prensa est&#225; fomentando la preocupaci&#243;n entre la opini&#243;n p&#250;blica hasta el punto de crear un estado casi de frenes&#237; -dijo la figura de la ventana, que por fin se volvi&#243; para mirar a los dem&#225;s. Era un hombre alto, elegante, enjuto, de hombros anchos y unos cincuenta a&#241;os, de ojos azules intensos y rostro largo, delgado e inteligente esculpido de l&#237;neas verticales. Ten&#237;a el pelo entre canoso y rubio y llevaba un corte caro. A Fabel, que tambi&#233;n era un admirador de la buena sastrer&#237;a inglesa, le pareci&#243; que la cara camisa azul oscura era de Jermyn Street, en Londres. Sin duda, el traje era italiano. El efecto global transmit&#237;a m&#225;s buen gusto y estilo que ostentaci&#243;n. Fabel no hab&#237;a coincidido nunca con aquel hombre, pero lo reconoci&#243; al instante. Despu&#233;s de todo, le hab&#237;a votado.

S&#237;, Herr Erster B&#252;rgermeister, me doy cuenta. -Fabel gir&#243; el sill&#243;n de piel en el que estaba sentado para mirar al presidente de Hamburgo y jefe del gobierno regional, el doctor Hans Schreiber.

Schreiber sonri&#243;.

A usted lo llaman der englische Kommissar, &#191;verdad?

De forma incorrecta, s&#237;.

&#191;No es ingl&#233;s?

No. Puedo decir con toda sinceridad que no hay ni una gota de sangre inglesa en mi cuerpo. Mi madre es escocesa y mi padre era frisio. Vivimos en Inglaterra un tiempo cuando era peque&#241;o. Recib&#237; parte de mi educaci&#243;n all&#237;. &#191;Por qu&#233; lo pregunta?

Era s&#243;lo curiosidad. Yo tambi&#233;n soy un angl&#243;filo. Despu&#233;s de todo, dicen que Hamburgo es la ciudad m&#225;s brit&#225;nica fuera del Reino Unido Bueno, me parece interesante; que lo llamen el Kommissar ingl&#233;s, quiero decir. Lo distingue como alguien, bueno, distinto &#191;Se considera una persona distinta, Herr Fabel?

Fabel se encogi&#243; de hombros. No ve&#237;a qu&#233; sentido ten&#237;a aquella conversaci&#243;n, y el tono personal empezaba a molestarle. La verdad era que s&#237; se sent&#237;a distinto. Hab&#237;a sido consciente toda su vida de que en su car&#225;cter hab&#237;a un aspecto no alem&#225;n. Le fastidiaba y al mismo tiempo lo apreciaba.

Sin duda, Schreiber percibi&#243; la creciente intranquilidad de Fabel.

Lo siento, Herr Fabel, no era mi intenci&#243;n ser indiscreto.

Pero es que he le&#237;do su hoja de servicios, y es evidente que es usted un agente excepcional. Yo s&#237; creo que es distinto, que tiene una ventaja, una perspectiva a&#241;adida que los otros no poseen. Por eso creo que usted es el hombre que detendr&#225; a este monstruo.

No tengo alternativa -dijo Fabel, y le explic&#243; que ese tal Hijo de Sven lo hab&#237;a elegido como su n&#233;mesis. Mientras Fabel hablaba, Schreiber asent&#237;a y frunc&#237;a el ce&#241;o como si absorbiera y sopesara cada dato; pero Fabel not&#243; que el B&#252;rgermeister recorr&#237;a la habitaci&#243;n con la mirada. Aquel movimiento daba a sus ojos intensos de p&#225;rpados ca&#237;dos una mirada casi rapaz. Era como si su mente estuviera en varios sitios al mismo tiempo.

Lo que yo quiero saber, Herr Hauptkommissar, es si tiene usted una estrategia -pregunt&#243; el Innensenator Ganz-. Espero que no estemos permitiendo que sea este man&#237;aco quien marque la pauta. Esta situaci&#243;n requiere una actuaci&#243;n policial proactiva

Fabel iba a contestar, pero Schreiber se le anticip&#243;.

Tengo plena confianza en Herr Fabel, Hugo. Y creo que no ayuda en nada que nosotros los pol&#237;ticos le digamos a la polic&#237;a c&#243;mo debe hacer su trabajo.

Las mejillas rosadas de Ganz se enrojecieron a&#250;n m&#225;s. Hab&#237;a quedado claro qui&#233;n estaba al mando. Lo extra&#241;o era que, aunque Schreiber hab&#237;a dicho lo que ten&#237;a que decir, Fabel no estaba del todo convencido de que tuviera realmente la confianza del Erste B&#252;rgermeister; o de que &#233;l, a su vez, confiara en Schreiber.

Van Heiden rompi&#243; lo que se estaba convirtiendo en un silencio inc&#243;modo.

Quiz&#225; sea un buen momento para que el Kriminalhauptkommissar Fabel nos presente su informe. -Schreiber ocup&#243; su lugar en la mesa, y Fabel pas&#243; a hacer un resumen de los avances en el caso hasta la fecha. Iba salpicando su informe con im&#225;genes del caso. En diversos momentos, le pareci&#243; que Ganz se pon&#237;a bastante enfermo; el rostro de Schreiber era una m&#225;scara de solemnidad estudiada. Hacia el final de su presentaci&#243;n, Fabel se recost&#243; en la silla y mir&#243; a Van Heiden.

&#191;Qu&#233; pasa, Fabel? &#191;Hay algo m&#225;s de lo que quiera informarnos?

Me temo que s&#237;, Herr Kriminaldirektor. Por el momento, s&#243;lo es una teor&#237;a, pero

&#191;Pero?

Como ya he se&#241;alado, no hemos hallado pruebas de que forzaran la entrada en el piso de la segunda v&#237;ctima, ni tampoco de que se produjera un forcejeo violento en el primer momento de contacto entre el asesino y las dos v&#237;ctimas. Por eso hemos llegado a la conclusi&#243;n de que o bien iba armado y las convenci&#243; con amenazas, o bien las v&#237;ctimas, bueno, confiaron en el asesino por alguna raz&#243;n. Esto &#250;ltimo significa una de estas dos cosas: que el asesino es alguien que ya conoc&#237;an; aunque creemos que esto es sumamente improbable, dado el perfil que hemos realizado de nuestro asesino y la disparidad de clase social y zona de residencia de las v&#237;ctimas

&#191;Y la segunda opci&#243;n? -pregunt&#243; Schreiber.

La segunda opci&#243;n es que nuestro asesino se haga pasar por alguien que tenga autoridad o despierte una confianza impl&#237;cita

&#191;Como por ejemplo? -pregunt&#243; Van Heiden.

Como un agente de polic&#237;a o alguien del Ayuntamiento.

Hubo un momento de silencio. Schreiber y Ganz se lanzaron una mirada dif&#237;cil de interpretar. Volker permaneci&#243; inexpresivo.

Pero ni mucho menos es seguro, &#191;verdad? -La pregunta de Van Heiden era m&#225;s bien una s&#250;plica.

No. No lo es. Pero hay que tener presente que las v&#237;ctimas no forcejearon con el asesino. Podr&#237;a tratarse de alguien que se hace pasar por un operario con una historia plausible, pero el perfil psicol&#243;gico sugiere que el asesino podr&#237;a disfrutar con el poder que le dar&#237;an sobre sus v&#237;ctimas un uniforme de polic&#237;a o una placa.

Una rojez m&#225;s intensa asom&#243; a las mejillas de Ganz.

Estoy seguro de que no tengo que se&#241;alarles, caballeros, que la polic&#237;a de Hamburgo no goza de buena prensa en estos momentos. Justo ayer tuve una discusi&#243;n, digamos que en&#233;rgica, con la junta de la Polizeikommission sobre lo que consideran racismo institucional en la polic&#237;a de Hamburgo. Lo &#250;ltimo que necesitamos es que un man&#237;aco que finge ser polic&#237;a y destripa a mujeres se pasee por las calles de Hamburgo.

A Fabel se le acab&#243; la paciencia.

Por el amor de dios, nosotros no tenemos la culpa de que un psic&#243;pata elija disfrazarse de polic&#237;a; y eso a&#250;n est&#225; por verse. No somos responsables ni podemos controlar

Eso no es lo que ha querido decir el Innensenator Ganz -dijo Schreiber-. Lo que ha querido decir es que la opini&#243;n p&#250;blica va a desconfiar a&#250;n m&#225;s de la polic&#237;a si cree que hay un asesino psic&#243;tico que se disfraza de poli.

S&#243;lo si estamos en lo cierto, y s&#243;lo si nuestra sospecha sale a la luz. Como he dicho, por ahora tan s&#243;lo es una teor&#237;a.

Espero que sea incorrecta, Herr Fabel -dijo Ganz; iba a continuar, pero al parecer, una mirada de Schreiber lo silenci&#243;.

Estoy seguro de que no pasar&#225; -dijo Schreiber-. Tengo plena confianza en que Herr Fabel encontrar&#225; pronto a este monstruo.

&#191;Ah, s&#237;? -pens&#243; Fabel-. Pues yo no estoy tan seguro.

Por supuesto -Schreiber se dirigi&#243; a Van Heiden directamente-, espero que podamos informar de los progresos cuanto antes. Ya s&#233; que para ustedes, caballeros, es dif&#237;cil tener presente la inquietud de la opini&#243;n p&#250;blica, y tampoco tienen por qu&#233;; pero yo s&#237; debo preocuparme por la percepci&#243;n que genera la prensa de los cr&#237;menes violentos que tienen lugar en Hamburgo. Otro asesino en serie es una raz&#243;n m&#225;s para que nuestras ciudadanas se sientan desamparadas.

Desamparadas. Mierda -pens&#243; Fabel-, esta gente ni siquiera habla un alem&#225;n sencillo. Schreiber se dirigi&#243; hacia la puerta. Ganz capt&#243; la indirecta y se puso en pie. Volker, el hombre del BND, Van Heiden y Fabel tambi&#233;n se levantaron.

Por favor, mant&#233;nganos plenamente informados de sus progresos -dijo Ganz.

Por supuesto, Herr Innensenator -contest&#243; Van Heiden.

Despu&#233;s de que los dos pol&#237;ticos se marcharan, Fabel se dirigi&#243; a Volker.

&#191;Puedo preguntar, Herr Oberst, qu&#233; inter&#233;s tiene el BND en este caso?

Espero que ninguno. -Por alguna raz&#243;n, la gran sonrisa de Volker no se reflej&#243; en su mirada. Fabel sinti&#243; que crec&#237;a su desconfianza en los hombres del BND-. Colaboro con la Besondere Aufbau Organisation que est&#225; establecida aqu&#237; en el

Pr&#228;sidium. Herr Van Heiden me ha alertado de que es posible que estos cr&#237;menes tengan alg&#250;n componente pol&#237;tico extremista de la Rechtsradikale.

Fabel asinti&#243; lentamente con la cabeza mientras procesaba la informaci&#243;n. &#191;Por qu&#233; este caso iba a despertar el inter&#233;s de un hombre del servicio secreto del BND que colaboraba con la Besondere Aufbau Organisation? El Bundeskriminalamt hab&#237;a creado el BAO despu&#233;s del descubrimiento bochornoso de que un apartamento min&#250;sculo en el n&#250;mero 54 de la Marienstrasse de Hamburgo hab&#237;a sido el centro de operaciones de los terroristas que emprendieron los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos. Al menos ocho de los terroristas, incluido el jefe de la c&#233;lula, Mohammed Atta, hab&#237;an pasado por el piso de Hamburgo. La respuesta del Gobierno alem&#225;n hab&#237;a sido crear el BAO. Setenta especialistas del Bundeskriminalamt, veinticinco detectives de la polic&#237;a de Hamburgo y seis agentes del FBI norteamericano trabajaban en el BAO; su cometido era exclusivamente reunir informaci&#243;n sobre Al-Qaeda y otros grupos terroristas isl&#225;micos. Fabel se dio cuenta de que le fastidiaba tener que hablar de su caso con alguien cuyas competencias no ten&#237;an nada que ver con la investigaci&#243;n.

Ya le he dejado claro al Kriminaldirektor que es muy poco probable que estas acciones sean obra de alg&#250;n tipo de neo-nazi. -Fabel se esforz&#243;, sin &#233;xito, por no trasladar la irritaci&#243;n que sent&#237;a a su tono de voz. Volker sigui&#243; sonriendo.

Ya, s&#237;, lo comprendo, Herr Fabel. Sin embargo, si existe alguna posibilidad de que este caso tenga un componente pol&#237;tico, creo que es mejor que el BND est&#233; al tanto de c&#243;mo evoluciona el caso. Prometo entrometerme lo menos posible. Si pudiera mantenerme informado, en particular sobre cualquier suceso que pudiera se&#241;alar que existe un componente pol&#237;tico

Por supuesto, Herr Oberst Volker.

Van Heiden se levant&#243;.

Bueno, gracias, Herr Fabel, creo que a todo el mundo le ha parecido que su informe era muy instructivo. -Se dirigi&#243; hacia la puerta para acompa&#241;ar a Fabel. &#201;ste recogi&#243; sus carpetas y estrech&#243; la mano que Volker le ofrec&#237;a.

Van Heiden le sujet&#243; la puerta a Fabel y, cuando &#233;ste la cruz&#243;, sali&#243; con &#233;l al pasillo. Baj&#243; la voz con complicidad al hablar.

Por el amor de dios, Fabel, av&#237;seme si encuentra algo que demuestre que su teor&#237;a acerca de que este lun&#225;tico se hace pasar por un polic&#237;a es cierta. No me gusta. No me gusta nada. Sobre todo cuando parece ser que un ex agente de la polic&#237;a de Hamburgo era el chulo de la &#250;ltima v&#237;ctima.

S&#237;, Herr Kriminaldirektor.

Fabel iba a marcharse, pero Van Heiden lo agarr&#243; suavemente del brazo.

Y Fabel, aseg&#250;rese de dec&#237;rmelo a m&#237; primero Quiero que hable conmigo antes de comunicarle nada al Oberst Volker. -Fabel frunci&#243; un poco el ce&#241;o.

Claro, Herr Kriminaldirektor

Mientras Van Heiden volv&#237;a a entrar en su despacho, Fabel se qued&#243; un momento en el pasillo poniendo en orden sus pensamientos. Hab&#237;a algo en todo aquel tinglado -la participaci&#243;n de Volker, el hombre del BND; la honda preocupaci&#243;n del Innensenator Ganz respecto a la posibilidad de que el asesino se hiciera pasar por polic&#237;a, y la sensaci&#243;n de que Schreiber hab&#237;a dirigido toda la reuni&#243;n- que hac&#237;a que Fabel tuviera la impresi&#243;n de que pasaba algo m&#225;s que su caza al asesino en serie: como si hubiera alg&#250;n otro asunto del cual &#233;l no formaba parte.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 12:00 h


Dep&#243;sito de cad&#225;veres del Institut f&#252;r Rechtsmedizin de Eppendorf (Hamburgo)


El Institut f&#252;r Rechtsmedizin -el Instituto de Medicina Legal- era el responsable de la medicina forense de Hamburgo. Todas las muertes repentinas que se produc&#237;an en la ciudad acababan en el dep&#243;sito del Instituto.

El est&#243;mago de Fabel se estremeci&#243; al percibir el olor del dep&#243;sito de cad&#225;veres que tan bien conoc&#237;a, pero al que no hab&#237;a logrado acostumbrarse: no era el olor a descomposici&#243;n, como podr&#237;a esperarse, sino el aroma rancio a desinfectante. No hab&#237;a ning&#250;n cad&#225;ver en las mesas de acero inoxidable, y los fluorescentes de luz blanqueadora ba&#241;aban el dep&#243;sito con un resplandor triste e implacable. Cuando Fabel entr&#243;, M&#246;ller, que a&#250;n llevaba puesta la bata verde, estaba sentado a su mesa, consultando notas escritas a mano y luego mirando a la pantalla de su ordenador. Entre una cosa y la otra, se llevaba distra&#237;damente a la boca un tenedor con ensalada de pasta precocinada que cog&#237;a de una fiambrera de pl&#225;stico. No se dio cuenta de que Fabel hab&#237;a llegado.

Cre&#237;a que aqu&#237; estaba prohibido comer. -Fabel cogi&#243; una silla sin esperar la invitaci&#243;n.

Y lo est&#225;. Detenme. -M&#246;ller no alz&#243; la vista de sus notas.

&#191;Qu&#233; tienes acerca de la chica?

Te entregar&#233; el informe esta tarde. -M&#246;ller dio unos golpecitos en la p&#225;gina que estaba escribiendo con el bol&#237;grafo-. Lo estoy redactando.

Dame los datos principales.

M&#243;ller lanz&#243; el bol&#237;grafo sobre la carpeta y se recost&#243; en la silla, se pas&#243; las manos por el pelo y luego las coloc&#243; detr&#225;s de la cabeza. Lanz&#243; a Fabel su mirada estudiada de superioridad.

&#191;Ya has tenido noticias de tu amigo por correspondencia?

M&#243;ller, no tengo tiempo para esto. &#191;Qu&#233; tienes?

Es un caso muy interesante, Hauptkommissar. -M&#243;ller cogi&#243; sus notas-. La v&#237;ctima es una mujer de entre veinticinco y treinta y cinco a&#241;os, metro sesenta y cinco, ojos azules, pelo casta&#241;o te&#241;ido de rubio. La causa de la muerte fue una parada card&#237;aca provocada por una profunda conmoci&#243;n y una p&#233;rdida masiva de sangre, a su vez resultado de un fuerte traumatismo en el abdomen. Ya estaba muerta cuando le extrajeron los pulmones. -M&#243;ller alz&#243; la vista de sus notas-. &#191;Crees que esta joven era prostituta?

S&#237;. &#191;Por qu&#233;?

No hab&#237;a tenido relaciones sexuales en las 48 horas previas a su muerte. Adem&#225;s, es evidente que se cuidaba mucho.

&#191;S&#237;?

Ten&#237;a un tono muscular extremadamente bueno, y la proporci&#243;n m&#250;sculo/grasa es baja. Yo dir&#237;a que era atleta o que iba con frecuencia al gimnasio. No fumaba, y no hab&#237;a restos de alcohol en su sangre. Tambi&#233;n parece que llevaba una buena dieta: su &#250;ltima comida fue alg&#250;n tipo de pescado con legumbres, y los niveles de l&#237;pidos en sangre eran muy bajos.  M&#243;ller pas&#243; las p&#225;ginas del informe-. Hemos buscado drogas Nada. Dejando de lado las influencias gen&#233;ticas, si esta joven no se hubiera cruzado con tu amigo por correspondencia, lo m&#225;s probable es que hubiera muerto de vieja.

&#191;Algo sobre el asesino?

No he hallado pruebas forenses de la presencia del asesino. Como ya he dicho, no hay se&#241;ales de relaciones sexuales o de cualquier otro tipo de actividad sexual. No hay duda de que se trata del mismo asesino que el otro; o al menos, el modus operandi es id&#233;ntico. El asesino realiz&#243; una sola incisi&#243;n que llev&#243; a cabo con un &#250;nico golpe, fuerte pero incre&#237;blemente preciso, en el estern&#243;n, seguramente con un cuchillo pesado de hoja grande, o quiz&#225; con una espada. Despu&#233;s separ&#243; las costillas y extrajo los pulmones. Hab&#237;a se&#241;ales de fuerza, y los huesos rotos estaban astillados, lo cual sugiere que le propin&#243; un golpe fuerte de abajo arriba. Para separar las costillas, hace falta tener una fuerza f&#237;sica considerable, as&#237; como para realizar una incisi&#243;n de este tipo con un &#250;nico golpe. Se trata de un hombre, y el &#225;ngulo de penetraci&#243;n sugiere que seguramente no mide menos de uno setenta y que, como m&#237;nimo, es de constituci&#243;n media.

Eso reduce la lista de sospechosos al noventa por ciento de la poblaci&#243;n masculina de Hamburgo, m&#225;s o menos -dijo Fabel, sin sarcasmo y m&#225;s para s&#237; mismo que a M&#243;ller.

Yo s&#243;lo manejo las pruebas f&#237;sicas, Fabel. Sin embargo, me intriga la evidente preocupaci&#243;n que ten&#237;a la v&#237;ctima por su salud y forma f&#237;sica. -M&#243;ller se ri&#243;-. Yo no tengo tu experiencia en los bajos fondos de la vida de nuestra ciudad, pero nunca me habr&#237;a imaginado que una prostituta media de Hamburgo diera tant&#237;sima importancia a su salud, o a la de sus clientes.

Eso depende. Parece que era de alto standing; cuidar su cuerpo habr&#237;a sido invertir en, bueno, su producto. Pero tienes raz&#243;n. Hay muchas cosas en esta v&#237;ctima que no encajan. &#191;Mis hombres le tomaron las huellas dactilares?

S&#237;, han venido antes.

Muy bien. Gracias, Herr Doktor M&#243;ller. -Fabel se dirigi&#243; hacia la puerta-. Esta tarde me entregas el informe completo.

Fabel.

&#191;S&#237;?

Hay una cosa m&#225;s

&#191;De qu&#233; se trata?

Tiene una herida antigua en el muslo derecho, en la parte de fuera. Una cicatriz.

&#191;Lo bastante visible como para que sea una marca distintiva que pueda ayudarnos a identificarla?

Bueno, s&#237;, creo que aumenta considerablemente tus posibilidades. Pero es m&#225;s importante que eso

&#191;Qu&#233; quieres decir?

M&#243;ller se volvi&#243; hacia el ordenador y toc&#243; algunas teclas.

He a&#241;adido la fotograf&#237;a de la c&#225;mara digital a mi informe. Aqu&#237; est&#225;.

Fabel mir&#243; la pantalla. Una foto del muslo de la mujer, con la piel blanca. Hab&#237;a una marca redonda con una cicatriz lateral y algunas arrugas alrededor. Parec&#237;a un cr&#225;ter lunar antiguo y apenas visible. M&#243;ller toc&#243; una tecla y apareci&#243; otra imagen. Esta vez era el reverso del muslo. En lugar de estar p&#225;lido, estaba de un rojo-p&#250;rpura refulgente. Lividez post m&#243;rtem: al estar el cuerpo tumbado boca arriba, la gravedad hab&#237;a atra&#237;do la sangre a los puntos m&#225;s bajos.

&#191;Ves esto? -M&#243;ller dio un golpecito en la pantalla con el bol&#237;grafo-. &#191;La cicatriz correspondiente por el otro lado? Son unas cicatrices muy tenues, quiz&#225; tengan cinco o seis a&#241;os. &#191;Sabes de qu&#233; son?

S&#237;, lo s&#233; -dijo Fabel. Despu&#233;s de todo, &#233;l tambi&#233;n ten&#237;a dos cicatrices parecidas.

M&#243;ller volvi&#243; a recostarse en la silla.

Creo que esto limitar&#225; un poco los par&#225;metros de su identificaci&#243;n. Porque a ver, en los &#250;ltimos diez a&#241;os, &#191;a cu&#225;ntas j&#243;venes se habr&#225; atendido en Hamburgo de una herida de bala?


Llov&#237;a con fuerza. A pesar del aguacero, Fabel sinti&#243; el impulso de salir al exterior, de dejar que la lluvia y el aire h&#250;medo purgaran su ropa y sus pulmones del olor a moho del dep&#243;sito de cad&#225;veres. Ten&#237;a el coche aparcado a un par de calles y cuando lleg&#243; a su refugio, ten&#237;a el pelo rubio pegado al cuero cabelludo. Condujo hasta los muelles del barrio del Hafen. En pocos minutos, las enormes gr&#250;as que flanqueaban los m&#225;rgenes y d&#225;rsenas del Elba comenzaron a dominar el horizonte. Fabel llam&#243; a su despacho desde el m&#243;vil y pidi&#243; hablar con Werner; pero en su lugar le pasaron con Maria Klee, quien le cont&#243; que Werner estaba hablando con el equipo de vigilancia que segu&#237;a a Klugmann. Fabel inform&#243; a Maria sobre la herida de bala del cad&#225;ver y le pidi&#243; que llevara a cabo una investigaci&#243;n minuciosa de los archivos referentes a hospitales y cl&#237;nicas de Hamburgo de quince a cinco a&#241;os para ac&#225;. Por ley, cualquier hospital o profesional m&#233;dico que hubiera tratado una herida de bala estaba obligado a informar de ello a la polic&#237;a. Maria se&#241;al&#243; que exist&#237;a la posibilidad de que si la chica era prostituta y hab&#237;a resultado herida en alg&#250;n tipo de tiroteo en los bajos fondos, pod&#237;a ser que alg&#250;n m&#233;dico poco &#233;tico le hubiera tratado la herida extraoficialmente. Fabel le dijo a Maria que cre&#237;a que era posible, pero no probable.

&#191;Alg&#250;n otro mensaje? -le pregunt&#243; a Maria.

Werner ha dejado una nota para decirte que ma&#241;ana tienes una cita con el profesor Dorn. A las tres. -Maria levant&#243; las cejas-. &#191;El profesor Dorn es alg&#250;n tipo de experto forense?

No -dijo Fabel-. Es historiador. -Se qued&#243; un momento callado antes de a&#241;adir-: Cre&#237;a que era historia. &#191;Algo m&#225;s?

Maria le cont&#243; que una periodista hab&#237;a llamado un par de veces: una tal Angelika Bl&#252;m. A Fabel el nombre no le dijo nada.

&#191;La has remitido al departamento de prensa?

S&#237;. Pero ha insistido bastante en que ten&#237;a que hablar contigo. Le he dicho que todas las informaciones para la prensa las llevaba el Polizeipressestelle, pero me ha contestado que no quer&#237;a datos para un art&#237;culo, sino que ten&#237;a que hablar contigo de un tema muy importante.

&#191;Le has preguntado de qu&#233; tema se trataba?

Por supuesto. Y b&#225;sicamente me ha dicho que me metiera en mis asuntos.

&#191;Ha dejado unn&#250;mero de tel&#233;fono?

S&#237;.

Vale. Te veo cuando vuelva. Tengo una reuni&#243;n con la divisi&#243;n de crimen organizado a las dos y media.


El puesto de comida r&#225;pida Schnell-Imbiss estaba situado junto a las d&#225;rsenas del Elba, empeque&#241;ecido por el mont&#243;n de gr&#250;as que sobresal&#237;an a su alrededor. Era una caravana con una gran ventana abierta, desde la cual se serv&#237;a la comida, y un toldo de colores claros. Estaba rodeado, a intervalos regulares, por mesas con parasoles a las que se sentaba un pu&#241;ado de clientes a comer Bockwurst o a beber cerveza o caf&#233;. Hab&#237;a un peque&#241;o expositor de peri&#243;dicos al lado de la ventana. A pesar de lo soso que era el entorno y del tiempo, el Schnell-Imbiss se las arreglaba para parecer alegre y escrupulosamente limpio.

Fabel detuvo el coche y corri&#243; bajo la lluvia hasta el refugio que ofrec&#237;a el toldo. Un hombre rechoncho de cincuenta a&#241;os, de mejillas rubicundas y con un delantal blanco y un gorro de cocinero estaba detr&#225;s del mostrador. Se inclin&#243; hacia delante apoy&#225;ndose en los codos cuando Fabel se acerc&#243;.

Buenos d&#237;as, Herr Kriminalhauptkommissar -le dijo, con un acento que era tan cerrado y llano como el paisaje frisio al que pertenec&#237;a-. Y perm&#237;tame decirle que hoy tiene usted un aspecto horrible.

He tenido una noche dura, Dirk -contest&#243; Fabel, cambiando del duro Hochdeutsch a su Frysk natural-. Ponme una Jever y un caf&#233;.

Dirk le sirvi&#243; la cerveza frisia y el caf&#233;.

&#191;Has visto a Mahmoot &#250;ltimamente?

No, hace bastante que no lo veo, ahora que lo mencionas. &#191;Pasa algo?

Fabel dio un sorbo a la cerveza.

Tengo que hablar con &#233;l, eso es todo. Si no lo localizo, luego lo llamo. Ya sabes c&#243;mo es. -Fabel dio un sorbo al caf&#233; solo y espeso. Se quem&#243; los labios, as&#237; que lo dej&#243; y dio otro sorbo a la Jever.

&#191;Vas a almorzar eso? -Dirk se&#241;al&#243; con la cabeza la cerveza y el caf&#233;.

Vale, dame un K&#228;sebrot para acompa&#241;ar. Si ves a Mahmoot, &#191;puedes decirle que lo estoy buscando? Ya s&#233; que no hace falta que te diga que seas discreto. -Fabel mir&#243; detr&#225;s de Dirk; en la pared de la caravana hab&#237;a una fotograf&#237;a suya, unos quince a&#241;os m&#225;s joven y m&#225;s delgado, con su uniforme verde de la Schutzpolizei. Fabel se&#241;al&#243; con la cabeza la fotograf&#237;a-. &#191;No te da mal rollo?

Dirk le dio a Fabel un panecillo partido por la mitad con queso y pepinillo dentro y se encogi&#243; de hombros. Le sonri&#243; a&#250;n m&#225;s.

De vez en cuando. A veces alguien se pone violento, pero me he dado cuenta de que normalmente mi diplomacia da resultado -Meti&#243; la mano debajo del mostrador y sac&#243; una pesada Glock autom&#225;tica. Fabel se atragant&#243; con la cerveza y mir&#243; a su alrededor para comprobar que los dem&#225;s clientes no lo hab&#237;an visto.

Por el amor de dios, Dirk, guarda eso. Voy a fingir que no lo he visto.

Dirk se ech&#243; a re&#237;r y alarg&#243; la mano para darle un bofet&#243;n cari&#241;oso a Fabel en la mejilla.

Venga, venga. No te pongas nervioso, Jannik -Peque&#241;o Jan. Era el apodo que Dirk le hab&#237;a puesto a Fabel cuando sirvieron juntos.

A pesar del rango inferior de Dirk, que era Obermeister, y del hecho de que estaba en la secci&#243;n uniformada, la Schutzpolizei, el joven Kommissar Fabel hab&#237;a reconocido r&#225;pidamente la riqueza de experiencia que ten&#237;a por ofrecer aquel polic&#237;a mayor que &#233;l. Dirk le hab&#237;a ense&#241;ado de buena gana a Fabel c&#243;mo funcionaba todo. Hab&#237;a hecho lo mismo por Franz Webern, el joven polic&#237;a que muri&#243; el mismo d&#237;a que dispararon a Fabel. La muerte de Franz afect&#243; mucho a Dirk. La &#250;nica vez que Fabel no hab&#237;a visto a Dirk exhibir su contagioso buen humor fue cuando lo visit&#243; en el hospital.

Ahora hab&#237;a dejado de llover, y un rayo de sol se colaba por entre las nubes, grabando la sombra enrejada de la superestructura de las gr&#250;as sobre el aparcamiento. Fabel pag&#243; la cerveza y el caf&#233;. Dej&#243; unas monedas de m&#225;s.

Tambi&#233;n cojo el Schau Mal! -dijo, y sac&#243; un ejemplar del expositor de peri&#243;dicos.

No pensaba que leyeras el Schau Mal! -dijo Dirk. -Y no lo leo -Fabel abri&#243; el tabloide. El titular lo cogi&#243; desprevenido.


&#161;EL DESTRIPADOR MAN&#205;ACO ACT&#218;A DE NUEVO!

&#161; LA POLIC&#205;A DE HAMBURGO, INCAPAZ DE DETENER AL LOCO!


Debajo del titular hab&#237;a una fotograf&#237;a de Horst Van Heiden con el siguiente pie:


EL KRIMINALDIREKTOR VAN HEIDEN:

EL HOMBRE QUE NO PUEDE GARANTIZAR

LA SEGURIDAD DE LAS MUJERES DE HAMBURGO.


Scheisse -dijo Fabel entre dientes.

Van Heiden se subir&#237;a por las paredes. El editorial arremet&#237;a contra la polic&#237;a de Hamburgo y ofrec&#237;a una recompensa a quien pudiera aportar alg&#250;n dato. Las p&#225;ginas centrales tambi&#233;n estaban dedicadas a aquella historia. Otro titular estridente proclamaba:


&#191;A QUI&#201;N LE INTERESA ATRAPAR A ESTE MONSTRUO?

 A SCHAU MAL! &#161;PAGAREMOS 10.000 EUROS

A QUIEN PROPORCIONE INFORMACI&#211;N QUE LLEVE

AL ARRESTO Y CONDENA DE ESTE MAN&#205;ACO!


&#191;Qu&#233; pasa? -pregunt&#243; Dirk. Fabel lanz&#243; el peri&#243;dico sobre el mostrador para que Dirk lo viera-. Vaya, ya veo Deja que lo adivine. &#191;Es tu caso?

Bingo. -Fabel se acab&#243; la cerveza y luego el caf&#233; y dej&#243; el panecillo sin tocar en el mostrador-. Mejor me marcho ya. Antes de que Van Heiden ponga precio a mi cabeza.

Tsch&#252;ss, Jan.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 14:45 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


ElLKA7 -la divisi&#243;n de crimen organizado- est&#225; separado del resto del Polizeipr&#228;sidium de Hamburgo por unas puertas de seguridad robustas, que a su vez se controlan desde un mostrador de seguridad. Las c&#225;maras de seguridad del circuito cerrado rastrean los pasillos que llevan al LKA7, y todo aquel que se acerca al departamento est&#225; vigilado por los agentes armados del mostrador de seguridad. Un entorno seguro dentro de un entorno seguro: una comisar&#237;a dentro de una comisar&#237;a.

La lucha contra el crimen organizado en Hamburgo se hab&#237;a convertido en un juego herm&#233;tico y violento. Las mafias inmigrantes -en concreto, turcas, rusas, ucranianas y lituanas- se enfrentaban constantemente con las bandas aut&#243;ctonas alemanas por el control de los dos mercados criminales m&#225;s lucrativos: el sexo y las drogas. Incluso hab&#237;a un departamento especial, el LKA7.1, dedicado a la lucha contra los &#193;ngeles del Infierno de Hamburgo, que se hab&#237;an hecho con una parte del mercado del crimen organizado.

El LKA7, en consecuencia, tambi&#233;n se hab&#237;a ganado la reputaci&#243;n de ser herm&#233;tico. Era una guerra, y los agentes de la divisi&#243;n hab&#237;an adquirido una mentalidad m&#225;s propia de soldados que de polic&#237;as.

Fabel se acerc&#243; a la puerta de seguridad y toc&#243; el timbre. Obedeciendo las &#243;rdenes de un altavoz situado encima de la puerta, se identific&#243; y mostr&#243; su placa de polic&#237;a a la c&#225;mara. Un potente zumbido el&#233;ctrico y un fuerte clic le confirmaron que hab&#237;a obtenido el permiso para entrar. Un agente uniformado mayor de constituci&#243;n fuerte y con la cabeza rapada esperaba a Fabel en el mostrador de seguridad.

En seguida vendr&#225; alguien, se&#241;or. -El hombre del mostrador sonri&#243;. Era evidente que le faltaba pr&#225;ctica-. Le acompa&#241;ar&#225;n a ver al Hauptkommissar Buchholz.

Fabel acababa de sentarse en la peque&#241;a &#225;rea de recepci&#243;n cuando otro hombre corpulento se le acerc&#243;. Llevaba el pelo rubio muy corto y se le marcaban los m&#250;sculos debajo del tejido apretado del polo negro. Los hombros anchos estaban enmarcados por una pistolera de cuero oscuro que guardaba una enorme magnum autom&#225;tica no reglamentaria. Al acercarse, el hombre musculoso le sonri&#243;, dejando al descubierto una hilera de dientes blancos perfectos. Fabel pens&#243;: &#191;Morder&#225;?.

Buenos d&#237;as, Herr Kriminalhauptkommissar. Soy el Kriminalkommissar Lothar Kolski; trabajo con el Hauptkommissar Buchholz.

Fabel se puso en pie y se dio cuenta de que segu&#237;a teniendo que alzar la vista para mirar a Kolski mientras se daban la mano.

S&#237;game, por favor, Herr Fabel; le acompa&#241;ar&#233;.

Kolski habl&#243; de temas banales mientras recorr&#237;an el pasillo. A Fabel aquella experiencia le pareci&#243; surrealista: caminar junto a una mole armada hasta los dientes que charlaba sobre el tiempo y lo mucho que deseaba tomarse las vacaciones que le deb&#237;an. A Gran Canaria, seguramente.

El despacho de Buchholz estaba en una hilera uniforme de oficinas que flanqueaban el pasillo. Mientras los otros despachos ten&#237;an dos mesas de trabajo una frente a la otra y estaban ocupados sin duda por equipos de dos agentes, Buchholz ten&#237;a uno para &#233;l solo. Kolski sujet&#243; la puerta para que Fabel entrara, y &#233;ste se sinti&#243; como un sat&#233;lite insignificante que &#243;rbita alrededor de un planeta gigantesco al pasar al lado del cuerpo de Kolski para acceder a la sala. Detr&#225;s de una gran mesa con un ordenador estaba un hombre de unos cincuenta y cinco a&#241;os. Se estaba quedando calvo y los cabellos negros que le quedaban eran cortos y &#225;speros, y a su vez se extend&#237;an hacia una barba de cuatro d&#237;as que oscurec&#237;a la mitad inferior de su rostro de tipo duro. Parec&#237;a como si le hubieran roto la nariz en m&#225;s de una ocasi&#243;n. Fabel hab&#237;a o&#237;do que, de joven, Buchholz hab&#237;a sido boxeador, y vio que en la pared de detr&#225;s hab&#237;a unas fotograf&#237;as enmarcadas: la misma cara pero m&#225;s joven; una constituci&#243;n m&#225;s delgada pero igualmente fuerte. Cada fotograf&#237;a mostraba al joven Buchholz en distintas etapas de su carrera de boxeador amateur y su nariz en distintas etapas de destrucci&#243;n. Una fotograf&#237;a mostraba a un Buchholz adolescente, vestido de boxeador, levantando un trofeo. El pie rezaba: Campe&#243;n j&#250;nior de los pesos semipesados de Hamburgo-Harburg, 1964.

Pase y si&#233;ntese, Herr Fabel. -Buchholz medio se levant&#243; de su asiento y se&#241;al&#243; una de las dos sillas que ten&#237;a enfrente. Fabel se sent&#243; y se sorprendi&#243; al ver que Kolski ocupaba la otra silla.

El Kriminalkommissar Kolski dirige el equipo Ulugbay -dijo Buchholz-; seguramente &#233;l podr&#225; contarle m&#225;s que yo.

Puede que no tenga nada que ver con el caso, pero como parte de la investigaci&#243;n de este asesinato ser&#237;a ideal poder coordinarnos con el LKA7. Evidentemente, ser&#237;a con usted, Herr Kolski. Creemos que la v&#237;ctima era prostituta y que posiblemente trabajaba para Ulugbay, mediante un hombre llamado Klugmann, un ex agente de la polic&#237;a de Hamburgo.

Buchholz y Kolski se miraron con complicidad.

Claro, s&#237; -dijo Kolski-, conocemos bastante bien a Herr Klugmann. &#191;Es sospechoso en su investigaci&#243;n?

No. De momento, no. &#191;Deber&#237;a serlo?

Usted cree que se enfrenta a un asesino en serie. &#191;Un psic&#243;pata? -pregunt&#243; Buchholz.

S&#237; -Fabel abri&#243; la carpeta y entreg&#243; una fotograf&#237;a de la escena del crimen a Buchholz. Este estudi&#243; la foto en silencio antes de pas&#225;rsela a Kolski, quien solt&#243; un silbido lento y largo mientras asimilaba la imagen-. Es obra de nuestro hombre -prosigui&#243; Fabel-. &#191;Hay alguna raz&#243;n por la que debi&#233;ramos investigar m&#225;s detenidamente a Klugmann?

Buchholz sacudi&#243; la cabeza con incredulidad y mir&#243; a Kolski, que encogi&#243; los hombros enormes para descartar esa posibilidad.

No, conozco a Klugmann desde hace mucho tiempo. Es un polic&#237;a que se volvi&#243; corrupto y Ulugbay recurre a su fuerza alguna vez, pero no me imagino a Klugmann haciendo algo as&#237;. Es un mat&#243;n, no un psic&#243;pata.

Tengo entendido que antes de que lo echaran, Klugmann trabaj&#243; para el LKA7, en el Mobiles Einsatz Kommando destinado a su unidad de narc&#243;ticos

As&#237; es, por desgracia -respondi&#243; Buchholz-. Algunas operaciones salieron mal. Era como si los objetivos consiguieran informaci&#243;n de alguien de dentro, pero no pensamos por nada del mundo que uno de los nuestros fuera la fuente. Luego, por supuesto, se supo que Klugmann estaba intercambiando informaci&#243;n por drogas. Si no lo hubi&#233;ramos descubierto cuando lo hicimos, qui&#233;n sabe el da&#241;o que podr&#237;a haber ocasionado

&#191;C&#243;mo lo pillaron?

Registramos su taquilla -respondi&#243; Kolski. Cruz&#243; los brazos y las gruesas fibras musculares tensaron el tejido de su camisa-. Encontramos una autom&#225;tica no registrada, un fajo de dinero y algo de coca&#237;na

&#191;Qu&#233; dice? &#191;Aqu&#237; en el Pr&#228;sidium?

S&#237;.

&#191;Y no le pareci&#243; un poco raro? &#191;Oportuno, incluso?

Pues s&#237;, la verdad -dijo Buchholz-. Adem&#225;s, recibimos un chivatazo a trav&#233;s de una llamada an&#243;nima. Si no, no lo habr&#237;amos pillado nunca. Pero Klugmann confes&#243; casi de inmediato que consum&#237;a drogas y declar&#243; que pensaba que el Pr&#225;sidium ser&#237;a el escondite m&#225;s seguro. Despu&#233;s de todo, &#191;a qui&#233;n se le ocurrir&#237;a buscar drogas ilegales aqu&#237; dentro?

Pero estamos hablando de una cantidad rid&#237;cula de droga, &#191;verdad?

S&#237;, unos pocos gramos. Pero los suficientes. -Buchholz se inclin&#243; hacia delante-. Como dice usted, fue todo un poco demasiado f&#225;cil, pero tenemos una teor&#237;a al respecto.

&#191;S&#237;?

Ulugbay tiene bien cogido a Klugmann. Jam&#225;s pudimos demostrar que Klugmann hubiera estado pasando informaci&#243;n sobre nuestras operaciones a los turcos. Si hubi&#233;ramos podido, Klugmann a&#250;n estar&#237;a entre rejas. Da la casualidad de que s&#243;lo pudimos acusarlo de posesi&#243;n de una cantidad rid&#237;cula de droga y por tener un arma de fuego ilegal. Incluso logr&#243; quedarse con la pasta: no pudimos demostrar que era dinero sucio. Fue suficiente para echarlo del cuerpo, pero no suficiente para encerrarlo.

Kolski retom&#243; el hilo.

Pero Ulugbay podr&#237;a proporcionarnos las pruebas que necesitamos cuando quisiera, y servirnos la cabeza de Klugmann en bandeja.

Fabel asinti&#243; en silencio.

As&#237; que Klugmann no tuvo m&#225;s remedio que trabajar para Ulugbay

Exacto -dijo Buchholz.

&#191;Cree que Ulugbay estaba detr&#225;s del chivatazo an&#243;nimo?

Es posible, pero bastante improbable. Ahora Klugmann es muy valioso para Ulugbay, como fuente de informaci&#243;n y mat&#243;n altamente cualificado; pero era much&#237;simo m&#225;s valioso cuando era agente de polic&#237;a en activo de una unidad de operaciones especiales.

Entonces, &#191;qui&#233;n delat&#243; a Klugmann? &#191;Alguna idea?

Qui&#233;n sabe -dijo Buchholz-. Era una informaci&#243;n muy valiosa, habr&#237;amos pagado muy bien al informador. Fue extra&#241;o que nos la dieran gratis y de forma an&#243;nima.

&#191;Quiz&#225; fue alguien de la organizaci&#243;n de Ulugbay que ten&#237;a sus propios planes?

De nuevo es posible, y bastante improbable. Estos putos turcos son muy herm&#233;ticos. Hacerse confidente no s&#243;lo va contra su c&#243;digo, sino que est&#225; castigado con la muerte (una muerte muy desagradable) y te arrancan la cara.

Y aunque no te asuste lo que pueda pasarte -prosigui&#243; Kolski-, siempre est&#225; la posibilidad de que lo paguen con tu familia aqu&#237; en Alemania o en Turqu&#237;a.

Fabel asinti&#243; pensativamente un instante; luego, dio unos golpecitos con el dedo en la fotograf&#237;a de la escena del crimen.

&#191;Podr&#237;a entrar algo as&#237; en esta categor&#237;a? &#191;Podr&#237;a tratarse de una especie de castigo? Alg&#250;n tipo de advertencia a modo de ritual, ya saben, una cosa de bandas

Buchholz sonri&#243;, un poco condescendientemente, pens&#243; Fabel, y mir&#243; a Kolski.

No, Herr Fabel, esto no es una cosa de bandas. Creo que le ir&#225; mejor si se ci&#241;e a la teor&#237;a del asesino en serie. Una vez dicho esto, no me gusta la idea de que Ulugbay pueda estar relacionado con este tema -Buchholz se dirigi&#243; a Kolski-. Compru&#233;balo, &#191;de acuerdo, Lothar?

Claro, jefe.

Buchholz se dirigi&#243; de nuevo a Fabel.

Si Ulugbay hubiera querido matarla, la chica habr&#237;a desaparecido y punto. Quiz&#225; no nos habr&#237;amos enterado nunca. Por otro lado, si hubiera querido dar ejemplo con ella porque lo hubiera enga&#241;ado o delatado, la habr&#237;an encontrado con una bala en la cabeza. O en el peor de los casos, si realmente hubiera querido darle una buena lecci&#243;n, la habr&#237;a torturado. De todas formas, hoy por hoy, Ulugbay intenta no llamar la atenci&#243;n

&#191;S&#237;?

Ulugbay tiene un primo, se llama Mehmet Yilmaz -explic&#243; Kolski-. Buena parte del &#233;xito de Ulugbay se lo debe a los esfuerzos de Yilmaz. &#201;ste ha estado legitimando gran parte de la actividad de Ulugbay, y creemos que es el cerebro de los elementos m&#225;s rentables de la actividad criminal. A todos los efectos, Yilmaz es el jefe. Ulugbay puede llegar a ser un aut&#233;ntico Arschloch. Es temperamental, impredecible e incre&#237;blemente violento. Las veces que hemos estado cerca de atrapar a ese cabr&#243;n ha sido porque se puso hecho una furia porque alguien insult&#243; o amenaz&#243; a su organizaci&#243;n. No piensa; explota y le da por matar a todo dios. Yilmaz, por otro lado, es nuestro verdadero objetivo. Intenta mantener a raya a Ulugbay, y nos dificulta conseguir pruebas decentes. Y aunque est&#225; intentando legitimizar sus negocios, es un hijo de puta. Cuando Yilmaz mata, lo planea como si fuera una operaci&#243;n militar; es fr&#237;o, eficaz y no deja pruebas. Su seguridad es infranqueable. De todas formas, Yilmaz ha intentado pasar desapercibido y que la organizaci&#243;n no llame la atenci&#243;n, para no comprometer su programa de legitimizaci&#243;n.

Entonces, &#191;no cree que participar&#237;an en algo as&#237;?

De ning&#250;n modo -respondi&#243; Buchholz-. Nunca ha sido su estilo, pero menos ahora. En cualquier caso, este tipo ya ha matado antes, &#191;no?

S&#237;. Una vez, que nosotros sepamos.

&#191;Y la v&#237;ctima anterior no est&#225; relacionada con la organizaci&#243;n de Ulugbay?

Que nosotros sepamos, no.

Buchholz se encogi&#243; de hombros y levant&#243; las manos, las palmas hacia arriba. Al cabo de un rato, se&#241;al&#243; distra&#237;damente la carpeta que Fabel ten&#237;a en la mano.

&#191;Tiene una copia del informe para nosotros?

Fabel le entreg&#243; la copia que hab&#237;a tra&#237;do para Buchholz.

Es para usted, Herr Hauptkommissar.

Buchholz se la entreg&#243; directamente a Kolski.

Estaremos en contacto, Herr Fabel. Y, por supuesto, le agradecer&#237;amos que nos lo notificara si decidiera investigar directamente a cualquier persona de la organizaci&#243;n de Ulugbay.

Por eso estoy aqu&#237;, Herr Hauptkommissar.

Y se lo agradezco -dijo Buchholz-. Naturalmente, no podemos pedirle participar en su investigaci&#243;n, pero s&#237; que podemos evitar pisarnos los unos a los otros.

Espero que as&#237; sea y que podamos ayudarnos mutuamente, Herr Buchholz.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 16:30 h


P&#246;seldorf (Hamburgo)


A media tarde, Fabel introdujo la llave en la puerta de su piso. Recogi&#243; el correo y lo revis&#243; mientras cerraba la puerta con el codo. Fabel lanz&#243; el correo y las carpetas que se hab&#237;a llevado a casa sobre la mesa de caf&#233; y fue hasta la cocina, una habitaci&#243;n luminosa de acero y m&#225;rmol que daba al espacio principal de la casa. Llen&#243; la m&#225;quina de caf&#233; y la encendi&#243;; luego se dirigi&#243; al cuarto de ba&#241;o, se desnud&#243; y meti&#243; la camisa y la ropa interior en la lavadora, que estaba en un cuartito junto al ba&#241;o. Se afeit&#243; antes de meterse en la ducha. Se qued&#243; inm&#243;vil, ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s para dejar que el chorro a presi&#243;n chocara contra la piel de su rostro y dej&#243; que los riachuelos de agua bajaran por su cuerpo. El agua estaba un poco demasiado caliente, pero no lo corrigi&#243;: quer&#237;a que se llevara la contaminaci&#243;n de la noche.

Fabel pens&#243; en las &#250;ltimas once horas. Intent&#243; centrarse en los hechos, en la escena que estaba reconstruyendo en su mente; pero no pudo borrar la imagen que le helaba el cerebro cada pocos segundos: la imagen del cuerpo de la chica. Dios santo, le hab&#237;a arrancado los pulmones &#191;Qu&#233; clase de monstruo har&#237;a una cosa as&#237;? Si se trataba de algo sexual, &#191;que mutaci&#243;n indescriptible de la sexualidad humana pod&#237;a obtener satisfacci&#243;n con un acto como &#233;se? Fabel pens&#243; en Klugmann, en c&#243;mo alguien tan corrompido por la avaricia, las drogas y la violencia se hab&#237;a distanciado con tanta claridad y tranquilidad de un hecho tan indescriptible. Klugmann representaba todo aquello que Fabel no era, y viceversa. Eran dos extremos de la humanidad unidos por una atrocidad que negaba cualquier forma de humanidad.

Desnudo en la ducha, envuelto en una cortina de agua demasiado caliente, Fabel a&#250;n sent&#237;a un escalofr&#237;o en su interior que le provocaba un nudo helado en el est&#243;mago. Era un escalofr&#237;o que surg&#237;a de una seguridad que ten&#237;a encerrada muy dentro en su interior: as&#237; como el sol saldr&#237;a ma&#241;ana, aquel asesino volver&#237;a a actuar.


Despu&#233;s de ducharse, Fabel se puso un su&#233;ter de cuello vuelto de cachemira negro, se enganch&#243; la autom&#225;tica en el cintur&#243;n de cuero negro de los pantalones deportivos de color p&#225;lido, y se enfund&#243; su chaqueta Jaeger. Se sirvi&#243; un caf&#233; solo y se acerc&#243; a los ventanales. El piso de Fabel se encontraba en P&#246;seldorf, en el barrio de Rotherbaum de la ciudad. Estaba en el &#225;tico de un s&#243;lido edificio de finales del siglo XIX que se erig&#237;a con una confianza no exenta de austeridad, como sus vecinos, a una manzana de distancia de la Milchstrasse. La transformaci&#243;n del edificio en apartamentos hab&#237;a incluido, en el piso de Fabel, la instalaci&#243;n de unos ventanales que iban casi del suelo al techo y que daban a los tejados de la Magdalenenstrasse y m&#225;s all&#225; a la zona ajardinada del Aussenalster. Desde sus ventanas, Fabel ve&#237;a c&#243;mo los transbordadores rojos y blancos zigzagueaban por el Alster, recogiendo pasajeros -turistas, trabajadores, amantes- en una orilla y dej&#225;ndolos en la otra; recoger, dejar, recoger, dejar, con una regularidad alegre que daba un ritmo a la vida de la ciudad. Cuando el sol estaba en el &#225;ngulo justo, pod&#237;a ver el resplandor turquesa suave de la mezquita iran&#237; en el Sch&#243;ne Aussicht al otro lado de la lejana orilla del Alster. Cada vez que Fabel devoraba aquella vista, bendec&#237;a al arquitecto desconocido que hab&#237;a ordenado colocar aquellas ventanas.

Fabel llevaba a&#241;os en aquel piso. Le encantaba. Su apartamento estaba donde el barrio estudiantil colisionaba con el rico y moderno P&#246;seldorf; se pod&#237;a ir a la universidad a pie. En una direcci&#243;n, Fabel pod&#237;a recorrer las innumerables tiendas de libros y discos de la Grindelhofstrasse, o ver a medianoche una oscura pel&#237;cula extranjera en el Abaton Kino; en la otra direcci&#243;n, pod&#237;a sumergirse en la prosperidad chic de la Milchstrasse, con sus bares especializados en vino, clubes de jazz, boutiques y restaurantes.

Las nubes por fin hab&#237;an entregado el cielo al sol. Fabel se qued&#243; mirando la vista perplejo, lleno de una ansiedad apagada que le provocaba n&#225;useas y le ro&#237;a el est&#243;mago. Fabel volvi&#243; a mirar hacia el Aussenalster, intentando &#225;vidamente absorber su calma. El Hamburgo panor&#225;mico que se abr&#237;a ante los ventanales del piso no parec&#237;a ni panor&#225;mico ni abierto. Fabel escudri&#241;&#243; el horizonte y luego pas&#243; la mirada como un reflector por la vista que tan familiar le era: el enorme espejo del Aussenalster que reflejaba el cielo acerado; el verde que lo bordeaba y salpicaba la ciudad, y los pisos y oficinas met&#243;dicos que aparec&#237;an como burgueses seguros de s&#237; mismos y comedidos supervisando c&#243;mo se desarrollaba el d&#237;a. Hoy, la vista no lo tranquiliz&#243;. Hoy no era otro Hamburgo, distinto de la ciudad donde trabajaba. Hoy, mientras escudri&#241;aba la vista, era consciente de la fusi&#243;n entre la ciudad que amaba y la ciudad que vigilaba. Ah&#237; fuera, en alg&#250;n lugar, hab&#237;a algo monstruoso; algo maligno; algo tan violento y mal&#233;volo que costaba imaginar que fuera humano.

Fabel volvi&#243; a la cocina y se sirvi&#243; otro caf&#233;. Al pasar por delante del contestador autom&#225;tico, le dio a la tecla de reproducci&#243;n. La est&#233;ril voz electr&#243;nica anunci&#243; que ten&#237;a tres mensajes. El primero era del Hamburger Morgenpost, y le ped&#237;an un comentario sobre el &#250;ltimo asesinato. &#191;C&#243;mo co&#241;o hab&#237;a conseguido aquella gente el n&#250;mero de su casa? Bueno, tendr&#237;an que saberlo; deber&#237;an esperar a la declaraci&#243;n oficial. Los dos &#250;ltimos mensajes eran de otra periodista, Angelika Bl&#252;m: el nombre que Maria le hab&#237;a mencionado antes. Ten&#237;a un tono de voz raro, insistente. En lugar de pedirle a Fabel alg&#250;n comentario, en su &#250;ltimo mensaje hab&#237;a dicho: Es de suma importancia que hablemos. Era un enfoque nuevo. No le hagas caso.

Se acab&#243; el caf&#233; y se dirigi&#243; hacia el tel&#233;fono. Hizo dos llamadas. La primera, a Werner al despacho: estaba hablando por lo otra l&#237;nea, y Fabel le dej&#243; el mensaje de que iba de nuevo para la comisar&#237;a. En la segunda llamada, sujet&#243; el auricular entre el hombro y la oreja mientras pasaba las hojas de su agenda de bolsillo para buscar el n&#250;mero. El tel&#233;fono son&#243; un buen rato antes de que contestaran.

&#191;S&#237;?

Mahmoot Soy Fabel. Quiero que nos veamos

&#191;Cu&#225;ndo?

En el transbordador Rundfahrt. A las siete y media

Vale.

Fabel colg&#243; el auricular, se guard&#243; la agenda en el bolsillo de la chaqueta y rebobin&#243; el contestador. Estaba a punto de salir del apartamento cuando se dio la vuelta y volvi&#243; a escuchar los mensajes una vez m&#225;s. Volvi&#243; a escuchar el n&#250;mero de tel&#233;fono de Angelika Bl&#252;m; comenzaba por 040: un n&#250;mero de Hamburgo. Esta vez lo anot&#243; en la libreta que ten&#237;a junto al tel&#233;fono. Por si acaso.

Los pasos de Fabel apenas hab&#237;an dejado de resonar en el vest&#237;bulo retumbante de la escalera cuando son&#243; el tel&#233;fono. A los dos tonos, salt&#243; el contestador, que reprodujo las instrucciones grabadas de Fabel invitando a dejar un mensaje despu&#233;s de la se&#241;al. Una voz -una voz de mujer- dijo Scheisse! con aut&#233;ntica frustraci&#243;n y colg&#243;.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 16:30 h


Hotel Altona Krone (Hamburgo)


Su llegada a la recepci&#243;n del hotel fue casi presidencial. Dentro de un c&#237;rculo de corpulentos guardaespaldas con chaquetas de cuero negras, se encontraba un hombre alto, enjuto, de setenta y largos a&#241;os, con una gabardina gris p&#225;lida y un traje gris m&#225;s oscuro. Su actitud y movimientos eran los de un hombre veinte a&#241;os m&#225;s joven, y sus facciones angulosas, su nariz aguile&#241;a y su abundante pelo marfil le daban un aspecto aristocr&#225;tico y arrogante.

Los flashes de las c&#225;maras anunciaron su entrada en el vest&#237;bulo de la recepci&#243;n. Algunos fot&#243;grafos, que buscaban una posici&#243;n estrat&#233;gica m&#225;s ventajosa, hab&#237;an rebotado contra el piquete de m&#250;sculo y cuero; uno hab&#237;a ido a parar directamente al suelo de m&#225;rmol.

Cuando lleg&#243; al mostrador de la recepci&#243;n, el c&#237;rculo se abri&#243;, y el alto anciano se acerc&#243; a &#233;l. El recepcionista del hotel, que ya hab&#237;a visto de todo -grupos de rock, pol&#237;ticos, estrellas de cine, multimillonarios con egos que estaban a la altura de sus saldos bancarios-, no levant&#243; la vista del mostrador hasta que tuvo al grupo justo delante de &#233;l. Luego, con una sonrisa educada pero cansada, pregunt&#243;:

Diga, mein Herr. &#191;En qu&#233; puedo ayudarle?

Tengo una reserva -La voz del hombre alto era retumbante y autoritaria. El recepcionista sigui&#243; proyectando una apat&#237;a monumental.

&#191;Su nombre, se&#241;or? -le pregunt&#243;, aunque lo sab&#237;a muy bien. El hombre alto sac&#243; la mand&#237;bula, echando la cabeza hacia atr&#225;s y se&#241;alando imperiosamente con la nariz aquilina al recepcionista, como si fuera una presa.

Eitel -contest&#243;-. Wolfgang Eitel.

Un periodista se abri&#243; paso a empujones; era un hombre desali&#241;ado de unos cuarenta a&#241;os, cuyo cuero cabelludo brillaba a trav&#233;s de una red de mechones rubios despeinados.

Herr Eitel, &#191;cree de verdad que su hijo tiene alguna posibilidad de ser elegido B&#252;rgermeister? Despu&#233;s de todo, Hamburgo siempre ha sido una ciudad de tradici&#243;n liberal y socialdem&#243;crata

Los ojos de Eitel proyectaron un l&#225;ser de desd&#233;n y desprecio.

Lo que de verdad importa es lo que piensen los ciudadanos de Hamburgo, y no lo que personas como usted les dicen que deber&#237;an pensar. -Como si de un depredador se tratase, el rostro de Eitel descendi&#243; en picado hacia el periodista-. Los ciudadanos de Hamburgo compran la revista de mi hijo Schau Mal! se ha convertido en la voz del hombre de la calle. Los ciudadanos de Hamburgo quieren que se los escuche, merecen que se los escuche. Mi hijo se asegurar&#225; de que as&#237; sea, a trav&#233;s de las p&#225;ginas de Schau Mal! y de &#233;l, en calidad de Senator y, a la larga, Erste B&#252;rgermeister.

&#191;Y qu&#233; mensaje, exactamente, se escuchar&#225; en nombre de los ciudadanos? -Era otro periodista: una mujer atractiva de unos cuarenta y cinco a&#241;os con el pelo corto color caoba, que llevaba un caro traje negro de Chanel, la falda del cual era lo bastante corta como para dejar ver sus piernas a&#250;n firmes y torneadas. Alarg&#243; el brazo que sosten&#237;a un dict&#225;fono y se apoy&#243; en un guardaespaldas, que le puso una mano fornida en el hombro para apartarla.

Quita la mano, Schatzchen, o te denuncio por agresi&#243;n. -Su voz ronca transmit&#237;a calma y amenaza en un equilibrio perfecto.

El hombre apart&#243; la mano. Eitel se volvi&#243; hacia ella. Como &#233;l, la periodista ten&#237;a acento del sur. Choc&#243; los talones y asinti&#243; con la cabeza ligeramente, a modo de reverencia.

Gn&#228;dige Frau, perm&#237;tame que responda a su pregunta. El mensaje que lleva mi hijo (el mensaje de los ciudadanos de Hamburgo) es sencillo: Hamburgo dice basta. Basta de inmigraci&#243;n masiva; basta de camellos que envenenan a nuestros hijos; basta de criminalidad; basta de extranjeros que nos quitan los puestos de trabajo, subvierten nuestra cultura y convierten Hamburgo (y otras grandes ciudades alemanas) en cloacas de crimen, prostituci&#243;n y drogas.

&#191;As&#237; que echa la culpa a los extranjeros?

Lo que digo, Gn&#228;dige Frau, es que el experimento de la multiculturalidad tan cacareado por los Sozis ha fracasado. -Eitel utiliz&#243; la abreviaci&#243;n peyorativa del partido socialdem&#243;crata-. Por desgracia, ahora tenemos que vivir con este fracaso. -Eitel irgui&#243; la espalda y se volvi&#243; un poco hacia el vest&#237;bulo, mirando por encima de las cabezas de sus guardaespaldas y convirtiendo su respuesta en un discurso semip&#250;blico-. &#191;Hasta cu&#225;ndo tendremos que aguantar este ataque frontal a la vida de los ciudadanos alemanes decentes? Todo nuestro tejido social se est&#225; deshilachando. Nadie se siente seguro o a salvo

Eitel se volvi&#243; hacia la periodista y sonri&#243;. Debajo de la gran melena de pelo caoba hab&#237;a un rostro de facciones muy marcadas, unos ojos verdes enormes y penetrantes, una boca grande resaltada con pintalabios bermell&#243;n y una mand&#237;bula poderosa.

Herr Eitel, la revista de su hijo Schau Mal! tiene la reputaci&#243;n de ser sensacionalista y, en varias ocasiones, a ver c&#243;mo lo digo, un poco unidimensional en su forma de abordar temas pol&#237;ticos complejos. &#191;Es &#233;sta una buena forma de resumir la perspectiva pol&#237;tica del Bund Deutschland-f&#252;r-Deutsche?

Cada pregunta se estrellaba contra el malec&#243;n de la buena voluntad de Eitel, erosion&#225;ndola r&#225;pidamente y a un ritmo constante. La sonrisa segu&#237;a en su lugar, pero no era la simpat&#237;a lo que tensaba su delgado labio superior.

Hay temas complejos; y hay otros que son sencillos. La destrucci&#243;n de nuestra sociedad por parte de elementos extr&#237;nsecos a ella es un tema sencillo. Y la soluci&#243;n es f&#225;cil.

&#191;Se refiere a la repatriaci&#243;n? &#191;O al decir soluci&#243;n f&#225;cil quiere decir soluci&#243;n final? -El otro periodista se acerc&#243; para formular su pregunta. Eitel no le hizo caso y mantuvo su mirada de l&#225;ser sobre la mujer.

Es una buena pregunta, Herr Eitel. &#191;Le importar&#237;a responder? -La periodista hizo una pausa, pero no lo bastante larga como para dejarle responder-. &#191;O preferir&#237;a explicar por qu&#233;, ya que tanto usted como su hijo tienen una opini&#243;n tan inamovible respecto a los extranjeros, el Grupo Eitel est&#225; negociando acuerdos inmobiliarios en Hamburgo con empresas de la Europa del Este?

Por una mil&#233;sima de segundo, Eitel pareci&#243; sorprendido. Luego, algo oscuro y mal&#233;volo asom&#243; a sus ojos.

En aquel momento, entr&#243; un segundo s&#233;quito. M&#225;s reducido. M&#225;s digno. Con menos m&#250;sculos y m&#225;s negocios. Eitel se volvi&#243; hacia &#233;l sin contestar a la pregunta.

&#161;Pap&#225;! -Un hombre bajo y fornido, que no medir&#237;a m&#225;s de uno setenta y dos, de pelo negro abundante y de rostro atractivo, arrugado por una gran sonrisa, se acerc&#243; a Eitel. Le estrech&#243; la mano con un apret&#243;n entusiasta, y levant&#243; la otra para colocarla en el hombro del hombre m&#225;s alto.

Y &#233;ste, Gn&#228;dige Frau, es mi hijo. Norbert Eitel &#161;el pr&#243;ximo Erste B&#252;rgermeister de Hamburgo! -M&#225;s flashes de c&#225;maras.

La periodista sonri&#243;, m&#225;s bien divertida por la disparidad inveros&#237;mil de f&#237;sicos entre padre e hijo que como un gesto de saludo.

S&#237;, ya conozco a Norbert -dijo sonriendo, y extendi&#243; la mano al Eitel m&#225;s bajo y joven. &#201;ste sonri&#243; y le bes&#243; la mano.

El anciano Eitel habl&#243;:

Si nos disculpan, me temo que tenemos asuntos de gran importancia que tratar. -Los dos hombres hicieron una peque&#241;a reverencia. El viejo Eitel extendi&#243; la mano.

A&#250;n no ha respondido a mi pregunta, Herr Eitel -insisti&#243; la periodista con rotundidad.

Quiz&#225; otro d&#237;a. Ha sido un placer, Gn&#228;dige Frau

Mientras se marchaba, la periodista sonri&#243;. Gn&#228;dige Frau Era una forma de tratamiento que ella reservar&#237;a para una abuela arist&#243;crata severa.

Mientras Eitel padre y Eitel hijo se quedaban mirando c&#243;mo cruzaba la recepci&#243;n en direcci&#243;n a la puerta, Wolfgang Eitel sustituy&#243; la sonrisa por una expresi&#243;n infinitamente m&#225;s depredadora. Habl&#243; sin volverse hacia su hijo.

&#191;Qui&#233;n es &#233;sa, Norbert?

&#191;La periodista? Bueno, es una escritora por cuenta propia muy respetada; ha trabajado para Der Spiegel y Stern

C&#243;mo se llama -Era una orden, no una pregunta.

Bl&#252;m Se llama Angelika Bl&#252;m.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 18:45 h


Carretera B73 de Hamburgo a Cuxhaven


El miedo recorr&#237;a su cuerpo como una corriente el&#233;ctrica; un miedo delicioso que le produc&#237;a un hormigueo en el cuero cabelludo y le tensaba el pecho. Era la misi&#243;n elegida, y jam&#225;s lamentaba ser quien tuviera que correr todos los riesgos. Comprend&#237;a por qu&#233; era &#233;l quien ten&#237;a que arriesgarse a ser descubierto y capturado cada vez que necesitaban a una mujer para el ritual. S&#243;lo &#233;l ten&#237;a que sentir el miedo &#225;cido en el est&#243;mago cada vez que hab&#237;a que encontrar a una nueva v&#237;ctima y deshacerse de ella despu&#233;s.

Quit&#243; las manos del volante, primero una, luego la otra, se sec&#243; el sudor de las palmas y se concentr&#243; en la carretera. S&#243;lo hac&#237;a falta un control policial rutinario, o un accidente menor, o un neum&#225;tico pinchado y una patrulla de la autobahn servicial. Ser&#237;a el fin. Ajust&#243; el retrovisor para poder verla. Estaba echada en el asiento trasero. Su respiraci&#243;n ruidosa era profunda pero irregular, con un estridor &#225;spero. Mierda. Quiz&#225; hab&#237;a utilizado demasiado.

Aguanta -murmur&#243;, sabiendo que la chica no pod&#237;a escuchar nada-. Aguanta viva un par de horas m&#225;s, zorra est&#250;pida.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 19:40 h


Aussenalster (Hamburgo)


Elsol del atardecer, que por fin hab&#237;a vencido a la lluvia, daba un brillo dorado al transbordador Rundfahrt de las 19:30. Fabel estaba en la cubierta, con los antebrazos apoyados en la barandilla. El transbordador no estaba especialmente lleno, y en la cubierta s&#243;lo hab&#237;a una pareja de ancianos, sentada en silencio en uno de los bancos. Simplemente ten&#237;an la vista clavada en el Aussenalster, sin hablar, sin tocarse, sin mirarse el uno al otro. A Fabel le pareci&#243; que lo &#250;nico que les quedaba por compartir era la soledad, y reflexion&#243; un momento sobre c&#243;mo, desde que se hab&#237;a divorciado, su soledad era absoluta. Indivisible y no compartida. Hab&#237;a estado con m&#225;s de una mujer, pero con cada nueva pareja llegaba un dolor profundo que era algo parecido a la culpa, y nunca hab&#237;an sido relaciones duraderas. En cada nueva aventura, Fabel buscaba algo s&#243;lido que significara alguna cosa para &#233;l, pero nunca lo hab&#237;a encontrado. Hab&#237;a crecido entre las comunidades luteranas muy unidas entre s&#237; de la Frisia Oriental, donde la gente se casaba para toda la vida. Para bien y, muy a menudo, para mal. Jam&#225;s hab&#237;a pensado que no ser&#237;a marido ni padre a tiempo completo, para siempre. Era una constante de su vida, un &#225;ncora de salvaci&#243;n, como ser polic&#237;a. Luego, Renate, su esposa, hab&#237;a eliminado el matrimonio de su vida, y Fabel se sent&#237;a perdido desde hac&#237;a mucho, mucho tiempo. Y, ahora, cinco a&#241;os despu&#233;s de su divorcio, cada vez que compart&#237;a cama con otra mujer era como si cometiera un peque&#241;o adulterio; como si fuera infiel a un matrimonio que hab&#237;a muerto hac&#237;a muchos a&#241;os.

El transbordador sigui&#243; navegando. Fabel hab&#237;a embarcado en el muelle de F&#228;hrdamm en el Alsterpark y ahora estaban saliendo de la extensi&#243;n verde y dorada que parec&#237;a brillar bajo el sol del atardecer. Fabel acababa de mirar el reloj -las 19:40- cuando se dio cuenta de que a su lado hab&#237;a una figura apoyada en la barandilla. Se volvi&#243; para mirar a un turco alto, de unos treinta y cinco a&#241;os, de rostro alargado y atractivo y pelo negro. El turco esboz&#243; una gran sonrisa, y las l&#237;neas de expresi&#243;n que ya ten&#237;a debajo de los ojos se acentuaron a&#250;n m&#225;s.

Hola, Herr Kriminalhauptkommissar. &#191;C&#243;mo va la lucha contra el crimen?

Fabel se ri&#243;.

&#191;Qu&#233; quieres que te diga? Igual que tu negocio, siempre hay una clientela fija. &#191;C&#243;mo va el mundo del porno?

El turco se ri&#243; tan alto que la pareja de ancianos, todav&#237;a inexpresiva, mir&#243; en su direcci&#243;n un momento antes de dirigir la mirada de nuevo al horizonte, simult&#225;neamente y sin mediar palabra.

Ya no me dedico a eso. La tecnolog&#237;a, ya sabes, el v&#237;deo, el dvd y el cd-rom son ahora los que mandan. -Suspir&#243; con una nostalgia exagerada-. Ya nadie quiere las viejas fotograf&#237;as sucias de siempre. O sea, que me veo obligado a entrar en un negocio honrado.

Por alg&#250;n motivo no me parece que eso sea muy peligroso. -Fabel se qued&#243; un momento callado-. Me alegra volver a verte, Mahmoot. Ahora en serio, &#191;c&#243;mo va todo?

Bien. He estado vendiendo las fotos de paparazzo a los tabloides. Acabo de cobrar un cheque de dos mil euros de Schau Mal! por una foto en la que se ve a uno de nuestros concejales m&#225;s serios y entregados saliendo de un club de striptease.

&#191;Schau Mal!? -Fabel parec&#237;a desconcertado. Mahmoot se ri&#243;.

S&#237;, no les importa hacer tratos con un turco si pueden sacar algo que les haga vender ejemplares.

&#191;Y puede ser que el concejal en cuesti&#243;n fuera socialdem&#243;crata? -pregunt&#243; Fabel.

Bingo.

No entiendo por qu&#233; tratas con ellos. Despu&#233;s de todo, s&#243;lo son un atajo de cabrones racistas.

Mahmoot se encogi&#243; de hombros.

Escucha. Yo he nacido y me he criado en este pa&#237;s. Soy tan alem&#225;n como cualquiera. Pero como mis padres llegaron aqu&#237; como Gastarbeiters turcos, me he pasado la mayor parte de mi vida, de hecho hasta que el Gobierno de Schroeder subi&#243; al poder, sin derecho a tener ni pasaporte alem&#225;n ni la nacionalidad alemana. -La media sonrisa desapareci&#243; de su rostro-. He decidido que voy a coger cualquier cosa que pueda sacarle a este pa&#237;s.

Fabel mir&#243; hacia el agua. El transbordador hab&#237;a tocado el lado este del Alster en Uhlenhorst y ahora se dirig&#237;a hacia el sur.

No puedo culparte, Mahmoot. Pero es que creo que tienes mucho talento. Algunas de esas fotograf&#237;as que sacaste de familias inmigrantes eran magn&#237;ficas Odio ver c&#243;mo se desperdicia tanto talento.

Escucha, Jan, estoy orgulloso de ese trabajo, pero nadie quiso comprarlo. As&#237; que tomo fotos baratas para tabloides de mierda y, cuando eso se acabe, tendr&#233; que hacer fotos porno. Lo odio, ya lo sabes, pero tengo que ganarme la vida.

S&#237;, ya lo s&#233;.

Bueno. -La sonrisa volvi&#243; al rostro de Mahmoot-. No me has llamado para verme y hablar de c&#243;mo me va. &#191;Qu&#233; puedo hacer por ti?

Un par de cosas. Primero -Fabel meti&#243; la mano en el bolsillo interior de la chaqueta y sac&#243; una fotograf&#237;a. Era la cara de la chica asesinada. La hab&#237;an tomado en el dep&#243;sito de cad&#225;veres y le hab&#237;an limpiado la sangre y peinado el pelo; la muerte y la iluminaci&#243;n est&#233;ril hab&#237;an convertido su rostro en una m&#225;scara blanca inerte-. Me temo que es lo &#250;nico que tenemos, aparte de una vieja fotograf&#237;a borrosa de cuando era adolescente. &#191;La reconoces?

Mahmoot neg&#243; con la cabeza.

No.

M&#237;rala bien. Creo que era puta. Quiz&#225; trabajaba en el negocio del porno.

Conmigo no, pero no est&#225;, bueno, no tiene el mejor de los aspectos en esta foto. Es dif&#237;cil de decir. -Mahmoot le devolvi&#243; la fotograf&#237;a.

Qu&#233;datela -dijo Fabel-. Pregunta por ah&#237;. Es importante.

&#191;C&#243;mo se llamaba?

&#201;se es el problema, Mahmoot. Aparte de Monique, que creemos que s&#243;lo era el nombre que utilizaba para ejercer su profesi&#243;n, no tiene nombre, ni una direcci&#243;n fija ni siquiera una historia antes de la noche en que fue asesinada. Excepto una cosa: ten&#237;a una herida de bala en el muslo derecho. Creemos que se la hizo entre hace cinco y diez a&#241;os. &#191;Te dice algo?

Lo siento, Jan Pero deja que husmee un poco por ah&#237; a ver qu&#233; puedo descubrir. &#191;C&#243;mo la mataron?

Alguien decidi&#243; realizar una clase de anatom&#237;a con ella. La abrieron y le arrancaron los pulmones.

&#161;Joder! -La estupefacci&#243;n de Mahmoot era aut&#233;ntica. Fabel no hab&#237;a entendido nunca c&#243;mo Mahmoot lograba conservar su inteligencia y humanidad, teniendo en cuenta a qu&#233; se dedicaba-. &#191;Es el gran caso del que hablan los peri&#243;dicos?

Me temo que s&#237; -dijo Fabel-. Este tipo es nuestra prioridad n&#250;mero uno. Tiene toda la pinta de tratarse de un asesino en serie. Tengo que atraparlo antes de que se le abra de nuevo el apetito.

Har&#233; lo que pueda. Pero ya sabes que tengo que tener cuidado. Mi c&#237;rculo social no es precisamente famoso por su conciencia c&#237;vica. Si creen que trabajo para la poli, ser&#233; yo quien acabe en el dep&#243;sito.

Ya lo s&#233;. Y quiero que tengas especial cuidado con este tema

&#191;Por qu&#233;?

Hay muchas cosas en todo esto que no me gustan. De repente, el BND se ha puesto a husmear en el caso, y el due&#241;o del piso es un ex agente del Mobiles Einsatz Kommando.

Mahmoot se sobresalt&#243;.

&#191;Hans Klugmann?

A Fabel le sorprendi&#243; que Mahmoot conociera el nombre.

&#191;Lo conoces?

Vagamente. Nuestros caminos se han cruzado alguna vez, por decirlo de alguna forma. -Mahmoot se irgui&#243; y dio un paso hacia atr&#225;s-. Oh, no Espera un segundo Klugmann trabaja para Ersin Ulugbay y Mehmet Yilmaz, &#191;verdad?

Eso creemos.

Mira, Jan, te ayudo siempre que puedo. Despu&#233;s de todo, te lo debo. Pero esto es distinto. No voy a husmear en los asuntos de Ulugbay. No s&#243;lo es el padrino m&#225;s importante de la mafia turca de Hamburgo, sino que est&#225; loco de atar, joder.

Vale, vale, &#161;tranquilo! -Fabel levant&#243; las manos como si quisiera poner freno a la vehemencia de la negativa de Mahmoot-. No quiero que hagas nada arriesgado, tan s&#243;lo que est&#233;s atento. Que veas si puedes enterarte de algo sobre Klugmann. &#191;Qu&#233; sabes de &#233;l, de todas formas?

S&#243;lo que la mitad del tiempo trabaja de mat&#243;n para Ersin Ulugbay y la otra mitad hace de chulo por cuenta propia. Es un chulo de poca monta, pero es bastante chungo, por lo que dicen. Tiene novia: Sonja Brun. Es bailarina del Paradies-Tanzbar. Antes era puta, trabajaba para &#233;l, pero Klugmann la sac&#243; de la calle. El amor antes que los negocios, al parecer.

&#191;De qu&#233; la conoces?

Del Elixir., ya sabes, la revista de porno duro. Me contrataron para un par de sesiones har&#225; unos seis meses. Sonja era una de las chicas. Es buena chavala. Se me revolv&#237;a el est&#243;mago cuando la ve&#237;a hacer las cosas que tuve que fotografiar. Bueno, el caso es que Klugmann la pas&#243; a recoger despu&#233;s de la sesi&#243;n. No era un hombre alegre. Se enfad&#243; un poco con Sonja al salir. Fue entonces cuando dej&#243; la calle y dej&#243; de dedicarse a la fotograf&#237;a porno.

&#191;Qu&#233; me dices del Paradies-Tanzbar?

B&#225;sicamente, Klugmann es el mat&#243;n del local. El Paradies es un negocio legal, no se llevan a cabo actividades dudosas. El dinero entra de la manera habitual: hombres de negocios gordos y borrachos de Frankfurt o Stuttgart que ven los espect&#225;culos del escenario y que est&#225;n demasiado mamados para darse cuenta de que les est&#225;n cobrando treinta euros por una copa de vino barato. Pero en el local no se folla. Ulugbay compr&#243; el Paradies har&#225; un a&#241;o, a precio de ganga, al parecer. Luego puso a Hoffknecht para que lo dirigiera, lo que fue como colocar a un vegetariano al frente de una carnicer&#237;a. Puedes tener por seguro que Hoffknecht deja a las chicas en paz. Al parecer, le van m&#225;s los chicos de dieciocho a&#241;os. Por lo que s&#233;, el trabajo de Klugmann consiste en mantener a raya a los alborotadores, y si alg&#250;n cliente monta un n&#250;mero porque los precios son desorbitados, &#233;l ayuda a explicarles la factura, t&#250; ya me entiendes. -Mahmoot se qued&#243; un momento callado, sacudi&#243; la cabeza con desaprobaci&#243;n y solt&#243; una risa ir&#243;nica. Luego, en su rostro apareci&#243; su sonrisa habitual-. De acuerdo Husmear&#233; un poco y hablar&#233; con Sonja. Incluso tendr&#233; una charla con ese viejo marica de Hoffknecht. A ver qu&#233; descubro. Pero no te prometo nada.

Fabel sonri&#243;.

De acuerdo. Gracias, Mahmoot. Aqu&#237; tienes lo de siempre para cubrir gastos -Fabel sac&#243; un sobre abultado del bolsillo interior y se lo entreg&#243; a Mahmoot, quien se lo meti&#243; deprisa en el bolsillo de la chaqueta de piel.

Hay una cosa m&#225;s que deber&#237;as saber sobre la banda de Ulugbay si es que no la sabes ya

&#191;Ah, s&#237;? &#191;De qu&#233; se trata?

Est&#225;n un poco presionados. Muy presionados, de hecho. Se habla de que hay una organizaci&#243;n ucraniana nueva en la ciudad

Cre&#237;a que de todas formas ya hab&#237;a una guerra de territorios entre turcos y ucranianos

Ahora ya no. Esta nueva organizaci&#243;n ha asumido el control de todas las bandas ucranianas que hay. Las viejas a&#250;n existen y siguen teniendo a sus jefes de siempre, pero pagan impuestos a la nueva organizaci&#243;n y no tienen permitido luchar entre ellas o con los turcos. El rumor es que han obligado a Yilmaz, el primo de Ulugbay, a llegar a un trato con la nueva organizaci&#243;n. Se dice que est&#225; presionando mucho a Yilmaz para que acelere su plan de legitimar el negocio de Ulugbay, para que se retire, por as&#237; decirlo, de su negocio ilegal. Al parecer, el propio Ulugbay est&#225; muy cabreado por todo este asunto.

&#191;Y qui&#233;n dirige esta nueva organizaci&#243;n?

&#201;se es el tema. Se supone que esta banda ucraniana nueva s&#243;lo tiene unos diez o doce hombres dirigidos por alg&#250;n cabronazo.

Fabel mir&#243; hacia el agua, sopesando lo que acababa de contarle Mahmoot. &#191;Por qu&#233; demonios Buchholz y Kolski no le hab&#237;an comentado nada de aquello? Hab&#237;a que reconocer que no era un dato clave en su investigaci&#243;n, pero podr&#237;a tener algo que ver. Se volvi&#243; hacia Mahmoot.

Lo que no entiendo es que si esta banda nueva es tan peque&#241;a, &#191;por qu&#233; los otros ucranianos, o los turcos, no la han borrado del mapa?

No has o&#237;do c&#243;mo hablan los ucranianos (o, mejor dicho, c&#243;mo no hablan) sobre estos tipos. A ver, conoces a Yari Varasouv, &#191;verdad? -Fabel asinti&#243;: Varasouv era un mat&#243;n ucraniano gigantesco, sospechoso de diversos asesinatos del hampa. Se dec&#237;a que estaba especializado en matar a sus v&#237;ctimas a golpes que propinaba s&#243;lo con sus manos enormes. La polic&#237;a de Hamburgo nunca hab&#237;a podido reunir las pruebas suficientes para encerrarlo-. Pues incluso Varasouv susurra cuando habla de esta gente, joder. Al parecer, ha aceptado prejubilarse a instancias de sus nuevos jefes. Hazme caso, esta nueva organizaci&#243;n le da un miedo que te cagas. Y los ucranianos son tipos dur&#237;simos; es casi como si les asustara algo m&#225;s aparte de la amenaza de morir.

Sigo sin comprender qu&#233; tienen de especial estos nuevos rostros.

Corre el rumor de que son ex Spetznaz

&#191;Y qu&#233;? S&#233; que eso los convierte en gente sumamente peligrosa, pero la mitad de las mafias rusas, ucranianas y b&#225;lticas de Europa emplean a matones de las fuerzas especiales ex sovi&#233;ticas

Mahmoot neg&#243; con la cabeza con impaciencia.

No, no. Estos tipos son distintos. Pertenec&#237;an a una unidad especial de la polic&#237;a de campo. Del Ministerio del Interior sovi&#233;tico o alguna mierda as&#237;. Son veteranos de Afganist&#225;n y Chechenia. No s&#233; lo que hicieron all&#237;, pero yo digo que fuera lo que fuera, es lo que hace que todo el mundo est&#233; cagado de miedo.

El altavoz anunci&#243; que el transbordador estaba entrando en el muelle de Sankt Georg. Mahmoot estrech&#243; la mano de Fabel con un apret&#243;n c&#225;lido, asegur&#225;ndose primero de que nadie era testigo de aquel acto de amistad entre &#233;l y un polic&#237;a.

Yo me bajo aqu&#237;. Averiguar&#233; lo que pueda sobre esa chica y Klugmann. Cu&#237;date, amigo.

T&#250; tambi&#233;n, Mahmoot.

Fabel se qued&#243; mirando c&#243;mo Mahmoot desembarcaba. Cuando el transbordador volvi&#243; a ponerse en marcha, Fabel se fij&#243; en una chica bonita de pelo rubio corto que acababa de bajarse del transbordador; el sol moribundo daba a sus cabellos una tonalidad dorada iridiscente. Not&#243; una punzada al contemplar su radiante juventud. Se dio la vuelta y se dirigi&#243; hacia el otro lado del transbordador, y no vio que la chica tomaba la misma direcci&#243;n que Mahmoot, a unos veinte metros de distancia.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 20:45 h


Alsterpavilion (Hamburgo)


Elcansancio que se hab&#237;a apoderado de Fabel hac&#237;a unas horas era ahora m&#225;s intenso. Cuando baj&#243; del transbordador, se sinti&#243; arrugado y sucio. La tarde hab&#237;a desafiado a la temprana oscuridad del d&#237;a, y el sol que descend&#237;a lentamente te&#241;&#237;a ahora la ciudad de rojo y oro cobrizo. Desembarc&#243; en el extremo sur del Binnenalster y recorri&#243; a pie la corta distancia que hab&#237;a hasta los Alsterarkaden, en el coraz&#243;n de la ciudad. Ocup&#243; una mesa debajo de las columnatas de los soportales y pidi&#243; una ensalada Matjes y una cerveza Jever para acompa&#241;ar el arenque. Los soportales est&#225;n frente al Alsterfleet, y Fabel dej&#243; vagar la mirada cansada por el agua que centelleaba bajo la luz de la noche mientras los cisnes se deslizaban graciosos por su superficie. Al otro lado del Alsterfleet estaba la principal plaza de la ciudad, en la que el Rathaus se alzaba con autoridad hacia el cielo y los relojes de cobre bru&#241;ido de la torre brillaban con intensidad bajo el sol del atardecer.

Fabel no sab&#237;a cu&#225;nto tiempo llevaba la mujer all&#237; y se peg&#243; un susto cuando oy&#243; su suave acento de M&#250;nich.

&#191;Puedo?

S&#237; s&#237; claro, Frau Doktor -Fabel se qued&#243; sin saber qu&#233; decir un momento con la servilleta en la mano, mientras se pon&#237;a de pie y acercaba una silla.

Espero no importunarle -dijo Susanne Eckhardt.

No, en absoluto. -Fabel hizo una se&#241;a a la camarera y se dirigi&#243; de nuevo a Susanne-. &#191;Quiere tomar algo?

Susanne se volvi&#243; hacia la camarera y pidi&#243; una copa de vino blanco. Fabel le pregunt&#243; si quer&#237;a algo de comer, pero ella neg&#243; con la cabeza.

He comido algo r&#225;pido en el despacho. Pero, por favor, no quisiera interrumpirlo.

Fabel comi&#243; otro trozo de arenque. Se sent&#237;a extra&#241;amente vulnerable, comiendo mientras ella lo miraba. Susanne Eckhardt ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s para dejar que el sol le calentara la cara; Fabel se descubri&#243; de nuevo sobrecogido por su belleza.

Estaba haciendo algunas compras en las galer&#237;as -se&#241;al&#243; con la cabeza las bolsas que descansaban a su lado-, y lo he visto aqu&#237;. Parece exhausto. Ha sido un d&#237;a largo, &#191;verdad?

Sin duda. Por desgracia, los d&#237;as largos y las noches en vela tienden a ir con este trabajo.

Lleg&#243; el vino. Ella levant&#243; la copa.

Zum Wohl! Por los d&#237;as largos y las noches en vela.

Cheers. -Fabel normalmente utilizaba la expresi&#243;n inglesa.

Susanne se ri&#243;.

Claro: der englische Kommissar Hab&#237;a olvidado que lo llamaban as&#237;

Fabel le devolvi&#243; la sonrisa.

Soy medio escoc&#233;s. Mi madre era escocesa y estuvieron a punto de bautizarme con el nombre de Iain. Jan fue una soluci&#243;n de compromiso. De todos modos, hay mucha gente en Hamburgo que se siente como m&#237;nimo un poco brit&#225;nica La llaman el barrio m&#225;s al este de Londres Estoy seguro de que como sure&#241;a sabe a qu&#233; me refiero.

Susanne dej&#243; la copa.

Ya lo creo No esperaba experimentar un choque cultural sin salir de Alemania, pero cuando dej&#233; M&#250;nich y me instal&#233; aqu&#237;, he de admitir que me sent&#237; como si emigrara a una tierra extra&#241;a. La gente de aqu&#237; puede ser un poco

&#191;Anglosajona?

Iba a decir reservada; pero s&#237;, ahora que he vivido aqu&#237;, entiendo por qu&#233; dicen eso de la gente de Hamburgo. -Bebi&#243; otro sorbo de vino-. Pero me encanta. Es una ciudad maravillosa.

S&#237;. -Fabel mir&#243; hacia el agua-. S&#237; que lo es. &#191;Cu&#225;nto tiempo lleva viviendo aqu&#237;?

Dos a&#241;os No, ya casi tres. La verdad es que me he adaptado bastante bien.

&#191;Qu&#233; la trajo aqu&#237;? &#191;Fue por trabajo, o su marido es de Hamburgo?

Susanne se ech&#243; a re&#237;r por lo obvio de la pregunta de Fabel. &#201;l tambi&#233;n se ri&#243;.

No, Herr Fabel No estoy casada ni tampoco tengo ninguna relaci&#243;n. Vine aqu&#237; porque me ofrecieron un trabajo en el Institu&#237; f&#252;r Rechtsmedizin. Y gracias al Institu&#237; me ofrecieron un puesto consultivo en la polic&#237;a de Hamburgo. -Se inclin&#243; hacia delante, apoy&#243; los codos en la mesa y descans&#243; la barbilla en un puente de dedos entrelazados-. &#191;Y qu&#233; le parece a Frau Fabel tener que dedicar tantas horas a su trabajo?

Fabel se ri&#243; al ver reflejada su propia torpeza.

No hay ninguna Frau Fabel. O al menos, no la hay ahora. Llevo unos cinco a&#241;os divorciado.

Lo siento, no era mi intenci&#243;n

Fabel levant&#243; las manos.

No pasa nada. Ya me he acostumbrado. Es dif&#237;cil que la pareja pueda aguantar esta vida, y mi esposa se li&#243; con alguien, bueno, con alguien que estaba ah&#237; cuando yo no.

Lo siento mucho.

Como he dicho, no pasa nada. Tengo una hija preciosa que pasa todo el tiempo que puede conmigo.

Se hizo un silencio entre ellos. De repente y de modo extra&#241;o, la conversaci&#243;n hab&#237;a dado un giro &#237;ntimo y parec&#237;a que ninguno de los dos ero capaz de encontrar el camino de vuelta. Susanne mir&#243; el agua del Alsterfleet en direcci&#243;n a la plaza del

Rathaus mientras Fabel mov&#237;a con el tenedor un trozo de arenque por el plato. Al cabo de unos segundos, los dos se pusieron a hablar a la vez. Susanne se ech&#243; a re&#237;r.

T&#250; primero

Iba a preguntarte -comenz&#243; Fabel, consciente de su tono vacilante. Repiti&#243; lo mismo, esta vez con m&#225;s firmeza-: Iba a preguntarte, como veo que ahora no tienes tiempo, si quiz&#225; te gustar&#237;a cenar conmigo alg&#250;n d&#237;a

Susanne esboz&#243; una gran sonrisa.

Me gustar&#237;a mucho. &#191;Qu&#233; tal la semana que viene? Ll&#225;mame al despacho y quedamos. -Mir&#243; su reloj-. Dios m&#237;o, tendr&#237;a que estar en otro lugar Gracias por el vino, Herr Fabel

Ll&#225;mame Jan, por favor

Gracias por el vino, Jan &#191;Hablamos la semana que viene?

Fabel se levant&#243; de la silla y le estrech&#243; la mano.

Puedes estar segura

Se qued&#243; mir&#225;ndola mientras cruzaba los soportales y las franjas alternas de sombra y luz dorada que proyectaban las columnatas. La cerveza y el cansancio se mezclaban para proporcionarle una sensaci&#243;n de irrealidad. &#191;De verdad le hab&#237;a dicho que s&#237;?


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 21:00 h


Aussendeich, cerca de Cuxhaven


Era como si estuviera desconectada de su cuerpo, de su entorno inmediato, del mundo. Una capa espesa y viscosa envolv&#237;a su conciencia. A veces se aclaraba y percib&#237;a las cosas con mayor normalidad; luego, la cubr&#237;a de nuevo y ofuscaba la realidad que la circundaba. Aquello la enfureci&#243;; sin embargo, incluso esa emoci&#243;n cruda quedaba atenuada por el barro que rodeaba cada pensamiento, cada sensaci&#243;n, cada movimiento. Volvi&#243; a caer. Not&#243; que las hojas h&#250;medas se le pegaban a la cara; not&#243; el sabor del mantillo f&#233;tido en la boca. Estaba rodeada de &#225;rboles.

Sab&#237;a c&#243;mo llamar a un lugar as&#237;, pero la palabra bosque le quedaba demasiado lejos, recordarla requer&#237;a un esfuerzo intelectual muy grande. Se qued&#243; tumbada un momento y luego se puso de pie, tambale&#225;ndose. Dio unos pasos m&#225;s y volvi&#243; a caer. El cieno cubri&#243; su conciencia una vez m&#225;s; en esta ocasi&#243;n era denso y oscuro, y de nuevo se qued&#243; inconsciente.

Cuando se despert&#243;, hab&#237;a oscurecido. Le invadi&#243; un instinto demasiado fuerte como para que la droga pudiera aplacarlo, y se puso en pie con dificultad. Hab&#237;a luces delante de ella; unas luces que parpadeaban entre las siluetas de los troncos de los &#225;rboles. Fue su instinto lo que la empuj&#243; a dirigirse hacia las luces, no el hecho de ser plenamente consciente de que delante ten&#237;a una carretera, auxilio, rescate. Tropez&#243; un par de veces m&#225;s, pero ahora caminaba hacia las luces como si fuera siguiendo una cuerda. La tierra que ten&#237;a bajo los pies se hizo m&#225;s regular, cada vez hab&#237;a menos ra&#237;ces o ramas con las que tropezar. Las luces se hicieron mayores. M&#225;s intensas.

Justo antes de que el cami&#243;n la embistiera, lo vio todo claro. Oy&#243; el chirrido de los neum&#225;ticos y mir&#243;, con los ojos muy abiertos pero sin que la deslumbraran, los faros que se acercaban a toda velocidad hacia ella. El sentimiento abrumador que la embarg&#243; fue de sorpresa: no entend&#237;a por qu&#233;, sabiendo que iba a morir, no sent&#237;a ning&#250;n miedo.


Mi&#233;rcoles, 4 de junio. 23:50 h


Altona (Hamburgo)


Como la mayor&#237;a de oficinistas y clientes de las tiendas hac&#237;a tiempo que se hab&#237;an marchado, en el s&#243;tano del Parkhaus casi no hab&#237;a coches. Los neum&#225;ticos del Saab emitieron un chirrido al frenar para coger la curva pronunciada e inclinada de la rampa inferior que daba acceso a las plazas de aparcamiento situadas entre las columnas. En lugar de aparcar, se detuvo en el carril central; los faros atenuaban las luces laterales.

Un Mercedes, que hab&#237;a estado escondido en una plaza de aparcamiento detr&#225;s de una columna, sali&#243; de repente, se acerc&#243; al Saab y se detuvo cuando los dos coches estuvieron casi morro con morro. Ahora ninguno de los dos coches pod&#237;a salir huyendo. Los turcos salieron primero, del Mercedes. Eran tres; de constituci&#243;n fuerte. Dos se quedaron uno a cada lado del coche, con las puertas abiertas, y apoyaron los brazos en ellas, utiliz&#225;ndolas para protegerse el cuerpo.

El tercer turco, mayor y vestido con ropa m&#225;s cara que los otros dos, se acerc&#243; al Saab, se inclin&#243; hacia delante y dio unos golpecitos con los nudillos en la ventanilla del conductor. Se oy&#243; el zumbido y el golpe de la ventanilla el&#233;ctrica al abrirse.

Luego, un disparo.

Los dos turcos que estaban junto al Mercedes vieron un chorro explosivo de sangre que sal&#237;a de detr&#225;s de la cabeza del anciano cuando la bala, disparada desde el interior del Saab, emergi&#243; de su cr&#225;neo. Antes de que pudieran reaccionar, hubo m&#225;s disparos fuertes, esta vez en una sucesi&#243;n r&#225;pida, como cuando el granizo golpea un tejado. Pero proced&#237;an de detr&#225;s, de la direcci&#243;n contraria al Saab aparcado.

Igual que el primer turco, ellos tambi&#233;n murieron en el acto.

Dos hombres altos y rubios salieron de entre las sombras de detr&#225;s del Mercedes de los turcos. Mientras uno recog&#237;a met&#243;dicamente los casquillos del suelo del Parkhaus, el otro se acerc&#243; tranquilamente a los cuerpos de los tres turcos y dispar&#243; un &#250;nico y concluyente tiro a la cabeza de cada uno; de nuevo, recogi&#243; los casquillos y se los meti&#243; en el bolsillo del abrigo tres cuartos de piel. Los dos hombres se dirigieron entonces hacia el Saab, desenroscando simult&#225;neamente los silenciadores de sus semiautom&#225;ticas Heckler & Koch. Pisaron con total naturalidad los cuerpos y entraron en la parte de atr&#225;s del Saab, que dio marcha atr&#225;s con cuidado en una plaza de aparcamiento para completar un cambio de sentido en tres movimientos antes de enfilar la rampa de subida.


Jueves, 5 de junio. 10:00 h


P&#246;seldorf (Hamburgo)


Ahora hab&#237;a una brecha de sue&#241;o ininterrumpido y tranquilo entre Fabel y los sucesos del d&#237;a anterior. Aun as&#237;, cuando despert&#243;, un cansancio que le provocaba dolor de huesos lo ten&#237;a agarrado y no lo soltaba. Se oblig&#243; a iniciar la rutina de afeitarse, ducharse y vestirse. El Hamburger Morgenpost descansaba sobre el felpudo; lo dej&#243; encima de la mesa del recibidor sin abrirlo.

Se tom&#243; un caf&#233; junto a los ventanales, con la vista perdida en la ciudad de Hamburgo. Un cielo plomizo se cern&#237;a sobre la ciudad, absorbiendo el color del agua, los parques y los edificios, aunque una tonalidad rosada detr&#225;s de las nubes promet&#237;a algo mejor para las horas siguientes del d&#237;a. Est&#225;s en alg&#250;n lugar ah&#237; fuera -pens&#243;-, est&#225;s bajo el mismo cielo y est&#225;s esperando a actuar de nuevo. Est&#225;s impaciente por actuar de nuevo. Y nosotros estamos impacientes de que cometas un error. Aquel pensamiento le agarr&#243; con fuerza el est&#243;mago.

Mientras Fabel miraba el cielo y beb&#237;a caf&#233;, repas&#243; mentalmente lo que ten&#237;an hasta ese momento. Ten&#237;a las piezas del puzzle y se supon&#237;a que deb&#237;an encajar: un ex poli corrupto; una prostituta asesinada de un modo horrible; una v&#237;ctima anterior cuatro meses antes, sin ninguna historia en com&#250;n u otra conexi&#243;n con la segunda chica asesinada, y un soci&#243;pata egoman&#237;aco que reivindicaba ser el responsable de las muertes a trav&#233;s del correo electr&#243;nico. Pero siempre que Fabel intentaba juntar las piezas mentalmente, se desenganchaban las unas de las otras. Todo ten&#237;a sentido en la zona m&#225;s superficial de su mente; pero en alg&#250;n lugar rec&#243;ndito del cerebro de Fabel, donde todo se somet&#237;a a un an&#225;lisis m&#225;s profundo, parpadeaba una lucecita roja de advertencia. Fabel se termin&#243; el caf&#233;. Respir&#243; hondo largamente, absorbiendo el aire y la vista del otro lado del Alster; luego, se dio la vuelta, cogi&#243; la chaqueta y las llaves y sali&#243; para el despacho.

Desde el momento en el que entr&#243; en el amplio vest&#237;bulo del Pr&#225;sidium, Fabel advirti&#243; la actividad fren&#233;tica. Una docena de agentes del MEK, espectros de gris y negro agarrando con firmeza sus gafas protectoras y cascos, pasaron trotando junto a Fabel y se dirigieron a la salida delantera donde un transporte blindado los esperaba. Pas&#243; por delante de Buchholz y Kolski, que manten&#237;an una conversaci&#243;n con uno de los Erstenhauptkommisars de la Schutzpolizei, quien sosten&#237;a una tablilla con sujetapapeles azul. Los dos miraron en direcci&#243;n a Fabel y lo saludaron breve y gravemente con la cabeza. Fabel les devolvi&#243; el saludo; aunque se mor&#237;a por saber qu&#233; estaba pasando, reconoci&#243; la determinaci&#243;n adusta en sus rostros y decidi&#243; no decirles nada. Gerd Volker, el hombre del BND, sali&#243; del ascensor con cuatro hombres de aspecto duro cuando Fabel estaba a punto de entrar. Volker sonri&#243; por obligaci&#243;n, le dio a Fabel los buenos d&#237;as y pas&#243; r&#225;pidamente a su lado antes de que pudiera decirle nada.

Cuando Fabel sali&#243; del ascensor, se encontr&#243; a Werner en el vest&#237;bulo de la Mordkommission.

&#191;Qu&#233; demonios pasa?

Werner puso un ejemplar del Morgenpost, abierto en la p&#225;gina correspondiente, en las manos de Fabel.

Ersin Ulugbay est&#225; muerto. Un trabajo muy profesional.

Fabel solt&#243; un peque&#241;o silbido. La imagen del Morgenpost mostraba a un hombre con un abrigo caro que yac&#237;a en el hormig&#243;n lleno de sangre y aceite. No hab&#237;a nada en el art&#237;culo que indicara un m&#243;vil, pero afirmaba que una de las tres v&#237;ctimas era Ersin Ulugbay, una figura muy conocida del hampa de Hamburgo. Las otras dos v&#237;ctimas, dos hombres que se cre&#237;a que eran de origen turco, a&#250;n estaban por identificar. A Fabel no le sorprendi&#243; haber encontrado una actividad tan adusta en la planta baja.

Mierda. Va a haber una guerra terrible ah&#237; fuera.

Para eso se est&#225;n preparando. -Maria Klee se hab&#237;a acercado a Fabel, llevando una taza de caf&#233; en la mano. Levant&#243; la taza-. &#191;Quieres uno? -Fabel neg&#243; con la cabeza-. Todo el Pr&#228;sidium est&#225; lleno de agentes del LKA7 y del BND -Maria solt&#243; una risa-. Si lleva una chaqueta de piel negra y tiene iniciales, est&#225; aqu&#237; y tiene una abeja metida en el culo.

No s&#233; por qu&#233; se molestan -dijo Werner encogi&#233;ndose de hombros-. Dejemos que esos cabrones se maten entre ellos. As&#237; nos ahorramos tiempo y problemas.

Por desgracia, existe una cosa que se llama fuego cruzado,

Werner -Fabel le devolvi&#243; el peri&#243;dico-, y parece que fuego cruzado y transe&#250;ntes inocentes van siempre de la mano.

Puede ser, pero a m&#237; no se me caer&#225; ni una l&#225;grima por ese saco de mierda.

Fabel se dirigi&#243; a su despacho.

&#191;Ten&#233;is un minuto?

Fabel se acomod&#243; detr&#225;s de la mesa e indic&#243; a Maria y a Werner que se sentaran.

&#191;Tenemos algo m&#225;s sobre nuestra v&#237;ctima de ayer?

Nada -contest&#243; Maria-. He comprobado las huellas, tanto con la polic&#237;a de Hamburgo como con el Bundeskriminalamt. No ten&#237;a antecedentes penales. Y a&#250;n no hemos descubierto nada sobre la herida de bala. No hemos podido relacionarla con ning&#250;n tiroteo en el que hubiera mujeres implicadas en los &#250;ltimos quince a&#241;os en Hamburgo.

Pues ampl&#237;a el radio de b&#250;squeda.

Ya estoy en ello, jefe.

Anna y Paul dirigen la vigilancia sobre Klugmann -dijo Werner-. Por ahora, ha ido directo a casa y se ha quedado en la cama. El &#250;ltimo informe dec&#237;a que las cortinas a&#250;n estaban bajadas y que no hab&#237;a se&#241;ales de vida.

&#191;Tenemos algo m&#225;s sobre alguno de los vecinos del piso donde hallamos a la chica? &#191;Alguien ha mencionado haber visto a un tipo mayor de aspecto eslavo?

&#191;De qui&#233;n estamos hablando? -pregunt&#243; Maria.

Jan vio a alguien merodeando entre los morbosos cuando lleg&#243; a la escena del crimen -respondi&#243; Werner.

&#191;Un tipo bajito, de sesenta a&#241;os, quiz&#225; mayor, que parec&#237;a extranjero?

Tanto Werner como Fabel miraron fijamente a Maria.

&#191;Lo viste?

Llegu&#233; a la escena quince minutos antes que t&#250;, &#191;recuerdas? Ya se hab&#237;a congregado una peque&#241;a multitud, y &#233;l estaba a unos cien metros, ven&#237;a de Sankt Pauli. Me fij&#233; en un anciano Mi descripci&#243;n ser&#237;a que se parec&#237;a un poco a Krushchev, ya sab&#233;is, el anciano presidente sovi&#233;tico o lo que fuera de los a&#241;os setenta.

Es &#233;se -dijo Fabel.

Lo siento, en aquel momento no pens&#233; mucho en ello.

No es que estuviera huyendo de la escena del crimen o algo as&#237;, y hac&#237;a al menos una hora que el lugar estaba lleno de gente, as&#237; que ni se me ocurri&#243; que fuera un posible autor del crimen &#191;Crees que es el asesino?

No. -Fabel frunci&#243; el ce&#241;o-. No lo s&#233;; me pareci&#243; que destacaba. Seguramente no sea nada. Pero no es de la zona y t&#250; lo viste llegando al lugar. Quiero encontrarlo por eliminaci&#243;n.

Preguntar&#233; un poco m&#225;s por ah&#237; -dijo Werner.

Tambi&#233;n quiero que intent&#233;is descubrir si alguno de los vecinos vio a un polic&#237;a por la zona antes del asesinato. Pero por el amor de dios, tened cuidado No quiero que nadie piense que sospechamos de uno de los nuestros.

Por supuesto -dijo Maria-, puede ser que no lleve uniforme. Quiz&#225; s&#243;lo ha conseguido una placa o alg&#250;n distintivo de la Kriminalpolizei.

Ya lo s&#233; Como dices, eso ser&#237;a en el caso de que estuviera haci&#233;ndose pasar por polic&#237;a. Pero el uniforme le facilitar&#237;a la entrada sin necesidad de muchas preguntas, seguramente. Vale la pena intentarlo.


Despu&#233;s de que Werner y Maria se marcharan de su despacho, Fabel intent&#243; llamar a Mahmoot al m&#243;vil. Estaba a punto de estallar una guerra de bandas a gran escala, y Fabel hab&#237;a mandado a Mahmoot, desarmado, a la primera l&#237;nea de fuego. El tel&#233;fono son&#243; hasta que, al final, salt&#243; el buz&#243;n de voz.

Soy yo. Ll&#225;mame. Y olvida el favor que te ped&#237;. -Fabel colg&#243;.


Jueves, 5 de junio. 10:00 h


Stadtkrankenhaus (Cuxhaven)


AMax S&#252;lberg el uniforme no le sentaba demasiado bien. De hecho, en sus veinticinco a&#241;os de servicio en la polic&#237;a de Niedersachsen, la mayor&#237;a de los cuales hab&#237;a pasado en la Polizeiinspektion de Cuxhaven, ning&#250;n uniforme le hab&#237;a sentado bien. Durante aquel tiempo, hab&#237;a pasado de ser un tipo delgaducho y desali&#241;ado a ser barrigudo y desali&#241;ado. Ahora, la camisa color mostaza de manga corta del uniforme le quedaba estrecha en la cintura y le hac&#237;a arrugas en el pecho y la espalda, y parec&#237;a que los pantalones del uniforme no hab&#237;an pasado recientemente por la plancha. Era el tipo de polic&#237;a desali&#241;ado que normalmente tendr&#237;a que rendirle cuentas al jefe, si no fuera porque las dos estrellas doradas de los distintivos verdes y blancos de los hombros indicaban que, de hecho, Max era el jefe.

Era un hombre bajito que se estaba quedando calvo, de rostro afable y bien curtido y que siempre ten&#237;a una sonrisa en los labios. Era un rostro familiar y de confianza para los que viv&#237;an en las tierras bajas y llanas comprendidas en el arco arenoso de la l&#237;nea costera de Cuxhaven que iba de Berensch-Arensch a Altenbruch.

Ahora, la sonrisa de Max estaba ausente; la iluminaci&#243;n austera del dep&#243;sito de cad&#225;veres la hab&#237;a borrado de su rostro. A su lado estaba el doctor Franz Stern, un m&#233;dico delgado y guapo de pelo negro y abundante que sobresal&#237;a inmaculadamente por encima del arrugado agente de la Schutzpolizei. Delante de ellos, sobre el acero fr&#237;o de una camilla del dep&#243;sito de cad&#225;veres, descansaba el cuerpo aplastado de Petra Heyne, una estudiante de 19 a&#241;os de Hemmoor. Max S&#252;lberg llevaba mucho tiempo siendo polic&#237;a, y eso significaba que, incluso en Cuxhaven, hab&#237;a visto casos de muerte y violencia m&#225;s que suficientes. Sin embargo, mientras miraba el rostro sin vida de una chica que apenas era un a&#241;o mayor que su propia hija, sinti&#243; el instinto irresistible de encontrar una almohada, algo, cualquier cosa, y pon&#233;rsela debajo de la cabeza. Y de decirle algo. Para consolarla. Mene&#243; con fuerza la cabeza, incr&#233;dulo.

Qu&#233; p&#233;rdida.

Stern suspir&#243;.

&#191;Qu&#233; demonios hac&#237;a caminando por la carretera, tan lejos de todo?

S&#243;lo puedo suponerlo. Tendremos que esperar a la autopsia, pero yo dir&#237;a que iba drogada. El conductor del cami&#243;n dice que parec&#237;a totalmente desorientada cuando apareci&#243; delante de &#233;l. Es evidente que no pudo hacer nada para esquivarla, pero le est&#225; costando mucho aceptarlo. Pobre hombre.

&#191;Hab&#233;is avisado a los padres? -pregunt&#243; Stern.

Est&#225;n de camino. No llevaba bolso ni carn&#233; de identidad, pero s&#237; una pulsera para emergencias m&#233;dicas.

Sin pensar, Stern mir&#243; la mu&#241;eca de la chica. Una tonter&#237;a, por supuesto, ya que la polic&#237;a le hab&#237;a quitado la pulsera y la hab&#237;a guardado; pero algo le llam&#243; la atenci&#243;n y frunci&#243; el ce&#241;o, sus cejas negras formaron una l&#237;nea recta y le cubrieron los ojos. Se inclin&#243; hacia delante.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#243; S&#252;lberg. Stern no respondi&#243;, pero dio la vuelta al antebrazo de la chica e inspeccion&#243; la mu&#241;eca. Centr&#243; su atenci&#243;n en el tobillo derecho, y luego en el izquierdo antes de examinar en &#250;ltimo lugar y con la misma intensidad la mu&#241;eca izquierda.

S&#252;lberg solt&#243; un suspiro de impaciencia.

&#191;Qu&#233; pasa, Herr Doktor Stern?

Stern levant&#243; la mu&#241;eca de la chica.

S&#252;lberg se encogi&#243; de hombros.

&#191;Qu&#233; se supone que debo mirar? No veo

F&#237;jese bien.

S&#252;lberg cogi&#243; las gafas de leer del bolsillo de la camisa del uniforme y se las puso. Cuando se inclin&#243; para examinar la mu&#241;eca de la chica, se le revolvi&#243; el est&#243;mago al percibir el olor a muerte reciente. Entonces lo vio. Ten&#237;a rozaduras en la piel, y la parte interior de la mu&#241;eca un poquito roja.

Lo mismo en los tobillos -dijo Stern.

Mierda -S&#252;lberg se quit&#243; las gafas-. La han atado.

Ha estado atada toda la noche -dijo Stern-, pero no intent&#243; soltarse. Yo dir&#237;a que estuvo semiinconsciente o inconsciente mientras estuvo atada. Eso explicar&#237;a que estuviera desorientada y se pusiera justo delante del cami&#243;n.

Por alg&#250;n motivo, los m&#250;sculos del rostro de S&#252;lberg se tensaron y le dieron un aspecto m&#225;s duro.

No quiero esperar a los resultados de la autopsia, doctor Stern. Quiero que le haga un an&#225;lisis de sangre.


Jueves, 5 de junio. 12:00 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Fabel supo por la mirada encendida de Werner que se trataba de algo importante.

La forma que Werner ten&#237;a de enfocar el trabajo policial era met&#243;dica y minuciosa, lo cual contrastaba con la de Fabel, que era m&#225;s intuitiva. Werner se centraba en los detalles; Fabel adoptaba una perspectiva m&#225;s general. Gracias a este contraste, formaban un equipo muy bueno. Lo &#250;nico que frustraba a Fabel era la poca disposici&#243;n de Werner a abrirse a las aptitudes anal&#237;ticas complementarias de Maria Klee. Y ahora Werner ten&#237;a esa mirada que le dec&#237;a a Fabel que hab&#237;a estado escarbando en alg&#250;n recoveco de la investigaci&#243;n y hab&#237;a encontrado una pista que pod&#237;an seguir.

&#191;Qu&#233; tienes, Werner?

Werner se sent&#243; delante de Fabel y solt&#243; una risita al ver lo f&#225;cil que le resultaba leer su rostro.

Dos cosas. Primero, y aunque cueste de creer, nuestro amigo Klugmann no ha sido nada sincero con nosotros.

Vaya, no me digas.

Werner le ense&#241;&#243; a Fabel una copia de lo que parec&#237;a una factura de tel&#233;fono sin los costes, tan s&#243;lo con los n&#250;meros marcados y la duraci&#243;n de las llamadas.

Tengo los detalles de la cuenta del m&#243;vil de Klugmann -Werner entendi&#243; las cejas levantadas de Fabel-. No ha sido f&#225;cil. -Dio unos golpecitos sobre una entrada con la punta rolliza del dedo &#237;ndice-. Mira esto Llam&#243; a este n&#250;mero a las 2:35 de la madrugada Es el n&#250;mero de la polic&#237;a local. Tal como nos dijo y tal como qued&#243; registrado en la comisar&#237;a. -Werner baj&#243; el dedo por la p&#225;gina-. Ahora mira esto. Las 2:22

Fabel levant&#243; la vista de la entrada y sostuvo la mirada de Werner.

Cabr&#243;n.

Exacto. Estuvo al tel&#233;fono doce minutos hablando con este n&#250;mero. Debi&#243; de colgar y entonces llam&#243; a la polic&#237;a local. Bueno, &#191;a qui&#233;n llama uno antes que a la polic&#237;a cuando acaba de encontrar el cuerpo de una supuesta amiga despedazada? &#191;Al repartidor de pizzas?

&#191;A qui&#233;n llam&#243;? &#191;De qui&#233;n es el n&#250;mero?

Werner recost&#243; la ancha espalda en la silla y la ech&#243; un poco hacia atr&#225;s.

Ah&#237; est&#225; la cosa. Lo he comprobado y verificado de nuevo con todos los departamentos federales pertinentes, con la Deutsche Telekom, con los operadores de telefon&#237;a m&#243;vil Este n&#250;mero -dej&#243; caer la silla hacia delante y clav&#243; el dedo en la entrada- no existe.

Tiene que existir.

Es evidente que s&#237;, porque Klugmann habl&#243; con &#233;l doce minutos, pero no est&#225; registrado en ning&#250;n sitio. S&#243;lo podemos hacer una cosa.

&#191;Ya lo has probado?

He pensado dejarte a ti los honores, jefe.

Fabel cogi&#243; su m&#243;vil y marc&#243;. Descolgaron despu&#233;s del segundo tono, pero nadie habl&#243;.

Fabel esper&#243; un instante antes de hablar.

&#191;Hola?

Silencio.

&#191;Hola? -A Fabel le pareci&#243; escuchar a alguien respirar al otro lado. Estaba bastante seguro de que hab&#237;a llamado a un tel&#233;fono m&#243;vil. Al cabo de unos segundos volvi&#243; a hablar-. Hola, soy yo -Colgaron. Fabel volvi&#243; a marcar el n&#250;mero. Dej&#243; que sonara varios minutos antes de colgar. Mir&#243; a Werner-. Vale &#191;Anna y Paul a&#250;n est&#225;n vigilando a Klugmann?

Werner asinti&#243; con la cabeza.

Que lo traigan.


Era m&#225;s un callej&#243;n que una calle. Tambi&#233;n era oscuro, porque era muy estrecho e iba de este a oeste, y ninguno de los edificios de arenisca roja que lo flanqueaban ten&#237;a menos de tres pisos de altura. S&#243;lo estaba permitido estacionar a un lado de la calle, y el BMW de Anna Wolff y Paul Lindemann estaba aparcado en la mitad. No quedaban m&#225;s huecos libres, as&#237; que

Fabel, con Werner en el asiento del copiloto, tuvo que dejar el coche a la vuelta de la esquina.

Sonja Brun apareci&#243; en la esquina, con dos bolsas de la compra del Aldi llenas a rebosar. Era alta, delgada, de piernas largas y bronceadas. Ten&#237;a el pelo oscuro y largo, y las gafas de sol que llevaba a modo de cinta improvisada en la cabeza se lo sujetaban hacia atr&#225;s. Fabel pens&#243; en los comentarios que M&#246;ller, el pat&#243;logo, hab&#237;a hecho sobre la forma f&#237;sica de la segunda v&#237;ctima. Sonja era bailarina de barra en el Paradies-Tanzbar, entre otras cosas. Era obvio que aquello la manten&#237;a en forma, o bien que hac&#237;a ejercicio. Puede que, despu&#233;s de todo, Monique fuera puta.

Sonja pas&#243; por delante del coche de Fabel, aparcado al otro lado de la estrecha calle, y &#233;ste la vio mejor. Llevaba ropa barata, una camiseta blanca corta que le marcaba los pechos y dejaba al descubierto su est&#243;mago moreno, una minifalda vaquera descolorida y unas sandalias de tela que se ataban a las torneadas pantorrillas. Fabel s&#243;lo le vio la cara de perfil, pero supo que era guapa. Con otra ropa, habr&#237;a tenido un toque de clase. Cruz&#243; la calle dos coches por delante del de Fabel y entr&#243; en el callej&#243;n. Fabel utiliz&#243; la radio para hacer saber a Anna y a Paul que Sonja se dirig&#237;a hacia ellos.

La seguiremos hasta arriba. Tengo autorizaci&#243;n de la fiscal&#237;a para entrar y proceder a la detenci&#243;n. Cuando abra la puerta, entramos nosotros. -Sac&#243; la Walther de la funda y ech&#243; la cure&#241;a hacia atr&#225;s para llenar la rec&#225;mara. Comprob&#243; que hab&#237;a quitado el seguro antes de enfundar de nuevo. Se volvi&#243; hacia Werner-. Es mejor que tengamos cuidado con este tipo. Estoy seguro de que Klugmann no va a darnos ning&#250;n problema; pero si no es as&#237;, sabr&#225; c&#243;mo hacerlo.

Werner comprob&#243; el arma que llevaba colgada en el costado.

No le dejaremos.

Salieron del coche y siguieron a Sonja a pie. Cuando pasaron por delante del BMW aparcado, Anna y Paul se bajaron y se colocaron detr&#225;s de ellos. Sonja, cargando a&#250;n las bolsas de la compra, se dio la vuelta y empuj&#243; con la espalda la pesada puerta de entrada. Al hacerlo, mir&#243; en direcci&#243;n al grupo que la segu&#237;a y no pareci&#243; fijarse en ellos. La siguieron hasta el interior adoquinado, y Fabel oy&#243; c&#243;mo las sandalias de Sonja repiqueteaban deprisa mientras sub&#237;a los escalones de piedra hacia su apartamento. La siguieron haciendo el menor ruido posible. Sonja estaba en la puerta, con las bolsas del supermercado en el suelo, buscando las llaves. Fue entonces cuando los vio.

&#161;Hans! -Su grito recorri&#243; el patio. A Fabel le impresion&#243; ver la cara de terror de Sonja. Se dio cuenta de que la chica pensaba que eran otra gente. Levant&#243; la mano en un gesto que habr&#237;a sido m&#225;s apaciguador si no fuera por la Walther negra autom&#225;tica subcompacta que llevaba en la otra mano.

Sonja, tranquila. Somos polic&#237;as y s&#243;lo queremos hablar con Hans

Ahora la cara de terror era tambi&#233;n de incertidumbre. Fabel y los dem&#225;s subieron corriendo las escaleras, y la menuda Anna Wolff empuj&#243; hacia atr&#225;s a Sonja con tanta fuerza que casi pierde el equilibrio. Anna inmoviliz&#243; a Sonja contra la pared, apart&#225;ndola de la l&#237;nea de fuego potencial. Fabel y Paul pegaron la espalda a la pared, uno a cada lado de la puerta. Fabel grit&#243;:

&#161;Polic&#237;a de Hamburgo! -Y con un movimiento de cabeza le indic&#243; a Werner que diera una patada a la puerta justo por debajo de la cerradura.

Fabel, Werner y Paul recorrieron el apartamento, haciendo turnos de dos para cubrir al tercero, que examinaba la habitaci&#243;n, moviendo de lado a lado los brazos extendidos como si las armas fueran linternas. Una cocina, un sal&#243;n, un ba&#241;o y dos dormitorios daban todos a un pasillo corto. El apartamento estaba limpio, era luminoso y estaba ordenado, pero los muebles eran baratos. Tambi&#233;n estaba vac&#237;o. Fabel guard&#243; la autom&#225;tica en la funda que llevaba debajo del brazo y le hizo una se&#241;a a Anna Wolff, quien sonri&#243; a Sonja y la condujo con delicadeza al interior del piso. Fabel le dijo a Paul que cogiera las bolsas de la compra y las llevara a la cocina. Sol&#237;citamente, Anna acompa&#241;&#243; a Sonja hasta el sal&#243;n y la sent&#243; en el sof&#225;. Sonja estaba temblando y parec&#237;a estar a punto de echarse a llorar. Fabel se agach&#243; delante de ella.

Sonja, &#191;d&#243;nde est&#225; Hans?

Sonja se encogi&#243; de hombros y sus ojos marrones se llenaron de l&#225;grimas.

No lo s&#233;. Estaba aqu&#237; cuando me he marchado esta ma&#241;ana. No me ha dicho que fuera a ir a ning&#250;n sitio. No ha salido desde que mataron a esa chica. Est&#225; muy alterado por lo sucedido. -Detr&#225;s de las l&#225;grimas, su mirada se endureci&#243;-. &#191;Han venido por eso?

No le estamos acusando de nada. S&#243;lo tenemos que hacerle unas preguntas.

Los ojos marrones segu&#237;an brillando con una mezcla de miedo y rabia.

Sonja, &#191;nos disculpa un momento? -Fabel se volvi&#243; hacia sus agentes-. Anna, Paul Charlemos. Fuera.

Fuera en el descansillo, las expresiones de Anna Wolff y Paul Lindemann mostraban que ya sab&#237;an qu&#233; iba a decirles. Anna Wolff decidi&#243; adelantarse a Fabel y levant&#243; las manos.

Lo siento, jefe Es imposible que se nos haya escapado. Lo hemos vigilado de cerca.

No lo suficiente, al parecer. -Fabel se esforzaba por contener la frustraci&#243;n y la rabia que sent&#237;a-. Klugmann es la &#250;nica pista que tenemos y le hab&#233;is dejado escapar. -Los se&#241;al&#243; con el dedo-. Lo hab&#233;is perdido. Encontradlo.

S&#237;, jefe -dijeron los dos al un&#237;sono.

Y comenzad por ver si alg&#250;n vecino est&#225; en casa.

Fabel volvi&#243; al sal&#243;n. Se sent&#243; junto a Sonja en el sof&#225; y apoy&#243; los codos en las rodillas.

&#191;Se encuentra mejor?

V&#225;yase a la mierda.

&#191;Qui&#233;n cre&#237;a que &#233;ramos?

Sonja se volvi&#243; hacia Fabel y parpade&#243;.

&#191;Qu&#233;? &#191;Qu&#233; quiere decir? -En ese instante, Fabel supo que la chica escond&#237;a algo.

S&#233; que es muy inquietante que polic&#237;as armados irrumpan en la casa de uno, pero ha pensado que &#233;ramos otra gente, &#191;verdad?

Sonja baj&#243; la mirada a sus rodillas.

Mire, Sonja, &#191;est&#225; Hans metido en alg&#250;n l&#237;o? Si est&#225; en peligro, podemos ayudarle. Ay&#250;denos a encontrarlo. Que nosotros sepamos, no ha hecho nada malo excepto ocultarnos informaci&#243;n. Pero necesitamos hablar con &#233;l.

Sonja se desmoron&#243;. Grandes sollozos incontrolables. Fabel le pas&#243; el brazo por los hombros.

No s&#233; d&#243;nde est&#225; -Sonja se&#241;al&#243; un tel&#233;fono m&#243;vil que hab&#237;a encima de la mesa de caf&#233;-. Es su m&#243;vil Nunca sale sin &#233;l. -Se volvi&#243; hacia Fabel; ten&#237;a los ojos grandes y redondos. Fabel record&#243; lo que Mahmoot le hab&#237;a dicho sobre ella: que era buena chica. Cogi&#243; el tel&#233;fono y comprob&#243; el &#250;ltimo n&#250;mero marcado. Era el mismo n&#250;mero al que Klugmann hab&#237;a llamado despu&#233;s de descubrir el cuerpo de Monique. Gir&#243; la pantalla hacia Werner, quien la ley&#243; y lanz&#243; a Fabel una mirada elocuente. Fabel se guard&#243; el tel&#233;fono m&#243;vil en el bolsillo de la chaqueta y volvi&#243; a dirigirse a Sonja.

Sonja, &#191;qui&#233;n cre&#237;a que &#233;ramos?

Hans ha estado haciendo unos negocios. Con extranjeros. Rusos o ucranianos, creo. Intent&#243; mantenerme al margen, pero s&#233; que son gente peligrosa. Quiz&#225; las cosas con ellos no hayan ido del todo bien. Estos &#250;ltimos dos d&#237;as me ha dicho que no abriera la puerta a nadie, que si ven&#237;a alguien ya ir&#237;a &#233;l. -Solt&#243; un sollozo-. He pensado que quiz&#225; ustedes eran esas personas

Ahora est&#225; a salvo, Sonja. A partir de este momento, habr&#225; un agente de polic&#237;a vigilando el piso hasta que Hans vuelva o hasta que lo encontremos.

Ucranianos. Fabel record&#243; lo que Mahmoot hab&#237;a dicho sobre la nueva organizaci&#243;n que se hab&#237;a instalado en la ciudad. Deb&#237;an de ser los responsables de la ejecuci&#243;n de Ulugbay. Y Klugmann trabajaba para Ulugbay. Pero Klugmann era un don nadie en lo que se estaba perfilando como una gran guerra entre bandas. Fabel sonri&#243; a Sonja para tranquilizarla.

&#191;D&#243;nde cree que podr&#237;a estar? Quiz&#225; s&#243;lo ha salido un momento.

Sonja volvi&#243; a encogerse de hombros, pero su expresi&#243;n era de profunda preocupaci&#243;n.

Si hubiera tenido que salir esta ma&#241;ana, me lo habr&#237;a dicho. Sab&#237;a que iba a comprar la comida -Mir&#243; hacia las bolsas de la compra, que estaban en la cocina. Le tembl&#243; el labio inferior.

No te preocupes, cielo -dijo Fabel-, lo encontraremos.

Y le rog&#243; a Dios estar en lo cierto.


Se estaba yendo todo al garete, y sab&#237;a que ten&#237;a los nervios a flor de piel. Ten&#237;a que concentrarse y estar atento. La concentraci&#243;n era buena; los nervios te mataban. La puerta de entrada al piso ten&#237;a una cadenita -se hab&#237;a cargado la cerradura principal con las prisas por entrar-, y pas&#243; la cadenita, con la esperanza de que no se fijaran mucho en la cerradura cuando llegaran a la puerta, porque seguro que llegar&#237;an.

Klugmann se escap&#243; por los pelos. Estaba preocupado por Sonja: llegaba tarde del supermercado y la estaba esperando, con el cuerpo pegado a la pared de la ventana para que los dos detectives de la Kriminalpolizei -un hombre y una mujer- del BMW marr&#243;n claro no lo vieran. Cuando reconoci&#243; el caminar garboso de Sonja, sonri&#243; para s&#237;: era una buena chica, y hab&#237;a intentado mantenerla al margen de todo aquello. Entonces vio a los dos polic&#237;as que le hab&#237;an interrogado, Fabel y Meyer, sigui&#233;ndola. Despu&#233;s de pasar por delante del BMW, los otros dos polic&#237;as tambi&#233;n se bajaron y se colocaron detr&#225;s de Sonja. Era una redada. No sab&#237;a qu&#233; hab&#237;an descubierto, pero ahora no era buen momento para que se lo llevaran y le sometieran a un interrogatorio prolongado. Estaba demasiado cerca. Le hab&#237;a costado demasiado -tiempo, esfuerzo, una vida- como para que lo quitaran de la circulaci&#243;n en el &#250;ltimo minuto. Atraves&#243; la habitaci&#243;n, cogi&#243; la chaqueta y se guard&#243; el arma en el bolsillo. Cerr&#243; la puerta con rapidez, pero no tan fuerte como para que pegara un portazo, y baj&#243; los escalones de dos en dos. El casero hab&#237;a utilizado las mismas puertas en todos los apartamentos. La seguridad depend&#237;a de la puerta de la calle y no de las de los pisos, que t&#233;cnicamente s&#243;lo tendr&#237;an que haberse utilizado como puertas interiores. Abri&#243; la navaja y manipul&#243; la cerradura, haciendo fuerza con el hombro. Era un arte preciso: requer&#237;a la fuerza suficiente para abrir la puerta sin astillar la endeble madera. Oy&#243; el chirrido del muelle de la puerta de la calle: Sonja estaba entrando, y ellos estar&#237;an a unos pocos pasos de distancia. La puerta cedi&#243;, Klugmann cay&#243; dentro del apartamento y cerr&#243; la puerta con suavidad. Entonces oy&#243; el chillido de Sonja, los gritos de Fabel y el sonido de los movimientos y voces en el piso de arriba. Cerr&#243; los ojos, apoy&#243; la cabeza en la puerta y articul&#243; la palabra mierda. El m&#243;vil. Se hab&#237;a dejado el m&#243;vil en el piso. Y eso quer&#237;a decir que hab&#237;a dejado su cuerda de salvamento en el piso. Tendr&#237;a que buscar un tel&#233;fono, y r&#225;pido.

Sin embargo, ahora lo &#250;nico que pod&#237;a hacer era esperar.

El propietario de aquel apartamento era un yugoslavo de unos sesenta a&#241;os. Klugmann hab&#237;a supuesto que seguramente era un inmigrante ilegal; pero despu&#233;s hab&#237;a descubierto que trabajaba de jardinero para el Ayuntamiento en el Sternschanzen-Park, arreglando parterres y recogiendo las jeringuillas usadas. Trabajaba siempre el turno de d&#237;a, que empezaba a las once. El yugoslavo no llegar&#237;a a casa hasta las ocho. Klugmann ten&#237;a tiempo hasta entonces para intentar fugarse.

Ahora habr&#237;a un poli apostado en la calle todo el d&#237;a, lo cual le dificultar&#237;a salir de all&#237;. La mayor ventaja que ten&#237;a es que pensaran que ya hab&#237;a abandonado el edificio y estuvieran esperando a que volviera, no a que saliera. Se sent&#243; con la espalda contra la puerta y examin&#243; la habitaci&#243;n. Quiz&#225; encontraba algo que ponerse; que le hiciera parecer mayor. El poli no atar&#237;a cabos. Estar&#237;a demasiado ocupado buscando a un joven que entrase, no a un viejo que saliera. Oy&#243; voces en el descansillo: Fabel estaba echando la bronca al equipo de vigilancia por haberlo perdido. Klugmann se permiti&#243; una sonrisa. Oy&#243; unos pasos y se peg&#243; con fuerza a la puerta. Llamaron: el golpe con el pu&#241;o de un polic&#237;a. Klugmann respiraba despacio y de forma regular. Volvieron a llamar.

Polic&#237;a. &#191;Hay alguien en casa?

Le pareci&#243; que pasaba una eternidad antes de o&#237;r los pies de los polic&#237;as movi&#233;ndose por el descansillo y luego el eco de sus pasos bajando los escalones de piedra. Llamaron a la puerta de abajo. Klugmann sab&#237;a que aquel piso tambi&#233;n estar&#237;a vac&#237;o a esa hora. Oy&#243; que una mujer dec&#237;a mierda, y luego el sonido del muelle de la puerta principal. Dos polis fuera, y Fabel y Meyer arriba. Escudri&#241;&#243; el piso buscando cualquier cosa que pudiera servirle de disfraz para cuando m&#225;s tarde se marchara. Y se qued&#243; esperando.


Jueves, 5 de junio. 14:45 h


Vierlande, a las afueras de Hamburgo


El tr&#225;fico estaba complicado en la ciudad y Fabel se alegr&#243; de haber salido con tiempo para tomar la B 5 que atravesaba el centro y bajaba hacia Billbrook.

Ahora la ciudad ya no se aferraba al borde de la carretera, y el paisaje se extend&#237;a como el pa&#241;o liso y suave de una mesa de billar. Fabel hab&#237;a dejado el m&#243;vil de Klugmann a Maria Klee para que la secci&#243;n t&#233;cnica extrajera de &#233;l tanta informaci&#243;n como fuera posible. Anna Wolff y Paul Lindemann probablemente a&#250;n segu&#237;an llamando a las puertas para intentar recalentar el fr&#237;o rastro de Klugmann. Los dos eran buenos agentes. Klugmann deb&#237;a de hab&#233;rselas ingeniado bien para escapar de ellos.

Justo despu&#233;s de Bergedorf, Fabel gir&#243; al sur hacia Neuengamme. Podr&#237;a haber sido Holanda: un paisaje tan llano que era como si la naturaleza lo hubiera planchado, alisando cada arruga.

Cualquier posible monoton&#237;a en el paisaje quedaba disipada por los densos grupos de &#225;rboles, las iglesias de tejados rojos, los molinos de estilo holand&#233;s y las casas Fachwerk restauradas y mantenidas meticulosamente con sus vigas descubiertas y tejados de paja bien arreglados. La red de diques y canales que entretej&#237;an aquella extensi&#243;n de tierra llana y verde la convert&#237;an en un cent&#243;n.

A medida que se acercaba a Neuengamme, not&#243; el aleteo d&#233;bil de una ansiedad tenue e imprecisa. Aquella tierra ten&#237;a mucha historia para Fabel. All&#237; era donde se juntaban tantas cosas buenas y malas. Era algo &#237;ntimo. Para Fabel, diversas clases de historia se fund&#237;an en aquella curva improbable del Elba: la personal, la profesional, la nacional.

Cuando ten&#237;a unos diez a&#241;os, Fabel tuvo que asumir el peso de la historia de su pa&#237;s, como todos los ni&#241;os alemanes de su generaci&#243;n. Eso signific&#243; perder la inocencia y aceptar lo que hab&#237;a sucedido. Pregunt&#243; a su padre por las cosas que hab&#237;a o&#237;do. Por Alemania. Por ellos mismos. Por los jud&#237;os. Fabel recordaba la tristeza que asom&#243; a los ojos de su padre mientras se esforzaba por explicarle a un ni&#241;o de diez a&#241;os la monstruosidad monumental de lo que se hab&#237;a hecho en nombre de Alemania. Poco tiempo despu&#233;s, su padre hab&#237;a emprendido el largo viaje a aquella zona. A este lugar de casas bonitas con entramado de madera y paisaje llano. A Neuengamme.

M&#225;s de 55.000 prisioneros trabajaron aqu&#237;, en un campo improvisado en una f&#225;brica de ladrillos abandonada. Los brit&#225;nicos lo liberaron, como hicieron con Bergen-Belsen, y con la eficacia y sentido pr&#225;ctico t&#237;picos de los anglosajones lo devolvieron a los alemanes en 1948, con la sugerencia de que ser&#237;a una buena c&#225;rcel. Y en eso se convirti&#243;. Hasta 1989, un monumento al Holocausto y la c&#225;rcel de Vierlande compartieron el mismo lugar. Al final, el Senat de Hamburgo vio la extra&#241;a y amarga iron&#237;a que supon&#237;a continuar confinando a seres humanos en un lugar en el que se hab&#237;an cometido tales atrocidades en nombre del Estado, y la penitenciar&#237;a de Vierlande se traslad&#243; fuera del antiguo campo.

Y ahora Fabel iba a Vierlande a enfrentarse, por primera vez en m&#225;s de una d&#233;cada, con una parte de su historia personal que cre&#237;a haber enterrado hac&#237;a tiempo.


El funcionario de prisiones condujo a Fabel al estudio de Dorn. Era una habitaci&#243;n muy luminosa y amplia con p&#243;steres grandes y alegres de monumentos hist&#243;ricos alemanes en las paredes: las puertas fortificadas de L&#252;beck, la Porta Nigra de Tr&#233;veris, la catedral de Colonia. La habitaci&#243;n estaba llena de estanter&#237;as, y a Fabel le dio la sensaci&#243;n de que se parec&#237;a m&#225;s a la biblioteca de una escuela que al viejo estudio de Dorn en la Universidad de Hamburgo. Cuando Fabel entr&#243;, Dorn y un hombre m&#225;s joven estaban inclinados sobre una obra de referencia. El hombre m&#225;s joven era m&#225;s alto que Dorn, y la camiseta que llevaba dejaba al descubierto unos brazos muy musculados y tatuados. Su aspecto de bruto no casaba con la intensa concentraci&#243;n que pon&#237;a en el texto. Dorn levant&#243; la vista, vio a Fabel y se excus&#243; con el mat&#243;n erudito, que se march&#243; con el tomo y su libreta bajo el brazo.

Jan -Dorn extendi&#243; la mano-. Me alegro de que hayas podido venir. Por favor, si&#233;ntate.

El tiempo hab&#237;a salpicado m&#225;s de blanco el bigote recortado y la perilla, y se hab&#237;a asentado con m&#225;s intensidad alrededor de los ojos; pero aparte de eso, Mathias Dorn estaba pr&#225;cticamente igual a como Fabel lo recordaba de la &#233;poca en que hab&#237;a sido su tutor de historia europea: un hombre bajito, pulcro y compacto de ojos azul porcelana y facciones un poco demasiado delicadas. Fabel estrech&#243; la mano d&#233;bil.

Yo tambi&#233;n me alegro de verlo, Herr Professor -minti&#243;. Para Fabel, Dorn y los sentimientos que &#233;ste le despertaba pertenec&#237;an al pasado. Fabel dese&#243; que se hubieran quedado all&#237;. Se sent&#243; a la mesa enfrente de Dorn. Sobre &#233;sta, hab&#237;a una fotograf&#237;a: una joven de unos veinte a&#241;os, cuyas facciones ten&#237;an una delicadeza de porcelana similar a la del profesor. De forma involuntaria, Fabel se sinti&#243; atra&#237;do por la foto, y le asombr&#243; lo poco familiar que le resultaba ahora aquel rostro.

Me sorprendi&#243; descubrir que estaba aqu&#237; -dijo Fabel.

S&#243;lo vengo dos d&#237;as a la semana. -Dorn sonri&#243;-. Suficiente como para sacarme el t&#237;tulo de historiador residente. Es un concepto extra&#241;o, eso de tener a un historiador en la c&#225;rcel. Divido mi tiempo entre esto y el museo conmemorativo del campo de concentraci&#243;n de Neuengamme.

Quer&#237;a decir que me sorprende que quisiera trabajar con criminales despu&#233;s de -Fabel se dio cuenta de que hab&#237;a comenzado una frase que no quer&#237;a, o no necesitaba, terminar. Dorn interpret&#243; el significado y sonri&#243;.

De hecho, es muy gratificante. Algunos de los reclusos han desarrollado unas ganas incre&#237;bles por aprender historia. Aunque parezca extra&#241;o, les ayuda a dar sentido a su propia historia. Pero capto lo que quieres decir. Supongo que ten&#237;a mis propios planes cuando solicit&#233; el puesto. Necesitaba comprender, estar cerca de hombres que hab&#237;an matado, supongo. Para, bueno, darle alg&#250;n sentido a lo que pas&#243;.

&#191;Y lo ha logrado?

&#191;Te ha ayudado a ti hacerte polic&#237;a?

No s&#233; si &#233;sa fue la raz&#243;n por la que me hice polic&#237;a.

De nuevo, Fabel minti&#243;. Los dos sab&#237;an que era su historia personal com&#250;n lo que hab&#237;a llevado a un historiador de talento como Fabel a hacerse detective de homicidios. Dorn dej&#243; el tema.

Quer&#237;a hablar contigo sobre este asesinato que est&#225;s investigando -le dijo.

Asesinatos -le corrigi&#243; Fabel-. Ha habido otro. La han asesinado igual que a Ursula Kastner.

Dios m&#237;o, es horrible. Confirma lo que yo pensaba. Por eso quer&#237;a verte.

Siga. Por favor, profesor

Dorn cogi&#243; un ejemplar reciente del Hamburger Morgenpost. Estaba abierto por un art&#237;culo dedicado al asesinato de Kastner.

Como t&#250; -continu&#243; Dorn-, bueno, me vi obligado a interesarme por la mente psic&#243;tica. Odio decirlo, pero a pesar de su destructividad innata, a veces puede tener una forma de creatividad retorcida. -Clav&#243; un dedo en el art&#237;culo-. Jan, creo que en este caso te enfrentas a alguien muy creativo, adem&#225;s de peligroso. No hay duda de que la psicosis de este tipo est&#225; muy bien informada, supongo que ser&#237;a la palabra que mejor lo describir&#237;a.

&#191;Qu&#233; quiere decir?

Dorn volvi&#243; a dejar el peri&#243;dico sobre la mesa. Levant&#243; la mano con un gesto que suger&#237;a a Fabel que tendr&#237;a que tomarse las cosas con calma y esperar a que expusiera su tesis. Era un gesto al que Fabel se hab&#237;a acostumbrado cuando era un &#225;vido estudiante.

&#191;Qui&#233;nes somos? -pregunt&#243; Dorn-. &#191;Qu&#233; somos? Los alemanes, me refiero.

Fabel frunci&#243; el ce&#241;o.

No entiendo

El concepto de la identidad alemana &#191;qu&#233; es?

Fabel se encogi&#243; de hombros.

No lo s&#233; -dijo-. Y no me importa. Ning&#250;n otro tema ha causado a Alemania, y al mundo, tanto sufrimiento y destrucci&#243;n.

Correcto -dijo Dorn-. El concepto de la identidad alemana es un mito. Un mito que nuestro pintorcillo austr&#237;aco de brocha gorda convirti&#243; en una historia falsa hasta que Alemania se la crey&#243;. Una de las lecciones m&#225;s importantes que he aprendido como historiador es que s&#243;lo existe el presente. S&#243;lo el presente tiene una forma inmutable, inflexible; el pasado es lo que nosotros elegimos hacer de &#233;l. Nuestro presente moldea la historia, no al rev&#233;s. Hemos dedicado los &#250;ltimos dos siglos a reinventar nuestro pasado: a remodelar nuestra identidad cuando nunca la hemos tenido. El hecho es que no existe una raza alemana. Somos una mezcolanza de escandinavos y eslavos, celtas, it&#225;licos y alpinos; un batiburrillo unido por una lengua y una cultura, no por una etnicidad.

&#191;Adonde quiere llegar? &#191;Qu&#233; tiene que ver todo eso con estos asesinatos?

Dorn sonri&#243;.

&#191;Crees que el dios Tuisto naci&#243; de la tierra de Alemania? &#191;Y que a trav&#233;s de sus tres hijos fue el creador de las tres tribus puras de germanos?

Claro que no. Es s&#243;lo mitolog&#237;a.

&#191;Crees en el dios Wotan? &#191;O en el pante&#243;n escandinavo de los dioses, encabezado por el equivalente de Wotan, Od&#237;n?

No -respondi&#243; Fabel-. Lo mismo, s&#243;lo es mitolog&#237;a. Mire, no entiendo qu&#233; tiene que ver esto con -De nuevo, Dorn levant&#243; la mano para hacer callar a Fabel.

S&#237; que son mitos. Falsedades. Pero, como ya has se&#241;alado, creer en mitos puede ser algo poderoso y destructivo. -Dorn cogi&#243; con rapidez el peri&#243;dico y se lo lanz&#243; a Fabel-. &#201;l s&#237; cree en ellos.

&#191;Qu&#233;? -la confusi&#243;n de Fabel era aut&#233;ntica-. &#191;Qui&#233;n?

Tu asesino. Cada vez que mata de esta forma, est&#225; aludiendo a algo -Dorn mir&#243; al techo, pero era evidente que su mente estaba en otra parte-. Ha viajado mil a&#241;os en el tiempo, ha penetrado en la oscuridad del pasado para quedarse con un fragmento que d&#233; sentido a su presente. Ser&#237;a algo extraordinario si no fuera tan espantoso.

Dorn sali&#243; de repente de su ensimismamiento y mir&#243; de nuevo a Fabel.

&#191;Est&#225; diciendo que hay alg&#250;n tipo de conexi&#243;n mitol&#243;gica o hist&#243;rica en estos asesinatos? -pregunt&#243; Fabel.

El &#193;guila de Sangre.

Dorn sostuvo la mirada de Fabel.

&#191;El qu&#233;?

El &#193;guila de Sangre. Los motivos de tu asesino no son sexuales, sino religiosos. Est&#225; haciendo sacrificios.

&#191;Sacrificios? &#191;El &#193;guila de Sangre? Lo siento, profesor, pero &#191;de qu&#233; demonios est&#225; hablando?

Como sabes, esta zona del norte de Alemania fue la patria de los escandinavos. Fueron los sajones los que fundaron la aldea de Hamm. Los francos y los obodritas eslavos la conquistaron y la convirtieron en Hammaburgo. Y luego llegaron los vikingos de Dinamarca. F&#237;jate en Altona, en el centro mismo de la Hamburgo moderna; fue una ciudad danesa hasta el siglo XVIII. La nuestra es la sangre de los vikingos, entre otros, por supuesto. Los dioses a los que se adoraba eran Freya, Balder, Thor, Loki, Od&#237;n. Estos dioses n&#243;rdicos estaban lejos de ser perfectos. Eran temperamentales, petulantes, envidiosos, avariciosos e iracundos. El sabio Od&#237;n, el padre de los dioses, el Zeus n&#243;rdico, no era ninguna excepci&#243;n. Era su favor por encima de todo lo que ansiaban nuestros antepasados. -Dorn hizo una pausa. Alarg&#243; el brazo y cogi&#243; dos tomos que hab&#237;a sobre la mesa-. Od&#237;n exig&#237;a sacrificios. Como todos los dioses. Pero cuanto m&#225;s importante era el dios, mayor era el sacrificio. Por ejemplo, Adam de Bremen escribi&#243; en sus cr&#243;nicas sobre, bueno, supongo que podr&#237;a llamarse as&#237;, una fiesta en Ubsola, o Uppsala, como se conoce hoy en d&#237;a. Esta fiesta se celebraba cada nueve a&#241;os y duraba nueve d&#237;as. Todo el mundo (rey, cacique o plebeyo) ten&#237;a que hacer una ofrenda. De hecho, un rey vikingo cristianizado, el rey Inge I, fue depuesto por no tomar parte. En cada uno de los nueve d&#237;as que duraba la fiesta, se cortaba el cuello a nueve seres vivos machos (ganado, aves y humanos) y se los colgaba del rev&#233;s en la arboleda que hab&#237;a al lado del templo. Asombroso. Todo porque el n&#250;mero nueve era importante en el culto a Od&#237;n. Bueno, lo que digo es que Od&#237;n exig&#237;a sacrificios humanos. Y que una de las formas que a menudo tomaban estos sacrificios era la del &#193;guila de Sangre.

&#191;Qu&#233; consist&#237;a en? -Fabel not&#243; que la adrenalina recorr&#237;a su cuerpo.

Era una ofrenda que llegaba por sus propios medios a la guarida de Od&#237;n. Un humano al que se le daban las alas de un &#225;guila.

&#191;Y c&#243;mo funcionaba la cosa exactamente? -pregunt&#243; Fabel, aunque ya conoc&#237;a la respuesta.

Dorn mir&#243; directamente a Fabel a los ojos y sin pesta&#241;ear.

Se cog&#237;a a un prisionero. Quiz&#225; a una mujer que se tra&#237;an de los asaltos vikingos. La desnudaban y la ataban, brazos y piernas abiertos. Luego, el sacerdote de Od&#237;n cog&#237;a un sable y le abr&#237;a el abdomen

Fabel not&#243; que el coraz&#243;n empezaba a latirle con fuerza mientras Dorn hablaba.

Estos sacerdotes ten&#237;an la habilidad de un cirujano. Sus sablazos abr&#237;an en canal a la v&#237;ctima, supuestamente sin da&#241;ar los &#243;rganos esenciales y sin matarla. Luego, le arrancaban los pulmones y los lanzaban por encima de los hombros. Las alas del &#193;guila de Sangre, &#191;entiendes? Unas alas que pod&#237;an volar hasta Od&#237;n.

Fabel se qued&#243; sentado mirando a Dorn. Era como si estuviera en el coraz&#243;n de una explosi&#243;n silenciosa; en una calle en la que miles de alarmas acababan de dispararse.

&#191;Es un hecho hist&#243;rico documentado?

Documentado, s&#237;. Hist&#243;rico, s&#237;. Pero qu&#233; parte de la historia documentada es un hecho depende de la perspectiva del cronista. De todos los asaltantes, los vikingos eran los m&#225;s temidos. En las cr&#243;nicas de la &#233;poca se los describ&#237;a como demonios. -Dorn pas&#243; las p&#225;ginas de uno de los tomos-. S&#237;, aqu&#237; est&#225;. Las v&#237;ctimas pod&#237;an ser de ambos sexos. Por ejemplo, aqu&#237; aparece un relato de un pr&#237;ncipe ingl&#233;s a quien los vikingos hicieron prisionero y por el que pidieron un rescate. El rescate no se pag&#243;, as&#237; que lo ofrecieron a Od&#237;n como un &#193;guila de Sangre. Hay varios incidentes como &#233;ste documentados. -Se detuvo en otra p&#225;gina-. Es un relato de un obispo de una de las islas escocesas.

&#191;Y nuestro asesino est&#225; emulando estos sacrificios? -La voz de Fabel a&#250;n estaba llena de incredulidad.

Y tanto. He le&#237;do algunos detalles en el peri&#243;dico. Vi que intentabais mantener lo m&#225;ximo posible en secreto, pero por lo que se ha dicho sobre el despedazamiento, he imaginado el resto.

No puedo creerlo. Es espantoso.

Para nosotros, s&#237; -dijo Dorn-. Pero para el asesino es algo noble. Una cruzada. Cree que est&#225; sirviendo a los antiguos dioses. Tiene de su lado la autoridad moral m&#225;s alta. Es un proselitista, un misionero que le devuelve a Alemania su fe verdadera. -Dorn dej&#243; el libro-. Est&#225;s tratando con las fuerzas m&#225;s oscuras que puedas imaginar, Jan. Este asesino es un verdadero creyente. Y aquello en lo que cree es verdaderamente apocal&#237;ptico, en un sentido que la mente cristiana no puede comprender. Los vikingos tambi&#233;n ten&#237;an su d&#237;a del Juicio Final. El Ragnarok. Pero el apocalipsis b&#237;blico no es nada comparado con el Ragnarok. Un tiempo en el que Od&#237;n y los aesir se unen para luchar contra Loki y los vanir. Una &#233;poca de fuego y sangre y hielo cuando la tierra y el cielo y todos los seres vivos quedan destruidos. Esta &#193;guila de Sangre cree en todo eso. Su misi&#243;n es ver c&#243;mo se desploman los cielos y se llenan de sangre los oc&#233;anos.

Fabel estaba sentado, cogiendo el peri&#243;dico sin fuerzas y mirando, sin verlo, el titular. Su cabeza trabajaba a toda velocidad.

&#191;C&#243;mo puedes estar tan seguro sobre &#233;l? Tenemos a una psic&#243;loga criminal que ha hecho un perfil

No soy psic&#243;logo, tienes raz&#243;n. -La voz de Dorn transmit&#237;a algo cercano al enfado-. Pero he pasado gran parte de los &#250;ltimos veinte a&#241;os intentando comprender mentes como la de este man&#237;aco. Intentando dar sentido a aquello que lleva a un ser humano a convertirse en cazador, torturador y asesino de otros seres humanos -Dorn se call&#243;. Hab&#237;a un dolor genuino en sus ojos.

Fabel se qued&#243; sentado sin moverse, todav&#237;a at&#243;nito. Cuando por fin habl&#243;, lo hizo tanto para s&#237; mismo como para Dorn.

Es que no lo me puedo creer. Est&#225; ah&#237; fuera viviendo una fantas&#237;a espantosa, creyendo que tiene que cumplir una misi&#243;n. Si lo que dice es cierto, quiero decir.

Lo que te estoy contando forma parte de un testimonio hist&#243;rico. Da igual si pas&#243; realmente tal como est&#225; registrado o no, o si quienes lo documentaron lo exageraron para demonizar a los vikingos. Est&#225; ah&#237;. Y tu asesino se lo cree.

Y si se trata de una misi&#243;n -continu&#243; Fabel-, va a seguir matando y matando. Hasta que lo detengamos.


Por alguna raz&#243;n, Fabel no quiso hacer la llamada desde el aparcamiento para visitantes que hab&#237;a fuera de la c&#225;rcel de Vierlande. Por eso condujo hasta el dique Neuengammer Hausdeich. Detuvo el coche y subi&#243; el terrapl&#233;n empinado del dique. Desde all&#237; ve&#237;a el campo de concentraci&#243;n de Neuengamme con sus edificios y bloques sim&#233;tricamente dispuestos. La mayor&#237;a de los prisioneros del campo hab&#237;an sido mujeres. Los prisioneros de Neuengamme y sus campos sat&#233;lite hab&#237;an sido utilizados como esclavos para construir viviendas temporales para aquellas personas de Hamburgo a quienes las bombas hab&#237;an dejado sin casa. Cuando su padre lo llev&#243; all&#237;, Fabel ten&#237;a diez a&#241;os y aprendi&#243; una frase nueva, Vernichtung durch Arbeit: exterminaci&#243;n a trav&#233;s del trabajo. Los prisioneros hab&#237;an sido obligados a trabajar hasta que mor&#237;an.

Se sent&#243; en la hierba y se qued&#243; mirando c&#243;mo un sol vac&#237;o jugaba con las sombras de las nubes por el paisaje llano, por el campo. Apenas ve&#237;a el bloque conmemorativo delante del cual sab&#237;a que estaba la escultura de El prisionero moribundo: una figura escu&#225;lida tirada sobre los adoquines con las rodillas dobladas y los miembros enredados.

Fabel mir&#243; hacia el lugar en el que se hab&#237;an asesinado a mujeres en nombre de una idea enfermiza de la identidad alemana y pens&#243; en lo que le hab&#237;a contado Dorn: en que hab&#237;a un individuo con un sentido pervertido de la historia, la etnolog&#237;a y la fe que lo estaba utilizando como justificaci&#243;n para satisfacer sus instintos m&#225;s b&#225;sicos y su sed psic&#243;tica de sangre.

Fabel necesitaba tiempo para poner en orden sus pensamientos antes de llamar al despacho. Intent&#243; hablar con Mahmoot, pero de nuevo s&#243;lo logr&#243; conectar con su buz&#243;n de voz. Fabel maldijo en silencio y cerr&#243; la tapa de su m&#243;vil. Aquello no le gustaba. No le gustaba nada. S&#243;lo esperaba que Mahmoot hubiera tenido la sensatez de dejarlo correr al escuchar que hab&#237;an liquidado a Ulugbay Se qued&#243; sentado unos minutos m&#225;s, agarr&#225;ndose las rodillas con los brazos, y vio c&#243;mo el sol y las sombras bailaban por la tierra; luego, llam&#243; a Werner y le hizo un resumen de la teor&#237;a de Dorn.

Llegar&#233; dentro de una hora. Celebraremos una reuni&#243;n en la sala de conferencias. Ser&#225; mejor que avises a Paul y Anna para que vengan. &#191;Han descubierto algo sobre Klugmann?

No.

Tampoco lo esperaba. &#191;Puedes contactar con Van Heiden y ver si puede asistir a la reuni&#243;n? Le va a encantar todo esto.



SEGUNDA PARTE

Viernes, 13 de junio -Mi&#233;rcoles, 18 de junio


Viernes, 13 de junio. 1:50 h


Sankt Pauli (Hamburgo)


El bajo vibraba implacable. Las luces estrobosc&#243;picas iluminaban a los cuatrocientos cuerpos sudados que se contorsionaban como una sola criatura con cada comp&#225;s del ritmo de la m&#250;sica. Ella se apret&#243; a &#233;l como si ambos fueran a la deriva en aquel oc&#233;ano de humanidad. Su lengua prob&#243; la boca de ella, y sus manos exploraron su cuerpo. Ella apart&#243; los labios de los suyos, los acerc&#243; a su oreja y le grit&#243; algo que qued&#243; ahogado por la m&#250;sica ensordecedora. &#201;l sonri&#243; y asinti&#243; vigorosamente, indicando la salida con un par de movimientos de cabeza. Se apart&#243; de ella, todav&#237;a cogi&#233;ndole las manos y sonriendo, y la gui&#243; a trav&#233;s de la multitud hacia la salida de la discoteca. Dios m&#237;o, qu&#233; guapo era. Y qu&#233; sexy. Ten&#237;a la camiseta empapada en sudor y se le marcaban las l&#237;neas duras de los m&#250;sculos. Era alto y esbelto; ten&#237;a el pelo oscuro y lacio y los ojos de un verde incre&#237;ble. Lo deseaba. Lo deseaba much&#237;simo.

Entrar en contacto con el aire fuera de la discoteca fue como sumergirse en una piscina. Los porteros ni siquiera miraron en su direcci&#243;n cuando salieron, a&#250;n cogidos de la mano. La calle estaba en silencio, s&#243;lo se o&#237;a la vibraci&#243;n apagada de la discoteca, y ella se detuvo un momento; el aire fresco y el efecto decreciente del &#233;xtasis que hab&#237;a tomado hicieron que de repente se volviera m&#225;s cautelosa. Despu&#233;s de todo, ni siquiera sab&#237;a c&#243;mo se llamaba. &#201;l percibi&#243; la resistencia de su cuerpo y se acerc&#243; a ella. Esboz&#243; una sonrisa atractiva, mostrando unos dientes perfectos que brillaban como la porcelana bajo las farolas.

&#191;Qu&#233; pasa, nena? -Por primera vez, oy&#243; su voz con claridad. Ten&#237;a un poco de acento.

Tengo sed. Antes me he tomado una pasti. No quiero deshidratarme.

Pues vamos a mi casa a refrescarnos. En el coche tengo agua. Est&#225; a la vuelta de la esquina. Vamos. -La cogi&#243; con firmeza del brazo.

Su coche era un Porsche nuevo plateado y de l&#237;neas elegantes, y cayeron sobre &#233;l, entrelaz&#225;ndose de nuevo. Ella se apart&#243;.

Tengo mucha sed Quiz&#225; deber&#237;amos volver

&#201;l desactiv&#243; la alarma, busc&#243; algo dentro del coche, y sac&#243; dos botellas de medio litro de Evian. Desenrosc&#243; la tapa de una de ellas y se la pas&#243;, y &#233;l bebi&#243; de la segunda. Ella cogi&#243; el agua y trag&#243; con avidez.

Est&#225; salada -dijo.

&#201;l le recorri&#243; el cuello con la lengua, desde el tirante de la camiseta hasta el l&#243;bulo de la oreja.

T&#250; tambi&#233;n.

De repente, se sinti&#243; mareada y se desplom&#243; sobre el coche. &#201;l se movi&#243; con rapidez y la cogi&#243;, colocando las manos debajo de los brazos de la chica.

Calma -dijo sol&#237;citamente-. Ser&#225; mejor que te sientes. -La gui&#243; hasta la puerta abierta del coche. Ella mir&#243; a un lado y a otro de la calle y luego a sus ojos. Hab&#237;an cambiado: segu&#237;an teniendo el mismo verde incre&#237;ble, pero ahora brillaban con vac&#237;a frialdad.

Sin embargo, ella no ten&#237;a miedo.


Viernes, 13 de junio. 11:50 h


Alsterarkaden (Hamburgo)


Fabel se hab&#237;a marchado del Pr&#228;sidium justo despu&#233;s de la reuni&#243;n informativa. Hab&#237;an revisado los progresos que hab&#237;an hecho en el caso durante la semana anterior: ninguno. Klugmann a&#250;n no hab&#237;a aparecido, y como ex polic&#237;a, sabr&#237;a c&#243;mo seguir desaparecido; las pistas del &#250;ltimo asesinato se hab&#237;an enfriado y segu&#237;an sin conocer la identidad de la chica muerta; parec&#237;a incluso que el eslavo de ojos verdes de Fabel se hab&#237;a marchado de la escena del crimen y hab&#237;a desaparecido en la noche. Aparte del hecho de que Dorn hubiera dado un nombre y una procedencia al rito de la barbaridad de este asesino, no estaban m&#225;s cerca de atraparlo. Fabel tambi&#233;n estaba muy preocupado por Mahmoot, con quien todav&#237;a no hab&#237;a logrado contactar. Era bien sabido que localizar a Mahmoot era dif&#237;cil, pero ten&#237;a que saber que no devolver las llamadas de Fabel disparar&#237;a todas las alarmas.

Fabel no era el &#250;nico polic&#237;a de Hamburgo que estaba desorientado. Casi todos los agentes de la ley de la ciudad estaban nerviosos porque la guerra entre bandas no hab&#237;a estallado. No se hab&#237;an producido represalias por el asesinato de Ulugbay. De hecho, parec&#237;a que no hab&#237;a habido ning&#250;n episodio de violencia entre bandas, lo cual en s&#237; mismo era algo muy extra&#241;o. El Pr&#228;sidium a&#250;n era un hervidero de personal del BND y del LKA7, pero la intensidad cargada de adrenalina se hab&#237;a convertido en una prontitud intranquila y frustrada.

Aquel caso hab&#237;a comenzado a absorber la luz de la vida de Fabel. No era el primero que lo hac&#237;a, y Fabel sab&#237;a que no ser&#237;a el &#250;ltimo. Era como abrirse paso a machetazos por una jungla espesa, atravesando la maleza tenaz, s&#243;lo para ver que &#233;sta se hab&#237;a cerrado detr&#225;s de &#233;l, obstruyendo el camino de regreso al exterior, a su vida y a su mundo, poblado de gente a la que quer&#237;a. La &#250;nica soluci&#243;n era seguir adelante, abri&#233;ndose camino hasta llegar a la luz.

Fabel llam&#243; a Gabi, su hija. Hab&#237;an planeado que pasar&#237;a el fin de semana con &#233;l, pero &#233;ste le explic&#243; que tendr&#237;a que trabajar como m&#237;nimo una parte del fin de semana. Odiaba tener que renunciar a su preciado tiempo con Gabi, pero, como siempre, ella lo hab&#237;a entendido. Renate, la ex mujer de Fabel, hab&#237;a reaccionado menos positivamente; su tono por tel&#233;fono transmit&#237;a una buena dosis de &#225;cida resignaci&#243;n

En lugar de coger el coche, Fabel par&#243; un taxi para que lo llevara al Alsterarkaden. Como el sol brillaba y no corr&#237;a la brisa -algo poco habitual en Hamburgo-, fuera hac&#237;a un calor agradable. Igual que siempre, los soportales estaban repletos de compradores, y Fabel se abri&#243; camino esquivando a la multitud con una determinaci&#243;n pausada. Su objetivo era la Jensen Buchhandlung, la librer&#237;a de un amigo de Fabel de la universidad, Otto Jensen.

A Fabel le encantaba aquella librer&#237;a. Otto hab&#237;a invertido en el m&#225;s elegante de los dise&#241;os de interiores minimalistas -limpio, con estanter&#237;as y mesas de haya e iluminaci&#243;n intensa-, casi seguro que a instancias de su mujer Else, infinitamente m&#225;s organizada y preocupada por el estilo. Otto, sin embargo, era un caos andante: una mara&#241;a de brazos y piernas desgarbada de un metro noventa de altura que siempre andaba tir&#225;ndolo todo o al que continuamente se le ca&#237;a de los brazos demasiado cargados una cascada de libros y papeles. Hab&#237;a libros amontonados en todas las superficies; las revistas se apilaban en el suelo o sobre el mostrador. Sin embargo, la variedad de t&#237;tulos era incre&#237;ble, y el desorden hac&#237;a de cada visita un viaje de descubrimiento. De alg&#250;n modo extra&#241;o, la confusi&#243;n ca&#243;tica era el idioma m&#225;s puro del bibli&#243;filo. Era un idioma que Fabel hablaba.

Cuando Fabel entr&#243;, vio a Otto sentado detr&#225;s del mostrador. Ten&#237;a un libro en el regazo, los codos en las rodillas y la cabeza entre las manos. Era una pose que Fabel asociaba con Otto desde sus d&#237;as de universidad; una postura que a Fabel le hac&#237;a pensar que Otto se escond&#237;a tras sus extremidades desgarbadas para formar una jaula, aisl&#225;ndose del mundo exterior y comprometi&#233;ndose exclusivamente con el universo que exist&#237;a entre las cubiertas del libro que estuviera leyendo en aquel momento.

Fabel se acerc&#243; al mostrador y apoy&#243; los dos codos en una pila de libros. Otto tard&#243; un par de segundos en darse cuenta de que hab&#237;a alguien.

Lo siento &#191;Puedo ayudarle? -La pregunta termin&#243; en una gran sonrisa-. Vaya, vaya, vaya, pero si es un representante de la ley y el orden

Fabel sonri&#243;.

Hola, desastre.

Hola, Jan. &#191;C&#243;mo est&#225;s?

Regular. &#191;Y t&#250;?

Jodido. Tengo una tienda llena de personas que buscan hasta que encuentran lo que les gusta, y luego se van a casa y lo piden a un minorista de precios rebajados de internet. Y el alquiler de este local es astron&#243;mico. Es el precio que hay que pagar por estar en una zona de moda, seg&#250;n Else.

&#191;C&#243;mo est&#225;? -pregunt&#243; Fabel-. &#191;A&#250;n no se ha dado cuenta de que es demasiado buena para ti?

Qu&#233; va, si me lo recuerda todo el d&#237;a. Al parecer, deber&#237;a estarle eternamente agradecido por haberse compadecido de m&#237;. -Otto esboz&#243; su sonrisa de idiota.

Y tiene raz&#243;n. &#191;Te ha llegado mi pedido?

S&#237;. -Otto se agach&#243; debajo del mostrador y busc&#243; un instante. Se oy&#243; el sonido de unos libros que ca&#237;an al suelo-. Un segundo -dijo Otto. Fabel sonri&#243;. El viejo Otto: no cambiar&#237;a nunca.

Otto reapareci&#243; dram&#225;ticamente y solt&#243; una pila de libros en el mostrador.

&#161;Aqu&#237; lo tenemos! -Arranc&#243; la hoja amarilla del pedido de debajo de la cinta el&#225;stica que envolv&#237;a los vol&#250;menes-. Todo autores ingleses, todos en sus versiones originales inglesas. -Otto mir&#243; a Fabel-. Una lectura ligerita, &#191;no? &#191;C&#243;mo se me ha podido olvidar que eras tan angl&#243;filo? Claro, tu madre es inglesa, &#191;verdad?

Escocesa -le corrigi&#243; Fabel.

&#161;Eso lo explica todo! -Otto se dio un manotazo en la frente con un gesto dram&#225;tico.

&#191;El qu&#233;?

&#161;Por qu&#233; nunca pagas t&#250; cuando vamos a comer!

Fabel se ri&#243;.

No es porque sea medio escoc&#233;s; es porque soy frisio. Adem&#225;s, esta vez te toca pagar a ti. El &#250;ltimo d&#237;a pagu&#233; yo.

Una mente tan brillante -dijo Otto en tono meditativo-, y una memoria tan mala Ah, por cierto, tengo un regalo para ti. -Busc&#243; de nuevo debajo del mostrador. A&#241;adi&#243; una obra de referencia a la pila-. Alguien de la universidad lo pidi&#243; y no ha venido a recogerlo. Es un diccionario de apellidos brit&#225;nicos. Y pens&#233;: &#191;qu&#233; clase de aburrido sin vida propia me lo quitar&#237;a de las manos? &#161;Y pens&#233; en ti!

Gracias, Otto Creo. &#191;Qu&#233; te debo?

Ya te lo he dicho, es un regalo. &#161;Disfr&#250;talo!

Fabel volvi&#243; a darle las gracias.

Otto, &#191;tienes algo sobre religi&#243;n escandinava antigua?

Claro. Aunque no te lo creas, hay bastante demanda.

&#191;En serio? -dijo Fabel con incredulidad.

S&#237;. Odinistas, principalmente.

&#191;Odinistas? &#191;Quieres decir que todav&#237;a hay gente que profesa esa religi&#243;n? -Una leve corriente el&#233;ctrica recorri&#243; la piel de Fabel.

Asatru, creo que la llaman. O simplemente odinismo. Tipos inofensivos, supongo. Bueno, un poco tristes, la verdad.

No ten&#237;a ni idea -dijo Fabel-. &#191;Y dices que por aqu&#237; vienen muchos?

Un par de raritos. Raritos de verdad. Aunque hay un tipo que ha venido una o dos veces que no parece un bicho raro o un hippy.

Alguien intensific&#243; la corriente que recorr&#237;a la piel de Fabel.

&#191;Cu&#225;ndo vino por &#250;ltima vez?

Otto se ri&#243;.

&#191;Me est&#225; interrogando la polic&#237;a?

Por favor, Otto, podr&#237;a ser importante.

Otto reconoci&#243; la seriedad en el rostro de su amigo.

Har&#225; un mes, creo. Puede que haya venido alguna vez desde entonces, pero no lo he atendido yo.

&#191;Qu&#233; compr&#243;?

Otto frunci&#243; la frente ancha al concentrarse. Fabel sab&#237;a que, a pesar de que exteriormente Otto era un caos, su mente era un superordenador de t&#237;tulos de libros, autores y editoriales. El fruncido desapareci&#243;: procesamiento de datos completado.

Te lo ense&#241;o. Tenemos otro ejemplar.

Fabel sigui&#243; a Otto hasta la secci&#243;n New Age y Ocultismo de la tienda. Otto cogi&#243; un volumen grueso del estante y se lo dio a Fabel. Se titulaba Adivinaci&#243;n por runas: ritos y ceremonias de los vikingos. Era evidente que no se trataba de un tomo acad&#233;mico, sino que iba dirigido a un p&#250;blico m&#225;s amplio. Fabel abri&#243; el libro por el final y examin&#243; el &#237;ndice. Hab&#237;a una entrada para el &#193;guila de Sangre. Ech&#243; un vistazo al texto, que dedicaba una p&#225;gina y media al ritual.

Otto, necesito el nombre de este cliente. O al menos, una descripci&#243;n

Ser&#225; f&#225;cil. Creo que no tengo su direcci&#243;n o algo parecido: la verdad es que nunca ha pedido ning&#250;n libro. Puedo mirar a ver si encuentro un resguardo de su tarjeta de cr&#233;dito o algo as&#237;. Pero, como te he dicho, recordar el nombre es f&#225;cil. Hablaba alem&#225;n a la perfecci&#243;n, ten&#237;a s&#243;lo un liger&#237;simo acento, pero el apellido era brit&#225;nico o estadounidense: John Mac-Swain.


Viernes, 13 de junio. 15:45 h


Rotherbaum (Hamburgo)


Al menos, hab&#237;a tenido la cortes&#237;a de informar de sus intenciones a Kolski, de la Abteilung Organisierte Kriminalit&#228;t. Fabel vio que la idea no le hac&#237;a mucha gracia; pero la informaci&#243;n que le llegaba de la divisi&#243;n de crimen organizado no era muy fluida precisamente, y se sent&#237;a con toda la libertad del mundo para llevar su investigaci&#243;n m&#225;s all&#225; de los l&#237;mites de su departamento.

Fabel era consciente de que estaba mirando una propiedad de tres millones de euros. La casa de tres pisos que Mehmet Yilmaz ten&#237;a en Rotherbaum estaba, ir&#243;nicamente, a s&#243;lo diez minutos del piso de Fabel. Su fachada Jugendstil modernista ofrec&#237;a una elegancia convincente a la calle flanqueada por &#225;rboles. Era una de las cinco casas que estaban en fila; cada una igual de inmensa en cuanto a tama&#241;o, igual de s&#243;lida en cuanto a presencia, y totalmente distinta en cuanto a estilo: bauhaus descansaba al lado del art d&#233;co y del neog&#243;tico.

Fabel esperaba que le abrir&#237;a la puerta un mat&#243;n turco de bigote de escoba. No fue as&#237;: un ama de llaves joven y atractiva con el pelo rubio corto pero brillante le pregunt&#243; educadamente qui&#233;n era y a qui&#233;n quer&#237;a ver, y condujo a Fabel por un vest&#237;bulo de piedra pulida hasta una gran sala de recepci&#243;n redonda. Era el centro de la casa; el techo de la habitaci&#243;n llegaba hasta arriba y estaba coronado por una c&#250;pula cuya claraboya de cristal de colores circular veteaba el suelo de pinceladas de color. Desde alg&#250;n rinc&#243;n lejano de la casa, Fabel oy&#243; que un piano dejaba de sonar y las risas de unos ni&#241;os.

Hab&#237;a un par de pilas de libros encuadernados en piel sobre la enorme mesa de nogal redonda que ocupaba el centro de la sala de recepci&#243;n. Fabel acababa de coger uno, una segunda edici&#243;n de Las desventuras del joven Werther, de Goethe, cuando entr&#243; un hombre alto, delgado y bien afeitado de unos cincuenta a&#241;os. Ten&#237;a el pelo medio casta&#241;o y canoso en las sienes.

Hemos hablado por tel&#233;fono, Herr Kriminalhauptkommissar. &#191;Quer&#237;a usted hablar conmigo? -le pregunt&#243; Mehmet Yilmaz, con un alem&#225;n sin rastro alguno de acento turco.

Fabel se dio cuenta de que a&#250;n ten&#237;a el Goethe en la mano.

Vaya, lo siento -Dej&#243; el libro en la mesa-. Est&#225; en un estado magn&#237;fico. &#191;Es coleccionista?

Pues la verdad es que s&#237; -contest&#243; Yilmaz-. De los rom&#225;nticos alemanes, del Sturm und Drang, esa clase de libros. Siempre que puedo, siempre que puedo permit&#237;rmelo, me gusta elegir primeras ediciones.

Fabel no sonri&#243;; en este ambiente, resultaba dif&#237;cil imaginar que a Yilmaz no le alcanzara para pagar algo. El turco se acerc&#243; a la mesa y cogi&#243; otro libro, un volumen m&#225;s peque&#241;o con las tapas color borgo&#241;a intenso.

Theodor Storm, El jinete del caballo blanco; una primera edici&#243;n y mi &#250;ltima adquisici&#243;n. -Le entreg&#243; el libro a Fabel. La piel borgo&#241;a era suave y blanda, casi c&#225;lida. Era como si pudiera palparse su edad; como si las yemas de los dedos de Fabel rozaran todas las otras yemas que hab&#237;an tocado el libro a lo largo del siglo pasado.

Es precioso -dijo Fabel con absoluta sinceridad. Le devolvi&#243; el libro-. Siento molestarle en su casa, Herr Yilmaz, y le agradezco que me haya recibido avis&#225;ndolo con tan poco tiempo. Pero he pensado que ser&#237;a un poco menos formal Me gustar&#237;a hacerle unas preguntas sobre un caso en el que estoy trabajando.

S&#237;, eso es lo que me ha comentado por tel&#233;fono. &#191;Est&#225; seguro de que no tendr&#237;a que ser m&#225;s formal? En concreto, &#191;que mi abogado estuviera presente?

Eso, por supuesto, depende de usted, Herr Yilmaz. Pero quiero dejarle claro que no he venido a hablar con usted porque lo considere sospechoso, sino simplemente porque quiz&#225; pueda proporcionarme informaci&#243;n &#250;til. Por cierto, Herr Yilmaz, antes de que sigamos, quer&#237;a transmitirle mis condolencias por la muerte de su primo.

Yilmaz se acerc&#243; hacia una mesa de caf&#233; y dos sillones de piel que hab&#237;a junto a la pared.

Por favor, Herr Fabel, si&#233;ntese. -El ama de llaves rubia entr&#243; con una cafetera. Sirvi&#243; dos tazas y se march&#243;-. Gracias, Herr Fabel. No es habitual que un polic&#237;a de Hamburgo me trate con tanta educaci&#243;n. Es triste, pero Ersin siempre fue muy impetuoso, dir&#237;a yo. Bueno, haga sus preguntas, y har&#233; lo posible por ayudarle. &#191;De qu&#233; caso se trata? Por tel&#233;fono me ha dicho que quer&#237;a hablarme de Hans Klugmann. Ya he hablado con sus colegas Herr Buchholz y Herr Kolski. Les dije que no tengo ni idea de d&#243;nde est&#225;.

Fabel comprendi&#243; que a Kolski le molestara esta visita a Yilmaz: &#191;qu&#233; hac&#237;an ellos buscando a Klugmann?

S&#237;. Pero no es el mismo caso. Yo investigo el asesinato de una joven prostituta a la que Klugmann alquilaba un piso. S&#243;lo la conocemos por Monique.

Yilmaz bebi&#243; un sorbo de caf&#233; sin dejar de mirar a Fabel. No mostr&#243; ning&#250;n tipo de reacci&#243;n al o&#237;r el nombre. Ni un parpadeo. Nada.

&#191;Trabajaba Monique para usted? -pregunt&#243; Fabel-. &#191;Aunque fuera indirectamente, a trav&#233;s de Klugmann?

No, Herr Fabel, no trabajaba para m&#237;.

Escuche, Herr Yilmaz, no me interesan en absoluto ni su negocio ni sus otras actividades. Lo &#250;nico que intento es atrapar a un asesino en serie antes de que vuelva a matar. Todo lo que me diga es extraoficial.

Se lo agradezco, Herr Fabel, y se lo reitero: esta chica no trabajaba para m&#237; ni directa ni indirectamente. Me dedique a lo que me dedique, mi negocio no son las prostitutas callejeras baratas

&#191;Es posible que Klugmann le hiciera de chulo por su cuenta?

Es posible. La verdad es que yo no lo habr&#237;a sabido. Klugmann no es uno de mis hombres, aunque sus colegas de la divisi&#243;n de crimen organizado del LKA7 insistan en que s&#237;.

Tiene que admitir que alguien con su historial laboral ser&#237;a muy &#250;til para su organizaci&#243;n.

Herr Hauptkommissar, hemos sido sinceros el uno con el otro hasta ahora. Con el mismo esp&#237;ritu de franqueza, le dir&#233; algo, y como dice usted, extraoficialmente. Klugmann es alguien que vive al margen de la sociedad. Tiene raz&#243;n, sus antecedentes especiales lo convierten en alguien muy &#250;til, pero nadie de nuestro lado ha confiado nunca plenamente en &#233;l. Siempre hay dudas en torno a un ex polic&#237;a. -Yilmaz bebi&#243; un sorbo de caf&#233;-. Mi primo Erin utilizaba a Klugmann como aut&#243;nomo, pero eso es todo.

Entonces, &#191;c&#243;mo se gana la vida?

Mi organizaci&#243;n no es el &#250;nico negocio de la ciudad, Herr Fabel. Adem&#225;s, trabajaba de forma regular como subdirector de uno de nuestros clubes, el Paradies-Tanzbar. Todo bastante legal. -Yilmaz esboz&#243; una media sonrisa y bebi&#243; otro sorbo de caf&#233;-. Bueno, casi.

Creemos que en el piso de la chica hab&#237;a una c&#225;mara de v&#237;deo escondida. Desapareci&#243; junto con las cintas. Usted dice que no tiene ning&#250;n negocio de prostitutas que hagan la calle. Bueno, yo no colocar&#237;a a esta chica en esa categor&#237;a. Era una puta de alto standing. &#191;Qu&#233; me dice del chantaje? &#191;Se dedica a ese negocio?

Sentado en el sill&#243;n de piel, la postura de Yilmaz se volvi&#243; m&#225;s tensa.

Me estoy empezando a cansar con todo esto, Herr Fabel. Ya le he dicho que no sab&#237;a de la existencia de esta chica, ni mucho menos de los planes que tuvieran ella y Klugmann. -Hizo una pausa, se recost&#243; en el sill&#243;n y relaj&#243; su postura-. Mire, voy a explicarle algo. Llevo m&#225;s de media vida viviendo en este pa&#237;s. Cuando llegu&#233; aqu&#237;, descubr&#237; muy deprisa que s&#243;lo algunas puertas estaban abiertas a los Gastarbeiter turcos. La persona que me abri&#243; una puerta fue Ersin, mi primo. Trabaj&#233; durante veinte a&#241;os en su organizaci&#243;n o vinculado a ella. Durante los &#250;ltimos diez a&#241;os he ido legalizando aquellas actividades que estaban bajo mi control. Ahora que Ersin ha muerto, yo controlo todo el negocio y lo estoy legalizando.

Pero seamos sinceros, usted sigue siendo responsable de una parte enorme del negocio de las drogas de Hamburgo

Espero que no quiera sacarme una confesi&#243;n -dijo Yilmaz con frialdad-. S&#233; que Buchholz me considera una especie de Al Capone turco, y admito con total libertad que he infringido y que contin&#250;o infringiendo la ley, pero soy un criminal m&#225;s por casualidad que porque lo tuviera planeado. Aunque parezca mentira, soy un hombre de una gran moralidad, pero para m&#237; la ley puede ser algo muy distinto a lo correcto y a la justicia. A veces creo que lo que m&#225;s irrita al Hauptkommissar Buchholz es que un turco y delincuente, como &#233;l me ve, pueda conseguir de golpe lo que &#233;l lleva a&#241;os intentando hacer: borrar del mapa la organizaci&#243;n criminal Ulugbay. Admito que Ersin considerar&#237;a la posibilidad del chantaje, sobre todo si pod&#237;a ejercer influencia en la v&#237;ctima adem&#225;s de sacarle dinero. Pero yo no.

Yilmaz se puso en pie de repente y se dirigi&#243; hacia la chimenea de m&#225;rmol ornamentado. Cogi&#243; un marco plateado con una fotograf&#237;a y se lo llev&#243; a Fabel. Era una foto de un chico sonriente, de unos catorce a&#241;os. La suavidad infantil de su rostro ya estaba desapareciendo para revelar la misma mand&#237;bula pronunciada que Yilmaz.

&#191;Es su hijo?

S&#237;. Johann. Un nombre alem&#225;n para un futuro alem&#225;n. S&#243;lo habla un poco de turco y con un acento alem&#225;n muy fuerte. Su identidad tiene que estar en este pa&#237;s, Herr Fabel. Me estoy asegurando de que cuando se haga cargo del negocio familiar, &#233;ste sea un negocio limpio. Un negocio legal. Un negocio alem&#225;n.

Fabel le devolvi&#243; la fotograf&#237;a

Le creo, Herr Yilmaz. Pero mientras tanto, sigue vendiendo drogas a los ni&#241;os y luchando en guerras callejeras con los ucranianos.

El rostro de Yilmaz se tens&#243;.

No hay ninguna guerra con los ucranianos. Todo eso ha acabado.

Pensaba que ellos eran los principales sospechosos del asesinato de su primo.

Algo parecido a una sonrisa irrumpi&#243; en el rostro de Yilmaz, pero sus ojos oscuros brillaron con frialdad y permanecieron clavados en Fabel.

Herr Fabel, &#191;quiere que le diga lo que pienso de usted?

Fabel se qued&#243; un poco sorprendido, pero se encogi&#243; de hombros.

De acuerdo. Adelante.

Es usted polic&#237;a. Un polic&#237;a honesto y franco, creo yo. Es obvio que es un hombre inteligente, pero la forma que tiene de ver su funci&#243;n es simplista. De hecho, usted no la llamar&#237;a funci&#243;n, sino deber. Considera que su trabajo es proteger a los inocentes y atrapar a aquellos que les har&#237;an da&#241;o. A gente como yo. O a psic&#243;patas u otras personas malas que rebasan la concepci&#243;n simple del bien y del mal. Y para usted, la ley lo es todo. Es su escudo, el escudo con el que proteger a los dem&#225;s.

&#191;Y cree que es una visi&#243;n equivocada?

Yo he dicho simplista. Es un daltonismo moral. Para usted, las fuerzas de la ley son las fuerzas del bien, mientras que las personas como yo somos el mal. Algunos de sus compa&#241;eros, sin embargo, son m&#225;s conscientes de las sombras que hay en medio. A veces ellos son las sombras que hay en medio.

&#191;Est&#225; usted diciendo que hay agentes de polic&#237;a implicados en la muerte de Ulugbay?

Herr Fabel, lo que digo es que ah&#237; fuera pasan un mont&#243;n de cosas que alguien como usted est&#225; muy lejos de poder comprender. Y con el m&#225;ximo respeto, creo que deber&#237;a quedarse al margen. -Yilmaz se puso en pie-. Siento no poder ayudarle en su investigaci&#243;n.

Fabel dej&#243; la taza de caf&#233; en la mesa antigua.

Herr Yilmaz, ah&#237; fuera hay un monstruo. Est&#225; arrancando los pulmones a las mujeres, literalmente. Necesito toda la ayuda que pueda conseguir para detenerlo. Si hay algo que pueda decirme

Mentir a la polic&#237;a es una habilidad que he ido afinando a lo largo de los a&#241;os. Pero en este caso, le aseguro que le estoy diciendo la verdad. No s&#233; nada de esta chica o de los planes que Klugmann tuviera con ella. -Yilmaz hizo una pausa, como si sopesara algo-. Haremos una cosa, pondr&#233; a alguna de mi gente a investigarlo. Quiz&#225; tengan acceso a fuentes que no hablar&#237;an con la polic&#237;a. Y, por supuesto, nosotros podemos ser m&#225;s bueno, directos en nuestra forma de enfocar el tema. Le prometo que si descubrimos algo, se lo comunicar&#233;.

Yilmaz acompa&#241;&#243; a Fabel a la puerta. Al salir, Fabel se volvi&#243; hacia &#233;l.

Lo que no entiendo es que si tantas ganas tiene de legalizar su negocio, &#191;por qu&#233; no pone fin a sus actividades ilegales ya, en lugar de irse retirando paulatinamente?

Yilmaz se ech&#243; a re&#237;r.

Pregunte a cualquier gestor de negocios: la diversificaci&#243;n tiene que estar financiada y apoyada por un negocio b&#225;sico s&#243;lido. Una vez que la facturaci&#243;n de mis operaciones diversificadas (sobre todo de la rama constructora e inmobiliaria) haya igualado la del negocio b&#225;sico, tendr&#233; la seguridad que necesito para legalizar totalmente mis actividades. -Cruz&#243; el umbral de la puerta principal con Fabel, se dio la vuelta y contempl&#243; la casa.

&#191;Le gusta mi casa, Herr Fabel?

S&#237;. Es impresionante.

Fue construida en los a&#241;os veinte. El arquitecto que la dise&#241;&#243; fue responsable de varias fincas de Rotherbaum. Era el arquitecto alem&#225;n de mayor reputaci&#243;n y con una de las carreras m&#225;s pr&#243;speras de Alemania. Un hombre rico, respetado y de &#233;xito por derecho propio. -Yilmaz se volvi&#243; hacia Fabel-. Tambi&#233;n era jud&#237;o. Muri&#243; en el campo de concentraci&#243;n de Dachau. Como le he dicho, Herr Fabel, yo hago una distinci&#243;n entre lo que es legal y lo que es moral, y mi forma de entender el concepto de lo alem&#225;n tiene un l&#237;mite. Si bien albergo esperanzas para mi hijo, s&#233; que yo siempre ser&#233; un extranjero. Y por eso sigue habiendo un elemento alternativo en mis actividades empresariales. Adi&#243;s, Herr Fabel. Y suerte en su b&#250;squeda.


Fabel llam&#243; a la Mordkommission desde el coche. Hab&#237;a puesto a Maria tras la pista de ese tal John MacSwain que hab&#237;a mencionado Otto. No resultar&#237;a dif&#237;cil encontrar un nombre tan particular como &#233;se en Hamburgo, e ir&#237;an m&#225;s r&#225;pidos si se encargaba Maria que si esperaban a que Otto revisara sus papeles. Fabel habl&#243; con Werner, quien le coment&#243; que ten&#237;an una direcci&#243;n de John MacSwain en Harvestehude, pero que a&#250;n no dispon&#237;an de m&#225;s informaci&#243;n sobre &#233;l.

Tengo otra cosa extra&#241;a para ti, jefe -dijo Werner-. He recibido una llamada de un tal Hauptkommissar S&#252;lberg de Cuxhaven. Quiere que lo llames urgentemente. Tiene un par de casos de violaci&#243;n m&#250;ltiple en forma de ritual. Ha pensado que podr&#237;an estar relacionados con tu asesino en serie. Ah, y esa periodista, Angelika Bl&#252;m, ha intentado ponerse en contacto contigo de nuevo.

De acuerdo, voy para all&#225;. -Fabel cerr&#243; la tapa del m&#243;vil y se lo guard&#243; en el bolsillo. Al encender el coche, vio a una chica guapa por el retrovisor exterior. Estaba subi&#233;ndose a un coche aparcado m&#225;s abajo. Ten&#237;a el pelo corto, abundante y de un rubio iridiscente, e irradiaba una juventud &#225;gil. No sab&#237;a exactamente de qu&#233; le sonaba.


La voz al otro lado del tel&#233;fono era c&#225;lida y modulada, y detr&#225;s del alem&#225;n est&#225;ndar hab&#237;a un rastro de los mismos tonos Plattdeutsch con los que Fabel hab&#237;a crecido. No llevaban mucho rato hablando cuando Fabel se dio cuenta de que detr&#225;s del agradable tono provincial hab&#237;a una inteligencia perspicaz.

Y usted cree que podr&#237;a existir una relaci&#243;n entre estos ataques y los asesinatos que estoy investigando. &#191;En qu&#233; se basa, Hauptkommissar S&#252;lberg? -pregunt&#243; Fabel.

Podr&#237;a ser impreciso y decirle que es una corazonada. Pero hay una base para esta corazonada. Tengo a dos chicas en el Stadtkrankenhaus; una est&#225; ingresada, y la otra, en el dep&#243;sito de cad&#225;veres.

&#191;Asesinada?

No, o al menos no de forma directa. Pero estoy tratando el caso como homicidio sin premeditaci&#243;n. Tanto a la chica muerta como a la que est&#225; ingresada en el hospital les administraron un hipnoalucin&#243;geno sin que se dieran cuenta.

&#191;La droga de las citas con violaci&#243;n?

Es lo que indican los an&#225;lisis. A las dos las ataron por las mu&#241;ecas y los tobillos y sufrieron abusos siguiendo alg&#250;n tipo de ritual. Le&#237; los detalles de sus dos asesinatos en el dossier del Bundeskriminalamt y vi ciertos paralelismos. Anoche nuestra segunda v&#237;ctima se quedaba en casa de una prima suya en Hamburgo. Conoci&#243; a un tipo en una discoteca de Sankt Pauli que le ofreci&#243; una botella de agua mineral, y cree que pod&#237;a contener alg&#250;n tipo de droga. As&#237; que, seg&#250;n esto, la escena principal del delito se sit&#250;a en su jurisdicci&#243;n.

Fabel sonri&#243;. Aquel poli pueblerino sab&#237;a hacer su trabajo.

&#191;Qu&#233; le hace pensar que hay un componente de ritual en todo esto?

Como sabe, estas drogas provocan una fuerte amnesia, pero entre laguna y laguna la v&#237;ctima recuerda vagamente haber estado atada a una especie de altar. Dice tambi&#233;n que cree que hab&#237;a una especie de estatua.

Gracias por llamar, Herr S&#252;lberg. Creo que merece la pena estudiarlo. Tengo a una psiquiatra forense trabajando conmigo en este caso, la doctora Eckhardt. &#191;Le importa que venga conmigo?

S&#252;lberg no puso ninguna objeci&#243;n y concretaron una hora para verse al d&#237;a siguiente.


Viernes, 13 de junio. 19:30 h


Harvestehude (Hamburgo) 


Para Fabel, hab&#237;a momentos cr&#237;ticos cuando interrogaba a sospechosos o preguntaba a testigos: mil&#233;simas de segundo en que las reacciones de la gente eran espont&#225;neas y naturales; en que ni siquiera hab&#237;a tiempo para recurrir a la tapadera m&#225;s ensayada. Uno de esos momentos era cuando la polic&#237;a llama a tu puerta sin previo aviso. El contacto oficial con la polic&#237;a era una excepci&#243;n en la vida del ciudadano medio, y cuando un agente llama a la puerta, el ciudadano medio reacciona de diversas formas. La alarma es la m&#225;s com&#250;n: uno cree que la visita de la polic&#237;a se debe a una mala noticia, normalmente la muerte de un pariente. Como m&#237;nimo, se cree que el hecho de que un agente de polic&#237;a llame a la puerta de uno es se&#241;al de que algo va mal, de un delito o un accidente, y la reacci&#243;n suele ser una combinaci&#243;n de intranquilidad y queja que se expresa abriendo mucho los ojos.

John MacSwain se equivoc&#243; en todo. Cuando Fabel y Werner le mostraron sus placas ovales, MacSwain sonri&#243; con la mayor naturalidad, se hizo a un lado y les invit&#243; a entrar.

Por segunda vez aquel d&#237;a, Fabel se encontr&#243; en una casa que estaba muy lejos de sus posibilidades econ&#243;micas. El apartamento de MacSwain era enorme, y la decoraci&#243;n y los muebles eran caros. Ten&#237;a un gusto exquisito. MacSwain era un hombre de casi treinta a&#241;os, alto, de pelo oscuro y llevaba ropa informal pero cara. Ten&#237;a el atractivo musculoso y masculino de un actor de cine. Fabel advirti&#243; que su rasgo m&#225;s llamativo eran los ojos, que eran de un color esmeralda claro y no eran distintos de los del eslavo que hab&#237;a visto aquella noche por fuera de la escena del crimen. La forma del rostro, sin embargo, era totalmente distinta.

MacSwain los condujo hasta una enorme sala de estar abierta con el suelo de haya pulida. Bajaron unos escalones y llegaron a una zona de descanso que quedaba hundida, donde MacSwain se recost&#243; con elegancia en uno de los dos enormes sof&#225;s. Con un gesto de la mano, les indic&#243; que ocuparan el otro sof&#225;.

&#191;Qu&#233; puedo hacer por ustedes, caballeros? -El alem&#225;n de MacSwain era perfecto y casi no ten&#237;a acento.

Fabel sonri&#243; y habl&#243; en ingl&#233;s.

Veo que no es usted alem&#225;n. &#191;Es ingl&#233;s? &#191;O quiz&#225; estadounidense?

MacSwain pareci&#243; sorprendido.

En realidad, soy escoc&#233;s Su ingl&#233;s es excepcional, Herr

Fabel. Kriminalhauptkommissar Fabel. En realidad, yo tambi&#233;n soy medio escoc&#233;s. Recib&#237; una parte de mi educaci&#243;n en Inglaterra.

Asombroso. -Pareci&#243; que los ojos verdes de MacSwain buscaban algo en Fabel-. &#191;Qu&#233; puedo hacer por usted, Herr Fabel?

Estamos investigando un caso, un homicidio, en el que la forma de matar tiene visos de ritual. &#201;ste, creemos, puede estar relacionado con la mitolog&#237;a escandinava, con el odinismo o As -Fabel intent&#243; recordar el nombre que hab&#237;a mencionado Otro.

MacSwain ayud&#243; a Fabel.

Asatru. Significa creer en los aesir. O si quiere hablar correctamente y con propiedad de verdad, Forn Siar, que significa el camino antiguo.

Gracias, s&#237;, Asatru. Nos han informado de que es usted una especie de experto en la materia, as&#237; que nos pregunt&#225;bamos si podr&#237;a ayudarnos proporcion&#225;ndonos informaci&#243;n sobre estas creencias.

MacSwain mantuvo clavados sus ojos verdes en Fabel, sin decir nada, unos momentos antes de contestar.

Herr Fabel, yo soy asesor en tecnolog&#237;a de la informaci&#243;n, no sumo sacerdote odinista.

Pero &#191;le interesa el tema?

Me interesan muchos temas. El ocultismo es uno de ellos. No soy miembro de ning&#250;n colectivo Asatru, ni nada por el estilo. De todos modos, &#191;no ser&#237;a mejor que recurrieran a una fuente m&#225;s fidedigna para obtener informaci&#243;n al respecto? Al departamento de historia medieval de la universidad, por ejemplo.

Ya estamos investigando por ese lado. Mientras tanto, necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir.

Werner tosi&#243; de manera audible y artificial. Fabel capt&#243; el mensaje: llevaban todo el rato conversando en ingl&#233;s.

Lo siento. -Fabel se pas&#243; al alem&#225;n-. Creo que deber&#237;amos hablar en alem&#225;n por respeto al Oberkommissar Meyer.

Por supuesto. &#191;Dice que se trata de una investigaci&#243;n por asesinato?

S&#237;. Las v&#237;ctimas han sido asesinadas de un modo que es casi id&#233;ntico al ritual vikingo del &#193;guila de Sangre. -Fabel observ&#243; el rostro de MacSwain. La &#250;nica emoci&#243;n que denot&#243; fue inter&#233;s.

&#191;Les han arrancado los pulmones o les han grabado el contorno de un &#225;guila en la espalda?

No sab&#237;a que hubiera dos m&#233;todos.

MacSwain se levant&#243; y se dirigi&#243; a una gran biblioteca que iba del suelo al techo y que era de haya, igual que el suelo pero sin pulir. Funcionaba como una especie de separador del espacio abierto. Cogi&#243; dos libros: uno era el que Fabel hab&#237;a visto en la tienda de Otro. O bien MacSwain fing&#237;a estar relajado, o no ten&#237;a nada que esconder.

MacSwain pas&#243; las hojas del otro volumen hasta que encontr&#243; lo que estaba buscando.

De hecho, existe la posibilidad de que no se llevara a cabo ninguna de las dos formas del ritual.

&#191;Ah, no?

Algunos historiadores creen que la historia del &#193;guila de Sangre era una forma de propaganda negativa que inventaron las v&#237;ctimas de los asaltos vikingos. Los testimonios hist&#243;ricos recogen algunos ejemplos, pero suelen discrepar Algunos dicen que se evisceraba a las v&#237;ctimas, mientras que otros afirman que se recortaba un &#225;guila de la carne de la espalda del sacrificado. Y que est&#233; escrito no quiere decir que los relatos sean ciertos.

&#191;Qu&#233; me dice de Asatru? No creo que tenga muchos seguidores.

MacSwain esboz&#243; una sonrisa perfecta.

Pues se equivoca, Herr Fabel. Asatru es muy popular &#250;ltimamente. En Estados Unidos tiene muchos seguidores. Oficialmente est&#225; clasificada como una religi&#243;n neopagana. Ahora es una versi&#243;n muy as&#233;ptica, pero Hitler incorpor&#243; una buena parte de su mitolog&#237;a y su simbolismo al nazismo. Para serle sincero, lo han metido en el caj&#243;n de sastre de la New Age junto con el budismo, el chamanismo de los nativos americanos, el wicca y todos los dem&#225;s.

&#191;Sabe de alg&#250;n culto que opere en Hamburgo?

MacSwain se frot&#243; la barbilla.

&#191;Sospecha que los adoradores de Asatru son los responsables de estos asesinatos? Suelen ser gente New Age inofensiva que se centra en Balder. -MacSwain capt&#243; la expresi&#243;n interrogadora de Fabel-. Una figura parecida a Jesucristo del pante&#243;n de los aesir. Una deidad vikinga pol&#237;ticamente correcta. Y en respuesta a su pregunta, s&#237;, lo hay. Se hacen llamar el Templo de Asatru. Se re&#250;nen en un viejo almac&#233;n de Billstedt, por lo que he o&#237;do.

Gracias por su ayuda, se&#241;or MacSwain -dijo Fabel en ingl&#233;s, y se levant&#243; del sof&#225;.


Fabel se qued&#243; mirando inexpresivo las puertas del ascensor que los bajaba de nuevo al vest&#237;bulo del edificio de MacSwain.

Hay algo en este t&#237;o que me huele mal. Puede que no tenga nada que ver con estos asesinatos, pero me ha parecido que no le sorprend&#237;a que la Kriminalpolizei de Hamburgo llamara a su puerta.

A veces creo que la mitad de la poblaci&#243;n de Hamburgo esconde algo -dijo Werner.

Quiero vigilar a MacSwain. Y quiero un informe completo sobre &#233;l.

&#191;Podremos justificar el personal necesario para vigilarlo las veinticuatro horas? Lo &#250;nico que tienes es una corazonada Aunque estoy de acuerdo contigo. Estaba demasiado relajado.

T&#250; organ&#237;zalo, Werner. Yo le pedir&#233; la autorizaci&#243;n a Van Heiden.


Viernes, 13 de junio. 23:00 h


Hamburgo-Harburg (Hamburgo)


La piscina vac&#237;a estaba iluminada por el disco brillante de la luna, que quedaba enmarcada en la gran ventana del tejado; la &#250;nica ventana que, dada su inaccesibilidad, no hab&#237;an roto los v&#225;ndalos. El rayo de luz ba&#241;aba los azulejos agrietados de la piscina y las paredes. Hac&#237;a a&#241;os que nadie utilizaba la piscina. Lo que se hab&#237;a pensado como un mural alegre, en el que se vieran delfines muy azules y ni&#241;os con manguitos chapoteando en el agua, tan s&#243;lo era visible en las paredes de debajo de la mugre acumulada y las pintadas. Hab&#237;an roto todas las ventanas del otro extremo de la piscina, y la propia cubeta, sin agua desde hac&#237;a mucho tiempo, estaba llena de basura y porquer&#237;a. Hab&#237;a jeringuillas usadas por todas partes. Alguien incluso hab&#237;a defecado en un rinc&#243;n.

Antes &#233;ste era un barrio de gente decente y trabajadora. -Quien hablaba era el hombre que estaba en el otro extremo de la piscina, mirando a trav&#233;s de los cristales rotos. Enfoc&#243; una linterna en direcci&#243;n a una puerta doble que ahora s&#243;lo ten&#237;a una hoja-. Comprueba que no haya nadie

El m&#225;s joven de los dos hombres se dirigi&#243; hacia la puerta y enfoc&#243; la linterna hacia lo que en su d&#237;a hab&#237;a sido un vestuario.

Nadie.

El hombre m&#225;s viejo sigui&#243; con su ensimismamiento.

Sal&#237; con una chica que viv&#237;a a una manzana de aqu&#237;. Incluso la traje aqu&#237; un d&#237;a a ba&#241;arnos. -Al hablar, parec&#237;a que estuviera reconstruyendo el pasado, que intentara verlo todo como hab&#237;a sido antes, no como era ahora. Regres&#243; al presente. Mir&#243; al hombre m&#225;s joven, que ahora apuntaba con la pistola a la cabeza, cubierta con un saco, de una figura arrodillada en el borde de la piscina y que ten&#237;a las manos atadas a la espalda. El hombre m&#225;s viejo respir&#243; hondo. Cuando habl&#243;, lo hizo sin ira, sin malicia, sin emoci&#243;n-. M&#225;talo.

El &#161;No! que grit&#243; la figura arrodillada qued&#243; interrumpido por el ruido sordo de la autom&#225;tica silenciada. Perdi&#243; la estabilidad y cay&#243; a la piscina.

Un barrio decente -dijo el hombre m&#225;s viejo mientras caminaba hacia la puerta.


S&#225;bado, 14 de junio. 11:00 h


Cuxhaven


Tardaron casi dos horas en llegar a Cuxhaven, pero el viaje fue agradable: era un d&#237;a c&#225;lido y soleado, y el rato en el coche le dio la oportunidad a Fabel de hablar con Susanne, quien se hab&#237;a apuntado de inmediato a la oportunidad de cambiar de escenario. Tambi&#233;n tuvo ocasi&#243;n de concretar su cita para cenar. Se hab&#237;an ido relajando cada vez m&#225;s en la compa&#241;&#237;a del otro y ahora compart&#237;an una intimidad t&#225;cita.

Fabel s&#243;lo hizo una parada, cuando se detuvo en el &#225;rea de descanso de Aussendeich de la que S&#252;lberg le hab&#237;a dado detalles por tel&#233;fono. Hab&#237;a un bosquecillo de &#225;rboles espesos que no dejaban ver el &#225;rea de descanso desde la carretera y que la proteg&#237;an del viento que azotaba las llanuras que la rodeaban. La chica muerta hab&#237;a salido tambale&#225;ndose de esa arboleda y se hab&#237;a cruzado en el camino del cami&#243;n. Fabel recorri&#243; con la mirada el &#225;rea de aparcamiento. El &#250;nico coche que hab&#237;a era su BMW, e imagin&#243; que de noche a&#250;n ser&#237;a un lugar m&#225;s solitario. A la otra chica la hab&#237;an dejado en la misma carretera, pero a unos veinte kil&#243;metros m&#225;s atr&#225;s en direcci&#243;n a Hamburgo.


El edificio de siete pisos del Stadtkrankenhaus de Cuxhaven estaba situado en una plaza verde con c&#233;sped y &#225;rboles detr&#225;s del Altenwalder Chaussee. Fabel y Susanne fueron conducidos a una sala de espera luminosa con grandes ventanas que daban a unos parterres perfectamente cuidados y a un peque&#241;o c&#233;sped cuadrado. Llevaban diez minutos esperando cuando se abri&#243; la puerta y entr&#243; un agente de la Schutzpolizei bajito y arrugado. Todo su rostro parec&#237;a dispuesto alrededor de una sonrisa ancha y sincera.

&#191;Hauptkommissar Fabel? &#191;Frau Doktor Eckhardt? Soy el Hauptkommissar S&#252;lberg. -S&#252;lberg les estrech&#243; la mano a los dos y se disculp&#243; porque el doctor Stern no estar&#237;a disponible hasta dentro de otros veinte minutos, as&#237; que les sugiri&#243; que fueran directamente a interrogar a la chica.

Michaela Palmer era alta y de extremidades largas. Fabel sab&#237;a por el informe que hab&#237;a recibido de S&#252;lberg que ten&#237;a veintitr&#233;s a&#241;os. Ten&#237;a el pelo rubio muy claro, y parec&#237;a su color natural. Habr&#237;a sido hermosa si no hubiera tenido la nariz un poco demasiado larga, lo cual desbarataba el equilibrio perfecto de sus facciones. Ten&#237;a la piel dorada; Fabel pens&#243; que no se deb&#237;a al sol del norte de Alemania, y por los datos que hab&#237;a recabado sobre ella, tampoco a que viajara con frecuencia a climas m&#225;s soleados. Era un bronceado de sal&#243;n de belleza que le daba un aspecto de salud exagerado y contrastaba con el pa&#241;o de gasa blanca que ten&#237;a en la frente. S&#243;lo debajo de los ojos azules el bronceado artificial no lograba ocultar las sombras oscuras de lo que le hab&#237;a ocurrido durante las &#250;ltimas cuarenta y ocho horas. Su habitaci&#243;n estaba en el tercer piso del Stadtkrankenhaus de Cuxhaven, y Fabel no pudo evitar pensar en lo afortunada que era por no haber recalado en el s&#243;tano. En el dep&#243;sito de cad&#225;veres.

Fabel se&#241;al&#243; la cama y pidi&#243; permiso para sentarse con un gesto. Michaela asinti&#243; con la cabeza y se movi&#243; un poco para hacerle sitio. El albornoz blanco de felpa que llevaba se desliz&#243; y dej&#243; al descubierto un muslo bronceado. La chica lo agarr&#243; con un movimiento veloz. Sus acciones, sobre todo su forma de mover los ojos, parec&#237;an los de un zorro acorralado; como si estuviera a punto de huir. Fabel esboz&#243; la sonrisa m&#225;s tranquilizadora que pudo.

Soy Kriminalhauptkommissar de la polic&#237;a de Hamburgo. -Fabel omiti&#243; que pertenec&#237;a a la Mordkommission por miedo a hacer a&#241;icos las ya fr&#225;giles defensas de Michaela. Ten&#237;a que llevar aquel interrogatorio con mucho tacto, o su testigo se desmoronar&#237;a-. Y ella es la doctora Eckhardt. Es psic&#243;loga y sabe mucho sobre la clase de droga que te administraron. Me gustar&#237;a hacerte unas preguntas. &#191;Te parece bien?

Michaela asinti&#243; con la cabeza.

&#191;Qu&#233; quieren saber? No recuerdo demasiado. Ese es el problema -Michaela frunci&#243; el ce&#241;o-. No recuerdo nada en absoluto. Y no es s&#243;lo que no recuerde el secuestro; hay trozos de los d&#237;as anteriores que se me han borrado. -Mir&#243; a Fabel inquisitivamente-. &#191;Por qu&#233; me pasa eso? Son cosas de antes de que me drogaran. &#191;Por qu&#233; no recuerdo lo que pas&#243; antes?

Fabel se volvi&#243; hacia Susanne.

La clase de droga que te administraron da&#241;a la capacidad de memoria del cerebro -le explic&#243;-. Te dar&#225;s cuenta de que hay algunas cosas de antes de que te drogaran que parecen haberse borrado de tu memoria. Por regla general, estas cosas las ir&#225;s recordando, al menos en parte. Pero aquello que no puedes recordar sobre lo que pas&#243; mientras estabas drogada, eso no lo recuperar&#225;s. Lo cual seguramente es algo bueno. -Susanne se acerc&#243;-. Escucha, Michaela, tengo que advertirte de que, por desgracia, tendr&#225;s flashbacks muy reales de las cosas que s&#237; recuerdas del ataque.

Michaela reprimi&#243; un sollozo.

No quiero recordar nada. -Mir&#243; a Fabel fijamente a los ojos-. Por favor, no me obligue a recordar.

Nadie puede obligarte a recordar, Michaela -dijo Susanne, y le ech&#243; hacia atr&#225;s un mech&#243;n rubio rizado, como si consolara a una ni&#241;a que acaba de despertarse de una pesadilla-. Lo que no est&#225; ah&#237;, no est&#225;. Pero lo que s&#237; puedas recordar quiz&#225; nos ayude a atrapar a este monstruo.

Hab&#237;a m&#225;s de uno. -Michaela baj&#243; la vista y tir&#243; del albornoz de felpa-. Fueron m&#225;s de un hombre los que lo hicieron. Al principio pens&#233; que s&#243;lo hab&#237;a uno, porque la cara era la misma. Pero los cuerpos eran distintos.

Lo siento, Michaela, no lo entiendo -dijo Fabel-. &#191;Qu&#233; quieres decir con que ten&#237;an la misma cara pero cuerpos distintos?

Pues eso. Lo siento, ya s&#233; que no tiene ning&#250;n sentido, pero s&#233; que uno de ellos era gordo y mayor y que el otro era joven y delgado. Pero todos ten&#237;an la misma cara horrible.

Mierda, pens&#243; Fabel. Lo sent&#237;a mucho por la chica, pero aquel viaje hab&#237;a sido en balde: no le sacar&#237;an nada &#250;til.

&#191;Puedes describirnos la cara que viste? &#191;La cara que dices que ten&#237;an todos?

Michaela se estremeci&#243;.

Era horrible. Carec&#237;a de expresi&#243;n. No pude verla muy bien, pero estoy segura de que ten&#237;a barba y de que s&#243;lo ten&#237;a un ojo.

&#191;C&#243;mo?

Michaela mene&#243; la cabeza como si intentara quitarse algo de encima.

S&#237;. S&#243;lo ten&#237;a un ojo. Era como si el otro ojo fuera s&#243;lo una cuenca toda negra y -La chica se vino abajo.

No pasa nada, Michaela -dijo Fabel-. T&#243;mate tu tiempo. -Susanne pas&#243; el brazo por los hombros temblorosos de la chica. Se quedaron en silencio un rato hasta que Michaela se recompuso.

&#191;Cu&#225;ntos crees que eran? -le pregunt&#243; Fabel al final.

No lo s&#233;. S&#243;lo recuerdo trozos. Creo que tres. Como m&#237;nimo tres

Fabel coloc&#243; la mano sobre la de Michaela. Ella apart&#243; la suya como si le escociera. Entonces, con el ce&#241;o fruncido, se centr&#243; en la mano que Fabel hab&#237;a retirado.

Hab&#237;a algo. Uno de ellos ten&#237;a una cicatriz en el dorso de la mano. De la izquierda. De hecho, eran m&#225;s bien dos cicatrices que se cruzaban. Ten&#237;an la forma de una espoleta.

&#191;Est&#225;s segura? -pregunt&#243; Fabel.

Michaela solt&#243; una risa amarga.

Es una de las pocas cosas que recuerdo con claridad. -Volvi&#243; a levantar la vista, suplicante-. No tiene sentido. &#191;Por qu&#233; recuerdo eso?

No lo s&#233;, Michaela -dijo Fabel sonriendo del modo m&#225;s tranquilizador que pudo-. Pero podr&#237;a ser &#250;til. Muy &#250;til. -Sac&#243; su libreta, la dej&#243; en la cama y coloc&#243; su bol&#237;grafo encima-. &#191;Podr&#237;as dibujar c&#243;mo era?

La muchacha cogi&#243; el bol&#237;grafo y la libreta, frunci&#243; el ce&#241;o un momento y luego dibuj&#243; dos l&#237;neas veloces, decididas. Era, en efecto, la forma de una espoleta, pero con una ligera deformaci&#243;n en ambos extremos.

Ya est&#225; -dijo con determinaci&#243;n.

Gracias -dijo Fabel, y se puso en pie-. Siento much&#237;simo lo que te ha pasado, Michaela. Te prometo que haremos lo que est&#233; en nuestras manos para descubrir qui&#233;n lo hizo.

Michaela asinti&#243; sin levantar la vista. Entonces le pas&#243; algo. Sus ojos empezaron a moverse r&#225;pidamente de nuevo y frunci&#243; el ce&#241;o porque se esforzaba por concentrarse intensamente-. Espere Hay algo m&#225;s Estaba en una discoteca Yo No recuerdo c&#243;mo se llamaba. Hab&#237;a un hombre. Me dio agua, estaba salada

Lo sabemos, Michaela, ya se lo has contado a Herr S&#252;lberg. &#191;Recuerdas algo de &#233;l? Lo que sea.

Los ojos Ten&#237;a los ojos verdes. Fr&#237;os, brillantes. Y eran verdes


Al salir, Fabel y Susanne se detuvieron en el despacho del doctor Stern. El cuerpo alto de Stern estaba inclinado sobre la mesa cubierta de carpetas, gr&#225;ficos y tarjetas amarillas desparramadas en capas como hojas ca&#237;das de los &#225;rboles. Fabel pens&#243; en su propia naturaleza excesivamente ordenada; en que en su despacho, en su casa, en su vida, todo ten&#237;a su sitio. Cuando las cosas se amontonaban, ten&#237;a que poner orden o se bloqueaba. A Fabel le parec&#237;a un punto d&#233;bil de su personalidad: algo que levantaba una valla alrededor de su naturaleza por lo dem&#225;s intuitiva. Y era m&#225;s que una peque&#241;a caracter&#237;stica retentiva.

Stern se puso en pie, y su rostro fuerte y atractivo esboz&#243; una sonrisa ancha y cordial.

&#191;Hauptkommissar Fabel? &#191;Frau Doktor Eckhardt?

Fabel extendi&#243; la mano.

Herr Doktor Stern. Gracias por su tiempo.

No hay de qu&#233;. -Stern busc&#243; en el caos de su mesa y cogi&#243; una carpeta-. Le he sacado una copia del informe que redact&#233; para la polic&#237;a local. -Stern se&#241;al&#243; con la cabeza en direcci&#243;n a S&#252;lberg, quien acababa de entrar en el despacho.

Gracias. -Fabel cogi&#243; la carpeta, pero no la abri&#243; en seguida-. &#191;Estar&#237;a en lo cierto si dijera que a la chica la drogaron con Rohypnol, la droga de las citas con violaci&#243;n?

La drogaron, s&#237;. Y con Rohypnol. Pero no &#250;nicamente. Como digo en el informe, s&#243;lo he hallado restos apenas perceptibles de Rohypnol en la sangre. El Rohypnol se metaboliza despacio; suele permanecer en la sangre durante varias horas despu&#233;s de la ingesti&#243;n.

&#191;Podr&#237;a ser que la dosis fuera suficiente como para aturdir&#237;a, pero lo bastante suave como para que ya hubiera desaparecido?

Fue Susanne quien respondi&#243;.

No. Incluso despu&#233;s de desaparecer de la sangre, permanece como metabolito en la orina durante m&#225;s de 72 horas. -Se volvi&#243; hacia Stern-. Me imagino que le ha hecho an&#225;lisis de orina, &#191;no?

Stern asinti&#243; con la cabeza.

Hemos encontrado aminoflunitrezapam-7 en la orina. Restos residuales apenas apreciables. Como ha se&#241;alado la doctora Eckhardt, si a Michaela le hubieran administrado una dosis fuerte de Rohypnol en los &#250;ltimos tres d&#237;as, habr&#237;amos encontrado restos m&#225;s significativos.

&#191;Pero la drogaron? -pregunt&#243; Fabel.

Por supuesto. Michaela presentaba quemaduras qu&#237;micas poco visibles, casi inapreciables, m&#225;s una inflamaci&#243;n d&#233;rmica en la boca y la garganta que otra cosa. Y cuando le pregunt&#233; por los momentos de claridad que tuvo durante su estado de alteraci&#243;n, me hablo de que no hab&#237;a sentido miedo.

Claro -dijo Susanne-. &#191;Alg&#250;n tipo de c&#243;ctel con gamahidroxibutirato?

Seguramente -Stern se encogi&#243; de hombros-. Pero el gamahidroxibutirato se metaboliza tan deprisa que no he hallado restos que lo demuestren

&#191;De qu&#233; gama? -La conversaci&#243;n iba demasiado r&#225;pido y se hab&#237;a vuelto demasiado t&#233;cnica para Fabel.

Lo siento. -Stern hizo un gesto de disculpa-. El gamahidroxibutirato, del GHB. Tambi&#233;n conocido como &#233;xtasis l&#237;quido, oro bebible, biber&#243;n.

De nuevo, Susanne retom&#243; el hilo.

Es un calmante del sistema nervioso central bastante da&#241;ino. Hace lo mismo que el Rohypnol, pero es potencialmente m&#225;s peligroso. Aunque parezca mentira, hasta hace poco se vend&#237;a en tiendas diet&#233;ticas como suplemento para culturistas. En medicina se utiliza muy poco, as&#237; que la mayor&#237;a de la producci&#243;n se lleva a cabo de manera ilegal.

Y como se fabrica en laboratorios clandestinos sin que pase ning&#250;n tipo de control -continu&#243; Stern-, hay grandes variaciones en cuanto a su pureza. A menudo las sustancias qu&#237;micas que se utilizan para sintetizarlo y estabilizarlo son muy t&#243;xicas.

&#191;Y cree que fueron esas sustancias qu&#237;micas t&#243;xicas las que le provocaron las quemaduras en la boca? -pregunt&#243; Susanne.

S&#237;, el GHB tambi&#233;n puede tener efectos secundarios muy extra&#241;os. Incluso en dosis peque&#241;as puede provocar n&#225;useas, v&#243;mitos, delirios, alucinaciones, crisis y, por supuesto, p&#233;rdida de conciencia. Uno de los efectos secundarios puede ser la sensaci&#243;n de no tener miedo, y Michaela dice que no estaba asustada. Si le administraron un c&#243;ctel tanto de flunitrazepam como de clonazepam con gamahidroxibutirato, el riesgo de que se produjera una anestesia general, sufriera una crisis respiratoria e incluso entrara en coma habr&#237;a sido realmente muy alto. Michaela ha tenido suerte de no acabar conectada a un respirador. Como dice Frau Doktor Eckhardt, el GHB es un producto especialmente da&#241;ino. El atacante utiliz&#243; una combinaci&#243;n de otras drogas que tuvieron un efecto sin&#233;rgico. Quiz&#225; su intenci&#243;n no era matar a sus v&#237;ctimas, pero no le importaba demasiado si sobreviv&#237;an o no a la experiencia.

&#191;Y el GHB se produce ilegalmente s&#243;lo para ser utilizado como droga de las citas con violaci&#243;n? -pregunt&#243; Fabel.

No. De hecho, es muy popular en el ambiente de discotecas y raves. Se utiliza mucho para bajar los subidones del &#233;xtasis y la coca&#237;na. Estoy seguro de que su departamento de narc&#243;ticos tendr&#225; mucha experiencia en el tema en el ambiente nocturno de Hamburgo.

&#191;C&#243;mo se ingiere? &#191;Es ins&#237;pido, como el Rohypnol?

Casi. Disuelto, tiene un sabor ligeramente salado. De hecho, uno de los nombres que se le da en la calle es Agua Salada. Aparte de eso, es bastante f&#225;cil de administrar en una bebida alcoh&#243;lica, lo que aumentar&#237;a su eficacia, o en forma de polvos escondidos en la comida.

Michaela s&#243;lo nos ha dicho que estaba en una discoteca, que un tipo le dio agua y que pens&#243; que estaba salada.

Seguramente ser&#237;a por eso.

Fabel mir&#243; el informe de Stern.

&#191;Qu&#233; hay de la violaci&#243;n? &#191;Tenemos pruebas forenses?

Lo &#250;nico que podemos decir es que fue violada vaginalmente durante un per&#237;odo de entre dos a cuatro horas quiz&#225; por m&#225;s de un hombre. No la sodomizaron. Ni la obligaron a practicar sexo oral. Y por desgracia, no hemos hallado semen para realizar an&#225;lisis de ADN. &#201;l, o ellos, debieron de ponerse cond&#243;n. No la pegaron ni maltrataron. Las &#250;nicas otras heridas que presenta son las marcas de ataduras en los tobillos y las mu&#241;ecas -Stern se&#241;al&#243; con la cabeza la carpeta que Fabel ten&#237;a en las manos-. Las fotos est&#225;n dentro.

Fabel abri&#243; el informe. Las fotograf&#237;as mostraban las marcas en las mu&#241;ecas y los tobillos. Hab&#237;a estado tumbada con los brazos y las piernas extendidos, como las v&#237;ctimas de los asesinatos. Pero Michaela estaba viva. Hab&#237;a otra fotograf&#237;a, de la frente de una mujer rubia con el pelo hacia atr&#225;s para dejar al descubierto una marca roja apenas visible pero discernible.

&#191;Qu&#233; es?

Stern sonri&#243;.

Es una pista que el violador o los violadores no quer&#237;an que vi&#233;ramos, Herr Kommissar. Michaela tiene una piel extremadamente sensible, tiene una enfermedad eccematosa. Es uno de los motivos de que est&#233; morena; sigue una terapia de rayos ultravioleta. -A la porra mi teor&#237;a del sal&#243;n de belleza, pens&#243; Fabel-. En cualquier caso -sigui&#243; Stern-, el atacante le hizo alguna clase de marca en la frente. Es obvio que han intentado eliminarla, pero la piel sensible de Michaela reaccion&#243; a la pintura o a lo que fuera que utilizaron. Pens&#233; que era muy importante, as&#237; que lo inclu&#237; en las fotograf&#237;as de las pruebas de la violaci&#243;n, aunque no puede decirse que sea una herida.

Pues me alegro de que lo hiciera, Herr Doktor -dijo Fabel-. Podr&#237;a tener una importancia probatoria enorme.

A m&#237; me parece una X -dijo Stern-. &#191;Tiene idea de qu&#233; podr&#237;a significar?

Fabel mir&#243; la marca y frunci&#243; el ce&#241;o.

Pues la verdad es que s&#237; Creo que es un s&#237;mbolo del Futhark.

Stern no entend&#237;a y se encogi&#243; de hombros. Susanne se acerc&#243; a Fabel, quien le mostr&#243; la imagen.

&#191;Una runa vikinga?

Fabel asinti&#243; con la cabeza y guard&#243; de nuevo la fotograf&#237;a en la carpeta.


S&#225;bado, 14 de junio. 15:50 h


&#214;velg&#246;nne (Hamburgo)


Susanne se inclin&#243; hacia delante, le dio un beso a Fabel y le acarici&#243; la mejilla antes de salir del coche.

&#191;Sigue en pie lo de esta noche?

Fabel sonri&#243;.

Por supuesto.

Nos vemos all&#237; a las ocho.

Se qued&#243; mirando c&#243;mo sub&#237;a los escalones que llevaban al vest&#237;bulo de su edificio, admirando las curvas elegantes de su cuerpo. Al llegar a la puerta, Susanne se dio la vuelta y le dijo adi&#243;s con la mano, y Fabel le devolvi&#243; el gesto. Se qued&#243; un momento sentado despu&#233;s de que se cerrara la puerta; luego cogi&#243; el m&#243;vil y llam&#243; a Werner a casa. Cuando &#233;ste contest&#243;, a Fabel le pareci&#243; o&#237;r unos ni&#241;os de fondo. La hija mayor de Werner, Nadja, hab&#237;a hecho abuelo a Werner dos veces. Fabel se disculp&#243; por molestarle en s&#225;bado.

No pasa nada. &#191;Qu&#233; sucede, Jan?

Fabel le cont&#243; a Werner el interrogatorio a Michaela Palmer. Incluy&#243; la descripci&#243;n que hab&#237;a dado la chica de los ojos del hombre de la discoteca. Deliberadamente, Fabel no puso &#233;nfasis en ese elemento: quer&#237;a ver si la reacci&#243;n de Werner se correspond&#237;a con la suya. Cuando Werner se qued&#243; callado durante un momento, Fabel supuso que, en efecto, estaba pensando en lo mismo.

&#191;El tipo que vimos anoche? &#191;Don anglosaj&#243;n relajado?

Podr&#237;a ser. Quiz&#225; deber&#237;amos volver a verlo.

Cuidado, Jan -dijo Werner-, no nos interesa asustarle. Tenemos a MacSwain vigilado de cerca las veinticuatro horas. Si da un paso en falso, lo pillaremos. Pero que compre libros y tenga los ojos verdes son datos muy poco s&#243;lidos para volverle a interrogar. Ayer ya pisamos terreno resbaladizo. Si fuera a ver a su abogado y se quejara de que le estamos acosando, creo que las pruebas que tenemos no resistir&#237;an un examen riguroso.

Tienes raz&#243;n, Werner -dijo Fabel-. Pero llama al equipo y env&#237;ale un mensaje de correo electr&#243;nico a Van Heiden Quiero convocar una reuni&#243;n para hablar del caso el lunes a primera hora.

&#191;Qu&#233; hay de la doctora Eckhardt? &#191;Me pongo en contacto con ella tambi&#233;n?

No hace falta, Werner. Eso ya lo tengo cubierto.

Werner se ri&#243; al otro lado del tel&#233;fono.

Apuesto a que s&#237;, jefe. Apuesto a que s&#237;.


Fabel se afeit&#243;, se duch&#243; y se puso una camisa de algod&#243;n ingl&#233;s de buena calidad y un traje recto gris claro. Faltaba una hora para su cita con Susanne, as&#237; que repas&#243; la carpeta que hab&#237;a tra&#237;do de Cuxhaven. Fabel no se consideraba en absoluto una persona conservadora y hac&#237;a lo que pod&#237;a por comprender todo lo nuevo; pero a veces se preguntaba qu&#233; demonios le pasaba al mundo. Las violaciones no eran ninguna novedad, por supuesto, pero ahora hab&#237;a hombres j&#243;venes que cog&#237;an la costumbre de aturdir a las mujeres con drogas que pod&#237;an causarles da&#241;os cerebrales permanentes, para acostarse con ellas. Pensar en aquello dej&#243; a Fabel completamente desconcertado y mirando con terror al futuro. Sin embargo, ese tipo era distinto. Formaba parte de un grupo. Y no hab&#237;a duda de que los actos que llevaban a cabo ten&#237;an alg&#250;n significado o prop&#243;sito ritual. Utilizaba un c&#243;ctel de drogas para obtener v&#237;ctimas para otros y tambi&#233;n para s&#237; mismo. Quiz&#225; no eran en absoluto para &#233;l. Sac&#243; el trozo de papel en el que hab&#237;a reproducido el dibujo de la marca inflamada de la frente de Michaela. &#191;Le estaba dando demasiada importancia? Despu&#233;s de todo, pod&#237;a ser una secuencia aleatoria de l&#237;neas m&#225;s que una versi&#243;n de una marca r&#250;nica. Pero no ten&#237;a sentido. La hab&#237;an marcado, grabado, con algo que ten&#237;a una importancia simb&#243;lica. Fabel estaba bastante seguro de que era la runa Gebo, que era el equivalente vikingo de la letra G; pero tambi&#233;n sab&#237;a que las runas del Futhark no ten&#237;an s&#243;lo un significado fon&#233;tico, sino que cada una pose&#237;a un simbolismo relacionado con los dioses o mitos escandinavos. Fabel fue hasta su biblioteca y cogi&#243; un par de gruesas obras de referencia, una de las cuales era el mismo libro que hab&#237;a comprado MacSwain; Otto hab&#237;a dejado que se lo llevara prestado. Pas&#243; las hojas y al final encontr&#243; lo que buscaba. Fabel frunci&#243; el ce&#241;o mientras le&#237;a la entrada, y anot&#243; los datos clave en el mismo trozo de papel. Gebo era una runa relacionada con los sacrificios a los dioses y los regalos de &#233;stos. Sacrificio. Tambi&#233;n era la s&#233;ptima runa. El n&#250;mero siete: Fabel record&#243; que Dorn le hab&#237;a hablado de la importancia de los n&#250;meros en el sistema de creencias de los vikingos. Gebo era la runa que m&#225;s asociada estaba con el blot o ritual del sacrificio.

&#191;Podr&#237;an estar estos ataques relacionados con los dos asesinatos? Michaela Palmer no s&#243;lo estaba marcada con un signo ritual, sino que se trataba de una runa asociada con el sacrificio. Pero si, en efecto, la intenci&#243;n era sacrificarla a ella y a la otra chica, &#191;por qu&#233; las hab&#237;an soltado? Se hab&#237;an esforzado mucho por eliminar los rastros de la marca y hab&#237;an suministrado a las dos chicas dosis potentes de alguna droga para que no recordaran apenas nada de sus agresores. En la primera reuni&#243;n despu&#233;s del asesinato de Sankt Pauli, Susanne sugiri&#243; que podr&#237;an haberse producido simulacros del suceso principal; pero por alguna raz&#243;n le pareci&#243; que eso ya no encajaba con la clase de asesino que Fabel ten&#237;a la sensaci&#243;n de estar persiguiendo. En cualquier caso, estos ataques no eran simulacros. No se hab&#237;an ido intensificando: los ataques a las dos chicas hab&#237;an ocurrido despu&#233;s de los asesinatos. Fabel dej&#243; caer el libro en el sof&#225; a su lado y mir&#243; por la ventana del piso hacia el otro lado del Alster. Mir&#243; la hora: las 19:30. Mejor sal&#237;a ya: no quer&#237;a que Susanne llegara antes y tuviera que esperarlo.

Si no hubiera sido por su sentido del orden casi obsesivo, no lo habr&#237;a visto. Se levant&#243; del sof&#225; para devolver las dos obras de referencia a su sitio en la estanter&#237;a. Justo antes de guardar el de la tienda de Otto, lo hoje&#243; distra&#237;damente, dejando pasar las p&#225;ginas por entre los dedos. All&#237; estaba. Una l&#225;mina a color de una representaci&#243;n de Od&#237;n tallada en madera. Ruda pero bien tallada en la madera oscura, se ve&#237;a la cara barbuda de alguien que hab&#237;a perdido los estribos y gritaba mostrando los dientes. Era el rostro del sabio Od&#237;n. Y el precio que Od&#237;n hab&#237;a tenido que pagar para beber del pozo de la sabidur&#237;a hab&#237;a sido perder un ojo.

Por eso todos ten&#237;an la misma cara cuando te violaron, Michaela -pens&#243; Fabel-. Llevaban una m&#225;scara. La misma m&#225;scara. La m&#225;scara de Od&#237;n con un solo ojo.


S&#225;bado, 14 de junio. 20:00 h


P&#246;seldorf (Hamburgo)


Fabel no tuvo que darse la vuelta para saber que Susanne hab&#237;a entrado en el bar. El camarero que ten&#237;a delante se qued&#243; mirando anonadado detr&#225;s de &#233;l, y sus manos, que estaban secando un vaso, dejaron de moverse. Fabel tambi&#233;n advirti&#243; que los dos hombres que ten&#237;a a su derecha interrump&#237;an su conversaci&#243;n mientras se hac&#237;an a un lado para dejarle pasar. Not&#243; su presencia cuando se apoy&#243; en la barra junto a &#233;l, y le lleg&#243; la sutil sensualidad de su perfume. Fabel sonri&#243; y dijo sin volver la cabeza:

Buenas noches, Frau Doktor Eckhardt.

Buenas noches, Herr Kriminalhauptkommissar.

Fabel se volvi&#243;. Susanne llevaba un sencillo vestido negro sin mangas y el pelo negro con un recogido informal. Por alguna raz&#243;n, Fabel se acord&#243; de respirar.

Me alegro de que hayas podido venir -le dijo.

Y yo.

Fabel pidi&#243; unas copas y fueron a sentarse a una mesa junto a la ventana. La Milchstrasse estaba llena de gente que paseaba o tomaba algo en las terrazas de los caf&#233;s y disfrutaba de las &#250;ltimas horas del d&#237;a.

Estoy decidido a no hablar de trabajo esta noche -dijo Fabel-, pero &#191;estar&#237;as libre el lunes a las diez de la ma&#241;ana para asistir a una reuni&#243;n sobre el caso?

All&#237; estar&#233; -dijo Susanne-. Este caso te est&#225; afectando mucho, &#191;verdad?

Fabel sonri&#243; d&#233;bilmente.

Todos me afectan. Pero s&#237;, &#233;ste me afecta especialmente. Hay tant&#237;simas cosas en este caso que no encajan, y tant&#237;simas cosas que encajan demasiado bien. -Fabel le resumi&#243; su teor&#237;a sobre las m&#225;scaras de Od&#237;n.

No lo s&#233;, Jan -dijo Susanne, haciendo rodar la copa de vino con las manos-. Sigo creyendo que se trata de un solo asesino. Y sigo creyendo que te est&#225;s alejando con esa teor&#237;a de los motivos ocultos. Creo que se trata de un asesino que act&#250;a en solitario y que destripa a mujeres j&#243;venes a las que elige al azar.

Ha sido un resumen muy poco profesional, Frau Doktor.

Susanne se ri&#243;.

A veces me siento muy poco profesional. Soy un ser humano, una persona normal y corriente, y de vez en cuando no puedo evitar reaccionar a todo este horror a un nivel emocional. T&#250; sentir&#225;s lo mismo alguna vez, &#191;no?

Fabel se ri&#243;.

La mayor&#237;a de las veces, de hecho. Pero si te sientes as&#237;, &#191;por qu&#233; te dedicas a esto?

&#191;Y t&#250;?

&#191;Por qu&#233; soy polic&#237;a? Porque alguien tiene que serlo. Alguien tiene que interponerse, supongo, entre el hombre, la mujer o el ni&#241;o normales y corrientes y aquellos que les har&#237;an da&#241;o. -Fabel se qued&#243; callado de repente, al darse cuenta de que hab&#237;a repetido m&#225;s o menos el an&#225;lisis que Yilmaz hab&#237;a hecho de &#233;l-. En cualquier caso -prosigui&#243;-, t&#250; eres m&#233;dico; tienes cientos de formas de ayudar a la gente. &#191;Por qu&#233; te dedicas a esto?

Supongo que me dej&#233; llevar por las circunstancias. Despu&#233;s de licenciarme en medicina general, estudi&#233; psiquiatr&#237;a. Luego psicolog&#237;a. Luego psicolog&#237;a criminal y forense. Antes de darme cuenta, ten&#237;a una preparaci&#243;n excepcional para este tipo de trabajo.

Fabel esboz&#243; una gran sonrisa.

Bueno, me alegro de que lo hicieras. Si no, nuestros caminos no se habr&#237;an cruzado. Bueno, ya basta de hablar de trabajo -Fabel le hizo una se&#241;a al camarero.


S&#225;bado, 14 de junio. 20:50 h


Uhlenhorst (Hamburgo)


Angelika Bl&#252;m recogi&#243; el desorden que hab&#237;a sobre la mesa de caf&#233; ancha y extendi&#243; un gran mapa detallado del centro y el este de Europa. Encima, puso las fotograf&#237;as, recortes de peri&#243;dico, los detalles de las empresas y los trozos de papel que hab&#237;a recortado, cada uno con un nombre escrito a mano: Klimenko, Kastner, Schreiber, Von Berg, Eitel (hijo), Eitel (padre). En el centro del mapa coloc&#243; el &#250;ltimo nombre. Mientras que todos los dem&#225;s estaban escritos en negro, este nombre estaba escrito en rojo y may&#250;sculas: Vitrenko.

Todo estaba ah&#237;. Sin embargo, las conexiones que sosten&#237;an su teor&#237;a eran demasiado fr&#225;giles como para resistir la presi&#243;n del examen de la jurisprudencia. Lo &#250;nico que pod&#237;a hacer era redactarlo todo, desenmascarar a los implicados y dejarlos en manos de investigadores con m&#225;s recursos que ella. &#191;Por qu&#233; no se hab&#237;a puesto en contacto con ella ese maldito polic&#237;a? Sab&#237;a que Fabel estaba investigando el asesinato de Ursula y que lo que ten&#237;a que decirle arrojar&#237;a luz al caso. Angelika hab&#237;a le&#237;do lo del segundo asesinato: la chica cuya fotograf&#237;a publicaron para intentar establecer su identidad. No reconoci&#243; a la mujer ni supo ver qu&#233; relaci&#243;n pod&#237;a tener con Ursula o los otros elementos de su investigaci&#243;n. O este segundo asesinato era obra de un imitador, o hab&#237;a alguna conexi&#243;n que escapaba al horizonte investigador de Angelika.

Apoy&#243; los codos en las rodillas y meci&#243; la taza de caf&#233; en las manos mientras examinaba los papeles esparcidos. Eran como los componentes de una m&#225;quina que esperan ser ensamblados, pero no sab&#237;a c&#243;mo funcionaba la m&#225;quina, cu&#225;l era su funci&#243;n primordial. Sin duda, si todos aquellos componentes pudieran juntarse, la historia ser&#237;a brutal: un Stadsenator de Hamburgo, el Erste B&#252;rgermeister, neonazis, una empresa l&#237;der en el sector de los medios de comunicaci&#243;n y, en el centro de todo, un comandante de las fuerzas especiales ucranianas sin rostro cuya sed de atrocidades le hab&#237;a labrado un nombre que los dem&#225;s apenas osaban pronunciar: Vasyl Vitrenko.

Bebi&#243; un sorbo de caf&#233; e intent&#243; desconectar un momento de aquel rompecabezas. A veces hab&#237;a que mirar a otro lado para poder centrarse de nuevo y ver algo que hab&#237;a estado ah&#237; delante todo el tiempo. El timbre de la puerta la sobresalt&#243;. Suspir&#243;, dej&#243; el caf&#233; encima del mapa extendido y fue hasta el telefonillo.

&#191;Qui&#233;n es?

&#191;Frau Bl&#252;m? Soy el Kriminalhauptkommissar Fabel de la polic&#237;a de Hamburgo. Ha estado intentando ponerse en contacto conmigo. &#191;Puedo subir?

Angelika se mir&#243; el albornoz y las zapatillas de andar por casa que llevaba puestos, y jur&#243; entre dientes. Suspir&#243; y presion&#243; el bot&#243;n para hablar por el telefonillo.

Por supuesto, Herr Fabel. Suba. -Puls&#243; el bot&#243;n para abrir y momentos despu&#233;s oy&#243; los pasos resonando en el vest&#237;bulo. Abri&#243; la puerta, pero dej&#243; puesta la cadenita. El hombre del vest&#237;bulo levant&#243; su placa de la Kriminalpolizei, y Angelika sonri&#243; y quit&#243; la cadenita.

Disc&#250;lpeme, Herr Fabel, por favor. No esperaba a nadie. -Se hizo a un lado para dejarle pasar.


S&#225;bado, 14 de junio. 23:30 h


P&#246;seldorf (Hamburgo)


Laluz de la luna que entraba por los ventanales creaba formas geom&#233;tricas en el suelo y las paredes del dormitorio de Fabel y acentu&#243; las curvas del cuerpo de Susanne cuando se coloc&#243; sobre &#233;l. Proyect&#243; su sombra en movimiento sobre la pared mientras el ritmo inicial suave y tranquilo de su apareamiento crec&#237;a en intensidad.

Despu&#233;s, se quedaron tumbados: Susanne boca arriba; Fabel de lado, descansando la cabeza en un codo y examinando el perfil de su amante ba&#241;ado por la luz de la luna. Se incorpor&#243; apoy&#225;ndose en un codo y la mir&#243;. Con ternura, le apart&#243; un mech&#243;n de pelo de la frente.

&#191;Te quedas a pasar la noche?

Susanne solt&#243; un gru&#241;ido mimoso.

Estoy demasiado c&#243;moda para levantarme y vestirme. -Se volvi&#243; hacia &#233;l y le sonri&#243; con picard&#237;a-. Pero no tengo sue&#241;o

Fabel estaba a punto de contestar cuando son&#243; el tel&#233;fono. Le ofreci&#243; a Susanne una sonrisa de resignaci&#243;n y dijo:

Recu&#233;rdamelo cuando vuelva.

Fabel se levant&#243; y se dirigi&#243; desnudo hacia el tel&#233;fono. Era Karl Zimmer, el Kommissar que estaba de guardia en la Mordkommission.

Siento molestarle, se&#241;or -dijo Zimmer-, pero ha surgido algo que deber&#237;a saber.

&#191;El qu&#233;?

Hemos recibido otro mensaje de correo electr&#243;nico del Hijo de Sven.


Mordkommission de la polic&#237;a de Hamburgo


DE: HIJO DE SVEN

PARA: ERSTER KRIMINALHAUPTKOMMISSAR JAN FABEL

ENVIADO: 14 de junio de 2003, 23:00 h

ASUNTO: PALABRAS

COMO YA HABR&#193; AVERIGUADO, SOY HOMBRE DE POCAS PALABRAS. MI V&#205;CTIMA, SIN EMBARGO, ERA MUJER DE MUCHAS.

NO ME INTERESAN LAS MUJERES QUE NO LLEVAN A CABO SU FUNCI&#211;N PRINCIPAL, SINO QUE ELIGEN EL EGO&#205;SMO DE UNA CARRERA ANTES QUE EL IMPERATIVO NATURAL DE PROCREAR. &#201;STA ERA PEOR QUE LA MAYOR&#205;A. CONSIDERABA QUE SU VOCACI&#211;N ERA DIFAMAR A AQUELLOS A CUYA NOBLEZA NUNCA PUDO ASPIRAR: SOLDADOS QUE LUCHABAN CONTRA LA ANARQU&#205;A Y EL CAOS.

ESTA VEZ HE A&#209;ADIDO UN GIRO. ELLA CREY&#211; QUE YO ERA USTED, HERR FABEL. FUE A USTED A QUIEN SUPLIC&#211; POR SU VIDA. FUE SU NOMBRE EL QUE ARD&#205;A EN SU CEREBRO MIENTRAS MOR&#205;A.

ELLA HA DESPLEGADO SUS ALAS.

HIJO DE SVEN


Domingo, 15 de junio. 1:30 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Siento haberos convocado a una hora tan intempestiva -dijo Fabel, pero su expresi&#243;n seria suger&#237;a que la disculpa era una pura formalidad.

Las figuras sentadas a la mesa ten&#237;an los ojos hinchados debido a un despertar inoportuno, pero nadie se quej&#243;; todo el mundo se daba cuenta de la importancia que ten&#237;a que hubiera llegado un nuevo mensaje de correo electr&#243;nico-. Pero este mensaje tiene unos giros desagradables, para empezar.

Werner, Maria, Anna y Paul asintieron sombr&#237;amente. Susanne tambi&#233;n estaba sentada a la mesa, y los dem&#225;s hab&#237;an intercambiado miradas de complicidad al verla llegar con Fabel.

A ver, &#191;qu&#233; nos dice este mensaje? -El gesto de Fabel invitaba a responder a todo el mundo.

Fue Maria quien habl&#243; primero.

Bueno, confirma de forma bastante desagradable que est&#225; disfraz&#225;ndose de polic&#237;a. En este caso, en concreto, de ti.

Yo no voy de uniforme. As&#237; que no puede llevar un uniforme de la Schutzpolizei.

Parece que se ha hecho con una placa de la Kriminalpolizei o alg&#250;n tipo de identificaci&#243;n o las dos cosas -sugiri&#243; Werner.

&#191;Qu&#233; me dec&#237;s de la v&#237;ctima? -dijo Fabel. Al mencionarla, record&#243; lo que el asesino hab&#237;a dicho en el mensaje: que hab&#237;a muerto pensando que &#233;l, Fabel, la hab&#237;a matado. Sinti&#243; una punzada de repugnancia en el pecho-. La describe como una mujer de muchas palabras

&#191;Una pol&#237;tica? -se aventur&#243; a decir Maria-. &#191;Una actriz, una escritora o una periodista?

Es posible -dijo Susanne-, pero recordad que se trata de un psic&#243;pata que tiene una visi&#243;n distorsionada del mundo. Puede que simplemente sea alguien que &#233;l cree que habla demasiado.

Pero &#191;qu&#233; hay de eso de que difama a los soldados, como dice &#233;l? Es como si fuera alguien que tiene un p&#250;blico -dijo Paul Lindemann.

&#191;Qu&#233; hay del mensaje en s&#237;? -pregunt&#243; Fabel-. Tenemos una direcci&#243;n IP falsa, &#191;no?

La secci&#243;n t&#233;cnica lo est&#225; investigando -dijo Maria-. He sacado al jefe del departamento de la cama para que lo comprobara. No le ha hecho mucha gracia.

Werner se puso en pie de repente; la ira y la frustraci&#243;n ensombrec&#237;an su rostro. Fue hacia la ventana de cristales tintados que reflejaban la propia sala.

Lo &#250;nico que podemos hacer es esperar a que alguien encuentre el cad&#225;ver. No nos deja nada con lo que continuar.

Tienes raz&#243;n, Werner -dijo Fabel. Mir&#243; la hora-. Creo que deber&#237;amos intentar recuperar horas de sue&#241;o. Os convoco de nuevo aqu&#237;, digamos, a las diez de la ma&#241;ana.

Estaban todos levant&#225;ndose cansinamente de la mesa cuando son&#243; el tel&#233;fono de la sala de reuniones. Anna Wolff era quien m&#225;s cerca estaba, as&#237; que descolg&#243; el auricular. El cansancio desapareci&#243; de repente de su cara. Levant&#243; la mano que ten&#237;a libre para indicar a los dem&#225;s que no salieran de la habitaci&#243;n.

Era la secci&#243;n t&#233;cnica -dijo-. El proveedor nos ha dado una direcci&#243;n IP aut&#233;ntica. Pertenece a una tal Angelika Bl&#252;m. Y tenemos una direcci&#243;n en Uhlenhorst.

Dios m&#237;o -dijo Fabel-. Es la periodista que ha estado intentando localizarme.

&#191;Una periodista? -pregunt&#243; Maria.

S&#237; -dijo Fabel-, una mujer de muchas palabras.


Domingo, 15 de junio. 2:15 h


Uhlenhorst (Hamburgo)


Eledificio reun&#237;a todos los criterios de la zona chic de Hamburgo. Lo hab&#237;an construido en los a&#241;os veinte y daba la impresi&#243;n de que lo hab&#237;an reformado a conciencia hac&#237;a razonablemente poco.

Fabel, que sab&#237;a un par de cosas sobre arquitectura modernista, cre&#237;a que lo hab&#237;a dise&#241;ado Schneider, o al menos alguien de su escuela. Los contornos no eran rectos: las paredes encaladas se un&#237;an en curvas elegantes, m&#225;s que en esquinas, y las ventanas de los apartamentos eran altas y anchas. Uhlenhorst nunca hab&#237;a llegado a alcanzar el mismo prestigio que Rotherbaum, pero aun as&#237; era un barrio pr&#243;spero y moderno.

Justo delante de las puertas de bronce y cristal que daban entrada a un vest&#237;bulo de m&#225;rmol muy iluminado, estaban aparcados dos coches patrulla de la Schutzpolizei, que Fabel supuso que ser&#237;an del Polizeikommissariat de Uhlenhorst. Un agente de uniforme de la Schutzpolizei hac&#237;a guardia en la puerta mientras otro escuchaba a un hombre alto de unos sesenta a&#241;os que hablaba animadamente. Fabel aparc&#243; detr&#225;s de los coches de polic&#237;a y &#233;l, Maria y Werner se bajaron justo cuando Paul y Anna llegaban. Fabel se acerc&#243; dando grandes zancadas al polic&#237;a de uniforme que escuchaba pacientemente al se&#241;or mayor. Las charreteras del polic&#237;a anunciaron a Fabel que era el Polizeikommissar. Fabel mostr&#243; su placa de la Kriminalpolizei, y el polic&#237;a asinti&#243; con la cabeza brevemente. El civil mayor, m&#225;s alto, que ten&#237;a el aspecto despeinado y los ojos rojos de alguien a quien han despertado de un sue&#241;o profundo, abri&#243; la boca para hablar. Fabel le interrumpi&#243; dirigi&#233;ndose directamente al Polizeikommissar.

&#191;Nadie ha intentado entrar a&#250;n?

No, se&#241;or. He pensado que era mejor esperar a que llegara usted. He apostado a dos hombres en la puerta de Frau Bl&#252;m, y dentro del piso no se oye ning&#250;n sonido.

Fabel mir&#243; al civil.

Es el conserje. -El agente de la Schutzpolizei respondi&#243; la pregunta t&#225;cita de Fabel. &#201;ste se volvi&#243; hacia el conserje y extendi&#243; la mano.

Deme la llave maestra del piso de Frau Bl&#252;m.

El conserje ten&#237;a el aspecto altanero y semiaristocr&#225;tico de un mayordomo ingl&#233;s.

Ni hablar. &#201;sta es una residencia exclusiva y los inquilinos tienen derecho a

De nuevo, Fabel le interrumpi&#243;:

Muy bien. -Se volvi&#243; hacia Werner-. Coge la palanca que est&#225; en el maletero del coche, &#191;quieres, Werner?

No pueden hacer esto -protest&#243; el conserje-. Necesitan una orden

Fabel ni siquiera mir&#243; al conserje.

No necesitamos una orden. Estamos investigando un asesinato y tenemos razones para creer que la inquilina est&#225; en peligro. -Movi&#243; la cabeza en direcci&#243;n al coche-. Werner, &#191;la palanca?

El conserje salt&#243; como si fuera a darle un ataque.

No Espere Ir&#233; a por las llaves.


Las puertas del ascensor se abrieron al pasillo del tercer piso, una extensi&#243;n ancha e inmaculada, muy iluminada por las l&#225;mparas que arrojaban focos de luz sobre el m&#225;rmol pr&#237;stino. Fabel le indic&#243; con la mano al conserje que pasara primero. Examinaron lentamente el pasillo y se encontraron con dos agentes, uno a cada lado de la puerta del piso. Fabel detuvo al conserje coloc&#225;ndole una mano en el hombro y sigui&#243; adelante, indicando a Werner y Maria que lo acompa&#241;aran. Con un movimiento silencioso de la mano orden&#243; a Anna y a Paul que se colocaran al otro lado de la puerta, junto al segundo agente de la Schutzpolizei. Todo el mundo ten&#237;a los ojos puestos en Fabel. &#201;ste se dirigi&#243; al conserje llev&#225;ndose un dedo a los labios y susurr&#243;:

&#191;La llave?

El conserje busc&#243; la llave correcta. Fabel cogi&#243; el manojo, sonri&#243; e hizo un gesto con la cabeza al conserje. Despu&#233;s, con un movimiento de la mano; le indic&#243; que se retirara. La m&#237;mica continu&#243;: se se&#241;al&#243; a &#233;l y a Werner; levant&#243; un dedo, y luego dos, para indicar que &#233;l y Werner entrar&#237;an primero. Fabel y Werner desenfundaron sus armas, y Fabel llam&#243; al timbre de la puerta. Oyeron el zumbido electr&#243;nico del timbre dentro del apartamento. Luego, nada. Fabel hizo un gesto con la cabeza a Werner y meti&#243; la llave en la cerradura. Gir&#243; la llave y abri&#243; la puerta con un movimiento fluido. Las luces del apartamento estaban encendidas. Werner entr&#243; seguido de inmediato por Fabel.

&#191;Frau Bl&#252;m? -La llamada de Fabel obtuvo un silencio por respuesta. Escudri&#241;&#243; lo que pod&#237;a ver del apartamento. Junto a la puerta hab&#237;a una silla y una mesa auxiliar. Un abrigo de mujer que parec&#237;a caro descansaba descuidadamente en la silla, y un bolso de piel italiano estaba tirado sobre la mesa. Fabel dej&#243; de agarrar la Walther con tanta fuerza. Sab&#237;a que en el piso no hab&#237;a nadie. Nadie que estuviera vivo, por lo menos.

Las paredes del pasillo de la entrada eran de un azul p&#225;lido y estaban adornadas con grandes lienzos originales: estudios abstractos en tonos violetas y rojos intensos que contrastaban con la frialdad de las paredes.

Mientras Fabel cruzaba el pasillo, mir&#243; a la izquierda a trav&#233;s de las puertas dobles de cristal abiertas que daban al gran sal&#243;n. La habitaci&#243;n estaba vac&#237;a. De nuevo, una frialdad elegante serv&#237;a de tel&#243;n de fondo a unos muebles caros y la correspondiente obra de arte original. En su examen r&#225;pido de la habitaci&#243;n, Fabel crey&#243; ver las l&#237;neas alargadas de una escultura de Giacometti. Era peque&#241;a, pero parec&#237;a un original. Sigui&#243; caminando. A la derecha, estaba el ba&#241;o. Vac&#237;o. La siguiente puerta a la derecha era el dormitorio. Vac&#237;o. La &#250;ltima puerta del pasillo estaba cerrada, y cuando la abri&#243;, la habitaci&#243;n estaba a oscuras. Alarg&#243; la mano y la desliz&#243; por la pared hasta que encontr&#243; el interruptor". La luz procedente de una sucesi&#243;n de apliques dirigidos inund&#243; la habitaci&#243;n.

Horror.

Fabel no lograba entender por qu&#233; no estaba preparado para aquello. Sab&#237;a que la encontrar&#237;an muerta en el apartamento. Cuando vio aquella puerta cerrada y la habitaci&#243;n a oscuras, su instinto le hab&#237;a dicho que Angelika estar&#237;a all&#237;. Pero aun as&#237; se sent&#237;a como si le hubiera arrollado un cami&#243;n.

Dios santo -Era como si a Fabel le hubieran succionado el aire del pecho. Le entraron arcadas-. Dios bendito

La habitaci&#243;n estaba pensada para ser un dormitorio, pero la hab&#237;an redise&#241;ado para convertirla en un despacho. Hab&#237;a estanter&#237;as, llenas de libros y carpetas, en tres de las paredes. La cuarta alojaba la ventana que ocupaba casi todo el largo de la habitaci&#243;n y que ahora estaba oculta tras unos estores bajados. Frente a la ventana hab&#237;a una mesa ancha de haya con un ordenador port&#225;til encima. Como suced&#237;a en el resto del piso, la decoraci&#243;n era comedida, elegante y refinada.

En el centro del cuarto hab&#237;a una explosi&#243;n de carne, sangre y huesos. El cuerpo de una mujer. Boca abajo. Le hab&#237;an abierto la espalda con cortes paralelos a la columna vertebral. Hab&#237;an separado las costillas, dejando al descubierto el crudo interior del abdomen, y le hab&#237;an arrancado los pulmones y los hab&#237;an echado fuera.

Aparte de las zapatillas de toalla con suelas de esparto que llevaba, estaba desnuda. Hab&#237;an lanzado un albornoz de toalla, a juego con las zapatillas, en un rinc&#243;n del cuarto. Aparte de estas prendas de vestir, no hab&#237;a m&#225;s ropa en la habitaci&#243;n.

Fabel vio que, adem&#225;s de la carnicer&#237;a del torso, de la cabeza le sal&#237;a un gran chorro de sangre que se extend&#237;a por el suelo de madera de pino. La parte posterior del cr&#225;neo era una masa apelmazada de sangre y pelo caoba.

Joder. -Werner estaba ahora junto a Fabel y habl&#243; entre exclamaciones que intentaban contener las n&#225;useas-. Joder.

Maria y Anna Wolff tambi&#233;n entraron. Anna reprimi&#243; una arcada y sali&#243; corriendo por el pasillo. Fabel la oy&#243; vomitar en el v&#225;ter del ba&#241;o de Bl&#252;m. A los chicos del Tatort les iba a encantar: acababa de contaminar la escena fundamental de un asesinato. Pero Fabel no pudo culpar a la dura Annita. El mismo tuvo que cerrar los ojos un momento e intentar borrar la imagen de su retina hasta que logr&#243; recomponerse. Pens&#243; en si Anna ya estar&#237;a mejor. Respir&#243; hondo y despacio. No se acerc&#243; m&#225;s al cuerpo, consciente de nuevo de la necesidad de preservar la escena principal del crimen, y cuando los dem&#225;s comenzaron a apelotonarse en la puerta, les orden&#243; que recularan y salieran del piso.


Al cabo de una hora, todo el edificio estaba abarrotado de gente. Fabel le hab&#237;a pedido al Polizeikommissar de Uhlenhorst que solicitara m&#225;s agentes para que fueran puerta por puerta a interrogar a los vecinos. El equipo del Tatort hab&#237;a llegado, encabezado por Holger Brauner, y tambi&#233;n el doctor M&#246;ller, el pat&#243;logo. Fabel conoc&#237;a a Brauner de investigaciones anteriores y ten&#237;a muy buena opini&#243;n de &#233;l. El &#250;nico problema era que el capullo arrogante de M&#243;ller parec&#237;a competir siempre con Brauner. La verdad era que aunque Fabel no soportara tener que admitirlo, Moller tambi&#233;n era un pat&#243;logo excelente y pose&#237;a una mente agud&#237;sima.

Fabel hab&#237;a acordonado la escena del crimen y la hab&#237;a dejado en manos del equipo del Tatort. El protocolo que segu&#237;an era que Brauner examinaba primero la escena, sin tocar el cuerpo, y s&#243;lo cuando &#233;l y su equipo hab&#237;an acabado, Moller pod&#237;a entrar para llevar a cabo su examen. Por consiguiente, Moller estaba en la puerta del piso, subi&#233;ndose por las paredes. Para Fabel, aqu&#233;l fue el &#250;nico momento bueno del d&#237;a.

Brauner sali&#243; por fin. Sin mirar siquiera a Moller, le pidi&#243; a Fabel que entrara.

Hay algo que tienes que ver antes de que lo meta en la bolsa para examinarlo en el laboratorio.

Brauner lo condujo hasta la escena del crimen. Fabel tuvo que pasar por delante del cad&#225;ver, rozando a dos t&#233;cnicos del Tatort enfundados en sus batas. El fot&#243;grafo estaba recogiendo su equipo, y en el cuarto apenas quedaba espacio para moverse. Brauner llev&#243; a Fabel hasta la mesa y se&#241;al&#243; el ordenador port&#225;til. En la pantalla, hab&#237;a abierto un mensaje de correo electr&#243;nico enviado hac&#237;a poco. Era el que hab&#237;a llegado al Pr&#228;sidium justo despu&#233;s de las once y los hab&#237;a conducido hasta all&#237;. El asesino no s&#243;lo lo hab&#237;a enviado desde el port&#225;til de Angelika Bl&#252;m; lo hab&#237;a dejado abierto y esperando su llegada.

&#161;Ser&#225; cabr&#243;n! -Fabel sinti&#243; que una furia ciega se apoderaba de &#233;l. Siempre se enorgullec&#237;a de mantener la calma, el control, pero aquel tipo le sacaba tanto de quicio que sus defensas habituales ya no pudieron soportarlo m&#225;s-. Este cabr&#243;n se est&#225; mofando de nosotros. Es lo que quer&#237;a, es exactamente la escena que ten&#237;a en mente: &#161;yo en esta habitaci&#243;n con el cad&#225;ver y leyendo este puto mensaje por segunda vez! -Fabel se volvi&#243; hacia Brauner-. Entonces, &#191;estaba aqu&#237; a las once?

No necesariamente. El env&#237;o del mensaje estaba programado. Pero hay m&#225;s. -Brauner, utilizando con cuidado un dedo enguantado en l&#225;tex, seleccion&#243; Ocultar aplicaci&#243;n, y apareci&#243; el escritorio del port&#225;til. Brauner clic&#243; en una serie de carpetas. Estaban todas vac&#237;as.

Es extra&#241;o -dijo Brauner-. &#191;Qu&#233; clase de asesino en serie entra en el ordenador de su v&#237;ctima y borra todos sus archivos?

&#191;Puedo llevarme el port&#225;til para que la secci&#243;n t&#233;cnica le eche un vistazo?

No, a&#250;n no. Ya hemos sacado las huellas, pero quiero abrirlo. Los teclados de los ordenadores tienen tantos rinconcitos como botones; debajo de las teclas se quedan atrapadas todo tipo de cosas. Con un poco de suerte puede que demos con un pelo o alg&#250;n epitelio de nuestro asesino.

Lo dudo much&#237;simo -dijo Fabel desanimado-. Este tipo no comete errores. A pesar de esta forma de asesinar tan desagradable, es casi como si matara en una sala esterilizada. No deja nada de s&#237; mismo.

Aun as&#237;, vale la pena intentarlo -dijo Brauner, intentando parecer alentador sin conseguirlo-. Quiz&#225; tengamos suerte.

Lo dudo. &#191;Puedo decirle a M&#243;ller que ya puede entrar?

Brauner sonri&#243;.

Supongo que s&#237;.

De camino al pasillo, Fabel se interes&#243; por Anna Wolff, que ten&#237;a la cara amarilla debajo del pelo negro de punta, su r&#237;mel caracter&#237;stico y el llamativo pintalabios rojo.

Estoy bien, jefe Lo siento. Esta vez me ha afectado

Fabel sonri&#243; para tranquilizarla.

No tienes por qu&#233; disculparte, Anna. Nos ha pasado a todos. En cualquier caso, tu penitencia ya va a ser lo bastante dura: Brauner y el equipo del Tatort no van a dejar que lo olvides nunca.

Werner le dio un golpecito en el hombre a Fabel.

No te lo vas a creer, Jan Tenemos una hora de llegada y un testigo.

&#191;Te ha dado una descripci&#243;n?

No muy buena, pero s&#237;.

Fabel puso cara de impaciencia.

En el piso de abajo vive una chica -continu&#243; Werner-. Tiene unos treinta a&#241;os y trabaja en una agencia de publicidad o algo igual de &#250;til e importante. Bueno, el caso es que tiene un novio nuevo. Han ido al gimnasio a hacer algo de deporte y han vuelto sobre las nueve. Me ha dado la impresi&#243;n de que el novio ten&#237;a planeado otro tipo de ejercicio con ella, en horizontal, ya sabes, pero no llevan tanto tiempo saliendo como para que ella le invite a subir. El caso es que han aparcado al otro lado de la calle sobre las ocho y media. El chico ha apagado las luces; es obvio que estaba haciendo todo lo posible para convencerla de que le dejara subir. Ha sido entonces cuando han visto que un tipo llegaba a pie. Si ha venido en coche, debe de haberlo aparcado a cierta distancia, porque ellos no lo han visto. Se han fijado en &#233;l porque, justo antes de llamar al timbre de uno de los pisos, se ha asegurado de echar un buen vistazo a la calle. La chica dice que incluso ha examinado el vest&#237;bulo a trav&#233;s de las puertas de cristal.

Entonces, &#191;lo ha visto bien?

Tan bien como ha podido por la hora que era y la distancia a la que estaba. -Werner abri&#243; su libreta y comprob&#243; sus notas-. Era alto y fornido. Ha hecho hincapi&#233; en que era ancho de hombros. No parec&#237;a fuera de lugar en este barrio e iba bien vestido, llevaba un traje gris oscuro.

No era mi eslavo bajito y achaparrado de ojos verdes, pens&#243; Fabel.

Era rubio y llevaba el pelo bastante corto -continu&#243; Werner-. Pero aqu&#237; viene lo importante La chica dice que llevaba una gabardina gris claro colgada sobre una bolsa de deporte grande.

Las herramientas de su oficio -dijo Fabel en voz baja y con amargura.

La chica dice que no lo hab&#237;a visto nunca antes de esta noche, y el conserje s&#243;lo ha sugerido a un posible inquilino, pero la chica lo conoce de vista y jura que no era &#233;l. En cualquier caso, la chica vio que nuestro hombre llamaba al timbre de uno de los pisos, as&#237; que no es probable que se tratara de un inquilino. Nos quedan algunos apartamentos por comprobar, algunos est&#225;n vac&#237;os, pero por el momento todo el mundo niega haber recibido la visita de alguien que encaje con la descripci&#243;n.

&#191;Alguien lo ha visto marcharse?

No. Y nadie ha o&#237;do ruido de forcejeo o gritos de socorro. Es un edificio bastante s&#243;lido, pero ser&#237;a l&#243;gico pensar que alguien hubiera o&#237;do algo.

No te dejes enga&#241;ar por toda esa sangre, Werner. Este tipo es fr&#237;o y lo planea todo al detalle. Esperaremos a tener la autopsia completa, pero por c&#243;mo ten&#237;a la parte posterior de la cabeza, creo que le ha dado un golpe y ha muerto en el acto o casi. Es obvio que el cabr&#243;n le ha dicho que era polic&#237;a, probablemente yo, y ha dejado que ella pasara delante. Mientras le daba la espalda, &#161;bumba!, le ha machacado el cr&#225;neo. Eso le ha dejado todo el tiempo del mundo para abrir su cajita de herramientas y ponerse a trabajar.

Werner se toc&#243; el pelo.

Este tipo da miedo, Jan. Parece que nunca comete ning&#250;n error. Excepto esta noche. No ha examinado bien la calle. Pero aparte de una descripci&#243;n imprecisa de alguien que lo ha visto s&#243;lo un momento y de lejos, no nos ha dejado nada m&#225;s.

Veremos lo que tienen que decir Brauner y Moller. -Fabel le dio a Werner una palmadita alentadora en el hombro rollizo-. Quiz&#225; hoy ha tenido un mal d&#237;a.

De nuevo en el apartamento, Fabel vio que Moller, el pat&#243;logo, segu&#237;a junto al cuerpo, escribiendo notas en una tablilla con sujetapapeles. Se volvi&#243; hacia dos t&#233;cnicos del Tatort.

Si el fot&#243;grafo ha terminado, ya pod&#233;is llevar el cuerpo al dep&#243;sito. -Mientras hablaba, Moller vio a Fabel y le hizo un gesto con la cabeza. Su actitud brusca habitual parec&#237;a haberlo abandonado, y hab&#237;a una mirada casi compungida en sus ojos. Fabel pens&#243; que aquel asesino estaba empezando a afectar a todo el mundo.

Supongo que no te hace falta mi opini&#243;n profesional para decirte que es el mismo modus operandi que los otros dos.

No -dijo Fabel-. Me ha mandado un mensaje de correo electr&#243;nico desde ese ordenador de all&#237;.

Moller mene&#243; la cabeza con incredulidad.

En cualquier caso, para que conste, te dir&#233; que no tengo ninguna duda de que esto es obra de la misma persona o personas. Te entregar&#233; un informe completo cuando haya realizado la autopsia, por supuesto. Echa un vistazo a esto -El pat&#243;logo se encorv&#243; y se&#241;al&#243; con su bol&#237;grafo el punto en el que hab&#237;an cortado la carne y hab&#237;an separado las costillas. Fabel se inclin&#243; hacia delante para mirar. Parec&#237;a algo salido de una carnicer&#237;a. Conc&#233;ntrate -se dec&#237;a a s&#237; mismo-, c&#233;ntrate en el detalle, no mires a la persona. Conc&#233;ntrate. Pero aun as&#237; tuvo que reprimir las arcadas.

&#191;Ves el peque&#241;o error que ha cometido nuestro amigo? -Con el bol&#237;grafo, M&#243;ller resigui&#243; la l&#237;nea de un borde dentado que sal&#237;a en diagonal del corte principal-. Se puede ver la forma del filo. Es un filo ancho; dir&#237;a que se trata de una espada corta o un cuchillo de caza muy pesado. Le sacar&#233; unas fotos durante la autopsia.

Fabel respir&#243; despacio antes de hablar.

&#191;Es la &#250;nica desviaci&#243;n de los cortes principales?

M&#243;ller se rasc&#243; la barba entrecana.

S&#237; &#201;se es el tema. No ha sido un arrebato de locura. Se ha tomado su tiempo. -Se&#241;al&#243; la parte posterior de la cabeza de Angelika Bl&#252;m-. De nuevo, tenemos que el traumatismo mortal o casi mortal ha sido en la parte posterior del cr&#225;neo; de nuevo, ha sido con un instrumento contundente y ovalado; y de nuevo, tenemos las disecciones para acceder a los pulmones y conseguir esta, bueno, marca caracter&#237;stica, supongo.

Una marca horrible -dijo Fabel.

M&#243;ller no contest&#243; de inmediato. Estaba en cuclillas y se irgui&#243; con un quejido. Mir&#243; fijamente el cuerpo; era como si no lo viera, como si mirara m&#225;s all&#225; de &#233;l.

Este hombre debe de tener una fuerza f&#237;sica como m&#237;nimo considerable. En una operaci&#243;n quir&#250;rgica, para abrir un cuerpo normalmente hace falta una sierra esternal y separadores de costillas mec&#225;nicos. Este hombre abre a sus v&#237;ctimas con una precisi&#243;n asombrosa y luego separa las costillas. Es muy fuerte.

Maria entr&#243; en el cuarto y le hizo una se&#241;a a Fabel.

&#191;Jefe?

&#201;l la sigui&#243; hasta el sal&#243;n. Holger Brauner estaba en la habitaci&#243;n con su equipo.

Mira esto -le dijo a Fabel, se&#241;alando la mesa de caf&#233; con la mano enguantada-. &#191;Qu&#233; ves?

Fabel se qued&#243; mirando una gran mesa rectangular de madera clara. Parec&#237;a robusta y cara. Se encogi&#243; de hombros.

Aparte de una mesa de caf&#233;, nada.

Exacto -dijo Brauner-. Ning&#250;n adorno. Ni ceniceros, ni cuencos, ni libros. -Levant&#243; una de las l&#225;mparas de mano de alta potencia del equipo forense. Inund&#243; la superficie de la mesa con una luz fr&#237;a y blanqueadora-. Mira aqu&#237; -Brauner se inclin&#243; hacia delante y dibuj&#243; un cuadrado en la mesa-. Aqu&#237; hab&#237;a algo. Y aqu&#237;. -Su dedo dibuj&#243; un c&#237;rculo en el otro lado de la mesa-. Aqu&#237; tambi&#233;n. -Apag&#243; la l&#225;mpara y se volvi&#243; hacia la ventana, oculta tras los estores bajados-. Estas ventanas son fant&#225;sticas, &#191;verdad? Lo he comprobado con la br&#250;jula: este cuarto est&#225; orientado al sur. Este cuarto recibe la mejor luz del d&#237;a. Se convierte en un espacio alegre, con mucha luz.

&#191;Vas a cambiar de carrera y hacerte agente de la propiedad inmobiliaria, Holger? -le pregunt&#243; Fabel.

Brauner se ri&#243;.

El sueldo ser&#237;a much&#237;simo mejor, eso seguro. Pero no; lo que pasa es que la luz aclara los muebles. Incluida la madera. En estas zonas un poco m&#225;s oscuras de la mesa es donde ten&#237;a libros, adornos, objetos que estaban aqu&#237; la mayor parte del tiempo.

Pero que ahora no est&#225;n.

Exacto. Y no creo que nuestro asesino los haya cambiado de sitio. -Brauner se acerc&#243; al z&#243;calo de piedra que rodeaba la chimenea de gas. Cogi&#243; tres libros que estaban apilados uno encima de otro y los coloc&#243; sobre la mesa. El borde del libro de abajo coincid&#237;a con la zona ligeramente m&#225;s oscura que hab&#237;a se&#241;alado. De una mesa alta que hab&#237;a detr&#225;s de Fabel cogi&#243; un objeto de cer&#225;mica contempor&#225;neo de base circular. Tambi&#233;n coincid&#237;a con la sombra de la mesa-. Nuestro tipo es tan meticuloso que se habr&#237;a asegurado bien de volver a colocarlo todo donde lo hab&#237;a encontrado. Yo dir&#237;a que Angelika Bl&#252;m recogi&#243; la mesa para extender algo encima. Papeles o algo as&#237;. Fuera lo que fuera lo que ten&#237;a aqu&#237; encima, nuestro asesino se lo ha llevado. Y despu&#233;s no ha sabido qu&#233; hab&#237;a que colocar de nuevo en la mesa.

&#191;Quieres decir que crees que roba cosas a sus v&#237;ctimas para llev&#225;rselas como trofeo?

No, Jan. -De repente, la voz de Brauner son&#243; m&#225;s tensa-. No creo que este tipo sea un asesino en serie psicop&#225;tico que mata al azar. La mayor&#237;a de asesinos en serie psicop&#225;ticos se llevan trofeos, ya sea un objeto personal o un &#243;rgano interno. Los trofeos de este tipo de nuestro hombre son todos documentales. &#191;Recuerdas que me preguntaste si hab&#237;amos encontrado una agenda de citas o un diario en el apartamento de la segunda chica? Lo que no acaba de encajar es por qu&#233; ha borrado todos los archivos del ordenador. Apuesto a que si seguimos buscando, a&#250;n encontraremos menos. La chica era periodista, &#191;verdad?

Fabel asinti&#243; con la cabeza.

Trabajaba por cuenta propia, &#191;verdad? &#191;Y ten&#237;a el despacho en el cuarto de al lado?

Supongo -dijo Fabel.

Entonces te sugiero que revises sus archivos. Yo digo que ah&#237; tambi&#233;n faltar&#225; material.

Fabel mir&#243; a Brauner, luego a Maria y luego a Werner, que hab&#237;a entrado en el sal&#243;n y hab&#237;a o&#237;do la parte principal de la teor&#237;a de Brauner.

&#191;Est&#225;s diciendo que tiene un motivo oculto, objetivo? No hay duda de que este tipo es un psic&#243;pata

Brauner se encogi&#243; de hombros.

Eso tiene que decirlo tu psiquiatra forense, pero s&#237;, estoy de acuerdo en que el asesino es un psic&#243;pata. Sin embargo, eso no quiere decir que tenga que encajar en las pautas de un asesino en serie. &#191;Has o&#237;do hablar de Iv&#225;n el Terrible?

Claro.

Iv&#225;n el Terrible uni&#243; Rusia. Fue el padre de la naci&#243;n. Hab&#237;a una serie de principados feudales dispersos, y &#233;l los convirti&#243; en una naci&#243;n cohesionada. &#201;se era su motivo. Pero adem&#225;s de ser monarca y general, Iv&#225;n encajaba en todos los criterios de asesino psicop&#225;tico. De hecho, en muchos sentidos, encajaba en el perfil del cl&#225;sico asesino en serie: un ni&#241;o t&#237;mido, tranquilo y sensible a quien maltrataron desde la infancia. A ra&#237;z de esto, cuando era peque&#241;o, torturaba y mataba animalitos. Luego, cuando ten&#237;a treinta a&#241;os, mat&#243; a su primer hombre. Despu&#233;s de eso, cometi&#243; numerosas violaciones, asesinatos, actos de tortura terribles entre los que se inclu&#237;a fre&#237;r, hervir, empalar a sus v&#237;ctimas o echarlas a animales salvajes. Estamos hablando de miles de violaciones y cientos de asesinatos que Iv&#225;n llevo a cabo personalmente. -Brauner movi&#243; la cabeza en direcci&#243;n a la habitaci&#243;n de al lado-. Incluso ten&#237;a una afici&#243;n parecida por los rituales. Ten&#237;a un cuerpo de guardaespaldas personales, la oprichnina. Los instru&#237;a casi como a una orden sagrada y &#233;l era su abad. Violaban, torturaban y mutilaban a sus v&#237;ctimas parodiando las misas rusas ortodoxas.

&#191;Ad&#243;nde quieres ir a parar, Holger?

Es evidente que Iv&#225;n era un psic&#243;pata. Un soci&#243;pata, de hecho, que no sent&#237;a ninguna empat&#237;a por sus v&#237;ctimas. Pero tambi&#233;n era un hombre extremadamente inteligente y sus peores cr&#237;menes los llevaba a cabo dentro de un contexto estructurado. Utilizaba su psicopat&#237;a como herramienta para infundir terror y consolidar su control sobre el Estado y el pueblo. Lo que quiero decir es que el comportamiento soci&#243;pata de Iv&#225;n no era un fin en s&#237; mismo; era su medio para conseguir un fin. Canalizaba esa psicopat&#237;a para favorecer sus estrategias y lograr sus objetivos.

&#191;Y crees que con este tipo pasa lo mismo, s&#243;lo que a una escala menor? -pregunt&#243; Fabel. Todo lo que dec&#237;a Brauner encajaba con lo que &#233;l mismo hab&#237;a empezado a creer despu&#233;s del segundo asesinato.

S&#237;, pero aparte, creo que tu asesino est&#225; haciendo alarde de su psicopat&#237;a. Quiere que cre&#225;is que mata al azar para esconder lo que sea que tenga entre manos.

&#191;Y qu&#233; tiene entre manos? -Maria miraba la mesa de caf&#233; con el ce&#241;o fruncido como si quisiera ver lo que ya no estaba all&#237;-. Mata a una periodista, y creemos que roba algunos de sus papeles.

Papeles relacionados con un art&#237;culo en el que estaba trabajando, ya que los ten&#237;a esparcidos por la mesa para estudiarlos -a&#241;adi&#243; Werner.

&#191;Mata a la periodista para matar la historia? -Maria alz&#243; la vista y mir&#243; a Fabel.

Podr&#237;a ser. Pero no encaja con los otros asesinatos. Una prostituta y una abogada.

Quiz&#225; s&#237; encaje, s&#243;lo que a&#250;n no hemos visto la conexi&#243;n -dijo Werner-. Despu&#233;s de todo, casi no tenemos nada sobre la prostituta muerta. Quiz&#225; tuviera algo que ver con el art&#237;culo que preparaba Angelika Bl&#252;m. &#191;Un esc&#225;ndalo sexual, quiz&#225;?

Angelika Bl&#252;m no era una periodista de tabloides; pero si fuera un esc&#225;ndalo sexual con tintes pol&#237;ticos o algo as&#237;, quiz&#225;. -Fabel se frot&#243; la barbilla frustrado, como si aquel gesto fuera a estimular su actividad cerebral-. Tenemos que descubrir qui&#233;n era Monique. Y tenemos que volver sobre el caso Kastner. Tenemos que estudiar m&#225;s detenidamente sus documentos personales. Y no investigamos su vida profesional porque cre&#237;mos que se trataba de una v&#237;ctima elegida al azar. Tenemos que examinarlo todo de nuevo. Maria, &#191;podr&#237;as encargarte t&#250;? Ya s&#233; que est&#225;s investigando la identidad de la segunda v&#237;ctima, pero me gustar&#237;a que tambi&#233;n llevaras esto.

Claro, jefe -respondi&#243; Maria sin demasiado entusiasmo. Fabel esperaba que Werner se sentir&#237;a aliviado por no tener que hacerse cargo de aquel trabajo. No fue as&#237;. Sab&#237;a que a Werner le molestaba que diera tanta responsabilidad a Maria, pero ahora mismo Fabel no ten&#237;a tiempo de sentarse a hablarlo con &#233;l.

Werner, necesito que hagas un seguimiento de los contactos profesionales de Angelika Bl&#252;m, a ver si puedes descubrir en qu&#233; estaba trabajando. Mientras tanto, averig&#252;emos si alguien m&#225;s lleg&#243; a ver a nuestro visitante misterioso.

Brauner habl&#243; de nuevo:

Por cierto, Jan, hemos encontrado un segundo grupo de huellas.

&#191;S&#237;? -Fabel levant&#243; las cejas.

No te emociones demasiado. Est&#225;n por todas partes, algunas son recientes, otras bastante antiguas y dif&#237;ciles de tomar, pero creo que pertenecen a la misma persona. Alguien que, bueno, conoci&#243; &#237;ntimamente el piso de Frau Bl&#252;m durante cierto tiempo. No es muy probable que se trate de nuestro hombre.

Fabel se desanim&#243; y entristeci&#243; de repente, como si hubiera tenido una bajada de adrenalina y un cansancio lento le reclamara el cuerpo y la mente. Regres&#243; al despacho de Bl&#252;m.

Fabel baj&#243; la mirada al cuerpo destrozado que en su d&#237;a hab&#237;a sido Angelika Bl&#252;m. Los t&#233;cnicos pat&#243;logos hab&#237;an desplegado una bolsa para cad&#225;veres y estaban prepar&#225;ndose para mover el cuerpo y colocarlo encima. Se qued&#243; mirando c&#243;mo cerraban con cremallera los restos de una mujer que hab&#237;a intentado ponerse en contacto con &#233;l varias veces, a trav&#233;s de unas llamadas que no hab&#237;a considerado importante devolver porque ten&#237;a que dirigir una investigaci&#243;n de asesinato primordial. Ahora ella formaba parte de esa investigaci&#243;n. Le habl&#243; a una mujer que ahora ya no pod&#237;a escucharle.

Bueno, Frau Bl&#252;m, ser&#225; mejor que descubra qu&#233; diablos quer&#237;a decirme.


Domingo, 15 de junio. 9:45 h


Harburg (Hamburgo)


Hansi Kraus era m&#225;s un galgo que un hombre: una conjunci&#243;n peque&#241;a y sonora de huesos que se manten&#237;an unidos gracias a la piel gris y curtida. Los ojos, hundidos en una cara de rata, hab&#237;an sido azul claro en la infancia, pero se hab&#237;an ido apagando hasta adquirir un tono gris azulado sin vida tras quince a&#241;os consumiendo hero&#237;na en cantidades prodigiosas. Hansi estaba tumbado en un colch&#243;n manchado y sin s&#225;banas que llenaba el dormitorio de la casa de un olor rancio a suciedad; un olor que Hansi no notaba, principalmente porque lo llevaba encima todo el d&#237;a. Estaba tumbado con un brazo doblado, sujet&#225;ndose la cabeza con una mano, mientras con la otra se llevaba el cigarrillo a los delgados labios.

Hansi necesitaba colocarse. Y pronto. Sab&#237;a que el dolor que comenzaba a despertar en su cuerpo magro pronto ser&#237;a un tormento que le provocar&#237;a convulsiones. Colocarse quer&#237;a decir dinero, y Hansi estaba sin blanca. Y a pesar del volumen y la regularidad de sus compras, era improbable que sus proveedores le facilitaran alguna clase de cr&#233;dito. Putos turcos. Pero la posici&#243;n de negociador de Hansi hab&#237;a recibido un impulso inesperado. Movi&#243; las piernas y se sent&#243; en el borde de la cama. Arrugando con fuerza el entrecejo por culpa del humo del cigarrillo, busc&#243; debajo de la cama con las dos manos. Segu&#237;a all&#237;. Aguant&#243; aquella posici&#243;n unos segundos, escuchando con el entrecejo arrugado los sonidos procedentes de otra parte de la casa: una tos tuberculosa en el piso de abajo, una radio en el dormitorio de al lado. Hansi sac&#243; un peque&#241;o fardo envuelto en un par de trapos sucios y lo puso sobre el colch&#243;n. Con cuidado, apartando la tela, descubri&#243; una reluciente pistola autom&#225;tica de nueve mil&#237;metros. Hansi no sab&#237;a nada de armas, pero sab&#237;a que &#233;sa era especial. Parec&#237;a cara. Ten&#237;a la parte lateral labrada con motivos decorativos que parec&#237;an incrustaciones de oro. La marca del fabricante era extranjera; estaba escrita en may&#250;sculas cir&#237;licas -rusas o alguna mierda de &#233;sas, pens&#243; Hansi-, seguida del n&#250;mero doce en cifras. Hansi volvi&#243; a doblar la tela, procurando no tocar el arma: por nada del mundo quer&#237;a que lo relacionaran con lo que le hab&#237;a pasado a aquel pobre desgraciado en la piscina.

Hab&#237;a sido hac&#237;a dos noches. Hansi estaba compr&#225;ndole material al turco. Sol&#237;a hacer sus trapicheos en la piscina abandonada. Cuando ten&#237;a dinero suficiente, compraba un excedente de hero&#237;na y vend&#237;a una parte. A los turcos no les importaba, siempre que no ampliara el negocio o se metiera en su zona. El viernes no ten&#237;a dinero de sobra y s&#243;lo pudo comprar la cantidad suficiente para ir tirando. El turco acababa de marcharse para seguir con su ronda cuando Hansi sinti&#243; la necesidad apremiante de defecar. Estaba acostumbrado a los retortijones alternos de estre&#241;imiento y diarrea que acompa&#241;aban a la adicci&#243;n prolongada. Acababa de vaciar los intestinos en el suelo cuando oy&#243; que el coche se deten&#237;a. No hab&#237;a tenido la advertencia de los faros; era obvio que el coche hab&#237;a subido hasta all&#237; con las luces apagadas. A&#241;os de vida en la calle hab&#237;an dotado a Hansi de un sexto sentido que le dec&#237;a cu&#225;ndo hacerse invisible, as&#237; que, subi&#233;ndose los pantalones a toda prisa, se escondi&#243; detr&#225;s de la puerta que en su d&#237;a hab&#237;a conducido a los ba&#241;istas a los vestuarios.

Su instinto hab&#237;a acertado. Tres hombres entraron en la piscina: un hombre mayor, un tipo joven que parec&#237;a culturista y un pobre desgraciado con una bolsa de lona en la cabeza y las manos atadas a la espalda. Hansi supo al instante que hab&#237;an entrado tres hombres, pero que s&#243;lo saldr&#237;an dos. Los hab&#237;a observado a trav&#233;s de la ventana semicircular de la mitad superviviente de unas puertas dobles. El tipo joven, con una pistola en una mano enguantada y una linterna en la otra, se hab&#237;a acercado a la puerta. Hansi tuvo el tiempo justo de esconderse, saltando hacia atr&#225;s, asegur&#225;ndose con cuidado de no tropezar o hacer alg&#250;n ruido en el suelo lleno de basura desparramada, y agach&#225;ndose entre los restos de una caseta. El hombre joven barri&#243; los vestuarios con su linterna para asegurarse de que estaban despejados. Hansi solt&#243; el aire despacio. Oy&#243; que el hombre mayor hablaba y regres&#243; con cuidado hacia la puerta. Hab&#237;an obligado al tipo encapuchado a arrodillarse en el borde de la piscina, y Hansi oy&#243; que gritaba &#161;No!. La pistola solt&#243; un fogonazo y un ruido sonoro. Hansi hab&#237;a esperado un fogonazo m&#225;s intenso y un ruido m&#225;s fuerte, y se fij&#243; en el ca&#241;&#243;n alargado del arma: un silenciador. Oy&#243; un tintineo sonoro cuando el casquillo rebot&#243; en las baldosas agrietadas.

No le pareci&#243; que los dos hombres se marcharan con prisas. Fue entonces cuando Hansi vio que hac&#237;an algo rar&#237;simo. Al salir, levantaron la tapa de un viejo cubo de basura que hab&#237;a al lado de la puerta y el hombre joven ech&#243; la pistola dentro. Era evidente que no les preocupaba que alguien hallara el arma homicida. A unos cien metros de all&#237;, hab&#237;a un canal que seguramente ya era el dep&#243;sito de docenas de pruebas. Tirar el arma all&#237; era invitar a que la encontraran. Y cuando se fueron, Hansi ya hab&#237;a decidido hacerles el favor.

Ahora Hansi ten&#237;a algo que ofrecer que no era dinero. Se sab&#237;a el n&#250;mero del m&#243;vil del turco de memoria y sab&#237;a que era la mejor hora para encontrarlo. Se levant&#243; de la cama y se puso el viejo abrigo militar, que llevaba lloviera o hiciera sol, en verano o en invierno. Cogi&#243; el fardo que cuidadosamente hab&#237;a vuelto a envolver y se lo meti&#243; en uno de los amplios bolsillos del abrigo. No le gustaba la idea de llevar el arma encima, pero sab&#237;a que cualquier cosa que se dejara por la casa ten&#237;a la costumbre de desaparecer.

Hansi sali&#243; al descansillo, baj&#243; las escaleras destartaladas y sali&#243; a la calle, intentando pensar d&#243;nde estar&#237;a la cabina de tel&#233;fono no destrozada m&#225;s cercana.


Lunes, 16 de junio. 10:05 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Fabel estaba de pie junto a la mesa de cerezo de la sala de reuniones, esperando a que los dem&#225;s ocuparan sus asientos. Se volvi&#243; hacia la pizarra que ten&#237;a detr&#225;s. &#201;sta era la presencia f&#237;sica de la investigaci&#243;n -su forma- y ahora estaba creciendo sustancialmente. Hab&#237;a un mapa de Hamburgo y alrededores, donde alfileres con banderitas marcaban las dos escenas principales de los asesinatos en Hamburgo y la escena secundaria donde se hab&#237;a hallado el cad&#225;ver de Ursula Kastner.

Las fotograf&#237;as forenses del cuerpo destrozado de Angelika Bl&#252;m estaban ahora junto a las de las dos v&#237;ctimas anteriores. Al lado de los mensajes de correo electr&#243;nico del asesino, hab&#237;an pegado fotocopias de p&#225;ginas de libros acad&#233;micos sobre rituales vikingos. Fabel hab&#237;a escrito los nombres de las tres v&#237;ctimas, la segunda identificada simplemente como &#191;Monique? en el centro del panel blanco. Encima de los nombres, Fabel hab&#237;a escrito Hijo de Sven y las palabras &#193;guila de Sangre. Arriba a la derecha, el nombre Hans Klugmann estaba unido con una flecha vertical a Arno Hoffknecht, que a su vez ten&#237;a una flecha que lo conectaba con Ulugbay/Yilmaz. Junto a esto, entre signos de interrogaci&#243;n, hab&#237;a escrito ucranianos. Al otro lado, hab&#237;a escrito los nombres de las dos chicas a las que hab&#237;an secuestrado con drogas utilizadas en las citas con violaci&#243;n. Aquello estaba unido a &#193;guila de Sangre con una l&#237;nea interrumpida por las palabras &#191;Culto odinista?.

Encima de la mesa hab&#237;a una carpeta con el informe de lo que le hab&#237;a contado el profesor Dorn y los informes forenses y patol&#243;gicos preliminares sobre el asesinato de Bl&#252;m. Encima de la carpeta, dentro de una bolsa de pl&#225;stico, estaba el m&#243;vil que hab&#237;a recuperado del piso de Klugmann. Todo el equipo principal de la Mordkommission, excepto Maria Klee, estaba ahora reunido en torno a la mesa de cerezo: Fabel, Werner Meyer, Anna Wolff y Paul Lindemann. A Fabel le molest&#243; que Maria no estuviera.

Est&#225; terminando algo -le explic&#243; Werner-. Ha dicho que no tardar&#237;a.

Adem&#225;s del equipo b&#225;sico de la Mordkommission, hab&#237;a media docena de detectives de la Kriminalpolizei a quienes Van Heiden hab&#237;a reclutado para apoyar la investigaci&#243;n. Fabel hab&#237;a llamado a Susanne Eckhardt, y tambi&#233;n asist&#237;a a la reuni&#243;n. Al final de la mesa, Van Heiden escuchaba impasible mientras Fabel resum&#237;a su conversaci&#243;n con Dorn. Cuando acab&#243;, Susanne Eckhardt fue la primera en hablar.

Entiendo que Herr Professor Dorn haya sido capaz de recurrir a su pericia como historiador, pero &#191;por qu&#233; est&#225; tan interesado en, bueno, para serte sincera, la psicolog&#237;a amateur? Ha identificado el modus operandi como un m&#233;todo que recuerda a este rito de sacrificio, pero tambi&#233;n parece haber extrapolado un perfil del asesino.

El profesor Dorn lleva muchos a&#241;os trabajando con criminales -dijo Fabel.

Pero eso no le faculta para

Fabel se volvi&#243; y mir&#243; fijamente a Susanne. Hab&#237;a frialdad en su voz.

Dorn fue mi profesor de historia europea en la universidad. Su hija, Hanna, fue secuestrada, violada y asesinada. Hace unos veinte a&#241;os. Ella ten&#237;a veintid&#243;s. Creo que el profesor Dorn tiene un conocimiento m&#225;s -busc&#243; la palabra exacta- &#237;ntimo del asesinato que nosotros.

Lo que Fabel no dijo fue que Hanna Dorn era su novia cuando sucedieron los hechos; que s&#243;lo llevaba saliendo con ella un par de semanas; que estaban a punto de cruzar esa l&#237;nea entre la torpeza y la intimidad cuando un camillero de treinta a&#241;os llamado Lutger Voss la rapt&#243; mientras volv&#237;a a casa despu&#233;s de una cita con Fabel. La polic&#237;a le pregunt&#243; por qu&#233; no la hab&#237;a acompa&#241;ado a casa. &#201;l se hab&#237;a hecho la misma pregunta una y otra vez, y que tuviera que acabar un trabajo nunca le hab&#237;a parecido una respuesta lo bastante importante. Fabel se licenci&#243; justo despu&#233;s del juicio. Inmediatamente despu&#233;s, se incorpor&#243; a la polic&#237;a de Hamburgo.

Van Heiden rompi&#243; el inc&#243;modo silencio.

&#191;Qu&#233; probabilidades hay de que todo esto sea cierto, Frau Doktor? &#191;Cree usted que este psic&#243;pata cree en esta tonter&#237;a del &#193;guila de Sangre?

Es posible. Claro que es posible. Y eso explicar&#237;a la religiosidad de los mensajes. Pero si todo esto es cierto, nos enfrentamos a una psicopat&#237;a mucho m&#225;s sofisticada y estructurada. Dir&#237;a que lo planea todo con sumo detalle y con mucha antelaci&#243;n. Lo cual significa que deja el m&#237;nimo resquicio al azar.

Fabel hac&#237;a girar un l&#225;piz entre los dedos. Suspir&#243; y lo lanz&#243; sobre la mesa.

Y eso significa que es menos probable que cometa un error y nos deje una pista. Y un motivo religioso significa, como ya sospech&#225;bamos, que habr&#237;a emprendido una especie de cruzada, a menos que todo sea una cortina de humo. O al menos una cortina de humo en parte

&#191;Qu&#233; quieres decir? -pregunt&#243; Susanne.

No s&#233; exactamente qu&#233; quiero decir. No tengo ninguna duda de que nuestro hombre cree en toda esa mierda, pero quiz&#225; no sea lo que lo impulsa a matar. Quiz&#225; est&#233; escondiendo otro motivo detr&#225;s de todo esto. &#191;Por qu&#233; borr&#243; todos los archivos del ordenador de Bl&#252;m? &#191;Y por qu&#233; rob&#243; documentos? Y no soy el &#250;nico que ha pensando en esta posibilidad.

Entonces, Fabel hizo un breve resumen de lo que le hab&#237;a dicho Brauner.

&#191;Frau Doktor? -Van Heiden le invit&#243; a que respondiera a la afirmaci&#243;n de Fabel. Susanne frunci&#243; el ce&#241;o.

Es posible. Las personas que tienen un motivo para asesinar a menudo lo disfrazan para que encaje con alg&#250;n otro plan psicol&#243;gico. -Se dirigi&#243; de nuevo a Fabel-. &#191;Quieres decir que puede haber una divisi&#243;n entre motivo y m&#233;todo? &#191;Que su necesidad de matar no obedece al placer o la realizaci&#243;n psic&#243;tica que el asesino obtiene con el asesinato?

Exacto.

Es posible. No puedo decir que sea probable, pero es posible.

La puerta de la sala de reuniones se abri&#243;. Maria Klee entr&#243; con una carpeta gruesa y se disculp&#243; por llegar tarde, aunque no parec&#237;a muy arrepentida y s&#237; bastante satisfecha de s&#237; misma. Fabel se qued&#243; callado un segundo antes de seguir.

La &#250;nica forma de estar seguros -continu&#243; Fabel- es verificando m&#225;s hechos. Hay que encontrar m&#225;s pruebas. Si las v&#237;ctimas est&#225;n relacionadas de alg&#250;n modo, tenemos que encontrar esa conexi&#243;n. Y hay que encontrar a Klugmann y descubrir qu&#233; nos oculta. &#191;Hemos avanzado en ese tema?

Anna Wolff contest&#243;.

No, jefe. Lo siento. Es obvio que Klugmann sabe perderse. Estamos vigilando de cerca a su novia, Sonja, pero no ha intentado ponerse en contacto con ella.

Fabel se toc&#243; la barbilla con el pulgar y el &#237;ndice. Estaba preocupado.

Quiero que estudiemos m&#225;s detenidamente la conexi&#243;n odinista. Tengo un nombre que hay que comprobar, el Templo de Asatru. Werner, tambi&#233;n quiero que vayas a visitar al se&#241;or MacSwain otra vez y le preguntes d&#243;nde estaba cuando asesinaron a Angelika Bl&#252;m.

&#191;Crees que es un posible sospechoso?

Bueno, no nos dio tiempo de montar la vigilancia sobre &#233;l y, m&#225;s o menos, podr&#237;a encajar con la descripci&#243;n que nos dio la chica del edificio de Bl&#252;m. Aunque si los datos son exactos, MacSwain tiene el pelo demasiado oscuro. -Fabel hizo una pausa. Su mente avanzaba, y una irritaci&#243;n amarga se reflejaba en su rostro-. Es imposible establecer los hechos que relacionan a las tres v&#237;ctimas si no tenemos la identidad de una de ellas. Tenemos que averiguar sin falta la identidad de Monique. Es nuestra prioridad n&#250;mero uno. Alguien, en alg&#250;n lugar, tiene que saber qui&#233;n es.

Maria Klee lanz&#243; la carpeta que llevaba sobre la mesa de reuniones. Todo el mundo mir&#243; en su direcci&#243;n; sonre&#237;a de oreja a oreja, algo poco habitual en ella.

Yo lo s&#233;.

&#191;Qu&#233;? -dijeron Van Heiden y Fabel a la vez.

Conozco la identidad de Monique. Y tengo que decirte que es una bomba, jefe. -Maria se volvi&#243; hacia Van Heiden con aire de desaf&#237;o-. Y alguien, en alg&#250;n lugar, nos ha estado ocultando informaci&#243;n clave para esta investigaci&#243;n.

Por el amor de dios, Maria, dinos qui&#233;n es. -La voz de Fabel son&#243; tensa y d&#233;bil. Era el mayor avance en la investigaci&#243;n hasta el momento.

La v&#237;ctima se llama Tina Kramer. Ten&#237;a veintisiete a&#241;os. -Lo declaraci&#243;n sencilla de Maria pareci&#243; electrificar el aire viciado de la sala de reuniones-. La buena noticia es que he descubierto su identidad. La mala es c&#243;mo la he descubierto.

Al grano, Maria -dijo Fabel.

Como sab&#233;is, cotej&#233; sus huellas con nuestra base de datos y la del Bundeskriminalamt; es decir, la base de datos de delincuentes fichados. No encontr&#233; nada. As&#237; que ampli&#233; la b&#250;squeda. Hice la t&#237;pica comprobaci&#243;n de huellas por eliminaci&#243;n, en la que inclu&#237; las huellas dactilares que no pertenecen a delincuentes convictos.

Pero eso s&#243;lo nos deja las huellas de los miembros de la polic&#237;a -A media frase, la voz de Van Heiden se apag&#243; y su expresi&#243;n cambi&#243;.

Exacto -Maria abri&#243; la carpeta y sac&#243; una fotograf&#237;a tama&#241;o folio de una mujer. Rode&#243; la mesa, se puso detr&#225;s de Fabel y colg&#243; la imagen en la pizarra con una chincheta, al lado de donde Fabel hab&#237;a escrito Monique. Maria dio una palmada a la fotograf&#237;a como si quisiera pegarla para siempre en la pizarra de la investigaci&#243;n. Cogi&#243; el borrador y suprimi&#243; el nombre Monique de la pizarra, y cogi&#243; un rotulador de punta gorda para escribir Tina Kramer con grandes may&#250;sculas. Fabel se levant&#243; y se qued&#243; mirando la cara de la fotograf&#237;a: era la misma que la de la foto del dep&#243;sito de cad&#225;veres que hab&#237;a colgado al lado. Ten&#237;a el pelo m&#225;s oscuro de lo que &#233;l recordaba, peinado todo hacia atr&#225;s. Llevaba una camisa de uniforme color mostaza con charreteras verdes. Detr&#225;s de &#233;l, Fabel oy&#243; que el silencio electrificado de la sala estallaba en un murmullo de excitaci&#243;n. Al cabo de un rato, se dirigi&#243; a Maria.

Mierda, no me lo puedo creer &#191;Es una de los nuestros?

S&#237;. O al menos en parte. Pertenece -Maria se corrigi&#243; a s&#237; misma-. Pertenec&#237;a a la polic&#237;a de Niedersachsen, con base en Hanover. Era Kommissarin de la Schutzpolizei. Seg&#250;n los datos que tengo, era de Hamburgo y, atentos a esto, fue trasladada al Bundeskriminalamt; concretamente al BAO, aqu&#237; en Hamburgo. -Maria examin&#243; un informe de la carpeta-. Y no es una cagada administrativa con las huellas. En 1995, serv&#237;a en un Sonder Einsatz Kommando de armas especial de la polic&#237;a de Niedersachsen con base en Hanover. Hubo un atraco a un furg&#243;n de seguridad y se produjo un tiroteo entre los atracadores y la unidad. Recibi&#243; un disparo en la pierna. En el muslo derecho. Es nuestra chica, no hay duda.

&#191;La trasladaron al BAO? -Fabel se volvi&#243; hacia Van Heiden. Su voz era seria y fr&#237;a.

Ni se te ocurra, Fabel. -Van Heiden hizo una mueca y un gesto con las manos como queriendo apartar de s&#237; la acusaci&#243;n-. &#161;Yo no sab&#237;a nada de esto! La Besondere Aufbau Organisation tiene una estructura bastante aut&#243;noma, pero te juro que voy a descubrir qui&#233;n lo autoriz&#243; sin saberlo o aprobarlo.

S&#243;lo para que me quede claro -intervino Susanne-. &#191;El BAO es la unidad especial encargada de la lucha contra el terrorismo internacional?

S&#237; -respondi&#243; Maria-. Es una colaboraci&#243;n entre nosotros, el Bundeskriminalamt, el servicio secreto del BND y el FBI estadounidense. Su objetivo principal es recabar informaci&#243;n de inteligencia.

Y seguramente llevan a cabo operaciones encubiertas -a&#241;adi&#243; Fabel. Se volvi&#243; hacia Maria-. &#191;Segu&#237;a en el BAO?

S&#237;. Y el traslado comenz&#243; hace poco m&#225;s de un a&#241;o.

Van Heiden y Fabel se miraron. Pero fue Werner quien expres&#243; lo que todos estaban pensando.

Justo antes de que Klugmann fuera expulsado del cuerpo. Esta v&#237;ctima -Mir&#243; a Maria.

Tina Kramer.

Esta v&#237;ctima, Tina Kramer -continu&#243; Werner-, es agente del BAO, una unidad de inteligencia de lucha contra el crimen y el terrorismo altamente secreta, y tambi&#233;n es ex agente del SEK. Y Klugmann es ex miembro del Mobiles Einsatz Kommando.

Maria Klee volvi&#243; a ocupar su asiento en la mesa, se recost&#243; en la silla y se pas&#243; los dedos por el pelo rubio y corto.

A lo que hay que a&#241;adir el hecho de que desaparecieran de la escena del crimen una c&#225;mara de v&#237;deo y lo que hubiera grabado en ella. Y todo esto cuando asesinan a uno de los principales padrinos del crimen organizado. -Se inclin&#243; hacia delante, entrelaz&#243; los dedos y apoy&#243; su peso sobre los codos-. &#191;Record&#225;is que me parec&#237;a tener visto a Klugmann?

S&#237; Dios m&#237;o, es cierto -dijo Fabel-. Pero no sab&#237;as de qu&#233;.

Le he estado dando vueltas. No sab&#237;a de qu&#233; me sonaba. Pero cuando descubr&#237; qui&#233;n era Tina Kramer, se me ocurri&#243; mirar el historial de Klugmann en el Bundeskriminalamt. Y &#191;sab&#233;is qu&#233;? El historial que consta en los registros federales y su hoja de servicios de la polic&#237;a de Hamburgo no coinciden. Hay un baile de fechas. En concreto, el a&#241;o en que se licenci&#243; en el ej&#233;rcito. Sali&#243; seis meses antes de lo que dice su historial y aparece en un lugar muy interesante.

&#191;D&#243;nde?

En Weingarten.

Una sonrisa amarga de complicidad irrumpi&#243; en el rostro de Fabel.

Claro. Tendr&#237;a que haberlo sabido. &#191;La escuela de reconocimiento a distancia de la OTAN?

Exacto.

&#191;Fabel? -dijo Van Heiden, e hizo un gesto de impaciente confusi&#243;n.

Est&#225;n todos en el ajo, joder. Si lleva iniciales, est&#225; implicado. -Se dej&#243; caer en la silla y tir&#243; el l&#225;piz sobre la mesa-. La escuela de reconocimiento a distancia en Weingarten es donde se entrena el GSG9. Una unidad antiterrorista de &#233;lite que oficialmente est&#225; integrada por polic&#237;as y que forma parte de la polic&#237;a fronteriza de Alemania. Pero, sin embargo, nuestros primos brit&#225;nicos enviaron al SAS para que entrenara al GSG9.

En cuanto vi eso, todo encaj&#243; -dijo Maria-. Conoc&#237; a Klugmann en un seminario en Weingarten, cuando yo estaba en el Mobiles Einsatz Kommando. S&#243;lo intercambi&#233; unas palabras con &#233;l, y no sab&#237;a c&#243;mo se llamaba. Llevaba el pelo rapado y estaba mucho m&#225;s delgado. Pero me apuesto el sueldo de un mes a que era Klugmann. -Apret&#243; los labios, y su boca form&#243; una l&#237;nea recta desalentadora-. Se trata de una operaci&#243;n secreta. Klugmann es el agente secreto infiltrado, y utiliza tanto como puede su historial real para ganarse credibilidad. Tina Kramer es su control. Tiene una identidad falsa, pero no est&#225; infiltrada.

Fabel respir&#243; hondo.

&#161;Eso es! Joder. Ah&#237; es exactamente donde nos llevaba este maldito caso. Nuestro supuesto asesino en serie ha eliminado a una agente federal secreta. Es una coincidencia enorme. Tenemos que volver sobre el primer asesinato, la abogada, y ver si hay alguna conexi&#243;n entre ella y esta polic&#237;a. Y tenemos que comprobar qu&#233; relaci&#243;n tienen con Angelika Bl&#252;m. -Se volvi&#243; hacia Van Heiden-. Tendremos que echarle la bronca a alguien, Herr Kriminaldirektor. Estamos hasta el cuello de mujeres despedazadas, y estos idiotas andan jugando a los esp&#237;as. Tendr&#237;an que habernos informado de la identidad de esta chica en cuanto apareci&#243; muerta.

Ya sabemos a qu&#233; ven&#237;a esa llamada telef&#243;nica de doce minutos a un n&#250;mero inexistente -le interrumpi&#243; Werner.

Fabel dio una palmada sobre la mesa.

&#161;Dios santo, tienes raz&#243;n! Klugmann debi&#243; de llamar para recibir instrucciones. El pobre estaba de verdad en estado de choque aquella noche. Se encuentra a su contacto como reci&#233;n salida del matadero y llama a su control para saber qu&#233; tiene que hacer. Le dicen que llame a la polic&#237;a, pero que siga adelante con la operaci&#243;n y siga infiltrado. &#161;Cabrones! -Se volvi&#243; de nuevo hacia Van Heiden-. Esto es obstrucci&#243;n y ocultaci&#243;n de pruebas. Quiero que alguien acabe en la c&#225;rcel por esto. &#191;Cuento con su apoyo?

Fabel esperaba que a Van Heiden le molestar&#237;a que le hiciera esa pregunta delante de todo el equipo. Sin embargo, el rostro de Van Heiden transmiti&#243; firmeza, seriedad y determinaci&#243;n.

Me asegurar&#233; de que consigas lo que necesites, Herr Kriminalhauptkommissar.

Fabel asinti&#243; con la cabeza para darle las gracias. Van Heiden ser&#237;a muchas cosas, pero tambi&#233;n era un polic&#237;a serio y honrado. Fabel se volvi&#243; hacia sus dos tenientes.

Buen trabajo, Mar&#237;a, buen trabajo. Igualmente, Werner, por establecer la relaci&#243;n con la llamada telef&#243;nica.

Hablando de eso -dijo Van Heiden, y descolg&#243; el tel&#233;fono de la sala de reuniones y puls&#243; el bot&#243;n de su secretaria-. P&#243;ngame con el Hauptkommissar Wallenstein del BAO.

Con urgencia, Fabel indic&#243; a su jefe que se detuviera. Van Heiden cancel&#243; la llamada y colg&#243; el auricular.

&#191;Qu&#233; tienes en mente, Fabel?

Fabel sac&#243; el m&#243;vil de Klugmann de la bolsa de pruebas. Mir&#243; de manera inquisidora a Van Heiden, quien asinti&#243; con la cabeza de forma breve y seria. Fabel encendi&#243; el tel&#233;fono y puls&#243; la tecla de rellamada del &#250;ltimo n&#250;mero marcado. Al otro lado de la l&#237;nea, el tel&#233;fono son&#243; tres veces. De nuevo, nadie habl&#243; cuando descolgaron.

Soy el Kriminalhauptkommissar Fabel de la Mordkommission de la polic&#237;a de Hamburgo. Quiero que me escuche con mucha atenci&#243;n y transmita esta informaci&#243;n a quien est&#233; al mando. Su operaci&#243;n est&#225; en peligro. Lo sabemos todo acerca de Tina Kramer y su otro agente. -Fabel tuvo mucho cuidado en no mencionar el nombre de Klugmann: a&#250;n segu&#237;a en su papel de infiltrado, y si el presentimiento que hab&#237;a tenido Fabel sobre qui&#233;n escuchaba al otro lado no era correcto, el error que cometer&#237;a podr&#237;a ser letal-. Estoy con el Kriminaldirektor Van Heiden de la polic&#237;a de Hamburgo y pasaremos un informe completo de la situaci&#243;n al Erste B&#252;rgermeister y al Bundeskriminalamt. -Fabel hizo otra pausa. Tampoco obtuvo respuesta, pero no le colgaron. Ahora la voz de Fabel adopt&#243; un tono m&#225;s duro, m&#225;s intenso-. Su agente est&#225; en peligro, y su tapadera ha quedado al descubierto. Fuera lo que fuera lo que esperaban alcanzar, ya no es alcanzable. Lo &#250;nico que est&#225;n haciendo es obstruir una importante investigaci&#243;n de asesinato. Si no colaboran con nuestra investigaci&#243;n con transparencia total, le prometo que me asegurar&#233; de que se presenten cargos contra aquellas personas que est&#233;n detr&#225;s de esta operaci&#243;n.

Hubo un silencio eterno, y luego una voz femenina contest&#243;:

&#191;Est&#225; con nuestro agente?

Fabel mir&#243; a las personas sentadas en torno a la mesa con una expresi&#243;n casi triunfal.

No. A&#250;n anda suelto. Lo estamos buscando. &#191;Con qui&#233;n hablo?

La mujer obvi&#243; la pregunta.

Hemos perdido el contacto con nuestro agente. Por favor, si lo localiza, av&#237;senos. Llame a este n&#250;mero. En breve, alguien lo llamar&#225;, Kriminalhauptkommissar. -Colgaron. Fabel solt&#243; una risa amarga.

Siempre pens&#233; que hab&#237;a algo raro en Klugmann. Pero nunca imagin&#233; que ser&#237;a en el buen sentido, ya me entend&#233;is.

Sigue siendo poli, &#191;verdad? -pregunt&#243; Werner.

S&#237;. No s&#233; seguro para qui&#233;n trabaja, pero me hago una idea. Bueno, en cualquier caso, pronto lo descubriremos.

Nadie dijo nada. Nadie pareci&#243; advertir lo extra&#241;a que era aquella situaci&#243;n: una sala llena de agentes de polic&#237;a en silencio, donde casi se pod&#237;a cortar el aire, y todos los ojos clavados en el m&#243;vil del agente secreto desaparecido. Pasaron varios minutos. Entonces, el timbre electr&#243;nico apremiante del tel&#233;fono llen&#243; la sala. Todos se sobresaltaron cuando son&#243;.

Ahora le tocaba a Fabel permanecer callado al coger el m&#243;vil y pulsar el bot&#243;n de responder con el pulgar.

&#191;Hauptkommissar Fabel? -Fabel reconoci&#243; al instante la voz indecisa que habl&#243; al otro lado de la l&#237;nea, pero estaba demasiado cabreado para las cortes&#237;as de rigor.

Lo espero en mi despacho en menos de una hora, Herr Oberst Volker. -Fabel colg&#243;.


Fabel tard&#243; s&#243;lo veinte minutos en poner punto y final a la reuni&#243;n informativa, y adjudic&#243; a su equipo tareas de investigaci&#243;n y de seguimiento. Despu&#233;s, se qued&#243; esperando en su despacho. Conect&#243; el buz&#243;n de voz del m&#243;vil y les dijo a Werner y a Maria que necesitaba estar a solas unos minutos para recomponerse antes de que llegara Volker. Necesitaba recopilar las ideas, los hechos y los conceptos surgidos del impacto que hab&#237;a tenido al conocer la identidad de la segunda v&#237;ctima. Mir&#243; por la ventana hacia el Winterhuder Stadtpark y la ciudad que se extend&#237;a detr&#225;s. Pero no miraba nada en concreto. Su mente estaba en una zona oscura: aquella mitad gris del mundo que le hab&#237;a descrito Yilmaz, donde el espacio ocupado por los agentes de la ley est&#225; en alg&#250;n punto entre lo legal y lo conveniente, un espacio de nubes y sombras.

No es f&#225;cil ser alem&#225;n. Se lleva a cuestas el exceso de equipaje de la historia reciente mientras, en comparaci&#243;n, otros europeos viajan ligeros. Diez siglos de cultura y progreso quedaron eclipsados por doce a&#241;os a mediados de siglo, doce a&#241;os en los que el mal m&#225;s extremo se convirti&#243; en algo habitual. Aquellos doce a&#241;os definieron al mundo qu&#233; era ser alem&#225;n; a la mayor&#237;a de alemanes definieron qu&#233; era ser alem&#225;n. Ahora, no eran de fiar. Y los alemanes no volver&#237;an a confiar nunca en s&#237; mismos.

Cada alem&#225;n centraba esta desconfianza en un lugar concreto, un aspecto de la vida alemana que tuviera una resonancia discordante, inquietante. Para algunos, era algo geogr&#225;fico: los alemanes del norte desconfiaban de los del sur por su provincianismo fascista; o los alemanes occidentales, los Wessis, desconfiaban de los Ossis, los alemanes del Este, por miedo a que el nazismo se hubiera conservado criog&#233;nicamente en la larga helada del comunismo y que ahora empezara a descongelarse. Para otros, era algo generacional: los manifestantes de 1968 y 1969 que se rebelaron contra la generaci&#243;n de la guerra y el conservadurismo tradicional alem&#225;n; la nueva generaci&#243;n que para dirigirse a alguien utilizaba Du en vez de Sie, desformalizando y liberalizando el propio idioma alem&#225;n.

El centro de la desconfianza de Fabel era la maquinaria oculta del Estado: los &#243;rganos internos de una democracia nueva que hab&#237;an sido trasplantados de una dictadura moribunda. Y justo en el centro de todo ello, en el punto de mira de la desconfianza de Fabel, estaba el BND.

El Bundesnachrichtendienst se hab&#237;a creado en 1965. Formaba parte de la maquinaria de la guerra fr&#237;a, como contrapeso al Stasi de la Alemania Oriental, o Staatssicherheitsdienst. El primer director del BND hab&#237;a sido el general Gehlen. La verdad era que desde que acab&#243; la segunda guerra mundial, el BND hab&#237;a operado como la Organizaci&#243;n Gehlen. Gehlen hab&#237;a sido general de la Abwehr, el servicio de inteligencia nazi, que hab&#237;a colocado a esp&#237;as en el Reino Unido, Estados Unidos y por todo el mundo. La Abwehr tambi&#233;n hab&#237;a operado como unidad de contraespionaje, localizando a agentes de la resistencia y a esp&#237;as de los aliados en la Europa ocupada. En el desarrollo de sus funciones, hab&#237;a demostrado un apetito por las torturas ligeramente menor que la Gestapo o las SS. Despu&#233;s de la guerra, los norteamericanos tuvieron que hacer frente a una nueva amenaza, el comunismo sovi&#233;tico, y descubrieron que carec&#237;an de una red de inteligencia importante sobre la Europa del Este. Pero conoc&#237;an a alguien que s&#237; dispon&#237;a de una red as&#237;: los alemanes. As&#237; que en Pullach, cerca de Munich, se cre&#243; la Agencia de desarrollo econ&#243;mico del sur de Alemania; pusieron a Gehlen al frente, y los aliados le dijeron que pod&#237;a reclutar a todo el personal que necesitara.

Gehlen recorri&#243; los campos de internamiento y liber&#243; a docenas de hombres de las SS, quienes se incorporaron a la nueva red de inteligencia. Y Gehlen ten&#237;a la colaboraci&#243;n y el consentimiento plenos de los aliados. Parec&#237;a que no era momento de ponerse sentimental por unos pocos millones de jud&#237;os.

La Organizaci&#243;n Gehlen, y el BND, su sucesor, no tuvieron &#233;xito, ni mucho menos. El Stasi de la Alemania Oriental infiltr&#243; a agentes suyos en la organizaci&#243;n desde el principio, y hubo diversos fracasos bastantes espectaculares y muy p&#250;blicos. Despu&#233;s de la reunificaci&#243;n de Alemania, el BND dej&#243; de tener su raison d'etre original, y comenz&#243; a buscar un nuevo papel. La lucha antiterrorista, en la que estaba implicado desde finales de los sesenta, se convirti&#243; en su funci&#243;n m&#225;s importante. Pero ahora hab&#237;a que lidiar con grupos emergentes de neonazis, as&#237; como con facciones izquierdistas como la Rote Armee-Fraktion.

A mediados de los noventa, se decidi&#243; que el BND participara en la lucha contra el crimen organizado, algo que Fabel y otros polic&#237;as hab&#237;an visto con mucho escepticismo. Fabel era consciente de que las sombras de las maquinarias malignas del Estado que hab&#237;an introducido los nazis eran alargadas y oscuras. Y para &#233;l, el BND yac&#237;a medio escondido entre esas sombras. Fabel no confiaba en el BND. Volker era el BND.

Unas nubes se desplazaron raudas por un cielo casi despejado. Fabel sigui&#243; mirando fijamente por la ventana, como si mirara m&#225;s all&#225; de lo visible. De Volker a Klugmann. Del BND al GSG9.

Fabel ten&#237;a el expediente adulterado de Klugmann sobre la mesa. Se dio la vuelta y volvi&#243; a mirar la fotograf&#237;a. El lugar que ocupaba Klugmann en la investigaci&#243;n hab&#237;a cambiado, y ahora Fabel lo miraba desde una perspectiva distinta. La cara del expediente era la misma, pero era como si Fabel la viera por primera vez e interpretara sus facciones de forma distinta. Estaba bastante seguro de que Klugmann era agente del GSG9, lo cual, t&#233;cnicamente, le hac&#237;a mantener su condici&#243;n de polic&#237;a. Oficialmente, el GSG9 -el Grenzschutzgruppe Neun- formaba parte de la polic&#237;a fronteriza de Alemania, pero la tarea de sus agentes no ten&#237;a nada que ver con comprobar pasaportes o mirar debajo de los camiones de frutas para descubrir a inmigrantes en busca de asilo. El GSG9 naci&#243;, ir&#243;nicamente, de la desconfianza de Alemania hacia s&#237; misma.

La decisi&#243;n de celebrar los Juegos Ol&#237;mpicos de 1972 en M&#250;nich fue un momento decisivo de la historia de Alemania. La imagen mental que nac&#237;a al unir los conceptos de Alemania y tradici&#243;n ol&#237;mpica dejar&#237;a de empezar y acabar con esv&#225;sticas ondeando sobre los Juegos de Berl&#237;n de 1936.

A las cuatro y media de la madrugada del 15 de septiembre de 1972 a&#250;n era de noche cuando un grupo reducido de personas, vestidas de atletas y con bolsas de deporte, entraron sigilosamente en la villa ol&#237;mpica de Munich. Su destino era el n&#250;mero 31 de la Connollystrasse: el alojamiento de la delegaci&#243;n israel&#237;. Diecis&#233;is horas despu&#233;s, por la pista de la base a&#233;rea militar de F&#252;rstenfeldbruck, a veinticinco kil&#243;metros al oeste de la villa ol&#237;mpica, yac&#237;an desparramados los restos de metal retorcido de un helic&#243;ptero que hab&#237;a explotado y los cad&#225;veres de cinco terroristas del grupo Septiembre Negro, de un polic&#237;a y de nueve rehenes israel&#237;es. Antes, en la villa ol&#237;mpica, hab&#237;an sido asesinados dos atletas israel&#237;es m&#225;s.

Con las atrocidades de las SS tan vivas en la memoria colectiva, Alemania se neg&#243; a s&#237; misma, por ley, el derecho de crear una unidad antiterrorista militar de &#233;lite, como el SAS brit&#225;nico o el Delta Force estadounidense. El resultado de la falta de preparaci&#243;n de Alemania fue un intento de rescate desastroso e improvisado, llevado a cabo por tiradores sin la formaci&#243;n necesaria. El resultado tambi&#233;n fue diecisiete muertos bajo la mirada impasible de los medios de comunicaci&#243;n de todo el mundo. Diecis&#233;is meses despu&#233;s de aquello, el GSG9 comenzaba su actividad, planeado y organizado por Ulrich Wegener, un agente de cuarenta y tres a&#241;os, nacido en el seno de una familia patricia de la Alemania Oriental. Wegener era una espina que las autoridades de la Alemania Oriental ten&#237;an clavada, y el Stasi lo encarcel&#243; durante dos a&#241;os por hacer campa&#241;a a favor de la democracia y la reunificaci&#243;n. Cuando lo soltaron, Wegener escap&#243; a la Alemania Federal y se incorpor&#243; a sus servicios de seguridad.

La premisa de la nueva unidad era sencilla: ning&#250;n miembro de las fuerzas armadas pod&#237;a servir en el GSG9, s&#243;lo polic&#237;as. En lugar de formar parte del ej&#233;rcito federal, el GSG9 era una unidad de trescientos cincuenta agentes de la polic&#237;a fronteriza. En 1977, Wegener se convertir&#237;a en el h&#233;roe de la operaci&#243;n m&#225;s exitosa del GSG9. La unidad, con la colaboraci&#243;n de dos observadores especiales del SAS brit&#225;nico, asalt&#243; en Mogadiscio (Somalia) un Boeing 707 de Lufthansa secuestrado despu&#233;s de que unos terroristas, que exig&#237;an la liberaci&#243;n de los miembros del grupo Baader-Meinhof encarcelados en Alemania, mataran al comandante. Wegener dirigi&#243; el asalto personalmente y mat&#243; a uno de los terroristas. Fue el momento cumbre del GSG9.

Entonces, la &#233;poca gloriosa acab&#243;. En junio de 1993, el GSG9 intent&#243; detener a Wolfgang Grams, un miembro de la Rote Armee-Fraktion en una estaci&#243;n de tren de Bad Klienen, en la Alemania Oriental. La operaci&#243;n se torci&#243;, y Grams mat&#243; a un polic&#237;a e hiri&#243; a otro. El informe oficial, confirmado por pruebas forenses, afirmaba que, tras los hechos, Grams se hab&#237;a suicidado. Sin embargo, testigos civiles declararon haber visto que los agentes del GSG9 inmovilizaban a Grams en el suelo y le pegaban un tiro a quemarropa en la cabeza.

El esc&#225;ndalo subsiguiente supuso el fin de algunas carreras a nivel ministerial. Y el GSG9 se sumergi&#243; de nuevo en las sombras.

A Fabel no le entusiasmaba el GSG9, ni las unidades del Mobile y el Sonder Einsatz Kommando, dise&#241;adas a imagen y semejanza de los equipos del SWAT estadounidense, que hab&#237;an surgido en casi todos los cuerpos policiales de Alemania. La l&#237;nea entre polic&#237;a y soldado estaba cada vez menos clara e iba en contra de todos los instintos de Fabel. Con su opini&#243;n sobre estas unidades paramilitares no se hab&#237;a ganado ninguna amistad en los niveles superiores del Pr&#228;sidium, en especial cuando se&#241;alaba como ejemplo a la Polic&#237;a Montada del Canad&#225;. Esta hab&#237;a creado una unidad parecida al GSG9. La llamaron el SERT -el equipo de fuerzas especiales de emergencia-, y era una unidad antiterrorista sumamente eficaz. Y la disolvieron. Los agentes canadienses del SERT no pudieron conciliar el imperativo de matar que impon&#237;an las operaciones antiterroristas con su instinto natural como agentes de polic&#237;a de preservar y proteger la vida. Fabel hab&#237;a pensado siempre que &#233;sos eran la clase de polic&#237;as con los que le gustar&#237;a trabajar.

Se centr&#243; en el rostro de Klugmann de la fotograf&#237;a del historial. Era una cara m&#225;s flaca que la que hab&#237;a visto en la sala de interrogatorios encalada de la comisar&#237;a de Davidwache. Era una cara tensa; los m&#250;sculos y ligamentos tirantes sujetaban con firmeza la piel al cr&#225;neo poderoso. Era el tipo de cara que dec&#237;a que el cuerpo oculto al que pertenec&#237;a era fuerte y atl&#233;tico. La fotograf&#237;a no era tan antigua; Klugmann debi&#243; de abandonarse para crear su identidad secreta.

Lo que Fabel no comprend&#237;a del todo era por qu&#233; se utilizaba a un agente del GSG9 para una operaci&#243;n secreta. El sigilo del GSG9 ten&#237;a una funci&#243;n t&#225;ctica y operativa, no se deb&#237;a a que recababa informaci&#243;n de inteligencia. Fabel no dudaba en absoluto de que si Mar&#237;a estaba convencida de haberse cruzado con Klugmann en Weingarten, era ah&#237; exactamente donde lo hab&#237;a visto. Y los dos lugares que el GSG9 utilizaba para su adiestramiento eran Hangelar y Weingarten. No hab&#237;a duda de que, con tantas agencias especiales implicadas, fuera cual fuera el centro de la operaci&#243;n, el objetivo era importante. Volker era del BND; Klugmann, del GSG9. Fabel cre&#237;a que la chica muerta, Tina Kramer, en realidad tambi&#233;n era del BND. Parec&#237;a que s&#243;lo la polic&#237;a de Hamburgo hab&#237;a quedado excluida de la operaci&#243;n. Y Fabel no ten&#237;a raz&#243;n alguna para dudar de la palabra de Van Heiden sobre que no sab&#237;a nada en absoluto de la operaci&#243;n. Entonces, &#191;por qu&#233; se hab&#237;a dejado al margen al principal cuerpo de seguridad de Hamburgo?

Llamaron a la puerta de un modo que no era ni indeciso ni seguro. Volker entr&#243; en el despacho de Fabel sin esperar a que &#233;ste le invitara a pasar. Algo hab&#237;a cruzado el rostro de Volker y se hab&#237;a llevado con &#233;l cualquier vestigio de cordialidad. La expresi&#243;n de Volker no era hostil, pero tampoco transmit&#237;a ninguna otra emoci&#243;n reconocible. Fabel se dio cuenta de que era el rostro que Volker ten&#237;a detr&#225;s de su m&#225;scara de afabilidad. Los ojos oscuros estaban vac&#237;os, y ten&#237;a la boca apretada. Volker llevaba una gruesa carpeta verde debajo del brazo. Fabel le indic&#243; con la mano que tomara asiento.

&#191;Qu&#233; es lo que quiere saber, Fabel? Le dir&#233; lo que pueda.

Cuando Fabel habl&#243;, hab&#237;a seriedad en su voz.

No, Volker, no me dir&#225; s&#243;lo lo que pueda decirme -Fabel le hizo una se&#241;a a Werner, quien se acerc&#243;, cerr&#243; la puerta con toda la intenci&#243;n, apoy&#243; su cuerpo robusto contra ella y cruz&#243; los brazos rollizos sobre el pecho-. Me dir&#225; todo lo que yo quiera saber. Y si no lo hace, le prometo que lo meter&#233; en una celda, presentar&#233; cargos contra usted por obstruir una investigaci&#243;n de asesinato y filtrar&#233; la historia a la prensa antes de que sus amigos de Pullach puedan sacarlo de esto.

Ten&#237;amos una raz&#243;n muy buena para no soltar prenda, Fabel. A&#250;n estamos en el mismo bando, &#191;sabe? -El rostro de Volker segu&#237;a inexpresivo.

&#191;Ah, s&#237;? Estoy intentando resolver una serie de asesinatos sanguinarios, y ha estado ocult&#225;ndome informaci&#243;n, informaci&#243;n clave. Mis hombres han estado perdiendo el tiempo por todo Hamburgo intentando descubrir qui&#233;n era la segunda v&#237;ctima mientras usted entraba y sal&#237;a tranquilamente del Pr&#228;sidium con su identidad en el bolsillo. Mientras tanto, asesinan a una tercera v&#237;ctima. Usted va por ah&#237; jugando a los agentes secretos, y una pobre mujer lo paga con su vida.

No existe conexi&#243;n alguna entre Tina Kramer y las otras dos v&#237;ctimas.

&#191;C&#243;mo puede estar tan seguro?

Volker medio lanz&#243; la pesada carpeta verde sobre la mesa.

Est&#225; todo ah&#237;, Fabel. Todo lo que tenemos sobre nuestra operaci&#243;n. &#205;bamos a compartirlo con usted de todas formas. S&#243;lo necesit&#225;bamos que Klugmann apareciera. Hemos hecho nuestras comprobaciones sobre la relaci&#243;n de las otras dos v&#237;ctimas con Tina Kramer y no hemos encontrado nada. Tina estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Su asesino debi&#243; de elegirla al azar, como a las otras v&#237;ctimas.

Eso es una patra&#241;a, Volker. Coincidencias como &#233;sa no existen.

S&#237; existen, y en este caso es lo que fue. La agente Kramer no era nuestro agente secreto principal. Era Klugmann. Kramer ten&#237;a el piso para que Klugmann pudiera hablar con sus contactos del hampa. Lo arreglamos todo para que Klugmann fuera un ex poli corrupto, en concreto un ex agente de las fuerzas especiales que le tuviera rencor a la polic&#237;a. Est&#225; todo ah&#237; -Volker se&#241;al&#243; la carpeta-. La historia era que Kramer le alquilaba el piso a Klugmann con el nombre de Monique para sugerir que era puta. Pero se supone que el acuerdo era que Klugmann segu&#237;a usando el piso para sus reuniones secretas.

&#191;Reuniones con qui&#233;n? &#191;Cu&#225;l era el objetivo de la operaci&#243;n?

Observar. Klugmann rondaba las actividades del crimen organizado sin casarse con nadie. Trabajaba para Hoffknecht, que a su vez trabajaba para Ulugbay, pero no estaba vinculado a la organizaci&#243;n de Ulugbay. Ha estado dando voces para que se sepa que quiere participar en alg&#250;n negocio serio.

Eso no responde a mi pregunta. &#191;Qui&#233;n era el objetivo y qu&#233; finalidad ten&#237;a la operaci&#243;n?

Era una operaci&#243;n para recabar informaci&#243;n de inteligencia. El objetivo espec&#237;fico era una organizaci&#243;n nueva ucraniana muy poderosa que ha llegado a la ciudad. Sospechamos que ellos mataron a Ulugbay. -Fabel record&#243; lo que le hab&#237;a contado Mahmoot. Dej&#243; que Volker continuara-. Promovimos la operaci&#243;n porque nadie hablar&#225; sobre ellos. Nuestros contactos habituales tienen mucho miedo a hablar. Y con raz&#243;n. &#191;Recuerda que le he dicho que ten&#237;amos una buena raz&#243;n para no soltar prenda?

Fabel asinti&#243; con brusquedad.

Bueno, me temo que no le va a gustar. Nadie est&#225; dispuesto a hablar de esta nueva banda porque son incre&#237;blemente eficaces y despiadados a la hora de tratar con los informadores, los competidores o sencillamente con cualquiera que se interponga en su camino. M&#225;s a&#250;n, han dejado claro que tienen contactos dentro de la polic&#237;a de Hamburgo, y que si alguien habla, se enterar&#225;n.

&#191;Tienen confidentes en la polic&#237;a? No me lo creo -protest&#243; Fabel.

Eso es lo que sugiere nuestro servicio de inteligencia. No sabemos seguro d&#243;nde, pero tiene que ser a un nivel bastante alto. Por eso la polic&#237;a de Hamburgo qued&#243; excluida. Era una operaci&#243;n conjunta del LKA7 y el BND, y reclu&#237;amos a Klugmann del GSG9. Lo siento, pero tuvimos que hacerlo as&#237;.

&#191;Qu&#233; me dice de Buchholz y la divisi&#243;n de crimen organizado?

Volker neg&#243; con la cabeza.

Nadie de la polic&#237;a de Hamburgo est&#225; al corriente de la operaci&#243;n. Corre el rumor, aunque parezca mentira, de que estos ucranianos antes eran polic&#237;as y agentes de las fuerzas especiales del Ministerio del Interior sovi&#233;tico. Se supone que han establecido contactos con polic&#237;as que sirven en Alemania. Por eso le dimos a Klugmann esos antecedentes: cre&#237;mos que encajar&#237;a con mayor facilidad. Y como ten&#237;a un pasado aut&#233;ntico en las fuerzas especiales, su tapadera se sostendr&#237;a. Pero no pod&#237;amos arriesgarnos a que hubiera una filtraci&#243;n, as&#237; que aqu&#237; dentro nadie sabe nada.

Supongo que por eso cambiaron el historial de Klugmann en la polic&#237;a y que por eso no coincide con el historial federal.

Volker asinti&#243; con la cabeza.

&#191;Qui&#233;n dirige esta unidad ucraniana? -Werner habl&#243; sin moverse de la puerta. Volker no se volvi&#243; para contestar, sino que habl&#243; con Fabel como si hubiera sido &#233;l quien hab&#237;a formulado la pregunta.

&#201;se era uno de los objetivos principales de la operaci&#243;n. No lo sabemos. Por el momento no tiene ni rostro ni nombre

Igual que pas&#243; con nuestra segunda v&#237;ctima, pens&#243; Fabel.

Volker continu&#243;:

Klugmann ha establecido contacto con un tipo de la nueva banda ucraniana, a trav&#233;s de un miembro de la organizaci&#243;n de Yari Varasouv, o al menos de la organizaci&#243;n que antes dirig&#237;a Varasouv. Klugmann s&#243;lo conoce a su contacto por el nombre de Vadim Cree que su contacto es quien dice ser, s&#243;lo que ocupa un lugar bastante bajo en la jerarqu&#237;a; si no, no se expondr&#237;a. Dicho lo cual, creemos que s&#243;lo hay de diez a doce hombres en el grupo m&#225;s importante, los llamamos el Equipo Principal. Cada uno dirige a media docena de capitanes existentes de las bandas antiguas. La forma que tiene esta banda de operar da sentido a la palabra organizado en crimen organizado. El Equipo Principal opera casi como la estructura de mando de un ej&#233;rcito de ocupaci&#243;n. De hecho, han eliminado los gobiernos de las organizaciones principales de Hamburgo, liquidando a los jefes de la banda. Eso los deja con un cuerpo sin cabeza que pueden controlar. Comenzaron con las bandas ucranianas, rusas y otras de la Europa del Este, y luego centraron su atenci&#243;n en la organizaci&#243;n de Ulugbay. Empezaron a desestructurarla desde abajo. Y luego, por supuesto, eliminaron a Ulugbay de la estructura.

&#191;Por qu&#233; hablar&#237;an con Klugmann si su tapadera sugiere que es un don nadie?

Volker dud&#243;.

Le dimos algo a Klugmann con lo que pod&#237;a negociar.

&#191;El qu&#233;?

Fabel, tiene que entender que estamos jugando contra unos contrincantes muy peligrosos. Gente que a menudo es impredecible. Eso significa que a veces tenemos que correr riesgos. -Fabel no sab&#237;a lo que le contar&#237;a, pero ya sab&#237;a que no iba a gustarle. Volker suspir&#243;-. Les dimos los detalles de la reuni&#243;n del negocio de drogas donde asesinaron a Ulugbay.

Fabel se qued&#243; mirando a Volker con incredulidad.

&#191;Utilizaron una operaci&#243;n policial para ayudar a organizar la ejecuci&#243;n de un personaje important&#237;simo del hampa? Dios santo, &#191;hay algo que no har&#237;an?

&#161;Claro que no organizamos la ejecuci&#243;n! -La indignaci&#243;n de Volker no era convincente. Sus ojos se posaron en un punto de la mesa de Fabel-. Se jodi&#243; todo. A diferencia de lo que sabemos sobre esta banda nueva, nuestra informaci&#243;n de inteligencia sobre Ulugbay es excelente. Le dimos a Klugmann detalles de un negocio de drogas muy importante que iba a reportarle millones a Ulugbay. Pero no esper&#225;bamos que &#233;l fuera en persona. Klugmann ten&#237;a los detalles de la reuni&#243;n inicial, los nombres y datos de los colombianos implicados, las cantidades, etc&#233;tera. Klugmann pod&#237;a decir que hab&#237;a conseguido la informaci&#243;n a trav&#233;s de un contacto sobre el que ten&#237;a cierta influencia en la unidad de narc&#243;ticos del MEK. Fue suficiente para poner al descubierto a alguien del Equipo Principal. Es obvio que Vadim est&#225; en un nivel bajo del Equipo, pero eso es relativo cuando uno piensa en el poder que tiene cada uno de ellos. De todas formas, lo &#250;nico que quer&#237;amos era dar credibilidad a Klugmann. No fue f&#225;cil tomar esa decisi&#243;n. Tiramos a la basura una redada de drogas importante, pero pensamos que merec&#237;a la pena para desmantelar al Equipo Principal. Cre&#237;mos que los ucranianos aparecer&#237;an en la reuni&#243;n. Ten&#237;amos raz&#243;n. M&#225;s de lo que hubi&#233;ramos querido. Antes de que nos di&#233;ramos cuenta, los colombianos se hab&#237;an subido a un avi&#243;n camino a Bogot&#225;, y el cerebro de Ulugbay estaba desparramado por el suelo de un Parkhaus subterr&#225;neo.

&#191;Ulugbay cre&#237;a que iba a encontrarse con los colombianos?

S&#237;. Pero en lugar de eso se encontr&#243; con una bala. Como ya le he dicho, se supon&#237;a que no ten&#237;a que estar all&#237;. Cre&#237;mos que los ucranianos les quitar&#237;an el negocio o, como mucho, que robar&#237;an las drogas.

Dios santo, Volker, realmente no pod&#237;an cagarla m&#225;s, &#191;verdad?

Volker lanz&#243; a Fabel una mirada desafiadora.

No tiene ni idea de a qui&#233;n nos enfrentamos, Fabel. Tenemos a diez o doce ucranianos dur&#237;simos entrenados por el Spetznaz; todos sin rostro ni nombre, excepto uno. Ya ni siquiera corren rumores. Son como fantasmas, pero tienen pr&#225;cticamente a todo el hampa de Hamburgo en sus garras. S&#243;lo Yilmaz y lo que queda de la organizaci&#243;n de Ulugbay est&#225;n fuera de su control, pero no por mucho tiempo. Esta unidad ucraniana representa la mayor amenaza criminal que jam&#225;s ha vivido Hamburgo. Tenemos que tomar medidas radicales para detenerlos.

Fabel mir&#243; perplejo a Volker mientras asimilaba aquella informaci&#243;n. No se cre&#237;a que no supiera mucho m&#225;s de lo que Mahmoot ya hab&#237;a sido capaz de contarle.

&#191;Qu&#233; hay del l&#237;der? No me creo que no tengan nada sobre &#233;l.

No tenemos nada. Lo &#250;nico que sabemos es que el Equipo Principal est&#225; dirigido por un ex agente de alto rango del Ministerio del Interior ucraniano. No tenemos ni su nombre, ni una descripci&#243;n ni siquiera su edad, aunque sospechamos que ha servido en Chechenia. Y se rumorea que utiliza una brutalidad atroz para lograr sus objetivos.

&#191;C&#243;mo puede estar seguro de que no es &#233;l quien est&#225; detr&#225;s del asesinato de Tina Kramer?

Porque no tiene ning&#250;n sentido. Nadie ha descubierto la tapadera de Klugmann, excepto ahora, usted, y vamos a tener que hacerle volver. Pero no hay nada que relacione nuestra operaci&#243;n con las otras dos v&#237;ctimas. Y sin que descubrieran la tapadera de Klugmann, los ucranianos no ten&#237;an motivo alguno para matar a Kramer.

&#191;Qu&#233; dijo Klugmann cuando los llam&#243; aquella noche justo antes de denunciar el asesinato a la polic&#237;a?

Estaba hist&#233;rico. Nos cont&#243; lo que le hab&#237;a pasado a Kramer, y vimos que se trataba del mismo modus operandi del psic&#243;pata que hab&#237;a asesinado a la primera chica. Como he dicho, no vimos ninguna conexi&#243;n, pero tuve que tomar una decisi&#243;n operativa sobre la marcha. Le orden&#233; a Klugmann que volviera, que abortara la misi&#243;n. Por lo que sab&#237;amos, pod&#237;a ser que hubieran descubierto su tapadera. Le dije a Klugmann que cuando lo tuvi&#233;ramos a salvo, nos pondr&#237;amos en contacto con la polic&#237;a de Hamburgo y dar&#237;amos parte del asesinato.

Entonces, &#191;qu&#233; pas&#243;?

Klugmann es uno de los mejores agentes con los que he trabajado. Me dijo que le dejara seguir adelante, que le dejara ocuparse de la situaci&#243;n, comprobar si hab&#237;an descubierto su tapadera y dar parte &#233;l del asesinato a la polic&#237;a.

Fabel volvi&#243; a pensar en el interrogatorio en la comisar&#237;a de Davidwache. Klugmann deb&#237;a de tener unos recursos internos impresionantes. Se hab&#237;a quedado ah&#237; sentado, escuchando las amenazas de Werner, las preguntas de Fabel, y hab&#237;a asimilado el impacto del espantoso asesinato de su compa&#241;era. No se le hab&#237;a ca&#237;do la m&#225;scara ni una sola vez. Fabel hab&#237;a tenido sus sospechas, pero jam&#225;s se le ocurri&#243; algo as&#237;. Junto a la puerta, Werner expres&#243; los mismos pensamientos.

&#161;Qu&#233; cabr&#243;n! Vaya huevos tiene el t&#237;o, eso lo reconozco. &#191;Est&#225; a salvo?

No lo sabemos. Hemos perdido el contacto. Usted se llev&#243; su m&#243;vil, as&#237; que no podemos localizarlo ah&#237;. Y no nos ha llamado. Estamos muy preocupados.

Fue en ese momento cuando Maria Klee llam&#243; a la puerta. Su mirada era seria y resuelta, y le hizo una se&#241;a a Werner para que saliera del despacho.

Volker se volvi&#243; hacia el Kriminalhauptkommissar.

Tiene que creerme, Fabel, si hubi&#233;ramos cre&#237;do que la muerte de Kramer estaba relacionada con la operaci&#243;n, lo hubiera ido a ver de inmediato. En cualquier caso, s&#243;lo &#237;bamos a ocult&#225;rselo hasta que localiz&#225;ramos a Klugmann.

Fabel iba a decir algo cuando Werner volvi&#243; a entrar, con la expresi&#243;n imperturbable.

Parece que ya no tiene que preocuparse m&#225;s por Klugmann -dijo-. La Polizeidirektion de Harburg acaba de encontrar un cad&#225;ver en una piscina abandonada. Y la primera descripci&#243;n coincide con la de su hombre.


Lunes, 16 de junio. 11:50 h


Hamburgo-Harburg (Hamburgo)


Fabel, Werner y Maria Klee estaban de pie en el borde desconchado de una piscina que no hab&#237;a visto agua en a&#241;os. Volker los acompa&#241;&#243;, pero Fabel le hizo esperar tras el cord&#243;n policial.

Cuanta menos gente entre en la escena del crimen, mejor, al menos hasta que los del equipo forense hayan acabado su trabajo -le hab&#237;a explicado Fabel a Volker sin demasiado entusiasmo. La verdad era que cada vez le resultaba m&#225;s dif&#237;cil soportar la presencia de Volker. &#201;ste formaba parte de un grupo oscuro, del mundo de grises y sombras que Yilmaz hab&#237;a descrito, y Fabel no quer&#237;a relacionarse con &#233;l o con su mundo m&#225;s de lo estrictamente necesario.

A pesar de que casi era mediod&#237;a y de la ausencia pr&#225;cticamente total de cristales en las ventanas, la piscina estaba oscura, como si la suciedad de las paredes y el suelo hubiera invadido el aire y matado la luz. Ahora, la mugre de la piscina estaba acentuada por la severidad de las luces de arco que hab&#237;a instalado el Tatort. Hab&#237;a jeringuillas usadas, preservativos, basura y, en una esquina, lo que parec&#237;an excrementos humanos. A Fabel no se le ocurri&#243; un lugar m&#225;s s&#243;rdido para morir.

Un equipo del Tatort integrado por seis hombres, con sus batas blancas de forense, examinaba la porquer&#237;a. Brauner, el jefe del equipo, se puso en cuclillas junto al cuerpo. Klugmann ten&#237;a las manos atadas a la espalda y un saco en la cabeza. Brauner lo hab&#237;a cortado con cuidado; estaba medio acartonado por la sangre endurecida y seca. Alz&#243; la vista y salud&#243; con la cabeza cuando vio a Fabel detr&#225;s de &#233;l, de pie en el borde de la piscina.

Estaba de rodillas donde te encuentras t&#250; ahora cuando le dispararon -dijo Brauner-. Estilo ejecuci&#243;n y directo al tronco cerebral. Un trabajo muy profesional. Dir&#237;a que muri&#243; en el acto. La bala sali&#243; por encima de la boca.

&#191;Cu&#225;ndo muri&#243;?

Tendr&#225;s que pregunt&#225;rselo a Moller cuando examine el cuerpo, pero por la temperatura, la lividez post m&#243;rtem y el relajamiento del rigor mortis, dir&#237;a que como m&#237;nimo hace un par de d&#237;as. Quiz&#225; tres.

Uno de los miembros del equipo grit&#243; desde una esquina de la piscina.

Herr Brauner. &#161;Venga!

Fabel sigui&#243; a Brauner hasta donde estaba el t&#233;cnico forense.

Aqu&#237; -El t&#233;cnico se&#241;al&#243; un peque&#241;o cilindro de metal que brillaba entre el polvo y los escombros del suelo. Brauner se puso en cuclillas y cogi&#243; con cuidado el objeto.

Un cartucho de nueve mil&#237;metros. -Brauner cogi&#243; con cuidado el casquillo con el pulgar y el &#237;ndice enguantados en l&#225;tex.

Y por el lugar donde cay&#243;, el asesino pod&#237;a verlo perfectamente -dijo Fabel-. Con s&#243;lo echar un vistazo r&#225;pido a su alrededor, podr&#237;a habernos negado f&#225;cilmente esta prueba. Un error de aficionado para un asesino tan profesional.

Brauner se encogi&#243; de hombros.

Quiz&#225; estaba oscuro. O quiz&#225; pens&#243; que estaba a punto de ser descubierto y tuvo que marcharse con m&#225;s prisas de las esperadas.

Podr&#237;a ser -Fabel no estaba convencido, ni mucho menos. Por las arrugas de la frente de Brauner vio que hab&#237;a algo que le preocupaba-. &#191;Qu&#233; pasa?

Este cartucho pertenece a una nueve mil&#237;metros, pero no a una autom&#225;tica corriente. &#191;Qu&#233; llevas t&#250;? &#191;Una SIG-Sauer P6?

Una Walther P99.

Tampoco encajar&#237;a. La mayor&#237;a de nueve mil&#237;metros se basan en la configuraci&#243;n Smith & Wesson o en la Walther. Sospecho que es una nueve por nueve por diecisiete. Es uno munici&#243;n no est&#225;ndar para un arma de fuego no est&#225;ndar.

&#191;Alguna idea sobre el arma?

Por ahora no. Podremos reducir la lista a unas pocas marcas, pero nos llevar&#225; tiempo.

Lleg&#243; M&#243;ller, el pat&#243;logo. Fabel le salud&#243; con la cabeza.

Lleva muerto un par de d&#237;as -le dijo Fabel mientras se dirig&#237;a a la puerta de salida de la piscina. Sonri&#243; al ver la indignaci&#243;n de M&#246;ller y sali&#243; a respirar aire fresco. Volker estaba medio apoyado, medio sentado en el guardabarros de uno de los coches verdes y blancos de la Schutzpolizei.

&#191;Es Klugmann?

Eso parece. Pero tendremos que esperar a que M&#243;ller le d&#233; la vuelta y le veamos la cara.

Pasaron un minuto en silencio antes de que Werner y Maria salieran, seguidos del cad&#225;ver, que estaba dentro de una bolsa negra y sobre una camilla con ruedas que llevaban dos t&#233;cnicos pat&#243;logos.

Seguro que es Klugmann -dijo Werner, con gravedad.

Volker dio un paso adelante y detuvo a los t&#233;cnicos con un gesto de la mano. Respir&#243; muy hondo como para prepararse y se&#241;al&#243; bruscamente con la cabeza la bolsa del cad&#225;ver. Uno de los t&#233;cnicos tir&#243; de una larga leng&#252;eta; la cremallera se abri&#243; con un ruido &#225;spero y resonante para descubrir el rostro p&#250;rpura de Hans Klugmann. Entre los dientes y la nariz estaba el cr&#225;ter de una herida de salida. Volker hizo una mueca de dolor y otro gesto con la cabeza al t&#233;cnico, que subi&#243; la cremallera para encerrar a Klugmann en su capullo de vinilo. Volker se volvi&#243; hacia Fabel; el brillo de sus ojos oscuros se debat&#237;a entre el dolor y la ira.

Era un hombre valiente. Y un polic&#237;a bueno y honrado. Eso puede entenderlo, Fabel. -Volker hizo una pausa y mir&#243; c&#243;mo sub&#237;an el cuerpo a la furgoneta del dep&#243;sito de cad&#225;veres-. Lo reclut&#233; yo personalmente, Fabel. Yo le asign&#233; esta operaci&#243;n y no insist&#237; para que volviera cuando asesinaron a la chica. Es culpa m&#237;a que est&#233; muerto.

Creo que s&#237; -dijo Fabel sin malicia alguna.


Lunes, 16 de junio. 14:00 h


Altona (Hamburgo)


El rostro hermoso de Sonja Brun estaba compungido e hinchado como s&#243;lo sucede cuando alguien lleva una hora llorando sin parar. Incluso ahora, a pesar de que el esfuerzo hab&#237;a apagado el dolor de sus ojos rojos, encontraba la energ&#237;a para convulsionar su cuerpo con sollozos intermitentes y profundos. Fabel le hab&#237;a dejado claro a un Volker furioso que ahora aquel caso estaba en manos de la Mordkommission y que cualquier intervenci&#243;n de Volker se considerar&#237;a una obstrucci&#243;n. A Volker no le hab&#237;a quedado m&#225;s remedio que encajar bien el golpe, y se conform&#243; con acompa&#241;ar a Fabel y Werner a interrogar a Sonja. Se estremeci&#243; cuando Fabel le revel&#243; a Sonja que Klugmann estaba trabajando como agente federal secreto. La chica no pod&#237;a aceptarlo, y Fabel vio que sus ojos repasaban cada momento, cada palabra que hab&#237;a compartido con Klugmann.

Pero me dijo que &#237;bamos a casarnos; que nos ir&#237;amos de Hamburgo y empezar&#237;amos de cero en otra ciudad, en cuanto cerrara un negocio importante &#191;Era todo mentira? -Sus ojos escrutaron los de Fabel en gesto suplicante.

No, Sonja, no creo que fuera mentira, de verdad. Le importabas. Estoy seguro de que le importabas

Interrogaron a Sonja sobre los ucranianos, el negocio importante del que le hab&#237;a hablado Klugmann, cu&#225;ndo se hab&#237;a ido, con qui&#233;n lo hab&#237;a visto. Fabel intent&#243; mantener un ritmo lento y calmado, dejando a la chica un momento entre respuesta y respuesta. No, nunca hab&#237;a visto a Vadim. No, Klugmann nunca le hab&#237;a hablado de &#233;l. S&#237;, a menudo sal&#237;a tarde cuando no trabajaba, para reunirse con gente y hablar de su negocio importante.

No ten&#237;an nada. Sonja comenz&#243; a sollozar de nuevo, disculp&#225;ndose por no poder ayudarles. Fabel le sugiri&#243; que lo dejaran ah&#237;, cruz&#243; el sal&#243;n hacia la cocina y le prepar&#243; una taza de t&#233; verde con una bolsita que encontr&#243; en la encimera. Puso la tazo en las manos de Sonja.

Una pregunta m&#225;s, Sonja. &#191;Ten&#237;a Hans una c&#225;mara de v&#237;deo? -Con los ojos rojos, Sonja frunci&#243; el ce&#241;o y neg&#243; con la cabeza.

&#191;Trajo alguna vez alguna a casa? &#191;O viste alguna vez una cinta de una c&#225;mara de v&#237;deo? -De nuevo, lo mir&#243; desconcertada, se encogi&#243; de hombros y neg&#243; con la cabeza.

Dejaron a Sonja sola en el piso que hab&#237;a compartido con un hombre al que cre&#237;a conocer, pero que en realidad era alguien que vivi&#243; una mentira en la que ella formaba parte del atrezo. No hab&#237;a nadie que se quedara con ella: ni parientes ni amigos. Tan s&#243;lo era una chica bonita a la que hab&#237;an abandonado en un escenario vac&#237;o. Una chica que hac&#237;a un par de d&#237;as volv&#237;a con las bolsas de la compra a su piso para reunirse con su amante, con miles de sue&#241;os en la cabeza sobre una vida nueva en un lugar nuevo. Ahora seguro que volv&#237;a a sumergirse en el mundo de la prostituci&#243;n y las pel&#237;culas porno. Fabel no ten&#237;a ni idea de si Klugmann realmente amaba a Sonja ni de si alguna vez tuvo intenci&#243;n de casarse con ella, pero sab&#237;a que le importaba lo suficiente como para tratar de liberarla de un estilo de vida degradante.

Mientras cerraba la puerta del apartamento, Fabel le hizo una promesa silenciosa a un polic&#237;a muerto.


Lunes, 16 de junio. 22:50 h


P&#246;seldorf (Hamburgo)


Eran casi las once cuando Fabel lleg&#243; a casa. Hab&#237;a vuelto a convocar a su equipo para repasar todo lo sucedido. Ahora sab&#237;an que Monique era Tina Kramer, una agente del LKA7. Klugmann estaba muerto. Volker afirmaba que no hab&#237;a ninguna relaci&#243;n entre su investigaci&#243;n y el asesinato ritual de Tina Kramer. MacSwain estaba ahora oficialmente bajo vigilancia. Para ello, Fabel hab&#237;a negociado con Van Heiden y acordado crear un equipo de seis personas, que deb&#237;a incluir dos jefes de equipo de la Mordkommission. A Van Heiden no le gustaban las corazonadas. M&#225;s concretamente, no le gustaba comprometer el presupuesto de la polic&#237;a de Hamburgo por una corazonada; pero dej&#243; que Fabel se saliera con la suya. Fabel hab&#237;a puesto a Paul y a Anna al frente de la vigilancia; sab&#237;a que necesitaban que les mostrara su confianza en ellos despu&#233;s de perder a Klugmann y de que &#233;ste hubiera aparecido muerto.

Tambi&#233;n repasaron de nuevo el asesinato de Angelika Bl&#252;m. Brauner, el jefe del equipo forense, les inform&#243; de que no hab&#237;an hallado ninguna prueba en el port&#225;til de Bl&#252;m. El informe preliminar de Moller de la autopsia confirmaba sus observaciones iniciales. Maria Klee aport&#243; algo nuevo, pero admit&#237;a que era bastante tangencial. Dej&#243; el programa de una exposici&#243;n encima de la mesa. Era de una exposici&#243;n de cuadros de Marlies Menzel en Bremen. No era que a Fabel le sonara el nombre, sino que lo llevaba grabado en la memoria. Marlies Menzel hab&#237;a salido hac&#237;a poco de la c&#225;rcel de Stuttgart-Stammheim. Hab&#237;a sido miembro del Radikale Aktionsgruppe de Svensonn y hab&#237;a participado en el atraco en el que Fabel result&#243; herido. El d&#237;a que meti&#243; dos balas en la cara de una chica de diecisiete a&#241;os.

La exposici&#243;n se titulaba Alemania crucificada. Fabel not&#243; una palpitaci&#243;n en el pecho al mirar las l&#225;minas fotogr&#225;ficas de los cuadros. Todos los lienzos estaban compuestos de brochazos y manchas color rojo sangre, negro y amarillo anaranjado: los colores de la bandera alemana. Cada lienzo era ligeramente distinto, pero todos utilizaban los mismos colores y todos mostraban a una figura indefinida que se encontraba crucificada y gritaba. Fabel entendi&#243; al instante por qu&#233; Maria hab&#237;a tra&#237;do el cat&#225;logo: hab&#237;a algo que recordaba vagamente pero de un modo inquietante a las escenas de los asesinatos del &#193;guila de Sangre. Hizo un gesto con la cabeza a Maria y le sugiri&#243; que fueran a visitar a Frau Menzel.

Despu&#233;s de la reuni&#243;n, Fabel habl&#243; con Kolski y Buchholz, de la divisi&#243;n de crimen organizado, y les inform&#243; de la operaci&#243;n del BND y la ejecuci&#243;n de Klugmann en la piscina. Fabel los observ&#243; a los dos mientras hablaba: su enfado parec&#237;a aut&#233;ntico, pero no tanto como habr&#237;a esperado; quiz&#225; cuando el trabajo de uno es tratar con el crimen organizado, se hace inmune al enga&#241;o. En todo caso, Fabel no ten&#237;a ninguna raz&#243;n para dudar de que Buchholz, tal como hab&#237;a afirmado Volker, estuviera al tanto de la operaci&#243;n.

Fabel estaba muerto de cansancio cuando lleg&#243; a casa. Se sirvi&#243; una copa de vino y se hundi&#243; en el sof&#225; de piel sin encender las luces del sal&#243;n. M&#225;s all&#225; de los ventanales de su piso, las luces de la ciudad brillaban en el espejo del Alster. Intent&#243; no pensar en la voz por tel&#233;fono de Angelika Bl&#252;m, en su cuerpo despedazado, en Klugmann tirado en la mugre de una piscina abandonada, en una chica drogada que, tambale&#225;ndose, se hab&#237;a cruzado en el camino de un cami&#243;n. Pero las im&#225;genes bailaban aleatoriamente en su cabeza como abejas atrapadas en un tarro. Bebi&#243; un sorbo de vino blanco y le pareci&#243; que estaba agrio. Dej&#243; la copa en la mesa y decidi&#243; hacer el esfuerzo tit&#225;nico que supon&#237;a meterse en la cama. Antes de levantarse del sof&#225;, sus p&#225;rpados sucumbieron a la gravedad, y Fabel cay&#243; en un sue&#241;o profundo.

A la una y media de la madrugada se despert&#243; con un sobresalto de un sue&#241;o en el que le obligaban a ver una pel&#237;cula snuff que hab&#237;a visto para una investigaci&#243;n de asesinato anterior. Esta vez era el rostro de Sonja Brun el que estaba morado y aterrorizado, y en lugar de m&#225;scaras de P.V.C. de bondage, los hombres del v&#237;deo llevaban las m&#225;scaras de Od&#237;n con un solo ojo. Fabel se desnud&#243; y se fue a la cama, pero se dio cuenta de que el cansancio no pod&#237;a evitar que su mente dejara de ir a toda velocidad. Despu&#233;s de pasarse una hora dando vueltas en la cama, se levant&#243; y volvi&#243; a vestirse. Cogi&#243; las llaves del coche y sali&#243; a la calle.

Fabel pas&#243; por el Pr&#225;sidium para recoger las llaves del piso de Bl&#252;m. No sab&#237;a qu&#233; esperaba encontrar all&#237;, pero sinti&#243; la necesidad de estar rodeado de sus cosas, de pasear por lo que hab&#237;a sido su vida. Como m&#237;nimo, era un lugar tan bueno para pensar como cualquier otro.

Eran las tres y cuarto cuando se detuvo delante del edificio Jugendstil. Fabel aparc&#243; justo donde la chica del piso dijo que hab&#237;a estacionado su acompa&#241;ante. Las luces brillantes del vest&#237;bulo ard&#237;an con intensidad, y cualquiera que se acercara a las puertas de cristal estar&#237;a visiblemente iluminado. Sin embargo, en la distancia, cualquier descripci&#243;n habr&#237;a sido tan general como la que hab&#237;a aportado la chica. Un hombre rubio, alto, bien vestido, ancho de espaldas. Pero &#191;era el asesino?

Fabel cogi&#243; el ascensor hasta el tercer piso. Se qued&#243; un momento delante de la puerta del apartamento antes de abrir. Se qued&#243; mir&#225;ndola fijamente como si pudiera ver a trav&#233;s de la madera y escudri&#241;ar la oscuridad del piso. Se descubri&#243; recordando la &#250;ltima vez que hab&#237;a abierto aquella puerta y traspasado una verja al infierno, y c&#243;mo otra imagen de muerte grotesca se quedaba grabada en su cerebro. Apart&#243; aquellos pensamientos de su mente y gir&#243; la llave. Despu&#233;s de encender las luces del pasillo, se dirigi&#243; hacia el despacho de Bl&#252;m. De nuevo, se descubri&#243; prepar&#225;ndose mentalmente antes de encender las luces. Una vez m&#225;s, la iluminaci&#243;n repentina revel&#243; una escena inesperada; esta vez no era de horror, sino de sorpresa. Hab&#237;an registrado el despacho de Bl&#252;m de un modo muy profesional. Hab&#237;an retirado con cuidado los cajones del escritorio y los armarios, y los libros y archivos de las estanter&#237;as que cubr&#237;an las paredes; hab&#237;an dado la vuelta a los muebles para comprobar la parte de abajo. No se pod&#237;a decir que la habitaci&#243;n fuera un caos, sino un desorden demasiado sistem&#225;tico. Y Fabel sab&#237;a que el equipo de Brauner no la hab&#237;a dejado en aquel estado. Alguien m&#225;s hab&#237;a estado all&#237;. Aquel pensamiento dur&#243; s&#243;lo una mil&#233;sima de segundo antes de que Fabel tuviera una sensaci&#243;n repentina que le eriz&#243; el vello de la nuca: alguien m&#225;s estaba all&#237;.

Se qued&#243; inm&#243;vil. Escuch&#243; la quietud del apartamento con tanta intensidad que amplific&#243; la afluencia de sangre a las orejas y el sonido del metal rozando la piel dura de la pistolera mientras desenfundaba la Walther. Estaba de espaldas a la puerta del despacho y se sent&#237;a expuesto. Gir&#225;ndose deprisa y sin hacer ruido, volvi&#243; al pasillo. Silencio. Se qued&#243; quieto durante medio minuto, esforz&#225;ndose por escuchar cualquier sonido procedente de las otras habitaciones. Segu&#237;a sin o&#237;r nada. La tensi&#243;n de su cuerpo disminuy&#243;, pero s&#243;lo un poco, y recorri&#243; el pasillo sin hacer ruido. Con la espalda pegada a la pared y el arma en alto en la mano derecha, abri&#243; la puerta del dormitorio empuj&#225;ndola tanto como pudo. Con un giro, se coloc&#243; frente al marco y escudri&#241;&#243; el cuarto mirando por encima del ca&#241;&#243;n del arma. Quit&#243; una mano del arma y busc&#243; el interruptor de la luz. La habitaci&#243;n estaba vac&#237;a. Fabel solt&#243; una risita: qu&#233; idiota era. Baj&#243; el arma y se volvi&#243; de nuevo hacia el pasillo.

El primer pensamiento que Fabel registr&#243; fue la sorpresa. &#191;C&#243;mo se hab&#237;a movido el hombre con tanto sigilo y rapidez? Deb&#237;a de estar en el sal&#243;n principal, esperando el momento de actuar. Fabel alz&#243; el brazo que sujetaba el arma, pero baj&#243; la vista con incredulidad al notar que se deten&#237;a a medio camino. Su atacante lo agarraba con fuerza y firmeza, y era como si le astillara los huesos de la mu&#241;eca. La presi&#243;n parec&#237;a obligarle a abrir la mano, y la Walther cay&#243; al suelo de madera. Ahora ten&#237;a al hombre cerca y Fabel intent&#243; levantar el otro pu&#241;o, pero su atacante le agarr&#243; la garganta con la mano que ten&#237;a libre. Durante el ataque ralentizado por la adrenalina, Fabel se dio cuenta de que su asaltante no le estaba obstruyendo las v&#237;as respiratorias, sino que aplicaba una presi&#243;n intensa en el cuello, justo por debajo del &#225;ngulo de la mand&#237;bula. Fabel intent&#243; gritar, pero se hab&#237;a quedado mudo. Mientras el mundo a su alrededor comenzaba a nublarse, Fabel tan s&#243;lo pudo preguntarse si morir era aquello y mirar con miedo e impotencia a los ojos verdes y brillantes del hombre que hab&#237;a visto en la escena del asesinato de Tina Kramer.


Martes, 17 de junio. 5:20 h


Uhlenhorst (Hamburgo)


De lo primero que Fabel tuvo conciencia fue del dolor: un dolor que exced&#237;a todas las definiciones de jaqueca, que sobrepasaba cualquier resaca; una sierra que le taladraba el cr&#225;neo. Luego oy&#243; el sonido de los p&#225;jaros, anunciando el despuntar del d&#237;a con su canto. Fabel levant&#243; un poco la cabeza y fue recompensado con una pu&#241;alada fr&#237;a de dolor que le recorri&#243; el cuerpo. Volvi&#243; a dejar caer la cabeza hacia atr&#225;s. No ten&#237;a ni idea de d&#243;nde estaba o c&#243;mo hab&#237;a llegado all&#237;, ni siquiera de qu&#233; d&#237;a era. Tard&#243; casi un minuto en recuperar por completo la conciencia. El eslavo. Se irgui&#243; de repente y recibi&#243; el impacto de otra sacudida a&#250;n mayor, esta vez acompa&#241;ada de v&#233;rtigo repentino y n&#225;useas. Sac&#243; la cabeza de la cama y vomit&#243;. La terrible jaqueca no remiti&#243;, pero no le importaba. Sentir dolor quer&#237;a decir que estaba vivo. Se dej&#243; caer en la cama y busc&#243; el m&#243;vil en el bolsillo. No estaba. Tampoco el arma estaba en su funda. Se incorpor&#243; lentamente para poder echar un vistazo a la habitaci&#243;n. Estaba en la cama de Angelika Bl&#252;m. El eslavo deb&#237;a de haberle tumbado all&#237;. El dolor de cabeza envolv&#237;a cada uno de sus pensamientos. Bajo la p&#225;lida luz gris vio que el m&#243;vil, el arma y la cartera estaban encima del tocador. Tard&#243; otros cinco minutos en levantarse de la cama y acercarse tambale&#225;ndose al tocador. Arrastr&#243; el m&#243;vil por la superficie de madera de arce y puls&#243; la tecla asignada al n&#250;mero del Pr&#228;sidium.


A la hora de comer, todos los polic&#237;as, tanto de uniforme como de la Kriminalpolizei, ten&#237;an una descripci&#243;n del eslavo bajito y de constituci&#243;n fuerte que hab&#237;a atacado a Fabel. El m&#233;dico del Krankenhaus Sankt Georg que examin&#243; a Fabel no pudo ocultar lo impresionado que estaba por la profesionalidad del ataque. El eslavo hab&#237;a cortado muy eficazmente el suministro de sangre al cerebro de Fabel y le hab&#237;a dejado inconsciente. Apenas le hab&#237;a ocasionado da&#241;os permanentes, aunque el dolor que sent&#237;a era debido a las neuronas que hab&#237;an muerto por la falta de ox&#237;geno. El personal del hospital insisti&#243; en que Fabel pasara la noche en observaci&#243;n, y &#233;l estaba demasiado cansado y dolorido para discutir. Un sue&#241;o tranquilo y relajado le venci&#243;.

Fabel se despert&#243; poco despu&#233;s de las dos de la tarde. La enfermera avis&#243; a Werner y a Maria Klee, quienes hab&#237;an estado fuera esperando pacientemente a que Fabel despertara. Maria, con una informalidad inusitada, se sent&#243; en el borde de la cama. Werner se qued&#243; de pie, inc&#243;modo. Era como si le violentara ver a su jefe tan vulnerable. S&#243;lo arrastr&#243; una silla de la esquina y se sent&#243; cuando Fabel insisti&#243;.

&#191;Est&#225;s seguro de que se trata del tipo que viste por fuera de la escena del segundo asesinato? -le pregunt&#243; Werner.

No tengo ninguna duda. Lo mir&#233; fijamente a los ojos.

El rostro de Werner se endureci&#243;.

Pues es nuestro hombre. Es el Hijo de Sven

Fabel frunci&#243; el ce&#241;o.

No lo s&#233;. Si lo es, &#191;por qu&#233; no me ha matado?

Lo ha intentado con todas sus fuerzas -dijo Maria.

No, no lo creo. El m&#233;dico dice que ha sido muy profesional, que sab&#237;a c&#243;mo dejarme inconsciente. Si hubiera querido matarme, podr&#237;a haberme liquidado, silenciosamente y sin armar ning&#250;n esc&#225;ndalo, en lugar de tumbarme en la cama de Bl&#252;m.

Pero lo hemos visto en las escenas de dos cr&#237;menes. Eso ya lo convierte en sospechoso -protest&#243; Werner.

Pero &#191;por qu&#233; ha aparecido por all&#237; despu&#233;s del asesinato? &#191;Y por qu&#233; ha elegido registrar el piso justo ahora en vez de cuando mat&#243; a Angelika?

Quiz&#225; cre&#237;a que se hab&#237;a dejado algo -sugiri&#243; Maria.

Todos sabemos que este asesino no se deja nada. En cualquier caso, el equipo de Brauner examin&#243; el apartamento al mil&#237;metro. No se les pasar&#237;a nada por alto, y nuestro hombre lo sab&#237;a. El otro tema es que el tipo que me atac&#243; no encaja con la descripci&#243;n que nos dio la chica del edificio. -Hizo una pausa. La luz del sol que se colaba por la ventana alta y estrecha del hospital dibujaba un tri&#225;ngulo brillante en la moqueta de la habitaci&#243;n de Fabel y resplandec&#237;a con frialdad sobre la porcelana, las tuber&#237;as de acero inoxidable y la grifer&#237;a de la pila que hab&#237;a junto a la puerta. Le dol&#237;a la cabeza; se recost&#243; en la almohada y cerr&#243; los ojos. Habl&#243; sin abrirlos-. Lo que me inquieta de verdad es la fuerza de ese anciano y la forma en que me ha dejado fuera de juego de un modo tan profesional. Se requiere entrenamiento para eso.

Werner estir&#243; las piernas y apoy&#243; los pies en las barras de metal de debajo de la cama de hospital.

Bueno, tanto t&#250; como Maria dec&#237;s que parece extranjero. Ruso o as&#237;. Si es tan h&#225;bil con las manos, podr&#237;a ser uno de los integrantes del Equipo Principal, la organizaci&#243;n ucraniana de la que nos habl&#243; Volker.

Supongo que s&#237;. -Fabel segu&#237;a sin abrir los ojos-. Todo apunta a que haya estado en las fuerzas especiales. Pero, insisto, &#191;por qu&#233; no ha acabado el trabajo?

Es algo muy gordo matar a un polic&#237;a de Hamburgo -dijo Werner-. Una cosa es cargarse a Klugmann, pero quien asesina a un Hauptkommissar de la Mordkommission no tiene d&#243;nde esconderse.

Fuera quien fuera y fuera lo que fuese lo que hac&#237;a all&#237; -dijo Maria-, tenemos a todos los agentes de Hamburgo busc&#225;ndolo.

Fabel se incorpor&#243; despacio; el esfuerzo se traslad&#243; a su voz.

No estoy seguro de que vaya a ser tan f&#225;cil encontrarlo, Mar&#237;a. &#191;Qu&#233; hay de MacSwain? &#191;Lo estamos vigilando de cerca?

Paul y Anna lo tienen controlado -dijo Werner-. Est&#225;n all&#237; la mayor parte del tiempo, incluso cuando hay otros agentes cubriendo el turno. Creo que les da miedo cagarla otra vez como con la vigilancia sobre Klugmann.

Bien. Ma&#241;ana saldr&#233; de aqu&#237; y podremos revisarlo todo. Mientras tanto, me inform&#225;is de cualquier cosa que surja.

De acuerdo, jefe -dijo Werner. Fabel volvi&#243; a cerrar los ojos y descans&#243; la cabeza en la almohada. Werner mir&#243; a Maria y con la barbilla se&#241;al&#243; en direcci&#243;n a la puerta. Maria asinti&#243; y se levant&#243; de la cama.

Nos vemos luego, jefe -dijo.


Fabel pas&#243; el d&#237;a mirando por la ventana, haciendo zapping por los canales de televisi&#243;n en busca de algo que valiera la pena ver, y durmiendo. A medida que transcurr&#237;a el d&#237;a, fue percibiendo un agarrotamiento en el cuello y una molestia debajo de la mand&#237;bula, donde el pulgar del eslavo hab&#237;a cortado el suministro de sangre a su cerebro.

Susanne se present&#243; tan campante a media tarde y de inmediato se puso a examinar a Fabel, ech&#225;ndole los p&#225;rpados hacia atr&#225;s con el pulgar, mir&#225;ndole primero un ojo y despu&#233;s otro y gir&#225;ndole la cabeza con las manos para evaluar la movilidad del cuello.

Si &#233;sta es la idea que tienes de los preliminares -dijo Fabel sonriendo-, debo decirte que conmigo no funciona

Susanne no estaba de humor para bromas. Fabel se dio cuenta de que estaba preocupada de verdad y aquello le conmovi&#243;. Ella se sent&#243; en la cama y le cogi&#243; la mano durante un par de horas, a veces hablando, a veces en silencio, mientras Fabel dormitaba. Cuando una enfermera entr&#243; para acompa&#241;arla fuera, le sorprendi&#243; la autoridad feroz con que Susanne se deshizo de ella. Se qued&#243; hasta despu&#233;s de las seis y luego volvi&#243; una hora por la noche. A las nueve y media, Fabel se abandon&#243; a un sue&#241;o profundo, impenetrable y tranquilo.


Martes, 17 de junio. 20:30 h


Harvestehude (Hamburgo)


Anna Wolff podr&#237;a haber sido secretaria, peluquera o maestra de guarder&#237;a. Era menuda y din&#225;mica, y ten&#237;a una cara redonda y bonita que siempre estaba llena de energ&#237;a y que normalmente se maquillaba con sombra de ojos oscura, r&#237;mel y pintalabios rojo intenso. Ten&#237;a el pelo corto y negro azabache y lo llevaba o peinado hacia atr&#225;s o de punta, engominado. Una de las cosas que alejaba a los que la observaban de cualquier pista que pudiera hacerles concluir que en realidad era Kriminalkommissarin era su juventud. Anna ten&#237;a veintisiete a&#241;os, pero podr&#237;a haber pasado por una joven de dieciocho o diecinueve.

Paul Lindemann, por otro lado, s&#243;lo podr&#237;a haber sido polic&#237;a. El padre de Lindemann, como el padre de Werner Meyer, hab&#237;a sido polic&#237;a de la Wasserschutz, y patrullaba en barco la red circulatoria de Hamburgo de v&#237;as fluviales, canales, puertos y muelles. Paul era uno de esos alemanes del norte a los que Fabel describ&#237;a como luteranos limpios: gente honesta, aseada y austera a la que a menudo le resultaba dif&#237;cil adaptarse a los cambios. Paul Lindemann ten&#237;a m&#225;s o menos el mismo aspecto que habr&#237;a tenido si con la misma edad hubiera vivido en los a&#241;os cincuenta o los sesenta.

Fabel normalmente emparejaba a Anna y Paul. Eran como el d&#237;a y la noche, y siempre hab&#237;a cre&#237;do en formar equipos de personas que ve&#237;an las cosas de un modo totalmente distinto: si uno analizaba el mismo objeto desde dos &#225;ngulos opuestos, era probable que lo apreciara m&#225;s en su totalidad. Anna y Paul hac&#237;an una extra&#241;a pareja, y durante meses aquella asociaci&#243;n impuesta no sent&#243; bien a ninguno de los dos. Ahora trabajaban juntos y sent&#237;an respeto y admiraci&#243;n por el talento muy distinto pero complementario del otro. Era la clase de &#233;xito que Fabel esperaba lograr con Maria y Werner, pero ellos a&#250;n no hab&#237;an desarrollado su potencial como equipo.

Esta noche, Anna y Paul ten&#237;an los nervios a flor de piel. Fabel era m&#225;s que un jefe. Hab&#237;a sido el mentor de ambos y, al seleccionarlos para su equipo de la Mordkommission, hab&#237;a elevado sus aspiraciones profesionales futuras. A ambos, Fabel les parec&#237;a invulnerable. Ahora yac&#237;a en una cama de hospital en el Krankenhaus Sankt Georg. Habr&#237;an dado lo que fuera por estar ah&#237; fuera buscando al atacante de Fabel, en lugar de tener que vigilar a un yuppie brit&#225;nico.

Hab&#237;a un quiosco de peri&#243;dicos y cigarrillos en la esquina de la calle de MacSwain. Detr&#225;s del mostrador hab&#237;a una m&#225;quina de caf&#233; y, fuera, las habituales mesas altas de aluminio para que los clientes se tomaran el caf&#233;. Anna estaba de pie junto a una de las cuatro mesas, desde la cual ve&#237;a claramente el cruce y el edificio de MacSwain, as&#237; como la salida del Tiefgarage que hab&#237;a debajo. Si alguien sal&#237;a, a pie o en coche, Anna podr&#237;a ver qu&#233; direcci&#243;n cog&#237;a y avisar por radio a Paul, que estaba aparcado m&#225;s abajo, desde donde controlaba la otra direcci&#243;n. Ya hab&#237;a oscurecido y Anna se estaba tomando el tercer caf&#233;, intent&#225;ndolo hacer durar. Si se tomaba uno m&#225;s, pasar&#237;a la noche nerviosa y sin pegar ojo. El quiosquero hura&#241;o y obeso apenas se percat&#243; de su presencia, pero cuando tres cabezas rapadas con su uniforme de chaquetas militares se acercaron a comprar tabaco, les mascull&#243; algo y se&#241;al&#243; con la cabeza en direcci&#243;n a Anna. El quiosquero gordo y los cabezas rapadas se echaron a re&#237;r groseramente. Ella mantuvo la mirada fija en el edificio. Los tres cabezas rapadas se acercaron a su mesa, uno por un lado y dos por el otro. Uno de los skins, un chico alto de cuello corto y ancho y mal cutis, se inclin&#243; sobre Anna.

&#191;Qu&#233; pasa, guapa? &#191;Te han dejado plantada?

Anna no respondi&#243; ni mir&#243; en su direcci&#243;n. El cabeza rapada de cuello corto lanz&#243; una mirada lasciva a sus colegas y se rio.

Yo s&#237; que te la plantar&#237;a bien, nena

&#191;Ah, s&#237;? &#191;Los diez cent&#237;metros enteros? -dijo Anna con un suspiro y a&#250;n sin mirar en direcci&#243;n al cabeza rapada. Los dos compa&#241;eros de Cuello Corto soltaron una carcajada, se&#241;al&#225;ndolo con sorna. Su semblante se nubl&#243;, se acerc&#243; m&#225;s a Anna, meti&#243; una mano por debajo de su chaqueta de piel y le cogi&#243; un pecho.

Quiz&#225; veamos hasta d&#243;nde te cabe

Todo pas&#243; tan deprisa que Cuello Corto ni se enter&#243;. Anna se gir&#243; para zafarse del cabeza rapada y luego volvi&#243; a encararle mientras le apartaba la mano como si ejerciera una fuerza centr&#237;fuga. Al darse la vuelta para ponerse frente a &#233;l, sus manos realizaron dos movimientos veloces. La mano izquierda agarr&#243; la entrepierna del skin mientras el codo derecho le propinaba un golpe en la mejilla, y luego, con un movimiento perfecto, Anna meti&#243; la mano derecha debajo de la chaqueta, sac&#243; la SIG-Sauer autom&#225;tica y la apret&#243; con fuerza contra la cara del tipo. Le dio un empuj&#243;n, por lo que fue tambale&#225;ndose sin poder agarrarse a nada hasta que dio con el mostrador del quiosco. Anna lade&#243; la cabeza y gir&#243; la boca del arma mientras hablaba.

&#191;Quieres jugar con Anna? -dijo con voz coqueta, ladeando la cabeza a un lado y a otro y haciendo un moh&#237;n. Cuello Corto la mir&#243; con terror en los ojos, examinando su rostro como para evaluar hasta d&#243;nde llegaba su locura y, por consiguiente, hasta qu&#233; punto corr&#237;a &#233;l peligro. Anna apunt&#243; con el arma a los dos otros cabezas rapadas, extendiendo el brazo, muy tieso.

&#191;Y vosotros, chicos? &#191;Quer&#233;is jugar con Anna?

Los compa&#241;eros de Cuello Corto levantaron las manos y retrocedieron unos pasos antes de echar a correr. Anna se volvi&#243; de nuevo hacia Cuello Corto y le puso otra vez la boca de la pistola en la nariz, gir&#225;ndola y haci&#233;ndola rotar como si jugara con ella. Al skin, la sangre que empezaba a gotearle de la nariz le manch&#243; la cara. Anna puso cara de ni&#241;a decepcionada.

No quieren jugar con Anna -Dej&#243; de poner voz afectada-. &#191;Y t&#250;, pichacorta? &#191;Seguro que no quieres jugar?

El cabeza rapada neg&#243; con la cabeza en&#233;rgicamente. Anna entrecerr&#243; los ojos; su mirada se oscureci&#243;.

Si me entero alg&#250;n d&#237;a de que vuelves a tocar a una mujer de esta forma, ir&#233; a por ti personalmente. &#191;D&#243;nde tienes el carn&#233; de identidad?

El cabeza rapada busc&#243; en los bolsillos de la chaqueta y sac&#243; el carn&#233; de identidad. Anna le solt&#243; los test&#237;culos apretujados y examin&#243; el carn&#233;.

Muy bien, Markus, ahora ya s&#233; d&#243;nde vives. Quiz&#225; vaya a visitarte y podamos jugar un poco m&#225;s. -Se inclin&#243; sobre su cara y le dijo entre dientes-. &#161;L&#225;rgate!

Lanz&#243; el carn&#233; al suelo, por lo que el skin tuvo que agacharse para recogerlo, agarr&#225;ndose la entrepierna, antes de salir corriendo en direcci&#243;n contraria a la que hab&#237;an tomado sus colegas. Anna enfund&#243; el arma y se volvi&#243; hacia el quiosquero.

&#191;Alg&#250;n problema, gordinfl&#243;n? -dijo esbozando su sonrisa de colegiala m&#225;s dulce.

El quiosquero neg&#243; con la cabeza y levant&#243; las manos.

Ninguno en absoluto, Fr&#228;ulein.

Pues ponme otro caf&#233;, gordito. -Anna se volvi&#243; para mirar al edificio. Las luces de MacSwain estaban apagadas. Examin&#243; las salidas y la calle. Nada. Sac&#243; la radio del bolsillo de la chaqueta.

Paul Creo que MacSwain se mueve &#191;Lo has visto salir?

No. &#191;Y t&#250;?

No. He estado liada. -Solt&#243; el bot&#243;n de la radio y volvi&#243; a pulsarlo de inmediato cuando vio que un Porsche plateado asomaba el morro y sal&#237;a del Tiefgarage-. Nos movemos. Pasa a recogerme, Paul, &#161;deprisa!

En cuesti&#243;n de segundos, Paul apareci&#243; con el viejo y abollado Mercedes que utilizaban para la vigilancia. Abollado por fuera, pero trucado debajo del cap&#243; para maximizar su rendimiento.

Los m&#250;sculos de la cara normalmente inexpresiva de Paul se esforzaban por contener una sonrisa ir&#243;nica mientras Anna sub&#237;a al coche. Con el pelo de punta, el maquillaje meticuloso y la chaqueta de piel dos tallas grande, parec&#237;a una colegiala no habituada a&#250;n a las sutilezas de la cosm&#233;tica que iba por primera vez a una discoteca.

&#191;Qu&#233; te hace tanta gracia, Schlaks? -le pregunto utilizando una palabra del dialecto del norte de Alemania que significaba larguirucho.

Has estado jugando de nuevo, &#191;verdad?

No s&#233; a qu&#233; te refieres -dijo Anna, con la vista clavada en el Porsche plateado, dos coches por delante.

Mientras estaba aparcado en la calle, dos cabezas rapadas pasaron corriendo como si hubieran visto al diablo. No ser&#237;a por tu culpa, &#191;verdad?

No tengo ni idea de a qu&#233; te refieres. -Se detuvieron detr&#225;s de la cola en un sem&#225;foro. Paul estir&#243; el largo cuello para comprobar si el Porsche hab&#237;a cruzado. Segu&#237;a all&#237;. Se volvi&#243; para mirar a Anna, pero vio, por la ventanilla del copiloto, a un skin fornido, encorvado, con las manos en las rodillas, que intentaba recobrar el aliento. Ten&#237;a sangre en la cara. Iba mirando calle abajo como para asegurarse de que no lo segu&#237;a nadie. Volvi&#243; la mirada y se cruz&#243; con la de Paul. Luego vio a Anna. Ella le lanz&#243; un beso largo y sensual con los labios carnosos, color rojo intenso. El cabeza rapada se qued&#243; paralizado por el terror y mir&#243; a su alrededor buscando una ruta de escape. El sem&#225;foro cambi&#243; a verde, y el Mercedes comenz&#243; a moverse. Anna arrug&#243; la nariz en direcci&#243;n al skin y movi&#243; los dedos graciosamente para decirle adi&#243;s.

No tengo ni idea -dijo Anna, adoptando una expresi&#243;n de inocencia exagerada. Paul mir&#243; por el retrovisor. El cabeza rapada mostr&#243; su alivio dejando caer los hombros mientras miraba perplejo c&#243;mo el coche se alejaba.

Anna, ten cuidado, &#191;vale? Un d&#237;a de &#233;stos se te ir&#225; la mano.

S&#233; lo que hago.

Un d&#237;a de &#233;stos vas a acabar con una querella por acoso o abuso de poder.

Anna solt&#243; una carcajada. Con la mano, le indic&#243; a Paul que en el pr&#243;ximo cruce girara a la izquierda: el intermitente del Porsche parpadeaba.

Ning&#250;n listillo neonazi con amor propio va a reconocer que una J&#252;din de metro cincuenta y ocho le ha dado una patada en el culo. Y si lo hiciera, se reir&#237;an de &#233;l.

Paul mene&#243; la cabeza con desaprobaci&#243;n. Sab&#237;a que Anna proced&#237;a de una familia de supervivientes, de jud&#237;os de Hamburgo a quienes una familia compasiva hab&#237;a escondido hasta que los brit&#225;nicos y los canadienses tomaron Hamburgo. Hab&#237;a crecido construy&#233;ndose defensas; defensas que hab&#237;a afilado con artes marciales y tres a&#241;os de servicio en el ej&#233;rcito israel&#237;.

El cielo se hab&#237;a vuelto color azul terciopelo. Paul se centr&#243; en el Porsche plateado; MacSwain los llev&#243; a la Hallerstrasse. Los altos pisos subvencionados de las Grindelhochh&#225;user sobresal&#237;an en la oscuridad. Podr&#237;an estar en una zona de viviendas de protecci&#243;n oficial de Londres, Birmingham o Glasgow. De hecho, los pisos hab&#237;an sido construidos despu&#233;s de la guerra para alojar a las familias de los soldados de las fuerzas de ocupaci&#243;n brit&#225;nicas. Cuando los brit&#225;nicos se marcharon, entregaron los pisos a las autoridades de Hamburgo. Ahora, las Grindelhochh&#225;user, rechazadas por la poblaci&#243;n de Hamburgo, estaban ocupadas por familias de inmigrantes. Se rumoreaba que en esta jungla importada de hormig&#243;n reinaban las bandas ucranianas.

MacSwain tom&#243; Beim Schlump y pas&#243; por delante del Sternschanzen-Park. Sigui&#243; por Schanzenstrasse.

Va hacia Sankt Pauli -dijo Anna.

Donde hallamos a la segunda v&#237;ctima. -Paul lanz&#243; una mirada r&#225;pida a Anna-. Pero seguramente s&#243;lo ha salido de fiesta

Es casi como si Sankt Pauli permaneciera latente durante el d&#237;a, absorbiendo la energ&#237;a del sol. Por la noche, estalla de vida. Adem&#225;s del negocio del sexo y los espect&#225;culos musicales, tiene uno de los ambientes discotequeros m&#225;s din&#225;micos de Europa, con locales como The Academy, PAT, Location One y Cult, que atraen a marchosos de toda la ciudad y de fuera. Incluso un lunes por la noche, seguramente el d&#237;a menos destinado al ocio para la psique del alem&#225;n del norte, la fiesta se alarga hasta el amanecer.

MacSwain aparc&#243; en el Spielbudenplatz Parkhaus. Paul dej&#243; a Anna en la entrada para que viera salir a MacSwain, y estacion&#243; el coche m&#225;s abajo. Luego, se apost&#243; frente a la entrada, delante del Schmidt's Tivoli. MacSwain sali&#243; del Parkplatz. Llevaba ropa informal pero cara y caminaba con convicci&#243;n relajada. No se lij&#243; en Anna, que se dio la vuelta y cruz&#243; la calle antes de volverse de nuevo para seguirlo. Mientras tanto, Paul hab&#237;a alcanzado a MacSwain y caminaba unos tres metros detr&#225;s de &#233;l, pero por la otra acera.

MacSwain dej&#243; la Spielbudenplatz, cruz&#243; en diagonal la Davidstrasse por delante de la comisar&#237;a de Davidwache y entr&#243; en la Friedrichstrasse. Anna alcanz&#243; a Paul y se colg&#243; de su brazo, en un gesto sencillo de intimidad que los transform&#243; al instante en pareja. Pasaron por el Albers-Eck, con su caracter&#237;stica puerta en la esquina. En alguno de los pubs era la noche Schlager, y la insipidez entusiasta de la m&#250;sica alemana inundaba la calle. MacSwain cruz&#243; la Hans Albers Platz y entr&#243; en una discoteca; uno de los dos porteros, que parec&#237;an mantener en pie ellos solos la industria de esteroides alemana, lo salud&#243; con la cabeza.

Mierda -dijo Anna-. &#191;Qu&#233; opinas?

Paul tom&#243; aire por entre los dientes.

No lo s&#233; Ah&#237; dentro va a estar a tope. Si entramos, podr&#237;a salir antes de que lo encontremos. Y si nos quedamos por aqu&#237; fuera, vamos a desentonar much&#237;simo. -Examin&#243; deprisa la plaza-. Podr&#237;amos pedir refuerzos y que aparcaran por aqu&#237; fuera, pero mientras esperamos, estamos expuestos Entremos a ver si lo encontramos. Si no, quedamos en la puerta dentro de quince minutos. &#191;De acuerdo? -Anna asinti&#243; con la cabeza.

Anna subi&#243; primero los escalones que llevaban a la discoteca. Uno de los enormes porteros mir&#243; la chaqueta de piel de Anna y se ri&#243; con sorna. Al pasar por delante de &#233;l, la detuvo coloc&#225;ndole una mano en el hombro izquierdo. La mano derecha de Anna se movi&#243; a toda velocidad en diagonal y agarr&#243; el pulgar grueso del gorila. El portero lade&#243; la cabeza, y solt&#243; un ahhhh mientras se miraba el pulgar, asombrado de que pudiera doblarse tanto.

&#161;No me toques! -dijo Anna con dulzura. El otro gorila de la puerta se acerc&#243;. Paul se coloc&#243; delante de &#233;l, y le puso la placa de Kriminalpolizei en toda la cara. El gorila retrocedi&#243; y le abri&#243; la puerta a Anna, que solt&#243; el pulgar del portero, y &#233;ste se lo agarr&#243; con la otra mano.

Va a clases para controlar la ira -Le dijo Paul al portero del dedo hinchado, y se ri&#243; de su propia gracia.

Cuando abrieron las puertas del vest&#237;bulo que daba a la pista de baile principal, el ruido apagado que o&#237;an por fuera de la discoteca se convirti&#243; en una explosi&#243;n ensordecedora de m&#250;sica de baile. Las luces estrobosc&#243;picas y los l&#225;seres brillaban al ritmo de la m&#250;sica. Hab&#237;a cientos de personas bailando en la pista, que estaba m&#225;s baja que las pasarelas que la rodeaban; pero la masa bulliciosa de cuerpos no era tan impenetrable como lo hubiera sido en fin de semana, o incluso un mi&#233;rcoles o un jueves. Aun as&#237;, encontrar a alguien concreto entre aquella multitud era una tarea desalentadora.

Anna se volvi&#243; hacia Paul y encogi&#243; los hombros demasiado grandes de su chaqueta de piel.

&#191;Qu&#233; es lo primero que hace uno cuando entra en una discoteca?

&#191;Pedir una copa?

Paul asinti&#243;, examinando la periferia de la pista de baile. Al fondo, hab&#237;a una barra larga e imponente ligeramente elevada. Se separaron y rodearon la pista de baile uno por cada lado, escudri&#241;&#225;ndola por si hab&#237;a rastro de MacSwain. Llegaron a la vez a los extremos opuestos de la barra con forma de herradura. Barrer un espacio en busca de un sospechoso sin llamar la atenci&#243;n requiere un arte especial; Paul no lo ten&#237;a. Su naturaleza y gen&#233;tica de alem&#225;n del norte se hab&#237;an confabulado para que pareciera que el uniforme de la Schutzpolizei era su atuendo natural. Aqu&#237;, rodeado de discotequeros modernos y a menudo ligeritos de ropa, Paul sab&#237;a que lo mejor que pod&#237;a hacer era confundirse al m&#225;ximo entre la maleza del ambiente. Se abri&#243; paso hasta la barra y pidi&#243; una cerveza.

Desde su posici&#243;n estrat&#233;gica, Paul ve&#237;a a Anna. Ella s&#237; era una experta. Lograba que pareciera que ten&#237;a la atenci&#243;n puesta en la m&#250;sica y en la pista de baile, mientras iba mirando a la barra s&#243;lo de vez en cuando y sin demostrar mucho inter&#233;s. Caminaba en direcci&#243;n a Paul cuando vio a MacSwain. Lo primero en que se fij&#243; Anna fue en su f&#237;sico; no lo hab&#237;a visto nunca de cerca y hab&#237;a utilizado de referencia la fotograf&#237;a tama&#241;o carn&#233; que Fabel hab&#237;a obtenido de inmigraci&#243;n. Ten&#237;a la cara ancha y de facciones marcadas, una mand&#237;bula r&#237;gida y ancha y p&#243;mulos pronunciados. Los ojos eran de un color verde esmeralda brillante.

MacSwain estaba conversando en la barra con dos rubias, quienes parec&#237;an escuchar atentamente lo que dec&#237;a, re&#237;rse con todo y mirar hipnotizadas sus ojos de joya verde. Anna se dio cuenta de que llevaba mir&#225;ndolo demasiado rato y dio la espalda al grupo. Recorri&#243; lentamente con la mirada la pista de baile hasta que se detuvo en Paul. Con un movimiento sutil de ojos le indic&#243; la posici&#243;n de MacSwain, y Paul asinti&#243; con la cabeza. Con total tranquilidad, se volvi&#243; para comprobar si MacSwain segu&#237;a all&#237;. S&#237;. Y la estaba mirando con sus ojos verdes y penetrantes. Anna not&#243; un nerviosismo en su interior, pero lo dej&#243; bien encerrado dentro de ella, asegur&#225;ndose de que su rostro no exteriorizara nada. Apart&#243; la vista de MacSwain y mir&#243; a todas partes menos a Paul, puesto que eso hubiera se&#241;alado a aqu&#233;l d&#243;nde estaba su otro observador. El coraz&#243;n le palpitaba con fuerza en el pecho, pero logr&#243; mostrarse relajada por fuera.

Permiti&#243; que su mirada volviera a MacSwain. Segu&#237;a con los ojos clavados en ella. Las dos rubias hablaban entre ellas y se re&#237;an nerviosamente. Mierda -pens&#243; Anna-, me ha pillado. Las comisuras de la boca de MacSwain esbozaron una sonrisa de complicidad. Anna esper&#243; que si desaparec&#237;a sigilosamente, Paul podr&#237;a seguir vigil&#225;ndolo mientras ella solicitaba por radio caras nuevas. Maldijo para s&#237;. Ya se hab&#237;an cargado otra vigilancia. Fabel yac&#237;a en la cama de un hospital, y cuando volviera al Pr&#228;sidium, descubrir&#237;a que hab&#237;a dejado que MacSwain la viera. La sonrisa de complicidad del rostro de MacSwain se convirti&#243; en una sonrisa burlona. Vamos, listillo de mierda -pens&#243; Anna-, restri&#233;gamelo. Entonces se dio cuenta: Joder, no me ha pillado &#161;El muy cabr&#243;n me est&#225; tirando los tejos!.

Anna le devolvi&#243; la sonrisa. MacSwain dijo algo a las dos rubias y se excus&#243; con un gesto; no hab&#237;a duda de que aquello no les gust&#243; nada, y se marcharon en busca de una presa menos evasiva. MacSwain dio unos pasos en direcci&#243;n a Anna y, sin mirar, ella supo que Paul se estar&#237;a acercando para cerrarle el paso. Anna fue hacia la barra, y despist&#243; a MacSwain pas&#225;ndole por delante y apoy&#225;ndose en el mostrador. Le pidi&#243; al camarero un whisky con ginger ale. MacSwain se volvi&#243; hacia la barra y sonri&#243;.

&#191;Puedo invitarte a la copa?

&#191;Por qu&#233;? -Anna respondi&#243; con voz fr&#237;a y sin mostrarse impresionada. Por encima del hombro de MacSwain vio que Paul se acercaba. Hizo un movimiento de lo m&#225;s sutil con los ojos, que Paul interpret&#243; al instante, pues se ocult&#243; de nuevo entre el follaje de la ropa de dise&#241;o de la discoteca.

Porque me gustar&#237;a.

Ella se encogi&#243; de hombros, y MacSwain pag&#243; cuando lleg&#243; la copa. Anna intent&#243; que sus movimientos fueran relajados, casi de indiferencia, pero su cerebro trabajaba a toda velocidad, intentando asimilar la nueva situaci&#243;n. La operaci&#243;n de vigilancia se hab&#237;a convertido en una operaci&#243;n secreta. Y no estaba preparada para aquello. Los &#250;nicos refuerzos de que dispon&#237;a eran la fr&#225;gil l&#237;nea de visi&#243;n que Paul manten&#237;a sobre ella. Y por lo que sab&#237;a, MacSwain pod&#237;a ser el loco que se dedicaba a despedazar a mujeres por diversi&#243;n. C&#233;ntrate, Anna -se dijo a s&#237; misma-. Sigue respirando despacio y con calma. No dejes que vea que est&#225;s asustada. Bebi&#243; un sorbo del whisky con ginger ale.

No te hab&#237;a visto nunca por aqu&#237; -dijo MacSwain.

Anna se volvi&#243; hacia &#233;l, con una burla en su rostro.

&#191;No se te ha ocurrido nada mejor?

Lo he dicho de verdad. Quer&#237;a iniciar una conversaci&#243;n, yo no digo las cosas para ligar. -Mientras hablaba, Anna detect&#243; por primera vez un ligero acento extranjero en su voz. Ten&#237;a un alem&#225;n perfecto, aunque un poco forzado, y s&#243;lo le quedaba un ligero acento tras a&#241;os de aprendizaje.

&#191;Eres extranjero? -le pregunt&#243; sin rodeos.

MacSwain se ri&#243;.

&#191;Tanto se nota?

S&#237; -dijo Anna, y bebi&#243; otro trago.

Eso no te ha gustado, &#191;verdad?, pens&#243;. Era evidente que MacSwain no estaba acostumbrado a que las mujeres no se quedaran embobadas escuch&#225;ndole. Relaj&#243; el semblante y adopt&#243; una expresi&#243;n de cortes&#237;a resignada.

Disfruta de la copa -dijo-. Siento haberte molestado. -Y comenz&#243; a marcharse. Mierda -pens&#243; Anna-, &#191;y ahora qu&#233;? Si se va, no podr&#233; seguirlo, pero no puedo quedarme con &#233;l el resto de la noche. Piensa.

El viernes por la noche vendr&#233; por si quieres invitarme a otra copa -le dijo sin volverse hacia &#233;l-. Sobre las ocho y media. -Se dio la vuelta. Quiz&#225; el viernes era demasiado tarde para los planes de MacSwain; quiz&#225; tendr&#237;a que haber dicho ma&#241;ana por la noche, pero si Fabel iba a apostar por aquella idea espont&#225;nea, necesitar&#237;an tiempo para preparar un plan y montar un equipo de refuerzo. MacSwain volvi&#243; a ofrecerle una sonrisa.

Vendr&#233;. Pero ahora ya estoy aqu&#237;

Lo siento -dijo Anna-. Tengo cosas que hacer ma&#241;ana.

El viernes a las ocho y media, entonces.

MacSwain no dio muestras de moverse. Anna se acab&#243; la copa demasiado deprisa, y le quem&#243; la garganta. De nuevo, no dej&#243; que se reflejara en su rostro.

Hasta el viernes.

Not&#243; los ojos de MacSwain sobre ella mientras se alejaba; pas&#243; por delante de Paul y le lanz&#243; una mirada. &#201;l interpret&#243; la se&#241;al como ahora est&#225;s solo. Se levant&#243; y se dirigi&#243; a la barandilla de acero que delimitaba la pista de baile, pas&#243; cerca de Anna sin mirarla y dej&#243; que le cogiera las llaves del coche que ten&#237;a en la mano.


Anna se qued&#243; sentada encogida en el coche durante dos horas antes de ver a MacSwain volviendo en direcci&#243;n al Spielbudenplatz Parkhaus. Lo acompa&#241;aba una chica, una rubia alta y atractiva que se apoyaba en &#233;l y se re&#237;a o lo besaba cada pocos pasos.

Ahhh -dijo Anna para s&#237; misma-, o sea que ya me enga&#241;as

Vio que Paul los segu&#237;a a cierta distancia. Hab&#237;a bastantes noct&#225;mbulos por Spielbudenplatz, y Paul dejaba que algunos de ellos se colocaran entre &#233;l y su objetivo. Anna se hundi&#243; en el coche cuando MacSwain y su trofeo pasaron por el otro lado y entraron en el Parkplatz. Paul se dej&#243; caer en el asiento del copiloto.

&#191;Qu&#233; opinas? &#191;Deber&#237;a entrar a pie y vigilarlo?

No. Podr&#237;amos perderlos cuando salieran. Tenemos que asegurarnos de que su cita llega a casa.

Paul ri&#243; con amargura.

Bueno, se ha jodido todo. Ha descubierto tu tapadera.

Yo no dir&#237;a que ha sido un desastre total -contest&#243; Anna con una sonrisa ufana-. Despu&#233;s de todo, tengo una cita con &#233;l


Mi&#233;rcoles, 18 de junio. 11:00 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Fabel ten&#237;a los ojos ensombrecidos y hundidos en el cr&#225;neo. Las otras &#250;nicas pruebas del ataque eran el morat&#243;n bronce y p&#250;rpura que ten&#237;a en un lado del cuello y la rigidez con la que mov&#237;a la cabeza, ya que tend&#237;a a girar los hombros fuera cual fuera la direcci&#243;n en la que quer&#237;a mirar. Despu&#233;s de que le dieran el alta a las ocho y media de la ma&#241;ana, se march&#243; a casa a ducharse para desprenderse del olor a hospital y cambiarse de ropa. Hab&#237;a dedicado la &#250;ltima hora a leer el informe sobre la operaci&#243;n secreta de Klugmann y Kramer.

Seg&#250;n el informe del BND, el objetivo era recabar informaci&#243;n de inteligencia sobre la rivalidad entre bandas y, en concreto, sobre la invasi&#243;n por parte de los ucranianos de las zonas controladas por Ulugbay.

El informe conten&#237;a &#243;rdenes del Ministerio de Justicia para pinchar el tel&#233;fono de la principal l&#237;nea terrestre del apartamento. No se mencionaba que hubiera un equipo de v&#237;deo ni micr&#243;fonos en el piso. Tina Kramer ten&#237;a un papel de refuerzo, transmit&#237;a los materiales o el dinero necesarios, y as&#237; se evitaba que Klugmann tuviera que establecer contacto directo con alguna de las agencias. Las instrucciones que ella ten&#237;a eran quedarse a pasar la noche en el piso cada vez que contactara con Klugmann. De ese modo, cualquier persona que vigilara a Klugmann no podr&#237;a seguir despu&#233;s a Kramer hasta el LKA o el BND. El piso donde realmente viv&#237;a Kramer estaba en Eimsb&#252;ttel, lo suficientemente lejos de Sankt Pauli para evitar que cualquier sospechoso se tropezara con ella por casualidad mientras hac&#237;a la compra. Las instrucciones que ten&#237;a sobre medidas de contravigilancia eran complejas. Hab&#237;a cuatro casas seguras. Visitaba como m&#237;nimo una de ellas, durante una hora al menos, cada vez que regresaba a su piso despu&#233;s de haber contactado con Klugmann. Tambi&#233;n pod&#237;a recoger materiales y dinero en las casas seguras. Como Klugmann, Kramer llevaba meses sin ver el interior de una agencia federal. La idea era que, en caso de que alguien la siguiera, pensara que iba a visitar a un cliente. Despu&#233;s, tomaba una ruta muy larga para ir a Eimsb&#252;ttel, intercalando comprobaciones de contravigilancia y maniobras evasivas. Tardaba mucho en llegar a casa.

Aquello significaba algo. En realidad, Kramer tan s&#243;lo era el correo de Klugmann, pero cada paso que daba, cada detalle que la relacionara con &#233;l, estaba lleno de precauciones. En cambio &#233;l, ir&#243;nicamente, ten&#237;a que hacer menos maniobras clandestinas. Su forma principal de protegerse era vivir la vida. Iba a tener que meterse tanto en su papel de macarra en los m&#225;rgenes del crimen organizado, y aislarse tanto de sus controles, que al final su tapadera ser&#237;a impenetrable. Klugmann ten&#237;a dos cuerdas de salvamento: Tina Kramer y su m&#243;vil. No eran s&#243;lo las formas que ten&#237;a de ponerse en contacto, sino que tambi&#233;n hac&#237;an que tuviera los pies en el suelo; lo manten&#237;an conectado con la persona que era en realidad y con los verdaderos objetivos de la operaci&#243;n.

En el informe, hab&#237;a muchos datos sobre las organizaciones criminales de Ulugbay y Varasouv, adem&#225;s de sobre otros intereses criminales perif&#233;ricos. Sin embargo, no hab&#237;a suficientes sobre la nueva banda, el llamado Equipo Principal, pese a que el propio Volker hab&#237;a reconocido que era el objetivo principal de la operaci&#243;n. Las transcripciones de las conversaciones pinchadas en el apartamento tampoco aportaban nada que mereciera la pena. Faltaba algo.

Volker le hab&#237;a prometido la historia completa: le hab&#237;a mentido.


Fabel le pidi&#243; a Werner que convocara a todo el mundo en el despacho principal de la Mordkommission para celebrar una reuni&#243;n informativa. Al salir de su despacho, advirti&#243; que los ojos de su equipo se posaban en &#233;l. Se irgui&#243; tanto como pudo e intent&#243; dar a sus movimientos la m&#225;xima vitalidad posible. Se oy&#243; un zumbido d&#233;bil en el despacho, y Paul Lindemann se puso al tel&#233;fono. Fabel esper&#243; a que acabara de hablar y dio dos palmadas secas.

Muy bien, gente, &#191;qu&#233; tenemos? &#191;Maria?

Maria Klee estaba sentada en la esquina de su mesa. Llevaba una cara blusa azul claro y unos elegantes pantalones grises. El bulto negro y pesado de la autom&#225;tica parec&#237;a totalmente fuera de lugar en su cadera. Cogi&#243; una tablilla con algunas notas.

He localizado a un miembro del Templo de Asatru; un tipo llamado Bjorn Jannsen. Tiene una especie de tienda New Age en el Schanzenviertel. Tambi&#233;n est&#225; detr&#225;s de una p&#225;gina web sobre odinismo o Asatru o como quer&#225;is llamarlo

Gilipolleces -sugiri&#243; Werner. Hubo un conato de risa que choc&#243; con la actitud seria de Maria.

El caso es que lo he encontrado a trav&#233;s de la p&#225;gina web -prosigui&#243;-. Cuando le pregunt&#233; si conoc&#237;a el Templo de Asatru, reconoci&#243; libre y abiertamente que &#233;l era miembro; al parecer, es uno de los sumos sacerdotes. Afirma que todo es absolutamente legal y describe Asatru como una celebraci&#243;n de la vida. He quedado con &#233;l hoy a las ocho y media.

Ir&#233; contigo. -Fabel se volvi&#243; hacia Werner-. &#191;Tenemos algo m&#225;s sobre MacSwain?

Ahora le tocaba a Werner consultar sus notas.

John Andreas MacSwain -Como todos los integrantes de la Mordkommission a excepci&#243;n de Fabel, Werner no sab&#237;a pronunciar la suave w anglosajona del apellido MacSwain-. Nacido en 1973 en Edimburgo, Escocia. Su padre es socio en una asesor&#237;a contable. Su madre es alemana, de Kassel, Hessen. Fue a una de esas escuelas privadas pijas que tienen los brit&#225;nicos y se licenci&#243; en inform&#225;tica en la Universidad -Werner tuvo dificultades para pronunciar el nombre- Heriot-Watt. Tambi&#233;n se licenci&#243; en inform&#225;tica aplicada avanzada aqu&#237;, en la Universidad Polit&#233;cnica de Hamburgo-Harburg. Tiene la residencia permanente alemana, pero no ha solicitado la nacionalidad. He encontrado una coincidencia MacSwain trabaja para el grupo editorial Eitel. No est&#225; en plantilla. Tiene un contrato de aut&#243;nomo como asesor de tecnolog&#237;as de la informaci&#243;n.

El hombre perfecto para enviar mensajes de correo electr&#243;nico cifrados -dijo Anna.

Fabel, que estaba sentado en el borde de la mesa de Werner, asimil&#243; aquella idea, descansando la barbilla sobre el pecho. La levant&#243; deprisa cuando not&#243; una punzada de dolor en el cuello, donde el eslavo hab&#237;a ejercido la presi&#243;n.

Sigue, Werner.

No tiene antecedentes ni aqu&#237; ni en el Reino Unido. Ni siquiera una multa por exceso de velocidad. -Werner baj&#243; sus notas y puso cara de eso es todo.

Anna, &#191;qu&#233; tal la vigilancia? &#191;Hay algo de lo que informar?

Anna y Paul intercambiaron una mirada. Fabel respir&#243; despacio.

De acuerdo Anna Cu&#233;ntanos.

Anna relat&#243; lo sucedido la noche anterior.

Muy bien -La expresi&#243;n de Fabel era de exagerada estupefacci&#243;n-. Est&#225;s diciendo que el resultado de vuestra vigilancia es que has quedado con el objetivo &#191;para salir? -Puso &#233;nfasis en las dos &#250;ltimas palabras.

&#191;Qu&#233; quieres que te diga? Lo tomas o lo dejas.

Fabel se irgui&#243;.

Me alegro de que todo esto te resulte tan divertido, Kommissarin Wolff.

Mira, jefe, podr&#237;a funcionar. Podr&#237;a dejar el equipo de vigilancia y no acudir a mi cita con MacSwain; por otro lado, podr&#237;a ir y seguramente descubrir&#237;a m&#225;s sobre &#233;l de lo que averiguar&#237;amos observ&#225;ndolo durante un mes.

&#191;Y qu&#233; pasa si es nuestro hombre? -dijo Paul-. Podr&#237;as ser su pr&#243;xima v&#237;ctima.

Fabel mir&#243; el rostro que se escond&#237;a detr&#225;s del maquillaje de aquella chica menuda, del cuerpo peque&#241;o y desafiador, y not&#243; una inquietud en el est&#243;mago.

No me gusta, Anna. No quiero ponerte en peligro, pero me lo pensar&#233;.

Paul Lindemann emiti&#243; un sonido como si hubiera probado algo t&#243;xico y lanz&#243; el bol&#237;grafo sobre su mesa. Fabel no le hizo caso, pero decidi&#243; que si por s&#237; misma Anna no eleg&#237;a a Paul, &#233;l mismo insistir&#237;a en que fuera &#233;ste quien liderara el equipo de refuerzo: sab&#237;a que Paul antepondr&#237;a la seguridad de Anna a su propia vida.

Quiero que dise&#241;es un esquema de la operaci&#243;n y lo dejes sobre mi mesa hoy mismo -sigui&#243; Fabel-. Y si no es perfecto, no seguiremos adelante. Y Anna, quiero que lleves micro. Quiero que el equipo de refuerzo sepa todo lo que pasa.

Vaya -Anna puso cara de decepcionada-. &#191;Quieres que me hagan de carabina? -Entonces, cuando vio que nadie agradec&#237;a la broma, a&#241;adi&#243;-: Lo que t&#250; digas, jefe.

Fabel not&#243; una presi&#243;n en la cabeza. Parec&#237;a que la iluminaci&#243;n fuerte del despacho de la Mordkommission hac&#237;a que le escocieran los ojos. Mir&#243; la hora: eran casi las doce y media; no pod&#237;a tomarse otro calmante hasta dentro de una hora.

&#191;Qu&#233; tenemos sobre Angelika Bl&#252;m? -Fabel se masaje&#243; las sienes mientras hablaba-. &#191;Sabemos algo m&#225;s sobre ella?

Tenemos todo su historial laboral desglosado -dijo Werner-. Hay un par de cosas interesantes que cabe se&#241;alar. &#191;Sabes la exposici&#243;n &#233;sa de Bremen?

Fabel asinti&#243; con la cabeza, intrigado por la relaci&#243;n que pudiera existir.

Bueno, Marlies Menzel, antes de licenciarse en colocaci&#243;n de bombas en el Alsterarkaden, trabaj&#243; de periodista y dibujante sat&#237;rica en una revista de izquierdas llamada Zeitgeist. Angelika Bl&#252;m tambi&#233;n trabajaba en esa revista. Por aquella &#233;poca sal&#237;a con el director.

&#191;Menzel y Bl&#252;m eran amigas?

A&#250;n no lo s&#233;. Esperaba que pudi&#233;ramos ir los dos a interrogar al ex novio de Bl&#252;m para averiguarlo.

No creo que me necesites para eso -dijo Fabel, desconcertado.

Yo creo que s&#237;. -La topograf&#237;a de facciones duras de Werner se desplaz&#243; un poco para dejar sitio a una sonrisa ir&#243;nica-. De hecho, no me sorprender&#237;a que el Kriminaldirektor Van Heiden tambi&#233;n quisiera asistir.

&#191;Por qu&#233;?

El amante de Angelika Bl&#252;m en aquella &#233;poca, y durante cuatro a&#241;os en total, era un joven abogado y periodista de izquierdas con ambiciones pol&#237;ticas. Se llamaba Hans Schreiber.

Fabel se qued&#243; mirando a Werner.

No nuestro Hans Schreiber. &#191;El Erste B&#252;rgermeister?

El mismo.

Fabel levant&#243; las cejas.

&#191;Qu&#233; m&#225;s tienes?

Bl&#252;m ten&#237;a una buena amiga que trabaja para la radio NDR. Erika Kessler. He hablado con ella por tel&#233;fono. Es un poco quisquillosa, pero estaba muy afectada por la muerte de Bl&#252;m. Parece que sabe algo, aunque no mucho, sobre lo que estaba investigando Bl&#252;m. Tambi&#233;n he concertado una reuni&#243;n con ella.

&#191;Sabemos algo del tipo que me atac&#243; en el piso de Bl&#252;m?

Me temo que no, jefe, y no ser&#225; porque no lo hayamos buscado.

Dedicaron el resto de la reuni&#243;n informativa a programar las diversas entrevistas y a distribuir las tareas. Fabel estaba poniendo fin a la reuni&#243;n cuando le son&#243; el m&#243;vil. Reconoci&#243; la voz al instante.

Esperad. -Fabel se apart&#243; el tel&#233;fono del o&#237;do y se dirigi&#243; a su equipo-. Muy bien, chicos, mantenedme informado de todos los progresos en cualquier l&#237;nea de investigaci&#243;n. -Entr&#243; en su despacho, cerr&#243; la puerta y se llev&#243; de nuevo el tel&#233;fono al o&#237;do.

Mahmoot, &#191;d&#243;nde co&#241;o has estado? Estaba preocupad&#237;simo. Escucha, olv&#237;date de hacer preguntas sobre estos ucranianos o sobre la chica muerta. Ya sabemos qui&#233;n es, y no es prudente que te veas implicado

Ya lo s&#233;, Jan. Creo que ya es un poco tarde para eso. De todas formas, he intentado pasar desapercibido. Ya s&#233; que te sonar&#225; a frase de pel&#237;cula mala, pero creo que me siguen. Creo que voy a quedarme escondido un tiempo, pero necesito que compruebes un nombre.

&#191;Cu&#225;l?

Vitrenko. Vasyl Vitrenko. Creo que incluso puede que se lo conozca como coronel Vitrenko.

&#191;Qu&#233; pasa con &#233;l?

Es el diablo, Jan.


Mi&#233;rcoles, 18 de junio. 15:00 h


Hamburger Hafen (Hamburgo)


El verano hab&#237;a llegado a Hamburgo, y la temperatura hab&#237;a subido. Paul, Werner y Fabel se hab&#237;an quitado la chaqueta, y Maria estaba sentada en un muro bajo junto a las mesas altas, con las piernas cruzadas; llevaba unos pantalones elegantes, y los dedos entrelazados se cog&#237;an las rodillas; la luz del sol se reflejaba en la seda azul claro de su blusa. Hab&#237;an dejado las fundas y las armas en el maletero del BMW descapotable de Fabel, y si no hubiera sido por las facciones duras de Werner y el aspecto neopunk de Anna, podr&#237;an haber sido un grupo de abogados de un bufete corporativo divirti&#233;ndose en un Schnell-Imbiss de los muelles.

Despu&#233;s de que el siempre jovial Dirk les hubiera servido a cada uno una cerveza helada, ocuparon dos mesas lejos de la pareja de trabajadores del muelle, que eran los otros &#250;nicos clientes del establecimiento.

Nuestro amigo Volker nos est&#225; ocultando muchas cosas, a pesar de que nos prometi&#243; que ser&#237;a sincero. Me est&#225; dando m&#225;s informaci&#243;n mi fuente no oficial que la maquinaria de la inteligencia federal. -Todos sab&#237;an que Fabel ten&#237;a sus propios confidentes protegidos, igual que ellos, y sab&#237;an que no deb&#237;an preguntar qui&#233;n era la fuente de la nueva informaci&#243;n-. Sin embargo, tengo que decir que no estoy seguro de qu&#233; relaci&#243;n directa tiene todo esto con nuestra investigaci&#243;n, pero es un elemento peligroso que como m&#237;nimo tiene puntos en com&#250;n con nuestro caso. Hay muchas probabilidades de que esta gente sea la que mat&#243; a Klugmann. Y es casi seguro de que asesinaron a Ulugbay para quedarse con su enlace colombiano en el negocio de las drogas.

Nadie habl&#243;. Fabel bebi&#243; un sorbo de su Jever, que le sirvi&#243; para tragar un par de pastillas de code&#237;na.

El Equipo Principal, como lo llama Volker, est&#225; compuesto por ex agentes del Spetznaz. No se trata de los matones habituales. Seg&#250;n mi confidente, son todos veteranos de Chechenia y Afganist&#225;n, dirigidos por un tal coronel Vasyl Vitrenko.

Este tipo tiene una reputaci&#243;n terrible, y con s&#243;lo mencionarlo, las otras bandas ucranianas se cagan en los pantalones. Nadie est&#225; seguro siquiera de si Vitrenko est&#225; aqu&#237;, pero s&#237; saben que el Equipo Principal est&#225; compuesto por agentes que sirvieron a sus &#243;rdenes. No tengo ni idea de lo que ha hecho este tipo, pero con la fama que tiene de cometer atrocidades nadie se atreve a creer que, en realidad, no est&#233; aqu&#237;.

&#191;Podr&#237;a ser que este tal Vitrenko estuviera detr&#225;s de los asesinatos del &#193;guila de Sangre? -pregunt&#243; Maria.

Lo dudo. El Hijo de Sven se considera una especie de cruzado germ&#225;nico. Y Vitrenko es extranjero. Pero lo que s&#237; creo es que &#233;l, o el grupo que utiliza su reputaci&#243;n como instrumento de terror, era el verdadero objetivo de la operaci&#243;n de Klugmann y Kramer. Las medidas de seguridad y antidetecci&#243;n que se pusieron en marcha sugieren que se enfrentaban a un oponente muy organizado y profesional. Si las cosas fueran distintas, podr&#237;amos pedir a la divisi&#243;n de crimen organizado que nos ayudara, pero Volker afirma que esta banda tiene contactos dentro de la polic&#237;a de Hamburgo. Por eso quiero que esta informaci&#243;n quede entre nosotros cinco.

Dios santo, Jan -dijo Werner, sacudiendo la cabeza con incredulidad-. No te creer&#225;s en serio esa gilipollez.

No estoy dispuesto a asumir ning&#250;n riesgo. Seg&#250;n Volker, esta gente tiene un historial especial en la polic&#237;a de Ucrania. Y afront&#233;moslo, hay personas dentro del cuerpo incapaces de establecer si son soldados o polic&#237;as. Ni siquiera puedo pedirle ayuda a Volker. Ya fue lo bastante sincero sobre el Equipo Principal, pero, como dijo, el jefazo no tiene ni rostro ni nombre. Si mi contacto puede ponerle un nombre, estoy convencido de que el BND tambi&#233;n puede hacerlo. Y de todas formas, el informe que me dio Volker ha sido preparado para minimizar la importancia del Equipo Principal. Quiero que investiguemos si hay alguien dentro de la polic&#237;a de Hamburgo que haya tenido contactos oficiales, semioficiales o extraoficiales con los servicios de seguridad ucranianos. Maria, &#191;pod&#233;is encargaros Werner y t&#250;? Ya s&#233; que los dos est&#225;is hasta los topes de trabajo, as&#237; que no lo convirt&#225;is en una prioridad, pero aseguraos de que se hace. Y por el amor de dios, con discreci&#243;n.

Maria asinti&#243;.

Soy la discreci&#243;n personificada -dijo Werner, y los cincos se echaron a re&#237;r.


Mi&#233;rcoles, 18 de junio. 19:00 h


Blankenese (Hamburgo)


Blankenese est&#225; al oeste de Hamburgo, en la orilla norte del Elba. El terreno asciende abruptamente formando bancales escalonados a partir del r&#237;o y est&#225; salpicado de bosquecitos con &#225;rboles de hojas anchas. Se asocia esta zona con una mezcla de casitas pintorescas de pescadores y mansiones elegantes del siglo XIX y principios del XX. Mientras las casitas se api&#241;an acogedoramente, las mansiones evitan cualquier ostentaci&#243;n y mantienen el decoro propio del norte de Alemania detr&#225;s de modestas cortinas de &#225;rboles y enormes jardines. La arquitectura contempor&#225;nea ha hecho incursiones limitadas en Blankenese, pero de un modo de lo m&#225;s selectivo y elegante. Por todas estas razones, podr&#237;a decirse que se ha convertido en el barrio residencial m&#225;s atractivo de la ciudad. Hace tiempo que los pescadores y artesanos que confirieron a Blankenese su personalidad y car&#225;cter pintoresco han sido desplazados por empresarios, publicistas y directivos de las multinacionales de Hamburgo.

Werner hab&#237;a llamado a Erika Kessler a su despacho de los estudios de la radio NDR en Rothenbaumchaussee, pero ella le hab&#237;a pedido expl&#237;citamente si pod&#237;an realizar la entrevista aquella noche en su casa de Blankenese. Aunque Fabel segu&#237;a notando un martilleo que le machacaba las sientes, le dijo a Werner que quer&#237;a acompa&#241;arlo. Fabel necesitaba formarse una imagen mental de Angelika Bl&#252;m. Ten&#237;a que comprender por qu&#233; impulsos se hab&#237;a movido y ad&#243;nde la hab&#237;an llevado. Todos los directores de peri&#243;dicos y agencias que encargaban un art&#237;culo a Bl&#252;m con regularidad hab&#237;an dicho lo mismo: nunca revelaba la naturaleza de su investigaci&#243;n hasta que el art&#237;culo estaba listo para publicar. Eso les dejaba a Erika Kessler, quien conoc&#237;a a Angelika Bl&#252;m desde la universidad y era lo m&#225;s parecido a una amiga que ten&#237;a.

Erika Kessler era productora de la NDR, y su marido era socio de una productora que hac&#237;a anuncios para televisi&#243;n. La casa contempor&#225;nea de tres pisos que compart&#237;an reflejaba la suma de sus ingresos y la moderna credibilidad de sus profesiones. El marido de Kessler, un hombre bajito, pulcro, medio calvo que llevaba unos pantalones Armani, una camiseta de cachemir con cuello de pico y unas sandalias que al andar resonaban ruidosamente en las baldosas de terracota del atrio, los condujo a una terraza de madera que se proyectaba sobre un jard&#237;n inclinado.

En cuanto la vista desde la terraza se abri&#243; ante &#233;l, Fabel supo que debi&#243; incrementar en medio mill&#243;n el valor de la casa. Advirti&#243; que Werner, una persona que normalmente carec&#237;a de sensibilidad est&#233;tica, tambi&#233;n asimilaba en silencio el paisaje. La residencia de los Kessler estaba en uno de los bancales que retroced&#237;an y ascend&#237;an desde el Blankenese Strandweg. Desde la terraza, Fabel y Werner ten&#237;an una vista ininterrumpida de todo el Elba: desde la orilla ancha que resigue el r&#237;o, pasando por la hoz boscosa de la reserva natural de la isla Nesssand que divide el Elba en dos canales, hasta la Altes Land en la orilla sur del r&#237;o. El Elba estaba moteado de tri&#225;ngulos blancos pertenecientes a una docena de barcos de vela. Tan s&#243;lo un buque portacontenedores largo y descomunal recordaba que la funci&#243;n principal del r&#237;o no era el placer sino el comercio.

Durante la &#250;ltima semana m&#225;s o menos, Fabel hab&#237;a visto muchas propiedades imponentes -la mansi&#243;n de Yilmaz, el loft moderno de MacSwain y el apartamento Jugendstil de Angelika Bl&#252;m-, pero ninguna le hab&#237;a hecho sentir envidia. Esta casa s&#237;, con su estilo relajado pero elegante, su situaci&#243;n y vistas incre&#237;bles que rivalizaban con el paisaje urbano de su propio piso. Sin embargo, cuando se imagin&#243; a s&#237; mismo en aquella casa, fue al lado de su ex mujer Renate y su hija Gabi. Era el sabor amargo de su envidia, y se dio cuenta de que sent&#237;a celos de los Kessler. Dio la espalda a las vistas.

Cuando Erika Kessler sali&#243; a la terraza, descubri&#243; un atractivo glacial que desbarataba una mand&#237;bula de robustez casi masculina. Sus ojos azul claro eran g&#233;lidos, y ladeaba la cabeza de una forma que suger&#237;a arrogancia. La severidad de su expresi&#243;n quedaba mitigada por el precioso cabello rubio ceniza que llevaba suelto y encuadraba su rostro con unos rizos suaves. Vest&#237;a una camiseta blanca de algod&#243;n con cuello redondo y unos pantalones blancos anchos de hilo. Se&#241;al&#243; unos sillones de madera noble de aspecto s&#243;lido y se sent&#243;. Werner y Fabel ocuparon dos sillas delante de ella. Hab&#237;an mostrado sus placas ovales a Herr Kessler al llegar; ahora, Erika Kessler les pregunt&#243; si pod&#237;a ver su identificaci&#243;n y examin&#243; ambas acreditaciones detenidamente, mirando primero la fotograf&#237;a y despu&#233;s la cara y otra vez la foto en cada caso.

&#191;Quer&#237;an hacerme unas preguntas sobre Angelika? -les pregunt&#243; al final, y les devolvi&#243; las placas.

S&#237; -dijo Fabel-. S&#233; que debe de estar muy afectada por la muerte de Frau Bl&#252;m, y por c&#243;mo se ha producido, y le aseguro que no queremos afligirla m&#225;s; pero necesitamos saber todo lo que sea posible sobre Frau Bl&#252;m para encontrar a su asesino.

Les dir&#233; lo que pueda. Angelika no era una persona que -Frau Kessler se tom&#243; un momento para buscar la palabra correcta- que te contara cosas. La verdad es que no hablaba mucho de s&#237; misma.

&#191;Pero eran amigas &#237;ntimas? -pregunt&#243; Werner.

&#201;ramos amigas. Conoc&#237; a Angelika en la universidad. Nos llev&#225;bamos bien. Era inteligente y atra&#237;a a los hombres, y en aquella &#233;poca &#233;sas eran unas credenciales esenciales.

&#191;C&#243;mo era? -pregunt&#243; Fabel.

&#191;Cuando est&#225;bamos en la universidad o despu&#233;s?

En ambos casos.

Bueno, Angelika nunca fue una persona despreocupada, dir&#237;a yo. Siempre se tom&#243; en serio sus estudios y estaba muy concienciada pol&#237;ticamente. Fuimos juntas de vacaciones un par de veces. Un verano trabajamos en unos vi&#241;edos en Espa&#241;a. Recuerdo que de vuelta visitamos el Pa&#237;s Vasco y acabamos en Guernica, ya saben, el pueblo del cuadro de Picasso. Recuerdo que est&#225;bamos en un monumento a las personas que en 1937 mat&#243; la Legi&#243;n C&#243;ndor, a la que Hitler orden&#243; bombardear el lugar para hacerle un favor a Franco. Una anciana nos oy&#243; hablar en alem&#225;n y se puso a reprocharnos lo que le hab&#237;amos hecho a su pueblo. Le dije que eso no ten&#237;a nada que ver conmigo, que yo hab&#237;a nacido una d&#233;cada despu&#233;s de la guerra, pero Angelika se qued&#243; muy afectada. Yo incluso dir&#237;a que &#233;se fue un hecho importante en su concienciaci&#243;n pol&#237;tica.

Dice que le interesaba la pol&#237;tica. Supongo que era de izquierdas.

De izquierdas, sin duda. Pero no era marxista ni nada por el estilo. En el fondo, era una liberal. Y se preocupaba por el medio ambiente. En una &#233;poca, milit&#243; en Die Gr&#252;nen. Despu&#233;s de la reunificaci&#243;n, cuando los Verdes pactaron con diversos grupos de la oposici&#243;n de la Alemania Oriental y formaron el B&#252;ndnis90/Die Gr&#252;nen, creo incluso que flirte&#243; con la idea de presentarse a las elecciones al Bundestag.

&#191;Por qu&#233; no lo hizo?

Frau Kessler se apart&#243; un rizo dorado descarriado y se lo puso detr&#225;s de la oreja.

Angelika era una periodista excelente, y ella lo sab&#237;a. Eligi&#243; seguir siendo una periodista excelente en lugar de convertirse en una pol&#237;tica mediocre. Ten&#237;a la impresi&#243;n de que pod&#237;a hacer m&#225;s por la justicia social y la protecci&#243;n medioambiental a trav&#233;s de sus art&#237;culos.

&#191;Cu&#225;ndo vio a Frau Bl&#252;m por &#250;ltima vez? -pregunt&#243; Werner.

La semana pasada. Almorc&#233; con ella el mi&#233;rcoles pasado. El d&#237;a cuatro, creo.

&#191;C&#243;mo estaba? &#191;Le mencion&#243; algo fuera de lo normal?

No. Creo que no. La verdad es que estaba bastante optimista. Aquella tarde iba a cubrir la llegada de ese capullo nazi de Wolfgang Eitel.

&#191;El padre de Norbert Eitel, el editor?

Y ex oficial de las SS y l&#237;der del llamado Bund Deutschland-f&#252;r-Deutsche.

&#191;Qu&#233; inter&#233;s ten&#237;a Frau Bl&#252;m en &#233;l?

Kessler cruz&#243; las largas piernas, y los pantalones de hilo emitieron un susurro.

No fue espec&#237;fica. Como seguramente ya sabr&#225;n, Angelika manten&#237;a en secreto los detalles de sus investigaciones hasta que estaba preparada para publicar o transmitir la historia. Intent&#243; que me interesara por realizar un documental radiof&#243;nico con ella. Lo &#250;nico que me dijo era que ten&#237;a algo turbio sobre Eitel que destrozar&#237;a su credibilidad entre sus partidarios. Lo que s&#237; dijo es que estaba relacionada con la especulaci&#243;n inmobiliaria.

&#191;Sugiri&#243; en alg&#250;n momento que debido a su investigaci&#243;n corr&#237;a peligro?

Frau Kessler frunci&#243; el ce&#241;o.

No creo que se le pasara por la cabeza. A m&#237; tampoco se me ocurri&#243;. No sospechar&#225; de los Eitel, &#191;verdad?

En concreto, no. &#191;Estaba trabajando en algo m&#225;s?

S&#233; que estaba haciendo algo sobre el BATT101. Pero no creo que fuera un proyecto importante.

Fabel frunci&#243; el ce&#241;o. Antes y durante la segunda guerra mundial, el Batall&#243;n de Reserva Policial 101 estaba integrado por hombres normales y corrientes, principalmente de mediana edad y clase trabajadora de Hamburgo, que estaba considerada una de las ciudades menos nazificadas de Alemania. En 1942, estos hombres normales y corrientes del Batall&#243;n de Reserva Policial 101 masacraron a casi dos mil jud&#237;os en Otwock, Polonia. Cuando acab&#243; la guerra, el BATT101 hab&#237;a exterminado a m&#225;s de 80.000 jud&#237;os y otros indeseables. Fabel record&#243; a Frau Steiner, la anciana de ojos de lechuza que viv&#237;a debajo del piso en el que Tina Kramer hab&#237;a sido asesinada. Record&#243; las viejas fotograf&#237;as en blanco y negro de un hombre con un uniforme del Batall&#243;n de Reserva Policial.

&#191;El BATT101? No es un tema de actualidad.

Erika Kessler se encogi&#243; de hombros.

No lo s&#233;. Quiz&#225; ella tuviera otra perspectiva sobre el asunto. Dijo algo acerca de establecer comparaciones con las acciones de la polic&#237;a sovi&#233;tica en Afganist&#225;n y Chechenia.

&#191;Y en cuanto a relaciones? -pregunt&#243; Fabel-. &#191;Sal&#237;a Frau Bl&#252;m con alguien?

Hubo un cierto titubeo en la respuesta.

No No creo que se viera con nadie especial &#250;ltimamente. Estuvo saliendo con otro periodista un tiempo. Paul Thorsren. -Fabel anot&#243; el nombre-. Pero rompieron har&#225; un a&#241;o. No creo que haya tenido ninguna relaci&#243;n importante desde entonces.

Fabel mir&#243; fijamente los g&#233;lidos ojos azules de Erika Kessler. &#201;stos le sostuvieron la mirada con determinaci&#243;n. Casi lo hab&#237;a conseguido, pero en aquella mil&#233;sima de segundo antes de responder con una reacci&#243;n demasiado natural y la mirada demasiado fija, le hab&#237;a revelado a Fabel su primera mentira. Pero &#191;por qu&#233; mentir&#237;a Kessler sobre los novios de Bl&#252;m?

&#191;Conoce a Marlies Menzel?

&#191;La pintora?

La terrorista.

Kessler se ri&#243;, pero el hielo de sus ojos se escarch&#243; y endureci&#243; un poco m&#225;s.

&#191;Qu&#233; tal la ex terrorista que ahora es pintora? S&#233; qui&#233;n es, pero no, no la conozco personalmente.

Pero Angelika Bl&#252;m s&#237;.

Creo que trabajaron juntas en alg&#250;n momento.

En Zeitgeist, la revista de izquierdas. Creo que en aquella &#233;poca el director era un joven Hans Schreiber. &#191;Frau Bl&#252;m y &#233;l sal&#237;an juntos por aquel entonces?

Creo que s&#237;. Creo que vivieron juntos un tiempo -dijo Kessler. De nuevo, Fabel detect&#243; una mirada defensiva en sus ojos. El arte del interrogador es juntar no s&#243;lo lo que se dice, la verdad y las mentiras, sino recopilar los silencios, los gestos, los movimientos de los ojos. Fabel sinti&#243; la emoci&#243;n de una peque&#241;a revelaci&#243;n al atar cabos. Pens&#243; en desafiar a Kessler, pero por el momento decidi&#243; guardarse lo que pensaba.

El resto del interrogatorio no aport&#243; nada importante. Fabel dio las gracias a Erika Kessler por dedicarles su tiempo, y ella asinti&#243; con la cabeza de un modo que estaba a medio camino entre la cortes&#237;a y la frialdad. Acompa&#241;&#243; a Fabel y a Werner a la puerta, atravesando el atrio de baldosas que estaba unos grados por debajo de la temperatura de la terraza, que miraba al sur.

A Fabel le cost&#243; encontrar la carretera de vuelta a la ciudad; se equivoc&#243; varias veces por culpa del elaborado sistema unidireccional de Blankenese. Al final, el BMW accedi&#243; a Elbchaussee.

Bueno, &#191;qu&#233; te ha parecido? -le pregunt&#243; a Werner.

Hay algo que no nos dice. Sospecho que Bl&#252;m sal&#237;a con alguien y que Kessler intenta mantener a esa persona al margen de todo este asunto.

Eso mismo creo yo. -Fabel se qued&#243; callado un momento-. Werner, &#191;c&#243;mo describir&#237;as a Hans Schreiber, el Erste B&#252;rgermeister?

Werner se volvi&#243; hacia Fabel, desconcertado y con el ce&#241;o fruncido. Fabel sigui&#243; mirando al frente.

No lo s&#233; Es un hombre alto, supongo. Viste ropa cara. Tiene el pelo rubio canoso. Es obvio que hace ejercicio Es ancho de espaldas &#191;Por qu&#233;?

Ahora Fabel se volvi&#243; hacia Werner.

Ahora descr&#237;beme al hombre que tu testigo vio entrar en el edificio de Angelika Bl&#252;m.



TERCERA PARTE

Jueves, 19 de junio -Domingo, 22 de junio


Jueves, 19 de junio. 10:20 h


Rathaus de Hamburgo


El Kriminaldirektor Van Heiden reaccion&#243; casi como Fabel hab&#237;a previsto. Casi, pero no exactamente igual. Van Heiden se qued&#243; impactado cuando Fabel le revel&#243; que el Erste B&#252;rgermeister Schreiber era ahora sospechoso en una investigaci&#243;n tan destacada, y Fabel observ&#243; a su jefe desde el otro lado de la gran mesa que Van Heiden ten&#237;a en su despacho del cuarto piso. Van Heiden se qued&#243; como paralizado en su sill&#243;n de piel, mirando fijamente la mesa, como si hubiera suspendido todo movimiento f&#237;sico para desviar la energ&#237;a a los procesos mentales que su cabeza realizaba a toda velocidad. Al final, y de improviso, Van Heiden alz&#243; la vista con una expresi&#243;n de resignaci&#243;n y le pregunt&#243; qu&#233; ten&#237;an que hacer, como si Fabel fuera el jefe de polic&#237;a y Van Heiden, el subordinado.

Concierte una reuni&#243;n con &#233;l -hab&#237;a dicho Fabel-. Si fuera otra persona, lo detendr&#237;a, pero comprendo la necesidad de ser digamos que diplom&#225;ticos en este caso.

&#191;Cu&#225;ndo quieres que sea?

Una persona ha situado a Schreiber en la escena del &#250;ltimo crimen, o al menos alguien que se le parece mucho y tiene una historia con la v&#237;ctima. No voy a esperar a que tenga un huequecito en su agenda. Tengo que hablar con &#233;l ya.

D&#233;jamelo a m&#237;.

Van Heiden llam&#243; al Rathaus y obviamente encontr&#243; cierta resistencia burocr&#225;tica. La voz tranquila, comedida y fr&#237;a con la que amenaz&#243; al pobre funcionario que atend&#237;a el tel&#233;fono transmiti&#243; una intimidaci&#243;n a&#241;adida. Le pasaron con Schreiber. La conversaci&#243;n hab&#237;a sido breve y directa. Schreiber hab&#237;a accedido a reunirse con ellos de inmediato en su despacho. Van Heiden se qued&#243; mirando el tel&#233;fono despu&#233;s de colgar el auricular.

Es como si estuviera esperando la llamada. Me ha dado la sensaci&#243;n de que ha sentido un gran alivio.


El Rathaus es el Ayuntamiento de Hamburgo, la sede del gobierno regional de Hamburgo y uno de los edificios m&#225;s impresionantes de la ciudad. La entrada principal al Rathaus est&#225; situada justo debajo de la torre del reloj y la aguja que se alzan sobre la inmensa plaza del Rathaus, domin&#225;ndola.

Cuando Fabel y Van Heiden entraron en el Ayuntamiento, el enorme vest&#237;bulo principal, con sus columnatas y el techo abovedado, se abri&#243; ante ellos. Hab&#237;a grupos de turistas, congregados alrededor de los expositores de cristal iluminados que rodean los grandes pilares.

El Kriminaldirektor iba a decir algo cuando un funcionario de uniforme se acerc&#243; a los dos polic&#237;as.

Me han pedido que los reciba y los acompa&#241;e a su reuni&#243;n con el excelent&#237;simo Erste B&#252;rgermeister.

La B&#252;rgermeistersaal, la sala que se utiliza para las recepciones oficiales y solemnes, est&#225; en la segunda planta del Rathaus, justo al lado de la torre principal. Las oficinas de trabajo del Erste B&#252;rgermeister de Hamburgo, sin embargo, est&#225;n en las plantas baja y primera, en el ala sudeste del edificio. El funcionario condujo a Fabel y Van Heiden a la B&#252;rgermeisterzimmer del primer piso.

Cuando entraron en el despacho de paneles de roble, Schreiber se puso de pie. Fabel se fij&#243; en el corte del traje que llevaba. De nuevo era de confecci&#243;n italiana cara y se asentaba a la perfecci&#243;n sobre los hombros fuertes del Erste B&#252;rgermeister. Sin embargo, Fabel percibi&#243; que tambi&#233;n soportaba algo que se asentaba con menos facilidad que el Armani: hab&#237;a cierta torpeza en sus movimientos. Schreiber le dio las gracias a su asistente y les pidi&#243; a los dos polic&#237;as que se sentaran. Fabel sac&#243; su libreta y la abri&#243;.

&#191;Dice que se trata de algo relacionado con la muerte de Angelika? -pregunt&#243; Schreiber.

Fabel se qued&#243; callado el par de segundos que exig&#237;a el protocolo, por si Van Heiden quer&#237;a tomar la iniciativa. Al ver que permanec&#237;a en silencio, Fabel habl&#243;.

Usted expres&#243; una preocupaci&#243;n considerable por estos asesinatos, Herr Erster B&#252;rgemeister

Naturalmente

Y tambi&#233;n dej&#243; claro que quer&#237;a que la investigaci&#243;n tuviera una conclusi&#243;n tan r&#225;pida y exitosa como fuera posible

Por supuesto

Fabel decidi&#243; poner las cartas sobre la mesa.

Entonces, &#191;podr&#237;a explicarme por qu&#233; falt&#243; a su deber de informarnos de que visit&#243; a Angelika Bl&#252;m la noche en que fue asesinada?

Schreiber se qued&#243; mirando a Fabel, pero no hab&#237;a ni hostilidad, ni resistencia en sus ojos, ni tampoco era una mirada defensiva. Tras unos segundos, Schreiber solt&#243; un suspiro.

Porque no quer&#237;a verme implicado en todo esto. El esc&#225;ndalo. Como puede imaginarse, la prensa se dar&#237;a un buen fest&#237;n -Schreiber mir&#243; en direcci&#243;n a Van Heiden, como si le fuera a agradecer el comentario. Van Heiden no dio muestras de ello.

Herr Doktor Schreiber, es usted abogado, as&#237; que sabe cu&#225;les son sus derechos seg&#250;n los art&#237;culos pertinentes de la Grundgesetz, y que las respuestas que d&#233; a nuestras preguntas a partir de este momento pueden ser utilizadas como prueba.

Schreiber dej&#243; caer sus anchos hombros.

S&#237;, lo s&#233;.

Fabel se inclin&#243; hacia delante, descansando los codos sobre los apoyabrazos con forma de garra de le&#243;n de la silla de roble.

Y supongo que sabe que a m&#237;, que a nosotros, nos importa un pimiento que le inquiete la repercusi&#243;n que este asunto pueda tener en los medios de comunicaci&#243;n. Nos ha ocultado informaci&#243;n sobre una serie de asesinatos. Unos asesinatos, tengo que se&#241;alar, de los que se est&#225; convirtiendo r&#225;pidamente en el sospechoso principal. Alguien est&#225; despedazando a mujeres, y no hablo metaf&#243;ricamente, &#191;ya usted le preocupa su imagen?

Creo que el B&#252;rgermeister ya te ha entendido, Fabel -dijo Van Heiden, tranquilamente y sin enfadarse.

Si las respuestas que me da no me satisfacen, Herr Doktor Schreiber -continu&#243; Fabel-, voy a detenerlo aqu&#237; y ahora. Y cr&#233;ame, lo sacar&#233; del Rathaus esposado. As&#237; que me parece que deber&#237;a ser un poco m&#225;s franco de lo que ha sido hasta el momento. -Fabel se recost&#243; en su silla-. &#191;Mat&#243; a Angelika Bl&#252;m?

Dios santo, no.

Entonces, &#191;qu&#233; hac&#237;a en su piso la noche que la asesinaron?

Angelika era una vieja amiga. Nos ve&#237;amos de vez en cuando.

El semblante de Fabel se endureci&#243;.

Cre&#237;a que me hab&#237;a expresado con claridad, Herr Schreiber. Podemos hablar aqu&#237; o en el Pr&#225;sidium. Y a menos que empiece a ser totalmente sincero con nosotros (y me refiero a que lo sea con todo), lo haremos en nuestro terreno, no en el suyo. Comencemos con la verdadera naturaleza de su relaci&#243;n con Frau Bl&#252;m. &#191;Cu&#225;nto tiempo hac&#237;a que ten&#237;an una aventura?

Schreiber parec&#237;a vac&#237;o. Hab&#237;a buscado algo con lo que poder preservar al menos parte de su intimidad, y Fabel acababa de arrebat&#225;rselo.

Un a&#241;o. Quiz&#225; un poco m&#225;s. Como seguramente ya sabr&#225;, tuvimos una relaci&#243;n hace a&#241;os. Le ped&#237; a Angelika que se casara conmigo entonces, pero me rechaz&#243;. Seguimos siendo amigos a lo largo de todos estos a&#241;os, y entonces, no s&#233; c&#243;mo, volvi&#243; a surgir la chispa.

&#191;Frau Schreiber est&#225; al corriente de esta relaci&#243;n? -pregunt&#243; Van Heiden.

No. Por dios, no. Karin no tiene ni idea. No quer&#237;amos hacerle da&#241;o.

Entonces, &#191;no pensaba dejar a su mujer? -le pregunt&#243; Fabel.

No. Por el momento, al menos. Al principio se lo suger&#237; a Angelika, pero ella no quer&#237;a que nos fu&#233;ramos a vivir juntos. Quer&#237;a mantener su independencia y supongo que, bueno, que la situaci&#243;n ya le parec&#237;a bien. De todas formas, como ya le he dicho, no quer&#237;amos hacer da&#241;o ni a Karin ni a los ni&#241;os.

No parece que tuvieran una relaci&#243;n muy profunda.

Schreiber se inclin&#243; sobre la mesa. Cogi&#243; un bol&#237;grafo y juguete&#243; con &#233;l, haci&#233;ndolo girar entre los dedos.

No es cierto. Nos ten&#237;amos cari&#241;o. Lo que pasa es que &#233;ramos -hizo una pausa para encontrar la palabra correcta- pr&#225;cticos. El tema es que siempre nos dio la sensaci&#243;n de que ten&#237;amos una historia inacabada.

Fabel decidi&#243; dejarse llevar por otra intuici&#243;n.

&#191;Me equivocar&#237;a si dijera que Frau Bl&#252;m quer&#237;a poner fin a la relaci&#243;n?

Schreiber pareci&#243; herido.

&#191;C&#243;mo lo?

Fabel le cort&#243;.

&#191;Por eso fue a verla aquella noche? &#191;Quer&#237;a convencer a Frau Bl&#252;m de que no terminara la relaci&#243;n?

No. Ya hab&#237;amos decidido no vernos m&#225;s.

Supongo que se hab&#237;a quedado a dormir algunas noches, &#191;verdad?

Schreiber asinti&#243; con la cabeza.

Cuando las circunstancias me lo permit&#237;an.

En otras palabras, cuando ten&#237;a una coartada cre&#237;ble que ofrecer a su esposa.

Schreiber hizo un peque&#241;o gesto de resignaci&#243;n con los hombros.

Entonces, supongo que tendr&#237;a efectos personales en el piso de Frau Bl&#252;m y que esa noche fue a recogerlos.

Schreiber abri&#243; m&#225;s los ojos.

S&#237;, camisas, un traje, enseres de ba&#241;o, etc&#233;tera. &#191;C&#243;mo demonios lo ha sabido?

Por la bolsa de deporte. O iba a recoger algo o llevaba el arma homicida dentro. -Fue la bolsa de deporte lo que hizo que Fabel imaginara la escena: el final de una relaci&#243;n; pasar a recoger los &#250;ltimos efectos personales del piso. Fabel record&#243; que &#233;l hab&#237;a utilizado exactamente el mismo tipo de bolsa, con Renate en silencio y Gabi dormida en su cuarto, cuando se hab&#237;a marchado de casa hac&#237;a cinco a&#241;os.

&#191;A qu&#233; hora se fue del piso?

Sobre las nueve menos cuarto.

&#191;S&#243;lo estuvo quince minutos?

Supongo. Angelika acababa de salir de la ducha y ten&#237;a que trabajar aquella noche, as&#237; que recog&#237; mis cosas y me fui.

&#191;Hubo alg&#250;n tipo de discusi&#243;n?

No, claro que no. Valor&#225;bamos demasiado nuestra amistad como para echarla a perder. La verdad es que fue todo muy civilizado.

Y cuando se march&#243;, no vio llegar a nadie.

Schreiber se tom&#243; un momento para pensar, y luego neg&#243; con la cabeza.

Pues no.

&#191;A qu&#233; hora lleg&#243; a casa? -le pregunt&#243; Fabel.

Sobre las nueve y diez, nueve y cuarto.

&#191;Y su mujer podr&#225; confirmarlo?

&#191;Tiene que meter a Karin en todo esto? -Hab&#237;a un rastro de s&#250;plica en su voz.

Me temo que s&#237;, si ella es la &#250;nica persona que puede confirmar que volvi&#243; sobre las nueve y cuarto. La autopsia de Frau Bl&#252;m afirma que la asesinaron alrededor de las diez.

Schreiber ten&#237;a la mirada de un hombre que hab&#237;a ido tejiendo su vida con un punto apretado y pulcro y ve&#237;a c&#243;mo se le estaba descosiendo.

Tambi&#233;n necesitaremos sus huellas dactilares, Herr Doktor Schreiber -a&#241;adi&#243; Fabel.

Creo que podremos arreglarlo para que venga un t&#233;cnico aqu&#237; y proceda con discreci&#243;n -dijo Van Heiden, y mir&#243; a Fabel para que lo aprobara. &#201;ste asinti&#243; con la cabeza.

La persona id&#243;nea es Brauner. Yo me encargo. -Fabel se dirigi&#243; de nuevo a Schreiber-. M&#225;s adelante seguramente tendr&#233; que hacerle m&#225;s preguntas.

Schreiber asinti&#243;. Hubo un silencio.

La primera v&#237;ctima, Ursula Kastner, creo que trabajaba para el gobierno regional de Hamburgo. &#191;La conoc&#237;a? -le pregunt&#243; Fabel.

Claro que la conoc&#237;a. Trabajaba en nuestro departamento jur&#237;dico de medio ambiente y obras p&#250;blicas. Trabajaba en proyectos como la ciudad del Hafen y el proyecto de rehabilitaci&#243;n y revitalizaci&#243;n de Sankt Pauli. La conoc&#237;a bien. Era una abogada excelente.

&#191;Tuvo alguna otra clase de relaci&#243;n con ella, aparte de la profesional?

Schreiber se puso derecho, como si recogiera los restos esparcidos de su dignidad. Los m&#250;sculos trapecios se le marcaron en el tejido elegante del traje Armani. Ten&#237;an la forma que s&#243;lo se consigue levantando pesas a conciencia en el gimnasio. Fabel imagin&#243; que Schreiber ser&#237;a muy fuerte f&#237;sicamente; lo bastante como para separar las costillas de la v&#237;ctima en un arrebato asesino.

No, Herr Fabel. No tuve ning&#250;n tipo de relaci&#243;n inapropiada con Frau Kastner. Contrariamente a la impresi&#243;n que pueda tener de m&#237;, no soy ni un asesino en serie ni un mujeriego. Mi aventura con Angelika ha sido el &#250;nico desliz que he tenido en mi matrimonio. Y la &#250;nica raz&#243;n por la que pas&#243; fue porque Angelika y yo ten&#237;amos un pasado. Mi relaci&#243;n con Ursula Kastner no ten&#237;a ninguna dimensi&#243;n personal, aunque fui yo quien se la present&#243; a Angelika.

El silencio pareci&#243; durar una eternidad. Fabel y Van Heiden se miraron. Fabel sinti&#243; un cosquilleo el&#233;ctrico. Fue Van Heiden quien rompi&#243; el encantamiento.

&#191;Quiere decir que Angelika Bl&#252;m y Ursula Kastner se conoc&#237;an? &#191;Que existe una conexi&#243;n entre ellas?

Di por sentado que lo sab&#237;an, dado que las asesin&#243; la misma persona, quiero decir.

El &#250;nico v&#237;nculo que ten&#237;amos era usted, Herr Doktor Schreiber -dijo Fabel-. &#191;Ahora dice que se trataban?

S&#237;. Fue Ursula quien promovi&#243; la presentaci&#243;n. Me dijo que necesitaba un contacto amigo en los medios de comunicaci&#243;n para obtener informaci&#243;n.

&#191;Es normal?

No. No me hizo mucha gracia. Sospech&#233; que Ursula ten&#237;a informaci&#243;n sobre algo que quer&#237;a filtrar a la prensa. Le insist&#237; en que si se trataba de algo potencialmente perjudicial para el gobierno regional de Hamburgo, me lo contara. Me asegur&#243; que no ten&#237;a conocimiento de nada que pudiera llamar la atenci&#243;n negativamente sobre el gobierno de la ciudad. Insisti&#243; en que s&#243;lo era para que la aconsejara.

&#191;La crey&#243;?

No. Creo que no. Pero tuve que confiar en su palabra. Y de todas formas, si iba a levantar la liebre sobre algo que tuviera que ver con la ciudad, dudo que hubiera venido a verme.

Angelika Bl&#252;m no le dijo nunca de qu&#233; se trataba.

No.

&#191;Se lo pregunt&#243;?

Un par de veces, pero no le saqu&#233; nada. As&#237; que me rend&#237;. Si hubieran conocido a Angelika, lo comprender&#237;an.

&#191;Con qu&#233; frecuencia se ve&#237;an Angelika y Ursula?

No lo s&#233;. Ni siquiera s&#233; si se vieron alg&#250;n otro d&#237;a despu&#233;s de la recepci&#243;n del Neuer Horizont donde las present&#233;. Quiz&#225; se vieron de forma regular o no volvieron a verse nunca m&#225;s, o hablaron por tel&#233;fono o se mandaron mensajes de correo electr&#243;nico. No lo s&#233;.

&#191;Les invit&#243; usted a esa recepci&#243;n?

No, dio la casualidad de que asistieron las dos por razones de trabajo, por as&#237; decirlo. Neuer Horizont es un plan para rehabilitar y revitalizar aquellos barrios de la ciudad que han quedado excluidos de los grandes proyectos, como la rehabilitaci&#243;n de la ciudad del Hafen o de Sankt Pauli, pero que a&#250;n as&#237; pueden optar a fondos federales, estatales o de la Uni&#243;n Europea.

Fabel mir&#243; por la ventana de piedra en forma de arco de la parte trasera que daba al Alsterfleet y el Alsterarkaden. Intent&#243; que su mente trabajara l&#243;gica y met&#243;dicamente, pero la emoci&#243;n de la revelaci&#243;n hac&#237;a que las ideas giraran a toda velocidad en su cabeza. Pistas que antes no estaban conectadas entre s&#237; ahora converg&#237;an. Chocaban y se alimentaban las unas a las otras en el cerebro de Fabel. Dos de las tres v&#237;ctimas hab&#237;an estado en contacto. Y las dos estaban relacionadas con negocios inmobiliarios a trav&#233;s del gobierno de la ciudad. Se dirigi&#243; de nuevo a Schreiber.

&#191;Qui&#233;n hay detr&#225;s de la iniciativa Neuer Horizont?

Un consorcio privado. El principal accionista es una filial del Grupo Eitel. Fue Norbert Eitel quien dio la recepci&#243;n. -Schreiber se encogi&#243; de hombros-. Me temo que no soy un gran fan de Eitel, pero la ciudad tiene que apoyar cualquier iniciativa que pueda reportarle beneficios.

Otra conexi&#243;n. Otra lucecita.

Cre&#237;a que el Grupo Eitel era una empresa de medios de comunicaci&#243;n exclusivamente.

Schreiber neg&#243; con la cabeza.

No, la rama editorial es el negocio principal, pero Eitel participa en muchos otros negocios. La tecnolog&#237;a de la informaci&#243;n es uno de ellos. La promoci&#243;n inmobiliaria es otro.

Fabel asinti&#243; pensativo.

&#191;Asisti&#243; el padre de Eitel? &#191;Wolfgang Eitel?

No. No fue. Ah&#237; es donde trazo la l&#237;nea. No compartir&#233; ninguna plataforma con un nazi como &#233;l, me da igual lo beneficiosa que sea la causa. Creo que por eso lo mantuvieron al margen A pesar de que p&#250;blicamente le muestra su solidaridad, Norbert Eitel es muy consciente del lastre que supone su padre para sus ambiciones pol&#237;ticas.

El asesinato de Kastner debi&#243; de afectarle mucho, Herr Schreiber.

Decir eso es quedarse corto. Me qued&#233; horrorizado. Conoci&#243; al Innensenator Hugo Ganz, &#191;verdad?

Fabel asinti&#243;. Recordaba la cara &#225;spera, rosada y rolliza de Ganz.

Frau Kastner trabaj&#243; en estrecha colaboraci&#243;n con Herr Ganz. En concreto, en lo referente a proyectos medioambientales y urban&#237;sticos. Ella le proporcionaba apoyo jur&#237;dico. La muerte de Frau Kastner afect&#243; mucho al Innensenator Ganz. Creo que por eso estuvo tan enf&#225;tico la &#250;ltima vez que lo vio.

Supongo que recuerda d&#243;nde estaba el d&#237;a que desapareci&#243; Frau Kastner.

Estaba en una conferencia medioambiental en Roma. -Schreiber habl&#243; sin emoci&#243;n. Entonces, una peque&#241;a esperanza ilumin&#243; su rostro-. &#161;Eso es! Ni siquiera estaba en el pa&#237;s cuando la mataron. Y tengo cientos de testigos. &#191;Cu&#225;ndo asesinaron a la segunda v&#237;ctima?

La madrugada del mi&#233;rcoles cuatro -contest&#243; Fabel.

Schreiber pas&#243; las hojas de su agenda de mesa.

Estaba en casa con mi familia. Pueden corroborarlo.

Fabel no pareci&#243; impresionado.

Lo &#250;nico que me interesa ahora es el asesinato de Frau Bl&#252;m. Y usted estuvo en su casa justo antes de que la mataran.

Pero yo no tuve nada que ver. Nada en absoluto. -El tono de Schreiber comenzaba a tener un deje de rebeld&#237;a. Era evidente que el hecho de haberse dado cuenta de que ten&#237;a coartadas para los otros dos asesinatos le hab&#237;a envalentonado. Fabel cambi&#243; de t&#225;ctica.

&#191;Sab&#237;a que Frau Bl&#252;m hab&#237;a intentado ponerse en contacto conmigo?

No, no lo sab&#237;a. &#191;Para qu&#233;?

No lo s&#233;. No tuve oportunidad de devolverle las llamadas -minti&#243; Fabel. Sonaba mejor que decir que no se hab&#237;a molestado en devolverlas.

&#191;Cree que Frau Bl&#252;m pensaba que corr&#237;a peligro? &#191;Cree que por eso intent&#243; ponerse en contacto con usted? -Schreiber no esper&#243; la respuesta-. &#191;Por qu&#233; no me lo dijo? Si ten&#237;a miedo, &#191;por qu&#233; no habl&#243; conmigo?

Fabel se levant&#243;. Van Heiden lo imit&#243;.

No tengo ninguna raz&#243;n para pensar que ella cre&#237;a que estaba en peligro. Lo &#250;nico que s&#233; es que intent&#243; ponerse en contacto conmigo tres o cuatro veces antes de morir. Pero ninguno de los mensajes que dej&#243; indicaba que creyera que corr&#237;a peligro.

Fabel se dirigi&#243; hacia la puerta sin estrecharle la mano a Schreiber.

Como ya le he dicho, Herr Doktor Schreiber, puede que tenga que hacerle m&#225;s preguntas. Y mandar&#233; a un t&#233;cnico del equipo forense para que le tome las huellas dactilares.

Fabel hab&#237;a abierto la robusta puerta de roble cuando se dio la vuelta para mirar a Schreiber.

Una cosa m&#225;s. &#191;Cu&#225;ndo fue la &#250;ltima vez que vio o tuvo contacto con Marlies Menzel?

Schreiber pareci&#243; sorprendido, y luego un poco preocupado.

Dios santo No lo s&#233; Hace a&#241;os. No s&#233; nada de ella desde que trabajamos juntos en el Zeitgeist y, por supuesto, desde que se dedic&#243; al terrorismo.

&#191;No ha hablado con ella desde que sali&#243; de Stuttgart-Stammheim?

No. Claro que no. -Y Fabel supo que dec&#237;a la verdad.

El mismo asistente de uniforme escolt&#243; a Fabel y Van Heiden hasta el vest&#237;bulo principal del Rathaus. El sol los deslumbr&#243; al salir por el arco g&#243;tico a la gran plaza del Rathaus.

&#191;Qu&#233; piensas? -pregunt&#243; Van Heiden.

No es nuestro hombre -dijo Fabel, y sac&#243; las gafas de sol del bolsillo superior de la chaqueta y se las puso-. Tengo que ir a Bremen. &#191;Puedo invitarle a un caf&#233; en el Alsterarkaden antes de marcharme, Herr Kriminaldirektor?


Jueves, 18 de junio. 14:20 h


Kunstgalerie Nordholt (Bremen)


Fabelhab&#237;a calculado que el viaje a Bremen durar&#237;a una hora y media m&#225;s o menos, pero a medio camino el tr&#225;fico en la Al se volvi&#243; m&#225;s denso y lento. Al ver que ten&#237;a por delante un largo tramo de autobahn, decidi&#243; poner un compacto en el reproductor del coche: Herbert Gr&#246;nemeyer, Bleibt alles anders. Acababa de subir el volumen cuando le son&#243; el m&#243;vil. Era Maria Klee; ten&#237;an las conclusiones de la autopsia de Klugmann. Hab&#237;a sido asesinado de un solo disparo; la bala hab&#237;a atravesado el cerebro, destrozado el bulbo raqu&#237;deo y salido, como Brauner se&#241;al&#243;, por encima del labio superior y por debajo de la nariz. La hora de la muerte se estimaba entre las seis de la tarde del viernes trece y las seis de la ma&#241;ana del s&#225;bado catorce. Fabel se estremeci&#243; cuando Maria le cont&#243; que la autopsia revelaba que lo hab&#237;an torturado y golpeado antes de matarlo. Los an&#225;lisis tambi&#233;n encontraron restos de anfetamina en la sangre de Klugmann. Vivir la vida. La tapadera definitiva. Y hab&#237;a fallado.

Maria tambi&#233;n ten&#237;a el informe de bal&#237;stica. Brauner ten&#237;a raz&#243;n: el casquillo pertenec&#237;a a un arma no est&#225;ndar. Fabel le resumi&#243; a Maria su entrevista con Schreiber y le pidi&#243; que pusiera a Werner al corriente.

El tr&#225;fico mejor&#243;. Fabel no hab&#237;a sido consciente de haber avanzado tanto. Hab&#237;a puesto el piloto autom&#225;tico, y su mente hab&#237;a viajado a un lugar oscuro y solitario con un polic&#237;a secreto que supo con una certeza inmediata e ineluctable, mientras lo torturaban, que la muerte lo esperaba a la vuelta de la esquina. Por un segundo, Fabel fue capaz de ponerse mentalmente en su lugar y not&#243; una arcada en el pecho; una sensaci&#243;n que reconoci&#243; como la sombra tenue de un terror inimaginable. Los paneles le indicaron que estaba acerc&#225;ndose a Bremen Kreuz, y tom&#243; la salida de la Al para acceder a la A 27 direcci&#243;n Bremen.

La galer&#237;a de arte Nordholt estaba en una calle que desembocaba en la Marktplatz principal de Bremen, en un magn&#237;fico edificio del siglo XIX con enormes ventanas salientes. Cuando Fabel entr&#243;, Marlies Menzel supervisaba c&#243;mo colgaban uno de sus cuadros. Era una mujer de unos cincuenta a&#241;os, llevaba una falda larga negra y una chaqueta negra holgada con hombreras. Ten&#237;a el pelo casta&#241;o apagado con mechas m&#225;s claras. Llevaba puestas unas gafas met&#225;licas peque&#241;as y cuadradas. Podr&#237;a haber sido una bibliotecaria en lugar de una terrorista que acababa de salir de la c&#225;rcel, pens&#243; Fabel mientras cruzaba la galer&#237;a. Se detuvo a medio camino. Las paredes blancas estaban salpicadas de lienzos enormes. Fabel ya hab&#237;a advertido, puesto que los hab&#237;a visto en el cat&#225;logo de la exposici&#243;n, la extra&#241;a similitud que hab&#237;a entre aquellos cuadros y las escenas de los asesinatos del &#193;guila de Sangre; pero no estaba preparado para el gran impacto visual de las obras de arte. Todos los cuadros med&#237;an dos metros de alto por uno de ancho. La pintura gritaba desde el lienzo con colores vivos y viscerales. Las pinceladas eran contundentes y seguras. Cada cuadro era violencia en dos dimensiones.

Fabel se acerc&#243; al peque&#241;o grupo.

&#191;Frau Menzel?

La mujer se volvi&#243; hacia Fabel.

&#191;S&#237;? -Los labios delgados dibujaron una sonrisa educada.

&#191;Podr&#237;a hablar con usted un momento? -Fabel le mostr&#243; su placa oval de la Kriminalpolizei. La sonrisa desapareci&#243;.

Comienzo a estar cansada de todo esto. Casi todos los cuerpos de seguridad de Alemania han venido a visitarme desde que me soltaron. Esto empieza a parecer acoso.

La verdad es que no se trata de un asunto oficial

&#191;No? En ese caso, creo que no deber&#237;a hablar con usted. -Menzel se dio la vuelta.

Frau Menzel -dijo Fabel-, soy el Kriminalhauptkommissar Jan Fabel. Soy el agente de polic&#237;a que particip&#243; en el tiroteo de 1983 en el muelle

Menzel sigui&#243; d&#225;ndole la espalda a Fabel durante un momento.

&#191;Usted mat&#243; a Gisela?

No tuve elecci&#243;n. Ya me hab&#237;a disparado una vez e iba a dispararme de nuevo. Le supliqu&#233; que no lo hiciera, pero -La voz de Fabel se apag&#243;.

Era una cr&#237;a. -Menzel se volvi&#243; para mirarlo.

No me dio opci&#243;n. Hab&#237;a matado a mi compa&#241;ero y a m&#237; ya me hab&#237;a herido -dijo Fabel sin resentimiento-. Le dije que soltara el arma, pero volvi&#243; a apuntarme.

Mientras hablaba, Fabel vio una vez m&#225;s a Gisela Frohm, al final del muelle. El arma reluciente colgaba de la mano de aquella chica delgaducha, como un peso en una cuerda, y entonces la levant&#243; para dispararle. Fabel le peg&#243; dos tiros. En la cara. Record&#243; el pelo rosa de punta cuando su cabeza rebot&#243; hacia atr&#225;s y la chica cay&#243; al agua. Hab&#237;a sido el peor d&#237;a de su carrera. De su vida. Y no lo olvidar&#237;a jam&#225;s.

Marlies Menzel observ&#243; a Fabel. No era una mirada hostil. Le pareci&#243; que estaba pensando en lo que le hab&#237;a dicho. Se volvi&#243; hacia los dos asistentes que la ayudaban a colgar el cuadro.

Voy a salir un momento. Despu&#233;s colgamos el resto. -Luego se volvi&#243; hacia Fabel-. Creo que deber&#237;amos hablar en otro sitio.


El caf&#233; desembocaba justo en la Katharinenstrasse. Una barra muy pulida ocupaba todo el largo del local. El personal de detr&#225;s del mostrador colocaba sin parar bandejas con teteras o cafeteras blancas y tazas sobre la barra. El ambiente ol&#237;a a caf&#233; reci&#233;n molido. Los camareros, vestidos con pantal&#243;n y chaleco negros y delantales blancos atados a la cintura, cog&#237;an las bandejas y las llevaban a las mesas de los clientes. La mec&#225;nica del servicio ten&#237;a un ritmo reconfortante.

Fabel y Marlies Menzel eligieron una mesa junto a la venta. Menzel se sent&#243; de espaldas a los paneles de roble, y Fabel se sent&#243; delante de ella, mirando a la calle que sub&#237;a hacia Marktplatz. La mujer sac&#243; un paquete de cigarrillos franceses, y despu&#233;s de pens&#225;rselo un momento, le ofreci&#243; uno a Fabel.

No, gracias. No fumo.

Ella sonri&#243; y encendi&#243; un cigarrillo. Dio una larga calada, ech&#243; la cabeza hacia arriba y hacia un lado y sac&#243; el humo, torciendo un poco la boca para asegurarse de que no le llegaba a Fabel.

Cog&#237; el h&#225;bito de fumar en la c&#225;rcel -dijo. Hab&#237;a amargura en su voz-. &#191;Qu&#233; puedo hacer por usted, Herr Fabel?

Un camarero se acerc&#243; a la mesa antes de que Fabel pudiera contestar. Pidi&#243; un Kannchen de t&#233;, y Menzel, un caf&#233; solo.

Quer&#237;a preguntarle por sus cuadros -dijo Fabel, cuando el camarero se march&#243;.

Menzel sonri&#243;.

&#191;Un polic&#237;a amante del arte? &#191;O es que he violado alguna ordenanza c&#237;vica relativa al tama&#241;o de los lienzos?

Fabel le habl&#243; a Menzel de los homicidios y le dijo que llamaba la atenci&#243;n lo mucho que sus lienzos recordaban a las escenas de los asesinatos. Le pregunt&#243; si se hab&#237;a enterado de la muerte de Angelika Bl&#252;m. S&#237;, se hab&#237;a enterado. Lo hab&#237;a le&#237;do en la prensa.

&#191;Cu&#225;ndo vio a Frau Bl&#252;m por &#250;ltima vez?

No la he visto desde que me encarcelaron. Trabajamos juntas en una revista en los a&#241;os setenta. Se llamaba Zeitgeist. Entonces pensamos que era un nombre ingenioso, pero mir&#225;ndolo ahora, parece muy predecible. &#191;Por qu&#233; lo pregunta? &#191;Soy sospechosa porque mis cuadros le recuerdan a? -Frunci&#243; el ce&#241;o como si se hubiera dado cuenta de la transcendencia de lo que hab&#237;a dicho-. Pobre Angelika

No, Frau Bl&#252;m, no es usted sospechosa -dijo Fabel, sin revelarle que ya hab&#237;a pedido a Maria que comprobara d&#243;nde estaba Menzel los d&#237;as de los asesinatos. Cuando asesinaron a Ursula Kastner, a&#250;n estaba en la c&#225;rcel, y cuando mataron a Bl&#252;m, estaba en una recepci&#243;n en una galer&#237;a-. Es s&#243;lo que hay una similitud inquietante entre lo que pinta y las escenas de las muertes. Seguramente s&#243;lo sea una mera coincidencia, pero existe la posibilidad de que el asesino haya visto sus cuadros y los est&#233; emulando. Es bastante habitual que los asesinos en serie coloquen a sus v&#237;ctimas en una posici&#243;n especial. Esta vez, puede que tengamos un caso de vida que imita al arte.

O m&#225;s bien de muerte que imita al arte. -Menzel dio otra calada larga a su cigarrillo. Fabel advirti&#243; las manchas de nicotina amarillentas en sus dedos-. Qu&#233; horror -dijo.

El camarero lleg&#243; con el t&#233; y el caf&#233;.

&#191;Ha recibido cartas, bueno, raras, que hagan referencia a sus obras? &#191;Mensajes de correo electr&#243;nico, en concreto? -le pregunt&#243; Fabel.

Menzel se encogi&#243; de hombros.

S&#243;lo lo que cabr&#237;a esperar. Muchas cartas que me dicen que deber&#237;a seguir en la c&#225;rcel, que arder&#233; en el infierno por mis cr&#237;menes, que es obsceno que intente definirme como creadora de algo y no como destructora. Cosas as&#237;. Sentimientos que seguramente usted comparte, Herr Hauptkommissar.

Fabel no mordi&#243; el anzuelo.

&#191;Pero nada que le pareciera extra&#241;o o incluso una reacci&#243;n inadecuada a las im&#225;genes?

No, la verdad es que no. Aunque hace unas semanas se produjo una escena desagradable en la galer&#237;a. Wolfgang Eitel apareci&#243; con un grupo de periodistas de medios escritos y televisi&#243;n y se puso a despotricar sobre m&#237; diciendo que no ten&#237;a derecho a exhibir mi obra, llam&#225;ndome asesina y criminal, y condenando el uso que hago de los colores de la bandera nacional. Nazi de mierda.

Fabel asimil&#243; la informaci&#243;n. Otra vez Eitel.

&#191;Presenci&#243; usted el altercado?

No. Creo que eso le fastidi&#243; un poco los planes. Creo que hab&#237;a planeado enfrentarse conmigo delante de las c&#225;maras.

Fabel bebi&#243; un sorbo de t&#233;. Menzel gir&#243; la cabeza hacia la luz y mir&#243; por la ventana. Fabel vio que los rayos de sol revelaban un matiz gris&#225;ceo en su piel.

&#191;Por qu&#233; hizo lo que hizo? &#191;Por qu&#233; sigui&#243; a Svensson? -La pregunta sorprendi&#243; casi tanto a Fabel como a Menzel. Ella lo mir&#243; con curiosidad, como si intentara establecer si hab&#237;a malicia en la pregunta. Luego, se encogi&#243; de hombros.

Eran una &#233;poca y un lugar distintos. Cre&#237;amos en algo y cre&#237;amos en alguien. Karl-Heinz Svensson era una presencia incre&#237;blemente poderosa. Tambi&#233;n era muy manipulador.

&#191;Por eso lo sigui&#243; con tanto, bueno, fanatismo?

&#161;Fanatismo! -Menzel solt&#243; una carcajada d&#233;bil, amarga-. S&#237;, tiene raz&#243;n. &#201;ramos unas fan&#225;ticas. Habr&#237;amos muerto por &#233;l. Y muchas de nosotras lo hicimos.

&#191;Por &#233;l? &#191;No por sus creencias?

Bueno, en esa &#233;poca nos convencimos de que est&#225;bamos introduciendo en Alemania la revoluci&#243;n socialista mundial; que &#233;ramos soldados que luchaban contra los herederos capitalistas del manto nazi. -Dio otra calada larga a su cigarrillo-. El hecho es que todas &#233;ramos esclavas de Karl-Heinz. &#191;No ha pensado nunca en cu&#225;ntos de los integrantes del grupo eran mujeres, mujeres j&#243;venes? Despu&#233;s de los juicios, la prensa nos llam&#243; El har&#233;n de Svensson. El hecho es que todas nos hab&#237;amos acostado con &#233;l. Todas est&#225;bamos enamoradas de &#233;l.

Murieron muchas personas por el flechazo de unas adolescentes. -Fabel no pudo evitar que el resentimiento se colara en su voz. Pens&#243; en Franz Webern, de veinticinco a&#241;os, casado y padre de un beb&#233; de dieciocho meses, tirado muerto en el suelo. Pens&#243; tambi&#233;n en Gisela Frohm hundi&#233;ndose despacio en las aguas turbias del Elba.

Dios santo, &#191;acaso cree que no lo s&#233;? -replic&#243; Menzel-. Me he pasado quince largos a&#241;os sentada en una celda en Stuttgart-Stammheim pensando en ello. Lo que debe entender es el poder que ten&#237;a sobre nosotras. Exig&#237;a un compromiso total. Eso quiere decir que cortamos los lazos que ten&#237;amos con nuestra familia, nuestros amigos, con cualquier influencia cuerda y racional. Su voz era la &#250;nica que escuch&#225;bamos. Era madre, padre, hermano, camarada, amante: todo. -Parec&#237;a que la pasi&#243;n renac&#237;a en su interior y luego se apagaba-. Era un cabr&#243;n manipulador.

Menzel se encendi&#243; un cigarrillo con lo que quedaba del otro. Fabel volvi&#243; a fijarse en las manchas amarillentas en las yemas de los dedos.

&#191;Gisela era tan fan&#225;tica como el resto de ustedes?

La sonrisa de Menzel estaba cargada de tristeza.

Era la m&#225;s fan&#225;tica. Karl-Heinz fue su primer amante. Estaba loca por &#233;l. Lo que ha dicho antes usted era cierto. No le qued&#243; m&#225;s remedio que matarla. Karl-Heinz la hab&#237;a programado para matar. Usted s&#243;lo fue el instrumento que provoc&#243; su muerte: &#233;l fue el art&#237;fice.

Lo que no entiendo es por qu&#233;. -La perplejidad de Fabel era aut&#233;ntica-. &#191;Por qu&#233; Svensson, por qu&#233; usted, sent&#237;an la necesidad de hacer lo que hicieron? &#191;Qu&#233; era tan terrible en nuestra sociedad para tenerle que declarar la guerra?

Menzel se qued&#243; un momento callada antes de contestar.

Es la enfermedad alemana. La falta de historia. La falta de una identidad clara. Intentar descubrir qui&#233;nes somos. Es lo que nos llev&#243; al nazismo. Es lo que hizo que nos convirti&#233;ramos en suced&#225;neos de los norteamericanos despu&#233;s de la guerra: como un ni&#241;o descarriado que intenta llevarse bien con su padre imit&#225;ndolo. Era esa banalidad ultracapitalista, de palomitas, lo que despreci&#225;bamos. Declaramos la guerra a la mediocridad -dijo con una sonrisa sarc&#225;stica-, y gan&#243; la mediocridad.

Fabel se qued&#243; mirando el t&#233; fijamente. Sab&#237;a cu&#225;l ten&#237;a que ser su siguiente pregunta. Ya sab&#237;a la respuesta, aunque ten&#237;a que preguntarlo de todas formas.

&#191;Svensson est&#225; muerto de verdad?

Se supon&#237;a que Svensson hab&#237;a muerto durante el tiroteo cuando su grupo intent&#243; asesinar al entonces Erste B&#252;rgermeister de Hamburgo. Una bala disparada por un polic&#237;a alcanz&#243; el dep&#243;sito de gasolina del coche de Svensson, y &#233;ste se incendi&#243;. Svensson muri&#243; quemado. Despu&#233;s de su muerte, la polic&#237;a no pudo encontrar el historial dental clave para determinar su identidad. Svensson, el terrorista consumado, se hab&#237;a pasado a&#241;os borrando su existencia de los archivos oficiales.

Marlies Menzel se tom&#243; un momento para responder. Se recost&#243; en su silla y dio una calada al cigarrillo, estudiando a Fabel como si lo evaluara.

S&#237;, Herr Fabel. Karl-Heinz muri&#243; en aquel coche. Se lo aseguro.

Fabel la crey&#243;.

Ser&#225; mejor que vuelva ya a Hamburgo -le dijo-. Siento haberla molestado.

&#191;O quiz&#225; lo que sienta sea haber removido el pasado? Es el lugar al que pertenezco: a su pasado. Igual que Gisela. -Hizo una pausa-. &#191;Tiene lo que ha venido a buscar, Herr Fabel?

Fabel sonri&#243; y se puso en pie.

Ni siquiera s&#233; qu&#233; he venido a buscar. Espero que le vaya bien la exposici&#243;n.

Un acto de creaci&#243;n. Una especie de expiaci&#243;n por los actos de destrucci&#243;n en los que particip&#233;. Un final adecuado, creo. Ver&#225;, Herr Fabel, ser&#225; mi debut y mi &#250;ltimo acto. -Menzel ech&#243; la ceniza en el cenicero de la mesa.

&#191;Disculpe? -El rostro de Fabel mostraba confusi&#243;n. Marlies Menzel alz&#243; el cigarrillo y lo examin&#243; atentamente.

Tengo c&#225;ncer, Herr Fabel. -Sonri&#243; con amargura-. Terminal. Por eso me soltaron antes de tiempo, en parte. Si ha venido a buscar alguna clase de justicia, esto es todo lo que puedo ofrecerle.

Lo siento -contest&#243; Fabel-. Adi&#243;s, Frau Menzel.

Adi&#243;s, Herr Kriminalhauptkommissar.


Jueves, 18 de junio. 18:00 h


P&#246;seldorf (Hamburgo)


De regreso a Hamburgo, Fabel llam&#243; a la Mordkommission. Le pidi&#243; a Maria que recabara toda la informaci&#243;n que pudiera sobre Wolfgang Eitel. No hab&#237;a habido ninguna novedad en la Kommission, as&#237; que Fabel le dijo que no regresar&#237;a hasta el d&#237;a siguiente. Colg&#243; y volvi&#243; a llamar, y pidi&#243; que le pasaran con Brauner, quien le dijo que las huellas dactilares de Schreiber coincid&#237;an con las del segundo grupo halladas en el piso de Bl&#252;m. Por una vez, la presencia de huellas exculpaba a un sospechoso en lugar de incriminarlo. Si Schreiber hubiera sido el asesino, habr&#237;a hecho lo posible por eliminar todos los rastros de su presencia en el piso. Y en las otras escenas el Hijo de Sven no les hab&#237;a dejado nada con lo que continuar la investigaci&#243;n.

Fabel ten&#237;a una plaza alquilada en un garaje subterr&#225;neo en la calle de su piso. Acababan de dar las ocho cuando dej&#243; el coche en su sitio. Cuando se baj&#243;, se puso las manos en la parte baja de la espalda y arque&#243; la columna, para intentar desprenderse del agarrotamiento y el cansancio. Fue entonces cuando advirti&#243; que detr&#225;s de &#233;l hab&#237;a dos tipos enormes. Se dio la vuelta y se llev&#243; la mano al arma instintivamente. Los dos hombres sonrieron y alzaron las manos en un gesto pacificador. Los dos ten&#237;an el pelo negro, uno muy rizado y el otro liso y peinado hacia atr&#225;s. Ricitos tambi&#233;n se hab&#237;a dejado un bigote inveros&#237;milmente grande y poblado. Estaba claro que eran turcos. Fue Ricitos quien habl&#243;.

Por favor, Herr Fabel No queremos l&#237;os, no pretend&#237;amos asustarle. Nos env&#237;a Herr Yilmaz. Le gustar&#237;a hablar con usted. Ahora, si puede ser.

&#191;Y si no puede ser?

Ricitos se encogi&#243; de hombros.

Depende de usted, por supuesto. Pero Herr Yilmaz nos ha dicho que le dij&#233;ramos que ten&#237;a algo que pod&#237;a ser importante para su investigaci&#243;n.

&#191;D&#243;nde est&#225;?

Tenemos que llevarlo nosotros -La sonrisa de Ricitos se ensanch&#243; de un modo que no hizo que Fabel se sintiera m&#225;s seguro-. Si le parece bien.

Fabel sonri&#243; y neg&#243; con la cabeza.

Coger&#233; mi coche y los seguir&#233;.


Los dos matones ten&#237;an un Polo esper&#225;ndolos fuera y Fabel los sigui&#243; por las calles de la ciudad. Lo condujeron a la zona de Harburg. Fabel llam&#243; a la Mordkommission y le dijo a Werner que lo llevaban a una reuni&#243;n con un confidente, pero no le cont&#243; que se trataba de Yilmaz. Werner quiso enviarle un equipo de refuerzo completo, pero Fabel le dijo que esperara y que volver&#237;a a llamarlo cuando supiera d&#243;nde iba a tener lugar la reuni&#243;n.

El Volkswagen de los turcos entr&#243; en una peque&#241;a propiedad de edificios industriales y comerciales dise&#241;ados sin pizca de imaginaci&#243;n. Aparcaron delante de un almac&#233;n ancho y de poca altura. Se hab&#237;a construido en los setenta o los ochenta, y la pintura color rojo intenso estaba desprendi&#233;ndose de las tuber&#237;as exteriores de metal, la &#250;nica concesi&#243;n a la moda arquitect&#243;nica de aquella &#233;poca. Mientras los dos turcos sal&#237;an del coche, Fabel llam&#243; a Werner y le dio su posici&#243;n.

Ten cuidado, Jan -le dijo Werner.

Estar&#233; bien. Pero si no doy se&#241;ales de vida en media hora, manda a la caballer&#237;a.

Fabel cerr&#243; el m&#243;vil y baj&#243; de su BMW. Ricitos esboz&#243; una sonrisa radiante debajo del denso bigote y le abri&#243; la puerta, que necesitaba tanto una mano de pintura como las tuber&#237;as. Fabel indic&#243; a los dos turcos que no pasaba nada, que entraran ellos primero.

El almac&#233;n era peque&#241;o, pero estaba repleto de cajas de productos alimenticios, todas etiquetadas en un idioma que Fabel supuso que ser&#237;a turco. En uno de los lados del edificio se alzaba un tabique, mitad cristal reforzado con espiral de alambre, mitad placa de yeso; estaba orientado al aparcamiento. Esta divisi&#243;n separaba el almac&#233;n principal de las oficinas. Por el cristal del despacho principal, Fabel vio a Yilmaz sentado con dos hombres. Uno era un turco de aspecto fuerte; el otro era un hombre menudo y sucio que llevaba un abrigo ro&#241;oso de estilo militar. Ten&#237;a la piel ict&#233;rica y los ojos hundidos del consumidor habitual de drogas.

Ricitos le abri&#243; la puerta a Fabel, a&#250;n sonriendo, pero no lo sigui&#243; hasta el interior del despacho. Yilmaz se levant&#243; y esboz&#243; una franca sonrisa; extendi&#243; la mano, y Fabel se la estrech&#243;.

Gracias por venir, Herr Fabel. Lamento que no hayamos podido tratar este asunto en un entorno m&#225;s propicio, pero he pensado que ser&#237;a mejor no llamar demasiado la atenci&#243;n. Tengo (o mejor dicho, mi amigo aqu&#237; presente tiene) una informaci&#243;n importante para usted. Ya ve que he cumplido mi promesa, Herr Hauptkommissar.

Fabel inspeccion&#243; al hombrecito escu&#225;lido. Como la mayor&#237;a de drogadictos, era dif&#237;cil determinar qu&#233; edad ten&#237;a. Fabel sab&#237;a que era posible que a&#250;n no hubiera cumplido los treinta. Del mismo modo, bien podr&#237;a tener casi sesenta. Vio que ten&#237;a el p&#243;mulo hundido e incluso m&#225;s descolorido que la piel de alrededor. Ten&#237;a una costra de sangre seca en un orificio de la nariz.

&#191;Est&#225;s bien? -le pregunt&#243; Fabel.

Me he ca&#237;do por las escaleras -contest&#243; el hombrecito con voz fuerte y ronca, y lanz&#243; una mirada de resentimiento al turco de aspecto fuerte.

Este caballero es Hansi Kraus -dijo Yilmaz-. Tiene cierta informaci&#243;n, una prueba, en realidad, que desea compartir con usted. -Yilmaz hizo una se&#241;a con la cabeza al turco que estaba apoyado en una de las mesas. El turco cogi&#243; un fardo de trapos sucios que ten&#237;a detr&#225;s. Desdobl&#243; con cuidado las esquinas y dej&#243; al descubierto una nueve mil&#237;metros autom&#225;tica dorada y brillante. Los lados del arma estaban labrados de manera elaborada y la palabra cir&#237;lica estaba grabada en uno de los lados. Debajo, en alfabeto latino, estaban las palabras Made in Ukraine.

Herr Kraus quiere entregarle esto como prueba material del asesinato de Hans Klugmann -dijo Yilmaz-. Pide perd&#243;n por el retraso Ten&#237;a intenci&#243;n de entregarla, pero se le fue por completo de la cabeza.

&#191;D&#243;nde la encontr&#243;? -le pregunt&#243; Fabel a Hansi Kraus.

Kraus mir&#243; a Yilmaz, despu&#233;s al otro turco y despu&#233;s a Fabel.

En la piscina. Yo estaba all&#237; cuando le volaron la cabeza a ese tipo.

&#191;Presenci&#243; el asesinato de Hans Klugmann?

Kraus asinti&#243; con la cabeza.

&#191;Vio a sus asesinos?

Kraus dud&#243;. El turco fuerte cambi&#243; de posici&#243;n en la mesa, y la piel de la chaqueta cruji&#243;. Kraus lo mir&#243; y asinti&#243; de nuevo.

&#191;Podr&#237;a reconocerlos?

S&#237;. Eran un hombre mayor y un tipo joven. Los dos eran robustos. El joven ten&#237;a un cuerpo a lo Arnold Schwarzenegger. Fue el joven quien lo mat&#243;.

Fabel le hizo una se&#241;a al otro turco, que le dio el arma. Dej&#243; las palmas hacia arriba y sostuvo el arma como si cogiera un asado caliente con una manopla.

&#191;Eran extranjeros? &#191;Los oy&#243; hablar ruso o un idioma parecido?

No Quiero decir s&#237;, los o&#237;, pero no, no eran extranjeros. Eran alemanes. El hombre mayor se quej&#243; de que el barrio estaba hecho una mierda. Dijo algo sobre que cuando era joven hab&#237;a llevado a una chica a la piscina. No eran rusos, seguro.

&#191;Qu&#233; hay del arma? &#191;De d&#243;nde la sacaste?

Vi que la tiraban en un cubo de la basura. Cuando se marcharon, fui y la saqu&#233;.

&#191;Los seguiste?

No. Tiraron el arma en el cubo de la basura que hay dentro del Schwimmhalle.

&#191;No se molestaron en esconderla?

No mucho. Y eso que hay un canal a unos metros de la piscina. Supongo que no les importaba que la encontraran.

O quiz&#225; quer&#237;an que la encontraran -sugiri&#243; Yilmaz.

Es lo que parece -coincidi&#243; con &#233;l Fabel-. Sicarios alemanes; un arma ucraniana. Da la impresi&#243;n de que intentaban despistarnos. -Se dirigi&#243; de nuevo a Hansi-. Necesito que vengas al Pr&#228;sidium y hagas una declaraci&#243;n completa. Y necesito que mires algunas fotos del archivo policial, para ver si puedes identificar a los asesinos.

Hansi Kraus asinti&#243;. Pareci&#243; que no le hac&#237;a ni pizca de gracia, pero ten&#237;a el aire de condena de alguien que acepta que esas putadas pasan. Y normalmente a &#233;l.

Fabel puso una mano sobre el hombro del abrigo militar mugriento de Kraus.

Escucha, Hansi, no puedo obligarte a hacerlo. Ni tampoco Herr Yilmaz ni nadie -Mir&#243; con toda la intenci&#243;n del mundo al otro turco, que le devolvi&#243; la mirada con indiferencia-. Tu declaraci&#243;n s&#243;lo es v&#225;lida si la prestas libre y sinceramente.

Kraus solt&#243; una risa amarga.

En qu&#233; mundo m&#225;s bonito vive usted, Herr Hauptkommissar Prestar&#233; declaraci&#243;n.

Fabel llev&#243; a Kraus a su coche. Yilmaz los acompa&#241;&#243; hasta la puerta.

Agradezco su ayuda en este asunto, Herr Yilmaz -dijo Fabel, y lo dec&#237;a en serio.

Yilmaz esboz&#243; una gran sonrisa y se encogi&#243; de hombros como quit&#225;ndole importancia al tema.

Pero supongo que comprender&#225; que con esto no ha comprado ning&#250;n favor -dijo Fabel-. Le debo una, pero nunca comprometer&#233; a la ley o a mi persona para ayudarle.

Ya lo s&#233; -dijo Yilmaz ri&#233;ndose-. No esperaba nada a cambio. Es el problema que tiene tratar con un polic&#237;a honrado. Lo &#250;nico que le pido es que mi participaci&#243;n en este tema no conste en la declaraci&#243;n de Hansi.

Ese compromiso s&#237; puedo asumirlo. Gracias de nuevo. Adi&#243;s, Herr Yilmaz.


Durante todo el camino de vuelta al Pr&#228;sidium, Fabel dej&#243; la ventanilla bajada para mitigar la influencia que el abrigo de Hansi ejerc&#237;a sobre la tapicer&#237;a. Cuando llegaron, Fabel dej&#243; a Hansi en manos de Werner y le dijo que pidiera algo de comer en la cafeter&#237;a para su invitado. Sin embargo, al mirar a Klaus, Fabel acab&#243; pensando que tendr&#237;an que soltarlo razonablemente pronto: sus ojos cada vez se mov&#237;an m&#225;s, muy deprisa de lado a lado, como los de un animal acorralado. Sus movimientos tambi&#233;n ten&#237;an una intensidad nerviosa. Fabel sab&#237;a que Hansi necesitaba un chute y que s&#243;lo ten&#237;an hasta entonces para sacarle informaci&#243;n.

Ya en su despacho, Fabel recogi&#243; las cosas que ten&#237;a sobre la mesa, amontonando expedientes en una pila en el suelo y apartando el teclado del ordenador y el rat&#243;n. Encontr&#243; una libreta grande y pas&#243; las hojas hasta que encontr&#243; una p&#225;gina en blanco. Al colocar el bloc sobre la mesa, le vino a la cabeza espont&#225;nea e inesperadamente una imagen del piso de Angelika Bl&#252;m. Record&#243; la mesa de caf&#233; vac&#237;a, con los objetos retirados para permitir el flujo libre de ideas. Sinti&#243; otra punzada de culpa cuando pens&#243; en una mujer que no hab&#237;a visto nunca, pero que ahora conoc&#237;a tan &#237;ntimamente, y que hab&#237;a intentado ponerse en contacto con &#233;l con tanta insistencia.

El primer nombre que anot&#243; fue el de Angelika Bl&#252;m. Junto al de ella, escribi&#243; el de Ursula Kastner. Luego, el de Tina Kramer. Traz&#243; una l&#237;nea vertical y dividi&#243; la p&#225;gina en dos, dejando los nombres de las tres v&#237;ctimas en un lado. En el otro, escribi&#243; los de Hans Klugmann y John MacSwain. Otra l&#237;nea vertical. Luego escribi&#243; el nombre que Mahmoot le hab&#237;a mencionado, Vasyl Vitrenko.

Media hora despu&#233;s, Fabel ten&#237;a seis columnas verticales de nombres, fechas y hechos clave. Cada columna estaba encabezada por uno de los seis nombres con los que hab&#237;a comenzado. La columna que encabezaba el nombre de Vasyl Vitrenko era la m&#225;s corta. Fabel hab&#237;a establecido la totalidad de conexiones, coincidencias y puntos en com&#250;n posibles. El resultado fue un resumen mejor definido que el que ten&#237;an en la pizarra. Pero no era repetitivo volver a exponer la informaci&#243;n. Para Fabel, la actividad en s&#237; misma era el objetivo: reenfocaba y reordenaba sus pensamientos; era una oportunidad para organizar el viaje que hab&#237;a hecho. Un nombre aparec&#237;a regularmente por la mitad de las columnas: Eitel. La primera v&#237;ctima, Ursula Kastner, ten&#237;a relaci&#243;n, aunque de forma tangencial, con Neuer Horizont, el accionista principal del cual era el Grupo Eitel; no hab&#237;a ninguna conexi&#243;n conocida con la segunda v&#237;ctima, Tina Kramer; la tercera v&#237;ctima, Angelika Bl&#252;m, conoc&#237;a a Eitel hijo y hab&#237;a entrevistado a Eitel padre y, seg&#250;n su amiga Erika Kessler, estaba trabajando en una historia negativa sobre uno de los Eitel o los dos; John MacSwain trabajaba para el Grupo Eitel. La organizaci&#243;n de Vitrenko parec&#237;a proyectar su sombra sobre las columnas de nombres y hechos. Klugmann hab&#237;a intentado infiltrarse en los ucranianos, y en la escena del crimen se hab&#237;a recuperado una pistola de fabricaci&#243;n ucraniana. Sin embargo, los asesinos no eran ucranianos. Kraus estaba totalmente convencido de ello. Angelika Bl&#252;m estaba trabajando en una historia relacionada con las acciones de batallones policiales y de seguridad ex sovi&#233;ticos, seguramente compar&#225;ndolas con las experiencias del BATT 101 de Hamburgo durante la segunda guerra mundial.

Y, por supuesto, Fabel hab&#237;a sufrido la ignominia de que un anciano eslavo le pateara el culo. Decir que su atacante sab&#237;a qu&#233; ten&#237;a que hacer era quedarse muy corto: era obvio que se trataba de un profesional con una gran formaci&#243;n. Fabel rode&#243; con un c&#237;rculo el nombre de Vitrenko. No ten&#237;a ni idea de qu&#233; edad ten&#237;a. &#191;Pod&#237;a ser que fuera el anciano?

Hans Schreiber, el Erster B&#252;rgermeister de la ciudad libre hanse&#225;tica de Hamburgo, tambi&#233;n era una presencia que llamaba la atenci&#243;n. Conoc&#237;a a dos de las v&#237;ctimas; a una, &#237;ntimamente. Y era la &#250;ltima persona que hab&#237;a visto a Angelika Bl&#252;m con vida, a excepci&#243;n de su asesino, suponiendo que &#233;ste fuera una persona distinta, y parec&#237;a bastante claro que as&#237; era. El Hijo de Sven estaba detr&#225;s de los tres asesinatos y Schreiber ten&#237;a coartadas s&#243;lidas para dos de ellos. Y simplemente, no encajaba.

Fabel se recost&#243; en la silla, se puso las manos detr&#225;s de la cabeza y se qued&#243; mirando la p&#225;gina, como si examinara el paisaje de su investigaci&#243;n desde lo alto. Ten&#237;a que hablar con los dos Eitel, padre e hijo. Quer&#237;a ver si su presentimiento sobre MacSwain era cierto. Fabel no estaba convencido de que MacSwain fuera su hombre, pero hab&#237;a algo en &#233;l que le ol&#237;a mal. Estudi&#243; la propuesta de Anna Wolff para la operaci&#243;n de la cita del viernes noche. Estaba bien elaborada, pero a Fabel segu&#237;a inquiet&#225;ndole colocar a Anna tan cerca de un posible sospechoso; y tendr&#237;an que tener mucho cuidado para evitar las acusaciones de incitaci&#243;n al delito.

Fabel se hab&#237;a sumido tanto en la navegaci&#243;n por los canales profundos de sus propios pensamientos que el tel&#233;fono lo sobresalt&#243;. Era Holger Brauner, el jefe de la polic&#237;a cient&#237;fica.

Bueno, Jan, puedo decirte con total sinceridad que haces que la vida no sea nunca aburrida. Menuda pieza me has tra&#237;do.

&#191;Es el arma homicida?

S&#237;. Y como te digo, es muy inusual e interesante que aparezca una pieza as&#237; en Hamburgo.

&#191;S&#237;?

Es una FORT 12; eso es lo que significan las letras en cir&#237;lico. Es una nueve mil&#237;metros. B&#225;sicamente, tiene una rec&#225;mara Makarov de nueve por dieciocho, de doce balas, y es una pistola de doble acci&#243;n y con retroceso. Y aqu&#237; viene lo interesante. Es un arma de los cuerpos policiales y de seguridad ucranianos. -Fabel asimil&#243; el hecho: otra conexi&#243;n. Brauner continu&#243;-: Los servicios de seguridad sovi&#233;ticos confiaban en las pistolas PM Makarov; pero tras la disoluci&#243;n del bloque comunista, las fuerzas especiales y los servicios de seguridad ucranianos exigieron algo m&#225;s fiable, as&#237; que compraron maquinaria checa de la f&#225;brica Uhersky Brod y comenzaron a producir las FORT 12.

&#191;Y es un arma exclusivamente no civil?

Por lo que yo s&#233;, s&#237;. Le ped&#237; a Kapff, nuestro experto en bal&#237;stica y armas de fuego, que recabara la informaci&#243;n. B&#225;sicamente, es un arma usada por la polic&#237;a y los servicios secretos m&#225;s que por el ej&#233;rcito.

Gracias, Holger. -Fabel colg&#243; y llam&#243; a Werner, que estaba en la sala de interrogatorios. No contest&#243;. Sali&#243; a la oficina principal de la Mordkommission. S&#243;lo estaba Maria Klee.

&#191;Has visto a Werner? -Maria le contest&#243; que no-. Me voy a casa. Si lo ves, dile que me d&#233; un toque. S&#243;lo quiero saber c&#243;mo le ha ido con Hansi Kraus.

&#191;Sigues queriendo ir a la reuni&#243;n con ese bicho raro odinista, ma&#241;ana a las diez?

Estoy impaciente.

Eran las ocho y media cuando Fabel sali&#243; de la Mordkommission. Llam&#243; a Susanne desde el coche. Ya hab&#237;a cenado, pero accedi&#243; a quedar con &#233;l en un bar de la Milchstrasse. Despu&#233;s de colgar, quit&#243; la capota del coche y puso un &#225;lbum de Bap en el reproductor de CD del coche. Fortsetzung Folgt. Subi&#243; el volumen y apag&#243; el m&#243;vil. Iba a tomarse la noche libre. Feierabend.


Viernes, 20 de junio. 10:00 h


Schanzenviertel (Hamburgo)


El Schanzenviertel es una de las zonas de Hamburgo que sigue teniendo una reputaci&#243;n casi s&#243;rdida y, sin embargo, est&#225; muy de moda. El barrio tiene una amplia gama de restaurantes, bares y caf&#233;s que reflejan el perfil multicultural de su poblaci&#243;n, y hay una gran variedad de tiendas especializadas. Sin embargo, al lado de la modernidad est&#225; la pobreza, con viviendas inhabitables para familias inmigrantes. El gran Sternschanzen Park con su monumental Wasserturm atrae a las familias de d&#237;a y a los camellos de noche, y ha sido el escenario elegido por las fuerzas del aburguesamiento para sus protestas antidrogas.

La empresa de Bjorn Janssen estaba entre un caf&#233; y un bar de sushi en una calle que desembocaba en la Stresemannstrasse. Era un local estrecho, lleno de cosas, en el que vend&#237;a libros, art&#237;culos diversos y obras de arte, que parec&#237;an de segunda mano y vagamente New Age.

Bjorn Janssen no era exactamente lo que Fabel ten&#237;a en mente cuando visualizaba a un vikingo. Es cierto que ten&#237;a el pelo rubio, pero era un tono o dos m&#225;s oscuro que el cabello del propio Fabel, y lo llevaba peinado con cuidado para ocultar, sin lograrlo, el brillo rosado de una calvicie incipiente. Janssen era un hombre bajito y bastante regordete que hablaba alem&#225;n a la perfecci&#243;n, pero con la musicalidad de un claro acento dan&#233;s. La imagen de Janssen con casco de acero, saltando de un barco vikingo y blandiendo un hacha de guerra, estaba m&#225;s all&#225; de lo c&#243;mico y lo f&#237;sicamente posible.

Janssen estaba detr&#225;s de un mostrador atestado de cosas y extendi&#243; la mano por entre el desorden cuando los dos agentes de polic&#237;a se acercaron. Janssen ten&#237;a una actitud solapada, y Fabel vio que los ojos azules acuosos se le iban furtivamente a las piernas y los pechos de Maria. Ella lo pill&#243; y le lanz&#243; una mirada que llevaba escrita con mucha elocuencia la palabra asqueroso.

Herr Janssen -dijo Fabel, sonriendo educadamente-. Mi compa&#241;era Frau Klee me ha dicho que pertenece usted a un culto odinista y que puede ofrecernos su ayuda en un caso en el que estamos trabajando.

Janssen le devolvi&#243; la sonrisa y neg&#243; con la cabeza. Su expresi&#243;n era de cansada indulgencia.

No, no, no, Herr Fabel. Yo no participo en ning&#250;n culto. Soy el Gothi, el Sumo Sacerdote, del Blot de Asatru. Soy practicante del sistema de fe original del norte de Europa.

Lo que sea. Me gustar&#237;a que nos contara algo sobre el sistema de creencias que tiene. Estamos investigando unos asesinatos que tienen un componente ritual. Creemos que este componente quiz&#225; est&#233; influido por antiguos rituales escandinavos.

Puedo asegurarle, Herr Fabel, que Asatru es una fe de paz y armon&#237;a.

Dos valores por los que los vikingos eran especialmente c&#233;lebres -dijo Maria, aplicando a su tono de voz cierta sorna. Janssen le sonri&#243; y continu&#243;.

Asatru era la fe de todos los pueblos germ&#225;nicos del norte y del oeste: los svear, que se convirtieron en los suecos; los daner, que se convirtieron en los daneses; los anglos, que se convirtieron en los ingleses, y las diversas tribus que se convirtieron en los alemanes. Hombres y mujeres, granjeros y guerreros, personas libres y esclavos. Era tanto la religi&#243;n de los asaltantes como el cristianismo lo era de los nazis. El caso es que la etimolog&#237;a de la palabra vikingo no est&#225; clara. Algunos dicen que viene de Vik, que significa aldea; que los vikingos tan s&#243;lo eran aldeanos que emprend&#237;an viajes comerciales y llevaban a cabo asaltos cuando las cosechas no cubr&#237;an las necesidades de una poblaci&#243;n cada vez mayor. Sus creencias se fundaban m&#225;s en la naturaleza que en la guerra.

Pero realizaban sacrificios de sangre -dijo Fabel.

S&#237;. Y seguimos haci&#233;ndolos. El hlautbowl es el cuenco de la Blot. Hoy en d&#237;a lo llenamos con aguamiel y nos la bebemos antes de ofrecer a los dioses su parte correspondiente. Blot es la antigua palabra escandinava para sangre. Anta&#241;o, el hlautbowl se llenaba con la sangre de un animal sacrificado. Es un error creer que era un acto b&#225;rbaro o excepcional. La gente mataba al animal para extraerle la Blot de un modo bastante similar a como lo har&#237;an para compartir un fest&#237;n con un visitante. Asatru tiene una relaci&#243;n m&#225;s inmediata con sus dioses, y se los trataba como elementos reales, vivos y participativos de la vida cotidiana normal.

&#191;Y el sacrificio ya no tiene ning&#250;n papel en Asatru?

Oh, s&#237;, y tanto. El Blot sigue siendo un ritual de sacrificio. Pero en Asatru, el concepto de sacrificio se entiende m&#225;s en el sentido de ofrenda. A veces vertemos el aguamiel en el suelo, para honrar a la Madre Tierra. Se la ofrecemos a cambio de lo que ella nos ofrece a nosotros. Nuestros sacrificios y simbolismos han sido subsumidos en el cristianismo. La misa cat&#243;lica romana, por ejemplo, o las fiestas de la cosecha. Y la Pascua es el rapto de la diosa Eostre, que se transform&#243; en una liebre y escondi&#243; huevos dorados por los campos. Por eso en Pascua los ni&#241;os buscan huevos.

&#191;Cumplen las mujeres alguna funci&#243;n en su religi&#243;n? -pregunt&#243; Mar&#237;a.

Pues s&#237;, Frau Oberkommissarin. -La sonrisa de Janssen se detuvo al borde de la lascivia-. Las mujeres son las creadoras de la vida. En Asatru son veneradas, y a menudo no es el Gothi sino la Gythia, o sacerdotisa, quien preside el Blot.

Maria no pareci&#243; impresionada.

&#191;Y cu&#225;l es la ofrenda especial que se supone que hacen las mujeres?

No entiendo su pregunta -contest&#243; Janssen, pero su expresi&#243;n suger&#237;a que s&#237; la hab&#237;a comprendido.

Fabel meti&#243; la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y sac&#243; una copia de una fotograf&#237;a de la frente de Michaela Palmer tomada en el Stadtkrankenhaus de Cuxhaven.

Creo que es la runa Gebo.

Janssen se encogi&#243; de hombros.

Podr&#237;a ser s&#243;lo una cruz. Una X.

Pintaron esta marca en la frente de una chica a la que obligaron a tomar parte en una especie de ritual escandinavo. La v&#237;ctima fue violada repetidamente por hombres que llevaban m&#225;scaras de un personaje con barba y un solo ojo.

Janssen se estremeci&#243;.

Wotan u Od&#237;n -Se qued&#243; pensando un momento-. Sean quienes sean estas personas, Herr Fabel, no s&#243;lo est&#225;n cometiendo un crimen horrible, sino una ofensa a una fe pac&#237;fica y apacible. Asatru, a diferencia de otras confesiones, cree que las libertades y derechos del individuo son inviolables. Les ayudar&#233; en todo lo que pueda. -Janssen mir&#243; m&#225;s detenidamente la fotograf&#237;a-. S&#237; s&#237;, podr&#237;a ser la runa Gebo. Gebo est&#225; espec&#237;ficamente vinculada al Blot. Es el s&#237;mbolo de la ofrenda y del sacrificio. Como ya le he dicho, los dos conceptos est&#225;n estrechamente relacionados.

Asegura que ninguno de sus devotos participar&#237;a en algo as&#237;.

&#161;Por supuesto que no! Es una corrupci&#243;n de nuestra fe. Igual que las misas negras son una corrupci&#243;n del catolicismo. -Janssen se qued&#243; callado, como si sopesara algo.

&#191;Qu&#233; sucede, Herr Janssen?

Har&#225; un par de a&#241;os corri&#243; un rumor.

&#191;Sobre qu&#233;? -La impaciencia aflor&#243; con claridad en la voz de Maria. Fabel le lanz&#243; una r&#225;pida mirada.

Hay algunos grupos Asatru en Hamburgo y alrededores. Todos compartimos las mismas creencias y nos oponemos a cualquier interpretaci&#243;n negativa o violenta de las mismas. Pero como en cualquier otra religi&#243;n, puede haber un aspecto m&#225;s oscuro. Hace un par de a&#241;os se habl&#243; de un grupo escindido. Se supon&#237;a que eran un n&#250;mero reducido de personas, y o&#237; que era un grupo muy selecto.

Y se supone que les interesaba el lado oscuro de esta -Maria se esforz&#243; por encontrar la palabra- religi&#243;n.

Janssen asinti&#243; con la cabeza.

Se supone que se centraban en el seidhr; es la tradici&#243;n chaman&#237;stica del odinismo. Antes me ha preguntado por la funci&#243;n de las mujeres en Asatru. Bueno, seg&#250;n la tradici&#243;n, las mujeres son las principales practicantes del seidhr. Sin embargo, se supone que este grupo estaba integrado principal y exclusivamente por hombres.

&#191;Tiene idea de qui&#233;n formaba parte de este grupo?

No lo s&#233;. Como le he dicho, fue todo un rumor que surgi&#243; entonces. Pero lo que s&#237; s&#233; es que hab&#237;a gente muy importante. Tambi&#233;n o&#237; que en el grupo hab&#237;a un extranjero.

Fabel y Maria se miraron.

&#191;Ser&#237;a posible que la violaci&#243;n en forma de ritual formara parte de sus ceremonias? -pregunt&#243; Fabel.

De un modo tradicionalmente leg&#237;timo, no. Pero uno de los elementos del Blot es el concepto de autosacrificio: darse uno mismo. Quiz&#225; sea una interpretaci&#243;n pervertida de esa idea. Sin duda, la runa Gebo est&#225; asociada con la ofrenda o el sacrificio. Se recita como un galdr, o canto ritual, durante un Blot. Tambi&#233;n existe el concepto de ond. Significa &#233;xtasis. En realidad, significa alegr&#237;a; pero supongo que puede prestarse a interpretaciones pervertidas. Y no le negar&#233; que los antiguos practicantes comet&#237;an algunos actos oscuros. Un observador &#225;rabe vio c&#243;mo en el funeral de un jefe vikingo una mujer practicaba el sexo con siete hombres distintos antes de subirse al barco funerario y morir quemada junto al cuerpo del jefe.

Pues s&#237; que es una religi&#243;n pac&#237;fica y apacible, la suya -dijo Maria.

Y los cristianos quemaban en la hoguera a herejes y a supuestas brujas -dijo Janssen, con una sonrisa fr&#237;a y una miradita a la blusa de Maria-. Como toda filosof&#237;a o religi&#243;n, Asatru puede prestarse a los abusos. La verdad es que no s&#233; si los rumores sobre esta secta eran ciertos o si est&#225;n relacionados con el crimen que est&#225;n investigando. S&#243;lo intento ayudarles.

Y lo ha hecho, Herr Janssen -dijo Fabel lanzando un mirada elocuente en direcci&#243;n a Maria-. Mucho. &#191;Oy&#243; alguna menci&#243;n sobre de d&#243;nde pod&#237;a ser ese extranjero?

Janssen neg&#243; con la cabeza.

Lo siento.

&#191;O d&#243;nde celebraba sus reuniones este grupo?

No. Me temo que no. Se supone que eran muy herm&#233;ticos.

Gracias otra vez por su ayuda -dijo Fabel, y le estrech&#243; la mano a Janssen. &#201;ste se tom&#243; la gran molestia de salir de detr&#225;s del mostrador y acompa&#241;arlos hasta la salida.

Cuando quieran -dijo Janssen. Les abri&#243; la puerta a los dos, pero reserv&#243; su sonrisa exclusivamente para Maria.

Hab&#237;an cogido el coche de Mar&#237;a y lo hab&#237;an aparcado a la vuelta de la esquina. Ella desconect&#243; la alarma del coche con el mando, y Fabel se detuvo, con la mano en el tirador de la puerta, y mir&#243; a Maria por encima del techo del coche.

&#191;Qu&#233;? -dijo ella a la defensiva. Fabel sonri&#243;.

No te ha gustado mucho Herr Janssen, &#191;verdad?

Maria fingi&#243; un repentino escalofr&#237;o, hizo una mueca y solt&#243; un uurgh.

Qu&#233; pena -dijo Fabel, y se subi&#243; al coche-. Dir&#237;a que le has hecho til&#237;n.

Maria no arranc&#243; el motor de inmediato. Estaba pensativa y ten&#237;a la mirada perdida.

Es raro, &#191;verdad?

&#191;El qu&#233;? -pregunt&#243; Fabel.

El modo en que la gente quiere siempre agarrarse a algo. Y a veces ese algo da un miedo terrible.

&#191;Te refieres al grupo escindido que ha mencionado Janssen? &#191;El elemento marginal del elemento marginal?

S&#237;. &#191;Crees que Janssen cree de verdad en toda esa mierda de Asatru? &#191;Y la gente que comete estas violaciones? &#191;Creen que tienen alg&#250;n tipo de justificaci&#243;n religiosa?

Fabel frunci&#243; la boca.

Lo dudo, Maria. No a un nivel significativo, quiero decir. En cuanto a Janssen, puede ser. Como dices, hay mucha gente que se aferra desesperadamente a una esperanza moral, que intenta dar forma y sentido a sus vidas. De lo contrario, &#233;ste es un universo oscuro y solitario.

Maria arranc&#243; el motor y se incorpor&#243; al tr&#225;fico.


Viernes, 20 de junio. 12:00 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Parec&#237;a que la &#250;nica misi&#243;n de la secretaria de Norbert Eitel era evitar que el mundo exterior tuviera alg&#250;n contacto con su jefe. Al final pas&#243; la llamada de Fabel, pero s&#243;lo despu&#233;s de que la amenazara con presentarse sin previo aviso con un equipo de agentes y empezar a detener a todo el mundo que los obstruyera.

Diga, Herr Kriminalhauptkommissar -Norbert Eitel parec&#237;a distra&#237;do, como si estuviera leyendo algo mucho m&#225;s importante mientras hablaba con &#233;l-. &#191;Qu&#233; puedo hacer por usted?

Me gustar&#237;a mucho ir a hablar con usted y con su padre, si pudieran estar los dos disponibles a la vez.

&#191;Puedo preguntarle con relaci&#243;n a qu&#233;?

Tengo entendido que conoc&#237;a a Angelika Bl&#252;m.

Ah s&#237;, un asunto horrible, horrible. Pero &#191;en qu&#233; puedo ayudarle? -Fabel advirti&#243; que ahora Eitel le prestaba toda su atenci&#243;n.

Informaci&#243;n, b&#225;sicamente.

Pero mi padre no conoc&#237;a a Angelika. Creo que s&#243;lo se vieron una vez y muy poco tiempo No veo de qu&#233; podr&#237;a servirle hablar con &#233;l.

Bueno, creo que eso mejor lo discutimos cuando nos reunamos. &#191;Podr&#237;a hacerme un hueco esta tarde a las dos y media?

Bueno, supongo que s&#237;, pero no puedo hablar por mi padre. &#201;l no trabaja aqu&#237;. Tiene sus propios negocios.

Est&#225; bien, Herr Eitel. Si su padre no puede venir, podemos enviarle un coche a recogerlo para que lo traiga al Pr&#228;sidium No quisiera causarle ninguna molestia.

La voz de Eitel se volvi&#243; fr&#237;a y &#225;spera ante la amenaza.

Ver&#233; lo que puedo hacer -dijo, y colg&#243;.


Fabel pidi&#243; a la cafeter&#237;a que trajeran comida para todo el mundo a la Mordkommission. Mostr&#243; mucho inter&#233;s en que Anna expusiera sus instrucciones para la operaci&#243;n MacSwain de la noche siguiente. Tan s&#243;lo hab&#237;a realizado algunos cambios respecto a su propuesta inicial. Pidi&#243; dos agentes m&#225;s para el equipo de vigilancia, con lo que los integrantes pasaron a ser ocho, sin contarse a ella misma. Fabel aprob&#243; la seguridad a&#241;adida y sospech&#243; que Paul Lindemann hab&#237;a insistido en este punto. Como Fabel hab&#237;a esperado, Anna hab&#237;a elegido a Paul para dirigir los equipos de refuerzo. Habr&#237;a cinco veh&#237;culos. El veh&#237;culo principal ser&#237;a una furgoneta en la que estar&#237;an dos agentes del MEK armados hasta los dientes, Paul y Maria y el equipo electr&#243;nico para escuchar el micro de Anna. La furgoneta ser&#237;a el centro de mando, har&#237;a el seguimiento de la actividad y dar&#237;a las instrucciones al resto del equipo. Dos miembros del equipo ir&#237;an en moto, lo cual les permitir&#237;a competir en velocidad con el Porsche de MacSwain, y habr&#237;a dos coches, con un agente de la Mordkommission en cada uno. De ese modo podr&#237;an ir cambiando a los perseguidores de MacSwain continuamente para evitar sospechas, y si daba un paso en falso, los agentes de polic&#237;a se le echar&#237;an encima en cuesti&#243;n de segundos. Como ya hab&#237;a se&#241;alado Van Heiden, era una operaci&#243;n cara para realizarla bas&#225;ndose en la intuici&#243;n de Fabel y la improvisaci&#243;n de Anna. Era la operaci&#243;n m&#225;s segura que pod&#237;an llevar a cabo con el presupuesto que ten&#237;an que justificar.

Despu&#233;s de la reuni&#243;n, Fabel llam&#243; a su despacho a Anna, Paul, Werner y Maria. Les habl&#243; de su cita con los Eitel para aquella tarde y les pregunt&#243; a Maria y a Werner si pod&#237;an acompa&#241;arlo.

Quiero superarlos en n&#250;mero, o como m&#237;nimo ser los mismos que ellos -contest&#243; Fabel cuando le preguntaron por qu&#233;-. Ellos son dos, y sospecho que al menos llevar&#225;n a un abogado. S&#243;lo quiero que nuestra presencia se haga notar.

Fabel ten&#237;a el arma homicida de Klugmann y el informe completo de Brauner. Puso al d&#237;a a todo el mundo respecto a los antecedentes del arma y lo que Hansi Kraus hab&#237;a dicho sobre los asesinos. Fabel les invit&#243; a opinar.

A m&#237; me parece que su intenci&#243;n era que encontr&#225;ramos la pistola -sugiri&#243; Maria-, y como Kraus estaba all&#237; y la cogi&#243; primero, fastidi&#243; sus planes. Alguien quer&#237;a que pens&#225;ramos que se trataba de un trabajo de los ucranianos.

Pero ten&#237;an que saber que parecer&#237;a artificial -dijo Fabel.

Nos lo parece porque tenemos a alguien que los oy&#243; y puede declarar que eran alemanes -dijo Werner-. Si no tuvi&#233;ramos eso, podr&#237;amos haber interpretado que hab&#237;an dejado deliberadamente el arma ah&#237; para enviarnos alg&#250;n mensaje, una forma de reivindicar la acci&#243;n. -Frunci&#243; el ce&#241;o-. Hay algo raro en ese Hansi Kraus, jefe.

Anoche le tom&#233; declaraci&#243;n y repasamos algunas fotos de los archivos policiales. Luego lo llev&#233; a la cafeter&#237;a para que comiera algo. No s&#233; qu&#233; diablos le agarr&#243;, pero de repente me dijo que ten&#237;a que irse. Le pregunt&#233; a qu&#233; ven&#237;a tanta prisa, pero lo que me contest&#243; no ten&#237;a ning&#250;n sentido. Me prometi&#243; que volver&#237;a hoy, pero le dije que ten&#237;a que quedarse un poco m&#225;s para mirar m&#225;s fotos. Hice que se sentara a una mesa y fui a la barra; cuando volv&#237;, se hab&#237;a marchado. Fue cuando intentaste localizarme Lo estaba buscando por todas partes.

Pero &#191;tienes su declaraci&#243;n? -pregunt&#243; Fabel. Werner confirm&#243; que s&#237;-. Yo no me preocupar&#237;a porque se fuera, Werner. Tiene que alimentar una adicci&#243;n, y cuando lo vi por &#250;ltima vez, estaba bastante mal. Si no viene, iremos a buscarlo. -Fabel se volvi&#243; hacia Maria-. &#191;Tienes la informaci&#243;n que te ped&#237; sobre los Eitel?

Maria le entreg&#243; a Fabel una carpeta que hab&#237;a tra&#237;do debajo del brazo.

No es agradable investigar a Eitel padre. Todas mis notas est&#225;n ah&#237; dentro, pero a modo de resumen Wolfgang Eitel tiene 79 a&#241;os. Es originario de la regi&#243;n de Passau en la Alta Baviera. Fue miembro de las Juventudes Hitlerianas hasta 1942, cuando se alist&#243; en las SS. Como la mayor&#237;a de cabrones de las SS, parece sufrir una amnesia selectiva; pero los informes, con todo lo fiables que puedan ser, dicen que comenz&#243; como teniente segundo de las SS, y que cuando lo detuvieron los aliados, era capit&#225;n.

Fabel sac&#243; una fotograf&#237;a en blanco y negro de un joven arrogante, de no m&#225;s de veinti&#250;n a&#241;os, pero que intentaba adoptar la actitud de alguien mayor y, por lo tanto, m&#225;s autoritario. Llevaba un uniforme de las SS. Fabel esper&#243; ver la doble S con forma de rel&#225;mpago en el cuello. De repente, record&#243; que si la hubiera visto, habr&#237;a estado mirando de nuevo una antigua runa germ&#225;nica. Los nazis se hab&#237;an apropiado de la Sigrunen -la antigua runa que significaba victoria- y la hab&#237;an utilizado como la insignia de la doble S de la Schutzstaffel. Pero no aparec&#237;a en aquella fotograf&#237;a. En su lugar, la insignia en la parte derecha del cuello de Eitel era un le&#243;n blanco rampante sobre fondo negro. Fabel gir&#243; la fotograf&#237;a hacia Maria.

&#191;Qu&#233; significa esta insignia?

Maria esboz&#243; una ancha sonrisa.

Eso nos lleva a un terreno interesante. No tengo ninguna duda de que se trata de una coincidencia, pero es la insignia de la 14 Waffen-Grenadier Division de las SS. Tambi&#233;n conocida como la Division-Galizien, la Divisi&#243;n G&#225;lata. Y como sab&#233;is, Galacia era la regi&#243;n hist&#243;rica que abarcaba parte de la Ucrania moderna. La Divisi&#243;n G&#225;lata de las SS estaba integrada por ucranianos que consideraban que era una forma de liberar su pa&#237;s de Stalin.

Hombres ucranianos, pero oficiales alemanes.

Exacto. Y Eitel era uno de ellos. Despu&#233;s de su derrota en la batalla de -Maria hizo una pausa y consult&#243; sus notas- Brody la divisi&#243;n regres&#243; a Austria. Fue all&#237; donde Eitel se rindi&#243; a los aliados; lo &#250;ltimo que quer&#237;a era caer en manos de los sovi&#233;ticos. Despu&#233;s de la guerra, pas&#243; cuatro a&#241;os en la c&#225;rcel. Fund&#243; Eitel Importing en M&#250;nich en 1956 y para mediados de los sesenta ya era multimillonario. Su &#250;ltima esposa era de Hamburgo y traslad&#243; su oficina central aqu&#237; en 1972. Ayud&#243; a su hijo a crear el Grupo de comunicaci&#243;n Eitel y hace diez a&#241;os vendi&#243; Eitel Importing al Grupo. Eso le permiti&#243; centrarse en su carrera pol&#237;tica. Fund&#243; el BDD (el Bund Deutschland-f&#252;r-Deutsche) en 1979. No tuvo mucha repercusi&#243;n hasta la ca&#237;da del Muro y la Wende. Incluso entonces el apoyo que recibi&#243; era d&#233;bil y espor&#225;dico. En resumen, un tipejo asqueroso.

Fabel mir&#243; a Maria como si examinarla fuera a ayudarle a procesar mejor la informaci&#243;n que acababa de proporcionarle. Luego dijo:

Es curioso la de veces que ha surgido una conexi&#243;n ucraniana en este caso.

Como ya he dicho, esta vez lo m&#225;s probable es que sea una coincidencia -dijo Maria.

Fabel se encogi&#243; de hombros.

Supongo. -Hizo una pausa-. &#191;Qu&#233; hay del hijo, Norbert?

Es un editor de tabloides con ambiciones pol&#237;ticas. Estudi&#243; en Hamburgo y en Heidelberg y cre&#243; Schau Mal! con el apoyo de su padre, que inclu&#237;a ayuda econ&#243;mica. A trav&#233;s de diversas adquisiciones y de su propio crecimiento, el Grupo Eitel participa en todas las formas de medios de comunicaci&#243;n, incluido internet

Por eso necesitan a alguien como MacSwain -le interrumpi&#243; Werner.

Maria continu&#243;.

El Grupo tambi&#233;n publica tabloides en Holanda, Polonia y la Rep&#250;blica Checa. Adem&#225;s de medios de comunicaci&#243;n, tiene un negocio inmobiliario y una constructora peque&#241;a. A todo esto hay que a&#241;adir el negocio de importaci&#243;n-exportaci&#243;n que Norbert le compr&#243; a su padre. Pol&#237;ticamente, es de centro-derecha. M&#225;s de derechas que de centro. Pero se presenta como independiente. Es obvio que es consciente que ser candidato del BDD ser&#237;a un h&#225;ndicap. Insiste en que no es neonazi ni pertenece a la extrema derecha. Pero su plataforma se posiciona principalmente contra la inmigraci&#243;n y a favor de la ley y el orden. Est&#225; casado con una arist&#243;crata, Martha von Berg.

&#191;Tiene algo que ver con J&#252;rgen von Berg, el senador? -pregunt&#243; Fabel.

No lo s&#233;, jefe. Lo que s&#237; s&#233; es que ha mantenido su nombre de soltera y que durante un tiempo &#233;l se hac&#237;a llamar Norbert von Berg Eitel. Pero ahora ya no. Al incluir el apellido aristocr&#225;tico de su mujer, la gente crey&#243; que adoptaba la costumbre moderna de alemanes m&#225;s liberales de combinar su apellido con el de la esposa. Eso no encajaba con la imagen tradicionalista de Eitel. Tambi&#233;n ten&#237;a fama de mujeriego, y se ha esforzado mucho por quitarle importancia al asunto.

Fabel se frot&#243; la barbilla.

Buena gente. -Mir&#243; la hora-. Creo que ha llegado el momento de hacerles una visita.


Viernes, 20 de junio. 14:30 h


Neustadt (Hamburgo)


El Grupo de comunicaci&#243;n Eitel ten&#237;a sus oficinas en un monolito comercial de acero bru&#241;ido y cristal situado en el coraz&#243;n del distrito financiero de Neustadt. A Fabel le interesaba la buena arquitectura; raz&#243;n por la cual aquel edificio no despert&#243; su inter&#233;s. Era una caja corporativa sin alma acabada con accesorios caros, pero ten&#237;a la personalidad de un vest&#237;bulo de hotel. El conserje de uniforme, que atend&#237;a el mostrador de recepci&#243;n de la planta baja, condujo a Fabel y a su s&#233;quito hasta los ascensores.

Los dos primeros pisos del edificio estaban ocupados por las oficinas editoriales de Schau Mal!; el tercero, por TVEspresso, una gu&#237;a semanal de la programaci&#243;n televisiva publicada por el Grupo Eitel. La cuarta planta se denominaba Departamento de Comunicaci&#243;n. El piso de arriba estaba dedicado a las oficinas corporativas y administrativas del Grupo. Era all&#237; donde Norbert Eitel ten&#237;a su despacho.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron a una gran oficina, vieron a una mujer de mediana edad con expresi&#243;n imperturbable que los estaba esperando. Fabel supuso que era la persona con quien se las hab&#237;a tenido por tel&#233;fono. Su semblante revelaba que no estaba acostumbrada a que burlaran su autoridad.

&#191;Vienen a ver a Herr Eitel?

Fabel mostr&#243; su placa oval de la Kriminalpolizei.

Soy el Hauptkommissar Fabel.

Examin&#243; a los dem&#225;s con un desd&#233;n estudiado y presuntuoso, que Werner revent&#243; al momento con una carcajada.

S&#237;ganme -dijo la mujer de mala gana.

Condujo a Fabel, Werner y Maria a una triste &#225;rea de recepci&#243;n situada en el otro extremo de la oficina, una orilla donde iba a romper el murmullo de voces procedentes de un mar de mesas. Al cabo de diez minutos, la secretaria imperturbable los llev&#243; a una sala de reuniones con una pared de cristal.

Norbert Eitel entr&#243; en la sala un minuto despu&#233;s. No llevaba chaqueta, se hab&#237;a subido las mangas de la camisa por encima de las mu&#241;ecas y aflojado la corbata. Les ofreci&#243; una sonrisa educada, pero su lenguaje corporal expresaba que era un hombre que ten&#237;a cosas m&#225;s importantes que hacer. Sujet&#243; la puerta a un hombre mayor, alto y enjuto, de aspecto aristocr&#225;tico y pelo abundante color marfil que se negaba a desaparecer del lugar que hab&#237;a ocupado durante sesenta a&#241;os. Fabel reconoci&#243; en aquel hombre mayor al oficial de las SS de la fotograf&#237;a, s&#243;lo que ahora hab&#237;a alcanzado por completo la madurez autoritaria que tanto se hab&#237;a esforzado por proyectar cuando era un joven arrogante. A Eitel lo segu&#237;a un hombre de estatura media y unos treinta y cinco a&#241;os.

Buenos d&#237;as, Herr Hauptkommissar Fabel -dijo Norbert Eitel-. Le presento a mi padre, Wolfgang Eitel -Eitel padre extendi&#243; la mano e hizo un saludo brusco con la cabeza. Fabel casi esper&#243; o&#237;r c&#243;mo chocaba los talones-. Y a Wilfried Waalkes, nuestro jefe de asuntos legales.

Fabel y Maria se miraron. El abogado. Fabel present&#243; a Werner y a Maria. Examin&#243; un momento al abogado. Waalkes era un nombre frisio, pero el letrado dijo Guten Tagen un Hochdeutsch que no permit&#237;a un rastreo geogr&#225;fico.

&#191;En qu&#233; puedo ayudarle? -dijo Norbert Eitel, y con un gesto de la mano les indic&#243; que deber&#237;an ocupar un asiento en torno a la mesa de reuniones oval. Antes de que Fabel pudiera responder, a&#241;adi&#243;-: &#191;Les apetece algo, un caf&#233;, un t&#233;?

Nada, gracias. -Fabel contest&#243; por todos. El abogado y Eitel padre ocuparon sus asientos-. Nos gustar&#237;a hacerle unas preguntas sobre Angelika Bl&#252;m. &#191;Podr&#237;a decirme qu&#233; tipo de relaci&#243;n ten&#237;a con ella, a nivel personal y profesional?

Personalmente, no ten&#237;a demasiada relaci&#243;n con ella; y profesionalmente, no ten&#237;a ninguna. Para serle sincero, Angelika despreciaba nuestras publicaciones. Consideraba que ella jugaba en una liga distinta.

&#191;Y usted no est&#225; de acuerdo con su opini&#243;n?

Norbert Eitel se ri&#243;.

Ten&#237;a un gran concepto de las aptitudes de Angelika. Pero tambi&#233;n considero que nuestros t&#237;tulos son un producto de calidad. El principal contacto que tuve con Angelika fue a trav&#233;s de eventos de negocios y amigos comunes. &#201;ramos conocidos.

Y usted, Herr Eitel -Maria se dirigi&#243; a Eitel padre-, &#191;qu&#233; trato ten&#237;a con Frau Bl&#252;m?

Wolfgang Eitel ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s y mir&#243; a Maria con aires de superioridad.

Ninguno. Bueno, s&#243;lo nos vimos una vez, en el Altona Krone, har&#225; un par de semanas.

Pero me atrever&#237;a a decir que no gozaba de mucha popularidad entre ustedes dos precisamente -Maria dej&#243; la idea en el aire.

No entiendo -Norbert Eitel utiliz&#243; la jovialidad de sus facciones para esbozar una sonrisa confusa mientras su padre permanec&#237;a impert&#233;rrito.

Frau Bl&#252;m estaba a punto de publicar un art&#237;culo en el que afirmaba que estaban ustedes involucrados en temas de especulaci&#243;n inmobiliaria con participaci&#243;n de intereses extranjeros. -Maria habl&#243; con un tono de voz uniforme y autoritario. Fabel mir&#243; fijamente a Norbert Eitel, quien estaba resuelto a no demostrar sorpresa alguna por el farol que se hab&#237;a marcado Maria. La sonrisa de Eitel no dio muestras de cambiar, y al mantenerla durante tanto rato, se volvi&#243; falsa. Maria hab&#237;a dado en el clavo. Pero fue el padre de Norbert quien habl&#243;.

Herr Hauptkommissar Fabel, desconoc&#237;amos que Frau Bl&#252;m tuviera intenci&#243;n de publicar un art&#237;culo sobre mi hijo o sobre m&#237;. Es cierto que tenemos intereses inmobiliarios. Es cierto que hacemos negocios con otros pa&#237;ses. Mi propia carrera profesional estaba basada en las importaciones y las exportaciones. Si Frau Bl&#252;m iba a publicar un art&#237;culo sobre nosotros, no s&#243;lo lo desconoc&#237;amos por completo, sino que puedo asegurarle que no tenemos ni idea de cu&#225;les ser&#237;an los motivos del art&#237;culo en cuesti&#243;n.

Fabel cambi&#243; de t&#225;ctica.

Creo que sirvi&#243; usted en el Ostfront durante la guerra. Estaba al mando de un batall&#243;n de ucranianos, &#191;verdad?

Una chispa se convirti&#243; en una llama que se convirti&#243; en un fuego intenso en los ojos de Eitel. Pero nada de aquello se filtr&#243; a su voz, su expresi&#243;n, sus movimientos.

La verdad es que no veo qu&#233; tiene eso que ver, Herr Hauptkommissar -Fabel tuvo la sensaci&#243;n de estar mirando el coraz&#243;n de un reactor nuclear a trav&#233;s de un metro de cristal con &#243;xido de plomo; como si fuera testigo de algo excepcionalmente poderoso y mortal, pero contenido.

S&#243;lo lo digo porque Ucrania tiene un papel destacado en nuestra investigaci&#243;n. -Era cierto, pero &#191;c&#243;mo lo interpretar&#237;a Eitel? Fabel hizo una pausa para invitarle a que hiciera alg&#250;n comentario.

Wolfgang Eitel se alis&#243; el pelo de marfil de las sienes con las manos. Sin embargo, fue su hijo quien habl&#243;.

Tenemos intereses empresariales por toda Europa y fuera de ella. Somos propietarios de publicaciones en Holanda, Polonia, Hungr&#237;a. En nuestros negocios inmobiliarios participan empresas de Estados Unidos as&#237; como de Ucrania. No veo que eso tenga, en s&#237; mismo, ning&#250;n inter&#233;s period&#237;stico especial.

Bingo. Fabel y Maria intercambiaron una mirada r&#225;pida y furtiva. Fabel se esforz&#243; porque la euforia del descubrimiento no se reflejara en su expresi&#243;n. Volvi&#243; a dirigirse a Wolfgang Eitel.

Creo que todos sabemos que el art&#237;culo de Frau Bl&#252;m se basaba en algo m&#225;s que un simple negocio con socios de la Europa del Este, &#191;verdad?

En ese caso, sabe usted m&#225;s que yo, Herr Fabel.

Waalkes, el abogado, los interrumpi&#243;.

Creo que esto ya ha ido demasiado lejos, Herr Hauptkommissar. Hemos accedido a tener esta entrevista porque a todos nos ha horrorizado el asesinato de Frau Bl&#252;m y nos sentimos con la obligaci&#243;n de hacer todo lo posible para ayudar a atrapar a este monstruo. Pero tengo que decirles que su l&#237;nea de interrogatorio es impertinente e irrelevante. Parece que pretendan implicar a mis clientes en un tema que no tiene absolutamente nada que ver.

No me ha parecido que hayamos acusado a nadie de nada -dijo Maria-. S&#243;lo intentamos descubrir la conexi&#243;n entre el Grupo Eitel y Frau Bl&#252;m.

Y yo creo que eso ya ha quedado claro. -Norbert Eitel se puso en pie para indicar que la discusi&#243;n hab&#237;a acabado. Ninguno de los agentes de polic&#237;a lo imit&#243;. Fabel se dirigi&#243; a Waalkes.

Creo que ser&#237;a bueno para todo el mundo que sus clientes nos proporcionaran una relaci&#243;n de sus movimientos en los d&#237;as de los asesinatos que estamos investigando, junto con los nombres de las personas que puedan corroborar dicha relaci&#243;n. Y les agradecer&#237;a mucho que lo hicieran con la mayor brevedad posible

&#161;Esto es indignante! -rugi&#243; la voz de Eitel padre mientras se levantaba con una rapidez que no se correspond&#237;a con su edad-. &#191;Nos est&#225; acusando a m&#237; o a mi hijo de participar en estos actos?

Es una petici&#243;n bastante rutinaria, Herr Eitel -dijo Fabel con calma y sin moverse de la silla. Maria le entreg&#243; una hoja en la que hab&#237;a escrito la hora y d&#237;a de cada asesinato. Fabel se puso en pie y se dirigi&#243; de nuevo a Eitel padre-. En cualquier caso, Herr Eitel, pensaba que ya ten&#237;a experiencia en contestar preguntas dif&#237;ciles

Esta vez fue Waalkes quien explot&#243;.

&#161;Ya es suficiente, Herr Fabel! Esto es intolerable. Pienso notific&#225;rselo a sus superiores

Fabel entreg&#243; el papel a Waalkes.

Horas, lugares, testigos Necesito una relaci&#243;n completa de sus dos clientes. -Se volvi&#243; hacia Norbert y Wolfgang Eitel. Los ojos de Eitel padre echaban chispas debajo de las gruesas cejas blancas-. Buenos d&#237;as, caballeros -dijo Fabel, y sali&#243; de la sala seguido de Maria y Werner.

No hablaron hasta que estuvieron dentro del ascensor. En cuanto se cerraron las puertas, Fabel, Maria y Werner intercambiaron grandes sonrisas.

Creo que tenemos muchas cosas que investigar, &#191;no os parece? -dijo Fabel.

Me pondr&#233; con ello enseguida -dijo Maria-. Han sido muy amables al apuntarnos en la direcci&#243;n correcta. Empezar&#233; por conseguir una relaci&#243;n de todos los contactos ucranianos que han tenido Eitel Importing y el Grupo Eitel.

Has hecho un trabajo excelente, Maria -dijo Fabel.

Gracias, jefe.

Werner no dijo nada.

Por cierto -dijo Maria cuando se abrieron las puertas al vest&#237;bulo-, quer&#237;a coment&#225;rtelo antes Tengo los detalles de los contactos entre polic&#237;as de Hamburgo actualmente en servicio y los cuerpos de seguridad ucranianos. No vas a creer qu&#233; nombre ha salido.

&#191;Cu&#225;l?

El tuyo.

&#191;Qu&#233;? No he estado en Ucrania en mi vida.

&#191;Recuerdas que escribiste una ponencia para la convenci&#243;n de la Europol sobre asesinos en serie psic&#243;ticos, sobre los asesinatos de Helmut Schmied?

S&#237;

Al parecer, forma parte del material que se utiliza en el centro de psicolog&#237;a forense y criminolog&#237;a de Odesa, que es donde la polic&#237;a ucraniana recibe formaci&#243;n sobre c&#243;mo atrapar a asesinos en serie.

Werner y Maria se dirigieron hacia las enormes puertas dobles de cristal y cromo de la salida. Fabel se qued&#243; un momento mirando a sus compa&#241;eros, antes de seguirlos hasta la calle.


Viernes, 20 de junio. 19:00 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Los compa&#241;eros de Anna Wolff estaban tan acostumbrados a su habitual aspecto neopunk consistente en maquillaje excesivo, una chaqueta de piel dos tallas grande y unos vaqueros ajustados que se sobresaltaron un poco cuando la vieron entrar en la oficina principal de la Mordkommission. Werner y un par de tipos del equipo de refuerzo la piropearon con silbidos, Maria alab&#243; su aspecto y Fabel aplaudi&#243;. Paul Lindemann puso cara de preocupaci&#243;n.

Anna hab&#237;a moderado el maquillaje y s&#243;lo hab&#237;a acentuado sutilmente la estructura marcada de los p&#243;mulos y suavizado el estilo de su pelo corto y oscuro. Un vestido negro atado al cuello que acababa a medio muslo acentuaba las curvas de su cuerpo y dejaba al descubierto sus piernas torneadas. Debajo del vestido, encajado inc&#243;modamente en el sujetador sin tiras, llevaba el transmisor port&#225;til y el micr&#243;fono que Maria le hab&#237;a ayudado a colocarse. La secci&#243;n t&#233;cnica ya hab&#237;a comprobado que funcionaba.

Dir&#237;a que estamos listos para echar el anzuelo -dijo Mar&#237;a con una sonrisa.

Bien -dijo Fabel-. Repasemos el plan otra vez. &#191;Anna?

Anna Wolff repas&#243; la operaci&#243;n al detalle una vez m&#225;s. Dej&#243; la parte m&#225;s importante para el final.

Recordad mi frase de alarma. Si o&#237;s que digo No me encuentro muy bien, es la se&#241;al para que entr&#233;is a por m&#237;. -Anna hab&#237;a elegido con cuidado las palabras. Era algo que pod&#237;a decir de repente y en cualquier contexto. La sala era un hervidero de expectativas, nervios y adrenalina-. &#191;Est&#225;s seguro de que no quieres venir, jefe?

No, Anna, es tu operaci&#243;n. Pero me mantendr&#233; en contacto con el equipo para asegurarme de que todo va bien. Buena suerte.

Gracias.

El equipo sigui&#243; a Anna hasta el aparcamiento, por lo que Fabel y Werner se quedaron solos en la Mordkommission. La sala se qued&#243; vac&#237;a y silenciosa, sin la electricidad que reinaba hac&#237;a unos segundos. Fabel y Werner no dijeron nada durante un minuto; luego, Werner se volvi&#243; hacia Fabel.

&#191;Ahora?

Fabel asinti&#243;.

Pero mantente alejado de la zona de la operaci&#243;n. Tan s&#243;lo sigue lo que vaya sucediendo y escucha la radio. No quiero que Anna y Paul piensen que no conf&#237;o en que puedan sacar la operaci&#243;n adelante ellos solos. Dejar&#233; encendido el m&#243;vil toda la noche por si surge alg&#250;n problema.

Claro, Jan.

Y Werner -dijo Fabel-. Te agradezco que hagas esto. Me quedo m&#225;s tranquilo sabiendo que tienen tu pericia y experiencia a la vuelta de la esquina.

Werner encogi&#243; su cuerpo robusto y sonri&#243;.

Todo ir&#225; bien -dijo. Sacudi&#243; las llaves del coche que llevaba en la mano, se volvi&#243; y sali&#243; del despacho.


Viernes, 20 de junio. 20:00 h


Sankt Pauli (Hamburgo)


Una gran furgoneta Mercedes Vario azul oscuro, con el logo de la empresa Ernst Thoms Elektriker a los lados, estaba aparcada frente a la entrada de la discoteca. Los transe&#250;ntes apenas habr&#237;an advertido su presencia: los asientos del conductor y del copiloto estaban vac&#237;os, y no hab&#237;a m&#225;s se&#241;al de vida que la rejilla de ventilaci&#243;n que giraba sin parar y en silencio. Lo que la mayor&#237;a de gente tampoco habr&#237;a advertido es que la segunda rejilla no giraba, sino que estaba abierta, de cara a la discoteca.

Anna Wolff sonri&#243; para s&#237; misma mientras el portero le abr&#237;a la puerta; era evidente que no reconoci&#243; en Anna a la misma mujer que hab&#237;a demostrado de un modo tan espectacular la flexibilidad de las articulaciones de su pulgar. Antes gir&#243; un poco la cabeza y mir&#243; con naturalidad hacia la furgoneta Mercedes. Se dio unos golpecitos con los dedos en el pecho en un gesto distra&#237;do, se dio la vuelta y entr&#243; en la discoteca. Sab&#237;a que Paul y Maria, sentados en la oscura parte trasera de la furgoneta, observando la imagen de la c&#225;mara de la rejilla en el monitor, la habr&#237;an visto dar los golpecitos y tambi&#233;n la habr&#237;an o&#237;do. Si no hab&#237;a sido as&#237;, alguien ir&#237;a a sacarla de ah&#237; de inmediato. Era una sensaci&#243;n desconcertante. Estar sorda, pero no muda. Sus observadores de la furgoneta pod&#237;an o&#237;r todo lo que pasaba a su alrededor, cada palabra que dec&#237;a o que le dec&#237;an; sin embargo, ella no pod&#237;a escucharles. Si llevara un auricular, podr&#237;an detectarlo deprisa y con facilidad. Sab&#237;a, no obstante, que dentro de la discoteca ya hab&#237;a dos miembros del equipo, ambos equipados con radios con auriculares, que seguir&#237;an todos sus movimientos.

Anna respir&#243; hondo y empuj&#243; la puerta que daba a la pista de baile principal de la discoteca. El ritmo de la m&#250;sica la envolvi&#243;, pero no logr&#243; hacer desaparecer la sensaci&#243;n de inquietud que sent&#237;a en el est&#243;mago.


Viernes, 20 de junio. 20:00 h


Alsterpark (Hamburgo)


Fabel qued&#243; con Susanne para cenar algo y tomar una copa en P&#243;seldorf. Estuvo distra&#237;do durante toda la comida y se disculp&#243; con Susanne.

Tengo a un agente en una operaci&#243;n encubierta -le explic&#243;-. Y no puedo decir que me haga mucha gracia.

&#191;Tiene que ver con el caso del Hijo de Sven?

Fabel asinti&#243;.

Bueno, podr&#237;a ser. He permitido que se utilice de cebo a una agente joven.

&#191;Para el Hijo de Sven? -Susanne se qued&#243; muy impactada-. Nos enfrentamos a un psic&#243;tico sumamente peligroso, impredecible e inteligente. Haces bien en estar preocupado, Jan. Tengo que decirte que es una irresponsabilidad.

Muchas gracias -dijo Fabel, con tristeza-. Ahora me siento mucho mejor. Pero no estoy seguro del todo de que se trate de nuestro hombre; aunque bien podr&#237;a tener algo que ver con los secuestros con violaci&#243;n.

Lo &#250;nico que puedo decir es que espero que tu agente sepa cuidar de ella misma.

Es Anna Wolff. Es mucho m&#225;s dura de lo que aparenta. De hecho, es much&#237;simo m&#225;s dura que la mayor&#237;a de nosotros. Y tiene a un equipo completo respald&#225;ndola.

Susanne no parec&#237;a muy convencida. Su preocupaci&#243;n hizo que Fabel llamara a Werner, que estaba escuchando la radio del equipo de vigilancia. No hab&#237;a novedades. Era la tercera vez que lo llamaba, y el tono de Werner era el de una canguro que tranquiliza a un padre sobreprotector. Le cont&#243; a Fabel que Anna estaba en posici&#243;n, esperando a que apareciera MacSwain, y lo tranquiliz&#243; una vez m&#225;s dici&#233;ndole que si pasaba algo significativo, le informar&#237;a de inmediato.

Despu&#233;s de cenar, Fabel y Susanne cruzaron paseando el parque y la ciudad hasta llegar al muelle, y se sentaron en uno de los bancos orientados al agua. El sol estaba poni&#233;ndose a sus espaldas y alargaba sus sombras delante de ellos.

Siento no ser muy buena compa&#241;&#237;a esta noche -dijo sonriendo d&#233;bilmente a Susanne, quien se acerc&#243; a &#233;l y lo bes&#243; con ternura en los labios.

Ya lo s&#233;. Es por el caso. -Volvi&#243; a besarlo-. Vamos a tu casa a emborracharnos un poco.

Fabel sonri&#243;.

De acuerdo.

Acababan de levantarse cuando le son&#243; el m&#243;vil. Fabel abri&#243; la tapa, esperando o&#237;r la voz de Werner.

Jan Soy Mahmoot.

Dios santo, Mahmoot, &#191;d&#243;nde has estado? Comenzaba a

Mahmoot lo interrumpi&#243;.

Jan, necesito que te re&#250;nas conmigo ahora. Es importante y no quiero hablar por tel&#233;fono.

De acuerdo. -Fabel mir&#243; la hora y luego a Susanne, con un gesto de disculpa-. &#191;D&#243;nde est&#225;s?

Mahmoot le dio una direcci&#243;n en Speicherstadt.

&#191;Qu&#233; demonios haces all&#237;? -se ri&#243; Fabel-. &#191;Has ido a por caf&#233;?

Parec&#237;a que Mahmoot hab&#237;a perdido su habitual sentido del humor.

Ven hacia aqu&#237;. Ya.

De acuerdo. Llegar&#233; dentro de diez minutos.

Y, Jan

&#191;S&#237;?

Ven solo.

Colg&#243;. Fabel cerr&#243; la tapa del m&#243;vil y se qued&#243; mir&#225;ndolo. En todos sus encuentros, jam&#225;s hab&#237;a comprometido el anonimato esencial de Mahmoot llevando a otro agente con &#233;l. No podr&#237;a haber dicho nada m&#225;s redundante. S&#243;lo ten&#237;a sentido si alguien le hab&#237;a dicho que lo dijera: alguien que quisiera asegurarse de tener a Fabel solo. Se volvi&#243; hacia Susanne.

Lo siento mucho. Tengo que irme

&#191;Es algo relacionado con el Hijo de Sven?

No Creo que un amigo podr&#237;a estar en apuros.

&#191;Quieres que te acompa&#241;e?

No. -Fabel sonri&#243; y le dio las llaves de su piso-. Pero ve calentando la cama.

&#191;Es peligroso? &#191;No deber&#237;as pedir ayuda?

Fabel acarici&#243; la mejilla de Susanne.

No pasa nada. Como te he dicho, s&#243;lo es un amigo que necesita mi ayuda. Tengo que ir a buscar el coche. A ver si encontramos un taxi


Viernes, 20 de junio. 21:00 h


Sankt Pauli (Hamburgo)


Al principio, Anna se mostr&#243; educada y se disculp&#243;; pero despu&#233;s de que el quinto tipo se le acercara para ligar con ella, sus respuestas hab&#237;an pasado a ser bruscas y antip&#225;ticas. Cuando oy&#243; que otro Romeo le dec&#237;a &#161;Hola!, se dio la vuelta ense&#241;ando los dientes.

MacSwain retrocedi&#243; con las manos en alto.

Lo siento -dijo Anna avergonzada-. Pensaba que eras otra persona, bueno, cualquier otra persona, supongo

Me siento halagado.

Pues no deber&#237;as. La competencia es mal&#237;sima. -Anna lo mir&#243; de arriba abajo-. Empezaba a pensar que no ibas a venir.

He tenido que quedarme a trabajar. Lo siento. -Extendi&#243; la mano-. Me llamo John MacSwain -Y a&#241;adi&#243; en ingl&#233;s-: Encantado de conocerte

Sara Klemmer -dijo Anna, utilizando el nombre de una antigua compa&#241;era de colegio-. &#191;Eres ingl&#233;s?

Casi -contest&#243; MacSwain-. &#191;Tienes hambre?

Anna se encogi&#243; de hombros para no concretar nada.

Salgamos de aqu&#237;


Desde el puesto de mando en el interior de la furgoneta aparcada, Paul Lindemann alert&#243; a los agentes que estaban dentro de la discoteca.

Preparaos; nos movemos. -Se volvi&#243; al agente del MEK vestido con un mono de electricista-. Cuando los dos coches principales est&#233;n en posici&#243;n, nos marchamos.


Viernes, 20 de junio. 21:00 h


Speicherstadt (Hamburgo)


Speicherstadt significa ciudad de los almacenes. El Speicherstadt es uno de los paisajes urbanos m&#225;s sorprendentes de Europa. La arquitectura g&#243;tica de los enormes almacenes de ladrillo rojo y siete pisos de altura, coronados con torrecillas de cobre cubiertas de verd&#237;n, se eleva desde el muelle con una seguridad abrumadora. Los almacenes monumentales se entrelazan con calles y canales estrechos, y las galer&#237;as se extienden de un edificio a otro, a menudo a cuatro pisos de altura.

Speicherstadt tambi&#233;n es el mayor almac&#233;n de dep&#243;sito del planeta: millones de toneladas de caf&#233;, t&#233;, tabaco y especias se amontonan en dos mil quinientas hect&#225;reas, junto con otros art&#237;culos m&#225;s modernos como ordenadores, productos farmac&#233;uticos y muebles. En los &#250;ltimos a&#241;os, se hab&#237;a producido una gran afluencia de marchantes de antig&#252;edades que se hab&#237;an establecido junto a las oficinas de los negocios mar&#237;timos y comerciales, y algunas de las empresas cafeteras hab&#237;an abierto caf&#233;s para el p&#250;blico. Sin embargo, segu&#237;a siendo una parte muy activa de la vida de Hamburgo como una de las ciudades portuarias m&#225;s importantes del mundo que era.

Fabel aparc&#243; en la Deichstrasse, por fuera del propio Speicherstadt controlado por la aduana. Desenfund&#243; la Walther P 99, comprob&#243; el cargador y lo cerr&#243; de nuevo con la base de la mano antes de guardarla en la funda. Se baj&#243; del coche y cruz&#243; a pie el Kornhausbr&#252;cke, que se extend&#237;a sobre el estrecho Zollkanal; a su espalda, las torres de la Sankt Katharinen Kirche y de la Sankt Nikolai Kirche perforaban el cielo. Mientras atravesaba el puente, mir&#243; hacia el canal, rodeado por las fachadas de ladrillo rojo de los almacenes amenazadores. Ahora el sol estaba m&#225;s bajo y daba mayor intensidad al rojo vivo de los ladrillos. Fabel sent&#237;a algo m&#225;s que inquietud en el pecho. Pas&#243; por el puesto de aduana y se dirigi&#243; hacia Sankt Annenufer. Dobl&#243; un par de esquinas y lleg&#243; a la estrecha calle adoquinada que Mahmoot le hab&#237;a mencionado por tel&#233;fono.

Estaba m&#225;s oscuro en Speicherstadt que en la ciudad que se extend&#237;a m&#225;s all&#225;. Ahora el sol estaba tan bajo que no pod&#237;a colarse por entre las descomunales catedrales de comercio victorianas. En aquella avenida no hab&#237;a oficinas ni cafeter&#237;as a nivel de calle; las ventanas de los almacenes estaban oscuras. Fabel o&#237;a c&#243;mo resonaban sus pasos en la calle vac&#237;a. Casi pas&#243; de largo del n&#250;mero que le hab&#237;a dado Mahmoot. Un peque&#241;o cartel indicaba que el almac&#233;n estaba ocupado por Klimenko International. Hab&#237;a una puerta doble en forma de arco y ninguna ventana a nivel de calle. Fabel gir&#243; el pomo de hierro y empuj&#243;; estaba abierto. Entr&#243; en un espacio amplio puntuado por hileras de columnas de ladrillo y hierro que soportaban el peso de las plantas superiores. El local tendr&#237;a casi nueve metros de altura, y Fabel calcul&#243; que habr&#237;a unos cuatrocientos metros cuadrados de superficie. No hab&#237;a nada, excepto un despacho modular elevado situado en el otro extremo del almac&#233;n. Estaba oscuro. S&#243;lo uno de los muchos fluorescentes estaba encendido; al fondo del almac&#233;n, las ventanas, que m&#225;s bien eran arcadas acristaladas, ten&#237;an una capa espesa de polvo, y el atardecer veraniego quedaba reducido a un d&#233;bil resplandor naranja. Detr&#225;s de &#233;l, la puerta se cerr&#243; de golpe, lo cual provoc&#243; que Fabel se sobresaltara y el ruido retumbara en la inmensidad del almac&#233;n. Si ah&#237; dentro hab&#237;a alguien, Fabel acababa de anunciarle su llegada.

Desenfund&#243; la Walther y empuj&#243; la cure&#241;a hacia atr&#225;s. Escudri&#241;&#243; el almac&#233;n, comprobando que no hubiera ning&#250;n movimiento en las columnas, aunque eran bastante estrechas y un hombre habr&#237;a tenido serias dificultades para esconderse detr&#225;s. Si hab&#237;a alguien, estaba en el despacho modular o detr&#225;s del mismo. Fabel se desplaz&#243; a su derecha, acerc&#225;ndose a la pared para reducir su vulnerabilidad y, apoyando la mano derecha en la izquierda, extendi&#243; el arma, manteni&#233;ndola a la altura de los ojos. Avanz&#243; hacia la pared hasta que estuvo paralelo al despacho. Preparado para disparar, dio un paso r&#225;pido y decidido hacia un lado para inspeccionar la parte trasera. No hab&#237;a nadie. Relaj&#243; la tensi&#243;n de los brazos un poco y avanz&#243; con rapidez por el exterior del despacho. Fabel apoy&#243; la espalda en la pared. El enladrillado sobre el que descansaba el m&#243;dulo le quedaba a la altura de la cintura, as&#237; que calcul&#243; que la cabeza le quedar&#237;a justo a la altura del suelo. Peg&#243; el o&#237;do a la pared, pero no oy&#243; nada. Con cuidado, Fabel rode&#243; el despacho hacia los escalones y los subi&#243; despacio, con la autom&#225;tica apuntando a la puerta. Segu&#237;a sin o&#237;r ning&#250;n sonido procedente del interior. Acababa de colocar la mano en el pomo de la puerta cuando lo not&#243;: el disco duro y fr&#237;o de la boca de una pistola presion&#225;ndole la nuca.

Por favor, Herr Fabel. No se mueva -Era una voz de mujer y hablaba alem&#225;n con un acento muy fuerte-. Retire el &#237;ndice del gatillo y levante el arma por encima de la cabeza.

Fabel obedeci&#243; y not&#243; que le arrebataba la Walther con un movimiento r&#225;pido y fluido. Se qued&#243; mirando la pintura verde desconchada de la puerta del despacho y se pregunt&#243; si aqu&#233;lla ser&#237;a la &#250;ltima imagen que retendr&#237;a su cerebro. Su mente trabajaba a toda velocidad, intentando recordar desesperadamente las estrategias de negociaci&#243;n para situaciones como aquella que hab&#237;a aprendido en los seminarios de formaci&#243;n. Entonces, la puerta del despacho se abri&#243;. Delante de &#233;l, apareci&#243; un hombre bajito y fornido de unos setenta a&#241;os. Fabel reconoci&#243; las facciones eslavas de su rostro. Pero sobre todo reconoci&#243; los ojos verdes, casi luminosos y penetrantes del hombre que le hab&#237;a atacado en el piso de Angelika Bl&#252;m.


Viernes, 20 de junio. 21:10 h


Sankt Pauli (Hamburgo)


Mientras MacSwain le abr&#237;a la puerta del copiloto del Porsche plateado, Anna pase&#243; la mirada tranquilamente por la calle. El maltrecho Mercedes amarillo del equipo de vigilancia estaba aparcado unos veinte metros m&#225;s abajo, y vislumbr&#243; un d&#233;bil movimiento detr&#225;s del parabrisas. Estaban en posici&#243;n y preparados. Anna sonri&#243; a MacSwain y subi&#243; al coche. Mir&#243; el reducido espacio del asiento trasero del Porsche y vio una gran cesta de mimbre sobre la tapicer&#237;a de piel. MacSwain ocup&#243; su lugar al volante y se fij&#243; en su mirada de curiosidad.

&#191;La has visto? -dijo sonriendo con complicidad-. He pensado que podr&#237;amos hacer un picnic.

La sonrisa de Anna suger&#237;a que estaba intrigada y tranquila, pero el nudo que ten&#237;a en la boca del est&#243;mago se tens&#243;: una cesta de picnic suger&#237;a una ubicaci&#243;n remota. Y cuanto m&#225;s remota fuera la ubicaci&#243;n, m&#225;s dif&#237;cil le resultar&#237;a al equipo de refuerzo seguirlos sin pasar desapercibido. Tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no mirar por el retrovisor exterior de MacSwain y comprobar que sus refuerzos iban detr&#225;s.

Bueno -comenz&#243; en un tono intrigado-, &#191;ad&#243;nde vamos?

Es una sorpresa -dijo MacSwain con una sonrisa, pero sin apartar la vista de la carretera.

Anna estaba sentada medio girada, observando el perfil de MacSwain. Hab&#237;a adoptado una postura relajada y c&#243;moda, pese a la tensi&#243;n fr&#237;a que sent&#237;a en cada m&#237;nimo movimiento.

Anna repet&#237;a por dentro la frase No me encuentro muy bien una y otra vez, como si quisiera colocarla en un primer plano de su mente y tenerla a mano.

Salieron de Sankt Pauli. Fueron hacia el este y luego al sur.

No me encuentro muy bien: Anna core&#243; la frase de nuevo, y su mente se aferr&#243; a ella como una mano avariciosa.


Viernes, 20 de junio. 21:05 h


Speicherstadt (Hamburgo)


Fabel estaba en lo cierto: no hab&#237;a espacio detr&#225;s de las columnas para que se escondiera un hombre. Pero s&#237; para que una mujer delgada y &#225;gil, de pelo rubio iridiscente y un aura de juventud, esperara sin ser vista; colocada estrat&#233;gicamente para situarse con pasos r&#225;pidos y silenciosos detr&#225;s de cualquier persona que intentara subir los escalones de la puerta del despacho.

En cuanto la mujer lo desarm&#243;, la boca del arma dej&#243; de presionarle la nuca, y el temor de Fabel disminuy&#243; un poco. Al mirar detr&#225;s del eslavo, que estaba en la puerta, vio a Mahmoot sentado al fondo del despacho. No parec&#237;a nada relajado y ten&#237;a un morat&#243;n en la parte derecha de la frente. Aparte de eso, parec&#237;a estar bien. El eslavo se hizo a un lado para dejar entrar a Fabel. Si quer&#237;a hacer alg&#250;n movimiento, ten&#237;a que ser ahora. Pero no pudo hacer nada. Era como si el eslavo le hubiera le&#237;do el pensamiento.

Por favor, Herr Fabel, no haga ning&#250;n movimiento precipitado. -El acento encajaba con su rostro. Fabel se pregunt&#243; si aquel hombre ser&#237;a uno de los ucranianos del Equipo Principal; si estar&#237;a mirando a Vasyl Vitrenko-. No tenemos intenci&#243;n de hacerle ning&#250;n da&#241;o ni a usted ni a su amigo.

Tranquilo, Jan -dijo Mahmoot desde el fondo del despacho-. Son polic&#237;as m&#225;s o menos. No te habr&#237;a hecho venir si hubiera pensado que exist&#237;a un peligro real.

El eslavo se&#241;al&#243; una segunda silla, junto a Mahmoot.

Por favor, Herr Fabel. Si&#233;ntese. -Cuando Fabel obedeci&#243;, el hombre se dirigi&#243; a la chica y le habl&#243; en alem&#225;n-: Martina, por favor, devu&#233;lvele al Hauptkommissar su arma.

La chica retir&#243; con pericia el cargador de la empu&#241;adura del arma y se los entreg&#243; a Fabel por separado. El enfund&#243; la Walther y se guard&#243; el cargador en el bolsillo. Al hacerlo, advirti&#243; que la chica llevaba el mismo modelo de autom&#225;tica que Hansi Kraus hab&#237;a recogido de la Schwimmhalle abandonada. La &#250;nica diferencia era que su pistola no estaba decorada con incrustaciones y filetes. Se dirigi&#243; a Mahmoot.

&#191;Est&#225;s bien?

Mahmoot asinti&#243; con la cabeza.

Lo siento, Jan. Pero creo que deber&#237;as escuchar lo que tienen que decirte. Creen que van detr&#225;s del mismo tipo que t&#250;. Llevan un tiempo vigil&#225;ndote, y a m&#237; me siguieron despu&#233;s de que nos reuni&#233;ramos en el transbordador.

Fabel se volvi&#243; hacia el eslavo, cuya sonrisa no casaba con sus fr&#237;os ojos verdes.

&#191;Es usted alg&#250;n tipo de agente de la ley ruso? Si es as&#237;, &#191;por qu&#233; no ha procedido siguiendo los canales apropiados? Tengo que decirle que ha infringido diversas leyes federales alemanas; la ciudad est&#225; plagada de polic&#237;as que lo buscan despu&#233;s de que me atacara.

Mahmoot se volvi&#243; deprisa en la silla e hizo por levantarse. La chica rubia movi&#243; el ca&#241;&#243;n de la autom&#225;tica para indicarle que se quedara sentado.

&#191;Te atacaron?

Fabel asinti&#243; con la cabeza.

Tus amigos no son tan adorables como puedan parecer.

Siento lo sucedido, Herr Fabel -dijo el eslavo-. Pero no pod&#237;a permitirme la complicaci&#243;n que supon&#237;a en aquel momento que me detuviera. Seguro que entender&#225; que podr&#237;a haberle causado un da&#241;o grave y permanente si hubiera querido.

Fabel no hizo caso a aquel comentario.

&#191;Qui&#233;n es usted? &#191;Para qui&#233;n trabaja?

De nuevo, la sonrisa del eslavo no se traslad&#243; a sus fr&#237;os ojos verdes.

Por ahora, c&#243;mo me llame carece de importancia. Mi compa&#241;era -se&#241;al&#243; con la cabeza a la chica rubia- y yo somos agentes de la polic&#237;a antiterrorista ucraniana. El Berkut.

&#191;El servicio secreto ucraniano?

No. Eso es el SBU (el Sluzhba Bespeky Ukrayiny), que, por desgracia, seguramente tambi&#233;n tiene su papel en esta historia.

&#191;Y qu&#233; tienen que ver estos asesinatos con el terrorismo?

&#191;Directamente? Nada. Se lo explicar&#233; todo a su debido tiempo, Herr Fabel. Me temo que hay mucho que contar, y mi alem&#225;n tiene sus l&#237;mites, as&#237; que le pido que sea paciente. Lo principal es que creo que ambos podr&#237;amos beneficiarnos de un intercambio mutuo de informaci&#243;n.

Fabel lanz&#243; una dura mirada al eslavo. Le parec&#237;a que hablaba alem&#225;n con bastante solidez, a pesar del fuerte acento.

&#191;Qu&#233; hac&#237;a en el piso de Angelika Bl&#252;m? &#191;Y qu&#233; hac&#237;a por fuera de la escena del crimen de Sankt Pauli?

Como ha se&#241;alado su amigo, tenemos inter&#233;s en el mismo caso. Antes de morir, Frau Bl&#252;m estaba investigando ciertas transacciones inmobiliarias en las que participaba el grupo de empresas Eitel, &#191;verdad?

Fabel se encogi&#243; de hombros para no concretar su respuesta. El eslavo sonri&#243;.

Estos negocios inmobiliarios se pusieron en marcha para beneficiar a Klimenko International, que es un consorcio con sede en Kiev. Este local en el que estamos estaba ocupado hasta hace poco por Klimenko International.

&#191;Eran negocios ilegales? -pregunt&#243; Fabel.

El eslavo hizo un gesto con la mano para quitar importancia a esa cuesti&#243;n.

&#191;T&#233;cnicamente? Es probable. Depend&#237;an de la informaci&#243;n que pasaban a Klimenko fuentes oficiales del gobierno de Hamburgo, quiz&#225; de un modo m&#225;s predecible de lo que habr&#237;an querido las autoridades.

Deje que lo adivine, &#191;estos negocios se centrar&#237;an en la sociedad Neuer Horizont?

Quiz&#225; est&#233; usted m&#225;s familiarizado con la situaci&#243;n de lo que cre&#237;a. S&#237;, Herr Fabel, es correcto. Hay propiedades inmobiliarias por todo Hamburgo que tienen, por s&#237; mismas, muy poco valor comercial. Pero en cuanto se anuncia que una zona va a rehabilitarse o a someterse a una urbanizaci&#243;n importante, el valor del suelo en el que est&#225; la propiedad inmobiliaria aumenta de un modo espectacular.

As&#237; que Klimenko International y Neuer Horizont pueden hacer una fortuna comprando barato y antes de tiempo.

Esa era la idea. Ahora le dir&#233; algo que no volver&#233; a repetir y que jam&#225;s ser&#225; capaz de demostrar. Klimenko International es una tapadera de mi Gobierno. Ucrania es un pa&#237;s pobre, Herr Fabel. Sin embargo, tiene el potencial para convertirse en una parte de Europa muy rica y con mucha influencia. Hay gente que utilizar&#237;a cualquier instrumento o arma -y quiero decir cualquiera- que tenga a su disposici&#243;n para asegurarse de que ese potencial se desarrolla. Klimenko International era una de estos instrumentos. Respondiendo a su pregunta, la raz&#243;n por la que estaba en el piso de Frau Bl&#252;m era descubrir si hab&#237;a algo all&#237; que incriminara a mi Gobierno o pudiera ayudarme a llevar a cabo la misi&#243;n que tengo encomendada. Luego le explicar&#233; cu&#225;les son los objetivos de esa misi&#243;n. Pens&#233; que quiz&#225; hab&#237;an pasado por alto alg&#250;n papel o informaci&#243;n que no estuviera relacionado directamente con el asesinato, sino con la operaci&#243;n Klimenko. Los subestim&#233;.

No fue cosa nuestra. La persona que mat&#243; a Angelika Bl&#252;m borr&#243; todos los archivos de su ordenador, y tenemos la sospecha de que se llev&#243; carpetas de su piso.

El eslavo se qued&#243; mirando perplejo a Fabel y se pas&#243; la mano por la cabeza, toc&#225;ndose el abundante pelo blanco; luego, continu&#243; hablando con su alem&#225;n de acento fuerte y gramaticalmente perfecto:

Hay un tercer elemento en juego. Un elemento que, en parte, ya conoce. -Hizo una breve pausa, como queriendo puntuar la informaci&#243;n proporcionada para enfatizar la importancia de lo que iba a seguir-. El testaferro en Hamburgo de la operaci&#243;n Klimenko era Pavlo Klimenko, el jefe putativo del consorcio. Klimenko es, en realidad, un agente del servicio secreto del SBU con una hoja de servicios impresionante en el ej&#233;rcito. Por desgracia, para aquellos que est&#225;n detr&#225;s de esta empresa, hace alg&#250;n tiempo se pusieron en juego otros intereses. &#191;Le suena el nombre de Vasyl Vitrenko?

Fabel asinti&#243; con la cabeza.

Supuestamente, es el jefe de una organizaci&#243;n criminal ucraniana. Una banda nueva que est&#225; absorbiendo las actividades de todas las dem&#225;s bandas de la ciudad.

Vasyl Vitrenko es era un alto coronel del Berkut. Vitrenko tiene una hoja de servicios que muchas personas admiran hasta el punto de adularlo. Otras lo consideran un monstruo. El diablo. En otro tiempo, en otro lugar, me encomendaron la responsabilidad de encontrar a Vitrenko y poner fin a sus peores excesos. Vitrenko ha reunido a diez de sus ex oficiales subordinados, hombres que sirvieron a sus &#243;rdenes en Chechenia o Afganist&#225;n, o en ambos sitios. Estos hombres tienen un historial de valent&#237;a extraordinaria y crueldad extrema. Cada uno de estos oficiales se mantiene absolutamente leal a Vitrenko. M&#225;s a&#250;n, Vitrenko ha prometido hacerlos millonarios. Una promesa que ya est&#225; muy cerca de cumplir. Uno de estos oficiales era un tal comandante Pavlo Klimenko.

&#191;As&#237; que Vitrenko le rob&#243; el plan de corrupci&#243;n delante de sus narices? -Fabel solt&#243; una risa amarga.

Los ojos verdes del eslavo brillaron bajo la sombr&#237;a luz artificial del despacho modular.

As&#237; es, Herr Hauptkommissar. Pero antes de que empiece a relamerse demasiado, querr&#237;a se&#241;alar que su Gobierno tambi&#233;n es capaz de llevar a cabo negocios turbios. &#191;Cu&#225;l era el objetivo de la operaci&#243;n en la que participaba el desventurado Herr Klugmann?

No estoy dispuesto a hablar de eso con usted.

&#191;No? Muy bien, Herr Hauptkommissar. Perm&#237;tame que responda yo a mi pregunta. Usted cree que Herr Klugmann realizaba una operaci&#243;n de vigilancia para recabar informaci&#243;n sobre las actividades de Vasyl Vitrenko y su banda. &#191;Correcto?

Fabel se encogi&#243; de hombros y asinti&#243; con la cabeza.

Pues no, Herr Fabel. Herr Klugmann s&#243;lo ten&#237;a un objetivo: contactar y negociar con Vasyl Vitrenko. Klugmann era un agente del BND y ten&#237;a que ofrecerle un trato. Su Gobierno, que conoce perfectamente el pasado asesino de Vitrenko y su presente delictivo, est&#225; dispuesto a ofrecerle la inmunidad y un negocio lucrativo.

&#191;Por qu&#233; diablos el Gobierno federal alem&#225;n har&#237;a negocios con un importante criminal?

Por los atentados del 11 de septiembre de 2001.

&#191;Qu&#233;?

Ocho de los diez terroristas suicidas que llevaron a cabo los ataques contra el World Trade Centre de Nueva York vivieron o pasaron por Hamburgo justo antes del ataque. Ha sido un episodio bastante bochornoso tanto para la ciudad como para el pa&#237;s. En resumen, ustedes los alemanes har&#237;an lo que fuera para ayudar a los norteamericanos. Y los norteamericanos necesitan toda la ayuda que puedan obtener. Vasyl Vitrenko es un hombre sumamente inteligente y culto; tambi&#233;n es un experto destacado en Afganist&#225;n y en el terrorismo isl&#225;mico. La CIA ha dejado claro al BND que quedar&#237;an muy agradecidos si pudieran pescarles a Vitrenko. Su compa&#241;ero, Klugmann, recibi&#243; la orden de iniciar las negociaciones, y el piso en el que mataron a la chica era el lugar donde se llevaban a cabo.

Fabel mir&#243; con dureza al eslavo y luego a la chica rubia. No ser&#237;a la primera vez que la conveniencia y el imperativo de un bien mayor primaban sobre la ley. El eslavo lo miraba impasible, dejando que se tomara su tiempo para considerar su respuesta. Al final, Fabel dijo:

Pero el &#250;nico contacto que tuvo Klugmann con la nueva banda ucraniana era alguien llamado Vadim. Aparte de &#233;l, no estableci&#243; ning&#250;n contacto.

No exactamente. Lo que tiene que preguntarse, Herr Fabel, es qui&#233;n es la fuente de esa informaci&#243;n y si tiene alg&#250;n inter&#233;s en confundirle. Vadim es, en realidad, uno de los hombres de Vitrenko, Vadim Redchenko, y Klugmann tendr&#237;a contactos con &#233;l en calidad de intermediario principal. Pero Klugmann se reuni&#243; tres veces con Vitrenko. El resultado final de estas reuniones tan s&#243;lo puedo suponerlo. Pero las pruebas de la decisi&#243;n de Vitrenko son sanguinariamente evidentes.

&#191;Quiere decir que Vitrenko est&#225; cometiendo estos espantosos asesinatos?

No tengo ninguna duda, Herr Hauptkommissar.


Viernes, 20 de junio. 21:25 h


Altona (Hamburgo)


Anna lograba charlar con MacSwain de forma relajada, pero apartaba la vista de su perfil de vez en cuando para mirar por la ventanilla o al parabrisas del Porsche y lanzar as&#237; cuerdas de seguridad, ancl&#225;ndose cada vez a un panel de se&#241;alizaci&#243;n o alg&#250;n punto de referencia. Iban en direcci&#243;n al Elba. &#191;D&#243;nde diablos la llevaba?

Estoy intrigada -dijo Anna, trasladando a su voz la m&#225;xima calma.

MacSwain sonri&#243; con complicidad.

Tengo en mente una cosa muy especial para ti, Sara. Te prometo que es algo que no olvidar&#225;s


Paul Lindemann se estremeci&#243;, como si la frase de MacSwain, escuchada a trav&#233;s del micro de Anna, le hubiera afectado profundamente. Se volvi&#243; hacia Maria, que estaba sentada a su lado en la parte de atr&#225;s de la furgoneta Mercedes.

Esto no me gusta nada

Todav&#237;a no ha dicho o hecho nada que sugiera que deber&#237;amos intervenir. Anna se est&#225; desenvolviendo bien. Y los estamos siguiendo de cerca. Intenta relajarte.

La mirada inexpresiva que Paul lanz&#243; a Maria no suger&#237;a que los comentarios de &#233;sta le hubieran convencido o tranquilizado. Se llev&#243; la radio a los labios y pidi&#243; a los dos veh&#237;culos de seguimiento que lo pusieran al d&#237;a. Ambos le confirmaron que el contacto visual era bueno y que los vigilaban de cerca.

El objetivo acaba de entrar en Helgol&#228;nder, direcci&#243;n sur -inform&#243; la voz del principal coche de vigilancia-. Parece que nos dirigimos hacia Landungsbr&#252;cken

Paul agarr&#243; m&#225;s fuerte la radio, como si al hacerlo pudiera extraer de ella informaci&#243;n m&#225;s satisfactoria.

Kastor cuatro-uno a Kastor cuatro-dos -El primer coche llam&#243; al segundo-. Voy a retirarme. Adel&#225;ntame y ponte a la cabeza. Kastor cuatro-cuatro -El coche principal llamaba ahora a uno de los motociclistas-. Mira a ver si puedes colocarte delante y entrar en Landungsbr&#252;cken

Se produjo otro silencio.

Kastor cuatro a Kastor cuatro-cuatro -A Paul se le acab&#243; la poca paciencia que le quedaba-. Informa

Hemos entrado en Landungsbr&#252;cken -Hizo una pausa y luego a&#241;adi&#243; con un tono perplejo-: Parece que nos dirigimos a Baumwall y el Niederhafen o el Hanseboothafen Ahora el objetivo est&#225; en Johannisbollwerk.


Anna sinti&#243; que el nudo que ten&#237;a en el est&#243;mago se tensaba. MacSwain sali&#243; de la carretera portuaria principal y pas&#243; por los pontones que separaban los muelles del Niederhafen y del Schiffbauerhafen, que ofrec&#237;an atracaderos para los expositores y visitantes de la Feria del barco Hanseboot. Aparc&#243; el

Porsche y rode&#243; el coche para abrirle la puerta a Anna. Ella se qued&#243; quieta un momento. O&#237;a el chirrido, el tintineo y los zumbidos del bosque de m&#225;stiles de los yates que la rodeaban.

Vamos -dijo MacSwain sin impaciencia-. Quiero ense&#241;arte algo.

Anna tembl&#243; involuntariamente al bajarse del coche, aunque la noche no era fr&#237;a. MacSwain no lo vio, porque estaba cogiendo la cesta de mimbre del asiento trasero. Cerr&#243; la puerta y utiliz&#243; el mando del llavero para cerrar el coche y poner la alarma. Con la cesta en la otra mano, extendi&#243; el codo para que Anna lo agarrara del brazo. Ella sonri&#243; y lo hizo. Cruzaron el pont&#243;n hacia &#220;berseebr&#252;cke. De repente, MacSwain se detuvo junto a un barco a motor peque&#241;o pero elegante y que parec&#237;a caro.

Ya hemos llegado. Es peque&#241;o, pero c&#243;modo y r&#225;pido. Nueve metros de eslora. Tres metros de ancho.

Anna se qued&#243; mirando la embarcaci&#243;n. Era de un blanco inmaculado y ten&#237;a una &#250;nica raya azul pintada en el casco. En prestigio y elegancia, era el equivalente acu&#225;tico del Porsche de MacSwain.

Es precioso -La voz de Anna son&#243; apagada y vac&#237;a. En aquel momento no ten&#237;a ni idea de qu&#233; iba a hacer.


&#161;Joder! Tiene un barco. -Paul mir&#243; a Maria con los ojos desorbitados-. Si Anna sube y MacSwain sale del puerto, los perderemos. Mierda. No se nos ocurri&#243; que pod&#237;a tener un barco. Voy a llamar al equipo para que la saque de ah&#237;

Maria Klee frunci&#243; el ce&#241;o.

Pero eso tirar&#225; por tierra toda la operaci&#243;n. No podemos detenerlo por nada; no ha hecho nada malo. Lo &#250;nico que haremos ser&#225; descubrir la tapadera de Anna y alertar a MacSwain de que est&#225; bajo sospecha. Y Anna a&#250;n no nos ha pedido que intervengamos.

Dios santo, Maria, si la saca al r&#237;o, estar&#225; totalmente desprotegida. No podemos dejarla as&#237; de expuesta -Cogi&#243; la radio. Maria puso la mano sobre la suya.

Espera, Paul -dijo Maria-. Podemos avisar a la Wasserschutzpolizei y quiz&#225; incluso podamos solicitar un helic&#243;ptero. Estamos justo entre la polic&#237;a portuaria de Landungsbr&#252;cken y la Wache de Speicherstadt; podemos conseguir refuerzos en el r&#237;o en cuesti&#243;n de minutos. Dile al equipo que avance, pero que se mantenga a distancia. Si sospechamos que Anna tiene problemas, podemos hacerles intervenir antes de que salga del atracadero. -Maria cogi&#243; su m&#243;vil con un gesto decisivo-. Llamar&#233; a la Wasserschutzpolizei


La mente de Anna iba a toda velocidad. Aqu&#233;l era un elemento que no hab&#237;a previsto en su plan. Simplemente, se qued&#243; mirando perpleja las l&#237;neas elegantes del barco como si mirara un arma cargada que apuntara en su direcci&#243;n. Hab&#237;a bajado la guardia, y MacSwain lo not&#243;.

&#191;Sara? &#191;Pasa algo? Esperaba que te impresionar&#237;a

La voz de MacSwain devolvi&#243; a Anna al instante a la tarea que ten&#237;a entre manos.

Lo siento. Es que los barcos no son lo m&#237;o, precisamente.

&#191;C&#243;mo? -MacSwain estaba escandalizado-. Eres de Hamburgo, &#191;no? &#161;Llevas el mar en la sangre! -MacSwain baj&#243; por la peque&#241;a escalera met&#225;lica, sujetando con cuidado la cesta con la mano que ten&#237;a libre. La dej&#243; sobre la cubierta y extendi&#243; la mano para ayudar a Anna a bajar del muelle.

No, en serio, John Tengo un problemilla con los barcos. Me mareo. Y me dan miedo

MacSwain esboz&#243; una gran sonrisa y sus ojos verdes brillaron bajo la luz tenue.

No te pasar&#225; nada. Sube a ver qu&#233; tal. Ni siquiera lo pondr&#233; en marcha. Si no est&#225;s a gusto, iremos a cenar a la ciudad S&#243;lo pens&#233; que ser&#237;a bonito ver las luces de la ciudad desde el agua.

Anna tom&#243; una decisi&#243;n.

De acuerdo. Pero si no estoy a gusto, vamos a otro sitio &#191;Trato hecho?

Trato hecho


En la furgoneta de mando, Paul mir&#243; a Maria muy serio y le dijo:

Llama a Fabel.


Viernes, 20 de junio. 21:30 h


Speicherstadt (Hamburgo)


Yofui comandante de las fuerzas del Ministerio del Interior sovi&#233;tico. Del MVD Kondor. Los norteamericanos suministraron a las fuerzas rebeldes las armas m&#225;s sofisticadas, y pronto la guerra en Afganist&#225;n se convirti&#243; en el Vietnam de la Uni&#243;n Sovi&#233;tica. Fue una &#233;poca terrible. Hab&#237;a sido siempre una guerra muy violenta, pero cada vez volv&#237;an m&#225;s chicos en bolsas de pl&#225;stico. Y lo que era peor, muchos de ellos desaparec&#237;an sin dejar rastro. Era evidente que no est&#225;bamos ganando el conflicto, y las actitudes eran cada vez m&#225;s inflexibles. -El eslavo sac&#243; una cajetilla de tabaco con letras cir&#237;licas del bolsillo de su abrigo y se lo ofreci&#243; primero a Fabel y luego a Mahmoot. Los dos dijeron que no con la cabeza. El hombre se encogi&#243; de hombros, sac&#243; un cigarrillo sin filtro y se lo coloc&#243; entre los labios ligeramente carnosos. Sac&#243; del bolsillo un pesado encendedor de cromo; Fabel vio que ten&#237;a una especie de emblema con un &#225;guila. Las hebras de tabaco crujieron cuando encendi&#243; el cigarrillo y dio una larga calada-. No me siento orgulloso de todo lo que pas&#243; durante esa &#233;poca oscura, Herr Fabel. Pero la guerra es la guerra. La guerra se alimenta, por desgracia, de represalias. En Afganist&#225;n, las represalias se volvieron cada vez m&#225;s extremas. En ambos bandos.

El eslavo expuls&#243; el humo soplando con fuerza antes de proseguir.

S&#243;lo la gran cantidad de misiles tierra-aire que los norteamericanos hab&#237;an proporcionado a los rebeldes ya hac&#237;a pr&#225;cticamente imposible obtener ayuda o provisiones por aire. Las unidades se quedaron aisladas. A menudo simplemente se las abandonaba, y ten&#237;an que buscarse una salida ellas solas o caer en manos de fan&#225;ticos enloquecidos. Una de estas unidades fue un Spetznaz de la polic&#237;a de campo del MVD Kondor.

&#191;Comandada por Vitrenko?

El eslavo movi&#243; el cigarrillo en direcci&#243;n a Fabel, lo cual provoc&#243; que una peque&#241;a nube de ceniza gris cayera despacio al suelo.

Exacto -Hizo una pausa-. Creo que ahora deber&#237;a contarle un par de cosas sobre las habilidades especiales del coronel Vitrenko. Mandar es un don. Mandar a hombres en una batalla es como ser su padre. Tienes que hacerles creer que su confianza en ti es total y absoluta; que s&#243;lo t&#250; puedes guiarlos hasta la luz y la seguridad; que s&#243;lo t&#250; puedes protegerlos. Y si no puedes protegerlos y les ha llegado la hora de morir, tienen que creer que &#233;se era el &#250;nico lugar donde pod&#237;an morir, que sobrevivir y vivir en otro lugar y otro tiempo ser&#237;a una traici&#243;n. Todo esto significa que las estrategias m&#225;s importantes de quien tiene el mando son psicol&#243;gicas, no militares. Vasyl Vitrenko es un hombre muy especial y una persona que manda a los hombres de un modo &#250;nico. De ni&#241;o, vieron que ten&#237;an una inteligencia especial, poderosa. Por desgracia, tambi&#233;n vieron que ciertos rasgos de su personalidad eran potencialmente problem&#225;ticos. Naci&#243; en el seno de una familia de militares, y consideraron que estas singularidades de su car&#225;cter estar&#237;an mejor controladas si hac&#237;a una carrera militar.

Dio otra larga calada al cigarrillo.

Destac&#243; como soldado, y pronto se vio que ten&#237;a una habilidad muy especial para convertirse en un l&#237;der. Pod&#237;a conseguir que la gente hiciera cosas de las que no se cre&#237;an capaces, cosas excepcionales. Lo que m&#225;s incomodaba a las autoridades era su condici&#243;n casi de &#237;dolo. Propagaba una filosof&#237;a del soldado eterno, los hombres que ten&#237;a a su mando se consideraban descendientes de una larga estirpe de guerreros que se remonta a hace dos mil a&#241;os. -El eslavo se inclin&#243; hacia delante y apoy&#243; los codos en las rodillas. Una voluta de humo le acarici&#243; la peque&#241;a barbilla y subi&#243; por la mejilla, y le hizo entrecerrar los ojos verdes al notar el escozor-. Su asesino tiene una misi&#243;n noble, &#191;verdad? &#191;Se considera un guerrero vikingo que devuelve a su pueblo a la verdadera fe n&#243;rdica?

Fabel sinti&#243; una presi&#243;n en el pecho al o&#237;r una repetici&#243;n casi perfecta de la descripci&#243;n que le hab&#237;a dado Dorn.

S&#237;, pero &#191;c&#243;mo?

El eslavo lo interrumpi&#243;.

Y usted, por lo tanto, est&#225; buscando a un alem&#225;n o a un escandinavo.

Bueno, s&#237;

Me decepciona, Herr Fabel. Usted estudi&#243; historia medieval, &#191;verdad?

Fabel asinti&#243; con frialdad.

&#191;Qu&#233; intenta decirme?

Pues que pensaba que habr&#237;a enfocado el tema desde una perspectiva m&#225;s amplia, tanto geogr&#225;fica como hist&#243;ricamente.

La observaci&#243;n era cierta y a Fabel le sent&#243; como una patada.

Mierda -Los ojos de Fabel se mov&#237;an con rapidez mientras procesaba la informaci&#243;n que iba extrayendo de un almac&#233;n profundo-. La Rus de Kiev

Eso es, Herr Fabel. La Rus de Kiev. Los fundadores de Kiev y Novgorod que dieron su nombre a Rusia. Pero no eran eslavos.

Ante aquella revelaci&#243;n, Fabel not&#243; el mismo estremecimiento que en el despacho de Dorn. Ah&#237; estaba. El enlace final. La conexi&#243;n entre el elemento ucraniano y el resto del rompecabezas.

No -dijo Fabel-. No lo eran. Eran suecos. Vikingos suecos.

Exacto. Remontaron el Volga y establecieron sus puestos y ciudades comerciales en puntos estrat&#233;gicos a lo largo del r&#237;o. Eran guerreros. Y Vitrenko hall&#243; en este origen la inspiraci&#243;n necesaria para su filosof&#237;a casi religiosa de c&#243;mo ten&#237;a que ser un soldado. Inculc&#243; a sus subordinados la creencia de que eran los herederos de un c&#243;digo guerrero que se remontaba a los or&#237;genes vikingos de la Rus de Kiev. Les hizo creer que aquello por lo que luchaban no importaba lo m&#225;s m&#237;nimo; que lo que realmente importaba era la lucha en s&#237; misma, la camarader&#237;a en la batalla y las pruebas de coraje individual y colectivo, nada m&#225;s. Pod&#237;an formar parte de las tropas sovi&#233;ticas, ser mercenarios, o incluso luchar por Occidente Vitrenko los invisti&#243; con la creencia que s&#243;lo el acto de la guerra en s&#237; mismo era la &#250;nica verdad inalienable e indisoluble. Y creo que disfraz&#243; esta filosof&#237;a con c&#243;digos semim&#237;ticos de los vikingos. En sus hombres, el resultado fue algo que estaba m&#225;s all&#225; de cualquier definici&#243;n de lealtad Eran una dedicaci&#243;n y una devoci&#243;n totales. Vitrenko ten&#237;a, y sigue teniendo, la capacidad de convencer a la gente para que cometa los actos m&#225;s atroces. Incluso para que sacrifiquen su vida sin pensarlo. -El eslavo baj&#243; la vista al suelo antes de tirar la ceniza distra&#237;damente. Luego, mir&#243; a Fabel a los ojos del modo m&#225;s sincero e inflexible que recordaba haber visto jam&#225;s-. Tengo la impresi&#243;n de que mis palabras son insuficientes para describir el poder descarnado, absoluto, que Vitrenko puede ejercer sobre los dem&#225;s o para describir el horror de los actos de los que es capaz. -Era como si el eslavo se hubiera quedado sin fuerzas; como si hubiera agotado las &#250;ltimas reservas de energ&#237;a que almacenaba en sus hombros robustos.

Puedo entender por qu&#233; todo esto le lleva a sospechar que Vitrenko es el responsable de estos asesinatos, pero usted ha dicho que sab&#237;a que era el asesino. &#191;C&#243;mo lo sabe?

El eslavo se levant&#243; y se acerc&#243; a una de las ventanas anchas y planas. Fabel sab&#237;a que aunque miraba hacia el vac&#237;o oscuro del almac&#233;n, estaba viendo otra cosa y otro lugar. Otro tiempo.

Como ya le he dicho, la unidad de Vitrenko se qued&#243; aislada en territorio rebelde. Y sin apoyo a&#233;reo. Decir que estaban incomunicados ser&#237;a utilizar el lenguaje de la guerra convencional, y aqu&#233;lla no fue en absoluto una guerra convencional.

Para regresar a territorio amigo, ten&#237;an que atravesar un valle controlado por los rebeldes. Tardaron diez d&#237;as en pasar de un lado al otro, realizando viajes breves y r&#225;pidos por la noche de un punto seguro al siguiente. Cada noche mor&#237;a alg&#250;n hombre y, lo que era peor, a algunos ten&#237;an que abandonarlos heridos y los capturaban los rebeldes. Y durante todos los d&#237;as que pasaron en ese valle, inmovilizados e incapaces de salir de su refugio, los supervivientes o&#237;an los gritos de sus cama-radas apresados mientras los muyahidin los torturaban. Bast&#243; para destrozar el esp&#237;ritu del soldado m&#225;s dedicado y leal. Pero en aquel valle pas&#243; algo, entre Vitrenko y sus hombres: algo indestructible se forj&#243; entre ellos.

Se apart&#243; de la ventana, se llev&#243; el cigarrillo a los labios y abri&#243; el encendedor.

De una unidad de m&#225;s de cien hombres, s&#243;lo unos veinte llegaron al otro lado del valle. De esos, algunos estaban heridos, as&#237; que los mandaron a suelo seguro. Pero en lugar de regresar a territorio sovi&#233;tico, Vitrenko y sus hombres se alejaron s&#243;lo un poco del valle antes de dar media vuelta y adentrarse en la oscuridad. Los muyahidin, por supuesto, no esperaban que regresar&#237;an. Vitrenko y sus hombres pagaron a los rebeldes con su misma moneda, llev&#225;ndose a las monta&#241;as y acechando a cualquier grupo peque&#241;o de soldados que encontraban a su paso. Mataban a todos los prisioneros que hac&#237;an en combate menos a uno. A este prisionero lo torturaban sin piedad para sacarle informaci&#243;n y luego lo crucificaban; lo dejaban gritar durante horas hasta que mor&#237;a. Al principio, los rebeldes intentaron rescatar al compa&#241;ero, pero Vitrenko coloc&#243; a francotiradores para liquidarlos. Despu&#233;s de las bajas que sufrieron con estos intentos de rescate, los muyahidin aprendieron a vivir con los gritos. Vitrenko y sus hombres se convirtieron en una especie de bandidos, en forajidos; estaban m&#225;s all&#225; del control de cualquier mando militar. Tambi&#233;n se convirtieron en h&#233;roes para el soldado sovi&#233;tico corriente que luchaba en Afganist&#225;n. Fue s&#243;lo cuesti&#243;n de tiempo que el GRU -el Glavnoye Razvedyvatelnoye Upravleniye-, nuestro servicio de inteligencia principal de campo, comenzara a sentirse frustrado: sab&#237;an que Vitrenko y sus hombres estaban recabando informaci&#243;n importante que no les transmit&#237;an. Luego, las historias se volvieron m&#225;s horripilantes. Llegaban noticias de asesinatos masivos en las zonas controladas por los rebeldes; de asaltos y violaciones.

No pensaba que eso pudiera ofender las sensibilidades sovi&#233;ticas en aquella &#233;poca -dijo Fabel. El ucraniano estudi&#243; la expresi&#243;n de Fabel en busca de sarcasmo. No lo encontr&#243;.

No. Tiene raz&#243;n. Pero en aquella fase de la guerra sufr&#237;amos el s&#237;ndrome de Vietnam: libr&#225;bamos una batalla desigual donde por superioridad num&#233;rica, tecnol&#243;gica y de recursos tendr&#237;amos que habernos asegurado una victoria f&#225;cil, pero nos estaban derrotando con contundencia y est&#225;bamos desesperados por encontrar una salida que supusiera la m&#237;nima deshonra. Eso hizo que en 1987 y 1988 las autoridades sovi&#233;ticas se volvieran un poco m&#225;s sensibles a la opini&#243;n mundial. Y las acciones de Vitrenko eran cada vez m&#225;s -se esforz&#243; por encontrar la palabra- desagradables. As&#237; que el GRU me envi&#243; con dos destacamentos Spetznaz para que localizara y restableciera el control de Vitrenko y su unidad.

&#191;Y lo logr&#243;?

El ucraniano se apoy&#243; en la pared y se encendi&#243; otro cigarrillo. Luego hizo una se&#241;a a la chica rubia, que le entreg&#243; un sobre de color beige.

S&#237;. Con el tiempo. Y Vitrenko y sus hombres fueron elogiados por su coraje excepcional en territorio enemigo. -Le lanz&#243; el sobre a Fabel, quien lo cogi&#243; con torpeza-. Pero las cosas con las que me encontr&#233; por el camino En serio, Fabel, he visto cosas horribles en mi vida, como ya puede imaginarse, pero fue como seguirle la pista al mism&#237;simo diablo


Viernes, 20 de junio. 21:40 h


Nlederhafen (HAMBURGO)


Los dos hombres de la vigilancia no pudieron acercarse lo suficiente al barco para ver qu&#233; estaba pasando. Paul orden&#243; a los dos agentes del Mobiles Einsatz Kommando, con sus chalecos, monos y cascos oscuros, que se acercaran. Uno logr&#243; llegar a una posici&#243;n lo suficientemente avanzada como para apuntar con su Heckler & Koch al torso de MacSwain mientras &#233;ste se sentaba en la parte trasera del barco y le daba una copa de Sekt a Anna Wolff.

En la furgoneta de mando, la Wasserschutzpolizei devolvi&#243; la llamada de Maria: ten&#237;an una lancha en camino que desde su posici&#243;n controlar&#237;a la salida del Niederhafen a las rutas de tr&#225;fico fluvial principales del Elba. Si MacSwain sal&#237;a al r&#237;o, podr&#237;an alcanzarlo y seguirlo, manteniendo una distancia discreta. La &#250;nica preocupaci&#243;n de la Wasserschutzpolizei era que el barco de MacSwain era r&#225;pido y su lancha pod&#237;a sudar tinta. Maria ya hab&#237;a solicitado el apoyo de un helic&#243;ptero. Ninguna de aquellas precauciones logr&#243; que Paul Lindemann dejara de fruncir el ce&#241;o. A su preocupaci&#243;n se a&#241;ad&#237;a el hecho de que Mar&#237;a no pudiera encontrar a Fabel en el m&#243;vil, y que saltara el contestador. &#191;Por qu&#233; ten&#237;a el tel&#233;fono apagado cuando hab&#237;a prometido que estar&#237;a localizable toda la noche?


Hab&#237;a refrescado, y Anna tembl&#243; involuntariamente cuando MacSwain le dio una copa de Sekt espumoso.

Un momento -MacSwain abri&#243; dos peque&#241;as puertas, cuya forma se adaptaba a la curva suave del revestimiento. Se abr&#237;an a los escalones que bajaban a un camarote peque&#241;o pero muy iluminado. Mientras MacSwain le daba la espalda, Anna olisque&#243; el champ&#225;n y dio un sorbo de prueba. No oli&#243; ni sabore&#243; nada que no fuera la frescura del champ&#225;n alem&#225;n; pero sab&#237;a que el Rohypnol o el GHB eran casi imposibles de detectar en cualquier bebida. Bebi&#243; un buen trago y repiti&#243; mentalmente su mantra silencioso: No me encuentro muy bien.

MacSwain reapareci&#243; con una chaqueta de lana azul oscuro y se la puso sobre los hombros.

Podemos bajar si tienes mucho fr&#237;o -le dijo. Anna neg&#243; con la cabeza. MacSwain sonri&#243; y le dio un plato con pat&#233;, pan y ensalada de arenque-. Ahora, rel&#225;jate -le dijo-. Quiero ense&#241;arte algo. S&#233; que te mareas con facilidad, Sara, as&#237; que te prometo que ir&#233; despacio. -Mir&#243; a Anna como pidi&#233;ndole permiso. Ella, como MacSwain, no hab&#237;a visto que los hombres del MEK se pon&#237;an en posici&#243;n, pero supuso, esper&#243;, que ya estar&#237;an all&#237;, escondidos entre las sombras. Ahora tendr&#237;a que confiar en que Paul hubiera dispuesto la cobertura necesaria por si MacSwain pon&#237;a en marcha el barco.

Resisti&#243; la tentaci&#243;n de escudri&#241;ar los pontones en busca de los refuerzos, y sigui&#243; mirando a MacSwain fijamente y sin parpadear.

De acuerdo -dijo, y asinti&#243; con la cabeza; y para su p&#250;blico invisible, a&#241;adi&#243;-: Creo que no habr&#225; ning&#250;n problema.

Paul Lindemann orden&#243; a los MEK que no intervinieran. Mar&#237;a avis&#243; a la lancha de la Wasserschutzpolizei, que ahora ten&#237;a contacto directo por radio con el equipo, de que MacSwain se hab&#237;a puesto en marcha.

MacSwain quit&#243; las amarras de proa y popa del barco y arranc&#243; el motor. El murmullo grave y gutural inquiet&#243; a Anna, cuya intuici&#243;n le dec&#237;a que en aquel ruido sordo hab&#237;a mucha potencia y gran velocidad. MacSwain, tal como hab&#237;a prometido, sac&#243; el barco de su atracadero despacio y con suavidad. Anna advirti&#243; la facilidad relajada, casi despreocupada con que maniobraba la embarcaci&#243;n. Mir&#243; hacia atr&#225;s al atracadero que estaban dejando atr&#225;s y distingui&#243; una sombra tenue que se mov&#237;a baja y r&#225;pida hacia los pontones.

El Elba se extend&#237;a delante de ellos, negro e insondable, bordeado en la otra orilla por las luces del astillero. MacSwain vir&#243; el barco para ponerlo paralelo a la orilla y apag&#243; el motor. Puls&#243; un bot&#243;n en el cuadro de mandos, y Anna oy&#243; el traqueteo r&#225;pido de una cadena pesada mientras el ancla se hund&#237;a en el r&#237;o oscuro. Con el motor apagado, Anna o&#237;a los sonidos del agua que los rodeaba; ten&#237;a la sensaci&#243;n de estar sobre un ente vivo y enorme cuyo aliento y piel chocaban contra el casco del barco mientras su cuerpo infinito se mec&#237;a debajo de ellos. MacSwain desconect&#243; las luces.

&#191;No te parece espl&#233;ndido? -dijo, recorriendo con la copa de champ&#225;n la orilla distante. En cualquier otra situaci&#243;n, Anna se habr&#237;a quedado cautivada: Hamburgo brillaba en la noche, y el Elba reproduc&#237;a su belleza, animando el reflejo centellador de la ciudad.

Es precioso -dijo Anna-. De verdad. Me alegro de que me hayas tra&#237;do aqu&#237;

Me encanta esta ciudad -dijo MacSwain-. Es mi lugar. Siempre querr&#233; estar aqu&#237;.

Pero me has dicho que eras brit&#225;nico, &#191;verdad? &#191;No echas de menos -Anna intent&#243; pensar en algo brit&#225;nico que pudiera echarse de menos- la lluvia? -Se ri&#243; al decirlo.

MacSwain tambi&#233;n se ri&#243;.

Hamburgo ya tiene lluvia m&#225;s que suficiente para matar cualquier sentimiento de a&#241;oranza por el clima lluvioso, cr&#233;eme. Pero no, no echo de menos nada de Gran Breta&#241;a. Hamburgo me proporciona todo lo que necesito de lo brit&#225;nico; a veces es como si viviera en el barrio situado m&#225;s al este de Londres. Hamburgo es una ciudad &#250;nica en el mundo. No me marchar&#237;a por nada del mundo.

Anna se encogi&#243; de hombros.

Yo podr&#237;a quedarme o marcharme.

El rostro de MacSwain se anim&#243;.

No lo entiendo. S&#243;lo se tiene una vida. El tiempo que tenemos es demasiado precioso como para desperdiciarlo. &#191;Por qu&#233; querr&#237;a uno vivir en un sitio que le es indiferente?

Por inercia, supongo. Requiere menos esfuerzo quedarse. Supongo que me da pereza reunir la energ&#237;a necesaria para alcanzar la velocidad de escape.

Pues me alegro de que no lo hayas hecho, Sara. Si no, no estar&#237;amos aqu&#237;. -Se sent&#243; a su lado-. Me encantar&#237;a ense&#241;arte tu ciudad con los ojos de un extranjero. Estoy seguro de que podr&#237;a cambiar lo que sientes por ella. Y as&#237; tendr&#237;a la oportunidad de conocerte mejor

Se acerc&#243;. Anna oli&#243; el perfume sutil de una colonia cara. Lo mir&#243; a los ojos verdes y brillantes y examin&#243; sus facciones perfectamente definidas. Anna se dio cuenta de que dudaba mucho de que MacSwain tuviera algo que ver con los asesinatos que estaban investigando o incluso que fuera quien hab&#237;a drogado a esas chicas para utilizarlas en actos de sexo con car&#225;cter ritual. MacSwain ten&#237;a una belleza cl&#225;sica; se apreciaba con claridad que debajo de la ropa ten&#237;a un cuerpo musculado y de proporciones perfectas; era cort&#233;s, inteligente e inspiraba confianza. Todo en &#233;l tendr&#237;a que resultarle atractivo. Sin embargo, cuando MacSwain acerc&#243; la cara a la de ella y su boca envolvi&#243; la suya, tuvo que combatir una arcada que le subi&#243; por el pecho.


La Barthel WS 25 de quince metros de eslora era la lancha m&#225;s nueva de la polic&#237;a portuaria de Hamburgo, pero no la m&#225;s r&#225;pida. El Kommissar Franz Kassel hab&#237;a ordenado apagar todas las luces en contravenci&#243;n de las normas portuarias que &#233;l mismo obligaba a respetar todos los d&#237;as. Kassel alz&#243; los binoculares y examin&#243; el barco a motor de MacSwain, que se alejaba del muelle. Refunfu&#241;&#243; algo para s&#237; mismo cuando vio que la embarcaci&#243;n era un Chris Craft 308 o un Express Cruiser 328. Ideal para navegar. Tambi&#233;n era r&#225;pida. Mucho m&#225;s, si el propietario quer&#237;a, que los veintid&#243;s kil&#243;metros por hora que alcanzaba la VVS 25. Pero no era m&#225;s r&#225;pida que las ondas de radio o el radar. Si el barco intentaba escapar, Kassel pod&#237;a pedir refuerzos a cualquiera de los Kommissariats de la WSP que hab&#237;a a lo largo del r&#237;o de all&#237; a Cuxhaven. Con todo, sab&#237;a que hab&#237;a una agente de polic&#237;a en aquella embarcaci&#243;n. Y, por lo que le hab&#237;a contado la Oberkommissarin Klee por radio, si se produc&#237;a una llamada de socorro, la capacidad de reacci&#243;n pod&#237;a significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Kassel ten&#237;a un aspecto fantasmal: era incre&#237;blemente alto y delgado, de pelo rojizo y con pecas que parec&#237;an haber surgido despu&#233;s de veinte a&#241;os de exposici&#243;n al aire, al sol y al roc&#237;o salobres del puerto. Se dej&#243; colgados al cuello los binoculares, se quit&#243; la gorra de la WSP y se pas&#243; los dedos huesudos por el pelo rubio, seco y ralo.

Chico malo -farfull&#243;, y cogi&#243; la radio.


Anna apart&#243; a MacSwain, coloc&#225;ndole la mano en el pecho y empuj&#225;ndolo; no con fuerza, pero s&#237; con la firmeza suficiente como para que captara el mensaje. Mientras se separaban, Anna se asegur&#243; de sonre&#237;r.

&#191;Qu&#233; pasa, Sara? -La voz de MacSwain suger&#237;a una preocupaci&#243;n que no transmit&#237;an sus fr&#237;os ojos verdes.

Nada -dijo Anna. Luego, casi con coqueter&#237;a, dijo-: Es que quiero ir despacio. Apenas te conozco. No te conozco.

&#191;Qu&#233; hay que saber? -MacSwain intent&#243; besarla de nuevo. Anna se apart&#243;. Esta vez el empuj&#243;n que le dio con la mano en el pecho fue m&#225;s en serio.


Maria Klee se volvi&#243; hacia Paul Lindemann, sosteniendo a&#250;n el transmisor de la radio a medio camino de la boca.

El capit&#225;n de la lancha de la WSP dice que, si queremos, hay un modo de acabar con esto ahora mismo sin alertar a MacSwain de que lo estamos vigilando.

A Paul se le ilumin&#243; la mirada.

&#191;C&#243;mo?

MacSwain est&#225; haciendo un peque&#241;o recorrido nocturno por Hamburgo. El capit&#225;n de la lancha dice que ha apagado las luces del barco. Y eso est&#225; prohibido Est&#225; cerca de una ruta de navegaci&#243;n principal y podr&#237;a representar un peligro. Por suerte, nuestro hombre de la WSP tambi&#233;n ha apagado las luces. Dice que puede abordar a MacSwain antes de que se d&#233; cuenta, escoltarlo hasta su atracadero y multarlo. Ser&#237;a un modo de fastidiarle la noche a MacSwain y de llevar a Anna a tierra firme.

&#191;T&#250; qu&#233; opinas?

Anna no nos ha indicado que quiere que la saquemos de all&#237;. Y no hemos obtenido ninguna informaci&#243;n &#250;til. Creo que deber&#237;amos ce&#241;irnos al plan. Sin embargo, por otro lado, en cuanto vuelva a encender las luces de navegaci&#243;n, nuestra excusa se debilitar&#225;. T&#250; decides, Paul.


Viernes, 20 de junio. 21:40 h


Speicherstadt (Hamburgo)


El cigarrillo sin filtro ard&#237;a peligrosamente cerca de los labios del ucraniano, y &#233;ste los apret&#243; con fuerza al dar la &#250;ltima calada. Cogi&#243; el pitillo diminuto con el &#237;ndice y el pulgar, lo tir&#243; al suelo y lo apag&#243; con el tac&#243;n.

Fabel sac&#243; una docena de fotograf&#237;as del sobre beige. Cuando vio las primeras im&#225;genes, fue como si recibiera un martillazo en el pecho. Tres fotos en color mostraban a la misma mujer, desde &#225;ngulos distintos; le hab&#237;an abierto y desgarrado el abdomen y extra&#237;do los pulmones. Fabel not&#243; un regusto de bilis en la boca. M&#225;s horror. Vio que la chica rubia volv&#237;a la cabeza para mirar por la peque&#241;a ventana el espacio vac&#237;o del almac&#233;n, como si quisiera evitar que su mirada recayera en las fotos. Con un gesto de la mano, el ucraniano no quiso hablar de aquellas im&#225;genes.

Ya llegaremos a ese caso despu&#233;s -El ucraniano le indic&#243; a Fabel que pasara al siguiente grupo de fotos. La chica dej&#243; de mirar por la ventana y se dio la vuelta. Las siguientes im&#225;genes no se hab&#237;an tomado con luces extras para iluminar la escena, sino que se hab&#237;a confiado en el flash de la c&#225;mara para que lanzara un foco de luz y viveza intensas. Por alguna extra&#241;a raz&#243;n, la fotograf&#237;a no profesional con flash daba a cada escena una inmediatez y un realismo de los que carec&#237;a la objetividad cl&#237;nica de la fotograf&#237;a forense. Con cada estremecimiento de horror, Fabel se descubri&#243; mirando una nueva imagen de mujeres, algunas a&#250;n ni&#241;as, despedazadas del mismo modo. Pero en cada foto, acechando en los bordes oscuros de los flashes de la c&#225;mara, Fabel vio que hab&#237;a otras v&#237;ctimas. Pas&#243; a la &#250;ltima imagen.

Dios santo -Fabel se qued&#243; mirando la imagen con estupor, como si la atrocidad que ten&#237;a ante &#233;l fuera imposible de creer. Una chica, que no tendr&#237;a m&#225;s de diecis&#233;is o diecisiete a&#241;os, estaba clavada a la pared de madera. En las manos y en la carne y los m&#250;sculos de la parte superior de los brazos le hab&#237;an incrustado clavos, que m&#225;s bien parec&#237;an escarpias de hierro rudimentarias. La hab&#237;an desgarrado y abierto siguiendo el mismo m&#233;todo del &#193;guila de Sangre de las otras v&#237;ctimas, pero las masas oscuras y ensangrentadas de sus pulmones tambi&#233;n estaban clavadas en la pared. De alg&#250;n modo, a pesar del asco que le retorc&#237;a el est&#243;mago, alguna parte anal&#237;tica y profunda del cerebro de Fabel proces&#243; la similitud que hab&#237;a entre aquella fotograf&#237;a y los lienzos que hab&#237;a visto en la exposici&#243;n de Marlies Menzel. La foto se le cay&#243; de las manos. Mientras la imagen planeaba boca arriba, vio las marcas que sus pulgares hab&#237;an dejado en ella. Mir&#243; al ucraniano, casi suplic&#225;ndole, como si buscara alguna explicaci&#243;n que pudiera hacer menos terrible lo que acababa de ver.

Fue el &#250;ltimo pueblo al que llegamos antes de alcanzar a Vitrenko. Estaba en pleno territorio rebelde, y la batalla que tuvimos que librar para llegar hasta all&#237; fue terrible. No est&#225;bamos seguros de si la unidad de Vitrenko hab&#237;a pasado por aquel lugar o si &#233;ste estaba tomado por los rebeldes. Al final, result&#243; ser una aldea normal sin combatientes. Pero ten&#237;amos que asegurarnos: as&#237; que pasamos medio d&#237;a bajo un sol implacable, recibiendo el azote continuo del polvo y la arena. Luego, justo despu&#233;s del mediod&#237;a, el viento cambi&#243; de direcci&#243;n y nos trajo el hedor a muerte del poblado. Entonces supimos que Vitrenko hab&#237;a estado all&#237;. Mand&#233; a un pelot&#243;n de reconocimiento que nos hizo se&#241;as para que entr&#225;ramos. Cuando me acerqu&#233; al jefe del pelot&#243;n, vi por su cara que la cosa pintaba mal.

El ucraniano hizo una pausa y se&#241;al&#243; con la cabeza la imagen que ahora descansaba entre los pies de Fabel.

Fue en una especie de granero o almac&#233;n de la aldea. Si existe el infierno, debe de parecerse bastante a lo que encontramos en aquel granero. Hab&#237;an pegado un tiro a todos los hombres. Estaban todos apilados justo al lado de la puerta. Ten&#237;an las manos y los pies atados, y les hab&#237;an obligado a arrodillarse antes de dispararles. Luego estaban las mujeres. Seguramente, todas las mujeres del pueblo. Unas veinte. De todas las edades: desde ni&#241;as a ancianas. A todas las hab&#237;an desgarrado y les hab&#237;an extra&#237;do los pulmones, igual que a sus v&#237;ctimas. A un par las hab&#237;an clavado a la pared del granero, con los brazos y las piernas separados como si fuera una especie de exposici&#243;n -El ucraniano hizo una pausa. Sus ojos buscaban en una escena invisible los detalles que le permitir&#237;an dar una descripci&#243;n precisa-. Igual que los coleccionistas de mariposas presentan sus mariposas.

&#191;Lo hizo Vitrenko? -pregunt&#243; Fabel.

No personalmente. &#201;sa es la cuesti&#243;n: orden&#243; a otros que lo hicieran por &#233;l. Tiene talento para ello. Cre&#243; esta galer&#237;a espantosa de piezas expuestas sin mancharse las manos de sangre. Sus hombres lo hicieron por &#233;l. Fue como una especie de examen, una prueba. Fue como un ritual que los uni&#243; a su l&#237;der.

&#191;Y s&#243;lo se lo hicieron a las mujeres? -pregunt&#243; Mahmoot, que hab&#237;a escuchado el relato del ucraniano en silencio. &#201;ste asinti&#243; con la cabeza.

Recuerdo que el jefe del equipo de reconocimiento dijo que al menos los hombres hab&#237;an tenido una muerte m&#225;s f&#225;cil. Pero luego vimos que no. Vitrenko hab&#237;a obligado a los hombres a presenciar el horror. Antes de matarlos, les hizo observar c&#243;mo mor&#237;an las mujeres.

Fabel y Mahmoot se miraron. El peque&#241;o despacho modular se sumi&#243; en el silencio. De nuevo, Fabel se descubri&#243; pensando en las im&#225;genes que Marlies Menzel presentaba en su exposici&#243;n y se imagin&#243; en la galer&#237;a espantosa de un granero cerrado y sofocante, situado en un paisaje desierto, contemplando los cad&#225;veres destrozados de veinte mujeres: la obra de arte pervertida de la creatividad propia de un psic&#243;pata.

&#191;Le dieron alcance?

Al final, s&#237;. Mis &#243;rdenes eran llevarlos de vuelta a &#233;l y a sus hombres a territorio controlado por los sovi&#233;ticos. Y es lo que hicimos; pero despu&#233;s de arduas negociaciones. De hecho, cuando le dimos alcance, los hombres de Vitrenko tomaron posiciones defensivas. Tuve que ordenar a mis hombres que se pusieran a cubierto. No entend&#237;an por qu&#233; sus camaradas les apuntaban. Pero aquellos hombres ya no eran soldados sovi&#233;ticos. Eran soldados de Vitrenko. Bandidos. Muy bien entrenados, muy motivados, muy eficientes, pero bandidos, en definitiva. Y su lealtad era exclusivamente para con Vitrenko.

Despu&#233;s de la guerra de Afganist&#225;n, se convirti&#243; en un h&#233;roe. Los detalles de sus atrocidades quedaron eclipsados por la popularidad de que gozaba entre los hombres normales y corrientes. Para serle sincero, a pocas personas, fuera cual fuese su rango, les importaba lo que le pasara a un pu&#241;ado de musulmanes extranjeros, siempre que diera buenos resultados. Vitrenko pronto fue reconocido como un experto en terrorismo isl&#225;mico. Despu&#233;s de la desintegraci&#243;n de la Uni&#243;n Sovi&#233;tica, se convirti&#243; en un miembro muy valioso de las nuevas fuerzas antiterroristas ucranianas. Se alist&#243; en el Berkut, las &#193;guilas Doradas. De nuevo, su hoja de servicios fue ejemplar. Vitrenko es una persona muy inteligente y culta, y estudi&#243; todas las formas de criminolog&#237;a, psicolog&#237;a y antiterrorismo. Esto, combinado con su experiencia en el campo de batalla, lo convirti&#243; en un experto muy respetado. Pero entonces, tuvieron lugar en Kiev una serie de violaciones y asesinatos brutales. -El ucraniano se&#241;al&#243; de nuevo las fotos-. La primera fotograf&#237;a que ha visto era de una de las v&#237;ctimas, una joven periodista de una emisora de radio independiente de Ucrania. Detuvimos a alguien por los asesinatos, un joven de unos veinticinco a&#241;os. Encajaba en todos los criterios de asesino en serie y confes&#243; ser el autor de los cr&#237;menes, pero est&#225;bamos bastante seguros de que no actuaba solo. De hecho, Herr Hauptkommissar, no estoy convencido de que fuera el asesino. Corr&#237;a el rumor de que detr&#225;s de estos cr&#237;menes hab&#237;a una especie de culto, y se mencionaba el nombre de Vitrenko. Tambi&#233;n sospech&#225;bamos que un agente de polic&#237;a o de seguridad bien situado estaba dirigiendo la actividad del crimen organizado, pero no pudimos relacionar nunca a Vitrenko con este asunto. Luego, har&#225; unos tres a&#241;os, desapareci&#243;. Poco despu&#233;s, se perdi&#243; de vista a doce de sus antiguos subordinados o, de hecho, desertaron de sus puestos en los ej&#233;rcitos de Rusia, Bielorrusia y Ucrania.

Fabel solt&#243; una risa amarga.

Y se han trasladado a Hamburgo, donde las ganancias son mayores. Supongo que se trata de las personas a las que nuestra divisi&#243;n de crimen organizado llama el Equipo Principal

El ucraniano se encogi&#243; de hombros.

La llame como la llame, la unidad de Vitrenko ha tomado de forma sistem&#225;tica el control de las principales actividades mafiosas de su ciudad. Ver&#225;, para ellos, su querid&#237;simo Hamburgo no es distinto de Afganist&#225;n, Chechenia o cualquier otro escenario de operaciones. Simplemente es otro paisaje. La lealtad que se tienen y que tienen para con su l&#237;der, su compromiso para alcanzar el objetivo de su misi&#243;n es lo &#250;nico que les importa, nada m&#225;s.

Pero Vitrenko est&#225; loco -protest&#243; Fabel, consciente de la pobreza de su argumento.

Eso no viene al caso. Yo tambi&#233;n creo que est&#225; demente, que es un psic&#243;pata. Pero su locura se ha convertido en su mayor activo. Como carece totalmente de inhibici&#243;n y, bueno, de restricciones morales, puede utilizarla para aterrorizar a quienes subyugar&#237;a y cautivar a aquellos que utilizar&#237;a como instrumentos suyos.

Iv&#225;n el Terrible -dijo Fabel entre dientes.

&#191;C&#243;mo?

Nada, he recordado una cosa que alguien me dijo hace poco -dijo Fabel-. &#191;Por qu&#233; me cuenta todo esto?

Pareci&#243; que algo apagaba su mirada verde. Fabel casi podr&#237;a haberlo definido como tristeza. La chica rubia interpret&#243; una vez m&#225;s la orden silenciosa del ucraniano y le entreg&#243; una carpeta. &#201;l la abri&#243;, sac&#243; otra fotograf&#237;a y se la dio a Fabel. Era una foto de archivo militar de un hombre de unos cuarenta a&#241;os. El ucraniano se ri&#243; en voz baja al ver la contusi&#243;n de Fabel mientras &#233;ste miraba primero la foto y luego al ucraniano y despu&#233;s de nuevo la foto. El rostro de la fotograf&#237;a ten&#237;a exactamente la misma forma y los mismos ojos verdes que el anciano; pero la mand&#237;bula era m&#225;s ancha y robusta, y la amplia frente estaba encuadrada por una melena rubia. Por un instante, Fabel se pregunt&#243; si ser&#237;a una foto del ucraniano de joven; pero a pesar de las similitudes desconcertantes, hab&#237;a demasiadas diferencias fundamentales y estructurales entre los dos rostros. Fabel recorri&#243; m&#225;s camino en tan s&#243;lo un par de segundos que en toda la investigaci&#243;n hasta la fecha. Se recost&#243; en la silla y mir&#243; al anciano con una compasi&#243;n perceptible.

&#191;Se apellida usted Vitrenko?

El ucraniano asinti&#243; con la cabeza. Fabel volvi&#243; a mirar la cara de la fotograf&#237;a.

&#191;Es su hermano?

El ucraniano neg&#243; lentamente con la cabeza, como si la tuviera de plomo.

Es mi hijo. Soy el padre de Vasyl Vitrenko.


Viernes, 20 de junio. 22:00 h


Niederhafen (Hamburgo)


Ahora que no corr&#237;an el riesgo de que MacSwain los viera, hab&#237;an abierto la puerta corredera de la furgoneta Mercedes que serv&#237;a de puesto de mando. Los hombres del MEK estaban fuera fumando. Dentro, el aire era m&#225;s limpio, pero el ambiente segu&#237;a crispado. Todo el mundo escuchaba la conversaci&#243;n que ten&#237;a lugar en el barco, en alg&#250;n punto de las aguas negras. La voz de Anna sonaba relajada y segura. Paul Lindemann abri&#243; las manos sobre las rodillas, frot&#243; las palmas en el tejido de los pantalones y solt&#243; el aire despacio antes de levantarse de repente con un gesto decidido.

Comunica a la lancha de la WSP que se mantenga a la espera. Si Anna quisiera que la sac&#225;ramos de all&#237;, nos har&#237;a una se&#241;al.

Maria levant&#243; el auricular de la radio, pero no comunic&#243;.

&#191;Est&#225;s seguro, Paul?

Diles que se mantengan a la espera. Pero quiero que se aseguren de que tienen contacto visual en todo momento, aunque corran el riesgo de que los vea. No quiero perder de vista a Anna.

Creo que tomas la decisi&#243;n correcta, Paul. Lo del barco ha sido una sorpresa desagradable, pero ahora que tenemos a la polic&#237;a portuaria vigilando, controlamos de nuevo la situaci&#243;n. -Maria hizo una pausa-. Si quieres, tambi&#233;n podemos subirnos nosotros a una lancha

Paul neg&#243; con la cabeza.

No. Volver&#225;n a tierra firme de un modo u otro. Y lo l&#243;gico es que regrese a su atracadero. Quiero vigilarlo de cerca cuando vuelva.


MacSwain puls&#243; un bot&#243;n en el panel blanco junto al tim&#243;n del barco. Las luces de navegaci&#243;n y las luces interiores de la cabina de mando volvieron a encenderse. Levant&#243; la botella de Sekt y arque&#243; una ceja. Anna alz&#243; la copa.

&#191;T&#250; no quieres? -le pregunt&#243; ella, y comprob&#243;, tanto como le fue posible sin que se notara, que era la misma botella que hab&#237;a abierto antes de apagar las luces.

MacSwain sonri&#243;.

Cuando estoy al tim&#243;n del barco, s&#243;lo tomo una copa; pero t&#250; bebe, por favor. -Le llen&#243; la copa y volvi&#243; a dejar la botella en la cubitera. Anna tom&#243; un sorbo de champ&#225;n. &#191;Hab&#237;a algo en la bebida que antes no estaba? &#191;Un regusto? Not&#243; el hormigueo de un sudor fr&#237;o en la frente y retuvo el l&#237;quido en la boca, llevando al l&#237;mite las capacidades anal&#237;ticas de su paladar. Anna trag&#243; el champ&#225;n, mientras repasaba mentalmente su frase de alarma, como si fuera un chaleco salvavidas al que pudiera agarrarse al primer indicio de hundimiento. Sonri&#243; d&#233;bilmente a MacSwain, cuyo rostro segu&#237;a inexpresivo y oscuro. El momento pas&#243;. No se mare&#243; ni sinti&#243; confusi&#243;n.

&#191;Cu&#225;nto hace que te interesan los barcos? -Fue lo &#250;nico que se le ocurri&#243; preguntar.

Bueno, desde peque&#241;o. Mi padre me llevaba a navegar en Escocia. Siempre he andado entre barcos y cerca del agua.

&#191;Est&#225;s muy unido a tu padre?

MacSwain se ri&#243;.

Nadie est&#225; unido a mi padre. Es un aburrido. La verdad es que nunca nos hemos llevado bien. Me metieron en un internado, y s&#243;lo ve&#237;a a mis padres en vacaciones. Incluso entonces, aparte de llevarme con &#233;l cuando iba a navegar, o acompa&#241;arlo en viajes al extranjero, mi padre no me dedicaba demasiado tiempo. -Se encogi&#243; de hombros con filosof&#237;a-. Mi madre es alemana y siempre he conectado m&#225;s con su rama de la familia. &#191;Quieres comer algo m&#225;s?

No, gracias Debe de ser duro para un chico, quiero decir, no tener una buena relaci&#243;n con su padre.

MacSwain se ofendi&#243; un poco.

Ya no soy un ni&#241;o peque&#241;o. -Esboz&#243; una sonrisa forzada-. Empieza a hacer fr&#237;o aqu&#237; fuera &#191;Quieres que entremos en el camarote y tomemos un caf&#233;?

Anna se ri&#243;.

&#191;No se te ocurre nada mejor? &#191;O es que quieres ense&#241;arme tu colecci&#243;n de sellos?

MacSwain levant&#243; las manos.

Si lo &#250;nico que quieres es un caf&#233;, un caf&#233; es lo &#250;nico que te voy a dar.

Anna tens&#243; los m&#250;sculos de las mejillas para mantener la sonrisa. Caf&#233;. Otra bebida donde esconder algo menos inocuo.

De acuerdo

El camarote era peque&#241;o pero luminoso y elegante, de pol&#237;mero blanco moldeado con detalles de madera. A cada lado hab&#237;a dos ojos de buey ovalados y tres en el techo de la cubierta. A la derecha, hab&#237;a un peque&#241;o sof&#225; encajado en un hueco; una cocina compacta y un cub&#237;culo que Anna imagin&#243; que era el ba&#241;o se ajustaban en el espacio disponible a la izquierda. Una cama de matrimonio ocupaba el extremo de la proa. En el camarote flotaba un aroma intenso procedente de la cafetera embutida en la pared de la cocina. MacSwain le indic&#243; a Anna que se sentara en el sof&#225;. Ella vio que serv&#237;a los dos caf&#233;s de la misma cafetera y se sinti&#243; aliviada cuando MacSwain se sent&#243; en el borde de la cama en lugar de forzar cierta intimidad apretuj&#225;ndose en el peque&#241;o espacio que quedaba en el sof&#225;.

&#191;As&#237; que trabajas en una agencia de viajes? -le pregunt&#243; MacSwain.

Anna sinti&#243; un escalofr&#237;o en el pecho. Era una parte de su tapadera que no quer&#237;a someter demasiado al examen de MacSwain. Escarb&#243; en su memoria en busca de las emociones verdaderas que le hab&#237;a suscitado su breve paso por Meier Reisen.

S&#237;. Es el trabajo m&#225;s aburrido del mundo. Mandas a la t&#237;pica familia alemana dos semanas de vacaciones a Tenerife o a Gran Canaria y luego tienes que escuchar c&#243;mo se quejan de que en el men&#250; del hotel no hab&#237;a Bratwurst &#191;Por qu&#233; lo preguntas?

&#191;Has enviado alguna vez a alguien a un lugar del que no quisiera regresar? Un lugar que despertara un sentimiento instintivo en su interior Que le hiciera sentir que aqu&#233;l era su lugar.

Anna se encogi&#243; de hombros.

No No lo creo

As&#237; me sent&#237; yo la primera vez que vi Hamburgo. Y a veces tambi&#233;n pasa eso con las personas. -Un fuego se encendi&#243; en los ojos de MacSwain-. A veces encuentras a alguien y es como si os conocierais desde hace una eternidad. Como si fuera la &#250;ltima variaci&#243;n de una melod&#237;a que lleva sonando mil a&#241;os.

Qu&#233; rom&#225;ntico &#191;Es una frase que utilizas con las mujeres?

La expresi&#243;n de MacSwain se ensombreci&#243;.

No tiene nada que ver con las mujeres o el sexo. Estoy hablando de algo mil veces m&#225;s importante que, bueno, el amor. Estoy hablando de un v&#237;nculo verdadero entre una persona y un lugar, entre una persona y otras. -MacSwain frunci&#243; el ce&#241;o como si buscara un punto de referencia, una se&#241;al, que pudiera mostrar a Anna-. En alem&#225;n hay una palabra que no tiene traducci&#243;n en ingl&#233;s

Hay unas cuantas

MacSwain desech&#243; el comentario de Anna con un gesto de la mano.

Heimat. El concepto de un lugar, un tiempo, y unas personas que son tu gente. Est&#225; entre los conceptos de hogar y patria.

Anna asinti&#243; con la cabeza distra&#237;damente. Era una palabra que ella asociaba con provincianismo y estrechez de miras; con las pel&#237;culas anodinas pol&#237;ticamente descafeinadas y afectadas que se hab&#237;an rodado en Alemania durante el per&#237;odo posterior a la segunda guerra mundial: una &#233;poca en la que albergar cualquier sentimiento de germanidad parec&#237;a inadecuado o incluso de mal gusto.

A lo largo de la vida, encuentras y forjas relaciones que te proporcionan ese sentimiento interno de Heimat, de pertenencia. Pero no tiene por qu&#233; estar necesariamente vinculado a un lugar. Cuando te encuentras con esa persona, donde sea que vuelvas a encontrarla, sientes que est&#225;s en casa. -La intensidad desapareci&#243; de los ojos de MacSwain. Se encogi&#243; de hombros y bebi&#243; otro sorbo de caf&#233;-. Por eso mi padre ya no forma parte de mi paisaje, s&#243;lo es un personaje secundario. He aprendido que hay v&#237;nculos mucho m&#225;s importantes entre las personas que los meramente gen&#233;ticos. Bueno, ya basta de hablar de m&#237;

Se traslad&#243; al sof&#225;. Anna se vio obligada a moverse para hacerle sitio. &#201;l se acerc&#243; m&#225;s y aproxim&#243; la cara a la de ella. Una vez m&#225;s, Anna se fij&#243; en sus facciones de una belleza casi perfecta y le asombr&#243; que se le revolviera el est&#243;mago cuando MacSwain pos&#243; sus labios en los de ella. Se apart&#243; con tranquilidad de &#233;l y sonri&#243;.

Hora de volver a puerto, capit&#225;n -le dijo Anna con la esperanza de que su jocosidad no sonara tan falsa por fuera como le son&#243; a ella por dentro. MacSwain sonri&#243; con sequedad y solt&#243; un suspiro.

Claro


MacSwain hab&#237;a sido amable y educado, pero Anna lo not&#243; fr&#237;o de regreso al embarcadero. A medida que las luces de la orilla se acercaban, sinti&#243; que la invad&#237;a una sensaci&#243;n de energ&#237;a y alivio. Declin&#243; la invitaci&#243;n de MacSwain de llevarla a casa, aduciendo que ten&#237;a el coche aparcado por la discoteca, pero &#233;l insisti&#243; en acercarla hasta all&#237;. Cuando MacSwain entr&#243; en su atracadero, Paul Lindemann y el equipo de vigilancia ya se hab&#237;an retirado, y hab&#237;an vuelto a seguirle la pista de camino a la discoteca.

Aqu&#237; ya est&#225; bien -dijo Anna mientras se deten&#237;an por fuera del club. De nuevo, MacSwain esboz&#243; una sonrisa educada.

&#191;D&#243;nde tienes el coche? -le pregunt&#243;. Anna hizo un gesto impreciso con la mano.

A la vuelta de la esquina. -Anna sac&#243; una libretita del bolso sin asas y anot&#243; el n&#250;mero de m&#243;vil que le hab&#237;an asignado para la operaci&#243;n-. Escucha Creo que esta noche no he sido la mejor de las compa&#241;&#237;as Ll&#225;mame y podemos quedar para otro d&#237;a.

Empezaba a pensar que no te gustaba, Sara. Parec&#237;as, bueno, inquieta o algo as&#237;.

Anna se acerc&#243; a MacSwain y le dio un beso prolongado en los labios. Se retir&#243; y sonri&#243;.

Ya te lo he dicho Me mareo en los barcos. Eso es todo. Ll&#225;mame. -Abri&#243; la puerta del Porsche y sac&#243; las piernas-. La pr&#243;xima vez quedamos en tierra firme


Uno de los coches de vigilancia parti&#243; detr&#225;s del Porsche de MacSwain manteniendo una distancia segura. Anna se qued&#243; en la acera mirando c&#243;mo el coche doblaba por la esquina de Albers-Eck. S&#243;lo despu&#233;s de que el equipo de vigilancia confirmara que MacSwain hab&#237;a salido del Kiez, la Mercedes Vario se detuvo junto a Anna. La primera en bajar fue Maria, que le pas&#243; un brazo por los hombros en un gesto de afecto torpe y poco habitual.

Lo has hecho la hostia de bien, Anna -le dijo.

Menudo susto nos ha dado con la maniobra del barco. -Paul Lindemann hab&#237;a salido de la furgoneta y estaba junto a Maria-. No s&#233; c&#243;mo co&#241;o has estado tan tranquila.

Anna solt&#243; una risita infantil y se dio cuenta de que le temblaban las piernas.

Yo tampoco.

Le pedimos a la Wasserschutzpolizei que te vigilara -le explic&#243; Paul-. Has estado segura todo el tiempo Si hubieras necesitado ayuda, la ten&#237;as a unos segundos.

Maria iba a decir algo cuando le son&#243; el m&#243;vil. Retrocedi&#243; unos pasos y contest&#243;.

Tengo que decirte que lo has hecho muy bien, Anna -dijo Paul-. Pero no hemos sacado demasiado. No ha dicho ni hecho nada que sugiera que est&#225; relacionado con los secuestros o con los asesinatos.

Anna no contest&#243;, pero sigui&#243; mirando en la direcci&#243;n que hab&#237;a tomado MacSwain. El fantasma de la n&#225;usea que hab&#237;a sentido cada vez que MacSwain la tocaba se retorc&#237;a en alg&#250;n lugar de su est&#243;mago.

Tengo un presentimiento sobre MacSwain -dijo sin mirar a Paul-. He tenido una reacci&#243;n f&#237;sica muy real y poderosa hacia &#233;l.

Paul solt&#243; una risita.

&#191;Intuici&#243;n femenina?

No. -Anna contest&#243; con un hilo de voz, pero con un tono fuerte y claro-. Intuici&#243;n de polic&#237;a.

Bueno -dijo Paul-. Parece que has pasado por todo eso para nada. Sospecho que Mister MacSwain no es m&#225;s que un yuppie mujeriego.

Parece que tienes raz&#243;n. -Maria cerr&#243; la tapa de su m&#243;vil-. Era Fabel, por fin. Parece ser que tambi&#233;n ha tenido una noche movidita. MacSwain queda fuera. Ya tenemos un nombre para nuestro asesino. Vasyl Vitrenko.

Anna se volvi&#243; para mirar a sus compa&#241;eros. Sus ojos negros brillaban con frialdad bajo el destello de ne&#243;n del Kiez.

Me da igual lo que haya descubierto Fabel. S&#233; que MacSwain tiene algo maligno. Es nuestro asesino. Lo s&#233; y punto.


S&#225;bado, 21 de junio. 1:04 h


Harburg (Hamburgo)


Pese a que la noche era suave, Hansi Kraus temblaba debajo de las s&#225;banas pestilentes y ra&#237;das y del grueso abrigo militar que lo acompa&#241;aba a todas partes. Su cuerpo magro se convulsionaba, le casta&#241;eteaban los dientes y era como si una rata le royera constantemente las tripas. Quiz&#225; no tendr&#237;a que haber vuelto a la casa abandonada; pero necesitaba un sitio c&#225;lido donde, tal vez, poder mendigar, pedir prestado o robar el dinero suficiente para pagarse el pico que tanto necesitaba. Desafortunadamente para Hansi, no hab&#237;a tenido la oportunidad de explotar ninguna de las tres opciones. All&#237; estaba expuesto, pero ten&#237;a que aclararse. Ir&#237;a a ver al turco por la ma&#241;ana y le dir&#237;a lo que hab&#237;a visto en el Polizeipr&#228;sidium. Los turcos sabr&#237;an qu&#233; hacer; quiz&#225;, por una vez, incluso le anticipar&#237;an algo. Tambi&#233;n le hab&#237;a escrito una carta a su madre, la primera prueba que le daba en cinco a&#241;os de que todav&#237;a respiraba. En ella, le expresaba lo m&#225;s parecido a una disculpa de que era capaz; le ped&#237;a perd&#243;n por haber destruido a su &#250;nico hijo y haber acabado con todas las esperanzas y sue&#241;os que hab&#237;a depositado en &#233;l. Era ir&#243;nico que, despu&#233;s de una d&#233;cada de miedo y amenazas, y cinco a&#241;os durante los cuales su madre y sus hermanas probablemente lo hab&#237;an dado por muerto, Hansi aceptara que seguramente hab&#237;a llegado su hora. Ahora reparaba en el da&#241;o que hab&#237;a causado; ahora dejaba un mensaje que perdurar&#237;a cuando &#233;l ya no estuviera.

Hansi ten&#237;a miedo. Hansi siempre ten&#237;a miedo, era su estado natural; pero ahora ese miedo hab&#237;a subido una marcha. En alg&#250;n lugar, inyectados en sus huesos, ten&#237;a recuerdos de infancia que no se hab&#237;an evaporado con la carne que en su d&#237;a dio forma a su cuerpo. Cuando Hansi estaba enfermo o ten&#237;a miedo, su madre dejaba que durmiera con la luz de la mesilla encendida. El Hansi espectro recurr&#237;a ahora al Hansi ni&#241;o, y recordaba la luz tenue y c&#225;lida, el olor de las s&#225;banas limpias, la sensaci&#243;n de piel aseada despu&#233;s del ba&#241;o y el cosquilleo de alegr&#237;a y seguridad acogedora que sent&#237;a al acurrucarse en la cama. Ahora, veinte a&#241;os despu&#233;s, lo &#250;nico que le quedaba a Hansi era una triste bombilla que brillaba sombr&#237;a e ineficazmente en el techo, como un talism&#225;n frente a los escalofr&#237;os, los dolores y los miedos que convulsionaban su cuerpo d&#233;bil y ansioso. Oy&#243; unos pasos en el rellano. En circunstancias normales, no habr&#237;a bocho caso: siempre hab&#237;a actividad en la casa, gente que entraba y sal&#237;a, borracha o colocada, que se peleaba o gritaba en sue&#241;os. Sin moverse, escuch&#243; con atenci&#243;n, pero los pasos se hab&#237;an detenido. No se hab&#237;an ido apagando. Se hab&#237;an detenido.

Hab&#237;a comenzado a ponerse en pie apoy&#225;ndose en un codo cuando la puerta se abri&#243; despacio. A Hansi le dio tiempo de pensar que cre&#237;a que abrir&#237;an la puerta de golpe, en lugar de empujarla suavemente y sin hacer ruido, como hac&#237;a su madre cuando entraba en su habitaci&#243;n para comprobar que todo estaba bien. El hombre m&#225;s viejo sostuvo la puerta para que entrara el m&#225;s joven, el que parec&#237;a culturista, que recorri&#243; deprisa y silenciosamente la corta distancia que hab&#237;a hasta la cama. El grito que comenz&#243; a salir de la garganta de Hansi qued&#243; aplacado por la mano enorme y poderosa del joven que le tap&#243; la boca con fuerza y firmeza. El anciano entr&#243; y cerr&#243; la puerta. Sonriendo a Hansi, sac&#243; una cajita met&#225;lica del bolsillo de su abrigo de piel oscuro. A&#250;n con una sonrisa y con la cabeza ligeramente ladeada, alz&#243; la cajita alargada entre el dedo &#237;ndice y el pulgar y la agit&#243;, como un padre que provoca a su hijo con un caramelo.

Hora de ponerse alegre, Hansi -dijo con una voz casi amable mientras sacaba una aguja hipod&#233;rmica desechable-. M&#225;s alegre que nunca

Hansi intent&#243; gritar, pero el joven le meti&#243; un trapo apestoso en la boca antes de obligarle a estirar el brazo y subirle la manga.

En la fracci&#243;n de segundo que transcurri&#243; antes de que la hero&#237;na letalmente pura entrara en su organismo, los ojos de Hansi miraron veloces de un hombre al otro. Las palabras S&#233; qui&#233;nes sois Os vi y s&#233; qui&#233;nes sois murieron en su lengua inmovilizada por el trapo sucio que le hab&#237;an metido en la boca. La hero&#237;na tan s&#243;lo tard&#243; unos segundos en invadir el cuerpo magro de Hansi Kraus. Mientras le sacaban el trapo de la boca y le daban la espalda para dejarle morir solo, a Hansi le pareci&#243; percibir el olor de unas s&#225;banas reci&#233;n lavadas.


S&#225;bado, 21 de junio. 4:00 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


El ambiente de la sala de investigaciones era una extra&#241;a mezcla de excitaci&#243;n y agotamiento. A aquellas horas de la noche previas al amanecer, los agentes que acababan de levantarse y aquellos que, como Fabel, Mar&#237;a, Paul y Anna, llevaban despiertos y activos desde el d&#237;a anterior se esforzaban por sacudirse de encima el cansancio f&#237;sico que se pegaba a ellos y apagaba la emoci&#243;n que supon&#237;a estrechar el cerco sobre su presa. Hab&#237;a un zumbido de voces que hablaban por tel&#233;fono, despertando a agentes contrariados de toda Europa, desde Hamburgo a Kiev.

Y ah&#237;, en primer plano, aumentados y clavados en el centro de la pizarra, los fr&#237;os ojos verdes de Vasyl Vitrenko, como si fueran la mirada mal&#233;volamente heroica de alg&#250;n dictador de la Europa del Este, se posaban con aire de desaf&#237;o sobre aquellos que lo perseguir&#237;an. Al lado de la imagen de Vitrenko estaban las copias de las fotos del granero que les hab&#237;a dado su padre. Cuando Fabel peg&#243; las im&#225;genes en la pizarra, una incredulidad at&#243;nita acall&#243; por un momento el vocer&#237;o de la sala.

Maria, que hablaba ingl&#233;s razonablemente bien y un poco de ruso, persegu&#237;a por tel&#233;fono a los agentes de polic&#237;a reacios de Odesa y Kiev. Tambi&#233;n hab&#237;a revisado las bases de datos de la Europol y la Interpol, en las que encontr&#243; un dato aqu&#237; y otro all&#225; que les ayudaron a formarse una idea de la persona que hab&#237;a detr&#225;s de la imagen colgada en la pizarra.

Fabel aprovech&#243; un momento de relativa tranquilidad en la sala para convocar a la mayor&#237;a de su equipo, que esper&#243; a que los compa&#241;eros que segu&#237;an al tel&#233;fono finalizaran sus llamadas.

Fabel se coloc&#243; delante de la pizarra y se apoy&#243; en la mesa, apretando los nudillos en la superficie de cerezo pulida. Respir&#243; hondo antes de comenzar el informe sobre lo que le hab&#237;a contado el ucraniano. La sala qued&#243; en silencio, reinaba una calma intensa, como si alguien hubiera atado el aire y lo estuviera tensando, mientras Fabel reproduc&#237;a el relato del anciano sobre c&#243;mo hab&#237;a perseguido a su hijo por las monta&#241;as y llanuras medio desiertas de Afganist&#225;n, siguiendo un rastro de atrocidad cada vez mayor, que hab&#237;a culminado en el descubrimiento del granero. Luego, les hizo un resumen de lo que sab&#237;a sobre los asesinatos de Kiev.

Muy bien, gente. Tenemos un sospecho principal claro; pero, mientras conseguimos los datos necesarios para que la fiscal&#237;a del estado tramite la orden para proceder a su detenci&#243;n e interrogatorio, no tenemos ninguna prueba s&#243;lida para trincarlo. -Fabel se dio la vuelta y dio un golpe con la palma de la mano en el retrato ampliado-. Coronel Vasyl Vitrenko, ex agente del Berkut ucraniano o unidad antiterrorista &#193;guilas Doradas. Cuarenta y cinco a&#241;os. Y un hijo de puta duro y desalmado. Tenemos a un testigo ocular, aunque posterior a los hechos, que afirma que Vitrenko orquest&#243; asesinatos en masa siguiendo exactamente el mismo modus operandi que hemos visto aqu&#237; en Hamburgo. Tambi&#233;n tenemos una serie de asesinatos id&#233;nticos en Kiev Pero, de nuevo, estos episodios no nos sirven de mucho porque no podemos relacionar de forma concluyente a Vitrenko con estos cr&#237;menes, especialmente porque la polic&#237;a ucraniana cree que ya tiene al autor. Pero lo que s&#237; tenemos es un posible m&#243;vil. Parece ser que al menos dos de nuestras v&#237;ctimas ten&#237;an informaci&#243;n, potencialmente muy da&#241;ina, sobre un gran chanchullo inmobiliario en el que estar&#237;an implicados nuestros amigos los Eitel y contactos ucranianos. &#191;Mar&#237;a?

Maria Klee cogi&#243; sus notas y las hoje&#243;. Comenz&#243; a hablar, pero el cansancio le hab&#237;a resecado la garganta, y tosi&#243; un poco antes de empezar.

He hablado con la polic&#237;a ucraniana de Kiev, la unidad antiterrorista del Berkut y el servicio secreto SBU. Como era de esperar, el SBU no se ha mostrado muy comunicativo, pero la polic&#237;a s&#237; me ha dado informaci&#243;n sobre los asesinatos de Kiev. Parece que piensan que nuestro asesino es un imitador, porque, como ha dicho el Hauptkommissar Fabel, juran que detuvieron al verdadero culpable. -Volvi&#243; a mirar sus notas-. Un tal Vladimir Gera -Maria se atranc&#243; con el apellido y volvi&#243; a intentarlo-. Vladimir Gerassinenko. Al parecer, era un tipo brillante que trabajaba de interventor de ferrocarril. Hubo tres v&#237;ctimas. Dos de ellas fueron, bueno, sacrificadas como parte de una especie de rito. Hab&#237;a la sospecha de que en los rituales participaron otras personas, pero a Gerassinenko lo condenaron por el tercer asesinato.

&#191;La periodista? -pregunt&#243; Fabel.

S&#237;. Y la mat&#243; en su casa.

Igual que a Angelika Bl&#252;m. -Fabel expuso aquella obviedad para remarcar el hecho, pero su voz son&#243; apagada y cansada-. &#191;Hay alguna posibilidad de mandar a alguien a Ucrania para que interrogue a este tal?

Gerassinenko -Maria ayud&#243; a Fabel con el nombre-. No es probable. Ucrania firm&#243; una moratoria de la pena de muerte en 1997 y la aboli&#243; en 2000, pero Gerassinenko fue ejecutado en 1996.

Fabel solt&#243; un suspiro.

&#191;Qu&#233; m&#225;s has descubierto?

Bueno Tu hombre, el padre de Vitrenko, ya no est&#225; en servicio activo en ninguna secci&#243;n de la polic&#237;a ucraniana. He hablado con una persona del Ministerio del Interior, la &#250;nica que han querido sacar de la cama, y, seg&#250;n &#233;l, el comandante Stepan Vitrenko se retir&#243; hace a&#241;os del Berkut. Al tipo con el que he hablado he podido sacarle que para Vitrenko padre dar caza a su hijo se ha convertido en una especie de cruzada individual. Al parecer, los sovi&#233;ticos lo mandaron tras Vitrenko en Afganist&#225;n, y desde entonces se ha convertido en una obsesi&#243;n para &#233;l.

Imagino por qu&#233; -dijo Fabel.

Tengo que a&#241;adir -dijo Maria- que la &#250;nica raz&#243;n por la que los ucranianos dan m&#225;s importancia a la desaparici&#243;n de Vitrenko que a la de una persona desaparecida normal y corriente es porque se trata de un gran especialista en antiterrorismo y crimen organizado. Por lo que a ellos se refiere, el &#250;nico delito que ha cometido es desertar de su puesto.

&#191;Qu&#233; hay del Berkut, esta unidad antiterrorista a la que perteneci&#243;? -pregunt&#243; Fabel.

B&#225;sicamente, es la unidad antidisturbios y antiterrorista multiusos. Amnist&#237;a Internacional ha mostrado su inquietud respecto a su forma de actuar. Depende del Ministerio del Interior ucraniano. Por lo que he averiguado, el cometido de Vitrenko estaba m&#225;s all&#225; de los par&#225;metros operativos habituales del Berkut. Era un agente muy prometedor con pericia en cr&#237;menes civiles, pol&#237;ticos y terroristas. Ucrania tiene un problema grave con el crimen organizado, y las tensiones entre la poblaci&#243;n de minor&#237;a rusa y la de mayor&#237;a ucraniana son importantes. A esto cabe a&#241;adir el hecho de que seguramente es el pa&#237;s con el mayor n&#250;mero de asesinos en serie del mundo; raz&#243;n por la cual tienen los mejores expertos mundiales en encontrar a este tipo de asesinos.

Fabel se frot&#243; la barba de veinticuatro horas.

Si el padre de Vitrenko ha emprendido una cruzada individual para encontrarlo, &#191;qui&#233;n es la chica que trabaja con &#233;l? &#191;Y por qu&#233;?

Creo que tengo la respuesta -dijo Maria, y volvi&#243; a buscar en sus notas para encontrar el dato relevante-. Creo que es la teniente Martina Onopenko. Hasta hace poco era agente de la polic&#237;a de Kiev.

&#191;Una inspectora?

No, era polic&#237;a uniformada. Pero tambi&#233;n tiene experiencia militar. Tambi&#233;n resulta que es la hermana peque&#241;a de la periodista asesinada. Al parecer, comparte la convicci&#243;n del anciano de que el verdadero culpable del asesinato de su hermana es Vitrenko. Dimiti&#243; de la polic&#237;a cuando se negaron a reabrir el caso.

Qu&#233; asociaci&#243;n m&#225;s improbable -dijo Fabel en tono meditativo-. La hermana de una v&#237;ctima y el padre del sospechoso principal

Maria se encogi&#243; de hombros.

S&#243;lo es una suposici&#243;n m&#237;a sobre qui&#233;n puede ser la chica. Sirvieron juntos en Ucrania despu&#233;s de la desaparici&#243;n de Vitrenko, de eso no hay duda. -Maria le pas&#243; a Fabel una fotograf&#237;a de una mujer joven-. Me la han enviado por correo electr&#243;nico nuestros amigos ucranianos

Fabel examin&#243; la fotograf&#237;a. En muchos sentidos, la chica de la imagen se parec&#237;a a la ayudante del anciano ucraniano, pero ten&#237;a el pelo m&#225;s oscuro y la cara m&#225;s ovalada.

Se parece, pero no es

Ya lo s&#233;. &#201;sta es la periodista de Kiev asesinada. Valerie Onopenko.

Pues entonces seguro que es la hermana de la mujer que va con Vitrenko padre. Parece que este caso trata de asuntos familiares.

Hablando de eso -Werner se acerc&#243; al frente del equipo reunido-, he investigado a nuestros amigos los Eitel. Ya s&#233; que no nos centramos en ellos como autores de los asesinatos, pero los dos tienen coartadas s&#243;lidas para el primer asesinato. El padre tiene una coartada confirmada para el segundo, y Norbert Eitel, para el tercero. He hablado con algunos de nuestros hombres de la unidad de delitos econ&#243;micos y empresariales del segundo piso, pero me han dicho que ahora mismo no est&#225;n investigando a los Eitel por nada, aunque han mostrado mucho inter&#233;s por estas acusaciones de fraude inmobiliario. Les he pasado una copia de nuestro expediente. Me han dado una relaci&#243;n completa de las empresas y negocios registrados que controlan los Eitel o de aquellos por los que tienen inter&#233;s. Y, en efecto, son los directores de Neuer Horizont. -Ahora le tocaba a Werner repasar sus notas-. Tambi&#233;n tienen intereses en Gallada Trading. Es un holding que al parecer est&#225; haciendo negocios con la rama inmobiliaria del Grupo Eitel. Este dato es el que ha avivado el apetito de la unidad de delitos econ&#243;micos y empresariales. He podido establecer que Gallada Trading est&#225; codirigida por Wolfgang Eitel, Norbert Eitel, Pavlo Klimenko y un hombre de negocios estadounidense llamado John Sturchak. Gallada Trading ha comprado bastantes propiedades inmobiliarias en Hamburgo &#250;ltimamente.

Y Pavlo Klimenko es uno de los hombres de Vitrenko. -Fabel se qued&#243; pensando un momento-. &#191;Qu&#233; sabemos del estadounidense?

No mucho, pero me est&#225;n traduciendo un correo electr&#243;nico al ingl&#233;s para mandarlo al FBI y a la Interpol.

Deber&#237;amos hablar otra vez con los Eitel -dijo Fabel-. Y creo que en esta ocasi&#243;n en vez de disfrutar nosotros de su hospitalidad empresarial, ellos deber&#237;an disfrutar de la nuestra.

Anna Wolff se puso en pie. A&#250;n llevaba el vestido elegante que hab&#237;a elegido para la cita con MacSwain, pero se hab&#237;a puesto su caracter&#237;stica chaqueta de piel encima. Ten&#237;a la cara demacrada y p&#225;lida bajo el maquillaje.

&#191;Qu&#233; hay de MacSwain?

&#191;Qu&#233; pasa con &#233;l?

&#191;Sigue siendo sospechoso o no? -A pesar del cansancio, hab&#237;a un tono desafiador en su voz.

Para estos asesinatos, no. Pero lo mantendremos bajo vigilancia de todas formas. Sigo pensando que es posible que tenga algo que ver con los secuestros, y ahora creo que no est&#225;n relacionados con el caso principal. Pero tengo que tener cuidado, Anna. Al Kriminaldirektor Van Heiden cada vez le inquietan m&#225;s los gastos: cree que si MacSwain se da cuenta de que hemos estado vigilando todos sus movimientos sin tener pruebas sustanciales que indiquen que es sospechoso, nos podr&#237;a caer una demanda embarazosa.

Anna volvi&#243; a sentarse.

Fabel, que segu&#237;a de pie, se qued&#243; un momento callado antes de dirigirse de nuevo a todo el equipo.

Y ahora, clase de historia. -Hab&#237;a puesto una caja archivadora encima de la silla que estaba junto a otra en cuyo respaldo hab&#237;a colgado su chaqueta Jaeger. Levant&#243; la tapa y sac&#243; un fajo de papeles. La audiencia se revolvi&#243; impaciente. Los inmoviliz&#243; con una mirada fr&#237;a-. Es necesario. Nos enfrentamos a un modus operandi con forma de ritual que tiene mil a&#241;os de historia. Nuestro asesino, Vitrenko, vive tanto en el pasado como en el presente. Tenemos que comprender qu&#233; sentido perturbado de la historia y del destino le impulsa a actuar. He descubierto bastantes cosas que nos interesan

Fabel no mencion&#243; que hab&#237;a despertado a Mathias Dorn con una llamada telef&#243;nica. El profesor Dorn le hab&#237;a proporcionado los datos clave que necesitaba o pistas por d&#243;nde seguir buscando. Y lo que era m&#225;s importante, Dorn hab&#237;a recordado el nombre del rey vikingo que hab&#237;a ocupado el lugar del rey Inge I cuando &#233;ste se neg&#243; a llevar a cabo el sacrificio que se celebraba cada nueve a&#241;os en Uppsala. Fabel cogi&#243; una fotocopia de entre los papeles y la clav&#243; en la pizarra, junto a la imagen de Vitrenko y casi encima de ella. Era la fotocopia de una ilustraci&#243;n en plancha de cobre del siglo XIX. Aparec&#237;a un guerrero de espaldas improbables montado sobre un corcel de aspecto temible. Ten&#237;a el pelo claro y con tirabuzones, un bigote enorme y una barba con trenzas y cuentas. Llevaba una guerrera y una manta de piel enorme a modo de capa sobre los improbables hombros. Le cubr&#237;a la cabeza un casco con alas de &#225;guila.

&#201;ste es el verdadero padre de Vasyl Vitrenko -dijo Fabel-; no el ucraniano que lo persigue. Al menos, creo que eso es lo que piensa Vitrenko.

Fabel esper&#243; a que cesara el parloteo repentino, incluidas algunas risas.

S&#243;lo es una suposici&#243;n m&#237;a. La someter&#233; a la opini&#243;n de Frau Doktor Eckhardt ma&#241;ana, quiero decir esta ma&#241;ana Pero &#233;ste, damas y caballeros, es Sven. Como en Hijo de Sven. Su nombre completo es Blot Sven, Sven el Sanguinario o Sven el Sacrificador, dependiendo de c&#243;mo se interprete. Fue rey de Suecia entre 1084 y 1087. Su hermanastro, el rey Inge I, se convirti&#243; al cristianismo y se neg&#243; a realizar ritos paganos de sacrificio en el templo de Uppsala. Sven recuper&#243; los sacrificios, y de ah&#237; su nombre. Inge huy&#243; a V&#228;sterg&#246;tland, y Blot Sven se convirti&#243; en rey de Suecia, o Svealand. Puede que os pregunt&#233;is, &#191;qu&#233; relaci&#243;n hay entre un loco ucraniano y Suecia? -Fabel clav&#243; una segunda ilustraci&#243;n, igualmente heroica, junto a la de Blot Sven-. Este caballero es Rurik, el primer gran pr&#237;ncipe de Kiev. Supuestamente, Rurik era un pr&#237;ncipe vikingo de esta zona de Alemania, quiz&#225; de Frisia. Los guerreros a los que gui&#243; a la conquista de Novgorod y Kiev eran los rus; de ah&#237; viene el nombre de Rusia. Adem&#225;s de los rus, la banda de Rurik tambi&#233;n estaba compuesta por varegos y otros mercenarios. La historia, por muy improbable que pueda sonar, es que los eslavos asentados en lo que ahora es Ucrania y Rusia viv&#237;an en la anarqu&#237;a e invitaron a Rurik y a su hermano para que establecieran el orden. Es la misma f&#225;bula que se cuenta sobre los sajones en Inglaterra; en este caso, los hermanos fueron Hengist y Horsa. El caso es que Rurik y sus hombres eran extranjeros que subyugaron a una tierra extra&#241;a. Se deb&#237;an lealtad exclusivamente los unos a los otros. Y su recompensa era riquezas y &#233;xito. Acabar&#237;an convirti&#233;ndose en la &#233;lite de aquella nueva tierra y en los fundadores de las aristocracias rusa y ucraniana. Vitrenko y sus hombres est&#225;n haciendo lo mismo aqu&#237;, y Vitrenko lo ha envuelto todo con sus conceptos semim&#237;ticos de hermandad en el campo de batalla y rituales vikingos secretos.

Pero todo esto son gilipolleces -dijo Werner-. No pueden creer en serio que son un grupo de vikingos que ocupan una tierra nueva.

S&#237; que pueden. Y a pesar de que todo esto es una gilipollez, puedes decir lo mismo de cualquier religi&#243;n o sistema de creencias si no los compartes. Lo importante no es aquello en lo que se cree, sino el acto de creer en s&#237;. Da igual lo extra&#241;o o extremo que pueda parecerle a los dem&#225;s. Es lo que hace que j&#243;venes por lo dem&#225;s cuerdos estrellen aviones en edificios llenos de gente.

Werner mene&#243; la cabeza, m&#225;s porque sent&#237;a un desconcierto triste y desanimado que porque no estuviera de acuerdo. Fabel continu&#243;:

Para empezar, no tengo ni idea de si Vitrenko cre&#237;a en estas historias o si utiliz&#243; el mito como estratagema para manipular a quienes estaban bajo su mando -prosigui&#243; Fabel-. Pero estoy plenamente convencido de que ahora cree en todo esto

Hizo una pausa y record&#243; el final de la conversaci&#243;n que hab&#237;a tenido con el viejo soldado ucraniano. Hab&#237;a hundido los fuertes hombros al hablar de c&#243;mo era Vitrenko de ni&#241;o. El chico p&#225;lido con los ojos de su padre que era capaz de tanto y que hab&#237;a mostrado tener una sed temprana y enorme de crueldad. Historias sobre c&#243;mo hab&#237;a manipulado, intimidado y engatusado a otros ni&#241;os para que llevaran a cabo actos de tortura contra animales peque&#241;os. Luego, contra otros ni&#241;os. Fabel sigui&#243;:

Y tambi&#233;n tengo la seguridad de que Vitrenko es un psic&#243;pata desde que tiene memoria. Pero en lugar de tratarlo y tenerlo controlado, lo mandaron a academias militares sovi&#233;ticas de &#233;lite donde sus habilidades naturales, y su psicopat&#237;a, se aguzaron. -Fabel cogi&#243; los papeles de la mesa y los agarr&#243; formando un cono. Los sostuvo delante de &#233;l como si estuvieran en llamas; como si fueran una antorcha encendida que ofrec&#237;a a sus compa&#241;eros-. Vasyl Vitrenko es la persona m&#225;s peligrosa a la que nos hemos enfrentado. Matar&#225; a cualquiera que suponga una amenaza para &#233;l. Y eso os incluye a vosotros. Y me incluye a m&#237;.

Fabel no sab&#237;a qu&#233; m&#225;s decir. Inundaban su mente las im&#225;genes de las v&#237;ctimas, de los ojos del padre de Vitrenko mientras lo agarraba por la garganta, los mismos ojos fr&#237;os color esmeralda que su hijo. Un escalofr&#237;o le recorri&#243; el cuerpo al imaginar a Ursula Kastner, Tina Kramer y Angelika Bl&#252;m mirando esos ojos g&#233;lidos y brillantes mientras la vida se les escapaba. El resto del equipo deb&#237;a de estar en un lugar oscuro parecido, porque durante unos segundos el silencio fue absoluto. Fue Maria Klee quien lo rompi&#243;.

&#191;Qu&#233; hay del padre de Vitrenko? &#191;Lo has tra&#237;do?

Fabel neg&#243; con la cabeza.

Pero atac&#243; a un agente de polic&#237;a. A ti. No podemos permitir que quede impune.

Puedo y lo har&#233;. Fue a m&#237; a quien atac&#243;, y he suspendido su b&#250;squeda. Ha accedido a ponerse en contacto conmigo cuando necesitemos volver a compartir informaci&#243;n. Creo sinceramente que lo &#250;nico que quiere es detener a su hijo. -Mientras hablaba, el primer mensaje de correo electr&#243;nico reson&#243; en su mente: Podr&#225; detenerme, pero nunca me atrapar&#225;.

&#191;Y qu&#233; hace mientras tanto el padre de Vitrenko? -El ce&#241;o fruncido de Maria era casi un gesto de enfado.

Hace exactamente lo que hacemos nosotros: intenta encontrar y detener a Vitrenko.

&#191;Y si lo encuentra &#233;l primero? -Werner retom&#243; el hilo de Maria.

Fabel record&#243; haberle preguntado lo mismo al anciano mientras sal&#237;an del despacho modular y se adentraban en la penumbra resonante del almac&#233;n. El ucraniano se hab&#237;a vuelto hacia &#233;l y con voz tranquila y apagada le hab&#237;a dicho: Pondr&#233; fin a todo esto. Fabel mir&#243; fijamente a Werner y minti&#243;.

Me ha dado su palabra de que nos entregar&#225; a Vitrenko y cualquier prueba que descubra. Por eso no quiero detenerlo. Quiero que se lo trate como un confidente clave. &#191;Entendido? -Se inclin&#243; de nuevo hacia delante, con los nudillos sobre la mesa; su rostro serio y tenso no trasluc&#237;a el cansancio-. Necesito que empiecen a pasar cosas ya. Primero, quiero tener a los Eitel aqu&#237; para interrogarles. Ya. Si protestan, quiero que se los detenga bajo sospecha de ser c&#243;mplices de asesinato. Y, Werner, que los chicos de la divisi&#243;n de delitos econ&#243;micos y empresariales recopilen todas las preguntas que quieran hacerles. Estar&#237;a bien someterlos a un interrogatorio conjunto. -Werner asinti&#243; con la cabeza.

Segundo -prosigui&#243; Fabel-. Quiero que busqu&#233;is e investigu&#233;is a todos los confidentes ucranianos. A fondo. Quiero los lugares donde opera la banda de Vitrenko y quiero tenerlos antes de que acabe el d&#237;a. Y para dejarlo bien claro, no me importa una mierda si nuestros colegas del LKA7 se ofenden. Yo tambi&#233;n lo har&#233;, adem&#225;s de exprimir a nuestros colegas del BND. -La expresi&#243;n de Fabel a&#250;n se ensombreci&#243; m&#225;s-. Nadie va a decirnos qu&#233; tenemos que saber. Y eso es todo por ahora. La Oberkommissarin Klee y el Oberkommissar Meyer os asignar&#225;n vuestras tareas. Werner, qu&#233;date un momento, quiero hablar contigo.

Claro, jefe

La sala tard&#243; unos minutos en vaciarse. Werner se qued&#243; sentado, y Anna Wolff rode&#243; la mesa de reuniones para acercarse a Fabel. Ten&#237;a la mirada ensombrecida, pero algo parecido a una actitud de desaf&#237;o ard&#237;a en sus ojos.

Bueno, &#191;qu&#233; le digo si me llama?

Si te llama &#191;qui&#233;n?

MacSwain. Le he dado el tel&#233;fono que me asignasteis para la operaci&#243;n.

Cancela el n&#250;mero. No quiero que vuelvas a tener contacto con &#233;l. No puedo justificar ante Van Heiden m&#225;s operaciones secretas caras. Tenemos que comprobar m&#225;s cosas sobre &#233;l, pero no es prioritario.

Creo que es nuestro hombre, jefe.

Fabel frunci&#243; el ce&#241;o.

&#191;Por qu&#233;, Anna? Ya has visto lo que tenemos sobre Vitrenko.

MacSwain es un depredador. Por el modo en que te mira Por c&#243;mo se mueve a tu alrededor. Como si fueras una presa. -Mene&#243; un poco la cabeza, como si la irritara la pobreza de su descripci&#243;n. Entonces clav&#243; en Fabel una mirada intensa, seria y decidida-. Es el violador, jefe. Y sospecho que es un asesino. Nuestro asesino.

Fabel mir&#243; un momento a su subordinada sin decir nada. No pod&#237;a condenar a un agente joven por reaccionar a la intuici&#243;n que ten&#237;a sobre un caso o un sospechoso: &#233;l funcionaba igual; en alg&#250;n rinc&#243;n de su cerebro, procesaba los detalles m&#225;s peque&#241;os sobre c&#243;mo alguien se mov&#237;a o hablaba, o las minucias de una escena. Y a partir de estos procesos internos pod&#237;a llegar a una conclusi&#243;n de la que estar&#237;a convencido, como Anna, aunque no pudiera racionalizarla con una prueba s&#243;lida. Despu&#233;s de todo, s&#243;lo era una impresi&#243;n, una opini&#243;n sobre c&#243;mo hab&#237;a reaccionado MacSwain al ver a dos agentes de la polic&#237;a de Hamburgo en su puerta, lo que hab&#237;a hecho que Fabel sospechara de &#233;l.

De acuerdo, Anna. Conf&#237;o en tu juicio, pero no puedo decir que est&#233; conforme con tu conclusi&#243;n. -Una vez m&#225;s, volvi&#243; a rascarse la barba incipiente con los dedos-. Pondr&#233; a alguien a vigilar a MacSwain, s&#243;lo para asegurarnos. Pero no quiero por nada del mundo que vuelvas a verlo, sobre todo si tu intuici&#243;n respecto a &#233;l es cierta. Puede que Werner y yo le hagamos una visita oficial para comprobar d&#243;nde estaba en las fechas clave. Claro que eso le alertar&#225; sobre el hecho de que lo estamos vigilando. -Fabel solt&#243; un suspiro-. Pero debo decirte que creo que est&#225;s equivocada, Anna. Puede que no tengamos una prueba definitiva contra Vitrenko, pero las circunstanciales le apuntan de forma bastante concluyente.

Ya lo s&#233; -contest&#243; Anna-. Ya lo veo. Pero gracias por no cerrarte a la posibilidad de que sea MacSwain.

De nada. -Fabel mir&#243; a Anna fijamente. Parec&#237;a agotada. &#201;l no hab&#237;a trabajado nunca en una operaci&#243;n secreta, pero conoc&#237;a a muchos agentes que s&#237;. Para un agente de polic&#237;a, era uno de los retos m&#225;s agotadores tanto f&#237;sica como emocional y mentalmente. Le vino a la cabeza la imagen de Klugmann, sentado frente a &#233;l en la sala de interrogatorios de la Davidwache. Record&#243; haber pensado que ten&#237;a los ojos enrojecidos por las drogas. Pero seguramente era por el estr&#233;s. Y seguramente los restos de anfetaminas encontrados en la autopsia eran la forma que ten&#237;a Klugmann de sobrellevarlo. Ahora Fabel detectaba la misma tensi&#243;n nerviosa en los movimientos pesados de Anna, el mismo enrojecimiento y las mismas ojeras-. Escucha, Anna. He dispuesto que tengas libres las pr&#243;ximas veinticuatro horas. Vete a casa y duerme un poco.


S&#225;bado, 21 de junio. 10:00 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Al menos Fabel se sent&#237;a m&#225;s limpio, y cambiarse de ropa fue como mudar una capa de piel arrugada; pero el par de horas que durmi&#243; no disip&#243; la sombra de cansancio que segu&#237;a aferr&#225;ndose a &#233;l, y tuvo que hacer un gran esfuerzo por eliminarla de su mente y movimientos. Como le hab&#237;a prometido, Werner recogi&#243; a Wolfgang Eitel poco antes de las ocho de la ma&#241;ana, y un segundo equipo, dirigido por Paul Lindemann, pas&#243; a buscar a su hijo a la misma hora. Eitel padre y Eitel hijo estaban en salas separadas, pero sus amenazas furiosas de demandar a los agentes individualmente, a la polic&#237;a de Hamburgo en general y al gobierno regional hab&#237;an sido casi id&#233;nticas. De hecho, Fabel sab&#237;a que si no daban con algo s&#243;lido contra los Eitel, tendr&#237;an que tomarse aquellas amenazas en serio.

Para subrayar el hecho, un reducido grupo de asesores legales, incluido Waalkes, esperaba en la sala de espera principal del Pr&#228;sidium cuando lleg&#243; Fabel. Waalkes lo vio justo cuando iba a entrar en el ascensor y parti&#243; encolerizado hacia &#233;l. Fabel grit&#243; un entusiasta &#161;Buenos d&#237;as, Herr Waalkes! mientras las puertas del ascensor se cerraban, dejando a Waalkes a medio camino en el &#225;rea de recepci&#243;n y sin poder verbalizar su protesta enfurecida.

Fabel hizo salir a Werner de la sala de interrogatorios n&#250;mero uno, donde estaba entreteniendo a Wolfgang Eitel, quien exig&#237;a hablar de inmediato con sus asesores legales.

Abajo hay un mont&#243;n -dijo Fabel-. Dile que est&#225; autorizado a que est&#233; presente un representante legal, pero deja primero que los chicos de delitos econ&#243;micos y empresariales lo ablanden. Haz lo mismo con Norbert.

Fabel fue a su despacho y cerr&#243; la puerta. Cogi&#243; el tel&#233;fono y llam&#243; a Susanne al Institut f&#252;r Rechtsmedizin. Hab&#237;a hablado con ella despu&#233;s de marcharse del Speicherstadt la noche anterior y hab&#237;a percibido un tono preocupado en su voz. La hab&#237;a tranquilizado dici&#233;ndole que estaba bien, pero que tendr&#237;a que ir al Pr&#228;sidium, y que intentara dormir. Al colgar, se hab&#237;a sentido un poco culpable porque hab&#237;a experimentado una sensaci&#243;n agradable al ver que alguien volv&#237;a a preocuparse por &#233;l. Ahora la llamaba para resumirle las pruebas que hab&#237;a descubierto y explicarle brevemente su teor&#237;a sobre Vitrenko y su padre espiritual, Blot Sven.

Supongo que tiene algo de sentido -dijo Susanne, pero no parec&#237;a muy convencida.

&#191;Pero?

No lo s&#233;. Como te he dicho, tiene sentido. Y creo que tienes raz&#243;n. Al menos en lo principal. No tengo ninguna raz&#243;n profesional s&#243;lida para dudar de tu teor&#237;a. Tan s&#243;lo me inquieta el &#225;mbito de participaci&#243;n.

&#191;Qu&#233; quieres decir, Susanne?

No act&#250;a solo. Puede que &#233;l ni siquiera participe. &#191;Te acuerdas de Charles Manson en Estados Unidos, de los asesinatos en masa en las casas de Tate y LaBianca? Manson ni siquiera estuvo presente en la casa de Sharon Tate, y de la residencia de LaBianca se march&#243; despu&#233;s de ordenar a sus seguidores que mataran a las v&#237;ctimas, pero antes de que se llevaran a cabo los asesinatos. As&#237; que Manson no cometi&#243; los cr&#237;menes personalmente. Sin embargo, eran sus cr&#237;menes. Manipul&#243; a otras personas para que los cometieran por &#233;l. Fue el art&#237;fice de un &#225;mbito de participaci&#243;n que no s&#243;lo inclu&#237;a a su familia, sino que lo exclu&#237;a a &#233;l.

Fabel reflexion&#243; sobre lo que dec&#237;a Susanne. Hab&#237;a estudiado en profundidad los asesinatos de Manson: Manson fortaleci&#243; los v&#237;nculos en su familia acost&#225;ndose con todas las chicas de Charlie, las integrantes femeninas de su grupo. Era el mismo truco que hab&#237;a utilizado Svensson para ganarse la lealtad de sus ac&#243;litas, como Marlies Menzel y Gisela Frohm, a la que Fabel se vio obligado a matar hac&#237;a tantos a&#241;os en un muelle del puerto. Se dio cuenta de que &#233;l y Gisela no estuvieron solos en ese muelle. Svensson tambi&#233;n estuvo all&#237;. Invisible, insidioso. Su presencia s&#243;lo fue evidente para Gisela. Fabel solt&#243; un suspiro sonoro, como si quisiera expulsar de su cabeza aquellos fantasmas.

No lo s&#233;, Susanne. Veo a Vitrenko como un carnicero pr&#225;ctico. Y si tengo raz&#243;n, &#233;l se considera el heredero natural de Blot Sven, el maestro del sacrificio

Fabel la oy&#243; respirar al otro lado del tel&#233;fono.

T&#250; ten cuidado, Jan. Ten mucho cuidado.


Werner entr&#243; en el despacho de Fabel justo antes de mediod&#237;a. Los agentes de delitos econ&#243;micos y empresariales a&#250;n estaban con Wolfgang y Norbert Eitel; dos detectives les interrogaban por separado.

Markmann, de delitos empresariales, opina que hay algo en este negocio inmobiliario, pero que a&#250;n no tenemos pruebas s&#243;lidas -dijo Werner desanimado-. Est&#225; formando equipos para hacer una redada en las oficinas de Gallatia Trading y del Grupo Eitel, pero la fiscal&#237;a no ve claro lo de tramitar una orden con unas pruebas tan endebles.

Fabel asinti&#243;. Ya hab&#237;a recibido una llamada de Heiner Goetz, el fiscal general del estado, quien le dej&#243; clara su preocupaci&#243;n por poner bajo sospecha a unos personajes tan destacados. Fabel conoc&#237;a a Goetz desde hac&#237;a a&#241;os, y ambos se ten&#237;an un respeto mutuo, pero sab&#237;a que era un fiscal prudente y met&#243;dico a quien no le gustaba echar por el atajo. Tambi&#233;n sab&#237;a que Goetz pillar&#237;a cualquier mentira, as&#237; que tuvo que admitir que se estaba arriesgando mucho con los Eitel. Todo se reduc&#237;a a una decisi&#243;n de juicio, y Goetz estaba dispuesto a dar cierta flexibilidad a Fabel. &#201;l, sin embargo, decidi&#243; no contarle a Goetz, en aquel momento, su plan de llamar a MacSwain para interrogarle: Fabel esperaba que MacSwain querr&#237;a fingir que estaba dispuesto a colaborar.

Los de delitos empresariales dicen que est&#225;n jodidos si la fiscal&#237;a no acepta que han establecido motivos razonables para proceder a la detenci&#243;n -dijo Werner-. Y sin papeles que demuestren que han cometido un delito, no pueden presentar cargos.

Fabel endureci&#243; el rostro, cogi&#243; con rabia el tel&#233;fono y marc&#243; el n&#250;mero de m&#243;vil que le hab&#237;a dado el ucraniano.

No esperaba que me llamara tan pronto, Herr Fabel -dijo Vitrenko padre, en su alem&#225;n perfecto pero con mucho acento.

Fabel le explic&#243; la situaci&#243;n con la fiscal&#237;a.

Necesito algo concreto, lo que sea, que nos d&#233; un motivo para retener o los Eitel m&#225;s tiempo y meter mano a sus archivos. Los Eitel son la &#250;nica posible conexi&#243;n que tenemos con la organizaci&#243;n de su hijo.

Hubo un silencio al otro lado del tel&#233;fono. Luego, el ucraniano dijo:

No s&#233; si puedo ayudarle. Ahora mismo no puedo darle nada. Pero quedemos esta noche a las ocho en el almac&#233;n de Speicherstadt.

La determinaci&#243;n seria del rostro de Fabel no se diluy&#243; al colgar el tel&#233;fono.

Werner, ve a buscar a Maria. Vamos a hacer una visita al BAO.

Maria hablaba mientras el tr&#237;o caminaba en&#233;rgicamente por el pasillo que iba del ascensor al despacho de Volker. Le entreg&#243; a Fabel tres o cuatro hojas de papel grapadas.

He hecho algunas averiguaciones sobre Vitrenko. No creo que consigamos m&#225;s informaci&#243;n sobre &#233;l. Por los datos que tengo, el Berkut se est&#225; convirtiendo en una unidad importante de lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, aunque su funci&#243;n principal hasta ahora ha sido b&#225;sicamente actuar como polic&#237;a antidisturbios. Como unidad de operaciones, se parece al GSG9 de Alemania. Est&#225;n muy bien adiestrados, de eso no hay duda. Me he puesto en contacto con su sede central en Kiev; se han mostrado dispuestos a colaborar, pero no han estado muy comunicativos respecto a Vitrenko. Parece que fue uno de sus expertos en terrorismo isl&#225;mico m&#225;s destacados, sobre todo por el tiempo que pas&#243; en Afganist&#225;n y Chechenia. Lo &#250;nico que les he sacado ha sido el curr&#237;culo de Vitrenko. Entre todos los datos hab&#237;a esto -Maria dio la vuelta a un par de p&#225;ginas que sosten&#237;a Fabel. Hab&#237;a una hoja encabezada con lo que supuso que ser&#237;a el emblema del Ministerio del Interior ucraniano en la parte superior de un texto escrito en cir&#237;lico. La siguiente p&#225;gina era la traducci&#243;n al alem&#225;n-. Mira esto: dos semanas de entrenamiento en una unidad de perfiles de asesinos en serie en Odesa.

Fabel se detuvo.

&#191;Y dijiste que mi trabajo para la Europol sobre los asesinaros de Helmut Schmied circulaba por Ucrania?

Exacto. A&#250;n no me han respondido, pero me juego lo que quieras a que formaba parte del programa del curso o estaba disponible.

Fabel sinti&#243; el ansia del cazador cuando est&#225; cerca de su presa.

Por eso estamos tratando con un caso cl&#225;sico de asesino en serie psic&#243;tico; porque se basa en casos de manual. Y me ha elegido a m&#237; porque resulta que ley&#243; el trabajo que publiqu&#233; sobre asesinos en serie.

Werner solt&#243; una risa amarga.

Y pens&#243; que podr&#237;a mover todos los hilos para despistarte.

S&#243;lo que no lo ha conseguido -a&#241;adi&#243; Maria.

Fabel le devolvi&#243; el expediente a Maria.

Vamos -dijo, y Maria y Werner lo siguieron.


La secretaria hizo lo que pudo para detener el tren formado por Fabel, Maria y Werner que pas&#243; a toda velocidad delante de ella y entr&#243; en el despacho de Volker. &#201;ste estaba sentado a su mesa y hablaba en ingl&#233;s con dos hombres en mangas de camisa sentados frente a &#233;l. Fabel supuso que los dos norteamericanos eran miembros del equipo de seis agentes del FBI que hab&#237;an trasladado a la polic&#237;a de Hamburgo tras los atentados del 11 de septiembre al World Trade Centre. Volker ocult&#243; tras una sonrisa la irritaci&#243;n que le produjo que le molestaran.

&#191;Supongo que se tratar&#225; de un asunto importante, Herr Hauptkommissar?

Fabel no respondi&#243;, sino que se qued&#243; mirando con toda la intenci&#243;n a los dos norteamericanos.

Lo siento, caballeros -dijo Volker en un ingl&#233;s que a Fabel le pareci&#243; excelente-. &#191;Les importa que concluyamos la reuni&#243;n m&#225;s tarde?

Al salir, los norteamericanos lanzaron una mirada a Fabel que estaba a medio camino entre la curiosidad y el enfado. Volker se recost&#243; en el sill&#243;n de piel y extendi&#243; la mano, como invit&#225;ndole a que desembuchara. Era un gesto de tranquilidad arrogante cuya intenci&#243;n, seg&#250;n advirti&#243; Fabel, era hacerle explotar y, por lo tanto, inclinar la balanza de cualquier intercambio de palabras a favor de Volker. Como reconoci&#243; la estrategia de Volker, Fabel se qued&#243; callado un momento antes de hablar, se acerc&#243; y ocup&#243; una de las sillas que hab&#237;a dejado vacante uno de los estadounidenses.

S&#237;, Oberst Volker, se trata de un asunto importante. Y urgente. Tengo intenci&#243;n de convocar una rueda de prensa acerca de los asesinatos que estoy investigando -minti&#243; Fabel-. Debo aclarar unas cosas a la opini&#243;n p&#250;blica. De hecho, tengo intenci&#243;n de hacerle una especie de favor. -Fabel sonri&#243; con frialdad.

&#191;Ah, s&#237;? &#191;Y eso?

Bueno, he preparado una declaraci&#243;n que desmiente rotundamente que el BND est&#233; protegiendo al asesino, un ex agente antiterrorista ucraniano llamado Vasyl Vitrenko, s&#243;lo porque pueda ser una fuente &#250;til de informaci&#243;n sobre Al-Qaeda y otras organizaciones terroristas isl&#225;micas.

Fabel se dio cuenta de que Volker estaba empleando toda su fuerza de voluntad para que su rostro no traicionara sus emociones. Prosigui&#243;:

Voy a hacer hincapi&#233; en que usted, personalmente, nunca tendr&#237;a nada que ver con una maniobra de encubrimiento como &#233;sa y en que todos los rumores que afirman lo contrario son falsos.

Los labios de Volker mostraron sus dientes y esbozaron una sonrisa indescriptible.

No ser&#225; capaz.

&#191;No ser&#233; capaz de qu&#233;? &#191;De proteger su reputaci&#243;n ante estos rumores difamatorios?

No existen tales rumores

Fabel mir&#243; la hora.

&#191;No? Entonces no es cierto que el Stern y el Hamburger Morgenpost hayan recibido unas informaciones incriminatorias y an&#243;nimas -Fabel se inclin&#243; hacia delante y casi le escupi&#243; las &#250;ltimas dos palabras a Volker-: por ahora.

Como ya le he dicho, no ser&#225; capaz -dijo Volker, pero su voz revelaba una sombra de duda.

Oberst Volker, le agradecer&#237;a mucho que pudiera cumplir nuestro acuerdo original y compartiera con nosotros toda la informaci&#243;n de que dispone que sea relevante para esta investigaci&#243;n. Empecemos con la relaci&#243;n de los Eitel con un c&#225;rtel basado en Kiev que se est&#225; beneficiando ilegalmente de iniciativas de reurbanizaci&#243;n en Hamburgo. En estos momentos el departamento de delitos econ&#243;micos y empresariales les est&#225; interrogando a ambos. Cuando vaya abajo despu&#233;s de esta reuni&#243;n, Herr Oberst, me gustar&#237;a entregarles una prueba lo suficientemente s&#243;lida como para que la fiscal&#237;a del estado tramitara una orden de b&#250;squeda y captura. Adem&#225;s de esto, quiero saber d&#243;nde encontrar al ex camarada Vitrenko y a sus principales oficiales. Ahora bien, si todo esto sucediera, quiz&#225; no ser&#237;a necesario filtrar estos documentos ni convocar la rueda de prensa que he mencionado.

Volker lanz&#243; una mirada larga y oscura a Fabel.

Podr&#237;a complicarle much&#237;simo la vida, Fabel. Lo sabe, &#191;verdad?

Qu&#233; amable de su parte record&#225;rmelo, Volker. En especial delante de dos testigos.

&#191;A qu&#233; cree que nos dedicamos exactamente, Fabel? &#191;Cree que s&#243;lo somos una especie de departamento que se dedica a hacer putadas?

Fabel se encogi&#243; de hombros.

Soy polic&#237;a. Me gusta que sean los hechos los que hablen. Y por el momento, los hechos me dicen no s&#243;lo que ha estado ocult&#225;ndome pruebas, sino tambi&#233;n que es obvio que tiene sus propios planes respecto a Vitrenko.

Volker solt&#243; una risa amarga.

Para ser un agente de alto rango que investiga unos cr&#237;menes tan graves, parece que tiene la costumbre de hacer que los hechos encajen en su agenda particular de prejuicios.

&#191;Niega que est&#233; intentando cerrar un trato con Vitrenko?

No. No se lo niego. Pero no hasta el punto de pasar por alto estos asesinatos, si es a eso a lo que se refiere. Y no niego que nuestros amigos norteamericanos quiz&#225; tengan menos remilgos a la hora de hacer tratos con el diablo, si con ello consiguen cazar a quien persiguen. Pero no. Si -Volker enfatiz&#243; la palabra y la repiti&#243;-. Si Vitrenko es su asesino, no nos plantear&#237;amos hacer ning&#250;n trato con &#233;l, por supuesto; aunque querr&#237;amos hablar con &#233;l. Y en cuanto a que no hemos estado muy comunicativos con la informaci&#243;n &#191;Nunca se le ha ocurrido preguntarse si exist&#237;a la posibilidad de que hubiera otra raz&#243;n para mostrarnos tan reacios?

&#191;Como cu&#225;l?

Volker se levant&#243; y se apoy&#243; en la mesa.

Como que quiz&#225; no se pueda confiar en usted. Como que quiz&#225; uno de los agentes de su querid&#237;sima polic&#237;a de Hamburgo acepta sobornos. Y quiz&#225; por eso asesinaron a Klugmann, alguien a quien reclut&#233; personalmente y un buen hombre.

Eso es una cortina de humo, Volker. -Fabel tambi&#233;n se puso en pie.

&#191;S&#237;? Klugmann descubri&#243; que hab&#237;a filtraciones reales que sal&#237;an de la polic&#237;a de Hamburgo. Averigu&#243; que alguien, alguien con un cargo importante, quiz&#225; incluso un Kriminalhauptkommissar, ha estado vendiendo informaci&#243;n de alto nivel a los ucranianos.

Fabel se tom&#243; unos segundos antes de responder. En aquellos segundos construy&#243; a toda prisa una red de cables y la lanz&#243; sobre la ira que le invad&#237;a.

&#191;Me est&#225; diciendo que por eso ha estado ocultando informaci&#243;n sobre Vitrenko? No me lo creo.

Preg&#250;nteselo a Van Heiden. &#201;l lo sabe todo. Alguien de este Pr&#225;sidium o de una Polizeidirektion importante est&#225; vendiendo informaci&#243;n a Vitrenko que le ayuda a cargarse a sus principales rivales, quedarse con sus operaciones y apropiarse de sus negocios, como pas&#243; con el negocio con los colombianos en el que liquidaron a Ulugbay

Pero usted dijo que Klugmann dio informaci&#243;n a los ucranianos

As&#237; es. Y creemos que por eso est&#225; muerto. Klugmann ten&#237;a la sensaci&#243;n de que su contacto, Vadim, se estaba distanciando de &#233;l. Claro que cuando uno trabaja de infiltrado, se vuelve extremadamente paranoico; pero a Klugmann le preocupaba mucho que los ucranianos pudieran sospechar de &#233;l.

Fabel no dijo nada, pero record&#243; el miedo que hab&#237;a pasado Sonja cuando su equipo hizo la redada en el piso buscando a Klugmann. Y record&#243; que Klugmann se hab&#237;a buscado un refugio m&#225;s oculto para, al final, acabar en el fondo de una piscina llena de porquer&#237;a. Volker vio que Fabel consideraba sus palabras, y se recost&#243; despacio en su sill&#243;n. Fabel lo imit&#243;. Cuando Volker continu&#243;, lo hizo en un tono notoriamente menos agresivo:

Puede que recuerde, Herr Hauptkommissar, que se mostr&#243; m&#225;s que cr&#237;tico respecto a la forma en que, a trav&#233;s de Klugmann, proporcionamos informaci&#243;n a los ucranianos sobre el negocio en el que Ulugbay acab&#243; siendo asesinado. Bueno, no somos tan est&#250;pidos o despiadados como usted parece creer. Nos aseguramos de que hubiera lagunas cruciales en los detalles que Klugmann suministr&#243; sobre el negocio de Ulugbay con los colombianos. Para asesinar a Ulugbay, hab&#237;a que saber m&#225;s, mucho m&#225;s, de lo que proporcion&#243; Klugmann. Y quien realmente dio la informaci&#243;n debi&#243; darse cuenta de que el confidente que Klugmann ten&#237;a en el departamento de narc&#243;ticos del MEK era inventado.

&#191;Est&#225; diciendo que fue un agente de polic&#237;a el que mat&#243; a Klugmann? -Fue Maria Klee quien se adelant&#243; a la pregunta de Fabel.

Volker se encogi&#243; de hombros.

&#191;Directamente? Quiz&#225;, no lo s&#233;. &#191;Indirectamente? Es probable. La persona que ha estado vendiendo informaci&#243;n ha estado exigiendo un precio muy alto, y estoy bastante seguro de que har&#237;a lo que fuera para protegerse. Pero no tuvo que ensuciarse las manos necesariamente. Si avis&#243; a la banda de Vitrenko de que Klugmann era un polic&#237;a secreto, los ucranianos habr&#237;an aceptado gustosos la carga de eliminarlo.

Jefe -Werner, que se hab&#237;a quedado de pie al lado de Fabel, habl&#243; en voz baja y tensa.

Mierda Claro. Trajimos a nuestro testigo al Pr&#228;sidium. Joder, Volker, si hubi&#233;ramos sabido todo esto antes, no lo habr&#237;amos puesto en peligro. Nunca pensamos, ni por un momento, que traerlo aqu&#237; lo se&#241;alar&#237;a. -Fabel se volvi&#243; hacia Werner-. Pon a Hansi en protecci&#243;n policial desde ya.

Ahora mismo, jefe -dijo Werner, y sali&#243; del despacho.

Maria se sent&#243; en la silla vacante que hab&#237;a al lado de Fabel. Este puso cara de incredulidad.

&#191;As&#237; que afirma que por eso ha estado ocultando pruebas para esta investigaci&#243;n? -pregunt&#243; Fabel.

Volker solt&#243; un suspiro.

Yo no he estado ocultando nada. Si cree de verdad que Vitrenko est&#225; detr&#225;s de estos asesinatos, har&#233; todo lo que est&#233; en mi mano para ayudarle. De hecho, a ra&#237;z de la muerte de

Klugmann ya no estamos dispuestos a hacer tratos con Vitrenko. -Volker se pens&#243; mucho sus siguientes palabras-. No le caigo muy bien, &#191;verdad, Fabel?

No lo conozco. No me cae ni bien ni mal.

Volker solt&#243; una risita &#225;cida.

Bueno, digamos que no le gusta lo que represento.

No puedo decir que me guste demasiado.

Ha dejado muy claro que para usted estoy a un paso de la Gestapo, mientras que su polic&#237;a de Hamburgo representa todo lo que es bueno y puro. Pues deje que le diga una cosa, Fabel: tengo suerte de estar aqu&#237; sentado. Si la polic&#237;a de Hamburgo se hubiera salido con la suya, mi &#225;rbol geneal&#243;gico habr&#237;a acabado en la prisi&#243;n de Fuhlsb&#252;ttel de la polic&#237;a de Hamburgo.

Fabel abri&#243; m&#225;s los ojos.

&#191;Sorprendido? Mi padre era socialdem&#243;crata y sindicalista. Un idealista de diecinueve a&#241;os. As&#237; que, inevitablemente, fueron a buscarlo en plena noche. Pero no fueron ni las SS ni la Gestapo quienes llamaron a su puerta. Fue su querid&#237;sima polic&#237;a de Hamburgo quien se llev&#243; a mi padre a la c&#225;rcel de Fuhlsb&#252;ttel. Pronto le cambiaron el nombre, &#191;verdad, Fabel? Konzentrationslager Fuhlsb&#252;ttel: un campo de concentraci&#243;n para la polic&#237;a de Hamburgo. Claro que usted preferir&#237;a olvidarse de todo eso.

Fabel conoc&#237;a bien la historia: el campo de concentraci&#243;n de Fuhlsb&#252;ttel, conocido como Kola-Fu. Era el cap&#237;tulo m&#225;s oscuro, m&#225;s infame, de la historia de la polic&#237;a de Hamburgo. Despu&#233;s de que en marzo de 1933 los nazis subieran al poder en Hamburgo, la polic&#237;a de la ciudad hab&#237;a sido la responsable de las redadas contra comunistas y activistas socialdem&#243;cratas. En septiembre de aquel mismo a&#241;o, las SS pasaron a dirigirla, pero aquellos seis meses de control policial fueron suficientes para empa&#241;ar la historia de la polic&#237;a de Hamburgo para siempre.

De acuerdo -dijo Fabel al final-, acepto lo que dice. Pero no veo a qu&#233; viene.

La respuesta de Volker a las palabras de Fabel fue inmediata.

Viene a que usted tiene un mont&#243;n de teor&#237;as sobre poiqu&#233; entr&#233; en el BND. Pues bien, deje que le diga la verdad. Entr&#233; en el BND porque quer&#237;a defender lo &#250;nico que puede hacer que la historia de Alemania no vuelva a repetirse: la democracia y la Grundgesetz. Usted se considera un defensor de la ley. Bueno, yo me considero un defensor de la Ley fundamental: la Constituci&#243;n. Lo hago porque creo que el &#250;nico modo justo de gobernar que existe es una democracia liberal de verdad. -Se recost&#243; en su sill&#243;n de piel-. &#191;Sabe qu&#233; soy en realidad, Fabel? Un bombero. -Se&#241;al&#243; la ventana con la cabeza-. Ah&#237; fuera, Fabel, ah&#237; fuera hay toda clase de perdedores y desgraciados a quienes les gusta jugar con cerillas. De extrema derecha, de extrema izquierda, fundamentalistas religiosos chiflados Est&#225;n todos ah&#237; fuera jugando con fuego en la oscuridad. Y mi trabajo consiste en apagar las chispas antes de que se conviertan en llamas.

De acuerdo, supongo que le debo una disculpa -dijo Fabel-. Pero el hecho sigue siendo que nos ocult&#243; pruebas.

No nos debemos nada, Fabel, aparte de respeto mutuo y no hacernos el trabajo m&#225;s complicado de lo que ya es. -Volker levant&#243; el tel&#233;fono de la mesa, puls&#243; un bot&#243;n y orden&#243; que le trajeran el expediente sobre Vitrenko.

Despu&#233;s de que se le entregara la carpeta a Volker, &#233;ste la abri&#243; y sac&#243; una hoja. Se la dio a Fabel. Conten&#237;a varias filas de iniciales y n&#250;meros. La examin&#243; un par de veces antes de pas&#225;rsela a Mar&#237;a.

No me dice nada -dijo Fabel. Mir&#243; a Mar&#237;a, quien se encogi&#243; de hombros.

Pero a sus compa&#241;eros de delitos empresariales, s&#237;. -Volker ech&#243; hacia atr&#225;s la butaca de piel y entrelaz&#243; los dedos-. Son los rastreos de las transacciones. Detallan los movimientos de fondos entre cuentas, horas, fechas y cantidades. -Dej&#243; que la butaca se moviera hacia delante de nuevo y entreg&#243; a Fabel dos hojas m&#225;s de la carpeta-. &#201;sta es la clave de las cuentas. Detalla a qui&#233;n pertenece cada una. Tambi&#233;n hay una orden de un tribunal federal -Volker sonri&#243;, casi con malicia-, para demostrar que obtuvimos la informaci&#243;n de manera legal.

En la lista de titulares de las cuentas estaba Gallada Trading, Klimenko International, Eitel Importing y otras empresas que Fabel no reconoci&#243;.

Ah&#237; tiene datos suficientes para conseguir una orden. Si los de delitos fiscales escarban en algunas de estas cuentas falsas, encontrar&#225;n un rastro que los llevar&#225; directamente a los Eitel. Y a ellos en persona, quiero decir; no a sus negocios. Puede que tambi&#233;n halle alguna que otra sorpresa m&#225;s.

Fabel levant&#243; una ceja.

Que sus expertos lo investiguen todo. -Volker se inclin&#243; hacia delante, descansando el peso de sus anchos hombros sobre los codos-. En cuanto a Vitrenko De verdad que no puedo darle ninguna pista sobre d&#243;nde encontrarlo. Es como un fantasma. No obstante, s&#237; que tenemos localizados a un par de sus lugartenientes.

De nuevo, busc&#243; en la carpeta y sac&#243; un par de fotograf&#237;as. Las dej&#243; sobre la mesa y las gir&#243; para que Fabel y Maria las vieran. Eran las t&#237;picas im&#225;genes de las vigilancias estrechas: estaban tomadas a distancia con teleobjetivo. Los dos hombres tendr&#237;an casi cincuenta a&#241;os; uno era enjuto y nervudo; el otro, corpulento. Los dos ten&#237;an el aspecto peligroso de los soldados veteranos. Volker dio unos golpecitos con el dedo sobre la imagen del hombre enjuto.

&#201;ste es Stanislav Solovey. Fue &#233;l quien le se&#241;al&#243; a Yari Varasouv las ventajas de la jubilaci&#243;n. El otro es Vadim Redchenko.

&#191;El contacto de Klugmann? -pregunt&#243; Maria.

Y su posible ejecutor -a&#241;adi&#243; Volker.

Fabel neg&#243; con la cabeza.

Hans Kraus dijo que los asesinos hablaban alem&#225;n y no ten&#237;an acento. Y que dejaron deliberadamente la pistola de los servicios de seguridad ucranianos para que la encontr&#225;ramos. Creo que intentaban despistarnos.

Bueno, Redchenko es un asesino hasta la m&#233;dula, aunque no liquidara &#233;l a Klugmann. Viv&#237;a en Reinbeck, donde dirig&#237;a un laboratorio de drogas y una red de tr&#225;fico desde una f&#225;brica abandonada. Hicimos una redada conjuntamente con la unidad de narc&#243;ticos del MEK hace un mes.

Deje que lo adivine -dijo Maria-. No hab&#237;a nadie.

Exacto. De hecho, la f&#225;brica se incendi&#243; antes de que tom&#225;ramos posiciones. Una especie de mina sovi&#233;tica y cubas de sustancias qu&#237;micas inflamables colocadas estrat&#233;gicamente se encargaron de hacer el trabajo. Un trabajo muy profesional y minucioso. Cualquier prueba que pudi&#233;ramos haber encontrado qued&#243; destruida. Desde entonces, no hemos podido localizar a Redchenko en ninguna direcci&#243;n concreta, aunque s&#237; sabemos que visita con regularidad un par de negocios. Cada vez que lo hace, ponemos a alguien a seguirlo, y cada vez nos da esquinazo. Esta gente est&#225; muy bien adiestrada. F&#237;jese en el propio Vitrenko: no nos ha resultado f&#225;cil sacar informaci&#243;n a los ucranianos; pero por lo que hemos descubierto, no s&#243;lo sirvi&#243; en las brigadas MDV Kondor y Alpha, sino tambi&#233;n en la brigada Vysotniki, igual que algunos hombres de su banda. Vysotniki se basaba, y a&#250;n se basa, en el modelo del servicio especial a&#233;reo brit&#225;nico, que est&#225; formado por peque&#241;as unidades operativas de once hombres. Por lo que hemos podido sacarles a nuestros contactos, Vitrenko estableci&#243; una unidad como &#233;sas en Afganist&#225;n y la reactiv&#243; en Chechenia. Pero en lugar de once hombres, ten&#237;a trece. Creemos que es el n&#250;mero de hombres que tiene aqu&#237;.

Encaja con la informaci&#243;n que tenemos nosotros -dijo Mar&#237;a.

Volker se puso las manos detr&#225;s de la cabeza.

Nuestra operaci&#243;n con Klugmann y Tina Kramer estaba pensada para recabar informaci&#243;n sobre Vitrenko. Nunca le enga&#241;&#233; en eso, Fabel. Admito que nuestro objetivo &#250;ltimo era ofrecerle una especie de trato: no procesarle por sus actividades mafiosas a condici&#243;n de que colaborara con los norteamericanos y, por supuesto, pusiera fin a todas sus actividades ilegales. Pero es dif&#237;cil que la inmunidad te parezca atractiva cuando parece casi imposible que te encuentren, y m&#225;s a&#250;n que te detengan y re&#250;nan las pruebas suficientes como para procesarte. Y, por supuesto, si Vitrenko est&#225; realmente detr&#225;s de estos asesinatos, retiraremos todas las ofertas. -Baj&#243; los brazos y se inclin&#243; hacia delante-. Me cree, &#191;verdad, Fabel?

Si me dice que es la verdad, Herr Volker -dijo Fabel.

Volker guard&#243; todas las fotograf&#237;as y papeles en la carpeta y se la entreg&#243;, empuj&#225;ndola por la mesa.

Es la versi&#243;n &#237;ntegra, no expurgada. No vaya a perderla.


Cuando Fabel y Mar&#237;a regresaron a la Mordkommission, hab&#237;a llegado un mensaje de correo electr&#243;nico del FBI, dirigido a Werner. Mar&#237;a lo imprimi&#243; y lo llev&#243; al despacho de Fabel.

Escucha esto -Se sent&#243; a la mesa frente a &#233;l-. John Sturchak &#191;El socio de negocios norteamericano de los Eitel?

Fabel asinti&#243; con la cabeza.

Maria examinaba el documento e iba informando a Fabel.

El FBI est&#225; muy interesado en cualquier informaci&#243;n que podamos tener sobre John Sturchak o los negocios en los que est&#233; involucrado. Al parecer, Sturchak es hijo de Roman Sturchak, un agente de la Divisi&#243;n G&#225;lata de las SS durante la misma &#233;poca que Wolfgang Eitel. Sturchak fue uno de los ucranianos que regresaron a Austria para rendirse a los norteamericanos cuando finaliz&#243; la guerra. Si el Ej&#233;rcito Rojo lo hubiera capturado, lo habr&#237;a matado. A Roman le permitieron emigrar a Estados Unidos y crear un negocio de importaci&#243;n. Es posible que este &#250;ltimo negocio no sea la primera colaboraci&#243;n entre las familias Eitel y Sturchak. El negocio de Sturchak tiene su sede en Nueva York, y seg&#250;n el FBI, sospecharon que Roman Sturchak ten&#237;a relaciones con el crimen organizado, pero nunca fue acusado de ning&#250;n delito. John Sturchak asumi&#243; el control del imperio empresarial Sturchak cuando su padre muri&#243; en 1992. Cuando cay&#243; el muro, hubo una avalancha de inmigrantes ucranianos, legales e ilegales, hacia Estados Unidos. Seg&#250;n esta informaci&#243;n, se sospecha que John Struchak ayud&#243; a algunos a entrar sin pasaporte o visado v&#225;lidos. Los norteamericanos tienen ahora un grave problema con la mafia de Odesa, asentada en Brighton Beach, en Brooklyn, Nueva York. -Maria levant&#243; la vista del documento-. Ya he o&#237;do hablar de ellos; la mayor&#237;a son ucranianos y rusos. Comparados con ellos, los de la mafia italiana son unos angelitos. -Maria volvi&#243; a mirar el documento-. Existe la sospecha de que John Sturchak tiene una relaci&#243;n estrecha con grupos mafiosos rusos y ucranianos.

Fabel esboz&#243; una gran sonrisa.

O sea que &#233;sa es la conexi&#243;n que Wolfgang Eitel, defensor de la ley y el orden, no puede permitirse que salga a la luz: que hace negocios con la mafia ucraniana.

Maria sigui&#243; leyendo el documento:

Mierda. Escucha esto. Una de las razones por las que el FBI ha sido incapaz de presentar cargos contra Sturchak es por c&#243;mo funciona la mafia de Odesa. Opera de un modo totalmente distinto al de la mafia italiana. Est&#225; organizada en c&#233;lulas dirigidas por un Pakhan o jefe. Cada c&#233;lula est&#225; integrada por cuatro grupos que operan por separado. Nadie tiene contacto directo con el Pakhan, que los controla a trav&#233;s de un general. A esto hay que a&#241;adir que tiene la costumbre de reclutar equipos de sicarios que puede que ni siquiera sean de origen ruso o ucraniano y que hacen un trabajo, cobran, y no tienen ni idea de para qui&#233;n han trabajado realmente. As&#237; que las probabilidades que tiene el FBI de llegar hasta Sturchak son pr&#225;cticamente nulas.

&#191;Por eso tienen tanto inter&#233;s en saber si hemos encontrado algo que lo relacione directamente con actividades criminales?

Exacto. Pero a&#250;n hay m&#225;s. Al parecer, las mafias rusa y ucraniana no hacen muchos negocios de drogas. Andan metidas en chanchullos financieros y de alta tecnolog&#237;a, pero su actividad principal son las transferencias financieras ilegales: montar negocios de importaci&#243;n-exportaci&#243;n falsos para blanquear el dinero que recaudan con sus actividades mafiosas en Rusia y Ucrania hacia y desde Estados Unidos, normalmente v&#237;a bancos europeos o inversiones en negocios inmobiliarios.

Como &#233;stos de aqu&#237; en Hamburgo. -Fabel se permiti&#243; un instante de satisfacci&#243;n. Las piezas empezaban a encajar en una esquina del rompecabezas. Puede que s&#243;lo fueran los Eitel, pero al menos exist&#237;a la posibilidad de encerrar a alguien por su participaci&#243;n en todo aquel caos. Se puso de pie de repente y con decisi&#243;n, agarrando con fuerza la hoja de rastreo de las cuentas y la clave que la acompa&#241;aba.

Vamos a hablar con nuestros compa&#241;eros de delitos econ&#243;micos y empresariales.


S&#225;bado, 21 de junio. 13:30 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Markmann vest&#237;a acorde a su cargo: era m&#225;s contable que polic&#237;a. Era un hombre bajito y pulcro cuyo traje azul inmaculado parec&#237;a buscar unos hombros m&#225;s robustos en los que asentarse. Estrech&#243; la mano de Fabel con exagerada firmeza.

He repasado los detalles de las cuentas que me ha suministrado, Herr Fabel. -Markmann ceceaba un poco-. No hay duda de que plantean cuestiones suficientes como para conseguir una orden de incautaci&#243;n de los archivos de todas las empresas y todos los individuos principales implicados. Sin embargo, no creo que podamos retener a los Eitel mucho m&#225;s tiempo sin, como m&#237;nimo, comenzar a hablar de una acusaci&#243;n espec&#237;fica. Empiezan a intensificar las presiones, o mejor dicho, su equipo de caros abogados empieza a ganarse la minuta. A menos que tenga algo

Fabel sonri&#243;.

S&#243;lo una sospecha y un farol. Veamos al menos si puedo picarles un poco. Primero lo intentaremos con el padre.


La escena era la que cab&#237;a esperar en una sala de interrogatorios. Cuatro hombres, dos a cada lado de la mesa. Un hombre de pie, con los brazos extendidos y apoyados sobre la mesa, miraba al que ten&#237;a delante, quien, a su vez, con aire de desaf&#237;o, intentaba transmitir que no le intimidaba el acoso del otro. Sin embargo, hab&#237;a algo que no encajaba en la imagen. Eran los polic&#237;as que estaban sentados a la sombra de Wolfgang Eitel. Fabel advirti&#243; que a lo largo de toda la entrevista, la balanza psicol&#243;gica se hab&#237;a ido inclinando lenta, h&#225;bil y decididamente a favor de Eitel. Se dio cuenta de que ten&#237;a que dar un golpecito r&#225;pido al platillo.

&#161;Si&#233;ntese! -dijo Fabel al entrar en la sala.

Eitel se puso derecho irguiendo toda la longitud considerable de su cuerpo y mir&#243; a Fabel alzando la nariz aguile&#241;a.

Deje ya esa pose aristocr&#225;tica, Eitel. -La voz de Fabel estaba llena de desprecio-. Todos sabemos que es hijo de un campesino b&#225;varo. Es f&#225;cil mirar a la gente por encima del hombro cuando te has pasado media infancia metido entre la mierda de los cerdos. &#161;He dicho que se siente!

A Fabel le sorprendi&#243; que el asesor legal de Eitel fuera Waalkes, el jefe de asuntos jur&#237;dicos del Grupo Eitel. El abogado se enfureci&#243; y se puso en pie de un salto.

Usted no puede No puede -Las palabras se le encallaron por la indignaci&#243;n-. Esto es intolerable. No voy a permitir que le hable as&#237; a mi cliente. Es insultante

Eitel sonri&#243; de manera c&#243;mplice y le indic&#243; a Waalkes que se sentara, y &#233;ste le obedeci&#243;. Fue como ver a un pastor dirigiendo en silencio a su perro.

No pasa nada, Wilfried. Creo que Herr Fabel intenta alterarnos a prop&#243;sito.

Dichas estas palabras, Eitel volvi&#243; a ocupar su asiento. Markmann indic&#243; con un movimiento de cabeza a los dos agentes que llevaban el interrogatorio que se marcharan, y &#233;l y Fabel ocuparon su lugar.

Vaya, cambio de equipo -dijo Eitel-. Ahora merezco un interrogador de rango superior.

Lo cual, Herr Fabel -dijo Waalkes-, sugiere que cada vez est&#225; m&#225;s desesperado por encontrar alguna raz&#243;n para seguir acosando a mi cliente. -Otro gesto de la mano de Eitel silenci&#243; una vez m&#225;s a Waalkes.

No me dejo intimidar con facilidad -dijo Eitel, echando de nuevo la cabeza hacia atr&#225;s y sacando todo el provecho de su mayor estatura, incluso sentado-. Cuando acab&#243; la guerra, todos probaron sus t&#233;cnicas. Los norteamericanos eran groseros y directos: tambi&#233;n recurr&#237;an mucho al insulto y la amenaza. Los brit&#225;nicos eran en general m&#225;s sutiles y profesionales: indefectiblemente corteses, pero infatigables e implacables. Hac&#237;an que te sintieras respetado, incluso admirado, mientras intentaban que les dieras lo suficiente para colgarte. Como puede ver, Fabel, ninguno lo consigui&#243;.

Pareci&#243; como si Fabel no hubiera o&#237;do nada de lo que hab&#237;a dicho Eitel. Levant&#243; el tel&#233;fono y marc&#243; el n&#250;mero de extensi&#243;n de Maria. Cuando &#233;sta contest&#243;, le pidi&#243; que le llevara los archivos del FBI y dem&#225;s a la sala de interrogatorios. Luego se qued&#243; sentado en silencio. Waalkes abri&#243; la boca para protestar.

C&#225;llese -dijo Fabel, con tranquilidad y sin ira.

Ya est&#225; -dijo Waalkes, y volvi&#243; a ponerse de pie-. Nos vamos.

&#161;Si&#233;ntate! -ladr&#243; Eitel-. &#191;Es que no ves que Herr Fabel intenta provocar alguna clase de incidente?

Cuando Maria lleg&#243; con los archivos, el ambiente en la sala silenciosa estaba cargado de electricidad.

Maria -dijo Fabel en tono alegre-, &#191;por qu&#233; no te unes a nosotros?

Maria acerc&#243; una silla que estaba junto a la puerta y la coloc&#243; al final de la mesa de interrogatorios. Eso supon&#237;a una invasi&#243;n del territorio neutral que hizo que Waalkes chasqueara la lengua y ladeara la silla un poco hacia Eitel. Fabel vio que el hecho de que Waalkes cediera un cent&#237;metro de terreno enfurec&#237;a a su cliente.

&#191;Podemos empezar ya? -dijo Waalkes-. &#191;O quiere invitar al resto de su departamento?

Fabel no le hizo caso. Le cogi&#243; la carpeta a Maria, la abri&#243; y habl&#243; sin alzar la vista.

Herr Eitel, hace usted negocios con la mafia de Odesa, como la llaman nuestros amigos norteamericanos, &#191;verdad?

Waalkes fue a hablar. Eitel hizo otro movimiento con la mano.

No tengo ning&#250;n contacto con ning&#250;n tipo de mafia, Herr Fabel. -Su voz era tranquila y serena, pero ten&#237;a un tono amenazador-. Y le sugiero que tenga un poco m&#225;s de cuidado con sus acusaciones.

&#191;Tiene usted negocios con John Sturchak?

Pues s&#237;, los tengo, igual que los ten&#237;a con su padre, de lo cual estoy muy orgulloso.

Fabel levant&#243; la vista del expediente.

Pero Sturchak es una especie de padrino, una especie de jefe -Fingi&#243; esforzarse por recordar la palabra.

Pakhan -dijo Maria, sin dejar de mirar a Eitel.

S&#237;; una especie de Pakhan importante. &#191;No es as&#237;? Alguien que se dedica al fraude, a clonar tel&#233;fonos m&#243;viles, a la prostituci&#243;n y al tr&#225;fico de drogas

La mirada de Eitel se endureci&#243; y en su voz apareci&#243; ahora un tono g&#233;lido.

Eso es una calumnia. Es una calumnia injustificada, infundada, difamatoria y no contrastada contra un hombre de negocios respetable.

Fabel sonri&#243;. Hab&#237;a conseguido su objetivo: sacar de quicio n Eitel.

Venga ya. John Sturchak s&#243;lo es un estafador ruso, igual que su padre.

A Eitel se le encendieron las mejillas; el fuego le subi&#243; hasta las sienes.

Roman Sturchak fue un soldado valiente y un genio militar. Y un verdadero patriota ucraniano, a&#241;adir&#237;a. No voy a permitir que alguien -Eitel adopt&#243; un aire despectivo: el tipo de cara que pone alguien cuando aparta algo nocivo y maloliente de su cuerpo- que alguien como usted le difame.

Fabel se encogi&#243; de hombros con tanta indiferencia como pudo.

Venga ya. Roman Struchak era un mercenario de los nazis. Mat&#243; a sus propios compatriotas a instancias de una panda de g&#225;nsteres de Berl&#237;n.

Era como si Eitel estuviera agarr&#225;ndose a una cuerda, intentando refrenar airadamente la ira que crec&#237;a en su interior.

Roman Sturchak luch&#243; por su pa&#237;s. Lo &#250;nico que le preocupaba era liberar Ucrania de Stalin y sus secuaces. Era un guerrero de la libertad y un hombre mejor de lo que usted pueda so&#241;ar ser alg&#250;n d&#237;a.

&#191;En serio? &#191;Y c&#243;mo mide esa calidad? &#191;Por el n&#250;mero de compatriotas a los que asesin&#243;? &#191;O por la cantidad de dinero sucio que ha amasado en Estados Unidos gracias al fraude y la corrupci&#243;n? No, tiene raz&#243;n. Creo que nunca podr&#233; aspirar a ser un Roman Sturchak.

Eitel comenz&#243; a levantarse de su asiento. Fue entonces cuando Waalkes empez&#243; a ganarse el sueldo.

Herr Fabel, lo &#250;nico que est&#225; consiguiendo es enfadar a mi cliente. No voy permitir este acoso ni un segundo m&#225;s. A menos que tenga preguntas espec&#237;ficas relacionadas con irregularidades financieras, doy por terminado el interrogatorio.

Creo que su cliente est&#225; blanqueando dinero para las mafias rusa y ucraniana, seguramente a trav&#233;s de empresas falsas que monta con John Sturchak. -Mientras hablaba, Fabel not&#243; que Markmann se pon&#237;a tenso. Sab&#237;a que estaba mostrando las cartas. Y no llevaba una mano ganadora-. Pero hay otros delitos, m&#225;s graves incluso, que tenemos que tratar.

&#191;Como cu&#225;les? -Eitel hab&#237;a recobrado la compostura.

Fabel vio que el anciano se daba cuenta de que se estaba marcando un farol.

Ya volveremos a eso. Mientras tanto, voy a dejarle en manos de Herr Markmann. -Fabel se puso de pie, y Maria hizo lo mismo-. Volver&#233; dentro de un momento, y hasta entonces se quedar&#225; aqu&#237;.

Al salir, Fabel hizo un gesto con la cabeza a los dos detectives de delitos econ&#243;micos y empresariales, que volvieron a unirse a Markmann en la sala de interrogatorios.

Nos estamos agarrando a un clavo ardiendo, jefe -dijo Maria.

Tienes raz&#243;n -dijo Fabel en tono grave-. Vamos a ver al Eitel n&#250;mero dos.


Esta vez, cuando Fabel entr&#243; en la sala de interrogatorios, lo hizo sin decir nada y ocup&#243; un lugar en la pared del fondo. Maria se coloc&#243; a su lado. La intenci&#243;n era se&#241;alar que era un observador del interrogatorio, no un participante, pero tambi&#233;n inquietar a Norbert Eitel. Despu&#233;s de todo, &#191;por qu&#233; un polic&#237;a de homicidios estar&#237;a interesado en una investigaci&#243;n por fraude?

Otro abogado con otro traje caro estaba sentado junto a Norbert Eitel. Los dos Kommissars de delitos empresariales revisaban una copia de la hoja de transacciones. Al cabo de diez minutos, Fabel se acerc&#243; a uno de los agentes y le susurr&#243; algo al o&#237;do. El polic&#237;a asinti&#243; con la cabeza, y dejaron su sitio a Fabel y Maria.

Gracias, chicos -dijo Fabel-. Ser&#225; s&#243;lo un momento.

Norbert puso cara de sufrida indulgencia cuando Fabel le pregunt&#243; una vez m&#225;s sobre la conexi&#243;n con los Sturchak. Sin embargo, esta vez no logr&#243; provocar en Norbert m&#225;s que una impaciencia irritada.

Esto no nos lleva a ninguna parte -dijo el asesor de Norbert. Y Fabel no pudo evitar estar m&#225;s de acuerdo con &#233;l. No ten&#237;a absolutamente nada sobre el padre o el hijo con lo que poder sacarles informaci&#243;n sobre Vitrenko. Fabel se puso en pie e indic&#243; con un gesto de la cabeza a los dos agentes antifraude que pod&#237;an reanudar su interrogatorio. Fue entonces cuando Norbert Eitel sonri&#243; en se&#241;al de victoria. Olvid&#243; su actitud desinteresada y se levant&#243;, con una mueca de odio y desprecio en el rostro. Clav&#243; en el pecho de Fabel el dedo &#237;ndice de la mano izquierda.

Voy a acabar con usted, Fabel. -Norbert habl&#243; apretando los dientes-. Esto no va a quedar as&#237;. -Volvi&#243; a clavar el dedo en el pecho de Fabel, d&#225;ndole un empuj&#243;n adicional como si apartara de s&#237; algo despreciable. Fabel alz&#243; la mano con rapidez y agarr&#243; la mu&#241;eca de Norbert.

No me toque.

Norbert intent&#243; soltarse, pero Fabel le sujetaba la mano con fuerza. El polic&#237;a baj&#243; la vista y se dispuso a devolverle la mano a Norbert empuj&#225;ndola contra su pecho. Pero en lugar de eso, se qued&#243; paralizado. Fabel se qued&#243; mirando perplejo el pu&#241;o cerrado de Norbert, y &#233;ste intent&#243; zafarse de nuevo. Y de nuevo, s&#243;lo se movi&#243; de un lado a otro como si estuvieran echando un minipulso. Fabel agarr&#243; con m&#225;s fuerza la mu&#241;eca de Norbert, y el pu&#241;o se volvi&#243; rojo intenso. Levant&#243; la vista del pu&#241;o y mir&#243; a Norbert a los ojos. Sonri&#243; con frialdad y malevolencia.

Le tengo -dijo Fabel, y su voz destilaba un triunfo sereno y amargo-. Ya le tengo.

Los ojos de Norbert Eitel examinaron el rostro de Fabel para entender qu&#233; quer&#237;a decir. Fabel se permiti&#243; mirar otra vez. All&#237; estaba, en el dorso de la mano izquierda de Norbert Eitel. Una cicatriz. O m&#225;s bien dos cicatrices que se cruzaban para formar el dibujo de una espoleta ligeramente deformada. Como hab&#237;a descrito Michaela Palmer.


Fabel consigui&#243; borrar la sonrisa de sus labios antes de abrir la puerta de la sala de interrogatorios n&#250;mero uno. No entr&#243;; s&#243;lo se asom&#243;. Wolfgang Eitel, Waalkes y los dos agentes de delitos empresariales detuvieron su intercambio de palabras y se volvieron hacia la puerta, como sorprendidos por los faros de un veh&#237;culo que se aproximara.

S&#243;lo quer&#237;a hacerle saber que, en lo que a m&#237; respecta, es libre de marcharse cuando estos caballeros acaben su interrogatorio. -Un gesto de triunfo fr&#237;o y malicioso ilumin&#243; el rostro de Wolfgang Eitel. Fabel se dispuso a marcharse, pero entonces se detuvo en seco y volvi&#243; a asomarse, como si acabara de ocurr&#237;rsele de repente un detalle secundario-. Ah, por cierto, su hijo Norbert est&#225; acusado de violaci&#243;n e intento de asesinato y es sospechoso de complicidad en un asesinato.

Fabel cerr&#243; la puerta y permiti&#243; que la sonrisa regresara a sus labios mientras o&#237;a el estallido de voces en la sala de interrogatorios.

Hab&#237;a recorrido medio pasillo cuando Paul Lindemann se le acerc&#243; corriendo.

Jefe, acabo de hablar con Werner por tel&#233;fono. Quiere que vayas a Harburg. Ha encontrado a Hansi Kraus. Muerto.


S&#225;bado, 21 de junio. 15:30 h


Harburg (Hamburgo)


A lo largo de sus veinte a&#241;os como polic&#237;a, la mayor&#237;a de los cuales hab&#237;an sido en la Mordkommission, Fabel hab&#237;a visitado muchas escenas de muerte. Era algo a lo que uno se acostumbraba o no. &#201;l nunca se hab&#237;a habituado a familiarizarse con la muerte. Cada escena nueva dejaba su propia cicatriz diminuta en alg&#250;n lugar muy dentro de &#233;l. A diferencia de sus compa&#241;eros, jam&#225;s hab&#237;a sido capaz de separar la humanidad del cad&#225;ver; el esp&#237;ritu, de la carne.

La variedad de disfraces de la muerte es muy imaginativa. Cada uno encierra su propia repugnancia, y Fabel los hab&#237;a visto casi todos. Estaban los horrendos: el cuerpo sacado del Elba despu&#233;s de pasar un mes entre anguilas, o el retablo sangriento que este &#250;ltimo asesino dise&#241;aba para &#233;l. Estaban los extra&#241;os: los juegos sexuales que acababan mal, o la elecci&#243;n ins&#243;lita del arma homicida. Estaban los surrealistas: el traficante de drogas a quien pegaban un tiro en la nuca mientras com&#237;a en la mesa de la cocina y que, una vez muerto, segu&#237;a sentado muy erguido, con el tenedor a&#250;n en la mano apoyada sobre la mesa, como si descansara entre bocado y bocado, y con el plato salpicado de fragmentos de hueso, cerebro y de sangre. Luego estaban los pat&#233;ticos: aquellos en los que las v&#237;ctimas hab&#237;an intentado huir de una muerte inevitable escondi&#233;ndose tras una cortina o debajo de la cama en un intento desesperado por ocultarse de sus asesinos; con el cuerpo en posici&#243;n fetal, abraz&#225;ndose y empeque&#241;eci&#233;ndose.

El fallecimiento de Hansi Kraus estaba a medio camino entre lo pat&#233;tico y lo s&#243;rdido. La habitaci&#243;n peque&#241;a y mugrienta en la que hab&#237;a dejado este mundo no pod&#237;a ser m&#225;s desagradable. La pintura, las paredes, todas las superficies del cuarto e incluso la solitaria bombilla que colgaba tristemente del techo estaban cubiertas de polvo grasiento. A pesar de que Werner hab&#237;a abierto la &#250;nica ventana del cuarto, un hedor viciado flotaba en el aire como un esp&#237;ritu maligno que se resistiera a un exorcismo.

Hansi, que ya no pod&#237;a sentir ni fr&#237;o ni calor, yac&#237;a con el grueso abrigo medio tap&#225;ndole las piernas. Ten&#237;a los ojos abiertos, los globos oculares hundidos en las cuencas de su cara de calavera. Fabel pens&#243; con amargura que la descomposici&#243;n hab&#237;a comenzado por la cabeza, gracias a que Hansi hab&#237;a participado activamente en reducir su cuerpo a un esqueleto. Ten&#237;a subida hasta la mitad del magro b&#237;ceps izquierdo la manga de una camisa que en su d&#237;a tuvo alg&#250;n dise&#241;o. A&#250;n ten&#237;a atada, aunque floja, una goma a modo de torniquete justo por encima del codo, y se ve&#237;a una punci&#243;n reciente en el antebrazo, perceptible entre otras marcas horribles, el mapa de una d&#233;cada de viajes por una fuerte adicci&#243;n. En la fl&#225;cida mano derecha, Hansi sosten&#237;a una jeringuilla vac&#237;a.

Buen intento, pens&#243; Fabel. Inspeccion&#243; la s&#243;rdida escena. Muy buen intento. Era un asesinato disfrazado de muerte por sobredosis que pasar&#237;a a engrosar las estad&#237;sticas r&#225;pidamente y sin hacer ruido. Era la clase de muerte an&#243;nima y nada sorprendente que recibir&#237;a un tratamiento oficial rutinario por parte de la polic&#237;a: otro yonqui que al final lograba matarse con una sobredosis. S&#243;lo que este yonqui ten&#237;a una historia que contar y alguien le hab&#237;a silenciado antes de que pudiera hacerlo.

&#191;Ya has avisado a la polic&#237;a local?

Werner neg&#243; con la cabeza.

Primero quer&#237;a que lo vieras. Muy oportuno, &#191;verdad?

Y una coincidencia enorme. Quiero que se encargue el equipo de Holger Brauner. Informa a la Polizeidirektion local, pero diles que lo estamos tratando como posible asesinato. -Fabel volvi&#243; a mirar a Hansi. De nuevo, no pudo evitar ver m&#225;s all&#225; del cad&#225;ver, del yonqui, al hijo de alguien, a una persona que un d&#237;a debi&#243; de tener sue&#241;os, esperanzas y ambiciones.

&#191;Dijiste que te pareci&#243; que Hansi de repente se pon&#237;a nervioso en el Pr&#228;sidium, en la cafeter&#237;a? -le pregunt&#243; a Werner.

S&#237;. Pens&#233; que era muy extra&#241;o que de repente pareciera inc&#243;modo y tuviera tantas ganas de marcharse.

Y yo te dije que seguramente lo que le pasaba es que ten&#237;a que meterse ya el siguiente pico. Pero &#191;y si no fue eso? &#191;Y si, despu&#233;s de ense&#241;arle una foto y otra y otra, vio a los dos asesinos justo all&#237;, en el Pr&#225;sidium?

Al principio se encontraba bien Hab&#237;a algunos polic&#237;as de uniforme en la cafeter&#237;a, algunos de la Kriminalpolizei: la mezcla habitual. No empez&#243; a ponerse nervioso hasta que nos sentamos a la mesa. De hecho, llev&#225;bamos un rato sentados cuando comenz&#243; a -El rostro de Werner se qued&#243; sin expresi&#243;n, y sus ojos se movieron como si estuviera viendo reproducidas las im&#225;genes del recuerdo-. &#161;Eso es! -Entonces, el brillo repentino que hab&#237;a asomado a su mirada se apag&#243; con la misma rapidez. Mir&#243; a Fabel muy serio-. Mierda


S&#225;bado, 21 de junio. 17:30 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


En cuanto regresaron de la miseria de la casa abandonada de Hansi Kraus, Fabel y Werner fueron directos al despacho de Van Heiden. Mientras los acompa&#241;aban, a Fabel le pareci&#243; que a&#250;n pod&#237;a oler el hedor a moho y suciedad que impregnaba el aire, como si &#233;ste hubiera penetrado parcialmente en el tejido de su chaqueta. Sinti&#243; la necesidad, casi una obsesi&#243;n compulsiva, de irse a casa a ducharse y cambiarse de ropa.

Era evidente que Van Heiden no estaba de humor para ch&#225;charas.

&#191;Est&#225;s seguro, Fabel? -El Kriminaldirektor hizo la pregunta casi sin esperar a que las puertas del despacho se cerraran. Volker, que ya estaba sentado frente a la mesa de Van Heiden, no se levant&#243; de su silla, pero salud&#243; a Fabel con la cabeza cuando &#233;l y Werner entraron. Fabel vio que hab&#237;a dos carpetas rojas (expedientes laborales) sobre la mesa-. Es una acusaci&#243;n muy grave

No, Herr Kriminaldirektor, no estoy seguro. En realidad, lo &#250;nico que tenemos es un pu&#241;ado de hechos de los que podemos estar razonablemente seguros -Fabel y Werner estaban ahora delante de la ancha mesa de Van Heiden. &#201;ste les indic&#243; que ocuparan las dos sillas vac&#237;as que hab&#237;a junto a Volker. Los dos se sentaron, y Fabel continu&#243;-: Seg&#250;n la informaci&#243;n que tiene Herr Volker, hay alguien dentro de la polic&#237;a de Hamburgo que vende informaci&#243;n a esta banda ucraniana nueva y, por lo que sabemos, a otras organizaciones criminales. Sea quien sea el responsable de esta filtraci&#243;n, &#233;l, ella o ellos tienen motivos para matar a cualquiera que pueda identificarlos. El Oberst Volker cree que descubrieron que Klugmann era un agente federal secreto y que o bien lo desenmascararon ante los ucranianos o bien lo mataron ellos mismos.

Y parece que saben c&#243;mo lavar sus trapos sucios -agreg&#243; Werner-. Hansi Kraus nos dijo que los asesinos que vio eran alemanes, no extranjeros. Y disfrutaron con su trabajo. Seg&#250;n el pat&#243;logo forense, los muy cabrones torturaron a Klugmann antes de matarlo. Y, por supuesto, dejaron all&#237; la autom&#225;tica de fabricaci&#243;n ucraniana que encontr&#243; Hansi para despistarnos.

Fabel sigui&#243; con la historia.

Y cuando trajimos a Kraus aqu&#237; para ense&#241;arle fotos del archivo policial, Werner lo llev&#243; a la cafeter&#237;a, donde vio algo o a alguien que le asust&#243; tanto que sali&#243; pitando. Y lo siguiente que sabemos es que encontramos a Kraus muerto en su guarida de una sobredosis perfectamente orquestada.

Van Heiden escuch&#243; todo el tiempo con expresi&#243;n adusta.

Fabel hab&#237;a advertido que Volker no hab&#237;a centrado su atenci&#243;n en lo que dec&#237;a Fabel, sino en la reacci&#243;n de Van Heiden a lo que le contaban.

De acuerdo. Las pruebas apuntan a que hay polic&#237;as corruptos. Pero &#191;qu&#233; pruebas tenemos contra estos dos agentes en particular? -dijo Van Heiden, y cogi&#243; las carpetas rojas con los expedientes laborales y las lanz&#243; por la mesa para que acabaran justo delante de Fabel.

No tenemos pruebas objetivas s&#243;lidas todav&#237;a, Herr Kriminaldirektor -respondi&#243; Fabel-. Pero las descripciones f&#237;sicas que nos dio Hansi coinciden perfectamente. Y a&#250;n hay m&#225;s -Fabel abri&#243; la primera carpeta y clav&#243; un dedo en la fotograf&#237;a en la esquina superior derecha de la primera p&#225;gina-. Cuando estuve en su despacho, vi que ten&#237;a varios trofeos de boxeo, y que uno era de un combate j&#250;nior de pesos semipesados de Hamburgo-Harburg. Es donde se cri&#243;. Hansi Kraus mencion&#243; que el mayor de los dos ejecutores se quej&#243; de que la zona en la que creci&#243; estaba hecha un asco. -Fabel abri&#243; la segunda carpeta-. Kraus tambi&#233;n dijo que el segundo hombre, el joven, el que apret&#243; el gatillo, ten&#237;a pinta de forzudo. No se me ocurre una descripci&#243;n mejor para este t&#237;o.

Parecen pruebas muy endebles y circunstanciales -dijo Van Heiden.

Lo son hasta que obtengas pruebas s&#243;lidas contra ellos -dijo Fabel-. Hemos iniciado un examen forense completo de la escena del crimen. La polic&#237;a local sabe que lo estamos tratando como un asesinato, y estoy seguro de que ya ha llegado a o&#237;dos de nuestros amigos; pero la prueba subjetiva m&#225;s convincente es la reacci&#243;n de Kraus en la cafeter&#237;a del Pr&#228;sidium. -Fabel mir&#243; a Werner.

He intentado establecer con exactitud el momento en que Hansi comenz&#243; a ponerse nervioso -dijo Werner-. Entonces me acord&#233; de que estos dos -se&#241;al&#243; las carpetas- entraron y se sentaron no muy lejos de donde est&#225;bamos nosotros. Fue entonces cuando Kraus empez&#243; a comportarse como si le hubieran metido un hilo conductor por el culo. Incluso me pregunt&#243; qui&#233;n era el fortach&#243;n musculoso. Y se lo dije.

Me ha preguntado si estaba seguro. Bueno, estoy seguro de que son nuestros hombres. -Fabel se&#241;al&#243; con la cabeza las carpetas abiertas, las dos caras que miraban inexpresivas a sus acusadores desde las ventanas de sus fotograf&#237;as-. Est&#225;n en la posici&#243;n adecuada para vender informaci&#243;n valios&#237;sima; ocupan un alto cargo y est&#225;n en el departamento adecuado. -Clav&#243; una mirada sincera en Van Heiden-. &#191;Estoy seguro de poder probarlo? No. Que podamos conseguir o no las pruebas suficientes para condenarlos ya es otra cuesti&#243;n.

Hubo otro silencio mientras todos miraban las fotograf&#237;as del Kriminalhauptkommissar Manfred Buchholz y del Kriminalkommissar Lothar Kolski de la divisi&#243;n de crimen organizado.


S&#225;bado, 21 de junio. 20:00 h


Speicherstadt (Hamburgo)


Como hab&#237;a hecho el d&#237;a anterior, Fabel aparc&#243; en la Deichstrasse y entr&#243; a pie en el Speicherstadt. Otra vez, las enormes siluetas de los almacenes se recortaban en un cielo crepuscular; sus ladrillos rojos parec&#237;an tizones moribundos en la luz agonizante. Fabel volvi&#243; sobre sus pasos hasta el antiguo almac&#233;n de Klimenko y abri&#243; la pesada puerta de un empuj&#243;n. Estaba m&#225;s oscuro que la &#250;ltima vez que entr&#243;, y parec&#237;a que las entra&#241;as del edificio hab&#237;an engullido la negra noche; cualquier atisbo de luz que pudiera filtrarse por alguna ventana lejana o de la puerta era arrastrado al olvido. Fabel se maldijo por no haber tra&#237;do una linterna. Sab&#237;a que hab&#237;a fluorescentes repartidos por todo el almac&#233;n y que colgaban como trapecios del alto techo; los ucranianos los hab&#237;an encendido despu&#233;s de su encuentro para que Mahmoot y &#233;l pudieran encontrar la salida. Pero el interruptor estaba en alg&#250;n rinc&#243;n del despacho, y aunque supon&#237;a que deb&#237;a de haber uno cerca de la puerta, no ten&#237;a ni idea de en d&#243;nde.

&#161;Comandante Vitrenko!

Su voz reson&#243; contra las paredes antes de ser devorada por la oscuridad. Mascull&#243; una palabrota antes de gritar una vez m&#225;s:

&#161;Vitrenko!

A pesar de su irritaci&#243;n, Fabel se percat&#243; inevitablemente de la iron&#237;a que implicaba la exclamaci&#243;n de aquel nombre. Era pr&#225;cticamente una analog&#237;a de su investigaci&#243;n: persegu&#237;a a un espectro monstruoso en las tinieblas. No hubo respuesta. Fabel fij&#243; la mirada en el interior del almac&#233;n y entrecerr&#243; los ojos, inclin&#225;ndose hacia delante, como si as&#237; pudiera distinguir algo en la penumbra. Crey&#243; ver una d&#233;bil luz rectangular en las profundidades de la oscuridad. De memoria, le pareci&#243; que la luz podr&#237;a venir de una de las estrechas ventanas del despacho. Grit&#243; su nombre una vez m&#225;s. Silencio. Algo no iba bien. Mir&#243; la esfera iluminada de su reloj. Eran m&#225;s de las ocho, y sab&#237;a que un hombre tan acostumbrado a la disciplina y a la precisi&#243;n militar como el ucraniano no llegar&#237;a tarde. Busc&#243; por la chaqueta y desenfund&#243; la Walther. Se maldijo por su falta de previsi&#243;n: no pens&#243; que hubiera ning&#250;n peligro en quedar de nuevo con el ucraniano. Nadie sab&#237;a que Fabel estaba all&#237;. Estaba solo. Alarg&#243; el brazo, peg&#243; la palma de la mano izquierda a la pared y a tientas empez&#243; a buscar el interruptor, pero no lo encontr&#243;.

Un sonido. En alg&#250;n lugar del negro abismo, algo emiti&#243; un ruido tan indefinido e imperceptible que no pudo identificarlo. Se qued&#243; totalmente quieto y apunt&#243; con la pistola en la direcci&#243;n del sonido. Aguz&#243; el o&#237;do. Nada. Fij&#243; la mirada en aquella d&#233;bil luz de la ventana y fue avanzando hacia ella. Al cambiar de vez en cuando su posici&#243;n hacia un lado, podr&#237;a identificar el lugar donde estaban las columnas, y entonces, al llegar a una, podr&#237;a tantear con la mano para buscar el interruptor de la luz.

Lo escuch&#243; otra vez. Un gemido. Quiz&#225; una voz ahogada.

&#191;Vitrenko?

Lo llam&#243; de nuevo, pero esta vez hab&#237;a un deje de duda en su voz, como si no estuviera seguro de que Vitrenko, padre o hijo, fuera a responder. La respuesta lleg&#243; en forma de llanto d&#233;bil y ahogado, como de alguien que est&#225; amordazado. Bruscamente, Fabel gir&#243; la cabeza en la direcci&#243;n del sonido. Aguz&#243; el o&#237;do todo lo que pudo, pero en aquel silencio tan solo pod&#237;a o&#237;r el martilleo sordo de su propio pulso. Sujet&#243; el arma con fuerza, consciente de que ten&#237;a las palmas de las manos, y tambi&#233;n la cara, empapadas de sudor.

Ahora estaba cerca del despacho. Supuso que las escaleras se encontraban a tan s&#243;lo unos pasos. Lleg&#243; a otra columna y extendi&#243; la mano que ten&#237;a libre. Not&#243; el relieve del conducto de cables que bajaba por el pilar. Desliz&#243; la mano y encontr&#243; la caja cuadrada del interruptor. En silencio, Fabel respir&#243; hondo y despacio; retrocedi&#243; y se alej&#243; de la columna, alargando los brazos y con los dedos de la mano izquierda a&#250;n en el interruptor. De nuevo, afloj&#243; y volvi&#243; a sujetar con fuerza la pistola, y se prepar&#243; para disparar a lo que fuera que estaba al acecho cuando encendiera las luces.

Fabel puls&#243; el interruptor, y una docena de fluorescentes dispuestos en filas empezaron a parpadear, como si fueran reacios a encenderse, e iluminaron una escena infernal.

La chica de cabellos dorados, que hab&#237;a estado tan llena de vida y energ&#237;a, estaba ahora muerta, clavada a la pared del despacho. Su cuerpo desnudo y mutilado, y los pulmones arrancados de su cavidad, hab&#237;an sido clavados como los de las v&#237;ctimas que hab&#237;a visto en las fotograf&#237;as tomadas hac&#237;a dos d&#233;cadas en un pa&#237;s lejano. La sangre y las v&#237;sceras resplandec&#237;an como si fueran pintura reciente salpicada en la pared del gran despacho. Al perder la vida, la muchacha hab&#237;a perdido toda su humanidad. Fabel se esforz&#243; en ver a la persona que hab&#237;a sido antes, en lugar de dejarse llevar por la impresi&#243;n de que tan s&#243;lo era el cad&#225;ver retorcido y grotesco de un p&#225;jaro con cabeza de mujer. Apart&#243; ese pensamiento, pues eso era exactamente lo que el asesino hab&#237;a querido suscitar. Luch&#243; por recobrar el aliento y se tambale&#243; hacia atr&#225;s, apoy&#225;ndose contra una columna. Desesperadamente, intent&#243; no mirar, pero no pod&#237;a apartar los ojos del cuadro macabro que ten&#237;a delante.

De nuevo, Fabel escuch&#243; un gemido d&#233;bil y ahogado. Como si fuera un son&#225;mbulo que se despierta de repente, se volvi&#243;, pistola en mano, hacia donde proven&#237;a el sonido. El viejo ucraniano estaba de pie apoyado en la columna, de cara al horror de la pared del despacho. Estaba fuertemente atado con un alambre, cuyo lazo pasaba por encima y por detr&#225;s de su cabeza, para luego bajar y ajustarse con firmeza debajo de la mand&#237;bula.

El alambre le hab&#237;a producido cortes profundos en la carne, y ten&#237;a la camiseta empapada de sangre roja, ennegrecida. Ten&#237;a la boca sellada con una cinta adhesiva ancha. Fabel advirti&#243; que el eslavo a&#250;n estaba vivo y que sus ojos delirantes lo miraban. Se dio cuenta de algo que le revolvi&#243; el est&#243;mago: Vitrenko hab&#237;a obligado a su propio padre a mirar. Hab&#237;a repetido su misma historia y hab&#237;a obligado al pobre infeliz a presenciar c&#243;mo arrancaba los pulmones a&#250;n palpitantes del cuerpo de la chica. Se abalanz&#243; hacia &#233;l y le agarr&#243; la cabeza con las manos. Esa mirada verde del eslavo se clavaba en la de Fabel con intensidad. Intentaba decirle algo.

Espere, espere -dijo Fabel, examinando aquel enredo de alambres mortal, sin saber tan siquiera por d&#243;nde empezar a desatar al eslavo antes de que se desangrara-. Lo sacar&#233; de aqu&#237;.

El ucraniano sacudi&#243; la cabeza violentamente, haciendo que el alambre se le introdujera a&#250;n m&#225;s en la piel, y, bajo la cinta, emiti&#243; algo parecido a un grito. Fabel, sorprendido, se ech&#243; hacia atr&#225;s.

Por el amor de dios, no se mueva -Enfund&#243; el arma y empez&#243; a despegarle la cinta de la boca. El ucraniano reaccion&#243; otra vez con violencia, inclinando bruscamente la cabeza hacia un lado y hacia abajo. Fabel sigui&#243; la direcci&#243;n de sus ojos verdes.

Entonces lo vio.

Al lado de los tobillos del viejo, atado a la columna con una correa, hab&#237;a un disco grueso de metal que reconoci&#243; como una especie de carga antitanque. Sujetado a la mina con una abrazadera, se encontraba un mecanismo el&#233;ctrico negro del tama&#241;o de un pu&#241;o, con una luz verde que parpadeaba. El miedo sobrecogi&#243; a Fabel al darse cuenta de que los dos cables gruesos que sal&#237;an del mecanismo eran los mismos que ataban al ucraniano a la columna. Todo su cuerpo estaba listo para hacer explosi&#243;n. Y la luz verde que centelleaba indicaba la presencia de alg&#250;n temporizador. Una vez m&#225;s, el hombre atado empez&#243; a hacer gestos insistentes con la cabeza y los ojos, como si quisiera empujarlo hacia la puerta del almac&#233;n.

Fabel apenas pod&#237;a hablar.

No puedo No puedo dejarlo aqu&#237;

Algo parecido a la calma se asom&#243; a los ojos verdes del ucraniano, y junto a ella, una resignaci&#243;n convencida y silenciosa. Cerr&#243; los ojos e hizo un ligero movimiento con la cabeza, un gesto de liberaci&#243;n: liberaba a Fabel de toda obligaci&#243;n, de la muerte; y &#233;l mismo se liberaba de una vida turbulenta.

Pedir&#233; ayuda -dijo Fabel, aunque ambos sab&#237;an que ya no hab&#237;a remedio para el ucraniano. Retrocedi&#243;, sin apartar los ojos de los del eslavo, y acto seguido se dio la vuelta y aliger&#243; el paso hasta que ech&#243; a correr, cruzando r&#225;pidamente la gran extensi&#243;n vac&#237;a hacia la puerta, hacia la vida.

Fabel sali&#243; despedido a la acera, al exterior del edificio, con tanta fuerza que habr&#237;a ca&#237;do de cabeza al canal de no haber sido por la valla contra la que se estrell&#243;. Sus pies resbalaron y rozaron el adoqu&#237;n mientras corr&#237;a hacia el almac&#233;n de al lado. Se sent&#243; en el suelo, con la espalda pegada a la pared enladrillada, preparado para lo que sab&#237;a que iba a suceder. Y sucedi&#243;.

Oy&#243; un estruendo ensordecedor desde el interior del almac&#233;n, como si un pu&#241;o gigante hubiera golpeado el edificio, y sinti&#243; la onda expansiva a trav&#233;s de la pared y el suelo bajo sus pies. La explosi&#243;n arranc&#243; del marco la pesada puerta del almac&#233;n, y las ventanas del segundo piso estallaron lanzando una lluvia de part&#237;culas centelleantes. Fabel se ech&#243; al suelo, se cubri&#243; la cabeza con los brazos y se llev&#243; las rodillas al pecho, adoptando una postura fetal. Una llamarada ondulante blanca y roja irrumpi&#243; brillante a trav&#233;s de la puerta y de las ventanas hechas a&#241;icos y volvi&#243; despu&#233;s al interior, como si fuera una bestia salvaje que, gru&#241;endo, vuelve a su guarida. El aire estaba cargado del polvo asfixiante de los ladrillos, del humo y de la mugre. Despu&#233;s de la inusitada violencia de la explosi&#243;n, parec&#237;a como si el mundo se hubiera callado y paralizado de repente. Entonces, las alarmas de todos los almacenes contiguos empezaron a sonar o a zumbar en se&#241;al de emergencia leve. Fabel se apart&#243; y se qued&#243; sentado durante lo que le pareci&#243; una eternidad. Cerr&#243; los ojos con fuerza, pero no logr&#243; apagar el fuego de los ojos verdes del anciano que ard&#237;a en su mente. Los ojos de aquel hombre cuya mirada se hab&#237;a clavado en la de Fabel a medida que la presi&#243;n alrededor de su cuello hac&#237;a que perdiera el conocimiento en casa de Angelika Bl&#252;m. Los mismos ojos verdes que hab&#237;an liberado a Fabel de toda obligaci&#243;n de quedarse con &#233;l. Los mismos ojos de padre que, hac&#237;a casi dos d&#233;cadas, hab&#237;an visto el horror de la obra de su propia carne y sangre.

En la distancia, pod&#237;a o&#237;r el zumbido ascendente de las sirenas aproxim&#225;ndose al Speicherstadt. Apoyando las manos contra la pared, Fabel se puso de pie. Le hab&#237;a entrado polvo en la boca y la nariz, y tos&#237;a para poder aclararse la garganta. Segu&#237;a aferrado a la pared, temiendo moverse por si se perd&#237;a entre el remolino de polvo y la oscuridad; cerr&#243; los ojos y vio de nuevo el horror que Vasyl Vitrenko hab&#237;a pintado para &#233;l con carne y sangre en la pared del despacho. Vio al hombre atado a la columna, obligado a contemplar el horror y a escuchar los gritos de una muchacha al ser despedazada ante &#233;l. &#201;sa hab&#237;a sido la obra de arte de Vitrenko. Y Fabel deb&#237;a estar all&#237; para verla. Al pensar eso, cay&#243; en la cuenta de que Vitrenko hab&#237;a querido que Fabel sobreviviera. Lo hab&#237;a preparado y cronometrado todo a la perfecci&#243;n, d&#225;ndole tiempo para que viera su obra de arte, se atormentara in&#250;tilmente pensando en c&#243;mo liberar al viejo de su muerte inevitable y pudiera escapar despu&#233;s. De ese modo, Vitrenko hab&#237;a introducido dos im&#225;genes indelebles en la cabeza de Fabel que lo perseguir&#237;an durante el resto de su vida: la chica mutilada y la resignaci&#243;n del viejo ante la muerte. Y al haber asegurado esas im&#225;genes en su cabeza, &#233;l pod&#237;a reducirlas a la nada: las hab&#237;a borrado de su realidad, coloc&#225;ndolas &#250;nicamente en el archivo de memoria de Fabel.

Se dej&#243; caer hasta quedarse sentado y sinti&#243; que el llanto empezaba a subir por su garganta. Reprimi&#243; el sollozo y apoy&#243; la cabeza contra la pared, esperando a que llegara la ayuda.


S&#225;bado, 21 de junio. 20:30 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


El informe del jefe de bomberos explicaba lo que Fabel ya sab&#237;a: Adem&#225;s de la carga explosiva adherida a la columna, hemos hallado rastros de alg&#250;n tipo de acelerador en el interior o alrededor del despacho; suponemos que era petr&#243;leo. No qued&#243; mucho m&#225;s en el despacho despu&#233;s de la explosi&#243;n, y sea lo que sea que hubiera dentro, prendi&#243; de inmediato. Encontramos abiertos un par de contenedores de cinco litros. De todos modos, destruy&#243; todas las pistas forenses de la escena del crimen.

Apesadumbrado, Fabel le dio las gracias al jefe, y el bombero sali&#243; de la oficina. Entonces hubo un silencio desalentador que Maria intent&#243; llenar.

Holger Brauner y su equipo de forenses est&#225;n all&#237; ahora -dijo Maria-, aunque no ha quedado mucho que recoger.

Fabel habl&#243; sin mirar ni a Maria, ni a Werner, ni a Paul.

Est&#225; jugando con nosotros; conmigo. Quer&#237;a que lo viera y que viviera para contarlo. Eso explica por qu&#233; dej&#243; a esas mujeres colgadas en aquel maldito granero de Afganist&#225;n como si fueran trofeos; quer&#237;a que los dem&#225;s fueran testigos. -Fabel mir&#243; a sus colegas, y, por primera vez, &#233;stos lo vieron perdido e indefenso-. Esto es arte, igual que esos cuadros que Marlies Menzel expone en Bremen.

&#191;Y ahora qu&#233;, jefe? -Werner no le preguntaba: lo dec&#237;a en un tono desafiador.

Pues ahora me voy a casa a darme una ducha. -Fabel ya hab&#237;a tenido bastante muerte por aquel d&#237;a. Ten&#237;a la piel y el pelo cubiertos de polvo y la boca y la garganta irritadas.

Nos vemos en el Pr&#225;sidium sobre las diez.

De acuerdo, jefe. &#191;Quieres que re&#250;na al equipo?

Fabel sonri&#243;. Maria nunca se quejaba, y hac&#237;a todo lo que hiciera falta para terminar el trabajo.

S&#237;, por favor, pero no cuentes con Anna. Le he dado el d&#237;a libre. Creo que la operaci&#243;n MacSwain la ha dejado agotada.

Maria asinti&#243;.

&#191;Podr&#237;as ponerte en contacto con el Krimninaldirektor Van Heiden para confirmar su asistencia a la reuni&#243;n?

S&#237;, jefe.


S&#225;bado, 21 de junio. 21:30 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Lostres mensajes que hab&#237;a en el contestador de Fabel eran como v&#237;nculos con la vida de un mundo que exist&#237;a m&#225;s all&#225; de la violencia y la muerte. El primero era de su hija Gabi. Mientras escuchaba el mensaje, o&#237;a el tintineo que hab&#237;a en su voz desde que empezara a pronunciar sus primeras palabras. Escuchar la voz de Gabi en momentos como aqu&#233;l era como si alguien descorriera las cortinas pesadas y polvorientas de una habitaci&#243;n l&#243;brega y siniestra, inund&#225;ndola de luz. Sin embargo, hoy tan s&#243;lo era una habitaci&#243;n dentro de una mansi&#243;n tenebrosa.

Gabi quer&#237;a recuperar el fin de semana que hab&#237;an podido pasar juntos, qued&#225;ndose el pr&#243;ximo, si a &#233;l le iba bien. Hab&#237;a un concierto al que quer&#237;a ir, de Die Fantastischen Vier. Fabel no pod&#237;a acabar de comprender el concepto de rap -un g&#233;nero musical nacido en los guetos de Nueva York, Chicago y Los Angeles, anclado en una forma particular de ingl&#233;s callejero- cantado en alem&#225;n. Pero eso era cosa de Gabi: uno de los incontables puntos de divergencia cada vez m&#225;s numerosos a medida que los ni&#241;os se hacen mayores y se convierten en una persona independiente de los padres. Suspir&#243; profundamente. No ten&#237;a ninguna certeza de que la presi&#243;n insidiosa que ejerc&#237;a este caso en su vida hubiera disminuido el fin de semana.

El segundo mensaje era de Susanne, que le ped&#237;a que la llamara para decirle c&#243;mo estaba. El tercero era de su hermano, Lex.

Lex era el hermano mayor, pero a menudo Fabel sent&#237;a que el esp&#237;ritu incontrolable, desafiador y juvenil de su hermano le hac&#237;a parecer diez a&#241;os m&#225;s joven. No era el &#250;nico contraste fuerte: Lex era m&#225;s bajo que &#233;l, ten&#237;a el pelo oscuro y un sentido del humor celta y mordaz que le hac&#237;a fruncir tanto la piel de alrededor de los ojos que se le hab&#237;an quedado unas arrugas permanentes. Lex era propietario de un hotel restaurante en Sylt, una de las islas frisias del norte que en su d&#237;a s&#243;lo fue conocida por la pesca, pero que ahora atrapaba en sus redes peces mucho m&#225;s rentables: los poderosos, ricos y famosos de Hamburgo y Berl&#237;n. El restaurante de Lex descansaba sobre una cumbre de baja altitud tras las dunas, con unas vistas espectaculares de la ancha guada&#241;a de arenas blancas y de la paleta cambiante del mar del Norte. Fabel hab&#237;a pasado muchas temporadas en el hotel de su hermano, que se hab&#237;a convertido en algo parecido a un refugio para &#233;l. Fue all&#237; donde se hab&#237;a recuperado despu&#233;s de que le dispararan, y tambi&#233;n fue all&#237; donde hizo su retiro espiritual para intentar aceptar el hecho de que hab&#237;a dejado de ser miembro de una familia. Ya no era ni marido ni padre a jornada completa.

Lex no ten&#237;a ning&#250;n motivo especial para llamarlo. Era tan s&#243;lo un hermano que quer&#237;a estar en contacto con su otro hermano: un intercambio que -se lament&#243; Fabel- no sol&#237;a ser rec&#237;proco. Al escuchar la voz de su hermano, ardi&#243; en deseos de escapar de Hamburgo y pasarse semanas contemplando el oc&#233;ano, siempre mutable; de abandonar su ropa elegante y su estilo urbano y holgazanear sin tener que afeitarse y poder andar en sudadera, vaqueros y n&#225;uticos. En su cabeza ve&#237;a una imagen con toda claridad: volver a su refugio preferido; pero esta vez la imaginaci&#243;n le a&#241;ad&#237;a una compa&#241;era, Susanne. En aquel mismo instante tom&#243; la decisi&#243;n de que, en cuanto resolviera este caso escabroso, le pedir&#237;a a Susanne que lo acompa&#241;ara a Sylt.

Antes de devolver ninguna llamada, llam&#243; al m&#243;vil de Mahmoot. Hab&#237;a estado con &#233;l cuando conoci&#243; al padre de Vitrenko en Speicherstadt. Dos de las cuatro personas entonces presentes estaban ahora muertas, y Fabel quer&#237;a asegurarse de que Mahmoot no fuera la tercera. Cuando escuch&#243; su voz, solt&#243; un suspiro de alivio. Le explic&#243; lo que hab&#237;a sucedido al volver al almac&#233;n y se sorprendi&#243; al notar que le temblaban las manos mientras se lo contaba. Mahmoot escuch&#243; en silencio durante un rato.

Joder, Jan. Cre&#237;a que viv&#237;a en un mundo oscuro -dijo al final-, pero el tuyo me acojona. No puedo creer que est&#233;n muertos. No puedo creer que le hiciera eso a su propio padre. -Hizo una pausa como si estuviera pensando en algo-. Escucha, Jan, voy a desaparecer una temporada, me ir&#233; de Hamburgo. No s&#233; si este supervikingo me considera un cabo suelto, pero no quiero acabar como una especie de brocheta n&#243;rdica.

Lo entiendo -dijo Fabel. Mahmoot colg&#243;.

Llam&#243; a Gabi. Fue la t&#237;pica conversaci&#243;n corta y animada que sol&#237;a tener con su hija. Ten&#237;an una jerga especial que consist&#237;a en condensar los p&#225;rrafos de sus historias y los significados en tan s&#243;lo unas palabras. A Fabel le preocupaba que este caso siguiera rob&#225;ndole gran parte del tiempo, pero quer&#237;a que fuera a verlo. Ella le dijo que no se preocupara si ten&#237;a que trabajar. El tiempo que pasaba con su hija era m&#225;s valioso que el oro, y apreciaba cada oportunidad para estar con ella. La misma econom&#237;a que usaban para las palabras les permit&#237;a condensar un gran valor en muy poco tiempo.

Despu&#233;s de colgar, se dio cuenta de que no hab&#237;a comido. Fue a la cocina y se prepar&#243; una ensalada y un caf&#233; solo demasiado fuerte. Mientras preparaba la cena, empez&#243; a marcar el n&#250;mero de Lex; pero colg&#243; antes del primer tono porque cay&#243; en la cuenta de que, posiblemente, a&#250;n estar&#237;a entretenido en la cocina o en el comedor. Decidi&#243; llamar a Susanne. Se mostr&#243; horrorizada al escuchar el relato de los hechos sucedidos en el Speicherstadt e insisti&#243; en ir a su casa de inmediato; pero &#233;l la disuadi&#243;, explic&#225;ndole que ten&#237;a que volver al Pr&#225;sidium para asistir a una reuni&#243;n sobre el caso. Estaba bastante alterada y preocupada, pero cuando Fabel le coment&#243; su idea de pasar un tiempo juntos en Sylt, su voz se relaj&#243;.

Me encantar&#237;a, Jan. Y creo que ser&#237;a una idea excelente para los dos. Estoy preocupada por el precio psicol&#243;gico que vas a tener que pagar por todo este horror.

Yo tambi&#233;n, pens&#243; Fabel.

Despu&#233;s de hablar con Susanne, se comi&#243; la ensalada sin entusiasmo, se prepar&#243; otro caf&#233; y fue al sal&#243;n. Encendi&#243; la luz y se sent&#243; en el sof&#225;, observando su propio reflejo en los cristales de la ventana. Suspir&#243; profundamente y mir&#243; la hora. Necesitaba aliviar la gran tensi&#243;n acumulada en el cuello y los hombros antes de volver al Pr&#228;sidium. Se inclin&#243; hacia la mesa de caf&#233; y cogi&#243; el diccionario de apellidos ingleses que Otto le hab&#237;a regalado. Solt&#243; una risita. S&#243;lo Otto pod&#237;a saber que Fabel encontraba paz en los vol&#250;menes de etimolog&#237;a inglesa o alemana. Le encantaban las obras de referencia. Eran oc&#233;anos en los que se pod&#237;a navegar sin rumbo; en un principio buscando cierto conocimiento, y luego desvi&#225;ndose en otra direcci&#243;n siempre tangencial, pero igualmente seductora. Por pasar el rato, empez&#243; por su apellido. Sab&#237;a que Fabel, adem&#225;s de en Alemania, tambi&#233;n se encontraba en Dinamarca y en los Pa&#237;ses Bajos. Se desilusion&#243; un poco al no encontrarlo listado entre los apellidos de las islas Brit&#225;nicas. Se devan&#243; los sesos en busca de apellidos brit&#225;nicos que hubiera o&#237;do recientemente. Hubo uno que se le ocurri&#243; al instante porque estaba relacionado con el caso. Fue pasando las p&#225;ginas hasta que encontr&#243; la prolija secci&#243;n dedicada a los apellidos que empezaban por Mc y Mac, que predominaban en Irlanda y Escocia.

Encontr&#243; la entrada de MacSwain.

Fabel se qued&#243; de piedra. La taza de caf&#233; se qued&#243; suspendida a medio camino entre el platillo y sus labios. El silencio era sepulcral. Entre latidos, se vio atrapado en aquel momento, con la sangre congelada en sus venas. Entonces se rompi&#243; el encantamiento. Coloc&#243; la taza de caf&#233; sobre el plato con decisi&#243;n, derramando un remolino de l&#237;quido negro y viscoso. Se hab&#237;a puesto de pie y ya estaba cruzando la habitaci&#243;n antes de darse cuenta de que ya no estaba sentado. A&#250;n ten&#237;a el libro abierto en la mano izquierda y los ojos fijos en la entrada. Su mano derecha encontr&#243; el inal&#225;mbrico y puls&#243; una &#250;nica tecla, que marcaba autom&#225;ticamente el n&#250;mero de tel&#233;fono de la Mordkommission.

Mierda, mierda -murmur&#243; Fabel, ya que el tono de llamada parec&#237;a no tener fin. Fue Maria quien cogi&#243; el tel&#233;fono. Fabel ni siquiera se identific&#243;.

Maria, Anna ten&#237;a raz&#243;n Dios m&#237;o, est&#225;bamos equivocados del todo. Es MacSwain. MacSwain es el Hijo de Sven.

Maria parec&#237;a confundida y poco convencida, pero Fabel disip&#243; su incredulidad con un torrente de palabras.

Nos ha estado diciendo desde el principio qui&#233;n era. Y no lo vimos. Nos lo ha pasado por las narices en cada mensaje de correo electr&#243;nico. &#191;A&#250;n tenemos un equipo vigilando a MacSwain?

S&#237;, al menos hay un agente ahora mismo. Est&#225; delante de su apartamento.

&#161;Que alguien vaya all&#237; de inmediato! Diles que esperen hasta que lleguemos, a menos que MacSwain intente escapar, en cuyo caso quiero que lo detengan bajo el cargo de sospechoso de asesinato. Que todo el mundo vaya a la sala de investigaci&#243;n. Y dile al abogado de Eitel que voy a hablar con Norbert dentro de diez minutos, est&#233; &#233;l presente o no. Os ver&#233; all&#237; dentro de quince minutos.


S&#225;bado, 21 de junio. 21:00 h


Eimsb&#252;ttel (Hamburgo)


Anna se sumergi&#243; en el lago tibio, oscuro y profundo de un sue&#241;o tranquilo. Cuando regres&#243; a su apartamento desde el Pr&#225;sidium, no esperaba poder dormir: se sent&#237;a exhausta, y las escenas de la velada con MacSwain le pasaban ante los ojos como secuencias dispares, como si cambiara los canales de televisi&#243;n al azar. El cansancio hab&#237;a entorpecido los dedos de Anna y hab&#237;a hecho que sintiera los brazos y las piernas como si fueran de plomo mientras llevaba a cabo las tareas que se interpon&#237;an entre ella y el sue&#241;o. Le hab&#237;a dado de comer a Mausi, su gato atigrado, se hab&#237;a desmaquillado y se hab&#237;a metido en la cama.

Cuando se despert&#243;, eran casi las cinco de la tarde, y Mausi estaba sentado al pie de la cama, mir&#225;ndola con arrogancia e indiferencia. Ya no sent&#237;a la pesadez en las extremidades, pero una franja de dolor se hab&#237;a instalado ahora en su cabeza mientras dorm&#237;a. Se levant&#243; y se tom&#243; dos code&#237;nas antes de sumergirse en un ba&#241;o tibio. Yac&#237;a inm&#243;vil, con una toallita sobre los ojos, y dej&#243; que el agua que la envolv&#237;a le pusiera la carne de gallina. El silencio que reinaba en el lavabo era casi perfecto, roto tan s&#243;lo por el sonido del agua al moverse y por el momento en que grit&#243; &#161;Mausi!en el tono m&#225;s severo que pudo, y sin quitarse la toallita de los ojos, al o&#237;r ruido en la cocina.

Anna se examin&#243; las yemas de los dedos, arrugadas y blanquecinas, y se levant&#243; sin ganas de la ba&#241;era. Se sec&#243; el cuerpo y el pelo con la toalla y se dirigi&#243; a la cocina, donde vio a Mausi sentado en una esquina, con un aire de inusitada timidez.

&#191;Qu&#233; has hecho, Spitztube?

Anna mir&#243; la cocina en busca de las pruebas del crimen felino. Abri&#243; de par en par la ventana de la cocina por la que Mausi acced&#237;a al peque&#241;o balc&#243;n, y el gato sali&#243; de un brinco. Se encogi&#243; de hombros y fue a la nevera a por agua fr&#237;a, que bebi&#243; a peque&#241;os sorbos. Volvi&#243; a la habitaci&#243;n y acababa de vestirse cuando oy&#243; que alguien llamaba a la puerta. Deb&#237;a de ser alg&#250;n vecino, porque los visitantes sol&#237;an usar el portero electr&#243;nico. Antes de abrir la puerta, supo que ser&#237;a Frau Kreuzer, la anciana que viv&#237;a en el piso de arriba. Como sab&#237;a a qu&#233; se dedicaba, la mujer sol&#237;a ir a contarle historias sobre personajes sospechosos que hab&#237;a visto en el supermercado del barrio, en la biblioteca o merodeando por la calle del edificio. Anna siempre la escuchaba con paciencia, le ofrec&#237;a una taza de t&#233; verde y dejaba que desviara el tema de su supuesto inter&#233;s por el bien comunitario hacia la ch&#225;chara y el cotilleo general. Era consciente de que las inquietudes de la anciana eran tan s&#243;lo una treta para crear un oasis de compa&#241;&#237;a en el desierto solitario de sus d&#237;as, pero no le importaba. Sin embargo, hoy podr&#237;a apa&#241;&#225;rselas sin aquella distracci&#243;n. De hecho, a pesar de haber dormido durante tanto rato, al ir hacia la puerta se sinti&#243; muy mareada.

Buenas tardes, Frau Kreuz -empez&#243; a decir Anna mientras abr&#237;a la puerta. Le pareci&#243; que se le paraba el coraz&#243;n y se le congelaba la voz al mismo tiempo al encontrarse el fuego verde y fr&#237;o de la mirada de John MacSwain.

Hola, Anna -dijo MacSwain.

Anna parec&#237;a confundida. A modo de respuesta, MacSwain levant&#243; las llaves y las hizo oscilar en su dedo &#237;ndice. Anna se volvi&#243;. Al mover la cabeza, se mare&#243; y se le nubl&#243; la vista. Busc&#243; la SIG-Sauer de nueve mil&#237;metros que usaba en el trabajo y que hab&#237;a tirado, con funda y todo, sobre la mesa del recibidor de al lado de la puerta; pero ya no estaba. En ese instante at&#243; cabos: los ruidos en la cocina, el agua, el nerviosismo del gato. Se volvi&#243; hacia MacSwain y tuvo que ladear la cabeza moment&#225;neamente para poder verle bien la cara. No pudo evitar comparar su fr&#237;a mirada verde con el desinter&#233;s que Mausi sol&#237;a manifestar al mirarla. Eso es -confirm&#243; para sus adentros-: &#233;l no es humano. Eso era lo que hab&#237;a intentado explicarle a Fabel: que a MacSwain le faltaba un elemento esencial y decisivo para ser humano. Se tambale&#243; y fue a apoyarse en el canto del armario de la cocina, pero MacSwain se adelant&#243; y la cogi&#243; por debajo de los brazos.

Cuidado -dijo &#233;l, sin pretender ser sol&#237;cito-. Creo que te ir&#225; bien beber un poco m&#225;s de agua.

Mientras el preparado de droga que MacSwain hab&#237;a echado en el agua empezaba a nublar la conciencia de la chica, Anna se vio obligada a hablar.

No me encuentro bien -dijo de modo que s&#243;lo &#233;l pudo o&#237;rla, y sin poder recordar por qu&#233; ten&#237;a que decirlo.


S&#225;bado, 21 de junio. 21:40 h


Polizeipr&#228;sidium (Hamburgo)


Maria, Werner, Paul y Van Heiden ya estaban all&#237; cuando lleg&#243; Fabel. Maria tambi&#233;n hab&#237;a llamado a los dos agentes del equipo ampliado que a&#250;n estaban de servicio. Fabel, con el libro que le regal&#243; Otto bajo el brazo, entr&#243; con aire decidido en la sala de investigaci&#243;n y se par&#243; delante de la pizarra.

Dejadme que vaya al grano -dijo Fabel-. Tenemos a un nuevo sospechoso principal o, como m&#237;nimo, otro m&#225;s: John MacSwain, veintinueve a&#241;os, ciudadano brit&#225;nico residente en Alemania.

&#191;Y qu&#233; pasa con Vitrenko? -pregunt&#243; Van Heiden.

Vasyl Vitrenko a&#250;n es una parte importante de todo esto. Creo que nos encontramos ante un maestro y su aprendiz; o un sumo sacerdote y su ac&#243;lito. Vitrenko es un manipulador consumado. Sus hombres lo siguen con una devoci&#243;n incondicional que est&#225; fundada en un refrito deficiente de mitos y creencias n&#243;rdicas. Pero no s&#243;lo controla a los hombres: utiliza a todo tipo de personas para conseguir sus objetivos. Y eso incluye a gente con problemas psicol&#243;gicos. John MacSwain es un ejemplo, igual que el tipo en Ucrania que fue ejecutado por una serie de cr&#237;menes similares a mediados de los noventa. -Fabel hizo una pausa, y en la sala se hizo un silencio sepulcral-. Vitrenko ha tenido acceso a material que yo escrib&#237; sobre un caso de asesinatos en serie en Hamburgo. Tambi&#233;n ha estudiado en uno de los institutos criminol&#243;gicos m&#225;s importantes, que est&#225; en Ucrania; y por lo que sabemos, este pa&#237;s tiene el &#237;ndice m&#225;s alto de casos de asesinos en serie del mundo. Eso explica por qu&#233; todo a lo que nos hemos enfrentado hasta ahora parece un caso de manual; pues porque est&#225; extra&#237;do de un manual. Con toda probabilidad, Vitrenko conoci&#243; a MacSwain a trav&#233;s de los Eitel, para los que trabajaba este &#250;ltimo. Los Eitel est&#225;n implicados, junto con Vitrenko, en una estafa inmobiliaria en la que tambi&#233;n est&#225; involucrada la mafia de Odesa. Adem&#225;s, hemos relacionado directamente a Norbert Eitel en los casos de secuestro y violaci&#243;n de chicas seg&#250;n una especie de ritual. Tiene una cicatriz muy caracter&#237;stica en la mano izquierda que coincide con la descripci&#243;n que hizo una de las v&#237;ctimas. Creo que Vitrenko est&#225; usando estos rituales como si fueran un tipo de v&#237;nculo. Adem&#225;s, me imagino que descubriremos que hay otros peces gordos enredados en todo esto.

Fabel hizo otra pausa. Le resultaba extra&#241;o ponerle voz al asunto, como si verbalizara lo que hasta el momento hab&#237;a sido un proceso puramente interno. Su p&#250;blico permanec&#237;a casi inm&#243;vil y en absoluto silencio. Como no hubo preguntas, Fabel prosigui&#243;.

Respecto a los asesinatos, Ursula Kastner, la abogada que trabajaba para el gobierno regional, debi&#243; de encontrarse con irregularidades en los negocios inmobiliarios relacionados con la sociedad Neuer Horizont. Sospecho que destap&#243; alg&#250;n tipo de implicaci&#243;n de alto nivel y prefiri&#243; acudir a la prensa antes que a las autoridades. Y la prensa, en este caso, era Angelika Bl&#252;m. A Tina Kramer, la agente del BAO-BND, la asesinaron porque la identificaron como un contacto de primera l&#237;nea de Klugmann, cuya tapadera hab&#237;a sido descubierta por dos agentes de polic&#237;a; unos agentes que estaban sobornados y asesinaron a Klugmann en la Schwimmhalle y dejaron un arma de los servicios de seguridad ucranianos tras de s&#237; para acabar de embrollarlo todo. Tres v&#237;ctimas; un asesino. John MacSwain. El aprendiz.

Fabel se&#241;al&#243; las im&#225;genes de las tres mujeres asesinadas y despu&#233;s se dirigi&#243; hacia las fotograf&#237;as tomadas en Afganist&#225;n.

Esto, por otro lado, es la obra del maestro. Y yo he visto la obra de arte con mis propios ojos. El asesinato de hace unas horas del padre de Vitrenko y su ayudante llevaba su firma, y Vitrenko es lo bastante ego&#237;sta como para querer que yo lo viera antes de destruir las pruebas: su propio padre y la hermana de una de las v&#237;ctimas de Kiev. Vitrenko no iba a confi&#225;rselo a MacSwain: &#233;sta era su obra de arte.

Pero, aparte de este &#250;ltimo asesinato, &#191;dices que MacSwain es el asesino? -pregunt&#243; Van Heiden.

S&#237;. Vitrenko sab&#237;a qu&#233; teclas tocar con MacSwain. Es evidente que MacSwain es un soci&#243;pata. Vitrenko se dio cuenta. Supongo que entre ellos se reconocen. De todas maneras, John MacSwain se llevaba bastante mal con su padre, y me imagino que Vitrenko adopt&#243; esa funci&#243;n paternal, y lo envolvi&#243; todo con una especie de galimat&#237;as vikingo. Seguramente, al principio MacSwain se encargaba de encontrar a las mujeres para los rituales que organizaba Vitrenko y que, en realidad, no eran otra cosa que violaciones en grupo disfrazadas. Debi&#243; de ver hasta d&#243;nde llegaba la locura de MacSwain. Recordad que estamos hablando de alguien que sabe qu&#233; busca. Fue entonces cuando dej&#243; que el ingl&#233;s se ocupara de sus misiones m&#225;s sagradas. Supongo que MacSwain enviaba los mensajes de correo electr&#243;nico, pero que el texto se lo dictaba Vitrenko.

Pero &#191;por qu&#233; sospechas de MacSwain ahora, despu&#233;s de tanto tiempo? -pregunt&#243; Mar&#237;a.

Por su nombre. Lo hemos tenido delante todo el tiempo. -Fabel abri&#243; el libro sobre la mesa que ten&#237;a delante-. El origen del apellido MacSwain. Es la forma anglosajona de un apellido ga&#233;lico irland&#233;s y escoc&#233;s. El prefijo Mac es patron&#237;mico: significa hijo de. La parte Swain viene de los invasores vikingos que se asentaron en las islas occidentales de Escocia. Es una forma ga&#233;lica y anglicanizada del nombre n&#243;rdico antiguo Svein, que significa chico.

Fabel call&#243;. Pod&#237;a sentir la electricidad suspendida en el aire. Todos sab&#237;an lo que estaba a punto de decir, pero ten&#237;an que escucharlo de su boca.

MacSwain significa Hijo de Sven.

&#161;Lo sab&#237;a! -dijo Werner-. Y Anna tambi&#233;n. Hab&#237;a algo que no le cuadraba con respecto a MacSwain.

Acabo de tener una charla con Norbert Eitel -continu&#243; Fabel-, que a&#250;n sigue detenido en el piso de abajo. Le he dicho que lo sab&#237;a todo sobre la participaci&#243;n de Vitrenko y MacSwain en las violaciones. No me ha contestado, pero sus ojos lo dec&#237;an todo. Era la mirada de un hombre que est&#225; hasta el cuello de problemas. Est&#225; claro que MacSwain es nuestro hombre. -Fabel se volvi&#243; hacia Maria-. &#191;A&#250;n lo tenemos vigilado?

He enviado a otro hombre, pero el agente que lo ha estado vigilando dice que no se ha movido en toda la tarde.

Muy bien -dijo Fabel-. Quiero que todo el mundo se prepare para actuar dentro de veinte minutos. Maria, diles a los del equipo de vigilancia que no se muevan de all&#237;.

Una agente uniformada llam&#243; y sac&#243; la cabeza por la puerta de la sala de reuniones.

Hay alguien en la recepci&#243;n que quiere verlo, Herr Hauptkommissar. Una tal Frau Kraus


Margarethe Kraus podr&#237;a haber tenido entre cuarenta y cinco y sesenta y cinco a&#241;os. Era una de esas mujeres cuya compensaci&#243;n por tener aspecto de mujer madura de j&#243;venes era probablemente seguir pareci&#233;ndolo cuando llegaban a los setenta. Cualquier parecido familiar que hubiera habido entre madre e hijo debi&#243; de borrarse de las facciones de Hansi tras tantos a&#241;os consumiendo hero&#237;na. Frau Kraus ten&#237;a la cara redonda y vac&#237;a y unos peque&#241;os ojos marrones que ten&#237;an un aire de cansancio inmenso, como si nunca hubiera dejado atr&#225;s ning&#250;n momento de su vida, sino que lo hubiera llevado siempre consigo.

Estaba sentada en la sala de espera, cerca de la ventana, que brillaba en la noche como si fuera de obsidiana. Ten&#237;a las peque&#241;as manos juntas encima de un sobre. Se levant&#243; con torpeza cuando entr&#243; Fabel.

&#191;Frau Kraus? -Sonri&#243; y le extendi&#243; la mano-. Le acompa&#241;o en el sentimiento.

Margarethe Kraus sonri&#243; con amargura.

Perd&#237; a Hansi hace muchos a&#241;os; la diferencia es que ahora tenemos un cuerpo al que llorar.

Fabel no supo qu&#233; decir. Asinti&#243; con una mezcla de simpat&#237;a y comprensi&#243;n. Despu&#233;s de un silencio que pareci&#243; m&#225;s largo de lo que en realidad fue, dijo:

Quer&#237;a hablar conmigo, Frau Kraus. &#191;Era referente aHansi?

La mujer de aspecto eternamente maduro no habl&#243;, sino que se limit&#243; a entregarle un sobre. Fabel estaba confundido.

Es de Hansi -dijo la mujer.

Fabel abri&#243; el sobre. La carta estaba escrita a l&#225;piz, pero la letra era impecable. Era como si una lejana memoria de disciplina escolar se hubiera manifestado en la escritura. Para Hansi, &#233;sta hab&#237;a sido una carta importante, por razones obvias. Era demasiado doloroso leerla. Gran parte de ella era de una naturaleza muy personal: b&#225;sicamente, Hansi le ped&#237;a perd&#243;n a su madre por haberles causado tanto dolor y sufrimiento a ella y a sus hermanas. Fabel empezaba a preguntarse por qu&#233; Frau Kraus hab&#237;a decidido compartir algo tan &#237;ntimo con &#233;l cuando lleg&#243; a los p&#225;rrafos finales.


La raz&#243;n por la cual te escribo ahora, Mutti, despu&#233;s de tantos a&#241;os es porque creo que mis problemas se han acabado. No quiero que est&#233;s triste o que te asustes, pero tengo que decirte que creo que alguien vendr&#225; a por m&#237;. Si estoy en lo cierto, no creo que nos veamos nunca m&#225;s. Si me ocurre algo malo, quiero que lleves esta carta al Kriminalhauptkommissar Jan Fabel, al Pr&#228;sidium de la polic&#237;a. Es un hombre honrado, creo, y podr&#225; encontrar a la gente que hizo conmigo lo que sea que haya hecho.

Hab&#237;a dos polic&#237;as en la cantina del Pr&#225;sidium cuando estuve all&#237; con Herr Meyer. Estaban sentados detr&#225;s de nosotros, a la izquierda. Uno de los hombres era viejo, y el otro, joven. El joven ten&#237;a el pelo rubio muy corto y ten&#237;a aspecto de forzudo o de levantador de pesas. Le pregunt&#233; a Herr Meyer qui&#233;n era el de los m&#250;sculos, y me dijo que era Lothar Kolski. Es el hombre al que vi en la piscina. El viejo que compart&#237;a mesa con &#233;l fue quien le orden&#243; que lo hiciera. No dije nada entonces porque me qued&#233; helado cuando los vi en el cuartel general de la polic&#237;a. Pens&#233; que quiz&#225; la polic&#237;a estaba detr&#225;s del asesinato, pero ahora s&#233; que no es verdad. Herr Fabel sabr&#225; qu&#233; hacer.

Tengo miedo, pero no tanto como pensaba. Soy un in&#250;til, siempre lo he sido. Quiz&#225; sea mejor as&#237;.

Lo siento mucho, Mutti. No fui el hijo que te merec&#237;as, y t&#250; fuiste mejor madre de lo que merec&#237;.

Siempre tuyo,

Hansi


Cuando acab&#243; de leer, Fabel se qued&#243; mirando la carta durante un buen rato. Luego mir&#243; a Margarethe Kraus.

Lo siento much&#237;simo, Frau Kraus. Gracias por traerme la carta.

&#191;Es verdad que a Hansi lo mat&#243; un polic&#237;a?

A Hansi lo asesinaron unos criminales, Frau Kraus. -La mir&#243; fijamente y con sinceridad. Aquello no era ninguna mentira-. Pero le prometo que los atraparemos -dijo Fabel, sosteniendo la carta en alto-. Y los detendremos gracias a esto.

Margarethe Kraus sonri&#243; con educaci&#243;n, como si alguien le acabara de decir c&#243;mo llegar a la estaci&#243;n de autobuses.

Ser&#225; mejor que me vaya; es muy tarde.

Fabel le estrech&#243; la mano. Estaba fr&#237;a y un poco h&#250;meda.

Lo lamento, pero tendr&#225; que quedarse un rato m&#225;s. Necesito que un agente le tome una declaraci&#243;n completa, y despu&#233;s la llevar&#225;n a casa. Me temo que deberemos tenerla bajo vigilancia durante unos d&#237;as, s&#243;lo hasta que resolvamos todo esto.

Frau Kraus se encogi&#243; de hombros con resignaci&#243;n.

Entonces esperar&#233; aqu&#237; -dijo, y volvi&#243; a sentarse, plegando las manos sobre su regazo, pero esta vez sin la &#250;ltima carta de su hijo debajo.


Van Heiden estaba esperando a Fabel en la recepci&#243;n. Este le entreg&#243; la carta y le se&#241;al&#243; el p&#225;rrafo clave.

Supongo que puedo dejar que se encargue usted de esto, &#191;no, Herr Kriminaldirektor? -pregunt&#243; Fabel. Van Heiden no respondi&#243;, pero pudo leer el futuro pr&#243;ximo en su mirada furiosa: Buchholz y Kolski no lo sab&#237;an, pero un tren expreso iba a embestirlos.

He venido a darte esto, Fabel -le dijo, y le entreg&#243; un mensaje de correo electr&#243;nico.


Mordkommission de la polic&#237;a de Hamburgo


DE: HIJO DE SVEN

PARA: ERSTER KRIMINALHAUPTKOMMISSAR JAN FABEL

ENVIADO: 21 de junio de 2003, 21:30 h

ASUNTO: LA HIJA DE DAVID

CREE QUE EST&#193; CERCA DE M&#205;, PERO SOY YO EL QUE SE EST&#193; ACERCANDO A USTED. LE HE REGALADO MUCHAS EXPERIENCIAS MEMORABLES, HERR FABEL. Y &#201;STA NO LA OLVIDAR&#193; NUNCA. VOY A DISFRUTAR DE ELLA M&#193;S QUE DE NINGUNA.

ENGA&#209;AR EST&#193; EN LA NATURALEZA DE LA MUJER. NACE ENVENENADA CON ASTUCIA Y FALSEDAD, Y SE PASA LA VIDA PERFECCIONANDO SUS HABILIDADES PARA MENTIR Y TRAICIONAR. &#191;ACASO NO ES PO&#201;TICO QUE EL HIJO DE SVEN EXTIENDA LAS ALAS DE LA HIJA DE DAVID?

HIJO DE SVEN


S&#225;bado, 21 de junio. 22:00 h


Harvestehude (Hamburgo)


Fabel hab&#237;a luchado por mantener al equipo en los l&#237;mites de la emergencia sin caer en el p&#225;nico absoluto. El significado del mensaje estaba m&#225;s claro que el agua. La Hija de David. El intento de enga&#241;o a MacSwain. Iba a por Anna. Maria hab&#237;a intentado hablar con ella por tel&#233;fono, pero no obtuvo respuesta. Fabel orden&#243; que una patrulla fuera de inmediato al apartamento de Anna en Eimsb&#252;ttel y que forzara la puerta si era necesario. Mientras, Fabel dirigir&#237;a el asalto a la casa de MacSwain.

El agente encargado de la vigilancia por fuera del bloque de MacSwain confirm&#243; que el brit&#225;nico no hab&#237;a salido desde que volviera a las 17:56. No hab&#237;a habido ning&#250;n movimiento' claro en el piso, aparte de cuando encendi&#243; las luces a eso de las 19:30. El agente incluso se hab&#237;a acercado a comprobar que el Porsche de MacSwain siguiera en su plaza de aparcamiento del Tiefgarage. Fabel envi&#243; a medio equipo, encabezado por Maria, escaleras arriba; &#233;l y Werner subieron con los dem&#225;s, y con la pesada palanca, en el ascensor de acero.

S&#243;lo hab&#237;a una puerta de entrada y de salida del apartamento. La otra &#250;nica manera de salir era acceder al balc&#243;n y saltar a la calle desde el tercer piso. Dos agentes con chalecos antibalas del MEK empezaron a hacer girar la palanca, contando en silencio al comp&#225;s, hasta que a la de cuatro presionaron la puerta e hicieron saltar la cerradura. La puerta vol&#243; hacia dentro y el equipo armado del MEK irrumpi&#243; en el piso, peinando el espacio vac&#237;o con sus metralletas Heckler & Koch.

Al instante, Fabel supo que no hab&#237;a nadie en el piso. Despu&#233;s de tres o cuatro minutos, el equipo confirm&#243; sus sospechas.

&#161;Mierda! -dijo Werner-. &#191;C&#243;mo es posible que nos haya vuelto a pasar?

Pues porque est&#225;bamos mirando hacia otra direcci&#243;n -dijo Fabel-. Deb&#237; haber escuchado a Anna y tener a un equipo entero vigilando a este cabr&#243;n.

Al mencionar el nombre de la polic&#237;a, los dos agentes intercambiaron una mirada de complicidad, asustados.

Habla con el equipo y averigua si han encontrado a Anna.

Werner abri&#243; la tapa de su tel&#233;fono m&#243;vil con brusquedad.

Jefe, ven a ver esto -Maria le hizo se&#241;as para que entrara en un peque&#241;o trastero, m&#225;s bien un gran armario, situado en un extremo del piso. MacSwain se las hab&#237;a ingeniado para meter una mesa de ordenador peque&#241;a y una silla en aquel lugar tan min&#250;sculo. Las paredes estaban cubiertas de fotograf&#237;as, recortes y notas escritas a mano. Dos reflectores en el techo iluminaban el mural, como si fuera una obra expuesta en un museo, y enfocaban directamente a una m&#225;scara tallada en madera, una r&#233;plica muy parecida a la imagen que Fabel hab&#237;a visto en el libro que le regal&#243; Otto; un libro que tambi&#233;n ten&#237;a MacSwain. El rostro barbudo ten&#237;a la boca torcida a modo de gru&#241;ido; el &#250;nico agujero para el ojo quedaba ensombrecido por culpa del &#225;ngulo en que los reflectores proyectaban la luz.

Maria tuvo que echarse hacia atr&#225;s para que Fabel pudiera entrar en el trastero. Se imagin&#243; la puerta cerrada tras de s&#237;, y las garras de la claustrofobia lo oprimieron a&#250;n m&#225;s. Fabel se dio cuenta de que aquella habitaci&#243;n era algo m&#225;s que un lugar asignado para un prop&#243;sito especial: era otra dimensi&#243;n, un mundo aparte. MacSwain sol&#237;a sentarse all&#237;, con la puerta cerrada y tan densa e impenetrable como un puente levadizo de hierro; inmerso en un universo de verdades, costumbres y creencias alternativas que se hab&#237;an conjurado a su alrededor. Pero Fabel no estaba seguro de cu&#225;nto hab&#237;a conjurado &#233;l y cu&#225;nto de Vitrenko hab&#237;a en todo aquello.

Algo dorado brillaba bajo la luz de los reflectores: la silueta ovalada de una placa de la Kriminalpolizei colgada de su cadena en un clavo en la pared. Esa placa debi&#243; de ser la llave al apartamento de Angelika Bl&#252;m y a su confianza; lo que la habr&#237;a enga&#241;ado haci&#233;ndole creer que su asesino era Fabel. Maria pas&#243; por su lado y le se&#241;al&#243; un recorte de peri&#243;dico que estaba sujeto con una chincheta encima de las otras capas de papel.

Dios m&#237;o -murmur&#243;-. Eres t&#250;.

El art&#237;culo era de hac&#237;a un a&#241;o y lo hab&#237;a recortado del Hamburger Morgenpost. La fotograf&#237;a de Fabel estaba encima de un par de columnas dedicadas a la detenci&#243;n de Markus St&#252;mbke. &#201;ste hab&#237;a acosado y asesinado a una miembro del Senado, Lise Kellmann. Era obvio que la noticia era la continuaci&#243;n del art&#237;culo principal, porque tal como promet&#237;a el titular, explicaba con gran detalle la experiencia profesional de Fabel y su historial en la polic&#237;a de Hamburgo. MacSwain hab&#237;a subrayado una referencia a sus or&#237;genes brit&#225;nicos y alemanes y al hecho de que, a menudo, lo llamaban der englische Kommissar. Fabel recorri&#243; con la mirada el resto de la exposici&#243;n. Estaba dedicada, casi por completo, a la mitolog&#237;a e historia vikingas. Un mapa del norte de Europa mostraba las rutas que siguieron los vikingos; bajando por el Volga hasta llegar al coraz&#243;n de Ucrania, siguiendo las costas del mar del Norte y del B&#225;ltico y, marcada otra vez en rojo, la ruta que tomaron para asaltar y asentarse en la costas del norte de Escocia. Con aquel rotulador rojo, MacSwain hab&#237;a trazado la l&#237;nea de una historia personal falsa; una red fina pero inquebrantable de justificaci&#243;n perversa para sus acciones.

&#191;No ves que aqu&#237; falta algo? -pregunt&#243; a Maria, y ella asinti&#243;.

No hay fotograf&#237;as ni cosas de las v&#237;ctimas No hay trofeos.

Exacto.

Los asesinos en serie tratan de establecer una relaci&#243;n con aquellos a los que asesinan, aunque el primer contacto hubiera sido el asesinato mismo. Aqu&#237; no hab&#237;a referencias: ni a Ursula Kastner, ni a Angelika Bl&#252;m, ni tampoco a Tina Kramer. No hab&#237;a ninguna fotograf&#237;a de las v&#237;ctimas antes de su muerte. No hab&#237;a prendas de ropa. No hab&#237;a trofeos.

Eso es porque &#233;l no eligi&#243; a sus v&#237;ctimas -dijo Fabel-. Alguien las seleccionaba por &#233;l. El objeto de la obsesi&#243;n de MacSwain no es su v&#237;ctima, sino la persona que lo gu&#237;a, su padre espiritual: Vitrenko. Y es &#233;ste quien ocupa el lugar que dej&#243; un padre natural a quien le importaba una mierda su hijo.

Algo m&#225;s llam&#243; la atenci&#243;n de Fabel.

No hay documentos del piso de Angelika Bl&#252;m. Y la c&#225;mara de v&#237;deo desaparecida tampoco est&#225; aqu&#237;. Se los ha entregado a Vitrenko. &#201;l le dijo c&#243;mo asesinar y qu&#233; deb&#237;a llevarse de las escenas.

Werner apareci&#243; a su espalda. Con Maria y Werner detr&#225;s de &#233;l, se sinti&#243; atrapado en ese espacio tan peque&#241;o y asfixiante. Se dio la vuelta y les indic&#243; el espacio abierto del comedor con un movimiento de cabeza tajante. Los tres salieron del trastero.

Es Anna, jefe. -La preocupaci&#243;n nublaba el rostro de Werner-. Malas noticias. No est&#225; en su apartamento y se ha dejado el bolso y el m&#243;vil.


S&#225;bado, 21 de junio. 22:00 h


El Elba, cerca del Landungsbr&#252;cken (Hamburgo)


El d&#237;a que acababa intentaba ser recordado en un cielo pintado de rojo y en la calidez placentera de la brisa vespertina. Franz Kassel se quit&#243; la gorra y se alis&#243; los finos mechones rubios. Su turno estaba a punto de terminar, y esperaba con ganas tomarse una cerveza fr&#237;a, o quiz&#225; unas cuantas. Hab&#237;a sido un turno tranquilo, y pudo saborear lo que le hab&#237;a atra&#237;do de la Wasserschutzpolizei en primer lugar: escuchar el delicado sonido del agua y el suave crujido y zumbido de los barcos amarrados; observar la luz cambiante al pasar bajo los cascos enormes e imponentes mientras patrullaba. Pero sobre todo, hab&#237;a sido por la perspectiva diferente que ofrec&#237;a. Las cosas siempre parec&#237;an diferentes desde el agua; uno ve&#237;a m&#225;s. El Hamburgo que &#233;l ve&#237;a cada d&#237;a era totalmente distinto del que se ve&#237;a desde tierra firme. Se sent&#237;a privilegiado por tener ese punto de vista &#250;nico.

Sab&#237;a que no todo el mundo compart&#237;a aquella sensaci&#243;n de privilegio, como Gebhard, el Polizeiobermeister, que estaba al mando y guiaba el WS25 de vuelta a la estaci&#243;n de Landungsbr&#252;cken. Para Gebhard, la WSP era tan s&#243;lo un trabajo. Hac&#237;a solamente tres a&#241;os que estaba all&#237;, y no hac&#237;a m&#225;s que decirles a los otros tripulantes que quer&#237;a entrenarse y ser transferido a la base terrestre del MEK.

Kassel observaba c&#243;mo Gebhard gobernaba el barco hasta la orilla. Estaba capacitado para el trabajo, pero le faltaba el sentido del agua que Kassel consideraba esencial para cualquier polic&#237;a fluvial de verdad. Era algo que un marinero nato llevaba dentro: la conciencia de que el r&#237;o es un ser vivo. Sin embargo, Gebhard trataba el Elba como si fuera una carretera anegada y &#233;l no fuera m&#225;s que un polic&#237;a de tr&#225;fico. Kassel dej&#243; a Gebhard al tim&#243;n y se fue a la cubierta. La brisa le refrescaba la cara, y suspir&#243; como suspira el hombre feliz que ha encontrado su lugar y lo sabe. Fue entonces cuando vio c&#243;mo un barco que le era familiar sal&#237;a del atracadero cerca del &#220;berseebr&#252;cke. Kassel levant&#243; los binoculares. Era el yate Chris Craft 308 que hab&#237;an tenido que vigilar la otra noche. Entr&#243; r&#225;pidamente en la cabina y orden&#243; a Gebhard que siguiera a la lancha, pero a una distancia prudencial.

Pero si ya acabamos el turno, jefe -protest&#243;. Kassel le respondi&#243; con una mirada vac&#237;a, y Gebhard se encogi&#243; de hombros y dirigi&#243; el WS25 hacia el Elba otra vez. Kassel no ten&#237;a ni idea de si la chica de la Mordkommission a&#250;n estaba interesada en esa embarcaci&#243;n, pero pens&#243; que ser&#237;a mejor comprobarlo. Descolg&#243; la radio y pidi&#243; que lo pusieran en contacto con la Oberkommissarin Klee de la Mordkommission.


S&#225;bado, 21 de junio. 22:00 h


El Elba, cerca de Hamburgo


La conciencia de Anna carec&#237;a de una forma clara. Si la confusi&#243;n pudiera definirse como forma, entonces ser&#237;a &#233;sa la forma m&#225;s aproximada que adopt&#243; su mente. Pero incluso la confusi&#243;n se relaciona con otros sentimientos, otras emociones. Uno puede estar confuso y enfadado, confuso y asustado, o confuso y entretenido. Sin embargo, lo de Anna era la confusi&#243;n en s&#237; misma, desvinculada por completo de cualquier otra cosa. Ten&#237;a un momento de lucidez y despu&#233;s la perd&#237;a. Era como volar a trav&#233;s de bancos de nubes espesas; de vez en cuando, el avi&#243;n sale de la nube y el resplandor del cielo azul deslumbra un instante para volver a desaparecer despu&#233;s.

Estaba despierta. Reconoci&#243; el interior del barco de MacSwain. Ten&#237;a las manos atadas a la espalda y estaba recostada en la cama. Ahora sab&#237;a d&#243;nde estaba y qu&#233; le hab&#237;a ocurrido. MacSwain la hab&#237;a drogado. Hab&#237;a estado en su apartamento. Hab&#237;a preparado un c&#243;ctel mezclando flunitrazepam o clonazepam con gamahidroxibutirato en el agua. No llevaba ni la pistola ni el m&#243;vil encima. Fabel le hab&#237;a dado el d&#237;a libre, as&#237; que nadie la echar&#237;a en falta. Estaba sola y tendr&#237;a que arregl&#225;rselas para escapar. Durante unos segundos, todos esos datos estaban claros como el agua. Un momento despu&#233;s, se hab&#237;an esfumado. No ten&#237;a ni idea de d&#243;nde estaba ni de qu&#233; estaba pasando. Entonces algo parecido al sue&#241;o la envolvi&#243;.

La despert&#243; la voz de MacSwain. Estaba hablando con alguien y lo hac&#237;a r&#225;pido, sin respirar ni detenerse. No pod&#237;a entender qu&#233; dec&#237;a, estaba demasiado sumergida en las profundidades de su propia conciencia, pero nadaba hacia arriba, hacia la voz.

Rompi&#243; la superficie. La cabeza le retumbaba de dolor, un dolor que vibraba contra las paredes del cr&#225;neo. MacSwain segu&#237;a hablando. Anna abri&#243; los ojos. &#201;l estaba sentado enfrente, clavando una mirada fr&#237;a e inerte en ella, sin parpadear; su boca era lo &#250;nico en su cara que ten&#237;a vida. Era como si alguien hubiera abierto un grifo que no podr&#237;a cerrarse hasta que todo el contenido de la sucia mente de MacSwain se hubiera vaciado.

&#201;l me lo explic&#243; todo -continu&#243;, con un tono urgente y nervioso-. Nosotros creamos nuestros propios mitos, los modelamos a partir de las leyendas y obtenemos las leyendas de nuestra historia. Od&#237;n es un dios, el dios de todos los vikingos, porque todos los vikingos creen que &#233;l es su dios. Antes de que el mito dijera que era un dios, las leyendas dec&#237;an que era un rey. Y antes de que las leyendas lo convirtieran en rey, la historia nos dice que seguramente era un cacique de una aldea de Jutlandia. Pero no importa lo que fue, sino en lo que se ha convertido. Si hablas de Od&#237;n, nadie piensa en el cacique desali&#241;ado de un pueblo. Cuando nombras a Od&#237;n, el mundo tiembla. &#201;sa es la aut&#233;ntica verdad. Eso es lo que el coronel Vitrenko me explic&#243;. Me ense&#241;&#243; que todos somos variaciones de un mismo tema y que estamos ligados a nuestra historia y a nuestros mitos.

Par&#243; de repente. Anna se estaba incorporando para sentarse. MacSwain se levant&#243; y en s&#243;lo dos pasos ya estaba encima de la chica. Le golpe&#243; con fuerza en la sien, y el dolor que sent&#237;a en la cabeza explot&#243;. El mundo se oscureci&#243; un poco para Anna, pero no se desmay&#243;. Yac&#237;a de lado y miraba a MacSwain, que continuaba hablando como si se hubiera tomado un momento para matar a una mosca.

El coronel Vitrenko me ense&#241;&#243; que hay gente con la que tenemos un v&#237;nculo, como &#233;l y yo. Dijo que nuestra similitud est&#225; en los ojos, que deb&#237;amos de haber tenido el mismo padre vikingo en un pasado. Y tambi&#233;n como el Hauptkommissar Fabel y yo. El coronel me dijo que Herr Fabel y yo compart&#237;amos la misma mezcla de sangre, que somos mitad alemanes, mitad escoceses, y que ambos hemos escogido nuestro lugar. Eso es lo que lo convierte en mi oponente.

Anna sinti&#243; que recobraba las fuerzas. Sus pensamientos nadaban con m&#225;s libertad y agilidad a trav&#233;s del denso barro que cubr&#237;a su mente. Mir&#243; a MacSwain; era grande y de complexi&#243;n fuerte, pero, aunque el pu&#241;etazo le hab&#237;a dolido, le falt&#243; fuerza. Aparte del sonido del agua, no se o&#237;a nada m&#225;s. Anna supuso que MacSwain hab&#237;a apagado el motor del yate y hab&#237;a bajado para mantener una charla &#237;ntima con ella. Deb&#237;a de ser eso. Quiz&#225; hab&#237;a llegado su hora. Pero no estaba tan drogada como &#233;l cre&#237;a. Pelear&#237;a una y otra vez, hasta el final. No iba a arrebatarle la vida tan f&#225;cilmente.

Pero no estamos unidos &#250;nicamente a los que comparten nuestro tiempo. -MacSwain segu&#237;a con su mon&#243;logo-. Tambi&#233;n est&#225;n los que han llegado antes y los que vendr&#225;n despu&#233;s. Y nosotros somos la historia de los que vendr&#225;n despu&#233;s, y ellos nos convertir&#225;n en leyenda. Yo ser&#233; una leyenda, y el coronel Vitrenko tambi&#233;n lo ser&#225;. Y entonces, con el tiempo, ocuparemos nuestro lugar al lado de Od&#237;n. -De repente, una maldad fr&#237;a asom&#243; a los ojos de MacSwain. Se levant&#243; y se dirigi&#243; hacia Anna-. Pero antes hay que hacer sacrificios -dijo, inclin&#225;ndose sobre ella.

La primera patada de Anna le dio en la sien, pero su dif&#237;cil posici&#243;n y los efectos debilitantes de las drogas minaron la potencia del golpe. MacSwain retrocedi&#243;, m&#225;s por la sorpresa que por el da&#241;o. A Anna le dio el tiempo suficiente para bajar las piernas de la cama y ponerse de pie; pero en cuanto se incorpor&#243;, la cabeza le dio vueltas. Vio que MacSwain se levantaba. El camarote era peque&#241;o y estrecho; una desventaja para &#233;l, que era muy alto, m&#225;s que para ella. Corri&#243; hacia la chica y ella le dio una patada en&#233;rgica y r&#225;pida en el pecho, clav&#225;ndole los tacones en el estern&#243;n. A su captor se le vaciaron los pulmones, y cay&#243; de rodillas, aspirando todo el aire de la cabina como si estuviera atrapado en el vac&#237;o.

Anna dio un paso adelante y a un lado, con los movimientos dificultados por tener las manos atadas. Se tom&#243; su tiempo para apuntar con cuidado y lanz&#243; una fuerte patada a la sien de MacSwain. &#201;ste sali&#243; despedido por la fuerza del golpe y fue a caer en la cocina. Gimi&#243; y se qued&#243; quieto. Anna corri&#243; hacia la escotilla y la golpe&#243; con los hombros, pero no cedi&#243;. Record&#243; que era una trampilla corrediza y se retorci&#243; para pasar los brazos y las mu&#241;ecas por detr&#225;s del cuerpo. Tras ponerse de cuclillas y sentarse, desliz&#243; las manos por detr&#225;s de las rodillas y, seguidamente, levant&#243; los pies para pasarlas por encima. Mir&#243; a MacSwain de reojo, que gimi&#243; de nuevo. Con las manos a&#250;n atadas, Anna intent&#243; abrir la escotilla. Estaba a punto de conseguirlo. Hacia fuera y hacia un lado. Ten&#237;a m&#225;s posibilidades en el agua que encerrada en un barco, medio drogada, con un psic&#243;pata.

La puerta de la escotilla se atranc&#243;. Anna hizo acopio de fuerzas y la empuj&#243; con toda su alma. Al final la puerta se abri&#243;, golpeando con fuerza el marco de la trampilla. El olor a gasolina del r&#237;o inund&#243; el camarote. Anna salt&#243; hacia la oscuridad de la noche. Oy&#243; un grito animal detr&#225;s de ella y not&#243; c&#243;mo le ca&#237;a encima todo el peso de MacSwain. Se golpe&#243; la cara con el escal&#243;n superior que daba acceso a la escotilla. El sabor a hierro de la sangre le llenaba la nariz y la boca. MacSwain tom&#243; una profunda bocanada de aire y cogi&#243; a Anna por la cabeza, empuj&#225;ndola otra vez hacia el interior del camarote. Le dio un golpe en el cuello con el pu&#241;o, pero Anna not&#243; que no hab&#237;a sido un pu&#241;etazo. Sinti&#243; el fr&#237;o metal en el cuello y la dura punzada de una aguja hipod&#233;rmica. Entonces, la noche que tanto hab&#237;a deseado alcanzar se cerni&#243; sobre ella, llam&#225;ndola.


S&#225;bado, 21 de junio. 22:15 h


El Elba, entre Hamburgo y Cuxhaven


Franz Kassel vio que el yate se deten&#237;a. Estaba fuera de los canales de navegaci&#243;n principales, debidamente iluminado, no como el WS25 que lo hab&#237;a seguido con sigilo. Vio que el hombre alto sal&#237;a a cubierta. En la oscuridad y a esa distancia, Kassel no pod&#237;a estar seguro; pero cuando el hombre se sec&#243; la cara con una toalla, habr&#237;a jurado que estaba manchada de negro, como si fuera sangre. Se apart&#243; los binoculares y se volvi&#243; hacia Gebhard.

Intenta contactar con la Oberkommissarin Klee. Y si no la localizas, me acercar&#233; como si nada.

Volvi&#243; a mirar hacia la embarcaci&#243;n. Hab&#237;a una fina capa de espuma, blanca por contraste con la seda negra del r&#237;o.

Se mueve


S&#225;bado, 21 de junio. 22:25 h


Harvestehude (Hamburgo)


Las paredes de azulejos blancos del ba&#241;o de MacSwain reluc&#237;an antis&#233;pticas, y los grifos y toalleros caros ten&#237;an un brillo n&#237;tido y fr&#237;o, como de un bistur&#237;. Fabel, Maria y Werner observaban una figura humana. Un traje de buceo de color rojo y azul oscuro colgaba de la barra de la ducha y goteaba sobre las baldosas brillantes. Ten&#237;a el desconcertante aspecto del pellejo de una serpiente que acabara de mudarse de piel. Tendido sobre el borde de la ba&#241;era, hab&#237;a un gorro de buceo.

Werner se&#241;al&#243; el traje con un ligero movimiento de barbilla.

&#191;Crees que es lo que se pon&#237;a?

Fabel escudri&#241;&#243; la ba&#241;era. Otras dos gotas tamborilearon en su interior. Crey&#243; ver que las gotas ten&#237;an un tono rosado p&#225;lido que contrastaba con la blancura del esmalte. Se sac&#243; un bol&#237;grafo del bolsillo y subi&#243; la palanca para cerrar el desag&#252;e.

Si as&#237; es, es una mala elecci&#243;n para limpiar la sangre. Puede que un traje de buceo sea impermeable, pero el cuello, los tobillos y los pu&#241;os son de neopreno. No importa cu&#225;ntas veces lo lave, siempre quedar&#225; algo de sangre en el neopreno. Que nadie toque nada hasta que llegue Brauner.

Fabel decidi&#243; volver a sumergirse en la claustrofobia del peque&#241;o trastero sin ventanas de MacSwain. Hab&#237;a capas y capas de material enganchado o clavado en las paredes. En lugar de examinarlo todo al detalle (una tarea que asignar&#237;a a Werner), dej&#243; que su mirada paseara a su antojo por el paisaje de la locura de MacSwain; una topograf&#237;a de la psicosis que Fabel explor&#243; en su totalidad y no parcialmente. Hab&#237;a art&#237;culos sobre la guerra sovi&#233;tico-afgana y recortes de revistas y libros. Uno en particular le llam&#243; la atenci&#243;n, y lo que le extra&#241;&#243; fue que tan s&#243;lo era un fragmento de lo que pudo haber sido un art&#237;culo mucho m&#225;s largo. Lo hab&#237;a recortado con cuidado, aunque la primera y &#250;ltima frase estaban a medias.


la discordia que vino a continuaci&#243;n. Incapaces de encontrar un soberano adecuado entre ellos, los crivichos, los chudos y los eslavos acordaron buscar a un pr&#237;ncipe o rey extranjero para que gobernara y consolidara el imperio de la ley. Buscaron entre los vikingos del sur de Francia llamados normandos. Buscaron tambi&#233;n entre los anglos de Jutlandia e Inglaterra, y entre los svear o suecos de Suecia. Entre los moros, a estos suecos se los conoce como los rus, y adem&#225;s, por sus tres hermanos insignes: Rurik, Sineus y Truvor, que se desplazaron all&#237; con sus familias y ejercieron el dominio sobre las gentes del r&#237;o Dnipro. Rurik, el mayor, se convirti&#243; en rey de Novgorod, y a los dominios y a los habitantes de esa regi&#243;n se los conoci&#243; como rusos. Los dos hermanos de Rurik murieron poco despu&#233;s, y &#233;ste acab&#243; siendo el &#250;nico soberano. Se le inform&#243; de que hab&#237;a una ciudad en el sur que estaba en peligro. Hab&#237;a sido fundada por el barquero poliano Kii, sus hermanos Shchek y Khoriv, y su hermana Lybed. Esta ciudad hab&#237;a tomado el nombre de Kii, se la conoc&#237;a como Kievetz o Kiev, y hab&#237;a sido bien gobernada y con prudencia. Sin embargo, tras la muerte de Kii y sus familiares, la ciudad se encontraba en gran peligro y sufr&#237;a en las crueles manos de las tribus turcas de los khazar. A Rurik le conmovi&#243; la dif&#237;cil situaci&#243;n de


Fabel reley&#243; el fragmento. &#191;Era as&#237; como se defin&#237;an &#233;l y Vitrenko: el coronel, como un Rurik moderno, y MacSwain, como su leal pariente? Pase&#243; la mirada por el paisaje de psicosis meticulosa. Otro recorte. &#201;ste versaba sobre el lugarteniente del pr&#237;ncipe Igor, un varego llamado Sveneld o Sveinald; un nombre distante, tanto en el tiempo como geogr&#225;ficamente, pero que compart&#237;a la misma ra&#237;z que MacSwain y estaba sometido a la lupa de su locura. Sigui&#243; mirando. Representaciones de Od&#237;n, el dios de un ojo. Una p&#225;gina con el pante&#243;n de los doce dioses principales de los aesir. Otra sobre las divinidades de los vanir, encabezadas por Loki. Hab&#237;a fragmentos descargados de internet sobre Asatru. El elemento m&#225;s grande era una reproducci&#243;n del grabado de madera de un fresno gigante, con sus ramas y ra&#237;ces retorci&#233;ndose y estir&#225;ndose como tent&#225;culos para abrazar las representaciones de una docena de mundos diferentes. En la rama m&#225;s alta, descansaba un &#225;guila enorme. Fabel sab&#237;a que se trataba de Yggdrasil, el &#225;rbol del universo y la pieza central de las creencias n&#243;rdicas. Era Yggdrasil el que establec&#237;a las relaciones: mortales con dioses, el pasado con el presente, el cielo con el infierno, lo bueno con lo malo.

La voz de Maria lo sobresalt&#243;.

La unidad que enviamos al puerto nos ha informado de que el barco de MacSwain se ha ido.

Shit! -Fabel escupi&#243; la palabra inglesa en el espacio reducido del trastero.

Pero tambi&#233;n tenemos buenas noticias, jefe -dijo Maria, con unos brillantes ojos color azul p&#225;lido-. He hablado con el Kommissar Kassel de la WSP, el hombre que nos ayud&#243; cuando MacSwain sali&#243; con el yate la otra noche.

Fabel asinti&#243; con impaciencia.

Est&#225; siguiendo un barco en estos momentos. Se dirige al oeste, bordeando la costa del Elba. Est&#225; seguro de que se trata de MacSwain

Fabel sali&#243; corriendo, y Mar&#237;a tuvo que retroceder con rapidez para no caer al suelo.

Paul, Werner, Maria Quiero que me acompa&#241;&#233;is. -Se volvi&#243; hacia los otros dos agentes de la Mordkommission -. Landsmann, Sch&#252;ler Esperad aqu&#237; por si aparece.

Fabel abri&#243; la tapa del m&#243;vil y empez&#243; a hablar mientras sal&#237;a con br&#237;o del apartamento de MacSwain, dejando atr&#225;s a Werner, Paul y Maria.

Ponme con el Kriminaldirektor Van Heiden inmediatamente.


Van Heiden lo hab&#237;a dispuesto todo para que un helic&#243;ptero estuviera esperando para recoger a Fabel y a su equipo en la plataforma de la Landespolizeischule, al lado del Pr&#228;sidium. Buchholz y Kolski estaban detenidos, y, tal como Fabel hab&#237;a pedido, hab&#237;an informado al abogado de Norbert Eitel de que MacSwain hab&#237;a secuestrado a una agente de polic&#237;a. Como hab&#237;a predicho Fabel, el abogado de Eitel se mostr&#243; muy interesado en permitir que su cliente declarara lo antes posible.

Fabel y los dem&#225;s corrieron hacia el helic&#243;ptero agachados. Las palas del rotor ya cortaban el aire, denso por el olor a gasolina. Cuando se abrocharon los cinturones, el copiloto le facilit&#243; a Fabel un mapa grande a escala del r&#237;o y unos cascos con micr&#243;fono, y le hizo un adem&#225;n para que se los pusiera. Ahora Fabel podr&#237;a hablar con la tripulaci&#243;n.

&#191;Sabe ad&#243;nde nos dirigimos?

El piloto asinti&#243; de forma tajante, con el casco ya puesto.

Entonces, vamos. Y p&#243;ngame en contacto con el capit&#225;n de la WSP.

La posici&#243;n actual de Kassel era cerca de la orilla sur de la parte del Elba conocida como el lago M&#252;hlenberger. Estaban llegando a Stade y pronto entrar&#237;an en la zona donde el Elba se ensanchaba y desembocaba en el mar del Norte. Kassel le cont&#243; que hab&#237;an perdido el contacto visual con el barco de Mac-Swain (al parecer era m&#225;s r&#225;pido que ellos), pero que lo ten&#237;a localizado por radar, y que hab&#237;a enviado dos lanchas de la Polizeidirektion de la WSP de Cuxhaven.

Fabel proces&#243; la informaci&#243;n. Pronto pasar&#237;an cerca de la orilla de tierras bajas y llanas donde hab&#237;an dejado a las chicas drogadas. Ese pensamiento lo golpe&#243; como si fuera un martillo de vapor. Les hizo se&#241;as a Maria, Paul y Werner para que se acercaran. Fabel empuj&#243; el micr&#243;fono hacia abajo y grit&#243; por encima del silbido de los motores del helic&#243;ptero.

No llevaron a las chicas en coche al lugar donde las violaron. Probablemente, MacSwain las trajo aqu&#237; en su barco; y despu&#233;s, &#233;l u otra persona involucrada en el ritual las llev&#243; en el coche y las dej&#243; en alg&#250;n lugar cercano. -Se llev&#243; el micr&#243;fono otra vez a los labios-. P&#243;ngame con la polic&#237;a de Cuxhaven. Necesito hablar con el Hauptkommissar S&#252;lberg ya.

Cuando escuch&#243; la voz de S&#252;lberg al otro lado de la radio, ya estaban lejos de la ciudad. Fabel le explic&#243; que MacSwain no sab&#237;a que lo ten&#237;an localizado y que posiblemente se dirig&#237;a a la zona general donde hab&#237;an abandonado a las otras dos.

Pero esta vez -a&#241;adi&#243; Fabel-, hay una agente que puede identificarlo. No tiene intenci&#243;n de dejarla ir, ya sea drogada o de otro modo.

Ahora mismo enviar&#233; algunas unidades -dijo S&#252;lberg-. Tomaremos posiciones y esperaremos sus instrucciones.

En cuanto S&#252;lberg estuvo fuera de la l&#237;nea, el copiloto inform&#243; a Fabel de que Kassel se hab&#237;a puesto en contacto otra vez. MacSwain se hab&#237;a detenido en alg&#250;n lugar pasado Freiberg.

Fabel consult&#243; el mapa.

La zona de Aussendeich -dijo con una voz que los otros no pudieron escuchar por el estruendo de los rotores.


Domingo, 22 de junio. 00:10 h


A orillas de Aussendeich, entre Hamburgo y Cuxhaven


El barco de MacSwain estaba amarrado en un embarcadero de madera abandonado que parec&#237;a que se desmoronar&#237;a y ser&#237;a engullido por las aguas negras s&#243;lo con la estela de un barco que pasara cerca. Kassel estim&#243; que llevaba all&#237; unos diez minutos antes de que llegara el WS25: el tiempo suficiente para que MacSwain hubiera sacado a Anna del barco y la hubiera llevado a trav&#233;s del campo pantanoso que refulg&#237;a bajo la luz de la luna. Kassel y Gebhard desembarcaron, empu&#241;ando las armas, y se introdujeron con sigilo entre los arbustos que bordeaban el campo. Mientras se agazapaban entre los matorrales, Kassel not&#243; el entusiasmo electrizante de Gebhard; &#233;ste era el tipo de acci&#243;n que hab&#237;a so&#241;ado. Kassel lo mir&#243;.

Vamos a tomarnos esto con calma, &#191;de acuerdo, Gebhard? He hablado con la Kriminalpolizei de Hamburgo por radio, y ellos tomar&#225;n las riendas a partir de ahora. Nosotros vigilaremos que este tipo no vuelva sobre sus pasos e intente escapar en el barco.

Gebhard asinti&#243; con impaciencia, como un adolescente al que no le dan permiso para ir a una fiesta. Kassel escudri&#241;&#243; el campo con sus binoculares. La cruda luz de la luna no era brillante, pero Kassel estaba bastante seguro de que no hab&#237;a nadie all&#237;. MacSwain deb&#237;a de haber pasado al otro lado. Elev&#243; los prism&#225;ticos al grado m&#237;nimo y enfoc&#243; al horizonte. Hab&#237;a dos edificios abandonados tras unos setos, a lo lejos; parec&#237;an unos graneros vac&#237;os. Los tuvo en el punto de mira durante un momento antes de volver a recorrer el horizonte oscuro del campo con los binoculares. Algo le hizo enfocar los graneros de nuevo: una luz, una luz d&#233;bil y tr&#233;mula dentro del edificio de la izquierda. Kassel le dio unos golpecitos a Gebhard con el dorso de la mano, le tendi&#243; los binoculares y se&#241;al&#243; los graneros.

&#161;All&#237;! -susurr&#243;. Levant&#243; la radio y se la llev&#243; a los labios, puls&#243; el bot&#243;n de transmisi&#243;n y repiti&#243; la se&#241;al del helic&#243;ptero dos veces.


Manipular las conversaciones de radio era como hacer malabarismos a cuatro manos. Fabel manten&#237;a informado al Pr&#228;sidium: una unidad del MEK ya estaba de camino, pero a&#250;n tardar&#237;a una hora en llegar. Fabel le dijo a Kassel que no se moviera y que le pasara los detalles de la ubicaci&#243;n al piloto del helic&#243;ptero, as&#237; como a S&#252;lberg y a las unidades de la Schutzpolizei de Cuxhaven. El piloto confirm&#243; que podr&#237;a aterrizar cerca de los graneros.

No, no quiero alertar a MacSwain tan pronto de nuestra presencia. Podr&#237;a costarle la vida a Anna. Al&#233;jate de los graneros y aterriza en la carretera principal. All&#237; nos reuniremos con S&#252;lberg.

Le pas&#243; el comunicado por radio a S&#252;lberg, y &#233;ste le dio una referencia en el mapa. Fabel se volvi&#243; hacia Werner, Mar&#237;a y Paul. Los tres ten&#237;an un aire de determinaci&#243;n en la cara. En la de Paul hab&#237;a algo m&#225;s: una preocupaci&#243;n que desentonaba con los instintos de Fabel y que le hizo sentirse realmente inc&#243;modo.


El helic&#243;ptero aterriz&#243; en un claro cerca de la carretera principal. Mientras corr&#237;a medio agachado bajo las palas cortantes del helic&#243;ptero, Fabel vio que se encontraban muy cerca del lugar donde hab&#237;an dejado a las dos chicas. La silueta achaparrada y desgarbada de S&#252;lberg se aproxim&#243; corriendo hacia Fabel y los dem&#225;s.

Tenemos los coches en la carretera principal. Vamos.

S&#252;lberg orden&#243; a los coches patrulla que apagaran los faros en cuanto llegaran al camino de tierra que conduc&#237;a a los graneros. En el primer veh&#237;culo iban el conductor, S&#252;lberg, Fabel y Maria. El camino estaba surcado de hoyos y no parec&#237;a ser muy transitado, si es que alguna vez lo hab&#237;a sido, y el Mercedes verde y blanco iba dando bandazos mientras resegu&#237;a esa err&#225;tica topograf&#237;a. Se aproximaron a una curva donde un seto elevado y descuidado los protegi&#243; de los graneros. S&#252;lberg le orden&#243; al conductor que parara, y los otros tres coches patrulla se detuvieron detr&#225;s.

S&#252;lberg y Fabel se adelantaron, agach&#225;ndose para ocultarse detr&#225;s del seto. Delante del granero, hab&#237;a dos BMW aparcados, desocupados. MacSwain no estaba solo.

En una pared del edificio hab&#237;a una ventana m&#225;s bien grande que vert&#237;a una luz d&#233;bil y mortecina en la noche, pero ten&#237;a un &#225;ngulo dif&#237;cil para que Fabel y S&#252;lberg pudieran ver el interior. Con cuidado, retrocedieron hasta donde los esperaban Werner, Maria, Paul y los cuatro agentes de Cuxhaven. Hicieron un corrillo, como un equipo de f&#250;tbol americano que est&#225; eligiendo la jugada.

Werner, t&#250; y el Hauptkommissar S&#252;lberg ir&#233;is a la parte trasera del edificio para ver si hay alguna entrada. Paul, t&#250; y yo nos ocuparemos de la puerta principal. Maria, t&#250; sit&#250;ate en el exterior, para ver por esa ventana lateral, por si alguien intentara escapar por ah&#237;. -Mir&#243; a S&#252;lberg antes de dirigirse a los agentes de Cuxhaven. S&#252;lberg asinti&#243; en se&#241;al de aprobaci&#243;n-. Vosotros dos cubrir&#233;is ese lado del granero. Si pasara algo, aseguraos de que no es ninguno de nosotros antes de empezar a disparar. Y vosotros dos -Fabel se&#241;al&#243; a los agentes restantes de la Schutzpolizei -. Poneos al lado de la Oberkommissarin Klee. La WSP tiene cubierto el camino de vuelta al barco.

Un grupo desorganizado de nubes plateadas se dispersaba con lentitud delante de la luna, y las sombras que envolv&#237;an los graneros y se cern&#237;an sobre los campos vecinos parec&#237;an alargarse y extenderse hacia la noche, como la tinta negra en un papel secante ya manchado.

Muy bien -dijo Fabel-, en marcha.


Parec&#237;a que la noche quisiera vaciarse de cualquier ruido, y eso hizo que Fabel tuviera plena conciencia de los sonidos de su respiraci&#243;n y de la tierra que cruj&#237;a bajo sus pies mientras corr&#237;an hacia los BMW aparcados. Fabel desenfund&#243; su Walther y ech&#243; la cure&#241;a hacia atr&#225;s para introducir una bala en la rec&#225;mara. Paul, Werner y S&#252;lberg hicieron lo mismo. Fabel le hizo un gesto con la cabeza a S&#252;lberg, y &#233;l y Werner se dirigieron al lado del granero que no ten&#237;a ventanas. Fabel les dio treinta segundos que parecieron eternos, y entonces le hizo una se&#241;a a Paul.

En cuesti&#243;n de segundos, ya estaban situados en la otra parte del granero. Paul y Fabel tomaron sus posiciones respectivas, con las armas preparadas, uno a cada lado de la puerta.

Fabel ejerci&#243; una leve presi&#243;n en la puerta maciza, y &#233;sta cedi&#243;. Era obvio que no la hab&#237;an cerrado porque se sent&#237;an seguros en su reclusi&#243;n.

Lleg&#243; la hora de demostrar una profesionalidad impasible; pero all&#237; dentro ten&#237;an retenida a Anna, y Fabel sent&#237;a que la rabia y el odio le herv&#237;an en la sangre. Paul ten&#237;a apretada la mand&#237;bula, y los m&#250;sculos sinuosos de su rostro parec&#237;an cables bajo su piel. Una vena palpitaba en su cuello de forma visible. Se volvi&#243; hacia &#233;l, y sus ojos ard&#237;an de rabia. Fabel puso una cara que le preguntaba en silencio: &#191;Est&#225;s bien?. Paul asinti&#243; de un modo que no acab&#243; de tranquilizar a su jefe. Fabel levant&#243; la radio hasta los labios y susurr&#243; una sola palabra:

&#161;Ya!

Paul abri&#243; la puerta de un portazo con la suela de las botas, y Fabel entr&#243; primero. Vio cuatro figuras. Hab&#237;an improvisado un altar a partir de una vieja mesa de roble; Anna estaba estirada encima, a&#250;n vestida y libre, salvo por las ataduras de las drogas, que atenazaban su deseo de escapar. MacSwain estaba medio inclinado sobre ella, y sus manos tocaban ya la blusa de la chica. Mir&#243; a Fabel y a Paul sin comprender nada y despu&#233;s volvi&#243; la cabeza hacia el otro lado cuando Werner y S&#252;lberg irrumpieron por la otra puerta. Fabel y Paul se desplegaron, cercior&#225;ndose de que la l&#237;nea de fuego no estuviera dirigida a los dos polic&#237;as que ten&#237;an enfrente.

Fabel detect&#243; dos figuras m&#225;s. Uno de los hombres parec&#237;a contener una energ&#237;a violenta bajo su cuerpo fuerte y musculoso. Fabel lo reconoci&#243; por las im&#225;genes de vigilancia: era Solovey, uno de los lugartenientes de Vitrenko. La otra figura era m&#225;s alta y llevaba un abrigo negro largo. Incluso en la distancia y bajo la luz mortecina, sus ojos ard&#237;an con un verde casi luminoso.

Vitrenko.

Algo resplandec&#237;a en su mano derecha: un cuchillo de hoja ancha. La hoja ten&#237;a el grosor de una espada, pero era m&#225;s corta y ten&#237;a un doble filo que terminaba en una punta afilada. A Fabel no le cupo la menor duda de que estaba ante el arma homicida.

&#161;Polic&#237;a! Pongan las manos en la cabeza y arrod&#237;llense. -Su voz son&#243; alta y tajante.

Los tres hombres no se movieron. MacSwain, por la sorpresa y la indecisi&#243;n. Los otros dos, por alg&#250;n tipo de estrategia, supuso Fabel. Era evidente que Paul Lindemann tambi&#233;n compart&#237;a esa idea.

Como saqu&#233;is algo, os voy a volar la cabeza. Y lo digo en serio. -La voz de Paul estaba tan cargada de tensi&#243;n como la suya. Y no le cab&#237;a ninguna duda de que Paul hablaba en serio.

Seguro que s&#237; -dijo Vasyl Vitrenko, clavando sus ojos verdes en los de Paul.

Ocurri&#243; tan deprisa que Fabel apenas se dio cuenta. Solovey cay&#243; como si se hubiera abierto una trampilla bajo sus pies, y su mano desapareci&#243; bajo la chaqueta negra de piel mientras se tiraba al suelo. Son&#243; el chasquido fuerte de una pistola, y Fabel oy&#243; un golpe sordo a su lado. En ese instante, y sin girar la cabeza para verlo, supo que Paul estaba muerto. Vitrenko se desplaz&#243; &#225;gilmente hacia el costado, pareci&#243; rebotar como un resorte y se precipit&#243; por la ventana. Fabel dispar&#243; al suelo, donde Solovey hab&#237;a ca&#237;do. El aire ol&#237;a a cordita y, cuando Werner y S&#252;lberg abrieron fuego, se llen&#243; de un coro ensordecedor de disparos. MacSwain se lanz&#243; a un rinc&#243;n y se acurruc&#243; en una postura fetal.

Fabel se volvi&#243; hacia donde hab&#237;a ca&#237;do Paul. Yac&#237;a en el suelo con los ojos en blanco mirando al techo, la furia ya extinguida de su cara al morir. La bala de Solovey lo hab&#237;a alcanzado justo en el centro de la frente ancha y p&#225;lida.

Werner y S&#252;lberg se precipitaron hacia ellos. S&#252;lberg le dio una patada a Solovey, que estaba boca abajo en el suelo cubierto de suciedad; meti&#243; un pie debajo del hombro del ucraniano y lo empuj&#243; un par de veces hasta que pudo darle la vuelta. Era evidente que estaba muerto.

Werner ya se encontraba junto a Anna. Pas&#243; las manos con rapidez por su cuerpo, buscando desesperadamente alg&#250;n rastro de sangre. Mir&#243; a Fabel y, por un momento, tambi&#233;n pos&#243; su mirada en Paul.

Anna est&#225; bien, Jan. No le han dado.

Fabel agarr&#243; la radio que llevaba en el bolsillo interior de la chaqueta. La antena se le qued&#243; enganchada, y forceje&#243; con una furia tan in&#250;til que desgarr&#243; el forro. Cuando pudo sacar el receptor, puls&#243; el bot&#243;n de transmisi&#243;n.

Maria Vitrenko se nos escapa. Ha saltado por la ventana oeste y se dirige hacia ti.

&#161;Lo veo! &#161;Lo veo! -La estridencia en la voz de Maria se vio acentuada por el zumbido est&#225;tico de la radio.

Maria, ve con cuidado. Voy para all&#225;. Que todas las unidades asistan a la Oberkommissarin Klee.

Solt&#243; el bot&#243;n de la radio y se dirigi&#243; con rapidez hacia MacSwain, que a&#250;n estaba agazapado en un rinc&#243;n. En los movimientos de Fabel se adivinaba una decisi&#243;n certera. Cuando lleg&#243; a su lado, estir&#243; el brazo y le clav&#243; la boca de la pistola en la mejilla. MacSwain gimote&#243; y cerr&#243; los ojos con fuerza, esperando a que Fabel le arrancara la cara y la vida de un disparo.

T&#250;, hijo de -dijo Fabel con una voz tranquila y pausada. Mir&#243; a Werner y a S&#252;lberg, que permanec&#237;an callados. Volvi&#243; a mirar a MacSwain. Solt&#243; un poco la presi&#243;n en la pistola y volvi&#243; a asirla con fuerza. Ten&#237;a el rostro desfigurado en una especie de mueca de desd&#233;n. En un solo segundo, una docena de im&#225;genes le pas&#243; por la cabeza: la mirada asustada y atormentada de Michaela Palmer; cuatro mujeres destripadas, preparadas para morir de la misma manera; los ojos sin vida de Paul Lindemann Pero &#233;ste era el aprendiz, no el maestro. La de MacSwain era una mente enferma manipulada por una inteligencia mayor y a&#250;n m&#225;s retorcida. Fue Vitrenko quien mat&#243; a la chica ucraniana y al anciano, a su propio padre. No era un trabajo para un aprendiz; era una obra maestra. Fabel apart&#243; la pistola de la cabeza de MacSwain.

&#161;Vig&#237;lelo! -le grit&#243; a S&#252;lberg, que asinti&#243; resuelto y se acerc&#243; a MacSwain-. Werner, t&#250; cuida de Anna.

&#191;Qu&#233; pasa con Vitrenko?

Yo me ocupo de &#233;l -dijo Fabel. Y corri&#243; hacia la puerta.

Fabel desapareci&#243; en la noche. Se detuvo y escudri&#241;&#243; los campos extensos y llanos. Se llev&#243; la radio a los labios.

&#191;Maria?

Silencio.

&#191;Maria? Cont&#233;stame.-Segu&#237;a sin haber respuesta.

S&#252;lberg, que estaba en el granero, deb&#237;a de haberle escuchado. Su voz brot&#243; de la radio preguntando a cada una de las unidades de Cuxhaven si hab&#237;an visto a Vitrenko o a la Oberkommissarin Klee. Tres respondieron negativamente. El cuarto, igual que Mar&#237;a, no respondi&#243;. Fabel entrecerr&#243; los ojos e inspeccion&#243; en la oscuridad en busca de alg&#250;n movimiento por las hileras verdes y negras de &#225;rboles y matorrales en el extremo m&#225;s alejado de los campos. Vio algo muy poco definido, tanto que ni siquiera pod&#237;a identificarse como una persona. Ech&#243; a correr en esa direcci&#243;n.

&#161;Se dirige a la costa! &#161;En direcci&#243;n contraria al barco! -Fabel gritaba por la radio entre jadeos-. &#161;Voy a perderlo entre los &#225;rboles!

Empez&#243; a sentir una quemaz&#243;n en los pulmones. El coraz&#243;n le lat&#237;a con fuerza.

Primero encontr&#243; al agente de la Schutzpolizei de Cuxhaven. Yac&#237;a de lado, con la SIG a&#250;n en la mano, arropado por las hierbas altas en la depresi&#243;n que su propio cuerpo moribundo hab&#237;a formado al caer. A Fabel, la postura del polic&#237;a muerto le recordaba a los cuerpos momificados de las v&#237;ctimas de antiguos sacrificios que los arque&#243;logos a&#250;n rescataban de la turba en aquella parte de Alemania. Justo debajo de la oreja, recorriendo su garganta exactamente por debajo de la mand&#237;bula, brillaba una cuchillada que, en la mortecina luz de la luna, resplandec&#237;a negra en la hierba. Para el joven agente de la Schutzpolizei, el silencio y la muerte hab&#237;an llegado a la vez, y le hab&#237;an robado el derecho a gritar mientras se le escapaba la vida.

&#161;Mar&#237;a! -grit&#243; Fabel en la oscuridad. Silencio. Entonces oy&#243; algo parecido a un suspiro. Fabel gir&#243; unos sesenta grados a la derecha. A unos diez metros, Maria yac&#237;a medio escondida por las hierbas. Fabel corri&#243; hacia ella y se dej&#243; caer de rodillas a su lado. Estaba tumbada sobre la espalda, con la cara dirigida al cielo oscuro, en una postura que parec&#237;a casi relajada, como si hubiera buscado un momento de soledad para contemplar la luna y las estrellas. Sin volver la cabeza, movi&#243; los ojos para mirar a Fabel. Ten&#237;a los labios apretados con fuerzo y respiraba por la boca en peque&#241;as y profundas bocanadas. La empu&#241;adura del cuchillo ceremonial le sobresal&#237;a del abdomen, justo por debajo del estern&#243;n. Le hab&#237;a introducido la hoja entera, sin tocar el coraz&#243;n a prop&#243;sito para no provocarle una muerte instant&#225;nea, sino para causarle suficientes da&#241;os internos como para que la supervivencia de Maria pendiera de un hilo.

Fabel se inclin&#243; sobre ella y coloc&#243; las manos con cuidado a ambos lados de su rostro, acercando su cara a la de ella hasta casi besarla.

No quiero morir, Jan-dijo con voz de ni&#241;a peque&#241;a-. Por favor, no dejes que me muera.

No vas a morir, Maria. -La voz de Fabel era una mezcla de dulzura y determinaci&#243;n a partes iguales-. M&#237;rame. Esc&#250;chame. Piensa en lo que te voy a decir: Vitrenko podr&#237;a haberte matado si hubiera querido, pero no lo ha hecho. Y no lo ha hecho porque quer&#237;a que estuviera aqu&#237;, cuidando de ti, en lugar de perseguirlo. No eres una de sus v&#237;ctimas, Maria. Eres un entretenimiento, una t&#225;ctica de distracci&#243;n -Pod&#237;a sentir su aliento d&#233;bil en la cara-. No vas a morir.

Sin embargo, no estaba completamente seguro de que le estuviera diciendo la verdad. Maria sonri&#243;, y un hilo de sangre oscura le brot&#243; por la comisura de los labios.

Una voz m&#225;s all&#225; del universo que formaban &#233;l, Maria y el peque&#241;o c&#237;rculo de hierba oscura; una voz por la radio: Werner.

Anna est&#225; bien, jefe. Repito Anna est&#225; bien. &#191;Tienes a Vitrenko? Corto.

Fabel puls&#243; el bot&#243;n de transmisi&#243;n y escuch&#243; su propia voz, apagada y llana, informando acerca del asesinato del polic&#237;a de Cuxhaven y notificando que hab&#237;a una agente herida de gravedad que necesitaba ser transportada con urgencia con un helic&#243;ptero medicalizado.

Pronto vendr&#225;n a ayudarnos, Maria. Vas a ponerte bien, te lo prometo. Tenemos a MacSwain.

Maria sonri&#243; d&#233;bilmente. Cada vez respiraba con mayor dificultad.

Fabel levant&#243; la mirada. Crey&#243; ver una figura alta en un rinc&#243;n muy alejado del campo. Era Vitrenko, que se adentraba en el bosque. Al correr, la gabardina ondeaba tras &#233;l, como si tuviera un par de alas oscuras. Fabel se puso de pie, desenfund&#243; la pistola y dispar&#243;, a sabiendas de que Vitrenko estaba fuera de alcance. Mientras vaciaba el cargador y escuchaba el chasquido impotente del percutor en la rec&#225;mara vac&#237;a, volvi&#243; a acordarse de las palabras del mensaje de correo electr&#243;nico. Esas palabras que MacSwain hab&#237;a escrito, pero que hab&#237;a dictado Vitrenko:


Podr&#225; detenerme, pero nunca me atrapar&#225;.



Glosario

Bundeskriminalamt (BKA) Oficina federal del crimen. Es el equivalente aproximado del FBI norteamericano y se encarga de la coordinaci&#243;n a escala nacional de la inteligencia e investigaci&#243;n criminales.


Bundesnachrichtendienst (BND) Servicio federal de inteligencia. Es el servicio secreto de la Rep&#250;blica Federal de Alemania; se encarga de todos los asuntos relacionados con la seguridad nacional y, desde 1996, participa en la lucha contra el crimen organizado.


Kriminalpolizei Polic&#237;a secreta de Alemania. Es el equivalente de la Brigada de Investigaci&#243;n Criminal (BIC) del Reino Unido. En 2003, el departamento de polic&#237;a secreta de Hamburgo inclu&#237;a a 1.621 miembros.


Landeskriminalamt (LKA) Oficina encargada de la administraci&#243;n de la Kriminalpolizei en cada uno de los estados federales de Alemania. Se divide en ocho departamentos (LKA1-LKA8), cada uno de los cuales se encarga de un aspecto diferente de la inteligencia e investigaci&#243;n criminales.


LKA7 Unidad del Landeskriminalamt encargada de la lucha contra el crimen organizado.


Mobiles Einsatz Kommando (MEK) Grupo de operaciones especiales. Se trata de unidades de la polic&#237;a de Hamburgo para operaciones de vigilancia y respuesta armada. Son el equivalente aproximado del SWAT norteamericano.


Polizeipr&#228;sidium Jefatura de polic&#237;a.


Schutzpolizei Polic&#237;a uniformada alemana. En 2003, la polic&#237;a de Hamburgo se compon&#237;a de 6.306 agentes uniformados.


Wasserschutzpolizei Polic&#237;a del barrio de Harburg (Hamburgo). Forma parte de la polic&#237;a de Hamburgo, pero viste diferente uniforme. En 2003, hab&#237;a 566 agentes de la Wasserschutzpolizei.


Rangos de la Kriminalpolizei (en orden de mayor a menor)


Kriminaldirektor Jefe de polic&#237;a (cuerpo de detectives).


Erster Kriminalhauptkomissar Primer comisario general (rango de Fabel).


Kriminalhauptkomissar Comisario general.


Kriminaloberkomissar Comisario primero (rango de Werner Meyer y Maria Klee).


Kriminalkomissar Comisario (rango de Anna Wolff y Paul Lindemann).


Altos funcionarios y ministros del estado


Erster B&#252;rgermeister Alcalde (y en los casos de Hamburgo, Berl&#237;n y Bremen, el jefe del gobierno regional).


Innensenator Ministro del Interior del Senat de Hamburgo, o gobierno regional.


Staatsanwalt Fiscal del estado.


Staatsanwaltschaft Fiscal general del estado.



Agradecimientos

Tengo mucho que agradecer. Y hay muchas personas a las que estoy agradecido. Antes que nada, quiero darle las gracias a Wendy mi esposa, por sus comentarios y correcciones sobre el primer borrador, y por su apoyo incondicional a (y confianza en) Jan Fabel; a mis hijos, Jonathan y Sophie, por su paciencia mientras yo dedicaba tant&#237;simo tiempo a este libro; y a mi madre, una lectora de novela negra &#225;vida y experta, por sus expertos comentarios sobre el manuscrito.

Doy mis m&#225;s efusivas gracias a mi agente, Carole Blake, por su confianza, energ&#237;a y arduo trabajo; tambi&#233;n a Oli Munson y David Eddy de la agencia literaria Blake Friedmann. Asimismo, quiero dar las gracias a mis agentes en Espa&#241;a, Sarah Nundy y Daniela Petracco, por todos los esfuerzos que han llevado a cabo en mi nombre. Quiero agradecer especialmente a mi editora espa&#241;ola, Patricia Escalona de Roca Editorial, por su dedicaci&#243;n a las historias de Jan Fabel.

Tengo que destacar al doctor Bernd Rullk&#246;tter, quien fue m&#225;s all&#225; de su deber al ayudarme a que este libro fuera lo m&#225;s realista y preciso posible (aunque eso implicara decirme d&#243;nde pod&#237;a meterme los Umlaut). Tambi&#233;n debo darle las gracias a la doctora Anja Lowit, por dedicarme su tiempo y por sus comentarios sobre el borrador original.

En mi opini&#243;n, la polic&#237;a de Hamburgo es uno de los mejores servicios policiales del mundo. Tambi&#233;n he descubierto que es uno de los m&#225;s abiertos y accesibles. He intentado mantenerme, en la medida de lo posible, dentro de las estructuras y procedimientos operativos y organizativos de la polic&#237;a de Hamburgo; pero este libro es, despu&#233;s de todo, una obra de ficci&#243;n, as&#237; que cualquier licencia o error son s&#243;lo m&#237;os. Sin embargo, me gustar&#237;a hacer una menci&#243;n especial a la Erste Polizeihauptkommissarin Ulrike Sweden de la Polizeipressestelle, por toda la informaci&#243;n, ayuda y contactos que me proporcion&#243;. Tambi&#233;n me gustar&#237;a darle las gracias a Dirk Brandenburg y a Birte Hell, ambos del departamento de homicidios de Hamburgo, por dedicarme tanto de su valios&#237;simo tiempo. Doy las gracias especialmente a Peter Baustian, de la comisar&#237;a de polic&#237;a de Davidwache, y a Robert Golz, de la divisi&#243;n de control y operaciones del Polizeipr&#228;sidium. Boris Manzella, Andre Sch&#243;nhardt y Rene Sch&#243;nhardt, todos ellos agentes en activo de la polic&#237;a de Hamburgo, me dieron su inestimable opini&#243;n sobre el primer borrador de Muerte en Hamburgo.

Estoy enormemente agradecido a Katrin Frahm por ayudarme a parecer menos est&#250;pido cuando hablo en alem&#225;n. Quiero dar las gracias a Dagmar F&#246;rtsch, de GLS Language Services (y c&#243;nsul de honor de la Rep&#250;blica Federal de Alemania en Glasgow), as&#237; como a Duncan McInnes.

Tambi&#233;n quiero agradecer especialmente a mis editores de todo el mundo su fe y dedicaci&#243;n.

Y, por supuesto, si este libro tiene un h&#233;roe, &#233;ste es una ciudad, no una persona Vielen Dank, Hamburg!



CRAIG RUSSELL

Naci&#243; en 1956 en Fife, Escocia. Fue polic&#237;a, creativo publicitario y periodista freelance. Muerte en Hamburgo fue su primera novela y la presentaci&#243;n en sociedad literaria de su protagonista Jan Fabel. Cuento de muerte fue la segunda entrega y Resurrecci&#243;n la tercera.

Russell sigue escribiendo y esperamos leer el siguiente caso de Jan Fabel muy pronto.



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