




Jennifer Greene


Orgullo y seducci&#243;n


 1997 Jennifer Greene

Orgullo y seducci&#243;n (2003)

T&#237;tulo Original: The baby chase

Serie multiautor: Los chicos Fortune 12/12


Conoce a los Fortune, tres generaciones de una familia que comparten un legado de riqueza, influencia y poder. Cuando se unan para enfrentarse a un enemigo desconocido, comenzar&#225;n a descubrirse los m&#225;s impactantes secretos de la familia y nacer&#225;n nuevos y apasionados romances.

Rebecca Fortune: la escritora de novelas de misterio contin&#250;a soltera, pero quiere ser madre. Est&#225; decida a hacer cualquier cosa para tener un beb&#233;, incluso seducir a un hombre que no la acepta tal y como es.

Gabriel Devereax: el receloso detective privado no cree ni en el amor ni en la familia. Pero despu&#233;s de una ardiente noche de pasi&#243;n con Rebecca, &#161;va a ser padre!

Kate Fortune: con todos los Fortune de nuevo reunidos, la matriarca se siente alentada por la felicidad de sus hijos y sus nietos. Una vez resueltas las crisis familiares, &#191;estar&#225; destinada a vivir su propio romance?

Sterling Foster: El abogado de la familia y el fiel confidente de Kate ha permanecido a su lado d&#233;cadas de problemas familiares. &#191;Pero lo habr&#225; hecho solo por lealtad o hay algo m&#225;s en la relaci&#243;n entre Kate y ese hombre tan encantador?



Diario de Kate Fortune

&#161;Por fin juntos! He echado tanto de menos a mi familia durante estos meses que ahora me parece maravilloso poder compartir con ella su felicidad.

Han pasado muchas cosas en las vidas de mis hijos y nietos. Algunos se han casado, otros han tenido hijos, y algunas parejas separadas han vuelto a unirse.

Me alegro de que mis regalos obraran su magia y les llevaran a cada uno de mis hijos y nietos el amor y la alegr&#237;a. Ha sido un camino dif&#237;cil, pero no me lo habr&#237;a perdido por nada del mundo.

&#161;Y estoy deseando ver lo que me deparan los pr&#243;ximos cincuenta a&#241;os!



ECOS DE SOCIEDAD

Por Liz Jones


Tras una recuperaci&#243;n sin precedentes, la familia Fortune ha vuelto y est&#225; m&#225;s fuerte que nunca. Su empresa de cosm&#233;ticos ha lanzado al mercado el nuevo secreto de la juventud que las mujeres de todo el mundo est&#225;n comprando, lo que ha convertido a Fortune Cosmetics en la primera empresa de maquillaje a nivel mundial.


La familia Fortune tambi&#233;n ha irrumpido en el mundo de los medios de comunicaci&#243;n. Han comprado una cadena de televisi&#243;n y su propio peri&#243;dico. No han cambiado a ning&#250;n miembro de la plantilla, con una sola excepci&#243;n, Liz Jones ha sido despedida. La propia Kate Fortune ha declarado: en un peri&#243;dico serio no hay espacio para una cultivadora del rumor.


De modo que esta es la &#250;ltima semana que aparece esta columna. A partir de ahora, esta secci&#243;n pasar&#225; a llamarse El Rinc&#243;n de Kate, y en ella podr&#225;n encontrar ayuda para preparar sus bodas, educar a sus hijos y cientos de ideas sobre la decoraci&#243;n del hogar.


Esperamos que disfruten de la nueva orientaci&#243;n de la columna. &#161;Feliz lectura!



Cap&#237;tulo 1

Toda la escena le resultaba ofensiva a Rebecca Fortune. Era una oscura noche de tormenta &#191;pod&#237;a haber algo m&#225;s trillado? Los rayos rasgaban el cielo, iluminando una enorme y ostentosa mansi&#243;n que parec&#237;a salida del decorado de una pel&#237;cula de serie B.Y. lo peor era que estaba a punto de entrar en ella.

Rebecca escrib&#237;a novelas de misterio. Hab&#237;a arrojado a sus hero&#237;nas a las situaciones m&#225;s peligrosas que su tortuosa mente hab&#237;a sido capaz de concebir y ella ten&#237;a una imaginaci&#243;n considerable. Pero habr&#237;a tirado su procesador de textos a la basura antes de obligar a ninguna de sus protagonistas a penetrar en un escenario tan t&#243;pico como aquel.

La lluvia corr&#237;a por su pelo, chorreaba por su cuello y empapaba sus pesta&#241;as. Rebecca temblaba, enfundada en unos pantalones cubiertos de barro. Normalmente, marzo era un mes fr&#237;o en Minnesota, pero aquel d&#237;a hab&#237;a sido extra&#241;amente c&#225;lido, casi primaveral. Antes de salir de casa, Rebecca hab&#237;a o&#237;do que pronosticaban tormenta, pero su chubasquero era de color amarillo chill&#243;n, un atuendo de lo menos indicado para una ladrona, de modo que hab&#237;a decidido ponerse un jersey negro y unos pantalones del mismo color. Y ambos se aferraban a su cuerpo como si estuvieran hechos de pegamento.

Seguramente Rebecca hab&#237;a estado en situaciones mucho m&#225;s lastimosas. Pero no recordaba cu&#225;ndo. Su larga experiencia en el mundo del crimen, que inclu&#237;a el aprendizaje de un amplio espectro de t&#233;cnicas de robo, la hab&#237;a adquirido en la agradable seguridad de su estudio, delante de un teclado y de todos sus libros de consulta. Pero la realidad estaba demostrando ser ligeramente m&#225;s dif&#237;cil que la teor&#237;a.

Ella pensaba que lo ten&#237;a todo perfectamente planeado. La larga verja de hierro que proteg&#237;a la propiedad estaba cerrada, pero hab&#237;a conseguido saltarla. Eso no hab&#237;a supuesto un gran esfuerzo. Justo despu&#233;s de la muerte de M&#243;nica Malone, la casa se hab&#237;a convertido en un hormiguero de polic&#237;as y detectives. Pero en ese momento hab&#237;a muy pocas probabilidades de que alguien la descubriera. La casa estaba silenciosa como una tumba, y completamente desierta.

Rebecca llevaba una mochila llena de herramientas. La mansi&#243;n ten&#237;a cinco entradas exteriores. La escritora prob&#243; una llave maestra comprada por cat&#225;logo en todas ellas all&#237; empezaron a fallar las cosas. La llave no abr&#237;a ninguna de las cerraduras. Rebecca tambi&#233;n se hab&#237;a llevado una palanca, porque pr&#225;cticamente todas sus hero&#237;nas le hab&#237;an descubierto en sus novelas alguna utilidad. Rode&#243; la casa comprobando el estado de las ventanas del primero piso. Todas estaban cerradas a cal y canto, de modo que la palanca solo sirvi&#243; para desportillar la pintura de las ventanas.


Llevaba otra media docena de herramientas en la mochila, pero hasta entonces ninguna le hab&#237;a servido de nada. Y la mochila pesaba una tonelada. El cielo estaba cada vez m&#225;s negro y un trueno retumb&#243; a tan corta distancia que la tierra tembl&#243;. O quiz&#225; fuera ella la que estaba temblando. Una mujer cuerda, se dijo, renunciar&#237;a.

Desgraciadamente, Rebecca nunca hab&#237;a sido capaz de renunciar a algo que le importara.

Algunos dec&#237;an que era cabezota hasta la imprudencia. Pero Rebecca prefer&#237;a pensar que se parec&#237;a a su madre, Kate, que siempre hab&#237;a tenido el valor y la voluntad necesarios para hacer lo que ten&#237;a que hacer.

Y aquello era algo que Rebecca ten&#237;a que hacer. Por supuesto, hab&#237;a otras personas intentando librar a su hermano de la acusaci&#243;n de asesinato de M&#243;nica Malone. Pero no hab&#237;an conseguido nada hasta entonces. Y no hab&#237;a nadie, aparte de la familia, que creyera realmente en la inocencia de Jake.

Rebecca apret&#243; los labios con resoluci&#243;n y volvi&#243; a rodear la casa. Ten&#237;a que haber alguna forma de entrar. Y ella iba a encontrarla.

Una fuerte r&#225;faga de viento sacudi&#243; su pelo. Cuando levant&#243; la mano para apartarlo de su rostro, advirti&#243; los reflejos dorados que lanzaba el brazalete que llevaba en la mu&#241;eca. Aquel brazalete era de su madre, no de ella, y desencaden&#243; en la mente de Rebecca docenas de recuerdos traum&#225;ticos y turbulentos.

Hasta hac&#237;a muy poco, todo el mundo cre&#237;a que su madre hab&#237;a muerto en un accidente de avi&#243;n. Nadie sab&#237;a que hab&#237;a tenido que enfrentarse a un secuestrador, hab&#237;a sobrevivido al accidente y hab&#237;a permanecido escondida en la jungla durante meses. A Rebecca todav&#237;a se le encog&#237;a el coraz&#243;n cuando recordaba las l&#225;grimas, el miedo y el amor que hab&#237;an te&#241;ido su reciente reencuentro con su madre. Rebecca se hab&#237;a puesto aquel brazalete el d&#237;a de la desaparici&#243;n de Kate; despu&#233;s de que cada miembro de la familia hubiera recibido el dije del brazalete que representaba su nacimiento, atendiendo a la voluntad expresada por Kate en el testamento, Rebecca le hab&#237;a a&#241;adido sus propios colgantes.

Para Rebecca, aquella joya era un talism&#225;n, un s&#237;mbolo de lo que significaba la familia y de los lazos de amor y lealtad que los un&#237;an.

Su madre hab&#237;a fundado una dinast&#237;a financiera, s&#237;, pero Kate amaba a sus hijos y cre&#237;a en la familia por encima de todo lo dem&#225;s. Hab&#237;a sabido inculcarle esos valores a Rebecca. Y aunque aquel no pod&#237;a ser un momento peor para pensar en beb&#233;s, &#250;ltimamente Rebecca, que ten&#237;a treinta y tres a&#241;os, se descubr&#237;a pensando en ellos con cualquier excusa. A su reloj biol&#243;gico no parec&#237;a importarle que fuera soltera, o que no hubiera ning&#250;n pr&#237;ncipe azul en su horizonte inmediato: quer&#237;a tener un hijo. Siempre hab&#237;a querido tener hijos y formar una familia. Por ex&#243;ticos que fueran los rumbos tomados por el resto de los Fortune, Rebecca siempre hab&#237;a sido irremediablemente hogare&#241;a. Y, sin embargo, iba a ser la &#250;ltima de la familia en sentar la cabeza. &#161;Incluso sus sobrinos ten&#237;an hijos!


Mecer a un ni&#241;o en sus brazos le resultaba algo completamente natural. Pero lo de dedicarse a robar no tanto. Un escalofr&#237;o de terror recorri&#243; su espalda. Pero no era la tormenta la que la asustaba. Y tampoco aquella vieja y solitaria mansi&#243;n, aunque se hubiera producido un asesinato en su interior.

El miedo de Rebecca era un miedo nacido del amor. Deseaba como nada en el mundo salvar a su hermano y tem&#237;a fracasar. En alg&#250;n lugar de aquella mansi&#243;n estaban las pistas, las pruebas que pod&#237;an limpiar el buen nombre de Jake. Hab&#237;a docenas de personas, incluida su propia familia, que ten&#237;an motivos para matar a aquella vieja rata. M&#243;nica hab&#237;a sido una mujer cruel y ego&#237;sta que hab&#237;a hecho todo lo posible para destrozar a la familia Fortune.

El problema era que M&#243;nica hab&#237;a estado a punto de arrebatar a Jake todo lo que era importante para &#233;l, lo que lo convert&#237;a en el principal sospechoso. A ello hab&#237;a que a&#241;adir que Jake hab&#237;a estado en el escenario del crimen y hab&#237;a cientos de pruebas que lo se&#241;alaban. Ni la polic&#237;a ni los detectives contratados por la familia hab&#237;an encontrado otro sospechoso. Y tampoco el equipo de abogados. Nadie parec&#237;a lamentar la muerte de aquella estrella de Hollywood, pero nadie cre&#237;a en la inocencia de Jake.

Rebecca sab&#237;a que su hermano era incapaz de matar a nadie, pero a menos que encontrara pruebas que apuntaran hacia otro sospechoso, nadie m&#225;s lo har&#237;a.

Hasta el momento, no hab&#237;a visto ning&#250;n sistema de alarma, ni nada que indicara que lo hubiera. Con la lluvia chorreando por sus mejillas, volvi&#243; a rodear la casa con intenci&#243;n de revisar las ventanas del s&#243;tano. En cuclillas y batallando contra los setos del jard&#237;n, fue iluminando una a una todas las ventanas.

Las ramas de un almendro desgarraron su ropa. El barro le llegaba hasta las rodillas y se rompi&#243; una u&#241;a en el marco de una ventana. Se le clav&#243; una astilla en un dedo y comenz&#243; a sangrar.

Al cabo de unos minutos, el diluvio ces&#243;, pero Rebecca estaba tan empapada que para entonces ya no hab&#237;a nada que pudiera consolarla.

Al final la luz de la linterna ilumin&#243; el marco de una ventana que parec&#237;a un tanto irregular y resquebrajado. Despu&#233;s de luchar contra un arbusto de lilas, Rebecca se agach&#243; y desliz&#243; la mano por el marco. La ventana no estaba cerrada con pestillo.

Aunque no habr&#237;a cabido por ella ni un ni&#241;o de diez a&#241;os, Rebecca decidi&#243; abrirla. Sac&#243; la palanca de la mochila con intenci&#243;n de forzarla, aunque era pr&#225;cticamente imposible apalancar&#237;a en el estrecho espacio que le dejaba el arbusto de lilas. Pero al tercer intento, consigui&#243; introducir la palanca en el alf&#233;izar y la ventana comenz&#243; a ceder.

Muy bien, estaba abierta. Pero el espacio que dejaba era mucho menor de lo que imaginaba. Rebecca era una mujer delgada, s&#237;, pero no tanto.

Vacilante, enfoc&#243; el interior de la ventana. La visi&#243;n espacial no era exactamente su fuerte, pero le pareci&#243; que hab&#237;a muchos metros hasta el suelo de cemento. Y no hab&#237;a nada que pudiera amortiguar su ca&#237;da.


Probablemente iba a morir en el intento, pero era la &#250;nica forma de entrar y retroceder no era una opci&#243;n. Guard&#243; la linterna y arroj&#243; la mochila al interior de la mansi&#243;n.

Despu&#233;s de un largo descenso, la mochila choc&#243; contra el suelo haciendo un ruido sordo.

Rebecca trag&#243; el nudo de miedo que ten&#237;a en la garganta y comenz&#243; a moverse. Se tumb&#243; en el suelo, ignorando el barro, y meti&#243; primero los pies, luego las piernas y entonces empezaron los problemas. Las caderas se quedaron atascadas en el marco y no pod&#237;a moverse, ni hacia delante ni hacia atr&#225;s.

&#161;C&#225;spita! No eran pocas las veces que se hab&#237;a lamentado por no tener caderas suficientes para llenar unos vaqueros. Pero, en aquel momento, dese&#243; haber comido menos dulces aquella semana. Su trasero estaba seriamente atascado.

Consider&#243; brevemente la posibilidad de gritar. En realidad, no quer&#237;a hacerlo. Solo quer&#237;a estar en su casa. Disfrutando de un ba&#241;o caliente, o quiz&#225; de una copa de vino o leyendo toda la informaci&#243;n que hab&#237;a reunido &#250;ltimamente sobre bancos de semen y fantaseando sobre beb&#233;s.

S&#237;, la idea de fantasear sobre beb&#233;s era muy tentadora. Aunque, en aquel momento, no iba a servirle de mucha ayuda. Moverse le dol&#237;a, pero continuar tumbada era imposible. La espalda comenzaba a protestar tras llevar unos minutos en aquella postura de contorsionista. Ser&#237;a maravilloso que alg&#250;n h&#233;roe acudiera en su ayuda, pero no parec&#237;a muy probable. De hecho, era mucho m&#225;s probable que comenzaran a trepar por ella lombrices de tierra. La imagen de aquellos gusanos desliz&#225;ndose por su cuerpo fue suficientemente poderosa como para ponerla en acci&#243;n.

Tom&#243; aire, alz&#243; las piernas y empuj&#243; con fuerza.

El empuj&#243;n funcion&#243;. Al menos en parte. Todav&#237;a estaba viva cuando aterriz&#243; en el suelo de cemento, pero la medida de su &#233;xito dif&#237;cilmente merec&#237;a un aplauso. Porque en el proceso, se hab&#237;a golpeado la frente contra el marco de la ventana y se hab&#237;a ara&#241;ado los senos. Aterriz&#243; sobre una cadera y una mu&#241;eca. El s&#243;tano estaba m&#225;s negro que el alquitr&#225;n y ol&#237;a a moho y a humedad. Pero aunque hubiera sido el Taj Mahal no se habr&#237;a enterado; el cuerpo le dol&#237;a demasiado como para que eso la preocupara. Las estrellas danzaban ante sus ojos y, aunque no estaba segura de que fuera posible romperse el trasero, ten&#237;a la certeza de que ella se hab&#237;a roto el suyo.

Por si fuera poco, de pronto una luz ilumin&#243; sus ojos.

Y, para coronar la debacle, el hombre que sosten&#237;a la linterna le resultaba familiar. Dolorosamente familiar. Y no ten&#237;a un solo rasgu&#241;o. Estaba reci&#233;n afeitado y no ten&#237;a ni una gota de barro en las botas.

Me ha parecido que estaban intentando entrar una docena de ni&#241;os en la casa. Has hecho ruido suficiente para despertar a un muerto. Deber&#237;a haberme imaginado que eras t&#250;. Maldita sea, Rebecca, &#191;qu&#233; est&#225;s haciendo aqu&#237;?

Rebecca entrecerr&#243; los ojos y respondi&#243; suavemente:

En este momento, estoy aqu&#237; sentada, con cuarenta y siete huesos rotos y compadeci&#233;ndome de m&#237; misma. Por favor, Dios, haz que esto sea una pesadilla y que cuando me despierte ese hombre sea cualquier otro. Convi&#233;rtelo en un esp&#237;a ruso, en un asesino en serie. En lo que quieras, en cualquier cosa menos en Gabe Devereax.

Tienes suerte de que sea yo. Y por lo menos yo tengo alg&#250;n motivo para entrar aqu&#237;. &#191;Es que te has dejado el cerebro en casa? Podr&#237;as haberte matado. O haber conseguido que te mataran. Y tienes peor aspecto que un gato callejero despu&#233;s de una pelea.

Gracias por compartir conmigo tu opini&#243;n. Me estoy muriendo de dolor y lo &#250;nico que se te ocurre es gritarme.

Y te gritar&#237;a mucho m&#225;s si pensara que iba a servir de algo. Por el amor de Dios, est&#225;s empapada, cubierta de barro, y parece que te est&#225;n creciendo ramas en el pelo. Si eso no es una estupidez, no s&#233; qu&#233; puede serlo. Y ahora, deja de discutir conmigo. Solo quiero ver si est&#225;s herida.

Yo ya s&#233; que estoy herida -pero el orgullo le dol&#237;a el doble que cualquiera de sus heridas.

Gabe se hab&#237;a agachado a su lado. Y Rebecca continu&#243; con los ojos cerrados hasta que sinti&#243; sus fuertes manos sobre ella. Entonces abri&#243; los ojos como platos.

Hab&#237;a momentos y lugares en los que a Rebecca no le habr&#237;a importado que un hombre la manoseara Incluso podr&#237;a haberle asignado a Gabe aquel papel pero no cuando la estaban tocando como si fuera un asexuado saco de az&#250;car. Con dedos inmisericordes, Gabe tante&#243; sus tobillos, subi&#243; por sus pantorrillas, le hizo inclinar las rodillas y le levant&#243; los brazos. Rebecca protest&#243; varias veces, pero Gabe, o bien no le estaba prestando atenci&#243;n, o no la cre&#237;a.

Posiblemente Rebecca no estar&#237;a tan resentida si Gabe no tuviera tan buen aspecto. Solo el cielo sab&#237;a c&#243;mo hab&#237;a entrado en la casa, pero era obvio que con una buena dosis de ingenio. S&#237;, Gabe era el mejor. Ese era el motivo por el que Rebecca hab&#237;a convencido a su familia para que le permitieran investigar la desaparici&#243;n de su madre. Y aunque no hab&#237;a conseguido nada en aquel caso en particular, estaba teniendo mucho m&#225;s &#233;xito con otros casos en los que se hab&#237;a visto envuelta la familia. Pero en aquel momento en el que ella deb&#237;a tener un aspecto infame, Gabe no ten&#237;a una sola mota de polvo encima. Llevaba el pelo como reci&#233;n peinado, la barbilla afeitada, y la camiseta azul marino metida de forma impecable por la cintura de los vaqueros. En sus botas no hab&#237;a ni una gota de barro.

Rebecca no lo conoc&#237;a muy bien. De hecho, no estaba segura de que fuera posible conocer bien a un hombre como Gabriel Devereax. Algunos miembros de su familia ya hab&#237;an comenzado a notar que se llevaban tan bien como un reptil y una mangosta. Pero Rebecca no solo no ten&#237;a nada contra &#233;l, sino que hab&#237;a sido ella la que hab&#237;a urgido a su familia a contratarlo. Sab&#237;a que Gabe ten&#237;a una reputaci&#243;n y unas credenciales inmejorables. Lo respetaba. Pero cuando era su familia la que estaba en peligro, no iba a conformarse qued&#225;ndose sentada en el asiento de atr&#225;s y dejando que fuera otro el que condujera.

Y Gabe apreciaba sus consejos tanto como el veneno. Lo que ella llamaba ayuda, &#233;l lo consideraba intromisi&#243;n. Alguien capaz de comprender m&#237;nimamente el concepto de familia podr&#237;a haber entendido el amor y la lealtad que demandaban la intervenci&#243;n de Rebecca. Pero intentar explic&#225;rselo a Gabe era como intentar perforar el granito.

Aun as&#237;, aunque no hubiera una buena relaci&#243;n entre ellos, Rebecca no hab&#237;a podido menos que reparar en ciertos detalles sobre Gabe. Ten&#237;a treinta y ocho a&#241;os y los aparentaba. Su mand&#237;bula cuadrada, la cicatriz de su sien derecha y las arrugas que rodeaban sus ojos hablaban de un hombre con una vida dura a sus espaldas. Hab&#237;a energ&#237;a en la dureza de sus facciones, energ&#237;a viril; y una determinaci&#243;n sin l&#237;mites estampada en cada una de las arrugas de su frente.

Personalmente, Rebecca pensaba que una mujer ten&#237;a que estar completamente chiflada para arriesgarse a abordar a un hombre tan duro y cerrado como Gabe De-vereax Pero, aun as&#237;, aquel hombre ten&#237;a los ojos m&#225;s profundos, oscuros y atractivos que hab&#237;a visto en toda su vida. En aquel momento, le resultaba imposible ignorar aquellos ojos que estaban clavados en su rostro. Gabe la tom&#243; por la barbilla y examin&#243; sus heridas con el mismo inter&#233;s que podr&#237;a haber mostrado por un insecto.

Creo que sobrevivir&#225;s -anunci&#243;-. Aunque es dif&#237;cil decirlo estando tan sucia.

Como estaba mir&#225;ndola directamente a los ojos, Rebecca tard&#243; algunos segundos en darse cuenta de d&#243;nde estaba poniendo su mano derecha. Con una suavidad digna de un jugador de p&#243;quer, la hab&#237;a deslizado bajo su sudadera y estaba ascendiendo por sus costillas.

&#161;Eh! -intent&#243; empujarlo, pero era imposible empujar a un buey.

No dejes que se te revuelva el h&#237;gado, Rebecca. Si hubiera querido insinuarme te habr&#237;as enterado. Pero conf&#237;a en m&#237;, el sexo solo ocupa un noventa y nueve por ciento de mi mente. Tienes una herida en esa zona, y no, no voy a ver hasta d&#243;nde llega, pero me gustar&#237;a que tosieras.

&#191;Toser? No necesito toser

Bueno, entonces podemos llevarte ahora mismo a urgencias para que te hagan una radiograf&#237;a, pero no creo que tenga mucha gracia la idea. Si no te atreves a toser, podemos estar pr&#225;cticamente seguros de que no te has roto ninguna costilla, pero bueno, si prefieres una radiograf&#237;a

Rebecca tosi&#243; de forma casi exagerada.

&#191;Est&#225;s segura, de que no te duele?

Claro que s&#237;. Y ahora ya puedes dejar de amenazarme, Gabe. Har&#237;a falta todo un ej&#233;rcito para llevarme a un hospital. Estoy perfectamente.

&#191;Ah, s&#237;? Tienes un chich&#243;n en la frente, heridas por todas partes y est&#225;s tan mojada que es probable que termines con una neumon&#237;a. En el piso de arriba hay agua, as&#237; que por lo menos podremos limpiar las heridas, pero no s&#233; si encontraremos algo con lo que secarte. &#191;Te duele mucho la frente? &#191;Est&#225;s mareada? &#191;Ves doble?

Si aquel maldito hombre tuviera modales, le habr&#237;a dado oportunidad de contestar, pero no. Obviamente, Gabe no iba a permitirle decir una sola palabra, porque en aquel momento la tom&#243; por la barbilla para volver a examinar el chich&#243;n. Con la ligereza de una pluma, le apart&#243; el pelo de la cara. Y cuando termin&#243; de jugar a los m&#233;dicos, sus ojos se encontraron.

Rebecca no estaba segura de lo que sucedi&#243;. Gabe no pod&#237;a haberle sostenido la mirada durante m&#225;s de unos segundos, pero el ce&#241;o desapareci&#243; de su frente. Y apareci&#243; algo en su expresi&#243;n. Algo que Rebecca jam&#225;s habr&#237;a esperado. Algo que estaba m&#225;s all&#225; de la exasperaci&#243;n y de la compulsi&#243;n de Gabe Devereax a hacerse cargo de cualquier cosa que surgiera en su camino.

Rebecca estaba tan empapada y desali&#241;ada que lo &#250;ltimo que pod&#237;a parecer era atractiva. Pero hubo algo en aquellos profundos y oscuros ojos que hizo que se le acelerara el pulso.

Si Gabe se hab&#237;a fijado en alguna ocasi&#243;n en que era una mujer, jam&#225;s lo hab&#237;a demostrado. De pronto, Rebecca tuvo problemas para respirar. Gabe era un hombre vital, viril, y de trato suficientemente f&#225;cil como para poder disfrutar discutiendo con &#233;l mientras no hubiera ninguna posibilidad de que se fijara en ella de forma m&#225;s personal. Por otra parte, era probable que la ca&#237;da le hubiera afectado al cerebro. Porque no pod&#237;a haber un momento m&#225;s est&#250;pido para sentir el poder de las hormonas, y el sentido com&#250;n le dec&#237;a que estaba imaginando la mirada de Gabe.

Aun as&#237;, el pulso estaba lati&#233;ndole a una velocidad vertiginosa cuando Gabe cambi&#243; bruscamente de expresi&#243;n. El ce&#241;o que apareci&#243; entre sus cejas era incluso m&#225;s sombr&#237;o que el de minutos antes. Se ech&#243; hacia atr&#225;s y comenz&#243; a levantarse.

Es posible que no necesites un m&#233;dico. Pero veamos qu&#233; ocurre cuando intentes levantarte.

Oh, por el amor de Dios, estoy perfectamente  ignor&#243; la mano que le tend&#237;a y se incorpor&#243; precipitadamente.

Gran error. El chich&#243;n que ten&#237;a en la frente comenz&#243; a latirle inmediatamente. Los senos y la mu&#241;eca le ard&#237;an y en aquel momento tuvo la absoluta certeza de que se hab&#237;a roto el trasero. Pero no lo habr&#237;a admitido aunque la hubieran estado amenazando con un cuchillo.

De todas formas, &#191;t&#250; c&#243;mo has logrado entrar en la casa?

Como lo hace la mayor parte de la gente, legalmente. Llam&#233; al abogado de M&#243;nica Malone, le present&#233; mis credenciales y le dije que pensaba que podr&#237;a haber m&#225;s pruebas en la casa relacionadas con su asesinato. Le pregunt&#233; si no le importaba que echara un vistazo y me dio la llave.

&#191;Y ya est&#225;? &#191;Eso es lo &#250;nico que has tenido que hacer para conseguir la llave? -era tan injusto

Rebecca, no todo el mundo tiene la imaginaci&#243;n de una escritora. Algunos de nosotros tendemos a hacer las cosas de una forma sencilla, normal, aburrida incluso. Ya sabes, utilizando el sentido com&#250;n y la l&#243;gica.

Sorprendente. Podr&#237;a jurar que hemos tenido una conversaci&#243;n id&#233;ntica en otra ocasi&#243;n.

S&#237;, es cierto. Pero la otra vez tampoco sirvi&#243; de nada -pas&#243; por delante de ella para cerrar la ventana-. Te lavar&#225;s y despu&#233;s volver&#225;s a casa.

Ni lo sue&#241;es, monada. No acabo de arriesgar mi vida para desaparecer porque t&#250; lo mandes.

Estaba segura de que nadie se hab&#237;a atrevido a llamar a Gabe Devereax monada. El adjetivo pareci&#243; sorprenderlo, pero tambi&#233;n divertirlo. A pesar de ser un hombre autoritario y probablemente desacostumbrado a enfrentarse al punto de vista femenino, siempre demostraba tener un gran sentido del humor.

Hablando de mandar, estoy seguro de que sabes que estoy aqu&#237; porque me lo ha mandado tu familia. Por descabellado que pueda parecerte, contin&#250;an confi&#225;ndome esta investigaci&#243;n. &#191;Te lo puedes creer? Y solo porque me avalan diez a&#241;os de experiencia y de preparaci&#243;n profesional.

Rebecca se agach&#243; a recoger la mochila con las herramientas. Dios, qu&#233; tipo tan atrevido. Si el tema no fuera tan serio, se habr&#237;a echado a re&#237;r.

Yo tambi&#233;n conf&#237;o en ti, Sherlock -reconoci&#243; con sinceridad-. Eres muy bueno en tu trabajo. Pero no es tu hermano el que est&#225; acusado de asesinato, sino el m&#237;o. Y hasta que no demuestre su inocencia, no pienso quedarme sentada en casa tejiendo botines. &#191;Has encontrado alguna pista hasta ahora?

Todav&#237;a no he tenido tiempo de mirar. Acababa de girar la llave en la cerradura cuando he o&#237;do ese maldito estruendo. Aunque ahora, por supuesto, no entiendo c&#243;mo no me he imaginado inmediatamente que eras t&#250; -se pas&#243; la mano por el rostro en un gesto de cansancio-. Rebecca, esc&#250;chame.

Te estoy escuchando -aunque admit&#237;a que con cautela.

Esta no es la primera vez que vengo. Asumo que eres consciente de que he estado trabajando desde el d&#237;a que acusaron a tu hermano. Estuve en la mansi&#243;n mientras investigaba la polic&#237;a y despu&#233;s, cuando la desprecintaron, la registr&#233; de cabo a rabo. Esta es la tercera vez que vengo y hasta ahora todas las pruebas apuntan a que Jake es culpable.

Lo s&#233; -y era como llevar una aguja clavada en el pecho.

El amor y la objetividad no pueden ir juntos. S&#233; que quieres ayudar a tu hermano, pero no estoy intentando menospreciarte cuando digo que estar&#237;as mejor en casa. Podr&#237;as terminar sufriendo si sigues dando vueltas por aqu&#237;.

Con la mirada clavada en las sombras, Rebecca reconoci&#243; vagamente las escaleras que conduc&#237;an al piso de arriba. Estaba oyendo a Gabe, pero lo que o&#237;a solo aumentaba su resoluci&#243;n. Gabe estaba haciendo su trabajo y ella nunca lo pondr&#237;a en duda. Pero Gabe Devereax no cre&#237;a en la inocencia de Jake m&#225;s que la polic&#237;a.

Rebecca se detuvo un instante antes de dirigirse hacia las escaleras y apartar un mech&#243;n de rizos de su rostro.


Tienes raz&#243;n en lo de que no estoy siendo objetiva. Adem&#225;s, no tengo ning&#250;n inter&#233;s en serlo. Y deber&#237;as recordar, Gabe, que fui yo la primera en contratarte para investigar el accidente de avi&#243;n en el que se supon&#237;a que hab&#237;a muerto mi madre.

Lo recuerdo.

Rebecca asinti&#243;.

Entonces nadie cre&#237;a que Kate pudiera estar viva. Y yo quise contratarte porque eras el mejor y siempre he sabido que pod&#237;as hacer ciertas cosas que para m&#237; son imposibles. Pero cuando comenzaste a trabajar, tampoco t&#250; cre&#237;as que mi madre estaba viva. Eras igual que todos los dem&#225;s. &#191;Y qui&#233;n tuvo raz&#243;n en lo de mi madre?

T&#250;, pero era un caso completamente diferente.

Rebecca sacudi&#243; violentamente la cabeza, haciendo que el chich&#243;n le doliera de una forma insoportable.

Es exactamente lo mismo. T&#250; conf&#237;as en tu cabeza de la misma forma que yo conf&#237;o en mi coraz&#243;n. Precisamente porque quiero a mi hermano, s&#233; que jam&#225;s asesinar&#237;a a nadie, por horrible que fuera M&#243;nica Malone, o por mucho da&#241;o que le hubiera hecho.

Gabe suspir&#243;. Exhal&#243; uno de aquellos exasperantes suspiros que expresaban siglos y siglos de actitudes machistas hacia las mujeres, especialmente hacia ella.

Hay algunos errores en esa l&#243;gica, pero los olvidaremos de momento. Si t&#250; crees que tu hermano es inocente, eso significa que el verdadero asesino contin&#250;a suelto. Una raz&#243;n condenadamente buena para mantenerte al margen de esto. Podr&#237;as ponerte en peligro al acercar la nariz a fuegos que no est&#225;s en condiciones de apagar.

Por el amor de Dios, Gabe. Esa es precisamente la raz&#243;n por la que estoy aqu&#237;. Para apagar esos fuegos.

Dios m&#237;o, esto es como estar hablando con una planta -por segunda vez, se pas&#243; la mano por la cara con gesto de agotamiento-. No s&#233; por qu&#233;, pero tengo la sensaci&#243;n de que no voy a poder convencerte de que te vayas a tu casa.

Por fin lo comprendes -le palme&#243; el hombro mientras se dirig&#237;a hacia las escaleras-. Pero voy a ayudarte conf&#237;a en m&#237;.



Cap&#237;tulo 2

Rebecca lo ayud&#243; tanto como un tornado. Si le hubieran dado a elegir entre dos males, Gabe habr&#237;a elegido el menos ca&#243;tico.

Que, desde luego, no habr&#237;a sido aquella pelirroja.

Por segunda vez, meti&#243; la toallita bajo el grifo, la escurri&#243; y la pos&#243; sobre la frente de Rebecca. La lluvia continuaba golpeando los cristales de las ventanas. Marzo era un mes prematuro para las tormentas en Minnesota. Pero no ten&#237;a sentido quejarse; por lo menos era lluvia en vez de nieve. Los truenos hac&#237;an temblar la casa y las luces parpadeaban cada vez que ca&#237;a un rayo. Tendr&#237;an suerte si no se les iba la luz.

Aunque la verdad era que no lo molestar&#237;a. Gabe era un hombre de recursos. Hab&#237;a pasado a&#241;os en las Fuerzas Especiales, demostrando su capacidad para manejar las situaciones m&#225;s dif&#237;ciles. El peligro nunca lo hab&#237;a detenido. Y tampoco la adversidad. &#201;l nunca hab&#237;a contado con Dios o con la suerte para resolver un problema en el pasado.

Porque si pasaba unas cuantas horas m&#225;s encerrado con Rebecca Fortune cab&#237;a la posibilidad de que terminara convirti&#233;ndose en un hombre piadoso.

&#161;Ay! &#191;Qui&#233;n te dio clase, Torquemada? D&#233;jame en paz, abus&#243;n.

Pero Gabe no dej&#243; de trabajar, ni siquiera levant&#243; la mirada. En aquel momento, Rebecca estaba sentada en el mostrador de la cocina con la cabeza inclinada hacia la luz del fregadero.

Gabe ten&#237;a una clara visi&#243;n de la herida de su frente, pero las posibilidades de que Rebecca se quedara quieta durante un largo rato no eran muchas.

T&#250; tienes la culpa de que te duela. Hay manchas de pintura en la herida. Quiz&#225; sean del marco de la ventana. Pero si dejas de moverte, te limpiar&#233; mucho m&#225;s r&#225;pido. Creo que necesitas un par de puntos.

No -respondi&#243; Rebecca r&#225;pidamente.

Y solo Dios sabe c&#243;mo has podido hacerte esas heridas. Es posible que tengan que ponerte la vacuna contra el t&#233;tanos.

La respuesta de Rebecca fue todav&#237;a m&#225;s r&#225;pida.

Ya me la pusieron hace un par de semanas.

S&#237;, claro, y las vacas vuelan. Tienes un gran talento para la ficci&#243;n, y me alegro por ti, puesto que no creo que tengas mucho futuro como delincuente. Entrar furtivamente en una casa no parece ser lo tuyo.

No empieces otra vez, Devereax. He hecho esto por mi hermano, y aunque tuviera que terminar con todos los huesos escayolados, lo volver&#237;a a hacer.

Gabe la cre&#237;a. Y era eso lo que lo asustaba.

La mayor parte de la gente era capaz de rectificar sus errores cuando se apelaba a la raz&#243;n. La mayor&#237;a de las personas eran conscientes de sus limitaciones y de la necesidad de protegerse. Pero para Rebecca todos ellos eran conceptos incomprensibles. Detr&#225;s de aquellos hermosos ojos verdes, no parec&#237;a haber ning&#250;n cerebro en absoluto.

Gabe dej&#243; la toallita y le hizo inclinar la cabeza para estudiar nuevamente la herida. Por fin parec&#237;a limpia, pero aquel corte profundo que estropeaba aquella piel blanca y cremosa lo enfurec&#237;a.

Y su propia respuesta al contacto con aquella piel blanca y cremosa le pon&#237;a todav&#237;a m&#225;s furioso.

Que un hombre se excitara estando entre los muslos de una mujer era natural, una reacci&#243;n completamente biol&#243;gica. Y, por lo menos un d&#237;a al a&#241;o, un hombre ten&#237;a derecho a comportarse de forma irracional durante un par de minutos.

Pero tambi&#233;n estaba furioso con Rebecca por aquella reacci&#243;n.

Cuando retrocedi&#243;, Rebecca interpret&#243; que ya hab&#237;a terminado y se inclin&#243; precipitadamente hacia delante.

Si te apartas del mostrador, eres mujer muerta -la inform&#243; Gabe-. Tengo que ponerte una venda.

Pero si solo es un chich&#243;n, no tiene sentido tomarse tantas molestias.

Si no te cubrimos esa herida, te dejar&#225; cicatriz.

Mi hermano est&#225; en la c&#225;rcel acusado de asesinato, &#191;a qui&#233;n puede importarle una est&#250;pida cicatriz? Ya hemos perdido demasiado tiempo con esto.

Un minuto m&#225;s y habr&#233; terminado.

Volvi&#243; a colocarse entre sus muslos. Ten&#237;a que hacerlo. No confiaba en que Rebecca no saliera volando del mostrador y comenzara a hacer de detective. Hab&#237;a encontrado los restos de una venda en un viejo botiqu&#237;n. Se acerc&#243; hacia ella y volvi&#243; a prestarle atenci&#243;n otra vez, tan tieso como la lanza de un guerrero.

Deber&#237;a haberse imaginado que un hombre no pod&#237;a ganar siempre. Gabe ignor&#243; su peque&#241;o problema. Y dese&#243; poder ignorar a Rebecca.

En ese momento estaba relativamente limpia. Legalmente, se supon&#237;a que no se pod&#237;a tocar nada de la mansi&#243;n. Eso significaba que los cajones y los armarios estaban todav&#237;a repletos. Gabe no hab&#237;a tenido ning&#250;n problema en encontrar una toalla, una esponja, un botiqu&#237;n de primeros auxilios y algo de ropa. Tambi&#233;n hab&#237;a visto una botella de whisky encima de la despensa. Y Gabe estaba pensando en bajarla.

&#191;Ya has terminado? -pregunt&#243; Rebecca, esperanzada.

S&#237;, ya he terminado.

Gabe gracias. Te agradezco tu ayuda.

No me ha costado nada -pero la verdad era que estaba empapado en sudor.


Rebecca no era una mujer vanidosa o mimada, eso ten&#237;a que admitirlo Gabe, y, con toda probabilidad, podr&#237;a haber sido ambas cosas, dada la enorme riqueza e influencia de la familia Fortune. No era culpa suya el no haber salido nunca de aquel entorno tan protegido. Su pasado solo serv&#237;a para profundizar su problema. Era una idealista irremediable, pero sin ninguna experiencia pr&#225;ctica. Rebecca jam&#225;s se hab&#237;a visto obligada a enfrentarse a los aspectos m&#225;s realistas de la vida. Cre&#237;a en el amor, en los caballeros andantes, en el honor y, por lo que Gabe hab&#237;a visto hasta entonces, no ten&#237;a la menor idea de que fuera de su hogar hab&#237;a seres que pod&#237;an llegar a hacerle mucho da&#241;o.

Y peor a&#250;n, se consideraba a s&#237; misma una especie de detective por el simple hecho de escribir novelas de misterio. Las complicaciones que pod&#237;a causar intentando ayudarlo eran suficientes para causarle a Gabe una &#250;lcera.

Y Rebecca tambi&#233;n.

Rebecca baj&#243; del mostrador y los ojos de Gabe aterrizaron en su sujetador de encaje. No hab&#237;a habido forma de convencerla de que se quitara la ropa empapada hasta que Gabe hab&#237;a encontrado algo que ponerle. Al final, el detective hab&#237;a encontrado un jersey de pico en el piso de arriba que supon&#237;a hab&#237;a pertenecido a M&#243;nica Malone.

Pero el escote le quedaba tan grande a Rebecca que parec&#237;a una huerfanita jugando a disfrazarse. Los vaqueros por fin estaban secos y suficientemente flexibles como para cubrir las largas piernas de Rebecca y su casi inexistente trasero. Como no era capaz de sentarse sin retorcerse, Gabe sospechaba que se hab&#237;a dado un buen golpe en el trasero, pero estaba condenadamente seguro de que jam&#225;s lo admitir&#237;a. Hab&#237;a mucho m&#225;s orgullo que sentido com&#250;n en aquellos delicados ojos verdes, y tambi&#233;n en el resto de su aspecto.

Rebecca ten&#237;a el rostro con forma de coraz&#243;n, la piel demasiado blanca, los ojos demasiado oscuros, una boca peligrosamente suave y una nariz que se alzaba de forma impertinente. Gabe imaginaba que deb&#237;a medir cerca del metro setenta. Una altura considerable, excepto cuando se acercaba &#233;l, pero le costaba resistir la tentaci&#243;n de tacharla de bajita cuando con la broma m&#225;s inocente era capaz de despertar en ella una oleada de ira.

Su pelo era de color canela y en aquel momento ca&#237;a sobre sus hombros convertido en una mara&#241;a de rizos. Evidentemente, no hab&#237;a tenido oportunidad de cepill&#225;rselo, pero Gabe hab&#237;a pasado suficiente tiempo con ella como para saber que siempre llevaba la melena como si acabara de levantarse de la cama despu&#233;s de una larga y apasionada noche. Puesto que era una Fortune, dispon&#237;a sin duda de dinero suficiente para ir a un peluquero decente, de modo que, aparentemente, no le daba ninguna importancia a su pelo. De todas formas, incluso con el mejor corte de pelo, seguir&#237;a pareci&#233;ndole tan delgada, sexy y condenadamente vulnerable.

Gabe nunca se hab&#237;a sentido atra&#237;do por las mujeres vulnerables, de modo que no ten&#237;a idea de por qu&#233; aquella despertaba sus motores, pero no quer&#237;a saberlo.


Rebecca -se pas&#243; nuevamente la mano por la cara. Tal como deber&#237;a haberse imaginado, en cuanto hab&#237;a puesto los pies en el suelo, Rebecca hab&#237;a salido corriendo hacia la puerta-. &#191;Ad&#243;nde vas?

A cualquier parte. He pensado en recorrer primero el escenario del crimen. El asesinato fue en el sal&#243;n, &#191;verdad? Y despu&#233;s subir&#233; al dormitorio de la se&#241;ora Malone.

Si pretendes ir al sal&#243;n, ser&#225; mejor que vayas hacia la derecha, en vez de a la izquierda. A no ser que encuentres algo interesante en la despensa. Y escucha, procura dejar todo tal y como te lo encuentres. Y no se te ocurra tocar una sola cosa sin dec&#237;rmelo.

Por favor, Gabe, he le&#237;do una docena de libros sobre procedimientos policiales. Si descubro algo remotamente parecido a una prueba, puedes estar seguro de que no se me ocurrir&#225; destrozarla

No s&#233; por qu&#233;, pero no me tranquiliza en absoluto que hayas le&#237;do todos esos libros.

Para ser una mujer vulnerable, Rebecca ten&#237;a la m&#225;s pecaminosa de las sonrisas.

Lo s&#233;, monada. Realmente, pareces incapaz de dejar de ser un tipo sobre protector. Especialmente con las mujeres. Dios, como padre ser&#237;as terrible. Volver&#237;as locos a tus pobres hijos.

No pienso ser padre, as&#237; que problema resuelto. Los hijos son lo &#250;ltimo que me preocupa.

Una diferencia m&#225;s entre nosotros, cosa que no me sorprende. Si no fuera por el problema que ha surgido con mi hermano, los hijos ser&#237;an ahora mismo una prioridad para m&#237;. Deber&#237;as ver todo el material que he estado recopilando sobre bancos de semen.

&#191;Bancos de semen? Est&#225;s bromeando.

Nunca bromeo con el tema de los hijos -pero volvi&#243; a sonre&#237;r-. Sin embargo, la &#250;nica raz&#243;n por la que he mencionado lo de los bancos de semen ha sido que no he podido resistirme. Imaginaba perfectamente la cara que ibas a poner, querido. Pero ahora mismo estamos perdiendo el tiempo. En la agenda de esta noche no hay espacio para los beb&#233;s.

No, pens&#243; Gabe sombr&#237;o. Aparentemente, el asesinato estaba por encima de los beb&#233;s en la agenda de Rebecca. Y solo una mujer como ella era capaz de mezclar los bancos de semen con un homicidio.

Pues bien, &#233;l no pensaba seguirle la corriente. Ten&#237;a un trabajo que hacer y su salario no inclu&#237;a mantener conversaciones sobre beb&#233;s con una pelirroja recalcitrante, aunque esta fuera pariente del jefe.


Gabe se dirigi&#243; al despacho, que ya hab&#237;a inspeccionado en otra de sus visitas a la mansi&#243;n. El papel de las paredes ten&#237;a textura de seda, las cortinas eran de encaje y la silla del escritorio ten&#237;a un asiento de brocado. Era el despacho m&#225;s cursi que Gabe hab&#237;a visto en su vida y dudaba que quedara all&#237; una sola factura de M&#243;nica Malone. Los polic&#237;as y los abogados se hab&#237;an llevado todos los recuerdos y documentos que hab&#237;a en cada armario, como Gabe ya sab&#237;a. Aun as&#237;, encendi&#243; la luz del despacho y comenz&#243; a revisar los cajones.

Quiz&#225; se hubieran olvidado algo. Siempre ocurr&#237;a. Por muchas pruebas que hubieran surgido en el caso, siempre quedaban huecos en los que encontrar informaci&#243;n. Gabe estuvo cerca de veinte minutos revisando escrupulosamente el despacho.

Y solo cuando termin&#243; fue consciente del silencio que imperaba en el resto de la casa. Un silencio mortal. Ideal para concentrarse, si no fuera porque lo inquietaba no o&#237;r a Rebecca. Todav&#237;a lo humillaba que lo hubiera etiquetado como un hombre sobre protector y autoritario. &#201;l no era ni remotamente dominante. Simplemente, hab&#237;a tenido una amplia experiencia con Rebecca. Suficiente como para saber que era una mujer impulsiva y capaz de generar un n&#250;mero incontable de problemas. Cuando un hombre estaba en la misma casa que un reactor nuclear, estaba perfectamente justificada su preocupaci&#243;n.

Encontr&#243; a Rebecca en el espacioso sal&#243;n, acurrucada en una silla, con la mirada fija en la repisa de la chimenea. Maldita mujer. Se volvi&#243; hacia &#233;l con sus enormes ojos abiertos como platos.

Solo estoy intentando imagin&#225;rmelo. S&#233; que fue asesinada aqu&#237;

Y tambi&#233;n sabemos que Jake estuvo aqu&#237;. Y que estaba borracho. Sabemos que discutieron y que se pelearon f&#237;sicamente. Jake dijo que M&#243;nica lo hab&#237;a ara&#241;ado y se hab&#237;a abalanzado contra &#233;l con un cortaplumas, y ten&#237;a una herida en el hombro para demostrarlo. Admiti&#243; tambi&#233;n que la hab&#237;a empujado, que M&#243;nica hab&#237;a ca&#237;do contra la chimenea y se hab&#237;a dado un golpe en la cabeza. Las huellas dactilares de tu hermano y de M&#243;nica estaban por todo el sal&#243;n.

Gabe no a&#241;adi&#243; que no hab&#237;a aflorado ninguna otra huella. Rebecca parec&#237;a haberse hecho ya una idea muy precisa de que todas las pruebas inculpaban a su hermano.

Pero &#233;l dijo que M&#243;nica estaba viva cuando la dej&#243;. Natalie, su hija, lo vio despu&#233;s. Y adem&#225;s, nosotros hemos hablado con &#233;l y sabemos que, al menos por su parte, no fue una pelea. Jake se limit&#243; a empujarla porque lo estaba atacando con ese abrecartas. Mira, Gabe, estoy convencida de que cuando Jake se fue hab&#237;a alguien m&#225;s en la casa. Mi hermano no la mat&#243;.

Gabe cruz&#243; la habitaci&#243;n y se acerc&#243; al mueble bar. Seguramente no iba a encontrar nada mejor que el whisky de treinta a&#241;os que hab&#237;a visto en la cocina, pero en ese momento se conformaba con cualquier otra cosa. No para beberla &#233;l. Estar cerca de Rebecca siempre le provocaba ganas de beber, pero su problema m&#225;s inmediato era el abatimiento que reflejaban los ojos de Rebecca.

Sirvi&#243; unos dedos de whisky en un vaso de cristal tallado y se lo tendi&#243;.

Rebecca tom&#243; el vaso y oli&#243; su contenido.

&#161;Puaj! -exclam&#243;.

C&#225;llate y b&#233;betelo de un trago, enana.

Si vuelves a llamarme enana -comenz&#243; a decir, pero se le quebr&#243; la voz. No ten&#237;a ganas de discutir con &#233;l. Elev&#243; el vaso y se bebi&#243; aquel brebaje en tres tragos. Cuando termin&#243;, tosi&#243; atragantada y se sec&#243; los ojos en medio de un estremecimiento-. Personalmente, opino lo mismo que Mary Poppins. Si tienes que tomar una medicina, es preferible a&#241;adirle siempre una cucharada de az&#250;car.

Imaginar el sabor del whisky con az&#250;car fue suficiente para que Gabe se estremeciera, pero aun as&#237; pudo ver que el l&#237;quido hab&#237;a hecho su efecto. El color hab&#237;a vuelto a las mejillas de Rebecca y hab&#237;a dejado de retorcerse las manos en el jersey. Gabe imagin&#243; que, si hab&#237;a alguna posibilidad de que Rebecca pudiera enfrentarse a una nueva dosis de realismo, aquel era el momento m&#225;s adecuado para ello.

No ha aparecido ning&#250;n otro sospechoso, Rebecca, ni un solo nombre, y mucho menos una huella dactilar. Todas las pruebas apuntan hacia Jake. Y ten&#237;a motivos para matarla.

M&#243;nica estaba chantaje&#225;ndolo, lo s&#233;. Desde que se enter&#243; de que Jake era hijo ileg&#237;timo, estuvo exprimi&#233;ndolo para quedarse con sus acciones de la compa&#241;&#237;a. S&#233; tambi&#233;n el miedo que ten&#237;a Jake a perderlo todo. Conozco todos los asuntos turbios de mi familia, Gabe, y soy consciente de los errores que cometi&#243; mi hermano. Tambi&#233;n s&#233; que estaba bebiendo demasiado y flaqueando en el trabajo. La presi&#243;n a la que estaba sometido acab&#243; con su matrimonio y lo hizo enfrentarse a Nate. Pero eso no significa que la matara.

Era bastante inusual que dos m&#225;s dos no sumaran cuatro, pens&#243; Gabe, pero era muy dif&#237;cil discutir con una persona cegada por la lealtad hacia su hermano.

Simplemente, he pensado que necesitabas reconocer lo mal que se presenta la situaci&#243;n.

&#191;Sabes lo &#250;nico que reconozco? Que M&#243;nica Malone se las ha arreglado de una u otra manera para destrozar a mi familia durante dos generaciones. Ahora est&#225; muerta, pero aun as&#237; no ha dejado de hacerlo. Aquella vieja bruja era culpable de secuestro, sabotaje, infidelidad, robo, chantaje Y todas esas cosas las hizo en contra de la familia Fortune, empezando por la aventura que mantuvo con mi abuelo. Pero te juro que no volver&#225; a hacernos ning&#250;n da&#241;o. Esto tiene que acabar.

Rebecca -dijo Gabe pacientemente-. Volvamos a casa.

No.

A lo mejor tienes raz&#243;n. Es posible que alguien entrara en la mansi&#243;n despu&#233;s de que tu hermano se fuera y la asesinara. Pero si en esta casa hay una m&#237;nima prueba que apunte en esa direcci&#243;n, te prometo que la encontrar&#233;.


S&#233; que lo intentar&#225;s, y tambi&#233;n que eres muy bueno en tu trabajo. Pero t&#250; no tienes visi&#243;n femenina, Gabe. Es muy posible que yo pueda ver cosas que t&#250; no ves.

Gabe se frot&#243; la cara. Viendo que no ten&#237;a sentido continuar por aquel rumbo, prob&#243; con otro.

Hay una peque&#241;a cuesti&#243;n con la que a lo mejor no has contado, pelirroja. Encontrar una prueba de que fue otra la persona que mat&#243; a M&#243;nica no significa que vayas a ser m&#225;s feliz. Conozco toda la historia de c&#243;mo acos&#243; a tu familia. Si hubiera otro sospechoso, podr&#237;a ser otro miembro del clan.

No ha sido ninguno de nosotros -repuso Rebecca con firmeza.

Odio tener que decirte esto, pero ser&#237;a dif&#237;cil demostrarlo en los tribunales. Cualquiera podr&#237;a pensar que esa declaraci&#243;n de inocencia procede de la lealtad, y no de un punto de vista l&#243;gico y racional.

Pues en ese caso, cualquiera podr&#237;a equivocarse. Aquella mujer fue una avariciosa y una ego&#237;sta durante toda su vida. Podr&#237;a tener cientos de enemigos aparte de nosotros. Y Oh, Dios m&#237;o. No puedo continuar aqu&#237; parada. Voy a empezar a buscar.

Y se dirigi&#243; hacia la puerta antes de que Gabe pudiera decirle nada. Aunque, por supuesto, el detective tampoco lo habr&#237;a intentado. Razonar con aquella mujer era como intentar razonar con una mu&#237;a. Mir&#243; de reojo hacia la botella de whisky.

No cre&#237;a que pudiera encontrar ninguna prueba que exculpara a su hermano, pero hab&#237;a una m&#237;nima posibilidad de que la hubiera. Y si hab&#237;a una remota posibilidad de que Rebecca tuviera raz&#243;n, eso significaba que hab&#237;a suelto un asesino. Un asesino de sangre fr&#237;a al que no le har&#237;a ninguna gracia que alguien estuviera intentando probar la verdad. Gabe hab&#237;a mencionado aquella amenaza de peligro a Rebecca. Pero no le hab&#237;a comentado que aquello le hab&#237;a hecho pensar que quiz&#225; fuera mejor que alguien la vigilara.

Pero ese no era su problema. Si las cosas empeoraban, le dir&#237;a a su mam&#225; que se ocupara de ella. Kate Fortune podr&#237;a conseguir todo un batall&#243;n de marines que la protegieran.

&#201;l solo iba a tener que ocuparse de Rebecca aquella noche. Y cuando llegara a casa, tendr&#237;a tiempo m&#225;s que de sobra para consolarse con el whisky. Y mientras estuviera cerca de Rebecca, necesitaba todo el ingenio y la perspicacia que pudiera reunir.

Rebecca puso los brazos en jarras. El dormitorio de M&#243;nica era tal y como esperaba: el dormitorio de una mujer vanidosa, ego&#237;sta y caprichosa.

El mundo de M&#243;nica giraba, definitivamente, alrededor de M&#243;nica. Por el amor de Dios, si ten&#237;a dos retratos al &#243;leo colgados de la pared. Y en los armarios hab&#237;a m&#225;s zapatos que en la mansi&#243;n de Imelda Marcos. La cama ten&#237;a forma de coraz&#243;n, &#191;ser&#237;a posible ser m&#225;s cursi?, s&#225;banas de sat&#233;n y un cabecero acolchado, tambi&#233;n de sat&#233;n. Y en el tocador hab&#237;a m&#225;s frascos que los que pod&#237;a producir una compa&#241;&#237;a de cosm&#233;ticos.

Rebecca ya hab&#237;a revisado los cajones. Y mientras inspeccionaba el ba&#241;o, hab&#237;a aprovechado para bajarse los vaqueros y averiguar por qu&#233; le dol&#237;a tanto el trasero. Desde luego, en aquel cuarto de ba&#241;o hab&#237;a suficientes espejos para mostrarle el arco iris de colores de su enorme morat&#243;n. El latido del chich&#243;n la estaba matando y los ara&#241;azos del pecho y las costillas continuaban escoci&#233;ndole.

Pero, en fin, ya tendr&#237;a tiempo de ponerse a remojo cuando llegara a casa. Aquel no era el momento. Se negaba a admitir que estaba agotada, aunque deb&#237;an de ser ya las tres de la ma&#241;ana. Un trueno retumb&#243; en el exterior. Y Rebecca adopt&#243; un ce&#241;o tan sombr&#237;o como la propia noche.

Gabe no cre&#237;a que hubiera ninguna prueba que favoreciera a su hermano, lo sab&#237;a. Y tampoco quer&#237;a tenerla cerca. Eso tambi&#233;n lo sab&#237;a. Pero, por alguna est&#250;pida raz&#243;n, Rebecca esperaba que Gabe pudiera creer en la inocencia de su hermano. Pero era evidente que Gabe era igual que todos los dem&#225;s.

Aquella no era la primera vez que Rebecca se sent&#237;a sola. Mientras su miraba vagaba a lo ancho de la habitaci&#243;n, acarici&#243; el brazalete de oro que llevaba en la mu&#241;eca. El s&#237;mbolo de la familia que siempre la hab&#237;a sostenido. Por diverso que fuera el clan de los Fortune, Rebecca siempre se hab&#237;a sentido diferente a todos ellos, no parec&#237;a encajar en los valores y patrones del resto de la familia. Pero no importaba. Nunca le hab&#237;a importado. La familia significaba lealtad. Amor. Y lazos irrompibles. Ella encontrar&#237;a la manera de limpiar el nombre de su hermano, estaba dispuesta a morir en el intento.

Mientras miraba a su alrededor, frotaba una y otra vez el brazalete y se preguntaba, est&#250;pidamente, s&#237; Gabe tendr&#237;a familia. &#201;l nunca hab&#237;a mencionado a sus hermanos, ni a ning&#250;n otro pariente. Y el matrimonio y los hijos no parec&#237;an estar en su lista de prioridades. Gabe se mostraba al mundo como un solitario autosuficiente, pero en alg&#250;n rinc&#243;n lejano de su mente, Rebecca ten&#237;a la sensaci&#243;n de que era un hombre que se sent&#237;a profundamente solo.

Probablemente, soltar&#237;a una carcajada si le suger&#237;a algo parecido, pens&#243;, y de pronto, se olvid&#243; de Gabe. Clav&#243; la mirada en el brazalete y a continuaci&#243;n dej&#243; que vagara por el resto de la habitaci&#243;n. Joyas. Aquella mujer ten&#237;a toneladas de joyas. Indudablemente, las m&#225;s caras las tendr&#237;a depositadas en la caja de seguridad de alg&#250;n banco, pero seguramente tendr&#237;a otras muchas por all&#237;. S&#237;, all&#237; estaban.

Rebecca encontr&#243; dos joyeros empotrados en la parte posterior del armario, ambos llenos a reventar. Rebecca se agach&#243;, abri&#243; uno de los peque&#241;os cajones y comenz&#243; a revisar toda la bisuter&#237;a.

La expectaci&#243;n mejor&#243; su humor. No, no sab&#237;a lo que estaba buscando, no sab&#237;a d&#243;nde mirar y ni siquiera sab&#237;a si hab&#237;a algo que encontrar. Pero si hab&#237;a alg&#250;n secreto que descubrir sobre M&#243;nica, ten&#237;a la intuici&#243;n de que se encontraba en aquel dormitorio. Un hombre quiz&#225; esconder&#237;a sus secretos en su despacho, pero una mujer siempre los atesoraba en su dormitorio. El dormitorio era su escondite, su refugio, algo que un hombre nunca comprender&#237;a.


En la base del cuarto caj&#243;n, sus dedos descubrieron un bulto. Pas&#243; la mano nuevamente por &#233;l. S&#237;, definitivamente un bulto. Precipitadamente sac&#243; el caj&#243;n y volc&#243; su contenido en la alfombra. Y entonces pudo ver aquella protuberancia marcada en el sat&#233;n.

El sat&#233;n se rasg&#243; tan f&#225;cilmente como el papel de un dulce.

Y hab&#237;a varias hojas de papel debajo de &#233;l. Una era un viejo telegrama perteneciente a un pobre petimetre que le declaraba a M&#243;nica su amor. Rebecca lo apart&#243; y fue a buscar el siguiente. Era una carta de amor de un hombre que se declaraba su fiel senador. Rebecca estudi&#243; atentamente aquella nota. Estaba fechada diez a&#241;os atr&#225;s, era demasiado vieja para que pudiera tener alguna relevancia en el caso, pero, aun as&#237;, no la descart&#243;. Si M&#243;nica hab&#237;a considerado que ten&#237;a valor suficiente como para que mereciera la pena esconderla, podr&#237;a significar algo.

La mayor parte del resto de los papeles eran recuerdos personales. No hab&#237;a nada que pudiera relacionar ni remotamente con el asesinato de M&#243;nica. Rebecca hizo una mueca al encontrar una prueba m&#225;s de la perversidad de la antigua actriz. Encontr&#243; la prueba que demostraba que M&#243;nica hab&#237;a estado detr&#225;s del intento de robo de la f&#243;rmula del secreto de la juventud. Tambi&#233;n hab&#237;a sido ella la que hab&#237;a alentado al acosador de Allie, e incluso estaba detr&#225;s de las amenazas de deportaci&#243;n de Nick Valkov, el principal qu&#237;mico de Fortune Cosmetics. Afortunadamente, aquella amenaza hab&#237;a derivado en el matrimonio de Nick con Caroline. Por lo menos M&#243;nica hab&#237;a hecho algo bien. Pero ninguna de aquellas pruebas pod&#237;a utilizarse para exculpar a Jake.

Hasta que encontr&#243; una carta. La adrenalina comenz&#243; a correr salvajemente por sus venas mientras la le&#237;a.

Era una copia a carb&#243;n de una carta escrita por la propia M&#243;nica. Aunque el mensaje era solamente de unas pocas l&#237;neas, estaba fechada diez d&#237;as antes de su muerte. En ella amenazaba a una tal Tammy Diller con hacer p&#250;blica su reuni&#243;n o arriesgarse a encontrarse con m&#225;s problemas de los que nunca hab&#237;a podido so&#241;ar. La euforia aceleraba el pulso de Rebecca. Hab&#237;a algo en el nombre de aquella mujer que le resultaba familiar, pero no consegu&#237;a adivinar lo que era De todas formas, de momento no importaba. Con la carta era m&#225;s que suficiente. Quiz&#225; no demostrara la inocencia de su hermano. Y tampoco que aquella Tammy hubiera hecho nada. Pero por lo menos era la prueba que hab&#237;a otra persona enfrentada a M&#243;nica durante las fechas pr&#243;ximas a su muerte Ignorando sus m&#250;ltiples dolores, Rebecca se levant&#243;. Con la carta en la mano, sali&#243; al pasillo y llam&#243; a Gabe a gritos.

M&#225;s tarde, se le ocurri&#243; pensar que su grito podr&#237;a haber puesto en funcionamiento todos los sistemas de alarma de Gabe y probablemente le hab&#237;a hecho pensar que hab&#237;a hecho algo que estaba a punto de acabar con su vida, porque lo vio subir los escalones de tres en tres. Pero, en ese momento, en lo &#250;nico que pod&#237;a pensar era en la alegr&#237;a de haber encontrado algo concreto que pod&#237;a vincular el asesinato de M&#243;nica con otra persona.


Mientras Gabe volaba hacia ella, Rebecca sali&#243; volando hacia &#233;l. Y le pareci&#243; completamente l&#243;gico arrojarse a sus brazos. Cualquier mujer habr&#237;a comprendido perfectamente aquel impulso.

Sin embargo, Gabe no parec&#237;a ver las cosas de la misma forma.



Cap&#237;tulo 3

Rebecca corr&#237;a de tal manera por el pasillo que Gabe asumi&#243; l&#243;gicamente que la persegu&#237;a un ej&#233;rcito de monstruos, de diablos o quiz&#225; un asesino. Y pod&#237;a llevar retirado m&#225;s de siete a&#241;os de las Fuerzas Especiales, pero hab&#237;a algunas respuestas que eran instintivas en &#233;l. De modo que se abalanz&#243; hacia Rebecca con intenci&#243;n de agarrarla, colocarla tras &#233;l y protegerla y se dispuso a enfrentarse a un serio peligro.

Estaba preparado para enfrentarse a cualquier cosa excepto a que una est&#250;pida mujer se arrojara a sus brazos. El abrazo fue tan exuberante como repentino. Y quiz&#225; Rebecca pretendiera besarle en la mejilla, pero el caso fue que sus labios se posaron pr&#225;cticamente a la altura de su boca. Y fue como el impacto de una bala.

A Gabe le hab&#237;an disparado en dos ocasiones. Aquella era una experiencia imposible de olvidar. Pero no le hab&#237;a dolido ninguna de las veces, al menos en el momento del impacto. Hab&#237;a sido algo as&#237; como una quemadura repentina, como un estallido de penetrante calor.

Pero las balas no ten&#237;an nada que ver con Rebecca. Gabe sab&#237;a que Rebecca era un problema. Y tambi&#233;n que apartar las manos de ella era la &#250;nica forma de evitarlo. Pero al principio la agarr&#243; porque su cerebro todav&#237;a estaba respondiendo a la amenaza de peligro. En un primer momento, la adrenalina corr&#237;a por sus venas a la velocidad de la luz. Una mil&#233;sima de segundo despu&#233;s, la oleada de adrenalina fue saboteada por el incontenible fluir de la testosterona.

El largu&#237;simo pasillo estaba a oscuras y tan vac&#237;o que los latidos de su coraz&#243;n parec&#237;an resonar en medio del silencio. Y fuera cual fuera el motivo por el que Rebecca lo hab&#237;a abrazado, de pronto, la escritora retrocedi&#243;. El terciopelo de sus ojos acarici&#243; los ojos de Gabe. La sonrisa que curvaba sus labios se suaviz&#243;. No dej&#243; caer los brazos. No hizo nada de lo que habr&#237;a hecho cualquier mujer en su sano juicio. Sino que se puso de puntillas y lo bes&#243;.

Rebecca sab&#237;a como el viento de la primavera y como la inocencia. Sab&#237;a como nada de lo que hab&#237;a habido en la vida de Gabe desde hac&#237;a mucho, mucho tiempo Sab&#237;a como algo que Gabe jam&#225;s hab&#237;a deseado o echado de menos, maldita fuera. Al menos hasta ese momento. La boca de Rebecca era m&#225;s suave que el trasero de un beb&#233;, la fragancia de su piel era m&#225;s saludable que el jab&#243;n de marfil y llevaba algo en la mano con lo que le roz&#243; el cuello. &#191;Un papel, quiz&#225;? Pero Rebecca hundi&#243; de pronto la otra mano en su pelo y dej&#243; que sus peque&#241;os senos se aplastaran contra su pecho. Y Gabe dej&#243; de respirar.

De acuerdo, intent&#243; decirse a s&#237; mismo. No pasaba nada. Lo &#250;nico que le estaba ocurriendo era un ligero exceso del flujo de testosterona. Solo era una cuesti&#243;n de hormonas. Llevaba mucho tiempo c&#233;libe y, aunque Rebecca le resultara insoportable, ten&#237;a que reconocer que era indiscutiblemente femenina. Era l&#243;gico que el deseo se desbocara: era una simple cuesti&#243;n de biolog&#237;a.

Aunque en aquel momento nada terminaba de parecerle simple. Sus dedos parecieron encontrar sin su ayuda el camino hacia la pelirroja melena de Rebecca. Una melena suave, sedosa Y Rebecca abri&#243; los labios al sentir la presi&#243;n de su mano. Su lengua estaba h&#250;meda, y era peque&#241;a como un secreto. Y si aquella mujer sab&#237;a lo que significaba la palabra represi&#243;n, no lo mostr&#243; en absoluto. Lo bes&#243; con abandono. Lo bes&#243; con una emoci&#243;n sin m&#225;cula. Lo bes&#243; como si nunca hubiera montado en la monta&#241;a rusa y estuviera dej&#225;ndose cautivar por aquella experiencia &#250;nica.

Rebecca pod&#237;a conseguir que cualquier hombre se hundiera en arenas movedizas Si el hombre en cuesti&#243;n se lo permit&#237;a.

Gabe liber&#243; su boca e intent&#243; llenar de ox&#237;geno sus pulmones. A continuaci&#243;n prob&#243; un movimiento m&#225;s inteligente, como apartar las manos del cuerpo de Rebecca y soltar un juramento.

Lo del juramento funcion&#243;. Rebecca abri&#243; los ojos, fij&#243; en &#233;l la mirada como si lo estuviera viendo tras el velo de la niebla y dej&#243; caer lentamente las manos. Parecieron pasar un a&#241;o o dos hasta que musit&#243;:

Muy bien.

A Gabe no le gust&#243; el tono que hab&#237;a empleado. Y tampoco confiaba en su forma de arquear la ceja.

Si hubiera sabido que besabas as&#237;, monada, habr&#237;a intentado que me lo demostraras antes -anunci&#243;.

Que Dios le diera fuerzas, rez&#243; Gabe en silencio.

Ha sido un accidente

Ya lo s&#233;.

No volver&#225; a ocurrir.

Lo asombroso es que haya ocurrido. Durante todo el tiempo que he pasado a tu lado, he estado completamente convencida de que ten&#237;as muchas m&#225;s ganas de matarme que de besarme.

Y es cierto. Pero si no vivieras apartada del mundo, habr&#237;as sido consciente de que la qu&#237;mica tambi&#233;n estaba all&#237;. En el lugar del que yo vengo, a nadie se le ocurre despertar a un le&#243;n dormido. Y ahora, y volviendo cientos de a&#241;os atr&#225;s, asumo que ten&#237;as alguna raz&#243;n para abrazarme.

&#191;Alguna raz&#243;n? -pronunci&#243; la palabra como si no la entendiera.

Y, trat&#225;ndose de Rebecca, era posible que no la entendiera. Durante un largo y terrible momento, sus ojos verdes permanecieron pegados en su rostro, estudi&#225;ndolo y haci&#233;ndolo sentirse desagradablemente desnudo. Pero de pronto Rebecca pesta&#241;e&#243; y levant&#243; bruscamente la mano.

&#161;Claro que ten&#237;a una raz&#243;n! &#161;Una raz&#243;n espl&#233;ndida! &#161;No te vas a creer lo que he encontrado, Gabe!


Por lo menos aquello contribuy&#243; a que dejaran de hablar del peliagudo asunto de la qu&#237;mica que hab&#237;a entre ellos, pero tranquilizar a Rebecca cuando estaba tan excitada era m&#225;s dif&#237;cil que contener un rumor en Washington.

Gabe vio la carta, la ley&#243;, fue conducido hasta el armario del dormitorio de M&#243;nica en el que Rebecca la hab&#237;a encontrado. Pero, incluso despu&#233;s de haberlo hecho bajar al piso de abajo, Rebecca continuaba desbordando energ&#237;a e intentando humillarlo.

&#191;No te dije que iba a encontrar algo? &#191;No te lo dije?

Ahora escucha, peque&#241;a, est&#225;s albergando demasiadas esperanzas. En realidad esto no demuestra nada

Es una prueba de que puede haber m&#225;s personas involucradas en el asesinato de M&#243;nica. Y demuestra que, adem&#225;s de mi hermano, hab&#237;a otra persona enfrentada a M&#243;nica en la &#233;poca en la que esta fue asesinada.

S&#237;, Gabe tambi&#233;n lo ve&#237;a. Y lo irritaba que aquella escritora de novelas de misterio e irredenta so&#241;adora hubiera encontrado la pista, especialmente cuando &#233;l hab&#237;a registrado de arriba a abajo la mansi&#243;n en tres ocasiones y no hab&#237;a encontrado absolutamente nada.

Pero como Gabe no hab&#237;a nacido ayer, le quit&#243; cuidadosamente la carta, la dobl&#243; y se la meti&#243; en el bolsillo. En ella aparec&#237;a la direcci&#243;n de Tammy Diller en Los &#193;ngeles, una direcci&#243;n que seguramente Rebecca hab&#237;a visto, pero que, al menos eso esperaba, no podr&#237;a recordar. En el fondo de su mente estaba comenzando a urdir planes. En cuanto llegara a casa, buscar&#237;a en la base de datos de su ordenador informaci&#243;n sobre aquel nombre y aquella direcci&#243;n. Si no aparec&#237;a nada, tendr&#237;a que hacer los arreglos necesarios para viajar cuanto antes a Los &#193;ngeles.

Pero antes ten&#237;a que deshacerse de Rebecca. Estaba m&#225;s all&#225; de su capacidad de comprensi&#243;n que una mujer pudiera estar tan despejada a esas horas de la madrugada; especialmente una mujer que ten&#237;a el aspecto de haberse enfrentado ella sola a toda una pandilla de delincuentes en un callej&#243;n. Ten&#237;a el rostro tan blanco como el vestido de novia de una virgen y la herida que ten&#237;a en la frente se le estaba hinchando por debajo de la venda.


No cre&#237;as que fuera a encontrar nada, &#191;verdad? Y tampoco me cre&#237;ste cuando hace meses te dije que mi madre estaba viva. La l&#243;gica no siempre vale m&#225;s que la intuici&#243;n, muchachito. Los hombres y las mujeres piensan de manera diferente. Y aunque yo no hubiera le&#237;do una tonelada de libros relacionados con la resoluci&#243;n de cr&#237;menes, una mujer es capaz de sentir ciertas cosas que

Cuando se detuvo para tomar aire, Gabe aprovech&#243; para intervenir.

Lo admito, has hecho un buen trabajo. Pero son las cuatro de la madrugada. Creo que ha llegado el momento de que pongamos fin a la noche.

&#191;Quieres decir que tenemos que volver a casa?  por la expresi&#243;n de su rostro, la idea le resultaba tan atrayente como la rub&#233;ola.

Estoy agotado y no quiero dejarte aqu&#237; sola. Ya has conseguido una buena pista y, en cuanto pueda descansar unas cuantas horas, empezar&#233; a investigarla.

Muy bien. Acepto que si est&#225;s cansado deber&#237;as irte a casa. Pero a m&#237; me gustar&#237;a quedarme un poco m&#225;s. A lo mejor M&#243;nica ten&#237;a otros escondites como ese

Quiz&#225; los tuviera. Es como buscar una aguja en un pajar, teniendo en cuenta toda la gente que ha registrado esta casa. Y la carta es algo concreto con lo que puedo empezar a trabajar inmediatamente. Adem&#225;s, llevamos horas

Yo no estoy cansada -le asegur&#243; Rebecca inmediatamente, levantando la barbilla con rebeld&#237;a.

Pero la barbilla de Gabe era m&#225;s grande que la suya. Y su ce&#241;o ten&#237;a todo un historial de intimidaciones en el pasado.

Claro que est&#225;s cansada. Tienes el aspecto de un gato perdedor despu&#233;s de la pelea y no me digas que no te est&#225;n empezando a molestar las heridas. Estoy seguro de que el golpe que tienes en la frente te duele de forma insoportable. Ahora dime, &#191;d&#243;nde tienes el coche?

Rebecca no se dej&#243; intimidar en absoluto, pero por lo menos aquella pregunta le sirvi&#243; de distracci&#243;n.

A un kil&#243;metro y medio de aqu&#237;, aproximadamente. Cerca de un grupo de nogales. Prefer&#237; aparcar lejos de la entrada principal para que nadie pudiera verme saltar la cerca

No quiero o&#237;r ni una palabra m&#225;s sobre tu allanamiento de morada -Dios, aquella mujer iba a conseguir que se le llenara el pelo de canas. Hasta que la hab&#237;a conocido, se hab&#237;a considerado un hombre de aspecto relativamente joven, a pesar de sus treinta y ocho a&#241;os-. Est&#233; donde est&#233; tu coche, me parece que lo has dejado demasiado lejos para volver andando hasta &#233;l. El m&#237;o est&#225; aparcado en frente de la puerta principal, as&#237; que te llevar&#233; hasta all&#237;. Y ahora dime, &#191;d&#243;nde has dejado el jersey mojado?

En la cocina -Rebecca baj&#243; la mirada hacia el jersey que llevaba y se cerr&#243; bruscamente el escote. Solo el cielo sab&#237;a por qu&#233;. A esas alturas, Gabe ya le hab&#237;a visto el sujetador y cada cent&#237;metro de su cuello.

Ser&#225; mejor que vuelva a ponerme mi jersey. Pero dime, &#191;d&#243;nde dejo este?

Puedes qued&#225;rtelo puesto. No creo que a nadie le importe que lo tomes prestado. Yo lo devolver&#233; m&#225;s adelante, es absurdo que te pongas un jersey mojado en una noche tan fr&#237;a como esta. As&#237; que vete a buscar tu jersey y v&#225;monos.

Creo que me he dejado encendida una de las luces del piso de arriba. Y tengo que ordenar el armario. Y deber&#237;a recoger el agua

Hab&#237;a una raz&#243;n por la que Gabe siempre trabajaba solo. Sus empleados formaban un buen equipo de trabajo y a menudo trabajaban en parejas los diferentes casos.

Pero no &#233;l. A &#233;l no le gustaba depender de los dem&#225;s. Le gustaba poder actuar de forma r&#225;pida, din&#225;mica.

Para cuando Rebecca termin&#243; de ordenarlo todo, Gabe podr&#237;a haber ayudado a cruzar la calle a un centenar de tortugas.

Gabe la urgi&#243; a salir al exterior, cerr&#243; la puerta principal y se&#241;al&#243; hacia un antiguo Morgan.

Rebecca solt&#243; un silbido. Casi tan bueno como si fuera un hombre.

Qu&#233; preciosidad -musit&#243;.

S&#237;, es del cincuenta y cinco. Pero lo han cuidado como si fuera una pieza de museo, as&#237; que no tiene demasiados kil&#243;metros.

&#191;Todav&#237;a se consiguen piezas de repuesto?

No es f&#225;cil. Hay piezas que son muy dif&#237;ciles de encontrar y pueden costarte un ri&#241;&#243;n. Adem&#225;s, hay muy pocos mec&#225;nicos que sepan c&#243;mo arreglar este coche.

Pero no te importa, &#191;verdad? Por un coche as&#237; merece la pena tomarse tantas molestias.

S&#237;.

No esperaba que Rebecca lo entendiera. Abri&#243; la puerta de pasajeros y observ&#243; las largas y esbeltas piernas de Rebecca desaparecer bajo el panel de control. Y se le ocurri&#243; la enervante idea de que aquella mujer parec&#237;a hecha para montar en su coche.

Evidentemente, la falta de sue&#241;o era la raz&#243;n de que no pudiera pensar con claridad. Cerr&#243; la puerta, rode&#243; el coche y se sent&#243; tras el volante. En cuanto gir&#243; la llave, el motor comenz&#243; a ronronear.

Qu&#233; criatura tan hermosa -musit&#243; Rebecca.

Aquel comentario sobre las criaturas le hizo recordar a Gabe el que hab&#237;a hecho horas atr&#225;s sobre los bancos de semen. Se dijo a s&#237; mismo que deb&#237;a mantener la boca cerrada, que eso no era asunto suyo. Pero aquel comentario hab&#237;a estado aguijone&#225;ndolo durante toda la noche.


Durante algunos minutos, permaneci&#243; en silencio. La tormenta hab&#237;a terminado, pero todav&#237;a ca&#237;a una fina lluvia. La hierba y las hojas de los &#225;rboles resplandec&#237;an en medio de la fantasmal luz de la noche cuando Gabe cruz&#243; la verja de la casa y se detuvo para cerrarla. No parec&#237;a haber nada despierto en kil&#243;metros a la redonda. No hab&#237;a ninguna luz encendida y solo se o&#237;a el rumor de las hojas de los &#225;rboles y el susurro de la lluvia.

Localizar el coche de Rebecca fue muy f&#225;cil; no hab&#237;a ning&#250;n otro veh&#237;culo en la acera. Gabe aparc&#243; detr&#225;s de su Ciera rojo cereza y alz&#243; la mirada hacia ella. Rebecca se hab&#237;a mostrado entusiasmada con su coche y, procediendo de la familia Fortune, probablemente podr&#237;a comprarse toda una flota de Morgan si as&#237; lo decidiera. Y, sin embargo, hab&#237;a optado por un coche s&#243;lido y funcional. Un modelo familiar de cuatro puertas para una mujer que no ocultaba su amor por la familia. Y entonces Gabe ya no fue capaz de continuar callado.

No dec&#237;as en serio lo de los bancos de semen, &#191;verdad?

Claro que s&#237; -mientras Gabe apagaba el motor, ella se inclin&#243; para reunir sus cosas.

La &#250;ltima noticia que yo ten&#237;a era que hac&#237;a falta un marido para tener un hijo. O que por lo menos ten&#237;a que aparecer un hombre en escena.

Normalmente es as&#237; -se mostr&#243; de acuerdo Rebecca-.Y, cr&#233;eme, no he dejado nunca de buscarlo. Pero ser una Fortune tiene sus desventajas: hay muchos m&#225;s hombres interesados en el dinero de la familia que en mi. Adem&#225;s, pasarme el d&#237;a escribiendo libros no me ayuda a conocer a muchos hombres. No es f&#225;cil encontrar un pr&#237;ncipe azul, o por lo menos no lo es para m&#237;. Y mi reloj biol&#243;gico ya est&#225; empezando a marcarme la hora.

Estoy seguro de que has tenido que enfrentarte a muchos caza fortunas, pero no eres ninguna anciana.

Ya soy bastante mayor. Treinta y tres a&#241;os es una buena edad para tener un hijo. Y, afortunadamente, ya no estamos en la Edad Media. Nadie va a mirarme mal por ser una madre soltera. Este es el momento ideal para tener un hijo y estoy preparada. Tengo buena salud, una situaci&#243;n econ&#243;mica estable, y me muero de ganas de tener un hijo. Si fuera por m&#237;, tendr&#237;a hasta seis.

&#191;Seis? Gabe trag&#243; saliva.

&#191;No crees que lo del banco de semen es una medida un poco dr&#225;stica?

Creo que casarme con el hombre equivocado solo porque quiero tener hijos ser&#237;a muy dr&#225;stico. Resulta que creo en el verdadero amor, monada, y no estoy dispuesta a conformarme con menos. Pero tambi&#233;n quiero formar una familia. Quiero tener hijos a los que cuidar y querer. Te aseguro que yo tambi&#233;n preferir&#237;a contar con un padre adorable, pero que no aparezca en mis cartas no quiere decir que no pueda probar otra forma de conseguirlo.

&#191;Has hablado de esto con tu madre?


&#191;Con Kate? -Rebecca sonri&#243; divertida-. &#191;Crees que mi madre intentar&#237;a disuadirme?

Por supuesto que s&#237;, pens&#243; Gabe. Bancos de semen, &#161;por el amor de Dios!

Pues bien, siento desilusionarte, querido, pero s&#233; que mi madre me respaldar&#237;a. Siempre lo ha hecho. Desde el d&#237;a que nac&#237;, Kate me ha animado a seguir mi propio camino. S&#233; que aparentemente somos muy diferentes. Ella es una mujer con la cabeza fr&#237;a, una pragm&#225;tica mujer de negocios. No por casualidad ha llegado a dirigir todo un imperio financiero. Yo no soy as&#237;, Gabe, nunca lo ser&#233;. Pero ella me encamin&#243; en la direcci&#243;n correcta, me empuj&#243; a vivir mi propia vida y me ense&#241;&#243; a no renunciar nunca a mis deseos. Cr&#233;eme, mi madre no se opondr&#225; a mis deseos.

Pero, de alguna manera, Gabe estaba convencido de lo contrario. No sab&#237;a por qu&#233;, pero estaba condenadamente seguro de que a Kate le gustar&#237;a que su hija peque&#241;a se casara, y preferiblemente con un hombre que pudiera ayudarla a mantener su car&#225;cter impulsivo bajo control. Y los bancos de semen no encajaban en aquel escenario.

Rebecca recorri&#243; su rostro con la mirada. Y hubo algo en su expresi&#243;n que despert&#243; un sentimiento de incomodidad en Gabe.

&#191;T&#250; no tienes un reloj biol&#243;gico? &#191;No tienes ganas de tener hijos, una familia con la que volver a casa cada noche? &#191;No te gustar&#237;a que hubiera una nueva generaci&#243;n de Devereax?

No creo que merezca la pena perpetuar la generaci&#243;n anterior -respondi&#243; cortante-. Yo no tengo un punto de vista tan idealista como el tuyo sobre las familias. Las sagas familiares solo quedan bien en los libros de historia.

Tu punto de vista es terriblemente c&#237;nico, muchachito.

Realista -la corrigi&#243;, y se inclin&#243; bruscamente para abrirle la puerta del coche. Le parec&#237;a absurdo el tono tan personal que estaba adquiriendo su conversaci&#243;n y decidi&#243; que hab&#237;a llegado el momento de interrumpirla-. Vete a casa, Rebecca, l&#225;vate las heridas e intenta dormir. Y no se te ocurra pensar siquiera en esa carta. Yo me ocupar&#233; de ella. A partir de ahora, procura quedarte en casa, Rebecca.

&#191;Desde cu&#225;ndo te has convertido en mi jefe, Gabe?

Las cuatro de la ma&#241;ana y todav&#237;a ten&#237;a fuerzas para seguir peleando.

Mira, ya has conseguido una pista. Has hecho m&#225;s para ayudar a tu hermano que lo que todo un equipo de investigadores ha podido hacer hasta ahora. Pero esa carta cambia las cosas porque significa que, quiz&#225;, solo quiz&#225;, podr&#237;a haber otro sospechoso.

&#191;Y?

Y si hay otro sospechoso, esa persona tambi&#233;n podr&#237;a ser un asesino en potencia. Y, maldita sea, Rebecca, esto es algo que no debe tomarse a la ligera.

S&#237;, Gabe.


Incluso en el caso de que esa Tammy Diller no tuviera nada que ver con el asesino de M&#243;nica, aqu&#237; est&#225; pasando algo raro. Y no creo que necesites verte involucrada en este asunto. Intenta mantenerte lejos de esa mujer, &#191;me has o&#237;do?

Claro que te he o&#237;do.

Rebecca empuj&#243; la puerta y comenz&#243; a salir, pero se volvi&#243; y se limit&#243; a mirar a Gabe. Segundos antes estaba sonriendo. Sonriendo con aquella sonrisa perversa que le hac&#237;a dudar a Gabe de que le estuviera diciendo la verdad. Pero de pronto hab&#237;a dejado de sonre&#237;r. Y hab&#237;a vuelto a sus ojos aquel extra&#241;o calor que encend&#237;a en Gabe todas las se&#241;ales de alarma. Durante un aterrador segundo, el detective temi&#243; que fuera a abrazarlo otra vez. Y se jur&#243; repetidamente que era el miedo el que le aceleraba el pulso, y no la anticipaci&#243;n ante otro posible abrazo.

S&#233; que te cuesta creerlo -musit&#243; Rebecca-, pero soy una mujer adulta y s&#233; cuidar de m&#237; misma. Procura dormir, Gabe. Y no pierdas el tiempo preocup&#225;ndote por m&#237;.

&#191;Que no se preocupara por ella? Gabe la observ&#243; dirigirse hacia su coche, que, advirti&#243; sin ninguna sorpresa, no hab&#237;a cerrado con llave. Rebecca dejaba el coche abierto, cre&#237;a en el amor y en los pr&#237;ncipes azules y ten&#237;a el convencimiento de que el bien prevalec&#237;a sobre el mal y nada pod&#237;a hacerle ning&#250;n da&#241;o.

&#191;C&#243;mo supon&#237;a que no iba a preocuparse por ella?


Rebecca aparc&#243; el Ford Taurus que hab&#237;a alquilado en el &#250;nico hueco que encontr&#243; en la manzana, tom&#243; aire y mir&#243; por la ventanilla. Hac&#237;a un calor incre&#237;ble en Los &#193;ngeles, mucho m&#225;s que en la fr&#237;a Minnesota que hab&#237;a abandonado aquella ma&#241;ana. Y no estaba en absoluto familiarizada con aquella parte de la ciudad. El sol de la tarde brillaba sobre el letrero que anunciaba la calle Randolph. Aquella era la calle que buscaba. Hab&#237;a sido imposible aparcar m&#225;s cerca del n&#250;mero que buscaba, pero podr&#237;a recorrer a pie las tres manzanas que la separaban de &#233;l.

El barrio, sin embargo, estaba lejos de invitar al paseo. Un grupo de adolescentes con la cabeza rapada y los brazos tatuados monopolizaba una de las esquinas de la calle. Ni&#241;os de todas las edades holgazaneaban en las puertas de las casas. Las pintadas de las paredes eran como un curso gratuito de educaci&#243;n sexual. Hab&#237;a un hombre tumbado en la acera, y resultaba imposible decidir si estaba muerto o mortalmente borracho; la basura rebosaba los contenedores met&#225;licos y, si Rebecca no se equivocaba, a juzgar por los pa&#241;uelos y las camisetas de los j&#243;venes que ve&#237;a, aquella calle era propiedad de la banda del Tigre.

Rebecca volvi&#243; a tragar saliva, sali&#243; del coche y se enderez&#243; pensando que hab&#237;a descrito calles como aquella en infinidad de ocasiones aunque nunca hab&#237;a estado en una de ellas. Y estaba segura de que a Gabe le dar&#237;a un infarto si se enteraba de que andaba por all&#237;.


Afortunadamente, Gabe no ten&#237;a ning&#250;n motivo para pensar que hab&#237;a memorizado la direcci&#243;n de Tammy Diller antes de entregarle la carta ni para saber que se hab&#237;a levantado al amanecer y hab&#237;a puesto en funcionamiento todo lo que hab&#237;a proyectado para aquel viaje.

Un ni&#241;o, &#191;de unos doce a&#241;os quiz&#225;?, le silb&#243; cuando pas&#243; por delante de &#233;l. Ser&#237;a un buen padre, pens&#243; Rebecca con objetividad. No, el ni&#241;o no, Gabe. Le resultaba m&#225;s reconfortante concentrarse en Gabe que fijarse en el joven que acababa de desenfundar una navaja a su izquierda.

Gabe era un hombre de principios, paciente y protector. Todas cualidades notables para un padre. Ning&#250;n cazador de fortunas podr&#237;a acercarse nunca a sus hijas. A Gabe no le importaba el dinero ni se dejaba dominar por nadie que lo tuviera. &#201;l ense&#241;ar&#237;a a sus hijos los valores adecuados. Rebecca ni siquiera era capaz de imagin&#225;rselo perdiendo la paciencia. Lo &#250;nico que le hab&#237;a hecho enfadar alguna vez hab&#237;a sido bueno, en realidad hab&#237;a sido ella.

El beso que hab&#237;an compartido continuaba presente en su cabeza. Hab&#237;a sido un solo beso. Un beso hambriento. Ardiente. Sexy. A Rebecca siempre le hab&#237;a gustado la idea de dejarse arrastrar por los besos de un hombre, pero era algo que nunca le hab&#237;a ocurrido. Por supuesto, ten&#237;a una vasta experiencia en ser besada por hombres m&#225;s interesados en su dinero que en ella o por tipos agradables que prefer&#237;an la tibieza a la pasi&#243;n. Hombres incapaces de arriesgar, de apreciar el valor del peligro.

La deliciosa perversidad del beso compartido con Gabe no ten&#237;a nada que ver con sus potencialidades como padre, pero, desgraciadamente, s&#237; lo ten&#237;a su actitud. Gabe nunca hab&#237;a dicho por qu&#233; era tan contrario a la familia. Y Rebecca no lo conoc&#237;a suficientemente bien como para haber tenido oportunidad de hablar sobre ello. Pero siempre hab&#237;a tenido clara la aversi&#243;n de Gabe hacia la familia. Se preguntaba si aborrecer&#237;a de la misma forma el papel de un amante. Y se preguntaba tambi&#233;n si ser&#237;a tan concienzudo bajo las s&#225;banas como lo era en el trabajo. Se pregunt&#243; si la har&#237;a sentirse tan sensualmente peligrosa, tan inmoral como hab&#237;a conseguido hacerla sentirse con un solo beso.

Y se pregunt&#243; tambi&#233;n si no habr&#237;a perdido la cabeza al estar pensando en acostarse con Gabe cuando seis muchachos, todos ellos con la camiseta del Tigre, se dirig&#237;an, hombro con hombro, hacia ella. Incluso a veinte metros de distancia, pod&#237;a advertir la frialdad de sus ojos y su actitud altanera. La estaban mirando fijamente a ella. Posiblemente, el vestido de seda verde y los tacones no eran el atuendo m&#225;s indicado para la ocasi&#243;n, pero no hab&#237;a tenido forma alguna de prever el tipo de barrio en el que iba a adentrarse. Fuera quien fuera esa tal Tammy Diller, conoc&#237;a a M&#243;nica. Y Rebecca jam&#225;s habr&#237;a podido imaginar que una conocida de la ostentosa M&#243;nica pudiera vivir en un barrio como aquel.

Por eso hab&#237;a asumido que ser&#237;a una buena idea ponerse un vestido elegante. En aquel momento, dese&#243; haberse puesto los deportivos en vez de unos tacones de casi diez cent&#237;metros. Y un chaleco antibalas en lugar del vestido. El brazalete tintineaba en su mu&#241;eca, atrapando los rayos del sol de Los &#193;ngeles y, probablemente, el sol tambi&#233;n estar&#237;a haciendo brillar la cadena de oro que llevaba en el cuello.

Los seis tipos continuaban acerc&#225;ndose. Uno de ellos con la mirada fija en su garganta. El otro le miraba las piernas. Y los seis formaban un muro impenetrable. Se le ocurri&#243; de pronto la posibilidad de vomitar. No estaba segura de s&#237; vomitar era una forma de disuadir a ladrones o a asesinos, pero cuando Rebecca estaba asustada, las ganas de vomitar se le hac&#237;an pr&#225;cticamente irresistibles. El m&#225;s alto de los j&#243;venes dijo algo a sus compa&#241;eros. Musit&#243; algo sobre ella que provoc&#243; la risa de sus amigos. Rebecca sinti&#243; que se le hac&#237;a un nudo en el est&#243;mago. Estaban a diez metros. Cinco. Formaron un semic&#237;rculo.

Rebecca trag&#243; la bilis. Inclin&#243; la barbilla, reuni&#243; todo el valor que pudo y mir&#243; al m&#225;s alto del grupo a los ojos con la m&#225;s amable de sus sonrisas.

Hola -dijo alegremente-, &#191;podr&#237;as ayudarme?

Quiz&#225; aquel muchacho nunca hab&#237;a o&#237;do nada parecido. Quiz&#225; no lo hab&#237;a o&#237;do ninguno, porque, durante unos instantes, parecieron perplejos. Pero, entonces, uno de ellos adelant&#243; una pierna.

Claro que puedo ayudarte -contest&#243; con voz grave, haciendo re&#237;r de nuevo a sus compa&#241;eros.

Vaya, eso es magn&#237;fico -contest&#243; Rebecca efusivamente-. &#191;Conoces por casualidad a una mujer llamada Tammy Diller? Vive en este barrio -baj&#243; la cabeza y busc&#243; en el bolso el papel en el que llevaba apuntada la direcci&#243;n-, en el n&#250;mero doce mil novecientos setenta de la calle Randolph. Es ese edificio de all&#237;.

No, no conozco a ninguna Tammy Diller. Pero me encantar&#237;a conocerte a ti -acerc&#243; el dedo a la cadena que Rebecca llevaba en el cuello.

Bueno, aquello ya era demasiado para seguir fingiendo valor. Rebecca iba a vomitarle encima sin poder hacer absolutamente nada para evitarlo.

Pero, de pronto, el joven dej&#243; caer la mano y la sonrisa que se insinuaba en sus labios desapareci&#243;. Retrocedi&#243; bruscamente. Ninguno de los muchachos sonre&#237;a a esas alturas. Todos comenzaron a caminar hacia atr&#225;s.

Instintivamente, Rebecca volvi&#243; la cabeza. Y all&#237; estaba Gabe, como si hubiera surgido de la nada. Su ce&#241;o era m&#225;s sombr&#237;o que un cielo de tormenta. Y parec&#237;a suficientemente enfadado como para triturar el acero con una sola mirada.



Cap&#237;tulo 4

Se fueron sin pagar el alquiler de los &#250;ltimos dos meses. No deber&#237;a haberme fiado de ellos. El chico, Wayne, o Dwayne, o algo parecido, ten&#237;a muy buen aspecto. Y Tammy era capaz de embaucar a cualquiera. Siempre vest&#237;a muy bien, ten&#237;a unos ojos preciosos. Por su forma de vestir, era l&#243;gico creerse lo que Tammy contaba. Seg&#250;n ella, estaban pasando un bache temporal. No ten&#237;an aspecto de vivir en este barrio.

Gabe interrumpi&#243; aquel largo mon&#243;logo. El propietario ten&#237;a el rostro de una comadreja, ojos brillantes y larga nariz, pero hablaba m&#225;s que una cotorra.

As&#237; que esa Tammy Diller lo enga&#241;&#243;. &#191;Y c&#243;mo dice que se llamaba su novio? &#191;Dwayne o Wayne?

No se lo puedo decir con seguridad. Era ella la que me pagaba, y en efectivo adem&#225;s, de modo que no le prest&#233; a &#233;l mucha atenci&#243;n. De todas formas, no me gustaba mucho su novio, eso s&#237; que se lo puedo decir. Sonre&#237;a demasiado. Si quiere saber mi opini&#243;n, uno no debe fiarse nunca de un hombre que sonr&#237;e constantemente.

&#191;Cu&#225;ndo los vio por &#250;ltima vez?

Hace unas dos semanas. Yo procuro cuidar del edificio, pero eso no quiere decir que venga todos los d&#237;as. Si vienes demasiado, los inquilinos te acosan en cuanto sale la m&#225;s m&#237;nima gotera

Estoy seguro -respondi&#243; Gabe en tono consolador-. Entonces dice que no los ha visto desde hace dos semanas Y supongo que no tiene la menor idea de adonde han podido ir, claro.

Si supiera d&#243;nde est&#225;n, habr&#237;a ido a buscarlos para que me pagaran. Tampoco sus vecinos parecen saber nada. Aunque claro, en este barrio a la gente no le gusta hablar demasiado.

Evidentemente, el casero era la excepci&#243;n a esa regla. Durante el tiempo que aquel hombre hab&#237;a estado proporcion&#225;ndole informaci&#243;n sobre Tammy Diller, Gabe hab&#237;a sido capaz de dominar su impaciencia, pero aquello cambi&#243; bruscamente. Instintivamente, busc&#243; con la mano tras &#233;l esperando contactar con el cuerpo de Rebecca. Pero no encontr&#243; a nadie.

Volvi&#243; la cabeza. Una mil&#233;sima de segundo antes, Rebecca estaba a su lado, al alcance de su mano. En aquel momento hab&#237;a desaparecido.

En cuanto se quedara a solas con ella, pensaba matarla. Preferiblemente mediante un m&#233;todo artesanal. Quiz&#225; la estrangulara con sus propias manos. Si alguien iba a hacerle alg&#250;n da&#241;o, prefer&#237;a ser &#233;l el primero. Y eso significaba que tendr&#237;a que mantenerla a salvo hasta que pudiera disfrutar de aquel privilegio. Y en aquel barrio, eso significaba no perderla de vista en ning&#250;n momento.


Gabe escap&#243; al sociable casero y, una vez fuera del edificio, lo recibi&#243; una tarde calurosa en la que no corr&#237;a una gota de aire. Se detuvo durante diez segundos y escrut&#243; la calle con la mirada, buscando el destello de una melena pelirroja. Una prostituta vestida con una minifalda de cuero abordaba a sus posibles clientes en la esquina m&#225;s alejada de la calle. Un vendedor de drogas trabajaba a unos veinte metros de Gabe. De pronto, pas&#243; por delante del detective un adolescente larguirucho corriendo a toda velocidad mientras apretaba contra su pecho una revista de mujeres desnudas; tras &#233;l, corr&#237;a gritando el anciano vendedor del quiosco.

Cuando Gabe hab&#237;a llegado de Minnessota la tarde anterior, sab&#237;a exactamente el tipo de barrio con el que iba a encontrarse. De modo que esperaba todas y cada una de las cosas que hab&#237;a encontrado al salir del coche: excepto a Rebecca rodeada por media docena de pandilleros. Aquella imagen se repet&#237;a en su cerebro, aumentando peligrosamente la presi&#243;n de su sangre.

Si Rebecca se hab&#237;a visto envuelta en m&#225;s problemas, tendr&#237;a que matarla definitivamente. Y, maldita fuera, m&#225;s le val&#237;a que no le hubieran hecho ning&#250;n da&#241;o. &#191;Pero d&#243;nde demonios hab&#237;a podido ir?

All&#237;. Gabe descubri&#243; su cabeza inclinada y su melena resplandeciendo bajo la luz del sol. Durante unos segundos, un musculoso ciudadano negro de cerca de dos metros de altura con el pelo rapado y los hombros cubiertos de tatuajes le hab&#237;a impedido su visi&#243;n. Al parecer, Rebecca estaba hablando con &#233;l. Y de buen grado, como si estuviera manteniendo una conversaci&#243;n con un viejo amigo.

Desde donde &#233;l estaba, Gabe pudo ver que el hombre llevaba una navaja en el bolsillo trasero. Cuando Rebecca cambi&#243; de postura, Gabe tuvo una clara visi&#243;n de su hermosa melena, del vendaje que llevaba en la frente, de su ajustado vestido de seda y de la cadena de oro que brillaba en su cuello. El hombre tambi&#233;n volvi&#243; la cabeza y Gabe pudo ver la cicatriz que cruzaba su rostro justo en el momento en el que estaba levantando la mano hacia Rebecca.

Gabe no tuvo tiempo ni de soltar una maldici&#243;n. Se movi&#243; a toda velocidad. Hab&#237;a tanta gente en la calle que no pudo correr directamente hacia ellos, pero los vecinos se apartaban en cuanto ve&#237;an su expresi&#243;n.

Con los pulmones ardi&#233;ndole por el esfuerzo y la adrenalina corriendo a toda velocidad por sus venas, se coloc&#243; detr&#225;s del tipo y le quit&#243; la navaja instintivamente. El hombre se volvi&#243; y solt&#243; un indignado:

&#161;Eh!

Cuando Rebecca vio a Gabe, su respuesta fue un espont&#225;neo:

&#161;Gabe! &#191;Sabes una cosa? -le pregunt&#243; en un tono m&#225;s ingenuo que el de la mism&#237;sima Pollyana.

En cuesti&#243;n de segundos, Gabe comprendi&#243; que aquel hombre no hab&#237;a levantado la mano para hacerle ning&#250;n da&#241;o a Rebecca, sino para apartarla. Dej&#243; que el tipo se alejara e intent&#243; tranquilizarse. Aquella mujer no reconocer&#237;a el peligro aunque estuviera mordi&#233;ndole el trasero, pero por razones que estaban m&#225;s all&#225; de toda l&#243;gica, y sobre todo en aquel barrio, no se encontraba en una situaci&#243;n de peligro. Rebecca le explic&#243; que aquel era Snark, Snark conoc&#237;a a Tammy y lo &#250;ltimo que hab&#237;a o&#237;do sobre ella era que hab&#237;a ido a Las Vegas para hacer alg&#250;n negocio.

Snark mir&#243; a Gabe con la misma amabilidad con la que lo habr&#237;a mirado una cobra; sab&#237;a los motivos por los que el detective le hab&#237;a quitado la navaja, pero no hubo nada en su actitud que pareciera amenazar a Rebecca. Snark pareci&#243; serenarse. Y tambi&#233;n lo hizo Gabe. Por lo menos al cabo de un rato.

Y al cabo de un rato, el nuevo amigo de Rebecca se alej&#243; calle abajo a grandes zancadas, dejando a Gabe solo con aquella mujer de ojos chispeantes.

Bueno, aunque no los hayamos encontrado, por lo menos ahora sabemos a donde ha ido Tammy. &#191;Tu has conseguido alguna informaci&#243;n?

No -respondi&#243; Gabe cortante.

Bueno -Rebecca parec&#237;a querer mostrarse compasiva-, a veces a las mujeres nos resulta m&#225;s f&#225;cil hacer hablar a alguien. Es una suerte que haya venido, &#191;verdad?

Rebecca hab&#237;a conseguido una informaci&#243;n que &#233;l no ten&#237;a. Y, por supuesto, no se le ocurr&#237;a pensar que sus t&#233;cnicas de investigaci&#243;n pod&#237;an entra&#241;ar un peligro de muerte o algo peor. Gabe la agarr&#243; del codo. Con aquella indumentaria, Rebecca llamar&#237;a la atenci&#243;n de cualquier hombre que hubiera en tres manzanas a la redonda, y aquella maldita mujer tampoco parec&#237;a ser consciente de ello.

&#191;D&#243;nde has dejado el coche?

A dos manzanas de aqu&#237; -respondi&#243; vagamente y se&#241;al&#243; con la mano izquierda.

Gabe advirti&#243; que no apartaba el brazo, aunque sus mejillas acababan de cubrirse de un curioso rubor.

Te acompa&#241;ar&#233; hasta all&#237; -su tono no admit&#237;a discusi&#243;n-. &#191;Y d&#243;nde te alojas?

Todav&#237;a no he reservado habitaci&#243;n en ning&#250;n hotel. Lo &#250;nico que he tenido tiempo de hacer ha sido reservar un billete de avi&#243;n esta ma&#241;ana y viajar hasta aqu&#237;. Pens&#233; que ya tendr&#237;a tiempo de preocuparme del alojamiento cuando llegara.

Gabe sospechaba que la palabra preocupaci&#243;n era una vasta exageraci&#243;n por parte de la escritora. Rebecca no se preocupar&#237;a aunque tuviera que dormir en medio de un nido de v&#237;boras. Gabe se repiti&#243; por d&#233;cima vez que ella no ten&#237;a la culpa de haber nacido en un entorno tan seguro como el suyo. Pero intentar mantener a salvo a una idealista sin remedio era un aut&#233;ntico desaf&#237;o.

&#191;Conoces la ciudad?

He estado en Los &#193;ngeles una docena de veces  se interrumpi&#243;-. Aunque no precisamente por esta zona. Pero tengo un plano.

Aja. En ese caso, s&#237;gueme en el coche hasta que encuentre un lugar en el que pasar la noche.


El Shelton Arms no era el Ritz, pens&#243; Rebecca, pero dispon&#237;a de todas las comodidades que un hombre pod&#237;a desear. Y la cena que les llev&#243; el servicio de habitaciones era digna de un estibador. La butaca en la que estaba sentada era suficientemente grande como para que pudiera acurrucarse e incluso dormir en ella y la habitaci&#243;n estaba decorada en una variada gama de azules.

Rebecca se termin&#243; las costillas, una monta&#241;a de patatas asadas y ensalada y levant&#243; la tapa de la fuente de Gabe.

Si no quieres esa costilla -le advirti&#243;.

Ya voy, ya voy

Estabas tan concentrado que he pensado que si te la quitaba ni siquiera te dar&#237;as cuenta -mucho antes de que hubiera llegado el servicio de habitaciones, Gabe se hab&#237;a sentado en la mesa frente a su ordenador port&#225;til-. &#191;Y bien? &#191;Has averiguado ya si nuestra querida Tammy ha dejado alguna pista en Las Vegas?

S&#237;, aqu&#237; est&#225;. Aparecen todos los cargos de sus tarjetas. Su novio no aparece por ninguna parte, as&#237; que no s&#233; si estar&#225; con ella. Aunque quiz&#225; &#233;l se haya quedado sin cr&#233;dito mucho antes que Tammy. Sospecho adem&#225;s que Tammy Diller es un nombre inventado, porque su tarjeta de cr&#233;dito es bastante nueva. Cuando a uno se le secan sus fuentes financieras, es la mejor manera de reactivarlas.

Y un nombre falso hace mucho m&#225;s dif&#237;cil seguirle el rastro. Pero, a trav&#233;s de las cuentas que ha cargado a su tarjeta, &#191;es posible saber d&#243;nde se aloja?

S&#237; -pero en vez de dec&#237;rselo, se acerc&#243; a una silla y se encogi&#243; de hombros antes de comenzar a cenar-. &#191;De verdad te has comido toda la fuente de comida?

Mi teor&#237;a sobre el colesterol es que si se va a hacer algo malo, lo mejor es hacerlo hasta hartarse.

Pero ahora no vas a poder comerte el helado  predijo.

Ah, Gabe, es evidente que no me conoces, Querido Gabe, no hay absolutamente nada, ni un tornado, ni una guerra mundial, nada que pueda interponerse entre Rebecca Fortune y un helado de chocolate -hac&#237;a tiempo que se hab&#237;a quitado los zapatos y en aquel momento se acurruc&#243; en la silla con el helado y la cuchara.

Gabe se dispuso a cenar. Devor&#243; la primera costilla con la misma rapidez y eficiencia con la que lo hac&#237;a todo. No perdi&#243; el tiempo en saborearla. Para &#233;l comer parec&#237;a ser solo una necesidad biol&#243;gica. De la misma forma que un trabajo era un trabajo.

Incluso mientras devoraba la cena, manten&#237;a la mirada fija en Rebecca. Esta se dijo que quiz&#225; estuviera un poco tenso temiendo que pudiera tirar una l&#225;mpara al moverse en caso de que no la vigilara, aunque no hubiera cerca de ella ninguna. La habitaci&#243;n de Rebecca estaba al lado de la de Gabe. Este &#250;ltimo la hab&#237;a instalado en el mismo hotel en el que &#233;l se alojaba, hab&#237;a pedido espec&#237;ficamente una habitaci&#243;n que estuviera en el mismo piso que la suya y despu&#233;s hab&#237;a sugerido que cenaran juntos en su habitaci&#243;n. Si se hubiera tratado de cualquier otro hombre, Rebecca habr&#237;a pensado que quer&#237;a sacar algo de aquella situaci&#243;n.

Gabe elev&#243; los ojos al cielo mientras Rebecca se llevaba otra cucharada de helado a la boca y pensaba: no, si Gabe recordara siquiera el beso que hab&#237;an compartido y que hab&#237;a estado a punto de llevarlos a una combusti&#243;n espont&#225;nea, ni siquiera lo demostraba. De hecho, la trataba como si fuera una latosa adolescente con rub&#233;ola.

Cuando Gabe termin&#243; de cenar, se acerc&#243; al minibar que hab&#237;a al lado de la cama, lo abri&#243; y sac&#243; una botellita de whisky.

&#191;Quieres una copa?

Me encantar&#237;a tomar una copa de vino, si hubiera -admiti&#243;.

&#191;Vino? &#191;Despu&#233;s del helado?

Tengo un est&#243;mago de hierro. Adem&#225;s, me temo que si me tomo un caf&#233; me pasar&#233; toda la noche despierta. Pero tampoco pasa nada si no hay vino

Claro que hay -Gabe hurg&#243; entre las botellas del minibar y sac&#243; una botella de vino suficientemente grande como para llenar dos copas-, pero no tengo la menor idea de s&#237; ser&#225; o no bueno.

No importa. Procediendo de la familia Fortune, cualquiera creer&#237;a que reconozco la diferencia entre un vino pele&#243;n y otro de calidad, pero la verdad es que el &#250;nico efecto que tiene en m&#237; el alcohol es ayudarme a dormir -admiti&#243; con iron&#237;a-. Gabe, &#191;t&#250; crees que hay alguna relaci&#243;n entre M&#243;nica Malone y Tammy?

Hasta el momento, no hemos encontrado ninguna. M&#243;nica siempre ha hecho lo imposible por conseguir todo lo que quer&#237;a, mediante m&#233;todos legales o ilegales, de modo que su relaci&#243;n con esa mujer puede significar algo importante. Pero admito que lo que m&#225;s me intriga es si esa relaci&#243;n tiene tambi&#233;n algo que ver con tu familia.

Rebecca pesta&#241;e&#243; con extra&#241;eza.

&#191;Te parece probable?

Creo que el &#250;nico hilo permanente en la vida de M&#243;nica fue su larga venganza personal contra tu familia. Estuvo obsesionada con tu padre durante a&#241;os, hasta el punto de secuestrar a su hijo cuando vio que ella no podr&#237;a tener sus propios hijos. M&#243;nica estaba detr&#225;s del robo de la f&#243;rmula del secreto de la juventud, sabemos que contrat&#243; a un hombre para que entrara al laboratorio, y tambi&#233;n que estuvo activamente involucrada con el acosador que estuvo persiguiendo a Allie. Al parecer, su neur&#243;tica obsesi&#243;n por tu familia no ten&#237;a l&#237;mites.

Despu&#233;s tu hermano es acusado de asesinato  continu&#243;-, y de pronto surge el nombre de esta mujer Son demasiadas coincidencias. Pero, hasta el momento, no s&#233; qu&#233; relaci&#243;n puede haber. Por la informaci&#243;n que he encontrado, supongo que Tammy es una mujer acostumbrada a vivir al l&#237;mite. Su nombre no aparece en ninguna parte; no tiene ni un empleo fijo ni una direcci&#243;n estable y parece moverse con repentinos flujos de dinero. A partir de su curriculum, tengo la sensaci&#243;n de que es una verdadera artista de la estafa.


S&#237;, tiene sentido. Sobre todo considerando el contenido de esa carta. Hab&#237;a algo que molestaba a M&#243;nica profundamente. A lo mejor esa Tammy estaba intentando chantajearla. Y, maldita sea, hay algo en su nombre que me resulta familiar, pero no soy capaz de recordar lo que es.

Bueno, tenemos a todo un equipo de detectives investigando a Tammy Diller en Minneapolis. Al final, su pasado saldr&#225; a la luz. Los secretos no pueden permanecer enterrados eternamente, especialmente si son secretos oscuros. Simplemente es cuesti&#243;n de tiempo que consigamos m&#225;s informaci&#243;n.

Pero el tiempo era precisamente lo que no les sobraba, pens&#243; Rebecca. Dej&#243; el envase del helado vac&#237;o sobre la bandeja y se acurruc&#243; en la silla con la copa de vino en la mano.

Entonces, &#191;cu&#225;ndo vamos a ir a Las Vegas?

T&#250; no vas a ir a ninguna parte, peque&#241;a.

&#161;Eh! &#191;No he sido yo la que ha encontrado la pista que nos ha tra&#237;do hasta Tammy? &#191;Y no he sido yo la que ha descubierto que estaba en Las Vegas? &#191;Qu&#233; pasa? &#191;Todav&#237;a no te has dado cuenta de que estoy siendo muy &#250;til? Adem&#225;s, monada, puedo viajar perfectamente sola. Pero me parece una tonter&#237;a que no formemos un equipo cuando ambos estamos intentando localizar la misma informaci&#243;n.

Gabe se sirvi&#243; un vaso de whisky y lo vaci&#243; con los ojos fijos en el rostro de Rebecca.

Es posible que esa tal Tammy no tenga el r&#233;cord de criminalidad del estado, pero todo lo que hemos descubierto hasta ahora indica que solo ha sido una cuesti&#243;n de suerte que no haya terminado en la c&#225;rcel, pelirroja.

&#191;Y? En realidad para m&#237; eso es una buena noticia, puesto que significa que cada vez hay m&#225;s posibilidades de que haya sido ella la que mat&#243; a M&#243;nica.

La cuesti&#243;n es -dijo Gabe con un tono de excesiva paciencia-, que quiero que vuelvas a casa. Entre otras cosas porque, si existe la m&#225;s m&#237;nima posibilidad de que Tammy Diller haya estado involucrada en el asesinato de M&#243;nica, no creo que le haga mucha gracia que haya gente dedic&#225;ndose a investigar su pasado. De modo que lo mejor que puedes hacer es regresar a tu casa y concentrarte en tus novelas y en los beb&#233;s.

Y lo har&#237;a encantada si mi hermano no estuviera en la c&#225;rcel -dej&#243; lentamente la copa de vino sobre la mesa.

Llevaba ya tiempo esperando aquella rega&#241;ina. Entre otras cosas porque imaginaba que Gabe nunca la habr&#237;a invitado a cenar, y menos a solas en su dormitorio, si no se hubiera visto obligado a mantener una conversaci&#243;n con ella. Pero Rebecca se esforz&#243; en explicarle una vez m&#225;s lo que sent&#237;a.


Gabe, esta tarde he pasado un miedo mortal. Estaba aterrada ante todo lo que ve&#237;a en la calle Randolph. Snark me daba mucho miedo y, aunque todo haya salido bien, te aseguro que me he alegrado much&#237;simo cuando te he visto aparecer. De alguna manera, ten&#237;a la sensaci&#243;n de que todo esto me sobrepasaba.

Maldita sea, pelirroja. Eso es precisamente lo que estoy intentando decirte.

Rebecca asinti&#243; lentamente y continu&#243;:

Pero Jake es mi hermano; es mi familia. Y no me importa lo que tenga que hacer ni el miedo que tenga que pasar para ayudarlo. Hasta que no demuestre su inocencia, nada va a impedir que intente ayudarlo.

Gabe la escuchaba, pens&#243; Rebecca, pero no parec&#237;a comprenderla. Una extra&#241;a sensaci&#243;n se apoder&#243; de su coraz&#243;n mientras lo estudiaba detenidamente. Gabe le importaba. Lo apreciaba de una forma muy personal que no ten&#237;a nada que ver ni con su hermano ni con la extra&#241;a pareja en la que aquella investigaci&#243;n los hab&#237;a convertido. Aunque si no hubiera sido por ella, por supuesto, no habr&#237;a tenido la menor oportunidad de conocerlo.

Estaba cansado, comprendi&#243; Rebecca. Sus ojos oscuros parec&#237;an casi negros cuando estaba agotado. Aquella era la primera vez que lo ve&#237;a casi relajado, repantigado en la silla, con el pelo revuelto y una sombra de barba en el rostro. Pero incluso cuando se permit&#237;a dejarse llevar por el cansancio, su mand&#237;bula conservaba el gesto de cabezoner&#237;a y era evidente que estaba intentando encontrar un nuevo argumento para convencerla de que lo mejor que pod&#237;a hacer era marcharse. Rebecca decidi&#243; emplear otra t&#225;ctica, que, adem&#225;s, le permit&#237;a entregarse a sus ansias de saber algo m&#225;s sobre &#233;l.

Gabe, &#191;t&#250; tienes alg&#250;n hermano? &#191;O alg&#250;n familiar por el que puedas sentir algo parecido?

Tengo familia, s&#237;, pero crec&#237; en un mundo muy diferente al tuyo. Yo nac&#237; en los barrios bajos de Nueva Orleans. Mis padres se peleaban como pit bulls y el mayor de mis hermanos emprendi&#243; el camino del delito. El siguiente se march&#243; de casa en cuanto tuvo oportunidad y jam&#225;s volvi&#243;. Y yo escap&#233; de aquel ambiente alist&#225;ndome al ej&#233;rcito. Por lo que yo vi durante mi infancia, la gente que dice quererse es capaz de montar escenas m&#225;s sangrientas que cualquier ej&#233;rcito, y eso te lo dice alguien que ha estado en unas cuantas guerras. As&#237; que no, no tengo ning&#250;n familiar por el que sentir algo parecido.

Lo siento -susurr&#243; Rebecca.

Gabe la mir&#243; sorprendido por su respuesta.

No hay nada que sentir.

Pero Rebecca pensaba que s&#237; lo hab&#237;a. Ella sacaba a menudo el tema de los beb&#233;s porque era una forma muy previsible de irritar a Gabe. Desde el primer momento, hab&#237;an bromeado y discutido sobre sus formas enfrentadas de ver la vida: el idealismo de Rebecca contra el pragmatismo de Gabe. Re&#237;rse de Gabe por su actitud c&#237;nica le hab&#237;a parecido divertido hasta que se hab&#237;a enterado de c&#243;mo hab&#237;a sido su infancia. Una infancia que parec&#237;a solitaria, dura y carente por completo de amor.

Rebecca siempre hab&#237;a cre&#237;do en el amor, la familia y los hijos y s&#237;, incluso cre&#237;a en la bondad del ser humano. Nunca hab&#237;a pensado que sus valores pudieran considerarse altruistas o idealistas, simplemente, cre&#237;a que eran lo &#250;nico que realmente importaba. Y no pod&#237;a menos que compadecer a Gabe por haberse visto privado de ellos.

&#191;Y ahora por qu&#233; me miras as&#237;? -le pregunt&#243; Gabe con recelo.

Por nada. Solo estaba pregunt&#225;ndome si en todo este tiempo habr&#237;as encontrado a alguien a quien querer.

He encontrado muchas personas a las que querer, peque&#241;a. Pero nunca he cre&#237;do en ese amor rom&#225;ntico que supuestamente dura para siempre. La vida me ha tratado condenadamente bien. Nunca he necesitado aferrarme a la ilusi&#243;n de mejorarla -frunci&#243; el ce&#241;o bruscamente, como si estuviera confundido por el rumbo que hab&#237;a tomado la conversaci&#243;n-. Volvamos al tema de tu vuelta a casa.

Rebeca se estir&#243; en la silla y se levant&#243;. El efecto de un d&#237;a muy largo y de una cena copiosa la golpe&#243; con la fuerza de un sedante. Solo hab&#237;a dormido unas cuantas horas durante los &#250;ltimos dos d&#237;as y las heridas y la tensi&#243;n estaban empezando a hacerle sentirse tan maltrecha como un perro apaleado.

Gabe, lo siento, no te enfades, pero no pienso ir ma&#241;ana a ninguna parte. Adem&#225;s, en cuanto apoye la cabeza en la almohada, pienso quedarme en estado de coma durante doce horas por lo menos.

Gabe se levant&#243; de la silla tan r&#225;pidamente que Rebecca sospech&#243; que estaba deseando poner fin a aquella conversaci&#243;n.

Lo de dormir me parece una buena idea. Tienes aspecto de estar destrozada.

Por favor, creo que no podr&#237;a soportar un cumplido m&#225;s.

Gabe esboz&#243; una inesperada sonrisa.

No pretend&#237;a ofenderte

Rebecca lo corrigi&#243; secamente.

T&#250; siempre est&#225;s ofendi&#233;ndome Y eso me afecta.

Bueno, el caso es que pareces cansada. Y creo que lo &#250;nico que te ha afectado ha sido esa copa de vino. Por cierto, &#191;d&#243;nde est&#225;n los zapatos? &#191;Y d&#243;nde has dejado la llave de tu habitaci&#243;n?

Deben de estar por ah&#237; -mir&#243; a su alrededor, pero en vez de en la habitaci&#243;n, termin&#243; fijando la mirada en su rostro.

De alguna manera, hasta entonces hab&#237;a interpretado la profundidad de sus ojos oscuros como un reflejo de su frialdad y no como expresi&#243;n de soledad. Gabe cre&#237;a en el honor, en la responsabilidad y en el deber. Incluso cuando estaba cansado, su postura era contenida, formal, tan r&#237;gida como la de un soldado; su actitud mostraba los valores que hab&#237;a encontrado en la vida para sostenerse. S&#237;, hab&#237;a encontrado valores, pero a Rebecca le parec&#237;a que no hab&#237;a conocido el amor.


Rebecca pretend&#237;a agacharse a recoger sus zapatos, pero, de alguna manera, descubri&#243; que sus brazos, en vez de bajar, se alzaban hacia Gabe. Como este ten&#237;a ya la llave en la mano y estaba tendi&#233;ndosela, f&#237;sicamente estaban muy cerca. Lo suficiente como para abrazarlo. Y el impulso de abrazarlo fue de pronto irresistible. Su coraz&#243;n comenz&#243; a concebir toda una serie de excusas. Rebecca odiaba imaginarse a Gabe durante la infancia, atrapado en un entorno violento, enfrentado a la rabia y a la soledad. Y aunque la irritara hasta la locura con aquel machismo que lo induc&#237;a a proteger a cualquier mujer que se cruzara en su camino, hab&#237;a estado a su lado durante los &#250;ltimos d&#237;as y

Bueno, maldita fuera. Ninguna de esas razones era m&#225;s que una excusa. Rebecca necesitaba abrazarlo. Y no hab&#237;a nada m&#225;s complicado que esa simple necesidad.

Dos segundos despu&#233;s, le estaba rodeando el cuello con los brazos y el aire acondicionado de la habitaci&#243;n parec&#237;a sufrir una seria aver&#237;a. La temperatura se elev&#243; por lo menos treinta grados. Ni siquiera en los tr&#243;picos pod&#237;a haber m&#225;s calor que el que se hab&#237;a generado espont&#225;neamente entre ellos. Porque era imposible que lo hubiera generado ella sola cuando lo &#250;nico que hab&#237;a pretendido hab&#237;a sido darle un impulsivo e inocente abrazo.

Cuando la boca de Gabe descendi&#243; sobre los labios de Rebecca, se fundi&#243; con ellos, todos los pensamientos inocentes de la escritora se hicieron a&#241;icos. Porque nada inocente pod&#237;a ser tan divertido. Y tan peligroso.

Rebecca no estaba del todo segura de c&#243;mo aquel abrazo hab&#237;a terminado convertido en un beso. Definitivamente, le iba a resultar imposible analizarlo. Lo &#250;nico que sab&#237;a era que Gabe sab&#237;a a whisky, que el sabor de su boca no era un sabor dulce, sino un sabor punzante, intenso. Rebecca sabore&#243; la boca de un hombre hambriento. Sabore&#243; la boca de un hombre que estaba intentando advertirla de manera expl&#237;cita de que un hombre adulto jam&#225;s apostaba solamente por algo tan inocente como un beso y que ella era demasiado adulta como para estar tentando a un tigre sin ser consciente de lo que estaba haciendo.

Pero Rebecca no lo estaba tentando. Quiz&#225; deber&#237;a haber recordado la peligrosa sensaci&#243;n de su primer abrazo. Pero en aquella ocasi&#243;n todo era diferente. Posiblemente, nadie hab&#237;a besado a aquel tigre en particular desde hac&#237;a mucho tiempo; por lo menos con el cari&#241;o y la emoci&#243;n que Rebecca estaba depositando en aquel beso, porque Gabe parec&#237;a a punto de explotar. Y no con brusquedad. Sino en respuesta a aquel deseo.

Deslizaba las manos por la espalda de Rebecca, estrech&#225;ndola contra &#233;l, acarici&#225;ndola, dejando que resbalaran por la seda del vestido como si quisiera que estuviera mucho m&#225;s cerca de &#233;l. Los peque&#241;os senos de Rebecca se aplastaban contra el musculoso pecho de Gabe, molde&#225;ndose contra sus contornos. Gabe ol&#237;a a sol, a viento y en su cercan&#237;a se dilu&#237;an todas las ilusiones que hasta entonces Rebecca hab&#237;a concebido sobre los hombres. Gabe no se parec&#237;a a ning&#250;n hombre de los que hasta entonces hab&#237;a conocido. Y lo que estaba sintiendo por &#233;l no se parec&#237;a a nada de lo que hab&#237;a experimentado a lo largo de su vida.


Rebecca jam&#225;s hab&#237;a tenido un &#225;tomo de sumisi&#243;n en todo su cuerpo, pero aquella sensaci&#243;n de rendici&#243;n no ten&#237;a nada que ver con la sumisi&#243;n. Era m&#225;s parecida a una sensaci&#243;n de pertenencia, como si sus huesos quisieran licuarse para fundirse con Gabe, como si toda la fuerza que valoraba en s&#237; misma como mujer perdiera importancia cuando estaba con &#233;l.

Gabe alz&#243; la mano y la hundi&#243; en su pelo. Rebecca sabore&#243; su lengua. El cuello comenzaba a dolerle por la presi&#243;n de los besos de Gabe, pero la lengua del detective le parec&#237;a un terciopelo h&#250;medo, &#237;ntimo, que buscaba y atesoraba los rincones secretos de su boca. Oy&#243; gotear un grifo. Y a pesar de tener los ojos semicerrados, vio las luces de la ciudad a trav&#233;s de la rendija de las cortinas. Y sinti&#243; la excitaci&#243;n de Gabe, palpitante, creciendo viva y ardiente contra su vientre.

No quer&#237;a respirar. No pod&#237;a. Aquello no estaba mal. Durante toda su vida, hab&#237;a confiado en lo que le dec&#237;a su intuici&#243;n por encima de lo que pudieran demostrarle los hechos. El calor se hac&#237;a cada vez m&#225;s ardiente y con &#233;l crec&#237;a un deseo tan poderoso que apenas estaba preparada para comprenderlo, pero el intenso latir de su coraz&#243;n continuaba manteniendo la loca promesa de que aquello estaba bien, de que incluso admitiendo su miedo, estaba bien que estuviera con &#233;l.

Las manos de Gabe vagaban por su cuerpo, acarici&#225;ndolo y descubriendo sus contornos a trav&#233;s de la seda. Estrech&#243; las manos contra su trasero y la estrech&#243; contra &#233;l, haciendo la caricia m&#225;s &#237;ntima, m&#225;s sensual, m&#225;s

Rebecca aull&#243;. Indudablemente, sobresalt&#225;ndose m&#225;s ella de lo que lo asust&#243; a &#233;l. Desde luego, el grito no estaba destinado a poner reparo alguno a la rapidez con la que estaba extendi&#233;ndose aquel fuego, escapando por completo a su control. El problema era que ten&#237;a una vergonzante y enorme herida en el trasero, producto de su irrupci&#243;n en casa de M&#243;nica. Gabe retrocedi&#243; bruscamente.

&#191;Te he hecho da&#241;o?

No. Bueno, s&#237;. Pero no por lo que est&#225;s pensando -hab&#237;a tantas sensaciones lujuriosas circulando en su mente que no parec&#237;a capaz de decir nada coherente-. Estoy bien, pero es que me has rozado involuntariamente un moret&#243;n.

Te aseguro que he rozado mucho m&#225;s que un moret&#243;n deliberadamente -y dej&#243; caer las manos m&#225;s r&#225;pido que si acabaran de pasarle una patata caliente. Ten&#237;a la voz ronca, respiraba con dificultad y la mirada de sus ojos era puro fuego-. Maldita sea, Rebecca.

Maldita sea, Gabe -repiti&#243; Rebecca. Pero su voz era muy dulce. Quer&#237;a hacerle sonre&#237;r-. Besas endiabladamente bien, muchachito. Yo no tengo la culpa de que me gusten tus besos.

No te estoy culpando de nada. Ni t&#250; ni yo pretend&#237;amos la qu&#237;mica que ha surgido entre nosotros. Pero creo que los dos sabemos que permitir que esto vaya a m&#225;s, o vuelva a suceder otra vez, no ser&#237;a una buena idea.

Digamos que no tenemos muchas cosas en com&#250;n.


Nos parecemos tanto como una mariposa y una roca -r&#225;pidamente, volvi&#243; a localizar la llave de la habitaci&#243;n, se la coloc&#243; a Rebecca en una mano y le puso los zapatos en la otra-.Te acompa&#241;ar&#233; a tu habitaci&#243;n -le dijo cortante.

Se dirigi&#243; con ella hacia la habitaci&#243;n y la vio entrar sin decir nada y frunciendo el ce&#241;o, como si quisiera advertirle que no se le ocurriera volver a probar nada. Una vez en el interior de su habitaci&#243;n, Rebecca tir&#243; las llaves y los zapatos a la cama, se apoy&#243; en la puerta cerrada y dej&#243; escapar un enorme y agitado suspiro.

Gabe ten&#237;a raz&#243;n, en realidad no ten&#237;an nada en com&#250;n. Las razones de Gabe para estar en contra de la familia le hab&#237;an quedado muy claras, pero el hecho de que comprendiera su pasado no cambiaba nada. Ella quer&#237;a tener hijos. Quer&#237;a formar una familia. Quer&#237;a un amor verdadero y no ten&#237;a ning&#250;n sentido involucrarse sentimentalmente con un hombre que no valoraba la familia y el compromiso como ella lo hac&#237;a.

Pero su cuerpo todav&#237;a temblaba, todav&#237;a estaba vivo, despierto, enaltecido por aquellos besos salvajemente sensuales que hab&#237;a compartido con Gabe. El pulso corr&#237;a acelerado por sus venas y ten&#237;a la sensaci&#243;n de que las rodillas se le hab&#237;an convertido en gelatina.

Quiz&#225; fuera solo sexo. A lo mejor estaba tan impactada porque ning&#250;n hombre hab&#237;a alterado hasta ese punto sus hormonas. Y Gabe insist&#237;a en ser brutalmente sincero con ella. Hab&#237;a dejado muy claro que era un hombre con el que no deber&#237;a involucrarse sentimentalmente.

Pero eso no quer&#237;a decir que aquellos sentimientos tan salvajes y maravillosos desaparecieran. Y hasta que hubieran conseguido demostrar la inocencia de su hermano, iba a ser inevitable. Rebecca no pod&#237;a recordar haberse sentido nunca tan perdida o insegura. Y sab&#237;a que corr&#237;a el peligro real de perder la cabeza por Gabe a menos que tuviera mucho, mucho cuidado.



Cap&#237;tulo 5

Cualquiera encontrar&#237;a ir&#243;nica la situaci&#243;n, pens&#243; Gabe. &#201;l, que pretend&#237;a que Rebecca saliera en el primer vuelo hasta Minnesota, era el que estaba montado en el avi&#243;n, y solo.

El sol comenzaba a asomar por el horizonte cuando sal&#237;a del aeropuerto de Minneapolis-St. Paul, cargando con el ordenador port&#225;til, la bolsa del equipaje y un humor de perros. Gabe nunca hab&#237;a necesitado dormir mucho y la cabezada que hab&#237;a echado en el vuelo lo hab&#237;a refrescado. Hab&#237;a considerado la posibilidad de llevarse con &#233;l a Rebecca cuando hab&#237;a hecho los arreglos para el viaje, pero esta estaba tan agotada que sospechaba que se pasar&#237;a durmiendo todo el d&#237;a. Adem&#225;s, estaba muy segura en aquel hotel de Los &#193;ngeles. Le hab&#237;a metidouna nota por debajo de la puerta para decirle que se hab&#237;a marchado. Pero, definitivamente, su destino no era asunto de aquella pelirroja cabezota.

Aunque s&#237; era asunto de su querida mam&#225;, pens&#243;. Menos de una hora despu&#233;s, hab&#237;a abandonado su Lexus negro, porque por nada del mundo dejar&#237;a abandonada a su antigua Morgan en el aparcamiento de un aeropuerto, hab&#237;a tomado un r&#225;pido desayuno y estaba cruzando las puertas del edificio de Fortune Cosmetics. Un guardia de seguridad le pidi&#243; que se identificara antes de permitirle el acceso al ascensor privado, el &#250;nico que llegaba al piso en el que estaban los laboratorios de pruebas y el despacho de Kate Fortune.

Sobre el papel, era Jake Fortune el que estaba asumiendo los costes del trabajo de investigaci&#243;n, y mientras Jake continuara en la c&#225;rcel y sin posibilidad de salir bajo fianza, los cheques los firmaba Sterling Foster, el abogado de la familia. Se esperaba que Gabe diera los informes y los resultados de la investigaci&#243;n a Jake y a Sterling, y as&#237; lo hac&#237;a. Pero trabajar con los Fortune no resultaba sencillo, y Gabe siempre hab&#237;a comprendido qui&#233;n era la que mov&#237;a los hilos en la familia.

Y Kate esperaba estar al corriente de cualquier acontecimiento que pudiera afectar a su clan. Ella prefer&#237;a el contacto regular cara a cara, a las llamadas telef&#243;nicas y estaba dispuesta a pagar generosamente las molestias que eso pod&#237;a suponer con tal de hacer las cosas a su modo. Pero hubiera o no dinero de por medio, Gabe habr&#237;a estado dispuesto a ponerse a su servicio.

Aquella mujer le gustaba. Su primer contacto con la familia Fortune lo hab&#237;a hecho para investigar la supuesta muerte de Kate. Su avi&#243;n se hab&#237;a estrellado en la selva cuando un secuestrador hab&#237;a intentado matarla. Se hab&#237;a encontrado un cad&#225;ver y todo el mundo hab&#237;a dado por sentado que era el de Kate. Pero, en realidad, Kate Fortune hab&#237;a conseguido saltar del avi&#243;n antes de que se incendiara y hab&#237;a sido rescatada por una tribu de la zona. Una vez recuperada de sus heridas, hab&#237;a planificado cuidadosamente su vuelta a Minneapolis y hab&#237;a llegado justo a tiempo para la lectura de su testamento. Temiendo que sus enemigos intentaran matarla otra vez o utilizar a su familia en contra de ella si se descubr&#237;a que no hab&#237;a muerto, hab&#237;a decidido permanecer oculta. Solo se hab&#237;a puesto en contacto con Sterling Foster, que adem&#225;s de ser el abogado de la familia, era tambi&#233;n un buen amigo. Kate hab&#237;a pasado los dos a&#241;os siguientes observando a su familia en la distancia y ejerciendo de vez en cuando el papel de casamentera. Pero a pesar de todas sus maniobras, no hab&#237;a podido evitar que su hijo mayor fuera acusado de asesinato.

Durante su primera reuni&#243;n, Kate se hab&#237;a ganado el respeto y la admiraci&#243;n de Gabe. A pesar de que hab&#237;a rasgos de su personalidad que su hija compart&#237;a con ella, Kate Fortune era una mujer muy racional y f&#225;cil de tratar. Un hombre siempre sab&#237;a a qu&#233; atenerse con ella.

Kate, cosa que a Gabe no lo sorprendi&#243; en absoluto, estaba en pleno funcionamiento a las siete de la ma&#241;ana. Antes de que Gabe hubiera tomado asiento ya hab&#237;a hecho llevar el caf&#233; a su mesa. Teniendo en cuenta que era ella la propietaria de aquel imperio cosm&#233;tico, su nuevo despacho era indiscutiblemente funcional, en &#233;l no hab&#237;a pr&#225;cticamente nada superfluo. Las paredes eran de madera de teca y el suelo estaba cubierto por una lujosa alfombra oriental, pero el escritorio y los muebles eran muy sobrios y Kate llevaba puesta una as&#233;ptica bata de laboratorio.

&#191;Cu&#225;nto tiempo llevas trabajando? -le pregunt&#243; Gabe.

Kate se ech&#243; a re&#237;r al o&#237;r la pregunta.

Lo que yo hago es jugar, no trabajar, Gabe. Y llevo aqu&#237; desde las cinco de la ma&#241;ana. Me encantan las primeras horas del d&#237;a, sin llamadas de tel&#233;fono, sin interrupciones Durante las horas de trabajo normales, no se puede hacer pr&#225;cticamente nada -se puso unas gafas de montura dorada. T&#237;pico de ella, no estaba dispuesta a perder el tiempo-. Y dime, Gabe, &#191;qu&#233; tienes para m&#237;?

Gabe le puso al corriente de todo lo que hab&#237;a encontrado, desde los callejones sin salida hasta las pistas con alguna posibilidad de &#233;xito. Cuando le entreg&#243; la copia de la carta que le hab&#237;a escrito M&#243;nica a Tammy Diller, vio que Kate frunc&#237;a el ce&#241;o con expresi&#243;n de perplejidad. No tard&#243; mucho en leer aquellas pocas l&#237;neas, pero s&#237; lo suficiente como para que Gabe pudiera estudiarla con atenci&#243;n.

Rebecca se parec&#237;a de una forma asombrosa a su madre. Hasta cierto punto. Kate deb&#237;a estar a punto de cumplir los setenta a&#241;os. Pero tanto su hija como ella eran de constituci&#243;n flexible y delgada. Ambas ten&#237;an unos ojos inolvidables y una exuberante melena casta&#241;o rojiza, pero Kate ten&#237;a ya algunas hebras del color del acero que parec&#237;an hacer juego con la dureza de su personalidad y llevaba el pelo pulcramente recogido, tal y como correspond&#237;a a la juiciosa mujer de negocios que era.

Seguramente Kate utilizaba algunos de los cosm&#233;ticos que hab&#237;an hecho famosa a su empresa, pero no iba pintada en absoluto. Ni siquiera enfrentado al sol de la ma&#241;ana, su rostro mostraba apenas arrugas. Arrugas que, por cierto, no se molestaba en esconder. Kate era una mujer fuerte, poco sentimental, y ten&#237;a un aire autoritario que era precisamente la raz&#243;n por la que Gabe hab&#237;a conectado con ella desde el primer momento. Era una mujer astuta, dura y de principios. No se doblegaba ante nadie. Y, si Gabe ten&#237;a algo que decir al respecto, se hab&#237;a ganado el derecho a ser la directora de la empresa y adem&#225;s ten&#237;a un seco e ir&#243;nico sentido del humor muy similar al suyo.

Pero Gabe no pod&#237;a mirar a Kate, su constituci&#243;n, su elegancia, su descarado sentido del humor y su implacable car&#225;cter, sin pensar en Rebecca. Sin embargo, para cualquier hombre era f&#225;cil hablar con Kate. Kate era una mujer realista, fr&#237;a. Y Gabe no estaba seguro de que su hija pudiera reconocer el significado de la palabra realismo aunque estuviera ley&#233;ndola en un diccionario de letras gigantes.

Kate termin&#243; de leer la carta y se la devolvi&#243;.

Me temo que esto no demuestra la inocencia de mi hijo. Esperaba algo m&#225;s, Gabe.

Yo tambi&#233;n esperaba poder traer algo m&#225;s, pero todav&#237;a hay que remover mucha porquer&#237;a hasta encontrarlo -jam&#225;s hab&#237;a intentado adular a Kate.

Y sab&#237;a que no ten&#237;a por qu&#233; hacerlo.

Lo s&#233; -lo mir&#243; a los ojos-. No puedo jurar que mi hijo sea inocente, te lo dije desde el primer momento. Pero quiero saber la verdad, quiero encontrar todas y cada una de las pruebas que nos lleven a encontrarla, sea esta la que sea. Y como el juicio es ya algo inminente, nuestro principal problema es la falta de tiempo. Necesitamos respuestas, las necesitamos ya. Cada d&#237;a que pasa, coloca el caso de mi hijo en una situaci&#243;n m&#225;s peligrosa -vacil&#243; un instante, desvi&#243; la mirada hacia la ventana y la sostuvo all&#237; durante un largo minuto antes de volverse de nuevo hacia &#233;l-. El nombre de esa Tammy Diller me inquieta, no s&#233; por qu&#233;.

S&#237;, te he visto fruncir el ce&#241;o mientras le&#237;as la carta. Por un momento, he pensado que hab&#237;as reconocido el nombre.

En realidad nunca he o&#237;do hablar de ninguna Tammy Diller. Pero me resulta curioso que las iniciales sean las mismas que las de Tracey Ducet -Kate levant&#243; la mano, haciendo un gesto de impotencia-. Seguramente la coincidencia es solo casual. Solo el cielo lo sabe. Estoy tan preocupada por mi hijo que soy capaz de agarrarme a un clavo ardiendo. Pero el nombre de la se&#241;orita Ducet me ha venido a la cabeza porque esa mujer caus&#243; numerosos problemas a mi familia y desapareci&#243; justo antes de que pudi&#233;ramos acusarla de algo en concreto. &#191;Conoces esa historia?

S&#237;. Yo mismo estuve investigando el pasado de Tracey Ducet cuando lleg&#243; y dijo ser la heredera perdida de los Fortune. Pero como Tracey no se qued&#243; durante todo el tiempo que hubiera sido necesario y no ten&#237;amos pruebas contra ella, no tuve ning&#250;n motivo para prestarle demasiada atenci&#243;n a la historia. &#191;Por qu&#233; no me lo cuentas todo?

Kate, que era tan inquieta como su hija, se levant&#243; y comenz&#243; a caminar por el despacho como si el exceso de energ&#237;a le impidiera permanecer sentada.

Como ya sabes, yo levant&#233; este imperio econ&#243;mico y siempre ha habido sanguijuelas y par&#225;sitos dispuestos a ganar dinero a nuestras expensas. Cualquiera que est&#233; en un lugar como el nuestro debe esperarse esa clase de problemas. Tracey Ducet solo fue una caza fortunas m&#225;s. Era una estafadora, una artista del enga&#241;o -se interrumpi&#243; de nuevo-. No me gusta hacerte perder el tiempo con esto. En realidad no tengo ninguna raz&#243;n para pensar que pueda haber alguna relaci&#243;n entre Tammy Diller y Tracey

Y quiz&#225; no la haya. Pero si me cuentas toda la historia quiz&#225; podamos decidir si puede ser relevante o no.

Kate suspir&#243;.

Bueno, ya sabes que hace a&#241;os di a luz a dos mellizos y uno de ellos fue secuestrado. La prensa le dedic&#243; mucha atenci&#243;n a la noticia e incluso a&#241;os y a&#241;os despu&#233;s hemos estado encontr&#225;ndonos con personas que dicen ser el heredero secuestrado. Y as&#237; es como Tracey entr&#243; en escena. Lleg&#243; a la conclusi&#243;n de que pod&#237;a hacerse pasar por la heredera perdida de los Fortune. Indudablemente, la raz&#243;n por la que cre&#237;a que podr&#237;a enga&#241;arnos era su aspecto. Esa mujer se parece de una forma incre&#237;ble a mi hija Lindsay Le bastar&#237;a con sacarse el chicle de la boca y ponerse una ropa decente para ser la viva imagen de Lindsay.

Pero t&#250; sab&#237;as que era imposible que fuera su hermana, &#191;verdad? -le pregunt&#243; Gabe.

De forma incuestionable. El caso es que el FBI mantuvo reservada toda la informaci&#243;n relativa al secuestro mientras dur&#243; la investigaci&#243;n con la esperanza de poder atrapar al secuestrador. Uno de los detalles que no trascendi&#243; nunca fue que el beb&#233; secuestrado era un ni&#241;o, Brandon. Era imposible que Tracey pudiera llevar su farsa hasta el final, por lo menos conmigo. El resto de la familia podr&#237;a haberla cre&#237;do. No estaban al tanto de todo lo ocurrido, puesto que ni siquiera ellos sab&#237;an que el beb&#233; secuestrado hab&#237;a sido un ni&#241;o. Y yo no estaba en condiciones de confesarles la verdad. Pero el caso es que Tracey desapareci&#243; antes de que hubiera ocurrido nada y fue imposible denunciarla. En realidad ella no viol&#243; ninguna ley. As&#237; que siempre podr&#237;a haber fingido ser una mujer inocente que hab&#237;a visto una fotograf&#237;a de Lindsay y hab&#237;a llegado a la conclusi&#243;n de que era la heredera perdida.

Pero por la forma en la que la has descrito, no creo que haya una gota de inocencia en la se&#241;orita Ducet  repuso Gabe secamente.

Yo estoy convencida de que es una aut&#233;ntica tramposa -a&#241;adi&#243; Kate.

Meter&#233; sus datos en el ordenador, Kate, pero no quiero que te forjes falsas esperanzas. Por lo pronto, no me parece muy probable que ninguna de esas dos mujeres tenga relaci&#243;n con el asesinato de M&#243;nica Malone.

No, yo tampoco veo qu&#233; tipo de conexi&#243;n puede haber.

Gabe alz&#243; ligeramente la barbilla.

En cualquier caso, es obvio que Tammy Diller sab&#237;a algo de M&#243;nica, puesto que las dos estaban en contacto. Y, por otra parte, si la se&#241;orita Ducet estaba al corriente de que M&#243;nica hab&#237;a estado involucrada en ese secuestro, es posible que se oliera otra forma de ganar dinero f&#225;cilmente y decidiera chantajearla.

S&#237;, es una suposici&#243;n esperanzadora, pero no s&#233; c&#243;mo vas a demostrarla. Y me gustar&#237;a creer que eso puede suponer alguna diferencia para Jake, pero no estoy segura, Gabe. Incluso en el supuesto de que esa peque&#241;a estafadora haya estado involucrada en un caso de chantaje, como no encontremos alguna prueba de que tuvo tanto motivos como una oportunidad para asesinar a M&#243;nica, no conseguiremos que le retiren los cargos a mi hijo. &#191;Sabes? Yo pensaba que hab&#237;a algo sospechoso en su repentina desaparici&#243;n, y s&#233; que la polic&#237;a tiene un testigo que dice haber visto a alguien muy parecido a Lindsay por la zona, pero con la emoci&#243;n de mi posterior aparici&#243;n y al no tener ninguna prueba de su paradero, han dejado de lado esa informaci&#243;n.

Gabe le dirigi&#243; entonces una larga mirada.

Por favor, esc&#250;chame atentamente. S&#233; que est&#225;s preocupada, pero procura no olvidar que nosotros no tenemos que demostrar qui&#233;n mat&#243; a M&#243;nica. Lo &#250;nico que tenemos que hacer es demostrar que hab&#237;a otro sospechoso en escena y ser capaces de hacer dudar de forma razonable de la culpabilidad de tu hijo. Y esa Tammy Diller contin&#250;a pareci&#233;ndome la mejor opci&#243;n para ello. Hasta el momento, ha conseguido mantenerse oculta, pero ahora tenemos esa carta que la relaciona con M&#243;nica y adem&#225;s sabemos d&#243;nde est&#225;. De hecho, pienso ir a Las Vegas en cuanto salga de aqu&#237;. Y la encontrar&#233; -se interrumpi&#243; un instante-. Hay otro problema del que tambi&#233;n me gustar&#237;a hablar contigo.

Kate asinti&#243;, como si estuviera anticipando lo que le iba a decir.

El transporte, por supuesto. Seguro que llegar&#237;as m&#225;s r&#225;pido si pudieras volar en el avi&#243;n de la compa&#241;&#237;a. Deber&#237;a hab&#233;rtelo sugerido inmediatamente

No, no es eso, ya tengo el billete de avi&#243;n. Lo del transporte puedo gestionarlo yo mismo. Es Rebecca el problema del que quer&#237;a hablarte.

&#191;Rebecca? -Kate lo mir&#243; por encima del borde de sus gafas-. &#191;Qu&#233; demonios tiene que ver mi hija con esta conversaci&#243;n?

Gabe nunca hab&#237;a sido un hombre especialmente sutil. Y una de las mejores cosas de tratar directamente con Kate era que con ella no le hac&#237;a falta serlo.

Tu hija peque&#241;a se ha metido en casa de M&#243;nica como si fuera una vulgar ladrona y se ha dedicado a intentar sacar informaci&#243;n de los miembros de una pandilla de uno de los peores barrios de Los &#193;ngeles. Eso es lo que tiene que ver -frunci&#243; el ce&#241;o-. En lo relativo a su hermano, es exageradamente leal.

Kate se detuvo sobre sus pasos inmediatamente. Se apoy&#243; en el escritorio y estudi&#243; el rostro de Gabe. Descubri&#243; algo en su ce&#241;o sombr&#237;o y en sus ojos oscuros que despert&#243; inmediatamente todo su instinto maternal. En aquel momento de su vida, el mayor de sus hijos se estaba enfrentando a un problema terrible, pero eso no significaba que quisiera menos a sus otros v&#225;stagos. En su coraz&#243;n hab&#237;a espacio para todos ellos. Y su hija peque&#241;a, aunque nadie se diera cuenta de ello, era id&#233;ntica a ella.

La lealtad es uno de los defectos de la familia Fortune, lo s&#233; -dijo con cierta iron&#237;a-. Un defecto que Rebecca y yo siempre hemos llevado hasta el final.

El problema es que, por culpa de esa lealtad, Rebecca se cree capacitada para dirigir ella misma la investigaci&#243;n. M&#225;s a&#250;n, cree que es absolutamente necesario que se involucre en ella. No s&#233; si lo has notado, pero Rebecca es bastante inquieta. La verdad es que me resulta tan manejable como un volc&#225;n -Gabe se levant&#243; de la silla como si acabaran de pincharlo-. Y creo que si hay una persona que pueda controlarla, esa eres t&#250;. P&#237;dele que se aparte del caso, Kate.

Oh, querido -musit&#243; Kate. Sus astutos ojos no abandonaban en ning&#250;n momento el rostro de Gabe-. Me temo que yo nunca he tenido ning&#250;n control sobre Rebecca. De hecho, no creo que nadie lo tenga.

Bueno, pues alguien tendr&#225; que tenerlo -Gabe sac&#243; las llaves del coche del bolsillo y las apret&#243; con fuerza-. Yo no le he dicho en qu&#233; lugar de Las Vegas est&#225; esa Tammy Diller. Pero aun as&#237; me temo que de un momento a otro volar&#225; hasta all&#237; y comenzar&#225; a fisgonear. No quiero ofenderte, Kate, pero tu hija tiene menos cerebro que un algod&#243;n de az&#250;car.

Ya veo que est&#225; caus&#225;ndote problemas.

Kate intent&#243; mostrarse comprensiva. No quer&#237;a sonar divertida. Hab&#237;a estado observando a Gabe en la distancia desde hac&#237;a un par de a&#241;os y lo hab&#237;a visto responder en otras ocasiones a situaciones de crisis. Hasta entonces, nada parec&#237;a alterarlo. Y era de lo m&#225;s interesante darse cuenta de que su hija m&#225;s peque&#241;a lo hab&#237;a conseguido.

&#191;Hay alg&#250;n hombre en su vida? &#191;Alguien que pueda influir en ella? &#191;Alguien que pueda obligarla a escuchar?

Bueno, la verdad es que en su vida ha habido muchos hombres muy agradables. Pero nunca les ha dejado acercarse demasiado. Por lo visto, no es esa la clase de hombres que busca. Rebecca es la &#250;nica de mis hijos que no se ha casado. Y cr&#233;eme, me encantar&#237;a verla sentar cabeza, pero parece ser demasiado

Cuando Kate se interrumpi&#243; para buscar la palabra adecuada, Gabe se sinti&#243; obligado a llenar ese vac&#237;o,

&#191;Mani&#225;tica? &#191;Imposible? &#191;Obstinada? &#191;Cabezota?

Humm, veo que has pasado alg&#250;n tiempo con ella. &#191;Gabe? -lo vio apretar las llaves que ten&#237;a en la mano mientras empezaba a volverse hacia la puerta.

&#191;Qu&#233;?

Ya no hab&#237;a diversi&#243;n alguna en la voz de Kate. Y tampoco en su coraz&#243;n.

Me importa un comino lo que tengas que hacer para conseguirlo, pero procura mantenerla a salvo. No dejes que le ocurra nada. Cuento contigo.

Bien, pensaba Gabe dos minutos despu&#233;s en el ascensor. Hab&#237;a, por supuesto, alguna posibilidad de que Rebecca no fuera tan est&#250;pida e insensata como para ir a Las Vegas. Pero &#233;l pensaba convertir a Kate en su aliada y lo &#250;nico que hab&#237;a conseguido hab&#237;a sido salir de su despacho cargando con otra responsabilidad.

Hasta el momento, solo ten&#237;a un mont&#243;n de piezas revueltas del rompecabezas con el que pretend&#237;a resolver el misterio del asesinato de M&#243;nica, pero ninguna de ellas parec&#237;a encajar. El relato de Kate sobre Tracey Ducet le hab&#237;a hecho recordar a otra de las enemigas de la familia, pero una familia con tanto dinero, siempre ten&#237;a un gran n&#250;mero de enemigos. El problema era que necesitaba encontrar el v&#237;nculo directo entre Tammy Diller y el asesinato de M&#243;nica. La carta de esta &#250;ltima insinuaba un chantaje, pero la dificultad estribaba en intentar descubrir la historia que, seg&#250;n Tammy, M&#243;nica ten&#237;a que esconder. Todo aquel asunto le ol&#237;a a problemas a Gabe. Y donde hab&#237;a problemas, hab&#237;a un peligro potencial.

Mantener a Rebecca a salvo del peligro era una complicaci&#243;n a a&#241;adir a un trabajo de por s&#237; complicado. Pero con o sin el mandato de su querida mam&#225;, pens&#243; Gabe, habr&#237;a tenido que hacerlo.

Pero mantener a Rebecca a salvo de &#233;l mismo era otra cuesti&#243;n completamente diferente. En el momento en el que Rebecca lo hab&#237;a rodeado con sus brazos, hab&#237;a tenido la sensaci&#243;n de quedarse sin cerebro. Las hormonas solo eran hormonas, pero hab&#237;a algo en aquella mujer que desestabilizaba todos sus asideros.

Por otra parte, Gabe no era un hombre al que le gustara imaginar problemas. Rebecca podr&#237;a ser una idealista sin remedio, pero, seguramente, tendr&#237;a una pizca de sentido com&#250;n y estar&#237;a escondida en alguna parte. Y si el cerebro le funcionara, aunque solo fuera m&#237;nimamente, en ese momento estar&#237;a regresando hacia su casa, y no encamin&#225;ndose hacia Las Vegas.

Rebecca apenas hab&#237;a abandonado el avi&#243;n que la hab&#237;a llevado a Las Vegas cuando empez&#243; a escuchar el tintineo de las m&#225;quinas tragaperras. Los agotados viajeros se abalanzaron hacia ellas, reanimados por el olor del dinero y el juego.

Rebecca estuvo a punto de sacar todo el dinero suelto que llevaba en la cartera y probar suerte. El juego era algo que llevaba en la sangre. Los Fortune siempre hab&#237;an sabido apostar fuerte para sacar adelante su negocio. Su madre ten&#237;a la firme convicci&#243;n de que todo lo que merec&#237;a la pena en la vida se consegu&#237;a a base de riesgos y que los cobardes no ten&#237;an posibilidad alguna de triunfar.

Sin embargo, pens&#243;, hasta las tragaperras y la ruleta palidec&#237;an cuando las comparaba con Gabe. Aquel hombre s&#237; que supon&#237;a un riesgo terrible, reflexion&#243; Rebecca. Con &#233;l, hac&#237;a falta arriesgarlo todo antes de empezar a jugar y ni siquiera pod&#237;a estar segura de que hubiera alguna posibilidad de &#233;xito.

Al pensar en ello, se le llenaron los ojos de l&#225;grimas. El est&#243;mago le sonaba y ten&#237;a un terrible dolor de cabeza. Hac&#237;a horas que no se peinaba y llevaba una camiseta que estaba tan arrugada como ella.

Pero ten&#237;a que pensar en su hermano, no en Gabe. De una forma u otra, iba a localizar a Tammy Diller. Aunque antes deber&#237;a comer algo de verdad, preferiblemente una hamburguesa gigante con patatas fritas, y localizar un lugar en el que alojarse. Llevaba despierta desde el momento en el que Gabe hab&#237;a deslizado aquella nota debajo de su puerta en medio de la noche; estaba demasiado enfadada con &#233;l para poder conciliar el sue&#241;o.

La hab&#237;a abandonado. En realidad, aquel hecho en s&#237; mismo no era ninguna sorpresa y reconoc&#237;a que Gabe al menos hab&#237;a sido suficientemente educado como para hacerle saber que pon&#237;a pies en polvorosa. Pero aquel neanderthal le hab&#237;a ordenado en la nota que regresara a su casa. Hab&#237;a garabateado algo apenas inteligible sobre la necesidad de que se mantuviera a salvo. Pero Rebecca no pensaba permitir que aquel bruto sobre protector que parec&#237;a reci&#233;n salido de las cavernas fuera a hablarle a su madre de ella.

Y como Gabe hubiera dejado preocupada a su madre, tendr&#237;a que matarlo.

La mente de Rebecca volvi&#243; a poblarse de pensamientos de violenta venganza mientras recorr&#237;a en taxi la ciudad de Las Vegas. Rebecca hab&#237;a estado en Par&#237;s, en Suiza, y hab&#237;a recorrido todo el pa&#237;s en viajes de negocios o de vacaciones. Pero, definitivamente, Las Vegas ten&#237;a una personalidad &#250;nica. Las luces de ne&#243;n resplandec&#237;an, las mujeres que caminaban por la calle pod&#237;an ir vestidas con el m&#225;s sofisticado sat&#233;n o con unos sencillos vaqueros. Los carteles y letreros de la calle anunciaban locales en los que se permit&#237;a la prostituci&#243;n. Y Rebecca miraba boquiabierta a su alrededor, tan feliz como una turista.

&#191;No tienes reservada ninguna habitaci&#243;n? -le pregunt&#243; el taxista.

No -ni siquiera se le hab&#237;a ocurrido reservar un hotel por adelantado-. &#191;Puede ser un problema?

Si lo que quieres es jugar, peque&#241;a, en esta ciudad nada es un problema -ya hab&#237;a parado para que Rebecca pudiera comprarse su hamburguesa gigante. Caramba, aquella era la mujer del d&#243;lar, pero si estaba dispuesta a detener el taxi para disfrutar de una dosis de comida r&#225;pida, mejor para &#233;l-, pero no estar&#237;a de m&#225;s que me dijeras adonde tengo que dirigirme. &#191;Quieres quedarte en el centro o prefieres buscar alg&#250;n lugar en las afueras?

Para cuando la dej&#243; en el Circus Circus, Rebecca ya estaba informada de que el taxista estaba divorciado y ten&#237;a dos hijos, el mayor de los cuales ten&#237;a ciertos problemas. Con su actual compa&#241;era sentimental no estaba casado, y esta era capaz de hacer explotar un bizcocho en el horno. A las mejores galer&#237;as comerciales de la ciudad se pod&#237;a ir caminando desde all&#237; y no, nunca hab&#237;a o&#237;do hablar de Tammy Diller, aunque en realidad no hab&#237;a muchas personas dispuestas a contestar preguntas en Las Vegas. Pero, aun as&#237;, su primo Harry podr&#237;a recomendarle un buen restaurante. Comparti&#243; tanto tiempo con aquel taxista que, al salir de su veh&#237;culo, adem&#225;s de los veinte d&#243;lares correspondientes, le ofreci&#243; un fraternal abrazo.

El Circus Circus dispon&#237;a de habitaciones libres. Y adem&#225;s parec&#237;a ser el &#250;nico hotel de la ciudad en el que se permit&#237;a que se alojaran ni&#241;os. Posiblemente no era el hotel m&#225;s indicado para encontrar a Tammy Diller, pero un lugar con ni&#241;os era lo menos extra&#241;o que Rebecca hab&#237;a encontrado en la ciudad hasta entonces.

Dormir un rato, una ducha y un cambio de ropa eran en aquel momento sus prioridades. La verdadera acci&#243;n, le hab&#237;a comentado el taxista, no comenzaba hasta que se pon&#237;a el sol. Los jugadores serios rara vez sal&#237;an antes del anochecer.

Rebecca gir&#243; la llave que le dio acceso a una habitaci&#243;n decorada en rosa y blanco, dej&#243; en el suelo su equipaje, se dej&#243; caer en la cama para probar la dureza del colch&#243;n y no volvi&#243; a levantarse hasta cuatro horas despu&#233;s. Aquella larga siesta la ayud&#243; a despejarse. Llam&#243; al servicio de habitaciones y pidi&#243; un vaso de leche y un s&#225;ndwich de mantequilla de cacahuete, abri&#243; las maletas y se meti&#243; en la ducha.


Hab&#237;a llegado la hora de acicalarse. Durante su primer recorrido por la ciudad, hab&#237;a podido ver que en realidad la ropa que uno llevara no ten&#237;a la menor importancia. La sudadera con la que hab&#237;a llegado podr&#237;a haber servido. Pero ella ten&#237;a que encontrar a una estafadora, la supuesta se&#241;ora Diller, y eso requer&#237;a un atuendo digno de una artista de la estafa.

Rebecca no se hab&#237;a llevado nada de lame dorado. En realidad, no ten&#237;a ninguna prenda de ese estilo. Pero siendo una Fortune, podr&#237;a tener un vestido de diamantes si lo necesitara.

Se duch&#243;, se arregl&#243; el pelo con cuidado abandono, se pint&#243; los ojos con los m&#225;s finos cosm&#233;ticos de Fortune, se enfund&#243; unas medias negras y se perfum&#243; generosamente. A continuaci&#243;n, se termin&#243; la leche y el s&#225;ndwich de cacahuete con la mirada puesta en su traje de noche.

Aquel vestido era m&#225;s negro que el pecado, adem&#225;s de la prenda m&#225;s ajustada que ten&#237;a: de manga larga y suficientemente discreto por delante, pero no por la espalda. En absoluto. Despu&#233;s de pon&#233;rselo, complet&#243; su atuendo con unos zapatos de tac&#243;n y cubri&#243; todas las superficies de piel que su modelo dejaba al descubierto con las joyas m&#225;s resplandecientes. Lo &#250;nico que le quedaba ya por hacer era analizar cr&#237;ticamente su aspecto frente al espejo.

Quiz&#225; no hubiera logrado el efecto deseado, pero caramba, hab&#237;a hecho todo lo posible para que su disfraz resultara perfecto.

En el ascensor, dos hombres le hicieron proposiciones, lo que por lo menos le asegur&#243; que su aspecto era suficientemente atrevido, pero se olvid&#243; de ellos en cuanto el ascensor abri&#243; sus puertas en el primer piso.

Antes de comenzar a buscar a Tammy Diller, imaginaba que era preferible saborear el ambiente de aquel lugar. De modo que, en un principio, se limitar&#237;a a recorrerlo. Hab&#237;a emoci&#243;n, ruido y acci&#243;n en cada rinc&#243;n. Y a su alrededor parec&#237;an moverse a una velocidad vertiginosa toda clase de colores resplandecientes y luces intermitentes. Las camareras circulaban por las salas ofreciendo bebidas gratuitas. Las m&#225;quinas tragaperras tintineaban constantemente y cantaban los premios de los ganadores. Las mesas en las que se jugaba al black-jack y a la ruleta eran mucho m&#225;s discretas y elegantes, pero tambi&#233;n en ellas se respiraba la emoci&#243;n del juego y las ansias de ganar. El brillo del riesgo resplandec&#237;a en las miradas de todos aquellos ojos desconocidos, y en algunas ocasiones, tambi&#233;n el fulgor de la desesperaci&#243;n. Estudiar a los jugadores reaviv&#243; la imaginaci&#243;n de la escritora que Rebecca llevaba dentro. &#191;Cu&#225;ndo iba a tener otra oportunidad de adentrarse en un aspecto tan fascinante de la naturaleza humana?

Casi de forma accidental, se descubri&#243; a s&#237; misma en el segundo piso. La cuesti&#243;n era que hab&#237;a o&#237;do la risa de un ni&#241;o y hab&#237;a decidido asomarse por all&#237;. No pretend&#237;a quedarse mucho tiempo. Pero aquel era un mundo tan alejado de la frivolidad que reinaba en el piso de arriba que resultaba fascinante. Los ni&#241;os re&#237;an y corr&#237;an a su antojo mientras los actores del circo se empe&#241;aban en divertirlos y entretenerlos por toda la planta.


Diez minutos despu&#233;s, Rebecca hab&#237;a ganado un peluche que decidi&#243; regalarle a un angelito rubio que lloraba lament&#225;ndose de su rodilla herida. Como Rebecca era un objetivo destacado y pronto se extendi&#243; el rumor de que regalaba sus premios, no tard&#243; en ganarse la atenci&#243;n de una peque&#241;a audiencia. El encargado del juego consistente en pescar patos no deber&#237;a haberle permitido participar, puesto que era evidente que hab&#237;a superado los dieciocho a&#241;os, pero su trabajo consist&#237;a en mantener felices a los ni&#241;os y no pareci&#243; importarle quebrantar algunas normas.

Rebecca hab&#237;a ganado ya un unicornio blanco que pretend&#237;a regalar a uno de los pilludos que la observaban cuando se fij&#243; en unos zapatos. Unos mocasines seguidos por las perneras de unos pantalones La mirada de Rebecca pas&#243; r&#225;pidamente por el bulto que se marcaba a la altura de la cremallera, recorri&#243; el pecho que ocultaba una camisa de lino blanco, repar&#243; en los largos brazos cruzados sobre un musculoso pecho y trag&#243; saliva.

Solo entonces sus ojos se encontraron con los de Gabe. El coraz&#243;n le lat&#237;a a m&#225;s velocidad que cuando era ni&#241;a y tem&#237;a encontrarse un caim&#225;n debajo de la cama. Gabe no era un caim&#225;n, pero, de hecho, ten&#237;a un aspecto tan vital, sexy y viril que pod&#237;a poner en peligro a cualquier mujer.

Aun as&#237;, su expresi&#243;n no dejaba ning&#250;n lugar a dudas sobre su enfado.

Los ni&#241;os se dispersaron. Y si Rebecca hubiera sido suficientemente baja, habr&#237;a intentado camuflarse entre ellos. Durante m&#225;s de un minuto, Gabe permaneci&#243; en silencio, recorri&#233;ndola con la mirada de la cabeza a los pies, desde los rizos alborotados de su pelo pasando por el estrecho vestido negro y las esbeltas piernas enfundadas en las medias. Algo se encendi&#243; de pronto en su mirada. Calor. Definitivamente, calor. Pero parec&#237;a estar mucho m&#225;s motivado por la furia que por el deseo.

Vaya, hola -lo salud&#243; Rebecca alegremente-. &#191;Por por casualidad estabas busc&#225;ndome?

Dios m&#237;o, no. Sab&#237;a que habr&#237;as sido suficientemente sensata como para regresar a Minnesota. Estaba seguro de que habr&#237;as atendido a razones, habr&#237;as comprendido que, adem&#225;s de peligroso, lo que est&#225;s haciendo es contraproducente. Me estaba diciendo a m&#237; mismo que no ten&#237;a que preocuparme por ti. Al fin y al cabo, pensaba, eres una mujer con cerebro, y contaba con que lo usar&#237;as.

Gabe, tranquil&#237;zate. Si vas a rega&#241;arme en p&#250;blico, tendr&#233; que darte un pu&#241;etazo en la nariz, y no me gustar&#237;a asustar a los ni&#241;os. Y s&#237;, claro que he atendido a razones. El problema est&#225; en que t&#250; y yo no razonamos de la misma forma. Y adem&#225;s, sabes que he descubierto muchas pistas que t&#250; no habr&#237;as sido capaz de encontrar por ti mismo, as&#237; que creo que he demostrado con creces que puedo ser una verdadera ayuda.

T&#225;ctica equivocada, decidi&#243;. Gabe profundiz&#243; su ce&#241;o de forma estremecedora. Sus ojos resplandec&#237;an como rescoldos de carb&#243;n. Quiz&#225; fuera preferible distraerlo para que pensara en otra cosa.

&#191;C&#243;mo diablos me has encontrado?

Ha sido f&#225;cil. La mayor parte de los hoteles de esta ciudad est&#225;n dise&#241;ados &#250;nicamente para adultos. Hay muy pocos lugares para alguien que se declara adicto a los ni&#241;os. Si estabas en Las Vegas, ten&#237;as que estar aqu&#237;. &#191;D&#243;nde est&#225;n tus zapatos, por cierto?

&#191;Mis zapatos? -baj&#243; la mirada hacia el suelo. Las medias se le hab&#237;an dado pr&#225;cticamente la vuelta. No se recordaba a s&#237; misma habi&#233;ndose quitado los zapatos, pero estaba segura de que no andar&#237;an muy lejos-. Yo no s&#233;. Pero seguro que est&#225;n por alguna parte

Bueno, vamos a buscar tus zapatos, pelirroja. Y despu&#233;s t&#250; y yo tendremos una corta conversaci&#243;n.



Cap&#237;tulo 6

Gabe podr&#237;a querer hablar, reflexion&#243; Rebecca. pero advirti&#243; que no hab&#237;a sugerido la privacidad de una de las habitaciones del hotel en el que estaban alojados para hacerlo. Al parecer, aquella noche no estaba dispuesto a correr riesgos. Con cierta diversi&#243;n, y no menos fascinaci&#243;n, Rebecca comprendi&#243; que la estaba tratando con la misma tranquilidad con la que se habr&#237;a enfrentado a un puma suelto.

Rebecca se quit&#243; por segunda vez los zapatos de tac&#243;n. En realidad no ten&#237;a ninguna raz&#243;n para no hacerlo. Dudaba que a nadie en aquella ciudad se le hubiera ocurrido hacer ning&#250;n comentario aunque hubiera salido a pasear completamente desnuda. Excepto Gabe, quiz&#225;, pero los pies le dol&#237;an despu&#233;s de haber pasado tanto tiempo de pie con aquellos zapatos de tac&#243;n.

No hab&#237;a escasez alguna de bares, ni dentro ni fuera de los casinos, pero Gabe eligi&#243; uno particularmente tranquilo, y adem&#225;s la condujo hasta la mesa m&#225;s apartada del local. Los n&#250;meros del Keno resplandec&#237;an sobre la barra, pero era m&#225;s prudente apartarse del incesante parpadeo de las luces. Los asientos de las sillas eran de un exuberante terciopelo rojo y descansaban sobre la m&#225;s mullida de las alfombras. Las faldas de damasco azul marino que cubr&#237;an la mesa serv&#237;an tambi&#233;n para ocultar los pies descalzos de Rebecca y una seductora vela titilaba en medio de la mesa.

Gabe pidi&#243; una cerveza y elev&#243; los ojos al cielo cuando Rebecca pidi&#243; para ella un vaso de leche. Ya estaba, pens&#243; Rebecca. El sentido del humor de aquel hombre era revitalizante. Seguramente, una copa de brandy la habr&#237;a ayudado a dormir mejor, pero tambi&#233;n lo har&#237;a la leche. Desde que la hab&#237;a obligado a alejarse de los ni&#241;os, Gabe no hab&#237;a dejado de fruncir el ce&#241;o ni un solo segundo. Pero en cuanto el camarero les sirvi&#243; las bebidas, el detective dio un par de sorbos a su cerveza y adopt&#243; una expresi&#243;n que insinuaba que estaba dispuesto a mostrarse razonable.

Aunque quiz&#225; Rebecca estuviera siendo demasiado optimista. Gabe comenz&#243; la conversaci&#243;n exponiendo amable y escrupulosamente toda la informaci&#243;n que hab&#237;a obtenido sobre Tammy Diller. Rebecca estaba asombrada de que de pronto se mostrara tan voluntarioso, abierto y colaborador. Al menos con ella. Pero poco a poco, fue d&#225;ndose cuenta de algo obvio. Aquel listillo no quer&#237;a que ella supiera nada. Lo &#250;nico que estaba haciendo era dejar caer la informaci&#243;n suficiente como para convencerla de que esa Tammy era una delincuente peligrosa a la que una ingenua consumidora de leche deber&#237;a evitar.

Rebecca subi&#243; uno de los pies a la silla, mucho m&#225;s interesada en la informaci&#243;n que le estaba proporcionando el detective que en su rid&#237;cula estrategia para hacerla volver a su casa.

As&#237; que ahora ya estamos seguros de que Tammy est&#225; utilizando una identidad falsa, y que tambi&#233;n lo ha hecho antes. Sabemos que viaja con su novio, tiene treinta y cinco a&#241;os y es una mujer atractiva. A juzgar por los gastos que ha cargado a su tarjeta de cr&#233;dito, es una mujer de gustos caros. Y tambi&#233;n podemos demostrar que estuvo en Minneapolis, alojada en un hotel, alrededor de la fecha en la que M&#243;nica fue asesinada. Quiz&#225; no sea suficiente, pero si conseguimos encontrar alguna prueba directa, es probable que nos sirva para demostrar la inocencia de mi hermano. Tambi&#233;n sabemos que no tiene ni trabajo ni ninguna fuente de ingresos que le permita financiar el tren de vida al que est&#225; acostumbrada. &#191;Me he olvidado de algo hasta ahora?

No, de nada. Ese es todo el paquete de informaci&#243;n del que disponemos.

Maldita sea, Gabe. Estamos tan cerca S&#233; que esa mujer es la que mat&#243; a M&#243;nica. Puedo olerlo. Y si pudi&#233;ramos conocerla personalmente, encontrar la manera de hablar con ella, estoy convencida de que podr&#237;a descubrir el v&#237;nculo que la une a M&#243;nica Por cierto, &#191;en qu&#233; hotel dices que est&#225; alojada?

No pierdas el tiempo dirigi&#233;ndome esas miraditas inocentes, peque&#241;a. No te he dicho el hotel en el que est&#225; alojada ni pienso hacerlo. Solo hay una raz&#243;n por la que te he puesto al corriente de todo esto

Conf&#237;a en m&#237;. Puedo imaginarme perfectamente esa raz&#243;n. Quieres intentar convencerme, por en&#233;sima vez, de que me aparte del caso -baj&#243; varias octavas la voz para imitar el tono de bar&#237;tono malhumorado de Gabe-. La se&#241;orita Diller todav&#237;a no tiene todas las cartas contra ella, pero todas las pruebas apuntan cada vez m&#225;s en su direcci&#243;n. Y si existe la m&#225;s remota posibilidad de que haya estado involucrada en el asesinato de M&#243;nica, no le har&#225; ninguna gracia que aparezcan de pronto unos desconocidos dedicados a fisgonear en su vida. De hecho, creo que hasta la irritar&#237;a. Y no creo que sea buena idea irritar a una mujer capaz de matar. Estar&#237;as mucho m&#225;s segura si regresaras a tu casa y te dedicaras a hornear galletas de pasas, de chocolate, de

Vaya, al parecer has adivinado palabra por palabra el que iba a ser mi discurso. Excepto por lo de las galletas, claro. Como comprender&#225;s, no iba a arriesgarme a recibir un mamporro por culpa de un comentario sexista.

Eh, no te preocupes, no te ha habr&#237;a ocurrido nada. Me encanta hacer galletas. De hecho, estar&#233; m&#225;s que encantada de volver a mi casa y hacer justamente eso en el mismo instante en el que mi hermano salga de la c&#225;rcel y dejen de acusarlo de asesinato -su voz se torn&#243; serena.

Hab&#237;a renunciado ya a que Gabe comprendiera su punto de vista. Pero todav&#237;a esperaba que fuera capaz de aceptar que aquella no era una cuesti&#243;n a la que pudiera darle la espalda.

Gabe se aclar&#243; bruscamente la garganta.

Podr&#237;as terminar t&#250; misma en la c&#225;rcel si contin&#250;as desnud&#225;ndote en p&#250;blico.

En un primer momento, Rebecca pesta&#241;e&#243;, sin entender muy bien el giro tan brusco que acababa de tomar la conversaci&#243;n, pero de pronto se ech&#243; a re&#237;r:

Vaya, si solo me he quitado los zapatos de momento. Pero las joyas me estaban volviendo loca. Pesan demasiado

Se desabroch&#243; la gargantilla y la dej&#243; encima de la mesa, al lado del brazalete y los pendientes que hab&#237;a ido quit&#225;ndose a lo largo de la conversaci&#243;n. La &#250;nica joya que siempre le hab&#237;a gustado llevar era el brazalete de su madre.

La llama de la vela se reflejaba en el oro de las joyas, haci&#233;ndolas resplandecer como el fuego y su brillo alcanzaba la mirada de Gabe. Sin joyas, sin zapatos y acurrucada sobre una pierna Rebecca fue de pronto consciente de que, cuando estaba con Gabe, se olvidaba de todas las formalidades. Desde el principio, hab&#237;a confiado instintivamente en &#233;l; lo suficiente al menos como para sentirse completamente libre a su lado. Pero la respuesta de Gabe a su presencia parec&#237;a ser exactamente la contraria. El pobre hombre estaba volviendo a pasarse la mano por la cara otra vez.

&#191;No puedes guardar todas tus joyas en el bolso antes de llamar la atenci&#243;n de todos los ladrones y estafadores que hay por los alrededores?

No he tra&#237;do bolso, Gabe. Y los diamantes no son verdaderos, solo buenas imitaciones. Si tanto te preocupa, no me importar&#237;a nada que te las guardaras en el bolsillo.

Gabe no tard&#243; en hacer desaparecer las joyas de vista.

Si no has tra&#237;do bolso, &#191;d&#243;nde guardas la llave de tu habitaci&#243;n?

En el zapato -alarg&#243; la mano hacia su vaso de leche-. Junto con una moneda de cuarto de d&#243;lar. Creo que no podr&#233; quitarme esa costumbre ni a los noventa a&#241;os. Es una regla que me inculcaron cuando ten&#237;a solo cuatro a&#241;os: siempre deb&#237;a llevar encima algo de dinero para poder llamar a casa. &#191;Sabes? Creo que ma&#241;ana ir&#233; a uno de esos prost&#237;bulos.

El &#250;ltimo comentario de Rebecca hizo que Gabe estuviera a punto de atragantarse con la cerveza.

&#191;Perd&#243;n?

No me digas que no has visto todos los letreros que hay por la ciudad. Aqu&#237; la prostituci&#243;n es legal.

Ya s&#233; que aqu&#237; la prostituci&#243;n es legal. Pero me temo que todav&#237;a me est&#225; resonando en los o&#237;dos el ruido de las tragaperras porque s&#233; que no has podido decir una locura tan grande como que est&#225;s pensando en acercarte a uno de esos prost&#237;bulos.

Me has entendido perfectamente, encanto -Gabe parec&#237;a reaccionar mucho mejor cuando no lo dejaba pensar durante demasiado tiempo, as&#237; que decidi&#243; continuar-. En Las Vegas hay informaci&#243;n valios&#237;sima para una escritora de novelas de misterio. Jam&#225;s en mi vida he visto un lud&#243;pata. Ni un estafador. Y, por supuesto, tampoco he tenido nunca oportunidad de visitar un prost&#237;bulo.

Est&#225;s intentando provocarme un infarto -la acus&#243; Gabe.

Es solo una cuesti&#243;n de curiosidad.

&#191;El que yo tenga un infarto?

No, tonto. &#191;Has estado alguna vez con una prostituta? -sacudi&#243; la mano-. No malgastes saliva dici&#233;ndome que a ti no te hace falta pagar para hacer el amor. Evidentemente, ya lo s&#233;. Eres adorable, monada. Y adem&#225;s eres un hombre adulto, me cuesta imaginarme que pudieras encontrarle ning&#250;n atractivo a un acto puramente sexual, sin -se interrumpi&#243; de pronto-. &#191;Te duele la cabeza?

Gabe dej&#243; de frotarse la frente.

Creo que va a terminar doli&#233;ndome. Intentar seguir esta conversaci&#243;n podr&#237;a provocarle una jaqueca a cualquiera. No s&#233; por qu&#233;, pero no pod&#237;a imaginarme a una bebedora de leche haciendo este tipo de preguntas. T&#250; eh, &#191;sueles hacer preguntas sobre su vida sexual a los hombres con los que sales?

Rebecca elev&#243; los ojos al cielo con un gesto tan remilgado como el de una monja.

Seguro que has estudiado en el mismo colegio en el que se educ&#243; mi padre. &#201;l siempre dec&#237;a que las mujeres no deb&#237;an hablar ni de sexo, ni de religi&#243;n ni de pol&#237;tica, pero me temo que a m&#237; esa lecci&#243;n me entr&#243; por un o&#237;do y me sali&#243; por el otro. Adoro los tres temas. Y adem&#225;s soy escritora. &#191;C&#243;mo voy a aprender nada si no hablo con la gente y no hago preguntas? Eso forma parte de mi trabajo.

Lo que quieres decir es que tu trabajo es una buena excusa para ser una entrometida.

Eso tambi&#233;n -sonri&#243; de oreja a oreja-. Pero a ti tu trabajo tambi&#233;n te sirve de excusa para entrometerte en la vida de los dem&#225;s, as&#237; que ser&#225; mejor que te lo pienses antes de lanzar la primera piedra. Adem&#225;s, est&#225;s eludiendo mi pregunta. S&#233; que algunos chicos acuden a eh, a trabajadoras del sexo para perder su virginidad. Es como un rito de iniciaci&#243;n, por decirlo de alguna manera.

Creo que ni una garrapata se aferrar&#237;a con tanta insistencia a su presa. &#191;Por qu&#233; tienes tanto inter&#233;s en sacar este tema?

Solo quiero una respuesta.

Muy bien. La respuesta es no, nunca he estado con una prostituta. Ni para realizar un rito de iniciaci&#243;n ni para ninguna otra cosa.

Pero entonces &#191;c&#243;mo perdiste la virginidad?

Una mujer casada de treinta y tres a&#241;os me sedujo cuando yo solo ten&#237;a catorce. Y ahora, &#191;est&#225;s contenta despu&#233;s de haberme sonsacado esa informaci&#243;n?

Dios, te sedujo una se&#241;ora Robinson de carne y hueso -Rebecca dej&#243; el vaso de leche en la mesa con un gesto brusco-. Eso es abuso de menores.

Esa es una historia que olvid&#233; hace mucho tiempo -la corrigi&#243; &#233;l.

Por supuesto que no, Devereax. Nadie olvida su primera vez. Tanto si es buena como si es mala, esa primera experiencia tiene una enorme influencia en nuestras relaciones con el sexo opuesto, en lo que pensamos que es el sexo, en c&#243;mo vivimos la relaci&#243;n entre hombres y mujeres

Eh &#191;Rebecca? No s&#233; qu&#233; libro de psicolog&#237;a has le&#237;do, pero me temo que la palabra relaci&#243;n no tiene mucho que ver con la experiencia de la que te estoy hablando. Ella estaba caliente y no ten&#237;a prejuicios morales de ning&#250;n tipo. Imagin&#243; que un adolescente siempre estar&#237;a dispuesto a hacer el amor. Y yo lo estaba. Cuando me enter&#233; de que estaba casada, me alej&#233; de ella y fin de la historia. Y ahora, supongo que ya te has terminado ese vaso de leche y est&#225;s dispuesta a irte a la cama, &#191;no?

Todav&#237;a es demasiado pronto.

La voz de Gabe reflejaba una falsa desesperaci&#243;n, un rasgo t&#237;pico de su ir&#243;nico humor, reflexion&#243; Rebecca. Tambi&#233;n advirti&#243; que se hab&#237;a desabrochado el primer bot&#243;n de la camisa y hab&#237;a estirado las piernas. De modo que, por mucho que pretendiera fingir que estaba horrorizado con aquella conversaci&#243;n, lo cierto era que poco a poco hab&#237;a ido relaj&#225;ndose. De hecho, estaba disfrutando de aquella charla. Rebecca se preguntaba si ser&#237;a consciente de ello.

No creas que te he estado haciendo esas preguntas porque s&#237;. Toda esa historia de la se&#241;ora Robinson y las prostitutas es muy relevante para intentar localizar a Tammy Diller.

Estoy deseando o&#237;r qu&#233; clase de l&#243;gica has utilizado para llegar a esa conclusi&#243;n -replic&#243; Gabe secamente.

Rebecca apoy&#243; la barbilla en la palma de las manos. Estaba hablando completamente en serio.

Bueno, haya llegado como haya llegado hasta all&#237;, parece bastante probable que Tammy es una estafadora. Alguien que vive de su ingenio, si es que no vive de su cuerpo. Ni la &#233;tica ni la ley parecen formar parte de su lista de preocupaciones. Es una mujer que ama el riesgo. Posiblemente, ni siquiera le parezca atractivo ganar algo de manera honesta. Las intrigas deben resultarle m&#225;s divertidas, mucho m&#225;s desafiantes. Y si est&#225; intentando dar el golpe de su vida, debe andar pendiente de todas las ocasiones de ganar dinero r&#225;pido que haya en esta ciudad.

Gabe sacudi&#243; la cabeza.

Jam&#225;s habr&#237;a podido imaginar que ibas a llegar a tantas conclusiones con la poca informaci&#243;n que te he dado, pero acabas de ganarte diez puntos por tu intuici&#243;n. A esa misma conclusi&#243;n he llegado yo tambi&#233;n, pero, aun as&#237;, no s&#233; a donde quieres llevarnos con todo esto.

Solo estoy intentando meterme en su cabeza. Si est&#225; en la ciudad, &#191;d&#243;nde podr&#237;amos encontrarla? &#191;A qui&#233;n procurar&#225; rondar? Yo dir&#237;a que estar&#225; intentando atrapar al primer polluelo millonario con el que se encuentre. Y hablo en serio cuando digo que deber&#237;a acercarme a un prost&#237;bulo

No -la interrumpi&#243; Gabe-, t&#250; no.

Ahora, es cierto que no tengo ninguna raz&#243;n para pensar que voy a encontrarla en un lugar de ese tipo y nada de lo que hasta ahora me has dicho me hace pensar que sea una prostituta. Pero aun as&#237;, creo que hay un com&#250;n denominador en las personalidades de esa clase, Gabe. No creo que sea muy diferente una mujer que utiliza su cuerpo para ganarse la vida de Tammy, que, al fin y al cabo, en eso de utilizar su cuerpo como cebo tiene todo un historial. Y, maldita sea, todo esto contin&#250;a record&#225;ndome algo que no acierto a concretar.

Probablemente Tammy te recuerde a alguno de los personajes de ficci&#243;n que aparecen en tus libros. Quiz&#225; me equivoque, pero no creo que hayas frecuentado a muchas prostitutas en la vida real, pelirroja.

A Gabe le encantaba dejar caer ese tipo de comentarios sobre su privilegiada vida. Pero Rebecca no iba a morder el anzuelo en aquella ocasi&#243;n.

La cuesti&#243;n es que encontrar a Tammy es un problema, pero saber c&#243;mo manejarla es otro. Supongo que si tuviera oportunidad de hablar con alguna de esas damas de la noche, podr&#237;a comprender mucho mejor c&#243;mo

Rebecca, l&#233;eme los labios: para empezar, nadie va a dejarte entrar en un prost&#237;bulo. Eres una mujer y ese no es precisamente el tipo de cliente que est&#225;n buscando. Y, en segundo lugar, como se te ocurra acercarte a uno de esos lugares, te estrangular&#233; con mis propias manos.

&#191;Gabe?

&#191;S&#237;?

Estoy completamente segura de que tienes un car&#225;cter fuerte. Tambi&#233;n estoy convencida de que podr&#237;as salir vencedor en cualquier pelea callejera. Pero incluso en el caso de que te enfadaras tanto como para salirte de tus casillas, jam&#225;s me pondr&#237;as un dedo encima.

A Gabe no pareci&#243; gustarle o&#237;r aquella verdad tan obvia porque intent&#243; fulminarla con una de sus miradas furiosas. Rebecca inclin&#243; la cabeza, mir&#243; por debajo de las faldas de la mesa camilla para buscar los zapatos y se incorpor&#243; sosteniendo los zapatos de tac&#243;n en una mano.

Un d&#237;a de estos, voy a preguntarte de d&#243;nde sacas ese car&#225;cter tan protector. Pero ahora mismo tengo que irme a la cama. Estoy tan cansada que apenas soy capaz de mantener los ojos abiertos.

Todav&#237;a no hemos terminado esta discusi&#243;n.

Lo s&#233;. &#191;Quieres que nos veamos ma&#241;ana al medio d&#237;a? &#191;Quedamos en el vest&#237;bulo del hotel?

S&#237;, de acuerdo.

Rebecca se levant&#243; y fue incapaz de contener un bostezo. Hab&#237;a toneladas de emociones tras los oscuros y sombr&#237;os ojos de Gabe. Frustraci&#243;n, una respuesta que Rebecca parec&#237;a evocar siempre en Gabe. Alivio, como si intentar hablar con ella lo dejara exhausto y estuviera encantado de que por fin hubiera decidido meterse en la cama. Pero hab&#237;a tambi&#233;n otro sentimiento revoloteando en su mirada.

Surgi&#243; &#250;nicamente en el instante en el que pos&#243; los ojos sobre ella y repar&#243; en el brillo de sus desordenados rizos a la luz de la vela, en su esbelta figura enfundada en el vestido negro, en su cremosa piel reflejando el resplandor y las sombras provocadas por el fuego. Hasta entonces, no hab&#237;a habido deseo en su mirada. Como mucho, Gabe se hab&#237;a comportado con una respetuosa distancia. Pero por un instante hubo deseo. Deseo que fue sustituido r&#225;pidamente por una expresi&#243;n de alarma. Rebecca se levant&#243; de la mesa y se inclin&#243; sobre &#233;l.

Buenas noches, grandull&#243;n.

Gabe se qued&#243; m&#225;s quieto y helado que un cubo de hielo cuando Rebecca se agach&#243; un poco m&#225;s y, en un impulso, pos&#243; los labios sobre su frente. Fue un beso suave, r&#225;pido. Su contacto fue m&#225;s ligero que el roce de una pluma y m&#225;s r&#225;pido que un chasquido de dedos. Pero el coraz&#243;n de Rebecca comenz&#243; a latir de pronto a una velocidad vertiginosa. Estaba convencida de que tras ese cubo de hielo se escond&#237;a una fiebre incontenible.

Se irgui&#243;, evitando la mirada de Gabe como si pudiera morderla y, con deliberada despreocupaci&#243;n, se ech&#243; los zapatos al hombro.

Intenta no preocuparte, estoy segura de que vamos a formar un gran equipo, querido.

Rebecca se escap&#243; antes de que Gabe pudiera decir nada. En menos de cinco minutos desapareci&#243; en el ascensor, recorri&#243; el pasillo a grandes zancadas y busc&#243; refugio tras la puerta de su habitaci&#243;n.

Una vez all&#237;, tir&#243; los zapatos al suelo, se dej&#243; caer en la cama y clav&#243; la mirada en el techo. Su mente recre&#243; el rostro de su hermano. Jake. Jake, con cincuenta y cuatro a&#241;os, era significativamente mayor que ella y la &#250;ltima vez que lo hab&#237;a visto estaba en la c&#225;rcel. Siempre hab&#237;a sido un hombre atractivo, de natural distinguido, pero no all&#237;. En la prisi&#243;n lo hab&#237;a visto demacrado, todo su dinamismo y energ&#237;a parec&#237;an haber quedado paralizados en aquella horrible celda. Adam, el hijo de Jake, le hab&#237;a confiado a Rebecca que pensaba que su padre no ser&#237;a capaz de sobrevivir un a&#241;o m&#225;s si era condenado.

Y Rebecca tampoco cre&#237;a que su hermano pudiera sobrevivir a una condena.

Gabe pensaba que estaba jugando a hacer de detective con aquella investigaci&#243;n, lo sab&#237;a. Pero no era cierto. Rebecca tend&#237;a a bromear cuando ten&#237;a miedo. Esa era su manera de enfrentarse a la adversidad. La familia hac&#237;a tiempo que la hab&#237;a etiquetado como la intr&#233;pida Rebecca porque se met&#237;a en los problemas de cabeza, a su manera, y nadie la hab&#237;a visto asustarse por nada.

Pero la aterraba fallar a su hermano.

Y cada vez estaba m&#225;s asustada por sus inquietantes sentimientos hacia Gabe. Bastaba un simple beso, solo una muestra de afecto, para que el pulso se le acelerara como el motor de un coche avenado. Rebecca siempre hab&#237;a confiado en su intuici&#243;n. Siempre hab&#237;a escuchado a su coraz&#243;n, pero incluso una intr&#233;pida optimista, una amante del riesgo deber&#237;a ser capaz de reconocer el peligro cuando le estallaba en pleno rostro.

Gabe la atra&#237;a como una tormenta en una calurosa noche de verano. Gabe la conmov&#237;a y, desde que lo conoc&#237;a, no hab&#237;a vuelto a sentir nunca aquella &#225;rida soledad que tantas veces la asaltaba. Cuando estaba con &#233;l, aunque fuera solamente hablando, surg&#237;a entre ellos una conexi&#243;n casi el&#233;ctrica.

Pero por encima de cualquiera pulsi&#243;n sexual, Gabe le recordaba a su hermano. Dios. Y no precisamente porque sus sentimientos hacia &#233;l fueran fraternales. Pero Gabe tambi&#233;n parec&#237;a sentirse atrapado. Hab&#237;a prisiones y prisiones y Gabe parec&#237;a haber levantado unas rejas que lo separaban de la esperanza y el amor.

Pero ser&#237;a una condenada est&#250;pida si pensara que ella pod&#237;a atravesar aquellas rejas. Gabe no deseaba sus besos. Lo hab&#237;a dejado claro como el agua. Era un hombre anti familias, anti hijos, y aunque fuera su duro pasado la fuente de aquellos sentimientos, eso no significaba que Rebecca tuviera la capacidad de cambiarlos O de cambiarlo a &#233;l.

Rebecca se sent&#237;a tan perdida intentando ayudar a su hermano como intentando comprender a Gabe. Sin embargo, ambos podr&#237;an resultar igualmente heridos si comet&#237;a alg&#250;n error. Desgraciadamente, no pod&#237;a permitirse el lujo de fallarle a su hermano.

Y ten&#237;a un miedo creciente a perder su coraz&#243;n si no pon&#237;a alg&#250;n cuidado entre sus sentimientos y Gabe.

Gabe pas&#243; al vest&#237;bulo haciendo tintinear las monedas que llevaba en el bolsillo, sac&#243; la mano y volvi&#243; a mirar el reloj. Eran las tres en punto. Bueno, las dos y cincuenta y seis para ser exactos. Pero cuatro minutos de diferencia eran una minucia.

Gabe nunca se dejaba llevar por el p&#225;nico. Pod&#237;a ocurrir cualquier crisis y &#233;l permanec&#237;a fr&#237;o como un t&#233;mpano. Por el amor de Dios, si hasta hab&#237;a ganado un par de medallas en las Fuerzas Especiales por ser capaz de mantener la cabeza fr&#237;a en cualquier situaci&#243;n.

En aquel momento, sin embargo, la adrenalina corr&#237;a a borbotones por sus venas y lo ten&#237;a a punto de combusti&#243;n. &#191;D&#243;nde demonios estaba esa maldita pelirroja?

No deber&#237;a haber confiado en ella, no deber&#237;a haberse mostrado de acuerdo en citarse con ella a las doce. Diablos, para esa hora Rebecca pod&#237;a haber causado un par de guerras mundiales. Gabe la hab&#237;a llamado a su habitaci&#243;n a las nueve. No hab&#237;a obtenido respuesta. Hab&#237;a vuelto a llamarla a las diez, y despu&#233;s a las once. A las doce hab&#237;a llegado al vest&#237;bulo y all&#237; hab&#237;a vuelto a la una y a las dos.

Sali&#243; una vez m&#225;s del hotel, cerr&#243; la puerta tras &#233;l y mir&#243; en ambas direcciones. El sol abrasador del medio d&#237;a lo oblig&#243; a entrecerrar los ojos. Los taxis hac&#237;an sonar las bocinas y docenas de peatones atestaban las aceras, pero no hab&#237;a se&#241;al alguna de aquella pelirroja.

Gabe volvi&#243; al interior del hotel, se pas&#243; la mano nervioso por el pelo y mir&#243; una vez m&#225;s el reloj. Las dos cincuenta y cinco. Solo hab&#237;an pasado tres minutos desde la &#250;ltima vez. Cuando consiguiera atraparla iba a matarla. Y como se le hubiera ocurrido meterse en alg&#250;n l&#237;o, la muerte iba a ser todav&#237;a peor.

Lo &#250;nico que evitaba que terminara entrando en erupci&#243;n como un volc&#225;n era que en el fondo estaba seguro de que Rebecca no se hab&#237;a metido directamente en ning&#250;n problema, porque si as&#237; hubiera sido, &#233;l habr&#237;a estado a su lado. Mantener a Rebecca a salvo era un trabajo a tiempo completo, pero, maldita fuera, a &#233;l le estaban pagando por realizar un trabajo serio. Rebecca no pod&#237;a haber localizado ni a Tammy Diller ni a su amigo porque era imposible que los hubiera encontrado antes que &#233;l.


Gabe ya hab&#237;a conseguido la direcci&#243;n del apartamento que esos dos hab&#237;an alquilado en las afueras de la ciudad. Una vez obtenida la direcci&#243;n, hab&#237;a ido hasta all&#237;, hab&#237;a dado una vuelta por los alrededores y hab&#237;a estado hablando con sus vecinos. Los dos eran de sobra conocidos en aquel destartalado lugar, pero, al parecer, estaban temporalmente fuera.

En cualquier caso, una vez localizada su base de operaciones, pod&#237;an esperar.

Bueno, Gabe pod&#237;a esperar. Pero Rebecca no.

De todas formas, se asegur&#243; Gabe a s&#237; mismo, era imposible que Rebecca pretendiera ir a uno de los prost&#237;bulos de la ciudad. A Rebecca le gustaban las bromas. Muchas veces lo llamaba monada y muchachito para sacarlo de quicio. Parec&#237;a encontrar un placer inmisericorde en sacarlo de sus casillas.

Y la verdad era que a Rebecca le bastaba con entrar en la misma habitaci&#243;n en la que estaba &#233;l para ponerlo a cien. Y no lo estaba pensando en un sentido metaf&#243;rico. El vestido que se hab&#237;a puesto la noche anterior pod&#237;a tentar hasta a un monje. Aquellas piernas largas, su melena salvajemente sexy, el brillo malicioso de sus ojos Aquella mujer era una prueba, decidi&#243; Gabe. Una especie de test que determinar&#237;a si hab&#237;a una mujer en el mundo capaz de conducirlo a la locura, de hacerle olvidar el autocontrol con el que hab&#237;a contado durante toda su vida de adulto.

Gabe fulmin&#243; con la mirada a cuanto desconocido se encontraba en el vest&#237;bulo, volvi&#243; a pasarse la mano por el pelo y se dirigi&#243; con paso firme hacia los tel&#233;fonos. Llamar&#237;a a su habitaci&#243;n una vez m&#225;s. Y si no contestaba en aquella ocasi&#243;n, no sab&#237;a lo que iba a hacer. Comenzar&#237;a a llamar a hospitales, a la polic&#237;a, a los marines a su madre. Aunque estaba convencido de que ninguno de ellos ser&#237;a capaz de controlar a esa endemoniada mujer.

Acababa de levantar uno de los tel&#233;fonos del vest&#237;bulo cuando vio una r&#225;faga de color pasando a toda velocidad ante &#233;l.

Lo primero que reconoci&#243; fue el trasero. No hab&#237;a muchas mujeres por los alrededores con un trasero como aquel. En un callej&#243;n oscuro y con los ojos vendados, Gabe habr&#237;a reconocido aquel trasero min&#250;sculo. Colg&#243; el auricular. El miedo que minutos antes se aferraba a su pulso fue cediendo poco a poco. Rebecca no estaba herida; no parec&#237;a haberse metido en un problema serio.

Pero iba a tal velocidad que habr&#237;a resultado m&#225;s f&#225;cil detener a una bala. Aun as&#237;, Gabe fue capaz de reconocer la enorme camiseta con un dibujo de Mickey Mouse, los vaqueros con tirantes, las zapatillas deportivas con los cordones fluorescentes y el brillo dorado de su mu&#241;eca. Aquel d&#237;a su pelo era una aut&#233;ntica mara&#241;a de rizos, no llevaba nada con lo que dominarlo. Y a esa velocidad, si no la conociera, Gabe la habr&#237;a confundido con una adolescente de doce a&#241;os.

Pero Gabe no solo la reconoci&#243;. Sino que se sinti&#243; terriblemente conmocionado por ella. No pod&#237;a comprender por qu&#233; iba vestida de una forma tan infantil, pero, definitivamente, era una r&#225;faga de color y vida en un vest&#237;bulo que parec&#237;a terriblemente p&#225;lido y mortecino hasta que ella hab&#237;a entrado. El alivio inund&#243; todo su torrente sangu&#237;neo.

Gracias a Dios, Rebecca estaba viva De modo que podr&#237;a matarla.

&#161;Gabe! -por fin lo vio. Abri&#233;ndose paso entre los hu&#233;spedes y los viajeros que iban y llegaban con sus maletas, galop&#243; hasta &#233;l. Su entusiasta sonrisa era m&#225;s luminosa que el mism&#237;simo sol-. &#161;A qu&#233; no adivinas lo que he descubierto!

Rebecca no parec&#237;a tener la menor idea de que Gabe pretend&#237;a fregar el suelo con su cabellera. Aquella maldita pelirroja estaba tan emocionada que se abalanz&#243; sobre &#233;l y le rode&#243; el cuello con los brazos.



Cap&#237;tulo 7

Llegas tarde.

En realidad, Gabe pretend&#237;a gritar aquella amonestaci&#243;n, pero parec&#237;a haberle ocurrido algo a su voz. Por un instante, cuando le rode&#243; el cuello con los brazos, Rebecca estuvo imposiblemente cerca de &#233;l. Su pelo ol&#237;a como las fresas frescas, ten&#237;a los labios entreabiertos y su piel era suave como la de un beb&#233;. Y de pronto Gabe sinti&#243; que se le secaba la garganta.

El detective sab&#237;a que para Rebecca aquello solo era un gesto de afecto producto de su exuberante impulsividad. Algo t&#237;pico de ella. Rebecca jam&#225;s dejaba de expresar sus sentimientos. Confiaba libremente en la vida, sin duda a causa de su privilegiado y seguro pasado, pero, de alguna manera, aquel abrazo lo afect&#243; m&#225;s que el m&#225;s t&#243;rrido de los besos. Gabe no estaba acostumbrado a las demostraciones de afecto. Ni las esperaba de nadie ni las ped&#237;a. Y, maldita fuera, jam&#225;s habr&#237;a pensado que alguna vez podr&#237;a llegar a echar de menos algo tan tonto y rid&#237;culo como una muestra de afecto. Hasta que hab&#237;a aparecido Rebecca.

S&#233; que llego tarde. Y lo siento, de verdad, pero no he podido evitarlo.

Sus ojos se encontraron durante una d&#233;cima de segundo. Ni un instante m&#225;s ni un instante menos. Rebecca apart&#243; los brazos de su cuello, los dej&#243; caer y de pronto comenz&#243; a parlotear con m&#225;s locuacidad que una cotorra.

He estado en uno de esos cuartos reservados en los que se juega al p&#243;quer, Gabe. All&#237; se mueve mucho dinero negro, es un aut&#233;ntico nido de delincuentes y no es nada f&#225;cil levantarse de all&#237; y marcharse cuando uno quiere. Sab&#237;a lo tarde que se me estaba haciendo, pero se considera de muy mala educaci&#243;n abandonar la partida cuando se est&#225; ganando. Pod&#237;a haber perdido intencionadamente varias manos. Pero la cuesti&#243;n era que estaba aprendiendo tantas cosas

&#191;Has participado en una de esas partidas de apuestas ilegales? -le pregunt&#243; Gabe.

Era posible que no la hubiera entendido bien. Esperaba, de hecho, no haber entendido bien.

S&#237;, y esa es la raz&#243;n por la que me he puesto esta camiseta de Mickey Mouse -se&#241;al&#243; las enormes orejas del rat&#243;n que llevaba en el pecho con una sonrisa-. Imagin&#233; que esos tipos me tomar&#237;an por una est&#250;pida, &#191;sabes? Y de esa manera no le dar&#237;an ninguna importancia a lo que pod&#237;an decir o dejar de decir delante de m&#237;. En cualquier caso, &#191;sabes una cosa? Ten&#237;a la esperanza de que Tammy hubiera estado movi&#233;ndose por esos ambientes, &#161;y estaba en lo cierto, Gabe! Uno de esos tipos la conoc&#237;a y me ha contado todo tipo de cosas sobre ella y su novio. Dios, creo que me est&#225; entrando un ataque de hipoglicemia. &#191;Conoces alg&#250;n sitio en esta ciudad en el que vendan helados de vainilla?


En realidad no quer&#237;a un helado de vainilla. Lo que le apetec&#237;a era un helado mucho m&#225;s saludable y refrescante de yogur con sabor a frambuesa. Les llev&#243; alg&#250;n tiempo localizarlo. Despu&#233;s, como estaba harta de permanecer sentada, decidi&#243; com&#233;rselo mientras daban un paseo. En la calle hac&#237;a un calor insoportable, el sol resplandec&#237;a con una fuerza cegadora y el helado goteaba y se derret&#237;a en todas direcciones. Rebecca zigzagueaba entre los transe&#250;ntes mientras lam&#237;a su cono de frambuesa y en sus ojos parec&#237;a danzar toda la informaci&#243;n que hab&#237;a obtenido durante la ma&#241;ana.

Tammy ha estado frecuentando el Caesar Palace, y tambi&#233;n un lugar llamado O'Henry, especialmente este &#250;ltimo. En ambos hay mesas de apuestas legales, pero donde realmente se mueve dinero es en las habitaciones traseras. Y, Gabe, no te lo vas a creer, ese tipo a lo mejor solo lo dec&#237;a por decir, pero insinu&#243; que se hab&#237;a acostado con ella.

Eh, pelirroja, la verdad es que en ning&#250;n momento se me ha ocurrido pensar que Tammy fuera un ejemplo de moralidad.

Gabe sac&#243; otra servilleta del bolsillo. Rebecca alz&#243; la barbilla para que pudiera limpi&#225;rsela. Hab&#237;a sido una aut&#233;ntica suerte que a Gabe se le hubiera ocurrido guardarse un pu&#241;ado de servilletas.

No lo comprendes. Tammy estaba con su novio y tambi&#233;n con ese tipo. Estuvo con los dos. O por lo menos estoy condenadamente segura de que era eso lo que estaba insinuando ese tipo.

Quiz&#225;, pens&#243; Gabe, su fascinaci&#243;n por Tammy fuera perfectamente comprensible. &#201;l nunca hab&#237;a conocido a una mujer que llevara diamantes y pidiera un vaso de leche en vez de una copa. O que hablara sobre tr&#237;os en la cama mientras daba lametazos a un helado de frambuesa.

&#191;Y c&#243;mo has conseguido que un hombre completamente desconocido te hablara de su vida sexual? -le pregunt&#243; con extremado cuidado.

Por su puesto, no ha empezado hablando de sexo. Est&#225;bamos jugando al p&#243;quer, por el amor de Dios. Al cabo de un rato he empezado a comentar que estaba buscando a una antigua amiga del colegio que se llamaba Tammy Diller y, de pronto, a ese tipo se le ha iluminado la cara y ha comenzado a gui&#241;ar el ojo y hacerles gestos a los otros hombres que estaban en la mesa mientras contaba su historia. En realidad no lo ha explicado expl&#237;citamente, todo ha sido mediante insinuaciones, y bastante desagradables por cierto. Ese tipo era un aut&#233;ntico canalla, Gabe. Como ya te he dicho, no termino de creerme todo lo que ha contado, pero el caso es que tambi&#233;n la ha descrito: pelo oscuro, ojos casta&#241;os, altura media, delgada He estado a punto de soltar una carcajada porque pod&#237;a haber estado describiendo a la mitad de las mujeres de mi familia. Pero despu&#233;s ha incidido en ciertos rasgos f&#237;sicos un poco m&#225;s embarazosos. &#161;Dios santo, pero si Tammy acababa de conocerlo! No puedo creer que una mujer sea capaz de

Gabe tuvo el terrible presentimiento de que Rebecca estaba dispuesta a ahondar en la an&#233;cdota del tr&#237;o indefinidamente. Peor a&#250;n, parec&#237;a dispuesta a compartir con &#233;l hasta el &#250;ltimo detalle. Loco por hacerle cambiar de tema, la interrumpi&#243; con la excusa de transmitirle la informaci&#243;n que hab&#237;a conseguido aquella ma&#241;ana: desde el nombre del novio de Tammy, Dwayne, hasta la calle en la que ten&#237;an alquilada la casa o los lugares en los que la se&#241;orita Diller hab&#237;a empleado sus tarjetas de cr&#233;dito.

Aquella informaci&#243;n sirvi&#243; para hacerle abandonar a Rebecca la cuesti&#243;n del sexo. Pero no impidi&#243; precisamente que se adentrara en un tema mucho m&#225;s problem&#225;tico.

Maldita sea. Podr&#237;a jurar que he o&#237;do antes ese nombre Dwayne. Algo contin&#250;a martille&#225;ndome en el fondo de la mente. De alguna manera, tengo la sensaci&#243;n de que conozco a esa mujer

Ah, as&#237; que tu infame intuici&#243;n femenina ha vuelto a ponerse en funcionamiento, &#191;eh?

Rebecca se termin&#243; el helado y se lami&#243; los dedos con una enorme sonrisa.

Puedes continuar burl&#225;ndote todo lo que quieras de mi intuici&#243;n, pobre esc&#233;ptico, pero reconocer&#225;s que no ha sido tu l&#243;gica la que nos ha tra&#237;do hasta aqu&#237;. &#191;No te advert&#237; que de esta forma todo saldr&#237;a bien? Hemos conseguido el doble de informaci&#243;n y desde dos &#225;ngulos completamente diferentes. Si quieres saber mi opini&#243;n, formamos un equipo invencible. Y dime, &#191;qu&#233; te parece? &#191;Crees que deber&#237;amos echar un vistazo al O'Henry esta noche.

Gabe ya hab&#237;a escuchado la teor&#237;a de Rebecca sobre el equipo invencible la noche anterior. Y si Rebecca no se hubiera marchado antes de darle oportunidad de contestar, habr&#237;a podido o&#237;r su propia filosof&#237;a, que se reduc&#237;a a una contestaci&#243;n de una frase: por encima de mi cad&#225;ver. Sin embargo, en aquel momento, vacil&#243;.

Era bastante dif&#237;cil negar, por mucho que lo irritara, que Rebecca hab&#237;a llevado hasta el momento el mayor peso de la investigaci&#243;n. Por supuesto, hab&#237;a sido solo cuesti&#243;n de suerte el que encontrara la carta de M&#243;nica. Y tambi&#233;n hab&#237;a sido la suerte la que le hab&#237;a permitido coincidir con un hombre que conoc&#237;a a Tammy. Rebecca era una mujer intuitiva y observadora, Gabe estaba dispuesto a reconocerlo. Pero la posibilidad de formar un equipo estaba completamente descartada. &#201;l trabajaba solo. Siempre lo hab&#237;a hecho as&#237;. Era m&#225;s r&#225;pido, m&#225;s seguro y m&#225;s eficiente. Y ni su sentido del honor ni sus valores morales justificaban que permitiera a Rebecca acercarse a una situaci&#243;n peligrosa.

Desgraciadamente, estaba llegando a la dolorosa e irritante conclusi&#243;n de que la se&#241;orita Rebecca Idealista Fortune era una amenaza para ella misma. Hab&#237;a estado a punto de matarse al entrar en casa de M&#243;nica Malone. Hab&#237;a cruzado el pa&#237;s en dos ocasiones sin pensar siquiera en las consecuencias. Y la clase de gente con la que acostumbraba a entablar conversaci&#243;n, como aquel pandillero de Los &#193;ngeles o el cretino que alardeaba sobre los tr&#237;os sexuales, era m&#225;s que suficiente para causarle a Gabe una urticaria. Y &#233;l nunca hab&#237;a sido propenso a las urticarias.

Gabe, &#191;me has o&#237;do? &#191;No crees que ser&#237;a una buena idea que fu&#233;ramos esta noche al OHenry? -le pregunt&#243; otra vez.


Evidentemente, estaba demasiado ansiosa por obtener una respuesta como para darle ni cinco segundos para pensar. Aunque probablemente pensar tampoco iba a servirle para solucionar su problema. Porque en lo que se refer&#237;a a Rebecca, para Gabe no hab&#237;a ninguna respuesta adecuada, lo &#250;nico que sab&#237;a era que Rebecca estaba m&#225;s segura cuando no la perd&#237;a de vista.

A m&#237; me parece bien -contest&#243; sucinto-. Iremos al Caesar, y despu&#233;s al O'Henry. Recorreremos todos los lugares en los que tradicionalmente se han jugado grandes cantidades de dinero. Pero antes me gustar&#237;a que estableci&#233;ramos algunas normas, pelirroja.

Claro.

Estar&#225;s en todo momento a mi lado. No ir&#225;s sola a ninguna parte.

De acuerdo -contest&#243; Rebecca.

Nuestro objetivo es localizarla y ver la estrategia que est&#225; intentando poner en funcionamiento. Despu&#233;s decidiremos c&#243;mo acercarnos a ella. Hasta entonces, no daremos ning&#250;n paso en esa direcci&#243;n.

Tiene sentido.

Y asumiendo que la encontremos, no quiero que sepa que eres una Fortune. No quiero que sepa que tienes alg&#250;n tipo de relaci&#243;n con M&#243;nica o con Jake. Permanecer&#225;s callada como un rat&#243;n y no se te ocurrir&#225; entablar conversaci&#243;n con ning&#250;n otro desconocido. Y en el momento en el que la encontremos, te marchar&#225;s de Las Vegas.

Rebecca se volvi&#243; hacia &#233;l con el ce&#241;o fruncido. Gabe se prepar&#243; para iniciar una discusi&#243;n. Pero el pulso se le aceler&#243; por un motivo completamente diferente en el momento en el que Rebecca alz&#243; la mano y, como si fuera asunto suyo, le arregl&#243; el cuello de la camisa.

De verdad, Gabe, tienes que dejar de preocuparte por m&#237; -le dijo con mucha delicadeza-. Llevo mucho tiempo arregl&#225;ndomelas sola. Puedo cuidar de m&#237; misma.

Y un infierno, pens&#243; Gabe. Pero imaginaba que cualquier comentario que pudiera hacer al respecto parecer&#237;a sexista y merecer&#237;a una afilada respuesta de car&#225;cter feminista. Pero en realidad no era de las capacidades de Rebecca en tanto que mujer de las que dudaba, ni tampoco, a pesar de las bromas que hac&#237;a, de su cerebro. Rebecca no era ninguna est&#250;pida, pero, diablos, aquella mujer cre&#237;a en el amor. Cre&#237;a en los pr&#237;ncipes azules, pensaba que el bien prevalec&#237;a siempre sobre el mal y que nada podr&#237;a hacerle da&#241;o. Como hab&#237;a estado protegida durante toda su vida por el imperio Fortune, Gabe no pod&#237;a culparla de su inocencia. Simplemente, Rebecca nunca hab&#237;a estado sometida a los aspectos m&#225;s s&#243;rdidos de la vida.

Pero su idealismo la hac&#237;a vulnerable.

De pronto, cruz&#243; su mente la extra&#241;a idea de que no le gustar&#237;a cambiarla. Quer&#237;a que continuara siendo libre de creer en aquella imposible bondad, que continuara siendo exactamente la que era. Aunque aquello hiciera que resultara mucho m&#225;s dif&#237;cil protegerla.

Cuando pensaba que pod&#237;a ocurrirle algo, se sent&#237;a como si le estuvieran clavando un cuchillo en las entra&#241;as. Un cuchillo dolorosamente afilado.

Hasta ese momento, Gabe hab&#237;a dado por sentado que cualquiera de sus caprichosos sentimientos hacia Rebecca estaba causado por sus hormonas.

Y ser&#237;a preferible que fuera as&#237;.

Porque si hab&#237;a una mujer sobre la superficie de la tierra por la que no deber&#237;a interesarse seriamente bajo ning&#250;n concepto, esa era Rebecca.

&#161;Maldita sea! &#161;Maldita sea! Me entran ganas de darme cabezazos contra la pared, de romper un jarr&#243;n de porcelana china, de partirle la nariz a alguien

Est&#225; muy lejos de m&#237; intenci&#243;n interrumpir la rabieta de una dama, &#191;pero crees que ser&#237;as capaz de callarte aunque solo fuera durante el tiempo suficiente para pasarme la llave de tu habitaci&#243;n?

Ignorando la irreprimible diversi&#243;n que reflejaba la mirada de Gabe, Rebecca le plant&#243; la llave de la habitaci&#243;n en la mano.

Estoy frustrada, Devereax.

&#191;De verdad? Jam&#225;s me lo habr&#237;a imaginado.

Oh, vamos. Entra, t&#243;mate una copa conmigo y deja de ser tan condenadamente irritante. Dios m&#237;o, ser&#237;as capaz de permanecer tan tieso y fr&#237;o en medio de un mot&#237;n. &#191;Es que nunca te relajas?

Eh, no

El tono de Gabe fue seco. Desde que hab&#237;an llegado al hotel, hab&#237;a estado comport&#225;ndose como un aut&#233;ntico caballero. La hab&#237;a acompa&#241;ado a su habitaci&#243;n y le hab&#237;a abierto la puerta. Pero ante su invitaci&#243;n a pasar, se aclar&#243; la garganta con recelo.

Ya son m&#225;s de las doce. Es muy tarde para tomar una copa

No me digas que tienes ganas de dormir. Est&#225;s tan tenso como yo. Y no te asustes, no voy a ofrecerte un vaso de leche. Siempre viajo con una petaca. No s&#233; si esta vez la he llenado de whisky o de brandy, pero puedo prometerte que tengo algo m&#225;s letal que la lactosa.

Hubo algo que hizo vacilar a Gabe, pero, campanas del infierno, ya hab&#237;a atravesado el vest&#237;bulo para sacar la llave de la cerradura. Rebecca cerr&#243; la puerta y se&#241;al&#243; hacia la mesa y las sillas que ocupaban una de las esquinas y, a continuaci&#243;n, Gabe tuvo la sensatez de apartarse de su camino.

Rebecca se quit&#243; los zapatos de tac&#243;n, arroj&#243; el bolso a la cama, fue a buscar dos vasos de agua al ba&#241;o y despu&#233;s enterr&#243; la cabeza en su maleta. Sac&#243; la petaca, una bolsa de tama&#241;o considerable de gominolas con forma de oso y otra de pastillas de chocolate. Blandiendo los tres objetos en el aire, camin&#243; atropelladamente hacia Gabe.

Este atrap&#243; las golosinas, pero Rebecca lo oy&#243; re&#237;r mientras se sentaba en una de las sillas y estiraba las piernas.

Eh &#191;siempre viajas con una reserva de comida?

Siempre. La comida de los restaurantes Maldita sea -se interrumpi&#243; de pronto-, hemos ido un paso por detr&#225;s de esos tipos en todos los hoteles en los que hemos entrado. Si hubi&#233;ramos calculado las horas un poco mejor, podr&#237;amos habernos puesto en contacto con ellos. Dios m&#237;o, si casi ha sido un milagro que no nos hayamos chocado con ellos.

Por lo menos ahora tenemos la seguridad de que est&#225;n aqu&#237;. Y de que no est&#225;n intentando esconderse, sino que operan de manera abierta y visible.

Pero haber estado tan cerca de ellos y haberlos perdido &#191;C&#243;mo es posible que no est&#233;s tan furioso como yo, cretino?

Porque creo que es mucho mejor que la se&#241;orita Diller no te vea, pelirroja. Esta noche hemos conseguido much&#237;sima informaci&#243;n. M&#225;s que suficiente para obtener alg&#250;n resultado. Seguramente ma&#241;ana tendremos algo definitivo.

Bueno, ten&#237;a que reconocer que alguna informaci&#243;n s&#237; hab&#237;an recogido. Rebecca se acerc&#243; a la silla que estaba frente a Gabe, se dej&#243; caer y apoy&#243; los pies en la cama. Pero no le sirvi&#243; de nada. Pod&#237;a estar quieta y sentada, pero no era capaz de impedir que su mente corriera a miles de kil&#243;metros por hora. Su bisuter&#237;a continuaba en el bolsillo de Gabe; este se hab&#237;a olvidado de devolverle sus joyas la noche anterior. Ella tambi&#233;n se hab&#237;a olvidado de ellas.

Rebecca baj&#243; la mirada, pensando en el modelo negro que llevaba. Horas antes, Gabe le hab&#237;a dirigido una &#250;nica mirada y hab&#237;a sufrido un peque&#241;o ataque card&#237;aco al verla aparecer en el vest&#237;bulo con una enagua.

No era una enagua, por supuesto. Era un vestido perfectamente respetable y rid&#237;culamente caro con unos tirantes min&#250;sculos que le llegaba a medio muslo. Con &#233;l era imposible llevar sujetador, pero no siempre se pod&#237;a escoger. Rebecca apenas hab&#237;a tenido unos minutos para meterse en una tienda aquella tarde y hab&#237;a tenido suerte al encontrarlo. Desde luego, jam&#225;s podr&#237;a haberse imaginado que iba a necesitar tanta ropa para aquel improvisado viaje.

El brazalete de su madre tintineaba mientras alargaba la mano para buscar las pastillas de chocolate que iba seleccionando autom&#225;ticamente por el color. Por lo que hasta entonces hab&#237;a o&#237;do de ella, Tammy Diller tambi&#233;n sol&#237;a ir sin sujetador. Y ten&#237;a fama de decantarse por cierto color. Le gustaban los vestidos rojos. Con aberturas por delante y por detr&#225;s. Alardeando de todo lo que era legal, y de algunas vistas que no lo eran, el programa se completaba con un acento arrastrado de Nueva Orleans, una boca pintada de color rojo intenso y una seductora melena.

A Rebecca se le antojaba como una especie de anguila. Y el compa&#241;ero de Tammy, el tal Dwayne, era descrito como un hombre rubio con un encanto casi infantil del que hac&#237;a un especial despliegue cuando se aproximaba a determinadas viudas.

Ambos ten&#237;an dinero suficiente como para sentarse en algunas de las mesas m&#225;s importantes de black-jack, pero no les gustaba prolongar el juego durante mucho tiempo. Ambos eran suficientemente inteligentes como para no dilapidar su capital. Su aparici&#243;n en las mesas era solamente su tarjeta de presentaci&#243;n. Pero aquella condenada pareja hab&#237;a estado en todos y en cada uno de los lugares por los que hab&#237;an pasado Gabe y Rebecca. En absolutamente todos. Y en todas y en cada una de las ocasiones, parec&#237;an haberse marchado inmediatamente antes de que ellos llegaran.

No se te ha dado muy bien eso de permanecer pegada a mi lado -coment&#243; Gabe.

Por supuesto que no. Y no habr&#237;a conseguido nada que pudiera sernos &#250;til si hubiera permanecido pegada a ti como si estuvi&#233;ramos unidos por un cord&#243;n umbilical. La gente siempre te contar&#225; cosas completamente diferentes a ti que a m&#237; -tom&#243; un pu&#241;ado de pastillas de chocolate de color verde, antes de que Gabe pudiera alcanzarlo-. Por cierto, me ha parecido que una de las rubias del Caesar iba a lanzarte directamente al suelo. Pero t&#250; te has quedado curiosamente contenido, Devereax. Era adorable.

Pero nadie, en ninguno de los lugares en los que hab&#237;an estado, pens&#243; Rebecca, hab&#237;a sido ni la mitad de adorable que Gabe. Dominaba todos los salones en los que entraban. Antes de sentarse, se quitaba la chaqueta del esmoquin y se desabrochaba los primeros botones de su camisa de lino. Una sombra de barba que le daba el aspecto de un pirata cubr&#237;a en aquel momento su rostro. Pero no importaba. El blanco inmaculado de la camisa continuaba haciendo un marcado contraste contra su piel oscura, y su cuerpo alto y musculoso era un grito a la virilidad al margen de la elegancia de su indumentaria. Y aquellos ojos profundos, oscuros y melanc&#243;licos encerraban suficiente perversidad como para poner nerviosa a cualquier mujer.

Y suced&#237;a que aquellos ojos estaban en aquel momento fijos en ella.

&#191;Por fin has conseguido tranquilizarte un poco?

&#191;Solo porque son las dos de la madrugada? Dios m&#237;o, claro que no -se frot&#243; las sienes con los dedos-. Necesito ayudar a mi hermano, Gabe. La fecha de su juicio se acerca a la velocidad de un tornado. Encontrar las respuestas que buscamos dentro de unos meses no va a servirnos de nada. Las necesitamos ahora. Quiero sacar a mi hermano de la c&#225;rcel. Quiero limpiar para siempre su nombre.

Rebecca, intenta tranquilizarte y escucha -Gabe abri&#243; la petaca, oli&#243; su contenido y sirvi&#243; tres dedos de licor en el vaso de agua de Rebecca y uno en el suyo-. Tengo un equipo en mi oficina trabajando sin cesar y siguiendo otra docena de fuentes de informaci&#243;n. En cualquier momento puede surgir alg&#250;n dato que nos permita ayudar a tu hermano. Tu madre tambi&#233;n me proporcion&#243; los nombres de otras personas a las que estamos investigando y el cielo sabe que M&#243;nica coleccion&#243; numerosos enemigos a lo largo de toda su vida. Yo he decidido ocuparme de Tammy porque ahora mismo parece nuestra mejor baza. Pero todav&#237;a no sabemos si fue ella la que mat&#243; a M&#243;nica, pelirroja, y desde luego, no tenemos forma de demostrarlo. Lo &#250;nico que necesitamos ahora es una prueba que pueda se&#241;alarla como segunda sospechosa del crimen. Si conseguimos demostrar que Tammy tuvo alg&#250;n problema con M&#243;nica alrededor de la fecha de su muerte, alg&#250;n problema que pudiera convertirse en el m&#243;vil de un asesinato, eso podr&#237;a hacer surgir las dudas en el jurado, y ser&#237;a suficiente para sacar a tu hermano de la c&#225;rcel.

Bueno, pues con eso no basta. Por lo menos no me basta a m&#237;. &#201;l no lo hizo, Gabe. Y quiero ver colgado de una soga bien larga al culpable de ese asesinato. Mi hermano necesita salir de la c&#225;rcel con la cabeza bien alta. &#161;Y yo odio sentirme tan impotente e incapaz de hacer nada verdaderamente importante por &#233;l!

Rebecca, est&#225;s ayudando a tu hermano -Gabe adopt&#243; un tono sosegado, tranquilo-. Esta noche hemos conseguido averiguar todo lo que necesit&#225;bamos sobre esa pareja. Verlos en persona habr&#237;a estado bien, pero no nos hubiera aportado mucha m&#225;s informaci&#243;n. Nuestra meta era descubrir lo que se propon&#237;an y eso ya lo hemos averiguado. Ahora tengo la informaci&#243;n que necesitaba para planificar la manera de acercarme a ellos, as&#237; que no menosprecies los progresos que hemos hecho esta noche.

Rebecca bebi&#243; un sorbo de whisky. Sinti&#243; su repugnante sabor en la lengua y el fuego que descend&#237;a inmediatamente despu&#233;s por su garganta. Los nervios comenzaron a alejarse, pero estaba tambi&#233;n la exasperaci&#243;n. La ansiedad y la necesidad de ayudar a su hermano tampoco hab&#237;an disminuido pero, de alguna manera, estar con Gabe la ayudaba a ver las cosas con cierta perspectiva. Gabe pod&#237;a no creer en la inocencia de su hermano, pero ni un tornado ni un temblor de tierra le impedir&#237;an realizar su trabajo. Era un hombre concienzudo, implacable y, gracias a Dios, tan cabezota como un macho cabr&#237;o.

&#191;Sabes una cosa? -musit&#243; Rebecca-. Esta noche hemos trabajado muy bien juntos.

S&#237; -se mostr&#243; de acuerdo Gabe.

Pero Rebecca pudo ver el repentino recelo que apareci&#243; en su mirada. Con la evidente intenci&#243;n de cambiar precipitadamente de tema, el detective mir&#243; a su alrededor.

Esta habitaci&#243;n no est&#225; nada mal, pero supongo que el lugar en el que vives es completamente diferente.

Desde luego -como Gabe parec&#237;a estar dispuesto a escucharla, Rebecca inici&#243; una ca&#243;tica descripci&#243;n de su casa-. Mi despacho es un l&#237;o de libros almacenados en pilas que se caen en todas las direcciones posibles. Y tengo un Abe Lincoln de peluche al lado del procesador de textos. Para conseguir la mayor parte de los muebles ech&#233; mano del desv&#225;n de casa de mi madre, saqu&#233; de all&#237; todo tipo de cosas para las que nadie ten&#237;a sitio en su casa. La mayor&#237;a no tienen ning&#250;n valor, pero a m&#237; me encantan. Si vieras el ba&#241;o te dar&#237;a un ataque; tengo las primeras muestras de todos los cosm&#233;ticos y perfumes que est&#225; probando Fortune Cosmetics. Apostar&#237;a todo lo que tengo en el banco a que toda mi casa te resultar&#237;a desagradablemente femenina. Probablemente te volver&#237;as loco entre tanto desorden -dijo con iron&#237;a-.Aunque tengo una habitaci&#243;n para invitados que cualquier d&#237;a de estos pienso convertir en la habitaci&#243;n ideal para un beb&#233;.

Gabe evitaba el tema de los beb&#233;s como si fuera una enfermedad contagiosa.


No s&#233; muy bien por qu&#233;, pero tengo la sensaci&#243;n de que tu madre te habr&#225; presionado para que vivas en la casa de la familia.

Rebecca sacudi&#243; la cabeza.

Mi madre me conoce demasiado bien para hacer algo as&#237;. Ambas nos conocemos demasiado bien. Y creo que para dos mujeres adultas es muy dif&#237;cil vivir bajo el mismo techo. Lo que s&#237; hizo mi madre fue asustarme un poco con el tema de la seguridad, pero en realidad yo he crecido sabiendo lo importante que es formar o no parte del negocio familiar, el apellido de la familia siempre me perseguir&#225;. Pero mientras est&#233; en juego mi independencia Yo he querido mucho a mis padres, y despu&#233;s de que mi padre muriera, mi madre y yo nos acercamos la una a la otra todav&#237;a m&#225;s. Aun as&#237;, tengo mi propio trabajo, mi propia vida. No puedo imaginarme viviendo en casa de mi madre a mi edad. Pero bueno, &#191;y t&#250;? &#191;C&#243;mo es tu casa?

Un simple apartamento. Cuatro paredes. Tengo todo lo necesario para hacerme la vida m&#225;s c&#243;moda, pero ni un solo objeto que sirva de decoraci&#243;n. De todas formas, me paso la mayor parte del d&#237;a trabajando. De hecho, hace unos cuatro a&#241;os instal&#233; un sof&#225;-cama en la oficina. Algunas noches me resulta m&#225;s f&#225;cil dejarme caer all&#237; que volver a casa.

Gabe solo estaba d&#225;ndole conversaci&#243;n, pero Rebecca pod&#237;a recrear mentalmente su casa mientras &#233;l hablaba. Imaginaba un apartamento casi vac&#237;o, fr&#237;o e impersonal. En vez del refugio que cualquier persona pod&#237;a estar deseando encontrarse al llegar a casa despu&#233;s de un largo d&#237;a de trabajo, deb&#237;a de ser un lugar triste y solitario. Como Gabe, pens&#243;.

&#191;Sabes? -le dijo lentamente-, la primera vez que nos vimos, pens&#233; que eras un tipo machista, dominante y malhumorado. Pero eso no es del todo cierto.

Eh gracias, creo.

Te gusta hacerte cargo de todo, pero en realidad no eres ning&#250;n mand&#243;n. Y a menos que est&#233;s preocupado por algo, tampoco haces especial gala de mal humor. B&#225;sicamente, lo que tienes es un car&#225;cter muy protector.

&#191;Va a durar mucho tiempo este an&#225;lisis de mi personalidad?

Rebecca sonri&#243;.

No, pero me pregunto de d&#243;nde viene ese rasgo de tu car&#225;cter.

&#191;Qui&#233;n sabe? De todas formas, no creo que a nadie pueda importarle.

Eh, s&#237;gueme la corriente y cont&#233;stame. As&#237; dejar&#233; de fastidiarte.

No intentes venderme ninguna moto, pelirroja. Vas a ser una metomentodo hasta que te mueras -quiz&#225; no fuera a aceptar su chantaje, pero, aun as&#237;, pos&#243; la mirada en el rostro de Rebecca durante un largo segundo, como si estuviera pensando si era o no una buena idea contestar a su pregunta-. Quiz&#225; lleve en los huesos eso de ser protector. Crec&#237; sinti&#233;ndome muy indefenso. Mis padres se peleaban constantemente y nada de lo que yo dec&#237;a o hac&#237;a serv&#237;a para mejorar las cosas. Los j&#243;venes se mataban en la calle, peleando entre pandillas, y yo no era capaz de cambiar nada de lo que realmente me importaba. Y tampoco pod&#237;a proteger a ninguna de las personas a las que quer&#237;a.

Rebecca estaba oyendo cada una de sus palabras. Pero tambi&#233;n o&#237;a el mensaje no dicho que se escond&#237;a tras ellas. La &#250;nica vez que Gabe se abr&#237;a a ella lo hac&#237;a con un prop&#243;sito muy determinado. Estaba volviendo a decirle con un cuidado exquisito que pertenec&#237;an a mundos completamente diferentes.

&#191;Y hasta qu&#233; punto tuvo que ver esa impotencia con el motivo por el que decidiste alistarte en el ej&#233;rcito?

El ej&#233;rcito era el billete de salida del infierno. Y las Fuerzas Especiales eran un billete incluso mejor. No solo me ense&#241;aron a proteger a los hombres, sino que me dieron la oportunidad de hacerlo. La responsabilidad, la disciplina, el honor son valores que tienen mucha importancia en ese mundo. Ya no son un lugar para m&#237;, pero lo fueron. En las Fuerzas Especiales se necesitan j&#243;venes con muchos reflejos y una gran resistencia. Cuando me lleg&#243; el momento de abandonarlas, ser detective me pareci&#243; el trabajo m&#225;s natural para m&#237;.

Datos, &#243;rdenes y normas. Cosas que siempre puedes controlar -reflexion&#243; Rebecca.

Y no creo que a ti te gusten mucho esos trayectos tan predecibles, pelirroja. Seguramente, mi elecci&#243;n de un mundo lleno de normas te parezca mon&#243;tona y aburrida.

En realidad me parece una opci&#243;n natural para un hombre que creci&#243; frustrado por errores y problemas sobre los que no ten&#237;a ning&#250;n tipo de control. Yo nunca he tenido que pasar por algo tan duro, Gabe.

Aquella era la vez que Gabe se hab&#237;a abierto m&#225;s a ella, pero, aun as&#237;, Rebecca sospechaba que sus comentarios no hab&#237;an sido voluntarios. El detective manten&#237;a los ojos fijos en la alfombra, alejados de cualquier parte del cuerpo de Rebecca y, lo que era mucho m&#225;s elocuente, alejados de cualquier posible expresi&#243;n de cari&#241;o que pudiera aparecer en su rostro. Rebecca no dudaba que Gabe estuviera contando la verdad sobre su pasado. &#201;l era un hombre esencialmente sincero. Pero sent&#237;a al mismo tiempo otra verdad: aunque en ning&#250;n momento hubiera expresado la m&#225;s ligera se&#241;al de inter&#233;s, el se&#241;or Gabe Devereax, siempre protector, estaba advirti&#233;ndola de las vastas diferencias que hab&#237;a entre ellos.

Rebecca era consciente de aquellas diferencias. Y tambi&#233;n sab&#237;a que enamorarse de un hombre que no cre&#237;a ni en los beb&#233;s ni en las familias terminar&#237;a destroz&#225;ndole el coraz&#243;n. Pero el riesgo parec&#237;a no tener ning&#250;n poder sobre sus sentimientos. Era imposible contener la lluvia, o sostener el arco iris en la mano.

Y era imposible dejar de enamorarse intensa y profundamente de Gabe.

Todo el mundo tiene que cargar con su propia cruz -coment&#243; Gabe-. Simplemente, mi versi&#243;n de una infancia dif&#237;cil es diferente de la tuya. Para m&#237; no habr&#237;a sido nada f&#225;cil crecer en el seno de la familia Fortune.

Formar parte de una dinast&#237;a como la nuestra supone unos desaf&#237;os &#250;nicos. Pero siempre me he sentido querida en mi familia.

S&#237;, bueno, mucha gente utiliza la palabra amor para referirse a su familia -coment&#243; Gabe secamente.

En cualquier otra ocasi&#243;n, Rebecca habr&#237;a mordido aquel anzuelo m&#225;s r&#225;pidamente que una trucha una lombriz. Gabe siempre bromeaba o ironizaba sobre su personalidad idealista. Y ambos disfrutaban de sus discusiones. A Rebecca nunca le hab&#237;an importado sus comentarios. Pero de pronto se preguntaba qu&#233; ocurrir&#237;a si ignoraba aquel e intentaba acercarse directamente a Gabe.

No -le orden&#243; Gabe r&#225;pidamente.

La repentina tensi&#243;n de Gabe parec&#237;a no tener ning&#250;n sentido. Lo &#250;nico que Rebecca hab&#237;a hecho era levantarse. Por la alarma que reflejaban sus ojos, cualquiera habr&#237;a dicho que Rebecca pensaba desnudarse en p&#250;blico.

Ambos necesit&#225;bamos una copa para tranquilizarnos. Pero creo que ya es hora de que me vaya a mi habitaci&#243;n -dijo precipitadamente.

Probablemente sea una buena idea -se mostr&#243; de acuerdo Rebecca.

Pero advirti&#243; que Gabe no la deten&#237;a cuando decidi&#243; seguir una idea igualmente buena pero completamente diferente y se sent&#243; en su regazo.

Esto no me parece en absoluto sensato, pelirroja.

Lo s&#233;.

Hasta ahora est&#225;bamos haciendo las cosas bien.

Tambi&#233;n lo s&#233;.

Lo &#250;nico que tenemos que hacer es ignorar la qu&#237;mica que hay entre nosotros y antes o despu&#233;s desaparecer&#225;.

Esa es una buena teor&#237;a, pero me temo que no siempre funciona, Gabe. Creo que la qu&#237;mica crepita como un asado cada vez que estamos juntos. Por lo menos ese es mi caso. Hasta puedo oler las especias. Y la verdad es que no lo entiendo. &#191;C&#243;mo es posible que sienta esas cosas por ti? &#191;Y c&#243;mo es posible que no las haya sentido antes? &#191;Qu&#233; pasa entre t&#250; y yo? Las preguntas y los problemas para los que no encuentro respuesta me vuelven loca. Quiz&#225; sea una debilidad de mi car&#225;cter, pero el caso es que no soy capaz de descansar hasta que encuentro alguna respuesta.

Esa es la raz&#243;n m&#225;s est&#250;pida que se te ha podido ocurrir para sentarte en mi regazo.

Entonces &#233;chame -sugiri&#243; Rebecca.

Pero Gabe no lo hizo.



Cap&#237;tulo 8

Gabe alarg&#243; los brazos hacia ella, tan brusca como repentinamente. La imagen que acudi&#243; a la mente de Rebecca fue la de un n&#225;ufrago aferr&#225;ndose al &#250;nico salvavidas que pod&#237;a salvarlo de una tormenta salvaje y oscura. Uno de los brazos de Gabe qued&#243; atrapado por la espalda de Rebecca. Pero el otro qued&#243; definitivamente libre.

Hundi&#243; entonces sus dedos tensos y callosos en la melena de Rebecca, como si quisiera inmovilizarla cuando en realidad en lo &#250;ltimo que estaba pensando ella era en moverse. Los labios de Gabe se abalanzaron sobre los de Rebecca para posar sobre ellos un beso abrasador y electrizante.

Gabe sab&#237;a como la furia; como una repentina explosi&#243;n de soledad. Como el deseo reprimido durante tanto tiempo que al final hab&#237;a terminado por desbordar el recipiente que lo encerraba. Era el beso m&#225;s salvaje al que Rebecca hab&#237;a sido invitada en toda su vida y, definitivamente, el m&#225;s peligroso. El pulso de la escritora se aceleraba cada vez m&#225;s. Pero solo un imb&#233;cil pod&#237;a hundirse en las arenas movedizas. Ella sab&#237;a el valor que Gabe le daba al control. Y sab&#237;a que hab&#237;a intentado durante todo ese tiempo comportarse como un buen chico y no ponerle una sola mano encima. Y quiz&#225; ella hubiera sido una est&#250;pida al presionarlo.

Pero nunca se hab&#237;a sentido tan bien. Ninguno de los razonamientos que su cerebro expon&#237;a sobre la arriesgada locura en la que se estaba metiendo parec&#237;a capaz de penetrar su coraz&#243;n.

El beso, todav&#237;a humeante, se convirti&#243; en el fogoso principio de otros muchos. La lengua de Gabe encontr&#243; la de Rebecca, la hizo suya. Un velo blanco cubri&#243; por completo la mente de Rebecca. Nada exist&#237;a para ella en aquel momento, salvo Gabe. Porque ning&#250;n otro hombre hab&#237;a conseguido hacerla sentirse tan maravillosamente bien.

Gabe dej&#243; caer la mano para encender un camino por la blanca garganta de Rebecca. Descendi&#243; desde all&#237; hasta su hombro, donde al tiempo que la acariciaba, le baj&#243; el estrecho tirante del vestido. Rebecca alz&#243; la cabeza. Gabe hizo arder con su boca el mismo camino iniciado por su mano, haciendo participar en su beso sus dientes y una peligrosamente h&#250;meda y c&#225;lida lengua. Y si aquellos besos capaces de encender un fuego h&#250;medo por el pronunciado escote de Rebecca ya fueron suficientemente arriesgados, lo fue mucho m&#225;s que uno de sus senos quedara al desnudo cuando Gabe le baj&#243; el tirante. Desnudo y vulnerable.

Gabe era un buen hombre. Por encima de las diferencias que hab&#237;a entre ellos, por encima de los obst&#225;culos que sab&#237;a insalvables y por encima de cualquier otra estupidez, el coraz&#243;n de Rebecca hab&#237;a intuido mucho tiempo atr&#225;s que Gabe no solo era un buen hombre, sino que, seguramente, era el mejor hombre que hab&#237;a conocido en su vida. Aunque precisamente en aquel momento, el detective no parec&#237;a sentirse especialmente motivado a ser bueno.


Sinti&#243; el roce de la incipiente barba de Gabe en la plenitud de su seno. La boca de Gabe no tard&#243; en descubrirlo y comenzar a explorarlo hasta encontrar el pez&#243;n. Gabe estuvo mim&#225;ndolo con la lengua hasta conseguir que se irguiera tenso contra &#233;l. La respiraci&#243;n de Rebecca comenz&#243; a hacerse atropellada. El pulso le lat&#237;a a la velocidad del motor de un avi&#243;n prepar&#225;ndose para el despegue. Mientras se retorc&#237;a en el regazo de Gabe pod&#237;a sentir su excitaci&#243;n creciente, palpitante, advirti&#233;ndole claramente que, si quer&#237;a que aquello se detuviera, iba a tener que ser ella la que se tranquilizara y comenzara a pensar.

Pero Rebecca no quer&#237;a tranquilizarse. Hab&#237;a sentido deseo en otras ocasiones, pero nunca aquel anhelo de pertenencia. Hab&#237;a experimentado la pasi&#243;n, pero no con aquel fervor. Apart&#243; precipitadamente la camisa de Gabe y pos&#243; las manos en su piel ardiente y en la mata hirsuta de su vello. La piel de Gabe ol&#237;a a calor, a limpio, a hombre. Su coraz&#243;n lat&#237;a de forma atronadora bajo su mano, mostrando una respuesta real, cruda, honesta. Como Gabe. Y tan imprevisible como &#233;l.

Al igual que un hombre durante mucho tiempo encerrado en soledad, Gabe parec&#237;a hambriento por saborear la luz del sol. Los sabores, las texturas, asaltaban todos los sentidos de Rebecca que parec&#237;an de pronto llevar impreso el hombre de Gabe.Y todos ellos parec&#237;an estar deletre&#225;ndole las letras del deseo. El deseo de Gabe, sus caricias todo parec&#237;a indicar que por fin hab&#237;a sido capaz de creer que hab&#237;a otro ser humano al otro lado del oscuro y solitario abismo. La fiera oscuridad de su mirada, los sonidos que su garganta emit&#237;a, su forma de masajearla, de acariciarla, hac&#237;an que Rebecca se sintiera como s&#237; fuera la luz del sol. Como si fuera la &#250;nica que dispon&#237;a de la llave para poner fin a su encierro. La hac&#237;an sentirse como si Gabe realmente la necesitara.

Su propia respuesta era tan natural como la lluvia. Rebecca nunca se hab&#237;a sentido as&#237; con otro hombre. En eso pod&#237;a sentirse igual a Gabe: ella tampoco hab&#237;a expuesto nunca aquel nivel tan vulnerable y desnudo de deseo ante nadie. Pero con Gabe sab&#237;a que pod&#237;a ser sincera.

Quiz&#225; exuberantemente sincera. Tanto que estuvo a punto de sacarle un ojo de un codazo al intentar que alzara la cabeza para volver a besarlo en la boca. Ni sus codos ni sus rodillas parec&#237;an estar en el lugar correcto, y no era capaz de tocar a Gabe tal y como realmente deseaba hacerlo. Advirti&#243; un brillo de diversi&#243;n en la mirada de Gabe, pero iba acompa&#241;ado del reflejo de la tensi&#243;n y el deseo frustrado.

La respiraci&#243;n del detective se estaba volviendo tan trabajosa y r&#225;pida como la de Rebecca. Esta se acurruc&#243; sobre las piernas, intentando aferrarse a Gabe todo lo que le permit&#237;a aquella condenada silla. Y Gabe inici&#243; una lenta caricia a lo largo de su pierna. Deslizaba la mano por la media de seda, desde la pantorrilla hasta el muslo, provocando en su camino deliciosos escalofr&#237;os, haci&#233;ndole sentirse como si se estuviera hundiendo en un pozo delicioso de terciopelo. Gabe alz&#243; el vestido para atrapar la curva de su cadera y emiti&#243; un &#225;spero gru&#241;ido. Su voz sonaba ronca, herrumbrosa, reflejando tanto su asombro como la frustraci&#243;n y un crudo deseo.

Becca -susurr&#243; con fiereza.


Y justo en ese preciso instante son&#243; el tel&#233;fono, sobresalt&#225;ndolos a ambos.

Rebecca mir&#243; a Gabe durante una mil&#233;sima de segundo, intentando volver a poner su mente en funcionamiento. Pasaron varios segundos hasta que fue capaz de registrar la situaci&#243;n en la que se encontraba: estaba en la habitaci&#243;n de un hotel. Esa habitaci&#243;n, evidentemente, ten&#237;a un tel&#233;fono y dicho tel&#233;fono estaba a una tortuosa distancia de la cama.

El tel&#233;fono volvi&#243; a sonar mientras Gabe levantaba a Rebecca de su regazo y la obligaba a ponerse de pie.

En otra ocasi&#243;n, sugerir&#237;a que lanz&#225;ramos el tel&#233;fono contra la pared, pelirroja, pero me temo que una llamada en medio de la noche puede ser algo importante. Ser&#225; mejor que contestes.

Rebecca estaba llegando a la misma conclusi&#243;n, aunque algunos segundos despu&#233;s que Gabe. Rode&#243; la cama a toda velocidad y lleg&#243; al tel&#233;fono antes de que volviera a dar otro timbrazo.

&#191;Diga?

&#191;Rebecca Fortune?

S&#237;, yo soy Rebecca.

No reconoc&#237;a la voz de la mujer que la llamaba, pero en aquel momento no habr&#237;a reconocido ni la voz de su propia madre. Todo su cuerpo continuaba en sinton&#237;a con Gabe, recre&#225;ndose en la intimidad que hab&#237;an compartido y en lo cerca que hab&#237;an estado de hacer el amor. Era incapaz de concentrarse en otra cosa.

Soy Tammy. Tammy Diller.

Si necesitaba un golpe que la ayudara a anular el deseo y forzara su capacidad de su concentraci&#243;n, el nombre pronunciado por su interlocutora no pod&#237;a haber sido m&#225;s acertado. Rebecca tom&#243; una bocanada de aire y se sent&#243; en la cama.

No -dijo Gabe con firmeza-. No, no y no. No vas a reunirte con esa mujer, Rebecca. Olv&#237;dalo. Eso est&#225; fuera de toda posibilidad.

Ahora eres t&#250; el que tienes que tranquilizarte, Devereax. A m&#237; tampoco me emociona precisamente la idea, pero no tengo otra opci&#243;n. Tengo que hacer esto, Gabe, y no hay nada m&#225;s que hablar.

Claro que hay mucho m&#225;s que hablar. Tendr&#225;s que pasar por encima de mi cad&#225;ver para poder acercarte a la se&#241;orita Diller.

No s&#233; c&#243;mo ha podido localizarme Tammy.

Pues yo lo s&#233; endemoniadamente bien. Has estado haciendo preguntas por toda la ciudad. Por dos ciudades enteras, para ser m&#225;s exactos. Preguntas peligrosas sobre una mujer que perfectamente podr&#237;a resultar ser una asesina. &#191;No te he advertido cientos de veces que no lo hicieras? &#191;No te lo dije? Maldita sea, me va a salir una &#250;lcera solo de saber que esa mujer ha conseguido seguirte el rastro hasta averiguar d&#243;nde te alojas. Lo siento, peque&#241;a, pero vas a volver a tu casa y desaparecer cuanto antes del mapa. Y esta vez no es una sugerencia, es una orden.

Puedes seguir orden&#225;ndomelo todas las veces que quieras: no pienso ir a ninguna parte.

Oh, claro que vas a ir.

Gabe, soy consciente de que est&#225;s preocupado. Yo tambi&#233;n lo estoy. Pero esta es la primera vez que tengo una oportunidad aut&#233;ntica de ayudar a mi hermano. Conf&#237;a en m&#237;. No hay nada ni nadie que pueda detenerme.

Pronunci&#243; la &#250;ltima frase en un tono tan firme y sereno que a Gabe le entraron ganas de retorcerle el cuello.

Como la habitaci&#243;n de Rebecca dispon&#237;a de muy poco espacio libre, Gabe comenz&#243; a caminar por uno de los lados de la cama. Rebecca lo imit&#243; por el otro. Y sus ojos se encontraban cada vez que giraban.

Gabe nunca se hab&#237;a peleado con una mujer. Jam&#225;s. Y, desde luego, jam&#225;s le hab&#237;a tenido que gritar a una mujer. Era algo que iba en contra de su &#233;tica y de lo que su instinto le dec&#237;a sobre la conducta que un hombre deb&#237;a mantener con el sexo opuesto.

La culpabilidad hac&#237;a a&#241;icos su conciencia. Pero el hecho de sentirse culpable por haberle gritado no le resultaba demasiado doloroso. Al fin y al cabo, Rebecca estaba siendo tan cabezota y tozuda como un burro. Y si se viera en la obligaci&#243;n de retorcer el idealista cuello de Rebecca para poder mantenerla con vida, lo har&#237;a. Gabe hab&#237;a intimidado a hombres que estaban bajo sus &#243;rdenes con la mitad de esfuerzo. Hasta ese momento, nada parec&#237;a haber intimidado o asustado a esa condenada pelirroja. Lo cual era una prueba m&#225;s de que era una mujer temeraria e imprudente. No ten&#237;a la menor idea de lo que era el peligro.

Hasta ese momento, intentar intimidarla no hab&#237;a servido de nada, pero todav&#237;a no se hab&#237;a empleado a fondo con ella. Y se cre&#237;a perfectamente capaz de sobrevivir a la culpa cuando lo hiciera. En ese caso, el fin justificaba los medios.

Pero hab&#237;a otro tipo de culpa machacando su conciencia. Una culpabilidad que crec&#237;a con solo mirarla y que lo azotaba con la intensidad de una tormenta de vientos salvajes y l&#250;gubres rayos.

Uno de los min&#250;sculos tirantes del vestido se hab&#237;a roto. El corpi&#241;o colgaba sobre el seno derecho de Rebecca, amenazando con descubrirlo cada vez que la escritora tomaba aire. Los labios de Rebecca estaban enrojecidos por la presi&#243;n de su beso. Y su piel continuaba suave y sonrosada por el deseo.

La luz de la l&#225;mpara iluminaba todo su cuerpo. Su pelo era como una puesta de sol, lanzaba destellos dorados y rojizos en una mara&#241;a de luz cada vez que giraba.

La cama que se interpon&#237;a entre ellos era como el afilado recuerdo de lo cerca que hab&#237;an estado de terminar sobre ella. De lo mucho que Gabe continuaba deseando hacerlo. De lo mucho que continuaba deseando a Rebecca.

No hab&#237;a nada malo en desear a una mujer. No hab&#237;a nada malo en acostarse con una mujer dispuesta a hacerlo. Pero, maldita fuera, aquella era Rebecca. Ella quer&#237;a tener hijos, formar una familia. Gabe sab&#237;a que desnudarse ante una mujer era algo completamente diferente a compartir intimidad. &#201;l nunca hab&#237;a herido deliberadamente a una mujer, jam&#225;s se hab&#237;a acostado con nadie que no estuviera jugando con la misma baraja que &#233;l.

Y tampoco hab&#237;a dejado nunca que una mujer, ni ninguna otra cosa, interfiriera en su trabajo.

Me cuesta creer que haya dejado que las cosas fueran tan lejos -musit&#243;-Tammy no deber&#237;a tener la menor idea de d&#243;nde localizarte, pelirroja.

Si no hubiera averiguado qui&#233;n soy yo, nunca habr&#237;a intentado ponerse en contacto conmigo -respondi&#243; Rebecca-.Y, por el amor de Dios, no hay nada peligroso en una conversaci&#243;n. Y la verdad es que Tammy ha sido muy amable. Se ha disculpado por llamarme tan tarde. Y lo &#250;nico que ha dicho ha sido que se ha enterado a trav&#233;s de unos amigos de que estaba intentando localizarla. No sab&#237;a por qu&#233;, pero que si quer&#237;a que nos vi&#233;ramos, ella estaba de acuerdo y dispon&#237;a de tiempo ma&#241;ana por la ma&#241;ana.

Cabe elev&#243; los ojos al cielo y contest&#243; imitando la voz de una soprano.

No s&#233; c&#243;mo has podido tragarte una cosa as&#237;, peque&#241;a.

Yo no me he tragado nada, Gabe. Por el amor de Dios, estamos deseando hablar con esa mujer y ella me ha servido la oportunidad en bandeja.

S&#237;. Y, curiosamente, ha sugerido una agradable y tranquila reuni&#243;n en la zona del Gran Ca&#241;&#243;n para hacerlo. Tammy, o la se&#241;orita Pollyana si lo prefieres, no es una amante de la naturaleza. Y es evidente que si ha elegido un lugar tan solitario como ese no es porque quiera dedicarse a meditar contigo.

Est&#225;s sacando conclusiones precipitadas -replic&#243; Rebecca con firmeza-. Ni t&#250; ni yo sabemos si tiene algo peligroso en mente. Y a menos que hable con ella, no tenemos ninguna forma de saber lo que le ronda por la cabeza. -Entonces nunca lo sabremos porque no hay ni la m&#225;s remota posibilidad de que vayas a reunirte t&#250; sola con esa mujer.

Gabe, Tammy ha preguntado por m&#237;, no por ti. Y ahora, deja de comportarte por un instante como si fueras un gorila sobre protector y piensa. Tengo que ir sola y quiero hacerlo. Una mujer siempre encuentra la manera de entablar conversaci&#243;n con otra mujer. Tammy se ha ofrecido voluntariamente a hablar conmigo y estoy segura de que, diga lo que diga, ser&#233; capaz de adivinar sus intenciones. Est&#225;s montando demasiado alboroto por todo esto, grandull&#243;n. No es que no me parezcas adorable, pero tienes una tendencia casi adolescente a parecer intimidante, adem&#225;s de ser incapaz de ser m&#237;nimamente sutil.

Estoy hablando de tu seguridad. Y la sutilidad me importa menos que el trasero de una rata.

Rebecca tuvo el valor de dirigirle una sonrisa traviesa.

A las pruebas me remito.

Rebecca, esto no me gusta.

Lo s&#233;.

Esto no me gusta nada en absoluto.

Lo s&#233;.

Al final, Gabe renunci&#243;, parcialmente y, desde luego, no voluntariamente. Si hubiera tenido alguna opci&#243;n, habr&#237;a llamado a la madre de Rebecca y le habr&#237;a pedido que encerrara a su hija en un convento. Pero a pesar de todo su poder, dudaba que Kate Fortune pudiera ejercitar ese poder sobre su hija. Nadie parec&#237;a capaz de dominar a aquella pesadilla andante capaz de provocarle una &#250;lcera a cualquiera.

Desgraciadamente, era su pesadilla. Y no pod&#237;a confiar en que cuidara de s&#237; misma. Rebecca ten&#237;a todo un historial salt&#225;ndose las normas que supuestamente hab&#237;an establecido. Gabe pod&#237;a meterla en un avi&#243;n, s&#237;, pero no pod&#237;a garantizar que no lo secuestrara y se las arreglara como fuera para asistir a la reuni&#243;n con la se&#241;orita Di-11er. Gabe ten&#237;a el desagradable presentimiento de que incluso en el caso de que la atara y la descuartizara, ella se las arreglar&#237;a para ir a esa reuni&#243;n.

De modo que ser&#237;a &#233;l el que establecer&#237;a las normas. Ir&#237;a a ver a Tammy, s&#237;, pero Gabe viajar&#237;a primero a aquel lugar. Nadie podr&#237;a verlo, pero &#233;l estar&#237;a all&#237;. Rebecca se mostrar&#237;a dispuesta a seguir la conversaci&#243;n que Tammy iniciara, pero bajo ning&#250;n concepto mencionar&#237;a el asesinato de M&#243;nica Malone. Pod&#237;a inventarse un cuento de hadas si quer&#237;a satisfacer la curiosidad de Tammy sobre los motivos de sus preguntas, pero deb&#237;a evitar cualquier tema peligroso.

Rebecca se mostr&#243; de acuerdo en todos los puntos sin vacilar. Gabe no coment&#243; que pensaba ir armado ni que decidir&#237;a si deb&#237;a permanecer invisible en funci&#243;n de lo que viera y presintiera cuando llegara al lugar de la reuni&#243;n. Rebecca tampoco pregunt&#243; nada.

De pronto, la escritora bostez&#243;. Fue un sonoro y enorme bostezo, seguido de un fuerte pesta&#241;eo y una sonrisa.

Discutir contigo es realmente agotador -dijo secamente-. &#161;Dios m&#237;o! &#191;Pero tienes idea de la hora que es?

En realidad no la ten&#237;a, pero nada m&#225;s mirar el reloj, Gabe alarg&#243; el brazo para agarrar la chaqueta de su esmoquin.

Ma&#241;ana repasaremos todo esto otra vez antes de que te vayas. Si se supone que debes reunirte con ella a las dos, podr&#237;amos almorzar juntos alrededor de las once. Vendr&#233; a buscarte a tu habitaci&#243;n.

Quiz&#225; para ti sea una almuerzo, pero probablemente para m&#237; ser&#225; un desayuno. Creo que voy a quedarme durmiendo hasta las once de la ma&#241;ana.

Buena idea -contest&#243; Gabe.

&#201;l, por su parte, no pensaba dormir en absoluto. Ten&#237;a muchas cosas que solucionar antes del d&#237;a siguiente, entre ellas, alquilar un segundo coche para examinar el lugar en el que Tammy hab&#237;a citado a Rebecca. Comenz&#243; a dirigirse hacia la puerta, pero de pronto se detuvo.

Pelirroja

La verdad era que no sab&#237;a qu&#233; decir, pero necesitaba decir algo. La llamada de Tammy hab&#237;a interrumpido un momento muy especial entre ellos. Aun as&#237;, continuaban existiendo los recuerdos de lo que hab&#237;a ocurrido y, si no se enfrentaban a ellos, la situaci&#243;n podr&#237;a llegar a enconarse.

&#191;Piensas disculparte porque hemos estado a punto de hacer el amor? -pregunt&#243; Rebecca con una voz m&#225;s suave que la mantequilla.

No, no iba a disculparme -se pas&#243; la mano nervioso por la cara-. Bueno s&#237;, quiero disculparme.

A m&#237; me parece que he sido yo la que se ha acercado a ti -ella tambi&#233;n se frot&#243; la cara, como si el gesto de Gabe fuera contagioso-. Deber&#237;a estar pensando en mi hermano, Gabe. &#201;l es la raz&#243;n por la que estoy aqu&#237;. Cuando Tammy ha llamado, no he sido capaz de pensar con claridad, y no puedo dejar de sentirme culpable por eso.

Pues olv&#237;date de esa culpa, pelirroja. Tu hermano es asunto m&#237;o. Por mucho que el amor y la lealtad te est&#233;n impulsando a actuar, t&#250; no est&#225;s acostumbrada a esto. No est&#225;s acostumbrada a tratar con la escoria de la sociedad, ni a viajar de un d&#237;a para otro por todo el pa&#237;s, y tampoco est&#225;s acostumbrada a la gente que vive a margen de la ley -hundi&#243; las manos en los bolsillos del pantal&#243;n-. Adem&#225;s, est&#225;s preocupada por tu hermano. Es l&#243;gico que toda esta situaci&#243;n contribuya a intensificar los sentimientos. Cuando la adrenalina se pone en funcionamiento, nadie es capaz de pensar como lo hace normalmente.

Yo estoy pensando perfectamente -le sostuvo la mirada-. Simplemente, no he elegido el momento adecuado. Eso es lo &#250;nico que lamento, pero no me arrepiento en absoluto de lo que siento por ti ni de lo que hemos compartido.

S&#237;, bueno. Pero en cuanto regreses a tu casa, volver&#225;s a so&#241;ar con tener una casa en el campo con un columpio en el jard&#237;n, un mont&#243;n de ni&#241;os y un hombre con el que cuidarlos.

Rebecca abri&#243; la boca para decir algo m&#225;s, pero inmediatamente la cerr&#243;. Gabe vio entonces la fr&#225;gil vulnerabilidad que reflejaba su rostro, el dolor que aparec&#237;a en el verde de sus ojos. Un dolor que &#233;l mismo hab&#237;a provocado y que le habr&#237;a gustado poder sanar. Le dirigi&#243; una &#250;ltima mirada y sali&#243;.

El pasillo estaba desierto y en silencio. Tan silencioso que pod&#237;a o&#237;r los latidos de su propio coraz&#243;n.

Hab&#237;a sido sincero con ella, no pretend&#237;a hacerle da&#241;o. Rebecca era proclive a creer en ilusiones y en pr&#237;ncipes azules. Y si hubiera dejado que pensara en &#233;l en esos t&#233;rminos, el dolor habr&#237;a sido mucho m&#225;s intenso. Pero aun as&#237;, Gabe continuaba sintiendo un desagradable nudo en la garganta.

Rebecca era la luna y el sol en los que en otro tiempo &#233;l hab&#237;a deseado creer. Gabe se sent&#237;a inc&#243;modo e incr&#233;dulo ante la palabra amor, pero no pod&#237;a negar que hab&#237;a muchas cosas que adoraba de Rebecca. Y deseaba que tuviera derecho a ser exactamente lo que era: una est&#250;pida idealista que todav&#237;a cre&#237;a en los sue&#241;os.


Y la &#250;nica forma de que eso pudiera ocurrir era que continuara protegi&#233;ndola. Y no solo de los peligros externos, sino tambi&#233;n de &#233;l.

Era imposible que &#233;l fuera el hombre que Rebecca necesitaba. El hombre con el que quer&#237;a compartir su vida. Y Gabe lo sab&#237;a.

El apu&#241;alamiento siempre hab&#237;a sido el m&#233;todo preferido de Rebecca para el asesinato. Hab&#237;a matado a algunos de sus personajes con veneno, utilizando una vieja pistola o arroj&#225;ndolos cruelmente por un precipicio. En el ordenador que ten&#237;a en su casa, ten&#237;a un libro de suspense a punto de acabar en el que el malo se inclinaba por un pu&#241;al de plata. S&#237;, apu&#241;alar a alguien con un pu&#241;al de plata.

Un cr&#237;tico literario, record&#243; Rebecca, hab&#237;a alabado su imaginaci&#243;n tan deliciosamente perversa. Pero eso era ficci&#243;n. En la vida real, Rebecca se sent&#237;a culpable hasta matando un mosquito y, desde luego, jam&#225;s hab&#237;a aspirado a conocer a alguien que hubiera cometido un asesinato.

Se desabroch&#243; la camisa color crema, se puso los pantalones caquis y se calz&#243; unas zapatillas deportivas. La cabeza le lat&#237;a y ten&#237;a el est&#243;mago revuelto. Aquel era el tercer modelo que se probaba, lo cual tensionaba hasta el l&#237;mite las opciones que le ofrec&#237;a su maleta. A pesar de las muchas horas que hab&#237;a pasado creando todo tipo de asesinos violentos, no ten&#237;a la menor idea de la ropa que deb&#237;a ponerse para ir a ver a una posible asesina.

El alegre sol de la ma&#241;ana entraba a raudales por la ventana mientras ella agarraba un cepillo y se debat&#237;a entre dejar o no sus rizos sueltos.

Se record&#243; a s&#237; misma, una vez m&#225;s, que el hecho de que M&#243;nica Malone hubiera sido asesinada con un cortaplumas no era raz&#243;n alguna para asumir que Tammy era la responsable de su muerte. De hecho, no hab&#237;a ninguna prueba que indicara que Tammy hab&#237;a estado en la casa en el momento del asesinato de M&#243;nica. Nada indicaba que hubiera tocado siquiera aquel abrecartas.

Y adem&#225;s de todo ello, Rebecca ten&#237;a la constante sensaci&#243;n de que hab&#237;a alg&#250;n tipo de relaci&#243;n entre Tammy y su familia. Pero, como Gabe se encargaba de recordarle constantemente, ten&#237;a una imaginaci&#243;n demasiado activa y todav&#237;a no hab&#237;a encontrado ning&#250;n hecho que corroborara aquel presentimiento.

Por otra parte, si Gabe de verdad creyera que la se&#241;orita Diller era culpable, Rebecca sospechaba que el detective habr&#237;a encontrado alguna forma sucia y nefanda de dar al traste con aquella reuni&#243;n. De modo que, seguramente, lo &#250;nico que Gabe ve&#237;a de Tammy era su v&#237;nculo con M&#243;nica y la posibilidad de que este pudiera salvar a Jake. Rebecca sab&#237;a que el detective no cre&#237;a en la inocencia de su hermano m&#225;s que los dem&#225;s. Y aunque el resto de la familia pensaba que Jake era inocente, hab&#237;an dejado en manos de sus abogados la futura libertad de Jake. Rebecca, sin embargo, no pensaba correr ning&#250;n riesgo estando de por medio la libertad de su hermano.


Su hermano era &#233;tica, emocional e intelectualmente incapaz de asesinar. Rebecca lo sab&#237;a con toda certeza. Pero si &#233;l no hab&#237;a cometido aquel asesinato, ten&#237;a que haber otra persona que lo hubiera hecho. Y la &#250;nica alternativa que hasta el momento hab&#237;a surgido era la de Tammy.

La mujer con la que, Rebecca mir&#243; el reloj, deber&#237;a encontrarse al cabo de tres horas.

Rebecca dej&#243; el cepillo, se pint&#243; los labios, se puso el brazalete de su madre, puesto que por nada del mundo iba a salir sin su preciado talism&#225;n aquel d&#237;a, y consider&#243; si todav&#237;a ten&#237;a tiempo para vomitar. Una legi&#243;n de mariposas suicidas revoloteaban en su est&#243;mago y cada uno de sus movimientos le provocaba una n&#225;usea. El voto de las mariposas era un&#225;nime. Pero Gabe estaba a punto de llegar.

De hecho, Gabe aporre&#243; la puerta justo un segundo antes de que Rebecca hubiera terminado de presionar el cierre de seguridad del brazalete. En el instante en el que le permiti&#243; el paso, Gabe la recorri&#243; de pies a cabeza con la mirada como si fuera un perro guardi&#225;n examinando a su cachorro.

&#191;Te encuentras bien? &#191;Has podido dormir? &#191;Te sientes preparada para esto?

No podr&#237;a encontrarme mejor y estoy deseando marcharme -pretend&#237;a parecer segura y confiada, pero descubri&#243; bruscamente que no ten&#237;a por qu&#233; fingir.

El est&#243;mago se le hab&#237;a asentado en cuanto hab&#237;a visto entrar a Gabe, aunque el pulso se le hab&#237;a acelerado repentinamente.

El atuendo de Gabe era informal; una camisa a cuadros, vaqueros y cazadora de aviador. Pero ya fuera formal o informalmente vestido, Gabe siempre consegu&#237;a parecer infinitamente m&#225;s pulcro que ella. Sus camisas se manten&#237;an siempre sin una sola arruga, no llevaba un solo pelo fuera de lugar. Las mejillas las llevaba reci&#233;n afeitadas, pero a Rebecca le dio un vuelco el coraz&#243;n al ver las sombras que hab&#237;a bajo sus ojos. Obviamente, Gabe no hab&#237;a olvidado lo que hab&#237;a ocurrido la noche anterior.

Y tampoco ella.

Antes de aquella noche, quiz&#225; tuviera la sospecha que se hab&#237;a enamorado de &#233;l. Pero despu&#233;s de lo ocurrido, lo sab&#237;a. Y estaba avergonzada por el abandono con el que se hab&#237;a arrojado a sus brazos. La qu&#237;mica que hab&#237;a entre ellos era imperiosa y casi insoportable, pero era solo un s&#237;ntoma de aquella dolencia en particular. Su mente se convert&#237;a en mantequilla en cuanto estaba cerca de Gabe y sus rodillas en fideos. Aquel condenado hombre hab&#237;a capturado un rinc&#243;n de su coraz&#243;n.

Contin&#250;a sin resultarme f&#225;cil dejarte ir -dijo Gabe sombr&#237;o.

D&#233;jame darte un consejo, grandull&#243;n: cuando est&#233;s delante de una mujer, intenta no utilizar las palabras dejar o permitir y posiblemente te evitar&#225;s tener que terminar con un ojo morado.

Gabe apoy&#243; el hombro contra el marco de la puerta.


Con ninguna otra mujer tendr&#237;a que hablar de la misma forma que estoy hablando contigo. Esta no es una cuesti&#243;n de g&#233;nero. Hay personas que son gorilas y otras corderos. Y t&#250; vas a ser un cordero hasta el d&#237;a que te mueras.

Bueno, posiblemente tengas raz&#243;n, pero si lo piensas un momento, te dar&#225;s cuenta de que el hecho de que yo sea un cordero tiene tremendas ventajas -agarr&#243; el bolso y el trozo de papel en el que ten&#237;a la direcci&#243;n que Tammy le hab&#237;a dado la noche anterior y pas&#243; a toda velocidad por delante de &#233;l para dirigirse al pasillo y desde all&#237; al ascensor-. No hay nada por lo que preocuparse. Conf&#237;a en m&#237;, soy la mujer m&#225;s cobarde que has conocido en toda tu vida. Si crees que voy a hacer algo que pueda provocar a nuestra querida se&#241;orita Diller, es que has perdido la cabeza.

Gabe cerr&#243; la puerta y sali&#243; corriendo tras ella. Ambos presionaron el bot&#243;n del ascensor al mismo tiempo.

No te creo m&#225;s de lo que creo en las promesas de los pol&#237;ticos. T&#250; no s&#243;lo no eres una cobarde, sino que no has dejado de correr un riesgo tras otro desde que te conoc&#237;. Y esta tarde no quiero que corras ning&#250;n riesgo. &#191;Te acuerdas de todo lo que hablamos ayer por la noche? En cuanto tengas la sensaci&#243;n de que puede haber alg&#250;n problema, sal de all&#237;. Incluso en el caso de que lo est&#233;s intuyendo, o simplemente si empiezas a sentirte inc&#243;moda.

Las puertas del ascensor se abrieron de repente. Para cuando Rebecca entr&#243; en el ascensor, un brillo travieso iluminaba su mirada.

Gabe, Gabe, Gabe. No me digas que est&#225; empezando a creer en el instinto y la intuici&#243;n. No me estar&#225;s aconsejando que siga lo que me dicen las entra&#241;as, &#191;verdad?

Gabe suspir&#243; pesadamente.

Si ya empiezas as&#237;, solo Dios sabe c&#243;mo voy a poder soportarte al final del d&#237;a.

Con la eficiencia de un sargento de marina, Gabe la puso al corriente de los planes que hab&#237;a elaborado la noche anterior y le explic&#243; d&#243;nde estar&#237;a &#233;l y cu&#225;ndo y d&#243;nde se encontrar&#237;an. Ten&#237;a adem&#225;s un mapa para ella marcado con rotulador rojo. Al parecer, en vez de a dormir, Gabe hab&#237;a dedicado la noche a conducir hasta el lugar en el que Tammy la hab&#237;a citado y examinar hasta el &#250;ltimo cent&#237;metro de los alrededores.

Para cuando Gabe acab&#243; con su interminable lista de &#243;rdenes, hab&#237;an llegado ya al vest&#237;bulo. Lo cruzaron y se dirigieron al restaurante. Pero antes de que hubieran cruzado las puertas, Gabe le puso a Rebecca una llave en la mano.

&#191;Esto qu&#233; es?

Te he alquilado un coche. Un Mazda negro RX-7.

Rebecca pesta&#241;e&#243;.

Me habr&#237;a gustado m&#225;s un viejo Chevy.

Quiz&#225;. Pero si decides que quieres huir, te bastar&#225; con poner un pie en el acelerador para salir volando.

Rebecca ni siquiera hab&#237;a intentado decir una sola palabra hasta entonces. Habr&#237;a sido como interrumpir a un cirujano con el bistur&#237; entre las manos. Gabe estaba en su elemento haciendo planes y organiz&#225;ndolo todo. Y, para ser sincera, ten&#237;a que reconocer que lo hac&#237;a estupendamente. Pero no pod&#237;a pasar por alto su &#250;ltimo comentario.

De modo que apoy&#243; la mano en el codo de Gabe para llamarle la atenci&#243;n y dijo muy suavemente:

Yo nunca rehuyo un problema, Gabe. Puedo estar asustada, puedo llegar incluso a vomitar. Pero jam&#225;s huyo de un problema.



Cap&#237;tulo 9

Aunque la distancia de Las Vegas hasta las tierras del Gran Ca&#241;&#243;n no alcanzaba ni treinta kil&#243;metros, podr&#237;a haber sido perfectamente la distancia que hab&#237;a hasta otro planeta. Las luces y la civilizaci&#243;n se transformaban en un desierto que daba paso a una de las zonas m&#225;s salvajes y monta&#241;osas del pa&#237;s.

Para un turista cansado de perder dinero en los casinos, aquellos ca&#241;ones pod&#237;an suponer un refrescante cambio, pens&#243; Gabe. Pero, de alguna manera, sospechaba que Tammy Diller hab&#237;a elegido aquel lugar por motivos completamente diferentes.

Gabe se frot&#243; la barbilla, lenta, muy lentamente. Tammy ya hab&#237;a llegado en un Cadillac amarillo claro. Gabe hab&#237;a podido contemplarla durante un buen rato y no le hab&#237;a hecho gracia lo que hab&#237;a visto.

Aunque la se&#241;orita Diller no lo sab&#237;a, el detective se encontraba a unos ocho metros por encima de ella, tumbado en el polvoriento saliente de una roca. Era una posici&#243;n estrat&#233;gica que le permit&#237;a estar lo suficientemente cerca de ellas como para o&#237;r su conversaci&#243;n. Eso en el caso de que no se asara antes.

Tammy le hab&#237;a sugerido a Rebecca que se encontraran en el merendero situado en el interior de la zona recreativa del parque. Era un lugar pac&#237;fico y totalmente inofensivo para mantener una conversaci&#243;n privada. Y aparentemente seguro, puesto que era p&#250;blico. Pero en un d&#237;a de trabajo y con aquel sol implacable reflej&#225;ndose en las rocas desnudas, era tambi&#233;n insoportablemente caluroso. No hab&#237;a un solo ser vivo por los alrededores: ni p&#225;jaros, ni grillos y, desde luego, ni un solo ser humano.

Gabe se hab&#237;a llevado una cantimplora, pero no se atrev&#237;a a arriesgarse a beber por miedo a hacer ruido. Y aunque estaba completamente seguro de que cualquier ge&#243;logo considerar&#237;a aquel lugar como una suerte de para&#237;so, a &#233;l le importaban un comino tanto la geolog&#237;a como la belleza del paisaje. Cuando hab&#237;a dejado su coche kil&#243;metros atr&#225;s y hab&#237;a comenzado a caminar hacia el lugar de la cita, hab&#237;a tenido que hacer un serio esfuerzo para dominar sus nervios al ver lo aislado que estaba. No hab&#237;a ni un solo pueblo, ni un solo edificio a la vista. Era el lugar ideal para hacer cualquier cosa sin arriesgarse a ser descubierto.

Y la mujer que ten&#237;a debajo de &#233;l hab&#237;a activado todas las alarmas de Gabe. Tammy hab&#237;a llegado veinte minutos antes de la hora prevista para la reuni&#243;n, de modo que hab&#237;a tenido tiempo m&#225;s que suficiente para observarla. Ten&#237;a una larga melena casta&#241;a que le llegaba hasta los hombros. Supon&#237;a que otra mujer habr&#237;a considerado original su estilo, pero &#233;l lo encontraba vulgar.

Tambi&#233;n su maquillaje lo era y parec&#237;a hab&#233;rselo aplicado en toneladas en los ojos. Las piernas no estaban mal. Llevaba una blusa que le llegaba casi hasta el cuello. Gabe pens&#243; que probablemente estaba intentando parecer inocente y digna de confianza con aquella ropa de aspecto caro. Pero su forma de llevarla, su caminar, la delataba. Aquella mujer estaba muy trabajada. Aunque Gabe sospechaba que Rebecca le retorcer&#237;a el cuello con alguna de sus arengas feministas si lo o&#237;a utilizar un t&#233;rmino como aquel para hablar de Tammy.

Pero lo era. Tammy Diller era una prostituta hasta los huesos. Hab&#237;a miles de kil&#243;metros de la peor vida reflejados en aquellos ojos. No hab&#237;a nada malo en su rostro, de hecho, podr&#237;a decirse que era una mujer bonita. Pero su expresi&#243;n era m&#225;s dura que una bota de cuero. Estaba suficientemente alerta como para saltar al menor ruido, aunque Gabe no estuviera haciendo ninguno.

Ambos oyeron el ronroneo del motor de un coche. Ten&#237;a que ser la llegada de Rebecca. Gabe sinti&#243; c&#243;mo se tensaban todos sus m&#250;sculos, pero no apart&#243; en ning&#250;n momento la mirada de Rebecca. A m&#225;s velocidad de la que tardaba en llegar una mala noticia, Tammy apag&#243; su cigarro, tir&#243; el chicle, se puso un par de gafas de sol y recompuso su rostro hasta convertirlo en un modelo de calma y serenidad.

Rebecca dej&#243; el Mazda negro al lado del coche de Tammy y sali&#243;.

Muy bien, pelirroja, pens&#243; Gabe. Aunque solo sea por esta vez, s&#237;gueme la corriente. Haz lo que acordamos: habla, pero no demasiado, no saques el tema de M&#243;nica, y tampoco el de tu hermano. Y, por el amor de Dios, no hables en ning&#250;n momento de asesinato. Ma&#241;ana puedes arriesgar tu cuello si quieres, peque&#241;a, te lo prometo, pero, solo por esta vez, ten mucho cuidado, &#191;de acuerdo? Solo por esta vez.

&#191;Se&#241;orita Diller? -evidentemente, Rebecca hab&#237;a visto inmediatamente a la otra mujer, porque se dirigi&#243; a grandes zancadas hacia ella.

Dios, al lado de Tammy Diller, era como una r&#225;faga de frescor.

Pero algo andaba mal. Gabe no sab&#237;a exactamente qu&#233;, no pod&#237;a imaginarse lo que era. Pero conoc&#237;a el cuerpo de Rebecca &#237;ntimamente. Quiz&#225; nadie m&#225;s se habr&#237;a dado cuenta, pero &#233;l vio que sus hombros de repente se tensaban, incluso los min&#250;sculos m&#250;sculos de su rostro se endurecieron, y su sonrisa de pronto le pareci&#243; falsa.

Todas las alarmas sonaron en el sistema nervioso de Gabe. Hab&#237;a estado conectado al ordenador hasta altas horas de la madrugada, esperando encontrar algo m&#225;s sobre el pasado de Tammy o la aparici&#243;n de cualquier otro sospechoso. A M&#243;nica no le faltaban enemigos. Adem&#225;s, Gabe ten&#237;a a todo su equipo comprobando cualquier nombre relacionado con Kate y con Jake Fortune. De aquella investigaci&#243;n, estaban surgiendo p&#225;ginas y p&#225;ginas de informaci&#243;n, alguna m&#225;s f&#225;cil de obtener que otra. Pero no hab&#237;a encontrado nada que le hubiera servido de justificaci&#243;n para impedir aquella reuni&#243;n.

En aquel momento, sin embargo, dese&#243; haber lanzado al infierno la l&#243;gica y los fr&#237;os datos y haber hecho exactamente eso: impedirla. Rebecca se hab&#237;a puesto nerviosa al ver a aquella mujer, hab&#237;a visto algo que, evidentemente, &#233;l no sab&#237;a. A Gabe le gustaban las sorpresas, pero no cuando concern&#237;an a la seguridad de Rebecca, maldita fuera.

Aun as&#237;, Rebecca pareci&#243; recuperarse r&#225;pidamente del impacto inicial. Le tendi&#243; la mano a Tammy y, como si fuera la mism&#237;sima Pollyana, dijo con una voz cargada de burbujeante entusiasmo:

&#161;Hola! &#161;Qu&#233; lugar tan maravillosamente tranquilo! Te agradezco sinceramente que hayas decidido perder parte de tu tiempo conmigo.

Tammy le estrech&#243; la mano y le dirigi&#243; una sonrisa m&#225;s brillante que el oro falso. Su acento sure&#241;o parec&#237;a aut&#233;ntico, pero era mucho m&#225;s azucarado que el que Gabe hab&#237;a o&#237;do en Nueva Orleans.

Me encanta este lugar y me pareci&#243; ideal para relajarnos. En Las Vegas es terriblemente dif&#237;cil encontrar un lugar tranquilo.

En eso tienes toda la raz&#243;n.

Gabe se estaba perdiendo parte de la conversaci&#243;n. Tammy estaba de espaldas a &#233;l, lo que le facilitaba seriamente el espionaje que, en principio, hab&#237;a sido lo &#250;nico que pretend&#237;a hacer: estar suficientemente cerca de ella como para vigilarla y poder moverse a toda velocidad en el caso de que creyera a Rebecca amenazada. Hab&#237;a sido un regalo inesperado que las voces pudieran distinguirse en aquel ambiente tan silencioso, pero las voces se perd&#237;an cada vez que alguna de las dos mujeres se mov&#237;a. Y, como mujeres que eran, parec&#237;an incapaces de estarse quietas. Gabe intentaba no respirar, intentaba ignorar el zumbido que sent&#237;a en la nuca, intentaba olvidarse del calor y de la piedra que se le estaba clavando en el pecho.

Las dos mujeres parec&#237;an estar manteniendo una agradable conversaci&#243;n, carente de tensi&#243;n y de preocupaciones a juzgar por los retazos que pod&#237;a ver del rostro de Rebecca. Esta hablaba como una sociable y amistosa cotorra y Gabe no pudo menos que felicitarla en silencio por su conversaci&#243;n.

Ambas se acercaron ligeramente a &#233;l, y de pronto, Tammy inclin&#243; la cabeza y fue directamente al grano.

Ayer, todo el mundo con el que me encontr&#233; me dijo que hab&#237;a alguien busc&#225;ndome. Y puesto que no nos conocemos, no pod&#237;a imaginarme por qu&#233;.

Bueno, si puedo ser sincera contigo

Un repentino escalofr&#237;o recorri&#243; la espalda de Gabe. Hab&#237;a estado provocado por el tono c&#225;ndido de Rebecca. La &#250;ltima vez que la hab&#237;a o&#237;do hablar en ese tono hab&#237;a sido para informarlo de que ella jam&#225;s hu&#237;a o sal&#237;a corriendo cuando ten&#237;a un problema. Y, maldita fuera, &#233;l lo sab&#237;a perfectamente. Rebecca le hab&#237;a demostrado que no hab&#237;a un solo disparate que no estuviera dispuesta a cometer para salvar a su hermano. Jam&#225;s hab&#237;a dado la espalda a un problema a causa del riesgo. Y la noche anterior le hab&#237;a ense&#241;ado &#237;ntimamente aquella lecci&#243;n, con el riesgo que hab&#237;a estado dispuesta a correr con &#233;l.

Cada momento, cada una de las caricias de la noche anterior se repiti&#243; en su mente. Y la sensaci&#243;n de alarma cedi&#243; a una velocidad vertiginosa.

Por supuesto que puedes ser sincera conmigo, cari&#241;o -le asegur&#243; Tammy.

Bueno, no s&#233; si te has enterado a trav&#233;s de la prensa de la muerte de M&#243;nica Malone, pero el caso es que mi hermano Jake est&#225; acusado del crimen. Yo he encontrado una copia de la carta que M&#243;nica te escribi&#243; cerca de la fecha del crimen. No tengo la menor idea de qu&#233; relaci&#243;n puedes tener con M&#243;nica, pero esperaba que pudieras ayudarme. Estoy buscando algo, cualquier cosa, que pueda ayudarme a demostrar la inocencia de mi hermano.

A Gabe se le paraliz&#243; el coraz&#243;n. Y la garganta se le qued&#243; m&#225;s seca que el desierto del Sahara a las doce del mediod&#237;a. No solo le hab&#237;a advertido a Rebecca una docena de veces que no dijera nada del asesinato, sino que ella hab&#237;a estado de acuerdo con &#233;l, hab&#237;a comprendido que el &#250;nico tema que no pod&#237;a sacar con Tammy era el del asesinato de M&#243;nica. Aquella declaraci&#243;n era lo mismo que invitar a Tammy a verla como una amenaza.

Maldita seas, pelirroja, pens&#243;, no te atrevas a decir una sola palabra m&#225;s.

En aquel momento no pod&#237;a ver el rostro de Tammy, pero s&#237; la vio elevar las manos con gesto inocente.

Por supuesto que me enter&#233; del asesinato de M&#243;nica. Al fin y al cabo era un personaje p&#250;blico y sali&#243; en todos los medios de comunicaci&#243;n. Pero no la conoc&#237; personalmente.

Pero era una carta que te dirig&#237;a a ti -insisti&#243; Rebecca.

El coraz&#243;n de Gabe comenz&#243; a latir nuevamente. A una velocidad preocupante. Por sus venas corr&#237;a suficiente adrenalina como para provocarle una sobredosis. Se debat&#237;a mentalmente entre las posibilidades que tendr&#237;a cuando atrapara a Rebecca: no sab&#237;a si meterla en un caldero de aceite hirviendo, dejarla atada a un poste encima de un hormiguero de hormigas asesinas o ahogarla directamente. Todas las opciones le parec&#237;an tan tentadoras que resultaba dif&#237;cil decidirse por ninguna. Pero eso lo dejar&#237;a para m&#225;s tarde. En aquel momento, su mirada estaba pendiente de Tammy. No quer&#237;a perderla de vista ni una d&#233;cima de segundo.

Bueno, tienes raz&#243;n en lo de la carta de M&#243;nica  admiti&#243; Tammy suavemente-. Como puedes imaginar por mi aspecto, he trabajado en algunas ocasiones como modelo. Supongo que M&#243;nica se puso en contacto conmigo por eso. Le&#237; en alguna parte que M&#243;nica ten&#237;a una relaci&#243;n muy estrecha con la empresa de cosm&#233;ticos de tu familia y en esa &#233;poca yo estaba sin trabajar. Pero sinceramente, no lo s&#233;. Afortunadamente, despu&#233;s volv&#237; a trabajar, de modo que no tuve oportunidad de contestarle.

Bueno, es una pena -dijo Rebecca-. Esperaba que pudieras proporcionarme alg&#250;n dato concreto que pudiera ayudarme a encontrar a alguien relacionado con M&#243;nica.

Me temo que no, cari&#241;o. Nunca la conoc&#237;. No es que no lo sienta Quiero decir, es terrible que una antigua gloria de Hollywood pueda morir apu&#241;alada con un abrecartas, como en una pel&#237;cula antigua. Es incre&#237;ble que alguien haya podido hacer algo as&#237;, &#191;verdad? Se me ponen los pelos de punta de solo pensarlo.

Diablos, algo andaba mal. Rebecca consigui&#243; emitir una respuesta pero el color hab&#237;a abandonado su rostro y de pronto estaba aferr&#225;ndose las manos con fuerza. Aquel tenso movimiento hizo tintinear su brazalete.


Tammy coment&#243; algo sobre el brazalete y la conversaci&#243;n deriv&#243; hacia las joyas, en un serio esfuerzo por parte de la se&#241;orita Diller de apartar el tema de cualquier cosa que pudiera tener relaci&#243;n con M&#243;nica. Ambas mujeres comenzaron a hacer movimientos nerviosos. Las dos sacaron casi al mismo tiempo las llaves de sus respectivos bolsos y las hicieron oscilar ante ellas sin dejar de hablar. Ninguna de ellas parec&#237;a querer prolongar aquella reuni&#243;n, pero ninguna parec&#237;a saber c&#243;mo ponerle fin r&#225;pidamente.

Gabe se dijo a s&#237; mismo que hab&#237;a llegado el momento de respirar. No pod&#237;a ocurrir nada m&#225;s en aquel instante. Tammy hubiera hecho ya alg&#250;n movimiento si de verdad pretendiera atacar a Rebecca. Y tambi&#233;n era posible que, para ella, la reuni&#243;n hubiera ido bien. Hab&#237;a tenido oportunidad de averiguar lo que quer&#237;a Rebecca y, con un poco de suerte, hasta hab&#237;a cre&#237;do en la franqueza y honestidad de Rebecca.

Desgraciadamente, Gabe nunca hab&#237;a cre&#237;do en los finales felices de los cuentos de hadas.

Permanecer all&#237; tumbado estaba volvi&#233;ndolo loco. Quer&#237;a abandonar esa roca y volver a su coche antes de que Tammy se marchara. Desgraciadamente, no ten&#237;a manera de hacerlo sin que los ruidos delataran su presencia. Tendr&#237;a que tener paciencia hasta que Tammy se fuera, pero su mente ya estaba haciendo planes a toda velocidad. Aunque saliera minutos despu&#233;s que la se&#241;orita Diller de all&#237;, no le resultar&#237;a dif&#237;cil seguirla. Podr&#237;a alcanzarla. Eran muy pocas las carreteras que conduc&#237;an hasta la zona del ca&#241;&#243;n y ser&#237;a muy f&#225;cil distinguir aquel Cadillac amarillo en la autopista.

Gabe no sab&#237;a a donde pretend&#237;a dirigirse Tammy despu&#233;s, pero su intuici&#243;n le dec&#237;a que deb&#237;a averiguarlo. Seguirla, ver lo que quer&#237;a hacer a continuaci&#243;n, era la mejor forma de saber si pretend&#237;a hacer algo tras haber obtenido aquella informaci&#243;n de Rebecca.

M&#225;s tarde tendr&#237;a tiempo de encargarse de la pelirroja.

Las manos de Rebecca resbalaban en el volante, empapadas por el sudor provocado por los nervios y la emoci&#243;n. El Mazda negro zumbaba por la autopista, sobrepasando todos los l&#237;mites de velocidad permitidos hasta que Rebecca se dio cuenta de la fuerza con la que estaba pisando el acelerador.

Rebecca deseaba correr como el viento.

Hab&#237;a estado a punto de sufrir un ataque al coraz&#243;n al ver a Tammy. Aunque esta hab&#237;a intentado presentarse con una imagen diferente, continuaba pareci&#233;ndose de una forma incre&#237;ble a Lindsay, la hermana mayor de Rebecca. Y en el instante en el que hab&#237;a reconocido aquel parecido, las piezas hab&#237;an comenzado a encajar.

Tammy Diller era el nombre falso de Tracey Ducet. Ella hab&#237;a sabido desde el primer momento que hab&#237;a algo en aquel nombre que le resultaba familiar. Estaba al corriente de toda la historia de aquella mujer que hab&#237;a intentado hacerse pasar por la hermana gemela de Lindsay un a&#241;o atr&#225;s, pero no hab&#237;a relacionado los dos nombres hasta que hab&#237;a posado sus ojos en Tammy.

Tracey / Tammy ten&#237;a que tener muchas agallas para haberse atrevido a encontrarse con ella.

Y por si reconocerla no hubiera sido suficiente para sufrir un ataque al coraz&#243;n, Rebecca hab&#237;a estado a punto de morir de un infarto en el momento en el que Tracey hab&#237;a mencionado que M&#243;nica hab&#237;a muerto apu&#241;alada. Ning&#250;n medio de comunicaci&#243;n hab&#237;a difundido que M&#243;nica hab&#237;a sido asesinada con un abrecartas. La polic&#237;a hab&#237;a guardado esa informaci&#243;n como oro en pa&#241;o. Hab&#237;an encontrado muchas pruebas para achacarle el crimen a su hermano, pero todav&#237;a quedaban muchas preguntas sin contestar, entre ellas, cu&#225;ntas huellas dactilares hab&#237;a en aquel antiguo abrecartas y a qui&#233;n pertenec&#237;an. Porque trat&#225;ndose de los Fortune, aquel iba a ser un juicio muy importante y se hab&#237;a mantenido en secreto cualquier informaci&#243;n que pudiera afectar al desarrollo del mismo.

Pero Tracey lo sab&#237;a. Ella misma lo hab&#237;a dicho. Hab&#237;a comentado que M&#243;nica hab&#237;a muerto apu&#241;alada y sab&#237;a adem&#225;s que la hab&#237;an matado con un abrecartas.

Eso era todo lo que Rebecca necesitaba o&#237;r para estar segura de que la se&#241;orita Ducet era la aut&#233;ntica asesina. Y estaba deseando alejarse de aquella mujer. Quer&#237;a volver al hotel y decirle tanto a Gabe como a la polic&#237;a que por fin ten&#237;an una informaci&#243;n que pod&#237;an utilizar para incriminarla. Y para sacar a Jake de aquella horrible c&#225;rcel.

La autopista estaba relativamente vac&#237;a, pero el tr&#225;fico aument&#243; al llegar a la ciudad y Rebecca estaba tan distra&#237;da que confundi&#243; varias veces el camino. Era bastante dif&#237;cil perderse en Las Vegas, puesto que la mayor&#237;a de los hoteles se anunciaban con inmensos letreros luminosos, pero Rebecca no estaba en condiciones de fijarse en la direcci&#243;n que tomaba.

Al cabo de un rato, localiz&#243; el Circus Circus y se rega&#241;&#243; mentalmente por aquella p&#233;rdida de tiempo cuando lo &#250;nico que ella quer&#237;a era darse prisa. Se dirigi&#243; hacia el aparcamiento del hotel, arranc&#243; el ticket de la m&#225;quina y pesta&#241;e&#243; ante la repentina oscuridad que la recibi&#243;. Se supon&#237;a que deber&#237;a encontrarse con Gabe en su habitaci&#243;n. Y despu&#233;s de tantos rodeos, era dif&#237;cil que no hubiera llegado antes que ella.

Rebecca se mor&#237;a por tomar el refresco que su garganta reseca le estaba pidiendo a gritos y por ver la cara de Gabe cuando le expusiera las nuevas noticias sobre Tracey. Sab&#237;a que la escuchar&#237;a muy seriamente, porque Gabe jam&#225;s dejaba de ser objetivo en su trabajo. Y que en su mirada se reflejar&#237;a la ofensa del orgullo herido, porque, pobre muchacho, su ego odiaba que ella descubriera algo que &#233;l no hab&#237;a sido capaz de descubrir. Y quiz&#225; quedara tan satisfecho que olvidar&#237;a que Rebecca hab&#237;a prescindido de todos los acuerdos sobre c&#243;mo deber&#237;a ser su reuni&#243;n con Tracey.

Gabe ya deber&#237;a saber a esas alturas que a ella no se le daba bien acatar &#243;rdenes y advertencias. De pronto, a Rebecca se le encogi&#243; el coraz&#243;n. Ten&#237;a un largo historial en lo que a quebrantar normas se refer&#237;a en cuanto hab&#237;a alguien que realmente le importaba de por medio, pero nunca hab&#237;a violentado tantas normas como con Gabe, y nunca arriesgando tanto su coraz&#243;n.

De todas formas, aquel no era momento para pensar en eso. Como la primera planta del aparcamiento estaba ocupada, tuvo que bajar a la segunda. Al final, encontr&#243; un hueco libre para dejar el Mazda, apag&#243; el motor y tom&#243; las llaves y el bolso. El pulso le corr&#237;a a una velocidad de v&#233;rtigo y ten&#237;a todos los nervios en tensi&#243;n ante la perspectiva de volver a ver a Gabe y por la excitaci&#243;n dejada por su reuni&#243;n con Tracey.

Sali&#243; del coche, lo cerr&#243; y se volvi&#243;. No hab&#237;a nada, salvo el silencioso y opresivo cemento en todas y cada una de las direcciones. Por un momento, se qued&#243; desorientada, sin estar segura de d&#243;nde estaba la salida, sin saber c&#243;mo regresar al hotel.

&#161;Eh!

Rebecca se volvi&#243; al o&#237;r aquella voz masculina. En un primer momento, no le result&#243; extra&#241;o que un hombre la llamara. Las Vegas era un lugar tur&#237;stico y era normal que la gente entablara conversaci&#243;n con desconocidos pr&#225;cticamente en cualquier lugar. Y lo primero en lo que se fij&#243; fue en la sonrisa de aquel hombre. Su mente registr&#243; otros detalles, como que era alto, rubio y llevaba el inofensivo atuendo de un turista. Era un hombre atractivo y juvenil, que deb&#237;a rondar los treinta y cinco a&#241;os Y, de pronto, su memoria se activ&#243;.

Tammy ten&#237;a un compa&#241;ero. Esa era una de las razones por las que deb&#237;a haber relacionado a Tammy con Tracey antes de verla, porque el novio hab&#237;a formado parte del chanchullo en el que hab&#237;a intentado envolver Tracey a la familia Fortune. Dwayne, Wayne, un nombre parecido. Pero para cuando reconoci&#243; el peligro, ya era demasiado tarde. En cuesti&#243;n de segundos, aquel tipo la hab&#237;a alcanzado. E, incluso bajo la l&#250;gubre luz del aparcamiento, se pod&#237;a distinguir con claridad su expresi&#243;n sonriente y cordial.

Pero entonces Rebecca repar&#243; en que llevaba un objeto plateado y brillante en la mano izquierda. Todav&#237;a estaba sonriendo cuando blandi&#243; la navaja.

No hab&#237;a nadie a la vista, ning&#250;n sonido o movimiento indicaba que pudiera haber alguien ni remotamente cerca. Pero aquello no detuvo a Rebecca. Tom&#243; una bocanada de aire con la intenci&#243;n de gritar suficientemente fuerte como para llamar la atenci&#243;n a un muerto.

Pero el grito nunca se produjo. Apenas consigui&#243; emitir un graznido antes de que aquel tipo se abalanzara sobre ella y le retorciera dolorosamente el brazo. El olor de una empalagosa colonia masculina invadi&#243; la pituitaria de Rebecca. Sent&#237;a el fr&#237;o del acero en la garganta y el p&#225;nico arrastr&#225;ndola como una marea de la que era imposible escapar.

El nombre de Wayne Potts reson&#243; en su cabeza como un disparo. Un disparo completamente in&#250;til, porque encajar por fin todos los detalles no iba a protegerla de nada en aquel momento. Deber&#237;a haber tenido m&#225;s cuidado. Deber&#237;a haber confiado en su intuici&#243;n y haberse esforzado en recordar por qu&#233; el nombre de Tammy Diller le resultaba familiar. Pero todos esos deber&#237;a no eran nada comparados con la sensaci&#243;n de aquella fr&#237;a hoja en su garganta.

Llega tarde, se&#241;orita Fortune. La esperaba hace unos veinte minutos y estaba empezando a preguntarme qu&#233; demonios podr&#237;a haberle pasado. &#191;Se ha perdido? No deber&#237;a haber tardado tanto en recorrer menos de treinta kil&#243;metros.

&#191;Pretend&#237;a hablar con ella? Porque Rebecca no estaba para conversaciones, sino a punto de dejarse arrastrar por la histeria, de disolverse en un charco de terror. Era incapaz de concentrarse en nada que no fuera aquella navaja que estaba tan cerca de su cuello. Pero, por otra parte, mientras aquel tipo continuara hablando, ella no iba a morir.

&#191;C&#243;mo sabe mi nombre?

No me ha resultado muy dif&#237;cil averiguarlo. Los tel&#233;fonos m&#243;viles han sido una gran aportaci&#243;n tecnol&#243;gica a nuestras vidas, &#191;no cree? Lo s&#233; todo sobre usted. Tracey no pod&#237;a esperar a cont&#225;rmelo. Y ha jugado muy bien, se&#241;orita Fortune. Ha conseguido convencer a Tracey de que es tan inocente como un gatito reci&#233;n nacido y de que se ha cre&#237;do todo lo que ella le ha dicho.

Volvi&#243; a retorcerle el brazo, haciendo que los ojos se le llenaran de l&#225;grimas. Bajo la pesada fragancia de su colonia, Rebecca distingu&#237;a el repugnante olor de su sudor. Un sudor nacido de la excitaci&#243;n. Aquel hombre estaba disfrutando de la situaci&#243;n, comprendi&#243; intuitivamente. Pero no consegu&#237;a hacer que su voz sonara real ni siquiera para salvar su propia vida.

No lo comprendo. No tengo ni idea de lo que me est&#225; hablando. Jam&#225;s he o&#237;do hablar de ninguna Tracey.

Su agresor solt&#243; una carcajada carente por completo de humor.

Buen intento peque&#241;a. Pero yo no intentar&#237;a mentir a un jugador. Ha reconocido a Tracey nada m&#225;s verla, &#191;verdad? Por supuesto que s&#237;. Tracey es id&#233;ntica a su hermana mayor. Le dije a Tracey que esa reuni&#243;n era una estupidez, pero no quiso escucharme. Dec&#237;a que era demasiado importante para nosotros descubrir lo que usted sab&#237;a. Y ya hemos encontrado la respuesta, &#191;verdad? Es evidente que sabe demasiado.

De pronto, y procedente de ninguna parte, se oy&#243; el chirriar de unos neum&#225;ticos. Aquella interrupci&#243;n fue suficiente para que Wayne alzara la mirada. Pero no Rebecca. Cuando aquel canalla levant&#243; la cabeza, tens&#243; la navaja sobre su garganta. Rebecca no pod&#237;a arriesgarse a mover la cabeza ni una fracci&#243;n de mil&#237;metro. Pero por el rabillo del ojo distingui&#243; la capota blanca del coche que Gabe hab&#237;a alquilado bajando a toda velocidad la rampa del aparcamiento.

A partir de ah&#237;, todo transcurri&#243; en cuesti&#243;n de segundos. Si Wayne hubiera tenido cerebro, se habr&#237;a dado cuenta que ten&#237;a entre sus manos la carta m&#225;s valiosa y la mejor jugada habr&#237;a sido retenerla. Pero solo hab&#237;a tiempo para la respuesta m&#225;s instintiva, y la respuesta instintiva de Wayne ante un problema era salir corriendo.

El filo de la navaja ara&#241;aba el cuello de Rebecca, pero de pronto Wayne la empuj&#243; bruscamente y Rebecca se sinti&#243; inesperadamente libre. Choc&#243; violentamente contra el coche de Gabe. Durante unos segundos, apenas pudo mantener el equilibrio, ni siquiera pod&#237;a respirar y lo &#250;nico que quer&#237;a era dejar que sus rodillas se doblaran y tener un agradable y ruidoso ataque de histeria. Pero entonces vio a Gabe. Se mov&#237;a a la velocidad del rayo y un brillo terror&#237;fico iluminaba sus ojos negros.

&#161;Gabe, tiene una navaja! -le advirti&#243;.

Pero aquello era como hablar con un motor a reacci&#243;n.

Un motor a reacci&#243;n y adem&#225;s sordo. Gabe pareci&#243; volar sobre Wayne mientras le hac&#237;a un placaje que dej&#243; a ambos peleando sobre el cemento. La navaja plateada sali&#243; volando y aterriz&#243; bajo el coche de alg&#250;n desconocido.,

Gabe ya estaba sujetando a Wayne, oblig&#225;ndolo a levantarse y retorci&#233;ndole el brazo. Enterr&#243; el pu&#241;o en su diafragma, haci&#233;ndole doblarse sobre s&#237; mismo con un sordo lamento. Despu&#233;s volvi&#243; a agarrarlo como si no pesara m&#225;s que un perro, le sujet&#243; ambas manos por encima de la cabeza y volvi&#243; a tirarlo contra el suelo. Wayne gritaba y lloraba mientras intentaba escapar gateando, protegi&#233;ndose al mismo tiempo.

Rebecca estaba paralizada, con las manos sobre el est&#243;mago y demasiado impactada para tener la menor idea de lo que deb&#237;a hacer. Era obvio que ayudar a Gabe, &#191;pero c&#243;mo? &#191;Haci&#233;ndose con la navaja? &#191;Llamando a la polic&#237;a? &#191;Pero c&#243;mo iba a dejar solo a Gabe?

Entonces, el sonido de un coche a&#241;adi&#243; m&#225;s confusi&#243;n al alboroto de la pelea. Se trataba solo de unos turistas, una pareja de jubilados que hab&#237;an elegido inconscientemente aquel momento para aparcar su coche. Rebecca se interpuso en medio de su camino, ondeando salvajemente los brazos para que se detuvieran. Dos pares de ojos la miraron con incr&#233;dulo asombro.

&#161;Dejen all&#237; el coche y llamen a la polic&#237;a, por favor! -les grit&#243;.

Como continuaban completamente paralizados, grit&#243; de nuevo:

&#161;Vamos! &#161;Vayan al hotel y llamen a la polic&#237;a!

Tanto el hombre como la mujer se precipitaron a salir en aquel momento. El caballero tuvo la presencia de &#225;nimo para preguntar:

&#191;Est&#225; usted bien?

Estoy bien, estoy bien -les asegur&#243;.

Pero en cuanto los perdi&#243; de vista, pens&#243; que no hab&#237;a estado peor en toda su vida. Y se volvi&#243; justo a tiempo de ver a Gabe asestando un nuevo pu&#241;etazo en el est&#243;mago de Wayne, y pens&#243; que tampoco Gabe estaba demasiado bien.

Adem&#225;s, estaba comenzando a asustarla. Quiz&#225; fuera el otro hombre el que se estuviera llevando la paliza, pero su intuici&#243;n femenina le dec&#237;a que Gabe estaba librando all&#237; una suerte de batalla diferente. Jam&#225;s lo hab&#237;a visto tan mortalmente fr&#237;o como entonces. El instinto le hizo gritar:

&#161;Gabe, estoy bien! &#161;No me ha hecho ning&#250;n da&#241;o!


No hubo una respuesta inmediata. Rebecca no sab&#237;a si la hab&#237;a o&#237;do o no, si la hab&#237;a visto, si sab&#237;a siquiera que estaba all&#237;. De modo que se acerc&#243; corriendo a los dos hombres sin estar todav&#237;a muy segura de lo que pod&#237;a hacer, de lo que deb&#237;a hacer. Y cuanto m&#225;s se acercaba, mejor pod&#237;a ver la oscura furia de la expresi&#243;n de Gabe. Dios, aquella mirada se quedar&#237;a grabada para siempre en su mente como una pesadilla.

Estoy bien, no me ha hecho da&#241;o -repiti&#243; una y otra vez.

Debi&#243; de o&#237;rla entonces. O quiz&#225;, simplemente, decidi&#243; que hab&#237;a llegado el momento de detenerse. Wayne se derrumb&#243; contra la pared de cemento, dobl&#243; las rodillas y termin&#243; llorando en el suelo. Al principio, parec&#237;a incapaz de creer que Gabe hubiera dejado de golpearlo.

Se abrieron las puertas de metal del aparcamiento y comenz&#243; a entrar gente corriendo. Rebecca vio a los vigilantes corriendo hacia ellos, oy&#243; el aullido de las sirenas y cerr&#243; los ojos durante un segundo, mientras intentaba recuperar la respiraci&#243;n.

Cuando volvi&#243; a abrirlos, a pesar de todos los gritos, los ruidos y el remolino de cuerpos, lo &#250;nico que vio fueron los ojos de Gabe encontr&#225;ndose con los suyos, como si ellos dos fueran los &#250;nicos seres humanos que habitaban el universo.



Cap&#237;tulo 10

Gabe llam&#243; con los nudillos a la puerta del ba&#241;o.

Servicio de habitaciones.

Oy&#243; una risa amortiguada.

Todav&#237;a estoy en la ba&#241;era, Gabe. Pero salgo en un periquete.

No tienes ning&#250;n motivo para salir de la ba&#241;era. Cuanto m&#225;s tiempo est&#233;s en remojo, mejor. Pero la sopa de pollo se va a enfriar. &#191;Por qu&#233; no te tapas con una de las toallas del ba&#241;o para que pueda meterte la cena?

&#191;Pretendes que cene en la ba&#241;era? -Gabe la oy&#243; suspirar-. Qu&#233; idea tan decadente y desvergonzada.

&#191;Eso significa que no quieres o que ya has agarrado la toalla?

Eso significa que ya tengo la toalla encima y que no puedo creer que hayas conseguido sacarle una sopa de pollo al servicio de habitaciones.

Gabe tuvo que hacer equilibrios con la bandeja para poder abrir la puerta. Lo recibi&#243; un vapor fragante, cargado de perfumes ex&#243;ticos y sensualmente femeninos como el del jazm&#237;n. Aquel aroma despert&#243; cada una de sus hormonas masculinas, pero, dispuesto a ser m&#225;s discreto que un monje, Gabe mantuvo en todo momento los ojos apartados del cuerpo de Rebecca. No ten&#237;a sentido decirle a la pelirroja que habr&#237;a encontrado otra manera de entrar en el ba&#241;o si lo de la sopa no hubiera funcionado. Estaba condenadamente decidido a verla desnuda.

Rebecca le hab&#237;a dicho, como una docena de veces ya, que estaba bien. &#201;l hab&#237;a estado examinando el corte que aquel canalla le hab&#237;a hecho en el cuello. Pero durante aquella revisi&#243;n, Rebeca iba vestida con una camiseta de manga larga y unos pantalones que le llegaban hasta los tobillos y no hab&#237;a manera de averiguar si aquel cerdo le hab&#237;a herido en alguna otra parte. Y confiar en que Rebecca admitiera que le hab&#237;an hecho da&#241;o era como esperar que las vacas aprendieran a bailar el vals.

Supongo que eres consciente de que todav&#237;a no tengo demasiadas habilidades como camarero. As&#237; que si termino tirando la sopa en la ba&#241;era, te permito ahorrarte la propina -desviando todav&#237;a la mirada, dej&#243; la bandeja sobre el lavabo y cerr&#243; la puerta del ba&#241;o para impedir que continuara perdi&#233;ndose aquel vaporoso calor m&#225;s ardiente, todav&#237;a que el sexo.

Primero la cuchara. Y despu&#233;s el cuenco. Tambi&#233;n me han dado una servilleta de lino para completar esta elegante comida, pero, personalmente, creo que no te quedar&#237;a muy bien atada al cuello. As&#237; que te la dejar&#233; al alcance de la mano. Y teniendo en cuenta que estoy yo solo de testigo, d&#233;jame anunciarte que no me importar&#225; que sorbas la sopa.

Aquel comentario mereci&#243; dos carcajadas de Rebecca, pero no sonaron como su risa habitual y tampoco duraron mucho tiempo. Sin dejar de representar el papel de caballero virtuoso, Gabe consigui&#243; acercarse a la ba&#241;era y servirle la cena sin bajar una sola vez la mirada del cuello de Rebecca.

Y en cuanto Rebecca atac&#243; la sopa, utiliz&#243; la taza del inodoro para sentarse. El calor le proporcion&#243; una excusa para quitarse los zapatos y los calcetines, aunque la verdad era que solo quer&#237;a parecer ocupado. Pero por el rabillo del ojo, estaba completamente pendiente de Rebecca.

El pelo de la escritora se hab&#237;a convertido en un halo con la humedad. Por su frente y su nuca descend&#237;an mechones rizados y empapados de agua. Ella, pudorosamente, se hab&#237;a cubierto con una toalla, escondiendo la redondez de sus senos, pero, afortunadamente, las toallas de los hoteles tend&#237;an a ser peque&#241;as por naturaleza.

La piel de Rebecca era m&#225;s blanca que la nieve virgen y Gabe pod&#237;a ver gran parte de ella. Y cada vez que distingu&#237;a en ella el pinchazo que aquel desgraciado le hab&#237;a hecho en el cuello se le encog&#237;an las entra&#241;as. Rebecca ten&#237;a adem&#225;s dos moratones en el muslo y dos m&#225;s en la frente. El canalla de Wayne se hab&#237;a empleado a fondo. Pod&#237;a haber sido peor, se repet&#237;a Gabe constantemente. Pero la verdad era que ya era peor.

Porque las verdaderas heridas de Rebecca no se manifestaban en forma de moratones y ara&#241;azos, sino que estaban en sus ojos. Aquella noche no hab&#237;a chispas en sus preciosos ojos verdes. La escritora se hab&#237;a entregado a la sopa con un apetito respetable, pero miraba a su alrededor como si fuera un conejillo asustado. Gabe reconoc&#237;a el miedo en su expresi&#243;n y en sus gestos. S&#237;, Rebecca todav&#237;a ten&#237;a miedo.

Hab&#237;an pasado tres horas desde que la polic&#237;a se hab&#237;a llevado esposado a Wayne. Rebecca hab&#237;a contestado con calma y frialdad a todas las preguntas de los agentes. Pero no parec&#237;a ser consciente de que, cuando se pasaba por una experiencia tan traum&#225;tica, antes o despu&#233;s se produc&#237;a siempre una reacci&#243;n.

&#191;C&#243;mo se te ha ocurrido lo de la sopa? &#191;Has estado escondiendo durante este tiempo un indudable car&#225;cter maternal? -brome&#243; Rebecca.

Ahora no se te ocurra llegar a conclusiones tan ofensivas. No se me ha ocurrido nada mejor que una sopa. He pensado que no estar&#237;as de humor para comer nada m&#225;s fuerte.

Pues has pensado bien. No creo que hubiera podido comerme un filete &#191;Crees que la polic&#237;a habr&#225; atrapado a Tracey?

Volv&#237;an una vez m&#225;s al tema. Ya lo hab&#237;an abordado con anterioridad, pero a Gabe no le sorprend&#237;a que Rebecca no pudiera olvidar lo ocurrido.

Creo que hay muchas probabilidades de que la encuentren. Tracey no tiene forma de saber lo que le ha pasado a su c&#243;mplice, de modo que no tiene ning&#250;n motivo para esconderse. Probablemente haya ido directamente a casa para ponerse en contacto con Wayne. Supongo que la polic&#237;a ya la habr&#225; atrapado a estas alturas.

&#191;Y crees que deber&#237;a llamar a mi madre otra vez?


No creo que haya pasado nada destacable desde la &#250;ltima vez que has hablado con ella. Como ya te dije, tu madre hab&#237;a intuido ya la posible relaci&#243;n entre Tammy Diller y Tracey Ducet y me hab&#237;a pedido que investigara a Ducet en mi base de datos.

Esto va a suponer una gran diferencia para Jake, &#191;verdad Gabe?

Puedes apostar a que s&#237;.

No puedo decir que est&#233; deseando volver a encontrarme con Wayne y con su navaja otra vez. Ni tampoco con esa terrible mujer. Pero ha merecido la pena. Si no hubiera ocurrido algo as&#237;, algo tan real y concreto, nunca hubi&#233;ramos podido demostrar su conexi&#243;n con M&#243;nica.

S&#237; -se limit&#243; a contestar.

Lo que en realidad le apetec&#237;a era rega&#241;arla por haberlo ignorado y haber corrido un riesgo tan est&#250;pido. Pero aquello podr&#237;a esperar. Ya tendr&#237;a tiempo de rega&#241;arla y como se merec&#237;a. Pero no aquella noche.

Rebecca clav&#243; en &#233;l unos ojos dulces como los de una gacela.

Todav&#237;a no comprendo c&#243;mo me has encontrado tan r&#225;pido.

Tambi&#233;n hab&#237;an hablado anteriormente sobre ello, pero Gabe volvi&#243; a abordar el tema con paciencia

Mi intenci&#243;n era seguir a Tammy, como ya te he dicho, porque durante vuestra conversaci&#243;n hab&#237;a podido ver claramente que algo la asustaba. As&#237; que en lo primero que pens&#233; fue en seguirla para averiguar exactamente adonde iba y ver cu&#225;l iba a ser su siguiente paso. Y eso era lo que estaba haciendo hasta que la vi llevarse un tel&#233;fono m&#243;vil a la oreja desde el coche. La &#250;nica persona a la que pod&#237;a estar llamando era a su socio. Y si le estaba informando a su novio de lo ocurrido, eso significaba que Wayne se convert&#237;a inmediatamente en una amenaza para ti.

Rebecca termin&#243; de comer en silencio. Cuando el cuenco estuvo vac&#237;o, Gabe lo retir&#243; junto con la cuchara y lo dej&#243; en la bandeja. En todo momento, pod&#237;a sentir la mirada de Rebecca siguiendo sus movimientos. Durante algunos minutos, Rebecca hab&#237;a estado recorriendo con la mirada cada una de las l&#237;neas de su rostro.

&#191;Quieres desahogarte o no? -le pregunt&#243; Gabe de repente.

&#191;Que si quiero desahogarme?

Maldita sea, Rebecca. Hemos repasado lo ocurrido m&#225;s de una docena de veces. Pero pareces estar evitando hablar de eso.

Rebecca alz&#243; los ojos y trag&#243; saliva

Cuando estabas pegando a Wayne he tenido miedo. He tenido miedo de que no pudieras parar.

Intent&#243; matarte.

Era un mequetrefe. Un debilucho. No pod&#237;a competir contigo.


Intent&#243; matarte -repiti&#243; Gabe, y suspir&#243;. Para &#233;l no hab&#237;a nada m&#225;s que decir y sab&#237;a que cualquier hombre lo hubiera comprendido. Pero Rebecca jam&#225;s iba a pensar como un hombre-. Si tienes miedo de que disfrute con la violencia, ya puedes ir relaj&#225;ndote, pelirroja, porque la verdad es que la odio. Y el trabajo de un detective no se parece en nada a lo que se ve en la televisi&#243;n, y tampoco a la vida de un militar. Son muy raras las ocasiones en las que no se encuentra algo mejor que los pu&#241;os para resolver un problema. Aun as&#237;, s&#233; c&#243;mo usar los pu&#241;os y hay ocasiones en las que esa es la &#250;nica opci&#243;n.

Pero quer&#237;as hacerle da&#241;o

Puedes estar segura. Y s&#233; c&#243;mo hacerle da&#241;o a un hombre. Pero, pese a lo que parece asustarte, en ning&#250;n momento me habr&#237;a permitido perder el control. Tanto t&#250; como yo queremos que esos dos contin&#250;en vivos para que la polic&#237;a pueda interrogarlos y est&#233;n en condiciones de declarar en el juicio. Jam&#225;s le hubiera hecho nada que hubiera podido perjudicar a tu hermano.

&#191;Y si mi hermano no hubiera tenido nada que ver en esto?

Pelirroja, a eso no puedo responderte. Ese canalla estaba amenazando tu vida. Si lo que quer&#237;as era que le diera un cap&#243;n y le dijera que estaba muy mal lo que estaba haciendo, puedes estar segura de que eso nunca va a suceder. No tenemos ninguna garant&#237;a de lo que pueda hacer la ley con Wayne, as&#237; que quer&#237;a que le quedara muy claro que no pod&#237;a acercarse a ti nunca m&#225;s. Wayne es uno de esos animales que nunca evoluciona. Y cuando uno est&#225; intentando comunicarse con un animal, a veces no basta con ser educado.

De acuerdo, te comprendo. Pero, aun as&#237;, me enferma que hayas tenido que pegar a alguien por mi culpa.

Gabe no sab&#237;a qu&#233; contestar a eso. Hab&#237;a algo disparatado en aquella conversaci&#243;n. Rebecca lo escuchaba, lo miraba francamente a los ojos, pero hab&#237;a algo en su mirada que estaba volviendo locas a las hormonas de Gabe.

Gabe era consciente de que en lo &#250;ltimo en lo que deber&#237;a estar pensando era en el sexo. Rebecca estaba herida, impactada por lo ocurrido, su piel estaba m&#225;s blanca que la porcelana china y sus ojos continuaban reflejando su vulnerabilidad. No pod&#237;a haber un momento m&#225;s absurdo para descubrir que era incomparablemente bella. Ni un momento m&#225;s il&#243;gico e irracional para sentir un deseo tan intenso.

&#191;Gabe?

&#191;Qu&#233;?

Gabe se frot&#243; la cara, deseando que desaparecieran aquellos d&#237;scolos pensamientos.

Te ha costado mucho -dijo Rebecca-, pero por fin crees en la inocencia de mi hermano, &#191;verdad?

Por lo menos aquel era un terreno seguro.


S&#237;, creo que tu hermano es inocente. Aunque eso siempre ha sido lo de menos. Lo que realmente importaba era que fu&#233;ramos capaces de conseguir una prueba que se&#241;alara a otro posible sospechoso. Es imposible saber si Tracey va a ser acusada de asesinato. Me temo que eso depender&#225; de lo que la polic&#237;a resuelva despu&#233;s del interrogatorio. Pero un jurado tendr&#237;a que estar sordo para no encontrar dudas m&#225;s que razonables en torno a la culpabilidad de tu hermano.

Lo que t&#250; creas me importa a m&#237;. Hasta ahora, yo era la &#250;nica de nosotros que cre&#237;a en la inocencia de Jake.

S&#237;, bueno, t&#250; conf&#237;as mucho en la intuici&#243;n, peque&#241;a. Pero hay personas que nos sentimos m&#225;s c&#243;modas confiando en los hechos -se levant&#243;, sinti&#233;ndose de pronto tan nervioso como un puma enjaulado. Aquello no era bueno. Cuanto m&#225;s la miraba, m&#225;s terreno iba perdiendo el sentido com&#250;n-. Vas a terminar arrugada como una pasa si no sales de la ba&#241;era. Te esperar&#233; en el dormitorio. &#191;Tienes albornoz?

Mientras lo preguntaba, se fij&#243; en el kimono blanco que colgaba de la puerta del ba&#241;o. E imaginarse a Rebecca desnuda y envuelta en aquella prenda no contribuy&#243; precisamente a hacerlo entrar en raz&#243;n.

Mira -dijo malhumorado-, me quedar&#233; en tu habitaci&#243;n hasta que te vayas a dormir, &#191;de acuerdo? Y si todav&#237;a tienes hambre, podemos pedir m&#225;s comida.

Estoy bien, Gabe.

S&#237;, eso era lo que llevaba dici&#233;ndole durante todo el d&#237;a. Pero Gabe no la cre&#237;a.

Tras cerrar la puerta del ba&#241;o, Gabe se mantuvo m&#225;s ocupado que una mam&#225; gallina. Cerr&#243; las cortinas, apag&#243; la luz principal, abri&#243; la cama, apil&#243; varias almohadas y estuvo buscando entre los diferentes canales de la televisi&#243;n hasta encontrar el programa m&#225;s inocuo e intrascendente.

Y en todo momento, el pulso le lat&#237;a incesantemente, como si fuera el redoble de un tambor. Hitchcock siempre utilizaba el redoble de los tambores en sus pel&#237;culas justo antes de que ocurriera alg&#250;n desastre, pero aquella situaci&#243;n era muy diferente. El desastre ya hab&#237;a ocurrido. Gabe sab&#237;a que Rebecca estaba muy afectada, eso era todo. No cre&#237;a que nunca hubiera experimentado una violencia como aquella y no le sorprender&#237;a que tuviera pesadillas aquella noche.

Gabe se pas&#243; la mano por el pelo y mir&#243; a su alrededor. Se sentar&#237;a en la esquina m&#225;s alejada, decidi&#243;, para guardar la mayor distancia posible con ella. No ten&#237;a ninguna raz&#243;n para decirle a Rebecca que pensaba pasar all&#237; la noche. Eso solo servir&#237;a para enfadarla. Y antes o despu&#233;s, la pelirroja se quedar&#237;a dormida. Pero si ten&#237;a pesadillas, &#233;l estar&#237;a all&#237; para ayudarla.

Su pulso volvi&#243; a reflejar el eco de los tambores como un lento e insidioso ritmo pagano que no pod&#237;a explicar. Era una estupidez El problema era que no le estaba resultando nada f&#225;cil tranquilizarse aquella noche. Normalmente, Gabe funcionaba bien con el estr&#233;s. De hecho, adoraba el estr&#233;s. Pero saber que Rebecca estaba todav&#237;a afectada le pon&#237;a los nervios a flor de piel; aunque en cuanto la viera a salvo y arropada en la cama, estaba seguro de que se pondr&#237;a bien.


Pero cuando abri&#243; la puerta del ba&#241;o y sali&#243; envuelta en el quimono blanco, Rebecca ni siquiera mir&#243; la cama. Se arroj&#243; directamente a sus brazos.

Estaba tan asustada.

Sab&#237;a que estabas asustada.

Jam&#225;s en mi vida hab&#237;a pasado tanto miedo. Primero con Tracey. Aquellos ojos tan fr&#237;os era como si no hubiera un ser humano detr&#225;s. S&#233; que no tiene sentido, pero he pasado m&#225;s miedo con ella que con Wayne. Y cuando Wayne me ha agarrado Gabe, no me lo pod&#237;a creer. No pod&#237;a creerme que un ser humano pudiera herir tan f&#225;cilmente a otro

Tranquila, tranquila. Ya nunca tendr&#225;s que acercarte a personas como esas. Nadie va a hacerte da&#241;o nunca m&#225;s.

Cuando sal&#237;a del ba&#241;o, Rebecca no sab&#237;a que iba a comenzar a desahogarse de esa manera. No sab&#237;a que de pronto necesitar&#237;a de forma desesperada un abrazo, el contacto de otro ser humano. Y tampoco que aquel impulso iba a ser tan intenso.

Pero la necesidad de Gabe y la confianza en que estar&#237;a a su lado no la sorprendieron en absoluto.

Aunque s&#237; la necesidad que Gabe ten&#237;a tambi&#233;n de su abrazo.

O&#237;a su voz tranquilizadora, las palabras de consuelo que recitaba como una letan&#237;a, pero hab&#237;a algo en su voz tan crudo y doloroso como una herida abierta. Rebecca se preguntaba si Gabe ser&#237;a consciente de que estaba herido. Ten&#237;a el rostro demacrado, los ojos profundos y oscuros como el &#233;bano y la abrazaba con los brazos r&#237;gidos, en tensi&#243;n.

De pronto, la presi&#243;n de sus brazos cedi&#243;. La voz se le quebr&#243; para hundirse en el silencio. Y ya solo la pel&#237;cula de su aliento separaba sus labios.

Rebecca necesitaba desesperadamente un abrazo. Necesitaba a Gabe. Pero en su mente no hab&#237;a nada relacionado con el sexo. Simplemente necesitaba desahogar el miedo y el estr&#233;s acumulados a lo largo del d&#237;a.

Y al parecer, le ocurr&#237;a lo mismo a Gabe.

Sus labios descendieron sobre la boca de Rebecca para tomarla con una estremecedora ternura que la sacudi&#243; de los pies a la cabeza. Aquel primer beso fue casi desesperantemente suave.

Los labios de Gabe eran flexibles, ardientes como las llamas que lam&#237;an los troncos del fuego en el hogar. Pero ning&#250;n fuego pod&#237;a prenderse sin una fuente de calor. Y en ese preciso instante, Rebecca tuvo la certeza de que era ella la &#250;nica fuente de calor de Gabe.

Gabe acariciaba su espalda como si quisiera pulir la piel que la seda del quimono ocultaba, como si no fuera capaz de dejar de tocarla. Y cuando de pronto alz&#243; la cabeza, el deseo que Rebecca descubri&#243; en su mirada la dej&#243; sin aliento.

Gabe no hab&#237;a sido consciente de que iba a besarla. Y Rebecca sospechaba que tampoco sab&#237;a que iban a hacer el amor.

Pero ella s&#237;. Gabe dejo caer la cabeza nuevamente. Los besos se suced&#237;an uno a otro, fundi&#233;ndose cada uno de ellos con el anterior. Rebecca busc&#243; los botones de la camisa de Gabe. Y Gabe hundi&#243; las manos en la melena de Rebecca para continuar sosteniendo a la escritora contra &#233;l.

Quiz&#225; Gabe no supiera que estaba expresando su amor, pero ese era el sentimiento claro y profundo que le estaba comunicando. No por primera vez, Rebecca fue consciente de lo mucho que Gabe se parec&#237;a a su hermano. Gabe no era un hombre capaz de vivir para siempre encerrado. A veces ten&#237;a que liberar sus sentimientos. A veces, y a pesar del miedo de no encontrar a nadie al otro lado del abismo, hab&#237;a que correr riesgos para averiguarlo.

Rebecca le desat&#243; el bot&#243;n del pantal&#243;n mientras &#233;l se ocupaba de deslizar el kimono lentamente por sus hombros hasta hacerlo caer al suelo con un silencioso susurro.

El fuego prendi&#243; en los ojos de Gabe cuando la vio desnuda. Su expresi&#243;n se torn&#243; grave, casi dura. La luz plateada acariciaba su piel mientras la hac&#237;a descender hasta la cama.

Maldita sea -musit&#243;, pero su voz ronca era como una caricia.

La caricia de un hombre que iba a despertar en ella una sensualidad salvaje como no tuviera cuidado. Aunque, realmente, ella no ten&#237;a el menor inter&#233;s en ser cuidadosa. Rebecca pens&#243; en la horrible violencia que hab&#237;a rodeado a Gabe durante la infancia. Y pens&#243; en lo mucho que la hab&#237;a afectado verlo pegar a Wayne. Pens&#243; en un hombre que estaba dispuesto a matar para protegerla aunque aquello evocara todo el dolor y los errores de su infancia. Gabe ten&#237;a sus propios miedos tambi&#233;n. Ten&#237;a miedo de pertenecer a alguien. Miedo de a&#241;orar. Miedo de llegar a sentirse dependiente de algo.

Pues bien, lo quisiera o no, aquella noche, Gabe iba a pertenecerle a alguien.

Sus lenguas se enfrentaron a un duelo h&#250;medo y t&#243;rrido. Rebecca deslizaba las yemas de los dedos por el cuello de Gabe, por sus hombros, por el &#225;spero vello de su pecho. &#201;l tambi&#233;n la acariciaba. Y sus manos parec&#237;an recordar perfectamente sus heridas, porque las evitaba en todo momento. Y era extremadamente delicado. Pero el deseo palpitaba entre ellos a un ritmo creciente y Rebecca sent&#237;a la excitaci&#243;n de Gabe pesada y vibrante sobre su vientre.

Rebecca le quit&#243; a toda velocidad los calzoncillos, arrancando con su impaciencia una risa de Gabe. Pero estaba riendo antes de tiempo, pens&#243; Rebecca. Gabe todav&#237;a no hab&#237;a visto nada de lo que pod&#237;a llegar a hacer una mujer impaciente, aunque no tardar&#237;a en demostr&#225;rselo. La colcha termin&#243; en la alfombra. Las almohadas parec&#237;an volar. Las s&#225;banas se arrugaban. Rebecca rodaba con &#233;l en todas las direcciones posibles, besaba cada rinc&#243;n alcanzable por sus labios, lo acariciaba de todas las formas posibles, pero nada parec&#237;a aplacar la necesidad de amarlo.

La intensidad de su deseo estaba comenzando a asustarla. Aquello no se parec&#237;a a nada de lo que hab&#237;a le&#237;do en ning&#250;n manual sobre sexo. Y Gabe no se parec&#237;a a ninguno de los hombres que hasta entonces hab&#237;a conocido. Respond&#237;a fieramente a sus caricias, respond&#237;a explosivamente a todo lo que ella libremente le entregaba. El resto del universo parec&#237;a haber dejado de existir. Solo estaba Gabe, para ella, con ella.

Espera -susurr&#243; Gabe.

No -contest&#243; Rebecca.

Pero Gabe solo quer&#237;a unos segundos para desprenderse del resto de su ropa. Antes de volver con ella a la cama, sac&#243; algo del bolsillo de su pantal&#243;n vaquero: un preservativo.

Al verlo, Rebecca sinti&#243; que algo se encog&#237;a en su interior. Quiz&#225; no de una forma consciente, pero en su coraz&#243;n sab&#237;a que Gabe era el &#250;nico hombre que deseaba como padre de sus hijos. Pero una segunda percepci&#243;n sigui&#243; a la anterior. No pod&#237;a protestar, no ten&#237;a nada que decir, porque conoc&#237;a a Gabe. Ni siquiera en medio del fuego hab&#237;a perdido el sentido del honor y la responsabilidad, y proteger a una mujer formaba parte de lo que &#233;l era.

Rebecca ten&#237;a intenci&#243;n de hacer el amor con &#233;l, pero al parecer Gabe conoc&#237;a muchas formas espec&#237;ficas de tortura. Con un dedo acariciante, comprob&#243; si estaba lista para el amor y le adelant&#243; brevemente lo que la esperaba. Rebecca le hizo bajar la cabeza para darle otro beso y lo rode&#243; con las piernas para hacerle saber que no estaba interesada en m&#225;s pre&#225;mbulos.

A los ojos de Gabe asom&#243; una sonrisa traviesa mientras se acercaba &#237;ntimamente a ella, pero en el momento de la penetraci&#243;n, la sonrisa desapareci&#243;. Los m&#250;sculos de su rostro parecieron tensarse. Ya no estaba de humor para los juegos. Y tampoco ella. Gabe la llen&#243; lentamente, haci&#233;ndola consciente de lo vac&#237;a que hab&#237;a estado sin &#233;l.

Te amo -susurr&#243; Rebecca.

Aquellas palabras escaparon de sus labios una y otra vez. La primera embestida los uni&#243;, y a partir de ese momento fue aumentando el ritmo y la velocidad de su fusi&#243;n, inflamando el v&#237;nculo que se hab&#237;a establecido entre ellos. Con Gabe, Rebecca se sent&#237;a libre para ser salvaje, para ser sincera, para ser ella misma, como si no hubiera nada que necesitara ocultar. Y confesar su amor era parte irrevocable de aquel sentimiento. Y si Rebecca pod&#237;a ofrecerle alg&#250;n regalo a Gabe, quer&#237;a que fuera el de hacerle sentir la misma libertad con ella.

Gabe pareci&#243; aceptar aquella ofrenda. Su piel se torn&#243; h&#250;meda y resbaladiza y sus ojos mostraban un maravillado asombro que se derramaba en infinitos besos y caricias. Comenzaron a galopar, disfrutando de aquel delicioso viaje al que ninguno de ellos quer&#237;a poner fin. Pero de pronto algo sucedi&#243;. Al principio, Rebecca no reconoci&#243; que algo iba mal. Fue solo un instante en el que el ritmo de su galope cambi&#243;. Algo se transform&#243; tambi&#233;n en la expresi&#243;n de Gabe, que tuvo que detenerse para respirar.

&#201;l fue el primero en ser consciente de que el preservativo se hab&#237;a roto.



Cap&#237;tulo 11

Gabe no fue capaz de detenerse. Rebecca ni siquiera consider&#243; la posibilidad de hacerlo. La pasi&#243;n que hab&#237;a entre ellos era mucho m&#225;s que un viaje hacia la satisfacci&#243;n f&#237;sica. Para ella, todo lo que estuviera relacionado con hacer el amor con Gabe estaba bien. Gabe hab&#237;a acariciado su alma y ella ard&#237;a en deseos de alcanzar el alma de Gabe.

Adem&#225;s, la sensaci&#243;n de intimidad con &#233;l era tan poderosa Hizo falta una eternidad para que su coraz&#243;n se tranquilizara. Y tambi&#233;n el de Gabe. De alguna manera, Rebecca se sent&#237;a irremediablemente unida a &#233;l. Gabe se tens&#243; a su lado, pero continuaba acurruc&#225;ndola contra &#233;l. Y Rebecca no era capaz de dejar de mirarlo, de dejar de acariciarlo. Gabe tambi&#233;n la acariciaba y la besaba como si hubiera encontrado el mismo j&#250;bilo que ella.

Durante unos minutos, permanecieron unidos sin hablar, mir&#225;ndose a los ojos. Al cabo de un rato, Gabe musit&#243; algo sobre que necesitaba levantarse. Solo estuvo unos minutos en el ba&#241;o. Cuando volvi&#243;, apag&#243; la televisi&#243;n y la luz y regres&#243; a la cama.

Pero algo hab&#237;a cambiado dr&#225;sticamente en aquellos minutos. Rebecca no pod&#237;a ver sus ojos, su expresi&#243;n. Cuando lo sinti&#243; deslizarse bajo las s&#225;banas, comprendi&#243; que iba a pasar aquella noche con ella. Que Gabe, siendo como era, no pod&#237;a hacer el amor con una mujer y despu&#233;s abandonarla.

Pero sent&#237;a su piel fr&#237;a y sus m&#250;sculos repentinamente tensos.

Segundos antes, Rebecca hab&#237;a estado a punto de dormirse. Pero ya no. No estaba segura de qu&#233; decir, de qu&#233; hacer, pero notaba que Gabe estaba alej&#225;ndose de ella a la velocidad de la luz.

De pronto, la voz de Gabe interrumpi&#243; el silencio de la noche.

Deber&#237;a haberme detenido, Rebecca, ha sido culpa m&#237;a.

No creo que sea justo hablar de culpabilidad. Ninguno de nosotros podr&#237;a haber anticipado que hab&#237;a posibilidades de que el preservativo se rompiera.

S&#237;, bueno la cuesti&#243;n es que si te quedas embarazada, me gustar&#237;a que me lo dijeras. No quiero que creas que es solo problema tuyo. No voy a eludir mis responsabilidades, pelirroja.

El dolor la atraves&#243; como una daga. Responsabilidad, deber, honor. Ella sab&#237;a que eran una parte indeleble de Gabe, pero no era eso lo que esperaba que sintiera por ella.

S&#233; que lo &#250;ltimo que quieres es tener un hijo, formar una familia.

S&#237;, y eso me hace diez veces m&#225;s culpable.

Vamos, Gabe. El preservativo se ha roto, ninguno de nosotros pretend&#237;a que ocurriera.


Siempre hay un porcentaje de riesgo con esa clase de anticonceptivos. Y solo por esa raz&#243;n, hasta ahora solo me he acostado con mujeres que pensaban lo mismo que yo. Pero t&#250; estabas muy afectada despu&#233;s de un d&#237;a traum&#225;tico, seguro que tu nivel de adrenalina todav&#237;a era muy alto. Comprendo perfectamente que necesitaras sentirte abrazada, pero en realidad no quer&#237;as hacer el amor.

Claro que quer&#237;a hacer el amor -respondi&#243; Rebecca r&#225;pidamente.

Hacer el amor contigo ha sido aprovecharme de ti, pelirroja. Yo s&#233; lo que es el peligro, lo que te lleva a pensar. Pero t&#250; no. Es posible que hayas querido hacer el amor, pero ma&#241;ana por la ma&#241;ana podr&#237;as arrepentirte de lo que has hecho.

No me arrepentir&#233;. Te quiero Gabe -replic&#243; Rebecca con fiereza, y sinti&#243; tensarse todos los m&#250;sculos del detective.

No estoy diciendo que no sientas que me quieres. Pero yo nunca te he mentido y no pienso insultarte haci&#233;ndolo ahora. Yo no le doy el mismo valor que t&#250; a la palabra amor.

&#191;Devereax?

&#191;S&#237;?

No estoy segura de c&#243;mo defines el riesgo, pero puedo decirte c&#243;mo lo defino yo. Mi padre sol&#237;a decir que nunca debes participar en un juego si no eres capaz de enfrentarte a perder. Yo siempre he visto la vida de forma diferente. Nunca he participado en un juego en el que no merezca la pena ganar.

De todas formas, en este caso eso es irrelevante, porque para ti el amor no es ning&#250;n juego.

No, no lo es. Y s&#233; que no te va a gustar o&#237;r esto, pero si pudiera elegir un padre para mis hijos, te elegir&#237;a a ti.

Entonces es que no me conoces, Rebecca.

S&#237;, claro que te conozco. Pero no es esa la raz&#243;n por la que he sacado el tema -dijo con firmeza-. Necesito que sepas que jam&#225;s habr&#237;a hecho nada para atraparte. Jam&#225;s le habr&#237;a hecho algo as&#237; a ning&#250;n hombre, y mucho menos al hombre del que estoy enamorada. T&#250; sabes las ganas que tengo de tener un hijo, pero si no estaba utilizando ning&#250;n m&#233;todo anticonceptivo era porque no sab&#237;a que &#237;bamos a hacer el amor. Jam&#225;s habr&#237;a intentado acorralarte contra las cuerdas sabiendo lo que sientes por el matrimonio y la familia.

Gabe busc&#243; los ojos de Rebecca en medio de la oscuridad.

Te creo. Siempre has sido muy sincera, pelirroja. Pero t&#250; misma lo has dicho, no sab&#237;as que &#237;bamos a hacer el amor y eso me convierte en responsable de lo ocurrido. Y quiero que me prometas que, si te quedas embarazada, no lo mantendr&#225;s en secreto.

Solo hemos hecho el amor una vez. Y no hay muchas posibilidades -todav&#237;a no quer&#237;a prometerle nada. Necesitaba m&#225;s tiempo para pensar-. Quiero decirte algo m&#225;s.

&#191;El qu&#233;?

No te estoy pidiendo nada al decirte que te amo. No pretendo ponerte una soga al cuello. Solo te amar&#233; porque quiero amarte -se acerc&#243; hasta &#233;l y lo bes&#243; lentamente.

Gabe acept&#243; su castigo como un hombre: se mostr&#243; tolerante y paciente. Y el pobrecito tambi&#233;n se encendi&#243; m&#225;s r&#225;pido que la p&#243;lvora.

&#191;No te gusta que te quieran, monada?

Gabe suspir&#243; sonoramente.

Dios, eres incre&#237;ble. Te juro que si la primera vez que te vi hubiera sabido que

&#191;Habr&#237;as tra&#237;do m&#225;s preservativos? Pero no te preocupes, esta vez intentaremos ser m&#225;s creativos -le dio un beso en la barbilla y se dirigi&#243; hacia su garganta-. Podr&#237;as ayudarme a encontrar formas de ser creativa.

&#191;Alguna vez en tu vida has hecho algo que no haya supuesto problemas?

Bueno, este problema me parece de los mejores. No hay nada malo en ser querido. No te va a pasar a nada, Gabe. &#191;Cu&#225;ndo te cuidaron por &#250;ltima vez?

Soy un hombre adulto, s&#233; cuidar de m&#237; mismo.

Eso es lo que t&#250; te crees monada -le mordisque&#243; suavemente el cuello-. Todo el mundo necesita que lo cuiden de vez en cuando. Ahora, cierra los ojos y sufre en silencio. Considera esto como una especie de lecci&#243;n. Vamos a comprobar si eres capaz de sobrevivir a ser amado sin sufrir un ataque de p&#225;nico.

Rebecca

Y no pudo decir nada m&#225;s porque Rebecca anul&#243; cualquier posibilidad de hablar.

La zona en la que Rebecca estaba esperando la salida de su avi&#243;n estaba abarrotada de turistas. El vuelo estaba anunciado para las tres. Desde luego, pod&#237;a haber ido en taxi al aeropuerto, pero Gabe hab&#237;a insistido en llevarla.

Y ella sospechaba que quer&#237;a asegurarse de que volviera sana y salva a en aquel avi&#243;n.

La escena en el aeropuerto era id&#233;ntica a la del d&#237;a de la llegada de Rebecca. El mismo sol resplandeciente de Las Vegas entrando a raudales por los ventanales, los pasajeros abandonando sus aviones con el brillo de los jugadores en la mirada. Carteles anunciando los diferentes casinos de la ciudad en las paredes y m&#225;quinas tragaperras en todas las direcciones. La camiseta de Mickey Mouse que Rebecca llevaba estaba un poco m&#225;s arrugada, pero era la misma que llevaba durante su primer d&#237;a de estancia en Las Vegas.

Pero nada era igual.

El problema de su hermano no estaba resuelto, pero s&#237; a punto de resolverse. Y en cuanto le retiraran la acusaci&#243;n de asesinato a Jake, la familia no tendr&#237;a ning&#250;n motivo para seguir contratando a Gabe. Su trabajo habr&#237;a terminado. Y eso supondr&#237;a que tampoco tendr&#237;a ning&#250;n motivo para seguir relacion&#225;ndose con ella.

El coraz&#243;n comenz&#243; a latirle violentamente, no con ansiedad, sino con un creciente dolor. Si Gabe quisiera mantener con ella una relaci&#243;n personal, si estuviera enamorado de ella, como ella lo estaba de &#233;l, o si hubiera comprendido que lo que ellos compart&#237;an era algo &#250;nico y especial no tendr&#237;an por qu&#233; dejar de verse.

El verdadero Gabe era un hombre vulnerable y generoso en sus sentimientos, pero ese Gabe parec&#237;a haber desaparecido para siempre.

&#191;Llevas dinero, pelirroja? -le pregunt&#243; pragm&#225;tico.

Yo nunca llevo dinero encima -respondi&#243; ella con una sonrisa-. Pero tengo m&#225;s de cuarenta y siete tarjetas.

&#191;Va a ir tu madre a buscarte al aeropuerto?

Tengo el coche aparcado en el aeropuerto, as&#237; que no hay ning&#250;n motivo para que nadie vaya a buscarme. Ver&#233; a mi madre cuando vuelva a casa.

Pero vas a llegar de noche. Deber&#237;a ir alguien a buscarte.

Tranquil&#237;zate, Devereax, s&#233; que no puedes cambiar tu car&#225;cter sexista y sobre protector de un d&#237;a para otro, pero creo que necesitas un curso de reentrenamiento.

Durante los &#250;ltimos d&#237;as has tenido que pasar por muchas cosas.

S&#237;, es cierto, pero t&#250; tambi&#233;n.

Anunciaron su vuelo. Rebecca agarr&#243; la maleta y el bolso. Cuando se enderez&#243;, Gabe sac&#243; las manos de los bolsillos y la tom&#243; por los hombros. Rebecca vio sus ojos justo antes de que inclinara la cabeza para reclamar su boca.

El beso fue letal. Ardiente, intenso, una sensual y embriagadora invitaci&#243;n al delito y a la locura pero cuando Gabe alz&#243; la cabeza, Rebecca volvi&#243; a leer el adi&#243;s en su mirada.

Le doli&#243; mil veces m&#225;s que sentir la navaja autom&#225;tica de Wayne en la garganta. Tuvo que tragar saliva con fuerza antes de poder hablar otra vez.

&#191;Cu&#225;ndo sale tu avi&#243;n? -le pregunt&#243;.

Todav&#237;a no tengo billete. Quiero hablar antes con la polic&#237;a y ver lo que ha pasado despu&#233;s del interrogatorio de Tracey y de Wayne. Y quedan algunos detalles que me gustar&#237;a seguir investigando.

&#191;Y despu&#233;s?

Y despu&#233;s tengo una tonelada de proyectos esper&#225;ndome en la oficina. Y t&#250; tendr&#225;s que volver a tu mundo -dibuj&#243; la barbilla de Rebecca con el pulgar. La escritora vio a&#241;oranza en sus ojos. Y tambi&#233;n amor, aunque Gabe ser&#237;a incapaz de pronunciar aquella palabra-. Si surge alg&#250;n problema, h&#225;zmelo saber.

Rebecca deber&#237;a haber sabido que volver&#237;a a sacar el potencial problema del embarazo otra vez. Gabe siempre hab&#237;a sido un hombre pr&#225;ctico y honorable.

Pero si iba a verlos a ella y a su beb&#233; como un problema, entonces no hab&#237;a nada m&#225;s que decir.


Cuando Rebecca fue a abrir la puerta, la &#250;ltima persona a la que esperaba encontrarse era su hermano. Hab&#237;an pasado cinco largas semanas desde aquel inolvidable fin de semana con Gabe. Y tres semanas desde que hab&#237;an retirado los cargos de asesinato contra Jake. Volv&#237;a a ser un hombre libre. Pero Jake nunca se hab&#237;a presentado de improviso en su casa.

Rebecca se arroj&#243; a sus brazos con una risa escandalosa.

Vaya, &#191;qu&#233; te trae por aqu&#237;? Pasa, pasa. &#191;Quieres un caf&#233; o un t&#233;?

No me importar&#237;a tomar un caf&#233;, pero temo interrumpirte

No te preocupes por eso, estaba a punto de tomarme un descanso. Pasa y ponte c&#243;modo. El caf&#233; ya est&#225; hecho.

Minutos despu&#233;s, Rebecca llevaba un par de tazas de caf&#233; a su estudio, donde la estaba esperando su hermano.

Creo que necesitas una excavadora -brome&#243; Jake.

Si te parece que est&#225; desordenado, deber&#237;as verlo cuando no he hecho limpieza.

&#191;Pero has limpiado alguna vez esta habitaci&#243;n en la &#250;ltima d&#233;cada?

Rebecca dej&#243; las tazas en la mesa y lo pellizc&#243;. Cuando Jake fingi&#243; un intenso dolor, estuvo a punto de arrancarle las l&#225;grimas a Rebecca. Dios, ten&#237;a tan buen aspecto Y era maravilloso poder verlo fuera de los barrotes de la prisi&#243;n.

Casi todo el mundo consideraba a Jake Fortune un hombre extremadamente formal e imponente, Rebecca lo sab&#237;a. Eran pocas las personas que se atrev&#237;an a bromear con &#233;l.

Y la verdad era que Gabe siempre hab&#237;a sido un hombre controlado y contenido, excepto con ella.

&#191;Solo has venido aqu&#237; para meterte conmigo y para darme pena? -Rebecca se acurruc&#243; en la silla del escritorio, rodeando con las manos la taza de caf&#233;.

En realidad, he venido por una raz&#243;n muy diferente -mir&#243; a su alrededor buscando un lugar donde sentarse y despu&#233;s de quitar varios kilos de papel de una silla lo encontr&#243;-. Esta es una visita privada, hermanita. He venido para darte personalmente las gracias. Si no hubiera sido por ti, todav&#237;a estar&#237;a pudri&#233;ndome en esa c&#225;rcel.

Rebecca sacudi&#243; r&#225;pidamente la cabeza.

Gabe hizo todo el trabajo de investigaci&#243;n realmente importante, Jake. No yo.

He visto a Devereax. Le he dado las gracias personalmente, y tambi&#233;n al resto de la familia. Dios, todav&#237;a me cuesta creer que toda la familia haya permanecido en todo momento a mi lado. Pero Rebecca, t&#250; fuiste la &#250;nica que hiciste algo para solucionar mi situaci&#243;n. No creas que no lo s&#233;.

&#191;Sabes? Ha habido algo muy ir&#243;nico en todo esto. Tracey y M&#243;nica eran muy parecidas. Ninguna de ellas habr&#237;a sido capaz de definir la palabra &#233;tica con un diccionario en la mano. Ambas eran manipuladoras y ambiciosas, no le hac&#237;an ascos ni al chantaje, ni al robo ni a ninguna otra actividad criminal. No estoy diciendo que est&#233; bien que hayan asesinado a M&#243;nica. Pero no me extra&#241;a que esas dos brujas terminaran encontr&#225;ndose.

Jake asinti&#243;.

S&#237;, dos gatos negros cruzando sus caminos en la noche. M&#243;nica amenazando a Tracey para mantener el secreto sobre el secuestro de nuestro hermano. &#191;Qui&#233;n pod&#237;a haberse imaginado que Tracey investigar&#237;a a M&#243;nica y terminar&#237;a descubriendo que, curiosamente, hab&#237;a adoptado a Brandon poco despu&#233;s de que el gemelo desapareciera? Solo una mente tan perversa como la suya podr&#237;a haber relacionado ambos hechos. Tracey vio el asesinato como una forma de mantener el secreto y as&#237; poder capitalizar su estafa -de pronto, Jake pareci&#243; fatigado-. S&#237;, es una iron&#237;a que esas dos depredadoras sin moral se encontraran, pero creo que podr&#237;amos habernos ahorrado mucho sufrimiento si la familia Fortune no hubiera intentado esconder tantos secretos.

&#191;Incluyendo los tuyos? -le pregunt&#243; Rebecca con delicadeza-. &#191;Qu&#233; tal est&#225;is t&#250; y Erica despu&#233;s de todo esto? S&#233; que las chicas han estado en todo momento a tu lado, &#191;pero c&#243;mo andan las cosas con Adam?

Rebecca nunca hab&#237;a estado muy unida a Erica, la esposa de Jake. Adam era el &#250;nico hijo var&#243;n de Jake y Rebecca sab&#237;a que padre e hijo eran casi dos desconocidos.

Las cosas est&#225;n yendo francamente bien, aunque todav&#237;a quedan muchas asperezas por limar con mi familia. He cometido muchos errores -vacil&#243; un instante-. &#191;Sabes? El motivo por el que me dej&#233; enredar por M&#243;nica al principio fue que estaba chantaje&#225;ndome. Nunca he sabido c&#243;mo se enter&#243; de que mi padre biol&#243;gico no era Ben Fortune, pero yo respond&#237; dej&#225;ndome llevar por el miedo. Pens&#233; que lo perder&#237;a todo si se llegaba a descubrir que no era el aut&#233;ntico heredero de los Fortune. Ten&#237;a miedo de perder mi vida entera, Rebecca.

Se levant&#243; de la silla y comenz&#243; a caminar por el atestado estudio.

Esa era en parte la raz&#243;n por la que me resultaba tan insoportable estar siendo acusado de asesinato. Hab&#237;a estado bebiendo, hab&#237;a ido a enfrentarme a M&#243;nica, pero no ten&#237;a ning&#250;n motivo para matarla. S&#233; que era eso lo que pod&#237;a parecer, pero yo ya hab&#237;a aceptado que la verdad sobre mi pasado deber&#237;a conocerse. Hab&#237;a llegado a la conclusi&#243;n de que no pod&#237;a seguir viviendo en la mentira. Pero no ten&#237;a ninguna manera de hacer que me creyeran.

Me temo que la verdad no siempre es evidente ante la ley -murmur&#243; Rebecca, recordando todas las ocasiones en las que hab&#237;a discutido con Gabe sobre la validez de los hechos frente a la intuici&#243;n-. Jake, todav&#237;a no me has dicho c&#243;mo van las cosas con tu esposa y con Adam.

Van bien. M&#225;s que bien. Adam en realidad nunca le hab&#237;a importado demasiado qui&#233;n era yo. He sido yo mismo el que no he sido honesto y he estado ocultando cosas que han estado a punto de destrozar nuestra relaci&#243;n. Me temo que &#233;l es un hombre mejor que su padre.

Y yo creo que t&#250; eres un buen tipo, hermanito. Cualquiera puede cometer errores.

S&#237;, y desde luego yo lo he hecho. En cuanto a Erica hemos vuelto a estar juntos. Esa mujer me quiere de verdad.

&#191;Y te sorprende?

Muchas veces pens&#233; que a quien amaba era al heredero de los Fortune -Jake sacudi&#243; la cabeza-. Siempre he estado intentando ser el hombre que pensaba que ella quer&#237;a que fuera. Hemos perdido un mont&#243;n de a&#241;os sin atrevernos a ser sinceros el uno con el otro

El sonido del tel&#233;fono los interrumpi&#243;. Jake mir&#243; a su hermana arqueando las cejas en silencio al ver que no contestaba al primer timbrazo.

Rebecca no ten&#237;a intenci&#243;n de contestar, pero al ver el gesto de su hermano se levant&#243; r&#225;pidamente. El contestador estaba programado para conectarse al segundo timbrazo.

Oy&#243; la voz de Gabe, que hab&#237;a grabado ya su mensaje. Grave, queda, sexy, y dolorosamente familiar.

En alg&#250;n momento voy a localizarte, pelirroja. Rebecca, necesito hablar contigo.

Aquel era todo el mensaje, pero fue suficiente para llamar la atenci&#243;n de Jake, que mir&#243; a su hermana con expresi&#243;n astuta.

Sab&#237;as qui&#233;n era. &#191;Por qu&#233; no quer&#237;as contestar?

Porque est&#225;s aqu&#237;, no tengo muchas oportunidades de hablar contigo y a &#233;l puedo llamarlo en cualquier momento.

Eres la peor mentirosa que he conocido en toda mi vida, hermanita. &#191;Qu&#233; ocurre? &#191;Era Gabe? No he reconocido la voz

No ocurre nada malo. Todo va estupendamente  le asegur&#243; alegremente, y gir&#243; r&#225;pidamente la conversaci&#243;n hacia los asuntos de la familia.

Jake se qued&#243; con ella hora y media m&#225;s. Cuando le lleg&#243; el momento de marcharse, Rebecca lo acompa&#241;&#243; hasta la puerta pensando que se habr&#237;a olvidado ya de la llamada de tel&#233;fono.

Si necesitas ayuda, de cualquier tipo, me ofender&#237;a que no me dieras la oportunidad de d&#225;rtela. Estar&#237;a a tu lado lo m&#225;s r&#225;pido posible y no har&#237;a ninguna pregunta.

Gracias, Jake -sab&#237;a que su hermano estaba hablando en serio, pero hab&#237;a ciertos problemas a los que una mujer ten&#237;a que enfrentarse sola.

Cuando Jake se march&#243;, se llev&#243; la mano al vientre.

Hac&#237;a tres d&#237;as que se hab&#237;a hecho la prueba del embarazo.


Regres&#243; al estudio, encendi&#243; el ordenador y busc&#243; el cap&#237;tulo en el que estaba trabajando. El trabajo hab&#237;a sido su salvaci&#243;n durante semanas. Normalmente, su mente se bloqueaba a todo lo dem&#225;s cuando estaba escribiendo y, antes de que llegara su hermano, hab&#237;a dejado al protagonista de su libro pendiente de un terrible peligro. Necesitaba solucionar la crisis para salvarlo, pero los minutos iban pasando uno a uno y no acud&#237;a una sola palabra a su mente.

Acarici&#243; el brazalete que llevaba en la mu&#241;eca buscando inspiraci&#243;n. Pero no obr&#243; su magia. Se rode&#243; las piernas con los brazos y cerr&#243; los ojos. Gabe llevaba una semana intentando ponerse en contacto con ella. Utilizar el contestador para esquivarlo era inmaduro, est&#250;pido y deshonesto pero de momento, Rebecca no estaba preparada para hablar con &#233;l.

Gabe podr&#237;a haberla llamado hac&#237;a mucho tiempo, pero no lo hab&#237;a hecho y su largo silencio la hab&#237;a dolido terriblemente. Rebecca no era ninguna entusiasta de la l&#243;gica, pero Gabe s&#237;. Y sus repentinas llamadas ten&#237;an un motivo perfectamente l&#243;gico: hab&#237;a pasado el tiempo suficiente como para que ella supiera si estaba o no embarazada.

Semanas atr&#225;s, despu&#233;s de una noche inolvidable en su compa&#241;&#237;a, Rebecca hab&#237;a decidido no decirle la verdad si realmente estuviera embarazada. Gabe era un hombre tan honesto y chapado a la antigua que le ofrecer&#237;a matrimonio en cuanto se enterara. Pero Rebecca no pod&#237;a imaginar un desastre peor que un matrimonio forzado.

Si Gabe hubiera llamado antes, podr&#237;a haber pensado que todav&#237;a ten&#237;an alguna oportunidad. Pero ya era demasiado tarde. Era demasiado evidente que el sentido de la responsabilidad y el honor eran el &#250;nico motivo de sus llamadas.

Rebecca jam&#225;s hab&#237;a conocido a un hombre que necesitara el amor m&#225;s que Gabe. Pero &#233;l solo parec&#237;a capaz de creer en las relaciones basadas en el honor y en la responsabilidad. Har&#237;a falta que llegara a su vida la mujer adecuada para quitarle esa idea de la cabeza. Una mujer que lo hiciera sentirse libre para dar rienda suelta a toda la ternura y la vulnerabilidad que hab&#237;a en su interior, libre para descubrir que el amor no era una jaula, sino todo un mundo abierto de posibilidades.

Una mujer que al parecer no era ella. Las l&#225;grimas inundaron sus ojos, pero las reprimi&#243; con fuerza. Llorar no era ning&#250;n consuelo.

Rebecca hab&#237;a probado el sabor de la p&#233;rdida. Conoc&#237;a todos los sabores de la soledad. Pero nada en su vida le hab&#237;a dolido tanto como saber que hab&#237;a perdido a Gabe.



Cap&#237;tulo 12

Cuando su secretaria la localiz&#243; en el laboratorio, Kate Fortune acababa de dar por finalizada una reuni&#243;n con dos de los qu&#237;micos que trabajaban para ella. Estaba de un humor exultante: por fin se hab&#237;an resuelto con &#233;xito las &#250;ltimas pruebas para la obtenci&#243;n de la f&#243;rmula del secreto de la juventud. Y cuando su secretaria le comunic&#243; que Gabe Devereax estaba en el vest&#237;bulo, se mostr&#243; encantada de poder tomarse un descanso.

&#161;Qu&#233; sorpresa! -exclam&#243; al encontrarse con Gabe en el vest&#237;bulo-. No puedo creer que no hayas subido directamente a mi despacho. Deber&#237;as saber que no necesitas andarte con ceremoniales conmigo.

No estaba seguro de s&#237; deb&#237;a o no seguir el protocolo ahora que ya no trabajo para ti.

D&#233;jate de protocolos. Te he echado de menos, Gabe.

Vaya, eso s&#237; que es un alivio. Hab&#237;a muchas posibilidades de que sintieras exactamente lo contrario. Siempre que he tenido que estar cerca de ti ha sido por culpa de alg&#250;n secuestro, intento de sabotaje o asesinato.

Kate advirti&#243; el humor de su voz y reconoci&#243; su ir&#243;nica sonrisa. Pero hab&#237;a algo diferente en su mirada. Intentando averiguar lo que era, lo condujo hacia su ascensor privado.

Admito que me encantar&#237;a pasar una larga temporada sin problemas, pero echo de menos hablar de vez en cuando contigo. Y tambi&#233;n Sterling.

Kate era consciente de que su voz se suavizaba cada vez que mencionaba al que durante largos a&#241;os hab&#237;a sido abogado y amigo de la familia. Uno de aquellos d&#237;as, probablemente necesitar&#237;a comunicarle a su familia la profundidad de sus sentimientos hacia el abogado.

Todav&#237;a no me has dicho por qu&#233; has venido  dijo mientras hac&#237;a pasar a Gabe a su despacho-. S&#233; que no eres muy aficionado a la ch&#225;chara, pero no s&#233; qu&#233; asunto podemos tener entre manos. Estoy segura de que no te dimos un cheque sin fondos -a&#241;adi&#243; con iron&#237;a.

Oh, claro que no. De hecho, fue un cheque muy generoso, Kate.

No fue en absoluto generoso. Soy una mujer extremadamente inteligente, querido. Jam&#225;s doy dinero a cambio de nada. Te ganaste cada penique.

Gabe ignor&#243; aquel cumplido y, aunque entr&#243; en el despacho, Kate no pudo conseguir que se sentara. Permaneci&#243; tenso como un poste, con las manos hundidas en el bolsillo.

Esta visita es por un asunto completamente personal. Quiero hablar contigo de tu hija.


Humm. Algo me dice que no es precisamente de Lindsay de quien quieres hablarme -se acerc&#243; al carrito con el servicio de t&#233; que ten&#237;a siempre en su despacho-. &#191;Te apetece un caf&#233;, un t&#233;? &#191;Algo m&#225;s fuerte, quiz&#225;?

Cuando te enteres de por qu&#233; he venido, no creo que quieras ofrecerme nada.

Vaya, eso no parece presagiar nada bueno.

Pero en secreto, pensaba que sonaba m&#225;s que interesante. La &#250;ltima vez que hab&#237;an hablado, Kate hab&#237;a sentido la qu&#237;mica que hab&#237;a entre Gabe y su hija peque&#241;a. Kate hab&#237;a estado pensando mucho en ello desde entonces, pero no hab&#237;a querido sonsacarle ninguna informaci&#243;n a su hija.

T&#237;pico de Gabe, decidi&#243; no andarse con rodeos.

Llevo tres semanas intentando ponerme en contacto con tu hija. Cuando la llamo, me salta el contestador. Y si voy a buscarla, o no est&#225; en casa o est&#225; encerrada a cal y canto.

Humm -Kate lo estudi&#243; con sus astutos ojos-. Bueno, todo el mundo sabe que Rebecca tiende a encerrarse como una ermita&#241;a cuando est&#225; escribiendo, Gabe, pero si quieres que te ayude a ponerte en contacto con ella

Diablos no, ese no es tu problema, es el m&#237;o  Gabe se frot&#243; la cara-. Kate, es posible que quieras enviarme de una patada a Siberia cuando oigas lo que tengo que decirte. No te va a gustar nada. Pero la alternativa es mantener la boca cerrada y ponerte en una posici&#243;n en la que no tengas que preocuparte.

Esto se pone cada vez m&#225;s interesante -musit&#243; Kate, pero dudaba que Gabe la hubiera o&#237;do. De hecho, dudaba que pudiera o&#237;r nada en aquel momento-. &#191;Sabes? Si fuera m&#225;s tarde, creo que te servir&#237;a un brandy.

Quiero secuestrar a tu hija, Kate.

Ah.

Como ha estado evit&#225;ndome como si yo tuviera una enfermedad contagiosa, no estoy seguro de que quiera venir voluntariamente conmigo. Y por eso voy a tener que secuestrarla.

Eh &#191;y hay alg&#250;n lugar en especial al que hayas decidido llevarla? -pregunt&#243; Kate, sin dejarse impresionar.

No. Todav&#237;a no. Pero creo que lo mejor ser&#237;a una isla desierta. No voy a pedirte permiso, Kate, y puedo imaginarme lo que est&#225;s pensando. Pero el &#250;nico motivo por el que he venido a dec&#237;rtelo es que no quiero que pienses que a tu hija le ha ocurrido algo terrible cuando desaparezca. Estar&#225; conmigo.

Esto es como dejar caer una bomba en mi regazo. Quiero que sepas que estoy horrorizada -dijo Kate remilgada, pero inmediatamente a&#241;adi&#243;-: Si encuentras una isla suficientemente desierta, puedo poner uno de los yates de la familia a tu disposici&#243;n.

&#191;Perd&#243;n?


Acabo de ofrecerte uno de los yates de la familia. &#191;O preferir&#237;as uno de los aviones?

Gabe no contest&#243;. No habr&#237;a parecido m&#225;s asombrado si en ese momento hubiera entrado un elefante en el despacho.

Evidentemente, esperaba que Kate lo pusiera de patitas en la calle. Pero esta se limit&#243; a servirle una copa de jerez. Era una bebida terriblemente cursi para alguien como el se&#241;or Devereax, pero Kate no ten&#237;a licores m&#225;s fuertes en su despacho y Gabe parec&#237;a estar sufriendo alguna clase de choque emocional.

Y, sobre todo, no iba a ser capaz de hablar m&#225;s claramente si no se relajaba. Y Kate no pensaba dejarlo marchar hasta que no supiera mucho m&#225;s sobre Gabe y su hija de lo que hasta entonces hab&#237;a o&#237;do.


Gabe se fij&#243; en los arces que adornaban el barrio de Rebecca. Los narcisos y los tulipanes destacaban en los lechos de flores. Y la hierba ya hab&#237;a adquirido aquel verde aterciopelado &#250;nico de la primavera.

La primavera pod&#237;a ser la estaci&#243;n del amor, pero el resto de los augurios no eran nada buenos. Por el oeste se acercaban enormes nubarrones negros que dejaban la tarde casi en penumbra. Cuando Gabe lleg&#243; a la casa de Rebecca, las calles estaban desiertas y los rayos cruzaban el cielo.

Gabe abri&#243; la puerta del Morgan y, utilizando ambas manos, sac&#243; la pierna izquierda del coche. La funda de velero le cubr&#237;a la pierna desde la rodilla hasta el tobillo y la movilidad se hac&#237;a m&#225;s dif&#237;cil a causa del cabestrillo con el que llevaba sujeto el brazo izquierdo al pecho. Sali&#243; del coche lentamente y, al ver que Rebecca corr&#237;a la cortina de la ventana principal, hizo una mueca de dolor y se frot&#243; la mejilla derecha, que llevaba oculta bajo un vendaje.

De pronto se desat&#243; la lluvia. Una lluvia helada. Su sudadera no permanecer&#237;a seca durante mucho tiempo y los vaqueros se los hab&#237;a tenido que cortar para poder ponerse la funda de velero. Aun as&#237;, no pod&#237;a aumentar la velocidad de su paso.

La puerta de la casa estaba a diez largos metros de distancia. Una distancia m&#225;s que suficiente para que Gabe repasara mentalmente la extra&#241;a conversaci&#243;n que hab&#237;a mantenido con Kate en su despacho.

Todav&#237;a no comprend&#237;a por qu&#233; Kate no se hab&#237;a puesto hecha una furia cuando le hab&#237;a hablado de su relaci&#243;n con su hija. Ni siquiera le hab&#237;a preguntado si hab&#237;a pensado en el matrimonio.

En cambio, le hab&#237;a servido una copa de aquella empalagosa crema de jerez y le hab&#237;a hablado del caos en el que hab&#237;a estado envuelta su familia desde hac&#237;a dos a&#241;os.

Todos mis hijos han sufrido alguna crisis personal en este tiempo. Adem&#225;s, tuvimos que enfrentarnos a serios problemas financieros en la empresa, como muy bien sabes, Gabe. Y, sin embargo, despu&#233;s de lo ocurrido, mis hijos parecen haber salido m&#225;s fortalecidos, son ahora m&#225;s felices. Con una sola excepci&#243;n.

Rebecca -hab&#237;a aventurado Gabe.

S&#237;, Rebecca. He podido ayudar a todos mis hijos, excepto a Rebecca. Y tambi&#233;n a ella quiero verla feliz. Quiero que siente la cabeza, que pueda ver su casa llena de esos hijos que tanto desea. Pero ninguno de los hombres que hasta ahora ha llamado a su puerta ha conseguido ponerla nerviosa. Hasta que has llegado t&#250;.

Nerviosa.

Gabe dio otro paso hacia la puerta de Rebecca, pensando que la palabra nerviosa se hab&#237;a quedado clavada en su mente durante d&#237;as. No sab&#237;a lo que Kate Fortune hab&#237;a intentado decirle. No sab&#237;a si eso significaba algo bueno sobre los sentimientos de Rebecca hacia &#233;l.

Pero fueran cuales fueran las consecuencias, hab&#237;a descubierto que no pod&#237;a esperar ni un segundo m&#225;s para averiguarlo.

Semanas atr&#225;s, cuando Jake hab&#237;a sido liberado, Gabe se hab&#237;a sentido aliviado al dar por terminado aquel trabajo y poder as&#237; alejarse de Rebecca. Como siempre, estaba deseando encontrarse con su soledad y con su propia libertad.

Despu&#233;s, hab&#237;an llegado los s&#237;ntomas de aquella extra&#241;a gripe: el vac&#237;o en las entra&#241;as, el malestar, una tristeza que era incapaz de superar. La sensaci&#243;n de p&#233;rdida era tan grande que no pod&#237;a ni comer ni dormir.

Se hab&#237;a obligado a recordar cientos de veces las peleas de sus padres, la tensi&#243;n y los amargos silencios en su relaci&#243;n. Durante toda su vida, Gabe hab&#237;a decidido ser realista. El amor era real, pero no era algo que durara. Y si uno no cre&#237;a en los cuentos de hadas, no ten&#237;a que enfrentarse despu&#233;s al dolor y a la desilusi&#243;n. Y si uno consegu&#237;a ser autosuficiente, nunca necesitar&#237;a a nadie m&#225;s.

Pero en alg&#250;n momento, cuando estaba sufriendo los peores s&#237;ntomas de aquella gripe, Gabe se hab&#237;a dado cuento de algo completamente extra&#241;o: los recuerdos de todas esas parejas pele&#225;ndose y destroz&#225;ndose la una a la otra pod&#237;an estar motivados por su filosof&#237;a de solitario. Pero &#233;l hab&#237;a estado pele&#225;ndose con Rebecca desde el principio. Y, de hecho, adoraba discutir con ella.

A esa desastrosa conclusi&#243;n sentimental le hab&#237;an seguido otras. Gabe sab&#237;a la cantidad de problemas en los que pod&#237;a llegar a meterse aquella pelirroja. Y tambi&#233;n que nadie era capaz de mantenerla a salvo.

Pero estaba bien que hubiera alguien en el mundo capaz de creer en pr&#237;ncipes azules. Alguien que creyera en la bondad del ser humano, en que el bien siempre venc&#237;a al mal y en que nada pod&#237;a hacerle a uno ning&#250;n da&#241;o si hac&#237;a las cosas correctamente.

Y &#233;l quer&#237;a que Rebecca tuviera la libertad para creer en todas esas cosas. Pero para que eso sucediera, alguien tendr&#237;a que protegerla, sutilmente y con mucho cuidado. Alguien que comprendiera lo vulnerable y lo maravillosa que era. Alguien suficientemente fuerte para ponerla en su sitio de vez en cuando. Para poder darle todo el amor que ella daba. Alguien que comprendiera que Rebecca nunca soportar&#237;a que le pusieran l&#237;mites, pero que realmente necesitara estar a su lado.

Y hab&#237;a sido entonces cuando Gabe se hab&#237;a dado cuenta de que no se le ocurr&#237;a nadie que pudiera estar a su lado salvo &#233;l.

Estaba enamorado de aquella mujer.

Tan intensamente enamorado que le dol&#237;a. Y entonces, una noche, se hab&#237;a despertado en medio de una pesadilla, imaginando a Rebecca con su hijo en su vientre. Su hijo. Aquella imagen lo hab&#237;a golpeado con la misma fuerza que una explosi&#243;n nuclear, con un anhelo de ser padre que ni siquiera sab&#237;a que sent&#237;a. No un padre como el que &#233;l hab&#237;a tenido, sino un padre a su manera. Quer&#237;a formar su propia familia.

Y el car&#225;cter de pesadilla de aquel sue&#241;o se deb&#237;a a que sab&#237;a que, si Rebecca estaba embarazada, jam&#225;s se lo dir&#237;a. Aquella pelirroja siempre hab&#237;a dejado muy claro que lo quer&#237;a todo o nada. Ni remotamente iba a conformarse con menos. Y eso significaba que, a no ser que creyera posible todo el sensiblero futuro que ella imaginaba, jam&#225;s lo llamar&#237;a, ni a causa de un hijo ni por ninguna otra raz&#243;n.

La cortina volvi&#243; a correrse. Y en aquella ocasi&#243;n se abri&#243; varios cent&#237;metros.

Gabe hizo otra mueca de dolor y dio otro par de agonizantes pasos hacia el porche. Y, milagro de los milagros, de pronto se abri&#243; la puerta de par en par.

&#161;Gabe! He visto que algo se mov&#237;a desde la ventana, pero al principio no sab&#237;a que eras t&#250;. &#161;Dios m&#237;o! &#191;Qu&#233; demonios te ha pasado?

Ha sido un peque&#241;o accidente -confes&#243;.

Por un momento, casi se olvid&#243; de mostrarse dolorido. Solo quer&#237;a embeberse de la visi&#243;n de Rebecca.

&#191;Un peque&#241;o accidente? Dios m&#237;o, Gabe.

Es posible que necesite ayuda, peque&#241;a, esa es la verdad -en cuanto lleg&#243; al voladizo del porche, se apoy&#243; en la muleta-. Necesito un lugar en el que recuperarme, en el que poder descansar y ya lo he encontrado. Pero no puedo conducir solo hasta all&#237;, y mucho menos cargar con todas las provisiones que necesito. En cuanto me instale, podr&#233; arregl&#225;rmelas solo. Pero si pudieras concederme esta tarde -tom&#243; aire-. Te necesito, pelirroja.

Su voz sonaba extra&#241;a, precipitada y cortante. Pero Gabe nunca hab&#237;a admitido necesitar a nadie y le resultaba dif&#237;cil. Tem&#237;a que Rebecca pensara que le estaba mintiendo, y era cierto que hab&#237;a ciertos detalles que inclu&#237;an cierta dosis de mentirijillas. Pero lo de que la necesitaba era la mayor verdad que hab&#237;a dicho en toda su vida.

Rebecca indag&#243; en sus ojos. Solo durante un par de segundos.

Solo tengo que apagar el ordenador y agarrar un bolso -dijo r&#225;pidamente.

Y los zapatos, peque&#241;a.


Rebecca volvi&#243; con los zapatos puestos y, movi&#233;ndose a la velocidad de una bala, lo acompa&#241;&#243; y lo instal&#243; maternalmente en el asiento de pasajeros del Morgan. El plan era que lo llevara hasta su refugio, lo ayudara a instalarse, regresara en el coche y volviera a buscarlo al cabo de una semana. Gabe sab&#237;a condenadamente bien que era un plan completamente il&#243;gico, pero quiz&#225; fuera una suerte que Rebecca fuera una escritora tan idealista e imaginativa. Porque pareci&#243; tragarse toda la historia.

Gabe ten&#237;a algunas cosas m&#225;s que necesitaba que Rebecca aceptara para poder sacar adelante aquel plan. Le dio a Rebecca la direcci&#243;n de su destino y una hora despu&#233;s estaban rodando por carreteras rurales. Pero Rebecca prestaba m&#225;s atenci&#243;n a sus heridas y a su rostro que a la geograf&#237;a.

Sin embargo, cuando pararon en un supermercado, se convirti&#243; en un general. Permiti&#243; que Gabe entrara con ella y eligiera lo que quer&#237;a, pero carg&#243; ella con todas las bolsas. Al ver que Gabe no protestaba y respond&#237;a a todas sus indicaciones con mansa obediencia, pos&#243; la mano sobre su frente.

&#191;Est&#225;s seguro de que no tienes fiebre?

&#191;Crees que tengo fiebre porque estoy siendo amable?

Hasta ahora nunca me hab&#237;as obedecido, monada. Aunque, por supuesto, puede haber alguna otra raz&#243;n por la que hayas dejado de ser t&#250; mismo. &#191;Est&#225;s tomando mucha medicaci&#243;n contra el dolor?

Humm -fue lo &#250;nico que contest&#243; Gabe.

Las direcciones que tuvo que darle a partir de aquel momento fueron mucho m&#225;s complicadas y, sumadas a los constantes errores de Gabe, podr&#237;an haber confundido a cualquier ge&#243;grafo.

Terminaron en una camino cubierto de hierba media hora despu&#233;s. Por fin hab&#237;an llegado a su destino. Rebecca baj&#243; del coche, con las manos en las caderas mir&#243; a su alrededor. La caba&#241;a de cedro, de varios pisos, hab&#237;a sido construida en lo alto de una colina. La fachada principal ten&#237;a enormes puertas de cristal que conduc&#237;an a una terraza desde la que se disfrutaba de las vistas de un gorgoteante arroyo que estallaba en miles de diamantes en la base de la colina.

Es un lugar maravilloso, Gabe. &#191;Lo has alquilado?

S&#237;, durante una semana.

No se me ocurre otro lugar mejor para descansar, pero est&#225; terriblemente aislado. No se ve otra casa en m&#225;s de dos kil&#243;metros a la redonda.

Rebecca fue a buscar las provisiones, le orden&#243; a Gabe que se limitara a descansar y fue a echar un vistazo por la casa. Cuando desapareci&#243;, Gabe permaneci&#243; esper&#225;ndola con miles de mariposas borrachas en el est&#243;mago. Sab&#237;a lo que Rebecca iba a ver: los suelos de madera, la chimenea de piedra y los muebles r&#250;sticos y funcionales. Hab&#237;a un solo dormitorio, con una enorme cama de matrimonio y un tragaluz que ofrec&#237;a unas vistas espectaculares. No hab&#237;a nada superfluo en aquella casa, pero el ba&#241;o contaba con una sauna de madera.

Cuando Rebecca regres&#243;, continuaba con los brazos en jarras.

Es preciosa, &#191;pero no tiene tel&#233;fono?

No, no tiene tel&#233;fono.

Ni tel&#233;fono ni vecinos. &#191;Y qu&#233; pasar&#225; si te caes? &#191;O si necesitas ayuda para subir las escaleras? -pate&#243; el suelo con el pie-. No s&#233; si me gusta la idea de dejarte solo.

Llevo arregl&#225;ndomelas solo durante toda mi vida.

S&#237;, pero no estando herido.

Por lo menos tanto como lo estoy ahora -confirm&#243; Gabe-. &#191;Rebecca?

Rebecca volvi&#243; la cabeza. Gabe abri&#243; la mano para mostrarle las llaves del coche y cuando Rebecca las estaba mirando, las lanz&#243; al aire y las llaves aterrizaron en el arroyo.

Rebecca lo mir&#243; boquiabierta.

&#161;No puedo creer lo que acabas de hacer! &#191;Es que te has vuelto loco? &#191;En qu&#233; demonios est&#225;s pensando? Sin llaves del coche ninguno de nosotros podr&#225; salir de aqu&#237;

Mientras Rebecca lo observaba, Gabe tir&#243; la muleta al suelo. Y, despu&#233;s de quitarse la venda de la sien, se quit&#243; el cabestrillo y la espinillera de velero.

Rebecca no se movi&#243;. Y no apart&#243; los ojos de &#233;l ni durante un solo segundo. Pero parecieron pasar un par de siglos hasta que consigui&#243; decir algo.

Y Gabe imagin&#243; que eran muchas las posibilidades de que lo matara.



Cap&#237;tulo 13

No est&#225;s herido -anunci&#243; Rebecca.

No.

Y no has sufrido ning&#250;n accidente en el que te hayas jugado la vida.

No. De hecho, la &#250;ltima vez que me jugu&#233; la vida fue en Las Vegas. Contigo. &#191;Rebecca?

&#191;Qu&#233;?

No pareces en absoluto sorprendida.

Claro que no estoy sorprendida, Devereax. Te conozco. Te pondr&#237;a en un callej&#243;n con seis matones y compadecer&#237;a a los matones. Si hay alg&#250;n hombre sobre la tierra capaz de cuidar de s&#237; mismo, ese eres t&#250;. &#191;Qu&#233; te cre&#237;as, que me estaba tragando toda esta farsa? Escribo ficci&#243;n, por el amor de Dios, soy perfectamente capaz de reconocer una estratagema tan artificiosa con los ojos cerrados.

Gabe se aclar&#243; la garganta con incomodidad.

Pero has venido.

Claro que he venido. Estaba terriblemente preocupada. Todav&#237;a lo estoy de hecho. No es propio de ti recurrir a la mentira. Ha tenido que ocurrirte algo verdaderamente malo para que hayas tramado todo esto.

S&#237;, me ha ocurrido: no quer&#237;as verme, ni siquiera pod&#237;a conseguir que te pusieras al tel&#233;fono. Era bastante evidente que ten&#237;a que hacer algo creativo para llamar tu atenci&#243;n.

Vaya, y desde luego lo has hecho.

Rebecca hab&#237;a estado evit&#225;ndolo porque no quer&#237;a contestar a ninguna pregunta sobre su embarazo hasta que no estuviera realmente preparada. Pero durante aquel incre&#237;ble trayecto hasta la caba&#241;a, no hab&#237;a podido evitar advertir que Gabe, a pesar de todas las oportunidades que hab&#237;a tenido, no hab&#237;a sacado todav&#237;a el tema.

As&#237; que quer&#237;as hablar conmigo

S&#237; -musit&#243;-. Pero creo que ya he tenido toda la conversaci&#243;n que soy capaz de soportar por ahora.

Rebecca estaba caminando a su alrededor, con los brazos todav&#237;a en las caderas, cuando Gabe alarg&#243; los brazos hacia ella y la estrech&#243; contra su pecho. Rebecca pudo sentir los latidos atemorizados de su coraz&#243;n contra los latidos asustados del suyo. Y entonces Gabe la bes&#243;.

Rebecca ten&#237;a miedo de que la besara. Mucho miedo. Porque sab&#237;a lo f&#225;cil que ser&#237;a volver a hundirse en el abrazo de Gabe otra vez. La qu&#237;mica era tan m&#225;gica entre ellos que sospechaba que podr&#237;a durar toda una vida y que, si segu&#237;a al lado de Gabe, su amor ir&#237;a haci&#233;ndose cada vez m&#225;s desesperantemente profundo.

El primer beso fue todo lo que hab&#237;a temido, y m&#225;s todav&#237;a. La boca de Gabe descendi&#243; sobre sus labios con la suavidad del roc&#237;o sobre una rosa. Roz&#243; su boca con una dulzura infinita, como si estuviera dando un largo y tierno sorbo de sus labios. Como si fuera agua para un hombre que hab&#237;a estado agonizando de sed en el desierto.

Un golpe de viento primaveral alborot&#243; los &#225;rboles. De sus hojas cayeron gotas de agua que llegaron hasta ellos. Rebecca pod&#237;a o&#237;r el gorgoteo del agua en la distancia, ol&#237;a la fragancia de los pinos y sent&#237;a la humedad de la hierba atravesando sus zapatos.

La boca de Gabe era m&#225;s suave que la luz de la luna y sus brazos m&#225;s ardientes que el sol. Los sue&#241;os en los que Rebecca hab&#237;a querido creer durante toda su vida parec&#237;an muy reales en aquel momento, pero se sent&#237;a tan fr&#225;gil que ten&#237;a miedo de romperse

Gabe

Lo s&#233;, tenemos que hablar. Y yo quiero hablar contigo, pelirroja. Pero ahora mismo lo &#250;nico que quiero es averiguar si puedo ponerte nerviosa.

&#191;Nerviosa? &#191;Por qu&#233; demonios quieres ponerme nerviosa?

Ojal&#225; lo supiera, maldita sea, pero es importante -la levant&#243; en brazos y subi&#243; con ella los escalones que conduc&#237;an hasta la casa, bes&#225;ndola cada tres pasos-Tenemos que solucionar esto pelirroja. No creo que sea capaz de hacer nada m&#225;s hasta que lo hayamos resuelto.

&#191;Lo de s&#237; me pones o no nerviosa?

S&#237;. Ahora vamos a ir al dormitorio. &#191;Eso te pone nerviosa?

Eh no. &#191;Deber&#237;a? -la puerta se cerr&#243; tras ellos.

Mira Rebecca, esto no es solo una cuesti&#243;n de sexo. Esto tiene que ver con lo mucho que te necesito. Y con la tristeza de todas las ma&#241;anas de mi vida en las que t&#250; no est&#225;s. Tiene que ver con que pensaba que era un hombre libre hasta que te he conocido y he descubierto que jam&#225;s lo he sido. Y ahora, &#191;todo eso te pone nerviosa?

No, Gabe -susurr&#243; Rebecca.

Te amo. Te amo, peque&#241;a. Nunca he amado a nadie. Y nunca he pensado que podr&#237;a llegar a amar a alguien. Y ahora, por el amor de Dios, Rebecca, estoy empezando a desesperarme. &#191;Qu&#233; demonios te pone nerviosa?

Llegaron al dormitorio despu&#233;s de cruzar el resto de la casa a una velocidad suicida, pero una vez all&#237;, Gabe parec&#237;a estar confundido sobre lo que deb&#237;a hacer con ella. Parec&#237;a incapaz de soltarla. Y parec&#237;a incapaz de dejar de besarla. Pero tampoco era capaz de dar un paso m&#225;s all&#225; del umbral de la puerta.

Gabe -susurr&#243; Rebecca-, aunque me sueltes, no voy a ir a ninguna parte.

No voy a dejarte marchar -respondi&#243; Gabe con fiereza, pero la dej&#243; en el suelo.


Rebecca le quit&#243; la sudadera. Y lo bes&#243;. Despu&#233;s busc&#243; el cierre de sus vaqueros y volvi&#243; a besarlo otra vez.

Y cuando vio que ni siquiera aquella sensualidad agresiva hac&#237;a mella en la desesperaci&#243;n que reflejaban sus ojos, desliz&#243; las manos en el interior de la tela vaquera y tom&#243; su miembro posesivamente. Posiblemente le temblaron un poco las manos, pero por lo menos la expresi&#243;n de Gabe se transform&#243;. Y tambi&#233;n el sentimiento que reflejaba su mirada. Arque&#243; una ceja y dijo en tono acusador:

No est&#225;s nerviosa en absoluto.

Creo que eres t&#250; el que deber&#237;a estarlo, monada. Si no eres capaz de reconocer cu&#225;ndo te encuentras frente a un problema serio, d&#233;jame darte alguna pista.

Le dio un empuj&#243;n. Y no necesit&#243; nada m&#225;s para derrumbarlo sobre la cama. Rebecca se desprendi&#243; de todas las prendas que llevaba encima. Primero un zapato. Despu&#233;s el jersey. Despu&#233;s el otro zapato. Y luego bajaron sus pantalones al mismo tiempo que sus bragas.

Una colcha de lana gruesa cubr&#237;a la cama, haciendo un contraste imposiblemente er&#243;tico con Gabe.

&#201;l era sat&#233;n; Rebecca sinti&#243; su piel suave y sedosa bajo las manos. Gabe era un hombre duro, pero se derret&#237;a como la mantequilla bajo sus h&#250;medos besos. Y la ternura iba invadiendo sus ojos con cada uno de ellos.

La amaba. Rebecca le hab&#237;a o&#237;do decirlo, hab&#237;a inhalado y saboreado aquellas palabras que nunca hab&#237;a esperado escuchar. Y en aquel momento estaba sintiendo el amor de Gabe en cada beso, en todas las respuestas de su cuerpo.

Dej&#225;ndose llevar por la intuici&#243;n, por el amor, Rebecca fue desenredando para &#233;l toda una madeja de besos. Hab&#237;a muchas preguntas entre ellos que todav&#237;a necesitaban respuesta, pero el amor tambi&#233;n era una forma de responder. Todos los miedos que Rebecca hab&#237;a tenido a perderlo los expresaba en sus caricias. Todas las noches oscuras, todas sus pesadillas, las comunicaba en sus manos, en sus besos, en el deseo de desnudar su alma ante &#233;l. Aquel no era momento para secretos. Gabe era su pareja, su alma gemela, el &#250;nico hombre al que realmente hab&#237;a querido.

Se amaron una y otra vez. Compartieron besos c&#225;lidos y besos t&#243;rridos, caricias apasionadas y caricias tiernas como la seda. Escalaron una y otra vez el precipicio del &#233;xtasis, buscando c&#243;mo complacerse el uno al otro. Rebecca habr&#237;a jurado que hab&#237;a llegado a tocar el alma de Gabe. Jam&#225;s se hab&#237;a sentido tan libre con otro ser humano. Y esperaba, con todo su coraz&#243;n, ser capaz de hacerle sentir lo mismo.

Tiempo despu&#233;s, Rebecca se recordar&#237;a desplom&#225;ndose en sus brazos, con el pulso resonando en su interior como el palpitar de un trueno. Pero no fue consciente de que se hab&#237;a quedado dormida hasta que se despert&#243;.

Todav&#237;a somnolienta, advirti&#243; que era noche cerrada. La colcha hab&#237;a desaparecido. Gabe la hab&#237;a tapado con una s&#225;bana mucho m&#225;s suave y hab&#237;a encendido la l&#225;mpara de la mesilla. Continuaba tumbado a su lado, despierto y con los ojos fijos en su rostro con una expresi&#243;n de gravedad que Rebecca le hab&#237;a visto docenas de veces.

Rebecca alarg&#243; la mano para borrar el ce&#241;o que ensombrec&#237;a su frente. Le daba miedo hablar, pero m&#225;s todav&#237;a no hacerlo.

Voy a tener un hijo tuyo, Gabe -le dijo con voz queda.

En vez del recelo que esperaba, descubri&#243; en los ojos de Gabe un brillo luminoso.

Gracias a Dios. Si llenamos la casa de Devereax en miniatura, a lo mejor hay alguna oportunidad de que te mantengas suficientemente ocupada como para que dejes de meterte en problemas. Excepto los que tengas conmigo, claro.

Rebecca se incorpor&#243; sobre un codo, sin enga&#241;arse por aquella maliciosa broma.

Esto no puede ser una propuesta de matrimonio. Lo &#250;ltimo que sab&#237;a era que estabas completamente en contra del matrimonio, de las familias y de los beb&#233;s.

S&#237;, bueno, pero enamorarme de ti me ha hecho repensar algunas cosas. En realidad nunca he estado en contra de todas esas cosas. Lo que no quer&#237;a era cometer un error y, para no mentirte, no soy una persona a la que le guste correr riesgos. Y no tengo ni la mitad de confianza en el amor que t&#250;.

Creo que eres la persona m&#225;s arriesgada que he conocido en mi vida. Siempre he sabido que no eras una de esas personas que huyen de los problemas.

En eso tienes raz&#243;n.

Y tambi&#233;n s&#233; que nos vamos a pelear.

Eso tambi&#233;n lo he descubierto yo. Durante mucho tiempo, he asociado err&#243;neamente las discusiones con hacerle da&#241;o a otra persona. Pero nosotros siempre nos peleamos, pelirroja, y, por alguna condenada raz&#243;n, me encanta discutir contigo. No puedo jurarte que vayamos a estar siempre de acuerdo, pero mi intenci&#243;n es no hacerte sufrir nunca. Te quiero Rebecca.

Cubri&#243; el rostro de Rebecca de besos lentos y tiernos. Besos cargados de promesas.

No voy a dejar de besarte hasta que no me digas claramente que s&#237; -le advirti&#243;.

Entonces vas a tener que sufrir durante un buen rato, porque no voy a darte ninguna excusa para que pares.

&#191;Y vas a seguir siendo tan implacable despu&#233;s de que nos casemos?

Pienso seguir siendo igual de implacable durante los siguientes cincuenta o sesenta a&#241;os de mi vida, Devereax. Conf&#237;a en m&#237;. Pretendo darte muchas cosas.

Conf&#237;o plenamente en ti.

Rebecca lo sab&#237;a. Pod&#237;a verlo en sus ojos.

Creo que acabas de ganarte un s&#237; perfectamente claro -susurr&#243;-. S&#237;, s&#237;, s&#237;. Yo sol&#237;a so&#241;ar con el amor aut&#233;ntico, Gabe. Nunca quise conformarme con menos. Pero no cre&#237;a que fuera capaz de encontrarlo. Hasta que te conoc&#237;. Sin embargo

&#191;Sin embargo?


Sin embargo, &#191;c&#243;mo demonios vamos a volver a casa si has tirado las llaves del coche?

Es posible que tenga otro juego.

Siendo el hombre l&#243;gico y racional que has sido siempre, estoy convencida.

En realidad, hasta hace muy poco no he confiado en mi intuici&#243;n. S&#233; que puede parecer una locura, pero -se interrumpi&#243;.

&#191;Pero?

Pero dejarse llevar por los impulsos puede tener ciertas repercusiones.

&#191;Y no tienes otro juego de llaves?

S&#237;, lo tengo, pero en casa.

&#191;Y est&#225;s intentando decirme que vamos a quedarnos aislados en esta caba&#241;a?

S&#237;,

&#191;Indefinidamente?

S&#237;.

Estupendo -musit&#243; Rebecca y alarg&#243; la mano para apagar la luz.


Ep&#237;logo


Kate rara vez se pon&#237;a nerviosa. Hab&#237;a pasado por demasiados trances en la vida para que algo realmente la afectara. Hab&#237;a sobrevivido a un accidente de avi&#243;n, a intentos de asesinato, a sabotajes Y todo lo hab&#237;a soportado. Sab&#237;a que era una mujer fuerte.

Pero una boda en su propia casa era algo diferente

Permanec&#237;a en el balc&#243;n, retorci&#233;ndose inquieta las manos y mirando el jard&#237;n. La mansi&#243;n que era su hogar se encontraba a las afueras de Minneapolis y ten&#237;a muy poco que ver con el orfanato en el que hab&#237;a crecido. Y al parecer, no hab&#237;a manera de que las cosas fueran suficientemente perfectas por lo menos aquel d&#237;a.

Estudi&#243; el jard&#237;n, buscando alg&#250;n detalle que se le hubiera pasado por alto. Las camelias se alineaban a lo largo de la alfombra blanca preparada para la novia. La brisa de verano acariciaba el lago, levantando algunas olas y transportando en el aire el perfume de las flores. Los invitados estaban empezando a llegar y el murmullo de sus risas se o&#237;a incluso desde el balc&#243;n.

Kate percib&#237;a la felicidad en sus voces. Aun as&#237;, escrut&#243; sus rostros, buscando tambi&#233;n en ellos esa felicidad. Nick y Caroline, Kyle y Samantha, Rafe y Allie, Mike y Julia Por un momento, pens&#243; que Luke y Rocky no hab&#237;an llegado, pero no tard&#243; en reconocer a la pareja, con las manos unidas y regresando de un paseo por la orilla del lago. Adam y Laura, Zack y Jane, Rick y Natalie, Grant y Meredith para un desconocido, seguramente, todos esos nombres y rostros no significar&#237;an nada, pero no para Kate. Para ella, cada uno de esos rostros era algo &#250;nico y preciado. Representaba otra generaci&#243;n de la familia Fortune, los hijos de sus hijos, y todas las esperanzas y promesas de futuro. Hab&#237;a habido muchas bodas durante los &#250;ltimos dos a&#241;os pero ninguna tan cr&#237;tica como aquella, por lo menos para ella.

Rebecca era la m&#225;s peque&#241;a de sus hijos y la &#250;ltima en casarse. Y Kate siempre hab&#237;a temido que no pudiera encontrar la felicidad.

Por eso hab&#237;a hecho todo lo posible para que ese d&#237;a fuera perfecto. Les hab&#237;a ordenado a los dioses del tiempo un d&#237;a soleado. Y hab&#237;an obedecido. Se hab&#237;a encargado de organizar el banquete, las flores y la decoraci&#243;n de las mesas. Y hab&#237;a ayudado a vestirse a su hija.

Pero cuando le estaba poniendo el velo de encaje belga, las l&#225;grimas hab&#237;an inundado sus ojos y hab&#237;a decidido concederse unos minutos de soledad.

Oy&#243; el sonido de una puerta que se abr&#237;a tras ella. Sin necesidad de volverse, supo que era Sterling. En cuanto sinti&#243; deslizarse su brazo alrededor de su cintura, la invadi&#243; la calma. Cerr&#243; los ojos y se inclin&#243; contra &#233;l. Hab&#237;a pasado mucho tiempo, a&#241;os, desde la &#250;ltima vez que hab&#237;a podido disfrutar de la libertad de apoyarse en alguien.

Pronto le comunicar&#237;a a la familia sus propios planes de boda con Sterling. Acarici&#243; su mejilla con un cari&#241;oso beso. Ten&#237;a setenta y un a&#241;os y sus d&#237;as de salvaje pasi&#243;n podr&#237;an haber terminado, pero Kate sospechaba que, a su manera, iban a disfrutar de una memorable noche de bodas.

&#191;Est&#225;s nerviosa, Kate? -Sterling siempre era capaz de intuir su estado de humor.

Nerviosa exactamente no. Pero estoy un poco exasperada con el novio. &#161;Ese Gabe! Tengo todo el derecho del mundo a hacerle un regalo de boda a mi hija peque&#241;a.

&#191;Entonces Gabe ha renunciado al cheque?

Le ofrec&#237; que utilizara uno de los yates, un avi&#243;n, pero no ha querido aceptar nada. Y tampoco ha querido decirme d&#243;nde van a pasar la luna de miel. Me ha dado un abrazo, me ha dado las gracias y me ha dicho que puede cuidar de mi hija sin mi ayuda.

Sterling se ech&#243; a re&#237;r.

A m&#237; me parece que un hombre tan orgulloso y cabezota es la pareja perfecta para Rebecca.

S&#237;, supongo que es cierto, &#191;pero crees que tendr&#225; el detalle de dejarme intervenir aunque solo sea un poco en su vida?

Ya tendr&#225;s oportunidad de vengarte. Siempre podr&#225;s mimar a tus nietos, Kate. Y algo me dice que ya viene un nieto en camino.

&#191;T&#250; crees? -Kate, inmediatamente aplacada, baj&#243; la mirada hacia el novio.

Gabe acababa de aparecer y estaba ocupando su sitio, en espera de la novia. A diferencia de cualquier otro novio, Gabriel no estaba en absoluto nervioso y parec&#237;a m&#225;s contento que un pirata que acabara de robar un tesoro.

A Kate le produjo un gran placer recordar la &#250;ltima vez que lo hab&#237;a visto en su despacho. Estaba tan alterado como un tigre enjaulado y Kate hab&#237;a sabido entonces que era el hombre ideal para su hija peque&#241;a.

Y casi pod&#237;a perdonarle que fuera tan cabezota.

Sterling le acarici&#243; la mejilla.

&#191;Has guardado el secreto?

S&#237;. Ha sido muy dif&#237;cil. No quer&#237;a que nada distrajera la atenci&#243;n de la boda de Rebecca, pero tengo que reconocer que he tenido que emplear toda mi fuerza de voluntad para no revelar esa noticia tan maravillosa.

Toda la familia estaba al corriente de que hab&#237;an encontrado el secreto de la f&#243;rmula de la juventud, pero solo Sterling y ella sab&#237;an que hab&#237;a pasado todos los controles sanitarios con &#233;xito y estaba lista para ser lanzada al mercado.

Kate acarici&#243; el brazalete que llevaba en la mu&#241;eca. Ya solo le quedaban unos cuantos dijes, pero sab&#237;a que ver&#237;a a sus nietas llevando sus propios dijes. Ya eran un s&#237;mbolo para la familia. Kate le hab&#237;a prestado el brazalete a Rebecca y sab&#237;a que su hija hab&#237;a descubierto la fuerza de aquel talism&#225;n. El brazalete siempre hab&#237;a sido un s&#237;mbolo de la familia, un recuerdo del amor y la lealtad que los Fortune necesitaban compartir.

Pero Kate hab&#237;a recuperado aquel recuerdo aquella ma&#241;ana y le hab&#237;a regalado a Rebecca su propio brazalete. Rebecca ya no necesitaba m&#225;s recuerdos, m&#225;s s&#237;mbolos. Iba a comenzar a formar su propia dinast&#237;a.

Sterling le toc&#243; suavemente el brazo.

&#191;Est&#225;s preparada para bajar a despedir a tu hija, cari&#241;o?

M&#225;s que preparada -alz&#243; la barbilla y le tom&#243; la mano-. No estar&#237;a bien que tuvieran que esperar a la madre de la novia.

Por un breve instante, Kate pens&#243; en la &#233;poca en la que en su vida no hab&#237;a nada que pareciera m&#225;s importante que amasar fortuna y poder. Pero, con el tiempo, Kate hab&#237;a aprendido a definir la palabra fortuna de una forma muy diferente.

Sus hijos hab&#237;an encontrado la felicidad. Su familia estaba unida. Y esa era la &#250;nica fortuna que realmente importaba.



Jennifer Greene



***






