




Bertrice Small


La Dama de Friarsgate


1 de la Serie Friarsgate

Rosamund (2002)



PR&#211;LOGO

La herencia de Friarsgate

Cumbria, 1492-1495.


La primera vez que enviud&#243;, Rosamund Bolton ten&#237;a seis a&#241;os. La segunda, no hab&#237;a cumplido los trece y a&#250;n era virgen. Comenzaba a desear no serlo, pero la idea de verse libre de marido por el per&#237;odo de luto de un a&#241;o era muy seductora. Salvo durante tres a&#241;os, hab&#237;a estado casada toda su vida.

Las cosas tal vez habr&#237;an sido diferentes si sus padres y su hermano Edward no hubieran muerto aquel verano lluvioso de 1492, durante la epidemia de peste. Pero todos perecieron, y Rosamund Bolton de pronto se convirti&#243; en la heredera de Friarsgate, una vasta extensi&#243;n de tierra con grandes reba&#241;os de ovejas y manadas de vacas. Ten&#237;a apenas tres a&#241;os.

Su t&#237;o paterno Henry Bolton hab&#237;a ido a Friarsgate con su esposa, Agnes, y su hijo. Si Rosamund hubiera fallecido con su familia, Henry Bolton habr&#237;a heredado Friarsgate. Pero la ni&#241;a hab&#237;a sobrevivido. Es m&#225;s, daba la impresi&#243;n de ser una peque&#241;a particularmente saludable. Henry era un hombre pr&#225;ctico. No necesitaba ser el se&#241;or de Friarsgate para controlarla y, sin duda, lo har&#237;a. Sin esperar una dispensa de la Iglesia, cas&#243; a su hijo de cinco a&#241;os, John, con Rosamund. La bula ya llegar&#237;a, y al precio adecuado.

Pero dos a&#241;os despu&#233;s, con la reci&#233;n llegada dispensa a buen recaudo en la caja fuerte que ten&#237;a bajo la cama, Henry Bolton estuvo a punto de perder Friarsgate una vez m&#225;s. Una enfermedad eruptiva infect&#243; a los dos ni&#241;os. Rosamund sobrevivi&#243; sin inconvenientes. John no. Su esposa no le hab&#237;a dado m&#225;s hijos vivos a Henry, que ahora la reprend&#237;a violentamente por esto. &#191;Perder&#237;an Friarsgate en manos de alg&#250;n extra&#241;o por su incapacidad de darle otro hijo var&#243;n? Desesperado, Henry Bolton busc&#243; el modo de proteger sus intereses sobre la propiedad. Para su alivio, encontr&#243; la soluci&#243;n perfecta en la persona de un primo mucho mayor de su esposa, Hugh Cabot.

Durante buena parte de su vida adulta, Hugh Cabot hab&#237;a sido administrador en casa de Robert Lindsay, hermano de Agnes Bolton. Pero, ahora, Lindsay deb&#237;a encontrarle un lugar en la vida a su segundo hijo, de modo que Hugh perder&#237;a el empleo. Esa informaci&#243;n hab&#237;a llegado a o&#237;dos de Agnes porque su cu&#241;ada era una chismosa. Tratando de aplacar la ira de Henry, le cont&#243; lo que sab&#237;a y recuper&#243; as&#237; el favor de su esposo, pues Bolton comprendi&#243; la sencilla soluci&#243;n que su esposa acababa de presentarle para su problema.

Mandaron buscar a Hugh Cabot, que habl&#243; con Henry Bolton y llegaron a un acuerdo. Hugh desposar&#237;a a Rosamund, de seis a&#241;os, y supervisar&#237;a Friarsgate. A cambio, tendr&#237;a un hogar y vivir&#237;a c&#243;modamente el resto de sus d&#237;as. Hugh vio cu&#225;l era la intenci&#243;n de Henry Bolton, pero, como no ten&#237;a opci&#243;n, acept&#243;. No le ca&#237;a para nada bien su involuntario benefactor, pero tampoco era un tonto de remate, como crey&#243; Henry. Hugh pens&#243; que, si viv&#237;a lo suficiente, podr&#237;a influir a su esposa ni&#241;a y ense&#241;arle a proteger sus propios intereses contra su avaro t&#237;o.

Agnes Bolton qued&#243; embarazada otra vez. A diferencia de sus muchos embarazos anteriores, parec&#237;a que este llegar&#237;a a buen t&#233;rmino, como con John. Henry hizo arreglos inmediatos para regresar a su casa, Otterly Court, que era parte de la dote que su esposa hab&#237;a aportado al matrimonio. Estaba feliz, convencido de que el ser que su esposa llevaba en el vientre era el tan anhelado hijo var&#243;n. Cuando Hugh Cabot finalmente muriera, pensaba Henry, casar&#237;a a su hijo con Rosamund. La herencia de Friarsgate volver&#237;a a su firme pu&#241;o.

Al fin, Henry y su esposa empacaron y estuvieron listos para partir. Lleg&#243; el d&#237;a de la boda. El novio era alto, y su dolorosa delgadez, combinada con sus cabellos blancos, acentuaba la impresi&#243;n de fragilidad. Pero Hugh no era d&#233;bil, como podr&#237;a advertir cualquier persona que mirara con atenci&#243;n sus brillantes ojos azules debajo de las espesas cejas rubias y canosas. Firm&#243; los papeles de la boda haciendo temblar su mano a prop&#243;sito. Tambi&#233;n ten&#237;a los hombros ca&#237;dos y no cruz&#243; su mirada con la de Henry Bolton, aunque este no se dio cuenta. Lo &#250;nico que le importaba era que Rosamund no fuera arrancada de sus garras por un casamiento con alg&#250;n extra&#241;o. Confiaba en que Friarsgate segu&#237;a firmemente bajo su control.

La novia vest&#237;a un sencillo vestido ajustado de lana color verde, de talle alto. Llevaba el largo cabello rojizo suelto sobre sus hombros estrechos. Los ojos color &#225;mbar denotaban curiosidad y tambi&#233;n cautela. Era delicada, como una peque&#241;a hada, pens&#243; Hugh al tomar su manita en la suya para repetir los votos ante el anciano sacerdote. La ni&#241;a recit&#243; sus votos con un sonsonete: era obvio que los hab&#237;a aprendido de memoria.

Henry Bolton sonre&#237;a satisfecho, casi como relami&#233;ndose, mientras contemplaba el segundo matrimonio de Rosamund. Despu&#233;s, le dijo a Hugh:

No debes corromperla aunque ahora sea tu esposa. La quiero virgen para su pr&#243;ximo matrimonio.

Por un momento, Hugh sinti&#243; una ira oscura que se apoder&#243; de su alma, pero ocult&#243; el desagrado que le inspiraba ese hombre tosco y avaricioso, y dijo con voz queda:

Es una ni&#241;a, Henry Bolton. Adem&#225;s, ya estoy viejo para emociones como la pasi&#243;n.

Me alegro de o&#237;rlo -dijo Henry, jovial-. En general, es una muchachita d&#243;cil, pero puedes golpearla si no se comporta como tal. Ese derecho es tuyo, y no te privar&#233; de &#233;l.

Y entonces Henry Bolton se fue de Friarsgate, cabalgando sobre las colinas que separaban Otterly Court de la rica propiedad de su sobrina.



PRIMERA PARTE



La heredera de Friarsgate



CAP&#205;TULO 01

Inglaterra 1495-1503.


El d&#237;a en que se despos&#243; con Hugh Cabot, Rosamund Bolton observ&#243; en silencio la partida de sus t&#237;os. Entonces, se volvi&#243; a su nuevo esposo y dijo:

&#191;Se han ido para siempre, se&#241;or? Mi t&#237;o se comporta como si esta fuera su casa, pero es m&#237;a.

De modo que lo entiendes, &#191;eh? -respondi&#243; Hugh, divertido. Se pregunt&#243; qu&#233; m&#225;s entender&#237;a. Pobre corderito. Seguro que su vida no hab&#237;a sido f&#225;cil.

Soy la heredera de Friarsgate -respondi&#243; ella, con sencillez y orgullo-. Mi t&#237;o Edmund dice que soy un premio jugoso. Por eso mi t&#237;o Henry quiere manipularme. &#191;Crees que volver&#225;?

Por ahora se fue. Estoy seguro de que regresar&#225; para ver c&#243;mo est&#225;s.

Regresar&#225; para contemplar mis tierras y ver que prosperen -respondi&#243; Rosamund, con astucia.

&#201;l le tom&#243; la mano.

Entremos, Rosamund. El viento es fr&#237;o y anuncia que el invierno est&#225; por llegar, muchachita.

Entraron juntos en la casa y se instalaron en el peque&#241;o vest&#237;bulo, cerca del fuego. La ni&#241;a se sent&#243; frente a &#233;l y, muy seria, dijo:

As&#237; que ahora t&#250; eres mi esposo. -Los piecitos, abrigados con pantuflas, no tocaban el suelo.

As&#237; es -dijo &#233;l. Los ojos azules le brillaban de la gracia que le hac&#237;a pensar adonde conducir&#237;a esta conversaci&#243;n.

&#191;Cu&#225;ntas esposas tuviste antes que yo? -pregunt&#243; con curiosidad.

Ninguna -respondi&#243; &#233;l, y una sonrisa se dibuj&#243; en sus rasgos angulosos.

&#191;Por qu&#233;? -quiso saber ella. Estir&#243; una mano y acarici&#243; a un gran galgo que hab&#237;a venido a sentarse a su lado.

No ten&#237;a medios para mantener a una esposa. Fui el hijo menor de mi padre, que muri&#243; antes de que yo naciera. &#201;l tambi&#233;n era el hijo menor y depend&#237;a de su familia para todo. Hace tiempo le hice un gran favor a mi prima, o cre&#237; hac&#233;rselo. Convenc&#237; a su hermano de que le cediera la peque&#241;a propiedad de Otterly y, as&#237;, la convert&#237; en una novia apetecible para tu t&#237;o Henry. Agnes era una muchacha fea, pero no ten&#237;a vocaci&#243;n para la iglesia. Necesitaba algo que la distinguiera de las otras muchachas casaderas de escasos recursos. Al convencer a Robert Lindsay de que una mujer con una propiedad tendr&#237;a m&#225;s posibilidades de recibir propuestas de matrimonio, convert&#237; a Agnes en una candidata atractiva.

Como yo -coment&#243; Rosamund.

S&#237;, como t&#250; -dijo Hugh, con una risita-. Entiendes muchas cosas para ser tan joven.

El sacerdote dice que las mujeres son la vasija m&#225;s fr&#225;gil, pero yo creo que se equivoca. Las mujeres pueden ser fuertes e inteligentes.

&#191;Eso es lo que piensas, Rosamund? -Qu&#233; criatura tan fascinante era esta ni&#241;a que ahora estaba a su cargo.

Ella se asust&#243; ante la pregunta y apoy&#243; la espalda contra el respaldo de la silla.

&#191;Me golpear&#225;s por mis pensamientos, sir? -inquiri&#243;, nerviosa.

La pregunta perturb&#243; profundamente a Hugh Cabot.

&#191;Por qu&#233; piensas eso, ni&#241;a?

Porque estuve muy osada. Mi t&#237;a dice que las mujeres no han de ser osadas ni atrevidas. Que eso es desagradable para los hombres y que debe golpe&#225;rselas por ello.

&#191;Te golpe&#243; alguna vez tu t&#237;o? -pregunto &#233;l. Ella asinti&#243; en silencio-. Bien, ni&#241;a, yo no te golpear&#233; -dijo Hugh, y sus bondadosos ojos azules se encontraron con los temerosos ojos ambarinos de ella-. Siempre querr&#233; que seas franca y honesta conmigo, Rosamund. La falsedad lleva a malos entendidos tontos. Yo puedo ense&#241;arte muchas cosas si de verdad vas a ser la se&#241;ora de Friarsgate. No s&#233; cu&#225;nto tiempo estar&#233; contigo, pues soy un hombre viejo. Pero si quieres manejar tu propio destino, sin interferencias, deber&#225;s aprender lo que tengo para ense&#241;arte, a fin de que Henry Bolton no vuelva aqu&#237; a dominarte.

&#201;l vio que sus palabras despertaban un destello de inter&#233;s en el rostro de Rosamund, aunque ella lo disimul&#243; de inmediato y dijo, reflexiva:

Si mi t&#237;o hubiera sabido que planeabas ponerme en su contra creo que hoy no ser&#237;as mi esposo, Hugh Cabot.

&#201;l ri&#243;.

Me malentiendes, Rosamund -respondi&#243;, con suavidad-. No deseo ponerte en contra tu familia pero, si yo fuera tu padre, querr&#237;a verte independizada de ellos. Friarsgate te pertenece a ti, ni&#241;a, no a ellos. &#191;Conoces la divisa de tu familia?

Ella neg&#243; con la cabeza.

Tracez Votre Chemin. Significa Traza tu propio camino -le explic&#243;.

Por favor, vive mucho tiempo, Hugh, as&#237; podr&#233; elegir a mi pr&#243;ximo esposo por m&#237; misma -respondi&#243; con alegr&#237;a.

&#201;l ri&#243; con ganas. Ella pens&#243; que era un sonido muy bonito. Rico, profundo, sin dejo alguno de malicia.

Lo intentar&#233;, Rosamund.

&#191;Cu&#225;ntos a&#241;os tienes?

Hoy es veinte de octubre. El noveno d&#237;a de noviembre cumplir&#233; sesenta. Soy muy viejo, ni&#241;a.

S&#237;, as&#237; es -acept&#243; ella, muy seria, asintiendo.

&#201;l no pudo evita re&#237;r otra vez.

Seremos amigos, Rosamund -le dijo. Entonces se puso de rodillas ante ella, le tom&#243; una mano y le dijo-: Te prometo, Rosamund Bolton, en el d&#237;a de nuestra boda, que siempre te pondr&#233; a ti y los intereses de Friarsgate ante cualquier otra cosa, mientras tenga vida -y bes&#243; su mano.

Creo que confiar&#233; en ti. Tienes ojos bondadosos. -Apart&#243; la mano y le sonri&#243; con picard&#237;a-. Me alegro de que te hayan elegido para m&#237;, Hugh Cabot, aunque creo que, si mi t&#237;o Henry hubiera sabido c&#243;mo eres, no te habr&#237;a escogido, sin importar la deuda de mi t&#237;a.

Mi esposa ni&#241;a, sospecho que tienes una cierta debilidad por la intriga, lo que me resulta interesante en alguien tan joven.

No s&#233; qu&#233; quiere decir intriga. &#191;Es bueno?

Puede serlo. Te ense&#241;ar&#233;, Rosamund -le asegur&#243;-. Necesitar&#225;s recurrir a todo tu entendimiento cuando yo me haya ido y ya no pueda protegerte. Tu t&#237;o no ser&#225; el &#250;nico que desee quedarse con Friarsgate por tu intermedio. Alg&#250;n d&#237;a puede haber un hombre m&#225;s fuerte y m&#225;s peligroso que Henry Bolton. Tienes buen instinto. Necesitar&#225;s solo mi tutelaje para sobrevivir y fortalecerte.

As&#237; comenz&#243; su matrimonio. Pronto Hugh lleg&#243; a amar y tratar a su esposa como habr&#237;a amado a una hija, si hubiera tenido una. En cuanto a Rosamund, ella tambi&#233;n amaba a su anciano compa&#241;ero como habr&#237;a amado a un padre o a un abuelo. Los dos congeniaban. La ma&#241;ana siguiente al casamiento salieron a cabalgar. Hugh montaba un robusto caballo cap&#243;n bayo y Rosamund, su poni blanco, que ten&#237;a la crin y la cola negras. Hugh volvi&#243; a sorprenderse, pues Rosamund sab&#237;a mucho de su propiedad. M&#225;s de lo que podr&#237;a conocer cualquier ni&#241;a peque&#241;a. Ella estaba muy orgullosa de Friarsgate y le mostr&#243; los frondosos prados donde pastaban sus ovejas y las campi&#241;as verdes en las que pac&#237;an sus vacas a la luz del sol oto&#241;al.

&#191;Tu t&#237;o compart&#237;a contigo su conocimiento de la tierra? -le pregunt&#243; Hugh.

Rosamund neg&#243; con la cabeza.

No. Para Henry Bolton yo no soy m&#225;s que una posesi&#243;n que debe controlar para poder apoderarse de Friarsgate.

Entonces &#191;c&#243;mo es que est&#225;s tan bien informada?

Mi abuelo tuvo cuatro hijos -comenz&#243; a explicar ella-. Mi padre fue el tercero, pero los primeros nacieron del lado incorrecto de la cama, antes de que mi abuelo se casara. Por eso mi padre era su heredero. El t&#237;o Henry es el menor de los hijos de mi abuelo. El mayor es mi t&#237;o Edmund. Mi padre quer&#237;a a todos sus hermanos, pero a Edmund m&#225;s que a los otros. Cuando el t&#237;o Henry naci&#243;, mi padre ten&#237;a cinco a&#241;os. Los otros dos estaban m&#225;s cerca de &#233;l, por edad, y dicen que mi abuelo nunca marc&#243; diferencias entre sus hijos, salvo por la condici&#243;n de heredero de mi padre. Se les dio permiso a mis t&#237;os Edmund y Richard para adoptar el nombre de la familia. Henry los detesta, en especial a Edmund, porque era el m&#225;s querido por mi padre. Mi abuelo dio a Richard a la Iglesia para expiar sus pecados. Es el abad de St. Cuthbert, cerca de aqu&#237;. A Edmund lo nombr&#243; administrador, cuando tuvo la edad adecuada y muri&#243; el administrador anterior. El t&#237;o Henry no se anim&#243; a echar a su hermano mayor, pues Edmund sabe mucho de Friarsgate, y Henry no. Claro que Edmund no lo ha enfrentado nunca abiertamente, pero tanto &#233;l como Maybel me lo han explicado todo.

&#191;Maybel?

Mi nodriza -respondi&#243; Rosamund-. Es la esposa de mi t&#237;o Edmund y ha sido una madre para m&#237;. Mi madre nunca recuper&#243; sus fuerzas despu&#233;s de que yo nac&#237;, seg&#250;n me han contado, pero yo recuerdo que era una se&#241;ora muy dulce.

Me gustar&#237;a conocer a Maybel y a Edmund.

Entonces iremos a su casa. &#161;Te agradar&#225;n!

Ahora Hugh Cabot conoc&#237;a otra raz&#243;n para que Henry Bolton lo eligiera como esposo de Rosamund. Por cierto que irritar&#237;a a Edmund Bolton -evidentemente un buen administrador- ser reemplazado de una manera tan sutil. Nada lo apartar&#237;a de su promesa de mantener a salvo a Rosamund y a Friarsgate. Si Edmund Bolton era como dec&#237;a su sobrina, se llevar&#237;a muy bien con &#233;l.

Llegaron a destino: una casa de piedra ubicada en una ladera aislada que daba a un peque&#241;o lago rodeado de colmas. Estaba bien cuidada; el techo de paja ten&#237;a un fuerte entretejido y el encalado de las paredes estaba muy limpio. Hab&#237;a un &#250;nico banco muy gastado bajo una ventana, en el frente. Una estrecha columna de humo gris p&#225;lido sal&#237;a de la chimenea. Algunas rosas tard&#237;as crec&#237;an junto a la puerta. Despu&#233;s de apearse, Hugh baj&#243; a Rosamund de su poni. Ella corri&#243; hacia la casa llamando:

&#161;Edmund! &#161;Maybel! &#161;Traje a mi esposo para conocerlos!

Hugh agach&#243; la cabeza para pasar bajo el dintel de la puerta. Ahora estaba en una habitaci&#243;n alegre, con un buen fuego en el hogar. Un hombre de altura mediana, con el rostro curtido por el aire libre y ojos &#225;mbar que mostraban curiosidad, se acerc&#243; e hizo una reverencia.

Bienvenido, milord. Maybel, ven a saludar al nuevo se&#241;or.

Maybel era una mujer rolliza y baja, de edad indeterminada y agudos ojos grises. Mir&#243; con detenimiento a Hugh Cabot. Finalmente, satisfecha, le hizo una reverencia.

Se&#241;or.

&#191;Podemos ofrecerle una copa de sidra, milord? -pregunt&#243; Edmund con cortes&#237;a.

Se lo agradecer&#233; -dijo Hugh-. Estuvimos cabalgando todo el d&#237;a por las tierras de mi esposa.

&#191;Y mi ni&#241;a no ha comido nada desde la ma&#241;ana? -pregunt&#243; Maybel-. &#161;Qu&#233; disparate!

Rosamund ri&#243;.

No ten&#237;a hambre -le dijo a su nodriza-. Es la primera vez en semanas que salgo de la casa, Maybel. T&#250; sabes por qu&#233;. El t&#237;o Henry no me permit&#237;a alejarme de su vista m&#225;s que para orinar y dormir. &#161;Fue bell&#237;simo cabalgar por las colinas!

Pero Maybel tiene raz&#243;n, esposa -dijo Hugh, con voz calma-. Yo tambi&#233;n disfrut&#233; de la jornada, pero t&#250; est&#225;s creciendo, y necesitas alimentarte bien. -Se volvi&#243; a sus anfitriones-. Yo soy Hugh Cabot, y me agradar&#237;a que me llamaran por mi nombre de pila, Edmund y Maybel Bolton.

Cuando estemos entre nosotros -concedi&#243; Edmund-, pero ante los sirvientes debes llevar la investidura de un lord, Hugh Cabot. Despu&#233;s de todo, tu esposa es la se&#241;ora de Friarsgate. -Edmund qued&#243; gratamente sorprendido por el tono y la amabilidad de Hugh.

&#161;Si&#233;ntense! Les voy a traer de comer. -Con esfuerzo, Maybel recorri&#243; la habitaci&#243;n, tom&#243; panes de una canasta que hab&#237;a junto al fuego. Los puso sobre la mesa y los rellen&#243; con un guiso de conejo, cebolla, zanahoria y salsa, de un aroma delicioso. El que sirvi&#243; a Rosamund y Hugh duplicaba el tama&#241;o de los otros dos. Se esperaba que lo compartieran. Maybel les dio cucharas de madera pulidas para comer y se sent&#243; con ellos. Edmund coloc&#243; sobre la mesa copones de peltre con sidra preparada esa misma ma&#241;ana.

Rosamund descubri&#243;, con sorpresa, que ten&#237;a mucha hambre. Comi&#243; con entusiasmo; hund&#237;a la cuchara una y otra vez, y se llevaba a la boca el guiso con la miga del pan casero que Maybel hab&#237;a puesto en un plato.

La mujer los miraba furtivamente y vio que Hugh Cabot trataba a la ni&#241;a de manera especial; permit&#237;a que comiera hasta llenarse y simulaba imitarla. Cuando fue obvio que Rosamund estaba satisfecha, &#233;l comenz&#243; a comer en serio. Bien, bien, pens&#243; Maybel, qu&#233; interesante, aunque todav&#237;a no cre&#237;a del todo que Henry Bolton le hubiera hecho un favor a su sobrina eligi&#233;ndole ese esposo viejo. Por otra parte, a Rosamund el hombre parec&#237;a caerle bien. Sol&#237;a ser muy recelosa con los desconocidos, en especial con los que ten&#237;an relaci&#243;n con su avaricioso t&#237;o.

&#161;Maybel, este ha sido el mejor guiso de conejo que com&#237; en mi vida! -dijo Hugh cuando termin&#243; y se apart&#243; de la mesa con un suspiro de satisfacci&#243;n.

Edmund Bolton sonri&#243;.

Mi Maybel es buena cocinera. &#191;Un poco m&#225;s de sidra, Hugh?

No, mejor no, Edmund. Debemos irnos pronto para poder encontrar el camino de regreso antes de que oscurezca.

Ah, ya est&#225; llegando el invierno con sus d&#237;as oscuros -le respondi&#243; Edmund.

Pero antes de irnos -replic&#243; Hugh- quiero dejar algunas cosas en claro, pues Henry Bolton ha querido crear problemas entre nosotros, y no deseo que eso ocurra. Durante muchos a&#241;os he servido como administrador del hermano de Agnes Bolton. Se me pidi&#243; que le ense&#241;ara a su hijo la labor para que ocupara mi puesto, y lo hice. Cuando Agnes se enter&#243; de que me hab&#237;a quedado sin trabajo, me propuso que me convirtiera en el esposo de Rosamund para proteger los intereses de su esposo en Friarsgate.

&#161;Henry Bolton no tiene intereses en Friarsgate! -exclam&#243; Edmund, enojado.

Estoy de acuerdo -respondi&#243; r&#225;pidamente Hugh-. Friarsgate pertenece a Rosamund, y pertenecer&#225; a sus herederos, pero Henry Bolton, con astucia, intent&#243; reemplazarte cas&#225;ndome a m&#237; con Rosamund. Friarsgate no necesita dos administradores. Por mi parte, se me pidi&#243; que me casara con mi esposa. Y nada m&#225;s aunque Henry da por sentado que yo asumir&#233; el mando y te apartar&#233; del lugar que tu padre te asign&#243;. No lo har&#233;.

&#191;Qu&#233; har&#225;s, entonces? -pregunt&#243; con cautela Edmund.

Ense&#241;ar&#233; a Rosamund a leer y escribir, y a llevar las cuentas, para que, cuando llegue el d&#237;a en el que ninguno de los dos est&#233; aqu&#237; para ayudarla, ella sepa qu&#233; hacer. No creo que el sacerdote le haya ense&#241;ado nada. Me pareci&#243; un hombre bastante ignorante y tonto.

Henry Bolton no cree que una mujer deba conocer m&#225;s que las tareas del hogar. Le parece mejor que nuestra sobrina aprenda solo labores femeninas, como hacer sopa y conservas o salar pescado -dijo Edmund.

&#191;Y t&#250; qu&#233; opinas al respecto? -pregunt&#243; Hugh.

Creo que debe aprender ambas cosas -respondi&#243; Edmund-, pero el viejo padre Bernard no puede ense&#241;arle nada. Aprendi&#243; la misa de memoria, y no puede v&#233;rselo como un hombre educado. Demonios, si es aun m&#225;s viejo que t&#250;, Hugh Cabot. Hugh ri&#243; con ganas.

Entonces estamos de acuerdo, Edmund. T&#250; continuar&#225;s administrando la propiedad y yo educar&#233; a mi esposa.

Nos veremos con frecuencia. Debes estar al tanto de todo, para que Henry Bolton quede convencido de que ahora t&#250; administras Friarsgate. Y es mejor que t&#250; te ocupes de los juicios en el tribunal del se&#241;or&#237;o, que se celebra cada tres meses. Para las apariencias, ahora t&#250; eres el se&#241;or de Friarsgate.

Espero desempe&#241;ar bien mi papel -respondi&#243; Hugh, con amabilidad.

Esta ni&#241;a se est&#225; quedando dormida mientras ustedes conspiran-Dijo Maybel, cortante-. Vete a casa con tu esposa, Hugh Cabot, antes de que caiga la noche y no encuentres el camino. Todav&#237;a hay ladrones sueltos, pues, como sabr&#225;s, estamos cerca de la frontera con Escocia.

Yo viv&#237;a m&#225;s al sur -respondi&#243; &#233;l-. &#191;Tenemos saqueos a menudo?

En general, en Friarsgate estamos seguros -dijo Maybel-. A menos que los reyes y los grandes lores deseen luchar. Entonces, los pobres y los infelices son los que m&#225;s sufren. A veces, los escoceses vienen a buscar ovejas, pero, en general, no nos molestan.

&#191;Y por qu&#233;? Es extra&#241;o.

Por nuestras colinas -explic&#243; Edmund-. Son muy empinadas alrededor de Friarsgate, y para llevar una manada o un reba&#241;o o aun unos pocos animales, el terreno tiene que ser m&#225;s plano. Tendr&#237;a que haber un conflicto muy grave con los escoceses para que nos atacaran.

&#191;Qui&#233;n es el lord de la frontera que est&#225; m&#225;s cerca de Friarsgate? -pregunt&#243; Hugh.

El Hepburn de Claven's Carn -respondi&#243; Edmund-. Lo conoc&#237; cuando fue con sus hijos a un mercado de ganado. Probablemente haya muerto y lo haya reemplazado alguno de los hijos, aunque qui&#233;n sabe cu&#225;l. Los escoceses discuten por todo, y seguro que los hijos se pelearon por la tierra de su padre.

Ah, s&#237; -asinti&#243; Hugh-. Los escoceses son as&#237;. Est&#225;n m&#225;s cerca de ser salvajes que civilizados. -Se levant&#243; de su lugar a la mesa y mir&#243; a Rosamund, que cabeceaba en su sitio-. Edmund, lev&#225;ntala. La llevar&#233; en mi caballo y guiar&#233; al poni.

No, yo ir&#233; en el poni -intervino Maybel-. Tengo que volver con ustedes para cuidar a mi ni&#241;a, Hugh Cabot.

Vamos, entonces -respondi&#243; Hugh. Se dirigi&#243; a la puerta, la abri&#243; y sali&#243;. Era la &#250;ltima hora de la tarde. Solt&#243; a su caballo, lo mont&#243;, se agach&#243; para tomar de brazos de Edmund Bolton a la ni&#241;a dormida, la acomod&#243; con suavidad contra s&#237; y con la otra mano afirm&#243; las riendas.

Maybel camin&#243; deprisa, abrig&#225;ndose con su capa con capucha. Ayudada por su esposo, mont&#243; el poni blanco, y dijo:

Estoy lista. Aseg&#250;rate de dejar la casa limpia cuando vengas ma&#241;ana, Edmund Bolton.

S&#237;, querida m&#237;a -respondi&#243; &#233;l, con una sonrisa. Entonces le dio una palmadita al poni en el anca. El animal comenz&#243; a caminar junto al nuevo lord de Friarsgate. Observ&#225;ndolos, Edmund pens&#243; que, al fin, su sobrina ten&#237;a un arma para defenderse de Henry Bolton, si Hugh Cabot era lo que promet&#237;a ser. Pero Edmund ten&#237;a una buena corazonada sobre el nuevo lord. Ri&#243; para sus adentros. Su medio hermano, tan avaro y mezquino, cre&#237;a haber elegido a un anciano d&#233;bil como esposo de su sobrina.

Henry siempre hab&#237;a sido presumido. Edmund sab&#237;a qu&#233; se tra&#237;a, pues era transparente como el vidrio. Henry hab&#237;a arreglado este matrimonio para Rosamund porque la ni&#241;a era demasiado joven para procrear. Hugh Cabot estaba viejo para esas cosas. Pero la heredera de Friarsgate era una mujer casada, a salvo de los predadores que pudieran desposarla e ignorar los deseos de Henry de apoderarse de Friarsgate para sus propios herederos. Si la criatura que Agnes llevaba en las entra&#241;as era un var&#243;n, Edmund no ten&#237;a duda de que, en cuanto pudiera, Henry casar&#237;a a ese hijo con Rosamund. Aunque la madre todav&#237;a estuviera amamant&#225;ndolo. No importaba que la novia fuera mayor que el novio. Esas cosas eran habituales en los matrimonios en que la tierra era lo m&#225;s importante. Pero si Hugh Cabot era el hombre honesto que Edmund cre&#237;a, Rosamund estar&#237;a a salvo de su t&#237;o Henry, que, por fin, parec&#237;a haberse pasado de astuto.

Edmund observ&#243; c&#243;mo los dos jinetes desaparec&#237;an del otro lado de la colina. Se volvi&#243; y entr&#243; en su casa, para ordenar. Por la ma&#241;ana regresar&#237;a a atender sus deberes como administrador de Friarsgate. &#201;l y Hugh, juntos, le ense&#241;ar&#237;an a Rosamund todo lo que deb&#237;a saber para manejar sus tierras cuando ellos ya no estuvieran para hacerlo.

Friarsgate se hab&#237;a debilitado con la administraci&#243;n de Henry Bolton. Ahora, con su nuevo lord, volvi&#243; a ser el lugar feliz que era en tiempos de los padres y abuelos de Rosamund. En la v&#237;spera del D&#237;a de Todos los Santos, que era tambi&#233;n la fiesta de san Wolfgang, a la ca&#237;da del sol se encend&#237;an fogatas en todas las laderas. En la sala de Friarsgate se coloc&#243; un candelabro alto y grande en el medio del recinto. Se colgaron guirnaldas de hojas verdes con manzanas en toda la habitaci&#243;n para decorarla. El punto m&#225;s importante de la comida era el crowdie, un postre dulce de manzanas con crema que se repart&#237;a entre quienes compart&#237;an la mesa. Dentro del crowdie se hab&#237;an escondido dos anillos, dos monedas y dos canicas.

&#161;Tengo una moneda! -grit&#243; Rosamund, entusiasmada, entre risas, y sac&#243; el penique de la cuchara.

&#161;Yo tambi&#233;n! -exclam&#243; Hugh-. Entonces, esposa, si la leyenda es correcta, seremos ricos, aunque yo ya lo soy contigo.

&#191;Qu&#233; te toc&#243;, Edmund? -le pregunt&#243; la ni&#241;a a su t&#237;o.

Nada -dijo &#233;l, riendo.

Pero eso significa que tu vida estar&#225; plagada de incertidumbre -dijo Rosamund. Y hundi&#243; la cuchara en el plato com&#250;n del crowdie-. &#161;Te voy a encontrar el anillo!

Ya est&#225; casado conmigo -le record&#243; Maybel a su pupila-. Deja el anillo para las muchachas de la cocina, que disfrutar&#225;n de lo que quede, mi peque&#241;a lady.

&#191;A ti te toc&#243; alg&#250;n premio? -le pregunt&#243; Rosamund a su nodriza.

La canica -admiti&#243; Maybel.

&#161;No! &#161;No! -grit&#243; la peque&#241;a-. &#161;Eso significa que tu vida ser&#225; solitaria, Maybel!

Bien, no ha sido para nada solitaria hasta ahora. Debo cuidar de ti, y tengo a mi Edmund. De todos modos, son todas pamplinas.

Escoltada por su esposo, Rosamund sali&#243; al aire libre para repartir manzanas frescas de una canasta de mimbre entre sus arrendatarios, reunidos en torno a la fogata por la v&#237;spera del D&#237;a de Todos los Santos, en la ladera de la monta&#241;a. Se cre&#237;a que en esa &#233;poca del a&#241;o las manzanas tra&#237;an buena suerte. Las frutas de Rosamund se recibieron con inclinaciones, reverencias y el agradecimiento de la gente de Friarsgate.

Al d&#237;a siguiente era la celebraci&#243;n de Todos los Santos, en honor a todos los santos, conocidos y desconocidos. El 2 de noviembre, se conmemoraba el D&#237;a de los Fieles Difuntos. Los ni&#241;os de Friarsgate iban cantando, de puerta en puerta, y se los recompensaba con "tortas de difuntos", que eran peque&#241;os postres de harina de avena con trocitos de manzana. El noveno d&#237;a del mes, Rosamund organiz&#243; una peque&#241;a fiesta sorpresa para celebrar el cumplea&#241;os de su esposo. Tambi&#233;n le regal&#243; un broche de plata decorado con un &#225;gata negra que hab&#237;a pertenecido a su padre y a su abuelo.

Hugh mir&#243; el broche en su envoltorio de delicada lana azul. Nunca en toda su vida, ni una sola vez en sus sesenta a&#241;os, le hab&#237;an obsequiado nada. Mir&#243; a la ni&#241;a que ahora era su esposa y se le llenaron los ojos de l&#225;grimas.

Pero, Rosamund -dijo, con un nudo en la garganta-, nunca me regalaron nada tan fino como esto. -Se agach&#243; y le dio un beso en la rosada mejilla-. Gracias, esposa m&#237;a.

Ay, me alegro mucho de que te haya gustado. Maybel me dijo que te agradar&#237;a. Es para tu capa, Hugh. &#161;Va a quedar tan lindo!

Dos d&#237;as despu&#233;s celebraron, con ganso asado, el D&#237;a de San Valent&#237;n. El veinticinco de noviembre observaron el D&#237;a de Santa Catalina con tortas de Cathern, hechas con forma de rueda, y con "lana de cordero", una bebida espumante servida en un cuenco de Cathern. Despu&#233;s, en la sala, bailaron en ronda. Hac&#237;a tiempo que se hab&#237;a levantado la cosecha, y muchas ovejas y vacas gestaban cr&#237;as que nacer&#237;an en los meses siguientes.

La temporada navide&#241;a se extend&#237;a desde el 24 de diciembre hasta el 5 de enero. Era la &#233;poca m&#225;s feliz de la vida de Rosamund de la que ella tuviera recuerdo. No hab&#237;a noticias de su t&#237;o Henry. En la sala, noche y d&#237;a ard&#237;a un inmenso le&#241;o de Navidad. Se colgaban ramas verdes, mu&#233;rdago y ramas de acebo. Se encend&#237;an doce candelabros para la Noche de Epifan&#237;a. En todas las comidas se serv&#237;an doce platos. Hab&#237;a un brindis conmemorativo para cada d&#237;a y las comidas dulces se apreciaban especialmente. Se serv&#237;an trigo con leche, az&#250;car y huevos, pastel de frutas y bud&#237;n, aunque la comida preferida de Rosamund eran las mu&#241;ecas de Navidad, que estaban hechas de masa de jengibre.

El regalo de Rosamund a cada familia arrendataria fue un permiso para cazar conejos todos los s&#225;bados del invierno. Como la cosecha hab&#237;a sido buena, los graneros de piedra de Rosamund estaban llenos, y tambi&#233;n podr&#237;a dar de comer a los habitantes de Friarsgate durante la temporada de fr&#237;o. Una vez por mes se distribu&#237;a el grano que se llevar&#237;a al molinero para hacer la harina. En el s&#243;tano, hab&#237;a canastas con cebollas, manzanas y peras, y colgaban zanahorias y remolachas de las vigas.

El 5 de enero era el &#250;ltimo d&#237;a de la fiesta de Navidad, y se lo conoc&#237;a como la Noche de Epifan&#237;a. Rosamund y Hugh presenciaron la actuaci&#243;n de seis bailarines de la aldea disfrazados de bueyes, con cuernos y campanillas. Cuando termin&#243; la presentaci&#243;n, Rosamund eligi&#243; a uno como "el mejor animal". Entre risas, le puso sobre los cuernos una dura torta de avena en forma de aro. Entonces, el mejor animal trataba de quitarse su recompensa, mientras Rosamund y Hugh discut&#237;an acaloradamente si la torta caer&#237;a por delante o por detr&#225;s del bailar&#237;n. Al fin, la torta sali&#243; volando del cuerno del animal y se desplom&#243; sobre la mesa de la joven dama de Friarsgate, justo delante de ella. Rosamund estall&#243; en una carcajada y aplaudi&#243;.

&#161;Bravo! -exclam&#243;, mientras los bueyes se fueron bailando de la sala.

Cuando termin&#243; la comida, el se&#241;or y la se&#241;ora de Friarsgate se levantaron con sus copones y salieron a la noche clara y fr&#237;a. En el cielo negro, las estrellas brillaban, plateadas, azules y rojas. Delante de la casa hab&#237;a un gran roble a&#241;oso con ramas en todas direcciones. Se dec&#237;a que cuando se construy&#243; la casa, doscientos a&#241;os atr&#225;s, el roble ya estaba all&#237;. Las copas de la pareja ten&#237;an sidra y ellos hab&#237;an llevado tres pedazos peque&#241;os de torta de especias. Rosamund y Hugh bebieron a la salud del viejo &#225;rbol, despu&#233;s comieron uno de los trozos del postre entre los dos y le ofrecieron los otros dos al &#225;rbol. Entonces lo rodearon, cantaron una antigua melod&#237;a y derramaron el resto de la sidra en las ra&#237;ces nudosas que afloraban de la tierra dura.

&#161;Es la mejor Noche de Epifan&#237;a que he pasado jam&#225;s! -dijo Rosamund, feliz.

S&#237; -dijo Hugh, caminando junto a su joven esposa cuando volvieron a la sala-, tambi&#233;n para m&#237;, muchachita.

Hab&#237;an llegado los meses de invierno. Rosamund se prepar&#243; para aprender a leer y escribir. Con infinita paciencia, Hugh mismo le ense&#241;&#243;, haciendo las letras con un trozo de carb&#243;n sobre un pedazo de pergamino. Para sorpresa de &#233;l, ella era zurda, algo muy poco com&#250;n. Siguiendo las instrucciones de su esposo, copiaba cuidadosamente las letras una y otra vez, y dec&#237;a sus nombres en voz alta. Se tomaba muy en serio su tarea y enseguida se convirti&#243; en una muy buena alumna. Al mes, ya sab&#237;a el alfabeto de memoria y pod&#237;a escribir las letras con toda prolijidad. Luego, &#233;l le ense&#241;&#243; a escribir su nombre. Ella qued&#243; encantada cuando lo vio por primera vez, las letras extendidas sobre el pergamino gastado. R&#225;pidamente comenz&#243; a aprender a escribir otras palabras, y para fines del invierno empez&#243; a leer.

Tengo miedo de que me supere -le dijo Hugh a Edmund-. Es muy inteligente. Para el verano estar&#225; leyendo mejor que t&#250; o yo.

Entonces, ens&#233;&#241;ale -lo haremos juntos- a sumar, para que pueda llevar sus cuentas -dijo Edmund. Despu&#233;s ri&#243;-. Henry no se va a poner muy contento cuando se entere.

No puede hacer nada. Yo soy el esposo de Rosamund. Seg&#250;n la ley, soy responsable por su conducta y por sus tierras. Ambos sabemos que me eligi&#243; a m&#237; para mantener a la ni&#241;a a salvo de ofrecimientos de matrimonio de otras familias hasta poder casarla con un hijo suyo cuando yo no est&#233;.

Cuanto m&#225;s crezca, m&#225;s dif&#237;cil ser&#225; manejarla -coment&#243; Edmund-. Es muy parecida al padre. Ahora me doy cuenta.

Las colinas comenzaron a pintarse de verde con la primavera. La parici&#243;n de las ovejas hab&#237;a dado una buena carnada de nuevos animales. Las vacas tambi&#233;n eran m&#225;s: hab&#237;a varias vaquillonas y dos toros nuevos. Se quedar&#237;an con uno, para la reproducci&#243;n, y vender&#237;an el otro. Durante el invierno, los arrendatarios de Friarsgate hab&#237;an reparado sus casas. Remendaron los techos y volvieron a sellar las chimeneas. Hab&#237;a llegado el momento de labrar la tierra para plantar grano y verduras.

El &#250;ltimo d&#237;a de abril, el esposo de Rosamund, su t&#237;o Edmund y Maybel celebraron su s&#233;ptimo cumplea&#241;os. Ella los alegr&#243; a todos con su entusiasmo para recibir los regalos. Maybel le regal&#243; un corpi&#241;o de seda verde bordado y decorado con hilo de oro. El t&#237;o Edmund, un libro encuadernado en cuero, con hojas blancas, para que hiciera sus cuentas en &#233;l, junto con una peque&#241;a pluma de ganso afilada, para escribir. Hugh le obsequi&#243; a su esposa un par de guantes de piel de gamo con bordes de piel de conejo que hab&#237;a hecho &#233;l mismo y un velo para la cabeza de delgado lin&#243;n, que le hab&#237;a comprado al primer buhonero que pas&#243; cuando lleg&#243; la primavera.

La cosecha estaba sembrada y los campos, verdes, cuando Henry Bolton lleg&#243; a Friarsgate por primera vez desde el oto&#241;o anterior. Fue a contarles con tristeza que su buena esposa, la se&#241;ora Agnes, hab&#237;a dado a luz a una ni&#241;a muy d&#233;bil en la fiesta de Santa Julia. La ni&#241;a estaba con una nodriza, pues Agnes Bolton hab&#237;a muerto de fiebre puerperal despu&#233;s de parir. Esa tarde, Henry se sent&#243; con Hugh en la sala.

Rosamund se ve muy sana -dijo Henry Bolton. Su sobrina lo hab&#237;a saludado muy cort&#233;smente y, despu&#233;s de la comida, le hab&#237;a pedido a su esposo permiso para retirarse.

Es una ni&#241;a fuerte -respondi&#243; Hugh.

Parece que te estima.

Soy como un abuelo para ella -murmur&#243; Hugh.

Espero que no la malcr&#237;es. &#191;Has usado la vara con ella?

No hizo falta hasta ahora. Es una ni&#241;a buena y obediente. Si se porta mal, remediar&#233; la situaci&#243;n, te lo aseguro, Henry Bolton.

&#161;Bien! &#161;Bien! -respondi&#243; Henry. Luego suspir&#243;-. &#191;Y t&#250;, Hugh? &#191;T&#250; tambi&#233;n est&#225;s bien de salud? -Maldita Agnes, pens&#243;, mientras hac&#237;a la pregunta. Si este viejo esposo de Rosamund se mor&#237;a antes de que &#233;l tuviera otro hijo, seguro que perder&#237;a Friarsgate.

Mi salud parece excelente, Henry -dijo Hugh, impert&#233;rrito, sabiendo exactamente qu&#233; le pasaba por la cabeza a su interlocutor y haciendo un esfuerzo por no re&#237;r.

Debo volver a casarme -coment&#243; de pronto Henry.

S&#237;. Ser&#237;a prudente.

El hermano de Agnes sostiene que tengo que devolverle Otterly -le dijo Henry a Hugh.

No, es tuya. Fue un regalo a Agnes cuando se cas&#243; contigo. Ella pod&#237;a hacer con ella lo que quisiera. Dile a Robert que yo lo he dicho, pues fui yo quien redact&#243; los papeles para transferir la propiedad a manos de ella. Busca entre las cosas de Agnes, Henry, y los encontrar&#225;s. Robert Lindsay tiene una copia. &#201;l sabe que Otterly te pertenece a ti. Est&#225; intentando ver si puede rob&#225;rtela. Testificar&#233; a tu favor ante cualquier tribunal de se&#241;or&#237;o. Si le dices esto a tu cu&#241;ado, no insistir&#225;.

Gracias -dijo Henry Bolton, reconfortado.

As&#237; que, cuando pase el a&#241;o de luto, buscar&#225;s una nueva esposa. Era una buena mujer, mi prima Agnes. Ser&#225; dif&#237;cil encontrar otra tan buena como ella.

Ya eleg&#237; a mi nueva esposa. No puedo estar un a&#241;o haciendo duelo por Agnes. T&#250; no vivir&#225;s para siempre, Hugh. T&#250; sabes que quiero casar a mi pr&#243;ximo hijo con mi sobrina. Como m&#237;nimo, el muchacho debe haber sido destetado para eso -dijo Henry Bolton, con crudeza.

Caramba -dijo Hugh, sin saber si enojarse o re&#237;rse de la insensibilidad del otro. As&#237; que no habr&#237;a un duelo decente por la pobre Agnes.

Es la hija de un manumiso con una peque&#241;a propiedad lindera a Otterly. Son dos hermanas y Mavis tiene pocas probabilidades de conseguir otro esposo tan bueno como yo, as&#237; que el padre le ha dado un tercio de las tierras, las que lindan con las m&#237;as, de dote. Nos casaremos despu&#233;s de Lammas. Es joven y ser&#225; una buena reproductora.

A pesar de que tiene apenas dos hermanos -dijo Hugh, con astucia.

Su hermano ya ha engendrado media docena de hijos, y el padre tuvo muchos m&#225;s con su amante. La madre de Mavis era una mujer fr&#237;a, pero ella no -dijo Henry, riendo-.Ya anduve por debajo de sus polleras, y ella estuvo m&#225;s que dispuesta.

Ser&#237;a virgen, me imagino. Tienes que asegurarte, Henry, de que tu primog&#233;nito sea en verdad de tu sangre.

Ah, s&#237;, era virgen. Le met&#237; el dedo para asegurarme antes de usarla por primera vez. Su padre lo alent&#243;.

Traer&#225;s a tu esposa a conocer a Rosamund, espero, antes de embarazarla.

Ah, s&#237;, lo har&#233; -dijo Henry. Y agreg&#243;-: &#191;Prospera Friarsgate?

S&#237;, prospera. Tuvimos una buena carnada de ovejas al final del invierno, y muchas vacas tambi&#233;n. Los campos producen bien, y los huertos est&#225;n llenos de fruta. Ser&#225; un buen a&#241;o, Henry. Un a&#241;o pr&#243;spero.

&#191;Y los escoceses?

Se mantienen de su lado de la frontera.

&#161;Bien! &#161;Bien! Me dijeron que evitan Friarsgate porque nuestra tierra es empinada y resulta dif&#237;cil llevarse r&#225;pidamente los animales robados, pero con los escoceses nunca se sabe, Hugh. Mant&#233;n los ojos abiertos -aconsej&#243; Henry, pomposo.

As&#237; ser&#225;, Henry. Por cierto que estar&#233; atento.

A la ma&#241;ana siguiente, Henry Bolton parti&#243;. Rosamund fue a despedir a su t&#237;o. &#201;l la mir&#243; con detenimiento por &#250;ltima vez. S&#237;, era una sinverg&#252;enza fuerte, pens&#243;. Hab&#237;a crecido desde la &#250;ltima vez que la vio. Su cabello rojizo brillaba con luces doradas. Ella lo mir&#243; brevemente antes de bajar con pudor la vista, al tiempo que hac&#237;a una reverencia.

Bien, ni&#241;a, no s&#233; cu&#225;ndo regresar&#233; -le dijo Henry-. La pr&#243;xima vez te traer&#233; a tu nueva t&#237;a, &#191;eh?

Eres siempre bienvenido a Friarsgate, t&#237;o -respondi&#243; Rosamund. Y le entreg&#243; un pedacito de tela de lana atado con un cord&#243;n.

&#191;Qu&#233; es esto?

Es un pan de jab&#243;n, perfumado con brezo, que he hecho para tu novia, t&#237;o.

Henry Bolton se sorprendi&#243;. No era tan insensible como para no percatarse de que no era el preferido de su sobrina. Un regalo para Mavis era un gesto sorprendente de parte de la ni&#241;a.

Se lo llevar&#233;, y tienes mi agradecimiento, Rosamund. No puedo decir nada malo de tus modales, y me complace que aprendas tareas femeninas.

La se&#241;ora de Friarsgate debe saber muchas cosas, t&#237;o. Soy joven, pero capaz de aprenderlas -respondi&#243; Rosamund. Entonces volvi&#243; a hacerle una reverencia y fue a pararse junto a su esposo.

Rosamund hizo jab&#243;n para mantenernos limpios todo el invierno -se apresur&#243; a decir Hugh antes de que Henry Bolton terminara de digerir las palabras de su sobrina. Discreci&#243;n, pens&#243;. Tenemos que ense&#241;arle a Rosamund que no descubra sus t&#225;cticas tan abiertamente. Le sonri&#243; a Henry-. Que Dios te acompa&#241;e.

S&#237;, t&#237;o, que Dios te acompa&#241;e y te proteja -repiti&#243; Rosamund. Y observ&#243; c&#243;mo su t&#237;o se alejaba. Puso la mano en la de Hugh, y dijo-: Si supiera

Pero no sabr&#225; nada hasta que no sea demasiado tarde -le contest&#243; Hugh.

Rosamund estuvo de acuerdo.

No, nada -respondi&#243;.



CAP&#205;TULO 02

En los a&#241;os siguientes, Rosamund pas&#243; de ser una ni&#241;a encantadora a convertirse en una muchacha desgarbada que, a veces, parec&#237;a puras piernas y cabellos al viento. Vieron a Henry Bolton apenas una vez en todo ese tiempo. Llev&#243; a su nueva esposa, Mavis, una muchacha rolliza de diecis&#233;is a&#241;os y ojos cautelosos, a conocer a su sobrina. Mavis le agradeci&#243; a la heredera de Friarsgate el jab&#243;n, mientras admiraba abiertamente la casa y las tierras de Rosamund.

Dice Henry que nuestro hijo un d&#237;a ser&#225; tu esposo -le cont&#243; con osad&#237;a a la muchachita-. Esta es una buena herencia para &#233;l.

&#191;Est&#225;s embarazada? -pregunt&#243; Rosamund con aparente inocencia.

Mavis ri&#243;.

Tendr&#237;a que estarlo, considerando lo activo que es tu t&#237;o como compa&#241;ero de lecho, pero t&#250; no has de saber de esas cosas, pues todav&#237;a eres una ni&#241;a.

Tal vez tengas una hija. Como mi pobre t&#237;a Agnes, &#191;no? -dijo Rosamund, con una dulce sonrisa.

&#161;Que Dios y su Santa Madre no lo permitan! -exclam&#243; Mavis, persign&#225;ndose-. Tu t&#237;o quiere hijos varones. Encender&#233; todas las velas que hagan falta para que se cumpla el deseo de mi esposo. Eres malvada, dices que tendr&#233; hijas mujeres. Tal vez le hiciste mal de ojo a la primera esposa de tu t&#237;o y provocaste su muerte.

No seas tonta. No volv&#237; a ver a mi t&#237;a desde el d&#237;a que se fue de Friarsgate. Adem&#225;s, la quer&#237;a. -Esta Mavis ten&#237;a menos cerebro que una vaca lechera-. &#191;Sabes qu&#233; ha sido de mi prima Julia?

Cuando la desteten de la mujer del granjero, ir&#225; al convento de Santa Margarita, donde la criar&#225;n para monja. Yo no quiero criar a la hija de otra. Adem&#225;s, el convento aceptar&#225; una dote menor que cualquier hombre. Tu t&#237;a Agnes no era ninguna belleza, y dice Henry que la ni&#241;a sali&#243; a ella.

Es un alivio saber que mi prima est&#225; a salvo -afirm&#243; Rosamund, seca. Qu&#233; triste que su pobre primita fuera descartada con tanta facilidad y crueldad. Ella sab&#237;a que Henry Bolton habr&#237;a hecho lo mismo con ella de no haber sido por Friarsgate.

Rosamund sinti&#243; un gran alivio cuando Mavis y su t&#237;o partieron. En los tres a&#241;os siguientes llegaron noticias con mon&#243;tona regularidad: Mavis hab&#237;a dado a luz primero a un hijo var&#243;n; luego, a un segundo y finalmente, a un tercero. El cuarto fue una ni&#241;a, y despu&#233;s de eso no tuvieron m&#225;s noticias de la fecundidad de Mavis Bolton. Su t&#237;o no volvi&#243; a visitarlos. Rosamund pens&#243; en sus primos. Probablemente, ser&#237;an gorditos rubios de ojos azules, como su madre. El mayor, llamado Henry como el padre, tal vez se convertir&#237;a en su esposo. "Como si yo pudiera casarme con una criatura de cuatro a&#241;os -pensaba Rosamund-. &#161;Si yo tengo casi doce ya!"

Le&#237;a cualquier cosa que le pusieran bajo los ojos. Escrib&#237;a con hermosos trazos los n&#250;meros que pasaba a su libro de cuentas. Sab&#237;a comprar provisiones, lo poco que no produc&#237;an o hac&#237;an en Friarsgate. Hab&#237;a aprendido exactamente qu&#233; necesitaban para sobrevivir con comodidad. Comenzaba a regatear por sus animales cuando iba con Hugh y Edmund a los mercados de vacas y ovejas del pueblo cercano. Ten&#237;a buen ojo para los caballos y hab&#237;a comenzado a criar animales para la venta.

Rosamund tambi&#233;n se interesaba en sus grandes reba&#241;os de ovejas. A diferencia de muchas granjas que vend&#237;an la lana sucia a los intermediarios. Friarsgate se quedaba con la suya. Despu&#233;s de la esquila, la lana era lavada, secada, peinada y cardada dos veces para hacer la lana extrafina y, por ende, m&#225;s valiosa en los mercados de York y Londres. Luego la te&#241;&#237;an. Hab&#237;a un hermoso casta&#241;o dorado, un buen rojo y un verde, pero la lana de Friarsgate era conocida por su azul tan exquisito que nadie parec&#237;a capaz de imitar. Era una exclusividad de la finca de Rosamund altamente valorada. Como se&#241;ora de Friarsgate, Rosamund recibi&#243; de su t&#237;o Edmund la f&#243;rmula del azul de Friarsgate. Fue un regalo que le hizo para su d&#233;cimo cumplea&#241;os, cuando le dijo que ya era lo bastante grande para saberlo. Pero era importante que el secreto permaneciera a salvo, que no se lo contara a nadie hasta que sintiera que pod&#237;a pas&#225;rselo al siguiente heredero, o heredera, de Friarsgate.

Rosamund asinti&#243;, muy seria, y comprendi&#243; la importancia de lo que Edmund le dec&#237;a.

&#191;No debo compartir mi conocimiento con nadie?

Con nadie -repiti&#243; Edmund.

&#191;C&#243;mo hacemos para que nuestros colores sean tan claros y brillantes, t&#237;o? He visto otras lanas, y no son para nada tan delicadas como las nuestras. &#191;C&#243;mo se hace? &#191;Es por la f&#243;rmula de las tintas?

Edmund ri&#243;.

Fijamos los colores con orina de oveja, muchacha -le dijo &#233;l, sonriendo-. Ese es el secreto del azul, tambi&#233;n. Es m&#225;s oscuro en la cuba de te&#241;ido, pero cuando lo ponemos en la orina, toma ese color tan apreciado.

Rosamund tambi&#233;n ri&#243;. Era tan simple, era un secreto tan absolutamente delicioso. Por un momento dese&#243; compartirlo con Hugh, pero sab&#237;a que no pod&#237;a.

Una vez te&#241;ida, la lana se distribu&#237;a entre las chozas para ser hilada en los telares que cada tejedor ten&#237;a en una habitaci&#243;n separada. Esto imped&#237;a que la lana se impregnara con el humo, el olor a comida o el calor, que pod&#237;an modificar los delicados colores. Las largas hebras de lana se hilaban en un tejido extra-delicado que era altamente valorado y buscado. Con las hebras m&#225;s cortas, se hac&#237;a un fieltro muy fino.

Rosamund aprendi&#243; todos los procesos y estaba muy orgullosa de su conocimiento. Hugh y Edmund tambi&#233;n estaban satisfechos de ella. La ni&#241;a que ambos adoraban se estaba convirtiendo en una joven cuya pasi&#243;n por el conocimiento era inextinguible. Les preocupaba no tener m&#225;s cosas para ense&#241;arle.

El invierno anterior al decimotercer cumplea&#241;os de Rosamund, Hugh Cabot se enferm&#243;. La recuperaci&#243;n era lenta. Henry Bolton eligi&#243; esa primavera para realizar una visita a Friarsgate. Era la primera en muchos a&#241;os. Lo acompa&#241;aba su hijo mayor, Henry, de cinco a&#241;os. La coincidencia de la visita con la enfermedad hizo recelar a Rosamund de que ten&#237;a un esp&#237;a en su servidumbre.

Averigua -le dijo sucintamente a su t&#237;o Edmund.

Henry Bolton observ&#243; a su sobrina con ojo cr&#237;tico. Era alta, y ya no ten&#237;a aire de ni&#241;a.

&#191;Cu&#225;ntos a&#241;os tienes, muchacha? -pregunt&#243;, notando que el vestido de lana azul de mangas largas y justas que ella llevaba se adher&#237;a a sus florecientes pechos. Pens&#243;, nervioso, que la muchacha estaba madurando.

Eres muy bienvenido a Friarsgate, t&#237;o -dijo Rosamund, haciendo una reverencia muy elegante-. Cumplir&#233; trece en pocas semanas. -Hizo un gracioso con la mano-. Ven a la sala a tomar algo. -Se volvi&#243; y ech&#243; a andar, mostr&#225;ndole el camino. La pollera azul se mec&#237;a a su paso-. &#191;C&#243;mo est&#225; mi t&#237;a? -pregunt&#243;, amable-. Dol&#237;, trae vino para mi t&#237;o y sidra para su peque&#241;ito -le orden&#243; a una criada.

&#161;Voy a ser tu esposo, ni&#241;a! -anunci&#243; el ni&#241;o en voz alta. Era peque&#241;o, pens&#243; Rosamund, para haber cumplido cinco a&#241;os. Ten&#237;a los cabellos rubios y el aire bovino de su madre. Pens&#243; que no hab&#237;a nada de un Bolton en &#233;l, aunque tal vez la mand&#237;bula, que recordaba mucho al t&#237;o Henry.

Mi nombre es Rosamund. Soy tu prima, y ya tengo esposo -le dijo, mir&#225;ndolo desde lo alto.

Que se est&#225; muriendo -afirm&#243; el ni&#241;o, con atrevimiento-. T&#250; y Friarsgate ser&#225;n m&#237;os, ni&#241;a. -Se par&#243; con las piernas abiertas, mir&#225;ndola.

T&#237;o, qu&#233; malos modales tiene -dijo Rosamund, ignorando al ni&#241;o-. &#191;No lo castigas? Es obvio que no. -Se sent&#243; junto al fuego, indicando a su t&#237;o que la imitara.

Perplejo por la actitud de su sobrina, Henry Bolton se sent&#243; pesadamente.

Es fogoso, eso es todo -dijo, excusando a su hijo-. Un d&#237;a ser&#225; un gran hombre. Ya lo ver&#225;s.

Quiz&#225;s s&#237;. Ahora bien, t&#237;o, &#191;qu&#233; te trae por Friarsgate? Hace muchos a&#241;os que no te ve&#237;amos.

&#191;No puedo hacerte una visita, Rosamund, despu&#233;s de tanto tiempo y traer al joven Henry para que conozca a su futura esposa?

T&#237;o, t&#250; no haces nada sin una raz&#243;n. Esto lo aprend&#237; de muy joven. No has venido en todos estos a&#241;os porque confiabas en que Hugh manejara todo por ti. Ahora te has enterado de que mi esposo est&#225; enfermo y has venido, a toda prisa, con este ni&#241;ito malcriado a ver con tus propios ojos cu&#225;l es la situaci&#243;n -dijo, con aspereza.

Creo que a ti hay que castigarte, Rosamund -gru&#241;&#243; Henry Bolton-. &#191;C&#243;mo te atreves a hablarme de esa manera? &#161;Yo soy tu tutor!

Renunciaste a tu tutor&#237;a cuando me casaste con mi esposo, t&#237;o -replic&#243; ella.

Pero cuando &#233;l muera volver&#225;s a estar bajo mi cuidado -la amenaz&#243; Henry Bolton-. Ser&#225; mejor que modifiques tu actitud, sobrina. Ahora bien, traje conmigo los papeles de compromiso, que vas a firmar. Se les pondr&#225; la fecha apropiada, pero t&#250; los firmar&#225;s hoy. No dejar&#233; que nadie me arrebate a ti ni a Friarsgate despu&#233;s de haber sido tan paciente.

No firmar&#233; nada sin el permiso de mi esposo. Si tratas de obligarme, me quejar&#233; a la Iglesia. La Iglesia no aprobar&#225; tus t&#225;cticas desp&#243;ticas, t&#237;o. Ya no soy una ni&#241;a asustada y maleable a la que puedes doblegar con amenazas. Ah, ac&#225; est&#225; nuestro vino. Bebe, t&#237;o. Te ves al borde del soponcio. -Inclin&#243; la copa hacia sus labios y bebi&#243; con delicadeza.

Por un momento Henry Bolton era todo furia. Siguiendo el consejo de su sobrina, bebi&#243; el vino, tratando de calmar sus pensamientos y los latidos de sus sienes. La muchacha que estaba sentada, tan segura de s&#237;, ante &#233;l, era m&#225;s que bonita. &#191;La vieja condesa de Richmond no hab&#237;a dado a luz al rey Enrique VII a los trece a&#241;os? Su sobrina ya no era una ni&#241;a. Era casi una mujer, y una muy decidida. &#191;C&#243;mo diablos hab&#237;a sucedido todo esto en apenas seis a&#241;os? A Henry Bolton, de pronto, se le encogi&#243; el pecho. Luch&#243; por contenerse. La perra de ojos &#225;mbar que estaba sentada frente a &#233;l lo observaba con gesto serio.

&#191;Te sientes bien, t&#237;o? -le pregunt&#243;, sol&#237;cita.

Quiero ver a Hugh -exigi&#243; &#233;l.

Por supuesto, pero tendr&#225;s que esperar a que despierte. Si bien est&#225; perfectamente l&#250;cido, mi esposo ya no es fuerte. Duerme mucho. Le mandar&#233; avisar de tu llegada cuando despierte, t&#237;o. -Rosamund se puso de pie-. Qu&#233;date aqu&#237;, y cali&#233;ntate junto al fuego -le aconsej&#243;-. Har&#233; traer m&#225;s vino. -Se alis&#243; la pollera azul con sus largos dedos-. Tengo que irme.

&#191;Ad&#243;nde vas? -casi chill&#243; Henry Bolton.

Tengo trabajo que hacer, t&#237;o.

&#191;Qu&#233; trabajo? -inquiri&#243; &#233;l.

Es primavera, t&#237;o, y hay mucho que hacer en la primavera. Debo terminar las cuentas mensuales y hacer un plan de siembra, y ver cu&#225;nta semilla necesitar&#233; distribuir para plantar. Este invierno hemos tenido m&#225;s nacimientos de corderos de lo que pens&#225;bamos. Hay que limpiar un nuevo terreno y plantarlo para albergar a los animales. No soy una dama fina que pueda quedarse sentada junto al fuego d&#225;ndote conversaci&#243;n.

&#191;Y por qu&#233; haces t&#250; esas cosas? -la desafi&#243; &#233;l.

Porque soy la se&#241;ora de Friarsgate, t&#237;o. No esperar&#225;s que, a mi edad, solo teja en mi telar o haga conservas o jab&#243;n.

&#161;Esas son las tareas de las mujeres, maldici&#243;n! -grit&#243; Henry Bolton-. Por supuesto que eso es precisamente lo que tendr&#237;as que hacer. &#161;Tienes que dejar la administraci&#243;n de Friarsgate en manos de los hombres! -Otra vez la furia se instalaba en su rostro.

&#161;Pamplinas! -le contest&#243; Rosamund, impaciente-. Pero, si te tranquiliza, t&#237;o, te dir&#233; que tambi&#233;n s&#233; hacer esas cosas. Como sea, Friarsgate es m&#237;a. Es mi responsabilidad cuidar de su bienestar, y del bienestar de mi gente, como lo har&#237;a cualquier buena castellana. Me desagrada ser in&#250;til y ociosa.

&#161;Quiero hablar con Hugh!

Y hablar&#225;s, t&#237;o, a su debido tiempo.

Rosamund sali&#243; de la sala. Oy&#243; a sus espaldas a su t&#237;o farfullando sus quejas, y luego la voz de su hijo.

No me gusta, padre. Quiero otra esposa.

&#161;C&#225;llate! -le grit&#243; con salvajismo.

Rosamund sonri&#243; mientras corr&#237;a a ver a su esposo, que, de verdad, descansaba en su aposento. Aprovech&#243; que pasaba una criada para decirle:

Encuentra a Edmund Bolton, pero env&#237;alo al aposento del se&#241;or y no a la sala, donde espera mi t&#237;o.

La criada asinti&#243; y sali&#243; corriendo.

Hugh Cabot estaba sentado en la cama cuando ella entr&#243; en la habitaci&#243;n. Hab&#237;a adelgazado y estaba muy d&#233;bil, pero sus brillantes ojos azules segu&#237;an vivaces, interesados en todos y en todo.

O&#237; que tenemos visita -dijo, con una peque&#241;a sonrisa.

Rosamund ri&#243;.

Doy fe, mi se&#241;or, de que siempre sabes todo antes que yo. -Fue a sentarse en el borde de la cama de su esposo-. Lo que tenemos, Hugh, es un esp&#237;a entre nuestra gente. Le he pedido a Edmund que averiguara qui&#233;n es. Y s&#237;, tenemos visita, pero no una, sino dos. Me ha tra&#237;do a mi pr&#243;ximo esposo.

&#191;Y apruebas al peque&#241;o, Rosamund? -dijo Hugh, bromeando con ella, con una sonrisa traviesa que ilumin&#243; sus labios delgados.

Por lo que he visto, es un atrevidito arrogante y malcriado. Estoy segura de que es la primera vez que le ponen pantalones largos, Hugh. Camina como un gallito, y no es mucho m&#225;s grande que uno de ellos, tampoco.

&#201;l ri&#243;. Enseguida tosi&#243;, pero rechaz&#243; la copa que ella le ofrec&#237;a.

No, criatura, no la necesito.

Lo que quieres decir es que no te gusta -dijo ella, con un rezongo amable-, pero las hierbas te aplacan la tos, Hugh.

Y tienen gusto a agua de pantano -mascull&#243; &#233;l, de buen humor. Y para complacerla, bebi&#243; unos cuantos tragos de la infusi&#243;n.

Mi t&#237;o quiere verte. &#191;Tienes ganas? No le permitir&#233; que se acerque si no lo deseas, Hugh -dijo ella, muy seria-. No quiero perderte, mi querido ancianito.

Hugh le sonri&#243;. Estir&#243; el brazo y le palme&#243; la mano.

Vas a perderme, mi queridita. M&#225;s temprano que tarde, me temo.

Pero no digas que no, Rosamund. Te he ense&#241;ado a ser m&#225;s pragm&#225;tica y no permitir que tus emociones dominen tu sentido com&#250;n.

&#161;Hugh! -lo rega&#241;&#243; con suavidad.

Rosamund, me estoy muriendo, pero no tengas miedo de mi partida. He tomado recaudos para dejarte a salvo de Henry Bolton. -Se reclin&#243; contra las almohadas y cerr&#243; los ojos.

&#191;Qu&#233; recaudos? &#191;Qu&#233; has hecho, mi querido Hugh? &#191;No te parece que yo deber&#237;a saber qu&#233; destino has planeado para m&#237;? -Se pregunt&#243; qu&#233; habr&#237;a hecho &#233;l. Durante los meses de invierno hab&#237;a habido muchas conversaciones susurradas entre su esposo y Edmund.

Ser&#225; mejor que no lo sepas hasta que no sea necesario -aconsej&#243; Edmund a su joven esposa-. As&#237;, tu t&#237;o no podr&#225; acusarte de ninguna connivencia conmigo para robarle Friarsgate.

Friarsgate no es suya. Nunca lo fue -dijo Rosamund, irritada.

Hugh abri&#243; los ojos y clav&#243; en ella su mirada azul.

Yo lo s&#233;, y t&#250; lo sabes, querida, pero Henry Bolton nunca se convencer&#225; de ese hecho, ni muerto. Yo, de verdad, creo que ser&#237;a capaz de cometer un asesinato para ser due&#241;o de estas tierras, si creyera que podr&#237;a salir impune. Por eso debes estar protegida de tal manera que &#233;l no se atreva a hacerte da&#241;o. Ya no eres una ni&#241;a, por lo que no es f&#225;cil controlarte y, cuando tu t&#237;o Henry se d&#233; cuenta de eso, correr&#225;s peligro.

&#191;Le dir&#225;s lo que has hecho?

En la cara de Hugh Cabot se dibuj&#243; una sonrisa traviesa.

No, guardar&#233; mi secreto. Pero cuando &#233;l intente tomar posesi&#243;n de tu persona y de tus tierras, t&#250; tendr&#225;s el supremo placer de ver su desconcierto cuando compruebe que ambas est&#225;n a salvo de su avaricia para siempre.

Pero &#191;c&#243;mo se enterar&#225; mi t&#237;o de lo que has hecho? -pregunt&#243; ella. Su esposo estaba tan p&#225;lido Y las delicadas venas azules de los p&#225;rpados se ve&#237;an casi negras.

Un hombre poderoso me debe un favor. He enviado a pedir que venga alguien en su nombre. Ya ha de estar en camino. Y Edmund tambi&#233;n sabe lo que he planeado. -Hugh sonri&#243;, misterioso.

Me imagino que no habr&#225;s concertado otro matrimonio para m&#237;-dijo Rosamund, nerviosa.

No me corresponde a m&#237; hacer semejante cosa -exclam&#243; Hugh-. No lo har&#237;a, Rosamund. La pr&#243;xima vez elegir&#225;s t&#250;.

&#161;Ah, Hugh, no quiero que me dejes! Te quiero. No como una mujer quiere a un hombre. Yo no s&#233; nada de ese tipo de amor, pero igual te quiero. Nunca, desde la muerte de mis padres, he sido tan feliz como contigo.

Y yo te quiero a ti, querida -dijo &#233;l, en voz baja-. Eres la hija que nunca tuve. Gracias a ti mis &#250;ltimos a&#241;os han sido c&#243;modos y felices. S&#233; que me enterrar&#225;s con honor y que el lugar guardar&#225; mi nombre. Es m&#225;s de lo que pod&#237;a esperar, Rosamund.

Es tan poco, en especial porque t&#250; me has dado tanto, mi querido esposo. -Sus dedos delgados se cerraron sobre la mano nudosa y vieja, d&#225;ndole calor juvenil a los huesos helados.

Hugh volvi&#243; a cerrar los ojos, con una sonrisa en los labios.

Lo ver&#233; despu&#233;s de la comida. Con un poco de suerte, Henry Bolton estar&#225; menos col&#233;rico con la panza llena. Tr&#225;eme un poco de caldo, mi queridita. Es lo &#250;nico que soporta mi est&#243;mago. Ahora voy a dormir un rato.

Ella le solt&#243; suavemente la mano y se incorpor&#243;. Lo tap&#243; con la manta, se inclin&#243; y lo bes&#243; en la frente.

Yo misma te traer&#233; la sopa y te la dar&#233; -dijo Rosamund y sali&#243; de la habitaci&#243;n. S&#237;, estaba muriendo, tuvo que admitirlo por primera vez. Sinti&#243; el ardor de las l&#225;grimas en los ojos y parpade&#243;. Hugh ten&#237;a raz&#243;n. No pod&#237;a permitir que sus emociones dominaran su naturaleza pr&#225;ctica. No en ese momento. Ten&#237;a que estar muy despierta, por &#233;l, por ella y por todos.

Entr&#243; en la sala y se dirigi&#243; a su t&#237;o.

Mi esposo te ver&#225; despu&#233;s de comer. Est&#225; muy d&#233;bil. No debes permanecer mucho tiempo con &#233;l.

&#191;Por qu&#233; no puede verme ahora? -exigi&#243; Henry, irritado-. &#161;Es ofensivo! Hugh Cabot se comporta como si hubiera nacido en esta casa, cuando soy yo el responsable de haberlo puesto en este lugar. Me debe obediencia y respeto, y no me brinda ninguna de las dos cosas.

Es un anciano moribundo, t&#237;o. Adem&#225;s, para ser honestos, t&#250; lo casaste conmigo para proteger lo que t&#250; consideras tu inter&#233;s en mis tierras. Debo recordarte que Friarsgate es m&#237;a, no tuya. Nunca te ha importado lo que me sucediera, siempre y cuando otras personas no pudieran usarme. Pero Dios tiene modos de proteger a los desvalidos e inocentes. Hugh Cabot es un buen hombre, aunque a ti nunca te haya importado, t&#237;o.

Lo consideras un buen hombre porque el viejo tonto te dej&#243; hacer tu voluntad, sobrina. Tu actitud atrevida y tus palabras me revelan que no te golpe&#243; lo suficiente, si es que te golpe&#243; alguna vez. Ya veo que tendr&#233; que comenzar por el principio contigo, pero, cuando termine, ser&#225;s una esposa d&#243;cil y sol&#237;cita para mi hijo.

&#161;Ese mocoso que engendraste en tu bovina esposa jam&#225;s ser&#225; mi esposo, t&#237;o! Qu&#237;tatelo ya de la cabeza. Esta vez yo elegir&#233; a mi esposo, pero no lo har&#233; hasta no hacer el duelo por mi Hugh al menos un a&#241;o entero, como se debe y como es de esperar. &#161;Intenta imponerme a tu gallito y lo lamentar&#225;s!

&#161;T&#250; vas a hacer lo que yo diga, demonios, Rosamund! &#161;Yo soy tu t&#237;o! &#161;Tengo autoridad sobre ti! -grit&#243; Henry, su rostro desbordante de furia.

&#161;Se&#241;ora! A la mesa -interrumpi&#243; Maybel, entrando en la sala-. La comida est&#225; lista.

T&#237;o, por cierto que tienes hambre, y mi primo tambi&#233;n. Maybel tiene raz&#243;n. Vayamos a comer antes de que se enfr&#237;e el plato. Despu&#233;s hablar&#225;s con mi esposo. -Rosamund fue otra vez la buena anfitriona, la castellana de buenos modales. Llev&#243; a su enojado pariente y a su hijo a la mesa principal. Entonces, ella misma les sirvi&#243; monta&#241;as de carne y ganso en los platos de peltre, y guiso de conejo. Maybel llen&#243; los copones de peltre, que hac&#237;an juego con los platos, con la &#250;ltima cerveza de octubre para Henry Bolton y con sidra de manzana para su peque&#241;o hijo. Rosamund coloc&#243; sobre la mesa, frente a su t&#237;o, el pan, una vasija con manteca dulce y un trozo de queso duro.

&#201;l comenz&#243; a comer y lentamente se le fue casi todo el enojo. Vio con agrado que su sobrina serv&#237;a una excelente mesa. La comida estaba caliente y era fresca. No estaba recocida, ni llena de especias para disimular que estuviera en mal estado. Pinch&#243; con el cuchillo un pedazo de carne y mastic&#243;. Cort&#243; un pedazo de pan de la hogaza, lo unt&#243; con manteca usando el pulgar y se lo llev&#243; a la boca. Maybel manten&#237;a el cop&#243;n lleno, y &#233;l beb&#237;a generosamente. La cerveza era limpia y sabrosa, le picaba en la lengua, lo que hac&#237;a que la comida supiera mejor a&#250;n.

Rosamund comi&#243; muy poco y se puso de pie.

Disc&#250;lpame, t&#237;o. Debo llevarle caldo a mi esposo. -Se volvi&#243; a mirar a su peque&#241;o primo-. Hay un dulce para ti cuando termines la comida, ni&#241;o. -Y agreg&#243;-: T&#237;o, no tiene modales. &#191;Tu esposa no lo educa? -Y sali&#243; del recinto antes de que Henry Bolton padre pudiera protestar.

Usa la cuchara -le dijo a su hijo-. &#191;Por qu&#233; comes con las manos, como un campesino?

No tengo cuchara -gimi&#243; el muchachito.

&#161;S&#237; que tienes! -dijo el padre, amenaz&#225;ndolo con el pu&#241;o-. &#161;&#218;sala, diablos! Esa perra tiene raz&#243;n. No tienes modales. &#161;Tendr&#233; que hablar con tu madre de esto, ni&#241;o!

Detr&#225;s de la sala, conectada con la casa por una columnata de piedra, estaba la cocina central, rodeada por un huerto. Encima, un emparrado de enredaderas en flor comenzaba a dar sus primeros brotes verdes. Rosamund entr&#243; en la cocina r&#225;pidamente. Despu&#233;s de felicitar a la cocinera por la buena comida, recibi&#243; de manos de ella una escudilla con sopa para su esposo y un trozo de pan. Llev&#243; ambas cosas hasta la casa y subi&#243; la escalera de piedra hasta el aposento de Hugh, que estaba despierto y le sonri&#243; al verla entrar. Ella le devolvi&#243; la sonrisa, dej&#243; la escudilla, sac&#243; una servilleta de los pliegues de su falda y se la coloc&#243; a Hugh bajo el ment&#243;n. Despu&#233;s, sac&#243; del bolsillo el trozo de pan, lo parti&#243; en pedacitos y los ech&#243; en la sopa. Sent&#225;ndose al fin, comenz&#243; a darle de comer.

Hugh com&#237;a despacio y con dificultad, porque ahora le dol&#237;a al tragar. Despu&#233;s de un momento, levant&#243; la mano para indicar que hab&#237;a comido suficiente, a pesar de que la escudilla estaba casi llena.

No puedo comer m&#225;s, mi queridita.

Dos cucharadas m&#225;s -insisti&#243; ella, pero &#233;l neg&#243; con la cabeza-. Ah, Hugh, &#191;c&#243;mo vas a curarte si no comes? -En sus ojos &#225;mbar se advert&#237;a la preocupaci&#243;n.

Rosamund -la reprendi&#243; &#233;l, con suavidad.

Est&#225; bien -susurr&#243; ella-, pero no quiero que te vayas.

&#201;l volvi&#243; a sonre&#237;rle.

Me gustar&#237;a quedarme contigo, Rosamund. En uno o dos a&#241;os florecer&#225;s hasta convertirte en toda una mujer. Ser&#225; una gloria. Me gustar&#237;a estar aqu&#237; para ese momento, pero te mirar&#233; desde otro lado. No dudes de que, mientras mi cuerpo se pudra en la buena tierra de Friarsgate, mi esp&#237;ritu te cuidar&#225;, mi querida esposa y amiga.

Rosamund dej&#243; la escudilla. Incapaz de contenerse, se ech&#243; a llorar. &#201;l extendi&#243; el brazo, le palme&#243; la mano y la consol&#243;.

Puedes confiar en Edmund; y ya ver&#225;s que tendr&#225;s un protector mucho m&#225;s importante que yo, mi queridita. Ahora mis fuerzas me abandonan con rapidez. Trae a Henry Bolton.

Ella se puso de pie con dificultad y sali&#243; de la habitaci&#243;n. En la sala, su t&#237;o terminaba la comida y limpiaba el plato con un trozo de pan. Su primo se estaba engullendo la tarta de manzanas con crema con toda la velocidad que le permit&#237;a el uso de la cuchara.

Hugh te ver&#225; ahora, t&#237;o. Trata de no cansarlo, por favor. -Le temblaba la voz.

Henry Bolton le dirigi&#243; una mirada dura a su sobrina.

&#191;De verdad lo quieres? -le pregunt&#243;. Entrecerr&#243; los ojos-. No te ha corrompido, &#191;verdad?

Ella entendi&#243; a qu&#233; se refer&#237;a su t&#237;o, y le dirigi&#243; una mirada despectiva.

Es como mi padre, t&#237;o. Qu&#233; viles son tus pensamientos, pero perder&#233; la virginidad mucho antes de que intentes casarme con tu muchachito. -Y larg&#243; la risa al ver la mirada de espanto en los ojos de &#233;l.

Una buena zurra es lo que necesitas, muchacha -dijo &#233;l, con furia.

Lev&#225;ntame la mano, si te atreves, t&#237;o, que te la corto, te lo aseguro- le respondi&#243; Rosamund, con calma-. Ahora, ve a hablar con mi esposo mientras puedes.

Henry Bolton sali&#243; casi corriendo de la sala. No le gustaba la manera en que se comportaba su sobrina ni c&#243;mo le hablaba. &#191;Qu&#233; hab&#237;a sido de aquella ni&#241;ita asustada y obediente? &#201;l no hab&#237;a tra&#237;do a Hugh Cabot para que la desposara y la convirtiera en una mujer independiente y obviamente ilustrada. Lo &#250;nico que el hombre ten&#237;a que hacer era proteger los intereses de Henry Bolton en Friarsgate hasta su muerte, cuando Rosamund se casar&#237;a con su hijo. Pero ahora ella hablaba con osad&#237;a y actuaba muy segura de s&#237; misma.

No me gusta -murmur&#243; Henry para sus adentros-. No me gusta nada. -Pero entonces pens&#243; que, si de verdad Hugh Cabot estaba muriendo, Rosamund volver&#237;a pronto a su poder. &#201;l corregir&#237;a el problema que ella representaba. En especial despu&#233;s de que Hugh firmara el acuerdo de compromiso entre Rosamund y el joven Henry Bolton. Abri&#243; la puerta del dormitorio y entr&#243;.

Buenas tardes, Hugh -dijo, francamente impresionado por lo que vio. Hugh Cabot estaba muriendo, a todas vistas. Estaba demacrado y p&#225;lido, si bien sus ojos azules segu&#237;an animados, una se&#241;al de su fortaleza de esp&#237;ritu.

Adelante, Henry Bolton, si&#233;ntate a mi lado. Hace un buen tiempo que no te ve&#237;amos. &#191;Tu esposa est&#225; bien?

S&#237; -respondi&#243; Henry, cortante-. Dice Rosamund que no debo cansarte as&#237; que ir&#233; al grano.

Por supuesto.

Me enter&#233; de que te estabas muriendo, y veo que es cierto -comenz&#243; Hugh, con brusquedad-. Legalmente, eres due&#241;o y se&#241;or de mi sobrina, en virtud de tu casamiento. Por lo tanto, a ti te corresponde proveer al futuro de tu viuda cuando hayas abandonado este mundo.

As&#237; es.

He tra&#237;do el acuerdo de compromiso para el pr&#243;ximo matrimonio de Rosamund con mi hijo Henry. Por supuesto que Rosamund har&#225; duelo por ti durante un a&#241;o entero, pero el acuerdo debe estar firmado para que pueda celebrarse el matrimonio cuando concluya su luto.

Qu&#233; sol&#237;cito eres con Rosamund, Henry-fue la ir&#243;nica respuesta-. No obstante, yo ya he hecho provisiones para el futuro de mi esposa cuando yo ya no est&#233; para guiarla. -Hugh observ&#243; la mirada de absoluto asombro que apareci&#243; en el rostro de Henry Bolton.

&#161;No tienes derecho!

En realidad, seg&#250;n las leyes de Inglaterra, soy el &#250;nico que tiene derecho, Henry. -Hugh se estaba divirtiendo mucho.

&#161;Pero yo soy su pariente m&#225;s cercano! -levant&#243; la voz Henry.

Pero yo soy su esposo, gracias a ti -respondi&#243; Hugh con una sonrisita-. Los derechos de un esposo est&#225;n sobre los derechos del pariente var&#243;n m&#225;s cercano, Henry. No tendr&#225;s ni a mi esposa ni Friarsgate para tu heredero.

&#161;Firmar&#225;s este acuerdo! -rugi&#243; Henry.

Hugh no pudo controlarse. Nunca hab&#237;a pensado que ver&#237;a esa desesperaci&#243;n en los ojos de Henry Bolton, ni o&#237;rla en su voz, pero all&#237; estaba. Estall&#243; en carcajadas, sacudiendo la cabeza. Pero la risa termin&#243; en un fuerte ataque de tos. Se esforz&#243; por alcanzar la copa con la medicina que su esposa le hab&#237;a preparado temprano. No la alcanzaba y, al ver lo que Hugh quer&#237;a, Henry la alej&#243; del moribundo. Cuando sinti&#243; que efectivamente su coraz&#243;n se deten&#237;a, una mirada de comprensi&#243;n llen&#243; los ojos azules de Hugh Cabot y a esta sigui&#243; otra de infinita diversi&#243;n. Se esforz&#243; para formar la &#250;ltima palabra que necesitaba decir, y al fin logr&#243; pronunciarla, aunque le sali&#243; como un graznido.

&#161;Perdiste! -jade&#243;. Cay&#243; contra las almohadas, mientras la luz se esfumaba de sus ojos azules.

Henry Bolton maldijo entre dientes, mientras arrimaba la copa con la medicina a su v&#237;ctima para que nadie se enterara de lo que hab&#237;a hecho. No hab&#237;a logrado obtener la firma de Hugh. No se atrev&#237;a a falsificarla. De todos modos, con la muerte de Hugh, &#233;l volv&#237;a a ser due&#241;o de su sobrina. Ella har&#237;a lo que &#233;l quisiera, o la matar&#237;a con sus propias manos. Estir&#243; una mano y cerr&#243; los ojos azules de Hugh. Luego se puso de pie, sali&#243; de la habitaci&#243;n y volvi&#243; a la sala.

Tu esposo se qued&#243; dormido otra vez, Rosamund. Quiere que te diga que hablar&#225; contigo ma&#241;ana por la ma&#241;ana.

&#191;Te quedar&#225;s a pasar la noche, t&#237;o? Los llevar&#233;, a ti y a mi primo, a su habitaci&#243;n.

Lleva al joven Henry, muchacha. Yo s&#233; d&#243;nde queda la habitaci&#243;n de hu&#233;spedes en esta casa, &#191;no? Me voy a quedar un tiempo. Y tr&#225;eme vino antes de irte.

Ella lo hizo, luego condujo a su primo a la habitaci&#243;n de hu&#233;spedes y le dio las buenas noches antes de cerrar r&#225;pidamente la puerta a sus espaldas. Luego fue, a toda prisa, a ver que Hugh estuviera c&#243;modo para pasar la noche. Fue grande su sorpresa al encontrar a su esposo muerto. Ahog&#243; un grito de angustia y llam&#243; a una criada.

Ve con discreci&#243;n a buscar al se&#241;or Edmund. Y que mi t&#237;o Henry no lo vea. -Ya hab&#237;a mandado buscar a Edmund, pero no hab&#237;a aparecido a&#250;n. Obviamente, no estaba cerca. &#161;Quisiera Dios que estuviera con ella ahora!

S&#237;, se&#241;ora -dijo la criada, y volvi&#243; a dejarla sola.

Entr&#243; Maybel y, al ver a Hugh Cabot, se dio cuenta de inmediato de lo sucedido. Se llev&#243; la mano a la boca.

&#191;C&#243;mo fue? -pregunt&#243;.

Debemos esperar a Edmund -respondi&#243; Rosamund, r&#237;gida. Entonces, se sent&#243; junto a su esposo muerto y tom&#243; entre las suyas su mano fr&#237;a, que empezaba a ponerse r&#237;gida, como si con esa acci&#243;n pudiera devolverle la vida.

Al fin, Edmund Bolton entr&#243; en el aposento, e hizo la misma pregunta que su esposa:

&#191;C&#243;mo fue?

Sospecho alguna felon&#237;a de mi t&#237;o Henry -respondi&#243; Rosamund-. &#161;Lo matar&#233; con mis propias manos! -Las l&#225;grimas comenzaron a rodar por su rostro p&#225;lido.

Dime -intervino Edmund-. Si puedes convencerme, yo mismo lo matar&#233;, y lo haremos aparecer como un accidente. -Hab&#237;a mucha seriedad en sus ojos grises.

Vino a ver a Hugh. Cuando volvi&#243; a la sala me dijo que Hugh se hab&#237;a quedado dormido, pero que hablar&#237;a conmigo por la ma&#241;ana. Dej&#233; a mi t&#237;o en la sala mientras llevaba al mocoso a su dormitorio. Despu&#233;s, vine aqu&#237; y hall&#233; muerto a mi esposo.

Edmund se inclin&#243; y revis&#243; cuidadosamente el cuerpo de su viejo amigo, que ya se enfriaba. No hab&#237;a ninguna marca de violencia en Hugh. Hasta se divisaba la sombra de una sonrisa en sus labios delgados, ahora azulados. Edmund mir&#243; a su sobrina.

Rosamund, ha muerto de muerte natural. Lo est&#225;bamos esperando. -Le pas&#243; el brazo por los hombros a su entristecida sobrina-. Est&#225;s dolida, ni&#241;a m&#237;a. Sucedi&#243; antes de lo esperado.

Henry Bolton tuvo algo que ver -dijo Rosamund, con dureza-. No s&#233; c&#243;mo, pero en lo m&#225;s profundo de mi coraz&#243;n, lo s&#233;, Edmund. Hugh estaba bien cuando lo dej&#233;. Ahora ha muerto. &#191;Qu&#233; otra cosa puedo pensar?

Aunque tu intuici&#243;n sea correcta, Rosamund, no tenemos pruebas. Hugh estaba agonizando. Todo el mundo lo sab&#237;a. Sin embargo, como Henry no sabe que ha muerto, o quiere hacernos creer que no lo sabe, no diremos nada hasta la ma&#241;ana. &#191;D&#243;nde est&#225; ahora mi medio hermano?

En la sala, llen&#225;ndose de vino. Dudo de que haya cambiado, por lo que beber&#225; hasta caer desmayado -dijo Rosamund, con amargura. Luego suspir&#243; profundamente y enderez&#243; la espalda-. Maybel y yo prepararemos el cuerpo de mi esposo para el funeral. -Mir&#243; a Edmund-. &#191;Averiguaste qui&#233;n es el esp&#237;a?

Edmund neg&#243; con la cabeza.

Pudo haber sido un comentario desafortunado de parte de cualquiera. Un chisme que alguien recogi&#243; y que viaj&#243; con el viento, como sucede siempre con los chismes.

Mi esposo yacer&#225; en la sala, para que se lo pueda honrar. Esta noche rezar&#233; junto a su f&#233;retro. No creo que mi t&#237;o se d&#233; cuenta, con la borrachera que tiene. -Mir&#243; a Edmund Bolton-. Hugh me dijo que ha hecho provisiones para protegerme del t&#237;o Henry. Me dijo que t&#250; sab&#237;as lo que hab&#237;a hecho.

Lo s&#233; -admiti&#243; Edmund, y sonri&#243;-. Mi medio hermano no ten&#237;a c&#243;mo saber, cuando te cas&#243; con Hugh Cabot, que ser&#237;a un error garrafal en su plan para quedarse con Friarsgate. Qu&#233;date tranquila, sobrina, que no permitir&#233; que Henry se burle de los &#250;ltimos deseos de tu esposo sobre tu segundad y bienestar. Vendr&#225; alguien, Rosamund. Hugh esperaba que fuera antes de su muerte, pero vendr&#225; alguien en breve, y entonces se revelar&#225; todo. Necesitamos la autoridad de la visita que esperamos. &#191;Conf&#237;as en m&#237;?

&#161;Siempre, t&#237;o! -respondi&#243; ella, clavando en &#233;l su mirada.

Maybel se persign&#243; con reverencia. Luego, acogi&#243; a Rosamund contra su amplio pecho, apenada.

Para su gran sorpresa, la muchacha se puso a llorar, y dej&#243; salir el dolor que ven&#237;a conteniendo. Ni Maybel ni Edmund pronunciaron palabra mientras Rosamund daba rienda suelta a su angustia. Al fin se detuvo y se sec&#243; la cara con la manga del vestido; sent&#237;a que el alivio y la paz le inundaban el alma. Nunca hab&#237;a sido propensa a llorar. Su mirada se encontr&#243; con la de sus t&#237;os. Se enderez&#243; y habl&#243;:

Comencemos. Hay que lavar el cuerpo de mi esposo antes de envolverlo en la mortaja. Edmund, ve que traigan el f&#233;retro a esta habitaci&#243;n.

Enseguida, milady -dijo Edmund Bolton, y sali&#243; deprisa.

Henry Bolton tuvo algo que ver con esta muerte hoy -insisti&#243; Rosamund, hablando con Maybel-. Edmund dice que no encuentra se&#241;ales de lo que digo, pero yo s&#233; que es as&#237;. Alg&#250;n d&#237;a me vengar&#233; de &#233;l.

Si Edmund no encontr&#243; ninguna se&#241;al es que no la hay, lo que no quiere decir que no tengas raz&#243;n. Una almohada apretada contra la cabeza de un hombre d&#233;bil puede matarlo.

Rosamund asinti&#243;, con lentitud.

Lo que sea que haya hecho, lo lamentar&#225;. La muerte de Hugh ser&#225; vengada. Fue un buen compa&#241;ero. Como su esposa, tengo ese deber hacia &#233;l.

Rosamund y su nodriza se dispusieron a preparar el cuerpo para el f&#233;retro. Le quitaron la camisa de dormir y, delicadamente, lavaron su cuerpo, que estaba poni&#233;ndose r&#237;gido, con agua caliente de una jarra que calentaban en los carbones del hogar. Maybel fue al ba&#250;l que estaba al pie de la cama y sac&#243; un pedazo de lienzo. Lo rasg&#243; en una larga tira y, con cuidado, lo pas&#243; por la cabeza y debajo del ment&#243;n de Hugh, para que no se le abriera la boca. Sostuvo la tira de lienzo con un alfiler peque&#241;o. Mientras, Rosamund sacaba la mortaja de su esposo del mismo ba&#250;l, donde hab&#237;a estado esperando ese momento.

La muchacha y la mujer se afanaron en envolver el cuerpo con la mortaja, que parec&#237;a una bolsa. Lo cubrieron con firmeza; solo la cabeza hab&#237;a quedado fuera, aunque tambi&#233;n la cubrir&#237;an cuando llegara el momento del entierro. Cruzaron los largos brazos de Hugh sobre su pecho por debajo de la tela. Sobre el cuerpo colocaron un sencillo crucifijo de madera. Rosamund alis&#243; con suavidad los cabellos plateados de su esposo. Sinti&#243; que las l&#225;grimas le aguijoneaban los p&#225;rpados una vez m&#225;s, pero las contuvo.

Edmund regres&#243;.

Efectivamente, Henry se emborrach&#243; con tu vino, sobrina. Orden&#233; que lo llevaran a la cama. Aqu&#237; est&#225;n los hombres con el f&#233;retro para llevar a Hugh a la sala. Ya se levant&#243; el catafalco, con velas en cada esquina. El reclinatorio te espera.

Rosamund asinti&#243; y, con una &#250;ltima mirada a su esposo, sali&#243; de la habitaci&#243;n para esperar su arribo en la sala. Cuando colocaron el f&#233;retro sobre el catafalco, ella encendi&#243; las velas y se arrodill&#243; a orar.

Orar&#233; hasta que &#233;l est&#233; bajo la tierra -les dijo a los criados-. Quiero que la tumba sea bien profunda.

As&#237; se har&#225; -le asegur&#243; Edmund. Mir&#243; a su esposa con un gesto de interrogaci&#243;n, pero ella le indic&#243; que se fuera, y &#233;l obedeci&#243;.

Velar&#233; contigo un rato -dijo Maybel.

No, prefiero estar sola.

Pero, ni&#241;a

Ya no soy una ni&#241;a -respondi&#243; Rosamund, con suavidad-. Vete, ahora, pero vuelve a la hora del alba. -Se arrodill&#243;, hundi&#243; las rodillas en el almohadoncito del reclinatorio, las manos entrelazadas en oraci&#243;n. La espalda estaba derecha; la cabeza, inclinada.

Maybel mir&#243; a la muchacha y suspir&#243; despacio. No, Rosamund ya no era una ni&#241;a, pero tampoco, una mujer adulta. &#191;Qu&#233; ser&#237;a de ella ahora? Maybel sali&#243; despacio de la sala. Ella sab&#237;a lo que iba a suceder. Henry Bolton casar&#237;a a su sobrina una tercera vez, por segunda vez con un hijo suyo. El mocoso que hab&#237;a tra&#237;do consigo ser&#237;a el nuevo amo de Friarsgate, mientras que Rosamund seguir&#237;a siendo un pe&#243;n para uso de Henry Bolton. Volvi&#243; a suspirar. Sin embargo, &#191;no hab&#237;a dicho algo Edmund de que Hugh tom&#243; recaudos para la seguridad de Rosamund? Conociendo a Henry Bolton como lo conoc&#237;a, era m&#225;s que probable que ignorara el &#250;ltimo testamento de Hugh Cabot. Ellos no podr&#237;an hacer nada al respecto.

Preocupada, entr&#243; en su dormitorio, donde encontr&#243; a su esposo esper&#225;ndola.

&#191;La dejaste sola?

As&#237; lo quiso ella -respondi&#243; Maybel. Se quit&#243; el velo de la cabeza y se sent&#243; pesadamente-. Que Dios me bendiga, esposo m&#237;o, pero estoy cansada. Y me imagino que mi joven se&#241;ora ha de estar m&#225;s cansada que yo, e igual va a orar toda la noche por el alma de su esposo -hizo una pausa y agreg&#243;-: &#191;Te parece que habr&#225; algo de cierto en lo que dice Rosamund de que Henry Bolton es responsable de la muerte de Hugh?

&#201;l estaba d&#233;bil y agonizaba, pero, en mi opini&#243;n, todav&#237;a no estaba listo para abandonar el esp&#237;ritu. Por otro lado, no vi marcas de violencia ni de fuerza f&#237;sica que le hubieran causado la muerte. Incluso, ten&#237;a una sonrisa en los labios, como si algo que se hubiera dicho le hubiera causado gracia. Sin embargo, alguien le baj&#243; los p&#225;rpados para cerrarle los ojos. Nunca cre&#237; que Henry Bolton fuera un hombre inteligente. -Se encogi&#243; de hombros-. Tal vez era el momento de Hugh, nom&#225;s. Nunca lo sabremos con certeza, Maybel. De modo que debemos tener cuidado con lo que decimos, y asegurarnos de que nuestra se&#241;ora tambi&#233;n sea discreta. No podemos probar nada. Lo que creamos, o incluso sospechemos, es otra cosa.

&#191;Qu&#233; suceder&#225; ahora? &#191;No dijiste que Hugh hab&#237;a hecho provisiones para nuestra Rosamund? &#191;Qu&#233; hizo &#233;l que tu medio hermano no pueda deshacer?

S&#233; paciente, mujer -dijo, con una sonrisa-. No puedo decir nada hasta que no llegue el momento. Henry ser&#225; burlado, eso te lo aseguro. No podr&#225; hacer nada. Tanto Rosamund como Friarsgate est&#225;n ahora a salvo de &#233;l y de sus hijos.

Si debo esperar para enterarme de ese milagro, pues, esperar&#233; -dijo Maybel, volviendo a levantarse y comenzando a desatarse el vestido-. Es tarde. La ma&#241;ana llegar&#225; temprano. Vayamos a la cama, esposo.

De acuerdo -dijo &#233;l, incorpor&#225;ndose despacio-. Ma&#241;ana ser&#225; un d&#237;a largo y dif&#237;cil para todos.



CAP&#205;TULO 03

&#191;Tu esposo ha muerto? -pregunt&#243; Henry Bolton, fingiendo sorpresa-. Bien, entonces, sobrina, no necesitar&#233; su firma para casarte con mi hijo, &#191;no? Ahora est&#225;s otra vez a mi cargo y har&#225;s lo que yo te diga. -Le sonri&#243; con malicia-. Pong&#225;moslo bajo tierra y terminemos con el asunto, Rosamund. Estoy pensando que quiz&#225; te lleve a casa conmigo para que mi buena esposa gu&#237;e tu conducta. Hugh te ha dado ideas que no son las adecuadas para tu condici&#243;n. En contra de mi juicio, pondr&#233; Friarsgate otra vez bajo la administraci&#243;n del hijo bastardo de mi padre, Edmund Bolton.

Mi esposo ser&#225; enterrado antes de la ca&#237;da del sol. Sus arrendatarios desean presentarle honores y est&#225;n pasando por la sala desde el alba. -Su voz estaba fr&#237;a y controlada, aunque el coraz&#243;n le galopaba dentro del pecho. Se escapar&#237;a antes de permitir que Henry Bolton la sacara de Friarsgate, pero confiaba tanto en Edmund como en Hugh, que Dios lo tuviera en su gloria, para salvarla.

Si esperas a &#250;ltima hora del d&#237;a para enterrarlo, Rosamund, deber&#233; quedarme aqu&#237; una noche m&#225;s -se quej&#243; Henry.

Hugh Cabot fue un buen esposo para m&#237;, y un buen amo para la gente de Friarsgate, t&#237;o. Tendr&#225; un funeral honorable, no lo meter&#233; a toda prisa dentro de su tumba porque eso te convenga a ti y a tu mocoso -respondi&#243; ella, cortante. Estaba p&#225;lida, y ten&#237;a ojeras muy marcadas.

Ah, est&#225; bien -respondi&#243; Henry, refunfu&#241;ando-. Otro d&#237;a lejos de Mavis y sus cr&#237;ticas no es para desde&#241;ar, creo, pero partiremos por la ma&#241;ana, Rosamund.

Es imposible que yo pueda irme de Friarsgate de un d&#237;a para el otro -protest&#243; ella-. Adem&#225;s, por la ma&#241;ana el sacerdote debe leer el testamento de Hugh.

&#161;Su testamento no cambiar&#225; las cosas en lo que a ti respecta, sobrina! -La cara regordeta de Henry estaba adoptando un aire beligerante.

Era mi esposo y yo estaba a su cargo. Debo obedecer sus &#250;ltimos deseos, t&#237;o, fueran cuales fuesen -respondi&#243; ella con dulzura.

Sus deseos no cuentan. Yo soy tu pariente var&#243;n m&#225;s cercano. Ahora est&#225;s a mi cargo, como lo fue siempre, en realidad, desde la muerte de tus padres. La ley, tanto la de Dios como la del hombre, dice que debes hacer lo que yo te ordene, Rosamund. &#161;Y no se hablar&#225; m&#225;s de este asunto! -Henry Bolton tom&#243; su copa de vino, trag&#243; un gran sorbo y la dej&#243; ruidosamente sobre la mesa-. &#191;Me entendiste, sobrina? Yo soy tu amo. Y ning&#250;n otro.

Los &#250;ltimos deseos de mi esposo ser&#225;n honrados -dijo Rosamund con firmeza. Dio media vuelta y sali&#243; de la sala.

Qu&#233; perra mocosa -rezong&#243; Henry-. Creo que la azotar&#233; todos los d&#237;as hasta que ese esp&#237;ritu tan orgulloso se rinda ante m&#237;. Y despu&#233;s la har&#233; azotar dos veces por semana para recordarle que yo controlo su destino. S&#237; -dijo, sonriendo-, esa mozuelita necesita un aleccionamiento constante. Y lo tendr&#225; en mi casa. -Adem&#225;s, al llegar hab&#237;a notado que a su sobrina definitivamente le estaban creciendo los pechos. Eso significaba que sus jugos estaban fluyendo ya. Ser&#237;a mejor tenerla con la rienda corta para que no fuera a avergonzar a la familia. Ser&#237;a virgen cuando su Henry la montara por primera vez. Ten&#237;a intenciones de aparear a su hijo con su sobrina cuando &#233;l cumpliera los doce a&#241;os. Dentro de siete. Rosamund tendr&#237;a veinte para entonces. Conseguir&#237;a un cintur&#243;n de castidad y encerrar&#237;a a su sobrina para asegurarse su virtud. Su nieto, y nadie m&#225;s, heredar&#237;a Friarsgate. Mir&#243; con condescendencia al criado y el hombre se apresur&#243; a servirle m&#225;s vino. Henry Bolton bebi&#243;. Eruct&#243;, se puso de pie y baj&#243; la vista para observar el cuerpo de Hugh Cabot.

La gente de Friarsgate pasaban en una fila ordenada junto al f&#233;retro. Todos ten&#237;an expresiones solemnes, pero algunos lloraban abiertamente. Se pregunt&#243; con amargura por qu&#233; lo hac&#237;an. Hugh Cabot no era de la familia. Se hab&#237;a casado con Rosamund para proteger la herencia de Friarsgate. Probablemente hab&#237;a sido demasiado flojo con ellos, pens&#243; Henry. Lo lloraban porque tem&#237;an que el pr&#243;ximo amo fuera m&#225;s severo, y eso era todo.

Para sorpresa de Henry Bolton, el sacerdote que pronunciar&#237;a el servicio f&#250;nebre para Hugh Cabot era su medio hermano Richard.

&#191;Por qu&#233; te trajeron a ti? -le pregunt&#243;, grosero, a su hermano-. &#191;D&#243;nde est&#225; el padre Bernard?

Muy buenos d&#237;as para ti tambi&#233;n, Henry -dijo Richard Bolton, divertido-. El pobre Bernard muri&#243; hace tres a&#241;os. No ha habido sacerdote residente desde su muerte. Edmund me llam&#243; para Hugh. -El sacerdote mir&#243; al menor de sus hermanos con ojo cr&#237;tico-. Te est&#225;s poniendo gordo, Henry. Demasiada comida y vino no son buenos para el cuerpo. -Richard Bolton era un hombre alto y delgado con un rostro elegante. La vestimenta negra de su orden, que se ajustaba a la cintura con una soga de seda blanca, le ca&#237;a con la gracia de un vestido cortesano.

Enterremos a Cabot sin m&#225;s vueltas -ladr&#243; Henry-. Tengo que irme ma&#241;ana. Me llevo a Rosamund conmigo.

No puedes partir hasta que yo no haya le&#237;do el testamento de Hugh -dijo Richard, con calma. Entonces su mirada cay&#243; sobre su sobrino-. &#191;Es tu hijo, Henry?

El ni&#241;o hab&#237;a estado parado all&#237; con el dedo en la boca. Su padre se lo sac&#243; bruscamente y lo empuj&#243; hacia adelante.

Este es el hermano Richard, el sacerdote.

Esta finca es m&#237;a -anunci&#243; Henry hijo a modo de saludo al cl&#233;rigo-. El viejo se muri&#243; y ahora es m&#237;a, pero no me gusta la esposa que me eligieron. Es insolente y me habla mal. Tienes que decirle que si no me respeta se ir&#225; al infierno. Mi padre dice que yo ser&#233; su amo y se&#241;or.

Richard Bolton sofoc&#243; en la garganta una gran carcajada. Sus ojos grises azulados danzaron, traviesos, y disfrut&#243; en gran medida la incomodidad de su hermano menor ante el exabrupto de su hijo.

Ah, caramba -dijo, y nada m&#225;s, esforz&#225;ndose todav&#237;a por ocultar el ataque de risa, mientras Henry padre le daba una bofetada a Henry hijo y el muchachito lanzaba un alarido y empezaba a llorar.

&#191;T&#250; tienes el testamento? -pregunt&#243; Henry-. &#191;Qu&#233; dice? Aunque no importa, pues Rosamund me pertenece para que yo haga lo que me plazca.

El testamento se leer&#225; despu&#233;s del banquete, como es costumbre, Henry -dijo el sacerdote.

Ah, est&#225; bien, haz un gran misterio si te complace, Richard, pero eso no cambiar&#225; las cosas -exclam&#243; Henry, irritado-. &#191;Vas a dejar de gimotear, ni&#241;o? -grit&#243;.


Hugh Cabot fue enterrado en una ladera, mirando hacia el valle. Rosamund bes&#243; sus labios fr&#237;os antes de que clavaran el f&#233;retro y llor&#243; por el buen hombre que hab&#237;a sido un verdadero padre para ella. Despu&#233;s, permaneci&#243; all&#237; un rato mientras el sol se pon&#237;a detr&#225;s de las colinas verdes. Entonces, regres&#243; a la sala a supervisar el banquete por su esposo. Se detuvo un instante a observar a sus tres t&#237;os, sentados a la mesa principal. Edmund y Richard, con sus ojos azules gris&#225;ceos, ambos con rostros casi nobles. Y tambi&#233;n estaba Henry. Regordete y disp&#233;ptico, con expresi&#243;n de desagrado en su cara gorda y los ojos azules que iban de un lado al otro de la sala como si estuviera haciendo un inventario del lugar. Ella ocup&#243; su lugar entre Henry y su peque&#241;o hijo.

La comida fue grata, como le habr&#237;a gustado a Hugh. Hab&#237;a salm&#243;n con pimienta verde; gamo, asado y en pastel; conejo, ganso y pato, cada uno con una salsa diferente; lechuga dorada y cebollitas hervidas, pan fresco, manteca y queso. Y, despu&#233;s, aparecieron las &#250;ltimas manzanas del invierno horneadas con canela y servidas con crema espesa. Abundaron el vino y la cerveza, y la generosa comida se sirvi&#243; a toda la sala, para deleite de los m&#225;s humildes, que no esperaban mucho m&#225;s que guiso de conejo y sopa.

Cuando por fin terminaron la comida, Henry Bolton habl&#243;:

Bien, sacerdote, &#191;qu&#233; hay del testamento? No es que importe mucho, pero es cierto que hay que cumplir con las formalidades y respetar la ley. -Se reclin&#243; en su silla-. Recuerda que quiero partir por la ma&#241;ana.

Y podr&#225;s irte, hermano Henry -respondi&#243; Richard Bolton, mientras buscaba entre sus ropas y sacaba un pergamino arrollado-. Hugh Cabot escribi&#243; este testamento con su propia mano y me dio una copia -Sostuvo el cilindro en alto para que lo viera toda la sala.

Entonces, rompi&#243; el sello y lo desenroll&#243; lentamente, con toda intenci&#243;n -"Yo, Hugh Cabot" -comenz&#243; el sacerdote-, "redacto en este acto mi &#250;ltimo testamento. Tengo una sola posesi&#243;n en esta tierra, mi amada esposa, Rosamund Bolton. Por lo tanto, entrego a mi esposa al cuidado de mi amigo y se&#241;or feudal, Enrique Tudor, rey de Inglaterra. &#201;ste es mi &#250;ltimo deseo, y que Dios se apiade de mi alma. Am&#233;n. Firmado el 1 de marzo del a&#241;o del Se&#241;or de mil quinientos dos".

Se hizo un profundo silencio en la sala, hasta que Henry Bolton habl&#243;.

&#191;Qu&#233; demonios quiere decir eso? Yo soy el tutor de Rosamund, por ser su pariente var&#243;n m&#225;s cercano.

No, hermano Henry, t&#250; no eres su tutor -dijo Richard Bolton-. Ya no. Hugh Cabot, como esposo y tutor legal en el momento en que se redact&#243; este testamento, ha puesto a su joven viuda a cargo del mismo rey. T&#250; no puedes hacer nada al respecto. Se envi&#243; copia de este testamento al rey. Ha llegado un breve mensaje diciendo que el rey envi&#243; a una persona para que se haga cargo de Rosamund. T&#250; ya no tienes ninguna autoridad sobre ella.

&#161;Todos conspiraron contra m&#237;! -grit&#243; Henry-. &#161;No pueden hacer esto! Ir&#233; en persona a ver al rey para protestar. Hugh Cabot era el esposo de Rosamund porque yo quise, para proteger Friarsgate.

Entonces habl&#243; Rosamund.

&#191;Protegerla para qui&#233;n? Toda tu vida has querido esta finca, t&#237;o, pero es m&#237;a. Yo no mor&#237; cuando murieron mis padres y mi hermano. No mor&#237; cuando muri&#243; tu hijo mayor, mi primer esposo. Gracias a Dios, soy fuerte y sana. Es la voluntad de Dios que Friarsgate me pertenezca a m&#237;, no a ti. Me alegro de que Hugh haya hecho esto por m&#237;. Tem&#237;a con cada fibra de mi ser quedar otra vez bajo tu cargo.

Vigila c&#243;mo me hablas, muchacha -le advirti&#243; Henry Bolton-. Cuando yo le diga al rey la verdad sobre este asunto, te devolver&#225; a m&#237;, y entonces, Rosamund, aprender&#225;s las cosas que tu difunto esposo nunca te ense&#241;&#243;. Obediencia. Tu lugar en el mundo. Recato. La virtud de guardar silencio en presencia de tus mayores. -Estaba casi p&#250;rpura de la rabia. Sus aguados ojos azules se le sal&#237;an de las &#243;rbitas-. &#161;No aceptar&#233; este testamento! &#161;No lo permitir&#233;!

No tienes opci&#243;n -dijo Richard, calmo.

&#191;Por qu&#233; el rey iba a hacerle semejante favor a Hugh Cabot? -quiso saber Henry-. Un hijo menor, sin la menor importancia, un soldado, un vagabundo y, finalmente, gracias a mi finada esposa, Agnes, que Dios la tenga en su gloria -se persign&#243;, piadoso-, poco m&#225;s que un sirviente en la casa del hermano de ella. El rey no honra con su amistad a hombres as&#237;.

Ah, buenos se&#241;ores, s&#237; que los honra -dijo una voz desde el final de la sala, y all&#237;, sobre los escalones, se vio a un forastero alto, vestido con su capa y sus guantes de viaje-. Soy sir Owein Meredith -se present&#243; el caballero, quit&#225;ndose los guantes, avanzando dentro de la sala y dirigi&#233;ndose a la mesa grande-. Me ha enviado Su Majestad, Enrique Tudor, para investigar este asunto de Rosamund Bolton y la herencia de Friarsgate. -Camin&#243; entre las mesas y le dio la capa a un criado, mientras que otro se dirig&#237;a velozmente hacia el visitante con una copa de vino-. &#191;Qui&#233;n de ustedes es Hugh Cabot? -pregunt&#243;, con tono autoritario.

Mi esposo muri&#243; hace un d&#237;a, se&#241;or -respondi&#243; Rosamund-. Este es el banquete de sus funerales. Hemos terminado, pero perm&#237;tame ordenar a mis criados que le traigan un poco de comida. Seguramente, ha de tener mucho apetito despu&#233;s de un viaje tan largo.

Muchas gracias, se&#241;ora -respondi&#243; y se dio cuenta de que era una muchacha muy bonita, reci&#233;n salida de la infancia, pero con dignidad y buenos modales-. No he ingerido nada desde la ma&#241;ana, y agradecer&#233; verdaderamente una comida. -Le hizo una reverencia.

A ella le gust&#243; &#233;l de inmediato. Pose&#237;a la misma elegancia en los rasgos que Hugh y que sus dos t&#237;os mayores, y el rostro y la nariz alargados. Los labios eran delgados, pero la boca, grande. Evidentemente no era vago, pues su piel estaba curtida por el sol y ten&#237;a peque&#241;as arrugas alrededor de los ojos, aunque no alcanzaba a distinguir su color. El cabello era de un rubio oscuro, y lo llevaba corto. El rostro, de mand&#237;bula cuadrada, estaba rasurado, y ten&#237;a un peque&#241;o hoyuelo en el centro del ment&#243;n. Era bastante bien parecido.

Adelante, se&#241;or, venga con nosotros -lo invit&#243;, cort&#233;s, y, cuando &#233;l se acerc&#243; para sentarse con ellos, ella sac&#243; de un empuj&#243;n a su primo del asiento, mientras le susurraba-: &#161;Lev&#225;ntate, sapo, y dale el lugar al hombre del rey!

El muchacho abri&#243; la boca para protestar, pero al mirar a Rosamund la cerr&#243; y se levant&#243; del asiento.

Gracias, primo -murmur&#243; Rosamund, con dulzura.

Si sir Owein hab&#237;a advertido la escena casi muda entre los dos, era demasiado cort&#233;s para mencionarlo. Le trajeron un plato de comida caliente y empez&#243; a comer, mientras sus anfitriones esperaban cort&#233;smente a que terminara. Llenaron una y otra vez su copa y, cuando hubo limpiado hasta la &#250;ltima gota de salsa del plato de peltre, por fin se sinti&#243; reconfortado por primera vez en casi dos semanas.

Bien, se&#241;or, &#191;a qu&#233; vino? -pregunt&#243; Henry Bolton, con bastante groser&#237;a.

Para su sorpresa, sir Owein le habl&#243; directamente a Rosamund.

Se&#241;ora, su difunto marido, sir Hugh Cabot

&#191;Sir Hugh? -Henry Bolton se ech&#243; a re&#237;r-. El pobre desgraciado no era ning&#250;n caballero, se&#241;or. &#191;Ser&#225; que se equivoc&#243; de casa?

Sir Hugh Cabot fue nombrado caballero en el campo de batalla hace muchos a&#241;os. Ten&#237;a dieciocho a&#241;os cuando le salv&#243; la vida a Edmundo Tudor, el padre del rey -dijo sir Owein con calma. No le ca&#237;a bien el hombre de cara gorda. Era grosero y, de haber valido la pena, algo que sir Owein decidi&#243; que no, le habr&#237;a propinado una paliza.

Es cierto -dijo Edmund Bolton.

&#191;T&#250; lo sab&#237;as? -Henry Bolton no lo pod&#237;a creer.

Hugh era un hombre modesto. Si bien le estaba agradecido a su amigo por haberlo nombrado caballero y por el honor que esto significa, no ten&#237;a tierras. Le parec&#237;a presuntuoso que un hombre sin propiedades usara un t&#237;tulo, de modo que no lo hac&#237;a. Pero ten&#237;a el derecho, y nuestra sobrina es lady Rosamund, Henry -dijo Edmund Bolton fijando su mirada en su hermano menor.

Sir Owein se volvi&#243; a Rosamund, cuyo rostro era una mezcla de sorpresa e impresi&#243;n.

Su esposo sab&#237;a que estaba muriendo, milady. Quer&#237;a dejarla a salvo de quienes pudieran intentar robarle su herencia leg&#237;tima. Por eso envi&#243; un mensaje al rey y le pidi&#243; que la aceptara como su pupila, con todas las responsabilidades que eso implica. El rey Enrique acept&#243; graciosamente y me ha enviado a buscarla para llevarla a su Corte. Se me ha informado que su t&#237;o Edmund Bolton administrar&#225; Friarsgate en su ausencia. &#191;Esta decisi&#243;n la satisface?

S&#237;, se&#241;or, as&#237; es -dijo Rosamund, asintiendo despacio-. Pero, &#191;por qu&#233; debo dejar Friarsgate? Es mi hogar, y me gusta estar aqu&#237;.

&#191;No desea conocer al rey, milady? -pregunt&#243; sir Owein.

&#191;Conocer al rey? -repiti&#243; ella-. &#191;Yo?

Por el momento, la ubicar&#225; en la casa de la reina, milady. Luego, cuando haya terminado su per&#237;odo de duelo, se le elegir&#225; un esposo apropiado. Entonces podr&#225; volver a su casa, milady -le explic&#243; sir Owein-. La reina es una dama bondadosa y amable, madre de ni&#241;as. La princesa Margarita tiene m&#225;s o menos su edad, creo. La princesa Catalina, la esposa del pr&#237;ncipe Arturo, es viuda, como usted, y adem&#225;s est&#225; la princesa Mar&#237;a, un diablillo encantador.

Nunca me alej&#233; m&#225;s que unas pocas millas de Friarsgate -dijo Rosamund-. Este lugar es todo lo que conozco, se&#241;or. &#191;No podr&#237;a el rey dejarme aqu&#237; para ser lo que siempre he sido?

Su finado esposo, sir Hugh, consider&#243; conveniente que se fuera de Friarsgate por un tiempo. No tiene por qu&#233; venir sola, milady. Puede traer una criada con usted.

Aqu&#237; ha habido un error -intervino Henry Bolton-. Mi sobrina est&#225; a mi cargo, y as&#237; fue desde la muerte de sus padres, mi hermano Guy y su esposa. Hugh Cabot no ten&#237;a autoridad para darla en custodia al rey. Debe regresar y explic&#225;rselo, sir Owein. Rosamund se casar&#225; con mi hijo Henry.

&#161;Jam&#225;s me casar&#233; con ese mocoso malcriado! -exclam&#243; Rosamund.

&#191;No era sir Hugh Cabot el esposo ante la ley de Rosamund? -pregunt&#243; sir Owein.

As&#237; es -dijo Richard Bolton-. Tengo en mi poder los papeles de compromiso que me dio cuando se casaron.

El hombre del rey se volvi&#243; a Rosamund.

&#191;Recuerda si se celebr&#243; una ceremonia, milady? &#191;Ante un sacerdote?

Nos cas&#243; el padre Bernard el vig&#233;simo d&#237;a de octubre. Yo llevaba un vestido de lana verde. Fue justo antes del sexag&#233;simo cumplea&#241;os de Hugh. S&#237;, recuerdo el d&#237;a de mi boda con Hugh Cabot. Fue un d&#237;a feliz para m&#237; -dijo Rosamund con voz queda.

Siendo as&#237;, usted no tiene ninguna autoridad, ni legal ni de otro tipo, sobre su sobrina, Henry Bolton -aclar&#243; Owein Meredith-. Su esposo gozaba de esa autoridad, y se la ha transferido al rey. La se&#241;ora Rosamund regresar&#225; conmigo a Richmond y tomar&#225; su lugar en la propiedad de la reina.

Yo yo &#161;ir&#233; a los tribunales! -exclam&#243; Henry Bolton, furioso.

El rey, se&#241;or, es la m&#225;xima autoridad en la tierra, pero, si quiere insistir con el tema, vaya a los tribunales -ri&#243; Owein Meredith.

&#191;Cu&#225;ndo debo partir? -le pregunt&#243; Rosamund.

No antes de que est&#233; lista, milady -la tranquiliz&#243; el caballero-. S&#233; que una se&#241;ora que deja su casa para instalarse en otro lugar necesita tiempo para reunir sus pertenencias, ordenar sus asuntos y empacar. No tengo prisa por volver al sur. Las primaveras de Cumbria son bonitas, siempre y cuando los escoceses no crucen la frontera y vengan a saquear, pero no hay mucho peligro de eso ahora. El rey ha arreglado un matrimonio entre su hija mayor, milady Margarita, y el rey de los escoceses, Jacobo IV. T&#243;mese su tiempo para estar c&#243;moda en su nueva vida. Adem&#225;s, por supuesto, necesitar&#225; caballos aparte de una criada. Hay mucho que hacer, milady. Seguramente pasar&#225;n varios meses antes de que pueda partir. Tal vez nos vayamos a fines del verano o principios del oto&#241;o. Entretanto, enviar&#233; un mensaje al rey para contarle de la muerte de su viejo amigo y decirle que su joven viuda agradece estar bajo la tutor&#237;a real. -Sir Owein le sonri&#243; a Rosamund, y ella pudo ver que el caballero ten&#237;a los dientes blancos y parejos.

Debe descansar con nosotros, se&#241;or -le dijo Rosamund-. Ha hecho un largo camino y lo espera un largo viaje de regreso. Descanse y haga que su animal se recupere antes de irse.

Por supuesto, milady, y le agradezco la hospitalidad.

Prepara una habitaci&#243;n para nuestro hu&#233;sped -le orden&#243; Rosamund a un criado. Luego indic&#243; que se le sirviera m&#225;s vino. Vio que su t&#237;o Henry ya estaba en avanzado estado de ebriedad y que su hijo se hab&#237;a quedado dormido junto a la silla de ella, debajo de la mesa. Mir&#243; a sir Owen y le pregunt&#243;, en voz baja-: &#191;Estoy verdaderamente a salvo de &#233;l? -indicando a Henry Bolton-. &#191;No podr&#225; obligarme a casarme con su odioso hijo?

No, se&#241;ora, no puede -respondi&#243; suavemente el hombre del rey-. Tengo entendido que su difunto esposo no deseaba semejante cosa. Normalmente, yo no estoy en conocimiento de una comunicaci&#243;n entre el rey y un corresponsal, pero Su Majestad quiso que yo tuviera una comprensi&#243;n cabal de la situaci&#243;n de Friarsgate para que no fuera a contrariar, por ignorancia o torpeza, los deseos de su esposo.

Las l&#225;grimas afloraron a los ojos de Rosamund.

Era un hombre tan bueno, mi Hugh. Mi t&#237;o nunca tuvo eso en cuenta cuando me cas&#243; con &#233;l. Su &#250;nico inter&#233;s era proteger Friarsgate hasta que &#233;l engendrara un hijo que pudiera unirse conmigo. Mi primer esposo tambi&#233;n era hijo suyo. Casi no me acuerdo de John. &#191;Piensa que habr&#225; muchas viudas de trece a&#241;os, porque cumplir&#233; trece en unas semanas, que hayan sobrevivido a dos esposos y sigan siendo v&#237;rgenes?

Owein Meredith se ahog&#243; con el vino ante la revelaci&#243;n. Hizo un esfuerzo por recuperar el aliento, pues le dio un ataque de tos. Y entonces estall&#243; en carcajadas, y ri&#243; hasta que le corrieron las l&#225;grimas por las mejillas. Los que lo rodeaban en la mesa principal lo miraron s&#243;rdidos. Cuando por fin recuper&#243; el control, pudo hablar.

Se me fue el vino por el lado equivocado.

Pero &#191;y la risa? -inquiri&#243; Richard Bolton, curioso.

Algo que dijo milady Rosamund. Dudo de que a otra persona le parezca divertido, pero a m&#237; sus palabras me hicieron gracia -explic&#243;, pues no quer&#237;a repetir lo que su anfitriona joven e ingeniosa acababa de decir. A sus t&#237;os podr&#237;a no resultarles gracioso. Mir&#243; con atenci&#243;n a Rosamund. No pod&#237;a decirse que fuera una mujer, pero tampoco era una ni&#241;a. Ten&#237;a la piel suave y clara, sin mancha alguna, y un tenue rosado en las mejillas. Sus ojos ambarinos estaban enmarcados por oscuras pesta&#241;as. Los cabellos eran de un rojo cobrizo intenso, y los peinaba con una raya al medio, en un arreglo algo insulso, con una trenza que le ca&#237;a sobre la espalda. Ten&#237;a la nariz peque&#241;a y recta; el rostro, ovalado, y una boca de labios generosos, m&#225;s el labio inferior que el superior.

&#191;Por qu&#233; me mira as&#237;? -le pregunt&#243; Rosamund.

Porque la encuentro muy bonita, milady-respondi&#243; &#233;l, con toda franqueza.

Rosamund se ruboriz&#243;. Nunca un hombre buen mozo le hab&#237;a dicho un piropo. Ah, Hugh siempre le dec&#237;a que alg&#250;n d&#237;a ser&#237;a una belleza, pero &#233;l la quer&#237;a. Ella era como su hija.

Gracias -respondi&#243;, con timidez-. &#191;Una dama de la Corte debe expresar gratitud ante un cumplido, se&#241;or? -pregunt&#243; enseguida, curiosa.

Una dama de la Corte acusar&#237;a recibo de un cumplido con una graciosa inclinaci&#243;n de la cabeza, pero no dir&#237;a nada -le dijo &#233;l con una peque&#241;a sonrisa. Qu&#233; muchacha encantadora, pens&#243;, y nada afectada. Y continu&#243;-: Pero si el elogio proviene de alguien que no cuenta con el favor de la dama, debe ignorarlo y darle la espalda.

&#191;Me entender&#225;n en la Corte, sir Owein?

Yo la entiendo.

Pero seguramente algunas personas no comprender&#225;n mi acento de Cumbria -dijo Rosamund.

Mientras est&#233; con usted, la ayudar&#233; a suavizar su acento norte&#241;o, milady.

&#191;Y corregir&#225; mis modales si hago algo inapropiado para la Corte? -Lo mir&#243; con intensidad-. No quiero deshonrar mi persona ni el nombre de mi familia.

Con gusto la ayudar&#233;, milady, con todo lo que deba saber -le prometi&#243; &#233;l-. &#191;Y usted confiar&#225; en m&#237; cuando le diga que debemos abandonar Friarsgate en direcci&#243;n al sur? -La mir&#243; con una sonrisa alentadora.

&#191;No nos iremos demasiado pronto? -pregunt&#243; ella, nerviosa.

Creo que septiembre es un buen mes para viajar al sur -respondi&#243; &#233;l, sonriendo otra vez. Ella ten&#237;a miedo. Y era natural que lo sintiera, si nunca se hab&#237;a alejado m&#225;s que algunos kil&#243;metros de su casa. Ser&#237;a una aventura, pero Rosamund Bolton no parec&#237;a dispuesta a embarcarse f&#225;cilmente en algo as&#237;. Era una muchacha s&#243;lida. Una muchacha sensata, como ya hab&#237;a podido ver sir Owein.

Entonces, depositar&#233; mi confianza en usted, se&#241;or caballero -le respondi&#243; Rosamund por fin-. Pero &#191;y el rey no querr&#225; que regrese antes del oto&#241;o?

Owein Meredith ri&#243;.

No, muchacha, no estar&#225; esper&#225;ndome. Yo soy apenas uno de sus muchos servidores. Se sabe de mi lealtad y mi capacidad para cumplir cualquier tarea que se me encomiende. En la Corte saben que regresar&#233; cuando haya cumplido con mis instrucciones. Soy de escasa importancia en el plan general de las cosas, milady.

&#191;Un caballero no es importante? -Rosamund estaba intrigada.

Alrededor de la mesa, sus t&#237;os escuchaban con tanta atenci&#243;n como la muchacha, excepto Henry Bolton, que ya hab&#237;a entrado en su usual sopor et&#237;lico vespertino. Tanto Edmund como Richard Bolton, si bien aliviados de que Rosamund hubiera sido salvada de Henry, se preguntaban si Hugh hab&#237;a tomado la decisi&#243;n correcta poni&#233;ndola al cuidado de virtuales desconocidos. Se inclinaban hacia adelante para no perder ni una palabra de sir Owein.

Como su finado esposo, milady, yo soy un hijo menor. El menor de todos mis hermanos, en realidad. Mi madre muri&#243; al darme la vida, mi padre falleci&#243; cuando yo ten&#237;a trece a&#241;os. Mi familia es casi toda galesa. Serv&#237; como paje a Jasper Tudor, el t&#237;o del rey, desde la edad de seis a&#241;os, y luego fui su escudero. Me nombraron caballero despu&#233;s de la batalla de Stoke.

&#191;Cu&#225;ntos a&#241;os ten&#237;a, entonces? -pregunt&#243; Edmund.

Quince cumplidos.

Edmund intercambi&#243; una mirada con Richard al o&#237;r esto. Estuvieron de acuerdo en silencio en que los impresionaba este hombre sereno, en apariencia gentil, que hab&#237;a sido enviado para escoltar a Rosamund a la Corte.

Ha de estar cansado, se&#241;or -dijo Rosamund, recordando sus deberes como castellana-. Uno de los sirvientes lo acompa&#241;ar&#225; a su habitaci&#243;n. Es muy bienvenido a Friarsgate. -Se volvi&#243; y le habl&#243; a un criado corpulento-. Lleva a mi t&#237;o a su habitaci&#243;n ahora, Peter. Luego, regresa y acuesta a mi peque&#241;o primo. -Se levant&#243; de la mesa-. Se&#241;ores, los dejo con el vino. Ha sido un d&#237;a largo para m&#237;. Y triste. -Rosamund hizo una reverencia y sali&#243; en silencio de la sala.

Or&#243; toda la noche junto al f&#233;retro de su esposo -le coment&#243; Edmund a sir Owein.

Es una buena cristiana -secund&#243; Richard.

Es demasiado joven para conocer tan bien sus deberes -observ&#243; el hombre del rey-. &#191;Tiene trece a&#241;os?

Los cumplir&#225; el &#250;ltimo d&#237;a de este mes -respondi&#243; Edmund.

La madre del rey estaba embarazada de seis meses y ya era viuda a los trece a&#241;os -coment&#243; sir Owein-. Lady Margarita es una mujer asombrosa. Me imagino que ha de haber sido muy parecida a su sobrina a la misma edad.

Ella no tiene experiencia del mundo -dijo Edmund.

&#191;Ha recibido educaci&#243;n? -le pregunt&#243; el caballero-. Les va bien en la Corte a los que tienen una buena educaci&#243;n.

Hugh le ense&#241;&#243; a leer y escribir. El padre Bernard le ense&#241;&#243; lat&#237;n eclesi&#225;stico. Su conocimiento de matem&#225;tica es excelente. Lleva todas las cuentas de Friarsgate, desde hace dos a&#241;os -explic&#243; Edmund-. Probablemente tenga mejor educaci&#243;n que casi cualquier muchacha del campo, se&#241;or. &#191;Qu&#233; le falta?

Yo le ense&#241;ar&#233; franc&#233;s y un lat&#237;n adecuado -dijo sir Owein-. &#191;Toca alg&#250;n instrumento musical? La Corte adora la m&#250;sica. El joven pr&#237;ncipe Enrique es muy adepto a la composici&#243;n, tanto de m&#250;sica como de letras. Es un muchacho asombroso. El padre quer&#237;a que fuera arzobispo de Canterbury alg&#250;n d&#237;a. Pero ahora, con el fallecimiento del pr&#237;ncipe Arturo, ser&#225; rey. Aunque el rey no le ense&#241;a al muchacho a gobernar. Creo que tiene un dominio demasiado r&#237;gido sobre el trono y su hijo. -Sir Owein se ruboriz&#243;-. El excelente vino, se&#241;ores, me ha vuelto parlanch&#237;n. Ser&#225; mejor que busque mi cama. -Se puso de pie y sali&#243; de la sala siguiendo al sirviente que se le hab&#237;a asignado.

Los dos hermanos llenaron sus copas de la jarra que hab&#237;a en la mesa y permanecieron un rato en silencio.

&#191;Cu&#225;nto sab&#237;as de la conspiraci&#243;n de Hugh, Edmund? -pregunt&#243; Richard.

No mucho -admiti&#243; Edmund-. Me dijo que ten&#237;a un amigo en una posici&#243;n muy encumbrada, y que har&#237;a un testamento dejando a Rosamund a su cuidado. Me dijo que, con la belleza de Rosamund y la herencia de Friarsgate, probablemente su amigo arreglara un excelente matrimonio para nuestra sobrina. Un matrimonio que agregar&#237;a lustre a nuestro nombre. Yo no ten&#237;a idea de que ese amigo fuera el rey. Cuando Hugh se percat&#243; de que probablemente no se recuperar&#237;a, envi&#243; un mensaje al sur. Creo que pensaba cont&#225;rmelo, pero muri&#243; tan inesperadamente

&#191;No te pareci&#243; que estuviera muriendo? -Richard estaba desconcertado.

S&#237;, s&#237;. Pero no cuando se muri&#243; -respondi&#243; Edmund-. Rosamund cree que hubo algo turbio, pero yo no encontr&#233; ninguna evidencia. De todos modos, hay que tener en cuenta la coincidencia de la llegada de Henry con la muerte de Hugh. Henry vino para que Hugh pusiera a Rosamund otra vez bajo su cuidado cari&#241;oso. No creo que le agradara encontrar a Rosamund tan suelta de lengua. Seguramente le ech&#243; la culpa a Hugh.

Crees que nuestro medio hermano tuvo algo que ver con la muerte de Hugh Cabot, Edmund? -le pregunt&#243; el sacerdote a su hermano mayor.

Edmund suspir&#243;.

No me gusta creerlo, pero no puedo decir que lo considero del todo inocente. Por otra parte, no hay forma de probarlo, aunque Rosamund o yo sospechemos.

Richard asinti&#243;, comprensivo.

&#191;Nos conformaremos con dejar que nuestra sobrina vaya a la Corte? -dijo, pensando en voz alta.

Hugh quiso lo que era bueno y correcto para su esposa. Se est&#225; convirtiendo en una mujer, Richard. Maybel me dijo que la muchacha ya tiene la regla. Es virgen. Su pr&#243;ximo matrimonio ser&#225; consumado, y dar&#225; a luz herederos para Friarsgate. El hijo de Henry es una criatura. Nuestra sobrina tendr&#237;a m&#225;s de veinte a&#241;os y &#233;l ser&#237;a apenas crecido, si la obligaran a esperarlo. Mejor que vaya al sur, a la Corte, y cuando regrese con un esposo, traer&#225; sangre nueva para fortalecer a los Bolton de Friarsgate. Adem&#225;s, ya es hora de que nuestro medio hermano renuncie a su avaricia por estas tierras. Le pertenecen a Rosamund.

Cuando ella se vaya, cuando vea el mundo que hay m&#225;s all&#225; de Friarsgate, puede que no se contente con vivir aqu&#237; -dijo el sacerdote, reflexivo.

No, Rosamund volver&#225; y se quedar&#225;. Ella saca fuerzas de Friarsgate, hermano.

Ma&#241;ana partir&#233; hacia St. Cuthbert's. Despu&#233;s de ver partir a Henry "-ri&#243;-; esta noche bebi&#243; m&#225;s que de costumbre. Despertar&#225; deseando que todo haya sido un sue&#241;o y que Rosamund siga en sus garras. Yo no deber&#237;a disfrutar tanto con su frustraci&#243;n -admiti&#243; Richard-. Hazme saber cuando Rosamund est&#233; por partir, as&#237; puedo venir a despedirme como corresponde.

As&#237; ser&#225;.

Entonces, te doy las buenas noches, hermano Edmund -dijo el sacerdote, mientras se pon&#237;a de pie-. Duerme bien y sue&#241;a con &#225;ngeles. -Sali&#243; de la sala; sus ropas negras no daban la menor se&#241;al de movimiento, de tan sereno que era el andar de Richard Bolton. El cintur&#243;n blanco se recortaba contra la tela oscura de la sotana.

Maybel vino de junto al fuego y se uni&#243; a su esposo.

Tendr&#237;as que hab&#233;rmelo contado -le reproch&#243;.

No estabas tan lejos de la mesa como para no o&#237;r cuando le dije a Richard que yo sab&#237;a muy poco. Hugh mantuvo en secreto su plan, e hizo bien. Ahora que Henry clame a los cielos, pero no puede aducir la menor conspiraci&#243;n entre Hugh Cabot y yo.

La aducir&#225;, pero, si eres franco conmigo, esposo, aceptar&#225;s que &#233;l no podr&#225; probar una conspiraci&#243;n de la misma manera en que nosotros no podemos probar que &#233;l tuvo algo que ver con la muerte de Hugh -replic&#243; Maybel.

Tienes que ir a la Corte con ella.

Lo s&#233;, pero no me agrada dejarte, Edmund. Aunque no ser&#225; para siempre, y a ti te interesa m&#225;s cumplir con tus obligaciones que un tobillo bien torneado -dijo, riendo-. Puedo confiar en ti, Edmund Bolton, pues hay muchos muy deseosos de contarme si fueras a apartarte del camino recto.

&#201;l ri&#243; y le pas&#243; el brazo por los hombros.

&#191;Y t&#250;, esposa? &#191;No te tentar&#225;n los entusiasmos de la Corte?

&#191;A m&#237;? -Maybel pareci&#243; ofendida por la sugerencia.

Bien -dijo &#233;l, con una sonrisa-, eres una mujer muy hermosa, muchacha, y cuando sonr&#237;es, traes la alegr&#237;a a cualquier hombre, s&#237;, se&#241;or.

&#161;Adulador! -Ella le dio una palmadita llena de afecto y se ruboriz&#243;-. Mi &#250;nica preocupaci&#243;n ser&#225; velar por la seguridad y la felicidad de Rosamund. Debo asegurarme de que si se arregla un matrimonio sea para el bien de nuestra ni&#241;a y de nadie m&#225;s.

S&#237;, no queremos que la casen con alguien como mi hermano Henry.

&#161;Dios no lo permita! Yo me ocupar&#233; de eso. Estoy segura de que suceder&#225; nada en lo inmediato. Rosamund no es importante como para que los poderosos se ocupen de ella. Se unir&#225; a la casa de la reina har&#225; lo que le ordenen. No pensar&#225;n en ella hasta que no necesiten una heredera para alg&#250;n matrimonio -dijo Maybel, con sabidur&#237;a.

Y t&#250;, mi buena esposa, estar&#225;s all&#237; para guiarla -coment&#243; Edmund con una sonrisa.

S&#237;, all&#237; estar&#233;, Edmund.


Por la ma&#241;ana, Henry Bolton entr&#243; con paso lento en la sala de la mansi&#243;n, como hab&#237;a predicho su medio hermano. Le dol&#237;a mucho la cabeza y casi se hab&#237;a olvidado de la llegada de sir Owein, el hombre del rey.

&#191;D&#243;nde est&#225; Rosamund? Debe irse conmigo hoy, &#191;no? -Se sent&#243; a la mesa grande y se estremeci&#243; cuando le pusieron delante un plato de pan con avena caliente.

&#191;No te acuerdas? -dijo con voz queda Richard-. Nuestra sobrina fue puesta al cuidado del rey y a fines del verano se ir&#225; a la Corte con el caballero que enviaron para buscarla.

Cre&#237; que lo hab&#237;a so&#241;ado -dijo con amargura Henry Bolton-. Richard, t&#250; conoces la ley. &#191;Es legal lo que hizo Hugh? &#191;T&#250; quieres que nuestra sobrina deje Friarsgate y sea entregada en matrimonio a cualquier extra&#241;o?

Nadie ha hablado de matrimonio -respondi&#243; el sacerdote.

Pero en alg&#250;n momento la usar&#225;n, pues su herencia es buena.

Lo de Henry fue casi un quejido. Apart&#243; el plato.

T&#250; la has usado -dijo Richard-. Desde que Guy y Phillipa murieron has utilizado todos los medios de que dispon&#237;as para retener el control sobre la herencia de Rosamund. Primero, la casaste con tu hijo mayor. Despu&#233;s, con Hugh Cabot. Ahora, quer&#237;as obligarla a casarse con tu segundo hijo, una criatura de cinco a&#241;os. Rosamund no te interesa en absoluto. Solo te interesa lo que tiene. Hugh hizo lo correcto cuando dispuso que se la llevaran de aqu&#237; por un tiempo. Que vea un Poco de mundo. Que conozca gente poderosa y encumbrada. Nuestra sobrina es una muchacha atractiva, Henry. Tal vez tenga la buena fortuna de enamorarse del hombre que le escojan. Tal vez se haga amiga de gente poderosa, algo que no perjudicar&#225; a la familia. Cuando vuelva a casa, a nosotros, espero que sea feliz. Pero con quienquiera que sea su pr&#243;ximo marido, Rosamund ser&#225; m&#225;s feliz que si siguiera todav&#237;a en tus garras. Ahora, regresa a Otterly Court y oc&#250;pate de tus asuntos. Tienes tres hijos y tres hijas que mantener, adem&#225;s de la hermana Julia, quien, te agradar&#225; saberlo, prospera en su convento.

A Henry Bolton se le daba vuelta el est&#243;mago de la n&#225;usea.

Cuando Julia fue a St. Margaret's -murmur&#243;-, se hicieron provisiones para ella.

Tu hija mayor tomar&#225; los votos finales dentro de unos pocos a&#241;os, hermano. Yo quisiera que dones una suma importante al convento como agradecimiento cuando llegue el momento. La suma que diste para la ni&#241;a cuando la dejaste en el convento apenas si alcanz&#243; para mantenerla. St. Margaret's no es una casa rica. Y ella es una sierva de Dios.

Era una ni&#241;a fe&#237;sima -dijo Henry, sombr&#237;o-. Las ni&#241;as de Mavis son bellezas, todas, pero igual necesitar&#225;n buenas dotes.

Las que sin duda t&#250; pensabas orde&#241;ar de los recursos de Friarsgate -observ&#243; Richard, cortante-. Otterly tiene buenas tierras, Henry. Es peque&#241;o, pero f&#233;rtil. Hace a&#241;os que te has servido en abundancia del ganado de aqu&#237;, Henry. Tus ovejas y vacas tendr&#237;an que ser buenos y deber&#237;an dar sus dividendos. Haz todav&#237;a m&#225;s pr&#243;spera tu casa. Tus hijas alg&#250;n d&#237;a tendr&#225;n las dotes que merecen. Son peque&#241;as a&#250;n y, si eres diligente, tendr&#225;s tiempo. &#161;Eres un Bolton, Henry! &#191;D&#243;nde est&#225; tu orgullo? Parece haber desaparecido en el medio de tu b&#250;squeda por lo que no te pertenece.

&#191;Convertirte en sacerdote te ha hecho olvidar de d&#243;nde provienes, bastardo? -le dijo Henry a su hermano mayor.

Nuestro padre me dio la vida en el vientre de su amante, es cierto, Henry, pero nuestro padre que est&#225; en los cielos me hizo igual a cualquier hombre. Tambi&#233;n quiero recordarte que tanto nuestro padre como tu madre trataron a todos los hijos con amor -respondi&#243; el sacerdote.

Seguramente quieres emprender en breve tu regreso a Otterly -dijo Edmund, interrumpiendo-. &#191;Quieres que el cocinero te envuelva un poco de pan y carne para el camino? Ah, aqu&#237; est&#225; tu hijo.

Tengo hambre -anunci&#243; en voz alta el ni&#241;o, trep&#225;ndose a la mesa grande-. Mi madre siempre me da avena y crema de ma&#241;ana.

&#161;Tu madre no est&#225;! -exclam&#243; su padre-. &#161;Nos vamos!

Pero tengo hambre -repiti&#243; el ni&#241;o.

Entonces, si&#233;ntate y come lo que yo dej&#233; -grit&#243; su padre, agarrando a su hijo y sent&#225;ndolo con fuerza en una silla.

Henry hijo meti&#243; la cuchara en el plato de pan donde le hab&#237;an servido a su padre.

Est&#225; fr&#237;o -llorique&#243;.

&#161;Entonces no comas! -rugi&#243; Henry padre.

&#161;Pero tengo hambre!

Que le traigan al ni&#241;o Henry avena caliente -dijo Rosamund, que entraba en la sala y hab&#237;a o&#237;do el alboroto-. T&#237;o, toma un poco de vino. Te aliviar&#225; el dolor de cabeza. Padre Richard, te agradezco por la misa de esta ma&#241;ana. Fue muy lindo volver a o&#237;r misa en nuestra peque&#241;a iglesia.

&#191;Querr&#237;as que te enviara un sacerdote joven, sobrina? -pregunt&#243;-. Hay un muchacho en St. Cuthbert que ser&#237;a perfecto, creo. No deber&#237;a faltar un sacerdote en una casa se&#241;orial como Friarsgate. Una peque&#241;a remuneraci&#243;n y su mantenimiento bastar&#225;n para el padre Mata.

&#191;Mata?-pregunt&#243; Henry Bolton, con recelo-. Es un nombre escoc&#233;s.

S&#237; -respondi&#243; Richard.

&#191;Quieres traer a un escoc&#233;s a Friarsgate? &#191;Est&#225;s loco? T&#250; sabes que no se puede confiar en los escoceses.

Es un sacerdote, Henry -fue la serena respuesta.

&#161;Sacerdote o no, tendr&#225; parientes de su mismo clan ansiosos por robarnos nuestras ovejas y vacas! &#161;No lo permitir&#233;, Richard! -anunci&#243; Henry.

Mata es hijo de una muchacha escocesa, hija bastarda del Hepburn de Claven's Cairn, y de un soldado ingl&#233;s -explic&#243; Richard-. Ha sido criado en St. Cuthbert y no tiene nada que ver con ning&#250;n clan. La madre muri&#243; en el parto, Henry. Es tan ingl&#233;s como t&#250;. Antes de morir, la madre pidi&#243; que lo llamaran Matthew, pero con la forma escocesa, para que el ni&#241;o conociera su linaje. Es un joven muy amable y servir&#225; bien en Friarsgate.

Y la decisi&#243;n no est&#225; en tus manos, t&#237;o -dijo Rosamund-. Edmund, &#191;qu&#233; piensas?

Me gustar&#237;a que volviera a haber un sacerdote -respondi&#243; Edmund-. Hay muchos matrimonios para celebrar, y unas cuantas criaturas que no han sido bautizadas.

Pero &#191;un escoc&#233;s? -repiti&#243; Henry.

Edmund atraves&#243; a su hermano menor con una mirada feroz.

Dice Richard que este sacerdote ser&#225; bueno para Friarsgate. &#191;Alguna vez fue desleal a los Bolton nuestro hermano, Henry?

Yo recibir&#233; con gusto al padre Mata -intercedi&#243; Rosamund.

Enviar&#233; a Mata, sobrina -dijo Richard con una peque&#241;a sonrisa.

Rosamund se volvi&#243; a su t&#237;o Henry.

Tengo trabajo que hacer, t&#237;o. Hay que distribuir semilla y quiero supervisarlo. Te deseo un regreso seguro a tu casa. Env&#237;ale mis recuerdos a tu buena esposa y a mis primitos. -Entonces mir&#243; directamente a Henry hijo-. Adi&#243;s, ni&#241;o -y sali&#243; deprisa de la sala.

Me alegro de no tener que casarme con ella -dijo el peque&#241;o sin dejar de comer.

&#161;C&#225;llate, imb&#233;cil! -grit&#243; su padre, salvaje. Apret&#243; la copa que le hab&#237;an puesto delante y bebi&#243; el vino, pero, pese a lo que hab&#237;a dicho Rosamund, no se sinti&#243; mejor.



CAP&#205;TULO 04

Owein Meredith se sorprendi&#243; al enterarse de que, si bien carec&#237;a casi por completo de la educaci&#243;n de la Corte, su joven anfitriona era versada en muchas otras cosas. Crey&#243; que ella no ser&#237;a realmente feliz en ninguna parte que no fuera Friarsgate. Rosamund Bolton se hab&#237;a convertido en parte integral del se&#241;or&#237;o. Pese a su juventud, los arrendatarios y trabajadores la respetaban. En esto, su t&#237;o Edmund y su fallecido esposo Hugh Cabot hab&#237;an tenido &#233;xito. Una vez que Henry Bolton se hubo ido, todo se hac&#237;a en la casa solo en nombre de Rosamund, algo que reforzaba su posici&#243;n como heredera de Friarsgate.

Desde la primavera, Owein la hab&#237;a observado, fascinado, supervisando cada faceta de la variada vida de la finca. Friarsgate era pr&#225;cticamente autosuficiente. Se cultivaban diversas variedades de cereales, vegetales y frutas. Rosamund decid&#237;a qu&#233; campos se sembrar&#237;an y cu&#225;les quedar&#237;an en barbecho. Ella decid&#237;a el plan de poda. Se criaba ganado por la leche y la carne, para venta o trueque. A sugerencia de Hugh, Rosamund se interes&#243; en la cr&#237;a de caballos. Pero las ovejas eran la mayor fuente de ingresos de la finca, pues la lana de Friarsgate era muy apreciada.

La propiedad ten&#237;a un peque&#241;o molino con un molinero residente. Hab&#237;a una peque&#241;a iglesia y una casa para el sacerdote que ahora estaban limpiando, prepar&#225;ndola para la llegada del padre Mata. Hab&#237;a prados y pasturas para el ganado, los caballos y las ovejas. Hab&#237;a bosques, praderas y bosques comunes, donde la gente de Rosamund pod&#237;a cazar y pescar o apacentar sus propios animales. Casi todos los arrendatarios de Friarsgate hab&#237;an sido siervos feudales, pero el abuelo de Rosamund los hab&#237;a liberado. Si bien algunas familias se hab&#237;an ido de Friarsgate en busca de fortuna, casi todas se quedaron como hombres y mujeres libres.

Friarsgate no era la propiedad de una gran familia, pero se la consideraba un feudo muy grande y a su joven se&#241;ora, una heredera de valor. La tierra estaba bien regada y siempre verde. Rosamund aprendi&#243; a mover sus ovejas y vacas para que la tierra no se agotara y quedara yerma. Nunca hab&#237;a sido un lugar pobre. En los &#250;ltimos a&#241;os, hab&#237;a prosperado mucho. No hab&#237;a ni una sola familia de campesinos que no tuviera una vaca, unos cerdos o aves de corral. Y, si bien eran libres de manejarse seg&#250;n sus propias decisiones, los hombres y mujeres de Friarsgate se manten&#237;an completamente leales a los Bolton, hasta tal punto que les regalaban tres d&#237;as a la semana de su trabajo, como hab&#237;an hecho anta&#241;o. Los hombres y mujeres libres de Friarsgate tambi&#233;n ten&#237;an sus parcelas de tierra, como sus ancestros siervos. All&#237; dispon&#237;an de sus propios cultivos para alimentar a sus familias y vender el excedente. Y en la casa del feudo, Rosamund, con la gu&#237;a de Hugh y de Edmund, hab&#237;a aprendido a resolver las disputas entre su gente.

Criado entre los poderosos, Owein Meredith hab&#237;a olvidado que a&#250;n exist&#237;an casas se&#241;oriales como Friarsgate. Su infancia, antes de entrar a servir en la casa de Jasper Tudor, era un recuerdo casi olvidado. De modo que, a medida que pasaba el verano, &#233;l observaba fascinado a Rosamund llevando a cabo sus deberes como se&#241;ora de su pr&#243;spera finca con tanta facilidad que los hac&#237;a parecer sencillos. Pero &#233;l sab&#237;a que no hab&#237;a nada de simple en ello. Todas las tardes, temprano, despu&#233;s de que se hubiera servido y comido la comida principal del d&#237;a, &#233;l le daba clases a la nueva pupila del rey: le ense&#241;aba franc&#233;s y un buen lat&#237;n, el que se hablaba y se escrib&#237;a en la Corte.

Vio que le resultaba dif&#237;cil, pues Rosamund no ten&#237;a facilidad para las lenguas extranjeras, pero mostraba tanta determinaci&#243;n por aprender, que &#233;l no pod&#237;a menos que admirarla. Las &#250;nicas mujeres a las que hab&#237;a admirado hasta ese momento eran la madre del rey, Margarita Beaufort, condesa de Richmond, a quien llamaban la Venerable Margarita, y la esposa del rey, Isabel de York. Se trataba de mujeres de cierta edad y experiencia, y, sin embargo, esta muchachita se las recordaba. Al igual que la reina, era prudente y gentil. Al igual que la Venerable Margarita, era determinada y leal. Owein Meredith se preocupaba por c&#243;mo har&#237;a una muchacha de campo como Rosamund, nacida sin un nombre importante ni relaciones poderosas, para encajar en la Corte del rey Enrique VIL Hasta que se dio cuenta de que, m&#225;s all&#225; de entreg&#225;rsela a su tutor, &#233;l no era responsable de Rosamund Bolton.

El verano se acercaba a su fin. Lleg&#243; Lammas, el festival de la cosecha. Lammas era una festividad en la que el pan era el protagonista. Al amanecer, Rosamund sali&#243; de la casa con un plato de migajas que hab&#237;a hecho quebrando un cuarto de una hogaza con un a&#241;o de antig&#252;edad. La disemin&#243; para los p&#225;jaros. Sus arrendatarios fueron invitados a una comida en la sala; en el banquete casi todos los platos ten&#237;an pan o harina. Hab&#237;a cochinillo relleno con pan, nueces, queso, huevos y especias; un plato con est&#243;mago de carnero relleno de pan, vegetales, huevos, queso y cerdo, y otro con carne de vaca, huevos y migas de pan; pan &#225;cimo de centeno, que, adem&#225;s de centeno, ten&#237;a harina de trigo, sal y leche cortada; una gran horma de queso, y bud&#237;n de leche, az&#250;car y pasas especiadas con canela. Tambi&#233;n se sirvi&#243; "lana de cordero", una sidra especiada servida con manzanas.

Y cuando todo el mundo hubo comido hasta hartarse, comenzaron los juegos. Afuera, los hombres participaron de uno que se hac&#237;a en la pradera y que consist&#237;a en patear una vejiga de oveja rellena, de un extremo del campo al otro. Hubo un concurso de arquer&#237;a. Despu&#233;s, los hombres dispararon arcos largos a unas dianas de paja colocadas en el frente de la casa. El ganador recibi&#243; una gran jarra de cerveza. Y, a medida que transcurr&#237;a la tarde, comenzaron a volver a la casa, donde las mujeres casadas jugaban a un entretenimiento llamado "Llevar el tocino a casa". Por turnos individuales, a las mujeres se les presentaba una situaci&#243;n hipot&#233;tica y desfavorable que involucraba a su esposo. Y de cada una depend&#237;a conjurar la situaci&#243;n y convertirla en algo positivo. La esposa que lo consegu&#237;a y al mismo tiempo, divert&#237;a a sus contertulios era consagrada ganadora y recompensada con una cinta de seda azul. Al fin del d&#237;a, todos recib&#237;an una peque&#241;a hogaza hecha con el grano reci&#233;n cosechado. Se iban a sus casas con las hogazas, cada una de las cuales ten&#237;a una peque&#241;a vela encendida.

Al d&#237;a siguiente de Lammas, Owein habl&#243; con Rosamund sobre la partida:

Tiene que poner fecha para nuestro viaje, milady -le dijo. Hab&#237;an estado sentados en la sala, practicando el franc&#233;s de Rosamund, y &#233;l le habl&#243; en ese idioma.

Ella lo mir&#243; sobresaltada y &#233;l supo que hab&#237;a comprendido sus palabras; pero, en cambio, respondi&#243;:

No estoy segura de lo que ha dicho, Owein Meredith. Tenga a bien hablarme en nuestra conocida y querida lengua inglesa.

Es una tramposa -la acuci&#243; &#233;l, siguiendo en franc&#233;s-. Y me entiende perfectamente bien, Rosamund.

&#161;No es cierto! -exclam&#243; ella, y se llev&#243; la mano a la boca, d&#225;ndose cuenta de que su respuesta confirmaba la sospecha de &#233;l-. Despu&#233;s de la Fiesta de San Miguel -dijo, en ingl&#233;s.

Eso es casi dentro de dos meses, Rosamund.

Dijo que el rey no lo necesitar&#237;a. Que usted no era importante. Tampoco yo. El rey s&#243;lo debe cumplir una deuda con Hugh Cabot. &#191;Por qu&#233; tenemos que ir?

Porque si no vamos, su t&#237;o puede pedirle al rey que le devuelva la custodia sobre usted, Rosamund -le explic&#243; &#233;l, con voz serena-. Semejante petici&#243;n puede ni llegar a manos del rey, sino a la de alguno de sus secretarios, que recibir&#237;a algunos dinerillos de su t&#237;o a cambio de su cooperaci&#243;n. &#161;Voil&#225;! Su custodia volver&#237;a entonces a las manos de Henry Bolton, y su hijo mayor ser&#237;a su esposo. Si en verdad quiere eso, yo volver&#233; al sur, se lo dir&#233; al rey, y as&#237; se har&#225;. Pero si prefiere honrar los deseos de su esposo para su futuro, dejar&#225; de temerle a lo desconocido y vendr&#225; conmigo. -Los ojos verdes almendra la miraron directamente, inquisidores.

Pero en la Fiesta de San Miguel yo renuevo los contratos con mis arrendatarios para el a&#241;o pr&#243;ximo y les pago -dijo ella, casi en un susurro.

Lo har&#225; Edmund. El primero de septiembre, Rosamund.

&#161;Es demasiado pronto! -gimi&#243; y sus ojos se llenaron de l&#225;grimas.

Owein Meredith apret&#243; los dientes y endureci&#243; el coraz&#243;n contra sus argucias femeninas. Hab&#237;a aprendido que las mujeres siempre lloran cuando quieren salirse con la suya.

No, no lo es. Le queda casi un mes para empacar sus pertenencias y delegar su autoridad en Edmund y en los dem&#225;s. Hace mucho que sabe que llegar&#237;a este d&#237;a. Hace casi cuatro meses que estoy aqu&#237;, Rosamund. Hace casi cinco que dej&#233; la Corte. Ya es hora. Piense en Maybel. Ella tambi&#233;n debe prepararse. Deja a su esposo en su servicio.

Casi no me alej&#233; de mis tierras en toda mi vida -dijo Rosamund, y &#233;l asinti&#243;, comprensivo-. No es que tenga miedo, pero no me entusiasma la aventura, se&#241;or.

&#201;l ri&#243;.

No hay mucha aventura en un viaje entre Friarsgate y la Corte del rey, Rosamund. Y habr&#225; muy poca para usted, por no decir ninguna, en la casa de la reina. Se le asignar&#225;n ciertos deberes, y sus d&#237;as transcurrir&#225;n ocup&#225;ndose de ellos. Me temo que no ser&#225; muy entretenido para usted. La &#250;nica diferencia es que all&#225; no ser&#225; la se&#241;ora.

Pero &#191;cu&#225;ndo regresar&#233; a casa? -se pregunt&#243; Rosamund, contrita.

Despu&#233;s de un per&#237;odo de servicio puede que la reina la deje visitar Friarsgate. O puede regresar con un esposo, elegido para usted por el rey. Debe entender que llegar&#225; el momento en que la vuelvan a casar Y, probablemente, con un hombre a quien el rey quiera honrar.

En otras palabras, una vez m&#225;s me elegir&#225;n marido -respondi&#243; ella, sintiendo una gran irritaci&#243;n.

As&#237; es el mundo, Rosamund.

Ten&#237;a esperanzas de casarme enamorada la pr&#243;xima vez.

Tal vez as&#237; sea. O quiz&#225;s aprenda a amar al esposo que le escojan, pero, fuera como fuese, cumplir&#225; con su deber, Rosamund. Me he dado cuenta de que es ese tipo de persona.

Ah, s&#237;. Lo soy. Pero ser&#237;a muy lindo poder seguir la divisa de mi familia. Tracez Votre Chemin.

Traza tu propio camino. -&#201;l asinti&#243;-. Es una buena divisa, &#191;y qui&#233;n sabe, muchacha bonita? Tal vez un d&#237;a haga su propio camino. No sabemos qu&#233; nos traer&#225; el futuro, Rosamund. A pesar de nuestro deseo de tranquilidad, la vida siempre est&#225; llena de sorpresas. Le dir&#233; a Edmund Bolton que partiremos el 1 de septiembre. &#191;Eh?

Ella asinti&#243;, pero &#233;l pudo ver la disconformidad en su aceptaci&#243;n.

&#191;Cu&#225;ntos carros puedo llevar con mis cosas? -pregunt&#243; ella.

Llevaremos un caballo de carga. En la Corte no tendr&#225; privacidad, o muy poca, Rosamund. Usted y Maybel dormir&#225;n en una gran habitaci&#243;n con el resto de las damas de la reina y sus criadas. Su peque&#241;o ba&#250;l ser&#225; todo el espacio de que dispondr&#225; para sus posesiones. Todo debe ser port&#225;til para que pueda trasladarse con rapidez de un lugar a otro. El rey y la reina nunca permanecen mucho tiempo en una misma casa. Viajan entre sus palacios de Londres, Greenwich, Richmond y Windsor. Y cuando llega el verano, la Corte entera inicia el viaje real anual, que consiste en visitar casas nobles grandes y peque&#241;as. Entonces, tendr&#225; menos lugar a&#250;n para usted o para sus cosas, si la invitan a ir. Si tiene suerte, no la llevar&#225;n. Al menos entonces tendr&#225; una cama.

No suena muy confortable -dictamin&#243; Rosamund.

No lo es. -&#201;l sonri&#243;-. Los caballeros solteros lo pasan peor, se lo aseguro. Si tenemos suerte, terminamos durmiendo en la sala, junto al fuego. Si no, en los establos o en la cucha de un perro.

Al menos, no pasan fr&#237;o -respondi&#243; ella-. &#191;No est&#225; casado? No -dijo, respondiendo a su propia pregunta-, claro que no. Usted es como mi Hugh y no se puede costear una esposa.

As&#237; es. Mi hermano mayor fue quien hered&#243; de nuestro padre. Mi otro hermano sirve a la Iglesia. Tengo tres hermanas. Una est&#225; casada y dos son monjas. Tuve suerte de haber conseguido mi lugar en la casa de Jasper Tudor. Mi padre conoc&#237;a a su mayordomo principal, que era pariente de mi madre, y se apiad&#243; de m&#237;.

&#191;No extra&#241;&#243; a su familia?

No. Mi padre estaba enojado porque mi nacimiento produjo la muerte de mi madre. Casi no me dirigi&#243; la palabra hasta que me fui de su lado. Mi hermana Enit era la hija mayor. Ella ten&#237;a doce a&#241;os cuando yo nac&#237;. Se ocup&#243; de m&#237; hasta que se cas&#243;, cuando yo ten&#237;a cuatro a&#241;os. &#161;C&#243;mo la extra&#241;&#233;! Mi hermano mayor no se interes&#243; en m&#237;, pues por sobre todas las cosas deseaba complacer a nuestro padre, que me ignoraba, y entonces &#233;l tambi&#233;n. Apenas se cas&#243; Enit, lo hizo tambi&#233;n mi hermano mayor. Para cuando cumpl&#237; seis a&#241;os, su esposa ya hab&#237;a dado a luz a su heredero, para gran satisfacci&#243;n de mi padre. Mi hermano segundo estaba en el monasterio y mis otras dos hermanas, en el convento. S&#243;lo quedaba yo. El cabo suelto, me llamaba mi hermano. Entonces vino el mayordomo principal de Jasper Tudor a presentar sus respetos en la tumba de mi madre. Vio el problema que yo era para mi familia y, cuando se fue, lo acompa&#241;&#233;. Le dijo a mi padre que hab&#237;a lugar para un paje en la casa de su amo. Y mi padre se alegr&#243; mucho de mi partida, por supuesto.

Qu&#233; afortunado para usted -dijo Rosamund. Caramba, la infancia de este hombre hab&#237;a sido peor que la suya. Cuando tuviera hijos, se asegurar&#237;a de que fueran queridos y protegidos.

Owein Meredith ri&#243;.

No hab&#237;a ning&#250;n lugar, lo cre&#243; mi pariente. Despu&#233;s me ense&#241;&#243; mis deberes. Fue mucho m&#225;s padre para m&#237; que mi verdadero progenitor. Sin &#233;l, no s&#233; qu&#233; hubiera sido de m&#237;. Por su bondad, yo luch&#233; por progresar.

Se convirti&#243; en caballero.

Serv&#237; en la casa de Jasper Tudor hasta su muerte. Fui paje hasta los trece a&#241;os. A esa edad pas&#233; a ser caballero de mi se&#241;or.

&#191;Cu&#225;ndo se convirti&#243; en caballero? -le pregunt&#243; ella. Era la primera vez que &#233;l hablaba tan abiertamente y en profundidad sobre s&#237; mismo. Estaba fascinada. &#201;l se parec&#237;a, en ciertos sentidos, a Hugh. Y era buen mozo. Hugh ten&#237;a mechones rubios en el cabello blanco, que, seg&#250;n le hab&#237;a contado, hab&#237;a sido rubio cuando joven; el de Owein Meredith era de un rubio m&#225;s oscuro, pero tambi&#233;n hab&#237;a en &#233;l mechones dorados, y a ella le encantaban.

Como les dije a sus t&#237;os -respondi&#243; &#233;l-, fui armado caballero a los quince a&#241;os. Despu&#233;s de la batalla de Stoke, cuando vencimos al pretendiente, Lambert Simmel.

&#191;Qu&#233; pretend&#237;a y por qu&#233; fue necesario guerrear contra &#233;l?

Owein ri&#243;.

Fue antes de que usted naciera, Rosamund. El rey anterior, Eduardo IV, tuvo dos hijos. El t&#237;o de los ni&#241;os tom&#243; el trono de su hermano cuando muri&#243;. Se dec&#237;a que Inglaterra no necesitaba un rey ni&#241;o. Pero hab&#237;a dos muchachitos. Desaparecieron y no se volvi&#243; a saber de ellos. Se dice que su t&#237;o, el rey Ricardo III, los asesin&#243; y ocult&#243; los cuerpos en la Torre de Londres.

&#191;Y es cierto? -Los ojos de Rosamund estaban muy abiertos.

No lo s&#233; -dijo Owein-. Nadie lo sabe. Pero despu&#233;s de ese acontecimiento, el heredero de la otra casa real, Enrique Tudor, regres&#243; a Inglaterra para pelear contra el rey Ricardo, lo derrot&#243; y ocup&#243; su lugar en el trono. Se cas&#243; con la princesa Isabel, hermana mayor de los dos desdichados pr&#237;ncipes y heredera de la casa real de York. Su uni&#243;n termin&#243; cien a&#241;os de guerras en Inglaterra, Rosamund, pero en 1487 un joven adujo ser hijo del duque de Clarence, que ten&#237;a un derecho mayor al trono que nuestro rey Enrique. No lo era, por supuesto. El verdadero Eduardo Plantagenet estaba preso en Londres. Para probar esto, el rey lo exhibi&#243; en las calles. Pero igual fue necesario enfrentar a este Lambert Simmel y vencerlo en Stoke.

Pele&#243; bien y fue armado caballero, se&#241;or.

S&#237;, pele&#233; bien. Yo dar&#237;a la vida por la Casa de Tudor, porque ellos me acogieron y me criaron, y me dieron todo lo que tengo en la vida -declar&#243;, con pasi&#243;n.

&#191;Y qu&#233; es lo que tiene, se&#241;or caballero?

Un hogar dondequiera que vaya el rey, pero, m&#225;s importante a&#250;n, tengo un prop&#243;sito en la vida a su servicio.

Entiendo. Sin embargo, parece poco a cambio de su lealtad. No tiene un hogar ni tierras propias. &#191;Qu&#233; ser&#225; de usted cuando sea muy viejo para pelear o para servir? &#191;Qu&#233; es de los buenos caballeros como usted, Owein Meredith?

Morir&#233; en alguna batalla o tal vez mi hermano me d&#233; un hogar en mis &#250;ltimos a&#241;os, porque es lo honorable. Para entonces, yo le llevar&#233; honor por mis a&#241;os de servicio en la Casa de Tudor.

&#191;Cu&#225;ndo vio por &#250;ltima vez a su hermano o a su familia?

No los veo desde que me fui de mi casa natal, en Gales. Pero cuando muri&#243; nuestro padre, mi hermano me mand&#243; avisar. No me ha olvidado, Rosamund.

No, probablemente no. No le vendr&#237;a mal al hermano de Owein Meredith tener un amigo en la Corte, aunque su hermano no fuera un hombre de riqueza o de verdadera influencia. Pero conoc&#237;a hombres de riqueza e influencia e, incluso, hasta podr&#237;a formular peticiones al rey para su familia, en caso de necesidad. Es lo que ella har&#237;a, pens&#243; Rosamund. Era lo pr&#225;ctico.

Los d&#237;as parecieron pasar con tanta prisa que Rosamund estaba desconcertada. Atesoraba cada momento que le quedaba en Friarsgate. No ten&#237;a ganas de irse. Si Hugh la hubiera consultado pero Owein Meredith ten&#237;a raz&#243;n cuando le dijo que, si se quedaba all&#237;, su t&#237;o encontrar&#237;a la manera de recuperarla a ella y su derecho sobre el feudo. Irse era el precio que deb&#237;a pagar para ser la heredera de Friarsgate. Estaba un poco asustada, aunque no permitir&#237;a que nadie lo supiera. Tracez Votre Chemin. Ella trazar&#237;a su propio camino.


Maybel dudaba y se preocupaba pensando qu&#233; llevar, metiendo todo lo posible en el baulito. Sir Owein le sugiri&#243; a Edmund Bolton que ser&#237;a aconsejable colocar una determinada cantidad de oro con un orfebre de Londres del cual Rosamund pudiera tomar lo que necesitara si se daba el caso, pues pronto ella comprobar&#237;a que su guardarropa era demasiado r&#250;stico y deber&#237;a adaptarlo. &#201;l derivar&#237;a a Maybel a un mercero honesto y de confiar para comprar la tela, pero necesitar&#237;a dinero. Ser&#237;a mejor no llevar demasiado, por el peligro de que se lo robaran.

El dinero ser&#237;a transportado a Carlisle y, de all&#237;, ser&#237;a acreditado en Londres con un orfebre honorable.

Se traz&#243; con detenimiento la ruta y se envi&#243; un jinete para conseguir alojamiento en las casas de hu&#233;spedes de los conventos y monasterios del camino. El viaje llevar&#237;a quince d&#237;as o m&#225;s, seg&#250;n el clima. Sir Owein estaba acostumbrado a viajar grandes distancias, pero sab&#237;a que su joven pupila no y que nunca hab&#237;a salido de sus tierras salvo un par de veces a comprar vacas o caballos, acompa&#241;ada de su esposo y su t&#237;o. Nunca hab&#237;a visto una ciudad.

Rosamund pas&#243; los &#250;ltimos d&#237;as en Friarsgate yendo a caballo de un arrendatario a otro, despidi&#233;ndose de ellos y record&#225;ndoles que, mientras ella no estuviera, Edmund estar&#237;a a cargo. &#201;l hablar&#237;a en nombre de Rosamund Bolton. Deb&#237;an obedecerlo sin cuestionamientos. Algunos arrendatarios le dieron peque&#241;os obsequios hechos con sus propias &#237; manos: un peine de dulce madera de manzano tallado con dos palomitas entre azahares; un costurero hecho de un pedazo de cuero forrado con un peque&#241;o trozo del fieltro de lana rojo de Friarsgate. La mujer que hab&#237;a ganado la cinta azul en Lammas la bord&#243; con un peque&#241;o hilo de oro que hab&#237;a conseguido s&#243;lo Dios sabe d&#243;nde. Y ahora se la devolv&#237;a a su se&#241;ora, diciendo:

Es hermosa, mi peque&#241;a lady, pero es m&#225;s apropiada para ti que para la vieja mujer de un pastor. Mira, la hice con estrellas para que recuerdes el cielo de la noche de Friarsgate cuando est&#233;s entre los poderosos. &#191;Volver&#225;s a nosotros, milady? -Su rostro ajado dejaba ver su angustia.

Apenas me lo permitan, Mary, &#161;lo juro! -dijo Rosamund con fervor-. Yo preferir&#237;a no ir, pero tengo miedo de que mi t&#237;o intente recuperar mi custodia y mis tierras. Parece que esta es la &#250;nica manera de ponerme a salvo.

Mary asinti&#243;.

Parece que los ricos tambi&#233;n tienen sus problemas, milady -observ&#243;.

Rosamund ri&#243;.

S&#237;. Al parecer, nada es sencillo en esta vida.

Algunos d&#237;as antes del previsto para la partida, su t&#237;o Richard vino de St. Cuthbert, trayendo consigo al joven sacerdote, el padre Mata. A Rosamund enseguida el muchacho le cay&#243; bien, y a Edmund tambi&#233;n. Era de altura media y algo rollizo. Sus ojos azules bailaban bajo las espesas cejas. Ten&#237;a mejillas sonrosadas y cara de ni&#241;o. El cabello que rodeaba la tonsura era de un rojo intenso, y ten&#237;a la piel muy clara. Se inclin&#243; ante ella y dijo:

Le estoy agradecido, milady, por el beneficio que me ofrece.

No es mucho, y estar&#225; siempre ocupado. Pero ser&#225; bien alimentado y el techo de su casa no gotea, ni hay corrientes de aire en el hogar.

Dar&#233; misa todos los d&#237;as -le prometi&#243; &#233;l-, y celebrar&#233; el D&#237;a de Todos los Santos, pero primero hay que casar como corresponde a los que est&#225;n viviendo en pecado y bautizar a las criaturas.

As&#237; es. Nos alegramos de que est&#233; aqu&#237;.

&#191;Y cu&#225;ndo regresar&#225;, milady? -pregunt&#243; el joven sacerdote.

Cuando me lo permitan -respondi&#243; Rosamund.

Ven -dijo Edmund, al ver que su sobrina comenzaba otra vez a descorazonarse-, llevemos al buen padre a su casa, Rosamund. Hay una anciana, Nona, que la mantendr&#225; limpia. Tomar&#225; sus comidas en la sala conmigo, padre Mata. Me har&#225; bien la compa&#241;&#237;a. -Comenz&#243; a andar en direcci&#243;n de la casa del sacerdote, cerca de la peque&#241;a iglesia.

La ma&#241;ana del 1 de septiembre amaneci&#243; nublada y ventosa con lluvia inminente, segura para antes del mediod&#237;a. No obstante, sir Owein insisti&#243; en que mantuvieran el plan original. Sab&#237;a que otro d&#237;a no le facilitar&#237;a las cosas a Rosamund, cuyos temores ahora amenazaban con sobrepasarla pese a los ingentes esfuerzos de todos por animarla. El padre Mata celebr&#243; misa temprano, antes de la salida del sol. Desayunaron en la sala; en cada lugar se colocaron los platos de pan fresco, reci&#233;n salidos de los hornos y ahuecados para servir en ellos las escudillas de avena. Rosamund no pudo comer. Su est&#243;mago, nervioso, le daba vueltas.

No puede estar todo el d&#237;a sin una buena comida -le dijo con firmeza el hombre del rey-. Esta ser&#225; la mejor comida de que pueda disfrutar en muchos d&#237;as, milady. Las casas de hu&#233;spedes de la iglesia no son famosas por la calidad de sus alimentos ni de su bebida. Estar&#225; enferma todo el d&#237;a si no come ahora.

Rosamund, obedientemente, se llev&#243; el cereal caliente a la boca. Le cay&#243; como una piedra en el est&#243;mago. Bebi&#243; un sorbo del cop&#243;n con vino aguado y lo sinti&#243; &#225;cido. Mordisque&#243; un pedacito de queso, pero le pareci&#243; salado y seco. Por fin se puso de pie, a desgano.

Ser&#225; mejor que nos marchemos.

Los criados de la casa formaron fila para desearle que Dios la acompa&#241;ara en su camino. Ella se despidi&#243; con l&#225;grimas en los ojos y las mujeres se echaron a llorar. Rosamund traspuso la puerta de la casa se&#241;orial. Afuera esperaba su yegua. Rosamund se volvi&#243; s&#250;bitamente.

&#161;Me olvid&#233; de despedirme de mis perros!

Esperaron con paciencia su retorno, pero, cuando volvi&#243;, dijo:

Estoy pensando si Pusskin ya habr&#225; tenido cr&#237;a. Voy al establo a ver, antes de irme. -Y volvi&#243; a desaparecer.

Ponla en el caballo, Edmund, cuando regrese -dijo Maybel, irritada-. Ya me duele el trasero con este animal, y todav&#237;a no dimos un paso.

Edmund y Owein rieron. Rosamund apareci&#243;.

&#191;Llevamos la cinta bordada, Maybel? Estoy segura de que la vi en el piso, en mi dormitorio. Tendr&#233; que ir a buscarla.

Edmund Bolton tom&#243; a su sobrina de la mano y la llev&#243; r&#225;pidamente hasta la montura. Sus manos se cerraron sobre la cintura de ella y la levant&#243; hasta la silla.

Est&#225; todo empacado, Rosamund -le dijo, severo. Le dio a sir Owein la rienda de la yegua de su sobrina-. &#161;Vete ahora, muchachita, y que Dios los acompa&#241;e! Estaremos todos esperando tu retorno, que ser&#225; antes si te vas de una buena vez. -Entonces le dio una palmadita en el anca a la yegua y la observ&#243; mientras se alejaba.

No quiero o&#237;r ning&#250;n chisme cuando vuelva -le dijo Maybel a su esposo-. Cu&#237;date, viejito. Ponte en el pecho la franela que te cos&#237;, no te vayas a agarrar una fiebre este invierno.

Y t&#250;, mujer, no coquetees con todos los caballeros bien parecidos de la Corte. Recuerda que eres mi querida esposa -dijo &#233;l, con una c&#225;lida sonrisa-. Eres un poquito rezongona, pero te extra&#241;ar&#233;.

&#161;Ja! -refunfu&#241;&#243; ella, volvi&#243; el caballo y comenz&#243; a seguir a sir

Owein y a Rosamund.

Rosamund nunca hab&#237;a pasado una noche fuera de Friarsgate ni de su propia cama. &#191;Supo Hugh lo que hac&#237;a cuando la puso bajo la custodia de un virtual desconocido? Casi dese&#243; que su t&#237;o Henry hubiera ganado la partida y ella siguiera en Friarsgate. Casi.

A medida que sus primeros miedos comenzaban a disiparse, Rosamund empez&#243; a disfrutar del viaje. Y, recordando que la muchacha nunca hab&#237;a pasado un d&#237;a entero a caballo, sir Owein se detuvo a media ma&#241;ana para que pudieran apearse, estirarse un poco y comer lo que les hab&#237;a preparado el cocinero de Friarsgate. Rosamund descubri&#243; que le hab&#237;a vuelto el apetito cuando se puso a comer cap&#243;n asado y pasteles de conejo todav&#237;a calientes, pan y queso, y peras frescas de su propio huerto. Siguieron el viaje y volvieron a detenerse a media tarde en un peque&#241;o convento. Como los esperaban, fueron muy bien recibidos, pero a sir Owein lo mandaron a la casa de hu&#233;spedes para hombres, mientras que Rosamund y Maybel se quedaron con las monjas, aunque eran los &#250;nicos hu&#233;spedes esa noche.

Esa primera noche, Rosamund comprob&#243; la veracidad de lo que le dijo su guardi&#225;n. La comida era un potaje de tub&#233;rculos servido con un peque&#241;o trozo de pan negro y una tajada fina de queso duro. La cerveza estaba amarga, y bebieron poco. Las comodidades para dormir no eran mucho mejores. Dos camastros con colchones de paja aplastados de tanto uso y con algunas partes invadidas por los insectos. Por la ma&#241;ana les sirvieron avena, que comieron con cucharas de madera de una olla com&#250;n. Se les dio una sola rodaja de pan, que compartieron. Luego de que sir Owein ofreci&#243; la donaci&#243;n, partieron.

La ciudad fortificada de Carlisle fue la primera que Rosamund vio en su vida. Abri&#243; los ojos bien grandes cuando pasaron por la puerta de Rickard. El coraz&#243;n le lati&#243; a toda prisa cuando atravesaron las calles estrechas, con sus casas pegadas entre s&#237;, sin jardines a la vista. Bajaron por High Street, la calle principal, y cruzaron hacia el sur, hacia la iglesia de St. Cuthbert, que estaba vinculada al monasterio de Richard Bolton y en cuyas casas de hu&#233;spedes pasar&#237;an la noche.

Me parece que no me gustan las ciudades -dijo Rosamund-. &#191;Por qu&#233; hay un olor tan feo, Owein?

Si mira las calles con atenci&#243;n, milady, ver&#225; el contenido de los orinales de la ciudad que siguen su recorrido de las cunetas a las cloacas -explic&#243; &#233;l.

Los establos de mis vacas huelen mejor.

Vamos, milady -brome&#243; &#233;l-, una muchacha de campo como usted no va a impresionarse por unos olorcillos.

Rosamund sacudi&#243; la cabeza.

&#191;Y a la gente de la ciudad le gusta vivir tan encerrada? -pregunt&#243;, como pensando en voz alta-. A m&#237; no me gusta para nada.

La ciudad est&#225; amurallada para impedir que entren invasores. Hay mucho para robar aqu&#237;, y los escoceses siguen estando demasiado cerca. Carlisle es un lugar seguro para muchos de los que habitan en los alrededores. Y desde aqu&#237; se puede montar una defensa efectiva.

Dejaron Carlisle a la ma&#241;ana siguiente, para gran alivio de Rosamund, y retomaron el rumbo al sur por un recodo de Westmorland, con sus desolados p&#225;ramos, sus colinas y sus lagos, y entraron en Lancastershire, con sus bosques y parques con ciervos. Iban, seg&#250;n les dijo sir Owein, por un camino construido por los romanos hac&#237;a m&#225;s de mil a&#241;os. Cruzaron Cheshire, un condado llano pese a las colinas que lo circundaban, y llegaron a Shropshire, donde el clima se torn&#243; claramente oto&#241;al. Ella se alegr&#243; de haber llevado su capa de lana azul con capucha.

A Rosamund le gustaron las ovejas de cara negra que vio pastando en los campos de Shropshire. Le dijo a sir Owein, con gran conocimiento, que su lana era mejor incluso que la de Friarsgate y que alg&#250;n d&#237;a esperaba comprar un reba&#241;o, aunque era dif&#237;cil conseguir esas ovejas, dado que sus due&#241;os se rehusaban a separarse de ellas. Pero si pod&#237;a encontrar un macho reproductor y dos hembras f&#233;rtiles, ser&#237;a un comienzo.

La estoy llevando a la Corte y usted piensa en criar ovejas -dijo &#233;l, riendo.

S&#233; que la intenci&#243;n de Hugh fue protegerme y hacerme ver el mundo, pero, en el fondo de mi coraz&#243;n, yo soy una muchacha de campo. Espero que me dejen regresar pronto a casa. Por lo que me ha dicho, dudo de que yo vaya a ser de alguna importancia para el rey o de provecho para su familia. Cuando lo vea le voy a sugerir que me permita volver a casa de inmediato. Cuando desee casarme, si es que llego a encontrar a un hombre que me convenga, no lo har&#233; sin permiso real.

No s&#233; cu&#225;ndo ver&#225; al rey. Al menos, no ser&#225; enseguida. Es inteligente de su parte que comprenda que no tiene un lugar real entre los poderosos, Rosamund. -Se pregunt&#243; si esta muchacha se hab&#237;a puesto a&#250;n m&#225;s bonita que cuando la vio en la primavera. Luego de pasar un tiempo en Friarsgate, &#233;l entend&#237;a el deseo de ella de permanecer all&#237;. Se dio cuenta, de pronto, de que a &#233;l tambi&#233;n le habr&#237;a gustado quedarse all&#237;. No es f&#225;cil estar al servicio de un rey toda la vida.

&#191;Me gustar&#225; estar en la Corte? -le pregunt&#243; Rosamund. &#201;l la estaba mirando tan fijo que la pon&#237;a nerviosa. Trat&#243; de atraer su atenci&#243;n otra vez.

Los ojos verdes de &#233;l se encontraron con los de ella.

Eso espero, Rosamund. No querr&#237;a verla desdichada. -Al conocer a Henry Bolton &#233;l comprendi&#243; plenamente el deseo de Hugh Cabot de proteger a Rosamund de su t&#237;o. De lo que no estaba seguro era de que la soluci&#243;n fuera sacarla de su casa.

En Staffordshire los caminos eran malos y mal mantenidos, en especial considerando que deb&#237;an ser transitados para viajar al sur. Empez&#243; a llover otra vez y el camino por el que iban se inund&#243;. No hab&#237;a suficientes cruces para atravesar el r&#237;o. Una tarde, les llev&#243; casi una hora cruzar un puentecito, tan intenso era el tr&#225;nsito local. El puente de madera cruj&#237;a y gem&#237;a bajo los carros pesados, el tr&#225;fico de caballos y un grupo peque&#241;o de vacas. El campo estaba lleno de bosques antiguos, pero las praderas que encontraban en su camino eran especialmente exuberantes. Sin embargo, hab&#237;a unos pozos abiertos horribles de los que extra&#237;an hierro y carb&#243;n que estropeaban el paisaje. Hac&#237;a ya m&#225;s de dos semanas que hab&#237;an emprendido el viaje, pero sir Owein estaba contento porque estaban yendo bastante r&#225;pido, pese a que sus dos compa&#241;eras no estaban acostumbradas a viajar.

A ojos de Rosamund, Warwickshire era hermoso, con sus bellos prados y pasturas. Las ciudades con mercados -de las que, seg&#250;n se enteraron, hab&#237;a dieciocho- eran pr&#243;speras y muy concurridas. Rosamund ya se hab&#237;a acostumbrado a las ciudades, pero sigui&#243; dici&#233;ndole a Maybel, que enseguida estaba de acuerdo con ella, que prefer&#237;a el campo a la ciudad. Cruzaron Northamptonshire, que se ve&#237;a extra&#241;amente aislado y r&#250;stico comparado con los otros condados que atravesaron. Grupos de vacas y ovejas pac&#237;an en praderas todav&#237;a verdes y frescas a fines de septiembre. Como Buckinghamshire, donde, seg&#250;n le cont&#243; sir Owein, quedaban las vacas y las ovejas, en la &#250;ltima etapa de su viaje de Gales a Londres, para engorde.

Llegaron a la ciudad de St. Albans en Hertfordshire y, sabiendo que pronto ella no tendr&#237;a mucho tiempo para diversiones, Owein llev&#243; a Rosamund y a Maybel a ver el altar del santo en la gran abad&#237;a. Era el primer santo de Inglaterra y hab&#237;a sido un soldado romano. Rosamund nunca hab&#237;a estado en una iglesia como la abad&#237;a. El gran edificio de piedra se levantaba sobre sus cabezas. Las ventanas con vitrales arrojaban sombras de manchas multicolores sobre los pisos de piedra. Ni Rosamund ni Maybel hab&#237;an visto antes vidrio de colores semejantes.

Como se maravillar&#237;a el padre Mata si pudiera ver esta belleza -dijo Rosamund-. Alg&#250;n d&#237;a pondr&#233; ventanas como estas en nuestra peque&#241;a iglesia, aunque no tan finas ni tan grandes, por supuesto.

Ser&#237;an a&#250;n m&#225;s bellas, al no verse estropeadas por otros edificios, y con la luz pura de Cumberland a trav&#233;s de ellas -dijo Owein, reflexivo-. Creo que voy a extra&#241;ar Friarsgate.

Tal vez lo asignen para escoltarme de regreso a casa -dijo Rosamund, esperanzada-. Tal vez volvamos en la primavera.

Veo que se ha resignado a pasar el oto&#241;o y el invierno en la Corte -coment&#243; &#233;l.

Al parecer no tengo opci&#243;n, &#191;no? -dijo ella, riendo-. &#191;Cu&#225;ndo llegaremos a Londres?

Iremos a Richmond primero. Sospecho que, como es el lugar preferido del rey, estar&#225; cazando all&#237;. Si no, sabr&#225;n decirnos cu&#225;l es su paradero. Otra d&#237;a viajando, Rosamund.

Pero el rey s&#237; estaba en Richmond. Cuando se acercaban al palacio por el parque vieron su estandarte y el pend&#243;n rojo de Pendrag&#243;n que flameaba desde las torres al viento de la tarde. M&#225;s all&#225; se ve&#237;a el r&#237;o T&#225;mesis que resplandec&#237;a a la luz del sol.

&#161;Det&#233;ngase! &#161;Por favor, det&#233;ngase! -le rog&#243; Rosamund a su escolta. Ella fren&#243; el caballo y se qued&#243; mirando con los ojos muy abiertos. Al fin, despu&#233;s de unos minutos, dijo-: Es muy grande. Yo no puedo vivir en un lugar tan grande. &#191;C&#243;mo voy a hacer para no perderme all&#237; adentro? -&#201;l vio que ella estaba al borde de las l&#225;grimas.

Owein desmont&#243; y baj&#243; a Rosamund de su yegua.

Caminemos un rato juntos. Maybel, venga usted tambi&#233;n. -Ape&#243; a Maybel del caballo y la deposit&#243; delicadamente en el suelo.

Maybel se sacudi&#243; la pollera y se restreg&#243; el trasero.

Ah, se&#241;or, esto es mucho mejor.

Sus compa&#241;eros rieron. Owein tom&#243; a Rosamund de la mano y caminaron juntos, llevando los caballos y seguidos por Maybel.

Hace casi un mes que viajamos -comenz&#243; a decir-. Me doy cuenta de que, como nunca se hab&#237;a alejado mucho de su amado Friarsgate, todo lo que vio ha sido muy nuevo y, tal vez, hasta un poco atemorizador. Ciudades, abad&#237;as y ahora un palacio. Es un palacio grande, pero, en breve, podr&#225; andar por &#233;l a su gusto.

&#191;Todas las casas del rey son tan grandes? -le pregunt&#243; Rosamund.

Algunas lo son m&#225;s a&#250;n y hay otras m&#225;s peque&#241;as. Richmond fue construido sobre las ruinas de un palacio llamado Sheen. Se quem&#243; la noche de Santo Tom&#225;s hace tres a&#241;os. El rey y su familia estaban viviendo en &#233;l; hab&#237;an venido a pasar la Navidad. Todos pudieron escapar de las llamas. Pero el rey quer&#237;a tanto este lugar que hizo construir un hermoso palacio aqu&#237;. Tiene todas las comodidades modernas, y debo reconocer que es una de las residencias reales m&#225;s lindas, aunque yo tengo un cari&#241;o especial por Greenwich y Windsor. Aqu&#237; tendr&#225; una cama para usted sola, Rosamund. Cuando la reina llega a Richmond, hay camas para todas sus damas. Nunca la dejar&#225;n cuando vengan a este palacio, como suele suceder cuando viajan de una residencia a otra.

Pero &#191;qu&#233; har&#233; aqu&#237;? No me gusta estar sin hacer nada -dijo Rosamund. Mir&#243; el gran palacio con nerviosismo. &#161;Ah, Hugh!, pens&#243;, &#191;por qu&#233; me hiciste esto? &#191;No podr&#237;a haberme quedado en casa, con otro tipo de protecci&#243;n contra el t&#237;o Henry?

Cumplir&#225; con la tarea que le asigne la reina, Rosamund. Una reina tiene muchas necesidades. Por eso tiene tantas damas.

Rosamund guard&#243; silencio y contempl&#243; el conjunto de edificios que hab&#237;a frente a ella. El palacio miraba al r&#237;o hacia el sur. Ellos se acercaban a trav&#233;s del prado desde el norte. Richmond se extend&#237;a por el este hasta Friar's Lane; m&#225;s all&#225; se ve&#237;a el convento de los Padres Observantes que hab&#237;a fundado el rey dos a&#241;os antes. El palacio era de ladrillo, con torres en las cuatro esquinas y otras m&#225;s dispuestas en diversos &#225;ngulos por toda la estructura y entre los edificios. Las puertas eran de ra&#237;z de fresno tachonadas con clavos de hierro; por las noches se cerraban con pesadas barras de hierro. Owein le dijo que la puerta de la izquierda llevaba al patio de la bodega, con sus canchas de tenis, m&#225;s all&#225; de las cuales se extend&#237;a el jard&#237;n privado. Este jard&#237;n estaba rodeado de muros de ladrillo de cuatro metros de altura y estaba lleno de &#225;rboles frutales, rosales y otros arbustos floridos. Hab&#237;a un zool&#243;gico de animales tallados en piedra, leones, dragones. Detr&#225;s del jard&#237;n privado hab&#237;a un huerto de buen tama&#241;o que conten&#237;a un palomar y una galer&#237;a que llevaba a los aposentos privados.

La puerta principal de Richmond, sobre la derecha, llevaba al gran patio. Los tres volvieron a montar sus caballos y lo atravesaron. Encima del umbral hab&#237;a una gran placa de piedra en la que estaban talladas las armas del rey, el Pendrag&#243;n rojo de los Tudor y el galgo de la familia de York de la reina. Desmontaron y las dos mujeres siguieron a sir Owein a trav&#233;s del patio empedrado. Un criado de librea hab&#237;a aparecido como por arte de magia y llev&#243; sus pertenencias, seguido casi a la carrera por los tres.

Los edificios que hay alrededor de este patio son para los caballeros del rey y el guardarropa -dijo Owein cuando iban hacia otro patio por un corredor con torrecillas-. Este es el patio del medio -explic&#243;.

Las dos mujeres quedaron boquiabiertas. En el centro del patio hab&#237;a una gran fuente tallada con leones, dragones, grifos y otros animales m&#225;gicos. Hab&#237;a rosas rojas y blancas plantadas alrededor de las fuentes, por las que corr&#237;a un agua cristalina. Los arbustos, en sus ubicaciones protegidas, segu&#237;an florecidos.

All&#237; vive lord Chamberlain -dijo Owein, se&#241;alando hacia su izquierda-, y est&#225; el pabell&#243;n del pr&#237;ncipe. Detr&#225;s de estos edificios se encuentra la capilla real. Y aqu&#237;, a la derecha, el pabell&#243;n de la reina -dijo se&#241;alando un edificio de ladrillo de dos pisos de altura.

Rosamund y Maybel siguieron a sir Owein dentro del edificio. De inmediato, apareci&#243; un criado con la librea de la reina.

Esta es lady Rosamund de Friarsgate, en Cumbria. Es pupila del rey -dijo el caballero-. Recib&#237; instrucciones de ir a buscarla a su casa y traerla a la casa de la reina. Soy sir Owein Meredith, al servicio del rey.

Vengan conmigo -dijo el criado, que dio media vuelta y ech&#243; a andar sin mirar atr&#225;s.

Lo siguieron por una escalera, luego por una sala, hasta una puerta que abri&#243; de golpe. La rec&#225;mara estaba llena de mujeres de distintas edades. En una gran silla tapizada y con los pies sobre un taburete de terciopelo, hab&#237;a una dama de expresi&#243;n dulce que, al ver a sus visitantes, les indic&#243; que se acercaran.

Sir Owein, &#191;no es as&#237;? -pregunt&#243;, con voz muy amable.

El hombre del rey se arrodill&#243; y bes&#243; la mano de la reina.

Qu&#233; honor que me recuerde, Su Alteza. -A una indicaci&#243;n de ella, se incorpor&#243; y qued&#243; de frente a Isabel de York.

&#191;Y qui&#233;n es esa linda ni&#241;a que tiene ah&#237;? -pregunt&#243; la reina. Sus ojos azules estaban llenos de curiosidad.

Es lady Rosamund Bolton, viuda de sir Hugh Cabot y heredera de Friarsgate, en Cumbria. Su fallecido marido la puso bajo la custodia del rey, como recordar&#225;. Se me envi&#243; a buscarla hace unos meses y se me dijo que estar&#237;a a su cargo. Acabamos de llegar, Su Alteza.

Gracias, sir Owein. Puede decirle a mi esposo que ha regresado y que ha cumplido adecuadamente su cometido. Se alegrar&#225; de verlo de vuelta. Nadie lo desaf&#237;a en el ajedrez como usted. -Sonri&#243; y de inmediato su rostro se convirti&#243; en un objeto de belleza. Extendi&#243; otra vez la mano al caballero.

&#201;l se la bes&#243; y se dirigi&#243; a Rosamund.

La dejar&#233; ahora, milady. Tal vez volvamos a vernos. -Le hizo una inclinaci&#243;n y, luego de dirigirle un gui&#241;o afectuoso a Maybel, las dej&#243;.

Rosamund quiso gritarle que no se fuera. Maybel y ella parec&#237;an haber quedado solas en el recinto entre la reina y las otras mujeres. Hasta que, de pronto, la reina pos&#243; su mirada en la muchacha y habl&#243;.

Imagino que ha sido un viaje largo.

S&#237;, se&#241;ora, as&#237; es -respondi&#243; Rosamund, haciendo una reverencia.

Y tambi&#233;n me imagino que estar&#225;s aterrada por todo esto -dijo la reina con su voz tierna.

S&#237;, se&#241;ora -respondi&#243; Rosamund, al borde de las l&#225;grimas.

Recuerdo lo aterrador que fue para m&#237; la primera vez que me mandaron lejos de mi hogar. Pero pronto te sentir&#225;s como en casa con nosotras, mi ni&#241;a. Al menos, hablamos el mismo idioma. La viuda de mi finado hijo no habla muy bien nuestra lengua, ni ninguna que no sea la propia. Es una princesa espa&#241;ola. All&#237; est&#225;, del otro lado de la sala, rodeada por esos cuervos negros que trajo de Espa&#241;a. Pero es una buena muchacha. Ahora bien, &#191;qu&#233; haremos contigo, Rosamund Bolton de Friarsgate?

No lo s&#233;, Su Alteza -dijo Rosamund, con voz temblorosa.

Bien, primero debes contarme por qu&#233; tu esposo te puso a nuestro cuidado -pregunt&#243; con ternura la reina-. &#191;Y qui&#233;n es tu compa&#241;era?

Es Maybel, Su Alteza. Es mi nodriza y ella me cri&#243;. Dej&#243; a su esposo para venir conmigo. Solo despu&#233;s de su muerte me enter&#233; de que Hugh, que Dios lo tenga en la gloria, me dejaba al cuidado del rey. Lo hizo para impedir que mi t&#237;o Henry me casara con su hijo de cinco a&#241;os y me robara Friarsgate. El t&#237;o Henry ha ambicionado Friarsgate desde que mis padres y mi hermano murieron cuando yo ten&#237;a tres a&#241;os. Me cas&#243; con su hijo mayor, pero John muri&#243; de fiebre. Despu&#233;s, organiz&#243; mi matrimonio con Hugh Cabot, porque yo todav&#237;a era una ni&#241;a y Hugh era un anciano. Lo hizo para mantenerme a salvo para su siguiente hijo, que todav&#237;a ni hab&#237;a nacido. Pero Hugh era un buen hombre. Vio las intenciones de mi t&#237;o. Como esposo m&#237;o, ten&#237;a derecho a decidir mi futuro antes de morir. Me envi&#243; al rey para que me protegiera -termin&#243; Rosamund, de prisa.

La reina ri&#243; despacito.

Y t&#250; desear&#237;as que no lo hubiera hecho, &#191;no, mi ni&#241;a? Pero nosotros te protegeremos de ese hombre, como quiso tu buen esposo. Ya encontraremos un hombre digno de ti, Rosamund Bolton. Ahora bien, &#191;qu&#233; hago contigo?

No lo s&#233;, Su Alteza -dijo Rosamund, desolada.

Eres demasiado grande para ir al cuarto de ni&#241;os con Mar&#237;a. Me parece que tienes m&#225;s o menos la misma edad que mi hija Margarita. &#191;Cu&#225;ntos a&#241;os tienes, Rosamund Bolton? -pregunt&#243; la reina.

El treinta de abril cumpl&#237; trece, se&#241;ora -fue la respuesta.

Eres seis meses mayor que mi hija Margarita. Ella es la reina de los Escoceses, pues hace unos meses se comprometi&#243; con el rey Jacobo. Podr&#237;a ponerte con ella un tiempo. El verano pr&#243;ximo se casar&#225; con el rey. Tal vez entonces cesen las guerras entre nosotros. S&#237;, te pondr&#233; con Margarita y con Catalina, la viuda de mi hijo. Son todas de la misma edad. Ser&#225;s una compa&#241;&#237;a para ellas por el momento. Princesa Catalina -dijo la reina, haciendo una se&#241;a a la muchacha que estaba del otro lado de la habitaci&#243;n.

La princesa se levant&#243; de su asiento y se dirigi&#243; deprisa adonde estaba su suegra. Hizo una profunda reverencia.

&#191;S&#237; [[1]: #_ftnref1 En espa&#241;ol en el original. (N. de la T.)], se&#241;ora?

Catalina, ella es lady Rosamund. Las acompa&#241;ar&#225; a ti y a la reina Margarita. &#191;Comprendes?

S&#237;, se&#241;ora. Comprendo -respondi&#243; Catalina de Arag&#243;n, que ten&#237;a diecisiete a&#241;os.

Ll&#233;vala con Margarita y expl&#237;cale mis deseos -dijo la reina.

S&#237;, se&#241;ora -fue la respuesta.

Y habla en ingl&#233;s, Catalina -dijo la reina, cansada-. Debes hablar ingl&#233;s, hija. Ser&#225;s reina de Inglaterra alg&#250;n d&#237;a.

Cre&#237;a que su esposo hab&#237;a -Rosamund se interrumpi&#243; al ver la expresi&#243;n azorada de la reina.

Esperamos -dijo la reina por fin- que Catalina se case con nuestro segundo hijo, el nuevo heredero, el pr&#237;ncipe Enrique.

Una mujer puso una copa de vino en la mano de la reina y dijo:

Vayan, muchachas. La reina est&#225; cansada por la nueva vida que pronto dar&#225; a luz. Necesita descansar.

S&#237; -coincidi&#243; Isabel de York-. Puedes retirarte, Rosamund Bolton. Te doy la bienvenida a nuestra casa y espero que seas feliz con nosotros -dijo, y cerr&#243; los ojos.

&#161;Ven! -dijo alguien. Rosamund sinti&#243; que le tiraban de la falda.

Rosamund se volvi&#243; y sigui&#243; a la princesa espa&#241;ola, que se la llev&#243; de los aposentos de la reina. De pronto, estaban rodeadas por cuatro damas de negro que parloteaban con la princesa en su extra&#241;a lengua.

Tu idioma me resulta dif&#237;cil -dijo despacio la muchacha mayor-, pero lo hablo mejor de lo que creen. Se aprende m&#225;s fingiendo ignorancia, pero no vayas a decir nada, Rosamund Bolton.

Rosamund ri&#243; y dijo:

No, princesa, no te delatar&#233;. &#191;Qui&#233;nes son las damas que te acompa&#241;an?

Mis due&#241;as -fue la respuesta-. Son todas de buenas familias, pero cada una de ella se desempe&#241;a como mi criada, mi compa&#241;era y conciencia, en especial do&#241;a Elvira. No hacen el menor esfuerzo por hablar ingl&#233;s y, a veces, son agotadoras. &#191;Tu nodriza es igual?

A veces, pero la verdad es que estar&#237;a perdida sin Maybel. &#191;Ad&#243;nde vamos?

A los departamentos de mi cu&#241;ada. Cuando Arturo muri&#243; y me trajeron otra vez a la Corte, me pusieron aqu&#237; con ella. Qu&#233; suceder&#225; cuando a ella la env&#237;en a casarse con el rey de los escoceses, no lo s&#233;, pero dudo de que t&#250; o yo estemos en aposentos tan lujosos. Dejaremos que la joven reina decida d&#243;nde dormir&#225;s, pues hemos sido asignadas a sus aposentos. -Catalina de Arag&#243;n se detuvo ante una puerta doble, la abri&#243; y la traspuso.

Rosamund la sigui&#243; y se encontr&#243; en un aposento exquisito con paredes con paneles de madera clara. De las ventanas colgaban pesadas cortinas de terciopelo de un azul profundo. El hogar estaba flanqueado por &#225;ngeles de m&#225;rmol rosado. Un fuego de fragante madera de manzano ard&#237;a all&#237;.

Margarita -llam&#243; Catalina-. He tra&#237;do una nueva compa&#241;era para nosotras.

Se abri&#243; la puerta a una habitaci&#243;n interna y una hermosa muchacha, de aire orgulloso, con gloriosos cabellos de un rojo dorado y una expresi&#243;n de curiosidad en los ojos color zafiro, apareci&#243;.

Ya somos demasiadas -dijo, con impertinencia.

Ella es lady Rosamund, pupila de tu padre, el rey. La manda tu madre.

Tu vestido est&#225; sucio y es bastante anticuado -se&#241;al&#243; Margarita de Inglaterra al tiempo que caminaba despacio en torno a Rosamund-. Pero supongo que algo podremos hacer al respecto. &#191;Qu&#233; te parece, Catalina? Convertirla en una dama a la moda nos har&#225; pasar el tiempo mientras todos se van a cazar.

&#161;Qu&#233; descort&#233;s eres! -exclam&#243; Rosamund, enojada-. He viajado casi un mes para llegar aqu&#237;. Y en Cumbria no tenemos ninguna necesidad de estar a la moda, entre las ovejas. Los vestidos son para abrigarse y cubrirse. &#161;Ojal&#225; estuviera en cualquier otro lado menos en este!

Margarita estall&#243; en una carcajada.

Ah, gracias a Dios no eres una dulce muchachita como nuestra querida Kate. A veces me aburre a morir con su bondad. T&#250; no me aburrir&#225;s. &#191;Vienes del norte? &#191;Conoces a alg&#250;n escoc&#233;s? Me compromet&#237; con Jacobo Estuardo el verano pasado y ahora soy su reina. El verano pr&#243;ximo me casar&#233; con el rey. Es muy viejo, pero dicen que es un amante incansable. Espero que as&#237; sea. Dormir&#225;s conmigo, lady Rosamund de Cumbria. Ahora di gracias, y te sacaremos de ese viejo vestido polvoriento lo antes posible. No podemos ir a cenar contigo con ese aspecto.



CAP&#205;TULO 05

Por primera vez en su vida, Rosamund ten&#237;a amigas de su generaci&#243;n. Aunque Catalina de Arag&#243;n era casi cuatro a&#241;os mayor que ella, Margarita de Inglaterra ten&#237;a apenas medio a&#241;o menos. Catalina era t&#237;mida y reservada. Margarita era altiva, osada y dec&#237;a lo que pensaba sin medir las consecuencias. Todav&#237;a no hab&#237;a sido coronada, por supuesto, pero su compromiso la hab&#237;a convertido en reina, y era absolutamente majestuosa. De todos modos, la muchacha de Cumbria se las ingeniaba para llevarse bien con las dos princesas: trataba a ambas con una mezcla de admiraci&#243;n y respeto. A cambio, las princesas trataban a su nueva compa&#241;era como una de ellas, educ&#225;ndola y gui&#225;ndola a trav&#233;s de los vericuetos de la vida de la Corte.

Margarita Tudor, a quien los &#237;ntimos llamaban Meg, era llamativamente bondadosa pese a su orgullo y su naturaleza tempestuosa. Era mucho m&#225;s sofisticada que Rosamund. Pero Rosamund ten&#237;a m&#225;s conocimiento del mundo com&#250;n y era m&#225;s pr&#225;ctica. Se complementaban. La reina estaba gratamente sorprendida, porque la princesa, su segunda hija, siempre hab&#237;a sido una criatura obstinada, propensa a los conflictos. En compa&#241;&#237;a de Rosamund parec&#237;a estabilizarse. Su esp&#237;ritu rebelde se calm&#243;.

Mi madre piensa que eres un &#225;ngel -dijo Meg, riendo, sentadas las dos en el jard&#237;n privado un mes despu&#233;s de la llegada de Rosamund-. Dice que has sido una buena influencia para mi comportamiento.

T&#250; haces lo que quieres, Meg, eso no es ning&#250;n secreto -respondi&#243; Rosamund con una sonrisa-, pero, si te han sugerido seguir mi conducta, me siento honrada por ello.

Es que t&#250; no eres una presumida como Kate.

Kate, si no me equivoco, es producto de su educaci&#243;n. Los espa&#241;oles son terriblemente estrictos con sus hijas. Por eso ella es como es y yo soy como soy por mi fallecido esposo.

&#191;C&#243;mo era? &#191;Era un buen amante? -pregunt&#243; Meg, curiosa.

Yo ten&#237;a seis a&#241;os cuando nos casamos, y era demasiado joven cuando &#233;l muri&#243; para haber tenido una relaci&#243;n f&#237;sica -explic&#243; Rosamund, ruboriz&#225;ndose-. Hugh fue para m&#237; m&#225;s un padre que un esposo.

Mi abuela dio a luz a mi padre cuando ten&#237;a nuestra edad. Todav&#237;a no la conociste; ya lo har&#225;s. La llaman la Venerable Margarita. Mi nombre se lo debo a ella, claro. No s&#233; si me cae bien mi abuela. A veces me da miedo. Pero me parece que me quiere. Es muy sabia y muy poderosa. La persona m&#225;s poderosa del reino despu&#233;s de mi padre.

&#191;D&#243;nde vive?

Tiene una casa en Londres, que se llama Cold Harbour, y muchas otras casas por todo el campo. Aqu&#237;, en Richmond, tiene departamentos, pero no vendr&#225; hasta Navidad. Cuando yo era peque&#241;a viv&#237;a en Sheen, pero un invierno el castillo se quem&#243;. Nuestro padre reconstruy&#243; Richmond donde hab&#237;a estado Sheen. Despu&#233;s de todo, es probable que pasemos el invierno en Londres, porque el beb&#233; de mam&#225; llegar&#225; en febrero.

&#191;Por qu&#233; no se quedan en un solo palacio? Viajar de un lugar a otro trae m&#225;s problemas que beneficios, me parece.

Margarita asinti&#243;.

Estoy de acuerdo contigo, pero es nuestra manera de mostrarnos al pueblo. Adem&#225;s, donde sea que estemos, es responsabilidad de la vecindad que nos rodea aprovisionarnos. No se puede pretender que una sola zona nos abastezca todo el a&#241;o. Por eso vamos de un lugar a otro. Espera a ver Windsor.

Pobre Maybel -respondi&#243; Rosamund con una sonrisa-. Se est&#225; recuperando de nuestro viaje desde Cumbria. &#191;Y ahora vamos a viajar otra vez? Yo s&#233; que me es fiel, si no, se ir&#237;a a su casa, con su esposo. -Rosamund suspir&#243;-. &#191;Te parece que me encontrar&#225;s un marido para cuando llegue el momento de que te vayas a Escocia, el verano pr&#243;ximo?

T&#250; eres un premio para ser dado como una peque&#241;a recompensa alguien a quien el rey desee honrar -dijo Meg, bruscamente-. Eso es lo que somos las princesas reales y las muchachas acaudaladas. Somos confites, un bot&#237;n para repartir. Yo lo s&#233; desde que tengo conciencia de qui&#233;n soy. Y eso es lo que eres t&#250; ahora. Cierto que no provienes de una gran familia, Rosamund, pero tus tierras son extensas y, a juzgar por lo que me has dicho, f&#233;rtiles. Tienes grandes reba&#241;os de ovejas, ganado y caballos. Es una fortuna tan interesante que se puede pasar por alto tu linaje modesto. Mi padre, que es un hombre inteligente, pronto te dar&#225; a un esposo. Ser&#225; un hombre en quien &#233;l conf&#237;e, que pueda serle &#250;til a &#233;l y a la corona en la frontera con Escocia, no te quepa duda.

Parece tan fr&#237;o -coment&#243; Rosamund.

No es m&#225;s calculador que tu t&#237;o, que busca controlarte a ti y a tus tierras cas&#225;ndote con su hijito -respondi&#243; Meg. Y agreg&#243;-: &#191;Te besaron alguna vez? A m&#237; no. Si te han besado, tienes que contarme c&#243;mo es.

&#191;Dices un beso apasionado, como de un amante? No, no me han besado.

&#191;Me quieres decir que sir Owein no intent&#243; seducirte? -La princesa era incr&#233;dula-. Es muy buen mozo. &#191;Te diste cuenta? &#161;Claro que te diste cuenta! &#161;Pero si te est&#225;s ruborizando!

Nunca me bes&#243;, pero, s&#237;, me pareci&#243; muy buen mozo, y me dijo que era bonita.

Dicen que les gusta a todas las damas. Si no fuera tan pobre ser&#237;a un excelente marido para cualquier mujer.

&#191;Por qu&#233; les gusta a las damas?

Porque es muy gentil y galante. Sabe re&#237;r con una buena broma. Es muy leal, y cuenta con el favor de mi familia. Pero as&#237; como un hombre busca una mujer acaudalada, una mujer prudente tambi&#233;n quiere a un nombre acaudalado. Pobre sir Owein. Es probable que no se case nunca.

Dejaron Richmond y se dirigieron primero a Londres, donde al rey le gustaba celebrar la v&#237;spera y el D&#237;a de Todos los Santos, y el D&#237;a os Fieles Difuntos. Fueron en barca, cruzando el r&#237;o hasta el palacio de Westminster, en la ciudad de Londres. La barca del rey entr&#243; primero. &#201;l y la reina, a la vista de las multitudes alineadas a ambas orillas del r&#237;o para saludarlos, estaban vestidos con todos los atributos reales, incluidas las coronas. El pr&#237;ncipe Enrique iba con ellos, ya que ahora &#233;l era el heredero. La multitud lo vivaba, porque era buen mozo y atractivo, y a &#233;l, obviamente, le encantaba la adulaci&#243;n. Rosamund todav&#237;a no hab&#237;a conocido a Enrique Tudor, que era dos a&#241;os menor que ella.

Los espectadores asent&#237;an, complacidos, ante la evidente pre&#241;ez de la reina. Hablaban entre s&#237;, con alivio, de la apariencia robusta del nuevo heredero. Una segunda barca, igualmente bella, que llevaba a la Venerable Margarita, segu&#237;a a la del rey. La matriarca de la familia, hermosamente ataviada, saludaba con magnificencia.

Despu&#233;s de la muerte del pr&#237;ncipe Arturo, hab&#237;a corrido el rumor de que la princesa Catalina estaba encinta. El rumor result&#243; falso. Y ahora ven&#237;a ella, con Margarita y sus compa&#241;eras, en la tercera barca. Rosamund estaba sentada con ellas. Arrobada, mir&#243; la ciudad a su alrededor. Con los dedos describ&#237;a nerviosos arabescos en su nueva falda de seda negra, y se preguntaba si su jub&#243;n a rayas negras sobre negro con las cuentas y los bordados en oro no era algo demasiado elegante para una campesina como ella. Pero Margarita Tudor le hab&#237;a asegurado que no, mientras ayudaba a su nueva amiga a vestir el traje que acababa de regalarle.

Si vas a ser mi compa&#241;era, tienes que estar a mi altura. A m&#237; el jub&#243;n y la pollera ya me quedan chicos, pero a ti te sentar&#225;n perfectos, Rosamund. Espero que para Navidad podamos dejar el luto por mi hermano y vestirnos con colores otra vez. Yo pienso que tanto negro nos hace parecer demacradas.

Es altanera, pero tiene buen coraz&#243;n -le dijo Maybel a su ama- &#161;No puedo creer que mi ni&#241;ita sea amiga de una princesa!

La pobre Catalina, con su piel aceitunada, parec&#237;a m&#225;s demacrada que nunca con su luto, mientras la barca se deslizaba sobre las aguas del r&#237;o. Rosamund se inclin&#243; hacia adelante y le susurr&#243;:

Me parece que me veo como un cuervo con tanto negro, sin falle el respeto a tu fallecido esposo.

La princesa de Arag&#243;n asinti&#243; apenas y dijo, en voz baja y en su ingl&#233;s con acento:

El negro no es un color para la juventud. -Sin embargo, Meg taba espl&#233;ndida con su traje de terciopelo negro con bordados y cuentas doradas. Se la ve&#237;a muy bien, pues, como Rosamund, su piel era muy blanca y sus mejillas, rosadas. Saludaba con la mano, sonriente, a los espectadores, que la vivaban. Todos sab&#237;an que pronto se casar&#237;a formalmente con el rey de los escoceses, y todo el mundo esperaba que eso significara la paz entre Inglaterra y Escocia. Las barcas comenzaron a enfilar hacia la orilla.

Rosamund casi no pod&#237;a contenerse.

Y pensar que Richmond me parec&#237;a grande -murmur&#243;, pero Meg la oy&#243; y ri&#243;.

Westminster no est&#225; mal. Nos alojamos en el ala sur. Casi todo el resto de Westminster es la abad&#237;a misma y los edificios del Parlamento. Mam&#225; prefiere el castillo de Baynard cuando venimos a Londres. Es m&#225;s lindo. Claro que, estando en la ciudad, todo parece un poco cerrado. Espera a que veas Windsor.

&#191;Qui&#233;nes son esos que se re&#250;nen en el muelle de desembarco? -pregunt&#243; Rosamund, nerviosa.

Ah, probablemente el alcalde de la ciudad, sus concejales y varios miembros de la Corte -dijo Meg, como al pasar-. Hoy conocer&#225;s a mi abuela, Rosamund, pero no te dejes amedrentar. Ella espera buenos modales y respeto, pero no servilismo. Mi abuela odia el servilismo. No tiene paciencia con eso. Todos le tienen deferencia, hasta el rey -dijo la princesa, con admiraci&#243;n-. Espero llegar a ser como ella alg&#250;n d&#237;a.

Las princesas y Rosamund bajaron de la barca. El rey, la reina, la Venerable Margarita y el pr&#237;ncipe Enrique iban delante de ellas. Rosamund, como correspond&#237;a, sigui&#243; a sus compa&#241;eras, casi perdida entre sus servidoras. En una habitaci&#243;n peque&#241;a, el rey abraz&#243; a su madre, una dama majestuosa de gran porte y agudos ojos oscuros Estaba vestida de negro y llevaba los cabellos cubiertos por un tocado arquitectural con un velo blanco.

Est&#225;s p&#225;lida, Isabel -le dijo a su nuera, a quien bes&#243; en ambas mejillas-. &#191;Tus damas se ocupan de que tomes el t&#243;nico que te indiqu&#233;? El joven Enrique ahora es robusto, pero nunca se sabe. No nos vendr&#237;a mal otro pr&#237;ncipe saludable.

Hago lo que puedo, se&#241;ora -respondi&#243; la reina, con una sonrisa-. &#191;Por qu&#233; siempre se responsabiliza a la madre por el sexo de un ni&#241;o? Usted, que es sabia, se&#241;ora, &#191;puede decirme por qu&#233;?

La madre del rey ri&#243;.

&#191;D&#243;nde has visto, mi querida Isabel, que un hombre se haga responsable por algo tan importante? Si me apuras, dir&#237;a que es la voluntad de Dios. Pero igual debes seguir orando por un pr&#237;ncipe, querida m&#237;a.

&#191;No soy yo suficiente pr&#237;ncipe, se&#241;ora?

Todos los ojos se posaron en el muchacho, parado con las piernas separadas y las manos en las caderas. Ten&#237;a cabellos rojizos y brillantes ojos azules.

Si te caes del caballo y te rompes la crisma, &#191;qu&#233; har&#237;amos, Enrique? -pregunt&#243; su abuela-. Siempre tiene que haber al menos dos pr&#237;ncipes, por si hay un accidente.

Yo no sufrir&#233; ning&#250;n accidente, se&#241;ora -dijo el joven Enrique Tudor-, y un d&#237;a ser&#233; rey.

&#191;Qu&#233; dices, hijo, de este gallito que has engendrado? -pregunt&#243; la madre del rey, riendo-. Me parece que ha salido a m&#237;, aunque sea un York por el aspecto.

No es en absoluto parecido a ti -respondi&#243; el rey-, pero estoy de acuerdo en que f&#237;sicamente es como los York, &#191;no te parece, Bess?

Me recuerda a mi padre, s&#237;, pero tambi&#233;n te veo a ti en &#233;l, milord -respondi&#243; la reina con voz queda.

La Venerable Margarita le dirigi&#243; una r&#225;pida mirada a su nuera. Bess sab&#237;a perfectamente c&#243;mo disimular y c&#243;mo manejar a su marido. Adoraba a Enrique Tudor. Por eso, su suegra le estaba agradecida.

&#191;D&#243;nde est&#225; mi tocaya? -pregunt&#243;.

Aqu&#237;, se&#241;ora -dijo la joven Margarita Tudor, adelant&#225;ndose para hacerle una reverencia a su abuela.

Se te ve bien -dijo Margarita Beaufort-, y me alegro. Y Kate, nuestra espa&#241;ola Kate, ven para que te vea. Ah, todas parecen unos cuervitos negros con este luto. Los j&#243;venes no deber&#237;an vestir de luto jam&#225;s. Bien, no se puede evitar. -Sus agudos ojos recorrieron el grupo de j&#243;venes mujeres que hab&#237;an llegado con Margarita y Catalina-. &#191;Y qui&#233;n es esa ni&#241;a tan hermosa? -dijo, se&#241;alando a Rosamund con un dedo delgado-. No la conozco.

Es la nueva pupila de pap&#225; -le respondi&#243; Margarita a su abuela.

&#191;C&#243;mo te llamas, ni&#241;a? -pregunt&#243; la condesa de Richmond, escudri&#241;ando el objeto de su curiosidad.

Soy Rosamund Bolton de Friarsgate, se&#241;ora -respondi&#243; Rosamund, con una reverencia delicada. Qu&#233; figura tan majestuosa ten&#237;a la anciana. &#161;Era m&#225;s majestuosa que la reina!

A juzgar por tu acento eres del norte.

Ay, perd&#243;n -dijo Rosamund, ruboriz&#225;ndose. Se estaba esforzando por hablar bien.

Tenemos muchos del norte, criatura -respondi&#243; la Venerable Margarita-. No es ninguna verg&#252;enza. &#191;Conoces a los Neville?

No, se&#241;ora. Hasta que me trajeron a la Corte, nunca me hab&#237;a alejado m&#225;s que unos kil&#243;metros de mi casa -respondi&#243; Rosamund, cort&#233;smente.

Ah. &#191;Y qui&#233;n te puso al cuidado de mi hijo, Rosamund Bolton? &#191;Tus padres?

No, se&#241;ora, mi finado esposo. Mis padres murieron cuando yo ten&#237;a tres a&#241;os. Mi esposo era sir Hugh Cabot, que Dios se apiade de su alma -respondi&#243; Rosamund, santigu&#225;ndose.

&#161;Caramba! &#161;Caramba! -dijo la Venerable Margarita, santigu&#225;ndose tambi&#233;n-. &#161;Enrique! Sir Hugh Cabot una vez le salv&#243; la vida a tu padre. &#191;Lo sab&#237;as? Tenemos que cuidar especialmente a su viuda. &#191;Y qui&#233;n te trajo a la Corte, mi ni&#241;a? -le pregunt&#243; a Rosamund.

Sir Owein Meredith -dijo Rosamund.

Ah, un hombre encantador -murmur&#243; la condesa de Richmond, con una leve sonrisa. Luego agreg&#243;-: El jub&#243;n de mi nieta te queda muy bien, criatura. -Sus agudos ojos hab&#237;an reconocido la prenda que ella le hab&#237;a regalado a su nieta hac&#237;a unos meses.

Me queda chico -se apresur&#243; a responder Margaret-. Ahora tengo el pecho m&#225;s desarrollado, pero Rosamund es muy chata todav&#237;a.

Rosamund se puso colorada de furia. &#161;Ella ten&#237;a pechos! Eran m&#225;s peque&#241;os que las amplias proporciones de Meg. Lo cual era muy irritante, considerando que la princesa ten&#237;a varios meses menos que ella.

El jub&#243;n te queda bien -apunt&#243; la condesa de Richmond con tono amable. Se dirigi&#243; a su nieta-: La reina de los escoceses tiene buen coraz&#243;n, pero lengua irreflexiva. A ninguna mujer le gusta que sus atributos sean comparados, y menos desfavorablemente, en especial por otra mujer, Margarita Tudor. Espero que lo recuerdes cuando est&#233;s sola. Tengo entendido que las mujeres escocesas son extremadamente orgullosas.

Recordar&#233; sus palabras, se&#241;ora -respondi&#243; Meg, con un ligero rubor en las mejillas, aunque mir&#243; a su abuela a los ojos.

Es hora de aliviarte de parte de tu luto -decret&#243;. Y a la ma&#241;ana siguiente, cuando ella y Rosamund despertaron, Meg encontr&#243; sobre la cama un par de mangas de zangala de anaranjado oscuro.

&#161;Oh! -chill&#243; Meg, recogiendo las brillantes mangas de seda-. &#161;Tillie! -llam&#243; a su doncella-. F&#237;jalas a mi jub&#243;n. Me las pondr&#233; para la misa. &#161;Seguro que me las mand&#243; la abuela!

As&#237; es, Su Alteza -respondi&#243; la doncella-, y dej&#243; un par muy bonito para lady Rosamund. &#191;Se las doy a su Maybel?

&#161;S&#237;! -fue la respuesta inmediata. Entonces Meg se volvi&#243; a Rosamund-. &#161;Si la abuela dice que dejamos el luto por Arturo, as&#237; ser&#225;. Mam&#225; y Catalina no, por supuesto, pero me alegro de que nosotras ya hayamos terminado con todo este negro.

Igual sigue siendo todo negro -le record&#243; Rosamund, muy pr&#225;ctica-. Los jubones, las polleras y los tocados.

Pero las mangas nos diferenciar&#225;n de las dem&#225;s -dijo Meg, traviesa- Los caballeros nos ver&#225;n a nosotras y no a las dem&#225;s.

Pero t&#250; ya est&#225;s casi casada -replic&#243; Rosamund, confundida.

Pero no estoy casada oficialmente. Adem&#225;s, el rey de los escoceses ten&#237;a una amante, Maggie Drummond, a la que, seg&#250;n me dijeron, &#233;l quer&#237;a mucho. La envenenaron hace poco, a ella y a sus dos hermanas. Murieron las tres. Se dice que el rey Jacobo no soportaba separarse de ella. Alguien de su entorno, aunque no se sabe qui&#233;n, tom&#243; el asunto entre manos. Mi matrimonio es muy importante tanto para Inglaterra, como para Escocia. Mi padre no me habr&#237;a enviado al norte si no se hubiera solucionado el asunto con esa mujer Drummond.

&#191;Y entonces para qu&#233; quieres que te miren otros hombres? -pregunt&#243; Rosamund.

Porque es divertido -dijo Meg, riendo, y luego, con una sonrisa picara, agreg&#243;-: Tal vez veamos a sir Owein en la misa. Seguramente te notar&#225; si te pones tus hermosas mangas de zangala blanca.

&#191;Y por qu&#233; debe importarme que me vea o no? -dijo Rosamund, riendo. Se baj&#243; de la cama y fue descalza a lavarse la cara y las manos en una palangana de plata que le hab&#237;an puesto. La de su compa&#241;era era de oro.

Porque tarde o temprano te dar&#225;n un esposo. Ser&#237;a mejor que te dieran uno que fuera a vivir a Friarsgate y no uno que tenga tierras propias. Adem&#225;s, tu finca est&#225; en la frontera y, si bien no creo que los escoceses invadan Inglaterra una vez que yo sea oficialmente su reina, no estar&#237;a de m&#225;s que mi padre tuviera a un hombre como sir Owein en la frontera. Sabe que su caballero es leal y fiel. Los se&#241;ores del norte se agitan con el viento. A menudo pueden ser indolentes y desleales.

Pero son ingleses.

Margarita Tudor baj&#243; de la cama y camin&#243; por la habitaci&#243;n hasta donde estaba su nueva amiga. Estir&#243; el brazo y le dio una palmadita a Rosamund en la mejilla.

Eres tan inocente. Ruego que tu sencilla honestidad nunca sea puesta a prueba, Rosamund Bolton.

No vieron a sir Owein en misa, pero varios d&#237;as despu&#233;s, cuando se hab&#237;an instalado en Windsor, &#233;l fue a los departamentos de la reina a preguntar, cort&#233;smente, por Rosamund. Sentadas cerca de Isabel de York, cosiendo trajes para el futuro beb&#233;, lo vieron entrar y oyeron sus palabras. Meg le dio un codazo a Rosamund, que se hab&#237;a ruborizado violentamente cuando la suave voz de la reina la llam&#243; para decirle que dejara la labor y se acercara.

Rosamund Bolton, aqu&#237; est&#225; sir Owein Meredith, que ha venido a presentarte sus respetos.

Rosamund hizo una reverencia a la reina, pero no supo qu&#233; decir.

&#191;Se encuentra bien, se&#241;ora? &#191;Y c&#243;mo est&#225; la buena de Maybel? -pregunt&#243; &#233;l, cort&#233;s.

S&#237;, se&#241;or, muchas gracias por su preocupaci&#243;n -respondi&#243; Rosamund, que por fin hab&#237;a encontrado la voz. Con valent&#237;a, le mantuvo la mirada de sus ojos verdes, y &#233;l sonri&#243;, lo que, para sorpresa de Rosamund, le hizo latir el coraz&#243;n con mucha fuerza.

&#191;Y todav&#237;a extra&#241;a Friarsgate, o los atractivos de la Corte ya la han hechizado?

La Corte es muy grandiosa, se&#241;or, y todos han sido muy buenos conmigo, pero s&#237;, extra&#241;o mi casa.

Tal vez volvamos a encontrarnos -dijo sir Owein, dando por terminada la conversaci&#243;n. Entonces, se volvi&#243; a la reina-: Gracias, Su Alteza, por permitirme hablar con lady Rosamund. &#191;Qu&#233; respuesta debo llevar a nuestro se&#241;or?

D&#237;gale al rey que comer&#233; en mis habitaciones esta noche. Seguro que es var&#243;n el ni&#241;o que llevo en las entra&#241;as, porque la carga es muy pesada esta vez. D&#237;gale a mi esposo el rey que le agradezco y lo recibir&#233; con agrado en mis aposentos, si desea venir.

Sir Owein se inclin&#243; y sali&#243; del aposento.

Le gustas -dijo Meg, riendo.

Solo fue amable -respondi&#243; Rosamund.

&#161;Le gustas! -repiti&#243; la princesa, con un destello perspicaz en los ojos azules.

&#191;De qu&#233; servir&#237;a? -susurr&#243; Catalina de Arag&#243;n-. Le elegir&#225;n a quien quieran cuando llegue el momento de casarla. Mejor que no se fije en un hombre, pues seguramente le escoger&#225;n otro.

Rosamund no es tan importante como nosotras, Kate -dijo Meg.

Ah&#237; es donde te equivocas -respondi&#243; la princesa espa&#241;ola-. Las tierras de Rosamund est&#225;n en una ubicaci&#243;n estrat&#233;gica. El hombre que le elijan seguramente ser&#225; el que mejor pueda defender esa porci&#243;n de Inglaterra. Adem&#225;s, Rosamund tiene riquezas en ovejas y ganado. Su persona, con las tierras y los bienes, no ser&#225; entregada a la ligera, ni a un caballero sin importancia y sin conexiones. Te equivocas al alentar a Rosamund a que mire a sir Owein. Si su coraz&#243;n se compromete con &#233;l, qu&#233; tormento para ella, y qu&#233; desgracia para el hombre que finalmente le escojan por esposo.

No puedo evitar ser rom&#225;ntica -respondi&#243; Margarita Tudor.

Te est&#225;s casando con el rey de los escoceses para mantener la paz entre las dos tierras -dijo Kate-. No hay nada en el matrimonio m&#225;s que el deber, y t&#250; tendr&#237;as que saberlo mejor que nadie.

Primero el casamiento y despu&#233;s el amor, dice mi abuela -sentenci&#243; Meg, con vivacidad-. &#161;Yo har&#233; que Jacobo Estuardo se enamore de m&#237;! &#161;Espera y ver&#225;s, Kate!

Por tu bien, espero que s&#237; -dijo la princesa de Arag&#243;n.

&#191;T&#250; amabas a mi hermano Arturo?

Ten&#237;a encanto, y era muy inteligente, pero todav&#237;a era joven, Meg. No s&#233; si no habr&#237;a sido mejor sacerdote que esposo, pero ahora jam&#225;s lo sabremos. El pobre Arturo yace en su tumba. -Piadosamente, se persign&#243;.

Dicen que mi padre quiere casarte con mi hermano Enrique murmur&#243; Meg-. Enrique mira a las mujeres bonitas como un gato a los pinzones. Pap&#225; quer&#237;a que &#233;l fuera sacerdote, pero Enrique nunca sirvi&#243; para eso. Y, aunque ya mide m&#225;s de uno ochenta, creo que es demasiado joven para acostarse con una mujer, aunque no me extra&#241;ar&#237;a que ya haya comenzado a intentarlo.

&#161;Meg! -exclam&#243; Kate, ruboriz&#225;ndose.

Es muy atrevido y muy orgulloso -dijo Rosamund-, pero tambi&#233;n es muy buen mozo, creo.

&#161;Por favor! -dijo Meg, bajito, para que no la oyera su madre- Ni se te ocurra decirle a Hal que es buen mozo. Ya es bastante gallito Rosamund. &#161;Y su arrogancia no tiene l&#237;mites! &#161;Ah, si hubieras crecido con &#233;l! &#161;Loado sea Dios que ya no compartimos el cuarto de los ni&#241;os! y ahora Mar&#237;a tambi&#233;n est&#225; a salvo de &#233;l, porque pap&#225; lo mantiene cerca de &#233;l.

&#191;Por qu&#233;? -pregunt&#243; Rosamund.

Porque ahora Enrique tiene que aprender a ser rey -intervino Kate.

No, pap&#225; no le ense&#241;ar&#225; a ser rey -replic&#243; Meg-. Lo mantiene cerca porque tiene miedo de que se muera, y entonces pap&#225; no tendr&#237;a ning&#250;n hijo var&#243;n para sucederlo. Pap&#225; no ama a Enrique. Adoraba a Arturo y deposit&#243; todo el amor que ten&#237;a en nuestro hermano mayor. Ese amor muri&#243; con Arturo. Creo que pap&#225; casi odia a Enrique por seguir vivo y ser tan saludable cuando Arturo est&#225; muerto y nunca fue muy fuerte.

Eres muy dura para juzgar a tu padre -rezong&#243; Kate-. Es un hombre bueno y devoto; siempre ha sido muy bueno conmigo.

T&#250; no te criaste con &#233;l -retruc&#243; Meg-. S&#237;, puede ser bueno, y seguro que ama a nuestra madre, pero tambi&#233;n puede ser muy cruel. Espero que nunca veas ese aspecto suyo, Kate. Recuerda que tu padre todav&#237;a no pag&#243; toda tu dote. Por el momento, mi padre considera que la alianza que hizo con tus padres para tu matrimonio sigue viable. Piensa casarte con Enrique cuando mi hermano sea mayor. Pero si tu padre no env&#237;a el dinero que debe, mi padre te har&#225; a un lado y se volcar&#225; a Francia en busca de una esposa para mi hermano.

Entonces me ir&#233; a casa -dijo Kate, pragm&#225;tica.

Mi padre jam&#225;s te permitir&#225; irte hasta que no est&#233; absolutamente seguro de que no le ser&#225;s de ninguna utilidad. Adem&#225;s, mi padre es famoso por su taca&#241;er&#237;a. Jam&#225;s devolver&#237;a la parte de tu dote que ya han enviado. Creo que espera el resto para pagar mi dote al rey Jacobo, as&#237; no tendr&#225; que recurrir a sus fondos personales -ri&#243;.

Se quedaron en Windsor, ese gran edificio de piedra, casi un mes. El rey y la Corte sal&#237;an todos los d&#237;as a cazar, pero Rosamund se quedaba junto a la reina casi todo el tiempo. Isabel qued&#243; encantada cuando supo que la joven pupila real sab&#237;a leer. De modo que Rosamund le le&#237;a un Libro de las Horas con peque&#241;os poemas y plegarias escritas en lat&#237;n. Maybel pasaba el tiempo convirtiendo los pocos trajes de su ama en prendas m&#225;s a la moda, con la ayuda de Tillie, que, como hab&#237;a pasado toda su vida en la casa real, sab&#237;a mucho de la etiqueta del vestido para la Corte y siempre estaba al tanto de las modas.

Dejaron Windsor a principios de diciembre para regresar a Richmond, donde pasar&#237;an Navidad, que, como todo el mundo sab&#237;a, era la fiesta preferida de los reyes. Los Doce D&#237;as de Navidad comenzaban la v&#237;spera de la misa de Navidad. Las costumbres eran muy similares a las de Friarsgate, salvo que a escala mucho mayor. El n&#250;mero doce cumpl&#237;a una funci&#243;n muy importante. Hab&#237;a doce de todo. En la gran sala se colocaron doce grandes candelabros de pie de hierro recubiertos de oro, con doce gr&#225;ciles brazos, cada uno de los cuales ten&#237;a doce velas de cera de abejas. Se hab&#237;an colocado estrat&#233;gicamente en todo el recinto doce urnas de m&#225;rmol enormes, cada una con doce ramilletes de acebo verde, cada ramillete con doce varitas de planta, atadas con cintas de plata y oro y llenas de peque&#241;os frutos rojos. Los cuatro grandes hogares ten&#237;an le&#241;os de Navidad de grandes dimensiones.

En la sala del rey se hab&#237;a trazado una l&#237;nea verde conocida como el umbral de Navidad. Meg explic&#243; que la fiesta no comenzar&#237;a hasta que el p&#225;jaro de la suerte no traspusiera el umbral, entrara en la sala y se pusiera a bailar. Esperaron, casi enfermos del entusiasmo. La Venerable Margarita le hab&#237;a dicho a su hijo y a su esposa, en su tono firme, pero calmo, que si quer&#237;an seguir de duelo por su hijo Arturo, la decisi&#243;n era de ellos, pero que era Navidad, y que ella quer&#237;a que los j&#243;venes se divirtieran. En especial porque su preferida, Margarita, no estar&#237;a con ellos otra Navidad.

De modo que la princesa se visti&#243; con un elegante traje de terciopelo azul y tela de oro. Llevaba suelto su hermoso cabello, s&#243;lo sostenido por una redecilla de oro y perlas. Kate hab&#237;a optado por vestir un fino terciopelo p&#250;rpura adornado con marta y llevaba sus espesos cabellos casta&#241;os en una trenza modesta bajo un delgado velo de oro Aunque ataviada con menos riqueza, Rosamund se sent&#237;a muy espl&#233;ndida con su falda de terciopelo negro, el jub&#243;n de seda negra con bordado de oro que le hab&#237;a regalado Meg y sus nuevas mangas de zangala blanca. Llevaba el cabello trenzado y, al igual que Meg, ten&#237;a una redecilla de malla de oro y peque&#241;as perlas de agua dulce que le hab&#237;a regalado la reina.

De pronto, resonaron las trompetas de la galer&#237;a de los juglares y un caballero alto entr&#243; de un salto en la sala. Estaba &#237;ntegramente vestido de verde y en todo el traje ten&#237;a cosidas campanitas de oro y plata que tintineaban con su danza. Tra&#237;a una m&#225;scara maravillosa de plumas de oropel y azul que le cubr&#237;a la nariz y los ojos. Entr&#243; bailando hasta la mesa principal, donde estaban sentados los reyes, las princesas, la condesa de Richmond y el arzobispo de Canterbury. Se toc&#243; la punta del sombrero en direcci&#243;n al rey, luego gir&#243; y se puso a dar cabriolas por toda la sala, danzando un poquito aqu&#237;, un poquito all&#225;, mientras sonaban caramillos, flautas y los timbales, un tambor doble. El p&#250;blico arrojaba monedas al sombrero del p&#225;jaro de la suerte y este segu&#237;a bailando.

Rosamund sac&#243; un penique del bolsillo. Cuando el bailar&#237;n lleg&#243; a su mesa, ella se estir&#243; para dejar caer el penique en el sombrero del p&#225;jaro. La moneda acababa de desprenderse de sus dedos cuando los dedos del hombre se cerraron sobre su mano: la levant&#243; de la silla y le estamp&#243; un fugaz beso en los labios antes de irse bailando, acompa&#241;ado por la carcajada de todos los presentes. Con las mejillas inflamadas de la verg&#252;enza y la timidez, Rosamund volvi&#243; a sentarse enseguida. Se pregunt&#243; si Meg y Kate hab&#237;an visto el ultrajante comportamiento del bailar&#237;n.

No se preocupe, Rosamund -le dijo una voz conocida y sir Owein Meredith se sent&#243; junto a ella en el banco-. A veces, el p&#225;jaro de la suerte besa a alguna dama. Todo es parte de la diversi&#243;n. Ah, veo que le dej&#243; una de sus plumas. Es un honor que, por lo general, se reserva para las se&#241;oras de la mesa principal. Vamos, muchacha, gu&#225;rdela en el corpi&#241;o. &#191;Le molesta que me siente con usted? -Le sonri&#243;.

No, me gusta. Estoy tan acostumbrada a estar con Meg y Kate que casi no conozco a nadie m&#225;s. Obviamente, no me invitan a la mesa principal.

No -le respondi&#243; &#233;l. Y agreg&#243;-: &#161;Ah, mire! El p&#225;jaro est&#225; por terminar su danza. Va otra vez a la mesa principal para importunar al rey, a pedirle una limosna. Las monedas que reciba son para los pobres.

El resplandeciente bailar&#237;n hizo &#225;giles cabriolas ante la familia real. Con un floreo se toc&#243; el sombrero, primero, en direcci&#243;n a la Venerable Margarita y simul&#243; asombro cuando ella don&#243; monedas de oro. Luego, hacia la reina, a quien le dio las gracias con mucho donaire, y despu&#233;s, ante cada princesa. Al rey lo guard&#243; para el final. Con alegres volteretas hizo una reverencia ante Enrique VII y, con un floreo, le ofreci&#243; el sombrero emplumado y encintado. La delgada mano del rey pas&#243; sobre el sombrero. El p&#225;jaro de la suerte lade&#243; la cabeza y luego la sacudi&#243;, desilusionado. Agit&#243; violentamente el sombrero debajo de la larga nariz del rey. Una sonora carcajada atron&#243; el recinto. Con un burl&#243;n suspiro de resignaci&#243;n, el rey meti&#243; la mano entre sus vestidos y sac&#243; una bolsa de terciopelo. A desgano, la abri&#243; y extrajo dos monedas m&#225;s. Hubo m&#225;s risas, pues se sab&#237;a que el rey no soltaba sus monedas con facilidad. La Venerable Margarita se estir&#243; y le dio un peque&#241;o golpe al rey, que, con otro audible suspiro, vaci&#243; toda la bolsa de terciopelo en el sombrero del p&#225;jaro, que cacare&#243;, triunfante. La muchedumbre en la sala rug&#237;a, en aprobaci&#243;n de las acciones del rey. Enrique VII los honr&#243; con una de sus escasas sonrisas. El bailar&#237;n brinc&#243; con elegancia y se par&#243; ante el arzobispo de Canterbury, para presentarle al sacerdote el sombrero Heno de limosnas. El p&#225;jaro hizo una reverencia. Y, entonces, se arranc&#243; la m&#225;scara, revelando al joven pr&#237;ncipe Enrique. Su aparici&#243;n fue recibida con aplausos. Se inclin&#243; ante su p&#250;blico una &#250;ltima vez y tom&#243; su lugar en la mesa principal, con su familia.

&#161;V&#225;lgame Dios! -dijo Rosamund, al darse cuenta de qui&#233;n la hab&#237;a besado.

De modo que ahora -dijo sir Owein, bromeando-, puede volver a casa y contar que el pr&#243;ximo rey de Inglaterra la ha besado.

Es tan corpulento que me hab&#237;a olvidado de que era un ni&#241;o -dijo Rosamund.

Su abuelo de York, a quien se asemeja, tambi&#233;n era un hombre grande -le dijo el caballero.

&#191;Y su abuelo de York tambi&#233;n era tan osado?

Owein Meredith ri&#243;.

S&#237;. &#191;Me permite que le diga que luce muy bonita esta noche, milady Rosamund?

El corpi&#241;o me lo regal&#243; Meg y la condesa de Richmond me obsequi&#243; las mangas de zangala. Maybel me reform&#243; la falda para ponerla a la moda. Tillie, la doncella de Meg, le ense&#241;&#243;.

Eso quiere decir que ahora est&#225; mejor. Me alegro, Rosamund. S&#233; cu&#225;nto extra&#241;a Friarsgate.

Espero que cuando la reina de los escoceses vaya al norte, en el verano, se me permita ir a mi casa. S&#237;, la extra&#241;o -admiti&#243; Rosamund-. La Corte es muy interesante, pero no me gusta estar todo el tiempo mud&#225;ndome de un lado al otro. Yo soy muy casera, y no me averg&#252;enza decirlo. Adem&#225;s, aparte de las princesas, no tengo amigos. Las otras muchachas de mi edad se creen demasiado encumbradas y poderosas para darse conmigo. Envidian mi amistad con Meg. Y Kate no est&#225; mucho mejor que yo, creo.

Entonces, tambi&#233;n cultive y conserve su amistad, Rosamund. As&#237;, cuando la hija del rey se vaya, tal vez no se sienta sola. Adem&#225;s, es muy probable que alg&#250;n d&#237;a Catalina de Arag&#243;n sea la reina de Inglaterra. No est&#225; de m&#225;s tenerla como amiga.

Es buen consejo el que me da, se&#241;or. &#191;Y usted seguir&#225; siendo mi amigo? Me gustar&#237;a creer que lo ser&#225; para siempre.

A m&#237; me gustar&#237;a -le respondi&#243; Owein y la mirada que le dirigi&#243; la conmovi&#243;-, pero alg&#250;n d&#237;a tendr&#225; un esposo otra vez. Tal vez un esposo no apruebe nuestra amistad. Debe estar preparada para esa posibilidad.

Nunca me casar&#233; con un hombre que no acepte a mis amigos-replic&#243; ella-. Hugh me ense&#241;&#243; que debo pensar por m&#237; misma y decidir lo que es m&#225;s conveniente para m&#237; y para Friarsgate.

No s&#233; si est&#225; bien que le haya ense&#241;ado eso -dijo Owein, con pena-. La mayor&#237;a de los hombres no son tan modernos como su difunto esposo. Piense en su t&#237;o Henry, Rosamund. Casi todos los hombres son como &#233;l.

Entonces, no volver&#233; a casarme -respondi&#243; ella, con firmeza.

&#201;l tuvo ganas de re&#237;r. Pero se dio cuenta de que ella hablaba muy en serio.

Seguro que podr&#225; persuadir a cualquier marido de que piense as&#237; -dijo. Ella era tan joven e inocente. &#201;l se pregunt&#243; qu&#233; le suceder&#237;a a Rosamund en la Corte cuando su protectora, la hija del rey, partiera hacia Escocia. La muchacha, por cierto, no ser&#237;a incluida en su comitiva de damas. No era ni tan importante ni de tan buen linaje. No ten&#237;a conexiones familiares de importancia. Era una m&#225;s de las pupilas reales, aunque hab&#237;a tenido la fortuna de que la joven Margarita Tudor se interesara en ella. Owein Meredith no sab&#237;a por qu&#233; le importaba lo que le sucediera, pero as&#237; era. Por cierto, no estaba comenzando a albergar sentimientos hacia ella. No ten&#237;a derecho a sentimientos as&#237; pero se dio cuenta de que s&#237; le importaba Rosamund.

No volvi&#243; a verla hasta la Epifan&#237;a, el &#250;ltimo de los Doce D&#237;as de Navidad. La jornada comenz&#243; con la elecci&#243;n de la reina de la Habichuela. Se trajeron a la sala tortas mellizas: una para los hombres y otra para las mujeres. Todos recibieron una porci&#243;n de su torta correspondiente para dar con la habichuela esquiva. Para gran sorpresa de Rosamund, ella encontr&#243; la habichuela en la torta de las mujeres. Al Principio, tuvo miedo de decirlo, entre tantas mujeres importantes, pero, que se dio cuenta de la buena fortuna de su amiga, exclam&#243;, para la oyeran todos:

&#161;Lady Rosamund Bolton encontr&#243; la habichuela! Ahora veamos, &#191;qui&#233;n ser&#225; su rey?

Yo soy su rey -exclam&#243; el joven Enrique Tudor, con una sonrisa de oreja a oreja-. &#161;Yo soy el rey de la Habichuela! &#161;Tr&#225;iganme a mi reina!

Llevaron a Rosamund a la mesa principal y la sentaron junto al pr&#237;ncipe Enrique. Le pusieron una corona de papel dorado decorada con joyas de pasta en la cabeza. Colocaron una corona parecida en la cabeza del pr&#237;ncipe.

&#161;Que todos saluden al rey y la reina de la Habichuela! -gritaron con entusiasmo los presentes en la Gran Sala del Palacio de Richmond. -Gracias al cielo que mi reina es una muchacha bonita -dijo el pr&#237;ncipe. Los servidores comenzaron a llevar a la sala la comida de la ma&#241;ana-. Cuando encontr&#233; la habichuela me dio miedo de quedar atrapado con una vieja fea. Por eso no admit&#237; mi buena fortuna enseguida.

Si hubiera sido una vieja fea -dijo Rosamund, atrevidamente-, &#191;habr&#237;as vuelto a poner la habichuela entre las migajas, milord?

S&#237; -admiti&#243; &#233;l, con una sonrisa traviesa-. &#191;Y qui&#233;n eres t&#250;, se&#241;ora? S&#233; que te he visto antes. -Tom&#243; el cop&#243;n enjoyado y bebi&#243; un sorbo grande de espeso vino dulce.

Yo soy Rosamund Bolton, Su Alteza, el ama de Friarsgate. Mi difunto esposo, sir Hugh Cabot, me puso pupila con tu padre cuando falleci&#243; tempranamente la primavera pasada. Hace poco que estoy en la Corte.

&#191;Eres amiga de mi hermana Margarita?

Tengo el gran privilegio de haber sido favorecida por la reina de los escoceses -respondi&#243; Rosamund, con modestia, d&#225;ndose cuenta, al ver que las palabras le ven&#237;an con facilidad a los labios, que estaba aprendiendo, de verdad, a comportarse en la Corte. Se lo contar&#237;a a sir Owein cuando lo viera.

&#191;Cu&#225;ntos a&#241;os tienes? -pregunt&#243; el pr&#237;ncipe.

Soy unos meses mayor que tu hermana, la reina de los escoceses.

&#191;Eres viuda?

S&#237;, Su Alteza.

&#201;l la mir&#243;, evalu&#225;ndola.

&#191;Eres virgen? -le pregunt&#243;, con osad&#237;a.

Rosamund se ruboriz&#243; hasta la ra&#237;z del cabello.

&#161;Por supuesto! -dijo, impresionada por la pregunta-. Mi esposo era un hombre anciano, y nos casamos cuando yo ten&#237;a seis a&#241;os. &#201;l fue como un padre para m&#237;.

El joven Enrique Tudor estir&#243; la mano y acarici&#243; la ardiente mejilla de Rosamund, lo que aument&#243; la verg&#252;enza de ella. Sin embargo, ella no pod&#237;a darle una bofetada por su insolencia, al menos, no en p&#250;blico.

Te he hecho avergonzar -dijo Enrique Tudor, pero no parec&#237;a arrepentido en lo m&#225;s m&#237;nimo-. Un d&#237;a ser&#233; rey, se&#241;ora. Rey de verdad, no un tonto de Epifan&#237;a. Si no hago preguntas, no aprender&#233;. -Le sonri&#243; de manera seductora-. Tu mejilla es muy suave, adem&#225;s de muy c&#225;lida. -Sus dedos le acariciaron el rostro, y con la otra mano le ofreci&#243; de su copa-. Bebe un sorbo de vino, que tu coraz&#243;n dejar&#225; de galopar. Veo tu pulso agitado en la base de tu garganta, Rosamund Bolton, se&#241;ora de Friarsgate.

Rosamund bebi&#243; un sorbo de vino. Y entonces, con coraje, retir&#243; la mano de &#233;l de su mejilla.

Eres demasiado atrevido, milord. Soy nueva en la Corte, y mi educaci&#243;n no incluy&#243; las sutilezas del comportamiento cortesano, pero estoy segura de que tu comportamiento es muy osado.

Pero soy tu rey -dijo Enrique Tudor.

Y yo, como tu reina, merezco tu respeto -le respondi&#243; Rosamund, r&#225;pidamente.

&#201;l ri&#243;.

Te bes&#233; el primer d&#237;a de Navidad -admiti&#243; &#233;l-. Creo que antes de que termine este &#250;ltimo d&#237;a de Navidad volver&#233; a besarte, se&#241;ora de Friarsgate. Tus labios me parecieron dulces, como suelen ser los labios aun sin probar.

&#191;Tienes dos a&#241;os menos que yo y hablas tanto de besos y de su conocimiento sobre labios sin probar? -brome&#243; ella, sonriendo.

&#161;S&#237;! -dijo, con entusiasmo, el joven Enrique Tudor-. No tengo muchos a&#241;os, se&#241;ora, pero m&#237;rame. Ya soy m&#225;s alto que la mayor&#237;a de los hombres, y comienzo a darme cuenta de que tengo tambi&#233;n el apetito de un hombre.

Entonces, se&#241;or, come esos huevos, porque tienes que seguir creciendo -le dijo ella, riendo, pues no pudo controlarse. El pr&#237;ncipe en verdad era muy p&#237;caro-. Nuestros huevos han sido cocidos en una deliciosa salsa de crema y vino marsala. &#161;Nunca com&#237; nada tan apetitoso!

Tal vez seas mayor que yo -dijo &#233;l con una sonrisa mientras se serv&#237;a del plato que ten&#237;a ante s&#237;, colmado de huevos-, y puede que seas nueva en la Corte de mi padre, pero creo, mi se&#241;ora de Friarsgate, que aprendes f&#225;cilmente y que te ir&#225; bien aqu&#237;. -Se puso a comer.

Lo &#250;nico que quiero es regresar a mi casa -admiti&#243; Rosamund-. La Corte es magn&#237;fica, pero extra&#241;o mi hogar.

Yo tengo muchos hogares -dijo &#233;l, separando un pedazo de la hogaza de pan que ten&#237;a frente a s&#237;. Lo unt&#243; con abundante manteca y se lo comi&#243;.

Lo s&#233; -respondi&#243; ella-. Yo ya estuve en Richmond, en Westminster y en Windsor. Son hermosos y muy magn&#237;ficos.

Tambi&#233;n vivimos en Baynard, en Londres. Mi madre lo prefiere a Westminster, que nos queda un poco chico; y tenemos departamentos en la Torre, otro castillo en Eltham y otro en Greenwich -alarde&#243; el pr&#237;ncipe mientras com&#237;a una segunda porci&#243;n de huevos y dos fetas gruesas de jam&#243;n rosado. Golpe&#243; la copa contra la mesa para pedir m&#225;s vino. Se lo sirvieron de inmediato, y &#233;l bebi&#243;, sediento.

A m&#237; una casa me es m&#225;s que suficiente. Eso de mudarse todo el tiempo es agotador, se&#241;or.

&#191;Sabes por qu&#233; lo hacemos?

Por supuesto. Me lo explic&#243; tu hermana, pero eso no significa que tenga que gustarme. Espero que tu padre me mande a casa cuando env&#237;e a tu hermana con su esposo en Escocia.

&#191;Qu&#233; tienes en Friarsgate que no tengas aqu&#237;? -pregunt&#243; el pr&#237;ncipe mientras se met&#237;a en la boca joven y voraz varios confites, uno tras otro.

Ovejas -le dijo Rosamund, con gracia-. Me presentan muchas menos dificultades que tratar de recordar todos los motivos y formalidades de la etiqueta de la Corte, se&#241;or pr&#237;ncipe.

&#161;Ja, ja, ja, ja! -ri&#243; el heredero de Inglaterra-. Eres una muchacha muy divertida, mi se&#241;ora de Friarsgate. &#191;Hablas franc&#233;s?

Muy mal, pero oui, monseigneur -le respondi&#243; ella.

&#191;Lat&#237;n?

Ave Marta, gratia plena -repiti&#243; Rosamund, como un loro.

&#201;l volvi&#243; a re&#237;r.

No te preguntar&#233; por el griego -dijo, con una gran sonrisa.

Es una fortuna, mi se&#241;or rey de la Habichuela, porque no tengo ning&#250;n conocimiento de una lengua semejante. Es una lengua, &#191;no? -Los ojos &#225;mbar destellaban con vivacidad.

As&#237; es.

Toco el la&#250;d y canto bastante bien. O, al menos, eso dicen. S&#233; llevar las cuentas y, alg&#250;n d&#237;a, con el permiso de Su Alteza, le hablar&#233; de lana, un tema que domino.

Sabes cosas que jam&#225;s me habr&#237;a imaginado -coment&#243; el pr&#237;ncipe-, y tienes mucha educaci&#243;n, aunque de una naturaleza m&#225;s tradicional, lo que, combinado con tu r&#225;pida inteligencia, hace de ti una compa&#241;&#237;a encantadora y divertida, mi se&#241;ora de Friarsgate. &#191;Bailas?

No tan bien como la reina de los escoceses.

Ah, s&#237;, Meg baila muy bien, pero yo bailo mejor -alarde&#243;.

Ella lo ha admitido, Su Alteza -lo halag&#243; Rosamund, con una sonrisa.

Esta noche bailaremos -le prometi&#243; &#233;l-. &#161;Ah, mira! Ah&#237; vienen unos mimos, para entretenernos. -Le tom&#243; la mano, se la llev&#243; a los labios y se la bes&#243;. Su brillante mirada azul se fij&#243; en los ojos asombrados de ella-. Soy cien a&#241;os m&#225;s viejo que t&#250;, mi encantadora se&#241;ora de Friarsgate. Creo que llegaremos a ser muy buenos amigos. -Y entonces, sin soltarle la mano, se volvi&#243; para observar a los mimos, que hab&#237;an comenzado a bailar.

El coraz&#243;n de ella lat&#237;a con prisa. Deliberadamente, este muchacho le hab&#237;a conmocionado los sentidos, pens&#243; Rosamund. Aunque jam&#225;s lo dejar&#237;a entrever, estaba bastante asustada. No ten&#237;a experiencia en tales asuntos, pero sent&#237;a que este pr&#237;ncipe temerario estaba planeando seducirla. &#191;C&#243;mo se rechaza al futuro rey de Inglaterra? Deb&#237;a buscar a sir Owein y pedirle consejo. &#201;l sabr&#237;a c&#243;mo asesorarla en tan delicada cuesti&#243;n.



CAP&#205;TULO 06

No volvi&#243; a ver al pr&#237;ncipe despu&#233;s de las festividades de Epifan&#237;a, en las que hab&#237;an gobernado como rey y reina. Seg&#250;n lo prometido, &#233;l hab&#237;a vuelto a besarla, pero hab&#237;a sido un beso casto. Bailaron aquella noche y, seg&#250;n Meg, ella hab&#237;a salido bien parada. Despu&#233;s de dejar Richmond, la casa de la reina se hab&#237;a instalado en los departamentos reales de la Torre a esperar el nacimiento del anhelado pr&#237;ncipe. Los departamentos de la Torre eran un lugar c&#225;lido y c&#243;modo, casi como su casa, pensaba Rosamund, con la vista en el r&#237;o T&#225;mesis. La vida se organiz&#243; en una monoton&#237;a familiar de lecciones de franc&#233;s y etiqueta. Observaban horarios regulares y com&#237;an dos veces por d&#237;a. A la reina le gustaba la m&#250;sica y, cuando se enteraron de que Rosamund cantaba bien, en las semanas siguientes comenzaron a llamarla seguido. A la reina la calmaban sus sencillas melod&#237;as campestres.

La reina entr&#243; en trabajo de parto al despuntar la ma&#241;ana del 2 de febrero. Llamaron al rey y hubo muchas idas y venidas de mucamas y m&#233;dicos. Lleg&#243; la partera real, y la Venerable Margarita, que comenz&#243; a discutir con su hijo sobre el nombre que le pondr&#237;an al pr&#237;ncipe esperado.

Hemos tenido un Arturo y un Edmundo, y tenemos un Enrique -dijo la condesa de Richmond.

Se llamar&#225; como mi t&#237;o de Pembroke -respondi&#243; el rey.

&#161;Pamplinas! -fue la r&#225;pida respuesta-. No podemos tener un Pr&#237;ncipe llamado Jasper. No es un nombre muy ingl&#233;s. &#191;Quieres recordarle a Inglaterra que tu sangre es m&#225;s galesa? &#191;Y Juan?

Es un nombre de mala suerte, madre.

&#161;Eduardo! T&#250; y Bess descienden de Eduardo III y Juan no es de mala fortuna. Mi padre era Juan. Aunque Ricardo es otra historia dijo la condesa de Richmond, frunciendo el entrecejo.

As&#237; es -concedi&#243; el rey-. Ricardo no ser&#237;a apropiado, en especial dada la actitud de nuestra familia respecto del rey anterior. Lo con vertimos en el villano de la desaparici&#243;n de los dos hermanos menores de Bess, aunque yo nunca cre&#237; que &#233;l tuviera la culpa de eso. Probablemente fuera alg&#250;n adulador que quiso asegurar la posici&#243;n de Ricardo y ganarse sus favores. No conocer&#237;a bien a Ricardo de York para hacer lo que hizo. Claro que, cuando Ricardo se enter&#243; de lo sucedido nadie iba a admitirlo, &#191;no? Pobre hombre, casi me da l&#225;stima, porque s&#233;, por Bess, que &#233;l quer&#237;a a sus sobrinos.

Eso no le impidi&#243; intentar quitarte tu leg&#237;timo derecho al trono de Inglaterra -replic&#243; la condesa de Richmond.

Enrique VII, con una de sus sonrisas escasas y heladas, dijo:

No. Es cierto, madre. Yo nac&#237; para ser rey de Inglaterra. &#191;No me lo dijiste siempre?

S&#237; -ri&#243; ella.

Su Majestad -una criada hab&#237;a venido corriendo desde la habitaci&#243;n de la reina-, &#161;mi se&#241;ora ha dado a luz!

El rey y la condesa de Richmond fueron de prisa hacia la reina. Isabel yac&#237;a p&#225;lida y fr&#225;gil con un montoncito muy envuelto contenido en un brazo. Les dirigi&#243; una sonrisa d&#233;bil.

&#191;Eduardo? -dijo, esperanzada, la condesa de Richmond.

Catalina -respondi&#243; suavemente la reina.

El rey asinti&#243;.

&#161;Gracias a Dios tenemos un heredero fuerte y saludable! y otra hija nos unir&#225; a otra casa real. Bess, querida, Enrique tendr&#225; Espa&#241;a; Margarita, Escocia; Mar&#237;a, bueno, a&#250;n no he decidido nada sobre ella. Tal vez Francia. Tal vez el Santo Imperio Romano, y lo que ella no posea lo tendr&#225; esta bonita princesita, &#191;eh? -El rey se inclin&#243; y le dio un beso en la frente a su esposa.

La condesa de Richmond no dijo nada. No le gustaba nada e aspecto de su nuera. Bess no era joven y, evidentemente, este hab&#237;a sido un parto dif&#237;cil para ella. No habr&#237;a m&#225;s hijos de esta reina, pens&#243; Margarita Beaufort.

Trajeron al pr&#237;ncipe Enrique y a sus dos hermanas a ver a su nueva hermanita

&#191;A qui&#233;n se parece? -le pregunt&#243; Rosamund a Meg.

A todos los hijos de mam&#225;. P&#225;lida con cabello de un rubio rojizo ojos claros -respondi&#243; la joven reina de los escoceses-. Y es muy nadita. No creo que viva mucho. Qu&#233; pena que mam&#225; haya tenido que pasar por todo eso por una ni&#241;a d&#233;bil.

Yo tendr&#233; s&#243;lo hijos varones -alarde&#243; el pr&#237;ncipe Enrique.

T&#250; tendr&#225;s lo que Dios disponga, Hal -dijo Meg.

A la princesa Mar&#237;a la devolvieron a Eltham, a su cuarto infantil, con su nueva hermana. El pr&#237;ncipe permaneci&#243; con su padre, pero Meg y Rosamund se quedaron en la Torre con la reina y sus damas. La Venerable Margarita hab&#237;a ido a su casa de Londres, en Cold Harbour. La reina no se recuperaba del parto. Hab&#237;a mucho silencio en la Torre. Y entonces, en la ma&#241;ana del 11 de febrero, el d&#237;a en que cumpl&#237;a treinta y siete a&#241;os, Isabel de York muri&#243; s&#250;bitamente, apenas con el tiempo necesario para que un sacerdote fuera a escuchar su confesi&#243;n.

El rey qued&#243; destrozado. Llor&#243; abiertamente por segunda vez en el &#250;ltimo a&#241;o. La primera hab&#237;a sido cuando le comunicaron que hab&#237;a muerto su heredero, el pr&#237;ncipe Arturo. La Corte estaba conmocionada. No hab&#237;a sido un embarazo dif&#237;cil, y el nacimiento fue relativamente r&#225;pido. La reina hab&#237;a sido siempre sana y de una fortaleza confiable. Pero, ahora, hab&#237;a muerto de una fiebre puerperal como cualquier mujer del pueblo. Era dif&#237;cil de creer. Isabel de York hab&#237;a sido muy querida. La Corte la extra&#241;ar&#237;a.

La madre del rey se hizo cargo enseguida, y llev&#243; a Meg y a Rosamund a su casa. Si bien hab&#237;a que planear el funeral, se decidi&#243; en ese instante que la boda formal de la princesa con el rey de los escoceses se realizar&#237;a en agosto, como estaba previsto. En cuanto a Rosamund, aunque el rey segu&#237;a siendo su tutor, la Venerable Margarita se hizo cargo de ella, "por la dulce Bess". Luego de decidir esto, se aboc&#243; a los preparativos para el funeral, pues el rey estaba demasiado postrado en su dolor, casi no sal&#237;a de sus aposentos.

Hab&#237;a que tallar una efigie funeraria: mostrar&#237;a a la reina ataviada con sus mejores ropas y pieles, con una sonrisa. La Corte y el pa&#237;s llorar&#237;an ante una r&#233;plica exacta de Isabel de York en su mejor aspecto Conservar&#237;a para siempre un buen recuerdo para todos. La efigie se colocar&#237;a sobre el f&#233;retro de la reina, que ser&#237;a enterrada en la abad&#237;a de Westminster, en una tumba que alg&#250;n d&#237;a contendr&#237;a los restos mortales de su esposo. Convocaron al famoso escultor Torrigiano para tomar una m&#225;scara mortuoria de la reina y hacer un monumento de bronce que se colocar&#237;a sobre la tumba. El escultor, que viv&#237;a en Londres, hab&#237;a sido patrocinado por el rey durante varios a&#241;os.

El d&#237;a del funeral amaneci&#243; gris y fr&#237;o. La ciudad estaba pr&#225;cticamente envuelta en una niebla espesa y h&#250;meda. La procesi&#243;n parti&#243; de la Torre de Londres, donde Isabel de York hab&#237;a exhalado su &#250;ltimo suspiro, y recorri&#243; las calles de la ciudad mortecina para que el pueblo pudiera ver por &#250;ltima vez a su buena reina. M&#225;s de cincuenta tambores, con los instrumentos amortiguados para dar la solemnidad apropiada a la tr&#225;gica ocasi&#243;n, guiaban a los deudos. Los segu&#237;a un inmenso n&#250;mero de alabarderos del rey, detr&#225;s de quienes iba la carroza f&#250;nebre, envuelta en seda y terciopelo negro, la efigie en su colorido ropaje sobre la cima en una visi&#243;n asombrosa. La carroza era tirada por ocho caballos negros como el carb&#243;n, adornados con arreos de seda negra y plumas negras.

Treinta y siete j&#243;venes v&#237;rgenes segu&#237;an la carroza funeraria, una por cada a&#241;o de vida de la reina, enteramente vestidas con trajes de terciopelo blanco, y portaban altos velones de cera de abeja, que oscilaban fantasmales bajo la brisa helada. Rosamund era una de ellas, honor que le hab&#237;a conferido la madre del rey. Pero las v&#237;rgenes no llevaban capa, y Rosamund temblaba de fr&#237;o, como todas sus compa&#241;eras. Las babuchas de cabritilla blanca que calzaban no las proteg&#237;an del fr&#237;o ni de la humedad. Rosamund pens&#243; que ser&#237;a un milagro si no terminaban todas haci&#233;ndole compa&#241;&#237;a a la reina, muertas de fiebre.

Entraron en la gran abad&#237;a, donde el arzobispo celebr&#243; una misa de r&#233;quiem, a lo que sigui&#243; una eleg&#237;a, que, seg&#250;n se enter&#243; Rosamund mas tarde hab&#237;a sido escrita y pronunciada por un joven abogado de la ciudad, Tom&#225;s Moro. Su voz profunda, pero suave al mismo tiempo, reson&#243; con sus palabras de tributo, y colm&#243; la gran iglesia:

		&#161;Adi&#243;s! &#161;Mi tan querido esposo, mi valioso se&#241;or!
		El fiel amor, que en ambos continuaba
		en el himeneo y en la paz de la armon&#237;a,
		en tus manos aqu&#237; entrego,
		para que a nuestros hijos lo pases;
		hasta aqu&#237; padre has sido y ahora deber&#225;s
		cumplir tambi&#233;n la parte de madre, pues
		&#161;aqu&#237; yazgo!

Cuando Tom&#225;s Moro call&#243;, se oyeron en toda la abad&#237;a de Westminster los suaves murmullos del llanto. Cuando su mirada se dirigi&#243; al rey, Rosamund lo vio secarse los ojos. Ten&#237;a los hombros ca&#237;dos. Enrique VII hab&#237;a envejecido de pronto, pero, a su lado, su madre estaba muy erguida y sus hijos se consolaban en su dolor, con valent&#237;a. Entonces bajaron el ata&#250;d de la reina del catafalco que estaba al final de la nave y lo depositaron en la tumba. Isabel de York recibi&#243; una &#250;ltima bendici&#243;n de los sacerdotes y, finalmente, el funeral concluy&#243;.

Meg fue a tomar a Rosamund de la mano. Ten&#237;a los ojos rojos de tanto llorar, pues ella y su madre hab&#237;an sido muy unidas, en especial durante el &#250;ltimo a&#241;o.

Dice la abuela que ahora vengas a casa conmigo. Dice que cumpliste bien tu parte, que mi madre habr&#237;a quedado muy complacida.

Subieron a una carroza cubierta, que la Venerable Margarita hab&#237;a provisto para sus nietas y las otras damas de la casa. El gris d&#237;a de invierno estaba oscureciendo ya cuando el veh&#237;culo se abri&#243; camino de regreso por las neblinosas calles de Londres a la residencia de la condesa de Richmond.

A la ma&#241;ana siguiente, la princesa Mar&#237;a, que a&#250;n no hab&#237;a cumplido los siete a&#241;os, fue devuelta a Eltham.

A veces pienso que me he pasado la vida usando luto -se quej&#243; Meg ante Rosamund.

Estar&#225;s libre de este en unos meses. Tienes suerte, Meg, de poder recordar a la madre que lloras. Yo no tengo memoria de la m&#237;a.

&#191;No tienes ning&#250;n retrato?

La gente del campo, por lo general, no se hace pintar retratos -respondi&#243; Rosamund con una sonrisa-. Maybel la conoci&#243;. Dice que me parezco a ella, pero m&#225;s a mi padre. Sin embargo, no es lo mismo que si los hubiera conocido, &#191;no crees? Tu madre fue tan buena conmigo. No la olvidar&#233; jam&#225;s, y alg&#250;n d&#237;a le pondr&#233; a una hija su nombre, Meg, te lo prometo.

El invierno lleg&#243; a su fin y, en Pascua, el rey pidi&#243; que su familia volviera a reunirse en Richmond. Aunque casi no lo vieron y hab&#237;a rumores de que hab&#237;a quedado devastado por su p&#233;rdida. Sus consejeros le suger&#237;an que volviera a casarse, y se hicieron algunos arreglos en ese sentido, pero, al final, todo qued&#243; en la nada. El rey se hab&#237;a casado con Isabel de York para unir sus casas, para terminar una guerra larga y sangrienta, y porque el derecho de ella al trono era m&#225;s fuerte que el de &#233;l. Pero en cuanto la conoci&#243; la am&#243;, y le hab&#237;a sido fiel toda la vida. Ahora que ella se hab&#237;a ido parec&#237;a que su fidelidad seguir&#237;a inconmovible.

&#201;l es como yo -dijo la Venerable Margarita.

Pero t&#250; te casaste tres veces, abuela -se&#241;al&#243; Meg.

Esc&#250;chame, criatura. Una mujer puede tener riquezas, dignidad y prestigio, pero nada de eso importa si no tiene un marido. As&#237; es el mundo. No podemos escapar a ello. Sin embargo, el padre de tu padre, mi primer esposo, Jasper Tudor, fue el amor de mi vida, y no me da verg&#252;enza admitirlo. Para las mujeres de nuestra clase el primer matrimonio es el arreglado. Tal vez, incluso el segundo. Despu&#233;s de eso, yo creo que una mujer tiene derecho a elegir a su marido. Si los ama a todos o a ninguno depender&#225; del destino. Pero una mujer debe casarse, no tiene otra opci&#243;n.

&#191;Amar&#233; yo a Jacobo Estuardo, abuela?

&#191;Se dice que es un hombre encantador -dijo la condesa, seca-,seguramente querr&#225; complacerte porque haci&#233;ndote feliz a ti hace feliz a Inglaterra. Se dice que es bien parecido, ni&#241;a. Bien parecido y bueno. S&#237;, creo que lo amar&#225;s.

&#191;Y me amar&#225; &#233;l a m&#237;?

La Venerable Margarita ri&#243;.

Jacobo Estuardo te amar&#225;, seguramente, mi ni&#241;a. -Porque casi no hay mujer a la que no ame, pens&#243; para sus adentros.

Ahora tienes que encontrarle marido a Rosamund, abuela -dijo Meg, con gesto travieso-. Yo s&#233; que quiere regresar a su casa, a su amada Friarsgate, cuando yo me vaya al norte a fines del verano.

En su momento le encontraremos un marido a tu compa&#241;era. Hay tiempo, y debemos escoger con cuidado.

Ya lo ves -dijo Meg m&#225;s tarde, cuando estaban en la cama-. Eres un premio para darle a alguien, igual que yo. Pero cuando llegue el momento, haz que te permitan elegir. Recuerda lo que dijo mi abuela. Que despu&#233;s del primer matrimonio, incluso del segundo, una mujer tiene derecho a elegir a su siguiente marido. Recu&#233;rdaselo cuando te llegue el momento.

Se quedaron un mes en Richmond, y despu&#233;s la condesa y sus nietas partieron rumbo a Greenwich. Era la primera vez que Rosamund iba a ese palacio. Como Richmond, estaba sobre el T&#225;mesis, pero aqu&#237; ella pod&#237;a ver los m&#225;stiles de las altas naves que recorr&#237;an el mundo cuando navegaban r&#237;o abajo hacia el mar. El pr&#237;ncipe Enrique se uni&#243; a ellas un tiempo, pues su abuela le hab&#237;a pedido que fuera. El rey no se separaba del heredero que le quedaba. Era casi como si creyera que con su custodia personal pod&#237;a proteger al muchacho de cualquier cosa. El Pr&#237;ncipe incluso dorm&#237;a en una peque&#241;a habitaci&#243;n a la que solo se Pod&#237;a entrar pasando por el dormitorio de su padre. A los amigos del joven Enrique su situaci&#243;n les hac&#237;a mucha gracia, pero al pr&#237;ncipe no. De ah&#237; que un respiro con su maravillosa abuela y sus hermanas fuera muy bienvenido.

La princesa Mar&#237;a, tra&#237;da desde Eltham, admiraba a un compa&#241;ero mayor de su hermano, Charles Brandon.

Un d&#237;a me voy a casar con &#233;l -dijo, temeraria, pese a sus siete a&#241;os. Toda la familia recibi&#243; su comentario con mucho humor.

Las princesas no se casan con caballeros sin t&#237;tulo, Mar&#237;a -le dijo, reprendi&#233;ndola, su abuela-. Se casan con reyes o duques, o con otros pr&#237;ncipes. El joven Brandon tiene encanto, se nota, pero es un aventurero. No posee tierras ni riqueza. Caramba, que ni a Rosamund se lo dar&#237;a por esposo. No lo vale.

Alg&#250;n d&#237;a ser&#225; alguien, abuela -respondi&#243; Mar&#237;a, impertinente-. &#161;Y yo me casar&#233; con &#233;l!


&#191;Juegas al tenis? -le pregunt&#243; el pr&#237;ncipe Enrique a Rosamund una tarde en que estaban sentados mirando el r&#237;o.

Rosamund levant&#243; la mirada. Vest&#237;a el jub&#243;n y la falda verdes con sus mangas de zangala blanca. La condesa dictamin&#243; que el luto hab&#237;a terminado y les regal&#243; trajes nuevos a sus dos nietas y a Rosamund.

No, Su Alteza, no juego tenis.

&#161;Entonces ven, que te ense&#241;o! -dijo Enrique, tom&#225;ndola de la mano para ponerla de pie-. &#191;C&#243;mo te vas a quedar ah&#237;, mirando el agua? Yo me aburro.

A m&#237; me tranquiliza, Su Alteza.

Te va a gustar el tenis -insisti&#243; &#233;l, arrastr&#225;ndola consigo.

Pero a ella no le gust&#243; ese juego brusco, y se tropez&#243; con la falda nueva y, casi de inmediato, se torci&#243; el tobillo cuando sali&#243; a correr una pelota impulsada por &#233;l.

&#161;Ah, si me romp&#237; la falda no te lo perdonar&#233; nunca! -exclam&#243;-&#161;Ay! &#161;No me puedo levantar! -Se encogi&#243; de dolor cuando intent&#243; incorporarse.

El pr&#237;ncipe salt&#243; sobre la red. Fue a su lado, se agach&#243; y la levant&#243;.

Te llevar&#233; en brazos hasta los departamentos de mi abuela. No te rompiste el traje, Rosamund. Si te lo hubieras roto, yo te habr&#237;a comprado uno nuevo -le asegur&#243;, galante.

No tienes dinero -le respondi&#243; ella, atrevida.

&#191;Y t&#250; c&#243;mo lo sabes? Claro, es mi hermana Meg que habla de m&#225;s.

Me duele el tobillo -se quej&#243; Rosamund.

Apoya la cabeza en mi hombro y cierra los ojos. Seguramente te lo torciste. &#191;Sentiste u o&#237;ste un chasquido?

No.

Entonces no hay nada roto -respondi&#243; &#233;l. Se detuvo-. Eres ligera como una pluma, mi se&#241;ora de Friarsgate. Me gusta la sensaci&#243;n de tenerte en brazos.

Rosamund abri&#243; r&#225;pidamente los ojos.

Eres demasiado atrevido, mi se&#241;or pr&#237;ncipe -lo reprendi&#243;-. Recuerda que eres un muchachito, que tengo dos a&#241;os m&#225;s que t&#250;. Es m&#225;s, acabo de cumplir a&#241;os.

Ya te he dicho, Rosamund de Friarsgate, que soy joven de edad, pero tengo el cuerpo de un hombre. &#218;ltimamente creo que tengo las necesidades de un hombre. Ahora, si no me besas no dar&#233; otro paso.

&#161;Es injusto! &#161;Es injusto! -exclam&#243; Rosamund, forcejeando. Bajo el jub&#243;n, Enrique ten&#237;a espaldas amplias, y el pecho contra el que ahora ella golpeaba sus peque&#241;os pu&#241;os era ancho y firme. La mejilla de &#233;l ya no era suave, ten&#237;a la sombra de una barba.

Un besito -lisonje&#243; &#233;l, con una sonrisa picara y un destello divertido en los ojos azules.

Ella suspir&#243;. Era muy halagador, pens&#243; Rosamund, ser perseguida as&#237; por un pr&#237;ncipe joven y tan atractivo.

Uno solo -dijo por fin-. &#191;Me juras que ser&#225; s&#243;lo uno, Su Alteza?

Cuando estamos sin compa&#241;&#237;a puedes llamarme Hal -murmur&#243; &#233;l.

No me diste tu palabra, Hal -dijo Rosamund, tratando de aparentar severidad. &#201;l era muy apuesto. M&#225;s apuesto incluso que sir Owein.

El vio la mirada so&#241;adora en los ojos ambarinos.

Un beso, un dulce beso, mi se&#241;ora de Friarsgate -le susurr&#243; &#233;l en el o&#237;do y la bes&#243; en los labios: las bocas se unieron con ansia.

A Rosamund le lati&#243; el coraz&#243;n con fuerza. Sinti&#243; el repentino calor de los dos cuerpos. Su boca se abland&#243; bajo la de &#233;l. Suspir&#243;, afloj&#225;ndose contra el cuerpo del pr&#237;ncipe, sinti&#233;ndose segura en el refugio de esos brazos fuertes.

Ah, qu&#233; lindo -le dijo suavemente cuando el beso termin&#243;. -&#191;Otro? -la tent&#243; &#233;l con voz baja y seductora.

S&#237; -dijo ella con otro suspiro de placer y la boca de &#233;l volvi&#243; a tocar la de ella. Esta vez &#233;l pidi&#243; m&#225;s. Ella sinti&#243; que &#233;l se sentaba en un banco de piedra cercano. M&#225;s c&#243;moda, Rosamund le pas&#243; un brazo por la espalda y le acarici&#243; el cuello. El beso se hizo m&#225;s profundo. La mano de &#233;l le roz&#243; el jub&#243;n y, al no recibir una negativa, atrevidamente comenz&#243; a acariciarle los senos-. &#161;Ah! -exclam&#243; Rosamund, sorprendida.

Todo est&#225; bien, querida -la tranquiliz&#243; el pr&#237;ncipe-. Los amantes se tocan. -Le pellizc&#243; un pez&#243;n y la mano fue r&#225;pidamente por debajo de la camisa de ella.

Fue como si la hubiera empapado con un cubo de agua helada. Rosamund abri&#243; bruscamente los ojos.

&#161;Nosotros no somos amantes! -exclam&#243;-. &#191;Y qu&#233; sabes t&#250; de esas cosas, Hal? -Forceje&#243; para adoptar una posici&#243;n m&#225;s defensiva, mientras le apartaba la mano de debajo del jub&#243;n.

&#191;T&#250; piensas que yo soy virgen como t&#250;, mi adorable se&#241;ora de Friarsgate? -le pregunt&#243; el pr&#237;ncipe-. Se&#241;ora, mont&#233; mi primera mujer el d&#237;a que cumpl&#237; once a&#241;os. Fue un regalo que me hicieron Brandon y Neville. -Le sonri&#243;-. Me gusta una buena c&#243;pula con una compa&#241;era dispuesta.

&#191;C&#243;mo supiste qu&#233; hacer? -le pregunt&#243; Rosamund, fascinada a pesar de s&#237; misma. De no haber sido por el tobillo se habr&#237;a levantado de las rodillas de &#233;l y se hubiera ido.

Mis amigos me encontraron una prostituta limpia y libre de enfermedades, lo que no es tarea f&#225;cil, que fuera al mismo tiempo habilidosa y comprensiva. Ella me dijo que era un honor ser mi primera amante y me gui&#243;, muy alegremente, por el sendero de Eros. Yo aprend&#237; r&#225;pido. Y me gust&#243; mucho probar mis nuevas habilidades en quienquiera que est&#233; dispuesta a unirse a m&#237; en mi b&#250;squeda de placer.

Los hombres tienen suerte.

&#191;Por qu&#233;? -pregunt&#243; &#233;l, curioso.

Pueden practicar las habilidades de amantes antes de casarse.

Ninguna muchacha respetable podr&#237;a hacer lo mismo. Y una vez que se casa, una mujer tiene que permanecer virtuosa mientras que su esposo puede tener otras mujeres para su placer. A m&#237; me parece injusto, &#191;a ti no?

Pero una buena mujer, en especial la esposa o las hijas de un hombre, tiene que ser virtuosa siempre -respondi&#243; el pr&#237;ncipe, con recato-. Solo las prostitutas y las cortesanas pueden divertirse con amantes.

&#191;T&#250; no me consideras una buena muchacha, Hal? -le pregunt&#243; Rosamund, inocentemente.

Claro que eres buena -se apresur&#243; a responder &#233;l.

&#191;Entonces por qu&#233; intentas seducirme y arruinar mi reputaci&#243;n, Hal? Alg&#250;n d&#237;a debo casarme. &#191;Qui&#233;n querr&#225; a una muchacha con la reputaci&#243;n manchada? &#191;Una muchacha considerada camino abierto para los hombres? Pues si yo te permitiera hacer conmigo lo que quieres, despu&#233;s alardear&#237;as de haberlo hecho, y tus amigos querr&#237;an tambi&#233;n mis favores -dijo Rosamund, para terminar.

&#201;l se ruboriz&#243;, con culpa.

T&#250; aceptaste -dijo, enfurru&#241;ado.

T&#250; me pediste un beso -dijo ella, suavemente-. Un beso.

Es que tus labios son muy dulces, se&#241;ora de Friarsgate -dijo &#233;l, a modo de disculpa.

Antes de que Rosamund pudiera responderle, oyeron otra voz. Una muy conocida.

Ah, Su Alteza, aqu&#237; est&#225;n. Tu padre ha llegado de Londres y desea verte -dijo sir Owein Meredith. Su mirada parec&#237;a extra&#241;a, pero su tono era el de un buen servidor.

La se&#241;ora se torci&#243; el tobillo -se apresur&#243; a explicar el pr&#237;ncipe, se puso de pie, todav&#237;a cargando a Rosamund. Entonces, la entreg&#243; a sir Owein-. Por favor, ll&#233;vala a mi abuela con mis disculpas. -Se dispuso a retirarse, pero se arrepinti&#243; y se volvi&#243; a ellos-. &#191;Mi padre est&#225; en su gabinete privado?

S&#237;, Su Alteza -respondi&#243; sir Owein.

Sin m&#225;s, el pr&#237;ncipe se fue r&#225;pidamente.

&#191;No puede caminar? -pregunt&#243; sir Owein.

Rosamund asinti&#243;, con las mejillas calientes de la verg&#252;enza. &#161;Haber sido sorprendida en una posici&#243;n tan comprometida con el pr&#237;ncipe Enrique!

&#191;C&#243;mo sucedi&#243;? -pregunt&#243; sir Owein caminando hacia el palacio con su bonita carga.

En el campo de tenis -logr&#243; decir Rosamund-. Me ca&#237; tratando de pegarle a una pelota.

El tenis es un juego demasiado brusco para una se&#241;ora -dijo sir Owein.

Creo que estoy de acuerdo. &#191;Vino con el rey?

&#201;l asinti&#243;.

Me ha asignado a la casa de la condesa de Richmond. Dice que ahora que no est&#225; la reina, &#233;l ya no necesita tanto personal. Est&#225; muy melanc&#243;lico y parece que la extra&#241;a cada d&#237;a m&#225;s. Me retiene en raz&#243;n de mis prolongados servicios para la casa de Tudor, porque soy gales. Si no fuera por eso, me devolver&#237;a a mi familia, como ha sucedido ya con muchos otros.

&#191;Ellos se alegrar&#237;an de verlo? -le pregunt&#243; ella.

&#201;l ri&#243; y el sonido de su risa fue amargo.

No lo creo, a menos que fuera con riqueza. Hace tanto tiempo que no veo a ninguno de ellos que dudo de que pudiera reconocerlos.

Es triste. Yo ser&#237;a muy desdichada si no tuviera a nadie que me esperara en mi hogar.

El lugar donde nac&#237; hace mucho que no es mi hogar, desde los seis a&#241;os. No lo recuerdo en absoluto. Pienso m&#225;s en el castillo Caernavon, que era el asiento de sir Jasper, como mi casa. Y ahora bien, lady Rosamund, no deber&#237;a besarse ni acariciarse con el pr&#237;ncipe Enrique.

&#161;Se&#241;or! -dijo ella, tratando de parecer ofendida.

No puede negarlo -dijo &#233;l, con una risita-. Mi dulce Rosamund de Friarsgate, hablo por su propio bien. Si espera que le den un esposo puede permitir que se manche su buen nombre.

Todo lo que quer&#237;a era un beso -murmur&#243; Rosamund-. Un beso no es un crimen.

Ahora esc&#250;cheme, ni&#241;a -dijo sir Owein, severo-. El pr&#237;ncipe Enrique ha estado toqueteando criadas desde que se puso los pantalones. Cuando cumpli&#243; los once sus amigos le entregaron una prostituta. Fue un secreto a voces en toda la Corte. El pr&#237;ncipe ha seguido en ese camino. Le gustan las mujeres. &#191;Un solo beso? &#161;Ten&#237;a la mano en su pecho, Rosamund! Le aseguro que pronto estar&#237;a acostada de espaldas. Al pr&#237;ncipe le fascina la conquista. No le importan las consecuencias, porque para &#233;l no las habr&#237;a, excepto una posible dosis de gonorrea.

&#161;Se&#241;or!  Otra vez le ard&#237;an las mejillas.

Es una virgen de buena familia y reputaci&#243;n, Rosamund, pero el pr&#237;ncipe la seducir&#237;a sin importarle su futuro. &#191;Y si quedara encinta, muchacha? La enviar&#237;an a su casa deshonrada, y no me cabe duda de que la dar&#237;an en custodia a su t&#237;o Enrique. &#191;Es eso lo que desea, Rosamund?

No -dijo ella, con suavidad-. Me juzga mal, se&#241;or. No soy tan tonta como para no darme cuenta, pese a toda mi inexperiencia, de cu&#225;ndo un muchacho quiere jugar conmigo. Ya hab&#237;a reprendido al pr&#237;ncipe y &#233;l hab&#237;a interrumpido su comportamiento impropio. No hac&#237;a falta que me rescatara.

Llegu&#233; hasta ustedes por casualidad -le respondi&#243; sir Owein-. As&#237; que entonces adivin&#243; sus intenciones, &#191;eh?

Una muchacha puede ser pura, pero no obstante reconocer lo impuro. Tengo en mucha estima mi reputaci&#243;n, pero nunca antes me hab&#237;a besado un enamorado. Quer&#237;a saber c&#243;mo era -explic&#243; ella.

&#191;Y le gust&#243; el beso del enamorado? -pregunt&#243; &#233;l.

S&#237;, fue muy agradable, se&#241;or. El coraz&#243;n me lati&#243; fuerte, e incluso pens&#233; que iba a desmayarme del placer que se apoder&#243; de m&#237;. No tiene nada de malo, &#191;no? Me imagino que otras muchachas han hecho lo mismo y no han quedado deshonradas.

Hab&#237;an llegado a la puerta de los departamentos privados de la condesa de Richmond. Hab&#237;a un criado junto a la puerta. De inmediato la abri&#243;, impasible, para dar paso a sir Owein con Rosamund en brazos

&#161;Santo cielo! &#191;Qu&#233; le pas&#243; a Rosamund? -exclam&#243; la Venerable Margarita cuando entraron en su sala diurna.

Me ca&#237;, se&#241;ora, y me torc&#237; el tobillo. Sir Owein tuvo la gentileza de traerme -explic&#243; Rosamund.

B&#225;jela, sir Owein, y veamos ese tobillo. Se&#241;oras, sir Owein ha vuelto a mi servicio. S&#233; que todas ustedes estar&#225;n encantadas.

&#201;l dej&#243; a la muchacha. Rosamund se levant&#243; la falda delicadamente para mostrar el tobillo, que estaba muy hinchado y se pon&#237;a p&#250;rpura y amarillo. Hizo una mueca de dolor cuando &#233;l le toc&#243; la piel.

Ay -dijo la condesa, sacudiendo la cabeza-. Tendr&#225;s que quedarte adentro unos cuantos d&#237;as, ni&#241;a, hasta que baje la hinchaz&#243;n. Ah, aqu&#237; est&#225; tu Maybel. Ella te pondr&#225; emplastos. Sir Owein, lleve a lady Rosamund a su cama ahora, y que su criada la atienda.

Maybel mostr&#243; el camino y le dijo a sir Owein que dejara a Rosamund en una silla en el dormitorio que compart&#237;a con la princesa Tudor.

&#191;Me traer&#237;a un poco de agua caliente, se&#241;or? -le pregunt&#243; Maybel al caballero-. La necesitar&#233; para hacer el emplasto de mi se&#241;ora.

&#201;l asinti&#243; y sali&#243;.

Estabas con ese joven pr&#237;ncipe sinverg&#252;enza, &#191;verdad? -le dijo Maybel-. No me lo niegues. La princesita te vio salir con &#233;l.

Fuimos a jugar al tenis -respondi&#243; Rosamund.

T&#250; no juegas al tenis ese -dijo Maybel, enojada.

Se juega con una pelota -explic&#243; Rosamund-. Me ca&#237; y me torc&#237; el tobillo tratando de devolverle una pelota al pr&#237;ncipe.

No me parece algo apropiado para una joven dama, en especial si tienes que andar corriendo como una marimacho -dictamin&#243; Maybel. Fue de un lado al otro de la peque&#241;a habitaci&#243;n, buscando en el ba&#250;l las hierbas que necesitar&#237;a para el emplasto del tobillo de Rosamund.

Apareci&#243; una criada con el agua caliente.

Me envi&#243; sir Owein. &#191;Necesitar&#225; algo m&#225;s?

No; est&#225; bien con esto -respondi&#243; Maybel. Entonces, se puso trabajar para hacer la venda del tobillo de su se&#241;ora. Mientras las Verbas se maceraban en el agua caliente, Maybel ayud&#243; a Rosamund quitarse el vestido y meterse en la cama. Empap&#243; un pedazo de lienzo en el agua, coloc&#243; el emplasto sobre el miembro hinchado y lo envolvi&#243; Puso una peque&#241;a almohada bajo el tobillo de Rosamund-. Te traer&#233; un poco de sopa.

&#161;Pero tengo hambre! -gimi&#243; Rosamund-. &#161;Quiero carne, Maybel!

Ver&#233; qu&#233; puedo hacer -dijo Maybel con una sonrisa y se fue.

Si Rosamund no hab&#237;a perdido el apetito era seguro que la herida no era grave.

Meg entr&#243; en el dormitorio.

Estuviste con Hal. &#191;Te bes&#243;? &#161;Cu&#233;ntame todo, Rosamund!

No hay nada que contar -dijo Rosamund, y bostez&#243;.

&#161;Mentirosa! -exclam&#243; Meg-. &#161;Te bes&#243;! &#191;Qu&#233; m&#225;s?

&#191;Por qu&#233; crees que hay algo m&#225;s que un simple beso?

Porque conozco a mi hermano Enrique. &#161;Quiero que me cuentes absolutamente todo lo que sucedi&#243;! &#161;Me muero si no me cuentas! -Sus ojos azules bailoteaban de curiosidad. Ten&#237;a las mejillas sonrosadas del entusiasmo.

Hay poco que contar -comenz&#243; Rosamund.

Meg se inclin&#243; hacia ella.

Hal dice que en privado puedo llamarlo Hal insisti&#243; en que aprendiera a jugar al tenis. Me ca&#237; y me torc&#237; el tobillo. &#201;l me llev&#243; desde el campo de tenis al jard&#237;n. A medio camino hacia los departamentos Privados de tu abuela se detuvo y me dijo que ten&#237;a que besarlo. Se sent&#243; en un banco y me bes&#243;. Me gust&#243;, Meg. &#161;Me gust&#243;!

Yo anoche le permit&#237; a Richard Neville que me besara -admiti&#243; Meg-. A m&#237; tambi&#233;n me gust&#243;, pero no volv&#237; a besarlo. M&#225;s que nada porque en unas semanas viajar&#233; al norte a casarme con el rey de los escoceses. Tengo que guardar mi buen nombre. &#191;Y qu&#233; m&#225;s?

Para entonces Rosamund ya sab&#237;a que era in&#250;til tratar de enga&#241;ar a la princesa.

Me toc&#243; los senos.

&#161;Ahhh! -susurr&#243; Meg, abriendo muy grandes los ojos azules.

Se lo imped&#237;, por supuesto -dijo Rosamund, r&#225;pidamente- Yo tambi&#233;n tengo que cuidar mi buen nombre.

&#191;C&#243;mo fue?

No puedo explicarlo con palabras, pero me pareci&#243; que me desmayaba del placer que me produjo. -Los ojos se le pusieron so&#241;adores con el recuerdo de esa gran mano cubriendo sus pechos peque&#241;os. -Yo hab&#237;a o&#237;do que los hombres hacen esas cosas -susurr&#243; Meg-. Y otras, adem&#225;s -agreg&#243;, bajando a&#250;n m&#225;s la voz.

&#191;Qu&#233; cosas? -Ahora fue el turno de Rosamund de sentir curiosidad.

No lo s&#233;, pero casi todas las mujeres que conozco parecen disfrutar de las atenciones de sus maridos. Supongo que las dos lo averiguaremos pronto -termin&#243; diciendo, con una risa.

T&#250; lo sabr&#225;s mucho antes que yo. No me casar&#233; antes que t&#250;, Meg, y, adem&#225;s, nadie me ha dicho nada de ning&#250;n marido.

Y ahora sir Owein est&#225; otra vez en tu mundo -brome&#243; Meg-. &#191;Fue lindo que te trajera en brazos o te gustaron m&#225;s los brazos de mi hermano? Claro que Enrique no es para ti, y no podr&#237;a serlo nunca, pero &#191;no te gusta sir Owein? A todas las damas les gusta.

Es agradable.

Te tra&#237;a muy delicadamente. Cuando cree que nadie lo ve te mira con ternura. Yo creo que sir Owein siente algo por ti, Rosamund. Me parece que ser&#237;a un buen esposo para ti. Es buen mozo y maduro y, sin embargo, es lo suficientemente joven como para ser un amante vigoroso que pueda engendrarte hijos.

&#161;Meg! -rezong&#243; Rosamund, pero tuvo que admitir que ella hab&#237;a acariciado pensamientos similares. Owein Meredith, con sus cabellos de un rubio oscuro y los ojos verdes avellana, la nariz recta y la mand&#237;bula pronunciada, era muy atractivo. Pens&#243; c&#243;mo ser&#237;a ser besada por &#233;l. Ten&#237;a una boca de labios finos, pero grande. Y las manos eran amplias y cuadradas &#191;c&#243;mo ser&#237;a sentirlas sobre sus senos? &#191;Le provocar&#237;an el mismo deleite que hab&#237;an dejado en su coraz&#243;n virgen las manos del pr&#237;ncipe Enrique? y siempre hab&#237;a sido bueno con ella. Algunas veces le hab&#237;a parecido una versi&#243;n joven de Hugh Cabot.

&#191;En qu&#233; piensas? -pregunt&#243; Meg.

&#191;De verdad crees que le gusto a sir Owein?

S&#237;. Creo que es as&#237;. Y &#233;l se merece una esposa, una buena esposa, Rosamund. Conozco a sir Owein de toda la vida. Mi madre siempre dec&#237;a que de todos los servidores de la familia &#233;l, de verdad, se hab&#237;a ganado el nombre de buen caballero. Mam&#225; dec&#237;a siempre que sir Owein era el hombre m&#225;s honorable que ella hab&#237;a conocido. Y es bueno, adem&#225;s, algo que t&#250; ya sabes. Es cierto que no tiene nada m&#225;s que su espada, su caballo, su armadura y su buen nombre, pero, de todos modos, t&#250; no puedes esperar un esposo con un gran nombre. &#191;No preferir&#237;as tener a un hombre como sir Owein antes que a uno como tu t&#237;o? Un hombre con algo de bienes que se case contigo por tus tierras y te maltrate. Recuerdo lo que me contaste de la primera esposa de tu t&#237;o, lady Agnes. Qu&#233; triste para ella no haber conocido nunca el amor.

Mi t&#237;o se cas&#243; con ella por sus tierras, porque &#233;l no ten&#237;a nada -le record&#243; Rosamund a Meg-. Estoy segura de que sir Owein me aceptar&#237;a por la misma raz&#243;n. Pero creo que yo esta vez quiero amor.

El amor es un lujo que las mujeres acaudaladas no pueden permitirse. Primero c&#225;sate y, con suerte, el amor vendr&#225; despu&#233;s. Todas las mujeres son requeridas en matrimonio por una raz&#243;n u otra, Rosamund. El amor no suele ser la primera preocupaci&#243;n de los casamenteros. Una Princesa de Inglaterra se casa con el rey de los escoceses para que haya paz entre las dos tierras, para que la generaci&#243;n de hijos que traigan al mundo tengan un lazo con Inglaterra y, es de esperar, mantengan la paz. Las hijas de las grandes casas nobles son desposadas por la riqueza y las conexiones de sus familias. A ti te desposar&#225;n por tus tierras y tus reba&#241;os. La hija de un granjero es desposada porque su madre ha dado a luz sobre todo hijos varones y se espera que ella haga lo mismo, para que haya m&#225;s manos para trabajar la tierra. A todas nos toman por una raz&#243;n u otra pero el amor rara vez entra en el arreglo. En los meses venideros, mi partida ser&#225; el tema en el que se concentrar&#225;n la Corte y mi familia. Tendr&#225;s tiempo de observar a sir Owein como posible esposo. Usa el tiempo sabiamente, y no vuelvas a coquetear con mi hermano.

Enrique se casar&#225; con Catalina despu&#233;s de que nuestro padre le haya sacado todo lo que pueda al rey de Arag&#243;n y Castilla. Esa alianza va a concretarse. &#161;Tiene que concretarse! Necesitamos esgrimir el poder&#237;o de Espa&#241;a contra Francia, por nuestra seguridad. Adem&#225;s, una alianza como esa aumentar&#225; la legitimidad del derecho de mi familia al trono de Inglaterra. Mi padre siempre ha querido eso tanto como mi uni&#243;n con Jacobo Estuardo.

En tu caso, t&#250; casi puedes elegir. Si decides que quieres a sir Owein, yo lo solicitar&#233; para ti. Me dar&#225;n lo que les pida. Voy a dejar a mi familia. Lo que quiera, si es razonable, me lo dar&#225;n, antes de que me vaya. A mi padre no le costar&#225; nada recompensar a su leal servidor.

Lo pensar&#233; -respondi&#243; Rosamund, pensando que ser&#237;a casi como elegir. Cuando Meg partiera, ella estar&#237;a perdida en la Corte. Catalina era una muchacha muy dulce y, a la vez, adecuada para la funci&#243;n real. Meg ten&#237;a raz&#243;n. Catalina un d&#237;a ser&#237;a la reina de Inglaterra. Rosamund r&#225;pidamente aprendi&#243; que la ventaja de no ser importante era que las personas importantes no ten&#237;an miedo de hablar cuando uno estaba presente. Hablaban como si uno no estuviera all&#237;, porque no habr&#237;a ninguna consecuencia para ellos. Solo escuchando ella hab&#237;a obtenido mucha informaci&#243;n. La alianza espa&#241;ola era de una importancia fundamental para el rey Enrique VII. &#201;l har&#237;a cualquier cosa para conseguirla.

&#191;Y el pr&#237;ncipe Enrique? Ten&#237;a un car&#225;cter encantador, pero era un muchacho turbulento que, aunque tuviera el cuerpo de un hombre, segu&#237;a siendo ego&#237;sta e irreflexivo. La reputaci&#243;n de Rosamund no le interesaba en lo m&#225;s m&#237;nimo. Simplemente quer&#237;a seducir a una pupila real para poder alardear ante sus amigos. Y lo que le sucediera despu&#233;s a su v&#237;ctima no ser&#237;a preocupaci&#243;n suya. &#201;l ser&#237;a rey de Inglaterra. Los preceptos y c&#243;digos morales que segu&#237;an los comunes no se aplicaban a &#233;l. Rosamund comprend&#237;a esto por los pocos meses pasados en la Corte. LOS pr&#237;ncipes eran la ley para s&#237; mismos, y siempre ser&#237;a as&#237;.

Y el joven Enrique Tudor era, por cierto, una ley para s&#237; mismo. Si Owein no los hubiera interrumpido, era seguro que &#233;l habr&#237;a ganado la pasi&#243;n de la bella Rosamund. Estaba decidido a volver a intentar quebrar sus inocentes defensas. Ella no era tan est&#250;pida como &#233;l hab&#237;a cre&#237;do. A &#233;l le sorprendi&#243; ver que ella se daba cuenta de que quer&#237;a seducirla, pero eso hac&#237;a el juego m&#225;s interesante.

La tendr&#233; -les dijo a sus amigos.

D&#233;jala, Hal -le aconsej&#243; Charles Brandon, que era unos a&#241;os mayor que el pr&#237;ncipe-. Ahora que se lastim&#243; el tobillo, tu abuela la vigilar&#225; de cerca. Puedes estar seguro de que sabe c&#243;mo se lastim&#243; Rosamund. Y sir Owein los vio, o t&#250; piensas que los vio. Es un caballero honorable, y si cree que la muchacha corre peligro, se asegurar&#225; de que est&#233; protegida. No tienes necesidad de tenerla. Hay tantas deseosas de entretener tu vara joven, fuerte y siempre dispuesta. Damas con esposos viejos que ans&#237;an un encuentro lujurioso con un amante vigoroso. Pi&#233;nsalo, Hal -dijo, y sonri&#243; con picard&#237;a.

El hecho de que ella sea menos accesible hace el juego mucho m&#225;s fascinante Y peligroso -dijo el joven lord Richard Neville-. &#161;Es virgen! Yo creo que nunca tuve a una virgen, aunque, por cierto, espero que mi futura esposa lo sea. Seducir a la muchacha en su propia cama, ante las narices de tu abuela, ser&#237;a un buen golpe, Hal. &#161;Si alguien puede hacerlo, ese eres t&#250;!

&#161;Hecho, Neville! -dijo lord Percy-. &#161;Te apuesto una moneda de oro a que no puede!

Estoy totalmente en desacuerdo -murmur&#243; Charles Brandon-, Pero les guardo las apuestas.

El pr&#237;ncipe Enrique ri&#243;.

Eres un tonto, apostando contra m&#237;, Percy. No has hecho m&#225;s que abrirme el apetito de carne virgen. La cereza de la muchacha ser&#225; m&#237;a antes de que termine la semana -se jact&#243;.

Uno de los criados del pr&#237;ncipe estaba con las damas de la condesa.

Se enter&#243; de que har&#237;an un peque&#241;o crucero por el r&#237;o unas tardes despu&#233;s. Rosamund se quedar&#237;a, pues todav&#237;a no se le hab&#237;a curado el tobillo. Estar&#237;a sola, a excepci&#243;n de unas pocas criadas que pensar&#237;an que el travieso del pr&#237;ncipe estaba sencillamente aprovechando la ausencia de su abuela para jugar a los besos y las caricias con una muchacha bonita. Unas monedas, y se garantizar&#237;a su silencio y su ausencia.

Rosamund hab&#237;a levantado un poco de fiebre y dorm&#237;a inquieta. Despert&#243; de golpe, sintiendo que los el&#225;sticos de soga de la cama ced&#237;an bajo el peso de otra persona. Se volvi&#243; y se encontr&#243; con el rostro sonriente del pr&#237;ncipe Enrique Tudor.

&#161;Hal! -exclam&#243;, sobresaltada-. &#191;Qu&#233; haces aqu&#237;? &#161;Tienes que irte enseguida! Esto es muy impropio.

Como respuesta, &#233;l la tom&#243; en sus brazos, y murmur&#243;:

Querida Rosamund, mi dulce dama de Friarsgate, &#161;te adoro! Tienes que dejarme que te bese, mi amor. S&#243;lo un beso y una caricia. Entonces me ir&#233;, &#161;te lo juro! No he hecho m&#225;s que pensar en la tarde que pasamos en el jard&#237;n privado.

&#161;No! Esta vez no me acariciar&#225;s, Hal. &#161;Aun as&#237;, aunque s&#243;lo te encontraran en mi cama, ser&#237;a mi ruina! &#191;Por qu&#233; eres tan cruel que piensas en tu propio placer? &#161;No te importo para nada!

S&#237;, pienso en tu placer, dulce m&#237;a. -Sus r&#225;pidas manos comenzaron a acariciarle los pechos-. Frutos tan peque&#241;os y tan maduros, que deben ser apreciados como s&#243;lo yo puedo. Veo tu piel, tan clara, a trav&#233;s del lino de tu camisa perfumada, Rosamund. -Su cabeza de cabello rubio rojizo se hundi&#243; entre sus senos.

Rosamund contuvo el aliento, impresionada por los labios de &#233;l sobre su pecho. Le dio vueltas la cabeza con una mezcla de miedo y placer.

&#161;No! -grit&#243; cuando la mano de &#233;l comenz&#243; a meterse por debajo de la camisa-. &#161;No! -grit&#243; con m&#225;s fuerza porque &#233;l no se deten&#237;a. Claro que ser&#237;a una deshonra para ella, pero no pod&#237;a permitir que &#233;l le robara su tesoro m&#225;s preciado, la virtud. Quienquiera que finalmente se casara con ella sabr&#237;a de su honestidad la noche de su boda. Volvi&#243; a gritar, y &#233;l le tap&#243; la boca con la mano.

No grites, mi amor -murmur&#243; el pr&#237;ncipe-. S&#243;lo quiero que seamos felices. Ya ver&#225;s, Rosamund.

Ella volvi&#243; a abrir la boca, pero esta vez los dientes se cerraron en el costado de la mano de &#233;l, y mordi&#243; con todas sus fuerzas. Enrique Tudor rugi&#243; de dolor y rabia. En ese momento la puerta de la alcoba se abri&#243;, y all&#237; estaba sir Owein Meredith, colorado de ira. El pr&#237;ncipe se baj&#243; de la cama de un salto, pas&#243; como una exhalaci&#243;n junto al otro hombre y sali&#243; del aposento sin decir palabra.

Para su propio asombro, Rosamund estall&#243; en sollozos.

Gracias a Dios que viniste. Creo de verdad que me iba a hacer da&#241;o.

Quer&#237;a quitarte tu virtud, Rosamund -fue la brusca respuesta.

&#191;C&#243;mo lo sabes? -dijo ella, llorando, nerviosa, apretando la manta contra su pecho.

Maybel averigu&#243; de boca de las otras mujeres que el hombre del pr&#237;ncipe hab&#237;a estado haciendo preguntas. Despu&#233;s, vio al pr&#237;ncipe entrar en estos departamentos. Cuando lo sigui&#243; discretamente, advirti&#243; que no hab&#237;a criados a la vista. Se dio cuenta enseguida de cu&#225;les eran los designios de nuestro joven pr&#237;ncipe. Y sali&#243; corriendo a buscarme.

Ah, &#191;qu&#233; voy a hacer? -solloz&#243; Rosamund-. Si ese poderoso muchacho est&#225; decidido a tenerme, &#191;qu&#233; voy a hacer?

Yo hablar&#233; con la condesa y le explicar&#233; lo que ha sucedido. Creo que ya es hora, Rosamund, de que te elijan esposo. Si te dan un esposo, el pr&#237;ncipe Enrique te dejar&#225; en paz, porque habr&#225;s perdido tu atractivo. No puede haber ning&#250;n esc&#225;ndalo, mi se&#241;ora de Friarsgate, que involucre al pr&#237;ncipe, porque su futura familia pol&#237;tica de Espa&#241;a es muy estricta en sus c&#243;digos morales. El embajador de Espa&#241;a vigila y protege con mucho celo la felicidad de la princesa de Arag&#243;n.

&#191;Me ir&#233; a mi casa si me dan un esposo? -dijo ella, con voz temblorosa.

Depende del hombre que te elijan. Pero despu&#233;s de lo que estuvo a punto de ocurrir aqu&#237;, milady, es obvio que debes tener un esposo que te proteja.



SEGUNDA PARTE



La dama de Friarsgate



CAP&#205;TULO 07

Inglaterra 1503-1510


A la ma&#241;ana siguiente, despu&#233;s de misa, sir Owein Meredith fue a hablar con la condesa de Richmond, cuando ella sal&#237;a de la capilla, y le dijo, en voz baja:

Quisiera hablar en privado con usted, se&#241;ora, sobre un asunto de suma urgencia.

Lo ver&#233; despu&#233;s de que haya desayunado -respondi&#243; la Venerable Margarita, sin detenerse, y sigui&#243; rumbo a sus departamentos.

Sus ojos se encontraron por un segundo, &#233;l se apart&#243; y fue a buscar a Maybel.

&#191;Te explic&#243; tu se&#241;ora lo que sucedi&#243; ayer a la tarde? -le pregunt&#243;, al encontrarla-. Tu rapidez impidi&#243; una farsa.

Habr&#237;a que azotarlo -respondi&#243; Maybel, indignada-. No me importa que un d&#237;a llegue a ser rey de Inglaterra; habr&#237;a que azotarlo. &#191;Qu&#233; clase de hombre, joven o no, se dispone a arruinar a una muchacha inocente, se&#241;or? Yo s&#233; que sir Hugh, que Dios lo tenga en su gloria, tuvo buenas intenciones cuando confi&#243; a mi dulce ni&#241;a al rey, &#161;pero c&#243;mo deseo que ya estuvi&#233;ramos en Friarsgate, a salvo en casa!

Yo la proteger&#233; lo mejor que pueda. Se me ha concedido una audiencia privada con la condesa despu&#233;s de que haya comido. No le va a gustar enterarse del mal comportamiento de su nieto. Querr&#225; culpar a Rosamund. Yo no lo permitir&#233;. Pero ella entender&#225; lo dif&#237;cil de la situaci&#243;n. Voy a sugerirle que, de inmediato, le elija un esposo a Rosamund y que la case antes de que el joven pr&#237;ncipe consiga seducir a la se&#241;ora de Friarsgate y arruine su reputaci&#243;n. Rosamund es inteligente, pero tambi&#233;n es ingenua. Me temo que, en contra de su propio juicio, se siente atra&#237;da hacia el pr&#237;ncipe Enrique. Es halagador para una muchacha del campo ser perseguida por un pr&#237;ncipe.

Maybel asinti&#243;.

Dices la verdad, se&#241;or, pero hay otra cosa que puede llevar a su ca&#237;da. Sus jugos le est&#225;n bajando ya. Es cierto que est&#225; madura para un esposo y, si no es para un esposo, para un amante. Es demasiado inocente para entender que no puede evitarlo. Necesita a un buen hombre en la cama, y ser&#225; mejor que sea un esposo.

Sir Owein asinti&#243;.

S&#237; -dijo, y la sombra de una sonrisa se le dibuj&#243; en los labios-. No temas, Maybel, hablar&#233; con la condesa. T&#250; qu&#233;date con tu se&#241;ora todo lo que puedas. No la dejes sola.

As&#237; ser&#225;, se&#241;or.

Justo pasadas las nueve de la ma&#241;ana, una de las damas de la condesa fue a buscar a Owein Meredith. Lo llev&#243; a un peque&#241;o cuarto con paneles y un hogar en un rinc&#243;n con un hermoso fuego encendido. Hab&#237;a dos sillas tapizadas y de respaldo alto ante el peque&#241;o hogar y una mesa redonda entre ambas. Margarita Beaufort estaba sentada en una de las sillas, vestida de negro, como siempre, con un tocado en arco que le cubr&#237;a casi toda la cabellera, blanca como la nieve. Le indic&#243; que se sentara en la otra silla; la criada se retir&#243; y cerr&#243; la puerta a sus espaldas.

Si&#233;ntate y dime para qu&#233; necesitas una audiencia privada conmigo, Owein Meredith.

El caballero suspir&#243;.

Pido la indulgencia de Su Alteza, y tambi&#233;n su perd&#243;n, por lo que voy a contarle, pero no puedo guardar silencio porque mi silencio conducir&#237;a a que se malograra a una muchacha inocente y a que alguien a quien usted quiere profundamente sea culpable de un crimen terrible. &#191;Me dar&#237;a permiso para hablar con franqueza, a sabiendas de que no emitir&#233; un juicio sobre este tema? Simplemente deseo evitar una tragedia, estimada se&#241;ora.

Nunca has sido hombre de entrometerte en lo que no te incumbe, Owein Meredith, por lo que debo aceptar que lo que tienes que decir es serio. Te concedo mi permiso para hablar. No te har&#233; responsable por tus palabras, sean cuales fueren. Habla.

Su nieto, el pr&#237;ncipe, ha sido tentado a un acto que lo deshonrar&#237;a se&#241;ora. Ha habido apuestas sobre el resultado de ese acto. Charles Brandon ha dado su opini&#243;n en contrario, pero igual es fiador de las puestas. Richard Neville ha sido el principal instigador de esta maldad.

Caramba -dijo la condesa de Richmond, con sequedad-. &#191;Por qu&#233; no me sorprende que Charles Brandon sea diplom&#225;tico y los Neville alborotadores? Contin&#250;a.

El pr&#237;ncipe, joven y lleno de los jugos de que est&#225;n llenos los j&#243;venes como &#233;l, cree que est&#225; enamorado de lady Rosamund Bolton de Friarsgate. Ha habido un intercambio de t&#237;midos besos entre ambos en una ocasi&#243;n. El pr&#237;ncipe quiere m&#225;s de la muchacha, pero ella es cuidadosa de su reputaci&#243;n y no le dar&#225; nada. Neville y los otros han apostado a que el pr&#237;ncipe Enrique no puede seducir a la se&#241;ora de Friarsgate. Ayer, cuando usted llev&#243; a las princesas y sus damas al r&#237;o, el pr&#237;ncipe soborn&#243; a las damas que quedaron para que abandonaran los departamentos donde dorm&#237;a la joven Rosamund. El pr&#237;ncipe entr&#243; en la alcoba de la muchacha y trat&#243; de forzarla. Solo la oportuna intervenci&#243;n de la criada de ella, que corri&#243; a buscarme, salv&#243; a lady Rosamund y su buen nombre.

&#161;Alabado sea Dios! &#161;Lo har&#233; azotar!

Buena se&#241;ora, le ruego que me escuche hasta el final. El pr&#237;ncipe Enrique no puede evitar que lo rebosen la vitalidad y un poco de lujuria. Es joven, y Dios es testigo de que tiene el tama&#241;o corporal de cualquier hombre, en muchos casos incluso mayor. Est&#225; empezando a sentir los deseos de un hombre. Pero aqu&#237; es su orgullo lo que est&#225; en juego, m&#225;s que ninguna otra cosa. La situaci&#243;n puede solucionarse de manera r&#225;pida y sencilla, pues el pr&#237;ncipe es de coraz&#243;n honorable y, como ayer fue rechazado, probablemente haya que buscar una soluci&#243;n que deje intactos tanto su orgullo como la virtud de lady Rosamund.

&#191;Qu&#233; sugieres, Owein Meredith?

Rosamund Bolton fue enviada aqu&#237; porque su t&#237;o la maltrataba y quer&#237;a robarle lo que es suyo. Sir Hugh Cabot busc&#243; proteger a su esposa. Sab&#237;a que Rosamund ten&#237;a que volver a casarse, pero no quer&#237;a que la obligaran a desposarse con su primo de cinco a&#241;os para que Henry Bolton pudiera apoderarse de Friarsgate. Conoc&#237; a ese hombre se&#241;ora. No es honorable. Elija un esposo para Rosamund y su nieto dar&#225; un paso al costado, lo garantizo. Rosamund estar&#225; a salvo, su reputaci&#243;n quedar&#225; intacta y el pr&#237;ncipe podr&#225; quedarse con su orgullo. Ni Richard Neville osar&#237;a sugerirle que sedujera a la prometida de otro hombre, se&#241;ora. -Sir Owein se reclin&#243; en la silla y esper&#243; a que la condesa hablara.

La boda de mi nieta me toma todo el d&#237;a ahora que su madre ha muerto y no hay nadie m&#225;s para ocuparse del tema. En unas semanas m&#225;s la reina de los escoceses ir&#225; al encuentro de su esposo, y se celebrar&#225; su matrimonio. Tambi&#233;n hay que ubicar a la pobre espa&#241;ola, Catalina. El rey est&#225; muy disgustado porque el rey Fernando no ha completado los pagos por la dote de la muchacha. Especialmente, porque quiere casarla con Enrique. He o&#237;do rumores, sir Owein, de que a mi nieto le gustan mucho las mujeres. &#191;No es demasiado joven para eso?

En el caso del pr&#237;ncipe, yo dir&#237;a que no, se&#241;ora -respondi&#243; el caballero, pregunt&#225;ndose cu&#225;nto sabr&#237;a la anciana se&#241;ora de su lujurioso nieto y sus aventuras sexuales.

Pensaba buscarle marido a esa muchacha Bolton despu&#233;s de la partida de Margarita, pero supongo que surgir&#237;a otra cosa y la muchacha va a tener veinte a&#241;os antes de que yo vuelva a acordarme de ella. T&#250; la trajiste el a&#241;o pasado de Cumbria, &#191;no? -la Venerable Margarita se inclin&#243; hacia el fuego para calentarse las manos.

S&#237;, se&#241;ora.

Mi nieta la quiere. &#191;Y t&#250;? &#191;Qu&#233; clase de muchacha es, Owein Meredith?

Sensata y confiable. Adora Friarsgate y fue educada para manejarla por cuenta propia. Lo hace bien y sus arrendatarios la reverencian. El lugar es pr&#243;spero. Parece a salvo de los escoceses gracias &#225; la disposici&#243;n de la tierra que la rodea. Las colinas son demasiado escarpadas, lo que impide trasladar con facilidad el ganado y las ovejas. Por eso Friarsgate ha estado en paz, sin contar al t&#237;o.

&#191;Cu&#225;nto hace que qued&#243; hu&#233;rfana?

A los tres a&#241;os. El t&#237;o r&#225;pidamente la cas&#243; con su hijo mayor. El ni&#241;o muri&#243;. Entonces la cas&#243; con Hugh Cabot. Henry Bolton pens&#243; que sir Hugh se conformar&#237;a con tener un lugar donde pasar su vejez. Pero Hugh Cabot le ense&#241;&#243; a Rosamund a manejar sus asuntos. La quiso como habr&#237;a querido a una hija y ella lo adoraba. Qued&#243; destrozada cuando &#233;l muri&#243;.

Y sir Hugh burl&#243; al t&#237;o poniendo a su esposa al cuidado del rey -dijo la condesa despacio-. Hombre inteligente, dir&#237;a yo.

Yo llegu&#233; cuando estaban en el banquete del funeral. El t&#237;o ya insist&#237;a en que Rosamund se casara con su siguiente hijo, un ni&#241;o al que acababan de ponerle pantalones para la ocasi&#243;n. Ella se resist&#237;a, y solo mi oportuna llegada la salv&#243;.

La Venerable Margarita sonri&#243; y dijo, con tono divertido:

Parece que se te ha hecho costumbre ir al rescate de esa damisela, Owein Meredith. Bien, te agradezco que me hayas tra&#237;do este asuntillo. Me ocupar&#233; de que Rosamund Bolton sea vigilada y que no se le permita estar a solas con Enrique, ese bribonzuelo sinverg&#252;enza. Y pensar&#233; en un esposo para esa muchacha. Tiene la edad de Margarita, un poco mayor, incluso. Es tiempo de que vuelva a casarse, y que esta vez sea para siempre. -Le tendi&#243; la mano a su interlocutor.

Sir Owein se inclin&#243; mientras se la besaba.

Agradezco a Su Alteza por su amabilidad -dijo, y se retir&#243; del peque&#241;o cuarto.

Cuando la puerta se hubo cerrado tras &#233;l, la condesa dijo en voz baja:

Ya puedes salir, ni&#241;a, ven. Dime qu&#233; piensas de lo que acabas de escuchar.

La joven Margarita Tudor sali&#243; de atr&#225;s del tapiz que hab&#237;a del otro lado de la habitaci&#243;n, donde estaba oculta. Se sent&#243; con su abuela.

Rosamund estaba muy callada cuando volvimos del r&#237;o, se&#241;ora, pero a m&#237; no se me ocurri&#243; preguntarle por qu&#233;. Es t&#237;pico de Hal permitir que su orgullo dirija su miembro. Si no aprende, eso alg&#250;n d&#237;a lo llevar&#225; a la ruina. -Se alis&#243; la falda: sus largos dedos acariciaron la seda anaranjada.

La condesa ri&#243;.

Gracias a Dios, eres una muchacha inteligente y prudente, Margarita, tocaya. Puede que alg&#250;n d&#237;a, como reina de Escocia, tengas que tomar decisiones dif&#237;ciles. Y tambi&#233;n deber&#225;s hacer que tu esposo recurra a ti, ni&#241;a, no s&#243;lo a sus consejeros. Ahora bien, si tuvieras que decidir, &#191;a qui&#233;n elegir&#237;as como esposo para Rosamund Bolton?

A sir Owein Meredith, abuela, por supuesto -respondi&#243; la princesa sin la menor vacilaci&#243;n.

&#191;No al hijo de alguna buena familia del norte? &#191;O alguno de los alborotadores Neville, tal vez? Una heredera los dejar&#237;a en deuda con nosotros.

No, abuela. Los Neville son alborotadores. Nunca podremos estar seguros de ellos, porque van en la direcci&#243;n del viento, siempre que los favorezca. Aunque yo est&#233; casada con Escocia, jam&#225;s podremos estar seguros de que no vuelva a haber guerra entre ambos pa&#237;ses. Ser&#237;a mejor casar a Rosamund con un hombre en quien los Tudor tengamos una confianza absoluta. Sir Owein es gales. Estuvo al servicio de nuestra familia desde antes de que yo naciera. Era m&#225;s peque&#241;o que Mar&#237;a cuando entr&#243; en nuestra casa. No hay la menor duda de su lealtad a los Tudor y a Inglaterra, abuela. Podemos confiar en que &#233;l nos cuidar&#225; ese flanco.

Pero no es un gran se&#241;or.

As&#237; es, por eso es que, si se le da a este leal servidor de los Tudor una heredera joven y atractiva, algo a lo que, por cierto, &#233;l no aspirar&#237;a jam&#225;s, quedar&#237;a m&#225;s en deuda con nosotros que un Neville, y podemos estar seguros de su lealtad. Los hijos importantes de un gran nombre no aceptar&#225;n a Rosamund. Tendr&#237;a que elegir a alguien menor de los solteros. De hecho, tendr&#237;a que preguntar entre los grandes se&#241;ores cual de sus j&#243;venes ser&#237;a apropiado. Los se&#241;ores escoger&#237;an a alg&#250;n pariente que estuviera, primero, en deuda con ellos, no con nosotros. Y es con nosotros, los Tudor, con quienes debe quedar en deuda, para que saquemos una ganancia de este matrimonio. Sir Owein es nuestro hombre, nadie m&#225;s.

Me pregunto si un hombre tan acostumbrado a estar a nuestro vicio se alegrar&#237;a de contraer matrimonio, aunque tampoco importa demasiado. Si decidimos que tiene que casarse, se casar&#225;.

Creo que la quiere. Usted misma not&#243; que est&#225; siempre salv&#225;ndola de un peligro u otro. Y creo que a ella &#233;l le gusta mucho, aunque no lo admita. En realidad, estoy segura, abuela. Ser&#237;a un buen arreglo para los dos. Sir Owein no es viejo todav&#237;a. Probablemente los sobreviva a usted y a mi padre. No habr&#225; lugar para &#233;l en la Corte de mi hermano. &#191;Qu&#233; ser&#225; de este leal servidor de la Casa de los Tudor? Owein Meredith merece que lo tratemos con cordialidad. &#191;No le parece, abuela?

Ser&#225; un buen matrimonio. La muchacha ya tiene edad de parir hijos y sir Owein es lo bastante joven como para engendr&#225;rselos. Si los dos se sienten c&#243;modos el uno con el otro, s&#237;, ser&#225; un buen matrimonio. La muchacha estar&#225; a salvo de su avaricioso t&#237;o y agradecida con nosotros. Sir Owein, con su largo servicio a nosotros, tambi&#233;n estar&#225; contento y seguir&#225; siendo leal. Un hombre leal en la frontera ser&#237;a una gran ventaja para nosotros, en especial un hombre que no sea demasiado visible por su gran riqueza o gran nombre. -Se inclin&#243; hacia adelante y le dio una palmadita en la rosada mejilla a su nieta-. Has tomado una decisi&#243;n prudente y considerada, mi joven reina de los escoceses. Ser&#225; como t&#250; dices. Rosamund Bolton de Friarsgate le ser&#225; dada a nuestro buen y leal servidor sir Owein Meredith.

Gracias, abuela -dijo la princesa. No pod&#237;a contenerse para ir a contarle a Rosamund de su buena fortuna, pero la condesa de Richmond levant&#243; su mano llena de anillos.

No puedes decir nada todav&#237;a, ni&#241;a. Tengo que obtener el permiso de tu padre, pues &#233;l es el tutor de la muchacha.

Si usted lo quiere, &#233;l lo aprobar&#225; -dijo la princesa, abiertamente &#191;Cu&#225;ndo le ha negado algo mi padre, abuela?

La condesa ri&#243;. Hasta que tu padre triunf&#243;, &#233;l y yo lo pasamos muy mal, con los partidarios de York que siempre buscaban destruirlo. Todos esos a&#241;os en la Corte de Breta&#241;a Y tu antepasado de York, luego el duque Ricardo, que quer&#237;a matarlo, para matar as&#237; a la Casa de Lancaster. Yo di mi juventud por la seguridad de tu padre, y &#233;l lo supo siempre, aunque yo nunca me quej&#233;. Es un hijo magn&#237;fico, mi querido Enrique. Te deseo que el hijo que le des a Jacobo Estuardo sea igual de cari&#241;oso contigo, mi ni&#241;a.

Mantendr&#233; nuestro secreto, abuela -respondi&#243; Meg-. Pero consiga pronto el permiso de pap&#225;, porque no me ser&#225; f&#225;cil callarme, sabiendo lo que s&#233;.

Tu padre regresar&#225; a Richmond ma&#241;ana, con tu hermano. Se lo preguntar&#233; esta tarde. Debe hacerse antes de que t&#250; partas hacia Escocia. Rosamund y sir Owein pueden ir con tu comitiva hasta Friarsgate. Eso fortalecer&#225; a&#250;n m&#225;s nuestros lazos. Es un gran honor ser incluido en tu comitiva nupcial.

Gracias, abuela -dijo la princesa. Hizo una reverencia y dej&#243; a la anciana entregada a sus pensamientos.

La criada preferida de la condesa entr&#243; en el peque&#241;o aposento.

Ya casi es hora de la comida del mediod&#237;a, se&#241;ora.

Ve a buscar a mi hijo, el rey, y dile que quisiera hablar con &#233;l lo antes posible.

La criada hizo una reverencia.

Enseguida, se&#241;ora -dijo y sali&#243; con prisa de la habitaci&#243;n. Cuando regres&#243;, tra&#237;a al rey consigo, para sorpresa de su madre y se sinti&#243; agradecida de la generosidad de &#233;l de acudir con tanta presteza a su llamado.

Enrique -dijo, sonriendo, cuando &#233;l se inclin&#243; para besarla- podr&#237;a haber ido a verte yo, querido hijo.

Ya le&#237; y firm&#233; todos los papeles que mis secretarios me trajeron esta ma&#241;ana -respondi&#243; &#233;l, sent&#225;ndose en la silla reci&#233;n desocupada por su hija-. Hacerte una visita, mam&#225;, es un agradable cambio en mis tareas. -Suspir&#243; y su mirada se volvi&#243; melanc&#243;lica.

La criada puso un cop&#243;n de vino caliente con especias en manos del rey y, haciendo reverencias, se retir&#243;.

El rey bebi&#243; un sorbo y cerr&#243; los ojos un momento.

Se supone que ten&#237;as que venir a Greenwich a tomarte un descanso estival y a estar con tu familia antes de que Margarita partiera a Escocia. No puedes trabajar hasta matarte para escapar al hecho de que Bess est&#233; muerta, Enrique -lo reprendi&#243; con suavidad-. Yo no puedo reemplazar a tu esposa, pero estoy aqu&#237; para ayudarte, como siempre. Los ni&#241;os te necesitan. Pronto, tu hija mayor se habr&#225; ido y la pobre Mar&#237;a quedar&#225; sola. Es una pena que la peque&#241;a Catalina haya muerto apenas con dos meses. Era la m&#225;s hermosa de todos los hijos de Bess. Como un &#225;ngel. Tal vez lo era. Y el joven Enrique te necesita mucho. S&#233; que est&#225;s enojado porque &#233;l no es Arturo, pero no puedes modificar eso, hijo. El muchacho ser&#225; rey despu&#233;s de ti, pero t&#250; no le ense&#241;as el arte de gobernar. Lo tienes cerca, pero lo ignoras. Arturo, que Dios lo tenga en la gloria, era un muchacho encantador, pero, en mi opini&#243;n, &#233;l habr&#237;a sido un buen hombre de la Iglesia y Enrique, un buen rey, hijo.

&#161;No digas eso! -dijo el rey, con un grito sordo.

Es cierto y t&#250; lo sabes -insisti&#243; ella-. Pero no es de eso que quiero hablarte. Con tu permiso, he elegido un esposo para la viuda de sir Hugh Cabot, que es tu pupila. Ha sido compa&#241;era de Margarita desde que lleg&#243; a la Corte, pero ahora Margarita se ir&#225; y lady Rosamund Bolton no tendr&#225; lugar en la comitiva de la reina de los escoceses. Es hora de que regrese a su casa, a su amada Friarsgate, pero debe tener un esposo, y &#233;l tiene que ser un hombre en quien tengamos una confianza absoluta, porque Friarsgate est&#225; en la frontera, hijo. Aunque esperamos que el matrimonio de Margarita traiga una paz permanente entre nuestros dos pa&#237;ses, t&#250; y yo somos m&#225;s pr&#225;cticos que muchos. Sabemos que, pese a la uni&#243;n entre nuestras casas reales, en alg&#250;n momento puede volver a estallar la guerra. Y la frontera siempre es un lugar inseguro, incluso en los mejores tiempos. Debemos tener all&#237; a un hombre que sea de nuestra confianza y cuya lealtad est&#233; fuera de toda duda, Enrique, hijo. Sir Owein Meredith ha servido a la Casa de Tudor durante casi veinticinco a&#241;os. Como no es un gran se&#241;or, se enterar&#225; m&#225;s que una persona importante de lo que suceda en la regi&#243;n. La gente no se cohibir&#225; de hablar ante &#233;l. Su lealtad est&#225; fuera de toda duda.

&#191;No querr&#237;as tener a un miembro de las familias del norte? -pregunt&#243; el rey a su madre. Estaba sorprendido, y quer&#237;a saber hab&#237;a sido el razonamiento de ella antes de dar su consentimiento. La heredera era un bien valioso.

Margarita fue quien lo sugiri&#243;. Me dijo, con sabidur&#237;a, que las familias del norte cambian con el viento. Son excesivamente orgullosas. Aunque les hicieras el favor de darles a esta joven heredera, no se considerar&#237;an en deuda contigo, aunque as&#237; ser&#237;a. Sir Owen Meredith es nuestro hombre. Sucediera lo que sucediese, &#233;l no dejar&#225; de estar a nuestro lado.

&#191;Y mi hija ha razonado esto ella sola? Ha aprendido bien sus lecciones. Espero que Jacobo Estuardo se d&#233; cuenta del tesoro que le mandamos. &#191;Su sugerencia cuenta con tu aprobaci&#243;n, madre? -El rey vaci&#243; la copa de vino.

S&#237;. Mi nieta ha encontrado una buena soluci&#243;n. Lady Rosamund Bolton no ser&#225; desdichada con sir Owein Meredith de esposo, aunque eso no interese. Este compromiso y tu matrimonio servir&#225;n tanto a nuestros prop&#243;sitos como a las partes involucradas, hijo.

Entonces, tienes mi permiso para comprometer a esa muchacha con sir Owein, madre. Har&#233; preparar los papeles.

Hazlo, para que sir, Owein y su prometida puedan viajar con la comitiva de la reina de los escoceses hasta Friarsgate -sugiri&#243; la condesa-. Que el &#250;ltimo recuerdo de nosotros que tengan sir Owein y Rosamund est&#233; colmado de gratitud por el honor que les dispensamos. -Los a&#241;os no han menoscabado tu inteligencia, madre -dijo el rey con una sonrisa-. Ahora bien, &#191;qu&#233; hago con la espa&#241;ola Kate? El rey Fernando es resbaladizo como una anguila y astuto como un zorro. Hace o&#237;dos sordos a nuestros pedidos de que env&#237;e el resto de la dote de la muchacha. Dadas las circunstancias, no puedo pagar su mantenimiento.

Ponla en la Casa Durham. No debe estar en la Corte, en especial porque su padre no ha terminado de pagar la dote. Y le devolveremos al padre todos los servidores espa&#241;oles que podamos. Que entienda las condiciones actuales, no mantendremos a su hija con todos si quieres casarla con Enrique, de todos modos, tiene que tener servidores ingleses y aprender nuestro idioma, para lo cual es lenta. La alienta esa arp&#237;a, su dama de compa&#241;&#237;a, do&#241;a Elvira. Lamento admitir que no podemos deshacernos de ella, pero creo que es una mala fluencia para la joven Catalina. Si rodeamos a la muchacha de nuestra gente, quiz&#225; reduzcamos la influencia de do&#241;a Elvira. &#161;Y cons&#237;guele un sacerdote ingl&#233;s! Esos espa&#241;oles son demasiado estrictos en su fe.

Me deshar&#233; de sus servidores espa&#241;oles, al menos de todos los que me anime, pero no quiero pagar otros sirvientes, ni siquiera ingleses, madre. Que la princesa de Arag&#243;n viva con sencillez por el momento y haga el duelo por su esposo, como corresponde.

El rey se puso de pie, tom&#243; la mano de su madre entre las suyas y la bes&#243; con ternura.

Hago m&#225;s en unos minutos contigo que en una ma&#241;ana entera con todos mis consejeros -dijo antes de partir.

La criada de la condesa regres&#243;.

Busca a sir Owein Meredith. Quiero hablar con &#233;l antes de la comida. Todav&#237;a tengo tiempo.

S&#237;, se&#241;ora.

La Venerable Margarita suspir&#243;. Su nieta ten&#237;a raz&#243;n. Ser&#237;a un buen matrimonio. Si Rosamund Bolton no quedaba agradecida, sir Owein Meredith s&#237;. Agradecido y sorprendido. La anciana ri&#243;. &#201;l no esperaba semejante premio, y, seguramente, por eso mismo se lo merec&#237;a.

Owein Meredith sinti&#243; que un paje con la librea de la condesa de Richmond le tiraba del jub&#243;n.

&#191;Qu&#233; pasa, muchacho? -pregunt&#243;, con una sonrisa amable. Le parec&#237;a que hab&#237;a pasado tanto tiempo desde que estuvo en el lugar de ese muchachito. Se pregunt&#243; qui&#233;n ser&#237;a &#233;l y qu&#233; le deparar&#237;a el destino.

Mi se&#241;ora quiere hablar con usted de inmediato, se&#241;or -respondi&#243; el paje con una profunda reverencia.

Ir&#233; enseguida -dijo el caballero y sigui&#243; al ni&#241;o por los corredores del palacio hasta la peque&#241;a c&#225;mara privada donde hab&#237;a estado es d&#237;a. Sent&#237;a curiosidad por saber por qu&#233; lo llamaba la madre del rey, y la misma ma&#241;ana. Sin pausa, entr&#243; por la puerta que el paje ten&#237;a abierta.

Gracias, William -le dijo la condesa a su paje, que retrocedi&#243; hasta salir de la habitaci&#243;n-. Si&#233;ntate, sir Owein. Te preguntar&#225;s, sin duda, por qu&#233; te he llamado otra vez a mi presencia. Como la princesa partir&#225; pronto hacia Escocia, el tiempo es crucial en el asunto de Rosamund Bolton. El rey estuvo de acuerdo en que debe casarse, aunque no le cont&#233; del impropio comportamiento del joven Enrique. Sabr&#225;s de su hondo dolor por la muerte del pr&#237;ncipe Arturo, que siempre fue su preferido. Hasta la menor mancha en la conducta de mi nieto s&#243;lo abatir&#225; a&#250;n m&#225;s a mi hijo. El muchacho es joven y est&#225; lleno de vida. No puede con su car&#225;cter. No debe permit&#237;rsele que contin&#250;e con sus intentos de seducci&#243;n. Lady Rosamund se comprometer&#225;, con la aprobaci&#243;n del rey, con el caballero que yo he elegido. Ella y su prometido acompa&#241;ar&#225;n a mi nieta, la reina de los escoceses, hasta Friarsgate. All&#237; los casar&#225; formalmente el sacerdote de ella, ante su gente, para que su esposo sea aceptado por los arrendatarios de Friarsgate, dado que &#233;l ser&#225; su nuevo se&#241;or. &#191;Te parece bien, sir Owein? -Los ojos de la condesa de Richmond estaban llenos de picard&#237;a. Sus labios delgados se apretaban en una risa silenciosa.

No me corresponde a m&#237; decir si me parece bien o mal, se&#241;ora, pero s&#237;, me agrada, y le agradezco que me lo haya preguntado -le respondi&#243;. As&#237; que la casar&#237;an. Era mejor que estuviera casada y a salvo, en su hogar. Que no fuera presa del pr&#237;ncipe ni de su grupito de peque&#241;os se&#241;ores a los que les encantaba la caza pero que no se preocupaban por las consecuencias para sus v&#237;ctimas.

&#191;No te da curiosidad saber a qui&#233;n he elegido, Owein Meredith. Mi instinto me dice que s&#237;.

Estoy seguro de que ha elegido al caballero adecuado para lady Rosamund -respondi&#243; y rog&#243; para que el hombre designado la tratara bien y respetara su conocimiento del feudo. Rog&#243;, r&#225;pido y en silenci&#243;, que incluso ella encontrara el amor.

La madre del rey siempre hab&#237;a sido una estratega h&#225;bil en el juego de la vida. Se dec&#237;a que era muy parecida a su bisabuelo, Juan de Gante, o de los hijos del rey Eduardo III. La condesa vio las emociones en el rostro de Owein Meredith y que intentaba ocultarlas. &#201;l quer&#237;a a esa muchacha. Estaba preocupado por qui&#233;n ser&#237;a su esposo y por si la tratar&#237;an bien. Margarita Beaufort estuvo tentada de seguir atormentando al pobre hombre, pero se acercaba la hora de la comida.

Te he elegido a ti, sir Owein Meredith, como esposo para Rosamund Bolton de Friarsgate -dijo, en voz baja-. Espero que est&#233;s complacido.

&#191;A m&#237;? &#191;Me ha elegido a m&#237;? -&#191;Hab&#237;a o&#237;do bien o se estaba volviendo loco?

Margarita Beaufort vio el asombro genuino en el rostro del caballero. Estir&#243; la mano y la apoy&#243;, tranquilizadora, en el brazo de &#233;l.

Te he elegido a ti, sir Owein Meredith y el rey est&#225; contento con mi decisi&#243;n.

&#191;Yo voy a casarme con Rosamund Bolton? -dijo, mareado por la sorpresa.

Est&#225;n preparando el contrato de matrimonio lo m&#225;s r&#225;pido posible. Hay que proteger a tu Rosamund -dijo la Venerable Margarita.

&#191;Pero por qu&#233; yo?

Ahora la condesa de Richmond ri&#243; fuerte, complacida por su actitud y genuinamente divertida.

No seas tan modesto, Owein Meredith. Has servido a la Casa de Tudor durante casi veinticinco a&#241;os. La has servido bien. Recuerdo cuando tu pariente te trajo a Jasper Tudor. Estabas tan ansioso por agradar, y nos cantaste con tu dulce voz galesa. Yo estoy vieja, Owein Meredith. Mi hijo no est&#225; bien. El mundo de antes est&#225; muriendo y, tal vez ya no exista para cuando reine mi nieto. Los ni&#241;os que ahora sirven en la Corte crecer&#225;n muy distintos de como crecimos t&#250; o yo. Tendr&#225;n otras oportunidades. T&#250; ya no eres joven, Owein Meredith. Necesitas una esposa. Es hora de que te establezcas. &#191;Por qu&#233; t&#250;, preguntas, y no otro? Tal vez, en los tiempos de mi nieto las cosas sean diferentes, pero mi hijo todav&#237;a es considerado un intruso, en especial por las familias del norte, cuya lealtad hoy est&#225; con York. Darles la heredera de Friarsgate no los traer&#237;a con nosotros. Ellos se sirven a s&#237; mismos siempre ha sido as&#237;. Son aliados en los buenos tiempos, en el mejor de los casos.

Friarsgate est&#225; en la frontera. Se espera que el matrimonio de mi nieta traiga paz por un tiempo. Pero los escoceses y los ingleses tienen una historia demasiado larga de enemistad como para que la paz dure mucho. Ha habido reinas inglesas antes de Margarita. Mi propia antepasada, lady Juana Beaufort, fue la primera esposa de Jacobo. No podemos confiar en las familias del norte. Necesitamos un hombre en quien podamos depositar una fe absoluta para que vigile la frontera. T&#250; eres ese hombre, Owein Meredith. No eres muy conocido fuera de la Corte, ni atraes atenci&#243;n indebida sobre tu persona. Pero los que te conocen te quieren. Tu matrimonio no ofender&#225; a nadie, porque Rosamund no es importante. Es la ubicaci&#243;n de sus tierras lo que nos interesa.

Los escoceses no acosan a su gente, porque las colinas que rodean Friarsgate son demasiado escarpadas para acarrear ganado por ellas. Friarsgate est&#225; bastante aislada, se&#241;ora. Es improbable que yo me entere de nada antes de que suceda. Antes de que lo sepa su propia guardia real de la frontera del norte.

Se puede ense&#241;ar a los pastores de las colinas a que est&#233;n alerta, Owein Meredith.

En otras palabras, se&#241;ora, quiere que espiemos.

En cierto sentido s&#237;, queremos eso. La vigilancia desde tus propias tierras no pondr&#225; en peligro a Friarsgate ni a su gente, y no estar&#237;a de m&#225;s estar un poco m&#225;s alerta que en el pasado. Nos complacer&#237;a que as&#237; fuera.

&#201;l asinti&#243;.

Eso puede arreglarse cuando yo sea se&#241;or de Friarsgate. &#191;Le ha dicho a Rosamund que va a casarse y que yo ser&#233; su esposo, se&#241;ora?

Todav&#237;a no. Quer&#237;a hablar primero contigo. Conversar&#233; con la muchacha despu&#233;s de la comida. Luego la enviar&#233; al jard&#237;n privado, al r&#237;o. B&#250;scala. Podr&#225;s hablar con ella. Mi nieto y sus amigos bien ser&#225;n informados. Lo har&#225;s t&#250;, creo -dijo, con una risita-, despu&#233;s de la comida y antes de ir a ver a Rosamund. Puedes decirle Pr&#237;ncipe Enrique que yo instru&#237; que la noticia se la dieras t&#250;.

Puedo gan&#225;rmelo de enemigo, se&#241;ora, y preferir&#237;a que no fuera as&#237; -dijo Owein, con franqueza-. Recuerde que fui yo quien lo encontr&#243; n Rosamund. Creo que ser&#237;a mejor no relacionar ambos incidentes.

Tienes raz&#243;n. Con la edad me he vuelto descuidada. Har&#233; que el rey anuncie el compromiso esta tarde en la sala. -Volvi&#243; a re&#237;r-. No har&#225; falta decirle a mi nieto que se comporte despu&#233;s de una declaraci&#243;n real. S&#237; puedes sugerirle a Charles Brandon que devuelva todas las apuestas a los j&#243;venes caballeros. &#201;l no dir&#225; nada, porque es un individuo muy diplom&#225;tico.

Owen Meredith hizo una reverencia.

Agradezco a Su Alteza por la benevolencia hacia mi persona. Siempre ser&#233; un leal servidor a la Casa de Tudor.

Lo s&#233; -dijo la condesa con &#233;nfasis-. Ahora bien, tengo hambre, y ya pas&#243; la hora de la comida. Acomp&#225;&#241;ame hasta la sala, Owein Meredith. Me estar&#225;n esperando, y mi hijo se pone loco cuando tiene hambre.

&#201;l se incorpor&#243; y con delicadeza ayud&#243; a la madre del rey a ponerse de pie.

Es un honor acompa&#241;arla, se&#241;ora.

En la sala, el pr&#237;ncipe Enrique trat&#243; de atraer la atenci&#243;n de Rosamund, pero, aunque ella lo vio, lo ignor&#243; alevosamente. Sus compa&#241;eros se burlaban de la incomodidad del pr&#237;ncipe.

No la tendr&#225;s nunca -lo acicate&#243; Richard Neville, complacido.

No tienes paciencia, Dick. Un d&#237;a voy a trabajar duro entre esos muslos blancos como la leche -fue la tranquila respuesta-. Ah, aqu&#237; est&#225; mi abuela. &#161;Por fin podemos comer!

Sir Owein Meredith se dio cuenta de que no ten&#237;a apetito. Iba a Casarse. No era un sue&#241;o. Se hab&#237;a pellizcado varias veces cuando estaba con la madre del rey. De verdad iba a casarse. Y con Rosamund Bolton. Nunca hab&#237;a pensado que tendr&#237;a una esposa. Siempre pens&#243; que no ten&#237;a nada que ofrecerle a una mujer, pero ahora su lealtad y su servicio a los Tudor le hab&#237;an ganado una esposa, propietaria de una buena finca. Su primog&#233;nito heredar&#237;a Friarsgate, que era mucho m&#225;s grande que las tierras de su padre, en Gales. Poseer&#237;a una finca m&#225;s grande que la de su hermano. Por fin tendr&#237;a casa propia. Una casa y una esposa.

Pero &#191;qu&#233; pensar&#237;a Rosamund de todo esto? No porque importara en el esquema general de las cosas. Ambos estaban obligados al rey y obedecer&#237;an sus &#243;rdenes. Pero una vez m&#225;s le hab&#237;an arrancado a Rosamund su destino de las manos y otra persona hab&#237;a decidido por ella. &#191;Estar&#237;a contenta de tenerlo a &#233;l por esposo o se habr&#237;a interesado en alg&#250;n joven de la Corte? No quer&#237;a que fuera desdichada, deseaba que estuviera contenta de ser su novia porque porque la quer&#237;a. Desde el momento en que la vio por primera vez supo que la quer&#237;a, y hasta ese preciso momento no hab&#237;a osado confesar sus sentimientos, ni siquiera a s&#237; mismo. &#191;Para qu&#233; iba a hacerlo? &#191;Para despu&#233;s ver c&#243;mo la entregaban a otro? Pero no iban a d&#225;rsela a otro, sino a &#233;l. Ahora pod&#237;a liberar los pensamientos que hab&#237;a ahogado durante tantos meses. En su cara se dibuj&#243; una gran sonrisa.

&#161;Dios! -exclam&#243; el hombre que estaba sentado a su lado-&#161;Miren, muchachos! Owein sonr&#237;e. Creo que hac&#237;a como dos a&#241;os que no sonre&#237;a. Hoy estuviste dos veces con la Venerable Margarita. &#191;Qu&#233; noticias hay, Owein? Han de ser buenas para que tengas esa cara.

Tal vez muri&#243; su hermano y tiene que ir a su casa, a sus colinas galesas, y ocupar el lugar de heredero -brome&#243; otro hombre.

No puedo decir nada, muchachos -dijo el caballero-, pero esta tarde compartir&#233; mis novedades con todos. &#161;Lo juro!

Rieron y volvieron a la cerveza, satisfechos, porque Owein era el m&#225;s honorable de todos ellos. Por fin termin&#243; la comida y la sala comenz&#243; a vaciarse. Owein busc&#243; a Rosamund, que hab&#237;a estado sentada con algunas de las damas de la condesa. Ya se hab&#237;a ido. Se levant&#243; de su lugar y busc&#243; a Maybel. Ella sabr&#237;a c&#243;mo se sent&#237;a su ama y si segu&#237;a, ansiosa por regresar a su hogar.

Rosamund volvi&#243; con las damas de la condesa a sus aposentos. Para su sorpresa, no se ve&#237;a a Margarita por ning&#250;n lado. Entonces apareci&#243; una de las criadas de la condesa y dijo:

Nuestra se&#241;ora quiere hablar con usted, milady. -La joven dej&#243; el bordado y sigui&#243; a la criada al peque&#241;o recinto privado donde la madre del rey llevaba a cabo sus obligaciones diarias.

Ven, ni&#241;a -dijo la condesa de Richmond.

Rosamund se detuvo ante ella e hizo una elegante reverencia.

Cuando mi nieta vaya a casarse con el rey de los escoceses no habr&#225; lugar para ti entre mis damas. Es hora de que vuelvas a tu adorada Friarsgate, Rosamund Bolton, pero no puedes ir sin lo que viniste a buscar. Un esposo para cuidarte y salvarte de tu t&#237;o. En el d&#237;a de hoy te hemos elegido a ese esposo. Creo que te complacer&#225;.

A Rosamund le empez&#243; a latir con fuerza el coraz&#243;n, de miedo y de entusiasmo. &#161;Se iba a casa! &#161;Con marido! y esta vez el hombre que le hab&#237;an elegido ser&#237;a su marido en todo sentido. Ya no era una ni&#241;a. Era mayor que la madre del rey cuando dio a luz a Enrique Tudor.

Bien, ni&#241;a, &#191;no tienes nada que decir? &#191;No sientes la menor curiosidad por saber qui&#233;n es el hombre?

&#191;Importa, se&#241;ora, que sienta curiosidad o no? El asunto fue decidido, mi futuro tambi&#233;n, y aceptar&#233; la voluntad del rey -respondi&#243; Rosamund, que se daba cuenta de que si bien ella siempre supo que ese ser&#237;a el resultado de su estad&#237;a en la Corte, la irritaba un poco que ni siquiera la hubieran consultado.

La madre del rey ri&#243; bajito.

Tienes esp&#237;ritu, ni&#241;a, y eso es bueno.

Se&#241;ora, pido perd&#243;n si la he ofendido -dijo Rosamund, arrodill&#225;ndose ante Margarita Beaufort y poniendo sus manos en las de la condesa-. Es que es que -No pudo terminar la frase.

Es que esperabas tener alguna influencia en esta decisi&#243;n, Rosamund Bolton. Lo entiendo. Sin embargo, cuando te diga a quien ha elegido mi nieta para esposo tuyo, tal vez tu coraz&#243;n se aligere.

&#191;Lo eligi&#243; Meg? -Rosamund estaba asombrada.

La reina de los escoceses se dio cuenta de que, una vez que ella se haya ido, t&#250; te quedar&#225;s muy sola. No tienes un lugar propio aqu&#237; en la Corte, y tu esencia est&#225; en Friarsgate, &#191;no es verdad?

S&#237;, se&#241;ora.

Al ser ese el caso, es hora de que regreses, pero no podemos mandarte de vuelta sin lo que deseaba para ti sir Hugh Cabot. Un buen hombre que sea tu esposo, el padre de tus hijos, para que mantenga Friarsgate seguro y pr&#243;spero. Hay muchos j&#243;venes aqu&#237; en la Corte que con gusto aceptar&#237;an por esposa a una heredera bonita y joven como t&#250;. Hombres de poderosas familias del norte cuya lealtad deseamos asegurar. Pero mi nieta no cree que podamos comprar tales lealtades. Considera que debemos poner en Friarsgate a un hombre cuya lealtad para con la Casa de Tudor sea absoluta e incuestionable. T&#250; lo conoces. Es sir Owein Meredith.

El coraz&#243;n de Rosamund pareci&#243; elevarse en su pecho. Sonri&#243;, y su alivio fue obvio.

Dijo que me complacer&#237;a, se&#241;ora, y por cierto que me complace. Sir Owein es un buen hombre, y somos amigos.

Los amigos -observ&#243; la madre del rey- son los mejores esposos, ni&#241;a m&#237;a. Yo he tenido tres esposos, de modo que domino el tema. Ahora, lev&#225;ntate y sal al jard&#237;n privado, donde encontrar&#225;s a sir Owein esper&#225;ndote. Se est&#225;n redactando los papeles del compromiso, que ser&#225;n firmados antes de que mi nieta salga hacia Escocia. Puedes casarte en Friarsgate, con tu gente, pero viajar&#225;s con la reina de los escoceses hasta tu hogar.

Rosamund tom&#243; las manos de la condesa y se las bes&#243;.

Gracias, se&#241;ora -dijo. Se incorpor&#243;, sacudi&#233;ndose la falda. &#191;Puedo hablar de esto con Maybel? &#191;Puedo darle las gracias a Meg?

Puedes contarle a quien quieras, ni&#241;a. El rey anunciar&#225; formalmente tu compromiso esta noche en la sala. Despu&#233;s de todo, t&#250; eres su eres su pupila Creo que la Corte tiene que saber de este feliz acontecimiento entre uno de nuestros viejos servidores y la se&#241;ora de Friarsgate.

Gracias, se&#241;ora -volvi&#243; a decir Rosamund. Hizo una reverencia y sali&#243; a toda prisa de la peque&#241;a sala privada de la condesa. En el saloncito matinal encontr&#243; a Maybel remendando una de sus camisas-. &#161;Me voy a casar! -dijo, en voz baja, inclin&#225;ndose, para que no la oyera nadie m&#225;s que Maybel-. &#161;Con sir Owein! &#161;Pronto nos iremos a casa, querid&#237;sima Maybel!

&#161;Alabado sea Dios, por ambas cosas! -dijo Maybel, y una sonrisa le ilumin&#243; el rostro-. Me alegrar&#233; mucho de ver a mi Edmund.

Ahora voy a encontrarme con &#233;l en el jard&#237;n privado. &#191;Tengo la cara limpia? &#191;Estoy peinada? -pregunt&#243;, ansiosa.

Ese hombre te querr&#237;a descalza y en camisa, muchacha, pero s&#237;, est&#225;s prolija. Ve y dile a sir Owein que me alegro mucho de que vayas a llamarlo esposo.

A Rosamund le lat&#237;a con fuerza el coraz&#243;n mientras cruzaba la sala de d&#237;a y el corredor. Ya casi hab&#237;a llegado a la puerta del jard&#237;n cuando de las sombras apareci&#243; el pr&#237;ncipe Enrique.

&#191;Ad&#243;nde vas, bella Rosamund? -pregunt&#243;, cerr&#225;ndole el paso-. Ven, amor, y dame un beso para demostrarme que no est&#225;s enojada por la impetuosidad de mi juventud el otro d&#237;a.

Voy a casarme, Su Alteza -dijo Rosamund, altiva-. Por favor, perm&#237;teme pasar. Tu abuela me envi&#243; a encontrarme con mi prometido en el jard&#237;n, y &#233;l me espera.

Un beso, mi linda doncella -insisti&#243; el pr&#237;ncipe. &#191;Que iba a casarse? &#191;C&#243;mo diablos podr&#237;a seducirla ahora? No ser&#237;a honorable seducir a la prometida de otro hombre.

Si Su Alteza no se hace a un lado -dijo Rosamund, enojada-, gritar&#233; llamando a la guardia.

&#161;No lo har&#225;s! -dijo &#233;l, nervioso.

Rosamund abri&#243; la boca y grit&#243; a todo lo que le daban los pulmones. De inmediato, el corredor estuvo lleno de hombres armados.

&#191;Qu&#233; sucede, milady? -pregunt&#243; el que lleg&#243; primero.

Ah -dijo Rosamund, inocente-. Me pareci&#243; ver una rata. Era muy grande. Lamento haber causado dificultades. -Le sonri&#243; dulcemente al guardia m&#225;s pr&#243;ximo, pas&#243; junto a &#233;l y abri&#243; la puerta para salir al jard&#237;n.

Ah, las mujeres -dijo, desde&#241;oso, el guardia. Se volvi&#243; al pr&#237;ncipe-. &#191;Usted vio una rata, Su Alteza?

Enrique Tudor asinti&#243;.

S&#237;, y era grande como un gato, lo aseguro. Yo iba a matarla, pero la se&#241;ora grit&#243;. -Mir&#243; la puerta que se cerraba lentamente tras Rosamund.

Afuera, en el jard&#237;n privado, la joven sinti&#243; el suave aroma de la vegetaci&#243;n y el olor apenas agrio del r&#237;o cuando se iba la marea. El aire estaba tibio y hab&#237;a una brisa muy leve. Camin&#243; despacio por uno de los senderos prolijamente barridos. La madre del rey hab&#237;a dicho que &#233;l estar&#237;a all&#237;. Entonces, lo vio. Estaba de pie, de espaldas a ella, mirando el r&#237;o, pero oy&#243; sus pisadas y se volvi&#243;.

&#161;Rosamund!

Ella le hizo una reverencia.

Milord -dijo ella, con suavidad.

&#201;l se le acerc&#243;, la tom&#243; de las manos y la mir&#243;.

&#191;Has hablado con la madre del rey y est&#225;s conforme? -Los ojos verdes de &#233;l escudri&#241;aron su rostro en busca de una se&#241;al de descontento.

Ella le dirigi&#243; una sonrisa t&#237;mida.

Creo que es una buena soluci&#243;n para los problemas de los dos, se&#241;or. Yo necesito un esposo y t&#250;, cas&#225;ndote conmigo, podr&#225;s continuar tu leal servicio a la Casa de los Tudor -le dijo, muy seria-. Y t&#250;, se&#241;or, &#191;est&#225;s contento con ser mi esposo?

S&#237;. &#191;Has comprendido, Rosamund, que este matrimonio que encaras conmigo no ser&#225; s&#243;lo una formalidad, como fue con tus dos esposos anteriores? Ser&#225;s mi esposa de todas las maneras que una puede serlo con su esposo y se&#241;or.

Ella se ruboriz&#243;, pero respondi&#243;:

Ya tengo edad, se&#241;or. Soy mayor que la reina de los escoceses.

Sin soltarle la mano, &#233;l levant&#243; la otra y con dulzura le acarici&#243; la mejilla, con los nudillos. Su mirada era c&#225;lida.

Eres tan hermosa -le dijo. Le roz&#243; los labios con los suyos. -Ser&#233; buen esposo para ti, Rosamund.

Lo s&#233; -respondi&#243; ella, y lo sab&#237;a. En ese instante en que la boca de &#233;l roz&#243; la suya tan brevemente, Rosamund Bolton sinti&#243; que hab&#237;a esperado toda su joven vida por ese momento-. S&#233; que as&#237; ser&#225;, Owein -dijo, y lo cre&#237;a de verdad.



CAP&#205;TULO 08

Esta noche -dijo el rey, de pie ante la mesa principal-, tengo un feliz anuncio que hacer. Todos conocen a sir Owein Meredith. Ha servido a la Casa de Tudor desde su infancia. La ha servido con lealtad. La reina de los escoceses me ha pedido una merced. Me ha solicitado que, en honor a su boda, yo recompense a este buen caballero. Para m&#237; es un placer hacerlo. Por lo cual doy a mi pupila, lady Rosamund Bolton de Friarsgate, en matrimonio a sir Owein, y les concedo permiso para viajar hasta su casa en compa&#241;&#237;a de la comitiva nupcial de mi hija. Deseo que tengan una vida feliz y fruct&#237;fera juntos. -Levant&#243; la copa hacia la pareja, que esa noche estaba sentada a la mesa de caballete, justo al lado de la principal.

Enseguida, todas las personas de la sala se pusieron de pie, levantaron sus copas y gritaron:

&#161;Larga vida y muchos hijos!

Rosamund apret&#243; la mano de Owein, ruboriz&#225;ndose del entusiasmo.

Me temo que Hal perdi&#243; la apuesta -murmur&#243; Richard Neville, sentado a un extremo de la mesa.

Pero no la gan&#243; nadie -dijo, en voz baja, Owein Meredith, que hab&#237;a o&#237;do el comentario del joven Neville-. Se&#241;or Brandon, le llevar&#225;s las apuestas que tienes en tu poder a la condesa de Richmond. Le dir&#225;s que es una donaci&#243;n para los pobres de parte de los amigos del Pr&#237;ncipe Enrique. Y en el futuro a tener m&#225;s cuidado con las apuestas, caballeros.

Se har&#225; exactamente como usted ordena, sir Owein -dijo Charles Mand&#243;n, inclin&#225;ndose.

Pero Richard Neville estaba furioso.

Tenga cuidado, Meredith. &#161;Mi familia es muy poderosa en el lugar al que va!

Actuaste de una manera deshonrosa. Da gracias que no le cuento a tu padre que, no me cabe duda, te enviar&#237;a a tu casa de inmediato-le respondi&#243;, con severidad-. No quiero da&#241;ar el buen nombre de Rosamund, de lo contrario te dar&#237;a la paliza que tanto mereces. No oses amenazarme. &#191;Y c&#243;mo te atreves a alentar al futuro rey de Inglaterra a un comportamiento que nada tiene de honorable?

Richard Neville abri&#243; la boca para hablar, pero Charles Brandon le sise&#243;.

&#161;C&#225;llate, Dickon! No hay excusa para lo que intentamos hacer, y yo lo sab&#237;a cuando acept&#233; guardar las apuestas. Esto es lo que nos merecemos. -Se volvi&#243; hacia el caballero del rey-: Le presento mis disculpas, sir Owein.

Est&#225;n aceptadas, se&#241;or Brandon.

&#191;De qu&#233; se trata esto? -le pregunt&#243; Rosamund al hombre que ser&#237;a su esposo.

No tiene la menor importancia, mi amor.

Se&#241;or, si insistes en tratarme como una flor fr&#225;gil y sin seso, me temo que no nos llevaremos bien. Ahora bien, &#191;por qu&#233; discut&#237;an?

Apostamos a que el pr&#237;ncipe Hal pod&#237;a seducirte -dijo Neville, mezquino-. Eres una criatura tan inocente, milady.

Para sorpresa de todos, Rosamund solt&#243; una carcajada.

Y t&#250;, se&#241;or, eres un tonto si crees que el encanto del pr&#237;ncipe Enrique bastaba para robar mi virtud. Nosotras, las campesinas, somos inteligentes a nuestro modo. Tal vez no seamos refinadas, pero un intento de seducci&#243;n, ya sea de parte de un pr&#237;ncipe o de un pastor, es muy similar. Aunque acepto que el lenguaje de un pr&#237;ncipe es m&#225;s florido. -Volvi&#243; a re&#237;r y luego agreg&#243;, como si acabara de ocurr&#237;rsele-: Ah, y cuando tu padre se pregunte por qu&#233; ya no le presto mi padrillo para sus yeguas, cu&#233;ntale de esta conversaci&#243;n que acabamos de mantener. S&#233; que deseaba tener varios caballos de guerra de mi buen Rey Valiente. Qu&#233; pena. -Rosamund le dirigi&#243; una sonrisa a su prometido y murmuro-&#191;Me sacar&#237;as de la sala, se&#241;or? El aire aqu&#237; est&#225; bastante f&#233;tido.

Sin otra palabra, Owein se puso de pie y la acompa&#241;&#243; afuera, sonriendo y haciendo inclinaciones de cabeza a los que lo felicitaban a su paso. Cuando hubieron salido de la gran sala, se volvi&#243; a Rosamund y dijo, con una sonrisa:

Hab&#237;a olvidado lo inteligente e impetuosa que puedes ser, mi amor.

S&#233; que he estado demasiado modosita y tontuela estos meses en la Corte. No me he sentido segura de m&#237; en este entorno, pero ahora que me voy a casa, puedo volver a ser yo. Espero que te guste quien soy, se&#241;or, porque me parece que ya no tendr&#225;s elecci&#243;n en el asunto.

&#201;l se detuvo, la mir&#243; y le tom&#243; el rostro entre las manos.

Me has gustado desde el momento en que te vi, Rosamund Bolton. Pero nunca esper&#233; ser nada m&#225;s que un amigo para ti. -Sus ojos verdes se clavaron en los ambarinos de ella.

Pero ahora ser&#225;s mi esposo.

Ma&#241;ana firmaremos los papeles.

No me desagrada para nada ese asunto -le dijo ella. El coraz&#243;n le lat&#237;a con fuerza, pues &#233;l la miraba con tanta intensidad

&#191;Est&#225; coqueteando conmigo, se&#241;ora? -pregunt&#243; &#233;l y no pudo contenerse: roz&#243; los pulposos labios de ella con los suyos.

La mirada de &#233;l, sus labios, la dejaron sin aliento, pero igual alcanz&#243; a decir, con osad&#237;a:

&#191;No es obvio, se&#241;or? Si no se nota, no estar&#233; haci&#233;ndolo nada bien.

Ah, Rosamund -dijo &#233;l, con tono grave-, lo est&#225;s haciendo muy bien. -Entonces la bes&#243; y sus labios tomaron posesi&#243;n de los de ella y exigieron m&#225;s; la joven, a pesar de su inocencia, reaccion&#243; con sus instintos m&#225;s primitivos. Le ech&#243; los brazos al cuello y le devolvi&#243; el beso, su boca se volv&#237;a m&#225;s y m&#225;s experimentada con el correr del abrazo, y su propia pasi&#243;n despertaba y ard&#237;a para tragarlos a los dos. Ella sinti&#243; contra su cuerpo la dureza de su cuerpo de hombre bien disciplinado, y suspir&#243;.

El delicioso sonido del suspiro lo hizo reaccionar. La suavidad de los j&#243;venes pechos de su prometida contra el suyo lo hab&#237;a obnubilado, pero estaban en un lugar p&#250;blico y no pod&#237;an quedarse demasiado tiempo sin que los sorprendieran. No pens&#243; que se enfrentar&#237;a a las burlas de sus amigos, que, por cierto, iban a re&#237;rse de &#233;l. Owein Meredith el de confiar, el responsable, hab&#237;a sido obviamente embrujado por una muchacha. Al menos hab&#237;a aprendido algo: esta muchacha que ser&#237;a su esposa rebosaba calidez y no le tem&#237;a al placer.

Mi amor -susurr&#243; &#233;l con los labios contra el cabello de ella- tenemos que salir de aqu&#237;. Debo regresarte a los departamentos de la princesa. Por la ma&#241;ana vendr&#233; para acompa&#241;arte a misa. Despu&#233;s seguramente ya est&#233;n listos los papeles para que firmemos.

Pero me gustan los besos y las caricias contigo -le dijo ella, con franqueza-. &#191;No podemos ir a alg&#250;n lugar en privado y continuar?

&#201;l le tom&#243; una mano, se la bes&#243; y comenz&#243; a caminar con ella.

Amor, verdaderamente me asombra que te hayan dado a m&#237; por esposa. Ruego al cielo que no sea un sue&#241;o del que vaya a despertar. Contigo en mis brazos siento que mis deseos despiertan con tanto &#237;mpetu como jam&#225;s experiment&#233;. Admito que he tenido muchas mujeres en mi cama y he sentido la lujuria m&#225;s de una vez, pero por eso mismo s&#233; que esto es muy diferente. No quiero compartir lo que siento por ti con nadie que no seas t&#250;, Rosamund. &#191;Me comprendes?

S&#237; y no. Pero me dejar&#233; guiar por ti en este asunto, Owein Meredith, porque t&#250; lo conoces mejor que yo. Pero &#191;significa eso que no volver&#233; a besarte hasta que estemos casados?

&#201;l ri&#243; apenas.

No creo que pueda esperar tanto, mi amor. Encontraremos peque&#241;os escondites cuando estemos solos, eso te lo prometo. Pero, por el momento, debes comportarte con pudor.

Hab&#237;an llegado a los departamentos de la princesa, donde dorm&#237;a Rosamund. &#201;l le bes&#243; la mano antes de retirarse. Rosamund entro el sal&#243;n tarareando, con aire de ensue&#241;o, y se encontr&#243; con Maybel, muy sonriente, que la abraz&#243; y se puso a llorar.

Ah, mi ni&#241;a, qu&#233; alivio que te hayan encontrado un buen hombre. &#191;Eres feliz, mi peque&#241;a? Sir Owein es tan parecido a sir Hugh, solo que m&#225;s joven, y t&#250; ahora ya eres mayor. &#161;Ah, pronto mi se&#241;ora ser&#225; madre!

S&#237;, es hora. Ya puedo ser una esposa en todo sentido, Maybel. Estoy contenta con sir Owein. Es bueno y creo que me quiere.

Gracias a nuestra bendita madre Mar&#237;a que te has dado cuenta. S&#237;, muchacha, te quiere. Me animar&#237;a a decir que est&#225; enamorado de ti, aunque puede que ni &#233;l lo sepa a&#250;n. Tienes que amarlo, ni&#241;a. No simplemente con el cuerpo, sino con todo el coraz&#243;n. &#161;Creo que eres la muchacha m&#225;s afortunada que he conocido en cuanto a los esposos que te han tocado!

Y despu&#233;s de todo lo que me he quejado, es posible que todav&#237;a me quede elegir uno a m&#237; -agreg&#243; Rosamund-. &#161;S&#237;, soy feliz! Fue Meg la que hizo esto, Maybel. Le debo un gran favor, porque si ella no hubiera sugerido que sir Owein fuera mi marido, qui&#233;n sabe a qui&#233;n me habr&#237;an elegido cuando desearan honrar a alguien.

Bien, a quienquiera que sea responsable por este giro de los acontecimientos, le quedo agradecida. Nos vamos a casa. Estar&#233; con mi Edmund otra vez. No creo que tenga ganas de volver a viajar, ni&#241;a. &#161;Estos &#250;ltimos meses alcanzan como aventura para las dos!


En la ma&#241;ana, despu&#233;s de misa, sir Owein Meredith y lady Rosamund Bolton fueron llamados a la presencia del rey, su madre, la princesa Margarita, el pr&#237;ncipe Enrique y el capell&#225;n del rey. Sobre la mesa estaban los pergaminos que deb&#237;an firmar.

&#191;Est&#225; de acuerdo con esto, se&#241;ora? -pregunt&#243; el capell&#225;n del rey.

S&#237;, reverendo padre -respondi&#243; Rosamund, con una sonrisa.

Y usted, sir Owein, &#191;tambi&#233;n est&#225; de acuerdo en tomar a esta mujer por esposa? -pregunt&#243; el capell&#225;n.

As&#237; es -respondi&#243; Owein Meredith, luchando por borrarse la sonrisita tonta de la cara. Despu&#233;s de todo, era una ocasi&#243;n seria, pero el acento que hac&#237;a mucho le hab&#237;a desaparecido del habla, que delataba su origen gales, volvi&#243; a ser evidente.

El rey mir&#243; a su madre, y unas sonrisas cordiales se les dibujaron en los labios. No ocurr&#237;a seguido que sus actos hicieran tan felices a las personas. Pusieron sus firmas como testigos del compromiso de matrimonio entre Rosamund y Owein.

Cuando estuvo terminado, y los pergaminos secados con arena enrollados, se le dio uno al caballero del rey. El otro ser&#237;a guardado por el capell&#225;n del rey en los archivos reales. El sacerdote entonces instruy&#243; a la pareja a que se arrodillara ante &#233;l. Los bendijo, haciendo as&#237; oficial e irrevocable el compromiso. Ahora eran, salvo por la ceremonia matrimonial, marido y mujer.

Alg&#250;n d&#237;a -alarde&#243; el pr&#237;ncipe Enrique-, les mostrar&#225;n este documento a sus hijos y les contar&#225;n que su compromiso fue atestiguado por un rey y una reina.

T&#250; todav&#237;a no eres el rey de Inglaterra -dijo su padre, seco, y se dirigi&#243; a Owein Meredith-: Te extra&#241;ar&#233;, mi fiel caballero, pero te mereces esta bonita muchacha y una casa propia. Y t&#250;, lady Rosamund, &#191;te parece que sir Hugh Cabot habr&#237;a aprobado el esposo que te he concedido?

S&#237;, Su Alteza. Lo aprobar&#237;a absolutamente, y le agradezco su cordialidad hac&#237;a m&#237;. No he recibido m&#225;s que bondad en su casa. Primero, de parte de su gentil reina, que Dios la tenga en su santa gloria. Despu&#233;s, de su hija y de su madre. Y ahora de usted, se&#241;or. -Rosamund se arrodill&#243; ante el rey, le tom&#243; la mano y se la bes&#243;, reverente-. Gracias, se&#241;or. Siempre estar&#233; a sus &#243;rdenes.

El rey hizo levantar a la muchacha y, mir&#225;ndola directo a los ojos, le dijo:

S&#237;, veo en tu hermoso rostro lo que vales, Rosamund Bolton de Friarsgate. Que Dios te bendiga, ni&#241;a, y a tu buen esposo, sir Owein.

Vamos -intervino la Venerable Margarita-, haremos un breve brindis a la salud de la feliz pareja. -Le hizo una se&#241;al a un criado que reparti&#243; copas de vino. Bebieron r&#225;pidamente a la salud de Rosamund y de Owein y se retiraron.

Me han informado que saldremos en menos de una semana -le dijo Owein a Rosamund cuando se retiraban del sal&#243;n privado del rey.

&#191;Qu&#233; fecha es hoy? Qu&#233; extra&#241;o que no lo sepa, pero lo recordare si me lo dices.

Hoy es 22 de junio.

Estamos listos para salir el 27. Iremos a Collyweston, que, seg&#250;n dijeron, pertenece a la madre del rey. &#191;Es muy grande, Owein?

El ri&#243;, comprendiendo el desagrado que le produc&#237;an a Rosamund i s residencias reales de grandes dimensiones.

Bien, mi amor, en un tiempo fue una mansi&#243;n sencilla, parecida a Friarsgate, pero la han renovado varias veces desde su construcci&#243;n. Esta primavera le agregaron una casa de hu&#233;spedes bastante grande. Tiene un gran parque donde el rey caza cada vez que va a visitar a su madre. No creo que nos quedemos mucho antes de seguir nuestro camino.

Salieron de Richmond en la fecha estipulada y llegaron a Collyweston, que quedaba algunos kil&#243;metros al oeste de Stamford, el 5 de julio. Se quedaron all&#237; tres d&#237;as y fueron agasajados por el coro de la condesa, adem&#225;s de los de Cambridge y Westminster. Hubo concursos de arquer&#237;a, danzas y una cacer&#237;a. Pero a Rosamund le interes&#243; mucho m&#225;s la arquitectura de la casa, en especial cuatro grandes ventanas sobresalientes construidas especialmente para esa visita. Estaban decoradas con vitrales y ella nunca los hab&#237;a visto fuera de las ventanas de las iglesias.

Mientras el resto de la Corte persegu&#237;a ciervos en el parque de Collyweston, la joven interrogaba al mayordomo de la condesa sobre asuntos dom&#233;sticos, porque admiraba mucho el sentido de la organizaci&#243;n de la madre del rey. El se&#241;or Parker se sinti&#243; muy halagado por el hecho de que un miembro de la Corte, aunque fuera alguien de tan poca importancia como Rosamund, se interesara en c&#243;mo se manejaba la casa, y fue muy amable con la muchacha.

Ella pas&#243; las horas de ocio tambi&#233;n en las rosaledas con la princesa de Arag&#243;n. La pobre Kate ahora no ten&#237;a caballo propio, de modo que, a pesar de que le gustaba cazar, se ve&#237;a obligada a quedarse. Casi todos sus criados hab&#237;an sido devueltos a Espa&#241;a y ella hac&#237;a esfuerzos, con sus magros ingresos, por mantener a los que le quedaban. Era una situaci&#243;n muy embarazosa para la princesa, que era muy orgullosa. Dos a&#241;os antes hab&#237;a sido la prometida del siguiente rey de Inglaterra. Ahora no sab&#237;a qu&#233; ser&#237;a de ella. Su padre y el rey Enrique discut&#237;an por dinero y se olvidaban por completo de ella, que agradec&#237;a la compa&#241;&#237;a d Rosamund. Aunque esta parec&#237;a preferir a la joven reina de los escoceses, siempre hab&#237;a sido amable, respetuosa y generosa con Kate.

Qu&#233; suerte que tienes que te vas a tu casa -le dijo Kate a su compa&#241;era-. Yo a veces deseo poder volver a mi hogar.

No desesperes. Est&#225;s destinada a ser la reina de Inglaterra alg&#250;n d&#237;a, y as&#237; ser&#225;.

Tu confianza me averg&#252;enza. Debo ser fuerte, lo s&#233;, pero a veces tengo tanto miedo

Si tienes miedo, querida Kate, nadie se ha dado cuenta, y por cierto que yo no se lo dir&#233; a nadie -sonri&#243;.

La princesa de Arag&#243;n ri&#243;.

No te pareces a nadie que haya conocido, Rosamund. Eres franca y honesta, y tienes muy buen coraz&#243;n. Lamento que te vayas. Tengo pocos amigos aqu&#237;.

No importa si estoy aqu&#237; o en Friarsgate, querida Kate. Soy tu amiga y siempre ser&#233; leal a ti. -Se arrodill&#243; y le bes&#243; la mano.

La joven Catalina de Arag&#243;n sinti&#243; que las l&#225;grimas le hac&#237;an arder los ojos. Parpade&#243; para disimularlas y dijo:

Te recordar&#233;, Rosamund Bolton de Friarsgate. Tus palabras amables y tu promesa me ayudar&#225;n a fortalecer mi esp&#237;ritu. Te ofrezco mi gratitud por tu amistad, porque no tengo nada m&#225;s que ofrecerte. Vaya con Dios, mi amiga[[2]: #_ftnref2 En espa&#241;ol en el original.].

El 8 de julio, Margarita Tudor se despidi&#243; de su padre y de su abuela y de muchos miembros de la Corte. Estar&#237;a bajo la protecci&#243;n del conde de Surrey, un soldado famoso por su represi&#243;n de los ataques a la frontera. La condesa de Surrey actuar&#237;a como chaperona y consejera de Margarita. El embajador escoc&#233;s, el obispo de Moray, acompa&#241;aba al s&#233;quito de la novia, y el heraldo de Somerset, John Yonge, fue elegido para escribir la cr&#243;nica de todo el viaje para la posteridad.

Cuando el s&#233;quito real inici&#243; su marcha, el conde de Surrey comenz&#243; a cabalgar con un grupo de sus hombres armados. Lo segu&#237;an, en el orden establecido, los se&#241;ores, los caballeros, los escuderos y los alabarderos. El hombre designado para ser el portaestandarte de Margarita Tudor, sir Davey Owen, siempre preced&#237;a a su joven se&#241;ora Montada en una yegua blanca como la nieve, la joven reina de los escoceses lo segu&#237;a, ataviada, alhajada y vestida magn&#237;ficamente cada d&#237;a. Su maestro de la cabalgadura la segu&#237;a, llevando una yegua de reserva. En caso de que Margarita se cansara de cabalgar hab&#237;a una litera que portaban dos caballos espl&#233;ndidos.

Detr&#225;s de Margarita iban sus damas y los escuderos de estas. Todos montaban caballos soberbios. Las mujeres mayores viajaban en carruajes sin resortes, cada uno de ellos arrastrado por seis hermosos caballos zainos. Detr&#225;s de los equinos segu&#237;a el resto de las mujeres, Rosamund entre ellas. Owein, por supuesto, iba con los caballeros, al principio de la procesi&#243;n. Fueron momentos de soledad para Rosamund, porque no conoc&#237;a a casi ninguna de las mujeres que acompa&#241;aban a Margarita Tudor. Algunas eran parte de la Corte, pero estaban las que se un&#237;an solo para ser parte de esa ocasi&#243;n hist&#243;rica y otras se sumaban en el camino. No hab&#237;a mucha oportunidad de conversar en medio del desfile de la comitiva real. En cierto sentido, ellos eran un espect&#225;culo para la plebe.

Cuando entraban en cada ciudad y pueblo, se pon&#237;an al frente de la procesi&#243;n los percusionistas con sus atabales, y los trompetistas y los juglares para anunciar con m&#250;sica y canciones la llegada de la joven reina de los escoceses. Todos los habitantes se vest&#237;an con sus mejores ropas, mostrando las divisas y las armas de sus propias casas o las de sus amos. A veces, Margarita iba en su palafr&#233;n, vestida con el traje de terciopelo rojo adornado con pampilion negro azabache, una piel similar a la del cordero persa. Hab&#237;a sido uno de los &#250;ltimos regalos que le hab&#237;a dado Isabel de York, su madre, antes de morir. El palafr&#233;n estaba magn&#237;ficamente enjaezado con un manto de malla de oro que mostraba las rosas rojas de Lancaster. En otras ciudades, Margarita entraba sentada dentro de su litera, de la que pend&#237;an pa&#241;os de malla de oro bordeados con terciopelo negro y joyas.

A lo largo de toda la ruta (el viaje durar&#237;a en total treinta y tres d&#237;as) la gente sal&#237;a a ver a la princesa Tudor, a vivar a la joven reina de los escoceses. Cuando pasaban por los diversos distritos, los se&#241;ores locales y sus esposas se un&#237;an a ellos. Algunos para completar el camino hasta Escocia, otros para acompa&#241;ar un d&#237;a o dos a la gran procesi&#243;n.

En Grantham, la novia fue recibida por el alguacil de Lincoln. Un grupo de frailes sali&#243; de la ciudad cant&#225;ndole himnos. La joven reina desmont&#243; para arrodillarse ante la cruz que le presentaron y besarla. El alguacil de cada condado cabalgaba con ella hasta el siguiente, salvo el de Northampton, que sigui&#243; hasta Yorkshire. La comitiva de la novia pas&#243; por Doncaster, Pontefract y Tadcaster. Los caminos estaban bordeados de gente que la vivaba y le gritaba sus buenos augurios.

El conde de Northumberland, el afamado Harry Percy, se uni&#243; a la procesi&#243;n. La magnificencia de su traje era espectacular. Para el encuentro con Margarita vest&#237;a terciopelo rojo con mangas con piedras preciosas y botas de terciopelo negro con espuelas de oro. La procesi&#243;n se engrosaba cada vez m&#225;s, pues muchos quer&#237;an acoplarse a ocasi&#243;n tan hist&#243;rica. Al aproximarse a York, se envi&#243; a un jinete adelantado para avisar al alcalde de la ciudad que la procesi&#243;n de la reina de los escoceses hab&#237;a crecido tanto que ser&#237;a imposible pasar por las puertas de la ciudad. Como respuesta, el alguacil demoli&#243; parte de los antiguos muros. Las campanas tocaron con alegr&#237;a y las trompetas ejecutaron una fanfarria en el momento en que Margarita Tudor entr&#243; en la antigua ciudad por el ancho boquete creado para ella. De cada ventana asomaba la gente, curiosa, a darle la bienvenida. Las calles estaban tan atestadas de gente que la joven reina pudo llegar a la catedral de York, donde la esperaba el arzobispo, dos horas despu&#233;s.

A la ma&#241;ana del d&#237;a siguiente, domingo, Margarita asisti&#243; a misa vestida con traje de oro y con el cuello resplandeciente de piedras preciosas. Fue una de las contadas ocasiones en que Rosamund pudo reunirse con su prometido y con Maybel. Estuvieron juntos, vestidos con sus mejores trajes, en la atiborrada catedral. Como hab&#237;a tanta gente que quer&#237;a ingresar en la casa abierta del arzobispo, los tres se escaparon a encontrase a la vera del r&#237;o y comer pan y queso.

Ni en mis sue&#241;os m&#225;s delirantes habr&#237;a imaginado que pasar&#237;a por experiencias como estas. El viaje, aunque interesante, es agotador. No s&#233; c&#243;mo lo soporta Meg, pero la condesa de Surrey dice que yo no soy digna de acompa&#241;ar a la reina de los escoceses. Espero tener oportunidad de despedirme de ella -dijo Rosamund.

Dejaremos la procesi&#243;n en Newcastle -dijo Owein-. Al&#233;grate de que no acompa&#241;aremos a la novia hasta Escocia, mi amor. Si te parece que ahora la procesi&#243;n es agotadora, no te imaginas lo que ser&#225; cuando cruce la frontera y los escoceses comiencen a sumarse a la comitiva -Ri&#243;-. Casi valdr&#237;a la pena continuar para ver c&#243;mo se pelean todos por ganarse un lugar cercano a la nueva reina.

Bien -dijo Maybel-, para m&#237;, nuestro viaje a casa nunca ser&#225; demasiado pronto. Nosotras, las criadas, dormimos en pajares y graneros, donde sea que consigamos echarnos.

Lo mismo sucede con los caballeros y alabarderos del rey -admiti&#243; Owein.

A m&#237; me salv&#243; la intervenci&#243;n de Meg con esa arrogante condesa de Surrey -dijo Rosamund-, aunque he dormido m&#225;s en el suelo de las mansiones que visitamos que en otra parte. Hasta el camastro de paja de un convento ser&#225; una mejor&#237;a.

Entonces, estamos de acuerdo -dijo Owein, bromeando con las dos mujeres-, todos seremos felices cuando volvamos a estar en casa, en Friarsgate.

&#161;S&#237;! -dijeron ellas a coro, y los tres rieron.

Maybel se levant&#243;.

Necesito mover un poco mis viejos huesos. Ll&#225;menme cuando quieran volver al bullicio.

Se va para dejarnos solos -dijo Owein.

S&#237; -dijo Rosamund, sonri&#233;ndole-. &#191;T&#250; de verdad piensas en Friarsgate como tu casa, Owein?

S&#237;, es extra&#241;o, pero s&#237; -admiti&#243; &#233;l. Le tom&#243; la mano, se la llev&#243; los labios y comenz&#243; a besarle los dedos, uno a uno-. Me gust&#243; desde el principio, tanto como su due&#241;a.

Ahora eres t&#250; el que est&#225; coqueteando, se&#241;or. Y me gusta, Owein.

Es que tengo algo m&#225;s de experiencia que t&#250; en el arte del cortejo. Sabes que nunca pens&#233; en tener una esposa a quien querer, ni albergu&#233; esperanza de que me diera hijos. Como te dije, he coqueteado con mujeres, pero esto es diferente. Antes no me importaba si la mujer me quer&#237;a, pero ahora s&#237;. -Ri&#243;, nervioso-. Rosamund, creo que mi coraz&#243;n ha ca&#237;do de rodillas ante ti. Siento que en tu presencia pierdo el coraje, que tengo miedo.

Pero &#191;a qu&#233; podr&#237;as temerle? -exclam&#243; ella, tendiendo las manos hacia &#233;l, como para consolarlo.

Se me ha dado un gran regalo con tu persona, Rosamund. Quiero que seas feliz; pero, &#191;s&#233; yo c&#243;mo hacer feliz a una mujer, a mi esposa?

Owein -lo tranquiliz&#243; ella, conmovida por la vulnerabilidad de este hombre fuerte-. Soy feliz. &#161;Te lo juro! Mi matrimonio contigo es el primer matrimonio verdadero que tendr&#233;. John Bolton y yo &#233;ramos criaturas. Mi querido Hugh fue un abuelo m&#225;s que un esposo y, de todos modos, yo era demasiado joven. Ahora no soy demasiado joven, ni t&#250; eres demasiado viejo. Somos amigos y nos sentimos bien juntos. La amistad es importante entre marido y mujer, seg&#250;n me dijo la Venerable Margarita. Conf&#237;o en ella. Creo que estamos empezando mejor que muchos.

Pero, mi amor, hay m&#225;s en el matrimonio que la amistad -dijo &#233;l, con suavidad.

S&#233; que hay pasi&#243;n. Qu&#233; hermoso llegar a explorar ese aspecto de mi naturaleza con mi mejor amigo, Owein. T&#250; llevar&#225;s la delantera y yo te seguir&#233;. Tal vez aprendamos a amarnos, pero, si no es as&#237;, seguramente nos respetaremos.

&#201;l sacudi&#243; la cabeza, asombrado por las palabras de ella.

Razonas como un abogado londinense -brome&#243;, con ternura Eres joven e inexperta, pero, &#161;alabado sea Dios, mi amor, qu&#233; sabia eres!

Estir&#243; el brazo, apoy&#243; la palma en la nuca de ella y la acerc&#243; para besarla en los labios.

&#161;Mmmm Me gustan tus besos, Owein Meredith. Son deliciosos. No tienen nada que ver con los del pr&#237;ncipe Enrique, que parecen exigirle todo a una muchacha, en especial eso que ella no debe conceder -Rosamund se inclin&#243; hacia &#233;l y lo bes&#243; con entusiasmo.

Luego de unos momentos sin aliento, &#233;l interrumpi&#243; el abrazo y dijo:

Quiero que apenas lleguemos a Friarsgate se celebre el matrimonio por iglesia, Rosamund. Creo que no puedo esperar para amarte, prometida m&#237;a.

&#191;Por qu&#233; debemos esperar? -le pregunt&#243; ella, con franqueza-. Estamos formalmente comprometidos. Es legal si decidimos disfrutar el uno del otro, &#191;no?

No quiero apresurar mi primera uni&#243;n contigo, mi amor, y en esto quisiera que conf&#237;es en mi prudencia. Adem&#225;s, cuando por fin lo hagamos, ser&#225; en nuestra propia alcoba, no a la orilla del r&#237;o, donde cualquier campesino ruin puede encontrarnos. -Le tom&#243; la barbilla entre pulgar e &#237;ndice-. La primera vez tiene que ser perfecta para ti, Rosamund, porque para m&#237; ser&#225; perfecta, hermosa novia m&#237;a.

&#161;Dios santo! Este hombre le hac&#237;a salir el coraz&#243;n del pecho cuando dec&#237;a cosas como esas. Se le entrecortaba la respiraci&#243;n y la cabeza le giraba con un placer esquivo que no alcanzaba a comprender, pero que disfrutaba.

Owein Meredith -dijo, bromeando-, creo que ya comenzaste a seducirme, y me agrada mucho.

La tarde se hab&#237;a convertido en un idilio, pero deb&#237;a terminar. Maybel volvi&#243; de su paseo y los tres regresaron al s&#233;quito. Margarita Tudor sali&#243; de York el 17 de julio, con direcci&#243;n a Durham. All&#237; asumir&#237;a el cargo un nuevo obispo. La comitiva se qued&#243; tres d&#237;as, como hu&#233;sped del obispo, que ofreci&#243; un enorme banquete para todos los que quisieran concurrir, y su mansi&#243;n rebos&#243; con todos los invitados que asistieron, cada cual ansioso por ver y ser visto.

Luego viajaron a Newcastle, donde la joven reina de los escoceses hizo otra entrada triunfal en la ciudad. La recibi&#243;, a las puertas de la ciudad, un coro de ni&#241;os de rostros frescos que le cantaron felices himnos de alegr&#237;a. En el muelle del r&#237;o Tyne los ciudadanos se treparon a la arboladura de las naves atracadas para apreciar mejor la maravillosa exhibici&#243;n p&#250;blica. Esa noche, la joven reina descans&#243; en el monasterio agustino, en la ciudad. All&#237; Rosamund fue a despedirse de su amiga.

Cuando la oficiosa condesa de Surrey trat&#243; de impedirle la entrada a Rosamund en las habitaciones de la reina, Tillie, la fiel servidora de Margarita Tudor desde su nacimiento, dijo, osada:

Es lady Rosamund Bolton, la heredera de Friarsgate, que ha sido la querid&#237;sima compa&#241;era de mi se&#241;ora desde hace meses. Es muy estimada por la reina de los escoceses y por la condesa de Richmond, como lo fue de nuestra querida reina, que Dios la tenga en su gloria. Ma&#241;ana esta se&#241;ora abandonar&#225; el cortejo con rumbo a su casa, con su prometido, sir Owein Meredith. Mi se&#241;ora querr&#225; verla antes de que parta, se&#241;ora. -Esto &#250;ltimo lo dijo con marcado &#233;nfasis.

Ah, est&#225; bien -dijo la condesa de Surrey, derrotada-. Pero no te quedes demasiado tiempo con Su Alteza, lady Rosamund.

Rosamund hizo una reverencia.

Gracias, se&#241;ora, por su bondad -dijo, con inocente malicia.

Bien, al menos tiene modales -dijo la condesa, frunciendo la nariz, mientras Rosamund desaparec&#237;a en los departamentos de Margarita Tudor. Tillie ahog&#243; una carcajada.

&#161;Meg!

&#161;Ay, Rosamund! -exclam&#243; Meg-. Ten&#237;a miedo de que esa vieja arp&#237;a no te dejara entrar a verme antes de que nos abandonaras. -Las dos muchachas se abrazaron.

Gracias a tu Tillie. Es una arp&#237;a mucho m&#225;s feroz que la condesa de Surrey -dijo Rosamund, riendo-. Se te ve cansada, Meg. -Tomo la mano de su amiga y se sentaron juntas.

As&#237; es, pero no puedo dejar que se note. Se ha hecho tanta alharaca con este matrimonio. Todos est&#225;n ansiosos por complacer a mi padre con sus recibimientos. John Yonge est&#225; escribiendo una cr&#243;nica y cuidadosa de todo el viaje. He visto algunos de sus escritos. Relata abundante detalle el vestuario del conde de Northumberland, que por supuesto, magn&#237;fico. No s&#233; si Harry Percy quiere honrarme, como dicen todos, o aparentar ser de la realeza. -Ri&#243;-. Me estoy agenciando el primer requisito de toda reina: una naturaleza recelosa. -Volvi&#243; a re&#237;r, esta vez con menos alegr&#237;a-. &#191;Cu&#225;ndo nos dejas?

Ma&#241;ana. Debemos atravesar la campi&#241;a para llegar a Friarsgate. Nos llevar&#225; dos d&#237;as o m&#225;s.

Entonces, te perder&#225;s el gran banquete de Percy ma&#241;ana, por el D&#237;a de San Juan. Habr&#225; juegos, otro torneo, baile y mucha comida. Despu&#233;s, iremos al castillo Alnwick para que yo descanse unos d&#237;as antes de dirigirnos a la frontera, en Berwick. Lord Dacre, el representante de mi padre aqu&#237;, y su esposa, nos recibir&#225;n con m&#225;s nobles. Dicen que cuando entre en Escocia mi s&#233;quito ser&#225; de al menos dos mil personas. Casi envidio tu tranquila cabalgata por la campi&#241;a estival hacia tu casita.

Me gustar&#237;a que conocieras Friarsgate, Meg -le dijo Rosamund, entusiasmada-. Las colinas est&#225;n tan verdes ahora, y el lago del valle es de un azul intenso. Es todo por dem&#225;s tranquilo y la gente es muy buena.

&#191;Cu&#225;ndo te casar&#225;s con Owein Meredith? -le pregunt&#243; Meg, con un brillo en sus ojos azules-. Me cont&#243; la abuela que &#233;l se sorprendi&#243; mucho cuando ella le dijo que ser&#237;a tu esposo. Te ama, creo. Ruego porque Jacobo Estuardo me ame a m&#237;, Rosamund. S&#233; que no se supone que esa emoci&#243;n sea de importancia en un matrimonio como el m&#237;o, &#161;pero deseo que sea as&#237;!

Rezar&#233; por ti, Meg. En cuanto a tu pregunta, Owein quiere que nos casemos casi de inmediato, pero yo primero tengo que informar a mi t&#237;o Henry de mi compromiso. No puede impedir mi matrimonio, por supuesto, pero, si no le digo, andar&#225; haciendo esc&#225;ndalo por todo el distrito. No quiero que se calumnie injustamente a mi esposo.

Alg&#250;n d&#237;a lo amar&#225;s.

Eso espero, pero, aunque no lo ame, al menos me gusta c&#243;mo es. Es muy bueno conmigo. Y ahora, antes de que venga la condesa de Surrey a echarme, me despido, Meg. No tengo manera de agradecerte toda la bondad que tuviste conmigo. No s&#233; qu&#233; habr&#237;a hecho sin ti. T&#250; y la princesa de Arag&#243;n, pero m&#225;s que nadie t&#250;.

&#191;Viste a Kate antes de que parti&#233;ramos?

S&#237;. Le regal&#233; lo que me quedaba de mi cuenta en el taller del orfebre de Londres. Gast&#233; poco. Creo que a ella le har&#225;n m&#225;s falta esos fondos en los meses pr&#243;ximos. Pero no se lo digas a nadie.

S&#237;, es cierto, le har&#225;n falta si su padre no paga el resto de la dote. Fue muy bueno de tu parte. Lo mantendr&#233; en secreto.

Nuestros d&#237;as despreocupados han terminado, Su Alteza -dijo Rosamund, poni&#233;ndose de pie y haci&#233;ndole una reverencia a la joven reina de los escoceses-. Que tu matrimonio sea feliz y pr&#243;spero.

Margarita Tudor permaneci&#243; sentada muy r&#237;gida, aceptando el sencillo homenaje de su amiga.

Y a ti, lady Rosamund de Friarsgate, te deseo lo mismo y un buen viaje de regreso a casa.

Gracias, Su Alteza -dijo Rosamund, con una nueva reverencia. Entonces retrocedi&#243; despacio para salir de la habitaci&#243;n; se detuvo apenas en la puerta para darle un &#250;ltimo adi&#243;s. Su &#250;ltima imagen de Margarita Tudor antes de que la puerta se cerrara y que Tillie la acompa&#241;ara a salir de los departamentos de la reina fue la de una muchacha sonriente-. Tillie, muchas gracias -le dijo Rosamund a la criada. Le puso una moneda de plata en la mano.

La criada hizo una reverencia silenciosa y se guard&#243; la moneda en el bolsillo sin mirarla.

Que Dios la bendiga, se&#241;ora. Le han dado a un buen hombre. Ahora cu&#237;delo. Su Maybel la guiar&#225;.

Rosamund asinti&#243;. Entonces se volvi&#243; para ir en busca de su servidora y su prometido. Al d&#237;a siguiente, comenzar&#237;a el tramo final de su largo viaje de regreso a Friarsgate.

Salieron de Newcastle apenas despu&#233;s del amanecer de principios del verano. Owein hab&#237;a averiguado con los monjes del monasterio que su orden ten&#237;a un establecimiento peque&#241;o cerca de Walltown, adonde podr&#237;an llegar a &#250;ltima hora de la tarde, si no se demoraban. Siguieron un camino paralelo a la muralla de Adriano, que, explic&#243; Owein, hab&#237;a sido construida por soldados romanos. La hab&#237;an levantado para evitar que los salvajes del norte fueran al sur, a zonas m&#225;s civilizadas. Despu&#233;s de recorrer varias horas se detuvieron brevemente para descansar ellos y los caballos. En la muralla se levantaba una torre. Rosamund y Owein subieron sus escaleras y fueron recompensados con una espl&#233;ndida vista de la campi&#241;a. El paisaje se extend&#237;a en todas direcciones en torno a ellos. Vacas y ovejas salpicaban las laderas de las colinas.

Por fin, a &#250;ltima hora de la tarde, llegaron al monasterio, que estaba ubicado en la parte oriental de Walltown. Owein golpe&#243; a las enormes puertas de madera. Enseguida se descorri&#243; una ventanita con celos&#237;a y apareci&#243; un rostro.

&#191;S&#237;?

Soy sir Owein Meredith; viajo en compa&#241;&#237;a de mi prometida lady Rosamund Bolton de Friarsgate y su criada. Hemos salido hoy de Newcastle, adonde llegamos con la comitiva nupcial de la reina de los escoceses. El monasterio de ese lugar nos inform&#243; que podr&#237;amos encontrar refugio aqu&#237; para pasar la noche.

La ventanita se cerr&#243; con fuerza y despu&#233;s de un largo rato, un joven monje abri&#243; una puerta peque&#241;a.

Bienvenido, sir Owein. Aqu&#237; estamos muy cerca de Escocia, as&#237; que debemos tener cuidado. Ni siquiera nuestra investidura nos protege. Los llevar&#233; ante el abad. Vengan conmigo, por favor.

Los tres lo siguieron hasta el recinto de recibo del abad, donde esperaba un religioso anciano. Sir Owein volvi&#243; a explicar qui&#233;nes eran y de d&#243;nde ven&#237;an. El abad les indic&#243; que tomaran asiento.

No recibimos hu&#233;spedes a menudo, ni noticias del mundo exterior -dijo, con voz temblorosa-. &#191;Han viajado con la reina de los escoceses, nuestra princesa Margarita? &#191;Cu&#225;ndo se unieron al s&#233;quito?

En Richmond -respondi&#243; sir Owein-. Hasta hace muy poco yo estaba al servicio de la Casa de Tudor, buen padre. Lady Rosamund fue compa&#241;era de la joven reina durante casi un a&#241;o. Ahora regresamos a Friarsgate, a hacer bendecir nuestra uni&#243;n por la Iglesia y a comenzar nuestra vida en pareja.

&#191;Eres pariente de Henry Bolton, el hacendado de Friarsgate?

Henry Bolton es mi t&#237;o -dijo Rosamund, r&#237;gida-, pero yo soy la heredera de Friarsgate, santo hombre. Cuando qued&#233; hu&#233;rfana, mi t&#237;o era mi tutor, pero despu&#233;s de mi segundo matrimonio con sir Hugh Cabot, mi t&#237;o volvi&#243; a su casa, en Otterly Court. Cuando muri&#243; sir Hugh, su testamento me dio en tutela e al rey, que ha concertado esta nueva uni&#243;n con sir Owein. Mi t&#237;o no tiene ni control ni autoridad sobre Friarsgate. Y por cierto que no es el se&#241;or de la finca.

Tal vez me he equivocado -dijo el abad, con lentitud-. Soy viejo, y a menudo se me confunden las ideas.

Dudo de que se le hayan confundido las ideas, buen padre -respondi&#243; Rosamund, riendo-. Mi t&#237;o siempre ha deseado lo que es m&#237;o, y estoy segura de que sigue manteniendo esperanzas.

El anciano asinti&#243;.

Sucede a menudo con las fincas pr&#243;speras, milady. Ahora, perm&#237;tanme que les d&#233; la bienvenida a nuestra casa. Es sencilla, pero podr&#225;n estar c&#243;modos esta noche. Otro d&#237;a de viaje y llegar&#225;n a su casa.

Los invitaron a acompa&#241;ar al abad a su comedor privado esa noche. Esperaban un potaje de tub&#233;rculos, y quedaron encantados cuando les sirvieron pollo asado relleno con manzanas y pan, una fuente con filetes de trucha fresca sobre un colch&#243;n de berro, una fuente con cebollas en leche y manteca, pan reci&#233;n horneado y todav&#237;a caliente, manteca y un buen queso a&#241;ejado.

Es la fiesta de San Juan, patr&#243;n de los viajeros -dijo el abad con un brillo en los ojos, al ver su sorpresa-. Es una buena fiesta para guardar, y ma&#241;ana es el D&#237;a de Santa Ana. Ella es la patrona de las esposas y de las muchachas solteras. T&#250;, milady, pareces estar en el medio de las dos. -Y el viejo abad ri&#243;.

Un joven llen&#243; sus copas de peltre con un vino muy bueno.

Es importante mantener alto el esp&#237;ritu en este lugar desolado -dijo sir Owein con una sonrisa-. &#191;D&#243;nde consiguen un vino tan excelente?

Nos lo env&#237;a nuestra casa central, que est&#225; en Newcastle. Es parte del pago por la lana que tomamos de nuestras ovejas todos los a&#241;os. As&#237; mantenemos nuestro peque&#241;o monasterio. Ellos venden la lana a las Tierras Bajas, donde se confecciona la ropa que despu&#233;s nosotros vendemos.

Har&#237;an mejor si cardaran ustedes la lana e hicieran la tela -opin&#243; Rosamund-. Se pierde una buena cantidad de tela si tienen que transportarla y usar un intermediario que se queda con las ganancias que podr&#237;an tener ustedes mismos aqu&#237; en el monasterio. &#191;Por qu&#233; no hacen eso?

No conocemos el procedimiento; lo &#250;nico que sabemos hacer es cuidar las ovejas y esquilarlas.

Si quieren aprender, les enviar&#233; a alguien que les ense&#241;e a los monjes -ofreci&#243; ella-. Les garantizo que ser&#225; mucho m&#225;s conveniente que enviar la lana a las Tierras Bajas.

Debo pedirle permiso al abad de nuestra casa madre -dijo el anciano-, pero no veo motivo alguno por el que pueda negarlo. Gracias, lady Rosamund.

La madre del rey, a quien llaman la Venerable Margarita, es patrona de muchas causas nobles, pero en especial de la Iglesia. He aprendido de ella, buen padre. No soy una gran dama, por lo cual no aspiro a igualar sus muchas virtudes, pero s&#237; puedo hacer algo. Esto es lo que elijo hacer, y s&#233; que mi prometido estar&#225; de acuerdo.

Owein sonri&#243;. Tendr&#237;a que hablar con Rosamund sobre preguntar primero y no dar por sentado, sin m&#225;s, que no habr&#237;a oposici&#243;n, aunque, en este caso en particular, &#233;l estaba de acuerdo con ella.

Mi se&#241;ora sabe cu&#225;l es mi pensamiento en estas cuestiones -dijo, tranquilizando al viejo monje.

Se separaron para dormir, pero en la ma&#241;ana volvieron a conversar. Los monjes les sirvieron un buen desayuno de avena, endulzada con pedacitos de manzana y miel, y cubierta con una crema espesa y dorada. Sirvieron el cereal caliente en peque&#241;os recipientes de pan nuevo, individuales, y acompa&#241;aron la comida con sidra de manzana. Antes, la misa hab&#237;a sido hermosa: las voces puras de los monjes se elevaron en el sereno aire matinal. Dejaron el monasterio bien alimentados y rodeados de paz, aunque el d&#237;a era gris y lloviznaba. Los monjes les hab&#237;an dado pan, queso y manzanas para comer en el viaje. Eso hicieron, protegi&#233;ndose dentro de otra de las torres romanas durante un chaparr&#243;n de &#250;ltima hora de la ma&#241;ana.

Rosamund supo por instinto el momento exacto en que pasaron de Northumberland a Cumbria. Hab&#237;a algo en las colinas. Un aroma conocido en el aire limpio y fresco. Sinti&#243; que aumentaba su ansiedad con cada milla recorrida. No importaban la lluvia ni el cielo encapotado. &#161;Iba a su casa! A casa, a Friarsgate. Al salir de all&#237;, hac&#237;a casi un a&#241;o, hab&#237;a pensado que este d&#237;a no llegar&#237;a jam&#225;s, pero all&#237; estaba. Esa noche dormir&#237;a en su propia casa. Entonces, llegaron a la cima de una colina escarpada. Abajo, ante ellos, estaba su lago, &#161;su casa! En ese momento se abrieron las nubes. Sali&#243; el sol, y despleg&#243; sus rayos dorados sobre todo el valle.

&#161;Maybel! -exclam&#243; Rosamund, con la voz quebrada de felicidad.

Que Dios nos bendiga, mi dulce muchachita. Hubo noches en las que cre&#237; que nunca volver&#237;a a ver esto -admiti&#243; Maybel. Y, con estas palabras, azuz&#243; a su caballo y lo llev&#243; al trote-. No puedo esperar m&#225;s para ver a mi Edmund.

Esto es hermoso -le dijo Owein a Rosamund-. Casi me hab&#237;a olvidado de lo bello que es, amor.

Es casa. Nuestra casa, Owein.

&#201;l estir&#243; el brazo, tom&#243; la mano enguantada de ella y la bes&#243;.

Bajemos, mi amor, que Maybel ya habr&#225; alborotado a todos para cuando lleguemos. -Ri&#243;, le solt&#243; la mano e hizo trotar al caballo, seguido de Rosamund.

Maybel hab&#237;a revolucionado a toda la casa, efectivamente, y cuando llegaron al pie de las colinas que rodeaban Friarsgate, las gentes sal&#237;an de los campos para darle la bienvenida a su se&#241;ora. Detuvieron los caballos ante la casa.

Buena gente de Friarsgate -anunci&#243; Rosamund-, he vuelto con mi prometido, a quien ya conocen. Sir Owein Meredith ser&#225; su nuevo amo. Quiero que lo respeten y lo obedezcan como lo hago yo. El padre Mata bendecir&#225; nuestra uni&#243;n una semana despu&#233;s de que se notifique a mi t&#237;o de Otterly.

La gente de Friarsgate recibi&#243; con aclamaciones sus palabras y se api&#241;&#243; en torno a ellos, mientras desmontaban, con deseos de larga vida y felicidad. Owein y Rosamund escaparon hacia la casa riendo, agitados. Edmund Bolton los recibi&#243; y los felicit&#243; con una sonrisa c&#225;lida.

Henry no va a estar muy contento -brome&#243;, con una peque&#241;a risa traviesa.

Env&#237;ale un mensajero a primera hora de la ma&#241;ana -dijo Rosamund-. Es tiempo de terminar sus intrigas de una vez por todas. &#161;Esta vez no solo me casar&#225;n, sino que me desflorar&#225;n, t&#237;o! -Y Rosamund Bolton ri&#243; fuerte de tanta felicidad.



CAP&#205;TULO 09

Rosamund consult&#243; con el joven sacerdote, el padre Mata, y se decidi&#243; que las formalidades eclesi&#225;sticas relacionadas con su compromiso y matrimonio se realizar&#237;an en Lammas, el 1 de agosto. La gente de la finca tendr&#237;a un feriado, de todos modos y, de regreso en su casa, Rosamund dej&#243; aflorar su naturaleza pr&#225;ctica. Qu&#233; necesidad de dar dos d&#237;as de fiesta cuando alcanzaba con uno.

Es momento de cosecha -le dijo al sacerdote-. No podemos darnos el lujo de perder dos d&#237;as. &#191;No ha tenido dificultades mientras estuve ausente?

No, se&#241;ora. Celebro misa todos los d&#237;as y me ocupo de las necesidades espirituales de los arrendatarios. Es un honor para m&#237; celebrar el sacramento para usted y sir Owein.

Cu&#233;nteme lo que no me ha dicho mi t&#237;o -pidi&#243; Rosamund, h&#225;bil.

Se&#241;ora, yo s&#243;lo practico mis deberes espirituales -respondi&#243; el padre Mata, astuto, con una sonrisa.

Entonces, hay algo. &#161;Me lo imagin&#233;! Ni siquiera en un lugar tan remoto y tranquilo como Friarsgate puede pasar un a&#241;o sin que suceda algo. Gracias, buen padre.

Edmund estaba en la sala con Owein. Los dos conversaban en voz baja y sombr&#237;a.

&#191;Qu&#233; ha sucedido? -pregunt&#243; ella.

Edmund Bolton mir&#243; a su sobrina. Hab&#237;a crecido en los diez meses de ausencia. No solo estaba m&#225;s alta, sino que hab&#237;a una nueva madurez en su rostro joven.

&#191;Qu&#233; dices?

T&#237;o, habl&#233; con el sacerdote. Ahora cu&#233;ntame lo que ha sucedido mientras estuve lejos -repiti&#243; Rosamund. Se sent&#243; en las rodillas H Owein; la falda azul cubr&#237;a sus largas piernas. Edmund suspir&#243;.

Tal vez no tenga demasiada importancia, pero los escoceses estuvieron merodeando. En los &#250;ltimos d&#237;as hemos observado jinetes en las cimas, sobre el valle. Se paran ah&#237; y observan. Eso es todo.

&#191;Nadie ha ido a hablar con ellos?

No, sobrina, no hemos mandado a nadie. No hicieron nada. Solo permanecen all&#237; -respondi&#243; Edmund Bolton. Se pas&#243; la mano por los cabellos plateados, con un gesto nervioso, y se movi&#243; en la silla.

Quiero que me avisen la pr&#243;xima vez que vengan -dijo Rosamund-. Yo misma ir&#233; a interrogar a esos intrusos.

&#161;Rosamund, es peligroso! Debe ir tu esposo, no t&#250;.

No, t&#237;o, yo soy la se&#241;ora de Friarsgate. Es mi deber y mi responsabilidad investigar esto. Y debo ir sola. No atacar&#225;n a una mujer, en especial si los hombres de esa mujer se quedan aqu&#237; abajo, vigil&#225;ndola. Recuerda que soy amiga de la reina de los escoceses.

Como si eso le importara a una banda de salvajes fronterizos -mascull&#243; Edmund, irritado-. &#161;Owein, tienes que hablar con tu esposa!

&#191;Qu&#233; quieres que le diga? Estoy de acuerdo con mi esposa. Ella es la se&#241;ora aqu&#237;. Yo soy apenas su marido. La tierra no es m&#237;a y seguramente nunca lo sea. No quiero heredar, pues para que yo heredara mi Rosamund deber&#237;a morir. No soy Henry Bolton.

Pero si la dejas salir sola a caballo, &#191;no estar&#237;as exponi&#233;ndola demasiado?

&#191;Estos fronterizos han robado algo que pertenezca a Friarsgate, o han intentado hacerlo?

No, no. Se sientan en sus caballos, en la cima de las colinas, sobre nosotros.

&#191;Siempre se quedaron en la cima? &#191;No bajaron nunca?

Edmund Bolton neg&#243; con la cabeza.

&#191;Y adem&#225;s de observarlos, aqu&#237; no se ha hecho nada?

Edmund Bolton volvi&#243; a negar moviendo la cabeza.

La riqueza de Friarsgate es de conocimiento p&#250;blico -concluy&#243;. Pero tambi&#233;n lo es la dificultad de escapar de aqu&#237; con ganado, fronterizos seguramente han venido a ver si no hay una manera de burlar los desaf&#237;os naturales que les presentan nuestras defensas. Sospecho que si Rosamund los enfrenta, decidir&#225;n que no vale la pena En especial, si se enteran de que es amiga de su nueva reina.

Rosamund intervino.

Me da curiosidad. &#191;No tienes idea de qui&#233;nes pueden ser, t&#237;o?

No, ninguna -admiti&#243; &#233;l-. No estuve cerca de ellos como para ver su falda o sus ense&#241;as, sobrina. Hoy empezaremos la cosecha en el huerto de peras. Debo irme -sonri&#243;-. Creo que encontrar&#225;n c&#243;mo entretenerse durante mi ausencia, &#191;no? -Sali&#243; de la peque&#241;a sala, riendo para s&#237;.

Me gusta que me respetes -le dijo Rosamund a Owein.

S&#237;, respeto tu posici&#243;n como se&#241;ora de esta finca -respondi&#243; &#233;l, y comenz&#243; a acariciarle los senos j&#243;venes-. &#191;Qu&#233; fecha decidiste para nuestro matrimonio religioso, querida? Me temo que a cada hora que pasa me vuelvo m&#225;s ansioso por poseerte. Ya hace un d&#237;a entero que estamos en casa.

El 1 de agosto -murmur&#243; ella, disfrutando de sus manos e inclin&#225;ndose hacia adelante para besarle la oreja-. Tienes unas orejas tan hermosas, Owein. Son largas y delgadas, y los l&#243;bulos me resultan deliciosos -le dijo, mordisque&#225;ndoselos.

Comienzo a arrepentirme de mi nobleza al abstenerme de visitar tu lecho hasta que la Iglesia haya bendecido formalmente nuestra uni&#243;n con el sacramento del matrimonio. -La mano que hab&#237;a estado acariciando su pecho ahora se meti&#243; por debajo de la falda. Roz&#243; con los nudillos la carne satinada y suave de la entrepierna. Rode&#243; con su gran mano el monte de Venus de ella y apret&#243; apenas, sintiendo s&#250;bitamente la humedad que le cubri&#243; la mano. Saber que la estaba excitando comenz&#243; a excitarlo a &#233;l, que sinti&#243; c&#243;mo se le pon&#237;a duro el miembro. Sus labios se encontraron, las lenguas se desafiaron, juguetonas, y el beso que se dieron se hizo m&#225;s apasionado e intenso. &#201;l apoy&#243; un dedo en la abertura de ella y lo desliz&#243; entre sus labios inferiores. Enseguida encontr&#243; el inc&#243;lume pimpollo de amor de ella y comenz&#243; a acosarlo, la yema &#225;spera de su dedo buscaba y atosigaba el bot&#243;n de carne sensible hasta que lo sinti&#243; henchirse y oy&#243; que Rosamund gem&#237;a contra la boca de &#233;l con un placer claro y abierto. Ella se estremeci&#243;, suspir&#243; y &#233;l abandon&#243; el delicioso tormento, moviendo el dedo muy lentamente una y otra vez hasta que al fin introdujo el largo dedo en la vaina de amor de ella, con cuidado y delicadeza.

&#161;Ah! -volvi&#243; a suspirar ella y, moviendo el cuerpo, trat&#243; de que el dedo que la penetraba fuera m&#225;s hondo.

El dedo se mov&#237;a r&#225;pidamente hacia adentro y hacia afuera en el interior de ella hasta que Rosamund contuvo la respiraci&#243;n y &#233;l dijo, con suavidad:

Esto es apenas el principio, mi amor. Ahora tienes una peque&#241;a idea de lo que suceder&#225;. -La bes&#243; con ternura.

Quiero m&#225;s -dijo Rosamund, demandante-. &#161;M&#225;s!

En la noche de Lammas te dar&#233; m&#225;s -le dijo &#233;l, retirando la mano.

Creo que eres muy mezquino al atormentarme de esta manera -se quej&#243; ella.

&#201;l sonri&#243;, travieso.

Soy un malvado -brome&#243;, contento-. Pero puede llegar el momento en que me pagues con la misma moneda, mi dulce Rosamund. No puedo explic&#225;rtelo, pero ya ver&#225;s.

Al el banquete para el D&#237;a de Lammas se le sumar&#237;a otro para que la finca celebrara el matrimonio de su se&#241;ora con sir Owein Meredith. Se envolver&#237;an en sal gruesa dos mitades de res, que se asar&#237;an lentamente. Tambi&#233;n habr&#237;a dulces, p&#233;talos de rosa confitados y tartas de pera. Y, por supuesto, los productos habituales de los primeros granos cosechados y molidos.

El 28 de julio, los misteriosos jinetes aparecieron en la colina por primera vez desde el regreso de Rosamund. Apenas se enter&#243;, fue a los establos y mont&#243; su caballo para subir el cerro, donde no hab&#237;a m&#225;s que tres jinetes. Desde abajo la observaban Owein y Edmund.

Al llegar a la cima, detuvo su caballo y dijo:

Soy Rosamund Bolton, la se&#241;ora de Friarsgate. Y ustedes, se&#241;ores, son intrusos en mis tierras.

Usted est&#225; en sus tierras, se&#241;ora, pero no son suyas donde estamos nosotros -dijo el vocero del grupo. Era el hombre m&#225;s alto que Rosamund hubiera visto jam&#225;s, montado sobre su caballo, que apretaba con unas piernas gruesas como troncos de &#225;rbol. Para sorpresa de ella, estaba afeitado, lo que no era usual en los fronterizos-. Soy el Hepburn de Claven's Carn -anunci&#243; con una voz profunda que pareci&#243; tronar desde dentro de su amplio pecho.

&#191;Qu&#233; busca, milord? Hace ya semanas que se ha observado a sus parientes en las colinas. Si su prop&#243;sito es honesto, siempre ser&#225;n bienvenidos aqu&#237;.

No podr&#237;a venir a cortejar a nadie hasta su regreso, milady -respondi&#243; &#233;l. Llevaba muy corto el espeso cabello negro y ten&#237;a los ojos m&#225;s azules que ella hab&#237;a visto. M&#225;s azules, incluso, que los del pr&#237;ncipe Hal.

&#191;A qui&#233;n quieres cortejar?

Los dos escoceses que lo acompa&#241;aban rieron.

A ti, claro.

&#191;A m&#237;? -Rosamund estaba muy sorprendida.

Mi padre, que Dios lo tenga en su gloria, trat&#243; de casarnos cuando t&#250; eras jovencita, pero tu t&#237;o te cas&#243; con su esbirro para poder quedarse con tus tierras. Hace unos meses me enter&#233; de que tu esposo hab&#237;a muerto, pero te hab&#237;an llevado al sur. He apostado hombres en las colinas que rodean Friarsgate esperando tu regreso. Ahora he venido a cortejarte, se&#241;ora, y me casar&#233; contigo lo quiera tu t&#237;o o no. -Mientras hablaba la miraba directo a los ojos.

Rosamund sinti&#243; que se ruborizaba, pero le sostuvo la mirada.

Estoy comprometida -dijo, serenamente-, y por orden del rey, no de mi t&#237;o.

El esbirro ten&#237;a una cabeza sobre los hombros y no era el le&#243;n desdentado que crey&#243; mi t&#237;o.

Qu&#233; esp&#237;ritu tienes, muchacha -ri&#243;-. Me gusta. &#191;Y tu t&#237;o es el cobarde ingl&#233;s que est&#225; sentado sobre su caballo al pie colina con tu administrador?

Owein est&#225; sentado sobre su caballo al pie de la colina porque yo soy la se&#241;ora de Friarsgate, no &#233;l. Yo hablo por m&#237; y por mi gente Solo yo. -El escoc&#233;s era arrogante, pero ella no se dejar&#237;a amilanar por su tama&#241;o ni por sus modales.

&#191;Es uno de los galeses de Enrique Tudor, no? &#191;Y cu&#225;ndo es la boda muchacha?

En Lammas.

S&#237;, est&#225; bien pensado, porque tendr&#225;n un feriado, de todos modos. -Los ojos azules se entrecerraron-. Podr&#237;a robarte en este preciso momento, Rosamund Bolton. En la frontera robarse a la novia es una costumbre honorable. -Acerc&#243; la montura a la de ella, tan cerca que ella sinti&#243; su olor, pero no se movi&#243;.

&#191;Y me llevar&#237;as a la Corte del rey Jacobo para exhibirme, milord? -Sus oscuras pesta&#241;as le acariciaron las mejillas en un moh&#237;n seductor.

S&#237;, har&#237;a eso -respondi&#243; &#233;l, estirando la mano para tocarle una trenza.

Entonces, mi amiga, la reina de los escoceses, sentir&#237;a mucha curiosidad por saber por qu&#233; no estoy con el hombre a quien ella eligi&#243; en persona para ser mi esposo -dijo Rosamund con una sonrisa traviesa.

&#191;Conoces a la nueva reina de Jacobo? -pregunt&#243;, asombrado.

He sido su acompa&#241;ante durante los &#250;ltimos diez meses -le dijo Rosamund con el m&#225;s dulce de los tonos-. Mi prometido y yo viajamos hasta Newcastle en su s&#233;quito nupcial. S&#237;, conozco muy bien a Meg Tudor.

Que me trague la tierra

S&#237;, milord, lo tragar&#225; alg&#250;n d&#237;a -respondi&#243; Rosamund, sonriendo-. Ahora, dime, &#191;por qu&#233; diablos tu padre ofreci&#243; por m&#237;? T&#250; eres escoc&#233;s y su heredero. Yo soy inglesa, al igual que mis tierras.

Somos fronterizos, milady, no importa de qu&#233; lado. Te vi cuando eras una ni&#241;a. En una feria de ganado; fuiste con Edmund Bolton.

Tendr&#237;a seis a&#241;os -record&#243; Rosamund-. &#191;Fue en el lado escoc&#233;s de la frontera, en Drumfrie, no? S&#237;, cumpl&#237; seis a&#241;os ese verano. &#191;Y t&#250; cu&#225;ntos a&#241;os ten&#237;as, milord?

Diecis&#233;is, y mi nombre de pila es Logan.

&#191;Diecis&#233;is y no ten&#237;as esposa? -pregunt&#243; ella, curiosa.

Mi padre todav&#237;a viv&#237;a. Decid&#237; no casarme hasta no ser el Hepburn de Claven's Carn.

Y al no haberte casado, Logan Hepburn, has podido desparramar tus afectos con generosidad a ambos lados de la frontera, no me cabe duda -dijo ella, ir&#243;nica.

&#191;Celosa? -brome&#243; &#233;l-. No tienes motivo, muchacha, pues estuve guardando mi coraz&#243;n para ti.

Ella volvi&#243; a ruborizarse.

Milord, soy una mujer casada -se apresur&#243; a decir Rosamund.

El gales parece viejo, aunque lo bastante joven para llevarte a la cama -dijo, osado, Logan Hepburn-. Ser&#225; un matrimonio m&#225;s real que los dos que has tenido, Rosamund Bolton. Envidio a ese hombre. &#191;Y el avaro de tu t&#237;o lo aprueba?

Su aprobaci&#243;n no es necesaria.

&#191;Ha sido invitado a la boda?

&#161;Claro que s&#237;!

&#191;Y a m&#237; me invitar&#225;s? -Los ojos azules bailaron, divertidos.

&#161;No, no te invitar&#233;! -Rosamund apret&#243; la espuela y la yegua se agit&#243;, nerviosa.

Puede que vaya, de todas maneras.

&#161;No te atrever&#237;as!

Claro que s&#237;.

No tenemos nada m&#225;s que decirnos, Logan Hepburn. Te deseo muy buenos d&#237;as -se despidi&#243; Rosamund y comenz&#243; a bajar la colina sin mirar hacia atr&#225;s.

Podr&#237;as tomarla -sugiri&#243; Colin, su hermano, con suavidad.

&#191;Para que nuestro primo Patrick, el conde de Bothwell, venga a hacernos una visita? Si la muchacha es amiga de la reina, no tengo opci&#243;n -les dijo Logan Hepburn a sus dos acompa&#241;antes.

&#191;C&#243;mo hizo una peque&#241;a heredera del norte, sin la menor importancia, para hacer amistad con la hija del rey Enrique? -se pregunten voz alta Colin Hepburn.

No lo s&#233; -respondi&#243; Logan-, pero le creo. Es muy franca. No creo que mintiera sobre algo as&#237;, pero, cuando vuelva a ver a Patrick Hepburn, se lo preguntar&#233;, que no te quepa duda.

&#191;Y ahora con qui&#233;n te casar&#225;s, Logan? -pregunt&#243; el hermano menor, Ian-. Hay muchas que te aceptar&#237;an -agreg&#243;, riendo.

S&#237;, pero no las quiero. Esa es la muchacha a la que deseo por esposa, y alg&#250;n d&#237;a la tendr&#233;.

Claven's Carn necesita un heredero -se&#241;al&#243;, reflexivo, Colin.

Ian o t&#250; pueden tenerlos -respondi&#243; Logan.

No s&#233; si eres un tonto o algo peor un rom&#225;ntico -dijo Colin-. O tal vez ambas cosas, hermano.

Logan Hepburn ri&#243;.

&#191;De verdad vas a ir a su boda con el gales? -pregunt&#243; Ian.

S&#237;, asistir&#233; y llevar&#233; mis gaitas. Todos iremos. -Lanz&#243; una gran carcajada y sali&#243; al galope, seguido por sus dos hermanos.

Rosamund iba colina abajo cuando oy&#243; la carcajada. El sonido la irrit&#243; profundamente. Nunca hab&#237;a visto a nadie tan insolente, tan irritante como Logan Hepburn. Pero, al mismo tiempo, hab&#237;a quedado fascinada por lo que &#233;l le hab&#237;a dicho. Le preguntar&#237;a a su t&#237;o Edmund si era cierto. La halagaba pensar que alguien hab&#237;a ofertado por ella. Se pregunt&#243; si Hugh sab&#237;a de los Hepburn. Su querid&#237;simo Hugh. Ella sab&#237;a que &#233;l se alegrar&#237;a mucho por ella, y que aprobar&#237;a a Owein Meredith. Rosamund hab&#237;a llegado al pie de la colina y detuvo la yegua.

Est&#225;s sonrojada, mi amor -dijo Owein, curioso.

Acabo de conocer al hombre m&#225;s irritante y ofensivo del mundo. Edmund, &#191;conoces a los Hepburn de Claven's Carn?

Su finca est&#225; del otro lado de estas colinas. &#191;Cu&#225;l de ellos era, y por qu&#233; nos esp&#237;an desde hace semanas? &#191;Te lo dijo?

Era el due&#241;o mismo.

&#191;El viejo Dugald? Pens&#233; que estaba demasiado enfermo como para montar a caballo -coment&#243; Edmund.

Obviamente el viejo due&#241;o ha muerto. Era el hijo mayor, Logan Hepburn, y, por el aspecto, sus dos acompa&#241;antes eran sus hermanos. Volvamos a la casa, Edmund, que les contar&#233; todo, pero necesito una copa de vino. No s&#233; si alguna vez me he indignado tanto. -Llev&#243; la montura al establo, seguida por sus dos acompa&#241;antes, intrigados.

Ese hombre la ha cortejado -le dijo Owein en voz baja a Edmund.

&#161;No se atrever&#237;a! -dijo Edmund, r&#225;pidamente-. &#161;No tiene derecho!

Pero lo hizo -se&#241;al&#243; Owein con una sonrisa sabia-. No he vivido casi toda la vida en la Corte de los Tudor como para no reconocer la se&#241;al de cuando una mujer queda turbada al recibir un halago. Recuerda que Rosamund es en realidad muy inocente en cuanto a c&#243;mo juegan los hombres con las mujeres.

Y t&#250;, amigo m&#237;o, &#191;c&#243;mo te sientes ante la posibilidad de que otro hombre corteje a tu prometida? -pregunt&#243; Edmund, curioso.

La amo -dijo Owein, simplemente-, pero si otro hombre pudiera hacerla m&#225;s feliz que yo, dar&#237;a un paso al costado, aunque me rompiera el coraz&#243;n, Edmund Bolton. Pero nuestra boda est&#225; fijada para Lammas, y no tengo intenciones de renunciar a ella.

&#191;Pelear&#237;as por Rosamund?

S&#237;, si fuera necesario. No podr&#237;a vivir sin ella.

&#191;Por eso dejas en sus manos los asuntos relacionados con Friarsgate?

&#191;No le ense&#241;aron t&#250; y Hugh Cabot a ser independiente? -replic&#243; Owein-. Est&#225; hecha con el mismo molde que la Venerable Margarita. No se acostumbra que un hombre admire a una mujer as&#237;, lo s&#233;, pero yo la admiro. Haremos ni&#241;os valientes entre los dos, Edmund. Quiero ense&#241;ar a mis hijas mujeres tanto como a los varones a ser igual de fuertes que ella.

Mi sobrina no ha tenido fortuna con su familia, pero, por Dios, qu&#233; fortuna ha tenido con sus esposos.

Y contigo y creo que con tu hermano, el sacerdote -agreg&#243; -. Quiero conocer a todos tus hermanos.

Se apearon de los caballos, que los peones llevaron a los establos y entraron en la sala, donde Rosamund ya los esperaba con un cop&#243;n de peltre lleno de vino en la mano.

Owein le tom&#243; la otra mano y se la bes&#243; con suavidad. Entonces, la llev&#243; hasta una silla ubicada junto al hogar.

Cu&#233;ntanos, mi amor, qu&#233; te ha molestado tanto. -Owein se sent&#243; con Edmund Bolton frente a ella, mientras aceptaba el vino que le ofrec&#237;a la criada.

Rosamund mir&#243; directamente a su t&#237;o.

&#191;Los Hepburn de Claven's Carn ofrecieron por m&#237; el verano en que cumpl&#237; seis a&#241;os? &#191;Lo recuerdas, Edmund? Me llevaste a una feria de ganado en Drumfrie. Todav&#237;a llev&#225;bamos luto por la muerte de John, pero el t&#237;o Henry me permiti&#243; ir a pedido de mi t&#237;a.

S&#237;, ofrecieron. Recuerdo que regres&#233; contigo a casa y habl&#233; con Henry. Cuando se enter&#243; se puso como loco. Lo &#250;nico que le importaba era que pod&#237;a perder Friarsgate si te casabas con alguien que no estuviera emparentado con &#233;l. Enseguida se decidi&#243; por Hugh Cabot. Pero vivi&#243; el resto del verano con temor de que los Hepburn pudieran bajar de la colina y robarte. Me hab&#237;a olvidado, Rosamund.

As&#237; que el joven Hepburn ha venido a cortejarte, &#191;no? -dijo Owein, con suavidad, reparando en el sonrojo de Rosamund.

Le dej&#233; las cosas en claro -respondi&#243; ella, r&#225;pidamente-. Le dije que me casar&#237;a en Lammas y que estaba contenta de hacerlo. &#161;Ese demonio dijo que vendr&#237;a a bailar en mi boda! -exclam&#243; Rosamund, indignada.

Owein ri&#243;.

Entonces le daremos la bienvenida, mi amor. &#191;Esta noticia te ha hecho arrepentir?

&#161;No! &#161;Quiero ser tu esposa y de nadie m&#225;s, Owein! -Se baj&#243; de la silla, se arrodill&#243; a su lado y lo mir&#243; a la cara-. &#191;No me quieres? Tal vez t&#250; te est&#233;s arrepintiendo. Quiz&#225; pensar en casarte con una muchacha sencilla del campo y pasar la vida aqu&#237; en el norte, sin diversiones, ya no te parece interesante, ahora que hemos regresado. -Lo miraba ansiosa.

&#201;l tendi&#243; la mano y le acarici&#243; suavemente el rostro. La tom&#243; de la mano, la ayud&#243; a incorporarse y sentarse en sus rodillas.

No quiero otra esposa que no seas t&#250;, Rosamund Bolton -le asegur&#243;- y la vida en Friarsgate me parece el para&#237;so despu&#233;s de pasar tanto tiempo en las casas de otros hombres. Adem&#225;s -Owein le sonri&#243; con ternura-, creo que ahora tengo debilidad por una muchacha de cabello rojizo y ojos &#225;mbar que me derriten el coraz&#243;n cada vez que los miro. -La bes&#243; y Rosamund suspir&#243;, feliz, sinti&#233;ndose segura, a salvo, dentro de esos brazos fuertes, deseando que su t&#237;o no estuviera all&#237;, para que Owein pudiera tocarla como la otra vez. "S&#243;lo tres d&#237;as m&#225;s"-pens&#243;.


El d&#237;a de la boda amaneci&#243; inusualmente caluroso, aun para el verano. Hab&#237;a neblina en el horizonte. El cielo azul ten&#237;a un aire lechoso. Todav&#237;a vestida con la ropa de dormir, Rosamund entr&#243; en la sala al alba. Edmund le llev&#243; el cuarto de hogaza del a&#241;o anterior y, siguiendo las tradiciones de Lammas, ella lo rompi&#243; con cuidado en pedacitos, que luego deshizo, y llen&#243; con ellos un peque&#241;o recipiente de cer&#225;mica. Descalza, sali&#243; y camin&#243; desparramando las migajas para los p&#225;jaros. Despu&#233;s de cumplir con la antigua tradici&#243;n, Rosamund volvi&#243; a la casa para prepararse para la boda, que se celebrar&#237;a despu&#233;s de la misa. Su t&#237;o Richard, que hab&#237;a llegado el d&#237;a anterior, asistir&#237;a a su propio sacerdote.

Maybel hab&#237;a llevado a la habitaci&#243;n de Rosamund la tina de roble, que ya estaba llena de agua caliente.

Deprisa, mi ni&#241;a -le dijo a Rosamund, y le levant&#243; el cabello, que le hab&#237;a lavado la tarde anterior, para que no volviera a mojarse-. Ah, Ser&#225; la &#250;ltima vez que uses esta habitaci&#243;n. Te recuerdo de peque&#241;ita en este cuarto. -Llorique&#243; y se sec&#243; los ojos con la manga-. Creo que siempre te recordar&#233; as&#237;.

&#191;Por qu&#233;? &#191;No volver&#233; a usar mi habitaci&#243;n? -pregunt&#243; Rosamund mientras se quitaba la ropa de dormir y se met&#237;a en el agua. Pero entonces se dio cuenta de la respuesta-. Ah -dijo con una risita nerviosa-. Esta noche dormir&#233; en la habitaci&#243;n de los se&#241;ores de la casa con mi esposo. &#191;Est&#225; preparada? -Tom&#243; la franela y el jab&#243;n y Comenz&#243; a lavarse.

Por supuesto -dijo Maybel, casi ofendida.

Creo que hoy me pondr&#233; mi traje verde Tudor -respondi&#243; Rosamund, simulando no haberse dado cuenta.

&#161;Por supuesto que no! -la reprendi&#243; Maybel, indignada-. Eres una novia, mi ni&#241;a. Una novia de verdad. El traje que us&#243; tu madre est&#225; guardado desde hace a&#241;os en el &#225;tico para ti. Hace d&#237;as que lo estoy amoldando a tu cuerpo. Tillie me ense&#241;&#243; c&#243;mo tomar una prenda anticuada y renovarla. Me dijo que el rey, que Dios lo bendiga, es muy taca&#241;o. Se niega a gastar dinero en trajes nuevos si los viejos no est&#225;n gastados. Y no te voy a decir que no estoy de acuerdo con &#233;l. Tillie tuvo que aprender a arregl&#225;rselas porque su ama insist&#237;a en estar siempre vestida a la moda.

S&#237;, es cierto -record&#243; Rosamund-. C&#243;mo odiaba Meg usar luto. &#161;Ay, Maybel, gracias! Tener un traje adecuado para mi boda con Owein es m&#225;s de lo que yo pod&#237;a esperar. &#191;Qu&#233; har&#237;a yo sin ti? -Los ojos ambarinos se llenaron de l&#225;grimas, que resbalaron por las mejillas de la muchacha.

&#161;S&#233;cate la cara, mi ni&#241;a! -respondi&#243; Maybel con voz ronca, ya que ella tambi&#233;n estaba a punto de llorar. Rosamund hab&#237;a estado a su cuidado desde su nacimiento, porque su madre nunca hab&#237;a sido muy fuerte. La hija de Maybel con Edmund hab&#237;a muerto antes de cumplir un a&#241;o. Y ella hab&#237;a alimentado a Rosamund con sus propios pechos llenos de leche, casi sin tiempo de llorar a su Jane. Rosamund se hab&#237;a convertido en su hija en todo sentido: solo le faltaba haberla parido- &#161;Y l&#225;vate bien el cuello! -le dijo, medio como un rezongo, con una sonrisa en los labios.

Rosamund, feliz, ri&#243;, se restreg&#243; con fuerza el cuello con la franela enjabonada y se enjuag&#243;. Se puso de pie, sali&#243; de la tina y se sec&#243; con la toalla que Maybel hab&#237;a calentado al fuego. Estaba ansiosa por ver su traje de novia.

Maybel primero le dio a la muchacha una camisa de delicado lino con un cuello de encaje, que no era alto como la camisa de diario, sino bajo, ara amoldarse al escote cuadrado del corpi&#241;o de seda blanca que Maybel hab&#237;a bordado con hilo de plata, con un dise&#241;o de flores y rosas peque&#241;as. El encaje de la camisa aparecer&#237;a por debajo del corpi&#241;o. Las medias de seda se sujetaban por encima de la rodilla con ligas de rosetones blancos. Los zapatos de punta redonda eran de cabritilla blanca. Algunas partes del vestido no hab&#237;an cambiado. Las mangas eran ajustadas, como las del original, y la falda larga conservaba un plisado gr&#225;cil.

Ah -se quej&#243; Rosamund-, c&#243;mo me gustar&#237;a que tuvi&#233;ramos un espejo de cuerpo entero como el de Meg para ver c&#243;mo estoy. -Gir&#243; a un lado y otro, apreciando la falda-. &#191;Esto era de mi madre? &#191;Se lo puso el d&#237;a de su boda?

S&#237;. La falda era m&#225;s larga porque iba recogida para mostrar una hermosa enagua de brocado. El escote no era tan pronunciado y no ten&#237;a el corpi&#241;o bordado. Pero era el traje m&#225;s bonito de esta comarca. Dicen que el padre de tu madre lo mand&#243; comprar en Londres cuando dio a su &#250;nica hija en matrimonio a Guy Bolton, el heredero de Friarsgate. Recuerdo bien a tu madre, porque &#233;ramos de la misma edad. Estaba hermosa. La har&#237;a tan feliz saber que llevas su traje el d&#237;a de tu boda.

Me vest&#237; de verde para Hugh y creo que me trajo buena suerte -dijo Rosamund, pensativa-. Recuerdo bien aquel d&#237;a de octubre.

Maybel asinti&#243;.

Henry Bolton pens&#243; amarrarte para siempre a su rama de la familia con esa boda. Tuviste suerte con Hugh Cabot, ni&#241;a, no hace falta que yo lo diga.

Y tambi&#233;n la tendr&#233; con Owein. Meg cree que me ama. &#191;A ti te Parece que me amar&#225; o ella me lo habr&#225; dicho para que yo no tuviera miedo o no me enojara?

Por Dios, mi ni&#241;a, &#191;no te das cuenta? Es claro como el agua. S&#237; que te ama. Y a partir de hoy ser&#225; mejor que t&#250; aprendas a amarlo a &#233;l. Es mejor cuando hay amor.

&#191;T&#250; amas a Edmund? -pregunt&#243; Rosamund, atrevida-&#233;l dijo alguna vez que te amaba?

Mi padre era el molinero de Friarsgate cuando yo era una muchacha. Como t&#250;, era hija &#250;nica, y &#233;l quer&#237;a un buen matrimonio para m&#237;. Se fij&#243; en Edmund Bolton, nombrado administrador aqu&#237; por su propio padre, porque no pod&#237;a heredar Friarsgate, como ya sabes. Pero tu abuelo quer&#237;a a todos sus hijos y trat&#243; de darles un buen futuro a todos Yo era bonita entonces, como son bonitas todas las muchachas j&#243;venes. Todo el mundo sab&#237;a que era muy trabajadora. Mi padre me dio una dote generosa, cinco monedas de plata, un ba&#250;l de lino, cuatro trajes, cuatro camisas, gorras, una capa de lana y un par de zapatos resistentes de cuero. Fue ante el se&#241;or de Friarsgate y le pidi&#243; permiso para casarme con Edmund, porque yo era una muchacha decente con una buena dote. El se&#241;or sab&#237;a que cuando muriera mi padre, yo heredar&#237;a lo que era de &#233;l. Mi madre ya hab&#237;a partido. Tu abuelo nos dio nuestra caba&#241;a de regalo. &#191;Si lo amaba? No entonces. Pero tu t&#237;o es un hombre que se le mete a uno en el alma. Un d&#237;a, de la nada, y no s&#233; por qu&#233;, porque nunca me anim&#233; a pregunt&#225;rselo, Edmund me dijo: "Te amo, Maybel. &#191;T&#250; me amas?". "Te amo", le respond&#237;, y eso fue todo. No hemos vuelto a hablar de eso, y no es necesario. &#201;l lo dijo, yo lo dije, y all&#237; termina la historia. Ahora, qu&#233;date quieta, mi ni&#241;a, que te cepillar&#233; el cabello. Margery te hizo una preciosa corona de flores. -Tom&#243; el cepillo de cerda de jabal&#237; y lo pas&#243; por el largo cabello de Rosamund hasta que brill&#243; con reflejos dorados. La joven lo llevar&#237;a suelto sobre los hombros, porque era virgen.

&#191;Todav&#237;a no lleg&#243; el t&#237;o Henry? -pregunt&#243; la muchacha, nerviosa.

Todav&#237;a no, y me alegro -dijo Maybel, con aspereza-. Me pregunto si soportar&#237;a ver que todas sus estratagemas no lo han llevado a ninguna parte, pero ya aparecer&#225;, mi ni&#241;a. -Dej&#243; el cepillo, tom&#243; la corona de flores y se la coloc&#243; a Rosamund en la cabeza-. &#161;Ahora s&#237;! Ya est&#225;s lista, y te aseguro que no he visto novia m&#225;s linda que t&#250;.

Rosamund abraz&#243; con fuerza a Maybel.

Te quiero y nunca podr&#233; agradecerte lo suficiente, porque has sido una madre para m&#237;, querid&#237;sima Maybel. -Dio un paso atr&#225;s-. Qu&#233; linda est&#225;s -le dijo a Maybel, que sonre&#237;a de oreja a oreja-. &#191;Ese es el traje que te ayud&#243; a hacer Tillie?

S&#237; -dijo Maybel-, y puede que sea demasiado para Friarsgate, pero quer&#237;a estar especial para ti en este d&#237;a. -El traje de Maybel era azul oscuro; la camisa de lino de cuello redondo con volados aparec&#237;a por debajo del escote cuadrado del traje. Las mangas largas y ajustadas terminaban en pu&#241;os celestes. Llevaba una capucha corta de terciopelo azul con un velo blanco como la nieve sobre la cofia blanca.

Afuera, la campana de la peque&#241;a iglesia comenz&#243; a repicar, llamando a misa. Juntas, las dos mujeres bajaron la escalera de la casa; al final las esperaban Edmund y sir Owein Meredith. Ambos hombres llevaban calzas bajo los jubones y sobre-t&#250;nicas. La de Edmund era azul oscuro, haciendo juego con el traje de su esposa, pero el novio ten&#237;a una calza de seda en negro, blanco y oro. Su sobre-t&#250;nica era de un color borgo&#241;a intenso adornada con piel oscura, y los zapatos de punta redonda eran de cuero negro. El color del sombrero armonizaba con el resto del traje.

A Owein se le ilumin&#243; la cara al ver a Rosamund con su vestido de novia y ella lo mir&#243; sorprendida. Nunca lo hab&#237;a visto tan elegante, ni siquiera en la Corte. La ropa de ambos hab&#237;a sido m&#225;s pr&#225;ctica.

Qu&#233; apuesto est&#225;s -dijo ella, casi sin aliento.

&#201;l la tom&#243; de la mano para ayudarla a bajar los &#250;ltimos escalones.

Y t&#250; eres la novia m&#225;s hermosa que ningunos ojos hayan visto jam&#225;s, mi amor. Si quedara ciego en este momento, tu imagen me quedar&#237;a grabada en la memoria para siempre. -Galante, le dio un beso en la mano. Despu&#233;s, la tom&#243; del brazo y sali&#243; con ella por la puerta de la casa.

De pronto, y para gran sorpresa de ella, aparecieron tres fronterizos, vestidos con sus kilts, tocando la gaita y dispuestos a preceder al s&#233;quito nupcial hasta la iglesia.

&#191;Qu&#233; es esto? -le susurr&#243; a Owein.

El Hepburn de Claven's Carn y sus hermanos tienen la gentileza de tocar para nosotros -dijo Owein, con calma-. Espero que les agradezcas, m&#225;s tarde, durante la fiesta, mi amor.

&#161;Es intolerable! -sise&#243; ella.

Owein ri&#243;.

Todo es, en parte, para hacer las paces con nosotros y, en parte para bromear contigo, Rosamund.

&#161;Le dije que no viniera! -Ella estaba colorada de furia.

Pero sab&#237;as que vendr&#237;a, dadas las circunstancias. S&#233; generosa mi amor. Logan Hepburn no puede resistirse a un desaf&#237;o, y t&#250; lo provocaste al mostrarte tan firme en tu determinaci&#243;n. Dudo que haya conocido a otra mujer que no cayera desmayada en sus brazos. Despu&#233;s de todo, es un hombre muy bien parecido. Ser&#237;a un gran &#233;xito en la Corte con esos ondulados cabellos negros, los ojos azules, la mand&#237;bula pronunciada y su altura -dijo Owein, riendo.

Es muy obvio que nunca lo trataron con disciplina ni le ense&#241;aron las virtudes de la moderaci&#243;n -rezong&#243; Rosamund.

Muy pronto ser&#225;s mi esposa, mi amor, y nada podr&#225; separarnos, excepto la muerte. Mi vida, mi espada y mi coraz&#243;n son tuyos, Rosamund. &#191;Qu&#233; podr&#237;a ofrecer Logan Hepburn para tentarte a dejarme? No temas, mi amor. Te proteger&#233;, pero quiero que est&#233;s segura, antes de que entremos en la iglesia, de que esto es lo que quieres de verdad. &#191;Es as&#237;?

S&#237; -le respondi&#243; Rosamund sin vacilar-. Solo te quiero a ti por esposo, Owein Meredith. No s&#233; por qu&#233; Logan Hepburn me enoja tanto.

Es su arrogancia juvenil. Es muy parecido al pr&#237;ncipe Enrique -coment&#243; Owein-. Es su aire de grandeza lo que te irrita tanto, como te suced&#237;a con el pr&#237;ncipe.

Su m&#250;sica es alegre -admiti&#243; Rosamund, de mala gana, mientras recorr&#237;an el sendero que llevaba a la iglesia.

D&#237;selo despu&#233;s, durante la fiesta. El Hepburn ha venido a desafiarte, pero, si no muerdes el anzuelo y le agradeces, de una manera cordial, como si fuera un amigo muy querido que ha tenido un gesto amable contigo, te aseguro, Rosamund, que ser&#225;s t&#250; quien gane la partida con el amo de Claven's Carn.

Ella ri&#243;.

Por lo que veo, hay muchas cosas que puedo aprender de ti, milord. Tus a&#241;os en la Corte de los Tudor no fueron desperdiciados.

&#201;l le sonri&#243;.

Nosotros, los galeses, podemos ser tan astutos como ese tr&#237;o de escoceses.

A ambos lados del camino estaba la gente de Friarsgate, que, luego de observar a los novios, ahora segu&#237;a el cortejo nupcial hacia la iglesia. El peque&#241;o edificio estaba bellamente decorado con gavillas de trigo y flores estivales. Hab&#237;a velas de verdadera cera de abeja en pulidos candelabros de bronce sobre el altar de piedra. A diferencia de las iglesias grandes de las ciudades, que, con frecuencia, dispon&#237;an de pantallas talladas entre la congregaci&#243;n y el sacerdote, la iglesia de Friarsgate no ten&#237;a ninguna barrera entre la gente y el representante de Dios. Incluso hab&#237;a algunos bancos de roble dentro de la iglesia rural. Los novios ocuparon su lugar en el primero de los bancos, mientras que los dem&#225;s se ubicaron en los de atr&#225;s o permanecieron de pie.

Los dos sacerdotes salieron de la sacrist&#237;a. El padre Mata estaba vestido con una sobrepelliz de lino blanco bordada con gavillas de trigo doradas. Era un traje especial que, en general, usaba s&#243;lo en Pascua. Sol&#237;a celebrar misa con la sencilla sotana de su orden, como la que ese d&#237;a ten&#237;a Richard Bolton. Las velas del altar se agitaban a la luz de la ma&#241;ana que entraba por las ventanas de arco g&#243;tico simple, con sus paneles de plomo vidriados.

"Alg&#250;n d&#237;a -pens&#243; Rosamund- habr&#225; ventanas de vitrales en esta iglesia, como en la capilla real y en las iglesias que vi en el sur". Se sent&#243; a escuchar con atenci&#243;n las palabras de la misa. Cuando termin&#243;, el padre Mata los llam&#243; a ella y a Owein a ponerse de pie ante &#233;l. Con voz serena pronunci&#243; las palabras del sacramento del matrimonio. Cuando les pregunt&#243; su intenci&#243;n, tanto la novia como el novio respondieron con voz clara, que se oy&#243; en toda la iglesia. No hubo timidez ni vacilaci&#243;n de parte de ninguno de los dos. Por fin, el joven sacerdote bendijo a la pareja, sonri&#233;ndole con calidez. Owein Meredith bes&#243; la mejilla sonrojada de la novia y los arrendatarios de Friarsgate estallaron en vivas.

Los gaiteros Hepburn los llevaron de la iglesia por el sendero que volv&#237;a a la casa. Se hab&#237;an dispuesto mesas frente al edificio, con bancos a ambos lados para la mesa de los novios, tra&#237;da de la sala junto con sus sillas de roble tallado y respaldo alto. Se abrieron los barriles de cerveza y sidra. Los criados comenzaron a venir desde la casa con bandejas y cuencos con comida. En un asador cercano se asaban las dos mitades de res cubiertas con sal, mientras cuatro j&#243;venes criados las daban vuelta lentamente. Se sirvieron todos los productos de trigo tradicionales relativos al festival de Lammas, como el a&#241;o anterior, pero, como esta era, adem&#225;s, una fiesta de boda, hab&#237;a carne de res, gordos pollos rellenos con pan y manzanas que hab&#237;an sido mezclados con salvia, un guisado espeso de conejo con trozos de zanahoria y puerro que flotaban en la salsa de vino, pasteles de aves de caza y cordero asado. Cuando presentaron una bandeja con salm&#243;n en rodajas delgadas sobre un colch&#243;n de hojas frescas de berro, Rosamund pregunt&#243;:

&#191;De d&#243;nde proviene este fino pescado, Edmund?

Lo trajeron los Hepburn, se&#241;ora -respondi&#243; Edmund.

Rosamund se volvi&#243; hacia Logan Hepburn, quien, por su rango, estaba sentado a la mesa de los novios, y dijo, dulcemente:

Qu&#233; afortunados somos de tenerte por vecino, mi se&#241;or. Tu regalo de m&#250;sica para alegrar nuestra fiesta fue m&#225;s que generoso, &#161;pero traer salm&#243;n, adem&#225;s! Te doy mi m&#225;s caluroso agradecimiento. -Y le dirigi&#243; una espl&#233;ndida sonrisa.

&#201;l, desde la silla, hizo una profunda inclinaci&#243;n, con una sonrisa de asombro en los labios.

Estoy encantado de darte placer, se&#241;ora -le dijo, con un brillo en los ojos azules.

Fue salm&#243;n lo que me diste, se&#241;or, s&#243;lo salm&#243;n. Y no preguntar&#233; de d&#243;nde lo tomaste -brome&#243; Rosamund, picara-. La evidencia ser&#225; devorada con tal rapidez que quedar&#225;s a salvo.

Todos en la mesa rieron, incluido Logan Hepburn, que tuvo la inteligencia de aceptar que lo hab&#237;an vencido. En un campo cercano pusieron blancos de tiro y, con los arcos largos en la mano, los hombres se turnaron para disparar. Pronto se convirti&#243; en una competencia abierta entre Owein Meredith y Logan Hepburn. Dispararon una flecha tras otra, y los dos se superaron a s&#237; mismos con cada tiro. Cuando la flecha de Logan Hepburn parti&#243; en dos la flecha anterior de Owein, los observadores emitieron una exclamaci&#243;n de asombro.

El escoc&#233;s ri&#243; y dijo:

No puedes mejorar eso, Owein Meredith.

Tal vez s&#237; -respondi&#243; el otro con suavidad, prepar&#243; el arco y lanz&#243; la flecha hacia el blanco.

Otro grito de asombro se levant&#243; de la concurrencia, seguido por un gran viva: la flecha de Owein hab&#237;a partido la del escoc&#233;s. Logan Hepburn qued&#243; boquiabierto de asombro, mientras que su rival, con las manos en las caderas, le sonre&#237;a.

&#161;Que me trague la tierra!

No me canso de decirte que eso te suceder&#225; alg&#250;n d&#237;a, milord -intervino Rosamund, acerc&#225;ndose a Owein. Se puso en puntillas y le dio un beso en la mejilla-. &#161;Bien hecho, esposo m&#237;o! -lo felicit&#243;-. Ahora ven a sentarte a mi lado. La cocinera ha preparado una delicada tarta de peras para celebrar el d&#237;a. Y t&#250; tambi&#233;n ven, Logan Hepburn. Creo que en este momento te ir&#225; bien algo dulce. &#191;Y un poquito de vino, tal vez?

Con mucho gusto. Milord, tienes que ense&#241;arme a disparar as&#237;. Yo cre&#237;a que era el mejor arquero del mundo, pero admito que me has vencido con facilidad.

No hay ning&#250;n truco, milord, y con gusto compartir&#233; mis habilidades contigo. Pero no hoy. En breve necesitar&#233; toda mi fuerza y mi habilidad para otro deporte. -Le pas&#243; el brazo por los hombros a Rosamund y fue con ella hacia la mesa principal.

Se burla de ti -dijo, en voz baja, Ian Hepburn.

S&#237;, lo s&#233; -respondi&#243; Logan-, pero yo me lo merezco. No es ning&#250;n tonto y sabe que pretendo a su esposa. Puede que no sea m&#237;o el primer bocado, Ian, pero alg&#250;n d&#237;a tendr&#233; el &#250;ltimo. Ella ser&#225; m&#237;a, lo juro.

Eres un tonto -dijo Colin Hepburn, mof&#225;ndose de su hermano-. Busca otra muchacha y c&#225;sate. Es tu deber, como nuestro se&#241;or.

Busca t&#250; una muchacha, Colin. Si muero sin herederos, heredar&#225;n tus hijos. No me importa. La muchacha que acaba de casarse es la &#250;nica esposa que quiero.

Tendr&#237;as que haberla tomado el otro d&#237;a, cuando tuviste oportunidad -le reproch&#243; Ian.

Tal vez s&#237;, pero ahora es demasiado tarde. Aunque no es el final, hermanos. Tendr&#233; otra oportunidad y, cuando llegue, la aprovechar&#233; sin vacilar.

La gente de Friarsgate comi&#243; hasta hartarse. Los hombres disputaron sus juegos recios, pateando la vejiga de oveja en el campo, lejos de la casa. Despu&#233;s de recuperar el honor batiendo a los ingleses en ese terreno, los tres Hepburn tomaron sus gaitas y se pusieron a tocar. Se les unieron varios de los hombres con la flauta de doble ca&#241;a, un viol&#237;n, campanillas, un pandero y un tambor. Todos se pusieron a bailar, de la mano, en c&#237;rculo. Luego, danzaron en una larga fila, pasando entre las mesas, guiados por los novios. El d&#237;a llegaba a su fin. A una se&#241;al de Rosamund, se le entreg&#243; una hogaza de pan con una vela encendida a cada invitado. Guiado por Edmund Bolton, el s&#233;quito nupcial y sus invitados dieron tres vueltas a la casa. Entonces, se apagaron las velas y se comieron las hogazas hasta dejar una cuarta parte del pan, que se guardar&#237;a para la celebraci&#243;n del a&#241;o siguiente.

El sol comenz&#243; a ponerse por el oeste y los invitados partieron de regreso a sus casas. El Hepburn de Claven's Carn y sus hermanos agradecieron a sus anfitriones y se despidieron. Logan Hepburn hizo una reverencia ante Rosamund tomando su mano.

Alg&#250;n d&#237;a volveremos a vernos, milady de Friarsgate.

Esperar&#233; ese momento, milord -respondi&#243; ella, sin desviar la mirada de los ojos azules de &#233;l. Entonces, apart&#243; su mano de la de &#233;l y les dese&#243; que regresaran sanos y salvos a su casa.

&#191;No se quedar&#225;n a pasar la noche? -pregunt&#243; Owein, hospitalario.

No, se&#241;or, pero gracias por su ofrecimiento. Hay una hermosa luna fronteriza que nos guiar&#225; a casa.

Owein y Rosamund observaron c&#243;mo los tres escoceses se alejaban. La novia tuvo que admitir, aunque m&#225;s no fuera para sus adentros, que la aliviaba ver alejarse al Hepburn de Claven's Carn. La fascinaba de una manera algo perversa, pero no le dir&#237;a nada a nadie de sus pensamientos secretos. Ni siquiera a Owein. Ten&#237;a por esposo a un buen hombre y estaba decidida a amarlo.

Permanecieron un momento en silencio, mirando el crep&#250;sculo sobre las monta&#241;as hacia el poniente. Despu&#233;s, de la mano, volvieron a la sala de la casa. Se encendieron velas, como de costumbre; el fuego ardi&#243; con alegr&#237;a y contrarrest&#243; el fresco de la tarde que, despu&#233;s del d&#237;a desusadamente c&#225;lido, se hab&#237;a puesto muy fr&#237;a. Los esposos se sentaron juntos ante el hogar sobre un peque&#241;o banco con almohad&#243;n. A los pies de Owein hab&#237;a un la&#250;d; &#233;l lo tom&#243; y comenz&#243; a cantarle a su novia con su clara voz de tenor. Ella qued&#243; sorprendida y encantada, pues nunca lo hab&#237;a o&#237;do cantar ni tocar, y no sab&#237;a que lo hac&#237;a tan bien.


Mira esta rosa, oh Rosa, y, mirando, r&#237;e para m&#237; que en el sonido de tu risa cantar&#225; el ruise&#241;or.

Toma esta rosa, oh, Rosa, que es la flor del amor, y por esa rosa, oh, Rosa, cautivo est&#225; tu amante.


La m&#250;sica termin&#243; y ella qued&#243; sin aliento. &#201;l le tom&#243; la peque&#241;a mano, dej&#243; el la&#250;d y le dio un tierno beso. Sus ojos se encontraron y Rosamund sinti&#243; un estremecimiento en el coraz&#243;n.

Nunca antes me hab&#237;an dado una serenata -dijo, con delicadeza-. &#191;T&#250; escribiste esa canci&#243;n?

No -admiti&#243; &#233;l, d&#225;ndose cuenta de que podr&#237;a haberle mentido que ella nunca se hubiera enterado-. Se dice que el poema lo escribi&#243; Abelardo, un fil&#243;sofo franc&#233;s y a veces poeta. Pero la melod&#237;a es m&#237;a Como casi todos los galeses, tengo habilidad para la m&#250;sica. Me alegro de haberte complacido, mi amor.

Mi t&#237;o Henry no vino. Pens&#233; que aparecer&#237;a -dijo Rosamund luego de un peque&#241;o silencio.

Sabe que ya no puede hacer nada -respondi&#243; Owein-. Ha tenido un a&#241;o para acostumbrarse a la idea de que Friarsgate pertenecer&#225; a tus hijos y no a sus nietos.

Pero pens&#233; que vendr&#237;a, aunque m&#225;s no fuera para quejarse de nosotros por robarle la finca -dijo ella, con una sonrisa.

Owein ri&#243;.

Ya vendr&#225;, y antes del invierno, ya ver&#225;s. &#191;Est&#225;s cansada, Rosamund? Ha sido un d&#237;a muy largo para ti, y ninguno de los dos se ha recuperado del viaje con la reina de los escoceses.

Llamar&#233; a Maybel para que me ayude -le respondi&#243; Rosamund, y se puso de pie. Era un alivio que los invitados se hubieran ido y hubieran renunciado a la tradici&#243;n de acostar a los novios. "Soy valiente pero, si hubieran hecho mucha alharaca, me habr&#237;a dado mucha verg&#252;enza. No s&#233; si no estoy bastante asustada as&#237; como est&#225;n las cosas", reflexion&#243;. Se dirigi&#243; a su esposo-: Enviar&#233; a Maybel a buscarte cuando est&#233; lista.

&#201;l se incorpor&#243;, le dio un beso en la mano y le dijo:

Esperar&#233; aqu&#237;. -La vio salir deprisa de la sala y se reclin&#243; en el asiento, frente al fuego. Ella estaba nerviosa. Por supuesto. Era una virgen bien educada y &#233;l, un hombre de experiencia, pero que nunca hab&#237;a hecho el amor con una virgen. Luch&#243; por recordar qu&#233; sab&#237;a sobre las v&#237;rgenes. Hab&#237;a que tratarlas con delicadeza y no apresurarlas. Eso lo sab&#237;a. Pero ser&#237;a firme con ella, porque deb&#237;a consumar el matrimonio para que fuera completamente legal. Oy&#243; una tos discreta y levant&#243; la mirada.

El Hepburn trajo una barrilito de whisky, milord -dijo Edmund Bolton-. Se me ocurri&#243; que no le vendr&#237;a mal un sorbito, &#191;eh?

Owein Meredith asinti&#243; y acept&#243; una copa. Trag&#243; un largo sorbo, saboreando el gusto ahumado y el calor que le fue de la garganta al est&#243;mago.

La amo -dijo, casi con desesperaci&#243;n.

Lo s&#233; -le respondi&#243; Edmund.

Ella no entiende el amor.

No, no el amor entre hombre y mujer. Pero lo entender&#225; y creo que antes de lo que pensamos, milord.

Ll&#225;mame Owein cuando estemos juntos -le dijo el nuevo amo de Friarsgate a Edmund Bolton-. Bebe conmigo, hombre.

Te lo agradezco. El whisky de Claven's Carn tiene fama de ser excelente.

Y si&#233;ntate. -Edmund Bolton se sirvi&#243; whisky y se sent&#243; junto a Owein. Bebi&#243; un trago, con placer.

Es excelente -dijo, con una sonrisa que le ilumin&#243; el rostro.

Ser&#233; bueno con ella.

S&#233; que as&#237; ser&#225;.

No s&#233; c&#243;mo se comporta un esposo, Edmund. Mi padre nunca volvi&#243; a casarse y todos los hombres que conoc&#237; en la casa de los Tudor eran soldados. Un hombre no ama a una esposa como a una prostituta. El rey amaba a su reina, pero nunca supe c&#243;mo se comportaban cuando estaban a solas, algo poco usual, adem&#225;s. T&#250; eres esposo. &#191;Qu&#233; hago? -Su expresi&#243;n era desolada y la voz sonaba al borde del p&#225;nico.

Edmund ri&#243;.

En t&#233;rminos generales, los esposos hacen lo que se les ordena, Owein, muchacho. Al menos, esa ha sido mi experiencia. Rosamund fue criada por Hugh y por m&#237; para ser independiente. Los dos odi&#225;bamos el deseo avaro de Henry por quedarse con su finca. Quer&#237;amos que nuestra muchacha fuera libre. &#191;Qu&#233; hace un esposo? Bien, debe ser fuerte cuando su esposa no lo es, o cuando ella necesita que &#233;l lo sea. Debe ser amante, amigo y compa&#241;ero. Ella querr&#225; malcriar a los ni&#241;os. T&#250; sabr&#225;s cu&#225;ndo no debe hacerlo y te asegurar&#225;s de que prevalezca tu voluntad en esas cuestiones. Debes ser la fuerza y la gu&#237;a moral de tu familia, Owein Meredith. Ser&#225;s fiel a ella y a Friarsgate. Es lo mejor que puedo decirte. Pero, para esta noche, s&#233; delicado, s&#233; paciente y ens&#233;&#241;ale los placeres del lecho matrimonial. Dile lo que haya en tu coraz&#243;n para que ella se sienta libre de contarte lo que hay en el suyo. Las mujeres como Rosamund jam&#225;s admiten el amor a menos que se las ame. Yo nunca pude entender eso, pero es as&#237;.

Gracias, Edmund. Tratar&#233; de seguir tu consejo.

Aprender&#225;s transitando el camino, Owein, muchacho, pero, como te dije, por ahora ded&#237;cate a amar a esta muchacha. El resto vendr&#225; solo.

&#191;Vas a retener a este hombre parloteando toda la noche en la sala mientras lo espera su novia? -pregunt&#243; Maybel, interrumpiendo la conversaci&#243;n-. Ve, Owein Meredith. Tu esposa te espera en su cama. &#161;No demores!

El se&#241;or de Friarsgate se levant&#243; de un salto y atraves&#243; deprisa la sala, con una sonrisa en los labios.

Eres una vieja malvada -dijo Edmund, bromeando con su esposa-.Yo lo ten&#237;a tranquilo, bien en calma, y t&#250; llegas gritando &#243;rdenes. -La llev&#243; hacia sus rodillas y la bes&#243;.

Estuviste bebiendo -lo reprendi&#243; Maybel.

&#191;Quieres un traguito?

S&#237;, pero antes b&#233;same otra vez. Puede que no seamos novios, pero nunca has sido remiso en el amor, Edmund Bolton.

&#201;l le sonri&#243;.

Y despu&#233;s de tantos meses lejos de ti, Maybel, esta noche estoy dispuesto a demostrarte otra vez que mi coraz&#243;n es tuyo, como te lo he demostrado todas las noches desde que llegaste a casa. -Y la bes&#243;.



CAP&#205;TULO 10

Owein abri&#243; lentamente la puerta del dormitorio, entr&#243; en la habitaci&#243;n y se sobresalt&#243; cuando la puerta se cerr&#243; a sus espaldas con un ruido fuerte. Las cortinas estaban corridas sobre las ventanas de plomo. En un extremo de la habitaci&#243;n hab&#237;a un gran hogar, donde ard&#237;a un hermoso fuego que calentaba el ambiente. La habitaci&#243;n estaba bien equipada con fuertes muebles de roble; y la gran cama con baldaquino le llam&#243; de inmediato la atenci&#243;n. Las cortinas de la cama estaban cerradas casi por completo.

&#191;Owein? -La voz son&#243; peque&#241;a y joven.

S&#237;, soy yo, Rosamund -le respondi&#243;, acerc&#225;ndose a la cama por donde las cortinas se abr&#237;an apenas y revelaban a su novia sentada muy derecha contra las almohadas y apretando la manta contra el pecho. Ten&#237;a los cabellos sueltos sobre los hombros desnudos.

Ven a la cama -lo invit&#243; ella, ya con un poco m&#225;s de voz.

&#191;Est&#225;s tan impaciente? -brome&#243; &#233;l, comenzando a desvestirse.

&#191;T&#250; no? -replic&#243; ella, traviesa.

&#201;l ri&#243;.

Para ser virgen, eres una muchacha muy atrevida. -Se quit&#243; la ropa lo m&#225;s r&#225;pido que pudo sin parecer ansioso, aunque la verdad era que s&#237; estaba impaciente por reunirse con ella en la cama. Se desvisti&#243; de espaldas a Rosamund.

Ah, qu&#233; lindo trasero tienes -dijo ella, picara, cuando &#233;l se quit&#243; la ropa interior-, pero qu&#233; piernas tan peludas. &#191;El resto de tu cuerpo es as&#237; de lanudo? Eres como una de mis buenas ovejas.

&#201;l se dio vuelta.

Ser&#233; un carnero para tu dulce ovejita. -Ya estaba completamente desnudo.

&#161;Ay, Dios! -no pudo contenerse Rosamund al ver a su primer hombre desnudo. Sus ojos &#225;mbar lo examinaron de arriba abajo: la espalda ancha, el pecho amplio con su abundante vello dorado, las piernas largas, el-. &#161;Ay, Dios! -repiti&#243; cuando sus ojos se encontraron con la primera masculinidad que contemplaba en su vida-. Ese es tu -dej&#243; la frase sin terminar y la mirada segu&#237;a all&#237;, fascinada curiosa.

S&#237;, este es el objeto de tu ca&#237;da, hermosa. Ahora, hazme un lugar, muchacha, que me estoy congelando, pese al fuego. &#191;No oyes la lluvia contra las ventanas? Estamos en agosto, pero ya viene el oto&#241;o.

Ella abri&#243; la manta, se apart&#243; y lo invit&#243; a unirse a ella.

&#191;C&#243;mo lo usas? -pregunt&#243;, ingenua.

&#201;l la abraz&#243;; estaban sentados los dos en la cama.

A medida que crezca mi deseo por ti, se agrandar&#225; -le explic&#243;. Comenz&#243; a acariciarle los peque&#241;os senos redondos.

&#191;Y despu&#233;s? -Las manos de &#233;l sobre su piel la excitaban.

&#201;l se inclin&#243; hacia ella y la bes&#243; suavemente.

No nos adelantemos, mi amor. Te prometo que te lo explicar&#233; todo a medida que avancemos. -Con el pulgar comenz&#243; a acariciarle un pez&#243;n y la abraz&#243; m&#225;s fuerte y la apoy&#243; contra las almohadas-. Los senos de una mujer son muy tentadores -le dijo, mientras bajaba la cabeza para bes&#225;rselos.

Rosamund sinti&#243; los labios calientes sobre su piel. El coraz&#243;n le empez&#243; a latir con m&#225;s fuerza. Murmur&#243; bajito, mientras &#233;l le lam&#237;a primero un pez&#243;n y luego el otro. La lengua aterciopelada de &#233;l la hizo estremecer. La boca de &#233;l se cerr&#243; sobre un pez&#243;n y comenz&#243; a chupar.

&#161;Ah! -La exclamaci&#243;n de sorpresa se le escap&#243; de los labios.

&#201;l levant&#243; la cabeza, ten&#237;a los ojos casi h&#250;medos con una expresi&#243;n que ella no conoc&#237;a.

&#191;Eso quiso decir que est&#225; bien? &#191;O te desagrada? -le pregunt&#243;, despacio.

&#161;No! &#161;No! &#161;Est&#225; bien, muy bien!

&#201;l volvi&#243; a bajar la cabeza, esta vez dedic&#225;ndose al otro seno. La boca apret&#243; con m&#225;s fuerza el pedacito de carne sensible. Y entonces acarici&#243; suavemente el pez&#243;n con los dientes.

&#161;Ay, s&#237;! -dijo Rosamund, sintiendo ramalazos de un nuevo placer que la inundaba. Los dientes raspaban, pero no la da&#241;aban. Se dio cuenta de que lo que &#233;l hac&#237;a le encantaba. Comenz&#243; a chuparle el otro seno y Rosamund suspir&#243;. Las sensuales acciones de Owein la hac&#237;an estremecer. Pens&#243; que era placentero y delicioso.

&#201;l se dio cuenta que hab&#237;a una fragancia en ella. Ol&#237;a a brezo, y era el aroma perfecto para ella. Comenz&#243; a besar esa piel dulce y c&#225;lida, bajando los labios desde los senos por el torso hasta el vientre. Se sorprendi&#243; al notar bajo su boca que ella palpitaba nerviosamente. Se detuvo en el ombligo, sin saber hasta d&#243;nde podr&#237;a continuar, pero d&#225;ndose cuenta, una vez m&#225;s, de que ella era joven e inexperta.

Le apoy&#243; la cabeza sobre el vientre y le acarici&#243; el muslo. &#191;C&#243;mo le hac&#237;a un hombre el amor a una esposa? Volvi&#243; a pregunt&#225;rselo. Si ella hubiera sido mayor, m&#225;s experimentada, una prostituta, &#233;l se habr&#237;a sentido m&#225;s seguro de s&#237; mismo. Pero no era as&#237;. Y ah&#237; radicaba el dilema.

Rosamund not&#243; algo extra&#241;o. &#191;Por qu&#233; se hab&#237;a detenido? &#191;Pasaba algo malo? &#191;Ella hab&#237;a hecho algo que no deb&#237;a?

&#191;Qu&#233; pasa, Owein? -pregunt&#243;, bajito-. &#191;Te he desagradado por mi ignorancia?

Su hermosa voz La inocente pregunta que hizo lo trajo de vuelta a la realidad.

No estoy seguro de c&#243;mo actuar contigo -le dijo, francamente-. Nunca le hice el amor a una virgen ni a una esposa, Rosamund.

&#191;Y a qui&#233;n le has hecho el amor? -pregunt&#243; ella, con genuina curiosidad y aun tal vez un poco celosa.

En la Corte las mujeres buscan la diversi&#243;n cortesanas o prostitutas -admiti&#243;-. T&#250; eres tan diferente, mi amor. Eres limpia y dulce. Eres mi esposa.

&#191;No tienen todas las mujeres los mismos deseos y ansias voluptuosas, Owein?

No lo s&#233;. Me he pasado la vida en el servicio real, Rosamund. Mis encuentros sexuales han sido m&#225;s que nada apresurados, y para el &#250;nico prop&#243;sito del placer. Pero t&#250; eres mi esposa. Nuestros encuentros ser&#225;n para crear hijos, no para deporte o diversi&#243;n.

&#191;Por qu&#233; no? -pregunt&#243; ella-. &#191;Por qu&#233; no podemos divertirnos y buscar el gozo mutuo mientras engendramos a nuestros hijos, esposo m&#237;o? &#191;Nuestros hijos no deben provenir del amor? &#191;Por qu&#233; la pasi&#243;n tiene que ser sobria?

No tiene por qu&#233; serlo -acept&#243; &#233;l, entendiendo la sabidur&#237;a de las palabras de ella. Entonces, levant&#243; la cabeza y mir&#243; dentro de sus c&#225;lidos ojos &#225;mbar-. Te amo, Rosamund. &#191;T&#250; me amas, puedes amarme?

Todav&#237;a no te amo -le dijo ella, honesta-, pero creo que puedo amarte, Owein. &#191;T&#250; de veras me amas?

S&#237;, te amo. Quiz&#225; te haya amado desde la primera vez que te vi. Admir&#233; lo bien que te comportaste ante la avaricia de tu t&#237;o Henry, con Hugh Cabot reci&#233;n enterrado.

Tu oportuna llegada me salv&#243; -dijo Rosamund, pensativa.

Lo s&#233;.

Owein, no quiero seguir hablando. Quiero ser tu mujer esta noche, y quiero conocer los placeres del lecho nupcial. &#191;Es eso malo?

No, no lo es. Creo que me alivias, porque estoy locamente enamorado de ti, esposa m&#237;a, y comienzo a llenarme de deseo. -Se inclin&#243; sobre ella y la bes&#243; hasta dejarla sin aliento y sonrojada.

Quiero tu hombr&#237;a dentro de m&#237; -susurr&#243; ella, ardiente, llen&#225;ndolo de deseo-. &#191;Me montar&#225;s como monta el carnero a su oveja, Owein?

Podr&#237;a, pero no lo har&#233;. La manera m&#225;s usual entre un hombre y una mujer es cara a cara. Pero ahora no hagas m&#225;s preguntas, Rosamund. D&#233;jame mostrarte cu&#225;nto te amo y te deseo. -Comenz&#243; a besarla otra vez, hundiendo su boca en la de ella, haciendo que las lenguas jugaran a las escondidas. El vello rubio del pecho de &#233;l rozaba los senos j&#243;venes de ella. Owein percibi&#243; las prominencias suaves de ella cediendo ante el peso de &#233;l.

Rosamund sinti&#243; que la cabeza empezaba a darle vueltas de una manera muy agradable. Notaba un cosquilleo en los pezones ante el roce del vello del pecho de &#233;l. Comenz&#243; a acariciarle la nuca, a deslizar los dedos por los anchos hombros de &#233;l. Cerr&#243; los ojos y disfrut&#243; de la pl&#233;tora de deliciosas sensaciones que le recorr&#237;an el cuerpo y el esp&#237;ritu. El delgado cuerpo de &#233;l se sent&#237;a duro contra el suyo. La inundaba un cosquilleo, una sensaci&#243;n desconocida. &#191;Era deseo? &#161;Ten&#237;a que ser! &#161;Estaba experimentando el deseo por primera vez!

&#161;Ah, esposo m&#237;o! -murmur&#243;, contra el o&#237;do de &#233;l y le mordisque&#243; el l&#243;bulo de la oreja, pues no pod&#237;a controlarse.

La obvia excitaci&#243;n de ella y la voluptuosidad reci&#233;n hallada encantaron a Owein. Hab&#237;a temido la reacci&#243;n de ella ante su avasalladora pasi&#243;n. Le tom&#243; la cabeza entre las manos y volvi&#243; a besarla en los labios. El cabello rojizo era delicado bajo sus dedos. Las pesta&#241;as oscuras se tend&#237;an sobre las mejillas como mariposas de verano. Esas pesta&#241;as, vio entonces, ten&#237;an puntillas doradas. Hab&#237;a tanto para descubrir en ella ahora que era su esposa.

Rosamund sinti&#243; la dureza contra el muslo. Una dureza larga y muy firme. La masculinidad de &#233;l hab&#237;a madurado y estaba pronta para penetrarla. El coraz&#243;n comenz&#243; a latirle con m&#225;s fuerza que nunca. Ahora la mano de &#233;l le cubr&#237;a el monte de Venus y lo apretaba.

Ah -gimi&#243; ella, por la sensaci&#243;n que le produc&#237;a. Un dedo comenz&#243; a moverse dentro de su hendidura, buscando la c&#250;spide de su femineidad, que ya estaba tensa de entusiasmo. &#201;l jug&#243; un momento con ella y enseguida desliz&#243; el largo dedo dentro de la h&#250;meda vaina amorosa de ella. Luego, introdujo un segundo dedo, y movi&#243; ambos hacia adentro y afuera. -&#161;S&#237;! -sise&#243; ella.

Estaba lista.

Sin decir una palabra, Owein mont&#243; a su esposa, pujando con su lanza de amor entre los labios mayores, despacio, muy despacio, entrando en el cuerpo deseoso de ella. Se detuvo un momento, para que ella pudiera acostumbrarse a esta primera invasi&#243;n.

&#191;Est&#225;s dispuesta a ser mi mujer, mi amor? -murmur&#243; contra los labios henchidos de amor de ella.

Ella asinti&#243; y sus ojos &#225;mbar se abrieron muy grandes cuando &#233;l puj&#243; hondo dentro de ella. Grit&#243; cuando se desgarr&#243; su doncellez, unas r&#225;pidas l&#225;grimas le corrieron por las mejillas, l&#225;grimas que &#233;l bes&#243;, pero, para alivio de &#233;l, ella se aferr&#243; a su esposo mientras &#233;l pujaba y pujaba hasta que no pudo soportar m&#225;s la dulzura que le proporcionaba poseer el cuerpo de Rosamund. Para deleite de Owein, la oy&#243; gritar, pero este segundo grito fue de placer, no de dolor. El n&#233;ctar del placer de &#233;l irrumpi&#243; dentro de la morada amorosa y las u&#241;as de Rosamund se clavaron en sus hombros y ara&#241;aron su ancha espalda.

Hab&#237;a habido dolor, pero desapareci&#243; de una manera casi m&#225;gica. El impulso feroz, el movimiento repetitivo del vientre de &#233;l hab&#237;a tenido un extra&#241;o efecto sobre ella. Pareci&#243; perder todo control sobre s&#237; misma y vivir solo para las deliciosas sensaciones que atravesaban su cuerpo tenso. Con cada impulso de la vara inflamada de &#233;l Rosamund se sent&#237;a un poco m&#225;s mareada, hasta que, al final, la pasi&#243;n explot&#243; dentro de ella y, por una fracci&#243;n de segundo, lleg&#243; a perder el conocimiento.

&#161;Owein! &#161;Owein! -se hab&#237;a o&#237;do gritar, llam&#225;ndolo, como desde una gran distancia.

&#201;l la envolvi&#243; en sus brazos y le bes&#243; la cabeza. El calor los envolv&#237;a a ambos.

S&#237;, mi amor -susurr&#243; &#233;l-. Ahora eres una mujer, y tal vez esta noche hayamos hecho un ni&#241;o.

Ella suspir&#243; y se acurruc&#243; contra &#233;l.

Me gustar&#237;a mucho -le dijo en voz baja. Lo mir&#243; y agreg&#243;-: Fue maravilloso, se&#241;or caballero. Hasta el dolor fue bueno. Es un alivio ya no ser doncella y, por fin, una verdadera esposa, Owein. Gracias.

&#201;l sinti&#243; las l&#225;grimas que quer&#237;an brotar de sus ojos y trat&#243; de frenarlas. Los hombres no lloran.

No, mi amor. Soy yo quien est&#225; agradecido por el magn&#237;fico regalo de tu virginidad. Siempre te ser&#233; fiel, Rosamund. Te lo juro en la noche de nuestra boda.


Por la ma&#241;ana, Henry Bolton lleg&#243; a Friarsgate temprano, cuando Maybel sacaba la s&#225;bana ensangrentada del lecho nupcial. Osada, la agit&#243; ante los ojos de &#233;l.

Esta vez est&#225; bien casada -dijo Maybel, con una sonrisa.

&#201;l podr&#237;a morirse -dijo Henry Bolton, sombr&#237;o.

&#161;Ella podr&#237;a ya estar pre&#241;ada! Ya no tendr&#225;s Friarsgate, Henry Bolton. Hugh Cabot, que Dios lo tenga en la gloria, fue m&#225;s astuto que t&#250;, -Y Maybel ri&#243; en voz alta.

Podr&#237;a morirse, y los ni&#241;os mueren j&#243;venes en este pa&#237;s, como t&#250; y yo bien sabemos -insisti&#243; Henry-. Entonces ella no tendr&#225; m&#225;s opci&#243;n que casarse con mi hijo.

El Hepburn de Claven's Carn vino a cortejarla, y se fue s&#243;lo porque es un hombre honorable -replic&#243; Maybel-. Que Dios no permita que le suceda nada a sir Owein, pero, si eso ocurriera, el Hepburn cruzar&#237;a las colinas y estar&#237;a en esta casa m&#225;s r&#225;pido que el viento.

&#191;Ese escoc&#233;s desgraciado tuvo la temeridad de venir a cortejar a mi sobrina? -pregunt&#243; Henry Bolton, enojado.

S&#237;, as&#237; es, y adem&#225;s, es un buen hombre. Vino a la boda de mi se&#241;ora y toc&#243; sus gaitas para la pareja nupcial.

Vino a ver la tierra.

Trajo salm&#243;n y whisky, t&#237;o -dijo Rosamund, entrando en la sala, al o&#237;r la conversaci&#243;n-. El salm&#243;n estaba delicioso y este invierno disfrutaremos del whisky. Lamentamos mucho que t&#250; y Mavis se hayan perdido la boda. &#191;No vino contigo, t&#237;o? -Le sonri&#243;, alisando la falda color bermejo para quitar arrugas imaginarias.

Mi esposa no est&#225; bien, por eso me perd&#237; tu boda.

Buenos d&#237;as, hermano Henry -dijo Richard Bolton al entrar en la sala-. Te extra&#241;amos en la misa, sobrina, pero dadas las circunstancias, est&#225;s perdonada -ri&#243;-. Desayunar&#233; antes de partir.

Rosamund se sonroj&#243;, como correspond&#237;a, pero enseguida ri&#243;.

Lamentaremos verte regresar a tu monasterio, t&#237;o.

Richard Bolton sonri&#243; y se dirigi&#243; a su hermano menor.

Henry, no te veo nada bien. Demasiada comida pesada y demasiado vino, me parece. Creo que te recomendar&#237;a un poco de abstinencia de tus costumbres excesivas.

&#161;Oc&#250;pate de tus asuntos! No permitir&#233; que un bastardo me sermonee, aunque sea sacerdote. Sobrina, &#191;no vas a ofrecerme comida despu&#233;s de que he cabalgado desde Otterly Court desde antes del amanecer? Hace fr&#237;o para ser agosto. No tengo vino. Tus criados son holgazanes y necesitan una mano firme. Espero que tu esposo pueda manejarlos, ya que t&#250; no eres capaz.

Owein Meredith entr&#243; en la sala en ese momento.

Buenos d&#237;as, t&#237;o. Imagino que puedo llamarte as&#237; ahora que soy el esposo de Rosamund. -Inclin&#243; la cabeza ante Richard con una peque&#241;a sonrisa de complicidad.

El sacerdote le devolvi&#243; el saludo; le brillaban los ojos.

&#191;Diez meses en la Corte y no conseguiste nada mejor que este caballero ordinario, sin tierras? -dijo Henry, con brutalidad, sin responder a la burla de Owein-. Bien te podr&#237;as haber quedado aqu&#237; y casarte con mi muchacho.

No habr&#237;a estado tan feliz y satisfecha como esta ma&#241;ana despu&#233;s de una boda semejante -respondi&#243; Rosamund, osada.

Owein y Richard rieron ante el comentario, pero Henry Bolton frunci&#243; el entrecejo.

Y, t&#237;o, quisiera informarte que la reina de los escoceses, Margarita Tudor, junto con su abuela, la honorable madre del rey, me eligieron el esposo. El rey mismo anunci&#243; nuestro compromiso en su sala ante la Corte entera y lo vivaron por ello. Mi esposo se ha criado en la Casa de los Tudor. El rey sabe que puede confiar en &#233;l para manejar esta porci&#243;n de frontera y que no lo traicionen. Mi esposo es respetado por el hombre m&#225;s poderoso de Inglaterra, el rey Enrique. Mi esposo es querido y bien considerado por hombres de consecuencia. Estoy orgullosa de ser su esposa, t&#237;o. &#161;Me habr&#237;a metido en un convento y habr&#237;a legado Friarsgate a mi orden antes de casarme con otro de tus hijos!

Pero no tuviste que hacerlo, mi amor -dijo Owein, tranquilizando a su esposa-. Vamos, t&#237;os, desayunemos. -Llev&#243; a Rosamund la mesa grande y la ubic&#243;, poniendo a Henry Bolton a su derecha y a Richard Bolton a la derecha de Rosamund.

Los criados sirvieron la comida. Avena, huevos hervidos, jam&#243;n, pan, manteca y queso. Hab&#237;a vino y sidra. Henry Bolton no pronunci&#243; ni una palabra desde que tuvo la comida enfrente. Comi&#243; con las dos manos y bebi&#243; tres copas de vino. Y cuando los criados se llevaron los pocos restos, habl&#243; Richard Bolton.

Cuando est&#233;s listo, hermano Henry, cabalgar&#233; contigo.

&#191;Cabalgar&#225;s conmigo?

&#191;Ad&#243;nde?

A tu casa, hermano Henry. Ya has presentado tus respetos a la novel pareja y no creo que sea tu intenci&#243;n interferir en su bendici&#243;n de reci&#233;n casados. En especial estando tu buena esposa enferma. Querr&#225;s estar con ella.

Como te vas, t&#237;o -dijo Owein-, quiero despedirme. Hoy debo salir a inspeccionar nuestro ganado. Hay que seleccionar los peores animales y llevarlos al mercado. No podemos permitirnos alimentar bestias in&#250;tiles este invierno, &#191;no? -Se puso de pie y estrech&#243; la mano gorda de Henry Bolton en&#233;rgicamente. Se dirigi&#243; a Richard-: Gracias por toda tu ayuda. Que tengas buen viaje, y regresa pronto. -Le estrech&#243; la mano, delgada y elegante. Por fin, se inclin&#243; y bes&#243; a Rosamund; los labios se demoraron lo suficiente para que a ella se le acelerara el pulso. -&#191;Vas a hacer jabones o conserva hoy, mi amor? -pregunt&#243;, sol&#237;cito.

No lo he decidido a&#250;n -respondi&#243; ella, con una sonrisa-. Una mujer nunca termina su trabajo. Tal vez haga pociones medicinales, milord.

Bien -dijo Henry Bolton-, me agrada comprobar que al menos por fin te portas como una esposa d&#243;cil y sumisa, sobrina.

Gracias, t&#237;o -respondi&#243; ella, modosa, poni&#233;ndose de pie-. Perm&#237;teme acompa&#241;arte para despedirme como corresponde. -Le hizo una reverencia a Owein-. Te ver&#233; esta noche, milord -le dijo, y &#233;l sali&#243; de la sala. Rosamund orden&#243; a una joven criada-: Corre a las cocinas y aseg&#250;rate de que mis t&#237;os tengan sustento para sus viajes del d&#237;a.

S&#237;, milady -respondi&#243; la muchacha, que hizo una reverencia antes de salir.

Rosamund envi&#243; entonces a un criado a los establos para asegura se de que las monturas de su t&#237;o hubieran comido y bebido y estuvieran listas para viajar. Cuando el muchacho volvi&#243;, regresaba la criad de las cocinas con dos cuadrados de tela de algod&#243;n, atados con sumo cuidado. Rosamund los tom&#243; con una sonrisa.

&#191;Qu&#233; hay en ellos?

Pan fresco, queso, un pedazo de carne y una manzana, se&#241;ora -se apresur&#243; a responder la muchacha.

Llenen sus cantimploras a gusto, t&#237;os -invit&#243; la dama de Friarsgate-. El sol calentar&#225; mucho, y les vendr&#225; bien un trago.

Cuando por fin los hermanos estuvieron listos, la sobrina los acompa&#241;&#243; hasta el exterior de la casa, donde dos muchachos de los establos sosten&#237;an las monturas. Richard Bolton subi&#243; con gracia a su silla; el oscuro h&#225;bito de tela se levant&#243; apenas lo suficiente para mostrar las pantorrillas blancas y musculosas y los delgados pies calzados en sandalias de cuero. Henry, por otro lado, necesit&#243; un toc&#243;n para montar, y aun as&#237; hubo que empujarlo y subirlo a la silla. Tambi&#233;n a &#233;l se le levant&#243; el traje, y se vieron sus muslos gordos y oprimidos en la calza oscura. No, no se lo ve&#237;a bien, pero no era s&#243;lo por el peso.

Que Dios los acompa&#241;e a ambos.

Que Dios te d&#233; un hijo, sobrina -dijo Richard Bolton-. Rezaremos por ti en St. Cuthbert.

Gracias, t&#237;o.

Henry Bolton rezong&#243;.

&#191;Podemos irnos? -gru&#241;&#243;. Y, como record&#225;ndolo, agreg&#243;-: Adi&#243;s, sobrina.

Luego de observar la partida de los dos hombres, Rosamund se volvi&#243; y entr&#243; en la casa. En la sala, la esperaba Maybel.

No le vi buen aspecto al t&#237;o Henry.

Maybel ri&#243;.

Acabo de o&#237;r un rumor de la cocinera, que tiene una hermana en Otterly Court. A la se&#241;ora Mavis le ha crecido un inmenso vientre, pero no es obra de tu t&#237;o. Se dice que ella estuvo con un mozo de establo, joven y moreno. Tu t&#237;o los sorprendi&#243; y mand&#243; a pasear al muchacho. Entonces Mavis les anunci&#243; a todos, en la cena de Pascua, que est&#225; otra vez encinta. Tu t&#237;o no se anima a negar que es el padre, porque prefiere morir antes de que se sepa que es un cornudo, aunque casi todo el mundo est&#225; enterado. Ahora bien, se dice que &#233;l est&#225; cuestionando la paternidad de todos los hijos que ha tenido con ella, excepto la del mayor, que es tan id&#233;ntico a &#233;l que no deja dudas de qui&#233;n es el padre.

Pobre t&#237;o Henry. Casi me da pena, porque est&#225; tan orgulloso de ser un Bolton, nacido del lado decente de la cama, a diferencia de mis t&#237;os Edmund y Richard. Pero es tan avaro y desagradable que nadie puede evitar comprender a Mavis. No es f&#225;cil vivir con el t&#237;o Henry, Maybel, como bien lo sabemos las dos. Pero &#161;adulterio! Es muy feroz la venganza que ella se ha tomado, dir&#237;a yo, y los pobres ni&#241;os sufrir&#225;n m&#225;s que nadie por la indiscreci&#243;n de ella y por el altanero orgullo de &#233;l.

Tienes un coraz&#243;n bondadoso, mi ni&#241;a -dijo Maybel.

&#191;Te ocupar&#237;as de la casa hoy, Maybel? Todav&#237;a estoy cansada de nuestros viajes y quisiera retirarme a mi habitaci&#243;n para descansar un rato.

Ve, mi ni&#241;a.

Me gustar&#237;a que me trajeran un ba&#241;o -murmur&#243; Rosamund.

Enviar&#233; a los muchachos con el agua caliente. Te preparar&#225;n la tina, milady.

Qu&#233; importante suena eso.

Bien, ahora eres la esposa de un caballero y as&#237; hay que dirigirse a ti. Ahora ve, milady.

Rosamund entr&#243; en su dormitorio y le sonri&#243; al hombre que yac&#237;a en la cama, esper&#225;ndola.

Milord -dijo, con una reverencia-. He pedido un ba&#241;o, pero debes esconderte cuando lleguen los criados, porque no quiero que se sepa que no est&#225;s en los campos seleccionando la hacienda, sino en nuestra cama, d&#225;ndome placer. -Los ojos &#225;mbar relampaguearon-. He despedido a mis t&#237;os con comida para el viaje.

Ven aqu&#237;, esposa, b&#233;same -dijo &#233;l, entrecerrando los ojos verdes.

Rosamund, bromeando, mantuvo la distancia.

Me cont&#243; Maybel que la cocinera, que tiene una hermana e Otterly, dice que Mavis tiene un vientre inmenso y que no es de mi t&#237;o. Por eso &#233;l est&#225; tan disp&#233;ptico. No se anima a negar su paternidad sin echarse encima el escarnio, y t&#250; ya sabes c&#243;mo es el t&#237;o Henry.

Ven aqu&#237; -repiti&#243; &#233;l, esta vez con m&#225;s &#233;nfasis.

Creo que oigo a los criados -respondi&#243; Rosamund, traviesa- Debes ocultarte en mi peque&#241;o guardarropa, esposo.

De mala gana, Owein se levant&#243; de la cama y camin&#243; hasta el peque&#241;o nicho cubierto. Se volvi&#243;, estir&#243; el brazo y la atrajo hacia &#233;l.

Se&#241;ora, corres el riesgo de que te den unas palmadas, pues me temo que eres una p&#237;cara embustera. -Le dio un beso muy lento.

Sin aliento, ella lo apart&#243;, no sin antes bajar la mano y acariciarle la estaca de deseo, que estaba con obvia necesidad de sus dulces atenciones.

Decidiremos esto entre los dos despu&#233;s de que est&#233; lista la tina. Qu&#237;tate la ropa, milord, pues yo misma voy a ba&#241;arte.

Ah -murmur&#243; &#233;l-, as&#237; que eres tan rebelde como yo me tem&#237;a, se&#241;ora. Pero te obedecer&#233;, mi amor, y espero con ansias tus tiernos cuidados. -Con una risa se meti&#243; en el guardarropa.

Adelante -dijo Rosamund, al o&#237;r golpear a la puerta de la alcoba.

Entraron varios criados con cubos de roble con agua hirviente. Uno de ellos dej&#243; su carga, sac&#243; la tina que hab&#237;a junto al hogar y la puso ante el fuego. Entonces, los criados comenzaron a vaciar en ella el agua caliente. Rosamund a&#241;adi&#243; unas gotas de su precioso aceite de ba&#241;o, obsequio de la reina de los escoceses, y de inmediato la habitaci&#243;n qued&#243; inundada por la fragancia de brezo blanco. Los criados recogieron los cubos vac&#237;os y se fueron.

Um -El sonido proven&#237;a del guardarropa.

Todav&#237;a no, mi se&#241;or, s&#243;lo un momento -le dijo Rosamund a su esposo, mientras sus dedos se apresuraban a desatarse la ropa y quit&#225;rsela. Por fin, qued&#243; tan desnuda como cuando Dios la trajo al mundo, y entonces lo llam&#243;, con dulzura-. Ven, Owein. Estoy lista para ti.

&#201;l apareci&#243;, igualmente desnudo. Al verla desvestida, sonri&#243;.

No te apartar&#233; del reba&#241;o, mi amor -brome&#243;-. Por Dios, Rosamund, eres la criatura m&#225;s hermosa que tuve jam&#225;s ante mis ojos. No creo haber visto nunca a una mujer totalmente desprovista de ropa. -Su mirada era de abierta admiraci&#243;n.

Los ojos de ella recorrieron el cuerpo alto y esbelto de &#233;l. A la luz del sol que llenaba la alcoba, &#233;l se ve&#237;a magn&#237;fico. Ten&#237;a la espalda muy ancha, pero la cintura era estrecha y las piernas, largas, pero bien formadas. Un vello dorado le cubr&#237;a las piernas y el pecho, y una delgada franja de vello bajaba hasta el vientre, para entrar en el bosquecillo de rizos dorados que enmarcaban su masculinidad.

Y t&#250; eres la criatura m&#225;s hermosa que yo he visto jam&#225;s, milord -le respondi&#243; ella, con ternura. Pero, entonces, se ruboriz&#243; por la temeridad de sus acciones y se apart&#243; de &#233;l, t&#237;mida de pronto ante este hombre que era su esposo. &#191;Todas las esposas se comportar&#237;an as&#237; con sus se&#241;ores?

&#201;l se acerc&#243; desde atr&#225;s y desliz&#243; un brazo por la cintura de ella para atraerla hacia s&#237;. Con la otra mano le cubri&#243; un seno y comenz&#243; a jugar con el pez&#243;n. Sus c&#225;lidos labios le rozaron la nuca, el hombro. Luego comenz&#243; a hablarle bajo al o&#237;do y a excitarla con el calor de su respiraci&#243;n tanto como con las palabras que le susurraba.

Anoche me preguntaste si har&#237;amos el amor como el carnero y la oveja. Te dije que lo har&#237;amos, pero no la primera vez. Tres veces he entrado en ti, Rosamund. Ahora te mostrar&#233; c&#243;mo toma el carnero a la oveja. -Sus dedos se cerraron sobre el seno de ella y apretaron.

Ella casi no pod&#237;a respirar por el efecto de sus palabras. Se estremezo de excitaci&#243;n mientras &#233;l la llevaba lentamente hacia la mesa que hab&#237;a junto al fuego.

Cuando ella estuvo con los muslos contra la mesa, &#233;l volvi&#243; a hablarle al o&#237;do.

Ahora, mi amor, d&#243;blate hacia adelante, y ag&#225;rrate de la mesa. As&#237; estar&#225;s en la posici&#243;n de la ovejita en los prados. El voluptuoso carnero te cubrir&#225; con su cuerpo, te montar&#225;, y su vaina h&#250;meda y caliente te penetrar&#225; &#161;as&#237;! -Se introdujo en ella con un solo movimiento.

Rosamund contuvo el aliento al sentir que &#233;l la penetraba tan plenamente. Su miembro estaba tan grande; jurar&#237;a que vibraba dentro de ella.

&#161;Ay, Owein! -gimi&#243;, suave-. &#161;Ay, s&#237;! -lo alent&#243; cuando &#233;l comenz&#243; a moverse dentro de ella. El peso de &#233;l le oprim&#237;a los senos sobre la mesa. Los dedos de &#233;l le apretaban las caderas. Ella gimi&#243; de placer cuando &#233;l empuj&#243; al m&#225;ximo. Y luego sali&#243; casi por completo de su interior con un movimiento lento, sensual y majestuoso de su masculinidad-. &#161;Por favor! -Ella sent&#237;a la excitaci&#243;n que le crec&#237;a por dentro-. &#161;Ay, por favor, no pares! &#161;No pares, Owein! -Arque&#243; la espalda para permitirle a &#233;l entrar m&#225;s a fondo-. &#161;Ah! &#161;Ah! &#161;Ahhhhhhhhhhhhhh! -exclam&#243; ella. Entonces lleg&#243; a la cumbre y se desmoron&#243;, casi decepcionada de que no hubiera m&#225;s.

Su n&#233;ctar entr&#243; como una tromba en el cuerpo ansioso de ella. &#201;l no hab&#237;a pensado rendirse tan f&#225;cilmente, pero era imposible resistirse a ella. Y ahora lo sab&#237;a. Uno le hace el amor a una esposa como le hace el amor a cualquier mujer. Con pasi&#243;n, con habilidad y, en el caso de Rosamund, con amor. La bes&#243; en la oreja y murmur&#243;:

&#161;Beee!

Rosamund ri&#243;. No pod&#237;a m&#225;s. &#201;l le hab&#237;a hecho el amor de una manera muy excitante, y se sent&#237;a maravillosamente.

D&#233;jame incorporarme, mi amor. Creo que ahora los dos deberemos ba&#241;arnos. -Sinti&#243; que &#233;l sal&#237;a del interior de ella y se incorporaba-. Ven. La tina se enfr&#237;a. T&#250; primero, y yo te lavar&#233;. -Lo tom&#243; de la mano y lo llev&#243; a la tina de roble redonda.

&#201;l se meti&#243; y se sent&#243; con cuidado.

No creo que haya lugar para los dos -dijo, con pena.

No en esta tina, aunque he o&#237;do que hay unas m&#225;s grandes. &#191;Le pedimos al tonelero que nos haga una, milord? -Se arrodill&#243; junto a &#233;l y comenz&#243; a lavarlo con su pa&#241;o de franela y una barra de jab&#243;n.

S&#237;, se&#241;ora, tenemos que pedirle al tonelero que nos haga una tina en la que podamos ba&#241;arnos juntos. &#161;Me encanta la idea!

Ella le lav&#243; la cara, mirando dentro de sus ojos y sintiendo que se le derret&#237;a el coraz&#243;n. &#191;Era posible que amara a ese hombre? Por cierto que le gustaba mucho, y hac&#237;an el amor de una manera maravillosa. Claro que ella no ten&#237;a c&#243;mo comparar, pero &#233;l le proporcionaba un placer tan incre&#237;ble que seguramente eso significaba algo. &#191;No? Rosamund le pas&#243; el pa&#241;o por el pecho. Le lav&#243; los brazos largos y la gran espalda, el cuello y las orejas.

Tienes que lavarte t&#250; las piernas y los pies, porque temo que, si lo hago yo, derramaremos agua en el piso en nuestro entusiasmo. -Le dio el pa&#241;o.

Estoy de acuerdo -dijo &#233;l, y lo tom&#243;.

Ella esper&#243; con paciencia a que &#233;l hubiera terminado y, cuando &#233;l se puso de pie, lo envolvi&#243; en una toalla caliente.

S&#233;cate t&#250;, que se me enfriar&#225; el agua -le dijo. Entonces se meti&#243; en la tina y comenz&#243; a lavarse r&#225;pido, porque de verdad el agua se enfriaba. Cuando termin&#243; y se incorpor&#243;, Owein la envolvi&#243; en otra toalla caliente que tom&#243; de un perchero que hab&#237;a junto al fuego. Rosamund bostez&#243; mientras &#233;l la secaba.

Ahora dormiremos un rato. Hace apenas una semana que estamos en casa, y t&#250; no est&#225;s acostumbrada a tanto viaje, mi amor. -La levant&#243;, la meti&#243; en la cama y se introdujo &#233;l tambi&#233;n.

S&#237;, mi se&#241;or, estoy cansada -admiti&#243; ella, se acurruc&#243; en la curva del brazo de &#233;l y se qued&#243; dormida.

Para cuando despertaron era muy entrada la tarde, y fue por un discreto golpear a la puerta del dormitorio.

Maybel asom&#243; la cabeza por la puerta abierta.

Ah, bien, ya est&#225;n despiertos -dijo, al parecer, en absoluto sorprendida de encontrar al se&#241;or de la casa con su esposa-. &#191;Van a bajar a la sala a comer o traigo la comida aqu&#237; arriba?

Yo bajar&#233;, pero mi se&#241;ora debe permanecer en la cama y descansar. Tr&#225;ele una bandeja con algo nutritivo.

Mandar&#233; a una de las muchachas, y tambi&#233;n a los criados a vaciar 'a tina y guardarla. -Se fue y cerr&#243; la puerta tras ella.

Ya descans&#233; -rezong&#243; Rosamund.

No, mi amor, no descansaste nada. -&#201;l abri&#243; el ba&#250;l que hab&#237;a los pies de la cama y sac&#243; una delicada camisa de lino, que le alcanz&#243; su esposa-. Ponte esto, Rosamund. No debes estar desvestida bajo las mantas cuando lleguen los criados a retirar la tina. -Se vest&#237;a mientras hablaba.

Ella obedeci&#243;, sumisa, d&#225;ndose cuenta de que &#233;l hab&#237;a comenzado a cuidarla como lo har&#237;a un esposo. Y eso la confortaba.

Dame mi cepillo -dijo ella y, cuando &#233;l se lo hubo alcanzado comenz&#243; a pas&#225;rselo por sus largos mechones. Luego los pein&#243; en una sola trenza y la at&#243; con una cinta azul que encontr&#243; en el bolsillo de la camisa-. &#191;Estoy lo suficientemente respetable ahora para recibir a los criados? -brome&#243;.

Salvo por esa expresi&#243;n de satisfacci&#243;n en los ojos y por la boca algo machucada, s&#237;. Creo que me quedar&#233; hasta que se hayan ido los criados.

&#191;Entonces est&#225;s celoso, se&#241;or m&#237;o? -coquete&#243; ella.

Estoy celoso de cada minuto de tu vida que no hemos compartido, Rosamund.

&#161;Ah! -&#201;l la conmov&#237;a; era tan rom&#225;ntico, algo que ella no habr&#237;a esperado cuando lo conoci&#243;-. No eres el hombre que yo imaginaba.

&#191;Est&#225;s decepcionada?

&#161;No! &#161;Eres maravilloso, Owein Meredith!

Nunca pens&#233; que alg&#250;n d&#237;a una mujer me pondr&#237;a tan tonto -admiti&#243; Owein-, pero me temo que t&#250; me has convertido en un tonto redomado, mi amor. Te amo sin l&#237;mites y quiero que alg&#250;n d&#237;a t&#250; me ames tambi&#233;n.

As&#237; ser&#225; -le prometi&#243; ella-. Creo que ya me estoy enamorando de ti, esposo. &#191;C&#243;mo no amar a un hombre que ha sido tan delicado y bondadoso conmigo? Un hombre que respeta mi humilde posici&#243;n como se&#241;ora de Friarsgate. Eres &#250;nico, y muy parecido a como habr&#237;a sido Hugh Cabot de haber sido m&#225;s joven.

Vaya con el elogio -respondi&#243; Owein con una sonrisa -Se cu&#225;nto quer&#237;as a sir Hugh. S&#233; cu&#225;nto lo respetabas. &#191;Te ofender&#237;as si te digo que creo que su esp&#237;ritu est&#225; en esta casa, y que me parece que me ha aprobado?

No, yo siento lo mismo, y tambi&#233;n creo que te aprueba.


Rosamund se encontraba en un mundo nuevo. Era una mujer casada, como tantas otras. Los d&#237;as se hicieron semanas y las semanas, meses. Se recogi&#243; la cosecha. Se trill&#243; el grano, que ahora estaba guardado en los graneros de piedra. Se recogieron las manzanas y las peras. Los arrendatarios de la finca se sorprendieron cuando sir Owein se trep&#243; a la copa de cada uno de los &#225;rboles del huerto a cosechar la fruta de las ramas m&#225;s altas. En el pasado, esa fruta se dejaba pudrir o caer al suelo para que se la comieran los animales.

No est&#225; bien desperdiciar -les explic&#243;, tranquilo.

Se hab&#237;a hecho la selecci&#243;n de reba&#241;os y manadas. Algunos animales fueron sacrificados para que hubiera carne para comer en el invierno, pero la mayor&#237;a se llev&#243; al mercado para venderlos. El dinero resultante fue utilizado para comprar las cosas que la finca no produc&#237;a, como sal, vino, especias e hilo. Las monedas que quedaron se guardaron en una bolsa de cuero y se escondieron detr&#225;s de una piedra del hogar que hab&#237;a en el dormitorio del se&#241;or y la se&#241;ora.

Para la fiesta de San Mart&#237;n, Rosamund estaba segura de que se hallaba encinta, algo que confirmaron tanto Maybel como la partera de la finca. Ambas estuvieron de acuerdo en que la criatura nacer&#237;a a mediados de la primavera, probablemente en el mes de mayo.

Si es var&#243;n, me gustar&#237;a llamarlo Hugh -se anim&#243; a decir Rosamund, despu&#233;s de contarle a su feliz esposo.

&#161;S&#237;! Es un buen nombre, &#191;pero y si tenemos una ni&#241;a, mi amor?

&#191;Te parece posible? -Rosamund se sorprendi&#243; de que &#233;l aun sugiriera la posibilidad. La mayor&#237;a de los hombres quer&#237;an hijos varones y no les importaba confesarlo. Una hija despu&#233;s, pod&#237;a ser, pero primero hijos varones.

Cualquier cosa es posible, mi amor. Yo me contentar&#233; con una criatura sana, ni&#241;a o var&#243;n Y una esposa que sobreviva a los rigores del parto.

Entonces Rosamund ri&#243;.

Para una mujer es natural dar a luz, Owein. Y yo soy mayor que la Venerable Margarita cuando dio a luz a nuestro buen rey Enrique. Las mujeres de mi familia no mueren de parto.

&#191;Y si el buen Se&#241;or nos bendice con una hija, c&#243;mo la llamaremos? -volvi&#243; a preguntar &#233;l.

Rosamund pens&#243; un momento y luego dijo:

No lo s&#233;. Todas las ni&#241;as que nazcan en Inglaterra en los pr&#243;ximos meses se llamar&#225;n Margarita, por la reina de los escoceses. Yo usar&#233; Margarita como uno de los nombres de nuestra hija, por supuesto, pero primero deber&#225; tener su propio nombre.

Tienes tiempo de sobra para pensarlo -dijo Maybel, con sabidur&#237;a-. La criatura no vendr&#225; antes de la primavera y estamos a principios del invierno. Adem&#225;s, bien puede ser un var&#243;n.

Celebraron los Doce D&#237;as de Navidad a la manera tradicional, con un gran le&#241;o navide&#241;o que encontraron en el bosque cercano y trajeron a la casa. Hubo ganso asado, y en la Corte del se&#241;or&#237;o, Rosamund perdon&#243; las ofensas de los pillos que se presentaron ante ella y reparti&#243; regalos para toda su gente. Adem&#225;s, estar&#237;a permitido cazar conejos dos veces por mes durante el invierno, los s&#225;bados, salvo durante Pascua, cuando se dar&#237;a permiso para tomar peces de los riachos de Friarsgate, los mismos d&#237;as. Rosamund Bolton era una buena se&#241;ora, todos estaban de acuerdo.

Enero pas&#243; con relativa tranquilidad. Las ovejas empezaron a parir sus corderitos, como siempre, durante las tormentas de febrero, y volv&#237;an locos a los pastores que se desesperaban por encontrar a los reci&#233;n nacidos antes de que estos y las madres murieran congelados.

Las ovejas no est&#225;n entre los animales m&#225;s inteligentes -observ&#243; Rosamund. Y le dijo a su esposo-: Tendr&#225;s que ir a Carlisle en primavera a tratar con los mercaderes de tela de los Pa&#237;ses Bajos, mi se&#241;or, pues a m&#237;, en mi estado, me ser&#225; imposible. -Su mano acarici&#243; por instinto el vientre redondo, calmando a la criatura que ten&#237;a en sus entra&#241;as, que, por otra parte, era muy activa.

Podemos ir juntos si la criatura ya naci&#243;. Los mercaderes no vienen hasta fines de mayo o principios de junio, porque los mares no son propicios antes de esa fecha.

Debes ir t&#250;. No soy una dama de la alta sociedad para sacarme la leche y poner a mi hijo a amamantarse en el pecho de alguna campesina. Soy una muchacha del campo, y nosotras amamantamos a nuestros hijos, esposo m&#237;o. Mi madre era delicada, por eso no me amamant&#243; de peque&#241;a. &#161;Gracias a Dios que estuvo Maybel! Pero Maybel est&#225; de acuerdo conmigo en que una criatura tiene que estar primero en la teta de su madre.

Yo no tengo experiencia con criaturas ni con madres. Debo aceptar tu criterio en este asunto. -La abraz&#243;, una tarea un tanto dif&#237;cil en los &#250;ltimos tiempos, y la bes&#243; con suavidad-. C&#243;mo voy a envidiar a esa criatura, mi amor -dijo, con segunda intenci&#243;n.

&#161;Milord! -Rosamund todav&#237;a pod&#237;a ruborizarse.

No puedes echarme a m&#237; la culpa, mi amor. Nunca pens&#233; en conocer la dicha de la bendici&#243;n conyugal con ninguna mujer, y los hados me dieron a ti. Nunca pens&#233; en llegar a engendrar ni&#241;os, y aqu&#237; estamos, t&#250; madurando mi ni&#241;o ante mis ojos. Todo es maravilloso y muy nuevo para m&#237;, esposa m&#237;a.

Estaban sentados en la sala. La nieve del invierno golpeaba contra las pocas ventanas y hab&#237;a un fuego que ard&#237;a gozoso en el hogar. Dos perros terrier de Escocia, un galgo y un terrier de un suave manto negro y tostado estaban echados en el piso junto a sus sillas. Un gato gordo se lavaba las patitas junto al fuego, mientras se preparaba para una de sus largas siestas invernales.

Me pregunto si Meg ser&#225; tan feliz como yo.

Es una reina -respondi&#243; Owein-. Ellas tienen poco tiempo para la felicidad; sus obligaciones se interponen. Pero conociendo a Margarita Tudor como la conozco, no creo que sea desdichada. Tiene hermosos trajes para mostrar, joyas y, a creer por lo que se cuenta, un esposo lujurioso para mantenerla satisfecha en la cama. Lo &#250;nico no tiene que hacer para merecer esos placeres es producir un heredar para Escocia. Considerando el &#233;xito de su madre en tales menesteres creo que le ir&#225; bien.

Rosamund ri&#243;.

Eres un c&#237;nico, se&#241;or m&#237;o. Es un aspecto tuyo que no conoc&#237;a.

Prefiero decir que soy realista -dijo &#233;l, riendo-. Crec&#237; en la casa de los Tudor, mi amor. Los conozco bien. Creo que perturbar&#237;a a los poderosos descubrir lo bien que los conocen sus servidores.

Lleg&#243; marzo y la nieve de las colinas comenz&#243; a derretirse a medida que los vientos ven&#237;an m&#225;s del sur y del oeste. La tierra volvi&#243; a ponerse verde, y se la ve&#237;a salpicada por ovejas y sus corderitos, que retozaban alegres en los prados. El cielo era brillante y azul un minuto y se llenaba de nubes de lluvia al siguiente. Pero era primavera. Pascua lleg&#243; y pas&#243;. Se acercaba el momento del nacimiento del primer hijo de Rosamund. Por momentos, ella estaba muy feliz, y al instante, muy irritable.

Estoy m&#225;s grande que una oveja con mellizos -rezongaba-. No me encuentro los pies y, cuando consigo verlos, me hallo con dos salchichas hinchadas.

Si nuestra Madre bendita pudo dar a luz a su hijo con fortaleza -dijo, inocente, el padre Mata-, tambi&#233;n podr&#225; hacerlo usted, se&#241;ora.

Rosamund penetr&#243; con la mirada al joven sacerdote.

S&#243;lo un hombre es capaz de decir semejante tonter&#237;a, mi buen padre. Hasta no haber llevado en sus entra&#241;as una nueva vida, y sentir que el vientre y los pechos se le ensanchan m&#225;s all&#225; de toda raz&#243;n, no sabr&#225; por lo que pas&#243; nuestra Madre bendita o cualquier otra mujer en asuntos como este.

Owein larg&#243; una carcajada ante la expresi&#243;n de desconcierto que hab&#237;a en el joven rostro del padre Mata.

No puede saberlo, por ser un hombre de Dios y no un esposo. Pero yo he descubierto que las mujeres se ponen extremadamente irritable en momentos as&#237;.

Disc&#250;lpalo, Rosamund -dijo Maybel, casi reprendi&#233;ndola-. &#191;C&#243;mo esperas que el pobre hombre lo sepa?

Entonces que no repita devotos lugares comunes -rezong&#243; ella.

Se levant&#243; de la mesa y una s&#250;bita expresi&#243;n de susto le atraves&#243; el rostro.

Maybel lo vio y se apresur&#243; a preguntar:

&#191;El beb&#233;?

No tengo dolores -dijo Rosamund, despacio-, pero me ha salido agua, y no es orina. -Estaba muy confundida.

Algunas empiezan con dolores y otras con las aguas -dijo Maybel, con calma-. Esta criatura ha decidido venir y ha elegido el momento, mi ni&#241;a. Camina por la sala mientras ponemos la silla de parir junto al fuego. -La mujer se dirigi&#243; a Owein-. T&#250; y Edmund saben qu&#233; hacer, milord. En cuanto a usted, mi buen curita, algunas oraciones ser&#225;n de ayuda.

Rosamund comenz&#243; a caminar por la sala. "Estoy pariendo a mi hijo -pens&#243;, muy entusiasmada-. Para la ma&#241;ana tendr&#233; a mi hijo en brazos. Una nueva generaci&#243;n para Friarsgate. Ven, mi chiquito Hughie, y nace. &#161;S&#237;! Hugh por Hugh Cabot. Edward, por mi hermano perdido; y Guy, por mi padre, a quien apenas recuerdo. Hugh Edward Guy Meredith, el pr&#243;ximo se&#241;or de Friarsgate". De s&#250;bito la atraves&#243; el primer dolor, y ella se detuvo bruscamente.

&#161;Agh! -La oleada de dolor la recorri&#243; y se fue con la misma rapidez.

Sigue caminando -le dijo Maybel.

Pusieron la silla de parir junto al hogar sobre un lecho de paja. En el fuego herv&#237;a un enorme caldero de agua. Hab&#237;a una mesita llena de pa&#241;os limpios. En otra, una jarra de bronce y una peque&#241;a botella de aceite. Trajeron la cuna junto con los pa&#241;os para fajar al reci&#233;n nacido.

Ahora, salgan todos -orden&#243; Maybel.

&#161;Que Owein se quede! -exclam&#243; Rosamund mientras su t&#237;o el sacerdote y los criados sal&#237;an de la sala.

Dar a luz es asunto de mujeres, mi ni&#241;a -dijo Maybel.

Me quedar&#233; -dijo Owein, en voz baja, y Maybel asinti&#243;.

Rosamund camin&#243; por la sala hasta que sinti&#243; d&#233;biles las piernas ya no pudo tenerse en pie. Owein la sostuvo antes de que cayera y la llev&#243; a la silla de parir. La sent&#243; y ella se aferr&#243; a los robustos brazos de madera, porque los dolores ven&#237;an ya muy seguido. Finalmente, pareci&#243; que no hab&#237;a respiro para tanto dolor.

Puja, mi ni&#241;a -orden&#243; Maybel-. Tienes que pujar para que salga la criatura de tu cuerpo.

No puedo -gimi&#243; Rosamund. Ten&#237;a la frente perlada de transpiraci&#243;n y casi no pod&#237;a respirar.

&#161;Tienes que pujar! -dijo Maybel, severa.

El largo crep&#250;sculo de primavera se convirti&#243; en la m&#225;s negra de las noches. La oscuridad persist&#237;a, y Rosamund se cans&#243; m&#225;s y m&#225;s luchando por traer a su hijo al mundo, al heredero de Friarsgate. Owein se qued&#243; a su lado, alent&#225;ndola, moj&#225;ndole los labios resecos con un pa&#241;o empapado en vino, apart&#225;ndole los cabellos, ahora lacios y h&#250;medos, de la frente.

Por fin, cuando el cielo comenzaba a aclarar con el nuevo d&#237;a, Maybel grit&#243;:

&#161;Ya casi est&#225;, mi ni&#241;a! La criatura casi sali&#243;. &#161;Con el pr&#243;ximo dolor tienes que pujar con todas tus fuerzas!

Y Rosamund se aferr&#243; a los brazos de la silla, apretando los dientes y gru&#241;endo mientras pujaba con todas sus fuerzas. Un grito rasg&#243; el alba y Maybel, de rodillas ante la silla de parir, ayud&#243; a que la criatura terminara de salir del cuerpo de su madre.

&#161;Es una ni&#241;a! -exclam&#243; Maybel-. &#161;Tan bonita como t&#250; cuando naciste!

&#161;Pero yo quer&#237;a un var&#243;n! -gimi&#243; Rosamund.

La pr&#243;xima vez -dijo Owein, y sus ojos brillaron cuando mir&#243; por primera vez a su hija.

&#191;La pr&#243;xima vez? T&#250; tienes que estar loco -le dijo Rosamund, pero Owein y Maybel rieron.

&#191;Qu&#233; nombre le pondremos? -le pregunt&#243; a su agotada esposa

&#191;Qu&#233; d&#237;a es hoy? -pregunt&#243; Rosamund, exhausta, casi incapaz de mantener los ojos abiertos.

Es 29 de abril.

Ma&#241;ana es mi cumplea&#241;os. Cumplir&#233; quince. Pero hoy es el d&#237;a de santa Catalina. Le pondremos como mi madre, como la santa y como la reina de los escoceses -decidi&#243; Rosamund.

Maybel hab&#237;a terminado de limpiar a la ni&#241;a, cuyos alaridos ya no eran tan fuertes. La envolvi&#243; con pa&#241;os apretados y se la entreg&#243; a su madre.

Tiene tus mechones rojizos, mi ni&#241;a.

Rosamund mir&#243; a su primog&#233;nita.

Bienvenida al mundo, Philippa Catharine Margaret. Casi compartimos el cumplea&#241;os -dijo y ri&#243; cuando su hija bostez&#243; y cerr&#243; los ojos para dormir, como diciendo: "Ahora que todo termin&#243; podemos descansar un rato".

El delgado dedo de Owein toc&#243; la mejilla sedosa de la criatura.

Nuestra hija -murmur&#243;, despacito.

Lo siento, milord. Trat&#233; de darte un hijo var&#243;n.

Es perfecta. No podr&#237;a ser m&#225;s feliz, mi amor.

&#191;De verdad? -pregunt&#243; ella, escudri&#241;ando el hermoso rostro de &#233;l.

De verdad -respondi&#243; &#233;l-. Ahora tengo dos hermosas mujeres para amar y malcriar.



CAP&#205;TULO 11

Si hab&#237;a algo que Rosamund hab&#237;a aprendido en su breve paso por la Corte era el valor de tener conexiones con personas importantes. No hab&#237;a considerado seriamente la cuesti&#243;n hasta el nacimiento de su hija. Porque, ahora, Philippa era la heredera de Friarsgate, pero, aunque fuera suplantada por un hermano var&#243;n, seguir&#237;a siendo la hermana del heredero. Rosamund sab&#237;a que en esa regi&#243;n tan poco habitada era dif&#237;cil conseguir buenos maridos. Se tomar&#237;an en cuenta la dote de su hija, su belleza y sus conexiones. Philippa no era de cuna noble, pero tampoco era una campesina. En consecuencia, de sus padres depend&#237;a mantener sus fr&#225;giles lazos con la Corte de los Tudor, aunque m&#225;s no fuera por la ni&#241;a.

Rosamund le escribi&#243; a la Venerable Margarita y a su antigua acompa&#241;ante, Margarita, la reina de Escocia, anunci&#225;ndoles el nacimiento de su hija. Tambi&#233;n se le ocurri&#243; escribirle a Catalina de Arag&#243;n, que probablemente ser&#237;a reina de Inglaterra alg&#250;n d&#237;a. Podr&#237;a ser muy &#250;til conservar la relaci&#243;n con una reina. Para deleite de Rosamund, llegaron cartas de las tres mujeres. La madre del rey enviaba sus felicitaciones junto con un peque&#241;o broche de esmeraldas y perlas para Philippa. La reina de los escoceses mand&#243; doce cucharas de plata y una carta llena de rumores escrita con su propia mano. La viuda Catalina hab&#237;a dictado su misiva a su secretaria, pues su ingl&#233;s segu&#237;a siendo malo. En ella, la princesa espa&#241;ola enviaba sus cari&#241;osos deseos de buena salud para Philippa y se disculpaba porque su regalo, un peque&#241;o misal encuadernado en cuero, no era m&#225;s importante. Explic&#243; que sus fondos eran escasos y que el rey no la ayudaba.

Rosamund qued&#243; pasmada, pero a Owein no le llam&#243; la atenci&#243;n. Le explic&#243; a su esposa que Enrique Tudor no se sentir&#237;a responsable por Catalina hasta que ella no se casara con su hijo menor. Estar&#237;a convencido de que el padre de ella, el rey Fernando, ten&#237;a la obligaci&#243;n de mantener a su hija. Si bien se esperaba que el casamiento ocurriera en alg&#250;n momento, el pr&#237;ncipe Enrique era todav&#237;a demasiado joven para contraer enlace. Podr&#237;a haber un partido m&#225;s ventajoso para el heredero al trono de Inglaterra y hasta que el rey pudiera decidirse, retendr&#237;a la custodia de la princesa espa&#241;ola.

La princesa, gentil y obediente, estaba ahora a merced de su padre y de su suegro, y ninguno de los dos consideraba que Catalina necesitara fondos para pagar a sus criados, vestirlos, alimentarlos y albergarlos. Sus propias vestimentas, el magn&#237;fico guardarropa que hab&#237;a tra&#237;do consigo al llegar a Inglaterra hac&#237;a ya varios a&#241;os, comenzaban a manifestar el paso del tiempo. Ten&#237;a solo dos trajes de damasco todav&#237;a en buen estado. Y, adem&#225;s, la desafortunada princesa no gozaba de buena salud. Le contaba a Rosamund en su carta que se hab&#237;a puesto p&#225;lida, demacrada y desganada. Los m&#233;dicos dec&#237;an que era su incapacidad de adaptarse a la comida inglesa y al clima de la isla.

Me pregunto si ser&#225; eso -le dijo Rosamund a su esposo-, o si es el temor al futuro lo que la preocupa. No estaba enferma antes de la muerte del pr&#237;ncipe Arturo ni despu&#233;s, mientras permaneci&#243; con nosotros. Estuvo en Greenwich, pero dice que ahora que la llevaron al palacio Fulham, en el campo, no solo no mejor&#243;, sino que empeor&#243;.

Rosamund le contest&#243; a la princesa que rezar&#237;a por su salud. Le cont&#243; de Philippa, de c&#243;mo cada d&#237;a tra&#237;a cambios para su beb&#233;. Le dijo que su hija, cuando hubiera crecido lo suficiente para comprender el honor que se le hab&#237;a dispensado, adorar&#237;a el hermoso misal de cuero. Y la solitaria Catalina de Arag&#243;n decidi&#243; responder, y as&#237; naci&#243; la correspondencia entre ellas. El Papa, escrib&#237;a Kate, hab&#237;a dado la dispensa para su casamiento con el pr&#237;ncipe Enrique. Tendr&#237;a lugar cuando &#233;l cumpliera catorce y ella, diecinueve.

Cuando Philippa Meredith cumpli&#243; siete meses, muri&#243; la reina Isabel de Espa&#241;a. Su hija menor, en Inglaterra, qued&#243; desolada por la p&#233;rdida. De lo que no tuvo conciencia fue de que con ello su posici&#243;n social cambiaba dr&#225;sticamente. Isabel hab&#237;a sido reina de Castilla por derecho propio. Su esposo, el rey de Arag&#243;n, solo hab&#237;a sido consorte, pero entre ambos hab&#237;an reinado sobre casi toda Espa&#241;a. La hija mayor, Juana, esposa de Felipe el Hermoso, archiduque de Austria, heredar&#237;a el trono de su madre. Cuando Juana se convirti&#243; en reina de Castilla, la condici&#243;n social de su hermana menor cay&#243; en gran forma, porque ahora Catalina no era m&#225;s que la hija del rey de Arag&#243;n y no la de Fernando e Isabel de Espa&#241;a. Enrique Tudor comenz&#243; a replantearse seriamente el matrimonio entre el hijo que le quedaba y la princesa. Y Catalina, que no era ninguna tonta, de pronto tuvo muy claro lo precario de su posici&#243;n.


Parece que ya no hay quien me proteja. C&#243;mo desear&#237;a tener un brazo fuerte como el de tu buen sir Owein. Si bien en la Corte se me alberga y se me alimenta, aunque no sea de muy buena gana, ya no tengo dinero para mis necesidades m&#237;nimas. Mi padre y el rey Enrique regatean, mientras mis pobres criados est&#225;n m&#225;s y m&#225;s andrajosos cada d&#237;a que pasa. El rey casi no me presta atenci&#243;n y, aunque le he pedido al embajador de mi padre, el doctor De Puebla, que interceda por m&#237;, el hombre es un in&#250;til, solo le interesa conservar su puesto. Le he escrito a mi padre sobre esto, pero no menciona el punto en su correspondencia.

Estoy muy disgustada con mi due&#241;a, do&#241;a Elvira. Aqu&#237; estoy yo, en aprietos econ&#243;micos, y ella sigue preocup&#225;ndose por mi decoro. Luego de haber probado la libertad de las mujeres inglesas, ya no puedo volver a ser verdaderamente espa&#241;ola. Pero esta entrometida le escribi&#243; a mi padre cont&#225;ndole que mi comportamiento no se correspond&#237;a con el de una princesa de Espa&#241;a. Mi padre, a su vez, le escribi&#243; al rey Enrique, y ahora me han dicho que debo obedecer los deseos de mi padre. Se me han prohibido peque&#241;os placeres como cantar y bailar con otros en la Corte. &#161;Si pudiera mandar&#237;a a esa bruja de regreso a Espa&#241;a!


Pobre Kate -le dijo Rosamund a Owein cuando termin&#243; de lee la carta-. &#191;Se ofender&#237;a si le envi&#225;ramos un poco de dinero? No soporto pensar que maltraten a Kate de esa manera.

Estoy de acuerdo -dijo Owein-, pero d&#233;jame pensar el importe adecuado, mi amor, para no a ofender a la princesa, que es una mujer orgullosa.

Owein no le dijo a su esposa que se hab&#237;a enterado, por antiguos de la Corte, que el rey hab&#237;a entrado en negociaciones secretas con los nuevos reyes de Castilla para casar al pr&#237;ncipe Enrique con su hija, la princesa Leonor, de seis a&#241;os, cuya condici&#243;n social era ahora m&#225;s importante que la de su t&#237;a de diecinueve a&#241;os. Todo el mundo hablaba de esto en susurros, aunque no era, por cierto, un tema de conocimiento p&#250;blico.

Aunque el pr&#237;ncipe hab&#237;a cumplido catorce a&#241;os en junio, el matrimonio con Catalina no se celebr&#243;, y ni siquiera se lo mencionaba. Catalina de Arag&#243;n comenzaba a darse cuenta de su situaci&#243;n. Comprendi&#243; que el hecho de que su padre no hubiera podido entregar la segunda cuota de su dote era un tema r&#237;spido y le escribi&#243; para implorarle que ofreciera un pago en oro por la plata y las joyas que ella pose&#237;a, lo que originalmente iba a ser el pago final a Enrique Tudor. Fernando le prometi&#243; a su hija que enviar&#237;a el resto de la dote.

Para la primavera el pago a&#250;n no hab&#237;a llegado y el rey ingl&#233;s comenz&#243; a quejarse p&#250;blicamente con gran resentimiento. La posici&#243;n de Catalina en la Corte se volvi&#243; m&#225;s precaria. Fernando estaba t&#233;cnicamente en su derecho de negar el pago hasta que el matrimonio no se celebrara formalmente y pudiera consumarse. Pero hasta que no se celebrara formalmente no podr&#237;a consumarse, y no se consumar&#237;a hasta que el rey Tudor no tuviera toda la dote de la princesa en la mano.

Rosamund alumbr&#243; a su segunda hija en marzo de 1506. Su nueva ni&#241;a fue bautizada Banon Mary Katherine. Banon hab&#237;a sido el nombre de la madre de su esposo. Significaba reina en lengua galesa. Mary por la santa Virgen y Katherine, por la princesa de Arag&#243;n, a quien se le pidi&#243; que fuera la madrina. Y la princesa acept&#243;. Para Friarsgate era todo un acontecimiento y un honor.

Una noche de primavera estaban sentados en la sala y Rosamund le dijo a su esposo:

Tienes que ir a ver a la princesa. Le llevar&#225;s el dinero del que hablamos la vez pasada, para ayudarla con sus gastos. Est&#225; muy pobre y no se encuentra bien. No entiendo por qu&#233; no se ha celebrado su matrimonio, si el pr&#237;ncipe Enrique ya est&#225; en edad.

Es muy largo el camino hasta la Corte -le record&#243; Owein a su esposa. Hab&#237;a decidido no contarle a Rosamund de la doblez de Enrique Tudor.

Yendo solo llegar&#225;s al sur mucho m&#225;s r&#225;pido que cuando fuiste escolt&#225;ndome. No podemos confiar este asunto a un extra&#241;o, Owein. No soporto pensar que una persona tan bondadosa y delicada como Kate reciba maltrato. Ve, por favor. Si no es por ella, hazlo por m&#237;. Si estoy disgustada, se me cortar&#225; la leche, y no querr&#225;s poner a la pobre Banon con un ama de leche.

Estamos en primavera. Hay que plantar y tenemos que seleccionar las ovejas, y pronto habr&#225; que celebrar el tribunal del se&#241;or&#237;o, que ya ha terminado el invierno -argument&#243; &#233;l con una peque&#241;a sonrisa.

Edmund se har&#225; cargo de plantar, de las ovejas y de todo lo que haya que hacer. Y yo me ocupar&#233; del tribunal, milord, como t&#250; bien sabes. Ve al sur, por m&#237;, por favor.

&#201;l acept&#243;, aunque a desgano, porque estaba c&#243;modo con su vida en Friarsgate, con Rosamund y su familia. Owein Meredith se daba cuenta de que nunca hab&#237;a sido tan feliz. De todos modos, viaj&#243; al sur, a encontrar a la princesa en Greenwich, donde le pidi&#243; una audiencia. Ella lo recibi&#243; de inmediato, pues pocas personas requer&#237;an verla, salvo sus acreedores.

Sir Owein, me da gusto volverlo a ver y tan bien -dijo Catalina de Arag&#243;n, despacio, en su ingl&#233;s cuidado, pero con acento.

El se inclin&#243; y bes&#243; la mano que se le ofrec&#237;a, notando que era delgada, casi huesuda, de color marfil.

Le he tra&#237;do un peque&#241;o obsequio -dijo, tendi&#233;ndole la peque&#241;a bolsa de cuero-. Tengo el placer de contarle que su ahijada crece bien y que, como su madre y su hermana, es pelirroja. -Le sonri&#243; a la princesa mientras do&#241;a Elvira tomaba con discreci&#243;n la bolsa de su manos.

Si&#233;ntese, sir Owein, y cu&#233;ntemelo todo -dijo Catalina de Arag&#243;n ignorando la mirada escandalizada que le dirigi&#243; do&#241;a Elvira-. &#191;C&#243;mo est&#225; Rosamund? &#191;Prospera su querida Friarsgate?

Ella est&#225; bien, Su Alteza. En realidad, dir&#237;a que est&#225; mejor con cada ni&#241;a que tiene. Y Friarsgate, tengo el placer de decir, es pr&#243;spera. Nuestra lana y nuestros tejidos, en particular el azul especial que hacemos son muy requeridos por los merceros ingleses y por los de los Pa&#237;ses Bajos que van a Carlisle.

Dios los ha bendecido, sir Owein. Espero que se den cuenta y den gracias a nuestro querido Se&#241;or y su santa Madre -dijo Catalina, piadosa.

As&#237; es, Su Alteza. Es m&#225;s, nuestro sacerdote, el padre Mata, celebra misa todos los d&#237;as, y dos veces por d&#237;a en las fechas de guardar. Nos aseguramos de que cada criatura que nace en Friarsgate sea bautizada de inmediato y enviamos limosna peri&#243;dicamente al obispo de Carlisle.

La princesa sonri&#243;.

Me complace saber que su casa es un hogar cristiano, sir Owein. -Se dirigi&#243; a do&#241;a Elvira-: Tr&#225;enos alg&#250;n refrigerio. &#191;Permitiremos que sir Owein me acuse de ser una mala anfitriona, &#233;l que ha venido a verme desde tan lejos?

&#191;Dejarte sola con un hombre? -dijo, furiosa, la due&#241;a, en espa&#241;ol-. &#191;Est&#225;s loca?

Mar&#237;a est&#225; con nosotros -respondi&#243; la princesa en la misma lengua-. Ahora ve a hacer lo que te ordeno.

Con un estremecimiento de su falda negra, do&#241;a Elvira sali&#243; como una tromba de la habitaci&#243;n.

Simula no saber una palabra de ingl&#233;s -dijo la princesa-, pero lo entiende perfectamente, aunque no lo hable mejor que yo. En primer lugar, quiero darle las gracias por el env&#237;o. No disimular&#233; con usted. Atravieso por un estado de tremenda necesidad.

Desear&#237;amos que fuera m&#225;s, Su Alteza -dijo Owein, reparando en lo gastados que estaban los pu&#241;os del traje de la princesa-. Si no la ofendiera, &#191;podr&#237;a enviarnos a alguien en el oto&#241;o? Si puede, haremos que regrese con otro peque&#241;o env&#237;o para usted.

Mar&#237;a, oc&#250;pate de que se haga lo que pide sir Owein y no le digas nada a la vieja arp&#237;a -dijo Catalina de Arag&#243;n.

Lo arreglar&#233;, Su Alteza -respondi&#243; Mar&#237;a de Salinas, la &#237;ntima amiga de la princesa.

Pobre Mar&#237;a -le dijo la princesa a sir Owein-. Su familia hab&#237;a arreglado su matrimonio con un flamenco adinerado, pero yo deb&#237;a dar su dote y no pude. Espero compensarla alg&#250;n d&#237;a. -Suspir&#243; profundamente-. Cu&#233;nteme lo que sabe, sir Owein.

Milady, vivo en Cumbria. Oigo muy poco de la Corte.

Tiene amigos que le escriben, lo s&#233;. &#191;Qu&#233; se dice de mi matrimonio con el pr&#237;ncipe Enrique? Hace meses que no lo veo, aunque ambos vivimos en la Corte. -Con gesto nervioso, los dedos pellizcaban la seda roja de la falda.

&#201;l vacil&#243;, pero decidi&#243; que la verdad era mejor en esa dif&#237;cil situaci&#243;n.

En el norte lleg&#243; un rumor a mis o&#237;dos, aunque debo advertirle que, por lo que s&#233;, es solo un rumor. Se dice que el rey est&#225; considerando otra alianza para su hijo.

&#191;Con qui&#233;n?

Con su sobrina, la princesa Leonor.

Catalina de Arag&#243;n sacudi&#243; la cabeza, desolada.

Es una ni&#241;a, que Dios la ayude. Pero es t&#237;pico de mi cu&#241;ado complicarse en semejante negociaci&#243;n. Sab&#237;a que odiaba a mi padre, pero no pens&#233; que lo odiara tanto como para perjudicarme a m&#237;. &#161;Y Juana! &#161;Mi pobre hermana loca! Es tan celosa de Felipe que lo ha apartado de ella con sus sospechas. Una esposa debe pasar por alto los peque&#241;os pecados de su esposo, a pesar de su propio orgullo. Mi hermana no entiende que ser la esposa del archiduque la hace importante, y que ninguna amante puede quitarle eso. &#191;Sabe si se ha firmado algo?

No que yo sepa, pero no pueden firmar nada a menos que se repudie su compromiso con el pr&#237;ncipe Enrique -le record&#243; Owein, para darle esperanzas.

Catalina sacudi&#243; la cabeza, con pena.

Estoy en una situaci&#243;n tan dif&#237;cil. El rey Enrique me considera comprometida, pero a su hijo lo considera libre. No s&#233; qu&#233; har&#233; si se me repudia.

&#161;No suceder&#225; tal cosa! -dijo, en&#233;rgico, Owein Meredith-.Es su hermana quien hered&#243; Arag&#243;n, no el archiduque Felipe, Su Alteza. Su padre encontrar&#225; la manera de dar satisfacci&#243;n. Seguramente podr&#225; razonar con la reina Juana sobre este asunto. Todo se compondr&#225;, &#161;estoy seguro! Rogamos por usted en Friarsgate y continuaremos haci&#233;ndolo.

Es extra&#241;o que una muchacha sin importancia de Cumbria y su esposo caballero sean mis defensores. Tengo pocos amigos aqu&#237;, sir Owein. Me causa gran satisfacci&#243;n que ustedes est&#233;n de mi parte, aunque lejos.

Alg&#250;n d&#237;a usted ser&#225; reina de Inglaterra. Una reina Tudor. Desde los seis a&#241;os he servido a los Tudor y tambi&#233;n la servir&#233; a usted. Rosamund har&#225; lo propio. -Se arrodill&#243; y volvi&#243; a besarle la mano-. El rey Enrique puede ser severo y s&#233;, por mis amigos, que no est&#225; bien. Pero no es ning&#250;n tonto. El arreglo que hizo con sus padres al final prevalecer&#225;. De eso estoy seguro. -Se puso de pie-. Con su permiso, ahora me retirar&#233;. El viaje ha sido largo y quisiera ver a algunos amigos antes de volver a casa a Friarsgate. -Se inclin&#243; ante ella.

Venga a verme una vez m&#225;s antes de irse -dijo ella, y &#233;l asinti&#243;.

Owein dej&#243; los apartamentos de la princesa y busc&#243; a algunos de sus antiguos compa&#241;eros. Estos se alegraron de verlo y bromearon con &#233;l, porque hasta el momento solo hab&#237;a procreado ni&#241;as. Pero, con unas copas de vino por delante, se pusieron a hablar, y Owein se enter&#243; de que las cosas eran peores de lo que &#233;l hab&#237;a imaginado para la pobre princesa. Catalina de Arag&#243;n estaba virtualmente en la miseria. El rey hab&#237;a suspendido por completo su salario. Viv&#237;a con la Corte porque ya no pod&#237;a mantenerse en la Casa Durham, que pertenec&#237;a al obispo de Londres.

Antes de verse obligada a dejar la casa tuvo que economizar hasta tal punto que sus criados deb&#237;an comprar pescado, carne y verduras del d&#237;a anterior en el mercado. Varias de las muchachas que hab&#237;an llegado con ella desde Espa&#241;a con la esperanza de encontrar buenos matrimonios ingleses, hab&#237;an sido devueltas a casa porque la princesa no pod&#237;a mantenerlas, y mucho menos darles una dote. Mar&#237;a de Salinas se hab&#237;a negado a dejar a su amiga. Catalina estaba endeudada con varios mercaderes londinenses, que no ten&#237;an el menor empacho en exigirle el pago. Se dec&#237;a que a Catalina le desagradaba el doctor De Puebla, el embajador espa&#241;ol. Prefer&#237;a al otro enviado de Espa&#241;a, Hern&#225;n, duque de Estrada, que era compasivo con la princesa y le escrib&#237;a al rey en su nombre, aunque esto no serv&#237;a absolutamente de nada.

La princesa, le contaron a Owein sus amigos, estaba constantemente enferma, con una dolencia u otra. Sufr&#237;a de fiebres tercianas, flujos irregulares y dolores de cabeza que la dejaban tan d&#233;bil que con frecuencia no pod&#237;a levantarse de la cama ni abandonar su habitaci&#243;n durante d&#237;as. No estaba bien de los nervios y sufr&#237;a de depresi&#243;n. Sinti&#233;ndose sola y virtualmente sin amigos, a menudo se encontraba al borde del colapso. Los amigos de Owein se preguntaban si en realidad era la esposa adecuada para el pr&#237;ncipe Enrique.

&#191;Ser&#225; capaz una muchacha tan sensible de hacer pr&#237;ncipes para Inglaterra? -dijo uno, con crudeza-. Adem&#225;s, a los diecinueve a&#241;os, ya est&#225; crecidita. Tal vez el rey tenga raz&#243;n cuando habla de buscar a una muchacha m&#225;s joven.

La princesa Catalina ser&#225; una buena reina de Inglaterra alg&#250;n d&#237;a -dijo Owein, leal-. Todav&#237;a es joven, y sospecho que al pr&#237;ncipe le vendr&#225; mejor una esposa algo mayor que &#233;l.

Tendr&#237;as que verlo. De un muchacho alto se ha convertido en un hombre corpulento. Mira, Owein, mide m&#225;s de uno metro noventa y los brazos y las piernas son como troncos de &#225;rbol. Tiene el cuerpo de un hombre, pero la cabeza a&#250;n es la de un ni&#241;o. El rey casi no le da oportunidad de reinar. Al menos a Arturo, que Dios lo tenga en su gloria, lo enviaron a Gales a aprender caballer&#237;a. El rey no quiere separarse del pr&#237;ncipe Hal. Lo tiene con la rienda corta.

No tanto que el pr&#237;ncipe no levante alguna falda que otra de vez en cuando -brome&#243; un tercero-. Tiene el apetito de un s&#225;tiro por la carne femenina. Si la princesa se casa con &#233;l, tendr&#225; que mirar para otro lado cuando a Su Alteza se le escapen los ojos, lo que suceder&#225; con frecuencia, sin duda.

Ser&#237;a de esperar que el pr&#237;ncipe Hal no hiciera un espect&#225;culo p&#250;blico -opin&#243; Owein-. La princesa es una muchacha orgullosa.

Se qued&#243; bebiendo y enter&#225;ndose de las novedades de la Corte con sus amigos hasta que todos se acostaron para pasar la noche en la sala del rey. Por la ma&#241;ana, con un poco de dolor de cabeza, fue a ver a la princesa Catalina para despedirse.

Por favor, d&#237;gale a Rosamund que siga escribi&#233;ndome, sir Owein. Me gustan sus cartas, tan plenas de los detalles dom&#233;sticos, con noticias de Friarsgate y de sus hijas. Y p&#225;seme cualquier informaci&#243;n que obtenga de sus amigos de aqu&#237;.

Soy el leal sirviente de Su Alteza -dijo Owein Meredith, mientras se inclinaba y besaba la mano real una &#250;ltima vez antes de retirarse.

Durante los d&#237;as siguientes, apur&#243; su caballo en direcci&#243;n sur. El sol primaveral le alegraba el camino y pensaba en Rosamund. Casi no pod&#237;a esperar para contarle todas las novedades. Ella se apenar&#237;a por la situaci&#243;n dif&#237;cil de Catalina de Arag&#243;n, pero seguir&#237;an ayudando a la princesa lo m&#225;s que pudieran. Owein cre&#237;a firmemente que Catalina alg&#250;n d&#237;a ser&#237;a reina de Inglaterra, y la muchacha no era una persona que olvidara a sus amigos.

Al fin, su caballo lleg&#243; a las colinas desde donde se dominaba Friarsgate. El lago, abajo, era de un azul brillante bajo el sol de fines de mayo. Las colinas verdes estaban salpicadas con ovejas y los prado se cubr&#237;an de vacas y caballos. Vio a los arrendatarios que trabajaban en el campo y cuidaban las nuevas cosechas de grano y vegetales. Hizo avanzar al caballo con lentitud colina abajo, sabiendo que su esposa y sus hijas lo esperaban ese d&#237;a, y estaba feliz de volver a casa.

Un pe&#243;n del establo se acerc&#243; a tomar el caballo cuando &#233;l desmont&#243;.

Dale una buena cepillada, Tom, y una raci&#243;n extra de avena. Ha recorrido un largo trecho las dos &#250;ltimas semanas -orden&#243; Owein-. Y despu&#233;s su&#233;ltalo en el prado, para que retoce a gusto.

S&#237;, milord, &#161;y bienvenido a casa!

Owein se dirigi&#243; a su casa. Avisada por una criada, Rosamund corri&#243; a recibirlo, le ech&#243; los brazos al cuello y lo bes&#243; con gran entusiasmo.

Riendo, Owein la levant&#243; y la llev&#243; hasta la sala, donde la deposit&#243; con suavidad en el suelo.

Por Dios, milady, qu&#233; buen recibimiento. &#191;Tanto se me ha extra&#241;ado? -Pero estaba muy contento, porque era la primera vez que se hab&#237;an separado desde que se casaron.

Ella lo mir&#243; a los ojos, y los suyos resplandec&#237;an con el amor que sent&#237;a por &#233;l.

&#161;S&#237;, milord, se te ha extra&#241;ado mucho! -le dijo.

&#161;Pap&#225;! &#161;Pap&#225;! -Owein sinti&#243; un insistente tironeo del jub&#243;n.

Mir&#243; hacia abajo y vio a Philippa. Se inclin&#243; y la levant&#243; con una sonrisa.

&#191;C&#243;mo est&#225; la princesita de pap&#225;? -le pregunt&#243;, al tiempo que besaba su mejilla rosada-. &#191;Te portaste bien, Philippa, y ayudaste a mam&#225; con la hermanita?

Philippa mir&#243; a su padre y dijo, en su media lengua:

S&#237;. -Frunci&#243; el entrecejo-. Bannie tiene olor.

A veces los ni&#241;os peque&#241;itos tienen olor, s&#237;, pero tu hermanita no tiene olor siempre, &#191;no? Dime la verdad.

No -dijo Philippa con reticencia.

Owein baj&#243; a su hija.

&#191;Ya estamos con rivalidades? -le pregunt&#243; a su esposa mientras Philippa se iba, caminando a los tumbos y con un brillo en los ojos, consta de que su padre la hubiera levantado y escuchado.

Necesitamos otra. Eso pondr&#225; fin a la historia. -Le sonri&#243;, seductora-. &#191;Y usted me extra&#241;&#243;, milord?

&#191;La criatura acaba de salirle del vientre y usted ya quiere otra milady? -brome&#243; &#233;l-. Creo que tendr&#237;amos que esperar un poco.

Necesitamos un var&#243;n.

Cuando Dios lo disponga. Ahora, mujer, &#191;d&#243;nde est&#225; mi cena? He comido casi todas porquer&#237;as desde que sal&#237; de aqu&#237;. Estoy cansado y muerto de hambre.

Enseguida, milord -respondi&#243; ella, y llam&#243; a los criados para que trajeran la comida-. Y apenas hayas comido me contar&#225;s todo lo que has visto y o&#237;do.

&#201;l asinti&#243; y se sent&#243; a la mesa principal.

Le llevaron un pollo, dorado y relleno con pan, manzanas, cebollas y apio. Una linda trucha, cortada, servida sobre un lecho de un berro fresco. Hab&#237;a un recipiente con guisado de cordero: los pedazos de carne flotaban en una salsa cremosa con cebada, rodajas de zanahorias y puerros dulces. Llevaron pan casero caliente, manteca dulce y una tajada de queso amarillo. Los dos comieron con apetito, sopando la salsa del guisado con el pan. Vaciaron varias copas de cerveza. Y cuando se hubieron saciado, apareci&#243; un criado con un recipiente con frutillas y otro con crema batida.

Ahora -dijo &#233;l, metiendo una frutilla en la crema y dej&#225;ndola caer en la boca-, te contar&#233; todo, mi amor.

Rosamund escuch&#243;, sin interrumpirlo, hasta que concluy&#243; el relato.

La pobre Kate tiene menos control sobre su vida que nosotros -se apen&#243; Rosamund-. Es una princesa, a m&#237; no se me hubiera ocurrido que esto fuera posible. No puedo creer que el rey sea tan cruel. &#191;Qu&#233; clase de ejemplo le da al pr&#237;ncipe?

No es cruel deliberadamente -explic&#243; Owein-. &#201;l y el Rey Fernando despliegan sus juegos de poder. Es como el ajedrez. Por desgracia, la princesa es su &#250;nico pe&#243;n y sufre en consecuencia.

Tenemos que seguir ayud&#225;ndola, Owein. Nosotros tenemos tanto, t&#250; y yo, aqu&#237; en Friarsgate. Ella no tiene m&#225;s que sus esperanzas porque no disponemos de mucho en efectivo, porque aqu&#237; en el campo uno vive del trueque, pero debemos conseguir dinero para enviarle en cuanto podamos. Por favor, no me niegues esto. -Lo mir&#243; con ansiedad.

T&#250; eres la se&#241;ora de Friarsgate, mi amor, yo no soy m&#225;s que tu esposo. Pero pensamos igual en este asunto, Rosamund. En el oto&#241;o vendr&#225; alguien de visita de parte de la princesa Catalina. Y volver&#225; con lo que podamos enviarle.

&#161;S&#237;! Podemos vender algunos corderos o dos vaquillonas. Hay un potrillo en el prado que todav&#237;a no ha sido castrado y que nos dar&#225; una buena ganancia, porque es hijo de Danzar&#237;n de las Sombras, el mejor padrillo de caballos de guerra que hubo todo el norte de Inglaterra. Yo le puse Papamonta, porque es id&#233;ntico a su padre. Si hacemos correr la voz de que lo tenemos en venta, podemos sacarle buen dinero para enviarle a la princesa Catalina -dijo Rosamund, con entusiasmo-. Ese caballo nos puede dar mucho.

Que pase el verano en nuestras pasturas, engordando -sugiri&#243; Owein-. Lo venderemos despu&#233;s de Lammas.

Ella asinti&#243;.

Es un buen plan -y agreg&#243;-: tienes que darte un ba&#241;o, porque apestas al camino. Ir&#233; a prepar&#225;rtelo ahora. Maybel vendr&#225; a buscarte.

Tal vez usted desee acompa&#241;arme, milady -dijo &#233;l, en voz baja-. Esa linda tina que nos hizo el tonelero nos ha visto muy poco en los &#250;ltimos meses. Ahora que Banon naci&#243;, podemos volver a usarla. -La oy&#243; re&#237;r entre dientes, mientras se iba de la sala. Los ojos de &#233;l se dirigieron a sus hijas. Philippa jugaba en el suelo bajo la mirada vigilante de su nodriza. Ya hab&#237;a cumplido dos a&#241;os y era muy activa. Ten&#237;a los cabellos rojizos de Rosamund, pero los ojos azules que ten&#237;a al nacer estaban cambiando al verde avellana de &#233;l. Junto al fuego, el pie de la nodriza hamacaba r&#237;tmicamente la cuna de Banon. &#201;l conoc&#237;a poco de esta segunda hija suya, m&#225;s que su car&#225;cter animado.

Rosamund parec&#237;a ser una buena reproductora. Sus embarazos eran f&#225;ciles, con pocos malestares. Daba a luz r&#225;pidamente y sin grandes dificultades. Las ni&#241;as se ve&#237;an sanas. Pero ella quer&#237;a darle un hijo var&#243;n y la verdad era que &#233;l tambi&#233;n lo deseaba. Pero jam&#225;s lo admitir&#237;a, porque conoc&#237;a bien a su esposa. Rosamund lo amaba tanto como &#233;l a ella. Si &#233;l dec&#237;a que quer&#237;a un var&#243;n, ella intentar&#237;a engendrarlo hasta que lo tuviera o ya no pudiera concebir. Owein Meredith no era ning&#250;n tonto Sab&#237;a que demasiados hijos pod&#237;an matar a una mujer. Su madre hab&#237;a muerto as&#237;. Prefer&#237;a toda la vida tener a su dulce Rosamund antes que un hijo var&#243;n.

Maybel interrumpi&#243; sus pensamientos.

Tu ba&#241;o est&#225; listo, milord. Todav&#237;a no tuve la oportunidad de darte la bienvenida a casa, pero lo hago ahora.

Maybel -dijo &#233;l, sin m&#225;s-, &#191;c&#243;mo se hace para impedir que una mujer conciba un ni&#241;o?

&#161;Milord! Eso est&#225; prohibido.

S&#237;, pero s&#233; que hay maneras, y sospecho que t&#250; las conoces. Esc&#250;chame, Rosamund quiere darme un hijo var&#243;n, pero yo pienso que tener un hijo tan seguido de Banon podr&#237;a hacerle da&#241;o a mi esposa. &#191;Puedes ayudarme, Maybel?

Yo s&#233; que no refrenar&#225;s tus pasiones -dijo Maybel, en voz baja, con un brillo en los ojos.

Es que esa muchacha no me deja en paz -dijo &#233;l, bromeando-, y yo reconozco que tengo debilidad por ella.

Maybel ri&#243;, pero enseguida se puso seria.

No te enojes, milord, te lo ruego, pero yo ya ech&#233; mano del asunto. Lo hice despu&#233;s del nacimiento de Philippa. Rosamund no lo sabe, pero debe descansar entre un embarazo y otro, y ella no lo har&#237;a si la cuesti&#243;n quedara en sus manos. Todos los d&#237;as le doy una bebida, un t&#243;nico, que ella toma porque conf&#237;a en m&#237;. En realidad, es un preparado que hago con semillas de zanahoria silvestre y un poquito de miel para quitarle el dejo amargo. Eso deber&#237;a hacer que tu semilla cayera en terreno yermo, milord. Un hijo cada dos a&#241;os es m&#225;s que suficiente. Alg&#250;n d&#237;a debemos tener un hijo var&#243;n para Friarsgate.

De acuerdo, pero no demasiado pronto. -Le sonri&#243; a Maybel. Me ir&#233; a tomar mi ba&#241;o con la tranquilidad de que podremos amarnos, pues no debo negarle nada a mi muchacha, traviesa como es.

Es el mismo esp&#237;ritu que la mantuvo a salvo de su t&#237;o Henry y sus maquinaciones -respondi&#243; Maybel, devolvi&#233;ndole la sonrisa a Owein.

&#201;l corri&#243; escaleras arriba, a su dormitorio. Al entrar encontr&#243; a su esposa esper&#225;ndolo. Cerr&#243; la puerta y le pas&#243; el cerrojo.

Entonces &#191;me vas a acompa&#241;ar, milady? No me respondiste cuando te lo ped&#237; en la sala. -Se sent&#243; y tendi&#243; hacia ella el pie calzado con la bota.

Rosamund le sac&#243; las botas y le quit&#243; las medias tejidas. Entonces, frunci&#243; la nariz.

&#161;Jes&#250;s, Mar&#237;a y Jos&#233;! Nunca ol&#237; algo tan horrible y, en respuesta a tu pregunta, milord, s&#237;, te acompa&#241;ar&#233;. &#191;C&#243;mo, si no, podr&#237;a restregarte para sacarte la mugre del cuerpo y quitarte los piojos que seguro te contagiaste en la Corte? Te imagino en la sala del rey con tus amigotes, bebiendo y hablando toda la noche. Si mal no recuerdo, tus compa&#241;eros no son demasiado exigentes en lo que hace al cuidado personal.

Un caballero no tiene muchas oportunidades de ba&#241;arse -admiti&#243; &#233;l mientras ella lo desvest&#237;a.

&#191;Viste al pr&#237;ncipe Enrique?

En la sala, despu&#233;s de la cena, s&#237;, pero no habl&#233; con &#233;l, mi amor. Est&#225; hecho todo un hombre: alto, de huesos grandes, y muy parecido a su abuelo, el rey Eduardo IV, dicen. Es muy bien parecido, con la piel tan clara como una doncella, sus cabellos dorados y los ojos azules brillantes. Se parece mucho a su fallecido hermano, Arturo, aunque este no ten&#237;a la estatura, la imponencia ni la buena salud de Enrique. Es muy bullicioso e inteligente. La gente lo adora. Es tanto el amor que sienten Por &#233;l como el desagrado hacia el padre.

M&#233;tete en la tina -le orden&#243; ella, y &#233;l obedeci&#243;. Ella se quit&#243; la camisa y se introdujo con &#233;l en el agua caliente.

Tienes que besarme antes de cepillarme -dijo &#233;l, con una peque&#241;a sonrisa-. &#161;Dios! El agua est&#225; preciosa, mi amor. Nadie prepara los ba&#241;os como t&#250;. -Oli&#243;-. &#191;Brezo blanco?

No te quedar&#225; el aroma, pero, considerando el viaje que hiciste, pens&#233; que ser&#237;a bueno agregar un poco de perfume. -Le dio un beso, pero a &#233;l no le alcanz&#243;.

La atrajo a sus brazos y apret&#243; firmemente sus labios contra los de ella y, ganada como siempre por sus besos, Rosamund suspir&#243;. Sus lenguas jugaron a las escondidas. Las manos de &#233;l comenzaron a recorrer el firme cuerpo de ella, a acariciarle las nalgas, los senos. &#201;l mismo se sorprendi&#243; con la rapidez de su excitaci&#243;n. No hablaron. &#201;l la apoy&#243; contra las paredes de roble de la tina, la levant&#243; y la atraves&#243; con su espada de amor.

&#161;Aahhh! -suspiraron de placer a la vez.

Ella le ech&#243; los brazos al cuello y se apret&#243; contra &#233;l.

&#201;l le tom&#243; el rostro entre sus manos.

No me pidas que vuelva a separarme de ti, Rosamund. Te extra&#241;&#233; much&#237;simo.

Y yo a ti, milord. Ah, oh, eso me gusta, Owein.

&#201;l apretaba los gl&#250;teos al pujar dentro de ella.

S&#237;, es el para&#237;so, mi amor.

Sus labios se juntaron en un beso ardiente que intensific&#243; la pasi&#243;n que los consum&#237;a. &#201;l sinti&#243; que se acercaba el momento culminante y ella tambi&#233;n. El deseo de &#233;l explot&#243; cuando los dientes de ella se hundieron en su hombro. Entonces, ella afloj&#243; la presi&#243;n de las piernas, que rodeaban la cintura de &#233;l y qued&#243;, d&#233;bil, pegada a su esposo. Sus jadeos entrecortados se convert&#237;an, poco a poco, en suspiros profundos de satisfacci&#243;n.

Por fin, Rosamund volvi&#243; a abrir los ojos. Todav&#237;a sent&#237;a las piernas temblorosas, pero igual tom&#243; el pa&#241;o de franela y comenz&#243; a lavar a su esposo. Owein ten&#237;a una sonrisa en los labios, y ella ri&#243; al notarlo.

Al o&#237;r la risa, &#233;l abri&#243; los ojos verde avellana y dijo:

&#191;Hay algo que le est&#225; haciendo gracia, milady?

Se ve que s&#237; me extra&#241;aste, Owein. &#191;Ninguna dama de la Corte te ofreci&#243; sus encantos, por los buenos tiempos, milord? Estabas muy desesperado por hacer el amor conmigo.

T&#250; tampoco te hiciste rogar, mi amor -brome&#243; &#233;l, a su vez-. Creo que nunca hab&#237;amos hecho el amor en nuestra tina. Me pareci&#243; muy estimulante. Me pregunto si todos los esposos y esposas disfrutan como nosotros. Creo que hemos alcanzado mucho con lo que nos ha tocado.

No ha sido malo. T&#250; me amabas aun antes de casarnos y yo he llegado a amarte con todo el coraz&#243;n. Solo espero que la pobre Kate alg&#250;n d&#237;a tenga la misma buena fortuna. Ahora qu&#233;date quieto, Owein. Nunca vi tanta mugre como la que tienes en el cuello y las orejas. No s&#233; si terminar&#233; de lavarte alguna vez.

Me laves o no, mi amor, te ruego que te des prisa. Me muero por estar en la cama y volver a tenerte en mis brazos.

Haremos el var&#243;n pronto si contin&#250;as port&#225;ndote con tal entusiasmo -gorje&#243; ella, complacida.

Haremos el var&#243;n cuando Dios lo disponga, mi amor -respondi&#243; &#233;l, sinti&#233;ndose algo culpable por el enga&#241;o que &#233;l y Maybel hab&#237;an tramado, pero lo cierto es que &#233;l no quer&#237;a perderla, ni en ese momento ni nunca.

El verano pas&#243; en paz. Tuvieron pocas noticias del sur. El rey saldr&#237;a en su viaje oficial, pero nunca iba tan al norte. El tiempo no fue tan clemente como habr&#237;an deseado, de modo que la cosecha no fue pr&#243;diga como la del a&#241;o anterior. Igual, sobrevivir&#237;an al invierno. Edmund Bolton hizo correr la voz de que Friarsgate vender&#237;a un potrillo despu&#233;s de Lammas. La venta ser&#237;a el 1 de septiembre.

Papamonta era un animal gris moteado, con la crin y la cola negras como el carb&#243;n. Retozaba, bufaba y sacud&#237;a la crin cuando lo trajeron al espacio cerrado donde lo exhibir&#237;an a los compradores interesados.

&#191;Ha sido entrenado para pelear? -pregunt&#243; el representante del conde de Northumberland.

Es demasiado joven -respondi&#243; sir Owein-, pero si el comprador quiere, lo entrenaremos. Pero lo hemos dejado entero porque su valor radica en su capacidad de procreaci&#243;n. Su padre es Danzar&#237;n de tas Sombras.

El conde quiere un caballo que pelee -fue la respuesta.

Entonces este no es el animal para &#233;l. Pero tenemos un cap&#243;n bien entrenado que podr&#237;a interesarle. Si quiere seguir a Edmund Bolton a los establos, &#233;l le mostrar&#225; el animal.

El hombre del conde asinti&#243; y fue tras Edmund. Esto dejaba dos interesados. Un representante de lord Neville y Logan Hepburn. Owein se sorprendi&#243; porque no sab&#237;a que Logan Hepburn tuviera el dinero necesario para semejante compra. Pero el Hepburn de Claven's Carn compiti&#243; acaloradamente con el hombre de lord Neville. Finalmente, llegaron a un punto en que sir Owein se vio obligado a decir:

Caballeros, debo ver el dinero antes de continuar.

Ambos mostraron bolsas muy cargadas. Entonces, el hombre de lord Neville volvi&#243; a superar lo ofrecido por Logan Hepburn. Luego, le toc&#243; el turno al Hepburn de elevar la oferta, y dijo:

Yo estoy ofreciendo en nombre de mi primo, el conde de Bothwell, que quiere el animal para regal&#225;rselo a su reina.

El hombre de lord Neville ri&#243; con pena.

Entonces debo abandonar mis ofertas, porque no ofertar&#233; contra un hombre que quiere obsequiar a Margarita Tudor, la hija de mi rey. El animal es suyo, milord.

Logan Hepburn hizo una inclinaci&#243;n.

Gracias.

Concluiremos nuestro negocio dentro de la casa -dijo Owein. Se volvi&#243; al representante de lord Neville-: &#191;Nos acompa&#241;a, y tomaremos un poco de vino, milord?

No, pero muchas gracias, sir Owein. Debo regresar a darle a mi se&#241;or la decepcionante noticia. -Se inclin&#243; ante los otros dos, mont&#243; su caballo, que estaba atado cerca, y se alej&#243;.

Owein llev&#243; al Hepburn a la sala, donde esperaba Rosamund. Ella levant&#243; las cejas, sorprendida, al ver al invitado.

Logan Hepburn ha comprado a Papamonta para su primo conde de Bothwell, que desea el animal para regal&#225;rselo a la reina.

No ser&#225; un buen regalo, Logan Hepburn -opin&#243; Rosamund. A la reina de los escoceses solo le gustan los palafrenes mansos. &#191;Qu&#233; har&#237;a con un padrillo como Papamonta?

Logan Hepburn le entreg&#243; a Owein la bolsa de monedas.

Ment&#237; -admiti&#243;, y le brillaban los ojos azules-. El hombre de lord Neville me estaba irritando y, adem&#225;s, yo no pod&#237;a gastar m&#225;s. Se lo dejo todo, si quiere. Deseo el caballo para m&#237;. -La desafiante mirada que les dirigi&#243; no dejaba lugar para una contradicci&#243;n, pero Owein lo hizo.

Has actuado de manera deshonrosa. Yo tendr&#237;a que mandar buscar al hombre de lord Neville para que compre &#233;l el caballo.

Pero no lo har&#225;s. Neville no trata bien a los caballos y ustedes lo saben. Simplemente lo he salvado de un final desdichado para este remate. El hombre del conde quiere un caballo de pelea. Yo quiero un padrillo. Al final, yo le habr&#237;a ganado al hombre de lord Neville. &#191;Mi dinero no es igual de bueno que el de un ingl&#233;s?

No es tu dinero lo que cuestiono, sino tus modos. Abre la bolsa y desparrama el contenido ante mis ojos.

Logan Hepburn derram&#243; con descuido las monedas sobre la mesa principal. Owein cont&#243; el importe acordado. Iba a devolver el sobrante, pero, para su sorpresa, Rosamund se adelant&#243; y tom&#243; el resto.

Ya que estabas dispuesto a ofrecer toda la bolsa, milord, as&#237; ser&#225;, y lo entregar&#225;s todo por tu mal comportamiento. Sucede que, como mujer sensata, tu dinero escoc&#233;s me parece tan bueno como las monedas inglesas.

Logan Hepburn larg&#243; una carcajada.

Rosamund, no podemos -intervino Owein.

&#161;S&#237; que podemos! Recuerda el destino del dinero, esposo. Este astuto escoc&#233;s nos habr&#237;a enga&#241;ado si hubiera podido. Se merece que nos quedemos con todo.

Qu&#233;denselo -dijo Logan Hepburn, sec&#225;ndose las l&#225;grimas que le rotaban por la risa-. Cada vez que pienso, milady de Friarsgate, eres tan mansa y dulce como las ovejas que habitan tus colinas, sorprendes con tus garras, que son muy filosas. Eres un oponente de gran fuste. -Se inclin&#243; ante los dos-. S&#233; por d&#243;nde es la salida. Llevar&#233; el caballo conmigo si me preparan el recibo de compra.

Edmund Bolton te lo dar&#225; -dijo Owein, brevemente.

El Hepburn de Claven's Carn volvi&#243; a inclinarse.

Entonces, les deseo un muy buen d&#237;a a los dos. Espero con ansia nuestro pr&#243;ximo encuentro, milady. -Y saludando con la mano abandon&#243; la sala.

Empiezo a entender por qu&#233; no te gusta este hombre -dijo Owein, con los dientes apretados-. Te mira como si fueras su pr&#243;ximo bocado.

Le toc&#243; el turno a Rosamund de re&#237;r.

&#191;Est&#225;s celoso, esposo m&#237;o? -brome&#243;, y le dio un peque&#241;o golpe en la mand&#237;bula apretada-. No nos enga&#241;&#243;, Owein. Pag&#243; por el caballo el precio que quer&#237;amos y un poco m&#225;s. Enviaremos ese dinero al sur con el hombre de Kate cuando nos visite en el oto&#241;o. Estoy satisfecha, y espero que t&#250; tambi&#233;n.

&#201;l se inclin&#243; y le dio un beso intenso.

S&#237;, creo que estoy celoso, mi amor. Cada vez que lo vemos me acuerdo de que Logan Hepburn te quer&#237;a por esposa antes de que nos cas&#225;ramos. Y tengo entendido que a&#250;n no se cas&#243;.

Pero t&#250; s&#237;, y conmigo. Dejemos de pensar en ese tosco fronterizo y disfrutemos de estar juntos -dijo, suavemente, con una sonrisa seductora y una caricia.

&#201;l asinti&#243;.

S&#237;, mi amor. Debo recordar que te tengo yo, y no &#233;l.



CAP&#205;TULO 12

Rosamund recibi&#243; apenas una carta de Catalina de Arag&#243;n despu&#233;s del verano de 1506 y la visita de Owein a la Corte. En ella, Kate comenzaba a decir, llena de gozo, que el rey le estaba permitiendo pasar m&#225;s tiempo con el pr&#237;ncipe Enrique. Al parecer, la diferencia de edad comenzaba a desaparecer a medida que &#233;l se hac&#237;a adulto. El pr&#237;ncipe era atento y amable, escrib&#237;a la princesa, y segu&#237;a refiri&#233;ndose a ella en p&#250;blico como "mi muy amada consorte, la princesa, mi esposa". Empez&#243; a crecer un lazo de afecto entre Catalina de Arag&#243;n y el joven pr&#237;ncipe Enrique Tudor. No obstante, al ver lo que estaba sucediendo, el rey decidi&#243; separar a la pareja, porque todav&#237;a no hab&#237;a decidido si ese matrimonio se concretar&#237;a.

Creo que ahora considera que el matrimonio entre su hijo y yo no tendr&#225; lugar. Volvieron a enviarme al Palacio Fullham, aunque el rey ha dicho que, si prefiero cualquier otra de sus casas, puedo tenerla. No puedo mantener Fullham y se lo he dicho por carta al rey. &#191;Por qu&#233; no entiende mi situaci&#243;n? Ahora se me ha informado que el pr&#243;ximo oto&#241;o regresar&#233; a la Corte. Ay, Rosamund, &#191;qu&#233; ser&#225; de m&#237;? Estoy empezando a tener miedo, pero debo confiar en Dios y su santa Madre para que me protejan de todo mal. &#218;ltimamente he sentido flaquear mi fe y debo arrepentirme, para no ser castigada.

Es intolerable que jueguen al gato y el rat&#243;n con ella -dijo Rosamund, indignada.

Hasta que, en noviembre, lleg&#243; un mensajero de la princesa de Arag&#243;n con noticias inesperadas. El cu&#241;ado de Kate, el archiduque, hab&#237;a muerto s&#250;bitamente a la edad de veintiocho a&#241;os. Su hermana, Juana, la reina de Castilla, estaba desolada. Juana, que nunca hab&#237;a sido muy estable, se hab&#237;a desmoronado y se negaba terminantemente a aceptar que su esposo hab&#237;a muerto. Al principio impidi&#243; que enterraran el cuerpo, y abr&#237;a el f&#233;retro y besaba apasionadamente los restos en descomposici&#243;n antes de caer en grandes ataques de histeria y llanto. Al fin, sus criados la convencieron de que su esposo merec&#237;a un entierro decente y cristiano.

De inmediato, el rey Fernando avanz&#243; para tomar posesi&#243;n de Castilla, pues era obvio para todo el mundo que la reina Juana, que nunca hab&#237;a sido fuerte, jam&#225;s volver&#237;a a estar del todo cuerda. No pod&#237;a gobernar. Su hijo de ocho a&#241;os, Carlos, fue nombrado Carlos I de Castilla, y su abuelo de Arag&#243;n actu&#243; como regente para el ni&#241;o. Ahora, Fernando volv&#237;a a tener toda Espa&#241;a en sus manos. Sin embargo, esto no ayudaba a la posici&#243;n de Catalina, pues, alg&#250;n d&#237;a, su sobrino ser&#237;a rey de Castilla.

Rosamund y Owein le dieron al hombre de la princesa el dinero de la venta de Papamonta y adjuntaron una cari&#241;osa carta de apoyo con instrucciones de que el mensajero regresara en la primavera con noticias y con el compromiso de que ellos tratar&#237;an de seguir ayud&#225;ndola.

Venderemos corderos -dijo Rosamund, decidida-. &#161;Ah, Owein, por qu&#233; no ser&#233; una heredera rica, con bolsas llenas de oro en el s&#243;tano! Pero soy apenas la se&#241;ora de Friarsgate. Mi tesoro est&#225; en mis tierras, mis reba&#241;os y mi ganado. &#191;Te parece que la pobre Kate alguna vez ser&#225; reina de Inglaterra? -Suspir&#243;-. Es una pobre muchacha, pese a su rango alto.

A fines de la primavera de 1507, las dos hijas de Rosamund festejaron cumplea&#241;os. Para alivio de sus padres, eran ni&#241;as fuertes y sanas. Donde iba Philippa seguro estaba Banon, persiguiendo a su hermana sobre sus piernitas regordetas. Para fines del verano, Rosamund supo que estaba encinta otra vez y se desesper&#243;.

&#161;Otra ni&#241;a, estoy segura! -gimi&#243;-. &#191;Por qu&#233; no puedo darte un hijo var&#243;n, Owein?

No puedes saberlo hasta que nazca. Y si viene otra ni&#241;a me alegrar&#233;, siempre y cuando las dos est&#233;n bien. Adem&#225;s, me producir&#225; un inmenso placer casar a mis ni&#241;as mientras tu t&#237;o Henry mira con furia c&#243;mo yo ignoro a sus hijos.

Ella ri&#243; a su pesar.

S&#237;, lo volver&#225; completamente loco ver a mi progenie de mujeres heredar Friarsgate. O&#237; decir que Mavis ha dado a luz a otro bastardo, aunque seguramente mi t&#237;o dice que es suyo.

&#191;Qu&#233; nombre le pondremos, si llega a ser una ni&#241;a?

Bien, a la primera la llamamos como mi madre y a la segunda, como la tuya. Creo que a esta la llamar&#233; como la fallecida esposa del rey, la reina Isabel, que fue tan buena conmigo cuando llegu&#233; a la Corte. Es una ni&#241;a, Owein. La siento como a las otras y estoy fuerte como una cerda. -Suspir&#243; y agreg&#243;, con una sonrisa-: Bien que nos divertimos mientras hacemos estas hijas nuestras. Pero seguro que hacemos algo mal. Despu&#233;s de que haya dado a luz a Bessie, tenemos que pensarlo bien, &#161;porque quiero un var&#243;n, maldita sea!

Rosamund dio a luz a su tercera hija, Elizabeth, el 23 de mayo de 1508. Tambi&#233;n le pusieron Julia, porque naci&#243; el d&#237;a de santa Julia y Anne, por la madre de la santa Virgen, que, se dec&#237;a, era la patrona de las mujeres embarazadas. Como sus hermanas, Bessie era una ni&#241;a sana y fuerte, pero, a diferencia de ellas, ten&#237;a el cabello rubio, como el padre, y todos pod&#237;an ver que Owein estaba muy complacido.

El mensajero de la princesa lleg&#243; desde Greenwich, lleno de novedades. Rosamund insisti&#243; en que la llevaran a la sala para poder reciario y enterarse de todas las noticias. No eran buenas. Los pocos criados que le quedaban a la princesa de Arag&#243;n eran el hazmerre&#237;r de la Corte del rey. Esos espa&#241;oles llenos de orgullo andaban ahora casi en harapos. Eso no era todo, el rey estaba en negociaciones con el emperador Maximiliano, del Santo Imperio Romano, para comprometer al nieto del emperador, el archiduque Carlos, hijo de la reina loca de Castilla, con su hija menor, la princesa Mar&#237;a. Como el archiduque era heredero de los Pa&#237;ses Bajos, esto ser&#237;a una inmensa ventaja para Inglaterra en el comercio de la lana y las telas que ten&#237;a con gran parte del mundo. Tambi&#233;n actuar&#237;a como un contrapeso para una sorprenden te alianza pol&#237;tica celebrada hac&#237;a poco entre el rey Fernando y Francia

El rey ingl&#233;s hab&#237;a decidido que ya no necesitaba a Fernando para sus planes. Se le transmiti&#243; claramente a la princesa de Arag&#243;n la falta de amor por ella, en sus delicadas palabras, de parte de Enrique Tudor. Ella le escribi&#243; a su padre rog&#225;ndole que la ayudara. Volvi&#243; a explicarle que los pocos criados que le quedaban eran su responsabilidad. No ped&#237;a lujos, sino simplemente poder mantenerlos. Como todas las mujeres de su familia, Catalina hab&#237;a aprendido desde la cuna a someterse a los hombres. De ah&#237; que no criticara, sino que implorara. Pero su inmenso orgullo de alguna manera la manten&#237;a, en especial porque era acosada sin cesar por sus acreedores. Estos estaban al tanto de lo que se rumoreaba sobre los modales del rey con la princesa espa&#241;ola. Tem&#237;an que se la llevaran a Espa&#241;a antes de que pudiera pagar lo que les deb&#237;a. No comprend&#237;an que hasta las princesas pueden estar en la ruina.

Rosamund lloraba por la situaci&#243;n de su amiga, pero, como se&#241;al&#243; Owein con sabidur&#237;a, no pod&#237;a hacer m&#225;s de lo que ya hac&#237;a por Catalina. Eran los asuntos de los poderosos, no de una peque&#241;a terrateniente de Cumbria. El dinero que le enviaban a la princesa era mucho para ellos, aunque tal vez a ella le sirviera solo para mantenerse unos d&#237;as y con alg&#250;n faltante. Pero Rosamund apartaba lo que pod&#237;a para enviarle a Catalina de Arag&#243;n a trav&#233;s de su mensajero.

El mensajero de la princesa no regres&#243; a Friarsgate en m&#225;s de un a&#241;o, pero cuando fue, lo que cont&#243; habr&#237;a merecido un bardo. Al rey Enrique Tudor se le hab&#237;a ocurrido casarse con la reina loca, Juana de Castilla. No le importaba el estado mental de ella. Lo que contaba era que Juana era madre de ni&#241;os sanos. El rey decidi&#243;, de pronto, que deb&#237;a tener m&#225;s herederos. Catalina aprobaba el plan, porque su sabidur&#237;a le indicaba que su propio futuro depend&#237;a de &#233;l. Hab&#237;a conseguido convencer a s padre de hacer retornar a su embajador, el doctor De Puebla, que estaba enfermo. El rey Fernando, ahora atormentado por su conciencia, envi&#243; a su hija dos mil ducados y la nombr&#243; embajadora hasta que enviara a otro hombre. El dinero no era mucho, pero le permiti&#243; a Catalina cancelar algunas de las deudas m&#225;s importantes, pagarles a los criados y ocuparse de su bienestar. Su nuevo puesto de embajadora de Espa&#241;a volvi&#243; a elevar su condici&#243;n en la Corte de Enrique. Durante un tiempo breve volvi&#243; a tener el favor de la Corte.

Como era de buen coraz&#243;n, leal y carente de malicia, la princesa hab&#237;a aprendido, por fin, la dura lecci&#243;n de que la moralidad que practicaban los hombres, buenos o malos, era muy diferente de la de las mujeres. Se volvi&#243; m&#225;s segura en su trato con el rey, seduci&#233;ndolo en un momento, aprendiendo a mirarlo a la cara y a mentirle de la misma manera. El rey, incluso, comenz&#243; a darle un peque&#241;o salario a la princesa, otra vez, pero la buena voluntad no dur&#243; mucho.

Enrique Tudor se dio cuenta r&#225;pidamente de que el rey Fernando no ten&#237;a la menor intenci&#243;n de entregar Castilla, ni a Juana, que a esa altura estaba completamente loca y encerrada. Comenz&#243; entonces a buscar otra esposa. La estrella de Catalina cay&#243; muy bajo otra vez. El rey volvi&#243; a intentar casar al pr&#237;ncipe Enrique con Leonor de Austria, pero las negociaciones fracasaron pronto.

Entonces, volvi&#243; los ojos a Francia en busca de una novia para su hijo, pero, al comenzar el a&#241;o 1509, el rey enferm&#243;. Un grupo de sus nobles le rog&#243; que honrase el arreglo con Catalina. Al fin, se decidi&#243; que se pagar&#237;a el resto de la dote. &#201;l estaba enfermo, y ellos tem&#237;an por la sucesi&#243;n si el pr&#237;ncipe no se casaba en breve y no produc&#237;a herederos para Inglaterra de inmediato. Convencido por su madre, la Venerable Margarita, de que enfermaba m&#225;s con cada d&#237;a que pasaba, el rey acept&#243; considerar la posibilidad. Pero ahora se hablaba seriamente de que Catalina regresar&#237;a a Espa&#241;a a esperar otro matrimonio. Ten&#237;a veintitr&#233;s a&#241;os: un poco vieja para tener herederos.

Catalina estaba otra vez en aprietos econ&#243;micos. La tensi&#243;n en su peque&#241;a casa era feroz. Al fin hab&#237;a despedido a do&#241;a Elvira, pero ahora no hab&#237;a nadie que administrara su casa. Su chambel&#225;n era insolente e impertinente con ella, que no pod&#237;a despedirlo porque no ten&#237;a para Pagarle. Su confesor, fray Diego, un franciscano de una inmensa belleza, ten&#237;a una influencia excesiva sobre ella y una reputaci&#243;n de lujurioso entre las damas de la Corte. Catalina no aceptaba ning&#250;n comentario contra &#233;l, porque lo adoraba, y estaba decididamente embelesada con &#233;l. El nuevo embajador espa&#241;ol, don Guitier G&#243;mez de Fuensalida, not&#243; la aterradora dependencia de la princesa del joven sacerdote. Le escribi&#243; al rey transmiti&#233;ndole su preocupaci&#243;n. Le ped&#237;a que reemplazara a fray Diego y le enviara a la princesa un confesor viejo Y honesto.

Al enterarse de la correspondencia del embajador con su padre, la princesa le dio la espalda. Ante la insistencia de ella, el rey orden&#243; que el embajador volviera a Espa&#241;a, y entonces Catalina se negaba a hacer nada sin el consentimiento de su confesor. El 22 de abril, finalmente, Enrique VII muri&#243;, en Richmond. Despu&#233;s del funeral, la Corte se mud&#243; a Greenwich, y las intenciones del nuevo rey pronto quedaron bien en claro. Quer&#237;a honrar su compromiso con Catalina de Arag&#243;n, aunque vacil&#243; algunos d&#237;as, preocupado por su conciencia. &#191;Cometer&#237;a un pecado, se preguntaba, cas&#225;ndose con la viuda de su hermano? Algunos hombres de la Iglesia no aprobaban la dispensa, pero, como se&#241;al&#243; el rey Fernando, dos hermanas de Catalina se hab&#237;an casado con el mismo rey de Portugal y las dos le hab&#237;an dado hijos sanos.

El Consejo del rey inst&#243; al nuevo soberano a casarse con la princesa. Pese a sus dudas, &#233;l admiti&#243; que amaba a Catalina y que la deseaba m&#225;s que a cualquier otra mujer. La hab&#237;a admirado desde los diez a&#241;os, y ahora ten&#237;a dieciocho. La respetaba y consideraba admirable el coraje de ella en los &#250;ltimos cinco a&#241;os. La Venerable Margarita estuvo de acuerdo, y su influencia sobre el joven rey era considerable. Sin m&#225;s vacilaci&#243;n, Enrique le propuso matrimonio a Catalina. Se casaron en privado el 11 de junio en los departamentos de ella.


Nunca en toda en mi vida he sido m&#225;s feliz, querida Rosamund. Soy m&#225;s feliz de lo que pude imaginar jam&#225;s. Mi se&#241;or esposo es el hombre m&#225;s delicado y encantador. Lo amar&#233; por siempre. En cuanto a ti, querida amiga, no puedo agradecerte lo bastante por tu gentil apoyo y, en especial, por tus plegarias en los &#250;ltimos a&#241;os. No s&#233; si alguna vez podr&#233; devolverte el pago


Rosamund le&#237;a la misiva y las l&#225;grimas le ca&#237;an por las mejillas.

Transm&#237;tele a la reina -le dijo al mensajero real- que lo poco que hice no merece pago. Fue un honor para m&#237; servirla. Volver&#233; a hacerlo si se me presenta la oportunidad. &#191;Le repetir&#225;s exactamente mis palabras? No las escribir&#233;, porque si las escribo las ver&#225; un secretario y nada m&#225;s.

Se lo dir&#233;, milady -asegur&#243; el mensajero-. Si me permite decirlo, extra&#241;ar&#233; mis visitas a Friarsgate. He disfrutado viendo crecer a sus hijas. Que Dios las proteja siempre. -Hizo una reverencia.

Gracias.

Ha terminado, entonces -dijo Owein esa noche, en la cama- El Enrique a quien serv&#237; est&#225; muerto y enterrado. El joven rey ha hecho lo honorable y se ha casado con la princesa Catalina. Ahora solo tenemos que esperar los herederos.

Y hablando de heredero -le murmur&#243; Rosamund al o&#237;do-, ya es hora de que tratemos de hacer un hijo var&#243;n, esposo m&#237;o. -Le mordisque&#243; la oreja, traviesa.

Bessie tiene apenas un a&#241;o -objet&#243; &#233;l-. Es demasiado pronto.

Ya tengo veinte a&#241;os, Owein. Tengamos uno o dos hijos varones y no hablar&#233; m&#225;s de maternidades. Adem&#225;s, la criatura no nacer&#237;a hasta el a&#241;o que viene y, para entonces, Bessie tendr&#225; dos. Ya es tiempo -Lo mir&#243; fijamente-. &#191;Ya no me deseas, esposo m&#237;o?

Milady, usted se est&#225; convirtiendo en una mujer muy perversa.

Es obvio que debo serlo si quiero despertar tu pasi&#243;n, Owein. -Y lo asombr&#243; mont&#225;ndose sobre &#233;l-. Si un hombre puede montar a una mujer, &#191;por qu&#233; una mujer no puede montar a un hombre? -inquiri&#243;, ante el rostro asombrado de &#233;l.

&#201;l lo pens&#243; y, al cabo de un momento, comenz&#243; a acariciarle los senos.

No conozco nada que lo proh&#237;ba -respondi&#243;, pensativo. Sus pulgares le acariciaban los pezones.

Era asombrosa la delicia que sent&#237;a siempre que &#233;l jugaba con sus senos. Se movi&#243; sobre &#233;l.

Recuerdo que te dije que tenemos que hacer algo diferente si queremos tener un hijo var&#243;n. Tal vez este sea el hechizo para nosotros. -Se inclin&#243; y roz&#243; con los labios la boca de &#233;l. -T&#250; ser&#225;s mi caballo y yo tu jinete.

Esta actitud de ella, novedosa y osada, era muy excitante. &#201;l nunca hab&#237;a imaginado a su dulce Rosamund tan atrevida y directa. Ella siempre hab&#237;a aceptado con placer los avances de &#233;l, acostada de buena gana debajo de su esposo, recibiendo el inmenso gozo que se daban mutuamente, pero sin hacer mucho m&#225;s. &#201;l sinti&#243; que se endurec&#237;a con una rapidez asombrosa. Por un momento, cerr&#243; los ojos y simplemente disfrut&#243; la sensaci&#243;n, pero volvi&#243; a abrirlos y estir&#243; la mano para acariciarle la joya del placer con la yema del dedo y, al encontrar que ella ya estaba mojada con su propia lujuria, ech&#243; a re&#237;r. Las manos se afirmaron alrededor de la cintura de ella, la levant&#243; y la baj&#243;, de modo que ella qued&#243; clavada. &#201;l gimi&#243; cuando la calidez de ella lo invadi&#243;, y comenz&#243; a luchar para poder controlar su propio deseo.

Entr&#243; con mucha facilidad en ella. Rosamund se pas&#243; la lengua por los labios secos y, apoy&#225;ndose en las manos, se ech&#243; hacia atr&#225;s, disfrutando sin verg&#252;enza alguna de sentirlo adentro. Luego apret&#243; los muslos contra &#233;l y comenz&#243; a cabalgarlo, despacio al principio, y a medida que la excitaci&#243;n crec&#237;a, aument&#243; el ritmo hasta que ya no pudo reprimir los gemidos de placer que pujaban por salir de su garganta. De pronto, Owein lanz&#243; un grito y ella sinti&#243; los jugos de &#233;l que inundaban su cuerpo ansioso. Se dej&#243; caer sobre el ancho pecho de hombre, agotada y pr&#243;xima a las l&#225;grimas. &#161;Por fin hab&#237;an hecho un hijo var&#243;n! &#161;Lo sab&#237;a!

&#201;l la envolvi&#243; con sus brazos.

Caramba con mi osada esposa, mi Rosamund, mi bonita esposa Te amo.

Lo s&#233;. &#191;No es una suerte que yo tambi&#233;n te ame, mi Owein?

&#201;l sinti&#243; las l&#225;grimas de ella sobre su pecho y sonri&#243; para sus adentros. No le importaba si ella le daba un hijo var&#243;n o no. Le bastaba con estar con ella. Su dulce rosa. Su verdadero amor. Ella se qued&#243; dormida sobre &#233;l, que la hizo girar con delicadeza sobre el colch&#243;n, y trajo la manta para cubrir a ambos, sin dejar de sonre&#237;r al mirarla. Era tan herniosa. Se entend&#237;a que el pr&#237;ncipe hubiera querido seducirla a&#241;os atr&#225;s. &#201;l tambi&#233;n lo hab&#237;a deseado, a decir la verdad, solo que su c&#243;digo de comportamiento caballeresco no le permit&#237;a deshonrar a una ni&#241;a inocente. A ninguna ni&#241;a. Owein cerr&#243; los ojos y se qued&#243; dormido. Gracias a la bondad de la reina de los escoceses y a su abuela, &#233;l hab&#237;a recibido a la hermosa Rosamund y siempre estar&#237;a agradecido.

Para Lammas, Rosamund se enter&#243; de que estaba encinta, y esa vez el embarazo fue muy diferente. Durante varios meses tuvo el vientre muy sensible a cualquier cosa, sobre todo al aroma de carne asada. El menor olor la hac&#237;a vomitar lo que tuviera en el est&#243;mago. Y despu&#233;s, con la misma velocidad, volv&#237;a a sentirse bien. El vientre le crec&#237;a d&#237;a a d&#237;a. Nunca hab&#237;a estado tan grande con las ni&#241;as, pero, como le dec&#237;a ella misma a todo el mundo, este era su primer var&#243;n. Lo llamar&#237;a Hugh, por su segundo esposo.

A Henry no le har&#225; gracia semejante recordatorio -dijo Edmund Bolton, riendo, un d&#237;a en que estaban sentados en la sala con una tormenta de febrero golpeando las ventanas. El fuego crepitaba en el hogar.

No puedo ponerle Henry a mi hijo -dijo Rosamund, tomando un p&#233;talo de rosa azucarado que hab&#237;a preparado el verano anterior.

Tambi&#233;n debes pensar un nombre de ni&#241;a -dijo Maybel.

No es una ni&#241;a -dijo Rosamund, con firmeza.

Ser&#225; lo que Dios quiera, Rosamund -respondi&#243; Maybel-. Elige un nombre de ni&#241;a, por las dudas.

Pero Rosamund no pod&#237;a ni quer&#237;a.

Es Hugh -les dijo, implacable.

Pocos d&#237;as despu&#233;s, Rosamund entr&#243; en trabajo de parto.

&#161;Es demasiado pronto! &#161;Ay, Dios! &#161;Es demasiado pronto! -Cav&#243; de rodillas, doblada con el terrible dolor que la aquejaba.

Owein tom&#243; a su mujer y la acun&#243; en sus brazos mientras los criados corr&#237;an a buscar la silla de parir. Rompi&#243; en aguas, y ambos se empaparon, pero &#233;l no la dej&#243;, sino que se qued&#243; de rodillas a su lado habi&#233;ndole con dulzura mientras ella trabajaba para dar a luz al ni&#241;o que llevaba en las entra&#241;as. &#201;l le humedec&#237;a los labios con un pa&#241;o mojado en vino. Le besaba la frente y le secaba las gotas de transpiraci&#243;n que la empapaban. Y Rosamund lloraba, porque, as&#237; como hab&#237;a sabido que esta criatura era un var&#243;n, tambi&#233;n ten&#237;a certeza, instintivamente, que lo perder&#237;a sin siquiera conocerlo. Le parti&#243; el coraz&#243;n, pero no estaba preparada cuando el beb&#233;, perfectamente formado, sali&#243; de su cuerpo en una bocanada de fluido sanguinolento, con el cord&#243;n alrededor del cuello, el cuerpito y la carita azules. El ni&#241;o no emiti&#243; sonido, y Maybel, con las l&#225;grimas corriendo por sus mejillas, sacudi&#243; la cabeza.

Est&#225; muerto, pobre criaturita -dijo. Y agreg&#243;, tratando de suavizar la tragedia-: Pero t&#250; vivir&#225;s, mi querida, y le dar&#225;s otro heredero a Friarsgate.

D&#233;jame verlo -pidi&#243; Rosamund-. D&#233;jame ver a mi Hugh.

Maybel le limpi&#243; la sangre al beb&#233;, lo envolvi&#243; en una faja blanca y se lo dio a Rosamund.

La doliente madre mir&#243; al ni&#241;o en sus brazos. La criatura era la viva imagen de su padre; sus rasgos diminutos imitaban a la perfecci&#243;n los de Owein: una pelusita id&#233;ntica al cabello rubio del padre sobre la cabecita redonda, las pesta&#241;as color arena, casi invisibles, sobre las mejillas. Las l&#225;grimas mudas de Rosamund cayeron sobre el peque&#241;o cuerpito lo ten&#237;a apretado contra sus pechos doloridos. Maybel hab&#237;a cortado e cord&#243;n que ten&#237;a enrollado al cuello, pero el ni&#241;o segu&#237;a azulado.

Maybel tendi&#243; los brazos para tomar al ni&#241;o, pero Rosamund la mir&#243; con furia.

Todav&#237;a no. Todav&#237;a no.

Por fin Owein dijo, en voz baja.

Dame a mi hijo, Rosamund -entonces ella bes&#243; la frente fr&#237;a del ni&#241;o y se lo entreg&#243; a su padre. Owein mir&#243; la peque&#241;a humanidad que ten&#237;a en brazos-. Es perfecto y, a pesar de que naci&#243; un mes antes, es casi tan grande como sus hermanas al nacer. Hicimos un hermoso ni&#241;o, mi amor. Haremos otro, te lo prometo. -Y le entreg&#243; la criatura al joven sacerdote.

Lo bautizar&#233;, milady, antes de que lo enterremos -dijo suavemente el padre Mata-. S&#233; que es Hugh.

Ella asinti&#243; y pregunt&#243;, con tristeza:

&#191;C&#243;mo puede enterrarlo, con tanta nieve en el suelo, padre?

La tierra es m&#225;s blanda junto a la iglesia, milady.

Rosamund volvi&#243; a asentir.

Vaya, entonces -fue todo lo que dijo.

El sacerdote sali&#243; de la sala con el ni&#241;o muerto.

&#191;Por qu&#233; no puedo darte un hijo? -dijo Rosamund, desolada.

Me has dado un hijo -respondi&#243; Owein.

&#161;Pero est&#225; muerto! &#161;Nuestro hijo est&#225; muerto!

&#201;l la abraz&#243; y la dej&#243; llorar hasta que no le quedaron l&#225;grimas. Ten&#237;a los ojos hinchados, casi cerrados por la sal de las l&#225;grimas. Estaba agotada del parto, y por fin cay&#243; rendida de pena y cansancio. Despu&#233;s de que Maybel limpi&#243; la evidencia del malogrado nacimiento, Owein la levant&#243; en brazos y la llev&#243; al dormitorio. La meti&#243; en la cama, le llev&#243; una copa de vino caliente con especias y, sosteni&#233;ndola de los hombros, la ayud&#243; a tom&#225;rselo todo. Sab&#237;a que Maybel le hab&#237;a puesto jugo de amapolas al vino. Rosamund se qued&#243; dormida de inmediato.

Har&#233; que duerma varios d&#237;as seguidos -le dijo Maybel a Owein cuando &#233;l volvi&#243; a la sala-. El sue&#241;o es un gran restaurador, aunque ella va a sufrir mucho tiempo por la p&#233;rdida de su hijo. Qu&#233; pena, Owein, el ni&#241;o era perfecto.

&#191;Entonces por qu&#233; vino antes y por qu&#233; naci&#243; muerto? -pregunt&#243; Owein, con amargura. Estaba enojado, aunque Rosamund no deb&#237;a saberlo, pues pod&#237;a culparse a s&#237; misma. -S&#237;, era hermoso. Igual que sus hermanas.

Naci&#243; muerto porque se le enroll&#243; el cord&#243;n al cuellito y lo estrangul&#243;. Estaba muerto en su vientre y qui&#233;n sabe cu&#225;nto hac&#237;a. &#191;Por qu&#233;? El sacerdote dir&#225; que es la voluntad de Dios, aunque yo no podr&#233; entender jam&#225;s por qu&#233; Dios puede querer que un dulce inocente nazca muerto. Es un misterio, pero Rosamund ha demostrado que puede dar a luz varones. Har&#225;n otro y, la pr&#243;xima vez, todo saldr&#225; bien. Esto fue un accidente. Nada m&#225;s, diga lo que diga el sacerdote.

S&#237;, pero ella lo llorar&#225; mucho, Maybel. -Se sent&#243; en la silla junto al fuego, con una mano se puso a acariciar al galgo y con la otra acept&#243; el cop&#243;n de vino que ella le alcanz&#243;.

Claro que lo llorar&#225;. Es una mujer cari&#241;osa, una madre devota.

&#191;Qu&#233; les digo a las ni&#241;as?

Que su hermanito decidi&#243; quedarse con los &#225;ngeles. Solo Philippa comprender&#225;. Banon y Bessie son demasiado peque&#241;as.

S&#237; -dijo &#233;l, y bebi&#243; su vino, pensativo, sin darse cuenta de que ella lo hab&#237;a dejado a solas con sus pensamientos en la sala vac&#237;a, con el fuego calent&#225;ndole los pies. Hac&#237;a mucho tiempo que no sent&#237;a tanta tristeza. Desde aquel d&#237;a, hac&#237;a ya mucho, cuando muri&#243; su madre y lo dej&#243; sin compa&#241;&#237;a por primera vez en su vida. Se hab&#237;a quedado solo hasta que se cas&#243; con su Rosamund. Llorar&#237;an juntos por la muerte de Hugh, d&#225;ndose consuelo y amor en su dolor. Ser&#237;a m&#225;s f&#225;cil estando juntos.

Rosamund durmi&#243; varios d&#237;as; despertaba por momentos breves para comer algo y recibir el consuelo de su esposo. Luego beb&#237;a de la copa y volv&#237;a a dormirse. Despu&#233;s de una semana ya no pudo seguir durmiendo. Sus tres hijas se subieron a la cama, acurruc&#225;ndose con ella y hablando del hermanito que hab&#237;a decidido quedarse con los &#225;ngeles. Rosamund se trag&#243; sus l&#225;grimas al o&#237;r esas palabras y abraz&#243; con fuerza a las ni&#241;as. Despu&#233;s de otra semana, se levant&#243; de la cama y descubri&#243; que la nieve estaba derriti&#233;ndose y que las colinas se tornaban verdes otra vez. Su primera salida fue a una peque&#241;a tumba donde hab&#237;an enterrado a su hijito. Estuvo ante ella durante lo que a Owein le pareci&#243; un largo rato, luego se volvi&#243; y dijo:

Tengo hambre.

&#201;l suspir&#243; de alivio.

Entonces vayamos a la sala a comer -dijo &#233;l.

Ella lo tom&#243; de la mano.

Fue un accidente, lo s&#233;. No volver&#225; a suceder, y tendremos otro hijo, Owein.

S&#237;, as&#237; ser&#225; -dijo &#233;l, pero cuando ella no pod&#237;a o&#237;rlo le pidi&#243; a Maybel que le diera la poci&#243;n que le impedir&#237;a concebir durante un tiempo-. Que tengamos otro hijo o no ser&#225; cuesti&#243;n de Dios, pero yo no quiero arriesgarme a perder a mi amada.

S&#237;, necesita recuperarse por completo -coincidi&#243; Maybel.

El ritmo de su vida continu&#243; como antes. Se araron los campos y se los plant&#243; con grano. Se recomenzaron los huertos. Las hierbas empezaron a verdecer bajo su capa de paja. La primavera hab&#237;a llegado con todos sus br&#237;os. Los jardines florecieron; Rosamund nunca los hab&#237;a visto tan hermosos. Los pimpollos blancos y rosados que cubr&#237;an los arbustos lanzaban su dulce aroma.

Henry Bolton vino desde Otterly a visitarlos, a expresar su dolor por la p&#233;rdida y sugerir un matrimonio entre su hijo mayor y Philippa.

Todav&#237;a no pienso casar a ninguna de mis hijas -le dijo Owein al t&#237;o de Rosamund-, pero, si lo pensara, buscar&#237;a en otra parte. La sangre fresca siempre mejora y fortalece un linaje, Henry. Encuentra otra muchacha para tu hijo. No tendr&#225;s ninguna de las m&#237;as.

Henry Bolton se fue, apesadumbrado.

Creo que al fin se ha dado por vencido -coment&#243; Rosamund-. Nunca pens&#233; que renunciara a poseer Friarsgate, pero creo que ahora s&#237;.

Veo que es hombre quebrado -dijo Owein-. El comportamiento impropio de su esposa lo ha destruido. Si fuera un hombre valiente 'a echar&#237;a de la casa, pero no lo es. Se comporta como un tirano y un cobarde, siempre fue as&#237;.

Por un momento, Rosamund casi sinti&#243; pena por Henry Bolton. Se hab&#237;a cre&#237;do tan superior a sus dos hermanos mayores, despreci&#225;ndolos Por su nacimiento ileg&#237;timo, y ahora se ve&#237;a obligado a aceptar la infidelidad de su esposa y sus dos bastardos. No se animaba a hacer nada, para no quedar p&#250;blicamente como un tonto, cosa que no podr&#237;a tolerar. As&#237; que apretaba los dientes y aceptaba lo que no pod&#237;a cambiar.

Ahora que Enrique VIII reinaba en Inglaterra, las noticias llegaban a Friarsgate con m&#225;s frecuencia, en especial por el tiempo benigno. Los buhoneros estaban de moda e iban a la finca porque sab&#237;an de su prosperidad.

Se enteraron de que el rey y la reina hab&#237;an sido coronados el 24 de junio, d&#237;a del solsticio de verano, en la abad&#237;a de Westminster. La pareja real hab&#237;a llegado de Greenwich, en barca, el 22 y se aloj&#243; en la Torre de Londres, como era costumbre. La ciudad era una gran fiesta. El joven rey estaba magn&#237;fico con sus ricos vestidos.

Lleg&#243; otra vez el tiempo de la cosecha, que volvi&#243; a ser abundante. Los graneros de Friarsgate rebosaban y se cosechaba fruta a montones de los manzanos y perales del huerto. Owein trabajaba en todo. Por alguna raz&#243;n que Rosamund nunca terminaba de comprender, a &#233;l le encantaba treparse a las copas de los &#225;rboles para arrancar la fruta que nadie m&#225;s pod&#237;a alcanzar. Las sacaba con la mano y las arrojaba a las mujeres que esperaban abajo. Nada le gustaba m&#225;s que ir a los s&#243;tanos en pleno invierno y volver con una manzana o una pera fresca. Las que estaban arriba de todo en las canastas eran las mismas que &#233;l hab&#237;a ido a buscar a lo m&#225;s alto. Entonces, com&#237;a su fruta con una sonrisa de satisfacci&#243;n en su rostro agraciado.

Owein hab&#237;a estado trabajando en el huerto una tarde de septiembre en que Edmund entr&#243; en la sala donde Rosamund cos&#237;a el dobladillo de una falda nueva de Philippa. Ella levant&#243; la mirada y le sonri&#243;. Empezaba a verse viejo.

Rosamund -comenz&#243; &#233;l.

&#191;S&#237;? -Entonces vio a Maybel detr&#225;s de Edmund.

Rosamund -repiti&#243; &#233;l y, para asombro de ella, rompi&#243; en grandes sollozos.

&#161;Jes&#250;s, Mar&#237;a y Jos&#233;! -dijo Maybel, bajito, y pas&#243; junto a su esposo. Los hombres son capaces de aflojarse solo en los peores momentos.

Hubo un accidente

Rosamund se puso de pie de un salto; la falda de la ni&#241;a cay&#243; al suelo, dijo una sola palabra:

&#191;Owein?

Maybel aspir&#243; hondo.

Est&#225; muerto.

&#191;Muerto? -Rosamund mir&#243; a Maybel como si esta se hubiera vuelto loca-. &#191;Muerto? -repiti&#243;.

Se cay&#243; de un &#225;rbol, mi ni&#241;a. Se quebr&#243; el cuello -dijo Maybel, sin vueltas-. Muri&#243; en el momento de pegar contra el suelo. -Ella hac&#237;a un gran esfuerzo por controlar sus l&#225;grimas.

Rosamund se puso a gritar, con un sonido tan penoso que los perros de la sala se pusieron a aullar y los dos gatos se metieron bajo la mesa.

Edmund sollozaba como una muchacha. Su ni&#241;a se tambaleaba al borde de la locura. Maybel dio un paso adelante, con la cara ahora empapada en l&#225;grimas, y le dio una bofetada a Rosamund, lo m&#225;s fuerte que pudo.

Contr&#243;late -dijo, feroz-. Recuerda que eres la se&#241;ora de Friarsgate. &#161;Lo &#250;nico que puedes hacer es aceptar lo sucedido! Es una calamidad espantosa, pero no se puede cambiar. Recuerda c&#243;mo la reina soport&#243; la adversidad, y sigue su ejemplo.

Los ojos ambarinos de Rosamund por fin se enfocaron. Se llev&#243; la mano a la boca cuando los hombres entraron a su esposo sobre una tabla. Aspir&#243; hondo, para despejarse.

Edmund, deja de llorar y habla con el carpintero. Quiero un f&#233;retro en la sala antes de la ca&#237;da del sol. Mi se&#241;or debe ser preparado Para su funeral como corresponde. Que alguien vaya a buscar al padre Mata, si no lo han hecho ya. Annie -se dirigi&#243; a una criada-, trae a mis hijas a la sala. Enseguida. Deben saber lo que le ha ocurrido a su padre. -Se acerc&#243; a Owein para mirarlo-. P&#243;nganlo sobre la mesa les orden&#243; a los campesinos. Owein estaba tan raro, con el cuello en un &#225;ngulo extra&#241;o y una expresi&#243;n de sorpresa en la boca. Se alej&#243;, sinti&#233;ndose desmayar. Busc&#243; una silla y se sent&#243;-. Ay, Dios susurr&#243;, casi para s&#237; misma y, entonces, se ech&#243; a llorar.

Annie trajo a las ni&#241;as a la sala. Philippa y Banon ven&#237;an de la mano y Annie llevaba a la peque&#241;a Bessie en brazos. Philippa dirigi&#243; la mirada hacia la mesa principal, pero las otras dos no se dieron cuenta de nada, salvo de que su madre lloraba. Rosamund les tendi&#243; los brazos

&#191;Qu&#233; le pasa a pap&#225;? -pregunt&#243; Philippa.

Ha habido un accidente. Pap&#225; se cay&#243; de un &#225;rbol -explic&#243; Rosamund-. Se ha ido con los &#225;ngeles. -Sonaba tan absurdo, pero no se le ocurri&#243; otra cosa para decir.

Trajeron agua caliente y le quitaron la ropa. Rosamund misma lav&#243; el cuerpo inerte y volvi&#243; a vestirlo con su buen traje de terciopelo, el que se hab&#237;a puesto el d&#237;a en que se casaron. No hab&#237;a necesidad de mortaja. Owein Meredith fue puesto en su f&#233;retro, con una banda de pa&#241;o alrededor de la cabeza y por debajo de la mand&#237;bula para impedir que se le abriera la boca. Le pusieron dos peniques de cobre sobre los p&#225;rpados para mantener los ojos cerrados. Ella se inclin&#243; y bes&#243; los labios sin vida.

En cada esquina del f&#233;retro pusieron candelabros de pie y encendieron las velas de cera de abeja. Pusieron la tapa del f&#233;retro dejando a la vista la parte superior del cuerpo. Entonces, lleg&#243; el padre Mata, con los brazos llenos de flores, que arroj&#243; sobre la tapa del f&#233;retro. Se trajeron los dos reclinatorios de la iglesia. El sacerdote y la dama de Friarsgate se arrodillaron a orar, mientras se preparaba la cena. Rosamund se sent&#243; a la mesa principal con Philippa. Se le hab&#237;a ido el apetito, pero vio con alivio que su hija mayor se alimentaba bien. Banon y Bessie comieron en su habitaci&#243;n. Despu&#233;s, madre e hija se arrodillaron junto al catafalco y rezaron bajo los ojos vigilantes del sacerdote, Edmund y Maybel. Al fin, se llevaron a Philippa a la cama, pero Rosamund se neg&#243; a acostarse.

Me quedar&#233; aqu&#237; con mi esposo -dijo, con voz seca.

Los otros tres acordaron que se turnar&#237;an para rezar con ella esa noche. El padre Mata envi&#243; a Edmund y a su esposa a dormir mientras se arrodillaba junto a Rosamund y rezaba. La noche fue larga, e hizo fr&#237;o por primera vez en muchos meses. El sacerdote se qued&#243; junto a se&#241;ora casi toda la noche y s&#243;lo acept&#243; irse cuando regres&#243; Edmund la sala y lo reprendi&#243; por no haberlo llamado.

Casi est&#225; amaneciendo -dijo Edmund-. Debe prepararse para la misa, en especial en este d&#237;a aciago.

&#191;Cu&#225;ndo debemos tener la misa de funerales, Edmund? -pregunt&#243; el sacerdote-. &#191;Hoy?

No -intervino Rosamund-. Ma&#241;ana por la tarde. Quiero que todos los que deseen puedan venir a ver a mi Owein por &#250;ltima vez. -Entonces le dirigi&#243; una d&#233;bil sonrisa a su t&#237;o-. No soy la pobre Juana la loca, Edmund, que no pueda entregar el cuerpo de mi esposo. Owein se ha ido. No hay nada aqu&#237; m&#225;s que sus despojos mortales. Lo que &#233;l era est&#225; ahora con Dios.

&#191;Quieres informar a Henry? -pregunt&#243; Edmund-. &#191;O a Richard?

Env&#237;a aviso a mi t&#237;o en St. Cuthbert, Edmund, pero no a Otterly. Henry se enterar&#225; m&#225;s temprano que tarde, pero no estoy lo bastante fuerte para discutir con &#233;l los m&#233;ritos de su hijo mayor como mi futuro esposo. Creo que no volver&#233; a casarme. Friarsgate tiene tres herederas, y, seguramente, eso ser&#225; suficiente para la pr&#243;xima generaci&#243;n.

Edmund asinti&#243;.

Yo mismo ir&#233; a St. Cuthbert, ni&#241;a.

Gracias -dijo ella y se volvi&#243; hacia el f&#233;retro.

Richard Bolton lleg&#243; desde su abad&#237;a a &#250;ltima hora de la tarde. De inmediato se hizo cargo de su sobrina y le insisti&#243; en que durmiera unas horas antes de quedarse en vigilia otra noche m&#225;s.

Si te enfermas, no les servir&#225;s de nada a tus hijas -le advirti&#243;-, y no creo que quieras entregarlas a los tiernos cuidados de Henry.

Ella lo obedeci&#243;, pero estuvo despierta para la vigilia de la noche. El d&#237;a del funeral durmi&#243; por la ma&#241;ana y, luego, con sus hijas vestidas enteramente de negro, asisti&#243; a la misa de funerales por su esposo. La Peque&#241;a iglesia rebosaba con los arrendatarios de Friarsgate; muchos de ellos lloraban. Su dolor se convirti&#243; en ruido cuando Rosamund y sus hijas siguieron el f&#233;retro de Owein hasta el cementerio que hab&#237;a junto a la iglesia. Llorando abiertamente, la dama de Friarsgate mir&#243; mientras bajaban a la tierra el ata&#250;d de su esposo. Para conmoci&#243;n de todos, se desvaneci&#243; cuando la &#250;ltima palada de tierra cay&#243; sobre la tumba.

La llevaron a la sala, donde la reanimaron quemando una pluma bajo la nariz. Abri&#243; los ojos ante los rostros preocupados de su entorno.

Ya estoy bien -los tranquiliz&#243;.

&#161;Est&#225;s exhausta! -exclam&#243; Maybel-. Eso es lo que ocurre.

Tendr&#237;as que ir a acostarte, sobrina -dijo Richard Bolton.

No hasta despu&#233;s del banquete -respondi&#243; ella, empecinada- Es mi deber ser la anfitriona ante los arrendatarios.

No discutieron, pero despu&#233;s de servida la comida del funeral, hicieron que Rosamund se metiera en la cama junto con sus hijas, y Richard y Edmund Bolton se sentaron en la sala con Maybel y el padre Mata.

No dej&#243; testamento -dijo Richard.

Entonces, hay que ocuparse de protegerla contra Henry y sus hijos -advirti&#243; Edmund-. Me temo que se pondr&#225; violenta si Henry intenta volver a imponerle su voluntad.

Entonces, haremos un testamento -dijo Richard Bolton, con voz serena-. Henry no conoce la letra de Owein. Escribiremos lo que podr&#237;a haber querido Owein para Rosamund y las ni&#241;as, y t&#250; -se dirigi&#243; al padre Mata- firmar&#225;s con el nombre de Owein.

&#191;Yo? -pregunt&#243; el joven sacerdote.

Diremos que Rosamund ha quedado encargada de velar por sus hijas y por Friarsgate. Que t&#250; y yo hemos sido elegidos para supervisarla y que, en la eventualidad de nuestras muertes, ella volver&#225; al cuidado del rey y sus hijas con ella.

&#191;Yo debo firmar con el nombre de sir Owein? -repiti&#243; el sacerdote.

S&#237; -respondi&#243; Richard-. Firmar&#225;s con el nombre de Owein el documento que yo escriba y, despu&#233;s, me confesar&#225;s tu pecado. Yo te absolver&#233;, por supuesto, Mata. -Sus ojos azules brillaban.

En ese caso -opin&#243; el padre Mata-, hag&#225;moslo ya. Henry Bolton pudo haberse enterado de la p&#233;rdida que sufri&#243; su sobrina, y en d&#237;a o dos como m&#225;ximo, lo tendremos con nosotros. Debemos pasarle un poco de polvo en los dobleces al pergamino, para avejentarlo.

&#191;Avejentarlo? -Edmund parec&#237;a confundido.

No queremos que el documento parezca nuevito, Edmund -dijo, serio, el padre Mata-. El polvo en los dobleces le da aspecto de viejo. &#191;Tenemos un pedazo viejo de pergamino? Eso tambi&#233;n vendr&#237;a bien. -Ahora, sus ojos brillaban.

Richard Bolton asinti&#243;, con una sonrisa en sus labios delgados.

Te auguro un futuro brillante en la iglesia, Mata -sentenci&#243;, conciso-. Pongamos manos a la obra.



TERCERA PARTE



La bella Rosamund



CAP&#205;TULO 13

Inglaterra 1510-1511.


El rey y la reina disfrutaban de un momento tranquilo que pocas veces pod&#237;an compartir en sus aposentos privados. Si bien hab&#237;a guardias afuera y las damas de la reina parloteaban entre ellas, Enrique y Catalina estuvieron solos por un buen rato. El joven rey amaba a su esposa y la respetaba mucho, pero las caras bonitas y las mujeres ingeniosas segu&#237;an atray&#233;ndolo. No se negaba ning&#250;n placer, a pesar de su estado civil. Hasta el momento, la reina ignoraba sus incursiones en el campo de la lujuria. Y Enrique sab&#237;a que no se deb&#237;a perturbar su sensibilidad. Ya hab&#237;a perdido un hijo. As&#237; que &#233;l no descuidaba pasar media hora a solas con su Kate, todos los d&#237;as. Ella se conformaba, inocente de Dios, con que &#233;l estuviera con ella.

&#191;Te acuerdas de Rosamund Bolton, de Friarsgate? -le pregunt&#243; la reina a su esposo. Ten&#237;a sobre el regazo un pergamino que acababa de leer.

La amplia frente del rey se frunci&#243; en la reflexi&#243;n. Claro que se acordaba de ella. Hab&#237;a querido seducirla, pero un endemoniado caballero de su padre que, adem&#225;s, procedi&#243; a darle un serm&#243;n sobre caballer&#237;a se lo hab&#237;a impedido.

Creo que no. &#191;Qui&#233;n es?

Estuvo en la Corte por un breve lapso. Era una heredera de Cumbria, pupila de tu padre.

Tuvo varias muchachas pupilas -respondi&#243; el rey. "Pero ninguna con los senos tan seductores ni con aquellos so&#241;adores ojos ambarinos" -pens&#243;.

Fue la amiga preferida de tu hermana en los meses previos a su casamiento en Escocia. Tu abuela y tu hermana convencieron a tu padre de que la diera por esposa a sir Owein Meredith. Se comprometieron aqu&#237;, en la Corte, y partieron con el s&#233;quito nupcial de Margarita, aunque lo abandonaron antes de llegar a Escocia -sigui&#243; explicando la reina.

&#161;Sir Owein Meredith! &#161;Claro! Aquel era el caballero que lo hab&#237;a reprendido tanto. El rey le sonri&#243; a su esposa.

&#191;Era pelirroja, Kate, mi amor? Me parece recordar a una muchacha de cabello rojo. &#191;O era oscuro? -El rey volvi&#243; a fruncir el entrecejo mientras simulaba pensar.

Tiene el cabello rojizo, y los ojos como un buen &#225;mbar del B&#225;ltico, Enrique. Y esa deliciosa piel inglesa que yo siempre he admirado tanto. Crema y rosas silvestres. Lo cual siempre me ha parecido muy apropiado, considerando su nombre, "Rosamund".

S&#237;, creo que recuerdo a esa dama. Una muchacha bastante bonita que hab&#237;a enviudado dos veces, aunque no ten&#237;a m&#225;s que catorce a&#241;os.

&#161;Exactamente! &#161;As&#237; es! &#161;Ah, me alegro tanto de que te acuerdes, Enrique! Quiero que venga a la Corte.

Pero, mi amor &#191;no tienes suficientes damas para servirte que debes requerir la compa&#241;&#237;a de una de Cumbria? Su esposo no se alegrar&#225;, creo yo. Yo no te dejar&#237;a ir a ninguna parte sin m&#237; -dijo el rey, con una amplia sonrisa.

La reina se ruboriz&#243;, pero insisti&#243;:

Ha vuelto a quedar viuda, Enrique. Est&#225; desolada, porque amaba a sir Owein. Tienen tres ni&#241;as peque&#241;as. Yo soy madrina de la segunda, aunque no la he visto nunca.

El rey ahora estaba intrigado.

&#191;Y c&#243;mo es que sabes tanto de esa muchacha del campo, Kate, e incluso eres madrina de su hija? -le pregunt&#243; a su esposa. A veces ella lo sorprend&#237;a, y por lo general cuando &#233;l menos lo esperaba. Todav&#237;a ten&#237;a mucho que aprender de su Kate.

Nos escrib&#237;amos, esposo m&#237;o, casi desde su partida de la Corte. No tienes idea de lo buena que ha sido conmigo, Enrique, ni de lo leal que es. Rosamund Bolton es la mejor de las mujeres. Si puedo aliviar su pena en algo, lo har&#233; con gusto. Por favor, dime que puede venir. Ser&#225; tan bueno para m&#237;.

Claro que puede venir, pero dime, &#191;c&#243;mo fue buena contigo, dulce Kate?

Se enter&#243; de mis aprietos econ&#243;micos aquella vez, cuando tu padre, que Dios lo tenga en su gloria -dijo la reina, persign&#225;ndose devotamente-, no estaba seguro de si se realizar&#237;a nuestro matrimonio. Y mientras tu padre y el m&#237;o discut&#237;an sobre mi manutenci&#243;n, Rosamund Bolton me envi&#243; dinero. Y no solo una vez. Dos veces por a&#241;o me daba lo que pod&#237;a. No era mucho, apenas para unas semanas, pero no me fall&#243; nunca. Me dijo mi mensajero que una vez vendi&#243; un potrillito, hijo de un gran caballo de guerra, y me mand&#243; todo lo obtenido de la venta. Lady Neville, cuyo esposo quer&#237;a comprar el animal, pero le ganaron de mano, me confirm&#243; la historia.

&#161;Caramba! -dijo el rey, at&#243;nito.

Y sus dulces cartas me dieron tanto consuelo. Me escrib&#237;a sobre su vida en Friarsgate, sus embarazos, sus hijas, pero m&#225;s que nada sobre sir Owein. Perdi&#243; un hijo, que naci&#243; este a&#241;o, m&#225;s o menos cuando yo perd&#237; a nuestro ni&#241;o. Ahora ha perdido a sir Owein. -La reina se detuvo y mir&#243; a su esposo-. Como ver&#225;s, estoy en deuda con ella, Enrique.

&#201;l asinti&#243;, despacio. Qu&#233; interesante el hecho de que su Kate hubiera suscitado una lealtad tan cari&#241;osa de una muchachita sin importancia que hab&#237;a conocido fugazmente.

&#191;C&#243;mo muri&#243; sir Owein? No era un hombre joven, pero tampoco viejo.

Se cay&#243; de un &#225;rbol, aunque no s&#233; qu&#233; hac&#237;a trepado a un &#225;rbol. Ten&#237;a treinta y ocho a&#241;os, seg&#250;n me dice la pobre Rosamund.

Puedes enviar a una escolta a Friarsgate para que la traiga, Kate. Y env&#237;ale dinero, que compre tela para hacerse un buen guardarropa para cuando est&#233; entre nosotros -le orden&#243; el rey, generoso, a su esposa.

&#161;Ay, Enrique, eres tan bueno! -exclam&#243; la reina, ech&#225;ndose sobre sus rodillas y cubri&#233;ndole el rostro de besos-. &#161;Cu&#225;nto te amo, querid&#237;simo esposo!

Enrique Tudor ri&#243; y devolvi&#243; sus besos, mientras le acariciaba los senos y a ella se le encend&#237;an las mejillas tanto de placer como de verg&#252;enza.

El mensajero real lleg&#243; a Friarsgate con una abultada bolsa y una carta de la reina para la due&#241;a. Rosamund deb&#237;a tomar la bolsa y comprar buenas telas para hacer varios trajes apropiados para la Corte. En seis semanas, a partir de ese momento, ser&#237;a acompa&#241;ada desde su casa hasta Londres. Pod&#237;a llevar una criada consigo.

Yo no puedo ir -le dijo Rosamund a Maybel.

&#161;Claro que s&#237;!

&#191;C&#243;mo voy a dejar a mis ni&#241;as? -gimi&#243; Rosamund-. Bessie acaba de ser destetada. Tengo responsabilidades.

Rosamund -la tranquiliz&#243; su t&#237;o Edmund, viendo que su apasionada esposa comenzaba a alterarse-. Querida sobrina, esto no es solo una invitaci&#243;n. La reina te ha pedido que te unas a su Corte. No esperar&#225; que te quedes mucho tiempo con ella, pero es una orden real, Rosamund. La cosecha est&#225; recogida y todo se encuentra listo para el invierno. Ma&#241;ana te acompa&#241;ar&#233;, junto con mi querida esposa, a Carlisle, donde comprar&#225;n tela para los trajes. No tenemos demasiado tiempo para prepararnos, querida m&#237;a, pero debes ir.

&#191;Cu&#225;nto tiempo piensas que deber&#233; quedarme? Sabes cu&#225;nto me disgusta estar lejos de casa, t&#237;o.

Unos pocos meses, no m&#225;s, ni&#241;a. Recuerda que la &#250;ltima vez que visitaste la Corte estabas a cargo del rey, pero ahora eres una mujer adulta. Tal vez incluso encuentres un nuevo esposo entre los hombres del rey.

&#161;Jes&#250;s, Mar&#237;a y Jos&#233;! -exclam&#243; Maybel, mirando con furia a Edmund. El pobre Owein estaba tibio en su tumba y ah&#237; estaba su esposo hablando de otro hombre.

&#161;Ay, t&#237;o, yo jam&#225;s volver&#233; a casarme!

Bien, fuera como fuese, sobrina, tendr&#225;s m&#225;s libertad en esta visita. Se dice que el joven rey es muy alegre y que su Corte es divertida. Owein no querr&#237;a que lo lloraras el resto de tu vida.

T&#237;o, hace apenas dos meses que se ha ido de mi lado -se&#241;al&#243; Rosamund, con los ojos llenos de l&#225;grimas.

&#161;C&#225;llate, viejo imprudente! -le sise&#243; Maybel a Edmund.

Fueron a Carlisle y encontraron ricas telas para los trajes que usar&#237;a en la Corte. Rosamund no quer&#237;a escoger colores brillantes para honrar su viudez. En las siguientes semanas, ella, Maybel y muchas de las mujeres de Friarsgate cosieron para hacerle un guardarropa apropiado. Llevar&#237;a cuatro trajes. Dos ser&#237;an negros; uno, de un tono verde oscuro y el otro, azul viol&#225;ceo. Las faldas eran campana pues, seg&#250;n les hab&#237;a asegurado el mercero de Carlisle que les vendi&#243; un miri&#241;aque, esa era la moda en la Corte.

Es la influencia espa&#241;ola de la reina -dijo, con un gui&#241;o.

Los corpi&#241;os eran dif&#237;ciles, porque ahora las mangas se hab&#237;an vuelto m&#225;s intricadas, explic&#243; la esposa del mercero. Ten&#237;a una hermana en Londres que le hab&#237;a enviado dibujos de c&#243;mo deb&#237;a vestirse ahora. Le copi&#243; uno a Rosamund y le dijo que los espa&#241;oles eran muy elegantes.

Mi hermana dice que la reina siempre ha estado mejor que cualquiera. Sostiene que los trajes que trajo de Espa&#241;a eran magn&#237;ficos.

"Si supiera la verdad" -pens&#243; Rosamund, pero asinti&#243; y le agradeci&#243; a la esposa del mercero su gran ayuda.

Su nuevo guardarropas estuvo terminado dos d&#237;as antes de que llegara su escolta. Los trajes ten&#237;an escote cuadrado. Los corpi&#241;os eran ajustados y las faldas llegaban al piso. El de brocado negro estaba decorado con bordado en oro para aliviar su severidad, y tambi&#233;n llevaba bordado de oro en los pu&#241;os. El de terciopelo verde ten&#237;a un borde de una suave piel casta&#241;a, con anchos pu&#241;os de piel; el de brocado azul, un canes&#250; de terciopelo azul m&#225;s claro alrededor del escote y pu&#241;os bordados en oro y plata y el de terciopelo negro, un canes&#250; de terciopelo blanco bordado en plata y mangas ajustadas con pu&#241;os de piel.

Nunca us&#233; ropa como esta. Por cierto que no avergonzar&#233; a la reina, mi protectora, aunque casi todos los trajes de la Corte ser&#225;n magn&#237;ficos comparados con los m&#237;os. -Mir&#243; la ropa extendida prolijamente para su inspecci&#243;n. Hab&#237;a seis camisas, m&#225;s de las que ella hab&#237;a visto en toda su vida; dos trajes para dormir y una gorra de noche bordada y con cintas rosadas; seis pares de medias tejidas con una lana muy delicada proveniente del primer peinado de las ovejas de primavera. Ten&#237;a una hermosa capa nueva con capucha hecha de lana de Friarsgate, te&#241;ida del famoso y exclusivo color azul de la finca. Estaba forrada y bordeada con piel de conejo, al igual que los guantes de cuero color casta&#241;o que hac&#237;an juego.

El zapatero de la finca le hab&#237;a hecho zapatos nuevos y un par de botas, adem&#225;s de una protecci&#243;n especial por si llov&#237;a o hab&#237;a barro. Tambi&#233;n prepar&#243; para ella un elegante costurero que encajaba en un precioso bolso de cuero con unas tijeras peque&#241;as.

Rosamund ten&#237;a pocas joyas, pero empac&#243; las que pose&#237;a, pues las damas de la Corte ciertamente usar&#237;an joyas. Ten&#237;a un collar de una vuelta de perlas del que pend&#237;a una cruz de oro y perlas, que hab&#237;a pertenecido a su madre y a su abuela; un broche de plata y malaquita verde que le hab&#237;a regalado Owein para el quinto aniversario de su casamiento; otro broche de jaspe rojo que hab&#237;a sido de su madre y tres anillos, adem&#225;s del nupcial. Entonces record&#243; el hermoso broche de esmeraldas y perlas que la Venerable Margarita le hab&#237;a enviado a Philippa cuando naci&#243;. Su hija era demasiado peque&#241;a para usar joyas y la abuela del rey hab&#237;a muerto unos meses despu&#233;s que su hijo. Nadie lo sabr&#237;a y el broche le quedar&#237;a espl&#233;ndido con el traje de terciopelo verde. Rosamund guard&#243; esa joya tambi&#233;n.

Se hab&#237;a decidido que Annie, una joven criada a quien Maybel quer&#237;a mucho, acompa&#241;ar&#237;a a Rosamund a la Corte.

Yo ya estoy demasiado vieja para ir contigo, querida ni&#241;a. Adem&#225;s, tienes que dejar a alguien de confianza aqu&#237; para que se ocupe de las ni&#241;as, y esa persona soy yo. He estado instruyendo a Annie y te servir&#225; bien. Yo no voy a vivir para siempre, Rosamund. Debes tener a otra persona que se ocupe de ti.

Que no se te ocurra dejarme, pero estoy de acuerdo en que es mejor que venga una persona m&#225;s joven conmigo. Ya conoces los horarios de la Corte. Si estoy con el s&#233;quito de la reina no se me permitir&#225; irme a la cama hasta que Su Majestad est&#233; bien metida en la suya.

Rosamund prepar&#243; a sus hijas para su partida, pero solo Philippa pareci&#243; interesarse. Banon quer&#237;a saber si su madre le traer&#237;a algo cuando regresara y Bessie era demasiado peque&#241;a para entender lo que suced&#237;a.

&#191;La reina tiene una hijita? -pregunt&#243; Philippa.

No, todav&#237;a no tiene hijos -respondi&#243; su madre.

No te vas a ir mucho tiempo, mam&#225;, &#191;verdad? -pregunt&#243; Philippa, mir&#225;ndola, y eran los ojos de Owein que escudri&#241;aban el rostro de Rosamund.

Yo no quiero irme y no lo har&#237;a, pero ning&#250;n s&#250;bdito leal puede desobedecer la orden de la reina, mi ni&#241;a. -Rosamund alis&#243; con suavidad el cabello de su hija-. Preferir&#237;a quedarme con mis tres ni&#241;as antes que ir a la Corte. Creo que no soy una criatura muy social, querid&#237;sima.

Ya hemos perdido a nuestro padre, no queremos perderte a ti.

No me perder&#225;n, mi ni&#241;a, y tendr&#225;n a Maybel aqu&#237; para cuidarlas. Mi mam&#225; muri&#243; cuando yo ten&#237;a tres a&#241;os. Casi no la recuerdo, pero Maybel me cri&#243; y me am&#243; como si fuera su hija; puedes confiar en que ella las cuidar&#225; bien, a ti y a tus hermanas. Pero regresar&#233; lo antes posible. Y te prometo que te escribir&#233;.

Philippa abraz&#243; a su madre y se alej&#243; con sus hermanas. Rosamund suspir&#243; hondo, pero Maybel la consol&#243;.

A ning&#250;n ni&#241;o le gusta que la madre o el padre se vayan, mi ni&#241;a. No te preocupes. Estar&#233; aqu&#237; con ellas, como estuve contigo. Y Edmund cuidar&#225; Friarsgate. -Le dio una palmadita a Rosamund, consol&#225;ndola.

&#191;Y si viene mi t&#237;o Henry? &#191;Y si roba a Philippa para casarla con su odioso hijo? Ah, no me gusta dejar a mis hijas.

Tu t&#237;o no est&#225; bien, seg&#250;n cuenta la cocinera, y tiene muchos problemas con su esposa -le record&#243; Maybel-. Adem&#225;s, Edmund no permitir&#237;a que nadie se llevara a las ni&#241;as. Ahora, deja de preocuparte y termina los preparativos para la Corte. La escolta de la reina estar&#225; aqu&#237; muy pronto.

Rosamund volvi&#243; a suspirar.

Supongo que tienes raz&#243;n, como siempre, querida Maybel. No conseguir&#233; nada preocup&#225;ndome. Pero estar&#233; m&#225;s contenta cuando emprenda el viaje de regreso a casa.

Al d&#237;a siguiente el Hepburn de Claven's Carn lleg&#243; a la casa y entr&#243; temerario, en la sala donde Rosamund pul&#237;a sus pocas joyas. Ella levant&#243; la mirada, sorprendida, pero no se levant&#243; hasta que no hubo guardado sus joyas en la bolsa de terciopelo.

Milord Hepburn, &#191;qu&#233; te trae a Friarsgate?

&#191;Es cierto?

Ella supo a qu&#233; se refer&#237;a &#233;l, pero no lo dio a entender.

&#191;Si es cierto qu&#233;, milord?

&#191;Enviudaste otra vez? -pregunt&#243; &#233;l, d&#225;ndose cuenta de que ella lo hab&#237;a adivinado. &#191;Era afectaci&#243;n lo suyo? No, ella no era as&#237;. Lo que quer&#237;a decir, entonces, que Rosamund le ten&#237;a miedo. Suaviz&#243; el tono-. Me dijeron que sir Owein muri&#243; en un lamentable accidente. De haberlo sabido antes habr&#237;a venido enseguida para presentar mis condolencias. -Los ojos azules la miraban directamente.

S&#237;. Una vez m&#225;s, estoy viuda. &#191;No es extra&#241;o que mi esposo, que sobrevivi&#243; a tantas cosas, tantos a&#241;os, desde que ten&#237;a apenas seis a&#241;os de edad, al servicio de los Tudor, tanto en la guerra como en la paz, falleciera en un accidente tan com&#250;n y corriente? Se cay&#243; de un &#225;rbol. -Ri&#243; suavemente-. Desde el momento en que lleg&#243;, fue parte integral de Friarsgate. Todos los oto&#241;os trepaba a cada &#225;rbol del huerto, a recoger la fruta m&#225;s alta para arrojarla a los delantales de las mujeres que esperaban abajo. Era muy extra&#241;o que un caballero hiciera eso, pero a &#233;l le causaba mucho placer. La rama sobre la que se apoyaba se quebr&#243; y cay&#243;.

Logan Hepburn habr&#237;a querido tomar en sus brazos a la mujer que ten&#237;a enfrente y consolarla, pero sab&#237;a que no pod&#237;a. No todav&#237;a. No en ese momento.

Lo siento. Sir Owein era un buen hombre.

S&#237;, lo era.

Se hizo un largo silencio entre los dos, hasta que &#233;l dijo:

Si hay algo que necesites, milady, cualquier cosa en la que los hombres de mi clan puedan ayudarte -dej&#243; la frase en suspenso.

Rosamund sonri&#243; de pronto.

Eres muy bueno, Logan Hepburn. Cruzar la frontera para hacerme ese ofrecimiento habla muy bien de tu persona. Tal vez en el pasado te he juzgado mal. Te debo mis disculpas.

No, milady, soy el sinverg&#252;enza que me acusabas de ser -le dijo con una sonrisa traviesa-. No he venido s&#243;lo a presentarte mis condolencias, como sospecho que sabr&#225;s. Pero este no es el momento de cortejarte.

Rosamund se ruboriz&#243;.

No, no lo es. Salgo para la Corte en unos d&#237;as m&#225;s, Logan Hepburn. No volver&#233; en varios meses.

&#201;l se sorprendi&#243; con su revelaci&#243;n. Ella hab&#237;a dicho que era amiga de Margarita Tudor, la reina de Escocia. &#191;Se refer&#237;a a la Corte de Escocia? El coraz&#243;n le lati&#243; m&#225;s deprisa. &#201;l ten&#237;a acceso a la Corte de Jacobo Estuardo por intermedio de su primo, Patrick Hepburn, el conde de Bothwell.

&#191;Vas a visitar a tu amiga, mi reina?

No. Voy a Londres.

No pareces una dama para la Corte.

Rosamund volvi&#243; a sonre&#237;r, porque no pod&#237;a evitarlo. &#201;l era mayor que ella y m&#225;s osado. Y, sin embargo, hab&#237;a algo en &#233;l que a ella le provocaban ganas de matarlo y de besarlo al mismo tiempo. Volvi&#243; a ruborizarse: &#191;de d&#243;nde hab&#237;a surgido ese pensamiento?

No soy una dama para la Corte, milord, pero la reina ha ordenado mi presencia y debo ir. Edmund me dice que una orden de una reina no puede ser desobedecida, aunque yo lo har&#237;a si pudiera.

&#191;Y c&#243;mo hab&#237;a hecho esta campesina para conocer a la reina de Inglaterra? Pero &#233;l no iba a interrogarla sobre ese punto: no ten&#237;a derecho a hacerlo, y ella no ofrec&#237;a la informaci&#243;n.

Cuando vuelvas de la Corte, Rosamund Bolton, &#191;me lo dir&#225;s, para pueda venir a presentarme ante ti?

Milord -comenz&#243; a decir ella, pero se qued&#243; sin palabras.

He esperado por ti desde que ten&#237;a diecis&#233;is a&#241;os, Rosamund, y no soy famoso por mi paciencia. Considerar&#233; tus sentimientos, &#161;pero si vuelves de la Corte inglesa con un nuevo esposo, te juro que lo matar&#233;, porque te quiero para m&#237;!

Ella se enoj&#243;.

&#191;Y por qu&#233; deber&#237;a casarme contigo? Soy inglesa y tengo mi casa aqu&#237;, en Friarsgate. &#161;T&#250; eres escoc&#233;s y vives s&#243;lo Dios sabe d&#243;nde! &#191;Por qu&#233;, dime, me casar&#237;a yo contigo? Adem&#225;s, no tengo intenciones de volver a casarme.

Te casar&#225;s conmigo, Rosamund, porque te amo, como te amaron sir Hugh y sir Owein. T&#250; aceptas con mucha indiferencia el amor de un hombre, muchacha, y no deber&#237;as hacerlo. Adem&#225;s, t&#250; tienes heredera para tu casa y yo no tengo ni heredero ni heredera para Claven's Carn.

Entonces, me ves como una buena reproductora, &#191;es eso? -le espet&#243;. &#161;Ay, qu&#233; hombre insufrible!

Si lo &#250;nico que quisiera fuera engendrar m&#225;s Hepburn, me habr&#237;a casado hace mucho. Dios sabe que las mujeres me han acosado y se han metido en mi cama desde que ten&#237;a catorce a&#241;os y alcanc&#233; mi actual estatura. Pero s&#243;lo te quiero a ti por esposa. -Su presencia era imponente.

Ella lo mir&#243;, furiosa, con las manos en la cintura y sus ojos destellaron ira.

&#191;Debo impresionarme con ese comentario sobre lo atractivo que te encuentran otras mujeres?

T&#250; me encuentras atractivo -la desafi&#243; &#233;l.

&#191;Yo? -La palabra fue casi un chillido-. &#191;Que yo te encuentro atractivo? Dios santo, has perdido el juicio si crees semejante cosa.

&#201;l no pudo contenerse. Ten&#237;a que mostrarle a esa mujer cu&#225;l era la verdad. La abraz&#243; y qued&#243; embriagado por el c&#225;lido perfume a brezo blanco. Sinti&#243; la maravillosa suavidad de sus senos contra su recio pecho. Su boca busc&#243; sus dulces labios y la bes&#243; como nunca hab&#237;a besado a ninguna mujer, con honda pasi&#243;n y con gran ternura. Despu&#233;s, mirando la carita en forma de coraz&#243;n y los at&#243;nitos ojos ambarinos, concluy&#243;:

S&#237;, Rosamund Bolton, t&#250; me encuentras muy atractivo.

Ella se apart&#243; y lo abofete&#243; con todas sus fuerzas.

&#161;Sal de mi casa, t&#250; -luch&#243; por encontrar la palabra-escoc&#233;s sinverg&#252;enza! -Su peque&#241;o dedo &#237;ndice se&#241;alaba la salida.

&#201;l se restreg&#243; la mejilla, asombrado de que ella pudiera pegar con tanta fuerza, porque la bofetada le hab&#237;a dolido de verdad. Le hizo una inclinaci&#243;n, con un elegante floreo.

Volver&#233;, Rosamund, cuando regreses de Londres. Prep&#225;rate para convertirte en mi esposa, &#161;pues lo ser&#225;s! -y se alej&#243;.

Si hubiera tenido algo a mano, Rosamund se lo habr&#237;a arrojado. &#191;C&#243;mo alardeaba tan seguro de que se casar&#237;a con &#233;l? Ella no ten&#237;a intenciones de volver a casarse.

Ya me cans&#233; de enterrar esposos -murmur&#243; entre dientes.

Maybel entr&#243; en la sala.

Vi a un jinete. &#191;Qui&#233;n era?

Logan Hepburn.

&#191;El Hepburn de Claven's Carn? &#191;Qu&#233; quer&#237;a?

Presentar sus condolencias.

Y cortejarte -dijo Maybel con una risita.

&#161;No digas eso! Ahora me alegro de irme a la Corte.

Maybel levant&#243; una ceja y no le mencion&#243; a su se&#241;ora que tambi&#233;n hab&#237;a visto al jinete dirigirse a la iglesia, donde hablar&#237;a con el padre Mata, sin duda. Rosamund se ir&#237;a al d&#237;a siguiente. No ten&#237;a sentido hacerla enojar m&#225;s de lo que ya estaba.

En la iglesia, el sacerdote y el Hepburn se abrazaron.

Gracias por avisarme, hermano -dijo Logan Hepburn-. Pero no me dijiste que parte a la Corte de Londres.

Entonces ya te enteraste.

&#191;Y si le dan un nuevo esposo? &#191;Y ella c&#243;mo conoce a la reina de Inglaterra? -Quer&#237;a respuestas, y no las obtendr&#237;a de Rosamund. Mata estaba ligado a &#233;l por la sangre. Por el hecho de que &#233;l era el jefe de su rama del clan. Mata le contar&#237;a.

Se sentaron en un estrecho banco, y el sacerdote comenz&#243; a hablar

Conoci&#243; a Catalina de Arag&#243;n cuando estuvo en la Corte antes de su matrimonio con sir Owein. Ella, Catalina y Margarita eran jovencitas y muy amigas. Cuando naci&#243; su hija mayor, Rosamund mand&#243; avisar a Catalina, a la madre del rey y a la reina de los escoceses. Las tres le respondieron, pero ella se conmovi&#243; con la dif&#237;cil situaci&#243;n de la princesa espa&#241;ola, que le pidi&#243; perd&#243;n por lo modesto de su regalo para la reci&#233;n nacida, pero le explic&#243; que estaba en serios aprietos econ&#243;micos. Al parecer, el viejo Enrique y el rey Fernando peleaban para ver qui&#233;n deb&#237;a pagar los gastos de la princesa y su manutenci&#243;n, as&#237; que ninguno de los dos se hac&#237;a cargo de nada. La desdichada viv&#237;a en la pobreza m&#225;s abyecta y sus criados andaban vestidos con harapos. Rosamund le envi&#243; algo de dinero y sigui&#243; haci&#233;ndolo dos veces por a&#241;o. Cuando lady Catalina se enter&#243; de que su amiga hab&#237;a enviudado otra vez, le envi&#243; bastante dinero y le dijo a lady Rosamund que comprara telas para que se confeccionara trajes y que le enviar&#237;a una escolta para acompa&#241;arla hasta la Corte. Esa escolta deber&#237;a llegar ma&#241;ana, Logan.

Matar&#233; al esposo que le den.

Y seguro que te ech&#243; de su casa -dijo el sacerdote, riendo-. No creo que este rey Tudor env&#237;e a milady de regreso con un nuevo esposo. Su padre lo hizo porque eso se esperaba de &#233;l. Mi se&#241;ora todav&#237;a est&#225; de luto por sir Owein y la reina comprender&#225; la delicadeza de sus sentimientos. No, hermano, esta ser&#225; una visita social y lady Rosamund regresar&#225; deprisa porque no disfruta de la Corte ni de sus habitantes, los esnobs que le hacen sentir su falta de importancia. No, volver&#225; en unos meses a su amada Friarsgate y a sus queridas hijas.

&#191;A qui&#233;n le escribir&#225;?

A Edmund y a Maybel. Ellos compartir&#225;n el contenido de sus cartas conmigo y yo te avisar&#233; lo que debas saber, Logan.

&#161;Bien! Ahora bend&#237;ceme, Mata, porque s&#233; que me hace mucha falta. -Se levant&#243; del banco y se arrodill&#243;. El sacerdote se puso de pie, le dio su bendici&#243;n y concluy&#243;:

Que Dios vaya contigo, Logan, y trata de no matar a nadie.

El Hepburn se puso de pie, riendo, y dijo:

Lo intentar&#233;, Mata, pero no puedo prometerte nada, porque t&#250; ya sabes c&#243;mo soy.

S&#237; que lo s&#233; -ri&#243; el sacerdote y lo acompa&#241;&#243; hasta la puerta de su iglesia. Los dos hombres volvieron a abrazarse y luego Logan Hepburn mont&#243; su caballo y se alej&#243; de Friarsgate.

Rosamund lo observ&#243; desde la ventana de su dormitorio mientras se cepillaba el largo cabello. Le hab&#237;a dicho a Maybel que le dol&#237;a la cabeza y que comer&#237;a en su dormitorio, pero la verdad era que no quer&#237;a hablar con nadie sobre el Hepburn de Claven's Carn. Estaba acostumbrada a hombres de hablar suave que la trataban con delicadeza. Logan Hepburn no se parec&#237;a a Hugh ni a Owein. Era arrogante. No utilizaba lenguaje diplom&#225;tico. No. La penetraba con la mirada y hablaba francamente.

&#191;Y era malo eso? Pero &#191;qu&#233; derecho ten&#237;a de visitarla en medio de su luto y anunciarle que pensaba casarse con ella? La hab&#237;a esperado desde los diecis&#233;is a&#241;os y la hab&#237;a visto por primera vez cuando ella ten&#237;a seis, en una feria de ganado en Drumfrie. &#161;Qu&#233; tonter&#237;a! y las mujeres se arrojaban a sus pies. Bien, tal vez eso no fuera mentira. Era bell&#237;simo, con sus rebeldes rizos negros y esos ojos tan azules Ella nunca hab&#237;a pensado en sus ojos como sencillamente azules. Eran m&#225;s que azules, como el lago. El cepillo se le enred&#243; en un nudo del cabello y Rosamund maldijo entre dientes.

Esta vez -mascull&#243;, viendo a Logan Hepburn desaparecer detr&#225;s de la colina-, nadie va a hacer planes en mi nombre ni me va a decir con qui&#233;n tengo que casarme. -&#191;No hab&#237;a decidido ya que no volver&#237;a a casarse? Rosamund maldijo nuevamente para sus adentros.

Pero no pod&#237;a evitar pensar en c&#243;mo ser&#237;a estar casada con un hombre tan temerario. Pelear&#237;an todo el tiempo, de eso no hab&#237;a duda. &#191;Y C&#243;mo ser&#237;a Claven's Carn? Ning&#250;n lugar pod&#237;a ser tan hermoso como Friarsgate. Ella conoc&#237;a lo suficiente de lengua escocesa para traducir el significado del nombre de la heredad. Claven's Carn. Significaba la colina rocosa de los milanos. Un milano era un ave de presa. Hizo una mueca y se pregunt&#243; qui&#233;n le hab&#237;a puesto ese nombre. No, no ser&#237;a tan hermoso como su Friarsgate, cuyo nombre derivaba del de un antiguo monasterio, hac&#237;a tiempo desaparecido.

Traza tu propio camino. Bien, &#191;no estaba haciendo precisamente eso? Estaba trazando su propio camino, y era hora. Hab&#237;a permitido durante demasiado tiempo que otros tomaran decisiones por ella. Pero ella era mujer, se lo recordaban todo el tiempo, y las mujeres no toman sus propias decisiones. Eso quedaba para los hombres de la familia. &#191;Qui&#233;n estableci&#243; esa ley? Dej&#243; el cepillo y comenz&#243; a trenzarse el cabello.

Al d&#237;a siguiente, lleg&#243; la escolta real, encabezada por un caballero que se present&#243; como sir Thomas Bolton, lord Cambridge.

Somos parientes lejanos -le inform&#243; sir Thomas a Rosamund mientras miraba a su alrededor la peque&#241;a sala, con ojo avizor-. Nuestros bisabuelos eran primos hermanos -explic&#243;-. Siempre me he preguntado c&#243;mo era Friarsgate. Llegu&#233; a conocer a mi bisabuelo. Muri&#243; cuando yo ten&#237;a siete a&#241;os, pero le encantaba contarme historias de esta Cumbria donde se hab&#237;a criado. Es hermoso, eso lo admito, pero, por Dios santo, se&#241;ora, &#191;c&#243;mo soportas la falta de compa&#241;&#237;a civilizada?

En otras circunstancias, Rosamund se habr&#237;a ofendido seriamente pero, por alguna extra&#241;a raz&#243;n, sir Thomas le hab&#237;a ca&#237;do, al instante, maravillosamente bien. Era de altura mediana y robusto. Ten&#237;a una hermosa cabellera rubia con un corte muy elegante: corto y con bandas sobre la amplia frente. Sus curiosos ojos eran del mismo color &#225;mbar que los de ella. Su ropa era sencillamente espl&#233;ndida y, obviamente, a la moda. C&#243;mo consegu&#237;a estar tan atildado despu&#233;s de d&#237;as en el camino era un misterio. Pero lo que a ella le encant&#243; fueron sus modales, porque no hab&#237;a la menor malicia en &#233;l, dijera lo que dijese. Y sir Thomas hablaba mucho.

Me gusta llevar una vida sencilla, milord. Me tomo muy en serio mis responsabilidades en Friarsgate.

Me imagino -dijo sir Thomas, suspirando, y se dej&#243; caer en una silla-. Con ropa adecuada, querida, ser&#237;as espectacular. -Y la atraves&#243; con una mirada-. Me gustas, prima, y voy a cuidarte, pero primero tienes que darme algo de tomar, porque me muero de sed, y, despu&#233;s, tienes que decirme c&#243;mo fue que te invitaron a la Corte. Mi debilidad es la curiosidad, querida ni&#241;a.

Rosamund se ech&#243; a re&#237;r. No pudo evitarlo. En toda su vida nunca hab&#237;a conocido a nadie como sir Thomas. Le sirvi&#243; un cop&#243;n de peltre lleno de sidra, temiendo que su r&#250;stico vino fuera un insulto para su paladar, y se lo dio.

&#201;l bebi&#243; un sorbo, la mir&#243; por sobre el borde de la copa, tom&#243; el resto y le tendi&#243; la copa para que le sirviera m&#225;s.

Excelente y reci&#233;n hecha. &#191;No tengo raz&#243;n, querida ni&#241;a? Ahora responde a mi pregunta, prima Rosamund.

Estuve un tiempo en la Corte a cargo del rey Enrique VII. En esa &#233;poca conoc&#237; a la princesa de Arag&#243;n. Cuando volv&#237; a casa, casada con sir Owein Meredith, nos escribimos. Despu&#233;s de la muerte de mi esposo la reina me llam&#243; a la Corte. Su intenci&#243;n es animarme, pero yo preferir&#237;a quedarme en casa.

Ah, s&#237;, claro, no me cabe duda, querida prima, pero la reina tiene raz&#243;n. Una visita a la Corte te ayudar&#225; a pasar lo peor del duelo. Yo recuerdo a sir Owein. Era un hombre de honor y leal, aunque tal vez un poco aburrido. No te ofendas. Muchos hombres buenos son aburridos y, en tu caso, es obvio que t&#250; no te aburr&#237;as con &#233;l. -Su mirada fue al extremo de la sala, donde estaban Philippa, Banon y Bessie mirando azoradas esa figura de alguien tan hermosamente a la moda como sir Thomas Bolton-. &#191;Esas son tus hijas? Qu&#233; encantadoras.

Perdimos un var&#243;n -dijo Rosamund, como para defender la falta.

&#161;Ah, pobrecita! Otro lazo con la reina. Partiremos ma&#241;ana, prima, si te parece bien. Espero que est&#233;s lista. El oto&#241;o ha llegado tard&#237;amente y le tengo miedo al camino si la nieve llega temprano. El viaje es m&#225;s largo de lo que yo pensaba.

Rosamund le hab&#237;a vuelto a llenar la copa.

&#191;C&#243;mo fue que lo eligieron para acompa&#241;arme, sir Thomas? -pregunt&#243; ella, sentada frente a &#233;l junto al hogar.

O&#237; decir al rey que su esposa invitaba a una se&#241;ora de Friarsgate a la Corte. De inmediato le pregunt&#233; a Su Majestad, como prefiere &#233;l que lo llamen ahora, aunque es algo muy rebuscado, creo yo, si la dama en cuesti&#243;n era Bolton de soltera y si ese Friarsgate era en Cumbria. Cuando respondi&#243; que s&#237; a ambas preguntas, le expliqu&#233; que yo era un primo distante tuyo. La reina lo supo y me asign&#243; la tarea de escoltarte, querida prima. &#161;Y gracias al cielo que lo hizo! Han sucedido tantas cosas en la Corte desde la &#250;ltima vez que estuviste. Te pondr&#233; al d&#237;a de los mejores rumores, y algunos tal vez tengan algo de verdad. Ahora bien, ll&#233;vame a ver tu guardarropa, para que pueda decidir qu&#233; necesita alguna modificaci&#243;n antes de partir. Espero que lo que tienes puesto no sea un ejemplo de lo que piensas llevar a la Corte, querida.

No -dijo Rosamund, riendo a pesar del insulto-. Compr&#233; tela en Carlisle y la esposa del mercero acababa de recibir unos dibujos de su hermana en Londres.

Sir Thomas se estremeci&#243; e hizo una mueca.

No quiero ni imagin&#225;rmelos -dijo, con un profundo suspiro.

Pero ya empaqu&#233; -protest&#243; Rosamund.

Mi querida prima, podemos volver a empacar. Lo que no podemos hacer es borrar la impresi&#243;n que dar&#225;s en la Corte si te presentas con ropa pasada de moda. &#161;Adelante!

Rosamund volvi&#243; a re&#237;r. S&#237;, le encantaba este primo que hab&#237;a aparecido de la nada para llevarla a la Corte.

Venga, entonces, pero prep&#225;rese para algo: mis trajes son sobrios en color y en estilo. Despu&#233;s de todo, estoy de luto por mi esposo, sir Thomas.

Tom est&#225; bien, o primo -le dijo &#233;l y, al pasar junto a las tres ni&#241;as se detuvo, meti&#243; la mano en el jub&#243;n y sac&#243; un pu&#241;ado de dulces, que les dio, como al pasar. Sigui&#243; a Rosamund escaleras arriba hacia su dormitorio.

Entraron y Rosamund le dijo a Annie:

&#201;l es mi primo, sir Thomas Bolton, que ha venido a acompa&#241;arnos, Annie, y quiere ver mis trajes. Desemp&#225;calos.

S&#237;, se&#241;ora -respondi&#243; Annie, mirando con asombro a sir Thomas.

&#191;Qu&#233; joyas tienes? -quiso saber &#233;l.

Rosamund vaci&#243; la bolsita de terciopelo sobre la cama.

Sus dedos delgados y gr&#225;ciles revisaron los adornos y al final dijo:

Las perlas y el broche de esmeraldas y perlas son dignos de ti. El resto, no. Lo dejar&#225;s aqu&#237;.

Pero no tengo nada m&#225;s.

Yo s&#237;. Mi rama de la familia nada en dinero, querida ni&#241;a. Tengo joyas para tirar para arriba y ninguna esposa para usarla.

&#191;Por qu&#233; no tienes esposa? Creo que se te considerar&#237;a un partido muy conveniente, primo.

&#201;l sonri&#243; y le dio una palmadita en la mano.

No deseo una esposa. Una esposa me estorbar&#237;a. Me temo que soy un hombre ego&#237;sta que prefiere los placeres del mundo antes que engendrar una prole de ni&#241;os llorosos, deseosos de que yo me muera para dilapidar mi tesoro, tan trabajosamente acumulado por mi familia. Yo, querida ni&#241;a, soy perfectamente capaz de dilapidar mi fortuna s&#243;lito. Te cubrir&#233; con las joyas de la familia y, probablemente, dentro de un tiempo te haga hacer un guardarropa ligeramente m&#225;s a la moda, en tonos m&#225;s alegres. -Mir&#243; los trajes que Annie despleg&#243; para que viera-. No est&#225;n mal. Algo conservadores, pero no est&#225;n mal, considerando la fuente. La esposa del mercero estuvo bien, y me sorprende. Estos trajes servir&#225;n para empezar. Vuelve a empacar, Annie, que partiremos ma&#241;ana, aunque no demasiado temprano. Lo suficiente para llegar a St. Cuthbert para la ca&#237;da del sol. &#191;Conoces St. Cuthbert?

Mi t&#237;o Richard acaba de ser nombrado el nuevo prior. Ven a la sala conmigo, primo, que te contar&#233; la historia reciente de la familia. A cambio, t&#250; me comentar&#225;s c&#243;mo termin&#243; haci&#233;ndose rico, en el sur, un Bolton de Friarsgate.

&#201;l ri&#243;.

Me alegra comprobar que no eres una ins&#237;pida criatura como tantas de las mujeres que rodean a la reina. Todas muy a la moda, todas muy elegantes, todas horriblemente orgullosas de su perfecta educaci&#243;n y, francamente, no tienen un dedo de inteligencia entre todas. -La sigui&#243; escaleras abajo a la sala, adonde hab&#237;a llegado Edmund y ahora Maybel dirig&#237;a a los criados que preparaban la comida de la tarde. Esa noche tendr&#237;a diecis&#233;is bocas extra que alimentar, y las mesas ya estaban tendidas con recipientes, cucharas y tazas de madera pulida.

El se&#241;or es sir Thomas Bolton, lord Cambridge. &#201;l es mi t&#237;o Edmund y su esposa, Maybel, que me criaron a la muerte de mis padres. Edmund se acerc&#243; y le estrech&#243; la mano a sir Thomas. -Seguramente usted desciende de Martin Bolton. Bienvenido a Friarsgate, milord.

&#191;Sabes qui&#233;n es? -se asombr&#243; Rosamund-. &#191;Por qu&#233; yo nunca supe de esa rama de la familia?

No hab&#237;a necesidad de que la conocieras -dijo Edmund, con sentido pr&#225;ctico.

Venga y si&#233;ntese a la mesa grande -dijo Maybel, impresionada por la elegancia de sir Thomas. Se sentaron y Edmund continu&#243;.

Hace varias generaciones nacieron mellizos en la familia. Henry y Martin. Henry, el primog&#233;nito, heredar&#237;a Friarsgate. Martin se cas&#243; con su prima hermana, hija de un riqu&#237;simo mercader londinense. Martin fue a Londres a los diecis&#233;is a&#241;os y a los dieciocho tuvo lugar la boda. Naci&#243; un ni&#241;o, pero entonces la esposa de Martin llam&#243; la atenci&#243;n del rey Eduardo IV. Dicen que la tonta se dej&#243; seducir y despu&#233;s se suicid&#243;, por la deshonra. &#191;La historia que lleg&#243; a mis o&#237;dos es verdad, sir Thomas?

Absolutamente, primo Edmund. Y ahora yo la terminar&#233;. El rey no era mala persona, s&#243;lo enamoradizo. Se sinti&#243; culpable por lo que hab&#237;a hecho y lo que le hab&#237;a sucedido como resultado a la mujer, en especial porque Martin y su suegro hab&#237;an apoyado al rey Eduardo y hab&#237;an sido generosos perdon&#225;ndole sus deudas. Entonces, el rey nombr&#243; lord Cambridge a Martin Bolton y le dio otra esposa, hija de una familia de la nobleza menor, y una finca en Cambridge. Martin se retir&#243; de los negocios, dej&#225;ndolos en manos de su suegro y otros, que al parecer tuvieron mucha habilidad para incrementar el tesoro de la familia. Desde entonces, hemos vivido para que nos diviertan -concluy&#243;, con una risita.

Entonces le toc&#243; el turno a Rosamund de explicar c&#243;mo sir Thomas hab&#237;a terminado como su escolta.

Saldremos ma&#241;ana despu&#233;s de misa y de desayunar.

Cuando concluyeron la comida de la tarde, Rosamund se retir&#243; a su aposento. Edmund llev&#243; a sir Thomas a un lado y le narr&#243; la historia de la vida de su sobrina hasta el momento.

Es prudente en t&#233;rminos generales, pero, a veces, es demasiado confiada, creo, porque ha tenido mucha suerte con sus amigos y sus esposos. Usted es su pariente. &#191;Me promete solemnemente cuidarla?

Lo har&#233;. Tiene mi palabra. Ahora cu&#233;nteme por qu&#233; usted no es el se&#241;or aqu&#237;. &#191;El padre de Rosamund era el mayor? Tengo entendido que un t&#237;o de ella es el prior en St. Cuthbert.

Yo soy el mayor de los hijos de nuestro padre. Mi hermano Richard es el segundo, pero nacimos del lado equivocado de la cama. El padre de Rosamund, nuestro hermano Guy, fue el primer hijo leg&#237;timo, y el &#250;ltimo fue Henry. Mientras que Richard, Guy y yo fuimos unidos como verdaderos hermanos, Henry siempre desde&#241;&#243; a los dos ileg&#237;timos, a pesar de que nuestro padre nos quiso a todos. Nunca se recuper&#243; del hecho de que Rosamund hubiera sobrevivido a la muerte de sus padres y de su hermano, y se hubiera convertido en la heredera de Friarsgate. -Y Edmund pas&#243; a contar el resto de la historia.

Sir Hugh era un individuo inteligente para haber burlado tan bien a nuestro avaro pariente -coment&#243; sir Thomas con una sonrisita-. As&#237; es c&#243;mo ella lleg&#243; a la Corte. Yo no la recuerdo, pero seguramente no me, interes&#233; en absoluto en una doncella de la casa de la reina. Adem&#225;s, no me acercaba a la Venerable Margarita. &#161;Era una verdadera arp&#237;a!

Rosamund la quer&#237;a mucho y le estaba muy agradecida por haber arreglado su matrimonio con sir Owein.

Por supuesto -dijo sir Thomas. Ya hab&#237;a o&#237;do suficiente. Bostez&#243;-. Mu&#233;streme d&#243;nde he de estirar mis huesos, primo Edmund. Ha sido un viaje muy largo desde Londres y el de regreso, si bien m&#225;s placentero gracias a la compa&#241;&#237;a de Rosamund, tambi&#233;n lo ser&#225;.

Edmund se puso de pie.

Venga -dijo. Sir Thomas lo sigui&#243;.



CAP&#205;TULO 14

El &#250;ltimo d&#237;a de noviembre salieron de Friarsgate hacia el sur. Se detuvieron en St. Cuthbert, donde sir Thomas fue presentado a su pariente lejano, el prior Richard Bolton. Para sorpresa de Rosamund, los dos hombres eran muy compatibles. Nunca hubiera cre&#237;do que el extravagante Thomas y el cort&#233;s Richard podr&#237;an ser amigos y, sin embargo, ambos forjaron un lazo inmediato que, deb&#237;a admitir, era para el bien de la familia y el suyo propio.

&#191;Sabe Henry que te vas a la Corte? -le pregunt&#243; Richard a su sobrina cuando com&#237;an esa noche en su comedor privado.

No tengo por qu&#233; informarle sobre mi paradero. Me pareci&#243; mejor que ignorara que mis hijas est&#225;n sin su madre. Pronto llegar&#225; el invierno y permanecer&#225; en Otterly, en especial porque Mavis es ligera. Para la primavera supongo que estar&#233; de vuelta, antes de que sepa que me he ido.

Mata me mantendr&#225; informado. Nos ocuparemos de que las ni&#241;as est&#233;n bien, querida sobrina.

Mata parece ser fuente de informaci&#243;n para todos -dijo, cortante, Rosamund-. Mand&#243; avisarle al Hepburn de Claven's Carn que yo hab&#237;a enviudado. Hace dos d&#237;as ese escoc&#233;s descarado vino a cortejarme -dijo, indignada. Se hab&#237;a ruborizado.

&#191;Qu&#233; es esto? -pregunt&#243; sir Thomas, con los ojos muy abiertos, lleno de curiosidad-. &#191;Tienes un escoc&#233;s descarado de pretendiente? &#161;Dios m&#237;o, c&#243;mo me impresiona!

&#201;l quiere ser mi pretendiente, pero yo no lo acepto -respondi&#243; Rosamund, pero estaba a punto de estallar en carcajadas. Al parecer su primo Tom ten&#237;a la rara habilidad de hacerla re&#237;r.

Oh -Su expresi&#243;n era de honda desilusi&#243;n-. Nunca conoc&#237; a un escoc&#233;s descarado. &#191;Es muuuy descarado?

En extremo. Dice que est&#225; enamorado de m&#237; desde que yo ten&#237;a seis a&#241;os y me vio en una feria de ganado en Drumfrie. &#191;Alguna vez o&#237;ste semejante tonter&#237;a?

A m&#237; me parece muy rom&#225;ntico, querida ni&#241;a -respondi&#243; sir Thomas con un suspiro melodram&#225;tico-. El hombre te ha esperado durante tres esposos. &#161;Vaya devoci&#243;n! &#161;Vaya fidelidad! Yo creo que de verdad est&#225; enamorado de ti, Rosamund. Qu&#233; extra&#241;o es el amor. Pero t&#250;, con tu coraz&#243;n pr&#225;ctico, no entiendes de esas cosas, &#191;verdad?

Hugh y Owein me amaron y yo los am&#233; a ambos, primo. S&#233; lo que es el amor.

Hugh Cabot te am&#243; como a una hija. Owein Meredith te am&#243; porque te estaba agradecido. Este escoc&#233;s descarado, como lo llamas t&#250;, te ama por ti misma, querida prima. Visita a la reina en la Corte y, luego, vuelve a &#233;l. Ah, juega con &#233;l como el gato con el rat&#243;n, si te divierte, pero, despu&#233;s, d&#233;jate atrapar. Creo que no te arrepentir&#225;s jam&#225;s.

El Hepburn de Claven's Carn es algo silvestre -dijo el prior Richard-, pero es un buen hombre, sobrina. Una mujer respetable como t&#250; ser&#237;a muy buena para &#233;l y para su clan.

&#161;Se&#241;ores! -Tanto el tono como la expresi&#243;n fueron de exasperaci&#243;n-. No pienso volver a casarme. Friarsgate tiene tres herederas. Est&#225; a salvo del t&#237;o Henry y su prole, porque buscar&#233; esposos para mis hijas en tierras lejanas. Pero, si quisiera volver a casarme, esta vez yo elegir&#237;a a mi marido. Estoy cansada de que se me ordene que, por ser mujer, tengo que hacer lo que me dicen. S&#237;, Edmund y Owein me ayudaron, pero han sido las decisiones tomadas por m&#237; las que han mantenido mi pr&#243;spera mi finca. Soy capaz de todas las decisiones que tengan que ver conmigo y con los que est&#225;n a mi cargo.

&#161;V&#225;lgame Dios! -dijo Thomas, divertido-. Con su perd&#243;n, se&#241;or prior. Rosamund, te aconsejo que no seas tan franca ante los reyes. Al rey no le gustan las mujeres osadas y el lema que la reina ha hecho suyo es no s&#233; qu&#233; cosa muy beata y tiene que ver con servir y obedecer. Te aseguro que su esposo se sinti&#243; muy complacido con &#233;l. Esta amistad puede resultar muy valiosa para tu familia. No la arruines. Nadie, estoy seguro, te obligar&#225; a volver a casarte y, mucho menos, en contra de tu voluntad. No estar&#225;s tanto tiempo en la Corte como para que la reina interfiera en tu vida. Francamente, querida ni&#241;a, no eres lo suficientemente importante. Podr&#225;s ocultarte detr&#225;s de tu luto y tu viudez. La reina Catalina respeta y entiende tales tradiciones. No es necesario que seas demasiado sincera con respecto a tus sentimientos. Si el rey pregunta c&#243;mo se administra tu finca, hablar&#225;s de tu t&#237;o Edmund, de Owein y del prior Richard. Te ruego, querida prima, que aceptes este consejo.

Creo -dijo el prior, conciliador-, que mi sobrina sencillamente necesitaba expresar sus emociones. Ha vivido bajo una pesada carga desde sus m&#225;s tiernos a&#241;os. Usted no conoce a mi hermano Henry. Es un hombre muy dif&#237;cil.

Rosamund larg&#243; una carcajada: hab&#237;a recuperado el buen humor.

S&#237;. El t&#237;o Henry es muy dif&#237;cil, y m&#225;s ahora, que su esposa lo hace cornudo con cada hombre que se le cruza. Pero al menos esto ha hecho que se quede m&#225;s tiempo en su casa en Otterly y le ha dado menos ganas de interferir con Friarsgate. -Se dirigi&#243; a sir Thomas-: Prometo ser un modelo de decoro femenino mientras est&#233; en la Corte, primo. Y te agradezco mucho tu consejo. Es bueno, lo s&#233;.

Salieron por la ma&#241;ana, luego de despedirse de Richard Bolton. Pasaron las noches en monasterios o conventos y, al acercarse a Londres, en algunas ocasiones en posadas. Ella nunca hab&#237;a pernoctado en tales establecimientos. Despu&#233;s de ocho d&#237;as, por fin aparecieron ante su vista las torres de Londres, pero sir Thomas no la llev&#243; directamente a la ciudad, sino que salieron del camino principal y tomaron uno m&#225;s peque&#241;o que llevaba a una aldea en los suburbios de la ciudad. All&#237; sir, Thomas Bolton ten&#237;a una casa junto al r&#237;o.

Esta ser&#225; tu vivienda mientras est&#233;s en Londres, querida prima.

&#191;No deber&#233; estar en la Corte, con la reina? -pregunt&#243; ella, algo confundida.

De hecho, dentro de uno o dos d&#237;as, cuando hayas descansado, te presentar&#225;s a la reina. Puedes quedarte con ella, pero es aconsejable tener un lugar lejos de la Corte al que puedas venir en busca de privacidad. La Corte est&#225; demasiado llena de gente, en especial ahora. T&#250; no eres tan importante ni adinerada como para que te den tus propios aposentos o una peque&#241;a habitaci&#243;n. Sabes, por tu visita anterior, que dormir&#225;s donde puedas y tendr&#225;s muy poco espacio para tus pertenencias. Yo te aconsejo que dejes todo, o casi todo, aqu&#237;, en tus habitaciones, en especial las joyas.

&#191;Esa es tu casa? -pregunt&#243; Rosamund, mirando la mansi&#243;n a la que se acercaban. Estaba hecha de ladrillo patinado, en partes cubierto con hiedra, ten&#237;a techo de tejas grises y cuatro pisos de altura.

S&#237;. Esa es la Casa Bolton y est&#225; a tu disposici&#243;n, querida ni&#241;a.

Nunca vi una casa tan magn&#237;fica -le dijo Rosamund, con franqueza-. Ni la de la Venerable Margarita era tan linda.

&#201;l ri&#243;.

Y es tan f&#225;cil llegar a la ciudad desde aqu&#237;. Tengo muelle y barca propios. Conseguir&#233; otra barca y contratar&#233; a un par de barqueros para que tengas tu propio transporte. Haremos tapizar el banco de la cabina en terciopelo celeste y, para la primavera, tendr&#225;s un toldo azul y oro debajo del cual sentarte cuando est&#233;s en cubierta. Ser&#225; muy lindo llevarte por r&#237;o a Greenwich.

&#161;Ay, Tom, me malcr&#237;as! -dijo Rosamund, aplaudiendo-. Nunca tuve una barca, aunque tampoco la necesit&#233;. Me sentir&#233; muy sofisticada.

&#201;l ri&#243;.

Nos divertiremos tanto, t&#250; y yo, ahora que has venido a la Corte. Y cuando quieras regresar a tu casa, con gusto te acompa&#241;ar&#233;. Me muero por conocer a tu escoc&#233;s descarado, querida ni&#241;a. No me contaste nada. &#191;Es moreno o rubio?

Tiene rizos negros y muy rebeldes -dijo ella. No le molestaba hablar de Logan Hepburn ahora que estaba tan lejos-. Y tiene los ojos muy azules. Nunca vi ojos tan azules.

Ya estoy intrigado.

Pasaron por los portones de hierro que limitaban el parque y siguieron por el sendero de pedregullo que llevaba a la casa. All&#237; se detuvieron y los peones de los establos se apresuraron a tomar los caballos, diciendo:

Bienvenido a casa, milord. Bienvenida, milady. -La puerta del frente de la casa se abri&#243; y entraron. Lord Cambridge le hizo una inclinaci&#243;n de cabeza a su mayordomo cuando pasaron por la puerta y condujo a su invitada a la sala.

Era una habitaci&#243;n maravillosa con cielorraso artesonado y grandes ventanas con vidrios con plomo que miraban hacia el r&#237;o. La habitaci&#243;n ocupaba todo el largo de la casa. Ten&#237;a paneles de madera en las paredes y, en un extremo, hab&#237;a un inmenso hogar en el que ard&#237;a el fuego. Los morillos del hogar eran grandes mastines de hierro. El piso de la habitaci&#243;n estaba cubierto con alfombras. Rosamund supo lo que eran porque las hab&#237;a visto antes en las casas reales. Ven&#237;an de una tierra oriental. Hab&#237;a varios tapices decorando las paredes. Los muebles eran de roble, bellamente tallados y, obviamente, bien cuidados. Recipientes con flores perfumaban el ambiente y, en una mesa lateral, hab&#237;a una bandeja de plata con varias jarras y copones.

&#161;Qu&#233; hermosa habitaci&#243;n! -le dijo Rosamund a su primo. Fue hacia la ventana y mir&#243; hacia fuera-. Ahora me ser&#225; dif&#237;cil ir a la Corte, Tom. En esta casa podr&#237;a vivir toda la vida.

Extra&#241;ar&#237;as tu amada Friarsgate.

Probablemente, pero creo que amar&#233; igual esta casa. Es c&#243;moda.

&#201;l ri&#243;.

Creo que ah&#237; se cuelan mis or&#237;genes humildes, querida ni&#241;a. Conozco todo lo que hay que decir y hacer, pero debo sentirme c&#243;modo en mi propia casa. Que los otros busquen la superabundancia de elegancia en sus moradas. Yo limitar&#233; tales gracias a mi guardarropa, que pueden ver todos, y no unos pocos escogidos. &#191;De qu&#233; sirve ser rico si uno no puede alardear de su dinero ante los amigos? -dijo, con una risa.

&#191;Eres querido? -pregunt&#243; ella, traviesa.

&#201;l ri&#243;.

Por supuesto. Mi ingenio y mi generosidad son legendarios, querida ni&#241;a. Ven, sent&#233;monos junto al fuego. Te servir&#233; una copita de mi excelente jerez.

No te considerar&#233; tan generoso si no me das m&#225;s que una copita Tom. &#191;Y puedo comentarte que desfallezco de hambre? No hemos comido desde la ma&#241;ana, tan determinado estabas a dormir en tu camita esta noche. Ni siquiera nos detuvimos al mediod&#237;a.

No pod&#237;a soportar otra noche en colchones infestados de pulgas y comiendo pescado de monasterio, porque es Adviento, &#233;poca de penitencia. Estoy seguro de que no recuerdo haberme castigado en Adviento. Enseguida comeremos, te lo prometo, y ser&#225; una revelaci&#243;n, porque mi cocinero es milagroso.

Ahora le toc&#243; el turno a Rosamund de re&#237;r.

Dices cosas tan graciosas, querid&#237;simo Tom, aunque no s&#233; si entiendo la mitad. Debes recordar que soy una simple muchacha del campo, primo.

Del campo puede ser, pero &#191;simple? No, mi querida Rosamund, nadie que se tomara el tiempo de conocerte dir&#237;a que eres simple. Si quieres progresar en la Corte, sin embargo, te sugerir&#237;a que practicaras sonre&#237;r tontamente. Las sonrisas tontas y los escotes pronunciados siempre llevan lejos a una dama.

Yo soy quien soy-le dijo Rosamund, con orgullo-. La Venerable Margarita me quer&#237;a. En un tiempo, cuando era pr&#237;ncipe, el joven Enrique quiso seducirme, pero no lo repitas, primo. Si al hombre que ahora es el rey le gust&#233; en un tiempo, entonces no tengo nada que temer. Adem&#225;s, he venido porque la reina quiere consolarme y proporcionarme diversiones a cambio de la ayuda que le di en sus tiempos dif&#237;ciles. Me parece raro que los que la despreciaron, que nunca movieron un dedo para ayudarla entonces, ahora est&#233;n tan elevados en su favor. Y son las mismas personas que me miraban con desd&#233;n cuando estuve en la Corte y que, sin duda, volver&#225;n a hacerlo.

Eres sabia al entender c&#243;mo es el mundo, prima. Los mismos hombres y mujeres que ahora gozan del favor real caer&#225;n con la misma facilidad si la reina pierde el favor del rey. No es f&#225;cil encontrar verdaderos amigos, Rosamund. La reina Catalina lo sabe.

&#191;Cu&#225;ndo me presentar&#233; ante la reina?

Quiero que descanses del viaje un d&#237;a. Tal vez dos. Ma&#241;ana ir&#233; a la Corte y le dir&#233; a la reina que hemos llegado. Haremos lo que ella nos ordene. Pero debe ser pronto.

En ese momento, los criados comenzaron a traer los platos, de modo que se cambiaron a la mesa grande, que estaba ubicada mirando hacia el r&#237;o. La comida estaba exquisita. Rosamund ten&#237;a el buen apetito de siempre. Hab&#237;a camarones cocidos al vapor en vino blanco y servidos con una salsa de mostaza y eneldo. Unas delgad&#237;simas fetas de salm&#243;n cocinado en vino tinto y servido con rodajas de lim&#243;n. Un pato gordo relleno de manzana, peras y pasas. Lo hab&#237;an dorado y servido con una salsa dulce de ciruelas muy sabrosas. Carne asada, tres costillas acomodadas en una fuente, carne picada de aves de caza preparada en pasteles individuales y un rag&#250; de conejo. Se sirvieron alcauciles con vino blanco y manteca. Y lord Cambridge le ense&#241;&#243; a su prima c&#243;mo comerlos con delicadeza. Hab&#237;a ensalada de lechuga asada. El pan era reci&#233;n horneado y, cuando ella parti&#243; un pedazo, adentro estaba todav&#237;a caliente. La manteca estaba reci&#233;n batida y era dulce. Hab&#237;a dos clases de queso. Uno era un cheddar amarillo y duro y el otro un brie blando, importado de Francia. Al final, vino un pastel de una masa en tiritas relleno de manzanas y peras horneadas; lo sirvieron con crema batida.

Primo -sonri&#243; Rosamund al final de la comida, repleta -, si se puede decir que un hombre hace maravillas, ese es tu cocinero. Nunca com&#237; nada tan delicioso lejos de Friarsgate. Las carnes eran todas frescas y tu cocinero no las condiment&#243; en exceso, porque no ten&#237;a nada que esconder. Comer&#233; aqu&#237; todas las veces que pueda mientras est&#233; en Londres.

Insisto en que lo hagas -le dijo &#233;l, complacido con sus cumplidos. Se quedaron un rato sentados conversando ante el fuego, hasta que Annie, con los ojos muy abiertos, vino a buscar a su se&#241;ora para acompa&#241;arla a su habitaci&#243;n.

&#191;Comiste, Annie? -le pregunt&#243; lord Cambridge a la muchacha

&#161;S&#237;, se&#241;or, y estaba delicioso!

Entonces les doy las buenas noches a las dos, aunque tal vez pase m&#225;s tarde a ver c&#243;mo se han instalado. Ma&#241;ana te avisar&#233; antes de irme a la Corte, Rosamund. -Les hizo un l&#225;nguido saludo con la mano y concentr&#243; su atenci&#243;n en su copa y en el fuego.

&#161;Espere a ver el aposento, milady! &#161;No es una habitaci&#243;n, sino dos para usted, y otra peque&#241;ita para m&#237;! &#161;Y un lugar separado para la ropa y dos hogares! y le ped&#237; un ba&#241;o. Pusieron una tina inmensa ante el hogar de la antec&#225;mara y ahora mismo la est&#225;n llenando de agua caliente. &#161;Esto es un palacio, milady! -Annie, que nunca se hab&#237;a alejado de su hogar en sus diecisiete a&#241;os, se asombraba ante absolutamente todo lo que hab&#237;a visto desde la partida de Friarsgate. Subi&#243; corriendo la amplia escalera que llevaba desde el vest&#237;bulo de entrada a la parte superior de la casa donde estaban los dormitorios.

El apartamento de Rosamund era espacioso, con ventanas que daban a los jardines y al parque de lord Cambridge, que bajaban hasta el r&#237;o. Las paredes estaban forradas en madera. Los pisos de madera estaban cubiertos por m&#225;s alfombras turcas. Las cortinas de las ventanas y las de la cama eran de terciopelo rosado con sogas doradas; los candelabros, de plata. Hab&#237;a recipientes con flores en la repisa de la antec&#225;mara y sobre la mesa en la alcoba. &#191;De d&#243;nde hab&#237;an sacado flores en diciembre? En los dos hogares estaba encendido el fuego. Cuando entraron, el &#250;ltimo de los criados part&#237;a llev&#225;ndose los cubos vac&#237;os y el vapor se elevaba sobre la gran tina de roble.

Annie se apresur&#243; a agregarle al agua la esencia de su ama mientras que Rosamund se quitaba las botas y las medias. La joven criada ayud&#243; a su ama a desvestirse y luego a meterse en la tina. Rosamund se sumergi&#243; en el agua caliente con un inmenso suspiro de placer.

Voy a lavarme el cabello. Tengo el polvo del camino entre Friarsgate y Londres metido en el cuero cabelludo.

La se&#241;ora Greenleaf, que es el ama de llaves de lord Cambridge, ha asignado a una de sus mucamas para que me ayude. Todo lo tengo que hacer es tirar de la cuerda y ella vendr&#225;. Su nombre es Dol&#237; -Inform&#243; Annie a su se&#241;ora-. He colgado sus trajes y la se&#241;ora Greenleaf dice que Dol&#237; me ayudar&#225; a prepararlos, en especial el que usted use primero en la Corte.

Necesitar&#233; el consejo de mi primo al respecto.

Es un caballero extra&#241;o, milady, pero, ay, qu&#233; buen coraz&#243;n tiene. S&#233; que la vida habr&#237;a sido muy incierta para nosotras si no nos hubiera ido a buscar &#233;l. Perm&#237;tame que la ayude con su cabello.

Un caballero extra&#241;o. Rosamund sonri&#243; mientras Annie le lavaba el cabello. No estaba segura de qu&#233; pensar de Thomas Bolton, pero sab&#237;a que, en su breve relaci&#243;n, ella hab&#237;a llegado a depender de &#233;l, y lo quer&#237;a mucho. A pesar de sus modales estrafalarios, sus trajes de pavo real y su lenguaje tan gracioso, era un hombre bueno, y se hab&#237;a convertido en un buen amigo. Era de su misma sangre. Un Bolton. Por primera vez Rosamund no tem&#237;a volver a la Corte, porque ten&#237;a a su primo para allanarle el camino y para ser su baluarte.

Lavada, vestida con una camisa limpia y, luego de secarse el cabello junto al fuego, Rosamund se sent&#243; c&#243;modamente en su cama. Dol&#237; hab&#237;a venido a llevarse la ropa sucia, le hab&#237;a hecho una t&#237;mida reverencia a Rosamund y, luego, se hab&#237;a ido parloteando con Annie. Rosamund se sinti&#243; tibia y serena. Golpearon a la puerta.

Adelante.

Te traje vino especiado caliente. &#191;Todo estuvo a tu satisfacci&#243;n, prima?

Tu hospitalidad es estupenda, Tom. Muchas gracias. -Tom&#243; el cop&#243;n de manos de &#233;l y bebi&#243; un sorbo-. Mmmh, es bueno.

Te ayudar&#225; a dormir. Rosamund, si no est&#225;s demasiado cansada, quisiera hablar contigo -dijo, serio.

&#191;Por qu&#233;, Tom, qu&#233; pasa?

No quiero que haya secretos entre los dos, prima. Vas a o&#237;r cosas sobre m&#237; en la Corte, cosas que te apenar&#225;n. Tal vez ni siquiera las comprendas. Algunos de los cortesanos disfrutan siendo crueles, porque no tienen otra cosa que hacer en sus vidas m&#225;s que dedicarse a los chismes. Querida prima del campo, yo s&#233; que nunca has conocido a un hombre como yo. &#191;Me equivoco, Rosamund?

No -dio ella, pregunt&#225;ndose de qu&#233; se trataba todo esto.

Soy un hombre al que le gustan las mujeres, Rosamund, pero no las amo. &#191;Me entiendes? -Sus c&#225;lidos ojos la miraban con cautela.

No, Tom, no te entiendo -tuvo que admitir ella.

No tomo mujeres por amantes, Rosamund. En ocasiones, aunque no muy a menudo, puedo tomar a otro hombre, o a un muchacho, como amante. Mi comportamiento es condenado por la Iglesia. En la Corte hay gente que conoce mis predilecciones. Si entre esas personas tengo enemigos, y todos tenemos enemigos, por cierto, esas personas querr&#225;n lastimarte revel&#225;ndote mis h&#225;bitos porque creer&#225;n que t&#250; no los conoces. Te digo esto no para impresionarte, sino para que no te tomen desprevenida.

Ah, primo -respondi&#243; Rosamund, con franqueza-, no entiendo mucho, aunque s&#237; un poco. Pero t&#250; eres de mi sangre. Has sido bueno conmigo. Te quiero como quiero a mis t&#237;os Edmund y Richard. No me importa lo que me digan de ti. Yo s&#233; qui&#233;n eres, y no somos solo parientes. Somos amigos, Tom. Eso es todo lo que necesito saber. No permitir&#233; que se diga nada malo de ti.

Veo que tendr&#233; que vigilarte de cerca, Rosamund -le dijo &#233;l, muy triste-. Tu coraz&#243;n es demasiado generoso. Ahora esc&#250;chame, querida ni&#241;a, debemos decidir qu&#233; te pondr&#225;s para ir a la Corte en tu primera visita. &#161;Annie! -llam&#243;, y la joven criada de Rosamund entr&#243; corriendo en el aposento-. Annie, tr&#225;eme los dos trajes negros de tu ama. Tengo que decidir con cu&#225;l deslumbrar&#225; a la Corte a su llegada. Annie sac&#243; los dos trajes negros del guardarropa. Lord Cambridge tom&#243; una decisi&#243;n inmediatamente. -El negro con oro. El brocado es de excelente calidad y el bordado es muy delicado. Annie, que Dol&#237; te muestre c&#243;mo peinar a tu ama para cuando vaya a la Corte. No puede peinarse con esa encantadora trenza. Y, prima, arreglar&#233; para que tengas una toca inglesa con tus velos. Quedan especialmente bien en alguien con un rostro tan joven y bonito como el tuyo. Las tocas francesas o de gablete, m&#225;s elegantes, son demasiado viejas para ti. No, una toca inglesa para la primera visita y tal vez despu&#233;s puedas llevar una cofia hacia atr&#225;s, para revelar tu cabello, con los velos. Ahora las joyas. Las perlas con la cruz son perfectas, pero necesitar&#225;s algo m&#225;s. -Meti&#243; la mano en su traje y sac&#243; un objeto que le puso en la mano.

Rosamund mir&#243; y vio un precioso broche. Era una perla grande, perfectamente redonda, engarzada en oro y rodeada de peque&#241;os diamantes.

&#161;Ay, Tom! Ser&#225; un honor usar esto. Eres tan bueno de prestarme algo as&#237;. &#191;Era de tu madre?

No, se lo compr&#233; a una amiga que result&#243; no ser tan amiga. Puedes qued&#225;rtelo, querida ni&#241;a. -Se inclin&#243; y le dio un beso en la frente-. Buenas noches, mi querida prima. Te ver&#233; antes de salir para la Corte. Que duermas bien. -Se levant&#243; de la cama donde se hab&#237;a sentado-. Annie, t&#250; y Dol&#237; preparar&#225;n el vestido de brocado negro con el bordado en oro para lady Rosamund. Y f&#237;jate que est&#233; listo uno de sus velos de lin&#243;n. -Sali&#243; de la habitaci&#243;n, seguido por la muchacha, que le hac&#237;a preguntas y m&#225;s preguntas sobre el traje de su ama para la Corte.

Rosamund se reclin&#243; en la cama, con el broche de la perla en la mano. Nunca hab&#237;a o&#237;do hablar de hombres que prefirieran a hombres como amantes. No lo entend&#237;a muy bien, pero su primo Tom era una buena persona. Era todo lo que ella necesitaba saber sobre &#233;l. Le empezaron a pesar los p&#225;rpados y el broche se le cay&#243; de la mano, sobre la manta, donde lo encontr&#243; Annie poco despu&#233;s. La joven criada tom&#243; la joya y la puso en la bolsa de terciopelo con el resto de las alhajas de su ama.

El sol hab&#237;a salido hac&#237;a rato cuando Rosamund despert&#243;.

&#161;Dios santo! &#191;Cu&#225;nto dorm&#237;? -le pregunt&#243; a Annie.

Estuvo en la cama catorce horas.

&#191;Y lord Cambridge?

Todav&#237;a no se fue. Esta gente de la ciudad observa horarios muy curiosos, milady. Ahora, lord Cambridge dice que usted debe quedarse todo el d&#237;a en la cama. Yo ir&#233; a buscarle algo para comer. -Le hizo una reverencia y sali&#243; deprisa de la alcoba.

Rosamund desayun&#243; costillas de cordero, pan, manteca, queso y mermelada de frutillas. La cerveza fuerte era de excelente calidad Apenas terminaba cuando lleg&#243; su primo para darle los buenos d&#237;as Estaba elegantemente vestido con una chaqueta de terciopelo a media pierna, forrada y bordeada con una piel oscura. Al cuello llevaba una hermosa cadena de oro con peque&#241;os eslabones cuadrados decorados con esmalte negro. Debajo del traje se le ve&#237;an las calzas de seda a rayas color oro y rojo, y los zapatos de tac&#243;n eran de cuero negro.

Es temprano, lo s&#233;, querida, pero la mejor hora para llamar la atenci&#243;n de la reina es despu&#233;s de misa. Estar&#233; all&#237; justo a tiempo. Luego, debo arreglar con una de sus secretarias para que me d&#233; una audiencia para poder contarle que est&#225;s aqu&#237;.

&#191;No puedes decir sencillamente que estoy aqu&#237; cuando ella te mire? Parece muy complicado solo para decir: "La dama de Friarsgate ha llegado, Su Majestad".

Lo es -dijo &#233;l, riendo-, pero tenemos que seguir el protocolo. La reina es muy meticulosa en ese sentido. Y es por eso, querida prima, que te quedar&#225;s arrebujada en la cama, descansando del viaje. Supongo que, si tengo suerte, volver&#233; cerca de la medianoche, con noticias. Si no, nos vemos ma&#241;ana. Les he dado instrucciones exactas a tu Annie y a la joven Dol&#237; sobre tu traje. Est&#225;s en buenas manos. &#161;Adi&#243;s, querida ni&#241;a! -Le sopl&#243; un beso, se volvi&#243; y sali&#243; r&#225;pidamente del dormitorio. Annie retir&#243; la bandeja y Rosamund descubri&#243;, sorprendida, que segu&#237;a cansada. Durmi&#243; hasta primera hora de la tarde, cuando Annie fue a despertarla para decir que la comida estaba servida en la antec&#225;mara. Se baj&#243; de la cama y camin&#243;, descalza, hasta la habitaci&#243;n contigua, donde hab&#237;an puesto una mesita junto al fuego. All&#237; hab&#237;an servido la comida principal del d&#237;a. Hab&#237;a bacalao con una salsa de crema de eneldo y un plato con ostras crudas, pollo relleno de pan, apio y manzanas, aromatizado con salvia, una gruesa tajada de jam&#243;n, pastel de carne de conejo picada, un plato con diminutas remolachas en manteca, pan y queso. El postre era una gran manzana horneada con az&#250;car y canela sobre un lecho de crema espesa.

Voy a engordar mucho si lo &#250;nico que hago es tomar esta deliciosa comida y dormir -le dijo Rosamund a Annie-. Pero debo admitir que este lugar es mucho m&#225;s agradable que la &#250;ltima vez que visit&#233; la Corte.

Maybel me cont&#243; que no ten&#237;an privacidad.

No, en absoluto, no la hay, salvo para los ricos y poderosos. T&#250; vendr&#225;s conmigo cuando yo vaya, por supuesto.

Dol&#237; est&#225; celosa -dijo Annie, riendo.

Tal vez tambi&#233;n la llevemos con nosotras despu&#233;s de que nos reciban, pero ver&#225; que la familiaridad con la Corte engendra la aversi&#243;n. Su amo no es como la mayor&#237;a. Es de coraz&#243;n generoso. -Ya saciada, Rosamund se levant&#243; de la mesa-. Debo vestirme, pero no usaremos ninguno de mis finos trajes para la Corte, ya que no voy a salir m&#225;s que, tal vez, a caminar por el jard&#237;n de mi primo, a la vera del r&#237;o. Y donde su propiedad limita con la de su vecino hay un muro, de modo que nadie me ver&#225;.

Cuando estuvo vestida, con el cabello peinado en una prolija trenza, Rosamund le dijo a su criada que se quedara en la casa, para poder estar sola. En pocos d&#237;as m&#225;s ninguna de las dos tendr&#237;a privacidad. La Corte era un lugar demasiado bullicioso y la bienintencionada reina retendr&#237;a a Rosamund a su lado, ella lo sab&#237;a. El d&#237;a no se presentaba fr&#237;o ni caluroso. No hab&#237;a viento. El cielo estaba celeste, con algunas delgadas nubes que preanunciaban un cambio de tiempo. El sol pronto se pondr&#237;a, pues era diciembre y los d&#237;as ya eran muy cortos.

El jard&#237;n de Thomas Bolton era agradable, pero ella sospechaba que en los meses c&#225;lidos ser&#237;a mucho m&#225;s hermoso. Los canteros eran prolijos y tanto los &#225;rboles de flores como los arbustos y las rosas estaban podados a la perfecci&#243;n, a la espera del invierno. Hab&#237;a un peque&#241;o laberinto de arbustos. Rosamund entr&#243; y f&#225;cilmente encontr&#243; la salida. Hab&#237;a algunas estatuas de m&#225;rmol muy interesantes, la mayor&#237;a de j&#243;venes, que no dejaban nada librado a la imaginaci&#243;n. Ella nunca hab&#237;a visto estatuas as&#237;. Las encontr&#243; hermosas, en especial una de un joven alto con un sabueso echado a sus pies. El muchacho estaba cubierto con una especie de manto con una hermosa ca&#237;da y ten&#237;a unos bellos rizos y una corona de hojas en la cabeza.

Rosamund camin&#243; por los senderos de pedregullo bien prolijos y hall&#243; el camino hasta la orilla del r&#237;o. La barca que hab&#237;a visto anclada el d&#237;a anterior no estaba en el muelle. Se detuvo en el peque&#241;o muelle de piedra, envuelta en su capa azul, y mir&#243; el r&#237;o. Era hermoso y durante un largo rato no pudo dejar de observarlo. Se alegraba de que su primo no viviera en medio de la ciudad de Londres. Ser&#237;a una bendici&#243;n tener la Casa Bolton como refugio cuando la Corte se volviera insufrible.

Volvi&#243; a desear, como antes, no estar all&#237;. La reina ten&#237;a buenas intenciones, ella lo entend&#237;a, pero la experiencia anterior de Rosamund en la Corte le hab&#237;a ense&#241;ado que las reinas no tienen tiempo para las amistades verdaderas. &#191;Qu&#233; iba a hacer, entonces? No conoc&#237;a a nadie. No ten&#237;a amigos. Meg se hab&#237;a ido hac&#237;a tiempo y era la reina de Escocia. La Venerable Margarita estaba muerta y enterrada. &#191;Qu&#233; hac&#237;a Rosamund Bolton all&#237; cuando sus hijas, cuando Friarsgate, la necesitaban? Rosamund sinti&#243; que una l&#225;grima comenzaba a rodarle por la mejilla. Trag&#243; saliva. No deb&#237;a llorar, pero no pudo evitarlo. Dej&#243; el muelle y se sent&#243; en un banco de piedra, mir&#243; un rato m&#225;s el r&#237;o y llor&#243;. Extra&#241;aba Friarsgate. Extra&#241;aba a sus ni&#241;as. &#161;Extra&#241;aba a Owein! &#161;C&#243;mo pod&#237;a haberse muerto en un accidente tan est&#250;pido!

Quiero irme a mi casa -susurr&#243; en voz alta. Pero no pod&#237;a. Ir&#237;a a la Corte, abrazar&#237;a a la reina y le agradecer&#237;a su generosidad al haberla invitado. Ser&#237;a una diversi&#243;n para Catalina durante algunos d&#237;as y, despu&#233;s, los intereses de la reina se volver&#237;an en otra direcci&#243;n. Y Rosamund se quedar&#237;a forastera, sola, hasta que pudiera pedir permiso para regresar a su casa donde, era de esperar, ser&#237;a olvidada por la reina y podr&#237;a vivir el resto de su vida en paz.

Empezaba a oscurecer y el viento hab&#237;a empezado a soplar desde el r&#237;o. La marea se retiraba, y las tierras bajas y lodosas que quedaban al descubierto apestaban a podrido. Rosamund se levant&#243;, camin&#243; despacio de regreso a la casa y subi&#243; la escalera hasta sus aposentos. Annie fue hacia ella para tomar su capa y sus guantes.

Ay, milady, ya estaba pensando en ir a buscarla. Venga y si&#233;ntese junto al fuego.

El jard&#237;n es hermoso. En el verano estar&#225; lleno de color y me imagino que mi primo ha de tener mucho, ha de ser bell&#237;simo. -Mir&#243; hacia las ventanas-. Ya oscureci&#243;. Me encantan las fiestas de diciembre, pero odio los d&#237;as cortos.

Vaya a descansar. Le har&#233; preparar un ba&#241;o. El agua caliente le sacar&#225; el fr&#237;o de la tarde de los huesos. Despu&#233;s, tostaremos un poco de pan y queso junto al fuego. Lord Cambridge no ha regresado a&#250;n, pero, &#191;qui&#233;n sabe que nos deparar&#225; ma&#241;ana?

Rosamund dormit&#243; y le trajeron el ba&#241;o: el agua caliente estaba deliciosa. Suspir&#243;, relajada, y en ese momento la puerta de la sala se abri&#243; y lord Cambridge entr&#243; en&#233;rgicamente en la habitaci&#243;n.

&#161;Prima!

Rosamund dio un gritito de sorpresa, y se pregunt&#243; si hab&#237;a algo visible de su persona adem&#225;s del cuello y la espalda.

&#201;l adivin&#243; sus pensamientos y le quit&#243; importancia al hecho.

No se ve nada vital, querida ni&#241;a. Adem&#225;s, las protuberancias y curvas femeninas no me interesan en lo m&#225;s m&#237;nimo. Las mujeres a la moda reciben a sus visitas mientras se ba&#241;an.

Yo nunca estar&#233; tan a la moda y, a juzgar por las estatuas que vi en tu jard&#237;n, primo, me doy cuenta de que la carne femenina no te interesa. De todos modos, jam&#225;s recib&#237; visitas en mi ba&#241;o.

Eso quiere decir que t&#250; y sir Owein se ba&#241;aban juntos -ri&#243;. Pero enseguida se puso serio-. Pude hablar con Su Majestad, la reina, a &#250;ltima hora de esta tarde. Te recibir&#225; ma&#241;ana de tarde, a las dos, querida ni&#241;a. Le dije que vivir&#225;s conmigo mientras est&#233;s en Londres. Est&#225; ansiosa por verte y contenta de que est&#233;s aqu&#237; para pasar Navidad con ella. La Corte se muda a Richmond en unos d&#237;as m&#225;s. No te alteres. Es cerca. Haremos que Dol&#237; ayude a tu Annie. Dol&#237; es una maravilla con los peinados, porque no puedes ir a la Corte con esa encantadora trenza que usas todos los d&#237;as. Tienes que adoptar un estilo m&#225;s elegante y sofisticado, querida Rosamund, si no quieres que se r&#237;an de ti. Bien, te dejar&#233; a que termines de ba&#241;arte. Estoy agotado. La Corte rebosa de gente porque al rey le encanta la diversi&#243;n y es generoso con la riqueza de su padre. Me pregunto si el fallecido Enrique Tudor pens&#243; alguna vez que su hijo gastar&#237;a lo que &#233;l atesor&#243; tan cuidadosamente. -Ri&#243;, le sopl&#243; un beso y se fue del aposento con la misma rapidez con que hab&#237;a llegado.

&#191;Ese era lord Cambridge? -pregunt&#243; Annie, asombrada, al volver con una bandeja.

S&#237;. Dice que las damas a la moda reciben a los caballeros en sus tinas.

Est&#225; loco -coment&#243; Annie, con una expresi&#243;n escandalizada en su bonito rostro.

Ma&#241;ana iremos a la Corte.

Su traje est&#225; listo. Dol&#237; y yo le cosimos las perlas hoy, mientras usted dorm&#237;a, milady.

&#191;Perlas? -Rosamund estaba confundida-. &#191;Qu&#233; perlas?

Lord Cambridge me dio una cinta hermosa, toda decorada con perlitas, y me dijo que las cosiera en el escote del vestido. Quedaron preciosas, milady, y Dol&#237; dice que le dan mucho estilo al vestido.

Rosamund ri&#243;. Su primo estaba decidido a que ella diera una buena impresi&#243;n en la Corte.

Recu&#233;rdame que le agradezca a lord Cambridge ma&#241;ana -le dijo a Annie-. Y, ahora, vamos a ocuparnos de nuestro pan con queso. El aire del jard&#237;n me abri&#243; el apetito.

Annie hab&#237;a llevado no solo pan y queso, sino, adem&#225;s, salchicha y otro plato con las deliciosas manzanas asadas que Rosamund hab&#237;a comido antes. Tostaron el pan sobre el fuego, derritieron el queso encima y agregaron la salchicha. Se&#241;ora y criada comieron juntas ante el hogar. Rosamund le dej&#243; tomar un poco de vino sin agua. Era de color rub&#237; y dulce. Comparti&#243; las manzanas con Annie y, cuando la criada se llev&#243; la bandeja de vuelta a las cocinas, Rosamund se qued&#243; sentada junto al fuego, pensando otra vez. Se sent&#237;a mejor que esa tarde en el r&#237;o. Su primo Tom siempre parec&#237;a animarla con su presencia. Pens&#243; que Owein hab&#237;a sido un muchachito de seis a&#241;os cuando empez&#243; a trabajar en la casa de los Tudor. Hab&#237;a sobrevivido. Es m&#225;s, hab&#237;a progresado. Ella sab&#237;a que ella tambi&#233;n sobrevivir&#237;a. Era hora de que saliera al mundo, y en la Corte hab&#237;a muchas oportunidades para ella. Incluso podr&#237;a encontrar buenos partidos para sus ni&#241;as. No quer&#237;a que tuvieran que elegir entre la familia del t&#237;o Henry o alg&#250;n salvaje escoc&#233;s de la frontera como Logan Hepburn.

&#191;Y por qu&#233; ese individuo se entromet&#237;a en sus pensamientos? Por un momento, Rosamund vio los rebeldes rizos negros y esos ojos m&#225;s que azules. &#191;Qu&#233; har&#237;a en ese momento? &#191;Estar&#237;a en su sala en Claven's Carn? &#191;O bajo una luna fronteriza invadiendo a alg&#250;n vecino desdichado? Sacudi&#243; la cabeza con impaciencia. "&#161;Fuera!" -grit&#243; en silencio a la sonrisa burlona que se le hab&#237;a aparecido en la cabeza y al eco de la voz de &#233;l. Se sobresalt&#243;. Habr&#237;a jurado que acababa de o&#237;r su voz; sin embargo, se esforz&#243; por escuchar y la casa estaba muy silenciosa. "Tengo que irme a la cama". El viaje hab&#237;a sido demasiado para ella. Qui&#233;n lo creer&#237;a, porque siempre hab&#237;a sido una mujer fuerte. Sin esperar el regreso de Annie, se meti&#243; en la cama y enseguida se qued&#243; dormida.

Cuando despert&#243;, hab&#237;a sol. Annie le llev&#243; el desayuno. Despu&#233;s, se lav&#243; la cara, las manos y se restreg&#243; los dientes con su cepillito de pelo de jabal&#237;. Ya pod&#237;a comenzar a vestirse, porque le llevar&#237;a tiempo y, adem&#225;s, deb&#237;a llegar a Londres. El T&#225;mesis era un r&#237;o de mareas, y deb&#237;an viajar un buen rato para llegar con facilidad. No importaba arribar a Westminster mucho antes de su audiencia con la reina. Lo que importaba era no hacer esperar a su benefactora. Se sent&#243; con mucha paciencia, mientras Annie y Dol&#237; le pon&#237;an las medias de suave lana en los pies y se las sub&#237;an por las piernas. Pero, para su sorpresa, sobre las primeras le calzaron un segundo par de medias de seda negra, bordadas con hilos de oro en un dise&#241;o de hiedras y hojas.

&#191;Un regalo de lord Cambridge? -le pregunt&#243; a Annie.

S&#237;. Dice que la lana es para mantenerla calentita, porque har&#225; frio en el r&#237;o y en el palacio tambi&#233;n. La seda es por la elegancia. Aunque nadie las vea, usted sabr&#225; que es una de las mujeres m&#225;s a la moda que est&#233; con la reina -aclar&#243; Annie, cuya explicaci&#243;n era, obviamente la repetici&#243;n exacta de lo que le hab&#237;a dicho sir Thomas Bolton cuando le dio las medias para su se&#241;ora.

Qu&#233; primo este Tom -dijo Rosamund, con una sonrisita en los labios, mientras las dos criadas le ataban alrededor de los muslos las ligas, hechas de cintas doradas con rosetas con perlas bordadas, para sujetar las medias. Rosamund nunca hab&#237;a tenido algo tan bonito, y las disfrutar&#237;a.

Se puso de pie. Le quitaron la camisa y le pusieron otra de fino lino, cuyo volado aparecer&#237;a en el escote del vestido.

Si&#233;ntese, milady -dijo Dol&#237;-. Mi amo me ha dado instrucciones sobre c&#243;mo quiere que la peine. -Tom&#243; el cepillo de madera de peral y comenz&#243; a deshacer la trenza y a peinarla. El largo cabello de Rosamund eran abundante y lacio. Brillaba con reflejos dorados-. M&#237;rame, Annie, y aprender&#225;s este estilo. Le sentar&#225; muy bien a tu se&#241;ora. -Separ&#243; los cabellos de Rosamund en el medio y, trabajando r&#225;pido, los arm&#243; en un mo&#241;o, que sujet&#243; en la nuca-. Ah&#237; est&#225;, &#191;no le queda precioso?

Rosamund se mir&#243; en el espejo que sosten&#237;a Annie. Una mujer que apenas reconoci&#243; le devolvi&#243; la mirada.

Ay -dijo, suavecito.

Es muy diferente, milady -dijo Dol&#237;-. Es estilo franc&#233;s, y es nuevo en este pa&#237;s. Casi todas las damas de la reina llevan el cabello a la manera anticuada, suelto debajo de las cofias, aunque me han dicho que algunas de las mayores se lo recogen como las lavanderas.

Es hermoso, Dol&#237;, muchas gracias -le dijo Rosamund a la muchacha. Era una pena que ese peinado tan elegante casi ni se viera a trav&#233;s del velo. Pero se sent&#237;a muy segura de s&#237;.

Con cuidado, las dos criadas ayudaron a Rosamund a ponerse la falda, que luego levantaron y ataron a la cintura. Despu&#233;s, lleg&#243; el turno del corpi&#241;o y de las mangas. El brocado negro era muy hermoso, con su delicado bordado en oro. El agregado de las perlitas en el escote cuadrado y en los anchos pu&#241;os de las mangas hab&#237;an convertido un vestido bonito en una prenda espl&#233;ndida. Al fin, todo estuvo atado, enlazado y ajustado. La falda, sobre su angosto miri&#241;aque, exig&#237;a un poco de acostumbramiento, pero Rosamund pronto pudo manejarla. Volvi&#243; a sentarse y Annie le puso al cuello las perlas con la cruz de oro. Despu&#233;s le coloc&#243; el broche de perlas que le hab&#237;a regalado su primo en el centro del escote. El anillo de bodas y el otro con el granate fueron los dos adornos que eligi&#243; para las manos.

Cuando Dol&#237; los vio, dijo:

Ah, mi se&#241;or dijo que tiene que llevar esto con el broche, milady. -Sac&#243; una cajita de entre sus ropas y se la dio a Rosamund.

&#161;Qu&#233; belleza! -Rosamund qued&#243; encantada: al abrir la caja se encontr&#243; con un gran anillo barroco con una perla. Se lo coloc&#243; en el dedo, lo admir&#243; y se dio cuenta de que era muy f&#225;cil aceptar hermosos regalos de un primo bondadoso. Ella sab&#237;a poco de Tom Bolton, salvo que estaban emparentados-. &#191;Tu se&#241;or tiene hermanos o hermanas? -le pregunt&#243; a Dol&#237;.

S&#237;. Ten&#237;a una hermana menor. Mucho menor. Mi se&#241;or no lo aparenta, pero este a&#241;o cumple cuarenta a&#241;os. Ten&#237;a quince cuando naci&#243; su hermana. &#201;l la ador&#243; desde que la ni&#241;ita naci&#243;. Pero muri&#243; hace cinco a&#241;os, de parto, y su hijito, con ella. Ten&#237;a veinte a&#241;os. &#201;l no se sobrepuso nunca, hasta que la trajo a usted a Londres, milady. Todos estamos muy contentos de ver a mi se&#241;or feliz otra vez. Es un caballero extra&#241;o, pero un amo bueno y generoso.

S&#237;. Es bueno y generoso. -Calz&#243; los pies en los zapatos que Annie coloc&#243; ante ella-. Dol&#237;, esta vez no puedo llevarte a la Corte conmigo, pero te prometo que otro d&#237;a lo har&#233;. Y muchas gracias por tu buen servicio.

Es un placer servirla, milady -respondi&#243; Dol&#237;. Entonces, con todo cuidado, puso el velo casi transparente y la peque&#241;a cofia inglesa sobre el peinado de Rosamund-. Annie tiene su capa y los guantes, y ya est&#225; lista para ir, milady.

No me cubras con la capa hasta que mi primo haya visto nuestros esfuerzos -dijo. Sali&#243; entonces de su aposento seguida de Annie, que le llevaba la capa y los guantes.

Al verla bajar la escalera, sir Thomas Bolton pens&#243; que su prima Rosamund estaba muy elegante. Cuando ella lleg&#243; abajo le bes&#243; la mano y le dijo:

Hoy estar&#225;s tan elegante como cualquier dama de la Corte, mi querida ni&#241;a.

Gracias por el anillo, Tom. &#191;Era de tu hermana?

S&#237;. Pens&#233; que te quedar&#237;a muy bien.

&#191;C&#243;mo se llamaba ella? -le pregunt&#243; Rosamund, mientras Annie le pon&#237;a sobre los hombros la capa forrada y ribeteada con piel.

Mary. Era un nombre simple, pero ella naci&#243; el D&#237;a de Mayo y mi madre insisti&#243; en que su hija se llamara como la Santa Madre. Pero la llam&#225;bamos May porque era la esencia misma de ese mes[[3]: #_ftnref3 En ingl&#233;s, May designa el mes de mayo y tambi&#233;n se usa como nombre propio (N. de T.)]. Luminosa, c&#225;lida y llena de alegr&#237;a. Como t&#250;, mi querida ni&#241;a, me aceptaba por lo que yo era. Siempre la extra&#241;ar&#233;. Era la luz de mi vida, pero, ahora, querid&#237;sima Rosamund, t&#250; te has hecho de un lugarcito en mi coraz&#243;n.

Yo nac&#237; un 30 de abril. Y la mayor de mis hijas, Philippa, naci&#243; el 29 de abril.

Ah, entonces son de Tauro. Igual que mi hermana. Yo soy de Escorpio, el opuesto de Tauro.

&#191;De qu&#233; est&#225;s hablando? -le pregunt&#243; Rosamund mientras &#233;l la acompa&#241;aba hasta el muelle donde los esperaba la barca.

&#191;Nunca o&#237;ste hablar de la astrolog&#237;a? La ciencia de las estrellas. Mi querid&#237;sima ni&#241;a, &#161;tengo un hombre incre&#237;ble! Haremos que t&#233; haga la carta natal mientras est&#225;s en la Corte. Hay muchos que no hacen nada sin el consejo de sus astr&#243;logos. Yo prefiero una revisi&#243;n anual.

La ayud&#243; a subir a la embarcaci&#243;n-. Te lo explicar&#233; todo camino a Westminster. -Se sent&#243; junto a ella y puso una manta de piel sobre las piernas de ambos. Le hizo una se&#241;a al barquero; dejaron el muelle de la Casa Bolton y tomaron r&#237;o abajo, hacia Londres.



CAP&#205;TULO 15

Hac&#237;a fr&#237;o esa ma&#241;ana, pero el sol resplandec&#237;a sobre el r&#237;o.

All&#237; est&#225; Richmond -se&#241;al&#243; lord Cambridge cuando pasaron frente al gran palacio-. &#191;Ves qu&#233; cerca queda de la Casa Bolton? Tambi&#233;n tengo una vivienda cerca de Greenwich. Ayer, cuando estuve en Londres, te compr&#233; un barquito precioso -sigui&#243; diciendo-. Y contrat&#233; a dos hombres como barqueros. &#191;De qu&#233; colores mandaremos hacer sus libreas? &#191;Tienes un lema que podamos estampar en sus divisas?

Friarsgate es azul y plata -le respondi&#243; Rosamund-, y el lema de los Bolton de Friarsgate es Tracez Votre Chemin.

Ah, me gusta tu lema. Te har&#233; dise&#241;ar un broche con esas mismas palabras. Nuestros Bolton eligieron Service Toujours. Es de tan escasa inspiraci&#243;n &#191;Azul y plateado, entonces? Muy elegante, querida. Todo el mundo se est&#225; cambiando al verde de los Tudor &#250;ltimamente, y eso es muy aburrido. Es imposible saber los criados de qui&#233;n est&#225;n en la Corte, a menos que uno pueda acercarse lo suficiente para ver sus divisas, lo que es de un mal gusto espantoso, por supuesto.

No me gusta que gastes tanto, primo. &#191;Es tan necesario? Ya has sido demasiado bueno conmigo.

Siempre quise tener una segunda barca para los invitados, querid&#237;sima ni&#241;a. Tu llegada me ayud&#243; a no seguir demorando la compra. Tener tu barquito te permitir&#225; escaparte del palacio cuando la reina no te necesite.

Admito que sigo nerviosa porque me hayan llamado a la Corte. Este no es mi lugar.

Pero aqu&#237; est&#225;s, Rosamund. Escucha, querida ni&#241;a, que mientras navegamos r&#237;o abajo te contar&#233; por qu&#233; ser&#225;s una brisa de aire fresco para la reina. T&#250; sabes que perdi&#243; un hijo a fines de enero. Pero fue peor que eso. Esas tontas excesivamente sol&#237;citas que la rodean ten&#237;an miedo de decirle que hab&#237;a abortado a una ni&#241;a. Entonces, dejaron que siguiera creyendo que ten&#237;a a la criatura adentro, y ella se infl&#243; como una vejiga de oveja llena de aire.

&#191;Pero c&#243;mo no se dio cuenta de que ya no estaba encinta? -pregunt&#243; Rosamund, impresionada.

Porque, querida ni&#241;a, es una princesa espa&#241;ola y se le ha evitado el acceso al sentido com&#250;n, entre otras virtudes. Bien, no pas&#243; mucho antes de que el rey se diera cuenta de lo que hab&#237;a sucedido, porque la hinchaz&#243;n desapareci&#243; con la misma rapidez con que hab&#237;a llegado. La reina qued&#243; destrozada; sent&#237;a que le hab&#237;a fallado a su marido. &#201;l la convenci&#243; de que era la voluntad de Dios. Y, r&#225;pidamente, volvi&#243; a embarazarla.

&#191;La reina est&#225; encinta? -Rosamund estaba at&#243;nita.

Caramba, s&#237;, querida, ni&#241;a. &#191;No lo sab&#237;as? -&#201;l tambi&#233;n se sorprendi&#243;-. La criatura llegar&#225; a principios del mes de enero. Ayer fue el &#250;ltimo d&#237;a en que la reina recib&#237;a caballeros en sus aposentos, por eso era tan importante que yo pudiera hablar con ella. Ahora entrar&#225; en reclusi&#243;n hasta que nazca su hijo, y solo la servir&#225;n mujeres. Sus damas se hacen cargo de todos los puestos que normalmente desempe&#241;an los hombres para que la casa de la reina siga funcionando. &#191;C&#243;mo puede ser que no supieras la feliz nueva? Pero claro, con la confusi&#243;n por el aborto, es posible, y Friarsgate est&#225; tan aislado. Pero esos no son todos los chismes, querida ni&#241;a.

Este oto&#241;o hubo un esc&#225;ndalo absolutamente delicioso. La reina se enter&#243; de que el rey estaba teniendo un romance con la hermana del duque de Buckingham. Pero lo que nadie sabe a ciencia cierta es con cu&#225;l de sus hermanas, porque tiene dos, y ambas sirven a la reina. Lady Anne Hastings est&#225; viviendo en un convento a cien kil&#243;metros de Londres, reflexionando sobre sus pecados, fueran cuales fuesen. Su hermana, Lady Elizabeth Fitz-Walter, tambi&#233;n se fue de la Corte -dicen que se la llevaron en mitad de la noche-. Y sus esposos tambi&#233;n han sido alejados. Al parecer, la hermana m&#225;s casta, que no se sabe cu&#225;l de las dos es, habl&#243; con su hermano, el duque. Ella pensaba que su hermana ten&#237;a algo con el gran amigo del rey, William Compton. Buckingham es un esnob terrible, y los Compton no est&#225;n a la altura, socialmente, de la familia Stafford. Pero Compton actuaba como escudo para el rey. &#161;Los amantes usaban su casa para sus citas il&#237;citas! El duque de Buckingham se puso furioso con su hermana por rebajarse de tal manera con quien &#233;l cre&#237;a que era un hombre de menor rango. Hubo una conferencia familiar. Para colmo de males, la hermana inocente fue a contarle a la reina que, en una discusi&#243;n muy violenta, rega&#241;&#243; al rey por su comportamiento y, aunque esa discusi&#243;n tuvo lugar en su aposento privado, la oy&#243; la mitad de la Corte, que se lo cont&#243; a la otra mitad.

Ahora bien, querida ni&#241;a, uno no reprende a Enrique Tudor por su comportamiento. &#201;l es el rey. &#201;l hace lo que se le antoja, como bien entendemos los que lo conocemos. Adem&#225;s, todos los reyes tienen amantes. Si hasta el padre de la reina, el rey Fernando, tuvo varias, y se sabe que engendr&#243; un buen n&#250;mero de bastardos. Y el rey Enrique ha sido muy discreto, hay que reconocerlo. Su peque&#241;a indiscreci&#243;n no se habr&#237;a sabido nunca de no ser porque la hermana del duque lo cont&#243; todo. -Lord Cambridge ri&#243; con malignidad. Rosamund lo escuchaba fascinada.

"El duque es un esnob horrible -continu&#243; su primo-. Claro que Will Compton no le parec&#237;a socialmente aceptable como amante de su hermana. Es m&#225;s, la verdad es que no cree que la Casa de Tudor sea lo bastante buena. Desafi&#243; a Compton y lo insult&#243;, y el otro, compa&#241;ero y confidente del rey desde hace mucho tiempo, fue directamente a cont&#225;rselo. El rey llam&#243; al duque a su presencia y le dijo de todo. Al final, el duque se fue de la Corte muy enfadado. Sospecho que el rey se enoj&#243; con &#233;l porque su secreto hab&#237;a salido a la luz. Quiere mucho a su esposa y no desea afligirla. Y eso, querida ni&#241;a, es lo que ha sucedido &#250;ltimamente.

&#191;La reina perdon&#243; al rey?

No hay nada que perdonar, porque Enrique Tudor tiene derecho a hacer lo que le plazca, Rosamund. La reina ha sido reprendida como corresponde, pero no solo por su esposo, sino tambi&#233;n por su padre y por su confesor. Despu&#233;s de todo, ella es la reina de Inglaterra. Nadie puede cambiar eso, pero que no pretenda que su esposo se abstenga de satisfacer sus apetitos masculinos cuando ella est&#225; pre&#241;ada y, por consiguiente, prohibida para &#233;l. Y &#233;l fue discreto, aunque ella, obviamente, sospechaba algo, dada su naturaleza apasionada. Ella puso a sus damas a espiarlo. El rey pens&#243; en echarlas a todas de la Corte, pero eso habr&#237;a provocado un gran esc&#225;ndalo.

Pobre Kate -se condoli&#243; Rosamund.

Es una buena mujer, aunque ingenua en muchas cosas. Todos los que la sirven la quieren y permanecen leales a ella, pero sus damas deben recordar que su primera lealtad es hacia el rey, no hacia la reina. Espero, querida prima, que mientras est&#233;s sirviendo a la reina lo recuerdes. -Le dio una palmadita en la mano enguantada.

Pero &#191;todo est&#225; bien entre el rey y su esposa? &#191;Ahora est&#225;n reconciliados?

S&#237;, pero ya nunca ser&#225; como antes. La reina se ha visto obligada a enfrentar el hecho de que la luna de miel termin&#243; hace mucho. Debe aceptar lo que no puede cambiar, y al rey no lo cambiar&#225; nunca. &#201;l, aunque sigue irritado, la ha perdonado. Cree que ella nunca volver&#225; a reprenderlo por sus pecaditos, en especial porque es improbable que se entere. Las damas de la reina han aprendido la lecci&#243;n, o eso se supone, y, en el futuro, no correr&#225;n a contarle rumores a su se&#241;ora sobre la vida amorosa del rey.

Ahora m&#225;s que nunca deseo estar en casa. No s&#233; si sabr&#233; manejarme en medio de toda esta intriga.

&#201;l ri&#243;.

Yo estar&#233; aqu&#237;, querida ni&#241;a, y siempre podr&#225;s escaparte a la Casa Bolton.

A su alrededor, el tr&#225;nsito del r&#237;o era m&#225;s intenso. Se acercaban a la ciudad. Aparecieron unas grandes embarcaciones de fondo chato que llevaban carga desde los barcos anclados en el puerto de Londres, r&#237;o abajo. Pasaron unas barcas m&#225;s peque&#241;as con productos agr&#237;colas. Los rodeaban pesqueros y otras barcas de pasajeros. Las agujas y torres de Westminster se elevaban de un lado del r&#237;o y la barca comenz&#243; a dirigirse a la costa. Annie estaba conmocionada por lo que ve&#237;a y hab&#237;a o&#237;do. Al darse cuenta de esto, lord Cambridge le advirti&#243; que guardara silencio.

No hables de m&#225;s con las otras criadas, pero s&#233; agradable, servicial, devota, y mant&#233;n las orejas abiertas, para poder informarle a tu se&#241;ora cualquier cosa de inter&#233;s. Si simulas ser un poco tonta, reci&#233;n llegada del campo, no te tomar&#225;n en cuenta y las otras criadas hablar&#225;n en tu presencia. &#191;Entiendes, Annie?

S&#237;, milord. Tendr&#233; cuidado, porque, en verdad, soy una sencilla muchacha del campo, como mi se&#241;ora -respondi&#243;, y los ojos le resplandecieron, traviesos.

Lord Cambridge volvi&#243; a re&#237;r.

Caramba, ni&#241;a, eres mucho m&#225;s inteligente de lo que yo pensaba. Podr&#225;s ser muy &#250;til a tu se&#241;ora. -Y le hizo un gui&#241;o.

La barca golpe&#243; contra el muelle de piedra y un criado del palacio r&#225;pidamente la asegur&#243; para que sus ocupantes pudieran desembarcar. Ayudaron primero a lord Cambridge y luego esperaron a que Rosamund y Annie bajaran al muelle. Sir Thomas se encamin&#243; hacia el palacio, seguido por las dos mujeres. Rosamund recordaba vagamente que hac&#237;a a&#241;os hab&#237;a desembarcado all&#237; con Meg, Kate y el resto de la familia real. Parte del interior le result&#243; conocido mientras segu&#237;a a su primo. Llegaron a una gran puerta doble con el escudo real. A ambos lados de las puertas hab&#237;a una joven con falda de terciopelo rojo y un peto de cuero dorado a la hoja, con un peque&#241;o yelmo y una pica. Las picas se cruzaron, a la defensiva, cuando lord Cambridge y su grupo se acercaron.

Lady Rosamund de Friarsgate, viuda de sir Owein Meredith, y su criada, a invitaci&#243;n de la reina.

Ella puede pasar, y tambi&#233;n su criada -dijo una de las guardias. Descruzaron las picas y una de ellas abri&#243; una de las puertas.

Adi&#243;s, prima -se despidi&#243; lord Cambridge, d&#225;ndole un beso en la frente a Rosamund-. Si me necesitas, env&#237;a a un paje a buscarme. Si no me encuentro aqu&#237;, estar&#233; en la Casa Bolton.

Rosamund, seguida de Annie, entr&#243;, despacio, en los aposentos de la reina. Estaban llenos de mujeres, y le pareci&#243; que no reconoc&#237;a a ninguna. Ni siquiera estaba segura del protocolo adecuado para llamar la atenci&#243;n de la reina. Se qued&#243; all&#237; parada, confundida, hasta que una mujer de rostro muy dulce se acerc&#243; a ella, sonriendo.

Lady Rosamund, creo que no me recuerda. Soy Mar&#237;a de Salinas. Mi se&#241;ora le da la bienvenida a la Corte. &#191;Quiere acompa&#241;arme para saludar a Su Majestad?

Gracias -respondi&#243; Rosamund, y sigui&#243; a la dama favorita de la reina, y su mejor amiga, que hab&#237;a llegado con ella desde Espa&#241;a y que se hab&#237;a quedado devotamente a su lado durante todos los a&#241;os dif&#237;ciles.

Pasaron por la primera sala de recibo de los apartamentos de la reina y entraron en el recinto privado, donde Catalina estaba graciosamente tendida sobre un div&#225;n tapizado. Ten&#237;a un vientre inmenso. Los ojos de la reina se iluminaron cuando Rosamund se acerc&#243;, y le tendi&#243; la mano, llena de anillos, a modo de saludo, con una sonrisa en los labios.

Rosamund tom&#243; la mano de la reina y se la bes&#243;, mientras hac&#237;a una reverencia. Detr&#225;s de ella, Annie tambi&#233;n se inclin&#243;.

Mi amiga -dijo la reina en su ingl&#233;s con acento-. &#161;Qu&#233; bueno volver a verte! Me alegro de tenerte aqu&#237;. En especial ahora. Te he asignado una tarea, Rosamund de Friarsgate. No olvido lo hermosa que era tu letra cuando me escrib&#237;as. Te ocupar&#225;s de mi correspondencia mientras mis secretarios est&#233;n prohibidos en mi presencia. No permito que mis damas est&#233;n ociosas.

Es un honor para m&#237; servirla, Su Majestad.

&#191;Est&#225;s viviendo en la Casa Bolton?

Mi primo Tom es un hombre bueno y generoso, Su Majestad. No recuerdo que me hayan tratado tan bien en la vida.

Mientras est&#233;s conmigo y de guardia tendr&#225;s un camastro aqu&#237;, en mis apartamentos. Y se turnar&#225;n para dormir en mi alcoba en la carriola. Tu criada tiene permiso para entrar o salir, tanto de mis apartamentos como del palacio, para traerte lo que necesites. En un d&#237;a m&#225;s partiremos hacia Richmond, de lo que me alegro. Me doy cuenta de que no conoces a ninguna de mis damas; tal vez quieras ir a la sala para que te presenten.

La estaba despidiendo. Rosamund volvi&#243; a hacer una reverencia y, retrocediendo, sali&#243; de la habitaci&#243;n, seguida por Annie, que observaba todo en silencio. La reina ten&#237;a ochenta damas de compa&#241;&#237;a. Hab&#237;a siete condesas entre ellas. Las esposas de los condes de Suffolk, Oxford, Surrey, Essex, Shrewsbury, Derby y Salisbury, adem&#225;s de lady Guilford, madre de dos de los compa&#241;eros de torneos del rey. La reina ten&#237;a treinta doncellas de honor y, entre ellas, hab&#237;a algunos de los nombres m&#225;s ilustres de Inglaterra, adem&#225;s de Mar&#237;a de Salinas y su hermana In&#233;s, que present&#243; a Rosamund. Las damas de la reina estuvieron agradables, pero no hubo mucha calidez en su recibimiento, y Rosamund volvi&#243; a sentirse fuera de lugar.

No les hagas caso -dijo, en voz baja, In&#233;s de Salinas. Sus ojos casta&#241;os eran comprensivos y solidarios-. Todas est&#225;n demasiado interesadas en s&#237; mismas y, cuando no se encuentran en presencia de la reina, pasan el tiempo comparando su pedigr&#237;. Disfrutan crey&#233;ndose superiores a las dem&#225;s.

Yo no soy superior a nadie -dijo Rosamund, como al pasar.

In&#233;s ri&#243;.

En realidad, tu presencia es como un acicate para sus conciencias. La reina no ha sido remisa en contarles que t&#250; fuiste su protectora desde tu finca perdida en el medio de Cumbria. Les cont&#243; que, con frecuencia, tu bondad hizo para ella la diferencia entre la pobreza y la m&#225;s absoluta miseria. Se sienten culpables porque cualquiera de ellas podr&#237;a haberla ayudado, pero ten&#237;an tanto miedo de no hacer lo correcto, de ofender al viejo rey, de avergonzar a sus familias, que ignoraron a mi pobre se&#241;ora y la dejaron abandonada a sus tribulaciones.

Pero estabas t&#250;, Rosamund Bolton. A ti no te import&#243; lo que pudieran decir o pensar. T&#250; hiciste lo que pod&#237;as para ayudar a mi se&#241;ora, porque era lo correcto y porque cre&#237;as en ella. Hiciste lo que cualquier buena cristiana har&#237;a. Ellas, estas superiores damas inglesas, no lo hicieron. Van a evitarte e ignorarte, aunque algunas puede que sean bondadosas; pero otras te hablar&#225;n groseramente cuando piensen que la reina no las oye. No te dejes descorazonar.

S&#233; que este no es mi lugar. Vine porque la reina me lo orden&#243; &#161;Gracias a Dios que tengo a mi primo!

&#191;Sir Thomas Bolton? -In&#233;s volvi&#243; a re&#237;r-. Es tan divertido. Claro que hay quien dice cosas procaces sobre &#233;l.

Se dice mucho, estoy segura, pero, &#191;qu&#233; han probado contra mi primo? Nada. La Corte rebosa de chismes. Lo recuerdo bien de mi juventud, cuando la princesa Margarita sab&#237;a todo lo que se dec&#237;a y qu&#233; parte era verdad. No se puede evitar o&#237;r, pero no es necesario, luego de o&#237;r, creer.

Eres la inglesa m&#225;s pr&#225;ctica que he conocido.

Eso es porque soy una mujer del campo y no una gran dama.

Rosamund fue presentada por In&#233;s a las otras damas de la reina. La gran mayor&#237;a apenas la mir&#243;. Una muchacha dijo:

Ah, s&#237;, la pastora del norte. -Algunas de las m&#225;s j&#243;venes rieron, mezquinas, pero, entonces, lady Percy dijo:

Solo alguien muy ignorante insultar&#237;a a la dama de Friarsgate, que es amiga de la reina, se&#241;ora Blount. Es la viuda de sir Owein Meredith, y heredera por derecho propio, propietaria de tierras excelentes y hermosas en Cumbria. Y si su riqueza proviene de las ovejas, &#191;por qu&#233; la desde&#241;a por eso? Casi todas las riquezas en este pa&#237;s provienen de las ovejas, como puede informarle cualquier persona instruida. Sucede que tambi&#233;n s&#233; por intermedio de mi parienta, lady Neville, que Friarsgate cr&#237;a unos caballos de guerra especialmente buenos. -Se dirigi&#243; a Rosamund-. Por favor, disculpe a la se&#241;ora Blount, milady.

A la ignorancia hay que corregirla, no perdonarla -respondi&#243; Rosamund.

Algunas de las se&#241;oras quedaron boquiabiertas, pero lady Percy ri&#243;.

&#161;Bien dicho, Rosamund Bolton!

Has hecho un buen comienzo -susurr&#243; In&#233;s-, pero creo que te has hecho de una enemiga en Gertrude Blount. Claro que ella no es demasiado importante y es obvio que a lady Percy le has ca&#237;do bien.

As&#237; fue que Rosamund se incorpor&#243; al grupo de las damas de la reina, y dos d&#237;as despu&#233;s la Corte dej&#243; Westminster, para alivio de todos, y se mud&#243; a Richmond. Cuando las se&#241;oras se empujaban entre ellas para encontrar lugar en los diversos transportes, Rosamund le ofreci&#243; a In&#233;s de Salinas y a su criada lugar en su propia barca. In&#233;s estuvo encantada de no tener que viajar r&#237;o arriba apretada entre las dem&#225;s.

&#191;Tienes tu propia barca? -Estaba sorprendida.

Es un obsequio de mi primo Tom. Dice que debo tener mi transporte mientras est&#233; en la Corte -le respondi&#243; Rosamund cuando las cuatro se instalaban en la peque&#241;a cabina.

Era un d&#237;a fresco, y el cielo estaba gris y amenazador. Pero la cabina de la barca se encontraba c&#225;lida, porque bajo los bancos hab&#237;a unos peque&#241;os braseros con carb&#243;n encendido. Los dos barqueros doblaron la espalda y remaron contra la marea, manteniendo el mismo ritmo que el resto de los viajeros reales. Cuando llegaron a Richmond, Rosamund vio al rey por primera vez en siete a&#241;os. Se sorprendi&#243; mucho, porque Enrique Tudor era probablemente el hombre m&#225;s apuesto que hab&#237;a visto en toda su vida.

Med&#237;a un metro noventa y tres. Ten&#237;a el cabello rojo, dorado y brillante. La joven no se hab&#237;a interesado en &#233;l, porque, en aquel tiempo, &#233;l era un ni&#241;o, menor que ella. Pero ahora era un hombre. &#161;Y qu&#233; hombre tan hermoso! -pens&#243;, ruboriz&#225;ndose ante la temeridad de sus propios pensamientos-. &#201;l observ&#243; las barcas que llegaban y ella crey&#243; que, por un instante, sus ojos azules se cruzaron con los ambarinos de ella. Pero, enseguida, &#233;l continu&#243; una animada charla con sus compa&#241;eros.

No podremos participar de las festividades de los Doce D&#237;as de Navidad -dijo In&#233;s, con tristeza- pero, apenas nuestra se&#241;ora la reina d&#233; a luz a su hijo, habr&#225; grandes celebraciones.

Mi esposo muri&#243; hace unos meses. No estoy de &#225;nimo para celebrar, aunque en Friarsgate lo har&#225;n, por mis hijas. Pero ser&#225; una triste celebraci&#243;n con el padre muerto y enterrado, y la madre lejos, en la Corte.

Yo ir&#233; a casa en Londres el d&#237;a de Navidad, para estar con mi esposo. Es un funcionario menor del rey Fernando. S&#233; que extra&#241;a Espa&#241;a pero, como yo, siente que debemos permanecer aqu&#237;, leales a la reina Catalina.

&#191;T&#250; eres mayor que tu hermana?

Dos a&#241;os. Mis padres pudieron dar dote a una de sus hijas, y me la dieron a m&#237;. Pensaban que de Mar&#237;a se ocupar&#237;a su princesa, y alg&#250;n d&#237;a lo har&#225;. Dicen que lord Willoughby quiere cortejarla, pero &#233;l nunca ha hablado con la reina ni con Mar&#237;a.

Diciembre pasaba r&#225;pidamente. Lleg&#243; Navidad, y la reina y sus damas celebraron la primera misa de la festividad en la capilla privada de la reina con su confesor, fray Diego. Rosamund hab&#237;a o&#237;do decir que el sacerdote era un hombre muy carnal y que varias damas estaban enamorada de &#233;l. Tambi&#233;n se comentaba que &#233;l usaba a cualquier mujer que se le ofreciera y que muchas lo hac&#237;an. Rosamund se mantuvo al final de la capilla, con la cabeza inclinada. No deseaba atraer la atenci&#243;n del notorio sacerdote. Pasaron San Esteban y la fiesta de los Santos Inocentes. Y el 31 de diciembre la reina entr&#243; en trabajo de parto.

Con el primer indicio del hecho, las habitaciones de la reina estallaron de entusiasmo, las mujeres corr&#237;an de un lado al otro y hablaban entre ellas. Se mand&#243; buscar al m&#233;dico de la reina y a las parteras, que vinieron enseguida. Se notific&#243; al rey, que se qued&#243; en la gran sala en Richmond bebiendo con sus compa&#241;eros mientras esperaba el nacimiento de lo que seguramente ser&#237;a su primer hijo var&#243;n. Hab&#237;a rezado. Hab&#237;a hecho un peregrinaje a Nuestra Se&#241;ora de Walsingham, y volver&#237;a a hacerlo. Todos dec&#237;an que, por c&#243;mo hab&#237;a sido el embarazo, Catalina llevaba un var&#243;n en las entra&#241;as. A pesar del disgusto por las hermanas del duque de Buckingham, no hab&#237;a perdido a la criatura. De haber sido una ni&#241;a, delicada y fr&#225;gil, la habr&#237;a abortado, pero no hab&#237;a sido as&#237;. Todos le aseguraban al inminente padre que esto significaba, ciertamente, que la reina dar&#237;a a luz un var&#243;n.

Los requisitos para un nacimiento real hab&#237;an sido fijados a&#241;os atr&#225;s por la Venerable Margarita. Rosamund se asombr&#243; ante la complejidad de todo el asunto. La c&#225;mara en la que la reina dar&#237;a a luz estaba cubierta con tapices en todas partes, paredes, cielorrasos y todas las ventanas, salvo una, hermosos tapices que mostraban las escenas m&#225;s felices de la Biblia, para alegrar a la madre y al reci&#233;n nacido. Se cubr&#237;an los pisos con espesas alfombras turcas. Solo una ventana quedaba sin cubrir, por si la parturienta deseaba aire fresco. Una vez dispuesto eso, se tra&#237;a a la habitaci&#243;n la gran cama de roble tallado en la que luego la reina recibir&#237;a a su esposo e invitados, y se la preparaba.

&#161;Nunca vi una cama as&#237;! -le susurr&#243; Rosamund a In&#233;s.

Supongo que porque nunca ha habido una cama as&#237; -le susurr&#243; su compa&#241;era-. El colch&#243;n est&#225; relleno de lana y, por encima, tiene una capa de plumas. Las s&#225;banas son del lino m&#225;s delicado y los bordes han sido bordados por las monjas de la isla de Madeira. Las almohadas y los almohadones son de edred&#243;n. El cubrecama es escarlata, con los bordes de armi&#241;o, bordado con coronas de oro y el escudo de armas de la reina. Hace juego con el baldaqu&#237;n y las cortinas de la cama, aunque estas son de sat&#233;n escarlata, no de terciopelo. Est&#225;n adornadas con un borde de seda en azul, oro y bermejo. &#191;Y viste el tapiz escarlata en la mesa lateral y la pila bautismal, por si el ni&#241;o es d&#233;bil y requiere de un bautismo inmediato?

&#161;Dios no lo permita! -dijo Rosamund, persign&#225;ndose, recordando a su hijito.

In&#233;s asinti&#243; y tambi&#233;n se persign&#243;.

Y, por supuesto, hay un peque&#241;o altar donde la reina puede rezar.

&#191;D&#243;nde est&#225; la silla de parir?

In&#233;s sonri&#243;.

Aqu&#237; en la Corte la llamamos la silla de gemir. Hay una, claro, pero no creo que la reina quiera usarla. No es muy digna, y la reina es, por sobre todas las cosas, digna.

No hay nada de dignidad en dar a luz -dijo Rosamund, y record&#243; su silla de parir, en la sala de Friarsgate. Pens&#243; en Maybel y en que Owein prefer&#237;a quedarse con ella hasta que Maybel lo echaba, si pod&#237;a. Los perros permanec&#237;an con ella, y los gatos andaban por ah&#237;, restreg&#225;ndole las piernas desnudas con sus cuerpos, como consol&#225;ndola. N se parec&#237;a en nada a esta habitaci&#243;n roja y atiborrada de cosas donde la reina de Inglaterra ahora pujaba.

Como hab&#237;a predicho In&#233;s, no us&#243; la silla de parir. Modosamente vestida con una camisa de fino lino de Holanda y corpi&#241;os dobles, estaba tendida sobre un camastro junto a su gran cama, donde, rodeada por sus damas, podr&#237;a tener un m&#237;nimo de privacidad. Toda la noche estuvo en trabajo de parto. No pod&#237;an darle ninguna medicina para el dolor y, entonces, trajeron de la abad&#237;a de Westminster la faja de Nuestra Se&#241;ora, una reliquia sagrada. Se dec&#237;a que aliviaba el dolor de parto, y Catalina dijo que s&#237; la aliviaba, y daba gracias mientras segu&#237;a pujando. Al fin, cuando el nuevo d&#237;a comenzaba, naci&#243; el ni&#241;o. &#161;Era el hijo var&#243;n y heredero tan deseado! La reina se desmoron&#243; del alivio, y se notific&#243; al rey. Se dispararon los ca&#241;ones a lo largo del muelle en la Torre de Londres en salutaci&#243;n y todas las campanas de todas las iglesias de Londres comenzaron a repicar en tributo al nuevo pr&#237;ncipe. El rey estaba lleno de j&#250;bilo, y la Corte con &#233;l. Se encendieron fogatas en las calles. El alcalde de la ciudad orden&#243; que se sirviera un buen vino a todos los ciudadanos de Londres para que pudieran beber a la salud del nuevo pr&#237;ncipe. El rey recompens&#243; generosamente a la partera y acept&#243; las felicitaciones de sus amigos por haber engendrado un hijo var&#243;n. El nuevo pr&#237;ncipe se llamar&#237;a Enrique, como su padre. Envuelto en apretadas fajas, yac&#237;a bajo un cubrecamas de terciopelo carmes&#237; con armi&#241;o y oro. La cuna de madera pintada era de sesenta cent&#237;metros de ancho por un metro y medio de largo. Estaba decorada con plata y ten&#237;a hebillas del mismo metal para asegurar las fajas para que el ni&#241;o no pudiera moverse en una cuna tan grande.

La cuna en la que se lo exhibir&#225; a los visitantes importantes es incluso m&#225;s grande -se&#241;al&#243; In&#233;s.

Rosamund sacudi&#243; la cabeza y pens&#243; en sus ni&#241;as de reci&#233;n nacidas, puestas en una sencilla cuna de roble, con un peque&#241;o colch&#243;n de plumas y piel de cordero. Se pregunt&#243; tambi&#233;n si el pobre pr&#237;ncipe podr&#237;a respirar con esas fajas tan apretadas.

Pasaron a la reina a la cama grande, vestida con un manto circular de terciopelo rojo. La hab&#237;an ba&#241;ado para quitar todo rastro del trabajo de parto. Su hermoso cabello estaba trenzado y adornado con perlas. Fray Diego, el primer hombre a quien se le permiti&#243; entrar en la habitaci&#243;n de la reina despu&#233;s del parto, celebr&#243; misa en un altar privado mientras Catalina permanec&#237;a sentada en su espl&#233;ndida cama.

En todo Londres se cantan Tedeums, mi reina, para dar gracias a Dios y a su santa Madre en honor suyo y del nuevo pr&#237;ncipe -le dijo Fray Diego.

Entonces, el rey fue a felicitar a su esposa, y sonri&#243; muy orgulloso al mirar al hijo que hab&#237;a engendrado.

Ir&#233; otra vez a Walsingham, como le promet&#237; a la Virgen. Volver&#233; a tiempo para el bautismo de nuestro hijo el 5 de enero. He escogido al arzobispo Warham, al conde de Surrey y a mis t&#237;os, el conde y la condesa de Devon, como padrinos de nuestro hijo. Sus augustos valedores ser&#225;n el rey Luis de Francia y la duquesa de Savoy, Margarita de Austria, la hija del Emperador. Es lo que hab&#237;amos hablado, esposa m&#237;a.

Que sea como t&#250; desees, mi querido se&#241;or -dijo Catalina, obediente.

El rey sonri&#243;, satisfecho.

Eres una esposa tan obediente, Kate. Ning&#250;n rey podr&#237;a tener mejor esposa ni reina. -Se inclin&#243; y le dio un beso en la frente-. Cu&#237;date mientras yo no est&#233;. -Y sali&#243; de la habitaci&#243;n de su esposa, casi sin saludar a sus damas, con quienes segu&#237;a muy enojado. Pero hab&#237;a notado a la bonita dama de Friarsgate entre ellas. Se pregunt&#243; cu&#225;nto tiempo se quedar&#237;a en la Corte.

Rosamund fue llamada al lado de la reina y Catalina dict&#243; varias cartas de agradecimiento a personas a las que quer&#237;a recordar anunci&#225;ndoles personalmente el nacimiento de su hijo.

Puedes darle tu escrito a mi secretario, junto con la lista de personas a quienes se enviar&#225;. &#201;l har&#225; que la correspondencia se copie en mi papel con sello -le dijo la reina a Rosamund.

La reina no amamantar&#237;a a su hijo, ni se involucrar&#237;a mucho en la crianza. El ni&#241;o se educar&#237;a en su propia casa, bajo una serie de normas dictaminadas por la Venerable Margarita. El personal a cargo de la criatura estar&#237;a a las &#243;rdenes de la se&#241;ora Poyntz. Habr&#237;a un ama de leche y un ama seca; doncellas y personal para hamacar la cuna y un m&#233;dico para la casa del pr&#237;ncipe. La habitaci&#243;n del ni&#241;o en Richmond fue amueblada ricamente, y all&#237; vivir&#237;a, lejos de los peligros y el mal aire de la ciudad.

Despu&#233;s de un mes, la reina fue llevada a la iglesia por primera vez desde el parto y la Corte volvi&#243; a Westminster, donde comenzaron las celebraciones en honor del nacimiento. Hubo magn&#237;ficos torneos. Rosamund nunca hab&#237;a visto ninguno. El rey hab&#237;a adoptado el t&#237;tulo de sir Coeur Loyal, o Coraz&#243;n Leal. Se puli&#243; su armadura. Los adornos de malla de oro, malla de plata, sat&#233;n verde y terciopelo carmes&#237; eran hermosos. Las representaciones alrededor de los torneos eran algo nunca visto. Se exhibi&#243; un inmenso carro, adornado como un bosque, con &#225;rboles, colinas y valles, con damas y caballeros. Los hombres vest&#237;an disfraces y representaron mascaradas antes y despu&#233;s de la justa. Y por las noches hubo m&#225;s representaciones, y baile y m&#250;sica.

Sir Thomas sorprendi&#243; a su prima con cuatro vestidos nuevos. Mientras ella estaba en la Corte, &#233;l hab&#237;a tomado uno de Rosamund; la modista que hac&#237;a la ropa para &#233;l descosi&#243; el vestido completamente, tom&#243; las medidas, volvi&#243; a coserlo y, con esas medidas, confeccion&#243; los cuatro vestidos.

&#191;Te sorprende, querida ni&#241;a? Los colores oscuros son elegantes, lo admito, pero eres demasiado joven para seguir mucho tiempo m&#225;s de luto. Los colores que eleg&#237; no son demasiado chillones, &#191;verdad? -Mir&#243; los cuatro vestidos que hab&#237;a sobre la cama. Uno era de un naranja apagado; otro, de un rico color p&#250;rpura; el tercero, violeta y el &#250;ltimo, de un aut&#233;ntico verde Tudor, distinto de su vestido de terciopelo verde oscuro. Los trajes segu&#237;an la moda de la temporada, bordados y cosidos con oro, peque&#241;as gemas y perlas.

&#161;Tom! Juro que ser&#233; la envidia de las damas de la reina -le agradeci&#243; ella, riendo-. No tendr&#237;as que haber hecho esto, pues no estar&#233; mucho tiempo aqu&#237;, pero, &#161;ay! &#161;Qu&#233; hermosos son! &#161;Gracias! -Le ech&#243; los brazos al cuello y le dio un beso en la mejilla. &#201;l se ruboriz&#243; de placer.

Claro que tengo que malcriarte, Rosamund -insisti&#243;-. Tu compa&#241;&#237;a me ha hecho feliz por primera vez en mucho tiempo.

Pero yo me ir&#233; a casa apenas pueda -dijo Rosamund-. Y t&#250; te quedar&#225;s solo, y no quiero eso, querido primo.

Entonces, ir&#233; a Friarsgate cuando la soledad me abrume. Y cuando me aburra, saciado de tanta vida sencilla del campo, volver&#233; a la Corte. Es la soluci&#243;n perfecta, &#191;no te parece?

&#191;Qu&#233; debo vestir esta noche? -le pregunt&#243; Rosamund-. Habr&#225; algo titulado Un interludio de los caballeros de su capilla ante Su Gracia, seguido de una pieza, El jard&#237;n del placer. Dicen que el rey se vestir&#225; de sat&#233;n p&#250;rpura.

El rey podr&#237;a aceptar mis consejos sobre moda -dijo lord Cambridge, frunciendo la nariz-. Pero no, se asesora con esos patanes con los que se lo pasa bebiendo y jugando. Se har&#225; coser las letras E y C en todo el traje, mi querida ni&#241;a. Insiste en esa rid&#237;cula fantas&#237;a de amor rom&#225;ntico, cuando todos sabemos que se cas&#243; con ella porque estaba disponible y &#233;l necesitaba engendrar un heredero de inmediato.

Ay, Tom, ella es muy buena y muy valiente -dijo Rosamund, defendiendo a su se&#241;ora.

S&#237;, mi querida Rosamund, lo es, pero yo soy un hombre de mundo. Cr&#233;eme que, con contrato o sin &#233;l, Enrique Tudor se habr&#237;a casado con otra si hubiera habido una princesa de la edad adecuada. Esa tonter&#237;a con la peque&#241;a Leonor de Austria fue una farsa, y todos lo sab&#237;amos. El rey Fernando lo sab&#237;a, pero, al igual que su hija, insisti&#243;, con gran tenacidad. S&#243;lo al final, cuando fue obvio que el viejo rey se mor&#237;a, Espa&#241;a transfiri&#243; la dote de Catalina a sus banqueros flamencos del otro lado del canal. Entonces, el rey muri&#243;, y el pr&#237;ncipe se convirti&#243; en el nuevo rey, y de pronto estaba muy interesado en tomar a Catalina por esposa. No, querida ni&#241;a, el rey se cas&#243; con su esposa porque esperaba, como su padre cuando hizo el arreglo para el casamiento de ella con el pr&#237;ncipe Arturo, que Catalina fuera tan f&#233;rtil como su madre. El rey ya ha mirado a otras y no ser&#225; la &#250;ltima vez, te lo aseguro.

Es cierto. Yo suelo verlo en la capilla dirigiendo la vista hacia donde est&#225;n las mujeres.

Mmmh -dijo lord Cambridge. Cambi&#243; el tono a uno de mayor intimidad-. &#191;Su mirada se demora en alguna dama en especial, querida ni&#241;a?

Ella le dio un golpecito y ri&#243;.

No lo he notado. Te aseguro que no mira a las damas de su esposa. Creo que el esc&#225;ndalo con las hermanas del duque de Buckingham lo cur&#243; de eso. Todas las damas de la reina tienen una opini&#243;n sobre qui&#233;n fue, y casi todas se inclinan por lady Anne. -Cambiando de tema, le pregunt&#243;-: &#191;Qu&#233; vestir&#225;s esta noche, primo?

Algo negro. Es sencillo, y sospecho que lo sencillo estar&#225; a la orden del d&#237;a para no competir con el rey y su p&#250;rpura. Adem&#225;s, se permitir&#225; el acceso del p&#250;blico en general, lo que a m&#237; me parece una mala idea.

Rosamund se puso el vestido anaranjado y bailote&#243; contenta por su habitaci&#243;n. Dol&#237; le llev&#243; una caja chata, otro regalo de Tom. Conten&#237;a una hermosa cadena de oro decorada con topacios dorados y un broche haciendo juego con forma de diamante y engarzado en oro. En lugar de la capa azul, Annie le puso sobre los hombros una nueva de un rico terciopelo casta&#241;o oscuro bordeado de marta y, luego, le acomod&#243; la capucha con bordes de piel, pues el d&#237;a de febrero estaba fr&#237;o y ventoso.

Me consientes de una manera espantosa, primo -le dijo Rosamund a lord Cambridge mientras se preparaban para salir hacia Westminster, cada uno en su propia barca-, &#161;y debo admitir que me encanta!

&#201;l sonri&#243;, complacido.

Que est&#233;s conmigo es como volver a tener a mi hermana, Rosamund. S&#233; que t&#250; no eres May, pero te pareces mucho a ella en tu juventud y tu dulzura.

Rosamund nunca hab&#237;a visto el palacio tan lleno de gente. Se hab&#237;a permitido entrar al p&#250;blico para presenciar las festividades reales. Como hab&#237;a sospechado lord Cambridge, hab&#237;a sido una mala idea.

Cuando termin&#243; la representaci&#243;n, la multitud avanz&#243; y empez&#243; a rasgar los trajes de los actores, para guardarlos de recuerdo. Al rey lo dejaron en calzas y jub&#243;n, y se re&#237;a a carcajadas, en especial cuando uno de sus caballeros, sir Thomas Knyvet, qued&#243; desnudo y tuvo que treparse a una columna en busca de seguridad. Cuando la muchedumbre comenz&#243; a rasgar los trajes de las damas que hab&#237;an bailado en la representaci&#243;n, el rey orden&#243; que se llamara a la guardia, y el p&#250;blico fue firmemente retirado del palacio. Entonces, la Corte fue a comer un abundante banquete preparado para la ocasi&#243;n, a pesar del estado de sus prendas, aunque sir Thomas Knyvet se vio obligado a retirarse.

Pero el 23 de febrero lleg&#243; la noticia de que el peque&#241;o pr&#237;ncipe de Gales hab&#237;a muerto s&#250;bitamente esa ma&#241;ana. Rosamund estaba en la habitaci&#243;n de la reina cuando el rey fue a dec&#237;rselo. La llev&#243; a su habitaci&#243;n privada y los repentinos gritos de angustia de la reina alertaron a sus damas de la tragedia. Para sorpresa de todos, el rey se qued&#243; con su esposa, consol&#225;ndola lo mejor que pudo, haciendo a un lado su propio dolor en su esfuerzo por aliviar la pena de ella.

Comenzar&#225; otra vez -le murmur&#243; lord Cambridge a su prima cuando se pusieron a hablar en voz baja en un corredor del palacio-. &#201;l tendr&#237;a que haberse armado de paciencia y haberse buscado otra princesa. Ella ha perdido dos ni&#241;os ya. Que Dios ampare a Inglaterra. -Est&#225; desesperada, pobrecita, pero tienes raz&#243;n. Es malo para Inglaterra. Pero la madre y las hermanas de la reina han sido mujeres muy f&#233;rtiles, y tambi&#233;n han perdido algunos hijos. La pr&#243;xima vez ser&#225; diferente.

Espero que tengas raz&#243;n, prima.

Caminaban juntos hasta los apartamentos de la reina cuando, en ese momento, se abri&#243; la puerta y sali&#243; el rey. Sir Thomas Bolton hizo una gentil inclinaci&#243;n y Rosamund, una reverencia. El rey hizo una brusca inclinaci&#243;n de cabeza y se detuvo abruptamente.

Sus ojos azules se clavaron en Rosamund y dijo:

&#191;La dama de Friarsgate, verdad, se&#241;ora?

As&#237; es, Su Majestad -le respondi&#243; ella, en voz baja para disimular los nervios. No le hab&#237;a prestado atenci&#243;n cuando era un ni&#241;o, pero ahora era el rey quien le estaba hablando.

S&#237;, la recuerdo -le dijo &#233;l con una sonrisa-. Mi comportamiento hacia usted fue grosero, y sir Owein me lo dijo sin vueltas. Pero usted no se avergonz&#243; al enterarse de que se hab&#237;a hecho una apuesta concerniente a su virtud. Vaya repulsa que le dirigi&#243; al pobre Neville, que lo tom&#243; muy mal, pero a m&#237; no me reprendi&#243;, si mal no recuerdo.

Una no reprende a un muchacho que un d&#237;a ser&#225; nuestro rey -dijo Rosamund-. Un rey no puede equivocarse y hace sus propias reglas, eso lo s&#233;. Adem&#225;s, milord, usted no me guard&#243; animosidad, pues fue testigo de mi compromiso formal con sir Owein y me dijo que lo recordara, pues alg&#250;n d&#237;a podr&#237;a cont&#225;rselo a mis hijos.

Y mi padre me record&#243; que yo todav&#237;a no era el rey de Inglaterra -se&#241;al&#243; Enrique y ri&#243;-. Siento mucho lo de sir Owein. &#191;Fue un buen esposo?

&#161;Nunca hubo ninguno mejor, se&#241;or! -exclam&#243; Rosamund y, para su sorpresa, sinti&#243; que se le llenaban los ojos de l&#225;grimas.

&#191;Tuvieron hijos?

Tres ni&#241;as, se&#241;or, y un var&#243;n que muri&#243; al nacer. Y un tonto accidente se llev&#243; a mi esposo de mi lado.

Nos complace que est&#233;s aqu&#237; con nuestra reina, con quien fuiste tan bondadosa en sus a&#241;os dif&#237;ciles -dijo el rey. Entonces hizo una peque&#241;a inclinaci&#243;n, retom&#243; su camino por el corredor y desapareci&#243;.

&#161;Por Dios! -dijo Thomas Bolton-. Hay una historia que no me contaste. Y que el cielo te ampare, porque vi su inter&#233;s al mirarte. &#161;Todo lo que le dijiste estuvo bien! No vuelvas a decirme que la Corte no es un lugar para ti, Rosamund Bolton, porque eres mucho m&#225;s h&#225;bil en los asuntos de la Corte de lo que yo cre&#237;a.

Yo s&#233; que es el rey, pero debes recordar que lo conoc&#237; de muchacho. Claro que lo respeto como mi rey, pero sigo pensando en &#233;l como aquel joven travieso, el pr&#237;ncipe Hal.

&#161;Que Dios nos proteja! &#161;Esta vez seguro que te seduce, querida prima! &#161;Aunque no te des cuenta, has crecido! &#161;Ay, Dios, api&#225;date de nosotros! Ve con tu se&#241;ora, la reina. Yo tengo que pensar en este nuevo orden de cosas.

Est&#225;s exagerando -ri&#243; ella-. El rey fue amable y me record&#243; despu&#233;s de tanto tiempo. Me halaga mucho. Es maravilloso que sepa qui&#233;n soy, Tom. Yo no estoy entre sus encumbrados amigos, y sin embargo se acord&#243; de mi nombre y un incidente del breve tiempo que compartimos.

Va a embarazar a la reina lo antes posible, ya ver&#225;s, y despu&#233;s se pondr&#225; a buscar una mujer que lo divierta durante los meses del verano que se acerca. Y escucha lo que te digo, prima, t&#250; est&#225;s en su cabeza en estos momentos.

Te equivocas, estoy segura. El rey fue amable y gentil. Nada m&#225;s; no puede haber nada m&#225;s.

Lord Cambridge sacudi&#243; la cabeza, desolado. Su encantadora prima era muy inocente en algunas cosas. No ten&#237;a idea de c&#243;mo podr&#237;a protegerla.

El peque&#241;o pr&#237;ncipe fue enterrado en la abad&#237;a de Westminster, luego de un per&#237;odo de duelo durante el que su fr&#225;gil cuerpecito fue exhibido en un elaborado f&#233;retro rodeado por cientos de velas que ard&#237;an d&#237;a y noche hasta el entierro, que fue a medianoche. Tuvo una ceremonia con antorchas a la que asisti&#243; la Corte entera, vestida del negro m&#225;s absoluto. Su alma estaba ahora con Dios y entre los inocentes.

Ya se encontraban en la temporada de penitencia de Pascua, mucho m&#225;s sombr&#237;a por la reciente muerte real. La reina rezaba incesantemente, noche y d&#237;a, vestida con un cilicio, comiendo poco y solo una vez por d&#237;a. Las comidas que se serv&#237;an en las habitaciones de la reina eran espartanas. Apenas pan negro y pescado. En Pascua, el rey recibi&#243; una rosa dorada del Papa, que el propio pont&#237;fice hab&#237;a bendecido. Era se&#241;al de un gran favor. E inmediatamente despu&#233;s de Pascua, la Corte parti&#243; hacia Greenwich para celebrar el mes de mayo.



CAP&#205;TULO 16

&#161;Es exactamente como la Casa Bolton! -dijo Rosamund, muy sorprendida, cuando la barca se acercaba a la vivienda de su primo en Greenwich.

Por supuesto, Bolton Greenwich es id&#233;ntica en todos los detalles a la Casa Bolton. Me desagrada la confusi&#243;n, querida ni&#241;a, y aborrezco el caos del desarraigo. Cuando compr&#233; la propiedad de Greenwich les encargu&#233; al arquitecto y a los constructores que copiaran la Casa Bolton. Hasta la decoraci&#243;n es la misma. Los criados vienen conmigo, pues no me gusta pagarles para que holgazaneen en la Casa Bolton mientras yo estoy en Bolton Greenwich. Es una soluci&#243;n perfecta, como ya ver&#225;s.

Rosamund ri&#243;.

En realidad, creo que me agrada la idea, y s&#233; que a Annie tambi&#233;n le gustar&#225;. Ha estado tan inquieta por tener que acostumbrarse a un lugar nuevo cuando, como dice ella: "Por fin estoy conociendo esta casa". Y Dol&#237; no le dijo nada, porque a Dol&#237; le encanta burlarse de mi pobre Annie. -Rosamund dirigi&#243; la mirada m&#225;s all&#225; de Bolton Greenwich-. &#191;Aquel es el palacio, Tom?

&#201;l asinti&#243;.

&#161;Dios santo! Vives al lado del rey y su Corte, primo. O estuviste muy inteligente o fue una casualidad.

Ambas cosas -respondi&#243; &#233;l, orgulloso-. No es una propiedad grande y, por eso, no era muy preciada. Pero ahora soy la envidia de todos. He tenido innumerables ofertas para comprarla, pero, por el momento, disfruto teni&#233;ndola. No es una propiedad que pueda perder su valor. Ah, pero temo mostrar mis ra&#237;ces no demasiado nobles pensando como un mercader -brome&#243;.

La barca hab&#237;a llegado a destino. Los criados de lord Cambridge ayudaron a su amo y a Rosamund a bajar de la c&#243;moda embarcaci&#243;n. Ella olfate&#243; el aire, curiosa.

&#191;Qu&#233; es ese olor?

Por un momento, &#233;l no entendi&#243;, pero enseguida dijo:

El mar, querida ni&#241;a. Aqu&#237;, r&#237;o abajo, estamos m&#225;s cerca del mar. &#161;Claro! T&#250; nunca hab&#237;as sentido el olor del mar, ni lo has visto, &#191;verdad? Encerrada entre tus colinas de Cumbria, no has tenido esa oportunidad.

Pero he estado en Greenwich.

Es por c&#243;mo sopla el viento hoy -explic&#243; &#233;l.

Qu&#233; interesante. Pero es obvio, en realidad, porque cuando el viento sopla desde otra direcci&#243;n en Friarsgate los olores son diferentes. En verano, cuando viene del norte, huelo la nieve.

Entraron en la casa y Rosamund se sorprendi&#243; otra vez. Como le hab&#237;a dicho Tom, el interior de Bolton Greenwich era id&#233;ntico al de la Casa Bolton. Era algo confuso, pero se acostumbrar&#237;a como se hab&#237;a adaptado a tantas cosas desde su llegada a la Corte hac&#237;a cinco meses.

No tendr&#233; que preocuparme por tener que dormir en el palacio a menos que me necesiten -medit&#243; en voz alta-. Me gusta eso, Tom.

S&#237;, querida, no tienes m&#225;s que pasar por la puerta que hay en el muro de mi jard&#237;n y estar&#225;s en el parque del rey. Ser&#225;s la envidia de todo el mundo.

Rosamund suspir&#243;.

Ojal&#225; la reina me permitiera regresar a mi casa, pero no ha dicho nada, y temo preguntarle y ofenderla. No quiero que piense que me aburro en su compa&#241;&#237;a, pero extra&#241;o Friarsgate y a mis hijas, Tom.

&#191;Y no extra&#241;as tambi&#233;n a tu descarado escoc&#233;s? -brome&#243; &#233;l.

&#161;De ninguna manera! -exclam&#243; ella, indignada-. &#191;Por qu&#233; sientes tanta curiosidad por Logan Hepburn, primo?

Tom Bolton se encogi&#243; de hombros.

Me intrig&#243; tu descripci&#243;n de &#233;l, querida. Nada m&#225;s. Espero poder conocerlo cuando vuelva a tu casa.

&#191;Y cu&#225;ndo ser&#225; eso? -gimi&#243; ella, con un profundo suspiro.

O&#237; el rumor de que el rey har&#225; su viaje de verano hacia la regi&#243;n central este a&#241;o. Eso te llevar&#237;a en direcci&#243;n a tu casa, Rosamund, y probablemente entonces puedas pedir que la reina te libere. Ella comprender&#225; tu preocupaci&#243;n por tus hijas.

Habr&#225; pasado casi un a&#241;o. Bessie y Banon no me conocer&#225;n. Y mi presencia ni siquiera es necesaria aqu&#237;.

Lo s&#233; -dijo &#233;l, comprensivo; le pas&#243; el brazo por la espalda y se la palme&#243; con cari&#241;o-, pero la pobre Catalina cree que te est&#225; haciendo un favor. Para ella la Corte es el mundo, pero muy cerca del cielo. Agradece al menos que su preocupaci&#243;n por un heredero le haya impedido buscarte marido, querida.

&#161;Dios no lo permita!

La Corte se prepar&#243; para el D&#237;a de Mayo. Se levant&#243; un palo de mayo, el poste tradicional, en los jardines de Greenwich y se eligieron damas para bailar a su alrededor. Para su sorpresa, Rosamund fue una de las elegidas. Por lo general no la inclu&#237;an como participante en esos acontecimientos. Hab&#237;a decidido vestir el traje de seda verde Tudor en honor a la reina. Habr&#237;a una cacer&#237;a por la ma&#241;ana, pero ella no participar&#237;a. No le gustaba la caza, a diferencia de casi todos en la Corte, a quienes ese deporte tan sangriento les resultaba muy estimulante. Pero Rosamund no consideraba que fuera entretenido perseguir con perros a un desdichado animal por los bosques s&#243;lo para matarlo.

El sol todav&#237;a no hab&#237;a despuntado en el horizonte cuando ella, Annie y Dol&#237; salieron de la casa para ir a festejar el mes de mayo. Primero, recoger&#237;an el roc&#237;o de la ma&#241;ana que era muy beneficioso para el cutis, seg&#250;n se dec&#237;a. Despu&#233;s, cortar&#237;an flores y ramas para decorar la sala. Las tres muchachas iban descalzas y vestidas con sencillas faldas de lino.

&#191;Les parece que servir&#225;n comida de color verde en la sala del rey esta noche? -pregunt&#243; Annie.

&#161;Por supuesto! -respondi&#243; Dol&#237;-. Mi amo dice que al rey le gusta el D&#237;a de Mayo m&#225;s que cualquier otra fiesta, y que respeta las tradiciones.

La carne a veces es verde en la mesa del rey -coment&#243; Rosamund, ir&#243;nicamente-, y por eso como all&#237; lo menos que puedo.

Las dos criadas rieron.

Encontraron un gran charco de roc&#237;o, que tomaron con las manos y se echaron en la cara. Fueron entonces a recoger flores y ramas para la sala de Bolton Greenwich. En un momento Rosamund se separ&#243; de sus dos acompa&#241;antes y sigui&#243; caminando por los jardines de su primo. De pronto, oy&#243; una voz que cantaba y sigui&#243; el sonido hasta la puerta en el muro de ladrillo que separaba el jard&#237;n del parque del rey. La voz era tan fascinante que abri&#243; la puerta y se asom&#243; del otro lado. All&#237;, bajo un &#225;rbol, estaba sentado el rey, pulsando su la&#250;d y cantando para s&#237;.


Este el mes de las fiestas de mayo, cuando los alegres muchachos salen a jugar.

&#161;Fa la la la la la la la la! &#161;Fa la la la la la la!

Cada uno con su enamorada, bailando en el prado.

&#161;Fa la la la la&#161; &#161;La la la la la la la la! &#161;Lola lala!


Rosamund ri&#243; y el rey, al verla, se levant&#243; de un salto, dejando el la&#250;d en el suelo.

Milady Rosamund de Friarsgate. Le deseo un buen d&#237;a de mayo. -Se acerc&#243; a ella. -&#191;Le gust&#243; mi canci&#243;n, se&#241;ora?

S&#237;, Su Majestad, mucho.

Antes me llamabas Hal -reproch&#243;, y su voz se torn&#243; de pronto baja y muy &#237;ntima. Estaba de pie muy cerca de ella.

Pero usted no era mi rey en ese entonces, Su Majestad -dijo ella, suavemente, casi sin aliento. Era un juego peligroso, pero no pod&#237;a abandonarlo.

&#201;l le acarici&#243; delicadamente la mejilla.

Dice la reina que tienes el perfecto cutis ingl&#233;s, bella Rosamund. Todav&#237;a est&#225; h&#250;medo con el roc&#237;o de esta ma&#241;ana de mayo, aunque no creo que necesites recurrir a ning&#250;n artificio. Eres muy bella. -La tom&#243; del ment&#243;n y sus labios rozaron tiernamente los de ella-. Hermosa, gentil y virtuosa -agreg&#243;, y la acerc&#243; m&#225;s a &#233;l-. &#191;Sabes cu&#225;ntas veces he pensado en ti en todos estos a&#241;os, bella Rosamund?

Su Majestad me halaga -alcanz&#243; a decir ella, aunque no sab&#237;a de d&#243;nde le sal&#237;an las palabras. Apenas pod&#237;a respirar.

&#191;Te gustan los halagos? -le pregunt&#243; &#233;l, con una sonrisa en los labios y penetr&#225;ndola con la mirada.

Solo si son sinceros, milord.

Jam&#225;s me dirigir&#237;a a una mujer sin sinceridad, bella Rosamund -murmur&#243; &#233;l, con sus labios peligrosamente cerca de los de ella, otra vez.

&#191;Se desvanecer&#237;a? Sent&#237;a las piernas de gelatina. La mirada de &#233;l era hipn&#243;tica. Su aliento ol&#237;a a menta. Rosamund suspir&#243;, sin poder contenerse. La boca del rey volvi&#243; a encontrar sus labios y esa vez la bes&#243; con los inicios de la pasi&#243;n. Sus brazos la abrazaron con deseo. Ella percibi&#243; la fuerza de su cuerpo enorme y se sinti&#243; diminuta en el abrazo. Se dej&#243; flotar. No se hallaba tan segura desde la muerte de Owein. &#161;Owein! Su nombre fue como una bofetada en su cerebro y, recuperando la compostura, se apart&#243; del abrazo de Enrique Tudor.

&#161;Ay, Su Majestad! -exclam&#243; sorprendida al darse cuenta de lo que hab&#237;an estado haciendo.

Bella Rosamund -comenz&#243; a decir &#233;l. Ella retrocedi&#243; hacia la puerta del jard&#237;n.

&#161;No, Su Majestad! Esto es muy impropio, y usted lo sabe tan bien como yo. Le ruego que me perdone por mi vergonzoso comportamiento. Nunca fue mi intenci&#243;n jugar ni llevar a Su Majestad al pecado. -Hizo una r&#225;pida reverencia, se volvi&#243; y corri&#243; hacia el jard&#237;n de su primo; cerr&#243; la puerta enseguida.

&#201;l oy&#243; voces femeninas que la llamaban. Sonri&#243;, complacido. Era deliciosa; el dulce m&#225;s tentador que hab&#237;a encontrado en mucho tiempo. La suavidad de su entrega le hab&#237;a encendido la entrepierna, pero esta vez contendr&#237;a su lujuria. No ten&#237;a intenciones de que esas arp&#237;as entrometidas que serv&#237;an a su esposa volvieran a sorprenderlo, aunque &#233;l estuviera tomando la flor m&#225;s bella de entre ellas. El recato de la muchacha le hab&#237;a encantado, pero hab&#237;a visto que ten&#237;a esp&#237;ritu. Y nadie, ni siquiera sus amigos m&#225;s &#237;ntimos, deber&#237;an saber de su inter&#233;s en la dama de Friarsgate. Qu&#233; conveniente que el primo de ella fuera su vecino. La poseer&#237;a en su propia cama. No habr&#237;a entrometidos de palacio, ni nadie m&#225;s, que pudiera sorprenderlos. Nadie lo ver&#237;a cruzar por los jardines a la medianoche. S&#243;lo el primo de ella lo sabr&#237;a, para que dejara una puerta lateral abierta para el rey. Se dec&#237;a de lord Cambridge que era un poquito exc&#233;ntrico, pero tambi&#233;n que era un hombre muy sensato.

El rey se puso a tararear camino al palacio. Recogi&#243; para su esposa un ramito de flores silvestres que comenzaban a abrirse. Kate se estaba esforzando para concebir otro hijo para &#233;l. La sorprender&#237;a con el ramo de la ma&#241;ana de mayo. Tal vez, incluso, pasara unos momentos &#237;ntimos con ella antes de la cacer&#237;a. El calor que sent&#237;a en la entrepierna era mucho, y su semilla necesitaba ser liberada de inmediato. Su lujuria seguramente la hab&#237;a hecho potente. S&#237;, ser&#237;a en verdad muy placentero copular un poco con la reina antes de las actividades del d&#237;a. Y esa noche, o tal vez al d&#237;a siguiente de noche, buscar&#237;a a la bella Rosamund y gozar&#237;a con ella. Enrique Tudor sonri&#243;, contento consigo mismo y con el mundo en general.

Como a la reina le gustaba la caza, Rosamund sab&#237;a que su presencia no ser&#237;a necesaria hasta la hora del palo de mayo, a media tarde. Regres&#243; a la casa con sus dos acompa&#241;antes, con los brazos llenos de flores y ramas con las que decoraron la sala de Bolton Greenwich. Cuando lord Cambridge se reuni&#243; con ella m&#225;s tarde, expres&#243; su placer por los esfuerzos de las tres.

Eres tan dormil&#243;n. Ahora ya se fue todo el roc&#237;o, y no tuviste nada.

&#201;l ri&#243;.

No me digas que no me guardaste nada, muchacha ego&#237;sta. Estoy ofendido, pero te perdono, porque la sala qued&#243; preciosa.

Tom, tengo que hablar en privado contigo.

&#201;l percibi&#243; la seriedad en su voz.

Caminemos por el jard&#237;n, prima. Es un lindo d&#237;a, y no he tomado nada de aire hoy. Tampoco lo har&#237;a sin tu compa&#241;&#237;a.

En un banco de piedra que daba al r&#237;o ella le cont&#243; de su aventura de la ma&#241;ana temprano. Thomas Bolton la escuch&#243; sin sorprenderse, porque &#233;l ya hab&#237;a sospechado que, tarde o temprano, el rey abordar&#237;a a su prima con intenciones de seducirla. La voz de ella dec&#237;a bien a las claras que estaba apenada por su comportamiento, pero, al mismo tiempo, tentada por la hermosura de Enrique Tudor y su poder.

&#191;Qu&#233; voy a hacer, Tom? -le pregunt&#243; ella, desesperada.

No recurrir&#225; a la violaci&#243;n. Ese nunca ha sido su estilo. Ser&#237;a una infracci&#243;n grave a su c&#243;digo personal de caballero, pues el rey tiene un alt&#237;simo concepto de s&#237; mismo y de su honor. No obstante, a pesar de sus votos maritales, no considerar&#225; que compromete su honor si fornica con una mujer que no es su esposa. La reina est&#225; para engendrar herederos para Inglaterra. Esa es su raz&#243;n de ser, querida ni&#241;a. Para &#233;l y para su reino es ventajoso que la quiera, que la alcurnia de ella sea impecable y que ella sepa c&#243;mo conducirse como reina de Inglaterra. La reina Catalina cumple su prop&#243;sito. Pero las otras mujeres, Rosamund, ah, las otras mujeres son otro tema. Est&#225;n para perseguirlas, cortejarlas y acostase con ellas. Son para el placer del rey, pero nada m&#225;s, sin duda. &#201;l no te forzar&#225;, pero te seducir&#225;, prima.

S&#233; mucho m&#225;s sobre &#233;l de lo que cree, porque Margarita Tudor me hablaba todo el tiempo de &#233;l. No aceptar&#225; de buen grado una negativa, Tom. &#191;Qu&#233; voy a hacer? Yo tambi&#233;n tengo mi honor y sirvo a la reina.

Tienes dos posibilidades. Puedes pedirle permiso a la reina, hoy mismo, para regresar a Friarsgate, pero, si te lo niega, &#191;qu&#233; har&#225;s? Te arriesgas a ofenderlos, a ella y al rey, sin resolver tu dilema. O puedes rendirte al rey si &#233;l te lo pide, pero, en ese caso, no debes cont&#225;rselo a nadie. Si bien no ser&#237;a raro que un rey tuviera una amante, la notoriedad no es buena para esas se&#241;oras, querida. Despu&#233;s de todo, no somos franceses -dijo, frunciendo la nariz.

&#191;Qu&#233;? &#191;Los reyes franceses alardean de sus amantes? -le pregunt&#243; Rosamund, sorprendida-. &#191;Qu&#233; mujer decente querr&#237;a que se supiera que sirve a su rey como la oveja sirve al carnero?

Mi querida ni&#241;a, los franceses consideran un honor servir a su rey, como dices t&#250;. Si ha habido hasta hermanas compartiendo los favores de un monarca. Y sus aliados, nuestros vecinos del norte, son igual de perversos. Los reyes Estuardo est&#225;n considerados como los hombres m&#225;s enamoradizos del mundo entero. Casi no hay familia en Escocia con la que no hayan mezclado su sangre, dicen. El actual rey Jacobo no se uni&#243; con nuestra propia princesa Margarita hasta que alguien de su Corte, con m&#225;s sentido que el mismo rey, envenen&#243; a su amante, Maggie Drummond. Reci&#233;n entonces Jacobo Estuardo honr&#243; su contrato con Inglaterra. Pero se sabe que tiene los favores de muchas otras se&#241;oras. Todos los reyes tienen amantes, pero aqu&#237; en Inglaterra intentamos mantener el hecho tan en secreto como sea posible.

Para ser un hombre que no ama a las mujeres tienes una gran comprensi&#243;n de ellas y de la naturaleza humana, primo. Tal vez me convenga irme a casa, con mi descarado escoc&#233;s -dijo Rosamund, con una sonrisita.

&#201;l tambi&#233;n sonri&#243;.

Los dados est&#225;n echados, prima. S&#237;, puedes rechazar al rey, pero sufrir&#225;s las consecuencias. Debes tratar de ver comprender la situaci&#243;n, querida ni&#241;a. Si eres muy discreta y le ruegas al rey que lo sea por partida doble, es poco probable que alguien se entere de tu mala conducta. &#191;Qui&#233;n creer&#237;a que el rey se acercar&#237;a a ti, una viuda de una familia sin importancia y sin conexiones? Y, dado el esc&#225;ndalo de la primavera pasada, el rey querr&#225;, sin duda, ser m&#225;s que discreto. -Lord Cambridge ri&#243;-. As&#237; que no es probable que alguien se entere de tu paso en falso en el camino de la virtud. El rey es joven y apuesto. Se sabe de su pasi&#243;n y gentileza. Puede ser generoso, y t&#250; tienes tres hijas que necesitar&#225;n esposos respetables alg&#250;n d&#237;a, querida m&#237;a. Eres viuda, de modo que no llevar&#225;s la verg&#252;enza al nombre de tu esposo ni de su familia, a diferencia de las concupiscentes hermanas del duque de Buckhingham. Y se sabe que Enrique Tudor jam&#225;s olvida un favor.

Razonas como el due&#241;o de un burdel, primo.

T&#250; no eres ninguna virgen, Rosamund -le record&#243; &#233;l con una sonrisa bastante maligna.

&#161;Eres un sinverg&#252;enza, Tom! -lo reprendi&#243; ella, pero sonre&#237;a.

&#191;No te gustar&#237;a imitarme? -brome&#243; &#233;l.

S&#237; -dijo ella, sorprendi&#233;ndolo-. Creo que s&#237;. Durante toda mi vida he hecho exactamente lo que se esperaba de m&#237;, aunque no lo deseara, primo. De todos modos, me remuerde la conciencia, porque quiero a la reina.

Tu conciencia te molestar&#225; siempre en este asunto, mi querida ni&#241;a -dijo &#233;l, sabiamente-, pero no podr&#225;s evitarlo. Enrique Tudor no tendr&#237;a que haberse casado con Catalina de Arag&#243;n. Deber&#237;a haberse tomado m&#225;s tiempo, pero ella era conveniente, estaba a mano y &#233;l siempre ha sido impaciente. Su padre lo ten&#237;a destinado a la Iglesia, hasta que muri&#243; el pobre Arturo. Enrique jam&#225;s habr&#237;a sido un buen sacerdote.

No con su pasi&#243;n por las mujeres. &#191;Es porque se trata de Catalina o le habr&#237;a sido infiel a cualquier otra esposa, Tom? No comprendo.

Es su naturaleza tomar todo lo que desea, sea un dulce o una mujer. Ahora bien, querida ni&#241;a, basta de hablar de este tema. Ya sabes lo que har&#225;s, lo que tienes que hacer. Lo que yo quiero saber es qu&#233; vestido has elegido para hoy.

El de seda verde Tudor. Por alguna raz&#243;n, ahora me parece m&#225;s apropiado que cuando lo decid&#237;.

Ve a prepararte, entonces -le aconsej&#243;, pero &#233;l se qued&#243; sentado en el banco mirando el r&#237;o T&#225;mesis y pensando en todo lo que acababa de o&#237;r. Sab&#237;a, aunque Rosamund lo desconociera, que el rey, luego de haberse acercado a ella esa ma&#241;ana, buscar&#237;a poseerla lo antes posible. Y, como querr&#237;a ser cauteloso, probablemente la visitara all&#237;, en Bolton Greenwich. Y pronto. Conociendo la naturaleza del rey, el asunto no durar&#237;a m&#225;s que el verano. S&#237;, &#233;l alentar&#237;a a su prima a rogarle a la reina que le permitiera irse a su casa, en Friarsgate, a fines del verano, dejar el s&#233;quito en la regi&#243;n central y viajar hacia el norte, a Cumbria. Ser&#237;a mejor para todos los involucrados.

Y &#233;l mismo la acompa&#241;ar&#237;a. Si bien Friarsgate era primitiva para su gusto, parec&#237;a una casa confortable. Se quedar&#237;a todo el oto&#241;o y regresar&#237;a a la Casa Bolton para las festividades de Navidad. Luego de programar el resto del a&#241;o, Tom Bolton se levant&#243; y volvi&#243; a la casa, donde se prepar&#243; para acompa&#241;ar a su prima de regreso al palacio esa tarde.

Algunas horas m&#225;s tarde, listos para partir, los primos se admiraron mutuamente los trajes. El de Rosamund era de seda color verde Tudor con una falda abierta que dejaba ver una enagua bordada y acolchada en verde m&#225;s fuerte y brocado blanco. El escote del vestido, cuadrado y bajo, estaba bordado con hilo de oro y perlas diminutas. Los anchos pu&#241;os de las mangas del vestido tambi&#233;n hab&#237;an sido bordados en oro y perlas. La camisa era casi invisible bajo el corpi&#241;o, y s&#243;lo se ve&#237;a el delicado cuello redondo, tambi&#233;n bordado con perlas. Los pu&#241;os de las mangas largas de la camisa, que aparec&#237;an por debajo de los pu&#241;os del vestido, tambi&#233;n estaban decorados con perlas. Un sencillo velo, sostenido con una corona de flores, le adornaba los cabellos.

Est&#225;s perfecta -dijo lord Cambridge, encantado con la ropa de ella.

T&#250; tambi&#233;n, primo -dijo Rosamund, mirando el traje de &#233;l. La calza blanca estaba decorada con hiedras y hojas bordadas en oro. Llevaba una chaqueta corta y plisada, en seda adamascada verde Tudor con mangas largas abollonadas y bordadas. El cuello alto de la camisa era plisado y aparec&#237;a por encima de la chaqueta. La exagerada porta&#241;uela del pantal&#243;n estaba adornada con joyas y perlas multicolores. Los guantes eran de terciopelo dorado con perlas en los pu&#241;os. Los zapatos de puntera cuadrada eran de un cuero negro muy suave y, en la cabeza, llevaba un sombrero, con la copa en tafet&#225;n de seda y ala plana, verde con una pluma de avestruz blanca.

Sir Thomas se pavone&#243; para Rosamund, posando y mostrando sus piernas, que no eran nada feas.

&#191;Qu&#233; te parece?

Me has dejado sin palabras, Tom. Nunca te hab&#237;a visto tan emperifollado.

Es el D&#237;a de Mayo, la fiesta preferida del rey -fue la respuesta. Sonri&#243;-. &#191;Vamos, querida prima?

Decidieron caminar desde Bolton Greenwich, cruzando el jard&#237;n y entrando en el parque del palacio. La cacer&#237;a hab&#237;a terminado. Hab&#237;a sido un &#233;xito, y estaban carneando y colgando varios ciervos para futuras comidas. El rey y sus acompa&#241;antes hab&#237;an decidido representar un peque&#241;o torneo con justas para diversi&#243;n de todos. El ganador elegir&#237;a a la reina de Mayo. Rosamund y su primo ocuparon sus lugares con el resto de la Corte. Rosamund se ubic&#243; entre las damas de la reina y lord Cambridge se reuni&#243; con unos amigos suyos.

Los caballeros estuvieron valientes y osados. Uno a uno se vieron desmontados hasta que solo quedaron el rey y Charles Brandon, que era un digno oponente. Chocaron varias veces, con gran estruendo de las lanzas contra los escudos. Pero, al fin, el caballo del rey trastabill&#243; y la lanza de Brandon tir&#243; a Enrique Tudor de la montura. La tribuna estall&#243; en un grito y Brandon baj&#243; inmediatamente del caballo y corri&#243; hacia el rey.

El rey se puso trabajosamente de pie, riendo y quit&#225;ndose el yelmo.

Buena jugada, Charles -dijo, admitiendo con gracia su derrota. Mir&#243; a su alrededor y dijo-: Parece que mi caballo perdi&#243; la herradura, pero esa es la suerte en las justas. -Llam&#243; a un pe&#243;n y le orden&#243; que se ocuparan del caballo, que le volvieran a poner la herradura y se aseguraran de que el animal no se hab&#237;a lastimado en el accidente. Se dirigi&#243; a los concurrentes y anunci&#243;-: Declaro a Charles Brandon ganador de este torneo del D&#237;a de Mayo y digo que es su deber elegir a nuestra reina de Mayo.

Charles Brandon se par&#243; ante el palco real.

Su Majestad -le dijo a Catalina-, no corresponder&#237;a que yo le pidiera a una reina que fuera la reina de este festival. Pido su permiso real para elegir entre las damas que la rodean.

Tiene mi permiso -respondi&#243; la reina, sonriendo.

Entonces, elijo a la princesa Mar&#237;a -respondi&#243; Brandon, sin un momento de vacilaci&#243;n.

La hermana del rey, de diecis&#233;is a&#241;os, se adelant&#243; y recibi&#243; de manos de Charles Brandon la delicada corona de oro y plata de la reina de Mayo.

Es un honor ser su reina, Charles Brandon.

El rey entrecerr&#243; los ojos, alerta. Mar&#237;a era joven y una tonta rom&#225;ntica. &#201;l ten&#237;a otros planes para ella y no quer&#237;a que Charles Brandon, a pesar de la amistad que los un&#237;a, interfiriera con ellos ni se metiera con su hermana. Pero el rey mir&#243; con benevolencia la escena, mientras Mar&#237;a le sonre&#237;a a su oponente. Se ocupar&#237;a de que, de all&#237; en adelante, no estuvieran juntos. Y entonces, al mirar brevemente hacia las damas que rodeaban a su esposa, vio a la bella Rosamund. Qu&#233; hermosa estaba. Era la perfecta rosa inglesa. Le sonri&#243; a su esposa y a sus damas. S&#237;, la bella Rosamund era un bocado delicado, y &#233;l pensaba disfrutarla.

Ella hab&#237;a sentido su mirada, pero por un brev&#237;simo momento. Sucediera lo que sucediese, nunca deber&#237;a lastimar a la reina. Y una vez m&#225;s, como tantas en los &#250;ltimos meses, dese&#243; estar a salvo en su casa, en Friarsgate. Edmund la manten&#237;a regularmente informada con sus cartas. Todo estaba bien. Sus hijas crec&#237;an bien y, salvo Philippa, no daban se&#241;ales de extra&#241;arla. Las ovejas hab&#237;an parido un n&#250;mero inusitado de corderitos esa temporada, con m&#225;s nacimientos dobles de los que &#233;l hab&#237;a visto en a&#241;os. Ya hab&#237;an sembrado. Henry no hab&#237;a ido de visita. Era algo perturbador pensar que todo marchaba bien en Friarsgate y que ella no era parte de eso.

Hab&#237;an dejado las gradas y las damas elegidas para bailar alrededor del palo de mayo fueron a ocupar sus lugares. Son&#243; la m&#250;sica y comenz&#243; la danza. Cada dama ten&#237;a una cinta de seda de un color diferente: rojo, azul, verde, amarillo, violeta, rosado, celeste, lavanda, oro y plata. Las diez mujeres se mov&#237;an alrededor del poste, entrelazando las cintas en un dise&#241;o intricado, mientras cantaban sobre el mes de mayo y todas sus bellezas. Al fin, el baile termin&#243;. El poste qued&#243; decorado; las puntas de las cintas flotaban con la brisa suave del atardecer.

Entonces, hubo una fiesta. Aprovechando el hermoso d&#237;a de primavera, se hab&#237;an puesto mesas en el parque del palacio y, mientras los invitados encontraban sus asientos, los criados corr&#237;an de un lado para el otro y ven&#237;an desde las cocinas con bandejas y recipientes. Se hab&#237;an cavado pozos y sobre enormes asadores de hierro se asaban medias reses envueltas en sal gruesa. De cada lado hab&#237;a cuatro muchachos haciendo girar el asador. Hab&#237;a barriles con ostras que se abr&#237;an y se serv&#237;an crudas. Se ofrec&#237;an bandejas con trucha, salm&#243;n y langostinos. Hab&#237;a much&#237;simas aves, patos, pollos y cisnes, asados. Pasteles de carne rellenos de conejo, aves de caza y ciervo. Cochinillo relleno, anguila en salsa especiada, blackmanger, que era un plato de pollo hecho con arroz, almendras y az&#250;car, alcauciles cocinados al vapor en vino blanco, lechugas asadas, arvejas, panes y manteca, y muchas variedades de queso.

Por tradici&#243;n, toda la comida tendr&#237;a que haber sido verde, en honor al d&#237;a, pero la reina se hab&#237;a puesto firme, aunque el rey protest&#243;. Solo los platos de pan hab&#237;an sido te&#241;idos de verde. Para deleite de muchos, se sirvi&#243; la anticuada hidromiel en la celebraci&#243;n, junto con vino y cerveza. La Corte comi&#243; sin parar y, sin embargo, cuando al final se trajeron los dulces, se los devoraron con tantas ganas como si los comensales no hubieran ingerido nada antes.

En el parque se hab&#237;an puesto blancos de tiro. Los hombres compitieron con el arco y la flecha, y gan&#243; el rey. Jugaron a los bolos hasta que el crep&#250;sculo comenz&#243; a dificultar la visi&#243;n de las clavijas y los bolos. Se colocaron antorchas. Los m&#250;sicos tocaron y la Corte bail&#243;. Al final, el rey bail&#243; para todos, saltando alto con su hermana Mar&#237;a, que re&#237;a y lo acicateaba para que lo hiciera m&#225;s alto aun. Nadie bailaba tan bien como el rey Enrique Tudor. Al final la reina se retir&#243; con sus damas. Estaba cansada y sab&#237;a que el rey volver&#237;a a visitar su cama esa noche, porque ya le hab&#237;a hecho conocer sus intenciones. Todav&#237;a no estaba embarazada y, aunque segu&#237;a de duelo por el principito, se necesitaba con desesperaci&#243;n un nuevo heredero.

&#191;Te quedar&#225;s aqu&#237; esta noche, Rosamund? -pregunt&#243; In&#233;s.

No, no me necesitan y una de las ventajas de venir a Greenwich es que la casa de mi primo queda al lado del palacio. All&#237; tengo mi habitaci&#243;n. Si necesitas un lugar donde dormir, In&#233;s, puedo alojarte.

No, pero te agradezco el ofrecimiento. Mar&#237;a tiene una peque&#241;a habitaci&#243;n propia, as&#237; que duermo con mi hermana.

Entonces, te doy muy buenas noches -le dijo Rosamund, y sali&#243; de los apartamentos de la reina. Vio a Tom hablando con el amigo del rey, Will Compton, que la salud&#243;. Ella le devolvi&#243; el cumplido y se dirigi&#243; al parque, que ya estaba bastante a oscuras, hasta el muro de ladrillo que separaba la casa de Tom del palacio del rey. Encontr&#243; el pasador y entr&#243; en los jardines de Bolton Greenwich, pensando, de pronto, en qu&#233; conveniente era que ese jard&#237;n fuera id&#233;ntico al de la Casa Bolton. No necesitaba luz para guiarse.

La morada estaba vac&#237;a, pues Tom les hab&#237;a dado la noche libre a sus criados. Pero Annie hab&#237;a declinado ir con Dol&#237;.

Es un poquito ligera, y no quiero que los hombres piensen que yo soy como ella -le explic&#243; Annie a su ama.

A &#250;ltimo momento, antes de que se fuera el &#250;ltimo de los criados, le hab&#237;an preparado un ba&#241;o junto al fuego. Todav&#237;a estaba caliente, pero no tanto como le gustaba a Rosamund. De todos modos, se quit&#243; la ropa, se meti&#243; en la tina y pens&#243; que el agua caliente y perfumada era muy agradable, pero no se demor&#243;, sino que sali&#243;, se sec&#243; y se puso una camisa limpia. Annie le deshizo el elegante peinado y le cepill&#243; el largo cabello rojizo.

D&#233;jamelo suelto -le pidi&#243; Rosamund.

Se meti&#243; en la cama mientras Annie le agregaba le&#241;os al hogar del dormitorio.

El se&#241;or dice que Dol&#237; y yo durmamos en el altillo con los otros criados por el momento, se&#241;ora.

Ser&#237;a mejor -se&#241;al&#243; Rosamund, pensativa.

Si hago eso, todo el mundo sabr&#225; que usted tiene un amante, se&#241;ora -le respondi&#243; con franqueza-. Al menos eso es lo que dice Dol&#237;, milady.

Dol&#237; dice muchas cosas -respondi&#243; Rosamund, cortante. Con gesto seco se at&#243; las cintas rosadas de la cofia de dormir-. &#191;Y t&#250; qu&#233; dices, Annie, en respuesta a la calumnia de Dol&#237;?

Le digo que usted no tiene tiempo ni para usted misma estando al servicio de la reina, &#191;c&#243;mo va a tenerlo entonces para seducir a un hombre y hacerlo su amante? Dol&#237; se r&#237;e y asegura que todas las mujeres tienen tiempo para un amante; que los hombres son como perros, que olisquean y que siempre aparece una perra que mueve la cola y la levanta para ellos.

Rosamund suspir&#243;.

Dol&#237; es demasiado mundana. &#191;Y ahora d&#243;nde est&#225;? &#191;Lo sabes, Annie?

S&#237; -afirm&#243; Annie, despacio-. Est&#225; celebrando el D&#237;a de Mayo con los criados del palacio de Greenwich. No volver&#225; hasta el alba.

Quiero que esperes a lord Cambridge levantada, Annie, y cuando venga cu&#233;ntale lo que me has dicho a m&#237;.

&#161;Ay, se&#241;ora, no podr&#237;a! Se lo cont&#233; a usted porque las dos somos de Friarsgate. No quisiera que su reputaci&#243;n se arruine por gente de la cala&#241;a de Dol&#237;. A veces es de buen coraz&#243;n, pero tiene muy mala lengua. Si se entera de que le dije, me saca los ojos.

Y esa es precisamente la raz&#243;n por la que tienes que contarle a mi primo. Dol&#237; es una de sus criadas de la propiedad de Bolton Park. Estoy segura de que la gente de Bolton Park es como la de Friarsgate. Dol&#237; es joven y tal vez haya estado demasiado tiempo en Londres con el personal de mi primo. Necesita volver a su casa, donde recuperar&#225; sus valores. Quiero que le digas a lord Cambridge que yo te orden&#233; que le informaras de su comportamiento y que suger&#237; que la devolviera a su casa para que no se metiera en problemas.

Est&#225; bien -dijo Annie, nerviosa.

Mi primo es un buen amo, Annie. T&#250; lo sabes. Tal vez sea hora de que Dol&#237; se case, y &#233;l puede arreglarlo. Para ella ser&#237;a mejor que la casara antes de que se deshonre y arruine cualquier posibilidad de un buen matrimonio. -Mir&#243; vigilante a su criada-. &#191;Qu&#233; es lo que no me cuentas?

&#161;Ay, se&#241;ora! -Annie se ech&#243; a llorar.

En ese momento golpearon a la puerta de los apartamentos y Rosamund le orden&#243; a su criada que abriera. Entr&#243; lord Cambridge.

Excelente. Todav&#237;a est&#225;s levantada, Annie, querida muchacha, tr&#225;enos un poco de vino, y t&#250;, prima, intercambiar&#225;s conmigo las noticias que hayas conseguido hoy. -Se sent&#243; al borde de la cama con una sonrisa-. No pareces cansada, a pesar de la hora.

Annie fue de prisa a traerles a lord Cambridge y a su ama unas copitas de cristal de un dulce Madeira. Mientras Annie les daba las copas, Rosamund habl&#243;:

Annie tiene algo que contarte, Tom. &#191;Annie?

Ay, se&#241;ora, &#191;debo hacerlo? -Annie sollozaba, pero Rosamund insisti&#243;, solemne; Annie dijo, con voz d&#233;bil-: Es sobre Dol&#237;, se&#241;or -y repiti&#243; lo que le hab&#237;a contado a su se&#241;ora.

Est&#225; bien, Annie. Yo s&#233; que no eres una correveidile y que hablaste solo para proteger a tu se&#241;ora. No obstante, yo ya hab&#237;a decidido enviar a Dol&#237; de vuelta a Bolton Park por la ma&#241;ana. La se&#241;ora Greenleaf ya me hab&#237;a informado de su comportamiento y esta noche tuve la desdicha de ver la conducta de Dol&#237; con mis propios ojos. Su destino qued&#243; sellado en ese momento. Ahora ve a dormir. T&#250; no eres responsable por la adversidad de Dol&#237;. La se&#241;ora Greenleaf siempre pens&#243; que Dol&#237; era demasiado joven para haberla tra&#237;do de Bolton Park. Es posible que haya llegado el momento de que se case y siente cabeza. La se&#241;ora Greenleaf tiene un sobrino, mi herrero. Es viudo y fuerte como para controlar a una muchacha voluntariosa como Dol&#237;. Ella no tendr&#225; tiempo para travesuras siendo su esposa, eso te lo aseguro. El hombre tiene siete hijos, todos menores de diez a&#241;os, y va a querer que haya una comida en la herrer&#237;a al mediod&#237;a y una cena abundante al final del d&#237;a. S&#237;, dado lo que vi esta noche, esa ha de ser la mejor soluci&#243;n.

&#191;Qu&#233; viste?

&#191;T&#250; lo sabes, Annie? -le pregunt&#243; lord Cambridge a la muchacha.

S&#237;, milord.

Cu&#233;ntanos, entonces.

Dol&#237; se levanta la falda para los muchachos -comenz&#243; a decir Annie-. No lo hace por nada. Medio penique por mirar y un penique entero por tocarla y tocarle las tetitas. -Despu&#233;s de haberlo dicho Annie se ruboriz&#243;.

Lord Cambridge solt&#243; una carcajada ante la explicaci&#243;n de Annie.

S&#237;, eso es lo que vi. Muchacha emprendedora, nuestra Dol&#237;. Bien, el herrero es un hombre vigoroso y la va a mantener m&#225;s que ocupada, tanto dentro como fuera de la cama. Ve, Annie. Y si ma&#241;ana Dol&#237; te conf&#237;a sus penas, antes de que la mande a casa, dile que yo la vi y que qued&#233; consternado.

Annie hizo una reverencia y sali&#243; de la habitaci&#243;n. Lord Cambridge se asegur&#243; de que la joven criada se hubiera ido y no pod&#237;a o&#237;rlos. Entonces, regres&#243; y volvi&#243; a sentarse en el borde de la cama.

Esta noche el rey me habl&#243;. Me dijo que dejara abierta la puerta del jard&#237;n y una linterna encendida al lado. &#191;Entiendes, Rosamund?

S&#237;, comprendo. &#161;Por Dios, Tom, esta noche va a visitar a la reina! &#191;Y despu&#233;s vendr&#225; a verme a m&#237;?

El rey es un hombre sol&#237;cito, Rosamund -dijo su primo, secamente-. Primero cumplir&#225; con su deber y despu&#233;s buscar&#225; su placer. Recuerda, querida ni&#241;a, que debes ser discreta, por todos, pero m&#225;s que nada por ti. No eres la primera mujer que dar&#225; placer al rey despu&#233;s de haber tomado los votos solemnes del matrimonio. No ser&#225;s, por supuesto, la &#250;ltima. Este rey es un hombre muy sensual. Qu&#233; pena que no tenga otra inclinaci&#243;n. Yo le ahorrar&#237;a muchas dificultades. -Lord Cambridge termin&#243; su comentario con un gui&#241;o procaz.

Tom, tendr&#237;a que re&#237;rme, pero creo que hablas en serio.

Buenas noches, querida ni&#241;a.

"&#191;Debo dormir? -se pregunt&#243; Rosamund-. &#191;Puedo dormir?" Cerr&#243; los ojos. Discreci&#243;n. Deb&#237;a practicar ese delicado arte. Y pod&#237;a quedarse despierta toda la noche esperando la visita del rey. &#191;Y si algo le imped&#237;a venir? A la ma&#241;ana estar&#237;a agotada por la falta de sue&#241;o y por los nervios. Pero deber&#237;a levantarse y servir a la reina. Catalina se hab&#237;a tomado la c&#243;moda costumbre de dictarle la correspondencia personal a la dama de Friarsgate en lugar de a uno de sus secretarios oficiales. Rosamund sab&#237;a que la reina estaba demasiado c&#243;moda con el arreglo, pero ella no pod&#237;a continuar con esa situaci&#243;n. Ten&#237;a que irse a su casa, y la sugerencia de Tom de dejar el s&#233;quito en el verano era muy buena. Le pedir&#237;a consejo a In&#233;s sobre qui&#233;n podr&#237;a reemplazarla. Seguramente, entre las muchas damas de la reina habr&#237;a alguna con buena letra.

S&#237;, ella hab&#237;a querido irse a casa desde que lleg&#243;, y aqu&#237; estaba, sin embargo, dispuesta a admitir que hab&#237;a sido una &#233;poca muy interesante para la simple Rosamund de Friarsgate. Mucho m&#225;s que su primera estad&#237;a como pupila del rey. &#161;Tendr&#237;a tantas historias para contarles a sus hijas! y las conexiones que hab&#237;a hecho en la Corte podr&#237;an resultar valiosas en el futuro. No quer&#237;a que sus hijas se casaran con primos Bolton u otros candidatos parecidos. Deseaba sangre nueva en la familia, para que los herederos de Friarsgate fueran fuertes. Y nunca habr&#237;a considerado la vida en tales t&#233;rminos de no ser por su estad&#237;a en la Corte. Y su relaci&#243;n con su primo, Tom Bolton. Tom ya le hab&#237;a dado a entender, como al pasar, que ella y sus hijas ser&#237;an sus herederas alg&#250;n d&#237;a. Qu&#233; giro inesperado de los acontecimientos. Un a&#241;o atr&#225;s ni siquiera sab&#237;a de la existencia de Thomas Bolton. Se conformaba con ser la esposa de sir Owein Meredith y madre de sus hijas.

Pero Owein se hab&#237;a ido. Se pregunt&#243; en silencio por qu&#233;, como lo hab&#237;a hecho mil veces en los &#250;ltimos meses. Pero no hab&#237;a respuesta. Sab&#237;a que no la habr&#237;a jam&#225;s. Por fin, cerr&#243; los ojos, y se qued&#243; dormida.



CAP&#205;TULO 17

El rey hab&#237;a cumplido con su deber con la reina. Hab&#237;a estado en la cama de Catalina por segunda vez ese d&#237;a. Ella vest&#237;a, como siempre, una sencilla prenda atada al cuello y una cofia de dormir bordada sobre sus hermosos cabellos rojizos. Obediente, yac&#237;a de espaldas, con los ojos azules bien cerrados. &#201;l nunca hab&#237;a conseguido que los abriera cuando entraba en su dormitorio. Siempre hab&#237;a o&#237;do decir que las espa&#241;olas eran de sangre caliente, pero su Catalina, tan dulce y sumisa, jam&#225;s podr&#237;a ser considerada as&#237;.

&#201;l hizo lo de siempre con ella: primero le desataba las cintas y abr&#237;a la prenda para dejar descubiertos los pechos y el vientre. Su esposa ten&#237;a lindos senos. Peque&#241;os, pero, desde el nacimiento de su hijo, llenos. Vio las marcas en el est&#243;mago, donde la piel se hab&#237;a estirado, durante los partos. Catalina no ten&#237;a buena piel. No como las inglesas.

No como Rosamund Bolton. Al pensar en ella sinti&#243; un cosquilleo en su masculinidad. Rosamund Bolton, la de cabello rojizo, ojos ambarinos y dulces pechos. Se le empez&#243; a endurecer y a hinchar el miembro al pensar en la deliciosa viuda de Friarsgate, en c&#243;mo disfrutar&#237;a de copular con ella esa misma noche. De no haber sido por sir Owein, hac&#237;a a&#241;os, &#233;l seguramente la habr&#237;a pose&#237;do y ella lo habr&#237;a disfrutado.

Lev&#225;ntate el camis&#243;n, Kate -le orden&#243; a su esposa mientras se quitaba el suyo. Ella obedeci&#243; de inmediato. &#201;l le abri&#243; las piernas; se hundi&#243; hondo en la carne fecunda y trabaj&#243;, entrando y saliendo, entrando y saliendo, despacio, hasta que pudo liberar su semilla-. Que Dios y su Santa Madre nos den un hijo -dijo al apartarse de ella.

&#161;Am&#233;n! -respondi&#243; la reina, baj&#225;ndose el camis&#243;n, pero sin abrir los ojos ni por un momento para mirarlo.

Enrique Tudor se baj&#243; de la cama de su esposa, se inclin&#243; y le dio un beso en la frente.

Buenas noches, Kate. Que duermas bien.

Buenas noches, milord -le respondi&#243; mientras &#233;l sal&#237;a del dormitorio por una peque&#241;a puerta privada que le permit&#237;a evitar ser visto por las damas de compa&#241;&#237;a.

El rey volvi&#243; deprisa por el estrecho corredor privado hacia su propio dormitorio. Se lav&#243;, se puso una camisa nueva y un criado lo visti&#243; con un traje de brocado verde y se arrodill&#243; para calzarle un par de pantuflas de cuero.

Estar&#233; fuera dos o tres horas, Walter -le dijo el rey-. &#191;D&#243;nde est&#225; la l&#225;mpara?

Junto a la puerta exterior, Su Majestad; entiendo la necesidad de discreci&#243;n dado el incidente de hace unos meses, pero, si hay alguna emergencia durante la noche &#191;Qu&#233; debo decir?

T&#250; siempre has guardado mis secretos, Walter -ri&#243; el rey-. No estar&#233; lejos. En la casa de lord Cambridge, junto al palacio. No se lo dir&#225;s a nadie, por supuesto, pero, si surge una emergencia en las pr&#243;ximas dos o tres horas, atraviesa el parque y ve a buscarme, &#191;eh?

Walter hizo una inclinaci&#243;n de cabeza y sonri&#243;.

S&#237;, milord Enrique -dijo, y gui&#243; al rey a trav&#233;s de otro peque&#241;o corredor privado que daba al exterior. Se agach&#243;, tom&#243; una l&#225;mpara y se la dio al rey con una inclinaci&#243;n. Despu&#233;s, cerr&#243; la puerta tras su amo.

Alumbr&#225;ndose con la luz de la l&#225;mpara, que solo iluminaba el camino a sus pies, el rey cruz&#243; de prisa sus jardines y el parque. No hab&#237;a luna esa noche, lo que hac&#237;a que su camino entre los &#225;rboles fuera lento y cauteloso, pero por fin divis&#243; la peque&#241;a puerta en el muro. Entr&#243; en el jard&#237;n de Tom Bolton y, aun en medio de la oscuridad, vio que todo estaba en orden. Recorri&#243; los prolijos senderos del jard&#237;n hasta llegar a la casa. Sus ojos azules buscaron la se&#241;al, y all&#237; estaba. Una peque&#241;a l&#225;mpara encendida junto a otra puerta peque&#241;a. Dej&#243; la suya, tom&#243; la otra y entr&#243; en la casa. Sigui&#243; al pie de la letra las indicaciones que le hab&#237;a dado lord Cambridge y subi&#243; la escalera hasta los aposentos de Rosamund. &#161;All&#237; estaba, dormida!

Apag&#243; la l&#225;mpara y la dej&#243; sobre una mesa. Se quit&#243; el manto de brocado y lo dej&#243; a un lado. Se acerc&#243; a la cama, se inclin&#243; y la bes&#243; con pasi&#243;n hasta que ella abri&#243; los ojos y le sonri&#243;.

Hal -le dijo con suavidad.

A &#233;l le pareci&#243; una dulce bienvenida.

&#191;Te quitar&#237;as el camis&#243;n? Quiero verte entera, bella Rosamund.

Si t&#250; te quitas el tuyo -respondi&#243; y enseguida se dio cuenta de lo que hab&#237;a dicho. &#191;Era tan ligera que ca&#237;a en esa vergonzosa relaci&#243;n sin dudarlo? Pero no sent&#237;a verg&#252;enza. &#201;l la deseaba. La hab&#237;a deseado desde que era apenas un muchacho y segu&#237;a haci&#233;ndolo. &#201;l era el rey de Inglaterra y eso era muy halagador. &#191;Qu&#233; importaba, siempre y cuando la reina no saliera lastimada? Una relaci&#243;n breve, y ella se ir&#237;a a Friarsgate para no volver a verlo jam&#225;s. Se sent&#243;, se quit&#243; el camis&#243;n de lino blanco, lo arroj&#243; a un costado y se sac&#243; la cofia de dormir, liberando su cabello. Entonces apart&#243; el cubrecama y se exhibi&#243; para &#233;l-. &#191;Te gusto, milord?

&#161;S&#237;, bella Rosamund, me gustas much&#237;simo! -el rey se acerc&#243; a ella y la sac&#243; de la cama.

Qu&#233; alto era. Ella lo sab&#237;a, por supuesto, pero, de pie junto a ella, le parec&#237;a m&#225;s alto. Se puso en puntas de pie y le desat&#243; los lazos de la camisa. La abri&#243;, meti&#243; las peque&#241;as manos por debajo de la tela y le acarici&#243; el pecho, que estaba cubierto de un vello del mismo color rojizo dorado de sus cabellos. Ten&#237;a el pecho y la espalda m&#225;s anchos que hab&#237;a visto en su vida.

Eres un gigante, milord -susurr&#243;. Le quit&#243; la camisa, que cay&#243; a sus pies. &#201;l se movi&#243; para apartarla y ella observ&#243; sus pies, grandes, pero delgados y casi delicados.

Salvo mi nodriza, ninguna mujer antes que t&#250; me ha visto como Dios me ech&#243; al mundo, bella Rosamund.

&#191;Y la reina? -pregunt&#243; la joven y enseguida se arrepinti&#243; de haber pronunciado esas palabras, dadas las circunstancias.

Prefiere que mis obligaciones conyugales se desarrollen en la oscuridad y lo m&#225;s vestidos que sea posible y yo no la he visto a ella como a ti.

Ah -respondi&#243; ella, sorprendida y tal vez algo avergonzada de enterarse de algo tan &#237;ntimo sobre el matrimonio. No hab&#237;a cre&#237;do que la reina fuese tan recatada con su esposo, tan apuesto, joven y sensual.

La abraz&#243;, la levant&#243; y hundi&#243; la cara entre sus senos.

Mmm, &#191;qu&#233; es esa fragancia tan deliciosa que parece que te saliera de la piel? -le pregunt&#243;, hundi&#233;ndose m&#225;s en el sombr&#237;o valle de su pecho.

Brezo blanco -le dijo ella, apoy&#225;ndole las manos en los hombros. Por Dios, c&#243;mo necesitaba las tiernas atenciones de un hombre. Cuando &#233;l empez&#243; a besarla, sinti&#243; que un calor delicioso le inundaba el cuerpo.

Te sienta muy bien. Siempre pensar&#233; en ti, mi bella Rosamund, cuando sienta el olor del brezo blanco.

La baj&#243; de manera que el cuerpo suave y vibrante de ella recorriera el suyo. Ella sinti&#243; su pecho, su vientre, sus muslos perfectos para ese cuerpo macizo, el cuerpo de un guerrero. Cuando la envolvi&#243; en sus brazos y la bes&#243;, Rosamund pens&#243; que se desvanecer&#237;a del placer que le daban sus labios. &#201;l le meti&#243; la lengua en la boca, busc&#225;ndole la suya, encontr&#225;ndola, exigiendo una respuesta de ella. El deseo provoc&#243; que la joven casi se desvaneciera.

&#201;l la sostuvo cerca de s&#237; y le murmur&#243; al o&#237;do:

Qu&#233; dulce, c&#243;mo te entregas a m&#237;, mi bella Rosamund. Eres la mujer perfecta; eres experimentada y apasionada, &#161;y, no obstante, hay una inocencia en ti que debo hacer m&#237;a! -Le tom&#243; un seno, que pareci&#243; una peque&#241;a paloma en su palma. Con los dedos de la otra mano le acarici&#243; la piel suave y firme. Inclin&#243; la cabeza y juguete&#243; con el pez&#243;n, recorri&#233;ndolo con la lengua caliente. Despu&#233;s, su boca ansiosa se cerr&#243; y empez&#243; a chup&#225;rselo.

A ella se le escap&#243; un grito. &#161;Qu&#233; hombre tan sensual! Owein la hab&#237;a amado, sin duda, &#161;pero nunca as&#237;! La puso sobre la cama y ella vio su enorme instrumento listo para el placer. Le tendi&#243; los brazos y &#233;l sonri&#243;.

Qu&#233; bienvenida tan encantadora, bella Rosamund. &#191;Me deseas tanto como yo te deseo a ti, mi amada?

&#161;S&#237;, Hal, s&#237;! -exclam&#243; ella-. &#161;S&#237;!

Debo tener cuidado de no aplastarte, dulce m&#237;a.

Soy m&#225;s fuerte de lo que parezco.

&#191;Pero has recibido alguna vez dentro de ti un arma tan potente como la que ahora tienes enfrente? -La mano de &#233;l se cerr&#243; sobre su pene y se lo mostr&#243;, con orgullo.

Solo he conocido a mi esposo, Hal. &#201;l no estaba tan bien dotado como Su Majestad, pero no soy virgen.

El rey la mont&#243; con cuidado, pero su deseo fue m&#225;s fuerte que &#233;l y no pudo contenerse: la penetr&#243; de inmediato.

&#161;Dios santo! &#161;Ah, qu&#233; delicia! -gimi&#243; &#233;l-. &#191;No hay l&#237;mite para tu dulce bienvenida, mi bella Rosamund?

Ella lo esperaba, lista, para su propio asombro. Estaba mojada y &#233;l la penetr&#243; con facilidad, entr&#243; hasta el fondo de su vaina de amor. Rosamund envolvi&#243; al rey con los brazos y las piernas, y sus gemidos de placer lo excitaban a&#250;n m&#225;s y aumentaban su pasi&#243;n.

&#161;Ay! &#161;Uy! -gritaba ella mientras &#233;l avivaba el fuego con su lanza amorosa-. &#161;Ay, Su Majestad! &#161;S&#237;, s&#237;! -hab&#237;a perdido el control de s&#237; misma, pero no le importaba. Se sinti&#243; volar, m&#225;s alto de lo que nunca hab&#237;a imaginado. La pasi&#243;n la venci&#243; y, al fin, cuando lleg&#243; el cl&#237;max, se desvaneci&#243; en el sediento abrazo de &#233;l.

Cuando se recuper&#243;, Rosamund se dio cuenta de dos cosas. Estaba tendida encima del rey, con la mejilla sobre su pecho y &#233;l segu&#237;a con el miembro erguido muy profundamente dentro de ella.

&#161;Ay, Dios! -susurr&#243; ella-. &#191;No te gust&#243;, Hal?

Mucho, y hay m&#225;s por venir -le prometi&#243; &#233;l, y ella percibi&#243; la risa en la voz profunda de &#233;l.

Pero est&#225;s todav&#237;a todav&#237;a

S&#237; -dijo &#233;l, rest&#225;ndole importancia-. As&#237; es -y ri&#243; cuando entendi&#243; la confusi&#243;n de su amante. La acerc&#243; hasta que los ojos azules de &#233;l se encontraron con los ambarinos de ella-. Has conocido un solo hombre. Un hombre viejo, tu esposo. Yo a&#250;n no cumpl&#237; los veinte, bella Rosamund. Mi apetito de carne de mujer es muy grande. Puedo hacer esto toda la noche, y todav&#237;a no me satisfice contigo, querida, pero para el alba estaremos los dos bien satisfechos -entonces, comenz&#243; a moverse otra vez dentro de ella, y ella casi llor&#243; por el deleite que recorr&#237;a su cuerpo.

La lujuria del rey parec&#237;a no tener fin. Y ella, sorprendida, se sent&#237;a tan arrebatada como &#233;l. Nunca hab&#237;a conocido algo parecido, pero sab&#237;a que quer&#237;a m&#225;s. No record&#243; el momento en que &#233;l se fue, pero cuando Annie fue a despertarla, justo antes del amanecer, estaba sola en medio de ropa de cama revuelta, y segu&#237;a desnuda. Hab&#237;a sido un descuido. Se dio cuenta por la mirada consternada de su criada.

&#191;Ten&#237;a raz&#243;n Dol&#237;, milady? -susurr&#243; Annie, alcanz&#225;ndole una copa de la poci&#243;n t&#243;nica de Maybel.

No viste nada, Annie -respondi&#243; Rosamund, tomando la copa. Necesitar&#237;a fortalecerse si el rey era tan vigoroso cada vez que la visitaba-. Dame mi ropa.

Annie obedeci&#243;.

No comprendo -le dijo a su ama.

Mejor as&#237;, pero tu silencio es imprescindible. Si te hace sentir mejor, Annie, y te lo digo porque eres mi leal sirvienta y conf&#237;o en ti, lord Cambridge est&#225; al tanto de todo lo que sucede bajo su techo. Incluso de esto.

Tendr&#225; que ba&#241;arse antes de ir al palacio. Tiene mucho olor a sexo.

R&#225;pido, entonces, porque debo estar en el palacio a tiempo para la misa. La reina se disgusta mucho con las damas que no van a misa.

Annie asinti&#243; y sali&#243; del dormitorio.

Rosamund se qued&#243; tendida pensando en la noche pasada. Nunca imagin&#243; que un hombre pudiera ser tan entusiasta al hacer el amor. Tampoco, que los amantes j&#243;venes fueran diferentes de los viejos. Owein ten&#237;a casi cuarenta a&#241;os cuando muri&#243;, el doble de la edad del rey, pero ella hab&#237;a estado contenta con sus atenciones. Ahora, al reflexionar, pensaba que le gustaban incluso m&#225;s que las del rey. Su esposo se hab&#237;a entregado por ella; Enrique tomaba todo lo que ella pod&#237;a darle y daba poco a cambio, pidiendo siempre m&#225;s. La noche hab&#237;a sido para satisfacer sus deseos y su lujuria, no los deseos y la lujuria de ella, aunque lo hubiera disfrutado. Ten&#237;a que admitir que &#233;l hab&#237;a sido gentil, pero le hab&#237;a comentado detalles del matrimonio real que ella hubiera preferido ignorar. La reina cre&#237;a sinceramente que el &#250;nico prop&#243;sito de unirse con su esposo era engendrar ni&#241;os. Era triste, pero lo m&#225;s triste era que el rey tambi&#233;n lo cre&#237;a. Ella y Owein hab&#237;an gozado el sexo y hab&#237;an tenido hijos sanos, sin contar a su desdichado hijito. Si Owein no se hubiera ca&#237;do de ese maldito &#225;rbol, habr&#237;a habido m&#225;s hijos y habr&#237;an disfrutado cre&#225;ndolos. Extra&#241;amente, el rey hab&#237;a conmovido a Rosamund. Se sorprendi&#243; al darse cuenta de que le ten&#237;a pena. Era un hombre solitario y hab&#237;a habido poca calidez o cari&#241;o verdadero en su vida. Su madre lo hab&#237;a querido, pero lo hab&#237;a visto poco hasta la muerte de su hermano mayor. Su padre hab&#237;a quedado tan afectado por la muerte del amado Arturo y, al principio, y a pesar de las sabias palabras de su esposa, se hab&#237;a resentido porque Enrique estaba vivo y el otro muerto. Despu&#233;s, la reina hab&#237;a fallecido en un intento in&#250;til de engendrar otro hijo var&#243;n. El rey le hab&#237;a dicho a Rosamund que siempre se hab&#237;a preguntado si su padre lo consideraba inepto para gobernar Inglaterra. De haber habido otro hijo var&#243;n, &#191;Enrique VII no habr&#237;a hecho un testamento a favor de ese hijo y en contra de Enrique VIII? Su abuela, la Venerable Margarita, era la &#250;nica persona a la que hab&#237;a admirado y respetado, pero era una mujer severa que exig&#237;a que se cumplieran las reglas sin excepciones. No, hab&#237;a habido poca calidez y poco amor en la vida del rey.

En cuanto a la reina -y aqu&#237; Rosamund volvi&#243; a sentir una punzada de culpa- le estaba incre&#237;blemente agradecida a Enrique Tudor por haberse casado con ella y haber hecho que sus largos a&#241;os de abandono valieran la pena. Idolatraba a su marido, pero no lo ve&#237;a como quien realmente era. Su gratitud parec&#237;a como la de un cachorrito castigado al que sacan de la perrera y miman. Ella era Catalina de Arag&#243;n y conoc&#237;a su deber. Pero no sab&#237;a c&#243;mo amar de verdad, y el rey necesitaba amor mucho m&#225;s que cualquier otra cosa.

Annie asom&#243; la cabeza por la puerta del dormitorio.

Le prepar&#233; la tina vieja, se&#241;ora. Ganaremos tiempo.

Rosamund se levant&#243; y se ba&#241;&#243; r&#225;pidamente. El cielo ya se estaba poniendo claro cuando termin&#243; de vestirse su traje de seda p&#250;rpura. Con Annie a su lado cruz&#243; deprisa los jardines y el parque del palacio. Entraron en Greenwich y alcanz&#243; a reunirse con las damas de la reina cuando entraban en la capilla real para la misa de la ma&#241;ana. Y despu&#233;s, cuando desayunaron en la sala de la reina, Rosamund tom&#243; conciencia de lo exhausta que estaba, pero no pod&#237;a permitir que el resto lo notara.

El rey se hab&#237;a levantado temprano para salir de caza con sus amigos. Uno de ellos coment&#243; ir&#243;nicamente que tendr&#237;a que visitar con mayor frecuencia a la reina porque, evidentemente, eso lo pon&#237;a de excelente humor. William Compton, el amigo m&#225;s &#237;ntimo del Enrique VIII, no dijo nada, pero se dio cuenta de que algo m&#225;s que la visita a la cama conyugal lo hab&#237;a puesto de tan buen humor. Compton era nueve a&#241;os mayor que su amigo y hab&#237;a estado siempre a su servicio. Ven&#237;a de una familia adinerada, aunque no noble.

Has decidido no confiar en m&#237; este &#250;ltimo asunto amoroso, &#191;eh, milord? -dijo, tanteando con delicadeza, cuando nadie pod&#237;a o&#237;rlos.

&#191;Qu&#233; asunto amoroso, Will?

Est&#225; bien, milord, no te har&#233; m&#225;s preguntas. No queremos que se repita el esc&#225;ndalo del oto&#241;o pasado. No deseamos una reputaci&#243;n como la de los monarcas franceses, ni ser objeto de humoroso desd&#233;n.

S&#237;, Will, c&#225;llate -respondi&#243; con gravedad. Al rey no le gustaba mirar a los ojos a los dem&#225;s y, cuando lo hac&#237;a, era porque el tema era serio-. Mi asunto, como cautelosamente lo denominas, es extremadamente discreto. Es improbable que lo descubran a menos que alguno de los dos se porte de manera tonta y ambos somos demasiado inteligentes para eso. &#191;Me entiendes, Will? Este es un asunto del rey.

William Compton hizo una reverencia servil y dijo:

Ser&#225; exactamente como lo desee Su Majestad. Pero, tal vez, un d&#237;a me cuentes, porque admito que soy muy curioso.

Enrique VIII ri&#243;, pero no dijo nada m&#225;s. Estaba contento consigo mismo y, especialmente, con Rosamund. Nunca hab&#237;a conocido a una mujer tan c&#225;lida y cari&#241;osa. &#191;Por qu&#233; los reyes no pueden casarse con mujeres as&#237;? Cu&#225;nto m&#225;s felices ser&#237;an ellos y sus hijos. Kate, que Dios la bendiga, era tan sumisa. No pod&#237;a culparla, pero, caramba, &#191;por qu&#233; era tan reticente cuando hac&#237;an el amor? A &#233;l le habr&#237;a gustado ver que le brillaban los ojos de pasi&#243;n y satisfacci&#243;n, pero sab&#237;a que eso jam&#225;s suceder&#237;a. Estaba demasiado concentrada en darle un hijo var&#243;n. Lo hac&#237;a con un fervor religioso y murmuraba plegarias entre dientes mientras &#233;l la montaba. No pod&#237;a culparla, pero, &#161;ay, las horas pasadas con la bella Rosamund! Casi no pod&#237;a esperar a que llegara otra vez la noche.

Esa tarde, en la sala, Rosamund lo observ&#243; con disimulo. &#201;l no dio se&#241;ales de darse cuenta. En cierto sentido, era un gran alivio. Felizmente, fue despedida temprano del servicio de la reina y regres&#243; deprisa a Bolton Greenwich. All&#237; se encontr&#243; con su primo en la sala.

Ven a mirar el atardecer conmigo -la invit&#243;-. Te ves cansada, mi querida ni&#241;a.

Rosamund se acurruc&#243; en el asiento de la ventana junto a &#233;l.

Lo estoy. Nunca conoc&#237; un hombre igual, Tom.

Es el rey, querida ni&#241;a. Ellos son diferentes, o al menos eso es lo que se dice. Ten cuidado, que cuando tiene un juguete nuevo jugar&#225; con &#233;l sin piedad.

Me est&#225;s diciendo que debo esperarlo esta noche. Tengo que descansar un poco antes de que llegue. Es incre&#237;blemente vigoroso en el amor. -Mir&#243; hacia el r&#237;o, que brillaba en ese glorioso atardecer, y suspir&#243;-. Es un hombre tan triste, Tom. No es feliz.

No lo juzgues como a un hombre com&#250;n y corriente, no es triste. Tiene lo que siempre ha querido. Es el rey de Inglaterra. Si Arturo no hubiera muerto, Enrique Tudor habr&#237;a salido a conquistar alguna tierra para s&#237;. Siempre quiso ser rey. Y los reyes a menudo se casan con princesas que pueden ser muy adecuadas, pero no son especialmente cari&#241;osas por naturaleza.

Es vulnerable, Tom. Yo soy apenas dos a&#241;os mayor que &#233;l y, sin embargo, siento que le llevo siglos. Anoche me tom&#243; como un guerrero a un castillo, pero luego me di cuenta de que todo lo que quer&#237;a de m&#237; era que yo lo quisiera.

Ten cuidado, mi querida ni&#241;a -le advirti&#243; lord Cambridge-. Est&#225;s hablando como una mujer cuando est&#225; a punto de enamorarse. T&#250; tambi&#233;n eres vulnerable, Rosamund. Tu esposo muri&#243; hace apenas un a&#241;o y siempre has tenido un hombre que te cuidara. Pero este es un rey. No puede protegerte porque no tiene la menor idea de c&#243;mo se cuida a nadie, ni siquiera a s&#237; mismo. Dale tu cuerpo, pero no le des tu coraz&#243;n.

Ella volvi&#243; a suspirar, y fue un profundo suspiro de resignaci&#243;n.

S&#233; que tienes raz&#243;n, Tom. Tengo que mantener mis emociones bajo un estricto control. -Apoy&#243; la cabeza en el hombro de &#233;l-. Eres mi escudo y mi protecci&#243;n, primo. T&#250; me defender&#225;s del drag&#243;n.

Los dragones -dijo &#233;l, pronunciando lentamente la palabra- me aterran, querid&#237;sima ni&#241;a, y especial el Pendrag&#243;n Tudor de Gales. As&#237; que es vigoroso, &#191;eh? No s&#233; si no te tengo celos, prima. &#191;Es grande tambi&#233;n all&#225; abajo?

Ella levant&#243; la cabeza de su hombro: los ojos ambarinos brillaban, llenos de vivacidad y asinti&#243;.

Ah, caramba -brome&#243; &#233;l-. &#161;Algunos tienen mucha suerte!

Eres terrible -respondi&#243; ella, levant&#225;ndose del asiento de la ventana-. Y yo me voy a la cama ahora que puedo dormir un poco. -Le dio un beso en la suave mejilla-. Buenas noches, querid&#237;simo primo -le dijo y sali&#243; de la sala. Arriba, en sus aposentos, se desvisti&#243;, se lav&#243; la cara y las manos, y se cepill&#243; los dientes. Orin&#243; en el orinal de porcelana que le hab&#237;a llevado Annie y se meti&#243; en la cama, desnuda-. M&#225;s me vale -le dijo a su sorprendida criada.

&#191;Qui&#233;n es &#233;l? -pregunt&#243;, en un susurro.

Te lo contar&#233; alg&#250;n d&#237;a, pero no hoy. Conf&#243;rmate con eso, Annie. Es mejor que no lo sepas por ahora. &#191;Confiar&#225;s en m&#237;?

Siempre lo he hecho. Buenas noches, se&#241;ora. -Hizo una reverencia y la puerta se cerr&#243; tras ella.

Todav&#237;a hab&#237;a algo de luz en el cielo. Rosamund escuch&#243; la canci&#243;n de un ave que no se resignaba a que el d&#237;a terminara. Le pesaban los ojos y cay&#243; en un sue&#241;o profundo. Ya hab&#237;a pasado la medianoche cuando despert&#243; con el crujido de los goznes de su puerta. Se qued&#243; quieta hasta que sinti&#243; el peso de &#233;l en la cama, seguido por un beso en los labios.

C&#243;mo me cost&#243; dejarte esta ma&#241;ana, bella Rosamund. &#161;Te vi esta noche en la sala, y solo con verte se alborot&#243; mi interior, querida m&#237;a! -Se quit&#243; el camis&#243;n y se meti&#243; bajo las cobijas, que ella le abr&#237;a.

Ella lo envolvi&#243; en sus brazos, y la cabeza de le&#243;n del rey se apoy&#243; en su pecho.

Piensa en m&#237; como en tu refugio, milord -le dijo ella, con dulzura-. &#191;Fuiste a cazar hoy? No te vi hasta la tarde.

Visit&#233; los astilleros de Gravesend. Quiero construir una flota. Inglaterra tiene que ser una potencia mar&#237;tima fuerte, bella Rosamund.

&#191;Por qu&#233;? &#191;No podemos usar las naves de otros para transportar nuestros productos? Es lo que hacemos ahora.

No me refiero a una flota mercante, dulce m&#237;a, sino a una de guerra. Estamos aislados en nuestra isla y nuestros enemigos podr&#237;an atacarnos. Necesitamos una flota fuerte para proteger nuestro pa&#237;s.

Yo estoy tan lejos del mar en mi Cumbria -Rosamund le acariciaba la nuca-. Me doy cuenta de que un rey tiene que ser muy inteligente y precavido.

T&#250; tambi&#233;n debes ser precavida para que tu Friarsgate siga siendo segura y rentable. Tu primo me dice que eres la fuerza que gu&#237;a tu finca. &#191;Es eso cierto, mi bella Rosamund? -le toc&#243; los senos y comenz&#243; a lamerle los pezones.

Ella se estremeci&#243; de placer y dijo:

Siempre confi&#233; en el consejo de mis t&#237;os, menos uno, y de mis esposos. Pero, al final, las decisiones son solo m&#237;as, Hal, porque yo soy la se&#241;ora de Friarsgate, y nadie puede hablar por m&#237;. S&#233; que puedo parecerte osada, pero as&#237; soy. -Le acarici&#243; la nuca con m&#225;s pasi&#243;n.

Me gustan las mujeres que conocen su lugar en el mundo, pero no las est&#250;pidas. T&#250; eres la voz de la autoridad en tu finca, dulce Rosamund, pero tienes la prudencia de escuchar los buenos consejos de los hombres de tu familia. &#191;Tienes un sacerdote?

El padre Mata -dijo ella, pregunt&#225;ndose qu&#233; dir&#237;a ese muchacho de su situaci&#243;n actual-. Es un gran consuelo para m&#237; y para nuestra gente. No podr&#237;amos vivir sin &#233;l.

Mi abuela era como t&#250;. La Venerable Margarita. Pero &#161;qu&#233; miedo le tuve siempre! -ri&#243;.

Fue una gran mujer, milord, y yo aprend&#237; mucho de ella mientras estuve a su cuidado.

De pronto, &#233;l levanto la cabeza y la mir&#243;. Rosamund se ruboriz&#243; y baj&#243; los ojos, sabiendo que a &#233;l no le gustaban las miradas directas, pero adivin&#243; su pensamiento:

No, bella Rosamund. Puedes mirarme, porque me encanta ver tus ojos llenos de pasi&#243;n cuando hacemos el amor. -Apart&#243; el cubrecama y demor&#243; la mirada en el cuerpo desnudo de ella. Cubri&#243; con su gran mano el monte de Venus de Rosamund y dijo-: &#191;No te depilas?

No, milord, no se acostumbra en el campo. Pero, si te desagrada, lo har&#233;.

Enred&#243; sus gruesos dedos en el vello rojizo de la entrepierna de ella.

No, en realidad, me gusta. Tiene algo tentador, seductor. &#161;No! &#161;Te proh&#237;bo que te lo depiles! -Baj&#243; la cabeza y le bes&#243; el monte de Venus. Rosamund se estremeci&#243;, porque nunca nadie se hab&#237;a acercado a ella de esa forma. Cuando &#233;l restreg&#243; la cara contra ella, en su entrepierna, comenz&#243; a temblar. &#201;l no pod&#237;a contenerse: el perfume a brezo blanco se mezclaba con sus olores de mujer. &#201;l comenz&#243; a acariciarle los labios del sexo y los encontr&#243; ya cubiertos del roc&#237;o del amor, y sigui&#243; toc&#225;ndola.

&#161;Eres una muchachita muy picara, bella Rosamund! -Levant&#243; la cabeza para susurrarle al o&#237;do. Lami&#243; los dulces pliegues de su carne y meti&#243; la lengua en el estrecho pasaje mientras que con los dedos avanz&#243; m&#225;s all&#225; de los labios y encontr&#243; la c&#250;spide de su femineidad.

Los sentidos de ella estaban muy excitados. Pod&#237;a sentir la yema del dedo de &#233;l que rozaba y frotaba ese bot&#243;n de carne sensible con presi&#243;n y con fricci&#243;n. Un solo dedo que la exacerb&#243; hasta que ella crey&#243; morir con las incre&#237;bles sensaciones que la inundaban. Los labios de &#233;l tocaron los suyos. Su lengua se le meti&#243; en la boca, lami&#233;ndola, lami&#233;ndole la cara. Ella gimi&#243; y el sonido fue un inmenso deleite para los o&#237;dos de &#233;l. De pronto, &#233;l interrumpi&#243; la deliciosa tortura y le meti&#243; dos dedos en el canal del amor.

&#161;No! &#161;No! -le rog&#243; ella-. &#161;Quiero m&#225;s! &#161;Por favor! &#161;M&#225;s!

Riendo con suavidad, &#233;l retir&#243; los dedos, cubri&#243; el esbelto cuerpo de ella con el suyo y la penetr&#243; despacio, pero se detuvo y la mir&#243; a la cara.

&#191;No tuviste bastante anoche, mi bella Rosamund? &#191;Vas a hacerme agotar una y otra vez, tambi&#233;n esta noche? -Comenz&#243; a moverse con lentos movimientos majestuosos de su masculinidad. Pronto los dos gritaban por el placer compartido. Era casi el alba cuando el rey se dio cuenta de que si no volv&#237;a al palacio por el parque, se notar&#237;a su ausencia y se revelar&#237;a su secreto.

Se levant&#243;, se visti&#243;, se inclin&#243; y le dio un beso en los labios.

Si me ves hoy, mi bella Rosamund, pensar&#225;s en la noche que pasamos. Esta noche no podr&#233; venir, pero pronto volver&#233;, querida. &#161;Pronto!

Adi&#243;s, Hal. Te extra&#241;ar&#233;, pero si no duermo al menos una noche las mujeres se dar&#225;n cuenta de que tengo un amante y se preguntar&#225;n qui&#233;n es. Ya sabes c&#243;mo son las damas de tu esposa -ri&#243;.

&#161;Arp&#237;as! -dijo &#233;l, sonriendo, y se fue.

Cuando Annie fue a despertarla, casi enseguida, Rosamund no pod&#237;a levantarse. Estaba agotada por los deliciosos excesos de la pasi&#243;n de ambos. Nunca se hab&#237;a imaginado que existiera un amante como el rey. Era insaciable y su energ&#237;a, inagotable. Y la necesitaba. De verdad, la necesitaba, y ella estaba asombrada al ver que un hombre tan poderoso como Enrique Tudor pudiera precisar del amor y el cari&#241;o de una mujer tan simple como ella. Pero Rosamund no se enga&#241;aba: con el tiempo &#233;l se aburrir&#237;a y ella deber&#237;a alejarse en silencio, porque el rey no se llevaba bien con la culpa.

Ve a ver a la reina -le dijo Rosamund a Annie-. Dile que estoy enferma, que tengo un flujo que me ha atacado los intestinos. Dile que le pido indulgencia, pero que hoy debo quedarme en cama.

Annie asinti&#243;, y dijo:

Ese hombre misterioso que la visita, se&#241;ora, ha de ser mago para dejarla en este estado. &#191;Est&#225; segura de que es humano y no una criatura del mundo de las tinieblas? He o&#237;do de demonios que toman forma humana y luego eligen amantes. Les chupan la vida, dicen. &#191;Est&#225; segura de que este hombre no es uno de ellos? -Se la ve&#237;a muy preocupada.

Rosamund debi&#243; sofocar la risa.

Mi amante, Annie, es el m&#225;s humano de los caballeros, lo juro. Ahora corre a buscar a la reina. Si te das prisa la ver&#225;s antes de la misa. D&#233;jame dormir hasta la tarde, y entonces tr&#225;eme algo de comer, que para ese momento estar&#233; muerta de hambre. Y dile a mi primo que he decidido quedarme en la cama.

Rosamund fue despertada por su primo, que le trajo una bandeja con vino dulce, carne, pan, manteca y queso.

&#161;Arriba, dormilona! -brome&#243; &#233;l, d&#225;ndole una palmada en el trasero-. Ya son casi las cuatro de la tarde. Su Majestad la reina env&#237;a sus mejores deseos de recuperaci&#243;n y espera verte ma&#241;ana por la ma&#241;ana. Su Majestad el rey me hizo un gui&#241;o bastante procaz, que ruego no haya sido percibido por nadie m&#225;s que por m&#237;. Desde el nacimiento de su hijo que no est&#225; tan jovial. Por lo que veo, sus peque&#241;as excursiones nocturnas le caen muy bien.

Es incansable -murmur&#243; Rosamund, medio dormida-. Alc&#225;nzame ese vestido que est&#225; a los pies de la cama, Tom, y no mires. Tenemos que hablar. -Tom&#243; la prenda que &#233;l le alcanz&#243;, se la puso por la cabeza y la desliz&#243; por el cuerpo-. &#191;Podr&#237;as darme el cepillo, primo? -&#201;l se lo acerc&#243; y la joven comenz&#243; a cepillarse el cabello enredado-. Se queda pr&#225;cticamente toda la noche y yo no puedo descansar. &#161;No puedo servir al mismo tiempo a la reina y al rey! &#191;Qu&#233; voy a hacer?

No puedes hacer mucho m&#225;s que advertirle que sea m&#225;s circunspecto en su entusiasmo. &#191;Viene esta noche?

Dijo que no, &#161;ojal&#225; que as&#237; sea!

Ah, s&#237;, hoy llegaron el embajador veneciano y su esposa. El rey y la reina los agasajar&#225;n hasta la madrugada. Habr&#225; una representaci&#243;n de algo relacionado con Robin Hood con moros con turbantes dorados, y s&#243;lo Dios sabe qu&#233; m&#225;s. El rey posee una imaginaci&#243;n muy f&#233;rtil. Sus amigos tienen la misi&#243;n de hacer que sus ideas se hagan realidad. -Tom&#243; el cepillo de su prima, la ayud&#243; con un nudo y sigui&#243; pein&#225;ndola-. Si te dijo que no vendr&#237;a, no lo har&#225;. &#191;Por eso te tomaste el d&#237;a, querida prima?

&#161;S&#237;! y ma&#241;ana le pedir&#233; permiso a la reina para dejar el s&#233;quito en el norte. &#191;No te enteraste todav&#237;a de cu&#225;ndo dejaremos Greenwich?

A mediados de junio, dicen, y por lo general los rumores sobre los viajes son precisos, porque los afortunados que ser&#225;n visitados por la augusta presencia real deben partir a sus casas a preparar todo. Una visita del rey, aunque breve, puede dejar a un hombre en la ruina. Ver&#225;s que pronto comienza un peque&#241;o &#233;xodo -ri&#243;-. &#161;Ya est&#225;! Ahora tu cabello es como una seda, querida ni&#241;a. -Dej&#243; el cepillo y se puso de pie-. Me reunir&#233; con mis amigos de la Corte esta noche para revisar los detalles del espect&#225;culo para honrar a los venecianos. Los italianos adoran esas elegantes charadas.

Lamento perd&#233;rmelo, pero no me atrevo a aparecerme hasta la misa, ma&#241;ana, para que no se sospeche que yo tambi&#233;n he interpretado un papel.

&#191;No te parece, querida ni&#241;a, que antes de pedirle permiso a la reina para irte a tu casa, bien podr&#237;as ped&#237;rselo tambi&#233;n al rey? Eres el nuevo juguete de Enrique. No le agradar&#225; la idea de dejarte ir y se enojar&#225; mucho si la decisi&#243;n le cae por sorpresa.

Tendr&#225; que renunciar a m&#237; tarde o temprano, pero creo que tienes raz&#243;n, primo. Se lo dir&#233; a Hal antes que a milady, la reina.

Creo que es una decisi&#243;n prudente.


Rosamund apareci&#243; en la Corte a la ma&#241;ana siguiente para volver a hacerse cargo de sus deberes. La reina ten&#237;a varias cartas para escribir ese d&#237;a y Rosamund estuvo muy ocupada. Por la noche, el rey fue al encuentro de su amante secreta. Despu&#233;s de hacer el amor apasionadamente por primera vez en dos d&#237;as, Rosamund le dijo lo que planeaba.

Le pedir&#233; permiso a la reina para abandonar el s&#233;quito, Hal. Ya hace muchos meses que falto de Friarsgate. Mis hijas me necesitan. No soy el tipo de madre que deja voluntariamente a sus peque&#241;as al cuidado de otros. Quiero irme a mi casa. Necesito irme a mi casa.

&#161;Lo proh&#237;bo! -explot&#243; &#233;l, furioso.

&#161;Milord! Mientras estemos en Greenwich, t&#250; y yo podemos disfrutar de un dulce idilio y mantener nuestra relaci&#243;n en secreto. Ni mi querida Annie sabe que eres t&#250; quien me visita. Se pregunta si mi amante no ser&#225; un demonio que ha asumido forma humana, porque cree que s&#243;lo alguien as&#237; podr&#237;a haber seducido a la se&#241;ora de Friarsgate y haberla apartado del camino de la virtud. S&#243;lo mi primo Tom conoce tu identidad. Tal vez podamos mantener nuestro secreto mientras vivamos en Greenwich, pero cuando comencemos el viaje de verano nos ser&#225; muy dif&#237;cil vernos, mucho menos en secreto. No quiero hacerle da&#241;o a la reina, que ha sido mi amiga, que es la madrina de mi hija. Tampoco debes herirla t&#250;, porque te adora y es una buena esposa. Si albergas alg&#250;n tierno sentimiento hacia m&#237;, Hal, me dejar&#225;s ir. Los dos sabemos que no puedo ser parte de tu vida.

&#191;Me amas, bella Rosamund?

S&#237;, creo que s&#237;.,

&#191;Entonces, c&#243;mo puedes abandonarme cuando te necesito tanto? -dijo el rey, en tono de queja.

Era su rey. Era un hombre y, sin embargo, tambi&#233;n un ni&#241;o.

&#191;C&#243;mo puedes poner en peligro lo que tenemos, incluso sabiendo que no puede durar por siempre?&#191;C&#243;mo podr&#237;as lastimar a tu reina otra vez, si ella te ama con toda la devoci&#243;n de su coraz&#243;n y de su alma? &#161;Yo te adoro, Hal! Pero me averg&#252;enzo de mi comportamiento, porque traiciono a una mujer que ha sido buena y generosa conmigo, y que te es completamente leal.

Razonas como ese abogado de la ciudad, Tom&#225;s Moro -rezong&#243; &#233;l-. Caramba, bella Rosamund, &#161;yo soy tu rey!

Porque eres mi rey y porque te amo es que te hablo con franqueza, Hal. Si te niegas a permitirle a la reina que me deje ir a casa, &#191;qu&#233; excusa pondr&#225;s que no despierte sospechas? Aunque Kate no piense nada malo, sus damas lo har&#225;n. Y comenzar&#225;n a espiarnos para proteger a la reina. Si se hace p&#250;blico que tomaste como amante a una dama norte&#241;a de una familia sin importancia, ser&#225;s el hazmerre&#237;r no solo de Inglaterra, sino tambi&#233;n de Francia, de Espa&#241;a, del Sagrado Imperio Romano, de los Pa&#237;ses Bajos. Eres joven, milord, pero alg&#250;n d&#237;a ser&#225;s un gran rey. &#161;Yo lo s&#233;!

Eres una muchacha mucho m&#225;s sabia e inteligente de lo que yo cre&#237;a -dijo &#233;l, arroj&#225;ndola sobre la cama.

&#191;No aprendiste nada de nuestro primer encuentro de hace a&#241;os, Hal? Te dije entonces que no me seducir&#237;as hasta que yo no decidiera dejarme seducir. Yo ten&#237;a catorce a&#241;os entonces y era virgen. Deb&#237;a proteger mi buen nombre y el de mi prometido. Esta vez he elegido dejarme seducir por ti, porque mis obligaciones han cambiado y descubr&#237; que no pod&#237;a resistirme a ti. -Estir&#243; la mano y le acarici&#243; la mejilla-. T&#250; sabes que tengo raz&#243;n.

&#201;l se inclin&#243; y la bes&#243; en los labios.

S&#237;, la tienes, mi bella Rosamund. Ma&#241;ana p&#237;dele a la reina que te libere, que yo no me opondr&#233;. Es m&#225;s, aprobar&#233; el pedido de mi buena esposa, pero t&#250; tienes que prometerme algo.

&#191;Qu&#233;?

Que seguiremos siendo amantes hasta que dejes el s&#233;quito para irte a tu amada Friarsgate. Ese es el precio que te cobrar&#233; por mi cooperaci&#243;n.

Acepto de buen grado -le dijo Rosamund, abri&#233;ndose a su masculinidad, que buscaba entrar en su hueco c&#225;lido y lleno de amor-, pero debes jurarme que no har&#225;s nada que pueda llevar a que la reina se entere de este secreto que guardamos &#161;Ahh, c&#243;mo me penetras, me llenas por completo, milord, mi rey! -Su esbelto cuerpo se arque&#243; contra &#233;l; sinti&#243; que comenzaba a perder el control.

Acepto -gru&#241;&#243; &#233;l en su o&#237;do, entrando en ella lo m&#225;s profundo que pod&#237;a-. &#161;V&#225;lgame Dios, bella Rosamund, jam&#225;s me saciar&#233; de ti! Ser&#225;s siempre una angustia en el alma y cuando te vayas te llevar&#225;s parte de mi coraz&#243;n contigo.

Ella le rode&#243; el cuerpo con las piernas y sus u&#241;as bien cuidadas se clavaron en la ancha espalda del rey.

Creo que Annie tiene raz&#243;n, Hal. &#161;Eres un demonio, pues solo un demonio podr&#237;a robarme el coraz&#243;n y el alma como lo has hecho t&#250;! -Lo bes&#243; con pasi&#243;n, y los dos se disfrutaron mutuamente hasta que la luna se hab&#237;a ocultado y la estrella de la ma&#241;ana comenz&#243; a levantarse en el falso amanecer gris de los cielos orientales.



CAP&#205;TULO 18

El viaje real de verano era similar al que hab&#237;a hecho Rosamund al norte, cuando dej&#243; por primera vez la Corte, de ni&#241;a, para ir a su casa a casarse con Owein. Pero aquel viaje hab&#237;a tenido un prop&#243;sito: llevar a Margarita Tudor a Escocia. El viaje anual de verano era sencillamente una manera de divertir al rey y a su Corte, y de alejarlo del calor de la ciudad. Era una empresa enormemente costosa para los que ser&#237;an honrados con una visita real. Y pod&#237;a ser extremadamente inc&#243;modo para los hombres y mujeres que serv&#237;an al rey y su s&#233;quito. Pod&#237;a ser igualmente dif&#237;cil para los cortesanos que acompa&#241;aban a Sus Majestades, porque no siempre estaba garantizado el alojamiento. Por otro lado, no ser invitado al viaje, o no ir, era considerado un desastre social o un serio paso en falso.

El informante de lord Cambridge hab&#237;a tenido raz&#243;n. Partir&#237;an hacia el norte, hacia la regi&#243;n central de Inglaterra. Y Tom Bolton, un hombre al que le desagradaba privarse de las comodidades, de inmediato averigu&#243; el itinerario de boca del chambel&#225;n real. Entonces, procedi&#243; a arreglar alojamientos en las mejores posadas de la ruta para s&#237; y para Rosamund, que ya hab&#237;a rogado el permiso de la reina para dejar su servicio y volver a su casa desde Nottingham.

&#191;No eres feliz con nosotros? -le pregunt&#243; Catalina, sol&#237;cita.

Es un placer estar en presencia de Su Majestad, y especialmente a su servicio -dijo Rosamund, diplom&#225;tica-, pero extra&#241;o a mis hijas, milady. Ya hace casi un a&#241;o que falto de casa. Necesito ir.

&#191;Tus hijas no est&#225;n bien cuidadas? -pregunt&#243; la reina, porque no quer&#237;a dejar ir a Rosamund. Si bien ten&#237;a amigas m&#225;s cercanas, disfrutaba de esa gentil compa&#241;&#237;a y le agradaba en especial que una mujer escribiera su correspondencia. Era muy conveniente.

Mis hijas est&#225;n en buenas manos, Su Majestad, pero yo soy su madre. Las grandes se&#241;oras deben, por necesidad, dejar a sus hijos al cuidado de otras personas. Yo no soy una gran se&#241;ora. Mi t&#237;o Edmund y su esposa ya no son j&#243;venes, y si no regreso pronto, mi t&#237;o Henry tratar&#225; de obligar a mi hija mayor a casarse con su odioso hijo. La se&#241;ora Blount se sentir&#225; muy honrada de tomar mi lugar a su lado, estoy segura. Con gusto, si se le pide, asumir&#225; las responsabilidades de su correspondencia.

A ti no te gusta Gertrude Blount -dijo la reina con una sonrisita-. &#191;Y no obstante me la recomiendas?

Lo que yo quiero o qui&#233;n me cae bien carece de importancia, Su Majestad. Usted necesita, y debe tener, a la mejor persona posible para reemplazarme. Esa persona es la se&#241;ora Blount, por mi honor.

Le pediremos consejo al rey sobre este asunto -dijo Catalina, y se volvi&#243; a su esposo-. Enrique, la se&#241;ora de Friarsgate quiere dejar la Corte en Nottingham e irse a su casa. No quiere regresar. Me recomienda a la se&#241;ora Blount para ocupar su lugar. &#191;Qu&#233; piensas, mi querido se&#241;or?-Apoy&#243; una mano sobre la manga cubierta de terciopelo verde del rey y lo mir&#243; a la cara, con una sonrisa.

Querid&#237;sima Kate, lo que t&#250; decidas para tu casa contar&#225; siempre con mi aprobaci&#243;n. Si la se&#241;ora de Friarsgate desea irse a su casa, entonces, lib&#233;rala de tu servicio. -Movi&#243; bruscamente la cabeza y mir&#243; directamente a Rosamund-. Usted, se&#241;ora, tiene hijos, si mal no recuerdo, &#191;o me equivoco?

Ella se ruboriz&#243;, hizo una reverencia y respondi&#243;:

S&#237;, Su Majestad, as&#237; es.

Entonces queda liberada, con nuestro agradecimiento, por los m&#250;ltiples servicios que ha prestado a nuestra querida consorte y esposa -respondi&#243; el rey. Ignor&#225;ndola con la misma precipitaci&#243;n con que le hab&#237;a hablado, se volvi&#243; y se puso a hablar con Will Compton, sentado a su izquierda.

Mi esposo y se&#241;or ha hablado por los dos -dijo, sumisa, la reina.

Rosamund volvi&#243; a hacer una reverencia.

Ser&#225; para m&#237; un placer continuar con mis deberes hasta que lleguemos a Nottingham, Su Majestad.

Excelente -respondi&#243; la reina-: le ense&#241;ar&#225;s a la se&#241;ora Blount lo que debe hacer para m&#237; cuando te hayas ido.

Eso har&#233;, Su Majestad -respondi&#243; Rosamund. &#161;Por Dios! &#191;Nadie se habr&#237;a preguntado por qu&#233; se hab&#237;a ruborizado cuando el rey le dirigi&#243; la palabra? Esperaba que creyeran que el haber gozado de su atenci&#243;n por un fugaz momento la hab&#237;a cohibido, pues ella era una dama de una familia com&#250;n y no estaba acostumbrada a que Enrique Tudor le hablara.

Gertrude Blount se acerc&#243; a ella.

&#191;Por qu&#233; me hace un favor? No somos amigas y no simpatizamos. No s&#233; si me gusta quedar en deuda con alguien como usted.

No queda en deuda conmigo, se&#241;ora Blount. Cuando me vaya de la Corte no regresar&#233;. Lo que le dije a la reina es la verdad.

Escribir la correspondencia personal de la reina es un gran honor. Lo desee usted o no, ahora he quedado en deuda con usted, porque no puedo rechazar el nombramiento de la reina.

No, no puede -murmur&#243; Rosamund-, como tampoco puede decirle a nadie nada de lo que escriba. A usted le fascinan los chismes, pero no podr&#225; abrir la boca si no quiere llevar la deshonra a su familia, se&#241;ora Blount. -Rosamund sonri&#243; con dulzura.

&#161;Ah! -Gertrude Blount abri&#243; muy grandes los ojos azules al darse cuenta de lo que le hab&#237;a hecho la se&#241;ora de Friarsgate- &#161;As&#237; se venga de m&#237; porque no la quiero! &#161;Qu&#233; mezquina es!

Se&#241;ora Blount, poco me importa que usted me quiera o no -le dijo Rosamund, con toda franqueza-. El nombre de su familia es m&#225;s importante que el de la m&#237;a, pero mi orgullo de ser quien soy es m&#225;s grande que el suyo de ser quien es. Yo no ser&#233; desde&#241;ada por la hija de lord Montjoy. Yo soy la se&#241;ora de Friarsgate, y no por matrimonio, sino por derecho propio. La he recomendado a la reina porque tiene linda letra y ya es una de sus damas. Es un honor servir a la reina Catalina. No me debe nada por el nombramiento. Mientras la reina todav&#237;a requiera mis servicios, usted vendr&#225; conmigo; as&#237; aprender&#225; c&#243;mo se hace la correspondencia personal de la reina y c&#243;mo se la guarda.

Gertrude Blount asinti&#243;, amilanada por el momento, pero pronto se puso a alardear de que ella tomar&#237;a el dictado de los documentos m&#225;s importantes de la reina, que la hab&#237;an recomendado para el cargo, pero no dijo qui&#233;n y nadie se tom&#243; la molestia de preguntarle, porque a nadie le interesaba.

El s&#233;quito parti&#243; de Greenwich y se mud&#243; brevemente a Richmond mientras se terminaban los preparativos de &#250;ltimo minuto. El rey hab&#237;a seguido visitando a Rosamund y una noche fue a verla a la Casa Bolton desde Richmond, pero tuvo que viajar por el r&#237;o para llegar, lo que signific&#243; que sus barqueros supieron que hab&#237;a salido del palacio y adonde hab&#237;a ido. No era una situaci&#243;n favorable, pues Enrique no quer&#237;a que lo sorprendieran con una amante otra vez.

El s&#233;quito fue a Warwickshire, el condado que el hermoso r&#237;o Avon divide en dos partes. Hacia el sur estaba Feldon, un hermoso campo de prados verdes cubierto de flores silvestres. Hacia el norte, el bosque de Arden y m&#225;s al norte, tierras que no se pod&#237;an labrar: canteras de arenisca y minas de carb&#243;n y hierro. Los castillos y las iglesias estaban hechos de arenisca, pero las ciudades eran de madera blanca y negra, muy proclive a los incendios.

El s&#233;quito visit&#243; dos grandes castillos en Warwickshire. Primero Warwick, que se erig&#237;a sobre un alto risco sobre el Avon, y despu&#233;s Kenilworth, que estaba m&#225;s cerca de Coventry. Warwick hab&#237;a sido originalmente un fuerte saj&#243;n, pero dos a&#241;os despu&#233;s de la conquista normanda se hab&#237;a comenzado a construir un castillo. En el siglo XIV la familia Beauchamp lo hab&#237;a convertido en el magn&#237;fico edificio que ahora ve&#237;a Rosamund, donde hab&#237;an morado familias tan grandes y orgullosas como la fortaleza misma.

Kenilworth, por otro lado, era el lugar m&#225;s rom&#225;ntico que Rosamund hab&#237;a visto en toda su vida. No era ni macizo ni imponente como Warwick. Comenzado en el siglo XII, deb&#237;a su elegancia y su belleza a Juan de Gante, un hijo del rey Eduardo III que gast&#243; una fortuna en el castillo que hab&#237;a pertenecido a Sim&#243;n de Montfort, el notorio hacedor de reyes Y de conflictos.

En Coventry asistieron a una misa mayor en la catedral. Pero lo principal de la visita fue la representaci&#243;n de uno de los famosos ciclos de misterios, a cargo de los miembros locales de los gremios. Estas piezas hac&#237;a siglos que se representaban en Coventry y eran conocidas en todas partes, incluso en Francia y Espa&#241;a. La reina hab&#237;a llorado ante la belleza de lo que vio, y sus damas susurraban que tal emotividad indicaba que estaba otra vez encinta. Al enterarse de la noticia, el rey se pase&#243;, muy orondo, entre sus amigos.

Luego, el s&#233;quito volvi&#243; a tomar rumbo norte, donde el rey y su Corte pasar&#237;an un tiempo en el castillo de Nottingham. Era casi imposible que Enrique encontrara un momento a solas con Rosamund y, extra&#241;amente, ella sinti&#243; alivio. Estaba medio enamorada de &#233;l, pero no era tonta, y sab&#237;a que lo que hab&#237;an compartido estaba terminando, y as&#237; deb&#237;a ser.

En Nottingham el rey se dedic&#243; a los deportes y el juego. Algunos de los cortesanos m&#225;s j&#243;venes le presentaron a algunos conocidos de Francia y Lombard&#237;a. No pas&#243; mucho antes de que los amigos de toda la vida del rey vieran que este estaba perdiendo mucho dinero en carreras de perros, peleas de osos, cartas y torneos de tenis. Will Compton repar&#243; en que los j&#243;venes cortesanos ingleses alentaban al rey y lo tentaban a hacer apuestas sin sentido. El orgullo de Enrique no le permit&#237;a echarse atr&#225;s y perd&#237;a siempre. Cuando Compton vio que uno de los cortesanos repart&#237;a las ganancias con un franc&#233;s, le cont&#243; a su amigo lo que estaba sucediendo. Discretamente, el rey ech&#243; a ambos j&#243;venes cortesanos y sus malas compa&#241;&#237;as e inform&#243; a sus familias de su incorrecta conducta. Entonces, volvi&#243; a estar animado y jovial, como correspond&#237;a a un monarca.

Hab&#237;a llegado el momento en que Rosamund abandonara la Corte. Le pidi&#243; a su primo que informara con discreci&#243;n al monarca de su partida, porque quer&#237;a despedirse de &#233;l en privado, si era posible. Lord Cambridge consigui&#243; entablar una r&#225;pida conversaci&#243;n con el rey, cuando lo encontr&#243; solo a la salida del campo de tenis.

Su Majestad, pens&#233; que le gustar&#237;a saber que Rosamund y yo saldremos de Nottingham. Ella est&#225; muy ansiosa por llegar a su casa. Quisiera despedirse en privado, si es el deseo de Su Majestad.

Enrique Tudor sacudi&#243; la cabeza.

Es la mujer m&#225;s encantadora que he conocido jam&#225;s, Tom Bolton. No puedo permitir que se quede, pero lamento que se vaya. S&#237;, yo tambi&#233;n quiero despedirme en privado. Mi sirviente personal, Walter, te dir&#225; cu&#225;ndo y d&#243;nde.

Se fij&#243; el encuentro para la medianoche del d&#237;a siguiente, en una peque&#241;a habitaci&#243;n en la torre oriental del castillo. Walter fue a buscar a Rosamund para llevarla al lugar asignado, abri&#243; la puerta para que ella pasara y se qued&#243; fuera. Era una peque&#241;a rec&#225;mara con apenas dos sillas y una mesa sobre la que hab&#237;a dos copas de vino. El rey abraz&#243; a Rosamund y sus labios poseyeron los suyos en un beso apasionado.

Ojal&#225; no tuvieras que dejarme.

Ella sonri&#243;, acurruc&#225;ndose contra &#233;l.

Me halagas cuando dices eso, pero los dos sabemos que debo partir. Es muy probable que Kate est&#233; encinta otra vez. No debe disgustarse por nada del mundo. Ahora necesita tu amor m&#225;s que nunca, Hal.

Dios quiera que est&#233; encinta -dijo &#233;l, metiendo la mano dentro del corpi&#241;o de ella para acariciarle los exuberantes senos-. &#161;Mierda! &#161;Quiero hacer el amor contigo, Rosamund! &#161;Tengo que poseerte una vez m&#225;s antes de separarnos!

Pero, milord, &#191;c&#243;mo? -pregunt&#243; Rosamund, pero ella tambi&#233;n lo deseaba. En las pocas semanas pasadas hab&#237;a extra&#241;ado su pasi&#243;n y su vigor.

&#201;l apart&#243; la mano del pecho de ella, la llev&#243; a su espalda, le desat&#243; los lazos del corpi&#241;o y se lo quit&#243;. Le desabroch&#243; la camisa y se la baj&#243; por los hombros. Entonces, movi&#243; la mano debajo de la falda de ella y comenz&#243; a juguetear, entrelazando los dedos en el vello del monte de Venus de ella, roz&#225;ndole la abertura, haciendo presi&#243;n, movi&#233;ndolos en el bot&#243;n de amor de ella, mientras que ocultaba la cara en sus senos, gimiendo de deseo.

&#161;Ah, c&#243;mo lo deseaba ella tambi&#233;n! Podr&#237;a ser su ramera para siempre si &#233;l se lo permitiera, pens&#243;, conmocionada ante sus propios pensamientos. Era una locura, pero empez&#243; a humedecerse de deseo cuando se lo imagin&#243; penetr&#225;ndola, cuando fantase&#243; con su enorme virilidad donde ahora estaban sus dedos. De pronto, &#233;l la levant&#243; y la apoy&#243; sobre &#233;l; le orden&#243; que se levantara la falda. Baj&#243; a Rosamund sobre su lanza amorosa, gruesa y henchida, y ella sofoc&#243; los gritos de placer que le provoc&#243; ser penetrada. Las paredes de su vaina de amor se cerraron sobre &#233;l, conteni&#233;ndolo, apret&#225;ndolo.

&#161;Ay, Hal! -gimi&#243; ella-. &#161;Hazme volar, mi querido se&#241;or!

Y eso hizo &#233;l. Cuando todo acab&#243; y la joven se desmoron&#243; contra el cuello de su amante con un profundo suspiro, &#233;l dijo:

Nunca te olvidar&#233;, mi bella Rosamund, mi amada se&#241;ora de Friarsgate. -La tuvo abrazada lo que pareci&#243; un largo rato-. Debemos salir de nuestro escondite, mi amor. Es hora de que nuestro encuentro llegue a su fin.

Ella se baj&#243; a desgano de &#233;l, se at&#243; la camisa y se puso el corpi&#241;o, que &#233;l le at&#243; cuidadosamente. &#201;l se acomod&#243; la ropa. Entonces, brindaron el uno por el otro y, cuando vaciaron las copas de vino, el rey dijo:

Lleg&#243; la hora, bella Rosamund. Te sacar&#233; de la torre y Walter te acompa&#241;ar&#225; desde el castillo hasta tu posada.

Nos vamos en la ma&#241;ana.

Cuando terminaron de bajar de la torre y entraron en un pasillo ancho, el rey tom&#243; a Rosamund en sus brazos una &#250;ltima vez y la bes&#243; con pasi&#243;n. Se volvi&#243; r&#225;pidamente y, sin otra palabra, desapareci&#243; en las sombras. Ella busc&#243; al sirviente personal del rey, pero no lo vio por ninguna parte. Fue In&#233;s de Salinas la que sali&#243; de entre las sombras del pasillo.

&#161;Los vi! -sise&#243;, furiosa.

No viste nada.

Te vi en brazos del rey haciendo el papel de ramera.

No viste nada -repiti&#243; Rosamund.

&#191;Me vas a negar que estabas besando al rey? &#161;Cuando le cuente a la reina de ti! Friarsgate, amable y recatada, pero no eres mejor que el resto de esas putas inglesas. &#161;Todas buscan progresar acostadas de espaldas, como perras francesas!

Me est&#225;s insultando y no tienes derecho -se defendi&#243; Rosamund-. Si corres a contarle a la reina, la preocupar&#225;s sin necesidad. Puede perder la criatura que lleva en el vientre. &#191;Quieres cargar con ese pecado sobre tu conciencia?

&#161;C&#243;mo te atreves! No fui yo la que estuvo en brazos del rey esta noche, &#191;y t&#250;, t&#250; eres la que no quiere afligir a la reina? &#161;Nunca vi a nadie con tanta osad&#237;a!

No era el rey -minti&#243; Rosamund. Ten&#237;a que decir algo.

&#191;Qui&#233;n era, entonces? -pregunt&#243; In&#233;s, recelosa-. Se parec&#237;a al rey.

No s&#233; c&#243;mo pudiste ver algo en ese pasillo oscuro -respondi&#243; Rosamund, despreocupada.

Si no era ese s&#225;tiro con el que est&#225; casada milady, entonces di el nombre de tu amante, Rosamund Bolton.

Antes de decirte, tienes que jurarme no repetir lo que te cuente. No es mi amante, al menos no en ese sentido. Ha habido un flirteo inofensivo. Nos desped&#237;amos, porque mi primo y yo partimos ma&#241;ana hacia mi casa en Cumbria.

&#191;Qui&#233;n era?

Charles Brandon.

Pues yo jurar&#237;a que era el rey.

Ya sabes c&#243;mo se parecen. Todo el mundo lo dice. Los dos son hombres corpulentos y en la oscuridad es muy posible que los hayas confundido. &#161;Por favor, no me delates! No fueron m&#225;s que unos pocos besos robados y unas caricias. Gracias a la santa Madre que ma&#241;ana me voy de la Corte, de lo contrario, me ver&#237;a envuelta en un pecado venial. No pude evitarlo. Extra&#241;o tanto a mi Owein. -Se sec&#243; los ojos con el pa&#241;uelo, que hab&#237;a sacado del bolsillo que ten&#237;a en la falda. "Seguro que me voy derechito al infierno" -pens&#243;. No pod&#237;a creer que fuera capaz de decir semejante mentira, pero no quer&#237;a hacerle m&#225;s da&#241;o a la reina.

In&#233;s de Salinas suspir&#243;.

Hasta donde yo s&#233;, no eres una mentirosa, Rosamund Bolton, pero sigo convencida de que el hombre al que besaste era el rey.

&#161;Era Charles Brandon, te lo juro! S&#233; que ni t&#250; ni las otras damas de la reina han podido olvidar el mal comportamiento del rey con la hermana del duque de Buckingham, pero yo no soy como ella. &#191;C&#243;mo se iba a fijar el rey en una mujer como yo? El rey, que puede tener a cualquiera, no me elegir&#237;a a m&#237;. Si le cuentas esta historia a la reina, nos avergonzar&#225;s a m&#237; y a Charles Brandon. El rey se enojar&#225; mucho, en especial, si tu vil chismorreo le hace da&#241;o a la reina. Ahora, si me disculpas, voy a salir del castillo y regresar&#233; a mi posada. Tom y yo queremos salir temprano, porque tenemos un largo viaje por delante en los pr&#243;ximos d&#237;as.

&#161;Era el rey! -insisti&#243; la otra, implacable.

&#161;Por supuesto que no! -exclam&#243; y se alej&#243; r&#225;pidamente, lo m&#225;s que pudo, de la espa&#241;ola. "Dios querido -rez&#243; en silencio- que no le diga nada a la reina. &#191;Por qu&#233; le importa tanto? Fuera quien fuese, yo me voy ma&#241;ana". Baj&#243; corriendo las largas escaleras y sali&#243; al patio. All&#237;, a las puertas del castillo, encontr&#243; al sirviente del rey esper&#225;ndola en la oscuridad. Con una antorcha en la mano, la acompa&#241;&#243; por las calles oscuras de la ciudad hasta donde ella se alojaba.

Le advertir&#233; al rey -le dijo Walter.

Rosamund asinti&#243;, pero no dijo nada.

Le dir&#233; lo bien que lo ha protegido jurando que era el se&#241;or Brandon. Fue muy inteligente eso, se&#241;ora, si me permite decirlo. Creo que la confundi&#243; tanto que no dir&#225; nada.

No quiero lastimar a la reina -se excus&#243; Rosamund.

Lo s&#233;, se&#241;ora. Por lo general, los que la lastiman son los que est&#225;n m&#225;s cerca de ella y argumentan hacerle un favor.

Al fin, llegaron a la "Posada de la Corona y el Cisne". Walter dej&#243; a Rosamund en la entrada; ella entr&#243; deprisa y subi&#243; a su habitaci&#243;n, donde la esperaba Annie.

Me quiero meter en la cama. Me ba&#241;ar&#233; por la ma&#241;ana, antes de partir.

Annie asinti&#243;, viendo que su se&#241;ora parec&#237;a muy enojada.

A la ma&#241;ana siguiente Rosamund estaba alica&#237;da y permaneci&#243; as&#237; toda la semana, mientras viajaban hacia el norte por Darby y York hasta Lancaster y, al fin, por su condado, Cumbria. Pasaron la noche en Carlisle, en St. Cuthbert, donde Rosamund tuvo la dicha de saludar a su t&#237;o Richard. Despu&#233;s, continuaron hacia el norte y el este. Al estar tan cerca de su casa, Rosamund no quer&#237;a detenerse. Lord Cambridge se estaba agotando, pero en Friarsgate podr&#237;a descansar.

Me llevar&#225; d&#237;as recuperarme de este ritmo que has impuesto -se quej&#243; &#233;l.

Ella pod&#237;a oler la fragancia de sus tierras. Pens&#243; que la hab&#237;a olvidado, pero no. &#161;Pod&#237;a oler&#237;a! Las colinas eran las de siempre, y de pronto todo a su alrededor comenz&#243; a convertirse en se&#241;ales que ella reconoc&#237;a. El camino llegaba a la cima de una colina. Rosamund se detuvo. &#161;El coraz&#243;n le salt&#243; de alegr&#237;a! Dej&#243; que las l&#225;grimas le corrieran por las mejillas. All&#237; estaba su lago, resplandeciente a la luz del sol de septiembre. &#161;All&#237; estaba su casa! &#161;Su aldea! Friarsgate yac&#237;a a sus pies. Azuz&#243; la montura y galop&#243; hacia ella.

&#191;Amar&#225; alguna vez a alguien como ama a Friarsgate? -le pregunt&#243; lord Cambridge al criado, Sims.

Probablemente no -dijo el pragm&#225;tico hombre.

El grupo sigui&#243; bajando la colina hacia la finca. Thomas Bolton hab&#237;a contratado a dos docenas de hombres armados para escoltarlos desde Nottingham. Al d&#237;a siguiente les pagar&#237;a su salario y regresar&#237;an por donde hab&#237;an venido. Para cuando llegaron a la casa, Rosamund ya estaba abrazando a Edmund, a Maybel y a sus tres hijas, con las l&#225;grimas humedeci&#233;ndole las mejillas.

Maybel la reconfortaba.

Se han portado tan bien. Philippa me hace acordar a ti a esa edad. Es muy servicial y obediente.

Le dieron la bienvenida a lord Cambridge. Fueron a la sala para tomar la comida, que fue sencilla, porque no los esperaban. Despu&#233;s, con las ni&#241;as ya en la cama, se sentaron junto al fuego, a hablar y a beber una sidra reci&#233;n hecha.

Me escribiste que las ovejas hab&#237;an parido una buena cantidad de corderitos este a&#241;o -le dijo Rosamund a Edmund-, pero no me pareci&#243; cuando llegu&#233;. &#191;Hubo alguna enfermedad?

Hablemos de ese asunto por la ma&#241;ana, sobrina. Seguro que est&#225;s cansada del viaje, y el pobre primo Thomas se est&#225; quedando dormido sentado. Por la ma&#241;ana te dar&#233; un informe completo de lo que ha sucedido en tu ausencia.

El tono de su voz la alert&#243; sobre la posibilidad de que algo marchara mal.

Tom ya se durmi&#243;. Quiero saber qu&#233; es lo que me ocultas.

Ma&#241;ana, Rosamund.

&#161;Ahora! -dijo ella, tajante. Su primera visita a la Corte le hab&#237;a ense&#241;ado el valor de las buenas relaciones; la segunda, c&#243;mo ejercer su autoridad.

Edmund Bolton nunca hab&#237;a o&#237;do a su sobrina hablarle con tanta firmeza.

Los escoceses nos han estado robando el reba&#241;o.

&#191;C&#243;mo es posible? Nuestras escarpadas colinas siempre nos han protegido de los merodeadores. &#191;Y qu&#233; hiciste para combatir los robos? &#191;Sabes qui&#233;n es?

Vienen por la noche -comenz&#243; a decir Edmund-, y solo cuando la luna de frontera puede iluminarles el camino. Roban de los prados m&#225;s cercanos a la cima. Mataron a dos de nuestros pastores y estrangularon a sus perros para que no ladraran.

&#191;Cu&#225;ntas ovejas perdimos?

M&#225;s de cien cabezas, Rosamund.

Ella lo mir&#243; at&#243;nito, y luego grit&#243;:

&#161;T&#237;o, eso es intolerable! &#191;Cu&#225;ntas veces vinieron a robar? &#191;Y t&#250; no has hecho nada para impedirlo?

Lord Cambridge ya estaba totalmente despierto.

&#191;Qu&#233; puedo hacer yo? -adujo Edmund, impotente.

Sabes que atacan cuando hay luna llena.

Pero no sabemos d&#243;nde atacar&#225;n. Los reba&#241;os est&#225;n diseminados sobre varias colinas y en muchos prados.

Entonces debemos reunir a las ovejas y separarlas en dos o tres reba&#241;os grandes, para poder controlar mejor la situaci&#243;n. Despu&#233;s, apostaremos guardias con los pastores y fijaremos una se&#241;al para que, cuando lleguen los ladrones, la finca est&#233; avisada. Tendremos mejores posibilidades de atrapar a los ladrones de esa forma. Friarsgate ha sido tenida por inexpugnable, siempre. &#161;Si se sabe que los escoceses nos est&#225;n robando las ovejas, Edmund, s&#243;lo el cielo sabe qu&#233; seguir&#225; despu&#233;s!

Tomar&#225; varios d&#237;as reunir a las ovejas. &#191;D&#243;nde las pondr&#225;s?

Tengo que pensarlo. &#191;Cu&#225;ndo es la pr&#243;xima luna de frontera? No pienso perder ni una sola oveja m&#225;s a manos de esos fronterizos. &#161;Malditos escoceses! Me pregunto si Logan Hepburn no tendr&#225; nada que ver.

No lo s&#233; -le respondi&#243; Edmund, con franqueza.

Ser&#237;a t&#237;pico de &#233;l hacer algo as&#237; para demostrarme que es muy inteligente -murmur&#243; Rosamund-. &#191;Y d&#243;nde queda ese Claven's Carn donde vive, Edmund?

&#191;Por qu&#233;?

&#191;Qu&#233; es una luna de frontera? -pregunt&#243; lord Cambridge.

Porque creo que ha llegado el momento de hacerles una visita a los Hepburn -le respondi&#243; Rosamund a Edmund y agreg&#243;, para su primo-: Es una luna llena muy clara, Tom, cuando tradicionalmente los fronterizos de ambos lados de las colinas salen en sus correr&#237;as, porque entonces pueden ver por d&#243;nde van.

No s&#233; si es buena idea ir a Claven's Carn -opin&#243; Edmund.

&#191;Por qu&#233; no? Dicen que los escoceses me est&#225;n robando los reba&#241;os, pero no sabes si son los Hepburn. Bien, sean ellos o no, creo que le har&#233; una visita a Logan Hepburn, t&#237;o. Si es &#233;l o son sus parientes, se dar&#225; cuenta de que lo sabemos. Tal vez incluso dejen de hacerlo, pues habr&#225; demostrado lo que quiere probar con su comportamiento. Y si no es Logan Hepburn, tal vez &#233;l sepa qui&#233;n es.

&#191;Y crees que te lo dir&#225;?

S&#237;.

&#191;Por qu&#233;? -pregunt&#243; Edmund, pero Thomas Bolton ya se estaba riendo, entendiendo la t&#225;ctica de ella.

Mi querida ni&#241;a, &#161;qu&#233; inteligente eres! Claro que te dir&#225; todo lo que quieras saber. Qu&#233; mala eres al usar al pobre hombre en contra de s&#237; mismo.

Rosamund le sonri&#243; a su primo y se dirigi&#243; a su t&#237;o:

Logan Hepburn dice que est&#225; enamorado de m&#237;. Bien, si lo est&#225;, entonces querr&#225; ayudarme, &#191;no?

No me gusta -advirti&#243; Edmund-. Es deshonesto que te comportes as&#237;, Rosamund.

Maybel intervino.

Tendr&#225;s que mostrarle el camino, Edmund, de lo contrario, se perder&#225;, pues t&#250; sabes que, digas lo que digas, Rosamund ir&#225; a Claven's Carn. -Rosamund le dirigi&#243; una mirada agradecida-. Ser&#225; mejor que vayas ma&#241;ana, ni&#241;a, si ya est&#225;s descansada.

No, ma&#241;ana debemos prepararnos para los ladrones. Al d&#237;a siguiente ir&#233; a Claven's Carn. &#191;Tom, vendr&#225;s con nosotros?

Querid&#237;sima ni&#241;a, &#161;qu&#233; miedo ten&#237;a de que no me invitaras! Claro que ir&#233; contigo. No puedo perderme conocer a tu descarado escoc&#233;s.

La llevar&#225; Mata -dijo Edmund-. Uno de nosotros tiene que quedarse aqu&#237; a supervisar los preparativos.

&#161;De acuerdo! -decidi&#243; Rosamund-. Estoy cansada, y me alegro de dormir en mi cama despu&#233;s de tantos meses. Buenas noches. -Sali&#243; del recinto caminando despacio.

&#191;No ir&#225;s con ella, mi vieja? -le pregunt&#243; Edmund a su esposa.

No. Ahora esa responsabilidad es de Annie.

Te sorprende que haya cambiado -coment&#243; lord Cambridge.

Era hora  asinti&#243; Edmund-, pero me sorprende. Creo que t&#250; le allanaste el camino en la Corte.

Nosotros, los Bolton, no tenemos un nombre grande ni influyente -respondi&#243; Tom-. Tuve una hermana menor que muri&#243; muy jovencita. Rosamund me recuerda a Mary, y he llegado a quererla como a ella. Fue su amistad con la reina la que le allan&#243; el camino. Ya ella les contar&#225; todo, pero la reina la quer&#237;a tanto que le pidi&#243; que le escribiera su correspondencia m&#225;s personal. No documentos oficiales sino las cartas a su padre, a su familia, a sus amigos &#237;ntimos. Dec&#237;a que Rosamund ten&#237;a muy linda letra.

&#161;Ah, cuando se lo cuente a Henry Bolton! -se regode&#243; Maybel.

&#191;Ha estado en Friarsgate? -pregunt&#243; lord Cambridge.

No -respondi&#243; Edmund-. Supo que ella se hab&#237;a ido y escribi&#243; para pedir que le avis&#225;ramos cuando regresara.

No lo hagas, al menos, no todav&#237;a -sugiri&#243; lord Cambridge-. Dale tiempo a Rosamund para ordenar sus asuntos con los Hepburn. Rosamund no necesita m&#225;s problemas, y Henry Bolton es una gran irritaci&#243;n para ella -dijo, con una sonrisa. Se puso de pie-. Seguir&#233; el sabio consejo de mi prima y me ir&#233; a la cama. Buenas noches, primos. -Sali&#243; de la sala.

Me pregunto si no ser&#237;a un buen compa&#241;ero para nuestra sobrina -dijo Maybel, pensativa-. Rosamund dice que se quedar&#225; un tiempo.

No lo creo, mujer. Es como ha dicho &#233;l. Alberga sentimientos fraternales hacia ella. Y creo que ella lo trata como lo habr&#237;a hecho con su hermano. No, haz a un lado esos pensamientos, mujer. Thomas Bolton no es de los que se casan. De eso estoy convencido.

Rosamund se levant&#243; temprano. Comi&#243; enseguida despu&#233;s de la misa y se dirigi&#243; r&#225;pidamente hacia la peque&#241;a habitaci&#243;n privada donde ten&#237;a los registros de la finca. Qued&#243; muy complacida al ver que todo estaba en perfecto orden. Su t&#237;o fue a informarle que ya hab&#237;a dado instrucciones para que reunieran las ovejas en tres grandes grupos en lugar de en peque&#241;os reba&#241;os.

Ponlos en los tres prados alrededor del lago -orden&#243; Rosamund-. No podr&#225;n sacarlos f&#225;cilmente de all&#237;. Y quiero que se preparen fogatas en cada uno de los tres lugares, y hombres armados con los pastores, y m&#225;s perros. Los que sean atacados encender&#225;n su fogata para alertar al resto. &#161;Esos escoceses desgraciados no robar&#225;n m&#225;s ovejas de Friarsgate!

Llev&#243; todo el d&#237;a mover a los muchos reba&#241;os de ovejas de sus pasturas y reubicarlos en los prados que hab&#237;a indicado Rosamund. Faltaban cuatro d&#237;as para la luna llena, pero la se&#241;ora de Friarsgate orden&#243; que estuvieran todos listos para el d&#237;a siguiente. Lord Cambridge, que hizo su aparici&#243;n a primera hora de la tarde, qued&#243; asombrado por la actividad y sorprendido por la autoridad de su prima. Esta era la misma mujer que se hab&#237;a desmayado en los brazos del rey. Su respeto por ella creci&#243; enormemente y, de pronto, se dio cuenta de que solo una mujer con semejante car&#225;cter habr&#237;a sobrevivido a Enrique Tudor sin quedar destruida por &#233;l. Ella hab&#237;a roto la relaci&#243;n, sabiamente, y, por a&#241;adidura, hab&#237;a mantenido la amistad del rey.

Al d&#237;a siguiente partieron rumbo a Claven's Carn, con el padre Mata de gu&#237;a y, extra&#241;amente, de protector, pues nadie atacar&#237;a a un sacerdote. Y menos a un sacerdote emparentado con el mismo Hepburn. Rosamund nunca hab&#237;a traspuesto la frontera y se sorprendi&#243; al ver que el paisaje era similar al de Friarsgate. Anduvieron varias horas bajo un cielo azul brillante, primero, con el sol en la cara y despu&#233;s arriba, calent&#225;ndoles los hombros. Hablaron poco, aunque el sacerdote le hab&#237;a asegurado a Rosamund que de ninguna manera pod&#237;a ser su medio hermano el que le estaba robando las ovejas.

Claven's Carn -dijo al fin el padre Mata, se&#241;alando. Frente a ellos, sobre una colina cubierta de brezos, lo vieron. Un alc&#225;zar de piedra, oscuro y de aspecto muy viejo. Hab&#237;a dos torres. Se acercaron a la construcci&#243;n despacio. Las puertas estaban abiertas, de modo que entraron en el patio. Para sorpresa de Rosamund, Logan Hepburn estaba all&#237;, esper&#225;ndola.

&#191;Le avisaste que ven&#237;amos? -le pregunt&#243; al sacerdote.

S&#237;. No pod&#237;a aparecerse sin aviso, milady, no es una buena costumbre en la frontera. Hepburn querr&#237;a estar aqu&#237;, para esperar su visita, y como tiene otros asuntos que atender, le mand&#233; avisar.

Los ojos azules se fijaron en ella. Ella lo mir&#243; con altivez desde arriba del caballo.

He venido a decirte una cosa, Logan Hepburn. &#161;Si vuelves a robarme las ovejas te har&#233; colgar!

Bienvenida a Claven's Carn -respondi&#243; &#233;l, sonri&#233;ndole. Estir&#243; el brazo y la tom&#243; firmemente de la cintura, para ayudarla a desmontar-. Est&#225;s m&#225;s hermosa que nunca. Y yo no te estoy robando las ovejas.

&#161;Mientes! -le espet&#243; ella.

&#201;l le tom&#243; el ment&#243;n entre el pulgar y el dedo mayor, oblig&#225;ndola a levantar la cabeza, para que lo mirara.

&#161;Yo no miento, se&#241;ora! Ahora dime qui&#233;n es ese petimetre disfrazado que te acompa&#241;a. Si es un esposo nuevo te aviso que tendr&#233; que matarlo aqu&#237; mismo.

Lord Cambridge se ape&#243; del caballo.

Soy su primo, se&#241;or -le dijo a Logan Hepburn. Y agreg&#243;, dirigi&#233;ndose a Rosamund-: Tienes raz&#243;n, querida ni&#241;a. Sus ojos son m&#225;s que azules y verdaderamente bellos.

&#161;Tom!

Logan Hepburn estall&#243; en una carcajada. Le dio una palmada en la espalda a lord Cambridge, haci&#233;ndolo trastabillar, y dijo:

Pasen a la sala. Tengo un buen whisky que guardo para los amigos.

&#161;No voy a entrar en tu casa, maldita sea! He dicho lo que vine a decir y ahora me voy a mi casa.

Logan Hepburn sacudi&#243; con la cabeza.

No ser&#225; f&#225;cil convivir contigo -le dijo. La levant&#243; y entr&#243; en su sala arrastrando a Rosamund, que maldec&#237;a y forcejeaba.

&#161;Su&#233;ltame, maldito bastardo escoc&#233;s! &#161;No quiero entrar en tu casa! &#161;Quiero irme a la m&#237;a! &#161;D&#233;jame en el suelo!

&#201;l la solt&#243;, pero le cerr&#243; la boca con un beso. Rosamund retrocedi&#243;, y lo golpe&#243; de manera tal que le hizo ver las estrellas. &#201;l volvi&#243; a besarla, la rode&#243; con los brazos y la sostuvo con firmeza, apret&#225;ndola contra su cuerpo largo y esbelto. Ella trat&#243; de escabullirse, pero &#233;l la abrazaba con fuerza. Por un momento, ella no pudo respirar, pero despu&#233;s consigui&#243; apartar la cara. &#201;l segu&#237;a abraz&#225;ndola, inmoviliz&#225;ndola, y ella no pod&#237;a pegarle.

&#161;Su&#233;ltame! -exigi&#243; ella entre dientes. Los ojos le echaban chispas.

&#161;Nunca! T&#250; y yo ya hemos jugado a esto, Rosamund Bolton. Te amo, aunque no s&#233; por qu&#233;, pues eres la mujer m&#225;s dif&#237;cil que he visto en mi vida. Quiero que seas mi esposa. He atormentado a mi familia neg&#225;ndome a casarme porque no quiero a nadie m&#225;s que a ti. Ahora ha llegado el momento de que nos casemos y me des un heredero, porque s&#233; que eres capaz, y yo tambi&#233;n, como atestiguan mis muchos hijos bastardos. No te he robado ninguna oveja. Lo &#250;nico que quiero de Friarsgate es a su due&#241;a.

Bien -dijo ella, jadeando-. Maldito seas, Logan Hepburn, no puedo respirar si me aprietas tanto. Si no me est&#225;s robando las ovejas, entonces, &#191;qui&#233;n lo hace? Supongo que hay muchos escoceses para elegir.

&#201;l afloj&#243; el abrazo.

Te ayudar&#233; a encontrar a los culpables, Rosamund -le dijo, con calma-, y despu&#233;s t&#250; fijar&#225;s el d&#237;a para la boda, mi hermosa muchacha de cabellos rojizos.

Yo puedo encontrar a los culpables sola. Ya les puse una trampa. Y no me casar&#233; contigo. No pienso volver a casarme. &#161;C&#243;mo te atreves, Logan Hepburn! No soy una oveja, para que un carnero escoc&#233;s me fecunde. Si quieres herederos, puedes hac&#233;rselo a alguna de las muchachas sencillas a las que les pareces tan maravilloso. &#161;A m&#237; no!

Te quedar&#225;s a pasar la noche -replic&#243; &#233;l, tranquilo.

&#161;Jam&#225;s! -grit&#243; ella, apart&#225;ndose de &#233;l y tir&#225;ndole un golpe que &#233;l apenas pudo esquivar. El pu&#241;o de Rosamund le resbal&#243; en el hombro, y le qued&#243; doliendo.

&#191;Por qu&#233; me conformar&#237;a con una muchachita insulsa cuando puedo tenerte a ti? Me gustan las mujeres con esp&#237;ritu. Las mujeres as&#237; paren hijos e hijas impetuosos.

No tendr&#225;s Friarsgate.

No la quiero. Es de las hijas que tuviste con Owein Meredith. Nuestros hijos tendr&#225;n Claven's Carn, no Friarsgate.

Ahora regresar&#233; a mi casa -concluy&#243; ella y le dio la espalda.

Muy bien. Mis hombres y yo iremos con ustedes, porque no pueden viajar por la frontera tan cerca de la luna llena sin una escolta apropiada. Nos quedaremos con ustedes y los ayudaremos a atrapar a los ladrones.

&#161;No!

&#161;S&#237;! Mata, por lo que m&#225;s quieras, hazla entrar en razones.

Se&#241;ora -comenz&#243; a decir el joven sacerdote, pero Rosamund sali&#243; de la casa sin m&#225;s palabras.

Beba un poco de whisky -le dijo Hepburn a lord Cambridge-. &#191;De verdad es el primo?

S&#237;, lo soy &#191;Pero no la va a detener? -Thomas Bolton estaba algo nervioso.

No puede ir a ninguna parte hasta que no le traigan el caballo, y no se lo dar&#225;n hasta que yo no d&#233; la orden. Mata, encuentra a mis hermanos y diles que re&#250;nan a los hombres y se alisten para partir de inmediato. -Sirvi&#243; dos copas de whisky y le dio una a lord Cambridge-. &#191;C&#243;mo diablos es su nombre?

Thomas Bolton, lord Cambridge, a su servicio, se&#241;or.

&#191;Y est&#225; enamorado de ella? -pregunt&#243; Logan Hepburn.

Lord Cambridge ri&#243;.

No, aunque la quiero. Me recuerda a una hermana que perd&#237;. &#191;De verdad piensa casarse con ella? &#191;Tiene claro que no es una mujer f&#225;cil? -Bebi&#243; el whisky y se atragant&#243; por lo fuerte que era.

S&#237; -dijo Logan Hepburn-. Yo hago el whisky en mi propio alambique. &#191;Le gusta?

Oh, es estupendo -dijo lord Cambridge, pregunt&#225;ndose si la bebida le hab&#237;a levantado toda la piel de la garganta o solo la primera capa.

El joven sacerdote regres&#243;.

Los hombres est&#225;n listos, Logan, y Rosamund est&#225; caminando porque no le dieron su yegua.

Salieron al patio, montaron los caballos y encontraron a Rosamund a casi un kil&#243;metro camino abajo, adusta y decidida. Los parientes del Hepburn la rodearon y Logan dijo, muerto de risa:

S&#250;base a su caballo, se&#241;ora. Llegaremos a Friarsgate mucho m&#225;s r&#225;pido si lo hace. -Se baj&#243; de su montura y la subi&#243; a la suya. Cuando llegaron a la casa acababa de caer el sol y el crep&#250;sculo todav&#237;a iluminaba el cielo. Edmund sali&#243; a recibirlos.

Dice que no es nuestro ladr&#243;n, aunque yo no estoy tan segura de creerle -dijo Rosamund mientras se apeaba.

Vinimos a ayudar -asegur&#243; Logan Hepburn.

Gracias, se&#241;or -respondi&#243; Edmund Bolton.

&#161;Supongo que no le creer&#225;s! -exclam&#243; Rosamund-. T&#250; espera. Ya vas a ver que vendr&#225; la luna llena y nadie nos robar&#225; los reba&#241;os.

Yo le creo -dijo Edmund-. Se sabe que es un hombre honorable, sobrina.

Que alojen a sus hombres en los establos. Pueden venir a la casa a comer -acept&#243; ella, y entr&#243;.

Dice que se va a casar con ella -coment&#243; lord Cambridge mientras desmontaba de su caballo castrado-. Y ya hacen guerra de palabras, como si fueran marido y mujer.

Claro que voy a casarme con ella -dijo Logan Hepburn, implacable.


En los dos d&#237;as siguientes, los hombres de Logan Hepburn permanecieron en los establos y la casa, durmiendo, comiendo y jugando a los dados. Finalmente, una noche apareci&#243; la luna llena y arroj&#243; una luz muy n&#237;tida sobre los campos. En los prados donde ahora pac&#237;an, los reba&#241;os eran f&#225;cilmente visibles. El lago que bordeaba los prados reluc&#237;a como plata con la luna en el medio del cielo. Rosamund y Logan Hepburn estaban escudri&#241;ando la noche por el vidrio de la habitaci&#243;n privada de ella en el segundo piso de la casa.

&#161;All&#225;! -murmur&#243; &#233;l de pronto-. Mira la ladera de la izquierda. &#191;Ves esas sombras que bajan? Creo que nuestros amigos han llegado. Vamos, muchachita, vamos a ver qui&#233;nes son.

Ella no discuti&#243;, sino que lo sigui&#243;. Los caballos los esperaban junto con los parientes del escoc&#233;s.

Tom -le dijo Rosamund a su primo-, si me sucede algo, te dejo a mis hijas para que las cuides. Prom&#233;temelo.

Maybel sollozaba.

Deja eso, mujer -le dijo su sobrina-. No va a suceder nada, pero &#233;l es m&#225;s joven que t&#250;, y puede hacer que el rey lo favorezca a &#233;l y no al t&#237;o Henry. Padre Mata, bend&#237;ganos, y confirme mis deseos si es necesario.

S&#237;, milady -dijo el joven cl&#233;rigo, y bendijo al grupo.

Salieron despacio, con cuidado, para que los ladrones no se dieran cuenta de que los hab&#237;an descubierto. A medio camino, una fogata se encendi&#243; en uno de los prados. Eso significaba que los ladrones estaban dentro del c&#237;rculo de las ovejas. Logan Hepburn levant&#243; la mano y todos espolearon sus caballos y echaron a galopar. Dentro del c&#237;rculo, los pastores de Friarsgate y sus compa&#241;eros ya estaban en una lucha mano a mano contra los ladrones. Los perros ladraban y atacaban cuando se les ordenaba. Antes de que los hu&#233;spedes indeseables pudieran escapar, los parientes del Hepburn reforzaron el c&#237;rculo, y la batalla termin&#243; pronto: el enemigo fue desarmado y obligado a arrodillarse ante la se&#241;ora de Friarsgate.

Rosamund desmont&#243; y se acerc&#243; a los ladrones arrodillados. De pronto, vio una cara que reconoci&#243;. Estir&#243; el brazo y agarr&#243; una cabeza de espesos cabellos y la hizo levantar.

&#161;Mavis Bolton! -exclam&#243;, muy sorprendida.

Me est&#225;s lastimando -exclam&#243; Mavis.

&#161;Suelta a mi madre! -dijo una voz joven junto a Mavis.

Caramba, primo Henry, c&#243;mo has crecido -le dijo Rosamund al muchachito arrodillado junto a Mavis.

&#201;l la mir&#243;, con los ojos llenos de odio.

Rosamund ri&#243;.

&#191;Sabe tu padre lo que est&#225;s haciendo, joven Henry? &#191;O mi t&#237;o tambi&#233;n est&#225; entre ustedes?

&#191;Ese?-dijo Mavis, despectiva-. Qu&#233; ocurrencia.

&#191;Por qu&#233; me has estado robando las ovejas, desgraciada?

Porque estaban ah&#237;. Porque todo lo que dice ese viejo in&#250;til que se hace llamar mi esposo es que Friarsgate tendr&#237;a que ser suya, no tuya. Bien, como no es lo bastante hombre para quit&#225;rtela, yo decid&#237; que la tomar&#237;a de a poquito. Otterly es un lugar pobre, y no se har&#225; m&#225;s rico bajo la pesada administraci&#243;n de Henry Bolton. &#161;Estoy cansada de ser pobre! Mis muchachos y mis hijas se merecen algo mejor. &#191;Por qu&#233; t&#250; tienes que tenerlo todo? -Mir&#243; a Rosamund con odio.

Mataste a dos de mis pastores en incursiones anteriores -dijo Rosamund, fr&#237;amente-. Podr&#237;a hacerte colgar, pero no lo har&#233;. A cambio, pagar&#225;s una indemnizaci&#243;n, es decir, mi t&#237;o la pagar&#225;, a las familias de los hombres cuyas vidas sustrajiste. Y tambi&#233;n pagar&#225;s por los perros. -Se dirigi&#243; a Logan Hepburn-: Se&#241;or, &#191;querr&#237;as transportar a esta desgraciada, su hijo y los otros, a Otterly Court, y le contar&#225;s a mi t&#237;o lo que ha sucedido? Dile que mi gente ir&#225; ma&#241;ana a buscar mis ovejas. Exigimos que pague la multa enseguida. &#201;l y su familia tienen prohibido volver a pisar mis tierras. Matar&#233; a quien lo haga.

Para m&#237; ser&#225; un placer servirla, se&#241;ora -dijo Logan Hepburn con una peque&#241;a inclinaci&#243;n. Enseguida le dirigi&#243; una mirada picara-. Siempre he pensado que ser&#237;a lindo casarme durante los Doce D&#237;as de Navidad, Rosamund Bolton. Soy Logan por la familia de mi madre, pero mi nombre cristiano es Esteban. Vendr&#233; a buscarte el d&#237;a de ese santo, y nos casaremos.

No voy a casarme contigo.

Ah, s&#237;, claro que lo har&#225;s. Tienes tres meses para prepararte, Rosamund Bolton -hizo una se&#241;a a sus hombres, reuni&#243; a los prisioneros y comenz&#243; a llevarlos colina arriba hacia Otterly.



EP&#205;LOGO

El d&#237;a de San Esteban Friarsgate, 

26 de diciembre de 1511


No est&#225; aqu&#237;, se&#241;or -dijo Edmund Bolton, disculp&#225;ndose.

Logan Hepburn se hallaba en la sala de Friarsgate, con sus parientes a sus espaldas y sus hermanos al lado. Los gaiteros estaban listos. Suspir&#243; profundamente pero &#233;l ya sab&#237;a que casarse no ser&#237;a f&#225;cil.

&#191;Adonde fue? -pregunt&#243;, al ver que sus tres hijas estaban all&#237;.

A Edimburgo, con sir Thomas. Hace unas semanas lleg&#243; una invitaci&#243;n de la reina Margarita para ambos. Y ella dijo que, ya que hab&#237;a visto la Corte del rey Enrique, bien pod&#237;a ver la Corte del rey Jacobo, porque, &#191;d&#243;nde, si no, podr&#237;a volver a ponerse sus finos trajes? Por cierto no en la sala del alc&#225;zar de piedra de usted.

Logan Hepburn ri&#243;.

Es una sinverg&#252;enza muy inteligente, Edmund. Se me escap&#243; otra vez. Puede que ella conozca a la reina de Escocia, pero yo conozco al mismo Jaime Estuardo. En Edimburgo la ventaja ser&#225; m&#237;a. Esa sinverg&#252;enza no se me volver&#225; a escapar, te lo juro. -Se dirigi&#243; a sus hombres-: Vamos, muchachos. Ma&#241;ana salimos para Edimburgo.

Buena caza, se&#241;or -dijo Edmund Bolton y Maybel le dio una palmada a su esposo en el brazo.

Logan Hepburn volvi&#243; a re&#237;r. Ella era una esposa que val&#237;a la pena tener y pon&#237;a a Dios por testigo de que alg&#250;n d&#237;a, muy pronto, se casar&#237;a con la bella Rosamund.



Bertrice Small

Nacida en Manhattan, Bertrice Small ha vivido al este de Long Island durante 31 a&#241;os, lugar que le encanta. Sagitaria, casada con un piscis, sus grandes pasiones son la familia, sus mascotas, su jard&#237;n, su trabajo y la vida en general.

Es autora de 41 novelas, 36 de ellas hist&#243;ricas, 3 de fantas&#237;a y 2 de romance contempor&#225;neo, adem&#225;s de 4 historias cortas de tem&#225;tica er&#243;tica. Los libros de Bertrice han figurado en lo m&#225;s alto de las listas de ventas, siendo la autora una habitual del New York Times, el Publishers Weekly, el USA Today, y el L.A. Times.

Ha recibido numerosos premios entre los que destaca el Romantic Times por toda su carrera en 2004, un Silver Pen, un Golden Leaf y varios Romantic Times concedidos por los lectores. Bertrice Small es una autora muy involucrada con la comunidad literaria y es miembro, entre otros, de The Authors Guild, Romance Writers of America, PAN, y PASIC, una secci&#243;n de RWA dedicada a ayudar a nuevos escritores.



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notes

[1]: #_ftnref1 En espa&#241;ol en el original. (N. de la T.)


[2]: #_ftnref2 En espa&#241;ol en el original.


[3]: #_ftnref3 En ingl&#233;s, May designa el mes de mayo y tambi&#233;n se usa como nombre propio (N. de T.)

