




Laurell K. Hamilton


El Coraz&#243;n Del Mal


Ravenloft, N&#186; 11

T&#237;tulo original: Death of a Darklord

Primera edici&#243;n: noviembre de 2007

 Traducci&#243;n: Ana Duque de Vega, 2007


Para Baby Bird, que muri&#243; mientras escrib&#237;a este libro. Es la primera novela que escribo, sin ella sobre mi hombro. Con ella se fue un poco de la magia de mi vida.





Cap&#237;tulo 1

El cr&#225;neo estaba sobre la mesa, reluciente bajo la d&#233;bil luz del sol. Era una pieza de hueso ya vieja, limpia y seca, de aspecto humano hasta que uno la cog&#237;a entre las manos y la examinaba. Las cuencas de los ojos eran enormes, casi tan grandes como las de un ave rapaz; los fuertes dientes, amarillentos y afilados. En la parte frontal &#233;stos adoptaban la forma de colmillos, concebidos para perforar la carne y derramar sangre.

Calum Songmaster recordaba el aspecto que aquel ser hab&#237;a tenido en vida. Algo parecido a una mezcla entre halc&#243;n y lobo y lo que hab&#237;a quedado de humano de la criatura de anta&#241;o. El hombre hab&#237;a sido Gordin Smey, un amigo, un camarada en la lucha contra el mal. Con lo que conservaba de su propia mente, de su dignidad, hab&#237;a suplicado a Calum que acabara con su vida. Y Calum lo hab&#237;a hecho. Gordin hab&#237;a sido un buen hombre, casado y con hijos. Hab&#237;a eliminado a gran cantidad de monstruos, pero al final se hab&#237;a convertido en uno de ellos. Calum hab&#237;a decidido guardar el cr&#225;neo como recordatorio de que el pa&#237;s de Kartakass pod&#237;a corromper a cualquiera.

Ahora yac&#237;a entre los suaves y asfixiantes pliegues de su lecho de enfermo, apoyado de lado como un trozo de carne preparada para el asador, s&#243;lo que en vez de un pincho eran las almohadas y los edredones los que lo manten&#237;an en su sitio. Por lo dem&#225;s, parec&#237;a igualmente ensartado. Desvi&#243; la mirada hacia el cr&#225;neo de su amigo fallecido hac&#237;a ya mucho tiempo, mientras sent&#237;a envidia por su r&#225;pida muerte.

Calum hab&#237;a sobrevivido a todos los representantes del mal durante ochenta a&#241;os. Hab&#237;a vivido una &#233;poca prodigiosa, digna de ver. Abyecta hechicer&#237;a, monstruos, bestias, ladrones, mala gente de toda cala&#241;a. Y hab&#237;a conseguido sobrevivir a todo ello. Pero de la vejez no era tan f&#225;cil escapar.

Durante muchos meses hab&#237;a sido incapaz de sentarse en su escritorio para trabajar. El dolor de la enfermedad que lo corro&#237;a por dentro convert&#237;a cada uno de sus movimientos en un tormento. Hab&#237;a sido un hombre alto y fuerte, pero ahora era tan s&#243;lo un manojo de huesos revestidos por un pellejo. Hab&#237;a ordenado a su ama de llaves que quitase el espejo de su cuarto, porque ya no reconoc&#237;a a la fr&#225;gil criatura que le devolv&#237;a la mirada. En su mente segu&#237;a siendo joven y fuerte, pero los espejos no mienten, as&#237; que decidi&#243; desterrar aquel acusador pedazo de cristal. El dolor, y lo que &#233;l alcanzaba a ver de su propio cuerpo, ya cumpl&#237;an con su funci&#243;n de recordatorio.

Sus amigos hab&#237;an ido a visitarlo. Sus verdaderos amigos. &#201;sa era la raz&#243;n de que estuviera recostado, para poder verlos sin tener que moverse, para no tener que contarles que hasta el m&#225;s m&#237;nimo movimiento le dol&#237;a. Su ama de llaves era buena para estas cosas. Calum lo hab&#237;a preparado todo para dejarle la casa y el dinero que ten&#237;a ahorrado. Despu&#233;s de veinte a&#241;os, se merec&#237;a mucho m&#225;s, pero era todo lo que pose&#237;a. La lucha contra el mal no era un negocio especialmente lucrativo.

Su mejor amigo estaba sentado en una silla al lado de su lecho. Jonathan Ambrose tambi&#233;n hab&#237;a envejecido. Ten&#237;a casi cincuenta a&#241;os y la barba encanecida. Los cabellos hab&#237;an retrocedido hasta formar un fino c&#237;rculo que manten&#237;a siempre rasurado. La moda era dejarse el pelo largo, pero Jonathan nunca hab&#237;a demostrado excesivo inter&#233;s por la moda. Llevaba una sencilla toga marr&#243;n, limpia y bien remendada, pero absolutamente modesta. Nadie llevaba togas hasta el tobillo desde hac&#237;a una d&#233;cada, pero Jonathan las encontraba c&#243;modas. Sus claros ojos azules miraron a Calum. Su rostro emanaba tranquilidad y calma. No mostraba el menor &#225;pice de horror o de compasi&#243;n. Calum se sent&#237;a agradecido por ello; pero, al mismo tiempo, eso lo irritaba.

Al observarlo, parec&#237;a que la presencia de Jonathan no obedec&#237;a a ninguna raz&#243;n especial. Calum deseaba gritar: &#191;No te das cuenta de que me estoy muriendo? &#161;Muriendo!. Estaba molesto porque su amigo pod&#237;a mirarlo a la cara sin mostrar el dolor que ve&#237;a en tantos otros rostros. Entonces, &#191;por qu&#233; se hab&#237;a enfadado con su ama de llaves al verla llorar aquella misma ma&#241;ana?

Calum profiri&#243; un suspiro. Nada pod&#237;a satisfacerlo. Quer&#237;a que todo el mundo supiera de su dolor y se compadeciera de &#233;l, pero que al mismo tiempo no lo manifestara. O sea, que quer&#237;a costal y casta&#241;as.

Soy un viejo cascarrabias -dijo Calum con una voz chirriante que apenas pudo reconocer como suya.

Jonathan sonri&#243; con la misma sonrisa amable de siempre.

Eso nunca lo conseguir&#225;s.

Calum no tuvo m&#225;s remedio que sonre&#237;r. La ira se disip&#243;. De pronto se sent&#237;a alegre por aquella visita. &#191;Acaso aquellos cambios de humor repentinos eran un indicio de la proximidad de la muerte? No pod&#237;a saberlo a ciencia cierta; al fin y al cabo, era la primera vez que mor&#237;a.

En una peque&#241;a silla, la misma que sol&#237;a utilizar su ama de llaves para coser mientras le hac&#237;a compa&#241;&#237;a, se encontraba la &#250;nica mujer, aparte de la susodicha, que contaba con su permiso para verlo en ese estado. Teresa era alta, &#225;gil y morena. Su espesa melena negra enmarcaba las facciones de su rostro como una nube de cuervos. La t&#250;nica corta que llevaba, m&#225;s a la moda, era de color escarlata, acompa&#241;ada de unos pantalones bombachos de color verde esmeralda brillante y botas negras. Ten&#237;a un pie apoyado en la silla, y se sujetaba la rodilla con sus fuertes manos. El cintur&#243;n, del cual pend&#237;a una espada corta y varias bolsas, era negro, pero estaba profusamente bordado y brillaba como un arco iris. Jonathan llevaba un cinto similar, que hac&#237;a que su toga marr&#243;n pareciera todav&#237;a m&#225;s tosca. Pero ambos cinturones eran obra de Teresa, y por eso Jonathan nunca olvidaba el suyo.

No hab&#237;a m&#225;s sillas, por lo que Konrad Burn permanec&#237;a de pie detr&#225;s de los dem&#225;s. Era el m&#225;s joven de todos, no deb&#237;a de llegar a la treintena. Su rostro hab&#237;a sido hermoso tiempo atr&#225;s. Ten&#237;a unos penetrantes ojos verdes que brillaban como piedras preciosas, y llevaba su cabellera casta&#241;a recogida con una tira de cuero. Iba completamente ataviado con prendas de cuero en varias tonalidades de marr&#243;n que armonizaban con la tez oscura y la piel morena de los brazos. Un hacha pend&#237;a de la cadera, y llevaba un peque&#241;o escudo a la espalda.

Calum no estaba seguro de qu&#233; era lo que hab&#237;a cambiado en el joven. Su rostro bien afeitado a&#250;n no mostraba arrugas, pero tampoco vida. Era como si estuviera mirando un cuadro de mala calidad que representaba a un hombre, pero que no transmit&#237;a vida. &#218;nicamente sus ojos brillantes parec&#237;an estar vivos y llenos de ira; la mujer de Konrad y su socio hab&#237;an sido asesinados hac&#237;a dos a&#241;os.

El cuerpo de Calum se estaba muriendo, pero su mente y su esp&#237;ritu ped&#237;an a gritos la vida. Por el contrario, el cuerpo de Konrad segu&#237;a sano y fuerte, pero su mente y su esp&#237;ritu aguardaban la muerte. Konrad viv&#237;a, pero s&#243;lo en cuanto a los movimientos estrictamente necesarios. Calum se habr&#237;a cambiado por &#233;l sin dudar. Se pregunt&#243; si el joven habr&#237;a accedido.

Lo gemelos est&#225;n fuera -dijo Jonathan-. Desean verte.

No -respondi&#243; Calum-. Son demasiado j&#243;venes para presenciar c&#243;mo acaba la vida.

Jonathan le asi&#243; la mano con suavidad, y oprimi&#243; la fr&#225;gil carne.

No siempre acaba as&#237;, Calum. Y t&#250; lo sabes.

Entonces, &#191;por qu&#233; debe acabar as&#237; la m&#237;a? -Las l&#225;grimas ardientes le anegaron los ojos. Intent&#243; no pesta&#241;ear, oblig&#225;ndose a mantener los ojos bien abiertos. Llorar hubiera sido el colmo del rid&#237;culo. Sigui&#243; hablando con voz entrecortada y se odi&#243; por ello-. He sido un buen hombre, &#191;no es as&#237;, Jonathan?

Sigues siendo un buen hombre, Calum. -Jonathan le apret&#243; la mano como si con ello pudiera ayudarlo.

Calum se aferr&#243; a la mano, mientras las traicioneras l&#225;grimas le rodaban por las mejillas.

He luchado contra el mal en esta tierra durante toda mi vida. Pero no ha servido de mucho.

Eres Calum Songmaster, uno de los m&#225;s grandes bardos de Kartakass. Podr&#237;as haber sido un maestro cantor en cualquier pueblo o ciudad, si as&#237; lo hubieras querido. Podr&#237;as haber vivido rodeado de lujos, pero preferiste servir a todo el pa&#237;s. Encontrar y destruir el mal, servir a la hermandad.

Pero &#191;qu&#233; consegu&#237;, Jonathan? El mal sigue reinando en este pa&#237;s. La hermandad no est&#225; m&#225;s cerca de descubrir qu&#233; o qui&#233;n envenena Kartakass. La corrupci&#243;n me sobrevivir&#225;, Jonathan. Crecer&#225; y prosperar&#225;, y yo estar&#233; muerto.

&#191;C&#243;mo puedes decir eso? -repuso Jonathan.

Teresa se arrodill&#243; al lado de la cama.

Eres Calum Songmaster, el que derrot&#243; a los vampiros de Yurt. Calum Songmaster, el que elimin&#243; a la gran bestia de Pe&#237;; el salvador de Kuhl.

Al mirar en el fondo de los ojos oscuros de la mujer, Calum casi pudo sentir que la sangre le corr&#237;a con m&#225;s fuerza. Por un instante dej&#243; de ser un anciano en el final de sus d&#237;as, para volver a ser el joven Calum, el Songmaster que hab&#237;a domesticado el lado salvaje y dado muerte a los monstruos que le hab&#237;an tocado en suerte.

El dolor rugi&#243; desde su vientre. Una marea roja y abrasadora de dolor que inundaba su cuerpo y devoraba su mente. La &#250;nica opci&#243;n era soportarlo. Era vagamente consciente de la mano que Jonathan ten&#237;a aferrada a la suya, pero el resto del mundo se desvanec&#237;a mientras se estremec&#237;a con los temblores del dolor.

Estaba tumbado en el lecho, d&#233;bil y jadeante, con el cuerpo empapado en sudor. Su mano, ahora fl&#225;cida, era incapaz de sostener la de Jonathan. &#201;ste asi&#243; la mano temblorosa entre las suyas. Una sola l&#225;grima se abri&#243; paso a trav&#233;s de la barba.

Teresa lo miraba fijamente; ni una l&#225;grima. Pero Calum atisbo un profundo dolor en sus ojos. Nunca la hab&#237;a visto llorar. Se alegr&#243; de que aqu&#233;lla no fuera la primera vez.

Konrad se hab&#237;a apartado de la cama, con los brazos cruzados y una mirada indefinida en sus ojos airados.

Deja que entren los dem&#225;s. Necesitan decirte adi&#243;s. -La voz de Jonathan era un rumor sordo y suave.

No -dijo Calum jadeando. Quer&#237;a acompa&#241;ar su negativa con un movimiento de cabeza, pero se sent&#237;a demasiado d&#233;bil. Ya casi no pod&#237;a hablar-. Los j&#243;venes no deben verme as&#237;.

Te quieren, Calum.

Se asustar&#225;n si me ven as&#237;, se asustar&#225;n. '

Jonathan no quiso llevarle la contraria. Alz&#243; la mano de Calum con sumo cuidado hasta que &#233;sta le roz&#243; el rostro, y presion&#243; la d&#233;bil carne contra la barba.

Siempre has sido un buen amigo, Calum. Me gustar&#237;a poder ayudarte en esto.

&#191;Quieres que vaya a buscar al ama de llaves? -Pregunt&#243; Konrad-. Dijo que el doctor estar&#237;a aqu&#237; en seguida. -Parec&#237;a que ten&#237;a ganas de irse, como si tuviera algo que hacer aparte de observar el trance de la muerte.

Ve -dijo Calum.

Konrad no esper&#243; a que Calum insistiera. Se march&#243; a grandes zancadas, con soltura, maquinalmente. Calum lo odi&#243; en ese momento por ello.

El ama de llaves entr&#243; en la habitaci&#243;n. Era una mujer diminuta y entrada en carnes, con el pelo recogido en la coronilla en un mo&#241;o perfecto. Sonri&#243; a todos los presentes como si no pasara nada. Siempre que hab&#237;a alguien delante, se mostraba animada. En privado, hab&#237;a conseguido reconocer los diferentes estados de &#225;nimo de Calum. Cuando necesitaba compasi&#243;n, se la daba. Y lo mismo cuando necesitaba un punto de vista pr&#225;ctico. Calum hab&#237;a llegado a amar aquel rostro sencillo y sonriente.

El doctor entr&#243; tras ella. Era un hombre de peque&#241;a estatura, encorvado, que luc&#237;a una melena blanca como la nieve. Habr&#237;a parecido incluso anciano si Calum no le hubiera llevado veinte a&#241;os. La expresi&#243;n de su rostro era profesionalmente alentadora. Ninguna emoci&#243;n se har&#237;a patente en su cara o en su cuerpo a menos que &#233;l mismo as&#237; lo deseara. Calum envidiaba su capacidad de autocontrol.

Lo siento, pero las visitas deben irse ahora -dijo el doctor-. Tengo que ver c&#243;mo est&#225; nuestro amigo.

Jonathan le apret&#243; la mano.

Te ver&#233; pronto, Calum.

Calum mir&#243; fijamente el rostro de su amigo, pero no respondi&#243;. Ambos eran conscientes de que quiz&#225; aquella vez ser&#237;a la &#250;ltima.

Teresa lo bes&#243; en la frente con sus suaves labios. Su larga melena se abr&#237;a en abanico enmarc&#225;ndole el rostro, con un aroma de hierbas: pino, romero, dulce lavanda. Pronunci&#243; unas palabras en su musical y gutural lengua materna. Acaso una bendici&#243;n, o tal vez una maldici&#243;n, poco importaba ahora.

Konrad no regres&#243;. Ni siquiera para despedirse. Nunca se hab&#237;a sentido c&#243;modo en la cercan&#237;a de la enfermedad. Calum habr&#237;a deseado que ninguno de ellos lo hubiera visto as&#237;. El hecho de que Konrad no se hubiera despedido de &#233;l despert&#243; su ira.

La visita del doctor fue piadosamente breve. Le dej&#243; otro frasco de su medicina, para lo que pudiera servir, y abandon&#243; la estancia, siempre agradable, siempre sonriente. &#191;Qu&#233; se les dice a un paciente que se est&#225; muriendo, y todos a su alrededor lo saben?

El ama de llaves sali&#243; tras el doctor. Acompa&#241;ar&#237;a a los amigos de Calum hasta la puerta, no sin antes comprobar que todos estuvieran servidos, con una taza de t&#233; o un bocadillo. Su mirada se detuvo en la pared del fondo y el brillante tapiz que la recubr&#237;a. Por un momento, su rostro afable se torci&#243; en una mueca de desaprobaci&#243;n. Despu&#233;s cerr&#243; la puerta tras ella.

En el silencio de la habitaci&#243;n, el tapiz fue apartado con un ruido sordo y blando. Un hombre alto y esbelto se abri&#243; paso a trav&#233;s de la entrada oculta. Su larga y gruesa cabellera era tan oscura que bajo la tenue luz del sol presentaba reflejos azulados. La barba y el mostacho cuidadosamente recortados enmarcaban un rostro atractivo, por el que algunas mujeres suspirar&#237;an en momentos rom&#225;nticos. Entr&#243; desliz&#225;ndose en la estancia con sus andares gr&#225;ciles y briosos. Fuera a donde fuera siempre entraba de ese modo, como si se tratase de sus aposentos privados, como si siempre llevase consigo su propio reino a su alrededor, de manera que siempre se sent&#237;a como en casa, a sus anchas.

Vest&#237;a una camisa de seda blanca, y sobre ella un chaleco rojo escarlata bordado en oro. Tambi&#233;n eran del mismo color los pantalones, metidos en unas resplandecientes botas negras. De la cadera pend&#237;a una espada ropera. En la mano, adornada con varios anillos destellantes, llevaba un sombrero a juego con una vistosa pluma negra.

Y bien, Calum, &#191;qu&#233; opinas ahora de tu joven amigo?

Su voz era la de un sonoro tenor, y conten&#237;a algo de la musicalidad con la que se ganaba la vida.

Calum estaba recostado sobre la espalda, sostenido por varios cojines que lo obligaban a mirar a aquel hombre.

&#191;Has venido a susurrar m&#225;s mentiras a mis o&#237;dos?

No se trata de mentiras, amigo m&#237;o, sino de promesas.

&#191;Qu&#233; quieres de m&#237;, Harkon?

Tu ayuda. -Harkon Lukas deposit&#243; el sombrero a los pies de la cama y se apoy&#243; en uno de sus pilares.

No puedo traicionar a mis amigos.

Harkon sonri&#243; y su blanca dentadura brill&#243; en su tez morena.

Te di mi palabra de que ninguno de los dem&#225;s saldr&#225; perjudicado. S&#243;lo quiero a Konrad Burn.

&#191;Por qu&#233; a &#233;l?

Harkon se encogi&#243; de hombros, un gesto en cierta manera gracioso en un hombre de aquella estatura.

Es atractivo, joven, fuerte; puede viajar m&#225;s all&#225; de las fronteras de Kartakass. No puedes negarme que, como bardo, nunca deseaste escapar a esta prisi&#243;n, recorrer los pa&#237;ses de los que te hablaron tu amigo Jonathan y su mujer gitana. Las canciones que podr&#237;a cantar. Las historias que todav&#237;a quedan por narrar. Piensa en ello, Calum.

Pero &#191;por qu&#233; poseer su cuerpo? &#191;Qu&#233; ser&#225; de Konrad cuando t&#250; est&#233;s en su interior?

&#201;l se quedar&#225; con mi cuerpo.

Harkon se desliz&#243; alrededor del lecho. Calum s&#243;lo pod&#237;a mover los ojos para intentar seguir al bardo.

&#191;No crees que es un cambio justo?

Calum en efecto as&#237; lo cre&#237;a. El cuerpo de Harkon tambi&#233;n era fuerte y sano.

Si en verdad dispones de un hechizo que pueda intercambiar vuestros cuerpos sin que Konrad salga perjudicado, &#191;por qu&#233; no le preguntas a &#233;l? &#191;Por qu&#233; no pedir su colaboraci&#243;n?

&#191;Realmente crees que aceptar&#237;a? &#191;Nuestro airado y honorable Konrad?

&#191;Acaso alguien aceptar&#237;a?

Harkon tom&#243; asiento al borde del lecho. Ese simple movimiento hizo que Calum diera un grito ahogado.

Ay, amigo m&#237;o -dijo Harkon-, &#191;acaso te hice da&#241;o al sentarme? -Se inclin&#243; hacia adelante con semblante preocupado.

Calum no quer&#237;a que aquel hombre lo tocara. Sab&#237;a que la mirada de preocupaci&#243;n desaparecer&#237;a al instante, ahuyentada por cualquier nueva emoci&#243;n que irrumpiera en la mente de Harkon. Era tan voluble como una brisa primaveral, e igualmente poco fiable.

La mano de Harkon volvi&#243; a descansar en su regazo. Sonri&#243; a Calum.

Encontr&#233; un cuerpo para ti. Un hombre de algo m&#225;s de veinte a&#241;os. Alto, fuerte, de buena salud, atractivo. Es un poco m&#225;s bajo de lo que eras en tu juventud, m&#225;s delgado, pero tal vez incluso un poco m&#225;s atractivo.

Volver a la juventud, con toda la vida por delante, y la sabidur&#237;a de un anciano; abandonar su cuerpo atormentado por el dolor. Era una oferta tentadora, y Harkon lo sab&#237;a. &#191;Por qu&#233; no?

Calum se humedeci&#243; los labios.

&#191;Y qu&#233; ser&#225; de ese joven, si yo me quedo con su cuerpo?

Por supuesto, tomar&#225; el tuyo.

Morir&#225; de una forma horrible.

&#191;Te est&#225;s muriendo? -Harkon se puso en pie y retrocedi&#243; hasta el pie del lecho.

S&#237;.

Pero, Calum, &#191;acaso no ten&#237;as la intenci&#243;n de devolver el cuerpo al muchacho, al igual que yo pienso devolver a Konrad el suyo?

Calum observ&#243; el hermoso rostro. Los ojos oscuros se burlaban de &#233;l. Sab&#237;a que, una vez que hubiera probado la libertad de un cuerpo nuevo y sano, en ning&#250;n caso querr&#237;a regresar a la mortaja que era el suyo propio. Quer&#237;a vivir. Pero &#191;a qu&#233; precio?

Nadie aceptar&#225; semejante trato.

Te garantizo que el joven s&#237;.

&#191;C&#243;mo podr&#237;a querer regresar a este sufrimiento cuando vuelva a ser libre? -Calum cerr&#243; los ojos-. No ser&#237;a lo suficientemente fuerte para tomar esa decisi&#243;n.

Entonces deber&#225;s tomar otra distinta, Songmaster -repuso Harkon.

Calum abri&#243; los ojos para encontrarse con la alta figura que se alzaba sobre &#233;l.

&#191;Qu&#233; quieres decir?

Harkon le ofreci&#243; su consabida sonrisa.

Quedarte con el cuerpo, volver a ser joven y sano. Escapar de este caparaz&#243;n de muerte.

&#191;Y qu&#233; hay del joven?

Morir&#225;.

&#191;Lo eliminar&#225;s?

La sonrisa se hizo m&#225;s amplia.

Har&#237;a lo que fuera por volver a verte sano y en buen estado, amigo m&#237;o.

Tampoco tienes previsto devolverle el cuerpo a Konrad, &#191;me equivoco?

Harkon esboz&#243; una suave sonrisa.

Oh, Calum, &#191;realmente quieres saberlo?

No, decidi&#243; Calum, en realidad no deseaba saberlo. Estaban hablando del mal. Tan atroz como cualquier otra de las formas del mal contra las que &#233;l mismo hab&#237;a luchado. No sab&#237;a por qu&#233; raz&#243;n Harkon insist&#237;a en perpetrar aquella hechicer&#237;a, pero &#233;l, Calum Songmaster, no robar&#237;a la juventud, la vida de otro ser humano. Era una monstruosidad.

Harkon se inclin&#243; a&#250;n m&#225;s sobre Calum, con ojos hipnotizantes y expresi&#243;n solemne.

Puede que &#233;sta sea mi &#250;ltima visita, Calum. No es que no quiera volver a verte, amigo m&#237;o, pero es posible que la pr&#243;xima vez t&#250; simplemente ya no est&#233;s aqu&#237;. Si mueres antes de que cerremos el trato

Se acerc&#243; a&#250;n m&#225;s, para seguir susurrando sobre la piel de Calum. Por un momento, &#233;ste crey&#243; que el hombre lo besar&#237;a suavemente, tal como se besa a un ni&#241;o enfermo. Se resist&#237;a a que aquellos labios le rozasen la piel. Pero &#250;nicamente las palabras de Harkon recorrieron como un aliento ardiente su arrugada mejilla.

Una vez muerto, no podr&#233; ayudarte.

Una oleada abrasadora de dolor de huesos molidos y del nudo que ten&#237;a en el est&#243;mago ascendi&#243; desde su vientre podrido. Cuando el dolor remiti&#243;, todav&#237;a con la respiraci&#243;n entrecortada, mir&#243; fijamente los ojos oscuros de Harkon.

&#191;Qu&#233; quieres que haga?

Harkon sonri&#243;.

No mucho, amigo m&#237;o, no mucho.

Calum esper&#243; a que las palabras se fueran desprendiendo de los labios de Harkon, esper&#243; hasta escuchar c&#243;mo traicionar&#237;a a sus amigos, c&#243;mo destruir&#237;a a uno de ellos por completo. Ambos sab&#237;an que Konrad no sobrevivir&#237;a en el cuerpo de Harkon. &#201;l tambi&#233;n ser&#237;a eliminado. Calum lo sab&#237;a y, sin embargo, se dispuso a escuchar.

Sus ojos se posaron en el escritorio y en el cr&#225;neo, que parec&#237;a expectante. Sinti&#243; que les deb&#237;a una disculpa a los huesos de su amigo por obligarlo a presenciar su ca&#237;da. Hab&#237;a luchado por su pa&#237;s durante toda su vida, pero en su hora final le hab&#237;a sido ofrecido algo demasiado valioso para poder permitirse rechazarlo. Quer&#237;a vivir. Y estaba dispuesto a pagar el precio, aunque &#233;ste consistiera en la sangre de otra persona. Incluso aunque alg&#250;n d&#237;a tuviera que pagar con su alma. Ahora se le antojaba un precio m&#243;dico, a cambio de una segunda oportunidad.



Cap&#237;tulo 2

Elaine Clairn se encontraba arrodillada frente al enorme hogar de la cocina. Los ni&#241;os estaban api&#241;ados al lado del fuego, pero la raz&#243;n no era el fr&#237;o, sino que no quer&#237;an perderse el m&#225;s m&#237;nimo movimiento de las manos de Elaine.

Sus peque&#241;as y finas manos se mov&#237;an frente al fuego, con las puntas de los dedos muy abiertas, tan cerca de las llamas que su calor reverberaba sobre la piel. Con la mirada fija en las llamas danzantes, puso en contacto las yemas de los dedos. Gir&#243; las mu&#241;ecas hacia afuera, de forma semejante a los p&#233;talos de una flor que se despliegan. De las puntas de los dedos brotaron im&#225;genes. Un hombre diminuto pero perfectamente formado empez&#243; a caminar hacia las llamas. Era como si el fuego fuera un espejo titilante en el que se reflejaba aquel hombre.

Llevaba un abrigo de pieles blancas, con la capucha echada hacia atr&#225;s, dejando al descubierto una media melena rubia, hasta la altura de los hombros. Sus cabellos eran del mismo color oro p&#225;lido que el sol de invierno. El hombre se abr&#237;a paso a trav&#233;s de la nieve que le llegaba hasta las rodillas, rodeado de &#225;rboles que el invierno hab&#237;a desnudado. Elaine susurr&#243;:

Blaine.

Un segundo hombre caminaba junto a &#233;l. Llevaba un sombrero de tres picos sujeto a la cabeza mediante una bufanda multicolor. La empu&#241;adura de un mandoble sobresal&#237;a por el cuello de su abrigo.

Thordin.

Los dos hombres pasaron por debajo de un &#225;rbol muy alto, que sobresal&#237;a entre los dem&#225;s como un gigante en Liliput. Hab&#237;a sido fulminado por un rayo hac&#237;a ya dos a&#241;os, pero sus ramas desnudas y sin vida segu&#237;an sirviendo como punto de referencia en varios kil&#243;metros a la redonda.

Las ramas se mov&#237;an temblorosas, balance&#225;ndose por encima de ellos. Una de ellas empez&#243; a descender, con un lento crujido que nada ten&#237;a que ver con el viento. La rama esquel&#233;tica con sus ramitas heladas como dagas alcanz&#243; a Blaine.

&#161;Blaine! -grit&#243; Elaine.

Alarg&#243; las manos hacia las llamas como si pudiera llevarlo consigo hacia un lugar seguro. Las llamas lamieron las mangas de su toga. Las manos llegaron hasta la parte de atr&#225;s del hogar. El fuego llameaba alrededor de los hombros y de la cara.

Unas manos la arrancaron del fuego.

&#161;Elaine!

Alguien envolvi&#243; la tela humeante con una manta y sofoc&#243; las llamas. La piel estaba intacta, protegida por su magia. Sus ropas no hab&#237;an tenido tanta suerte.,

&#191;Me ves, Elaine? &#191;Me oyes?

La muchacha mir&#243; hacia arriba parpadeando, hasta enfocar un rostro barbado. El aroma de un guiso hac&#237;a el aire denso y espeso, y se mezclaba con el del pan puesto a enfriar cerca de ellos. Elaine se vio envuelta por los familiares ruidos y olores de la cocina, y supo que se hallaba a salvo. Pero &#233;se no era el caso de los otros.

Ay&#250;dalos, Jonathan

&#191;A qui&#233;n debo ayudar?

Yo tambi&#233;n he visto la visi&#243;n. -El hijo mayor de la cocinera, que deb&#237;a de tener por lo menos ocho a&#241;os cumplidos, se arrodill&#243; a su lado. Los dem&#225;s ni&#241;os se acurrucaron manteniendo una distancia prudencial.

&#191;Qu&#233; viste, Alan?

El &#225;rbol gigante los atac&#243;.

Jonathan mir&#243; a Elaine.

&#191;Es eso cierto?

S&#237;.

Jonathan no arguy&#243; que aquello fuera imposible.

&#191;Crees que tu advertencia ha llegado a tiempo?

Elaine se abraz&#243; a &#233;l.

No lo s&#233;.

&#191;Qu&#233; quieres que haga?

Busca a Blaine y a Thordin.

Para cuando lleguemos al &#225;rbol gigante, el combate ya estar&#225; decidido.

Ella le introdujo la mano en la t&#250;nica. Su mirada parec&#237;a enloquecida.

Entonces recuperad los cuerpos para darles sepultura.

Jonathan la mir&#243; fijamente, y asinti&#243; con un lento movimiento de cabeza.

Eso s&#237; puedo hacerlo.

Jonathan se volvi&#243; hacia el muchacho, Alan.

Busca a Teresa y dile lo que has visto. Ella sabr&#225; qu&#233; hacer.

El muchacho sali&#243; corriendo de la cocina.

&#191;Podr&#225;s incorporarte apoy&#225;ndote en m&#237;?

Elaine asinti&#243;.

Jonathan se irgui&#243; y la ayud&#243; a ponerse en pie. La cocinera, Malah, acerc&#243; al fuego una silla con respaldo. Jonathan ayud&#243; a Elaine a sentarse, y la arrop&#243; con la manta un tanto chamuscada. Malah le puso una taza de t&#233; caliente entre las manos.

Elaine la asi&#243; como si no tuviera asa, para calentarse as&#237; las manos heladas. Siempre ten&#237;a fr&#237;o despu&#233;s de una visi&#243;n. Con la ayuda de una manta, bebidas calientes o tras acostarse en la cama durante un par de horas, volv&#237;a a sentirse como nueva. Pero ese d&#237;a hab&#237;a visto la muerte de su hermano. No estaba muerto todav&#237;a, pues en ese caso lo habr&#237;a sabido, pero s&#237; pod&#237;a estar malherido, agonizando, mientras ella permanec&#237;a all&#237; sentada, tomando su t&#233;. No pod&#237;a permitirse el lujo de perder tiempo en recuperarse, de ser d&#233;bil. Necesitaba saber qu&#233; le hab&#237;a pasado a Blaine.

Teresa entr&#243; en la cocina muy abrigada debido al fr&#237;o. Llevaba un segundo abrigo en un brazo, que le tendi&#243; a Jonathan sin decir palabra.

&#201;ste se puso el abrigo y se cubri&#243; la calva con un gorro de lana.

Voy con vosotros -dijo Elaine.

Jonathan interrumpi&#243; la acci&#243;n de ponerse los mitones. Ambos se volvieron para mirarla.

No te has recuperado de tu visi&#243;n, Elaine. No est&#225;s preparada para un viaje -dijo Jonathan, mientras acababa de ponerse los mitones.

Es mi hermano, la &#250;nica familia que tengo. Debo ir.

Retrasar&#225;s nuestra marcha -objet&#243; Teresa.

El combate habr&#225; finalizado antes de que nadie pueda acudir en su ayuda. Eso es lo que dijo Jonathan. En ese caso, poco importa si retraso vuestra marcha, &#191;no es cierto?

Sus palabras eran razonables. Mucho m&#225;s de como se sent&#237;a Elaine en realidad. Pod&#237;a notar las pulsaciones en la garganta. Si Blaine yac&#237;a sobre la fr&#237;a nieve gravemente herido, no llegar&#237;an a tiempo. El fr&#237;o acabar&#237;a lo que hab&#237;a empezado el &#225;rbol animado. Entonces, &#191;por qu&#233; sent&#237;a un nudo en el est&#243;mago, el coraz&#243;n desbocado? Deb&#237;a ir con ellos. No pod&#237;a quedarse all&#237; esperando, a salvo, en la cocina.

Teresa mir&#243; a su marido.

&#191;Jonathan?

Parec&#237;a casi avergonzado.

Es la verdad.

No podemos esperar durante horas. Los lobos podr&#237;an dar con ellos, vivos o muertos.

Por m&#237; podemos partir ahora mismo -dijo Elaine.

La expresi&#243;n en el rostro de Teresa era de franca duda, pero no quiso rebat&#237;rselo.

Ir&#233; a buscar tu abrigo. Pero tendr&#225;s que estar lista para cuando vuelva. No esperaremos por ti, Elaine.

Dicho esto sali&#243; de la cocina con la espalda erguida. A Teresa no le gustaba esperar por nadie, especialmente cuando el motivo de la espera le parec&#237;a absurdo.

Elaine sab&#237;a que no era absurdo, pero tambi&#233;n era consciente de que no podr&#237;a explicarle el porqu&#233; a Teresa. Ni a Jonathan. Blaine podr&#237;a haberla comprendido, pero se encontraba en alg&#250;n lugar ah&#237; fuera, en la nieve, sangrando, herido o tal vez algo peor. Elaine intentaba convencerse a s&#237; misma de que si su hermano gemelo estuviera muerto lo sabr&#237;a, pero por alguna raz&#243;n dudaba incluso de ello. No estaba segura. Tras la visi&#243;n, ya no confiaba en sus propias sensaciones. Las sensaciones eran traicioneras: pod&#237;an hacerle sentir a uno lo que quer&#237;a creer, no la realidad.

No es su intenci&#243;n tratarte con tanta severidad. -Jonathan se quit&#243; el gorro de lana, con la frente brillante por el sudor.

Tengo que ir, Jonathan.

De un trago acab&#243; de beber su t&#233;, y al hacerlo se quem&#243; el paladar ya que todav&#237;a estaba hirviendo, pero necesitaba el calor. Lo cierto era que no se sent&#237;a lo suficientemente recuperada para salir, tal como afirmaba Teresa, pero eso no ten&#237;a importancia. Ir&#237;a con ellos. Ten&#237;a que hacerlo.

Teresa regres&#243; con un abrigo de pieles blancas id&#233;ntico al que Blaine llevaba en la visi&#243;n. Elaine mir&#243; hacia arriba. No estaba completamente segura de poder levantarse, pero la expresi&#243;n en el rostro de Teresa era inclemente. O se levantaba o no los acompa&#241;ar&#237;a.

Malah le tom&#243; la taza de las manos. Su cara era neutral, pero los ojos denotaban preocupaci&#243;n. Siempre se pon&#237;a del lado de los ni&#241;os, de cualquier ni&#241;o.

Elaine se aferr&#243; a los brazos de la silla y se apoy&#243; en ellos para incorporarse. Le temblaron los m&#250;sculos. La manta cay&#243; al suelo. Las manos siguieron apoyadas en los brazos de la silla todav&#237;a un momento; luego se incorpor&#243; sin ayuda, pero tuvo que agarrarse al respaldo para no caer. Las piernas le temblaban por debajo de las largas faldas. Tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad simplemente para permanecer en pie, con una mano firmemente apoyada en el pesado respaldo de la silla. No estaba segura de poder dar un paso, por no hablar de la caminata hasta el &#225;rbol gigante.

Teresa sosten&#237;a su abrigo a unos tres pasos de la silla, sin hacer el menor amago de acercarse a ella.

Jonathan permanec&#237;a de pie, inc&#243;modo, entre ambas.

No hay tiempo para juegos, Teresa.

En efecto, no podemos perder tiempo -replic&#243; &#233;sta.

Elaine tom&#243; aire y lo solt&#243; lentamente. Hizo un par de respiraciones profundas m&#225;s para intentar contener el temblequeo de los m&#250;sculos, deseando con todas sus fuerzas que la debilidad remitiera. Abandon&#243; el respaldo, aunque los dedos segu&#237;an rozando la madera. Teresa suspir&#243;. Elaine dej&#243; caer la mano a un lado. Con las piernas bien apuntaladas, y la esperanza de que nadie pudiera ver c&#243;mo temblaban, por fin qued&#243; de pie sin ayuda.

Teresa sosten&#237;a el pesado abrigo con el brazo extendido, como si &#233;ste fuera de una ligereza extrema.

Elaine dio un paso hacia adelante con sus tambaleantes piernas. No cay&#243;. Dio un paso, luego otro y otro. Con una mano se apoder&#243; del abrigo. Teresa deposit&#243; el abrigo con suavidad sobre los brazos de Elaine. Sonri&#243; a la muchacha, lo cual hizo que sus oscuros ojos brillaran.

Si tanto insistes, podemos buscarte un caballo. Y no tendremos que esperar.

Elaine sonri&#243;.

Gracias.

La valent&#237;a siempre debe ser recompensada.

Jonathan luc&#237;a una amplia sonrisa.

La virtud es su propia recompensa.

Teresa le dio una palmadita en la espalda.

No te creas eso.

Konrad entr&#243; en la cocina, muy abrigado contra el fr&#237;o.

&#191;Estamos listos para partir?

Teresa ayud&#243; a Elaine a ponerse el pesado abrigo, y cubri&#243; su melena rubio platino con la capucha.

Salgamos en busca de Blaine y Thordin.

Elaine sinti&#243; que la sonrisa se esfumaba de su rostro.

Hiciste todo lo que estaba en tu mano, Elaine. Les advertiste.

Corr&#237; hacia el fuego tan pronto como sent&#237; su llamada.

Estoy segura de ello.

Konrad se carg&#243; sobre el abrigo una peque&#241;a bolsa que conten&#237;a hierbas medicinales y vendajes.

Teresa enroll&#243; una bufanda multicolor alrededor de su negra cabellera. Era muy parecida a la que llevaba Thordin. Elaine y Blaine hab&#237;an aprendido a tejer el a&#241;o anterior, y hab&#237;an confeccionado prendas como regalo para todos.

La bufanda de Teresa era a rayas negras y rojas. Blaine hab&#237;a tejido la de Thordin con hilos de todos los colores que pudo encontrar; tal vez porque cre&#237;a que el guerrero no se la pondr&#237;a, pero &#233;ste la llevaba con orgullo. As&#237; que la broma le hab&#237;a rebotado, por lo que Blaine teji&#243;, a modo de disculpa, unos mitones a juego, pero con la misma combinaci&#243;n atroz de colores que la bufanda.

Pong&#225;monos en marcha -dijo Jonathan.

El gorro liso en su tono preferido de marr&#243;n era obra de Elaine. El gorro rojo escarlata que Blaine hab&#237;a tejido para Konrad hab&#237;a sido devorado por un monstruo, seg&#250;n afirmaba &#233;ste, ahora tocado con un gorro de piel adornado con una gruesa cola a rayas que se enrollaba alrededor del cuello.

Malah le tendi&#243; un peque&#241;o paquete a Teresa.

Aqu&#237; ten&#233;is algo caliente para ellos. Una buena comida a veces es mejor que cualquier medicina.

Teresa acept&#243; el paquete con una sonrisa.

Ciertamente, tu comida lo es.

Malah se sonroj&#243; ante el cumplido y regres&#243; a su cocina. El aroma del guiso vegetal se extendi&#243; por toda la cocina cuando levant&#243; la tapa de la olla para remover su contenido. Todav&#237;a ten&#237;a el cogote rojo debido al cumplido.

La puerta de la cocina se abri&#243; dejando paso a un remolino de nieve. Una r&#225;faga de viento helado hizo que las hierbas que colgaban de las vigas se balancearan, avivando adem&#225;s el fuego, del que salieron disparadas chispas hacia el tubo de la chimenea. El mozo de cuadra entr&#243; dando un traspi&#233; y se sacudi&#243; la nieve de las botas.

Estupendo, est&#225;s llenando de nieve el suelo limpio. -Malah avanz&#243; indignada hacia el reci&#233;n llegado, agitando el cuchar&#243;n, del que ca&#237;an gotas del guiso.

El mozo de cuadra profiri&#243; una enorme risotada.

Malah, sabes que no puedo entrar por la puerta principal. &#191;D&#243;nde se supone que debo sacudirme la nieve de las botas?

La cocinera lo amenaz&#243; con el cuchar&#243;n, cuya punta llena de salsa detuvo a un dedo de su nariz.

Harry Fidel, no sabes cu&#225;l es tu sitio.

Mi sitio es esta cocina de agradable aroma, siempre que consiga entrar en ella.

Teresa interrumpi&#243; su discusi&#243;n.

&#191;Est&#225;n listos los caballos, Harry?

&#201;ste hizo una mueca a Malah, acercando la nariz peligrosamente al cuchar&#243;n.

S&#237;, eso es lo que he venido a decir.

Entonces podemos irnos -intervino Konrad.

Y todos se dirigieron a la puerta. El aire g&#233;lido los frenaba como una pared invisible. Elaine se acurruc&#243; en su abrigo, tiritando en medio de aquel ambiente glacial. Lanz&#243; una mirada hacia atr&#225;s cuando Jonathan cerr&#243; la puerta. Harry, el mozo de cuadra, se hab&#237;a sentado en la silla con respaldo y ten&#237;a las piernas con las botas empapadas por la nieve estiradas ante el fuego.

Malah estaba reba&#241;ando un cuenco de guiso. Su enfado aparentemente hab&#237;a desaparecido.

Hab&#237;a enviudado hac&#237;a casi dos a&#241;os. Blaine hab&#237;a dicho que ambos estar&#237;an casados antes de que acabase el a&#241;o. Elaine no estaba tan segura, pero Blaine era mejor que ella adivinando el futuro de la gente. Siempre bromeaba diciendo que sus presentimientos sobre asuntos del coraz&#243;n eran mejores que las visiones de Elaine, que tend&#237;an a ser m&#225;s violentas que rom&#225;nticas.

Nada m&#225;s atravesar la puerta, el viento ulul&#243; con fuerza, levantando la cristalina nieve y lanz&#225;ndola por el aire. Los g&#233;lidos cristales se clavaron en el rostro de Elaine. Con un movimiento brusco, intent&#243; protegerse del viento. Como resultado, la capucha cay&#243; hacia atr&#225;s, y los cabellos se le enredaron sobre la cara, ceg&#225;ndola. El viento glacial le cort&#243; la respiraci&#243;n. Luch&#243; por volverse a poner la capucha. Algunos mechones de pelo quedaron adheridos a la piel, s&#250;bitamente helada.

El calor corporal, recuperado gracias a la manta y la taza de t&#233;, le fue arrebatado por el viento. De pie en el patio barrido por la nieve, Elaine se tambale&#243;.

De pronto, Teresa se encontraba junto a ella, agarr&#225;ndola por el brazo. No le pregunt&#243; si se encontraba bien. Se limit&#243; a llevarla hasta los establos.

Elaine tropez&#243;; &#250;nicamente las manos de Teresa evitaron que cayera.

Tienes que volver adentro, Elaine.

Intent&#243; decir no, pero de su boca no sali&#243; ning&#250;n sonido. Finalmente consigui&#243; denegar con la cabeza.

Teresa la llev&#243; al calor del establo y la oblig&#243; a recostarse contra la pared de madera.

No puedes salir as&#237;.

Dijiste que pod&#237;as echarme sobre un caballo.

Teresa frunci&#243; el ce&#241;o.

Pero no en sentido literal.

Elaine se limit&#243; a mirarla; tiritaba demasiado para poder hacer nada m&#225;s.

&#191;Qu&#233; le pasa? -pregunt&#243; Konrad, quien ya estaba comprobando los arreos del caballo. Siempre lo hac&#237;a, a pesar de que Harry era sumamente cuidadoso. Pero Konrad no confiaba en nada ni en nadie.

Elaine record&#243; c&#243;mo era antes de la muerte de su mujer. Antes sonre&#237;a, a veces incluso re&#237;a; confiaba en los dem&#225;s y en su capacidad para hacer su trabajo. Ahora era un hombre adusto que aparentemente hab&#237;a perdido la fe. Su mujer hab&#237;a perecido en una emboscada, a traici&#243;n. Pero nunca supieron qui&#233;n los hab&#237;a traicionado. Blaine dec&#237;a que aquello era lo que m&#225;s hab&#237;a afectado a Konrad, que alguien en quien hab&#237;an confiado los hubiera traicionado. **&#161;

Elaine no sab&#237;a si &#233;sa era la raz&#243;n, pero s&#237; sab&#237;a que una parte de Konrad hab&#237;a muerto. La chispa del afecto se hab&#237;a ido a la tumba con su mujer.

La yegua de Elaine era de gran tama&#241;o y ancha grupa. Blaine dec&#237;a que se parec&#237;a a un caballo de tiro, pero Elaine no era tan buena jinete como su hermano, por lo que estaba encantada con la d&#243;cil yegua. Un caballo que pod&#237;a caminar todo el d&#237;a a un ritmo tranquilo, de cascos anchos y bien firmes, y una paciencia infinita. Todos los ni&#241;os hab&#237;an empezado a montar sobre su ancho lomo.

Teresa ayud&#243; a Elaine a montar sobre su yegua. La joven se inclin&#243; hacia adelante y se aferr&#243; a las duras crines, con la mejilla presionada contra el suave pelaje del cuello.

Teresa le coloc&#243; la capucha de nuevo en su sitio, roz&#225;ndole la mejilla.

Est&#225;s helada.

Elaine se dej&#243; caer sobre el caballo. Ten&#237;a much&#237;simo fr&#237;o. Lo &#250;nico que segu&#237;a caliente eran los ojos, en los que se estaban formando l&#225;grimas.

Gu&#237;a el caballo, por favor.

Teresa neg&#243; con la cabeza pero no le llev&#243; la contraria. Desliz&#243; las riendas sobre el cuello del caballo y mont&#243; en el suyo, con sendas riendas colgando entre ambos.

&#191;Crees que est&#225; en condiciones de partir? -insisti&#243; Jonathan.

No -dijo Teresa-, pero viene con nosotros.

Konrad profiri&#243; un gru&#241;ido de desaprobaci&#243;n, pero no demasiado alto. Discutir con Teresa era sin&#243;nimo de perder el tiempo. Se abrieron las puertas exteriores, y los caballos empezaron a avanzar. Elaine sinti&#243; que la yegua se mov&#237;a, pero su abrigo hab&#237;a ca&#237;do hacia adelante y formaba una oscura cavidad alrededor de sus ojos, por lo que lo &#250;nico que alcanzaba a ver era una estrecha franja de suelo. Cerr&#243; los ojos, e incluso eso desapareci&#243;.

El viento golpeaba su pesado abrigo. Diminutas espirales de aire helado se deslizaban por debajo de las pieles y unos dedos congelados parec&#237;an querer introducirse por sus ropas, buscando su piel. Elaine sab&#237;a que no hac&#237;a tanto fr&#237;o. Estaban en invierno, s&#237;, pero no se trataba de una tormenta de nieve ni de un fr&#237;o extremo. Y, sin embargo, lo sent&#237;a por todo el cuerpo, y la piel parec&#237;a congelada. Las l&#225;grimas se helaron en sus mejillas. Era como si la visi&#243;n le hubiera arrebatado todo su calor y protecci&#243;n contra el fr&#237;o. Y el fr&#237;o parec&#237;a ser consciente de ello, y estar ansioso por el roce de su piel. Cada bocanada de aire le resultaba sumamente dolorosa.

Los cascos del caballo sonaban amortiguados por la nieve reci&#233;n ca&#237;da, y Elaine sent&#237;a la cadencia de los andares de la yegua. Se aferr&#243; a la calidez y al balanceo, mientras el fr&#237;o socavaba sus fuerzas con unas fauces invisibles. Para ella no hab&#237;a nada m&#225;s en el mundo que el fr&#237;o y el ritmo de su montura. En un apartado rinc&#243;n de su mente, Elaine se preguntaba si morir&#237;a congelada. No, era imposible, ten&#237;a demasiado fr&#237;o. &#191;No dec&#237;an que justo antes de morir congelado uno sent&#237;a calor? Los huesos de su rostro y de las manos, expuestos al fr&#237;o, le dol&#237;an tremendamente.

Debi&#243; de quedarse dormida, porque de pronto se vio subiendo penosamente una cuesta. Si se encontraban en las monta&#241;as, deb&#237;an de estar ya muy cerca. Elaine alz&#243; el rostro. Sinti&#243; c&#243;mo el viento le golpeaba la cara, aunque el fr&#237;o no se hab&#237;a intensificado. Pens&#243; que era incapaz de sentir m&#225;s fr&#237;o. No pod&#237;a abrir los ojos. Quiso tocarlos con una mano, pero &#233;stas parec&#237;an estar congeladas y pegadas a las crines. Se inclin&#243; para intentar restregarse los p&#225;rpados contra el dorso de las manos, pues hab&#237;an quedado adheridos por los cristales de hielo en que se hab&#237;an convertido sus l&#225;grimas.

Parpade&#243; dolorosamente en la penumbra invernal. Estaban en un bosque, rodeados por &#225;rboles desnudos de ramas oscuras. Los caballos luchaban contra las r&#225;fagas de viento en lo que anta&#241;o hab&#237;a sido un camino para carros.

Elaine trat&#243; de incorporarse y, para su sorpresa, vio que era capaz. El abrigo onde&#243; hacia atr&#225;s con el viento, dejando expuesto uno de sus costados. Pero eso no pareci&#243; importarle. De repente vio el enorme &#225;rbol que se alzaba imponente sobre los dem&#225;s. Casi hab&#237;an llegado.

Una reluciente luna llena ba&#241;aba los &#225;rboles desnudos con su luz. El viento formaba remolinos con los copos de nieve, que atravesaban el camino, y la nieve seca hac&#237;a crujir las ramas. Hab&#237;a dejado de nevar. &#218;nicamente el viento hac&#237;a bailar la nieve, que se precipitaba en sibilantes montones y se mov&#237;a arrastr&#225;ndose entre los &#225;rboles.

El caballo de Konrad abr&#237;a la marcha, levantando la nieve, y acab&#243; por perderse de vista. Si alguien le hab&#237;a pedido que se adelantara para explorar, Elaine no lo hab&#237;a o&#237;do. Los &#250;nicos sonidos audibles eran el viento, la nieve, el crujir de las ramas secas y el chirrido de la silla bajo su cuerpo.

Blaine se encontraba delante de ellos, cerca, muy cerca. Elaine intent&#243; rezar, pero el fr&#237;o le hab&#237;a congelado los labios y amodorrado la mente. Le resultaba imposible recordar una oraci&#243;n; le resultaba imposible pensar en nada. S&#243;lo el fr&#237;o estaba presente. El miedo y el p&#225;nico se hab&#237;an agazapado en un peque&#241;o recoveco helado. Elaine sab&#237;a que la perspectiva de lo que podr&#237;a encontrarse la aterraba, pero no pod&#237;a sentir nada. S&#243;lo el fr&#237;o, arraigado en lo m&#225;s profundo de su interior, que borraba todo lo dem&#225;s.

Un grito lleg&#243; sobrevolando por encima de la nieve, resonando con el eco. Los caballos empezaron a trotar tan r&#225;pido como pod&#237;an sobre la seca capa de blancura. Elaine se aferr&#243; al arz&#243;n de la silla con ambas manos. La yegua no respond&#237;a como los dem&#225;s, acostumbrada a avanzar como mucho a medio galope.

El enorme &#225;rbol se alzaba solitario en medio de un claro generado por &#233;l mismo. Las ra&#237;ces hab&#237;an ahogado los &#225;rboles m&#225;s peque&#241;os, y hab&#237;an eliminado el sotobosque. El tronco era tan ancho que habr&#237;an hecho falta cinco hombres adultos para abrazarlo. Las ramas que se extend&#237;an hacia el exterior y hacia arriba eran tan gruesas como arbolillos.

Las nubes se cerraron en torno a la luna y dejaron el calvero en penumbras, &#250;nicamente iluminado por la luz que reflejaba la nieve, d&#225;ndole un aspecto l&#250;gubre. Algo pend&#237;a de una de las ramas desnudas. Elaine, en un principio, no pudo distinguir de qu&#233; se trataba. Sus ojos se negaban a ver.

De pronto, las nubes se disiparon, ba&#241;ando el claro en una luz plateada. Del &#225;rbol pend&#237;a algo de color oscuro que parec&#237;a pesado y se recortaba contra la luna, con los brazos extendidos hacia afuera en una pose extra&#241;a, y una pierna colgando hacia la nieve. La otra pierna estaba ausente. Una gran mancha oscura salpicaba la nieve bajo el &#225;rbol.

Elaine profiri&#243; un grito.

Teresa solt&#243; las riendas. Su voz suave sigui&#243; inmediatamente al grito:

El cielo nos asista.

Konrad sali&#243; de la maleza, en el otro extremo del claro.

No es Blaine, ni Thordin.

Elaine lo mir&#243; fijamente.

Entonces, &#191;qui&#233;n?

Ambos han regresado aqu&#237;. Est&#225;n heridos, pero se pondr&#225;n bien.

No pod&#237;a creerlo. Estaba mintiendo. Si Blaine estuviera vivo, ir&#237;a en su b&#250;squeda, herido o no.

Elaine, estoy bien. -Blaine sali&#243; cojeando de los arbustos, apoy&#225;ndose en las anchas espaldas de Thordin, y ofreciendo su brillante sonrisa, aquella que confirmaba que todo iba bien. Fue esa sonrisa, m&#225;s que sus palabras, la que acab&#243; de convencer a Elaine.

Se dej&#243; caer de la yegua y dio con las rodillas en la nieve. Intent&#243; ponerse en pie para llegar hasta donde estaba su hermano, pero el calvero ba&#241;ado en la luz de la luna empez&#243; a dar vueltas a su alrededor. Unas manchas negras parec&#237;an querer comerse la luna. Se desplom&#243; hacia adelante sobre la nieve, que recibi&#243; su rostro, llen&#225;ndole la nariz y la boca. La oscuridad la engull&#243;. Y en la oscuridad tambi&#233;n hac&#237;a fr&#237;o.



Cap&#237;tulo 3

Blaine, envuelto en una cobija, se dej&#243; caer en una silla, en cuyo respaldo hab&#237;an colocado una almohada. Unas tiras de tela asomaban por la manga desgarrada de su brazo izquierdo, y su pierna, en la que hab&#237;a sufrido la peor herida, descansaba sobre una peque&#241;a banqueta bordada. Konrad hab&#237;a cosido las dem&#225;s heridas utilizando para ello un ung&#252;ento a base de hierbas, y vendajes para protegerlas. Hasta el corte m&#225;s diminuto pod&#237;a infectarse y costarle al herido el brazo. Blaine confiaba en los apositos de campo de batalla de Konrad mucho m&#225;s que en los de la mayor&#237;a de los m&#233;dicos. Teresa hab&#237;a intentado convencer a Blaine de que se tumbara en su propia cama, pero &#233;ste se hab&#237;a negado. Quer&#237;a estar all&#237; cuando Elaine despertara.

Elaine siempre quedaba d&#233;bil despu&#233;s de tener una visi&#243;n, pero nunca antes se hab&#237;a percatado Blaine del grado de debilidad. Le hab&#237;a tocado la piel, m&#225;s fr&#237;a que la nieve, fr&#237;a como la muerte. &#218;nicamente el ritmo constante de su respiraci&#243;n le hab&#237;a confirmado a Blaine que segu&#237;a viva. A pesar de que la sangre hab&#237;a manado de las heridas de su brazo y de la pierna desgarrada por las ramas del &#225;rbol, en este &#250;ltimo caso a borbotones, y aunque no pod&#237;a caminar sin ayuda, era Elaine quien hab&#237;a estado a punto de morir.

Mir&#243; hacia el lugar donde se encontraba su hermana, con la cabellera rubia esparcida sobre la almohada. Mirar la cara de Elaine era como mirarse en un espejo. Los huesos eran ligeramente m&#225;s delicados, los ojos tambi&#233;n azules ten&#237;an un tono turquesa, pero los dos gemelos eran como dos caras de una misma moneda. Sus padres hab&#237;an muerto asesinados cuando ellos s&#243;lo contaban ocho a&#241;os; desde entonces, se hab&#237;an tenido &#250;nicamente el uno al otro. Hab&#237;an sobrevivido durante dos a&#241;os antes de que Jonathan se hiciera cargo de ellos; dos a&#241;os en los que s&#243;lo hab&#237;an podido contar el uno con el otro. A pesar de que estaban sumamente agradecidas a Teresa y Jonathan, cada uno de ellos era para el otro su &#250;nica familia.

Se dej&#243; caer a&#250;n m&#225;s en la silla. Sus ojos azules se agitaron aun estando cerrados. Luego los abri&#243;. Hizo un esfuerzo por sentarse m&#225;s erguido en la silla, pero una aguda punzada de dolor le recorri&#243; toda la pierna.

El aviso de Elaine hab&#237;a llegado a tiempo. Thordin y Blaine hab&#237;an corrido a refugiarse, pero el desconocido que los acompa&#241;aba no hab&#237;a comprendido el grito de Blaine. Era un aldeano de Cortton que hab&#237;a emprendido el viaje para solicitar ayuda a Jonathan. Y ellos hab&#237;an actuado como sus escoltas, como su guardia personal. Cuando el &#225;rbol atac&#243; al hombre, intentaron ayudarlo. Pero el &#225;rbol parec&#237;a invulnerable; &#191;cu&#225;l era el punto d&#233;bil de un &#225;rbol? No ten&#237;a coraz&#243;n, ni cabeza Hab&#237;an hecho todo lo que hab&#237;an podido, pero el hombre estaba muerto. Hab&#237;a gritado durante un buen rato antes de morir.

Se oy&#243; un d&#233;bil sonido procedente del lecho, un gemido suave, m&#225;s que una palabra. Blaine se enderez&#243;.

&#191;Elaine?

La muchacha se agit&#243; debajo del mont&#243;n de mantas, moviendo la cabeza sobre la almohada.

Blaine alarg&#243; un brazo hasta rozarle la mejilla.

Elaine, abre los ojos por favor.

&#201;sta as&#237; lo hizo. Una sonrisa amable asom&#243; a sus labios. La sonrisa m&#225;s hermosa que Blaine hab&#237;a visto nunca.

Blaine, est&#225;s vivo. -Su voz era suave, casi ronca, como si le doliera la garganta.

&#191;C&#243;mo te encuentras? -pregunt&#243; &#233;l.

Los ojos azul turquesa parpadearon, devolvi&#233;ndole la mirada.

Estoy bien.

Blaine sonri&#243;.

No te creo.

Elaine desvi&#243; la vista hacia el brazo vendado.

Est&#225;s herido. -

Konrad ha vuelto a poner todo en su sitio. Ahora me preocupas t&#250;.

&#191;Por qu&#233;? -pregunt&#243; con extra&#241;eza.

Blaine le acarici&#243; el pelo peinando sus cabellos hacia atr&#225;s desde la frente, y se sinti&#243; aliviado ante la calidez de su piel.

Hemos mandado buscar a un mago.

Elaine frunci&#243; el ce&#241;o.

Has estado a punto de morir, Elaine. Estabas fr&#237;a como el hielo. Te trajimos a casa y te envolvimos en mantas con ladrillos al rojo, bolsas de agua caliente, todo lo que se nos ocurri&#243;. Pero segu&#237;as helada. -Respondi&#243; a la pregunta que se le&#237;a en sus ojos-. No sabemos qu&#233; te sucedi&#243;. Teresa mand&#243; buscar a un mago. Incluso Jonathan se mostr&#243; partidario de ello.

&#191;Accedi&#243; a que un mago entrara en la casa? -Su voz denotaba cierto asombro.

Todos tem&#237;amos por tu vida.

Pero Jonathan no permite que ning&#250;n mago entre en la casa. Casi nos ech&#243; cuando supo que ten&#237;a visiones.

Las visiones no son lo mismo que la verdadera magia.

Elaine sonri&#243;.

Me acuerdo de las discusiones.

En la casa se hab&#237;an formado dos bandos. Ninguno quer&#237;a realmente tener a un mago en la casa, pero nadie quer&#237;a tampoco echar a los dos ni&#241;os. &#218;nicamente cuando Teresa se uni&#243; a aquellos que deseaban que los ni&#241;os se quedaran, Jonathan hab&#237;a transigido.

Jonathan Ambrose era exterminador de magos. Era su trabajo, formaba parte de su ser. Hab&#237;a sido un antimago radical. Tras aceptar a Elaine y sus visiones en la casa, se hab&#237;a vuelto m&#225;s comprensivo, y lo pensaba dos veces antes de condenar como brujer&#237;a todo aquello que fuera sobrenatural. Acept&#243; que Elaine pod&#237;a tener extra&#241;os poderes que no fueran malignos.

Jonathan sol&#237;a decir que Elaine le hab&#237;a abierto la mente, y que le estar&#237;a eternamente agradecido por ello. Sin que nadie lo expresara en voz alta, los gemelos sab&#237;an que lo quer&#237;an.

&#191;Est&#225; aqu&#237; el mago? -pregunt&#243; Elaine.

No lo s&#233;. He estado aqu&#237; todo el tiempo, desde que te metieron en la cama.

Est&#225;s herido. Necesitas descansar de verdad, y no precisamente en una silla.

Blaine hizo una mueca.

Del mismo modo que t&#250; necesitabas descansar en una cama caliente despu&#233;s de tu visi&#243;n, en lugar de salir afuera con este fr&#237;o invernal.

Elaine se sonroj&#243;.

Ten&#237;a que ir.

Y yo ten&#237;a que estar aqu&#237; cuando despertaras.

Elaine alarg&#243; un brazo hacia &#233;l. Se apretaron las manos en silencio. Sobraban las palabras.

Llamaron a la puerta. Konrad abri&#243; sin esperar respuesta.

Ha llegado el mago. &#191;Se encuentra Elaine en condiciones de bajar la escalera si la ayudamos?

&#191;Por qu&#233;? &#191;Es que el mago no puede subir? -pregunt&#243; Blaine.

Jonathan no permitir&#225; que el mago vaya m&#225;s all&#225; de la cocina. Dice que ya es bastante que lo haya dejado entrar por la puerta de atr&#225;s.

&#191;Est&#225;s bien como para bajar la escalera, Elaine? -inquiri&#243; Blaine.

Creo que s&#237;. -Se sent&#243; con cuidado, apoyando los brazos estirados en la cama.

Blaine la asi&#243; por el brazo.

&#191;Est&#225;s temblando?

No tengo fr&#237;o, pero me siento d&#233;bil. No estoy segura de poder bajar.

Yo te ayudar&#233;.

Con mucha suerte podr&#237;as bajar t&#250; solo la escalera -intervino Konrad, quien entr&#243; en la habitaci&#243;n-. Yo cargar&#233; con Elaine.

Blaine abri&#243; la boca para oponerse, pero se dio cuenta de que Konrad ten&#237;a raz&#243;n. Tal vez ser&#237;a capaz de bajar renqueando, pero en ning&#250;n caso podr&#237;a cargar con el peso de otra persona.

Konrad ya estaba inclinado sobre la cama.

Necesito una bata -dijo Elaine.

Konrad se irgui&#243; de golpe.

Por supuesto. A veces se me olvida que ya no eres una ni&#241;a. -Gir&#243; sobre s&#237; mismo para echar un vistazo en la habitaci&#243;n, como si esperase que la bata apareciera por arte de magia. Despu&#233;s se volvi&#243; hacia Elaine-. No veo ninguna.

Est&#225; en el armario.

Konrad se dirigi&#243; hacia el enorme armario de madera de roble que ocupaba la pared del fondo y abri&#243; las puertas talladas. En los distintos estantes aparec&#237;a cuidadosamente doblada la ropa de Elaine; varios vestidos y una bata azul colgaban de las perchas al lado de los estantes. Konrad sac&#243; la bata y se la acerc&#243; a Elaine.

Date la vuelta, por favor.

Blaine s&#243;lo tiene un brazo disponible. &#191;Realmente crees que puede levantarte para ayudarte a vestirte?

Me vestir&#233; yo sola -replic&#243; ella.

Konrad profiri&#243; un leve bufido.

Est&#225;s demasiado d&#233;bil.

Elaine apret&#243; la bata entre sus brazos.

Date la vuelta. -Era una orden.

Konrad suspir&#243;, pero finalmente se volvi&#243;, con los brazos cruzados sobre el pecho. Su pose con la espalda exageradamente erguida daba a entender que consideraba todo aquello una tonter&#237;a.

Elaine se incorpor&#243; con ayuda de los brazos, los codos r&#237;gidos. El esfuerzo la hizo temblar. Los labios se convirtieron en una fina l&#237;nea, mientras aguantaba la respiraci&#243;n. El camis&#243;n blanco que llevaba le cubr&#237;a m&#225;s el cuerpo que algunos de los vestidos que Elaine hab&#237;a lucido ante Blaine, pero no se trataba de eso. Este no pod&#237;a entender que un grueso camis&#243;n fuera m&#225;s &#237;ntimo que un vestido escotado; pero as&#237; era para la mayor&#237;a de las mujeres. O como m&#237;nimo para Elaine. Blaine sab&#237;a que era mejor no discutir.

Le tendi&#243; la bata de forma que un brazo quedaba parcialmente disponible para ella. Elaine apoy&#243; la espalda contra la cabecera de la cama, que utiliz&#243; para mantenerse en pie. Presion&#243; una mano contra la manga, y Blaine se alz&#243; todo lo que pudo para ayudarla a introducir el brazo hasta el hombro. Pero una punzada de dolor le recorri&#243; la pierna, por lo que volvi&#243; a dejarse caer en la silla, jadeando.

Si me dejarais ayudaros, ya podr&#237;amos estar bajando la escalera -dijo Konrad.

No -repuso Elaine con la respiraci&#243;n entrecortada.

El pudor es una virtud, Elaine, pero esto es rid&#237;culo. D&#233;jame darme la vuelta.

&#161;No!

Por primera vez, Blaine se dio cuenta de que Elaine no era tan recatada ante ning&#250;n otro hombre de la casa, incluidos los sirvientes. Blaine demostraba a veces ser un poco lento en esas cuestiones, pero cuando le asaltaba una idea, era muy dif&#237;cil que la abandonara. A Elaine le gustaba Konrad.

Blaine mir&#243; alternativamente la r&#237;gida espalda de Konrad y a Elaine, que segu&#237;a luchando por entrar en la bata. Konrad era viudo, y pod&#237;a perfectamente volver a casarse. Supuso que deb&#237;a de ser atractivo, aunque &#233;l nunca lo hab&#237;a visto con esos ojos. A buen seguro, nunca se lo hab&#237;a imaginado como un futuro marido para su hermana. Pero tampoco hab&#237;a considerado a ning&#250;n hombre como tal.

Elaine se recost&#243; jadeando en las almohadas, con la bata azul muy apretada sobre su pecho. Los ojos azul turquesa destacaban febriles en contraste con la piel p&#225;lida; con su melena ligeramente ondulada esparcida sobre el rostro como una cortina dorada, parec&#237;a casi et&#233;rea. Como una descarga el&#233;ctrica que le recorriera todo el cuerpo hasta la punta de los dedos de los pies, Blaine se dio cuenta de que su hermana era hermosa. Qued&#243; fuertemente impresionado, casi asustado. &#191;C&#243;mo no se hab&#237;a dado cuenta antes?

La cuesti&#243;n ahora era: &#191;tambi&#233;n Konrad se habr&#237;a dado cuenta? Nada le hab&#237;a hecho pensar que el alto guerrero hubiera mirado a Elaine con esos ojos. Claro estaba que hasta ese d&#237;a &#233;l tampoco hab&#237;a visto a su hermana de ese modo.

&#191;Puedo darme la vuelta ya? -La voz de Konrad estaba cargada de desd&#233;n, pero Elaine parec&#237;a demasiado cansada para darse cuenta.

S&#237;-dijo.

Konrad se volvi&#243;. Su atractivo rostro moreno ten&#237;a el ce&#241;o fruncido. Como si lo estuviera esperando, Blaine se percat&#243; de la crispaci&#243;n en los ojos de Elaine, disgustada por el hecho de que Konrad le pusiera mala cara. &#161;Caray! El hecho de que la opini&#243;n de Konrad le importara tanto empezaba a preocuparlo. Era una tonter&#237;a, pero estaba celoso. En el momento en que lo advirti&#243;,

Blaine intent&#243; apartar de s&#237; los celos. Si el adusto Konrad pod&#237;a hacer feliz a su hermana, &#191;qui&#233;n era &#233;l para impedirlo? Por supuesto, ser&#237;a distinto si Konrad llegaba a herirla. Al fin y al cabo, &#191;acaso no era el deber de un hermano proteger a su hermana?

Konrad retir&#243; las mantas. Elaine se coloc&#243; correctamente la bata ya cerrada sobre el camis&#243;n. Sin que se lo pidiera, Konrad recogi&#243; las zapatillas del suelo y las desliz&#243; en sus pies descalzos, en un gesto sorprendentemente &#237;ntimo.

At&#243; el cintur&#243;n de la bata con un movimiento brusco, como, si todav&#237;a fuera una ni&#241;a.

Las mejillas de Elaine ard&#237;an por el rubor. &#201;sta se cuid&#243; mucho de mirar directamente a la cara a Konrad; no hubiera podido soportar encontrarse con sus ojos.

&#201;l la alz&#243; en brazos como si no pesara nada. Elaine pas&#243; los suyos alrededor de su cuello, el rostro apretado contra uno de sus hombros. Ten&#237;a un aspecto adorable en brazos de Konrad, p&#225;lida y enferma como estaba; demasiado c&#243;moda para el gusto de Blaine.

&#191;Podr&#225;s bajar t&#250; solo la escalera, Blaine? De lo contrario, puedo volver a subir y ayudarte a bajar.

Blaine neg&#243; con la cabeza.

Creo que podr&#233; hacerlo. -Bajar&#237;a la escalera &#233;l solo, o con la ayuda de otro. En ese preciso momento hubiera aceptado la ayuda de cualquiera de los habitantes de la casa excepto la de Konrad Burn.

Konrad empuj&#243; la puerta suavemente y sali&#243; con Elaine en brazos. No volvi&#243; la vista atr&#225;s, ni insisti&#243; en ofrecer ayuda a Blaine. &#201;ste hab&#237;a dicho que no. Nunca se le hubiera ocurrido pensar que no hab&#237;a sido sincero.

Blaine se levant&#243; de la silla haciendo palanca con el brazo, con un solo pie, mientras se apoyaba en el pesado marco. Cada vez que mov&#237;a la pierna herida sent&#237;a una punzada aguda de dolor. En el brazo el dolor era persistente y abrumador. Apoyada contra la pared hab&#237;a una muleta con una tela dispuesta en su parte superior. La asi&#243; y se la puso bajo el brazo. Hab&#237;a sido especialmente confeccionada para &#233;l, de acuerdo con su altura. Enfrentarse contra un monstruo sol&#237;a ser duro para un simple cuerpo. Y, como Teresa sol&#237;a decir, todos ellos eran personas sanas s&#243;lo temporalmente.

Blaine sali&#243; renqueando por la puerta. Konrad y Elaine ya hab&#237;an bajado la escalera. Se balance&#243; un momento en el corredor vac&#237;o, con la esperanza de que el dolor disminuyera un poco. Ya era bastante doloroso estar de pie con la pierna colgando, pero mucho m&#225;s lo era moverse.

De pie, intentando recuperar el aliento, se prepar&#243; para bajar brincando. Hab&#237;a sido un gesto pueril rechazar la ayuda de Konrad. Ahora pagar&#237;a por ello con dolor. Pero se trataba de su propio dolor, del privilegio de no aceptar la ayuda del hombre que hac&#237;a que se crispase el rostro de su hermana. No cre&#237;a que Konrad fuera consciente siquiera de los sentimientos de Elaine. Blaine no sab&#237;a si era mejor as&#237;. O peor. Probablemente daba lo mismo.

Intent&#243; mantener el equilibrio al inicio de la escalera, con una mano firmemente apoyada en la barandilla. Tras una respiraci&#243;n profunda, dio el primer paso. El dolor subi&#243; por la pierna como una llamarada de fuego. Para cuando llegara al final de la escalera, tendr&#237;a n&#225;useas, y se sentir&#237;a casi tan mal y tan d&#233;bil como Elaine. &#191;Era &#233;se el precio que deb&#237;a pagar por su orgullo?

Blaine salt&#243; hasta el siguiente escal&#243;n, apretando los dientes para no gritar de dolor. Pero volver&#237;a a hacer lo mismo. En su coraz&#243;n empezaba a anidar lentamente una c&#243;lera absurda contra aquel Konrad Burn.



Cap&#237;tulo 4

Sentado frente al hogar hab&#237;a un hombre de aspecto extra&#241;o. Ten&#237;a el pelo blanco como la nieve, y en su rostro destacaba una barba amarillenta y una nariz aguile&#241;a. Sonri&#243; a Elaine con unos amables ojos grises.

Elaine tom&#243; asiento al otro lado del fuego. Malah le coloc&#243; nuevamente una taza de t&#233; en las manos. La cocinera era una firme defensora de los poderes reconstituyentes del t&#233;.

El hombre tambi&#233;n beb&#237;a t&#233; a peque&#241;os sorbos, mientras sosten&#237;a en equilibrio sobre las rodillas un plato de galletas. Era el trato que recibir&#237;a cualquier invitado, salvo que a la mayor&#237;a de los invitados se los hac&#237;a pasar al sal&#243;n.

Jonathan estaba de pie en medio de la estancia, con los brazos cruzados y el ce&#241;o fruncido, mirando fijamente al desconocido, como si fuera un guardi&#225;n. Al parecer, la cocina ya era lo suficientemente buena para ese invitado tan especial.

Teresa se hab&#237;a sentado al lado de la mesa, junto con Konrad y Blaine; eran el p&#250;blico. No estaba claro si se encontraban all&#237; para ver a un mago real en carne y hueso, o para presenciar la reacci&#243;n de Jonathan. En todo caso, a buen seguro ser&#237;a interesante.

Soy Gersalius, mago. Por lo que me han dicho, t&#250; tambi&#233;n cuentas con ciertos poderes m&#225;gicos, Elaine.

Elaine lanz&#243; una mirada a la cara de pocos amigos de Jonathan.

No creo que se trate de magia.

El mago se reclin&#243; en la silla sujetando el plato de galletas.

Entonces, &#191;c&#243;mo llamar&#237;as a tus poderes?

La muchacha se encogi&#243; de hombros.

Simplemente visiones.

H&#225;blame de tus visiones -dijo Gersalius.

Elaine dio un sorbo a su t&#233; caliente, sin estar segura de qu&#233; deb&#237;a responder.

&#191;Quieres que te las describa?

Si t&#250; quieres.

Entrecerr&#243; los ojos, intentando no fruncir el ce&#241;o. Jonathan ya lo hac&#237;a por los dem&#225;s. Pero el mago le resultaba un tanto frustrante.

&#191;Qu&#233; quieres de m&#237;?

Ayudarte.

&#191;C&#243;mo?

Para ser alguien con poderes m&#225;gicos, tu actitud es considerablemente suspicaz.

Elaine baj&#243; la vista.

No s&#233; qu&#233; me quieres decir.

Basta ya de juegos de palabras -dijo Jonathan-. &#191;Pod&#233;is ayudarla o no? -Al decir esto, se plant&#243; ante ellos con aire de desaprobaci&#243;n.

Maese Ambrose, si Elaine estuviera enferma y hubierais llamado a un doctor, &#191;le dir&#237;ais c&#243;mo debe hacer su trabajo?

Hasta hora, no hab&#233;is hecho nada.

Gersalius profiri&#243; un suspiro.

La muchacha tiene poderes m&#225;gicos. Salta a la vista, claro est&#225;, para cualquiera capaz de darse cuenta.

Tiene visiones; eso es todo.

Gersalius se puso en pie, con el t&#233; y las galletas en la mano.

Si insist&#237;s en llevarme la contraria en todo, no podr&#233; ayudarla,

Pues bien, entonces ya pod&#233;is iros -dijo Jonathan.

Jonathan -dijo Teresa. Pero esa &#250;nica palabra estaba cargada de dureza, casi de amenaza.

Jonathan se volvi&#243; hacia ella.

Lo &#250;nico que ha hecho desde que entr&#243; en nuestra casa es hablar en clave.

No le has dejado hacer gran cosa m&#225;s, Jonathan.

Elaine no es maga.

Jonathan. -La voz de Teresa era suave pero firme-. Elaine ha estado a punto de morir hoy. Ha sido su visi&#243;n lo que casi la ha matado. Las visiones son una manifestaci&#243;n m&#225;gica. Debemos averiguar qu&#233; le sucedi&#243;.

No es maga -porfi&#243; &#233;l.

&#191;Y si resulta que al final s&#237; lo es? -repuso Teresa.

Jonathan cerr&#243; la boca con un audible chasquido y se alej&#243; de todos ellos.

Elaine se acurruc&#243; en la silla, el t&#233; olvidado todav&#237;a entre las manos. &#191;Acaso la echar&#237;an si realmente era maga? &#191;La expulsar&#237;an del &#250;nico hogar que hab&#237;a conocido?

Malah se acerc&#243; a ella por detr&#225;s, y pos&#243; las manos en los hombros de Elaine.

Nadie podr&#225; echarte.

Si ya no se nos quiere aqu&#237; -intervino Blaine-, podemos irnos. -Su voz estaba encendida de ira. Tras decir esto, se levant&#243; con gran dificultad.

Vuelve a sentarte, Blaine -dijo Konrad-. Nadie va a echar a Elaine. -Su voz era firme y decidida.

Elaine se volvi&#243; en su silla para contemplar la escena. Los verdes ojos de Konrad echaban chispas, las facciones de su rostro estaban tensas por la c&#243;lera.

&#191;Se habr&#237;a indignado de igual modo en caso de que fuera cualquier otra persona la expulsada? &#191;O hab&#237;a reaccionado as&#237; porque se trataba de ella? Elaine sinti&#243; una calidez en la cara que no ten&#237;a nada que ver con la p&#233;rdida potencial de su hogar.

Teresa se puso en pie.

Jonathan, ser&#225; mejor que dejes clara tu postura en este asunto.

Jonathan extendi&#243; los brazos, en un gesto de impotencia.

Por supuesto, Elaine se quedar&#225;, eso est&#225; claro, independientemente de lo que suceda. &#201;sta es su casa.

Pero hab&#237;a algo en su voz que hizo a Elaine encogerse en su asiento. Una especie de vacilaci&#243;n, como si fuera a a&#241;adir algo m&#225;s, que qued&#243; en el tintero. Si realmente era maga, &#233;l nunca podr&#237;a aceptarlo. En el fondo no podr&#237;a.

Ella no quer&#237;a ser maga. Las visiones ya la hac&#237;an sufrir bastante.

Toma asiento, Gersalius -dijo Teresa-. Jonathan y yo est&#225;bamos a punto de dejaros solos, para que puedas seguir haciendo tu trabajo.

Jonathan abri&#243; la boca para protestar, pero Teresa lo detuvo con un leve gesto.

Tenemos que hablar, esposo. Y el mago tiene que examinar a Elaine.

Casi nunca lo llamaba esposo. Y, en tal caso, normalmente sol&#237;a tratarse del principio de una ri&#241;a o como m&#237;nimo de una discrepancia.

Jonathan, ya en pie, se irgui&#243; a&#250;n m&#225;s. &#161;

Si as&#237; lo deseas, esposa. -La ira pod&#237;a percibirse claramente en su voz.

As&#237; lo deseo. -Teresa sali&#243; de la estancia, y &#233;l la sigui&#243;.

Se hizo el silencio durante unos minutos. Despu&#233;s Gersalius se sent&#243; y dijo:

Descr&#237;beme una de tus visiones, Elaine, te lo ruego.

Elaine sorbi&#243; su t&#233;. No quer&#237;a hablar con el mago, y no s&#243;lo porque deseara evitar cualquier clase de conflicto. Jonathan los hab&#237;a aleccionado bien. La magia pod&#237;a ser &#250;til, pero tambi&#233;n pod&#237;a adquirir un car&#225;cter mal&#233;fico con suma facilidad.

No quiero hacer magia -dijo en un susurro.

La sonrisa de Gersalius se hizo m&#225;s amplia.

Muchacha, la magia no es una elecci&#243;n. He conocido hombres que deseaban m&#225;s que nada en el mundo hacer magia, pero no ten&#237;an poderes. No es posible obligar a la magia a que fluya por tu cuerpo, ni tampoco librarte de ella si se trata de una habilidad natural.

S&#233; de gente que hac&#237;a tratos con entes malignos para obtener poderes m&#225;gicos.

Eso no es magia natural, Elaine. &#201;se es un acto abominable.

La magia es magia.

Esas palabras no salen de tu boca, muchacha.

Elaine baj&#243; la vista hacia el fondo de su taza.

No s&#233; qu&#233; quieres decir.

Elaine, la magia, la verdadera magia, no tiene un car&#225;cter intr&#237;nsecamente maligno. Es como una espada. El acero por s&#237; mismo no tiene ninguna inclinaci&#243;n hacia el bien o el mal. Es la mano que blande la espada la que determina si &#233;sta ser&#225; usada con una finalidad perversa o benigna. El arma en s&#237; misma es neutral.

Pero

Elaine le escrut&#243; el rostro, intentando ver algo inexistente, puesto que no pudo ver el menor rastro de maldad en &#233;l. Elaine no estaba segura de haber estado antes cerca de un mago que no estuviera contaminado por ella.

Puedes percibir que no pretendo hacerte da&#241;o.

S&#237;.

Es la magia la que te permite detectar si te estoy diciendo la verdad o si miento.

Elaine neg&#243; con la cabeza.

No siempre puedo saber si alguien miente o no.

Con la pr&#225;ctica podr&#237;as llegar a conseguirlo.

&#191;T&#250; puedes?

El mago sonri&#243;.

Casi en todos los casos. Por supuesto, hay quien tiene poderes superiores a los m&#237;os, y de vez en cuando consigue enga&#241;arme.

La magia es poco fiable.

No hay nada que sea siempre fiable.

Una breve sonrisa ilumin&#243; el rostro de Elaine antes de que &#233;sta pudiera reprimirla.

&#191;Lo ves? Tampoco est&#225; tan mal -a&#241;adi&#243; el mago.

Elaine borr&#243; la sonrisa de su cara, pero no pudo librarse de la calidez que la hab&#237;a acompa&#241;ado. Malah volvi&#243; a llenar la taza de t&#233; de Elaine sin preguntar. Despu&#233;s se volvi&#243; hacia el mago.

&#191;Desear&#237;ais un poco m&#225;s, se&#241;or?

S&#237;, por favor. -Le tendi&#243; la taza y el plato de galletas simult&#225;neamente.

&#191;M&#225;s dulces?

Algunas de esas excelentes galletas, gracias.

Malah se ruboriz&#243; e hizo una torpe reverencia. Y no era porque todos los habitantes de la casa no elogiaran a menudo sus artes culinarias.

Elaine vio c&#243;mo la regordeta cocinera se apresuraba a satisfacer al mago. &#191;Acaso le hab&#237;a salido un rival a Harry, el mozo de cuadras? No, eso era una tonter&#237;a. Malah sab&#237;a que Jonathan nunca permitir&#237;a que un mago la cortejara.

A Elaine se le hizo un nudo en el est&#243;mago. &#191;Ser&#237;a capaz Jonathan de tolerar un mago bajo su propio techo? &#191;Aun cuando se tratara de ella?

Malah regres&#243; con un plato de galletas para ambos, que dispuso en un taburete frente al hogar.

Gracias, Malah -dijo Gersalius.

Malah solt&#243; una risita nerviosa.

Un simple gracias, y Malah re&#237;a como una colegiala. Elaine no hab&#237;a visto nunca antes a la cocinera comportarse de ese modo, ni siquiera cuando Harry estaba cerca.

Malah los dej&#243; para ocuparse de algo que ten&#237;a en el fuego. Un rubor de satisfacci&#243;n le te&#241;&#237;a la nuca.

&#191;Realmente era el mago tan encantador? &#191;O se trataba de un hechizo? A Elaine le hubiera gustado preguntar, pero no quer&#237;a poner en evidencia a Malah.

Gersalius sorbi&#243; su t&#233; y mir&#243; a Elaine. En sus ojos vio un centelleo que parec&#237;a indicar que sab&#237;a lo que ella estaba pensando.

&#191;Sabes lo que estoy pensando ahora mismo? -inquiri&#243; Elaine.

S&#237;, pero eso no tiene nada que ver con la magia.

&#191;C&#243;mo puedes saberlo entonces?

El mago se inclin&#243; hacia adelante, y baj&#243; la voz.

La expresi&#243;n de tu cuerpo era de rechazo cuando la cocinera me estaba atendiendo hace un instante. Tu cara es como un espejo, muchacha, atravesada por cada uno de tus pensamientos.

Elaine frunci&#243; el ce&#241;o.

No te creo.

No quieres creerlo -repuso el mago-. Te asusta la mera idea de que un extra&#241;o pueda leer con tanta facilidad tus pensamientos o tus sentimientos.

Elaine abri&#243; la boca para contradecirlo, pero no lo hizo. Lo que le preocupaba no era tanto el hecho de que el mago pudiera adivinar sus pensamientos, sino que &#233;stos tambi&#233;n fueran obvios para los dem&#225;s. &#191;Sab&#237;a Konrad cu&#225;les eran sus sentimientos? &#191;Lo sab&#237;a alguien m&#225;s? &#191;Acaso era tan transparente?

Soy muy observador, Elaine, al contrario que la mayor&#237;a de la gente, incluso aquellos que te ven todos los d&#237;as. De hecho, he aprendido que los que han visto crecer a alguien son con frecuencia los que menos se percatan de las cosas. Ya conoces el dicho de que donde hay confianza hay invisibilidad.

Cre&#237;a que era donde hay confianza hay asco.

Bien, s&#237;, tal vez sea as&#237;, pero yo no creo que no te aprecie.

Me est&#225;s leyendo la mente -objet&#243; Elaine, que se irgui&#243; y apret&#243; con fuerza la taza entre las manos.

Tal vez s&#237;, s&#243;lo un poco. El hecho de que seas una maga sin ning&#250;n tipo de formaci&#243;n facilita las cosas. Las emociones fuertes tambi&#233;n resultan normalmente m&#225;s f&#225;ciles de descifrar.

Las manos de Elaine temblaron, y derramaron el t&#233; caliente sobre su piel. Malah corri&#243; hacia ella, le quit&#243; la taza de las manos y sec&#243; el l&#237;quido con una toalla limpia.

&#191;Te has quemado las manos?

Konrad se arrodill&#243; al lado de la silla de Elaine, y dispuso un trapo sobre sus manos. El fr&#237;o le hizo dar un respingo. Dentro del trapo hab&#237;a nieve.

El fr&#237;o es lo mejor para una quemadura leve.

Sus manos envolvieron las de ella, presionando la nieve contra la piel. Elaine sinti&#243; una opresi&#243;n en el pecho. El peso de las manos de Konrad sobre las suyas ahuyent&#243; el fr&#237;o de su cuerpo. Aunque su piel estuviera en contacto con la nieve, Elaine sent&#237;a calor. Advirti&#243; c&#243;mo &#233;ste ascend&#237;a hasta su cuello, y entonces supo que se estaba ruborizando.

Konrad se limitaba a mirarle las manos, cumpliendo con su deber de enfermero. En ning&#250;n momento la mir&#243; a la cara.

Los ojos de Elaine se encontraron con la mirada del mago. Gersalius ten&#237;a raz&#243;n, Konrad no sab&#237;a nada. No pod&#237;a ver lo que un extra&#241;o hab&#237;a captado tan f&#225;cilmente.

&#191;C&#243;mo tienes las manos ahora? -pregunt&#243; Konrad.

Elaine baj&#243; la vista para mirarlo. El rubor hab&#237;a desaparecido al saber que &#233;l no sent&#237;a nada con su roce. Cuando Konrad hab&#237;a bajado la escalera con ella en brazos, el mero contacto de su cuerpo hab&#237;a hecho que Elaine se estremeciera. Para &#233;l, en cambio, se trataba &#250;nicamente de otra tarea. Otra persona enferma a la que atender.

Ya no me duelen -respondi&#243;.

Konrad hizo un gesto de aprobaci&#243;n con la cabeza y se puso en pie, mientras recog&#237;a el trapo para lavarlo y ponerlo a secar. En ning&#250;n momento mir&#243; atr&#225;s.

&#191;Quieres m&#225;s t&#233;, Elaine? -pregunt&#243; Malah.

Elaine neg&#243; con un gesto.

Malah se llev&#243; la taza que hab&#237;a causado el problema, sin siquiera coquetear con el mago.

H&#225;blame de tus visiones -dijo Gersalius.

Su voz era afable, como si supiera de qu&#233; se hab&#237;a percatado Elaine. Puesto que pod&#237;a leerle los pensamientos, probablemente lo sab&#237;a.

Su primera reacci&#243;n fue de ira. &#191;C&#243;mo se atrev&#237;a a espiar sus sentimientos? Elaine abri&#243; la boca para pedirle que se fuera, que la dejara sola, pero la mirada de sus ojos azules era demasiado amable, su rostro demasiado comprensivo.

No escuchar&#237;a tus pensamientos con tanta claridad si pudiera evitarlo. Pero esparces tus sentimientos como si fueran las chispas de un fuego. Brillas, Elaine. Brillas por tu talento. Cuando me dijeron tu edad, y que nunca hab&#237;as recibido ninguna clase de formaci&#243;n, pens&#233; que tus habilidades ser&#237;an m&#237;nimas. &#191;C&#243;mo si no hubiera podido permanecer la magia bajo control durante tanto tiempo?

De repente, su rostro adopt&#243; una expresi&#243;n seria. Se inclin&#243; hacia ella, y Elaine se sorprendi&#243; de pronto acerc&#225;ndose al mago.

La fuerza de tu voluntad es implacable, Elaine. No quer&#237;as ser una maga, as&#237; que reprimiste la magia que hab&#237;a en tu interior. La dejaste encerrada utilizando para ello &#250;nicamente tu brillante voluntad, la determinaci&#243;n pura. Si pudieras aprovechar esa fuerza para aprender magia, el resultado ser&#237;a formidable. Y aprender&#237;as muy r&#225;pido.

Elaine lo mir&#243; fijamente a los ojos desde tan s&#243;lo unos cuantos cent&#237;metros de distancia. El mago le estaba susurrando al o&#237;do, all&#237;, ante el fuego; era un conspirador. Su poder se deslizaba sobre la piel de Elaine como el viento. El vello de la nuca y de sus brazos se eriz&#243;. Se le puso carne de gallina. Sinti&#243; c&#243;mo algo surg&#237;a en su interior, algo que no era fuego, ni fr&#237;o, ni ninguna otra cosa a la que pudiera dar un nombre. Fuera lo que fuera, Elaine sinti&#243; que aquello flu&#237;a a trav&#233;s de su cuerpo, respondiendo a la magia del mago. Lo semejante llamaba a lo semejante.

Elaine tom&#243; aire con suavidad. Hab&#237;a estado conteniendo la respiraci&#243;n sin darse cuenta. En las puntas de los dedos sent&#237;a un hormigueo, como si la magia fluyera desde sus manos; Sinti&#243; la necesidad de tocar al mago, para comprobar si la fuerza de esa magia aumentar&#237;a con un simple roce. Sospechaba que ser&#237;a as&#237;. Quer&#237;a tocarle la mano. Le dol&#237;a la piel debido a la necesidad de saber qu&#233; suceder&#237;a. Pero esa necesidad ven&#237;a acompa&#241;ada de miedo.

Cruz&#243; los brazos por encima del est&#243;mago y ocult&#243; las manos apretadas contra el cuerpo, cerradas en un pu&#241;o, como si quisiera hacerlas desaparecer. Necesit&#243; de toda su fuerza de voluntad, de la que Gersalius hab&#237;a hablado antes, para contenerse y no alargar un brazo hasta el mago.

Se reclin&#243; en la silla separ&#225;ndose todo lo que pudo de &#233;l sin levantarse.

Gersalius tambi&#233;n se separ&#243; de ella, dej&#225;ndole m&#225;s espacio.

Cuando la magia toca a la magia, &#233;sta puede aumentar de intensidad. Depende de la clase de magia de cada persona. La tuya, en mayor medida que la m&#237;a, radica en la imposici&#243;n de las manos, creo.

&#191;C&#243;mo puedes saberlo?

El mago se encogi&#243; de hombros y sonri&#243;.

Una de mis habilidades es evaluar el talento de los dem&#225;s. La mayor&#237;a de los magos pueden reconocer el poder y valorar su fuerza potencial, pero muy pocos pueden dilucidar qu&#233; m&#233;todo emplear&#225; la magia para manifestarse.

&#191;La magia elige la forma en la que se hace patente? -Elaine hizo una pregunta, as&#237; que el mago se dispuso a responderla.

Con frecuencia es as&#237;. Si hubieras recibido alguna clase de formaci&#243;n con anterioridad, tal vez habr&#237;as podido elegir el camino de tu poder; pero tal vez no. Ahora la magia ya ha tomado decisiones por s&#237; misma. Tus visiones, por ejemplo.

Elaine neg&#243; con la cabeza.

Hablas como si la magia fuera otro ser dentro de m&#237;, y con voluntad propia.

No es eso exactamente. No es una entidad separada de ti. No tiene sentimientos ni pensamientos propios. -El mago arrug&#243; la frente, pensativo. Sonri&#243; como si se le acabara de ocurrir algo agradable o hubiera tenido una inspiraci&#243;n-. Pongamos por ejemplo que tuvieras un don para la costura, pero no como algo aprendido, sino un don natural. Naciste para ser costurera o sastra. Pero nunca tuviste la oportunidad de aprender a coser. De repente un buen d&#237;a confeccionas un hermoso vestido para un baile. Una semana m&#225;s tarde haces otro a&#250;n m&#225;s bonito que el primero.

Si hubieras podido aprender a coser a una edad temprana, habr&#237;as podido decidir si quer&#237;as dise&#241;ar vestiduras ceremoniales o ropa interior de abrigo, pero como tu talento estaba en estado latente, &#233;ste decidi&#243; hacer vestidos de baile. Tal vez ser&#237;as m&#225;s feliz tejiendo chales o dise&#241;ando vestidos m&#225;s sencillos para ocasiones m&#225;s modestas, pero ahora es demasiado tarde. Tu talento para coser ha decidido hacer trajes de fiesta para la gente adinerada.

El mago escrut&#243; el rostro de Elaine un momento, como intentando calibrar hasta qu&#233; punto funcionaba su analog&#237;a.

&#191;Por qu&#233; no sabes qu&#233; es lo que estoy pensando ahora? -pregunt&#243; la muchacha.

El mago respondi&#243; en tono risue&#241;o.

Muy bien, Elaine, muy bien. Al separarte de m&#237; hace un momento, cerraste algo m&#225;s que tu cuerpo; encerraste tambi&#233;n tus pensamientos. Pero creo que el hecho de que hayas intuido tan r&#225;pido que ya no pod&#237;a seguir leyendo tus pensamientos es a&#250;n m&#225;s prometedor.

Pero no s&#233; c&#243;mo lo hice.

Intenta recordar qu&#233; sent&#237;a tu cuerpo cuando te apartaste de m&#237;. Piensa en las sensaciones. &#191;C&#243;mo eran?

Elaine reflexion&#243; acerca de ello un momento. &#191;Hab&#237;a sentido algo? No pod&#237;a recordarlo. Se hab&#237;a apartado de &#233;l f&#237;sicamente, pero &#191;hab&#237;a sucedido algo m&#225;s? Cerr&#243; los ojos, intentando recordar c&#243;mo se hab&#237;a sentido. La sensaci&#243;n que antes le hab&#237;a recorrido la piel hab&#237;a desaparecido al poner una distancia entre ellos. La magia se hab&#237;a retirado a su interior. Hab&#237;a roto la conexi&#243;n con Gersalius. Le hab&#237;a cerrado las puertas a su mente y a su magia. Era un pensamiento reconfortante.

Abri&#243; los ojos.

Cu&#233;ntame -dijo el mago.

Elaine le cont&#243; lo que hab&#237;a sentido.

Tienes una percepci&#243;n sorprendente de los principios b&#225;sicos. &#161;Qu&#233; disc&#237;pula tan fant&#225;stica ser&#237;as! -La expresi&#243;n de su rostro era entusiasta, como si acabara de crear a Elaine en ese preciso instante.

&#191;Qu&#233; significar&#237;a convertirme en tu disc&#237;pula? -Se sorprendi&#243; a s&#237; misma formulando esa pregunta. &#191;Realmente estaba contemplando la posibilidad de estudiar magia? En efecto, acababa de hacerlo.

Cuanto m&#225;s tiempo pudieras pasar conmigo, m&#225;s r&#225;pido aprender&#237;as, y m&#225;s pronto podr&#237;as controlar tus poderes.

&#191;Tendr&#237;a que mudarme a tu casa?

Por supuesto, ser&#237;as bienvenida. La otra posibilidad es que yo me mudara aqu&#237;. Estar&#237;a dispuesto a hacerlo. En circunstancias normales, con alguien tan predispuesto a aprender, acudir&#237;a a su casa para su instrucci&#243;n. No me gustar&#237;a tener que separar a una joven maga de su familia y amigos.

Un pensamiento no expresado en voz alta qued&#243; flotando entre ellos: aqu&#233;llas no eran circunstancias normales.

Jonathan nunca alojar&#237;a a un mago bajo su propio techo.

&#191;Aunque se trate de ti?

Elaine neg&#243; con un movimiento brusco de cabeza, que hizo que su melena le azotara el rostro. No quer&#237;a pensar en ello.

No lo s&#233;.

Si no podemos persuadirlo de que permita a un mago extra&#241;o vivir bajo su propio techo, tal vez ser&#225; m&#225;s f&#225;cil que acepte cuando ya hayas sido instruida.

Aquello ten&#237;a cierta l&#243;gica, pero el odio de Jonathan hacia los magos no.

Blaine grit&#243; desde la mesa:

Podr&#237;a funcionar.

Y yo que cre&#237;a que nuestra conversaci&#243;n era privada -dijo Gersalius, pero no hab&#237;a enfado en su voz.

Blaine lleg&#243; hasta ellos, sonriente.

Si os mud&#225;is aqu&#237;, deb&#233;is saber que no hay conversaciones privadas.

Hay una peque&#241;a caba&#241;a dentro de la finca -dijo Konrad-. Os ayudar&#237;amos a hacer las reparaciones necesarias y a mudaros.

&#191;Realmente crees que Jonathan permitir&#237;a a un mago vivir en el interior de las murallas?

Elaine alz&#243; la vista hacia el alto guerrero. Intent&#243; ver alg&#250;n indicio que le indicara que no har&#237;a semejante esfuerzo por cualquiera, sino porque se trataba de ella. Su rostro era inescrutable. &#191;Podr&#237;a llegar a leerle los pensamientos, tal como Gersalius hab&#237;a le&#237;do los suyos?

El mago le roz&#243; levemente la mano. Sin magia, simplemente un breve contacto para llamar su atenci&#243;n.

Si yo estuviera en tu lugar, no lo intentar&#237;a. Con frecuencia descubrimos cosas que no queremos saber. Adem&#225;s, &#191;c&#243;mo crees que se sentir&#237;a Jonathan si supiera que ya est&#225;s intentando utilizar la magia en relaci&#243;n con los habitantes de la casa?

De nuevo me lees los pensamientos.

Como ya te dije, las emociones fuertes facilitan las cosas.

Konrad y Blaine arrugaron la frente simult&#225;neamente.

&#191;De qu&#233; est&#225;is hablando? -pregunt&#243; Blaine.

Gersalius sonri&#243;.

Si maese Ambrose me permitiera quedarme aqu&#237;, aunque fuera en la peque&#241;a caba&#241;a, lo har&#237;a. Por semejante disc&#237;pula, estar&#237;a dispuesto a abandonar mi c&#243;modo y acogedor hogar, incluso con estas nieves.

Hablar&#233; con Teresa -dijo Konrad-. Si alguien puede convencerlo para que d&#233; su aprobaci&#243;n, es ella.

&#191;Crees que aceptar&#225;? -pregunt&#243; Elaine, mientras se inclinaba hacia &#233;l, ansiosa por tocarle las manos, rozarle la piel desnuda, y hacer que se estremeciera del mismo modo que ella.

De nuevo Gersalius le dio unas palmaditas en la mano, mientras negaba levemente con la cabeza. Elaine lo mir&#243; con el ce&#241;o fruncido.

No estaba

La magia incontrolada tiende a buscar aquello que desea -replic&#243;, en voz tan baja que seguramente nadie m&#225;s pudo o&#237;rlo.

Elaine sinti&#243; una oleada de calor que le sub&#237;a desde el cuello hasta el rostro. De pronto se sorprendi&#243; ruboriz&#225;ndose, irritada por el hecho de que sus emociones fueran tan obvias. Alz&#243; la mirada hacia Konrad, pero &#233;ste parec&#237;a simplemente desconcertado.

&#191;Por qu&#233; aparece ahora la magia? &#191;Por qu&#233; no se manifest&#243; antes?

Ha estado intentando salir por tus rendijas durante alg&#250;n tiempo. Ahora estoy aqu&#237; y puedo decirte cu&#225;ndo se manifiesta y cu&#225;l es el objetivo de ese poder. Pero ya hace tiempo que est&#225; presente.

Elaine reflexion&#243; acerca de ello. Magia incontrolada que flotaba alrededor de su ser y actuaba en funci&#243;n de sus deseos.

&#191;Soy peligrosa?

En estos momentos, sobre todo para ti misma. Pero eso cambiar&#225;, Elaine; con instrucci&#243;n o sin ella, eso cambiar&#225;.

El miedo le recorri&#243; la piel, como una g&#233;lida ola.

No puedo poner en peligro a la gente a la que quiero. Si Jonathan no te permite vivir aqu&#237;, tendr&#233; que irme.

Y yo me ir&#233; contigo -dijo Blaine.

No, Blaine, los dos no podemos irnos.

No permitir&#233; que te vayas sola. Lo sabes perfectamente -dijo con un rictus de tenacidad.

Nadie se va a ninguna parte -intervino Konrad-. Voy a buscar a Teresa. &#191;Podr&#237;ais esperar hasta que hayamos solucionado este asunto, maese Gersalius?

El mago asinti&#243; con la cabeza.

Con mucho gusto, siempre que haya m&#225;s galletas de &#233;sas tan deliciosas.

Malah se acerc&#243; con otro plato de galletas.

No perderemos a nuestra Elaine por la testarudez de Jonathan.

No -confirm&#243; Konrad-, no lo permitiremos. -Dicho esto, gir&#243; sobre s&#237; mismo y sali&#243; en busca de Teresa.

Ser&#225; mejor que vaya con &#233;l. Sabes que a Teresa le cuesta mucho negarme cualquier cosa. -Blaine sali&#243; con una sonrisa y agitando el brazo, lleno de seguridad en s&#237; mismo, o como m&#237;nimo eso aparentaba.

Malah segu&#237;a removiendo la olla en el fuego.

Konrad har&#237;a lo mismo por cualquiera de nosotros, &#191;no crees? -pregunt&#243; Elaine con voz suave.

Mucho me temo que as&#237; es -respondi&#243; Gersalius.

&#191;Ser&#233; capaz de leer sus verdaderos sentimientos alg&#250;n d&#237;a?

Los ojos del mago conten&#237;an tristeza, como si estuviera reviviendo el dolor de una vieja herida.

Me temo que demasiado r&#225;pidamente.

&#191;Pudiste leer sus pensamientos?

No, muchacha, eso ser&#237;a inmoral, a menos que se trate de otro mago. Si la otra persona no puede leer tu propia mente, resulta sumamente injusto. Ser&#237;a como leer su correo privado.

Crees que no me gustar&#237;a lo que podr&#237;a encontrar, &#191;no es cierto?

Quiero que seamos sinceros el uno con el otro desde el principio, Elaine Clairn. No, no creo que te gustara.

Elaine apart&#243; la mirada de sus ojos amables. El fuego brill&#243; en las l&#225;grimas no derramadas hasta que la estancia empez&#243; a desdibujarse en una sombra anaranjada. Cerr&#243; los ojos, y una sola l&#225;grima recorri&#243; cada una de sus mejillas. El aprendizaje de la magia presentaba m&#225;s escollos de lo que hab&#237;a imaginado. Aprender&#237;a a leer la mente y los sentimientos, y, por mucho que Gersalius le advirtiera, Elaine sab&#237;a que un buen d&#237;a leer&#237;a la mente de Konrad. No ser&#237;a capaz de resistir la tentaci&#243;n. Y eso pondr&#237;a fin a las suposiciones, a la esperanza, al miedo, para dejar al descubierto la verdad desnuda. Y entonces se le romper&#237;a el coraz&#243;n, as&#237; de simple.



Cap&#237;tulo 5

Jonathan Ambrose estaba solo en su estudio. Su ventana daba al patio interior del fuerte. Desde all&#237; pod&#237;a ver la caba&#241;a que le hab&#237;an ofrecido al mago. Unas luces extra&#241;as, procedentes de las ventanas y la puerta abierta de la caba&#241;a, bailaban sobre la nieve. Columnas de polvo gris sal&#237;an de la puerta y ensuciaban la nieve. Un mont&#243;n de desechos se mov&#237;an ordenadamente por arte de magia hacia el exterior, para ser amontonados por unas manos invisibles a un lado de la entrada de la caba&#241;a.

De las diminutas ventanas de sucios cristales sal&#237;a un resplandor dorado. Pero no era la luz de una l&#225;mpara, sino de la magia. &#191;C&#243;mo hab&#237;a permitido que lo convencieran para consentir algo semejante? &#191;C&#243;mo era posible? Sab&#237;a perfectamente qu&#233; significaba permitir la estancia dentro de las murallas a un mago. Se trataba de criaturas d&#233;biles, que pod&#237;an pasarse f&#225;cilmente al lado oscuro. Todos ellos anhelaban el poder, y la oscuridad ofrec&#237;a maneras m&#225;s sencillas de conseguirlo que la luz. El mismo poder, pero con menos esfuerzo. Jonathan todav&#237;a no hab&#237;a conocido a un mago que pudiera resistir la tentaci&#243;n.

Lo cual le hizo pensar en Elaine. La peque&#241;a Elaine. Durante todo aquel tiempo hab&#237;a albergado a una maga en su casa. Jonathan profiri&#243; un suspiro y se recost&#243; en la silla. Una mesa rota levitaba, girando gr&#225;cilmente para poder pasar a trav&#233;s de la estrecha puerta de la caba&#241;a. &#191;Ser&#237;a capaz Elaine alg&#250;n d&#237;a de hacer algo semejante?

El hab&#237;a intuido en lo m&#225;s profundo de su ser que Elaine ten&#237;a poderes, pero hab&#237;a preferido fingir; no hab&#237;a querido admitir esa verdad. Elaine casi hab&#237;a muerto. Cuando la hab&#237;a tocado, su cuerpo estaba fr&#237;o como el de aquellos que llevan largo rato muertos. No hab&#237;an sido las palabras de Teresa las que hab&#237;an convencido a Jonathan, sino la cara de Elaine, p&#225;lida como la de un fantasma. La mano inm&#243;vil como la de un cad&#225;ver en la suya caliente. El recuerdo de Elaine inconsciente en la nieve hab&#237;a tomado la decisi&#243;n por &#233;l. Si sus poderes m&#225;gicos pod&#237;an matarla, deb&#237;a recibir instrucci&#243;n para aprender a controlarlos. No pod&#237;a asumir el riesgo de que muriera por culpa de sus prejuicios.

Un zarcillo de chispas semejantes a luci&#233;rnagas multicolores bailaba en las ventanas de la caba&#241;a. La cuesti&#243;n era la siguiente: &#191;podr&#237;a Jonathan soportar la presencia de un mago bajo su propio techo? &#191;Un mago poderoso y adiestrado en su casa? No hab&#237;a tenido hijos y nunca se hab&#237;a arrepentido. Lo que todav&#237;a no hab&#237;a podido reconocer, ni siquiera en lo m&#225;s &#237;ntimo, era que Elaine, Blaine e incluso Konrad eran sus hijos. O, como m&#237;nimo, su familia.

Teresa hab&#237;a perdido dos hijos durante el parto. Los m&#233;dicos hab&#237;an dicho que otro embarazo podr&#237;a matarla, y que el ni&#241;o casi con toda seguridad morir&#237;a. Thordin le hab&#237;a hablado de los maestros sanadores de su tierra, que con un solo toque pod&#237;an curar, que eran capaces de devolver la vida a los muertos. Nadie sabe lo que hubiera dado Jonathan por contar con un sanador semejante que pudiera devolver la vida a sus hijos muertos y curar el dolor que hab&#237;a visto en los ojos de Teresa y en los suyos propios.

Un remolino sali&#243; danzando de la puerta de la caba&#241;a. Entre la suciedad y los desechos giratorios relampagueaban luces m&#225;gicas, a tal velocidad que las luces se unieron para formar estelas de colores brillantes. La nieve ascendi&#243; en forma de columna, reflejando los colores. La suciedad se mezcl&#243; con la nieve, atenuando el brillo de las luces. La blancura y las luces multicolores se oscurecieron. El remolino se alz&#243; por encima de la nieve, dejando atr&#225;s los desechos para regresar al interior a trav&#233;s de la puerta abierta.

As&#237; era la magia. Bonita, incluso hermosa, pero ensuciaba todo aquello que tocaba.

Con un suspiro, Jonathan se apart&#243; de la ventana. Acerc&#243; la silla al escritorio, cuya superficie estaba incre&#237;blemente limpia. Teresa lo hab&#237;a obligado recientemente a ordenar todos sus papeles. Hab&#237;a algo reconfortante en los familiares papeles amontonados. Ahora el escritorio desnudo resultaba un tanto intimidatorio.

En el centro de aquella superficie suave y oscura hab&#237;a una carta. En el pesado papel de vitela no hab&#237;a m&#225;s que unas cuantas palabras garabateadas. La en&#233;rgica escritura de Calum Songmaster hab&#237;a quedado reducida a una l&#237;nea sinuosa. Era la escritura de un anciano enfermo, un moribundo. Jonathan dio tres fuertes pu&#241;etazos en el brazo de la silla. No era justo. Simplemente, no era justo.

Neg&#243; con la cabeza, mientras una leve sonrisa se abr&#237;a paso a trav&#233;s de su barba. Jonathan Ambrose, exterminador de magos, se lamentaba del hecho de que el mundo fuera injusto. Como si no lo supiera desde hac&#237;a ya muchos a&#241;os. Resultaba gracioso y al mismo tiempo amargo. Algunas cosas eran demasiado terribles para poder comprenderlas o perdonarlas, por mucho que uno supiera del mundo. La agon&#237;a de Calum en su lecho de moribundo era una de ellas.

Thordin insist&#237;a en que hab&#237;a sanadores en su tierra natal que podr&#237;an salvar a Calum, que podr&#237;an devolverle la salud. Jonathan neg&#243; en&#233;rgicamente con la cabeza, como para expulsar aquellos pensamientos. Amargarse no servir&#237;a de nada. Pero responder a aquella carta tal vez s&#237;.

La nota dec&#237;a simplemente:


Querido Jonathan:

La aldea de Cortton ha ca&#237;do bajo el influjo de un conjuro mal&#233;fico. Han solicitado ayuda de la hermandad. Te ruego los ayudes.

Siempre tuyo,

CALUM SONGMASTER.


Jonathan reley&#243; la carta. Pero siempre dec&#237;a lo mismo. No hab&#237;a informaciones nuevas. Semejante brevedad no era propia de Calum, pero y si le costaba escribir Sin embargo, el hecho de que fuera tan escueto lo inquietaba.

Calum era su contacto, su &#250;nico v&#237;nculo con el resto de la hermandad y quien les encomendaba las misiones que deb&#237;an llevar a cabo. Jonathan hab&#237;a estado a su servicio durante la mayor parte de su vida adulta, pero no conoc&#237;a a nadie, aparte de Calum y unos cuantos m&#225;s, que a su vez recib&#237;an &#243;rdenes de Calum. En un principio, lo que se pretend&#237;a con ello era proteger a los dirigentes de la hermandad. Si uno de.sus componentes era capturado y torturado, s&#243;lo podr&#237;a revelar unos cuantos nombres y, en todo caso, a nadie que fuera irreemplazable. El movimiento no sufrir&#237;a por ello. Ahora Jonathan se sent&#237;a irritado por tantas trabas. Calum estaba agonizando, y si mor&#237;a sin comunicar sus contactos a nadie, todos los agentes quedar&#237;an aislados.

Jonathan podr&#237;a seguir luchando contra el mal, pero como un vigilante que corre de una cat&#225;strofe a otra. Ya no habr&#237;a un objetivo a largo plazo que lo animara a seguir trabajando. Combatir el mal a solas era algo positivo que hacer con la vida de uno, pero en &#250;ltima instancia in&#250;til. El mal resurg&#237;a con mayor rapidez de la que cualquier persona o grupo reducido tardaba en aniquilarlo. Pero si consegu&#237;an acabar con el mal que infectaba el pa&#237;s, cortar de ra&#237;z la maldad en sus or&#237;genes, entonces ya no aparecer&#237;an nuevos monstruos. Si el mal dejaba de reproducirse, ser&#237;a posible capturar a los monstruos uno a uno y eliminarlos. Incluso desaparecer&#237;a la magia mal&#233;fica, aquella que corromp&#237;a a todos los que se val&#237;an de la magia. Jonathan no estaba seguro de s&#237; cre&#237;a esto a pies juntillas. Los magos eran en general d&#233;biles, y se dejaban tentar f&#225;cilmente. Suspir&#243;.

Sus pensamientos regresaron a Elaine. Coloc&#243; la silla al lado de la ventana. Un tenue resplandor ambarino iluminaba la caba&#241;a. Jonathan tard&#243; todav&#237;a unos instantes en darse cuenta de que se trataba de un fuego normal y corriente que resplandec&#237;a a trav&#233;s de la ventana y la puerta abiertas. Las sombras titilantes acariciaban la nieve al otro lado de la puerta.

Los montones de desechos hab&#237;an desaparecido. Parec&#237;a como si alguien con una enorme escoba hubiera barrido la suciedad de la nieve. &#191;D&#243;nde habr&#237;an ido a parar todos los restos de la porcelana hecha a&#241;icos, los muebles deformados, la suciedad, los trapos podridos? Neg&#243; con la cabeza. No estaba seguro de querer saberlo. Esperaba que Lilian, su criada, no hubiera presenciado aquello. Si llegaba a saber lo r&#225;pido que pod&#237;a limpiar la magia, a buen seguro se sentir&#237;a tentada.

Por supuesto, seg&#250;n los conocimientos de Jonathan, una persona deb&#237;a estar maldita por la magia desde su nacimiento. Era algo que uno no pod&#237;a escoger.

Gersalius se acerc&#243; a la puerta abierta de la caba&#241;a. La luz del fuego ba&#241;aba su silueta en tonalidades c&#225;lidas. Ten&#237;a una escoba en la mano.

Jonathan se sent&#243; a&#250;n m&#225;s erguido en su silla. En caso de que el viejo mago se dispusiera a despegar a lomos de la escoba, no quer&#237;a perd&#233;rselo. Hab&#237;a o&#237;do hablar de prodigios semejantes, pero nunca los hab&#237;a presenciado.

El mago se inclin&#243; sobre la escoba, con las manos separadas sobre el palo. Las sombras anaranjadas confer&#237;an a la escoba un tono dorado, o &#191;tal vez ser&#237;a &#233;se su verdadero color? El mago respir&#243; profundamente, lo que provoc&#243; un gran vaho en el aire. &#191;Quiz&#225; una orden?

Jonathan se puso en pie, acerc&#225;ndose al fr&#237;o cristal.

Gersalius apoy&#243; la escoba contra su cuerpo y se frot&#243; las manos para entrar en calor. Cuando volvi&#243; a asir la escoba, lo hizo con firmeza, y empez&#243; a barrer la entrada de piedra.

Jonathan retrocedi&#243; mientras profer&#237;a una carcajada. Seguramente el mago incluso lo oy&#243;, porque de pronto alz&#243; la vista y lo salud&#243;, para despu&#233;s seguir barriendo la nieve. No hab&#237;a sido ning&#250;n gigante quien hab&#237;a barrido la nieve, sino aquel anciano con una simple escoba.

Gersalius se agach&#243; y recogi&#243; un trozo de tela del suelo. Sacudi&#243; el retal, arrug&#243; el ce&#241;o y despu&#233;s hizo un movimiento r&#225;pido y seco con la mano. El retal desapareci&#243;. No hubo luces, ni viento, ni trucos; sencillamente, ya no estaba.

Jonathan se aparto a&#250;n m&#225;s de la ventana para no seguir viendo a aquel inquietante anciano. Tal vez Gersalius no pod&#237;a volar en una escoba, pero lo que s&#237; pod&#237;a hacer era ya bastante alarmante.

Alguien llam&#243; con fuerza a la puerta.

Adelante -exclam&#243; Jonathan.

La puerta se abri&#243; para dejar paso a Thordin. Su ancha espalda llenaba toda la entrada. Su cara redondeada parec&#237;a demasiado peque&#241;a sobre aquellos musculosos hombros. Tanto el tama&#241;o como la redondez de la cabeza resaltaban m&#225;s si cabe debido a su absoluta calvicie. Su calva brillaba ligeramente bajo la luz de la l&#225;mpara. Thordin sujet&#243; la puerta mientras Blaine entraba cojeando tras &#233;l.

Blaine, deber&#237;as guardar cama y descansar -dijo Jonathan.

Todav&#237;a no he informado sobre lo que sucedi&#243; en el bosque.

Thordin puede hacerlo por los dos.

Intent&#233; convencerlo de ello. -La voz de Thordin era terriblemente grave. Una cicatriz irregular bajo su barbilla explicaba la raz&#243;n por la que su voz sonaba como papel de lija-. Pero no hubo manera de que me hiciera caso.

El joven neg&#243; con la cabeza.

Aquel hombre estaba bajo nuestra protecci&#243;n y ahora est&#225; muerto. Como m&#237;nimo ten&#237;a que informar en persona. Se lo debo.

A los muertos no les interesan los grandes gestos -replic&#243; Thordin-. Simplemente est&#225;n muertos.

Se llamaba Pegin Tallyrand, y nunca se hab&#237;a alejado m&#225;s de unos cuantos kil&#243;metros de su casa. Viaj&#243; durante d&#237;as en lo m&#225;s crudo del invierno para encontrarnos, para que despu&#233;s nosotros consinti&#233;ramos su muerte.

Nosotros no hicimos tal cosa, muchacho. T&#250; estuviste a punto de morir al intentar salvarlo.

Thordin, t&#250; saliste ileso, &#191;no es as&#237;? No eres de los que se pierden una pelea.

Thordin sonri&#243;.

En efecto. -Su rostro adopt&#243; una expresi&#243;n sobria, como si alguien hubiera pasado un trapo por encima-. Luch&#233;, pero el maldito &#225;rbol era enorme. Pude asestarle unos cuantos golpes, pero era imposible herirlo realmente. Adem&#225;s, yo cre&#237;a que ya estaba muerto, fulminado por un rayo.

Estaba muerto -confirm&#243; Blaine-, no hab&#237;a vida en aquello contra lo que luchamos.

Jonathan alz&#243; la vista hacia el muchacho. Nunca hab&#237;a puesto en duda la sensibilidad de Blaine en relaci&#243;n con la naturaleza. Su sabidur&#237;a acerca de todo aquello que crec&#237;a, se arrastraba o volaba no pod&#237;a provenir simplemente de la observaci&#243;n. Al igual que en el caso de las visiones de Elaine, la intuici&#243;n de Blaine era algo en lo que todos confiaban sin cuestionar sus fuentes. &#191;Se trataba de magia tambi&#233;n? &#191;Era Blaine un mago en ciernes?

Jonathan escrut&#243; el rostro familiar. La luz de la l&#225;mpara iluminaba los mismos ojos honestos, los rasgos atractivos y en cierto modo delicados. Nada hab&#237;a cambiado, pero de pronto Jonathan lo miraba con otros ojos.

&#191;C&#243;mo sab&#237;as que el &#225;rbol no estaba habitado por alguna fuerza viva?

Blaine cambi&#243; de postura con la muleta y frunci&#243; el ce&#241;o.

No lo s&#233;. -Intent&#243; encogerse de hombros, pero no lo consigui&#243; puesto que s&#243;lo contaba con un brazo sano.

Por el amor de Dios, Blaine, toma asiento.

Thordin acerc&#243; dos sillas con respaldo de un rinc&#243;n del estudio y sujet&#243; una de ellas para que Blaine pudiera sentarse. Una vez hecho esto, &#233;l tambi&#233;n se sent&#243;, pero parec&#237;a demasiado grande para la peque&#241;a silla.

Blaine dej&#243; escapar una temblorosa exhalaci&#243;n. En los ojos y en la boca hab&#237;an aparecido algunas arrugas. La luz de la vela se reflejaba en el sudor que le corr&#237;a por la frente y por el labio superior. El mero hecho de estar de pie, a base de voluntad pura, le hab&#237;a resultado doloroso. No era el momento de cuestionar sus habilidades, m&#225;gicas o no.

Cu&#233;ntame qu&#233; ha pasado, Blaine, antes de que te desmayes y tengamos que llevarte a la cama.

No estoy

Jonathan rechaz&#243; sus protestas con una mano.

Dime qu&#233; sucedi&#243;.

Blaine respir&#243; hondo y asinti&#243; con la cabeza.

Est&#225;bamos en Chebney.

&#191;La informaci&#243;n sobre la presencia de un monstruo era una invenci&#243;n o era cierta?

Demasiado cierta -intervino Thordin.

Jonathan no lo anim&#243; a seguir. Sab&#237;a que Thordin continuar&#237;a a su propio ritmo.

Un fantasma deambulaba por los pasillos de la casa del maestro. Una bestia fantasmag&#243;rica de ponzo&#241;oso aliento que hab&#237;a robado la voz del maestro. Se dice que ten&#237;a una preciosa voz, pero nunca tuvimos oportunidad de escucharla, por lo menos, no la procedente del hombre. El fantasma acechaba por todas las estancias, entonando hermosos y tristes cantos, como una gran campana que ta&#241;era anunciando las horas d&#233; oscuridad. Con la luz del d&#237;a desaparec&#237;a, y el maestro cantor pod&#237;a hablar con nosotros. Pero no cantar.

Un maestro cantor que no puede cantar no puede defender su puesto.

Thordin asinti&#243; con la cabeza.

&#201;sa es la raz&#243;n por la que estaba tan ansioso de que fu&#233;ramos, a mi entender. Era s&#243;lo cuesti&#243;n de tiempo antes de que alg&#250;n advenedizo lo retara. Sin su voz, estaba perdido.

La bestia ten&#237;a una chispa de vida -dijo Blaine.

Thordin dice que era un fantasma. Los fantasmas son las sombras de los muertos.

Todo fantasma fue anta&#241;o parte de un ser vivo -prosigui&#243; Blaine, finalizando as&#237; la historia de Thordin por &#233;l-. Pude sentir una parte todav&#237;a viva, apenas perceptible, pero ah&#237; estaba. No era simplemente un conjuro maligno.

&#191;Sab&#233;is si ha muerto recientemente alg&#250;n hechicero del mal?

Thordin volvi&#243; a sonre&#237;r.

No exactamente. Podr&#237;a decirse que es la parte oscura de la persona la que todav&#237;a vive.

Jonathan neg&#243; con la cabeza.

Es demasiado tarde para andarnos con acertijos, Thordin. Habla claro, por favor. -Prefer&#237;a evitar que Blaine hablase de fantasmas y conjuros.

Parece ser que el maestro cantor envenen&#243; a su &#250;ltimo rival, no con la intenci&#243;n de matarlo, sino de robarle la voz, de cerrarle la garganta en el d&#237;a en que tuvo lugar el desaf&#237;o. Y lo consigui&#243;, con lo que pas&#243; a ser el dirigente de la poblaci&#243;n poco despu&#233;s de que el viejo maestro cantor muriera aparentemente por causas naturales. El veneno hab&#237;a sido demasiado efectivo. Al poco de su muerte, apareci&#243; la bestia.

Justicia de ultratumba -coment&#243; Jonathan.

En efecto.

&#191;C&#243;mo os deshicisteis de la criatura?

Conseguimos que el maestro cantor confesara en p&#250;blico lo que hab&#237;a hecho. Una vez que se supo la verdad, la bestia no volvi&#243; a aparecer.

&#191;Sigue siendo maestro cantor de Chebney?

S&#237; -confirm&#243; Thordin-. No hay ninguna norma sobre los m&#233;todos para ganar un concurso en Chebney. Aunque el actual maestro cantor hiciera trampas, sigue siendo su l&#237;der.

No es justo -dijo Blaine.

Jonathan mir&#243; al muchacho.

La vida en Kartakass no es justa.

Ni en ning&#250;n otro lugar -a&#241;adi&#243; Thordin.

Jonathan le dio la raz&#243;n con un gesto de cabeza.

&#191;C&#243;mo entrasteis en contacto con el hombre que ha resultado muerto?

Fue &#233;l quien acudi&#243; a la posada en la que nos aloj&#225;bamos -dijo Blaine.

&#191;No os daba alojamiento el maestro cantor?

Thordin profiri&#243; una repentina carcajada.

&#191;Despu&#233;s de haberlo humillado? Dif&#237;cil.

&#191;Os ech&#243; a la calle? -pregunt&#243; Jonathan.

No, pero dej&#243; muy claro que no &#233;ramos bienvenidos.

La pr&#243;xima vez que el maestro cantor de Chebney solicite nuestra ayuda, tal vez decidamos deneg&#225;rsela.

Destruimos a la bestia -dijo Blaine-. No creo que vuelva a pedirnos ayuda.

Es el mal. Los hombres ambiciosos cometen los mismos errores una y otra vez, Blaine. Si fue capaz de hacer uso del mal en una ocasi&#243;n, volver&#225; a hacerlo.

Thordin asinti&#243;.

Tiene una voz hermosa, pero no es demasiado inteligente. Mucho me temo que no ha aprendido la lecci&#243;n.

&#191;Qu&#233; hizo a ese hombre, Tallyrand, salir a buscaros en una noche de invierno?

Su aldea ha sido azotada por una terrible epidemia -explic&#243; Thordin.

Los muertos se pasean por las calles en la noche -a&#241;adi&#243; Blaine.

&#191;En serio? &#191;O se trata de un cuento para asustar a los ni&#241;os?

Thordin se encogi&#243; de hombros.

Ya sabes c&#243;mo son las cosas, Jonathan. Un pueblo sufre una epidemia y como resultado se entierra a los cad&#225;veres con demasiadas prisas. Entonces &#233;stos se levantan de su tumba, gritan pidiendo ayuda, y la gente cree que se trata de demonios. Podr&#237;a tratarse de algo tan simple y al mismo tiempo tan atroz.

Aquel hombre dijo que los zombis no ol&#237;an mal. Eso parec&#237;a sorprenderlo. Los muertos vivientes no apestan porque con el fr&#237;o nunca llegan a descomponerse. Si todo fuera una invenci&#243;n de Pegin, los muertos probablemente estar&#237;an podridos y su aliento emitir&#237;a llamaradas. -Blaine se inclin&#243; hacia adelante, haciendo un gesto de dolor al apoyar m&#225;s peso en la pierna herida-. La historia podr&#237;a estar a&#250;n m&#225;s adornada. Ya sabemos c&#243;mo se extienden los rumores.

Aquel hombre era franco y realista. No parec&#237;a demasiado imaginativo. Nos cont&#243; que hab&#237;a enterrado a su propia hija y que una semana despu&#233;s la vio en una ventana intentando entrar en la casa.

&#191;Estaba seguro de que realmente hab&#237;a fallecido?

S&#237;, de eso estaba seguro.

&#191;Cu&#225;ntas personas han muerto debido a la epidemia?

M&#225;s de la mitad de la poblaci&#243;n de la aldea -dijo Thordin.

Jonathan neg&#243; con la cabeza.

&#191;Por qu&#233; no pidi&#243; ayuda antes?

Oy&#243; a un bardo narrar la historia de cuando derrotaste al monstruo de Mandried. Cuando el bardo le dijo que exist&#237;as y no eras una leyenda, los habitantes de la aldea decidieron hacerte llamar.

Si es cierto que la mitad de ellos han quedado afectados por esa epidemia, se trata de un grave problema. Pero he recibido una misiva de Calum, en la que nos encarga una nueva misi&#243;n, que no puedo posponer.

Yo regresar&#233; a la aldea de Pegin -dijo Blaine.

&#191;Solo? -pregunt&#243; Thordin.

La expresi&#243;n ce&#241;uda de Blaine lo hac&#237;a parecer a&#250;n m&#225;s joven, como un ni&#241;o a quien se le ha prohibido hacer algo.

Muri&#243; para salvar su pueblo. No podemos permitir que su muerte no haya servido de nada.

Jonathan suspir&#243;. En ocasiones, el deber hacia la hermandad y los objetivos de mayor relevancia deb&#237;an postergarse frente a las necesidades m&#225;s inmediatas. Esta era una de ellas.

&#191;Qu&#233; dice Calum en la carta?

Jonathan se la tendi&#243;.

Blaine baj&#243; la vista al suelo, mientras la ira empezaba a abrirse paso a trav&#233;s del dolor y el cansancio.

Thordin alz&#243; la vista, con una extra&#241;a expresi&#243;n en su redondo rostro.

&#191;Qu&#233; sucede? -pregunt&#243; Jonathan.

Cortton es la aldea de la que ven&#237;a Pegin Tallyrand.

Blaine alz&#243; la vista de nuevo.

Eso quiere decir que la hermandad nos pide que ayudemos a la aldea de Pegin.

Thordin le pas&#243; la carta.

Eso parece.

Bueno, ahora sabemos qu&#233; pasa en Cortton -dijo Jonathan.

Una plaga de muertos vivientes -contest&#243; Thordin con su voz grave y rasgada.

&#191;Cu&#225;ndo nos pondremos en marcha? -pregunt&#243; Blaine.

En su rostro pod&#237;a verse una expresi&#243;n de entusiasmo. Se sent&#243; m&#225;s erguido en la silla. Incluso parec&#237;a que las heridas no le molestaban tanto. Se dispon&#237;an a salvar la aldea de Pegin, a pagar la deuda que Blaine sent&#237;a para con &#233;ste, aliviar la culpa que lo atormentaba debido a la muerte de aquel hombre.

Jonathan lo entend&#237;a perfectamente. Ve&#237;a todos aquellos sentimientos altern&#225;ndose en el rostro del joven. La cara de Blaine siempre hab&#237;a sido como un espejo. Curiosamente, Elaine era m&#225;s introvertida, m&#225;s dif&#237;cil de leer.

Unos cuantos d&#237;as para reunir las provisiones necesarias, preparar el equipaje y para que puedas recuperarte; tambi&#233;n debemos intentar establecer la causa de que el enorme &#225;rbol cobrara vida. En caso de que haya un maleficio tan cerca de nuestro hogar, debemos ser conscientes de ello. No quiero dejar a los dem&#225;s expuestos a un posible peligro.

Y si no podemos determinar lo que sucedi&#243;, &#191;entonces qu&#233;? -pregunt&#243; Blaine.

Jonathan no pudo evitar esbozar una sonrisa ante su entusiasmo.

Entonces saldremos hacia Cortton en el plazo de tres d&#237;as, hayamos resuelto o no ese misterio. Si nos qued&#225;ramos en casa esperando hasta haber podido descifrar cada uno de los enigmas malignos que nos ocupan, nunca podr&#237;amos abandonar estas paredes.

Blaine sonri&#243;.

Bien.

Jonathan observ&#243; el rostro entusiasta del joven. &#191;Tambi&#233;n &#233;l hab&#237;a sido como aquel joven? No, determin&#243;. Los ojos de Thordin brillaron como respuesta, ansiosos ante el pr&#243;ximo combate. Tal vez Thordin s&#237; hab&#237;a sido como aquel joven; quiz&#225; todav&#237;a lo era.

Jonathan observ&#243; a los dos guerreros. Tal vez aquellos que viv&#237;an para el acero, al igual que aquellos que viv&#237;an para la magia, ten&#237;an la vana ilusi&#243;n de que sus habilidades podr&#237;an resolver todos los problemas. Al reflexionar acerca de ello, record&#243; que en una ocasi&#243;n hab&#237;a un exterminador de magos que cre&#237;a que su poder era a prueba de maleficios. De eso no hac&#237;a tanto tiempo. Fue unos cuantos meses antes de que Calum cayera enfermo.

Deseaba tocar a Thordin y a Blaine, sacudirlos hasta que la luz del entusiasmo se apagara en sus ojos. &#191;No se daban cuenta de que el acero no siempre bastaba? La magia tampoco bastaba. Ni siquiera la inteligencia era suficiente en todos los casos. Hab&#237;a ciertas atrocidades contra las cuales nada era suficiente.

Ya antes hab&#237;an luchado contra muertos vivientes y hab&#237;an vencido. Pero &#191;podr&#237;an hacer frente a toda una plaga? &#191;A m&#225;s de la mitad de la aldea, que ahora viv&#237;a en las tinieblas? &#191;Acaso se encontrar&#237;an con algo que no podr&#237;an derrotar? Por primera vez, el gusano de la duda, aunque min&#250;sculo, empez&#243; a roer a Jonathan Ambrose, exterminador de magos. La duda y el miedo.



Cap&#237;tulo 6

El cad&#225;ver estaba tendido boca arriba, con las manos a los lados. Su aspecto era normal; de mediana estatura y cabellos casta&#241;os, ten&#237;a un rostro com&#250;n, ni feo ni hermoso. Tal vez en vida alg&#250;n rasgo de humor animaba esa cara, una chispa divina que hac&#237;a bello lo ordinario. Elaine ya hab&#237;a visto bastantes cad&#225;veres para saber que a menudo &#233;se era el caso. Era dif&#237;cil reconocer al amigo o al amado en el rostro de un cad&#225;ver, incluso de aquellos que acababan de morir.

La caba&#241;a era un simple cobertizo al que le faltaba una pared, abierto a la noche invernal. La nieve pasaba rozando el cuerpo y se acumulaba en los pliegues de las ropas del hombre con un ruido seco, como si fuese arena. La parte posterior de la caba&#241;a estaba llena hasta el techo de madera espolvoreada por la nieve.

Teresa se encontraba de pie al lado del cuerpo. La l&#225;mpara colocada a sus pies arrojaba una luz dorada sobre el rostro sin vida. Las r&#225;fagas de viento helado hac&#237;an temblar la luz del farol, que arrojaba sombras titilantes en las paredes de la caba&#241;a. La luz ambarina parec&#237;a tan vaga como esas mismas sombras, como una oscuridad con color.

Elaine se acurruc&#243; en su abrigo provisto de capucha. Su capacidad para soportar el fr&#237;o hab&#237;a sido motivo de discusi&#243;n, puesto que recientemente hab&#237;a estado a punto de morir, pero al final se hab&#237;a respetado la opini&#243;n de Gersalius. Y &#233;ste hab&#237;a dicho que no ten&#237;a por qu&#233; pasarle nada. Se trataba de magia, y en eso, les gustara o no, Gersalius era el experto.

El mago se abri&#243; paso entre ellos, y se arrodill&#243; junto al cuerpo. Su grueso abrigo qued&#243; extendido sobre el duro suelo como una oscura charca. Una mano p&#225;lida sali&#243; del abrigo para palpar las facciones del hombre. Sus dedos eran largos y finos, manos de m&#250;sico o de poeta que rozaron los huesos de los p&#243;mulos, la barbilla, la frente, el puente de la nariz, los labios carnosos. Sin alzar la vista, dijo:

&#191;Qu&#233; ves, Elaine?

Veo un hombre muerto -respondi&#243; ella.

Mira con algo m&#225;s que los ojos.

Elaine se estremeci&#243;, y se arrop&#243; a&#250;n m&#225;s en su abrigo.

No s&#233; qu&#233; quieres decir.

El mago alz&#243; la vista. Sus ojos estaban cubiertos de sombras, como si fueran negras cavidades. La expresi&#243;n de su cara era extra&#241;a, sombr&#237;a; hab&#237;a dejado de ser amistosa y ni siquiera parec&#237;a accesible. All&#237; arrodillado a la suave luz del fuego, mientras palpaba la cara del cad&#225;ver, de repente se hab&#237;a convertido en un brujo, con todo lo que eso implicaba.

Vamos, Elaine. Ya hemos hablado de este tema antes. Eres una maga en potencia, una bruja, si lo prefieres. Dime qu&#233; ves.

Su voz llen&#243; la caba&#241;a, abri&#233;ndose paso en la oscuridad. No hab&#237;a sido un grito, y al mismo tiempo s&#237; lo era, como si hubiese dirigido la voz a unos o&#237;dos que no eran los o&#237;dos normales de Elaine.

No tenemos toda la noche, mago -dijo Teresa, mientras daba patadas al suelo para entrar en calor-. Puedes preguntarle m&#225;s tarde, cuando estemos en un lugar m&#225;s caldeado.

Gersalius ni siquiera la mir&#243;; los ojos como dos agujeros negros no se apartaron de la cara de Elaine.

Tiene que aprender.

Te pregunt&#233; si pod&#237;as descubrir por qu&#233; el &#225;rbol gigante hab&#237;a cobrado vida. Me pediste ver el cuerpo. Te traje hasta &#233;l. Y ahora te comportas de forma enigm&#225;tica. &#191;Por qu&#233; los magos nunca pueden hacer nada como la gente normal?

El mago por fin se volvi&#243; hacia ella, con un leve movimiento de cabeza. Cuando sus ojos salieron del &#225;mbito de las sombras, brillaban con una luz verdosa que no coincid&#237;a con el color de nada de lo que hab&#237;a en el interior de la caba&#241;a.

&#191;Era posible que sus ojos estuvieran realmente irradiando esa luz? Elaine prefer&#237;a no saberlo.

Quer&#237;as que descubriera algo acerca del hechizo que asesin&#243; a este hombre, y eso es lo que estoy intentando hacer -explic&#243; el mago con paciencia.

Me refer&#237;a al hechizo que dio vida al &#225;rbol. Sabemos qu&#233; es lo que mat&#243; a este hombre -replic&#243; Teresa.

&#191;De veras crees saberlo?

El &#225;rbol lo parti&#243; en dos, anciano.

As&#237; es como muri&#243;, en efecto, pero eso no es lo que lo mat&#243;.

Hace demasiado fr&#237;o para acertijos.

Y para interrupciones, gitana.

Elaine mir&#243; a Teresa de hito en hito. Nadie usaba ese tono con ella y sal&#237;a inc&#243;lume para tener una larga vida feliz.

Teresa hizo una larga espiraci&#243;n que llen&#243; el aire de vaho, y apart&#243; los ojos del mago, que segu&#237;a arrodillado.

Tienes raz&#243;n. Mis disculpas.

El asombro de Elaine no habr&#237;a sido mayor si a Teresa le hubiera salido de pronto una segunda cabeza. Ella nunca ped&#237;a disculpas, por nada.

&#191;Se trata de un hechizo? -pregunt&#243; Elaine, sin pensarlo siquiera.

En caso de que as&#237; fuera, no era buena idea decirlo en voz alta. O tal vez s&#237;. Gersalius no deber&#237;a embrujarlos con la mirada. A buen seguro Jonathan no dar&#237;a su aprobaci&#243;n.

Teresa sonri&#243;.

No se trata de un hechizo. El mago est&#225; intentando ense&#241;arte brujer&#237;a, y yo estoy poniendo en duda sus m&#233;todos. Si yo te adiestrara en el manejo de la espada, tampoco me gustar&#237;a que nadie me cuestionara. -Dicho esto, hizo un gesto con los brazos a modo de reverencia-. Te ruego que contin&#250;es, mago. Me limitar&#233; a permanecer aqu&#237; de pie, congel&#225;ndome, mientras t&#250; haces de institutriz.

La elegancia os sienta bien, se&#241;ora.

Su voz conten&#237;a cierto tono humor&#237;stico, pero era la misma voz que hab&#237;a tenido un efecto tan reconfortante en la cocina. Se volvi&#243; hacia Elaine, y, cuando sus ojos entraron en las sombras, empezaron a brillar de nuevo. A primera vista parec&#237;a que reflejaban la luz de la l&#225;mpara, pero Elaine sab&#237;a que no era as&#237;. Emit&#237;an destellos azules y esmeralda, pero ninguna llama ten&#237;a ese color.

Cuando la cara del mago qued&#243; sumida en las sombras y la perturbadora luz se atenu&#243;, &#233;ste volvi&#243; a hablar.

Bien, Elaine, ahora dime qu&#233; ves.

Elaine respir&#243; hondo y su h&#225;lito le vel&#243; el rostro. Hac&#237;a tanto fr&#237;o Estaba tiritando dentro de su c&#225;lido abrigo. &#191;Por qu&#233; sent&#237;a tanto fr&#237;o de repente?

Elaine, tu magia est&#225; intentando controlarte. Eres t&#250; quien debe controlarla.

No s&#233; c&#243;mo.

Debes aprender o morir&#225;s. No hay otra elecci&#243;n.

&#191;Por qu&#233; tengo tanto fr&#237;o?

Porque estamos en pleno invierno -intervino Teresa.

Gersalius alz&#243; una mano.

No debe haber interrupciones. -Ninguno de los dos se volvi&#243; para ver qu&#233; pensaba Teresa de una orden tan categ&#243;rica-. Tu magia toma forma a partir de dos cosas: o bien se trata de fuerzas externas, como el fuego o la luz de tus visiones, o bien de tu propio cuerpo. Ahora est&#225; intentando alimentarse del calor de tu carne. No se lo permitas.

No lo entiendo.

Cada vez sent&#237;a m&#225;s fr&#237;o. Pero no se deb&#237;a al aire invernal: el fr&#237;o proven&#237;a de su interior. Pod&#237;a sentirlo como una g&#233;lida r&#225;faga soplando a trav&#233;s de su vientre.

&#191;Puedes encontrar su origen?

Elaine asinti&#243; con la cabeza.

S&#237;.

Expl&#243;ralo, Elaine. Dime c&#243;mo es.

Elaine lo intent&#243;. Busc&#243; el fr&#237;o con algo parecido a una mano, algo que segu&#237;a el viento helado hasta sus or&#237;genes, en lo m&#225;s profundo de su ser, m&#225;s all&#225; del volumen real de su fr&#225;gil cuerpo. All&#237;, en lo que parec&#237;a ser el centro oscuro y fr&#237;o de su ser, hab&#237;a algo similar a una cueva. No ten&#237;a palabras para describirlo, pero Elaine era humana y necesitaba palabras. As&#237; que decidi&#243; denominar cueva a aquel lugar, y con la palabra vino el pensamiento: era una cueva. Una cueva de hielo construida con sucesivas capas cristalinas, una encima de otra, hasta adquirir el aspecto de una gran sala llena de espejos. El hielo reflejaba la luz en cada una de sus caras. S&#243;lo que all&#237; no hab&#237;a luz alguna. &#218;nicamente oscuridad.

O tal vez s&#237; que hab&#237;a luz, pero no se trataba de un reflejo. Estaba en el mismo hielo, una luz titilante que atravesaba los cristales como un pez en la corriente. Dio media vuelta y vio, aunque no con los ojos, el azul y el violeta, el p&#250;rpura, el rosa brillante de la puesta de sol, y de alguna forma todo aquello formaba parte de ella misma. Era su poder, tan suyo como su propia cara.

Se trata de ti misma, Elaine, de tu poder, pero has permitido que se vuelva salvaje. Ha construido su propio refugio, y ha buscado su propio camino hacia la libertad, como el agua que se abre paso a trav&#233;s de la tierra. Ha elegido el fr&#237;o como su hogar, como sus ladrillos. El calor es su mortero. No hay nada malo en el uso del fuego, en el uso de la luz como catalizador para la magia, pero debes entender qu&#233; haces y por qu&#233;. Debes encontrar la llama que alimente tu fuego, y no permitir que la magia use tu mano para alimentarlo. &#191;Lo entiendes?

Todav&#237;a pod&#237;a sentir su propio cuerpo all&#237;, de pie en medio del fr&#237;o y el viento cortante, pero eso ya no era tan importante como aquella fulgurante luz contenida en el hielo.

Elaine, responde.

La luz se detuvo. Casi pod&#237;a tocarla.

&#161;Elaine!

La voz le azot&#243; la mente como un l&#225;tigo. La muchacha dio un respingo y se tambale&#243;. De pronto se encontr&#243; mirando fijamente el rostro del mago vuelto hacia ella. El hielo y la luz titilante procedente de su interior hab&#237;an desaparecido. Se qued&#243; all&#237; de pie, sacudida por el viento invernal, muy asustada, pero ya no sent&#237;a aquel fr&#237;o anormal.

Has dejado tu poder demasiado tiempo solo a su libre albedr&#237;o, Elaine. Y ahora se ha convertido en algo destructivo, como un ni&#241;o hambriento y malcriado que ha pasado demasiado tiempo en un cuarto oscuro y ha creado su propio mundo. Pasar&#225; mucho tiempo antes de que puedas recuperarlo totalmente. Es posible, pero esta noche deber&#225;s alimentarlo conscientemente.

&#191;C&#243;mo?

Busca el fuego, Elaine, o bien el reflejo de alguna luz. Busca todo aquello que podr&#237;a enviarte visiones.

Elaine alarg&#243; una mano. El aire era glacial sobre su piel desnuda.

La luz de la l&#225;mpara oscil&#243; con una repentina r&#225;faga de viento. La nieve se arremolin&#243;, brillando como polvo de plata bajo la luz. Sinti&#243; el tir&#243;n de una visi&#243;n, la necesidad de aferrar la luz. Pero no se trataba tan s&#243;lo de una visi&#243;n: sino de su magia, que solicitaba alimento.

Gir&#243; la mano lentamente, con la palma hacia arriba. La luz y las sombras danzaron a su alrededor con el color del oro bru&#241;ido. Era como si la luz arrojara un h&#225;lito tembloroso y se dirigiera hacia su mano. Se desliz&#243; por la piel de su mano como si fuera agua que corriera hacia un desag&#252;e. La luz se filtr&#243; en la piel. El fr&#237;o glacial la absorbi&#243; y la caverna se llen&#243; de vida y de calor, que el hielo devor&#243; ansioso.

La l&#225;mpara se apag&#243; con un chisporroteo, produciendo una r&#225;faga de chispas. Quedaron a oscuras. La &#250;nica luz era el g&#233;lido reflejo de las estrellas. Curiosamente, sin embargo, era suficiente. Todo parec&#237;a titilar y brillar con un tenue resplandor de luz plateada.

Ahora mira el cuerpo, Elaine.

As&#237; lo hizo.

El hombre yac&#237;a en el suelo helado. Su rostro ya no era normal y corriente. Todav&#237;a quedaba una chispa, no de vida, sino del ser humano que hab&#237;a sido. En vida hab&#237;a re&#237;do a menudo, y con frecuencia hab&#237;a tenido miedo. &#191;Qu&#233; era lo que lo hab&#237;a hecho salir en la &#233;poca m&#225;s oscura del a&#241;o? La pregunta dio paso inmediatamente a la respuesta: el amor. Amaba al resto de su familia, a su gente, a su pueblo. Elaine vio la reciente p&#233;rdida de su hija como una sombra que atravesaba su rostro inm&#243;vil.

&#191;C&#243;mo pod&#237;a saberlo? &#191;C&#243;mo pod&#237;a estar tan segura?

No dudes de ti misma, Elaine. Lo estropear&#225;s todo si dudas.

Intent&#243; no hacerlo, pero le resultaba sumamente dif&#237;cil estar all&#237; observando la luz vacilante que iluminaba el cuerpo y revelaba todos los secretos de aquel hombre. En ese instante lo conoc&#237;a como ninguna otra persona lo hab&#237;a conocido nunca, ni siquiera su familia, tal vez ni &#233;l mismo. Lo vio desnudo y puro ante ella, las culpas al descubierto para su magia, pero tambi&#233;n sus puntos fuertes. Su valent&#237;a, su amabilidad, su miedo. Pero, sobre todo, el miedo. Hab&#237;a viajado muy lejos para morir aterrorizado.

No era justo. Pero la justicia es para los ni&#241;os y para los necios. Volvi&#243; a escuchar aquella voz suave y pura en su cabeza. La voz de Gersalius, que resonaba dentro de su cabeza.

La luz parpadeante sobre el cuerpo de Pegin Tallyrand era el reflejo de su vida. Una buena vida, llena de cari&#241;o, generosa con lo poco que ten&#237;a. Muchos lo echar&#237;an de menos. La luz se estremeci&#243;, como si tuviera pies y pudiera tropezar, y rode&#243; un bulto que sobresal&#237;a en el abrigo de aquel hombre. No era un bolsillo, sino algo pegado a la tela, tal vez cosido.

Elaine se arrodill&#243; y alarg&#243; la mano hacia aquella luz intermitente. Las puntas de los dedos dudaron, deteni&#233;ndose justo encima de la tela. Se produjo un centelleo tan brillante que casi la deslumbr&#243;. A continuaci&#243;n, un olor a tela quemada, y en la mano de Elaine apareci&#243; un peque&#241;o hueso tallado.

Se trataba de una articulaci&#243;n de un dedo humano, tallado y pintado con runas que desconoc&#237;a. La luz se desvaneci&#243;. Todo parec&#237;a haberlo hecho. Permaneci&#243; arrodillada en el suelo helado con el hueso en la palma de la mano. Este brillaba como un fantasma en la oscuridad. El resplandor plateado hab&#237;a desaparecido y la luz de las estrellas era demasiado d&#233;bil.

Gersalius se inclin&#243; hacia adelante para inspeccionar la mano de Elaine. Sus ojos brillaban en la oscuridad. Diminutas agujas encendidas llameaban en su rostro, verdes frente a las de color violeta de ella, pero se trataba de la misma clase de magia. &#191;Habr&#237;an brillado sus propios ojos unos momentos antes? Elaine alz&#243; la vista hacia Teresa. &#201;sta segu&#237;a all&#237; de pie, inescrutable en medio de la oscuridad. Elaine no pregunt&#243; si sus ojos hab&#237;an brillado con llamaradas violeta; no estaba preparada para o&#237;r una respuesta afirmativa.

Muy interesante -dijo Gersalius.

&#191;Qu&#233; sucede?

&#191;Qu&#233; te dijo tu magia?

El objeto no pertenec&#237;a al hombre. El no sab&#237;a que lo llevaba encima.

Muy bien. &#191;Qu&#233; m&#225;s?

Crey&#243; que le costar&#237;a recordar lo que le hab&#237;a mostrado la luz, ahora que &#233;sta hab&#237;a desaparecido, pero no fue as&#237;. Al contrario, le result&#243; muy sencillo, como si cada momento hubiera quedado grabado en sus p&#225;rpados, de modo que nunca pudiera olvidarlo.

Era un hechizo. Un pedazo de muerte cosido en su manto. Estaba aletargado, esperando, hasta el momento en que Pegin toc&#243; el &#225;rbol gigante.

&#191;Por qu&#233; el &#225;rbol desencaden&#243; el hechizo?

Elaine pens&#243; en ello un instante, haciendo girar el objeto en la luz rememorada.

Su poder era la muerte. Ten&#237;a que esperar hasta que apareciera algo sin vida en su camino.

Y el &#225;rbol gigante estaba muerto, fulminado por un rayo.

S&#237; -dijo ella en un susurro.

&#191;Un cad&#225;ver tambi&#233;n habr&#237;a liberado el hechizo? -pregunt&#243; el mago.

S&#237;.

El hechizo dio vida al &#225;rbol muerto con un fin terrible. &#191;Cu&#225;l, Elaine?

Quer&#237;a la muerte de Pegin.

&#191;El hechizo?

El que conjur&#243; el hechizo lo deseaba.

&#191;Por qu&#233;?

Elaine cerr&#243; la mano sobre el trozo de hueso.

El creador del hechizo no quer&#237;a que Pegin fuera a buscar ayuda. Sea quien sea teme a Jonathan, el exterminador de magos.

&#191;C&#243;mo lo sabes?

El hueso apesta a miedo.

&#191;No podr&#237;a tratarse del miedo de la mano de la que procede el hueso?

Elaine asinti&#243; con un gesto de cabeza.

S&#237;, podr&#237;a ser, pero el creador del maleficio tambi&#233;n tiene miedo.

&#191;S&#243;lo respecto al exterminador de magos?

No.

&#191;Qu&#233; mas?

La muerte. Teme a la muerte.

Al decir esto, apret&#243; el trozo de hueso hasta que &#233;ste se le clav&#243; en la piel. Los huesos de su propia mano se estremecieron en solidaridad con el fragmento contenido en ella. El dolor era agudo y mortal, la herida tan grande que el cuerpo insensibiliz&#243; los nervios. No estaba evocando su propio dolor. El dedo hab&#237;a sido cercenado mientras la mujer segu&#237;a viva. Hab&#237;a habido muchos hechizos, muchos huesos, mucha sangre.

Unos dedos se curvaron sobre sus manos.

D&#233;jalo, Elaine. -Gersalius intent&#243; abrirle la mano-. Ya es suficiente.

No puedo.

Teresa, ay&#250;dame.

Teresa no pregunt&#243; nada. Se limit&#243; a arrodillarse, arroj&#243; los guantes sobre la nieve e intent&#243; separar los dedos de Elaine. Uno por uno, entre ambos consiguieron abrir la mano.

Gersalius hizo girar la mano de Elaine, y el hueso cay&#243; sobre la nieve. Del peque&#241;o corte que el hueso le hab&#237;a dejado en la piel empez&#243; a manar sangre.

Por el rostro de Elaine rodaron l&#225;grimas. Aunque no sab&#237;a por qu&#233; estaba llorando.

&#191;Qu&#233; ha sucedido?

Tu magia se alimenta de la luz, del calor. Hay otro tipo de magia que se alimenta de otras cosas -aclar&#243; Gersalius.

&#191;Qu&#233; otras cosas?

El mago expuso la mano de Elaine hacia la d&#233;bil luz de las estrellas, y restreg&#243; el pulgar por la mancha oscura de la palma de Elaine.

Sangre, Elaine. Se alimenta de sangre.



Cap&#237;tulo 7

Jonathan estaba sentado ante su escritorio, con los brazos cruzados. Notaba que ten&#237;a el ce&#241;o fruncido, pero no le importaba. Si por algo val&#237;a la pena poner mala cara, &#233;sa era una buena raz&#243;n.

Teresa se encontraba de pie, apoyada en la pared opuesta. Tambi&#233;n ten&#237;a los brazos cruzados, apretados contra el est&#243;mago, en se&#241;al de enojo. Su larga cabellera oscura brillaba como el pelaje de un animal bajo la luz de la l&#225;mpara. Los vivos colores de sus ropajes resplandec&#237;an con un reflejo radiante. El juego de luces y sombras resaltaba a&#250;n m&#225;s las rotundas facciones de su rostro. La mera visi&#243;n de su gesto causaba dolor a Jonathan, pero le hab&#237;a pedido un imposible.

No, Teresa, no puedo aprobarlo. -Su voz conten&#237;a firmeza y moderaci&#243;n. Ten&#237;a raz&#243;n, y en &#250;ltima instancia ella tambi&#233;n se dar&#237;a cuenta.

T&#250; no viste a Elaine en la caba&#241;a ayer, Jonathan. Ahora que es consciente de que es maga, su magia se est&#225; manifestando con m&#225;s fuerza y rapidez. Si Gersalius no hubiera estado all&#237;, podr&#237;a haberse visto arrastrada a las puertas de la muerte de nuevo.

Por lo que me cuentas, si el mago no se lo hubiera pedido, ella no hubiera intentado esa magia.

No, pero la pr&#243;xima visi&#243;n la hubiera puesto igualmente en peligro. Por lo menos ahora sabe controlar m&#237;nimamente la magia.

Teresa se apart&#243; de la pared y empez&#243; a dar vueltas por la peque&#241;a habitaci&#243;n. Su energ&#237;a parec&#237;a llenar la estancia, haciendo que encogiera y palideciera en su presencia. Estaba llena de vida, toda ella nervios y emoci&#243;n, toda ella fuerza f&#237;sica.

Jonathan era consciente de que ella era su equilibrio, que compensaba su mente calculadora con la impetuosidad, su car&#225;cter reflexivo con el coraz&#243;n, su madurez con la juventud. Incluso mientras discut&#237;an, una parte de &#233;l quer&#237;a decir s&#237;, simplemente porque se trataba de ella. Pero no, esta vez no. Por los dioses que esta vez no ceder&#237;a terreno.

Antes de esta noche, hubiera estado de acuerdo contigo -dijo Teresa, deteni&#233;ndose ante &#233;l con las manos en las caderas-. Pero Gersalius debe acompa&#241;arnos a Cortton.

&#201;l neg&#243; con la cabeza.

No. -Era una sola y simple palabra; &#191;por qu&#233; no pod&#237;a entenderlo?

Teresa se alej&#243; de &#233;l, caminando arriba y abajo por el estudio como si se tratara de una jaula.

En caso contrario Elaine debe quedarse aqu&#237;, con el mago.

No.

Teresa se revolvi&#243; como un torbellino.

&#191;Por qu&#233;?

No quiero que el mago se quede aqu&#237; mientras no estamos. Podr&#237;a embrujar la casa entera, incluyendo a Elaine, antes de nuestro regreso.

&#191;Realmente crees que har&#237;a algo as&#237;?

Teresa se encontraba de nuevo de pie frente a &#233;l, mir&#225;ndolo con sus ojos negros, amables y escrutadores a la vez. Emanaba ira. Teresa no pod&#237;a permanecer enfadada demasiado tiempo, por lo menos no con &#233;l. En realidad, aquella actitud razonable se le antojaba m&#225;s peligrosa incluso. Mientras siguiera despotricando, &#233;l pod&#237;a seguir oponi&#233;ndose. Pero &#191;c&#243;mo seguir discutiendo con razones?

Desvi&#243; la mirada de aquellos ojos escrutadores. El hecho de que no pudiera sostenerle la mirada era una mala se&#241;al. Estaba perdiendo y no sab&#237;a muy bien el motivo.

Con toda seguridad, eres capaz de entender que no podemos llevar a un mago con nosotros en una misi&#243;n. Yo soy exterminador de magos. No puedo llevar conmigo a uno de ellos para que me ayude.

No estar&#225; all&#237; para ayudarte, Jonathan, sino para evitar que Elaine acabe consigo misma sin querer.

No puede ser tan grave. Ha sobrevivido durante todos estos a&#241;os.

Teresa neg&#243; con la cabeza, y su oscura melena se desliz&#243; sobre sus hombros.

Te acabo de contar lo que ha sucedido esta noche. Parec&#237;a otra persona, Jonathan. -Al volverse hacia &#233;l, la expresi&#243;n de su cara conten&#237;a algo que &#233;l no esperaba: miedo.

Jonathan alarg&#243; el brazo sin pensar, hasta rozarle el suyo. &#161;

&#191;Realmente tienes miedo de nuestra peque&#241;a Elaine?

Teresa pos&#243; una mano sobre la de &#233;l y la apret&#243; con suavidad.

Ella nunca nos har&#237;a da&#241;o a prop&#243;sito; estoy segura de ello. Con anterioridad a esta noche s&#243;lo tem&#237;a por su seguridad, pero ahora -Teresa se arrodill&#243; a sus pies, la mano de Jonathan entre las suyas. Alz&#243; la vista-. Se convertir&#225; en una poderosa maga, Jonathan. Y eso no podemos cambiarlo.

&#201;l abri&#243; la boca para rebat&#237;rselo, pero ella le roz&#243; los labios con la punta de los dedos y la protesta qued&#243; ahogada, sin expresar.

No podemos cambiarlo, Jonathan. Despu&#233;s de lo que he visto esta noche, lo s&#233; con toda seguridad. Lo &#250;nico que podemos hacer es aleccionarla para que sea una fuerza del bien y controlar que no se haga da&#241;o a s&#237; misma o a otra persona accidentalmente.

Despu&#233;s apart&#243; la mano de su boca.

La magia buena no existe. Toda ella tiene un car&#225;cter maligno.

Entonces Elaine es malvada -a&#241;adi&#243; Teresa en un susurro-. Pero t&#250; no puedes pensar eso realmente. Hemos educado a esta muchacha durante ocho a&#241;os. Sabes que tiene buen coraz&#243;n. Lo sabes.

Jonathan se puso en pie, apart&#225;ndose de sus manos, del olor de su piel. No dejar&#237;a que la belleza lo convenciera de hacer caso omiso de su sentido com&#250;n. Se dirigi&#243; hacia la ventana y mir&#243; hacia el fr&#237;o patio.

En la caba&#241;a del mago pod&#237;a verse la luz de la lumbre. Jonathan golpe&#243; con el pu&#241;o la pared contigua al cristal.

La magia corrompe todo lo que toca. He sido testigo de ello, una y otra vez.

Sinti&#243; que ella se acercaba a &#233;l por la espalda. No necesitaba ojos para percibir sus movimientos. Notaba su presencia como una enorme fuerza irresistible. El amor y la pasi&#243;n pueden ser tan poderosos como cualquier estrella.

Las robustas manos de Teresa se posaron en sus hombros, mientras apretaba el cuerpo contra su espalda.

No podemos cambiar lo que le ha pasado a Elaine. Lo &#250;nico que podemos hacer es protegerla lo mejor que podamos, como har&#237;an unos padres cualesquiera.

Jonathan inclin&#243; la frente contra el cristal helado. Un mago estaba durmiendo justo ah&#237; debajo, detr&#225;s de los robustos muros que Jonathan hab&#237;a erigido. Un mago dentro de su propia fortaleza. Era indignante.

Podemos dejar aqu&#237; a Elaine bajo la custodia de Gersalius o llevar a ambos con nosotros. Esas son las dos opciones con las que contamos, amor m&#237;o. -Su voz era ahora un h&#225;lito suave y c&#225;lido en su nuca.

Jonathan se irgui&#243;. Los brazos de Teresa lo rodearon por la cintura, y &#233;l apret&#243; sus manos contra las de ella.

Vendr&#225;n con nosotros.

Teresa lo abraz&#243; a&#250;n m&#225;s fuerte, acurruc&#225;ndose m&#225;s cerca de &#233;l. &#191;Por qu&#233; ese peque&#241;o gesto hac&#237;a que valiera la pena ceder en una docena de ocasiones?

Tal vez deber&#237;amos pedirle al mago que examinara tambi&#233;n a Blaine -a&#241;adi&#243; Jonathan.

Teresa se qued&#243; muy quieta.

&#191;Qu&#233; quieres decir?

Su sensibilidad respecto a los animales, a las plantas: dijo que el &#225;rbol estaba muerto, incluso tras haberlos atacado. Sab&#237;a que estaba muerto. Y t&#250; me acabas de contar que la magia de Elaine lo confirma.

&#191;Crees que Blaine tambi&#233;n podr&#237;a ser un mago? -Teresa formul&#243; la pregunta casi en un susurro, con sumo cuidado.

No lo s&#233;.

&#191;Pero temes que as&#237; sea?

Me temo que hemos albergado serpientes entre nosotros sin saberlo.

No puedes creer de veras que los gemelos son malvados.

Jonathan. -Teresa apret&#243; su abrazo al decir esto-. No es posible.

Ya no s&#233; qu&#233; creer, Teresa. Si hace un par de d&#237;as me hubieras dicho que alojar&#237;a a un mago en mi casa -El resto de su pensamiento qued&#243; inexpresado.

Ella le bes&#243; la nuca con ternura.

Has sido muy valiente al permitir que Gersalius se quedara.

No puedo permitir que Elaine muera debido a mis prejuicios. Eso ser&#237;a intr&#237;nsecamente malvado.

Teresa lo hizo volverse hacia ella y la c&#225;lida y familiar estancia, para que dejase de mirar por la ventana.

Eres un buen hombre, Jonathan Ambrose.

&#191;De veras lo crees? Si Elaine no es malvada por s&#237; misma, &#191;qu&#233; pasa entonces con los otros magos que he eliminado durante estos a&#241;os? &#191;Tal vez alguno de ellos era una fuerza del bien? &#191;Acaso acab&#233; con la vida de alg&#250;n inocente debido a mi propio engreimiento?

Teresa lo aferr&#243; fuertemente por los brazos.

No, no es s&#243;lo la magia lo que les hizo merecer la muerte. Era la magia mal&#233;fica. En todos los a&#241;os que llevo contigo, nunca te he visto perseguir a nadie que no hubiera cometido un terrible crimen.

Me gustar&#237;a poder estar seguro de ello.

En Cortton alguien ha conjurado una plaga que ha acabado con la mitad de la poblaci&#243;n. Los muertos se han hecho con las calles, y sus presas son los vivos. Eso es un acto malvado, y s&#243;lo hay una persona que pueda ponerle fin: el exterminador de magos. Debes dar caza a ese criminal y detenerlo. -Teresa, unos cuantos cent&#237;metros m&#225;s alta que &#233;l, lo mir&#243; con expresi&#243;n seria, buscando sus ojos.

&#191;Crees que Gersalius aceptar&#225; acompa&#241;arnos en la persecuci&#243;n de uno de los suyos?

Si no desea ayudarnos en nuestra lucha contra un nigromante, en ese caso creo que se trata del mago err&#243;neo para aleccionar a Elaine. -De pronto parec&#237;a hab&#233;rsele ocurrido algo que la hizo sonre&#237;r-. Si el mago acepta, con toda seguridad eso es una prueba de que incluso un mago puede no aprobar el asesinato y la resurrecci&#243;n de los muertos como zombis.

Jonathan sab&#237;a que Teresa dec&#237;a eso para reconfortarlo. Si Gersalius estaba de acuerdo en que aquello era algo maligno, probablemente &#233;l no era una fuerza del mal, y si un mago daba su aprobaci&#243;n al exterminador de magos, Jonathan no deb&#237;a de estar tan equivocado al perseguirlos. Pero &#191;y si Gersalius s&#243;lo los acompa&#241;aba para espiar al otro mago? &#191;Y si usaba su poder para corromperlos a todos? Y &#191;en qu&#233; estaba pensando &#233;l, Jonathan, para otorgar tambi&#233;n al mago poder sobre Blaine? No obstante, en caso de que Blaine contara con poderes m&#225;gicos, &#191;no exist&#237;a el riesgo de que &#233;stos emergieran en momentos inoportunos? &#191;Acaso Blaine no corr&#237;a el riesgo de encontrarse en peligro del mismo modo que Elaine?

Jonathan neg&#243; con la cabeza. Teresa lo abraz&#243;, rode&#225;ndolo por la espalda con sus fuertes brazos, intentando consolarle. &#201;l se aferr&#243; a ella, aceptando su calor, pero no se sinti&#243; reconfortado. Lo hab&#237;an asaltado demasiadas dudas. Muchas de las cosas de las que hab&#237;a estado firmemente seguro eran ahora tan fr&#225;giles como una fina capa de hielo.

Era el exterminador de magos, pero ahora, por primera vez, se cuestionaba si no era tambi&#233;n un asesino. Aquella noche, y en las noches sucesivas, revivir&#237;a acontecimientos del pasado. Volver&#237;a a buscar el mal en aquellos en cuya destrucci&#243;n hab&#237;a colaborado. Evocar&#237;a cada una de las misiones llevadas a cabo, para comprobar si el mago en cuesti&#243;n hab&#237;a sido en verdad un representante del mal, o simplemente un insensato; si hab&#237;a habido alguna manera de evitar su asesinato o de que otros acabaran con &#233;l.

Apenas unas semanas antes, si Teresa le hubiera hablado de alguien con un comportamiento semejante al de Elaine aquella noche, alguien que hubiera hecho una demostraci&#243;n incontrolable de magia, Jonathan habr&#237;a hecho que lo encarcelaran, para comprobar si supon&#237;a un peligro para los dem&#225;s. Y nunca habr&#237;a permitido la presencia de otro mago a su lado, aunque fuera para ayudarlo o aleccionarlo.

Jonathan abraz&#243; a su mujer para oler el aroma de su piel, para sentir el calor de su cuerpo. Se aferr&#243; a ella como un hombre a punto de morir ahogado. La culpa empez&#243; a abrirse paso en su mente, alimentando la duda. La culpa y la duda; dos cosas en las que nunca se le hab&#237;a ocurrido pensar al exterminador de magos. Pero ahora todo era distinto.



Cap&#237;tulo 8

La nieve se hac&#237;a cada vez m&#225;s espesa a medida que se acercaban a Cortton. Los caballos se abr&#237;an paso contra el manto de nieve que les llegaba hasta las rodillas. La tranquila yegua que Elaine sol&#237;a montar se encontraba segura en su establo, demasiado vieja, demasiado gorda, demasiado lenta. En su lugar, un esbelto caballo marr&#243;n intentaba brincar a trav&#233;s de la gruesa capa de nieve. Elaine se alegraba de que hubiera nieve; &#233;sta amortiguar&#237;a el golpe en caso de una ca&#237;da.

Todav&#237;a no hab&#237;a sucedido tal cosa, pero Elaine se aferraba al arz&#243;n de la silla con ambas manos, y las riendas atadas a sus manos enguantadas. Hab&#237;a una expresi&#243;n casi burlona en los ojos del caballo, y Elaine estaba segura de que ella era el motivo de mofa del equino.

Blaine avanz&#243; hasta donde ella se encontraba, con una mano en las riendas, la otra libre para gesticular a su antojo.

&#191;No es hermoso? '

Hizo un gesto amplio que lo abarcaba todo. De todas las ramas pend&#237;an car&#225;mbanos. Cada arbusto era una escultura de hielo con huesos de madera negra. La intensa luz del sol bailaba y destellaba en cada ramita. Elaine entrecerr&#243; los ojos para soportar la claridad. Hasta donde le alcanzaba la vista no hab&#237;a nada m&#225;s aparte de la luz, su resplandor y una cruda belleza.

Volvi&#243; la vista al rostro sonriente de su hermano.

S&#237;, es bonito.

La sonrisa de Blaine se borr&#243; de repente.

&#191;Qu&#233; sucede? -le pregunt&#243; Blaine.

Su caballo mordisque&#243; la rodilla de Blaine. &#201;ste esquiv&#243; los dientes de forma mec&#225;nica. Elaine suspir&#243; y su aliento form&#243; un velo que fue a unirse a los cristales de hielo que ya colgaban del pelaje de su capucha.

Nada.

Lade&#243; la cabeza hacia un lado, y la capucha se desliz&#243; hacia atr&#225;s. Sus cabellos rubios brillaban casi tanto como el hielo destellante bajo el sol.

Elaine, te pasa algo. &#191;Qu&#233; sucede?

Es este caballo.

Blaine le propin&#243; una patada en la cadera. El caballo brinc&#243; y Elaine profiri&#243; un chillido impropio de una se&#241;orita.

&#161;Blaine Clairn! &#191;Qu&#233; demonios crees que est&#225;s haciendo?

Inmediatamente se mostr&#243; arrepentido y preocupado.

Realmente le tienes miedo a este caballo, &#191;no es as&#237;?

Blaine, que no hab&#237;a temido a ning&#250;n animal en toda su vida, pos&#243; una mano cubierta por un mit&#243;n sobre el hombro de su hermana.

El caballo no quiere hacerte ning&#250;n da&#241;o. Simplemente es joven y tiene mucho br&#237;o.

Demasiado, para mi gusto -replic&#243; ella.

Blaine volvi&#243; a meter la mano bajo el abrigo.

Siento haber asustado a tu caballo, Elaine. No lo hubiera hecho de haber sabido que te molestar&#237;a tanto.

Ella neg&#243; con la cabeza, y las pieles de la capucha le rozaron la cara. Un cristal de hielo, afilado y cortante, le ara&#241;&#243; la mejilla. Se llev&#243; la punta de los dedos a la cara y una peque&#241;a mancha empez&#243; a extenderse sobre el guante. De pronto parec&#237;a sumamente enfadada, como si fuera culpa de Blaine, aunque sab&#237;a que no era as&#237;. Se trataba tan s&#243;lo de un peque&#241;o corte. &#191;Por qu&#233; sent&#237;a tanto enojo? Algo raro estaba sucediendo.

Llama a Gersalius.

&#191;Por qu&#233;?

&#161;Hazlo!

Evit&#243; ver la pena en los ojos de Blaine. Todas sus emociones se reflejaban siempre en ellos. Pero Elaine no dispon&#237;a de tiempo para ello.

Blaine avanz&#243; en medio de una nube de nieve. Su caballo, al brincar, lanzaba al aire cristales de hielo que parec&#237;an chispas. La luz del sol hac&#237;a brillar la nieve levantada por el trote del caballo como si se tratara de polvo de diamantes. Un tenue arco iris se dibuj&#243; en la nieve espolvoreada. Los destellos de luz hac&#237;an da&#241;o a los ojos.

Elaine apart&#243; la vista para fijarla de nuevo en un peque&#241;o arbusto que resplandec&#237;a con un fuego plateado. La luz se abri&#243; camino a trav&#233;s de su mente. Lo &#250;nico que pod&#237;a ver era aquel resplandor plateado, que traspasaba su cerebro como una espada afilada. Elaine deseaba alejarse de all&#237;, cerrar los ojos, pero no era capaz de hacerlo.

Elaine, &#191;me oyes? -Era la c&#225;lida y agradable voz de Gersalius, la que hab&#237;a o&#237;do por primera vez en la cocina.

S&#237;.

&#191;Qu&#233; ves?

Luz.

&#191;Puedes describirla?

Plateada, blanca. &#161;

&#191;Se trata simplemente de la luz que refleja el hielo?

No lo s&#233;.

&#191;Puedes ver algo aparte de la luz?

Neg&#243; con la cabeza, y la luz oscil&#243; y tembl&#243; como un espejo de metal que hubiera recibido un golpe. Las n&#225;useas hac&#237;an que le ardiera el fondo de la garganta. Dio unas cuantas bocanadas, tragando aire helado de forma convulsiva. 

&#191;Podr&#237;a tratarse de una de tus visiones que intenta abrirse paso?

No me lo parece -respondi&#243;.

Est&#225;s empezando a controlar tu magia, Elaine. Antes las visiones se produc&#237;an sin que t&#250; tuvieras control sobre ello, cuando tu magia lo decid&#237;a. Tal vez ahora s&#243;lo se produzcan cuando t&#250; as&#237; lo solicites.

&#191;Y c&#243;mo puedo hacer tal cosa?

Las visiones siempre le hab&#237;an resultado de alg&#250;n modo f&#225;ciles, no le supon&#237;an ning&#250;n esfuerzo. Era como dejarse caer una vez que uno hab&#237;a decidido saltar. En cuanto se dejaba llevar, lo &#250;nico que pod&#237;a hacer era experimentarlas. Estaba segura de que uno pod&#237;a detenerlas ni cambiar de opini&#243;n. Tras sus ojos aumentaba la presi&#243;n. La luminosidad se estaba expandiendo para llenar el interior de su cr&#225;neo de una luz blanca, fr&#237;a y c&#225;lida a un tiempo.

La magia est&#225; pidiendo permiso, Elaine. D&#233;jala venir.

No s&#233; c&#243;mo.

Conc&#233;ntrate en la luz. Alimenta tu magia con ella. Deja que se mezclen. Es lo que has venido haciendo desde siempre. Pero ahora lo har&#225;s por propia decisi&#243;n. Simplemente en esta ocasi&#243;n eres consciente del proceso. Por lo dem&#225;s, nada ha cambiado.

Elaine sab&#237;a que el mago estaba mintiendo, pero no pod&#237;a saber de qu&#233; forma. Se concentr&#243; en la luz, en la luminosidad. En cuanto lo hizo, recuper&#243; la vista. Segu&#237;a viendo el arbusto cubierto de hielo. La luz del sol le arrancaba destellos, hasta que qued&#243; cubierto de llamas plateadas. Elaine se concentr&#243; en una peque&#241;a rama. Memoriz&#243; las formas que el hielo adoptaba al moldearse contra la oscura madera, los tenues reflejos azules que persegu&#237;an la luz blanca. Casi pod&#237;a imaginarse su tacto, fr&#237;o, suave y resbaladizo. Pero en realidad no era as&#237;: el hielo presentaba una protuberancia all&#237; donde una de las ramas sobresal&#237;a, una peque&#241;a imperfecci&#243;n. Sin embargo, no hab&#237;a forma de que Elaine pudiera haberlo sabido. No pod&#237;a verlo y todav&#237;a estaba sentada a lomos de su caballo, sin tocar la rama.

Percib&#237;a la madera dentro del hielo, el fr&#237;o, y muy d&#233;bilmente tambi&#233;n la vida en estado latente, que esperaba la llegada de la c&#225;lida primavera para resurgir. Elaine se apropi&#243; de esa calidez. &#201;sta se extendi&#243; por todo su cuerpo como una oleada, que la visi&#243;n aprovech&#243;

Un hombre yac&#237;a en la nieve. Pero era distinto de cualquier hombre que Elaine hubiera visto antes, con un rostro de p&#243;mulos finos y altos. Podr&#237;a haber sido simplemente eso, un rostro atractivo de p&#243;mulos marcados, pero la delicadeza de sus facciones no resid&#237;a s&#243;lo en los huesos. La piel ten&#237;a un tono plateado, casi el color de la nieve caldeada por el sol. Su piel era realmente de color plateado, met&#225;lica, y en contraste con la nieve semejaba seda. No era humano. Elaine no sab&#237;a qu&#233; era, pero estaba segura de que no se trataba de un hombre. &#191;Acaso era un monstruo? &#191;Un monstruo hermoso?

Hab&#237;a una mujer arrodillada a su lado. Una larga cabellera casta&#241;a enmarcaba un rostro delgado. Tambi&#233;n hab&#237;a algo extra&#241;o en la cara de la mujer, aunque &#233;sta no presentaba aquella terrible palidez. Pero sus ojos brillaban como una llama dorada que se reflejase en un instrumento de bronce, lo que hac&#237;a resaltar lo vulgar de sus cabellos y su piel.

La mujer acerc&#243; una peque&#241;a ampolla de cristal a los labios del hombre, y le frot&#243; la garganta para obligarlo a tragar su contenido. &#191;Por qu&#233; deb&#237;a Elaine presenciar todo aquello? &#191;Acaso la mujer estaba curando a aquella criatura herida? Pero &#191;de qu&#233; se trataba? &#191;Se supon&#237;a que deb&#237;an eliminarla? &#191;Era peligrosa?

La mujer alz&#243; la vista hacia algo que Elaine no pod&#237;a ver. Sus extra&#241;os ojos miraban alarmados. Intent&#243; retroceder, tropezando en la nieve. Del cintur&#243;n extrajo un cuchillo, todav&#237;a arrodillada en la nieve al lado de la criatura ca&#237;da.

Elaine quer&#237;a ver qu&#233; era lo que tanto la hab&#237;a asustado. Por primera vez, Elaine dej&#243; de contemplar la visi&#243;n, y pudo desviar la mirada de la muchacha hacia aquello que &#233;sta estaba mirando. En un primer momento pens&#243; que se trataba de un lobo. Pero la criatura se irgui&#243; sobre sus patas traseras flexionadas, mostrando los m&#250;sculos de las manos como garras. De las fauces enormes e irregulares sali&#243; su aliento con un resoplido, como una nube de humo blanco.

La sangre adornaba la nieve como una cinta carmes&#237;. Un hombre yac&#237;a en la nieve desgarrado, pero todav&#237;a vivo, a los pies de la bestia. Tras ella, lobos del tama&#241;o de peque&#241;os ponis esperaban su turno, hasta que su se&#241;or les permitiera alimentarse de su presa.

No -dijo Elaine. La bestia alz&#243; la vista hacia el cielo, como si la hubiera o&#237;do. &#191;Era posible?-. Dejadlo en paz.

La bestia intent&#243; descubrir de d&#243;nde proced&#237;a la voz, sin ver nada, pero no atac&#243; a la mujer.

Blaine, encu&#233;ntralos. Ve hacia ella. Ay&#250;dala.

&#191;D&#243;nde est&#225;? -pregunt&#243; una voz que a Elaine se le antoj&#243; distante.

Elaine not&#243; que su brazo se mov&#237;a, se&#241;alando lentamente.

Oy&#243; caballos avanzando al galope por la nieve. El tintineo de los arneses, el sonido de las hojas al ser desenvainadas.

R&#225;pido -a&#241;adi&#243; Elaine.

La bestia avanz&#243; hacia la mujer, y los ominosos lobos se abalanzaron en tropel hacia adelante. La criatura se volvi&#243; con un rugido. Los lobos retrocedieron, con el rabo escondido y arrastrando la panza por la nieve. Los grandes c&#225;nidos se postraron; deb&#237;an de ser criaturas atroces, pero el hombre bestia los hac&#237;a parecer peque&#241;os y vulgares. Un horror normal, en comparaci&#243;n con &#233;l.

Elaine volvi&#243; la vista hacia la mujer. Le pareci&#243; que mov&#237;a la cabeza, pero no eran sus ojos los que ve&#237;an. La mujer segu&#237;a arrodillada al lado del hombre ca&#237;do. Se puso en pie, con el cuchillo a punto, pero le temblaba la mano. Un cuchillo no era suficiente para hacer frente a semejante monstruo.

La bestia salt&#243; hacia adelante, con una velocidad imposible para sus piernas contrahechas. Atac&#243; a la mujer; ella grit&#243;, dando un paso atr&#225;s.

&#191;D&#243;nde estaba Blaine? &#191;Por qu&#233; no acud&#237;a en su auxilio?

El hombre extra&#241;o se movi&#243; sobre la nieve con un movimiento suave, como si estuviera caminando. La gran bestia cay&#243; de rodillas y alarg&#243; las garras hacia la v&#237;ctima que estaba m&#225;s pr&#243;xima. La mujer se abalanz&#243; sobre el monstruo y lo apu&#241;al&#243; con el min&#250;sculo cuchillo. Brot&#243; la sangre, y la criatura retrocedi&#243; con un bramido. La sangre manaba de una profunda herida en el brazo. La mujer parec&#237;a sorprendida por haber conseguido herirlo.

La criatura ense&#241;&#243; los dientes apartando los labios. Un terrible y grave rugido sali&#243; resonando desde el pecho. Hasta ese momento hab&#237;a estado jugando con ella, creyendo que era inofensiva. Pero eso hab&#237;a cambiado.

La rode&#243;, intentando obligarla a apartarse del hombre herido y salir a campo abierto. Cuando los lobos quedaran a su espalda, su muerte ser&#237;a segura; no podr&#237;a vencerlos a todos.

Pero la mujer no se apartaba de su compa&#241;ero herido. Se qued&#243; all&#237;, observ&#225;ndolo, mientras el hombre luchaba por despertar de algo m&#225;s profundo que el sue&#241;o.

La bestia hizo una se&#241;al con una mano, y los lobos avanzaron. &#191;D&#243;nde estaba Blaine? Para cuando llegaran ser&#237;a demasiado tarde.

Los lobos se precipitaron hacia adelante rugiendo. La bestia los espoleaba, con el hocico apuntado hacia el cielo, aullando.

Elaine profiri&#243; un grito sin voz mientras alzaba una mano, como si pudiera tocarlos o protegerlos de alg&#250;n modo.

Los lobos, una masa casi compacta de pelaje y colmillos, avanzaron en tropel sobre sus musculosos miembros, corriendo como un viento oscuro que se abalanzaba sobre la mujer, pero de pronto se replegaron bajo una lluvia de chispas de color violeta. Los lobos quedaron aturdidos y amontonados, a poca distancia del hombre herido. Justo delante de ellos se ve&#237;a un resplandor de color azul violeta.

La bestia se acerc&#243; acechante, apartando de su camino a patadas a los lobos ca&#237;dos. Agit&#243; precavido una zarpa en el aire. En las puntas de sus garras aparecieron chispas de color p&#250;rpura, que cayeron como un arco iris sobre la nieve, con un chisporroteo.

La bestia se volvi&#243; lentamente, escrutando los &#225;rboles. Dio una vuelta completa, d&#225;ndole la espalda a la mujer. &#201;sta hab&#237;a conjurado un poderoso hechizo para ponerse a salvo, pero la bestia ya no estaba interesada en ella. Empez&#243; a husmear el aire, mientras su aliento parec&#237;a echar espuma en el aire g&#233;lido. De pronto, mir&#243; fijamente a Elaine. No estaba segura de qu&#233; era lo que hab&#237;a cambiado o c&#243;mo se hab&#237;a dado cuenta, pero supo que la hab&#237;a visto, que sab&#237;a que estaba all&#237;.

Alguien la sacudi&#243; violentamente. Le dol&#237;a la cara. Parpade&#243;, y alguien la golpe&#243; con fuerza. Gersalius la sosten&#237;a. Jonathan retir&#243; la mano para volver a golpearla.

Elaine alz&#243; un brazo para protegerse.

Creo que ya est&#225; mejor -dijo Gersalius, mientras posaba una mano en el hombro de Jonathan-. No creo que sea necesario volver a hacerlo.

Me dijiste que deb&#237;a darle una bofetada -replic&#243; Jonathan, con cierto tono defensivo.

Lo s&#233; -confirm&#243; el mago-. Elaine, &#191;c&#243;mo est&#225;s?

Ten&#237;a una visi&#243;n. &#191;Por qu&#233; hab&#233;is interrumpido mi concentraci&#243;n? -De pronto se sent&#237;a furiosa con ellos-. Ahora ya no s&#233; si la mujer est&#225; a salvo. &#191;Por qu&#233; me despertasteis?

Una gran oscuridad hab&#237;a dado contigo, Elaine. Not&#233; c&#243;mo te buscaba. Grit&#233;, intentando romper tu concentraci&#243;n antes de que pudiera encontrarte.

&#191;De qu&#233; est&#225;s hablando?

El hombre lobo no es tan s&#243;lo un monstruo. Es una importante fuerza del mal, mucho m&#225;s poderosa de lo que parece.

Elaine lo mir&#243; parpadeando, at&#243;nita.

&#191;C&#243;mo sabes lo del hombre bestia?

Jonathan respondi&#243; por &#233;l..

Tu visi&#243;n se reflejaba en todas las superficies. Todos pudimos verla en los espejos retorcidos del hielo.

Hab&#237;a algo en su voz que hizo callar a Elaine. Desaprobaci&#243;n. No aprobaba su comportamiento. Hab&#237;a recelo en sus ojos, algo parecido al miedo. Aquella mirada se clav&#243; en el coraz&#243;n de Elaine como una daga. La muchacha apart&#243; la mirada, ocultando el rostro en el hombro de Gersalius. Escondi&#243; sus l&#225;grimas en el manto del mago, con la esperanza de que Jonathan no se diera cuenta.

Si todav&#237;a puede montar -intervino Teresa-, debemos ir a ayudar a los dem&#225;s.

Cuando Elaine advirti&#243; que Jonathan se hab&#237;a puesto en pie y se alejaba, alz&#243; la cabeza lentamente.

Gersalius le roz&#243; la cara con sus dedos fr&#237;os y desnudos, recogiendo sus l&#225;grimas.

No pretende hacerte da&#241;o.

Ya lo s&#233;.

Elaine intent&#243; dejar de llorar, enjug&#225;ndose la cara con los guantes. Gersalius la ayud&#243; a ponerse en pie. No pod&#237;a recordar haber desmontado de su caballo, ni mucho menos el momento en que hab&#237;a ca&#237;do sobre la nieve.

Nunca una visi&#243;n hab&#237;a sido tan larga -coment&#243;.

No fue s&#243;lo una visi&#243;n.

Debemos ayudar a los dem&#225;s -dijo Teresa-. Monta.

&#191;Te encuentras lo bastante bien para cabalgar? -pregunt&#243; el mago.

S&#237;, estoy bien. No me siento cansada, ni tengo fr&#237;o, ni ning&#250;n otro malestar. &#191;Por qu&#233; no, esta vez?

Porque est&#225;s aprendiendo a controlar tu magia.

Teresa trajo el caballo de Elaine.

Le sostendr&#233; la cabeza mientras montas.

El caballo puso los ojos en blanco. No parec&#237;a excesivamente contento.

No hay tiempo para remilgos, Elaine. Los dem&#225;s ya se han puesto en marcha. Puede que est&#233;n heridos y necesiten nuestra ayuda.

Elaine asinti&#243;. Se aferr&#243; al arz&#243;n de la silla. El caballo parec&#237;a querer alejarse bailando; &#250;nicamente la cabeza permanec&#237;a firme gracias a Teresa. Gersalius la alz&#243; por la parte de atr&#225;s, y Elaine se encaram&#243; sobre el caballo. Se sent&#243; en la silla, pero advirti&#243; que el caballo segu&#237;a inquieto debajo de ella.

Teresa solt&#243; la cabeza del caballo y lo espole&#243; hacia adelante, dejando que Elaine se hiciera con las riendas. La muchacha sab&#237;a que Blaine se encontraba a salvo. Sus visiones siempre le advert&#237;an si a las personas que amaba les estaba sucediendo algo verdaderamente horrible. Como la muerte de sus padres. No pod&#237;a pasar nada definitivo sin previo aviso, aunque &#233;ste a menudo no sirviera para nada. Pero Elaine se sent&#237;a m&#225;s segura sabiendo que no suceder&#237;a ninguna cat&#225;strofe por sorpresa.

Jonathan segu&#237;a a Teresa. &#218;nicamente Gersalius esper&#243; por ella. Elaine afloj&#243; las riendas. El caballo dio un brinco que la hizo chillar, para luego salir disparado hacia adelante, al galope, estirando totalmente su musculoso cuerpo. Salt&#243; por encima de un &#225;rbol ca&#237;do. Elaine reprimi&#243; el grito que creci&#243; en su garganta. El caballo dej&#243; atr&#225;s la montura de Teresa, y Elaine se dio cuenta de que el animal se alejaba desbocado. Cuanto m&#225;s tiraba de las riendas, m&#225;s corr&#237;a el condenado.

La capucha cay&#243; hacia atr&#225;s. Su melena ondeaba con el viento helado. Los &#225;rboles parec&#237;an precipitarse hacia ella a gran velocidad, borrosos. Las manos buscaron la silla, intentando agarrarse a un asidero, a lo que fuera.

Por encima del viento ululante, oy&#243; el ruido de una pelea: un caos de rugidos, chillidos y golpes. El caballo se dirig&#237;a directamente hacia all&#237;.

La montura cabalg&#243; al galope, un arroyo ancho de corriente r&#225;pida con bancos de nieve en proceso de deshielo. Elaine vio horrorizada c&#243;mo el animal arqueaba el cuerpo y saltaba por encima del arroyo. Sali&#243; despedida cuando el caballo aterriz&#243; y trep&#243; por la otra orilla.

Choc&#243; contra un &#225;rbol y se desplom&#243; al suelo. No pod&#237;a respirar, ni mover el cuerpo. Se sent&#237;a impotente y agonizante. Aquel est&#250;pido caballo hab&#237;a conseguido acabar con ella.



Cap&#237;tulo 9

Algo se estrell&#243; contra la maleza. Elaine intent&#243; girar la cabeza hacia aquel sonido, pero era incapaz de moverse. El simple hecho de respirar ya le supon&#237;a un tremendo esfuerzo. Si se trataba de una enorme bestia dispuesta a devorarla, no podr&#237;a hacer nada para ponerse a salvo. Este pensamiento la irrit&#243;. Volvi&#243; a respirar con dificultad y luch&#243; por sentarse, recost&#225;ndose en el &#225;rbol contra el cual casi se hab&#237;a roto la espalda.

Blaine estaba de pie, hundido en la nieve hasta las rodillas, con la espada desenvainada y el escudo fuertemente agarrado contra s&#237;. Dos lobos lo rodeaban. En medio de la profunda nieve luchaba por mantener a ambos bajo su control visual, pero &#233;stos se separaban uno del otro, como si conocieran sus intenciones. Ni &#233;l ni las bestias hab&#237;an visto a Elaine.

&#201;sta estaba sentada en el fr&#237;o suelo y observaba a su hermano. &#191;Qu&#233; pod&#237;a hacer para ayudarlo? No era una guerrera. Ni siquiera contaba con el cuchillo de pelea que bland&#237;a la mujer de ojos dorados de su visi&#243;n. Tan s&#243;lo ten&#237;a una peque&#241;a daga destinada a cortar alimentos o a descortezar le&#241;a para un fuego, pero no para luchar.

Uno de los lobos se abalanz&#243; sobre Blaine, quien le asest&#243; un golpe con su espada. El lobo dio un aullido y cay&#243; hacia atr&#225;s. La sangre fresca se filtr&#243; en la nieve. El otro lobo arremeti&#243; contra Blaine por su espalda, antes de que a &#233;ste le diera tiempo a volverse, lo derrib&#243; con su peso y mostr&#243; los colmillos con la intenci&#243;n de machacarle el cr&#225;neo.

Elaine grit&#243;:

&#161;Noooo!

El lobo gir&#243; sobre s&#237; mismo. Todav&#237;a ten&#237;a inmovilizado a Blaine, pero ya no parec&#237;a tener intenci&#243;n de morder. Desvi&#243; sus ojos ambarinos hacia Elaine.

Elaine intent&#243; ponerse en pie con gran esfuerzo. El lobo herido avanz&#243; hacia ella acechante, con los miembros muy r&#237;gidos. El otro lobo se volvi&#243; hacia Blaine, ense&#241;ando los colmillos. Blaine consigui&#243; alzar un hombro, pero el lobo atac&#243;. Blaine grit&#243;.

Elaine busc&#243; a su alrededor algo que pudiera usar como arma para defenderse. Extrajo una rama de la nieve. El lobo herido se agazap&#243;, con las caderas tensas, listo para saltar. Se oy&#243; un nuevo alarido de Blaine, pero Elaine no pod&#237;a prestarle atenci&#243;n. El lobo herido se abalanz&#243; sobre ella, y &#233;sta blandi&#243; la rama a modo de espada.

El lobo choc&#243; contra la rama, y aunque Elaine consigui&#243; rechazar el ataque, su peso la empuj&#243; hacia atr&#225;s, haci&#233;ndole caer en la nieve. El enfurecido lobo se encontraba sobre ella, clavado en la rama como una tienda de campa&#241;a en su estaca, pero se revolv&#237;a ara&#241;ando con sus garras el rostro y los brazos de Elaine. &#201;sta grit&#243;.

Una espada apareci&#243; de pronto y asest&#243; una estocada. La cabeza del lobo cay&#243; dando vueltas, y la sangre salpic&#243; la nieve y la cara de Elaine, que alz&#243; un brazo para cubrirse el rostro. La rama se quebr&#243; y el lobo se desplom&#243; sobre ella. La sangre sali&#243; a borbotones, se filtr&#243; por el cuello del abrigo y le empap&#243; las ropas.

Elaine grit&#243; de nuevo. La sangre le llen&#243; la boca y los ojos. El lobo cay&#243; a un lado, y unas manos la ayudaron a incorporarse. Elaine luch&#243;, gritando, sacudiendo la cabeza, ara&#241;&#225;ndose la cara.

Elaine, Elaine. -Era la voz de Blaine.

Elaine alz&#243; la vista parpadeando. La sangre le hab&#237;a adherido las pesta&#241;as unas a otras. Blaine la arrop&#243; contra su abrigo. Las pieles blancas estaban llenas de sangre.

Cre&#237;a que el caballo te hab&#237;a matado -dijo Teresa, de pie ante ellos, mientras limpiaba la hoja de su espada con un trozo de tela-. No sab&#237;a que estabas enfrent&#225;ndote con lobos.

Elaine trag&#243; saliva, intentando pensar algo que decir sin que se le ocurriera nada. Blaine estaba vivo. Ella estaba viva. El lobo hab&#237;a muerto. No hab&#237;a nada que decir, salvo.

&#191;D&#243;nde est&#225;n Konrad y Thordin?

Aqu&#237; estoy -dijo Thordin mientras sal&#237;a de entre los &#225;rboles. En una mano llevaba una tira de cuero, un collar hecho con orejas de lobo reci&#233;n cortadas, que dejaba un rastro de gotas carmes&#237; en la nieve como si fueran migas de pan.

&#191;D&#243;nde est&#225; Konrad? -pregunt&#243; Jonathan.

La bestia que comandaba a esos lobos m&#225;s peque&#241;os huy&#243; adentr&#225;ndose en el bosque en cuanto llegamos. -Al decir esto frunci&#243; el ce&#241;o-. Nunca hab&#237;a visto a una criatura de tales dimensiones irse con el rabo entre las piernas sin siquiera luchar. Konrad y yo lo perseguimos, hostig&#225;ndolo para que volviera. Pero nuestro principal objetivo era proteger a los viajeros, no cubrirnos de gloria.

A Elaine se le encogi&#243; el est&#243;mago.

Konrad est&#225; en alg&#250;n lugar solo con esa bestia. Debemos ayudarlo.

Muchacha, puede ser que Konrad est&#233; perfectamente y regrese arrastrando la cola de la bestia; en caso contrario -Thordin se encogi&#243; de hombros.

&#191;En caso contrario qu&#233;? -pregunt&#243;, aunque ya conoc&#237;a la respuesta. La franqueza de Thordin era demasiado &#225;spera para expresarla con palabras-. Debes ayudarlo.

Por supuesto que s&#237;, pero antes te o&#237; gritar, y Konrad sabe cuidar mejor de s&#237; mismo que t&#250;, y que tu hermano. -Dicho esto, propin&#243; un golpe suave a Blaine con el pie, acompa&#241;ado de una sonrisa c&#243;mplice.

&#191;C&#243;mo pod&#237;an sonre&#237;r sin saber si Konrad estaba agonizando o incluso muerto? Elaine sab&#237;a que sus visiones le advert&#237;an siempre si Blaine estaba a salvo o no, pero no estaba segura de que el sistema funcionase con Konrad. Pod&#237;a morir sin que ella llegara a saberlo. El mero hecho de pensar en ello hac&#237;a que se le hiciera un nudo en la garganta con las l&#225;grimas no derramadas.

Konrad est&#225; bien, Elaine.

Blaine la ayud&#243; a ponerse en pie, e hizo un gesto de dolor al alzarla. Elaine retir&#243; el pesado abrigo de su hombro izquierdo, que presentaba las marcas de los colmillos. La sangre le corr&#237;a por el brazo.

&#191;Te duele?

Blaine hizo una mueca.

Habr&#237;a sido mejor si me hubiera mordido en el mismo brazo herido por el &#225;rbol.

&#191;Puedes moverlo, muchacho? -pregunt&#243; Thordin, al tiempo que proced&#237;a a mover el brazo de Blaine, asegur&#225;ndose de que pod&#237;a hacer la gama completa de movimientos. El brazo reaccion&#243; bien, pero Blaine tuvo que apretar los labios, sudando, mientras Thordin maniobraba.

Est&#225; herido, &#191;es que no lo ves? -protest&#243; Elaine.

S&#237;, pero no lo suficiente como para no poder luchar.

Un caballo se abri&#243; camino entre el sotobosque. Konrad lo montaba. Parec&#237;a haber salido ileso. Abri&#243; los ojos con gran asombro, y a continuaci&#243;n salt&#243; de su montura para correr hasta donde estaba Elaine.

Por el amor de Dios, debes sentarte. Est&#225;s herida.

Volvi&#243; a colocarla sobre la nieve cubierta de sangre, con el botiqu&#237;n ya abierto. Con sus dedos fuertes y seguros examin&#243; la cara y el cuello de Elaine, busc&#243; un posible corte en el cr&#225;neo. Nunca antes Elaine hab&#237;a sentido las manos de Konrad de ese modo sobre su cuerpo. No sab&#237;a si era mejor decir algo o callar.

Pero fue Blaine quien habl&#243;.

No es su sangre.

Konrad ni siquiera alz&#243; la vista. Sus manos sanadoras segu&#237;an buscando la herida que &#233;l estaba seguro que encontrar&#237;a.

Blaine le pos&#243; una mano en el hombro.

No est&#225; herida. -Ahora le toc&#243; el turno a Blaine de fruncir el ce&#241;o-. No est&#225;s herida, &#191;verdad?

Elaine observ&#243; la expresi&#243;n seria de Konrad, su cara tan cerca de la suya, y finalmente dijo:

No creo.

Konrad parpade&#243; como si por primera vez lo hubiera o&#237;do.

&#191;No est&#225;s herida? -Su voz conten&#237;a un tono de incredulidad.

Elaine hubiera deseado estar herida. Tener alg&#250;n peque&#241;o corte que hubiera sangrado a borbotones y que pareciera m&#225;s serio de lo que era. Cuando quiso decir que no, se dio cuenta de que s&#237; lo estaba. Sent&#237;a un dolor ardiente y amortiguado en las mejillas, los brazos, las costillas. Se llev&#243; una mano a un carrillo y se frot&#243; la sangre del lobo, profiriendo un gemido.

Konrad le gir&#243; la cabeza hacia un lado.

Ara&#241;azos. -Baj&#243; la vista hacia el lobo decapitado-. &#191;Es &#233;sa la causa?

S&#237;.

Con los dedos le sujet&#243; firmemente la barbilla, pero sin hacerle da&#241;o. Empap&#243; un trapo con agua e intent&#243; lavar la herida. El agua fr&#237;a del trapo estaba m&#225;s caliente que el aire, y le escoc&#237;a.

&#191;Qu&#233; pas&#243; con la bestia a la que persegu&#237;as? -pregunt&#243; Thordin.

La perd&#237; entre los &#225;rboles.

Dijo esto sin apartar los ojos de Elaine, de su trabajo. Su concentraci&#243;n era total: ya se tratase de luchar, curar o cualquier otra cosa, &#233;l se entregaba por completo. As&#237; hab&#237;a sido en el caso del amor hacia su mujer y en la pena que ahora lo consum&#237;a.

Elaine se dio cuenta de golpe, casi con un sobresalto f&#237;sico, de que el rasgo que m&#225;s amaba de Konrad era el que la hac&#237;a invisible ante sus ojos. Su pena ser&#237;a eterna, tal como hubiera sido su amor.

Elaine mir&#243; fijamente sus ojos verdes, pero &#233;l en realidad no la ve&#237;a. Tal vez nunca fuera capaz de verla realmente. La sola idea dol&#237;a m&#225;s que cualquier herida.

Konrad le alz&#243; un brazo. Las zarpas del lobo hab&#237;an desgarrado la piel aqu&#237; y all&#225;, pero era dif&#237;cil saber si sangraba por alguna herida, porque estaba cubierta por la sangre del lobo.

&#191;Te encontrabas bajo el lobo cuando lo decapitaron? -pregunt&#243;.

S&#237;.

Konrad dej&#243; escapar un grave bramido de exasperaci&#243;n.

&#191;Qui&#233;n mat&#243; al lobo? -Alz&#243; la vista por primera vez-. &#191;Blaine?

No fui yo. Estaba demasiado ocupado intentando matar al m&#237;o. De paso, cuando acabes con Elaine, tal vez puedas echar un vistazo a la mordedura de mi hombro.

&#191;Alguien m&#225;s est&#225; herido?

Volvi&#243; a ocuparse de Elaine. Desat&#243; los cordones de la manga y retir&#243; la tela para dejar al descubierto su ropa interior. Revis&#243; los ara&#241;azos. La tela le hab&#237;a protegido los brazos en su mayor parte, por lo que no ten&#237;a heridas profundas.

Tengo una racha de suerte -coment&#243; Thordin-. Dos encuentros con criaturas mal&#233;ficas y ni un solo rasgu&#241;o.

Yo di muerte al lobo -dijo Teresa.

Konrad aplic&#243; ung&#252;ento en todos los ara&#241;azos que pudo encontrar.

&#191;Por qu&#233; tuviste que decapitar a la maldita bestia encima de ella?

Estaba a punto de matarla -replic&#243; Teresa con un asomo de ira-. Si no te hubieras alejado para perseguir monstruos, podr&#237;as haber estado aqu&#237; para echar una mano.

Konrad dej&#243; caer los hombros, abatido. Elaine lo mir&#243; fijamente. &#191;Qu&#233; estaba sucediendo? &#191;En qu&#233; estar&#237;a pensando para que ese comentario lo afectara tanto? Sus manos eran como un suave b&#225;lsamo en su mejilla. Al tocarla, el pensamiento bast&#243; para que su mente se abriera para ella de par en par, como una puerta.

Hab&#237;a perseguido a la enorme bestia como si &#233;sta hubiera matado a su esposa, aunque Elaine no pod&#237;a entender por qu&#233;. Beatrice no hab&#237;a sido asesinada por lobos de ning&#250;n tipo. Se sent&#237;a culpable por haberlos dejado solos, por haberles fallado, igual que le hab&#237;a fallado a su mujer. &#191;Por qu&#233; fallado?

Aquellos ojos verdes por fin la miraron, buscaron su rostro. Ahora s&#237; la ve&#237;an, la miraban de verdad, como ella siempre hab&#237;a querido que la mirara. Pero se trataba de l&#225;stima, no de amor. Los pensamientos anegaron los ojos de Konrad como si se tratara de l&#225;grimas, y se derramaron sobre Elaine. Hab&#237;a tragado la sangre del lobo. No se trataba de un lobo normal, y una de las maneras de convertirse en hombre lobo era beber su sangre.

Elaine lo mir&#243; fijamente, con la boca muy abierta en una expresi&#243;n de terror.

No, no lo era.

La repentina ternura que asom&#243; en la cara de Konrad era excesiva. Su compasi&#243;n, abrumadora. &#191;Por qu&#233; no pod&#237;a tratarse de amor? Las l&#225;grimas saladas le escocieron en los cortes de la cara.

&#191;Qu&#233; pasa? -pregunt&#243; Blaine.

&#191;Tragaste sangre, Elaine? -pregunt&#243; Jonathan.

Ella alz&#243; la vista para mirarlo con p&#225;nico.

S&#237;. -Su voz sali&#243; ahogada.

Era un simple lobo -dijo Teresa.

&#191;De ese tama&#241;o, y en compa&#241;&#237;a de un hombre lobo? -inquiri&#243; Jonathan, mientras negaba con un gesto de cabeza.

No -volvi&#243; a insistir Teresa, con voz fuerte y segura-. Tan s&#243;lo era una bestia atroz, tal vez sobrenatural, pero no un hombre lobo.

&#191;C&#243;mo puedes saberlo, esposa? &#191;C&#243;mo?

Teresa hizo un gesto de negaci&#243;n, obstinada.

No tiene por qu&#233; tratarse de un hombre lobo.

&#191;Y si lo es? -dijo Konrad.

Todos miraron a Elaine. Blaine cay&#243; de rodillas a su lado, mientras las l&#225;grimas le corr&#237;an por las mejillas y se congelaban en diminutas perlas plateadas.

Blaine tiene una mordedura. &#191;Tambi&#233;n corre peligro por ello?

Tengo un ung&#252;ento para ara&#241;azos y mordeduras, siempre que se aplique antes de que el veneno se haya extendido, pero en caso de haber tragado sangre, es inefectivo.

Seguro que existe una p&#243;cima -dijo Teresa.

Konrad neg&#243; con la cabeza.

La mayor&#237;a de aquellos que han bebido sangre de un hombre lobo quieren convertirse en uno de ellos. Ninguna p&#243;cima puede ayudar a aquellos que no quieren ser salvados.

Hay una manera de saber si los lobos son simplemente animales o no. -Gersalius apareci&#243; a lomos de su caballo en el borde del claro del bosque. Hab&#237;a sido tan sigiloso que Elaine se hab&#237;a olvidado de &#233;l.

&#191;Qu&#233; pasa con los viajeros? -Dijo Jonathan-. &#191;Estar&#225;n a salvo mientras esperamos aqu&#237;?

Lo suficiente -dijo el mago.

Jonathan, si existe una posibilidad de saber si Elaine est&#225; infectada, debemos aprovecharla.

Jonathan se volvi&#243; hacia su esposa.

Magia para salvarnos de la magia.

Teresa hizo un leve movimiento de rechazo con las manos.

Se acab&#243; la discusi&#243;n, Jonathan. Haz lo que debas, mago.

Jonathan abri&#243; la boca como si quisiera oponerse, pero no lo hizo.

Yo ir&#233; a ver c&#243;mo est&#225;n los viajeros. -Dicho esto, tom&#243; las riendas de su caballo y se fue por donde Thordin y Konrad hab&#237;an llegado.

Con el coraz&#243;n encogido, Elaine lo vio alejarse. &#191;Era mayor su odio hacia la magia que el amor hacia ella? Lo vio desaparecer entre los &#225;rboles temiendo que as&#237; fuera.

Gersalius extrajo un peque&#241;o espejo de un bolsillo. Dej&#243; caer unos polvos de color claro sobre el cristal y susurr&#243; suavemente unas cuantas palabras. &#201;stas hicieron que a Elaine se le erizara el vello de todo el cuerpo, con la sensaci&#243;n de que se trataba de un ej&#233;rcito de hormigas en marcha. El aire era demasiado espeso, como si una tormenta flotara en el aire. Elaine mir&#243; a Konrad, pero &#233;ste estaba observando al mago. Nadie m&#225;s parec&#237;a percibir nada fuera de lo normal. Se produjo un ruido casi audible, como un revent&#243;n. A continuaci&#243;n Gersalius retir&#243; el espejo y dijo:

Se trata simplemente de lobos.

Hasta yo necesito una prueba m&#225;s s&#243;lida -dijo Teresa-. Te limitas a derramar un poco de sal sobre un espejo, a murmurar palabras sin sentido, &#191;y esperas que creamos que se trata de magia?

Echa un vistazo a los trofeos de tu amigo -dijo el mago.

Thordin baj&#243; la vista hacia su collar de orejas. Lo alz&#243; lentamente para que todos pudieran verlo. Dos de las orejas eran humanas.

Gersalius sonri&#243;.

Es un buen hechizo. No demasiado espectacular, pero funciona.

Teresa se limit&#243; a asentir. Elaine no pod&#237;a apartar la vista de las dos orejas humanas.



Cap&#237;tulo 10

Uno de los hombres muertos llevaba una s&#243;lida armadura con cota de placas. Elaine &#250;nicamente hab&#237;a visto ese metal resplandeciente anteriormente en dos ocasiones: en los ricos o en los tontos. Pero las armaduras no serv&#237;an para mantener a raya casi nada de lo que asolaba el pa&#237;s. No era &#233;se el caso de los lobos. Cuatro de ellos yac&#237;an alrededor del cad&#225;ver como si fueran los juguetes rotos de un ni&#241;o; cuatro funestos lobos atravesados no por flechas, sino por la hoja de una espada. Hab&#237;a sido un gran guerrero. Ahora s&#243;lo era comida para gusanos.

Elaine neg&#243; con la cabeza, acurruc&#225;ndose a&#250;n m&#225;s en su abrigo. Con un poco de agua hab&#237;a retirado toda la sangre que pudo, pero parte de ella hab&#237;a quedado congelada en sus cabellos en forma de hielo carmes&#237;. Necesitaba un ba&#241;o caliente.

El segundo cad&#225;ver era joven, m&#225;s o menos de la misma edad que ella y Blaine. Sus cabellos casta&#241;os y rizados eran demasiado cortos para la moda. Su rostro era atractivo incluso muerto y de expresi&#243;n dulce, como si hubiera sonre&#237;do a menudo. Dos lobos yac&#237;an a sus pies, uno de ellos atravesado por dos flechas. Las plumas de &#233;stas ten&#237;an el mismo dise&#241;o que las de su carcaj. Dos flechas hab&#237;an salido disparadas, y la bestia hab&#237;a ca&#237;do encima del joven, muerta. Entonces el segundo lobo se hab&#237;a abalanzado sobre &#233;l. Apenas hab&#237;a tenido tiempo de desenvainar su espada. El joven y el lobo parec&#237;an haberse matado simult&#225;neamente el uno al otro.

&#218;nicamente la mujer y la criatura semihumana, herida, segu&#237;an con vida. Todav&#237;a se encontraban enfrente del &#225;rbol, en el que aparec&#237;an en su visi&#243;n.

El hechizo que los hab&#237;a salvado segu&#237;a activo. Del mismo modo que hab&#237;a mantenido fuera a los lobos, ahora los ten&#237;a encerrados dentro.

Gersalius se arrodill&#243; en la nieve frente al hechizo. &#201;ste resplandec&#237;a con una luz tenue, el rosa p&#250;rpura de las rosas salvajes. Al mirarlo directamente no alcanzaba a verse nada, pero s&#237; pod&#237;a vislumbrarse con el rabillo del ojo como una luz parpadeante. Gersalius recorri&#243; la brillante superficie con sus largos dedos. Unas diminutas chispas de color rosa violeta chisporrotearon en el aire g&#233;lido. Las chispas ten&#237;an un color m&#225;s intenso que el escudo, que as&#237; era como el mago hab&#237;a dado en llamarlo: un encantamiento de escudo. Elaine nunca hab&#237;a o&#237;do hablar de nada semejante.

No puedo desactivarlo -dijo al cabo Gersalius, quien se puso en pie despacio, como si le dolieran las rodillas debido al contacto con la fr&#237;a nieve. De repente parec&#237;a m&#225;s viejo-. Debes ayudarme, Averil.

&#191;C&#243;mo? -pregunt&#243; la mujer. Sus ojos desconcertantes, del color de una puesta de sol, lo miraron fijamente.

Elaine no pod&#237;a sostenerle la mirada. Nunca hab&#237;a visto una mujer con semejantes ojos.

Su aspecto f&#237;sico era por lo dem&#225;s normal, aunque encantador. El sol invernal arrancaba profundos reflejos cobrizos de sus cabellos casta&#241;os. De estatura mediana, era m&#225;s bien delgada y delicada como un p&#225;jaro. Sus facciones eran finas, pero humanas. &#218;nicamente sus ojos desment&#237;an su car&#225;cter terrenal. El abrigo negro que la cubr&#237;a era grueso, pero no caro. Su vestido, de color marr&#243;n rojizo, dejaba al descubierto el lino blanco en las mu&#241;ecas y el cuello, de corte cuadrado. Por todo adorno luc&#237;a una cadena de oro con un amuleto en un extremo, que representaba una esbelta figura humana.

El hombre segu&#237;a tumbado en la nieve, dentro del c&#237;rculo protegido por el hechizo. Hab&#237;a perdido el brazo izquierdo, amputado en el combate y ca&#237;do junto al escudo, todav&#237;a envuelto en la resistente manga de color marr&#243;n. La sangre manchaba la nieve en el extremo desgarrado como una flor que acabara de florecer.

Su piel era en cierta forma como el hechizo del escudo. Al mirarlo directamente, parec&#237;a p&#225;lido; pero, si uno le echaba un vistazo de reojo, ve&#237;a la piel salpicada aqu&#237; y all&#237; de reflejos dorados. Su cabello semejaba oro batido, tan met&#225;lico que no parec&#237;a real. Sus ojos eran del mismo color que los de su hija.

Averil, la mujer, era su hija. Hab&#237;a practicado un torniquete en el mu&#241;&#243;n del brazo. De no ser por eso, ya estar&#237;a muerto.

&#191;C&#243;mo puede ayudarte Averil, mago? -pregunt&#243; el elfo.

Elaine hab&#237;a o&#237;do hablar de esas criaturas, pero nunca hab&#237;a visto a ninguna. Le resultaba m&#225;s f&#225;cil mirarlo a &#233;l, cuyo aspecto era extra&#241;o de pies a cabeza, que sostenerle la mirada a Averil. Los ojos de elfo de la mujer en aquel rostro humano eran en cierto modo m&#225;s inquietantes todav&#237;a, como si hubieran pedido prestada esa cara y no se correspondieran con ella.

Si coloca las manos sobre el escudo para intentar desactivarlo desde vuestro lado, yo podr&#237;a hacer lo mismo desde aqu&#237;, y as&#237; tal vez podamos romper el hechizo.

Si has podido salvarnos, Gersalius, &#191;por qu&#233; no puedes desactivar el hechizo? -pregunt&#243; Averil.

Nunca dije que tuviera nada que ver con este trabajo.

&#191;El hechizo no es tuyo? -pregunt&#243; Jonathan.

No.

Tampoco es m&#237;o -intervino Averil.

&#191;De qui&#233;n, entonces? -pregunt&#243; Jonathan con suspicacia.

De Elaine -dijo el mago. Al decir esto, se volvi&#243; hacia ella y le sonri&#243;.

Ella neg&#243; con la cabeza.

Yo no he sido. -Todos ten&#237;an la vista fija en ella; pero no parec&#237;an demasiado contentos-. Nunca antes o&#237; hablar de semejante hechizo. &#191;C&#243;mo podr&#237;a haberlo conjurado sin conocerlo?

&#191;Qu&#233; estabas haciendo en tu visi&#243;n, justo antes de que los lobos se abalanzaran sobre ellos? -pregunt&#243; el mago.

Elaine baj&#243; la vista hacia el suelo cubierto de nieve, como si pudiera encontrar alguna pista en &#233;l.

No quer&#237;a ver c&#243;mo acababan con su vida. No pod&#237;a limitarme a mirar. -Alz&#243; la vista de nuevo, para mirar fijamente a Gersalius-. Pens&#233;: No lo permitir&#233;. Recuerdo que alargu&#233; un brazo, como si pudiera tocar a Averil y de ese modo salvarlos.

Y eso fue lo que hiciste -dijo Gersalius.

Elaine volvi&#243; a negar con la cabeza.

No es posible. No hubiera sabido c&#243;mo.

Ya fuera inconsciente o conscientemente, lo hiciste. Ahora debemos desactivar el conjuro.

&#191;Podemos hacerlo?

S&#237;.

Entonces, &#191;por qu&#233; le pediste a Averil que te ayudara, y no a m&#237;?

Porque pens&#233; que te molestar&#237;a el hecho de haber conjurado otro hechizo sin darte cuenta. Si Averil y yo no hubi&#233;ramos conseguido desactivarlo

Ahora ya lo s&#233;. Dime, &#191;c&#243;mo puedo desactivarlo?

Avanz&#243; hacia &#233;l, arrastrando el abrigo de pieles sobre la nieve. El escudo parec&#237;a ahora m&#225;s brillante, del color de las violetas en primavera. A cada paso que daba, aumentaba la intensidad del color, hasta que la nieve qued&#243; ba&#241;ada en un suave resplandor p&#250;rpura.

Tu magia te reconoce -dijo Gersalius.

Elaine se qued&#243; mirando el escudo centelleante. &#191;De veras la reconoc&#237;a? Intent&#243; sentir miedo, pero en lugar de eso sinti&#243; ganas de tocarlo, de rozar su brillante superficie con los dedos. Era algo parecido al deseo que hab&#237;a sentido de tocar las manos del mago en la cocina. La magia atra&#237;a a la magia. Y era la llamada de su propia magia la que sent&#237;a con mayor intensidad.

T&#243;calo -dijo Gersalius con suavidad.

Elaine se acerc&#243; a&#250;n m&#225;s y, al hacerlo, sinti&#243; un cosquilleo en las manos. Su piel se ti&#241;&#243; de violeta y cobr&#243; un aspecto tan artificial como la del elfo, pero eso no le import&#243;. Hundi&#243; las manos en el resplandor, lo que provoc&#243; un torrente de chispas cuyo brillo la ceg&#243; por un momento. Respir&#243; profundamente, y cuando el aire entr&#243; en sus pulmones, el hechizo penetr&#243; a trav&#233;s de su piel. Y sinti&#243; c&#243;mo lo absorb&#237;a, como si se tratara de una hormigante loci&#243;n. Entonces, el escudo desapareci&#243;.

Elaine se encontraba ahora de pie ante Averil y su padre, cara a cara, sin escudo. Se sent&#237;a fresca y limpia, como si se hubiese ba&#241;ado en el agua m&#225;s pura. Alz&#243; una mano temblorosa hacia sus cabellos, y se sorprendi&#243; al descubrir que segu&#237;an impregnados de sangre. Sent&#237;a el cuerpo purificado, pero la piel todav&#237;a estaba manchada. De alg&#250;n modo la sorprendi&#243;, como si la magia por s&#237; sola tuviera que bastar para limpiarlo todo.

Los dorados ojos de Averil la observaban ahora fijamente. Elaine se oblig&#243; a sostenerle la mirada, para no demostrar que la importunaba. Eso hubiera sido el colmo de la mala educaci&#243;n. La mujer no pod&#237;a evitar tener aquel aspecto.

&#191;Cu&#225;nto tiempo hace que estudias magia?

Elaine recapacit&#243; brevemente. '

Tres d&#237;as.

Averil la mir&#243; boquiabierta.

&#191;S&#243;lo tres d&#237;as? Eres muy h&#225;bil, para tan corto espacio de tiempo. Yo llevo cuatro a&#241;os estudiando, y todav&#237;a no puedo conjurar un escudo semejante.

Elaine desvi&#243; la vista hacia Gersalius.

Supongo que se debe a que tengo un buen profesor.

El mago intent&#243; quitar importancia al cumplido.

Mis clases no tienen nada que ver con su talento natural. Elaine no ha empezado a estudiar magia hasta hace muy poco, pero siempre ha estado en contacto con ella, de una forma u otra.

La mirada de Averil era demasiado intensa, demasiado reflexiva. No fue el aspecto extraordinario de sus ojos lo que hizo a Elaine desviar la mirada.

Una persona puede estudiar durante a&#241;os, pero semejante talento natural no puede comprarse, ni siquiera aprenderse -dijo Averil; parec&#237;a tener cierta envidia.

Eres una buena maga, hija.

Averil baj&#243; la vista hacia el elfo, que segu&#237;a sentado en la nieve.

Nunca tendr&#233; la soltura que ella ha demostrado ni la que ten&#237;a mi madre.

El elfo suspir&#243;.

Tu madre era una gran hechicera, pero lo que uno puede conseguir con talento, otro lo consigue con trabajo duro. &#191;No es cierto, mago?

Gersalius asinti&#243;.

Muy cierto. En Kartakass no podr&#225;s encontrar mucha gente con el talento natural de Elaine.

&#191;Kartakass? -Repiti&#243; el elfo-. &#191;Es el nombre de una ciudad cercana?

Me temo que no -dijo el mago.

Thordin avanz&#243; hacia ellos.

Ya me imagin&#233; que erais reci&#233;n llegados en este pa&#237;s. -Al pronunciar estas palabras, no parec&#237;a demasiado entusiasmado.

&#191;Qu&#233; pa&#237;s? -Pregunt&#243; Averil-. No hemos cruzado ninguna frontera.

Mucho me temo que s&#237; -dijo Gersalius.

Con ayuda de su hija, el elfo se puso en pie.

Aqu&#237; ha sucedido algo extra&#241;o, &#191;no es as&#237;?

Efectivamente, amigo m&#237;o -dijo Thordin. La expresi&#243;n de su rostro era demasiado seria, incluso triste-. Os encontr&#225;is en un nuevo pa&#237;s, distinto de cualquier otro que hay&#225;is visitado.

Puesto que no conoces nuestro pa&#237;s, &#191;c&#243;mo puedes estar tan seguro de ello?

Estoy tan seguro de ello como de mis propias pesadillas -repuso Thordin.

&#191;Pesadillas?

Bienvenidos a Kartakass -dijo Thordin con voz suave.



Cap&#237;tulo 11

El elfo, Silvanus Brillantine, hizo una respiraci&#243;n profunda, mientras alzaba la mano que le quedaba.

&#191;La explicaci&#243;n ser&#225; larga?

Thordin cruz&#243; una mirada con Gersalius.

S&#237; -confirm&#243; el guerrero-, ser&#225; larga.

Entonces d&#233;jame ocuparme de mis amigos antes de que la noche nos sorprenda en este lugar maldito.

En eso tienes raz&#243;n -dijo Thordin.

&#191;En qu&#233;? -pregunt&#243; Silvanus.

En que este lugar est&#225; maldito.

Silvanus hizo caso omiso del comentario, como si no tuviera tiempo para semejantes cosas.

Mi m&#225;s viejo amigo yace muerto, y eso ya es una maldici&#243;n suficiente por ahora. -Y, diciendo eso, se dirigi&#243; hacia el hombre de la armadura.

Elaine esperaba que el elfo se arrodillara ante el cuerpo para rezar, o para decir unas &#250;ltimas palabras de consuelo a su amigo muerto. Efectivamente, se arrodill&#243;, pero lo que hizo fue posar la mano sobre el pecho de su amigo. Cerr&#243; los ojos y dej&#243; caer la cabeza hacia atr&#225;s. Sus dorados cabellos se derramaron por su espalda.

&#191;Qu&#233; est&#225; haciendo? -pregunt&#243; Elaine.

La expresi&#243;n del rostro de Thordin era extra&#241;a, con una mirada maravillada y amarga a la vez. Los ojos de Gersalius conten&#237;an en cambio resignaci&#243;n, como si presintiera una gran decepci&#243;n y no pudiera evitarla.

&#191;Qu&#233; sucede? -volvi&#243; a preguntar.

No lo s&#233; -respondi&#243; Teresa, mientras miraba alternativamente al guerrero y al mago-. Vosotros sab&#233;is lo que est&#225; haciendo. -No se trataba de una pregunta-. Dec&#237;dnoslo.

Fue Averil quien habl&#243;.

&#191;Nunca antes ha visto a un sacerdote?

No -confirm&#243; Thordin-, no lo ha visto; por lo menos, ninguno real.

&#191;Qu&#233; quieres decir con real? -pregunt&#243; Averil con la voz alterada, casi como con miedo.

Gersalius tom&#243; aire.

Su objetivo es devolverle a la vida. Pero no lo conseguir&#225;.

He visto a mi padre resucitar muertos en varias ocasiones -dijo Averil-. &#191;Por qu&#233; esta vez ha de ser diferente?

Por el pa&#237;s en el que nos encontramos -dijo el mago-. Lo impedir&#225;.

No podemos permitir que resucite a un zombi -dijo Jonathan-. Se trata de magia de la peor clase. Debe renunciar a ello o ser&#225; encarcelado.

No se trata de un zombi, Jonathan -intervino Thordin-. &#201;l cree que puede devolver la vida, la verdadera vida, a su amigo reci&#233;n fallecido.

Est&#225; loco -dijo Konrad.

No -repuso Thordin-. Lo he visto con mis propios ojos, en mi mundo natal.

&#191;Qu&#233; es lo que dices que el mago est&#225; intentando hacer? -pregunt&#243; Teresa.

Resucitar a un muerto -dijo el mago como si fuera la cosa m&#225;s trivial del mundo.

&#191;Pueden los magos resucitar a los muertos? -pregunt&#243; Elaine.

No se trata de un mago, sino de un hombre santo -corrigi&#243; Gersalius.

Nadie puede resucitar a los muertos -insisti&#243; Teresa.

Ya os dije que hay sanadores que pueden curar una herida poniendo la mano sobre ella -dijo Thordin.

S&#237;, pero eso es distinto -concedi&#243; Teresa.

Tal vez no tanto -afirm&#243; Gersalius-. Puedo entender el principio en el que se basa el hechizo, aunque no comprenda c&#243;mo funciona realmente el mecanismo.

Elaine observ&#243; fijamente al elfo todav&#237;a arrodillado. Algo estaba pasando. No era como el cosquilleo que hab&#237;a sentido en la piel ante el desbordante torrente de magia que Gersalius le hab&#237;a ense&#241;ado. Se trataba de algo m&#225;s vago, apenas perceptible, que no s&#243;lo le recorr&#237;a la piel, sino que despertaba algo m&#225;s profundo en su interior. Tampoco tocaba la cueva de poder sobre la que Gersalius le hab&#237;a llamado la atenci&#243;n. Esa fuerza contenida invocaba algo que se encontraba fuera de Elaine; era casi como si la magia no emanara del elfo, sino de algo que se encontraba m&#225;s all&#225; de &#233;l mismo.

Deber&#237;amos detenerlo -opin&#243; Thordin-. La sacerdotisa que me acompa&#241;&#243; en mi viaje hasta aqu&#237; lo intent&#243; durante meses, hasta que se volvi&#243; loca e intent&#243; hacerse da&#241;o a s&#237; misma.

Unos lo aceptan mejor que otros -repuso Gersalius.

Pero &#233;l trabaja con la magia -dijo Elaine.

El mago se volvi&#243; hacia ella.

&#191;Qu&#233; quieres decir, muchacha?

&#191;No puedes sentirlo?

El mago neg&#243; con la cabeza.

No siento nada, aparte de fr&#237;o.

Elaine mir&#243; al mago de hito en hito. &#191;Acaso se estaba burlando de ella? Por la expresi&#243;n de su rostro dedujo que no era as&#237;.

Dime qu&#233; es lo que sientes, Elaine.

Es una sensaci&#243;n que va aumentando poco a poco en intensidad. La magia no proviene del interior, sino del exterior. -Al decir esto, frunci&#243; el ce&#241;o-. &#191;C&#243;mo es posible? Cre&#237;a que toda forma de magia proven&#237;a del interior de las personas. Dijiste que era necesario haber nacido con el don de la magia.

En efecto, muchacha. Tambi&#233;n los sanadores deben contar con una vocaci&#243;n natural para poder llevar a cabo su trabajo. Pero pueden invocar ayuda divina. Algo que nosotros, simples magos, no podemos hacer.

He conocido magos que ten&#237;an tratos con poderes oscuros -dijo Jonathan-. Buscaban el poder fuera de s&#237; mismos.

Los magos son iguales que las dem&#225;s personas, maese Ambrose. En todas las profesiones hay gente perversa. Tambi&#233;n en la vuestra. -Gersalius acompa&#241;&#243; esta &#250;ltima frase con una sonrisa.

Jonathan se dispon&#237;a a protestar cuando de pronto Teresa dio un grito ahogado. Todos se volvieron hacia ella, pero sus ojos at&#243;nitos eran para el elfo. El cuerpo cubierto por la armadura empez&#243; a temblar. Las manos golpeaban in&#250;tilmente la nieve, con unos desagradables movimientos convulsivos.

Es imposible -dijo Jonathan, hablando en representaci&#243;n de todos los presentes, excepto de una persona.

Os dije que mi padre podr&#237;a hacerlo -dijo Averil.

En condiciones normales, Elaine se hubiera vuelto hacia la mujer por una cuesti&#243;n de cortes&#237;a, ya que &#233;sta hab&#237;a tomado la palabra, pero el cuerpo se mov&#237;a. Y antes estaba muerto. Hab&#237;a visto andar a muertos vivientes, pero nunca hab&#237;a visto resucitar a uno. Aun as&#237;, segu&#237;a sin creer en la resurrecci&#243;n. Era algo imposible.

La figura con la armadura suspir&#243; profundamente. El cuerpo hizo un sonido, casi como un grito, y despu&#233;s call&#243;. Una mano cubierta por un guantelete levant&#243; lentamente la visera e hizo presi&#243;n contra el yelmo. El elfo intent&#243; ayudarlo a quit&#225;rselo, pero era dif&#237;cil hacer fuerza con una sola mano. Y el hombre, poco antes muerto, no era de excesiva ayuda.

Averil se acerc&#243; a &#233;l y le quit&#243; el yelmo. El rostro que qued&#243; al descubierto era en efecto bien humano, sin ninguno de los rasgos monstruosos de los muertos vivientes. El hombre luc&#237;a un amplio mostacho blanco como la nieve y llevaba el pelo muy corto, coronando un rostro cuadrado. Seguramente sus cabellos hubieran sido rizados de haber tenido un poco m&#225;s de longitud.

Silvanus -dijo el hombre con voz entrecortada, pero por lo dem&#225;s normal-. Me has tra&#237;do de vuelta, viejo amigo.

Una sonrisa ilumin&#243; el rostro extremadamente fino del elfo, transform&#225;ndolo. De repente, Elaine se olvid&#243; de la rareza de sus rasgos para ver en su cara &#250;nicamente amor y alegr&#237;a.

No pod&#237;a permitir que &#233;sta fuera nuestra &#250;ltima aventura, Fredric.

Fredric gir&#243; lentamente la cabeza para mirar a Averil.

&#191;D&#243;nde est&#225; nuestro joven amigo?

A Averil se le descompuso el rostro.

Ha sido asesinado.

&#191;Es irreparable?

Intent&#243; incorporarse, pero se habr&#237;a desplomado en la nieve si Averil no lo hubiera impedido. La mujer era m&#225;s fuerte de lo que parec&#237;a a simple vista; incluso pod&#237;a sostener a un hombre provisto de una armadura.

Oh, no, el muchacho no. -Parec&#237;a estar a punto de llorar.

Tal vez podamos ayudarlo, Fredric -dijo el elfo, poni&#233;ndose en pie lentamente, como si le costase un gran esfuerzo.

Tropez&#243; y estuvo a punto de caer al suelo. De pie, todav&#237;a tambale&#225;ndose ligeramente, dio otro paso hacia el segundo cuerpo.

Por las mejillas de Thordin rodaron las l&#225;grimas. Lloraba en silencio. Gersalius le dio unas palmaditas sobre las anchas espaldas.

El elfo se balance&#243;, y Elaine corri&#243; hacia &#233;l para sujetarlo. El brazo que le quedaba era fuerte y m&#225;s musculoso de lo que parec&#237;a a simple vista. Sus ojos dorados la miraron fijamente desde la corta distancia, y ella vio en su cara arrugas de reciente aparici&#243;n.

Gracias.

El elfo permiti&#243; que Elaine lo ayudara a acercarse al segundo cuerpo y a arrodillarse en la nieve; espir&#243; profundamente, todav&#237;a tembloroso.

No puedes hacerlo. -Gersalius estaba de pie ante ellos con su toga negra-. Puede que no sea sanador, pero s&#233; que est&#225;s gravemente herido. Si lo intentas, pondr&#225;s en juego tu propia salud.

El elfo alz&#243; la vista, todav&#237;a apoy&#225;ndose en el brazo que le hab&#237;a ofrecido Elaine.

Soy sanador de Bertog. No tengo derecho a guardar para m&#237; mis dones si &#233;stos pueden ayudar a los dem&#225;s. -Dijo esto absolutamente convencido de sus palabras. La fuerza de esta creencia era casi tangible; su verdad, c&#225;lida y luminosa.

Thordin toc&#243; el brazo del mago.

Es un sacerdote, un verdadero sanador. D&#233;jalo.

El rastro dejado por las l&#225;grimas se hab&#237;a helado. La sonrisa de Thordin irradiaba una paz que Elaine nunca antes hab&#237;a visto en su rostro.

Era de prever que no hubiera sido capaz de devolver la vida ni a un solo muerto -insisti&#243; Gersalius-. Arriesga algo m&#225;s que su vida aqu&#237;, y t&#250; lo sabes.

Es un riesgo que debe asumir &#233;l mismo.

No s&#233; si llega a entender el alcance de ese riesgo.

&#191;Qu&#233; quiere decir el mago, Thordin? &#191;Que el sanador arriesga m&#225;s que su propia vida? -dijo Jonathan, mientras se acercaba a ellos.

Ten&#237;a los ojos m&#225;s abiertos de lo normal, con un toque salvaje en la mirada. Incluso el exterminador de magos hab&#237;a quedado impresionado por aquel hechizo.

Gersalius se apart&#243; de Thordin.

Este pa&#237;s corrompe todo lo que llega a tocarlo. Y t&#250; lo sabes, exterminador de magos.

Corrompe toda la magia, s&#237;.

Y corromper&#225; incluso este don puro. Hasta hoy, hubiera jurado que ning&#250;n sacerdote era lo suficientemente poderoso para solicitar ayuda divina en Kartakass.

Si realmente puede resucitar a los muertos, entonces seguramente es inmune incluso a las fuerzas de este pa&#237;s -dijo Thordin.

El mago volvi&#243; a negar con la cabeza, tenaz.

De ser eso cierto, todo est&#225; bien, pero en caso contrario, el sanador debe ser consciente de los riesgos. Si no comprende realmente su alcance, entonces no podr&#225; decidir libremente.

El elfo se inclin&#243; sobre el hombre ca&#237;do.

Aunque tuviera que arriesgar mi propia alma, no podr&#237;a hacer otra cosa -declar&#243;.

&#191;Y si eso es exactamente lo que est&#225;s poniendo en juego? -dijo Gersalius.

El elfo alz&#243; la vista hacia el mago. Su sonrisa se suaviz&#243;, y Elaine sinti&#243; que el elfo se ergu&#237;a en sus brazos.

En ese caso, que as&#237; sea. Se trata de mi elecci&#243;n, tomada con libertad y otorgada con libertad.

No lo entiendes. No puedes entenderlo.

D&#233;jalo, mago -dijo Jonathan-. Ya ha tomado una decisi&#243;n.

Como t&#250; digas, exterminador de magos. Pero el hecho de haber pasado unos cuantos instantes en Kartakass no lo prepara a uno para pasar el resto de sus d&#237;as aqu&#237;.

El elfo liber&#243; el brazo suavemente de la mano de Elaine.

Gracias por tu ayuda.

Elaine respondi&#243; con un leve movimiento de cabeza.

El elfo coloc&#243; la mano sobre el pecho del hombre. En este caso, no hab&#237;a armadura que ocultara lo que iba a suceder. Nada hubiera conseguido apartar a Elaine del elfo.

&#201;ste dej&#243; caer la cabeza hacia adelante, con lo que sus brillantes cabellos se desparramaron como una cortina sobre su cara. Elaine reprimi&#243; el impulso de apartarle el pelo hacia un lado. Quer&#237;a verle el rostro, sus facciones, mientras llevaba a cabo el milagro. Porque no se trataba de otra cosa. Hab&#237;a crecido escuchando las historias de Thordin sobre sanadores, pero no hab&#237;a comprendido realmente su esencia. Ahora s&#237; la hab&#237;a captado, y se sent&#237;a ansiosa por saber m&#225;s sobre aquella magia, aunque la palabra magia le parec&#237;a que se quedaba corta.

Era algo que iba en aumento, como la misma tierra en su despertar bajo el calor del sol. Algo procedente de una fuente desconocida, que iba llen&#225;ndolo todo; y ese poder se reun&#237;a en el exterior para mezclarse con una chispa de magia que el elfo guardaba en su interior. Elaine pod&#237;a sentirlo como si se tratase de su propio cuerpo. Por supuesto hab&#237;a magia, pero era mucho m&#225;s que eso.

El hombre muerto realiz&#243; una inspiraci&#243;n como un gemido, mientras su columna vertebral se curvaba hacia arriba como si un cord&#243;n tirara de ella. Parpade&#243; y se enderez&#243; con un sobresalto, como alguien a quien hubieran despertado de repente. Mir&#243; a su alrededor con los ojos desorbitados.

&#191;D&#243;nde estoy?

El elfo dibuj&#243; una sonrisa beat&#237;fica por segunda vez, y lentamente se desplom&#243; ante las piernas del hombre al que acababa de resucitar.

Elaine no estaba segura del todo, pero le pareci&#243; o&#237;r susurrar a Gersalius: Ya te lo advert&#237;.



Cap&#237;tulo 12

La tela de las tiendas ondeaba bajo el azote del viento. Los dos hombres que hab&#237;an vuelto a la vida yac&#237;an sobre un mont&#243;n de pieles y mantas. El elfo, Silvanus, se encontraba acurrucado en una esquina, casi inconsciente. Apenas se hab&#237;a movido desde que lo hab&#237;an llevado al campamento. Los dos hombres antes muertos hab&#237;an mostrado mucho m&#225;s br&#237;o.

El hombre m&#225;s corpulento, Fredric Vladislav, abrazaba las pieles contra su pecho desnudo.

No est&#225; bien que una mujer me vea de esta guisa. Sobre todo, si se trata de una mujer soltera. La piel de sus hombros era blanca como la leche. Muchas mujeres hubieran estado orgullosas de tener una piel semejante. La cicatriz blanca e irregular que le recorr&#237;a la clav&#237;cula estropeaba el conjunto, sin embargo, al igual que la mano que apretaba fuertemente las pieles. Sus ojos eran del color de las nubes de tormenta, un p&#225;lido gris indefinido. El amplio bigote blanco combinaba bien con las espaldas incre&#237;blemente anchas.

Elaine siempre hab&#237;a considerado que Thordin era un hombre de gran tama&#241;o, pero en comparaci&#243;n con el palad&#237;n -que as&#237; era como &#233;l mismo se denominaba- parec&#237;a incluso peque&#241;o. Una de esas manos, encallecidas por el manejo de la espada, podr&#237;a haber cubierto por completo la cara de Elaine. Y sus pies rozaban peligrosamente las paredes de la tienda,

No me habr&#237;a desvestido si el sanador me hubiera dicho que una joven entrar&#237;a en la tienda.

Es una enfermera. &#191;No es as&#237; como la llamaste? -pregunt&#243; Randwulf.

Konrad respondi&#243; desde la parte trasera de la tienda, mientras colocaba sus ung&#252;entos y vendajes sobre un trozo de tela limpio al lado del elfo inconsciente.

S&#237;, me ha ayudado en muchas ocasiones a atender a los heridos. -Dijo esto sin levantar la vista, poniendo toda su atenci&#243;n en las medicinas.

Tiempo atr&#225;s, Elaine habr&#237;a pensado que semejante comentario era un elogio. Ahora le resultaba hasta cierto punto irritante, simplemente otra se&#241;al de que en realidad no era importante para &#233;l. Como si la considerase un instrumento m&#225;s o una hierba medicinal. j_.

Ya he visto el pecho desnudo de un hombre antes, maes&#233; Vladislav -dijo Elaine, tirando de las pieles.

Pero aquellas poderosas manos segu&#237;an agarr&#225;ndolas con fuerza. A menos que &#233;l aflojara su agarre, no podr&#237;a moverlo.

Pero no has visto el m&#237;o. Adem&#225;s, muchacha, eso no es lo &#250;nico que est&#225; al descubierto bajo estas mantas.

Por el cuello del hombre subi&#243; una oleada de color, que lo ti&#241;&#243; de rosa desde la parte superior del pecho hasta la frente.

Elaine sonri&#243;; no pudo evitarlo.

&#191;Tal es tu descaro que esto te resulta divertido? &#191;Eres la ayudante de un sanador o una soldadera?

No s&#233; qu&#233; es una soldadera -dijo Elaine.

Me encantar&#237;a poder ense&#241;&#225;rtelo -dijo el otro hombre con un tono p&#237;caro que la hizo sonrojarse.

Ah, os refer&#237;s a una mujer de vida disoluta -coment&#243; ella en un murmullo.

Se hab&#237;a ruborizado y apart&#243; la mirada del hombre corpulento. Era cierto que hab&#237;a atendido heridos, pero en su mayor parte se trataba de miembros de la familia que la hab&#237;a adoptado. A decir verdad, nunca hab&#237;a visto desnudo a un perfecto desconocido. Konrad lo hab&#237;a olvidado o tal vez no le importaba demasiado.

Muchacha, no era mi intenci&#243;n avergonzarte. No lo har&#237;a por nada del mundo.

Pensaba que atend&#237;as a los heridos -dijo Randwulf.

Casi siempre se trata de mi propia familia.

Elaine desvi&#243; la mirada hacia el joven, que estaba desnudo hasta la cintura, con los brazos detr&#225;s de la cabeza, como si estuviera posando para impresionarla. Varias cicatrices cruzaban el pecho musculoso. Se incorpor&#243; hasta quedar medio sentado, lo cual hizo que las pieles se deslizaran de forma alarmante. Elaine apart&#243; la mirada.

Ten cuidado, joven est&#250;pido. No es una soldadera a la que puedas impresionar con tus cicatrices -dijo el palad&#237;n.

Tal vez una enfermera se deje impresionar tambi&#233;n por ellas.

Fredric emiti&#243; un sonido entre suspiro y bufido.

Tal vez, pero ella tampoco es una enfermera. Es una joven y t&#250; la est&#225;s avergonzando.

Si no permites a Elaine que eche un vistazo a tus heridas, entonces deber&#233; hacerlo yo mismo -dijo Konrad con voz cansina-. Eso significa que las heridas de tu amigo inconsciente tendr&#225;n que esperar. Despu&#233;s de lo que hizo por ti, cre&#237; que colaborar&#237;as.

Fredric se incorpor&#243; sobre un codo, mientras con la otra mano segu&#237;a apretando las pieles.

&#191;Est&#225; realmente herido?

Ha perdido un brazo, y adem&#225;s ha conjurado un hechizo como nunca antes hab&#237;a visto. Como m&#237;nimo debe de estar profundamente agotado, si no algo peor.

El palad&#237;n frunci&#243; el ce&#241;o.

No te apartes de su lado si de veras est&#225; enfermo. Permitir&#233; a tu enfermera que me atienda, pero tal vez sea ella quien prefiera que otra persona se ocupe de nuestras heridas. Parece sentirse inc&#243;moda en presencia de dos extra&#241;os casi desnudos, independientemente de que estemos heridos o no.

Elaine est&#225; bien -dijo Konrad sin volver la vista atr&#225;s. Hab&#237;a un leve tono de exasperaci&#243;n en su voz, pero eso era todo. La trataba como a un perro fiel.

La cara de Elaine debi&#243; de reflejar sus sentimientos, porque Fredric le dijo:

Si prefieres que venga un hombre en tu lugar, lo entenderemos. Creo que tu amigo no es consciente de lo inc&#243;moda que te sientes.

Elaine neg&#243; con la cabeza.

Si Konrad dice que no importa, es que no importa -replic&#243;, aunque no pudo evitar que su voz denotara cierto enojo.

Aja -coment&#243; Fredric, quien volvi&#243; a recostarse con las manos ahora relajadas sobre las pieles-. Algunas personas est&#225;n m&#225;s ciegas que las dem&#225;s ante aquello que ven todos los d&#237;as.

El hecho de que un perfecto desconocido pudiera darse cuenta tan r&#225;pido de sus sentimientos, sumado a la indiferencia que demostraba Konrad, hiri&#243; a Elaine, que habr&#237;a preferido que el palad&#237;n le hubiera asestado una pu&#241;alada a que la mirase con aquellos ojos compasivos y amables.

&#191;Permitir&#225;s que te examine las heridas? -dijo Elaine esquivando su mirada.

Le resultaba demasiado doloroso comprobar que para el palad&#237;n sus sentimientos eran obvios. Prefiri&#243; intentar que pensara que se trataba de pudor, aunque Elaine tem&#237;a que &#233;ste supiera exactamente por qu&#233; no se atrev&#237;a a mirarlo a los ojos.

De acuerdo. -Esas dos palabras estaban cargadas de dignidad.

Elaine lanz&#243; una mirada fugaz a su rostro, ahora neutro, prudente. No la avergonzar&#237;a a prop&#243;sito; estaba segura de ello, como si el palad&#237;n lo hubiera dicho en voz alta.

Elaine asi&#243; uno de los extremos de las pieles blancas. Fredric alz&#243; las manos levemente para permitir que retirara las mantas. Elaine las retir&#243; despacio, dejando al descubierto una estrecha franja de p&#225;lida piel con cada movimiento. En el brazo izquierdo hab&#237;a una mordedura que todav&#237;a sangraba. Le quedar&#237;a una fea cicatriz de recuerdo, pero no era nada serio, a menos que se infectara. Las infecciones se llevaban a la tumba a gran cantidad de guerreros, a pesar de que la herida en s&#237; no fuera mortal.

Casi en el centro del pecho vio la marca de una cicatriz, y la recorri&#243; suavemente con las puntas de los dedos. La piel era &#225;spera y estaba abultada, como era habitual en las cicatrices. Abandon&#243; la cicatriz para pasar los dedos por todo el pecho, como para comprobar que el resto de la piel era suave y sin imperfecciones, y despu&#233;s volvi&#243; a la cicatriz, a&#250;n m&#225;s blanca debido a su antig&#252;edad, una vieja cicatriz, justo por encima del coraz&#243;n. Algo de gran tama&#241;o le hab&#237;a atravesado la piel justo ah&#237;, hac&#237;a ya mucho tiempo.

&#201;sta fue una estocada mortal -coment&#243; Elaine.

En efecto. Silvanus tambi&#233;n me salv&#243; de &#233;sa. -Se acarici&#243; la cicatriz con los gruesos dedos, con la mirada perdida en los recuerdos-. Fue un buen golpe, directo al coraz&#243;n.

&#191;Cu&#225;ntas veces te ha devuelto la vida Silvanus?

Tres, contando con la de hoy.

Pero eso es es

Elaine no ten&#237;a palabras para expresar lo que pensaba. Hab&#237;a visto a tantos morir de heridas ni la mitad de serias que esa estocada en el coraz&#243;n. Claro estaba que Fredric tambi&#233;n hab&#237;a muerto, s&#243;lo que no para siempre. A Elaine le parec&#237;a algo atroz y al mismo tiempo magn&#237;fico.

La joven retir&#243; las mantas uno o dos palmos m&#225;s. El vientre era plano y fuerte. M&#225;s abajo del est&#243;mago se encontraba la herida que lo hab&#237;a matado en esta ocasi&#243;n. Elaine dobl&#243; cuidadosamente las pieles justo por debajo de la cintura. Pero en seguida decidi&#243; que tal vez ser&#237;a mejor retirarlas un poco m&#225;s. Despu&#233;s ajust&#243; con firmeza las pieles justo por debajo de los huesos de la cadera. La piel blanca y suave que le recubr&#237;a el abdomen hab&#237;a quedado arruinada.

Las zarpas lo hab&#237;an desgarrado en jirones. Los colmillos hab&#237;an arrancado grandes trozos de carne del est&#243;mago, ahora ausentes. Aun cuando no hubiera muerto a causa de la herida, habr&#237;a sido imposible sanarla. No quedaba la carne suficiente para rellenar el hueco que las bestias hab&#237;an dejado. Los lobos hab&#237;an devorado la carne m&#225;s all&#225; del m&#250;sculo, abri&#233;ndose camino con sus fauces hacia el est&#243;mago e intestinos. Aquello no era como suturar los bordes de una herida de gran tama&#241;o o como recomponer un coraz&#243;n perforado. Faltaban grandes trozos de carne, que hab&#237;an sido devorados antes de que &#233;l volviera a la vida. El tejido de la cicatriz era un gran mont&#237;culo rosado que cubr&#237;a gran parte del est&#243;mago.

Elaine toc&#243; la herida. Casi pod&#237;a sentir la nueva carne cediendo ante la presi&#243;n de sus dedos. El tejido de la cicatriz sosten&#237;a el est&#243;mago y el intestino, all&#237; donde nunca deber&#237;a haber habido una cicatriz semejante.

&#191;Son &#233;stas tus &#250;nicas heridas? -pregunt&#243; Elaine.

Creo que tambi&#233;n tengo herida la pierna izquierda. -Las manos volvieron a agarrar fuertemente las pieles-. Puedes destapar la pierna. -Estaba claro que no le permitir&#237;a seguir retirando las pieles.

Elaine hizo lo indicado y descubri&#243; la pierna izquierda, doblando las pieles hasta la altura de la mitad del muslo. El cuerpo del palad&#237;n qued&#243; de ese modo casi desnudo, salvo por una franja de pieles sobre las ingles y la otra pierna, todav&#237;a cubierta. La pierna que qued&#243; al descubierto era muy larga y musculosa. Los cabellos blancos hab&#237;an hecho pensar a Elaine que Fredric era un anciano, m&#225;s viejo que Jonathan, pero el cuerpo correspond&#237;a al de un joven.

Las zarpas le hab&#237;an cortado el ligamento de la corva. La herida hab&#237;a sanado en parte, y la carne del fondo hab&#237;a quedado soldada en una masa rosada. Los labios de la herida todav&#237;a estaban abiertos all&#237; donde las zarpas hab&#237;an desgarrado la carne, pero el da&#241;o m&#225;s grave ya hab&#237;a sido reparado.

&#191;C&#243;mo es posible que s&#243;lo curara tus heridas en parte? &#191;C&#243;mo supo la magia reconocer tu peor herida? &#191;Tal vez porque, en caso de curar heridas de menor importancia antes de la que provoc&#243; la muerte, el hechizo no surtir&#237;a efecto?

Fredric solt&#243; una carcajada.

Muchacha, no lo s&#233;. No soy sacerdote. He visto a Silvanus hacer muchas cosas fant&#225;sticas, pero nunca se me ocurri&#243; preguntarle c&#243;mo lo hace.

Elaine observ&#243; su cara transformada por la risa. Estaba perpleja.

&#191;No te interesa saber c&#243;mo funciona?

El palad&#237;n alz&#243; sus anchas espaldas en un gesto de indiferencia.

Mientras funcione, eso es lo que importa.

Hablas como un guerrero sin ninguna afici&#243;n -dijo Randwulf.

Elaine se volvi&#243; hacia el que hab&#237;a considerado m&#225;s joven. Aunque, tras ver el cuerpo de Fredric, ya no estaba tan segura. Randwulf en efecto parec&#237;a m&#225;s joven por su manera de actuar, pero tal vez no lo era en edad.

Randwulf estaba tumbado sobre las pieles, desnudo, con excepci&#243;n de unos calzones blancos. Elaine se volvi&#243; hacia el lado contrario y clav&#243; la mirada en la pared de la tienda.

&#191;D&#243;nde est&#225; la herida que te mat&#243;? -El simple hecho de formular aquella pregunta sonaba rid&#237;culo.

&#191;No prefieres buscarla t&#250; misma, como has hecho con Fredric?

Creo que no.

Elaine, &#191;puedes ayudarme? -pregunt&#243; Konrad.

La muchacha dej&#243; escapar un suspiro que hab&#237;a estado reprimiendo sin saberlo. Si Konrad necesitaba su ayuda en aquel momento, era muy probable que se ocupara de Randwulf &#233;l mismo. Aquel hombre de ojos oscuros y cabellos rizados ansiaba demasiado que lo tocara.

Se acerc&#243; a Konrad, que segu&#237;a arrodillado al lado del elfo inconsciente. Hab&#237;a cortado la manga del brazo desgarrado del que s&#243;lo quedaba un palmo. Tendr&#237;a que haberse visto el hueso desnudo y la carne desgarrada en jirones, y sin embargo su aspecto era suave. La piel se hab&#237;a vuelto a unir, ocultando el extremo del brazo en un mu&#241;&#243;n redondeado de piel dorada.

&#191;Est&#225; recuper&#225;ndose? -pregunt&#243; Elaine.

Konrad asinti&#243; con la cabeza.

Eso creo.

&#191;Para qu&#233; necesitas mi ayuda? -pregunt&#243; Elaine.

Necesito una segunda opini&#243;n.

Elaine lo mir&#243;. Su atractivo perfil ten&#237;a una expresi&#243;n seria; no estaba bromeando. Gir&#243; el rostro hacia ella. Los ojos verdes examinaron los suyos. De haberse tratado de otra persona, Elaine hubiera dicho que parec&#237;a inseguro.

Si se tratara de un amputado normal, habr&#237;a cauterizado la herida para que dejara de sangrar y para evitar la infecci&#243;n -Recorri&#243; el mu&#241;&#243;n con una mano-. P&#225;lpalo.

No deseaba hacerlo, pero Konrad nunca antes hab&#237;a pedido su opini&#243;n. Le hab&#237;a ense&#241;ado a limpiar y vendar heridas leves. Normalmente ella se ocupaba de examinar previamente a los heridos e informarle de qui&#233;nes eran los m&#225;s graves. Una vez hecho esto, Elaine obedec&#237;a sus &#243;rdenes y actuaba en consecuencia. No era el momento de mostrarse aprensiva.

Elaine recorri&#243; con los dedos el mu&#241;&#243;n. La piel era suave como la de un reci&#233;n nacido; por debajo de ella no sobresal&#237;a ning&#250;n hueso cortante. El mu&#241;&#243;n era carnoso como si estuviera relleno en su extremo. Era terso, s&#243;lido, perfecto.

Est&#225; curado -susurr&#243; Elaine.

Konrad asinti&#243;.

&#191;Crees que debo quemar el extremo del mu&#241;&#243;n?

No, ya est&#225; curado. Quemarlo s&#243;lo provocar&#237;a una nueva herida, &#191;no crees?

Elaine sab&#237;a que cauterizar la herida era inapropiado, pero no pudo evitar solicitar su aprobaci&#243;n. Se odi&#243; ligeramente por haber hecho esa pregunta.

Konrad mir&#243; fijamente al elfo, recorriendo con la mano el suave mu&#241;&#243;n.

Creo que tienes raz&#243;n. Sin embargo, por lo que he visto hasta ahora esto supera mis exiguos conocimientos. Casi no s&#233; c&#243;mo atenderlos.

Trata las heridas que no est&#225;n del todo curadas y deja que las dem&#225;s sigan su curso -propuso Elaine.

&#191;De veras lo crees as&#237;? &#191;Has examinado a los otros dos?

Todav&#237;a no he visto las heridas de Randwulf.

H&#225;blame de las heridas del palad&#237;n.

Una vez que Elaine hubo finalizado su informe, Konrad profiri&#243; un suspiro y se dirigi&#243; hacia Fredric.

Examina a Randwulf -le indic&#243; a Elaine.

La joven se qued&#243; all&#237; sentada por un momento, enojada. No estaba de humor para dejar que se burlaran de ella o que la martirizaran. Ya se hab&#237;a sentido lo bastante inc&#243;moda para todo el d&#237;a.

Konrad se arrodill&#243; al lado de Fredric y busc&#243; con las manos las heridas de las que Elaine le hab&#237;a informado. No cuestion&#243; su examen buscando otras posibles heridas, sino que fue directo a las zonas que Elaine le hab&#237;a mencionado. Era una prueba de confianza. Antes hubiera examinado personalmente a cada herido; ahora simplemente cre&#237;a en su palabra. Tal vez no la amara pero la respetaba, y eso val&#237;a mucho para ella, lo bastante para arriesgarse a sufrir las burlas de Randwulf y a mucho m&#225;s. El hecho de que &#233;l no la amara no significaba que ella no lo quisiera a &#233;l. As&#237; es el amor. Una vez que aparece, no resulta tan f&#225;cil deshacerse de &#233;l.

Randwulf hab&#237;a vuelto a acurrucarse bajo las pieles. Por lo visto hac&#237;a demasiado fr&#237;o en la tienda para coquetear tan descaradamente. Al ver que lo &#250;nico que sal&#237;a fuera de las pieles era su cabeza de rizos casta&#241;os, a Elaine le result&#243; m&#225;s f&#225;cil acercarse a &#233;l. Tal vez s&#243;lo estaba bromeando y a la hora de la verdad se comportar&#237;a decentemente.

Y una vaca volando.

La sonrisa de Randwulf era encantadora, pero hab&#237;a algo diab&#243;lico en ella, un conocimiento demasiado &#237;ntimo en su mirada para ser dirigido a una joven desconocida. Parec&#237;a que supiera el aspecto que Elaine ten&#237;a desnuda o, como m&#237;nimo, que quisiera saberlo.

Elaine se ruboriz&#243;, pero la ira acompa&#241;&#243; a la verg&#252;enza. Ya basta, pens&#243; para s&#237;. Se arrodill&#243; ante la figura cubierta, con el ce&#241;o fruncido en una expresi&#243;n de eficiencia.

&#191;D&#243;nde te han herido? -Elaine dot&#243; su voz de un tono fr&#237;o y distante.

&#201;l pareci&#243; no advertirlo.

Oh, estoy gravemente herido por todas partes. Creo que es mejor que lo compruebes por ti misma. -Al decir esto, Randwulf apart&#243; las mantas y Elaine baj&#243; la mirada. Examin&#243; el suelo como si su vida dependiera de ello.

El rostro de Randwulf apareci&#243; de repente en su campo de visi&#243;n. &#201;ste hab&#237;a apoyado la cabeza en su regazo, con la cara vuelta hacia ella.

&#191;No quieres ver mis heridas?

Elaine se puso en pie bruscamente. La cabeza se golpe&#243; contra el suelo helado. Randwulf cerr&#243; los ojos.

Ahora tambi&#233;n me duele la cabeza.

Eso espero -espet&#243; Elaine.

Estaba enfadada con &#233;l, pero m&#225;s a&#250;n consigo misma por permitir que la importunara de ese modo. Hab&#237;a atendido a unos cuantos desconocidos, pero ninguno se lo hab&#237;a puesto tan dif&#237;cil. Era m&#225;s f&#225;cil fingir que el contacto no era &#237;ntimo si el paciente colaboraba con la misma actitud.

Ya est&#225;, ya lo he arreglado -dijo &#233;l.

Elaine tem&#237;a alzar la mirada, pero finalmente lo hizo. Randwulf estaba tumbado, ahora cubierto hasta la barbilla. Su rostro, que asomaba por encima de las pieles, parec&#237;a muy joven. Ten&#237;a un aspecto pueril y adorable, pero el brillo de sus ojos era demasiado adulto para que resultara convincente. Pero por lo menos ya no estaba desnudo. Cualquier mejora en la situaci&#243;n ser&#237;a bien recibida por Elaine.

Se arrodill&#243; a su lado otra vez. Los dedos se curvaron sobre las pieles para retirarlas. Con los nudillos le roz&#243; las mejillas. Alz&#243; las pieles y la mano a la vez, para alejarla de su alcance. Si hubiera intentado besarla, Elaine se habr&#237;a puesto en pie de un salto y habr&#237;a dejado que se las arreglara &#233;l solo. Pero sus movimientos eran los de un gato. Un gato excesivamente sociable.

Elaine retir&#243; despacio las pieles que lo cubr&#237;an, buscando heridas en el cuerpo del joven. Su piel no era tan blanca como la del palad&#237;n. Parec&#237;a que hubiera tomado el sol. El pecho y los brazos estaban bien torneados, pero eran m&#225;s esbeltos que los de Fredric. Tampoco pod&#237;a hacer gala de tantas cicatrices como su compa&#241;ero. Hab&#237;a tenido m&#225;s suerte, o tal vez era mejor guerrero, o se hab&#237;a iniciado recientemente en la vida aventurera. Elaine se decidi&#243; por esta &#250;ltima opci&#243;n.

Ambos antebrazos presentaban mordeduras. Parec&#237;a como si sendos lobos lo hubieran asido cada uno por un brazo y hubieran tirado de &#233;l. Las heridas resultantes eran tremendas, pero no hab&#237;an sido responsables de su muerte. El vientre plano de Randwulf estaba ileso, la piel suave.

&#201;ste se recost&#243; sobre las pieles, mientras una lenta sonrisa asomaba a su rostro. Parec&#237;a muy ufano consigo mismo. Elaine reprimi&#243; las ganas de darle una bofetada. Probablemente eso s&#243;lo le hubiera hecho re&#237;r. Y no ten&#237;a la menor intenci&#243;n de divertirle. Para su sorpresa, se dio cuenta de que deseaba hacerle da&#241;o. O como m&#237;nimo hacerle sentir tan inc&#243;modo como ella se hab&#237;a sentido antes.

Elaine respir&#243; hondo y expuls&#243; el aire muy despacio. Retir&#243; las pieles m&#225;s abajo de su cintura. Ech&#243; un r&#225;pido vistazo antes de pasar a examinar las piernas. Si la herida mortal estaba en sus partes &#237;ntimas, Konrad pod&#237;a muy bien empezar a buscarla por s&#237; mismo.

Sus piernas eran cortas, casi achaparradas, musculosas por la marcha, pero no presentaban ninguna herida. Una cicatriz blanca como un rayo petrificado recorr&#237;a el muslo derecho, pero no hab&#237;a ninguna herida nueva.

Elaine suspir&#243;.

Date la vuelta, por favor.

Las heridas de Randwulf ten&#237;an que encontrarse, por supuesto, en un lugar poco habitual. Pero no pod&#237;a haberlo hecho a prop&#243;sito. Elaine pas&#243; la mirada por la mueca de sus labios. El se estir&#243;, con los brazos por encima de los hombros. Todos los m&#250;sculos de su cuerpo se tensaron. Era como un gato satisfecho que ya ha dado buena cuenta de su plato de leche. Sus ojos oscuros la miraron fijamente, como si ella fuera un pajarillo indefenso.

Konrad y Fredric se encontraban a tan s&#243;lo un metro de distancia. No podr&#237;a hacerle nada. Simplemente estaba coqueteando o burl&#225;ndose de ella o ambas cosas a un tiempo. Pero eso no significaba nada, nada que tuviera importancia real. El &#250;nico poder que Randwulf ten&#237;a sobre ella era el que ella le diera; y ya le hab&#237;a dado demasiado.

Date la vuelta, Randwulf, ahora. -Su voz era una buena imitaci&#243;n del tono que pon&#237;a Teresa cuando ya no pod&#237;a soportar por m&#225;s tiempo las tonter&#237;as de los ni&#241;os o los juegos dentro de la casa.

Randwulf le gui&#241;&#243; un ojo, mientras su sonrisa se hac&#237;a a&#250;n m&#225;s amplia. Se pas&#243; las manos por el pecho y el vientre. Los ojos de Elaine siguieron el movimiento, que era justo lo que &#233;l quer&#237;a. Las manos siguieron bajando, pero Elaine le agarr&#243; una mu&#241;eca y le retorci&#243; la piel en ambos sentidos a la vez. Randwulf lanz&#243; un bufido de dolor.

Date la vuelta para que te pueda ver las heridas o me ver&#233; obligada a rociar con sal las que ya he visto.

No te atrever&#225;s -afirm&#243; &#233;l, pero en sus ojos pod&#237;a verse un atisbo de duda.

La sal limpia las heridas y previene las infecciones.

Randwulf entrecerr&#243; los ojos como si no creyera lo que estaba oyendo. Pero deb&#237;a de haber algo en la expresi&#243;n de Elaine que lo convenci&#243;. Empez&#243; a volverse lentamente, para darle tiempo de admirar su cuerpo.

Elaine puso la cara m&#225;s seria que pudo, haciendo un esfuerzo consciente por recordar la que pon&#237;a Teresa en los momentos de m&#225;ximo enfado. Esa mirada que siempre hab&#237;a ahuyentado a su hermano y a ella misma.

Randwulf no dej&#243; de observarle la cara, intentando captar una reacci&#243;n que no fuera la desaprobaci&#243;n. Sin &#233;xito. Profiri&#243; un leve suspiro y se acomod&#243; sobre el est&#243;mago, aunque con la cara vuelta hacia ella para seguir observ&#225;ndola.

Elaine, por su parte, miraba boquiabierta la zona de la nuca. Los cabellos del joven eran lo suficientemente largos para ocultar la herida por delante, pero ahora Las fauces de los lobos le hab&#237;an desgarrado la nuca, quebrando su espina dorsal. En la piel pod&#237;an verse las marcas de los colmillos, pero la nuca aparec&#237;a de nuevo rellena, como un odre lleno de agua, y Randwulf se mov&#237;a con la suficiente soltura como para saber que la rotura de la columna no hab&#237;a dejado secuelas. Las marcas de los colmillos estaban llenas de sangre como charcos de lluvia en miniatura.

Pero de la herida no manaba sangre, aunque &#233;sta parec&#237;a estar en carne viva. La sangre estaba como mantenida en suspensi&#243;n por alguna fuerza invisible. Tal vez al frotar la herida con un trapo mojado &#233;sta volver&#237;a a sangrar. &#191;Deb&#237;an hacer que sangrara de nuevo? &#191;Ser&#237;an capaces de detener la hemorragia en ese caso? &#191;Una sanaci&#243;n m&#225;gica?

Randwulf todav&#237;a observaba su rostro.

&#191;Tiene mal aspecto?

Randwulf era joven y atractivo, y la expresi&#243;n horrorizada de Elaine lo perturb&#243;.

Le hab&#237;a facilitado la manera de herirlo; para ello, Elaine s&#243;lo necesitaba mentirle. Y eso era lo &#250;nico que no pod&#237;a hacer.

No es el aspecto de la herida, sino lo terrible que debi&#243; de haber sido. Ten&#237;as la columna rota, partida en dos. &#191;C&#243;mo puedes haberte recuperado?

No lo s&#233; -respondi&#243;.

&#191;Es la primera vez que mueres? -pregunt&#243; Elaine.

&#201;l se mordi&#243; el labio inferior, con cierta inseguridad en su mirada.

S&#237;, la primera vez.

&#191;Ten&#237;as miedo?

&#191;De morir?

Elaine asinti&#243;.

Tuve miedo cuando los lobos me aferraron los brazos con sus fauces y me retuvieron, tal como hubieran hecho dos hombres, cada uno por un lado. Entonces o&#237; al hombre lobo detr&#225;s de m&#237;. Sent&#237;a su aliento c&#225;lido y sonoro en mi nuca. Creo que grit&#233;. Por un solo instante sent&#237; un dolor agudo y terrible; despu&#233;s, nada. No sent&#237;a nada. -Se pas&#243; la mano por la nuca y palp&#243; las marcas de los colmillos con las puntas de los dedos, con mucha suavidad-. El dolor se esfum&#243;, pero sent&#237; que me iba. Sent&#237; que mor&#237;a.

Elaine se limit&#243; a mirarlo fijamente. No se le ocurr&#237;a nada que decir.

Elaine, &#191;puedo hablar contigo? -dijo Konrad, ahora en pie, aunque encorvado debido a la escasa altura de la tienda. Se dirigi&#243; hacia la abertura de salida de &#233;sta-. Mejor fuera.

Elaine hizo un esfuerzo por mantener una expresi&#243;n neutra, se puso en pie y lo sigui&#243; hacia el exterior. El viento le azot&#243; el rostro como una fr&#237;a bofetada. Coloc&#243; la capucha en su sitio, luchando contra el viento para mantener el abrigo de pieles pegado al cuerpo.

Los largos cabellos de Konrad le cubrieron la cara, enredados por el g&#233;lido viento, al que daba la espalda. El abrigo ondeaba a su alrededor, pero no necesitaba arroparse porque ya lo hac&#237;a el viento por &#233;l. La tienda restallaba y daba sacudidas con cada r&#225;faga.

Konrad le pas&#243; una mano por los hombros y la condujo a unos cuantos metros de la tienda. La mantuvo en el c&#237;rculo que formaban sus brazos, para poder hablar por encima del aullido del viento y del golpeteo de las paredes de cuero de la tienda. Pero eso era todo. La proximidad f&#237;sica que a ella le hac&#237;a sentir una opresi&#243;n en el pecho no significaba nada para &#233;l. Elaine volvi&#243; a record&#225;rselo a s&#237; misma, cuando Konrad se inclin&#243; para hablarle, acerc&#225;ndose a su rostro.

Si limpiamos las heridas, &#191;crees que empezar&#225;n a sangrar otra vez y que no podremos detener la hemorragia? &#191;Acaso la magia utilizada para sanarlas en parte afecta la manera como debemos atenderlos?

Elaine deseaba decir algo inteligente, y con certeza, pero eso hubiera sido una escandalosa mentira. Y hab&#237;a vidas en juego. No era momento de embustes.

No lo s&#233;.

Sabes m&#225;s de magia que yo -insisti&#243; Konrad.

Le estaba pidiendo de veras su opini&#243;n. Pero Elaine nunca hab&#237;a hecho alarde de sus conocimientos. Si no sab&#237;a algo, lo dec&#237;a con toda claridad. Sin embargo, ahora se sent&#237;a poderosamente tentada. De la cara de Konrad la separaba la distancia de un beso. Y sus ojos la miraban, y la ve&#237;an.

Elaine lanz&#243; un profundo suspiro.

Llevo muy pocos d&#237;as estudiando magia, Konrad. No soy experta, pero Gersalius s&#237; lo es. -Se sinti&#243; considerablemente complacida con este &#250;ltimo pensamiento, satisfecha por hab&#233;rsele ocurrido una buena idea, si no una buena respuesta.

No puedo dejarlos solos. &#191;Podr&#237;as t&#250; hablar con el mago y volver para cont&#225;rmelo?

Podr&#237;a quedarme con ellos mientras t&#250; hablas con Gersalius.

Era una generosa oferta. Lo &#250;ltimo que Elaine deseaba era volver a la tienda. La mirada seria de Randwulf y el tono de su voz al contar el relato de su muerte la hab&#237;an asustado. Prefer&#237;a incluso sus burlas e insinuaciones.

No, si pasa algo yo soy el mejor sanador del campamento; o, por lo menos, el &#250;nico que est&#225; consciente. Adem&#225;s, el mago hablar&#225; con m&#225;s franqueza contigo, &#191;no crees?

Nuevamente le estaba pidiendo su opini&#243;n. Esta vez s&#237; podr&#237;a dar una respuesta.

S&#237;, eso creo.

Entonces ve a hablar con el mago. Yo esperar&#233; aqu&#237; y no har&#233; nada a menos que se trate de una emergencia.

En seguida vuelvo -dijo Elaine.

Konrad asinti&#243; con un gesto brusco de cabeza, casi una reverencia, y se encorv&#243; para volver a entrar en la tienda. Elaine se qued&#243; quieta todav&#237;a un instante, en medio del viento incesante. Konrad le hab&#237;a pedido su opini&#243;n dos veces en un d&#237;a. No s&#243;lo era un r&#233;cord; era un prodigio que no pod&#237;a durar. &#191;Qu&#233; era lo que estaba cambiando en &#233;l?



Cap&#237;tulo 13

La tienda de Gersalius era de menor tama&#241;o que las dem&#225;s, y a su entrada una tabla de madera ten&#237;a grabadas unas extra&#241;as runas en forma de arabescos. Elaine todav&#237;a no hab&#237;a tenido tiempo de examinar de cerca la tienda del mago. Ahora por primera vez se fijaba en la madera tallada, que parec&#237;a no estar sujeta de ning&#250;n modo a la tienda, sino m&#225;s bien formar parte de ella. Era casi como si surgiera directamente de la tela de la tienda. No pudo reconocer ninguna de las fiorituras grabadas. &#201;stas no representaban animales ni im&#225;genes que le resultaran familiares; simplemente se trataba de dise&#241;os de colores. Elaine grit&#243;:

Gersalius, soy yo, Elaine. Necesito hablar contigo.

El viento soplaba racheado, haciendo que la tienda se tensase y tirase de las peque&#241;as estacas que la sujetaban. La madera grabada se balanceaba al viento como si fuese la cornamenta de un animal vivo.

&#161;Gersalius! -Volvi&#243; a gritar Elaine, mientras esperaba fuera, en el fr&#237;o, arrop&#225;ndose contra el viento-. Gersalius, si est&#225;s dentro, cont&#233;stame por favor.

Al no recibir respuesta, dio media vuelta y se dirigi&#243; a la hoguera. Blaine estaba haciendo la cena: salchichas en una sart&#233;n al fuego. Ol&#237;a muy bien. Claro estaba que ni siquiera Blaine pod&#237;a estropear demasiado unas salchichas al recalentarlas. Era casi a prueba de tontos.

A un lado hab&#237;a una peque&#241;a sart&#233;n. Blaine removi&#243; su contenido con una cuchara de palo. De la sart&#233;n le vino un olor que le dej&#243; un regusto amargo en la garganta. Antes de que pudiera decir nada, Blaine verti&#243; la repugnante salsa sobre las fant&#225;sticas salchichas. A continuaci&#243;n, tap&#243; la sart&#233;n y la dej&#243; a un lado. De haberle preguntado, probablemente hubiera dicho que la estaba dejando reposar. Blaine era el peor cocinero del mundo, pero ten&#237;a pretensiones de gourmet. Sus recetas mejoradas y experimentos con hierbas eran legendarios.

Le sonri&#243;, ufano.

Esta noche estoy haciendo una nueva salsa, &#191;quieres probarla?

Ya la he olido, gracias -dijo Elaine, con una valiente sonrisa.

Blaine no s&#243;lo era el peor cocinero del mundo, sino que adem&#225;s era ajeno a esa realidad. Por mucho que Thordin y los dem&#225;s se quejaran, Blaine no acababa de creerlos. No se desalentaba, y segu&#237;a machacando hierbas secas, moliendo ra&#237;ces e intentando envenenarlos a todos.

&#191;Has visto a Gersalius?

Creo que est&#225; en la tienda de Thordin. -Se volvi&#243; hacia una fuente de barro que yac&#237;a a sus pies, cubierta con un trapo que hac&#237;a las veces de tapa. Cort&#243; el cord&#243;n que lo sujetaba y retir&#243; el trapo para dejar al descubierto una masa gris-. Hice el relleno antes de salir. Todo lo que hay que hacer es calentarlo.

&#191;Te ayud&#243; Malah a hacerlo? -pregunt&#243; Elaine esperanzada.

Blaine hizo una mueca.

Por supuesto que no. Sabes que en la cocina me gusta hacerlo todo yo mismo.

Claro-respondi&#243; ella.!

Lo dej&#243; que estropease la cena y se dispuso a buscar la tienda de Thordin. &#201;ste la compart&#237;a con Konrad, as&#237; que era lo suficientemente grande para albergar a un visitante.

El viento amain&#243; de forma tan repentina como se hab&#237;a levantado. Elaine oy&#243; un murmullo de voces masculinas en medio de la silenciosa y g&#233;lida calma, un ruido sordo y suave que resultaba de alg&#250;n modo reconfortante. Elaine hab&#237;a pasado gran parte de su vida oyendo esa cadencia fuerte, rotunda y campechana.

Se inclin&#243; y dijo:

Gersalius, &#191;est&#225;s ah&#237;?

La entrada de la tienda se abri&#243; y por ella asomaron el rostro y el brazo de Thordin.

Pasa, Elaine, y &#250;nete a nosotros. Creo que si nos apretamos un poco hay sitio para todos.

Por primera vez se le ocurri&#243; que Thordin ya hab&#237;a visto antes a sacerdotes utilizar su magia sanadora. Puede que tambi&#233;n supiera algo que les fuera de utilidad en este caso. Elaine se agach&#243; para entrar en la tienda y tir&#243; del pesado abrigo para hacerlo pasar a trav&#233;s de la peque&#241;a abertura.

Gersalius estaba sentado sobre un mont&#243;n de ropa de cama, sonriente, con una taza entre las manos.

Elaine, &#191;qu&#233; te ha hecho venir en mi b&#250;squeda?

Thordin le ofreci&#243; tambi&#233;n una taza.

Seguro que es la tuya -dijo ella.

S&#237;, pero puedo conseguir otra. -Con una sonrisa, le tendi&#243; la taza.

Gracias.

El calor de la taza en sus manos era una sensaci&#243;n maravillosa. Los vapores que sal&#237;an de ella se le antojaron esp&#237;ritus de dulce aroma. Era una infusi&#243;n de menta verde con un leve toque dulz&#243;n. Respirar el vaho era casi tan reconfortante como beberlo.

&#191;C&#243;mo evolucionan los heridos? -pregunt&#243; Thordin.

&#201;sa es la raz&#243;n por la que he venido -dijo Elaine.

Thordin llen&#243; una tercera taza con la infusi&#243;n procedente de una tetera de barro y volvi&#243; a dejarla sobre un calentador. Tom&#243; una pizca de az&#250;car de una bolsita que pend&#237;a de su cinto, lo a&#241;adi&#243; a la infusi&#243;n y procedi&#243; a removerla con una cucharilla de plata.

Con unas pocas comodidades, cualquier sitio es un hogar -dijo Gersalius.

Eso es exactamente lo que yo pienso -repuso Thordin.

&#191;Por qu&#233; me buscabas, Elaine? -pregunt&#243; de nuevo el mago.

Konrad y yo no hab&#237;amos visto nunca antes los resultados de sanaciones m&#225;gicas. No estamos seguros de c&#243;mo debemos proceder.

Un sacerdote cura mediante la imposici&#243;n de las manos.

La herida simplemente se cierra y ya est&#225; curada -explic&#243; Gersalius.

&#191;Completamente curada? -insisti&#243; ella.

S&#237; -confirm&#243; el mago.

Ella neg&#243; con la cabeza.

Pero esas heridas no est&#225;n completamente curadas.

Gersalius se enderez&#243; con tanta brusquedad que derram&#243; parte de la infusi&#243;n caliente sobre sus vestiduras. Dio un peque&#241;o alarido, apartando al mismo tiempo la tela de su cuerpo, y deposit&#243; la taza en el suelo.

Dime qu&#233; quieres decir exactamente, Elaine, ya que podr&#237;a ser de gran importancia.

La muchacha mir&#243; alternativamente a uno y a otro. Thordin parec&#237;a tan preocupado como el mago.

&#191;Se supone que las heridas deben estar perfectamente curadas? -pregunt&#243; Elaine.

S&#237; -afirm&#243; Gersalius.

No siempre -intervino Thordin.

El mago mir&#243; fijamente al guerrero.

Un conjuro funciona, o no funciona.

Yo ya era un guerrero mucho antes de llegar a Kartakass -empez&#243; Thordin-. Un sacerdote puede curar una herida, pero cuando yo sufr&#237; varias heridas a un tiempo, no todas ellas sanaron. Todas mejoraron, pero algunas segu&#237;an sangrando, otras s&#243;lo estaban curadas en parte. Kilsendra, la sacerdotisa que me acompa&#241;&#243; hasta aqu&#237;, me dijo que cada sanaci&#243;n tiene un poder concreto. Cura hasta donde puede, de modo que es posible que se necesiten varios intentos hasta que cada herida sane por completo.

Gersalius frunci&#243; el ce&#241;o.

Es cierto que yo no he vivido una vida de aventuras. Tuve un peque&#241;o negocio de magia que suministraba materiales a otros magos; pero con mi magia, un conjuro funciona o no funciona. Si los componentes del hechizo son insuficientes, &#233;ste simplemente no puede funcionar.

Thordin neg&#243; con la cabeza en se&#241;al de desacuerdo.

La sanaci&#243;n de los sacerdotes no es igual. O por lo menos, no es eso lo que Kilsendra me explic&#243;.

El mago torci&#243; el gesto.

Muy poco observador por mi parte, si lo que dices es cierto.

Elaine bebi&#243; un sorbo de su infusi&#243;n y se volvi&#243; hacia Thordin. Parec&#237;a saber m&#225;s sobre esa clase de sanaciones que el mago.

Si una herida no sana por completo, &#191;qu&#233; se hace para seguir trat&#225;ndola?

No estoy seguro de a qu&#233; te refieres.

&#191;Se procede a limpiarla? &#191;Vendarla?

Eso creo. -Pero Thordin parec&#237;a desconcertado-. &#191;Por qu&#233; no es posible tratarla como cualquier otra herida?

Porque las heridas normales no se quedan as&#237;, tal cual, simplemente llenas de sangre. Konrad tiene miedo de que al limpiarlas &#233;stas vuelvan a sangrar, y que despu&#233;s sea imposible cortar la hemorragia.

&#191;Por qu&#233; no deber&#237;an dejar de sangrar? -pregunt&#243; Thordin.

Gersalius tom&#243; ahora la palabra.

Puedo entender su preocupaci&#243;n. &#191;Qu&#233; pasa si lo que impide que la sangre fluya es una especie de campo m&#225;gico? &#191;Quedar&#237;a &#233;ste destruido al tocarlo? Y si el conjuro que ayuda a coagular la sangre queda destruido, &#191;ser&#225; posible detener la sangre con los m&#233;todos tradicionales?

S&#237;, eso exactamente es lo que no sabemos.

Thordin arrug&#243; la frente.

No recuerdo ning&#250;n caso semejante.

&#191;Est&#225;s seguro? -pregunt&#243; Elaine.

Estoy seguro de que nunca tuve noticia de que pasara algo as&#237;, pero no por ello puedo asegurar que nunca haya sucedido -Se encogi&#243; de hombros-. Yo no soy sanador.

&#191;C&#243;mo atend&#237;a tu amiga la sacerdotisa las heridas s&#243;lo curadas en parte? -pregunt&#243; Gersalius, de nuevo recostado sobre las pieles, con la taza de t&#233; en la mano. En su toga pod&#237;a verse una peque&#241;a mancha h&#250;meda, consecuencia del t&#233; derramado anteriormente.

Kilsendra volv&#237;a a imponer las manos sobre las heridas por segunda o tercera vez. A veces ten&#237;a que esperar un d&#237;a entero para recuperar las fuerzas, pero siempre era ella misma la que nos curaba.

&#191;Y las heridas?-pregunt&#243; Elaine.

Su mirada se perdi&#243; en la nada, como si estuviera viendo cosas sucedidas hac&#237;a mucho tiempo en alg&#250;n lugar remoto.

No las toc&#225;bamos. Esper&#225;bamos hasta que Kilsendra pudiera curarnos.

As&#237; que en realidad no sabes qu&#233; suceder&#237;a en caso de emplear m&#233;todos m&#225;s mundanos en heridas previamente curadas con magia -concluy&#243; Gersalius.

Thordin neg&#243; con la cabeza lentamente.

Creo que no. -Mir&#243; a Elaine-. &#191;Ha despertado ya el sacerdote elfo?

No, sigue inconsciente, pero el mu&#241;&#243;n del brazo perdido parece curado, as&#237; que no hemos tenido que cauterizarlo.

Gersalius se atragant&#243; con el t&#233;. Cuando dej&#243; de farfullar, a&#241;adi&#243;:

Yo no aplicar&#237;a fuego a ninguna herida. Creo que eso impedir&#237;a que la carne siguiera cicatrizando.

Elaine sinti&#243; fr&#237;o de pronto, pero era una sensaci&#243;n que nada ten&#237;a que ver con el viento del invierno. &#191;Qu&#233; hubiera sucedido de haber efectuado las curas normales? &#191;Habr&#237;an condenado a los tres hombres a sufrir por culpa de sus heridas de por vida? Konrad afirmaba que las quemaduras eran las heridas m&#225;s dolorosas. El brazo del elfo hubiera presentado el aspecto de un mu&#241;&#243;n quemado en lugar de la suavidad que la piel ten&#237;a ahora. Parec&#237;a que el elfo hubiera nacido con el brazo as&#237;, que se tratara de una deformidad m&#225;s que de una herida.

&#191;Qu&#233; debemos hacer? -pregunt&#243;.

Nada -respondi&#243; Gersalius-. Esperad hasta que el elfo vuelva en s&#237;.

&#191;Qu&#233; pasa si una herida empieza a sangrar otra vez? &#191;O si entran en estado de shock? &#191;Podemos tratarlos con hierbas? &#191;O eso tal vez ser&#237;a tambi&#233;n contraproducente?

Haced lo que cre&#225;is conveniente para mantenerlos con vida -opin&#243; Gersalius-, pero s&#243;lo lo &#250;nico e imprescindible.

Thordin asinti&#243; con la cabeza.

Soy de la misma opini&#243;n.

De acuerdo, entonces le comunicar&#233; a Konrad vuestras recomendaciones. -Dicho esto, tendi&#243; la taza vac&#237;a a Thordin-. Gracias por los consejos y por la infusi&#243;n. -Elaine se puso en pie, medio encorvada, y alz&#243; la portezuela de la tienda.

Afuera, el aire segu&#237;a inm&#243;vil como si fuera de cristal y tan g&#233;lido que cada respiraci&#243;n resultaba dolorosa. Elaine se detuvo unos instantes, escrutando el cielo. Las nubes hab&#237;an avanzado, otorgando al cielo una blancura perfecta. Amenazaba con nevar, pero la quietud del aire hac&#237;a pensar m&#225;s bien en una tormenta. S&#243;lo en una ocasi&#243;n hab&#237;a visto rayos en una tormenta de nieve. Era algo inusual, pero despu&#233;s de tantos acontecimientos extraordinarios, tan s&#243;lo se tratar&#237;a de uno m&#225;s. Una breve tormenta en pleno invierno era una nader&#237;a en comparaci&#243;n con todo lo que hab&#237;a visto aquel d&#237;a. Fuera cual fuera la causa, la atm&#243;sfera era pesada y amenazadora.

Elaine mir&#243; a Blaine, que segu&#237;a entretenido ante el fuego. Estuvo a punto de preguntarle si tambi&#233;n pod&#237;a sentirlo; pero, en caso de que no fuera as&#237;, har&#237;a que se preocupara por nada. Si la sensaci&#243;n era el inicio de una visi&#243;n, ir&#237;a a m&#225;s; si no, se desvanecer&#237;a poco a poco, y &#250;nicamente Elaine deber&#237;a preocuparse por ello.

Se arrop&#243; bien en el abrigo y se apresur&#243; a regresar al lado de Konrad. &#201;ste se encontraba arrodillado junto al elfo, dando la espalda a la abertura de la tienda. Se volvi&#243;, alertado por el ruido o tal vez por el fr&#237;o. Al ver a Elaine, le hizo se&#241;as de que se acercara.

Elaine retir&#243; la capucha hacia atr&#225;s y se arrodill&#243; a su lado.

&#191;Qu&#233; sucede? -susurr&#243;.

Konrad buscaba con la mano el pulso en el cuello del elfo.

Su coraz&#243;n no late como deber&#237;a.

Quiz&#225; es algo normal en un elfo.

Konrad neg&#243; con la cabeza.

Antes su pulso era firme y constante; ahora es d&#233;bil e inestable. Compru&#233;balo t&#250; misma. Konrad le frot&#243; las manos para que &#233;stas entrasen en calor. Elaine nunca tocaba a un herido con las manos fr&#237;as si pod&#237;a evitarlo. Palp&#243; la suave piel del cuello. El pulso era vacilante; de pronto, el coraz&#243;n dio unos cuantos latidos r&#225;pidos para despu&#233;s volver a un ritmo constante. Elaine mantuvo la mano all&#237; durante unos instantes, pero el pulso segu&#237;a estable.

He notado las palpitaciones, pero parece que ahora vuelve a la normalidad -coment&#243; ella.

No me gusta. Su coraz&#243;n estaba bien hasta hace apenas unos minutos. -Arrop&#243; al elfo con una piel hasta la altura de la barbilla-. No s&#233; qu&#233; pasa. Ni siquiera entiendo por qu&#233; no despierta. En un principio pens&#233; que estaba inconsciente debido a la herida y al esfuerzo que le supuso conjurar una magia tan poderosa, pero ahora ya no estoy seguro.

Thordin y Gersalius no parecieron alarmarse por el hecho de que el elfo siguiera durmiendo.

&#191;Qu&#233; dijeron sobre el tratamiento de las dem&#225;s heridas? -pregunt&#243; Konrad.

En su opini&#243;n, debemos hacer lo menos posible. Cuando el elfo vuelva en s&#237;, podr&#225; volver a imponer las manos sobre las heridas una y otra vez, en tantas ocasiones como sea necesario.

Un don sorprendente, pero que s&#243;lo podr&#225; llevar a cabo si se despierta. -Konrad hab&#237;a bajado tanto la voz que Elaine tuvo que inclinarse hacia &#233;l para poder entenderle. Sinti&#243; su c&#225;lido aliento en la cara.

&#191;Qu&#233; le pasa a Silvanus? -pregunt&#243; Fredric. El hombre corpulento se hab&#237;a girado hacia un lado, apoyado sobre un codo.

&#191;Qu&#233; pasa? -pregunt&#243; Randwulf.

Su coraz&#243;n late de manera irregular -dijo Konrad sin embargo.

Era un buen sanador, pero mejor no preguntarle su opini&#243;n a menos que uno realmente quisiera saberla, y quisiera saber la verdad, por muy cruda que fuera.

Randwulf se incorpor&#243;, con lo que las pieles fueron a parar al suelo, pero en ning&#250;n momento Elaine pens&#243; que estuviera coqueteando de nuevo. Parec&#237;a demasiado asustado para andarse con bromas.

&#191;Va a morir? -pregunt&#243; Fredric, con voz grave y neutra. S&#243;lo lo traicionaba la mirada, donde ya empezaba a asomar el dolor.

No lo s&#233; -repuso Konrad.

Pero t&#250; eres el sanador -dijo Randwulf-. &#191;C&#243;mo es posible que no lo sepas?

Su cuerpo est&#225; bien. El brazo ha sanado incluso por s&#237; solo. Nunca antes hab&#237;a visto una sanaci&#243;n m&#225;gica, y creo que ah&#237; radica el problema.

&#191;Alguno de vosotros sabe algo sobre esta clase de magia curativa? -inquiri&#243; Elaine.

Randwulf hizo un gesto de negaci&#243;n.

No, pero Averil puede que s&#237; sepa -dijo Fredric.

Cre&#237;a que era maga -coment&#243; Konrad.

En efecto, as&#237; es, prepara pociones medicinales y las vende -confirm&#243; Fredric.

Pociones medicinales -repiti&#243; Konrad, quien acto seguido empez&#243; a farfullar palabras ininteligibles, con los labios entrecerrados. Despu&#233;s a&#241;adi&#243;-: Elaine, ve a buscar a la muchacha y tr&#225;ela. Dile que traiga tambi&#233;n sus pociones. R&#225;pido.

Elaine se puso en pie y sali&#243; a toda prisa de la tienda. Corri&#243; arrastrando su pesado abrigo sobre la nieve. Averil se encontraba en la tienda que Elaine y Blaine compart&#237;an. Se supon&#237;a que deb&#237;a descansar.

Elaine abri&#243; bruscamente la portezuela de la tienda. Averil se incorpor&#243;, con un pu&#241;al en la mano.

&#191;Qu&#233; sucede?

Tu padre est&#225; grave. Recoge tus p&#243;cimas y acomp&#225;&#241;ame, r&#225;pido.

Averil cogi&#243; una mochila y se precipit&#243; hacia la entrada de la tienda. S&#243;lo llevaba puesta una enagua, ya que el vestido estaba doblado con cuidado sobre la cama. Sin darse cuenta de ello, al parecer, empuj&#243; a Elaine para apartarla de su camino.

Elaine le ech&#243; sobre los hombros desnudos su propio abrigo, pero Averil ech&#243; a correr, y el abrigo cay&#243; al suelo. Elaine no se detuvo a recogerlo, sino que se remang&#243; la falda para correr al lado de la muchacha. Sent&#237;a el fr&#237;o, pero eso era algo irrelevante en comparaci&#243;n con el p&#225;nico de Averil, que casi pod&#237;a palparse en el aire.



Cap&#237;tulo 14

Averil se arrodill&#243; al lado de su padre. S&#243;lo entonces Elaine se dio cuenta de que la muchacha no llevaba zapatos: hab&#237;a corrido por la nieve provista &#250;nicamente de calcetines. Los hombros desnudos estaban azulados debido al fr&#237;o, pero las manos no le temblaron al buscar el pulso de su padre. Averil le desabroch&#243; la camisa y le puso una mano sobre el coraz&#243;n.

Mir&#243; a Konrad.

El coraz&#243;n late con fuerza, y tiene buen color. Ella dijo que estaba grave. -Averil alz&#243; la vista hacia Elaine, con una mirada acusadora.

Mant&#233;n la mano sobre el coraz&#243;n y comprobar&#225;s que a veces el ritmo de los latidos es irregular.

&#191;Irregular? &#191;Qu&#233; quieres decir?

El pulso es constante casi todo el tiempo, pero al cabo de unos cuantos minutos el coraz&#243;n parece vacilar. Cada vez pasa m&#225;s a menudo. Creo que est&#225; empeorando.

Averil neg&#243; con la cabeza.

No noto nada.

Randwulf y Fredric se encontraban sentados cada uno a un lado, bien arropados con las pieles para cubrir su desnudez.

Antes nunca tuvo problemas de coraz&#243;n -dijo Fredric.

No -dijo Averil-, es cierto.

Mantuvo la mano sobre el coraz&#243;n, pero sus ojos de oro brillante parec&#237;an cada vez m&#225;s enojados. Tras unas cuantas horas, Elaine hab&#237;a descubierto que le resultaba m&#225;s f&#225;cil leer la expresi&#243;n de su rostro que observar el extra&#241;o color de sus ojos.

Esperaron. Elaine se sorprendi&#243; a s&#237; misma deseando que le fallara el coraz&#243;n, lo cual no dejaba de ser aberrante, pero no quer&#237;a que Konrad quedara como un tonto. Adem&#225;s, ella tambi&#233;n lo hab&#237;a notado. El problema estaba ah&#237;.

Averil se puso tensa. Se le escap&#243; un grito ahogado. Se qued&#243; muy callada, aguantando incluso la respiraci&#243;n. Por &#250;ltimo, profiri&#243; un largo suspiro.

En efecto, ten&#233;is raz&#243;n.

Retir&#243; la mano del coraz&#243;n y acarici&#243; la mejilla de su padre. El movimiento fue tan dulce, tan &#237;ntimo, que casi dol&#237;a presenciarlo.

No lo entiendo. El coraz&#243;n no ten&#237;a ninguna herida. &#191;Por qu&#233; le pasa ahora esto?

&#191;Podr&#237;a deberse al esfuerzo de resucitar a Fredric y Randwulf? -pregunt&#243; Konrad.

Averil neg&#243; con la cabeza.

No, los sanadores tienen la capacidad de curarse a s&#237; mismos igual que a los dem&#225;s. Su coraz&#243;n sanar&#237;a por s&#237; mismo antes de llegar a ese punto.

Y, sin embargo -intervino Konrad-, hay algo raro en su coraz&#243;n.

Lo s&#233; -dijo Averil con voz ronca. Baj&#243; la mirada hacia su padre, para despu&#233;s volver a alzar la vista hacia Konrad-. Lo siento. No tengo derecho a desahogarme con vosotros. Es s&#243;lo que me parece inexplicable. No deber&#237;a estar sucediendo esto.

Abri&#243; la mochila y empez&#243; a rebuscar en ella. Se oy&#243; un leve tintineo de cristales y otros ruidos sordos y m&#225;s graves, como de objetos de cer&#225;mica entrechocando. Extrajo un peque&#241;o frasco, que de alg&#250;n modo a Elaine le resultaba familiar.

La visi&#243;n. Hab&#237;a visto c&#243;mo Averil introduc&#237;a a la fuerza un l&#237;quido en la garganta de Silvanus. La muchacha destap&#243; el frasco y levant&#243; ligeramente la cabeza del elfo.

Est&#225; inconsciente y podr&#237;a ahogarse -advirti&#243; Konrad.

Le har&#233; un masaje sobre la garganta y de este modo podr&#225; tragar la poci&#243;n.

Podr&#237;a ahogarse de todos modos.

Ya he hecho esto antes, en casos de extrema necesidad.

Mir&#243; a Konrad con sus ojos brillantes tan llenos de pena que Elaine tuvo que apartar la vista. Konrad no lo hizo, y Elaine reprimi&#243; el impulso de obligarlo a mirar hacia otro lado. Era un sufrimiento demasiado &#237;ntimo para los ojos de un extra&#241;o.

Ay&#250;dame a levantarle la cabeza, Fredric.

El palad&#237;n se adelant&#243; y acun&#243; la cabeza del elfo en su regazo. Los cabellos dorados se esparcieron en las pieles, y el rostro de facciones delicadas qued&#243; enmarcado en la suavidad de aqu&#233;llas. Fredric, quien apenas hab&#237;a permitido a Elaine observar su pecho descubierto poco antes, ahora estaba desnudo hasta la cintura, pero eso ya no parec&#237;a importarle.

Averil oblig&#243; a su padre a abrir la boca.

Le mantendr&#233; las mand&#237;bulas abiertas mientras t&#250; viertes la p&#243;cima -se ofreci&#243; Konrad.

Averil lo mir&#243; por un momento y luego asinti&#243;. Mientras los fuertes dedos de Konrad manten&#237;an abierta la boca del elfo, Averil dej&#243; caer un hilillo con la dosis m&#237;nima.

Ya puedes soltarle las mand&#237;bulas.

Konrad dej&#243; que los labios volvieran a unirse con suavidad. Averil dio un firme masaje sobre la garganta del elfo, el cual trag&#243; convulsivamente.

Transcurrieron unos instantes. Los ojos de Silvanus se abrieron de repente. El palad&#237;n le sonri&#243;, mientras sus manos de gigante le acunaban la cabeza.

Buenas tardes, viejo amigo -dijo Fredric.

Silvanus sonri&#243; y recorri&#243; con la mirada los rostros que lo rodeaban. Al reconocer a Averil sentada a su lado, la sonrisa se hizo m&#225;s amplia. &#201;sta tom&#243; la mano que le quedaba entre las suyas.

Elaine observaba la escena boquiabierta. Konrad elaboraba pociones de hierbas, pero ninguna que surtiera semejante efecto. Aquello era tan fant&#225;stico como la imposici&#243;n de manos. Bastaba un peque&#241;o sorbo para que un hombre gravemente herido se despertara sonriendo. Sab&#237;a que Konrad no pod&#237;a curar con las manos, pero &#191;podr&#237;a elaborar pociones como aqu&#233;lla si conociera los ingredientes?

&#191;C&#243;mo te encuentras, padre?

El elfo pareci&#243; reflexionar m&#225;s de lo normal antes de responder a aquella pregunta.

No estoy seguro.

&#191;Qu&#233; quieres decir, padre?

Averil se inclin&#243; sobre &#233;l, con la preocupaci&#243;n pintada en la cara, y pos&#243; una mano en su frente.

No noto que tengas fiebre.

No se trata de fiebre -dijo &#233;l, al tiempo que empezaba a toser convulsivamente, con un estruendo que parec&#237;a corresponder al doble de su tama&#241;o.

Levantadlo -dijo Averil.

Fredric as&#237; lo hizo, acunando al elfo en sus fuertes brazos. Lo apret&#243; contra su pecho desnudo marcado por las cicatrices hasta que la tos cedi&#243;. La voz de Silvanus era un &#225;spero susurro.

Agua.

Elaine -dijo Konrad.

&#201;sta rompi&#243; la fina capa de hielo que se hab&#237;a formado en el cubo y sumergi&#243; la taza de madera en &#233;l. Tendi&#243; el agua a Konrad, pero Averil se la arrebat&#243;. Nadie protest&#243;.

Silvanus dio un sorbo que de nuevo lo hizo toser, pero no con tanta fuerza. Sigui&#243; dando peque&#241;os sorbos hasta que pudo beber sin m&#225;s sacudidas. Despu&#233;s volvi&#243; a recostarse en los brazos de su amigo, agotado.

Oh, padre, &#191;qu&#233; sucede?

No estoy seguro. Ya hab&#237;a resucitado a personas fallecidas anteriormente, pero ahora tengo una sensaci&#243;n extra&#241;a.

Averil se volvi&#243; hacia Konrad.

T&#250; tambi&#233;n eres sanador. &#191;Qu&#233; le sucede?

Elaine conoc&#237;a la respuesta. Konrad no. Pero respir&#243; hondo antes de decidir qu&#233; deb&#237;a decir.

Creo que se trata de una reacci&#243;n desencadenada al haber sanado a los dem&#225;s.

Sin embargo ya me hab&#237;a curado con anterioridad en varias ocasiones -intervino Fredric-. Pero nunca lo hab&#237;a visto as&#237;.

En efecto -a&#241;adi&#243; Randwulf-, es un sacerdote. Se dedica a curar a los dem&#225;s. Es como si yo disparase una flecha y &#233;sta regresara a m&#237; y me hiriera. Es rid&#237;culo.

Tal vez Randwulf est&#225; m&#225;s en lo cierto de lo que &#233;l cree -dijo Elaine en un susurro.

Todos se volvieron hacia ella. Incluso los extra&#241;os ojos de Silvanus parec&#237;an clavados en su rostro.

Contin&#250;a, Elaine -dijo Konrad. Su expresi&#243;n era neutra. No parec&#237;a molestarle el hecho de que se estuviera inmiscuyendo. Konrad siempre se mostraba dispuesto a escuchar la opini&#243;n de los dem&#225;s si pod&#237;a salvar vidas.

Elaine se moj&#243; los labios y respir&#243; nerviosa. De repente se sinti&#243; rid&#237;cula. &#191;Y si se equivocaba? Observ&#243; los rostros expectantes a su alrededor. Silvanus ten&#237;a una expresi&#243;n paciente, incluso dulce. &#191;Y si estaba en lo cierto y no se decid&#237;a a hablar?

Gersalius y Thordin afirmaban que la sanaci&#243;n m&#225;gica no pod&#237;a funcionar en Kartakass, que ni siquiera tendr&#237;a efecto la imposici&#243;n de manos sobre una herida. Pero Silvanus consigui&#243; resucitar a los muertos. &#191;Y si todav&#237;a puede curar, pero al mismo tiempo se hace da&#241;o a s&#237; mismo? -Expresada en voz alta, la mera conjetura, as&#237;, sin adornar, sonaba descabellada. Elaine not&#243; una oleada de calor en su cara, mientras los dem&#225;s segu&#237;an con la vista fija en ella.

Eso es rid&#237;culo -dijo Averil. Su voz conten&#237;a el desprecio que Elaine hab&#237;a esperado.

No, hija -dijo Silvanus, con la voz ronca por la tos-. Esc&#250;chala.

Esc&#250;chala, se repiti&#243; Elaine a s&#237; misma; pero ya no ten&#237;a nada m&#225;s que decir. &#201;sa era su teor&#237;a en su totalidad. Averil ten&#237;a el rostro congestionado con una expresi&#243;n de desaprobaci&#243;n, pero esper&#243;. Todos esperaron a que Elaine prosiguiera con su exposici&#243;n, pero no hubo m&#225;s.

Silvanus liber&#243; su mano de las de Averil y se la tendi&#243; a Elaine, todav&#237;a temblando levemente. Ella la tom&#243; entre las suyas. Ten&#237;a la piel fr&#237;a o tal vez la sensaci&#243;n proven&#237;a de sus propias manos. Casi sinti&#243; la necesidad de disculparse por no haberse calentado antes las manos, pero algo en los ojos del elfo se lo impidi&#243;. Dentro de su cabeza sinti&#243; un balbuceo, un desesperado intento de decir algo interesante.

No te esfuerces tanto-dijo el elfo.

&#191;Qu&#233; quer&#237;a decir con eso?

No estoy haciendo nada.

Relaja la mente. Vac&#237;ala. Siente.

Esa frase bien podr&#237;a haberla dicho Gersalius y ser&#237;a igual de enigm&#225;tica.

No s&#233; qu&#233; quieres decir.

Sus ojos dorados parec&#237;an m&#225;s grandes de lo normal, enormes pozos de un reluciente metal en estado l&#237;quido. La luz mortecina que traspasaba la tela de la tienda cabrilleaba en ellos. Ese tr&#233;mulo reflejo casi la hizo desmayarse. La mano del elfo entre las suyas la sostuvo; de lo contrario, se hubiera desplomado.

Est&#225;s herido -dijo Elaine. Su voz parec&#237;a lejana, ausente, incluso en sus propios o&#237;dos. Pero, al pronunciar aquellas palabras, Elaine supo que estaba en lo cierto-. Siento un aura a tu alrededor y en tu interior, que se mezcla con mi piel &#191;Es?

Se trata de la fuerza vital, Elaine, est&#225;s percibiendo mi fuerza vital.

Elaine asinti&#243;. &#161;Por supuesto que se trataba de eso! El elfo apret&#243; con su mano las de Elaine hasta que &#233;sta tuvo que ahogar un grito. Acto seguido, el elfo se desmoron&#243;, y la mano qued&#243; como muerta entre las suyas. La fuerza vital lat&#237;a vacilante junto con su coraz&#243;n, que ahora palpitaba de forma regular. Pero esa misma fuerza vital, ese algo invisible, era ahora m&#225;s d&#233;bil.

A tu coraz&#243;n no le pasa nada -afirm&#243; Elaine.

Por supuesto que s&#237;, todos lo hemos notado -rebati&#243; Averil inesperadamente.

Elaine dio un respingo y se volvi&#243; para mirar a la muchacha. Casi se asust&#243; al ver aquellos ojos tan parecidos a los que acababa de ver, y al mismo tiempo tan distintos.

Elaine -dijo Silvanus, quien al pronunciar su nombre atrajo de nuevo su atenci&#243;n. Ya no estaba inmersa en sus ojos, pero algo suced&#237;a; algo que crec&#237;a entre ellos, y que conten&#237;a aquella fuerza progresiva que Elaine hab&#237;a percibido cuando Silvanus hab&#237;a resucitado a Randwulf.

Si mi coraz&#243;n no est&#225; herido, &#191;qu&#233; me est&#225; pasando? -Hablaba con cautela, como gui&#225;ndola por un laberinto desconocido.

Tu fuerza vital est&#225; malherida. Algo se est&#225; alimentando de ella.

&#191;Qu&#233; es lo que se est&#225; alimentando de m&#237;, Elaine? -Su voz era suave, y la mano apretaba con firmeza las suyas.

Elaine pod&#237;a ver a los dem&#225;s, y sab&#237;a que se encontraba arrodillada en la tienda. Segu&#237;a consciente. No era como la magia que Gersalius le hab&#237;a mostrado, y en la que se hab&#237;a perdido dentro de s&#237; misma. Ahora percib&#237;a aquella fuerza, pero en su interior s&#243;lo hab&#237;a una chispa de ella. Mir&#243; fijamente a Silvanus.

&#191;Soy yo la que est&#225; absorbiendo tu poder?

No, Elaine-respondi&#243; el elfo con voz suave.

Entonces, &#191;adonde va a parar?

Al formular la pregunta, Elaine supo la respuesta. Sinti&#243; moverse la tierra bajo sus pies, como un gigante que despertase de un largo sue&#241;o

A la tierra.

Dijo esto en un escueto susurro. No cre&#237;a que nadie hubiera podido o&#237;rla, pero los ojos de Silvanus le confirmaron que &#233;l lo sab&#237;a. Aunque no lo hubiera dicho en voz alta, &#233;l lo sab&#237;a.

En aquel preciso instante, fue consciente de algo m&#225;s. El pa&#237;s odiaba al sacerdote. La sensaci&#243;n era tan extra&#241;a, que no pudo evitar que se le escapara un d&#233;bil gemido.

Elaine, &#191;est&#225;s bien? -pregunt&#243; Konrad, poni&#233;ndole una mano en el hombro.

&#161;No me toques!

La virulencia de su voz la sorprendi&#243; a ella misma. Rebosaba odio, como si fuera aceite hirviendo. Konrad no la amaba, &#191;c&#243;mo se atrev&#237;a? Elaine neg&#243; con la cabeza con fuerza, como si intentase despertar de una pesadilla.

Sigues siendo t&#250; misma, Elaine. Has incrementado tu poder, pero nunca te perder&#225;s en &#233;l -dijo Silvanus.

Su voz ahuyent&#243; el odio y le permiti&#243; pensar de nuevo con claridad. El pa&#237;s, Kartakass, despreciaba profundamente esa clase de poder. El sacerdote era en cierto modo m&#225;s poderoso que todas las fuerzas del pa&#237;s combinadas.

Konrad, no debes tocarme; ahora no.

La voz hab&#237;a recuperado su tonalidad casi normal, aunque todav&#237;a parec&#237;a impregnada de ira, lo que la hac&#237;a m&#225;s &#225;spera. Konrad la miraba con los ojos como platos.

&#191;Qu&#233; est&#225; sucediendo aqu&#237;? -pregunt&#243; Konrad, dirigiendo su atenci&#243;n directamente a Silvanus.

Est&#225; haciendo una imposici&#243;n de manos sobre m&#237;, para curarme.

No es posible, ella no tiene esa capacidad -neg&#243; Konrad:

Yo creo que s&#237; -dijo el elfo.

En su rostro pod&#237;a leerse una absoluta serenidad, seguro de que Elaine era capaz de hacerlo. Su fe era tambi&#233;n la de ella. La fuente de la que se alimentaba era el odio, la envidia, aunque ella no lo contuviera en s&#237; misma. Ella segu&#237;a siendo Elaine Clairn, aquella que hab&#237;a vivido toda su vida en Kartakass. El pa&#237;s la hab&#237;a alimentado y vestido, y arropado en sus oscuros brazos, desde siempre.

Permiti&#243; que aquellos brazos oscuros la tocaran ahora, consciente por primera vez de que aquel suelo estaba vivo con algo m&#225;s que la cosecha del a&#241;o siguiente. Deber&#237;a haberse sentido asustada, pero no era as&#237;. En realidad, el mero hecho de no tener miedo deber&#237;a haberla asustado.

Sinti&#243; su propio cuerpo, latiendo, palpitando, vivo. Era m&#225;s consciente que nunca de los procesos vitales. Pero, sobre todo, sent&#237;a una fuerza que flu&#237;a derram&#225;ndose por encima y a trav&#233;s de ella. Aquel l&#237;quido entraba y sal&#237;a de Kartakass, una y otra vez, como un torrente de agua, aunque agua s&#243;lo era una palabra all&#237; donde las palabras no bastan; era un truco para retener en la mente aquello que nunca deb&#237;a haber existido. Agua, aunque en absoluto se tratara de eso.

M&#237;rame, Elaine, &#191;c&#243;mo te sientes?

La muchacha mir&#243; a Silvanus, sinti&#243; su piel, los huesos de la mano en las suyas propias. Una ondulaci&#243;n en el agua que le recorr&#237;a la piel. Una mancha de oscuridad que se le hab&#237;a enganchado en la piel mientras proced&#237;a a realizar sus sanaciones, all&#237;, en Kartakass.

Elaine alarg&#243; la mano hacia aquella oscuridad, extrayendo el poder de la misma fuente que hab&#237;a intentado destruirlo. No toc&#243; su coraz&#243;n, sino la fuerza que se entretej&#237;a alrededor de &#233;ste. La mano se dirigi&#243; hacia el pecho porque aqu&#233;l era el punto d&#233;bil, el lugar asediado, aunque no fuera el coraz&#243;n lo que intentaba sanar, sino la fuerza vital, aquella agua invisible que lo manten&#237;a con vida. La oscuridad era como un desag&#252;e por el que el agua pod&#237;a filtrarse hasta que no quedara m&#225;s que un pellejo vac&#237;o.

Pero, si se hubiera tratado solamente de un agujero, Elaine habr&#237;a intentado rellenarlo; si hubiera sido una mancha, la habr&#237;a limpiado; pero era algo que hab&#237;a que arrancar, un trozo de oscuridad adherido al elfo para absorber poco a poco su fuerza vital.

Elaine atrajo aquella mancha de oscuridad hacia su mano, hacia la fuerza invisible que rodeaba su propio cuerpo, y la envi&#243; de regreso hacia el suelo. Kartakass volvi&#243; a engullir la m&#225;cula con apenas un murmullo.

A continuaci&#243;n, Elaine pos&#243; por fin la mano sobre el pecho del elfo, y sinti&#243; el coraz&#243;n por debajo de la tela y de la piel. Se le ocurri&#243; que hubiera podido coger aquel coraz&#243;n entre las manos y apretarlo con fuerza. En lugar de eso, derram&#243; sobre &#233;l parte de aquella fuerza invisible que flu&#237;a a trav&#233;s de su mano. Parec&#237;a como si la misma fuerza supiera qu&#233; era lo que deb&#237;a hacer. Y de ese modo repar&#243; el da&#241;o causado por la oscuridad. El elfo estaba ahora curado sin que Elaine supiera realmente c&#243;mo hab&#237;a sucedido. No hab&#237;a sido su mano, ni sus conocimientos. Ella era simplemente una herramienta.

Silvanus respir&#243; profundamente, todav&#237;a estremeci&#233;ndose. Elaine retir&#243; la mano de su pecho. El elfo sonri&#243;, y ella no pudo evitar devolverle la sonrisa. Se apart&#243; de &#233;l, aunque permaneci&#243; a su lado, todav&#237;a de rodillas.

Volv&#237;a a ser ella misma. Ella sola, consciente de aquella fuerza invisible, aunque s&#243;lo fuera vagamente; y sent&#237;a el latido distante de Kartakass, casi como una m&#250;sica que estuviera justo fuera de su alcance auditivo. La sensaci&#243;n se fue desvaneciendo hasta que desapareci&#243; por completo y ella volvi&#243; a ser simplemente ella misma. Lo &#250;ltimo que percibi&#243; fue una vaga sensaci&#243;n de placer. El pa&#237;s estaba satisfecho.



Cap&#237;tulo 15

Aquella noche hac&#237;a un fr&#237;o glacial. Sentado al lado del fuego del campamento, Jonathan se dedicaba a mirar las llamas anaranjadas hasta que le dol&#237;an los ojos; despu&#233;s volv&#237;a la vista hacia la oscuridad, cegado por la luz. Teresa hac&#237;a guardia en las afueras, acurrucada en su abrigo. Era Konrad quien estaba de guardia cuando Jonathan hab&#237;a tomado asiento. &#191;Cu&#225;nto tiempo llevaba all&#237;, al lado del fuego?

Quer&#237;a llamar a su mujer para hablar, pero no lo hizo. &#201;sta se encontraba sentada en la fr&#237;a oscuridad, en un lugar en el que sus ojos no se ve&#237;an afectados por las llamas, y lo suficientemente lejos de las tiendas para poder apreciar cualquier cosa que se acercara a ellas.

Teresa estaba haciendo guardia, y no deb&#237;a distraerla. Su presencia ante el fuego con toda seguridad ya le resultaba lo bastante inquietante. Estar&#237;a preocupada por su estado de &#225;nimo. Cuando permanec&#237;a inm&#243;vil durante tanto tiempo, pensativo, con frecuencia era mala se&#241;al. Sol&#237;a caer entonces en un estado depresivo, pero en este caso no se trataba de eso, sino que estaba intentando entender lo que hab&#237;a presenciado ese d&#237;a.

Jonathan siempre hab&#237;a cre&#237;do que la magia era mal&#233;fica por naturaleza o, como m&#237;nimo, que su car&#225;cter era d&#233;bil e indolente. La mayor&#237;a de los m&#233;ritos de la magia pod&#237;an conseguirse tambi&#233;n mediante el trabajo honrado. Tal vez una misma tarea resultar&#237;a m&#225;s dura, o llevar&#237;a m&#225;s tiempo, pero era posible.

Pero aquello resucitar a los muertos y devolverles la verdadera vida Jonathan acerc&#243; las manos a las llamas hasta que sinti&#243; que le herv&#237;a la sangre. El fuego no parec&#237;a calentar lo suficiente. Tal vez la sensaci&#243;n de fr&#237;o no radicaba en el cuerpo, sino en algo mucho m&#225;s profundo.

Hab&#237;an montado la tienda adicional para emergencias junto a la suave elevaci&#243;n de la colina que se encontraba a sus espaldas. El sacerdote elfo y su hija la ocupaban ahora, seguros tras las paredes de cuero. Y los dos hombres, antes muertos, se hab&#237;an retirado a sus respectivas esteras. Aunque parec&#237;an cansados, su estado no hab&#237;a empeorado. &#191;C&#243;mo era posible?

Oy&#243; un leve ruido tras &#233;l que lo hizo volverse bruscamente, con el coraz&#243;n en la garganta. Era Elaine, arropada en su abrigo blanco, en el que a&#250;n se ve&#237;an manchas de sangre aqu&#237; y all&#225;.

Era la &#250;ltima persona a la que Jonathan deseaba ver.

Pero all&#237; estaba, de pie, con una expresi&#243;n insegura en el rostro, como si supiera que no era bienvenida. El dolor que reflejaban sus ojos azul turquesa lo hiri&#243; como un cuchillo. No quer&#237;a lastimarla. Por ella hab&#237;a traicionado todo aquello en lo que cre&#237;a. Le hab&#237;a salvado la vida, pero &#191;no habr&#237;a puesto en peligro tal vez algo m&#225;s valioso? &#191;De qui&#233;n era la culpa? &#191;Suya? &#191;De nadie?

Le alarg&#243; una mano. Ella sonri&#243; y avanz&#243; hacia &#233;l, aceptando la mano que se le ofrec&#237;a. El la atrajo hacia el c&#237;rculo de sus brazos y de su abrigo, igual que cuando era peque&#241;a.

Con un suspiro, Elaine se acurruc&#243; en su pecho. Exactamente igual que cuando ten&#237;a diez a&#241;os, cuando Jonathan por primera vez tuvo a un ni&#241;o en sus brazos y le dijo las mentiras que dicen todos los padres, que el mundo era justo y que sus brazos de adulto pod&#237;an protegerla de todo mal. Notaba sus suaves cabellos en la cara, que ol&#237;an a hierbas y a ella. El aroma tibio de un ni&#241;o, que ning&#250;n perfume podr&#237;a ocultar.

&#191;Todo esto ha sucedido realmente? -pregunt&#243; Elaine en un susurro.

&#191;A qu&#233; te refieres?

Al elfo. Resucit&#243; a dos hombres de la muerte; lo he presenciado, pero todav&#237;a no puedo creerlo.

Yo tampoco podr&#237;a creerlo de no haberlo visto con mis propios ojos.

Thordin y Gersalius dijeron que ning&#250;n sacerdote ser&#237;a capaz de resucitar a los muertos en Kartakass. &#191;Por qu&#233;?

No lo s&#233;.

&#191;Sab&#237;as que Gersalius es extranjero, como Thordin? -pregunt&#243; Elaine.

No, no lo sab&#237;a. -Jonathan se pregunt&#243; qu&#233; otras cosas desconoc&#237;a del mago.

&#191;Acaso el elfo podr&#237;a sanar a Calum?

Jonathan permaneci&#243; inm&#243;vil. Hab&#237;a estado tan ocupado con sus elucubraciones acerca de la magia y el estado de las almas, que se hab&#237;a olvidado por completo de la enfermedad de Calum. Ten&#237;a que ser ella, la corrupta maga, quien le recordara a Calum y su sufrimiento. Jonathan se sinti&#243; avergonzado tanto por su mala memoria como por su suspicacia.

No lo s&#233;. Thordin nos cont&#243; que pod&#237;an curar heridas, lesiones, pero no dijo nada de enfermedades o de la vejez.

Quiz&#225; Calum llevar&#237;a mejor el hecho de ser un anciano si no tuviera tanto dolor.

Elaine alz&#243; la vista, con la cabeza todav&#237;a apoyada en su hombro. Era un gesto familiar; por un momento, la ni&#241;a volv&#237;a a mirarlo. Despu&#233;s se enderez&#243;, sin apartarse de &#233;l, para mirarlo directamente a la cara, con sus ojos sinceros e implacables.

&#191;Me odias?

Tras haber formulado la pregunta, no apart&#243; la vista; al contrario, busc&#243; sus ojos. Fuera cual fuera la respuesta, Jonathan tendr&#237;a que dec&#237;rsela a aquellos ojos turquesa que conoc&#237;a tan bien.

Nunca podr&#237;a odiarte, Elaine, y t&#250; lo sabes.

Ella le escrut&#243; el rostro, como buscando alguna pista.

S&#233; que odias la magia y a todos los que la practican. Ahora yo soy maga, o por lo menos estoy estudiando para convertirme en una. Odias el hecho de que albergue magia en mi interior. -La &#250;ltima frase era una afirmaci&#243;n.

Jonathan tuvo que apartar la mirada de aquellos ojos inquisidores. En su lugar, mir&#243; fijamente a las llamas.

Elaine lo cogi&#243; por la barbilla y lo oblig&#243; a girar la cara hacia ella.

No me digas una verdad a medias.

Te quiero tanto como si fueras carne de mi carne.

No era &#233;sa la pregunta.

Elaine segu&#237;a mostr&#225;ndose implacable. Teresa era la mujer m&#225;s valiente que hab&#237;a conocido nunca, pero tal vez ni siquiera ella se habr&#237;a atrevido a forzar aquella pregunta. Quiz&#225; no habr&#237;a preguntado nada en absoluto; casi nadie lo hubiera hecho, por miedo a la respuesta.

Preferir&#237;a que no fueras maga, Elaine.

Lo s&#233; -contest&#243; ella, frunciendo el entrecejo-. &#191;Odias ese hecho? &#191;Prefieres que me vaya? -Ahora le toc&#243; a ella apartar el rostro. Se acurruc&#243; a&#250;n m&#225;s en &#233;l, pero esquiv&#243; sus ojos-. No quer&#237;a hacer esa pregunta, pero no puedo soportar ver que me odias, Jonathan.

Alz&#243; la vista de repente. El dolor que se ve&#237;a en sus ojos era tan intenso que Jonathan no pudo reprimir un grito ahogado.

Prefiero alejarme que tener que presenciar el miedo que crece en vuestro interior -a&#241;adi&#243; Elaine.

&#191;Miedo? Pero yo no

Lo vi en la expresi&#243;n de Teresa cuando est&#225;bamos en la caba&#241;a la otra noche. Tambi&#233;n vi tu rostro despu&#233;s de mi visi&#243;n. -Elaine neg&#243; con la cabeza-. Ambos me tem&#237;ais.

Tal vez ten&#237;amos miedo de tus nuevos poderes, pero no de ti. -Jonathan la abraz&#243; y apoy&#243; la barbilla sobre su rubia cabellera-. De ti nunca.

S&#233; que me mientes -dijo la muchacha con la voz ahogada en llanto-. Puedo leer tus pensamientos como las palabras escritas en un libro.

Jonathan se apart&#243; de ella, casi tropezando con el fuego. Sent&#237;a el coraz&#243;n atascado en la garganta. Sus labios dieron forma a la palabra, que qued&#243; sin pronunciar, un siseo entre dientes:

Bruja.

Los ojos de Elaine brillaron anegados en l&#225;grimas, a punto de desbordarse. Intent&#243; abrir los ojos lo m&#225;s que pudo para evitar el llanto.

Ahora ya tengo mi respuesta.

Se puso en pie y se arrebuj&#243; en su abrigo como si &#233;ste pudiera protegerla de algo m&#225;s que del fr&#237;o.

Cuando volvamos de Cortton, recoger&#233; mis cosas y me ir&#233; con Gersalius. Podemos regresar a su casa. No creo que le importe el hecho de que pueda leer sus pensamientos.

Despu&#233;s dio media vuelta y se dirigi&#243; hacia su tienda, con la espalda muy recta y andares seguros, orgullosa, agarrotada por el dolor.

Jonathan quer&#237;a llamarla para decirle que lo sent&#237;a. En efecto, lo sent&#237;a mucho, en lo m&#225;s profundo de su ser. Pero hab&#237;a dedicado toda su vida a luchar contra la magia. No pod&#237;a cambiar eso ahora. De no haberse encarado con &#233;l, podr&#237;an haber seguido fingiendo. Pero si pod&#237;a leer sus pensamientos era in&#250;til.

Se sent&#243; muy recto, acurruc&#225;ndose en su abrigo. Teresa se acerc&#243; a &#233;l.

&#191;De qu&#233; estabais hablando Elaine y t&#250;? -Se arrodill&#243; ante el fuego para calentarse las manos.

Jonathan no respondi&#243; en seguida. No quer&#237;a admitir ante su esposa su necedad, aunque si alguien conoc&#237;a sus debilidades, &#233;sa era Teresa. Lo asombroso era que siguiera a su lado.

Dime, Jonathan. Se alej&#243; de ti llorando.

Me pregunt&#243; si la odiaba por ser maga.

&#191;Y dijiste que s&#237;? -pregunt&#243; con voz indignada.

Jonathan alz&#243; la vista, airado.

&#161;Por supuesto que no!

Entonces, &#191;qu&#233; pas&#243;? -La expresi&#243;n de su cara era ya col&#233;rica, ce&#241;uda y suspicaz.

Ley&#243; mis pensamientos. Puedo mentir con las palabras; puedo incluso mentir con los ojos y con los gestos pero, Teresa, &#191;qui&#233;n puede mentir con la mente?

Teresa se puso en pie como un torbellino, arrastrando el abrigo sobre el fuego, haciendo que &#233;ste desprendiera un remolino de chispas hacia el cielo. Empez&#243; a dar grandes zancadas alrededor de la hoguera como un animal enjaulado, cada uno de sus movimientos impregnado de ira.

&#191;Y qu&#233; dijo tras haber le&#237;do tus pensamientos?

Dijo

Pero Jonathan no pudo continuar. Dec&#237;rselo en voz alta a Teresa ser&#237;a como permitir que se convirtiera en realidad. Si se lo dec&#237;a a los dem&#225;s, Elaine se ir&#237;a, y &#233;l habr&#237;a perdido la oportunidad de disculparse, de suplicarle que no se fuera.

Jonathan. -Teresa lo interpel&#243; desde el otro lado de la hoguera, con los brazos en jarras. Las llamas ba&#241;aban su rostro en fuertes contrastes de luces y sombras intermitentes-. &#191;Qu&#233; dijo?

Lo arreglar&#233;. Hablar&#233; con ella.

Jonathan -Teresa dej&#243; caer las manos a ambos lados y se qued&#243; all&#237; de pie, como una columna de fuego-. Se marcha, &#191;es eso?

Jonathan quer&#237;a mirar hacia otro lado para no ver sus ojos acusadores, pero se oblig&#243; a no moverse, a no parpadear, a no flaquear. En su memoria quedar&#237;a grabada para siempre la decepci&#243;n de Teresa. El desprecio.

Le dije que la quer&#237;a tanto como a una hija.

Pero no pudiste ocultar tu odio hacia su magia.

Teresa mascull&#243; cada una de sus palabras, para despu&#233;s escup&#237;rselas. Nunca la hab&#237;a visto tan furiosa, por lo menos, no con &#233;l. Y se asust&#243;.

Sab&#237;a que odio la magia. Pero no es eso lo que m&#225;s le molesta-se defendi&#243;.

&#191;De qu&#233; se trata entonces?

El hecho de que temamos sus poderes. Eso es lo que no puede aceptar.

&#191;Cree que nosotros la tememos?

Me dijo que tras la otra noche en la caba&#241;a pudo percibir que le ten&#237;as miedo.

Teresa apart&#243; la vista un momento, para luego volver a mirarlo. La ira, aunque justificada, se desvaneci&#243; de su rostro.

Est&#225; en lo cierto.

Lo s&#233; -susurr&#243; Jonathan.

Se miraron uno al otro por encima del crepitante fuego. Una rama se quebr&#243; con un ruido seco, lo que aviv&#243; la hoguera y arroj&#243; chispas que iluminaron la oscuridad del cielo. El chisporroteo de las llamas recordaba el murmullo de voces en una habitaci&#243;n contigua.

&#191;Qu&#233; vamos a hacer, Jonathan?

Tal vez podr&#237;amos pedir ayuda al mago.

&#191;Har&#237;as eso? &#191;Pedirle consejo a un mago en una cuesti&#243;n tan personal? -pregunt&#243; at&#243;nita.

Har&#237;a casi cualquier cosa con tal de que Elaine se quede.

Teresa sonri&#243;, y algo se relaj&#243; en el interior de Jonathan. Se sinti&#243; como si alguien le hubiera concedido un aplazamiento de una pena de muerte. Lo hab&#237;a perdonado.

Teresa rode&#243; la hoguera para abrazarlo y posar la barbilla sobre la cabeza de Jonathan.

Si ninguno de nosotros quiere que se marche, seguramente se quedar&#225;.

Jonathan no dijo nada, y el silencio era casi como una mentira. Hab&#237;a visto la expresi&#243;n de la cara de Elaine, y hab&#237;a sentido c&#243;mo se apartaba de sus brazos. Si pod&#237;a leer sus pensamientos, y &#233;stos eran incontrolables Pero no dijo nada. No quer&#237;a discutir con Teresa esa noche. Necesitaba tanto su abrazo que no se atrev&#237;a a arriesgarse.

Elaine pregunt&#243; si el elfo no podr&#237;a tal vez curar a Calum.

Teresa se qued&#243; muy quieta, todav&#237;a apoyada en &#233;l. Sab&#237;a que estaba d&#225;ndole vueltas a la idea.

&#191;De veras crees que podr&#237;a salvarlo?

Ha resucitado a dos muertos, Teresa. Despu&#233;s de eso, lo creo capaz de cualquier cosa.

Teresa se dej&#243; caer de rodillas, sin dejar de abrazarlo.

Si pudiera salvar a Calum Debemos pedirle que vaya a verlo.

Hoy sufri&#243; una herida grave, perdi&#243; un brazo. &#191;Crees que est&#225; en condiciones de viajar durante d&#237;as en medio de este fr&#237;o, solo con sus acompa&#241;antes?

Nosotros iremos con ellos.

Calum nos encarg&#243; esta misi&#243;n. Si el elfo Silvanus no puede sanarlo, Cortton ser&#225; nuestra &#250;ltima oportunidad de luchar contra el mal a petici&#243;n de Calum. No puedo fallarle ahora.

Pero &#191;y si realmente hay una posibilidad de que lo cure?

Podemos hablarle ma&#241;ana a Silvanus del mal que aqueja a Calum. Es posible que no sea capaz de curar una enfermedad, sobre todo si se trata de una dolencia derivada de su avanzada edad.

Mi madre era mucho m&#225;s anciana que Calum y muri&#243; tranquilamente en su lecho mientras dorm&#237;a. Ser anciano no implica acabar los d&#237;as con semejante suplicio.

Jonathan le propin&#243; unas palmaditas en la mano.

Me alegro de o&#237;r eso.

Ella sonri&#243; de repente.

No eres tan viejo.

Digamos que ya no soy joven.

Teresa lo abraz&#243; con fuerza.

Eso no es lo mismo que ser viejo.

No se lo rebati&#243;. No ten&#237;a ganas de discutir. El hecho de ver el robusto cuerpo de Calum consumido por el dolor y la edad hab&#237;a despertado en Jonathan la conciencia de su propia mortalidad como nunca antes ninguna batalla pasada..

Hablaremos ma&#241;ana con Elaine -dijo Teresa.

El asinti&#243;.

Ma&#241;ana, s&#237;.

Al d&#237;a siguiente hablar&#237;an con Elaine. Conversar&#237;an tambi&#233;n con el sanador, y tal vez Silvanus les dijera que pod&#237;a salvar a Calum Songmaster. Pero, pese a todo lo que hab&#237;a presenciado aquel d&#237;a, Jonathan segu&#237;a sin poder creerlo. Era tan irreal como un sue&#241;o. Desconfiaba de cualquiera que le prometiera concederle los deseos de su coraz&#243;n. Aquella clase de sanaci&#243;n segu&#237;a siendo una forma de magia. Y la magia con frecuencia promet&#237;a a las personas aquello que m&#225;s quer&#237;an, para luego encontrar la manera de incumplir su promesa. Jonathan tem&#237;a que su mayor anhelo se convirtiera en realidad a condici&#243;n de que no le importara que los demonios se dieran un banquete con su coraz&#243;n.

Vamos a dormir.

Teresa lo ayud&#243; a levantarse. Ten&#237;a las rodillas entumecidas por haber estado tanto tiempo sentado a la intemperie, incluso con el fuego tan cerca. Hac&#237;a unos cuantos a&#241;os el fr&#237;o no hubiera afectado a sus huesos de ese modo.

Teresa lo bes&#243; con ternura en una mejilla, como si ella tambi&#233;n pudiera leer sus l&#250;gubres pensamientos.

Por la ma&#241;ana lo ver&#225;s todo de otro color, esposo m&#237;o, te lo prometo.

Jonathan sonri&#243; y le hizo creer que pensaba igual que ella. Pero era mentira. Una mentira que sus ojos expresaban en voz alta. Quiz&#225;, si practicaba lo suficiente, podr&#237;a enga&#241;ar tambi&#233;n a Elaine. Pero evitar que le leyera la mente le parec&#237;a m&#225;s dif&#237;cil. Quiz&#225; el mago tuviera un remedio para eso.

&#191;Pod&#237;a permitir que un mago, cualquier mago, lo hechizara? No lo cre&#237;a posible. Pero albergaba una vaga esperanza. Por el amor de Elaine, necesitaba esa esperanza.



Cap&#237;tulo 16

Harkon Lukas observaba el campamento. Estaba de pie, envuelto en su abrigo color burdeos. Llevaba un sombrero a juego, m&#225;s apropiado para un baile que para un viaje en pleno invierno. Sobre &#233;l ondeaban plumas blancas de avestruz, que el viento parec&#237;a querer arrebatarle. Sus largos cabellos se le arremolinaban sobre la cara. Tocado con aquel rid&#237;culo sombrero, no deber&#237;a haber pasado inadvertido entre las siluetas oscuras de los &#225;rboles en invierno.

Harkon hab&#237;a vigilado el campamento desde el momento en que Konrad empez&#243; a hacer guardia. Ni &#233;l ni Teresa hab&#237;an visto a aquella alta figura moverse en la oscuridad. Ahora era Thordin quien montaba guardia, pero inexplicablemente tampoco pod&#237;a verlo. Era fant&#225;stico controlar el pa&#237;s. Le daba a uno ciertos privilegios.

Harkon hubiera incluso amado aquel pa&#237;s de Kartakass de no ser porque se encontraba atrapado en &#233;l. Y aquel pa&#237;s era demasiado peque&#241;o para satisfacer sus ambiciones y apetitos. Ten&#237;a el poder de conseguir que otros quedaran encerrados en sus fronteras, pero no era capaz de liberarse a s&#237; mismo. No se le escapaba aquella iron&#237;a.

Olfate&#243; el fuerte viento glacial y pudo percibir el olor de la bondad. Y no la de una persona solamente, sino la de un pu&#241;ado de ellas que yac&#237;an en las tiendas. Sangre nueva en el pa&#237;s. Pero no hab&#237;a sido &#233;l quien los hab&#237;a hecho ir all&#225;. A veces el pa&#237;s mismo arrancaba a alguien de su lugar de origen. No parec&#237;a haber l&#243;gica alguna en los criterios de selecci&#243;n del pa&#237;s, o como m&#237;nimo &#233;l no la pod&#237;a entender.

Harkon rebusc&#243; bajo su abrigo hasta llegar a una protuberancia de su t&#250;nica: se trataba de un amuleto m&#225;gico, que permit&#237;a a su portador intercambiar su cuerpo con el de otra persona, independientemente de si &#233;sta daba su consentimiento o no. Hab&#237;a presenciado su poder en una ocasi&#243;n; despu&#233;s hab&#237;a eliminado al due&#241;o del amuleto y lo hab&#237;a conservado en espera de encontrar el momento adecuado para utilizarlo.

Se hab&#237;a visto obligado a huir de Konrad Burn. El guerrero era un magn&#237;fico luchador, y Harkon tal vez hubiera tenido que herirlo para poder salvar su propia vida. Habr&#237;a sido una majader&#237;a lesionar el cuerpo en el que precisamente ten&#237;a planeado introducirse. De modo que hab&#237;a preferido huir, abandonando a sus lobos y permitiendo que los masacraran.

De su pecho surgi&#243; un bramido, un sonido grave que fue ascendiendo hasta su garganta y estall&#243; en un gru&#241;ido en sus labios. Aquel ruido deber&#237;a haber estado envuelto por colmillos y un espeso pelaje. De haber habido testigos lo suficientemente cerca para verlo y o&#237;rlo, lo habr&#237;an reconocido como lo que era: un hombre lobo. Harkon nunca hab&#237;a sido humano, pero &#191;se convertir&#237;a en uno cuando estuviera en el cuerpo de Konrad? &#191;Perder&#237;a su capacidad de cambiar de aspecto?

No pod&#237;a saberlo. Demasiadas incertidumbres, pero bien val&#237;a la pena arriesgarse. Cuando fuera libre para viajar a todos los dem&#225;s pa&#237;ses, su poder no tendr&#237;a l&#237;mites.

Dedic&#243; un tiempo a meditar acerca de sus futuras conquistas. Su contemplaci&#243;n suscit&#243; una sonrisa en su atractivo rostro, como era habitual en &#233;l antes de matar.

Konrad Burn ten&#237;a sangre vistani. No lo parec&#237;a, pero as&#237; era, y por tanto pod&#237;a viajar a cualquier pa&#237;s. La madre de Jonathan Ambrose hab&#237;a sido gitana, de modo que &#233;l tambi&#233;n pod&#237;a moverse libremente. Pero Ambrose era demasiado viejo. Si Harkon adoptaba la condici&#243;n humana, quer&#237;a tener la mayor esperanza de vida posible.

Hab&#237;a considerado la posibilidad de elegir a alguien de raza gitana, pero hab&#237;a algo que los proteg&#237;a. Era como si el mismo pa&#237;s los salvaguardara. Harkon no pod&#237;a entender por qu&#233;, pero sab&#237;a que atentar contra ellos era demasiado arriesgado. Kartakass le pertenec&#237;a, y sin embargo hab&#237;a ciertas cosas que el pa&#237;s no consentir&#237;a. Y una de ellas era atacar a los gitanos.

&#191;Por qu&#233; raz&#243;n habr&#237;a hecho traer el pa&#237;s a aquella gente? Apestaban a bondad. Y ese olor atra&#237;a el mal. El mismo Harkon se hab&#237;a visto atra&#237;do por &#233;l. Y los viajeros se hab&#237;an acercado tanto a &#233;l y a sus lobos, que parec&#237;an estar predestinados. Harkon deseaba darse un banquete de carne pura y quebrar los huesos de hombres piadosos para chuparles el tu&#233;tano. No hab&#237;a nada como el tu&#233;tano fresco para que un hombre lobo entrara en calor en un d&#237;a de invierno. Pero todo hab&#237;a salido mal. &#191;Acaso as&#237; lo hab&#237;a querido el pa&#237;s? Nunca estaba seguro de hasta qu&#233; punto el pa&#237;s era consciente de sus actos.

Hab&#237;an asesinado a las dos figuras m&#225;s prominentes y extinguido su bondad para siempre. Se encontraba lejos, oculto en el bosque, cuando percibi&#243; las sanaciones del sacerdote, como una intensa luz blanca que le atravesara el cerebro. Incluso con los p&#225;rpados cerrados pudo percibir la luz. &#201;sta atrajo a todos los seres malignos del pa&#237;s. Si Harkon no lo hubiera impedido, las criaturas de Kartakass habr&#237;an ca&#237;do sobre el grupo como una plaga. Ninguno habr&#237;a sobrevivido. Pero su futuro cuerpo estaba viajando con aquellos intrusos. Y Harkon no se arriesgar&#237;a a que Konrad Burn sufriera ning&#250;n da&#241;o hasta que &#233;l ocupara su cuerpo.

El hombre lobo observaba la noche, puesto que no confiaba en las criaturas mal&#233;ficas que se arrastraban o volaban en Kartakass, y menos ahora que centelleaba tanta bondad por doquier. Era como la llama de una vela para una polilla, irresistible, aunque pudiera quemar las alas que la hab&#237;an llevado hasta ella.

Harkon hab&#237;a dejado muy claro que castigar&#237;a a quienquiera que osara atacarlos, pero hab&#237;a seres en el pa&#237;s que no se dejaban disuadir por la amenaza de un posterior castigo. Harkon se mostraba a favor de ello y, una vez que estuviera en posesi&#243;n de aquel cuerpo, el pa&#237;s podr&#237;a masacrar a aquel grupo de hombres y mujeres a placer.

Pero, por el momento, Harkon Lukas permanec&#237;a all&#237; de pie en medio del fr&#237;o, con nieve hasta las rodillas, airado y vigilante. El bardo de Kartakass velaba el sue&#241;o de Jonathan Ambrose, exterminador de magos.

Harkon, a quien le encantaba la iron&#237;a siempre que &#233;sta afectara a los dem&#225;s, se ri&#243; entre dientes en medio de la oscuridad invernal. Tal vez tendr&#237;a la oportunidad de contarle al exterminador de magos qui&#233;n lo hab&#237;a protegido en sus viajes, y ver c&#243;mo su cara se deformaba en una mueca de incredulidad, para despu&#233;s asesinarlo. Un rugido grave se escap&#243; de sus labios. S&#237;, sonaba divertido. Un pobre hombre lobo se merec&#237;a un poco de diversi&#243;n en medio de aquella conspiraci&#243;n de gran alcance. Un cierto toque de fr&#237;vola crueldad siempre lo hab&#237;a hecho sentirse mejor.



Cap&#237;tulo 17

A la ma&#241;ana siguiente, el cielo ten&#237;a una blancura que auguraba nieve. Bajo aquel cielo apareci&#243; el caballo de Elaine, que regresaba al campamento sin la m&#225;s m&#237;nima intenci&#243;n de disculparse por haber estado a punto de romperle la espalda a la muchacha. Por el modo en que le brillaban los ojos, parec&#237;a querer decir que no le importar&#237;a volver a intentarlo. Elaine hab&#237;a albergado la secreta esperanza de que lo hubieran devorado los lobos.

Thordin verti&#243; estofado en una especie de gruesos bollos de pan que hab&#237;a preparado para contener el guiso. Era una invenci&#243;n suya, inspirada en su tierra natal, que hab&#237;a dado en llamar bocadillos canguro. Una Elaine m&#225;s joven hubiera preguntado qu&#233; era un canguro, y la descripci&#243;n dada por Thordin hubiera sido tan divertida que ella no hubiera podido creerle. S&#237;, claro, un animal que carga con su peque&#241;o en una bolsa. Era una historia t&#237;pica para enga&#241;ar a los viajeros que nunca podr&#237;an comprobar su veracidad. Pero ella, al igual que todos los dem&#225;s, tambi&#233;n los llamaba bocadillos canguro.

Elaine estaba sentada sobre un tronco, cerca del fuego, al lado de Blaine, quien daba cuenta de su segundo bocadillo. Silvanus y Averil, sentados enfrente, los observaban atentamente durante la colaci&#243;n matinal.

&#191;C&#243;mo te encuentras hoy? -pregunt&#243; Elaine.

Bastante recuperado -contest&#243; Silvanus haciendo una peque&#241;a reverencia.

Konrad hab&#237;a convencido a los forasteros de que no comentaran con Jonathan las reci&#233;n descubiertas habilidades de Elaine, por miedoa que ese nuevo don m&#225;gico hiciera que el exterminador de magos la instara a recoger sus cosas. Elaine no le hab&#237;a contado a nadie su conversaci&#243;n con Jonathan de la noche anterior. No cre&#237;a que Jonathan pudiera empeorar su concepto de ella, ni ella la de &#233;l.

Fredric y Randwulf se encontraban inclinados sobre el fuego, fuertemente arropados contra el fr&#237;o. Konrad hab&#237;a vendado las heridas que todav&#237;a sangraban, pues el d&#237;a anterior el estado de Silvanus era a&#250;n demasiado precario para poder curarlos. Elaine se hab&#237;a ofrecido voluntaria, pero el elfo lo consideraba prematuro. &#201;l hab&#237;a tenido que ayudarla a sanarlo, y ninguno de los dos guerreros era capaz de hacer algo semejante.

Fredric dio un peque&#241;o mordisco a un bocadillo canguro. Lo mastic&#243;, d&#225;ndole vueltas en la boca, sabore&#225;ndolo. En seguida esboz&#243; una amplia sonrisa.

&#161;Es excelente!

En tres bocados termin&#243; con el resto. Randwulf lo igual&#243;, mordisco a mordisco. Era obvio que su apetito no se hab&#237;a visto afectado por el hecho de estar heridos.

El elfo y su hija com&#237;an m&#225;s despacio, pero tambi&#233;n parec&#237;an disfrutar de la comida. Cualquiera de los que hab&#237;an probado la cena de Blaine, consistente en salchichas rellenas de una masa gris y ba&#241;adas por una salsa indefinida de hierbas, y como postre galletas con frutos secos, se sent&#237;a tremendamente agradecido por aquel &#225;gape mucho m&#225;s sencillo pero comestible. Thordin no ten&#237;a pretensiones de gourmet, pero pod&#237;a cocinar cualquier cosa y convertirla en algo sabroso. En viajes realmente prolongados era mejor no preguntar cu&#225;les eran los ingredientes del estofado. Era el caso de algunas carnes que, a pesar de tener un sabor agradable, eran capaces de revolver el est&#243;mago del comensal que conociera su origen.

Elaine volvi&#243; a mirar a Silvanus. Hab&#237;a algo diferente en &#233;l. Durante la noche hab&#237;a sufrido un cambio que sus ojos pod&#237;an percibir, pero que su mente no pod&#237;a dilucidar. &#191;De qu&#233; se trataba? Su aspecto hab&#237;a cambiado. Aunque no es que se hubiera convertido en una experta en la apariencia de los elfos, ni siquiera de ese elfo en concreto.

A Silvanus no le result&#243; dif&#237;cil comer los bocadillos con una sola mano. Tal vez Thordin los hab&#237;a preparado teniendo en mente que los heridos no tuvieran problemas a la hora de comerlos. Era un hombre atento y cort&#233;s, aunque muy discreto.

&#191;A cu&#225;l de los dos est&#225;s mirando? -pregunt&#243; Blaine en voz baja, con la cara roz&#225;ndole el pelo.

Ella sinti&#243; una oleada de calor inund&#225;ndole el rostro, y comprendi&#243; que se estaba ruborizando. Era como reconocer su culpabilidad, a pesar de ser completamente inocente.

Es de mala educaci&#243;n mirar a la gente -respondi&#243; ella, ahora con la vista fija en el suelo.

Al margen de lo que hubiera sucedido entre los dos, Silvanus era un perfecto desconocido, y Blaine la hab&#237;a sorprendido mir&#225;ndolo fijamente. Ser&#237;a terrible que &#233;l tambi&#233;n se diera cuenta de que lo estaba observando.

Entonces, &#191;qu&#233; es lo que estabas mirando? -inquiri&#243; Blaine, con la sonrisa t&#237;pica de los momentos en los que estaba determinado a burlarse de ella.

Hay algo distinto en &#233;l esta ma&#241;ana, pero no consigo descubrir qu&#233; es.

Blaine ech&#243; una mirada por encima del fuego. Averil lo sorprendi&#243; mirando y le sonri&#243;. Blaine le devolvi&#243; la sonrisa, en absoluto disgustado por haber sido sorprendido mirando a una muchacha hermosa.

Hac&#233;is buena pareja, vosotros dos, susurrando delante del fuego.

Aquella voz hizo girarse a Elaine. El mago se encontraba justo detr&#225;s de ellos. Se les hab&#237;a acercado sigiloso como un gato, sus pasos amortiguados por la nieve.

No pretend&#237;a asustaros -se disculp&#243;.

Elaine quer&#237;a decir que no lo hab&#237;a hecho, pero a&#250;n sent&#237;a el coraz&#243;n en la garganta, y no se atrevi&#243; a hablar.

Nunca antes hab&#237;a visto a un hombre moverse de ese modo, tan furtivamente; sigiloso como un esp&#237;a -dijo Blaine.

El mago se encogi&#243; de hombros.

Si vives lo suficiente, aprender&#225;s unos cuantos trucos &#250;tiles.

Eso no fue un truco -dijo Elaine con voz suave.

Tampoco fue magia -replic&#243; el mago.

Elaine frunci&#243; el ce&#241;o de pronto. No le cre&#237;a.

Todos tenemos cualidades innatas, Elaine. En mi juventud me llamaban Gersalius Zarpas de Gato. Entonces se me ocurri&#243; que pod&#237;a convertirme en ladr&#243;n, pero mi madre me dijo que me cortar&#237;a las orejas si alguna vez deshonraba a la familia. -Al decir esto solt&#243; una carcajada-. Siempre me amenazaba con cosas semejantes. Pero no recuerdo que utilizara la vara con nosotros en ninguna ocasi&#243;n.

El mago se sent&#243; a su lado. Thordin le ofreci&#243; algo de comida.

Espero que para tus viejos huesos este deambular no sea tan extenuante como para los m&#237;os -dijo el guerrero.

El mago hizo un gesto de asentimiento con la cabeza.

No se trata tan s&#243;lo de la edad, Thordin. Durante a&#241;os me refugi&#233; en mi casa, apartado del mundo. No he participado en un viaje tan largo desde hace m&#225;s de una d&#233;cada.

No te oigo quejarte demasiado -coment&#243; Thordin.

Quejarse sobre las dificultades no hace que &#233;stas desaparezcan, pero s&#237; hace desaparecer a los compa&#241;eros.

Cierto.

Elaine se inclin&#243; a&#250;n m&#225;s cerca del mago y susurr&#243;:

&#191;Ves algo distinto en el elfo? Yo s&#237;, pero no s&#233; exactamente qu&#233; es.

Gersalius asinti&#243;, puesto que ten&#237;a la boca demasiado llena para responder. Despu&#233;s de tragar su contenido, coment&#243;:

Una muchacha observadora. El brazo es ahora m&#225;s largo.

Elaine se qued&#243; muy quieta, observ&#225;ndolo.

&#191;Qu&#233; quieres decir con que el brazo es ahora m&#225;s largo?

Que el brazo amputado le est&#225; volviendo a crecer. -Sigui&#243; comiendo su bocadillo, sonriendo y feliz como si lo que acababa de decir estuviese perfectamente dentro de los l&#237;mites de lo posible.

Pero si le arrancaron el brazo por completo

El mago termin&#243; su bocadillo y se limpi&#243; las manos en sus vestiduras.

Lo viste resucitar a dos muertos del m&#225;s all&#225;. &#191;Por qu&#233; no iba a volver a crecerle el brazo?

No lo s&#233;, pero

Elaine se limit&#243; a mirarlo fijamente. Hubiera querido decir que era imposible. Se hab&#237;a medio convencido a s&#237; misma de que los dos hombres no hab&#237;an muerto en realidad; s&#243;lo se encontraban gravemente enfermos, y el elfo los hab&#237;a curado. Era una explicaci&#243;n lo bastante milagrosa. Pero el brazo delelfo en efecto hab&#237;a crecido. Hab&#237;a quedado seccionado por encima del codo, y ahora sin embargo casi pod&#237;a verse la articulaci&#243;n. Era un palmo m&#225;s largo.

&#191;Seguir&#237;a teniendo la piel suave y una gruesa capa de carne? Elaine sinti&#243; el impulso casi irrefrenable de quitarle las vendas, para ver el brazo al descubierto. &#191;Apuntar&#237;a ya el hueso a trav&#233;s de la piel? &#191;Brotar&#237;a como una flor?

Su mirada se cruz&#243; con la de Silvanus.

&#191;Quieres preguntarme algo, Elaine?

Sus ojos de oro l&#237;quido emanaban tranquilidad y sonre&#237;an. Lo rodeaba un aura de paz que a Elaine se le antoj&#243; enigm&#225;tica.

No era mi intenci&#243;n mirarte fijamente.

No hay nada de malo en ello cuando el objetivo es aprender. Puedo ver una pregunta en tus ojos. Habla.

Elaine respir&#243; hondo y formul&#243; su cuesti&#243;n de forma atropellada, como si al pronunciar las palabras m&#225;s r&#225;pido la pregunta no pareciera tan estrafalaria.

&#191;Realmente tu brazo est&#225; creciendo de nuevo?

Pero incluso a toda velocidad segu&#237;a sonando rid&#237;cula. Y, sin embargo, pod&#237;a comprobar con sus propios ojos que el brazo era m&#225;s largo.

El elfo sonri&#243;.

S&#237;, est&#225; volviendo a crecer.

&#191;Te duele?

No, pero me pica horrores -dijo soltando una risita que recordaba el sonido de unas campanillas lejanas. Las gargantas humanas sonaban de otra forma.

&#191;C&#243;mo es posible que vuelva a crecer? Quiero decir -Elaine intent&#243; pensar en formas alternativas de expresarse.

Elaine, pregunta sin m&#225;s. Nunca se encuentran las palabras apropiadas para semejantes preguntas -dijo Gersalius.

&#191;C&#243;mo vuelve a salir el brazo? &#191;Por fases? &#191;Primero el hueso y luego la carne que lo recubre, o crece todo al mismo tiempo, como la rama de un &#225;rbol?

La pregunta parec&#237;a tener un car&#225;cter muy personal, pero Elaine quer&#237;a saber. Ard&#237;a en deseos de tocar el mu&#241;&#243;n en crecimiento. Baj&#243; la vista al suelo, por miedo a que viera el ansia en sus ojos y la malinterpretara.

&#191;Te gustar&#237;a verlo? -pregunt&#243; Silvanus.

Ella alz&#243; la vista y le escrut&#243; el rostro. &#191;Se estaba burlando de ella? No. La expresi&#243;n de su cara era agradable, pero seria.

Me encantar&#237;a.

El tono entusiasta de su propia voz la sorprendi&#243;. Ten&#237;a que aprender magia, porque de lo contrario &#233;sta controlar&#237;a su ser, pero curar S&#237;, tambi&#233;n quer&#237;a aprender a sanar.

Blaine la observaba intrigado. Elaine no le hab&#237;a contado que podr&#237;a convertirse en una sanadora, como Silvanus. No era su intenci&#243;n ocult&#225;rselo; el problema era que ni siquiera ella misma pod&#237;a creerlo. Era demasiado fant&#225;stico y aterrador a un tiempo para compartirlo con nadie, ni siquiera con Blaine.

Elaine le pos&#243; una mano en el brazo y se acerc&#243; a &#233;l para susurrar:

Te lo explicar&#233; todo m&#225;s tarde. No quiero que Jonathan se entere.

Blaine se apart&#243; un poco para verle la cara, y despu&#233;s se inclin&#243; para murmurarle al o&#237;do.

&#191;Se trata de otra clase de magia?

Elaine asinti&#243;.

&#201;l la abraz&#243; brevemente.

Despu&#233;s me lo tienes que contar todo. -Al decir esto, la expresi&#243;n de su cara era muy seria.

Te lo prometo -dijo ella con voz suave.

Con el rabillo del ojo percibi&#243; una sombra en movimiento. Jonathan se acercaba a la hoguera, bien arropado en su abrigo por el fr&#237;o. La capucha imped&#237;a verle bien la cara, pero le pareci&#243; que estaba ce&#241;udo.

Claro estaba que su suposici&#243;n pod&#237;a deberse a su propia inseguridad. No se hab&#237;a dado cuenta de haber hecho nada especial, pero Blaine la asi&#243; por el brazo.

&#191;Qu&#233; sucede?

&#191;Qu&#233; pod&#237;a decirle? &#191;Que Jonathan le ten&#237;a miedo? &#191;Que odiaba lo que era? Elaine neg&#243; con la cabeza.

Jonathan est&#225; descontento conmigo.

&#191;A causa de la magia?

Ella asinti&#243;.

Blaine le apret&#243; el brazo.,

Todo se arreglar&#225;.

Elaine sonde&#243; su rostro, intentando determinar si s&#243;lo lo dec&#237;a para consolarla o si de verdad lo cre&#237;a as&#237;. Parec&#237;a absolutamente sincero. &#201;l estaba seguro de ello. Y Elaine hubiera deseado estar igual de convencida.

Silvanus deshizo el nudo del cordel que le sujetaba la manga de la camisa y empez&#243; a retirar la tela.

&#191;Qu&#233; haces? -pregunt&#243; Jonathan.

Elaine desea ver el brazo. Tiene curiosidad por ver c&#243;mo crece -respondi&#243; el elfo, como si se tratase de algo que sucediera todos los d&#237;as.

Jonathan lo mir&#243; de hito en hito.

&#191;Qu&#233; quieres decir con que el brazo est&#225; creciendo?

Est&#225; volviendo a salir -afirm&#243; Silvanus.

Jonathan neg&#243; con la cabeza.

Creo que me resulta imposible aceptar otro milagro antes del desayuno.

Silvanus sonri&#243; y sigui&#243; remang&#225;ndose la manga vac&#237;a.

Jonathan hizo un gesto de rechazo con la mano, como para apartar algo.

Por favor, preferir&#237;a no tener que ver tu brazo herido durante el desayuno.

En el peque&#241;o grupo se hizo el silencio. Un silencio horrible. Thordin se puso en pie, con el cuchar&#243;n todav&#237;a goteando estofado en el suelo.

Jonathan, el sacerdote es un invitado en nuestro campamento.

Me parece perfecto que sea nuestro invitado, pero seguramente tambi&#233;n en tu pa&#237;s es de mala educaci&#243;n ense&#241;ar las heridas durante las comidas.

Visto as&#237;, Jonathan ten&#237;a parte de raz&#243;n. No obstante, deber&#237;a haber callado, puesto que se trataba de un invitado, y a los invitados no se los hace sentir inc&#243;modos, no de forma deliberada.

Silvanus hizo una leve inclinaci&#243;n.

No era mi intenci&#243;n ofenderos. -Averil lo ayud&#243; a desenrollar la manga y atarla con el cordel.

Elaine sinti&#243; que la cara le ard&#237;a de verg&#252;enza. Silvanus no parec&#237;a ofendido, pero no lo conoc&#237;a lo suficiente para saber si se comportaba as&#237; por cortes&#237;a.

Yo le ped&#237; que me ense&#241;ara el brazo -dijo poni&#233;ndose en pie y enfrentando a Jonathan desde el otro lado del fuego, sin vacilar a pesar de su mirada de desaprobaci&#243;n.

En ese caso deber&#237;ais haber ido a una tienda. Adem&#225;s, no entiendo por qu&#233; quieres verlo.

No es la visi&#243;n del brazo amputado lo que te incomoda, sino el hecho de que est&#233; volviendo a salir. Y saber que se trata de magia.

En su voz hab&#237;a cierto tono de desd&#233;n que casi rozaba el odio. Segu&#237;a queriendo a Jonathan, pero estaba empezando a aborrecer su intolerancia.

Jonathan la mir&#243; fijamente, con una expresi&#243;n neutra.

Tienes miedo -dijo ella.

&#191;Qu&#233; pretendes de m&#237;, Elaine? -La voz de Jonathan parec&#237;a de pronto cansina.

De repente Elaine se dio cuenta de lo que pretend&#237;a. Quer&#237;a convertirlo en otra persona. Quer&#237;a que fuera justo. En ese momento se percat&#243; de que tal vez le fuera imposible ser justo, de que no ser&#237;a capaz de cambiar su visi&#243;n personal del mal. Los ojos le escoc&#237;an con l&#225;grimas todav&#237;a no derramadas.

Debo acabar de curar las heridas de Fredric y Randwulf -interrumpi&#243; Silvanus.

Abstra&#237;dos en su conversaci&#243;n, Jonathan y Elaine lo miraron como si fuera una aparici&#243;n. La voz del elfo era una intromisi&#243;n, aunque ella no sab&#237;a decir si era bienvenida o no.

Mi intenci&#243;n era curarlos aqu&#237;, al aire libre, pero si eso va hacer que te sientas indispuesto, podemos retirarnos a una tienda.

Jonathan sacudi&#243; la cabeza con brusquedad.

Adelante, puedes curarlos. He sido injusto al protestar hace tan s&#243;lo un instante. No estoy acostumbrado a esta clase de magia tan extra&#241;a. Me resulta inc&#243;modo.

Silvanus lo mir&#243; con expresi&#243;n amable.

Gracias, Jonathan. Entonces los curar&#233; aqu&#237;, al lado del fuego, puesto que hace bastante menos fr&#237;o que en las tiendas.

Jonathan asinti&#243; con un movimiento seco. Tom&#243; un bocadillo de los de Thordin y se sent&#243; al otro lado del fuego, d&#225;ndoles la espalda para no verlo. Pero Elaine s&#237; pod&#237;a verle el rostro. Su semblante bastaba para saber hasta qu&#233; punto le hab&#237;a costado permitir que Silvanus los curase al lado de la hoguera. Estaba haciendo un esfuerzo. &#191;Acaso se arrepent&#237;a tambi&#233;n de lo sucedido la noche anterior?

El alz&#243; la vista y la sorprendi&#243; observ&#225;ndolo. Ambos se sostuvieron la mirada. Elaine esboz&#243; una sonrisa, y Jonathan se la devolvi&#243;. La muchacha sinti&#243; los primeros indicios de la magia como un hormigueo en la piel. Se apart&#243; de la sonrisa de Jonathan para volverse hacia el sacerdote y la sanaci&#243;n. Quer&#237;a ver c&#243;mo se cerraban las heridas en una sanaci&#243;n instant&#225;nea. Era lo que dec&#237;an las leyendas. Historias esperanzadoras narradas al lado del fuego en invierno cuando los lobos aullaban a la puerta.

Elaine se puso en pie y dio unos cuantos pasos hacia el sacerdote. No se volvi&#243; para mirar a Jonathan. Tem&#237;a que de nuevo estuviera enojado. No quer&#237;a echar a perder la buena voluntad que hab&#237;an recuperado por ambas partes, pero tampoco deseaba perderse el milagro.

Silvanus tom&#243; el brazo vendado de Fredric con la mano sana. No ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s, como cuando los hab&#237;a resucitado. Se trataba de una tarea m&#225;s simple. Se limit&#243; a rozar la herida y utilizar el poder.

Elaine sinti&#243; el poder latiendo en su cuerpo, pero algo no iba bien. No sab&#237;a de qu&#233; se trataba, pero lo notaba distinto. Incompleto.

Silvanus encorv&#243; los hombros, y su tensi&#243;n se hizo evidente. El esfuerzo provoc&#243; visibles sacudidas en sus clav&#237;culas. La mano temblaba. Alz&#243; la palma de la zona vendada.

Retira la venda -pidi&#243; a Fredric.

&#191;Qu&#233; pasa, Silvanus? -pregunt&#243; &#233;ste.

Retira la venda, por favor.

Fredric se limit&#243; a hacer lo que le hab&#237;a pedido, sin rechistar. Al quitar las vendas manchadas de sangre, la herida segu&#237;a all&#237;, sin sanar.

Fredric lo mir&#243; boquiabierto.

&#191;Qu&#233; ha pasado, Silvanus?

El elfo neg&#243; con la cabeza.

Randwulf, descubre una de tus mu&#241;ecas heridas, por favor.

El joven ya no gastaba bromas, y se limit&#243; a quitarse la venda de la mu&#241;eca derecha. La herida hab&#237;a dejado de sangrar, pero segu&#237;a siendo una mordedura abierta, de aspecto desagradable y todav&#237;a dolorosa. Sin decir una palabra, Randwulf tendi&#243; el brazo al sacerdote.

Silvanus toc&#243; la herida con las yemas de los dedos, con suma delicadeza. Recorri&#243; el desgarro como si lo estuviera examinando. Randwulf hizo una mueca de dolor, pero no se quej&#243;.

El elfo rode&#243; la herida con la mano e inclin&#243; la cabeza, en un esfuerzo por concentrarse. De nuevo hizo aparici&#243;n la magia, cada vez m&#225;s intensa, aleteando en el aire como un p&#225;jaro enjaulado, un p&#225;jaro que no supiera hacia d&#243;nde deb&#237;a volar. Algo no iba bien. Elaine no hubiera podido decir de qu&#233; se trataba exactamente, pero sab&#237;a que el proceso no segu&#237;a su curso normal. Las miradas que intercambiaron ambos guerreros bastaban para darse cuenta de ello, aun sin tener la capacidad para sentir la magia de la sanaci&#243;n. Estaban conmocionados, aterrorizados.

Averil se arrodill&#243; al lado de su padre, que segu&#237;a estremeci&#233;ndose, esforz&#225;ndose por curarlos, y le pos&#243; las manos en los hombros.

Padre, padre, por favor.

Pero &#233;l se deshizo de sus manos y se desplom&#243; en el suelo. El abrigo barri&#243; el fuego. Elaine se arrodill&#243; y rescat&#243; la prenda, que todav&#237;a no hab&#237;a empezado a arder.

El elfo se volvi&#243; hacia Elaine.

No puedo hacerlo. No puedo curarlos.

Ten&#237;a el rostro contra&#237;do por la angustia.

Claro que puedes -lo anim&#243; Elaine.

Era mentira, y ella lo sab&#237;a incluso al decirlo, pero lo dijo de todos modos.

Mago -dijo Silvanus, buscando a Gersalius con los ojos.

Gersalius se acerc&#243; hasta plantarse delante del elfo.

En efecto, amigo m&#237;o. -Su voz trasluc&#237;a una profunda compasi&#243;n.

Dijiste que no ser&#237;a capaz de curar en Kartakass. &#191;Por qu&#233;?

Desconozco la raz&#243;n, Silvanus. S&#243;lo s&#233; que es as&#237;.

Silvanus se volvi&#243; hacia Thordin, que segu&#237;a arrodillado al lado del fuego, removiendo su guiso mientras observaba al sacerdote.

T&#250; viniste acompa&#241;ado por una sacerdotisa. &#191;Lleg&#243; ella a saber por qu&#233; no pod&#237;a seguir curando?

Kilsedra me dijo que ya no pod&#237;a llegar a su dios, que de alg&#250;n modo hab&#237;a quedado separada de su deidad -dijo Thordin con voz pastosa; le cost&#243; mucho decir esas palabras.

Silvanus neg&#243; con un movimiento de cabeza.

Eso es imposible. Bertog no puede quedar separado de sus sacerdotes. No, no puede ser eso.

Thordin se encogi&#243; de hombros.

S&#243;lo puedo decirte lo que o&#237; en boca de Kilsedra. Yo no soy sanador.

Silvanus se volvi&#243; hacia Elaine. Sus brillantes ojos buscaron su rostro.

Elaine -empez&#243; a decir.

Evit&#243; mirar hacia el lugar en el que se encontraba sentado Jonathan. No deb&#237;a hacerlo. Konrad le hab&#237;a explicado en parte la dif&#237;cil situaci&#243;n por la que atravesaba Elaine, y el sacerdote hab&#237;a prometido no revelar que ella tambi&#233;n pose&#237;a aquella magia.

Elaine volvi&#243; la vista atr&#225;s y vio a Jonathan observando. La novedad le hab&#237;a hecho olvidar sus remilgos. Estaba atento e intrigado. Si no hubiera estado tan aterrorizado, se habr&#237;a mostrado casi tan curioso como ella, como era natural en &#233;l el hecho de interesarse por todo. Pero su miedo se interpon&#237;a como una pared infranqueable.

Si Jonathan hubiera sabido lo que Elaine hab&#237;a hecho, seguramente la considerar&#237;a a&#250;n menos humana. Se volvi&#243; hacia Silvanus, que ahora la miraba con calma. Sab&#237;a que &#233;l no le reprochar&#237;a nada si se negaba. Si la hubiera amenazado o intentado convencer de otro modo, Elaine habr&#237;a podido negarse, pero a aquellos ojos tranquilos y pacientes no pod&#237;a decirles no. Pero lo principal era que no quer&#237;a negarse esa posibilidad. Quer&#237;a saber si pod&#237;a hacerlo, si pod&#237;a conseguir que una herida se cerrase con un simple roce.

Ens&#233;&#241;ame c&#243;mo -dijo haciendo un gesto de asentimiento con la cabeza.

Silvanus le ofreci&#243; una sonrisa cuyo calor la reconfort&#243; como si se tratase del mismo sol.

Toca la herida de Fredric.

&#191;Qu&#233; dices? -interrumpi&#243; Thordin-. Elaine no es una sanadora.

S&#237; que lo es -rebati&#243; Silvanus-. Colabor&#243; en mi sanaci&#243;n ayer.

Elaine -intervino Gersalius-, eso es fant&#225;stico.

Thordin lanz&#243; una exclamaci&#243;n de sorpresa.

Todos volvieron su atenci&#243;n hacia el sacerdote, decididos a hacer caso omiso del exterminador de magos en la medida de lo posible; si es que alguien era capaz de hacer caso omiso de una tormenta inminente, a punto de estallar en cualquier momento.

Toca la herida, Elaine, expl&#243;rala. Memoriza su tacto en la yema de los dedos -la anim&#243; Silvanus.

Elaine vacil&#243;, con las manos rozando casi la carne desnuda de Fredric. Estaba ansiosa por tocar la herida y explorarla, pero

&#191;No le doler&#225;?

Un poco, pero eres novata en esto. Debes comprender la naturaleza de una lesi&#243;n antes de intentar curarla. Debes sentirte libre para tocar la herida tanto como te sea necesario. -Alz&#243; la vista hacia la enorme cara del guerrero-. Fredric aguanta bien el dolor. No te guardar&#225; rencor por ello.

Si de veras puedes curarme, muchacha, s&#243;lo tendr&#233; elogios para tu nombre.

Elaine segu&#237;a vacilando.

&#191;Y sino puedo?

Por lo menos lo habr&#225;s intentado, y s&#243;lo por ello cantar&#233; tus alabanzas. -Por debajo del mostacho asom&#243; una sonrisa.

Elaine le devolvi&#243; una sonrisa nerviosa y dej&#243; que sus dedos tocaran la herida. La piel aparec&#237;a replegada sobre s&#237; misma all&#237; donde los colmillos la hab&#237;an desgarrado. Con las puntas de los dedos recorri&#243; el corte profundo y las protuberancias que presentaba la piel, bajo las cuales se abr&#237;an huecos resbaladizos.

Observ&#243; el rostro de Fredric, pero &#233;ste mostraba una expresi&#243;n neutra.

Si te duele, d&#237;melo, y parar&#233;.

&#201;l neg&#243; con la cabeza.

En mi vida he permitido que me hagan cosas mucho peores que soportar que una dama me toque una insignificante herida.

Pero la herida no era insignificante, y todos lo sab&#237;an. Gracias a la sanaci&#243;n parcial practicada por Silvanus el d&#237;a anterior pod&#237;a volver a utilizar el brazo, pero hasta que no se hubiera curado por completo no estar&#237;a en disposici&#243;n de volver a luchar. Normalmente cargaba con un enorme mandoble a la espalda, y necesitaba dos brazos en perfectas condiciones para poder empu&#241;arlo.

Ya hab&#237;a inspeccionado la superficie de la piel, pero los dedos quer&#237;an ir m&#225;s all&#225;. Elaine mir&#243; a Silvanus.

No quiero herirlo.

&#191;Recuerdas cuando exploraste mi fuerza vital en la tienda, hasta que notaste la oscuridad?

Elaine asinti&#243;.

Debes explorar la herida del mismo modo y descubrir si los da&#241;os son superficiales, o si m&#250;sculos y huesos han quedado afectados. Lo que hiciste ayer es mucho m&#225;s dif&#237;cil, puesto que el aura no es tangible; ni siquiera es posible visualizarla. Una mordedura puedes verla con los ojos, tocarla con tu propia piel. Cuando hayas reconocido la superficie de una herida, sigue buscando hacia el interior, pero no con los dedos. Ayer sentiste que pod&#237;as sostener mi coraz&#243;n entre tus manos, &#191;no es cierto?

S&#237;.

Estudia la herida hasta que sientas que los dedos se funden con la carne, y comprueba si los m&#250;sculos est&#225;n heridos.

Elaine se inclin&#243; de nuevo sobre la herida. Respir&#243; hondo y ejerci&#243; presi&#243;n con los dedos en las marcas dejadas por los colmillos. Fredric no pudo evitar dejar escapar una repentina exhalaci&#243;n. Elaine no alz&#243; la vista. No estaba segura de poder continuar si ve&#237;a dolor en sus ojos. Pero quer&#237;a hacerlo. Sent&#237;a aquella fuerza que aumentaba en intensidad. Flu&#237;a a trav&#233;s de ella, procedente de Kartakass. El pa&#237;s estaba con ella. Pod&#237;a sentirlo, casi como si tuviera curiosidad.

Los dedos se hundieron en la carne. Fredric profiri&#243; un resoplido de dolor. Elaine cerr&#243; los ojos, presionando el brazo con ambas manos. Se adentr&#243; a&#250;n m&#225;s en la herida, con los dedos curvados, en busca de la carne desgarrada, profundizando en las heridas. Era como si las puntas de sus dedos se deslizaran hacia el interior de las heridas, cada vez m&#225;s adentro, viajando a trav&#233;s de las fibras musculares. La sangre flu&#237;a alrededor de ellos con toda normalidad bajo la superficie, como un r&#237;o oculto. Lleg&#243; hasta el hueso, tante&#225;ndolo como si se tratara de una obra de orfebrer&#237;a, intentando memorizar su tacto.

&#191;Hay alguna herida por debajo de la superficie? -Incluso la voz suave de Silvanus la sobresalt&#243;. Perdi&#243; el contacto con el hueso resbaladizo y con el m&#250;sculo activo. Parpade&#243; y dej&#243; caer las manos en su regazo.

Hay algunas contusiones, pero nada m&#225;s. No hay nada roto.

Silvanus sonri&#243;.

Bueno, entonces ha llegado el momento de curar la herida.

&#191;C&#243;mo debo hacerlo?

Debes proceder de dentro afuera. Busca la carne magullada y c&#250;rala, despu&#233;s ve avanzando hacia afuera, dejando las heridas cerradas a tu paso.

Ella lo mir&#243; fijamente, arrugando el ce&#241;o.

Creo que comprendo que en primer lugar se deben curar las contusiones interiores, pero &#191;c&#243;mo se cerrar&#225;n las heridas a medida que mis dedos avancen hacia el exterior? &#191;No tiene m&#225;s l&#243;gica alisar las heridas para cerrarlas, como si hiciera cer&#225;mica, y arreglar los agujeros en la arcilla mojada?

Si para ti eso tiene sentido, entonces hazlo as&#237;, Elaine. No s&#233; nada de brujer&#237;a, pero la sanaci&#243;n es algo muy personal. Cada sanador cuenta con su propia imaginer&#237;a. T&#250; utilizas im&#225;genes similares a las m&#237;as, pero s&#233; que otros sacerdotes se mueven s&#243;lo por instinto. Mientras funcione, no importa demasiado c&#243;mo.

Elaine busc&#243; de nuevo el brazo de Fredric. Mir&#243; fugazmente su rostro y luego volvi&#243; a la herida. Le hab&#237;a hecho da&#241;o, lo sab&#237;a, pero era m&#225;s importante curar la herida que aliviar el dolor.

Esta vez sus dedos se movieron con m&#225;s facilidad hacia el interior de la carne. Las yemas de los dedos recorrieron los m&#250;sculos y la sangre que rodeaban el hueso en toda su longitud. Abri&#243; los ojos, s&#243;lo por curiosidad, pero las manos descansaban en la parte superior del brazo, con un aspecto aparentemente normal. Si no fuera porque pod&#237;a sentirlo ella misma, no habr&#237;a pensado que estaba sucediendo algo anormal.

Al ver que con los ojos abiertos pod&#237;a seguir sintiendo el hueso, decidi&#243; mantenerlos as&#237;. Era una sensaci&#243;n extra&#241;a, casi de v&#233;rtigo. La vista le dec&#237;a que simplemente estaba sosteniendo el brazo de Fredric, pero el tacto le recordaba que ten&#237;a los dedos profundamente incrustados en su carne. En teor&#237;a no deber&#237;a poder v&#233;rselos en absoluto,pero ah&#237; estaban.

No te distraigas -susurr&#243; Silvanus, el cual estaba arrodillado a su lado, con un hombro casi pegado al suyo. Elaine no lo hab&#237;a o&#237;do acercarse-. Que no se te escape la sensaci&#243;n de profundidad, pero recuerda el motivo por el que has llegado hasta all&#237;: est&#225;s ah&#237; para curar, no simplemente de excursi&#243;n.

Elaine se sonroj&#243;. Hab&#237;a estado jugando en el interior del brazo del hombre sin curarlo, simplemente disfrutando de la sensaci&#243;n. Alz&#243; la vista hacia Fredric. Su rostro ten&#237;a una expresi&#243;n tranquila y al mismo tiempo de perplejidad.

Lo siento -dijo Elaine.

No, Elaine -dijo Silvanus-, no te distraigas, ni siquiera con palabras o sentimientos de compasi&#243;n. Conc&#233;ntrate en la herida. C&#250;rala.

&#191;C&#243;mo? -Elaine inici&#243; un movimiento de cabeza para volverse hacia el elfo. Pero &#233;l, con suma delicadeza, le hizo girar la cara hacia la herida-. Ten ojos s&#243;lo para esto. Siente exclusivamente esto.

Respir&#243; hondo y sigui&#243; sus indicaciones. Percibi&#243; el alcance de la contusi&#243;n: se extend&#237;a hasta llegar al hueso. Rotura de los vasos sangu&#237;neos, la carne casi prensada. Deseaba sanar los vasos, suavizar la carne por dentro y por fuera. Pas&#243; las puntas invisibles de sus dedos por el tejido, como si se tratase de una masilla.

Las fibras de carne rota se cerraron tras sus dedos, como un muro que se reparase a s&#237; mismo. Los dedos regresaron poco a poco al exterior hasta que Elaine pudo sentirlos descansando en el brazo de Fredric. Baj&#243; la vista hacia la carne desgarrada.

Elaine pas&#243; la mano por encima de los desgarros. Alis&#243; la piel, que se dejaba modelar como si fuera arcilla bajo sus dedos. La carne parec&#237;a fundirse, reconstruy&#233;ndose a medida que recorr&#237;a la herida con los dedos y el pulgar. Por &#250;ltimo, tom&#243; el antebrazo entre sus manos y alis&#243; la piel como si le estuviera dando un masaje.

A continuaci&#243;n coloc&#243; el brazo sobre el regazo y lo examin&#243; por todas partes. Pero no necesitaba que sus ojos le dijeran que estaba curado. Al realizar los &#250;ltimos movimientos para alisar la carne, hab&#237;a notado que &#233;sta se encontraba completa, en una pieza, sin imperfecciones.

Ya est&#225; -concluy&#243; Elaine, percibiendo un tono de asombro en su propia voz.

Fredric alz&#243; el brazo ante su cara y lo gir&#243; para observarlo. Pas&#243; una mano por la zona en la que antes hab&#237;a una mordedura.

Ni siquiera ha quedado una cicatriz. Silvanus, no hay cicatriz.

El elfo se acerc&#243; lentamente y asi&#243; el brazo. Pas&#243; los dedos por la carne curada.

Bertog sea loado. Es como si la piel nunca hubiera sido perforada.

Conoc&#237; a un sanador que pod&#237;a curar as&#237; -coment&#243; Thordin-, pero era una autoridad del templo.

Silvanus alz&#243; la vista hacia el guerrero.

S&#243;lo he conocido dos sacerdotes capaces de algo semejante. -Recorri&#243; de arriba abajo la suave piel-. &#191;Te duele?

Fredric levant&#243; el brazo y flexion&#243; la mu&#241;eca.

La sensaci&#243;n es fant&#225;stica, casi mejor que antes.

Ahora me toca a m&#237; -dijo Randwulf, estirando ambos brazos heridos.

No estaba sonriendo; no era momento para bromas. Elaine no lo conoc&#237;a lo suficiente para leer su expresi&#243;n, pero era solemne, como si estuviera impresionado.

&#191;C&#243;mo te encuentras, Elaine? -pregunt&#243; Silvanus.

Bien.

&#191;No est&#225;s cansada?

No -respondi&#243;, negando con un movimiento de cabeza.

&#191;En absoluto? -pregunt&#243; Silvanus-. Aseg&#250;rate de que no est&#225;s cansada, Elaine. Acabas de llevar a cabo tu primera cura importante. Tienes que ser precavida en cuanto a la preservaci&#243;n de tus fuerzas.

Elaine se reclin&#243; hacia atr&#225;s y observ&#243; su cuerpo. &#191;C&#243;mo se sent&#237;a? No estaba cansada. Al contrario, se encontraba estupendamente, como nueva, viva.

No estoy nada cansada. Me siento muy bien.

Silvanus la mir&#243; fijamente, como intentando evaluar su reacci&#243;n.

No te sientas obligada a ser fuerte por los dem&#225;s. Si est&#225;s demasiado cansada para curar a Randwulf, podr&#237;as hacerte da&#241;o a ti misma.

Me siento bien.

&#191;Qu&#233; clase de da&#241;o podr&#237;a sufrir?

Jonathan se encontraba justo detr&#225;s de ella, alto e intimidatorio, aunque en realidad estuviera preocupado por su seguridad. Pese a lo sucedido la noche anterior, se preocupaba por ella. Elaine alarg&#243; la mano hacia &#233;l, para demostrarle que su inquietud la conmov&#237;a. Pero Jonathan retir&#243; la mano bruscamente, como si su roce le quemara.

Elaine dej&#243; caer la mano sobre el regazo, pero se qued&#243; mir&#225;ndolo a los ojos, y no pensaba apartar la vista, no se lo pondr&#237;a tan f&#225;cil. Jonathan no le devolvi&#243; la mirada; en lugar de eso, sigui&#243; observando al elfo.

Si se encuentra demasiado cansada e insiste en hacer una sanaci&#243;n, puede que haga uso de su propia fuerza vital. Elaine podr&#237;a agotar su propia vida, consumi&#233;ndola en Randwulf. Es una principiante, y todav&#237;a desconoce las se&#241;ales. Podr&#237;a matarse a s&#237; misma para dar a otros la vida.

Jonathan por fin desvi&#243; los ojos hacia ella, para mirarla a la cara. Respir&#243; hondo y le acarici&#243; el pelo con las puntas de los dedos.

Elaine alz&#243; la mano muy despacio. El no se apart&#243;. Ella le roz&#243; la mano y &#233;l apret&#243; sus dedos ligeramente.

No quisiera que te pase nada malo, Elaine.

Me encuentro bien, de veras.

Coloc&#243; la mano de Jonathan en su mejilla como hac&#237;a cuando era peque&#241;a. Jonathan sonri&#243;, y ella se dio cuenta de que hac&#237;a muchas horas que no se sent&#237;a tan bien.

Entonces c&#250;ralo, pero ten cuidado.

Le dio unas palmaditas en la mejilla y retir&#243; la mano de entre las suyas con delicadeza. Elaine se volvi&#243; hacia Randwulf.

&#191;Debo proceder del mismo modo?

S&#237; -dijo Silvanus-, se trata pr&#225;cticamente de la misma clase de herida. Puedes curar cada mu&#241;eca de una en una, o ambas a un tiempo.

&#191;C&#243;mo puedo curarlas a la vez?

Silvanus sonri&#243;, casi con amargura.

Eres ambiciosa, muchacha, &#191;no crees?

Es una sensaci&#243;n maravillosa.

Silvanus roz&#243; la cara de Elaine, mientras se adentraba en sus ojos como si &#233;stos fueran a revelarle sus secretos.

&#191;Est&#225;s diciendo que el hecho de curar te hace sentir bien?

S&#237;. -La expresi&#243;n del rostro de Silvanus la oblig&#243; a preguntarle-: &#191;Acaso t&#250; no sientes lo mismo cuando realizas sanaciones?

No, Elaine -respondi&#243; en un susurro-, no me siento como t&#250;.

&#191;Es algo malo?

En absoluto, simplemente es extra&#241;o.

&#191;Hasta qu&#233; punto es extra&#241;o? -pregunt&#243; Jonathan.

Extra&#241;o en el sentido de que he le&#237;do sobre personas que se sent&#237;an as&#237; despu&#233;s de curar, pero nunca he conocido ninguna -aclar&#243; Silvanus.

No lo entiendo -repuso Elaine-. &#191;Por qu&#233; es tan ins&#243;lito el hecho de que me sienta mejor despu&#233;s de haber curado la herida de Fredric?

Durante una batalla, podr&#237;as curar a mucha m&#225;s gente que yo. Cuando yo me cansara, empezar&#237;a a hacer uso de mi fuerza vital. Pero si t&#250; est&#225;s haciendo lo que yo creo, nunca te fatigar&#225;s. Siempre ser&#225;s capaz de curar, una y otra vez. Es un gran don.

Ya basta de hablar sobre teor&#237;as de la magia -interrumpi&#243; Randwulf-. Estoy harto de estas heridas. -Acto seguido, volvi&#243; a estirar ambos brazos hacia Elaine.

Randwulf, est&#225;s siendo impertinente -lo increp&#243; Silvanus.

El joven sonri&#243;, y despu&#233;s le gui&#241;&#243; un ojo a Elaine.

Si dej&#225;is de hablar de una vez, esta bella mujer posar&#225; las manos sobre mi carne desnuda. Perdonad si estoy impaciente.

Elaine observ&#243; la sonrisa de suficiencia en su cara. No le gustaba Randwulf, pero quer&#237;a tocar las heridas. Eso era lo importante, y no el sujeto de la sanaci&#243;n.

Disc&#250;lpate inmediatamente -dijo Averil, en un tono indignado.

No es necesario -dijo Elaine-, est&#225; bien.

Deber&#237;a haberse sentido avergonzada, pero no lo estaba. Sent&#237;a grandes deseos de curar, no s&#243;lo a Randwulf, sino cualquier lesi&#243;n corporal; tocar y sanar. Sus manos ard&#237;an de impaciencia.

Elaine pas&#243; los dedos por las mu&#241;ecas de Randwulf. La carne aparec&#237;a perforada, pero en mejor estado que el brazo de Fredric. Los lobos se hab&#237;an limitado a sostenerlo con los colmillos para que la bestia pudiera asestarle el golpe mortal.

Tom&#243; cada mu&#241;eca en una mano. Randwulf alz&#243; los brazos, acercando el dorso de las manos de Elaine a su cara como para besarlas. Elaine clav&#243; las u&#241;as en las heridas abiertas. Randwulf se ech&#243; hacia atr&#225;s con un bufido. Los dedos invisibles de Elaine se hundieron en la carne y recorrieron los huesos. Fue tan f&#225;cil que casi le result&#243; decepcionante. Elimin&#243; la contusi&#243;n, y las manos volvieron a descansar sobre la piel. Ejerci&#243; presi&#243;n, hasta el punto de que Randwulf dio un grito ahogado; despu&#233;s sigui&#243; hacia abajo, allanando las marcas de los colmillos con un solo movimiento brusco.

Randwulf se llev&#243; los brazos al pecho, haciendo una mueca de dolor.

Silvanus nunca me hizo tanto da&#241;o.

Nunca intentaste besarme las manos -dijo &#233;ste.

En adelante prometo evitar cualquier clase de provocaci&#243;n. Pero, por favor, no seas tan brusca con la herida de la nuca. -Se llev&#243; una mano hacia ella para tocarla suavemente-. Ya me est&#225; doliendo.

Si te comportas, prometo no hacerte da&#241;o a prop&#243;sito -fue la respuesta de Elaine.

El se llev&#243; una de las manos reci&#233;n curadas al coraz&#243;n.

Palabra de honor -dijo.

&#191;Tu piel tiene el mismo aspecto impecable que la m&#237;a? -pregunt&#243; Fredric.

Randwulf tendi&#243; ambos brazos al guerrero, el cual los examin&#243; con las manos.

No hay cicatrices. -El hombre corpulento parec&#237;a perplejo. Dirigi&#243; la mirada hacia Elaine-. Si te hubiese conocido antes, mi cuerpo no parecer&#237;a un mapa de cada combate en el que he participado.

Mi padre lo hizo lo mejor que pudo -dijo Averil.

Silvanus le propin&#243; unas palmaditas en la mano.

Est&#225; bromeando, hija.

&#161;Ah! -prosigui&#243; Fredric-, hubiera muerto en m&#225;s de una docena de ocasiones de no haber sido por tu padre.

A m&#237; todav&#237;a me duele algo -interrumpi&#243; Randwulf-. &#191;Podr&#237;a curarme Elaine ahora?

Averil lo golpe&#243; en uno de los brazos reci&#233;n curados.

Eres un sinverg&#252;enza desagradecido.

&#201;l sonri&#243;.

En efecto, lo soy.

Si pudieras curarlo antes de que haga a&#250;n m&#225;s el rid&#237;culo -coment&#243; Silvanus-, te estar&#237;amos muy agradecidos.

Elaine mir&#243; a Randwulf, haciendo caso omiso de la sonrisa que todav&#237;a se dibujaba en su cara. Estaba concentrada en la herida, visualiz&#225;ndola en su mente.

Creo que deber&#237;a tumbarse para poder curarlo.

No lo digas -le advirti&#243; Averil a Randwulf.

&#201;ste agach&#243; la cabeza, queriendo fingir que se sent&#237;a violento, pero no lo consigui&#243;.

No he dicho nada.

Sigue as&#237; -le recomend&#243; Fredric.

Elaine pens&#243; que deb&#237;a de haber perdido el hilo de la conversaci&#243;n, pero no le importaba. Quer&#237;a ver la herida de nuevo. Procedi&#243; a quitarse el abrigo.

&#191;Qu&#233; haces? -pregunt&#243; Jonathan.

Necesita algo sobre lo que tumbarse.

Creo que podemos ir a buscar una manta -dijo Jonathan-. No queremos que te resfr&#237;es.

Elaine volvi&#243; a ce&#241;irse el abrigo.

&#161;Caray! He perdido la oportunidad de tumbarme sobre una tela caliente y adem&#225;s impregnada de su olor-se lament&#243; Randwulf.

Elaine lo mir&#243;. La noche anterior sus palabras la hubieran importunado, pero ya no. Estaba tan ansiosa por tocarlo como &#233;l a ella, aunque por motivos muy distintos.

Blaine llev&#243; una manta y la dispuso ante el fuego. Randwulf se arrodill&#243; sobre ella.

&#191;Podr&#237;as desabrocharte el cuello para que pueda poner las manos sobre la herida? -pregunt&#243; Elaine.

&#201;l abri&#243; la boca para decir alguna broma ingeniosa, pero Elaine alz&#243; una mano y dijo:

Me est&#225;s haciendo perder el tiempo. &#191;Quieres que te cure, s&#237; o no?

Randwulf adopt&#243; la expresi&#243;n m&#225;s sobria que pudo y respondi&#243;:

S&#237;, por favor.

Entonces desabr&#243;chate el cuello y t&#250;mbate ante el fuego.

El joven hizo lo que se le indicaba. Elaine se arrodill&#243; a su lado y retir&#243; las pieles hasta la altura de sus hombros, para dejar la herida al descubierto. Cada una de las marcas de los colmillos era un peque&#241;o charco de sangre congelada, con la particularidad de que la sangre se agitaba, pero permanec&#237;a en cada uno de los huecos sostenida por algo m&#225;s misterioso que el hielo.

&#191;Tu sanaci&#243;n hizo esto? -pregunt&#243;.

Silvanus atisbo por encima del hombro.

S&#237;. No tuve la suficiente fuerza para curarla del todo, pero s&#237; para restaurar la espina dorsal y las heridas m&#225;s profundas.

Los dedos de Elaine rozaron la herida.

&#191;Habr&#225; diferencia respecto a la sanaci&#243;n de heridas menos graves?

Puede que no haya ninguna. Parece que tienes una habilidad innata para estas cosas. Explora la herida y compru&#233;balo por ti misma.

Las manos se posaron sobre la piel, casi como por voluntad propia. Las puntas de los dedos recorrieron los bordes de las profundas marcas. Esperaba encontrar algo que sostuviera la sangre en su sitio, pero los dedos s&#243;lo sintieron algo h&#250;medo. Para su asombro, la sangre estaba caliente, a temperatura corporal.

La sangre man&#243; alrededor de los dedos, formando finos hilillos que se abrieron camino por la piel. Hundi&#243; los dedos en las heridas abiertas. Randwulf jade&#243; y levant&#243; la cabeza. Elaine lo oblig&#243; a bajarla de nuevo con una mano. La sangre le manchaba los rizos.

Los dedos invisibles se deslizaron por debajo de la piel. La espina dorsal no estaba completamente curada. Pudo seguir cada articulaci&#243;n entre las v&#233;rtebras, pero las correspondientes a las cervicales presentaban un grosor fuera de lo normal, debido a los tejidos &#243;seos creados por la cicatriz. Dos de las v&#233;rtebras hab&#237;an quedado unidas. No era de extra&#241;ar que le doliera el cuello. Si permit&#237;a que los huesos se soldaran, Randwulf perder&#237;a parte de la movilidad del cuello. Elaine desconoc&#237;a la raz&#243;n por la que estaba tan segura, pero de pronto no s&#243;lo pod&#237;a ver la herida, sino que sab&#237;a lo que significaba y las secuelas que dejar&#237;a de no curarse correctamente.

Era como si en el interior de su mente se hubiera abierto una ventana hasta entonces cerrada, y a trav&#233;s de ella pudiera ver cosas que antes le estaban vedadas.

Toc&#243; el hueso y lo frot&#243; entre sus dedos. No era como la sanaci&#243;n de las otras heridas. El hueso ya no estaba roto, pero tampoco se hab&#237;a soldado como deber&#237;a, as&#237; que empez&#243; a buscar los defectos. La sangre flu&#237;a en una cortina por las manos de Elaine, baj&#225;ndole por el cuello. Dio un masaje sobre las protuberancias de las v&#233;rtebras una y otra vez, hasta igualarlas. Las u&#241;as invisibles de sus dedos seccionaron la soldadura para abrirla de nuevo. Las manos movieron el cuello hacia adelante y hacia atr&#225;s con facilidad.

&#191;Te duele?

No -respondi&#243; Randwulf en un tono no carente de sorpresa.

La sangre que flu&#237;a por sus manos estaba muy caliente, y se extend&#237;a por la nieve como si fuera un refresco de frutas. Las salpicaduras de color carmes&#237; fascinaron a Elaine. Hab&#237;a tanta sangre que &#233;sta empez&#243; a abrirse camino a trav&#233;s de la nieve como un torrente de aguas termales.

Cierra las heridas, Elaine. -La voz de Silvanus segu&#237;a siendo tranquila, pero trasluc&#237;a cierto apremio.

Elaine se volvi&#243; despacio hacia &#233;l, pues le costaba apartar la vista de la sangre; quer&#237;a observarla, sentir c&#243;mo manaba sobre sus manos para siempre.

Silvanus le puso la mano en el hombro.

Elaine, cierra las heridas.

Ella volvi&#243; a dirigir su atenci&#243;n hacia el cuello sangriento. Las heridas ya no eran visibles porque la sangre las cubr&#237;a por completo, pero Elaine pod&#237;a sentir las marcas de los colmillos en las manos. Randwulf yac&#237;a inm&#243;vil bajo ellas. Profundiz&#243; con el tacto en el cuerpo del joven. Y vio que la vida se le escapaba. Estaba muri&#233;ndose. &#191;Por qu&#233;?

Observ&#243; la sangre que se extend&#237;a por la nieve.

Lo estoy matando -dijo en un susurro.

S&#237; -confirm&#243; Silvanus.



Cap&#237;tulo 18

Debes cerrar las heridas ahora mismo, Elaine -repiti&#243; Silvanus. Elaine cerr&#243; los dedos como en un pu&#241;o. La piel se alis&#243; tras el movimiento. Pas&#243; los pulgares sobre la carne para allanar las &#250;ltimas imperfecciones.

D&#233;jame ver qu&#233; has hecho, Elaine. -La voz de Silvanus era suave y cari&#241;osa, como si hablase a un ni&#241;o asustado.

Randwulf est&#225; bien -dijo ella.

Thordin rode&#243; las mu&#241;ecas de Elaine para retirarle las manos del cuello del joven. La sangre corri&#243; tambi&#233;n por sus brazos, mientras se arrodillaba sin soltarle las manos.

Puedes dejarme, Thordin.

&#201;ste mir&#243; a Silvanus. El elfo hab&#237;a limpiado la sangre y estaba examinando el cuello de Randwulf.

Ha quedado perfecto. -Alz&#243; la vista de repente como si se acabara de dar cuenta de que Thordin estaba esperando-. D&#233;jala, es su primera sanaci&#243;n importante. Se dej&#243; llevar. Es normal.

Thordin la liber&#243; y se enjug&#243; las manos en la nieve hasta que volvieron a estar limpias.

Elaine segu&#237;a arrodillada. Alz&#243; las manos todav&#237;a sangrientas ante ella. La sangre le goteaba por las mu&#241;ecas para adentrarse en sus mangas, y se enfriaba r&#225;pidamente en contacto con el aire glacial. Se restreg&#243; las puntas de los dedos. La sensaci&#243;n de la sangre congelada aplastada entre sus dedos era interesante. Se frot&#243; las manos, lentamente, analizando la sensaci&#243;n.

&#161;D&#233;jalo, Elaine!

Ella alz&#243; la vista, sobresaltada. Jonathan estaba de pie ante ella, con la cara congestionada por la ira.

Est&#225;s corrompida.

Jonathan, con frecuencia resulta dif&#237;cil controlar esta clase de poderes al principio -dijo el elfo-. Lo har&#225; mejor con la pr&#225;ctica.

&#191;Pr&#225;ctica? Casi mata al muchacho.

Silvanus asinti&#243;.

Pero no lo hizo.

Le vi la cara. Todos la vimos. Estaba disfrutando. M&#237;rala, restreg&#225;ndose la sangre por las manos. -El disgusto era tan evidente en su voz como en su rostro.

Elaine dej&#243; caer las manos manchadas de sangre sobre el regazo. Se le hizo un nudo de l&#225;grimas en la garganta. Despu&#233;s de tantos a&#241;os, le resultaba muy duro. Tan s&#243;lo hac&#237;a unos d&#237;as, la opini&#243;n de Jonathan era m&#225;s importante para ella que la de cualquier otra persona, m&#225;s a&#250;n que la de Blaine. Su hermano pod&#237;a hacer tonter&#237;as a veces, al dejarse llevar por el coraz&#243;n m&#225;s que por la raz&#243;n. Hab&#237;a necesitado de Jonathan para pensar con claridad, para contemplar todos los aspectos de un asunto concreto. Ahora se daba cuenta de que el gran exterminador de magos no quer&#237;a ver ciertas caras de la realidad. Y una de ellas, desgraciadamente, era la que la afectaba a ella directamente.

No ha hecho nada malo, maese Ambrose -dijo el mago.

&#201;ste tambi&#233;n segu&#237;a arrodillado en el suelo al lado del elfo. La sonrisa de su cara se hab&#237;a esfumado. Sus ojos azules parec&#237;an ahora distantes y severos, como un cielo invernal.

Yo no he dicho eso.

Tu cara es m&#225;s expl&#237;cita que tus palabras.

Jonathan se alej&#243; con movimientos bruscos provocados por la ira. Teresa, que hab&#237;a llegado durante la sanaci&#243;n sin que Elaine la hubiera visto acercarse, le pos&#243; una mano en el hombro, pero &#233;l se la quit&#243; de encima.

No puedo cambiar quien soy. No puedo.

Jonathan, por favor

Elaine se puso en pie, liber&#225;ndose de los abrazos de consuelo del mago y de su hermano.

&#191;Por qu&#233; protestas, Teresa? T&#250; tambi&#233;n me tienes miedo. Lo vi en tus ojos.

Elaine, te queremos -replic&#243; ella.

Aun as&#237; me tienes miedo.

Las l&#225;grimas amenazaban con cerrarle la garganta. &#161;Al diablo con todo! Ya era adulta. No necesitaba su aprobaci&#243;n. La deseaba, pero no la necesitaba.

S&#233; que t&#250; nunca nos har&#237;as da&#241;o -a&#241;adi&#243; Teresa.

&#191;Lo sabes? &#191;Est&#225;s segura de ello?

Escrut&#243; el rostro de la mujer, intentando evaluar la veracidad de sus palabras. Elaine no pod&#237;a leerle la mente en aquel momento, y tampoco quiso intentarlo. No por miedo a lo que pudiera encontrarse, sino por educaci&#243;n. Escuchar a escondidas era una groser&#237;a, as&#237; que dedujo que leer los pensamientos de alguien sin permiso deb&#237;a de ser dos veces peor.

La muchacha no es mala -dijo el elfo. Teresa baj&#243; la vista hacia el elfo.

No creemos que sea mala.

Eso es mentira -afirm&#243; Elaine.

L&#225;grimas silenciosas rodaron por sus mejillas. La mente de Teresa se le acababa de abrir como una ventana. Ella cre&#237;a que los poderes florecientes de Elaine hab&#237;an da&#241;ado a aquel hombre. Teresa sab&#237;a que no era su intenci&#243;n, pero que ten&#237;a muy poco control. Por la mente de Teresa desfilaron im&#225;genes de aquella noche en la caba&#241;a en la que yac&#237;a el cad&#225;ver del hombre asesinado.

Elaine mir&#243; a Jonathan. Hoje&#243; su mente como las p&#225;ginas de un libro. Desconfianza, odio, miedo, prejuicios. Quer&#237;a a Elaine, pero su aversi&#243;n hacia todo aquello que tuviera que ver con la magia estaba demasiado arraigada en &#233;l. &#191;C&#243;mo pod&#237;a cambiar la mentalidad con la que hab&#237;a vivido siempre? Una manera de pensar, por cierto, que lo hab&#237;a mantenido sano y salvo.

No hice da&#241;o a Randwulf, desde luego no a prop&#243;sito. Nunca he hecho da&#241;o a nadie, y nunca lo har&#237;a. Ni siquiera s&#233; c&#243;mo utilizar la magia con ese fin.

Con cada palabra que pronunciaba crec&#237;a su desesperanza. Ya no le cre&#237;an. Ya no confiaban en ella. Cre&#237;an que hab&#237;a intentado asesinar a Randwulf, deliberadamente. Ese hab&#237;a sido el primer pensamiento de ambos.

Cuando volvamos -estuvo a punto de decir a casa- de Cortton, me ir&#233;.

No -dijo Teresa, avanzando hacia Elaine.

&#201;sta alz&#243; las manos como si quisiera desviar un golpe.

Puedo leer tus pensamientos. S&#233; lo que piensas de m&#237;.

Teresa la abraz&#243; con impetuosidad.

No puedo controlar mis pensamientos, Elaine, pero no te vayas; as&#237; no. Jonathan y yo aprenderemos Todo saldr&#225; bien.

Elaine se deshizo de su abrazo.

&#191;Qu&#233; es lo que Jonathan y t&#250; aprender&#237;ais? &#191;A tolerarme? &#191;A no odiar aquello en lo que me estoy convirtiendo? &#191;A no tenerme miedo? -Dicho esto, neg&#243; con la cabeza y retrocedi&#243; a&#250;n m&#225;s, fuera de su alcance. Se volvi&#243; hacia el mago-. Si a ti te parece bien, iremos a tu casa. Podr&#237;a vivir all&#237; mientras me ense&#241;as. Por supuesto, s&#243;lo si est&#225;s de acuerdo.

En ese momento se dio cuenta de que deber&#237;a haber preguntado al mago en privado. &#191;Y si no le parec&#237;a buena idea? &#191;Y si &#233;l tampoco la quer&#237;a? Volvi&#243; a negar con la cabeza, haciendo esfuerzos por no volver a llorar.

Gersalius se puso en pie y le cogi&#243; una mano entre las suyas.

Eres m&#225;s que bienvenida en mi casa, Elaine Clairn. Siempre lo ser&#225;s.

Blaine pos&#243; una mano en el hombro de su hermana.

&#191;Podr&#237;as aceptarme a m&#237; tambi&#233;n, Gersalius?

El mago alz&#243; una ceja.

Tienes un don natural para los animales y las plantas, pero no eres mago.

No pretendo aprender magia, sino haceros compa&#241;&#237;a.

Tambi&#233;n ser&#225;s bienvenido en mi casa. -Lanz&#243; una mirada a Jonathan y a Teresa-. Recordad esto, no fue la magia lo que les ha hecho tomar esta decisi&#243;n, sino los prejuicios.

Teresa dio media vuelta y se dirigi&#243; a grandes zancadas hacia las tiendas. Jonathan se qued&#243; all&#237;, de pie. Parec&#237;a no saber qu&#233; decir, ni qu&#233; hacer. Elaine nunca le hab&#237;a visto tan confundido.

T&#250; tienes compromisos, Blaine -dijo Jonathan finalmente.

Elaine sab&#237;a a qu&#233; se refer&#237;a. La hermandad. Ella hab&#237;a solicitado participar, pero Jonathan la hab&#237;a convencido de que era mejor desistir. No ten&#237;a conocimientos de armas, ni t&#225;ctica de defensa alguna. Sus visiones, aunque de gran utilidad, la hac&#237;an caer enferma, por lo que deb&#237;a guardar cama durante horas o incluso d&#237;as. Pero eso ahora hab&#237;a cambiado.

Si Thordin necesita otro compa&#241;ero, puede ped&#237;rselo a Konrad -repuso Blaine.

Konrad ser&#237;a perfecto, pero no necesito otro compa&#241;ero -afirm&#243; Thordin, poni&#233;ndose en pie en medio de los tres, como si quisiera impedir lo que estaba a punto de suceder.

Lo siento, Thordin -dijo Blaine.

Entonces &#191;qui&#233;n ser&#225; tu nuevo compa&#241;ero? -pregunt&#243; Jonathan.

Yo -declar&#243; Elaine.

Jonathan se volvi&#243; hacia ella con el ce&#241;o fruncido.

Ya hemos discutido esto antes, Elaine. No est&#225;s preparada

Ayer tuve una visi&#243;n. Y no tuve que postrarme en la cama. Gersalius me est&#225; ense&#241;ando a controlar mis poderes.

Todav&#237;a no tienes ning&#250;n m&#233;todo de defensa. &#191;Y si Blaine no est&#225; contigo? &#191;Qui&#233;n te proteger&#225;?

Gersalius se ri&#243; entre dientes.

&#191;Qu&#233; pasa, mago?

Elaine es poderosa, exterminador de magos. Podr&#225; cuidar de s&#237; misma perfectamente una vez que haya completado su instrucci&#243;n.

Como ves, Jonathan, todas tus objeciones son infundadas -dijo Elaine con gran satisfacci&#243;n. Ya no se sent&#237;a desvalida.

&#201;ste no es el momento ni el lugar para hablar sobre esto -replic&#243; Jonathan.

Ten&#237;a raz&#243;n. Estaban hablando casi abiertamente sobre una supuesta organizaci&#243;n secreta. Pero Elaine deseaba poner punto final a aquella conversaci&#243;n. Quer&#237;a que Jonathan sintiera su c&#243;lera. Que la oyera, incluso.

El pensamiento bastaba. Ser&#233; el nuevo compa&#241;ero de Blaine.

Jonathan palideci&#243; y dej&#243; escapar una exclamaci&#243;n ahogada. Thordin lo asi&#243; por el brazo para tranquilizarlo.

&#191;Qu&#233; te pasa, Jonathan?

&#201;ste neg&#243; con la cabeza, sin atreverse a hablar.

Est&#225;s oyendo mis palabras, Jonathan, se trata simplemente de eso. No te har&#233; da&#241;o. Piensa cualquier cosa, y yo podr&#233; o&#237;rla. Acabemos esto entre nosotros, aqu&#237; y ahora.

La piel de Jonathan se le hab&#237;a tornado gris, y Elaine percibi&#243; el miedo que le provocaba su presencia dentro de la mente. Pero ya no le importaba.

Responde, Jonathan -dijo en voz alta.

&#191;Eres t&#250; la responsable de esto? -pregunt&#243; Thordin.

Puede leer mis pensamientos, al igual que yo los suyos, eso es todo. No le causar&#225; ning&#250;n da&#241;o. Es su propio miedo el que lo est&#225; perjudicando.

Elaine, no sigas -dijo Blaine.

Tengo que hacerlo.

Jonathan trag&#243; saliva con dificultad, luchando contra las n&#225;useas. Por fin pens&#243; en una respuesta sumamente cauta.

La hermandad nunca aceptar&#225; a nadie como t&#250; entre sus agentes.

Ya han recurrido a magos con anterioridad.

Jonathan neg&#243; con la cabeza como si de ese modo pudiera dejar de o&#237;r el sonido, pero no lo consigui&#243;. Elaine de pronto supo que no pod&#237;a expulsarla de su mente, no si ella deseba seguir all&#237;.

No recurrir&#225;n a ti.

Blaine hablar&#225; a mi favor.

Y yo en tu contra.

As&#237; sea, Jonathan.

&#201;ste hab&#237;a recuperado el color y su car&#225;cter.

Har&#233; todo lo que est&#233; en mi mano para que todos sepan la corrupci&#243;n que representas. -Dicho esto, se volvi&#243; con brusquedad y se alej&#243; lentamente, con parsimonia.

No deber&#237;as haber entrado en su mente -dijo Gersalius.

Elaine observ&#243; a Jonathan mientras se alejaba con la espalda muy r&#237;gida.

Se acabaron los juegos, Gersalius. Soy lo que soy. Y Jonathan nunca lo aceptar&#225;.

Puede que lo haga, con el tiempo, pero ahora -Dej&#243; su pensamiento sin terminar y la mir&#243; con ojos de preocupaci&#243;n.

Por lo menos me he asegurado de que crea que soy mala.

S&#237;, pero &#191;por qu&#233;?

Neg&#243; con la cabeza, insegura de poder explicarlo.

Me hart&#233; de las miradas, de tener que adivinar qu&#233; era lo que pensaban. No s&#233; qu&#233; me impuls&#243; a hacerlo, pero ya est&#225; hecho. Nunca me perdonar&#225;.

Curiosamente, las l&#225;grimas le ardieron en los ojos. Hab&#237;a sido su propia elecci&#243;n, &#191;por qu&#233; lloraba entonces?

En efecto, has quemado tus naves, como se suele decir -coment&#243; Gersalius. Sonri&#243; y le propin&#243; unas palmaditas en el hombro-. Mi casa es m&#225;s peque&#241;a que la que tambi&#233;n era tuya hasta ahora, pero servir&#225; hasta que domines tu propia magia.

Elaine se volvi&#243; hacia Blaine.

Lo siento.

El le sonri&#243;, aunque con poco entusiasmo.

Nunca antes te hab&#237;a visto perder los estribos. Ha sido impresionante, pero &#191;por qu&#233; con Jonathan? &#191;Por qu&#233; hoy precisamente?

Puedes quedarte con ellos. No es necesario que ambos nos quedemos sin hogar.

Blaine neg&#243; con la cabeza, con expresi&#243;n adusta.

No, t&#250; eres mi familia. Si t&#250; ya no eres bienvenida, yo tampoco lo soy.

Konrad se ha negado a tener ning&#250;n otro compa&#241;ero desde que muri&#243; su mujer -dijo Thordin-. Puede que necesit&#233;is otra espada que os proteja las espaldas.

Elaine lo mir&#243; at&#243;nita.

&#191;Vendr&#237;as con nosotros?

Thordin se encogi&#243; de hombros.

Jonathan ahora est&#225; enojado, pero si os pasara algo a cualquiera de los dos nunca se lo perdonar&#237;a. Yo tampoco, as&#237; que es mejor que os acompa&#241;e y me asegure de que est&#225;is a salvo.

Blaine lo abraz&#243; torpemente.

Eres un viejo blandengue.

Thordin se limit&#243; a sonre&#237;r.

Gersalius, &#191;te parece bien que Thordin venga con nosotros? -pregunt&#243; Elaine.

Debo admitir que no hab&#237;a planeado aumentar hasta tal punto la familia. -Al ver el semblante de los gemelos, sonri&#243;-. Por otro lado, &#191;c&#243;mo podr&#237;a rechazar el fuerte brazo de un espadach&#237;n que se ofrece para protegerme?

Thordin le propin&#243; un fuerte golpe en la espalda que lo hizo tambalearse.

Eres un buen hombre para ser mago.

Gersalius carraspe&#243;.

Bueno, con un cumplido tan categ&#243;rico, supongo que seremos una familia feliz.

Al o&#237;r eso, la sonrisa se desvaneci&#243; del rostro de Elaine. Hab&#237;a tenido su propia familia, hasta hac&#237;a muy poco. &#191;Por qu&#233; hab&#237;a puesto al l&#237;mite a Jonathan? No era propio de ella. &#191;Era culpa de la magia? &#191;Acaso Jonathan ten&#237;a raz&#243;n, y la magia la estaba controlando? &#191;Y si no se equivocaba al afirmar que se estaba corrompiendo? &#191;Y si perjudicaba a su vez a todos los que la rodeaban? Acababa de lograr la desintegraci&#243;n de uno de los equipos que mejor hab&#237;an servido a la hermandad. Un hogar dividido no puede resistir. Elaine no pod&#237;a recordar qui&#233;n lo hab&#237;a dicho. Pero esperaba que, quienquiera que fuese, estuviera equivocado.



Cap&#237;tulo 19

El ocaso te&#241;&#237;a de p&#250;rpura el cielo. Las amenazadoras nubes de nieve que hab&#237;an estado acechando durante todo el d&#237;a empezaron a dejar caer su carga en forma de enormes y esponjosos copos, como si se tratase del plumaje de un ganso gigantesco. La aldea de Cortton se hallaba en un peque&#241;o valle. Aqu&#237; y all&#225; pod&#237;a verse luz en las ventanas. El humo de las chimeneas se abr&#237;a paso a trav&#233;s de la luz crepuscular para mezclarse con las nubes viol&#225;ceas.

Jonathan intent&#243; de nuevo explicar a Silvanus y a los dem&#225;s lo que les esperaba ah&#237; abajo. Compart&#237;a su caballo con el elfo, montado en su grupa, y cuando se volvi&#243; se encontr&#243; con los desconcertantes ojos del elfo a pocos cent&#237;metros de los suyos.

Hay una epidemia en aquella aldea, al fondo del valle. Puede que alargu&#233;is vuestras vidas si segu&#237;s hasta el pr&#243;ximo pueblo. En un d&#237;a de camino estar&#233;is en Tekla.

Si en verdad hay una epidemia, &#191;qu&#233; mejor lugar para un sanador? -dijo Silvanus, se&#241;alando con el brazo amputado, que ya hab&#237;a crecido hasta la mitad de su longitud normal.

No puedo negar que un verdadero sanador ser&#237;a de gran utilidad, pero quiero que comprendas el alcance de aquello a lo que deberemos enfrentarnos.

Aprecio tu preocupaci&#243;n, Jonathan, pero ya hemos tenido que hacer frente al mal con anterioridad, tambi&#233;n en forma de muertos vivientes, y hemos vivido para contarlo.

Jonathan mir&#243; fijamente aquel rostro peculiar e intent&#243; leer su expresi&#243;n. Silvanus parec&#237;a estar muy seguro de s&#237; mismo. El exterminador de magos recordaba haberse sentido seguro, reafirmado en sus propias convicciones; pero eso era antes.

Mir&#243; hacia atr&#225;s, buscando a Elaine con los ojos. Su melena rubia brillaba bajo la luz del ocaso. Montaba detr&#225;s de Blaine, puesto que hab&#237;a cedido generosamente su caballo al corpulento hombre con bigote. Sus cabellos irradiaban luz, en contraste con la capucha blanca de Blaine. De pronto se volvi&#243; hacia Jonathan, como si hubiera sentido sus ojos sobre ella.

Jonathan apart&#243; la vista antes de que sus miradas se encontraran. No quer&#237;a que volviera a infiltrarse en su mente. La mera idea lo hizo estremecerse como si una alima&#241;a se hubiera deslizado en sus zapatos en la oscuridad. No ten&#237;a derecho a invadir su intimidad de aquel modo. Era algo mal&#233;fico. Y, sin embargo, quer&#237;a arreglar las cosas entre ellos, aunque no sab&#237;a c&#243;mo.

A no ser que su magia desapareciera de la noche a la ma&#241;ana, Jonathan no estaba seguro de poder arreglar las cosas entre ellos. No hab&#237;a previsto que Blaine se pondr&#237;a de su lado, aunque era de esperar. Hab&#237;a estado ciego al no darse cuenta. Pero &#191;Thordin? Aquello s&#237; hab&#237;a sido una sorpresa. Formaban un estupendo equipo en su servicio a la hermandad, mejor que cualquier otro grupo, y entre sus &#233;xitos contaban con el mayor n&#250;mero de monstruos eliminados, magos procesados y charlatanes desenmascarados. El hecho de que la magia de Elaine los hubiera dividido era una prueba m&#225;s que suficiente de que sus poderes m&#225;gicos eran una influencia maligna.

Observ&#243; las luces en el valle. Conseguir que los muertos de Cortton descansaran definitivamente ser&#237;a su &#250;ltima misi&#243;n conjunta. &#201;l era el cabeza de familia, el l&#237;der de todos aquellos que acataban las &#243;rdenes de la hermandad en su casa. Entonces, &#191;por qu&#233; no pod&#237;a encontrar una salida para ese dilema moral? Era como estar viendo un carro que se precipitara a toda velocidad por un camino estrecho: sab&#237;a que volcar&#237;a y se despe&#241;ar&#237;a contra las rocas m&#225;s abajo, pero era incapaz de detenerlo; o, por lo menos, no bastaba con desearlo o con gritar. Era un accidente que deb&#237;a presenciar, y no pod&#237;a hacer nada para impedirlo.

Aunque no viera salida para sus propios problemas, a&#250;n pod&#237;a ayudar a aquella aldea. Jonathan hubiera preferido tener que hacer frente a una docena de zombis que a los conflictos familiares. Quiz&#225; a&#250;n ten&#237;a la posibilidad de vencer en ambos casos.

&#191;Sigues preocupado por la muchacha? -pregunt&#243; Silvanus.

Jonathan quer&#237;a decir que no, pero en lugar de eso se limit&#243; a asentir con la cabeza.

Averil con frecuencia es obstinada. Nos peleamos, pero siempre lo arreglamos. Son nuestros hijos, por mucho que nos enfademos con ellos.

&#201;sta no es una discusi&#243;n motivada por la elecci&#243;n de un pretendiente inadecuado -respondi&#243; Jonathan-. Invadi&#243; mi mente sin permiso. Me demostr&#243; que pod&#237;a abusar de su poder.

Pero Elaine s&#243;lo tiene &#191;dieciocho a&#241;os en vuestra medici&#243;n del tiempo? Es joven. En cambio t&#250; cuentas con la paciencia y la sabidur&#237;a que otorgan los a&#241;os. Te corresponde a ti solucionar este conflicto, no a ella.

&#191;Es as&#237; como act&#250;as con Averil?

S&#237; -dijo con voz cansada, como si fuera m&#225;s f&#225;cil dar aquel buen consejo que ponerlo en pr&#225;ctica.

Jonathan volvi&#243; la vista atr&#225;s y sorprendi&#243; a Elaine observ&#225;ndolo. Le sostuvo la mirada un momento y despu&#233;s apart&#243; la vista. &#191;Acaso sus ojos lo buscaban como los de &#233;l a ella? &#191;Ansiaba tambi&#233;n resolver aquella disputa? En ese caso, &#191;por qu&#233; hab&#237;a hecho aquello? &#201;l podr&#237;a haber pasado por alto muchas cosas, pero no aquella invasi&#243;n abierta. Y ella deb&#237;a saberlo. Era como si lo hubiera hecho deliberadamente.

No puedo arreglarlo -dijo Jonathan por &#250;ltimo.

No quieres arreglarlo -puntualiz&#243; el elfo.

Jonathan asinti&#243;.

No quiero. -Dicho esto, espole&#243; el caballo hacia adelante, por el camino que empezaba a descender sinuosamente.

El orgullo es un mal consejero, amigo m&#237;o.

No tiene nada que ver con el orgullo.

La voz del elfo son&#243; muy cerca de su o&#237;do, como si se tratara de su propia conciencia.

Entonces, si no es orgullo, &#191;de qu&#233; se trata?

Lo que Jonathan sent&#237;a era miedo, pero no sab&#237;a c&#243;mo explic&#225;rselo al elfo. La mujer de Silvanus, ya fallecida, hab&#237;a sido una bruja, una maga humana. Dedujo que si el elfo hab&#237;a podido amar a una maga, si hab&#237;a podido compartir el lecho con ella y tener un hijo, no ser&#237;a capaz de comprender su miedo.

Jonathan, te lo ruego, has sido muy amable con nosotros. Estoy dispuesto a escucharte con la mente abierta. Puedes utilizar mis o&#237;dos para exponer tus ideas, hasta que encuentres la manera de acercarte a Elaine.

Su propuesta sonaba muy razonable. Pero &#233;l no se sent&#237;a en absoluto as&#237;. &#191;C&#243;mo pod&#237;a explicar su miedo a alguien que no lo compart&#237;a en absoluto?

El sol muri&#243; con un resplandor de sangre dorada entre las nubes p&#250;rpura. La luz se escabull&#237;a mientras descend&#237;an por la colina. Konrad iba en cabeza, y cada vez resultaba m&#225;s dif&#237;cil distinguir su silueta, que se confund&#237;a con la oscuridad en aumento. Konrad era el &#250;nico, aparte del palad&#237;n, que no llevaba a nadie a la grupa. El palad&#237;n era simplemente demasiado corpulento. Konrad ni siquiera se hab&#237;a ofrecido.

Mis padres fueron asesinados por la magia -dijo finalmente Jonathan.

Al igual que mi esposa -coment&#243; Silvanus.

Jonathan hizo un movimiento brusco de cabeza. &#191;C&#243;mo pod&#237;a explic&#225;rselo?

No s&#243;lo los asesinaron. Los humillaron y los torturaron.

Cu&#233;ntame, amigo m&#237;o.

Pero no deseaba hacerlo. Era un dolor demasiado &#237;ntimo. Incluso despu&#233;s de casi cuarenta a&#241;os, la herida segu&#237;a en carne viva. Su madre era gitana, como Teresa. Tal vez fuera &#233;sa la raz&#243;n por la que su pelo oscuro y voz grave lo hab&#237;an seducido desde el primer momento. &#191;Acaso no pasamos la vida intentando recuperar un pasado m&#225;s feliz? Claro est&#225; que, si eso hubiera sido lo &#250;nico que Jonathan deseaba, no se habr&#237;a unido a la hermandad. Tampoco se habr&#237;a convertido en exterminador de magos. Se habr&#237;a llevado a Teresa consigo a un lugar tranquilo y se habr&#237;a apartado de todo aquello. Pero no lo hab&#237;a hecho, tal vez porque pensaba que el mal, tarde o temprano, dar&#237;a con &#233;l. Aquellos que no persegu&#237;an el mal para acabar con &#233;l se ve&#237;an perseguidos por alguno de sus representantes. Mejor enfrentarse al mal, darle caza, en lugar de verse sorprendido por &#233;l.

Ten&#237;a diez a&#241;os cuando el mago entr&#243; a lomos de su caballo en el patio de la granja. Su padre criaba ovejas. Su madre, de manos delicadas y dotadas de una sonora voz de contralto, era una cantante consumada. Si hubiera decidido viajar, podr&#237;a haberse convertido en una maestra cantora, pero no era ambiciosa. Era una caracter&#237;stica t&#237;pica de los gitanos: muchos contaban con un gran talento, pero no les importaba demasiado que &#233;ste quedara desaprovechado. La felicidad era m&#225;s importante.

Ten&#237;an una peque&#241;a posada en la que pod&#237;an alojarse los viajeros para descansar. Su madre amenizaba las noches cantando. Su padre pasaba casi todo el d&#237;a fuera, pastoreando con las ovejas, pero al caer la noche todas ellas deb&#237;an estar en la granja, pues los lobos pod&#237;an aniquilar un reba&#241;o entero en una sola noche.

El mago era un hombre alto y enjuto, tanto que daba l&#225;stima, como si no comiera lo suficiente, pero Jonathan recordaba haberlo visto comiendo grandes cantidades de comida de la que preparaba su madre. Nunca engordaba, y eso fascinaba a Jonathan y a su hermano peque&#241;o, Gamail.

El mago, Tim&#243;n, se qued&#243; en la posada una semana. Los ni&#241;os ni siquiera se hab&#237;an percatado de que era un mago hasta el d&#237;a en que una mujer entr&#243; en el patio. &#201;sta era diminuta y delicada, con una cascada de pelo oscuro del color de las hojas, en oto&#241;o. Iba en busca de un viejo enemigo, Tim&#243;n, al que deseaba retar a duelo.

La madre de Jonathan intent&#243; impedirlo interponi&#233;ndose entre ambos.

La bruja de cabellera pelirroja alz&#243; las manos hacia el cielo.

Ap&#225;rtate de mi camino, mujer. Mi contienda es con &#233;l.

&#201;sta es mi casa. Si dese&#225;is celebrar un duelo, hacedlo en otra parte. Eso es todo lo que pido.

Si Tim&#243;n me acompa&#241;a, considero vuestra petici&#243;n aceptable.

El hombre alto y flaco se limit&#243; a negar con la cabeza.

Si debo ser ejecutado, no me ir&#233; por voluntad propia.

Por favor, Tim&#243;n -dijo la madre de Jonathan-, abandonad la granja.

&#201;l volvi&#243; a negarse.

Estoy a punto de morir, y t&#250; te quejas por tu casa. Una casa siempre puede ser reconstruida.

Tim&#243;n, se&#241;ora, os lo ruego.

Tim&#243;n arrug&#243; el ce&#241;o.

D&#233;janos solos, mujer. -Dijo esto haciendo un gesto rotundo con una mano.

La madre de Jonathan cay&#243; al suelo. Jonathan y Gamail corrieron hacia ella.

&#161;No, quedaos ah&#237;! -grit&#243; ella con su maravillosa y sonora voz.

Sus gritos llegaron hasta la casa. Hu&#233;spedes y sirvientes se asomaron a las ventanas y a la puerta, mientras la cocinera se precipitaba afuera y tomaba a ambos ni&#241;os de las manos para arrastrarlos despu&#233;s hacia el interior de la casa.

Nadie ayud&#243; a su madre. Nadie.

La madre intent&#243; alejarse arrastr&#225;ndose sobre el barro con las rodillas y las manos, pero la bruja pelirroja la se&#241;al&#243; con un dedo. Un rayo de abrasadora luz verde rugi&#243; al salir de ella, para envolver a la madre de Jonathan. &#201;sta profiri&#243; un grito. Pudieron verla a trav&#233;s de la luz verde como a trav&#233;s de un cristal de color. Su cuerpo empez&#243; a derretirse, cada vez m&#225;s peque&#241;o, de un tama&#241;o casi imposible. Sus ropas formaron un charco vac&#237;o en el suelo all&#237; donde la luz se desvaneci&#243;.

Jonathan intent&#243; correr hacia ella, ayudarla, pero la cocinera lo asi&#243; por la mu&#241;eca como si su vida dependiera de ello, clav&#225;ndole las u&#241;as en la piel, hasta el punto de que &#233;stas le dejaron una marca indeleble de por vida.

Tim&#243;n avanz&#243; hacia ella con suma cautela, sin perder de vista a la bruja pelirroja, y golpe&#243; las vestiduras con el pie. Algo de peque&#241;o tama&#241;o se movi&#243; bajo ellas. Algo demasiado peque&#241;o.

Tim&#243;n se agach&#243; y alz&#243; la tela. Bajo ella hab&#237;a un gato acurrucado en el suelo. El gato buf&#243;, erizado, y lo ara&#241;&#243;. El mago dio un salto hacia atr&#225;s y cay&#243; al suelo. El gato corri&#243; hacia la casa, y entr&#243; como una flecha en ella.

Jonathan no se dio cuenta de que el gato era su madre. En su mente no cab&#237;a semejante absurdo, desde luego no a la edad de diez a&#241;os.

La bruja pelirroja profiri&#243; una carcajada, se&#241;alando al mago derribado en el suelo. Esta vez no se produjo ninguna explosi&#243;n de llamaradas de luz. Jonathan no pudo ver nada, pero Tim&#243;n empez&#243; a gritar. El aire se movi&#243;; una especie de nada parec&#237;a envolverlo. Aquella nada ejerc&#237;a presi&#243;n sobre &#233;l, cada vez con m&#225;s fuerza, hasta que sus alaridos se extinguieron por falta de aire. Sin aire, se acabaron los lamentos. El mago revent&#243; salpic&#225;ndolo todo de fluidos rojos y en tonos m&#225;s oscuros. El cuerpo se desplom&#243; en el suelo.

Tim&#243;n se distra&#237;a f&#225;cilmente -coment&#243; la bruja. A continuaci&#243;n, mont&#243; en su caballo y se alej&#243;.

Jonathan habr&#237;a querido salir corriendo tras ella y gritar. Aunque no ten&#237;a ni idea de qu&#233; hubiera podido gritarle.

Su padre volvi&#243; por la noche. Emprendi&#243; una especie de b&#250;squeda, con la intenci&#243;n de encontrar a un mago que pudiera hacer regresar a su esposa, devolverla a su estado anterior, pero todo fue en vano. Nadie contaba con semejantes poderes, as&#237; que, en &#250;ltima instancia, el padre de Jonathan decidi&#243; salir en busca de la bruja pelirroja. As&#237; lo hizo y, cuando la encontr&#243;, &#233;sta lo asesin&#243;. La madre de Jonathan fue atropellada por un carro, como un gato cualquiera.

Siete a&#241;os m&#225;s tarde, Jonathan Ambrose acabar&#237;a por primera vez con la vida de un mago.

El elfo hab&#237;a permanecido en absoluto silencio tras &#233;l. Silvanus no insisti&#243; en que compartiera aquellas confidencias con &#233;l. Era raro encontrar a alguien que respetase los silencios, pero todos los elfos que Jonathan hab&#237;a conocido anteriormente, aunque no eran demasiados, parec&#237;an m&#225;s que capaces de reservarse su opini&#243;n. Quiz&#225; se trataba de una caracter&#237;stica t&#237;pica de los elfos, la capacidad para comprender los silencios. Muy pocos humanos pod&#237;an entenderlos.

Teresa conoc&#237;a su pasado, y eso bastaba.

Cortton estaba sumergido en la oscuridad. En las ventanas de la segunda planta de las casas hab&#237;a l&#225;mparas encendidas; en las plantas bajas tambi&#233;n sal&#237;a luz por las rendijas de las contraventanas. Jonathan nunca hab&#237;a visto semejante despilfarro de aceite. Parec&#237;a que creyeran que la luz por s&#237; sola pod&#237;a protegerlos. Una actitud infantil. Pero resultaba dif&#237;cil renunciar a ese amor por la luz, a la esperanza de que la luz por s&#237; misma hiciera desaparecer a los monstruos.

La calle principal era lo suficientemente ancha para permitir el paso de un carruaje. Hab&#237;an apartado la nieve, amonton&#225;ndola a ambos lados en mont&#237;culos de la altura de un hombre junto a las puertas. La tierra helada era dura como una roca bajo los cascos de los caballos.

Podr&#237;an haber cabalgado en columnas de dos en dos, pero Konrad no esper&#243; a los dem&#225;s, sino que abr&#237;a la marcha, avanzando por la calle en penumbras sin mirar atr&#225;s, ni siquiera para comprobar si alguien lo segu&#237;a. Jonathan se pregunt&#243; si Konrad llegar&#237;a a darse cuenta de su ausencia en caso de que todo el grupo se detuviera y lo dejara solo. Desde la muerte de Beatrice hab&#237;a seguido avanzando a solas. Segu&#237;a cumpliendo con su trabajo, as&#237; que Jonathan no pod&#237;a quejarse, pero su car&#225;cter parec&#237;a haberse agriado.

Jonathan dudaba que &#233;l hubiese salido tan bien parado como aquel joven, de haber sido Teresa la asesinada.

Al llegar a una intersecci&#243;n con una calle m&#225;s estrecha, Konrad tir&#243; con fuerza de las riendas de su caballo. Jonathan percibi&#243; cierta tensi&#243;n en su gesto, por lo que espole&#243; a su propio caballo hacia adelante.

&#191;Qu&#233; sucede? -pregunt&#243; Silvanus.

No estoy seguro -dijo Jonathan.

Llegaron a la altura de Konrad, que ten&#237;a la vista fija a su derecha. Parec&#237;a como hipnotizado por algo que hab&#237;a en aquel estrecho callej&#243;n, cuya oscuridad se hac&#237;a m&#225;s densa por los alerones de las casas que lo flanqueaban.

&#191;Qu&#233; has visto, Konrad? -pregunt&#243; Jonathan.

No estoy seguro. He visto algo moverse -dijo, con una mano en la empu&#241;adura de la espada.

Jonathan percibi&#243; su tensi&#243;n, tan palpable como el aire glacial. Escudri&#241;&#243; la oscuridad, forzando la vista hasta que en su retina surgieron manchas blancas.

No veo nada.

Yo tampoco -dijo Silvanus.

Teresa se acerc&#243; en su montura hasta ellos. Averil estaba sentada detr&#225;s de ella.

&#191;Por qu&#233; nos hemos detenido? -pregunt&#243; Teresa.

A Konrad le pareci&#243; haber visto algo en ese callej&#243;n.

He visto algo -confirm&#243; Konrad.

Fuera lo que fuera, parece haber desaparecido. Vayamos a la posada -concluy&#243; Jonathan, que espole&#243; a su caballo para que siguiera avanzando.

Teresa fue tras &#233;l, pero Konrad se qued&#243; atr&#225;s, escrutando la oscuridad.

Jonathan volvi&#243; la vista atr&#225;s para comprobar que todos los segu&#237;an. &#218;nicamente Konrad permanec&#237;a inm&#243;vil, obstinado, con la mirada fija en el callej&#243;n. Pod&#237;a tratarse de un gato callejero o de un perro en busca de un lugar caliente en el que refugiarse en aquella g&#233;lida noche. Pero por otro lado Jonathan no pudo evitar escudri&#241;ar la oscuridad.

Otra callejuela en penumbras atravesaba la calle principal. Jonathan ech&#243; un vistazo a ambos, pero lo &#250;nico que pudo ver fue una espesa oscuridad.

Un letrero pend&#237;a en medio de la calle principal. Una r&#225;faga de viento recorri&#243; la calle con un bramido, como si &#233;sta fuera una chimenea helada. Al ser zarandeado, el letrero cruji&#243;. En &#233;l pod&#237;a verse un ave atravesada por una flecha mientras intentaba alzar el vuelo hacia el cielo. Ten&#237;a el pecho salpicado de sangre. En letra peque&#241;a pod&#237;a leerse: La Paloma Sangrienta.

No era un nombre demasiado optimista, pero Jonathan hab&#237;a conocido otros peores. Uno de los que menos le hab&#237;an agradado en los &#250;ltimos tiempos era La Posada del Demonio Concupiscente, nombre que lo hab&#237;a ofendido considerablemente.

Jonathan -dijo Teresa.

El p&#225;nico que se trasluc&#237;a en su voz hizo que a Jonathan se le erizara el vello de la nuca. Se volvi&#243; hacia ella, pero Teresa ten&#237;a la mirada fija en alg&#250;n punto m&#225;s all&#225; de donde &#233;l se encontraba, en la calle principal. Elaine estaba justo detr&#225;s de Teresa, con los ojos como platos y una expresi&#243;n de terror en la cara.

Era como una pesadilla multiplicada por mil. Jonathan se volvi&#243; lentamente para observar la calle. Media docena de figuras caminaban hacia ellos arrastrando los pies. Su aspecto era humano, pero se mov&#237;an como t&#237;teres embriagados. Jonathan hab&#237;a visto suficientes muertos vivientes en su vida para reconocerlos de inmediato.

Zombis -dijo en un murmullo.

El ruido de los cascos de un caballo lo hizo mirar hacia atr&#225;s. Konrad cabalgaba hacia ellos a gran velocidad, haciendo se&#241;as a Blaine y Elaine para que se apresuraran. Blaine vacil&#243; tan s&#243;lo un instante, pero eso bast&#243;: del callej&#243;n que los separaba de Jonathan y el resto empezaron a salir zombis en grandes cantidades.

Konrad tir&#243; de las riendas del caballo. &#201;ste se encabrit&#243; y empez&#243; a relinchar cuando las garras de los muertos se clavaron en &#233;l. Konrad asestaba golpes con su hacha sin cesar, pero le result&#243; imposible abrirse paso. Se vio obligado a retroceder, intentando controlar su caballo aterrorizado. Blaine hab&#237;a desenfundado su propia espada, pero no pod&#237;a utilizarla con Elaine pegada a su espalda, as&#237; que con el otro brazo la ayud&#243; a desmontar, dej&#225;ndola en el suelo detr&#225;s de &#233;l, lejos de los zombis, para despu&#233;s espolear a su montura en direcci&#243;n a la horda de seres tambaleantes.

Jonathan lo presenci&#243; todo, cada vez m&#225;s horrorizado. La cabellera rubia de Elaine desapareci&#243; tras la cortina de zombis. &#191;Habr&#237;a olvidado Blaine que el callej&#243;n se comunicaba por atr&#225;s con otro, muy pr&#243;ximo al lugar donde Elaine se encontraba sola y desarmada?

Empez&#243; a maniobrar con su caballo con la intenci&#243;n de ayudarlos. Teresa grit&#243;:

Estamos en dificultades, Jonathan. -Hab&#237;a recobrado el control de su voz, que ahora ten&#237;a un tono simplemente realista.

Jonathan hizo volver grupas al caballo. Silvanus se aferr&#243; desesperadamente con su &#250;nico brazo.

Los muertos vivientes segu&#237;an avanzando lentamente por la calle principal, pero hab&#237;a algo agazapado en la boca del callej&#243;n. Ten&#237;a aspecto humano, pero se escabull&#237;a entre las sombras, como si incluso la fr&#237;a y distante luz de la luna lo hiriera.

Teresa hab&#237;a desenvainado la espada mientras intentaba no perder de vista a la criatura. Un zombi sali&#243; a trompicones del callej&#243;n y atac&#243; a su caballo. &#201;ste se encabrit&#243;. Averil grit&#243;, mientras se aferraba al brazo de Teresa, impidi&#233;ndole utilizar la espada. El hombre-cosa se abalanz&#243; sobre ellas. Por un momento se vio el resplandor de una tez p&#225;lida, y algo golpe&#243; a Teresa y Averil, que cayeron al suelo. Se acercaron m&#225;s zombis, y Jonathan las perdi&#243; de vista.

Espole&#243; a su montura hacia adelante. Un zombi tropez&#243; contra el caballo y aprovech&#243; para clavarle las u&#241;as a Jonathan en la pierna. &#201;ste se liber&#243; de &#233;l de una patada. Aquella cosa retrocedi&#243; tambale&#225;ndose unos cuantos pasos. Algo que anta&#241;o fuera una mujer agarr&#243; a Silvanus por la cintura.

El elfo se asi&#243; con desesperaci&#243;n oprimiendo el vientre de Jonathan, lo cual le arranc&#243; a &#233;ste un grito ahogado. Un zombi con el rostro podrido casi por completo agarr&#243; la cabeza del caballo. El animal intent&#243; encabritarse pero el zombi hab&#237;a sido en vida un hombre corpulento, y su peso mantuvo el caballo en su sitio. Los muertos los acorralaron, y el asustado caballo retrocedi&#243; hasta dar con el lomo contra la puerta de la posada. Jonathan golpe&#243; la puerta.

&#161;Abrid! &#161;Abrid!. Silvanus fue derribado del caballo; &#250;nicamente su brazo firmemente sujeto a la cintura de Jonathan lo salv&#243; de desaparecer entre los zombis. Jonathan asi&#243; al elfo por la t&#250;nica, mientras con la otra mano se aferraba al arz&#243;n de la silla, a la vez que clavaba las piernas en los costados del caballo con el fin de resistir el empuje de los muertos.

Thordin y Randwulf tambi&#233;n estaban all&#237;, blandiendo con ferocidad sus espadas y derramando sangre sobre el suelo nevado de la calle principal. La carne muerta ced&#237;a ante el acero, pero las manos sin vida segu&#237;an intentando darles alcance. El caballo de Thordin se agitaba nervioso, pero no se encabrit&#243;. Por suerte &#233;l mismo hab&#237;a entrenado a su montura, y eso los hab&#237;a salvado. De haberse encabritado el caballo, les habr&#237;a sucedido lo mismo que a Teresa y Averil, y ahora estar&#237;an perdidos.

Los dedos de Silvanus se deslizaban poco a poco, soltando su agarre, y en su af&#225;n por evitarlo magullaron la piel de Jonathan a trav&#233;s de sus vestiduras. &#201;ste aferr&#243; a&#250;n con m&#225;s fuerza las ropas del elfo.

El zombi de mayor tama&#241;o clav&#243; las u&#241;as en los ojos del caballo, y el animal se arrim&#243; a&#250;n m&#225;s a la puerta, presionando la pierna de Jonathan contra ella.

&#161;Abrid la puerta! -grit&#243; de nuevo Jonathan.

Una explosi&#243;n de luz cegadora inund&#243; la calle en toda su longitud. Los zombis se encogieron de miedo, cubri&#233;ndose la cara con las manos. Silvanus se incorpor&#243;, los dedos todav&#237;a aferrados a las vestiduras de Jonathan. El elfo, agotado, aprovech&#243; la breve tregua para apoyar la frente en el flanco del caballo.

Gersalius estaba montado en su caballo, con las manos envueltas en llamas blancas.

R&#225;pido, no puedo mantenerlos as&#237; demasiado tiempo. -Su voz reson&#243; entre las edificaciones, en un tono mucho m&#225;s elevado de lo normal.

Teresa se hab&#237;a echado a Averil al hombro como si fuera un saco de harina, d&#225;ndole la espalda al muro m&#225;s cercano. Se abri&#243; camino entre los zombis, utilizando su propio cuerpo para apartarlos. Bland&#237;a la espada en una mano, pero los zombis no parec&#237;an tener el menor inter&#233;s en luchar.

Thordin apremi&#243; a su caballo hacia la posada. Randwulf empujaba a los zombis con las botas. Los muertos vivientes simplemente se apartaban, sin apenas acusar los golpes.

Fredric espole&#243; su montura a trav&#233;s de los zombis. El caballo se abr&#237;a paso entre la marea de muertos como si estuviera vadeando un arroyo.

&#161;Elaine! -El grito desesperado de Blaine hizo que todos se volvieran hacia &#233;l, mientras hac&#237;a que su caballo girara fren&#233;ticamente en c&#237;rculos-. &#161;Elaine!

Konrad hizo avanzar a su caballo m&#225;s all&#225; de los muertos vivientes y grit&#243; tambi&#233;n:

&#161;Elaine!

La luz que rodeaba las manos de Gersalius empez&#243; a desvanecerse, como las brasas enfri&#225;ndose.

S&#243;lo puedo ofreceros unos cuantos minutos m&#225;s. Haced lo que quer&#225;is, pero hacedlo ya.

Los zombis los observaban otra vez. Sus ojos de muerto estaban clavados en los vivos, sin ansia, pacientes, como si supieran que todo lo que deb&#237;an hacer era simplemente esperar.

Jonathan desmont&#243; y empez&#243; a golpear la puerta de la posada.

Soy Jonathan Ambrose, exterminador de magos. Enviasteis a Tallyrand en mi busca.

Ninguna respuesta, ni tampoco se oy&#243; ning&#250;n movimiento tras la pesada puerta.

Gersalius hab&#237;a azuzado a su caballo con las rodillas para que siguiera avanzando. La luz empezaba a parpadear d&#233;bilmente.

Mi magia ha hecho todo lo que ha podido. Ha llegado tu turno, exterminador de magos.

Los muertos se mov&#237;an con lentitud, cada vez m&#225;s cerca. Las manos podridas se alzaban dando zarpazos en el aire; s&#243;lo el muro invisible conjurado por Gersalius las conten&#237;a.

Jonathan se volvi&#243; hacia la puerta y la aporre&#243; de nuevo. Parec&#237;a que tuviera m&#225;s de un palmo de grosor. No podr&#237;an abrirla a tiempo ni siquiera haciendo uso de un hacha, pero aqu&#233;lla fue la &#250;nica idea que se le ocurri&#243;.

Konrad, necesitamos tu hacha.

Elaine ha desaparecido -fue la respuesta.

Los muertos hab&#237;an empezado a rodear su caballo, aisl&#225;ndolo de los dem&#225;s.

Moriremos todos si no conseguimos atravesar esta puerta -dijo Jonathan.

Al decir aquello en voz alta, comprendi&#243; el alcance de sus palabras, y el sentimiento de impotencia lo dej&#243; casi sin respiraci&#243;n. No pod&#237;a permitir que por salvar a Elaine todos los dem&#225;s murieran. No era justo que perecieran todos por salvar a uno.

Konrad hostig&#243; su caballo, pero los muertos vivientes no quer&#237;an ceder y se apretujaron contra el caballo y las piernas de Konrad. Todav&#237;a no intentaban alcanzarlo con las manos, pero no tardar&#237;an demasiado.

No, no podemos abandonarla -dijo Blaine, mientras hac&#237;a que su caballo se dirigiera hacia el callej&#243;n cerca del cual la hab&#237;a hecho desmontar.

&#161;Blaine, no! -grit&#243; Teresa.

Konrad vacil&#243;, como si estuviera sopesando la posibilidad de seguir al muchacho.

Konrad, te necesitamos -grit&#243; Jonathan.

El guerrero se abri&#243; camino a empellones entre los muertos hasta donde se encontraban los dem&#225;s.

Si mueren ah&#237; afuera, ser&#225; culpa tuya.

Moriremos todos si no abrimos esta puerta.

Konrad lo empuj&#243; hacia un lado.

&#161;Apartaos! &#161;Dejadme espacio!

Todos retrocedieron. En las manos de Gersalius se desvaneci&#243; el &#250;ltimo punto luminoso, y un gran suspiro surgi&#243; de la garganta de los muertos. Konrad alz&#243; el hacha, mientras los zombis avanzaban hacia ellos arrastrando los pies, alargando las manos putrefactas. La puerta se abri&#243;.

Jonathan s&#243;lo ten&#237;a ojos para eso. &#191;Acaso importaba qui&#233;n la hab&#237;a abierto? No. Empuj&#243; a Konrad hacia el interior. Silvanus y Teresa se precipitaron dentro. Thordin intent&#243; pasar montado a caballo, mientras Randwulf seccionaba las manos que intentaban alcanzarlos. Uno de los zombis se abalanz&#243; sobre el muchacho y se ensart&#243; &#233;l mismo en su espada, sin que eso le importara. Las manos purulentas se clavaron en los ojos de Randwulf.

Fredric blandi&#243; su enorme mandoble y la cabeza del zombi sali&#243; volando hacia el exterior, pero el cuerpo decapitado segu&#237;a ara&#241;ando el rostro de Randwulf, abri&#233;ndole surcos en las mejillas con las u&#241;as.

Thordin asi&#243; el cuerpo por el cuello y tir&#243; de &#233;l. El zombi se desplom&#243; sobre la muchedumbre de muertos vivientes. Las manos ansiosas desgarraron la carne desprotegida y se llevaron los trozos a las enormes bocas abiertas. Destrozaron al zombi y lo devoraron. Un ruido de huesos quebrados y de carne al ser masticada llen&#243; la noche.

&#161;Todos adentro! &#161;Ahora! -dijo Jonathan.

Thordin entr&#243; con su caballo por la puerta. Fredric asest&#243; un &#250;ltimo golpe a los cuerpos insaciables, y despu&#233;s tambi&#233;n espole&#243; a su montura hacia el interior. Jonathan lanz&#243; un &#250;ltimo vistazo hacia la calle, pero con excepci&#243;n de los muertos no vio nada que se moviera.

Su montura se encabrit&#243;, y las riendas se le escaparon de las manos; un zombi hab&#237;a clavado los dientes en el muslo del animal. Aquello que hab&#237;a saltado sobre Teresa se abalanz&#243; sobre el lomo del caballo y le hundi&#243; en el cuello unos dientes demasiado afilados para ser humanos.

Unas manos agarraron a Jonathan y lo empujaron hacia el interior. Una marea de muertos vivientes avanzaron para intentar darle alcance. Jonathan yac&#237;a en el suelo, tal como hab&#237;a aterrizado. Fredric, Thordin y un desconocido empujaban la puerta con la intenci&#243;n de cerrarla. Por la brecha que todav&#237;a quedaba abierta numerosos brazos ejerc&#237;an presi&#243;n en sentido contrario. Un rostro medio podrido se asom&#243; a trav&#233;s de la puerta parcialmente abierta, y en su lucha por entrar consigui&#243; introducir el torso.

Es imposible cerrarla -dijo Thordin.

Konrad le asest&#243; un hachazo en el pecho. La carne se abri&#243;, pero el zombi segu&#237;a intentando colarse en la casa. Randwulf corri&#243; a ayudarlos y arremeti&#243; con la espada contra los brazos. Uno de &#233;stos cay&#243; al suelo, dando coletazos como un pez fuera del agua.

Una mujer lleg&#243; corriendo hasta ellos y verti&#243; aceite sobre el brazo. El muchacho que estaba a su lado le prendi&#243; fuego. La carne ardi&#243; y empez&#243; a emitir un humo nauseabundo que escoc&#237;a en los ojos y llenaba el paladar de un sabor acre y repugnante.

La mujer arroj&#243; el aceite sobre los muertos que intentaban entrar. El muchacho vacil&#243;. Jonathan le arrebat&#243; la antorcha y la arroj&#243; tambi&#233;n sobre los zombis. Las llamas cobraron vida, produciendo una enorme humareda. De las bocas de los muertos surgieron alaridos de dolor cuando la carne desecada empez&#243; a arder a una velocidad extraordinaria.

De pronto apareci&#243; otro desconocido que los ayud&#243; a empujar la puerta, y &#233;sta se cerr&#243; al fin triturando huesos quebradizos y carne chamuscada. La madera hizo un fuerte ruido al encajar en su marco, y el desconocido ech&#243; los cerrojos. Los tres hombres apoyaron la espalda contra la puerta, jadeando.

El desconocido se puso en pie y, en un gesto teatral, hizo una lenta reverencia con un sombrero de plumas.

Soy Harkon Lukas. Por fin tengo el placer de conoceros, maese Ambrose.

Jonathan forz&#243; una torpe reverencia. Dos sirvientes intentaban extinguir a golpes las &#250;ltimas llamas que se extend&#237;an por el suelo, all&#237; donde hab&#237;a salpicado el aceite. La madera de la puerta ahora cerrada era s&#243;lida y segura. Al otro lado, Blaine y Elaine hab&#237;an quedado atrapados en la oscuridad con un ej&#233;rcito de zombis.



Cap&#237;tulo 20

Elaine ten&#237;a la espalda fuertemente apretada contra un muro, mientras el caballo de Blaine se erig&#237;a como una s&#243;lida barrera entre ella y los muertos vivientes. La espada refulg&#237;a a la luz de la luna, cercenando los cad&#225;veres andantes. Los muertos se acercaban cada vez m&#225;s y clavaban sus zarpas en el caballo y su jinete, pero Blaine continuaba su implacable destrucci&#243;n, cortando caras putrefactas, seccionando manos. Un dedo sali&#243; despedido y aterriz&#243; en el suelo al lado de Elaine. Acto seguido, el dedo empez&#243; a serpentear como un gusano, dirigi&#233;ndose hacia la falda de la muchacha.

Elaine ahog&#243; un grito por miedo a distraer a Blaine y que eso le costara la vida; en lugar de eso, apart&#243; de una patada el dedo amputado, que rod&#243; hasta la boca del callej&#243;n, y de nuevo empez&#243; a moverse lentamente hacia ella. Un zombi consigui&#243; rodear el caballo de Blaine, con sus ojos sin brillo clavados en Elaine.

Otros dos zombis intentaron agarrar a Blaine, pero &#233;ste les reban&#243; las manos, enfurecido. Aunque Elaine lo llamara en su auxilio, no podr&#237;a acudir pues estaba rodeado. Se encontraba sola, a pie y desarmada.

A trav&#233;s de la piel del zombi asomaban los huesos con un resplandor fantasmag&#243;rico. El muerto viviente abri&#243; la boca, y de ella sali&#243; un l&#237;quido oscuro y espeso que se le escurr&#237;a por la barbilla.

Elaine apart&#243; la vista, tragando saliva. Si devolv&#237;a ahora, todo estar&#237;a perdido. Empez&#243; a abrirse camino hacia el callej&#243;n, siempre pegada a la pared. As&#237; por lo menos ten&#237;a las espaldas cubiertas. Algo le picote&#243; el pie. Elaine profiri&#243; un grito de asombro y baj&#243; la vista hacia el suelo. El dedo estaba intentando subirle por la pierna. Elaine chill&#243; y se lo sacudi&#243; de encima; &#233;ste rod&#243; bajo los cascos del caballo y qued&#243; aplastado.

Elaine volvi&#243; su atenci&#243;n hacia el zombi que la asediaba. &#191;Qu&#233; pod&#237;a hacer desarmada contra un zombi?

La mano izquierda tante&#243; la esquina del muro que doblaba hacia el callej&#243;n. La &#250;nica ventaja con la que contaba sobre los zombis era que ella era m&#225;s r&#225;pida. Ech&#243; un vistazo al callej&#243;n, que se hallaba vac&#237;o hasta donde la vista alcanzaba. El zombi se abalanz&#243; contra ella, y Elaine se desliz&#243; por la esquina hacia la estrecha calleja. Corri&#243;. Volvi&#243; la vista atr&#225;s para comprobar que el zombi hab&#237;a empezado a trotar con renquera.

Corri&#243;, con el pesado abrigo ondeando como una capa tras ella. Lleg&#243; hasta el final del callej&#243;n y de pronto algo la hizo caer al suelo. Ante ella hab&#237;a una mujer que intentaba apoderarse de su abrigo. Al principio Elaine crey&#243; que se trataba realmente de una mujer, hasta que vio el fino camis&#243;n blanco y la expresi&#243;n congelada de su rostro. Estaba mejor conservada, pero muerta al fin y al cabo.

Elaine mir&#243; hacia atr&#225;s y vio que el primer zombi casi le hab&#237;a dado alcance. Deshizo el nudo del cord&#243;n para liberarse del abrigo y consigui&#243; ponerse en pie, mientras la zombi se quedaba sujetando la prenda vac&#237;a.

Era m&#225;s c&#243;modo correr sin abrigo; adem&#225;s, ten&#237;a demasiado miedo para sentir fr&#237;o. Se encontraba en otra calle importante, no tan ancha como la principal, pero por fortuna vac&#237;a. Se remang&#243; las faldas y ech&#243; a correr.

Los dos zombis la persegu&#237;an. El hombre era m&#225;s lento, pero la mujer zombi parec&#237;a casi tan veloz como Elaine. Por la forma en que corr&#237;a por las calles nevadas nadie hubiera dicho que el cuerpo estuviera muerto. Elaine resbal&#243; en un charco helado y se golpe&#243; contra una pared. Se levant&#243; torpemente, medio arrastr&#225;ndose, antes de poder ponerse en pie.

Con el rabillo del ojo capt&#243; el resplandor de la luz de una l&#225;mpara a trav&#233;s de las rendijas de una contraventana. Tropez&#243; en los escalones que conduc&#237;an hasta la entrada, y detuvo la ca&#237;da con las palmas de las manos, lo que le provoc&#243; un dolor agudo. Con las manos ardiendo de escozor, aporre&#243; la puerta y grit&#243; pidiendo socorro.

Un ruido le hizo volver la vista atr&#225;s. Otros tres zombis avanzaban hacia ella desde el otro lado de la calle. &#201;stos s&#237; estaban completamente descompuestos; a uno incluso le faltaba un brazo. Los otros dos zombis segu&#237;an aproxim&#225;ndose, y la mujer ya casi le hab&#237;a dado alcance. Elaine ten&#237;a que tomar una decisi&#243;n en un segundo: correr o esperar. Si esperaba y la puerta no se abr&#237;a, en breve estar&#237;a muerta.

Baj&#243; los escalones como pudo y esquiv&#243; a los tres zombis desgarbados. La mujer le pisaba los talones; pod&#237;a o&#237;r el tamborileo de sus chinelas sobre el adoquinado.

Dos zombis m&#225;s salieron tambale&#225;ndose de una calle lateral e intentaron cortarle el paso. El m&#225;s alto de los dos hab&#237;a sido una mujer y parec&#237;a estar m&#225;s despierta, m&#225;s viva que su acompa&#241;ante. Le resultar&#237;a imposible esquivarla. Elaine sigui&#243; corriendo y se meti&#243; en el primer callej&#243;n que encontr&#243;, sin pensar, simplemente intentando huir. Fue un error. La calleja acababa en un muro; era un callej&#243;n sin salida.

Elaine empez&#243; a correr en sentido contrario, pero la mujer zombi le cerraba el paso, as&#237; que se vio obligada a retroceder lentamente. Tropez&#243; con los desperdicios arrojados al callej&#243;n, pero no cay&#243;. Palp&#243; el muro de un edificio para guiarse, y poco a poco fue deslizando los pies, buscando firmes puntos de apoyo. Ten&#237;a miedo de mirar al suelo o hacia atr&#225;s y retirar la vista de aquello que avanzaba por el callej&#243;n hacia ella.

La mujer casi parec&#237;a estar viva, de no ser por aquel espantoso mutismo. Era como una pintura, una naturaleza muerta, con todos los colores y las formas propias de la vida, aunque &#233;sta estuviera ausente. En su mortaja blanca alguien hab&#237;a bordado flores; alguien que se hab&#237;a tomado grandes molestias para darle sepultura con amor.

&#191;Puedes hablar? -pregunt&#243; Elaine.

El zombi se limit&#243; a seguir avanzando, lenta y pausadamente, con expresi&#243;n ausente, o por lo menos con ninguna que Elaine pudiera entender.

H&#225;blame, por favor. Di algo si puedes.

El zombi pareci&#243; vacilar. Despu&#233;s neg&#243; con la cabeza.

Me entiendes -dijo Elaine, con un tono de alivio en su voz que resultaba hasta doloroso o&#237;r.

La mujer zombi volvi&#243; a negar con la cabeza. &#191;Pod&#237;a entenderle realmente, o s&#243;lo se estaba moviendo como reacci&#243;n ante alg&#250;n recuerdo de su vida? Elaine no pod&#237;a saberlo, y lo m&#225;s probable era que no lo supiera nunca.

Choc&#243; con la espalda contra un muro. Dio un grito ahogado, lanzando una r&#225;pida mirada hacia atr&#225;s para comprobar que se trataba de la pared que cerraba el callej&#243;n. Tante&#243; con las manos los ladrillos; no hab&#237;a salida.

Te lo ruego, si me entiendes, detente. Por favor, no. -Elaine ni siquiera estaba segura de qu&#233; era lo que le estaba suplicando que no hiciera. Que no la tocara; que no la matara; que no la tocara con los dedos fr&#237;os de la carne muerta; que no le hiciera da&#241;o.

La mujer abri&#243; la boca, como si quisiera hablar. Un rayo de luna perdido le ilumin&#243; la cara. La lengua que colgaba entre sus dientes era de color verde salpicada de manchas encarnadas. De su boca surgi&#243; un sonido como el maullido de un gato joven.

Elaine grit&#243;.

&#161;Blaine!

Pero nadie acudir&#237;a en su ayuda; esta vez no. Le vinieron a la memoria las palabras de Gersalius, cuando le dec&#237;a que era capaz de protegerse a s&#237; misma, pero &#191;c&#243;mo?

Ninguno de los hechizos que le hab&#237;a ense&#241;ado hasta el momento era de utilidad en este caso. Toda la magia que sab&#237;a no serv&#237;a de nada contra los muertos. Los dem&#225;s zombis se hab&#237;an acercado cojeando al callej&#243;n. Manten&#237;an una respetuosa distancia respecto a la mujer zombi, pero all&#237; estaban. &#191;Por qu&#233; la mujer no se decid&#237;a a atacar?

&#191;A qu&#233; esperas?

La mujer la mir&#243; y volvi&#243; a emitir un espeluznante maullido. &#191;Trataba de decirle algo? &#191;Era eso? &#191;Se deber&#237;a al hecho de que Elaine intentaba hablar con ella, no s&#243;lo huir, o luchar, sino dialogar? &#191;Era aquello lo que la hac&#237;a dudar?

&#191;Quieres hablar?

La mujer sacudi&#243; la cabeza pero abri&#243; la boca de nuevo. Tosi&#243; con violencia como si sus pulmones no estuvieran acostumbrados a tomar aire para respirar. Un hilillo de un fluido negro le resbal&#243; por la barbilla debido a la tos, y ella se limpi&#243; con el dorso de una mano macilenta.

La mujer estaba lo suficientemente despierta para que le molestase aquel fluido negro que le corr&#237;a por el rostro. No era solamente un esqueleto andante, un simple zombi.

&#191;Quieres decirme algo?

La respuesta fue un movimiento negativo con la cabeza.

&#191;Quieres ense&#241;arme algo?

La mujer asinti&#243;, casi con ansia.

Elaine trag&#243; saliva con dificultad, debido al nudo que le atenazaba la garganta y que amenazaba con ahogarla.

Hazlo, por favor.

La mujer muerta le hizo se&#241;as y empez&#243; a caminar en sentido contrario, hacia la entrada del callej&#243;n, donde se encontraban los dem&#225;s zombis. &#191;Acaso se trataba de un truco para que Elaine se acercara a ellos? No le parec&#237;a probable. Estaba atrapada. De querer asesinarla, ya lo habr&#237;an hecho. No hab&#237;a ninguna raz&#243;n para intentar enga&#241;arla.

Tengo miedo de los dem&#225;s.

La mujer zombi se limit&#243; a hacerle se&#241;as para que la siguiera, como si no la oyera o no quisiera entenderle. Los dem&#225;s zombis se apartaban de la mujer muerta, temerosos de ella, al parecer. &#191;Qu&#233; pod&#237;a asustar a los muertos? Elaine prefer&#237;a no saberlo, pero &#191;acaso ten&#237;a otra opci&#243;n? La mujer zombi quer&#237;a ense&#241;arle algo. Tal vez fuera &#233;sa la &#250;nica raz&#243;n de que siguiera con vida. Tal vez la matar&#237;a si dejaba de seguirla. Parec&#237;a bastante probable.

Los dem&#225;s zombis hab&#237;an salido a la calle principal. Se api&#241;aban a ambos lados de la boca del callej&#243;n. La mujer zombi esperaba justo al otro lado, m&#225;s all&#225; de donde ellos se encontraban.

Elaine vacil&#243; al ver a los zombis agazapados a ambos lados. Si se decid&#237;a a avanzar entre ellos, &#233;stos podr&#237;an apresarla f&#225;cilmente. Pero Elaine no quer&#237;a pasar tan cerca de ellos, no de forma voluntarla.

La mujer zombi hizo un gesto impaciente; el m&#225;s brusco que hab&#237;a hecho hasta el momento. Si provocaba su enojo, &#191;la dejar&#237;a a merced de los dem&#225;s zombis?

Elaine respir&#243; hondo y se dirigi&#243; como una flecha hacia la entrada de la calleja. El zombi manco la asi&#243; por la falda. Elaine chill&#243; y tuvo la extra&#241;a sensaci&#243;n de que el zombi se re&#237;a de ella, aunque era evidente que los zombis no pod&#237;an tener sentido del humor. Elaine mir&#243; fijamente los brillantes ojos del cad&#225;ver. Los ojos estaban de alg&#250;n modo vivos, mucho m&#225;s que el cuerpo del que formaban parte. Aquellos ojos brillantes atrapados en un cuerpo putrefacto la asustaron m&#225;s que ninguna otra cosa. Era como si hubiera una persona viva confinada en aquel cuerpo.

Elaine sacudi&#243; la cabeza para desechar aquel pensamiento. Eso era imposible.

La mujer zombi dio la vuelta a la esquina y sigui&#243; avanzando por la calle principal. Elaine se apresur&#243; tras ella, echando un &#250;ltimo vistazo hacia los dem&#225;s, que segu&#237;an esperando, todav&#237;a agazapados. Cuando la mujer zombi se encontraba casi en la otra esquina, se levantaron y empezaron a seguirlas.

La mujer muerta en ning&#250;n momento mir&#243; hacia atr&#225;s. &#191;Se hab&#237;a olvidado de Elaine? &#191;Por qu&#233; los dem&#225;s muertos obedec&#237;an a la mujer? Elaine hab&#237;a le&#237;do en los libros de Jonathan que los zombis eran simplemente cad&#225;veres capaces de caminar, que aceptar&#237;an las &#243;rdenes del mago que los hubiera despertado, pero no de otro zombi.

La mujer zombi se adentr&#243; en una calle estrecha y sinuosa. Las plantas superiores de las edificaciones casi se tocaban por encima de sus cabezas, dejando la calle sumergida en una oscuridad casi absoluta. La mortaja blanca de la mujer era una silueta tr&#233;mula que avanzaba hacia adelante. Era una blancura incierta, siempre en movimiento, que nunca se volv&#237;a hacia atr&#225;s, que nunca vacilaba, y que evoc&#243; en Elaine las historias de fantasmas que hab&#237;a le&#237;do. &#191;Estaba siguiendo a un fantasma? &#191;Era posible que la mujer fuera un espectro? &#191;Pod&#237;an pudrirse los fantasmas? Elaine no lo cre&#237;a as&#237;, pero hab&#237;a demasiadas cosas que no sab&#237;a a ciencia cierta.

Mientras avanzaba despacio por las l&#250;gubres calles, se abrazaba para darse calor. Deseaba volver a encontrar su abrigo tirado en alg&#250;n lugar en medio de aquella fr&#237;a noche de invierno. &#191;La habr&#237;a echado de menos Blaine a esas alturas? Sab&#237;a que no se hallaba gravemente herido, puesto que no percib&#237;a el menor indicio de una visi&#243;n. Por supuesto, nunca hab&#237;a estado a su lado en un combate.

Al o&#237;r una piedra tras ella, volvi&#243; la vista atr&#225;s y comprob&#243; que la calle estaba atestada de zombis de todas las formas y tama&#241;os, que casi taponaban la calleja. Elaine se apresur&#243; tras la distante figura blanca. Sinti&#243; la necesidad de correr, temerosa de que los dem&#225;s intentaran darle caza. Parec&#237;a que s&#243;lo ten&#237;an intenci&#243;n de seguirla, no de hacerle da&#241;o. De momento.

La calle empez&#243; a ascender por una colina. La mujer zombi esper&#243; en la cima, ba&#241;ada en luz de luna. Por un instante, a Elaine le pareci&#243; que la mujer zombi emit&#237;a luz, pero a medida que se acercaba comprob&#243; que era una ilusi&#243;n creada por el contraste con la oscuridad del cielo y la tenebrosa calle. La mujer muerta se hab&#237;a detenido en medio de un claro, lejos de cualquier edificaci&#243;n. Despu&#233;s de pasar por aquellas callejas estrechas sumidas en la oscuridad, la luz de la luna parec&#237;a casi demasiado brillante, artificial.

La mujer zombi se encontraba al lado de una valla alta y rematada con &#225;pices, confeccionada con barras de hierro negras. Elaine se acerc&#243; a la verja. Era un cementerio, y las tumbas salpicaban el suelo como los dientes rotos de un gigante,

La muchacha mir&#243; a la mujer.

&#191;Por qu&#233; me has tra&#237;do aqu&#237;?

La mujer se&#241;al&#243; hacia la valla y lo que hab&#237;a al otro lado.

Es un cementerio. Ya me he dado cuenta. &#191;Quieres mostrarme el lugar del que has salido?

La mujer zombi neg&#243; con la cabeza, sin dejar de se&#241;alar al cementerio.

&#191;Quieres que entre en &#233;l?;

De nuevo el mismo gesto de cabeza.

No entiendo qu&#233; quieres decirme -dijo Elaine.

Tras ambas mujeres se oyeron ruidos que recordaban a una refriega. Elaine se volvi&#243;. Los muertos se hab&#237;an colocado tras ella como si fueran el p&#250;blico asistente a un espect&#225;culo. Un ni&#241;o peque&#241;o, de no m&#225;s de siete a&#241;os, se encontraba m&#225;s cerca que ninguno de ella. Elaine estuvo a punto de preguntarle qu&#233; estaba haciendo all&#237;, pero cuando gir&#243; la cabeza hacia ella, pudo ver que de la mejilla le sobresal&#237;a un hueso.

Elaine se apoy&#243; en la verja y apret&#243; con una mano el fr&#237;o metal, como si fuera lo &#250;nico real. Si pod&#237;a encontrar algo a lo que aferrarse, tal vez el resto desaparecer&#237;a, ser&#237;a irreal. &#201;sa era la t&#225;ctica de Elaine contra las pesadillas. Al despertar, encontraba algo real y normal que pod&#237;a coger, tocar, y el sue&#241;o pasaba a ser s&#243;lo eso, un sue&#241;o.

Algo sub&#237;a con dificultad por la pendiente de la colina. En un primer momento, los ojos de Elaine no pudieron reconocer de qu&#233; se trataba. Estaba vivo, se mov&#237;a, pero de pronto lo vio con claridad, y dese&#243; que no hubiera sido as&#237;.

Se trataba de un cad&#225;ver gravemente deteriorado. No ten&#237;a piernas, y s&#243;lo contaba con el mu&#241;&#243;n de un brazo para subir a la colina. La carne purulenta presentaba manchas de diversos colores. Las costillas descarnadas rascaban el fr&#237;o suelo con un sonido met&#225;lico.

Elaine hab&#237;a agotado los gritos para esa noche. Simplemente se trataba de otra atrocidad que se a&#241;ad&#237;a a una larga lista.

Una figura cubierta por una capa con capucha surgi&#243; de las sombras cerca de los edificios. Dibuj&#243; un amplio arco para rodear a los zombis y se acerc&#243; a Elaine. Los muertos lo miraban con ojos resentidos.

&#191;Est&#225;s bien?

Era una voz masculina, normal, agradable, maravillosa.

S&#237;.

Le tendi&#243; una mano enfundada en un guante.

Ven. Te llevar&#233; a un lugar seguro. Mi conjuro no podr&#225; contenerlos durante mucho m&#225;s tiempo.

&#191;Conjuro? -repiti&#243; Elaine.

Un modesto hechizo, nada m&#225;s. Pero no puedo prolongarlo. O&#237; tus gritos y vine a buscarte. -La mano segu&#237;a ah&#237;, esperando.

Elaine hizo adem&#225;n de aceptarla. La mujer muerta intent&#243; detenerla. Elaine dio un salto hacia atr&#225;s y corri&#243; hacia el hombre. En su mano, los dedos eran s&#243;lidos y reales.

El hombre la condujo lejos del cementerio, volviendo constantemente la vista atr&#225;s hacia los muertos, que segu&#237;an esperando.

Debemos apresurarnos. Nunca hasta ahora hab&#237;a probado el conjuro sobre tantos a la vez.

&#191;Eres mago? -pregunt&#243; Elaine, aunque de hecho no cre&#237;a que lo fuera. No parec&#237;a un mago.

Oh, no. Visit&#233; a una bruja local para pedirle un conjuro y as&#237; poder caminar tranquilo por las calles. Los ancianos de la ciudad enviaron a buscar un exterminador de magos, pero mi opini&#243;n es que la magia se debe combatir con magia.

Elaine no supo qu&#233; decir, as&#237; que no dijo nada. Jonathan le hab&#237;a ense&#241;ado que la magia en ning&#250;n caso era una opci&#243;n v&#225;lida, pero en los &#250;ltimos d&#237;as hab&#237;an cambiado tantas cosas Ya no estaba segura de si Jonathan hab&#237;a tenido alguna vez raz&#243;n en algo.

El hombre la condujo de regreso a las calles estrechas, que se le antojaron a&#250;n m&#225;s l&#250;gubres tras haber estado en la colina iluminada por la luna. Tropez&#243;, y fue la mano del hombre la que detuvo su ca&#237;da.

&#191;Est&#225;s segura de que est&#225;s bien?

Sus ojos reflejaban la escasa luz que hab&#237;a. Ten&#237;an un tono oscuro. Su rostro de mand&#237;bula cuadrada parec&#237;a muy p&#225;lido en la oscuridad.

S&#243;lo he tropezado. No es nada.

El hombre sonri&#243;.

Entonces ven. Tenemos que entrar antes de que nos den alcance.

Llam&#233; a una puerta. S&#233; que hab&#237;a alguien dentro, porque vi una luz; pero no quisieron ayudarme.

&#191;As&#237; que no quisieron abrirte la puerta? -repiti&#243; &#233;l.

No.

Cierran puertas y ventanas a cal y canto, y se esconden al caer la noche. No abren las puertas a nadie. Puedes chillar o llorar, pero nadie acudir&#225; en tu ayuda.

Pero t&#250; me ayudaste.

El hombre se volvi&#243; hacia Elaine; &#233;sta crey&#243; verlo sonre&#237;r de nuevo.

Me cans&#233; de o&#237;r los gritos de auxilio de la gente, y ver que nadie los socorr&#237;a. As&#237; que decid&#237; hacerlo yo mismo.

Gracias.

Ya hemos llegado. -Se detuvo ante una de las puertas de vivos colores, una entre decenas. Solt&#243; la mano de Elaine y extrajo una llave de la bolsa que pend&#237;a de su cinto. Abri&#243; la puerta y le hizo se&#241;as para que entrara. Ella se par&#243; en seco nada m&#225;s entrar. No hab&#237;a luz, as&#237; que la oscuridad era m&#225;s profunda dentro que fuera. Al cerrar la puerta, Elaine no pudo distinguir el contorno de su propia mano ante sus ojos. Era l&#243;brego como una cueva, y ol&#237;a a moho como un desv&#225;n que llevara mucho tiempo cerrado.

Oy&#243; la llave girando de nuevo en la cerradura.

Es la &#250;nica manera de que los muertos se queden fuera -coment&#243;-. No te muevas, traer&#233; una vela. No me habr&#237;a tomado la molestia de rescatarte de la colina para que ahora tropieces y te rompas el cuello en medio de esta oscuridad. -En su voz hab&#237;a cierta iron&#237;a.

Elaine se qued&#243; all&#237; clavada, paralizada en medio de la oscuridad. La capa de su salvador le roz&#243; una pierna al pasar a su lado. Parec&#237;a poder ver sin problema, pero tal vez se deb&#237;a simplemente a que conoc&#237;a muy bien la estancia.

El olor a moho parec&#237;a haberse intensificado.

Se oy&#243; una especie de silbido y Elaine percibi&#243; el olor del azufre. La chisporroteante llama brillaba como una estrella en la oscuridad. El hombre la acerc&#243; a la primera vela dispuesta en un candelabro que descansaba sobre una mesilla. La vela prendi&#243;, y el hombre apag&#243; el f&#243;sforo, que coloc&#243; cuidadosamente en una bandeja de peque&#241;o tama&#241;o. Tom&#243; la vela del candelabro y la utiliz&#243; para encender otras dos. La luz era c&#225;lida y agradable, y su llama se reflejaba en el espejo dorado colgado en la pared.

&#191;C&#243;mo te llamas? -pregunt&#243; el hombre.

Elaine Clairn. &#191;Y t&#250;?

&#201;l alz&#243; la vista, con la cara entornada de forma que el espejo s&#243;lo la reflejaba en parte. Acto seguido se volvi&#243; hacia ella, sonriendo. La llama de las velas dibujaba un profundo contraste de luces y sombras danzantes en el interior de la capucha. Por un instante, no hubo nada m&#225;s que los destellos que emit&#237;an sus ojos al reflejar las llamas.

Los muertos no tienen nombre, Elaine Clairn.

&#191;Qu&#233; has dicho?

El hombre se descubri&#243;, echando la capucha hacia atr&#225;s. Su rostro era estrecho, pero en &#233;l destacaban los fuertes huesos de la mand&#237;bula. Ten&#237;a una larga melena oscura que le ca&#237;a sobre los hombros, y una fina nariz que presentaba una concavidad en medio, como si alguien lo hubiera golpeado hac&#237;a tiempo y la herida no hubiera cerrado bien.

Elaine dio un paso hacia adelante, mir&#225;ndolo de hito en hito. Nadie lo hab&#237;a golpeado; la nariz estaba descomponi&#233;ndose, desmenuz&#225;ndose.

El hombre sonri&#243; ampliamente, y los labios se agrietaron, dejando caer un hilillo de sangre por la barbilla.

Me estoy pudriendo, Elaine Clairn, y t&#250; me salvar&#225;s.

&#191;C&#243;mo? -dijo Elaine en un susurro.

Tu sangre, Elaine. Beber&#233; tu sangre.



Cap&#237;tulo 21

Elaine retrocedi&#243; hasta la puerta. Intent&#243; girar el picaporte, pero estaba cerrada con llave. Ella misma lo hab&#237;a o&#237;do hacerlo, y sin embargo se hab&#237;a quedado ah&#237; de pie, como una tonta, permitiendo que la encerrara.

El impulso de aporrear la puerta, de dejarse llevar por el p&#225;nico, era muy intenso. Seguro que moment&#225;neamente le sentar&#237;a bien gritar y despotricar, pero eso ser&#237;a lo &#250;ltimo que har&#237;a. Elaine no pod&#237;a dejarse vencer por el miedo. Ten&#237;a que pensar.

El zombi se quit&#243; un guante. Su piel, fina como el papel, se tensaba sobre sus huesos. Recogi&#243; con dos dedos la sangre que le resbalaba por la barbilla. Despu&#233;s se los llev&#243; a los labios y los chup&#243;, sorbiendo la sangre como si fuera un caramelo.

Elaine hizo todo lo posible por no prestarle atenci&#243;n. El vest&#237;bulo se prolongaba m&#225;s all&#225; del alcance de la luz de las velas. Hab&#237;a dos puertas, una enfrente de otra, justo detr&#225;s del zombi; despu&#233;s el pasillo giraba bruscamente. Si consegu&#237;a correr en esa direcci&#243;n y esquivar al zombi, tal vez encontrar&#237;a alguna salida: una puerta, una ventana, algo. Cualquier cosa antes que dejarse atrapar as&#237;, acorralada contra la puerta.

La puerta retumb&#243; con los golpes que alguien le propin&#243; desde el exterior. Elaine se sobresalt&#243;, sin poder reprimir un breve chillido.

Elaine, Elaine, abre. Soy yo, Blaine.

Elaine volvi&#243; la vista hacia la puerta, con las manos apoyadas en la superficie de madera.

Blaine, estoy encerrada.

Eso suena bien. Los zombis ya dieron buena cuenta de mi caballo, no quiero ser el siguiente.

Elaine golpe&#243; la madera con la palma de la mano.

Hay uno aqu&#237;. Es quien me encerr&#243;.

El zombi en cuesti&#243;n pregunt&#243;:

&#191;Qui&#233;n es ese tal Blaine?

Elaine se apoy&#243; con fuerza en la puerta.

Mi hermano.

El zombi volvi&#243; a sonre&#237;r, chupando la sangre a medida que &#233;sta flu&#237;a de sus labios agrietados.

Podr&#225; escuchar tus gritos mientras mueres. &#161;Ser&#225; maravillosamente horrible!

&#161;Blaine!

La puerta vibr&#243; con los golpes que Blaine le propinaba con los pu&#241;os y la empu&#241;adura de su espada.

La puerta es demasiado maciza. Encontrar&#233; otra manera de entrar.

No hay otra manera -dijo el zombi-. He inutilizado las ventanas con tablas, y cerrado las puertas con llave. &#201;l est&#225; atrapado afuera, con los dem&#225;s, y t&#250; aqu&#237; adentro, conmigo. -Hizo un gesto breve llev&#225;ndose la mano al pecho.

Se oy&#243; un ruido fuera, como si un cuerpo hubiera chocado contra la puerta.

Blaine, &#191;est&#225;s ah&#237;? &#191;Blaine?

El zombi ri&#243;.

Los dem&#225;s se ocupar&#225;n de tu hermano, Elaine Clairn, descuida.

Elaine sigui&#243; apretando con fuerza la espalda contra la puerta.

&#161;Blaine! &#161;Blaine!

Algo de gran tama&#241;o se desliz&#243; a lo largo de la puerta, haci&#233;ndola vibrar en su marco. Algo de mayor tama&#241;o que Blaine. Alguien gir&#243; el picaporte desesperadamente, sacudiendo la puerta.

&#161;Blaine!

Ya no est&#225;, Elaine, se ha ido antes que t&#250;. -El muerto viviente avanz&#243; hacia ella despacio, con un andar casi felino-. Pero no te apures, t&#250; hora est&#225; tambi&#233;n a punto de llegar.

Llevaba el candelabro consigo, en la mano todav&#237;a enguantada. Alarg&#243; la mano; los dedos de los que hab&#237;a chupado la sangre ahora le rozaban la mejilla. Su piel parec&#237;a disecada, y ten&#237;a el tacto irreal del pergamino.

Coloc&#243; el candelabro a la altura de la cintura e inclin&#243; la cabeza hacia ella como si quisiera besarla. Elaine llev&#243; una mano hacia la llama de una vela, y &#233;sta bail&#243; en su palma, como suced&#237;a durante sus visiones; pero no le dol&#237;a, no le quemaba, s&#243;lo titilaba y bailaba sobre su piel.

El zombi se ech&#243; hacia atr&#225;s, tan s&#243;lo durante una fracci&#243;n de segundo.

&#191;Qui&#233;n eres t&#250;, Elaine? &#191;Una maga? Nunca he probado la sangre de un mago.

Elaine llev&#243; la diminuta llama a la altura de sus ojos, para que el zombi pudiera verla mejor. Tom&#243; aire y sopl&#243; sobre la llama en direcci&#243;n a su cara; quer&#237;a que la llama prendiera, ardiera, creciera. Y as&#237; fue.

El zombi grit&#243;, volvi&#233;ndose hacia el vest&#237;bulo, d&#225;ndose golpes con las manos en la cabeza. Dej&#243; caer el candelabro al suelo. Una vela se apag&#243;. Elaine cogi&#243; la otra y ech&#243; a correr por el pasillo, protegiendo la llama con la otra mano.

Justo al girar la esquina hab&#237;a una escalera que sub&#237;a al primer piso. Vacil&#243;. &#191;Deber&#237;a seguir investigando el pasillo? &#191;O ser&#237;a mejor subir?

Te matar&#233;, Elaine Clairn, y te sorber&#233; la m&#233;dula de los huesos.

Elaine subi&#243; corriendo la escalera. La llama tembl&#243; y qued&#243; reducida a un punto azulado. Elaine dej&#243; de correr, para que la llama se reavivase. La idea de quedarse en la m&#225;s absoluta oscuridad en un lugar desconocido con un zombi era demasiado espantosa. La llama volvi&#243; a crecer, creando un delicado halo de luz a su alrededor. Algo de gran tama&#241;o golpe&#243; con el primer escal&#243;n.

Elaine baj&#243; la vista. El rostro del zombi se encontraba al borde mismo del c&#237;rculo de luz. La purulenta nariz hab&#237;a desaparecido. La cara hab&#237;a sido consumida por el fuego, y de ella s&#243;lo quedaban unos cuantos ligamentos rosados tensados sobre los huesos. Lo que anta&#241;o hab&#237;a sido un hombre atractivo era ahora un esqueleto en estado de descomposici&#243;n, como si el fuego hubiera revelado su verdadera naturaleza.

Hubiera intentado hacerlo lo m&#225;s agradable posible para ti, Elaine, pero ahora ya no te lo mereces. Ahora sufrir&#225;s como yo estoy sufriendo. Y al beber tu sangre sanar&#233;. Ni siquiera el fuego puede da&#241;arme por mucho tiempo. -Subi&#243; un escal&#243;n, agarr&#225;ndose a la barandilla con la mano enguantada. Sus movimientos parec&#237;an producirle un dolor lacerante, por mucho que &#233;l lo negara.

Elaine subi&#243; otros dos escalones de espaldas. El zombi se desplom&#243; sobre las rodillas y empez&#243; a subir la escalera a cuatro patas, como un mono, cada vez m&#225;s r&#225;pido. Elaine ech&#243; a correr.

Una mano le dio alcance all&#237; donde terminaba la escalera. Elaine dej&#243; caer la vela debido al susto. &#201;sta rod&#243; por el suelo y se apag&#243;. La muchacha grit&#243;, intentando liberarse de aquellas manos por todos los medios, pero &#233;stas consiguieron arrojarla al suelo, donde ahora yac&#237;a en una oscuridad tan absoluta que hubiera podido llevarse los dedos a los ojos y no hubiera sido capaz de verlos.

No pod&#237;a ver, pero s&#237; o&#237;r: pies y manos se arrastraban por la escalera, tropezando y resbalando. Aquello que la hab&#237;a aferrado estaba en el piso superior. Se encontraba sobre ella pero no parec&#237;a tener intenci&#243;n de tocarla o de hacerle nada.

El zombi subi&#243; la escalera a toda velocidad. Su aliento llenaba la oscuridad. Se oy&#243; un sonido como si alguien hubiera cortado el aire; despu&#233;s, el golpe sordo de una hoja hundi&#233;ndose en la carne. Un ruido semejante al de la lluvia, y un l&#237;quido tibio se derram&#243; sobre el rostro de Elaine. Algo rod&#243; por el suelo y rebot&#243; contra la pared contraria.

En medio de la oscuridad surgieron chispas como estrellas fugaces. Un peque&#241;o farol cobr&#243; vida. Arrodillado en el c&#237;rculo de luz se encontraba Blaine.

Elaine lo mir&#243; fijamente durante unos instantes, observando su larga melena rubia y su manto blanco, que absorb&#237;a la luz como si estuviera confeccionado en hilos de oro.

Los ojos empezaron a escocerle debido a las l&#225;grimas, que le nublaron la vista. Elaine se llev&#243; los dedos a la zona h&#250;meda de su cara y supo que se trataba de sangre. La cabeza del zombi era lo que hab&#237;a rodado por encima de la alfombra. El cuerpo decapitado yac&#237;a sobre el &#250;ltimo escal&#243;n, y de &#233;l manaba una sangre de color negro azabache que se iba derramando por el suelo.

Blaine se arrodill&#243; a su lado.

&#191;Est&#225;s bien, Elaine?

Asinti&#243; con la cabeza, desconfiando de su propia voz. Acto seguido, se incorpor&#243; y se ech&#243; en sus brazos. Ambos se abrazaron como si s&#243;lo ellos dos existieran sobre la tierra. En ese momento no hab&#237;a nada m&#225;s, s&#243;lo ellos dos, y m&#225;s all&#225; del c&#237;rculo de luz, la nada.

Elaine alz&#243; la cabeza para mirarlo a los ojos.

&#191;C&#243;mo entraste?

La ventana del &#225;tico. Est&#225; recubierta de l&#225;minas de madera para permitir la ventilaci&#243;n. Supongo que el zombi pens&#243; que si no era posible ver a trav&#233;s de ella, tampoco ser&#237;a posible que nadie se colara.

Dudo que contemplara la posibilidad de que alguien se animara a escalar tejados en pleno invierno.

Blaine sonri&#243;.

Tal vez no.

El zombi se estremeci&#243;, y una de sus manos se agit&#243; en el suelo. Blaine ayud&#243; a Elaine a ponerse en pie.

&#191;Crees que podr&#225;s subir al tejado con las faldas?

El muerto viviente estaba intentando colocar las manos bajo el pecho para incorporarse.

Creo que s&#237;.

Blaine la gui&#243; por el pasillo, levantando el farol para aumentar la intensidad de la luz, hasta que llegaron a una puerta de peque&#241;o tama&#241;o en un marco astillado.

La puerta estaba cerrada, pero no tan bien hecha como la de la entrada.

Hab&#237;a una estrecha escalera de caracol. En la parte superior se notaba el fr&#237;o, un remolino de copos de nieve y un parche helado de luz de luna. Aquella ventana abierta se le antoj&#243; a Elaine una de las cosas m&#225;s bellas que hab&#237;a visto en su vida.

Blaine se arrodill&#243; al lado de la mochila que hab&#237;a dejado all&#237;. Apag&#243; el farol y lo envolvi&#243; cuidadosamente antes de volver a guardarlo. Elaine esperaba bajo la luz de la luna, aguzando el o&#237;do. No se o&#237;a ning&#250;n ruido que indicara que el zombi los persegu&#237;a, por lo menos no de momento.

Blaine le dio la mochila.

P&#225;samela cuando te lo pida.

Ella apret&#243; la mochila contra su pecho y asinti&#243; con la cabeza. Blaine se aferr&#243; al alf&#233;izar y alz&#243; el cuerpo. Cuando estaba a su altura, hizo fuerza con los brazos y se introdujo en la ventana de cabeza; s&#243;lo pod&#237;an verse sus dedos sobre el alf&#233;izar. De repente quedaba s&#243;lo una mano, y en seguida su rostro apareci&#243; al otro lado de la ventana.

Se equilibr&#243; haciendo uso del pecho, con una mano en el alf&#233;izar, y alarg&#243; la otra por el hueco. Elaine le alcanz&#243; la mochila. El se pas&#243; una de las tiras por el hombro, y acto seguido le tendi&#243; el brazo a Elaine.

La muchacha agarr&#243; su mano con fuerza. &#201;l flexion&#243; el brazo, con intenci&#243;n de levantarla. La mu&#241;eca de Blaine temblaba por el esfuerzo, pero no vacil&#243;. Cuando se encontraba a la altura del alf&#233;izar, Elaine se aferr&#243; a &#233;ste con la otra mano para ayudar a su hermano a alzarla a trav&#233;s de la ventana. Blaine tir&#243; de ella, agarr&#225;ndose con la otra fuertemente al alf&#233;izar, y la hizo pasar por el hueco.

Elaine se apret&#243; contra &#233;l y mir&#243; hacia abajo, hacia el vac&#237;o. El tejado descend&#237;a bruscamente, casi vertical, hacia la calle. La nieve ca&#237;a arremolin&#225;ndose en la negrura de la noche. Las botas de Elaine resbalaron sobre el tejado helado; s&#243;lo los brazos de Blaine detuvieron su ca&#237;da.

&#191;Puedes escalar por encima de la ventana?

A Elaine le parec&#237;a que ten&#237;a el coraz&#243;n en la garganta, as&#237; que intent&#243; tragar saliva, con la esperanza de que volviera a su sitio. Se sent&#237;a incapaz de respirar mientras observaba la vertiginosa oscuridad.

No mires hacia abajo, Elaine. M&#237;rame a m&#237;.

Alz&#243; la vista hasta su rostro. Estaba tan cerca que pod&#237;a apreciar el blanco de sus ojos y sentir su pulso latiendo en la garganta. Aquella situaci&#243;n no parec&#237;a gustarle mucho m&#225;s que a ella. Debido a un lamentable incidente con un drag&#243;n, ambos hermanos ten&#237;an miedo a las alturas.

&#191;Crees que puedes subirte al alero? -Su voz conten&#237;a m&#225;s calma que sus enormes ojos.

Elaine alz&#243; la vista de nuevo. Sobre la ventana del &#225;tico hab&#237;a un peque&#241;o saliente como para que una persona pudiera sentarse, eso s&#237;, con mucho cuidado.

S&#237;.

Entonces hazlo. No podr&#233; aguantar tu peso mucho m&#225;s tiempo. -Su voz segu&#237;a siendo tranquila, pero se intu&#237;a cierta tensi&#243;n en ella.

Elaine alarg&#243; la mano hacia el alero. Las tejas estaban tan fr&#237;as que su mero roce dol&#237;a, pero se alegr&#243; de no llevar guantes: ahora necesitaba de la m&#225;xima sensibilidad y adherencia para trepar hasta all&#237;.

Se separ&#243; de Blaine y coloc&#243; las manos sobre las resbaladizas tejas, confiando en que &#233;l le sujetar&#237;a las piernas y no permitir&#237;a que cayera. Un resbal&#243;n ser&#237;a la muerte segura de ambos.

Se aferr&#243; al tejado con rigidez.

Necesito levantar una pierna, pero no sueltes la otra.

Blaine dej&#243; de apretar las piernas con tanta fuerza.

No te preocupes, estoy aqu&#237;.

Elaine subi&#243; un pie al alf&#233;izar. Ahora ven&#237;a la parte m&#225;s peligrosa. Para poder subir ambas piernas al alf&#233;izar, Blaine ten&#237;a que soltarla del todo. Permaneci&#243; de pie unos instantes, agarr&#225;ndose desesperadamente a las tejas, con los pies firmemente apuntalados en el alf&#233;izar. Oy&#243; a Blaine suspirar aliviado al tener que aguantar &#250;nicamente su propio peso.

Elaine se puso de puntillas, tanteando con las manos en busca de un agarre. Cuando sinti&#243; los dedos bien afirmados, por lo menos lo m&#225;ximo posible, apoy&#243; los pies y trep&#243;. Sinti&#243; la mano de Blaine ayud&#225;ndola por la espalda, y por fin consigui&#243; subirse al techo del aler&#243;n. Tom&#243; asiento e intent&#243; volver a aprender a respirar.

Oy&#243; c&#243;mo Blaine trepaba tras ella, y supo que tendr&#237;a que moverse para dejarle sitio. Alz&#243; la vista hacia las tejas cubiertas de nieve y suspir&#243;. Ten&#237;a que moverse, pero la perspectiva no la atra&#237;a lo m&#225;s m&#237;nimo.

Gate&#243; con los pies, las manos fuertemente aferradas a las tejas, reptando lentamente, unos pocos cent&#237;metros cada vez.

Pudo ver los dedos de Blaine en el borde del aler&#243;n. Pero &#233;ste profiri&#243; un grito ahogado y una de sus manos desapareci&#243;, quedando colgado del aler&#243;n con la otra.

Elaine se arrodill&#243; para intentar ayudarlo. Pero no podr&#237;a sujetarlo ella sola, tal como &#233;l hab&#237;a hecho. Incluso al iniciar el descenso hacia &#233;l, era consciente de que ambos se precipitar&#237;an al vac&#237;o, opci&#243;n que no le desagradaba si la &#250;nica alternativa era verlo caer a &#233;l solo.

El zombi decapitado hab&#237;a agarrado a Blaine por las piernas, y la mitad de su cuerpo sobresal&#237;a de la ventana. Elaine se tumb&#243; sobre el aler&#243;n y alarg&#243; el brazo hacia su hermano. Sin embargo, en lugar de aceptarlo, Blaine intentaba alcanzar el tejado de nuevo. Pero no lo consigui&#243;.

C&#243;geme del brazo, Blaine, por favor.

Sus ojos lo dec&#237;an todo. No, fue lo &#250;nico que sali&#243; de sus labios.

Elaine lo asi&#243; por la manga y tir&#243; de &#233;l. El zombi se colg&#243; del cuerpo de Blaine. El peso lo hizo ladearse, y los dedos resbalaron poco a poco de las tejas. Elaine lo agarr&#243; por la manga con todas sus fuerzas, mientras gritaba:

&#161;C&#243;geme de la mano!

El zombi finalmente se precipit&#243; hacia el exterior por la ventana, todav&#237;a aferrado a las piernas de Blaine. &#201;ste permaneci&#243; colgado a&#250;n unos instantes. Elaine, con el cuerpo estirado sobre el tejado y los dedos clavados en la tela, tir&#243; de la manga con m&#225;s fuerza.

Blaine no pudo aguantar m&#225;s tiempo, y la tela se rasg&#243;. Mientras se precipitaba al vac&#237;o, su hermano articul&#243; su nombre: Elaine.

&#161;Blaine!

Elaine se qued&#243; inm&#243;vil, tumbada sobre el tejado, con el trozo de tela desgarrada fuertemente apretada entre las manos. Observ&#243; c&#243;mo la nieve era engullida por la oscuridad, y trat&#243; de verlo. Pero s&#243;lo vio la negra noche y los copos de nieve.



Cap&#237;tulo 22

Teresa yac&#237;a muy quieta bajo las mantas. Su espesa melena, negra como el azabache y tupida como el pelaje de un animal, se desplegaba sobre la almohada. Cuando dorm&#237;a profundamente, su rostro parec&#237;a m&#225;s dulce, menos duro; y aqu&#233;l era un sue&#241;o muy profundo. Ten&#237;a el brazo izquierdo vendado fuertemente contra el pecho. La herida no hab&#237;a parado de sangrar, hasta el punto de que Jonathan empez&#243; a temer por su vida.

Averil se encontraba gravemente herida. El m&#233;dico hab&#237;a dicho incluso que tal vez no llegar&#237;a al d&#237;a siguiente. Uno de los muertos la hab&#237;a mordido en la garganta.

El doctor le hab&#237;a dado a Teresa una infusi&#243;n de hierbas para ayudarla a conciliar el sue&#241;o, para evitar que saliera en mitad de la noche en busca de los gemelos. Necesita descansar, hab&#237;a dicho el m&#233;dico, y el tiempo har&#237;a el resto.

Jonathan estaba sentado a su lado, con una de las manos de Teresa entre las suyas. Ella le apretaba levemente las manos, incluso en medio de aquel sue&#241;o inducido por las drogas. La luz de la l&#225;mpara titilaba, ba&#241;&#225;ndolo todo en oro. Las l&#225;grimas se derramaron por fin en silenciosos hilos por las mejillas, de Jonathan. &#191;Estar&#237;an muertos los gemelos? &#191;Podr&#237;an sobrevivir durante toda la noche entre los muertos vivientes?

No. Jonathan era consciente de que la respuesta era negativa.

Inclin&#243; la cabeza hacia la mano de Teresa. Hab&#237;a dicho que Elaine estaba corrupta, maldita, y segu&#237;a pensando que su talento para sanar era maligno, o como m&#237;nimo antinatural. Pero nadie sab&#237;a lo que habr&#237;a dado por no haber discutido con ella, por no tener aquel &#250;ltimo recuerdo amargo de Elaine.

La idea de que Elaine hab&#237;a muerto pensando que &#233;l la odiaba, tal vez odi&#225;ndolo a su vez, le resultaba casi insoportable.

Teresa vivir&#237;a, aunque el m&#233;dico no pod&#237;a prometer que recuperar&#237;a totalmente el brazo. Ella todav&#237;a no lo sab&#237;a, y &#233;l no se lo dir&#237;a a menos que no le quedase m&#225;s remedio. Era un cobarde.

Alguien llam&#243; a la puerta con delicadeza. Jonathan decidi&#243; no abrir, fingiendo que tambi&#233;n dorm&#237;a. Pero volvieron a llamar. Jonathan suspir&#243;.

&#191;Qu&#233; pasa? -dijo al fin.

La puerta se abri&#243; despacio. Thordin apareci&#243; en mitad del umbral. Su mirada se dirigi&#243; al instante hacia la tez p&#225;lida de Teresa. Despu&#233;s mir&#243; a Jonathan.

Est&#225; descansando.

Thordin tom&#243; aire y espir&#243; lentamente.

Los vecinos est&#225;n reunidos. El consejo quiere hablar con nosotros esta noche. -Entr&#243; en la habitaci&#243;n y cerr&#243; la puerta tras &#233;l. Apoy&#243; la espalda en ella, con los brazos cruzados sobre el pecho-. No les dije que Blaine y Elaine eran algo m&#225;s que ayudantes del exterminador de magos. No sab&#237;a si quer&#237;as que lo supieran.

Jonathan neg&#243; con la cabeza.

No, nuestro duelo es algo &#237;ntimo. Blaine formaba parte de la hermandad. Era consciente del riesgo que corr&#237;a. Pero Elaine -Se qued&#243; sin voz, y tuvo que girar la cabeza para que Thordin no viera sus l&#225;grimas.

No es culpa de nadie, Jonathan.

&#191;Ah, no? -respondi&#243;, mientras se volv&#237;a de nuevo hacia Thordin, con la mirada nublada por las l&#225;grimas y la ira. El odio que sent&#237;a hacia s&#237; mismo amenazaba con ahogarlo-. Si hubiera permitido que se quedara en casa con el mago, que aprendiera su magia en paz, todav&#237;a estar&#237;a viva.

No sabemos con seguridad si est&#225;n muertos, Jonathan.

Elaine iba desarmada, Thordin.

Blaine fue en su busca. Es un buen guerrero.

Estar&#237;amos todos muertos si Lukas no hubiera abierto la puerta. Nos salv&#243; a todos.

Puede que otra persona haya abierto la puerta a los gemelos.

Thordin, es de noche, y los zombis vagan por las calles. Nadie arriesgar&#225; su vida por unos extra&#241;os.

Vayamos a donde vayamos, siempre encontramos buenas personas, Jonathan -rebati&#243; Thordin.

Jonathan neg&#243; con la cabeza.

No, Thordin, no nos enga&#241;emos con falsas esperanzas. Debemos afrontar la realidad.

Los est&#225;s enterrando antes de que est&#233;n muertos. Simplemente te has rendido -dijo Thordin-. Y no es propio de ti, rendirte sin luchar.

Tal vez he aprendido que uno puede luchar con denuedo y constancia, y aun as&#237; tener una muerte indigna.

Te refieres a Calum Songmaster -adivin&#243; Thordin.

Jonathan asinti&#243;.

Elaine pregunt&#243; si Silvanus podr&#237;a curar a Calum. Nunca se me ocurri&#243; pensar en ello. Pero a ella s&#237;.

Elaine tiene buen coraz&#243;n -coment&#243; Thordin.

Jonathan volvi&#243; a asentir. Se restreg&#243; la mano por la cara, esparciendo las l&#225;grimas m&#225;s que enjug&#225;ndoselas.

Has dicho algo acerca del consejo de la aldea.

Quieren verte esta noche. Est&#225;n muy asustados y quieren que el gran exterminador de magos los tranquilice.

Desde que entramos en la aldea perdimos a cuatro de los nuestros en menos de una hora. &#191;Todav&#237;a creen que puedo ayudarlos?

Tienes una buena reputaci&#243;n, Jonathan. Creen en ti.

No soy ning&#250;n talism&#225;n m&#225;gico que espanta los malos esp&#237;ritus s&#243;lo por el mero hecho de existir -replic&#243; Jonathan con voz ronca.

Es probable que esperen algo as&#237;, una haza&#241;a espectacular; pero esta noche bastar&#225; con que de tus labios salgan algunas palabras esperanzadoras, si te ves con fuerza para ello.

Jonathan lo mir&#243;. El mero hecho de que Thordin le pidiera algo semejante le parec&#237;a motivo suficiente de enojo; pero, al ver el rostro sincero de su amigo, su ira se esfum&#243;.

Simplemente estaba cansado, tanto que lo &#250;nico que deseaba era acurrucarse al lado de Teresa y dormir, dormir y abrazar a su esposa como si s&#243;lo con tocarla pudiera protegerla.

Acerc&#243; la mano de Teresa a sus labios y le bes&#243; los dedos con suavidad. Se puso en pie y volvi&#243; a colocar la mano bajo las mantas, que utiliz&#243; para arropar a Teresa, cubri&#233;ndola hasta la altura de la barbilla. Despu&#233;s de peinarla brevemente con los dedos, volvi&#243; su atenci&#243;n hacia Thordin.

Vayamos a tranquilizar al consejo del pueblo -dijo.

Thordin sonri&#243;.

Este trabajo requiere mucho tacto.

Jonathan se limit&#243; a asentir. Se volvi&#243; para mirar a Teresa cuando Thordin cerraba la puerta. Ten&#237;a un aspecto macilento a la luz de la l&#225;mpara. Hab&#237;a perdido mucha sangre, pero no tanta como Averil. Dirigi&#243; la mirada a la puerta que se encontraba al otro lado del pasillo.

Silvanus velaba a su hija. Si lograba sobrevivir al amanecer, tal vez se salvar&#237;a. Pero s&#243;lo si sobreviv&#237;a esa noche.

Les hab&#237;an dicho que hab&#237;a una plaga de zombis, pero &#233;stos se contaban por cientos, muchos m&#225;s de los que pod&#237;an haber muerto aquel invierno. La aldea de Cortton no ten&#237;a tantos habitantes. &#191;De d&#243;nde hab&#237;an salido tantos muertos? &#201;sa era una de las preguntas que pensaba plantear al consejo, que estaba compuesto por la posadera, el maestro cantor y el enterrador. La posadera, Belinna, era la mujer que hab&#237;a arrojado aceite sobre los zombis. Era alta y corpulenta, pero no gruesa: las personas gruesas sol&#237;an caracterizarse por su indulgencia y suavidad. Era de constituci&#243;n s&#243;lida o, como algunos dir&#237;an, de huesos anchos, y se recog&#237;a el pelo hacia atr&#225;s en una larga trenza. El muchacho que hab&#237;a llevado la antorcha era su hijo mayor. Ahora se encontraba de pie, a su lado. Era alto, esbelto, moreno, y sus ojos duros y observadores se reflejaban en los de Belinna.

El maestro cantor, Sim&#243;n LeBec, hab&#237;a sido un bardo famoso en su juventud. Jonathan hab&#237;a tenido la oportunidad de escucharlo en una ocasi&#243;n, tal vez hac&#237;a ya treinta a&#241;os. Por aquel entonces hac&#237;a estragos entre las mujeres. Ahora sus cabellos eran canos, y ten&#237;a el rostro surcado de arrugas. S&#243;lo sus ojos se conservaban igual que entonces: azules y penetrantes.

Jonathan no hizo el menor esfuerzo por recordarle a LeBec que se hab&#237;an conocido hac&#237;a treinta a&#241;os. En esa &#233;poca no era famoso como exterminador de magos. Entonces no era m&#225;s que Jonathan Ambrose, un aventurero vagabundo que hab&#237;a llegado a especializarse en eliminar magos. La ley no lo respaldaba, por lo que casi era un proscrito. Jonathan recordaba cuan seguro se sent&#237;a entonces respecto a sus objetivos. Era como si llevase un escudo indestructible. Sin albergar la menor duda.

Jonathan se puso en pie y escrut&#243; sus semblantes angustiados; vio que su sola presencia parec&#237;a aligerar un tanto su tensi&#243;n. Era indignante que tuvieran tanta confianza en &#233;l.

El enterrador, Marland Ashe, era un hombre alto y delgado. Su piel p&#225;lida como la leche y sus ojos azul violeta eran t&#237;picos de los nativos de aquella regi&#243;n de Kartakass. La combinaci&#243;n era asombrosa, encantadora, pero ten&#237;a las mejillas picadas de viruela debido a alguna enfermedad, lo cual confer&#237;a a su piel la textura de la grava. Aquella tez deteriorada no hac&#237;a juego con aquellos ojos grandes y hermosos.

Los tres estaban sentados frente a una larga mesa en la habitaci&#243;n comunal de la posada. No hab&#237;a demasiados sirvientes. Jonathan y sus compa&#241;eros eran los &#250;nicos hu&#233;spedes. Los turistas no acud&#237;an a una aldea maldita. Si llegaban a ella por casualidad, se apresuraban a abandonarla antes de que cayera la noche. Y si, tambi&#233;n por casualidad, llegaban a ella de noche en ese caso, Jonathan ya sab&#237;a lo que les ocurr&#237;a: mor&#237;an.

&#191;Por qu&#233; hab&#233;is requerido mi presencia esta noche, consejeros?

Jonathan formul&#243; la pregunta con suma educaci&#243;n. Se sorprendi&#243; a s&#237; mismo por el tono tan calmo, casi agradable. Su voz era tambi&#233;n una enorme mentira que encubr&#237;a la enorme angustia que sent&#237;a en su cabeza y en su coraz&#243;n.

Necesitamos saber cu&#225;l es tu plan para ayudarnos -dijo LeBec.

La cara del maestro cantor parec&#237;a tranquila. Ten&#237;a entrelazadas las manos ante &#233;l, muy quietas. Demasiado quietas. El esfuerzo que estaba haciendo por aparentar calma se hac&#237;a patente en sus hombros, en los brazos, incluso en sus inm&#243;viles manos.

Jonathan tuvo ganas de re&#237;rse en su cara. &#191;Qu&#233; pod&#237;an hacer ellos? Hab&#237;an entrado a lomos de sus cabalgaduras en la aldea, y hab&#237;an estado a punto de ser aniquilados. No hab&#237;an sabido estar a la altura de lo que all&#237; les esperaba.

Vuestro mensajero nos dijo que un tercio de la poblaci&#243;n hab&#237;a muerto a causa de una enfermedad maligna. Tambi&#233;n nos dijo que los fallecidos hab&#237;an resucitado y vagaban por las calles. No obstante, ah&#237; afuera hay cientos de ellos. &#191;De d&#243;nde han salido?

El maestro cantor mir&#243; al enterrador.

El cementerio del pueblo ha quedado vac&#237;o -dijo &#233;ste-. Cortton era anta&#241;o una poblaci&#243;n mucho m&#225;s grande, una peque&#241;a ciudad. En el cementerio hay m&#225;s muertos que habitantes tiene el pueblo.

Si nos hubieran informado de que los zombis se contaban por cientos, no se nos habr&#237;a ocurrido entrar en Cortton despu&#233;s del ocaso.

La posadera se revolvi&#243; en su silla.

No lo consideramos relevante. &#191;Acaso no solicitamos la ayuda del exterminador de magos, aquel que acab&#243; con la plaga de alima&#241;as de Deccan? Seguramente superaban en n&#250;mero a nuestros muertos.

No deber&#237;ais creer todo lo que cantan los bardos -dijo Jonathan.

LeBec baj&#243; la vista hacia la mesa, como si quisiera examinarse las manos. Levant&#243; la cara para mirar a Jonathan y le sostuvo la mirada.

Soy consciente de que algunos de mis colegas de profesi&#243;n exageran, pero tampoco tanto. Realmente cre&#237;amos que estar&#237;ais a salvo si os dirig&#237;ais directamente a la posada.

&#191;De veras? &#191;Entonces por qu&#233; no abristeis la puerta? Las mujeres que yacen convalecientes en el piso de arriba tal vez podr&#237;an haberse ahorrado sus heridas si la puerta se hubiera abierto antes.

Ninguno de los tres pod&#237;a mirarlo a la cara. La c&#243;lera flu&#237;a a trav&#233;s de &#233;l como un torrente de lava que le quemara la piel. Abri&#243; la boca para decir lo que pensaba de todos ellos, pero una voz lo interrumpi&#243;.

Ten&#237;an miedo, exterminador de magos.

Jonathan se volvi&#243; y vio a Harkon Lukas apoyado contra la pared. Ten&#237;a los brazos cruzados sobre el pecho, y en sus labios se dibujaba una sonrisa burlona. Llevaba una t&#250;nica de color burdeos y pantalones con ribetes de terciopelo negro. El sombrero tambi&#233;n de color burdeos luc&#237;a nada menos que tres plumas negras. El mon&#243;culo reflejaba la luz de la l&#225;mpara, emitiendo destellos intermitentes.

Me siento ofendido por las afirmaciones difamatorias sobre mi profesi&#243;n. Os aseguro que yo s&#243;lo canto la verdad.

Salvaste nuestras vidas esta noche, y por ello te estoy agradecido.

Lukas se apart&#243; de la pared, y avanz&#243; hacia ellos dando grandes zancadas. Intent&#243; restarle importancia a su gratitud.

Me parec&#237;a est&#250;pido dejar que el salvador de la ciudad muriera en la calle.

O&#237;amos a los zombis al otro lado de la puerta -dijo Belinna-. Tem&#237;amos que la forzaran y nos mataran a todos. Todos los que han muerto desde el inicio de la plaga han resucitado para rondar por las noches. Me hubiera arriesgado a morir dignamente. -Al decir esto, roz&#243; el brazo de su hijo-. Pero esa muerte vagabunda -Neg&#243; con la cabeza-. Eso es distinto.

Jonathan no pod&#237;a rebatir semejante argumento.

Cre&#237;a que s&#243;lo resucitaban los que mor&#237;an a causa de la enfermedad.

La posadera neg&#243; con un gesto.

Todos resucitan.

Eso me parece extra&#241;o. Si la enfermedad es resultado de un hechizo, &#250;nicamente sus v&#237;ctimas deber&#237;an volver a la vida.

&#191;Qu&#233; significado puede tener el hecho de que todos los muertos se conviertan en zombis? -pregunt&#243; LeBec.

Quiz&#225; la enfermedad no tenga nada que ver con un hechizo o s&#243;lo en parte.

No s&#233; qu&#233; quieres decir -dijo LeBec.

Jonathan hizo un gesto con la cabeza, como si estuviera sopesando una idea. Pero no estaba seguro de poder explicarla. Era tan s&#243;lo una intuici&#243;n, el atisbo de una idea que todav&#237;a no estaba preparada para ver la luz o, por lo menos, para ser expuesta ante un grupo de extra&#241;os demasiado alterados.

Me gustar&#237;a tener m&#225;s pruebas antes de confirmar mi hip&#243;tesis.

Aquella era una de sus t&#225;cticas dilatorias habituales. Los tres consejeros asintieron y murmuraron entre ellos, como si hubiera dicho algo muy inteligente.

Por supuesto -dijo LeBec-, lo entendemos perfectamente. Hay que tener cuidado antes de hacer acusaciones relativas a la magia negra.

Jonathan no dijo nada. Hab&#237;a llegado a la conclusi&#243;n de que una cara adusta y guardar silencio sol&#237;a ser mucho mejor que las palabras. Sobre todo si uno no ten&#237;a nada m&#225;s que decir.

&#191;Crees que ya tienes la soluci&#243;n para el problemilla de Cortton?

Harkon Lukas se plant&#243; de pie ante Jonathan, con las manos en jarras sobre sus exiguas caderas. Era un hombre alto y de aspecto fuerte, pero hab&#237;a algo femenino en &#233;l; una gracilidad que estaba m&#225;s cercana de los movimientos de un bailar&#237;n que de los de un bardo. En sus ojos oscuros hab&#237;a una chispa que delataba sus sospechas de que Jonathan se estuviera marcando un farol.

Jonathan estuvo a punto de sonre&#237;r, pero consigui&#243; disimular, y en lugar de eso asinti&#243; con un gesto solemne.

Tengo mis sospechas.

&#191;Te importar&#237;a compartirlas con nosotros?

Jonathan neg&#243; con la cabeza en silencio. No consigui&#243; ocultar por m&#225;s tiempo su sonrisa, pero s&#243;lo Harkon Lukas la vio. El bardo lade&#243; la cabeza mientras clavaba la vista en Jonathan. Este no pudo leer la expresi&#243;n que pas&#243; fugaz por su rostro.

Recu&#233;rdame que nunca juegue contigo a las cartas, exterminador de magos. Conoces demasiado bien la proverbial cara de p&#243;quer.

No tengo demasiado tiempo para juegos de cartas.

L&#225;stima. Jugar es muy entretenido.

&#191;Realmente lo crees as&#237;? -pregunt&#243; Jonathan. Su mente se desvi&#243; hacia Teresa y los muchachos desaparecidos-. Los juegos me parecen una lamentable p&#233;rdida de nuestro precioso tiempo.

Ah, s&#237;. Ah&#237; afuera todav&#237;a se encuentran algunos de los tuyos. El tiempo tiene suma importancia para ellos. &#191;Cu&#225;ntas horas faltan hasta el amanecer? &#191;Conseguir&#225;n sobrevivir todo ese tiempo en las calles?

Jonathan le dio la espalda. No pod&#237;a soportar el rostro burl&#243;n del bardo. No cre&#237;a que aquel hombre fuera cruel a prop&#243;sito, pero el resultado ven&#237;a a ser el mismo.

Harkon -dijo LeBec-, eso es muy desconsiderado de tu parte.

Su semblante se descompuso con un gran pesar, y se llev&#243; la mano al coraz&#243;n con gran dramatismo.

Oh, cu&#225;nto lo siento. No s&#243;lo soy desconsiderado, sino adem&#225;s cruel. Ya estoy pensando en la canci&#243;n que escribir&#233; cuando ambos hayan regresado sanos y salvos, tras haber sobrevivido toda una noche huyendo de una horda de zombis. -Dicho esto, sonri&#243;-. Despu&#233;s de atravesar el umbral de esa puerta, compartir&#225;n conmigo sus haza&#241;as.

Jonathan examin&#243; el rostro del bardo. Era incapaz de determinar si le estaba tomando el pelo o si aquel hombre simplemente ten&#237;a un peculiar sentido del humor. &#191;Acaso estaba intentando consolar a Jonathan con aquellos cuentos infantiles? Los gemelos no iban a pasar por esa puerta, ni por ninguna otra, por lo menos no con vida.

Estoy seguro de que si regresan estar&#225;n encantados de obsequiarte con el relato de esta noche.

Sobre todo Blaine -dijo Thordin, quien lo hab&#237;a presenciado todo en silencio apoyado en la pared opuesta, y ahora avanzaba hacia el centro de la estancia para situarse al lado de Jonathan-. A Blaine le encanta fanfarronear.

Jonathan asinti&#243;.

En efecto, as&#237; es.

Entonces le dar&#233; la oportunidad de jactarse de sus proezas ante un bardo, algo que todos los habitantes de Kartakass desean.

&#191;De veras? -Pregunt&#243; Jonathan-. Yo no. Sigo sosteniendo mi afirmaci&#243;n anterior. Los bardos recogen los hechos pero casi nunca los exponen tal como sucedieron. He escuchado narraciones de mis propias haza&#241;as donde lo &#250;nico que hab&#237;a permanecido inalterado era mi nombre.

Sim&#243;n, creo que nos est&#225; llamando embusteros -dijo Harkon Lukas mientras miraba fijamente a Jonathan, y daba dos grandes zancadas hacia &#233;l hasta casi rozarlo. Con sus ojos oscuros recorri&#243; las facciones de la cara de Jonathan, como si quisiera memorizar cada una de sus arrugas.

Basta, Harkon. Deja a nuestros hu&#233;spedes en paz. Ya tienen suficientes motivos de preocupaci&#243;n.

Y con raz&#243;n -dijo Harkon a pocos cent&#237;metros de distancia de la cara de Jonathan-. Voy a escribir una canci&#243;n sobre los muertos de Cortton, exterminador de magos. Los zombis de Cortton no s&#243;lo son asesinos; adem&#225;s, est&#225;n hambrientos.

Jonathan no pudo responder. Esta vez fue Thordin quien pregunt&#243;:

&#191;Qu&#233; quieres decir, bardo?

Harkon Lukas no desvi&#243; la mirada; segu&#237;a mirando fijamente a Jonathan a los ojos.

Los muertos se dan un fest&#237;n con los vivos. Es as&#237; como acaban con la vida de sus v&#237;ctimas, con u&#241;as y dientes.

Thordin empuj&#243; a Lukas hacia atr&#225;s. El bardo tropez&#243;, pero consigui&#243; mantener el equilibrio.

Una de dos: o eres un necio o est&#225;s intentando provocarnos -dijo Thordin-. En caso de que se trate de esto &#250;ltimo, el fr&#237;o acero puede ayudarnos a saldar cuentas. Podemos combatir aqu&#237; mismo; la habitaci&#243;n es lo bastante grande.

El bardo profiri&#243; una carcajada que son&#243; como un ladrido.

&#191;Un duelo? &#191;Me est&#225;s retando?

S&#237;, a menos que admitas que eres un necio de lengua viperina.

Jonathan sab&#237;a que ten&#237;a que detener aquello, pero no pudo. Hab&#237;a visto la herida producida por un mordisco en el cuello de Averil y en el brazo de Teresa. S&#243;lo pensar que algo semejante pod&#237;a sucederles a Elaine y a Blaine, que fueran despedazados a trozos, miembro por miembro, bocado a bocado, entre gritos y sangre La imagen era demasiado terrible y roja, peor que cualquier otro posible fruto de su imaginaci&#243;n.

Harkon Lukas volvi&#243; a re&#237;r.

Soy un necio, se&#241;or guerrero, un necio de lengua viperina. Mucho me temo que se trata de un riesgo inherente a nuestra profesi&#243;n.

Sus carcajadas retumbaron con eco en las paredes de piedra, alz&#225;ndose hasta llegar al alto techo de vigas. Jonathan reprimi&#243; el impulso de golpearlo para sofocar su risa. Su mente estaba ahora anegada en atrocidades que aquel bardo le hab&#237;a metido en la cabeza. No deber&#237;a re&#237;rse.

Si no eres capaz de contener tu lengua de forma civilizada, es mejor que te alejes de nosotros -replic&#243; Jonathan.

La risa se fue apagando hasta desaparecer. El semblante de Lukas volv&#237;a a tener aquella expresi&#243;n extra&#241;a y misteriosa.

Mis m&#225;s sinceras disculpas -dijo mientras hac&#237;a una profunda y exagerada reverencia con las plumas de su sombrero desliz&#225;ndose por el suelo, la misma con la que los hab&#237;a invitado a pasar por la puerta.

Jonathan se qued&#243; mirando al bardo mientras &#233;ste hac&#237;a despliegue de su teatral disculpa, sin creer una sola palabra. Hab&#237;a querido provocarlos a prop&#243;sito. Todav&#237;a no sab&#237;a a ciencia cierta el porqu&#233;, pero sab&#237;a que estaba en lo cierto. Independientemente de los posibles motivos, Jonathan hab&#237;a empezado a odiar a Harkon Lukas. Una cosa era pensar que los gemelos hab&#237;an muerto, y otra muy distinta imaginarse que hab&#237;an sido devorados vivos. Aquella idea hizo de las horas que quedaban hasta el amanecer una agon&#237;a cada vez m&#225;s intensa. Y de ello deb&#237;a dar gracias a Harkon Lukas. Se prometi&#243; a s&#237; mismo que buscar&#237;a la forma de que el bardo obtuviera el castigo que se merec&#237;a. Aunque no estuviera dentro de las competencias de un exterminador de magos arruinar la vida de un bardo, Jonathan lo intentar&#237;a por todos los medios.

Era un hombre mezquino. Jonathan abraz&#243; la idea de la venganza como una oraci&#243;n. Torturar&#237;a a Harkon Lukas por el martirio que &#233;ste leestaba haciendo pasar en aquellas horas. Era un pobre consuelo, pero el exterminador de magos necesitaba de todo aquello que pudiera m&#237;nimamente reconfortarlo en aquella noche eterna.



Cap&#237;tulo 23

Harkon Lukas subi&#243; la escalera como un gato enrabiado, golpe&#225;ndose la pierna con el sombrero para descargar su frustraci&#243;n. Ambrose lo sab&#237;a. Seguro. Harkon no sab&#237;a hasta qu&#233; punto, pero ahora era consciente de que Ambrose no era tan inocente como &#233;l hab&#237;a cre&#237;do. Los hab&#237;a invitado a entrar para burlarse de ellos. Podr&#237;a haberse limitado a capturar a Konrad Burn, pero no, &#233;l, Harkon Lukas, ten&#237;a que jugar. Su propia arrogancia no dejaba de sorprenderlo. &#191;Realmente hab&#237;a cre&#237;do que el miembro m&#225;s destacado de la hermandad era un est&#250;pido?

Harkon asinti&#243; para s&#237; mismo. En efecto, hab&#237;a llegado a pensar eso. Aquella hermandad nunca le hab&#237;a impresionado demasiado. Pero los ojos de Ambrose conten&#237;an una sabidur&#237;a zahiriente. &#191;Hab&#237;a acudido all&#237; para unirse al juego? No se trataba de un ingenuo que hubiera sido atra&#237;do para curar alguna plaga m&#225;gica, sino un miembro de la hermandad consciente de que el verdadero coraz&#243;n del mal de Kartakass se encontraba en aquella aldea. Con toda seguridad, si el exterminador de magos hubiese sabido que &#233;l, Harkon Lukas, era el n&#250;cleo de todo lo que representaba el mal, otros miembros de la hermandad se habr&#237;an dado cita en Cortton. Habr&#237;a tenido lugar una gran cacer&#237;a, y &#233;l habr&#237;a sido la presa.

No, Ambrose sospechaba algo, pero todav&#237;a no ten&#237;a pruebas. &#191;Cu&#225;nto tiempo m&#225;s necesitar&#237;a el exterminador de magos para estar seguro? Harkon apenas pod&#237;a creer que los hubiera salvado. Hab&#237;a tenido que abrirles la puerta de la posada. Aquellos est&#250;pidos aldeanos habr&#237;an permitido que sus potenciales salvadores murieran. Y hab&#237;a cre&#237;do que con aquella acci&#243;n les caer&#237;a en gracia, pero la mirada en los ojos de Ambrose dejaba muy claro que no confiaba lo m&#225;s m&#237;nimo en el bardo.

A Harkon le gustaban las personas suspicaces, o como m&#237;nimo respetaba ese rasgo de la personalidad. Pero en este caso bien habr&#237;a podido pasar sin &#233;l.

Konrad Burn sali&#243; de la habitaci&#243;n a mano derecha. Ol&#237;a a hierbas y a ung&#252;entos. Alz&#243; la vista y salud&#243; con la cabeza a Lukas.

Harkon se detuvo en el rellano de la escalera y pregunt&#243;:

&#191;C&#243;mo se encuentra la joven?

Konrad cerr&#243; la puerta tras &#233;l y avanz&#243; hacia Harkon antes de responder, alej&#225;ndose de la habitaci&#243;n. Aparentemente no quer&#237;a que nadie lo oyera. No deb&#237;a de tener buenas noticias.

No est&#225; bien -contest&#243; Konrad, que intent&#243; pasar por su lado para bajar la escalera.

Harkon lo asi&#243; por el brazo. Quer&#237;a comprobar la calidad de sus fuertes m&#250;sculos. Le pareci&#243; un buen brazo, y pens&#243; que disfrutar&#237;a de &#233;l cuando fuera el suyo propio.

&#191;Ha perdido demasiada sangre? &#191;O acaso la herida es muy grave?

Konrad baj&#243; la vista hacia la mano del bardo. A continuaci&#243;n dio un paso atr&#225;s, con la intenci&#243;n de obligar a Harkon a soltarlo, o como m&#237;nimo de que se diera cuenta de que aquello le molestaba. Todav&#237;a no hab&#237;a llegado el momento de ser tan posesivo, as&#237; que el bardo solt&#243; el brazo.

Ha perdido una gran cantidad de sangre.

Pero el m&#233;dico parec&#237;a creer que sobrevivir&#237;a si la hemorragia no la mataba. &#191;Acaso tienes otra opini&#243;n?

Estoy seguro de que el m&#233;dico es un buen hombre, pero yo he visto bastante m&#225;s heridas de combates que &#233;l.

&#191;Crees que morir&#225;?

Konrad frunci&#243; el ce&#241;o y lo mir&#243; con ira.

No creo que sea algo de lo que hablar de forma tan fr&#237;vola, bardo.

Harkon hizo una leve reverencia, elegante pero no tan histri&#243;nica como la anterior.

Tienes mucha raz&#243;n, maese Burn. Pero soy bardo, y la curiosidad es uno de los riesgos de mi profesi&#243;n. -Alz&#243; la vista, todav&#237;a medio encorvado-. Si tengo que cantar sobre este suceso, est&#225; claro que para inmortalizar su valent&#237;a necesito conocer los hechos.

Se enderez&#243; y de pronto se dio cuenta de que era m&#225;s alto que Konrad Burn, lo cual lo contrari&#243;. No le gustaba tener que renunciar a su estatura, pero en fin, pens&#243;, nada es perfecto.

Harkon se oblig&#243; a sonre&#237;r.

As&#237; que tal vez mi curiosidad no es completamente in&#250;til. Konrad neg&#243; con la cabeza, incr&#233;dulo.

No creo que tengas la menor intenci&#243;n de escribir una gran epopeya. Creo que simplemente eres un buitre con ansias de escuchar las desgracias de los dem&#225;s.

Konrad lo apart&#243; para poder pasar.

Ah, s&#237;, por supuesto t&#250; tienes tu propia p&#233;rdida que lamentar, &#191;no es as&#237;?

Konrad se detuvo a mitad de la escalera, tensando la espalda. Se volvi&#243; lentamente para mirar al bardo sonriente. La expresi&#243;n de c&#243;lera de Konrad era mort&#237;fera, pero la sonrisa de Harkon se hizo m&#225;s amplia.

Mi p&#233;rdida, mi pena, es cosa m&#237;a. A buen seguro no es asunto tuyo.

Te ruego que me perdones, he hablado sin pensar. Es uno de mis terribles defectos.

Konrad subi&#243; dos escalones; despu&#233;s se detuvo. La mano apoyada en la barandilla temblaba, con los nudillos blancos por la fuerza con que la apretaba. Sinti&#243; el impulso de subir corriendo la escalera y atacar al bardo.

Harkon segu&#237;a jugando al decir aquella &#250;ltima frase, a sabiendas de que aquello lo sacar&#237;a de quicio. Tuvo que obligarse a permanecer inm&#243;vil, e impedir que su sonrisa se hiciera a&#250;n m&#225;s amplia. Tal vez aquello hubiera bastado para que Konrad subiera los &#250;ltimos escalones. Hubiera sido delicioso, ir&#243;nico, pero tal vez se habr&#237;a visto obligado a da&#241;ar su futuro cuerpo. Y eso hubiera resultado contraproducente. As&#237; que decidi&#243; evitarlo. Lo m&#225;s dif&#237;cil de disimular era la mirada de suficiencia, la seguridad de que podr&#237;a matar a aquel hombre si lo deseaba.

El orgullo y la confianza en s&#237; mismo que reflejaba el rostro de Burn, junto con su postura, pon&#237;an de manifiesto que una sola mirada hubiera bastado para provocar una pelea. Su futuro cuerpo ten&#237;a un temperamento considerable.

Una lengua no contenida es motivo suficiente para matar a una persona -dijo Konrad.

Harkon luch&#243; por mantener una expresi&#243;n neutra y agradable en su rostro. Aquel hombre deseaba pelear. El dolor se hab&#237;a convertido en ira, y necesitaba un objetivo sobre el que descargarla.

Harkon pens&#243; que le gustar&#237;a ser testigo cuando esa c&#243;lera encontrara un objetivo, pero no pod&#237;a permitirse el lujo de ser &#233;l mismo el blanco. Tal vez ser&#237;a necesario vigilar a Konrad m&#225;s de cerca. Si se hac&#237;a matar antes de que Harkon pudiera intercambiar sus cuerpos, eso arruinar&#237;a todos sus planes.

Te ruego humildemente que me perdones, maese Burn. Por favor, cr&#233;eme cuando te digo que cuentas con mis m&#225;s sinceras condolencias.

Hablas de cosas de las que no tienes conocimiento, bardo. No creo que est&#233;n muertos, todav&#237;a no.

Estoy seguro de que tienes razones para conservar la esperanza. Puede que alguna alma caritativa haya abierto una puerta, al igual que yo.

Konrad de repente pareci&#243; sentirse inc&#243;modo. Respir&#243; hondo y dej&#243; salir el aire lentamente.

Todav&#237;a no te he dado las gracias por salvarnos la vida.

Harkon intent&#243; restarle importancia.

Maese Ambrose ya me dio las gracias por todos.

Konrad insisti&#243; con un gesto de cabeza.

Pero no es suficiente; todos estar&#237;amos muertos de no haber sido por tu valent&#237;a. -Aquellas palabras parec&#237;an atragant&#225;rsele.

Harkon entrecerr&#243; los ojos para estudiar mejor a aquel hombre. &#191;Acaso tambi&#233;n sospechaba algo? &#191;Era posible que sus adversarios conocieran todos sus planes, tan cuidadosamente concebidos? &#191;O que Calum Songmaster hubiera cambiado de opini&#243;n? &#191;Lo habr&#237;a traicionado? Si Calum era capaz de traicionar a sus amigos del alma, &#191;por qu&#233; no habr&#237;a de traicionar a Harkon? Porque &#233;l tambi&#233;n quer&#237;a un nuevo cuerpo. Harkon hab&#237;a cre&#237;do que la oferta de salvarlo garantizar&#237;a su lealtad, pero en el rostro de Konrad pod&#237;a verse una profunda aversi&#243;n. Y, sin embargo, le hab&#237;a salvado la vida. &#191;Por qu&#233; le ten&#237;a antipat&#237;a?

De veras, no fue nada.

La modestia no te sienta bien, bardo.

Harkon no pudo evitar sonre&#237;r.

No es un h&#225;bito natural en m&#237;.

&#191;Cu&#225;nto tiempo hace que est&#225;s en Cortton?

El cambio de tema pill&#243; a Harkon por sorpresa. Sonri&#243; para disimular.

No hace mucho, apenas un d&#237;a.

La posadera dice que estuviste aqu&#237; durante unas cuantas semanas, y que te marchaste cuando los muertos empezaron a deambular por las calles. Sab&#237;as lo que suced&#237;a en el pueblo, y cuan peligroso pod&#237;a ser. &#191;Por qu&#233; regresaste?

Soy bardo. Canto sobre grandes haza&#241;as o grandes tragedias. Podr&#237;a pasarme la vida cantando los romances de otros autores. Pero las mejores canciones, las que labran la reputaci&#243;n de uno, son las que escribe uno mismo.

As&#237; que regresaste por una canci&#243;n-dijo Konrad.

S&#237;.

&#191;Y por una canci&#243;n vale la pena arriesgar la vida?

S&#237;.

Konrad hizo un gesto de desd&#233;n con la cabeza.

Vendes tu vida muy barata, Lukas. -Dicho esto, dio media vuelta y baj&#243; repiqueteando la escalera.

Harkon lo sigui&#243; con la vista, pensativo. Hab&#237;a concebido su plan como algo grande: pensaba destruir todo lo que Konrad amaba antes de hacerse con su cuerpo. &#201;sa era una de las razones por las que hab&#237;a ideado la plaga de zombis. Pero tal vez deber&#237;a limitarse a eliminar a aquel hombre y dejar que los dem&#225;s se encargaran de arreglar el caos que hab&#237;a creado. No obstante, si Ambrose llegaba a intuir la verdadera naturaleza de Harkon, no podr&#237;a dejarlo con vida.

Deber&#237;an morir todos ellos, como hab&#237;a planeado en un principio. Tal vez m&#225;s r&#225;pido de lo previsto. No ser&#237;a tan divertido, pero a veces era necesario dar preferencia a los negocios antes que al placer.



Cap&#237;tulo 24

Blaine yac&#237;a sobre la calle nevada. Su larga melena rubia estaba esparcida alrededor de su rostro como agua p&#225;lida. Bajo su cuerpo sobresal&#237;a arrugado el abrigo de pieles blancas, ahora negras por la sangre. Una de sus piernas hab&#237;a quedado flexionada en una postura dolorosa, atrapada bajo el cuerpo. De la boca y la nariz manaba sangre, que le hab&#237;a manchado la parte inferior de la cara.

Elaine se arrodill&#243; al lado de su cuerpo sin vida. Hab&#237;a encontrado la llave de la puerta en el suelo del &#225;tico, gracias a los destellos que emit&#237;a a la luz de la luna. El zombi la hab&#237;a dejado caer al intentar asesinar a Blaine. Sin la llave le hubiera resultado imposible salir.

Ahora se encontraba sentada a su lado, viendo c&#243;mo la sangre manchaba las pieles del abrigo. Un hilillo de sangre goteaba desde el abrigo para abrirse paso a trav&#233;s de la nieve, como un arroyo oscuro que siguiera las huellas del dedo de un dios. Elaine grit&#243; y apart&#243; la nieve, esparci&#233;ndola. La sangre sigui&#243; fluyendo hasta formar un charco en la calle helada. Y no pod&#237;a hacer nada para impedirlo.

&#191;O tal vez s&#237;? Hab&#237;a visto a Silvanus resucitar a los muertos; hab&#237;a sentido incluso su energ&#237;a. &#191;Podr&#237;a ella hacer lo mismo ahora? Elaine alarg&#243; una mano y le roz&#243; la cara. La piel todav&#237;a estaba caliente. Acababa de morir, a&#250;n segu&#237;a muy cerca de la vida. &#191;Podr&#237;a traerlo de vuelta? Jonathan hab&#237;a contado historias de brujos que resucitaban a los muertos, pero no a la verdadera vida. &#191;Y si se equivocaba y Blaine regresaba como un zombi? Eso era peor que la muerte, pero Elaine ten&#237;a que intentarlo. De lo contrario, siempre tendr&#237;a la duda.

Observ&#243; los grandes ojos de Blaine, todav&#237;a abiertos, que parec&#237;an mirar fijamente al cielo sin ver nada. Sobre su cara vuelta hacia arriba ca&#237;an los copos de nieve, que se derret&#237;an sobre sus pesta&#241;as, formando diminutas gotas de humedad en sus mejillas.

Elaine respir&#243; hondo e intent&#243; reunir toda la sabidur&#237;a que hab&#237;a aprendido de Silvanus, para imaginarse c&#243;mo podr&#237;a resucitar a su hermano. &#191;Era la misma t&#233;cnica que se utilizaba para curar una herida?

Oy&#243; un ruido tras ella que la hizo volverse al instante, y casi cae en la nieve. Dos zombis hab&#237;an aparecido en el cruce con la calle m&#225;s pr&#243;xima. Uno de ellos se balanceaba hacia adelante y hacia atr&#225;s como si estuviera borracho. Avanz&#243; un paso, pero las piernas le fallaron. Al intentar ponerse en pie, una de las piernas se le desprendi&#243; y se qued&#243; agit&#225;ndose en el suelo. El zombi sigui&#243; tambale&#225;ndose sobre la otra pierna como si no fuera la primera vez que le pasaba algo as&#237;.

Un mont&#243;n de nieve cay&#243; del tejado de la casa de enfrente. Elaine alz&#243; la vista y vio una silueta parecida a la de un hombre recort&#225;ndose contra la luz de la luna. La figura salt&#243; al vac&#237;o. Parec&#237;a que flotara, con las manos y las piernas desplegadas como buscando su equilibrio. Aterriz&#243; con un ruido sordo en la nieve y se escabull&#243; r&#225;pidamente entre las sombras.

Aquel ser casi parec&#237;a brillar con una luz blanquecina, del tono de las setas que crecen al abrigo de la noche. Daba la impresi&#243;n de que estuviera desnudo, pero no era as&#237;. Alz&#243; el rostro para mirar a Elaine. Sus ojos brillaban con un resplandor como de fuego negro, centelleando con una luz eterna que no ten&#237;a nada que ver con la de la luna.

El zombi abri&#243; la boca y emiti&#243; un siseo.

Elaine se puso lentamente en pie. Al final de la calle se estaban congregando m&#225;s muertos vivientes; pero del mismo modo que los otros zombis se hab&#237;an apartado ante el hombre que hab&#237;a asesinado a Blaine, &#233;stos ahora parec&#237;an esperar &#243;rdenes de aquella figura todav&#237;a agazapada.

Elaine apret&#243; la llave en la mano. &#191;La dejar&#237;a llegar hasta la puerta? Baj&#243; la vista hacia Blaine. Estaba muerto. Hab&#237;a muerto para salvarla. No pod&#237;a abandonarlo de ese modo. No pod&#237;a.

Aquella cosa dio un salto enorme y aterriz&#243; al otro lado del cuerpo de Blaine. Elaine se qued&#243; helada, mir&#225;ndole fijamente. Aquello hab&#237;a sido un hombre, un hombre de mediana estatura y cabellos casta&#241;os. Un hombre normal. Pero ahora era una bestia.

El zombi asi&#243; uno de los brazos de Blaine. Elaine le dio una patada, como si se tratara de un perro sarnoso. El zombi emiti&#243; un gru&#241;ido grave y se abalanz&#243; sobre ella. Elaine tuvo el tiempo justo para protegerse la cara y el cuello, pero el muerto viviente ya la hab&#237;a alcanzado. Rasg&#243; con los dientes una de sus mangas, con el af&#225;n con el que un perro se lanzar&#237;a sobre un hueso. Elaine profiri&#243; un chillido.

Sinti&#243; un &#250;ltimo tir&#243;n en la manga; despu&#233;s aquella cosa se sent&#243;, y Elaine se sinti&#243; liberada de su peso. Todav&#237;a le aprisionaba las piernas, pero el zombi no hizo nada m&#225;s.

Elaine se qued&#243; quieta, esperando que los dientes se le clavaran en la carne, pero pasaron varios minutos sin que eso sucediera mientras ella yac&#237;a en el g&#233;lido suelo. La nieve ca&#237;a en copos blandos y sedosos; eso era todo. Por &#250;ltimo, Elaine retir&#243; los brazos que le proteg&#237;an la cara lo justo para atisbar al monstruo.

Se encontr&#243; con unos ojos negros que a su vez la miraban; pero su mirada no era humana, sino m&#225;s bien la de un perro inteligente. No era la mirada vac&#237;a propia de los zombis, por lo menos no de la clase de muertos vivientes que ella conoc&#237;a. Estuvo a punto de preguntarle qu&#233; quer&#237;a, tal como hab&#237;a hecho antes con la mujer, pero no hab&#237;a nadie detr&#225;s de esos ojos que pudiera responder a esa pregunta. Como m&#237;nimo, no con palabras.

Sin embargo, el zombi deb&#237;a de querer algo, pues de lo contrario ya habr&#237;a acabado con su vida. El que hab&#237;a matado a Blaine quer&#237;a su sangre. &#191;Qu&#233; era lo que &#233;ste quer&#237;a?

La cosa se arrastr&#243; alej&#225;ndose de ella, lentamente, liberando sus piernas. Retrocedi&#243; hasta el cuerpo de Blaine, lo agarr&#243; por la t&#250;nica, y alz&#243; el cad&#225;ver para carg&#225;rselo en el hombro.

Elaine se incorpor&#243; y alarg&#243; una mano.

&#161;No! -grit&#243;.

La criatura gru&#241;&#243; en un tono grave y profundo, y curv&#243; los labios sobre unos dientes demasiado afilados para ser humanos.

Elaine se qued&#243; paralizada, sin saber qu&#233; hacer. El zombi le estaba advirtiendo que quer&#237;a el cuerpo de Blaine, pero eso no pod&#237;a ser. Si alguna vez volv&#237;a a ver a Silvanus podr&#237;a preguntarle c&#243;mo devolverle la vida a Blaine. Pero, si perd&#237;a el cuerpo, Blaine se habr&#237;a ido para siempre.

No puedes quedarte con ese cuerpo. -Al decir esto, Elaine intent&#243; dotar a su voz de un tono amable, suave, como si hablase con un animal salvaje-. Por favor, no te lo lleves.

El zombi profiri&#243; un aullido. Los muertos reunidos al final de la calle empezaron a avanzar hacia ellos arrastrando los pies. Fuera cual fuera el poder que los hab&#237;a mantenido a raya, &#233;ste hab&#237;a desaparecido. La criatura los estaba llamando.

Se ech&#243; a Blaine al hombro con un solo movimiento r&#225;pido. Elaine avanz&#243; como pudo, alargando las manos, sin saber todav&#237;a cu&#225;l era el objetivo, el cuerpo o el monstruo.

No, por favor.

El zombi se puso en cuclillas. Las manos de Blaine se arrastraron por el suelo, sus cabellos como una cascada dorada sobre la espalda de la criatura.

Elaine se puso en pie con la intenci&#243;n de darle alcance. La criatura salt&#243; hacia adelante y con una serie de brincos lleg&#243; hasta el final de la calle.

Blaine, no por favor.

Corri&#243; tras ellos, pero no pudo darles alcance, porque un ruido la hizo volverse r&#225;pidamente hacia la calle. Los muertos eran un s&#243;lido muro que avanzaba renqueando hacia ella, y se encontraban ya a pocos pasos de la puerta. Si le cortaban el paso, acabar&#237;an por beber su sangre. No quer&#237;a morir, as&#237; no.

Elaine corri&#243; hacia la puerta. Los zombis vacilaron, confundidos por el hecho de que Elaine corriera hacia ellos y no en sentido contrario. Elaine empuj&#243; el portal y los muertos avanzaron en tropel. Sab&#237;an qu&#233; era una puerta.

Elaine la cerr&#243; de un portazo e introdujo la llave en la cerradura. El picaporte se movi&#243;. Ella se apoy&#243; con todo su peso sobre la puerta y gir&#243; la llave. La puerta encaj&#243; perfectamente, y Elaine qued&#243; a salvo. El pomo giraba, y la madera vibraba cada vez que los muertos arremet&#237;an contra ella, aporre&#225;ndola.

Con la espalda apoyada en la puerta, Elaine sent&#237;a la fuerza con que aquella multitud ara&#241;aba la madera justo detr&#225;s de ella. Se dej&#243; caer hasta quedar acurrucada. Ten&#237;a el rostro surcado de l&#225;grimas, y de sus labios sali&#243; un primer sollozo. Enterr&#243; la cara en las rodillas, con los brazos por encima de la cabeza, haci&#233;ndose un ovillo. Afuera, los zombis intentaban asaltar la casa y aporreaban las contraventanas aseguradas con clavos haciendo todo lo posible por entrar. Elaine se entreg&#243; a su pena, que ahog&#243; los gritos de los muertos vivientes procedentes del exterior, y dese&#243; que &#233;sta pudiera apartar tambi&#233;n el vac&#237;o que sent&#237;a en su interior.



Cap&#237;tulo 25

Jonathan estaba de pie al lado de la ventana abierta de la estancia que ocupaba Teresa. Amanec&#237;a por fin. La luz del sol se desplegaba como una tenue capa de pintura sobre la aldea. El cielo blanco ten&#237;a un aspecto plomizo, estaba nevando y los copos de nieve reci&#233;n ca&#237;dos hab&#237;an cubierto la calle, marcada por huellas gruesas y profundas. Los muertos hab&#237;an seguido vagabundeando por las calles hasta tal vez una hora antes del amanecer. Jonathan hab&#237;a o&#237;do sus ri&#241;as en la oscuridad. &#191;Qu&#233; motivo tendr&#237;an para pelearse? &#191;Por qu&#233; permanec&#237;an all&#237;, en un pueblo preparado para combatirlos?

Hab&#237;a cientos de ellos, un verdadero ej&#233;rcito de la muerte. Podr&#237;an haberse desplegado por la comarca y haber arrasado todo lo que hallaran a su paso. El pueblo entero se escond&#237;a en los pisos superiores; el ganado se guardaba en la planta baja, en un principio para protegerlo de los lobos. Pero ahora ni siquiera ellos se acercaban a Cortton. Tambi&#233;n tem&#237;an a los muertos.

&#191;Qui&#233;n hab&#237;a provocado aquello? &#191;Por qu&#233;? Independientemente de cuan malvado fuera el autor, siempre hab&#237;a un plan detr&#225;s de semejantes acciones; alguna clase de l&#243;gica, por muy retorcida que &#233;sta fuera. Jonathan no pod&#237;a imaginar los beneficios que los zombis pod&#237;an reportar a nadie.

El pueblo hab&#237;a sido un importante centro de comercio, pero ahora ning&#250;n granjero se atrever&#237;a siquiera a acercarse. Los comerciantes ambulantes ya no pasaban por la calle mayor. El maestro cantor hab&#237;a garantizado la seguridad durante el d&#237;a, pero no hab&#237;a servido de mucho. Y, despu&#233;s de lo que hab&#237;a presenciado aquella noche, Jonathan no pod&#237;a reprochar a nadie el hecho de que evitara pasar por la aldea.

Con el amanecer se levant&#243; una brisa, un dedo glacial que recorri&#243; la columna vertebral de Jonathan como si hubiera estado desnudo delante de la ventana. Empez&#243; a tiritar, y tuvo la impresi&#243;n de que no podr&#237;a parar.

Jonathan.

Era la voz de Teresa, ronca, d&#233;bil, pero la suya al fin y al cabo. &#201;l se volvi&#243; con una sonrisa. Su esposa le tendi&#243; una mano temblorosa, pero la sonrisa que le curvaba los labios era firme.

Se arrodill&#243; al lado del lecho, tomando una de sus manos entre las suyas. Apret&#243; los dedos contra sus labios.

&#191;C&#243;mo te encuentras esta ma&#241;ana, amor m&#237;o?

Su sonrisa se hizo a&#250;n m&#225;s amplia.

Mejor que ayer por la noche.

Jonathan habl&#243; con los labios sobre el dorso de su mano.

&#191;Puedo traerte algo? &#191;Tienes hambre?

&#191;Han vuelto Blaine y Elaine?

Aqu&#233;lla era la &#250;nica pregunta que no quer&#237;a responder. Pero no pod&#237;a mentirle mir&#225;ndola a la cara. Nunca podr&#237;a mentir a aquellos ojos oscuros.

No, no han vuelto.

Teresa intent&#243; incorporarse pero volvi&#243; a desplomarse sobre la almohada.

Tenemos que salir a buscarlos. Debemos ayudarlos.

Teresa, tal vez encontraron refugio anoche; de lo contrario, ya no necesitan nuestra ayuda.

No, Jonathan. No puedo creer que hayan muerto.

Teresa, por favor

De nuevo intent&#243; sentarse, pero volvi&#243; a caer, esta vez jadeando por el esfuerzo. Su piel palideci&#243; y empez&#243; a cubrirse de gotas de sudor.

Teresa, no est&#225;s en condiciones de ir a ning&#250;n lugar.

Ella apart&#243; la mirada y liber&#243; su mano.

No, Jonathan, no me doy por vencida.

Hay cientos de zombis vagando por las calles en la noche. Cientos. Los vi desde la ventana. No existe la menor posibilidad de sobrevivir si uno se encuentra afuera tras el ocaso en Cortton.

Teresa gir&#243; la cabeza de nuevo, con l&#225;grimas centelleantes en los ojos.

Entonces, busca sus cuerpos.

Jonathan baj&#243; la vista hacia el suelo, evitando encontrarse con su mirada. Era un cobarde. No se atrev&#237;a a decirle que no habr&#237;a cuerpos que recuperar.

&#191;Qu&#233; sucede? &#191;Qu&#233; me est&#225;s ocultando?

Jonathan alz&#243; el rostro. Algo parecido a una sonrisa le curvaba los labios, pero no hab&#237;a el menor rastro de alegr&#237;a en ella.

Nunca podr&#237;a mentirte, &#191;no es cierto?

No, y no lo intentes ahora por primera vez. &#191;Qu&#233; pasa?

El consejo del pueblo solicit&#243; una audiencia conmigo anoche. Afirmaban que todos aquellos que mor&#237;an en Cortton resucitaban para vagar por las noches.

Los que mueren debido a la enfermedad -dijo Teresa.

No, amor m&#237;o, todos los que perecen en este pueblo resucitan como zombis.

Vio c&#243;mo el horror se pintaba en su cara, al darse cuenta de lo que eso significaba para sus hijos.

No, Jonathan, eso no. Podr&#237;a llegar a aceptar que han muerto, pero eso no. Por favor, Jonathan, no.

Jonathan tom&#243; la mano sana de Teresa entre las suyas, y la consol&#243; con la cabeza entre sus brazos. La abraz&#243; mientras ella lloraba, pero &#233;l no lo consigui&#243;. Hab&#237;a insistido en que Elaine los acompa&#241;ara. Si se hubiera quedado en casa, estar&#237;a sana y salva, y Blaine no habr&#237;a tenido que salir en su busca. Era culpa suya, consecuencia de sus actos. Jonathan no se permitir&#237;a derramar una l&#225;grima. No lo merec&#237;a.

Un grito rasg&#243; la ma&#241;ana; un lamento sin palabras que conten&#237;a el dolor del mundo entero. Aquel gemido dej&#243; paralizado a Jonathan, con el coraz&#243;n lati&#233;ndole desbocado en el pecho. Se oyeron los pasos de alguien subiendo por la escalera. Aquel ruido lo devolvi&#243; a la realidad. Se puso en pie, liber&#225;ndose cuidadosamente del abrazo de Teresa.

&#191;Qu&#233; ha sido eso? -pregunt&#243; ella.

Jonathan hizo un gesto con la cabeza como respuesta, para indicar que no lo sab&#237;a, aunque en su interior mucho se tem&#237;a la causa. Abri&#243; la puerta y se encontr&#243; con una multitud congregada ante la puerta de enfrente.

Jonathan se abri&#243; paso a trav&#233;s de la gente, hasta llegar a la puerta. Fredric hab&#237;a ca&#237;do de hinojos, con la cabeza inclinada. Randwulf se encontraba al lado del lecho, con su joven rostro transfigurado por la pena. Sentado en la estrecha cama, Silvanus abrazaba el cuerpo inerte de Averil. La acunaba como si se tratara de una ni&#241;a, pero los brazos de la joven se balanceaban a cada movimiento como los de una mu&#241;eca rota.

Silvanus murmuraba algo, una y otra vez, en un tono demasiado bajo para los o&#237;dos de Jonathan. De pie al lado de la ventana, Konrad ten&#237;a la mirada perdida en el resplandor matinal y las manos entrelazadas con tanta fuerza a la espalda que las venas de los antebrazos se ve&#237;an perfectamente.

El doctor de cabellos canos estaba de pie en medio de la estancia. Para tratarse de un hombre que hab&#237;a visto a una considerable cantidad de muertos, parec&#237;a no saber c&#243;mo reaccionar.

Jonathan respir&#243; hondo y entr&#243; en la habitaci&#243;n. Se dirigi&#243; hacia Konrad.

&#191;Qu&#233; ha sucedido?

Konrad le lanz&#243; una mirada con el rabillo del ojo.

Perdi&#243; demasiada sangre. La herida se inflam&#243;. La fiebre la quem&#243; viva. Ninguna de mis pociones ni de mis hierbas pudieron ayudarla.

&#191;Y qu&#233; hay de las p&#243;cimas que ella tra&#237;a consigo?

Utiliz&#243; la &#250;ltima para intentar curar a su padre.

Jonathan desvi&#243; la mirada hacia el lecho. Todos parec&#237;an at&#243;nitos, impotentes o incapaces de actuar. Dio un paso adelante, dejando a un lado al aturdido doctor. Entonces oy&#243; lo que Silvanus farfullaba.

No he podido salvarla. No he podido salvarla. No he podido salvarla. No he podido salvarla.

Era una lastimera letan&#237;a. Su voz parec&#237;a salir ahogada por la pena y la culpa. S&#237;, Jonathan pod&#237;a reconocer el sabor amargo de la culpa. Pod&#237;a notarlo con tanta intensidad en su boca que no le costaba reconocerlo en los dem&#225;s.

Pos&#243; una mano en el hombro del elfo, pero &#233;ste ni siquiera se dio cuenta. Acunaba a su hija muerta en los brazos como si su cuerpo sin vida fuera el centro del mundo. Y, en efecto, en esos momentos tal vez lo fuera.

Jonathan apret&#243; con fuerza el hombro del elfo.

Silvanus

El elfo tosi&#243; entre sollozos y alz&#243; la vista hacia &#233;l. Sus ojos dorados estaban anegados en l&#225;grimas, que al deslizarse por sus mejillas parec&#237;an de mercurio, tal era su color plateado, al igual que sus cabellos parec&#237;an de oro. Los elfos lloraban con l&#225;grimas de plata. Su mera visi&#243;n sobresalt&#243; a Jonathan y lo hizo estremecerse. La imagen era sorprendente, la pena insoportable.

Silvanus -Pero no pudo terminar la frase. &#191;Qu&#233; pod&#237;a decirle? No bastaba con decirle que lo sent&#237;a. Decirle que compart&#237;a su pena era una mentira. No hab&#237;a llegado a conocer a Averil, no en profundidad. Hubiera cambiado su vida por la de Elaine sin dudar-. No tengo palabras, pero lamento profundamente tu p&#233;rdida.

Intent&#233; resucitarla. Durante todos estos a&#241;os no tuve problemas con esta pr&#225;ctica. Pero esta vez, la &#250;nica en que hubiera dado mi alma por contar con ese poder, no he sido capaz. &#191;Por qu&#233;?

Algunas preguntas no tienen respuesta, o por lo menos ninguna que sea aceptable para los o&#237;dos humanos.

No lo s&#233;, Silvanus, no lo s&#233;.

El elfo apret&#243; el cuerpo de su hija contra su pecho, sujet&#225;ndola con el brazo sano. El mu&#241;&#243;n hab&#237;a crecido y la ayudaba a sostenerla. La visi&#243;n del brazo que segu&#237;a creciendo hizo que a Jonathan se le encogiera el est&#243;mago. Respir&#243; hondo por la nariz y trag&#243; saliva para contener las n&#225;useas. No permitir&#237;a que sus propios miedos empeoraran aquella escena ya de por s&#237; atroz.

Debemos ocuparnos de la fallecida antes de que caiga la noche -dijo el doctor. Su voz hab&#237;a recuperado su tono habitual.

Jonathan se pregunt&#243; por qu&#233; se sent&#237;a tan alarmado. &#201;l tambi&#233;n hab&#237;a presenciado muchas escenas de dolor con anterioridad.

Silvanus neg&#243; con la cabeza, meciendo a su hija a&#250;n m&#225;s r&#225;pido. La mano de Averil golpeaba la cama con el ruido sordo de la carne al golpear la madera: cloc, cloc, cloc. Aquel martilleo era el peor de los sonidos.

Randwulf se precipit&#243; hacia adelante y abraz&#243; al elfo y a su hija muerta simult&#225;neamente. Los apret&#243; contra su cuerpo, y el espantoso repiqueteo ces&#243;.

La cabeza de Randwulf descansaba ahora sobre el hombro de Silvanus. En la parte superior de la columna hab&#237;a aparecido un bulto de gran tama&#241;o. Jonathan no recordaba haberlo visto antes, cuando hab&#237;a presenciado c&#243;mo Elaine le curaba la herida.

Neg&#243; con la cabeza como desechando una idea. No, &#233;se no era el momento.

Hemos mandado a buscar al enterrador -dijo el doctor.

Silvanus alz&#243; la cabeza con brusquedad, mientras sus ojos centelleaban de ira a trav&#233;s de las l&#225;grimas.

No, todav&#237;a no.

Debe estar fuera de la casa para el anochecer -dijo el doctor.

&#191;Por qu&#233;? -pregunt&#243; Silvanus.

Jonathan hizo un gesto para llamar la atenci&#243;n del doctor. Cuando &#233;ste lo mir&#243;, le advirti&#243; por se&#241;as que no hablara. Pero el doctor arrug&#243; la frente, como sin comprender.

Jonathan se acerc&#243; a &#233;l y, pas&#225;ndole un brazo por los hombros, lo condujo hacia la puerta.

Creo que deber&#237;amos dejar a Silvanus unos cuantos minutos a solas con su pena.

Pero no podemos dejar dentro el cad&#225;ver

Ya lo s&#233; -murmur&#243; Jonathan-, pero hace tan s&#243;lo una hora que amaneci&#243;. Tenemos tiempo.

El doctor sacudi&#243; la cabeza, boquiabierto, con una expresi&#243;n que Jonathan pod&#237;a reconocer ahora como miedo.

El enterrador est&#225; de camino. Debemos

Jonathan pr&#225;cticamente empuj&#243; al doctor hacia el exterior de la estancia, apartando a la multitud. Una vez en el pasillo le habl&#243; en voz baja, pero con un tono apremiante.

No saben que todo el que fallece en esta aldea maldita resucita para vagar por las noches. Y nadie debe dec&#237;rselo, ni siquiera el doctor.

&#201;ste hizo un gesto de sorpresa.

Pero es mi deber proteger a la poblaci&#243;n.

Y hace usted un excelente trabajo al respecto. Ahora m&#225;rchese.

El doctor farfull&#243; una protesta.

Yo soy el doctor aqu&#237;. Su deber es encontrar el origen de esta atrocidad, pero el m&#237;o es proteger a los vivos.

Thordin se hab&#237;a acercado hasta ellos. De pie al lado de Jonathan, se limit&#243; a mirar fijamente al m&#233;dico. En realidad no hab&#237;a nada aterrador en su mirada; se trataba simplemente de Thordin, pero el doctor palideci&#243;.

Creo que ser&#225; mejor que se vaya -dijo Thordin en un suave murmullo.

El doctor lo mir&#243; con ojos como platos y, sin decir una palabra m&#225;s, baj&#243; corriendo la escalera.

Supongo que impones bastante m&#225;s de lo que a m&#237; me parece -dijo Jonathan.

Es el doctor, que se asusta con facilidad.

Eso es cierto -coment&#243; Jonathan-. Me interesar&#237;a saber cu&#225;l es la raz&#243;n.

Intercambiaron una mirada durante unos instantes. Eso bast&#243;, no fueron necesarias palabras. Thordin fue en pos del doctor, con la intenci&#243;n de seguirlo o de interrogarlo. A Jonathan eso le era indiferente. &#191;Qui&#233;n podr&#237;a corromper mejor a los muertos y a los enfermos que un m&#233;dico? En el pueblo s&#243;lo hab&#237;a uno. &#191;Qui&#233;n se atrever&#237;a a poner en tela de juicio su actuaci&#243;n?

Oy&#243; a Teresa llam&#225;ndolo con voz d&#233;bil desde la otra habitaci&#243;n. Abri&#243; la puerta con una sonrisa fingida. La muerte de Averil era un nuevo recordatorio de su propia p&#233;rdida.

La muchacha ha muerto, &#191;no es as&#237;? -pregunt&#243; Teresa.

Jonathan asinti&#243;, dejando la puerta entreabierta tras &#233;l.

Puede que me necesiten en la habitaci&#243;n de enfrente. Silvanus no sabe -Dej&#243; la frase sin acabar.

Que todos los muertos resucitan como zombis -termin&#243; Teresa por &#233;l.

Jonathan se sent&#243; al borde de la cama, y tom&#243; la mano que ella le ofrec&#237;a.

Debemos intentar encontrar sus cuerpos, Jonathan. Podemos quemarlos para destruirlos y de ese modo evitar que se conviertan en zombis.

Jonathan no pod&#237;a mirarla a los ojos.

Esposo, m&#237;rame -dijo.

&#201;l levant&#243; la cabeza y se enfrent&#243; a su mirada oscura.

Siempre fuiste m&#225;s valiente que yo.

Soy m&#225;s pr&#225;ctica. No tiene nada que ver con el valor. La idea de ver c&#243;mo arden Un zombi reciente parece tener vida. Ser&#237;a como quemarlos vivos.

No estar&#225;n vivos, Teresa.

Debemos hacerlo por sus almas, pero

Est&#225;s demasiado d&#233;bil para salir de la cama. Yo lo arreglar&#233; todo.

Ella todav&#237;a le apret&#243; la mano una vez m&#225;s.

Averil debe recibir el mismo trato.

No puedo de entender por qu&#233; los aldeanos no han hecho lo mismo con los suyos.

No deben de saber que el fuego destruye el cuerpo por completo -repuso ella.

Pero el enterrador deber&#237;a saberlo. Cualquiera que se ocupe de los muertos en Kartakass debe ser consciente de la forma de evitar que resuciten como zombis.

Tal vez son personas fallecidas hace tiempo las que inundan las calles.

Jonathan neg&#243; con la cabeza.

Hoy lo sabremos. Antes del anochecer tendr&#233; las respuestas.

&#191;Tan pronto?

Anoche sufrimos grandes p&#233;rdidas. No consentir&#233; ni una m&#225;s. Descubriremos qui&#233;n se encuentra tras todo esto.

Se te ha ocurrido algo; puedo verlo en tu cara.

S&#237;, tengo algunas sospechas.

&#191;Qui&#233;n?

M&#225;s tarde. D&#233;jame ver c&#243;mo evoluciona Silvanus. Prometo volver y contarte todas mis hip&#243;tesis. Sabes que las mejores ideas se me ocurren mientras te las explico.

Ella le ofreci&#243; una breve sonrisa.

Lo s&#233;.

&#201;l la bes&#243; en la mejilla y abandon&#243; la estancia, cerrando la puerta tras &#233;l.

Konrad hab&#237;a echado a los mirones y ahora hac&#237;a guardia en la puerta, con las manos cruzadas sobre el pecho y una expresi&#243;n severa. De pronto, su cara se vio transformada por el asombro, que dio paso a una total perplejidad. Su mirada se dirig&#237;a hacia algo que se encontraba m&#225;s all&#225; de Jonathan, algo que estaba subiendo la escalera.

Jonathan se volvi&#243;. Era Elaine. Abri&#243; la boca, at&#243;nito. Ten&#237;a el mismo aspecto de siempre. Sus ropas estaban manchadas de suciedad y sangre, pero era ella.

Ascend&#237;a los &#250;ltimos pelda&#241;os cuando Konrad ech&#243; a correr hacia ella. La alz&#243; en el aire y empez&#243; a dar vueltas con ella en el estrecho rellano. Cuando la deposit&#243; en el suelo ambos estaban riendo. Konrad re&#237;a. Era la primera vez que Jonathan lo ve&#237;a alegre desde que hab&#237;a muerto su esposa.

Una vez en el suelo, Konrad volvi&#243; a abrazarla.

Elaine, Elaine, Elaine. -Parec&#237;a no querer despegarse de ella.

Jonathan se qued&#243; inm&#243;vil, con las l&#225;grimas resbal&#225;ndole por las mejillas, moj&#225;ndole la barba. Los ojos azules de Elaine lo miraron. El abri&#243; los brazos, y ella se ech&#243; en ellos. Jonathan la apret&#243; contra su pecho, enterrando el rostro en sus cabellos. Elaine lo abrazaba con tanta fuerza que parec&#237;a no querer dejarlo ir nunca.

Siento mucho lo que dije, Elaine.

No importa -dijo ella, apart&#225;ndose de &#233;l s&#243;lo lo suficiente para mirarlo.

Hab&#237;a algo en sus ojos, la certeza de un conocimiento, que alarm&#243; a Jonathan. De pronto sinti&#243; que el fr&#237;o se apoderaba de su cuerpo, como si hubiera ca&#237;do en un lago de agua helada.

&#191;D&#243;nde est&#225; Blaine? -dijo en un susurro, con voz entrecortada,

Sab&#237;a la respuesta. La hab&#237;a visto en los ojos de Elaine.

Se ha ido -respondi&#243; ella.

Unas cuantas palabras, que ni siquiera eran exactas. No deb&#237;a decir muerto en voz alta. En lugar de eso, bastaba con se ha ido.

&#191;Est&#225;s segura? -Konrad estaba a su lado, con una mano posada en la espalda de Elaine-. &#191;Est&#225;s segura?

Ella asinti&#243; con la cabeza y enterr&#243; el rostro en el pecho de Jonathan. No llor&#243;; estaba tan seca por dentro como una concha marina abandonada en un estante muy alto para acumular polvo y so&#241;ar con para&#237;sos perdidos.

Jonathan los hab&#237;a cre&#237;do muertos, por lo menos eso hab&#237;a dicho. Pero ahora se daba cuenta de que era mentira. Nunca lo hab&#237;a cre&#237;do de veras. No obstante, ahora resultaba ser cierto para uno de ellos, y de pronto se sent&#237;a incapaz de pensar. De repente, lo asalt&#243; una pregunta.

&#191;C&#243;mo?

Por alg&#250;n motivo parec&#237;a importante.

Elaine respir&#243; hondo, temblando, y retrocedi&#243; unos cuantos pasos, hasta el centro del pasillo. Ten&#237;a las manos fuertemente apretadas contra el cuerpo, como si tuviera miedo de tocar algo.

Estaba intentando salvarme. Muri&#243; para salvarme.

Alz&#243; el rostro para mirarlos. El odio que Jonathan vio en sus ojos le atraves&#243; el alma. El odio hacia uno mismo era la herida m&#225;s dif&#237;cil de curar.

Est&#225;bamos intentando escalar a un tejado para escapar de los muertos. Blaine cay&#243;. -Alarg&#243; los brazos hacia el vac&#237;o-. Intent&#233; ayudarlo, le tend&#237; la mano, pero &#233;l no quiso aceptarla. &#191;Por qu&#233; no lo hizo?

Konrad avanz&#243; hacia ella, suavemente, tal como lo har&#237;a para aproximarse a un animal herido.

Si hubiera aceptado tu mano, &#191;habr&#237;ais ca&#237;do los dos?

Elaine lo mir&#243;, con una gran aflicci&#243;n en los ojos. Asinti&#243; con un gesto y luego escondi&#243; el rostro entre las manos.

S&#237;, s&#237;, s&#237; -fue la respuesta que sali&#243; amortiguada.

Konrad le pos&#243; una mano en el hombro. Ella se estremeci&#243;, pero no retrocedi&#243;. Acto seguido &#233;l la rode&#243; con sus brazos, y ella se lo permiti&#243;.

Teresa necesita verte, Elaine -dijo Jonathan. Su voz todav&#237;a sonaba distante, como si fuera otra persona quien hablara.

Elaine lo mir&#243;, con una expresi&#243;n de dolor tan evidente que casi pod&#237;a sentirse como una fuerza f&#237;sica.

&#191;Tengo que repetirlo una y otra vez?

Deja que vea que est&#225;s bien; ser&#233; yo mismo quien se lo cuente m&#225;s tarde.

Elaine tom&#243; aire, apoy&#225;ndose en el cuerpo de Konrad, como si su contacto le diera fuerzas. Incluso en medio de su aturdimiento, Jonathan mir&#243; a ambos y vio algo nuevo: una pareja. Neg&#243; con la cabeza para descartar el pensamiento. Ya habr&#237;a tiempo para eso.

Abri&#243; la puerta de la habitaci&#243;n, oblig&#225;ndose a sonre&#237;r.

Teresa, Elaine est&#225; bien.

Konrad acompa&#241;&#243; a Elaine hasta la puerta, todav&#237;a con su brazo protector alrededor de los hombros de ella. Teresa pronunci&#243; su nombre en un grito de felicidad pura, mientras le tend&#237;a la mano.

Jonathan se qued&#243; atr&#225;s, para permitir que su esposa disfrutara del reencuentro, de ese momento de dicha y alivio, antes de que se le ocurriera que todav&#237;a faltaba alguien. Observ&#243; sus l&#225;grimas de felicidad y esper&#243;.



Cap&#237;tulo 26

As&#237; pues, Blaine est&#225; muerto -dijo Teresa.

Fue la primera que se atrevi&#243; a pronunciar aquella palabra, la m&#225;s definitiva de todas. Jonathan hab&#237;a pensado lo mismo, probablemente los dem&#225;s tambi&#233;n, pero fue Teresa quien tuvo el valor de hablar.

&#191;Por qu&#233; cargar&#237;a aquella criatura con su cuerpo? -Pregunt&#243; Konrad-. &#191;Y por qu&#233; no mat&#243; a Elaine?

Elaine estaba sentada en la &#250;nica silla de la habitaci&#243;n; Jonathan, al borde de la cama. Konrad ten&#237;a la espalda apoyada en la pared y el ce&#241;o fruncido. Tras la sorpresa inicial al comprobar que Elaine segu&#237;a viva, hab&#237;a vuelto a su comportamiento habitual: el ce&#241;o fruncido, la expresi&#243;n suspicaz.

No s&#233; por qu&#233; estoy viva -dijo Elaine-. Podr&#237;a haberme matado f&#225;cilmente, o haber dejado a los dem&#225;s que lo hicieran.

&#191;Est&#225;s segura de que la mayor&#237;a de los muertos vivientes obedecen a otros zombis mejor conservados? -pregunt&#243; Jonathan.

Elaine asinti&#243;.

Lo presenci&#233; en tres ocasiones, y en cada caso el zombi era distinto. Los zombis normales obedecen las &#243;rdenes de otros que al parecer son especiales.

&#191;Por qu&#233; la mujer zombi llev&#243; a Elaine al cementerio? -pregunt&#243; Teresa.

Jonathan se puso en pie y avanz&#243; con grandes zancadas hacia la pared opuesta. Una vez all&#237;, se volvi&#243; y mir&#243; a todos los dem&#225;s.

T&#250; sabes algo -dijo Teresa.

&#191;Por qu&#233;? &#191;Por qu&#233; alguien se ha dedicado a resucitar a los muertos, a eliminar a un tercio de la poblaci&#243;n? &#191;Por qu&#233;?

Sea quien sea est&#225; loco -dijo Konrad.

Jonathan neg&#243; con la cabeza.

Incluso la locura tiene una l&#243;gica, aunque se trate de una l&#243;gica muy peculiar.

&#191;Sabes la raz&#243;n? -pregunt&#243; Elaine.

Tal vez.

Jonathan, basta de acertijos, habla -solicit&#243; Teresa.

&#201;ste asinti&#243;.

&#191;Y si est&#225; intentando conseguir una categor&#237;a mejorada de zombis?

Tres pares de ojos se posaron en &#233;l. Teresa profiri&#243; una carcajada.

Jonathan, &#191;por qu&#233; alguien querr&#237;a asesinar a tantas personas simplemente con ese fin?

Recuerda lo que Konrad acaba de decir: es una locura. Tal vez para un loco perfeccionar a sus muertos vale la pena el esfuerzo.

Elaine desech&#243; la idea con un gesto de cabeza:

No, tiene que haber algo m&#225;s.

&#191;Por qu&#233; lo crees as&#237;? -pregunt&#243; Jonathan.

La muchacha alz&#243; el rostro y lo mir&#243;, con expresi&#243;n solemne.

Porque Blaine ha muerto. Tiene que haber alguna raz&#243;n m&#225;s, aparte de simplemente querer mejorar la raza de zombis. Eso ser&#237;a -se interrumpi&#243; un instante-, ser&#237;a un motivo demasiado absurdo para morir por &#233;l.

Resucitar a los muertos es la peor clase de magia negra, Elaine. Blaine muri&#243; por salvar la aldea y por salvarte a ti; ambas buenas razones para morir.

Ella baj&#243; la vista hacia su regazo y murmur&#243;:

No hay buenas razones para morir.

Jonathan se arrodill&#243; a su lado y tom&#243; sus manos entre las de &#233;l. Ten&#237;a la piel muy fr&#237;a.

Elaine, eres consciente de qu&#233; somos, de por qu&#233; luchamos. Destruir el mal es un objetivo encomiable, digno de morir por &#233;l.

La mirada de Elaine era tan sombr&#237;a que Jonathan se estremeci&#243;.

Blaine val&#237;a m&#225;s para m&#237; que todo este pueblo maldito. Llam&#233; a todas las puertas, grit&#233; pidiendo ayuda y nadie sali&#243; a ayudarme. Nadie abri&#243;. No merecen nuestra ayuda.

Elaine, Elaine, no los ayudamos porque se trate de los habitantes de este pueblo. Los ayudamos porque es nuestro deber. Nosotros debemos actuar correctamente, aunque los dem&#225;s no lo hagan.

En mi opini&#243;n, deber&#237;amos dejarlos morir.

El odio glacial contenido en su voz dej&#243; tan at&#243;nito a Jonathan que no supo qu&#233; responder.

En mi opini&#243;n, en vez de eso, deber&#237;amos encontrar al que est&#225; organizando este ej&#233;rcito de zombis, y acabar con &#233;l -afirm&#243; Konrad, el cual se arrodill&#243; al otro lado de Elaine.

La expresi&#243;n de su rostro se hab&#237;a suavizado, evocando casi al Konrad de siempre, con una dulzura en los ojos que sorprendi&#243; a Jonathan.

Elaine lo mir&#243; fijamente. Jonathan no estaba seguro de qu&#233; era lo que ella ve&#237;a en sus ojos; fuera lo que fuera, pareci&#243; satisfacerla.

S&#237;, encontraremos al que provoc&#243; todo esto y acabaremos con &#233;l.

Somos agentes de la justicia; no nos movemos &#250;nicamente por el placer de la venganza -record&#243; Jonathan.

Elaine y Konrad lo miraron con una expresi&#243;n casi id&#233;ntica que parec&#237;a indicar sin m&#225;s tapujos que era un necio. Estaba acostumbrado a la amargura de Konrad, pero ese mismo resentimiento en las encantadoras facciones de Elaine resultaba espeluznante.

Nuestros objetivos son id&#233;nticos -intervino Teresa de repente, en un tono de voz que alarm&#243; a Jonathan, aunque no sab&#237;a precisar el motivo-. Todos deseamos terminar con esta atrocidad. Todos queremos detener a la persona o las personas que est&#233;n tras todo esto.

No somos asesinos -replic&#243; Jonathan-. Si podemos llevar al brujo a juicio, eso es lo que haremos.

Konrad y Elaine intercambiaron una mirada. En ese instante, Jonathan supo que ambos estar&#237;an dispuestos a eliminar al responsable si se les presentaba la oportunidad. Viniendo de Konrad, aquello no lo sorprend&#237;a. No dudaba de que el guerrero era capaz de matar a sangre fr&#237;a. Pero Elaine, la peque&#241;a Elaine, &#191;ser&#237;a capaz de matar con tal de vengarse?

Observ&#243; sus ojos anegados en dolor, su funesta mirada, y la crey&#243; capaz de ello. Una parte de su coraz&#243;n hab&#237;a muerto junto con Blaine.

Si Jonathan le permit&#237;a matar a sangre fr&#237;a, aquel fragmento nunca se recuperar&#237;a. Si pudiera se lo impedir&#237;a. Pero en los &#250;ltimos tiempos no hab&#237;a tenido demasiado &#233;xito en proteger a su familia.

Se oyeron unos d&#233;biles golpes en la puerta, que se abri&#243; antes de que nadie pudiera decir nada. Gersalius apareci&#243; en el umbral.

He podido sentir vuestros pensamientos, vuestra pena. Lo siento.

Aquellas palabras a menudo vac&#237;as parec&#237;an significar realmente algo en boca del mago.

Elaine hizo un gesto de asentimiento.

Gracias.

Si est&#225;s lo suficientemente recuperada, me gustar&#237;a ense&#241;arte un nuevo hechizo que he encontrado.

Elaine levant&#243; la cara ante ese comentario.

&#191;Qu&#233; quieres decir con encontrado?

Casi todo lo que hay en esta aldea est&#225; embrujado. Es algo muy sutil. Pens&#233; que Jonathan dar&#237;a m&#225;s cr&#233;dito a mis palabras si t&#250; lo compruebas y se lo explicas con las tuyas propias. -El mago no parec&#237;a sentirse ofendido por aquella realidad.

Elaine mir&#243; a Jonathan en espera de que &#233;ste diera su permiso o aprobaci&#243;n.

Jonathan asinti&#243;.

Ve con &#233;l. Aprende todo lo que puedas y en cuanto lo hayas hecho inf&#243;rmanos.

Ella le roz&#243; la cara suavemente con los dedos.

Entonces, &#191;hay sitio para un mago en la hermandad, despu&#233;s de todo?

Jonathan volvi&#243; la vista hacia Gersalius, alarmado por el hecho de que Elaine hubiera hablado en voz alta de la hermandad.

Puede leer mis pensamientos, Jonathan -dijo ella-. As&#237; resulta muy dif&#237;cil tener secretos.

Mi palabra de honor de que todos los secretos de los que pueda enterarme accidentalmente est&#225;n a salvo conmigo -afirm&#243; el mago.

Jonathan volvi&#243; a mirar a Elaine, que ahora parec&#237;a sosegada. Ten&#237;a fe en el mago. Y Jonathan en ella.

Pues bien, ve con &#233;l, y regresa para informar lo antes posible.

Anochecer&#225; en unas cuantas horas -coment&#243; ella.

En efecto -confirm&#243; Jonathan-, y para entonces debemos tener las respuestas.

Elaine baj&#243; de nuevo la vista a su falda.

Puedo curar el brazo de Teresa.

Alz&#243; la cara hacia &#233;l, mirando de hito en hito a Teresa.

Jonathan intercambi&#243; una mirada con su esposa. Amaba a Elaine, pero no permitir&#237;a que volviera a curar. Se trataba de magia, y magia maligna. Por lo menos, eso cre&#237;a. Por otro lado, se trataba del brazo de Teresa.

Te lo agradezco, Elaine, pero no es necesario -intervino Teresa con el tono de voz m&#225;s amable e inofensiva que encontr&#243;.

Elaine respir&#243; hondo.

No soy mala.

Ya lo s&#233;, mi ni&#241;a -dijo Teresa.

Permit&#225;monos este peque&#241;o desacuerdo en este asunto -dijo Jonathan, mientras le rogaba con los ojos: Por favor, no permitas que esto se interponga entre nosotros. Cre&#237;a haberla perdido para siempre. La hab&#237;a recuperado y no quer&#237;a volver a perderla, no tan pronto.

Elaine asinti&#243;.

Muy bien. Creo que sois unos insensatos, pero est&#225;is en vuestro derecho.

Se inclin&#243; sobre Teresa para besarla en la mejilla, y roz&#243; con los labios la barba de Jonathan, propin&#225;ndole un peque&#241;o tir&#243;n, como cuando era peque&#241;a.

No permitiremos que esto se interponga entre nosotros -dijo por &#250;ltimo.

Jonathan sonri&#243;.

No, no lo permitiremos.

Elaine le tendi&#243; la mano a Konrad, y &#233;ste se la llev&#243; a la mejilla, sin besarla, en un gesto &#237;ntimo.

La muchacha abandon&#243; la habitaci&#243;n tras el mago. Jonathan la sigui&#243; con la mirada mientras sal&#237;a de la estancia, y observ&#243; tambi&#233;n c&#243;mo Konrad la miraba. En medio de cualquier cat&#225;strofe siempre pueden verse las semillas de la esperanza. Era algo que ya sab&#237;a, pero resultaba sumamente agradable que se lo recordasen.



Cap&#237;tulo 27

Gersalius condujo a Elaine al exterior. Hab&#237;an encontrado otro abrigo para ella. Era oscuro y r&#237;gido, pero cumpl&#237;a su funci&#243;n. Una vez en el exterior se dio cuenta de que no se hab&#237;a preocupado de limpiarse la sangre. Gersalius le hab&#237;a ofrecido un desayuno, pero ella lo hab&#237;a rechazado; aunque sent&#237;a un vac&#237;o en el est&#243;mago, no era comida lo que necesitaba, sino ver a Blaine, o&#237;r su voz, sentir su roce. Necesitaba que su muerte no fuera real.

Konrad la hab&#237;a abrazado. Por fin hab&#237;a podido atisbar una expresi&#243;n de ternura en su rostro, lo que tanto hab&#237;a anhelado. &#191;Qu&#233; habr&#237;a pensado Blaine? &#191;Se habr&#237;a alegrado por ella? &#191;O se habr&#237;a puesto celoso? Habr&#237;a renunciado al amor que acababa de surgir en Konrad, si realmente se trataba de eso, con tal de recuperar a Blaine.

Konrad finalmente parec&#237;a corresponderle, pero en su coraz&#243;n ahora s&#243;lo hab&#237;a cenizas. Avanz&#243; por la calle cubierta de nieve. El aire glacial le cortaba la cara. El abrigo estaba provisto de una capucha, pero Elaine no la utiliz&#243;. Quer&#237;a sentir el fr&#237;o en la cara. Su melena se esparc&#237;a desordenadamente sobre los hombros. Ni siquiera se hab&#237;a acordado de recogerse el pelo. As&#237; se parec&#237;a a&#250;n m&#225;s a Blaine. Durante el resto de su vida, en cada espejo ver&#237;a su sombra.

Gersalius la llev&#243; hasta la plaza del pueblo. En medio del &#225;rea empedrada hab&#237;a una fuente, en la que el agua se hab&#237;a congelado y cambiado de estado, ahora blanco y s&#243;lido hielo. &#201;ste recubr&#237;a incluso la figura central, haci&#233;ndola irreconocible, aunque un fino hilillo de agua segu&#237;a desliz&#225;ndose por el hielo. El repiqueteo del agua resonaba con un eco extra&#241;o en aquella plaza, de lo contrario silenciosa, rebotando en los edificios de dos plantas que la flanqueaban.

Cortton fue en su d&#237;a una poblaci&#243;n importante, incluso ambiciosa, y &#233;ste es su centro -coment&#243; Gersalius.

Elaine se acerc&#243; a la fuente helada y, al espirar, su aliento form&#243; una vaharada blanca. Del cielo pend&#237;an a baja altura enormes y esponjosas nubes de color gris p&#225;lido, que parec&#237;an cargar lluvia en lugar de nieve. Pero hac&#237;a demasiado fr&#237;o para que lloviera.

Las nubes grises desplegaban un velo de uniformidad sobre todas las cosas. Hac&#237;a un d&#237;a triste y opresivo, acorde con el estado de &#225;nimo de Elaine.

&#191;Por qu&#233; me has tra&#237;do aqu&#237;?

Gersalius se volvi&#243; hacia ella. Su sonrisa desapareci&#243; al mirarla.

S&#233; que en estos momentos no lo creer&#225;s, pero con el paso del tiempo todo esto te resultar&#225; menos doloroso.

Ella hizo un gesto de negaci&#243;n.

&#191;Por qu&#233; estamos aqu&#237;?

Este es el coraz&#243;n del pueblo. Esto no fue lo primero en ser construido, pero s&#237; el centro de todas las esperanzas. Una fuente en una plaza; muy cosmopolita. Aqu&#237; se encuentra el centro del pueblo, y aqu&#237; conjuraron el hechizo.

Elaine mir&#243; a su alrededor.

No puedo ver nada fuera de lo normal.

Observa la fuente, Elaine. Abre tu mirada interior y m&#237;rala con detenimiento.

El esfuerzo que Gersalius solicitaba de ella se le antojaba tan agotador que estuvo a punto de negarse.

Si podemos seguir el rastro de este conjuro hasta llegar a su creador, encontraremos al responsable de esta calamidad -dijo Gersalius-. Entonces podr&#225;s vengarte.

Venganza. &#191;Bastar&#237;a con eso? No, nada bastar&#237;a. Pero la venganza era mejor que la desesperaci&#243;n.

Elaine tom&#243; una bocanada de aire glacial y cerr&#243; los ojos. Contuvo la respiraci&#243;n, intentando encontrar la calma, apaciguar la vor&#225;gine que arrasaba su mente. Abri&#243; los ojos lentamente. La fuente brillaba en varios colores, como si alguien hubiera derretido cera en el agua antes de que se congelara.

Elaine pas&#243; las manos sobre el hielo. Una franja era de un color verde repugnante, otra del color rojo de la carne quemada, al lado una veta del color azul viol&#225;ceo de las magulladuras; descubri&#243; otra franja irisada, de varios colores. Al principio no pudo descifrar el significado de todo aquello; hasta que record&#243; la imagen de un hombre ahogado que hab&#237;a visto en una ocasi&#243;n. La &#250;ltima veta presentaba el color de la piel de un ahogado, putrefacta, con manchas.

El hilillo de agua que todav&#237;a se abr&#237;a camino a trav&#233;s del hielo se impregnaba de los distintos colores, como un r&#237;o que recogiera la suciedad a su paso por distintos terrenos. El agua resultante era negra y se acumulaba en peque&#241;as cavidades, losuficientemente profundas para introducir un cubo o para beber de ellas.

La superficie del agua presentaba una capa que conten&#237;a todos aquellos colores, como una marea negra de aceite, pero que brillaba con una luz que parec&#237;a provenir del fondo y que nada ten&#237;a que ver con el d&#233;bil sol invernal.

Envenen&#243; el agua -sentenci&#243; por fin Elaine.

Gersalius asinti&#243;.

En efecto.

&#191;Se trata de veneno o de magia? Brilla como un conjuro.

Ambos -respondi&#243; Gersalius.

Elaine neg&#243; con la cabeza.

Si est&#225; en el agua, &#191;por qu&#233; resucitan todos los que aqu&#237; mueren aunque sean forasteros?

La mayor&#237;a de ellos no fallecen tan r&#225;pido como Averil o Blaine. Casi todos han bebido de su agua antes de morir.

Entonces, Blaine no resucitar&#225; como un zombi.

No -dijo Gersalius.

&#191;Y Averil?

Mucho me temo que le dieron agua para intentar que le bajara la fiebre.

El alivio que sinti&#243; al saber que Blaine descansar&#237;a en paz para siempre qued&#243; empa&#241;ado al pensar que Silvanus tendr&#237;a que presenciar el regreso de su hija como un cad&#225;ver de andares desgarbados.

Entonces, &#191;por qu&#233; se llevaron el cuerpo de Blaine si no ha de resucitar? -pregunt&#243;.

Quiz&#225; precisamente por eso.

No entiendo nada.

Si &#250;nicamente aquellos que no han bebido de esta fuente descansan tranquilamente en sus tumbas, entonces el resto de la poblaci&#243;n podr&#237;a descubrir que el problema es el agua.

As&#237; que se llevaron su cuerpo para impedir que los dem&#225;s se den cuenta. -A Elaine se le ocurri&#243; algo de repente-. Entonces, quienquiera que se encuentre tras esto tiene bajo control como m&#237;nimo a algunos de los zombis, y encarg&#243; a ese de aspecto bestial que robara el cuerpo de Blaine.

Gersalius asinti&#243;.

Buena chica. Est&#225;s en lo cierto. Ahora pasemos a rastrear este conjuro hasta llegar a su guarida.

S&#243;lo veo el hielo y los colores. &#191;C&#243;mo podemos seguir su rastro?

Deber&#237;as abrir algo m&#225;s que tus ojos a tu magia, Elaine. Imag&#237;nate que abres a&#250;n m&#225;s una ventana ya entreabierta.

La muchacha frunci&#243; el ce&#241;o.

Estoy intentando usar mi magia. No entiendo qu&#233; quieres decir con el ejemplo de la ventana y de abrirla m&#225;s a&#250;n.

Eres demasiado impaciente, y eso no facilita las cosas, sino todo lo contrario. La magia no acude al restallido de un l&#225;tigo, sino a la llamada de un susurro.

Sinti&#243; el impulso de cruzar los brazos sobre el pecho y dar salida a su enojo, a una furia descontrolada, pero de pronto se dio cuenta de que no era el mago el destinatario de su ira. Aquel sentimiento era consecuencia de su dolor, que se retorc&#237;a en su interior, emponzo&#241;ando cada rinc&#243;n al que llegaba.

Elaine respir&#243; hondo y, al espirar, parte de la tensi&#243;n se fue con su aliento. Tampoco permitir&#237;a que su pena se interpusiera en su camino. Encontrar&#237;a al creador de aquel conjuro y lo destruir&#237;a. Era un triste consuelo, pero el &#250;nico que ten&#237;a.

De acuerdo, intentar&#233; abrir esa ventana de la que hablas.

Percibi&#243; el tono de burla de su propia voz. El mago no hab&#237;a hecho otra cosa que intentar ser su amigo, pero en ese momento odiaba al mundo entero. No era f&#225;cil concentrarse en esas condiciones, pero lo intent&#243;.

Elaine se dirigi&#243; a la caverna que se encontraba en lo m&#225;s profundo de su ser: el centro de su propia magia. Pas&#243; por ella roz&#225;ndola levemente, y recogi&#243; parte de aquella luz azulada y violeta con sus manos invisibles. La sanaci&#243;n y la hechicer&#237;a ten&#237;an esa luz en com&#250;n. Abri&#243; los ojos y alarg&#243; la mano derecha hacia la fuente.

&#161;No, Elaine! -dijo Gersalius, aunque demasiado tarde.

Sus dedos derramaron aquella luz azul violeta, que cay&#243; rebotando sobre el hielo, el cual se derriti&#243; en algunos puntos. All&#237; donde su luz lleg&#243; al veneno contenido en el hielo, se produjeron peque&#241;as explosiones. Hacia el cielo salieron despedidos trozos de hielo.

La luz se introdujo en las aguas negras, burbujeando, hirviendo, como si hubiera una gran fuente de calor debajo. El hielo aparec&#237;a horadado aqu&#237; y all&#225;, como si un monstruo le hubiera propinado unos cuantos bocados.

Env&#237;ala hacia el exterior, Elaine. Busca el poder que has rozado. Encuentra su origen.

Recogi&#243; luz en el cuenco que formaban sus manos, extray&#233;ndola de la nada. La luz resplandec&#237;a intermitentemente, ba&#241;&#225;ndole la cara en una radiaci&#243;n violeta. Lanz&#243; al aire la luz, como si se tratara de un halc&#243;n.

La luz descendi&#243; en forma de chispas, rebotando por el suelo. Acto seguido, aquellas chispas se elevaron en el aire y se precipitaron hacia el final de la calle, como si se tratara de man&#237;acas luci&#233;rnagas violeta.

Vayamos tras ellas -dijo Gersalius-. Has purificado la fuente, pero en ese proceso tambi&#233;n has destruido el conjuro. No tendremos la oportunidad de seguir su rastro m&#225;s tarde.

Dicho esto, se remang&#243; sus vestiduras y sali&#243; corriendo tras ellas. Elaine lo sigui&#243; con la falda recogida en una mano, y las botas hundi&#233;ndose en la nieve.

Las chispas surcaban el aire como cometas en miniatura, girando en picado en cada esquina. Cerca de los l&#237;mites de la ciudad, Gersalius apoy&#243; la espalda en un edificio, y le hizo se&#241;as a Elaine para que siguiera adelante, sin aliento para poder hablar.

Elaine volvi&#243; la vista atr&#225;s por un instante, para despu&#233;s seguir corriendo. Sent&#237;a los latidos de su coraz&#243;n en los o&#237;dos, y el agotamiento le nublaba la vista, salpicando su visi&#243;n de incontables garabatos y puntos de peque&#241;o tama&#241;o. Sent&#237;a una punzada en el costado que parec&#237;a amenazar con desgarrarle el est&#243;mago si no se deten&#237;a de inmediato. Pero, a menos que perdiera el conocimiento, Elaine no estaba dispuesta a detenerse. Gersalius hab&#237;a dicho que no tendr&#237;an otra oportunidad de seguir el rastro del conjuro. Si ahora perd&#237;a, la pista a aquellas chispas, ser&#237;a culpa suya. Volver&#237;a a fallar a Blaine; fracasar&#237;a incluso a la hora de vengarlo.

Elaine se desplom&#243; sobre las rodillas al llegar al pie de una colina. En la base de la cuesta se alineaban los edificios, y un cementerio coronaba su cima. Ya hab&#237;a estado all&#237;. Las chispas viol&#225;ceas se introdujeron zumbando en el bosque y se perdieron de vista entre las tumbas.

Elaine tropez&#243; y escal&#243; la colina a cuatro patas, resbalando sobre la nieve. La alta verja con picas del cementerio, concebida para mantener alejados a los lobos, se le antoj&#243; una barrera infranqueable. No pod&#237;a seguir, incapaz de recuperar el aliento, pero entre las tumbas vio brillar una llama violeta.

Elaine salt&#243; y se asi&#243; a un larguero horizontal. Consigui&#243; trepar hasta lo alto de la valla, con los pies en el travesa&#241;o, las manos todav&#237;a inestables sobre las picas. Pas&#243; una pierna al otro lado y las faldas quedaron enganchadas en los &#225;pices de hierro; Elaine se inclin&#243; para superar el obst&#225;culo que era la verja, y la tela se rasg&#243;. Con un &#250;ltimo esfuerzo corri&#243; arrastrando la falda desgarrada por la nieve hacia la tr&#233;mula llama.

Las chispas se hab&#237;an fusionado en una llama que ard&#237;a y temblaba entre los &#225;rboles y las l&#225;pidas. Por favor, no te apagues, por favor, susurr&#243; para s&#237; misma, una y otra vez, como una oraci&#243;n.

Elaine cay&#243; de hinojos sobre la nieve. La llama ard&#237;a sobre una sepultura, a un palmo del suelo, consumiendo alguna clase de combustible m&#225;gico. No hab&#237;a nada de extraordinario en la tumba. Ten&#237;a el mismo aspecto que las dem&#225;s. Elaine empez&#243; a excavar la nieve bajo la llama hasta que las manos le dolieron por el fr&#237;o.

El suelo hab&#237;a cedido ante el peso del ata&#250;d, durante la descomposici&#243;n del cad&#225;ver, y el terreno parec&#237;a haber sido excavado y rellenado de nuevo. El suelo todav&#237;a estaba congelado, pero todo eran terrones de tierra pelada. La hierba deber&#237;a haber cubierto el sepulcro hac&#237;a ya mucho tiempo.

Empez&#243; a excavar la tumba con las manos desnudas, en el suelo helado. La llama se estaba debilitando, extinguiendo. Elaine profiri&#243; un grito ahogado y renov&#243; sus esfuerzos.

Elaine, Elaine.

Una voz grit&#243; su nombre, pero eso no importaba. Acto seguido, unas manos le asieron las mu&#241;ecas, impidi&#233;ndole seguir excavando, pero ella luch&#243; por liberarse.

Elaine, &#161;m&#237;rame!

Parpade&#243; y vio a Gersalius sujet&#225;ndola por las mu&#241;ecas, arrodillado en la nieve revuelta. La llama violeta se hab&#237;a desvanecido, y ahora estaban ba&#241;ados por la brillante luz del sol. Las nubes hab&#237;an desaparecido y todo parec&#237;a envuelto en un n&#237;tido resplandor. Bajo aquella luz intensa que lo iluminaba todo, Gersalius alz&#243; las manos de Elaine para que ella tambi&#233;n pudiera verlas.

Ten&#237;a las u&#241;as rotas, la sangre flu&#237;a por sus dedos y la piel presentaba cortes y desgarros.

&#191;No sientes nada?

Elaine no confiaba en poder darle una respuesta, as&#237; que se limit&#243; a mirarlo.

Elaine, h&#225;blame, muchacha.

Debemos desenterrar lo que haya en esta tumba. La llama se detuvo sobre ella.

Ella misma se sorprendi&#243; de que su voz sonara normal en sus o&#237;dos. Al ver la cara del mago, se pregunt&#243; qu&#233; era lo que &#233;l habr&#237;a o&#237;do.

Excavaremos, pero creo que ser&#237;a mejor utilizar palas y tal vez deber&#237;amos tambi&#233;n calentar un poco el suelo helado. -Le solt&#243; las mu&#241;ecas mientras la miraba fijamente a la cara-. &#191;Te encuentras bien ahora?

Ella profiri&#243; una carcajada.

&#191;Que si me encuentro bien? Nunca volver&#233; a estar bien &#191;No puedes comprenderlo? Blaine est&#225; muerto. -La palabra se le atragant&#243;-. Muerto. Y no puedo hacer que vuelva.

Puede que eso no sea del todo cierto -dijo Gersalius.

&#191;Qu&#233; es lo que no es cierto?

Si conseguimos encontrar su cuerpo, tal vez podr&#237;as resucitarlo, tal como Silvanus hac&#237;a antes.

El cuerpo ya estar&#225; fr&#237;o.

Si cuentas con el poder suficiente, eso no importa -afirm&#243; Gersalius.

&#191;Est&#225;s diciendo que si encontramos el cuerpo de Blaine podr&#237;a devolverle la vida? -Le asi&#243; el brazo, como si de ese modo sus palabras fueran m&#225;s reales-. &#191;Est&#225;s seguro?

He visto resucitar a personas que llevaban muertas varios d&#237;as.

Entonces debemos recuperar su cuerpo, debemos encontrarlo.

Lo haremos, muchacha. -Gersalius le dio unas palmaditas en la mano y se liber&#243; de su agarre-. Ahora veamos qui&#233;n mora esta sepultura.

Se acerc&#243; gateando hasta la l&#225;pida y retir&#243; la nieve que la cubr&#237;a.

Melod&#237;a Ashe, amada esposa, perdida en la muerte, te echaremos de menos durante toda la eternidad. &#191;Te dice algo ese nombre?

No -respondi&#243; Elaine.

A m&#237; tampoco, pero tal vez sea significativo para los habitantes del pueblo. -Se puso en pie, apoy&#225;ndose en la l&#225;pida-. Mis viejas rodillas no est&#225;n hechas para correr atropelladamente por las calles en cuesta y cubiertas de nieve en pleno invierno. -Acompa&#241;&#243; esas palabras con una amable sonrisa-. Vamos, Elaine, regresemos a la posada. All&#237; podemos conseguir palas y anchas espaldas que se abran camino a trav&#233;s de este suelo.

Pero Elaine no quer&#237;a abandonar la sepultura.

Yo me quedo aqu&#237; haciendo guardia.

Elaine, nadie vendr&#225; a profanarla mientras no estamos. No podr&#225;n excavar m&#225;s hondo que nosotros en este suelo helado. -Le tendi&#243; una mano-. Venga, vamos. Cuanto antes regresemos, antes se resolver&#225; este enigma.

Elaine acept&#243; la mano a rega&#241;adientes. No quer&#237;a abandonar aquella vieja tumba, como si seguir arrodillada sobre ella la hiciera sentirse m&#225;s cerca de Blaine. Ten&#237;a la sensaci&#243;n de que irse en ese momento era como abandonarlo de nuevo.

Muchacha, te lo ruego. Estos viejos huesos se resienten con el fr&#237;o.

Elaine acept&#243; la ayuda del mago para ponerse en pie, y &#233;ste la gui&#243; a trav&#233;s de los sepulcros, llev&#225;ndola de la mano como si se tratase de una ni&#241;a. El contacto empez&#243; a calentarle la piel, de manera que, para cuando llegaron a la verja, las heridas hab&#237;an comenzado a molestarle. Se hab&#237;a arrancado una u&#241;a entera, y sent&#237;a un dolor agudo y profundo. Las manos le escoc&#237;an, pero casi lo agradec&#237;a.

Si se concentraba en el dolor, no pod&#237;a sentir nada m&#225;s. Si lograba encontrar el cuerpo de Blaine, le devolver&#237;a la vida. En realidad, no estaba muerto. Ella lo traer&#237;a de regreso. No volver&#237;a a fallarle.



Cap&#237;tulo 28

Al entrar a la posada, oyeron el ruido caracter&#237;stico del acero contra el acero, acompa&#241;ado de gritos. Elaine corri&#243; hacia la escalera.

La prudencia ser&#237;a una actitud m&#225;s sabia, muchacha -le grit&#243; Gersalius. Elaine hizo caso omiso de su advertencia. Todas las personas que todav&#237;a le importaban se encontraban en el piso de arriba. No permitir&#237;a ninguna otra p&#233;rdida.

La falda rasgada hizo que tropezara al subir la escalera; cay&#243; con fuerza y se golpe&#243; en la rodilla. El dolor le inmoviliz&#243; la pierna, por lo que Elaine se qued&#243; donde estaba. Voces, gritos y el rugido a voz en cuello de alguien familiar. Nunca hab&#237;a o&#237;do aquel grito de guerra, pero le recordaba a Fredric. El palad&#237;n no se enfurec&#237;a f&#225;cilmente.

Elaine subi&#243; gateando la escalera, arrastrando su pierna magullada hasta llegar casi al &#250;ltimo escal&#243;n. El rellano estaba atestado por una masa de personas que re&#241;&#237;an. Un hombre de gran estatura se defend&#237;a con una espada y un escudo frente a la puerta de la habitaci&#243;n de Averil. Elaine no pod&#237;a ver contra qui&#233;n luchaba, pero s&#237; lo oy&#243;.

Atr&#225;s, malditos villanos, atr&#225;s os digo, o tendr&#233; que mataros a todos. -Era la voz de Fredric.

Elaine utiliz&#243; la barandilla para ponerse en pie. Esper&#243; all&#237; unos momentos mientras comprobaba si la pierna le respond&#237;a. Hab&#237;a un punto rojo con sangre en el &#225;rea da&#241;ada. No se molest&#243; en examinar la herida. Eso pod&#237;a esperar; la pierna aguantaba. Subi&#243; cojeando los &#250;ltimos escalones, apoy&#225;ndose con fuerza en el barandal.

Gersalius se encontraba detr&#225;s de ella.

&#191;Qu&#233; es todo este esc&#225;ndalo?

Elaine neg&#243; con la cabeza dando a entender que no lo sab&#237;a, mientras avanzaba tambale&#225;ndose por el rellano hacia el lugar de la pelea. A trav&#233;s de la puerta abierta sali&#243; la voz de Jonathan, en un tono bastante tranquilo.

Silvanus, todos los que mueren en Cortton resucitan como zombis. Todos. No creo que desees eso para tu hija.

Fredric guardaba la puerta, blandiendo su enorme mandoble. El hombre armado que se enfrentaba a &#233;l dijo:

Escuchad, caballero, estoy cumpliendo con mi deber como alguacil de esta ciudad. No pretendo haceros da&#241;o. Todos hemos perdido a alguien con motivo de la enfermedad. No queremos que vuestra pena sea a&#250;n m&#225;s dolorosa, pero debemos sacar el cuerpo de aqu&#237;.

Para conseguir a Averil deber&#225;s pasar por encima de mi cad&#225;ver -dijo Fredric.

Caballero, &#233;sa ser&#237;a una posibilidad, pero preferir&#237;a que no fuera as&#237;.

Fredric profiri&#243; una carcajada, un potente bramido que conten&#237;a el suficiente desd&#233;n como para helar la sangre.

Ser&#225;s t&#250; quien acabe muerto, alguacil, lo sabes perfectamente.

Elaine se encontraba lo bastante cerca para ver el sudor que corr&#237;a por la frente del alguacil. Era consciente de que pod&#237;a morir en cualquier momento, pero no retroced&#237;a. El honor era m&#225;s importante que la vida.

Si acabas conmigo, quiero que quemen mi cuerpo. No quiero volver como un muerto viviente. Tampoco creo que quieras eso para tu amiga; ver c&#243;mo se pudre ante tus ojos una noche tras otra. Permite que nos llevemos su cuerpo y estar&#225; simplemente muerta. La muerte es mejor que eso, caballero, mucho mejor.

Fredric vacil&#243;. La punta de su espada tembl&#243;. La duda asom&#243; a su rostro.

Silvanus intervino desde el interior de la estancia.

No se la llevar&#225;n.

La espada recuper&#243; su firmeza.

Silvanus, ya no est&#225;. D&#233;jala que se vaya en paz. -Era la voz de Jonathan.

Deber&#237;as habernos enviado a Elaine. Ella puede resucitar a Averil. S&#233; que puede hacerlo.

No puede. Thordin dice que semejante proeza s&#243;lo puede llevarla a cabo la magia de un gran sanador. Y Elaine apenas acaba de aprender -dijo Jonathan.

Elaine se abri&#243; paso a trav&#233;s de la muchedumbre hasta llegar junto al alguacil. &#201;ste le lanz&#243; un r&#225;pido vistazo para en seguida volver a centrar toda su atenci&#243;n en el gran guerrero.

Soy Elaine Clairn. Creo que Silvanus me est&#225; esperando.

Elaine -exclam&#243; Fredric-, estos necios quieren quemar el cuerpo de Averil.

&#191;Quiere decir eso que ser&#225; imposible resucitarla? -pregunt&#243; Elaine.

Elaine -grit&#243; Silvanus-, ven aqu&#237;, no hagas caso de esos necios.

El alguacil y Fredric intercambiaron una mirada. Ninguno de los dos quer&#237;a ceder su puesto.

D&#233;jame pasar, alguacil -dijo Elaine-. No s&#233; si puedo hacer lo que Silvanus me pide, pero hasta que lo intente no conseguir&#233;is su cuerpo.

El alguacil vacilaba.

El anochecer se aproxima -le record&#243; Elaine con voz suave.

El alguacil dio un paso atr&#225;s, todav&#237;a blandiendo la espada y el escudo.

Puedes pasar, pero no esperaremos eternamente.

Fredric retrocedi&#243; lo justo para permitirle el paso. Gersalius esper&#243; en la puerta. Elaine volvi&#243; la vista hacia &#233;l, pero el mago dijo:

Reunir&#233; un grupo de hombres para nuestro peque&#241;o proyecto de excavaci&#243;n.

Yo tambi&#233;n deber&#237;a estar presente.

Puedo hacer lo mismo que t&#250; o incluso m&#225;s. Pero esto s&#243;lo puedes hacerlo t&#250;, Elaine Clairn. S&#243;lo t&#250;.

La muchacha asinti&#243;. Ten&#237;a raz&#243;n, como de costumbre.

La estancia estaba abarrotada. Silvanus todav&#237;a abrazaba el cuerpo de Averil en su lecho. Randwulf se encontraba al pie de la cama, Jonathan cerca de la ventana y Fredric vigilaba la puerta. Una persona m&#225;s, y nadie hubiera podido moverse en aquella habitaci&#243;n.

Elaine se sent&#243; al borde del camastro.

&#191;C&#243;mo debo proceder?

Silvanus se apart&#243; del lecho, y deposit&#243; a Averil con sumo cuidado sobre las mantas arrugadas. Alguien le hab&#237;a cerrado los ojos, as&#237; que casi parec&#237;a que estuviera dormida, pero la flaccidez de su cuerpo s&#243;lo pod&#237;a deberse a la muerte. Ni el sue&#241;o ni los estados de inconsciencia habr&#237;an podido causarla.

Silvanus se arrodill&#243; al lado de la cama.

Coloca las manos sobre su cuerpo, sobre la herida que acab&#243; con su vida, o bien sobre el centro alrededor del cual giraba su vida, all&#237; donde t&#250; sientas que su fuerza vital era m&#225;s intensa.

Elaine se puso de rodillas, haciendo una mueca de dolor. En el lugar que hab&#237;a ocupado, las s&#225;banas presentaban una mancha de sangre.

Est&#225;s herida -dijo Silvanus.

No es nada.

El le alz&#243; las faldas para examinar la herida, con el permiso de Elaine. Se trataba de un corte profundo que sangraba profusamente.

Tal vez sea mejor que antes cures esta herida. De lo contrario, podr&#237;a afectar a tu concentraci&#243;n.

Por alg&#250;n motivo, Elaine no lo cre&#237;a as&#237;. Rechaz&#243; la propuesta con un gesto.

No. Utilizar&#233; el dolor; eso me ayudar&#225;.

Ella mir&#243; extra&#241;ado, pero asinti&#243;.

Como desees. Cada sanador es distinto. Si su herida te impresiona demasiado, puedes empezar por curar la tuya y luego seguir con la otra.

&#191;C&#243;mo se cura la muerte? -pregunt&#243; Elaine.

Se sanan las heridas que causaron la muerte, y el cuerpo funciona de nuevo. -Se encogi&#243; de hombros-. No s&#233; c&#243;mo explicarlo de otro modo; es algo que simplemente se entiende o no se entiende.

Elaine sab&#237;a lo que en ese caso no se entiende significaba para ellos: que Averil habr&#237;a muerto para siempre; y que Blaine estar&#237;a muerto para siempre, aunque encontraran su cuerpo. Lo har&#237;a. Ten&#237;a que hacerlo. Quer&#237;a hacerlo.

Os dejo solos con vuestra sanaci&#243;n, Elaine -dijo Jonathan mientras se dirig&#237;a hacia la puerta.

Elaine sinti&#243; el impulso de pedirle que se quedara, pero no lo hizo. Hab&#237;an acordado que en ese punto no estaban de acuerdo. Podr&#237;an seguir siendo una familia siempre que Jonathan no tuviera que presenciar su magia. Y el precio le parec&#237;a razonable.

Habla con Gersalius. Puede que hayamos encontrado algo -dijo por &#250;ltimo Elaine.

Jonathan asinti&#243;, sin volver la vista para mirarla. Fredric lo dej&#243; pasar, y en seguida desapareci&#243;.

Elaine retir&#243; los vendajes del cuello de Averil. La carne estaba enrojecida por la infecci&#243;n, verde en los bordes de la herida. La gangrena ya hab&#237;a hecho aparici&#243;n. Eso no era normal. Una herida no se gangrenaba tan r&#225;pido. &#191;Podr&#237;a ser uno de los efectos del veneno?

Recorri&#243; los bordes irregulares de la herida. La piel estaba caliente al tacto. Elaine toc&#243; la cara de Averil. Estaba fr&#237;a. &#191;Por qu&#233; la herida segu&#237;a caliente? Era como si la herida siguiera viva y s&#243;lo el cuerpo hubiera muerto.

Elaine volvi&#243; a colocar las manos sobre la herida. No importaba. Lo &#250;nico que importaba era la sensaci&#243;n de la carne triturada, el &#225;spero orificio en su piel. Hundi&#243; los dedos en la herida, escarbando en la carne tal como hab&#237;a hecho en el suelo de la tumba. El cuerpo no ten&#237;a vida, no pod&#237;a hacerle m&#225;s da&#241;o; nadie ten&#237;a que aguantar ninguna clase de dolor. Aquel cuerpo estaba a su disposici&#243;n. Y nunca se quejar&#237;a. No pod&#237;a pensar en &#233;l como si se tratase de un ser humano. Era una herida en el cuello que hab&#237;a provocado una gran hemorragia; pero el cuerpo estaba muerto.

Suaviz&#243; las heridas m&#225;s profundas, tal como hab&#237;a hecho anteriormente. La estructura de las arterias rotas, una vena rasgada, todo volv&#237;a a su estado anterior. Elaine pas&#243; los dedos sobre la garganta hasta que la piel recuper&#243; su suavidad. Pero el cuerpo segu&#237;a muerto. Se sent&#243; de cuclillas, observando atentamente, con las manos apenas rozando el cad&#225;ver.

He curado la herida. -Dej&#243; caer las manos sobre el regazo-. No s&#233; qu&#233; m&#225;s hacer.

Silvanus le puso una mano en el hombro.

Est&#225; vac&#237;a. Debes volver a llenarla de vida de nuevo.

&#191;C&#243;mo?

Silvanus profiri&#243; un suspiro entrecortado.

No puedo explic&#225;rtelo, Elaine. Muchos sanadores nunca han podido aprender a resucitar a personas fallecidas. No creo que sea cuesti&#243;n de habilidad. Creo que es un fallo de comprensi&#243;n, de visualizaci&#243;n de la muerte como una herida m&#225;s.

El cuerpo est&#225; ahora en perfecto estado. No puedo seguir curando, porque el cuerpo est&#225; sano.

Los dedos de Silvanus se clavaron en su carne.

Elaine, te lo ruego. Debes verlo por ti misma. No puedo hacer esto por ti. -Hab&#237;a algo en sus ojos que superaba incluso el p&#225;nico.

Elaine busc&#243; el pulso en su garganta. Si no era capaz de salvar a Averil, Blaine estar&#237;a muerto de veras. Pero, por mucho que lo intentaba, no pod&#237;a sentir nada m&#225;s aparte de la muerte. El cuerpo estaba muerto, no hab&#237;a nada que curar.

Por favor -insisti&#243; Silvanus.

Elaine volvi&#243; a intentarlo. Coloc&#243; las manos sobre el cuerpo y empez&#243; a buscar. Suaviz&#243; la cicatriz que encontr&#243; en un ri&#241;&#243;n, el resto de alguna enfermedad. Los dedos amasaron la carne y repararon cualquier posible defecto, hasta que el cuerpo de Averil estuvo en perfecto estado, mejor que nunca. Sin embargo, segu&#237;a siendo un cuerpo sin vida. Elaine no pod&#237;a arreglar algo que simplemente ya no estaba: la chispa, el alma, aquello que confer&#237;a la vida, independientemente del nombre que se le quisiera dar, y que la convert&#237;a en algo m&#225;s que simplemente un amasijo de carne, huesos y nervios. Aquello hab&#237;a dejado de existir. Y Elaine no sab&#237;a c&#243;mo devolv&#233;rselo.

Se dio cuenta de que experimentaba placer al explorar su cuerpo, acariciando sus &#243;rganos internos. Disfrutando de las formas como si fuera un escultor, pero ya sin af&#225;n de curar. Elaine se limitaba a jugar con el cuerpo. Eso era todo.

Se arrodill&#243; de nuevo y al hacerlo sinti&#243; una punzada de dolor en la rodilla herida. El dolor era agudo, nuevo. Sin necesidad de mirar, Elaine supo que volv&#237;a a sangrar. Examin&#243; el dolor, pero no con intenci&#243;n de sanar, sino para reunirlo. Tom&#243; la aspereza de cada rasgu&#241;o que ten&#237;a en las manos, el dolor m&#225;s intenso de las u&#241;as rotas, el dolor punzante en la rodilla.

Lo &#250;ltimo que recogi&#243; fue su pena. Encontr&#243; el abrumador dolor en su coraz&#243;n, en la cabeza, en todo el cuerpo. Envolvi&#243; su soledad en ambas manos y la mezcl&#243; perfectamente con el dolor. Despu&#233;s envi&#243; el resultado al cuerpo de Averil. No pod&#237;a darle la vida, pero s&#237; pod&#237;a transmitirle el dolor, la ira, la pena.

El cuerpo empez&#243; a convulsionarse bajo sus manos, dando fuertes sacudidas. Elaine cay&#243; al suelo. El cuerpo se incorpor&#243;, con los ojos dorados abiertos y la mirada perdida en la nada.

Silvanus se puso en pie, ofreci&#233;ndole los brazos.

Averil, Averil.

La envolvi&#243; en un abrazo apret&#225;ndola contra su pecho. Estaba r&#237;gida y permanec&#237;a indiferente ante su abrazo.

Silvanus se apart&#243; de ella.

Averil, &#191;puedes hablar?

Averil abri&#243; la boca, cada vez m&#225;s. El sonido que sali&#243; de ella era un chillido sin palabras, sin sentido: el dolor hecho voz. Al primer grito siguieron otros apenas sin pausa, &#250;nicamente la necesaria para recuperar el aliento.

Silvanus sacudi&#243; a Averil, pero ella no pod&#237;a verlo ni o&#237;rlo.

&#161;Averil, Averil! -exclam&#243; mientras le daba una bofetada.

Los gritos prosiguieron. Le peg&#243; con tanta fuerza que Averil se desplom&#243; sobre la cama. Pero sigui&#243; chillando tumbada, con los pu&#241;os apretados, y el cuerpo tenso como si un dolor intenso la acuciara.

&#191;Qu&#233; le has hecho? -Pregunt&#243; Silvanus-. &#191;Qu&#233; significa esto?

Me dijiste que deb&#237;a rellenarla. Y as&#237; lo hice.

&#191;Conque?

Con dolor.

Silvanus cay&#243; de hinojos al lado del lecho y de aquella cosa que no paraba de gritar, y que no se parec&#237;a en nada a su hija.

Matadla.

&#191;Qu&#233; has dicho? -pregunt&#243; Randwulf.

&#161;Matadla, matadla! &#161;Oh, dioses, matadla! -exclam&#243; Silvanus de nuevo.

Randwulf se puso en pie, con las manos colgando a ambos lados. Tuvo que gritar para hacerse o&#237;r por encima de los chillidos de Averil.

No.

Fredric abandon&#243; la puerta, con la punta de la espada apuntando al suelo.

Silvanus, no.

Miradla. No es Averil. No es un ser humano. Matadla, por favor.

Fredric se acerc&#243; al lecho. Elaine miraba alternativamente a uno y a otro. No hab&#237;a actuado con mala intenci&#243;n. No hab&#237;a sabido hacerlo mejor.

Lo siento, lo siento.

Los hombres no le prestaban atenci&#243;n. Para ellos, aquella estancia s&#243;lo conten&#237;a a su familia, y Elaine no formaba parte de ella.

Fredric -Silvanus alarg&#243; el brazo y asi&#243; la mano del enorme guerrero, que utiliz&#243; para mantener el equilibrio al incorporarse-. Lo haremos juntos -dijo, mientras apretaba a&#250;n m&#225;s la mu&#241;eca del guerrero.

Elaine vio c&#243;mo los dedos palidec&#237;an por la presi&#243;n.

Fredric alz&#243; la espada; Silvanus le aferraba un brazo y en el otro sinti&#243; el roce liviano de Randwulf. El rostro del joven estaba surcado de l&#225;grimas. Pero Fredric y Silvanus no derramaron ninguna.

Elaine se apart&#243; de ellos, arrastr&#225;ndose por el suelo. Se acurruc&#243; en un rinc&#243;n, impotente. Su ayuda hab&#237;a resultado peor que si se hubiera abstenido de intentarlo.

La espada descendi&#243; veloz, directa al coraz&#243;n, y clav&#243; el fr&#225;gil cuerpo contra la cama. El cad&#225;ver qued&#243; inm&#243;vil, pero de la herida manaba la sangre a borbotones, como de una fuente de ca&#241;o grueso. Aquella sangre proced&#237;a del coraz&#243;n, y era oscura y espesa. Si Elaine hubiera podido dar aut&#233;ntica vida a aquel cuerpo, Averil habr&#237;a vuelto.

Los tres hombres se encontraban al lado del cuerpo. Hab&#237;an soltado la empu&#241;adura de la espada que hab&#237;a quedado en posici&#243;n vertical, como un signo de exclamaci&#243;n, una estaca plateada atravesando el coraz&#243;n de Averil.

Silvanus fue el primero en alejarse de ella, para dirigirse al gent&#237;o que segu&#237;a esperando en la puerta.

Os dar&#233; su cuerpo en un par de minutos. Necesitamos un poco de intimidad.

El alguacil personalmente cerr&#243; la puerta, sin decir una palabra.

Silvanus baj&#243; la vista hacia Elaine, que segu&#237;a acurrucada en el suelo, indecisa, sin saber qu&#233; hacer o adonde ir. Salir corriendo le parec&#237;a un acto de cobard&#237;a. Pero al mirarlo a los ojos dese&#243; haberlo hecho.

Bien, Elaine Clairn, ahora echaremos un vistazo a tus otras sanaciones, para comprobar si hay diferencias entre las tuyas y las m&#237;as.

&#191;Qu&#233; quieres decir? -pregunt&#243; ella.

Fredric, ens&#233;&#241;ame las heridas que Elaine te cur&#243; en los brazos.

Fredric se desabroch&#243; los botones se remang&#243; sin decir nada. Todav&#237;a estaba impresionado, y en su cara se ve&#237;a una expresi&#243;n de perplejidad.

Me lo tem&#237;a -dijo Silvanus.

Elaine se puso en pie lentamente.

Fredric ya no parec&#237;a at&#243;nito. Las facciones de su rostro reflejaban ahora un terror en ciernes. Elaine examin&#243; el trozo de piel que hab&#237;a quedado al descubierto. No hab&#237;a ni rastro de las heridas, la piel era suave al tacto, pero su aspecto no era el esperado. Una especie de grandes escamas de color verde estaban creciendo sobre la carne.

Elaine alarg&#243; la mano para tocarlas. Nadie la detuvo. Las escamas eran muy lisas, casi afiladas en sus extremos, y cubr&#237;an toda la zona que ella hab&#237;a curado.

Randwulf se desabroch&#243; r&#225;pidamente sus propias mangas. La piel parec&#237;a suave y perfecta. Profiri&#243; un suspiro de alivio que reson&#243; en medio del silencio.

D&#233;jame ver el cuello -dijo Silvanus.

Randwulf lo mir&#243; con los ojos muy abiertos, pero en seguida se volvi&#243;, con las manos muy r&#237;gidas a ambos costados, como si quisiera tocarse el cuello pero no se atreviera.

Silvanus apart&#243; el pelo, retir&#243; el cuello de sus vestiduras y ahog&#243; una exclamaci&#243;n. Algo estaba creciendo en la parte superior de su columna vertebral. Era exactamente igual que una figura humana, perfecta en todos sus detalles, pero su tama&#241;o era diminuto, hasta el punto de que habr&#237;a cabido en la palma de Elaine. Mientras la observaban, la figura abri&#243; los ojos de la medida de un alfiler, y los mir&#243;.

Elaine grit&#243; y retrocedi&#243;.

&#191;Qu&#233; pasa?-pregunt&#243; Randwulf, aterrado.

Una excrescencia -dijo Silvanus.

Nadie se atrevi&#243; a corregirlo. Nadie quer&#237;a decirlo en voz alta.

Silvanus baj&#243; la vista hacia el mu&#241;&#243;n del brazo. Intent&#243; desatarse el cord&#243;n con el que ataba la manga.

Ayudadme -solicit&#243;.

Fredric la cort&#243; con su daga. Por debajo del codo hab&#237;a crecido un brazo. Parec&#237;a sano, y la piel era dorada, pero acababa en una protuberancia negra y viscosa como un gusano. La parte posterior era blanca como la panza de un pez y presentaba enormes ventosas.

&#191;Qu&#233; tengo en la nuca? -Pregunt&#243; Randwulf-. Dec&#237;dmelo, por favor.

Se oy&#243; un d&#233;bil gemido. Un grito tenue y muy agudo. Randwulf se volvi&#243; hacia ambos lados, intentando ver qu&#233; era lo que ten&#237;a detr&#225;s. La criatura en miniatura hab&#237;a abierto la boca y estaba gritando.

Randwulf intent&#243; asirla, arranc&#225;rsela. Un brazo diminuto cay&#243; al suelo, y del desgarro man&#243; un hilillo de sangre. El brazo todav&#237;a dio unos cuantos coletazos. Randwulf lo miraba fijamente, boquiabierto, gritando en silencio.

C&#243;rtalo. -La voz de Silvanus los devolvi&#243; a la realidad, desde el borde de la locura m&#225;s absoluta-. C&#243;rtame esa cosa -inst&#243; a Fredric, se&#241;alando la anomal&#237;a de su brazo.

El palad&#237;n asest&#243; una cuchillada al tent&#225;culo. La sangre sali&#243; a borbotones, pero era espesa y de color verde, en absoluto humana.

Randwulf se desplom&#243; en el suelo sobre la sangre, intentando arrancarse la criatura que le crec&#237;a en el cuello. El tent&#225;culo dio un coletazo y golpe&#243; a Fredric.

Elaine no pudo soportar m&#225;s. Abri&#243; la puerta de forma brusca y sali&#243; disparada hacia el pasillo ahora vac&#237;o. El alguacil esperaba al pie de la escalera. Mir&#243; a Elaine y pregunt&#243;:

&#191;Est&#225;n preparados?

Elaine lo apart&#243; de un empuj&#243;n y se precipit&#243; hacia la puerta. De pronto la asalt&#243; un pensamiento: &#161;Jonathan ten&#237;a raz&#243;n! &#161;Jonathan ten&#237;a raz&#243;n! Estaba corrompida por la magia. O tal vez era incluso peor.

Sali&#243; corriendo a la calle, sinti&#243; el fr&#237;o invernal y lo agradeci&#243;. No sab&#237;a adonde ir, s&#243;lo sab&#237;a que deb&#237;a huir. Huir de aquella habitaci&#243;n y de las sanaciones que hab&#237;a hecho. Del recuerdo de la sensaci&#243;n de bienestar que hab&#237;a sentido al sanar. Incluso resucitar a Averil como una obra resultante de su dolor la hab&#237;a hecho sentir bien. Y una peque&#241;a parte de ella hab&#237;a sentido el impulso de tocar a la peque&#241;a criatura, acariciarla, disfrutar de ella. Lo mismo hab&#237;a sentido respecto al miembro que hab&#237;a crecido en el brazo de Silvanus. Se oblig&#243; a sentirse horrorizada, pero en realidad se sent&#237;a atra&#237;da por todo aquello. Una parte de su ser habr&#237;a disfrutado de sus creaciones si se lo hubiera permitido.

M&#225;s que ninguna otra cosa, &#233;sa fue la raz&#243;n de que se lanzara corriendo a la calle: el hecho de que una parte de s&#237; misma quisiera regresar a aquella habitaci&#243;n para jugar con las obras fruto de su creaci&#243;n.



Cap&#237;tulo 29

Gersalius se encontraba junto a la tumba, y de sus manos manaba fuego. Hab&#237;an empapado la tierra con aceite para que el fuego de Gersalius penetrase lo m&#225;s posible en ella. Bajo el efecto de las llamas, el suelo congelado se hab&#237;a reblandecido lo suficiente para que Thordin y Konrad pudieran empezar a cavar. Cada vez que se encontraban con una nueva capa helada, el mago volv&#237;a a arrojar fuego sobre la tumba.

Jonathan se hab&#237;a opuesto al empleo de la magia con semejantes fines, pero no tuvieron en cuenta su opini&#243;n. No ten&#237;an tiempo que perder: ya hab&#237;a tocado la primera hora de la tarde y anochecer&#237;a en unas cuantas horas.

Gersalius baj&#243; las manos. Las llamas lam&#237;an el suelo aqu&#237; y all&#225;, mientras el aceite se consum&#237;a. Una vez extinguido el fuego, Konrad salt&#243; al interior de la tumba ya casi vac&#237;a. Hundi&#243; la pala en la tierra, ahora m&#225;s blanda. De pronto, el metal golpe&#243; con un chirrido con algo m&#225;s duro que el suelo.

Creo que hemos dado con el ata&#250;d -dijo Konrad.

Se dej&#243; caer a cuatro patas en la fosa y retir&#243; la tierra con las manos. Thordin tambi&#233;n se introdujo en el hoyo y empez&#243; a excavar en el otro extremo. En efecto, hab&#237;a un ata&#250;d, pero estaba podrido. La madera se astill&#243; con el simple roce de Konrad, desmenuz&#225;ndose en largas tiras. Thordin quit&#243; la tierra con el m&#225;ximo cuidado y dej&#243; al descubierto un ata&#250;d muy estrecho.

La parte inferior parec&#237;a completamente aplastada debido a la podredumbre y el peso de la tierra. Jonathan atisbo desde la superficie hacia el interior de la sepultura. El sol brillaba con fuerza, arrancando destellos a la nieve e iluminando los huesos y los restos de un vestido estampado.

Thordin alarg&#243; una mano hacia Jonathan para que lo ayudase a salir del hoyo, puesto que resultaba imposible abrir el ata&#250;d si ambos permanec&#237;an en &#233;l.

Konrad intent&#243; abrir la tapa, pero la madera se deshac&#237;a en sus manos. En &#250;ltima instancia decidi&#243; despedazarla y pasar los fragmentos de madera a Thordin, el cual los colocaba con cuidado en el suelo. Del cuerpo quedaban pr&#225;cticamente s&#243;lo huesos y algunos cabellos adheridos al cr&#225;neo.

El g&#233;nero del vestido era un tejido fino, que no hab&#237;a sido concebido para resistir la humedad de una sepultura, y ahora estaba cubierto por una capa de moho.

&#191;Por qu&#233; la mujer del enterrador no habr&#225; resucitado tambi&#233;n? -pregunt&#243; Thordin.

Tal vez sea m&#225;s pertinente preguntarse por qu&#233; el conjuro que resucita a los muertos tiene su origen en esta tumba -puntualiz&#243; Gersalius.

&#191;Acaso sabes algo, mago, que los dem&#225;s no sabemos? -pregunt&#243; Jonathan.

Gersalius se encogi&#243; de hombros.

S&#243;lo suposiciones, pero por la expresi&#243;n de tu cara veo que tal vez a ti se te haya ocurrido lo mismo.

Debemos hablar con el enterrador, eso est&#225; claro. -Jonathan se asom&#243; a la tumba profanada-. &#191;D&#243;nde est&#225; el saco que te hice traer, Thordin?

Aqu&#237; -respondi&#243; &#233;ste mientras alzaba un enorme saco de arpillera del suelo helado.

Konrad, empieza a pasarnos los huesos.

Jonathan, &#191;no crees que ya hemos profanado bastante el sepulcro?

Tengo la hip&#243;tesis de que alguien ha ideado todo esto con el fin de obtener una categor&#237;a superior de zombis. Puede que &#233;ste sea en parte el motivo. &#191;Y si Ashe quer&#237;a resucitar a su mujer como algo mejor que un zombi? Elaine dijo que algunos de los zombis parec&#237;an muy reales. Los habitantes del pueblo tambi&#233;n dijeron que aquellos que murieron hace tiempo regresaron como cuerpos putrefactos, simplemente zombis; sin embargo los fallecidos m&#225;s recientemente est&#225;n mejor conservados. Ashe est&#225; esperando hasta que el conjuro sea perfecto; s&#243;lo entonces har&#225; que su mujer resucite.

Pero &#191;para qu&#233; necesitamos el cuerpo? -pregunt&#243; Konrad.

Lo usaremos como reh&#233;n -contest&#243; Jonathan.

Gersalius sonri&#243;.

No es posible resucitar a alguien de entre los muertos sin un cuerpo sobre el que trabajar.

Jonathan asinti&#243;.

Exacto.

Konrad baj&#243; la vista hacia el cr&#225;neo con el mech&#243;n de cabellos ro&#237;dos.

No puedo aprobar los m&#233;todos de Ashe, pero comprendo su motivaci&#243;n. La muerte de Beatrice tambi&#233;n acab&#243; conmigo.

Sacudi&#243; la cabeza como para deshacerse de una pesadilla.

Pero Elaine te espera en la posada -intervino Gersalius.

Konrad alz&#243; la vista, sobresaltado. Poco a poco una leve sonrisa asom&#243; a su rostro. Despu&#233;s asinti&#243;.

S&#237;.

En aquel monos&#237;labo, a Jonathan le pareci&#243; atisbar el fin de su prolongado luto. El fin de la amargura.

Konrad empez&#243; a pasarles los huesos, tras despegarlos de la tela mohosa. Thordin los introduc&#237;a en el saco, y &#233;stos produc&#237;an un ruido seco al entrechocar entre ellos.

Harkon Lukas estaba sentado al pie de la colina, espi&#225;ndolos. Le hab&#237;a entrado fr&#237;o, esperando entre la nieve. El tenue sol invernal no calentaba lo suficiente. Hab&#237;an descubierto el secreto de Ashe mucho antes de lo que a &#233;l le hubiera gustado. No hab&#237;a contado con el mago. Ambrose ten&#237;a fama de aborrecer la magia. Aquella colaboraci&#243;n lo hab&#237;a sorprendido grandemente.

A Harkon no le gustaban las sorpresas. Si llegaban a interrogar a Ashe, &#233;ste podr&#237;a revelar que hab&#237;a sido Harkon el que le hab&#237;a dado la idea del veneno y el conjuro; quien hab&#237;a susurrado al o&#237;do del enterrador que podr&#237;a devolverle la vida a su mujer; quien le hab&#237;a envenenado la mente habl&#225;ndole de la putrefacci&#243;n de la carne y de su amada esposa convertida en alimento para gusanos.

No pod&#237;a permitir que Ashe revelara su secreto. Harkon Lukas ten&#237;a cierta reputaci&#243;n como bardo, pero no como una fuerza del mal. Si la hermandad llegaba a enterarse, eso lo arruinar&#237;a todo.

Pod&#237;a eliminar a Ashe, simplemente, pero quer&#237;a a Konrad. Tal vez ser&#237;a mejor ofrecer su ayuda al enterrador. S&#237;, eso sonaba factible. Se convertir&#237;a en c&#243;mplice de Ashe, y luego lo traicionar&#237;a, le arrebatar&#237;a el cuerpo a Konrad y quiz&#225; incluso adquiriera la categor&#237;a de h&#233;roe. Ri&#243; en silencio; s&#243;lo el movimiento convulsivo de los hombros revelaba su regocijo interior. Oh, eso ser&#237;a delicioso.

Se puso en pie y empez&#243; a descender lentamente la colina. No ten&#237;a tiempo que perder, si quer&#237;a poner en marcha sus planes. Necesitaba a Ashe vivo para preparar su trampa; despu&#233;s lo eliminar&#237;a antes de que pudiera revelar la verdad. Ten&#237;a que aparentar ser su amigo y al mismo tiempo su enemigo. Un bonito truco si consegu&#237;a llevarlo a cabo. Y, trat&#225;ndose de Harkon Lukas, estaba completamente seguro de que lo har&#237;a.



Cap&#237;tulo 30

Elaine se apoy&#243; en la pared. Hab&#237;a encontrado el camino de regreso al centro del pueblo. El agua de la fuente borboteaba y flu&#237;a all&#237; donde la magia hab&#237;a derretido el hielo. Una mujer sumergi&#243; un cubo en el agua ahora en estado l&#237;quido. Un chiquillo, tan abrigado contra el fr&#237;o que Elaine era incapaz de deducir si era ni&#241;o o ni&#241;a, colgaba de sus faldas. La mujer avanz&#243; con cuidado por el empedrado cubierto de hielo, con el cubo ahora lleno. De nuevo era agua pura, el veneno consumido gracias a la magia de Elaine.

Por supuesto, la poblaci&#243;n en su conjunto estaba contaminada. Si fallec&#237;an, aunque fuera por causas naturales, resucitar&#237;an como zombis. Ten&#237;a que haber un ant&#237;doto. Gersalius deb&#237;a de saberlo. Se reclin&#243; sobre la fr&#237;a piedra del edificio mientras se preguntaba qu&#233; deb&#237;a hacer. No podr&#237;a soportar ver la expresi&#243;n de Jonathan cuando se enterase de lo que hab&#237;a hecho, el resultado de sus llamados poderes de sanaci&#243;n. Era algo espantoso, y el hecho de que se sintiera tan fascinada por ello empeoraba a&#250;n m&#225;s las cosas. Sab&#237;a que la peque&#241;a criatura que hab&#237;a surgido del cuello de Randwulf habr&#237;a acabado por desprenderse de &#233;l para convertirse en un ente independiente, y ella se lo habr&#237;a quedado, como una mascota o

Le hubiera gustado qued&#225;rselo; se trataba de su creaci&#243;n, y habr&#237;a querido tocarlo, abrazarlo. Le hubiera gustado tocar y acariciar cada una de sus creaciones. Por muy horribles que fueran. Pero aquel pensamiento se lo guardar&#237;a para ella misma, no deb&#237;a compartirlo con nadie.

Sin embargo, si preguntaba a Gersalius sobre la posibilidad de desarrollar un ant&#237;doto, &#233;ste le leer&#237;a la mente. &#191;Podr&#237;a ver tambi&#233;n su monstruosidad, la corrupci&#243;n de su alma? No podr&#237;a soportarlo, pero tampoco pod&#237;a dejar la ciudad a su suerte.

Escondi&#243; el rostro entre las manos, temblando bajo la mortecina luz del ocaso. Anochec&#237;a. Si se quedaba fuera, en las calles, los zombis acabar&#237;an con su vida y entonces resucitar&#237;a como uno de ellos. Elaine alz&#243; la vista al cielo, demasiado confundida para llorar.

Un hombre alto de piel p&#225;lida y cabellos negros se plant&#243; frente a ella.

&#191;Te encuentras bien? -le pregunt&#243; con voz amable.

Pero ella no se merec&#237;a su amabilidad.

Estoy bien.

Soy Ashe, el enterrador. T&#250; eres Elaine Clairn, &#191;no es as&#237;?

Ella se limit&#243; a asentir con la cabeza.

Pareces aterida.

Ashe se quit&#243; el abrigo y se lo ofreci&#243;. &#201;ste ol&#237;a a hierbas medicinales y a ung&#252;entos, lo que la hizo pensar en Konrad. Acept&#243; el abrigo porque ten&#237;a fr&#237;o y no sab&#237;a qu&#233; otra cosa pod&#237;a hacer.

Me dijeron que est&#225;s buscando un cad&#225;ver. -Ashe roz&#243; su larga melena rubia con suavidad-. Uno de cabellos semejantes a los tuyos, pero perteneciente a un hombre; tu hermano.

Elaine se apart&#243; del muro de piedra. El abrigo se arrastr&#243; por la nieve para formar una especie de charco alrededor de ella.

&#191;Has encontrado el cuerpo de Blaine?

S&#237;. Cuando aparece un cad&#225;ver desconocido en el pueblo me lo traen para que me ocupe de &#233;l. &#191;Te gustar&#237;a presentarle tus &#250;ltimos respetos? Debo quemar todos los cuerpos antes del anochecer. -Alz&#243; la vista hacia el cielo cada vez m&#225;s oscuro-. Se acerca la hora.

Ll&#233;vame hasta &#233;l -solicit&#243; Elaine.

Ashe le pas&#243; un brazo por los hombros, y con el otro alz&#243; los bordes del abrigo.

No me gustar&#237;a que tropezases con el abrigo sobre el suelo helado.

Aquella proximidad f&#237;sica la hac&#237;a sentirse inc&#243;moda, pero aquel hombre la conducir&#237;a hasta Blaine, y s&#243;lo por eso soportar&#237;a aquel exceso de familiaridad.

Ashe la inst&#243; a apresurarse por las calles ya en penumbras.

Oscurec&#237;a, y la aldea ya estaba envuelta en el suave resplandor azulado del anochecer. El enterrador rebusc&#243; en el bolsillo de su t&#250;nica y extrajo una llave.

Los muertos saldr&#225;n muy pronto. Para entonces debemos estar en lugar seguro.

Elaine se mostr&#243; de acuerdo. Ashe la hizo pasar y cerr&#243; la puerta tras ellos. Se apoy&#243; en la puerta profiriendo un suspiro.

Estamos a salvo, creo.

El suelo de la estancia estaba cubierto de lado a lado por una alfombra tejida con varias tonalidades de rojo brillante, azul y amarillo, lo que confer&#237;a a la estancia un aspecto lujoso y a la vez alegre. Las paredes eran de madera oscura encerada, y alineadas junto a ellas hab&#237;a varias sillas y sof&#225;s tapizados en terciopelo. La luz de las l&#225;mparas impregnaba todo de un c&#225;lido brillo. Y en el centro de la habitaci&#243;n, sobre peque&#241;as plataformas cubiertas por telas drapeadas, se encontraban los ata&#250;des.

Cada uno de ellos hab&#237;a sido elaborado en una madera distinta, por lo que tambi&#233;n presentaban diferentes colores: el cerezo, con una tonalidad tan oscura que parec&#237;a casi negro; el marr&#243;n amarillento del roble, la palidez del pino. Algunos ten&#237;an asideros de oro, otros simplemente estaban pintados con un barniz dorado. Destacaba uno de color blanco con bordes de plata, de aspecto delicado: el ata&#250;d de un ni&#241;o.

No tienen demasiada utilidad ahora -coment&#243; Ashe-, puesto que me limito a envolver los cuerpos en sudarios para despu&#233;s quemarlos. Supuse que el fuego impedir&#237;a que resucitaran.

Ashe ayud&#243; a Elaine a quitarse el abrigo, y lo arroj&#243; sin m&#225;s sobre un ata&#250;d de madera p&#225;lida. Curiosamente, la prenda no parec&#237;a desentonar sobre el f&#233;retro.

Est&#225; en el piso de arriba, en mi mejor habitaci&#243;n para amortajar.

Tom&#243; una l&#225;mpara de un aplique de la pared y gui&#243; a Elaine por la escalera alfombrada hasta el piso superior.

Unas cuantas puertas talladas en distintos dise&#241;os flanqueaban el pasillo. Ashe se detuvo ante la &#250;ltima puerta a mano izquierda. De nuevo, utiliz&#243; la llave para abrirla.

He llegado a la conclusi&#243;n de que una puerta cerrada mantiene a los muertos en su sitio, ya sea dentro o fuera. Por si acaso, siempre cierro todas las puertas.

Tras haber experimentado una noche en las calles de Cortton, Elaine comprend&#237;a muy bien aquella precauci&#243;n.

Ashe empuj&#243; la puerta y alz&#243; la l&#225;mpara. El foco de luz dorada se derram&#243; resplandeciente sobre una cascada de cabellos dorados.

Elaine se qued&#243; en el umbral, respirando entrecortadamente. Todav&#237;a no pod&#237;a verle la cara, pero le bastaba con su melena. Blaine yac&#237;a sobre una mesa cubierta por una tela drapeada cerca de la pared opuesta. Los &#250;ltimos rayos de sol arrojaban una tonalidad gris&#225;cea sobre las ventanas.

Elaine vio que su respiraci&#243;n sal&#237;a como un h&#225;lito blanco, y se estremeci&#243;. Hac&#237;a m&#225;s fr&#237;o dentro que fuera. Las ventanas estaban abiertas para permitir la entrada a la noche invernal; y al fr&#237;o, para una mejor conservaci&#243;n del cuerpo.

Elaine avanz&#243; como en un sue&#241;o. A pesar de que ya hab&#237;a visto a Blaine sobre los adoquines de la calle, su muerte se le antojaba irreal. Aquella sensaci&#243;n de irrealidad ten&#237;a algo de piadoso. Aliviaba su pesar. Si no era real, no pod&#237;a hacerle m&#225;s da&#241;o.

Blaine yac&#237;a envuelto en un pa&#241;o fino, con las manos cruzadas sobre el pecho. Los cabellos hab&#237;an sido peinados con esmero y dispuestos alrededor de su rostro. No quedaban rastros de sangre, ni de la herida que le hab&#237;a causado la muerte. Ashe hac&#237;a bien su trabajo. Bajo la tenue luz de la l&#225;mpara, Elaine casi esperaba que su hermano abriera los ojos, aunque sab&#237;a que eso era imposible. No hab&#237;a bebido el agua contaminada, as&#237; que estaba verdaderamente muerto.

De pronto, se le ocurri&#243; algo. Ella sab&#237;a que Blaine no resucitar&#237;a como un zombi, pero &#191;c&#243;mo pod&#237;a saberlo el enterrador? El sol ya casi se hab&#237;a ocultado por completo. &#191;Por qu&#233; no se apresuraba a quemar el cuerpo o cerraba la puerta con llave?

Ashe le ofreci&#243; una sonrisa.

Regres&#233; a la posada justo despu&#233;s de que t&#250; saliste. El alguacil me cont&#243; c&#243;mo resucitaste a la hija del elfo de entre los muertos.

Elaine neg&#243; con la cabeza.

No funcion&#243;. El resultado fue

No ten&#237;a palabras para describir aquello en lo que se hab&#237;a convertido Averil. No era un zombi, pero tampoco estaba viva, no en realidad.

S&#233; que no funcion&#243; como esperabas. Yo he tenido el mismo problema durante semanas.

Elaine se apart&#243; del cuerpo de su hermano, para desviar toda su atenci&#243;n hacia el enterrador.

&#191;Qu&#233; quieres decir con eso?

Perd&#237; a mi mujer, igual que t&#250; perdiste a tu hermano. T&#250; tambi&#233;n quieres que regrese al mundo de los vivos, &#191;no es cierto?

Elaine asinti&#243; con la cabeza.

Quiero recuperar a mi esposa. He tenido un &#233;xito considerable con otros cad&#225;veres, pero todav&#237;a no es perfecto. Juntos tal vez consigamos solucionar nuestros respectivos problemas.

Fuiste t&#250; quien envenen&#243; el agua, el responsable de la epidemia. Es por eso por lo que no quemaste los cuerpos. -Su voz era suave, como si estuviera haciendo una mera relaci&#243;n de los hechos. Era mejor que gritar.

He intentado mejorar el conjuro, en efecto. Hace algunos d&#237;as alguien propuso por primera vez que quem&#225;semos los cuerpos. Sab&#237;a que eso impedir&#237;a su resurrecci&#243;n; justo lo contrario a mis intereses.

Bajo la luz de la l&#225;mpara, Elaine vio su expresi&#243;n de satisfacci&#243;n, casi de autosuficiencia. Hab&#237;a perdido por completo la raz&#243;n. Jonathan ten&#237;a raz&#243;n. Estaba intentando conseguir una categor&#237;a mejorada de zombis; pero tampoco era eso exactamente. Lo que Ashe quer&#237;a era devolver la vida a su esposa, pero no como un zombi.

Puedo resucitar el cuerpo, pero no el alma -dijo Elaine-. Si has visto el resultado de mis otras sanaciones, ya sabes a qu&#233; me refiero.

Ashe deposit&#243; la l&#225;mpara al borde de la mesa. Su resplandor dorado confer&#237;a una calidez al rostro de Blaine que hac&#237;a pensar que estaba vivo.

Eres nueva en el arte de la sanaci&#243;n. Pero con la pr&#225;ctica mejorar&#225;s, al igual que yo he mejorado mi conjuro con los muertos.

Elaine observ&#243; la sonrisa que se dibujaba en su cara y no supo qu&#233; responder. &#191;Qu&#233; pod&#237;a decir a alguien que hab&#237;a perdido el juicio, que hab&#237;a presenciado las horribles consecuencias de sus sanaciones y sin embargo deseaba que siguiera experimentando, que mejorase su t&#233;cnica? Ashe parec&#237;a creer que con la pr&#225;ctica Elaine conseguir&#237;a curar sin causar deformaciones en el paciente. Elaine tem&#237;a en cambio que la experiencia le proporcionase control sobre sus deformes creaciones. Podr&#237;a curar, pero &#191;a qu&#233; precio?

Se oy&#243; un ruido, casi como una explosi&#243;n, procedente de la planta baja.

Creo que tenemos compa&#241;&#237;a -dijo Ashe.

No parec&#237;a tener miedo. Camin&#243; hacia la puerta con la precauci&#243;n de no darle la espalda a Elaine. Estaba loco, pero todav&#237;a no confiaba en ella. Le dej&#243; la l&#225;mpara.

Observa la cara de tu hermano mientras yo atiendo a nuestros visitantes. Cuando regrese podr&#225;s decirme si no dedicar&#237;as hasta el &#250;ltimo &#225;pice de tu fuerza vital a devolverle la vida.

Con esas palabras, cerr&#243; la puerta. La llave gir&#243; en la cerradura. Elaine estaba encerrada, sola, en compa&#241;&#237;a del cad&#225;ver de su hermano.



Cap&#237;tulo 31

Jonathan atraves&#243; la puerta forzada. Thordin ya se encontraba en la estancia, y su espada desnuda reflejaba la luz de las numerosas l&#225;mparas. Gersalius y Konrad entraron tras &#233;l. La puerta hab&#237;a cedido bajo la acci&#243;n combinada del hacha de Konrad y los hechizos del mago.

Jonathan mir&#243; hacia atr&#225;s, hacia la puerta abierta y la oscuridad que se abr&#237;a afuera.

Si nosotros hemos podido entrar, tambi&#233;n podr&#225;n entrar los zombis. No nos interesa que nos corten la retirada -coment&#243;.

Entonces ser&#225; mejor que nos demos prisa -dijo el mago-. Es posible que el tal Ashe controle a los muertos que su conjuro ha resucitado.

No nos advertiste de ello -dijo Konrad.

El mago se encogi&#243; de hombros, un tanto avergonzado.

Se me acaba de ocurrir.

El mago tiene una buena parte de raz&#243;n -dijo una voz desde la puerta que se hallaba en el lado opuesto; Ashe se encontraba en el interior de la estancia, pero fuera del alcance de las espadas-. En efecto, puedo controlar a los muertos.

Algo se movi&#243; tras Ashe, atravesando tambi&#233;n el umbral. Era el zombi que Teresa hab&#237;a visto moverse a gran velocidad en la primera noche. En esta ocasi&#243;n, Jonathan pudo examinarlo con todo detalle.

La piel parec&#237;a lisa y completa, pero era de color amarillento y presentaba extra&#241;as formas en algunas zonas, como la piel de una serpiente, estampada y moteada. El zombi abri&#243; la boca y emiti&#243; un silbido.

Ashe le acarici&#243; la cabeza distra&#237;damente, como si se tratara de un perro. Aquel ser se arrim&#243; a sus piernas, aparentemente agradecido por aquella atenci&#243;n.

&#201;ste fue el primero que resucit&#243; con parte de sus capacidades mentales, pero como pod&#233;is ver no ha seguido progresando. Siempre ser&#225; un animal fiel-. El enterrador sonri&#243; al decir esto-. &#191;No hab&#233;is echado de menos a vuestra joven acompa&#241;ante rubia?

Konrad dio un paso adelante, blandiendo el hacha.

&#191;Tienes a Elaine?

La encontr&#233; vagando por las calles, considerablemente angustiada. Est&#225; arriba, velando el cuerpo de su hermano. Tiene una buena dosis de talento, a su manera. -Volvi&#243; la vista hacia Jonathan y a&#241;adi&#243;-: &#191;Sabes lo que les hizo a tus amigos en la posada?

Las im&#225;genes invadieron la mente de Jonathan. Volvi&#243; a revivir lo que se hab&#237;an encontrado en la posada. Hab&#237;an pasado por all&#237; de camino a la casa del enterrador, con la esperanza de que Randwulf y Fredric se sumaran a ellos. Encontraron sangre por todas partes. El olor a carne y cabellos quemados era asfixiante. Randwulf yac&#237;a boca abajo en el suelo, con la parte posterior del cuello convertida en un amasijo de carne carbonizada. Fredric hab&#237;a pr&#225;cticamente vaciado sus propios brazos, con la intenci&#243;n de eliminar las escamas que le hab&#237;an horadado la carne.

El cuerpo de Averil estaba clavado en la cama con sangre por todas partes, como si hubiera muerto por segunda vez.

Silvanus yac&#237;a tambi&#233;n en el suelo, con el brazo cercenado y el mu&#241;&#243;n quemado. Se aferr&#243; a la toga de Jonathan y susurr&#243;:

No lo hizo a prop&#243;sito. Fue un accidente.

Jonathan huy&#243; de aquella habitaci&#243;n para echarse en brazos de Teresa, pero se encontr&#243; con que &#233;sta ard&#237;a de fiebre. Se fue de su lado sin saber si Teresa se hab&#237;a percatado de su presencia. La herida se hab&#237;a infectado. Pero, despu&#233;s de lo que hab&#237;a visto en la habitaci&#243;n contigua, se alegr&#243; de que Teresa hubiera rechazado la ayuda de Elaine.

Acto seguido hab&#237;a conducido a los dem&#225;s hasta la morada de Ashe en el inminente anochecer, decidido a acabar con todo aquello esa misma noche. No hab&#237;a tiempo para buscar a Elaine; Jonathan tampoco estaba seguro de que fuera buena idea. Sus peores sospechas hab&#237;an quedado confirmadas en aquella peque&#241;a habitaci&#243;n de la posada.

Creo que Elaine y yo podr&#237;amos trabajar juntos -dijo Ashe-. La combinaci&#243;n de nuestros poderes tal vez podr&#237;a resucitar a los muertos a la verdadera vida.

Elaine nunca colaborar&#225; contigo -afirm&#243; Konrad.

Oh, yo no estar&#237;a tan seguro. Puede que el hecho de estar encerrada en una habitaci&#243;n en compa&#241;&#237;a de su hermano para contemplar c&#243;mo su cuerpo se descompone la haga cambiar de opini&#243;n.

Eres un monstruo mucho m&#225;s atroz que cualquiera de los zombis -replic&#243; Konrad.

Avanz&#243; indignado hacia &#233;l, pero Thordin lo detuvo asi&#233;ndolo por un brazo.

Todav&#237;a no -le record&#243;.

Thordin solt&#243; a Konrad para agarrar una peque&#241;a jarra de arcilla con un tap&#243;n de cera. Jonathan y Gersalius extrajeron tambi&#233;n peque&#241;os c&#225;ntaros sellados de sendas bolsas que pend&#237;an de sus cinturones. Tras retirar los tapones, Konrad arroj&#243; una de las jarras hacia Ashe, que al quebrarse esparci&#243; aceite sobre sus vestiduras. Ashe profiri&#243; un grito, y el zombi dio un salto.

Thordin cay&#243; al suelo derribado por la criatura. Dej&#243; caer la espada, puesto que se trataba de una lucha cuerpo a cuerpo, y busc&#243; el cuchillo que pend&#237;a de su cintur&#243;n.

Konrad hundi&#243; el hacha en la espalda de aquel ser. La columna se quebr&#243; con un crujido bajo la hoja. La criatura retrocedi&#243; con un grito, y Thordin le atraves&#243; el vientre con el cuchillo. La cosa volvi&#243; a gritar, pero era inmortal. Thordin introdujo los pies bajo el cuerpo del zombi y lo apart&#243; de una patada. &#201;ste aterriz&#243; a los pies de Ashe, pero en seguida se incorpor&#243; para seguir luchando.

El enterrador solt&#243; una carcajada.

Veamos c&#243;mo hac&#233;is frente a unos cuantos m&#225;s.

Las tapas de las cajas se abrieron de golpe y de ellas salieron m&#225;s muertos vivientes.

Jonathan roci&#243; aceite sobre los muertos y las cajas. Oy&#243; el ruido de m&#225;s l&#237;quido al salpicar en el suelo a sus espaldas, y supo que Gersalius estaba haciendo lo mismo.

&#161;Esperad! &#191;D&#243;nde est&#225; Elaine? -exclam&#243; Konrad.

Jonathan sacudi&#243; la cabeza. No pod&#237;a pensar ahora en ella. Extrajo una lumbre y frot&#243; el pedernal con el eslab&#243;n hasta que una llama cobr&#243; vida.

La criatura empez&#243; a dar vueltas alrededor de Thordin y Konrad. Ashe dio media vuelta y huy&#243;. Konrad ech&#243; a correr tras &#233;l, esquivando al zombi.

&#161;Konrad, no! -grit&#243; Jonathan.

Pero &#233;ste ya hab&#237;a desaparecido, y el aceite prendi&#243; con un rugido. De pronto se encontraron envueltos en llamas.

Thordin hab&#237;a conseguido clavar al primer zombi en el suelo. Verti&#243; un c&#225;ntaro de aceite sobre &#233;l, y las llamas se extendieron sobre su piel. El ser empez&#243; a revolcarse y a gritar como si estuviera sufriendo. Pero los muertos no pod&#237;an sentir dolor, &#191;o acaso &#233;stos eran distintos?

Los dem&#225;s zombis se desplomaron en sus cajas y ardieron, sin gritos, sin oponer resistencia, como buenos zombis.

Las llamas devoraron la preciosa alfombra y lamieron las paredes. La puerta situada en el extremo opuesto era ahora una barrera de fuego. Una oleada de calor los empuj&#243; hacia la puerta resquebrajada.

Jonathan.

Aquella voz lo hizo volverse r&#225;pidamente. Teresa se encontraba en el umbral. Las llamas iluminaron su cara manchada de sangre. Los paneles de madera barnizada deb&#237;an de ser altamente inflamables, porque justo en ese momento prendieron con gran intensidad, lo que oblig&#243; a los tres a salir al exterior.

Jonathan atraves&#243; la puerta forzada para acudir a la llamada de su esposa, a quien tom&#243; en brazos.

Est&#225;s herida.

No es mi sangre -dijo ella con una sonrisa.

No deber&#237;as haber venido. Podemos hacer frente a esto sin ti.

Gersalius y Thordin flanqueaban la entrada a ambos lados. Todos contemplaban el fuego y el piso superior, que todav&#237;a no hab&#237;a sido afectado por el incendio. Elaine y Konrad se encontraban en alg&#250;n lugar, ah&#237; arriba.

Teresa se acurruc&#243; en el pecho de su esposo, rode&#225;ndolo con los brazos. Ella no lo sab&#237;a. Se hab&#237;a echado a la calle para buscarlos y todav&#237;a no sab&#237;a que Elaine estaba en el piso superior.

Tenemos que hacer algo -dijo Thordin.

Teresa abraz&#243; a Jonathan a&#250;n m&#225;s fuerte, con ambos brazos. &#201;ste intent&#243; apartarla ligeramente para mirarla a la cara. Ten&#237;a la piel fr&#237;a; la fiebre hab&#237;a desaparecido. Pero ella se apret&#243; a&#250;n m&#225;s contra su pecho, presion&#225;ndole las costillas.

Teresa -dijo &#233;l con voz suave.

&#201;sta respondi&#243; con los labios muy cerca de su cuello, la mejilla apoyada en su barba.

Jonathan, tengo tanta hambre

Los dientes se hundieron en la carne. Jonathan grit&#243; e intent&#243; apartarla. Pero ella se aferraba a &#233;l, con las mand&#237;bulas clavadas en su cuello, lamiendo la sangre, ansiosa por profundizar en la carne.

Thordin la asi&#243; por la melena para poder apartarla del cuello de Jonathan. Gersalius lo ayud&#243; a separarla de &#233;l. Thordin la arroj&#243; sobre la calle cubierta de nieve. Teresa se incorpor&#243;. Ten&#237;a el mismo aspecto de siempre, con excepci&#243;n de su cara llena de sangre.

Gersalius la roci&#243; de aceite.

&#161;Jonathan! -exclam&#243; ella.

&#161;No!

Jonathan dio un paso adelante. Pero Thordin lo detuvo.

Gersalius conjur&#243; r&#225;pidamente un hechizo para provocar una chispa. &#201;sta atraves&#243; el aire describiendo un arco, como una estrella de diminuto tama&#241;o, y fue a caer sobre el aceite, que se encendi&#243; con un rugido y desprendi&#243; una oleada de calor azulado.

Teresa grit&#243; de nuevo su nombre.

&#161;Jonathan!

Jonathan se desplom&#243;. &#218;nicamente los brazos de Thordin detuvieron su ca&#237;da. El coloso lo deposit&#243; en el suelo, se sent&#243; a su lado y lo acun&#243;.

Teresa ardi&#243;. La piel que Jonathan tantas veces hab&#237;a acariciado ennegreci&#243;, desprendi&#233;ndose de la carne. Sus cabellos se consumieron en una lluvia de chispas. Durante todo ese tiempo no dej&#243; de gritar su nombre. En el &#250;ltimo instante, Jonathan grit&#243; el suyo.

Teresa se desplom&#243; hacia adelante encima de la nieve, todav&#237;a alargando una mano hacia &#233;l.



Cap&#237;tulo 32

Harkon Lukas permanec&#237;a oculto entre las sombras de la habitaci&#243;n a que daba acceso la &#250;ltima puerta del corredor a la derecha. Ashe hab&#237;a subido corriendo, con Konrad pis&#225;ndole los talones. Todo hab&#237;a salido mucho mejor de lo que Harkon esperaba. Al parecer, s&#243;lo lo hab&#237;a seguido Konrad, pero de momento esperar&#237;a en la penumbra, para comprobar que no apareciera nadie m&#225;s.

&#191;D&#243;nde est&#225; Elaine?

Konrad entr&#243; en la estancia dando grandes zancadas, blandiendo el hacha.

No creo que deba dec&#237;rtelo -respondi&#243; Ashe.

Dime d&#243;nde est&#225; y no te matar&#233;.

No creo que pudieras matarme de todos modos -dijo, retrocediendo hasta el lugar en el que se encontraba escondido Harkon-. Creo m&#225;s bien que eres t&#250; quien va a morir.

Descorri&#243; una cortina dejando a Harkon al descubierto. Lukas no pudo reprimir una sonrisa, hasta tal punto le agradaban los gestos dram&#225;ticos.

El bardo. &#191;Qu&#233; est&#225;s haciendo aqu&#237;? -dijo Konrad, mientras adoptaba una posici&#243;n de combate, con el hacha preparada.

Parec&#237;a sorprendido, pero aun as&#237; sab&#237;a con certeza c&#243;mo deb&#237;a actuar: en caso de que lo amenazara le matar&#237;a, sin importarle qui&#233;n era.

Ashe tambi&#233;n sonre&#237;a a Konrad, ansioso por que empezara el combate. Harkon atraves&#243; con su espada al enjuto enterrador. Este se desplom&#243; sobre las rodillas, con una expresi&#243;n de asombro en la cara. Busc&#243; a tientas con las manos la punta de la espada que le sobresal&#237;a por el pecho, y despu&#233;s cay&#243; lentamente hacia adelante.

Harkon se separ&#243; de la pared.

No tenemos demasiado tiempo. Te llevar&#233; hasta Elaine.

&#191;Qu&#233; estabas haciendo aqu&#237; con el enterrador?

&#161;Aja! Parec&#237;a sospechar algo.

Tal como huele aqu&#237;, me parece que no hay tiempo que perder. Est&#225; encerrada. Morir&#225; quemada viva.

En el rostro de Konrad asom&#243; la duda.

Sospechaba de Ashe, pero necesitaba pruebas -a&#241;adi&#243; Harkon-. Cuando entr&#243; en la estancia tuve que esconderme. La verdad es que me alegr&#233; mucho de verte.

Konrad baj&#243; el hacha pero no la guard&#243;. Harkon envain&#243; su espada.

Debemos apresurarnos. Sin nuestra ayuda, Elaine nunca podr&#225; escapar.

Harkon avanz&#243; hacia &#233;l con las manos colgando a ambos lados del cuerpo, como para dejar claro que estaba desarmado.

Est&#225; en la habitaci&#243;n de enfrente, al otro lado del pasillo -dijo se&#241;alando la puerta abierta.

Konrad se volvi&#243; para mirar en aquella direcci&#243;n, y Harkon aprovech&#243; para clavarle en el coraz&#243;n una daga que ten&#237;a escondida. Konrad profiri&#243; un grito ahogado, y el hacha cay&#243; de sus manos de pronto inertes.

Harkon acompa&#241;&#243; el cuerpo en su ca&#237;da hasta el suelo, sosteni&#233;ndolo muy cerca de s&#237;, mientras extra&#237;a el amuleto y lo dispon&#237;a alrededor del cuello de Konrad.

Duerme, duerme para siempre, mi suspicaz amigo.

De pronto, Harkon sinti&#243; un golpe en el pecho, como un garrotazo. Baj&#243; la vista para encontrar un cuchillo en su pecho. Las manos de Konrad soltaron el pu&#241;al mientras Harkon se desplomaba de espaldas sobre el suelo.

Harkon asi&#243; el cuchillo con ambas manos, intentando detener la sangre, que sal&#237;a a borbotones, caliente y mojada. Lo extrajo de su pecho con un grito. La sangre manaba sobre sus manos. La oscuridad le nubl&#243; la vista.

Harkon cay&#243; hacia adelante, sobre sus cuatro extremidades. Intent&#243; convertirse en lobo, pero era demasiado tarde. Estaba muriendo. No, ya estaba muerto.

Fue su &#250;ltimo pensamiento antes de que la oscuridad devorase la luz.

Elaine aporre&#243; el suelo, gritando. El humo se filtraba por todas las rendijas. La puerta se abri&#243; hacia adentro, y Elaine retrocedi&#243;, tropezando. Apareci&#243; Konrad, envuelto en humo, apenas visible. La agarr&#243; de un brazo y la arrastr&#243; en medio de la sofocante nube de humo para conducirla a la habitaci&#243;n contigua, en una de cuyas ventanas hab&#237;a una soga hecha con s&#225;banas atada a una pesada silla.

Baja -orden&#243; Konrad.

Elaine no hizo ninguna pregunta; no hab&#237;a tiempo para eso. Asi&#243; la cuerda improvisada y descendi&#243; por ella. Cuando se encontraba a media altura de la pared, las s&#225;banas empezaron a ceder bajo su peso y el de Konrad.

D&#233;jate caer, yo estoy aqu&#237; para recogerte. -Era la voz de Thordin.

Elaine tom&#243; aire y solt&#243; las telas. Los fuertes brazos de Thordin la recogieron. Acto seguido ambos rodaron por el suelo.

Konrad salv&#243; los &#250;ltimos metros dej&#225;ndose caer, y aterriz&#243; con manos y rodillas sobre la nieve. Elaine corri&#243; hacia &#233;l y lo rode&#243; con los brazos. &#201;l la abraz&#243;, la cara apretada contra su hombro. Nubes de humo sal&#237;an a trav&#233;s de la ventana por la que hab&#237;an escapado.

El suelo se derrumb&#243; con un estruendo estremecedor, y las llamas se alzaron con un rugido hasta el tejado. El cuerpo de Blaine todav&#237;a estaba dentro, pero se lo llevar&#237;a el fuego purificador. Era un final bastante mejor que el de la mayor&#237;a de los fallecidos en Cortton.

Konrad alz&#243; el rostro hacia ella. Estaba muy, muy cerca. La bes&#243;, y ella permiti&#243; que lo hiciera. Sus labios eran suaves, y su piel ol&#237;a a humo.

El amuleto que llevaba alrededor del cuello brillaba reflejando las llamas. Elaine no recordaba haber visto nunca en &#233;l ning&#250;n tipo de adorno.

Konrad acarici&#243; los cabellos de Elaine con las manos cubiertas de holl&#237;n, y ri&#243;. Volvi&#243; abesarla, bruscamente, casi con violencia, como si quisiera entrar en ella a trav&#233;s de su boca. A Elaine aquel beso casi le doli&#243;.

Thordin y Gersalius se encontraban de pie ante ellos, observando c&#243;mo se quemaba la casa. Elaine busc&#243; a Jonathan y lo encontr&#243; acurrucado en la nieve, al lado del cuerpo carbonizado de un zombi.

Jonathan. -Elaine lo llam&#243; por su nombre, pero &#233;l no reaccion&#243;.

Gersalius le pos&#243; una mano en el hombro.

Teresa se convirti&#243; en uno de ellos. Tuvimos que sacrificarla.

Elaine observ&#243; a Jonathan, encogido sobre la nieve. Quer&#237;a correr hacia &#233;l, decirle que todo se arreglar&#237;a, pero en el fondo de su coraz&#243;n sab&#237;a que eso ser&#237;a mentirle.



Cap&#237;tulo 33

La taberna La Cabra de Hierro se hallaba abarrotada. El nuevo bardo estaba haciendo florecer el negocio. Kelric era un hombre de mediana estatura, anchas espaldas y una estrecha cintura. &#201;l hab&#237;a aprendido a tocar la guitarra, el arpa y el clavic&#233;mbalo con unas manos de mayor tama&#241;o de las que ten&#237;a ahora, pero aquellos largos y finos dedos hab&#237;an demostrado su ligereza gracias a la pr&#225;ctica en el arte, no precisamente musical, sino en el del hurto. Hab&#237;a aprovechado aquella agilidad para reeducar sus dedos y volver a hacer m&#250;sica, en lugar de seguir desplumando por la espalda a pobres desprevenidos. Kelric el Carterista hab&#237;a pasado a llamarse Kelric Dulcevoz en cuesti&#243;n de unos cuantos meses.

Echaba de menos su fama como Calum Songmaster, pero a la tierna edad de veinte a&#241;os todav&#237;a ten&#237;a mucho tiempo por delante para labrarse de nuevo una buena reputaci&#243;n. Kelric contaba adem&#225;s con un timbre de voz m&#225;s agudo y m&#225;s limpio, que a Calum le agradaba considerablemente. S&#243;lo era cuesti&#243;n de elegir nuevas canciones m&#225;s apropiadas para su nueva voz; un comienzo en todos los sentidos de la palabra.

Harkon Lukas hab&#237;a llevado al joven Kelric hasta el lecho de muerte de Calum y hab&#237;a colocado el amuleto alrededor del cuello del joven. Unas cuantas palabras, y el intercambio hab&#237;a quedado concluido. Calum no recordaba haber sentido nada. Un momento antes se encontraba postrado en la cama, sufriendo atroces dolores, y de pronto estaba all&#237;, de pie, observando a un anciano arrugado y consumido.

Hab&#237;a pasado tanto tiempo desde la &#250;ltima vez que hab&#237;a visto su reflejo en un espejo que la visi&#243;n de su propio cuerpo lo impact&#243; sobremanera. La piel era como de pergamino, arrugada, y colgaba de los huesos formando pliegues. La piel del cr&#225;neo hab&#237;a resbalado hacia la frente como si se tratara de cera a medio derretir. &#218;nicamente los ojos le resultaban familiares. Eso era lo &#250;nico que quedaba del recuerdo que ten&#237;a de s&#237; mismo: los ojos. Calum Songmaster hab&#237;a muerto hac&#237;a mucho tiempo. S&#243;lo que no se hab&#237;a dado cuenta.

Aquellos ojos lo miraban ahora, parpadeando asombrados, con la boca abierta en un grito mudo. Kelric se hab&#237;a ofrecido voluntario, eso era cierto, pero al parecer no hab&#237;a comprendido el alcance de todo aquello. Nadie pod&#237;a explicar el dolor con palabras. Sigui&#243; gritando sin pronunciar palabra. La lengua se agitaba en la boca desdentada, los labios tan finos que parec&#237;a que no hubiera nada m&#225;s aparte de la muda abertura.

&#161;No puedo! &#161;No puedo! -Grit&#243; por fin-. &#161;Sacadme de aqu&#237;, oh dioses, sacadme de este cuerpo!

&#191;Qu&#233; opinas, Calum? &#191;Deber&#237;amos volver a cambiar los cuerpos?

Harkon toc&#243; los nuevos y fuertes hombros, palpando los j&#243;venes m&#250;sculos con los largos dedos.

Calum observ&#243; el cuerpo agonizante. Vio los ojos llenos de p&#225;nico y de dolor. Sus ojos. Pero ya no ser&#237;an sus ojos si ahora simplemente se negaba.

Los labios de Harkon se curvaron en una lenta y amplia sonrisa, como si se tratase de una serpiente que acabase de satisfacer su est&#243;mago. Se acerc&#243; al lecho con andares sinuosos, casi como si estuviera bailando. Estaba disfrutando con todo aquello.

Te liberar&#233; de este dolor, Kelric, y de esta horrible carga. -Se arrodill&#243; al lado de la cama-. Vamos, Calum, busca un lugar desde el que tengas contacto visual. Es muy importante.

Calum quer&#237;a negarse, pero algo en el rostro de Harkon se lo impidi&#243;. Cambi&#243; de posici&#243;n hasta que pudo ver su viejo cuerpo, que lo miraba con los ojos de un extra&#241;o.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que no era s&#243;lo la edad y la enfermedad lo que hac&#237;an que su propia cara le pareciera extra&#241;a. La expresi&#243;n facial tambi&#233;n le resultaba desconocida: era la personalidad de Kelric la que asomaba a su rostro.

Harkon se arrodill&#243; y roz&#243; con suavidad el rostro ajado. Sonri&#243; con ternura, como si se dispusiera a arropar al anciano para pasar la noche. Calum casi esperaba que Harkon pidiera al hombre que cerrara los ojos, pero en lugar de eso extrajo lentamente una daga de la vaina que pend&#237;a de su cinto, haciendo alarde de ello.

El hombre lo mir&#243; con ojos como platos.

&#161;No! Me prometiste

Calum se pregunt&#243; qu&#233; era lo que Harkon pod&#237;a haberle prometido a Kelric a cambio de aquello.

&#161;No, por favor! -El anciano mir&#243; a Calum, es decir, a su propio cuerpo, de pie ante &#233;l. Alz&#243; una mano salpicada por las manchas propias de la edad, en un gesto implorante-. &#161;Ay&#250;dame!

Harkon se encontraba recostado al lado del anciano. Pas&#243; la hoja de la daga sobre las s&#225;banas, por encima del fr&#225;gil pecho.

No has ca&#237;do en la cuenta de algo muy importante, querido Kelric: Calum desea quedarse con tu cuerpo, y no tiene la menor intenci&#243;n de devolv&#233;rtelo.

Kelric abri&#243; los p&#225;lidos ojos a&#250;n m&#225;s, con la certeza de la traici&#243;n haci&#233;ndose patente en su rostro. Abri&#243; la boca, y Calum se puso tenso en espera de las acusaciones y las recriminaciones. Pero la daga sigui&#243; avanzando hasta llegar a la suave piel del cuello. La boca qued&#243; abierta, los ojos como platos.

Acaba ya con esto -dijo Calum con una voz juvenil, la voz de Kelric.

&#191;Y qu&#233; explicaci&#243;n encontrar&#225;n ante el hecho de que aparezca degollado?

Harkon tom&#243; una almohada de las que sosten&#237;an la cabeza del anciano. El hombre profiri&#243; un grito de asombro, y acto seguido Lukas le tap&#243; la cara con la almohada. Envain&#243; de nuevo la daga con una mano, para luego seguir apretando el coj&#237;n con las dos palmas. Unos dedos delgados y huesudos lo golpearon, mientras tiraban con fuerza de las mangas de Harkon.

Lukas sigui&#243; apretando con fuerza la almohada todav&#237;a largo rato, incluso despu&#233;s de que aquellas manos dejaron de moverse. Mir&#243; fijamente los nuevos ojos de Calum, mientras esbozaba una breve sonrisa.

Aquella sonrisa todav&#237;a acosaba a Calum en sus pesadillas.

Pero hab&#237;an llegado rumores de que Harkon Lukas hab&#237;a muerto en un incendio en Cortton. La suya hab&#237;a sido una muerte heroica, que le hab&#237;a sobrevenido mientras intentaba salvar a aquella poblaci&#243;n.

Kelric Dulcevoz abandon&#243; el peque&#241;o escenario de la taberna La Cabra de Hierro haciendo una leve reverencia. El tabernero, que era tambi&#233;n el propietario, le dio unas palmaditas en la espalda.

Nunca mi taberna ha estado tan concurrida. Me gustar&#237;a que firmases un contrato conmigo.

Calum sonri&#243;, pero neg&#243; con la cabeza.

Me gustar&#237;a seguir siendo libre para viajar a donde me plazca, pero agradezco tu oferta.

Un segundo par de manos le golpe&#243; suavemente la espalda. Calum se volvi&#243; para encontrarse a Konrad Burn de pie ante &#233;l. Se dispon&#237;a a saludarlo tal como Calum hubiera hecho, pero consigui&#243; reprimirse a tiempo. Ahora eran dos perfectos desconocidos. &#201;sa era una de las razones que lo hab&#237;an obligado a alejarse de sus antiguos dominios: el hecho de que all&#237; conociera a todo el mundo. Konrad era el primer rostro conocido que ve&#237;a perteneciente a su vida anterior.

Me recuerdas a un viejo amigo, un famoso bardo llamado Calum Songmaster. &#191;Acaso tuviste la oportunidad de escucharlo alguna vez?

Calum casi se atragant&#243; con su bebida. Consigui&#243; negar con la cabeza, por miedo a que lo traicionara la voz.

Perm&#237;teme que te invite a un trago -dijo Konrad-. Me gustar&#237;a que cantaras la Balada de Omartrag. Era una de las favoritas de Calum.

Por fin recuper&#243; la voz.

No la conozco, amigo.

La sonrisa se desvaneci&#243; del rostro de Konrad, pero en seguida recuper&#243; su inusual buen humor.

Calum no pudo contenerse al fin, y pregunt&#243;:

Pareces estar de un excelente humor, forastero. &#191;Tienes alg&#250;n motivo en especial?

Acabo de prometerme en matrimonio.

Calum luch&#243; con todas las artes de dominio de la voz que hab&#237;a aprendido para evitar que su impresi&#243;n se trasluciera.

&#191;Con qui&#233;n?

No creo que la conozcas.

Dime su nombre y tal vez pueda escribir una canci&#243;n para ella.

Konrad ri&#243;; pod&#237;a volver a re&#237;r de veras.

Elaine Clairn. Puede que no sea un nombre excesivamente po&#233;tico, pero es la muchacha m&#225;s hermosa del mundo.

Un hombre prometido debe pensar que su futura mujer es la m&#225;s encantadora del mundo -observ&#243; Calum.

Quer&#237;a abrazar a Konrad, decirle cuan sinceramente se alegraba de que hubiera vuelto a encontrar el amor. Y que el objeto de &#233;ste fuera Elaine A Calum le hubiera gustado poder felicitarla tambi&#233;n en persona. Pero no pod&#237;a. Nunca se arriesgar&#237;a a volver a verlos.

Konrad lo invit&#243; a una copa aunque no conociera la balada. Calum segu&#237;a mirando de soslayo a aquel nuevo y sonriente Konrad. El cambio era considerable.

Calum deseaba expresar su satisfacci&#243;n por la muerte de Harkon y por el hecho de que Konrad hubiera sobrevivido para poder por fin recuperar la felicidad. Pero cant&#243; otros temas para los clientes, y despu&#233;s de unas cuantas horas lo &#250;nico que deseaba era escapar de aquel ambiente opresivo de la taberna. Sali&#243; afuera en aquella noche de primavera, casi estival, dejando a Konrad en medio de aquella multitud dicharachera y llena de vida.

Calum se encontraba de pie en el peque&#241;o patio adoquinado, aspirando el aroma cada vez m&#225;s intenso de los prados que circundaban la poblaci&#243;n, cuando un ruido lo hizo volverse.

Era Konrad, que avanzaba hacia &#233;l mientras contemplaba las murallas de la ciudad al pasar. Aquello le record&#243; tanto a los viejos tiempos que Calum evit&#243; preguntar nada; no quer&#237;a romper el silencio, para poder seguir siendo dos perfectos desconocidos.

&#191;Realmente cre&#237;ste que hab&#237;a muerto en Cortton? -La voz era la de Konrad; las palabras no.

Calum mir&#243; el rostro de Konrad, pero la sonrisa que se dibujaba en sus labios

&#161;Harkon!

 se hizo ahora m&#225;s amplia.

A tu servicio.

Al decir eso, Harkon hizo una profunda reverencia casi hasta el suelo, que resultaba extra&#241;a sin su sombrero de plumas.

Calum trag&#243; saliva y sinti&#243; en la garganta los latidos del coraz&#243;n, que repentinamente hab&#237;a empezado a palpitar con fuerza.

&#191;De veras est&#225;s prometido con Elaine?

Por desgracia no. Aunque parezca extra&#241;o, Konrad se ha distanciado considerablemente de nuestra joven se&#241;orita Clairn.

En su est&#243;mago se liber&#243; parte de la tensi&#243;n. Como m&#237;nimo no hab&#237;a arruinado tambi&#233;n la vida de Elaine.

&#191;Has disfrutado de tus viajes m&#225;s all&#225; de Kartakass?

Las atractivas facciones de Konrad se vieron ensombrecidas por el ce&#241;o fruncido.

Tampoco. Esper&#233; en las fronteras de Kartakass durante d&#237;as, pero no pude atravesarlas. En seguida descubr&#237; que el cuerpo de Konrad era tan s&#243;lo otra de las formas que puedo adoptar. En un par de d&#237;as Harkon Lukas saldr&#225; de nuevo a la luz para volver a ocupar su lugar entre los bardos de Kartakass. Espero que est&#233;s disfrutando de tu nuevo cuerpo m&#225;s que yo.

Bueno, s&#237;. Kelric no es tan fuerte, pero tengo veinte a&#241;os para practicar el arte de la esgrima. La pr&#225;ctica hace al maestro, bueno, ya sabes a qu&#233; me refiero.

S&#237;, lo s&#233; -respondi&#243; Harkon mientras se balanceaba sobre los talones hacia adelante y hacia atr&#225;s, con ambas manos entrelazadas a la espalda, todo &#233;l afabilidad-. Me alegro de que est&#233;s satisfecho con tu cuerpo. Pareces muy complacido con esta nueva etapa de tu vida.

Lo estoy, en efecto.

Bien, muy bien.

Permanecieron en silencio todav&#237;a unos instantes, pero &#233;ste dej&#243; de resultar agradable. Calum quer&#237;a regresar a la taberna y sentirse rodeado por la m&#250;sica, las risas, la vida. Seguir ah&#237; afuera, en la oscuridad, en compa&#241;&#237;a de la criatura conocida como Harkon Lukas, no era precisamente lo que m&#225;s deseaba hacer en ese momento.

Voy adentro. Los clientes esperan otra actuaci&#243;n.

Harkon se volvi&#243; hacia &#233;l con una sonrisa. La mano fue tan r&#225;pida que Calum no tuvo tiempo de reaccionar. La daga se hundi&#243; justo por debajo de las costillas, pero Harkon no remat&#243; la estocada hacia el coraz&#243;n. Calum qued&#243; petrificado por el dolor, jadeando.

Yo no puedo conseguir lo que m&#225;s desea mi coraz&#243;n, as&#237; que t&#250; tampoco.

La sonrisa se hizo m&#225;s amplia en sus labios. Era la misma que se hab&#237;a dibujado en su rostro mientras asfixiaba a Kelric; la misma que hab&#237;a asediado a Calum en sus pesadillas, hasta que le lleg&#243; la noticia de que Harkon hab&#237;a muerto.

Calum se desplom&#243; sobre las rodillas. Harkon lo acompa&#241;&#243;, sosteniendo todav&#237;a la daga.

Adi&#243;s, Calum Songmaster -dijo Harkon mientras retorc&#237;a la hoja hacia arriba en un &#250;ltimo movimiento, y su sonrisa burlona acompa&#241;aba a Calum hacia las tinieblas.



Laurell K. Hamilton

Laurell K. Hamilton es la autora de dos series de gran &#233;xito que mezclan misterio, fantas&#237;a, magia, terror y romanticismo. Su serie sobre Anita Blake empez&#243; con Placeres prohibidos y continu&#243; con Danse Macabre, en el que se desarrollan las complicadas relaciones personales y profesionales de Anita con un vampiro y un hombre lobo. Su segunda serie, sobre la princesa heredera del pa&#237;s de las hadas y detective Merry Gentry, empez&#243; con Besos oscuros y continu&#243; con Caricias de luz, Seduced by Moonlight y Stroke of Midnight. Hamilton vive en St. Louis County, Missouri, con su marido, su hija, sus cuatro perros y una cantidad fluctuante de peces.



***






