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Harlan Coben


Desaparecida


Myron Bolitar 9


Para Sandra Whitaker, la t&#237;a m&#225;s guay del mundo entero.





PRIMERA PARTE


Aguanta.

Esto te doler&#225; como nunca te ha dolido.

William Fitzsimmons, I Don't Feel ItAnymore





1

T&#250; no conoces su secreto, me dijo Win. 


&#191;Deber&#237;a?

Win se encogi&#243; de hombros. 

&#191;Es malo?, pregunt&#233;. 

Mucho, respondi&#243; Win. 

Entonces quiz&#225;s no quiera saberlo.


Dos d&#237;as antes de conocer el secreto que ella hab&#237;a guardado durante una d&#233;cada -en apariencia el &#237;ntimo secreto que no solo nos devastar&#237;a a los dos sino que cambiar&#237;a el mundo para siempre-, Terese Collins me llam&#243; a las cinco de la ma&#241;ana para sacarme de un sue&#241;o casi er&#243;tico y meterme en otro. Solo dijo: Ven a Par&#237;s.

No hab&#237;a o&#237;do su voz en &#191;cu&#225;nto?, quiz&#225;s siete a&#241;os, y se o&#237;a el crepitar de la est&#225;tica en la l&#237;nea. Ella no se preocup&#243; por cosas como el hola o cualquier pre&#225;mbulo. Me despert&#233; del todo y pregunt&#233;:

&#191;Terese? &#191;D&#243;nde est&#225;s?

En un precioso hotel en la margen izquierda llamado D'Aubusson. Te encantar&#225;. Hay un vuelo de Air France que sale esta noche a las siete.

Me sent&#233;. Terese Collins. Las im&#225;genes sacudieron mi mente: un biquini de infarto, aquella isla privada, la playa abrasada por el sol, una mirada que derret&#237;a el acero, un biquini de infarto.

Vale la pena mencionar dos veces el biquini.

No puedo.

Par&#237;s.

Lo s&#233;.

Casi una d&#233;cada atr&#225;s nos fugamos a una isla como dos almas perdidas. Cre&#237; que nunca m&#225;s nos volver&#237;amos a ver, pero lo hicimos. Unos pocos a&#241;os m&#225;s tarde me ayud&#243; a salvar la vida de mi hijo. Despu&#233;s, puf, desapareci&#243; sin dejar rastro hasta ahora.

Pi&#233;nsalo -a&#241;adi&#243; ella-. La Ciudad de la Luz. Podr&#237;amos amarnos toda la noche.

Consegu&#237; tragar.

S&#237;, claro, pero, &#191;qu&#233; haremos durante el d&#237;a?

Si no recuerdo mal es probable que necesites descansar.

Adem&#225;s de vitamina E -se&#241;al&#233;, sin poder evitar la sonrisa-. No puedo, Terese. Tengo una relaci&#243;n.

&#191;Con la viuda del 11-S?

Me pregunt&#233; c&#243;mo lo sab&#237;a.

S&#237;.

Esto no tiene nada que ver con ella.

Perdona, pero creo que s&#237;.

&#191;Est&#225;s enamorado? -pregunt&#243;.

&#191;Importar&#237;a si dijese que s&#237;?

No.

Cambi&#233; de tema.

&#191;Qu&#233; pasa, Terese?

No pasa nada. Quiero pasar contigo un fin de semana rom&#225;ntico, sensual, lleno de fantas&#237;as en Par&#237;s.

Otro trago.

No he sabido nada de ti en &#191;siete a&#241;os?

Casi ocho.

Te llam&#233; -dije-. Muchas veces.

Lo s&#233;.

Te dej&#233; mensajes. Te escrib&#237;. Intent&#233; encontrarte.

Lo s&#233; -repiti&#243;.

Sigui&#243; un silencio. No me gusta el silencio.

&#191;Terese?

Cuando necesitaste de m&#237;, cuando me necesitaste de verdad, estuve all&#237;, &#191;no?

S&#237;.

Ven a Par&#237;s, Myron.

&#191;As&#237; de sencillo?

S&#237;.

&#191;D&#243;nde has estado todos estos a&#241;os?

Te lo contar&#233; todo cuando est&#233;s aqu&#237;.

No puedo. Tengo una relaci&#243;n con una persona.

De nuevo aquel maldito silencio.

&#191;Terese?

&#191;Recuerdas cu&#225;ndo nos conocimos?

Sucedi&#243; despu&#233;s del mayor desastre de mi vida. Supongo que lo mismo le pas&#243; a ella. Unos amigos bienintencionados nos hab&#237;an obligado a asistir a una gala ben&#233;fica, y tan pronto como nos vimos el uno al otro fue como si nuestras respectivas miserias se convirtiesen en imanes. No creo mucho que los ojos sean el espejo del alma. He conocido demasiados pirados capaces de convencerte de esa seudociencia. Pero la tristeza era tan obvia en los ojos de Terese En realidad emanaba de todo su ser, y aquella noche, con mi propia vida en ruinas, era lo que necesitaba.

Terese ten&#237;a un amigo propietario de una peque&#241;a isla caribe&#241;a cerca de Aruba. Nos largamos all&#237; aquella misma noche sin decirle nada a nadie. Acabamos pasando all&#237; tres semanas, am&#225;ndonos casi sin hablar, desapareciendo y desgarr&#225;ndonos el uno al otro, porque no hab&#237;a mucho m&#225;s que hacer.

Por supuesto que lo recuerdo.

Ambos est&#225;bamos destrozados. Nunca hablamos de eso. Pero los dos lo sab&#237;amos.

S&#237;.

Fuiste capaz de superar aquello que te destroz&#243;. Es natural. Nos recuperamos. Nos destruyen y luego nos recuperamos.

&#191;Y t&#250;?

No pude recuperarme. Ni siquiera creo que lo desease. Estaba destrozada y quiz&#225;s fue mejor mantenerme as&#237;.

No s&#233; si te sigo.

En ese momento su voz era suave.

No cre&#237;, no, b&#243;rralo, sigo sin creer que me gustase ver c&#243;mo ser&#237;a mi mundo reconstruido. No creo que me gustase mucho el resultado.

&#191;Terese?

No respondi&#243;.

Quiero ayudar.

Quiz&#225;s no puedas -contest&#243;-. Quiz&#225;s no tenga sentido.

M&#225;s silencio.

Olvida que he llamado, Myron. Cu&#237;date.

Luego desapareci&#243;.



2

Ah -exclam&#243; Win-, la deliciosa Terese Collins. Un culo de primera clase, algo sensacional.

Est&#225;bamos sentados en las destartaladas gradas plegables del gimnasio del Kasselton High School. Los habituales olores a sudor y jab&#243;n industrial llenaban el aire. Todos los sonidos, como en todos los gimnasios similares de este vasto continente, llegaban distorsionados, y los extra&#241;os ecos formaban el equivalente auditivo de una cortina de ba&#241;o.

Me encantan los gimnasios como &#233;ste. Crec&#237; en ellos. Pas&#233; muchos de mis momentos m&#225;s felices en id&#233;nticos recintos mal ventilados con una pelota de baloncesto en la mano. Me encanta el sonido del driblaje. Me encanta la p&#225;tina de sudor que comienza a aparecer en los rostros durante los calentamientos. Me encanta la sensaci&#243;n del cuero granulado en las yemas; ese momento de pureza neorreligiosa cuando te centras en el borde del aro, lanzas la pelota, encestas y no hay nada m&#225;s en el mundo.

Me alegra que la recuerdes.

Un culo de primera clase, algo sensacional.

S&#237;, ya te o&#237; la primera vez.

Win hab&#237;a sido mi compa&#241;ero de habitaci&#243;n en el colegio universitario Duke. Ahora era mi socio y, junto con Esperanza D&#237;az, mi mejor amigo. Su verdadero nombre era Windsor Horne Lockwood III, y le sentaba bien: rizos dorados separados por una raya trazada con un tiral&#237;neas; tez rubicunda; un rostro patricio; bronceado de golfista; ojos azul hielo. Vest&#237;a unos car&#237;simos pantalones de color caqui con una raya que rivalizaba con la del pelo, una americana azul Lily Pulitzer con el forro rosa y verde y un pa&#241;uelo en el bolsillo abullonado como la flor lanza agua de un payaso.

Una vestimenta decadente.

Cuando Terese estaba en la tele -continu&#243; Win con su estirado acento de instituto privado con el tono de alguien que le explica algo obvio a un ni&#241;o un tanto retrasado-, no pod&#237;as apreciar la calidad. Estaba sentada detr&#225;s de la mesa de los presentadores.

Aja.

Pero cuando la vi con aquel biquini -para aquellos que llevan la cuenta, el mismo que mencion&#233; antes, el de infarto-, bueno, es un activo estupendo. Un desperdicio en una presentadora. Es una tragedia cuando lo piensas.

Como el Hindenburg-se&#241;al&#233;.

Una referencia hilarante -aprob&#243; Win-, y, oh, tan oportuna.

La expresi&#243;n de Win siempre es altiva. Las personas miran a Win y ven a un elitista, un esnob, alguien con dinero de toda la vida. En su mayor parte, est&#225;n en lo cierto. Pero hay una parte en la que se equivocan y esa parte puede hacer que un hombre sufra graves da&#241;os.

Contin&#250;a -dijo Win-. Acaba la historia.

Ya est&#225;.

Win frunci&#243; el entrecejo.

Entonces, &#191;cu&#225;ndo te marchas a Par&#237;s?

No voy.

Hab&#237;a comenzado el segundo cuarto en la cancha. Era un partido de baloncesto de los chicos de quinto grado. Mi novia -el t&#233;rmino parece un tanto pobre, pero no estoy seguro de si amiga con derecho a roce, persona importante o compa&#241;era podr&#237;a aplicarse-, Ali Wilder, tiene dos hijos, y el menor juega en este equipo. Se llama Jack y no es muy bueno. Lo digo no por juzgar o predecir futuros &#233;xitos -Michael Jord&#225;n no empez&#243; a jugar en el equipo del instituto hasta cursar tercero-, sino como una mera observaci&#243;n. Jack es grande para su edad, alto y pesado, lo que a menudo conlleva una falta de velocidad y coordinaci&#243;n. Hay algo como de trot&#243;n en su manera de correr.

Pero a Jack le encantaba el juego, y eso lo era todo para m&#237;. Era un chico dulce, encerrado en su mundo pero de una manera positiva, y necesitado, como corresponde a un ni&#241;o que pierde a su padre de una forma tan tr&#225;gica y prematura.

Ali no pod&#237;a venir hasta la media parte y yo, al chico, le apoyaba.

Win continuaba con el entrecejo fruncido.

A ver si lo entiendo. &#191;Has rechazado pasar un fin de semana con la adorable se&#241;ora Collins y su culo de primera clase en un hotelito de Par&#237;s?

Siempre era un error hablar de relaciones con Win.

As&#237; es -respond&#237;.

&#191;Por qu&#233;? -Win se volvi&#243; para mirarme. Parec&#237;a perplejo de verdad. Entonces su rostro se relaj&#243;-. Ah, espera.

&#191;Qu&#233;?

Ha engordado, &#191;no?

Win.

No tengo ni idea.

&#191;Entonces?

Ya sabes, estoy comprometido, &#191;lo recuerdas?

Win me mir&#243; como si estuviese defecando en la cancha.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#233;.

Se ech&#243; hacia atr&#225;s en el asiento.

Eres una maricona como una casa.

Son&#243; la bocina. Jack se puso las gafas protectoras y fue hacia la mesa de los &#225;rbitros con aquella maravillosa media sonrisa tontorrona. Los chicos de quinto grado de Livingston jugaban contra sus archirrivales de Kasselton. Intent&#233; no sonre&#237;r con suficiencia ante el entusiasmo, no tanto de los chicos, sino de los padres en las gradas. No quiero generalizar, pero las madres se dividen en dos grupos: las charlatanas, que aprovechan la ocasi&#243;n para socializar, y las sufridoras, las que viven y mueren cada vez que sus reto&#241;os tocan la pelota.

Los padres a menudo son m&#225;s problem&#225;ticos. Algunos consiguen mantener la ansiedad m&#225;s o menos controlada, reniegan por lo bajo, se muerden las u&#241;as. Otros gritan a voz en cuello. Se meten con los &#225;rbitros, los entrenadores y los chicos.

Un padre, sentado dos filas delante de nosotros, ten&#237;a lo que Win y yo llam&#225;bamos el s&#237;ndrome de Tourette del espectador, y se pasaba todo el partido meti&#233;ndose a gritos con todos los que ten&#237;a a su alrededor.

Mi perspectiva en este campo es mucho m&#225;s clara que en la de la mayor&#237;a. He sido agraciado con el don del atleta natural. Fue una sorpresa para toda mi familia desde el gran triunfo atl&#233;tico conseguido por un Bolitar mucho antes de que yo apareciese, cuando mi t&#237;o Sa&#250;l gan&#243; un torneo de tejos en un crucero de la Princess en 1974. Acab&#233; el bachillerato en el Livingston High School como jugador del a&#241;o. Fui el base estrella de Duke, donde dirig&#237; al equipo en dos temporadas del campeonato de la NCAA. Los Boston Celtics me seleccionaron en primera ronda.

Entonces, pataplum, a tomar viento.

Cambio -grit&#243; alguien.

Jack se acomod&#243; las gafas y corri&#243; a la cancha.

El entrenador del equipo rival se&#241;al&#243; a Jack y grit&#243;:

&#161;T&#250;, Connor! Te toca el nuevo. Es grande y lento. A ver si lo mueves un poco.

El padre con el s&#237;ndrome de Tourette gimi&#243;:

Es un partido muy igualado. &#191;Por qu&#233; lo hacen entrar ahora?

&#191;Grande y lento? &#191;Hab&#237;a o&#237;do bien?

Mir&#233; al entrenador del Kasselton. Llevaba el pelo con reflejos, peinado con gomina como un puercoesp&#237;n, y una perilla negra recortada que le daba el aspecto del envejecido bajista de una banda de m&#250;sica. Era alto; yo mido un metro noventa y dos y ese tipo me sacaba cinco cent&#237;metros, adem&#225;s de, calcul&#233;, unos diez o quince kilos.

&#191;Es grande y lento? -le repet&#237; a Win-. &#191;Te puedes creer que el entrenador acabe de gritar eso?

Win se encogi&#243; de hombros.

Yo tambi&#233;n lo intent&#233;. El calor del juego. D&#233;jalo correr.

El marcador estaba empatado a veinticuatro cuando ocurri&#243; el desastre. Fue inmediatamente despu&#233;s de un tiempo muerto y al equipo de Jack le tocaba subir la pelota hacia la canasta del equipo rival. Kasselton decidi&#243; hacer presi&#243;n por sorpresa. Jack estaba solo. Le pasaron la pelota, pero por un momento, con la presi&#243;n encima, no supo qu&#233; hacer. Ocurre.

Busc&#243; ayuda. Se volvi&#243; hacia el banco del Kasselton, el m&#225;s cercano a &#233;l, y el gran entrenador del pelo puntiagudo grit&#243;:

&#161;Lanza! &#161;Lanza! -Y se&#241;al&#243; la canasta.

La canasta err&#243;nea.

&#161;Lanza! -grit&#243; de nuevo el entrenador.

Jack, a quien por naturaleza le gusta complacer y conf&#237;a en los adultos, le obedeci&#243;.

La pelota entr&#243;. En la canasta equivocada. Dos puntos para Kasselton.

Los padres de Kasselton estallaron en vivas e incluso risas. Los padres de Livingston alzaron las manos al aire y gimieron por el error del chico de quinto grado. Entonces el entrenador del Kasselton, el tipo del pelo puntiagudo y la perilla de bajista, choc&#243; palmas con el segundo entrenador, se&#241;al&#243; a Jack, y le grit&#243;:

&#161;Eh, chico, hazlo de nuevo!

Posiblemente Jack era el chico m&#225;s alto de la cancha, pero en ese momento parec&#237;a como si intentase con todas sus fuerzas ser lo m&#225;s peque&#241;o posible. La media sonrisa tontorrona desapareci&#243;. Le temblaban los labios. Parpadeaba. Todas las partes del chico se encog&#237;an y tambi&#233;n mi coraz&#243;n.

Un padre del Kasselton no dejaba de gritar. Se ri&#243;, se llev&#243; las manos a la boca como si fuese un meg&#225;fono de carne y grit&#243;:

&#161;P&#225;sasela al chico del otro equipo! &#161;Es nuestro mejor jugador!

Win le toc&#243; el hombro.

Vas a callarte ahora mismo.

El padre se volvi&#243; hacia Win, y vio la vestimenta decadente, el pelo rubio y las facciones de porcelana. Estaba a punto de burlarse y soltar una r&#233;plica, pero algo -probablemente el instinto de supervivencia b&#225;sico y un cerebro de reptil- hizo que se lo pensara mejor. Sus ojos se cruzaron con los azul hielo de Win y luego los baj&#243;.

S&#237;, lo siento, eso estaba dem&#225;s -se disculp&#243;.

Yo apenas lo o&#237;. No pod&#237;a moverme. Permanec&#237; sentado en la grada y miraba al ufano entrenador de los pelos puntiagudos. Sent&#237;a latir la sangre.

Son&#243; la bocina; final de la media parte. El entrenador, que no sal&#237;a de su asombro, continuaba ri&#233;ndose y sacudiendo la cabeza. Uno de sus ayudantes se acerc&#243; para estrecharle la mano. Tambi&#233;n lo hicieron algunos padres y espectadores.

Tengo que irme -dijo Win.

No respond&#237;.

&#191;Deber&#237;a quedarme? &#191;Por si acaso?

No.

Win hizo un gesto y se march&#243;. Yo segu&#237;a mirando al entrenador del Kasselton. Me levant&#233; y comenc&#233; a bajar las desvencijadas gradas. Mis pisadas sonaban como truenos. El entrenador camin&#243; hacia la puerta. Lo segu&#237;. Entr&#243; en los lavabos sonriendo como el idiota que sin duda era. Lo esper&#233; junto a la puerta.

Cuando sali&#243;, le dije:

Un tipo con clase.

Llevaba las palabras Entrenador Bobby bordadas en la camisa. Se detuvo y me mir&#243;.

&#191;Perd&#243;n?

Animar a un chico de diez a&#241;os a que lance a la canasta equivocada -dije-. Y despu&#233;s aquella divertida frase de Eh, chico, hazlo otra vez ayud&#243; a humillarlo. Es un tipo con mucha clase, entrenador Bobby.

El entrenador entrecerr&#243; los ojos. De cerca era grande, ancho y ten&#237;a los brazos gruesos, los nudillos grandes y una frente de Neandertal. Conoc&#237;a el tipo. Todos lo conocen.

Parte del juego, amigo.

&#191;Burlarse de un chico de diez a&#241;os es parte del juego?

Meterse en su mente. Forzar a tu oponente a cometer un error.

No dije nada. Me tom&#243; la medida y decidi&#243; que, pod&#237;a conmigo. Los tipos grandes como el entrenador Bobby est&#225;n seguros de que pueden con casi todos. Yo &#250;nicamente lo mir&#233;.

&#191;Tiene alg&#250;n problema? -pregunt&#243;.

Son chicos de diez a&#241;os.

S&#237;, claro, chicos. &#191;Qu&#233; es usted, uno de esos padres mariquitas que creen que todos han de ser iguales en la cancha? Nadie debe sentirse herido, nadie debe ganar o perder Eh, quiz&#225;s incluso ni siquiera deber&#237;amos llevar el marcador, &#191;no?

El segundo entrenador del Kasselton se acerc&#243;. Vest&#237;a una camisa a juego que dec&#237;a Segundo entrenador Pat.

&#191;Bobby? Est&#225; a punto de comenzar la segunda parte.

Me acerqu&#233; un paso.

D&#233;jelo en paz.

El entrenador Bobby me dirigi&#243; el previsible gesto burl&#243;n y respondi&#243;:

&#191;O qu&#233;?

Es un chico sensible.

Bu, bu. Si es tan sensible, quiz&#225;s no deber&#237;a jugar.

Y quiz&#225;s usted no deber&#237;a entrenar.

El segundo entrenador, Pat, se adelant&#243;. Me mir&#243;, y aquella sonrisa c&#243;mplice que yo conoc&#237;a muy bien apareci&#243; en su rostro.

Vaya, vaya, vaya.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#243; Bobby.

&#191;Sabes qui&#233;n es este tipo?

&#191;Qui&#233;n?

Myron Bolitar.

Casi pod&#237;as ver como Bobby procesaba el nombre, como si en la frente tuviese una ventana y el h&#225;mster que corr&#237;a en la rueda estuviese cogiendo velocidad. Cuando las sinapsis acabaron su funci&#243;n, su sonrisa casi arranc&#243; las esquinas de la perilla.

Aquella gran superestrella -lleg&#243; incluso a marcar las comillas con los dedos- que no pudo entrar con los profesionales. &#191;El famoso fracaso de la primera vuelta?

El mismo -a&#241;adi&#243; el segundo entrenador.

Ahora lo pillo.

Eh, entrenador Bobby -dije.

&#191;Qu&#233;?

Deje al chico en paz.

Frunci&#243; el entrecejo.

No querr&#225; meterse conmigo.

Tiene raz&#243;n. No quiero. Quiero que deje al chico en paz.

Ni hablar, amigo. -Sonri&#243; y se me acerc&#243; un poco m&#225;s-. &#191;Le causa alg&#250;n problema eso?

S&#237;, por supuesto.

Entonces, &#191;qu&#233; le parece si usted y yo lo discutimos un poco cuando acabe el partido? &#191;En privado?

Las chispas comenzaron a encenderse en mis venas.

&#191;Me est&#225; retando a una pelea?

S&#237;. A menos, por supuesto, que sea un gallina. &#191;Es un gallina?

No soy un gallina -respond&#237;.

Algunas veces soy muy bueno en las r&#233;plicas cortantes. Intento mantenerme a la par.

Tengo un partido que dirigir. Pero despu&#233;s usted y yo arreglaremos cuentas. &#191;Me sigue?

Lo sigo.

De nuevo con la r&#233;plica instant&#225;nea. Voy lanzado.

Bobby apoy&#243; un dedo en mi cara. Pens&#233; en mord&#233;rselo; eso siempre capta la atenci&#243;n de cualquiera.

Es un hombre muerto, Bolitar. &#191;Me oye? Un hombre muerto.

&#191;Un hombre tuerto?

Un hombre muerto.

Oh, claro, porque si fuese tuerto, no le ver&#237;a muy bien. Ahora que lo pienso, si fuese un muerto, tampoco podr&#237;a.

Son&#243; la bocina. Pat dijo:

Vamos, Bobby.

Un hombre muerto -repiti&#243; &#233;l.

Me llev&#233; una mano al ojo, como si fuese tuerto, y grit&#233;: &#191;D&#243;nde est&#225;? Pero ya se hab&#237;a marchado.

Lo observ&#233;. Ten&#237;a aquel balanceo lento y seguro, los hombros echados hacia atr&#225;s, los brazos movi&#233;ndose casi demasiado. Iba a gritarle algo est&#250;pido cuando sent&#237; una mano en mi brazo. Me volv&#237;. Era Ali, la madre de Jack.

&#191;De qu&#233; iba todo esto? -pregunt&#243; Ali.

Ali tiene unos enormes ojos verdes y una cara bonita y franca que encuentro irresistible. Quer&#237;a levantarla y besarla, pero algunos dir&#237;an que &#233;se no era el mejor lugar.

Nada -respond&#237;.

&#191;Qu&#233; tal ha ido la primera parte?

Perdemos por dos.

&#191;Jack marc&#243;?

No lo creo, no.

Ali observ&#243; mi rostro por un momento y vio algo que no le gust&#243;. Me gir&#233; y volv&#237; a las gradas. Me sent&#233;. Ali se sent&#243; a mi lado. Cuando llevaban dos minutos de juego, me pregunt&#243;:

&#191;Cu&#225;l es el problema?

Ninguno.

Me remov&#237; en la inc&#243;moda grada.

Mentiroso -dijo Ali.

Solo estoy siguiendo el juego.

Mentiroso.

La mir&#233;, mir&#233; su bonito rostro franco, las pecas que no tendr&#237;an que estar all&#237; a su edad pero que la hac&#237;an condenadamente adorable, pero tambi&#233;n vi algo m&#225;s.

T&#250; tambi&#233;n pareces un poco distra&#237;da.

No solo hoy, pens&#233;, sino tambi&#233;n durante las &#250;ltimas semanas las cosas no hab&#237;an ido muy bien entre nosotros. Ali se hab&#237;a mostrado distante y preocupada y no hab&#237;a querido hablar del tema. Yo hab&#237;a estado muy ocupado con el trabajo, as&#237; que no hab&#237;a insistido.

Ali mantuvo la mirada en la cancha.

&#191;Jack jug&#243; bien?

Muy bien -respond&#237;. Luego a&#241;ad&#237;-: &#191;A qu&#233; hora sale tu vuelo ma&#241;ana?

A las tres.

Te llevar&#233; al aeropuerto.

Erin, la hija de Ali, se matriculaba en la Universidad Estatal de Arizona. Ali, Erin y Jack iban a volar hasta all&#237; para pasar la semana dedicados a instalar a la estudiante.

No pasa nada. Ya he alquilado un coche.

Me gustar&#237;a llevarte.

No te preocupes.

Su tono cort&#243; cualquier discusi&#243;n sobre el tema. Intent&#233; acomodarme y mirar el partido. Mi pulso continuaba acelerado. Pocos minutos m&#225;s tarde, Ali pregunt&#243;:

&#191;Por qu&#233; contin&#250;as mirando al otro entrenador?

&#191;Qu&#233; entrenador?

Aquel con el pelo mal te&#241;ido y la perilla a lo Robin Hood.

Busco modelos para acicalarme.

Ella casi sonri&#243;.

&#191;Jack jug&#243; mucho en la primera mitad?

El tiempo habitual.

Acab&#243; el partido; Kasselton gan&#243; por tres. Sus seguidores aplaudieron. El entrenador, un buen tipo a todas luces, hab&#237;a preferido no hacer jugar a Jack en la segunda mitad. Ali estaba un tanto inquieta por eso -el entrenador por lo general procuraba que todos los chicos jugasen el mismo tiempo-, pero decidi&#243; dejarlo correr.

Los equipos se retiraron a los vestuarios para discutir las incidencias del partido con sus entrenadores. Ali y yo esperamos fuera de la puerta del gimnasio, en el pasillo del colegio. No tuve que esperar mucho. Bobby vino hacia m&#237; con el mismo balanceo, aunque ahora sus manos se hab&#237;an transformado en pu&#241;os. Lo acompa&#241;aban otros tres t&#237;os, incluido Pat, todos grandes, con sobrepeso y ni siquiera la mitad de duros de lo que cre&#237;an ser. Bobby se detuvo a un metro de m&#237;. Sus tres compa&#241;eros se desplegaron con los brazos cruzados sobre el pecho y me miraron.

Por un momento nadie habl&#243;. Solo me miraron como si fuesen a comerme.

&#191;&#201;sta es la parte en la que me meo en los pantalones? -pregunt&#233;.

Bobby comenz&#243; de nuevo con el dedo.

&#191;Conoce el Landmark Bar de Livingston?

Claro.

Esta noche a las diez. En el aparcamiento de atr&#225;s.

Se pasa de mi hora de recogida -dije-, y tampoco soy de esa clase de citas. Primero una invitaci&#243;n a cenar, unas flores.

Si no se presenta -se acerc&#243; m&#225;s con el dedo- buscar&#233; alguna otra manera de obtener satisfacci&#243;n. &#191;Me pilla?

No, pero antes de que pudiera pedirle una aclaraci&#243;n se march&#243;. Sus compa&#241;eros lo siguieron. Me miraron por encima del hombro. Los salud&#233; con la mano como si fuese un beb&#233;. Uno de ellos insisti&#243; en la mirada y yo le sopl&#233; un beso. Se volvi&#243; como si le hubiese dado una bofetada.

Soplar un beso. Mi movimiento favorito para provocar la homo-fobia.

Me volv&#237; hacia Ali, vi su rostro y pens&#233;: Oh, oh.

&#191;Qu&#233; demonios ha sido eso?

Pas&#243; algo durante el partido antes de que llegases -respond&#237;.

&#191;Qu&#233;?

Se lo dije.

&#191;Te enfrentaste al entrenador?

S&#237;.

&#191;Por qu&#233;? -pregunt&#243;.

&#191;Qu&#233; quieres decir con por qu&#233;?

Lo has complicado todav&#237;a m&#225;s. Es un bocazas. Los chicos lo entienden.

Jack casi lloraba.

Entonces yo me ocupar&#233;. No necesito tu rollo de macho.

No iba de macho. Quer&#237;a que dejara d&#233; molestar a Jack.

No me extra&#241;a que Jack no jugase en la segunda mitad. Su entrenador probablemente vio tu est&#250;pido comportamiento y fue lo bastante listo como para no avivar las llamas. &#191;Ahora te sientes mejor?

Todav&#237;a no -dije-, pero despu&#233;s de que le aplaste la cara en el Landmark s&#237;, creo que s&#237;.

Ni se te ocurra.

Ya lo has o&#237;do.

Ali sacudi&#243; la cabeza.

No me lo puedo creer. &#191;Qu&#233; demonios te pasa?

Estaba apoyando a Jack.

&#201;se no es tu papel. Aqu&#237; no tienes ning&#250;n derecho. T&#250; no eres

Se interrumpi&#243;.

Dilo, Ali.

Cerr&#243; los ojos.

Tienes raz&#243;n. No soy su padre.

No era eso lo que iba a decir.

Lo era, pero lo dej&#233; correr.

Puede que no sea mi papel, si es que la cosa iba de eso, solo que no iba de eso. Podr&#237;a haber ido a por ese tipo incluso si lo hubiese dicho de otro chico.

&#191;Por qu&#233;?

Porque est&#225; mal.

&#191;Qui&#233;n eres t&#250; para reproch&#225;rselo?

&#191;Reproch&#225;rselo? Puedes hacer las cosas bien o hacerlas mal. &#201;l lo hizo mal.

Es un est&#250;pido arrogante. Algunas personas son as&#237;. Es la vida. Jack lo comprende, o lo comprender&#225; con la experiencia. Eso es parte del crecimiento; tratar con los est&#250;pidos. &#191;Es que no lo ves?

No dije nada.

Si mi hijo result&#243; tan herido -prosigui&#243; Ali, furiosa a m&#225;s no poder-, &#191;qui&#233;n te crees que eres para no dec&#237;rmelo? Incluso te pregunt&#233; de qu&#233; estabais hablando en la media parte, &#191;lo recuerdas?

S&#237;.

Dijiste que no era nada. &#191;En qu&#233; estabas pensando, en proteger a la viejecita?

No, por supuesto que no.

Ali sacudi&#243; la cabeza y guard&#243; silencio.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#233;.

Te he dejado acercarte demasiado a &#233;l.

Sent&#237; que mi coraz&#243;n se hac&#237;a a&#241;icos.

Maldita sea -a&#241;adi&#243;.

Esper&#233;.

Para ser un tipo maravilloso que por lo general es la mar de perceptivo, a veces puedes ser muy obtuso.

Vale, quiz&#225;s no tendr&#237;a que haber ido a por &#233;l. Pero si hubieses estado all&#237; cuando le grit&#243; a Jack que lo hiciese de nuevo, si hubieses visto el rostro de Jack

No estoy hablando de eso.

Me detuve; pens&#233;.

Entonces tienes raz&#243;n. Soy obtuso.

Mido un metro noventa, Ali es treinta cent&#237;metros m&#225;s baja. Se me acerc&#243; y ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s para mirarme.

No voy a Arizona para instalar a Erin. Al menos no solo por eso. Mis padres viven all&#237; y sus padres viven all&#237;.

Sab&#237;a a qui&#233;n se refer&#237;a con sus: a su difunto marido, al fantasma que hab&#237;a aprendido a aceptar e incluso, a veces, a abrazar. El fantasma nunca se va. Ni siquiera estoy seguro de si deber&#237;a, aunque hay momentos en los que desear&#237;a que lo hiciese y, por supuesto, pensar eso es una cosa horrible.

Ellos, me refiero a los abuelos por las dos partes, quieren que nos vayamos a vivir all&#237;. Para tenernos cerca. Tiene sentido cuando lo piensas.

Asent&#237; porque no sab&#237;a qu&#233; otra cosa hacer.

Jack y Erin y, diablos, yo tambi&#233;n, lo necesitamos.

&#191;Necesit&#225;is qu&#233;?

Una familia. Sus padres necesitan ser parte de la vida de Jack. No pueden soportar el fr&#237;o all&#237; arriba m&#225;s tiempo. &#191;Lo entiendes?

Por supuesto que lo entiendo.

Mis palabras sonaron raras incluso a mis o&#237;dos, como si las hubiese dicho otro.

Mis padres han encontrado un lugar que quieren que veamos -dijo Ali-. Est&#225; en el mismo edificio que el de ellos.

Los edificios no est&#225;n mal -dije, por decir algo-. Los gastos son pocos. Pagas una tasa mensual y ya est&#225;.

Ahora fue ella la que no dijo nada.

As&#237; que para decirlo claro, &#191;qu&#233; significa eso para nosotros?

&#191;Quieres trasladarte a Scottsdale? -pregunt&#243;.

Titube&#233;.

Ella apoy&#243; una mano en mi brazo.

M&#237;rame.

Lo hice. Entonces dijo algo que nunca vi venir:

Lo nuestro no es para siempre, Myron. Ambos lo sabemos.

Un grupo de chicos pas&#243; corriendo junto a nosotros. Uno choc&#243; conmigo y se disculp&#243;. Un &#225;rbitro toc&#243; el silbato. Son&#243; una bocina.

&#191;Mam&#225;?

Jack, bendito sea su peque&#241;o coraz&#243;n, apareci&#243; por la esquina. Ambos nos volvimos para dedicarle una sonrisa. No nos sonri&#243;. Por lo general, no importa lo mal que haya jugado, Jack viene corriendo como un cachorro, con muchas sonrisas y levantando las manos. Es parte del encanto del chico. Pero aquel d&#237;a no.

Hola, chico -dije, porque no estaba seguro de qu&#233; decir. En muchas ocasiones oigo a las personas en situaciones similares decir: Un buen partido, pero los chicos saben que es una mentira y que los compadeces y eso les hace sentirse peor.

Jack corri&#243; hacia m&#237;, me rode&#243; la cintura con los brazos, enterr&#243; su rostro en mi pecho y comenz&#243; a sollozar. Sent&#237; que otra vez se me part&#237;a el coraz&#243;n. Permanec&#237; all&#237;, con las manos en su nuca. Ali miraba mi rostro. No me gust&#243; lo que vi.

Un mal d&#237;a -dije-. Todos lo tenemos. No dejes que eso te afecte, &#191;vale? Hiciste todo lo que pudiste, no se puede pedir m&#225;s. -Entonces a&#241;ad&#237; algo que el chico nunca comprender&#237;a pero que era absolutamente cierto-: La verdad es que estos partidos no tienen ninguna importancia.

Ali puso las manos en los hombros de su hijo. &#201;l me solt&#243;, se volvi&#243; hacia ella y ocult&#243; el rostro de nuevo. Permanecimos as&#237; durante un minuto, hasta que se calm&#243;. Di una palmada y me obligu&#233; a sonre&#237;r.

&#191;Alguien quiere un helado?

Jack reaccion&#243; de inmediato.

&#161;Yo!

Hoy no -dijo Ali-. Tenemos que hacer las maletas y prepararnos.

Jack frunci&#243; el entrecejo.

Quiz&#225;s en otro momento.

Esper&#233; que Jack dijese jooo, mam&#225;, pero quiz&#225;s &#233;l tambi&#233;n hab&#237;a percibido algo en su tono. Agach&#243; la cabeza y luego se volvi&#243; hacia m&#237; sin decir nada m&#225;s. Chocamos los nudillos -as&#237; era como nos dec&#237;amos hola y adi&#243;s, el saludo de los nudillos- y Jack fue hacia la puerta.

Ali hizo un gesto con los ojos para que mirase a la derecha. Segu&#237; el gesto hasta el entrenador.

Ni sue&#241;es pelearte con &#233;l.

Me desafi&#243; -respond&#237;.

Los grandes hombres se apartan.

Quiz&#225;s en las pel&#237;culas. En los lugares llenos con polvos m&#225;gicos, conejos de Pascua y hadas bonitas. Pero en la vida real, el hombre que se aparta es considerado un cobardica de tomo y lomo.

Entonces por m&#237;, &#191;vale? Por Jack. No vayas a ese bar esta noche. Prom&#233;temelo.

Dijo que si no iba, buscar&#237;a satisfacci&#243;n o algo as&#237;.

Es un bocazas. Prom&#233;temelo.

Me oblig&#243; a mirarla a los ojos.

Titube&#233; pero no mucho tiempo.

Vale, no ir&#233;.

Ella se volvi&#243; para alejarse. No hubo ning&#250;n beso, ni siquiera uno en la mejilla.

&#191;Ali?

&#191;Qu&#233;?

El pasillo de pronto pareci&#243; muy vac&#237;o.

&#191;Hemos acabado?

&#191;Quieres vivir en Scottsdale?

&#191;Quieres que te responda ahora mismo?

No. Pero yo ya s&#233; la respuesta. T&#250; tambi&#233;n.



3

No estoy muy seguro de cu&#225;nto tiempo pas&#243;. Quiz&#225;s un minuto o dos. Entonces me fui hacia el coche. El cielo estaba gris. La llovizna me moj&#243;. Me detuve por un momento, cerr&#233; los ojos y alc&#233; el rostro al cielo. Pens&#233; en Ali. Pens&#233; en Terese en un hotel de lujo de Par&#237;s.

Baj&#233; el rostro, di dos pasos m&#225;s y fue entonces cuando vi al entrenador Bobby y a sus colegas en un Ford Expedition.

Un suspiro.

Los cuatro estaban all&#237;: el segundo entrenador Pat al volante, el entrenador Bobby en el asiento del copiloto y los otros dos trozos de carne con ojos sentados atr&#225;s. Saqu&#233; el m&#243;vil y apret&#233; la tecla de marcado r&#225;pido. Win respondi&#243; a la primera.

Articule -dijo Win.

Es as&#237; como responde siempre, incluso cuando ve con toda claridad en el identificador de llamadas que soy yo, y s&#237;, es cabreante.

Ser&#225; mejor que des la vuelta.

Oh -exclam&#243; Win con la voz de un ni&#241;o feliz en la ma&#241;ana de Navidad-, bueno, bueno.

&#191;Cu&#225;nto tardar&#225;s?

Estoy al final de la calle. Sospech&#233; que iba a pasar algo as&#237;.

No le dispares a nadie.

S&#237;, mam&#225;.

Mi coche estaba cerca del final del aparcamiento. El Expedition me sigui&#243; a marcha lenta. La lluvia arreci&#243; un poco. Me pregunt&#233; cu&#225;l ser&#237;a su plan -sin duda algo est&#250;pidamente chulesco- y decid&#237; seguirle el juego.

Apareci&#243; el Jaguar de Win y esper&#243; en la distancia. Yo conduzco un Ford Taurus, tambi&#233;n conocido como El Gallinero. Win detesta mi coche. No quiere sentarse en &#233;l. Saqu&#233; las llaves y apret&#233; el mando a distancia. El coche hizo el t&#237;pico ruido y se abrieron las cerraduras. Entr&#233;. Entonces el Expedition se movi&#243;. Aceler&#243; y se detuvo detr&#225;s mismo del Taurus para impedirme la salida. Bobby fue el primero en saltar del veh&#237;culo; se acariciaba la barbilla. Sus dos colegas lo siguieron.

Exhal&#233; un suspiro y mir&#233; como se acercaban por el espejo retrovisor.

&#191;Puedo hacer algo por usted? -pregunt&#233;.

O&#237; que su chica le met&#237;a la bronca -respondi&#243;.

Espiar las conversaciones es de mala educaci&#243;n, entrenador Bobby.

Me dije que quiz&#225;s cambiar&#237;a de opini&#243;n y no aparecer&#237;a. As&#237; que pens&#233; que podr&#237;amos solucionar esto ahora mismo. Aqu&#237;.

Bobby acerc&#243; su rostro al m&#237;o hasta casi tocarlo.

A menos que sea un gallina.

&#191;Ha comido at&#250;n?

El Jaguar de Win se detuvo junto al Expedition. Bobby dio un paso atr&#225;s y entrecerr&#243; los ojos. Win se ape&#243;. Los cuatro hombres lo miraron y fruncieron el entrecejo.

&#191;Qui&#233;n demonios es &#233;se?

Win sonri&#243; y levant&#243; una mano como si lo acabasen de presentar en un programa de entrevistas y quisiese agradecer los aplausos del p&#250;blico presente en el estudio.

Es un placer estar aqu&#237; -dijo-. Muchas gracias a todos.

Es un amigo -expliqu&#233;-. Est&#225; aqu&#237; para nivelar las probabilidades.

&#191;&#201;l? -Bobby ri&#243;. El coro lo imit&#243;-. Oh s&#237;, claro.

Sal&#237; del coche. Win se acerc&#243; un poco m&#225;s a los tres colegas.

Le romper&#233; el culo -anunci&#243; Bobby.

Me encog&#237; de hombros.

Le deseo suerte.

Por aqu&#237; hay mucha gente. Hay un claro en el bosque detr&#225;s de aquel campo -dijo, y se&#241;al&#243; el camino-. Nadie nos molestar&#225; all&#237;.

&#191;Tendr&#237;a la bondad de decirme c&#243;mo conoce la existencia de ese claro? -pregunt&#243; Win.

Yo fui aqu&#237; al instituto. All&#237; le romp&#237; el culo a mucha gente. -Sac&#243; pecho mientras a&#241;ad&#237;a-: Tambi&#233;n fui el capit&#225;n del equipo de f&#250;tbol.

Qu&#233; guay-dijo Win con un tono mon&#243;tono-. &#191;Puedo llevar su cazadora del equipo en el baile de graduaci&#243;n?

Bobby se&#241;al&#243; con un dedo gordo en la direcci&#243;n de Win.

Tendr&#225; que usarla para quitarse la sangre si no se calla.

Win intent&#243; con todas sus fuerzas no mostrarse demasiado risue&#241;o.

Pens&#233; en mi promesa a Ali.

Somos dos adultos -dije. Me parec&#237;a estar escupiendo vidrio molido con cada palabra-. Tendr&#237;amos que ser capaces de evitar llegar a las manos, &#191;no le parece?

Mir&#233; a Win. Win frunc&#237;a el entrecejo.

&#191;De verdad ha utilizado la expresi&#243;n llegar a las manos?

Bobby apareci&#243; en mi espacio personal.

&#191;Es un gallina?

Otra vez con la gallina.

Pero soy un gran hombre y los grandes hombres se van. S&#237;, claro.

S&#237; -respond&#237;-. Soy un gallina. &#191;Contento?

&#191;Lo hab&#233;is escuchado, muchachos? Es un gallina.

Hice una mueca pero me mantuve firme. O d&#233;bil, todo depende de c&#243;mo se mire. S&#237;, el gran hombre. &#201;se era yo.

Creo que nunca hab&#237;a visto a Win tan desolado.

&#191;Le importar&#237;a mover ahora el coche para que me pueda marchar? -pregunt&#233;.

Vale -respondi&#243; Bobby-, pero se lo avis&#233;.

&#191;Me avis&#243; de qu&#233;?

Estaba de nuevo en mi espacio personal.

No quiere pelear, vale. Pero entonces queda abierta la temporada de caza de su chico.

Sent&#237; latir la sangre en mis o&#237;dos.

&#191;De qu&#233; habla?

El chico esp&#225;stico que lanz&#243; a la canasta equivocada ser&#225; el objetivo durante el resto de la temporada. Si tenemos la oportunidad de que falle, la aprovecharemos. Si vemos una oportunidad para meternos en su mente, la usaremos.

No estoy seguro de si me qued&#233; boquiabierto. Mir&#233; hacia Win para asegurarme de que hab&#237;a escuchado bien. Win ya no parec&#237;a tan desolado. Se frotaba las manos.

Me volv&#237; hacia el entrenador.

&#191;Habla en serio?

Como la vida misma.

Repas&#233; mi promesa a Ali buscando un agujero. Despu&#233;s de la lesi&#243;n que acab&#243; con mi carrera en el baloncesto necesit&#233; probarle al mundo que me sent&#237;a bien. As&#237; que estudi&#233; abogac&#237;a en Harvard. Myron Bolitar, el estudiante-atleta, el educado e impecable abogado. Me hab&#237;a licenciado en derecho. Eso significaba que pod&#237;a encontrar agujeros.

En realidad, &#191;qu&#233; hab&#237;a prometido hacer? Pens&#233; en las palabras exactas de Ali: Esta noche no vayas al bar. Prom&#233;temelo.

Bueno, eso no era un bar, &#191;verdad? Era una zona boscosa detr&#225;s de un instituto. Claro, pod&#237;a estar desafiando la intenci&#243;n de la ley, pero no la letra. Aqu&#237; lo importante era la letra.

Pues vamos all&#225; -dije.

Los seis caminamos hacia el bosque. Win pr&#225;cticamente daba saltos. A unos veinte metros entre los &#225;rboles hab&#237;a un claro. El suelo estaba cubierto de colillas y latas de cerveza. El instituto. Nunca cambia.

Bobby ocup&#243; su lugar en el centro del claro. Levant&#243; el brazo derecho y me hizo un gesto para que me acercase. Lo hice.

Caballeros -llam&#243; Win-, perm&#237;tanme un momento de su tiempo antes de que ellos comiencen.

Todas las miradas se volvieron hacia &#233;l. Win estaba con el segundo entrenador y los otros dos matones cerca de un &#225;rbol.

Creo que ser&#237;a una negligencia por mi parte -continu&#243; Win- no ofrecerles este importante consejo.

&#191;De qu&#233; cono est&#225; hablando? -pregunt&#243; Bobby.

No hablo con usted. Este consejo es para sus tres amiguitos. -La mirada de Win recorri&#243; sus rostros-. Quiz&#225;s se sientan tentados en alg&#250;n momento de intervenir para ayudar al entrenador Bobby. &#201;se ser&#237;a un grave error. El primero que d&#233; aunque solo sea un paso en su direcci&#243;n acabar&#225; hospitalizado. Observen que no he dicho detenido, herido, o siquiera da&#241;ado. Hospitalizado.

Todos se limitaron a mirarlo.

&#201;ste es el final de mi consejo. -Se volvi&#243; hacia m&#237; y el entrenador-. Ahora volvamos al asunto que nos ha tra&#237;do hasta aqu&#237; y sigamos con la ri&#241;a anunciada.

Bobby me mir&#243;.

&#191;Este tipo es de verdad?

Pero yo ya estaba metido de lleno en el asunto y eso no era bueno. La furia me consum&#237;a. Y eso es un error cuando peleas. Hay que calmar un poco las cosas, evitar que el pulso se dispare, conseguir que la descarga de adrenalina no te paralice.

Bobby me mir&#243; y por primera vez vi la duda en sus ojos. Pero en ese momento record&#233; c&#243;mo se hab&#237;a re&#237;do, c&#243;mo hab&#237;a se&#241;alado la canasta equivocada, y lo que hab&#237;a dicho:

&#161;Eh, chico, hazlo de nuevo!.

Respir&#233; hondo.

Bobby levant&#243; los pu&#241;os como un boxeador. Yo hice lo propio, aunque mi pose era mucho menos r&#237;gida. Mantuve las rodillas flexionadas, salt&#233; un poco. Bobby era un tipo muy grande y el mat&#243;n local y acostumbrado a intimidar a sus oponentes. Pero estaba fuera de su liga.

Unos r&#225;pidos apuntes sobre la pelea. Uno, la regla principal: nunca sabes de verdad c&#243;mo ir&#225;. Cualquiera puede soltar un pu&#241;etazo afortunado. Confiarse demasiado es siempre un error. Pero la verdad era que el entrenador no ten&#237;a ninguna posibilidad. No digo eso por falsa modestia o por ser repetitivo. A pesar de que los padres en aquellas gradas quer&#237;an creer en sus entrenadores y sus ligas de tercer grado, superagresivas, los atletas generalmente se gestan en el &#250;tero. De acuerdo, necesitas el ansia, el entrenamiento y la pr&#225;ctica, pero la diferencia, la gran diferencia, es la capacidad natural.

La naturaleza siempre estar&#225; por encima de la preparaci&#243;n.

Yo hab&#237;a sido dotado de unos reflejos rapid&#237;simos y una perfecta coordinaci&#243;n mano-ojo. No fanfarroneo. Es como el color del pelo, la estatura o el o&#237;do. Es as&#237;. Y aqu&#237; ni siquiera hablo de los a&#241;os de entrenamiento para mejorar mi cuerpo y aprender a pelear. Aunque tambi&#233;n es eso.

Bobby hizo lo m&#225;s previsible. Se acerc&#243; y lanz&#243; un golpe abierto. Un golpe abierto carece totalmente de efectividad contra un luchador veterano. Aprendes pronto que cuando peleas en serio, la distancia m&#225;s corta entre dos puntos es la l&#237;nea recta. Pegas unos golpes estupendos cuando lo sabes.

Me mov&#237; un poco a la derecha. No mucho. Lo suficiente para desviar el golpe con la mano izquierda y mantenerme lo bastante cerca para responder. Me met&#237; dentro de la defensa abierta de Bobby. El tiempo se hab&#237;a ralentizado. Pod&#237;a golpear entre varios objetivos blandos.

Escog&#237; la garganta.

Dobl&#233; el brazo derecho y golpe&#233; con el antebrazo en la nuez del cuello.

Bobby solt&#243; un cacareo. La pelea se hab&#237;a acabado en ese instante. Lo sab&#237;a, o al menos tendr&#237;a que haberlo sabido. Tendr&#237;a que haberme retirado y dejarlo caer jadeando al suelo.

Pero aquella voz burlona segu&#237;a sonando en mi cabeza

Eh, chico, hazlo de nuevo El resto de la temporada ser&#225; un objetivo Si tenemos una oportunidad para confundirlo, la aprovecharemos &#161;Gallina!Tendr&#237;a que haberlo dejado caer. Tendr&#237;a que haberle preguntado si ya ten&#237;a suficiente y darlo por acabado. Pero en aquel momento se hab&#237;a desbordado la furia. No pod&#237;a contenerla. Dobl&#233; el brazo izquierdo y comenc&#233; a girar con todas mis fuerzas en el sentido contrario a las agujas del reloj. Pensaba golpearlo de lleno en el rostro con el codo.

Mientras giraba comprend&#237; que ser&#237;a un golpe tremendo. La clase de golpe que hunde los huesos de un rostro. La clase de golpe que requiere cirug&#237;a y meses de calmantes.

En el &#250;ltimo instante recuper&#233; algo de sentido com&#250;n. No me detuve, pero me contuve un poco. En lugar de pegarle de lleno, mi codo cruz&#243; la nariz de Bobby. Brot&#243; la sangre. Se escuch&#243; un sonido como si alguien hubiese pisado una rama seca.

Bobby se desplom&#243; con todo el peso.

&#161;Bobby!

Era el segundo entrenador. Me volv&#237; hacia &#233;l, levant&#233; las manos con las palmas hacia fuera y grit&#233;:

&#161;No!

Pero fue demasiado tarde. Pat dio un paso adelante, con el pu&#241;o en alto.

El cuerpo de Win apenas se movi&#243;. Solo la pierna. Descarg&#243; un puntapi&#233; en la rodilla izquierda de Pat. La articulaci&#243;n se dobl&#243; de lado, de una manera en la que nunca deb&#237;a doblarse. Pat solt&#243; un alarido y cay&#243; al suelo como si le hubiesen disparado.

Win sonri&#243; y arque&#243; la ceja hacia los otros dos hombres.

&#191;El siguiente?

Ninguno de los dos se atrevi&#243; siquiera a respirar.

Mi furia se disip&#243; en el acto. Bobby estaba ahora de rodillas, sujet&#225;ndose la nariz como si fuese un animal herido. Lo mir&#233;. Me sorprendi&#243; mucho ver como un hombre derrotado se parece a un chiquillo.

Deje que lo ayude.

La sangre manaba de la nariz a trav&#233;s de los dedos.

&#161;Ap&#225;rtese de m&#237;!

Necesita presionarse la herida. Detener la hemorragia.

&#161;Ap&#225;rtese de m&#237;!

Estaba a punto de decir algo en mi defensa cuando sent&#237; una mano en el hombro. Era Win. Sacudi&#243; la cabeza como si quisiese decirme: No sirve de nada. Ten&#237;a raz&#243;n.

Salimos del bosque sin decir palabra.

Cuando llegu&#233; a casa una hora m&#225;s tarde hab&#237;a dos mensajes de voz. Ambos eran breves y concisos. El primero me sorprendi&#243;. Las malas noticias viajan r&#225;pido en los pueblos.

No puedo creer que rompieses tu promesa, dijo Ali.

Pues ya estaba.

Exhal&#233; un suspiro. La violencia no resuelve nada. Win tuerce el gesto cuando lo digo, pero la verdad es que cada vez que recurr&#237;a a la violencia, que sol&#237;a ser algo bastante frecuente, nunca acababa all&#237;. La violencia se transmite y reverbera. Resuena y su eco nunca parece acallarse.

El segundo mensaje era de Terese:

Por favor, ven.

Cualquier intento de ocultar la desesperaci&#243;n hab&#237;a desaparecido.

Dos minutos m&#225;s tarde vibr&#243; mi m&#243;vil. El identificador de llamadas me dijo que era Win.

Tenemos un peque&#241;o problema.

&#191;Cu&#225;l es?

El segundo entrenador va a necesitar cirug&#237;a ortop&#233;dica.

&#191;Qu&#233; pasa con &#233;l?

Es un oficial de polic&#237;a de Kasselton. Un capit&#225;n, para ser precisos, aunque no le pedir&#233; llevar su cazadora del equipo en el baile de graduaci&#243;n.

Vaya.

Al parecer est&#225;n pensando en hacer arrestos.

Ellos comenzaron.

Oh, s&#237; -dijo Win-, y estoy seguro de que todos en el pueblo aceptar&#225;n nuestra palabra frente a la de un capit&#225;n de la polic&#237;a local y tres residentes de toda la vida.

Ten&#237;a toda la raz&#243;n.

Pero se me ocurre -prosigui&#243;- que podr&#237;amos disfrutar de unas semanas en Tailandia mientras mi abogado resuelve este asunto.

No es mala idea.

Me han hablado de un nuevo club para caballeros de Bangkok, en la calle Patpong. Podr&#237;amos iniciar all&#237; nuestro viaje.

No lo creo -dije.

Qu&#233; puritano. En cualquier caso, tendr&#237;as que desaparecer por un tiempo.

&#201;se es mi plan.

Colgamos. Llam&#233; a Air France.

&#191;Queda alg&#250;n billete para el vuelo de esta noche a Par&#237;s?

&#191;Su nombre, se&#241;or?

Myron Bolitar.

Ya tiene usted billete. &#191;Desea ventanilla o pasillo?



4

Utilic&#233; los puntos de viajero habitual para conseguir alguna ventaja. No necesito bebidas gratuitas o una comida mejor, pero el espacio para las piernas significa mucho para m&#237;.

Cuando viajo en clase turista siempre me toca el asiento entre dos se&#241;oras enormes con problemas de espacio, y delante de m&#237;, sin falta, hay una vieja diminuta cuyos pies ni siquiera tocan el suelo, pero que necesita echar el asiento hacia atr&#225;s todo lo humanamente posible para llegar casi al orgasmo cuando oye que el respaldo se aplasta contra mis rodillas, tumb&#225;ndolo al m&#225;ximo para que pueda pasarme todo el vuelo mir&#225;ndole la caspa del cuero cabelludo.

No ten&#237;a el n&#250;mero de tel&#233;fono de Terese, pero recordaba el Hotel D'Aubusson. Llam&#233; y dej&#233; un mensaje en el que le anunciaba que iba de camino. Sub&#237; al avi&#243;n y me puse los auriculares del iPod. Muy pronto me sum&#237; en aquel duermevela de los vuelos, pensando en Ali: la primera vez que sal&#237;a con una mujer con hijos, nada menos que una viuda, la manera como ella me hab&#237;a dado la espalda despu&#233;s de decir: Lo nuestro no es para siempre, Myron.

&#191;Ten&#237;a raz&#243;n?

Intent&#233; imaginarme la vida sin ella.

&#191;Amaba a Ali Wilder? S&#237;.

Hab&#237;a amado a tres mujeres en mi vida. La primera fue Emily Downing, mi novia del colegio universitario Duke. Hab&#237;a acabado por abandonarme en favor de mi rival universitario de Carolina del Norte.

Mi segundo amor, lo m&#225;s cercano a una compa&#241;era del alma que he tenido, fue Jessica Culver, una escritora. Jessica tambi&#233;n hab&#237;a aplastado mi coraz&#243;n como si fuese un vaso de pl&#225;stico; o quiz&#225;s al final fui yo quien aplast&#243; el suyo. Es dif&#237;cil saberlo a estas alturas. La hab&#237;a amado con toda mi alma, pero no hab&#237;a sido suficiente. Ahora estaba casada. Con un tipo llamado Stone. [[1]: #_ftnref1. Juego de palabras intraducibie. Culver Stone es un bloque de granito sobrante de la remodelaci&#243;n de la tumba de Lincoln en Springfield, Illinois. Se llama Culver Stone en honor del donante, J.S. Culver, el contratista encargado de la remodelaci&#243;n, que la mand&#243; tallar como un monumento recordatorio de la madre de Lincoln, Nancy Hanks Lincoln. (N. del T.)] Stone. No es broma.

La tercera, bueno, Ali Wilder. Yo hab&#237;a sido el primer hombre con quien ella hab&#237;a salido despu&#233;s de que su marido muriese en la Torre Norte el 11-S. Nuestro amor era fuerte, pero tambi&#233;n m&#225;s sereno, m&#225;s maduro, y quiz&#225;s el amor no deb&#237;a ser as&#237;. Sab&#237;a que el final doler&#237;a pero no ser&#237;a devastador. Me pregunt&#233; si eso tambi&#233;n ven&#237;a con la madurez, o si despu&#233;s de a&#241;os de que te rompiesen el coraz&#243;n, de forma natural comenzabas a protegerte.

O quiz&#225;s Ali ten&#237;a raz&#243;n. Lo nuestro no era para siempre. As&#237; de sencillo.

Hay un viejo dicho yiddish que me parece muy adecuado, aunque no por elecci&#243;n: El hombre planea, Dios se r&#237;e. Soy todo un ejemplo. Mi vida ya estaba dise&#241;ada. Fui una estrella del baloncesto desde la infancia, destinado a ser un jugador de la NBA con los Boston Celtics. Pero en mi primer partido de la pretemporada, Gran Burt Wesson se me llev&#243; por delante y me arruin&#243; la rodilla. Intent&#233; volver, pero hay una gran diferencia entre valent&#237;a y efectividad. Mi carrera se acab&#243; antes de pisar la cancha.

Tambi&#233;n estaba destinado a ser un hombre de familia como lo hab&#237;a sido el hombre que m&#225;s admiraba en el mundo: Al Bolitar, mi padre. Se hab&#237;a casado con su novia, mi madre, Ellen, se hab&#237;an ido a vivir al suburbio de Livingston, en Nueva Jersey, y hab&#237;an criado una familia, trabajado duro y organizado barbacoas en el patio trasero.

As&#237; se supon&#237;a que ser&#237;a mi vida: un padre amante, 2,6 hijos, las tardes sentado en aquellas gradas destartaladas mirando a mi propio hijo, quiz&#225;s un perro, una canasta oxidada en la entrada del garaje, visitas a Home Depot y Modwell's Sporting Goods los s&#225;bados. Ya se hacen una idea.

Pero aqu&#237; estoy, pasados los cuarenta, todav&#237;a soltero y sin familia.

&#191;Le apetece alguna bebida? -me pregunt&#243; la azafata.

No soy bebedor, pero ped&#237; un whisky con soda. La copa de Win. Necesitaba algo que me adormeciese un poco, que me ayudase a dormir. Volv&#237; a cerrar los ojos. De nuevo al bloqueo. El bloqueo es bueno.

Entonces, &#191;d&#243;nde encajaba Terese Collins, la mujer por la que estaba cruzando el oc&#233;ano?

Nunca pensaba en Terese en t&#233;rminos de amor. Al menos no de esa manera. Pensaba en su piel tersa y su olor de manteca de cacao. Pensaba en la pena que emanaba de ella a oleadas. Pensaba en la manera como hab&#237;amos hecho el amor en aquella isla, dos n&#225;ufragos. Cuando Win por fin vino a buscarme con un yate para llevarme a casa, era m&#225;s fuerte gracias al tiempo que hab&#237;amos pasado juntos. Ella no. Nos dijimos adi&#243;s, pero la historia no hab&#237;a acabado. Terese me ayud&#243; cuando m&#225;s lo necesitaba, hac&#237;a ocho a&#241;os, y entonces hab&#237;a vuelto a desaparecer con su dolor.

Ahora hab&#237;a regresado.

Durante ocho a&#241;os, Terese Collins hab&#237;a desaparecido no solo para m&#237;, sino de la vista del p&#250;blico. En los noventa, hab&#237;a sido una figura popular de la televisi&#243;n, la principal presentadora de la CNN, y de pronto, puf, desapareci&#243;.

El avi&#243;n aterriz&#243; y fue hasta la puerta de desembarque. Cog&#237; mi maleta -no hace falta facturar cuando se va solo por un par de noches- y me pregunt&#233; qu&#233; me esperaba. Fui el tercero en desembarcar, y con mis pasos largos ocup&#233; de pronto el lugar n&#250;mero uno cuando llegamos a la cola de la aduana e inmigraci&#243;n. Hab&#237;a confiado en pasar sin problemas, pero acababan de aterrizar otros tres vuelos y hab&#237;a un atasco. La cola serpenteaba entre las cuerdas al estilo Disney World. Se mov&#237;a deprisa. Los agentes en su mayor&#237;a dejaban pasar a las personas con un gesto, y solo dedicaban una mirada de tr&#225;mite a cada pasaporte. Cuando fue mi turno, la funcionar&#237;a de inmigraci&#243;n mir&#243; mi pasaporte, luego mi cara, otra vez el pasaporte, y de nuevo a m&#237;. Su mirada se demor&#243;. Le sonre&#237;, sin pasarme con el encanto Bolitar. No quer&#237;a que la pobre mujer comenzase a desnudarse detr&#225;s del mostrador.

La funcionar&#237;a se volvi&#243; como si le hubiese dicho una groser&#237;a. Le hizo un gesto a un agente. Cuando me mir&#243; de nuevo, deduje que deb&#237;a mejorar mi juego. Agrandar la sonrisa. Aumentar el encanto de poco a m&#225;ximo.

P&#243;ngase al lado, por favor -dijo ella con el entrecejo fruncido.

Yo continuaba sonriendo como un idiota.

&#191;Por qu&#233;?

Mi colega se ocupar&#225; de su caso.

&#191;Soy un caso? -pregunt&#233;.

Por favor, p&#243;ngase al lado.

Estaba reteniendo la cola y los pasajeros de detr&#225;s de m&#237; no estaban nada contentos.

Me apart&#233;. El otro agente uniformado dijo:

Por favor, s&#237;game.

No me gust&#243;, pero, &#191;qu&#233; pod&#237;a hacer? Me pregunt&#233;, &#191;por qu&#233; yo? Quiz&#225;s hab&#237;a una ley francesa contra ser demasiado encantador; ten&#237;a que ser eso.

El agente me llev&#243; a un peque&#241;o cuarto sin ventanas. Las paredes desnudas eran de color beige. Hab&#237;a dos ganchos detr&#225;s de la puerta que serv&#237;an de percheros. Las sillas eran de pl&#225;stico. Hab&#237;a una mesa en un rinc&#243;n. El agente cogi&#243; mi maleta y la puso sobre la mesa. Comenz&#243; a buscar en su interior.

Vac&#237;ese los bolsillos, por favor. P&#243;ngalo todo en esta bandeja. Qu&#237;tese los zapatos.

Lo hice. Billetero, BlackBerry, monedas, zapatos.

Tengo que cachearlo.

Lo hizo muy a fondo. Iba a hacerle un chiste sobre c&#243;mo lo estaba disfrutando o quiz&#225;s decirle que, despu&#233;s, un viaje en un Bateau Mouche no estar&#237;a nada mal, pero me pregunt&#233; cu&#225;l deb&#237;a de ser el sentido del humor franc&#233;s. &#191;Acaso Jerry Lewis no era aqu&#237; un &#237;dolo? Quiz&#225;s un chiste visual ser&#237;a m&#225;s apropiado.

Por favor, si&#233;ntese.

Lo hice. Se march&#243;, llev&#225;ndose la bandeja con mis pertenencias. Durante media hora me qued&#233; all&#237; solo, esperando sentado, como se suele decir. No me gust&#243;.

Dos hombres entraron en el cuarto. El primero era joven, veintitantos, apuesto, con el pelo rubio y aquella barba de tres d&#237;as que los chicos guapos utilizan para parecer m&#225;s duros. Vest&#237;a vaqueros, botas y una camisa con las mangas arremangadas hasta el codo. Se apoy&#243; en la pared, cruz&#243; los brazos sobre el pecho y masc&#243; un palillo.

El segundo hombre tendr&#237;a unos cincuenta y tantos, con unas grandes gafas con montura de acero y un pelo gris que se acercaba peligrosamente a la calvicie. Se secaba las manos con una toalla de papel cuando entr&#243;. Su cazadora de cuero parec&#237;a una de aquellas que Members Only vend&#237;a en 1986.

Para que despu&#233;s hablen de los franceses y su alta costura.

El tipo mayor llev&#243; la conversaci&#243;n.

&#191;Cu&#225;l es el prop&#243;sito de su visita a Francia?

Lo mir&#233;, despu&#233;s al mascador del palillo, y de nuevo a &#233;l.

&#191;Qui&#233;n es usted?

Soy el capit&#225;n Berleand. &#201;l es el inspector Lefebvre.

Le hizo un gesto a Lefebvre, que mastic&#243; el palillo un poco m&#225;s.

&#191;El prop&#243;sito de su visita? -insisti&#243; Berleand-. &#191;Negocios o placer?

Placer.

&#191;D&#243;nde se alojar&#225;?

En Par&#237;s.

&#191;En qu&#233; parte de Par&#237;s?

En el Hotel D'Aubusson.

No lo anot&#243;. Ninguno de los dos ten&#237;a bol&#237;grafo ni papel.

&#191;Estar&#225; solo? -pregunt&#243; Berleand.

No.

Berleand continuaba sec&#225;ndose las manos con la toalla de papel. Se detuvo, utiliz&#243; un dedo para subirse las gafas en el puente de la nariz. Cuando segu&#237; sin decir nada m&#225;s, se encogi&#243; de hombros como dici&#233;ndome: &#191;Y?.

Me reunir&#233; con un amigo.

&#191;El nombre del amigo?

&#191;Es necesario? -pregunt&#233;.

No, se&#241;or Bolitar, soy curioso y hago las preguntas sin ninguna raz&#243;n aparente.

A los franceses les da por el sarcasmo.

&#191;El nombre?

Terese Collins.

&#191;Cu&#225;l es su ocupaci&#243;n?

Soy agente.

Berleand pareci&#243; confuso. Lefebvre, al parecer, no hablaba ingl&#233;s.

Soy representante de actores, atletas, escritores, animadores -expliqu&#233;.

Berleand asinti&#243;, satisfecho. Se abri&#243; la puerta. El primer agente le dio a Berleand la bandeja con mis pertenencias. &#201;l la dej&#243; en la mesa, junto a mi maleta. Luego comenz&#243; a secarse las manos de nuevo.

Usted y la se&#241;ora Collins no viajaron juntos, &#191;verdad?

No, ella ya est&#225; en Par&#237;s.

Comprendo. &#191;Cu&#225;nto tiempo piensa permanecer en Francia?

No estoy seguro. Dos, tres noches.

Berleand mir&#243; a Lefebvre. &#201;ste asinti&#243;, se separ&#243; de la pared y fue hacia la puerta. Berleand lo sigui&#243;.

Lamento las molestias -dijo Berleand-. Espero que disfrute de una agradable estancia.



5

Terese Collins me esperaba en el vest&#237;bulo.

Me abraz&#243;, pero no fuerte. Su cuerpo se apoy&#243; en el m&#237;o en busca de apoyo, pero tampoco demasiado, ni colapso total ni nada parecido. Ambos nos mostr&#225;bamos reservados en nuestro primer encuentro. As&#237; y todo, cuando nos abrazamos, cerr&#233; los ojos y me pareci&#243; que pod&#237;a oler la manteca de cacao.

Mi mente regres&#243; a aquella isla del Caribe, pero sobre todo volvi&#243; -seamos sinceros- a la cosa que nos defin&#237;a de verdad: el sexo que te atraviesa el alma. Aquel desesperado sujetarse y destrozarse que te hace comprender, de una forma nada sadomasoquista, que el dolor -el dolor emocional- y el placer no solo se mezclan, sino que se incrementan el uno al otro. Ninguno de los dos ten&#237;a inter&#233;s en las palabras, los sentimientos, los falsos consuelos, el sujetarse las manos, o tan siquiera los abrazos reservados, como si todo eso fuese demasiado tierno, como si una suave caricia pudiese reventar aquella fr&#225;gil burbuja que de momento nos proteg&#237;a a ambos.

Terese se apart&#243;. Segu&#237;a siendo toda una belleza. Hab&#237;a envejecido un poco, pero en algunas mujeres -quiz&#225;s en la mayor&#237;a de las mujeres de estos tiempos de excesivos estiramientos- un poco de envejecimiento funciona.

&#191;Qu&#233; pasa? -pregunt&#233;.

&#191;&#201;sa es tu primera frase despu&#233;s de todos estos a&#241;os?

Me encog&#237; de hombros.

Yo empec&#233; con Ven a Par&#237;s -dijo Terese.

Me estoy esforzando en contener el encanto, al menos hasta saber qu&#233; est&#225; mal.

Debes de estar agotado.

Estoy bien.

Tengo una habitaci&#243;n para nosotros. Un d&#250;plex. Dormitorios separados para que podamos tener esa opci&#243;n.

No dije nada.

T&#237;o. -Terese consigui&#243; sonre&#237;r-. Es fant&#225;stico verte de nuevo.

Yo sent&#237;a lo mismo. Quiz&#225;s nunca hab&#237;a sido amor, pero estaba all&#237;, fuerte, sincero y especial. Ali dijo que lo nuestro no era para siempre. Con Terese, bueno, quiz&#225;s no est&#225;bamos hechos para el d&#237;a a d&#237;a, pero hab&#237;a algo, algo dif&#237;cil de definir, algo que pod&#237;as poner en un estante durante a&#241;os y olvidarte y dar por sentado que quiz&#225;s era as&#237; como deb&#237;a ser.

Sab&#237;as que vendr&#237;a -dije.

S&#237;, y sabes que habr&#237;a hecho lo mismo si hubieras sido t&#250; quien hubiese llamado.

Lo sab&#237;a.

Est&#225;s fant&#225;stica -dije.

Ven. Vayamos a comer algo.

El conserje cogi&#243; mi maleta y dirigi&#243; de soslayo una mirada de admiraci&#243;n a Terese antes de obsequiarme con aquella sonrisa universal de hombre a hombre que dice: Menuda suerte, cabr&#243;n.

La Ru&#233; Dauphine es una calle angosta. Una furgoneta blanca hab&#237;a aparcado en doble fila junto a un taxi y ocupaba casi toda la calle. El conductor del taxi gritaba lo que solo pod&#237;a suponer eran obscenidades francesas, pero bien pod&#237;a haber sido solo una forma muy agresiva de pedir indicaciones.

Giramos a la derecha. Eran las nueve de la ma&#241;ana. En Nueva York a esa hora ya estar&#237;an en plena marcha, pero los parisinos a&#250;n se estaban levantando de sus camas. Llegamos al Sena por el Pont Neuf. A nuestra derecha, en la distancia, ve&#237;a las torres de la catedral de N&#244;tre Dame. Terese comenz&#243; a caminar junto a la ribera en aquella direcci&#243;n, donde est&#225;n las casetas verdes famosas por sus libros antiguos, pero que en realidad parecen m&#225;s interesadas en vender vulgares recuerdos para turistas. Al otro lado del r&#237;o se alzaba una gigantesca fortaleza con un magn&#237;fico tejado abuhardillado que, citando a Bruce Springsteen, era atrevida y austera.

Cuando nos acercamos a N&#244;tre Dame, dije:

Te sentir&#237;as avergonzada si encorvase la espalda, arrastrase la pierna izquierda y gritase: &#161;Santuario!

Alguien podr&#237;a confundirte con un turista -contest&#243; Terese.

Bien dicho. Quiz&#225;s deber&#237;a comprarme una gorra con mi nombre escrito en la cinta.

S&#237;, entonces pasar&#237;as desapercibido.

Terese a&#250;n ten&#237;a aquella incre&#237;ble manera de caminar, la cabeza erguida, los hombros echados hacia atr&#225;s, la postura perfecta. Otra cosa m&#225;s de la que acababa de darme cuenta sobre las mujeres de mi vida: todas ten&#237;an un andar de f&#225;bula. Me resulta sensual el caminar confiado, la manera casi felina que tienen algunas mujeres de entrar en una habitaci&#243;n, como si ya la poseyesen. Puedes saber mucho por la manera como camina una mujer.

Nos detuvimos en la terraza de un bistrot en Saint Michel. El cielo a&#250;n estaba gris, pero el sol luchaba para hacerse con el control. Terese se sent&#243; y observ&#243; mi rostro durante un largo tiempo.

&#191;Tengo algo entre los dientes? -pregunt&#233;.

Terese consigui&#243; sonre&#237;r.

Dios, te he echado de menos.

Sus palabras flotaron en el aire. No sab&#237;a si era ella quien hablaba o era la ciudad. Par&#237;s es as&#237;. Se ha escrito mucho sobre su belleza y esplendores, y desde luego, todo muy cierto. Cada edificio es una peque&#241;a maravilla arquitect&#243;nica, una fiesta para los ojos. Par&#237;s es como una hermosa mujer que se sabe hermosa, le gusta el hecho de ser hermosa y, en consecuencia, no tiene que esforzarse tanto. Es fabulosa y usted y ella lo saben.

Pero m&#225;s que eso, Par&#237;s te hace sentir, a falta de un t&#233;rmino mejor, vivo. T&#225;chelo. Par&#237;s hace que quieras sentirte vivo. Quieres actuar, ser, saborear cuando est&#225;s aqu&#237;. Quieres sentir, simplemente sentir, y no importa qu&#233;. Todas las sensaciones se ven incrementadas. Par&#237;s quiere que llores, r&#237;as, te enamores, escribas un poema, hagas el amor y compongas una sinfon&#237;a.

Terese pas&#243; la mano por encima de la mesa y cogi&#243; la m&#237;a.

Podr&#237;as haber llamado -dije-. Podr&#237;as haberme dicho que estabas bien.

Lo s&#233;.

No me he movido. Mi oficina todav&#237;a est&#225; en Park Avenue. Todav&#237;a comparto el apartamento de Win en el Dakota.

Tambi&#233;n has comprado la casa de tus padres en Livingston -a&#241;adi&#243; ella.

No era un desliz. Terese sab&#237;a de la casa. Sab&#237;a de Ali. Terese quer&#237;a que supiese que me hab&#237;a estado siguiendo.

Desapareciste sin m&#225;s -dije.

Lo s&#233;.

Intent&#233; encontrarte.

Eso tambi&#233;n lo s&#233;.

&#191;Podr&#237;as dejar de decir lo s&#233;?

Vale.

Entonces, &#191;qu&#233; pas&#243;? -pregunt&#233;.

Ella apart&#243; la mano. Su mirada se dirigi&#243; hacia el Sena. Una joven pareja pas&#243; junto a nosotros. Discut&#237;an en franc&#233;s. La mujer estaba furiosa. Recogi&#243; una lata de refresco aplastada y se la lanz&#243; a la cabeza al chico.

No lo entender&#237;as -respondi&#243; Terese.

Eso es peor que lo s&#233;.

Su sonrisa era tan triste

Soy un producto caducado. Te hubiera hundido conmigo. Te quiero demasiado como para permitir que eso ocurra.

Lo comprend&#237; solo a medias.

No lo tomes como una ofensa, pero eso suena como un exceso de racionalizaci&#243;n.

No lo es.

Entonces, &#191;d&#243;nde has estado, Terese?

Oculta.

&#191;De qu&#233;?

Ella sacudi&#243; la cabeza.

Entonces, &#191;por qu&#233; estoy aqu&#237;? -pregunt&#233;-. Por favor, no me digas que es porque me echabas de menos.

No. Quiero decir, s&#237; te echo de menos. No tienes idea de cu&#225;nto. Pero tienes raz&#243;n, no te llam&#233; por eso.

&#191;Y?

Apareci&#243; el camarero con un delantal negro y camisa blanca. Terese pidi&#243; por los dos en un franc&#233;s fluido. Yo no hablo ni una palabra de franc&#233;s, as&#237; que bien podr&#237;a haberme pedido un pa&#241;al sobre una tostada de pan integral.

Hace una semana recib&#237; una llamada de mi ex marido.

Ni siquiera sab&#237;a que hab&#237;a estado casada.

No he hablado con Rick en nueve a&#241;os.

Nueve a&#241;os -repet&#237;-. Es m&#225;s o menos cuando nos conocimos.

Ella me mir&#243;.

No te asombres por mi capacidad matem&#225;tica. Las matem&#225;ticas son uno de mis talentos ocultos. Intento no ufanarme.

Te est&#225;s preguntando si Rick y yo a&#250;n est&#225;bamos casados cuando nos fugamos a aquella isla -dijo.

En realidad no.

Eres tan correcto

No -dije. Pens&#233; de nuevo en el dolor del alma en aquella isla-, no lo soy.

&#191;C&#243;mo puedo estar segura?

De nuevo, talentos ocultos, intento no ufanarme.

Est&#225; bien. Pero d&#233;jame que te tranquilice. Rick y yo ya no est&#225;bamos juntos cuando nos conocimos.

Entonces, &#191;qu&#233; quer&#237;a tu ex marido Rick?

Dijo que estaba en Par&#237;s. Que era urgente que viniese.

&#191;A Par&#237;s?

No, a Six Flags Great Adventure en Jackson, Nueva Jersey. Pues claro que a Par&#237;s.

Ella cerr&#243; los ojos. Esper&#233;.

Lo siento. No era necesario.

No, me gusta cuando te pones sarc&#225;stica. &#191;Qu&#233; m&#225;s dijo tu ex?

Me dijo que me alojase en el Hotel D'Aubusson.

&#191;Y?

Eso es todo.

Me acomod&#233; en la silla.

&#191;Eso fue todo lo que te dijo? &#191;Eh, Terese, soy Rick, tu ex marido con el que no hablabas desde hace una d&#233;cada, ven a Par&#237;s de inmediato y al&#243;jate en el Hotel D'Aubusson, y oh, es urgente?

Algo as&#237;.

&#191;No le preguntaste por qu&#233; era urgente?

&#191;Te est&#225;s haciendo el tonto aposta? Por supuesto que se lo pregunt&#233;.

&#191;Y?

No me lo quiso decir. Dijo que necesitaba verme en persona.

&#191;Y t&#250; lo dejaste todo y viniste?

S&#237;.

Despu&#233;s de todos estos a&#241;os, t&#250; vas -Me interrump&#237;-. Espera un momento. Dijiste que estabas oculta.

S&#237;.

&#191;Tambi&#233;n te ocultabas de Rick?

Me ocultaba de todos.

&#191;D&#243;nde?

En Angola.

&#191;Angola? Lo dej&#233; correr por el momento.

&#191;C&#243;mo te encontr&#243; Rick?

Apareci&#243; el camarero. Tra&#237;a dos tazas de caf&#233; y lo que parec&#237;a ser un s&#225;ndwich de jam&#243;n y queso sin tapa.

Los llaman Croque Monsieurs -me explic&#243;.

Lo sab&#237;a. Un s&#225;ndwich de jam&#243;n y queso sin tapa, pero con un nombre de fantas&#237;a.

Rick trabajaba conmigo en la CNN -dijo-. Es probablemente el mejor reportero de investigaci&#243;n del mundo, pero detesta estar ante la c&#225;mara, as&#237; que siempre est&#225; fuera de escena. Supongo que me rastre&#243;.

Terese estaba menos bronceada de lo que lo estaba en aquella isla bendecida por el sol. Los ojos azules ten&#237;an menos brillo, pero a&#250;n ve&#237;a el anillo dorado en cada pupila. Siempre me han gustado las mujeres de pelo oscuro, pero sus rizos m&#225;s claros me hab&#237;an conquistado.

Bien. Contin&#250;a.

As&#237; que hice lo que me pidi&#243;. Llegu&#233; aqu&#237; hace cuatro d&#237;as. Desde entonces no he tenido ni una sola noticia de &#233;l.

&#191;Lo llamaste?

No tengo su n&#250;mero. Rick fue muy espec&#237;fico. Me dijo que se pondr&#237;a en contacto conmigo cuando llegase. Hasta ahora no lo ha hecho.

&#191;Por eso me has llamado?

S&#237;. T&#250; sabes buscar a las personas.

Si soy tan bueno buscando personas, &#191;c&#243;mo es que no te pude encontrar?

Porque no pusiste mucho empe&#241;o.

Eso pod&#237;a ser verdad.

Se inclin&#243; hacia delante.

Yo estaba all&#237;, &#191;lo recuerdas?

S&#237;, lo recordaba.

No a&#241;adi&#243; lo obvio. Me hab&#237;a ayudado entonces, cuando una vida muy importante para m&#237; colgaba de un hilo. Sin ella, hubiese fracasado.

Ni siquiera sabes si tu ex ha desaparecido.

Terese no respondi&#243;.

Bien podr&#237;a ser que estuviese buscando una peque&#241;a revancha.

Quiz&#225;s &#233;sta es la idea un tanto retorcida que tiene Rick de lo que es una broma. O quiz&#225;s, sea lo que sea, no era tan importante. En realidad quiz&#225;s cambi&#243; de opini&#243;n.

Sigui&#243; mir&#225;ndome un poco m&#225;s.

Si ha desaparecido, no s&#233; muy bien c&#243;mo ayudarte. S&#237;, de acuerdo, puedo hacer algo en casa. Pero estamos en un pa&#237;s extranjero. No hablo ni una palabra del idioma. No tengo a Win para ayudarme, a Esperanza o a Big Cyndi.

Yo estoy aqu&#237;. Hablo el idioma.

La mir&#233;. Hab&#237;a l&#225;grimas en sus ojos. La hab&#237;a visto destrozada, pero nunca con ese aspecto. Sacud&#237; la cabeza.

&#191;Qu&#233; es lo que no me est&#225;s diciendo?

Ella cerr&#243; los ojos. Esper&#233;.

Su voz -respondi&#243;.

&#191;Qu&#233; pasa con la voz?

Rick y yo comenzamos a salir en mi primer a&#241;o de estudios universitarios. Estuvimos casados durante diez a&#241;os. Trabajamos juntos casi cada d&#237;a.

Vale.

Lo s&#233; todo de &#233;l, todos sus estados de &#225;nimo. &#191;Sabes a qu&#233; me refiero?

Supongo.

Pasamos temporadas en zonas de guerra. Descubrimos c&#225;maras de tortura en Oriente Medio. En Sierra Leona vimos cosas que ning&#250;n ser humano deber&#237;a ver. Rick sab&#237;a c&#243;mo mantener la perspectiva personal. Siempre se mostraba ecu&#225;nime, siempre manten&#237;a sus emociones controladas. Detestaba la exageraci&#243;n que acompa&#241;a de forma natural a las noticias en la televisi&#243;n. As&#237; que he o&#237;do su voz en toda clase de circunstancias.

Terese volvi&#243; a cerrar los ojos.

Pero nunca le hab&#237;a escuchado ese tono.

Le tend&#237; la mano sobre la mesa, pero ella no la cogi&#243;.

&#191;Como qu&#233;? -pregunt&#233;.

Hab&#237;a un temblor que nunca le hab&#237;a o&#237;do. Cre&#237; cre&#237; que quiz&#225;s hab&#237;a estado llorando. Estaba m&#225;s all&#225; del terror; y eso en un hombre al que jam&#225;s hab&#237;a visto antes asustado. Dijo que quer&#237;a que estuviese preparada.

&#191;Preparada para qu&#233;?

Ahora hab&#237;a l&#225;grimas en sus ojos. Terese uni&#243; las manos como si rezase, con la punta de los dedos apoyados en el puente de la nariz.

Dijo que lo que iba a decirme cambiar&#237;a toda mi vida.

Me ech&#233; hacia atr&#225;s y frunc&#237; el entrecejo.

&#191;Utiliz&#243; esa frase exacta, cambiar toda tu vida?

S&#237;.

Terese tampoco era aficionada a la hip&#233;rbole. No estaba muy seguro de c&#243;mo tom&#225;rmelo.

&#191;D&#243;nde vive Rick? -pregunt&#233;.

No lo s&#233;.

&#191;Podr&#237;a vivir en Par&#237;s?

Podr&#237;a.

Asent&#237;.

&#191;Se volvi&#243; a casar?

Eso tampoco lo s&#233;. Como dije, no hemos hablado en mucho tiempo.

No iba a ser f&#225;cil.

&#191;Sabes si todav&#237;a trabaja para la CNN?

Lo dudo.

Quiz&#225;s podr&#237;as darme una lista de amigos y familiares, algo con lo que empezar.

Est&#225; bien.

Su mano temblaba cuando cogi&#243; la taza de caf&#233; y se la llev&#243; a los labios.

&#191;Terese?

Ella mantuvo la taza levantada, como si la utilizase para protegerse.

&#191;Qu&#233; podr&#237;a decirte tu ex marido que podr&#237;a cambiar toda tu vida?

Terese desvi&#243; la mirada.

Autobuses rojos de dos pisos circulaban junto al Sena cargados de turistas. Todos los autobuses llevaban el anuncio de una tienda en el que aparece una atractiva mujer con la Torre Eiffel en la cabeza. Ten&#237;a un aspecto rid&#237;culo e inc&#243;modo. El sombrero Torre Eiffel se ve&#237;a pesado, mal equilibrado en la cabeza de la mujer, sujetado por una delgada cinta. El cuello de cisne de la modelo se torc&#237;a como si estuviese a punto de quebrarse. &#191;A qui&#233;n se le hab&#237;a ocurrido que era una buena manera de hacer publicidad de la moda?

Aumentaba el n&#250;mero de peatones. La chica que hab&#237;a arrojado la lata aplastada ahora estaba haciendo las paces con el damnificado. Ah, los franceses. Un guardia urbano comenz&#243; a hacer gestos a una camioneta blanca que obstaculizaba el tr&#225;fico. Me volv&#237; y esper&#233; a que Terese respondiera. Dej&#243; la taza de caf&#233;.

No me lo imagino.

Pero hab&#237;a un tono de ahogo en su voz. Una buena pista si estuviese jugando a las cartas con ella. No me ment&#237;a. De eso estaba bastante seguro. Pero tampoco me lo estaba contando todo.

&#191;No existe ninguna posibilidad de que tu ex solo se muestre vengativo?

Ninguna.

Se detuvo, mir&#243; a lo lejos e intent&#243; rehacerse.

Hab&#237;a llegado el momento de dar el gran paso.

&#191;Qu&#233; fue lo que pas&#243;, Terese?

Ella sab&#237;a a qu&#233; me refer&#237;a. Sus ojos rehu&#237;an los m&#237;os, pero una peque&#241;a sonrisa apareci&#243; en sus labios.

T&#250; tampoco me lo dijiste nunca -respondi&#243;.

Nuestra regla t&#225;cita en la isla.

S&#237;.

Pero ahora no estamos en aquella isla.

Silencio. Ella ten&#237;a raz&#243;n. Yo tampoco le hab&#237;a dicho nunca qu&#233; me hab&#237;a llevado a aquella isla, qu&#233; me hab&#237;a destrozado. Por lo tanto, quiz&#225;s me tocaba a m&#237; hablar primero.

Se supon&#237;a que deb&#237;a proteger a alguien. Me equivoqu&#233;. Ella muri&#243; por mi culpa. Para complicar las cosas, reaccion&#233; de mala manera.

Violencia, pens&#233; de nuevo. El eco que no se apagaba.

Has dicho ella -se&#241;al&#243; Terese-. &#191;Era una mujer a quien deb&#237;as proteger?

S&#237;.

Visitaste su tumba. Lo recuerdo.

No dije nada. Ahora era el turno de Terese. Me reclin&#233; en la silla y dej&#233; que se preparase. Record&#233; lo que Win me hab&#237;a dicho de su secreto, que era muy malo. Estaba nervioso. Mi mirada vag&#243; sin rumbo y entonces vi algo que capt&#243; mi atenci&#243;n.

La furgoneta blanca.

Te acostumbras a vivir de esta manera despu&#233;s de un tiempo. Supongo que en guardia. Miras en derredor y comienzas a ver esquemas y te preguntas. &#201;sa era la tercera vez que ve&#237;a la misma furgoneta. O al menos cre&#237;a que era la misma. Hab&#237;a estado delante del hotel cuando salimos. Para ser m&#225;s preciso, la &#250;ltima vez que la vi, el agente de tr&#225;fico le estaba pidiendo que se moviese.

Sin embargo, segu&#237;a estando en el mismo lugar.

Me volv&#237; hacia Terese. Ella vio mi expresi&#243;n y pregunt&#243;:

&#191;Qu&#233;?

Puede que la furgoneta blanca nos est&#233; siguiendo.

No a&#241;ad&#237; No mires, ni nada por el estilo. Terese no hubiese cometido ese error.

&#191;Qu&#233; debemos hacer? -pregunt&#243;.

Lo pens&#233;. Las piezas empezaron a encajar. Dese&#233; estar equivocado. Por un momento imagin&#233; que todo eso se pod&#237;a acabar en cuesti&#243;n de segundos. El ex marido conduc&#237;a la furgoneta, nos espiaba. Me acercaba, abr&#237;a la puerta y lo sacaba de detr&#225;s del volante.

Me levant&#233; y mir&#233; sin m&#225;s a la ventanilla del conductor. No ten&#237;a sentido seguir el juego si estaba en lo cierto. Hab&#237;a un reflejo, pero as&#237; y todo consegu&#237; ver el rostro sin afeitar, y todav&#237;a m&#225;s, el palillo.

Era Lefebvre, el del aeropuerto.

No intent&#243; ocultarse. Se abri&#243; la puerta y sali&#243;. De la puerta del pasajero apareci&#243; a la vista el poli mayor, Berleand. Se acomod&#243; las gafas y sonri&#243; casi como disculp&#225;ndose.

Me sent&#237; como un idiota. Los polis de paisano del aeropuerto. Eso me tendr&#237;a que haber servido de aviso. Los funcionarios de inmigraci&#243;n no vestir&#237;an de paisano. El interrogatorio irrelevante. Una demora. Tendr&#237;a que haberlo visto.

Lefebvre y Berleand metieron las manos en los bolsillos. Pens&#233; que iban a sacar las armas, pero sacaron unos brazaletes rojos con la palabra polic&#237;a escrita en ellos. Se las colocaron en los b&#237;ceps. Mir&#233; a la izquierda y vi a unos polis de uniforme que ven&#237;an hacia nosotros.

No me mov&#237;. Mantuve las manos a los lados, donde pudiesen verlas con claridad. Ten&#237;a una somera idea de lo que estaba pasando, pero &#233;se no era el momento para movimientos bruscos.

Mantuve la mirada fija en Berleand. Se acerc&#243; a nuestra mesa, mir&#243; a Terese y nos dijo a ambos:

Por favor, &#191;podr&#237;an venir con nosotros?

&#191;De qu&#233; va esto? -pregunt&#233;.

Hablaremos de ello en comisar&#237;a.

&#191;Estamos arrestados? -pregunt&#233;.

No.

Entonces no iremos a ninguna parte hasta que sepamos de qu&#233; se trata.

Berleand sonri&#243;. Mir&#243; a Lefebvre. Lefebvre sonri&#243; detr&#225;s del palillo.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#233;.

&#191;Cree que estamos en Estados Unidos, se&#241;or Bolitar?

No, pero creo que &#233;sta es una democracia moderna con algunos derechos inalienables. &#191;Estoy equivocado?

No tenemos los derechos Miranda en Francia. No necesitamos acusarlo para detenerlo. Es m&#225;s, puedo retenerlos a los dos durante cuarenta y ocho horas casi por puro capricho.

Berleand se acerc&#243; a m&#237;, se acomod&#243; de nuevo las gafas y se sec&#243; las manos en los costados de los pantalones.

Se lo preguntar&#233; de nuevo: &#191;Tienen la amabilidad de venir con nosotros?

Me encantar&#237;a -respond&#237;.



6

Nos separaron all&#237; mismo, en plena calle.

Lefebvre la escolt&#243; hasta la furgoneta. Fui a protestar, pero Berleand me dirigi&#243; una mirada aburrida que indicaba que mis palabras en el mejor de los casos ser&#237;an superfluas. Me llev&#243; a un coche. Conduc&#237;a un agente de uniforme. Berleand se acomod&#243; conmigo en el asiento trasero.

&#191;Cu&#225;nto dura el viaje? -pregunt&#233;.

Berleand consult&#243; su reloj de pulsera.

Unos treinta segundos.

Quiz&#225;s calcul&#243; en exceso. De hecho, yo hab&#237;a visto el edificio antes: la fortaleza de piedra arenisca atrevida y austera al otro lado del r&#237;o. Los tejados con buhardillas estaban cubiertos con l&#225;minas de pizarra, y tambi&#233;n las torres c&#243;nicas dispersas por todo el conjunto. Podr&#237;amos haber ido a pie. Entrecerr&#233; los ojos cuando nos acercamos.

&#191;La reconoce? -pregunt&#243; Berleand.

No era ninguna sorpresa que antes me hubiese llamado la atenci&#243;n. Dos guardias armados se apartaron cuando nuestro coche atraves&#243; la imponente arcada. El portal parec&#237;a unas fauces que nos tragaban por entero. Al otro lado hab&#237;a un gran patio. Ahora est&#225;bamos rodeados por imponentes edificios. Fortaleza, s&#237;, eso encajaba. Te sent&#237;as un poco como un prisionero de guerra en el siglo XVIII.

&#191;Qu&#233;?

La reconoc&#237;, sobre todo por los libros de Georges Simenon y porque sab&#237;a que en los c&#237;rculos de las fuerzas de la ley era legendaria.

Hab&#237;a entrado en el patio del 36 Quai des Orfevres: la famosa jefatura de polic&#237;a francesa. Piensen en Scotland Yard. Piensen en Quantico.

Vaaaya -estir&#233; la palabra al tiempo que miraba a trav&#233;s de la ventanilla-, sea lo que sea esto, es grande.

Berleand levant&#243; las palmas.

Aqu&#237; no nos ocupamos de las infracciones de tr&#225;fico.

Caramba con los franceses. La jefatura de polic&#237;a era una fortaleza s&#243;lida, intimidatoria, gigantesca y absolutamente preciosa.

Impresionante, &#191;no?

Incluso sus comisar&#237;as son maravillas arquitect&#243;nicas -coment&#233;.

Espere a ver el interior.

No tard&#233; en averiguar que Berleand estaba siendo de nuevo sarc&#225;stico. El contraste entre la fachada y lo que hab&#237;a en el interior era como un brutal pu&#241;etazo. El exterior hab&#237;a sido creado para durar siglos; el interior ten&#237;a todo el encanto y la personalidad de los lavabos p&#250;blicos de una autopista. Las paredes eran de un blanco sucio, o quiz&#225;s hab&#237;an sido blancas pero se hab&#237;an amarilleado con los a&#241;os. No hab&#237;a pinturas, ning&#250;n adorno en las paredes, pero s&#237; los suficientes raspones como para preguntarme si alguien hab&#237;a corrido encima de ellas con zapatos de tac&#243;n. El lin&#243;leo que cubr&#237;a el suelo quiz&#225;s hab&#237;a estado de moda all&#225; por 1957.

No hab&#237;a ascensores hasta donde pude averiguar. Subimos por unas anchas escaleras, la versi&#243;n francesa de una caminata de precalentamiento. La subida parec&#237;a no acabar nunca.

Por aqu&#237;.

Los cables al aire se entrecruzaban en el techo y daban el aspecto de decorado para un anuncio de peligro de incendios. Segu&#237; a Berleand por un pasillo. Pasamos junto a un horno microondas colocado en el suelo. Hab&#237;a impresoras, pantallas y ordenadores junto a las paredes.

&#191;Se trasladan?

No.

Me llev&#243; a una celda, quiz&#225;s de metro ochenta por metro ochenta. Individual. Ten&#237;a cristales en lugar de barrotes. Dos bancos sujetos a las paredes formaban una V en el rinc&#243;n. Los colchones eran delgados, azules y ten&#237;an el sospechoso aspecto de las colchonetas de lucha que recordaba del gimnasio del instituto. Una manta de color naranja ra&#237;da, como las de una l&#237;nea a&#233;rea de bajo coste usada durante demasiado tiempo, descansaba plegada sobre el banco.

Berleand abri&#243; los brazos como un ma&#238;tre d&#225;ndome la bienvenida al Caf&#233; Maxim's.

&#191;D&#243;nde est&#225; Terese?

Berleand se encogi&#243; de hombros.

Quiero un abogado.

Y yo quiero darme un ba&#241;o de burbujas con Catherine Deneuve -replic&#243; &#233;l.

&#191;Me est&#225; diciendo que no tengo derecho a que un abogado est&#233; presente durante el interrogatorio?

As&#237; es. Puede hablar con uno antes, pero no estar&#225; presente durante el interrogatorio. Le ser&#233; sincero. Le har&#225; parecer culpable. Y adem&#225;s a m&#237; me cabrear&#225;. As&#237; que no se lo recomiendo. Mientras tanto, p&#243;ngase c&#243;modo.

Me dej&#243; solo. Intent&#233; pensar, sin hacer ning&#250;n movimiento brusco. Las colchonetas estaban pegajosas y no quer&#237;a saber de qu&#233;. El olor era rancio, esa horrible mezcla de sudor, miedo y, ejem, otros fluidos corporales. El hedor se colaba en mi nariz y se pegaba. Pas&#243; una hora. O&#237; el microondas. Un guardia me trajo comida. Pas&#243; otra hora.

Cuando Berleand volvi&#243;, yo estaba apoyado en un trozo limpio que hab&#237;a encontrado en la pared de vidrio.

Espero que su estancia haya sido c&#243;moda.

La comida -dije-. Esperaba una comida mejor, siendo &#233;sta una c&#225;rcel parisina y todo eso.

Hablar&#233; con el cocinero personalmente.

Berleand abri&#243; la puerta de cristal. Lo segu&#237; por el pasillo. Esperaba que me llevase a una sala de interrogatorios, pero no fue as&#237;. Nos detuvimos delante de una puerta con un cartel que dec&#237;a: GROUPE BERLEAND. Lo mir&#233;.

&#191;Su nombre de pila es Groupe?

&#191;Se supone que eso es un chiste?

Entramos. Deduje que Groupe probablemente significaba grupo y a juzgar por lo que hab&#237;a en el interior del cuarto comprob&#233; que hab&#237;a acertado. Hab&#237;a seis mesas api&#241;adas en un despacho que no recibir&#237;a el adjetivo de espacioso ni aunque solo hubiese habido una. Deb&#237;amos de estar en el &#250;ltimo piso, porque el techo de la buhardilla hac&#237;a que se inclinase a trav&#233;s de la mayor parte de la habitaci&#243;n. Tuve que agacharme al entrar.

Cuatro de las seis mesas estaban ocupadas con lo que supuse eran otros inspectores, parte del Groupe Berleand. Hab&#237;a monitores anticuados, de aquellos que ocupaban casi la mitad de la mesa. Fotos de familia, banderines de los equipos deportivos favoritos, un cartel de Coca-Cola, un calendario con mujeres desnudas, toda la atm&#243;sfera se correspond&#237;a muy poco a una jefatura de polic&#237;a de alto nivel y mucho al cuarto trasero de una tienda de tubos de escape de Hoboken.

Groupe Berleand -dije-. &#191;Es usted el jefe?

Soy un capit&#225;n de la Brigada Criminal. &#201;ste es mi equipo. Si&#233;ntese.

&#191;D&#243;nde, aqu&#237;?

Claro. Aqu&#233;lla es la mesa de Lefebvre. Utilice su silla.

&#191;No hay cuarto de interrogatorios?

No deja de pensar que est&#225; en Estados Unidos. Realizamos todas las entrevistas en el despacho del equipo.

Los otros inspectores parec&#237;an no hacer el menor caso de nuestra charla. Dos tomaban caf&#233; y charlaban. El otro escrib&#237;a en su mesa. Me sent&#233;. Hab&#237;a una caja de toallas de papel en la mesa. Berleand cogi&#243; una y comenz&#243; a secarse las manos de nuevo.

H&#225;bleme de su relaci&#243;n con Terese Collins.

&#191;Por qu&#233;?

Porque me encanta estar al corriente de los &#250;ltimos cotilleos. -Hab&#237;a sarcasmo bajo ese casi humor-. H&#225;bleme de su relaci&#243;n.

No la hab&#237;a visto en ocho a&#241;os.

Sin embargo, aqu&#237; est&#225;n los dos.

S&#237;.

&#191;Por qu&#233;?

Me llam&#243; para invitarme a pasar unos d&#237;as en su ciudad.

&#191;Y usted lo dej&#243; todo sin m&#225;s y vol&#243; hasta aqu&#237;?

Me limit&#233; a enarcar una ceja por respuesta.

Berleand sonri&#243;.

Casi he estropeado otro estereotipo franc&#233;s, &#191;no?

Comienza a preocuparme, Berleand.

&#191;As&#237; que vino para una cita rom&#225;ntica?

No.

&#191;Entonces?

No s&#233; por qu&#233; quer&#237;a que viniese. Solo intu&#237; que estaba en problemas.

&#191;Y usted la quer&#237;a ayudar?

S&#237;.

&#191;Sab&#237;a para qu&#233; necesitaba ayuda?

&#191;Antes de llegar? No.

&#191;Y ahora?

S&#237;.

&#191;Le importar&#237;a dec&#237;rmelo?

&#191;Tengo otra alternativa? -pregunt&#233;.

En realidad, no.

Su ex marido ha desaparecido. Le llam&#243;, le dijo que ten&#237;a algo urgente que discutir con ella y luego desapareci&#243;.

Berleand pareci&#243; sorprendido, ya fuese por la respuesta o por el hecho de que me mostrase tan dispuesto a cooperar. Yo ten&#237;a mis propias sospechas al respecto.

Entonces, &#191;la se&#241;ora Collins le llam&#243; para qu&#233;, para ayudarla a encontrarlo?

As&#237; es.

&#191;Por qu&#233; a usted?

Cree que soy bueno para esa clase de cosas.

Cre&#237; que me hab&#237;a dicho que era un agente. Que representaba a artistas. &#191;C&#243;mo le convierte eso en bueno a la hora de encontrar a personas desaparecidas?

Mi negocio es un tanto personal. Me llaman para hacer un mont&#243;n de cosas extra&#241;as para mis clientes.

Comprendo -dijo Berleand.

Entr&#243; Lefebvre. A&#250;n ten&#237;a el palillo. Se acarici&#243; la barba y se detuvo a mi derecha. Me mir&#243; con una expresi&#243;n feroz. Damas y caballeros, les presento al poli malo. Mir&#233; a Berleand, que parec&#237;a estar dici&#233;ndole: &#191;En serio es necesario? &#201;l se encogi&#243; de hombros.

Usted aprecia a la se&#241;ora Collins, &#191;no es as&#237;?

S&#237;.

Lefebvre, dispuesto a interpretar a su personaje como tocaba, me continu&#243; mirando como si quisiese despellejarme. Se quit&#243; el palillo de la boca y dijo:

&#161;Mentiroso de s&#225;bana! [[2]: #_ftnref2. Juego de palabras entre shit (mierda) y sheet (s&#225;bana). Es un error frecuente entre las personas de habla no inglesa pronunciar la primera con el sonido de la segunda. (N. del T.)]

&#191;Perd&#243;n?

Usted -repiti&#243; con un furioso y fuerte acento franc&#233;s-, usted es un mentiroso de s&#225;bana.

Y usted -repliqu&#233;-, es una almohada mentirosa.

Berleand se limit&#243; a mirarme.

Mierda -dije-. Almohada. &#191;Lo pesca?

Berleand parec&#237;a mortificado. No pod&#237;a culparlo.

&#191;Ama a Terese Collins? -pregunt&#243;.

Me mantuve en la senda de la verdad.

No lo s&#233;.

Pero, &#191;est&#225;n unidos?

No la he visto en a&#241;os.

Eso no cambia nada, &#191;verdad?

No. Supongo que no.

&#191;Conoce a Rick Collins?

Por alguna raz&#243;n, al escuchar dec&#237;rselo, me sorprendi&#243; que Tere-se hubiese tomado su apellido, pero, claro, se conoc&#237;an desde la universidad. Supongo que es lo natural.

No.

&#191;Nunca lo conoci&#243;?

Nunca.

&#191;Qu&#233; puede decirme de &#233;l?

Nada de nada.

Lefebvre apoy&#243; una mano en mi hombro y apret&#243; un poco.

Mentiroso de s&#225;bana.

Lo mir&#233;.

Por favor, d&#237;game que no es el mismo palillo del aeropuerto. Porque si lo es, esto que estamos haciendo es muy poco higi&#233;nico.

&#191;La se&#241;ora Collins tiene raz&#243;n? -pregunt&#243; el capit&#225;n.

Me volv&#237; hacia &#233;l.

&#191;Qu&#233;?

&#191;Es usted bueno encontrando personas?

Me encog&#237; de hombros.

Creo que s&#233; d&#243;nde est&#225; Rick Collins.

Berleand mir&#243; a Lefebvre. Lefebvre se irgui&#243; un poco.

&#191;Ah s&#237;? &#191;Y d&#243;nde est&#225;?

En alguna morgue cercana -respond&#237;-. Alguien lo asesin&#243;.



7

Berleand me sac&#243; del despacho del Groupe Berleand y gir&#243; a la derecha.

&#191;Ad&#243;nde vamos? -pregunt&#233;.

Se sec&#243; las manos en las perneras y respondi&#243;:

Usted s&#237;game.

Caminamos por un pasillo con una abertura lateral que ca&#237;a cinco pisos. Una red de acero cubr&#237;a el espacio.

&#191;Para qu&#233; est&#225; la red? -pregunt&#233;.

Hace dos a&#241;os trajimos a un sospechoso de terrorismo. Una mujer. Cuando camin&#225;bamos por este pasillo, sujet&#243; a uno de los guardias e intent&#243; arrojarse con &#233;l por encima de la barandilla.

Mir&#233; abajo. Era una ca&#237;da larga.

&#191;Murieron?

No, otro agente los sujet&#243; por los tobillos. Por eso ahora hay una red.

Subi&#243; dos escalones a lo que parec&#237;a ser el &#225;tico.

Cuidado con la cabeza -me avis&#243; Berleand.

&#191;Sospechoso de terrorismo?

S&#237;.

&#191;Se ocupan del terrorismo?

Terrorismo, homicidios, los l&#237;mites ya no est&#225;n tan claros. Hacemos un poco de todo.

Entramos en el &#225;tico. Esta vez tuve que agacharme mucho. Hab&#237;a prendas en unas cuerdas.

&#191;Aqu&#237; hacen la colada?

No.

&#191;De qui&#233;n son esas prendas?

De las v&#237;ctimas. Aqu&#237; es donde las secamos.

Es una broma, &#191;no?

No.

Me detuve y las mir&#233;. Hab&#237;a una camisa azul oscura rasgada y cubierta con manchas de sangre.

&#191;Pertenecen &#233;stas a Rick Collins?

S&#237;game.

Abri&#243; una ventana y sali&#243; al tejado. Se volvi&#243; y me mir&#243; para que lo siguiese.

Es una broma, &#191;no? -repet&#237;.

Una de las grandes vistas de Par&#237;s.

&#191;Desde el tejado del 36 Quai des Orfevres?

Sal&#237; al tejado de pizarra y vaya si ten&#237;a raz&#243;n en cuanto al panorama. Berleand encendi&#243; un cigarrillo, le dio una calada tan grande que cre&#237; que todo el cigarrillo se convertir&#237;a en ceniza y solt&#243; el humo en una larga exhalaci&#243;n por la nariz.

&#191;Interroga aqu&#237; a menudo?

Para ser sincero, &#233;sta es la primera vez.

Podr&#237;a amenazar con tirar a alguien a la calle.

No es mi estilo.

Entonces, &#191;por qu&#233; estamos aqu&#237;?

No se nos permite fumar en el interior del edificio y estaba desesperado por un cigarrillo.

Dio otra profunda calada.

No me importa cumplir la norma. Solo fumar en la calle. Puedo subir y bajar los cinco pisos a la carrera como una manera de hacer ejercicio. Pero entonces me quedo sin aliento por el tabaco.

Se anulan el uno al otro -dije.

As&#237; es.

Podr&#237;a pensar en dejarlo.

Pero entonces no tendr&#237;a una raz&#243;n para subir y bajar las escaleras y entonces no har&#237;a ejercicio. &#191;Me sigue?

Todo lo que puedo, Berleand.

Se sent&#243; y mir&#243; al espacio. Me hizo un gesto para que hiciese lo mismo. As&#237; que ah&#237; estaba yo, en el tejado de una de las jefaturas de polic&#237;a m&#225;s famosas del mundo, contemplando la vista m&#225;s extraordinaria de N&#244;tre Dame.

Mire all&#237;.

Se&#241;al&#243; por encima de su hombro derecho. Mir&#233; a trav&#233;s del Sena y all&#237; estaba: la Torre Eiffel. Sab&#237;a lo tur&#237;stico que es sentirse impresionado por la Torre Eiffel, pero solo la mir&#233; por un momento.

Sorprendente, &#191;no?

La pr&#243;xima vez que me detenga, no me olvidar&#233; de traer una c&#225;mara.

Se ech&#243; a re&#237;r.

Su ingl&#233;s es muy bueno -coment&#233;.

Nos lo ense&#241;an desde peque&#241;os. Tambi&#233;n pas&#233; un semestre en el Amherst College en mi juventud y trabaj&#233; durante dos a&#241;os en un programa de intercambio con Quantico. Oh, y tengo todas las series de los Simpson en DVD en versi&#243;n original.

Eso debe bastar.

Dio otra calada al cigarrillo.

&#191;C&#243;mo lo asesinaron? -pregunt&#233;.

No deber&#237;a decir algo as&#237; como: Aja, &#191;c&#243;mo sabe que lo han asesinado?Me encog&#237; de hombros.

Como usted dijo, aqu&#237; no investigan infracciones de aparcamiento.

&#191;Qu&#233; puede decirme de Rick Collins?

Nada.

&#191;Qu&#233; me dice de Terese Collins?

&#191;Qu&#233; quiere saber?

Es muy hermosa.

&#191;Es eso lo que quiere saber?

Investigu&#233; un poco. Aqu&#237; tambi&#233;n vemos la CNN, por supuesto. La recuerdo.

&#191;Y?

Hace una d&#233;cada ella estaba en la cumbre de su profesi&#243;n. De pronto desapareci&#243; y no hay ni una menci&#243;n de ella en Google desde entonces. Lo averig&#252;&#233;. Ning&#250;n empleo. Ning&#250;n domicilio, nada.

No respond&#237;.

&#191;D&#243;nde ha estado?

&#191;Por qu&#233; no se lo pregunta a ella?

Porque ahora mismo se lo pregunto a usted.

Ya se lo he dicho. No la he visto en ocho a&#241;os.

&#191;No ten&#237;a ni idea de d&#243;nde estaba?

No lo sab&#237;a.

Sonri&#243; y me se&#241;al&#243; moviendo un dedo.

&#191;Qu&#233;?

Ha dicho no lo sab&#237;a. Tiempo pasado. Eso implica que ahora sabe d&#243;nde ha estado.

Su buen ingl&#233;s -dije-. Ha vuelto para perseguirme.

&#191;Entonces?

Angola -respond&#237;-, o al menos, eso es lo que me dijo.

Asinti&#243;. Una sirena de la polic&#237;a francesa se puso en marcha. Los franceses tienen una sirena diferente a la nuestra: m&#225;s insistente, horrible, como el hijo preferido de una alarma de coche barata y el timbre de respuesta equivocada de los programas de preguntas y respuestas. Dejamos que rompiese nuestro silencio y esperamos a que se alejase.

Hizo algunas llamadas, &#191;verdad? -pregunt&#233;.

Unas cuantas.

&#191;Y?

No dijo nada m&#225;s.

Sabe que yo no lo mat&#233;. Ni siquiera estaba en el pa&#237;s.

Lo s&#233;.

&#191;Pero?

&#191;Puedo ofrecer otro escenario?

Adelante.

Terese Collins asesin&#243; a su ex marido -dijo Berleand-. Necesitaba una manera de hacer desaparecer el cuerpo, alguien en quien pudiese confiar para que le ayudara a limpiar el estropicio. Le llam&#243; a usted.

Frunc&#237; el entrecejo.

&#191;Entonces cuando respond&#237;, ella me dijo: Acabo de matar a mi ex marido en Par&#237;s, por favor ay&#250;dame?

Bueno, quiz&#225;s solo le dijo que volase aqu&#237;. Quiz&#225;s le dijo el prop&#243;sito despu&#233;s de su llegada.

Sonre&#237;. Eso ya estaba durando demasiado.

Usted sabe que ella no me dijo eso.

&#191;C&#243;mo podr&#237;a saberlo?

Usted nos estaba escuchando.

Berleand no me mir&#243;. Continu&#243; fumando y mirando el panorama.

Cuando me retuvo en el aeropuerto -a&#241;ad&#237;-, coloc&#243; un micro en alguna parte. Quiz&#225;s en mi zapato. Lo m&#225;s probable en el m&#243;vil.

Era la &#250;nica cosa que ten&#237;a sentido. Encontraron el cuerpo, quiz&#225;s buscaron en el m&#243;vil de Rick Collins o lo que fuese, encontraron que su ex esposa estaba en la ciudad, le pincharon el tel&#233;fono, vieron que ella me llamaba, me retuvieron en el aeropuerto lo suficiente para instalar un micro y comenzaron la vigilancia.

Por eso me hab&#237;a mostrado tan sincero con Berleand; &#233;l ya conoc&#237;a todas las respuestas. Hab&#237;a esperado ganarme su confianza.

Su tel&#233;fono m&#243;vil -respondi&#243;-. Reemplazamos la bater&#237;a con un aparato de escucha que contiene la misma carga. Es muy nuevo, lo &#250;ltimo en tecnolog&#237;a.

Por lo tanto, sabe que Terese cree que su ex ha desaparecido.

Movi&#243; la cabeza atr&#225;s y adelante.

Sabemos que eso fue lo que le dijo.

Vamos, Berleand. Escuch&#243; su tono. Estaba desesperada de verdad.

Parec&#237;a estarlo -asinti&#243;.

&#191;Y?

Apag&#243; la colilla.

Tambi&#233;n escuchamos lo que no dec&#237;a -manifest&#243; Berleand-. Le ha mentido. Usted lo sabe, yo lo s&#233;. Esperaba que quiz&#225;s usted pudiese sac&#225;rselo, pero vio la furgoneta. -Lo pens&#243; un momento-. Fue entonces cuando se dio cuenta de que lo espi&#225;bamos.

As&#237; que ambos somos muy listos.

O no tan listos como creemos.

&#191;Han informado a los familiares?

Lo estamos intentando.

Intent&#233; ser sutil, pero de nuevo me dije que ya no val&#237;a la pena.

&#191;Qui&#233;n es el familiar m&#225;s cercano?

Su esposa.

&#191;Tiene un nombre?

Por favor, no abuse -dijo Berleand.

Sac&#243; otro cigarrillo, se lo meti&#243; entre los labios y lo dej&#243; colgar mientras lo encend&#237;a con una mano, lo cual mostraba que hab&#237;a hecho eso muchas veces antes.

Encontraron sangre en el escenario del crimen -explic&#243;-. Mucha. La mayor parte pertenec&#237;a a la v&#237;ctima, claro. Pero las pruebas preliminares nos dicen que tambi&#233;n hab&#237;a sangre de otra persona. As&#237; que recogimos una muestra de sangre de Terese Collins y haremos una prueba de ADN.

Ella no lo hizo, Berleand.

Guard&#243; silencio.

Hay algo m&#225;s que no me dice -se&#241;al&#233;.

Hay mucho que no le digo. Usted no es parte del Groupe Berleand.

&#191;No me podr&#237;a nombrar como adjunto o algo as&#237;?

Volvi&#243; a mostrar aquella expresi&#243;n mortificada.

No puede ser una coincidencia -afirm&#243;-. Que lo asesinasen inmediatamente despu&#233;s de la llegada de su ex.

Usted oy&#243; lo que me dijo. Su ex parec&#237;a asustado. Probablemente se hab&#237;a metido en alg&#250;n l&#237;o; por eso le llam&#243;.

Nos interrumpi&#243; el m&#243;vil. Berleand lo cogi&#243;, se lo llev&#243; al o&#237;do y escuch&#243;. Seguro que mi nuevo amigo Berleand ser&#237;a un estupendo jugador de p&#243;quer, pero algo ensombreci&#243; su rostro y se qued&#243; all&#237;. Ladr&#243; algo en franc&#233;s, claramente enojado a la vez que intrigado. Luego guard&#243; silencio. Despu&#233;s de unos momentos, cerr&#243; el m&#243;vil, apag&#243; la colilla y se puso de pie.

&#191;Problemas? -pregunt&#233;.

Eche una &#250;ltima mirada. -Berleand se limpi&#243; los fondillos con ambas manos-. No permitimos que muchos turistas vengan aqu&#237;.

Lo hice. A algunos les puede resultar extra&#241;a esta jefatura con su espectacular vista. Decid&#237; aprovechar la oportunidad para mirar y recordar por qu&#233; el asesinato era semejante abominaci&#243;n.

&#191;Ad&#243;nde vamos? -pregunt&#233;.

El laboratorio ha recibido los resultados preliminares del ADN de la sangre.

&#191;Ya?

Se encogi&#243; de hombros en un gesto un tanto teatral.

Nosotros los franceses somos algo m&#225;s que vino, comida y mujeres.

Es una pena. &#191;Cu&#225;l es el resultado?

Creo -comenz&#243;, mientras se agachaba para atravesar la ventana- que debemos hablar con Terese Collins.



8

La encontramos en la misma celda en la que yo hab&#237;a estado media hora antes.

Ten&#237;a los ojos enrojecidos e hinchados. Cuando Berleand abri&#243; la puerta, desapareci&#243; toda pretensi&#243;n de fortaleza. Se abraz&#243; a m&#237; y yo la retuve. Solloz&#243; contra mi pecho. La dej&#233; hacer. Berleand permaneci&#243; all&#237;. Lo mir&#233; directamente a los ojos. &#201;l hizo otra vez aquel gran encogimiento de hombros.

Los dejaremos ir a los dos -dijo-, si est&#225;n de acuerdo en entregar sus pasaportes.

Terese se apart&#243; y me mir&#243;. Ambos asentimos.

Tengo unas preguntas m&#225;s antes de que se marche -a&#241;adi&#243; Berleand. &#191;Est&#225; de acuerdo?

Me doy cuenta de que soy una sospechosa -manifest&#243; Terese-. La ex esposa en la misma ciudad despu&#233;s de todos estos a&#241;os, la llamada telef&#243;nica entre nosotros, lo que sea. No importa; solo quiero que atrape a quien mat&#243; a Rick. As&#237; que pregunte lo que quiera, inspector.

Aprecio su sinceridad y cooperaci&#243;n. -Parec&#237;a ahora titubeante, casi demasiado deliberado. Algo que hab&#237;a escuchado durante aquella llamada telef&#243;nica en el tejado lo hab&#237;a desconcertado. Me pregunt&#233; qu&#233; se tra&#237;a entre manos.

&#191;Sab&#237;a que su ex marido se hab&#237;a vuelto a casar? -pregunt&#243; Berleand.

Terese sacudi&#243; la cabeza.

No lo sab&#237;a. &#191;Cu&#225;ndo?

&#191;Cu&#225;ndo qu&#233;?

&#191;Cu&#225;ndo se volvi&#243; a casar?

No lo s&#233;.

&#191;Puedo preguntarle el nombre de su esposa?

Karen Tower.

Terese casi sonri&#243;.

&#191;La conoce?

S&#237;.

Berleand asinti&#243; y volvi&#243; a frotarse las manos. Esperaba que preguntase c&#243;mo conoc&#237;a a Karen Tower, pero lo dej&#243; correr.

Hemos recibido los resultados de los an&#225;lisis de sangre preliminares del laboratorio.

&#191;Ya? -Terese pareci&#243; sorprendida-. Pero si he dado la muestra, cu&#225;ndo, &#191;har&#225; una hora?

No, la suya, no. &#201;sa llevar&#225; un poco m&#225;s de tiempo. Se trata de la sangre que encontramos en la escena del crimen.

Ah.

Algo curioso.

Ambos esperamos. Terese trag&#243; como si estuviese prepar&#225;ndose para recibir un golpe.

La mayor&#237;a de la sangre, para ser precisos casi toda ella, pertenece a la v&#237;ctima, Rick Collins -respondi&#243; Berleand. Su voz era ahora mesurada, como si estuviese intentando abrirse camino entre lo que fuese que iba a decir-. Eso no es una sorpresa.

Seguimos sin decir nada.

Pero hab&#237;a otra mancha de sangre que encontramos en la alfombra, no muy lejos del cuerpo. No sabemos muy bien c&#243;mo lleg&#243; all&#237;. Nuestra teor&#237;a original tambi&#233;n fue la m&#225;s obvia: hubo una pelea. Rick Collins hiri&#243; a su asesino.

&#191;Y entonces? -pregunt&#233;.

En primer lugar, encontramos cabellos rubios con la sangre. Cabellos rubios largos. Como los de una mujer.

Las mujeres matan.

S&#237;, por supuesto.

&#201;l se interrumpi&#243;.

&#191;Pero? -dije.

Pero todav&#237;a parece imposible que la sangre sea del asesino.

&#191;Por qu&#233;?

Porque, seg&#250;n las pruebas de ADN, la sangre y el pelo rubio pertenecen a la hija de Rick Collins.

Terese no grit&#243;. Solo dej&#243; escapar un gemido. Le fallaron las rodillas. Me mov&#237; deprisa y la sujet&#233; antes de que cayese al suelo. Interrogu&#233; a Berleand con la mirada. &#201;l no parec&#237;a sorprendido. La observaba; evaluaba esta reacci&#243;n.

Usted no tiene hijos, &#191;verdad, se&#241;ora Collins?

Todo el color hab&#237;a desaparecido de su rostro.

&#191;Puede darnos un segundo? -pregunt&#233;.

No, estoy bien -afirm&#243; Terese. Recuper&#243; el control y mir&#243; a Berleand con firmeza-. No tengo hijos. Usted ya lo sab&#237;a, &#191;verdad?

Berleand no respondi&#243;.

Cabr&#243;n -le dijo ella.

Quer&#237;a preguntar qu&#233; estaba pasando, pero quiz&#225;s era el momento de cerrar la boca y escuchar.

A&#250;n no hemos podido encontrar a Karen Tower -a&#241;adi&#243; Berleand-. Pero supongo que esta hija era suya.

Supongo -dijo Terese.

Usted, por supuesto, no sab&#237;a nada de ella.

As&#237; es.

&#191;Cu&#225;nto hace que se divorciaron usted y el se&#241;or Collins?

Nueve a&#241;os.

Yo ya hab&#237;a tenido suficiente.

&#191;Qu&#233; demonios est&#225; pasando aqu&#237;?

Berleand no me hizo caso.

Por lo tanto, incluso si su ex marido se cas&#243; muy poco despu&#233;s, esta hija en realidad no podr&#237;a tener m&#225;s de cuanto, &#191;ocho a&#241;os?

Eso hizo que reinase el silencio en la habitaci&#243;n.

Por consiguiente -continu&#243; Berleand-, ahora sabemos que la peque&#241;a hija de Rick estuvo en la escena del crimen y que result&#243; herida. &#191;D&#243;nde cree que est&#225; ahora?


Optamos por volver a pie al hotel.

Cruzamos el Pont Neuf. El agua ten&#237;a un color verde fangoso. Sonaban las campanas de una iglesia. Los paseantes se deten&#237;an en mitad del puente y sacaban fotos. Un hombre me pidi&#243; que le sacase una a &#233;l y la que supuse era su novia. Se pusieron muy juntos. Cont&#233; hasta tres y tom&#233; la foto. Luego les pregunt&#233; si les importaba que les hiciese otra. Cont&#233; de nuevo hasta tres, la hice y entonces me dieron las gracias y se marcharon.

Terese no hab&#237;a dicho ni una palabra.

&#191;Tienes hambre? -le pregunt&#233;.

Tenemos que hablar.

De acuerdo.

No se detuvo ni un momento al pasar por el Pont Neuf, la Rue Dauphine y el vest&#237;bulo del hotel. El conserje, en el mostrador de recepci&#243;n, nos salud&#243; con un amable Bienvenidos, pero ella pas&#243; a su lado con una r&#225;pida sonrisa.

Una vez que se cerraron las puertas del ascensor, se volvi&#243; hacia m&#237; y me dijo:

T&#250; quer&#237;as conocer mi secreto, lo que me llev&#243; a aquella isla, por qu&#233; he estado huyendo durante todos estos a&#241;os.

Si quieres dec&#237;rmelo -dije de una manera que son&#243; incluso compasiva a mis propios o&#237;dos-. Si puedo ayudar

No puedes. Pero de todas maneras debes saberlo.

Bajamos en el cuarto piso. Abri&#243; la puerta de su habitaci&#243;n, me dej&#243; pasar y cerr&#243; la puerta. La habitaci&#243;n era de un tama&#241;o normal, peque&#241;a para lo habitual en Estados Unidos, con una escalera de caracol que llevaba a lo que imagin&#233; era el &#225;tico. Se parec&#237;a mucho a lo que se supon&#237;a que era: una casa parisina del siglo xvi, aunque con un televisor de pantalla plana y DVD incorporado.

Terese fue hacia la ventana para alejarse de m&#237; lo m&#225;s posible.

Ahora voy a decirte algo, pero quiero que primero me prometas una cosa.

&#191;Qu&#233;?

Prom&#233;teme que no intentar&#225;s consolarme -dijo.

No te entiendo.

Te conozco. Escuchar&#225;s esta historia y querr&#225;s ayudarme. Querr&#225;s abrazarme o sujetarme o decir las cosas correctas, porque es as&#237; como eres. No lo hagas. Hagas lo que hagas, estar&#237;a mal.

De acuerdo.

Prom&#233;temelo.

Lo prometo.

Ella se acurruc&#243; todav&#237;a m&#225;s en el rinc&#243;n. Al diablo con despu&#233;s; yo quer&#237;a abrazarla ahora.

No tienes por qu&#233; hacerlo -se&#241;al&#233;.

S&#237;, debo. Solo que no s&#233; c&#243;mo.

No dije nada.

Conoc&#237; a Rick en mi primer a&#241;o en Wesleyan. Yo ven&#237;a de Shady Hills, Indiana, y era el perfecto clich&#233;: la reina del baile que sale con el capit&#225;n del equipo, con todas las posibilidades de &#233;xito, dulce como el az&#250;car. Yo era aquella ni&#241;a guapa y empollona que estudia mucho y se pone muy nerviosa pensando que fracasar&#225; en el examen y que luego termina antes que todos y comienza a poner aquellos refuerzos en su libreta. &#191;Recuerdas aquellas peque&#241;as cosas blancas que parec&#237;an Life Savers de menta, aquellos caramelos que parec&#237;an anillas?

No pude evitar la sonrisa.

S&#237;.

Tambi&#233;n era aquella chica guapa que quiere que todos escarben debajo de la superficie para ver que es algo m&#225;s que guapa, pero la &#250;nica raz&#243;n por la que escarban es porque eres guapa. Ya sabes de qu&#233; va.

Lo sab&#237;a. Para algunos eso puede sonar poco modesto. No lo era. Era sincero. Como Par&#237;s, Terese no era ciega a su belleza, ni tampoco fing&#237;a lo contrario.

As&#237; que me te&#241;&#237; el pelo rubio de oscuro para parecer m&#225;s lista y fui a un colegio peque&#241;o de artes liberales del nordeste. Llegu&#233;, como muchas otras chicas, con mi cintur&#243;n de castidad bien cerrado y solo mi capit&#225;n del instituto ten&#237;a la llave. &#201;l y yo &#237;bamos a ser la excepci&#243;n. &#205;bamos a hacer que la relaci&#243;n a larga distancia durase.

Yo recordaba tambi&#233;n a aquellas chicas de mis a&#241;os en Duke.

&#191;Cu&#225;nto crees que dur&#243;? -pregunt&#243;.

&#191;Dos meses?

Digamos que uno. Conoc&#237; a Rick. Era un torbellino. Listo, divertido y sensual de una manera que jam&#225;s hab&#237;a visto antes. Era el radical del campus, con el pelo rizado, penetrantes ojos azules y la barba que rascaba cuando le besaba

Su voz se apag&#243;.

No puedo creer que est&#233; muerto. Esto va a sonar vulgar, pero Rick era un alma especial. Era bondadoso de verdad. Cre&#237;a en la justicia y la humanidad. Y alguien lo mat&#243;. Alguien acab&#243; con su vida con toda la intenci&#243;n.

No hice ning&#250;n comentario.

Me estoy desviando -dijo ella.

No hay prisa.

S&#237;, la hay. Necesito acabar con esto. Si me demoro, me detendr&#233;, me har&#233; pedazos y nunca me lo sacar&#225;s. Es probable que Berleand ya lo sepa. Por eso me dej&#243; ir. Deja que te d&#233; la versi&#243;n resumida. Rick y yo nos licenciamos, nos casamos y trabajamos como reporteros. Con el tiempo acabamos en la CNN, yo delante de las c&#225;maras, Rick detr&#225;s. Esa parte ya te la cont&#233;. En alg&#250;n momento quisimos iniciar una familia. O al menos yo lo quise. Rick, creo, no lo ten&#237;a tan claro, o quiz&#225;s intu&#237;a lo que se avecinaba.

Terese se acerc&#243; a la ventana, apart&#243; con suavidad la cortina a un lado y mir&#243; al exterior. Me acerqu&#233; un paso. No s&#233; por qu&#233;. Solo que de alguna manera necesitaba hacer el gesto.

Tuvimos problemas de infertilidad. Me dijeron que era algo com&#250;n. Muchas parejas los tienen. Pero cuando quieres hacerlo, parece que todas las mujeres que encuentras est&#225;n embarazadas. La infertilidad es uno de los problemas que crece exponencialmente con el tiempo. Todas las mujeres que conoc&#237;a eran madres, y todas se ve&#237;an felices y gratificadas, y todo parec&#237;a ser muy natural. Comenc&#233; a evitar a las amigas. El matrimonio se resinti&#243;. El sexo se convirti&#243; solo en algo para la procreaci&#243;n. Tienes un &#250;nico objetivo. Recuerdo que hice un reportaje de las madres solteras de Harlem, aquellas chicas de diecis&#233;is a&#241;os que quedaban embarazadas con tanta facilidad, y comenc&#233; a odiarlas porque consideraba que era endiabladamente injusto.

Me daba la espalda. Me sent&#233; en una esquina de la cama. Quer&#237;a verle el rostro, aunque solo fuese una parte. Desde mi nuevo punto de observaci&#243;n, consegu&#237;a ver un trozo, quiz&#225;s una vista de cuarto creciente.

Contin&#250;o y&#233;ndome por las ramas.

Estoy aqu&#237;.

Quiz&#225;s no lo hago. Quiz&#225;s necesite contarlo de esta manera.

De acuerdo.

Visitamos m&#233;dicos. Lo intentamos todo. Fue todo bastante horrible. Me inyectaron Pergonal, hormonas y Dios sabe qu&#233;. Nos llev&#243; tres a&#241;os, pero finalmente concebimos. Todos lo llamaron un milagro m&#233;dico. Al principio, ten&#237;a miedo hasta de moverme. Cada dolor, cada punzada, cre&#237;a que iba a abortar. Pero despu&#233;s de un tiempo, me encant&#243; estar embarazada. &#191;No suena antifeminista? Siempre dec&#237;a que las mujeres que hablan y hablan de sus maravillosos embarazos me irritaban, pero yo era como ellas. Me encantaba. No ten&#237;a n&#225;useas. El embarazo nunca se me volver&#237;a a presentar, era un milagro, y lo disfrutaba. El tiempo vol&#243; y, antes de darme cuenta, ten&#237;a una hija de dos kilos y medio. Le pusimos el nombre de Miriam, como mi difunta madre.

Un viento g&#233;lido hel&#243; mi coraz&#243;n. Ahora sab&#237;a c&#243;mo iba a acabar la historia.

Ahora tendr&#237;a diecisiete a&#241;os -dijo Terese con una voz muy distante.

Hay momentos en los que sientes que te invade el silencio, y todo permanece inm&#243;vil y fr&#225;gil. Nos quedamos as&#237;, Terese, yo y nadie m&#225;s.

Creo que no ha pasado un d&#237;a en los &#250;ltimos diez a&#241;os sin que no haya intentado imaginar c&#243;mo ser&#237;a ahora. Diecisiete a&#241;os. En el &#250;ltimo a&#241;o de instituto. Por fin habr&#237;an pasado los a&#241;os rebeldes de la adolescencia. La torpe etapa de la adolescencia se habr&#237;a acabado, y ella ser&#237;a hermosa. Volver&#237;a a ser mi amiga. Se estar&#237;a preparando para entrar en la universidad.

Las l&#225;grimas acudieron a mis ojos. Me mov&#237; un poco a la izquierda. Los ojos de Terese estaban secos. Empec&#233; a levantarme. Su cabeza gir&#243; de inmediato en mi direcci&#243;n. No, nada de l&#225;grimas. Algo peor. La devastaci&#243;n total, aquella que hace que las l&#225;grimas parezcan una nader&#237;a, impotentes. Levant&#243; una palma en mi direcci&#243;n como si fuese una cruz y yo un vampiro al que detener.

Fue culpa m&#237;a -dijo.

Comenc&#233; a sacudir la cabeza, pero ella cerr&#243; los ojos fuertemente como si mi gesto fuese un estallido de luz intolerable. Record&#233; mi promesa, me apart&#233; e intent&#233; mantener una expresi&#243;n neutra.

Se supon&#237;a que aquella noche yo no deb&#237;a trabajar, pero en el &#250;ltimo minuto necesitaban a alguien que presentase las noticias de las ocho. Yo estaba en casa. Entonces viv&#237;amos en Londres. Rick estaba en Estambul. Pero las ocho de la noche no sabes c&#243;mo deseaba aquel horario de m&#225;xima audiencia. No pod&#237;a perd&#233;rmelo. Aunque Miriam estuviera durmiendo. La carrera, &#191;no? Llam&#233; a una buena amiga, a la madrina de Miriam, y le pregunt&#233; si pod&#237;a dejarla con ella unas pocas horas. Dijo que no hab&#237;a ning&#250;n problema. Despert&#233; a Miriam y la instal&#233; en el asiento trasero. El reloj corr&#237;a y me urg&#237;a llegar a maquillaje. As&#237; que conduje muy r&#225;pido. Las calles estaban mojadas. As&#237; y todo, ya casi est&#225;bamos all&#237;; como mucho a unos quinientos metros.

Dicen que no recuerdas los grandes accidentes, sobre todo cuando pierdes el conocimiento. Pero yo lo recuerdo todo. Recuerdo que vi los faros. Gir&#233; el volante a la izquierda. Quiz&#225;s habr&#237;a sido mejor seguir recto. Matarme yo y salvarla a ella. Pero no, fue un impacto lateral. De su lado. Incluso recuerdo su grito. Fue corto, m&#225;s como una inspiraci&#243;n. El &#250;ltimo sonido que hizo. Yo estuve en coma durante dos semanas, pero como Dios tiene un retorcido sentido del humor, me dej&#243; vivir. Miriam muri&#243; en el choque.

Nada.

Ahora ten&#237;a miedo de moverme. Ten&#237;a la sensaci&#243;n de que la habitaci&#243;n estaba inm&#243;vil, como si incluso las paredes y los muebles estuviesen conteniendo el aliento. No pretend&#237;a hacerlo, pero di un paso hacia ella. Me pregunt&#233; si esa parte del consuelo a menudo no ser&#237;a ego&#237;sta, si el consolador tambi&#233;n lo necesita, incluso m&#225;s que el consolado.

No -dijo ella.

Me detuve.

Por favor, d&#233;jame sola. Solo por un momento, &#191;de acuerdo?

Asent&#237;, pero ella no me miraba.

Claro, lo que t&#250; digas -respond&#237;.

No a&#241;adi&#243; nada m&#225;s, pero de nuevo hab&#237;a dejado sus deseos bien claros. As&#237; que fui hasta la puerta y sal&#237;.



9

Sal&#237; a la Ru&#233; Dauphine aturdido.

Gir&#233; a la izquierda y encontr&#233; un lugar en el que se cruzaban cinco calles.

Me sent&#233; en la terraza de un caf&#233; llamado Le Buci. Por lo general, me gusta mirar a la gente, pero era dif&#237;cil concentrarse. Pens&#233; en la vida de Terese. Ahora lo entend&#237;a. Reconstruir tu vida para que se parezca a &#191;exactamente a qu&#233;?

Saqu&#233; el m&#243;vil, y porque sab&#237;a que me distraer&#237;a, llam&#233; a mi oficina. Big Cyndi atendi&#243; al segundo timbrazo.

MB Reps.

La M corresponde a Myron. La B a Bolitar. Reps es porque representamos a personas. Se me ocurri&#243; el nombre a m&#237; s&#243;lito. Sin embargo, no hago ninguna alharaca de mis dones para el marketing. Cuando represent&#225;bamos solo a atletas, la agencia se llamaba MB Sports Reps. Ahora es MB Reps. Har&#233; una pausa hasta que se apaguen los aplausos.

Uuumm -dije-. &#191;La actual Madonna, con el detalle del acento brit&#225;nico?

Bingo.

Big Cyndi puede imitar vocalmente casi a cualquiera o cualquier acento. Digo vocalmente, porque cuando una mujer mide m&#225;s de un metro noventa y pesa ciento cincuenta kilos, es dif&#237;cil triunfar haciendo imitaciones en directo.

&#191;Est&#225; Esperanza?

Espera un momento.

Esperanza D&#237;az, m&#225;s conocida como Peque&#241;a Pocahontas, su nombre de luchadora profesional, era mi socia. Esperanza atendi&#243; el tel&#233;fono y pregunt&#243;:

&#191;Est&#225;s follando?

No.

Entonces m&#225;s te vale tener una buena raz&#243;n para estar ah&#237;. Tienes varias reuniones para esta tarde.

S&#237;, lo siento. Escucha, necesito que averig&#252;es todo lo que puedas de Rick Collins.

&#191;Qui&#233;n es?

El ex de Terese.

T&#237;o, tienes unas citas rom&#225;nticas la mar de curiosas.

Le expliqu&#233; lo que hab&#237;a sucedido. Esperanza se call&#243; y supe por qu&#233;. Se preocupa por m&#237;. Win es la roca. Esperanza es el coraz&#243;n. Cuando acab&#233; la explicaci&#243;n dijo:

&#191;As&#237; que ahora mismo Terese no es una sospechosa?

No lo s&#233; a ciencia cierta.

Pero, &#191;tiene pinta de un asesinato, un secuestro o algo as&#237;?

Supongo.

Entonces no s&#233; por qu&#233; necesitas involucrarte. No tiene ninguna relaci&#243;n con ella.

Por supuesto que est&#225; relacionado.

&#191;C&#243;mo?

Rick Collins le llam&#243;. Dijo que era urgente, que lo cambiar&#237;a todo, y ahora est&#225; muerto.

Entonces, &#191;qu&#233; es exactamente lo que piensas hacer? &#191;Atrapar al asesino? Deja que lo hagan los polis franceses. Folla o vuelve a casa.

Solo averigua un poco. Eso es todo. Averigua sobre la nueva esposa y la hija, &#191;de acuerdo?

S&#237;, lo que quieras. &#191;Te importa si se lo digo a Win?

No.

Folla o vuelve a casa -repiti&#243;-. Es una buena frase.

Tendr&#237;a que ser una pegatina.

Colgamos. &#191;Y ahora qu&#233;? Esperanza ten&#237;a raz&#243;n. Eso no era asunto m&#237;o. Si pudiese ayudar de alguna manera a Terese, quiz&#225;s entonces todo tendr&#237;a sentido. Pero m&#225;s all&#225; de mantenerla fuera de problemas -aparte de asegurarme de que no le endosasen un asesinato que no hab&#237;a cometido-, no ve&#237;a c&#243;mo pod&#237;a ayudarla. Berleand no era el tipo de persona que se lo endosar&#237;a.

Por la visi&#243;n perif&#233;rica vi que alguien se sentaba a la mesa junto a m&#237;.

Me gir&#233; y vi a un hombre con un asomo de pelo en la cabeza afeitada. Ten&#237;a cicatrices en el cr&#225;neo. Su piel era muy morena, y cuando sonri&#243; vi un diente de oro que hac&#237;a juego con la cadena que llevaba colgada alrededor del cuello, a la moda urbana m&#225;s hortera. Quiz&#225;s guapo, a la manera de un t&#237;o peligroso. Llevaba una camiseta blanca debajo de una camisa gris de manga corta sin abrochar. Pantalones negros.

Mire debajo de la mesa -me dijo.

&#191;Va a mostrarme la pilila?

Mire o muera.

Su acento no era franc&#233;s, algo m&#225;s suave y m&#225;s refinado. Casi brit&#225;nico o quiz&#225;s espa&#241;ol, casi aristocr&#225;tico. Ech&#233; la silla hacia atr&#225;s y mir&#233;. Me apuntaba con un arma.

Dej&#233; mis manos sobre el borde de la mesa e intent&#233; respirar con normalidad. Nos miramos fijamente a los ojos. Luego mir&#233; alrededor. Hab&#237;a un hombre con gafas de sol en la esquina sin ning&#250;n motivo aparente que intentaba con todas sus fuerzas fingir que no nos estaba mirando.

Esc&#250;cheme o morir&#225; de un disparo.

&#191;Como opuesto a vivir&#225;?

&#191;Qu&#233;?

Morir&#225; de un disparo frente a vivir&#225; de un disparo -dije. Y continu&#233;-: No importa.

&#191;Ve aquel veh&#237;culo verde de la esquina?

Lo ve&#237;a, no muy lejos del hombre con las gafas de sol que intentaba no mirarnos. Parec&#237;a una minifurgoneta o algo as&#237;. Hab&#237;a dos hombres sentados en la cabina. Memoric&#233; el n&#250;mero de la matr&#237;cula y comenc&#233; a planear mi siguiente movimiento.

Lo veo.

Si no quiere que le dispare, siga mis instrucciones al pie de la letra. Nos vamos a levantar poco a poco y usted se meter&#225; en la parte de atr&#225;s del veh&#237;culo. Sin esc&#225;ndalos

Fue entonces cuando le estrell&#233; la mesa contra el rostro.

En el momento en el que se sent&#243; a mi lado hab&#237;a comenzado a considerar las alternativas. Ahora lo sab&#237;a: se trataba de un secuestro. Si sub&#237;a al veh&#237;culo, estar&#237;a acabado. &#191;Qui&#233;n no ha escuchado que cuando alguien desaparece las primeras cuarenta y ocho horas son cruciales? Lo que no te dicen -quiz&#225;s porque es demasiado evidente- es que cada segundo que pasa hace mucho m&#225;s dif&#237;cil encontrar a la v&#237;ctima.

Lo mismo pasaba ahora. Si me met&#237;an en el coche, las posibilidades de que me encontrasen ca&#237;an en picado. En el momento en que me levantase y lo siguiese hasta el coche, estar&#237;a perdido. &#201;l no se esperaba un ataque inmediato. Cre&#237;a que le escuchaba. Que no era una amenaza. A&#250;n est&#225; soltando el discurso ensayado.

As&#237; que opt&#233; por el elemento sorpresa.

&#201;l tambi&#233;n hab&#237;a desviado la mirada, solo por un segundo, para asegurarse de que el veh&#237;culo segu&#237;a en su lugar. Era todo lo que necesitaba. Mis manos ya sujetaban la mesa. Los m&#250;sculos de las piernas se tensaron. Me levant&#233; como un resorte.

La mesa dio de lleno en su rostro. Al mismo tiempo me mov&#237; de lado, por si acaso disparaba.

Ni hablar.

Mantuve el impulso y continu&#233; movi&#233;ndome hacia arriba. Si solo ten&#237;a que preocuparme por Cicatrices, mi siguiente paso estaba claro: imposibilitarlo. Lastimarlo, herirlo o acabar con su capacidad de lucha de alguna manera. Pero al menos hab&#237;a otros tres hombres. Mi esperanza era que se dispersasen, pero no pod&#237;a contar con ello.

Buena decisi&#243;n. Porque no lo hicieron.

Mis ojos buscaron el arma. Como era de esperar, la hab&#237;a dejado caer con el impacto. Me lanc&#233; sobre mi adversario. La mesa todav&#237;a estaba ca&#237;da sobre su rostro. La nuca golpe&#243; contra el pavimento con un sonido hueco.

Fui por el arma.

La gente grit&#243; y se dispers&#243;. Me arroj&#233; al suelo, rod&#233; sobre m&#237; mismo hacia el arma, la cog&#237; y continu&#233; rodando. Me levant&#233; sobre una rodilla y apunt&#233; al tipo de las gafas que hab&#237;a estado esperando en la esquina.

&#201;l tambi&#233;n ten&#237;a un arma.

&#161;Quieto! -grit&#233;.

Levant&#243; el arma en mi direcci&#243;n. No vacil&#233;. Le dispar&#233; en el pecho.

En el momento de apretar el gatillo rod&#233; hacia la pared. La mini-furgoneta verde aceleraba hacia m&#237;. Sonaron disparos. Esta vez no era una pistola.

Las balas de una metralleta destrozaron la pared.

M&#225;s gritos.

No hab&#237;a contado con eso. Mis c&#225;lculos solo me inclu&#237;an a m&#237;. Hab&#237;a transe&#250;ntes y me enfrentaba a unos locos perdidos que parec&#237;an estar muy dispuestos a herir a cualquiera, incluyendo a los transe&#250;ntes.

Vi al primer hombre, Cicatrices, al que le hab&#237;a golpeado con la mesa, que se sacud&#237;a. Gafas hab&#237;a ca&#237;do. La sangre me subi&#243; a las orejas. O&#237;a mi propia respiraci&#243;n.

Ten&#237;a que moverme.

&#161;Todo el mundo al suelo! -le grit&#233; a la multitud, y entonces, porque piensas cosas raras incluso en momentos como &#233;ste, me pregunt&#233; c&#243;mo se dec&#237;a eso en franc&#233;s o si pod&#237;an traducirlo o, bueno, el fuego de ametralladora les dar&#237;a una pista.

Agachado, corr&#237; en la direcci&#243;n opuesta al movimiento de la furgoneta, hacia donde hab&#237;a estado aparcada. Escuch&#233; el chirrido de los neum&#225;ticos. M&#225;s disparos. Llegu&#233; a la esquina y continu&#233; corriendo.

Me encontraba de nuevo en la Ru&#233; Dauphine. El hotel estaba a unos noventa metros.

&#191;Pod&#237;a llegar?

Me arriesgu&#233; a mirar atr&#225;s. La furgoneta hab&#237;a retrocedido para dar la vuelta. Busqu&#233; una calle o un callej&#243;n en el que meterme.

Nada. &#191;O quiz&#225;s?

Hab&#237;a una callejuela al otro lado. Pens&#233; en cruzar, pero entonces quedar&#237;a m&#225;s expuesto. La furgoneta avanzaba hacia m&#237; a toda velocidad. El ca&#241;&#243;n de un arma asomaba por una ventanilla.

Estaba muy al descubierto.

Mov&#237;a las piernas como pistones. Manten&#237;a la cabeza gacha, como si eso fuese a convertirme en un blanco m&#225;s peque&#241;o. Hab&#237;a personas en la calle. Algunas dedujeron lo que estaba pasando y se dispersaron. A otras me las llev&#233; por delante y las hice caer.

&#161;Ag&#225;chense! -gritaba porque ten&#237;a que gritar alguna cosa.

Otra descarga. Sent&#237; como una bala pasaba por encima de mi cabeza, not&#233; el aire que me mov&#237;a el pelo.

Entonces escuch&#233; las sirenas.

Era otra de aquellas horrorosas sirenas francesas, el pitido corto y estridente; nunca cre&#237; que me alegrar&#237;a tanto de escuchar aquel horrible sonido.

La furgoneta se detuvo. Me mov&#237; a un lado y me aplast&#233; contra la pared. La furgoneta dio marcha atr&#225;s para dirigirse hacia la esquina. Ten&#237;a el arma en la mano y me pregunt&#233; si deb&#237;a disparar. La furgoneta probablemente estaba muy lejos y hab&#237;a demasiados transe&#250;ntes en el camino. Ya hab&#237;a sido bastante temerario.

No me gustaba la idea de que huyesen, pero no quer&#237;a ver las calles acribilladas por m&#225;s balas.

Se abri&#243; la puerta trasera del veh&#237;culo. Vi aparecer a un hombre. Cicatrices se hab&#237;a levantado. Hab&#237;a sangre en su rostro y me pregunt&#233; si le habr&#237;a roto la nariz. Dos d&#237;as, dos narices rotas. Un buen trabajo si cobrase por ello.

Cicatrices necesitaba ayuda. Mir&#243; a lo largo de la calle en mi direcci&#243;n, pero yo estaba demasiado lejos como para que me viese. Resist&#237; la tentaci&#243;n de saludarlo. Escuch&#233; de nuevo las sirenas, que se acercaban. Me gir&#233; y vi que dos coches de la poli ven&#237;an hacia m&#237;.

Los polis se apearon de un salto y me apuntaron con las armas. Por un momento me qued&#233; sorprendido, dispuesto a explicar que aqu&#237; yo era el bueno, pero entonces qued&#243; claro. Sujetaba un arma en la mano. Hab&#237;a disparado a alguien.

Los polis gritaron algo que deduje era una orden para que me quedase quieto y levantase las manos, y fue lo que hice. Dej&#233; caer el arma al pavimento y me agach&#233; con una rodilla en el suelo. Los polis corrieron hacia m&#237;.

Mir&#233; de nuevo hacia la furgoneta. Quer&#237;a se&#241;al&#225;rsela a los polis, decirles que la persiguiesen, pero sab&#237;a c&#243;mo interpretar&#237;an cualquier movimiento s&#250;bito. Los polis me gritaban &#243;rdenes y yo no entend&#237;a ninguna de ellas, as&#237; que me mantuve inm&#243;vil.

Entonces vi algo que me hizo pensar en echar mano a la pistola.

La puerta trasera de la furgoneta estaba abierta. Cicatrices estaba subiendo. El otro hombre salt&#243; detr&#225;s de &#233;l y comenz&#243; a cerrar las puertas en el momento en que la furgoneta comenzaba a moverse. El &#225;ngulo cambi&#243; y solo por un segundo -en realidad menos tiempo, quiz&#225;s medio segundo- pude ver el interior.

Estaba a bastante distancia, quiz&#225;s entre sesenta y setenta metros, as&#237; que puedo estar equivocado. A lo mejor no estaba viendo lo que cre&#237;a ver.

Me domin&#243; el miedo. No pude evitarlo; comenc&#233; a levantarme. As&#237; estaba de desesperado. Estaba preparado para coger el arma y disparar a los neum&#225;ticos. Pero ahora ten&#237;a a los polis encima. No s&#233; cu&#225;ntos eran. Cuatro o cinco. Se lanzaron contra m&#237; y me aplastaron contra el pavimento.

Me resist&#237; y sent&#237; algo agudo, tal vez el extremo de una porra, que se clavaba en los ri&#241;ones. No me detuve.

&#161;La furgoneta verde! -grit&#233;.

Eran demasiados. Sent&#237; que me tiraban los brazos hacia atr&#225;s.

Por favor -fui consciente del miedo desbocado en mi voz e intent&#233; dominarlo-, tienen que detenerlos.

Mis palabras no obtuvieron ning&#250;n resultado. La furgoneta hab&#237;a desaparecido. Cerr&#233; los ojos e intent&#233; retener el recuerdo de aquel medio segundo. Porque lo que hab&#237;a visto en el interior -o lo que cre&#237;a haber visto- antes de que se cerrasen las puertas de la furgoneta y se la tragasen por entero era una muchacha con largos cabellos rubios.



10

Dos horas m&#225;s tarde, estaba en mi apestosa celda en el 36 Quai des Orfevres.

La polic&#237;a me interrog&#243; durante mucho tiempo. Intent&#233; explicarme lo m&#225;s llanamente posible y les rogu&#233; que buscasen a Berleand. Procur&#233; mantener mi voz firme mientras les dec&#237;a que buscasen a Terese Collins en el hotel -me preocupaba que el que hab&#237;a venido a por m&#237; pudiese estar interesado tambi&#233;n en ella- y sobre todo repet&#237; el n&#250;mero de matr&#237;cula de la furgoneta y les dije que la v&#237;ctima de un secuestro pod&#237;a estar en la parte trasera.

Primero me dejaron en la calle, lo que era curioso, pero tambi&#233;n ten&#237;a sentido. Estaba esposado y ten&#237;a a dos agentes conmigo todo el tiempo, cada uno sujet&#225;ndome de un codo. Quer&#237;an que les explicase qu&#233; hab&#237;a pasado.

Me llevaron de nuevo al caf&#233; Le Buci, en la esquina. La mesa todav&#237;a estaba volcada. Hab&#237;a una mancha de sangre en ella. Expliqu&#233; lo que hab&#237;a hecho. Ning&#250;n testigo hab&#237;a visto a Cicatrices empu&#241;ar el arma, solo mi contraataque. Al hombre al que hab&#237;a herido de un disparo se lo hab&#237;an llevado en una ambulancia. Esperaba que eso significase que estaba vivo.

Por favor -dije por en&#233;sima vez-, el capit&#225;n Berleand puede explicarlo todo.

A juzgar por su lenguaje corporal, llegu&#233; a la conclusi&#243;n de que los polis se mostraban un tanto esc&#233;pticos y aburridos acerca de todo lo que yo dec&#237;a. Pero no puedes juzgar por el lenguaje corporal. Lo he aprendido a lo largo de los a&#241;os. Los polis son siempre esc&#233;pticos; adem&#225;s, de ese modo consiguen m&#225;s informaci&#243;n. Siempre se comportan como si no te creyesen y sigues hablando, intentas defenderte, explicarte y dices cosas que quiz&#225;s no deber&#237;as.

Tienen que encontrar la furgoneta -repet&#237;-, y de nuevo recit&#233; el n&#250;mero de la matr&#237;cula como si fuese un mantra.

Mi amiga se aloja en el D'Aubusson. -Se&#241;al&#233; por la calle Ru&#233; Dauphine, di el nombre de Terese y el n&#250;mero de habitaci&#243;n.

A todo esto, los polis asent&#237;an y respond&#237;an con preguntas que no ten&#237;an nada que ver con lo que acababa de decir. Contest&#233; las preguntas y continuaron mir&#225;ndome como si cada palabra que saliera de mi boca fuese un invento.

Entonces me metieron de nuevo en la celda. No creo que nadie la haya limpiado desde mi &#250;ltima visita. O desde que muri&#243; De Gaulle. Me preocupaba Terese. Adem&#225;s estaba un tanto preocupado por m&#237; mismo. Le hab&#237;a disparado a un hombre en un pa&#237;s extranjero. Eso se pod&#237;a demostrar. Lo que no era demostrable -lo que ser&#237;a dif&#237;cil, por no decir imposible de corroborar- era mi versi&#243;n del incidente.

&#191;Le hab&#237;a disparado a aquel tipo?

Sin ninguna duda. Ten&#237;a un arma en la mano.

&#191;Me hubiese disparado a m&#237;?

No esper&#233; a saberlo. As&#237; que dispar&#233; primero. &#191;C&#243;mo haces algo as&#237; aqu&#237;, en Francia?

Me pregunt&#233; si alguien m&#225;s hab&#237;a resultado herido. Hab&#237;a visto m&#225;s de una ambulancia. Supongo que alg&#250;n inocente hab&#237;a sido alcanzado por el fuego de la ametralladora. Eso iba a recaer sobre m&#237;. Supongo que si me hubiese ido con Cicatrices, ahora estar&#237;a con la chica rubia. Para que hablen de estar aterrorizado. &#191;Qu&#233; estar&#237;a pensando y sintiendo aquella chica, en la caja de la furgoneta, probablemente herida dado que hab&#237;a sangre en la escena del crimen de su padre?

&#191;Hab&#237;a sido testigo del asesinato de su padre?

Vaya, no nos adelantemos tanto.

La pr&#243;xima vez, le sugiero que contrate a un gu&#237;a particular. Son demasiados los turistas que intentan recorrer Par&#237;s por su cuenta y se meten en problemas.

Era Berleand.

Vi a una chica rubia en la parte de atr&#225;s de la furgoneta -dije.

Eso he o&#237;do.

Dej&#233; a Terese en el hotel.

Se march&#243; unos cinco minutos despu&#233;s que usted.

Permanec&#237; detr&#225;s de la puerta de cristal, a la espera de que la abriese. No lo hizo. Pens&#233; en lo que acababa de decirme.

&#191;Nos ten&#237;a vigilados?

No tengo personal para vigilarlos a los dos -respondi&#243;-. Pero d&#237;game: &#191;c&#243;mo interpret&#243; lo que le cont&#243; acerca del accidente de coche?

&#191;C&#243;mo? -Ahora lo entend&#237;a-. &#191;Puso micros en nuestra habitaci&#243;n?

Berleand asinti&#243;.

No se puede decir que follase mucho.

Muy gracioso.

O pat&#233;tico -replic&#243;-. &#191;Qu&#233; le pareci&#243; su relato?

&#191;Qu&#233; quiere decir con eso de que qu&#233; me pareci&#243; su relato? Es horrible.

&#191;Usted la crey&#243;?

Por supuesto. &#191;Qui&#233;n se inventar&#237;a algo as&#237;?

Algo pas&#243; por su rostro.

&#191;Me est&#225; diciendo que no es verdad?

No. Todo parece ser correcto. Miriam Collins, de siete a&#241;os de edad, muri&#243; en un accidente cerca de la autopista A-40 en Londres. Terese sufri&#243; heridas graves. He pedido que me manden todo el expediente a mi despacho para repasarlo.

&#191;Por qu&#233;? Pas&#243; hace diez a&#241;os. No tiene nada que ver con esto.

No me respondi&#243;. Se acomod&#243; las gafas sobre el puente de la nariz. Me sent&#237; como un perro en exhibici&#243;n en la celda de plexigl&#225;s.

Supongo que sus colegas de la escena del crimen le han informado de lo que pas&#243; -dije.

S&#237;.

Tienen que encontrar la furgoneta verde.

Ya la encontramos -respondi&#243; Berleand.

Me acerqu&#233; m&#225;s a la puerta.

La furgoneta era de alquiler -dijo Berleand-. La abandonaron en el aeropuerto Charles de Gaulle.

&#191;La alquilaron con una tarjeta de cr&#233;dito?

S&#237;. Con un nombre falso.

Tiene que impedir que despegue cualquier vuelo.

&#191;En el aeropuerto m&#225;s grande del pa&#237;s? -Berleand frunci&#243; el entrecejo-. &#191;Alguna otra sugerencia para evitar cr&#237;menes?

Solo estoy diciendo

Fue hace dos horas. Si ten&#237;an que volar ya se han ido.

Otro poli entr&#243; en la habitaci&#243;n, le dio a Berleand un papel y se march&#243;. Berleand la ley&#243;.

&#191;Qu&#233; es eso? -pregunt&#233;.

La carta para la cena. Vamos a probar la comida de otro restaurante.

No hice caso del pobre intento humor&#237;stico de Berleand.

Usted sabe que esto no es una coincidencia. Vi a una muchacha rubia en la parte de atr&#225;s de la furgoneta.

&#201;l continuaba con la lectura.

Lo mencion&#243;, s&#237;.

Podr&#237;a ser la hija de Collins.

Lo dudo -dijo Berleand.

Esper&#233;.

Encontramos a la esposa -dijo Berleand-. Karen Tower. Est&#225; bien. Ni siquiera sab&#237;a que su marido estaba en Par&#237;s.

&#191;D&#243;nde cre&#237;a que estaba?

A&#250;n no s&#233; todos los detalles. Ahora viven en Londres. Scotland Yard se encarg&#243; de comunicarle la noticia. Al parecer ten&#237;an algunas dificultades matrimoniales.

&#191;Qu&#233; pasa con la hija?

Bueno, ah&#237; est&#225; el problema -dijo Berleand. No tienen ninguna hija. Tienen un ni&#241;o de cuatro a&#241;os. Est&#225; en su casa sano y salvo, con su madre.

Intent&#233; procesar la informaci&#243;n.

La prueba del ADN demostr&#243; que la sangre era de la hija de Rick Collins -comenc&#233;.

S&#237;.

&#191;Sin ninguna duda?

Ninguna.

&#191;El pelo rubio largo estaba relacionado con la sangre? -pregunt&#233;.

S&#237;.

Entonces Rick Collins tiene una hija con pelo largo y rubio -dije m&#225;s para m&#237; mismo que para &#233;l. No tard&#233; mucho tiempo en pensar en otro escenario alternativo. Quiz&#225;s fue porque estaba en Francia, la supuesta tierra de las amantes. Incluso el anterior presidente hab&#237;a reconocido abiertamente que ten&#237;a una, &#191;no?

Una segunda familia -dije.

Claro que no eran solo los franceses. Estaba aquel pol&#237;tico de Nueva York al que pillaron conduciendo borracho de camino a visitar a su segunda familia. Los hombres suelen tener hijos con sus amantes. Si a&#241;adimos la creencia de Berleand de que hab&#237;a dificultades matrimoniales entre Rick Collins y Karen Tower no hab&#237;a m&#225;s que sumar. A&#250;n quedaban grandes agujeros por llenar -por ejemplo por qu&#233; Collins llamar&#237;a a Terese, su primera esposa, para decirle que era urgente que lo viese en Par&#237;s-, pero hay que ir paso a paso.

Comenc&#233; a explicarle mi teor&#237;a a Berleand, pero vi que no le convenc&#237;a lo m&#225;s m&#237;nimo, as&#237; que interrump&#237; el rollo.

&#191;Qu&#233; es lo que no veo? -pregunt&#233;.

Son&#243; el m&#243;vil. De nuevo Berleand habl&#243; en franc&#233;s y me dej&#243; en ascuas. Ten&#237;a que ir a un curso de la Berlitz, o hacer algo cuando volviese a casa. Cuando colg&#243;, se apresur&#243; a abrir la puerta y me hizo un gesto para que saliese. Lo hice. Ech&#243; a andar por el pasillo a paso ligero.

&#191;Berleand?

Venga. Tengo que ense&#241;arle algo.

Volvimos a la sala del Groupe Berleand. Lefebvre estaba all&#237;. Me mir&#243; como si yo hubiese acabado de salir por el ano de su peor enemigo. Estaba conectando otra pantalla al ordenador, una pantalla plana de treinta pulgadas.

&#191;Qu&#233; est&#225; pasando? -pregunt&#233;.

Berleand se sent&#243; al teclado. Lefebvre se apart&#243;. Hab&#237;a otros dos polis en la sala. Ellos tambi&#233;n permanecieron junto a la pared. Berleand mir&#243; la pantalla y luego el teclado. Frunci&#243; el entrecejo. En la mesa ten&#237;a una caja de toallitas de papel. Cogi&#243; una y comenz&#243; a limpiar el teclado.

Lefebvre dijo algo en franc&#233;s que son&#243; como una queja.

Berleand replic&#243;, se&#241;alando el teclado. Acab&#243; de limpiarlo y comenz&#243; a escribir.

La chica rubia de la furgoneta -me dijo Berleand-. &#191;Cu&#225;ntos a&#241;os dir&#237;a que ten&#237;a?

No lo s&#233;.

Piense.

Lo intent&#233;; sacud&#237; la cabeza.

Todo lo que vi fue el pelo largo rubio.

Si&#233;ntese.

Acerqu&#233; una silla. &#201;l abri&#243; un correo y descarg&#243; un archivo.

Llegar&#225; m&#225;s v&#237;deo -explic&#243;-, pero esta foto es la m&#225;s clara.

&#191;De qu&#233;?

De la c&#225;mara de vigilancia del aparcamiento del aeropuerto De Gaulle.

Apareci&#243; una foto en color; yo esperaba algo granuloso en blanco y negro, pero &#233;sta era bastante clara. Centenares de coches -claro, era un aparcamiento-, pero tambi&#233;n personas. Mir&#233; con atenci&#243;n.

Berleand me se&#241;al&#243; la esquina superior derecha.

&#191;Son ellos?

La c&#225;mara estaba tan lejos que los sujetos solo se ve&#237;an a gran distancia. Eran tres hombres. Uno se cubr&#237;a el rostro con algo blanco, quiz&#225;s una camisa, para contener la sangre. Cicatrices.

Asent&#237;.

La chica rubia tambi&#233;n estaba all&#237;, pero ahora entend&#237; la pregunta. Desde ese &#225;ngulo -una toma desde atr&#225;s- no pod&#237;a decir la edad, pero desde luego no ten&#237;a seis o siete o siquiera diez o doce a&#241;os, a menos que fuese de una estatura fuera de lo normal. Era una muchacha crecida. Las prendas suger&#237;an una adolescente, alguien joven, pero en estos d&#237;as es dif&#237;cil saberlo a ciencia cierta.

La rubia caminaba entre dos hombres normales. Cicatrices estaba en el extremo derecho.

Son ellos -dije. Despu&#233;s a&#241;ad&#237;-: &#191;Por qu&#233; supusimos que la hija deber&#237;a de tener unos siete u ocho a&#241;os? Por el pelo rubio, supongo. Eso me desconcert&#243;. Mi reacci&#243;n fue exagerada.

No estoy seguro.

Mir&#233; a Berleand. Se quit&#243; las gafas, las dej&#243; sobre la mesa y se frot&#243; el rostro con las dos manos. Orden&#243; algo en franc&#233;s. Los tres hombres, incluido Lefebvre, salieron de la habitaci&#243;n. Nos quedamos solos.

&#191;Qu&#233; demonios est&#225; pasando? -pregunt&#233;.

Dej&#243; de frotarse la cara y me mir&#243;.

&#191;Es consciente de que nadie m&#225;s en el caf&#233; vio al otro hombre apuntarle con un arma?

Claro que nadie m&#225;s lo vio. Estaba debajo de la mesa.

La mayor&#237;a de las personas hubiesen levantado las manos y se hubieran marchado en silencio. La mayor&#237;a de las personas no hubiesen pensado en aplastar el rostro del hombre con una mesa, cogerle el arma y disparar a su c&#243;mplice en medio de un bulevar.

Esper&#233; a que dijese algo m&#225;s. Como no lo hizo, a&#241;ad&#237;:

&#191;Qu&#233; puedo decir? Soy la hostia.

El hombre al que le dispar&#243;; iba desarmado.

No cuando le dispar&#233;. Sus c&#243;mplices se llevaron el arma cuando escaparon. Usted lo sabe, Berleand. Sabe que no me he inventado nada.

Nos sentamos all&#237; durante otro minuto. Berleand miraba la pantalla.

&#191;A qu&#233; estamos esperando?

A que llegue el v&#237;deo -respondi&#243;.

&#191;De?

De la muchacha rubia.

&#191;Por qu&#233;?

No respondi&#243;. Pasaron otros cinco minutos. Lo acribill&#233; a preguntas. No me hizo caso. Por fin son&#243; el correo y lleg&#243; un v&#237;deo muy corto del aparcamiento. Apret&#243; el bot&#243;n de play y se ech&#243; hacia atr&#225;s.

Ahora ve&#237;amos a la muchacha rubia con mayor claridad. Desde luego era una adolescente: quiz&#225;s diecis&#233;is o diecisiete a&#241;os. Ten&#237;a el pelo largo y rubio. El punto de toma a&#250;n estaba demasiado lejos para ver bien las facciones, pero hab&#237;a algo conocido en ella, en la manera como ergu&#237;a la cabeza, la manera como sus hombros se echaban hacia atr&#225;s, la postura perfecta

Hicimos una prueba de ADN preliminar de aquella muestra de sangre y del pelo rubio -dijo Berleand.

La temperatura en la habitaci&#243;n baj&#243; diez grados. Apart&#233; la mirada de la pantalla y lo mir&#233;.

No solo es la hija del marido -explic&#243; Berleand, con un gesto hacia la rubia de la pantalla-. Tambi&#233;n es la hija de Terese Collins.



11

Tard&#233; un tiempo en poder articular palabra.

Dijo preliminar.

Berleand asinti&#243;.

La prueba de ADN definitiva tardar&#225; algunas horas m&#225;s.

Por lo tanto, podr&#237;a estar equivocado.

Poco probable.

Pero, &#191;se han dado casos?

S&#237;. Tuve un caso en el que detuvimos a un hombre bas&#225;ndonos en una prueba preliminar como &#233;sta. Result&#243; que era de su hermano. Tambi&#233;n s&#233; de un caso de paternidad en el que una mujer llev&#243; a juicio a su novio por la custodia de un hijo. &#201;l afirmaba que el beb&#233; no era suyo. La prueba preliminar de ADN daba una precisi&#243;n absoluta, pero cuando el laboratorio la examin&#243; a fondo, result&#243; que era del padre del novio.

Pens&#233;.

&#191;Terese Collins tiene alguna hermana? -pregunt&#243; Berleand.

No lo s&#233;.

Berleand hizo un gesto.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#233;.

Ustedes dos tienen una relaci&#243;n muy especial, &#191;verdad?

No hice caso de la insinuaci&#243;n.

&#191;Qu&#233; pasa ahora?

Necesitamos que llame a Terese Collins -respondi&#243; Berleand-. As&#237; podremos interrogarla un poco m&#225;s.

&#191;Por qu&#233; no le llama usted?

Lo hicimos. No atiende la llamada.

Me pas&#243; mi m&#243;vil. Lo encend&#237;. Una llamada perdida. No me molest&#233; en ver qui&#233;n era. Hab&#237;a un correo basura con el siguiente texto: Cuando Peggy Lee cantaba "&#191;Eso es todo lo que hay?", &#191;hablaba de la serpiente en tus pantalones? Tu peque&#241;a pilila necesita Viagra en 86BR22.com.

&#191;Todo eso qu&#233; significa? -pregunt&#243; Berleand despu&#233;s de leerlo por encima de mi hombro.

Una de mis viejas novias ha estado hablando fuera de la escuela.

Su autocr&#237;tica -dijo Berleand- es muy encantadora.

Marqu&#233; el n&#250;mero de Terese. Son&#243; durante un rato y luego apareci&#243; el buz&#243;n de voz. Le dej&#233; un mensaje y colgu&#233;.

&#191;Y ahora qu&#233;?

&#191;Sabe rastrear la localizaci&#243;n de un tel&#233;fono m&#243;vil? -pregunt&#243;.

S&#237;.

Tambi&#233;n debe de saber que mientras el tel&#233;fono est&#225; encendido, incluso aunque no se haga ninguna llamada, podemos triangular las coordenadas y localizarlo.

S&#237;.

Por lo tanto no nos preocup&#225;bamos en seguir a la se&#241;ora Collins. Para eso tenemos la tecnolog&#237;a. Pero hace cosa de una hora, apag&#243; el tel&#233;fono.

Quiz&#225;s se qued&#243; sin bater&#237;a -dije.

Berleand me mir&#243; con el entrecejo fruncido.

O quiz&#225;s solo necesitaba un descanso. Usted sabe que tuvo que ser duro hablarme del accidente de coche.

Entonces, &#191;desconecta el tel&#233;fono para alejarse de todo?

Claro.

&#191;En lugar de silenciar el timbre -a&#241;adi&#243;-, la se&#241;ora Collins desconecta el tel&#233;fono?

&#191;No le convence?

Por favor. A&#250;n podemos buscar en sus listados de llamadas, ver qui&#233;n le llam&#243; o a qui&#233;n llam&#243;. Hace cosa de una hora, la se&#241;ora Collins recibi&#243; la &#250;nica llamada del d&#237;a.

&#191;De qui&#233;n?

No lo s&#233;. El n&#250;mero rebot&#243; a alg&#250;n tel&#233;fono de Hungr&#237;a y luego pas&#243; a una p&#225;gina web y entonces lo perdimos. La llamada dur&#243; dos minutos. Despu&#233;s de eso, desconect&#243; el tel&#233;fono. En aquel momento estaba en el museo Rodin. Ahora no tenemos ni idea de d&#243;nde est&#225;.

No dije nada.

&#191;Se le ocurre alguna idea?

&#191;De Rodin? Me encanta El Pensador.

Me mata con sus chistes, Myron. De verdad.

&#191;Va a retenerme?

Tengo su pasaporte. Puede irse, pero por favor, permanezca en su hotel.

Donde podr&#225; escucharme -dije.

Pi&#233;nselo de esta manera -manifest&#243; Berleand-. Si finalmente tiene suerte, quiz&#225;s yo pueda encontrar algunas pistas.

El proceso de soltarme llev&#243; unos veinte minutos. Comenc&#233; a caminar por el Quai des Orf&#232;vres hacia el Pont Neuf. Me pregunt&#233; cu&#225;nto tardar&#237;a. Exist&#237;a la posibilidad de que Berleand ya me estuviese vigilando, pero lo consider&#233; poco probable.

Delante hab&#237;a un coche con la matr&#237;cula 97 CS 33.

El c&#243;digo no pod&#237;a haber sido m&#225;s simple. El correo basura dec&#237;a 86 BR 22. Solo ten&#237;as que sumarle uno a cada elemento. El ocho se convierte en nueve. La B se convierte en C. Cuando me acerqu&#233; al coche, cay&#243; un trozo de papel por la ventanilla del conductor. Estaba pegado a una moneda para que no volase.

Exhal&#233; un suspiro. Primero el c&#243;digo elemental, ahora esto. &#191;James Bond se hab&#237;a decidido por la tecnolog&#237;a antigua?

Recog&#237; la nota.


1 RU&#201; DU PONT NEUF, QUINTO PISO.

ARROJE EL M&#211;VIL EN EL ASIENTO TRASERO.


Lo hice. El coche se puso en marcha con mi tel&#233;fono encendido en el asiento trasero. Que lo rastreasen. Gir&#233; a la derecha. Era el edificio Louis Vouitton, aquel con la c&#250;pula de cristal en la azotea. La tienda de Kenzo estaba en la planta baja y me sent&#237; como un paleto solo con abrir la puerta. Entr&#233; en el ascensor de cristal y vi que el quinto piso correspond&#237;a a un restaurante llamado Kong.

Cuando el ascensor se detuvo, me recibi&#243; una azafata vestida de negro. Med&#237;a m&#225;s de un metro ochenta, vest&#237;a un traje negro ajustado como un torniquete y era tan delgada como una lombriz.

&#191;Se&#241;or Bolitar? -pregunt&#243;.

S&#237;.

Por aqu&#237;.

Me llev&#243; por unas escaleras que brillaban en un verde fluorescente que daba acceso a la c&#250;pula de cristal. Podr&#237;a tildar el Kong de ultramoderno, pero ya estaba casi m&#225;s all&#225; de eso, algo as&#237; como un ultramoderno postmoderno. La decoraci&#243;n era como una geisha futurista. Hab&#237;a televisores de plasma con im&#225;genes de preciosas mujeres asi&#225;ticas que te gui&#241;aban a tu paso. Las sillas eran de acr&#237;lico transparente, excepto por los rostros impresos de hermosas mujeres con extra&#241;os peinados. Los rostros resplandec&#237;an, como si tuvieran una luz cada uno. El efecto era un tanto siniestro.

Por encima de mi cabeza colgaba el gigantesco tapiz de una geisha. Los clientes vest&#237;an en el mismo estilo que la azafata: elegante y de negro. Lo que hac&#237;a que ese lugar funcionase, lo que consegu&#237;a que todo fuese fant&#225;stico, era la sensacional vista del Sena, casi tan buena como la de la jefatura de polic&#237;a, y all&#237;, en la mesa con la mejor vista de todas, estaba Win.

Te he pedido foie gras -dijo.

Alg&#250;n d&#237;a alguien acabar&#225; por descubrir nuestro viejo truco.

A&#250;n no lo han hecho.

Me sent&#233; a la mesa.

Este lugar me resulta conocido.

Apareci&#243; en una pel&#237;cula francesa con Francois Cluzet y Kristin Scott Thomas -respondi&#243; Win-. Se sentaron a esta misma mesa.

&#191;Kristin Scott Thomas en una pel&#237;cula francesa?

Vivi&#243; aqu&#237; durante cuatro a&#241;os y habla un franc&#233;s fluido.

No me explico c&#243;mo Win sabe cosas como &#233;sas.

En cualquier caso -continu&#243; Win-, quiz&#225;s por eso el restaurante te est&#225; causando, para mantenernos dentro de nuestro entorno franc&#233;s, un d&#233;j&#224; vu.

Sacud&#237; la cabeza.

No veo pel&#237;culas francesas.

Oh -dijo Win con un sonoro suspiro-, quiz&#225;s recuerdas a Sarah Jessica Parker comiendo aqu&#237; en el &#250;ltimo cap&#237;tulo de Sexo en Nueva York.

Bingo -exclam&#233;.

Lleg&#243; el foie gras, h&#237;gado de oca para los no iniciados. Estaba muerto de hambre y comenc&#233;. S&#233; que las personas defensoras de los derechos de los animales me crucificar&#237;an, pero no puedo evitarlo. Adoro el foie gras. Win ya hab&#237;a servido el vino tinto. Beb&#237; un sorbo. No soy un experto, pero sab&#237;a como si alg&#250;n dios hubiese pisado las uvas en persona.

Supongo que ahora ya conoces el secreto de Terese -manifest&#243; Win.

Asent&#237;.

Te dije que era duro.

&#191;C&#243;mo te enteraste?

No fue dif&#237;cil de descubrir -afirm&#243; Win.

Perm&#237;teme que te lo plantee de otra manera. &#191;Por qu&#233; te interes&#243; averiguarlo?

Hace nueve a&#241;os te fugaste con ella.

&#191;Y?

Ni siquiera me dijiste adonde ibas.

Insisto, &#191;y?

Eras vulnerable, as&#237; que hice algunas averiguaciones.

No te correspond&#237;a.

Quiz&#225;s no.

Comimos un poco m&#225;s.

&#191;Cu&#225;ndo llegaste? -pregunt&#233;.

Esperanza me llam&#243; despu&#233;s de vuestra conversaci&#243;n. Mand&#233; que el avi&#243;n diese la vuelta y vine hacia aqu&#237;. Cuando llegu&#233; a tu hotel, acababan de arrestarte. Hice algunas llamadas.

&#191;D&#243;nde est&#225; Terese?

Supuse que Win hab&#237;a sido quien le hab&#237;a llamado para sacarla de la ratonera.

Nos encontraremos con ella muy pronto. Ponme al corriente.

Lo hice. No dijo nada. Uni&#243; la punta de los dedos para formar una capilla. Win siempre forma una capilla con los dedos. Cuando lo hago yo resulta rid&#237;culo. Cuando lo hace &#233;l, con las u&#241;as tan bien cuidadas, en cierta forma funciona. Cuando acab&#233;, Win dijo:

La hostia.

Buen resumen.

&#191;Cu&#225;nto sabes de su accidente? -pregunt&#243;.

Solo lo que te acabo de decir.

Terese nunca vio el cuerpo -se&#241;al&#243; Win-. Eso es algo un tanto curioso.

Estuvo inconsciente durante dos semanas. No puedes tener un cad&#225;ver fuera de la tierra durante tanto tiempo.

As&#237; y todo -Win movi&#243; los dedos-, &#191;por qu&#233; ahora su difunto ex dijo que aquello que le dir&#237;a lo cambiar&#237;a todo?

Yo tambi&#233;n hab&#237;a pensado en eso. Hab&#237;a pensado en el extra&#241;o tono de su voz, casi de p&#225;nico.

Tiene que haber alguna otra explicaci&#243;n. Como dije, las pruebas de ADN son preliminares.

Obviamente, te habr&#225;s dado cuenta de que los polis te dejaron ir con la esperanza de que los llevases hasta Terese.

Lo s&#233;.

Pero eso no ocurrir&#225; -dijo Win.

Tambi&#233;n lo s&#233;.

Entonces, &#191;ahora qu&#233;? -pregunt&#243; Win.

Eso me sorprendi&#243;.

&#191;No vas a intentar convencerme de que no la ayude?

&#191;Servir&#237;a de algo que lo hiciese?

Probablemente no.

Entonces quiz&#225;s sea divertido -opin&#243; Win-, y tambi&#233;n hay una raz&#243;n mucho m&#225;s importante para continuar esta b&#250;squeda.

&#191;De qu&#233; se trata?

Te lo dir&#233; m&#225;s tarde. &#191;As&#237; que ahora adonde, jefe?

No estoy seguro. Me gustar&#237;a hablar con la esposa de Rick Co-llins; vive en Londres, pero Berleand tiene mi pasaporte.

Son&#243; el m&#243;vil de Win. Atendi&#243; la llamada.

Articule.

Detesto que diga eso.

Colg&#243;.

Pues entonces, Londres.

Acabo de decirte

Win se levant&#243;.

Hay un t&#250;nel en el s&#243;tano de este edificio. Lleva al edificio contiguo. Tengo un coche esperando. Mi avi&#243;n est&#225; en un peque&#241;o aeropuerto cerca de Versailles. Terese est&#225; all&#237;. Tengo documentaci&#243;n para los dos. Por favor, date prisa.

&#191;Qu&#233; ha pasado?

Mi gran raz&#243;n para querer continuar con esta b&#250;squeda. El hombre al que le disparaste hace unas horas acaba de morir. La polic&#237;a quiere detenerte por asesinato. Creo que quiz&#225;s tendremos que actuar para limpiar tu nombre.



12

Cuando le dije a Terese el resultado de la prueba de ADN, esper&#233; una reacci&#243;n diferente.

Terese y yo est&#225;bamos en la sala del avi&#243;n de Win, un Boeing que le hab&#237;a comprado hac&#237;a poco a un rapero. Las butacas eran enormes y de cuero. Hab&#237;a una gran pantalla plana de televisi&#243;n, un sof&#225;, una mullida alfombra y revestimientos de madera. El avi&#243;n tambi&#233;n ten&#237;a un comedor y, detr&#225;s, un dormitorio separado.

Por si acaso no se han dado cuenta, Win est&#225; forrado.

Gan&#243; el dinero al viejo estilo: lo hered&#243;. Su familia era propietaria de Lock-Horne Investments, todav&#237;a una de las principales en Wall Street, y Win hab&#237;a cogido sus miles de millones para transformarlos en billones.

La azafata -pongo las comillas porque dudo que tuviese mucha preparaci&#243;n en el oficio- era despampanante, asi&#225;tica, joven y, conociendo a Win, probablemente muy flexible. La placa de identificaci&#243;n pon&#237;a Mii. Su vestimenta parec&#237;a sacada de un anuncio de la Pan Am de 1968, con el traje chaqueta, una blusa con encajes e incluso el sombrero bombonera.

Cuando comenzamos a subir, Win dijo:

El sombrero bombonera.

S&#237; -respond&#237;-, hace que te olvides de todo lo dem&#225;s.

Me gusta que lleve el sombrero bombonera a todas horas.

Por favor no entres en m&#225;s detalles.

Win sonri&#243;.

Su nombre es Mii.

Lo he le&#237;do en la placa.

Es algo as&#237; como no solo va de ti, Myron, tambi&#233;n va de Mii. O yo disfruto teniendo conocimiento carnal solo con Mii.

Me limit&#233; a mirarlo.

Mii y yo nos quedaremos atr&#225;s para que t&#250; y Terese pod&#225;is tener algo de intimidad.

&#191;Atr&#225;s, en el dormitorio?

Win me palme&#243; la espalda.

Si&#233;ntete bien contigo mismo, Myron. Despu&#233;s de todo, yo me siento bien con Mii.

Por favor, d&#233;jalo ya.

Entr&#233; en la cabina. Terese estaba all&#237;. Cuando le habl&#233; del asalto y posterior tiroteo, se mostr&#243; muy preocupada. Cuando abord&#233; lo del an&#225;lisis de ADN que se&#241;alaba que ella era la madre de la chica rubia -primero utilizando palabras como preliminar e incompleto hasta el punto que tem&#237; aburrirla- me sorprendi&#243;.

Apenas reaccion&#243;.

&#191;Est&#225;s diciendo que el an&#225;lisis de sangre muestra que podr&#237;a ser la madre de la muchacha?

De hecho, el an&#225;lisis de ADN preliminar mostraba que ella era la madre de la muchacha, pero quiz&#225;s eso era algo excesivo para recalcarlo en ese momento. As&#237; que me limit&#233; a decir:

S&#237;.

De nuevo eso no pareci&#243; afectarla. Terese entrecerr&#243; los ojos como si tuviese dificultades para escuchar. Hubo un peque&#241;o y casi del todo imperceptible gesto en los ojos. Pero eso fue todo.

&#191;C&#243;mo puede ser?

No dije nada; me encog&#237; de hombros.

Nunca subestimes el poder de la negaci&#243;n. Terese se la sacudi&#243; de encima, adopt&#243; la personalidad de reportera y me acribill&#243; a preguntas. Le dije todo lo que sab&#237;a. Empez&#243; a quedarse sin respiraci&#243;n. Intentaba contenerse, tanto que ve&#237;a el temblor en sus labios.

Pero no hab&#237;a l&#225;grimas.

Quer&#237;a tocarla y no pod&#237;a. No estoy seguro de por qu&#233;. As&#237; que continu&#233; sentado y esper&#233;. Ninguno de los dos lo dijo, como si las palabras pudiesen reventar aquella fr&#225;gil burbuja de esperanza. Sin embargo estaba all&#237;, el proverbial elefante en la habitaci&#243;n, y ambos lo ve&#237;amos y lo evit&#225;bamos.

Algunas veces las preguntas de Terese parec&#237;an profundizar, apuntando col&#233;ricamente hacia lo que quiz&#225;s su ex, Rick, hab&#237;a hecho, o quiz&#225;s solo para mantener controlada la esperanza. Finalmente se ech&#243; hacia atr&#225;s, se mordi&#243; el labio inferior y parpade&#243;.

Entonces, &#191;ad&#243;nde vamos ahora? -pregunt&#243;.

A Londres. Pens&#233; que a lo mejor deber&#237;amos hablar con la esposa de Rick.

Karen.

&#191;La conoces?

S&#237;, la conozco. -Me mir&#243;-. &#191;Recuerdas que te mencion&#233; que llevaba a Miriam a la casa de una amiga cuando tuve el accidente?

S&#237;. &#191;Karen Tower era esa amiga?

Ella asinti&#243;.

El avi&#243;n lleg&#243; a la altura de crucero. El piloto lo comunic&#243; por el altavoz. Yo ten&#237;a otro mill&#243;n m&#225;s de preguntas, pero Terese cerr&#243; los ojos. Esper&#233;.

&#191;Myron?

&#191;S&#237;?

No lo digamos. Todav&#237;a no. Ambos sabemos que est&#225; aqu&#237; con nosotros. Pero no lo verbalicemos, &#191;vale?

Vale.

Abri&#243; los ojos y desvi&#243; la mirada. Lo comprend&#237;. El momento era demasiado emotivo incluso para el contacto visual. Como si le hubiesen dado entrada, Win abri&#243; la puerta del dormitorio. Mii, la azafata, ten&#237;a puesto el sombrero bombonera y todo lo dem&#225;s. Win tambi&#233;n iba todo vestido y me hizo un gesto para que me uniese a &#233;l en el dormitorio.

Me gusta el sombrero bombonera -coment&#243;.

Eso dijiste.

Le queda bien a Mii.

Lo mir&#233;. Me hizo entrar en el dormitorio y cerr&#243; la puerta. El dormitorio estaba empapelado con un papel que imitaba la piel de tigre, y las mantas, la piel de cebra. Mir&#233; a Win.

&#191;Est&#225;s canalizando a tu Elvis interior?

El rapero decor&#243; la habitaci&#243;n. Me estoy acostumbrando.

&#191;Quer&#237;as algo?

Win se&#241;al&#243; el televisor.

Te miraba mientras hablabas con ella.

Mir&#233; la pantalla. Terese continuaba sentada en la butaca.

As&#237; es como supe el momento adecuado para interrumpir. -Abri&#243; un caj&#243;n y meti&#243; la mano-. Ten.

Era una Blackberry.

Tu n&#250;mero todav&#237;a funciona; recibir&#225;s todas las llamadas, pero ser&#225;n imposibles de rastrear. Si intentan rastrearte, acabar&#225;n en alg&#250;n lugar del sudoeste de Hungr&#237;a. Por cierto, el capit&#225;n Berleand te dej&#243; un mensaje.

&#191;Es seguro llamarle?

Win frunci&#243; el entrecejo.

&#191;No entiendes qu&#233; quiere decir no rastreable?

Berleand respondi&#243; a la primera.

Mis colegas quieren detenerlo.

Pero si soy un t&#237;o encantador.

Eso es lo que les dije, pero no est&#225;n tan convencidos de que el encanto pueda m&#225;s que una acusaci&#243;n de asesinato.

El encanto es un bien escaso. Se lo dije, Berleand. Fue en defensa propia.

Lo hizo, y nosotros tenemos tribunales, abogados e investigadores que quiz&#225;s puedan llegar a la misma conclusi&#243;n.

No tengo tanto tiempo para desperdiciar.

&#191;As&#237; que no me dir&#225; d&#243;nde est&#225;?

No lo har&#233;.

El restaurante Kong me pareci&#243; un sitio un poco tur&#237;stico. La pr&#243;xima vez lo llevar&#233; a un peque&#241;o bistrot cerca de Saint Michael donde solo sirven foie gras. Le encantar&#225;.

La pr&#243;xima vez.

&#191;A&#250;n est&#225; en mi jurisdicci&#243;n?

No.

Una pena. &#191;Puedo pedirle un favor?

Por supuesto.

&#191;Su nuevo m&#243;vil tiene capacidad para recibir fotos?

Mir&#233; a Win. &#201;l asinti&#243;. Le dije a Berleand que s&#237;.

Le env&#237;o una foto mientras hablamos. Por favor, d&#237;game si reconoce al hombre que aparece en ella.

Le pas&#233; el tel&#233;fono a Win. &#201;l apret&#243; una tecla y encontr&#243; la foto. Le ech&#233; una buena mirada, aunque lo supe de inmediato.

Probablemente sea &#233;l -dije.

&#191;El hombre al que golpe&#243; con la mesa?

S&#237;.

&#191;Es una identificaci&#243;n positiva?

He dicho probablemente.

Aseg&#250;rese.

Mir&#233; de nuevo.

Supongo que es una foto vieja. El tipo al que golpe&#233; hoy es por lo menos diez a&#241;os mayor que el que aparece en la imagen. Hay algunos cambios: la cabeza afeitada, la nariz es diferente. Pero en general, dir&#237;a que estoy muy seguro.

Silencio.

&#191;Berleand?

De verdad que me gustar&#237;a que regresase a Par&#237;s.

No me gust&#243; la manera como lo dijo.

No puede ser, lo siento.

M&#225;s silencio.

&#191;Qui&#233;n es &#233;l? -pregunt&#233;.

Esto es algo que no podr&#225; manejar solo -respondi&#243;.

Mir&#233; a Win.

Tengo ayuda.

No ser&#225; suficiente.

No ser&#225; el primero en subestimarnos.

S&#233; con quien est&#225;. Conozco su reputaci&#243;n y su riqueza. No es suficiente. Puede ser bueno encontrando a personas o ayudando a atletas que tienen problemas con la ley. Pero no est&#225; equipado para manejar esto.

Si no fuese un tipo tan duro -dije-, dir&#237;a que ahora mismo me est&#225; intentando asustar.

Si no fuese tan obstinado, me escuchar&#237;a. Tenga cuidado, Myron. Mant&#233;ngase en contacto.

Colg&#243;. Mir&#233; a Win.

Quiz&#225;s podamos enviarle esta foto a alguien en casa que pueda decirnos qui&#233;n es.

Tengo un contacto en la Interpol -dijo Win.

No me miraba. Miraba por encima de mi hombro. Me volv&#237; para seguir su mirada. De nuevo su mirada estaba puesta en la pantalla.

Terese estaba all&#237;, pero su valor hab&#237;a desaparecido. Estaba doblada sobre s&#237; misma, sollozando. Intent&#233; comprender las palabras, pero sonaban confusas por la angustia. Win cogi&#243; el mando a distancia y subi&#243; el volumen. Terese repet&#237;a la misma cosa una y otra vez, y mientras se deslizaba de la butaca creo que por fin entend&#237; lo que dec&#237;a:

Por favor -le rogaba Terese a alg&#250;n poder superior-. Por favor, que est&#233; viva.



13

Era tarde cuando llegamos al hotel Claridge's, en el centro de Londres. Win hab&#237;a alquilado el &#225;tico. Hab&#237;a una gran sala de estar y tres dormitorios grandes, todos con camas enormes y maravillosas ba&#241;eras de m&#225;rmol con la alcachofa de la ducha del tama&#241;o de una alcantarilla. Abrimos las puertas de los balcones. La terraza ofrec&#237;a una maravillosa vista de los tejados de Londres, pero con toda franqueza ya estaba cansado de vistas panor&#225;micas. Terese estaba all&#237; con la actitud de un zombi. Pas&#243; de aturdida a emocional. Estaba destrozada, pero tambi&#233;n hab&#237;a esperanza. Creo que la esperanza la asustaba m&#225;s que todo lo dem&#225;s.

&#191;Quieres volver adentro? -le pregunt&#233;.

Dame un minuto.

No soy un experto en lenguaje corporal, pero cada m&#250;sculo de su ser parec&#237;a tenso y sujeto en una actitud protectora. Esper&#233; cerca del balc&#243;n. Su dormitorio era de color azul y amarillo girasol. Mir&#233; la cama, y quiz&#225;s estaba mal, pero quer&#237;a cogerla en brazos y llevarla a aquella hermosa cama y hacerle el amor durante horas.

Vale, no quiz&#225;s. Estaba mal. Pero

Cuando digo cosas como &#233;stas en voz alta, Win me llama mariquita.

Mir&#233; entonces su hombro desnudo y record&#233; un d&#237;a despu&#233;s del regreso de aquella isla, despu&#233;s de que ella viniese a Nueva Jersey y me ayudase y sonriese, sonriese de verdad, por primera vez desde que la hab&#237;a conocido, y pens&#233; que a lo mejor me estaba enamorando de ella. Por lo general, entro en las relaciones como una mujer, pensando a largo plazo. Esta vez me domin&#243;, ella sonri&#243; y aquella noche hicimos el amor de otra manera, con un poco m&#225;s de ternura, y cuando acabamos bes&#233; aquel hombro desnudo y entonces ella llor&#243;, tambi&#233;n por primera vez. Sonri&#243; y llor&#243; por primera vez conmigo.

Pocos d&#237;as m&#225;s tarde, se hab&#237;a ido.

Terese se volvi&#243; para mirarme, y fue como si supiese lo que estaba pensando. Por fin pasamos a la sala con sus techos de b&#243;veda de ca&#241;&#243;n y los encerados suelos de madera. En la chimenea ard&#237;a un fuego acogedor. Win, Terese y yo ocupamos nuestros lugares en el c&#243;modo entorno y analizamos con frialdad nuestros siguientes pasos.

Terese fue al grano.

Necesitamos encontrar una raz&#243;n para exhumar el cuerpo que hay en la tumba de mi hija, si es que hay un cuerpo.

Lo dijo as&#237;. Sin l&#225;grimas, sin titubeos.

Tendr&#237;amos que contratar a un abogado -dije.

Un procurador -me corrigi&#243; Win-. Estamos en Londres. No utilizamos la palabra abogado, Myron. Decimos procurador.

Me limit&#233; a mirarlo y evit&#233; preguntarle: &#191;C&#243;mo se dice que te den por el culo? &#191;Decimos eso en Londres?.

Har&#233; que mi gente se ocupe de eso ma&#241;ana a primera hora.

Lock-Horne Investments tiene una sucursal en Londres en la calle Curzon.

Tambi&#233;n tendremos que comenzar a investigar el accidente -dije-. Ver si nos podemos hacer con el expediente de la polic&#237;a, hablar con los inspectores, esa clase de cosas.

Todos estuvimos de acuerdo. La conversaci&#243;n continu&#243; en este estilo, como si estuvi&#233;semos en una sala de juntas dispuestos a lanzar un nuevo producto en lugar de preguntarnos si la hija de Terese que hab&#237;a muerto en un accidente de coche pod&#237;a estar viva. Era una locura siquiera pensarlo. Win comenz&#243; a hacer llamadas. Descubrimos que Karen Tower, la esposa de Rick Collins, a&#250;n viv&#237;a en la misma casa de Londres. Terese y yo ir&#237;amos all&#237; por la ma&#241;ana para hablar con ella.

Despu&#233;s de un rato, Terese se tom&#243; dos Valium, se fue a su dormitorio y cerr&#243; la puerta. Win abri&#243; un armario. Yo estaba agotado, con todo aquello del jet lag y el d&#237;a que hab&#237;a pasado. Resultaba dif&#237;cil pensar que hab&#237;a aterrizado en Par&#237;s aquella misma ma&#241;ana. Pero no quer&#237;a dejar la habitaci&#243;n. Me encanta sentarme con Win de esta manera. Ten&#237;a una copa de co&#241;ac en la mano. Por lo general prefiero un batido de chocolate llamado Yoo-Hoo, pero esa noche me mantuve firme con el agua mineral. Pedimos que nos sirviesen unos bocadillos.

Me encanta la normalidad.

Mii asom&#243; la cabeza por la habitaci&#243;n y mir&#243; a Win. &#201;l movi&#243; los labios para darle una negativa. Su bonito rostro desapareci&#243;.

Todav&#237;a no es la hora de Mii -dijo Win.

Sacud&#237; la cabeza.

&#191;Cu&#225;l es concretamente tu problema con Mii?

Mii como azafata, &#191;no?

Asistente de vuelo -me corrigi&#243; &#233;l, de nuevo con la terminolog&#237;a-. Como con procurador.

Parece joven.

Tiene casi veinte a&#241;os. -Win solt&#243; una risita-. Me encanta cuando t&#250; no lo apruebas.

No estoy en condici&#243;n de juzgar -se&#241;al&#233;.

Bien, porque aqu&#237; estoy intentando poner una cosa en claro.

&#191;Qu&#233;?

De ti y la se&#241;ora Collins en el avi&#243;n. T&#250;, mi querido amigo, ves el sexo como un acto que requiere un componente emocional. Yo no. Para ti, el acto en s&#237; mismo, no importa lo sensacional que sea f&#237;sicamente, no es suficiente. Pero yo lo veo desde otra perspectiva.

Una que por lo general incluye varios &#225;ngulos -dije.

Bien dicho. Pero deja que contin&#250;e. Para m&#237;, el acto de dos personas haciendo el amor -para usar tu terminolog&#237;a, porque a m&#237; me basta con follar-, ese acto sagrado es maravilloso. M&#225;s que eso, lo es todo. De hecho, creo que es en su punto m&#225;ximo -en su momento m&#225;s puro, si quieres- cuando lo es todo, el final de todo y el ser todo, cuando no hay un bagaje emocional que lo estropee. &#191;Lo ves?

S&#237;.

Es una opci&#243;n. Eso es todo. T&#250; lo ves de una manera, yo de otra. Una no es mejor que la otra.

Lo mir&#233;.

&#191;Qu&#233; quieres decir?

En el avi&#243;n te observ&#233; hablando con Terese.

Ya lo has dicho.

T&#250; quer&#237;as abrazarla, &#191;no? Despu&#233;s de dejar caer la bomba. T&#250; quer&#237;as abrazarla y consolarla. El componente emocional que acabamos de mencionar.

No te sigo.

Cuando los dos estabais solos en aquella isla, el sexo era fabuloso y puramente f&#237;sico. Apenas os conoc&#237;ais el uno al otro. Sin embargo, aquellos d&#237;as en la isla te calmaron, te consolaron, calaron en ti y te curaron. Ahora, aqu&#237;, cuando lo emocional ha entrado en escena, cuando quieres mezclar esos sentimientos con algo tan inocente como un abrazo, no puedes hacerlo. -Win lade&#243; la cabeza y sonri&#243;-. &#191;Por qu&#233;?

Ten&#237;a raz&#243;n. &#191;Por qu&#233; no lo hab&#237;a hecho? M&#225;s que eso, &#191;por qu&#233; no pod&#237;a?

Porque hubiese dolido -respond&#237;.

Win se volvi&#243; como si eso lo hubiese dicho todo. No era as&#237;. Sab&#237;a que muchos cre&#237;an que Win utilizaba la misoginia para protegerse a s&#237; mismo, pero nunca me lo hab&#237;a cre&#237;do. Era una respuesta demasiado f&#225;cil.

Consult&#243; su reloj.

Una copa m&#225;s -dijo Win-, y entonces ir&#233; a la otra habitaci&#243;n, porque, oh, a ti te encantar&#225; esto, Mii es tan cachonda

Sacud&#237; la cabeza. Son&#243; el tel&#233;fono. Win lo atendi&#243;, habl&#243; un momento y colg&#243;.

&#191;Est&#225;s muy cansado? -me pregunt&#243;.

&#191;Por qu&#233;, qu&#233; pasa?

El polic&#237;a que investig&#243; el accidente del coche de Terese se llama Nigel Manderson y ahora est&#225; jubilado. Uno de mis hombres me informa de que en este momento se est&#225; emborrachando en un pub cerca de Coldharbour Lane, por si quieres hacerle una visita.

Vamos all&#225;.



14

Coldharbour Lane est&#225; en el sur de Londres, tiene casi dos kil&#243;metros de largo y une Camberwell con Brixton. La limusina nos dej&#243; en un lugar llamado Suns and Doves, cerca del final por el lado de Camberwell. El edificio ten&#237;a un tercer piso que solo llegaba hasta la mitad, como si alguien se hubiese cansado y dicho: Bah, cono, no necesitamos m&#225;s espacio. Con esto basta.

Seguimos una manzana m&#225;s all&#225; y entramos en un callej&#243;n. Hab&#237;a un local mezcla de sex shop y art&#237;culos para drogatas y una tienda de comida ecol&#243;gica que estaban abiertas.

Esta zona tiene reputaci&#243;n por las bandas y el tr&#225;fico de drogas -coment&#243; Win, como si fuese un gu&#237;a tur&#237;stico-. De ah&#237; que el apodo de Coldharbour Lane es, no te lo pierdas, Crackharbour Lane.

Conocida por las bandas y el tr&#225;fico de drogas -dije-, aunque no por la creatividad para los sobrenombres.

&#191;Qu&#233; esperas de las bandas y traficantes de drogas?

El callej&#243;n era oscuro y sucio y yo continuaba pensando en que Bill Sikes y Fagin acechaban juntos tras ladrillos oscuros. Llegamos a un pub cochambroso llamado Careless Whisper. De inmediato record&#233; una vieja canci&#243;n de George Michael y aquellas ahora famosas cuartetas en las que el enamorado del coraz&#243;n roto nunca podr&#225; volver a bailar porque los pies culpables no tienen ritmo. M&#250;sica de los ochenta. Deduje que el nombre no ten&#237;a nada que ver con la canci&#243;n, pero probablemente s&#237; con la indiscreci&#243;n.

Estaba equivocado.

Abrimos la puerta y fue como entrar en una dimensi&#243;n anterior. La melod&#237;a de Our House, el &#233;xito de Madness, sali&#243; a la calle junto con dos parejas, ambas abrazadas, m&#225;s para mantenerse en pie que por afecto. El olor de las salchichas fri&#233;ndose flotaba en el aire. El suelo estaba pegajoso. El local era ruidoso, estaba abarrotado y, desde luego, cualquier ley antitabaco que rigiese en este pa&#237;s no hab&#237;a llegado a este callej&#243;n. Seguramente pocas leyes lo hab&#237;an hecho.

El lugar era new wave, que equival&#237;a a decir o&#237;d wave, y estaba orgulloso de serlo. En el televisor de pantalla panor&#225;mica aparec&#237;a un petulante Judd Nelson en El club de los cinco. Las camareras se mov&#237;an entre la bullanguera concurrencia con vestidos negros, l&#225;piz de labios brillante, el pelo liso y los rostros blancos casi Kabuki. Llevaban guitarras colgadas alrededor del cuello. Se supon&#237;a que deb&#237;an tener el aspecto de las modelos en aquel videoclip, Adicto al amor, de Robert Palmer, excepto que eran algo m&#225;s maduras y menos atractivas. Como si hubiese una nueva versi&#243;n del videoclip con las actrices de Las chicas de oro.

Madness acab&#243; de hablarnos de su casa en medio de la calle, y Bananarama apareci&#243; para ofrecernos ser nuestra Venus, fuego para nuestro deseo.

Win me toc&#243; con el pu&#241;o.

La palabra Venus.

&#191;Qu&#233;?-grit&#233;.

Cuando yo era joven -explic&#243; Win-, cre&#237;a que cantaban Soy tu pene. Me equivocaba.

Gracias por compartirlo.

Pese a que los adornos eran new wave de los ochenta, el local segu&#237;a siendo un bar de clase obrera. Hombres duros y mujeres que hab&#237;an visto de todo ven&#237;an despu&#233;s de un d&#237;a de trabajo, y maldita sea si no se lo merec&#237;an. No pod&#237;as fingir que pertenec&#237;as a su mundo. Yo iba con t&#233;janos, pero as&#237; y todo estaba muy lejos de encajar. Win, sin embargo, destacaba como una hamburguesa doble en un centro de diet&#233;tica.

Los clientes -algunos llevaban hombreras, corbatas de cuero y gomina en el pelo- miraban furiosos a Win. Siempre era as&#237;. Conocemos los prejuicios obvios y los estereotipos, y Win ser&#237;a el &#250;ltimo en pedir comprensi&#243;n, pero la gente lo ve y lo odia. Juzgan por el aspecto, no es ninguna novedad. Las personas ve&#237;an en Win la encarnaci&#243;n de los privilegios inmerecidos. Quer&#237;an herirlo. Hab&#237;a sido as&#237; toda su vida. Ni siquiera yo sab&#237;a toda la historia -el origen de Win, por utilizar el l&#233;xico de los superh&#233;roes-, pero una de aquellas palizas infantiles lo marc&#243;. No quiso volver a tener miedo nunca m&#225;s. As&#237; que utiliz&#243; su dinero, sus talentos naturales, y pas&#243; a&#241;os desarrollando sus capacidades. Cuando nos conocimos en la universidad ya era un arma letal.

Win camin&#243; entre las miradas con una sonrisa. El bar era viejo y ruinoso, y parec&#237;a casi un decorado, algo que solo consegu&#237;a hacerlo parecer m&#225;s aut&#233;ntico. Las mujeres eran grandotas, pechugonas y con peinados que parec&#237;an nidos de ratas. Muchas llevaban aquellas sudaderas con un hombro al aire al estilo de Flashdance. Una le ech&#243; el ojo a Win. Le faltaban varios dientes. Llevaba cintas en el pelo que no parec&#237;an a&#241;adir nada, al estilo Madonna de los principios, y su maquillaje parec&#237;a haber sido aplicado con una pistola de paintball en un armario a oscuras.

Bueno, bueno -le dijo a Win-. S&#237; que eres guapo.

S&#237; -respondi&#243; Win-. Lo soy.

El camarero nos hizo un gesto cuando nos acercamos. Llevaba una camiseta que dec&#237;a: FRANKIE DICE REL&#193;JATE.

Dos cervezas -ped&#237;.

Win sacudi&#243; la cabeza.

Quiere decir dos pintas de cerveza rubia.

De nuevo con la terminolog&#237;a.

Pregunt&#233; por Nigel Manderson. El camarero ni parpade&#243;. Sab&#237;a que ser&#237;a in&#250;til. Me volv&#237; y grit&#233;:

&#191;Qui&#233;n de ustedes es Nigel Manderson?

Un hombre vestido con una camisa blanca con volantes y los hombros cuadrados levant&#243; su copa. Parec&#237;a acabado de salir de un videoclip de Spandau Ballet.

Salud, compa&#241;ero.

La voz arrastrada lleg&#243; desde el final de la barra. Manderson ten&#237;a las manos alrededor de la copa como si fuese un pich&#243;n que se hubiese ca&#237;do del nido y necesitase protecci&#243;n. Ten&#237;a los ojos llorosos y venillas en la nariz, como si alguien le hubiese dado un pisot&#243;n a una ara&#241;a.

Bonito lugar.

&#191;No es una locura? Es un peque&#241;o diamante en bruto que me recuerda tiempos mejores. &#191;Qui&#233;n cono es usted?

Le dije mi nombre y le pregunt&#233; si recordaba un accidente de coche mortal ocurrido hac&#237;a diez a&#241;os. Mencion&#233; a Terese Collins. Me interrumpi&#243; antes de que acabase.

No lo recuerdo.

Era una presentadora famosa. Su hija muri&#243; en el accidente. Ten&#237;a siete a&#241;os.

Sigo sin recordarlo.

&#191;Tuvo muchos casos en los que muriesen ni&#241;as de siete a&#241;os?

Se gir&#243; en el taburete para mirarme.

&#191;Me est&#225; llamando mentiroso?

Sab&#237;a que su acento era leg&#237;timo, aut&#233;ntico, pero a m&#237; me sonaba como a Dick Van Dyke en Mary Poppins. Casi esperaba que a&#241;adiese caballero.

Le mencion&#233; la esquina donde hab&#237;a ocurrido el accidente y la marca del coche. Escuch&#233; un sonido extra&#241;o y mir&#233; a mi izquierda. Alguien estaba jugando a los marcianitos en una m&#225;quina.

Estoy jubilado -dijo.

Insist&#237;, le repet&#237; con paciencia todos los detalles que conoc&#237;a. El televisor estaba detr&#225;s de Manderson. Confieso que me encanta El club de los cinco y me distra&#237;a un poco. No entiendo por qu&#233; me gusta la pel&#237;cula. El reparto ten&#237;a que ser una broma: &#191;un punk cachas?, &#191;qu&#233; tal Emilio Estevez, que no tiene ni un m&#250;sculo en el cuerpo? &#191;Un mat&#243;n de instituto convincente?, &#191;qu&#233; tal Judd Nelson? S&#237;, Ludd Nelson. &#191;Qui&#233;n ocupaba el segundo lugar? Ser&#237;a como, para mantener la analog&#237;a de Las chicas de oro, filmar una pel&#237;cula de Marilyn Monroe con Bea Arthur. Sin embargo, Nelson y Estevez funcionaban y la pel&#237;cula funcionaba, y a m&#237; me encantaba; me conozco todas las frases.

Al cabo de un rato Nigel Manderson dijo:

Quiz&#225;s recuerde algo.

No era muy convincente. Acab&#243; su copa y pidi&#243; otra. Observ&#233; como la serv&#237;a el camarero y &#233;l la recog&#237;a en el momento en que toc&#243; la pegajosa madera de la barra.

Mir&#233; a Win. Su rostro era, como siempre, impenetrable.

La mujer con el maquillaje de paintball -dif&#237;cil de calcular la edad, bien pod&#237;an ser unos pl&#225;cidos cincuenta o unos duros veinticinco, aunque yo me inclinaba m&#225;s por lo &#250;ltimo- le dijo a Win:

Vivo cerca de aqu&#237;.

Win le dirigi&#243; aquella mirada altanera que hace que la gente le odie.

&#191;Quiz&#225;s en el callej&#243;n?

No -dijo ella con una gran carcajada. Win era tan exc&#233;ntrico-. Tengo un piso en un s&#243;tano.

Debe de ser divino -manifest&#243; Win con una voz ba&#241;ada en sarcasmo.

Oh, no es nada especial -afirm&#243; Paintball, sin captar el tono de Win-. Pero tiene una cama.

Ella se arregl&#243; los calentadores rosas y rojos y le dedic&#243; un gui&#241;o a Win.

Una cama -repiti&#243;. Por si acaso &#233;l no captaba la indirecta.

Suena encantador.

&#191;Quieres verlo?

Se&#241;ora -Win la mir&#243; de frente-, antes preferir&#237;a que me sacasen el semen con un cat&#233;ter.

Otro gui&#241;o.

Es una manera muy curiosa de decir que s&#237;.

&#191;Qu&#233; puede decirme del accidente? -le pregunt&#233; a Manderson.

A ver, &#191;qui&#233;n cono es usted?

Un amigo de la conductora.

Eso es mentira.

&#191;Por qu&#233; dice eso? -&#201;l bebi&#243; otro trago. Acab&#243; Bananarama. Comenz&#243; a sonar la balada cl&#225;sica de Duran Duran, Save a Prayer. Se hizo silencio en el bar. Alguien baj&#243; las luces mientras los clientes encend&#237;an los mecheros y comenzaban a balancearlos como si estuviesen en un concierto.

Nigel tambi&#233;n levant&#243; su mechero.

Se supone que debo aceptar su palabra sin m&#225;s. &#191;Lo env&#237;a ella?

Ten&#237;a toda la raz&#243;n.

Incluso si as&#237; fuese, &#191;entonces qu&#233;? Aquel accidente fue &#191;cu&#225;ndo dijo?

Se lo hab&#237;a dicho dos veces. Lo hab&#237;a escuchado dos veces.

Hace diez a&#241;os.

Y ella ahora, &#191;qu&#233; necesita saber?

Comenc&#233; a formular una pregunta pero me hizo callar. Atenuaron las luces un poco m&#225;s. Todos cantaron que en aquel momento no deb&#237;amos rezar una plegaria, y que por alguna raz&#243;n deb&#237;amos reservarla para la ma&#241;ana siguiente. &#191;La ma&#241;ana siguiente a qu&#233;? Todos se balancearon atr&#225;s y adelante por la bebida y el canto con los mecheros todav&#237;a levantados. Con tanta cabellera, me percat&#233; del elevado riesgo de incendio. La mayor&#237;a de los parroquianos, incluido Nigel Manderson, ten&#237;an l&#225;grimas en los ojos.

Eso no nos conduc&#237;a a ninguna parte. Decid&#237; pincharle un poco.

El accidente no ocurri&#243; de la manera que dice su informe.

Apenas me mir&#243;.

&#191;Ahora me est&#225; diciendo que comet&#237; un error?

No, estoy diciendo que minti&#243; y ocult&#243; la verdad.

Eso hizo que se detuviese. Baj&#243; el mechero. Lo mismo hicieron otros. Mir&#243; en derredor y salud&#243; a los amigos, buscando apoyo. No me preocupaba. Continu&#233; mir&#225;ndolo. Win ya se encargaba de evaluar la competencia. Iba armado, lo sab&#237;a. No me hab&#237;a mostrado el arma y sab&#237;a que son muy dif&#237;ciles de conseguir en el Reino Unido. Pero Win ten&#237;a por lo menos un arma encima.

No cre&#237; que la fu&#233;semos a necesitar.

L&#225;rguese -dijo Manderson.

Si minti&#243; en alguna cosa, voy a descubrir qu&#233; es.

&#191;Diez a&#241;os m&#225;s tarde? Buena suerte. Adem&#225;s, yo no tuve nada que ver con el informe. Todo estaba preparado cuando llegu&#233; all&#237;.

&#191;Qu&#233; quiere decir con eso?

Yo no fui el primero al que llamaron, amigo.

&#191;Qui&#233;n fue?

Sacudi&#243; la cabeza.

&#191;Dice que lo envi&#243; la se&#241;ora Collins?

De pronto record&#243; el nombre y que estaba casada.

S&#237;.

Bueno, ella ten&#237;a que saberlo. O quiz&#225;s preg&#250;ntele a la amiga a quien llamaron.

Dej&#233; que eso calase. Despu&#233;s continu&#233;:

&#191;Cu&#225;l era el nombre de la amiga?

Que me cuelguen si lo s&#233;. Escuche, &#191;quiere luchar contra molinos? Yo solo firm&#233; el informe. No me importa ya nada. Cobro mi miserable pensi&#243;n. Ahora no me pueden hacer nada. S&#237;, lo recuerdo, &#191;vale? Llegu&#233; al escenario. Su amiga, la muchacha rica, no recuerdo su nombre. Ella llam&#243; a alguien de las alturas. Uno de mis superiores ya estaba all&#237;, un gusano pretencioso llamado Reginal Stubbs, pero no se moleste en llamarle; el c&#225;ncer lo mat&#243; hace tres a&#241;os, gracias a Dios. Se llevaron el cuerpo de la peque&#241;a. Se llevaron a la madre al hospital. Eso es todo lo que s&#233;.

&#191;Vio a la ni&#241;a? -pregunt&#233;.

Apart&#243; la mirada de su copa.

&#191;Qu&#233;?

Dijo que se llevaron el cuerpo de la peque&#241;a. &#191;Usted lo lleg&#243; a ver?

Por todos los santos, estaba en una bolsa -respondi&#243;-. Pero a juzgar por la cantidad de sangre no hab&#237;a quedado mucho que ver aunque hubiera mirado en el interior.



15

Por la ma&#241;ana Terese y yo fuimos a casa de Karen Tower mientras Win se reun&#237;a con sus procuradores para hacer parte del trabajo legal, como conseguir el expediente del accidente del coche y -ni siquiera quiero pensar en ello- ver la manera de exhumar el cad&#225;ver de Miriam.

Tomamos un taxi londinense, de esos de color negro, que, comparado con el resto de los servicios de taxi de todo el mundo, es uno de los sencillos placeres de la vida. Terese estaba bien y concentrada. Le relat&#233; mi conversaci&#243;n con Nigel Manderson en el pub.

&#191;Crees que la mujer a la que llamaron era Karen Tower? -pregunt&#243;.

&#191;Qui&#233;n si no?

Asinti&#243; y no dijo nada m&#225;s. Llev&#225;bamos viajando en silencio unos minutos cuando Terese se inclin&#243; hacia delante y dijo:

D&#233;jenos en la pr&#243;xima esquina.

El taxista lo hizo. Ella comenz&#243; a caminar. Yo hab&#237;a estado en Londres pocas veces as&#237; que no conoc&#237;a muy bien la zona, pero sab&#237;a que &#233;sa no era la direcci&#243;n de Karen Tower. Terese se detuvo en la esquina. El sol empezaba a calentar. Se protegi&#243; los ojos. Esper&#233;.

Aqu&#237; es donde ocurri&#243; el accidente -me explic&#243; Terese.

La esquina era de lo m&#225;s anodina.

No hab&#237;a vuelto a estar aqu&#237;.

No vi ninguna raz&#243;n por la que tendr&#237;a que haber estado, pero no dije nada.

Sal&#237; por aquella rampa. Lo hice muy r&#225;pido. Un cami&#243;n apareci&#243; en mi carril m&#225;s o menos por all&#237;. -Se&#241;al&#243;-. Intent&#233; apartarme, pero

Mir&#233; a un lado y a otro como si a&#250;n pudiese haber una pista reveladora una d&#233;cada m&#225;s tarde, extra&#241;as huellas de neum&#225;ticos o algo as&#237;. No hab&#237;a nada. Terese camin&#243; de nuevo. La alcanc&#233;.

La casa de Karen, bueno, supongo que ahora es la casa de Rick y Karen, &#191;no?, est&#225; en aquella rotonda a la izquierda.

&#191;C&#243;mo quieres hacer esto?

&#191;A qu&#233; te refieres?

&#191;Quieres que vaya yo solo? -pregunt&#233;.

&#191;Por qu&#233;?

Quiz&#225;s pueda sacar algo m&#225;s de ella.

Terese sacudi&#243; la cabeza.

No lo conseguir&#225;s. Solo qu&#233;date conmigo, &#191;vale?

Vale.

Ya hab&#237;a docenas de personas en la casa de Royal Crescent. Personas que ven&#237;an a dar el p&#233;same. No lo hab&#237;a considerado, pero claro, Rick Collins estaba muerto. La gente vendr&#237;a para consolar a la viuda y presentar sus respetos. Terese titube&#243; al pie de los escalones de la entrada, pero luego sujet&#243; mi mano con firmeza.

En cuanto entramos, not&#233; que Terese se tensaba. Segu&#237; su mirada hasta un perro -un collie barbudo; lo s&#233; porque Esperanza tiene uno de la misma raza- que estaba acurrucado en un felpudo en un rinc&#243;n. El perro parec&#237;a viejo y cansado y no se mov&#237;a. Terese solt&#243; mi mano y se agach&#243; para acariciar al perro.

Hola, chica -susurr&#243;-. Soy yo.

El perro movi&#243; la cola como si le costase un gran esfuerzo. El resto del cuerpo permaneci&#243; inm&#243;vil. Hab&#237;a l&#225;grimas en los ojos de Terese.

&#201;sta es Casey -me dijo-. Se la regalamos a Miriam cuando cumpli&#243; cinco a&#241;os.

La perra consigui&#243; levantar la cabeza. Le lami&#243; la mano. Terese se qued&#243; all&#237;, de rodillas. Los ojos de Casey se ve&#237;an lechosos por las cataratas. La vieja perra intent&#243; mover las patas y levantarse. Terese la calm&#243; y encontr&#243; un punto detr&#225;s de las orejas. As&#237; y todo gir&#243; la cabeza como si quisiese mirarla a los ojos. Terese se movi&#243; hacia delante para que le fuese m&#225;s f&#225;cil. El momento era enternecedor y yo me sent&#237;a como un intruso.

Casey sol&#237;a dormir debajo de la cama de Miriam. Se agachaba y reptaba por el suelo hasta conseguir meterse debajo y luego se giraba de manera que su cabeza asomase. Era como si montase guardia.

Terese acarici&#243; a la perra y comenz&#243; a llorar. Me apart&#233; para ocultarlas de la vista de cualquiera, darles tiempo. Terese tard&#243; algunos minutos en rehacerse. Cuando lo hizo, cogi&#243; de nuevo mi mano.

Entramos en la sala. Hab&#237;a una cola de quiz&#225;s unas quince personas que esperaban para presentar sus condolencias.

Los murmullos y las miradas comenzaron en el momento en el que entramos. No lo hab&#237;a pensado, pero ah&#237; estaba la ex esposa que se hab&#237;a marchado durante casi una d&#233;cada, y ahora aparec&#237;a en la casa de la actual esposa. Eso dar&#237;a que hablar.

La gente se apart&#243; y una mujer vestida de negro con mucha elegancia -me dije que ser&#237;a la viuda- pas&#243; entre ellos. Era guapa, menuda, casi como una mu&#241;eca con grandes ojos verdes. Yo no sab&#237;a a qu&#233; atenerme, pero sus ojos parecieron iluminarse cuando vio a Terese. Los de Terese tambi&#233;n. Las dos mujeres se sonrieron con tristeza la una a la otra, el tipo de sonrisa que ofreces a alguien al que adoras pero al que desear&#237;as estar viendo en mejores circunstancias.

Karen abri&#243; los brazos. Las dos mujeres se abrazaron, sujet&#225;ndose la una a la otra, muy quietas. Me pregunt&#233; por un momento qu&#233; clase de amistad hab&#237;an compartido estas dos mujeres y deduje que deb&#237;a de haber sido algo muy profundo.

Cuando dejaron de abrazarse, Karen hizo un gesto con la cabezay comenzaron a salir de la sala. Terese ech&#243; la mano hacia atr&#225;s y sujet&#243; la m&#237;a, as&#237; que las acompa&#241;&#233;. Fuimos hacia lo que los brit&#225;nicos probablemente llaman el sal&#243;n de diario y Karen cerr&#243; las puertas correderas. Se sentaron en un div&#225;n como si lo hubiesen hecho mil veces y supiesen cu&#225;les eran sus respectivos lugares. Ninguna incomodidad.

Terese me mir&#243;.

&#201;ste es Myron -dijo.

Tend&#237; la mano. Karen Tower la estrech&#243; con la suya, peque&#241;a.

Lamento su p&#233;rdida -manifest&#233;.

Gracias. -Karen mir&#243; a Terese-. &#191;&#201;l es?

Es complicado -respondi&#243; Terese.

Karen asinti&#243;.

Se&#241;al&#233; atr&#225;s con el pulgar.

&#191;Quieren que espere en la otra habitaci&#243;n?

No -dijo Terese.

Me qued&#233; donde estaba. Nadie estaba seguro de c&#243;mo seguir, pero seguro que yo no iba a tomar la iniciativa. Permanec&#237; callado con todo el estoicismo de que soy capaz.

Karen fue al grano.

&#191;D&#243;nde has estado, Terese?

Aqu&#237; y all&#225;.

Te he echado de menos.

Yo tambi&#233;n te he echado de menos.

Silencio.

Quer&#237;a encontrarte -continu&#243; Karen-, y explicarte. De Rick y de m&#237;.

No hubiese importado -afirm&#243; Terese.

Eso fue lo que dijo Rick. Ocurri&#243; poco a poco. T&#250; no estabas. Comenzamos a pasar tiempo juntos, en busca de compa&#241;&#237;a. Llev&#243; mucho tiempo antes de que se convirtiese en algo m&#225;s.

No necesitas explic&#225;rmelo -insisti&#243; Terese.

No, supongo que no.

No hab&#237;a ninguna disculpa en su voz, ninguna expectativa de perd&#243;n o comprensi&#243;n. Ni ambas parec&#237;an tenerlas.

Desear&#237;a que vosotros hubieseis acabado mejor -manifest&#243; Terese.

Tenemos un hijo, Matthew -dijo Karen-. Tiene cuatro a&#241;os.

Eso he o&#237;do.

&#191;C&#243;mo te has enterado del asesinato?

Yo estaba en Par&#237;s -respondi&#243; Terese.

Eso hizo reaccionar a Karen. Parpade&#243; y se apart&#243; un poco.

&#191;Es all&#237; d&#243;nde has estado todo este tiempo?

No.

Entonces no estoy muy segura de entenderlo.

Rick me llam&#243; -dijo Terese.

&#191;Cu&#225;ndo?

Terese le explic&#243; la llamada de auxilio de Rick. El rostro de Karen, que ya se parec&#237;a bastante a una m&#225;scara mortuoria, perdi&#243; un poco m&#225;s de color.

&#191;Rick te pidi&#243; que fueses a Par&#237;s? -pregunt&#243; Karen.

S&#237;.

&#191;Qu&#233; quer&#237;a?

Esperaba que quiz&#225;s t&#250; lo supieses -manifest&#243; Terese.

Karen sacudi&#243; la cabeza.

No hemos hablado mucho &#250;ltimamente. Est&#225;bamos pasando por una racha bastante mala. Rick se hab&#237;a vuelto retra&#237;do. Yo confiaba en que solo fuese porque estaba detr&#225;s de una gran historia. Ya sabes c&#243;mo se pon&#237;a en esos casos.

Terese asinti&#243;.

&#191;Cu&#225;nto tiempo ha estado as&#237;?

Tres, cuatro meses; desde que muri&#243; su padre.

Terese se tens&#243;.

&#191;Sam?

Cre&#237; que lo sab&#237;as.

No.

S&#237;, en invierno. Se tom&#243; un frasco de pastillas entero.

&#191;Sam se suicid&#243;?

Estaba enfermo, algo terminal. Nos lo ocult&#243; durante la mayor parte del tiempo. Rick no supo hasta qu&#233; punto hab&#237;a llegado a ser grave. Supongo que fue algo insoportable al final y decidi&#243; acelerar lo inevitable. Rick se puso como loco, pero luego comenz&#243; con una nueva investigaci&#243;n importante. A veces desaparec&#237;a durante semanas. Cuando le preguntaba d&#243;nde hab&#237;a estado, me replicaba de mala manera y luego se disculpaba, pero no me lo dec&#237;a. O si no, me ment&#237;a.

Terese a&#250;n trataba de orientarse.

Sam era un hombre muy dulce -coment&#243; Terese.

Yo nunca llegu&#233; a conocerlo muy bien -manifest&#243; Karen-. Solo lo visitamos un par de veces, y ya estaba demasiado enfermo para venir hasta aqu&#237;.

Terese trag&#243; saliva, intent&#243; recuperar el control.

As&#237; que Sam se suicida y Rick se encierra en el trabajo.

Algo as&#237;.

&#191;Y no te quiso decir qu&#233; investigaba?

No.

&#191;Se lo preguntaste a Mario?

No me lo quiso decir.

No pregunt&#233; qui&#233;n era Mario. Deduje que Terese ya me lo dir&#237;a m&#225;s tarde.

Terese continu&#243;; ya iba lanzada.

Pero, &#191;tienes alguna idea de en lo que estaba trabajando?

Karen observ&#243; a su amiga.

&#191;Hasta qu&#233; punto estabas bien escondida, Terese?

Muy bien.

Quiz&#225;s fuese eso en lo que estaba trabajando. Intentaba encontrarte.

No le hubiese llevado meses.

&#191;Est&#225;s segura?

Incluso si se tratase de eso, &#191;por qu&#233; lo har&#237;a?

Intento no comportarme como la esposa celosa -dijo Karen-. Pero podr&#237;a pensar en algo as&#237; como si el suicidio de su padre le hubiera hecho preguntarse sobre sus elecciones en la vida.

Terese torci&#243; el gesto.

&#191;T&#250; crees?

Karen se encogi&#243; de hombros.

Ni hablar. Incluso si crey&#233;semos que Rick estaba intentando, no s&#233;, conectar conmigo o recuperarme, &#191;por qu&#233; me iba a decir que se trataba de una emergencia?

Karen pens&#243; en eso.

&#191;D&#243;nde estabas t&#250; cuando te encontr&#243;?

En un remoto lugar del noroeste de Angola.

Y cuando te dijo que era urgente, t&#250; lo dejaste todo y fuiste, &#191;no?

S&#237;.

Karen uni&#243; las manos como si eso lo aclarase todo.

&#201;l no minti&#243; para que fuese a Par&#237;s, Karen.

Karen no parec&#237;a convencida. Hab&#237;a parecido triste antes de que entr&#225;semos. Ahora parec&#237;a derrotada. Terese me mir&#243;. Asent&#237;.

Era hora de presionar un poco.

Necesitamos preguntarte por el accidente -dijo Terese.

Las palabras golpearon a Karen como una pistola paralizante. Alz&#243; los ojos; se ve&#237;an desenfocados. Me pregunt&#233; por el uso de la palabra accidente, como si ella hubiese comprendido a qu&#233; se refer&#237;a Terese. No hab&#237;a duda de que as&#237; era.

&#191;Qu&#233; pasa con el accidente?

T&#250; estabas all&#237;. Me refiero al escenario.

Karen no respondi&#243;.

&#191;Estabas?

S&#237;.

Terese parec&#237;a un tanto sorprendida por la respuesta.

Nunca me lo dijiste.

&#191;Por qu&#233; iba a hacerlo? Olvida eso; &#191;cu&#225;ndo te lo iba a decir?

Nunca hablamos de aquella noche. Nunca jam&#225;s. Te despertaste. Yo no pod&#237;a decirte algo as&#237; como: Hola, &#191;c&#243;mo te sientes? Yo estuve all&#237;.

Dime lo que recuerdas.

&#191;Por qu&#233;? &#191;Qu&#233; diferencia habr&#237;a ahora?

D&#237;melo.

Te quiero, Terese. Siempre te querr&#233;.

Algo cambi&#243;. Lo vi en su lenguaje corporal. Quiz&#225;s un envaramiento de la columna vertebral.

La mejor amiga se estaba apartando. Un adversario estaba saliendo a la superficie.

Yo tambi&#233;n te quiero.

No creo que pase un d&#237;a sin que piense en ti. Pero te marchaste. Ten&#237;as tus razones y tu dolor, y lo comprend&#237;. Pero te fuiste. Inici&#233; una vida con Rick. Ten&#237;amos problemas, pero &#233;l era todo mi mundo. &#191;Lo entiendes?

Por supuesto.

Lo amaba. Era el padre de mi hijo. Matthew solo tiene cuatro a&#241;os, y alguien asesin&#243; a su padre.

Terese esper&#243;.

As&#237; que ahora mismo estamos de luto. Me estoy ocupando de ello. Estoy intentando mantenerme a flote y proteger a mi hijo. As&#237; que lo siento. No voy a hablar de un accidente que ocurri&#243; hace diez a&#241;os. Hoy no.

Se levant&#243;. Todo ten&#237;a sentido; sin embargo, algo en su tono sonaba curiosamente a hueco.

Yo intento hacer lo mismo -dijo Terese.

&#191;Qu&#233;?

Estoy intentando proteger a mi hija.

Karen mostr&#243; otra vez aquella mirada de sacudida por una pistola paralizante.

&#191;De qu&#233; hablas?

&#191;Qu&#233; le pas&#243; a Miriam? -pregunt&#243; Terese.

Karen observ&#243; el rostro de Terese. Luego se volvi&#243; hacia m&#237;, como si yo pudiese ofrecerle algo de cordura. Mantuve mi mirada firme.

&#191;T&#250; la viste aquella noche?

Karen Tower no respondi&#243;. Abri&#243; las puertas corredizas y desapareci&#243; entre la multitud de dolientes.



16

Cuando Karen sali&#243; de la sala, me acerqu&#233; a la mesa de escritorio.

&#191;Qu&#233; haces?

Esp&#237;o.

La mesa era de caoba. En ella hab&#237;a un abrecartas dorado que tambi&#233;n serv&#237;a de lupa. Los sobres abiertos estaban colocados en posici&#243;n vertical en los viejos casilleros. No me sent&#237;a a gusto haci&#233;ndolo, pero tampoco me sent&#237;a mal. Saqu&#233; mi Blackberry. La que Win me hab&#237;a dado ten&#237;a una c&#225;mara muy buena. Comenc&#233; a abrir sobres y tomar fotos.

Encontr&#233; extractos de tarjetas de cr&#233;dito. No ten&#237;a tiempo para mirarlos todos, pero necesitaba los n&#250;meros de las cuentas. Hab&#237;a facturas de tel&#233;fono -que me interesaban- y facturas de electricidad -que no me interesaban-. Abr&#237; los cajones y comenc&#233; a buscar entre el contenido.

&#191;Qu&#233; est&#225;s buscando? -pregunt&#243; Terese.

Un sobre que diga: GRAN PISTA EN EL INTERIOR.

Esperaba un milagro. Algo de Miriam. Quiz&#225;s fotos. Como no las hab&#237;a, ten&#237;a las facturas, las tarjetas de cr&#233;dito, los n&#250;meros de tel&#233;fono. Tendr&#237;amos que conseguir alguna informaci&#243;n a partir de ah&#237;. Esperaba encontrar una agenda, pero no hab&#237;a ninguna.

Encontr&#233; unas cuantas fotos de personas que supuse que eran Rick, Karen y su hijo Matthew.

&#191;&#201;ste es Rick? -pregunt&#233;.

Ella asinti&#243;.

No sab&#237;a c&#243;mo interpretarlo. Ten&#237;a una nariz prominente, ojos azules y un pelo rubio que estaba a medio camino entre ondulado y rebelde. Un hombre no puede evitarlo: ve a un ex y lo eval&#250;a. Comenc&#233; a hacerlo y entonces me detuve. Dej&#233; las fotos donde las hab&#237;a encontrado y continu&#233; la b&#250;squeda. Se hab&#237;an acabado las fotos. Ninguna hija rubia se hab&#237;a mantenido oculta durante a&#241;os. Ninguna foto vieja de Terese.

Me gir&#233; y vi el ordenador en una c&#243;moda.

&#191;De cu&#225;nto tiempo crees que disponemos? -pregunt&#233;.

Montar&#233; guardia junto a la puerta.

Encend&#237; el Mac. Se puso en marcha en segundos. Hice clic en el icono de la parte inferior. Apareci&#243; la agenda. Nada en el &#250;ltimo mes. A la derecha, solo hab&#237;a una anotaci&#243;n en Pendiente. Le&#237;:


OPAL

HHK

4714


No ten&#237;a ni idea de cu&#225;l pod&#237;a ser el significado, pero la prioridad estaba marcada como alta.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#243; Terese.

Le le&#237; la nota y le pregunt&#233; si ten&#237;a idea de lo que pod&#237;a significar. No lo sab&#237;a. El tiempo continuaba siendo un factor importante. Dud&#233; de si era conveniente mandarle por mail el contenido de la agenda a Esperanza, pero eso dejaba huellas. Aunque bien pensado, &#191;qu&#233; m&#225;s daba? Win ten&#237;a varias direcciones de correo electr&#243;nico an&#243;nimas. Envi&#233; copias de los datos del calendario y de la agenda. Luego pas&#233; a la secci&#243;n de archivos enviados y los borr&#233; para que nadie se diese cuenta.

&#191;A que soy listo?

Aqu&#237; estaba yo buscando entre las pertenencias de un hombre que hab&#237;a sido asesinado hac&#237;a poco mientras su viuda y su hijo le lloraban en la otra habitaci&#243;n. Me sent&#237;a todo un h&#233;roe. A la salida quiz&#225;s deber&#237;a darle un puntapi&#233; a la vieja perra.

&#191;Qui&#233;n es ese Mario del que hablabais? -le pregunt&#233; a Terese.

Mario Contuzzi. Era el mejor amigo y asistente de producci&#243;n de Rick. Lo hac&#237;an todo juntos.

Busqu&#233; el nombre en la agenda. Bingo. Anot&#233; los n&#250;meros del m&#243;vil y el fijo en mi tel&#233;fono.

De nuevo muy listo.

&#191;Sabes d&#243;nde queda la calle Wilsham? -pregunt&#233;.

Est&#225; a un paso de aqu&#237;. &#191;Mario todav&#237;a vive all&#237;?

Asent&#237; y marqu&#233; el n&#250;mero de tel&#233;fono de la casa de Mario. Un hombre con acento norteamericano respondi&#243;:

&#191;Hola?

Colgu&#233;.

Est&#225; en casa -dije.

Espero que los detectives aficionados est&#233;n tomando nota.

Tendr&#237;amos que acercarnos.

Abr&#237; el archivo de fotos. Hab&#237;a muchas fotos pero ninguna destacaba. No pod&#237;a enviarlas por correo electr&#243;nico. Eso me llevar&#237;a horas. Las fotos eran normales, lo que equivale a decir conmovedoras. Karen con aspecto dichoso junto a su hombre. Rick tambi&#233;n parec&#237;a feliz. Sus rostros resplandec&#237;an mientras sujetaban a su hijo. Iphoto tiene la caracter&#237;stica de que te permite poner el cursor sobre un acontecimiento y las fotos pasan como si fueran una pel&#237;cula. Mir&#233; MATTHEW HA NACIDO, SU PRIMER CUMPLEA&#209;OS y otras m&#225;s. De nuevo todo muy conmovedor.

Me detuve en una foto muy reciente que pon&#237;a FINAL DE F&#218;TBOL DE PAP&#193;. Rick y Matthew vest&#237;an las camisetas del Manchester United. Rick mostraba una amplia sonrisa y sujetaba a su hijo. Estaba sudando a chorros. Casi pod&#237;as decir que estaba sin aliento y entusiasmado por ello. Matthew a sus cuatro a&#241;os se acurrucaba contra &#233;l, vestido con las prendas de portero -aquellos guantes enormes y aquel ojo negro de mentira- e intentando parecer serio. Pens&#233; que ese chico ahora crecer&#237;a sin aquel padre sonriente y pens&#233; en Jack, otro chico que ten&#237;a que crecer sin su padre, y en mi propio padre, en lo mucho que lo hab&#237;a amado y en que todav&#237;a lo necesitaba, y entonces cerr&#233; el archivo.

Nos escabullimos por la puerta principal sin despedirnos. Mir&#233; atr&#225;s y vi al peque&#241;o Matthew en una silla en un rinc&#243;n. Vest&#237;a un traje oscuro.

Los ni&#241;os de cuatro a&#241;os no deben llevar trajes oscuros. Los ni&#241;os de cuatro a&#241;os deben vestir prendas de portero y estar junto a sus papas.


Mario Contuzzi abri&#243; la puerta sin preguntar qui&#233;n llamaba. Era delgado y nervudo y me record&#243; a un perro Weinmaraner. Movi&#243; su afilado rostro en direcci&#243;n a Terese.

Vaya jeta que tienes.

A m&#237; tambi&#233;n me alegra verte, Mario.

Acabo de recibir una llamada de un amigo que est&#225; en casa de Karen. Dice que te presentaste sin anunciar. &#191;Es verdad?

S&#237;.

&#191;En qu&#233; pensabas? -La cabeza de Mario se movi&#243; hacia m&#237;-. &#191;Y por qu&#233; has tra&#237;do a este soplapollas contigo?

&#191;Lo conozco? -pregunt&#233;.

Mario llevaba aquellas gafas de carey que siempre pens&#233; que no deb&#237;an de ser c&#243;modas. Vest&#237;a un pantal&#243;n de traje y una camisa blanca que se hab&#237;a estado abrochando.

No tengo tiempo para esto. Por favor, vete.

Tenemos que hablar -dijo Terese.

Demasiado tarde.

&#191;Y eso c&#243;mo debo tom&#225;rmelo?

&#201;l abri&#243; los brazos.

Te marchaste, Terese, &#191;lo recuerdas? Quiz&#225;s ten&#237;as tus motivos. A m&#237; ya me vale. T&#250; decidiste. Pero te marchaste y ahora que est&#225; muerto quieres por fin tener una peque&#241;a charla. Olv&#237;dalo. No tengo nada que decirte.

Eso fue hace mucho tiempo -afirm&#243; ella.

Es lo que te quiero decir. Rick esperaba que volvieses. &#191;Lo sab&#237;as? Te esper&#243; durante dos a&#241;os. T&#250; estabas deprimida y desesperada, todos lo comprend&#237;amos, pero eso no te impidi&#243; liarte con el Se&#241;or Baloncesto aqu&#237; presente.

Me se&#241;al&#243; con el pulgar. Yo era el Se&#241;or Baloncesto aqu&#237; presente.

&#191;Rick lo sab&#237;a? -pregunt&#243; Terese.

Por supuesto. Cre&#237;amos que estabas destrozada, quiz&#225;s vulnerable. No te perd&#237;amos de vista. Creo que Rick confiaba en que volver&#237;as. En cambio te largaste a una peque&#241;a isla para hacer una org&#237;a privada con Cabeza de Canasta.

Me se&#241;al&#243; de nuevo con el pulgar. Ahora era Cabeza de Canasta.

&#191;Me estabais siguiendo? -pregunt&#243; Terese.

Ten&#237;amos un ojo puesto en ti, s&#237;.

&#191;Durante cu&#225;nto tiempo?

No respondi&#243;. De pronto necesit&#243; desarremangarse.

&#191;Durante cu&#225;nto tiempo, Mario?

Siempre supimos d&#243;nde estabas. No estoy diciendo que continu&#225;ramos hablando de ello y de que llevabas seis a&#241;os en aquel centro de refugiados, no era como si estuvi&#233;semos siempre pendientes de ti. Pero lo sab&#237;amos. Por eso me sorprende verte con Bozo el Musculitos aqu&#237; presente. Cre&#237;amos que hab&#237;as abandonado a este imb&#233;cil hac&#237;a a&#241;os.

De nuevo movi&#243; el pulgar hacia mi rostro.

&#191;Mario?

Me mir&#243;.

Si me se&#241;ala otra vez con el pulgar, se lo har&#233; tragar.

Las amenazas f&#237;sicas del gigant&#243;n del campus -dijo, con una expresi&#243;n de burla en el rostro afilado-. Como si estuviese de nuevo en el instituto.

Estaba a punto de atizarle, pero me dije que no servir&#237;a de nada.

Tenemos algunas preguntas que hacerle -dije.

&#191;Se supone que debo contestarlas? No lo pilla, &#191;verdad? Ella es-taba casada con mi mejor amigo y luego se fue a la cama con usted en una isla desierta. &#191;Sabe c&#243;mo se sinti&#243;?

&#191;Mal?

Eso lo detuvo. Mir&#243; de nuevo a Terese.

Escucha, no pretendo meterte la bronca padre, pero no deber&#237;as estar aqu&#237;. Rick y Karen ten&#237;an algo bueno. T&#250; renunciaste a eso hace mucho.

Mir&#233; a Terese. Hac&#237;a lo imposible por mantenerse firme.

&#191;Me culp&#243;? -pregunt&#243; ella.

&#191;De qu&#233;?

Ella no respondi&#243;.

Los hombros de Mario se hundieron junto con, supuse, su furia. Su voz se suaviz&#243;.

No, Terese, nunca te culp&#243;. Por nada, &#191;vale? Yo te culp&#233; por largarte, y s&#237;, es cierto, aquello no me concern&#237;a. Pero &#233;l nunca te culp&#243;, ni por un segundo.

Ella no dijo nada.

Tengo que prepararme -dijo Mario-. Estoy ayudando a Karen con los arreglos. Arreglos. Como si fuese una obra coral. Qu&#233; palabra m&#225;s imb&#233;cil.

Terese a&#250;n parec&#237;a atontada, as&#237; que intervine.

&#191;Se le ocurre alguna idea de qui&#233;n pudo haberlo matado?

&#191;Qu&#233; pasa, Bolitar, ahora se ha hecho poli?

Est&#225;bamos en Par&#237;s cuando lo mataron.

Se volvi&#243; hacia Terese.

&#191;Viste a Rick?

No tuve la oportunidad.

Pero, &#191;te llam&#243;?

S&#237;.

Maldita sea. -Mario cerr&#243; los ojos. Segu&#237;a sin invitarnos a pasar, as&#237; que m&#225;s o menos me col&#233; en el umbral y &#233;l dio un paso atr&#225;s. Esperaba encontrarme una casa de soltero -no estoy seguro del porqu&#233;-, pero hab&#237;a juguetes en el suelo. Hab&#237;a biberones vac&#237;os en un mostrador.

Me cas&#233; con Ginny -le dijo a Terese-. &#191;La recuerdas?

Por supuesto. Me alegra saber que eres feliz, Mario.

&#201;l se tom&#243; un respiro para tranquilizarse, evaluar las cosas.

Tenemos tres hijos. No dejamos de decir que vamos a comprarnos una casa m&#225;s grande, pero nos gusta este lugar. Adem&#225;s, las casas tienen unos precios de locura en Londres.

No dijimos nada.

As&#237; que Rick te llam&#243; -le dijo Mario a Terese.

S&#237;.

&#201;l sacudi&#243; la cabeza.

Yo romp&#237; el silencio.

&#191;Hab&#237;a alguien que quisiese matar a Rick?

Rick era uno de los mejores reporteros de investigaci&#243;n del mundo. Cabre&#243; a un mont&#243;n de gente.

&#191;Alguien en particular?

No. Sigo sin entender qu&#233; tiene que ver esto con cualquiera de vosotros dos.

Quer&#237;a explic&#225;rselo, pero no ten&#237;amos tiempo.

&#191;Podr&#237;a hacernos el favor de aguantarnos un poco?

&#191;Por qu&#233;, es que va a ser divertido?

Por favor, Mario -intervino Terese-. Es importante.

&#191;En qu&#233; te basas para decir que lo es?

T&#250; me conoces. Sabes que si pregunto es importante.

Pens&#243; en ello.

&#191;Mario?

&#191;Qu&#233; quieres saber?

&#191;En qu&#233; estaba trabajando Rick?

&#201;l desvi&#243; la mirada; se mordi&#243; el labio inferior.

Hace unos meses comenz&#243; a investigar una entidad ben&#233;fica llamada Salvar a los &#193;ngeles.

&#191;Qu&#233; pasa con ellos?

La verdad es que no estoy seguro. Comenzaron como un grupo evang&#233;lico, el t&#237;pico grupo del derecho a la vida, con manifestaciones delante de las cl&#237;nicas abortivas, la planificaci&#243;n familiar, la investigaci&#243;n de c&#233;lulas madre y todo eso. Pero se disolvieron. Estaba obsesionado por averiguar todo lo que pudiera sobre ellos.

&#191;Qu&#233; encontr&#243;?

Poca cosa por lo que vi. La estructura financiera parec&#237;a un tanto extra&#241;a. No pudimos rastrearla. B&#225;sicamente estaban contra el aborto y la investigaci&#243;n de c&#233;lulas madre, y a favor de las adopciones. La verdad es que me pareci&#243; un grupo bastante s&#243;lido. No quiero entrar en la discusi&#243;n entre pro vida y pro libertad de elecci&#243;n, pero creo que ambos bandos estar&#237;an de acuerdo en que la adopci&#243;n es una alternativa viable. &#201;sa parece ser la direcci&#243;n que segu&#237;an. En lugar de poner bombas en las cl&#237;nicas, Salvar a los &#193;ngeles trabajaba para que los embarazos no deseados siguiesen el desarrollo normal y conseguir que se adoptasen a los beb&#233;s.

&#191;Rick estaba interesado en ellos?

S&#237;.

&#191;Por qu&#233;?

No lo s&#233;.

&#191;Qu&#233; lo impuls&#243; a investigarlos?

Tampoco lo s&#233; a ciencia cierta.

Su voz se apag&#243;.

Pero tienes una sospecha.

Comenz&#243; cuando volvi&#243; a casa despu&#233;s de la muerte de su padre. -Mario se volvi&#243; hacia Terese-. &#191;Sabes lo de Sam?

Karen me lo dijo.

Suicidio.

&#191;Estaba enfermo?

Huntington -contest&#243; Mario.

Terese pareci&#243; sorprendida.

&#191;Sam ten&#237;a el mal de Huntington?

Sorprendida, &#191;no? Lo mantuvo oculto, pero cuando empeor&#243;, no quiso pasar por eso. Tom&#243; el camino f&#225;cil.

Pero c&#243;mo nunca lo supe.

Tampoco Rick. Y ya que estamos, tampoco Sam hasta el final.

&#191;C&#243;mo es posible?

&#191;Sabes algo del mal de Huntington? -pregunt&#243; Mario.

Una vez hice un reportaje -respondi&#243; ella-. Es algo estrictamente hereditario. Uno de tus padres tiene que tenerlo. Si es as&#237;, tienes una posibilidad entre dos de contraerlo.

Eso es. La teor&#237;a es que el padre de Sam, el abuelo de Rick, lo ten&#237;a, pero que muri&#243; en Normand&#237;a antes de que la enfermedad se manifestase. As&#237; que Sam no ten&#237;a ni idea.

&#191;Rick se hizo las pruebas? -pregunt&#243; Terese.

No lo s&#233;. Ni siquiera le cont&#243; a Karen toda la historia, solo que su padre hab&#237;a descubierto que ten&#237;a una enfermedad terminal. Pero de todas maneras, se qued&#243; en Estados Unidos durante un tiempo. Creo que se iba a ocupar de poner en orden las cosas de su padre. Fue entonces cuando se enter&#243; de esa entidad llamada Salvar a los &#193;ngeles.

&#191;C&#243;mo?

No tengo ni idea.

Dijiste que estaban contra la investigaci&#243;n de las c&#233;lulas madre. &#191;Estaba eso relacionado de alguna manera con el Huntington?

Podr&#237;a ser, pero Rick me pidi&#243; investigar sobre todo las finanzas. Seguir el dinero. &#201;se siempre es el viejo lema. Rick quer&#237;a saber todo lo posible al respecto, y qu&#233; personas lo dirig&#237;an, hasta que me dijo que abandonase la historia.

&#191;Renunci&#243;?

No. Solo quer&#237;a que yo lo dejase. &#201;l no. Solo yo.

&#191;Sabes por qu&#233;?

No. Apareci&#243; por aqu&#237;, se llev&#243; todos mis archivos y luego dijo algo muy extra&#241;o. -Mario mir&#243; primero a Terese y luego a m&#237;-. Dijo: debes tener cuidado, tienes una familia.

Esperamos.

As&#237; que contest&#233; lo obvio: t&#250; tambi&#233;n. Pero no hizo caso. Vi que estaba muy nervioso. Terese, t&#250; sabes c&#243;mo era. No lo asustaba nada.

Ella asinti&#243;.

Estaba asustado cuando habl&#243; conmigo por tel&#233;fono. As&#237; que intent&#233; que me hablase, que se abriese. No quiso. Se march&#243; a la carrera y no volv&#237; a saber nada de &#233;l. Nunca. Hasta la llamada de hoy.

&#191;Alguna pista de d&#243;nde est&#225;n esos archivos?

Por lo general guarda copias en el despacho.

Podr&#237;a ser de ayuda si pudi&#233;semos verlos.

Mario la mir&#243;.

Por favor, Mario. Sabes que no te lo pedir&#237;a si no fuese importante.

&#201;l continuaba enfadado, pero pareci&#243; comprender.

Ir&#233; a echar una ojeada ma&#241;ana por la ma&#241;ana, &#191;vale?

Mir&#233; a Terese. No estaba seguro de hasta qu&#233; punto deb&#237;amos presionar. Ese hombre parec&#237;a conocer a Rick Collins mejor que cualquiera. Le tocaba hablar a ella.

&#191;Rick te habl&#243; de Miriam &#250;ltimamente? -pregunt&#243;.

Mario alz&#243; la mirada. Se tom&#243; su tiempo; esper&#233; una larga respuesta. Pero todo lo que dijo fue:

No.

Esperamos a que dijese algo m&#225;s. No lo hizo.

Creo -prosigui&#243; Terese- que existe una posibilidad de que Miriam contin&#250;e con vida.

Si Mario Contuzzi sab&#237;a algo al respecto, el tipo ten&#237;a que ser un psic&#243;pata. No estoy diciendo que las personas no puedan mentir, fingir y enga&#241;ar. Lo he visto hacer much&#237;simas veces por alguno de los grandes. La manera en que los grandes lo hacen es enga&#241;&#225;ndose a s&#237; mismos para creer que la mentira es la verdad o que son los psic&#243;patas m&#225;s sinceros. Si Mario sospechaba que Miriam estaba viva, ten&#237;a que encajar en una de estas dos categor&#237;as.

Hizo una cara como si hubiese o&#237;do mal. Su voz ten&#237;a un tono furioso.

&#191;De qu&#233; est&#225;s hablando?

Pero decirlo en voz alta hab&#237;a agotado a Terese. Segu&#237; yo. Intent&#233; mantener un tono de cordura mientras le hablaba de las muestras de sangre y el pelo rubio. No le mencion&#233; haberla visto en el v&#237;deo ni nada de eso. Lo dicho era ya bastante dif&#237;cil de encajar. La mejor manera de presentarlo era con las pruebas cient&#237;ficas -los an&#225;lisis de ADN- y no a partir de mi intuici&#243;n basada en verla caminar en un v&#237;deo de una c&#225;mara de vigilancia.

Durante un buen tiempo no dijo nada.

El an&#225;lisis de sangre tiene que estar equivocado.

Ninguno de los dos dijo nada.

Un momento, creen que vosotros matasteis a Rick, &#191;no?

En un primer momento creyeron que Terese hab&#237;a tenido algo que ver.

&#191;Qu&#233; pasa con usted, Bolitar?

Yo estaba en Nueva Jersey cuando lo asesinaron.

Entonces creen que Terese lo hizo, &#191;no?

S&#237;.

Usted sabe c&#243;mo son los polis. Juegan a confundirte. &#191;Qu&#233; mejor juego mental puede haber que decirle que su hija muerta puede estar viva todav&#237;a?

Fui yo quien entonces torci&#243; el gesto.

&#191;En qu&#233; podr&#237;a ayudar eso para achacarle el crimen?

&#191;C&#243;mo voy a saberlo? Pero vamos, Terese, s&#233; que lo deseas. Demonios, yo tambi&#233;n. Pero, &#191;c&#243;mo puede ser posible?

Una vez que eliminas lo imposible, lo que queda, no importa lo improbable que sea, debe ser la verdad -cit&#233;.

Sir Arthur Conan Doyle -dijo Mario.

S&#237;.

&#191;Hasta ah&#237; llegan sus lecturas, Bolitar?

Estoy dispuesto a llegar hasta donde sea necesario.



17

Cuando est&#225;bamos a una manzana de distancia, Terese dijo:

Tengo que visitar la tumba de Miriam.

Tomamos otro taxi y viajamos en silencio. Cuando llegamos a la reja del cementerio, nos detuvimos en la entrada. Los cementerios siempre tienen una reja y una verja. &#191;Qu&#233; ser&#225; lo que est&#225;n protegiendo?

&#191;Quieres que espere aqu&#237;? -pregunt&#233;.

S&#237;.

As&#237; que me qued&#233; al otro lado de la verja, como si tuviese miedo de pisar el suelo sagrado, que, supongo, ten&#237;a. Mantuve a Terese a la vista por razones de seguridad, pero cuando se puso de rodillas me volv&#237; y comenc&#233; a caminar. Pens&#233; en lo que estar&#237;a pasando por su mente, las im&#225;genes que desfilaban por su cabeza. No era una buena idea, as&#237; que llam&#233; a Esperanza a Nueva York.

Tard&#243; seis toques en responder.

Hay una diferencia horaria, imb&#233;cil.

Mir&#233; mi reloj. Eran las cinco de la ma&#241;ana en Nueva York.

Vaya -exclam&#233;.

&#191;Qu&#233; pasa ahora?

Decid&#237; empezar a lo grande. Le habl&#233; a Esperanza del resultado de la prueba de ADN y de la muchacha rubia.

&#191;Es su hija?

Al parecer.

Eso -dijo Esperanza- es un gran foll&#243;n.

Lo es.

&#191;Qu&#233; necesitas de m&#237;?

Cog&#237; un mont&#243;n de fotos, extractos de tarjetas de cr&#233;dito, tel&#233;fonos, de todo, y te las envi&#233; por e-mail. Ah, y hay algo extra&#241;o sobre unos &#243;palos y algo en cosas pendientes.

&#191;&#211;palos como las piedras?

No tengo ni idea. Puede ser un c&#243;digo.

Soy terrible con los c&#243;digos.

Yo tambi&#233;n, pero quiz&#225;s algo cuadre. De cualquier manera, comencemos por averiguar en qu&#233; estaba metido Rick Collins. Su padre se suicid&#243;. -Le di el nombre y la direcci&#243;n-. Quiz&#225;s podamos investigarlo.

&#191;Investigar un suicidio?

S&#237;.

&#191;Investigarlo para qu&#233;?

Para ver si hay algo sospechoso, no lo s&#233;.

Hubo un silencio. Comenc&#233; a caminar.

&#191;Esperanza?

Me gusta.

&#191;Qui&#233;n?

Margaret Thatcher. &#191;De qui&#233;n estamos hablando? Terese, idiota. T&#250; me conoces. Odio a todas tus novias.

Pens&#233;.

&#191;Te gusta Ali? -dije.

Me gusta. Es una buena persona.

&#191;Escucho un pero?

Pero no es para ti.

&#191;Por qu&#233; no?

No hay intangibles -respondi&#243;.

&#191;Y eso qu&#233; significa?

&#191;Qu&#233; te convierte en un gran atleta? -pregunt&#243; Esperanza-. No un buen atleta. Hablo de un nivel profesional, un miembro del primer equipo O&#237;d American, de todo eso.

Habilidad, trabajo duro, la gen&#233;tica.

Hay muchos tipos que lo tienen. Pero lo que los separa, lo que divide a los grandes de los casi, son los intangibles.

&#191;Qu&#233; pasa con Ali y yo?

No hay intangibles.

Escuch&#233; a un beb&#233; llorar de fondo. El hijo de Esperanza, H&#233;ctor, ten&#237;a dieciocho meses.

Sigue sin dormir toda la noche -dijo Esperanza-, as&#237; que te imaginas lo entusiasmada que estoy con tu llamada.

Lo siento.

Lo superar&#233;. Cu&#237;date. Dile a Terese que no afloje. Ya aclararemos esto.

Colg&#243;. Mir&#233; el tel&#233;fono. Por lo general Win y Esperanza odian cuando me meto en cosas como &#233;stas. De pronto toda renuencia hab&#237;a desaparecido. Me pregunt&#233; por qu&#233;.

Al otro lado de la calle, un hombre con gafas, zapatillas de baloncesto Chuck Taylor negras y una camiseta verde pas&#243; con toda tranquilidad. Mis antenas comenzaron a zumbar. Ten&#237;a el pelo corto y oscuro. Tambi&#233;n lo era su piel, lo que llamamos sem&#237;tico, lo que yo a menudo confundo con latino, &#225;rabe, griego o, joder, italiano.

Lleg&#243; a la esquina y desapareci&#243;. Esper&#233; a ver si volv&#237;a a aparecer. No lo hizo. Mir&#233; alrededor para ver si alguien m&#225;s hab&#237;a entrado en escena. Pasaron varias personas m&#225;s, pero ninguna puso en marcha mis antenas.

Cuando Terese reapareci&#243; ten&#237;a los ojos secos.

&#191;Cogemos un taxi? -pregunt&#243;.

&#191;Conoces esta zona?

S&#237;.

&#191;Hay alguna estaci&#243;n de metro cerca?

Casi pod&#237;a escuchar a Win diciendo: En Londres, Myron, lo llamamos el tubo o el subterr&#225;neo.

Asinti&#243;. Caminamos dos calles. Ella abr&#237;a la marcha.

S&#233; que esto suena como la pregunta m&#225;s idiota conocida por la humanidad -comenc&#233;-, pero, &#191;est&#225;s bien?

Terese asinti&#243;.

&#191;Crees en alguna cosa sobrenatural?

&#191;A qu&#233; te refieres?

Fantasmas, esp&#237;ritus, percepci&#243;n extrasensorial, cualquiera de esas cosas.

No. &#191;Por qu&#233;, t&#250; s&#237;?

No respondi&#243; a la pregunta directamente.

&#201;sta es tan solo la segunda vez que visito la tumba de mi hija.

Met&#237; la tarjeta de cr&#233;dito en la m&#225;quina expendedora y dej&#233; que Terese apretase los botones correctos.

Detesto estar ah&#237;. No porque me infunda tristeza. Sino porque no siento nada. Cualquiera creer&#237;a que todo ese sufrimiento, todas las l&#225;grimas que se han derramado all&#237; &#191;alguna vez te has parado a pensar en ello en un cementerio? Cu&#225;ntas personas han llorado. Cu&#225;ntas personas han dicho el &#250;ltimo adi&#243;s a los seres queridos. Piensas, no s&#233;, que todo ese sufrimiento humano se levantar&#237;a en peque&#241;as part&#237;culas para formar algo as&#237; como una sensaci&#243;n c&#243;smica negativa. Quiz&#225;s un cosquilleo en los huesos, un temblor helado en la nuca, algo.

Pero t&#250; nunca lo sentiste -dije.

Nunca. Toda la idea de enterrar a los muertos y de poner una l&#225;pida sobre los restos parece un desperdicio de espacio, algo que se conserva desde una &#233;poca supersticiosa.

Sin embargo -se&#241;al&#233;-, hoy quisiste volver.

No para presentar mis respetos.

Entonces, &#191;para qu&#233;?

Esto te parecer&#225; una locura.

Adelante.

Quise volver para ver si algo hab&#237;a cambiado en la &#250;ltima d&#233;cada. Para ver si esta vez pod&#237;a sentir alguna cosa.

No suena como una locura.

No sentir de esa manera. No lo estoy diciendo bien. Cre&#237; que venir aqu&#237; podr&#237;a ayudarme.

&#191;De qu&#233; manera?

Terese continu&#243; caminando.

Ah&#237; est&#225; la cosa. Supuse -Se detuvo, trag&#243; saliva.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#233;.

Parpade&#243; a la luz del sol.

No creo en lo sobrenatural, pero, &#191;sabes en qu&#233; creo?

Sacud&#237; la cabeza.

Creo en el v&#237;nculo maternal. No s&#233; de qu&#233; otra manera decirlo. Soy su madre. &#201;se es el v&#237;nculo m&#225;s poderoso conocido por la humanidad, &#191;no? El amor de una madre por su hijo es superior a todo. Por lo tanto, deber&#237;a sentir algo, de una manera u otra. Deber&#237;a ser capaz de estar junto a la tumba y saber si mi propia hija est&#225; viva o no. &#191;Sabes a qu&#233; me refiero?

Mi reacci&#243;n instintiva era ofrecerle un rollo compasivo como por ejemplo &#191;C&#243;mo podr&#237;as? o No te martirices m&#225;s, pero me detuve antes de decir una estupidez. Tengo un hijo, al menos biol&#243;gico. Ahora es mayor y est&#225; haciendo su segunda temporada de servicio en ultramar, esta vez en Kabul. Me preocupo a todas horas por &#233;l y, si bien no lo creo posible, no dejo de pensar que sabr&#237;a si algo malo le ocurriese. Sentir&#237;a o imaginar&#237;a un viento helado en el interior de mi pecho o alguna tonter&#237;a como &#233;sa.

S&#233; a qu&#233; te refieres.

Bajamos por una escalera mec&#225;nica que parec&#237;a no acabar nunca. Mir&#233; atr&#225;s. Ninguna se&#241;al del hombre de las gafas.

&#191;Y ahora qu&#233;? -pregunt&#243; Terese.

Volvemos al hotel. Comenzar&#225;s a mirar lo que encontramos en casa de Karen. Piensa en el c&#243;digo del &#243;palo, a ver d&#243;nde te lleva. Esperanza te enviar&#225; por mail lo que encuentre. Algo le ocurri&#243; a Rick hace poco; algo que le hizo cambiar su vida y buscarte. Lo mejor que podemos hacer ahora mismo es intentar descubrir qui&#233;n lo mat&#243;, por qu&#233; y en qu&#233; estaba trabajando en los &#250;ltimos meses. Por lo tanto, necesitas revisar sus cosas, ver qu&#233; salta a la vista.

&#191;Qu&#233; piensas de nuestra conversaci&#243;n con Karen? -pregunt&#243; Terese.

Vosotras dos estabais muy unidas, &#191;no?

S&#237;, mucho.

Entonces te lo dir&#233; cort&#233;smente: no creo que Karen fuese del todo sincera. &#191;Y t&#250;?

Antes de hoy hubiese dicho que le confiar&#237;a mi vida -contest&#243; Terese-. Pero tienes raz&#243;n. Est&#225; mintiendo en algo.

&#191;Se te ocurre qu&#233; puede ser?

No.

Volvamos atr&#225;s y probemos otra cosa. Dime todo lo que recuerdas del accidente.

&#191;Crees que oculto algo?

Por supuesto que no. Pero ahora que sabes todo esto, me pregunto si hay alguna cosa de aquella noche que pueda parecerte diferente.

No, nada. -Mir&#243; a trav&#233;s de la ventanilla, pero solo estaba la oscuridad del t&#250;nel-. He pasado la &#250;ltima d&#233;cada intentando olvidar aquella noche.

Lo comprendo.

No, no lo comprendes. He vuelto a repasar aquella noche en mi cabeza cada d&#237;a durante los &#250;ltimos diez a&#241;os.

No dije nada.

He mirado aquella noche desde todos los &#225;ngulos. Lo he pensado todo, he pensado en todos los si hubiese: si hubiese conducido m&#225;s lento, si hubiese tomado una ruta diferente, si la hubiese dejado en casa, si no hubiese tenido tanta ambici&#243;n, todo. No hay nada m&#225;s que recordar.

Nos bajamos del vag&#243;n y caminamos hacia la salida.

Cuando entramos en el vest&#237;bulo, vibr&#243; mi m&#243;vil. Win me hab&#237;a enviado el siguiente mensaje:


LLEVA A TERESE AL &#193;TICO. LUEGO VE A LA HABITACI&#211;N 118. SOLO.


Dos segundos m&#225;s tarde, Win a&#241;adi&#243;:


POR FAVOR, EVITA RESPONDER CON COMENTARIO INGENIOSO Y HOM&#211;FOBO REFERENTE A SOLO.


Win era la &#250;nica persona que conoc&#237;a con una verborrea superior en los textos que en persona. Llev&#233; a Terese al &#225;tico. Hab&#237;a un port&#225;til con conexi&#243;n a Internet. Se lo se&#241;al&#233;.

Quiz&#225;s puedas investigar a esa entidad, Salvar a los &#193;ngeles.

&#191;Ad&#243;nde vas? -pregunt&#243;.

Abajo. Win quiere hablar conmigo.

&#191;No puedo ir?

Dijo que solo.

No me gusta mucho la idea -se&#241;al&#243; Terese.

Tampoco a m&#237;, pero me resulta m&#225;s conveniente no preguntar.

&#191;Hasta qu&#233; punto llega su locura?

Win es cuerdo. Solo que en exceso racional. Ve las cosas en blanco y negro. -Luego a&#241;ad&#237;-: Tiende a ser de esos para los que el fin justifica los medios.

Sus medios pueden ser bastante expeditivos -afirm&#243; ella.

S&#237;.

Lo recuerdo de cuando te ayud&#233; a encontrar a aquel donante.

No dije nada.

Win no estar&#225; intentando evitar herir mis sentimientos, &#191;verdad?

Win y preocuparse por los sentimientos de una mujer. -Imit&#233; con las manos el oscilar de una balanza-. No creo que eso sea posible.

Ser&#225; mejor que vayas.

S&#237;.

&#191;Me dir&#225;s qu&#233; pasa?

Lo m&#225;s probable es que no. Si Win no quiere contarte una cosa es por tu bien. Tienes que confiar en &#233;l.

Terese asinti&#243; y se levant&#243;.

Voy a ducharme y despu&#233;s me pondr&#233; con internet.

Vale.

Fue hacia el dormitorio. Yo hacia la puerta que daba al pasillo.

&#191;Myron?

Me volv&#237; hacia ella. Me miraba. Era hermosa, vulnerable, fuerte y estaba all&#237; como si se estuviese preparando para recibir un golpe, y yo quer&#237;a ponerme delante y protegerla.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#233;.

Yo te quiero -dijo Terese.

Lo dijo as&#237;. Mir&#225;ndome de lleno, hermosa, vulnerable y fuerte. Algo en mi pecho se remont&#243; y ech&#243; a volar. Me qued&#233; all&#237;, inm&#243;vil, sin poder articular palabra.

S&#233; que no podr&#237;a ser peor el momento y no quiero que interfiera en lo que estamos haciendo ahora. Pero sea como sea, si Miriam est&#225; viva o resulta la peor de las bromas pesadas, quiero que lo sepas: te quiero. Cuando esto se acabe, sea cual sea el resultado, quiero m&#225;s que nada que t&#250; y yo lo intentemos.

Abr&#237; y cerr&#233; la boca; la abr&#237; de nuevo.

Estoy m&#225;s o menos saliendo con alguien.

Lo s&#233;. S&#233; que el momento es fatal. Pero no pasa nada. Si t&#250; la quieres, entonces ya est&#225;. Si no, aqu&#237; estoy.

Terese no esper&#243; una respuesta. Se volvi&#243;, abri&#243; la puerta del dormitorio y desapareci&#243; en el interior.



18

Entr&#233; tambale&#225;ndome en el ascensor.

&#191;C&#243;mo dec&#237;a aquella canci&#243;n de Snow Patrol de hace un par de a&#241;os? Aquellas tres palabras dicen tanto pero no son suficientes.

Una mierda. Eran suficientes.

Pens&#233; en Ali en Arizona. Pens&#233; en Terese de pie all&#237; dici&#233;ndome que me quer&#237;a. Era probable que Terese estuviese en lo cierto; la mejor respuesta era no permitir que interfiriese. Pero estaba all&#237;. Y me carcom&#237;a.

Las cortinas estaban echadas en la habitaci&#243;n 118.

Iba a encender las luces, pero entonces me lo pens&#233; mejor. Win estaba sentado en una butaca. Escuch&#233; el tintinear del hielo en lo que fuese que estaba bebiendo. El alcohol nunca parec&#237;a afectar a Win, aunque era muy temprano.

Me sent&#233; delante de &#233;l. Hab&#237;amos sido amigos durante mucho tiempo. Nos conocimos como estudiantes en la Universidad de Duke. Recuerdo haber visto su foto en el libro de nuevos estudiantes el primer d&#237;a que llegu&#233; al campus. El pie de la foto lo citaba como Windsor Horne Lockwood III de alguna escuela muy pretenciosa del Main Line de Filadelfia. Ten&#237;a la cabellera perfecta y la expresi&#243;n altiva. Mi padre y yo acab&#225;bamos de subir todas mis maletas hasta mi habitaci&#243;n del cuarto piso. T&#237;pico de mi padre. Me llev&#243; a Carolina del Norte desde Nueva Jersey, sin quejarse ni una vez, insistiendo en cargar las cosas m&#225;s pesadas &#233;l mismo, nos sentamos para descansar un poco y yo comenc&#233; a pasar las p&#225;ginas del libro, le se&#241;al&#233; la foto de Win y dije:

Eh, pap&#225;, mira a este tipo. Apuesto a que no lo ver&#233; nunca en los cuatro a&#241;os.

Estaba equivocado.

Durante mucho tiempo sent&#237; que Win era indestructible. Hab&#237;a matado a muchos, pero a nadie que no pareciese merecerlo, y s&#237;, s&#233; lo inquietante que resulta. Pero la edad tiene su propia manera de ganar terreno en todos nosotros. Aquello que parece exc&#233;ntrico e inquietante cuando tienes los veinte o treinta se convierte en algo m&#225;s cercano a lo pat&#233;tico a los cuarenta.

Ser&#225; dif&#237;cil conseguir el permiso para exhumar el cuerpo -comenz&#243; Win-. No tenemos ning&#250;n motivo para la petici&#243;n.

&#191;Qu&#233; pasa con los resultados de la prueba de ADN?

Las autoridades francesas se niegan a entregar los resultados. Tambi&#233;n intent&#233; la ruta m&#225;s directa: un soborno.

&#191;Nadie dispuesto a aceptarlo?

Todav&#237;a no. Lo habr&#225;, pero llevar&#225; alg&#250;n tiempo, cosa que al parecer no tenemos.

Pens&#233;.

&#191;Tienes alguna sugerencia?

S&#237;.

Te escucho.

Sobornamos a los sepultureros. Lo hacemos nosotros mismos esta noche al amparo de la oscuridad. Solo necesitamos una peque&#241;a muestra. La enviamos a nuestro laboratorio, comparamos el ADN con el de Terese -levant&#243; la copa- y ya est&#225;.

Macabro -dije.

Y efectivo.

&#191;Crees que tiene alg&#250;n sentido?

&#191;Qu&#233; quieres decir?

Sabemos cu&#225;l ser&#225; el resultado.

D&#237;melo.

Escuch&#233; el tono en la voz de Berleand. Habl&#243; de prematuro e inconcluyente, pero ambos lo sabemos. Vi a aquella muchacha en el v&#237;deo de vigilancia. Vale, no su rostro y desde lejos. Pero tiene el andar de su madre, si sabes a lo que me refiero.

&#191;Qu&#233; pasa con el culo de su madre? -pregunt&#243; Win-. &#201;sa ser&#237;a una prueba concluyente.

Me limit&#233; a mirarlo.

&#201;l exhal&#243; un suspiro.

Los gestos a menudo dicen m&#225;s que las facciones o incluso la estatura -admiti&#243;-. Entendido.

S&#237;.

T&#250; y tu hijo lo ten&#233;is -coment&#243; Win-. Cuando se sienta, sacude la pierna como lo haces t&#250;. Tiene tus movimientos, la manera c&#243;mo tus dedos se separan de la pelota, en el momento de lanzar, aunque no tus resultados.

No creo que Win hubiese mencionado antes a mi hijo.

Todav&#237;a tenemos la necesidad de hacerlo -dije. Pens&#233; de nuevo en el axioma de Sherlock Holmes de eliminar lo imposible-. Al final del d&#237;a, la respuesta m&#225;s obvia es alg&#250;n tipo de error en el an&#225;lisis de ADN de Berleand. Necesitamos saberlo a ciencia cierta.

De acuerdo.

Detestaba la idea de profanar una tumba, sobre todo la de alguien que hab&#237;a muerto tan peque&#241;a. Se lo comentar&#237;a a Terese, pero ella hab&#237;a dejado muy claro c&#243;mo se sent&#237;a respecto a aquello de ceniza a las cenizas. Le dije a Win que siguiese adelante.

&#191;Por eso quer&#237;as verme a solas? -pregunt&#233;.

No.

Win bebi&#243; un largo trago, se levant&#243; y llen&#243; su copa. No se molest&#243; en ofrecerme. Sab&#237;a que no tolero el alcohol. Aunque mido un metro noventa y peso casi ciento diez kilos, soy incapaz de soportar el alcohol de la misma manera que una chica de diecis&#233;is a&#241;os que toma su primer c&#243;ctel.

T&#250; viste el v&#237;deo de la chica rubia en el aeropuerto -dijo.

S&#237;.

Y ella estaba con el hombre que te atac&#243;. El que aparece en la foto.

T&#250; lo sabes.

Lo s&#233;.

Entonces, &#191;qu&#233; pasa?

Apret&#243; un bot&#243;n del m&#243;vil y se lo acerc&#243; a la oreja.

Por favor, re&#250;nase con nosotros.

Se abri&#243; la puerta de la habitaci&#243;n vecina. Entr&#243; una mujer alta con un traje chaqueta azul oscuro. Ten&#237;a el pelo negro azabache y los hombros anchos. Parpade&#243;, se llev&#243; la mano a los ojos y pregunt&#243;:

&#191;Por qu&#233; est&#225;n tan bajas las luces?

Ten&#237;a acento brit&#225;nico. Como era cosa de Win, supuse que la mujer era algo del estilo de Mii. Pero no era el caso. Cruz&#243; la habitaci&#243;n y tom&#243; asiento.

Ella -dijo Win-, pertenece a la Interpol aqu&#237; en Londres.

Dije algo rutinario, como Es un placer. Ella asinti&#243; y mir&#243; mi rostro como si fuese una pintura moderna que no entendiese del todo.

D&#237;gaselo -pidi&#243; Win.

Win me envi&#243; la foto del hombre al que usted atac&#243;.

Yo no lo ataqu&#233;. &#201;l me apunt&#243; con un arma.

Lucy Probert lo descart&#243; con un gesto como si fuese basura en el mar.

Mi divisi&#243;n en la Interpol se ocupa del tr&#225;fico internacional de ni&#241;os. Tal vez piensa que el mundo de ah&#237; es algo bastante perverso, pero cr&#233;ame, es mucho m&#225;s perverso de lo que imagina. Los cr&#237;menes a los que me enfrento; bueno, se puede enloquecer con lo que las personas hacen con los m&#225;s vulnerables. En nuestra batalla contra esa depravaci&#243;n, su amigo Win ha sido un aliado muy valioso.

Mir&#233; al mencionado amigo y como siempre su rostro no revel&#243; nada. Durante mucho tiempo, Win hab&#237;a sido -a falta de un t&#233;rmino mejor- un vigilante. Sal&#237;a por las noches y se paseaba por las calles m&#225;s peligrosas de Nueva York o Filadelfia con la ilusi&#243;n de ser atacado para as&#237; acabar con aquellos que atacaban a los m&#225;s d&#233;biles. Le&#237;a de un pervertido que hab&#237;a salido bien librado debido a un tecnicismo legal o alg&#250;n maltratador que hab&#237;a conseguido que su esposa retirase la denuncia, y &#233;l les hac&#237;a lo que llam&#225;bamos una visita nocturna. Hubo el caso de un ped&#243;filo que la polic&#237;a sab&#237;a que hab&#237;a secuestrado a una ni&#241;a pero se negaba a hablar. Se vieron obligados a soltarlo. Win le hizo una visita nocturna. Habl&#243;. Encontraron a la ni&#241;a, ya muerta. Nadie sabe d&#243;nde est&#225; ahora el ped&#243;filo.

Hab&#237;a pensado que quiz&#225;s Win lo hab&#237;a dejado o al menos hab&#237;a aminorado el ritmo, pero ahora me daba cuenta de que no hab&#237;a sido as&#237;. Hab&#237;a comenzado a hacer m&#225;s viajes al extranjero. Hab&#237;a sido un valioso aliado en la lucha contra el tr&#225;fico de ni&#241;os.

As&#237; que cuando Win me pidi&#243; un favor -prosigui&#243; Lucy-, se lo hice. De todas maneras, &#233;sta parec&#237;a una petici&#243;n bastante inocua; introducir la foto que el capit&#225;n Berleand le hab&#237;a enviado en el programa de b&#250;squeda y dar con una identificaci&#243;n. Algo ordinario, &#191;no?

As&#237; es.

Pues no. En la Interpol tenemos muchas maneras de identificar a las personas a partir de las fotos. Por ejemplo, est&#225; el software de reconocimiento facial.

&#191;Se&#241;orita Probert?

S&#237;.

En realidad no necesito una lecci&#243;n de tecnolog&#237;a.

Fant&#225;stico, porque no tengo el tiempo ni las ganas de darle una. Lo que quiero decir es que peticiones as&#237; son bastante habituales. Introduje la foto en el sistema antes de acabar la jornada, suponiendo que el ordenador la procesar&#237;a durante la noche y me dar&#237;a una respuesta. &#191;Eso es simplificar las cosas demasiado para usted?

Asent&#237;, al comprender que ser&#237;a un error interrumpirla. Era obvio que estaba inquieta y yo no ayudaba.

As&#237; que cuando llegu&#233; al trabajo esta ma&#241;ana, esperaba tener una identidad para comunic&#225;rsela. Pero no fue &#233;se el caso. En cambio, &#191;c&#243;mo puedo decir esto cort&#233;smente?, fue como si a alguien se le hubiese ocurrido lanzar por la ventana todo tipo de residuos intestinales. Alguien hab&#237;a revisado mi escritorio. Hab&#237;an accedido a mi ordenador y realizado una b&#250;squeda. No me pregunte c&#243;mo lo s&#233;; lo s&#233;.

Se detuvo y comenz&#243; a buscar en el bolso. Encontr&#243; un cigarrillo y se lo puso en los labios.

Malditos norteamericanos y su cruzada contra el tabaco. Si uno de ustedes dice algo acerca de las reglas de no fumar

Ninguno de los dos lo hizo.

Lo encendi&#243;, dio una profunda calada y solt&#243; el humo.

En resumen, aquella foto estaba clasificada o era m&#225;ximo secreto o pongan ustedes su propia terminolog&#237;a.

&#191;Sabe por qu&#233;?

&#191;Por qu&#233; estaba clasificada?

S&#237;.

No. Estoy en un cargo muy alto de la cadena alimentaria de la Interpol. Si estaba por encima de mi cabeza, es que se trata de algo ultrasensible. Su foto hizo sonar las alarmas hasta lo m&#225;s alto. Me llamaron al despacho de Mickey Walter, el gran jefe de Londres. No hab&#237;a tenido el honor de ser recibida por Mickey en dos a&#241;os. Me llam&#243;, me hizo sentar y quiso saber de d&#243;nde hab&#237;a conseguido la foto y por qu&#233; hab&#237;a hecho la petici&#243;n.

&#191;Qu&#233; le dijo?

Ella mir&#243; a Win y supe la respuesta.

Que hab&#237;a recibido el soplo de una fuente fiable de que el hombre de la foto pod&#237;a estar involucrado en el tr&#225;fico de ni&#241;os.

&#191;Le pidi&#243; el nombre de la fuente?

Por supuesto.

&#191;Usted se lo dio?

Yo hubiese insistido -intervino Win.

No ten&#237;a alternativa -afirm&#243; la mujer-. Lo hubiesen averiguado de todas maneras. Si buscaban en mis registros de tel&#233;fono o mis correos electr&#243;nicos, pod&#237;an rastrearlo.

Mir&#233; a Win. Ninguna reacci&#243;n. Ella estaba equivocada; no hubiesen podido rastrearlo, pero comprend&#237; cu&#225;l era su situaci&#243;n. A todas luces se trataba de algo grande. No cooperar hubiese sido el final de su carrera y quiz&#225;s algo peor. Win hubiese hecho bien en insistir en que ella diese nuestros nombres.

&#191;Y ahora qu&#233;?

Quieren hablar conmigo -dijo Win.

&#191;Saben que est&#225;s aqu&#237;?

No, todav&#237;a no. Mi procurador les ha informado de que me presentar&#233; voluntariamente dentro de una hora. Estamos alojados aqu&#237; con un nombre falso, pero si lo buscan acabar&#225;n por encontrarnos.

La mujer mir&#243; su reloj.

Ser&#225; mejor que me vaya.

Pens&#233; en el tipo de las gafas de sol que hab&#237;a puesto en marcha mis antenas.

&#191;Hay alguna probabilidad de que alguno de los suyos me est&#233; siguiendo?

Lo dudo.

Es usted sospechosa -se&#241;al&#233;-. &#191;C&#243;mo sabe que no la siguieron hasta aqu&#237;?

Ella mir&#243; a Win.

&#191;Es imb&#233;cil o sencillamente sexista?

Win se lo pens&#243;.

Sexista.

Soy agente de la Interpol. Tomo precauciones.

Pero no las precauciones suficientes como para que no te pillasen. Me guard&#233; el pensamiento. No era justo. Ella no pod&#237;a saber que poner aquella foto en el sistema provocar&#237;a una explosi&#243;n.

Todos nos levantamos. Ella me estrech&#243; la mano y bes&#243; la mejilla de Win. Win y yo volvimos a sentarnos cuando se march&#243;.

&#191;Qu&#233; vas a decirle a la Interpol? -pregunt&#233;.

&#191;Hay alguna raz&#243;n para mentir?

No, que yo sepa.

Entonces les dir&#233; la verdad; la mayor parte. Mi mejor amigo, que ser&#237;as t&#250;, fue atacado por ese hombre en Par&#237;s. Quer&#237;a saber qui&#233;n era. Cubriremos a Lucy sosteniendo que le ment&#237; diciendo que el hombre estaba involucrado en el tr&#225;fico de ni&#241;os.

Que por lo que sabemos es una posibilidad.

Muy cierto.

&#191;Te importa si le hablo a Terese de esto?

Siempre que dejes fuera el nombre de Lucy.

Asent&#237;.

Necesitamos conseguir una identificaci&#243;n de ese tipo.

Baj&#233; con Win hasta el vest&#237;bulo un tanto espectacular del Claridge's. No hab&#237;a ning&#250;n cuarteto de cuerdas interpretando conciertos, pero deber&#237;an tenerlo. La decoraci&#243;n era moderna de clase alta brit&#225;nica, que equivale a decir una mezcla de ingl&#233;s antiguo y art d&#233;co, hecho en un estilo lo bastante relajado para los turistas vestidos con t&#233;janos y lo bastante altivo como para imaginar que algunas sillas y quiz&#225;s las molduras del techo frunzan sus aristocr&#225;ticas narices con cierto desprecio. Me gustaba. En cuanto Win se march&#243;, camin&#233; hacia el ascensor cuando algo me detuvo.

Las zapatillas de baloncesto Chuck Taylor negras.

Me mov&#237; hacia los ascensores, me detuve y me palp&#233; los bolsillos. Me volv&#237; con una expresi&#243;n de desconcierto, como si acabase de darme cuenta de que hab&#237;a olvidado algo. Myron Bolitar, el gran actor. Aprovech&#233; la oportunidad para mirar con discreci&#243;n al hombre con las zapatillas negras.

Nada de gafas. Esta vez una sudadera azul. Una gorra de b&#233;isbol que no hab&#237;a estado all&#237; en el cementerio. Pero lo sab&#237;a. Era mi tipo. Y era bueno. Las personas tienen la tendencia a recordar muy poco. Un tipo con gafas y el pelo corto. Si te pones una gorra y una sudadera sobre la camiseta, nadie se fijar&#225; en ti a menos que miren mucho.

Casi se me hab&#237;a escapado, pero ahora lo sab&#237;a a ciencia cierta: me segu&#237;a. El chico del cementerio hab&#237;a vuelto.

Hab&#237;a varias maneras de jugar, pero no estaba de humor para mostrarme t&#237;mido. Camin&#233; por el angosto pasillo hacia las habitaciones que usaban para reuniones y conferencias. Era domingo, as&#237; que estaban vac&#237;as. Me cruc&#233; de brazos, me apoy&#233; en la entrada del guardarropa y esper&#233; a que apareciese mi hombre.

Cuando lo hizo -cinco minutos m&#225;s tarde-, lo cog&#237; por la camiseta y lo arrastr&#233; al interior del guardarropa.

&#191;Por qu&#233; me est&#225; siguiendo?

Me mir&#243; desconcertado.

&#191;Es mi barbilla prominente? &#191;Mis hipn&#243;ticos ojos azules? &#191;Mi bien formado culo? Por cierto, &#191;me hacen parecer gordo estos pantalones? D&#237;game la verdad.

El hombre me mir&#243; otro segundo, quiz&#225;s dos, y entonces hizo lo que yo hab&#237;a hecho antes: atac&#243;.

Comenz&#243; con un golpe en el rostro con la base de la palma. Lo par&#233;. Se gir&#243; para lanzar un codazo. R&#225;pido. M&#225;s r&#225;pido de lo que hab&#237;a esperado. El golpe aterriz&#243; en el costado izquierdo de mi barbilla. Mov&#237; la cabeza para disminuir el impacto, pero as&#237; y todo sent&#237; como se sacud&#237;an los dientes. Continu&#243; con el ataque, lanzando otro golpe, luego un puntapi&#233; lateral, seguido por un pu&#241;etazo al cuerpo. El golpe al cuerpo fue el m&#225;s duro, en la parte inferior de las costillas. Doler&#237;a. Si alguna vez ve el boxeo en televisi&#243;n, incluso por casualidad, oir&#225; que cualquier comentarista dir&#225; las mismas cosas: los golpes al cuerpo son acumulativos. El oponente los sentir&#225; en el &#250;ltimo asalto. Eso es verdad pero no del todo. Los golpes al cuerpo tambi&#233;n duelen en el momento. Te hacen encoger y bajar las defensas.

Ten&#237;a problemas.

Parte de mi cerebro comenz&#243; a reprocharme: menuda estupidez hacer esto sin un arma o sin Win como respaldo. No obstante, la mayor parte de mi cerebro ya se hab&#237;a puesto en el modo de supervivencia. Incluso la pelea al parecer m&#225;s inocente -en un bar, en un campo de f&#250;tbol, donde sea- hace que tu adrenalina se dispare porque tu cuerpo sabe aquello que tu mente no quiere aceptar: esto va de supervivencia. Existe la probabilidad de que mueras.

Ca&#237; al suelo y me apart&#233; rodando sobre m&#237; mismo. El guardarropa era peque&#241;o. Ese tipo sab&#237;a lo que se hac&#237;a. No se apart&#243;, intentaba darme pisotones, perseguirme. Me dio un puntapi&#233; en la cabeza; las estrellas explotaron como sacadas de una pel&#237;cula de dibujos animados. Me pregunt&#233; si deb&#237;a gritar pidiendo ayuda, cualquier cosa que consiguiera detenerlo.

Rod&#233; otra vez y quiz&#225;s otra m&#225;s para tomar nota de su ritmo. Dej&#233; el vientre desprotegido, con la ilusi&#243;n de que decidiese descargarme un puntapi&#233;. Lo hizo. En el momento en que empez&#243; a doblar la rodilla invert&#237; el rodar hacia &#233;l, doblado por la cintura, con las manos preparadas. El puntapi&#233; aterriz&#243; en medio de la tripa, pero yo estaba preparado. Le sujet&#233; el pie contra el cuerpo con ambas manos y rod&#233; con fuerza. &#201;l ten&#237;a dos alternativas. Dejarse caer al suelo de inmediato o ver c&#243;mo se le part&#237;a el hueso del tobillo como una rama seca.

Sab&#237;a lanzar golpes mientras ca&#237;a, pero la mayor parte de ellos no fueron efectivos.

Ambos est&#225;bamos en el suelo. Yo estaba magullado y mareado, pero ten&#237;a dos grandes ventajas. Una, que a&#250;n le sujetaba el pie, aunque notaba que aflojaba la sujeci&#243;n. Dos, ahora que est&#225;bamos en el suelo, el tama&#241;o se volvi&#243; importante, y lo digo sin segundas. Le sujetaba la pierna con ambas manos. Intent&#243; abrirse paso a pu&#241;etazos. Me acerqu&#233; a &#233;l metiendo la cabeza en su pecho. Cuando un oponente te est&#225; arrojando pu&#241;etazos, la mayor&#237;a de las personas creen que deben dejarle espacio al tipo. Pero es justo lo contrario. Apoyas el rostro en su pecho y disminuyes su potencia. Eso fue lo que hice.

Intent&#243; pegarme en las orejas, pero para eso necesitaba las dos manos, y se hac&#237;a vulnerable. Levant&#233; la cabeza con fuerza y muy r&#225;pido y lo alcanc&#233; debajo de la barbilla. Cay&#243; hacia atr&#225;s. Me lanc&#233; encima.

En aquel momento la lucha era cuesti&#243;n de fuerza, t&#233;cnica y tama&#241;o. Le hab&#237;a derrotado en dos de tres: fuerza y tama&#241;o. Yo a&#250;n estaba mareado por el ataque inicial, pero el golpe con la cabeza hab&#237;a ayudado. A&#250;n le sujetaba la pierna. Se la gir&#233; con fuerza. &#201;l rod&#243; con ella y fue entonces cuando cometi&#243; su gran error.

Volvi&#243; su espalda hacia m&#237;, dej&#225;ndola a la vista.

Lo solt&#233; y me ech&#233; encima suyo, con mis piernas cerr&#225;ndose alrededor de su cintura, mi brazo derecho alrededor del cuello. Sab&#237;a lo que le ven&#237;a a continuaci&#243;n. El miedo hizo que comenzase a titubear. Baj&#243; la barbilla para parar mi codo. Le pegu&#233; en la nuca con un golpe de palma. Eso lo debilit&#243;. Me apresur&#233; a sujetarle la frente y la tir&#233; hacia atr&#225;s. Intent&#243; resistirse, pero le hab&#237;a levantado la barbilla lo suficiente. Mi codo pas&#243; por debajo de la abertura y lleg&#243; a su garganta. La llave estranguladora a punto.

Ya lo ten&#237;a. Solo era cuesti&#243;n de tiempo.

Entonces o&#237; un sonido, mejor dicho una voz, que gritaba algo en un idioma extranjero. Dud&#233; en soltarlo para ver qui&#233;n era, pero me mantuve en mi posici&#243;n. &#201;se fue mi error. Un segundo hombre hab&#237;a entrado en el cuarto. Me golpe&#243; en la nuca, seguramente con un golpe dado con el canto de la mano, un cl&#225;sico golpe de karate. Un entumecimiento me domin&#243; como si todo mi cuerpo se hubiese convertido en un hueso de la m&#250;sica golpeado de la manera equivocada. Afloj&#233; la llave.

Escuch&#233; que el hombre gritaba de nuevo, en el mismo idioma extranjero. Me confundi&#243;. El primer hombre se escap&#243; de mi sujeci&#243;n, jadeando en busca de aliento. Rod&#243; sobre s&#237; mismo. Ahora eran dos. Mir&#233; al segundo hombre. Me apuntaba con un arma.

Estaba acabado.

No se mueva -me dijo el hombre con acento extranjero.

Mi cerebro busc&#243; una salida, pero estaba demasiado lejos. El primer hombre se levant&#243;. A&#250;n jadeaba con fuerza. Nos miramos el uno al otro, nuestras miradas se cruzaron, y vi algo extra&#241;o en sus ojos. No era odio. Quiz&#225;s respeto. No lo s&#233;.

Mir&#233; de nuevo al hombre que llevaba el arma.

No se mueva -dijo por segunda vez-, y no nos siga.

Entonces ambos escaparon.



19

Fui tambaleando hasta el ascensor. Esperaba llegar a mi habitaci&#243;n sin ser visto, pero el ascensor se detuvo en el vest&#237;bulo. Una familia de seis norteamericanos mir&#243; mi camisa rota, la boca sangrando y todo el resto, sin embargo entraron y saludaron. Durante los pisos siguientes presenci&#233; como la hermana mayor incordiaba a su hermano, la madre rogaba que dejaran de hacerlo, el padre intentaba no hacerles caso y los otros dos hermanos se pellizcaban el uno al otro cuando los padres no miraban.

Cuando llegu&#233; a la habitaci&#243;n, Terese se desesper&#243;, pero solo por unos momentos. Me ayud&#243; y llam&#243; a Win. Win llam&#243; a un m&#233;dico. El doctor lleg&#243; sin tardanza y declar&#243; que no hab&#237;a nada roto. Estar&#237;a bien. Me dol&#237;a la cabeza, probablemente se trataba de una conmoci&#243;n. Anhelaba descansar. El doctor me dio algo y todo se volvi&#243; un tanto difuso. Lo siguiente que recuerdo fue notar la presencia de Win al otro lado de la habitaci&#243;n a oscuras. Abr&#237; un ojo y despu&#233;s el otro.

Eres un idiota -dijo Win.

No, estoy bien, de verdad, no empieces con las preocupaciones.

Tendr&#237;as que haberme esperado.

A nadie le gustan los tipos que te dan la lata con ya te lo dije despu&#233;s de que pasan las cosas.

Me esforc&#233; por sentarme. Mi cuerpo estaba m&#225;s o menos dispuesto, pero mi cabeza protest&#243; con fuerza. Me la sujet&#233; con las dos manos, con la voluntad de evitar que se partiese.

Creo que he aprendido algo -dije.

Te escucho.

Las cortinas a&#250;n estaban abiertas. Hab&#237;a anochecido. Consult&#233; mi reloj. Eran las diez de la noche, y record&#233; algo.

El cementerio.

&#191;Qu&#233; pasa con el cementerio?

&#191;Van a exhumar el cad&#225;ver?

&#191;Todav&#237;a quieres intentarlo?

Asent&#237; y me vest&#237; deprisa. No me molest&#233; en despedirme de Terese. Lo hab&#237;amos hablado antes. Ella no ve&#237;a ninguna raz&#243;n para estar all&#237;. Win hab&#237;a llamado a una limusina para que nos recogiese en la entrada, entramos en un aparcamiento privado y entonces cambiamos de coches.. -Ten-dijo Win.

Me dio un rev&#243;lver peque&#241;o, un NAA Black Widow. Lo mir&#233;.

&#191;Un veintid&#243;s?

Normalmente Win prefer&#237;a las armas grandes. Algo as&#237; como un bazuca o un lanzagranadas.

El Reino Unido tiene unas leyes muy estrictas respecto a llevar armas. -Me dio una pistolera para el tobillo-. Ser&#225; mejor que la mantengas oculta.

&#191;Es eso lo que llevas t&#250;?

Cielos, no. &#191;Quieres algo m&#225;s grande?

No quer&#237;a. Me sujet&#233; la pistolera al tobillo. Me recordaba a una tobillera que usaba cuando jugaba al baloncesto.

Cuando llegamos al cementerio, esperaba sentir, c&#243;mo decirlo, algo morboso, pero no. Hab&#237;a dos hombres junto a la fosa y ya casi hab&#237;an acabado. Ambos vest&#237;an ch&#225;ndales de color azul marino. La mayor parte de la excavaci&#243;n la hab&#237;an hecho horas antes con una peque&#241;a excavadora amarilla que hab&#237;a aparcada a la derecha como si contemplase su obra. Los dos tipos de ch&#225;ndal solo ten&#237;an que apartar una delgada capa de tierra de la tapa del f&#233;retro para abrirlo y sacar unas pocas muestras, un trozo de hueso o algo as&#237;. Luego lo cerrar&#237;an y volver&#237;an a taparlo con la tierra.

Quiz&#225;s ahora s&#237; me sent&#237;a morboso.

Una lluvia muy fina cay&#243; sobre nosotros. Mir&#233; hacia abajo. Win hizo lo mismo. Estaba oscuro, pero nuestros ojos se hab&#237;an acomodado lo suficiente para ver las sombras. Los hombres estaban agachados, casi fuera de nuestra vista.

Dijiste que hab&#237;as aprendido algo.

Asent&#237;.

Los hombres que me segu&#237;an. Hablaban hebreo y sab&#237;an el Krav Maga.

El Krav Maga es el arte marcial israel&#237;.

Y eran buenos -a&#241;adi&#243; Win.

&#191;Ves adonde quiero ir a parar?

Un buen sabueso, un buen peleador, se va sin matarte, habla en hebreo. -Win asinti&#243;-. El Mossad.

Explica el inter&#233;s despertado.

Debajo de nosotros escuchamos maldecir a uno de los hombres.

&#191;Hay alg&#250;n problema? -pregunt&#243; Win.

Pusieron una cerradura en el f&#233;retro -dijo una voz. Encendi&#243; una linterna. Ahora todos ve&#237;amos el ata&#250;d-. Por todos los diablos, &#191;por qu&#233;? Mi casa no tiene una cerradura de este tipo. Estamos intentando abrirlo con diferentes llaves.

R&#243;mpalo -orden&#243; Win.

&#191;Est&#225; seguro?

&#191;Qui&#233;n se va a enterar?

Los dos hombres soltaron una carcajada de la manera que solo pod&#237;an hacerlo dos hombres que excavasen una tumba.

Es verdad -admiti&#243; uno.

Win volvi&#243; su atenci&#243;n hacia m&#237;.

&#191;Por qu&#233; Rick Collins estar&#237;a involucrado con el Mossad?

No se me ocurre.

&#191;Por qu&#233; un accidente de coche ocurrido hace diez a&#241;os despierta el inter&#233;s del servicio secreto israel&#237;?

Tampoco se me ocurre.

Win lo pens&#243;.

Llamar&#233; a Zona. Quiz&#225;s ella pueda ayudarnos.

Zorra era un travest&#237; muy peligroso que nos hab&#237;a ayudado en el pasado y que hab&#237;a trabajado para el Mossad a finales de los ochenta.

Podr&#237;a funcionar. -Pens&#233; sobre ello-. Supongamos que el tipo que golpe&#233; con la mesa era del Mossad. Eso explicar&#237;a algunas cosas.

Como que la Interpol se pusiese de los nervios cuando intentamos conseguir una identificaci&#243;n -dijo Win.

Tambi&#233;n pens&#233; en ello.

Pero si era del Mossad, &#191;qui&#233;n era el tipo al que le dispar&#233;?

Win pens&#243; en eso.

A&#250;n no sabemos lo suficiente. Llamemos a Zorra a ver qu&#233; puede encontrar.

Escuchamos el ruido de esfuerzos y golpes que ven&#237;an desde abajo. Entonces una voz grit&#243;:

Ya est&#225;.

Miramos abajo. La linterna mostr&#243; dos manos que levantaban una tapa. Los hombres gru&#241;eron por el esfuerzo. El ata&#250;d ten&#237;a un tama&#241;o regular. Eso me sorprendi&#243;. Hab&#237;a esperado algo m&#225;s peque&#241;o para una ni&#241;a de siete a&#241;os. Pero quiz&#225;s ah&#237; estaba la cuesti&#243;n, &#191;no? Quiz&#225;s era eso lo que me estaba salvando de sentirme fatal: no cre&#237;a que fu&#233;semos a encontrar el esqueleto de una ni&#241;a de siete a&#241;os.

No quer&#237;a mirar m&#225;s, as&#237; que me apart&#233;. Estaba all&#237; solo para observar, para asegurarme de que sacasen una muestra de la tumba. Ya era locura sin saber que todo lo relacionado con esta prueba era contundente. Si daba negativo, no quer&#237;a que alguien dijese: Pero, &#191;c&#243;mo sabe usted que era de la tumba correcta? O: &#191;Quiz&#225;s ellos solo dijeron que cavaron, pero no lo hicieron? Quer&#237;a eliminar todas las variables posibles.

El ata&#250;d est&#225; abierto- avis&#243; uno de los sepultureros.

Vi a Win que miraba abajo. Otra voz sali&#243; del agujero en un susurro.

Jes&#250;s bendito.

Luego silencio.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#233;.

Un esqueleto -respondi&#243; Win, sin desviar la mirada-. Peque&#241;o. Con toda probabilidad de un ni&#241;o.

Todos nos quedamos inm&#243;viles.

Tome una muestra -dijo Win.

&#191;Qu&#233; clase de muestra? -pregunt&#243; uno de los sepultureros.

Un hueso. Un trozo de tela si encuentra alguno. Gu&#225;rdelos en esas bolsas de pl&#225;stico.

Ah&#237; hab&#237;a enterrada una ni&#241;a. Supongo que en realidad no lo esperaba. Mir&#233; a Win.

&#191;Es posible que estemos equivocados?

Win se encogi&#243; de hombros.

El ADN no miente.

Entonces si &#233;sta no es Miriam Collins, &#191;de qui&#233;n es el esqueleto?

Hay otras posibilidades -se&#241;al&#243; Win.

&#191;Como cu&#225;les?

Hice que uno de mis hombres investigase un poco. Alrededor de la fecha del accidente, desapareci&#243; una ni&#241;a peque&#241;a de Brentwood. La gente estaba segura de que el padre la hab&#237;a matado, pero el cuerpo nunca se encontr&#243;. El padre contin&#250;a en libertad hasta el d&#237;a de hoy.

Pens&#233; en lo que Win hab&#237;a dicho.

Tienes raz&#243;n. Nos estamos adelantando a los hechos.

Win no hizo ning&#250;n comentario.

Mir&#233; de nuevo al interior del agujero. Un rostro sucio nos alcanz&#243; una bolsa de pl&#225;stico.

Todo suyo, compa&#241;ero. Buena suerte y v&#225;yase al infierno.

Win y yo nos marchamos entonces, con un peque&#241;o trozo de hueso de una ni&#241;a a la que hab&#237;amos sacado de su tranquilo sue&#241;o en mitad de la noche.



20

Llegamos al Claridge's a las dos de la ma&#241;ana. Win se fue de inmediato para disfrutar un poco de Mii. Yo me di una larga ducha caliente. Cuando mir&#233; en el minibar de la habitaci&#243;n, una peque&#241;a sonrisa cruz&#243; mi rostro. Estaba lleno de Yoo-Hoos. De chocolate. As&#237; era Win.

Me beb&#237; uno fr&#237;o y esper&#233; a que el az&#250;car hiciese efecto. Encend&#237; el televisor y fui cambiando de canales, porque eso es lo que hacen los hombres de verdad. Series norteamericanas de la temporada pasada. La puerta de Terese estaba cerrada, pero no cre&#237;a que durmiese. Permanec&#237; solo y respir&#233; profundamente.

El reloj marcaba las dos de la ma&#241;ana. Las ocho de la tarde en Nueva York. Las cinco de la tarde en Scottsdale, Arizona.

Mir&#233; mi tel&#233;fono. Pens&#233; en Ali, Erin y Jack en Arizona. No sab&#237;a gran cosa de Arizona. Era el desierto, &#191;no? &#191;Qui&#233;n quiere vivir en el desierto?

Marqu&#233; el n&#250;mero de m&#243;vil de Ali. Son&#243; tres veces antes de que respondiese con un desconfiado:

&#191;Hola?

Hola.

Tu n&#250;mero no aparece en el identificador de llamadas -dijo Ali.

Tengo otro tel&#233;fono, pero es el mismo n&#250;mero.

Silencio.

&#191;D&#243;nde est&#225;s? -pregunt&#243; Ali.

En Londres.

&#191;Londres, en Inglaterra?

S&#237;.

Escuch&#233; un sonido. Me pareci&#243; que era Jack. Ali dijo: Un momento, cari&#241;o, estoy al tel&#233;fono. Advert&#237; que no dijo con quien hablaba por tel&#233;fono. Por lo general lo hubiese hecho.

No sab&#237;a que estabas en el extranjero -dijo Ali.

Recib&#237; una llamada de un amigo con problemas. Ella estaba

&#191;Ella?

Me detuve.

S&#237;.

Vaya, no has tardado mucho.

Estaba a punto de decir que no era lo que cre&#237;a, pero me detuve.

La conozco desde hace diez a&#241;os.

Ya veo. Entonces solo una s&#250;bita visita a Londres para ver a una vieja amiga.

Silencio.

Entonces escuch&#233; de nuevo la voz de Jack que preguntaba qui&#233;n estaba al tel&#233;fono. El sonido viajaba a trav&#233;s de alg&#250;n desierto de Estados Unidos y a trav&#233;s del Oc&#233;ano Atl&#225;ntico y hac&#237;a que me encogiese.

Tengo que irme, Myron. &#191;Quer&#237;as alguna cosa?

Buena pregunta. Quiz&#225;s la hab&#237;a, pero no era el momento.

Creo que no.

Colg&#243; sin decir palabra. Mir&#233; el tel&#233;fono, sent&#237; el peso, entonces pens&#233;, espera un segundo: Ali lo hab&#237;a acabado, &#191;no? &#191;No lo hab&#237;a dejado bien claro, cu&#225;ndo, hac&#237;a dos d&#237;as? Adem&#225;s, en realidad, &#191;qu&#233; hab&#237;a querido conseguir con esa maldita llamada telef&#243;nica?

&#191;Por qu&#233; hab&#237;a llamado?

&#191;Porque detestaba los cabos sueltos? &#191;Porque quer&#237;a hacer lo correcto, fuese lo que fuese lo que significase?

El dolor de la pelea comenzaba a reaparecer. Me levant&#233;, me desperec&#233; e intent&#233; mantener los m&#250;sculos relajados. Mir&#233; la puerta de Terese. Estaba cerrada. Me acerqu&#233; y espi&#233; en la habitaci&#243;n. La luz estaba apagada. Permanec&#237; atento a su respiraci&#243;n. Ning&#250;n sonido. Comenc&#233; a cerrar la puerta.

Por favor, no te vayas -dijo Terese.

Me detuve y respond&#237;:

Intenta dormir.

Por favor.

Siempre he intentado ir con mucho cuidado cuando se trata de asuntos del coraz&#243;n. Siempre hice lo correcto. Nunca fing&#237;. Excepto por aquella vez en una isla hac&#237;a diez a&#241;os. Me preocupaban los sentimientos y las repercusiones y lo que ven&#237;a despu&#233;s.

No te vayas -dijo ella de nuevo.

No lo hice.

Cuando nos besamos, hubo una tensi&#243;n y luego una explosi&#243;n, un dejarse ir como nunca hab&#237;a sentido antes, un dejarse ir como si te quedases muy quieto y te rindieses, y tu coraz&#243;n late contra las costillas, y tu pulso se dispara y tus rodillas se aflojan, tus dedos se curvan, tus orejas se levantan y todas las partes de tu cuerpo se relajan y te entregas felizmente.

Aquella noche sonre&#237;mos. Lloramos. Bes&#233; aquel precioso hombro desnudo. Y por la ma&#241;ana, ella se hab&#237;a marchado de nuevo.


Pero solo de la cama.

Encontr&#233; a Terese tomando caf&#233; en la sala. La cortina estaba abierta. Para citar una vieja canci&#243;n, el sol de la ma&#241;ana en su rostro mostraba su edad; y me gustaba. Vest&#237;a el albornoz del hotel y estaba un poco entreabierto, solo un indicio del bot&#237;n que tapaba. No creo haber visto nunca nada tan hermoso.

Terese me mir&#243; y sonri&#243;.

Hola -le dije.

Acaba de una vez con las frases seductoras. Ya me has llevado a la cama.

Maldita sea, me pas&#233; toda la noche ensay&#225;ndola.

Bueno, de todas maneras has estado despierto toda la noche. &#191;Caf&#233;?

S&#237;, por favor.

Lo sirvi&#243;. Me sent&#233; a su lado con sumo cuidado. La paliza estaba haci&#233;ndose sentir. Hice una mueca y pens&#233; en tomar alguno de los analg&#233;sicos que el m&#233;dico me hab&#237;a dejado. Pero no enseguida. Quer&#237;a estar sentado con esa mujer espectacular y tomar nuestro caf&#233; en silencio.

Celestial -dijo ella.

S&#237;.

Desear&#237;a que pudi&#233;semos quedarnos aqu&#237; para siempre.

No estoy seguro de poder permitirme pagar la habitaci&#243;n.

Ella sonri&#243;. Tendi&#243; la mano para coger la m&#237;a.

&#191;Quieres escuchar algo terrible?

Dime.

Parte de m&#237; quiere olvidar todo esto y escapar contigo.

Sab&#237;a a qu&#233; se refer&#237;a.

He so&#241;ado tantas veces con esta oportunidad de redenci&#243;n Ahora que quiz&#225;s ha llegado, no puedo evitar la sensaci&#243;n de que me destruir&#225;.

Me mir&#243;.

&#191;T&#250; qu&#233; piensas?

No dejar&#233; que te destruya -respond&#237;.

Su sonrisa era triste.

&#191;Crees que tienes ese poder?

Ten&#237;a raz&#243;n, pero algunas veces hago declaraciones tontas como &#233;sas.

Entonces, &#191;qu&#233; quieres hacer?

Descubrir qu&#233; pas&#243; en realidad aquella noche.

De acuerdo.

No tienes por qu&#233; ayudar -dijo.

Tengo que hacerlo, sobre todo despu&#233;s de lo que dijiste anoche.

Es verdad.

&#191;Cu&#225;l es nuestro pr&#243;ximo paso? -pregunt&#233;.

Acabo de hablar por tel&#233;fono con Karen. Le dije que hab&#237;a llegado el momento de decirlo todo.

&#191;Qu&#233; respondi&#243;?

No protest&#243;. Nos encontraremos dentro de una hora.

&#191;Quieres que te acompa&#241;e?

Ella sacudi&#243; la cabeza.

Esta vez tenemos que estar las dos solas.

De acuerdo.

Permanecimos sentados all&#237; y tomamos nuestro caf&#233;; no quer&#237;amos movernos, ni hablar, ni hacer nada.

Terese rompi&#243; el silencio:

Uno de nosotros deber&#237;a decir: En cuanto a lo de anoche.

Te lo dejar&#233; a ti.

Fue de puta madre.

Sonre&#237;.

S&#237;. Sab&#237;a que deb&#237;a dej&#225;rtelo a ti.

Se levant&#243;. La mir&#233;. Solo vest&#237;a el albornoz. Se&#241;oras, ah&#243;rrense los encajes, sus Victoria's Secret, sus tangas, sus medias de seda, sus picard&#237;as. A m&#237; que me den una mujer hermosa con un albornoz siempre que quieran.

Me voy a dar una ducha -dijo.

&#191;Es una invitaci&#243;n?

No.

Oh.

No hay tiempo.

Puedo ser r&#225;pido.

Lo s&#233;. Pero cuando lo haces, no es tu mejor trabajo.

Ay.

Se inclin&#243; y me bes&#243; suavemente en los labios.

Gracias.

Estaba a punto de soltar una respuesta burlona -algo as&#237; como d&#237;selo a todas tus amigas u otra dienta satisfecha-, pero algo en su tono me contuvo. Algo en su tono me abrum&#243; y me hizo sufrir. Le apret&#233; la mano y permanec&#237; en silencio, y luego la mir&#233; mientras se alejaba.



21

Win me ech&#243; una mirada y dijo:

Por fin has mojado.

Iba a discutir, pero, &#191;qu&#233; sentido ten&#237;a?

S&#237;.

Detalles, por favor.

Un caballero no besa y luego lo cuenta.

Me mir&#243; desconsolado.

T&#250; sabes que me encantan los detalles.

Y t&#250; sabes que nunca te los cuento.

Sol&#237;as dejarme mirar. Cuando sal&#237;amos con Emily en la facultad, t&#250; sol&#237;as dejarme mirar por la ventana.

No te dejaba. T&#250; lo hac&#237;as. Cuando arreglaba aquella persiana, t&#250; por lo general la volv&#237;as a romper. Eres un cerdo, &#191;lo sab&#237;as?

Algunos me llamar&#237;an un amigo interesado.

Pero la mayor&#237;a te llamar&#237;a un cerdo.

Win se encogi&#243; de hombros.

Qui&#233;reme con todos mis defectos.

&#191;D&#243;nde estamos? -pregunt&#233;.

Ambos est&#225;bamos mojando.

Aparte de eso.

Se me acaba de ocurrir algo -dijo Win.

Te escucho.

Quiz&#225;s haya una explicaci&#243;n m&#225;s simple sobre c&#243;mo lleg&#243; lasangre de la muchacha muerta a la escena del crimen. Aquella organizaci&#243;n ben&#233;fica Salvar a los &#193;ngeles. Una de las cosas que hacen es la investigaci&#243;n con c&#233;lulas madre, &#191;no?

Supongo que de alguna manera. Creo que est&#225;n en contra.

Sabemos que Rick Collins quiz&#225;s descubri&#243; que ten&#237;a la enfermedad de Huntington. Su padre desde luego la ten&#237;a.

Te sigo.

La gente en la actualidad guarda la sangre de los cordones umbilicales de sus hijos; la congelan o hacen algo as&#237; para un uso futuro. Est&#225; repleta de c&#233;lulas madre y la idea es que en alg&#250;n lugar o en alg&#250;n momento esas c&#233;lulas madre pueden salvar la vida de tu hijo, incluso la tuya. Quiz&#225;s Rick Collins guard&#243; la de su hija. Cuando descubri&#243; que ten&#237;a la enfermedad de Huntington, decidi&#243; que pod&#237;a utilizarla.

Las c&#233;lulas madre no curan el mal de Huntington.

No, todav&#237;a no.

O sea que t&#250; crees que ten&#237;a la sangre del cord&#243;n umbilical congelada cuando lo asesinaron y entonces, qu&#233;, &#191;se derriti&#243;?

Win se encogi&#243; de hombros.

Esa hip&#243;tesis tiene menos sentido que la de que Miriam Collins haya estado viva todo este tiempo.

&#191;Qu&#233; pasa con el pelo rubio?

Hay muchas rubias en este mundo. La mujer que t&#250; viste bien pod&#237;a ser otra.

Pens&#233;.

As&#237; y todo sigue sin decirnos qui&#233;n mat&#243; a Rick Collins.

Es verdad.

Todav&#237;a creo que, sea lo que sea, esto comenz&#243; con el accidente de coche de hace diez a&#241;os. Sabemos que Nigel Manderson minti&#243;.

As&#237; es -admiti&#243; Win.

Karen Tower est&#225; ocultando algo.

&#191;Qu&#233; pasa con ese tipo, Mario?

&#191;Qu&#233; pasa con &#233;l?

&#191;Est&#225; ocultando algo?

Pens&#233; sobre ello.

Puede ser. Lo ver&#233; esta ma&#241;ana para buscar entre los archivos de trabajo de Rick. Entonces har&#233; otro intento con &#233;l.

Despu&#233;s tambi&#233;n tenemos a los israel&#237;es, quiz&#225;s el Mossad, que te siguen. Llam&#233; a Zorra. Ella hablar&#225; con sus fuentes.

Bien.

Por &#250;ltimo, tu enfrentamiento parisino y aquella foto que levant&#243; la alarma en la jerarqu&#237;a de la Interpol.

&#191;Tu entrevista con la Interpol fue bien?

Formularon preguntas; yo les relat&#233; mi historia.

Hay una cosa que no entiendo -dije-. &#191;C&#243;mo es que todav&#237;a no me han pillado a m&#237;?

Win sonri&#243;.

Ya sabes por qu&#233;.

Me siguen.

Respuesta correcta.

&#191;Los has visto?

Un coche negro en la esquina, a la derecha.

Es probable que el Mossad tambi&#233;n me est&#233; siguiendo.

Eres un hombre muy popular.

Es porque s&#233; escuchar a la gente. A la gente le gusta un buen oyente.

Desde luego.

Tambi&#233;n soy muy divertido en las fiestas.

Y un bailar&#237;n muy elegante. &#191;Qu&#233; quieres hacer con los que te esp&#237;an?

Me gustar&#237;a perderlos de vista.

Ning&#250;n problema.


Perder a tu sombra es bastante f&#225;cil. En este caso, Win nos meti&#243; en un coche con los cristales tintados. Fuimos a un aparcamiento subterr&#225;neo con varias salidas. El coche se march&#243;. Aparecieron otros dos. Entr&#233; en uno, Win en el otro.

Terese estaba ahora con Karen. Yo iba de camino para ver a Mario Contuzzi.

Veinte minutos m&#225;s tarde, toqu&#233; el timbre del apartamento de Contuzzi. Ninguna respuesta. Consult&#233; mi reloj. Hab&#237;a llegado unos cinco minutos antes. Pens&#233; en el caso, en c&#243;mo la Interpol se hab&#237;a puesto como loca por aquella foto.

&#191;Qui&#233;n era el tipo que me apunt&#243; con un arma en Par&#237;s?

Hab&#237;a intentado todos los caminos para dar con la identidad del hombre. Quiz&#225;s, si ten&#237;a un minuto libre, deber&#237;a intentar la ruta m&#225;s directa.

Llam&#233; al tel&#233;fono privado de Berleand.

Dos timbrazos despu&#233;s, respondi&#243; una voz y dijo algo en franc&#233;s.

Por favor, querr&#237;a hablar con el capit&#225;n Berleand.

Est&#225; de vacaciones. &#191;En qu&#233; puedo ayudarle?

&#191;Vacaciones? Intent&#233; imaginarme a Berleand disfrutando de un tiempo de ocio en la playa de Cannes, pero la figura no encajaba.

De verdad, necesito ponerme en contacto con &#233;l.

&#191;Puedo preguntar qui&#233;n lo llama?

No ten&#237;a ning&#250;n sentido no decirlo.

Myron Bolitar.

Lo siento. Est&#225; de vacaciones.

Por favor, &#191;podr&#237;a ponerse en contacto con &#233;l y pedirle que llame a Myron Bolitar? Es urgente.

Espere un momento.

Esper&#233;.

Un minuto m&#225;s tarde, otra voz -&#233;sta &#225;spera y con un acento norteamericano perfecto- apareci&#243; en el tel&#233;fono.

&#191;Puedo ayudarlo?

No lo creo. Quiero hablar con el capit&#225;n Berleand.

Puede hablar conmigo, se&#241;or Bolitar.

Pero es que usted no suena como un hombre muy agradable -se&#241;al&#233;.

No lo soy. Ha sido divertido c&#243;mo se escap&#243; de nuestra vigilancia, pero esto no es gracioso.

&#191;Qui&#233;n es usted?

Puede llamarme agente especial Jones.

&#191;Puedo llamarlo superagente especial Jones? &#191;D&#243;nde est&#225; el capit&#225;n Berleand?

El capit&#225;n Berleand est&#225; de vacaciones.

&#191;Desde cu&#225;ndo?

Desde que le envi&#243; a usted aquella foto violando el protocolo. &#201;l fue el que le envi&#243; aquella foto, &#191;no?

Titube&#233;. Entonces dije:

No.

Seguro. &#191;D&#243;nde est&#225; usted, Bolitar?

En el interior del apartamento de Contuzzi sonaba el tel&#233;fono. Una, dos, tres veces.

&#191;Bolitar?

Se detuvo al sexto timbrazo.

Sabemos que todav&#237;a est&#225; en Londres. &#191;D&#243;nde est&#225;?

Colgu&#233; y mir&#233; hacia la puerta de Mario. El tel&#233;fono que llamaba -sonaba como deb&#237;a sonar un tel&#233;fono, no como el tono de un m&#243;vil- hab&#237;a sonado como el de una l&#237;nea terrestre. Vaya. Apoy&#233; la mano en la puerta. Era gruesa y resistente. Apoy&#233; la oreja en la fr&#237;a superficie, marqu&#233; el n&#250;mero de Mario y vi como aparec&#237;a el n&#250;mero en la pantalla de mi m&#243;vil. La conexi&#243;n tard&#243; un par de segundos.

Cuando escuch&#233; el d&#233;bil sonar del m&#243;vil de Mario a trav&#233;s de la puerta -el tel&#233;fono fijo hab&#237;a sido fuerte; &#233;ste no- el miedo inund&#243; mi pecho. Bien pod&#237;a no tener importancia, pero en la actualidad la mayor&#237;a de las personas no recorren ni la m&#225;s m&#237;nima distancia, incluido las visitas al ba&#241;o, sin el m&#243;vil enganchado o encima. Se puede lamentar este hecho, pero las posibilidades de que un tipo quetrabaja en las noticias de la tele deje el m&#243;vil detr&#225;s mientras se va al despacho parec&#237;an remotas.

&#191;Mario? -grit&#233;.

Comenc&#233; a aporrear la puerta.

&#191;Mario?

No esperaba que respondiese. Apoy&#233; de nuevo la oreja en la puerta para escuchar no sab&#237;a qu&#233;, quiz&#225;s un gemido. Un gru&#241;ido. Una llamada. Algo.

Ning&#250;n sonido.

Consider&#233; mis opciones. No muchas. Me ech&#233; hacia atr&#225;s, levant&#233; el pie y golpe&#233; la puerta. No se movi&#243;.

Reforzada con acero, amigo. Nunca la echar&#225; abajo.

Me volv&#237; hacia la voz. El hombre vest&#237;a un chaleco de cuero negro sin camisa o camiseta debajo y, lamento decirlo, no ten&#237;a un f&#237;sico muy agraciado. Su cuerpo, demasiado a la vista, era delgado y fofo. Llevaba un aro en la nariz. Se estaba quedando calvo y el poco pelo que le quedaba estaba peinado como un indio mohicano. Calcul&#233; su edad en unos cincuenta y algo. Parec&#237;a que hab&#237;a salido de un bar gay en 1979 y que acabase de llegar a casa.

&#191;Conoce a los Contuzzi? -pregunt&#233;.

El hombre sonri&#243;. Esperaba otra pesadilla dental, pero mientras que el resto de su cuerpo pasaba por varias etapas de decadencia, sus dientes resplandec&#237;an.

Ah -dijo-. Es norteamericano.

S&#237;.

Amigo de Mario, &#191;no?

No hab&#237;a ning&#250;n motivo para entrar a darle una larga explicaci&#243;n.

S&#237;.

Bueno, &#191;qu&#233; puedo decirle, compa&#241;ero? Por lo general son una pareja muy discreta, pero ya sabe lo que dicen: cuando la esposa no est&#225;, el rat&#243;n baila.

&#191;A qu&#233; se refiere?

Ten&#237;a una chica ah&#237; dentro. Tuvo que alquilarla, ya sabe a qu&#233; me refiero. La m&#250;sica era estridente, y muy mala. The Eagles. Dios, ustedes los norteamericanos deber&#237;an estar avergonzados.

H&#225;bleme de la chica.

&#191;Por qu&#233;?

No ten&#237;a tiempo para m&#225;s. Saqu&#233; mi arma. No lo apunt&#233;. Solo la saqu&#233;.

Pertenezco a la polic&#237;a norteamericana-dije-. Me preocupa que Mario pueda estar en serio peligro.

Si mi arma o las s&#250;plicas hab&#237;an molestado al aspirante a Billy Idol, no me di cuenta. Encogi&#243; los hombros huesudos.

&#191;Qu&#233; puedo decirle? Joven, rubia, no la vi bien. Apareci&#243; anoche cuando yo sal&#237;a.

Joven, rubia. Mi coraz&#243;n empez&#243; a latir deprisa.

Necesito entrar en ese apartamento.

No puede abrirse paso a puntapi&#233;s. Se romper&#225; el pie.

Apunt&#233; con mi arma a la cerradura.

Un momento. &#191;De verdad cree que est&#225; en peligro?

S&#237;.

Exhal&#243; un suspiro.

Hay una llave auxiliar encima de la puerta. En el marco, all&#237;.

Levant&#233; la mano y la pas&#233; por el borde del marco de la puerta. All&#237; estaba la llave. La met&#237; en la cerradura. Billy Idol se puso a mi lado. El pestazo del humo de cigarrillo se desprend&#237;a de su cuerpo como si lo hubiesen usado como cenicero. Abr&#237; la puerta y entr&#233;. Billy Idol me sigui&#243; pegado a los talones. Dimos dos pasos y nos quedamos inm&#243;viles.

Oh, Jes&#250;s bendito

No dije nada. Mir&#233;, incapaz de moverme. Lo primero que vi fueron los pies de Mario. Estaban atados a la mesa de centro con cinta pl&#225;stica. Los juguetes que hab&#237;a visto estaban desparramados a un lado. Me pregunt&#233; si Mario los hab&#237;a mirado en sus &#250;ltimos segundos de vida.

Los pies estaban desnudos. Junto a ellos hab&#237;a un taladro. Hab&#237;a unos peque&#241;os agujeros, diminutos c&#237;rculos perfectos de color rojo terroso, a trav&#233;s de los dedos y en el tal&#243;n. Los agujeros los hab&#237;an hecho con el taladro. Recuper&#233; el movimiento de las piernas y me acerqu&#233;. Hab&#237;a otras marcas de taladro. En las rodillas. En las costillas. Mis ojos se movieron poco a poco hacia el rostro. Hab&#237;a marcas de taladro debajo de la nariz, en las mejillas y en la boca, otra en la barbilla. El rostro afilado de Mario me miraba, los ojos torcidos. Hab&#237;a muerto en una terrible agon&#237;a.

Billy Idol susurr&#243; de nuevo:

Oh, Jes&#250;s bendito.

&#191;A qu&#233; hora escuch&#243; la m&#250;sica fuerte?

&#191;Qu&#233;?

No tuve la fuerza para repetirlo de nuevo, pero &#233;l lo pill&#243;.

A las cinco de la ma&#241;ana.

Torturado. La m&#250;sica la hab&#237;an utilizado para cubrir los gritos. No quer&#237;a tocar nada, pero la sangre parec&#237;a bastante fresca. El polvo de hueso ensuciaba el suelo. Mir&#233; de nuevo el taladro. El ruido de la broca y los gritos mientras atravesaba la carne y el cart&#237;lago y penetraba el hueso.

Entonces pens&#233; en Terese, a solo unas pocas manzanas de distancia con Karen. Ech&#233; a correr hacia la puerta.

&#161;Llame a la polic&#237;a! -grit&#233;.

Espere, &#191;ad&#243;nde va?

No ten&#237;a tiempo para responder. Guard&#233; el arma y saqu&#233; mi m&#243;vil sin dejar de correr. Marqu&#233; el n&#250;mero de Terese. Una llamada. Dos llamadas. Tres. El coraz&#243;n amenazaba con estallar en mi pecho. Apret&#233; el bot&#243;n del ascensor varias veces. Mir&#233; a una ventana durante el cuarto timbrazo y entonces la vi. Me miraba.

La muchacha rubia de la furgoneta.

Me vio, dio media vuelta y corri&#243;. No alcanc&#233; a verle bien el rostro. En realidad, pod&#237;a haber sido cualquier muchacha rubia. Excepto que no lo era. Era la misma muchacha. Estaba seguro.

&#191;Qu&#233; demonios estaba pasando?

Mi cabeza empez&#243; a dar vueltas. Comenc&#233; a buscar las escaleras, pero se abri&#243; la puerta del ascensor. Entr&#233; y apret&#233; el bot&#243;n del vest&#237;bulo.

La llamada a Terese pas&#243; al buz&#243;n de voz.

No pod&#237;a ser. Deb&#237;a de estar en casa de Karen. La casa de Karen ten&#237;a cobertura; no estaba fuera de alcance. Incluso si estaba en mitad de una conversaci&#243;n seria, Terese lo atender&#237;a. Sab&#237;a que solo le llamar&#237;a si fuese una emergencia.

Demonios, &#191;y ahora qu&#233;?

Pens&#233; en el taladro. Pens&#233; en Terese. Pens&#233; en el rostro de Mario Contuzzi. Pens&#233; en la rubia. Aquellas im&#225;genes giraron en mi cabeza mientras el ascensor se deten&#237;a y se abr&#237;a la puerta.

&#191;A qu&#233; distancia estaba de Karen?

A dos manzanas.

Sal&#237; a la carrera al tiempo que apretaba el bot&#243;n de llamada r&#225;pida de Win. Respondi&#243; a la primera e incluso antes de que pudiese decir Articule dije:

Ve a casa de Karen. Mario est&#225; muerto; Terese no responde al tel&#233;fono.

Estoy a diez minutos -respondi&#243; Win.

Colgu&#233; y de inmediato vibr&#243; mi m&#243;vil. Siempre corriendo, levant&#233; el tel&#233;fono para poder ver el identificador de llamada. Me detuve.

Era Terese.

Apret&#233; el bot&#243;n de respuesta y me lo acerqu&#233; al o&#237;do.

&#191;Terese?

Ninguna respuesta.

&#191;Terese?

Entonces escuch&#233; el sonido chirriante de un taladro.

La descarga de adrenalina me rob&#243; el aliento. Cerr&#233; los ojos con fuerza, pero solo durante un segundo. No hab&#237;a tiempo que perder. Me dol&#237;an las piernas, pero las forc&#233; al m&#225;ximo.

El sonido chirriante se detuvo y entonces son&#243; una voz de hombre:

La venganza es una puta, &#191;no le parece?

El refinado acento ingl&#233;s, la misma cadencia que cuando me hab&#237;a dicho en Par&#237;s: Esc&#250;cheme o lo matar&#233;.

El hombre al que hab&#237;a golpeado con la mesa. El hombre de la foto.

Se cort&#243; la llamada.

Cog&#237; el arma; en ese momento corr&#237;a con el m&#243;vil en una mano y el arma en la otra. El miedo es algo curioso. Consigue que hagas cosas milagrosas -todos hemos le&#237;do relatos de personas que apartan un coche de encima de los seres amados, por citar un caso-, pero tambi&#233;n te puede paralizar, hacer cosas terribles al cuerpo y a la mente, hacer dif&#237;cil incluso respirar. Correr de pronto puede parecer pesado, como moverse a trav&#233;s de un metro de nieve. Necesitaba calmarme incluso mientras el terror abr&#237;a un agujero en mi pecho.

Delante de m&#237; ve&#237;a la casa de Karen.

La muchacha rubia estaba delante de la puerta principal.

Cuando me vio, desapareci&#243; en el interior de la casa de Karen. Era una trampa muy obvia, pero, &#191;qu&#233; alternativas ten&#237;a? Las llamadas desde el tel&#233;fono de Terese -el sonido del taladro- a&#250;n resonaban en mis o&#237;dos. Aquello hab&#237;a sido algo importante, &#191;no? &#191;Qu&#233; hab&#237;a dicho Win? Diez minutos. Lo m&#225;s probable es que quedaran seis o quiz&#225;s siete.

&#191;Pod&#237;a esperar? &#191;Deb&#237;a?

Me agach&#233; y me acerqu&#233; m&#225;s a la casa. Apret&#233; el bot&#243;n de llamada r&#225;pida. Win dijo: Cinco minutos. Colgu&#233;.

La rubia estaba ahora dentro de la casa. No sab&#237;a qui&#233;n m&#225;s estaba all&#237; o cu&#225;l era la situaci&#243;n. Cinco minutos. Pod&#237;a esperar cinco minutos. Ser&#237;an los m&#225;s largos de mi vida, pero pod&#237;a hacerlo, necesitaba hacerlo, mantenerme disciplinado frente al p&#225;nico. Continu&#233; agachado, me acurruqu&#233; debajo de una ventana y escuch&#233;. Nada. Ning&#250;n grito. Ning&#250;n taladro. No sab&#237;a si eso era un alivio o que hab&#237;a llegado demasiado tarde.

Me mantuve agachado, con la espalda apoyada en la pared. La ventana estaba por encima de mi cabeza. Intent&#233; imaginar la disposici&#243;n de la casa. Esa ventana daba a la sala. Bien, &#191;y entonces? Entonces nada. Esper&#233;. Era agradable la sensaci&#243;n del arma en la mano; su peso, un consuelo. Las armas de cualquier tama&#241;o son sustanciosas. Era un buen tirador, aunque no excelente. Tienes que practicar mucho para ser excelente. Pero sab&#237;a apuntar al centro del pecho y por lo general me acercaba bastante.

Entonces, &#191;y ahora qu&#233;?

Mant&#233;n la calma. Espera a Win. &#201;l es muy bueno en estas cosas.

La venganza es una puta, &#191;no le parece?El acento refinado, el tono calmo. Pens&#233; en Mario y aquellos malditos agujeros, el incre&#237;ble dolor mientras escuchaba aquel maldito acento refinado. &#191;Cu&#225;nto hab&#237;a durado? &#191;Cu&#225;nto hab&#237;a tenido que sufrir el dolor Mario? &#191;Al final hab&#237;a dado la bienvenida a la muerte o hab&#237;a luchado?

Las sirenas sonaron a lo lejos. Quiz&#225;s era la polic&#237;a que iba a casa de Mario.

No llevaba reloj, as&#237; que mir&#233; la hora en el m&#243;vil. Si Win estaba en lo cierto -y por lo general lo estaba- a&#250;n le quedaban tres minutos para llegar. &#191;Qu&#233; deb&#237;a hacer?

Mi arma.

Me pregunt&#233; si la rubia la hab&#237;a visto. Lo dudaba. Como Win hab&#237;a dicho, las armas de fuego no son habituales en el Reino Unido. Quien estuviese en el interior de la casa, sin duda creer&#237;a que iba desarmado. Por duro que fuese, guard&#233; el arma, la met&#237; de nuevo en la pistolera.

Tres minutos.

Son&#243; mi m&#243;vil. El identificador mostr&#243; que era de nuevo el tel&#233;fono de Terese. Dije un hola titubeante.

Sabemos que est&#225; fuera -dijo la voz refinada-. Tiene diez segundos para entrar con las manos en alto o le disparar&#233; a una de estas elegantes se&#241;oras en la cabeza. Uno, dos

Ya voy.

Tres, cuatro

No hab&#237;a elecci&#243;n. Me levant&#233; de un salto y corr&#237; hacia la puerta.

Cinco, seis, siete

No les haga da&#241;o. Ya casi estoy all&#237;.

No les haga da&#241;o. Vaya tonter&#237;a. Pero, &#191;qu&#233; otra cosa pod&#237;a decir?

Hice girar el pomo. Estaba abierto. Se abri&#243; la puerta. Entr&#233;.

Dije con las manos arriba -me record&#243; la voz refinada.

Levant&#233; las manos bien alto. El hombre de la foto estaba al otro lado de la habitaci&#243;n. Un trozo de esparadrapo blanco le cruzaba el rostro. Debajo de los ojos estaban las marcas negras que aparecen cuando te rompen la nariz. Hubiese obtenido alg&#250;n consuelo por ello de no haber sido por una cosa: &#233;l ten&#237;a un arma en la mano. Adem&#225;s, Terese y Karen estaban de rodillas delante de &#233;l, con las manos detr&#225;s de la espalda y de cara a m&#237;. Ambas parec&#237;an relativamente ilesas.

Mir&#233; a izquierda y derecha. Otros dos hombres, ambos con armas que apuntaban a mi cabeza.

Ninguna se&#241;al de la muchacha rubia.

Permanec&#237; perfectamente inm&#243;vil, con las manos en alto, intentando parecer lo menos amenazador posible. Win ten&#237;a que estar cerca. Un minuto o dos. Necesitaba conseguir tiempo. Hice contacto visual con el hombre con el que me hab&#237;a enfrentado en Par&#237;s. Mantuve el tono calmo, controlado.

Escuche, hablemos, &#191;vale? No hay ninguna raz&#243;n

Apoy&#243; el arma en la nuca de Karen Tower, me sonri&#243; y apret&#243; el gatillo.

Se escuch&#243; un sonido ensordecedor, un peque&#241;o chorro de sangre, una inmovilidad absoluta: sigui&#243; un momento de animaci&#243;n suspendida y entonces el cuerpo de Karen cay&#243; al suelo como una marioneta con los hilos cortados. Terese grit&#243;. Quiz&#225;s grit&#233; yo tambi&#233;n.

El hombre comenz&#243; a mover el arma hacia Terese.

OhDios m&#237;oohDiosm&#237;oohDiosm&#237;o

&#161;No!

El instinto me domin&#243; y fue como un mantra: salva a Terese. Me zambull&#237;, as&#237; como suena, como si estuviese en una piscina, hacia ellos. Sonaron los disparos de los dos tipos a mi izquierda y derecha, pero hab&#237;an cometido el error de tenerme cubierto apuntando sus armas a mi cabeza. Sus disparos acabaron saliendo demasiado altos. Por el rabillo del ojo vi a Terese que rodaba sobre s&#237; misma mientras &#233;l comenzaba a apuntarle.

Ten&#237;a que moverme deprisa.

Intentaba hacer varias cosas a la vez: mantenerme agachado, evitar las balas, cruzar la habitaci&#243;n, desenfundar el arma, matar al cabr&#243;n. Estaba acortando la distancia. Moverme en zigzag hubiese sido la ruta preferida, pero no hab&#237;a tiempo. El mantra continu&#243; sonando en mis o&#237;dos: salva a Terese. Ten&#237;a que llegar a &#233;l antes de que apretase de nuevo el gatillo.

Grit&#233; m&#225;s fuerte, no por miedo o dolor, sino para llamar su atenci&#243;n, para hacer que por lo menos titubease o se volviese hacia m&#237;; cualquier cosa para distraerlo, aunque solo fuese por medio segundo, de su objetivo de disparar a Terese.

Me estaba acercando.

El tiempo estaba haciendo aquella cosa de entrar y salir. Probablemente un segundo, quiz&#225;s dos, hab&#237;an pasado desde la ejecuci&#243;n de Karen. Eso era todo. Y ahora, sin tiempo para pensar o planear, estaba casi sobre &#233;l.

Pero llegar&#237;a demasiado tarde. Lo ve&#237;a. Me estir&#233;, como si pudiese cubrir la distancia de esa manera. No pod&#237;a. A&#250;n estaba demasiado lejos.

&#201;l apret&#243; de nuevo el gatillo. Son&#243; otro disparo. Terese se desplom&#243;.

Mi grito se convirti&#243; en un gutural alarido de angustia. Una mano entr&#243; en mi pecho y me aplast&#243; el coraz&#243;n. Continu&#233; movi&#233;ndome, incluso mientras &#233;l mov&#237;a el arma hacia m&#237;. El miedo hab&#237;a desaparecido; ahora me mov&#237;a impulsado por el odio puro e instintivo. El arma casi apuntaba en mi direcci&#243;n, casi sobre m&#237;, cuando me agach&#233; y me estrell&#233; contra su cintura. Dispar&#243; otra bala, pero se perdi&#243; en el aire.

Lo empuj&#233; contra la pared, lo arrastr&#233; de los pies. &#201;l movi&#243; la culata del arma contra mi espalda. En alg&#250;n otro mundo y en alg&#250;n otro momento, eso hubiese dolido, pero en aquel momento, el impacto tuvo la repercusi&#243;n de una picadura de mosquito. Ya no me dol&#237;a, no me importaba. Ca&#237;mos con todo el peso. Lo dej&#233; ir y me apart&#233;, intentando conseguir el m&#237;nimo de distancia que me permitiese coger el arma de la pistolera.

Aquello fue un error.

Estaba tan preocupado por desenfundar el arma, con matar al cabr&#243;n, que casi hab&#237;a olvidado que hab&#237;a otros dos hombres armados en la habitaci&#243;n. El hombre que estaba a mi derecha corri&#243; hacia m&#237; con el arma en alto. Me ech&#233; hacia atr&#225;s cuando dispar&#243;, pero de nuevo fue demasiado tarde.

La bala me alcanz&#243;.

Un dolor brutal. Sent&#237; como el metal ardiente entraba en mi cuerpo, me robaba el aliento, me tumbaba de espalda. El hombre apunt&#243; de nuevo, pero son&#243; otro disparo que alcanz&#243; al hombre en el cuello con tanta fuerza que casi lo decapit&#243;. Mir&#233; m&#225;s all&#225; del cuerpo que se desplomaba, pero ya lo sab&#237;a.

Win hab&#237;a llegado.

El otro hombre, el tipo que hab&#237;a estado a mi izquierda, se volvi&#243; justo a tiempo para ver a Win girarse y apretar de nuevo el gatillo. El gran proyectil lo alcanz&#243; en mitad del rostro y su cabeza explot&#243;. Mir&#233; a Terese. No se mov&#237;a. El hombre de la foto -el hombre al que le hab&#237;a disparado- comenzaba a correr para meterse en el sal&#243;n de diario. Escuch&#233; m&#225;s disparos. Escuch&#233; alguien que gritaba: Quieto, det&#233;ngase. No le hice caso. De alguna manera me arrastr&#233; hacia el sal&#243;n. La sangre manaba de mi cuerpo. No lo sab&#237;a bien, pero supuse que la bala me hab&#237;a alcanzado en alg&#250;n lugar cerca del est&#243;mago.

Me arrastr&#233; a trav&#233;s de la abertura, sin siquiera ver si era seguro. Mu&#233;vete, pens&#233;, pilla a ese cabr&#243;n y m&#225;talo. Ya estaba junto a la ventana. Yo sufr&#237;a y quiz&#225;s deliraba, pero alcanc&#233; a sujetarle una pierna. Intent&#243; apartarme a puntapi&#233;s, pero no lo consigui&#243;. Lo hice caer al suelo.

Luchamos, pero no era contrincante para mi furia. Le aplast&#233; un ojo con el pulgar, debilit&#225;ndolo. Lo sujet&#233; por el cuello y comenc&#233; a apretar. Empez&#243; a mover brazos y piernas, me golpe&#243; en el rostro y el cuello. Continu&#233; apretando.

&#161;Quieto! &#161;Su&#233;ltelo!

Voces a lo lejos. Conmoci&#243;n. Ni siquiera estaba seguro de que fuesen reales. Era como si sonase algo arrastrado por el viento. Quiz&#225;s pod&#237;a ser una alucinaci&#243;n. El acento sonaba norteamericano, incluso conocido.

Continu&#233; apretando aquella garganta.

&#161;Dije quieto! &#161;Ahora! &#161;Su&#233;ltelo!

Estaba rodeado. Seis, ocho hombres, quiz&#225;s m&#225;s. La mayor&#237;a con las armas apuntando.

Mis ojos se cruzaron con los del asesino. Hab&#237;a algo burl&#243;n en ellos. Sent&#237; que aflojaba la mano. No sab&#237;a si era la orden de que lo soltara o si la bala me robaba las fuerzas. Apart&#233; la mano. El asesino tosi&#243; y escupi&#243; y luego intent&#243; aprovechar la ventaja.

Levant&#243; el arma.

Tal y como yo hab&#237;a esperado. Hab&#237;a desenfundado la m&#237;a de la pistolera. Le sujet&#233; la mu&#241;eca con la mano izquierda.

La voz norteamericana conocida grit&#243;:

No.

En realidad no me importaba si me disparaba. Sin soltarle la mu&#241;eca, le met&#237; la pistola debajo de la barbilla y apret&#233; el gatillo. Sent&#237; algo h&#250;medo y pegajoso en la cara. Luego solt&#233; el arma y ca&#237; sobre el cuerpo inm&#243;vil.

Hombres, muchos de ellos por la sensaci&#243;n, se me echaron encima. Ahora que hab&#237;a hecho lo que ten&#237;a que hacer, mi fuerza y voluntad de vivir se esfumaron. Les dej&#233; que me diesen la vuelta, me esposasen e hiciesen lo que quisieran, pero no hab&#237;a necesidad de que me sujetasen. La lucha se hab&#237;a acabado. Me pusieron boca arriba. Gir&#233; la cabeza y mir&#233; el cuerpo inm&#243;vil de Terese. Sent&#237; un dolor tan enorme como aquel que me consum&#237;a.

Sus ojos estaban cerrados y, muy pronto, tambi&#233;n se cerraron los m&#237;os.



SEGUNDA PARTE



22

Sediento.

Arena en la garganta. Los ojos no se abren, o quiz&#225;s s&#237;.

Oscuridad total.

Rugido de un motor. Intuyo a alguien a mi lado.

Terese

Creo que lo digo en voz alta, pero no estoy seguro.


Otro retazo de memoria: voces.

Parecen muy lejanas. No entiendo ninguna de las palabras. Sonidos, eso es todo. Algo furioso. Se acerca. M&#225;s fuerte. Ahora en mi o&#237;do.

Abro los ojos. Veo blanco.

La voz contin&#250;a repitiendo la misma cosa una y otra vez.

Sonidos como Al-sabr wal-sayf.

No lo entiendo. Quiz&#225;s sea jerigonza. O alg&#250;n idioma extranjero. No lo s&#233;.

Al-sabr wal-sayf.

Alguien grita en mi o&#237;do. Cierro los ojos con fuerza. Quiero que calle.

Al-sabr wal-sayf.

La voz est&#225; furiosa, es incesante. Creo que digo que lo siento.

No lo entiende -dice alguien.

Silencio.

Dolor en el costado.

Terese -digo de nuevo.

Ninguna respuesta.

&#191;D&#243;nde estoy?

Escucho de nuevo una voz, pero no entiendo lo que dice.

Me siento solo, aislado. Estoy tumbado. Creo que tiemblo.


Perm&#237;tame que le explique la situaci&#243;n.

Sigo sin poder moverme. Intento abrir la boca pero no puedo. Abro los ojos. Desenfocado. Tengo la sensaci&#243;n de que toda mi cabeza est&#225; envuelta en gruesas y pegajosas telara&#241;as. Intento apartar las telara&#241;as. Permanecen.

Usted sol&#237;a trabajar para el gobierno, &#191;no?

&#191;La voz me habla a m&#237;? Asiento pero continu&#243; muy quieto.

Entonces sabe que existen lugares como &#233;ste. Que siempre han existido. Al menos habr&#225; o&#237;do los rumores.

Nunca cre&#237; los rumores. Quiz&#225;s despu&#233;s del 11-S. Pero no antes. Creo que digo que no, pero eso pudo haber sido solo en mi cabeza.

Nadie sabe d&#243;nde est&#225;. Nadie lo encontrar&#225;. Podemos retenerlo para siempre. Podemos matarlo en el momento que nos plazca. O podemos dejarle ir.

Siento unos dedos alrededor de mi b&#237;ceps. M&#225;s dedos alrededor de mi mu&#241;eca. Lucho, pero es in&#250;til. Siento un pinchazo en el brazo. No puedo moverme. No puedo detenerlo. Recuerdo que cuando ten&#237;a seis a&#241;os mi pap&#225; me llev&#243; al carnaval Kiwanis de la avenida Northfield. Atracciones mec&#225;nicas y espect&#225;culos cursis. La Casa del Terror. As&#237; se llamaba una. Espejos, enormes cabezas de payasos y una horrible risa grabada. Entr&#233; solo. Despu&#233;s de todo, era un ni&#241;o mayor. Me perd&#237;, comenc&#233; a dar vueltas y no pod&#237;a encontrar la salida. Una de aquellas cabezas de payaso salt&#243; sobre m&#237;. Empec&#233; a llorar. Me gir&#233;. Hab&#237;a otra enorme cabeza de payaso que se burlaba de m&#237;.

As&#237; me sent&#237;a ahora.

Llor&#233; y me gir&#233; de nuevo. Llam&#233; a mi padre. &#201;l grit&#243; mi nombre, corri&#243; al interior, atraves&#243; una delgada pared, me encontr&#243; y todo fue bien.

Pap&#225;, pens&#233;. Pap&#225; me encontrar&#225;. En cualquier momento.

Pero no viene nadie.


&#191;C&#243;mo conoci&#243; a Rick Collins?

Digo la verdad. De nuevo. Tan agotado.

&#191;C&#243;mo conoci&#243; a Mohammad Matar?

No s&#233; qui&#233;n es.

Usted intent&#243; matarlo en Par&#237;s. Despu&#233;s lo mat&#243; antes de que pudi&#233;semos pillarlo en Londres. &#191;Qui&#233;n lo envi&#243; a matarlo?

Nadie. &#201;l me atac&#243;.

Me explico. Entonces algo horrible me ocurre, pero no s&#233; qu&#233; es.


Camino. Tengo las manos atadas a la espalda. No veo mucho, solo peque&#241;os puntos de luz. Una mano en cada hombro. Tiran de m&#237; hacia abajo con fuerza.

Tendido de espaldas.

Las piernas atadas juntas. Una correa me oprime el pecho. El cuerpo amarrado a una superficie dura.

No puedo moverme nada.

De pronto los puntos de luz desaparecen. Creo que grito. Quiz&#225;s estoy cabeza abajo. No estoy seguro.

Una mano gigantesca y h&#250;meda cubre mi rostro. Sujeta mi nariz. Cubre mi boca.

No puedo respirar. Intento moverme. Los brazos atados. Las piernas amarradas.

No puedo moverme. Alguien sujeta mi cabeza. Ni siquiera puedo moverla. La mano oprime con m&#225;s fuerza mi rostro. No hay aire.

Miedo. Me est&#225;n asfixiando.

Intento respirar. Mi boca se abre. Respiro. Tengo que respirar. No puedo. El agua llena mi garganta y entra por mi nariz.

Me ahogo. Mis pulmones arden. A punto de estallar. Los m&#250;sculos gritan. Debo moverme. No puedo. No hay escapatoria.

No hay aire.

Me muero.


Escucho a alguien llorando y me doy cuenta de que el sonido parte de m&#237;.

De pronto un terrible dolor.

Mi espalda se arquea. Mis ojos amenazan con desorbitarse. Grito.

Oh, Dios, por favor

La voz es la m&#237;a, pero no la reconozco. Tan d&#233;bil. Tan condenadamente d&#233;bil.


Tenemos que hacerle algunas preguntas.

Por favor. Ya las respond&#237;.

Tenemos m&#225;s.

&#191;Y entonces podr&#233; irme? La voz es de s&#250;plica.

Es su &#250;nica esperanza.


Me despierto sobresaltado con una luz brillante en mi rostro.

Parpadeo. Mi coraz&#243;n se desboca. No consigo respirar. No s&#233; d&#243;nde estoy. Mi mente viaja hacia atr&#225;s. &#191;Cu&#225;l es la &#250;ltima cosa que recuerdo? Poner el arma debajo de la barbilla de aquel cabr&#243;n y apretar el gatillo.

Hay algo m&#225;s, en un rinc&#243;n de mi cerebro, justo fuera de mi alcance. Quiz&#225;s un sue&#241;o. Ya conocen la sensaci&#243;n: te despiertas y la pesadilla es rematadamente vivida, pero, mientras intentas recordar, notas que la memoria se disipa, como el humo que se eleva. Es eso lo que me est&#225; pasando ahora. Intento retener las im&#225;genes, pero se esfuman.

&#191;Myron?

La voz es tranquila, modulada. Tengo miedo de la voz. Me encojo. Siento una verg&#252;enza horrible, aunque no estoy seguro de la raz&#243;n.

Mi voz suena sumisa en mis propios o&#237;dos.

&#191;S&#237;?

De todas maneras olvidar&#225; la mayor parte de esto. Eso es lo mejor. Nadie le creer&#225;, e incluso si lo hacen, no nos pueden encontrar. No sabe d&#243;nde estamos. No sabe qu&#233; aspecto tenemos. Y no lo olvide: podemos hacer esto de nuevo. Podemos pillarlo cuando queramos. Y no solo a usted. A su familia. A sus padres, en Miami. A su hermano, en Sudam&#233;rica. &#191;Lo entiende?

S&#237;.

As&#237; que d&#233;jelo correr. Estar&#225; bien si lo hace, &#191;de acuerdo?

Asiento. Pongo los ojos en blanco. Me hundo de nuevo en la oscuridad.



23

Me despert&#233; asustado.

No era propio de m&#237;. Se me dispar&#243; el coraz&#243;n. El terror me oprimi&#243; el pecho y me costaba respirar. Todo eso incluso antes de haber abierto los ojos.

Cuando por fin los abr&#237; -cuando mir&#233; a trav&#233;s de la habitaci&#243;n-, sent&#237; que el pulso bajaba y se aliviaba el terror. Esperanza estaba sentada en una silla ocupada con su iPhone. Sus dedos volaban por el teclado; sin duda trabajaba con uno de nuestros clientes. Me gusta mi trabajo, pero a ella le encanta.

La observ&#233; por un momento, porque verla me resultaba muy consolador. Esperanza vest&#237;a una blusa blanca debajo de su traje de chaqueta gris, pendientes y el pelo negro azulado recogido detr&#225;s de las orejas. La persiana, detr&#225;s de ella, estaba abierta. Vi que era de noche.

&#191;Con qu&#233; cliente est&#225;s tratando? -le pregunt&#233;.

Sus ojos se abrieron como platos al escuchar el sonido de mi voz. Dej&#243; caer el m&#243;vil en la mesa y corri&#243; a mi lado.

Oh, Dios m&#237;o, Myron. Oh, Dios m&#237;o

&#191;Qu&#233; pasa, me estoy muriendo?

No, &#191;por qu&#233;?

Por la manera como has corrido. Por lo general te mueves mucho m&#225;s lentamente.

Comenz&#243; a llorar y bes&#243; mi mejilla. Esperanza nunca lloraba.

Vaya, debo de estar mu&#241;&#233;ndome.

No seas imb&#233;cil -dijo, y se enjug&#243; las l&#225;grimas de las mejillas.

Me abraz&#243;-. Espera, no, s&#233; un imb&#233;cil. S&#233; el maravilloso imb&#233;cil de siempre.

Mir&#233; por encima de su hombro. Me encontraba en una sencilla habitaci&#243;n de hospital.

&#191;Cu&#225;nto tiempo llevas sentada ah&#237;? -pregunt&#233;.

No mucho -respondi&#243; Esperanza sin soltarme-. &#191;Qu&#233; recuerdas?

Pens&#233;. Karen y Terese baleadas. El tipo que las mat&#243;. Yo mat&#225;ndolo a &#233;l. Trago saliva y me preparo.

&#191;C&#243;mo est&#225; Terese?

Esperanza apart&#243; los brazos y se irgui&#243;.

No lo s&#233;.

No era la respuesta que esperaba.

&#191;C&#243;mo puedes no saberlo?

Es un poco dif&#237;cil de explicar. &#191;Qu&#233; es lo &#250;ltimo que recuerdas?

Me concentr&#233;.

Mi &#250;ltimo recuerdo claro es cuando mato al cabr&#243;n que le dispar&#243; a Terese y a Karen. Entonces unos cuantos t&#237;os me saltaron encima.

Ella asinti&#243;.

A m&#237; tambi&#233;n me dispararon, &#191;no?

S&#237;.

Eso explica el hospital.

Esperanza se inclin&#243; sobre mi o&#237;do y susurr&#243;:

Vale, esc&#250;chame un segundo. Si aquella puerta se abre, si entra una enfermera o quien sea, no digas ni una palabra. &#191;Me comprendes?

No.

&#243;rdenes de Win. Hazlo, &#191;de acuerdo?

Vale. -Luego a&#241;ad&#237;-: &#191;Volaste a Londres para estar conmigo?

No.

&#191;Qu&#233; quieres decir con no?

Conf&#237;a en m&#237;, &#191;vale? Solo t&#243;mate tu tiempo. &#191;Qu&#233; m&#225;s recuerdas?

Nada.

&#191;Nada entre el tiempo que te dispararon y ahora?

&#191;D&#243;nde est&#225; Terese?

Ya te lo dije. No lo s&#233;.

Eso no tiene sentido. &#191;C&#243;mo puedes no saberlo?

Es una larga historia.

&#191;Qu&#233; te parece compartirla conmigo?

Esperanza me mir&#243; con sus grandes ojos verdes. No me gust&#243; lo que vi en ellos.

Intent&#233; sentarme.

&#191;Cu&#225;nto tiempo he estado inconsciente?

Tampoco lo s&#233;.

Repito: &#191;c&#243;mo puedes no saberlo?

Para empezar, no est&#225;s en Londres.

Eso me hizo callar. Mir&#233; la habitaci&#243;n como si eso pudiese darme una respuesta. Lo hizo. Mi manta ten&#237;a un r&#243;tulo y las palabras: NEW YORK-PRESBYTERIAN MEDICAL CENTER.

No pod&#237;a ser.

&#191;Estoy en Manhattan?

S&#237;.

&#191;Me trajeron en avi&#243;n?

Ella no dijo nada.

&#191;Esperanza?

No lo s&#233;.

Bueno, &#191;cu&#225;nto tiempo llevo en este hospital?

Quiz&#225;s algunas horas, pero no puedo estar segura.

Lo que dices no tiene ning&#250;n sentido.

Yo tampoco lo entiendo muy bien. Hace dos horas recib&#237; una llamada en la que me dec&#237;an que estabas aqu&#237;.

Mi cerebro estaba confuso y sus explicaciones no me ayudaban.

&#191;Hace dos horas?

S&#237;.

&#191;Y antes?

Antes de esa llamada -dijo Esperanza-, nosotros no ten&#237;amos ni idea de d&#243;nde estabas.

Cuando dices nosotros

Yo, Win, tus padres

&#191;Mis padres?

No te preocupes. Les mentimos. Les dijimos que estabas en una zona de &#193;frica donde el servicio telef&#243;nico era p&#233;simo.

&#191;Ninguno de vosotros sab&#237;ais d&#243;nde estaba?

As&#237; es.

&#191;Durante cu&#225;nto tiempo? -pregunt&#233;.

Ella me mir&#243;.

&#191;Durante cu&#225;nto tiempo, Esperanza?

Diecis&#233;is d&#237;as.

Me qued&#233; bloqueado. Diecis&#233;is d&#237;as. Hab&#237;a estado ausente durante diecis&#233;is d&#237;as. Cuando intent&#233; recordar, mi coraz&#243;n se desboc&#243;. Sent&#237; miedo.

As&#237; que d&#233;jelo correr

&#191;Myron?

Recuerdo que me arrestaron.

Muy bien.

&#191;Est&#225;s diciendo que fue hace diecis&#233;is d&#237;as?

S&#237;.

&#191;Os pusisteis en contacto con la polic&#237;a brit&#225;nica?

Ellos tampoco sab&#237;an d&#243;nde estabas.

Ten&#237;a un mill&#243;n de preguntas, pero se abri&#243; la puerta y nos interrumpieron. Esperanza me dirigi&#243; una mirada de advertencia. Permanec&#237; en silencio. Entr&#243; una enfermera.

Bueno, bueno, est&#225; despierto -dijo.

Antes de que la puerta pudiese cerrarse, alguien la empuj&#243;.

Mi pap&#225;.

Algo parecido al alivio me domin&#243; al ver a ese hombre mayor. Jadeaba, sin duda por haber corrido para ver a su hijo. Mam&#225; entr&#243; detr&#225;s de &#233;l. Mi madre tiene siempre esa manera de correr hacia m&#237;, incluso en la m&#225;s habitual de sus visitas, como si yo fuese un prisionero de guerra al que acabasen de liberar. Esta vez lo hizo de nuevo, apartando a la enfermera del camino. Yo sol&#237;a poner los ojos en blanco cuando lo hac&#237;a, aunque me gustaba en secreto. Esta vez no puse los ojos en blanco.

Estoy bien, mam&#225;. De verdad.

Mi padre se detuvo por un momento, como era su costumbre. Ten&#237;a los ojos llorosos y enrojecidos. Mir&#233; su rostro. &#201;l lo sab&#237;a. No se hab&#237;a cre&#237;do la historia de &#193;frica sin servicio telef&#243;nico. Con toda probabilidad hab&#237;a ayudado a enga&#241;ar a mam&#225;. Pero lo sab&#237;a.

Est&#225;s tan delgaducho -coment&#243; mam&#225;-. &#191;Es que all&#237; no te dieron de comer?

D&#233;jalo en paz -dijo pap&#225;-. Tiene buen aspecto.

No tiene buen aspecto. Est&#225; esquel&#233;tico. Y p&#225;lido. &#191;Por qu&#233; est&#225;s en un hospital?

Te lo dije -intervino pap&#225;-. &#191;Es que nunca me escuchas, Ellen? Una intoxicaci&#243;n alimentaria. Se pondr&#225; bien, es un tipo de disenter&#237;a.

A ver, &#191;por qu&#233; estabas en Sierra Madre?

Sierra Leona -le corrigi&#243; pap&#225;.

Cre&#237;a que era Sierra Madre.

Est&#225;s pensando en la pel&#237;cula.

La recuerdo. Con Humphrey Bogart y Katherine Hepburn.

Aquella era La reina de &#193;frica.

Oh -dijo mam&#225; al comprender la confusi&#243;n.

Mam&#225; me solt&#243;. Pap&#225; se acerc&#243;, me apart&#243; el pelo de la frente y me bes&#243; la mejilla. La &#225;spera piel sin afeitar roz&#243; la m&#237;a. El reconfortante aroma de O&#237;d Spice flot&#243; en el aire.

&#191;Est&#225;s bien? -pregunt&#243;.

Asent&#237;. Parec&#237;a esc&#233;ptico.

De pronto los vi muy viejos. As&#237; es como deb&#237;a ser, &#191;no? Cuando no ves a un chico, incluso aunque haya sido por poco tiempo, te maravilla ver cu&#225;nto ha crecido. Cuando no ves a una persona mayor, aunque sea por poco tiempo, te maravilla lo mucho que ha envejecido. Ocurre siempre. &#191;En qu&#233; momento mis robustos padres hab&#237;an cruzado aquella l&#237;nea? Mam&#225; ten&#237;a los temblores del Parkinson. Iba a peor. Su mente, siempre un tanto exc&#233;ntrica, comenzaba a deslizarse hacia algo m&#225;s preocupante. Pap&#225; gozaba de una salud aceptable, unas pocas lesiones coronarias, pero ambos se ve&#237;an tan condenadamente viejos.

Sus padres en MiamiMi pecho comenz&#243; a picarme. De nuevo me costaba respirar.

&#191;Myron? -pregunt&#243; pap&#225;.

Estoy bien.

La enfermera se abri&#243; paso. Mis padres se apartaron a un lado. Me meti&#243; un term&#243;metro en la boca y comenz&#243; a tomarme el pulso.

Ya ha pasado la hora de visita -dijo-. Tendr&#225;n que marcharse todos.

No quer&#237;a que se fuesen. No quer&#237;a estar solo. El terror me domin&#243; y sent&#237; una gran verg&#252;enza. Me obligu&#233; a sonre&#237;r cuando ella sac&#243; el term&#243;metro y dijo con un entusiasmo un tanto exagerado:

Duerma un poco. Los ver&#233; a todos por la ma&#241;ana.

Cruc&#233; una mirada con mi padre. Todav&#237;a esc&#233;ptico. Le susurr&#243; algo a Esperanza. Ella asinti&#243; y escolt&#243; a mi madre fuera de la habitaci&#243;n. Mi madre y Esperanza salieron. La enfermera se volvi&#243; al llegar a la puerta.

Se&#241;or -le dijo a mi padre-. Tiene que marcharse.

Quiero estar a solas con mi hijo durante un minuto.

Ella titube&#243;. A continuaci&#243;n a&#241;adi&#243;:

Tiene dos minutos.

Nos quedamos solos.

&#191;Qu&#233; te ha pasado? -pregunt&#243; mi padre.

No lo s&#233; -respond&#237;.

Asinti&#243;. Acerc&#243; la silla a mi cama y me sujet&#243; la mano.

&#191;No te has cre&#237;do que estuviera en &#193;frica?

No.

&#191;Y mam&#225;?

Le dije que llamaste cuando estaba mera.

&#191;Se lo crey&#243;?

Se encogi&#243; de hombros.

Nunca le hab&#237;a mentido antes, as&#237; que s&#237;, se lo crey&#243;. Tu madre ya no es tan avispada como antes.

No dije nada. Entr&#243; la enfermera.

Ahora tiene que marcharse.

No -contest&#243; mi padre.

Por favor, no me haga llamar a seguridad.

Not&#233; que el p&#225;nico crec&#237;a en mi pecho.

No pasa nada, pap&#225;. Estoy bien. Vete a dormir.

Me mir&#243; por un momento y se volvi&#243; hacia la enfermera.

&#191;C&#243;mo se llama, se&#241;orita?

Regina.

&#191;Regina qu&#233;?

Regina Monte.

Mi nombre es Al, Regina. Al Bolitar. &#191;Tiene hijos?

Dos hijas.

&#201;ste es mi hijo, Regina. Puede llamar a seguridad si quiere. Pero no dejar&#233; a mi hijo solo.

Fui a protestar, pero no lo hice. La enfermera se march&#243;. No llam&#243; a seguridad. Mi padre se qued&#243; toda la noche en la silla junto a mi cama. Llen&#243; mi vaso de agua y me acomod&#243; la manta. Cuando grit&#233; mientras so&#241;aba, me hizo callar, me acarici&#243; la frente, me dijo que todo iba bien, y durante unos pocos segundos, le cre&#237;.



24

Win me llam&#243; a primera hora de la ma&#241;ana.

Ve al trabajo -dijo Win-. No hagas preguntas.

Despu&#233;s colg&#243;. Algunas veces Win me cabrea de verdad.

Mi padre fue a la pasteler&#237;a que hab&#237;a al otro lado de la calle porque el desayuno del hospital se parec&#237;a a aquellas cosas que te tiran los monos en el zool&#243;gico. El doctor pas&#243; cuando &#233;l no estaba y me dio el alta. S&#237;, hab&#237;a recibido un disparo. La bala hab&#237;a pasado por mi lado derecho, por encima de la cadera. Pero la hab&#237;an tratado correctamente.

&#191;Hubiese requerido estar diecis&#233;is d&#237;as en el hospital? -pregunt&#233;.

El doctor me mir&#243; de una manera extra&#241;a, quiz&#225;s intrigado al escuchar que un herido de bala que hab&#237;a aparecido inconsciente en el hospital, ahora murmurase algo de diecis&#233;is d&#237;as, y estoy seguro de que me estaba evaluando para una visita psiqui&#225;trica.

Es una pregunta hipot&#233;tica -a&#241;ad&#237; de inmediato, al recordar el aviso de Win. Luego dej&#233; de hacer preguntas y comenc&#233; a asentir a todo.

Pap&#225; permaneci&#243; conmigo durante el tr&#225;mite de salida. Esperanza hab&#237;a dejado mi traje en el armario. Me lo puse y me sent&#237; f&#237;sicamente muy bien. Quise tomar un taxi, pero mi padre insisti&#243; en conducir. Sol&#237;a ser un gran conductor. En mi infancia daba gusto ver la naturalidad con la que conduc&#237;a, silbando suavemente al comp&#225;s de la m&#250;sica que sonaba en la radio. Ahora la radio permanec&#237;a apagada. Miraba la calle forzando la vista y pisaba mucho el freno.

Cuando llegamos al edificio Lock-Horne, en Park Avenue -les recuerdo de nuevo que el nombre completo de Win es Windsor Horne Lockwood III, para que hagan las cuentas-, pap&#225; dijo:

&#191;Quieres que te deje aqu&#237; sin m&#225;s?

Algunas veces mi padre me asombra. La paternidad es cuesti&#243;n de equilibrio, pero, &#191;c&#243;mo un hombre puede hacerlo tan bien, con tanta naturalidad? A lo largo de mi vida me ha empujado a sobresalir sin pasarse nunca de la raya. Disfrutaba con mis logros y sin embargo nunca los hac&#237;a parecer tan importantes. Amaba sin condiciones, y no obstante se aseguraba de que yo me esforzase por complacerlo. Sab&#237;a, como ahora, cu&#225;ndo estar ah&#237;, y cu&#225;ndo era el momento de apartarse.

Estar&#233; bien.

&#201;l asinti&#243;. Bes&#233; de nuevo la piel &#225;spera de su mejilla; esta vez advert&#237; la flojedad, y baj&#233; del coche. Las puertas del ascensor se abren directamente a mi despacho. Big Cyndi estaba en su mesa, vestida con algo que parec&#237;a haber sido arrancado del cuerpo de Bette Davis despu&#233;s de rodar aquella impresionante escena de playa en &#191;Qu&#233; fue de Baby Jane? Llevaba coletas. Big Cyndi es grande -como dije antes, m&#225;s de 1,90 y 150 kilos- por todas partes. Tiene las manos grandes, los pies grandes y la cabeza grande. Los muebles siempre tienen el aspecto de ser de juguete a su alrededor, como los que venden para beb&#233;s, como en Alicia en el pa&#237;s de las maravillas-, donde la habitaci&#243;n y todas sus pertenencias parecen encogerse a su alrededor.

Se levant&#243; cuando me vio, casi tumbando su propia mesa, y exclam&#243;:

&#161;Se&#241;or Bolitar!

Hola, Big Cyndi.

Se enfurece cuando la llamo Cyndi o Big. Insiste en las formalidades. Soy el se&#241;or Bolitar. Ella es Big Cyndi, que, por cierto, es su nombre verdadero. Se lo cambi&#243; legalmente hace m&#225;s de una d&#233;cada.

Big Cyndi cruz&#243; la habitaci&#243;n con una agilidad que desment&#237;a el corpach&#243;n. Me rode&#243; en un abrazo que me hizo sentir como si me hubiesen momificado en un trozo de material aislante. Pero de una manera agradable.

Oh, se&#241;or Bolitar.

Comenz&#243; a lloriquear, un sonido que me hizo recordar las im&#225;genes de unos alces apare&#225;ndose en el Discovery Channel.

Estoy bien, Big Cyndi.

&#161;Pero alguien le dispar&#243;!

Cambia la voz seg&#250;n el humor. Cuando comenz&#243; a trabajar en el despacho, Big Cyndi no hablaba, prefer&#237;a gru&#241;ir. Los clientes se quejaban, pero no en su presencia y, por lo general, de forma an&#243;nima. En aquel momento el tono de Big Cyndi era agudo e infantil, cosa que, con toda sinceridad, resultaba mucho m&#225;s inquietante que cualquier gru&#241;ido.

Yo le dispar&#233; m&#225;s -dije.

Me solt&#243; y comenz&#243; a re&#237;rse. Se cubri&#243; la boca con una mano que ten&#237;a m&#225;s o menos el tama&#241;o de un neum&#225;tico de cami&#243;n. Las risas sonaron por toda la habitaci&#243;n y los ni&#241;os se apresuraron a coger las manos de sus mamar&#237;as.

Esperanza apareci&#243; en la puerta. En su &#233;poca, Esperanza y Big Cyndi hab&#237;an formado una pareja de luchadoras profesionales para FLOW, las Fabulous Ladies of Wrestling. La federaci&#243;n en un principio hab&#237;a querido llamarlas bellas en lugar de fabulosas, pero la cadena de televisi&#243;n puso el grito en el cielo por el acr&#243;nimo resultante: BLOW. [[3]: #_ftnref3 BLOW equivale a mamada en argot. (N. del T.)]

Esperanza, de piel oscura y un aspecto que se puede describir mejor -como a menudo era descrita por los jadeantes presentadores de la lucha- como suculento, hac&#237;a de Peque&#241;a Pocahontas, la &#225;gil belleza que ganaba en habilidad antes de que los malos hiciesen trampas y se aprovechasen de ella. Big Cyndi era su compa&#241;era, la Gran Mam&#225; Jefa, que la rescataba de manera que, juntas y con las aclamaciones de la multitud, acababan con los malvados casi desnudos.

Cosas del entretenimiento.

Tenemos trabajo -dijo Esperanza-, y en abundancia.

Nuestro espacio era relativamente peque&#241;o. Ten&#237;amos la recepci&#243;n y dos despachos, uno para m&#237; y otro para Esperanza. Esperanza hab&#237;a comenzado aqu&#237; como mi asistente, secretaria o como sea el nombre pol&#237;ticamente correcto de chica para todo. Hab&#237;a estudiado abogac&#237;a en cursos nocturnos y se hab&#237;a convertido en socia de la empresa m&#225;s o menos por el tiempo en que yo me fui con Terese a aquella isla.

&#191;Qu&#233; les dijiste a los clientes? -pregunt&#233;.

Que tuviste un accidente de coche en el extranjero.

Asent&#237;. Fuimos a su despacho. Los negocios estaban un tanto descontrolados despu&#233;s de mi desaparici&#243;n m&#225;s reciente. Hab&#237;a que hacer llamadas. Las hice. Mantuvimos la mayor&#237;a de los clientes, casi todos; hubo unos pocos a los que no les gust&#243; nada no estar en contacto con su agente durante m&#225;s de dos semanas. Lo comprend&#237;. &#201;ste es un negocio personal. Requiere de muchos mimos y lisonjas. Cada cliente necesita sentir que es &#250;nico; parte de la ilusi&#243;n. Cuando no est&#225;s, aunque las razones sean justificadas, la ilusi&#243;n se desvanece.

Quer&#237;a preguntar por Terese, Win y un mill&#243;n de cosas m&#225;s, pero record&#233; la llamada de la ma&#241;ana. Trabaj&#233;. Solo trabaj&#233; y confieso que fue terap&#233;utico. Me sent&#237;a inquieto y nervioso por razones que no acababa de explicarme del todo. Incluso me mord&#237;a las u&#241;as, algo que no hab&#237;a hecho desde que estaba en cuarto grado, y buscaba en mi cuerpo costras que pudiese rascar. El trabajo ayudaba.

Cuando tuve una pausa, busqu&#233; en la red Terese Collins, Rick Collins y Karen Tower. Primero los tres nombres juntos. No apareci&#243; nada. Luego prob&#233; solo con Terese. Muy poco, casi todo de su tiempo en la CNN. Alguien a&#250;n manten&#237;a una p&#225;gina, Terese, la preciosa presentadora, con im&#225;genes, la mayor&#237;a fotos de medio cuerpo y v&#237;deos de los informativos, pero no la hab&#237;a actualizado en tres a&#241;os.

Entonces prob&#233; con Rick y Karen en Google News.

Esperaba muy poco, quiz&#225;s un obituario, pero no fue as&#237;. Hab&#237;a mucho, si bien la mayor&#237;a era de peri&#243;dicos del Reino Unido. Las noticias casi me sorprendieron; sin embargo todo ten&#237;a un sentido un poco estramb&#243;tico.


REPORTERO Y ESPOSA ASESINADOS POR TERRORISTAS

LOS ASESINOS, MUERTOS EN UN TIROTEO


Comenc&#233; a leer. Esperanza apareci&#243; en la puerta.

&#191;Myron?

Levant&#233; el dedo para pedir un momento.

Se acerc&#243; a mi mesa y vio lo que estaba haciendo. Exhal&#243; un suspiro y se sent&#243;.

&#191;Sab&#237;as esto?

Por supuesto.

Seg&#250;n los art&#237;culos, las fuerzas especiales que luchaban contra el terrorismo internacional se hab&#237;an enfrentado y eliminado al legendario terrorista Mohammad Matar, tambi&#233;n conocido como Doctor Muerte. Mohammad Matar hab&#237;a nacido en Egipto, pero se hab&#237;a educado en las mejores escuelas de Europa, incluida Espa&#241;a -de ah&#237; el nombre, la combinaci&#243;n del primer nombre isl&#225;mico con el &#250;ltimo en espa&#241;ol-, y hab&#237;a estudiado medicina en Estados Unidos. Las fuerzas especiales tambi&#233;n hab&#237;an matado por lo menos a otros tres hombres de la c&#233;lula: dos en Londres y uno en Par&#237;s.

Hab&#237;a una foto de Matar. Era la misma foto que Berleand me hab&#237;a enviado. Mir&#233; al hombre que yo, por utilizar el t&#233;rmino period&#237;stico, hab&#237;a eliminado.

Los art&#237;culos tambi&#233;n mencionaban que el periodista Rick Collins se hab&#237;a acercado a la c&#233;lula con la intenci&#243;n de infiltrarse y denunciarla, cuando descubrieron su identidad. Matar y sus sicarios hab&#237;an asesinado a Collins en Par&#237;s. Matar hab&#237;a conseguido escapar del cord&#243;n franc&#233;s -aunque al parecer uno de sus hombres hab&#237;a resultado muerto-, y a su llegada a Londres hab&#237;a querido borrar todas las pruebas de la existencia de su c&#233;lula y de su siniestro plan terrorista con el asesinato del productor de Collins, Mario Contuzzi, y la esposa de Collins, Karen Tower. Mohammad Matar y los dos miembros de su c&#233;lula resultaron muertos en la casa que Collins y Tower compart&#237;an.

Mir&#233; a Esperanza.

&#191;Terroristas?

Ella asinti&#243;.

Eso explica por qu&#233; la Interpol se puso como una moto cuando les mostramos la foto.

S&#237;.

&#191;Entonces d&#243;nde est&#225; Terese?

Nadie lo sabe.

Me ech&#233; atr&#225;s en la silla e intent&#233; procesar sus palabras.

Aqu&#237; dice que los agentes del gobierno mataron a los terroristas.

S&#237;.

Pero no lo hicieron.

Es verdad. Fuiste t&#250;.

Y Win.

Correcto.

Pero dejaron nuestros nombres fuera.

S&#237;.

Pens&#233; en los diecis&#233;is d&#237;as, en Terese, en los an&#225;lisis de sangre, en la muchacha rubia.

&#191;Qu&#233; demonios est&#225; pasando?

No s&#233; los detalles -respondi&#243;-. En realidad no me importa.

&#191;Por qu&#233; no?

Esperanza sacudi&#243; la cabeza.

Algunas veces puedes ser muy tonto.

Esper&#233;.

Te dispararon. Win lo vio. Durante m&#225;s de dos semanas no tuvimos ni la m&#225;s m&#237;nima idea de d&#243;nde te encontrabas, si estabas vivo, muerto o lo que fuese.

No lo pude evitar. Sonre&#237;.

Deja de sonre&#237;r como un idiota.

Estabais preocupados por m&#237;.

Me preocupaba por mi participaci&#243;n en el negocio.

Te caigo bien.

Eres un grano en el culo.

Todav&#237;a no lo entiendo -dije, y la sonrisa desapareci&#243; de mi rostro-. &#191;C&#243;mo es que no recuerdo d&#243;nde estuve?

D&#233;jelo correrMis manos comenzaron a temblar. Las mir&#233;, intent&#233; que se detuviesen. No lo hicieron. Esperanza tambi&#233;n las miraba.

Dime. &#191;Qu&#233; recuerdas?

Mi pierna empez&#243; a temblar. Sent&#237; que algo se cerraba en mi pecho. El p&#225;nico comenzaba a funcionar.

&#191;Est&#225;s bien?

Me vendr&#237;a bien un poco de agua.

Ella sali&#243; deprisa y volvi&#243; con un vaso. Lo beb&#237; poco a poco, casi con miedo de ahogarme. Mir&#233; mis manos. El terremoto. No consegu&#237;a que parase. &#191;Qu&#233; demonios no funcionaba en m&#237;?

&#191;Myron?

Estoy bien -dije-. &#191;Qu&#233; pasa ahora?

Tenemos clientes que necesitan nuestra ayuda.

La mir&#233;.

Ella exhal&#243; un suspiro.

Pensamos que podr&#237;as necesitar tiempo.

&#191;Para qu&#233;?

Para recuperarte.

&#191;De qu&#233;? Estoy bien.

S&#237;, se te ve fant&#225;stico. El temblor te queda de maravilla. Y no hagas que me ponga cachonda con tu nuevo tic facial. Demasiado sensual.

No necesito tiempo, Esperanza.

S&#237;, lo necesitas.

Terese ha desaparecido.

O est&#225; muerta.

&#191;Est&#225;s tratando de asustarme?

Ella se encogi&#243; hombros.

Aunque est&#233; muerta, necesito encontrar a su hija.

No en tu estado.

S&#237;, Esperanza, en mi estado.

No dijo nada.

&#191;Qu&#233; pasa?

No creo que est&#233;s preparado.

A ti no te concierne.

Se lo pens&#243;.

Supongo que no.

&#191;Entonces?

Tengo algunas cosas sobre el doctor que Collins visit&#243; por la enfermedad de Huntington y aquella organizaci&#243;n de los &#193;ngeles.

&#191;Qu&#233; has encontrado?

Puede esperar. Si de verdad vas en serio con esto, si de verdad est&#225;s preparado, tienes que llamar a este n&#250;mero con este tel&#233;fono.

Me dio un m&#243;vil y sali&#243; del despacho, sin olvidarse de cerrar la puerta. Mir&#233; el n&#250;mero de tel&#233;fono. Desconocido, pero no habr&#237;a esperado otra cosa. Marqu&#233; los d&#237;gitos y apret&#233; la tecla.

Dos timbrazos m&#225;s tarde, escuch&#233; una voz conocida que dec&#237;a:

Bienvenido de entre los muertos, amigo. Encontr&#233;monos en persona en un local secreto. Me temo que tenemos mucho de qu&#233; hablar.

Era Berleand.



25

El local secreto de Berleand estaba en el Bronx.

La calle era un agujero, el local un antro. Comprob&#233; la direcci&#243;n de nuevo, pero no hab&#237;a ning&#250;n error. Era un bar de striptease llamado, seg&#250;n el cartel, PLACERES EXCLUSIVOS, aunque a primera vista resultaba algo dudoso. Un cartel m&#225;s peque&#241;o escrito en letras de ne&#243;n se&#241;alaba que era una SALA PARA CABALLEROS CON CLASE. El t&#233;rmino clase no parec&#237;a tanto un ox&#237;moron sino una irrelevancia. Un club de striptease con clase es un poco como decir peluca bonita. Puede ser bonita, puede ser fea, pero sigue siendo una peluca.

La sala era oscura y sin ventanas, por lo tanto, a mediod&#237;a, que era cuando llegu&#233;, ten&#237;a el mismo aspecto que a medianoche.

Un negro gigante con la cabeza afeitada me pregunt&#243;:

&#191;En qu&#233; puedo ayudarle?

Busco a un franc&#233;s de unos cincuenta y tantos.

Cruz&#243; los brazos sobre el pecho.

&#201;se es Tuesdays -respondi&#243;.

No, me refiero

S&#233; a qu&#233; se refiere. -Contuvo la sonrisa y se&#241;al&#243; con un grueso brazo tatuado con una D de color verde hacia la pista de baile. Esperaba ver a Berleand en un tranquilo rinc&#243;n en sombras, pero no, all&#237; estaba, junto al escenario, en primera fila y en el centro, con la mirada enfocada en el talento.

&#191;Es aqu&#233;l el franc&#233;s al que busca?

S&#237;.

El gorila se volvi&#243; hacia m&#237;. La placa de identificaci&#243;n pon&#237;a ANTHONY. Me encog&#237; de hombros. Mir&#243; a trav&#233;s de m&#237;.

&#191;Hay algo m&#225;s que pueda hacer por usted? -pregunt&#243;.

&#191;Puede decirme que no tengo la pinta de los tipos que vienen a un lugar como &#233;ste, sobre todo durante el d&#237;a?

Anthony sonri&#243;.

&#191;Sabe qui&#233;nes son los tipos que no vienen a un lugar como &#233;ste, sobre todo durante el d&#237;a?

Esper&#233;.

Los ciegos.

Se alej&#243;. Camin&#233; hacia Berleand y el bar. La banda sonora ofrec&#237;a a Beyonc&#233; cant&#225;ndole a su novio que &#233;l no sab&#237;a c&#243;mo era ella, que pod&#237;a tener a otro hombre en un instante, que &#233;l era desechable. Esta indignaci&#243;n resultaba un tanto rid&#237;cula. T&#237;a, si eres Beyonc&#233;. Eres preciosa, eres famosa, eres rica, le compras a tu novio coches de lujo y prendas car&#237;simas. S&#237;, ser&#237;a imposible para ti ligarte a otro t&#237;o. El poder femenino.

La bailarina en topless del escenario ten&#237;a movimientos que podr&#237;a describir como l&#225;nguidos si hubiera sido capaz de moverse un poco m&#225;s. Su expresi&#243;n aburrida me hizo pensar que miraba la carta de ajuste de un canal de televisi&#243;n, el poste no era tanto un instrumento del oficio sino algo que la manten&#237;a erguida. No quiero parecer puritano, pero no acabo de pillar el atractivo de los locales de topless. Sencillamente, no me dicen nada. No es que las mujeres sean poco atractivas; algunas lo son, otras no. Una vez lo habl&#233; con Win, pero como siempre que se trata de cualquier cosa que incluye al sexo opuesto, fue un error; llegu&#233; a la conclusi&#243;n de que no me acabo de creer la fantas&#237;a. Quiz&#225;s sea un error de mi car&#225;cter, pero necesito creer que la dama est&#225; de verdad por m&#237;. A Win no pod&#237;a importarle menos, claro. Comprendo lo meramente f&#237;sico, pero a mi ego no le gustan los encuentros sexuales mezclados con el comercio, el resentimiento y la lucha de clases.

T&#237;ldenme de anticuado.

Berleand vest&#237;a una brillante cazadora gris. No dejaba de acomodarse las gafas y de sonre&#237;rle a la aburrida bailarina. Me sent&#233; a su lado. Se volvi&#243;, hizo aquello de secarse las manos y me observ&#243; por un momento.

Tiene un aspecto fatal -dijo.

S&#237; -respond&#237;-, en cambio a usted se le ve fenomenal. &#191;Una nueva crema hidratante?

Se comi&#243; un par de almendras.

&#191;As&#237; que &#233;ste es su local secreto?

Se encogi&#243; de hombros.

&#191;Por qu&#233; aqu&#237;? -Entonces, al pensarlo, a&#241;ad&#237;-: Espere, ya lo entiendo. Porque no puede estar m&#225;s lejos del radar, &#191;no?

Eso -asinti&#243; Berleand-, y porque me gusta mirar mujeres desnudas.

Mir&#243; de nuevo a la bailarina. Yo ya hab&#237;a tenido suficiente.

&#191;Terese est&#225; viva? -pregunt&#233;.

No lo s&#233;.

Continuamos sentados all&#237;. Comenc&#233; a morderme una u&#241;a.

Usted me advirti&#243; -manifest&#233; -. Dijo que era m&#225;s de lo que pod&#237;a manejar.

&#201;l observ&#243; a la bailarina.

Tendr&#237;a que haberle escuchado.

No hubiese importado. Hubiesen matado a Karen Tower y a Mario Contuzzi de todas maneras.

Pero no a Terese.

Usted, por lo menos, le puso punto y final. El error lo cometieron ellos, no usted.

&#191;Qui&#233;nes?

Bueno, yo entre ellos. -Berleand se quit&#243; las gafas gigantes y se frot&#243; el rostro-. Usamos muchos nombres. Seguridad Interior es quiz&#225;s el m&#225;s conocido. Como ya habr&#225; imaginado, soy el enlace franc&#233;s que trabaja en lo que su gobierno ha denominado guerra contra el terror. El equivalente brit&#225;nico deber&#237;a haber estado m&#225;s atento.

La camarera pechugona se acerc&#243; luciendo un escote que le llegaba un poco por encima de las rodillas.

&#191;Quieren champagne?

No es champagne -le corrigi&#243; Berleand.

&#191;Eh?

Es de California.

&#191;Y?

El champagne solo puede ser franc&#233;s. Ver&#225;, Champagne es un lugar, no solo una bebida. La botella que me ofrece contiene aquello que quienes carecen de papilas gustativas denominan vino espumante.

Ella puso los ojos en blanco.

&#191;Quiere un poco m&#225;s de vino espumante?

Querida m&#237;a, esa cosa ni siquiera se podr&#237;a utilizar como colutorio para perro. -Levant&#243; la copa vac&#237;a-. Por favor, tr&#225;igame otro de sus extraordinariamente aguados whiskys. -Me mir&#243;-. &#191;Myron?

No cre&#237;a que aqu&#237; tuviesen Yoo-hoo.

Una Coca-Cola Zero. -Cuando ella se alej&#243;, pregunt&#233;-: &#191;Qu&#233; est&#225; pasando?

Hasta donde le concierne a mi gente, el caso est&#225; cerrado. Rick Collins tropez&#243; con un complot terrorista. Fue asesinado en Par&#237;s por los terroristas. Mataron tambi&#233;n a dos personas vinculadas con Collins en Londres antes de que los matasen. Nada menos que por usted.

No vi mi nombre en ninguno de los peri&#243;dicos.

&#191;Est&#225; buscando que le atribuyan el m&#233;rito?

Para nada. Pero me pregunto por qu&#233; mantuvieron en secreto mi nombre.

Piense.

Reapareci&#243; la camarera.

Korbel lo llama champagne, don listillo. Y es de California.

Korbel tendr&#237;a que llamarlo aguas fecales. Ser&#237;a m&#225;s cercano a la verdad.

Ella dej&#243; nuestras copas y se fue.

Las fuerzas del gobierno no intentan quedarse con el m&#233;rito -continu&#243; el capit&#225;n-. Hay dos razones para dejar su nombre fuera. La primera, su seguridad. Por lo que tengo entendido, Mohammad Matar convirti&#243; esto en algo personal. Usted mat&#243; a uno de sus hombres en Par&#237;s. Quer&#237;a que viese morir a Karen Tower y Terese Collins antes de matarlo. Si de alguna manera se sabe que mat&#243; al Doctor Muerte, habr&#225; personas dispuestas a tomarse revancha en usted y en su familia. -Berleand le sonri&#243; a la bailarina y me tendi&#243; la palma-. &#191;Tiene un billete de cinco?

Busqu&#233; en mi billetera.

&#191;Y la segunda raz&#243;n?

Si no estaba all&#237;, si no estaba en el escenario de los asesinatos de Londres, entonces el gobierno no tiene que explicar d&#243;nde ha estado durante las dos &#250;ltimas semanas y pico.

Reapareci&#243; la ansiedad. Sacud&#237; la pierna, mir&#233; en derredor, quise levantarme. Berleand solo me mir&#243;.

&#191;Sabe d&#243;nde he estado?

S&#237;, tengo una idea. Usted tambi&#233;n.

Sacud&#237; la cabeza.

No.

&#191;No tiene ning&#250;n recuerdo de las &#250;ltimas dos semanas?

No dije nada. Sent&#237; una opresi&#243;n en el pecho. Me costaba respirar. Cog&#237; la lata de Coca-Cola y comenc&#233; a beber a sorbitos.

Est&#225; temblando -dijo.

&#191;Y?

Anoche. &#191;Durmi&#243; intranquilo? &#191;Tuvo pesadillas?

Por supuesto. Estaba en un hospital. &#191;Por qu&#233;?

&#191;Sabe qu&#233; es el sue&#241;o crepuscular?

Pens&#233;.

&#191;No tiene algo que ver con el embarazo?

En realidad con el parto. Fue algo muy popular en los cincuenta y sesenta. La teor&#237;a era: &#191;por qu&#233; una mujer debe sufrir los terribles dolores del parto? As&#237; que le inyectaban a la madre una mezcla de morfina y escopolamina. En algunos casos la madre se quedaba dormida del todo. En otros, el objetivo final, la morfina aminoraba el dolor mientras que la combinaci&#243;n hac&#237;a que no recordase. La amnesia m&#233;dica o sue&#241;o crepuscular. Dej&#243; de utilizarse porque, uno, los beb&#233;s a veces nac&#237;an con algo parecido a un estupor por la droga, y dos, todo aquel movimiento en pro de vivir la experiencia. No acabo de entender muy bien el segundo motivo, pero no soy mujer.

&#191;Hay alg&#250;n punto concreto al que quiera ir a parar?

Lo hay. &#201;sa era la manera en los cincuenta o sesenta. Hace m&#225;s de medio siglo. Ahora tenemos otras drogas y much&#237;simo tiempo para experimentar con ellas. Imagine la herramienta si pudi&#233;semos perfeccionar aquello que hac&#237;an hace m&#225;s de cincuenta a&#241;os. Usted podr&#237;a te&#243;ricamente retener a alguien durante un largo per&#237;odo y nunca lo recordar&#237;a.

Esper&#243;. No tard&#233; mucho en comprenderlo.

&#191;Es eso lo que me pas&#243; a m&#237;?

No s&#233; qu&#233; le pas&#243; a usted. Ya habr&#225; o&#237;do hablar de las c&#225;rceles secretas de la C&#205;A.

Claro.

&#191;Cree que existen?

&#191;Lugares donde la C&#205;A lleva a los prisioneros y no se lo dice a nadie? Supongo que s&#237;.

&#191;Supone? No sea ingenuo. Bush admiti&#243; que las tenemos. Pero no comenzaron con el 11-S ni acabaron cuando el Congreso investig&#243; el tema en unas cuantas audiencias. Piense en lo que podr&#237;an hacer all&#237; solo con tener a los prisioneros en sue&#241;o crepuscular prolongado. Hizo que las mujeres olvidasen el dolor del parto, el peor dolor que hay. Pod&#237;an interrogarlo durante horas, conseguir que dijese e hiciese lo que fuese y que luego lo olvidara.

Mi pierna comenz&#243; a machacar el suelo.

Muy diab&#243;lico.

&#191;Lo es? Digamos que captura a un terrorista. Ya conoce el viejo debate de que, si sabe que va a estallar otra bomba, es leg&#237;timo torturarlo para salvar vidas. Bueno, aqu&#237; se borra la pizarra. &#201;l no lo recuerda. &#191;Hace eso m&#225;s &#233;tico el acto? Usted, mi querido amigo, con toda probabilidad fue interrogado con dureza, quiz&#225;s torturado. No lo recuerda. Entonces, &#191;qu&#233; pasa?

Como un &#225;rbol que cae en el bosque cuando no hay nadie alrededor -dije.

Exactamente.

Ustedes los franceses y su filosof&#237;a.

Somos algo m&#225;s que la peque&#241;a muerte de Sartre.

Es una pena. -Me mov&#237; en mi asiento-. Me cuesta creerlo.

Yo tampoco estoy seguro de creerlo. Pero pi&#233;nselo. Piense en las personas que de pronto desaparecen y nunca vuelven a aparecer. Piense en las personas que son productivas y sanas y de pronto se convierten en suicidas, desamparadas o desequilibradas. Piense en las personas, personas que siempre le han parecido buenas y normales, que de pronto afirman haber sido abducidas por extraterrestres o comienzan a sufrir el s&#237;ndrome de estr&#233;s postraum&#225;tico.

D&#233;jelo correrRespirar era de nuevo una lucha. Notaba como mi pecho se atascaba.

No puede ser as&#237; de sencillo -dije.

No lo es. Como digo, piense en las personas que de pronto se convierten en psic&#243;ticas o las personas racionales que sin m&#225;s afirman tener una revelaci&#243;n religiosa o alucinaciones extraterrestres. Y de nuevo la pregunta moral: &#191;est&#225; bien el trauma, por un bien superior, si se olvida de inmediato? Los hombres que dirigen esos lugares no son malvados. Consideran que los hacen m&#225;s &#233;ticos.

Me toqu&#233; el rostro. Las l&#225;grimas corr&#237;an por mis mejillas. No sab&#237;a por qu&#233;.

M&#237;relo desde su punto de vista. El hombre al que mat&#243; en Par&#237;s, el que trabajaba con Mohammad Matar. El gobierno cre&#237;a que estaba a punto de cambiar de bando y proveernos de valiosa informaci&#243;n. Hay una gran lucha interna dentro de estos grupos. &#191;Por qu&#233; estaba usted en medio? Mat&#243; a Matar, vale, en defensa propia, pero quiz&#225;s, solo quiz&#225;s, lo enviaron a matarlo. &#191;Lo ve? Era razonable llegar a la conclusi&#243;n de que usted sab&#237;a algo que pod&#237;a salvar vidas.

As&#237; que -me detuve- me torturaron.

Se acomod&#243; las gafas en la nariz sin responder.

&#191;No ha habido nadie que recordase si esto pasa de verdad? -pregunt&#233;-. &#191;Nadie ha dicho nada?

&#191;Decir qu&#233;? Puede empezar a recordar. &#191;Qu&#233; va a hacer al respecto? No sabe d&#243;nde estuvo. No sabe qui&#233;n lo retuvo. Est&#225; aterrorizado porque en el fondo de su coraz&#243;n sabe que pueden atraparlo de nuevo.

Su mam&#225; y su pap&#225;-As&#237; que se quedar&#225; callado porque no tiene otra elecci&#243;n. Y quiz&#225;s, solo quiz&#225;s, lo que hacen est&#225; salvando vidas. &#191;Nunca se pregunt&#243; c&#243;mo acabamos con muchos complots terroristas antes de que se cumpliesen?

&#191;Torturando a las personas y haciendo que olvidaran?

Berleand me dedic&#243; un encogimiento de hombros muy elaborado.

Si es tan efectivo, &#191;por qu&#233; no lo utilizaron con personas como Jalid Sheik, Mohammad o alg&#250;n otro de los terroristas de Al Qaeda?

&#191;Qui&#233;n dice que no lo han hecho? Hasta ahora, a pesar de todo el jaleo, el gobierno de Estados Unidos solo ha admitido que utiliz&#243; la tortura del submarino en tres ocasiones y ninguna desde 2003. &#191;De verdad cree que es as&#237;? En el caso de Jalid, el mundo entero estaba mirando. Aqu&#233;l fue el error que su gobierno aprendi&#243; de Guant&#225;namo. No lo hagas donde todo el mundo te pueda ver.

Beb&#237; otro sorbo. Mir&#233; a mi alrededor. El lugar no estaba lleno, pero tampoco vac&#237;o. Vi trajes y tipos en camiseta y vaqueros. Vi a hombres blancos, negros, latinos. Ning&#250;n ciego. Anthony el gorila ten&#237;a raz&#243;n.

&#191;Ahora qu&#233;? -pregunt&#233;.

La c&#233;lula ha sido desmantelada, y tambi&#233;n, hasta cierto punto, el plan que estuviesen organizando.

Usted no lo cree.

No.

&#191;Por qu&#233;?

Porque Rick Collins parec&#237;a creer que hab&#237;a encontrado algo muy grande. Algo a largo plazo y de largo alcance. La coalici&#243;n para la que trabajo se alter&#243; mucho cuando le mostr&#233; a usted la foto de Matar. Por eso ahora estoy fuera.

Lo siento.

No se preocupe. Est&#225;n buscando la siguiente c&#233;lula y el correspondiente complot. Yo no. Yo quiero continuar investigando &#233;sta. Tengo amigos que quieren ayudar.

&#191;Qu&#233; amigos?

Usted los conoci&#243;.

Hice memoria.

El Mossad.

Asinti&#243;.

Collins tambi&#233;n hab&#237;a buscado su ayuda.

&#191;Por eso me segu&#237;an?

En un primer momento creyeron que quiz&#225;s usted lo hab&#237;a asesinado. Yo les asegur&#233; que no lo hab&#237;a hecho. Collins sab&#237;a algo, pero no pod&#237;a decir exactamente qu&#233;. Hizo que todos los bandos se enfrentasen; al final resultaba dif&#237;cil decir d&#243;nde depositaba su lealtad. Seg&#250;n el Mossad, interrumpi&#243; el contacto con ellos y desapareci&#243; una semana antes de morir.

&#191;Tiene alguna idea de por qu&#233;?

Ninguna.

Los ojos de Berleand se fijaron en su copa. Agit&#243; la bebida con el dedo.

Entonces, &#191;por qu&#233; est&#225; aqu&#237; ahora? -pregunt&#233;.

Vine cuando lo encontraron.

&#191;Por qu&#233;?

Bebi&#243; otro trago largo.

Ya son muchas preguntas por hoy.

&#191;De qu&#233; habla?

Se levant&#243;.

&#191;Ad&#243;nde va?

Le expliqu&#233; la situaci&#243;n.

De acuerdo. Tenemos trabajo que hacer.

&#191;Tenemos? Usted ya no tiene nada que ver con esto.

Est&#225; de broma, &#191;no? Para empezar, necesito encontrar a Terese.

Me sonri&#243;.

&#191;Puedo ser directo?

No, en realidad preferir&#237;a que continuase mareando la perdiz.

Se lo digo porque no soy muy bueno comunicando malas noticias.

Hasta el momento parece hacerlo muy bien.

Pero nada como esto. -Berleand mantuvo la mirada apartada de m&#237; y fija en el escenario, pero no creo que mirase a la bailarina-. Ustedes los norteamericanos lo llaman una comprobaci&#243;n de la realidad objetiva. Por lo tanto, esto es lo que hay: Terese est&#225; muerta, en cuyo caso no puede ayudarla. O como a usted, la tienen retenida en alguna c&#225;rcel secreta, en cuyo caso est&#225; impotente.

Yo no estoy impotente -afirm&#233; en una voz que no podr&#237;a haber sonado m&#225;s d&#233;bil.

S&#237;, amigo m&#237;o, lo est&#225;. Incluso antes de ponerme en contacto con &#233;l, Win orden&#243; que todos guardasen silencio respecto a su desaparici&#243;n. &#191;Por qu&#233;? Porque sab&#237;a que si cualquiera, sus padres, el que fuese, organizaba alg&#250;n esc&#225;ndalo, usted quiz&#225;s nunca regresar&#237;a a casa. Hubiesen montado un accidente de coche y usted estar&#237;a muerto. O un suicidio. Con Terese Collins todav&#237;a es m&#225;s f&#225;cil. Podr&#237;an matarla y enterrarla, y decir que ha vuelto a ocultarse en Angola. O pueden montar un suicidio y decir que la muerte de su hija fue algo que ya no pudo soportar. No hay nada que pueda hacer por ella.

Me ech&#233; hacia atr&#225;s en la silla.

Necesita cuidar de usted mismo -a&#241;adi&#243;.

&#191;Quiere que me mantenga apartado?

S&#237;, y si bien soy sincero cuando digo que usted no tiene la culpa, se lo avis&#233; ya una vez. Usted prefiri&#243; no escucharme.

Ten&#237;a toda la raz&#243;n.

Una &#250;ltima pregunta -dije.

Esper&#243;.

&#191;Por qu&#233; me cuenta todo esto?

&#191;Lo de la c&#225;rcel secreta?

S&#237;.

Porque a pesar de lo que ellos creen que hace la medicaci&#243;n, no creo que se pueda olvidar del todo. Necesita ayuda, Myron. Por favor, cons&#237;gala.


Ahora explico c&#243;mo descubr&#237; que quiz&#225;s Berleand ten&#237;a raz&#243;n.

Cuando volv&#237; al despacho, llam&#233; a algunos clientes. Esperanza pidi&#243; s&#225;ndwiches en Lenny's. Todos comimos en la mesa. Esperanza habl&#243; de su beb&#233;, H&#233;ctor. Comprend&#237; que hay pocos clich&#233;s m&#225;s grandes que decir que la maternidad cambia a una mujer, pero en el caso de Esperanza los cambios parec&#237;an particularmente sorprendentes y no del todo atractivos.

Cuando acabamos, fui a mi despacho y cerr&#233; la puerta. Dej&#233; la luz apagada. Permanec&#237; sentado a mi mesa durante mucho tiempo. Todos tenemos nuestros momentos de contemplaci&#243;n y depresi&#243;n, pero eso era algo diferente, m&#225;s profundo y pesado. No pod&#237;a moverme. Los miembros me pesaban como si fuesen de plomo. A lo largo de los a&#241;os me hab&#237;a visto metido en m&#225;s de un l&#237;o, as&#237; que ten&#237;a un arma en mi despacho.

Una Smith Wesson calibre 38 para ser m&#225;s exactos.

Abr&#237; el &#250;ltimo caj&#243;n, saqu&#233; el arma y la sostuve en mi mano. Las l&#225;grimas corr&#237;an por mis mejillas.

S&#233; lo melodram&#225;tico que debe de sonar. Esta imagen de pobrecito de m&#237;, sentado solo ante mi mesa, deprimido, con un arma en mi mano; es del todo rid&#237;cula cuando lo piensas. De haber tenido una foto de Terese en mi mesa, podr&#237;a haberla sujetado a lo Mel Gibson en la primera Arma letal y haber metido el ca&#241;&#243;n en mi boca.

No lo hice.

Pero pens&#233; en hacerlo.

Cuando comenz&#243; a girar el pomo de la puerta de mi despacho -aqu&#237; nadie llama, y menos Esperanza-, me mov&#237; deprisa y guard&#233; el arma en el caj&#243;n. Esperanza entr&#243; y me mir&#243;.

&#191;Qu&#233; est&#225;s haciendo? -pregunt&#243;.

Nada.

&#191;Qu&#233; estabas haciendo?

Nada.

Ella me mir&#243;.

&#191;Te estabas complaciendo a ti mismo debajo de la mesa?

Me has pillado.

As&#237; y todo tienes un aspecto horrible.

S&#237;, eso es lo que se comenta en la calle.

Te dir&#237;a que te fueses a casa, pero ya has estado ausente demasiados d&#237;as y no creo que andar dando vueltas solo te vaya a ayudar.

Estamos de acuerdo. &#191;Hay alg&#250;n motivo para tu intrusi&#243;n?

&#191;Tiene que haberlo?

Nunca lo ha habido en el pasado -dije-. Por cierto, &#191;por d&#243;nde anda Win?

Por eso he entrado. Est&#225; en el Batifono. -Hizo un gesto para que me girase.

En el armario detr&#225;s de mi mesa hay un tel&#233;fono rojo debajo de lo que parece una campana de vidrio. Si ha visto la primera serie de Batman, sabr&#225; por qu&#233;. El tel&#233;fono rojo parpadeaba. Win. Lo descolgu&#233; y pregunt&#233;:

&#191;D&#243;nde est&#225;s?

En Bangkok -respondi&#243; Win con su tono un tanto acelerado-, que en realidad es un nombre ir&#243;nico para este lugar cuando lo piensas.

&#191;Desde cu&#225;ndo? -pregunt&#233;.

&#191;Es importante?

Solo parece el peor de los momentos -se&#241;al&#233;. Luego al recordarlo pregunt&#233;-: &#191;Qu&#233; pas&#243; con aquella muestra de ADN que recogimos de la tumba de Miriam?

Confiscada.

&#191;Por qu&#233;?

Hombres con placas brillantes y trajes lustrosos.

&#191;C&#243;mo se enteraron?

Silencio.

Entonces aquella oleada de verg&#252;enza. Luego pregunt&#233;:

&#191;Yo?

No se molest&#243; en responder.

&#191;Hablaste con el capit&#225;n Berleand?

Lo hice. &#191;T&#250; qu&#233; opinas?

Opino que su hip&#243;tesis es cre&#237;ble.

No lo entiendo. &#191;Por qu&#233; est&#225;s en Bangkok?

&#191;D&#243;nde deber&#237;a estar?

Aqu&#237;, en casa, no lo s&#233;.

En este momento quiz&#225;s no sea una buena idea.

Pens&#233; en ello.

&#191;Esta l&#237;nea es segura?

Del todo. Y tu oficina ha sido inspeccionada esta ma&#241;ana.

&#191;Qu&#233; pas&#243; en Londres?

&#191;T&#250; me viste matar a Patachunta y Tarar&#225;?

S&#237;.

Entonces ya sabes el resto. Los polis entraron al asalto. Era imposible que pudiese sacarte y decid&#237; que lo mejor para m&#237; ser&#237;a largarme. Abandon&#233; el pa&#237;s de inmediato. &#191;Por qu&#233;? Porque yo, como acabo de decir, creo que el relato de Berleand es cre&#237;ble. Por lo tanto, no cre&#237; que fuese conveniente para ninguno de los dos que tambi&#233;n me pusiesen bajo custodia. &#191;Me comprendes?

S&#237;. Entonces, &#191;cu&#225;l es ahora tu plan?

Permanecer escondido un poco m&#225;s.

La mejor manera de hacer que todos est&#233;n seguros es llegar al fondo de este asunto.

Chachi, brother -dijo Win.

Me encanta cuando habla como los tipos de la calle.

Para ese fin, he echado las redes. Espero conseguir que alguien me hable del destino de la se&#241;ora Collins. Para decirlo con claridad, y, s&#237;, ya s&#233; que tienes un sentimiento hacia ella, si a Terese la mataron, significa que esto se ha acabado para nosotros. Nuestros intereses han desaparecido.

&#191;Qu&#233; me dices de encontrar a su hija?

Si Terese est&#225; muerta, &#191;qu&#233; sentido tiene?

Pens&#233;. Ten&#237;a toda la raz&#243;n. Hab&#237;a querido ayudar a Terese. Hab&#237;a querido -todav&#237;a resulta alucinante pensar en ello- reunir&#237;a con su difunta hija. &#191;Qu&#233; sentido tendr&#237;a, si Terese estaba muerta?

Baj&#233; la mirada y me di cuenta de que una vez m&#225;s me mord&#237;a una u&#241;a.

Entonces, &#191;ahora qu&#233;? -pregunt&#233;.

Esperanza dice que est&#225;s hecho un asco.

&#191;T&#250; tambi&#233;n vas a protegerme?

Silencio.

&#191;Win?

Win era el mejor a la hora de mantener la voz firme, pero quiz&#225;s por segunda vez desde que lo hab&#237;a conocido, escuch&#233; un quiebro.

Los &#250;ltimos diecis&#233;is d&#237;as fueron dif&#237;ciles.

Lo s&#233;, colega.

Remov&#237; cielo y tierra busc&#225;ndote.

No dije nada.

Hice algunas cosas que t&#250; nunca aprobar&#237;as.

Esper&#233;.

Segu&#237; sin encontrarte.

Comprend&#237; a qu&#233; se refer&#237;a. Win tiene fuentes que le est&#225;n vedadas a cualquier otro que yo conozca. Tiene dinero e influencia, y la verdad es que me quiere. Nada lo asusta. Pero sab&#237;a que hab&#237;a pasado unos diecis&#233;is d&#237;as muy duros.

Ahora estoy bien -dije-. Vuelve a casa cuando creas que es seguro.



26

Come otra alb&#243;ndiga -me dijo mam&#225;.

Ya no puedo m&#225;s, mam&#225;, gracias.

Una m&#225;s. Est&#225;s muy delgado. Prueba la de cerdo.

De verdad que no me gusta.

&#191;Qu&#233;? -Mam&#225; me mir&#243; sorprendida-. Pero si siempre te ha encantado comerlas en el restaurante chino.

Mam&#225;, el Fong's Garden cerr&#243; cuando yo ten&#237;a ocho a&#241;os.

Lo s&#233;. Pero as&#237; y todo

Pero as&#237; y todo La gran frase final de los debates con mam&#225;. Uno podr&#237;a atribuir con toda raz&#243;n el recuerdo del restaurante chino a un cerebro que envejece. Uno se puede equivocar. Mam&#225; ha estado haciendo el comentario de que ya no me gustaban las alb&#243;ndigas desde que ten&#237;a nueve a&#241;os.

Est&#225;bamos en la cocina de mi casa de la infancia en Livingston, Nueva Jersey. En la actualidad divid&#237;a mis noches entre esta residencia y el lujoso apartamento de Win en el Dakota, en la calle 72 Oeste y Central Park Oeste. Cuando mis padres se trasladaron a Miami hace unos a&#241;os, les compr&#233; esa casa. Uno podr&#237;a preguntarse con raz&#243;n los motivos psicol&#243;gicos para comprarla -hab&#237;a vivido aqu&#237; con mis padres hasta los treinta y tantos y, de hecho, todav&#237;a dorm&#237;a en el dormitorio del s&#243;tano que hab&#237;a montado cuando iba al instituto-, pero al final pocas veces me quedaba aqu&#237;. Livingston es una ciudad para familias que cr&#237;an ni&#241;os, no para solteros que trabajan en Manhattan. El apartamento de Win est&#225; mucho mejor ubicado y es solo un poco m&#225;s peque&#241;o, metro cuadrado m&#225;s o menos, que un principado europeo.

Pero mam&#225; y pap&#225; hab&#237;an vuelto a la ciudad, as&#237; que aqu&#237; est&#225;bamos.

Provengo de la Generaci&#243;n de la Culpa, en la que todos supuestamente detest&#225;bamos a nuestros padres y encontr&#225;bamos en sus acciones todos los motivos por los cuales nosotros mismos &#233;ramos unos adultos infelices. Quer&#237;a a mi padre y a mi madre. Me encantaba estar con ellos. No viv&#237; en aquel s&#243;tano hasta bien entrado en la edad adulta por una cuesti&#243;n de dinero. Lo hice porque me gustaba estar all&#237;, con ellos.

Acabamos la cena, tiramos las cajas de la comida y lavamos los cubiertos. Hablamos un poco de mi hermano y de mi hermana. Cuando mam&#225; mencion&#243; el trabajo de Brad en Sudam&#233;rica, sent&#237; un breve pero agudo dolor, algo cercano a un d&#233;j&#224; vu, pero mucho menos agradable. Se me cerr&#243; el est&#243;mago. Comenc&#233; de nuevo a morderme las u&#241;as. Mis padres intercambiaron una mirada.

Mam&#225; estaba cansada. Es algo que ahora le pasa con mucha frecuencia. Le di un beso en la mejilla y la vi subir las escaleras. Se apoyaba en la barandilla. Record&#233; los d&#237;as pasados, vi&#233;ndola subir los escalones con un andar gracioso y una coleta que se sacud&#237;a, su mano muy lejos de la condenada barandilla. Mir&#233; a pap&#225;. No dijo nada, pero creo que &#233;l tambi&#233;n hab&#237;a vuelto al pasado.

Pap&#225; y yo pasamos al estudio. Encendi&#243; el televisor. Cuando yo era peque&#241;o, pap&#225; ten&#237;a un sill&#243;n reclinable Barca Lounger de un horrible color marr&#243;n. El tapizado de vinilo estaba roto en las costuras y sobresal&#237;a algo met&#225;lico. Mi pap&#225;, que no era precisamente un manitas, lo manten&#237;a en su lugar con cinta aislante. S&#233; que las personas critican las horas que los norteamericanos dedican a mirar la televisi&#243;n, y con buen motivo, pero algunos de mis mejores recuerdos estaban en esa habitaci&#243;n, por la noche, con &#233;l tumbado en la silla arreglada con cinta aislante y yo en el div&#225;n. &#191;Alguien m&#225;s recuerda aquella programaci&#243;n estelar de la CBS los s&#225;bados por la noche? Allin the Family, MASH, Mary Tyler Moore, The Bob Newhart Show y The Carol Burnett Show. Mi padre se re&#237;a con tantas ganas por algo que hab&#237;a dicho Archie Bunker, y su risa era tan contagiosa, que yo comenzaba a re&#237;rme de la misma forma, aunque en realidad no entend&#237;a mucho los chistes.

Al Bolitar hab&#237;a trabajado de firme en su f&#225;brica de Newark. No era un hombre a quien le gustase jugar al p&#243;quer, estarse con los amigos o ir de bares. El hogar era su solaz. Le resultaba relajante estar con la familia. Hab&#237;a empezado muy pobre, era muy listo y probablemente hab&#237;a tenido sue&#241;os m&#225;s all&#225; de la factor&#237;a de Newark -fant&#225;sticos y grandes sue&#241;os-, pero nunca los comparti&#243; conmigo. Yo era su hijo. No cargas a tu hijo con cosas como &#233;sas, por nada del mundo.

Esa noche, se qued&#243; dormido durante una reposici&#243;n de Seinfeld. Observ&#233; como bajaba y sub&#237;a su pecho, la barba que comenzaba a blanquear. Al cabo de un rato me levant&#233; en silencio, baj&#233; al s&#243;tano, me met&#237; en la cama y mir&#233; el techo.

Mi pecho comenz&#243; a cerrarse de nuevo. Me domin&#243; el p&#225;nico. Mis ojos no quer&#237;an cerrarse. Cuando lo hac&#237;an, cuando consegu&#237;a empezar un viaje nocturno de cualquier tipo, las pesadillas me devolv&#237;an a la conciencia. No consegu&#237;a recordar los sue&#241;os, pero el miedo se quedaba. Estaba ba&#241;ado en sudor. Me sentaba en la oscuridad, aterrorizado, como un ni&#241;o.

A las tres de la ma&#241;ana un recuerdo cruz&#243; mi cerebro como un rel&#225;mpago. Bajo el agua. Incapaz de respirar. Esa imagen dur&#243; menos de un segundo, no m&#225;s, y fue reemplazada por otra sonora.

Al-sabr wal-sayf

Mi coraz&#243;n se dispar&#243; como si intentase escapar del pecho.

A las tres y media de la ma&#241;ana, sub&#237; las escaleras de puntillas y me sent&#233; en la cocina. Intent&#233; ser lo m&#225;s silencioso posible, pero lo sab&#237;a. Mi padre ten&#237;a el sue&#241;o m&#225;s ligero del mundo. En la ni&#241;ez, cuando intentaba pasar por delante de su puerta en plena noche, solo para hacer una r&#225;pida visita al ba&#241;o, &#233;l se despertaba como si alguien hubiese dejado caer un cubo de agua helada en su ingle. As&#237; que, como un hombre crecido y de mediana edad, un hombre que se consideraba a s&#237; mismo m&#225;s valiente que la mayor&#237;a, sab&#237;a lo que pasar&#237;a si entraba de puntillas en la cocina.

&#191;Myron?

Me volv&#237; mientras &#233;l bajaba las escaleras.

No pretend&#237;a despertarte, pap&#225;.

Oh, ya estaba despierto. -Pap&#225; vest&#237;a unos calzoncillos que hab&#237;an visto tiempos mejores y una vieja camiseta de Duke gris que era dos tallas m&#225;s grande-. &#191;Quieres que prepare unos huevos revueltos?

Perfecto.

Lo hizo. Nos sentamos y hablamos de cosas sin importancia. Intent&#243; no parecer demasiado preocupado, cosa que solo me hizo sentir todav&#237;a m&#225;s protegido. Volvieron m&#225;s recuerdos. Mis ojos se inundaban con l&#225;grimas y parpadeaba para quitarlas. Las emociones llegaron a tal punto que ya no pod&#237;a decir de verdad qu&#233; sent&#237;a. Ten&#237;a claro que me esperaban muchas noches de pesadillas. Lo comprend&#237;a. Pero sab&#237;a una cosa a ciencia cierta: no permanecer&#237;a quieto mucho tiempo.

Cuando lleg&#243; la ma&#241;ana llam&#233; a Esperanza.

Antes de desaparecer -dije-, estabas averiguando algunas cosas para m&#237;.

Buenos d&#237;as a ti tambi&#233;n.

Lo siento.

No te preocupes. &#191;Qu&#233; dec&#237;as?

Estabas investigando el suicidio de Sam Collins y aquel c&#243;digo de &#243;palo y la entidad ben&#233;fica Salvar a los &#193;ngeles.

S&#237;.

Quiero saber qu&#233; has encontrado.

Por un momento esper&#233; una discusi&#243;n, pero Esperanza debi&#243; de notar algo en mi tono.

Vale, nos encontraremos dentro de una hora. Podr&#233; mostrarte lo que tengo.


Lamento llegar tarde -se disculp&#243; Esperanza-, pero H&#233;ctor vomit&#243; en mi blusa y tuve que cambiarme y entonces la ni&#241;era comenz&#243; a hablarme de un aumento y H&#233;ctor empez&#243; a abrazarse a m&#237;

No te preocupes -dije.

El despacho de Esperanza todav&#237;a reflejaba en parte su pintoresco pasado. Hab&#237;a fotograf&#237;as de ella con el min&#250;sculo vestido de ante de Peque&#241;a Pocahontas, la princesa india, interpretada por una latina. Su Cintur&#243;n del Campeonato Intercontinental por Equipos, una cursiler&#237;a que si se pusiese alrededor de la cintura de Esperanza se le caer&#237;a probablemente desde las costillas hasta por encima de las rodillas, estaba enmarcado detr&#225;s de su mesa. Las paredes estaban pintadas de color lila y otros tonos de p&#250;rpura; nunca consigo recordar el nombre. La mesa era labrada y de roble macizo, conseguida en una tienda de antig&#252;edades por Big Cyndi, y aunque estaba aqu&#237; cuando la trajeron, segu&#237;a sin saber c&#243;mo la hab&#237;an hecho pasar por la puerta.

Pero en aquel momento el tema dominante en esa habitaci&#243;n, para citar el libro de cabecera del pol&#237;tico, era el cambio. Las fotograf&#237;as del hijo de Esperanza, H&#233;ctor, en poses tan comunes y obvias que rayaban el t&#243;pico, ocupaban la mesa y el armario. Estaban los habituales retratos de ni&#241;os -el arco iris de fondo al estilo del estudio fotogr&#225;fico Sears-, junto con la del ni&#241;o sentado en el regazo de Santa Claus y el Conejo de Pascua. Hab&#237;a una foto de Esperanza y su marido, Tom, que sujetaban a un H&#233;ctor vestido de blanco en su bautismo, y otra con un personaje de Disney que desconoc&#237;a. La foto m&#225;s grande mostraba a H&#233;ctor montado en un peque&#241;o veh&#237;culo infantil, quiz&#225;s un cami&#243;n de bomberos en miniatura, y Esperanza mirando a la c&#225;mara con la mayor y m&#225;s tonta sonrisa que yo hab&#237;a visto en ella.

Esperanza hab&#237;a sido la m&#225;s libre de los esp&#237;ritus libres. Hab&#237;a sido una bisexual promiscua, que con orgullo sal&#237;a con un hombre, despu&#233;s con una mujer, y otro hombre, sin importarle qu&#233; pensaban los dem&#225;s. Se hab&#237;a metido en la lucha libre porque era una manera divertida de ganar dinero, y cuando se cans&#243; de aquello comenz&#243; a estudiar derecho por las noches, mientras trabajaba como ayudante m&#237;a durante el d&#237;a. Eso puede parecer muy poco compasivo, pero la maternidad hab&#237;a domado un poco aquel esp&#237;ritu. Lo hab&#237;a visto antes, con otras amigas. Lo entiendo a medias. No me hab&#237;a enterado de la existencia de mi propio hijo hasta el momento en que era casi un hombre y, por consiguiente, nunca hab&#237;a experimentado aquel momento de transformaci&#243;n cuando nace tu hijo y de pronto todo tu mundo se reduce a una masa de tres kilos trescientos gramos. Eso era lo que le hab&#237;a ocurrido a Esperanza. &#191;Ahora era m&#225;s feliz? No lo s&#233;. Pero nuestra relaci&#243;n hab&#237;a cambiado, como deb&#237;a ser, y como soy ego&#237;sta, no me gustaba.

&#201;sta es la cronolog&#237;a -dijo Esperanza-. A Sam Collins, el padre de Rick, le diagnosticaron la enfermedad de Huntington hace aproximadamente cuatro meses. Se suicid&#243; unas pocas semanas m&#225;s tarde.

&#191;Est&#225; probado que fue un suicidio?

Seg&#250;n el informe de la polic&#237;a, no hay nada sospechoso.

Vale, contin&#250;a.

Despu&#233;s del suicidio, Rick Collins visit&#243; a la doctora Fre&#237;da Schneider, la genetista de su padre. Tambi&#233;n hay varias llamadas a su consulta. Me tom&#233; la libertad de llamar a la consulta de la doctora Schneider. Est&#225; un tanto ocupada, pero nos conceder&#225; quince minutos durante la pausa para el almuerzo. A las doce y media en punto.

&#191;C&#243;mo lo has conseguido?

MB REPS har&#225; una gran donaci&#243;n al Terence Cardinal Cooke Health Care Center.

Me parece justo.

Saldr&#225; de tu gratificaci&#243;n.

Perfecto, &#191;qu&#233; m&#225;s?

Rick Collins llam&#243; al centro CryoHope, cerca del New-York Presbyterian. Trabajan mucho con sangre del cord&#243;n umbilical, almacenamiento de embriones y c&#233;lulas madre. Lo dirigen cinco m&#233;dicos de diversas especialidades, as&#237; que es imposible saber con qui&#233;n trataba. Tambi&#233;n llam&#243; varias veces a Salvar a los &#193;ngeles. As&#237; que &#233;sta es la cronolog&#237;a: primero habl&#243; con la doctora Schneider, cuatro veces en el curso de dos semanas. Luego habl&#243; con CryoHope. Eso de alguna manera lleva a Salvar a los &#193;ngeles.

Bien -dije-. &#191;Podemos conseguir una cita con CryoHope?

&#191;Con qui&#233;n?

Con uno de los m&#233;dicos.

Hay un obstetra ginec&#243;logo -dijo Esperanza-. &#191;Le digo que quieres una prueba de embarazo?

Hablo en serio.

Ya lo s&#233;, pero no estoy segura de con qui&#233;n probar. Intento averiguar a qu&#233; m&#233;dico llam&#243;.

Quiz&#225;s la doctora Schneider pueda ayudarnos.

Podr&#237;a ser.

&#191;Has encontrado algo con aquella nota de cosas pendientes que mencionaba el &#243;palo?

No. Busqu&#233; en Google todas las letras. &#211;palo por supuesto, tiene un mill&#243;n de entradas. Cuando introduje HHK, lo primero que sali&#243; fue una compa&#241;&#237;a de seguros m&#233;dicos. Se ocupan de inversiones para la investigaci&#243;n del c&#225;ncer.

&#191;C&#225;ncer?

S&#237;.

No veo c&#243;mo encaja.

Esperanza frunci&#243; el entrecejo.

&#191;Qu&#233;?

No veo d&#243;nde encaja nada de todo esto -respondi&#243;-. Es m&#225;s, me parece una colosal p&#233;rdida de tiempo.

&#191;Por qu&#233;?

&#191;Qu&#233; es exactamente lo que esperas encontrar? El m&#233;dico trat&#243; a un viejo con la enfermedad de Huntington. &#191;Qu&#233; puede tener eso que ver con unos terroristas que asesinan a personas en Par&#237;s y Londres?

No tengo ni idea.

&#191;Ninguna pista?

Ninguna.

Probablemente no tenga ninguna conexi&#243;n en absoluto.

Probablemente.

Pero no tenemos nada mejor que hacer.

Eso es lo que haremos. Haremos preguntas hasta que salga algo. Todo este asunto comenz&#243; con un accidente de coche hace una d&#233;cada. Luego no tenemos nada hasta que Rick Collins descubri&#243; que su padre ten&#237;a la enfermedad de Huntington. No s&#233; cu&#225;l es la relaci&#243;n, y lo &#250;nico que se me ocurre hacer es dar marcha atr&#225;s y seguir su camino.

Esperanza cruz&#243; las piernas y empez&#243; a jugar con un rizo del pelo. Esperanza tiene el pelo muy oscuro, negro azulado, con aspecto de estar siempre desordenado. Cuando comienza a tirar de un rizo, significa que algo la inquieta.

&#191;Qu&#233;?

Nunca llam&#233; a Ali durante tu ausencia -dijo.

Asent&#237;.

Ni ella me llam&#243; nunca, &#191;no?

&#191;As&#237; que hab&#233;is acabado? -pregunt&#243; Esperanza.

Al parecer.

&#191;Utilizaste mi frase favorita para abandonarla?

La olvid&#233;.

Esperanza suspir&#243;.

Bienvenido a Abandonadalandia. Poblaci&#243;n: t&#250;.

Oh, no. Quiz&#225;s ser&#237;a m&#225;s apto decir poblaci&#243;n: yo.

Oh -Un instante de silencio-. Lo siento.

No pasa nada.

Win dijo que te revolcaste con Terese.

Casi se me escap&#243; Win se revolc&#243; con Mii, pero me preocup&#243; que Esperanza pudiese malinterpretarlo.

No veo la importancia -dije.

No te revolcar&#237;as cuando est&#225;s acabando con otra, a menos que te importe mucho Terese. Un mont&#243;n.

Me ech&#233; hacia atr&#225;s.

&#191;Y qu&#233;?

As&#237; que necesitamos ir a toda marcha, si eso ayuda. Pero tambi&#233;n necesitamos comprender la verdad.

&#191;Qu&#233; es?

Es probable que Terese est&#233; muerta.

Permanec&#237; en silencio.

He estado contigo cuando has perdido a seres queridos -me record&#243; Esperanza-. No es algo que soportes bien.

&#191;Qui&#233;n lo hace?

Tienes raz&#243;n. Pero tambi&#233;n te est&#225;s enfrentando a lo que sea que te pas&#243;. Y todo junto ya es mucho.

Estar&#233; bien. &#191;Algo m&#225;s?

S&#237; -dijo ella-. Aquellos dos tipos a los que Win y t&#250; disteis una paliza.

El entrenador Bobby y el entrenador ayudante Pat.

&#191;Qu&#233; pasa con ellos?

La polic&#237;a de Kasselton ha estado por aqu&#237; unas cuantas veces. Se supone que debes llamarles cuando regreses. Sabes que el tipo que Win descalabr&#243; pertenece a la poli, &#191;no?

Win me lo dijo.

Necesit&#243; de una intervenci&#243;n quir&#250;rgica en la rodilla y se est&#225; recuperando. El otro tipo, el que comenz&#243; la pelea, ten&#237;a una peque&#241;a cadena de tiendas de electrodom&#233;sticos. Las grandes cadenas lo dejaron sin negocio y ahora trabaja como encargado en Best Buy, en Paramus.

Me puse en pie.

Vale.

&#191;Vale qu&#233;?

Tenemos tiempo antes de encontrarnos con la doctora Schneider. Vayamos a Best Buy.



27

El polo azul de Best Buy se estiraba a trav&#233;s de la barriga de Bobby. Se apoyaba en un televisor mientras atend&#237;a a una pareja asi&#225;tica. Busqu&#233; alguna se&#241;al de la paliza, pero no encontr&#233; ninguna.

Esperanza me acompa&#241;aba. Al cruzar el local, un hombre vestido con una camisa de franela de le&#241;ador corri&#243; hacia ella.

Perd&#243;n -dijo con el rostro iluminado como el de un ni&#241;o en la ma&#241;ana de Navidad. Pero, Dios m&#237;o, &#191;no es usted Peque&#241;a Pocahontas?

Contuve una sonrisa. Nunca deja de sorprenderme cu&#225;ntas personas todav&#237;a la recuerdan. Me dirigi&#243; una mirada severa y se volvi&#243; hacia el admirador.

Lo soy.

Vaya. No me lo puedo creer. Esto es fant&#225;stico. Es un gran placer conocerla.

Gracias.

Sol&#237;a tener su p&#243;ster en mi dormitorio. Cuando ten&#237;a diecis&#233;is a&#241;os.

Me siento halagada -comenz&#243; ella.

Tambi&#233;n hay algunas manchas en aquel p&#243;ster -a&#241;adi&#243; &#233;l con un gui&#241;o -, sabe a qu&#233; me refiero.

 y asqueada. -Se despidi&#243; con un gesto y se alej&#243;-. Adi&#243;s.

La segu&#237;.

Manchas -dije-. Tendr&#237;as que sentirte un tanto halagada.

Desgraciadamente, lo estoy -respondi&#243;.

Olviden lo que dije antes de que la maternidad hab&#237;a domado su esp&#237;ritu. Esperanza segu&#237;a siendo lo m&#225;s grande.

Dejamos atr&#225;s al encargado de informaci&#243;n y fuimos hacia Bobby. Escuch&#233; al hombre asi&#225;tico preguntar cu&#225;l era la diferencia entre un televisor de plasma y un televisor LCD. Bobby sac&#243; pecho y habl&#243; de los pros y los contras, pero no entend&#237; nada. Entonces el hombre pregunt&#243; por los televisores DLP, que significa procesador digital de luz. A Bobby le encantaban los DLP. Comenz&#243; a explicar por qu&#233;.

Esper&#233;.

Esperanza movi&#243; la cabeza hacia Bobby.

Por lo que escucho creo que se mereci&#243; la paliza.

No. No peleas con las personas para darles una lecci&#243;n; solo peleas por supervivencia o autoprotecci&#243;n.

Esperanza torci&#243; el gesto.

&#191;Qu&#233;?

Win tiene raz&#243;n. Algunas veces eres muy mariquita.

El entrenador le sonri&#243; a la pareja asi&#225;tica y dijo:

T&#243;mense su tiempo, ahora mismo vuelvo y podemos hablar de la entrega gratuita.

Se acerc&#243; a m&#237; y sostuvo mi mirada.

&#191;Qu&#233; quiere?

Decirle que lo siento.

El entrenador no se movi&#243;. Tres segundos de silencio. Despu&#233;s continu&#243;:

Ya est&#225;, ya lo ha dicho.

Dio media vuelta y se dirigi&#243; de nuevo hacia sus clientes.

Esperanza me dio una palmada en la espalda.

Chico, ha sido purificante.


La doctora Fre&#237;da Schneider era baja y rolliza, con una gran sonrisa. Era una jud&#237;a ortodoxa y llevaba un vestido modesto y una gorra. Me reun&#237; con ella en la cafeter&#237;a del Terence Cardinal Cooke Health Care Center, en la Quinta Avenida con la 103. Esperanza estaba haciendo unas llamadas. La doctora Schneider me pregunt&#243; si quer&#237;a algo de comer. Rehus&#233; la invitaci&#243;n. Ella pidi&#243; un bocadillo. Nos sentamos. Rez&#243; por lo bajo y comenz&#243; a devorar el bocadillo como si &#233;ste la hubiese insultado.

Solo tengo diez minutos -dijo a modo de explicaci&#243;n.

Cre&#237; que eran quince.

Cambi&#233; de idea. Gracias por la donaci&#243;n.

Necesito hacerle unas preguntas referentes a Sam Collins.

Schneider trag&#243; el bocado.

Eso dijo su colega. Usted sabe todo aquello de la confidencialidad paciente-cliente, &#191;no? Para saltarme el discurso.

Por favor.

Est&#225; muerto, as&#237; que quiz&#225;s deba decirme a qu&#233; se debe su inter&#233;s en &#233;l.

Tengo entendido que se suicid&#243;.

No me necesita para que le diga eso.

&#191;Eso es com&#250;n entre los pacientes con Huntington?

&#191;Sabe qu&#233; es la enfermedad de Huntington?

S&#233; que es gen&#233;tica.

Es un desorden neurol&#243;gico gen&#233;tico hereditario. -Lo dijo entre bocados-. La enfermedad no mata de forma directa, pero a medida que progresa el trastorno, lleva a muchas complicaciones mortales como la neumon&#237;a, fallos card&#237;acos y no quiera saber qu&#233; m&#225;s. La enfermedad trastorna lo f&#237;sico, lo psicol&#243;gico y lo cognoscitivo. No es un trastorno agradable. Y s&#237;, el suicidio es algo bastante habitual. Algunos estudios muestran que uno de cada cuatro lo intenta con un siete por ciento de &#233;xito, por muy ir&#243;nico que parezca la palabra &#233;xito cuando se habla de suicidio.

&#191;&#201;se fue el caso con Sam Collins?

Hab&#237;a tenido una depresi&#243;n antes de ser diagnosticado. Resulta dif&#237;cil saber qu&#233; fue primero. La enfermedad por lo general comienza con un trastorno f&#237;sico, pero hay muchos casos en los que empieza como un trastorno psiqui&#225;trico o cognoscitivo. Por lo tanto, la depresi&#243;n pudo haber sido la primera se&#241;al de la enfermedad de Huntington mal diagnosticada. En realidad no importa mucho. En cualquier caso ya est&#225; muerto debido al Huntington; el suicidio solo es otra complicaci&#243;n letal.

Tengo entendido que la enfermedad de Huntington se hereda.

S&#237;.

Si uno de los padres lo tiene, el hijo tiene una posibilidad entre dos de contraerla.

Para no complicarlo, dir&#233; que s&#237;, que es as&#237;.

Si el padre no la tiene, el hijo tampoco. Ya est&#225;. La l&#237;nea familiar est&#225; limpia.

Contin&#250;e.

Por lo tanto, eso significa que uno de los padres de Sam Collins la tuvo.

Exactamente. Su madre vivi&#243; hasta los ochenta sin ning&#250;n s&#237;ntoma de Huntington, por lo que es probable que viniese por el lado de su padre, que muri&#243; joven y, por lo tanto, no tuvo tiempo de mostrar ning&#250;n s&#237;ntoma.

Me acerqu&#233; un poco.

&#191;Hizo la prueba a los hijos de Sam Collins?

No es algo que le concierna.

Me refiero espec&#237;ficamente a Rick Collins. Que tambi&#233;n est&#225; muerto. Es m&#225;s, asesinado.

A manos de un terrorista, seg&#250;n los informes de prensa.

S&#237;.

No obstante, &#191;cree que el diagn&#243;stico de su padre tiene algo que ver con el asesinato?

As&#237; es.

Fre&#237;da Schneider mordi&#243; otro bocado y sacudi&#243; la cabeza.

Rick Collins tiene un hijo -dije.

Lo s&#233;.

Y quiz&#225;s una hija.

Eso la detuvo en mitad del bocado.

&#191;Perd&#243;n?

No estaba muy seguro de c&#243;mo llevar el tema.

Rick Collins quiz&#225;s no sab&#237;a que estaba viva.

&#191;Quiere explic&#225;rmelo?

No hay tiempo. Solo tenemos diez minutos.

Es verdad.

&#191;Y?

Ella exhal&#243; un suspiro.

S&#237;, se le hizo la prueba a Rick Collins.

&#191;Y?

El an&#225;lisis de sangre muestra que el mismo n&#250;mero de CAG se repite en cada uno de los alelos HTT.

La mir&#233;.

Vale, no importa. En resumen, lamentablemente los resultados fueron positivos. No consideramos el an&#225;lisis de sangre como un diagn&#243;stico porque podr&#237;an pasar a&#241;os, incluso d&#233;cadas, antes de que apareciesen los s&#237;ntomas. Pero Rick Collins ya estaba mostrando corea, unos movimientos espasm&#243;dicos que no puedes controlar. Nos pidi&#243; que lo mantuvi&#233;semos en secreto. L&#243;gicamente aceptamos.

Reflexion&#233;. Rick ten&#237;a el Huntington. Ya ten&#237;a s&#237;ntomas; &#191;c&#243;mo hubiesen sido sus &#250;ltimos a&#241;os? Su padre se hab&#237;a preguntado lo mismo y hab&#237;a acabado con su vida.

&#191;Al hijo de Rick le hicieron las pruebas?

S&#237;, Rick insisti&#243;, algo que confieso que es poco habitual. Se debate mucho cuando se trata de estas pruebas, sobre todo con un ni&#241;o. Me refiero a que si descubres que un chico acabar&#225; por tener este desorden, &#191;no es una terrible carga con la que vivir? &#191;Es mejor saberlo ahora para que puedas vivir con plenitud? Si das positivo, &#191;te atrever&#237;as a tener hijos que seguramente tendr&#225;n un cincuenta por ciento de probabilidades de contraer la enfermedad? E incluso sabi&#233;ndolo, &#191;es una vida que se pueda llevar? La cuesti&#243;n &#233;tica puede ser muy confusa.

Pero, &#191;Rick someti&#243; a su hijo a las pruebas?

S&#237;. Rick era un reportero hasta la m&#233;dula. No cre&#237;a en no saber. El hijo, afortunadamente, dio negativo.

Eso tuvo que ser un alivio para &#233;l.

S&#237;.

&#191;Conoce usted el centro CryoHope?

Medit&#243; la pregunta.

Creo que hacen investigaciones y almacenamiento. Se ocupan sobre todo de guardar c&#233;lulas madre y cosas por el estilo.

Despu&#233;s de que Rick Collins viniese a verla, tambi&#233;n los visit&#243; a ellos. &#191;Tiene alguna idea de por qu&#233;?

No.

&#191;Qu&#233; me dice de Salvar a los &#193;ngeles? &#191;Los ha o&#237;do mencionar?

Schneider sacudi&#243; la cabeza.

No hay cura para la enfermedad de Huntington, &#191;no?

Correcto.

&#191;Y qu&#233; me dice de las c&#233;lulas madre?

Espere, se&#241;or Bolitar, volvamos atr&#225;s. Usted dijo que Rick Collins podr&#237;a tener una hija.

S&#237;.

&#191;Le importar&#237;a explic&#225;rmelo?

&#191;Le dijo a usted que hab&#237;a tenido una hija que muri&#243; hace diez a&#241;os en un accidente de coche?

No. &#191;Por qu&#233; iba a hacerlo?

Pens&#233;.

Cuando encontraron el cuerpo de Rick en Par&#237;s hab&#237;a sangre en la escena del crimen. Las pruebas de ADN demostraron que pertenec&#237;a a una hija.

Pero acaba de decir que la hija est&#225; muerta. No lo entiendo.

Tampoco yo hasta ese momento. Pero h&#225;bleme usted de la investigaci&#243;n con c&#233;lulas madre.

Ella se encogi&#243; de hombros.

Por el momento no son nada m&#225;s que especulaciones. En teor&#237;a se podr&#237;an reemplazar las neuronas da&#241;adas en el cerebro trasplantando c&#233;lulas madre del cord&#243;n umbilical. Hemos visto algunos signos alentadores en animales, pero todav&#237;a no se han realizado pruebas cl&#237;nicas con seres humanos.

As&#237; y todo, si usted estuviese muri&#233;ndose y desesperada

Una mujer entr&#243; en la cafeter&#237;a.

&#191;Doctora Schneider?

Ella levant&#243; un dedo, engull&#243; el &#250;ltimo trozo del bocadillo y se levant&#243;.

Para los moribundos y desesperados, s&#237;, cualquier cosa es posible. Todo, desde una cura milagrosa a bueno, el suicidio. Se han acabado los diez minutos, se&#241;or Bolitar. Vuelva en otro momento y lo llevar&#233; a recorrer las instalaciones. Se sorprender&#225; por el entusiasmo y el buen trabajo. Gracias por la donaci&#243;n y buena suerte con lo que sea que est&#225; intentando hacer.



28

El centro CryoHope resplandec&#237;a, con una mezcla ideal de lo m&#225;s moderno de la instalaci&#243;n m&#233;dica y un banco de lujo. El mostrador de la recepci&#243;n era alto y de madera oscura. Me apoy&#233; en &#233;l, y Esperanza a mi lado. Observ&#233; que la recepcionista, una belleza rolliza y bobalicona, no llevaba anillo de bodas. Pens&#233; en cambiar de plan. Una mujer soltera. Pod&#237;a poner en marcha mi encanto, y ella caer&#237;a rendida ante mi hechizo y responder&#237;a a todas mis preguntas. Esperanza sab&#237;a qu&#233; estaba pensando y solo me dirigi&#243; una mirada. Me encog&#237; de hombros. De todas maneras, la recepcionista no sabr&#237;a nada de nada.

Mi mujer est&#225; embarazada -dije, e hice un gesto hacia Esperanza-. Nos gustar&#237;a ver a alguien para hablar sobre el tema de conservar la sangre del cord&#243;n umbilical de nuestro beb&#233;.

La recepcionista me dirigi&#243; una sonrisa ensayada. Nos entreg&#243; un pu&#241;ado de folletos a todo color y papel satinado y nos hizo pasar a una habitaci&#243;n con sillones de terciopelo. Hab&#237;a grandes fotograf&#237;as art&#237;sticas de ni&#241;os en la pared, y uno de aquellos diagramas del cuerpo humano que te recuerdan las clases de biolog&#237;a de noveno. Rellenamos un formulario. Me pidieron mi nombre. Me sent&#237; tentado de poner cualquier cosa, pero me mantuve con Mark Kadison, porque era un amigo m&#237;o y si lo llamaban, &#233;l solo se reir&#237;a.

&#161;Hola!

Entr&#243; un hombre vestido con una bata blanca, corbata y las mismas gafas de montura oscura que utilizan los actores cuando quieren parecer inteligentes. Nos estrech&#243; las manos y se sent&#243; en otra de las butacas.

&#191;De cu&#225;nto est&#225;?

Mir&#233; a Esperanza.

De tres meses -respondi&#243; ella con el entrecejo fruncido.

Enhorabuena. &#191;Es el primero?

S&#237;.

Bien, me alegra ver que est&#225;n haciendo algo sensato al pensar en guardar la sangre del cord&#243;n umbilical de su beb&#233;.

&#191;Nos puede decir la tarifa? -pregunt&#233;.

Mil d&#243;lares por el procesamiento y almacenamiento. Despu&#233;s est&#225;n los pagos anuales por el almacenamiento. S&#233; que puede parecer-&#205;es caro, pero es una oportunidad &#250;nica. La sangre del cord&#243;n umbilical contiene c&#233;lulas madre que salvan vidas. As&#237; de sencillo. Pueden tratar anemias y leucemias. Pueden luchar contra las infecciones y ayudar contra algunos tipos de c&#225;ncer. Hemos avanzado mucho en la investigaci&#243;n que puede llevar a tratamiento para las enfermedades coronarias, el Parkinson y la diabetes. No, todav&#237;a no podemos curarlas. Pero, &#191;qui&#233;n sabe qu&#233; pasar&#225; dentro de unos a&#241;os? &#191;Est&#225;n familiarizados con los trasplantes de m&#233;dula?

M&#225;s o menos -respond&#237;.

Los trasplantes de sangre del cord&#243;n umbilical funcionan mejor y son mucho m&#225;s seguros; no precisan de ning&#250;n procedimiento quir&#250;rgico para obtenerla. Necesita un ochenta y tres por ciento de coincidencia para que funcione la m&#233;dula. Solo necesita un sesenta y siete por ciento con la sangre del cord&#243;n umbilical. Eso es ahora; ahora mismo. Hoy estamos salvando vidas con los trasplantes de c&#233;lulas madre. &#191;Me siguen?

Ambos asentimos.

Porque &#233;ste es el factor clave: el &#250;nico momento para almacenar sangre del cord&#243;n umbilical es inmediatamente despu&#233;s del nacimiento de su beb&#233;. Es lo que hay. No puede decidir hacerlo cuan-do el ni&#241;o tiene tres a&#241;os, o quiz&#225;s, Dios no lo quiera, cuando un hermano se ponga enfermo.

Entonces, &#191;c&#243;mo funciona? -pregunt&#233;.

Es indoloro y sencillo. Cuando tienen el beb&#233;, la sangre se recoge del cord&#243;n umbilical. Separamos las c&#233;lulas madre y las congelamos.

&#191;D&#243;nde se guardan las c&#233;lulas madre?

&#201;l abri&#243; los brazos.

Aqu&#237; mismo, en un entorno seguro. Tenemos guardias, generadores de emergencia y una c&#225;mara blindada. Como lo que podr&#237;a encontrar en cualquier banco. La opci&#243;n que trabajamos aqu&#237; con la mayor&#237;a, y es la que les recomiendo, es la que se llama banco familiar. En resumen, ustedes guardan las c&#233;lulas madre de su beb&#233; para su uso. Su beb&#233; puede necesitarla. Un hermano. Incluso uno de ustedes o quiz&#225;s un t&#237;o o una t&#237;a. Quien sea.

&#191;C&#243;mo saben que la sangre del cord&#243;n umbilical servir&#225;?

No hay garant&#237;as. Eso deben saberlo. Pero las probabilidades de que exista una correspondencia son muy grandes. Adem&#225;s, bueno, a m&#237; me parece que son una pareja de descendencias mezcladas. Es dif&#237;cil encontrar coincidencias, as&#237; que este tema puede ser muy importante para ustedes. Ah, y perm&#237;tanme se&#241;alarles que las c&#233;lulas madre de las que estamos hablando son del cord&#243;n umbilical, no tienen nada que ver con la pol&#233;mica sobre las c&#233;lulas madre de embriones.

&#191;No guardan embriones?

Lo hacemos, pero es algo totalmente aparte de lo que a ustedes les interesa. Eso es para problemas de infertilidad y cosas por el estilo. No se da&#241;a ning&#250;n embri&#243;n en la investigaci&#243;n de c&#233;lulas madre del cord&#243;n umbilical o el almacenamiento. Quiero dejarlo bien claro.

Ten&#237;a una sonrisa de oreja a oreja.

&#191;Es usted m&#233;dico? -pregunt&#233;.

La sonrisa flaque&#243; un poco.

No, pero tenemos cinco en el personal.

&#191;Qu&#233; clase de m&#233;dicos?

El centro tiene l&#237;deres en todos los campos. -Me alcanz&#243; un folleto y me se&#241;al&#243; la lista de los cinco m&#233;dicos-. Tenemos a un genetista que trabaja con enfermedades hereditarias. Tenemos a un hemat&#243;logo que se encarga de los trasplantes. Tenemos a un obstetra ginec&#243;logo que es pionero en el tema de la infertilidad. Tenemos a un onc&#243;logo pediatra que investiga con c&#233;lulas madre para encontrar tratamientos del c&#225;ncer en los ni&#241;os.

Perm&#237;tame que le haga una pregunta hipot&#233;tica.

Se inclin&#243; hacia nosotros.

Yo guardo la sangre del cord&#243;n umbilical de mi hijo. Pasan los a&#241;os. Entonces contraigo alguna enfermedad. Quiz&#225;s ustedes todav&#237;a no tienen la cura, pero yo quiero probar algo experimental. &#191;Puedo utilizar la sangre?

Es suya, se&#241;or Kadison. Puede hacer con ella lo que quiera.

No ten&#237;a ni idea de c&#243;mo seguir con aquello. Mir&#233; a Esperanza. No me ayud&#243; ni lo m&#225;s m&#237;nimo.

&#191;Puedo hablar con uno de sus m&#233;dicos? -pregunt&#233;.

&#191;Hay alguna pregunta que no haya sido capaz de contestar?

Intent&#233; por otro camino.

&#191;Tienen un cliente llamado Rick Collins?

&#191;Perd&#243;n?

Rick Collins. Es un amigo m&#237;o; me lo recomend&#243;. Quiero asegurarme de que es un cliente.

Esa informaci&#243;n es confidencial. Estoy seguro de que lo comprender&#225;. Si alguien preguntase por usted, le responder&#237;a lo mismo.

Un callej&#243;n sin salida.

&#191;Alguna vez ha o&#237;do mencionar una entidad ben&#233;fica llamada Salvar a los &#193;ngeles?

Su rostro se cerr&#243;.

&#191;Lo ha o&#237;do?

&#191;Qu&#233; pasa? -pregunt&#243;.

Solo he formulado una pregunta.

Le he explicado a usted el proceso -dijo, y se levant&#243;-. Les sugiero que lean los folletos. Esperamos que escojan nuestro centro. Les deseo la mejor de las suertes.


Una p&#233;rdida de tiempo -coment&#233; en la acera.

S&#237;.

Win ten&#237;a la teor&#237;a de que quiz&#225;s la sangre que encontraron en la escena del crimen proven&#237;a del cord&#243;n umbilical.

Eso explicar&#237;a mucho -opin&#243; Esperanza.

Excepto que no veo c&#243;mo. Digamos que Rick Collins guard&#243; la sangre de su hija Miriam. &#191;Entonces qu&#233;? &#191;Viene aqu&#237;, pide que la descongelen, la lleva a Par&#237;s y se derrama en el suelo cuando lo asesinan?

No -dijo ella.

&#191;Entonces qu&#233;?

Estamos pasando por alto algo obvio. Un paso o puede que unos cuantos. Quiz&#225;s mand&#243; la muestra congelada a Par&#237;s. Quiz&#225;s estaba trabajando con algunos m&#233;dicos en un programa experimental, ensayos humanos, que nuestro gobierno no aprobar&#237;a. No lo s&#233;, pero, &#191;tiene m&#225;s sentido que la muchacha sobreviviese al accidente de coche y estuviese oculta durante diez a&#241;os?

&#191;Viste su rostro cuando mencionamos Salvar a los &#193;ngeles?

No te extra&#241;e. Son un grupo que protesta contra el aborto y la investigaci&#243;n de c&#233;lulas madre de los embriones. &#191;Te fijaste en como su rollo de ventas recalca que la sangre del cord&#243;n umbilical no tiene nada que ver con la controversia de las c&#233;lulas madre?

Pens&#233;.

En cualquier caso, tenemos que investigar a Salvar a los &#193;ngeles.

Nadie responde al tel&#233;fono -dijo ella.

&#191;Tienes una direcci&#243;n?

Est&#225;n en Nueva Jersey. Pero

Pero, &#191;qu&#233;?

Estamos corriendo en c&#237;rculos. No hemos descubierto nada. Y luego est&#225; la realidad: nuestros clientes merecen algo mejor que esto. Les dimos nuestra palabra de que trabajar&#237;amos duro por ellos. Y no lo estamos haciendo.

No dije nada.

Eres el mejor de los agentes -a&#241;adi&#243;-. Yo soy buena en lo que hago. Soy muy buena. Soy mejor negociadora de lo que t&#250; ser&#225;s nunca, y s&#233; c&#243;mo encontrar negocios rentables para nuestros clientes m&#225;s que t&#250;. Pero conseguimos clientes porque conf&#237;an en ti. Porque lo que de verdad quieren es que su agente se preocupe por ellos, y en eso t&#250; eres muy bueno.

Se encogi&#243; de hombros; esper&#243;.

Entiendo lo que dices. La mayor parte del tiempo nos metemos en estos follones para proteger a un cliente. Pero esta vez es m&#225;s grande. Mucho m&#225;s grande. Vosotros quer&#233;is que me mantenga volcado en nuestros intereses personales. Lo comprendo. Pero necesito solucionar esto.

Tienes complejo de h&#233;roe -dijo ella.

Eso no es noticia.

Algunas veces te hace volar a ciegas. Lo haces muy bien cuando sabes adonde vas.

Ahora mismo, voy a Nueva Jersey. T&#250; vuelve a la oficina.

Puedo ir contigo.

No necesito una ni&#241;era.

Mala suerte, ya tienes una. Vamos a Salvar a los &#193;ngeles. Si es un callej&#243;n sin salida, regresamos a la oficina y trabajamos toda la noche. &#191;Hecho?

Hecho -respond&#237;.



29

Un callej&#243;n sin salida. En el m&#225;s puro sentido literal.

Seguimos las indicaciones del GPS hasta el edificio de oficinas ubicado en Ho-Ho-Kus, Nueva Jersey, al final de una calle sin salida. Hab&#237;a un gimnasio, el Ed's Body Shop, una escuela de karate llamada Eagle's Tal&#243;n y un estudio fotogr&#225;fico con un escaparate muy cursi llamado Official Photography de Albin Laramie. Se&#241;al&#233; las letras en el cristal cuando pasamos.

Oficial -dije-. Porque en realidad no querr&#237;as las fotos no oficiales de Albin Laramie.

Hab&#237;a fotos de bodas en las que se hab&#237;a utilizado un objetivo tan borroso que era dif&#237;cil saber d&#243;nde comenzaba el novio y d&#243;nde acababa la novia. Hab&#237;a provocativas poses de modelos, la mayor&#237;a de mujeres en biquini. Hab&#237;a horribles fotos de beb&#233;s en tonos sepia que imitaban un falso Victoriano. Los beb&#233;s iban vestidos con batas y ten&#237;an un aspecto siniestro. Cada vez que veo una fotograf&#237;a victoriana aut&#233;ntica de un beb&#233; no puedo evitar pensar: el que aparece en esta foto est&#225; muerto y enterrado. Quiz&#225;s sea m&#225;s morboso que la mayor&#237;a, pero, &#191;qui&#233;n quiere estas fotos tan afectadas?

Entramos en el vest&#237;bulo y miramos el directorio. Se supon&#237;a que Salvar a los &#193;ngeles estaba en el despacho 3 B, pero la puerta estaba cerrada a cal y canto. Vimos en la puerta la se&#241;al descolorida donde una vez hab&#237;a habido una placa.

La oficina m&#225;s cercana pertenec&#237;a a Bruno y Asociados. Preguntamos por la entidad ben&#233;fica vecina.

Se han marchado hace meses -nos dijo la recepcionista. Su placa pon&#237;a Minerva. No sab&#237;a si era su nombre o el apellido-. Se mudaron inmediatamente despu&#233;s del robo.

Enarqu&#233; una ceja y me acerqu&#233;.

&#191;Robo? -pregunt&#233;.

Soy muy bueno con este tipo de interrogatorios.

S&#237;. Les robaron todo. Tuvo que ser -frunci&#243; el entrecejo- eh, Bob, &#191;cu&#225;ndo fue el robo en la oficina de al lado?

Hace tres meses.

Eso fue casi todo lo que Minerva y Bob nos pudieron decir. En la televisi&#243;n, los detectives siempre preguntan si el inquilino ha dejado una nueva direcci&#243;n. Nunca he visto a una persona que lo haga en la vida real. Salimos y miramos la puerta de Salvar a los &#193;ngeles durante un segundo. La puerta no ten&#237;a nada que decirnos.

&#191;Est&#225;s preparado para volver al trabajo? -pregunt&#243; Esperanza.

Asent&#237;. Salimos a la calle. Parpade&#233; para protegerme del resplandor del sol y escuch&#233; a Esperanza decir:

Vaya, vaya.

&#191;Qu&#233;?

Me se&#241;al&#243; un coche al otro lado de la calle.

Mira la calcoman&#237;a en el parachoques trasero.

Ya la conocen. Son aquellos &#243;valos blancos con letras negras que muestran d&#243;nde has estado. Creo que comenz&#243; con las ciudades europeas. Un turista regresaba de un viaje a Italia y pon&#237;a ROM en la parte de atr&#225;s del coche. Ahora todas las ciudades parecen tener uno, una forma de mostrar el orgullo patri&#243;tico o algo por el estilo.

Esta calcoman&#237;a dec&#237;a HHK.

Ho-Ho-Kus -dije.

S&#237;.

Pens&#233; de nuevo en aquel c&#243;digo.

&#211;palo en Ho-Ho-Kus. Quiz&#225;s el cuatro-siete-uno-dos es el n&#250;mero de una casa.

&#211;palo puede ser el nombre de una persona.

Nos volvimos hacia donde hab&#237;amos aparcado y nos esperaba otra sorpresa. Un Cadillac Escalade negro estaba aparcado detr&#225;s de nosotros, y nos imped&#237;a la salida. Vi a un hombre fornido con un traje marr&#243;n que ven&#237;a hacia nosotros. Ten&#237;a el pelo muy corto, el rostro grande y anguloso y el aspecto de un delantero de los Green Bay Packer de 1953.

&#191;Se&#241;or Bolitar?

Reconoc&#237; la voz. La hab&#237;a o&#237;do dos veces antes. Una vez al tel&#233;fono cuando llam&#233; a Berleand, y otra en Londres, segundos antes de perder el conocimiento.

Esperanza se puso delante de m&#237;, como si quisiese protegerme. Apoy&#233; la mano con suavidad en su hombro para hacerle saber que no pasaba nada.

Agente especial Jones -dije.

Dos hombres, supuse que tambi&#233;n agentes, salieron del Escalade. Dejaron la puerta abierta y se apoyaron en el costado. Ambos llevaban gafas de sol.

Necesito que venga conmigo -dijo.

&#191;Estoy arrestado? -pregunt&#233;.

Todav&#237;a no. Pero de verdad deber&#237;a venir conmigo.

Esperemos a que tenga usted la orden de arresto -dije-. Tambi&#233;n traer&#233; a mi abogado. Haremos esto de acuerdo con las reglas.

Jones se acerc&#243; un paso.

Preferir&#237;a no presentar cargos formales. Aunque s&#233; que usted ha cometido cr&#237;menes.

Usted es testigo, &#191;no?

Jones se encogi&#243; de hombros.

&#191;D&#243;nde me llev&#243; despu&#233;s de perder el conocimiento? -pregunt&#233;.

&#201;l fingi&#243; un suspiro.

No tengo ni idea de qu&#233; me est&#225; hablando. Pero ninguno de los dos tiene tiempo para esto. Vayamos a dar un paseo, &#191;de acuerdo?

Cuando fue a cogerme del brazo, Esperanza dijo:

Agente especial Jones.

&#201;l la mir&#243;.

Tengo una llamada para usted -dijo ella.

Esperanza le entreg&#243; su m&#243;vil. Jones frunci&#243; el entrecejo pero lo cogi&#243;. Yo tambi&#233;n frunc&#237; el entrecejo y la mir&#233;. Su rostro no me revel&#243; ninguna pista.

&#191;Hola? -dijo Jones.

El tel&#233;fono ten&#237;a el volumen lo bastante alto como para que yo escuchase la voz al otro lado con toda claridad. La voz dijo:

Cromo, estilo militar, con el logotipo de Gucci grabado en la esquina inferior izquierda.

Era Win.

&#191;Eh? -pregunt&#243; Jones.

Veo la hebilla de su cintur&#243;n a trav&#233;s de la mira de mi fusil, aunque estoy apuntando seis cent&#237;metros m&#225;s abajo -respondi&#243; Win-. Quiz&#225;s cinco cent&#237;metros ser&#237;a m&#225;s apropiado en su caso.

Mis ojos se fijaron en la hebilla del tipo. Ah&#237; estaba. No ten&#237;a idea de lo que significaba cromo, estilo militar, pero all&#237; estaba el logotipo de Gucci grabado en la esquina inferior izquierda.

&#191;Gucci con el salario del gobierno? -coment&#243; Win-. Tiene que ser una copia.

Jones mantuvo el tel&#233;fono pegado al o&#237;do, y comenz&#243; a mirar en derredor.

Supongo que hablo con el se&#241;or Windsor Horne Lockwood.

No tengo ni idea de qu&#233; me est&#225; hablando.

&#191;Qu&#233; quiere?

Muy sencillo. El se&#241;or Bolitar no ir&#225; con usted.

Est&#225; amenazando a un agente federal. &#201;se es un delito capital.

Estoy comentando su sentido de la est&#233;tica -replic&#243; Win-. Dado que su cintur&#243;n es negro y sus zapatos son marrones, aqu&#237; el &#250;nico que est&#225; cometiendo un crimen es usted.

Los ojos de Jones se fijaron en los m&#237;os. Hab&#237;a una extra&#241;a calma en ellos para un tipo al que est&#225;n apuntando con un fusil a la ingle.

Mir&#233; a Esperanza. Ella rehuy&#243; mi mirada. Comprend&#237; algo un tanto obvio: Win no estaba en Bangkok. Me hab&#237;a mentido.

No quiero montar una escena -dijo Jones. Levant&#243; ambas manos-. De acuerdo, vale, aqu&#237; nadie est&#225; forzando a nadie. Que pase un buen d&#237;a.

Se volvi&#243; y se dirigi&#243; de vuelta a su coche.

&#191;Jones? -llam&#233;.

Me mir&#243;, protegi&#233;ndose los ojos del sol.

&#191;Sabe qu&#233; le pas&#243; a Terese Collins?

S&#237;.

D&#237;gamelo.

Si viene conmigo.

Mir&#233; a Esperanza. Ella le pas&#243; el m&#243;vil a Jones de nuevo.

Solo para dejar esto bien claro -dijo Win-. No podr&#225; ocultarse. Su familia no podr&#225; ocultarse. Si le ocurre algo a &#233;l, ser&#225; la destrucci&#243;n total. Todo lo que usted ama o le interesa. Y no, no es una amenaza.

El tel&#233;fono enmudeci&#243;.

Jones me mir&#243;.

Un tipo encantador.

No tiene usted idea.

&#191;Preparado para marchar?

Lo segu&#237; hasta el coche y entr&#233;.



30

Cruzamos el puente George Washington y regresamos a Manhattan. Jones me present&#243; a los dos agentes del asiento delantero, pero no recuerdo sus nombres. El Escalade sali&#243; por la calle 79 Oeste. Unos minutos m&#225;s tarde se detuvo en Central Park Oeste. Jones abri&#243; la puerta, cogi&#243; su malet&#237;n y dijo:

Vayamos a dar un paseo.

Me ape&#233;. El sol a&#250;n brillaba con fuerza.

&#191;Qu&#233; le pas&#243; a Terese? -pregunt&#233;.

Primero necesita conocer el resto.

No era as&#237;, pero no ten&#237;a ning&#250;n sentido insistir. Ya me lo dir&#237;a en su momento. Jones se quit&#243; la americana marr&#243;n y la dej&#243; en el asiento de atr&#225;s. Supuse que los agentes aparcar&#237;an para despu&#233;s escoltarnos, pero Jones dio una palmada en el techo y el coche se march&#243;.

&#191;Solo nosotros? -pregunt&#233;.

Solo nosotros.

Su malet&#237;n era de otra &#233;poca, rectangular con cerraduras de combinaci&#243;n. Mi padre ten&#237;a uno igual donde llevaba los contratos y las facturas, los bol&#237;grafos y un peque&#241;o magnet&#243;fono para ir y venir de su despacho en la factor&#237;a de Newark.

Jones entr&#243; en el parque por la 67 Oeste. Pasamos por delante del Tavern on the Green, las luces en los &#225;rboles atenuadas. Lo alcanc&#233; y dije:

Esto parece una novela de capa y espada.

Es una precauci&#243;n. Quiz&#225;s del todo innecesaria. Pero en mi oficio a veces comprendes el porqu&#233;.

Me pareci&#243; un tanto melodram&#225;tico, pero de nuevo no quise insistir. Jones se mostr&#243; de pronto sombr&#237;o y meditabundo, y no ten&#237;a idea de por qu&#233;. Miraba a los que corr&#237;an, a los que patinaban, a los ciclistas, a las mamas con los cochecitos.

S&#233; que suena un tanto rid&#237;culo -dijo-, pero patinan, viven, trabajan, aman, r&#237;en, y no tienen ni idea de lo fr&#225;gil que es todo.

Torc&#237; el gesto.

Perm&#237;tame adivinar. Usted, agente especial Jones, es el silencioso centinela que los protege, aquel que sacrifica su propia vida para que la ciudadan&#237;a pueda dormir tranquila por la noche. &#191;Va de eso?

Sonri&#243;.

Supongo que me lo merec&#237;a.

&#191;Qu&#233; le pas&#243; a Terese?

Jones continu&#243; caminando.

Cuando est&#225;bamos en Londres usted me puso bajo custodia.

S&#237;.

&#191;Y despu&#233;s?

Se encogi&#243; de hombres.

Esto funciona en compartimientos estancos. No lo s&#233;. Lo entregu&#233; a alguien de otro departamento. Ah&#237; acab&#243; mi parte.

Algo moralmente muy conveniente.

Hizo una mueca pero no se detuvo.

&#191;Qu&#233; sabe de Mohammad Matar? -pregunt&#243;.

Solo lo que le&#237; en los peri&#243;dicos -respond&#237;-. Era, supongo, un tipo muy malo.

El peor de los malos. Un radical extremista muy educado que hac&#237;a que otros radicales terroristas se mearan de miedo en la cama. A Matar le encantaba la tortura. Cre&#237;a que la &#250;nica manera de matar infieles era infiltrarse y vivir entre ellos. Fund&#243; una organizaci&#243;n terrorista llamada Muerte Verde. Su lema es: Al-sabr wal-sayf sawf yu-dammir al-kafirun.

Me sacudi&#243; un espasmo.

Al-sabr wal-sayf.

&#191;Qu&#233; significa? -pregunt&#233;.

La paciencia y la espada destruir&#225;n a los pecadores.

Sacud&#237; la cabeza con la voluntad de aclararla.

Mohammad Matar pas&#243; casi toda su vida en Occidente. Se cri&#243; en Espa&#241;a, pero pas&#243; alg&#250;n tiempo en Francia e Inglaterra. Doctor Muerte es m&#225;s que un apodo; fue a la Facultad de Medicina de Georgetown e hizo su residencia aqu&#237; mismo, en la ciudad de Nueva York. Pas&#243; doce a&#241;os en Estados Unidos bajo varios nombres falsos. Adivine qu&#233; d&#237;a se march&#243; de Estados Unidos.

No estoy de humor para adivinanzas.

El 10 de septiembre de 2001.

Ambos dejamos de hablar por un momento, y, casi de forma inconsciente, nos volvimos hacia el sur. No, no hubi&#233;semos podido ver las torres, aunque continuasen en pie. Pero se deb&#237;an presentar los respetos. Siempre y esperemos que para siempre.

&#191;Me est&#225; diciendo que &#233;l estaba involucrado?

&#191;Involucrado? Es dif&#237;cil de decir. Pero Mohammad lo sab&#237;a. Su partida no fue una coincidencia. Tenemos a un testigo que lo sit&#250;a en el Pink Pony a principios de aquel mes. &#191;El nombre le suena?

&#191;No era aquel club de striptease donde se reun&#237;an los terroristas antes del 11-S?

Jones asinti&#243;. Una excursi&#243;n escolar desfil&#243; ante nosotros. Los ni&#241;os -que tendr&#237;an unos diez u once a&#241;os- vest&#237;an camisas verdes con el nombre del colegio bordado en la pechera. Un maestro delante y otro detr&#225;s.

Usted mat&#243; a un gran jefe terrorista -a&#241;adi&#243; Jones-. &#191;Tiene idea de lo que le har&#237;an sus seguidores si descubriesen la verdad?

&#191;Por eso se atribuy&#243; el m&#233;rito de matarlo?

Por eso mantuvimos su nombre en secreto.

Se lo agradezco de verdad.

&#191;Es un sarcasmo?

Ni yo estaba seguro.

Si contin&#250;a dando palos de ciego, acabar&#225; por saberse la verdad. Habr&#225; dado un puntapi&#233; a un avispero y saldr&#225; un enjambre de terroristas.

Suponga que no les tengo miedo.

Entonces es que est&#225; loco.

&#191;Qu&#233; le pas&#243; a Terese?

Nos detuvimos al llegar a un banco.

Puso un pie en el asiento y apoy&#243; el malet&#237;n en la rodilla. Busc&#243; en el interior.

La noche antes de matar a Mohammad, usted abri&#243; la fosa de Miriam Collins para sacar pruebas destinadas a un an&#225;lisis de ADN.

&#191;Espera una confesi&#243;n?

Jones sacudi&#243; la cabeza.

No lo entiende.

&#191;Qu&#233; es lo que no entiendo?

Confiscamos los restos. Es probable que lo sepa.

Esper&#233;.

Jones sac&#243; un sobre.

Aqu&#237; tiene los resultados de las pruebas de ADN que quer&#237;a.

Tend&#237; la mano. Jones jug&#243; durante un momento a dudar si me lo dar&#237;a o no. Pero ambos lo sab&#237;amos. Estaba ah&#237; por eso. Me entreg&#243; el sobre. Lo abr&#237;. Lo primero era una foto de la muestra de hueso que Win y yo hab&#237;amos sacado aquella noche. Pas&#233; la p&#225;gina, pero Jones ya caminaba.

Las pruebas fueron concluyentes. Los huesos que sacaron pertenecen a Miriam Collins. El ADN corresponde a Rick Collins como padre y a Terese Collins como madre. Adem&#225;s, los huesos coinciden con el tama&#241;o y el desarrollo aproximado de una ni&#241;a de siete a&#241;os.

Le&#237; el informe. Jones continu&#243; caminando.

Esto podr&#237;a ser falso -dije.

Podr&#237;a -admiti&#243; Jones.

&#191;C&#243;mo explica la sangre encontrada en la escena del crimen en Par&#237;s?

Acaba de plantear una interesante posibilidad -se&#241;al&#243;.

&#191;Cu&#225;l?

Quiz&#225;s aquellos resultados eran falsos.

Me detuve.

Acaba de decir que quiz&#225;s yo falsifiqu&#233; el an&#225;lisis de ADN -a&#241;adi&#243;-. &#191;No ser&#237;a m&#225;s racional suponer que lo hicieron los franceses?

&#191;Berleand?

Se encogi&#243; de hombros.

&#191;Por qu&#233; har&#237;a tal cosa?

&#191;Por qu&#233; lo har&#237;a yo? Pero no acepte mi palabra. En este malet&#237;n tengo la muestra de hueso original. Cuando acabemos, se la dar&#233;. Usted puede mandar que hagan todos los an&#225;lisis que quiera.

La cabeza me daba vueltas. Continu&#243; caminando. Ten&#237;a sentido. Si Berleand hab&#237;a mentido, todo lo dem&#225;s encajaba. Si quit&#225;bamos de la ecuaci&#243;n los sentimientos y el deseo, &#191;qu&#233; parec&#237;a m&#225;s probable? &#191;Que Miriam Collins hubiera sobrevivido al accidente y acabado en la habitaci&#243;n de su padre asesinado, o que Berleand ment&#237;a sobre los resultados?

Se meti&#243; en esto porque quer&#237;a encontrar a Miriam Collins -se&#241;al&#243; Jones-. Ya lo ha hecho. Por eso deber&#237;a dejarlo en nuestras manos. Sea lo que sea lo que est&#225; pasando, lo que s&#237; sabe a ciencia cierta es que Miriam Collins est&#225; muerta. Esta muestra de hueso le dar&#225; la prueba que necesita.

Sacud&#237; la cabeza.

Hay demasiado humo como para que no haya fuego.

&#191;Qu&#233; humo? &#191;Los terroristas? Casi todo el humo se le puede atribuir al intento de Rick Collins de infiltrarse en la c&#233;lula.

La muchacha rubia.

&#191;Qu&#233; pasa con ella?

&#191;La capturaron en Londres?

No. Se hab&#237;a largado cuando llegamos. Sabemos que la vio. Tenemos un testigo del apartamento de Mario Contuzzi, un vecino que declar&#243; haber visto c&#243;mo la persegu&#237;a.

Entonces, &#191;qui&#233;n es ella?

Un miembro de la c&#233;lula.

Enarqu&#233; las cejas.

&#191;Una adolescente rubia yihadista?

S&#237;. Las c&#233;lulas siempre son una mezcla. Inmigrantes sin papeles, nacionalistas &#225;rabes y, s&#237;, unos cuantos occidentales locos. Sabemos que las c&#233;lulas terroristas est&#225;n aumentando los esfuerzos para reclutar occidentales cauc&#225;seos, sobre todo mujeres. La raz&#243;n es bastante obvia: una rubia guapa puede entrar en lugares donde no puede entrar un &#225;rabe. La mayor&#237;a de las veces la chica tiene graves problemas ed&#237;picos. Ya sabe c&#243;mo es; algunas chicas se dedican al porno, otras duermen con radicales.

No estaba muy seguro de creerle.

Una peque&#241;a sonrisa apareci&#243; en sus labios.

&#191;Por qu&#233; no me dice qu&#233; otras cosas le preocupan?

Un mont&#243;n de cosas.

Sacudi&#243; la cabeza.

En realidad no, Myron. Ahora se reduce a una sola cosa, &#191;no? Se pregunta por el accidente de coche.

La versi&#243;n oficial es mentira -dije-. Habl&#233; con Karen Tower antes de que la asesinasen. Habl&#233; con Nigel Manderson. El accidente no ocurri&#243; de la manera que dijeron.

&#191;&#201;se es su humo?

Lo es.

Si lo despejo, &#191;lo dejar&#225;?

Aquella noche estaban encubriendo algo.

Si lo despejo, &#191;lo dejar&#225;? -repiti&#243; Jones.

Creo que s&#237;.

Vale. Vamos a discutir unas teor&#237;as alternativas. -Jones continu&#243; caminando-. El accidente de coche de hace diez a&#241;os. Lo que cree que ocurri&#243; en realidad -Se detuvo y se volvi&#243; hacia m&#237;-. Bueno, no, d&#237;gamelo. &#191;Qu&#233; cree que encubr&#237;an?

No dije nada.

El coche se estrell&#243;. Supongo que esa parte se la cree. A Terese la llevaron al hospital. Supongo que tambi&#233;n se lo cree. Entonces, &#191;d&#243;nde comienza a fallar? Usted cree, por favor, ay&#250;deme, Myron, que una trama en la que participaron la mejor amiga de Terese Collins y al menos uno o dos polis ocult&#243; a su hija de siete a&#241;os por alguna raz&#243;n desconocida, la criaron en secreto durante todos estos a&#241;os &#191;y entonces?

Segu&#237; sin decir nada.

Y en esta conspiraci&#243;n asume que yo le miento sobre el resultado de la prueba de ADN, que ahora puede averiguar de forma independiente que no he hecho.

Estaban encubriendo algo -insist&#237;.

S&#237; -dijo.

Esper&#233;. Nos dirigimos hacia el tiovivo del parque.

El accidente ocurri&#243; de la manera que le relataron. Un cami&#243;n que iba hacia la autopista A-40. La se&#241;ora Collins gir&#243; el volante y eso fue todo. Un desastre. Tambi&#233;n conoce los antecedentes. Estaba en casa. Recibi&#243; una llamada para que fuese a los estudios y presentar el informativo a la hora de mayor audiencia. No hab&#237;a pensado salir aquella noche, por lo tanto, supongo que en cierta manera es comprensible.

&#191;El qu&#233;?

El jorobado nunca ve la joroba en su propia espalda. Es un refr&#225;n griego.

&#191;Qu&#233; tiene que ver con esto?

Quiz&#225;s nada. El refr&#225;n se refiere a los defectos. Somos muy r&#225;pidos a la hora de ver los defectos de los dem&#225;s. No somos as&#237; con nosotros mismos. Tambi&#233;n somos malos jueces de nuestras propias capacidades, sobre todo cuando tenemos una hermosa zanahoria delante.

No entiendo ni una palabra.

Claro que s&#237;. Usted quiere saber qu&#233; se estaba encubriendo, pero es tan obvio &#191;Terese Collins no hab&#237;a recibido un terrible castigo con la muerte de su hija? No s&#233; si les preocupaban las ramificaciones legales o solo la culpa que la madre cargar&#237;a sobre ella misma. Terese Collins estaba borracha aquella noche. &#191;Podr&#237;a haber evitado el accidente de haber estado sobria? Qui&#233;n sabe; el ch&#243;fer del cami&#243;n cometi&#243; un fallo, pero quiz&#225;s si su reacci&#243;n hubiese sido un poco m&#225;s r&#225;pida

Intent&#233; hacerme a la idea.

&#191;Terese estaba borracha?

Su an&#225;lisis de sangre mostr&#243; que hab&#237;a superado el l&#237;mite legal.

&#191;Eso fue lo que encubrieron?

As&#237; es.

Las mentiras tienen un determinado olor. Tambi&#233;n la verdad.

&#191;Qui&#233;n lo sab&#237;a? -pregunt&#233;.

Su marido. Tambi&#233;n Karen Tower. La encubrieron porque tem&#237;an que la verdad pudiese destrozarla.

La verdad quiz&#225;s ya lo hab&#237;a hecho de todas maneras, pens&#233;. Un peso oprimi&#243; mi pecho al comprender otra verdad: Terese con toda probabilidad lo sab&#237;a. En alg&#250;n nivel, sab&#237;a de su culpabilidad. Cualquier madre se sentir&#237;a destrozada por una tragedia como aqu&#233;lla, pero aqu&#237; estaba, diez a&#241;os m&#225;s tarde, y Terese a&#250;n trataba de enmendarlo.

&#191;Qu&#233; me hab&#237;a dicho Terese cuando me llam&#243; desde Par&#237;s? No quer&#237;a reconstruir.

Lo sab&#237;a. De forma subconsciente. Pero lo sab&#237;a.

Me detuve.

&#191;Qu&#233; le pas&#243; a Terese?

&#191;Despejado el humo, Myron?

&#191;Qu&#233; le pas&#243; a ella? -pregunt&#233; de nuevo.

Se volvi&#243; para mirarme a la cara.

Necesito que lo deje, &#191;vale? No soy de los que dicen que el fin justifica los medios. S&#233; todos los argumentos contra la tortura y estoy de acuerdo. Pero el tema es confuso. Digamos que atrapa a un terrorista que ya ha matado a miles, y ahora mismo tiene una bomba oculta que matar&#225; a millones de ni&#241;os. &#191;Le dar&#237;a un pu&#241;etazo para conseguir la respuesta y salvarlos? Por supuesto. &#191;Lo golpear&#237;a de nuevo? Supongamos que solo sean mil o cien o diez. Cualquiera que no lo entienda del todo bueno, yo desconfiar&#237;a de esa persona. Tambi&#233;n es un extremista.

&#191;Adonde quiere ir a parar?

Quiero devolverle su vida. -La voz de Jones era ahora suave, casi una s&#250;plica-. S&#233; que no me creer&#225;. No me gusta lo que le hicieron a usted. Por eso le digo esto. Estoy protegido. Jones ni siquiera es mi verdadero nombre, y estamos aqu&#237; en este parque porque ni siquiera tengo un despacho. Incluso su amigo Win tendr&#237;a problemas para localizarme. Lo s&#233; todo de usted. Conozco su pasado. S&#233; c&#243;mo se destroz&#243; la rodilla y c&#243;mo intent&#243; superarlo. No ha tenido demasiadas segundas oportunidades. Ahora le estoy dando una.

Jones mir&#243; a lo lejos.

Tiene que olvidarse de esto y seguir con su vida. Por su bien. -Hizo un gesto con la barbilla-. Y el de ella.

Durante un momento tuve miedo de mirar. Segu&#237; su mirada; mis ojos se movieron de izquierda a derecha, y de pronto me qued&#233; inm&#243;vil. Me llev&#233; la mano a la boca. Intent&#233; soportar el golpe a pie firme, sent&#237; que algo se sacud&#237;a en mi pecho.

En aquella extensi&#243;n verde, mir&#225;ndome con l&#225;grimas en los ojos, pero tan hermosa como siempre, estaba Terese.



31

Durante el ataque en Londres, Terese hab&#237;a recibido un disparo en el cuello.

Yo estaba de nuevo ocupado con aquel encantador hombro, y lo bes&#233; con suavidad, cuando vi la cicatriz. No, a ella no la hab&#237;an drogado o llevado a un agujero negro. Hab&#237;a estado en un hospital en las afueras de Londres y despu&#233;s la hab&#237;an trasladado a Nueva York. Sus heridas hab&#237;an sido m&#225;s graves que las m&#237;as. Hab&#237;a perdido sangre. A&#250;n le dol&#237;a mucho y se mov&#237;a con cuidado.

Est&#225;bamos de nuevo en el apartamento de Win en el edificio Dakota, en mi dormitorio, abrazados y mirando el techo. Ella descansaba la cabeza en mi pecho. Sent&#237;a como mi coraz&#243;n lat&#237;a contra el suyo.

&#191;Crees en lo que dijo Jones? -le pregunt&#233;.

S&#237;.

Deslic&#233; la mano por la curva de su espalda y la estrech&#233;. La sent&#237; temblar un poco. No quer&#237;a perderla de vista.

Una parte de m&#237; siempre supo que me estaba enga&#241;ando -manifest&#243;-. Lo deseaba tanto Esta oportunidad de redenci&#243;n, ya sabes. Como si mi hija perdida hac&#237;a tanto estuviese all&#237; fuera y tuviese una oportunidad para rescatarla.

Comprend&#237;a el sentimiento.

Entonces, &#191;qu&#233; hacemos ahora? -pregunt&#233;.

Permanecer aqu&#237; contigo y solo estar. &#191;Podemos hacerlo?

Podemos. -Mantuve la mirada en el techo. Entonces, porque nunca soy capaz de dejar las cosas en paz, a&#241;ad&#237;-: &#191;Cuando Miriam naci&#243;, t&#250; y Rick guardasteis la sangre del cord&#243;n umbilical?

No.

Punto muerto.

&#191;Todav&#237;a quieres que hagamos la prueba de ADN para estar seguros? -pregunt&#233;.

&#191;T&#250; qu&#233; opinas?

Creo que deber&#237;amos hacerlo -respond&#237;.

Entonces hag&#225;moslo.

Tendr&#225;s que dar una muestra de ADN -dije-. As&#237; tendremos con qu&#233; comparar. No tenemos el ADN de Rick, pero s&#237; podemos confirmar que la ni&#241;a era tuya. Parto de que solo diste a luz una vez.

Silencio.

&#191;Terese?

Solo di a luz aquella vez -afirm&#243;.

M&#225;s silencio.

&#191;Myron?

&#191;S&#237;?

No puedo tener m&#225;s hijos.

No dije nada.

Fue un milagro que Miriam naciese. Pero despu&#233;s de dar a luz, me tuvieron que hacer una histerectom&#237;a de emergencia porque ten&#237;a fibromas. No puedo tener m&#225;s hijos.

Cerr&#233; los ojos. Quer&#237;a decirle algo que le sirviese de consuelo, pero parecer&#237;a compasivo o superfluo. As&#237; que la estrech&#233; un poco m&#225;s. No quer&#237;a mirar adelante. Solo quer&#237;a estar ah&#237; y abrazarla.

La expresi&#243;n yiddish volvi&#243; a mi mente una vez m&#225;s: el hombre planea, Dios se r&#237;e.

Not&#233; que ella comenzaba a apartarse. La abrac&#233; con fuerza.

&#191;Demasiado pronto para esta conversaci&#243;n? -dijo.

Pens&#233;.

Con toda probabilidad es demasiado tarde.

&#191;Eso qu&#233; significa?

Ahora mismo, quiero estar aqu&#237; contigo y solo estar.

Terese dorm&#237;a cuando o&#237; la llave de la puerta principal. Mir&#233; el reloj despertador. La una de la ma&#241;ana.

Me puse la bata en el momento en que entraron Mii y Win. Mii me hizo un gesto y dijo:

Hola, Myron.

Hola, Mii.

Fue hacia la otra habitaci&#243;n. En cuanto hubo salido, Win coment&#243;:

Cuando se trata de sexo, me gusta tomar el enfoque de Mii primero.

Me limit&#233; a mirarlo.

Lo mejor de todo es que, en realidad, no hace falta mucho para tener contenta a Mii.

Por favor, d&#233;jalo.

Win se acerc&#243; y me abraz&#243; con fuerza.

&#191;Est&#225;s bien? -pregunt&#243;.

Estoy bien.

&#191;Quieres saber algo curioso?

&#191;Qu&#233;?

&#201;sta ha sido la vez que m&#225;s tiempo hemos estado apartados desde nuestros d&#237;as en Duke.

Asent&#237;, esper&#233; que aflojase el abrazo y me apart&#233;.

Me mentiste cuando dijiste que estabas en Bangkok.

No, no lo hice. Creo que es el nombre m&#225;s popular de entre los puticlubs.

Sacud&#237; la cabeza. Fuimos a la habitaci&#243;n con muebles Luis no-s&#233;-cu&#225;ntos con ornadas esculturas y bustos de tipos con melena. Nos sentamos en los butacones de cuero que hab&#237;a delante de la chimenea de m&#225;rmol. Win me arroj&#243; una botella de Yoo-Hoo y se sirvi&#243; un whisky muy caro de una licorera.

Iba a tomar caf&#233; -dijo-, pero eso hace que Mii est&#233; despierta toda la noche.

Asent&#237;.

&#191;Ya se te acaban las bromas sobre Mii?

Dios, eso espero.

&#191;Por qu&#233; mentiste en el tema de Bangkok?

&#191;T&#250; qu&#233; crees? -pregunt&#243;.

La respuesta era obvia. Sent&#237; la ola de verg&#252;enza que se estrellaba sobre m&#237;.

Te denunci&#233;, &#191;no?

S&#237;.

Sent&#237; las l&#225;grimas, el miedo, la ahora conocida falta de respiraci&#243;n. Mi pierna derecha comenz&#243; a temblar.

Ten&#237;as miedo de que pudiesen pillarme de nuevo -dije-, y si lo hac&#237;an y me obligaban a hablar, yo les dar&#237;a la informaci&#243;n err&#243;nea.

S&#237;.

Lo siento.

No tienes nada que lamentar.

Cre&#237; supuse que ser&#237;a m&#225;s fuerte.

Win bebi&#243; un sorbo de su copa.

Eres el hombre m&#225;s fuerte que jam&#225;s he conocido.

Esper&#233; un instante y luego, porque no lo pude evitar, dije:

&#191;M&#225;s fuerte que Mii?

M&#225;s fuerte. Pero ni de cerca tan flexible.

Continuamos sentados en un c&#243;modo silencio.

&#191;Empiezas a recordar? -pregunt&#243;.

Es vago.

Necesitar&#225;s ayuda.

Lo s&#233;.

&#191;Tienes la muestra de hueso para el an&#225;lisis de ADN?

Asent&#237;.

Si confirma lo que aquel tipo te dijo, &#191;se habr&#225; acabado?

Jones respondi&#243; a casi todas mis preguntas.

Oigo un pero.

En realidad, hay muchos peros.

Te escucho.

Llam&#233; al n&#250;mero que me dio Berleand -dije-. Ninguna respuesta.

Eso no se puede considerar un pero.

&#191;Conoces su teor&#237;a sobre el complot de Mohammad Matar?

&#191;De que contin&#250;a adelante sin &#233;l?

Si es verdad, el complot es un peligro para todos. Tenemos la responsabilidad de ayudar.

Win movi&#243; la cabeza adelante y atr&#225;s.

Eh -exclam&#243;.

Jones cree que si los seguidores de Matar descubren lo que hice, vendr&#225;n a por m&#237;. No me gusta la sensaci&#243;n de esperar o vivir con miedo.

A Win le gust&#243; m&#225;s ese razonamiento.

&#191;Preferir&#237;as tomar una postura proactiva?

Creo que s&#237;.

Win asinti&#243;.

&#191;Qu&#233; m&#225;s?

Beb&#237; un buen trago.

Vi a aquella muchacha rubia. La vi caminar. Vi su rostro.

Ah -exclam&#243; Win-. Como manifestaste antes, &#191;advertiste similitudes, quiz&#225;s gen&#233;ticas, entre ella y la encantadora se&#241;ora Collins?

Me acab&#233; el Yoo-Hoo.

&#191;Recuerdas los juegos de ilusiones &#243;pticas con los que jug&#225;bamos cuando &#233;ramos ni&#241;os? -pregunt&#243; Win-. &#191;Mirabas una figura y tanto pod&#237;as ver una vieja bruja como una muchacha hermosa? Tambi&#233;n estaba aquella que pod&#237;a ser un conejo o un pato.

No es lo que ocurri&#243;.

Preg&#250;ntate esto: sup&#243;n que Terese no te ha llamado desde Par&#237;s. Sup&#243;n que caminas por la calle para ir a tu despacho y la chica rubia pasa junto a ti. &#191;Te habr&#237;as detenido y exclamado: &#161;vaya, esa muchacha tiene que ser la hija de Terese!?

No.

Por lo tanto, es una cuesti&#243;n de situaci&#243;n. &#191;Lo ves?

Lo veo.

Permanecimos en silencio un rato m&#225;s.

Obviamente -a&#241;adi&#243; Win-, solo porque sea una cuesti&#243;n de situaci&#243;n, no significa que no sea verdad.

Es lo que hay.

Y quiz&#225;s podr&#237;a ser divertido atrapar a un gran terrorista.

&#191;Est&#225;s conmigo?

Todav&#237;a no -respondi&#243;-. Pero despu&#233;s de que acabe esta copa y vaya a mi dormitorio, lo estar&#233;.



32

La mente puede ser muy tontorrona y terca.

La l&#243;gica nunca es lineal. Va adelante y atr&#225;s, rebota en las paredes, hace virajes cerrados y se pierde durante los recorridos. Cualquier cosa puede ser un catalizador, por lo general algo que no tiene relaci&#243;n con el trabajo que haces, algo que env&#237;a tus pensamientos hacia una direcci&#243;n inesperada; una direcci&#243;n que inevitablemente conduce a una soluci&#243;n a la que el pensamiento lineal nunca te habr&#237;a llevado.

Eso fue lo que pas&#243;. Fue as&#237; c&#243;mo empec&#233; a relacionarlo todo.

Terese se movi&#243; cuando volv&#237; al dormitorio. No le habl&#233; de mis pensamientos sobre la muchacha rubia, de situaci&#243;n o de cualquier otra clase. No quer&#237;a ocultarle nada, pero no hab&#237;a ning&#250;n motivo para dec&#237;rselo en aquel momento. Intentaba cicatrizar. &#191;Por qu&#233; romper aquellas suturas hasta no saber m&#225;s?

Volvi&#243; a dormirse. La abrac&#233; y cerr&#233; los ojos. Me di cuenta de lo poco que hab&#237;a dormido desde mi regreso del hiato de diecis&#233;is d&#237;as. Me sumerg&#237; en un mundo de pesadillas y me despert&#233; sobresaltado alrededor de las tres de la ma&#241;ana. El coraz&#243;n me lat&#237;a con fuerza. Hab&#237;a l&#225;grimas en mis ojos. Solo recordaba la sensaci&#243;n de algo que me apretaba, que me oprim&#237;a, algo tan pesado que no pod&#237;a respirar. Me levant&#233; de la cama. Terese continuaba durmiendo. Me agach&#233; para besarla con suavidad.

Hab&#237;a un ordenador port&#225;til en la sala. Me conect&#233; a internet y busqu&#233; Salvar a los &#193;ngeles. Apareci&#243; la p&#225;gina. En la cabecera hab&#237;a un r&#243;tulo que dec&#237;a SALVAR A LOS &#193;NGELES y en letra m&#225;s peque&#241;a SOLUCIONES CRISTIANAS. El texto hablaba de la vida, el amor y Dios. Hablaba de reemplazar la palabra elecci&#243;n con la palabra soluciones. Hab&#237;a testimonios de mujeres que se hab&#237;an decidido por la soluci&#243;n de adoptar y no de asesinar. Hab&#237;a parejas que hab&#237;an tenido problemas de infertilidad que hablaban de c&#243;mo el gobierno quer&#237;a experimentar cruelmente con sus nonatos, mientras Salvar a los &#193;ngeles pod&#237;a ayudar a un embri&#243;n congelado a realizar su prop&#243;sito final: vivir a trav&#233;s de la soluci&#243;n cristiana de ayudar a otra pareja est&#233;ril.

Hab&#237;a escuchado los mismos argumentos antes. Record&#233; que Mario Contuzzi los hab&#237;a mencionado de pasada. Hab&#237;a dicho que el grupo parec&#237;a ser de derecha, pero no extremista. Estaba de acuerdo. Continu&#233; navegando. Hab&#237;a una declaraci&#243;n de compartir el amor de Dios y salvar a los ni&#241;os nonatos. Hab&#237;a una declaraci&#243;n de fe que comenzaba con la creencia en la Biblia, que es la inspirada y completa palabra de Dios sin error, y pasaba a la santidad de la vida. Hab&#237;a enlaces en los que pod&#237;as clicar para ir a las adopciones, los derechos, el programa de actos y los recursos para madres parturientas.

Pas&#233; a la secci&#243;n de preguntas m&#225;s frecuentes y le&#237; las respuestas a los c&#243;mo y por qu&#233;; daban apoyo a las madres solteras, buscaban parejas est&#233;riles que pod&#237;an beneficiarse de los embriones congelados, formularios para rellenar, costes, c&#243;mo hacer donaciones, c&#243;mo unirte al equipo de Salvar a los &#193;ngeles. Era muy impresionante. A continuaci&#243;n ven&#237;a la galer&#237;a de fotos. Pinch&#233; en la p&#225;gina uno. Hab&#237;a fotos de dos mansiones soberbias que se utilizaban para las madres solteras. Una se parec&#237;a a las que se ven en una plantaci&#243;n de Georgia, blanca con columnas de m&#225;rmol y enormes sauces llorones a su alrededor. La otra parec&#237;a el perfecto hotelito de cama y desayuno: una casa pintoresca, casi en exceso victoriana, con torrecillas, torres, ventanas de cristales de colores, una galer&#237;a y un tejado de pizarra azul con buhardillas. Los textos enfatizaban la confidencialidad de ambas mansiones y de sus habitantes -nada de nombres ni direcciones-, mientras que las fotograf&#237;as casi te hac&#237;an anhelar que te hubiesen embarazado.

Pas&#233; a la p&#225;gina dos y fue entonces cuando tuve mi momento catalizador-tontorr&#243;n-terco-no lineal.

Hab&#237;a fotograf&#237;as de los beb&#233;s. Las im&#225;genes eran hermosas, adorables y conmovedoras, la clase de fotos destinadas a asombrar y enternecer a cualquiera con sangre en las venas.

A mi mente retorcida le gusta jugar a los contrastes. Ves a un c&#243;mico lamentable y piensas en lo grande que es Chris Rock. Ves una peli que intenta asustarte con litros de sangre a todo tecnicolor, y piensas en como Hitchcock te mantiene pegado al asiento incluso en blanco y negro. En aquel momento, mientras miraba a los &#225;ngeles salvados, pens&#233; en cuan perfectas eran estas im&#225;genes comparadas con aquellas horrorosas fotos victorianas que hab&#237;a visto en aquel cursi escaparate unas horas antes. Me record&#243; tambi&#233;n que hab&#237;a aprendido algo m&#225;s all&#237;, el HHK, la posibilidad de que significase Ho-Ho-Kus, y c&#243;mo lo hab&#237;a descubierto Esperanza.

De nuevo el cerebro humano: miles de millones de sinapsis que crepitan, suenan, se mezclan, saltan, chispean. No alcanzas a entenderlo, pero as&#237; es como debi&#243; de ocurrir dentro de mi cabeza: Official Photography, HHK, Esperanza, c&#243;mo nos hab&#237;amos conocido, sus d&#237;as de luchadora FLOW, el acr&#243;nimo de las Fabulous Ladies of Wrestling.

De pronto todo cuaj&#243;. Bueno, quiz&#225;s no todo. Pero algo. Lo suficiente para saber ad&#243;nde ir&#237;a a la ma&#241;ana siguiente.

A aquel cursi escaparate en Ho-Ho-Kus. La Official Photography de Albin Laramie, o, para aquellos que saben que est&#225;n apuntando un acr&#243;nimo, OPAL.


El hombre que estaba detr&#225;s del mostrador de la Official Photography de Albin Laramie ten&#237;a que ser Albin. Vest&#237;a una capa. Una capa brillante. Como si fuese Batman o el Zorro. La barba parec&#237;a un boceto hecho con un Telesketch, el pelo un enredado pero preciso desorden y toda su persona gritaba que no era un mero artista, sino el &#161;Artiste!, hablaba por tel&#233;fono y frunc&#237;a el entrecejo cuando entr&#233;.

Me acerqu&#233;. Levant&#243; un dedo para indicarme que esperase.

No lo pilla, Leopold. &#191;Qu&#233; te puedo decir? El hombre no pilla los &#225;ngulos, la textura o el color. No tiene ojo.

Volvi&#243; a levantar el dedo para que esperase otro minuto. Lo hice. Cuando colg&#243;, exhal&#243; un suspiro teatral.

&#191;En qu&#233; puedo ayudarle?

Hola -respond&#237;-. Me llamo Bernie Worley.

Y yo -dijo &#233;l, con una mano sobre el coraz&#243;n- soy Albin Laramie.

Hizo este pronunciamiento con gran orgullo y garbo. Me record&#243; a Mandy Patinkin en La princesa prometida; casi esperaba que me dijese que yo hab&#237;a matado a su padre, y que me preparara a morir.

Le dirig&#237; una sonrisa mundana.

Mi esposa me pidi&#243; que recogiese unas fotos.

&#191;Tiene el resguardo?

Lo perd&#237;.

Albin frunci&#243; el entrecejo.

Pero tengo otro n&#250;mero, si eso le ayuda.

Quiz&#225;s. -Se acerc&#243; a un teclado, movi&#243; los dedos y me mir&#243;-. &#191;S&#237;?

Cuatro-siete-uno-dos.

Me mir&#243; como si yo fuese la cosa m&#225;s est&#250;pida en este precioso mundo de Dios.

No es un n&#250;mero de orden.

Oh. &#191;Est&#225; seguro?

Es un n&#250;mero de sesi&#243;n.

&#191;Un n&#250;mero de sesi&#243;n?

Apart&#243; la capa hacia atr&#225;s con ambas manos como un p&#225;jaro que podr&#237;a estar desplegando las alas.

S&#237;, de una sesi&#243;n fotogr&#225;fica.

Son&#243; el tel&#233;fono y &#233;l se apart&#243; como si ya se hubiese olvidado de m&#237;. Lo estaba perdiendo. Retroced&#237; un paso e hice mi propia interpretaci&#243;n teatral. Parpade&#233; y form&#233; una O perfecta con la boca. Myron Bolitar, el ingenuo asombrado. Ahora me miraba con curiosidad. Recorr&#237; la tienda sin perder la expresi&#243;n de asombro.

&#191;Hay alg&#250;n problema? -me pregunt&#243;.

Su trabajo. Es maravilloso -proclam&#233;.

Se acical&#243;. No ves a menudo a un hombre adulto acicalarse en la vida real. Durante los siguientes diez minutos o poco m&#225;s no dej&#233; de darle coba por su trabajo. Le pregunt&#233; por la inspiraci&#243;n y dej&#233; que charlase sobre los estilos, la luz, el tono, los matices y otras cosas.

Marge y yo tenemos un beb&#233; -dije, sin olvidar sacudir mi cabeza como muestra de admiraci&#243;n ante la horrible monstruosidad victoriana que hab&#237;a convertido a un bonito beb&#233; en mi t&#237;o Morty con Herpes-. Tendr&#237;amos que fijar una cita para traerla.

Albin continu&#243; acical&#225;ndose en su capa. Acicalarse, pens&#233;, era lo que le tocaba a un hombre con capa. Hablamos del precio, que era del todo rid&#237;culo, y por el cual habr&#237;a necesitado de una segunda hipoteca. Le segu&#237; el juego. Por &#250;ltimo, dije:

Mire, aqu&#237; tiene el n&#250;mero que me dio mi esposa. El n&#250;mero de sesi&#243;n. Dijo que si ve&#237;a estas fotos ser&#237;a algo sensacional. &#191;Cree que podr&#237;a ver las fotos de la sesi&#243;n 4-7-1-2?

Si le pareci&#243; extra&#241;o que en un primer momento hubiese dicho que ven&#237;a a recoger las fotos y ahora quer&#237;a mirar las de una sesi&#243;n, la nota no hab&#237;a sonado por encima del estr&#233;pito del aut&#233;ntico genio.

S&#237;, por supuesto, est&#225;n aqu&#237; en el ordenador. Debo dec&#237;rselo, no me gusta la fotograf&#237;a digital. Para su hija peque&#241;a, quiero utilizar la cl&#225;sica c&#225;mara de caj&#243;n. Hay mucha m&#225;s textura en el trabajo.

Eso ser&#237;a estupendo.

As&#237; y todo utilizo la digital para archivarlas en la red. -Comenz&#243; a escribir y apret&#243; el retorno-. Bueno, est&#225; claro que no son fotos de una ni&#241;a. Aqu&#237; las tiene.

Albin gir&#243; la pantalla hacia m&#237;. Un mont&#243;n de fotos diminutas aparecieron en la pantalla. Sent&#237; que mi pecho se comprim&#237;a incluso antes de que clicase en una, y la imagen llen&#243; toda la pantalla. No hab&#237;a ninguna duda.

Era la muchacha rubia.

Intent&#233; no perder la calma.

Necesitar&#233; una copia.

&#191;De qu&#233; tama&#241;o?

El que sea, trece por veinte ser&#237;a fant&#225;stico.

Estar&#225; lista dentro de una semana a contar del martes que viene.

La necesito ahora.

Imposible.

Tiene el ordenador conectado a la impresora de color que est&#225; all&#237; -dije.

S&#237;, pero eso no dar&#237;a una calidad fotogr&#225;fica.

No ten&#237;a tiempo para explicaciones. Saqu&#233; mi billetera.

Le dar&#233; doscientos d&#243;lares por una copia.

Sus ojos se entrecerraron, pero solo por un instante. Por fin estaba comprendiendo que pasaba alguna cosa, pero era un fot&#243;grafo, no un abogado o un m&#233;dico. Aqu&#237; no hab&#237;a un acuerdo de confidencialidad. Le di los doscientos d&#243;lares. &#201;l se dirigi&#243; a la impresora. Vi un enlace que dec&#237;a Informaci&#243;n personal. Lo pinch&#233; mientras &#233;l recog&#237;a la copia.

&#191;Perd&#243;n? -pregunt&#243; Albin.

Retroced&#237;, aunque ya hab&#237;a visto lo suficiente. El nombre que aparec&#237;a era Carrie. &#191;Su direcci&#243;n?

La puerta vecina. La fundaci&#243;n Salvar a los &#193;ngeles.


Albin no sab&#237;a el apellido de Carrie. Cuando insist&#237;, me hizo saber que tomaba fotos para Salvar a los &#193;ngeles, nada m&#225;s. Solo le daban los nombres de pila. Cog&#237; la foto y fui a la puerta vecina. Salvar a los &#193;ngeles segu&#237;a cerrado. Ninguna sorpresa. Encontr&#233; a Minerva, mi recepcionista favorita, en Bruno y Asociados y le mostr&#233; la foto de la rubia Carrie.

&#191;La conoce?

Minerva me mir&#243;.

Ha desaparecido. Intento encontrarla.

&#191;Es usted un detective privado?

Lo soy. -Era m&#225;s f&#225;cil que dar explicaciones.

Qu&#233; emocionante.

S&#237;. Se llama Carrie. &#191;La reconoce?

Trabaja all&#237;.

&#191;En Salvar a los &#193;ngeles?

Bueno, no trabajaba. Era una de las internas. Estuvo durante unas semanas el veran&#243; pasado.

&#191;Puede decirme alguna cosa de ella?

Es hermosa, &#191;verdad?

No dije nada.

Nunca supe su nombre. No era muy agradable. En realidad ninguno de sus internos lo era. Amor a Dios, supongo, pero no hacia las personas de verdad. Nuestros despachos comparten un ba&#241;o al final del pasillo. Yo la saludaba. Ella hac&#237;a como que no me ve&#237;a. &#191;Sabe a lo que me refiero?

Le di las gracias a Minerva y volv&#237; al despacho 3 B. Me detuve delante de la puerta y la mir&#233;. De nuevo: la mente. Dej&#233; que las piezas cayesen a trav&#233;s de la cavidad del viejo cerebro como los calcetines en una lavadora. Pens&#233; en la p&#225;gina web que hab&#237;a le&#237;do la noche anterior, en el nombre de la organizaci&#243;n. Mir&#233; la foto que ten&#237;a en la mano. El pelo rubio. El rostro hermoso. Los ojos azules con aquel anillo dorado alrededor de cada pupila y, no obstante, vi exactamente lo que Minerva quer&#237;a decir.

Ning&#250;n error.

Algunas veces ves fuertes similitudes gen&#233;ticas en un rostro, como el anillo dorado alrededor de la pupila. Entonces tambi&#233;n ves algo m&#225;s que es como un eco. Aquello fue lo que vi en el rostro de la muchacha. Un eco.

Un eco, estaba seguro, de su madre.

Mir&#233; de nuevo la puerta. Mir&#233; de nuevo la foto. Y mientras iba asimilando su significado, sent&#237; que un escalofr&#237;o recorr&#237;a mi espalda.

Berleand no hab&#237;a mentido.

Son&#243; mi m&#243;vil. Era Win.

Han acabado con la prueba de ADN de los huesos.

No me lo digas. Coinciden con Terese como madre. Jones dec&#237;a la verdad.

S&#237;.

Mir&#233; la foto un poco m&#225;s.

&#191;Myron?

Creo que ahora lo comprendo. Creo que ahora s&#233; lo que est&#225; pasando.



33

Volv&#237; a la ciudad; para ser m&#225;s espec&#237;ficos, a las oficinas de Cryo-Hope.

No pod&#237;a ser.

&#201;se era el pensamiento que me daba vueltas por la cabeza. No sab&#237;a si esperaba estar en lo cierto o en lo equivocado; pero como dije, la verdad tiene un cierto olor. En cuanto a aquello de no puede ser, de nuevo recurr&#237; al axioma de Sherlock Holmes: cuando elimines lo imposible, aquello que queda, no importa lo improbable que parezca, debe ser la verdad.

Me sent&#237; tentado de llamar al agente especial Jones. Ten&#237;a la foto de la muchacha. La tal Carrie era probablemente una terrorista, una simpatizante o quiz&#225;s -en el mejor de los casos- estaba retenida contra su voluntad. Pero a&#250;n era demasiado pronto para hacerlo. Podr&#237;a hablar con Terese, explicarle esa posibilidad, pero tambi&#233;n me pareci&#243; prematuro.

Necesitaba saberlo a ciencia cierta antes de despertar las esperanzas de Terese o acabar con ellas.

El centro ten&#237;a un aparcacoches. Le di las llaves y entr&#233;. Tras haber descubierto que ten&#237;a la enfermedad de Huntington, Rick Collins hab&#237;a venido aqu&#237; de inmediato. A primera vista ten&#237;a sentido. Cryo-Hope encabezaba la investigaci&#243;n con c&#233;lulas madre. Era natural creer que hab&#237;a venido aqu&#237; con la ilusi&#243;n de encontrar algo que pudiese salvarlo de su destino gen&#233;tico.

Pero no hab&#237;a sido as&#237;.

Record&#233; el nombre del m&#233;dico que aparec&#237;a en el folleto.

Querr&#237;a ver al doctor Sloan -le dije a la recepcionista.

&#191;Su nombre?

Myron Bolitar. D&#237;gale que se trata de Rick Collins y una muchacha llamada Carrie.


Cuando sal&#237;, Win estaba junto a la puerta principal, apoyado en la pared con la calma de quien mira pasar el tiempo. Su limusina esperaba en el aparcamiento, pero &#233;l se qued&#243; conmigo.

&#191;Qu&#233;? -pregunt&#243;.

Se lo cont&#233; todo. Lo escuch&#243; sin interrumpirme ni formular preguntas aclaratorias. Cuando acab&#233;, dijo:

&#191;El siguiente paso?

Se lo dir&#233; a Terese.

&#191;Alguna idea de c&#243;mo reaccionar&#225;?

Ninguna.

Podr&#237;as esperar. Investigar un poco m&#225;s.

&#191;Qu&#233;?

Cogi&#243; la foto.

La muchacha.

Lo haremos. Pero necesito dec&#237;rselo a Terese ahora.

Son&#243; mi m&#243;vil. El identificador de llamada mostr&#243; un n&#250;mero desconocido.

Atend&#237; y conect&#233; el altavoz.

&#191;Hola?

&#191;Me ha echado de menos?

Era Berleand.

Usted no me llam&#243;.

Hab&#237;amos quedado en que se mantendr&#237;a fuera del caso. Llamarlo podr&#237;a haberlo alentado a volver a la investigaci&#243;n.

Entonces, &#191;por qu&#233; me llama ahora?

Porque ahora tiene un grave problema -dijo.

Le escucho.

&#191;Est&#225;s en modo altavoz?

S&#237;.

&#191;Win est&#225; ah&#237;?

Aqu&#237; estoy -dijo Win.

&#191;Cu&#225;l es el problema? -pregunt&#233;.

Estamos captando algunas charlas muy peligrosas que provienen de Paterson, Nueva Jersey. Se mencion&#243; el nombre de Terese.

&#191;El de Terese, pero no el m&#237;o?

Puede que lo hayan aludido. Es charla. No siempre es clara.

&#191;Cree que saben de nosotros?

S&#237;, parece probable.

&#191;Alguna idea de c&#243;mo?

Ninguna. Los agentes que trabajan con Jones, los que se lo llevaron en custodia, son los mejores. Ninguno de ellos hubiese hablado.

Alguno tuvo que hacerlo.

&#191;Est&#225;s seguro?

Lo repas&#233; todo en mi cabeza. Pens&#233; en qui&#233;n m&#225;s hab&#237;a estado all&#237; aquel d&#237;a en Londres que hubiese podido decirles a los otros terroristas que yo hab&#237;a matado a su jefe Mohammad Matar. Mir&#233; a Win. &#201;l levant&#243; la foto de Carrie y enarc&#243; una ceja.

Cuando eliminas lo imposible

Llama a tus padres -dijo Win-. Los llevaremos a una casa de Lockwood, en Palm Beach. A&#241;adiremos la mejor seguridad para Esperanza; quiz&#225;s Zorra est&#233; disponible o aquel tipo, Cari, de Filadelfia. &#191;T&#250; hermano todav&#237;a est&#225; en las excavaciones, en Per&#250;?

Asent&#237;.

Entonces estar&#225; seguro.

Sab&#237;a que Win se quedar&#237;a con Terese y conmigo. Win comenz&#243; a hacer llamadas. Cog&#237; el m&#243;vil y desconect&#233; el altavoz.

&#191;Berleand?

S&#237;.

Jones insinu&#243; que quiz&#225;s usted minti&#243; sobre el resultado de la prueba de ADN en Par&#237;s.

Berleand no abri&#243; la boca.

S&#233; que dijo la verdad.

&#191;C&#243;mo?

Pero yo ya hab&#237;a dicho demasiado.

Tengo que hacer unas llamadas. Le volver&#233; a llamar.

Colgu&#233; y llam&#233; a mis padres. Esperaba que atendiese mi padre, as&#237; que naturalmente la que atendi&#243; fue mi madre.

Mam&#225;, soy yo.

Hola, cari&#241;o. -La voz de mi madre sonaba cansada-. Acabo de volver del m&#233;dico.

&#191;Est&#225;s bien?

Lo podr&#225;s leer esta noche en mi blog -dijo mam&#225;.

Espera un momento, acabas de volver del m&#233;dico, &#191;no?

Mam&#225; exhal&#243; un suspiro.

Te lo acabo de decir, &#191;no?

As&#237; es, y, por lo tanto, estoy preguntando por tu salud.

Ser&#225; el tema de esta noche en mi blog. Si quieres saber m&#225;s, l&#233;elo.

&#191;No me lo dir&#225;s?

No lo tomes como algo personal, cari&#241;o. De esta manera no tengo que repetirme si alguien m&#225;s pregunta.

&#191;As&#237; que para eso utilizas el blog?

Aumenta las visitas a mi p&#225;gina. &#191;Lo ves?, ahora t&#250; est&#225;s interesado. As&#237; que tendr&#233; m&#225;s visitas.

Damas y caballeros, mi madre.

Ni siquiera sab&#237;a que tuvieses un blog.

Oh, claro, estoy muy pero que muy a la &#250;ltima. Tambi&#233;n soy de MyFace.

Escuch&#233; a mi padre gritar en el fondo:

Es MySpace, Ellen.

&#191;Qu&#233;?

Se llama MySpace.

Cre&#237;a que era MyFace.

&#201;se es el Facebook. Tambi&#233;n est&#225;s ah&#237;, y en MySpace.

&#191;Est&#225;s seguro?

S&#237;, estoy seguro.

Escucha al se&#241;or Bill Gates. De pronto lo sabe todo de internet.

Y tu madre est&#225; bien -grit&#243; pap&#225;.

No se lo digas -protest&#243; ella-. Ahora no visitar&#225; mi blog.

Mam&#225;, esto es importante. &#191;Puedo hablar con pap&#225; un momento?

Pap&#225; se puso al tel&#233;fono. Se lo expliqu&#233; deprisa y con el m&#237;nimo de detalles posible. Pap&#225; lo pill&#243; a la primera. No hizo preguntas ni discuti&#243;. Acababa de explicarle que ir&#237;amos a recogerlos para llevarlos a otro lugar cuando mi llamada en espera pit&#243; para avisar de otra llamada. Era Terese.

Me desped&#237; de mi padre y atend&#237; la llamada.

Estoy a unos dos minutos de ti -le dije a Terese-. No salgas hasta que yo llegue.

Silencio.

&#191;Terese?

Ella llam&#243;.

Escuch&#233; el sollozo en su voz.

&#191;Qui&#233;n llam&#243;?

Miriam. Acabo de hablar con ella por tel&#233;fono.



34

Me esperaba en la puerta.

Dime qu&#233; pas&#243;.

Temblaba como una hoja. Se acerc&#243; a m&#237; y la abrac&#233; con los ojos cerrados. Esa conversaci&#243;n, lo sab&#237;a, ser&#237;a terrible. Ahora lo comprend&#237;a. Comprend&#237;a por qu&#233; Rick Collins le hab&#237;a dicho que estuviese preparada. Sab&#237;a por qu&#233; le hab&#237;a advertido que cambiar&#237;a su vida.

Son&#243; mi tel&#233;fono. Atend&#237; y una muchacha al otro lado dijo: &#191;Mam&#225;?.

Intent&#233; imaginar el momento, escuchar aquella palabra de tu propia hija, convencido de que era alguien a quien amabas por encima de cualquier otra cosa del mundo y que en cuya muerte hab&#237;as participado.

&#191;Qu&#233; m&#225;s dijo?

Que la ten&#237;an secuestrada.

&#191;Qui&#233;nes?

Terroristas. Me pidi&#243; que no se lo dijese a nadie.

Permanec&#237; en silencio.

Un hombre con un acento muy cerrado le arrebat&#243; el tel&#233;fono. Dijo que llamar&#237;a m&#225;s tarde con sus exigencias.

La retuve en mis brazos.

&#191;Myron?

Conseguimos llegar hasta el div&#225;n. Me mir&#243; con ilusi&#243;n y -s&#233; c&#243;mo sonar&#225; esto- con amor. Se me parti&#243; el coraz&#243;n cuando le entregu&#233; la fotograf&#237;a.

&#201;sta es la muchacha rubia que vi en Par&#237;s y en Londres.

Ella mir&#243; la foto durante un minuto sin hablar. Luego dijo:

No lo entiendo.

No estaba seguro de qu&#233; decir. Me pregunt&#233; si hab&#237;a visto el parecido, si quiz&#225;s tambi&#233;n para ella alguna de las piezas comenzaba a encajar.

&#191;Myron?

Es la chica que vi -repet&#237;.

Ella sacudi&#243; la cabeza.

Sab&#237;a la respuesta, pero pregunt&#233; de todas maneras:

&#191;Qu&#233; pasa?

No es Miriam -afirm&#243;.

Mir&#243; de nuevo; se enjug&#243; las l&#225;grimas.

Quiz&#225;s, no lo s&#233;, quiz&#225;s Miriam se hizo alguna operaci&#243;n de cirug&#237;a est&#233;tica Han pasado muchos a&#241;os. Es como un cambio, &#191;no? Ten&#237;a siete a&#241;os la &#250;ltima vez que la vi

Sus ojos volvieron a mi rostro, con la esperanza de encontrar alg&#250;n consuelo. No le ofrec&#237; ninguno. Comprend&#237; que hab&#237;a llegado el momento y me zambull&#237; de cabeza.

Miriam est&#225; muerta -dije.

La sangre desapareci&#243; poco a poco de su rostro. Mi coraz&#243;n se parti&#243; de nuevo. Quer&#237;a abrazarla otra vez, pero sab&#237;a que era un movimiento equivocado. Lo fue digiriendo, intent&#243; mantenerse racional, sab&#237;a lo importante que era todo esto.

Pero, &#191;la llamada telef&#243;nica?

Tu nombre apareci&#243; en unas conversaciones. Creo que est&#225;n tratando de hacerte salir.

Mir&#243; de nuevo la foto.

&#191;As&#237; que es un fraude?

No.

Pero acabas de decir

Terese intentaba con todas sus fuerzas no perder el hilo. Intent&#233; pensar en la mejor manera de decirlo y comprend&#237; que no la hab&#237;a. Tendr&#237;a que dejar que lo viese de la manera que yo lo hab&#237;a hecho.

Retrocedamos unos meses -dije-, cuando Rick descubri&#243; que ten&#237;a la enfermedad de Huntington.

Me mir&#243;.

&#191;Qu&#233; es lo primero que hubiese hecho? -pregunt&#233;.

Someter a su hijo a la prueba.

As&#237; es.

&#191;Entonces?

As&#237; que fue a CryoHope. Sigo pensando que fue all&#237; en busca de una cura.

&#191;La encontr&#243;?

No. &#191;Conoces al doctor Everet Sloan?

No. Espera, vi su nombre en el folleto. Trabaja en CryoHope.

Correcto. Tambi&#233;n se hizo cargo de la consulta del doctor Aa-ron Cox.

No dijo nada.

Acabo de encontrar su nombre. Pero Cox era tu obstetra ginec&#243;logo. Cuando t&#250; y Rick tuvisteis a Miriam.

Terese se limit&#243; a mirarme.

T&#250; y Rick ten&#237;ais graves problemas de fertilidad. Me dijiste lo dif&#237;cil que hab&#237;a sido hasta que bueno, aquello que llamaste un milagro m&#233;dico, aunque es bastante com&#250;n. Una fertilizaci&#243;n in vitro.

Ella segu&#237;a sin poder o querer hablar.

In vitro, por definici&#243;n, es cuando los &#243;vulos se fertilizan con el esperma fuera de la matriz y luego el embri&#243;n es transplantado al &#250;tero de la mujer. Mencionaste haber tomado Pergonal para aumentar el n&#250;mero de &#243;vulos. Eso ocurre en casi todos los casos. Luego est&#225;n los embriones sobrantes. Durante los &#250;ltimos veintitantos a&#241;os, los embriones se congelan. Algunas veces los descongelan para utilizarlos en la investigaci&#243;n de c&#233;lulas madre. Otras los utilizan cuando la pareja quiere intentarlo de nuevo. En ocasiones, cuando uno de los c&#243;nyuges muere, el otro lo utiliza, o si acabas de descubrir que tienes c&#225;ncer y todav&#237;a quieres un hijo. Eso ya lo sabes. Hay temas legales complejos que incluyen el divorcio y la custodia, y muchos embriones son destruidos sin m&#225;s o permanecen congelados mientras la pareja decide.

Tragu&#233; saliva porque ahora ella hab&#237;a visto adonde quer&#237;a ir a parar.

&#191;Qu&#233; pas&#243; con tus otros embriones?

Fue nuestro cuarto intento -contest&#243; Terese-. Ninguno de los embriones hab&#237;a cuajado. No te puedes imaginar lo terrible que fue. Cuando finalmente funcion&#243;, fue maravilloso -Su voz se apag&#243;-. Solo nos quedaban dos embriones. &#205;bamos a guardarlos por si acaso quer&#237;amos intentarlo de nuevo, pero entonces aparecieron los fibromas y, bueno, no hab&#237;a manera de quedar embarazada otra vez. El doctor Cox me dijo que los embriones no hab&#237;an sobrevivido al proceso de congelaci&#243;n.

Minti&#243;.

Terese mir&#243; de nuevo la foto de la muchacha rubia.

Hay una entidad llamada Salvar a los &#193;ngeles. Est&#225;n en contra de la utilizaci&#243;n de embriones en las investigaciones de c&#233;lulas madre y la destrucci&#243;n de embriones de cualquier forma, tama&#241;o o manera. Durante casi dos d&#233;cadas han hecho de todo para que los embriones fuesen adoptados, por as&#237; decirlo. Tiene sentido. Hay centenares de miles de embriones almacenados, y hay parejas que podr&#237;an concebir con esos embriones y darles una vida. El tema legal es complicado. La mayor&#237;a de los estados no permiten adopciones de embriones porque, en cierto sentido, la madre que da a luz no es m&#225;s que una alquilada. Salvar a los &#193;ngeles quiere implantar los embriones guardados en mujeres inf&#233;rtiles.

Ahora lo vio.

Oh, Dios m&#237;o

No conozco todos los detalles. Uno de los ayudantes del doctor Cox era un gran partidario de Salvar a los &#193;ngeles. &#191;Recuerdas a un tal doctor Jim&#233;nez?

Terese sacudi&#243; la cabeza.

Salvar a los &#193;ngeles presion&#243; a Cox cuando comenzaba a poner en marcha CryoHope. No s&#233; si le asust&#243; la publicidad negativa, si hubo un pago o si era partidario de la causa de Salvar a los &#193;ngeles. Quiz&#225;s tuvo claro que muchos embriones no ten&#237;an ninguna posibilidad de ser usados, y, bueno, &#191;por qu&#233; no? &#191;Para qu&#233; mantenerlos congelados o destruirlos? As&#237; que los entreg&#243; en adopci&#243;n.

Entonces, &#191;esta muchacha es mi hija? -pregunt&#243; Terese con la mirada fija en la foto.

Si hablamos en t&#233;rminos biol&#243;gicos, s&#237;.

Se limit&#243; a mirar el rostro sin moverse.

Cuando el doctor Sloan se hizo cargo hace seis a&#241;os, descubri&#243; lo que se hab&#237;a hecho. Estaba en una situaci&#243;n dif&#237;cil. Durante un tiempo dud&#243; si permanecer callado, pero consider&#243; que era ilegal y m&#233;dicamente anti&#233;tico. Al final busc&#243; un camino intermedio. Se puso en contacto con Rick y le pidi&#243; permiso para permitir que los embriones fuesen adoptados. No s&#233; qu&#233; pas&#243; por la mente de Rick, pero supongo que cuando tuvo que escoger entre destruir los embriones o darles una oportunidad de vida, escogi&#243; la vida.

&#191;Por qu&#233; no se pusieron en contacto conmigo?

T&#250; ya les hab&#237;as dado el permiso cuando empezaste el tratamiento. Rick, no. Adem&#225;s nadie sab&#237;a d&#243;nde estabas. Rick lo firm&#243;. No s&#233; si fue legal o no. De todas maneras, el hecho ya se hab&#237;a consumado. El doctor Sloan solo intentaba aclarar aquel foll&#243;n por si acaso hubiese algo que pudiese necesitar de una investigaci&#243;n de antecedentes cl&#237;nicos. En este caso, lo hab&#237;a. Cuando Rick descubri&#243; que ten&#237;a la enfermedad de Huntington, quer&#237;a asegurarse de que la familia que hab&#237;a adoptado los embriones supiese de su salud. Acudi&#243; a CryoHope. El doctor Sloan le cont&#243; la verdad, que los embriones hab&#237;an sido implantados a&#241;os atr&#225;s v&#237;a Salvar a los &#193;ngeles. No sab&#237;a qui&#233;nes eran los padres adoptivos, y le dijo a Rick que har&#237;a una solicitud para conseguir la informaci&#243;n de Salvar a los &#193;ngeles. Creo que Rick no quiso esperar.

&#191;Crees que forz&#243; la entrada de sus oficinas?

Parece l&#243;gico -respond&#237;.

Por fin apart&#243; la mirada de la foto.

&#191;D&#243;nde est&#225; ahora?

No lo s&#233;.

Es mi hija.

Biol&#243;gica.

Algo pas&#243; por su rostro.

No me vengas con esas. T&#250; descubriste lo de Jeremy cuando &#233;l ten&#237;a catorce a&#241;os. Todav&#237;a lo consideras tu hijo.

Quer&#237;a decirle que mi situaci&#243;n era distinta, pero ella ten&#237;a raz&#243;n. Jeremy era mi hijo biol&#243;gico, pero nunca me hab&#237;a visto como su padre. Me hab&#237;a enterado de su existencia demasiado tarde como para marcar una diferencia en su crianza, pero ahora segu&#237;a siendo parte de mi vida. &#191;Esta situaci&#243;n era en algo diferente?

&#191;C&#243;mo se llama? -pregunt&#243; Terese-. &#191;Qui&#233;n la cri&#243;? &#191;D&#243;nde vive?

Su primer nombre puede ser Carrie, pero no lo s&#233; a ciencia cierta. No s&#233; el apellido ni d&#243;nde vive.

Baj&#243; la foto a su regazo.

Tenemos que dec&#237;rselo a Jones -dije.

No.

Si tu hija fue secuestrada

T&#250; no te lo crees, &#191;verdad?

No lo s&#233;.

Vamos, s&#233; sincero conmigo. Crees que ella est&#225; relacionada con esos monstruos; que ella es una de las muchachas de las que habl&#243; Jones, con los problemas ed&#237;picos.

No lo s&#233;. Pero si ella es inocente

Es inocente de todas las maneras. No puede tener m&#225;s de diecisiete. Si de alguna manera se vio atrapada en esto porque era joven e impresionable, Jones y sus amigos de Seguridad Interior nunca lo comprender&#225;n. Su vida se habr&#225; acabado. T&#250; viste lo que hicieron contigo.

No dije nada.

No s&#233; por qu&#233; ella est&#225; con ellos -a&#241;adi&#243; Terese-. Quiz&#225;s sea el s&#237;ndrome de Estocolmo. Quiz&#225;s tuvo unos padres terribles o es una adolescente rebelde; demonios, s&#233; que yo lo fui. No importa. No es m&#225;s que una cr&#237;a. Y es mi hija, Myron. &#191;Lo entiendes? No es Miriam, pero aqu&#237; tengo una segunda oportunidad. No puedo darle la espalda a ella. Por favor.

Segu&#237; sin decir nada.

Quiz&#225;s pueda ayudarla. Es como es como estaba destinado a ser. Rick muri&#243; intentando salvarla. Ahora es mi turno. La llamada dijo que no se lo dijese a nadie excepto a ti. Por favor, Myron. Te lo suplico. Por favor, ay&#250;dame a rescatar a mi hija.



35

Con Terese a mi lado llam&#233; a Berleand.

Jones coment&#243; que usted de alguna manera minti&#243; o manipul&#243; el resultado de la prueba de ADN -dije.

Lo s&#233;.

&#191;Lo hizo?

&#201;l quer&#237;a verlo fuera del caso. Yo tambi&#233;n. Por eso no devolv&#237; su llamada.

Pero llam&#243; antes.

Para advertirle. Eso es todo. Todav&#237;a debe mantenerse apartado.

No puedo.

Berleand exhal&#243; un suspiro. Pens&#233; en aquel primer encuentro, en el aeropuerto, el pelo canoso, las gafas con las monturas muy grandes, la manera como me hab&#237;a llevado a aquel tejado en el 36 Quai des Orf&#232;vres y lo bien que me ca&#237;a.

&#191;Myron?

S&#237;.

Antes dijo saber que no le hab&#237;a mentido sobre los resultados de la prueba de ADN.

As&#237; es.

&#191;Es algo que dedujo porque tengo un rostro digno de confianza y un carisma casi sobrenatural?

Eso ser&#237;a un no.

Entonces, por favor, expl&#237;quemelo.

Mir&#233; a Terese.

Necesito que me prometa algo.

Oh, oh.

Tengo informaci&#243;n que usted considerar&#225; valiosa. Usted probablemente tiene informaci&#243;n que yo considerar&#233; valiosa.

Quiere que hagamos un intercambio.

Como aperitivo.

Como aperitivo -repiti&#243;-. Entonces, antes de que acepte, &#191;por qu&#233; no me informa del plato principal?

Formamos un equipo. Trabajamos juntos. Mantenemos a Jones y al resto de la fuerza fuera.

&#191;Qu&#233; pasa con mis contactos del Mossad?

Solo nosotros.

Comprendo. Oh, espere, no, no lo comprendo.

Terese se acerc&#243; m&#225;s para escuchar lo que &#233;l dec&#237;a.

Si el plan de Matar contin&#250;a en marcha, quiero que nosotros acabemos con &#233;l. No ellos.

&#191;Por qu&#233;?

Porque quiero mantener a la muchacha rubia fuera de esto.

Hubo una pausa. Luego Berleand dijo:

Jones le dijo que hab&#237;a hecho la prueba con los huesos de la tumba de Miriam Collins.

Me lo dijo.

Y que correspond&#237;an a los de Miriam Collins.

Lo s&#233;.

Entonces perd&#243;neme pero no le entiendo. &#191;Por qu&#233; estar&#237;a interesado en proteger a esta probablemente terrorista peligrosa?

No puedo dec&#237;rselo a menos que est&#233; de acuerdo en trabajar conmigo.

&#191;Y mantener a Jones fuera?

S&#237;.

&#191;Por qu&#233; quiere proteger a la muchacha rubia, que es una presunta implicada en los asesinatos de Karen Tower y Mario Contuzzi?

Como dijo, presunta.

Por eso tenemos tribunales.

No quiero verla en uno. Lo comprender&#225; en cuanto le diga lo que s&#233;.

Berleand guard&#243; silencio.

&#191;Tenemos un trato? -pregunt&#233;.

Hasta cierto punto.

&#191;Qu&#233; significa?

Significa que una vez m&#225;s est&#225; pensando a corto plazo. Solo le preocupa una persona. Lo comprendo. Asumo que me explicar&#225; en unos momentos por qu&#233; es importante para usted. Pero lo que estamos tratando podr&#237;a ata&#241;er a miles de vidas. Miles de padres, madres, hijos e hijas. La charla que escuch&#233; sugiere que hay en marcha algo muy grande, no solo un ataque, sino una serie de ataques a lo largo de varios meses. En realidad no me importa una muchacha, no si lo comparo con los miles que pueden morir.

Entonces, &#191;qu&#233; me promete?

No me dej&#243; acabar. Que no me importe la muchacha tiene una doble cara. No me importa si la atrapan y no me importa si escapa al juicio. As&#237; que, s&#237;, estoy con usted. Intentaremos solucionar esto nosotros mismos; algo que he estado haciendo muy bien solo. Pero si nos vemos superados en n&#250;mero o potencia de fuego, me reservo el derecho de llamar a Jones. Mantendr&#233; mi palabra y le ayudar&#233; a proteger a la muchacha. Pero aqu&#237; la prioridad es detener a los terroristas antes de que cumplan con su misi&#243;n. Una vida no vale la de miles.

Pens&#233; en ello.

&#191;Tiene hijos, Berleand?

No. Pero por favor no me venga con el rollo paterno. Es insultante -hizo una breve pausa y a&#241;adi&#243;-: Espere, &#191;me est&#225; diciendo que la muchacha rubia es hija de Terese Collins?

En cierta manera.

Expl&#237;quese.

&#191;Tenemos un trato?

S&#237;, con las reservas que acabo de explicarle. D&#237;game lo que sabe.

Se lo cont&#233; todo, las visitas a Salvar a los &#193;ngeles, a la Official Photography de Albin Laramie, el descubrimiento de las adopciones de los embriones, la llamada a mam&#225; que Terese acababa de recibir. Me interrumpi&#243; varias veces con sus preguntas. Se las respond&#237; lo mejor que pude. Cuando acab&#233; se lanz&#243; sin m&#225;s.

En primer lugar, necesitamos encontrar la identidad de la muchacha. Haremos copias de la foto. Le enviar&#233; una a Lefebvre. Sies norteamericana, quiz&#225;s estuvo en Par&#237;s en alg&#250;n programa de intercambio. Podr&#225; mostrarla por ah&#237;.

Vale.

&#191;Dijo que la llamada lleg&#243; al m&#243;vil de Terese?

Si.

Supongo que el n&#250;mero no apareci&#243; en la pantalla.

No se me hab&#237;a ocurrido preguntar. Mir&#233; a Terese. Ella asinti&#243;.

S&#237; -respond&#237;.

&#191;A qu&#233; hora?

Mir&#233; a Terese. Ella mir&#243; en su registro de llamadas y me la dijo.

Le llamar&#233; de nuevo en cinco minutos -dijo Berleand. Colg&#243;.

&#191;Todo en orden? -pregunt&#243; Win, que entraba en ese momento.

De co&#241;a.

Ya nos hemos encargado de tus padres. Tambi&#233;n de Esperanza y del despacho.

Asent&#237;. El tel&#233;fono son&#243; de nuevo. Era Berleand.

Quiz&#225;s tenga algo.

Adelante.

La llamada a Terese se hizo desde un m&#243;vil desechable adquirido al contado en Danbury, Connecticut.

Es una ciudad bastante grande.

A lo mejor puedo reducirla un poco. Le dije que hab&#237;amos escuchado conversaciones que proven&#237;an de una posible c&#233;lula en Pa-terson, Nueva Jersey.

As&#237; es.

La mayor&#237;a de las comunicaciones van o vienen de ultramar, pero hemos visto algunas que permanecen en Estados Unidos. &#191;Sabe que muchos criminales a menudo se comunican por correo electr&#243;nico?

Tiene su l&#243;gica.

Porque es un tanto an&#243;nimo. Abren una cuenta con un proveedor gratuito y las utilizan. Lo que muchas personas no saben es que ahora podemos saber d&#243;nde se cre&#243; la cuenta. No es que ayude mucho. La mayor&#237;a de las veces se abren desde un ordenador p&#250;blico, en una biblioteca o un cibercaf&#233;, algo por el estilo.

&#191;Y en este caso?

La conversaci&#243;n mencionaba una direcci&#243;n creada hace ocho meses en la biblioteca Mark Twain, en Redding, Connecticut, a menos de quince kil&#243;metros de Danbury.

Pens&#233;.

Es un v&#237;nculo.

S&#237;. M&#225;s que eso, la biblioteca la utilizan muchos estudiantes de la academia Carver. Podr&#237;amos tener suerte. Su Carrie podr&#237;a ser una de las estudiantes.

&#191;Puede comprobarlo?

Ahora me llaman. Redding est&#225; a una hora y media de aqu&#237;. Podr&#237;amos ir hasta all&#237; y mostrar la foto.

&#191;Quiere que conduzca yo?

Creo que ser&#225; lo mejor -respondi&#243; Berleand.



36

Convenc&#237; a Terese para que se quedase por si necesit&#225;bamos algo en la ciudad, una tarea bastante dif&#237;cil. Le promet&#237; que le llamar&#237;amos en el momento en que supi&#233;semos algo. Acept&#243; a rega&#241;adientes. No hac&#237;a falta que estuvi&#233;semos todos all&#237; y dispersar nuestros recursos. Win permanecer&#237;a cerca, sobre todo para proteger a Terese, pero ellos pod&#237;an intentar investigar otros caminos. La clave era, con toda probabilidad, Salvar a los &#193;ngeles. Si pod&#237;amos encontrar sus archivos, nos enterar&#237;amos del nombre completo de Carrie y de la direcci&#243;n, buscar a sus padres adoptivos, de alquiler o como quiera que se llamen, y ver si de esa manera pod&#237;amos encontrarla.

En el camino, Berleand me pregunt&#243;:

&#191;Alguna vez se ha casado?

No. &#191;Y usted?

Cuatro veces. -Sonri&#243;.

Vaya.

Todos acabaron en divorcio. No lamento ninguno.

&#191;Sus ex esposas dir&#237;an lo mismo?

Lo dudo. Pero ahora somos amigos. No soy bueno reteniendo a las mujeres, solo consigui&#233;ndolas.

Sonre&#237;.

No me imaginaba que usted fuera de esa clase.

&#191;Porque no soy guapo?

Me encog&#237; de hombros.

La imagen est&#225; sobrevalorada -dijo &#233;l-. &#191;Sabe qu&#233; tengo?

No me lo diga. Un gran sentido del humor, &#191;verdad? Seg&#250;n las revistas femeninas, el sentido del humor es la cualidad m&#225;s importante en un hombre.

S&#237;, por supuesto, y el cheque est&#225; en el correo -dijo Berleand.

As&#237; que no es eso.

Soy un hombre muy divertido, pero no es eso.

&#191;Y entonces qu&#233;? -pregunt&#233;.

Se lo dije antes.

D&#237;gamelo de nuevo.

El carisma. Tengo un carisma casi sobrenatural.

Sonre&#237;.

Eso es dif&#237;cil de rebatir.

Redding era m&#225;s rural de lo que hab&#237;a esperado, una tranquila y poco pretenciosa ciudad de arquitectura de los puritanos de Nueva Inglaterra, casas suburbanas postmodernas de p&#233;sima construcci&#243;n, tiendas de antig&#252;edades junto a la carretera, granjas viejas. Encima de la puerta verde de la modesta biblioteca una placa anunciaba:


BIBLIOTECA MARK TWAIN


Abajo, en letras de imprenta m&#225;s peque&#241;as:


DONACI&#211;N DE SAMUEL L. CLEMENS


Me pareci&#243; curioso, pero no era el momento de pararse. Nos dirigimos a la mesa de la bibliotecaria.

Dado que Berleand ten&#237;a la placa oficial, incluso aunque estuviese muy lejos de su jurisdicci&#243;n, le dej&#233; llevar la voz cantante.

Hola -le dijo a la bibliotecaria. Su placa de identificaci&#243;n dec&#237;a Paige Wesson. Nos dirigi&#243; una mirada de hast&#237;o, como si Berleand estuviese devolviendo un libro que se hab&#237;a llevado hac&#237;a mucho y le ofreciera una pobre excusa que hab&#237;a escuchado un mill&#243;n de veces-. Estamos buscando a esta joven desaparecida. &#191;La ha visto?

Le mostr&#243; la placa en una mano y la foto de la rubia en la otra. La bibliotecaria mir&#243; primero la placa.

Usted es de Par&#237;s -dijo.

S&#237;.

&#191;Esto se parece a Par&#237;s?

Ni de cerca -admiti&#243; Berleand-. Solo que el caso tiene ramificaciones internacionales. Esta joven fue vista por &#250;ltima vez cuando la secuestraban en mi jurisdicci&#243;n. Creemos que pudo haber utilizado los ordenadores de esta biblioteca.

Ella cogi&#243; la foto.

Creo que no la he visto nunca.

&#191;Est&#225; segura?

No, no lo estoy. Mire a su alrededor. -Lo hicimos. Hab&#237;a j&#243;venes en casi todas las mesas-. Docenas de chicos vienen aqu&#237; todos los d&#237;as. No estoy diciendo que no haya estado nunca aqu&#237;. Solo digo que no la conozco.

&#191;Podr&#237;a mirar en sus ordenadores, ver si tiene una tarjeta de alguien que se llame Carrie de primer nombre?

&#191;Tiene usted una orden judicial? -pregunt&#243; Paige.

&#191;Podr&#237;amos mirar en los registros de los &#250;ltimos ocho meses en su ordenador?

La misma pregunta.

Berleand le sonri&#243;.

Que tenga un buen d&#237;a.

Lo mismo digo.

Dejamos a Paige Wesson y fuimos hacia la puerta. Son&#243; mi m&#243;vil. Era Esperanza.

He podido conectarme con alguien de la academia Carver -dijo Esperanza-. No tienen a ning&#250;n estudiante registrado que se llame Carrie de primer nombre.

Fant&#225;stico -dije. Le di las gracias, colgu&#233; y se lo comuniqu&#233; a Berleand.

&#191;Alguna sugerencia? -pregunt&#243; Berleand.

Nos separamos y les mostramos la foto a los estudiantes que est&#225;n aqu&#237;.

Observ&#233; la sala y vi a tres adolescentes en una mesa situada en un rinc&#243;n. Dos llevaban cazadoras universitarias, aquellas que tienen el nombre escrito en la pechera y las mangas de cuero sint&#233;tico, las mismas que hab&#237;a llevado cuando estaba en el instituto Livingston. El tercero era el t&#237;pico chico de colegio privado: la mand&#237;bula firme, una buena estructura &#243;sea, el polo y el pantal&#243;n de marca. Decid&#237; empezar con ellos.

Les mostr&#233; la foto.

&#191;La conoc&#233;is?

El chico del colegio privado fue quien me respondi&#243;.

Creo que se llama Carrie.

Bingo.

&#191;Conoc&#233;is su apellido?

Tres sacudidas de cabeza.

&#191;Va a tu colegio?

No -dijo el chico del colegio privado-. Supongo que vive en la ciudad. La hemos visto por aqu&#237;.

Est&#225; como un tren -opin&#243; Cazadora Universitaria Uno.

El chico de la mand&#237;bula firme asinti&#243;.

Y tiene un culo estupendo.

Frunc&#237; el entrecejo. Encantado de conocerte, Mini-Win, pens&#233;.

Berleand me mir&#243;. Le hice una se&#241;a para indicarle que quiz&#225;s ten&#237;a algo. Se uni&#243; a nosotros.

&#191;Sab&#233;is donde vive? -pregunt&#233;.

No. Pero Kenbo se la tir&#243;.

&#191;Qui&#233;n?

Ken Borman. Se la tir&#243;.

&#191;Se la tir&#243;? -pregunt&#243; Berleand.

Lo mir&#233;.

Ah, se la tir&#243; -dijo Berleand.

&#191;D&#243;nde podemos encontrar a Kenbo? -pregunt&#233;.

Est&#225; en la sala de pesas del campus.

Nos indicaron c&#243;mo llegar y nos marchamos.



37

Hab&#237;a esperado encontrarme con un cachas.

Escuchas un apodo como Kenbo y te dicen que se ha tirado a una rubia que est&#225; como un tren y que lo encontrar&#225;s en la sala de pesas, y asoma a la superficie la imagen de un chico guapo con m&#250;sculos en la cabeza. No era el caso. Kenbo ten&#237;a el pelo tan oscuro y liso como si se lo hubieran te&#241;ido y planchado. Le colgaba sobre un ojo como una pesada cortina negra. Su complexi&#243;n era p&#225;lida, sus brazos delgados, las u&#241;as pintadas de negro. A este aspecto lo llam&#225;bamos g&#243;tico en mis tiempos.

Cuando le entregu&#233; la foto, vi como su ojo -solo pod&#237;a verle uno porque el otro estaba cubierto por el pelo- se abr&#237;a como un plato. Nos mir&#243; y vi el miedo en su rostro.

T&#250; la conoces -dije.

Kenbo se levant&#243;, retrocedi&#243; unos pasos, se gir&#243; y de pronto ech&#243; a correr. Mir&#233; a Berleand.

No esperar&#225; que lo persiga yo, &#191;verdad? -dijo &#233;l.

Me lanc&#233; en su persecuci&#243;n. Kenbo hab&#237;a salido del gimnasio y corr&#237;a a trav&#233;s del campus, bastante grande, de la academia Carver. La herida de bala me dol&#237;a, pero no lo bastante como para demorarme. Hab&#237;a algunos estudiantes por el lugar, ning&#250;n profesor a la vista, pero alguien acabar&#237;a por llamar a las autoridades. No pod&#237;a ser bueno.

&#161;Espera! -grit&#233;.

No lo hizo. Se desvi&#243; a la izquierda y desapareci&#243; detr&#225;s de un edificio. Llevaba los pantalones ca&#237;dos muy a la moda, demasiado ca&#237;dos, y eso ayudaba. Ten&#237;a que estar levant&#225;ndoselos. Lo segu&#237;, acortando la distancia. Sent&#237;a un dolor en la rodilla, un recordatorio de la vieja herida; salt&#233; una verja de tela met&#225;lica. Corri&#243; a trav&#233;s del campo de deportes de hierba artificial. No me molest&#233; en llamarlo de nuevo. Solo ser&#237;a un desperdicio de tiempo y fuerza. Se dirig&#237;a hacia los l&#237;mites del campus, lejos de los testigos, y lo interpret&#233; como una buena se&#241;al.

Cuando lleg&#243; a una abertura cerca del bosque, me lanc&#233; a sus pies, le rode&#233; la pierna con el brazo de una manera que hubiese hecho sentirse orgulloso a cualquier defensor de la NFL y lo hice caer a tierra. Cay&#243; m&#225;s fuerte de lo que me hubiese gustado, se gir&#243; para separarse e intent&#243; apartarme a puntapi&#233;s.

No voy a herirte -grit&#233;.

D&#233;jeme en paz.

Me mont&#233; en su pecho y le sujet&#233; los brazos como si hubiese sido su hermano mayor.

C&#225;lmate.

&#161;Ap&#225;rtese de m&#237;!

Solo intento encontrar a esta muchacha.

No s&#233; nada.

Ken.

&#161;Ap&#225;rtese de m&#237;!

&#191;Me prometes que no te escapar&#225;s?

Ap&#225;rtese. &#161;Por favor!

Estaba sujetando a un indefenso y aterrorizado chico de instituto. &#191;Y el siguiente bis? &#191;Ahogar a un gatito? Me apart&#233;.

Estoy intentando ayudar a esta muchacha -repet&#237;.

Se sent&#243;. Las l&#225;grimas corr&#237;an por sus mejillas. Se las enjug&#243; y ocult&#243; el rostro en el brazo.

&#191;Ken?

&#191;Qu&#233;?

Esta chica ha desaparecido y es probable que corra un serio peligro.

Me mir&#243;.

Intento encontrarla.

&#191;No la conoce?

Sacud&#237; la cabeza. Berleand por fin apareci&#243; a la vista.

&#191;Son polis?

&#201;l lo es. Yo trabajo en esto por una raz&#243;n personal.

&#191;Qu&#233; raz&#243;n?

Estoy intentando ayudar -no ve&#237;a otra manera de decirlo-, estoy intentando ayudar a su madre biol&#243;gica a encontrarla. Carrie ha desaparecido, y es probable que est&#233; metida en un problema.

No lo entiendo. &#191;Por qu&#233; han venido a m&#237;?

Tus amigos nos dijeron que te la hab&#237;as ligado.

Agach&#243; la cabeza una vez m&#225;s.

De hecho, dijeron que hab&#237;as hecho algo m&#225;s que lig&#225;rtela.

Se encogi&#243; de hombros.

&#191;Y?

&#191;Cu&#225;l es su nombre completo?

&#191;Tampoco saben eso?

Est&#225; en problemas, Ken.

Berleand lleg&#243; junto a nosotros. Jadeaba muy fuerte. Meti&#243; la mano en el bolsillo -cre&#237; que para sacar un l&#225;piz- y en vez de eso sac&#243; un cigarrillo. S&#237;, eso ayudar&#237;a.

Carrie Steward -dijo.

Mir&#233; a Berleand. Asinti&#243;, jade&#243; un poco m&#225;s y consigui&#243; decir:

Llamar&#233;.

Sac&#243; el m&#243;vil y empez&#243; a caminar con el tel&#233;fono en alto para buscar cobertura.

No entiendo por qu&#233; huiste -dije.

Ment&#237; -respondi&#243;-, a mis amigos, &#191;vale? Nunca me acost&#233; con ella. Solo dije que lo hab&#237;a hecho.

Esper&#233;.

Nos conocimos en la biblioteca. Era tan hermosa La acompa&#241;aban otras dos rubias, todas con el aspecto de haber salido de Los chicos del ma&#237;z. Era siniestro. La cuesti&#243;n es que la estuve mirando durante tres d&#237;as. Por fin sali&#243; sola. Me acerqu&#233; y la salud&#233;. Al principio no me hizo el menor caso. Me refiero a que pasaba de m&#237;, pero esta chica me produc&#237;a escalofr&#237;os. No obstante, me dije, &#191;qu&#233; tengo que perder? As&#237; que continu&#233; hablando; ten&#237;a mi iPod. Le pregunt&#233; qu&#233; m&#250;sica le gustaba y me respondi&#243; que no le gustaba la m&#250;sica. No me lo pod&#237;a creer, y le hice escuchar algo de Blue October. Vi que su rostro cambiaba. El poder de la m&#250;sica, &#191;no?

Se call&#243;. Mir&#233;. Berleand hablaba por tel&#233;fono. Transmit&#237; el nombre de Carrie Steward a Esperanza y Terese. Que ellas tambi&#233;n comenzasen a investigar. Continuaba temiendo que alguien de la escuela se acercase a nosotros, pero hasta el momento, todo en calma. Nos hab&#237;amos sentado en la hierba, de cara al campus. El sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo de un color naranja intenso.

&#191;Qu&#233; pas&#243;? -pregunt&#233;.

Comenzamos a hablar. Me dijo que se llamaba Carrie. Quer&#237;a escuchar otras canciones. No dejaba de mirar a un lado y a otro, como si tuviese miedo de que sus amigas pudieran verla charlando conmigo. Me hizo sentir como un perdedor, quiz&#225;s era aquello de chica de ciudad frente a alumno de colegio privado, no lo s&#233;. De todas maneras eso fue lo que pens&#233;. Al principio. Nos encontramos varias veces m&#225;s despu&#233;s de aquello. Ella ven&#237;a a la biblioteca con sus amigas y luego sal&#237;amos para ir a la parte de atr&#225;s, charl&#225;bamos y escuch&#225;bamos m&#250;sica. Un d&#237;a le habl&#233; de un grupo que tocaba en Norwalk. Le pregunt&#233; si quer&#237;a ir. Se puso p&#225;lida. Parec&#237;a muy asustada. Le dije que tampoco era para tanto. Carrie dijo que quiz&#225;s podr&#237;amos intentarlo. Le dije que pod&#237;a pasar a recogerla por su casa. Entonces se le fue la olla. Lo juro, del todo.

El aire comenzaba a refrescar. Berleand acab&#243; de hablar por tel&#233;fono. Me mir&#243;, vio nuestros rostros y comprendi&#243; que lo mejor era mantenerse apartado.

&#191;Qu&#233; pas&#243; despu&#233;s?

Me dijo que aparcase al final de Duck Run Road. Que se reunir&#237;a conmigo all&#237; a las nueve. As&#237; que aparqu&#233; all&#237; unos minutos antes de las nueve. Estaba oscuro. Esper&#233;. No hab&#237;a luz en la carretera ni en ninguna parte. Segu&#237; esperando. Eran las nueve y cuarto. Escuch&#233; un ruido y entonces de pronto abrieron la puerta de mi coche y me sacaron.

Ken se interrumpi&#243;. Lloraba de nuevo. Se sec&#243; las l&#225;grimas.

Alguien me dio un pu&#241;etazo en la boca. Me arranc&#243; dos dientes. -Me lo mostr&#243;-. Me sacaron del coche. No s&#233; cu&#225;ntos eran. Cuatro, quiz&#225;s cinco, y me daban de puntapi&#233;s. Yo solo me tapaba, me pon&#237;a las manos sobre la cabeza, cre&#237;a que iba a morir. Luego me puse de espaldas. Sin moverme. Segu&#237;a sin poder verles las caras, ni quer&#237;a hacerlo. Uno de ellos me mostr&#243; una navaja. Dijo: Ella no quiere volver a hablar contigo. Si dices una palabra de esto mataremos a tu familia.

Ken y yo continuamos sentados y no dijimos nada por unos momentos. Mir&#233; a Berleand. Sacudi&#243; la cabeza. No hab&#237;a nada referente a Carrie Steward.

Eso es todo -dijo-. Nunca la volv&#237; a ver. Ni a ninguna de las chicas con las que iba. Es como si hubiesen desaparecido.

&#191;Se lo dijiste a alguien?

Sacudi&#243; la cabeza.

&#191;C&#243;mo explicaste tus heridas?

Dije que me hab&#237;an golpeado a la salida del concierto. No se lo dir&#225; a nadie, &#191;verdad?

No se lo dir&#233; a nadie. Pero necesitamos encontrarla, Ken. &#191;Tienes alguna idea de d&#243;nde podr&#237;a estar Carrie?

No dijo nada.

&#191;Ken?

Le pregunt&#233; d&#243;nde viv&#237;a. No me lo quiso decir.

Esper&#233;.

Pero un d&#237;a -se detuvo, respir&#243; hondo- la segu&#237; cuando sali&#243; de la biblioteca.

Ken desvi&#243; la mirada y parpade&#243;.

Entonces, &#191;sabes d&#243;nde vive?

Se encogi&#243; de hombros. -Quiz&#225;s, no lo s&#233;. No lo creo. -&#191;Puedes mostrarme hasta d&#243;nde la seguiste? Ken sacudi&#243; la cabeza.

Puedo indicarle c&#243;mo se llega. Pero no ir&#233; con usted, &#191;vale? Ahora mismo solo quiero irme a casa.



38

La cadena que nos cerraba el paso ten&#237;a un cartel que dec&#237;a: CAMINO PRIVADO.

Nos detuvimos y aparcamos a la vuelta de la esquina. No hab&#237;a nada a la vista excepto campos de cultivo y bosques. Hasta ese momento nuestras diversas fuentes no hab&#237;an encontrado a ninguna Carrie Steward. El nombre bien pod&#237;a ser un seud&#243;nimo, pero todos continuaban buscando. Esperanza me llam&#243;:

Tengo algo que quiz&#225;s te interese.

Adelante.

Mencionaste a un tal doctor Jim&#233;nez, un joven residente que hab&#237;a trabajado con el doctor Cox cuando puso en marcha Cryo-Hope.

As&#237; es.

Jim&#233;nez tambi&#233;n est&#225; vinculado a Salvar a los &#193;ngeles. Asisti&#243; a un seminario que patrocinaron hace diecis&#233;is a&#241;os. Har&#233; una b&#250;squeda, a ver si nos puede dar alguna pista respecto a la adopci&#243;n de embriones.

Est&#225; bien.

&#191;Carrie es diminutivo de algo? -pregunt&#243;.

No lo s&#233;. &#191;Quiz&#225;s de Carolina?

Lo comprobar&#233; y te volver&#233; a llamar cuando sepa algo.

Una cosa m&#225;s. -Le indiqu&#233; la intersecci&#243;n m&#225;s cercana-. &#191;Puedes buscar la direcci&#243;n en Google y ver qu&#233; encuentras?

No aparece nada en la direcci&#243;n respecto a qui&#233;n vive ah&#237;. Al parecer est&#225;s en una zona de campos de cultivo. Ninguna idea de qui&#233;n es el propietario. &#191;Quieres que lo busque?

Por favor.

Te llamo tan pronto como pueda.

Colgu&#233;.

Eche una ojeada -dijo Berleand.

Se&#241;al&#243; un &#225;rbol que hab&#237;a cerca de la entrada. Hab&#237;a una c&#225;mara de seguridad que enfocaba la cadena.

Una seguridad muy estricta para ser una granja -coment&#243;.

Ken nos habl&#243; del camino privado. Dijo que Carrie hab&#237;a entrado.

Si lo hacemos, sin duda nos ver&#225;n.

Eso si la c&#225;mara funciona. Podr&#237;a ser simulada.

No -dijo Berleand-. Una simulada estar&#237;a m&#225;s a la vista.

Ten&#237;a raz&#243;n.

Podr&#237;amos ir caminando -suger&#237;.

Es una intrusi&#243;n -se&#241;al&#243; Berleand.

Qu&#233; m&#225;s da. Tenemos que hacer algo, &#191;no? Tiene que haber una casa o algo al final del camino. -Entonces record&#233; algo-. Esp&#233;reme un momento.

Llam&#233; a Esperanza.

Est&#225;s delante del ordenador, &#191;no?

As&#237; es.

Busca en el mapa de Google la direcci&#243;n que te di.

Escuch&#233; un r&#225;pido tecleo.

Vale, la tengo.

Ahora clica en la opci&#243;n de foto de sat&#233;lite y ampl&#237;ala.

Espera. Vale, ya est&#225;.

&#191;Qu&#233; hay al final de un peque&#241;o camino en el lado derecho de la carretera?

Mucho verde y lo que parece ser una casa muy grande vista desde arriba. Quiz&#225;s a unos ciento ochenta metros de donde est&#225;s, no m&#225;s. Es muy solitario.

Gracias. Colgu&#233;.

Hay una casa grande.

Berleand se quit&#243; las gafas, las limpi&#243;, las sostuvo a la luz y las limpi&#243; un poco m&#225;s.

&#191;Qu&#233; creemos que est&#225; pasando aqu&#237;?

&#191;Quiere saber la verdad?

Lo prefiero.

No tengo ni idea.

&#191;Cree que Carrie est&#225; en la casa grande? -pregunt&#243;.

Solo hay una manera de averiguarlo -respond&#237;.


Como la cadena imped&#237;a el paso del coche, decidimos ir a pie. Llam&#233; a Win y le inform&#233; de todo lo que estaba pasando por si acaso las cosas se pon&#237;an muy mal. Decidi&#243; venir despu&#233;s de llamar a Terese una vez m&#225;s. Berleand y yo hablamos y llegamos a la conclusi&#243;n de que bien pod&#237;amos intentar ir hasta la puerta y llamar.

A&#250;n hab&#237;a luz, pero el sol ya se pon&#237;a. Saltamos la cadena y comenzamos a caminar por la mitad del camino, por delante de la c&#225;mara de seguridad. Hab&#237;a &#225;rboles a ambos lados. Al menos la mitad ten&#237;an carteles que dec&#237;an: PROHIBIDA LA ENTRADA. El camino no estaba pavimentado, pero s&#237; en muy buen estado. En algunos lugares hab&#237;a gravilla, pero la mayor parte era de tierra. Berleand hizo una mueca y camin&#243; de puntillas. No dejaba de secarse las manos en las perneras y de lamerse los labios.

Esto no me gusta -dijo.

&#191;No le gusta qu&#233;?

La tierra, el bosque, los insectos. Es muy poco limpio.

De acuerdo -dije-, pero, &#191;aquel tugurio de striptease era higi&#233;nico?

Eh, aquel era un club para caballeros con clase. &#191;No ley&#243; el cartel?

Ante nosotros vi un seto y, m&#225;s all&#225;, un poco m&#225;s lejos, un tejado de pizarra gris azulado con buhardillas.

Algo son&#243; en mi cabeza. Aceler&#233; el paso.

&#191;Myron?

O&#237; detr&#225;s de nosotros el ruido de la cadena contra el suelo y luego un coche. Camin&#233; m&#225;s r&#225;pido, con el deseo de echar una mirada. Mir&#233; atr&#225;s en el momento en que se deten&#237;a un coche de la polic&#237;a del condado. Berleand se detuvo. Yo no.

&#191;Se&#241;or? Est&#225; entrando en una propiedad privada.

Llegu&#233; a la esquina. Hab&#237;a una cerca que rodeaba la propiedad. M&#225;s seguridad. Pero desde ese punto ventajoso, ve&#237;a la fachada de la mansi&#243;n.

Det&#233;ngase donde est&#225;. Ya ha ido bastante lejos.

Me detuve. Mir&#233; la casa. La visi&#243;n confirm&#243; lo que hab&#237;a sospechado desde que hab&#237;a visto las buhardillas. Ten&#237;a el aspecto del hostal perfecto, una pintoresca y casi exagerada casa victoriana con torres, torretas, vidrieras, una galer&#237;a, y s&#237;, un techo con buhardillas.

La hab&#237;a visto en la p&#225;gina web de Salvar a los &#193;ngeles.

Era uno de sus hogares para madres solteras.


Dos agentes de polic&#237;a salieron del coche.

Eran j&#243;venes, musculosos y caminaban con el garbo airoso de los polis. Tambi&#233;n llevaban sombreros de la Polic&#237;a Montada. Pens&#233; que los sombreros de la Polic&#237;a Montada tienen un aspecto rid&#237;culo y parecen contraproducentes para las actividades de las fuerzas de la ley, pero eso me lo call&#233;.

&#191;Podemos hacer algo por ustedes caballeros? -pregunt&#243; uno de los agentes.

Era el m&#225;s alto de los dos, las mangas de la camisa cortaban sus b&#237;ceps como dos torniquetes. Su placa de identificaci&#243;n pon&#237;a: Taylor.

Berleand sac&#243; la foto.

Buscamos a esta chica.

El agente cogi&#243; la foto, la mir&#243; y se la pas&#243; a su compa&#241;ero, que, seg&#250;n la placa, se llamaba Erickson.

&#191;Usted es? -pregunt&#243; Taylor.

El capit&#225;n Berleand de la Brigade Criminelle de Par&#237;s.

Berleand le entreg&#243; a Taylor la placa y la identificaci&#243;n. Taylor las cogi&#243; con dos dedos como si Berleand le hubiese dado una bolsa de papel con excrementos de perro. Observ&#243; la identificaci&#243;n por un momento y luego me se&#241;al&#243; a m&#237; con la barbilla.

&#191;Qui&#233;n es su amigo?

Levant&#233; una mano en se&#241;al de saludo.

Myron Bolitar. Es un placer conocerlo.

&#191;Qu&#233; relaci&#243;n tiene usted con esto, se&#241;or Bolitar?

Iba a decir que era una larga historia, pero entonces pens&#233; que quiz&#225;s no era tan complicado.

La muchacha que buscamos puede ser la hija de mi novia.

&#191;Puede ser? -Taylor mir&#243; a Berleand-. Bien, inspector Clouseau, &#191;quiere usted decirme qu&#233; est&#225;n haciendo aqu&#237;?

Inspector Clouseau -repiti&#243; Berleand -.Es muy divertido. Porque soy franc&#233;s, &#191;no?

Taylor solo lo mir&#243;.

Trabajo en un caso de terrorismo internacional -respondi&#243; Berleand.

&#191;Es un hecho?

S&#237;. El nombre de esta chica ha aparecido en el curso de las investigaciones. Creemos que vive aqu&#237;.

&#191;Tiene usted una orden?

El tiempo es esencial.

Lo interpretar&#233; como un no. -Taylor suspir&#243; y mir&#243; a su compa&#241;ero, Erickson. Erickson mascaba un chicle sin decir palabra. Taylor me mir&#243;-. &#191;Es verdad, se&#241;or Bolitar?

Lo es.

Entonces, &#191;la quiz&#225;s hija de su novia est&#225; mezclada en una investigaci&#243;n de terrorismo internacional?

S&#237;.

Se rasc&#243; un granito que ten&#237;a en su mejilla de beb&#233;. Intent&#233; adivinar sus edades. Lo m&#225;s probable es que tuviesen veintitantos, aunque bien pod&#237;an pasar por adolescentes. &#191;Cu&#225;ndo hab&#237;an comenzado los polis a parecer tan j&#243;venes?

&#191;Sabe qu&#233; es este lugar? -pregunt&#243; Taylor.

Berleand comenz&#243; a sacudir la cabeza, incluso mientras yo dec&#237;a:

Es un hogar para madres solteras.

Taylor asinti&#243;.

Se supone que es confidencial.

Lo s&#233;.

Pero tiene toda la raz&#243;n. Por lo tanto, comprender&#225; por qu&#233; se preocupan tanto por proteger su intimidad.

Lo comprendemos.

Si un lugar como &#233;ste no es un refugio seguro, &#191;qu&#233; lo es? Vienen aqu&#237; para escapar de las miradas curiosas.

Lo entiendo.

&#191;Est&#225; seguro de que la quiz&#225;s hija de su novia no est&#225; aqu&#237; porque est&#225; embarazada?

Me pareci&#243; una pregunta justa.

Eso es irrelevante. El capit&#225;n Berleand se lo puede decir. Esto va de un complot terrorista. Si est&#225; embarazada o no, no supondr&#225; ninguna diferencia.

Las personas que dirigen este lugar nunca han causado ning&#250;n problema.

Lo comprendo.

Esto sigue siendo Estados Unidos de Am&#233;rica. Si no le permiten entrar en su propiedad, usted no tiene ning&#250;n derecho a estar aqu&#237; sin una orden.

Eso tambi&#233;n lo comprendo -dije. Mir&#233; hacia la mansi&#243;n-. &#191;Fueron ellos quienes los llamaron?

Taylor me mir&#243;, y supuse que estaba a punto de decirme que no era asunto m&#237;o. En vez de eso, mir&#243; tambi&#233;n hacia la casa.

Por curioso que resulte, no. Por lo general lo hacen. Cuando entran los chicos, lo que sea. Nos enteramos de ustedes por Paige Wesson, de la biblioteca, y luego alguien lo vio perseguir a un chico en la academia Carver.

Taylor continu&#243; mirando la casa como si acabase de materializarse.

Por favor, esc&#250;cheme -dijo Berleand-. &#201;ste es un caso muy importante.

Esto sigue siendo Estados Unidos -repiti&#243; Taylor-. Si ellos no quieren hablar con usted, tendr&#225; que aceptarlo. Dicho esto -Taylor mir&#243; de nuevo a Erickson-. &#191;Ves alguna raz&#243;n para no llamar a la puerta y mostrarles la foto?

Erickson lo pens&#243; un momento. Sacudi&#243; la cabeza.

Ustedes dos qu&#233;dense aqu&#237;.

Se adelantaron, abrieron la verja y caminaron hacia la puerta principal. O&#237; un motor en el fondo. Me volv&#237;. Nada. Quiz&#225;s un coche que pasaba por la carretera principal. El sol se hab&#237;a puesto, se oscurec&#237;a el cielo. Mir&#233; la casa. Una quietud total. No hab&#237;a visto ning&#250;n movimiento, ninguno desde que hab&#237;amos llegado.

O&#237; el motor de otro coche, esta vez en la direcci&#243;n general de la casa. De nuevo no vi nada. Berleand se me acerc&#243;.

&#191;No tiene un mal presentimiento? -pregunt&#243;.

No tengo uno bueno.

Creo que deber&#237;amos llamar a Jones.

Son&#243; mi m&#243;vil en el momento en que Taylor y Erickson llegaban a la escalinata de la galer&#237;a. Era Esperanza.

Tengo algo que debes ver.

&#191;S&#237;?

&#191;Recuerdas que te dije que el doctor Jim&#233;nez hab&#237;a asistido a un seminario de Salvar a los &#193;ngeles?

S&#237;.

Encontr&#233; a otras personas que tambi&#233;n lo hicieron. Visit&#233; sus p&#225;ginas en Facebook. Uno de ellos tiene toda una galer&#237;a de fotos de los asistentes. Te env&#237;o una. Es una foto del grupo. El doctor Jim&#233;nez est&#225; de pie en el extremo derecho.

Vale, espero a que cortes.

Colgu&#233; y el Blackberry comenz&#243; a zumbar. Abr&#237; el e-mail de Esperanza y cliqu&#233; en el adjunto. La foto se carg&#243; poco a poco. Berleand mir&#243; por encima de mi hombro.

Taylor y Erickson llegaron a la puerta principal. Taylor toc&#243; el timbre. Un adolescente rubio abri&#243; la puerta. No estaba lo bastante cerca como para o&#237;rlos. Taylor dijo algo. El chico respondi&#243;.

La foto se carg&#243; en mi Blackberry. La pantalla era muy peque&#241;a, y tambi&#233;n lo eran los rostros. Apret&#233; la opci&#243;n de zoom, mov&#237; el cursor a la derecha y otra vez el zoom. La figura se ampli&#243;, pero entonces era borrosa. Apret&#233; el enfoque. Apareci&#243; un reloj de arena mientras se enfocaba la foto.

Mir&#233; de nuevo la puerta principal de la casa victoriana. Taylor se adelant&#243;, como si quisiese entrar. El chico rubio levant&#243; la mano. Taylor mir&#243; a Erickson. Vi la sorpresa en su rostro. Ahora o&#237;a a Erickson. Sonaba furioso. El adolescente parec&#237;a asustado. Aprovech&#233; la espera para acercarme.

La foto qued&#243; enfocada. La mir&#233;, vi el rostro del doctor Jim&#233;nez, y casi dej&#233; caer el tel&#233;fono. Fue una conmoci&#243;n, sin embargo, al recordar lo que Jones me hab&#237;a dicho, las cosas comenzaron a encajar de una manera fulminante.

El doctor Jim&#233;nez -muy astuto al utilizar un nombre espa&#241;ol y la probable identidad de un hombre moreno-, era Mohammad Matar.

Antes de poder procesar lo que eso significaba, el adolescente grit&#243;:

&#161;No pueden entrar!

Ap&#225;rtate -dijo Erickson.

&#161;No!

A Erickson no le gust&#243; la respuesta. Levant&#243; los brazos como si se dispusiese a apartar al adolescente rubio a un lado. El adolescente de pronto sac&#243; una navaja. Antes de que nadie pudiese moverse, la levant&#243; y la clav&#243; en el pecho de Erickson.

Oh no-Guard&#233; el m&#243;vil en mi bolsillo y ech&#233; a correr hacia la puerta. Un s&#250;bito ruido me detuvo en seco.

Disparos.

Hab&#237;an alcanzado a Erickson. Se gir&#243; con la navaja todav&#237;a en el pecho y se desplom&#243;. Taylor ech&#243; mano a la pistola, pero no tuvo ninguna oportunidad. M&#225;s disparos rompieron el silencio de la noche. El cuerpo de Taylor se sacudi&#243; una vez, dos, y luego cay&#243; hecho un ovillo.

O&#237; de nuevo los motores, un coche que sub&#237;a por el camino, y otro que se acercaba por detr&#225;s de la casa. Busqu&#233; a Berleand. Corr&#237;a hacia m&#237;.

&#161;Corra hacia el bosque! -grit&#233;.

Los neum&#225;ticos chirriaron con la brutal frenada. Otra r&#225;faga.

Corr&#237; hacia los &#225;rboles y la oscuridad, lejos de la casa y el camino privado. El bosque, pens&#233;. Si consegu&#237;amos llegar al bosque, podr&#237;amos escondernos. Un coche cruz&#243; el terreno a gran velocidad; sus faros nos buscaban. Disparaban al azar. No mir&#233; atr&#225;s para saber de d&#243;nde ven&#237;an. Encontr&#233; una roca y me ocult&#233; detr&#225;s. Me volv&#237; y vi a Berleand todav&#237;a a la vista.

M&#225;s disparos. Berleand cay&#243;.

Me levant&#233; de detr&#225;s de la roca, pero Berleand estaba muy lejos. Dos hombres se le echaron encima. Otros tres saltaron de un jeep, todos armados. Corrieron hacia Berleand, al tiempo que disparaban ciegamente al bosque. Una bala impact&#243; en un &#225;rbol justo detr&#225;s de m&#237;. Me agach&#233; cuando otra descarga pas&#243; por encima de mi cabeza.

Por un momento no se escuch&#243; nada. Luego:

&#161;Salga ahora!

La voz del hombre ten&#237;a un fuerte acento de Oriente Medio. Espi&#233;, agachado. Estaba oscuro, la noche ca&#237;a por momentos, pero ve&#237;a al menos que dos de los hombres ten&#237;an el pelo oscuro, la piel morena y barba. Varios llevaban pa&#241;uelos verdes alrededor del cuello, de aquellos que utilizas para taparte el rostro en un atraco. Se gritaban los unos a los otros en un lenguaje que no comprend&#237;a, pero que supuse deb&#237;a de ser &#225;rabe.

&#191;Qu&#233; demonios estaba pasando?

Salga o le haremos da&#241;o a su amigo.

El hombre que lo dijo parec&#237;a ser el jefe. Dio &#243;rdenes y se&#241;al&#243; a izquierda y derecha. Dos hombres comenzaron a moverse hacia m&#237;. Otro volvi&#243; al coche y utiliz&#243; los faros para alumbrar el bosque. Permanec&#237; agachado, con la mejilla contra el suelo. El coraz&#243;n lat&#237;a con fuerza en mi pecho.

No hab&#237;a tra&#237;do ning&#250;n arma. Qu&#233; est&#250;pido. Tan rematadamente est&#250;pido.

Met&#237; la mano en el bolsillo e intent&#233; coger el m&#243;vil.

&#161;&#218;ltima oportunidad! -avis&#243; el jefe a voz en cuello-. Comenzar&#233; por dispararle a las rodillas.

&#161;No le escuche! -grit&#243; Berleand.

Mis dedos encontraron el tel&#233;fono en el momento en que se escuchaba una &#250;nica detonaci&#243;n en el aire nocturno.

Berleand solt&#243; un alarido.

&#161;Salga ahora! -repiti&#243; el jefe.

Apret&#233; la tecla correspondiente a la llamada r&#225;pida de Win. Berleand gem&#237;a. Cerr&#233; los ojos con el deseo de que desaparecieran los gemidos. Necesitaba pensar.

Entonces se oy&#243; la voz de Berleand entre sollozos.

&#161;No le escuche!

&#161;La otra rodilla!

Otro disparo.

Berleand solt&#243; un alarido de agon&#237;a. El sonido me atraves&#243; como una pu&#241;alada, destroz&#243; mis entra&#241;as. Ten&#237;a claro que no pod&#237;a mostrarme. Si descubr&#237;an mi posici&#243;n, ambos acabar&#237;amos muertos. Win ya tendr&#237;a que haber o&#237;do lo que estaba pasando. Llamar&#237;a a Jones y a las fuerzas del orden. No tardar&#237;an mucho.

O&#237;a el llanto de Berleand.

Entonces de nuevo, esta vez m&#225;s d&#233;bil, la voz de Berleand:

&#161;No le escuche!

O&#237; el movimiento de los hombres en el bosque, no muy lejos. No ten&#237;a alternativa. Ten&#237;a que moverme. Mir&#233; la mansi&#243;n victoriana a mi derecha. Mis dedos se cerraron alrededor de una piedra bastante grande mientras algo que se parec&#237;a a un plan comenzaba a formarse en mi cabeza.

Tengo una navaja. Ahora voy a arrancarle los ojos -grit&#243; el jefe.

Vi un movimiento en la casa. A trav&#233;s de la ventana. No ten&#237;a mucho tiempo. Me levant&#233; con las rodillas dobladas dispuesto para entrar en acci&#243;n.

Lanc&#233; la piedra todo lo fuerte que pude en la direcci&#243;n opuesta a la casa. La piedra golpe&#243; contra un &#225;rbol con un sonido hueco.

El jefe volvi&#243; la cabeza hacia el sonido. Los hombres que se mov&#237;an entre los &#225;rboles tambi&#233;n fueron en aquella direcci&#243;n, disparando las armas. El jeep se desvi&#243; para ir hacia donde la piedra hab&#237;a ca&#237;do.

Al menos, eso era lo que esperaba que ocurriese.

No esper&#233; a saberlo. Tan pronto como la piedra dej&#243; mi mano, ech&#233; a correr entre los &#225;rboles hacia el costado de la casa. Me estaba alejando de los gritos de Berleand y de los hombres que intentaban matarme. Ahora estaba m&#225;s oscuro, era casi imposible ver, pero no dej&#233; que eso me detuviese. Las ramas azotaron mi rostro. No me import&#243;. Solo dispon&#237;a de segundos. El tiempo era lo &#250;nico que importaba, pero me parec&#237;a que tardaba una eternidad en acercarme al edificio.

Sin interrumpir la carrera, cog&#237; otra piedra.

&#161;Ahora voy a arrancarle un ojo! -avis&#243; el jefe.

O&#237; el grito de Berleand: &#161;No!, y al instante los alaridos.

Se hab&#237;a acabado el tiempo.

Todav&#237;a corriendo, utilic&#233; el impulso para lanzar la piedra hacia la casa. La lanc&#233; con todas mis fuerzas, hasta tal punto que casi me disloqu&#233; el hombro. A trav&#233;s de la oscuridad vi moverse la piedra en un arco ascendente. En el lado derecho de la casa -el lado donde me encontraba- hab&#237;a una ventana grande. Segu&#237; la trayectoria de la piedra, convencido de que se iba a quedar corta.

No fue as&#237;.

La piedra golpe&#243; la ventana de lleno y el cristal salt&#243; hecho a&#241;icos. Se desat&#243; el p&#225;nico. Eso era lo que buscaba. Volv&#237; hacia el bosque mientras los hombres armados corr&#237;an hacia la casa. Vi a dos adolescentes rubios -un chico y una chica- que corr&#237;an hacia la ventana rota desde el interior. Una parte de m&#237; se pregunt&#243; si la chica ser&#237;a Carrie, pero no hab&#237;a tiempo para un segundo vistazo. Los hombres gritaron algo en &#225;rabe. No vi lo que sucedi&#243; despu&#233;s. Yo estaba dando la vuelta, todo lo r&#225;pido que pod&#237;a, dispuesto a aprovechar la distracci&#243;n para situarme detr&#225;s del jefe.

Vi que se apeaba el hombre del jeep. &#201;l tambi&#233;n corri&#243; hacia la ventana rota. Aqu&#233;lla era su tarea principal: proteger la casa. Hab&#237;a atravesado su per&#237;metro. Ahora estaban dispersos e intentaban reagruparse. Rein&#243; la confusi&#243;n.

Siempre fuera de la vista y sin perder el tiempo, consegu&#237; retroceder m&#225;s all&#225; de mi primer escondite. El jefe estaba de espaldas a m&#237;, de cara a la casa. Yo a unos cincuenta o sesenta metros de &#233;l.

&#191;Cu&#225;nto tardar&#237;a en llegar la ayuda?

Demasiado.

El jefe gritaba &#243;rdenes. Berleand yac&#237;a en el suelo junto a sus pies. Inm&#243;vil. Y todav&#237;a peor, en silencio. Se hab&#237;an acabado los gritos. Hab&#237;an cesado los gemidos.

Ten&#237;a que llegar hasta &#233;l.

No estaba seguro de c&#243;mo. Una vez que saliese de entre los &#225;rboles me encontrar&#237;a al descubierto y del todo vulnerable. Pero no ten&#237;a elecci&#243;n.

Ech&#233; a correr hacia el jefe.

Hab&#237;a avanzado quiz&#225;s unos tres pasos cuando o&#237; que alguien gritaba un aviso. El jefe se volvi&#243; hacia m&#237;. Yo a&#250;n estaba a unos treinta metros. Mis piernas se mov&#237;an deprisa, pero todo lo dem&#225;s se hab&#237;a ralentizado. El jefe tambi&#233;n llevaba un pa&#241;uelo verde alrededor del cuello, como un forajido en una pel&#237;cula del Oeste. Ten&#237;a una barba abundante. Era m&#225;s alto que los dem&#225;s, quiz&#225;s 1,85 metros, y fornido. Empu&#241;aba una navaja en una mano y una pistola en la otra. Levant&#243; el arma hacia m&#237;. Dud&#233; entre lanzarme al suelo o desviarme hacia un lado, cualquier cosa para evitar el disparo, pero mi mente evalu&#243; en un instante la situaci&#243;n y comprend&#237; que aqu&#237; no servir&#237;a un s&#250;bito cambio. S&#237;, podr&#237;a fallar la primera bala, pero entonces quedar&#237;a totalmente expuesto. Sin duda el segundo disparo no fallar&#237;a. Adem&#225;s mi distracci&#243;n se hab&#237;a acabado. Los otros hombres ya ven&#237;an de regreso hacia nosotros. Ellos tambi&#233;n disparar&#237;an.

Ten&#237;a la esperanza de que se asustase y errase el tiro.

Apunt&#243; el arma. Vi sus ojos y la calma que la sencilla certidumbre moral da a un hombre. No ten&#237;a ninguna oportunidad. Ahora lo ten&#237;a claro. No fallar&#237;a. Entonces, una fracci&#243;n de segundo antes de que apretase el gatillo, aull&#243; de dolor y mir&#243; hacia abajo.

Berleand le mord&#237;a la pantorrilla, la sujetaba con los dientes como un rottweiler furioso.

El arma del jefe baj&#243; para apuntar al cr&#225;neo de Berleand. Con una descarga de adrenalina, me lanc&#233; hacia &#233;l, con los brazos por delante. Pero antes de que pudiese llegar, o&#237; el disparo y vi el retroceso del arma. El cuerpo de Berleand se sacudi&#243; cuando alcanc&#233; al jefe. Rode&#233; con los brazos al hijo de puta y mantuve el impulso de la inercia. En la ca&#237;da, coloqu&#233; mi antebrazo contra la nariz del cabr&#243;n. Ca&#237;amos con fuerza, todo el peso de mi cuerpo detr&#225;s del antebrazo. Su nariz revent&#243; como una calabaza. La sangre me salpic&#243; en la cara. La not&#233; caliente en mi piel. Grit&#243;, pero a&#250;n le quedaban fuerzas para luchar. A m&#237; tambi&#233;n. Elud&#237; un golpe con la cabeza. Intent&#243; rodearme con un abrazo de oso. Un movimiento fatal. Dej&#233; que sus brazos me rodeasen. Cuando comenz&#243; a apretar, liber&#233; los brazos en el acto. Ahora estaba del todo indefenso. No vacil&#233;. Pens&#233; en Berleand, en c&#243;mo ese hombre hab&#237;a hecho sufrir a mi amigo. Era hora de acabar con esto.

Los dedos de mi mano derecha formaron una garra. No fui a por los ojos, la nariz o cualquier otro punto blando para debilitar o herir. En la base de la garganta, por encima de la caja tor&#225;cica, hay una zona hundida donde la tr&#225;quea no est&#225; protegida. Hund&#237; con todas mis fuerzas los dos dedos y el pulgar en el hueco y le sujet&#233; la garganta como las garras de un halc&#243;n. Lloraba cuando tir&#233; de la tr&#225;quea hacia m&#237;, grit&#233; como un animal mientras un hombre mor&#237;a en mis manos.

Le arrebat&#233; el arma de la mano inm&#243;vil.

Los hombres corr&#237;an hacia nosotros. A&#250;n no hab&#237;an disparado por miedo a herir a su jefe. Rod&#233; sobre m&#237; mismo hacia el cuerpo a mi derecha.

&#191;Berleand?

Estaba muerto. Ahora lo ve&#237;a. Sus rid&#237;culas gafas con la montura grande estaban torcidas en aquel rostro blando y maleable. Quer&#237;a llorar. Quer&#237;a abandonar todo eso, abrazarlo y llorar.

Los hombres se acercaban. Levant&#233; la cabeza. Ten&#237;an problemas para verme, pero las luces de la casa detr&#225;s de ellos los convert&#237;an en siluetas perfectas. Levant&#233; el arma y dispar&#233;. Cay&#243; un hombre. Mov&#237; el arma a la izquierda. Dispar&#233; de nuevo. Cay&#243; el segundo. Comenzaron a responder al fuego. Rod&#233; de nuevo hacia el jefe y utilic&#233; su cuerpo como escudo. Volv&#237; a disparar. Cay&#243; el tercero.

Sirenas.

Corr&#237; agachado hacia la casa. Los coches de la polic&#237;a entraron a toda velocidad. O&#237; un helic&#243;ptero, quiz&#225;s m&#225;s de uno, por encima de nosotros. M&#225;s disparos. Dejar&#237;a que ellos se ocupasen. Quer&#237;a entrar en la casa.

Pas&#233; junto a Taylor. Muerto. La puerta segu&#237;a abierta. El cuerpo de Erickson estaba ca&#237;do en la galer&#237;a con la navaja todav&#237;a hundida en su pecho. Pas&#233; por encima de &#233;l y me zambull&#237; en el vest&#237;bulo.

Silencio.

No me gust&#243;.

Ten&#237;a la pistola del jefe en mi mano. Apoy&#233; mi espalda en la pared. El lugar era un desastre. El papel de las paredes se ca&#237;a a trozos.

La luz estaba encendida. Por el rabillo del ojo vi a alguien que corr&#237;a, o&#237; pisadas que bajaban las escaleras. Ten&#237;a que ser un nivel inferior. Un s&#243;tano.

En el exterior sonaban los disparos. Alguien gritaba con un meg&#225;fono para exigir la rendici&#243;n. Pod&#237;a ser Jones. Tocaba esperar. De todas maneras no ten&#237;a ninguna oportunidad para sacar a Carrie de all&#237;. Ten&#237;a que permanecer a la espera, vigilar la puerta, no permitir que nadie entrase o saliese. Era lo que tocaba. Esperar.

Quiz&#225;s tendr&#237;a que haber hecho eso. Quiz&#225;s tendr&#237;a que haberme quedado all&#237; y no haber ido nunca a aquel s&#243;tano si el chico rubio no hubiese bajado corriendo las escaleras.

Lo llam&#233; chico. No era justo. Parec&#237;a tener unos diecisiete a&#241;os, quiz&#225;s dieciocho, no mucho m&#225;s joven que los hombres de pelo oscuro que acababa de matar sin el menor titubeo. Pero cuando ese adolescente de pelo rubio, pantal&#243;n caqui y camisa baj&#243; corriendo las escaleras -con un arma en la mano- no dispar&#233; en el acto.

&#161;Quieto! -grit&#233;-. Suelta el arma.

El rostro del chico se retorci&#243; para convertirse en algo que parec&#237;a una siniestra m&#225;scara mortuoria. Levant&#243; el arma y apunt&#243;. Salt&#233;, rod&#233; sobre m&#237; mismo a la izquierda y me levant&#233; disparando. No busqu&#233; un disparo mortal, a diferencia de lo que hab&#237;a hecho en el exterior. Dispar&#233; a las piernas. Dispar&#233; bajo. El adolescente grit&#243; y cay&#243;. A&#250;n reten&#237;a el arma, a&#250;n manten&#237;a aquella expresi&#243;n de m&#225;scara mortuoria. Apunt&#243; de nuevo.

Sal&#237; del vest&#237;bulo y pas&#233; al pasillo, donde me encontr&#233; cara a cara con la puerta del s&#243;tano.

Hab&#237;a alcanzado al chico rubio en la pierna. Era imposible que me siguiese. Contuve el aliento, sujet&#233; el pomo con la mano libre y abr&#237; la puerta.

Una oscuridad total.

Mantuve el arma contra el pecho. Bien apretado contra la pared para convertirme en un blanco lo m&#225;s peque&#241;o posible. Comenc&#233; a bajar las escaleras paso a paso, tanteaba el camino con mi pie. Una mano sujetaba el arma, la otra buscaba el interruptor de la luz. No lo encontr&#233;. Con el cuerpo siempre a un lado, baj&#233; las escaleras, pie izquierdo un paso, pie derecho reuni&#233;ndose con el primero. Me pregunt&#233; por la munici&#243;n. &#191;Cu&#225;ntas balas me quedaban? Ni idea.

Escuch&#233; unos murmullos.

No hab&#237;a ninguna duda. Las luces pod&#237;an estar apagadas, pero hab&#237;a alguien en la oscuridad. Tal vez m&#225;s de uno. De nuevo me debat&#237; sobre si hacer lo correcto: detenerme, permanecer quieto, volver hacia lo alto de la escalera, esperar a que llegasen los refuerzos. Hab&#237;an cesado los disparos en el exterior. Estaba seguro de que Jones y sus hombres ten&#237;an controlada la zona.

Pero no lo hice.

Mi pie izquierdo lleg&#243; al &#250;ltimo escal&#243;n. Escuch&#233; un rascar que me puso la carne de gallina. Mi mano libre palp&#243; la pared hasta que encontr&#233; el interruptor, o para ser m&#225;s preciso, interruptores. Tres seguidos. Puse mi mano debajo de ellos, prepar&#233; el arma, respir&#233; a fondo, y luego levant&#233; los tres a la vez.

M&#225;s tarde recordar&#237;a los otros detalles. Los grafitis &#225;rabes pintados en las paredes, las banderas verdes con las medias lunas tintas en sangre, los carteles de los m&#225;rtires con ropa de combate y fusiles de asalto. M&#225;s tarde recordar&#237;a los retratos de Mohammad Matar durante las muchas y diferentes etapas de su vida, incluido el tiempo cuando hab&#237;a trabajado como m&#233;dico residente con el nombre de Jim&#233;nez.

Pero en aquel momento, todo aquello no era m&#225;s que un tel&#243;n de fondo.

Porque all&#237;, en el rinc&#243;n m&#225;s apartado del s&#243;tano, vi algo que me hizo detener el coraz&#243;n. Parpade&#233;; mir&#233; de nuevo; no pod&#237;a creerlo, sin embargo, ten&#237;a todo el sentido.

Un grupo de adolescentes rubias y ni&#241;os estaban acurrucados junto a una mujer embarazada con un burka negro. Sus ojos eran azul hielo, y todos me miraban con odio. Comenzaron a hacer un ruido, quiz&#225;s un gru&#241;ido, como una &#250;nica persona, y entonces me di cuenta de que no era un gru&#241;ido. Eran palabras, repetidas una y otra vez

Al-sabr wal-sayf.

Me apart&#233; de ellas, sacudiendo la cabeza.

Al-sabr wal-sayf.

El cerebro comenz&#243; de nuevo con aquello de la sinapsis: el pelo rubio. Los ojos azules. CryoHope. El doctor Jim&#233;nez que era Mohammad Matar. Paciencia. La espada.

Paciencia.

Contuve un grito cuando comprend&#237; la verdad: Salvar a los &#193;ngeles no hab&#237;a utilizado los embriones para ayudar a las parejas est&#233;riles. Los hab&#237;an utilizado para crear el arma definitiva, para infiltrar, para prepararse para la yihad global.

La paciencia y la espada derrotar&#225;n a los pecadores.

Las rubias comenzaron a venir hacia m&#237;, pese a ser quien ten&#237;a el arma. Algunas continuaron con la cantinela. Otras gritaron. Unas cuantas, las m&#225;s aterrorizadas, se ocultaron detr&#225;s de la mujer embarazada vestida con el burka. Me mov&#237; deprisa hacia las escaleras. Desde arriba, lleg&#243; una voz conocida que dec&#237;a mi nombre.

&#191;Bolitar? &#191;Bolitar?

Le di la espalda a la monstruosidad nacida en el infierno que estaba debajo, sub&#237; las escaleras, me zambull&#237; a trav&#233;s de la puerta y la cerr&#233;. Como si eso pudiese ayudar. Como si eso pudiese hacer que todo desapareciese.

Jones estaba all&#237;. Tambi&#233;n sus hombres con chalecos antibalas. Jones vio la expresi&#243;n de mi rostro.

&#191;Qu&#233; pasa? -me pregunt&#243;-. &#191;Qu&#233; hay ah&#237; abajo?

Pero yo ni siquiera pod&#237;a hablar, ni siquiera pod&#237;a formar las palabras. Corr&#237; al exterior, hacia Berleand. Me tumb&#233; junto a su cuerpo inm&#243;vil. Esperaba un cambio, rogaba para que quiz&#225;s en la confusi&#243;n hubiese cometido un error. No lo hab&#237;a hecho. Berleand, aquel pobre y maravilloso cabr&#243;n, estaba muerto. Lo retuve un segundo, quiz&#225;s dos. No m&#225;s.

El trabajo no se hab&#237;a acabado. Berleand hubiese sido el primero en dec&#237;rmelo.

Todav&#237;a necesitaba encontrar a Carrie.

Mientras corr&#237;a hacia la casa, llam&#233; a Terese. Ninguna respuesta.

Me un&#237; al grupo de b&#250;squeda. Jones y sus hombres ya estaban en el s&#243;tano. Hicieron subir a las rubias. Las mir&#233;, mir&#233; sus ojos llenos de odio. Ninguna era Carrie. Encontramos a otras dos mujeres vestidas con los tradicionales burkas negros. Ambas estaban embarazadas. Los agentes comenzaron a llevarse a las prisioneras al exterior; Jones me mir&#243; con una expresi&#243;n de horror e incredulidad. Mir&#233; atr&#225;s y asent&#237;. Estas mujeres no eran madres. Eran incubadoras, portadoras de embriones.

Buscamos un poco m&#225;s, abrimos todos los armarios, encontramos manuales de entrenamiento y pel&#237;culas, ordenadores, horror sobre horror. Pero no a Carrie.

Saqu&#233; el m&#243;vil y volv&#237; a llamar a Terese. Sigui&#243; sin responder. No estaba en el m&#243;vil. No estaba en el apartamento del Dakota.

Sal&#237; con paso inseguro. Win hab&#237;a llegado. Me esperaba en la galer&#237;a. Nuestras miradas se encontraron.

&#191;Terese? -pregunt&#233;.

Win sacudi&#243; la cabeza.

Se ha ido.

De nuevo.



39

Provincia de Cavinda. Angola, &#193;frica

Tres semanas m&#225;s tarde.


Llevamos viajando en esta camioneta desde hace m&#225;s de ocho horas a trav&#233;s del m&#225;s desquiciado territorio. No he visto ni una persona o siquiera un edificio en m&#225;s de seis horas. Hab&#237;a estado antes en zonas remotas, pero esta eleva la condici&#243;n de remota a la en&#233;sima potencia.

Cuando llegamos a la choza, el conductor se detiene y apaga el motor. Me abre la puerta y me alcanza la mochila. Me se&#241;ala el sendero. Me dice que hay un tel&#233;fono en la choza. Cuando quiera regresar, debo llamarlo. Vendr&#225; a recogerme. Le doy las gracias y comienzo a caminar por el sendero.

Siete kil&#243;metros m&#225;s adelante, veo el claro.

Terese est&#225; all&#237;. Me da la espalda. Cuando regres&#233; al Dakota aquella noche, ella, como hab&#237;a dicho Win, se hab&#237;a ido. Hab&#237;a dejado una nota escueta:

Te quiero tanto, tanto.

No hab&#237;a m&#225;s.

Terese se ha te&#241;ido el pelo de negro. Supongo que lo mejor para mantenerse oculta. Las rubias destacar&#237;an, incluso aqu&#237;. Me gusta el cambio. La miro caminar alej&#225;ndose de m&#237;, y no puedo evitar la sonrisa. Mantiene la cabeza erguida, los hombros echados hacia atr&#225;s, la postura perfecta. Recuerdo aquel v&#237;deo de la c&#225;mara de vigilancia, la manera como hab&#237;a visto que Carrie ten&#237;a la misma postura perfecta, el mismo caminar lleno de confianza.

Terese est&#225; rodeada por tres mujeres negras con vistosos atav&#237;os. Camino hacia ellas. Una de las mujeres me ve y le susurra algo. Terese se vuelve, curiosa. Cuando sus ojos me ven, todo su rostro se ilumina. Tambi&#233;n, supongo, el m&#237;o. Deja caer el cesto que sujeta y corre en mi direcci&#243;n. No hay ning&#250;n titubeo. Corro a su encuentro. Me rodea con los brazos y me acerca a ella.

Dios, te he echado de menos -dice.

La abrazo. Eso es todo. No quiero decir nada. Todav&#237;a no. Quiero fundirme en este abrazo. Quiero desaparecer en &#233;l y permanecer en sus brazos para siempre. En lo m&#225;s profundo de mi alma s&#233; que es donde pertenezco, abraz&#225;ndola, y solo por unos momentos, quiero y necesito esa paz.

&#191;D&#243;nde est&#225; Carrie? -pregunto.

Me coge de la mano y me lleva hasta una esquina del claro. Se&#241;ala a trav&#233;s del campo hacia otro peque&#241;o claro. A unos cien metros, Carrie est&#225; sentada con dos chicas negras de su edad. Todas trabajan en algo. No s&#233; en qu&#233;. Recogen o pelan. Las chicas negras se r&#237;en. Carrie no.

Carrie tambi&#233;n tiene el pelo te&#241;ido de negro.

Me vuelvo hacia Terese. Miro sus ojos azules con el borde dorado alrededor de las pupilas. Su hija tiene el mismo anillo dorado. Lo vi en aquella foto. El andar confiado, el anillo de oro. El inconfundible eco gen&#233;tico.

&#191;Qu&#233; m&#225;s se ha transmitido?, me pregunt&#233;.

Por favor, comprende por qu&#233; tuve que huir -dice Terese-. Es mi hija.

Lo s&#233;.

Ten&#237;a que salvarla.

S&#237;.

Ella te dio su n&#250;mero de tel&#233;fono la primera vez que llam&#243;.

S&#237;.

Podr&#237;as hab&#233;rmelo dicho.

Lo s&#233;. Pero escuch&#233; a Berleand. No vale la vida de miles de personas para nadie excepto para m&#237;.

La menci&#243;n de Berleand me provoca un dolor agudo. Me pregunto qu&#233; decir despu&#233;s. Me protejo los ojos y miro de nuevo hacia Carrie.

&#191;Comprendes lo que ha sido su vida?

Terese no mira, no parpadea.

Fue criada por terroristas.

Es peor que eso. Mohammad Matar hizo su residencia m&#233;dica en el Columbia-Presbyterian en el mismo momento en que la fertilizaci&#243;n in vitro y el almacenamiento de embriones comenzaba a ser importante. Vio la oportunidad para un golpe terrible: paciencia y la espada. Salvar a los &#193;ngeles era un grupo terrorista radical que se disfrazaba como cristianos de extrema derecha. Utiliz&#243; la coerci&#243;n y la mentira para conseguir los embriones. No los dio a parejas est&#233;riles. Utiliz&#243; a las mujeres musulmanas simpatizantes con su causa como madres de alquiler. Como un almac&#233;n hasta que los embriones naciesen. Entonces &#233;l y sus seguidores criaron a sus hijos para que fueran terroristas desde el primer d&#237;a. Nada m&#225;s. A Carrie no se le permiti&#243; relacionarse con nadie. Nunca conoci&#243; el amor, ni siquiera en la ni&#241;ez. Nunca conoci&#243; la ternura. Nadie la abraz&#243;. Nadie la consol&#243; cuando lloraba en su sue&#241;o. Ella y los dem&#225;s fueron adoctrinados desde el primer d&#237;a de su vida para matar infieles. Eso es lo que hay. Nada m&#225;s. Fueron criados para ser el arma final, para pasar como uno de nosotros y estar preparados para la guerra santa final. Imag&#237;natelo. Matar buscaba embriones de padres rubios y de ojos azules. Sus armas pod&#237;an ir a cualquier parte porque qui&#233;n iba a sospechar de ellos.

Espero que Terese reaccione, que haga un gesto. No lo hace.

&#191;Los capturaste a todos?

No fui yo. Deshice el grupo principal en Connecticut. Jones encontr&#243; m&#225;s informaci&#243;n en el interior de aquella casa y supongo que algunos de los terroristas supervivientes fueron interrogados. -No quer&#237;a pensar en c&#243;mo, o quiz&#225;s s&#237;, ya no lo s&#233;-. Muerte Verde ten&#237;a otro campamento en las afueras de Par&#237;s. Fue asaltado en cuesti&#243;n de horas. El Mossad y los israel&#237;es bombardearon un gran campo de entrenamiento en la frontera sirio-iraqu&#237;.

&#191;Qu&#233; pas&#243; con los ni&#241;os?

A algunos los mataron. Otros est&#225;n en custodia.

Terese comienza a bajar la colina.

&#191;Crees que como Carrie nunca conoci&#243; antes el amor ahora no deber&#237;a conocerlo?

No es eso lo que digo.

Pues es como suena.

Te estoy hablando de la realidad.

T&#250; tienes amigos que han criado ni&#241;os, &#191;no? -pregunta.

Por supuesto.

&#191;Qu&#233; es lo primero que te dir&#225;n? Que sus hijos nacieron de cierta manera. Programados. La naturaleza por encima de la crianza. Los padres pueden criarlos e intentar mantenerlos en la senda correcta, pero al final son poco m&#225;s que cuidadores. Algunos chicos acabar&#225;n siendo dulces. Otros acabar&#225;n sic&#243;ticos. Tienes amigos que han criado a sus hijos de id&#233;ntica manera. Uno de los chicos es abierto, el otro es callado, uno es un miserable, el otro es generoso. Los padres aprenden muy pronto que su influencia es limitada.

Ella nunca ha conocido lo que es el amor, Terese.

Pues ahora lo conocer&#225;.

No sabes de lo que es capaz.

No s&#233; de lo que es capaz nadie.

&#201;sa no es una respuesta.

&#191;Qu&#233; m&#225;s esperas que diga? Ella es mi hija. La vigilar&#233;. Eso es lo que hace una madre. Tambi&#233;n la proteger&#233;. Y est&#225;s equivocado. Conociste a Ken Borman. Aquel chico del colegio privado.

Asiento.

Carrie se sinti&#243; atra&#237;da. A pesar del indescriptible infierno que vivi&#243; cada d&#237;a, de alguna manera sinti&#243; la conexi&#243;n. Intent&#243; apartarse. Por eso estaba con Matar en Par&#237;s. Para ser reeducada.

&#191;Estaba all&#237; cuando Rick fue asesinado?

S&#237;.

Su sangre estaba en el escenario del crimen.

Dice que intent&#243; defenderlo.

&#191;Te lo crees?

Terese me sonr&#237;e.

Perd&#237; a una hija. Har&#233; lo que sea, cualquier cosa, para recuperarla. &#191;Lo entiendes? T&#250; me podr&#237;as decir, por ejemplo, que ha sobrevivido y ahora es un monstruo horrible. No cambia nada.

Carrie no es Miriam.

Sigue siendo mi hija. No voy a renunciar a ella.

Detr&#225;s de Terese su hija se levanta y comienza a bajar la colina. Se detiene y mira hacia nosotros. Terese sonr&#237;e y saluda. Carrie responde. Quiz&#225;s tambi&#233;n sonr&#237;e, pero no lo s&#233; a ciencia cierta. Tampoco puedo decir a ciencia cierta que Terese se equivoca. Me lo pregunto. Me pregunto por aquel adolescente rubio que baj&#243; las escaleras corriendo para dispararme, por qu&#233; titube&#233;. La naturaleza frente a la crianza. Si la chica en aquella colina hubiese sido gen&#233;ticamente de Matar, si una chica concebida y despu&#233;s criada por extremistas locos se convierte en extremista loca, la matar&#237;amos sin vacilar. &#191;Es diferente debido a la gen&#233;tica? &#191;Debido al pelo rubio y los ojos azules?

No lo s&#233;. Estoy demasiado cansado para pensarlo.

Carrie nunca ha conocido el amor. Ahora lo conocer&#225;. Supongamos que a usted y a m&#237; nos hubiesen criado como a Carrie. &#191;Ser&#237;a mejor si nos destruyesen sin m&#225;s como tantos productos caducados? &#191;Acaso alg&#250;n resto de humanidad b&#225;sica acabar&#225; por imponerse?

&#191;Myron?

Miro el hermoso rostro de Terese.

Yo no renunciar&#237;a a tu hijo. Por favor no renuncies a la m&#237;a.

No digo nada. Sujeto su hermoso rostro entre mis manos, la acerco a m&#237;, beso su frente, mantengo mis labios all&#237; y cierro los ojos. Siento sus brazos que me rodean.

Cu&#237;date -digo.

Me aparto. Hay l&#225;grimas en sus ojos. Echo a andar por el sendero.

No tendr&#237;a que haber vuelto a Angola -me dice.

Me detengo y me vuelvo hacia ella.

Podr&#237;a haberme ido a Myanmar, a Laos o a alg&#250;n lugar donde nunca hubieses podido encontrarme.

Entonces, &#191;por qu&#233; escogiste este lugar?

Porque quer&#237;a que me encontrases.

Ahora tambi&#233;n hay l&#225;grimas en mis ojos.

Por favor, no te vayas -dice ella.

Estoy tan cansado Ya no duermo. Los rostros de los muertos est&#225;n all&#237; cuando cierro los ojos. Los ojos azul hielo me miran. Las pesadillas acosan mis sue&#241;os, y cuando me despierto, estoy solo.

Terese camina hacia m&#237;.

Por favor, qu&#233;date conmigo. Solo por esta noche, &#191;vale?

Quiero decir algo, pero no puedo. Ahora las l&#225;grimas caen deprisa. Ella me abraza, e intento con todas mis fuerzas no derrumbarme. Mi cabeza se apoya en su hombro. Me acaricia el pelo y me acuna.

Tranquilo -susurra Terese-. Ya se ha acabado.

Mientras ella me tenga entre sus brazos, me lo creo.

Pero hoy mismo, en alg&#250;n lugar de Estados Unidos, un autocar aparca delante de un monumento nacional rodeado por un numeroso p&#250;blico. El autocar lleva a un grupo de chicos de diecis&#233;is a&#241;os en un viaje de estudios a trav&#233;s del pa&#237;s. Hoy es el tercer d&#237;a de su viaje. Brilla el sol. El cielo est&#225; despejado.

Se abre la puerta del autocar. Los adolescentes se bajan entre risas.

El &#250;ltimo en bajar es un chico de pelo rubio.

Tiene los ojos azules con un anillo dorado alrededor de cada pupila.

Y aunque carga con una pesada mochila, camina hacia la muchedumbre con la cabeza erguida, los hombros echados hacia atr&#225;s y la postura perfecta.



AGRADECIMIENTOS

Bien, comencemos por darles las gracias a los funcionarios del 36 Quai des Orf&#232;vres, porque son los representantes de la ley y no quiero que ninguno se enfade conmigo: monsieur le Directeur de la P&#243;lice Judiciaire, Christian Flaesch; monsieur Jean-Jacques Herlem, Directeur-Adjoint charg&#233; des Brigades Centrales; madame Nicole Tricart, Inspectrice Gen&#233;rale, conseiller aupr&#233;s du Directeur General de la P&#243;lice Nationale; monsieur Loi'c Garnier, Commissaire Divisionnaire, Chef de la Brigade Criminelle; mademoiselle Fr&#233;d&#233;rique Conri, Commissaire Principal, Chef-Adjoint de la Brigade Criminelle.

Sin un orden particular, pero con much&#237;sima gratitud: Marie-Anne Cantin, Eliane Benisti, Lisa Erbach Vanee, Ben Sevier, Melissa Miller, Fran&#231;oise Triffaux, Jon Wood, Malcolm Edwards, Susan Lamb, Angela McMahon, Ali Nasseri, David Gold, Bob Hadden, Aaron Priest, Craig Coben, Charlotte Coben, Anne Armstrong-Coben, Brian Tart, Mona Zaki y Dany Cheij.

Algunos de los personajes de este libro han surgido a trav&#233;s de diversos prismas. Los cre&#233; hace a&#241;os, otros fueron proyectados bajo una luz distinta, luego otros m&#225;s los interpretaron, y entonces los recre&#233; aqu&#237; como seres totalmente diferentes. Por eso debo darles las gracias &#225; Guillaume Canet, Philippe Lefebvre (dos veces) y Francois Berleand.



Harlan Coben



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notes

[1]: #_ftnref1. Juego de palabras intraducibie. Culver Stone es un bloque de granito sobrante de la remodelaci&#243;n de la tumba de Lincoln en Springfield, Illinois. Se llama Culver Stone en honor del donante, J.S. Culver, el contratista encargado de la remodelaci&#243;n, que la mand&#243; tallar como un monumento recordatorio de la madre de Lincoln, Nancy Hanks Lincoln. (N. del T.)


[2]: #_ftnref2. Juego de palabras entre shit (mierda) y sheet (s&#225;bana). Es un error frecuente entre las personas de habla no inglesa pronunciar la primera con el sonido de la segunda. (N. del T.)


[3]: #_ftnref3 BLOW equivale a mamada en argot. (N. del T.)

